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Bert Hellinger – Felicidad dual

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Traducción: Sylvia Kabelka


Título original: Zweierlei Glück
Traducción: Sylvia Kabeíka
Diseño de la cubierta: Claudio Bado
1a edición, 5a impresión
© 1999, Gunthard Weber
© 1999, de la traducción y adaptación: Sylvia Kabel\a
© 1999, Herder Editorial, S.L., Barcelona
ISBN: 978-84-254-2108-2
La reproducción total o parcial de esta obra sin el consentimiento expreso de los titulares del Copyright está prohibida al
amparo de la legislación vigente.
Imprenta: Prínter industria gráfica newco, S.L. Depósito legal: B- 25.393 - 2009 Printed in Spain - Impreso en España
Herder
www.herdereditonal.com

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A mis padres, con amor y gratitud.


INTRODUCCIÓN DEL EDITOR
En el poema «Leyenda sobre el origen del libro Tao-Te-King, dictado por Lao-Tse en el camino de la emigración» (mucho
más tarde supe que éste era un libro importante para Bert Hellinger), Bert Brecht describe cómo un aduanero le arrebató
su sabiduría a Lao-Tse antes de que éste se retirara a las montañas:

Caminó cuatro días entre peñas


hasta que un aduanero le paró
«¿Alguna cosa de valor?»
«Ninguna.»
«Es un maestro», dijo el joven guía del buey.
Y el aduanero comprendió.

Y el hombre, en un impulso afectuoso,


aún preguntó: «¿Qué ha llegado a saber?»
Y el muchacho explicó: «Que el agua blanda,
en su movimiento, hasta la piedra acaba por vencer.
Lo duro pierde, ha llegado a saber.»

(BERT BRECHT, Poemas y canciones; versión de Jesús López


Pacheco sobre la traducción directa del alemán de Vicente Romano)

Desde hacía muchos años, lamentaba el hecho de que no había prácticamente ninguna documentación escrita del
trabajo de Bert Hellinger, y sabía que muchos otros sentían lo mismo. Me era comprensible su duda de poner por escrito
algo a lo que otros pudieran agarrarse como a una revelación, o que les permitiera deleitarse con sus malentendidos. «El
espíritu sopla», decía. El pensamiento cuajado en escritura, con demasiada facilidad pierde la relación con lo vivo, se
cosifica, se simplifica y generaliza, convirtiéndose en frases y patrones vacíos.
Mis dudas de si aquello que Bert Hellinger había desarrollado durante sus muchos años de trabajo con grupos también
podía comunicarse por escrito, se fueron desvaneciendo en la medida en la que pude comprobar en mi propio trabajo
terapéutico cuan útiles y enriquecedoras resultaban sus ideas para mí y para mis clientes.
Su intención de retirarse más de la vida profesional al llegar a los 65 años acrecentó mi interés muy personal de poder
asistir una vez más a su trabajo, animándome a ofrecerle el presente servicio. Así, en 1990, le pregunté si me permitiría ser
su «aduanero», y él asintió.
Mi primera idea fue la de grabar en cinta magnetofónica y en vídeo uno de sus seminarios didácticos de varios días de
duración, para después editar una transcripción de este curso.
Tras grabar un segundo seminario, sin embargo, y después de recibir de Bert Hellinger su manuscrito de conferencias,
«Ordenes del Amor», y acceder a otras fuentes adicionales, el plan original ya no parecía realizable. El presente libro es,
pues, el intento de hacer una síntesis de sus ideas acerca de las relaciones familiares y de la psicoterapia sistémica,
presentando así algunas impresiones e imágenes de su proceder concreto en terapia.
Sus explicaciones y su trabajo en relación a los temas más diversos fueron resumidos en siete capítulos, siendo mi
intención la de hacer «hablar» a Bert Hellinger en tono original, es decir, de conservar en lo posible los diálogos literales
de los seminarios. Esto se hizo también para, una y otra vez, advertir a los lectores de que no se encuentran ante un libro
de estudio sino ante fragmentos y resúmenes de unos cuantos seminarios, seleccionados por mí. Asimismo, me abstuve de
cualquier comentario, incluso en aquellas ocasiones en las que sus descripciones se diferenciaban de las mías. De este

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modo, cada uno puede abordar el texto a su manera. Todas las modificaciones realizadas únicamente pretendían
comprimir el texto y hacerlo más legible.
Pero ¿qué me llevó a describir justamente la psicoterapia sistémica de Bert Hellinger? Durante los años 70 participé en
muchos talleres y seminarios de las más diversas corrientes psicoterapéuticas, dirigidos por coordinadores muy diferentes.
Los tres seminarios con Bert Hellinger, sin embargo, me dejaron un recuerdo indeleble. En cada uno de ellos aprendí algo
que, aún años más tarde, me movía, que seguía actuando en mi interior, poniendo en orden algún asunto o confiriéndole el
lugar correcto. Me impresionó la precisión de su mirada, su clarividencia para la esencia de las cosas. Tampoco conozco
ningún otro terapeuta capaz de reconocer con tanta rapidez y exactitud los patrones destinados a conservar problemas,
sabiendo, al mismo tiempo, interrumpirlos eficazmente en el momento idóneo. De manera respetuosa y afectuosa
consigue cambios importantes y experiencias a nivel anímico pocas veces abordadas en psicoterapia.
Como participante en sus seminarios, sin embargo, me faltaba la distancia necesaria para centrar mi atención en cómo
lo conseguía: cómo toca lo bueno «al pasar», cómo se estructuran sus historias, de qué manera simplifica y comprime la
configuración de constelaciones familiares para reducirla a lo más indispensable, convirtiéndolas así en un instrumento
terapéutico altamente eficaz. También sus ideas acerca de la dinámica y el trasfondo de implicaciones trágicas en un
principio me parecían insólitas, y durante mucho tiempo me chocaban sus expresiones en vez de concentrarme en el
contenido.
Las personas que participan en sus seminarios se sienten atraídas sobre todo por su presencia clara y desafiante,
exigente y orientadora, y, al mismo tiempo, desinteresada y atenta. Desde la distancia se entrega enteramente. De esta
manera se evita cualquier tipo de embrollo. Pero aún hay otro elemento más que hace que la personas se sientan
conmovidas y cautivadas: en cada uno, Bert Hellinger sabe sacar a un primer plano los temas fundamentales de su
existencia humana, como pueden ser la pertenencia a la red familiar, el amor en el vínculo, el éxito o el fracaso en
nuestras relaciones, la conformidad con el destino, o la aceptación del carácter efímero de esta vida. Lo que mueve lo más
íntimo del alma muchas veces se expresa con los medios más escuetos.
Por mucho que sus palabras parezcan referirse al pasado, su sensibilidad emotiva e intuitiva siempre se dirige hacia la
solución liberadora, hacia aquello que hace posible lo no realizado hasta el momento.
Las constelaciones familiares desarrollan su fuerza elemental gracias a su lenguaje metafórico y preverbal. En ellas se
reúnen, como en un rito de transición, lo pasado, la despedida y la reorientación, en un marco temporal comprimido.
Como ya mencioné en un principio, los contenidos de este libro también pueden dar lugar a malentendidos y
distanciamientos escépticos o indignados. Los crédulos pueden verse tentados de apropiarse a la ligera lo leído,
convirtiéndolo en conocimiento propio. Una vez, Bert Hellinger citó la siguiente frase: «Lo mejor no puede expresarse
con palabras, y lo bueno se interpreta mal.» Frecuentemente, las explicaciones y comentarios de Bert Hellinger están
formulados como si fueran eternos y absolutamente válidos, como si de verdades inamovibles se tratara. Al observarlo
más detenidamente, sin embargo, se comprueba que sus afirmaciones casi siempre representan intervenciones terapéuticas
relacionadas con personas y hechos concretos, basándose, al mismo tiempo, en su experiencia vital y en su intuición.
Viéndolas como afirmaciones y recetas universales, del fruto tan sólo queda la cascara. De la misma manera que siempre
se recomienda dejar que la imagen de solución encontrada en una constelación familiar actúe en el interior de la persona,
sin que ésta pretenda «hacer» algo en seguida, así también aquí parece aconsejable dejar que sus ideas vayan actuando.
Al leer los ejemplos de casos incluidos en el texto, los lectores podrán comprobar cómo Bert Hellinger se retira una y
otra vez en cuanto alguien intenta generalizar precipitadamente sus palabras. En general, se resiste a que sus ideas y
procedimientos se viertan en un molde teórico: «La teoría interfiere en la práctica.» Así, también yo me abstengo de
cualquier intento de este tipo. Él mismo define su enfoque como fenomenológico; es decir, la percepción de los procesos
le indica los pasos a dar. «Me expongo a una situación oscura, de la que no sé lo que es. La pregunta es: ¿cómo puedo
llegar a una realidad que es oscura? Me sumerjo en un campo vibrante al que estoy unido y que me sobrepasa. De repente,
algo entra en la esfera luminosa, revelando algo de lo que es. Yo me expongo a ello, esperando a que me llegue algo. Una
imagen sería ésta: voy andando a tientas, palpando las paredes, hasta encontrar una puerta. En cuanto se presenta un
"claro", intento decir aquello que me ilumina, en una palabra llena, rebosante. En cuanto ésta haya encontrado una forma,
la persona que la oye es alcanzada a un nivel más allá del mero razonamiento. Es algo común que actúa e impulsa, sin que
la persona conozca el porqué.»

Deseo que este texto les impulse y conmueva y, quizás, incluso les cautive.

GUNTHARD WEBER

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Heidelberg, diciembre de 1992

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INTRODUCCIÓN A LA VERSIÓN ESPAÑOLA


Me alegro de que con el presente libro las ideas innovadoras de Bert Hellinger se abran también a todas las personas de
habla hispana. Desde la primera edición alemana, en 1993, su enfoque centrado en las soluciones ha suscitado un interés
insospechado en el ámbito germano hablante, que todavía sigue en aumento. Hoy en día, los seminarios de Bert Hellinger,
en los que trabaja con clientes gravemente enfermos configurando sus sistemas familiares con la ayuda de representantes,
suelen contar con un gran número de participantes (normalmente entre 400 y 500 terapeutas) interesados en conocer
directamente su trabajo. En abril de 1997 se celebró con gran éxito el primer congreso relacionado con esta nueva forma
de terapia sistémica.
Naturalmente, Bert Hellinger ha precisado y perfeccionado esencialmente sus ideas y procedimientos desde 1993,
revisando también el presente libro en colaboración estrecha con la traductora, Sylvia Gómez Pedra, pudiendo ofrecerse
así una versión totalmente actualizada. Por otra parte, la traducción fue un reto especial, ya que se trataba de encontrar las
palabras idóneas para las expresiones de Bert Hellinger, a veces antiguas y rebosantes de significado, a veces nuevas y
desacostumbradas en este contexto. En algunos puntos se amplió también el texto, introduciéndose nuevos ejemplos de
casos para documentar aún mejor determinadas dinámicas y sus soluciones en el seno de los sistemas familiares. Por
tanto, quisiera expresar mi gratitud tanto a Bert Hellinger como a Sylvia Gómez Pedra por su interés y el intenso trabajo
realizado.
La misma traductora ya está preparando la versión de Ordenes del Amor de Bert Hellinger, y la editorial alemana está
planeando una edición subtitulada de los excelentes vídeos de sus seminarios.
Así, pues, deseo que el presente libro encuentre en el mundo hispanoparlante una resonancia similar a la del ámbito
alemán, ayudando a que el campo vibrante se extienda y que muchas personas puedan encontrar e impulsar soluciones
positivas.
GUNTHARD WEBER
Heidelberg, 1999

I. LOS ÓRDENES DEL AMOR EN NUESTRAS RELACIONES


El amor llena lo que el orden abarca.
El uno es el agua, el otro el jarro.

