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El violín: r​ etrato de la violencia en México

El violín ​(2006) es una película escrita y dirigida por Francisco Vargas que narra los
intentos frustrados de un pueblo en la Sierra (sin dar nunca una ubicación exacta)
por expulsar al Ejército de sus tierras. El filme, considerado por muchos críticos uno
de los mejores en la historia contemporánea del cine mexicano, toca temas que
precisamente se volvieron aún más comunes a partir de su estreno como la
violación a los derechos humanos, la desigualdad, la injusticia y la pobreza.

La historia cuenta la vida de una familia integrada por Don Plutarco, abuelo y
violinista, y de su nieto Zacarías que, encubiertos, recorren la zona montañosa en
que viven para funcionar como mensajeros en la guerrilla contra el Ejército que se
quiere apropiar sus terrenos. Un acierto de la película es que toda se desarrolla en
imágenes en blanco y negro que buscan no situar el contexto de la trama en un
momento específico, ya que las guerrillas contra el gobierno no son solamente una
situación ocurrida durante los setentas, sino un tema que aparece sistemáticamente
en violaciones del Estado contra sus ciudadanos.

Además, con los casos encubiertos de abuso de autoridad por parte del gobierno
anterior de Enrique Peña Nieto -como el tan sonado en Atenco- ​El Violín e​ s una
película que recuerda al espectador los excesos a los que quienes detentan el poder
han llegado con tal de imponer su voluntad. Ante las quejas de los ciudadanos
mexicanos, la respuesta de presidentes, gobernadores, jefes municipales y
cualquier clase de funcionario público con alguna potestad coercitiva ha sido
reprimir. Así, es necesario decir que, aunque México guste de presumir ante
Latinoamericana que es un país democrático, la imposición violenta es la primer
arma utilizada por cualquier dictador. El filme de Vargas hace ver que nuestro país
se maneja por gobiernos nepotistas y caciquistas que parecen más preocupados
por marcar la línea de las desigualdades que por reducirlas.

También, en la actitud de Don Plutarco, el violinista protagonista, está sugerida la


única opción para aguantar los embates de los de “arriba”: resistir. A lo largo de la
trama, el anciano demuestra en numerosas ocasiones la valentía que lo caracteriza:
traslada armas y municiones en su violín, engaña a los soldados del cuartel
tocándoles música y cuida de su nieto. De esta manera, aún cuando Plutarco lo ha
perdido todo cuando matan a su familia hacia el final de la película, y un general
quiere obligarlo a tocar, éste se niega. El protagonista resiste, permanece en las
aristas del poder y jamás cede ante la alienación a la que lo quieren someter.
Tal vez una de las realidades más tristes que presenta ​El violín ​es el hecho de que
el gobierno se haya convertido en el enemigo principal de sus ciudadanos y que
estos tengan que recurrir a la violencia, no como última opción, sino como única. El
Estado en México se ha convertido en un aparato de delincuencia “útil” que explota
hasta el último gramo de los que menos tienen para aumentar el poder adquisitivo
de quienes no lo necesitan ni lo merecen.

En resumen, la película de Francisco Vargas además de presentar una realidad


actual de nuestro país, expone una situación constante que nunca ha desaparecido.
Tal y como dice el propio Plutarco: “los dioses crearon el cielo y la tierra y el fuego…
pero uno de esos dioses era muy cabrón y puso en los hombres la envidia y la
ambición y fueron engañando a los hombres verdaderos y les fueron quitando de
poquito en poquito en poquito”.

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