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STHEFANIA RIEGA ZEVALLOS 4°A

YUYAY KHUYAY: RECUERDO DE AMOR

En una casita de material rústico donde se carecía casi de todo menos de amor,

vivía una inocente niña de apenas nueve años llamada María quien compartía sus

días con sus abuelos entre las labores de la casa y el campo; ya que su madre no

logró verla crecer porque falleció en pleno parto cuando ella nacía. Aquel día fue

una mezcla de emociones. Elena alumbraría a su primera hija sin saber que

también sería la única; la familia estaba ansiosa, alegre y feliz por la llegada de la

niña. Cuando ingresaron a Elena a sala de partos ella pidió a sus padres que no

se preocuparan diciéndoles que pronto regresaría pero esta vez con su hija en

brazos. Las horas pasaban y el ingreso y salida de doctores y enfermeras a la

sala donde estaba Elena hizo que sus padres intuyeran que algo no estaba bien;

Elena no estaba resistiendo la operación, sus latidos empezaron a disminuir

poniendo en peligro incluso la vida de su hija. Los doctores hicieron lo que

humanamente pudieron, sin embargo, no tuvieron resultados, apenas y lograron

salvarle la vida a la pequeña. Era tanta la preocupación de “Lolo” y “Chini” que

preguntaban y no obtenían respuestas. En ese instante, el doctor a cargo se

acerca a ellos comunicándoles lo sucedido con Elena y dándoles la noticia que su

nieta estaba fuera de peligro.1 Al abuelito lo llamaba “Lolo” y era su protector, su

confidente, su mejor amigo y el padre que nunca conoció; a la abuelita le decía

“Chini” porque tenía los ojos rasgaditos, ella era la del carácter fuerte, la que

ordenaba y a la que María junto a su abuelo le hacían muchas travesuras.

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Retrospección.
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Así vivía feliz la niña hasta que un día inesperado, “Lolo” tuvo que ser trasladado a

un centro de salud pues la edad de este y los achaques propios de su vejez

estaban desmejorando su vigor. María temerosa de que le sucediera algo malo a

su incondicional abuelo cuidaba y no se separaba de él, salía del colegio corriendo

a ver a “Lolo” y este esbozando una tierna sonrisa abrazaba fuertemente a la niña

de sus ojos; mientras se decía ya no podré ver crecer a mi nietecita, la voy a dejar

sin protección, sin apoyo, ya no realizaremos travesuras ni le contaré los cuentos

que tanto le agradan, ahora quién la llevará la campo a recoger frutos y flores, qué

voy hacer; si tan solo Dios me diera la oportunidad de quedarme con ella para

siempre2. “Chini” que conocía la verdadera situación de salud de su esposo

procuraba también cuidarlo y estar pendiente de sus medicinas. Pasó el tiempo y

“Lolo” decide darle una linda sorpresa a la niña de sus ojos.

Una tarde cuando María regresaba de la escuela su abuelo le pidió que cerrara los
ojos y que colocara sus manos sobre el mueble de la sala, la abuelita observaba
con atención la escena, emocionada pero al mismo tiempo ansiosa, la niña hizo
caso a las indicaciones de su abuelo; de pronto, siente entre sus manos un pelaje
suave y al abrir sus ojos grande fue su sorpresa cuando miró que en el sofá se
hallaba un tierno cachorrito. Feliz con el obsequio de su abuelito las lágrimas
resbalaban por el rostro de la niña, “Lolo” intentando calmar este sollozo abrazó a
su nieta y pidió a ella aceptara que el nuevo integrante de la familia se llamara
“Yuyay khuyay” que en quechua significa “Recuerdo de amor”. “Chini” no pudo
contener el llanto al oír las palabras de su esposo con quien venía compartiendo
más de cuarenta años de su vida. “Lolo” y “Chini” se conocieron desde muy
jóvenes cuando ella apenas terminaba su secundaria y él cursaba la mitad de su
carrera profesional. “Chini”, cuyo verdadero nombre es Luz, era una joven alegre,
soñadora y muy responsable; Jacinto, así se llamaba “Lolo”, conoció a Luz en una
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Monológo interior.
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Kermesse del pueblo y tanta fue la atracción entre ellos que pasaron dos años y
contrajeron nupcias. De este matrimonio nació Elena, una niña que vino a
completar la felicidad de la pareja. Ambos trabajaron mucho para sacar adelante a
su hija y siempre, siempre se mantuvieron juntos.3 Transcurrieron navidades y la
salud de “Lolo” empeoraba pero solo su esposa comprendía la gravedad de esta
situación ocultando a la niña que en cualquier momento su adorado abuelo podría
dejar de existir.

Un día de esos en los que el frío abate nuestros pensamientos, María se levantó

con más deseos de abrazar a su abuelo y así lo hizo mientras sus bracitos lo

apretaban fuertemente y sus ojitos se llenaban de lágrimas, todo esto ante la

mirada afligida de su abuela. María se dirigió a la escuela y mientras ella aprendía

sus primeras letras, acontecía en su hogar que “Lolo” era trasladado de

emergencia al centro de salud donde después de luchar por su vida durante horas

y llorando por no poder volver a ver a su nieta pronunciaba una y otra vez

“siempre estaré a tu lado mi niña como un pequeño recuerdo de amor”. “Chini”

entendió entonces el propósito de la llegada del cachorrito a la vida de su retoño

comprendiendo que era una de las tantas formas en las que su esposo

acompañaría a su querida nieta y también a ella. María, mientras estaba en la

escuela sintió un dolor tan fuerte en el pecho y por un instante visualizó la vida sin

su abuelo, sin su confidente de travesuras y su incondicional amigo, se veía sola y

triste, sin deseos de seguir adelante y aunque estaría en la compañía de su

abuela “Chini” pensaba que su vida no sería la misma. Extrañaría a su abuelito

quien también era su padre y sabía que no podría asimilar tanto dolor. 4 En ese

momento, escuchó el ruido de la campana del recreo y sin saber cómo estos

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Flashback.
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Anticipación.
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pensamientos se disiparon quedando en ella una angustia, sin presagiar que las

emociones que por instantes sintió se convertirían en realidad.

Llegada la tarde cuando María regresó de la escuela y al no encontrar a su abuelo

sintió desesperarse y deduzco entonces que ya no lo volvería a abrazar; su

abuela, quien la esperaba con un rostro acongojado, atinó a envolverla entre sus

brazos dándole un tierno beso con sabor a amor pero al mismo tiempo a dolor.

Cuando los días transcurrieron, la abuelita conversó con su nieta repitiéndole lo

que le manifestara su abuelo cuando trajo a “Yuyay khuyay” a casa: “cuando

abraces y juegues con este cachorrito, piensa y siente que soy yo la persona que

está a tu lado, este es mi pequeño recuerdo de amor”.

María advirtió entonces que el amor de su abuelo se extendía más allá del tiempo

y de la vida misma; se dio cuenta que no la había dejado sola y que su presencia

siempre la acompañaría prometiéndose cuidar y amar mucho a su abuelita “Chini”

y a su pequeña mascota “Yuyay khuyay”.

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