El orden recoge,
el amor fluye.
Orden y amor se entrelazan en su actuar.

Como una melodía, al sonar, se guía por las harmonías,


así, el amor se guía por el orden.
Y como el oído difícilmente se habitúa a las disonancias,
por mucho que se expliquen,
así, nuestra alma difícilmente se hace
a un amor sin orden.

Algunos tratan a este orden


como si no fuera más que una opinión,
que pudieran tener o variar a gusto.

En realidad, empero, nos viene dado:


actúa aunque no lo entendamos.
No se idea, se encuentra.
Lo conocemos, igual que el sentido y el alma,
por su efecto.
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Desde el momento en que entramos en esta vida, pertenecemos a un determinado sistema de relaciones que, con el tiempo, va
ampliándose en círculos concéntricos. Siguiendo el orden temporal, éstos son los grupos y relaciones importantes para nuestra
supervivencia y nuestro desarrollo, de los que formamos parte a lo largo de nuestra vida, sea forzosamente, sea por libre elección:

- la familia de origen, es decir, nuestros padres y hermanos,


- la red familiar, formada por todos los demás parientes,
- las relaciones libremente elegidas, por ejemplo las relaciones de amistad,
- la relación de pareja,
- las relaciones con nuestros propios hijos,
- la relación con el mundo como Todo.

Los Órdenes del Amor, es decir las condiciones a tener en cuenta para conseguir que el amor en todas nuestras
relaciones crezca y prospere sin impedimentos, en lo esencial están predeterminados y sólo se nos revelan por los efectos
de nuestros actos.
Relaciones del mismo tipo, por tanto, siguen a un mismo orden y un mismo patrón, relaciones de diferentes tipos
siguen a órdenes diferentes. Así, los Órdenes del Amor son distintos para la relación del hijo con sus padres, y distintos
para las relaciones en el seno de la red familiar. Son diferentes para la relación de pareja entre hombre y mujer, y
diferentes para las relaciones de la pareja, como padres, con sus hijos. Finalmente, aún existen otros órdenes para nuestra
relación con el Todo que constituye el fundamento de nuestra existencia, es decir aquello que experimentamos como
espiritual o religioso.
En todos nuestros sistemas relaciónales existe, además, una compleja interacción de necesidades fundamentales.
Entre éstas cuentan:

- la necesidad de vinculación,
- la necesidad de mantener un equilibrio entre dar y tomar,
- la necesidad de encontrar seguridad en conveniencias sociales que hacen previsibles nuestras relaciones.

Experimentamos estas tres necesidades con la vehemencia de reacciones instintivas, percibiendo en ellas fuerzas que
favorecen y exigen, impulsan y dirigen, dan felicidad y ponen límites; y, tanto si lo queremos como si no, nos vemos
expuestos a su poder que nos obliga a fines que van más allá de nuestros deseos y de nuestro querer consciente. En ellas
se refleja y se cumple la necesidad fundamental de todo ser humano de relacionarse íntimamente con sus congéneres.

De manera sensible percibimos estas fuerzas que velan por nuestras relaciones en los sentimientos de culpa o
inocencia respecto a otros, es decir, a través de la conciencia.
En los siguientes capítulos se tratarán extensamente las tres necesidades fundamentales a cumplir para conseguir unas
relaciones logradas, es decir la vinculación, el equilibrio entre dar y tomar, y el orden, así como el concepto de
conciencia, fundamentalmente diferente de lo que comúnmente se entiende como tal.

1. LA VINCULACIÓN
Así como un árbol no elige el lugar en el que crece, y así como se desarrolla de manera diferente en un campo abierto o en
un bosque, y en un valle protegido de otra manera que en una cima expuesta a la intemperie, así un niño se integra en el
grupo de origen sin cuestionarlo, adhiriéndose a él con una fuerza y una consecuencia únicamente comparables a una
fijación.
El niño vive esta vinculación como amor y como felicidad, independientemente de si en este grupo podrá desarrollarse
favorablemente o no, y sin tener en cuenta quiénes y cómo son sus padres.
El niño sabe qué pertenece ahí y este saber y este vínculo son amor, un amor que yo llamo primitivo o primario. Esta
vinculación es tan profunda que el niño incluso está dispuesto a sacrificar su vida y su felicidad por el bien del vínculo.

2. EL EQUILIBRIO ENTRE DAR Y TOMAR


»... Y una cabeza prudente sopesa ganancias y pérdidas en la paz del hogar»
(De Pan y Vino de Friedrich Holderlin)

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En todos los sistemas vivos existe una continua compensación de tendencias antagónicas. Es similar a una ley natural.
Es decir, la compensación entre tomar y dar no es más que una aplicación a sistemas sociales.

La necesidad de un equilibrio entre dar y tomar hace posible el intercambio en los sistemas humanos. Esta interacción
se inicia y se mantiene por el hecho de tomar y de dar, regulándose por la necesidad de todos los miembros de un sistema
de llegar a un equilibrio justo. En cuanto éste se consigue, una relación puede darse por acabada. Esto ocurre, por ejemplo,
si se devuelve exactamente lo mismo que se recibió. Pero también puede reanudarse y continuar la relación, dando y
tomando de nuevo.
El proceso es el siguiente: el hombre, por ejemplo, le da a la mujer y, en consecuencia, ella se siente presionada por
haber tomado. Es decir, habiendo recibido algo del otro, por muy bello que sea, perdemos algo de nuestra independencia.
En seguida surge la necesidad de compensación, y para deshacerse de la presión, la mujer le devuelve algo al hombre. Por
precaución aún le da un poco más, con lo cual se crea de nuevo un desequilibrio y así el proceso sigue. Ni el que da ni el
que toma están tranquilos hasta que no lleguen a un equilibrio, hasta que el primero no tome también y el segundo
también dé.

Un ejemplo:
En África, un misionero fue trasladado a otra región. La mañana de la partida llegó un hombre que había caminado
varias horas para despedirse de él y regalarle una pequeña cantidad de dinero. El valor del regalo equivalía a unos treinta
peniques.
El misionero se dio cuenta de que el hombre quería darle las gracias, ya que lo había visitado varias veces en su
poblado cuando había estado enfermo. También sabía que esos treinta peniques eran una gran cantidad de dinero para él.
Por un momento se vio tentado de devolvérselos e incluso regalarle algo más. Pero después se lo pensó, cogió el dinero y
le dio las gracias.

A. LA FELICIDAD SE RIGE POR LA CUANTÍA DE DAR Y TOMAR


La felicidad en una relación depende de la medida en que se toma y se da. Un movimiento reducido sólo trae ganancias
reducidas. Cuanto más extenso sea el intercambio, tanto más profunda será la felicidad. Sin embargo, existe una gran
desventaja: la vinculación resulta aún más fuerte. El que quiera libertad, tan sólo puede dar y tomar muy poco y tan sólo
puede permitir un intercambio muy reducido entre ambas partes.
Es como al andar. Nos paramos si aguantamos el equilibrio, y seguimos avanzando si una y otra vez lo perdemos para
después volver a recuperarlo.
Un gran movimiento entre tomar y dar viene acompañado de una sensación de alegría y plenitud. Esta felicidad no cae
del cielo, se hace. Si el intercambio se realiza a un nivel elevado y es equilibrado, tenemos una sensación de ligereza, de
justicia y de paz. De las muchas posibilidades de experimentar la inocencia, ésta es la más liberadora y bella.

B. CUANDO EXISTE UN DESNIVEL ENTRE TOMAR Y DAR


Dar sin tomar
Tener derecho a algo es una sensación agradable, y por ser una sensación tan agradable, a algunos les gusta
conservarla. Prefieren conservar la reivindicación, en vez de permitir que otros les den algo, como siguiendo el lema:
«Vale más que tú te sientas obligado que no yo.» Frecuentemente ocurre con la mejor de las intenciones, y esta actitud
goza de gran respeto. Muchos idealistas mantienen esta postura, conocida como el ideal de los que se dedican a ayudar a
los demás. También es un fenómeno frecuente entre psicoterapeutas. Éstos, por ejemplo, no están dispuestos a alegrarse
en las psicoterapias, como pequeña recompensa por el esfuerzo que realizan. En consecuencia, el proceso se hace penoso
y ya no está equilibrado. Pero si alguien da sin tomar, al cabo de un tiempo, los demás tampoco no quieren aceptar nada
de él. Es decir, se trata de una actitud hostil para cualquier relación, ya que aquél que únicamente pretende dar, se aferra a
su superioridad y, de esta manera, niega la igualdad a los demás. Es de suma importancia para cualquier relación que no se
dé más de lo que se esté dispuesto a tomar y que el otro sea capaz de devolver. De esta manera, inmediatamente se
establece una medida para saber hasta dónde se puede ir. Si, por ejemplo, una mujer rica se casa con un hombre pobre, en
muchos casos no funciona, porque siempre es ella la que da, y el hombre no tiene la posibilidad de devolverle nada. En

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consecuencia, se irrita. Siempre se irrita aquél que no tiene la posibilidad de conseguir una compensación. Si una mujer le
paga los estudios a su marido, éste, al finalizar su carrera, la dejará. Ya no tiene ninguna posibilidad de llegar a un nivel de
igualdad, a no ser que le devuelva todo, hasta el último céntimo. Entonces queda de nuevo libre y la relación puede seguir.
Si un hombre que ya ha vivido su vida se casa con una mujer que aún la tiene por delante, esta relación está destinada a
fracasar. La mujer se vengará del hombre. El hombre sabe que ella tiene el derecho de hacerlo y, por lo tanto, tampoco
intervendrá. Naturalmente, lo mismo es válido a la inversa.

Negarse a tomar
Algunos pretenden conservar su inocencia negándose a tomar. En un caso así, no están obligados a nada y muchas
veces se consideran especiales o mejores. Sus vidas, sin embargo, sólo funcionan al mínimo y, en consecuencia, se sienten
vacíos y descontentos. Esta actitud se encuentra en muchas personas depresivas que se limitan en su disfrute de la vida.
En primer lugar, se niegan a tomar a sus padres, y más adelante, esta actitud se traspasa a otras relaciones y a las cosas
buenas de este mundo. Por esta razón, muchos vegetarianos son depresivos, y muchos de los que se apartan
voluntariamente de nuestra sociedad tampoco aceptan nada, para no tener que dar.

Pequeños defectos
También existe un desnivel respecto al equilibrio si uno de los cónyuges tiene un «defecto» al momento de contraer el
matrimonio. Para una mujer, por ejemplo, que aporta un hijo natural al matrimonio, lo mejor sería casarse con alguien que
también tenga un «defecto». Entonces podrán ser felices. De lo contrario, ella se enfadará con él, porque nunca podrá
llegar a un nivel de igualdad.
Por lo tanto, «mire quien votos perdurables hace, si con su corazón cuadra el que elige» (de «La Canción de la
Campana» de Friedrich Schiller).

