Está en la página 1de 8

LUNN, E.

; MARXISMO Y MODERNISMO
(Caps: III, IV, V)

DEBATE LUKÁCS Y BRECHT

Durante los años treinta, Brecht y Lukács desarrollaron sus perspectivas


marxistas sobre el arte. Tenían opiniones disímiles acerca de las tradiciones
literarias, sin embargo no podría decirse que sus posturas fueran antagónicas.
Aunque sus perspectivas eran marxistas, Marx nunca habló específicamente del
arte, por lo que cada uno tomó distintos componentes de la obra de Marx para
aplicarlo al tema.

Lukács:
+ Un humanismo ético y estético tradicional. Comprometido con la
continuidad de la cultura europea clásica.
+ Hace una distinción entre el realismo y el naturalismo:
Realismo: un modo literario en el que se trazaban las vidas de personajes
individuales como parte de una narración que las situaba dentro de la dinámica
histórica completa de su sociedad. La descripción de la individualidad plena y la
tipicidad histórica. Mediante la voz retrospectiva, las grandes novelas realistas
contienen una jerarquía épica de eventos y objetos, y revelan lo esencial y
significativo en la transformación históricamente condicionada del carácter
individual. En la voz narrativa residía la capacidad cognoscitiva para revelar la
construcción de la vida económica y social a través de la interacción humana. Las
mejores novelas realistas presentaban la realidad histórica general como un
proceso revelado en la experiencia concreta, individual, mediada por grupos,
instituciones y clases particulares. Captar el cambio social como una red de
historias individuales. El lector experimenta cómo y por qué contribuyen
activamente los individuos a sus propios “destinos”. Los personajes no son
personificaciones abstractas de tendencias históricas, sino personalidades
vivientes, redondas, plenas por derecho propio: esta “especialidad” es para él la
categoría central del arte. Que el hombre es un sujeto creativo de la historia.
(toma las obras de Tolstoi y Balzac)
Lukács defiende la participación activa del autor y del lector: Dice que es
importante que el autor, más allá de la obra, participe activamente en la vida de
su época y así poder sentir palpablemente (y no abstractamente) sus fuerzas
sociales entrelazadas dentro de su propia vida. (Esta participación activa no está
en el naturalismo y por eso lo critica).
Naturalismo: presentan la realidad empírica inmediata como un “dato”
objetivado, abstraído del cambio individual e histórico. Los eventos se presentan
simplemente como un “contexto” o un “marco”. El tratamiento no surge de la
importancia subjetiva de los eventos en una forma orgánica sino de “artificio en
la estilización formal”. A fin de compensar la brecha existente entre la apariencia
sensible y la esencia histórica de la novela, se utilizan metáforas y símbolos,
según Lukács, de manera arbitraria y fortuita para abarcar e integrar la totalidad
social. Se trata de productos terminados. El mundo aparece ajeno, porque no se
percibe cambiante a través de la acción humana, y así el lector (en vez de
participar emocionalmente en una narración dramática) se ve reducido a la
condición de un observador pasivo de acontecimientos mecánicamente
ordenados.
+ Lukács sostiene que el naturalismo se había convertido en el prototipo de toda
la literatura modernista. Una objetividad abstracta que alterna con una
subjetividad falsa. En todos los movimientos modernistas, se percibe la realidad
en su inmediatez fáctica, divorciada de “las mediaciones que conectan las
experiencias con la realidad objetiva de la sociedad”. Se separa objeto de sujeto.
+ El modernismo desplegaba para Lukács una inmediatez de fetiches que en
algunas ocasiones identificaba con el principio formal fundamental del montaje,
la “reunión de hechos desconectados”. La yuxtaposición aplanada de imágenes
dispares tipificaba la pérdida del realismo en la cultura occidental moderna, así
como la obsesión “formalista” por los experimentos técnicos, una arte que
reflexionaba sobre sus propios procedimientos.
+ “las grandes masas no pueden aprender nada de la literatura de avant-garde,
cuya visión de la realidad es tan subjetiva, confusa y desfigurada”. Lukács insiste
en una “popularidad” o “cercanía con el pueblo” de todo arte válido. Él dice que
tal capacidad de la literatura para encontrar gran resonancia en la población
requiere que los escritores evolucionen en su trabajo a partir del continuo
cultural humanista del pasado (en particular del realismo con sus descripciones
ricas y concretas de la vida popular), en lugar de romper radicalmente con estas
tradiciones, como lo hacen los modernistas. (Crítica: Sin embargo no habla de la
cuestión de la accesibilidad popular y la amplia repercusión social y educativa,
sino como una retención de las formas realistas).
+ Para que haya una “cultura proletaria” significativa, sostiene Lukács, deberá
construir sobre las formas literarias creadas en el período optimista y humanista
de la ideología burguesa. Dice que las formas literarias modernistas surgidas
desde el naturalismo reflejan y se ligan al subjetivismo irracional o el positivismo
mecánico de la “decadencia burguesa”; en consecuencia, sólo pueden alimental la
ideología fascista, en lugar de usarse en su contra.
+ Sostiene que todo arte grande presenta una “totalidad” social sonde se supera
la contradicción meramente aparente entre la experiencia inmediata y el
desarrollo histórico, es decir, donde se disuelve la oposición existente entre el
caso individual y la ley histórica. A través de la recepción de esta “totalidad”, el
lector experimenta vicariamente la reintegración de un mundo aparentemente
fragmentado, deshumanizado. (*ver respuesta de Brecht)
+ La sociología retrospectiva de las reflexiones literarias de Lukács contenía
escasamente la urgencia de la que habla Brecht. Le creencia en la inexorable
marcha ascendente de la historia alentaba una estética contemplativa cuyo
ángulo crítico apuntaba hacia las obras de arte pesimistas que pudieran sacudir
la fe.
+ “Con sus formas de organización, su ciencia y sus técnicas de manipulación, la
vida moderna avanza incesantemente hacia la reducción del mundo a la simpleza
mecánica de una mera señal. Esto significa un alejamiento radical de la vida”. Su
gusto literario se inclinaba hacia las obras que revelaban el surgimiento de las
clases sociales modernas, y no los problemas de una sociedad industrial madura.
Su construcción de una estética marxista se relaciona con estas convicciones
históricas, en particular la forma tradicionalista como concebía del realismo y el
humanismo.
+ Crítica a Brecht: En vez de crear personajes representativos, pero
individualizados, en conflicto psicológico y en relación con la dinámica social
más amplia, las figuras de Brecht sólo simbolizaban funciones abstractas en la
lucha de clases cuando hablaban en un montaje de argumentación suelta y con
diálogos puramente agitadores. Lukács atacó como meras técnicas formales,
artificialmente impuestas al material, los medios utilizados por Brecht para
distanciar a su auditorio de la simple empatía con sus personajes y para alentarlo
a pensar con espíritu crítico sobre la acción, en particular sus estratagemas de
“alejamiento”.

