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LOS OBJETOS PRESENTES EN EL CASO DE DORA:

DORA OBJETO DE DESEO

Estela Rosario Martínez Dorival

octubre de 2019

La idea del presente trabajo es pensar en los objetos de Dora, en aquellas personas que

han influenciado para hacer de ella una mujer histérica. La ubicación desde donde quiero

colocarme en la reflexión es descentrándome de Dora, ubicándome en los actores y

cómo fue su relación con Dora, como abonaron en su personalidad, cual fue el

sufrimiento y los traumas psíquicos que pudieron haber dejado en ella.

Es importante aclarar, que esta ponencia aborda el caso clínico, buscando relacionarlo

con el tema de los deseos que pueden estar entrelazado en los objetos de Dora en lo

que he llamado los actores, quiero intentar entender esta historia clínica desde los otros,

aunque inevitablemente Dora va estar presente transversalmente en todo momento.

Es importante aclarar que, aunque los actores podrían verse en algunos casos como

victimarios, no es la intención de este trabajo presentar a Dora como víctima, pero sí

presentar ese lado de los personajes que abonaron a ese modo de ser de Dora. Así

mismo, este es un ensayo totalmente intuitivo, desde mi ser alumna en formación.

LA MADRE

Tratemos de pensar en su madre, quien, a decir de Freud «[...] era una mujer de escasa

cultura, pero sobre todo poco inteligente, que, tras la enfermedad de su marido y el

consecuente distanciamiento, concentró todos sus intereses en la economía doméstica»

(2000, p 19).

Por un momento imaginemos como se siente al conocer la enfermedad de su esposo, y

la historia subsecuente a ella, , el tener que ser la mujer de un hombre con sífilis, a quién

probablemente despreció por esta situación, razón por la cual insistió obsesivamente con

la limpieza de la casa, imponiendo reglas muy estrictas, haciendo muy difícil la


convivencia, si bien Dora no se involucró en la obsesión de limpieza de su madre, «la

relación entre madre e hija era desde hacía años muy inamistosa. La hija no hacía caso

a su madre, la criticaba duramente y se había sustraído por completo a su influencia»

(Idem, p 20); trato de ponerme en los zapatos de ella, y pienso que seguramente de una

manera inconsciente, los hijos producto de su relación con su marido, les debe haber

resultado repulsivo, y al ser Dora mujer el rechazo era mayor.

Con los antecedentes enunciados, es más que factible que Dora fue una bebe a quién

no quiso mirar, porque de alguna manera inconsciente veía en ella el producto del

contagio de los muchos contactos sexuales que su marido había tenido, estar tan

próximo a prostitutas, cuáles fueron aquellos deseos de ese hombre “asqueroso”, para

ella entonces Dora reflejaba todos esas miradas sociales y culturales de esa época, y

por eso no la podía mirar, la apartó, por eso Dora no recibió el maternaje y el

acompañamiento que toda criatura necesita cuando nace.

Por lo descrito anteriormente, Dora desde muy pequeña tuvo que convocar a una figura

materna inconsistente, esta figura materna no ha estado, y en el entorno no se producían

las modificaciones necesarias para que se sienta sostenida; incluso cuando Dora acude

a su madre para que le esclarezca la relación de su padre con la Sra. K, su madre

prácticamente lo justificó, y agradecía la intervención de la Sra. K, si la madre ya era para

Dora un ser distante, esta situación le mostraba una mujer con poco valor propio, o

permisiva e indiferente a todo lo que tenía que ver con su ser mujer.

EL PADRE

Por otro lado, más bien el padre de Dora, quien era «la persona dominante […] Tanto

por su inteligencia y sus rasgos de carácter como por las circunstancias de su vida»

(Ibidem, p 18), de alguna forma proyectó en Dora todo ese cariño que él tendría que

haberle también compartido a su esposa, por ello ese cariño, esa ternura, se mezcla con
deseo, pues Dora de alguna forma fue sustituyendo a su madre, «Dora era una niña

inteligente y activa, cuyos padres estaban distanciados entre sí, lo que la dejó muy ligada

a su padre enfermo» (Decker, Hannas,1999, pág. 15).