C. SI NO ES POSIBLE LLEGAR A UN EQUILIBRIO


Entre padres e hijos
El equilibrio entre tomar y dar, hasta ahora descrito, sólo es posible entre personas que se mueven a un mismo nivel, es
decir, de igual a igual. Es diferente entre padres e hijos. Los hijos nunca pueden devolverles a sus padres nada equivalente.
Quisieran hacerlo, pero no les es posible. Existe un desnivel insuperable entre tomar y dar. Si bien los padres también
reciben de sus hijos, y los maestros de sus alumnos, el desequilibrio, sin embargo, no se compensa, sólo se atenúa.
Respecto a sus padres los hijos siempre quedan en deuda, y por esta misma razón tampoco consiguen desligarse de ellos.
De esta manera, la vinculación de los hijos con sus padres se fortalece y consolida aún más, precisamente por ser
irrealizable la necesidad de llegar a un equilibrio. Otro efecto consiste en que, más tarde, los hijos sienten el impulso de
salir de la obligación, impulso que les ayuda en el momento de separarse de los padres. El que no tiene la posibilidad de
compensar un desequilibrio, tiende a alejarse.
La solución es que los hijos pasen a otros lo que ellos mismos recibieron de sus padres, en primer lugar a sus propios
hijos, es decir, a la generación siguiente, o, si no, en un compromiso con otras personas. El que se da cuenta de esta salida,
pasando lo recibido a otros, es capaz de tomar mucho de sus padres.
Lo que es válido entre padres e hijos, y entre maestros y alumnos, también es válido en otros ámbitos. Dondequiera
que (ya) no sea posible o apropiado llegar a un equilibrio, devolviendo o intercambiando, aún tenemos la posibilidad de
deshacernos de la obligación y de la deuda, si de aquello que recibimos pasamos algo a otros. De esta manera, todos, tanto
si dan como si toman, se someten a un mismo orden y a una misma ley.
Börries von Münchhausen lo describe en un poema:

LA BOLA DE ORO
Por mucho amor que del padre recibiera,
no se lo pagué, ya que de niño
no reconocía el valor del don,
y de hombre, me hice igual que los hombres, y duro.

Ahora, un hijo me crece, tan bienamado


como ninguno que fuera la delicia de un corazón de padre,

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y yo pago lo que en su tiempo recibí


con él, que no me lo dio - ni me devuelve.

Pues al hacerse hombre y pensar como los hombres,


él, al igual que yo, hará sus propios caminos;
nostálgico, pero sin envidia, lo veré,
dando al meto aquello que a mime corresponde.

Lejos en la sala de los tiempos mi mirada va,


contenida y serena, observando el juego de la vida:
la bola de oro cada cual, sonriente, pasa
- y ninguno la bola de oro devolvió.

Agradecimiento como recompensa


Una última posibilidad de llegar al equilibrio entre tomar y dar es el agradecimiento. Hay que tener en cuenta, sin
embargo, que el decir «gracias» muchas veces sustituye el agradecimiento. El «gracias» es la manera barata de expresar
un agradecimiento. Dar las gracias significa: lo tomo con alegría y lo tomo con amor, lo cual expresa un profundo
reconocimiento del otro. Muchas veces, si yo hago un regalo a una persona, el otro 1o desenvuelve y los ojos le brillan, a
mí me basta. Un «gracias» ya apenas añade nada. Al dar las gracias, no rehúyo el dar; aun así, ésta es, a veces, la única
respuesta adecuada para quien recibe, por ejemplo, una persona disminuida, un enfermo, un niño pequeño y, a veces,
también un enamorado.
Aquí, junto a la necesidad de compensación, entra en juego también ese amor elemental que atrae y une a los
miembros de un sistema social. Es el amor que acompaña el tomar y el dar, y les precede. El que da las gracias reconoce:
«Tú me das, independientemente de que yo, en algún momento, pueda devolvértelo, y yo lo tomo de ti como un regalo».
El que acepta el agradecimiento dice: «Tu amor y el reconocimiento de mi don para mí significan más que todo lo que aún
puedas hacer por mí». Al dar las gracias, por lo tanto, no sólo nos afirmamos mutuamente con aquello que nos damos;
sino también con aquello que significamos el uno para el otro.
Una pequeña historia para ilustrar esta idea:

DIGNO DE Dios
Un hombre se sentía muy agradecido y en deuda con Dios, por haber sido salvado de un peligro mortal. Preguntó a
un amigo qué podía hacer para que su agradecimiento fuera realmente digno de Dios. Aquél, sin embargo, le contó una
historia:
Un hombre quería a una mujer de todo corazón y le pidió que se casara con él. Pero ella tenía otras intenciones. Un
día, al querer cruzar la calle juntos, por poco un coche hubiera atropellado a la mujer, de no ser por su acompañante que
la detuvo con un movimiento rápido. En ese momento, ella se dirigió a él y le dijo:
-Ahora me casaré contigo.
-¿Qué te parece? -preguntó el amigo-. ¿Cómo se sentiría ese hombre entonces?
El otro, en vez de responder, tan sólo hizo una mueca de indignación.
-Ves -dijo el amigo-, quizás a Dios le pase lo mismo contigo.

Cuando ya no es posible la reparación


La deuda y el daño adquieren una importancia fatal, en el momento en que una persona sufre tal daño en su cuerpo,
vida o propiedad, que ya no sea posible la compensación. En un caso así, ninguna expiación, ni ningún otro hecho pueden
restablecer el equilibrio. Tanto al autor como a la víctima sólo les quedan la impotencia y la sumisión, cualquiera que sea
el destino de cada uno de ellos.

D. LA RECOMPENSA NEGATIVA)
Repito: la culpa como obligación, y la inocencia como reivindicación y descarga están al servicio del intercambio, y
mantienen nuestras relaciones en marcha. Es una culpa buena y es una inocencia buena, por las que nos beneficiamos

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mutuamente y nos unimos en el bien. Sin embargo, la necesidad de un equilibrio y de una justicia compensadora no tan
sólo actúa en un sentido positivo, sino también en un sentido negativo. Es decir, si alguien en el sistema atenta contra mí,
sin que yo pueda defenderme, o si reclama para sí mismo algo que me perjudica o tiene que hacerme daño, yo siento la
necesidad de llegar a una compensación. Ambos, el autor y la víctima, se ven sometidos a esta necesidad. La víctima tiene
el derecho de reivindicar la compensación, y el autor se sabe obligado a ella. Pero esta vez la compensación actúa en
perjuicio mutuo, ya que, después de cometerse la injusticia, también el inocente trama el mal. Pretende perjudicar al
culpable tal como éste lo perjudicó, y quiere causarle un daño equivalente al suyo, o incluso algo mayor. Esta actitud
también une de una manera muy estrecha, aunque sea en la desdicha.
Sólo cuando los dos, el culpable y su víctima, hayan estado igualmente enfadados, y hayan sufrido y perdido en la
misma medida, se encuentran de nuevo a un mismo nivel. Entonces tienen otra vez la posibilidad de llegar a la paz y a la
reconciliación.

Un ejemplo:
Un hombre le contó a un amigo que su mujer, desde hacía veinte años, aún no le había perdonado que él, pocos días
después de la boda, se hubiese marchado de vacaciones con sus padres porque éstos decían que lo necesitaban para llevar
el coche, dejando sola a su mujer durante seis semanas. Por mucho que había intentado persuadirla, disculparse y pedirle
perdón, no le había servido de nada. El amigo le contestó:
-Lo mejor sería lo siguiente: deja que desee o haga algo para ella misma que a ti te cueste no menos que a ella en aquel
entonces.
El hombre comprendió en seguida y se puso radiante. Ahora tenía la llave que realmente cerraba.

De lo negativo, más vale devolver algo menos


También aquí es válido: si alguien comete una injusticia conmigo y yo le devuelvo exactamente lo mismo, la relación
se termina. Si le devuelvo un poco menos, no sólo se cumple con la justicia, sino también con el amor. A veces es preciso
enfadarse con alguien para salvar la relación. Se trata, sin embargo, de un enfado con amor, porque se tiene en cuenta la
importancia de la relación. El que se enfada con odio sobrepasa los límites, dándole al otro el derecho de acrecentar su
enfado. En el caso de la recompensa negativa, sentimos la inocencia como un derecho a la venganza, y la culpa como el
miedo a la venganza.
Repito: para que las relaciones puedan seguir adelante, vale el siguiente principio simple y claro: De lo positivo, por
prudencia, se devuelve un poco más de lo negativo, por prudencia, un poco menos. De esta manera se cumplen tanto las
exigencias del amor como dé la justicia, y el intercambio positivo puede reanudarse y continuar.
Ahora bien, si los padres cometen una injusticia con sus hijos, éstos no pueden buscar el equilibrio causándoles otro
daño a sus padres. El hijo no tiene el derecho, hagan lo que hagan los padres. En este caso, el desnivel que existe entre
unos y otros es demasiado grande.

Exigir la reparación
El culpable nos parece tanto más culpable, y sus actos tanto más graves, cuanto más indefensa e impotente sea su
víctima. Pero la víctima, una vez cometida la injusticia, raras veces se queda indefensa. Podría actuar y exigir del autor
justicia y reparación, que pondrían término a la culpa y harían posible un nuevo comienzo. Muchas veces, sin embargo, se
cultivan la reivindicación y el derecho de estar resentido con el otro.
Pero si la víctima misma no actúa, otros intentan hacerlo por ella, con la diferencia, sin embargo, de que en este caso
tanto el daño como la injusticia, que otros cometen en su nombre y en su lugar con terceros, acaban siendo mucho más
graves que si ella misma se hubiera encargado de defender su derecho y de vengarse. Donde los inocentes prefieren sufrir
en vez de actuar, pronto hay más víctimas y malos que antes. Es ilusoria la idea de que podríamos evitar el vernos
afectados, o esquivar la culpa, aferrándonos a la inocencia y su impotencia en vez de enfrentarnos con la culpa y sus
consecuencias, de manera que ésta pueda llegar hasta el final y desarrollar también su fuerza positiva.

E. EL PERDÓN MALO Y EL PERDÓN BUENO


Un efecto similar al de mantener la impotencia es el del perdón apresurado, que sustituye un enfrentamiento necesario
y que, en vez de solucionar el conflicto, lo tapa y lo transfiere. El mismo efecto tiene también el perdón arrogante, es
decir, si alguien, alegando una superioridad moral, le perdona la culpa al culpable, como si tuviera el derecho de hacerlo.
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Si, por ejemplo, una persona comete una injusticia con otra y ésta le perdona, el pecador tiene que marcharse. Si no, a
partir de ese momento sería tan insignificante que ya no podría encontrarse a un mismo nivel con el otro. Si se pretende
llegar a una reconciliación auténtica, el inocente no sólo tiene el derecho a la reparación y la expiación, sino incluso tiene
la obligación de exigirlas. De lo contrario, él mismo se hace culpable con el culpable. Y el culpable no sólo tiene la
obligación de aceptar las consecuencias de sus actos, sino también tiene el derecho de hacerlo.

