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ntroducción.

La inquietud por una terapia psicodramática y su aplicación, tiene su origen en dos


premisas: el arte como terapia y la necesidad de expresar sentimientos y emociones
no sólo de manera verbal sino también corporalmente en el proceso terapéutico; “la
satisfacción que otorga el proceso de creación artística, es energía que estimula al
individuo a experimentar con su propio potencial, desarrollándose en este
capacidades que antes no reconocía, lo que facilita procesos de reconocimiento,
afrontamiento y análisis, logrando conducirle de forma directa o indirecta a
reelaboraciones y resignificaciones que puedan mejorar su desempeño” (Hincapié,
2008)

Es innegable el abordaje en la literatura (Vigostky, Moreno, Blatner, Ramirez, etc.)


y dentro del currículum académico de las diversas formas de intervenir en los
procesos terapéuticos desde áreas propiamente artísticas, pero parecieran ser
estos postulados poco formales -algunos autores aseguran que carecen de criterio
por no encontrarse inscritos en un paradigma de rigor científico/cuantitativo- siendo
relegados por su falta de eficacia. No obstante los resultados arrojados por estos
métodos de intervención -que en su mayoría se desprenden de las manifestaciones
artísticas- han mostrado ser bastante efectivos en la intervención psicoterapéutica
según la literatura y hacen pensar que aún permanecen vigentes en el ejercicio
profesional de la psicología.

Desarrollo.

Inicialmente Jacob Levy Moreno desarrolla el Teatro Terapéutico, sentando así las
bases para lo que más tarde (1911) se conocería como psicodrama, propuesta con
fines educativos y de crecimiento personal toda vez que permitía el surgimiento y
desarrollo de las potencialidades intelectuales, emotivas y culturales del sujeto,
permitiéndole responder con flexibilidad y espontaneidad a las situaciones de la
vida.

Moreno definiría al psicodrama como una forma de psicoterapia que no sólo pondría
de plano la terapia grupal -“el psicodrama nace por y para el grupo; es un método
para explorar a fondo la verdad del alma a través de la acción”- alejándose así de
la terapia individual; sino que le otorgaría valor a la acción (actuación) tanto como a
la verbalización.

Determinaría, además, tres objetivos generales: “La liberación de los sentimientos


(catarsis) reprimidos para la obtención de alivio emocional, la toma de conciencia
sobre la dinámica de los conflictos y la readaptación a la interacción social; La
pedagogía de las relaciones interpersonales, mediante el adiestramiento de la
espontaneidad; la formación y comunicación verbal y no verbal, que permitirá la
adecuada integración del individuo en la comunidad”

Blatner (1988) diría respecto al psicodrama:


"Es un método de psicoterapia, de aprendizaje, donde las personas dramatizan los
eventos relevantes de su vida en vez de sólo hablar sobre ellos. Esto significa
explorar a través de la acción no sólo los eventos históricos sino, más importante,
dimensiones de eventos psicológicos que no se topan normalmente en el proceso
dramático convencional: pensamientos no hablados, encuentros con los que no
están presentes, la expresión de las fantasías sobre las que otras personas tal vez
piensan y sienten, imaginar posibilidades futuras, y muchos otros aspectos de la
fenomenología de la experiencia humana”. Con respecto a la metodología
individual/grupal agregaría “Aunque el psicodrama es usado habitualmente en un
contexto grupal y puede ser un método muy útil para catalizar el proceso grupal (y,
a su vez, ser catalizado por la dinámica grupal), no debe ser considerado como una
forma de terapia específicamente grupal”.