Este hombre -su padre-, proyecto en Dora aquellos deseos masculinos hacia el sexo

opuesto, no solamente paternales, sino su mirada fue transgresora en todo momento,

dado la dificultad que tenía de estar cerca de su mujer, de poseerla. Al mismo tiempo,

Dora le significaba toda la pureza, la perfección, y seguramente estuvo más atento a

Dora de lo que estuvo la madre, pero también fue quien la inició de alguna manera, en

esto del deseo, de la persuasión, en esto que tienen los histéricos de mostrarse, de ser

objeto de deseo para los otros, de convertirse en la figura deseada por los otros.

El padre de Dora significó este conjunto de sentimientos encontrados, en una niña que

no sabía si amar u odiar, que no sabía si era bueno la presencia de este hombre en su

vida o si finalmente ella era objeto de sus deseos, y al mismo tiempo él -su padre-

también un objeto de sus deseos; Freud confirma que Dora «estaba apegada a él con

particular ternura » (2000, p 18), este padre que en todo momento pudo haber sido al

mismo tiempo protector y al mismo tiempo seductor, como dice Ferenczi «bien son los

padres que buscan un sustituto a sus insatisfacciones de forma patológica […] quienes

abusan de la ignorancia y de la inocencia de los niños» (Ferenczi, Sandor, 1966), esta

contradicción lleva a Dora a esa situación de asco, pero al mismo tiempo una situación

de acercamiento a quienes ponían sus ojos de deseo en ella.

Dora fue así el objeto del deseo, y al mismo tiempo de rechazo de su madre, no creo que

su madre haya envidiado a Dora por esta relación con su padre, por el contrario, la madre

dejo que esta relación padre-hija, avance por conveniencia propia, para así evitar que el

padre se le aproxime a ella; Dora fue la mejor solución que la madre encontró y la utilizó

a su favor, para evitar que el hombre, su marido, el padre de sus hijos, se acerque a ella.
También Dora fue para el padre un objeto de intercambio, una especie de comercio

sexual, una entrega a otro hombre, a fin de pagar la tolerancia del Sr. K frente a las

relaciones entre su padre y la señora K., una vez más Dora fue usada.

EL HERMANO

Si bien el hermano de Dora no aparece mucho en el texto, este joven año y medio mayor,

era admirado por Dora, ella incluso menciona que quería ser como él, que era «el modelo

al cual ambicionaba parecerse» (Freud, Sigmund, 2000, p 18) tal vez en este querer ser

como el, Dora nos está expresando que deseaba el afecto que su madre le proveía, que

envidiaba esa relación, y ese querer ser como su hermano estaba más en referencia de

“quisiera ser cuidada como mi hermano, mirada como mi madre mira a mi hermano”,

más que actuar como él, más si tenemos en cuenta que «los hermanos compartían las

repercusiones emocionales de una alienación no sólo familiar sino también social»

(Decker, Hannas 1999 p 126) a lo largo de sus vidas.

Sin embargo, frente a las disputas familiares, había posiciones contrapuestas, por un

lado Dora había manifestado que no estaba de acuerdo con la actitud de su hermano;

lo que marca de alguna manera una relación tensa entre ellos, pues él tomaba partido

del lado de la madre, «así, la usual atracción sexual había aproximado a padre e hija,

por un lado, y a madre e hijo, por el otro» (Freud, Sigmund, 2000, p 20) curiosamente el

hermano era más permisivo de la relación de su padre con la Sra. K, cosa que le

desagradaba sobremanera a Dora, pues a ella le era terrible consentir esta idea, el

hermano en su intento de racionalizar la infidelidad del padre, argumenta que es lo mejor

que le había podido ocurrir, a decir de Ferenczi «Una madre que se lamenta

continuamente de sus sufrimientos puede transformar a su hijo en una ayuda cuidadosa,

es decir convertirlo en un verdadero sustituto maternal, sin tener en cuenta los intereses

del niño» (1966) puesto que la madre no se hace cargo de él, es decir no se hace cargo
de sus deseos, de su pasión masculina, ni de sus cuidados, por ello justificaba la

infidelidad que para Dora no era sino la infidelidad hacia ella.