+ La postura de Lukács se aproximaba a una versión dignificada, refinada, de la


doctrina del partido soviético. La semejanza estructural básica residía en su uso
continuo de una noción fija y estática de la “cultura”, cuya democratización sólo
equivalía a su “distribución” incrementada entre las masas, una meta que las
autoridades soviéticas podían acomodar sin renunciar a su poder.
+ Un marxismo purificado, donde la historia se concebía como una serie de
etapas de progreso inevitable. Su descripción del nazismo como “bárbaro” y
“decadente” privaba al mundo contemporáneo de sus contradicciones y terrores
reales, ya que presentaba el “progreso” soviético “heroico” en una luz positiva
contrastante. El sistema soviético eludiría la decadencia y la enfermedad de la
sociedad capitalista avanzada y continuaría la cultura progresista de un
humanismo burgués anterior. De un modo muy similar al de la polémica
estalinista, la visión ahora determinista de la historia de Lukács le permitía
contemplar el arte occidental moderno como algo “objetivamente” reaccionario.
+ Con la “cultura” analizada en términos de ideologías históricamente
“progresistas”, y la decadencia contemplada como un resultado de su derrota,
Lukács olvidó un análisis social y político del nazismo, como un movimiento y un
régimen, en su relación concreta con las élites tradicionales y las clases medias
bajas en graves aprietos. A veces daba la impresión que Lukács estaba luchando
contra la “decadencia” más que contra el fascismo. Hablaba de una lucha entre
“cultura” humanista y el “barbarismo” fascista. Evitaba toda clase de análisis del
fascismo.
+ Lukács consideraba a los expresionistas como anticapitalistas románticos cuya
posición ideológica implícita los conectaba al misticismo irracional de la filosofía
Guillermina, ostensiblemente una de las fuentes centrales de la creencia nazi.
Denunciando como “pequeñoburgueses” tales formas inmaduras e “irracionales”
de la rebelión como el expresionismo, Lukács trataba de combatir al nazismo
invocando la respetabilidad patricia de la alta cultura burguesa anterior. Su
olvido de las necesidades materiales sociales del grueso de la población alemana
y su hincapié en el conflicto ideológico derivado en parte de la pretensión de que
la intelectualidad ocupaba una posición central y necesitaba convertirse a una
perspectiva humanista “progresista”.
+ Lo que demandaba Lukács de la literatura, y lo que no proveían Kafka, Joyce y
Toller, era una seguridad continua de que este camino hacia el progreso
proseguiría inevitablemente a pesar de la “decadencia” capitalista, la guerra
mundial y el fascismo. Su adopción de una teología hegeliana de la racionalidad
astuta e inmanente de la historia, así como su estética pasiva de la reflexión,
deben entenderse bajo esta luz: si el arte ayuda, mediante una resolución
positiva de las contradicciones, a convencernos del progreso inexorable hacia la
realización humana, será escasa la urgencia de intervenir activamente a favor de
su éxito. Optimismo.
+ A favor de un frente popular contra el nazismo: a diferencia de Brecht (ver
abajo), buscaba aliados liberales burgueses para las clases trabajadoras y
acentuaba la corriente patricia clásica de la herencia literaria.

Brecht:
+ Trataba de aplicar las nociones de la experimentación científica y la producción
económica a la búsqueda de una estética modernista a tono con el siglo xx
técnico y colectivista. Defendía la experimentación contra las ortodoxias oficiales
corrientes. La necesidad el experimento artístico en todos los movimientos
socialistas.
+ Aunque defendía los usos socialistas de ciertas técnicas estéticas modernistas
(por ejemplo, el distanciamiento y el montaje), compartía la antipatía de Lukács
por gran parte de la obra modernista, como el arte abstracto y los escritores tales