Ahora bien, Moreno al plantear el psicodrama lo enmarca bajo unos conceptos


fundamentales (espontaneidad, creatividad, educación, encuentro, entre otros), y
dentro esta estructura ubica una serie de técnicas cuya finalidad es la exploración
y potencialización de aquellos pilares fundamentales en los que reposa el
psicodrama; con el tiempo sufrirá toda una serie de transformaciones de acuerdo
con los diferentes enfoques psicológicos que hacen uso del psicodrama, toda vez
que se desarrollarán unos lineamientos y unas formas de interpretar las técnicas
según su afinidad epistemológica, de ahí que se desprendan algunas vertientes
psicodramáticas; al punto de hallar dentro de la bibliografía aplicaciones del
psicodrama a trastornos y problemáticas puntuales (psicodrama de pareja,
psicodrama del duelo, psicodrama de la niñez, etc.); así mismo se han desarrollado
“modelos especializados” como los denomina la Asociación Española de
Psicodrama (AEP) que bien podrían categorizarse en enfoques o escuelas
(Psicodrama Clásico Moreniano, Psicodrama Freudiano, Psicodrama Junguiano,
Psicodrama Simbólico, Psicodrama Tríadico, Psicodrama Sistémico, Psicodrama
Formal, Psicodrama Psico-corporal, Psicodrama Focal, Psicodrama Antropológico,
Psicodrama Gestáltico).
Cabe señalar que en los últimos años ha aumentado el interés por la introducción
del psicodrama en procesos de intervención social/comunitaria muy de la mano del
Teatro del Oprimido del dramaturgo brasilero Augusto Boal, “Definiendo
“psicodrama” como psique en acción, posibilidad de un despliegue espontáneo y
creativo frente a las situaciones adversas de índole psicosocial, podría decirse que
el tema de la inclusión social atraviesa permanentemente el campo psicodramático”
(Paz, 2011).
Por su parte Jose Agustin Ramirez en “Psicodrama, teoría y práctica”, hace un
acercamiento al pensamiento Moreniano y describe de manera amplia el
psicodrama, sus técnicas, sus aplicaciones y sus vertientes, puntualizando la
incapacidad de sistematizar las técnicas psicodramáticas toda vez que cada
psicodramatista puede desarrollar sus propias técnicas.

Nace entonces un interrogante a raíz de la amplia gama de “modelos especializados”; que


tienen que decir los diversos enfoques psicológicos respecto al psicodrama, cómo lo
describen, cuál es su desarrollo, cómo es su proceso de intervención psicoterapéutico,
cuales sus técnica y cuales los fenómenos abordados y cual la eficacia de sus intervenciones.
Más aún, cual su diferencia con el psicodrama de Moreno, en que difieren
epistemológicamente.

Justificación.

El psicodrama como método de intervención psicoterapéutico ha sido abordado


desde diferentes perspectivas psicológicas, algunas lo retoman como técnica(s),
otras por su parte lo consideran como un proceso psicoterapéutico, por consiguiente
podría imposibilitarse la definición de psicodrama como método de intervención y
puede ser tomado como un recurso o herramienta terapéutica y es precisamente
esa distinción el interés de una revisión bibliográfica que permita no solo estimar las
consideraciones respecto del psicodrama de cada enfoque sino también que
permita elaborar un paralelo de estos planteamientos con relación al pensamiento
de Moreno.
Regresar al origen, a aquello que miró Moreno y que lo inspiro a la conformación de
su teoría, es fundamental en el rescate de su pensamiento y filosofía (…) La
propuesta psicodramática es una propuesta teórico-metodológica que enmara la
acción; el “aquí” y el “ahora” son los fundamentos básicos de la dramatización y,
entender qué es el psicodrama no es, simplemente, conocer sus técnicas, sino
adentrarse a comprender los fundamentos histórico-filosóficos que lo conforman.
(Paz, 2011)

Objetivos.

General

Identificar las relaciones y diferencias que existen entre las escuelas que han
adoptado la terapia psicodramática en sus intervenciones con respecto al
Psicodrama de Moreno.

Específicos.

Conceptualizar el concepto de psicodrama teniendo en cuenta sus orígenes,


antecedentes, historia y desarrollos.

Reconocer las aplicaciones del psicodrama, los campos y las problemáticas dónde
su aplicación ha sido más eficaz terapéuticamente así como sus limitaciones.

Establecer un marco de referencia teórico para una aplicación del psicodrama en el


contexto de la psicología humanista.
Bibliografía.

BLATNER, A. (1988) The art of play; An Adult’s guide to reclaiming imagination and
spontaneity. New York. Human sciences.

CASTANEDO S., Celedonio. (1997) Terapia Gestalt: enfoque centrado aquí y en


al ahora. Herder. Barcelona.

HINCAPIE B., Juan C. (2008) la experiencia subjetiva del acto creativo de dibujar
aplicada en el campo psicoterapéutico. Universidad de Antioquia, Medellín.

MORENO, J. (1965) Psicodrama. Buenos Aires, Paidós.

MORENO, J. (1966) Psicoterapia de grupo y Psicodrama. México.

MORENO, J. (1995) El psicodrama: terapia de acción y principios de su


práctica. Argentina, Horme.

PAZ R., Claudia. (2011) Psicodrama e inclusión social. La línea tenue de la


marginación. Arte terapia: Papeles de arte terapia y educación artística para la
inclusión social Vol. 6. p. 195-208

RAMÍREZ, José Agustín. (1997) Psicodrama teoría y práctica. Desclée de Brouwer;


Bilbao.