LA FAMILIA EXTENDIDA (paterna)

Llama la atención el apego de Dora hacia su familia paterna, al respecto Freud nos dice

que Dora «había depositado desde siempre sus simpatías en la familia paterna» (Freud,

Sigmund, 2000, p 20) pues, aunque Freud se refiere brevemente a ellos, destaca sus

estados psíquicos, su estado civil, y sus fracasos en sus relaciones de pareja, es como

si quisiera resaltar que algo andaba mal en esta familia que no lograban una buena

relación, es más que estas estaban teñidas por la desdicha que atravesaban a toda la

familia desde mucho antes, transgeneracionalmente.

Es importante resaltar también, la relación cercana de Dora con sus primas hermanas,

ellas resultan ser una especie de confidentes, quienes lograban sacar a la luz sus más

íntimos deseos de Dora, como cuando le revelan que ellas habían observado que Dora

estaba enamorada del Sr. K, la evidencia estaba allí, seguro que las expresiones de

Dora, sus palabras, la forma de referirse a él mostraban este afecto distinto al de un

sencillo aprecio, el contenido en que estaba envuelto su referirse a él, pareciera ser lo

suficientemente revelador.

Luego tenemos ese asunto del matrimonio de una de las primas -la menor-, y como se

revela su inconciente de la otra hermana y de Dora, al punto que ponen sus emociones

en el cuerpo, -la envidia- al conocer la dicha de la casamentera, y al mismo tiempo al

temer su propia desdicha de tener una relación amorosa con un mal final, una vez más

aparecen los deseos de la prima y de Dora.

El otro relato sobre la prima menor quien era más próxima a Dora, es bien interesante,

pues allí nos revela como la prima buscó que sustituir a Dora cuando decide acompañar

al padre de Dora a viajar a B, esto capturó mi atención no solo porque Dora deja de

confiar en la prima, sino por la facilidad en que la prima acepta acompañar a su tío, era
como querer reemplazar a Dora, ser por un momento la hija, o tal vez desear estar en

una situación -inconciente- donde dos hombres se disputan a una joven, de nuevo

aparecen los deseos que buscan satisfacer estas fantasías inconscientes ligadas a las

primeras experiencias.

LA GOBERNANTA

La gobernanta, fue un personaje también muy interesante para el caso de Dora, una

mujer “[…]mayor muy leída y de opiniones liberales” (Idem, p 20) que la inició a muy

temprana edad en la lectura sobre la sexualidad pornográfica de la época, donde se

hacía la descripción de los órganos genitales y diferentes maneras de tener placer, «esta

gobernanta, solía leer toda clase de libros sobre la vida sexual y temas parecidos, y

conversaba con Dora sobre sus lecturas» (Ibidem, p 20) en la edad que Dora leyó el

texto esto podría crear una energía que aún no se encontraba en capacidad de recibir, y

que de alguna forma desequilibra su sistema psíquico, que despertó en ella esas fibras

sexuales ligada a la genitalidad, y que estimulan una curiosidad no apropiada para su

edad, está nana, que si bien suplía de alguna forma la figura materna, buscaba que

granjearse su simpatía, acercándose a ella como confidente, sin embargo su afecto no

era auténtico, «el amor que le mostraba iba dirigido de hecho al papá» (Ibidem, p 20)

esta mujer sentía celos de todas las mujeres que eran cercanos al padre de Dora, por

ello si la cuidaba no era por Dora, ella no le importaba ciertamente para nada, sino que

lo hizo, porque a esta mujer le importaba su padre.

Curiosamente, esta astucia de la gobernanta de utilizar a Dora para acercarse a su padre

es aprendida por Dora quien posteriormente replica lo mismo con los hijos del Sr. K, es

decir su dedicación hacia ellos tampoco era auténtica, con ello muestra que logra

manejar sus afectos a su conveniencia, y utilizar a los otros para conseguir sus objetivos.