Un ejemplo:
Un hombre y una mujer, los dos ya casados, se enamoran. Cuando, poco después, la mujer queda embarazada, se
divorcian de sus respectivas parejas anteriores y contraen un nuevo matrimonio. La mujer no había tenido hijos antes. El
hombre, sin embargo, tenía una hija pequeña de su primer matrimonio, que dejó con la madre. Ambos se sentían culpables
ante la primera mujer del hombre y ante su hija, y su gran anhelo era que la mujer les perdonara. En realidad ésta estaba
resentida con ellos, ya que ella y su hija pagaban el precio en beneficio de ellos dos.
Una vez, al hablar de su gran deseo con un amigo, éste les dijo que, por un momento, se imaginaran cómo se sentirían
si aquella mujer realmente les perdonara. En ese instante se dieron cuenta de que, hasta entonces, aún habían rehuido las
consecuencias de su culpa, y que su deseo de alcanzar el perdón contradecía con la dignidad y los deseos de todos.
Decidieron reconocer ante la primera mujer y ante su hija que, por el bien de su nueva felicidad, les habían exigido lo
máximo, y que se enfrentarían a sus reclamaciones. Sin embargo, también se mantenían firmes en su elección.

También existe el perdón bueno que respeta la dignidad del culpable, conservando, al mismo tiempo, la de la víctima.
Significa que el inocente, al exigir una recompensa, no debe ir hasta el último extremo, y que también debe aceptar la
reparación y la expiación del culpable. Sin este perdón bueno no hay reconciliación posible.

También a este respecto, un ejemplo:


Una mujer había dejado a su marido por un amante, y se llegó al divorcio. Después de muchos años, la mujer se
arrepintió. Se daba cuenta de lo mucho que aún quería a su marido, y hubiera deseado ser su mujer otra vez, más aún
porque el hombre, desde entonces, seguía solo. Como ella se sentía culpable, no se atrevía a pedírselo. Cuando finalmente
habló con él, el hombre no quería pronunciarse, ni a favor ni en contra. Sin embargo, acordaron consultar el asunto con un
tercero.

Éste preguntó primero al marido qué quería conseguir en la sesión. El hombre tan sólo sonrió de manera enigmática y
dijo: - Una revelación.
Entonces preguntó a la mujer qué podía ofrecerle al marido para que sintiera ganas de volver con ella. Ella lo había
imaginado todo demasiado fácil, y lo que ofrecía aún no significaba ningún compromiso. No era de extrañar que el marido
no se impresionara en absoluto.
El tercero le señaló a la mujer que, sobre todo, tenía que reconocer que en aquel entonces ella había herido a su marido.
Y él tenía que ver que ella estaba dispuesta a reparar la injusticia cometida con él. La mujer se quedó unos instantes
pensativa, después miró a los ojos a su marido y le dijo:
-Siento mucho lo que te hice. Quisiera ser tu mujer otra vez, y te querré y te cuidaré de manera que puedas estar
contento y fiarte de mí.
Pero el hombre seguía sin moverse. Entonces el otro le dijo:
-Debe haberte dolido mucho en aquel entonces, y no quieres pasarlo una segunda vez.
En ese momento, sus ojos empezaron a humedecerse, y el otro siguió: -Alguien como tú, que tuvo que sobrellevar
tanto dolor, muchas veces se siente moralmente superior al otro y reclama el derecho de rechazarlo como si no lo
necesitara.
Y añadió: -Contra tal inocencia el culpable se ve impotente.
En ese momento, el hombre se estremeció, y sonrió como si lo hubieran pillado. Se volvió hacia su mujer y la miró a
los ojos.
-Son cincuenta marcos -dijo el tercero, porque era psicoterapeuta- y ahora marchaos; y no quiero saber cómo acaba.

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Pero acabó mal. Un año más tarde, me llamó ella para decirme que tenía cáncer y preguntarme si podía venir para una
sesión. Finalmente vinieron los dos. Pregunté a la mujer si tenía idea de qué había desencadenado su enfermedad. Cuando
respondió que ella siempre había funcionado como una máquina, le dije:
-No, eso no es. ¿Algo más?
Ella se quedó pensando y dijo:
-Sí. Me quedé embarazada de mi marido. Él quiso que abortara, y yo lo hice. Entonces dije:
-¡Esto es! Tendrías que haberlo abandonado en ese momento.
Ahora la situación estaba invertida. Ahora ella era la inocente y él el culpable. Él le había pedido algo que sobrepasaba
sus fuerzas, y ella lo había aceptado para no poner en peligro la relación. Se lo expliqué a los dos y le dije a ella: -Ahora
tienes que separarte de tu marido, reconocer tu culpa y tu dolor y, en memoria del niño, hacer algo bueno.
Ella me preguntó: - ¿No podemos hacerlo juntos?
Yo dije: - Sí.
Pero él no se movía ni mostraba la menor emoción. Después se fueron. Más adelante, ella se inscribió en uno de mis
cursos. Cuatro semanas antes del curso me llamó su hijo para decirme que había muerto. Éste fue el final.

F. SUFRIMIENTO PREVENTIVO EN SEPARACIONES


Por miedo a reproches y por miedo de hacerle daño al otro, algunos, antes de separarse, se obligan a sufrir durante
mucho tiempo, tanto que quede compensado el dolor del otro, como si después tuvieran más derecho a dar el paso. Por
esta razón, los procesos de divorcio tardan tanto. En la mayoría de los casos la persona tan sólo necesita un ámbito nuevo
y más extenso, quizá su alma necesite más espacio para crecer, y se siente cogida y prisionera por no poder emprenderlo
sin perjudicar o hacer daño a otro.
Cuando por fin se separan, no sólo aquella persona tiene la posibilidad y el riesgo de un nuevo comienzo, sino, sin
esperarlo, también al otro se le abren nuevas posibilidades. Si el otro, sin embargo, se cierra y permanece en su dolor, le
hace más difícil al primero emprender su nuevo camino. En cambio, aprovechando su nueva posibilidad, también le da al
primero libertad y descarga. De todas las maneras de perdonar a otros, ésta es para mí la más bella. Reconcilia, aun si la
separación sigue en pie.

G. RENUNCIA A LA FELICIDAD COMO INTENTO DE RECOMPENSA


Lo que es correcto e importante en relaciones para que éstas sean logradas, a veces, de manera ilícita, se traspasa a
otros contextos en los que se convierte en un absurdo, por ejemplo, a Dios y al Destino. Si una persona saca provecho de
una situación, mientras otro, en el mismo contexto, sufre una pérdida, estos dos hechos se relacionan en el alma,
desarrollándose así la necesidad de llegar a una compensación, como si lo primero existiera a costa de lo segundo. En un
caso así ocurren cosas muy graves.
Si, por ejemplo, un padre vuelve ileso de la guerra o del cautiverio, donde otros perecieron, de repente, una hija tiene la
idea de pagar porque el padre volvió, o el padre mismo ya no se ve con el derecho de tomar mucho de la vida. O el caso
de alguien que es salvado de un peligro mortal y, a continuación, comienza a pagarlo con un síntoma o empieza a
limitarse.
Si en una familia hay un hijo disminuido, los otros hermanos sanos muchas veces no se atreven a tomar su salud y su
felicidad, ya que desarrollan la fantasía de que ellos tienen lo positivo en su vida a costa del hijo enfermo. Intentan
compensarlo mostrándose también ellos enfermos (por ejemplo depresivos) o limitándose en sus posibilidades de algún
otro modo. Esta dinámica es como una descarga interior.
Nos encontramos indefensos y sin recursos ante tal culpa o inocencia que el Destino depara. Si fuéramos culpables o
mereciéramos una recompensa por nuestros actos libremente elegidos, tendríamos poder e influencia. En situaciones
como las arriba mencionadas, sin embargo, tenemos que reconocer que estamos sometidos a fuerzas que se sustraen a
todo control, que deciden si vivimos o morimos, nos salvamos o perecemos, prosperamos o decaemos -
independientemente de nuestros actos buenos o malos.
Librarse de la presión por una compensación ciega exige que se pase a un metanivel, buscando una solución totalmente
diferente. El Destino nos toma en sus brazos, nos lleva o nos deja caer de acuerdo con unas leyes cuyos secretos no
podemos ni debemos desentrañar. La posición de querer compensar algo, por tanto, es arrogante en este contexto, ya que
la persona pretende pagar algo que se le da como regalo. La solución consiste en tomar la vida, la felicidad, la salud como
un regalo, sin pagar por ello. Esta es una posición humilde.
Una pequeña historia sobre este punto:

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LA RECOMPENSA DOBLE
Una mujer tenía un buen marido, y para Navidades éste le regaló un precioso collar de oro. Ella lo
desenvolvió y exclamó:
- ¡Qué collar más precioso!
Después preguntó:
- ¿Cuánto costó? El dijo:
- Cinco mil marcos
- ¿Y dónde lo compraste?
- En la joyería Bernhard.
Después de las fiestas, ella fue al joyero Bernhard y le pagó otros cinco mil marcos. (Pausa) Casos así hay -
en relación al Destino.
Es decir, se crean confusiones si algo válido se aplica más allá del ámbito en el que tiene sentido. Algo similar ocurre
también en el caso de una persona que carga con una culpa ajena y la paga.

Un ejemplo:
En una pareja, la mujer se queda embarazada antes de estar casados, por lo que se ven obligados a casarse. Estos
padres no son felices en su matrimonio. Ahora el hijo carga con la culpa, dispuesto a sufrir como recompensa y para pagar
la desdicha de los padres «causada» por él.

El tomar y el dar las gracias, el tomarlo como un regalo, sin pagarlo, es la solución y una realización muy especial.
Este agradecimiento es una actitud interior. No está dirigido a nada ni a nadie. Una imagen que utilizo para describirlo es
ésta:
Alguien se mete en un río y éste le lleva a la otra orilla. Ahí sale de nuevo del agua y hace una reverencia ante el río. Al
río, sin embargo, le da igual. Eso es dar las gracias.

Un ejemplo:
Un grupo de amigos tuvo que marchar a la guerra juntos; vivieron peligros indecibles, y dos de ellos volvieron ilesos.
Pero uno se había vuelto muy callado: la vivencia más importante para él había sido la salvación. A partir de ese
momento, toda su vida posterior le parecía un regalo. El otro, sin embargo, muchas veces se encontraba con los amigos,
presumiendo de sus proezas y de los peligros de los que se había salvado. Era como si hubiera vivido todo aquello en
vano.

Petra: Conozco a un hombre, a quien, de niño, su hermano lo sacó de la nieve y le salvó la vida. Más adelante, ese
hermano mayor fue asesinado por los nazis. A partir de ahí, el hermano menor siempre tenía la sensación de no poder ni
deber vivir.
Bert Hellinger: Eso sólo tiene que ver con la muerte trágica del otro. En un caso así, hay una frase importante: «Tú
estás muerto. Yo aún vivo un poco, después moriré también.» Sería posible que además dijera: «Me inclino con respeto
ante tu destino, y siempre seguirás siendo mi hermano.»