como Baudelaire, Rilke, Dostoievski, y Kafka. Aunque desarrolló las
potencialidades activistas de la estética constructivista, la urgencia utilitaria de
Brecht lo alejaba de muchas otras corrientes importantes de le experiencia
cultural moderna.
+ El formalismo es el intento de adherirse a las formas convencionales mientras
que el ambiente social cambiante formula siempre demandas nuevas al arte. La
cuestión de las técnicas estilísticas que debieran usarse era un asunto práctico
que deberían resolver en casos individuales.
+ Crítica a Lukács: en contra de la construcción de un modelo realista
restrictivo que se basaba por entero en un conjunto reducido de ejemplos
formales tomados de un período histórico que excluía las potencialidades
realistas del arte moderno. Las formas literarias tienen funciones sociales
variables a través del tiempo. Lo que antes fue revelador en la técnica narrativa
de Balzac puede no serlo ahora. Pero tal interrogante no puede contestarse a
priori, sino mediante la experimentación con instrumentos diversos.
+ Mientras que el “realismo” de Lukács suponía que los individuos tenían acceso
a la totalidad social mediante su propia experiencia personal, la vida técnica y
colectiva moderna sólo puede comprenderse mediante abstracciones hechas
desde el punto de vista del individuo. Mostrando cómo se crea un montaje de
imágenes, se revelará el proceso de la reconstrucción “artificial” de la
totalidad social.
+ En contra de los individuos redondeados de Lukács, los personajes de Brecht
eran hombres o mujeres de las masas, anónimos, que planteaban interrogantes.
+ El arte de Brecht trataba de atacar la inercia pasiva y fatalista de su auditorio,
su ajuste al “curso de las cosas”. Los choques de distanciamiento de las
percepciones “normales” se necesitaban con urgencia para alentar la
intervención activa en el proceso histórico.
+ Puesto que compartimos el mismo mundo histórico con los modernistas ( u no
con autores tales como Goethe, Balzac, y Tolstoi), podemos aprovechar con
mayor facilidad las técnicas literarias modernistas. Las formas literarias, como
otras “fuerzas productivas”, son separables de sus usos clasicistas o ideológicos
dentro de las “relaciones de producción” corrientes.
+ Su obra era un producto de la nueva sociedad urbana y tecnológica, de la
República de Weimar. Brecht aceptó simplemente este mundo como su medio,
sin lamentar la desaparición de las culturas clásicas, sino tratando de crear un
arte adecuado para la nueva época. En su experimentalismo, sus dramas
inconclusos, y su rama de la estética marxista, compartía Brecht las perspectivas
de los modernistas, en particular las de quienes desarrollaron el montaje cubista
y dieron la bienvenida al mundo de tecnología y sociedad de masas del siglo XX.
+ Su marxismo era una respuesta a las experiencias cosificadas, en las
condiciones del capitalismo avanzado de Occidente.
+ Brecht responde a Lukács acerca de la “popularidad”: sostenía que los
auditorios de la clase obrera rechazan lo teatral en sí mismo pero suelen apoyar
y entender todas las innovaciones mientras ayuden a revelar los “mecanismo
reales de la sociedad”. En todo caso, la “popularidad” no debe limitarse a la
accesibilidad y a la comunicación inmediatas. Deberán encontrarse instrumentos
nuevos de todas las clases (no solo formas y métodos literarios nuevos, sino
también medios técnicos nuevos tales como la radio y el cine) para ampliar y
enriquecer las tradiciones artísticas que han sino expresiones genuinas de la
gente común en el pasado. El desarrollo de las posibilidades expresivas de la
cultura de la clase obrera requiere un proceso educativo en ambos sentidos, un
intercambio mutuo y constante de concepciones entre los artistas y los
trabajadores. Brecht sostiene que no existe sólo el hecho de ser popular, sino
también el proceso de volverse popular.