Una vez más Dora había sido seducida, para que por medio de ella se logre conseguir

otros objetivos ocultos, ¿Dora deseada? ¿Dora amada? O ¿Dora utilizada?, queda claro
que utilizada, sin embargo bajo un lenguaje confuso, bajo una incitación inapropiada para

su edad, así la actuación de la gobernanta, está muy cerca a lo que dice Ferenczi «[…]

las perversiones no son infantiles más que si permanecen en el ámbito de la ternura;

cuando se cargan de pasión y de culpabilidad conscientes, testimonian posiblemente

una estimulación exógena, y una exageración neurótica secundaria» (1966)

LA SEÑORA “K”

Este personaje también tenía un matrimonio infeliz, y que también se disputaba al padre,

se ganó su agradecimiento gracias a que lo había cuidado en su enfermedad, quitando

así a Dora de su relación de cuidado que ella le había dado al padre desde muy pequeña.

Esta señora se relaciona con el padre de Dora, de una manera un tanto descarada, las

escenas en el hotel cuando cambian de cuarto, y otras que se relatan, muestran que no

le importaba herir los sentimientos de Dora, ni lo que ella pensara,

Esta mujer usaba las enfermedades de manera provechosa, para rehuir así a su esposo

y de sus encuentros amorosos, esto fue observado y aprendido por Dora, el encontrar

una ganancia secundaria en fingir una enfermedad de manera conciente.

La Señora K, al mismo tiempo mantuvo una gran cercanía con Dora, una intimidad que

riñe con los límites entre una mujer adulta y una adolescente, está mujer también seduce

a Dora, se granjea su aprecio y cariño, le muestra afecto, la lleva a su cama, la hace su

íntima confidente y consejera, como puede haber afectado a Dora esta relación tan

cercana, tan intima, que le producía una gran admiración, «cuando Dora hablaba de la

señora K , solía alabar -su cuerpo deliciosamente blanco- con un tono que era más el

de una enamorada, que el de una rival vencida» (Freud, Sigmund, 2000, p 20), esta

señora conocía hasta sus gustos, su relación no era adecuada para una joven que recién

estaba despertando a la sexualidad, era una relación más bien hipersexualizada, para

luego transformarse en un odio, y en un desprecio, pues está señora revelo los secretos

de Dora al Sr. K traicionándola y denigrándola.


Una vez más, Dora había sido tratada como una cosa, la señora K no «la había amado

por su propia persona, sino por la del padre. La señora K. la había sacrificado sin reparos

a fin de no verse perturbada en su relación con el padre de Dora» (Freud, Sigmund,

2000, p 55), esta injuria le debe haber dolido mucho a Dora, una vez más no logra

encontrar una auténtica mirada de la madre, un auténtico deseo, esto seguramente la

tocó más profundamente y debió haber logrado eficacia más nociva en su estructura

psíquica.

EL SEÑOR "K"

Lamentablemente el señor k abuso de su poder y autoridad con Dora, cómo lo había

hecho su madre, su padre, su nana y la Sra. K, este historial de abusos en el sentido de

desatención, o excesiva tensión, o cruzar las líneas que no correspondía a la edad de

Dora, marcaron su vida generaron un conjunto de traumas, de vacíos emocionales, un

conjunto de emociones y sentimientos, de no ser atendida, no ser realmente amada.

En ese sentido el señor k abusa de esta seducción adolescente de Dora, que como dice

Ferenczi «estas contradicciones nos hacen presentir entre otras cosas que, en el

erotismo del adulto, el sentimiento de culpabilidad transforma el objeto amoroso en un

objeto de odio y de afección, es decir en un objeto ambivalente. Esta dualidad falta aún

en el niño en el estadio de la ternura, y es justamente este odio el que sorprende, espanta

y traumatiza al niño amado por un adulto» (1966); esta provocación como parte de su

histeria, que si bien es mal entendida por parte del señor K no deja de ser un abuso,

porque él era un adulto, una persona mayor que podía discernir claramente el momento

y la edad por la que Dora estaba pasando, más allá de toda la situación familiar que

podría el estar viviendo, las confusiones caben en Dora no en él señor K, él alimenta en

Dora la pasión, la seducción, el señor K se aprovecha de esta adolescencia de Dora,

juega con ella, con sus emociones, con sus sentimientos, la confunde, la llena de regalos,

de rosas, etc. Lo más triste de esta historia, es que los padres de Dora observaban todo
esto y no encontraban ninguna sospecha en la actitud del Sr. K, era evidente que la

familia de Dora era permisiva en exceso, como si todos simplemente se acomodasen

según su conveniencia.