Expiación como recompensa ciega: si una madre muere al nacer un hijo


La expiación también constituye un intento de recompensa, intento ciego, instintivo, sin embargo, que se realiza sin
control. Con especial frecuencia se encuentra este intento de recompensa en familias en las que una madre murió al dar a
luz a un hijo. Naturalmente, el hijo que sobrevive es inocente de la muerte de la madre. A nadie se le ocurriría pedirle
cuentas por ello, pero, a pesar de todo, el conocer su inocencia no le aporta ningún alivio. Como ser social, se sabe
integrado en un sistema en el que recibió su vida a costa de la de su madre. No puede evitar, una y otra vez, ver su vida en
relación con la muerte de su madre, y nunca consigue deshacerse de la presión de la culpa; Lo que frecuentemente ocurre
tras un incidente tan trágico es una dinámica fatal. La situación se interpreta como si el marido, por su impulsividad,
hubiera asesinado a la mujer, como si, por decirlo así, la hubiera sacrificado a sus instintos. En realidad, los padres son
conscientes del riesgo de la realización del amor y han aceptado conscientemente ese riesgo. Estas fantasías de asesinato
también descalifican a las mujeres, representando un delito contra su dignidad. En la configuración de tales
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constelaciones, las mujeres no expresan ninguna acusación contra el hombre y son plenamente conscientes de su propia
dignidad.
La imagen de asesinato, sin embargo, conduce a que hijos varones en generaciones posteriores -y un suceso así aún
afecta a muchas generaciones más- lo expíen. Muchas veces, aún nietos y bisnietos se suicidan por la muerte de una
mujer, así. Es una forma de recompensa primitiva, antiquísima y ciega: uno desaparece y, en recompensa, otro se va. En
cuanto se hace algo en reparación, el respeto se pierde. Algunos renuncian a una relación de pareja y a tener hijos, por
ejemplo, haciéndose sacerdotes o casándose con una mujer que ya no puede tener hijos. Este tipo de muerte en un sistema
crea miedo, y por miedo, este hecho frecuentemente se calla. Es la exclusión peor en un sistema y también crea las
consecuencias más graves.
Ahora bien, si el hijo que sigue con vida se limita o se suicida, el sacrificio de la mujer fue en vano y encima se le hace
responsable de la desgracia del hijo.
La solución consiste en conceder a la mujer un lugar respetado en el sistema, y que el hijo le diga a su madre: «Ya que
perdiste tu vida al nacer yo, que no haya sido en vano. Precisamente porque te costó tanto, te demuestro que valió la pena.
Acepto la vida por el precio que te costó a ti, y por el precio que me cuesta a mí, y le saco partido, en tu memoria».
Es el mismo amor, pero con otra dirección. Así, la presión de la culpa fatal se convierte en motor y en fuerza para la
vida, haciendo posibles actos que otros no lograrían realizar nunca. Aporta reconciliación y paz, permitiendo que el
sacrificio de la madre tenga un efecto bueno.

Un ejemplo de un seminario:
Alexis cuenta que su padre ya estuvo casado anteriormente, y que la mujer y el primer hijo murieron juntos en el parto.
En la constelación de la familia de origen, ambos hijos y los padres miran en una misma dirección.
Bert Hellinger: Está clarísimo: los padres y los dos hijos miran a la primera mujer y a su hijo. (Introduce a esta madre
y a su hijo en la constelación, colocándolos enfrente de los padres y de los hijos. La familia asiente, aliviada.) Esta ya es la
solución.
Más adelante, Bert Hellinger coloca al niño y a su madre a la derecha del padre, y a los otros hijos enfrente de ellos;
finalmente coloca al hijo muerto, como hermano mayor, a la derecha de los otros dos hijos. Después, empieza a hablar de
la enfermedad grave que amenaza la vida del hermano de Alexis.
Bert Hellinger: De la constelación se deduce que la enfermedad de tu hermano posiblemente tenga un significado
sistémico y que quizá le ayudaría que se lo contaras. Quizás esté vinculado con el difunto. Y si éste aparece en la imagen,
posiblemente él también podría sostenerse.

H. LA CONFORMIDAD CON EL DESTINO


Hay una parte de la fatalidad que pertenece a mí mismo, por ejemplo una enfermedad hereditaria, una mutilación de
guerra, o condiciones difíciles en la infancia. Si me rebelo contra este destino invariable, o me muestro descontento,
manteniendo vivas la irritación y la reivindicación, o buscando culpables, o no integrando esta fatalidad en mi vida,
entonces este destino tampoco puede desarrollar su fuerza.
Al igual que puedo ser salvado de manera inmerecida y sin intervenir personalmente, es decir, puedo recibir un regalo
que otros no reciben, también tengo que asentir si se me exige llevar las consecuencias de algo negativo que ocurrió sin
mi culpa. Al Destino no le importan nuestras reivindicaciones, ni tampoco nuestra reparación.
En el caso de una culpa fatal, como única salida me queda el conformarme, la sumisión a un contexto inextricable y
sumamente poderoso, sea para mi felicidad o para mi desgracia. La actitud que sirve de base para esta manera de actuar la
llamo humildad. Ella me permite tomar mi vida y mi felicidad tal como me vienen dadas y mientras duren,
independientemente del precio que otros pagaron por ello. También me permite asentir a un destino duro si me toca a mí.
Esta humildad hace cuajar la experiencia de que no soy yo el que determina el Destino, sino que el Destino me determina
a mí. También es la respuesta adecuada a la culpa y a la inocencia fatales, poniéndome a un mismo nivel con las víctimas.
Me permite honrarlas, no tirando o limitando aquello que recibí «a su costa», sino justamente aceptándolo, a pesar de su
alto precio, y transmitiendo parte de ello a otros. La expiación destruye el respeto; y el respeto hace superflua la
explicación. La recompensa consiste entonces en que esta conformidad, en mi interior, se convierta en fuente de fuerza.
Esta es la recompensa positiva, y siempre actúa para bien.

Un ejemplo:

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Un hombre joven, empresario y único representante de un producto en su país, se presenta en un coche deportivo y
cuenta sus éxitos. Es obvio que sabe y vale, y tiene un atractivo irresistible. Pero bebe, y su contable le avisa que saca
demasiado dinero de la empresa para fines privados, con lo cual pone en peligro el negocio. A pesar de los éxitos logrados
hasta el momento, en su interior y de manera casi imperceptible, busca perderlo todo otra vez. Se descubre que su madre
echó a su primer marido porque lo tenía por un blandengue. Más adelante, se casó con el padre de este hombre joven,
introduciendo al hijo de su primer matrimonio en la nueva relación. Éste ya no pudo ver más a su propio padre y, hasta ese
día, no había restablecido el contacto con él. Ni siquiera sabía si aún vivía.
El empresario joven se dio cuenta de que a la larga no se atrevía a tener éxito, porque pensaba que debía su vida a la
desgracia de su hermano. Encontró la siguiente solución: en primer lugar, pudo reconocer que el matrimonio de sus padres
y su propia vida tenían una relación fatal con la pérdida que tuvieron que sufrir su hermano y el padre de éste. En un
segundo lugar, y a pesar de todo, pudo afirmar su propia felicidad, diciéndoles a los demás que también él esperaría ser
reconocido con los mismos derechos que los demás y a un mismo nivel con ellos. En un tercer lugar, estaba dispuesto a
hacerle un favor especial a su hermano para, de esta manera, reconocer su voluntad de llegar a un equilibrio entre tomar y
dar: se propuso encontrar al padre de su hermano y arreglar un reencuentro entre los dos.

Ahora vuelvo otra vez a la dinámica antes mencionada. Contaste que tu madre se volvió depresiva después de nacer tú.
En un caso así, la tendencia es que el hijo lo pague.
Manuela: ¿Es algo similar si la madre tiene una depresión posparto?
Bert Hellinger: Sí, puede ser similar, que luego el hijo piense que tenga que pagar por ello. Se siente culpable siempre
que la madre sufra un daño en el parto.

Aún tengo otro ejemplo más:


Un participante en un grupo, un hombre de mediana edad, no se lo pasaba nada bien en el grupo. Se comportaba de
manera curiosa, aislándose de los demás como si estuviera ausente. Supimos que su madre, en el parto, sufrió una rotura
de pelvis. En la constelación de su familia de origen, él se puso totalmente al margen. La madre, sin embargo, estuvo
dispuesta a pagar el precio, pero el hijo no pudo aceptarlo porque el precio era tan alto.
Lo que puede hacer el hijo en un caso así es valorar lo ocurrido. Sería decir: «Querida Mamá, tomo mi vida al precio
que a ti te costó, y justo por eso le rindo honor y le saco provecho, para alegría tuya. No habrá sido en vano. Justo porque
te costó tanto, te demuestro que valió la pena». De esta manera, también para la madre es realmente una descarga. De lo
contrario, es doblemente duro para ella. Si acaba bien, también puede llevar más fácilmente aquello que pasó. Frecuente-
mente ocurre también que alguien, tras una salvación inesperada, sigue viviendo como muerto, como si ya hubiera
terminado con la vida.

Un ejemplo:
En un curso había un tipo simpático, pero la mayoría del tiempo estaba ahí, sentado como si estuviera sin vida. Así
pues, hice una regresión con él, y cuando tenía cinco años, se vio a sí mismo echado en la cama: en su hombro había
salido una úlcera grande. Los médicos rodeaban la cama con caras de preocupación y en ese momento él se murió
interiormente. Más tarde lo operaron y resultó que el tumor era benigno. Él, sin embargo, ya había terminado con su vida
y siguió viviendo como muerto.
Lo que corresponde en un caso así es que la persona afectada dé gracias por su salvación, aceptando nuevamente el
regalo de la vida y sacándole provecho.

I. COMO RECOMPENSA, UN HIJO DE RESCATE


Con relativa frecuencia ocurre que, en caso de una separación, se entrega a un hijo como recompensa; por ejemplo, que
una hija de un segundo matrimonio se vaya al primer marido. Si la madre toma otro marido, hay que pagarlo. Una
posibilidad consiste en dejarle la hija al primer marido. De esta manera, el asunto queda liquidado, para decirlo así.
Muchas veces se paga también con un hijo si los padres de la mujer no quieren permitirle que se case. En un caso así, la
mujer a veces les da a los padres su primer hijo. Nadie sabe por qué, pero es el rescate que paga. Entonces la mujer puede
quedarse con su marido. El hijo puede decir: «Lo hago a gusto, pero tú eres mi abuela y ésta es mi madre». Esta dinámica
se tratará aún más intensamente en el tema del incesto.
Alexis: Lo que he visto muchas veces en Grecia es que se le entrega un hijo a una hermana rica, casada, pero sin hijos,
una hermana que económicamente ayuda a toda la familia.
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Bert Hellinger: En un caso así, el hijo tiene que decir: «Lo hago a gusto por todos vosotros». Entonces puede hacerlo,
quedando libre, al mismo tiempo, de un eventual reproche.

3. EL ORDEN
La tercera condición básica para conseguir unas relaciones logradas es el orden. Aquí me refiero, en primer lugar, a las
reglas que conducen la convivencia de un grupo a cauces fijos. En todas las relaciones duraderas se desarrollan normas,
ritos, convicciones y tabúes comunes que, a continuación, adquieren un carácter vinculante para todos. De esta manera,
las relaciones se convierten en un sistema con orden y estructura. Estas conveniencias sociales constituyen el orden
superficial, es decir, el orden más bien exterior y acordado, que varía ampliamente de un grupo a otro. Detrás de éste
actúan órdenes predeterminados que se sustraen a toda posibilidad de acuerdo.