+ (*ver postura de Lukács) Por el contrario, Brecht insiste en que una


respuesta a la deshumanización contemporánea que tratara a hombres y
mujeres como personalidades “redondeadas”, “armónicas” e integradas sólo
sería una solución en el papel. Además, una conciliación armoniosamente
estructurada de las contradicciones facilitaba una sensación de realización
catártica dentro del auditorio y hacía aparecer innecesaria la acción política. Al
acentuar el conflicto entre la apariencia cotidiana y lo históricamente realizable,
a menudo mediante la exposición de lo “extraño” de lo “normal”, Brecht trataba
de galvanizar a su auditorio para la acción fuera del teatro. El arte debía ser
“abierto”, listo para ser completado por el auditorio, no “cerrado” por la
conciliación de las contradicciones a manos del autor.
+ Brecht tenía mucho en común con Lukács en su actitud hacia la Unión Soviética
en los años treinta. Al revés de sus maestros marxistas, Korsch y Sternberg,
Brecht se negó a romper con la Rusia soviética a pesar de un creciente
escepticismo hacia el régimen de Stalin. Abandonar el comunismo oficial, sobre
todo cuando creía que sólo ese movimiento representaba la defensa de Europa
contra el fascismo, sería un grave error: también equivaldría a “aislarnos de las
masas”. Encarado al mismo dilema que mucho otros intelectuales izquierdistas
del período (cómo conciliar los escrúpulos morales y políticos acerca del
estalinismo con la acción efectiva en una situación crítica), Brecht escogió lo
“útil”. Nunca hizo públicas sus dudas hacia el estalinismo: en sus escritos
privados daba rienda suelta a sus cuestionamientos, pero públicamente apoyaba
inequívocamente las políticas internas soviéticas.
+ Brecht estaba en desacuerdo con la posición filosófica de Lenin, su teoría de la
reflexión y su tradicionalismo cultura. El leninismo de Brecht era tan ilustrado,
democrático y humano como podía serlo dentro de tal especie de la praxis
autoritaria: subrayaba la necesidad de un marxismo crítico, la difusión del
experimento social y cultural, la participación activa de todo el partido, en
contacto con las masas trabajadoras, en las decisiones importantes, etc.
+ Brecht vs. Arte Soviético: No solo señalaba que la literatura realista debe
desempeñar una función crítica en relación con el desarrollo de la realidad
social, que el positivismo superficial del llamado “realismo socialista” fallaba
miserablemente en este sentido, que los ataque soviéticos contra la “decadencia”
modernista de Occidente se asemejaban a un pseudoclasicismo similar del
régimen nazi. Su crítica de la vida cultural soviética iba más allá y abarcaba los
aspectos más democráticos y libertarios de su “estética de la producción”:
juzgado con el criterio de una producción social emancipadora, el arte soviético
sólo continuaba la pseudoautonomía alienada de los “objetos” de arte
pasivamente recibidos. Así como la sustitución de la propiedad privadamente
concentrada por el control estatal no aseguraba la superación del trabajo fabril
alienado, le mera apropiación de la producción cultural tradicional no había
terminado con el concepto y la experiencia cosificados del arte. Pero esta
restricción de la literatura sólo traducía un fracaso más amplio: en vez de
emancipar cualitativamente el trabajo social, el régimen estalinista se
concentraba por enero en el aumento cuantitativo de la producción. En la
economía controlada por el partido y en la restricción tradicionalista de las
técnicas literarias realistas, no se estaba permitiendo que “se formara por sí sola
la nueva humanidad del proletariado consciente de su clase”, tanto el de
trabajadores fabriles como el de trabajadores intelectuales.