Marco teórico

En su NUEVA INTRODUCCIÓN AL PSICODRAMA en el primer apartado de


Psicodrama (1961) J. L. Moreno sitúa en Viena para 1914 dos antítesis del
psicoanálisis que terminarían por converger en el psicodrama, estas son la
psicoterapia de grupo y lo que denomina la rebelión del actor contra la palabra.
Sumado a esto el método analítico verbal se torna como un conductor de
dificultades, por desconocer el componente psicomotriz del organismo y la
significación creadora del encuentro (Moreno, 1961); es evidente la limitación de
una terapia que no permitía reestructurar ni integrar la vida en sus dimensiones, por
tanto no alcanzaba un objetivo terapéutico. Resultó entonces ineludible el ingreso
de la psicoterapia de grupo a las dimensiones de la existencia con una magnitud
hasta entonces desconocida por la psicoterapia tradicional de orientación verbal.
Es así como la psicoterapia de grupo se transfigura en psicoterapia de acción,
dando espacio al psicodrama como método psicoterapéutico.
El psicodrama se concibe como un método de intervención terapéutico que integra
tanto el cuerpo, emoción e intelecto como la verbalización y actuación, José A.
Ramírez (1997) señala que la pretensión de la experiencia psicodramática es la
intensificación de sentimientos y emociones empleando movimientos corporales a
la vez que se estimula la imaginación hablando de la situación problema de la
persona; en otros términos, la integración verbal y corporal dentro del proceso
terapéutico.
Ahora bien, hay toda una gama de conceptos desarrollados por Moreno que definen
la filosofía del psicodrama y que Ramírez (1997) recoge en su trabajo
PSICODRAMA, TEORIA Y PRACTICA; ligeramente son: Espontaneidad, “factor
que anima todos los fenómenos psíquicos dándoles novedad, frescura y flexibilidad”
(Beacon H. citado por Ramírez, 1997, p. 30); Creatividad, “se define como el acto
de dar al ser algo que no existía (...) Moreno piensa que el resultado del acto creador
es algo nuevo para el individuo” (Bischof, citado por Ramírez, 19997, p. 32);
Conserva cultural, entendida como la herencia o patrimonio de obras creadoras
donde se depositan los valores e ideales de un periodo o etapa cultural (Ramírez,
1997); Idea del momento, el aquí y el ahora, el momento presente; Rol, se ilustra
como la modalidad de respuesta de una persona ante situaciones trascendentales
por las que ha atravesado (Ramírez, 1997); Tele, “la intuición, percepción y
aceptación de las ´actualidades´, esto es, de las cualidades físicas, psicológicas,
morales, etc., de las otras personas” (Moreno citado por Ramírez, 1997, p. 37);
Átomo social, “El átomo social es el conjunto de personas que son necesarias para
el funcionamiento adecuado de un individuo en cada uno de sus roles” (Ramírez,
1997, p 40).
De ahí que Moreno trazara unos objetivos generales que giran en torno a la
liberación de sentimientos (catarsis), toma de conciencia, readaptación a la
interacción, pedagogía de relaciones interpersonales a través de la espontaneidad.
En la práctica esto conlleva a la integración del individuo, es decir, el movimiento
corporal vivifica el contenido emocional e imaginativo en tanto la expresión verbal
moviliza los centros motores por ende, intensifica la acción.
Para dar lugar a lo anterior el terapeuta -que para esta intervención toma el nombre
de Director- del proceso psicodramático cuenta con toda una serie de técnicas de
que se sirve para movilizar al Protagonista – paciente- a la actuación. De acuerdo
con Ramírez (1997) se definen las técnicas como los medios de que se sirve el
director o facilitador del psicodrama para integrar a los participantes con miras a una
escenificación e involucración con las problemáticas individuales. Estas pueden ser
visuales, auditivas o activas.

Las técnicas psicodramáticas si bien son medios alternativos, no son cartas que se
juegan al azar; su selección debe obedecer a unos criterios que en toda ocasión
apuntan a promover la espontaneidad en el grupo; de esta manera el director debe
ser muy hábil a la hora de elegir la o las técnicas de las que se va a servir, pues,
ante todo debe ser consciente de su estado emocional para que las técnicas a
emplear, se correspondan a su estado de ánimo y a su manera de trabajar, evitando
proyectar al grupo sus dificultades y preocupaciones. Así mismo las técnicas deben
acoplarse al grupo de trabajo, para ello se deben identificar la edad, cultura,
creencias, educación, prejuicios, etc., de forma tal que las técnicas resulten
adecuadas y cobren sentido para quienes participan de ellas; claro está, los medios
a utilizar deben estar dirigidos a las pretensiones del director, a la situación
emocional del protagonista y del grupo (Ramírez, 1997). Dentro de este proceso de
selección cabe señalar, que las técnicas a aplicar “deben corresponder a la
naturaleza activa y grupal del método psicodramático” (Ramírez, 1997, p. 120)