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II. LA CONCIENCIA COMO SENTIDO DE EQUILIBRIO EN LAS RELACIONES


Siempre que entramos en una relación, nos vemos dirigidos por un sentido interior, que reacciona automáticamente si
hacemos algo que podría dañar o poner en peligro la relación. Es decir, hay como un órgano interno para el
comportamiento sistémico, parecido al órgano interno que nos sirve para mantener el equilibrio. En cuanto nos salimos
del equilibrio, la sensación de malestar, producida por la caída, nos devuelve al equilibrio. Por lo tanto, el equilibrio se
regula por el malestar o el placer. Si nos encontramos en equilibrio, es una sensación agradable, de placer. Si nos salimos
del equilibrio, es una sensación de malestar, un malestar que nos indica el límite en el que tenemos que cambiar para que
no ocurra ninguna desgracia. Algo similar es válido para sistemas y relaciones.
En relaciones rigen unos órdenes determinados. Si estoy en harmonía con ellos y, en consecuencia, puedo permanecer
en la relación, me siento inocente y en equilibrio. Si, por lo contrario, nos desviamos de las condiciones que nos permiten
conseguir unas relaciones logradas, haciendo peligrar la relación, surgen unas sensaciones de malestar que actúan como
un reflejo y nos obligan a volver. Este hecho se experimenta como culpa. A la instancia que controla este proceso, como
un órgano de equilibrio, la llamamos consciencia.
Hay que saber que, por regla general, experimentamos tanto la culpa como la inocencia solo en relaciones. Es decir, la
culpa se refiere al otro. Me siento culpable si hago algo que perjudica la relación con otros, e inocente, si hago algo
provechoso para la relación con otros. La conciencia nos ata al grupo importante para nuestra supervivencia,
independientemente de cuáles sean las condiciones que éste nos imponga. Ella no está por encima de este grupo, ni
tampoco por encima de su creencia o de su superstición. Está a su servicio.

Un ejemplo:
En un grupo, un médico contó que, una mañana, su hermana lo llamó pidiéndole que pasara a verla, porque quería
consultar un problema médico con él. El hombre fue, y estuvieron hablando durante una hora.
Después dijo: - Quizá sí que sería mejor que fueras a ver a un ginecólogo.
Ella fue, y allí dio a luz a un niño sano. El médico no había percibido que su hermana estaba embarazada. La hermana
tampoco había percibido que estaba embarazada, aunque también ella era médico.
En ese sistema estaba prohibido percibir embarazos, y todos sus estudios académicos no les habían servido de nada
para superar ese bloqueo de percepción.

EL Oso POLAR
Había una vez un oso polar al que llevaban de aquí para allá en un circo. No lo necesitaban
para las funciones, sino sólo para la exposición. Así, siempre estaba en su rulot. Ésta era tan
estrecha, que sólo podía dar dos pasos hacia adelante y dos pasos hacia atrás. Al cabo de un
tiempo, les dio pena el oso y se dijeron:
-Ahora lo venderemos a un zoo.
Allí tenía un gran área libre, pero aun así sólo daba dos pasos hacia adelante y dos pasos hacia
atrás. Entonces le preguntó otro oso polar:
- ¿Pero por qué haces eso?
Y él respondió:
-Es porque pasé tanto tiempo en la rulot.

1. LA CONCIENCIA VELA POR LAS CONDICIONES PARA NUESTRAS RELACIONES


La conciencia vela por las condiciones importantes para nuestras relaciones, es decir, por la vinculación, por el
equilibrio entre tomar y dar, y por el orden. Tan sólo puede conseguirse una relación lograda si estas tres condiciones se
cumplen a la vez. No hay vinculación sin equilibrio y orden. No hay equilibrio sin vinculación y orden, y no hay orden sin
vinculación y equilibrio. Estas condiciones se experimentan en el alma como necesidades elementales. La conciencia está
al servicio de las tres, y cada una de estas tres necesidades se impone por una sensación particular de culpa e inocencia.
Por lo tanto, nuestra experiencia de culpa difiere, dependiendo de si la culpa se refiere a la vinculación, al equilibrio o al
orden, y por la misma razón sentimos la culpa y la inocencia de maneras diferentes, según la meta y la necesidad a las que
sirven.

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A. CONCIENCIA Y VINCULACIÓN
En este campo, la conciencia reacciona a todo cuanto beneficie o ponga en peligro la relación. Por lo tanto, tenemos la
conciencia tranquila si nos comportamos de manera que podamos estar seguros de tener aún el derecho de formar parte
del grupo, y tenemos mala conciencia si nos hemos desviado de las condiciones del grupo, hasta el punto de tener que
temer la pérdida total o parcial del derecho a la pertenencia. Es decir, en este caso la culpa se siente como miedo de sufrir
una pérdida o una expulsión, y como lejanía, mientras que la inocencia se vive como cobijo y cercanía. Quizás, este sea el
sentimiento más bello y más profundo que conocemos: el tener el derecho de formar parte a un nivel elemental de
vivencia.
Sólo el que experimenta la seguridad de la inocencia como derecho de formar parte, conoce también el miedo o el
terror ante una expulsión o una pérdida. El cobijo sólo puede ser vivido con miedo. Así es totalmente absurdo decir que
los padres tienen la culpa del miedo que uno siente. Cuanto mejores sean unos padres, tanto mayor será el miedo de
perderlos.

Cobijo y cercanía, éste es el gran sueño que perseguimos con muchos de nuestros actos. El sueño, sin embargo, es
irrealizable, ya que la pertenencia siempre peligra. Algunos dicen que hay que darles seguri dad a los hijos. Sin embargo,
cuanta más seguridad se les da a los hijos, tanto más miedo tienen ante la pérdida de esta seguridad, ya que la seguridad
no puede experimentarse sin el miedo a lo contrario. Por lo tanto, hay que volver a ganar la pertenencia una y otra vez,
nunca es una propiedad segura. Análogamente, la inocencia se experimenta como el derecho de aún formar parte, sin
saber cuánto durará. Esta inseguridad forma parte de la vida. Llama la atención, también, que los hijos dependen más de
sus padres que no a la inversa. Dado que el vínculo del hijo a los padres es más fuerte que el vínculo de los padres a los
hijos, éstos también están más fácilmente dispuestos a sacrificarse por sus padres.

Ambas partes de la conciencia, la buena y la mala, sirven a un mismo fin. Es un tira y afloja, que nos arrastra y nos
empuja en una misma dirección: asegura nuestra vinculación con las raíces y con el tronco, independientemente de lo que
este amor nos exija en este grupo.
Para la conciencia, la vinculación con el grupo de origen tiene prioridad ante cualquier otra razón y cualquier otra
moral.
La conciencia se orienta por el efecto de nuestra creencia o nuestro actuar sobre la vinculación, sin tener en cuenta si
esta creencia y este actuar, bajo otros puntos de vista, quizás parezcan una locura o abominables. Por lo tanto, no podemos
fiarnos de la conciencia si se trata de discernir entre el bien y el mal en un contexto más amplio. Dado que la vinculación
tiene prioridad ante todo lo que aún pueda seguir después, también vivimos la culpa respecto a la vinculación como la más
grave de todas las culpas, y sus consecuencias, como el peor de los castigos. Por otra parte, experimentamos la inocencia
en la vinculación como felicidad profunda y como última meta de nuestros anhelos de la infancia.

Amor y vinculación: espíritu de sacrificio de los débiles


La conciencia nos ata de manera más fuerte, si en un grupo nos encontramos más abajo y nos vemos expuestos a él. En
la familia, éste es el caso de los niños. Por amor, un niño está dispuesto a entregarlo todo, incluso la propia vida y la
felicidad, si de esta manera les va mejor a los padres y a la red familiar. Éstos son los hijos que están en la brecha por sus
padres o antepasados, realizan lo que no tenían pensado, expían lo que no hicieron (por ejemplo, entrando en un
convento), llevan aquello de lo que no tienen la culpa, o, en lugar de sus padres, toman venganza.

Un ejemplo:
Un hombre mayor, que ya se acercaba al final de su vida, buscó la ayuda de un amigo para encontrar la paz.

Una vez había castigado a su hijo por desobediente y, la noche siguiente, el hijo se ahorcó. Aunque ahora el padre ya
era mayor, aún no había logrado deshacerse del peso de su culpa. De repente, en la conversación con su amigo, se acordó
de que cuando, pocos días antes del suicidio, la madre contó en la mesa que estaba embarazada de nuevo, ese mismo hijo
exclamó, todo alterado: - ¡Por Dios, si ya no cabemos aquí!
Y el padre comprendió: el hijo se había ahorcado para quitarles la preocupación a los padres; había hecho sitio para el
otro.
Así, el hombre encontró un sentido en la muerte de su hijo, y finalmente dijo:
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- Estoy en paz, como mirando un lago tranquilo en las montañas.

En cuanto ganamos poder en un grupo, o nos hacemos independientes, el vínculo se afloja, y con él se afloja también
la conciencia. Los débiles, sin embargo, se esmeran y siguen siendo fieles. Ellos muestran la entrega más desinteresada
porque están atados. En una empresa son los trabajadores sencillos, en un ejército, los soldados comunes, y en la Iglesia,
el pueblo fiel. Para el bien de los fuertes del grupo actúan a conciencia, arriesgando su salud, su inocencia, su felicidad y
su vida, aun si los fuertes se aprovechan de ellos sin ningún tipo de escrúpulos, para aquello que ellos llaman los fines
superiores. Dado que quedan ligados a su propio sistema, pueden ser utilizados sin ningún tipo de reparos, en contra de
sistemas ajenos. Éstos son los pequeños que dan la cara por los grandes, los verdugos que hacen el trabajo sucio, los
héroes de una batalla perdida, las ovejas detrás de su pastor que las lleva al matadero, las víctimas que pagan la cuenta.

B. CONCIENCIA Y EQUILIBRIO
Así como la conciencia vela por la vinculación con los padres y con la red familiar, dirigiéndola mediante un
sentimiento particular de culpa y de inocencia, también vela por el intercambio, dirigiéndolo mediante otro sentimiento de
inocencia y de culpa.
En relación al iintercambio positivo entre dar y tomar, experimentamos la culpa como obligación y la inocencia como
libertad de cualquier obligación. Por lo tanto, no hay tomar que no tenga su precio. Si yo, sin embargo, le devuelvo al otro
tanto como recibí, quedo libre de cualquier obligación. El que está libre de toda obligación, se siente ligero y libre, pero ya
no conserva tampoco ninguna vinculación. Esta libertad de toda obligación aún se acrecienta si se da más de lo que se
estaría obligado a dar. En un caso así, experimentamos la inocencia como derecho a la reivindicación. Es decir, la
conciencia no sólo hace que estemos vinculados, sino, como necesidad de compensación, regula el intercambio en el seno
de una relación y de una familia. El papel que esta dinámica desempeña en las familias nunca podrá apreciarse lo
suficiente.