+ En lugar de una lucha entre “cultura” humanista y el “barbarismo” fascista


(Lukács), Brecht contemplaba el movimiento y el régimen nazi en el sentido
mucho más estrictamente marxista de un conflicto entre la clase capitalista y la
clase proletaria. Brecht minimizaba la importancia de las élites militares,
burocráticas y aristocráticas tradicionales en la victoria del fascismo de Europa
central.
+ En lugar de percibir la lucha ideológica entre el irracionalismo romántico y un
humanismo clásico modificado para el uso del siglo XX (Lukács y los antifascistas
liberales), Brecht se concentró en la retórica idealista nazi y su capacidad para
oscurecer los problemas materiales de las masas, en particular los de las clases
medias bajas. Para Brecht, un humanismo idealista elevado era una respuesta
improductiva a tal retórica heroica creadora de mitos, ya que solo continuaba la
lucha en un ámbito de abstracción cosificada que favorecía la capacidad nazi
para ocultar el mundo real. Lo que se requería, en vez de hablar acerca de la
defensa de la ”cultura”, era una literatura de realismo plebeyo de habla
llana. Una literatura realista que revelara una realidad material oculta por la
literatura oficial. “Para defender la cultura debemos verla en relación con toda la
actividad productiva de las masas”.
+ La politización del arte por parte de Brecht trataba de cuestionar la política
estetizada de los nazis.
+ A favor de un frente popular contra el nazismo: a diferencia de Lukács (ver
arriba), trabajaba por un frente unido desde abajo, integrado por trabajadores,
por las clases medias bajas, los campesinos y los intelectuales marginados,
contra las élites económicas y políticas, viejas o nuevas.

(Claves de Narrar o Describir de Lukács para entender mejor su pensamiento)


+ Entre narrar y describir Lukács elige narrar. Pareciera que lo más adecuado
para producir una narración realista es la descripción, pero él dice que no
porque el problema va a estar en qué es lo que se va a describir.
+ Narración: el hombre como protagonista. Cuando el autor narra, todas las
cosas que entran en la obra (detalle, objetos, etc) van a entrar en relación con el
crecimiento y el desarrollo de los personajes. No aparece consolidado, sino que
se va desarrollando. ≠ Descripción: el protagonista es el objeto. Un mundo lleno
de objetos.
+ La función del arte en relación al mundo: para él el arte debe ser autónomo,
porque va a ser un lugar independiente de la realidad que le va a permitir
experimentar al sujeto aquello que no va a poder experimentar en la realidad.
+ El problema no es que se describa el mundo tal cual es ahora, sino que se logre
llegar al mundo objetivo. [Para el marxismo y para Lukács hay dos tipos de
realidad: 1. la inmediata (alienada, falsa, ideológica, en tanto la ideología
funciona como deformación de la realidad, y la clase va a producir una
perspectiva de la realidad) y 2. la objetiva (verdadera)].
+ Primero viene la estructura (el desarrollo de las fuerzas productivas) y luego
la superestructura (los discursos sobre el modo del funcionamiento social).
+ “Sed de futuro”: optimismo, fe en la superación del mundo presente
(capitalismo).

También podría gustarte