Dora, no encuentra un personaje confiable en su vida, una vez más se repite el ciclo de

abuso con ella, y por eso Dora vuelve a recaer, a enfermar, a sentir que la mejor forma

de que la puedan mirar los otros, no con deseo, no como una cosa, sino con compasión,

es cuando ella está enferma.

PASAR DEL DESEO AL GOCE

Porque Dora no puede pasar del deseo al goce, es como si ella sólo quisiera vivir en esa

fantasía, el de ser deseada, el de ser mirada, y no le está interesada en darse la licencia

de gozar y disfrutar, es como si el goce tuviera que quedar “suspendido” porque es en sí

mismo su mayor aspiración, pero al mismo tiempo su mayor negación. Esta contradicción

que produce el goce en ella, hace que pase de seductora a víctima, y colocar al otro

cómo victimario o como abusador, colocarlos justamente allí en esa posición que estuvo

seguramente su madre con ella, de alguna manera es como si el goce en su primera

infancia no haya podido lograr concretizarse, siempre estuvo a punto de, pero nunca se

logró, desde su propia perspectiva esta figura materna es como si hubiese prestado las

atenciones mínimas, las suficientes como para que pueda sobrevivir y entonces había

como esta impresión que si se lograba concretar el goce finalmente o moría en el intento

o de lograrlo terminar muriendo también.

En el caso con el señor K cuando intenta besar a Dora, ella dice sentir asco y sale

corriendo, sin embargo, nunca mencionó esto y ambos lo mantuvieron en secreto, en

esta situación podemos observar una situación claramente histérica y habría que

preguntarse porque Dora no lo contó, porque lo mantuvo en secreto. Podríamos decir

que se quedó fascinada, los afectos que surgieron en la etapa de la latencia difícil de

procesar, y que se defienden con el asco. Los genitales en especial el miembro


masculino pueden recordar las funciones excrementicias, así se incluye el asco entre las

manifestaciones de afecto de la vida sexual y se juntan en mecanismos inconscientes

en la etapa de latencia.

CONCLUSIONES

La pregunta que se me retuerce en el estómago es: ¿a quién le importaba realmente

Dora?, Creo yo que a Dora no le importaba a nadie y por lo tanto Dora se sentía

cosificada, ser utilizada por cada uno de los objetos cercanos que la rodeaban.

Por eso creo que Dora estaba marcada por un historial de enfermedades en donde

permanentemente buscaba la ganancia secundaria, ser vista por ella realmente, aunque

sea por una enfermedad, ser atendida ser acogida por los demás, que se preocupen por

ella como persona no como objeto en el sentido de no ser cosificada.

La queja de fondo de Dora está en la sensación de no haber sido lo suficientemente

importante para la madre, en su etapa pre-edípica, es así como descubre rápidamente

que la única manera de llamar la atención de su madre es cuando se enferma, y de esta

manera, aprende de la ganancia secundaria.

Normalmente en la triangulación edípica, la relación con el padre y la madre es sólida y

continua. Mientras que la relación entre el padre y la hija es tenue y discontinua. En el

caso de Dora se pierde este principio y la relación se convierte en una línea fuerte, lo

que significa que el Edipo se deformó; el problema de dora, es haber creado una relación

continua con el padre, y el padre al mismo tiempo lo alimenta, por ello, la postura de Dora

frente a la madre era una actitud de conflicto, y en el caso de la madre, esta desprestigia

la figura parental del padre.


BIBLIOGRAFIA

FREUD, S (2000). Historiales de Freud: Dora. Volumen VII

HANNAH S. DECKER, (1999). Freud, Dora y la Viena de 1900

LAPLANCHE, Jean (1996). Diccionario de Psicoanálisis.

SANDOR FERENCZI (1966). Confusión de lengua entre los adultos y el niño,

http://gruposclinicos.com/confusion-de-lengua-entre-los-adultos-y-el-nino-sandor-

ferenczi-presentacion-de-maria-elena-troncoso/2011/06/.

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