C. CONCIENCIA Y ORDEN
Si la conciencia está al servicio del orden, es decir de las conveniencias sociales que rigen entre unos y otros, sentimos la
culpa como infracción y como miedo al castigo, y la inocencia como lealtad a la conciencia, y como fidelidad. Las reglas
de juego son distintas en cada sistema, y todo el que forma parte del sistema conoce las reglas. Si interioriza y reconoce
estas reglas, y si se atiene a ellas, el sistema puede funcionar, y él es considerado intachable. El que las infringe se hace
culpable, aun si no causa daño o sufrimiento a nadie. También en nombre del sistema se le castiga, en casos graves incluso
se le expulsa o se le aniquila, como por ejemplo en el caso de «crímenes políticos» o de «herejía».
Estos órdenes sociales condicionan nuestro comportamiento en nuestro grupo, pero nunca sentimos la culpa de la
infracción tan profundamente como cuando faltamos a las exigencias del vínculo o del equilibrio entre dar y tomar.

2. LA INTERACCIÓN ENTRE LAS NECESIDADES DE VINCULACIÓN, EQUILIBRIO Y ORDEN


La conciencia sirve a las necesidades de vinculación, equilibrio y orden de maneras distintas. Así, al servicio del
vínculo, quizás nos exija aquello que, sirviendo al equilibrio y al orden, nos prohíbe; y lo que nos permite por el bien del
orden, quizás nos lo impida teniendo en cuenta el vínculo. Si se impone únicamente una de las necesidades, las otras se
quedan cortas. Si alguien, sin embargo, pretende someterse a las tres necesidades a la vez, se queda en deuda con cada
una. Sea cual fuere la manera en que seguimos a la conciencia, por una parte nos declara culpables, por la otra, nos
absuelve. Por eso, nunca tenemos la conciencia del todo tranquila.

Un ejemplo:
Si una madre le dice a su hijo, que acaba de portarse mal: -Ahora, durante una hora, jugarás solo en tu habitación-,
aplica un castigo teniendo en cuenta el orden. Ahora bien, si ella impone el orden hasta el final, es decir, si deja al hijo
solo en su habitación durante toda una hora, el hijo, en consecuencia, está enfadado con la madre, y con razón. Porque,
siendo justa, se olvidó del vínculo y del amor. Por eso, muchas veces los padres perdonan a los hijos parte del castigo. En
esto hieren el orden, porque también les es importante el vínculo. Si los padres no castigan, el vínculo se encuentra en un
primer lugar, pero el orden queda perjudicado. También en este caso, el hijo se enfada con los padres, porque no sabe
dónde quedan los límites.
Es decir, culpa e inocencia casi siempre aparecen juntas. El que extiende la mano para coger la inocencia, también toca
la culpa. Y quien vive de inquilino en la casa de la culpa, descubre como su subinquilina a la inocencia. Asimismo, culpa e
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Bert Hellinger – Felicidad dual

inocencia cambian sus vestidos a menudo, de manera que la culpa aparece vestida de inocencia, y la inocencia, vestida de
culpa. Así, las apariencias engañan, y sólo el resultado final muestra lo que fue real.
De la misma manera que las apariencias de culpa e inocencia engañan, la conciencia del grupo gradualmente sustituye
la experiencia que el niño tiene del mundo, reemplazando su percepción de lo que es por las creencias de la familia.

3. CADA SISTEMA TIENE SU PROPIA CONCIENCIA


Como ya constatamos, el criterio para la conciencia es aquello considerado válido en el grupo al que pertenecemos.
Pero cada persona se encuentra en relaciones diferente cuyos intereses se contradicen, y forma parte de varios sistemas.
Personas que se juntan proviniendo de grupos diferentes tienen, por lo tanto, conciencias diferentes, y el que pertenece a
varios grupos tiene también una conciencia diferente para cada grupo. Asimismo, las leyes de vinculación, equilibrio y
orden son distintas en cada sistema.
En un grupo de ladrones hay que robar para poder permanecer en el grupo, y en otro grupo es justamente esto lo que
no se debe hacer. Ambos, sin embargo, lo hacen con la misma buena conciencia y con el mismo fervor. Los sentimientos
de culpa o de inocencia, por lo tanto, no tienen nada que ver con «bueno» o «malo», sino con aquello que, en el grupo, se
aprecie como valor.
El que nace en una familia judía se siente bien y seguro si acepta su fe, y si abandona esta fe, se siente malo y
amenazado. Los mismos sentimientos de culpa e inocencia conocen también cristianos y musulmanes si siguen a su fe o la
abandonan.
La conciencia nos mantiene junto al grupo, igual que un perro mantiene las ovejas junto al rebaño. Pero si el entorno
cambia, la conciencia, para protegernos, cambia de color como un camaleón. Por eso tenemos otra conciencia con la
madre, y otra con el padre, otra en la familia, y otra en el trabajo, otra en la Iglesia y otra con los amigos. Lo que sirve a
un sistema puede perjudicar al otro, y lo que en uno nos trae inocencia, en otro nos arroja a la culpa. Así, quizás, por un
mismo acto nos encontremos ante muchos jueces, y mientras uno nos condena, otro nos absuelve.
Por lo tanto, es un asunto perdido contar con la inocencia. Sabiendo que los sentimientos de culpa e inocencia no son
más recursos para nuestra orientación, para salir adelante en determinadas relaciones, entonces no importa que seamos
culpables o inocentes, sino que sepamos comportarnos de acuerdo con el respectivo entorno. Tengo resumido este dilema
en una pequeña historia. Siempre que cuento esta historia, la mayoría de la gente se queda en el primer plano. La historia,
sin embargo, tiene también un plano medio y un trasfondo.

Los JUGADORES
Se presentan como enemigos.
Luego se sientan, frente afrente, y juegan en la misma tabla
con una gran variedad de figuras, siguiendo reglas complicadas,

jugada por jugada.


El mismo juego real.
Ambos sacrifican diferentes figuras a su juego,
y atentamente, se mantienen en jaque,
hasta que el movimiento termina.
Cuando no va más, la partida está acabada.

Después, cambian de lado y de color,


y del mismo juego comienza tan sólo otra partida.

Pero el que largamente juega, y muchas veces gana,


y muchas veces pierde, en ambos lados se convierte
en maestro.

4. LA EXCLUSIÓN POR LA CONCIENCIA, Y CÓMO SUPERARLA


Donde la conciencia vincula, también pone límites, incluyendo y excluyendo. Muchas veces, por lo tanto, si queremos
permanecer en un grupo, tenemos que negarle o retirarle al otro, que es distinto, la pertenencia que para nosotros
reivindicamos. Así, por la conciencia, nos hacemos terribles para el otro, ya que, en nombre de la conciencia, tenemos que

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desear o hacer al otro, que se desvía de ella, aquello que para nosotros mismos tememos como consecuencia peor de una
culpa y como amenaza extrema: la exclusión del grupo.
Todos los actos graves que cometemos con otros se realizan con la conciencia tranquila en relación al propio grupo. La
conciencia, al sensibilizarnos para el propio grupo al que pertenecemos, nos hace ciegos para otros grupos. Cuanto más
nos vincula con este grupo, tanto más nos separa de los otros. Cuanta más simpatía nos inspira para un grupo, tanto más
hostiles nos hace para los grupos de afuera.
Pero de la misma manera que nosotros tratamos a otros, ellos, en nombre de la conciencia, también proceden con
nosotros. Así, mutuamente nos ponemos un límite para el bien y, en nombre de la conciencia, suprimimos este límite para
el mal. Es decir, si yo quiero hacerle un bien a alguien que pertenece a otro grupo enemistado con el mío, no se me
permite hacerlo, la conciencia me lo prohíbe. Sin embargo, sí que se me permite hacerle un mal. Así, en el contexto de
conflictos políticos o religiosos se cometen atrocidades de todo tipo, siempre con la conciencia tranquila.
El que pretende sujetar esta inocencia, toda su vida seguirá siendo o estrecho o malo. Todo desarrollo ulterior sólo
puede realizarse por el hecho de que una persona también entre en otro grupo, y allí experimente la conciencia de una
manera totalmente distinta. Entonces, para poder permanecer en ambos grupos, tiene que orientarse de nuevo. Puede hacer
esto de una manera ciega, compensando entre ambos grupos, pero también puede hacerlo de manera consciente y a un
nivel superior, a través del entendimiento, lo cual implica un desarrollo personal. El entendimiento también actúa como
conciencia, pero de una manera distinta: es la percepción de un contexto mayor. Por lo tanto, el bien, que reconcilia y
establece la paz, tiene que superar los límites que nos pone la conciencia a través de la vinculación con el grupo particular.
Sigue a otra ley, oculta, que actúa en las cosas sólo porque son. Al contrario de la conciencia, actúa de una manera si-
lenciosa y discreta, como el agua que fluye, desapercibida. Percibimos su presencia tan sólo por sus frutos.

EL ENTENDIMIENTO
Un hombre quiere saberlo, por fin. Se monta en su bicicleta, se va al campo abierto y, lejos de lo habitual, encuentra
otro sendero. Ahí no hay indicaciones, y así se fía de lo que con sus ojos ve delante de sí, y de lo que su paso puede
recorrer, he impele una cierta alegría de descubrir, y lo que antes más bien era un presentimiento para él, ahora se torna
certeza. Pero después, el sendero termina a orillas de un río ancho, y el hombre baja de su bicicleta. Sabe que si aún
quiere seguir más allá, tendrá que dejar en la orilla todo lo que lleva encima. Entonces perderá su terreno firme y será
llevado e impulsado por una fuerza que puede más que él, de manera que tendrá que confiarse a ella. Y por eso vacila y
retrocede.
Al dirigirse de nuevo hacia su casa, se da cuenta de que sólo sabe poco de las cosas que ayudan, y que le es difícil de
transmitir a otros. Demasiadas veces le ha pasado lo de un hombre que sigue a otra bicicleta, cuyo parafango golpetea.
Le grita:
- ¡Eh, tal! ¡Tu parafango golpetea!
-¿Qué?
- ¡Tu parafango golpetea!
- ¡No te entiendo! -Responde el otro- ¡Mi parafango golpetea!
Algo ha ido mal aquí, piensa. Luego pisa el freno y da la vuelta.
Poco después, pregunta a un maestro anciano:
- ¿Cómo haces tú, cuando ayudas a otros? Muchas veces vienen a verte personas, pidiéndote consejo en asuntos de
los que sólo sabes poco. Pero después se encuentran mejor.
El maestro le dice:
-No depende del saber si uno se para en el camino y no quiere seguir adelante. Porque busca seguridad donde se pide
valor, y libertad, donde la verdad ya no le deja elección. Y así va dando vueltas. El maestro, sin embargo, resiste al
pretexto y a la apariencia. Busca el centro, y allí recogido espera -como uno que extiende las velas ante el viento-, si
acaso le alcanza una palabra eficaz. El otro, al acercarse a él, lo encuentra allí donde él mismo tiene que llegar, y la
respuesta es para ambos. Ambos son oyentes.
Y aún añade: - El centro se distingue por su levedad.

5. LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD


La culpa indica el límite, hasta dónde puedo ir y dónde tengo que dar la vuelta para tener aún el derecho de formar
parte. El espacio libre dentro de estos límites, en el que puedo moverme sin culpa y sin ningún peligro de perder la unión
con el grupo, es la verdadera libertad. Los límites, sin embargo, son dinámicos y variables, es decir el margen de libertad
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es distinto en cada relación. Por eso, lo primero que ocurre en un grupo es que éste descubra dónde se encuentran sus
límites. La culpa se prueba: ¿Dónde empieza la culpa y dónde acaba?
Para los maestros es algo absolutamente evidente y en la educación de un niño los límites van ampliándose cada vez
más.
En relaciones de pareja, a veces se establecen unos límites muy estrechos y, a continuación, uno de los dos toma un
amante. De este modo, los límites se amplían y la pareja tiene un nuevo espacio libre. Si, a continuación, los límites
quedan demasiado amplios, también quedan más inseguros y nuevamente tienen que ser reducidos. Aquí, por lo tanto, la
libertad es una manera de relacionarse, y es una libertad diferente a la libertad de decisión. Bien podemos pasar los límites
establecidos, pero no sin el precio de la culpa y no sin consecuencias para nuestra felicidad y la de otros.
Los Órdenes del Amor que actúan desapercibidos en nuestras relaciones velan por el amor. Son inefables y más fáciles
de seguir que de entender. Se nos revelan en los movimientos sutiles de nuestro interior y al mirar atentamente nuestras
relaciones. Tan sólo descubrimos sus leyes al ver las consecuencias de nuestros actos tanto para los demás como para
nosotros mismos, es decir, sí el amor aumenta o disminuye. La manera de conocer los límites de la conciencia personal, de
ver dónde nos sirven de ayuda y dónde tenemos que superarlos y cómo podemos llegar al conocimiento de la Gran Alma
que sustenta el amor, se describirá en los siguientes capítulos. Es el camino del conocimiento del bien y del mal, yendo
más allá de los sentimientos de culpa e inocencia, que está al servicio del amor.

LA GRAN ALMA
Conocemos la conciencia como un caballo conoce a los jinetes que lo montan, y como un timonel conoce las
estrellas en las que mide su posición y fija el rumbo. Pero - ¡ay! -por desgracia son muchos los que montan el
caballo, y en el barco muchos timoneles se orientan por muchas estrellas, ha cuestión es: ¿A quién se
subordinan, si acaso, los jinetes? ¿Y qué rumbo le indica al barco el capitán?
La respuesta
Un discípulo se dirigió a un maestro: - ¡Dime lo que es la libertad!
- ¿Qué libertad? - le preguntó el maestro.
- La primera libertad es la necedad. Se asemeja al caballo que, relinchando, derriba a su jinete. Pero tanto más
fuerte siente su mano después.
La segunda libertad es el arrepentimiento. Se asemeja al timonel que se queda en el barco naufragado, en vez de
bajar al bote salvavidas.
La tercera libertad es el entendimiento. Ella viene después de la necedad y después del arrepentimiento. Se
asemeja a la brizna que se balancea con el aire y, porque cede donde es débil, se sostiene.
El discípulo preguntó:
- ¿Esto es todo?
Replicó el maestro:
- Algunos piensan que son ellos mismos los que buscan la verdad de su alma. Pero la Gran Alma piensa y
busca a través de ellos. Al igual que la Naturaleza, puede permitirse muchos errores, ya que sin esfuerzo
sustituye a los jugadores equivocados por otros nuevos. A aquél, sin embargo, que deja que sea ella la que
piense, a veces le concede algún margen de movimiento, y como el río lleva al nadador que se entrega a sus
aguas, también ella lo lleva a la orilla, uniendo sus fuerzas a las de él.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

III. LAS RELACIONES ENTRE PADRES E HIJOS


1. LOS PADRES DAN LA VIDA A LOS HIJOS

En un primer lugar es propio de los órdenes del amor entre padres e hijos que los padres den y los hijos tomen. En este
caso, sin embargo, no se trata de un dar y tomar cualquiera, sino de dar y tomar la vida. Los padres, al darles la vida a sus
hijos, no les dan algo que les pertenezca. Les dan aquello que ellos mismos son, sin poder añadir, ni suprimir o guardar
nada para ellos mismos. Junto con la vida, se dan ellos mismos, tal como son, sin añadir ni restar nada. En consecuencia,
los hijos, al recibir la vida de los padres, sólo pueden tomar a los padres tal como son, y no pueden ni añadir, ni suprimir,
ni rechazar nada. Por lo tanto, tiene otra cualidad totalmente diferente de si yo le regalo algo a una persona, ya que los
hijos no sólo «tienen» a sus padres, sino que «son» sus padres. Significa que el amor prospera si los hijos gustosamente
afirman que ellos tienen la vida bajo las condiciones con las que les fue dada. Los padres dan a los hijos aquello que ellos
mismos anteriormente tomaron de sus propios padres, y también aquello que, como pareja, tomaron el uno del otro.
Además de dar la vida, los padres también cuidan a sus hijos. Por esta razón, se desarrolla entre padres e hijos un inmenso
desnivel de dar y tomar que los hijos, por mucho que lo deseen, no logran equilibrar nunca.

Un pequeño ejemplo:
Una vez, en un curso participó un empresario al que su madre había abandonado porque ella llevaba una vida
ligera. Se había criado con unos padres tutelares, y no había conocido a su madre hasta sus veinte años. En ese
momento era un hombre de unos cuarenta años, y tan sólo había visto a su madre unas tres o cuatro veces en su
vida. Entonces se acordó de que ella vivía por allí cerca. Por la tarde fue a verla, y cuando volvió a la mañana
siguiente, contó que sólo había entrado en su casa para decirle a su madre: - Estoy contento de que me hayas traído
al mundo. - Y la anciana quedó feliz.

2. HONRAR A LOS DADORES YA LOS DONES


En un segundo lugar, es propio de los órdenes del amor entre padres e hijos, y del amor entre hermanos, que todo el
que tome honre al don recibido y al dador del que lo tomó.
Nuestros padres nos dan la vida y son los únicos capaces de hacerlo; otras personas pueden darnos lo que necesitamos
aparte de esto. Algo bello ocurre cuando una persona mira a sus padres reconociendo, en ellos, la fuente de la vida. Todo
el que ama y honra la vida, implícitamente ama y honra a los dadores de la vida. Todo el que menosprecia e infravalora la
vida, quien no la respeta, a la vez desprecia también a los dadores de esta vida. La persona que toma y valora tanto el don
como el dador, acerca el don recibido a la luz hasta que brille, y aunque también de sus manos sigue fluyendo hacia abajo,
su resplandor recae sobre el dador.

3. LA JERARQUÍA EN LA FAMILIA
Como tercera propiedad de los órdenes del amor en la familia existe una jerarquía entre sus miembros, determinada
por los siguientes criterios: tiempo, peso y función. Siempre que esta jerarquía sea respetada por todos los miembros de la
familia, el amor podrá fluir libremente.
En lo que al tiempo se refiere, los padres tienen prioridad respecto a los hijos, y el primer hijo la tiene respecto al
segundo, es decir, al igual que el dar y el tomar, la jerarquía pasa de arriba abajo, siguiendo los conceptos de anterioridad
y posterioridad.
Este orden también es válido para el dar y tomar entre hermanos. El que estaba primero tiene que dar al posterior, y el
que llega después tiene que tomar del anterior. Todo el que da, ha tomado anteriormente, y todo el que toma, también tiene
que dar posteriormente. Así pues, el primer hijo da al segundo y al tercero, el segundo toma del primero y da al tercero, y
el tercero toma del primero y del segundo. El hijo mayor da más, y el menor toma más. A cambio, el menor muchas veces
cuida a los padres cuando éstos llegan a la vejez.
El curso del dar y del tomar, que pasa de arriba hacia abajo, y el curso del tiempo, que pasa de antes a después,
no pueden ni pararse ni ser variados en su rumbo, ni pueden volverse de abajo hacia arriba, o de lo posterior a lo
anterior. Por eso, los hijos siempre se encuentran debajo de los padres, y por eso el posterior siempre viene después
del anterior. El dar y el tomar, al igual que el tiempo, siempre fluyen hacia adelante, pero nunca hacia atrás.
Konrad Ferdinand Meyer describe este movimiento en un poema:
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Bert Hellinger – Felicidad dual

LA FUENTE ROMANA
Un surtidor se alza
para colmar, cayendo,
el mármol de la concha
que, a su vez, se vela,
rebosa, e inunda
el seno de otra cavidad.
De tanta riqueza entrega
a la tercera su caudal;
y cada una toma
y da al mismo tiempo,
y fluye y descansa.

En lo que a nuevos sistemas relacionales se refiere, éstos tienen prioridad sobre sistemas más antiguos, es decir, en este
caso ocurre al revés de la dinámica de precedencia en el seno de un mismo sistema, donde los miembros mayores tienen
prioridad sobre los que vienen después. La relación de pareja cobra prioridad sobre las relaciones con las respectivas
familias de origen, y un segundo matrimonio tiene precedencia respecto al primero. Las relaciones sufren si no se respeta
este principio, si los padres siguen teniendo más importancia que el cónyuge y los hijos, o si una primera pareja se
considera más importante que la nueva.
Entre los padres aún hay una jerarquía particular, independiente de la pertenencia. Dado que los padres comienzan su
relación al mismo tiempo, siempre se encuentran a un mismo nivel respecto al orden original. Su jerarquía resulta de su
función, por ejemplo, de quién es el responsable de la seguridad de la familia.
En lo referente al peso, la relación entre el padre y la madre es la más importante en una familia, después vienen las
relaciones entre padres e hijos, las relaciones con los demás miembros de la red familiar y, finalmente, las relaciones con
otros grupos libremente elegidos. Algunos individuos que llevan una suerte extraordinariamente dura, sin embargo,
pueden tener el suficiente peso sistémico para que la secuencia normal conforme al tiempo tenga que ajustarse.

4. TRASTORNOS EN EL ORDEN ENTRE PADRES E HIJOS


A. LA INVERSIÓN DEL ORDEN DE TOMAR Y DAR
El orden de dar y tomar en la familia se invierte cuando un miembro posterior, en vez de tomar del anterior y honrarlo
por ello, pretende darle al anterior como si fuera igual o, incluso, superior a él. En tales casos, por regla general, los padres
no tomaron lo suficiente de sus propios padres, o no dieron ni tomaron bastante en su relación de pareja. A continuación,
frecuentemente pretenden que sus hijos cubran sus necesidades emocionales, y los hijos se sienten responsables de
cumplirlo que de ellos se espera. Así, el dar y el tomar, en vez de ir de arriba hacia abajo, tendrían que fluir de abajo hacia
arriba, contra la fuerza de gravedad. Pero al igual que un río que pretende ir cuesta arriba en vez de cuesta abajo, no llega
adonde querría y tendría que llegar.
En cuanto se da una desviación así, en cuanto los padres pretenden tomar y los hijos dan o tienen que dar, existe una
falsificación del orden.

Un ejemplo:
En un curso había un matrimonio que, hacía medio año, se había separado por un tiempo, y ahora habían vuelto a vivir
juntos. Habían adoptado a una niña y después tuvieron dos hijos propios, una niña y un niño. El hijo pequeño de seis años
era considerado un niño muy difícil. Bajo la dirección de Jirina Prekop, una terapeuta que trabaja con terapia de sujeción,
el padre sujetaba al niño. Era un proceso bastante largo y bastante dramático. Una de las instrucciones fue que el padre le
dijera al niño cómo se sentía. El hombre empezó a hablar como si él mismo fuera un niño y el hijo tuviera que dirigirse a
él como un padre. La situación estaba totalmente invertida y no había solución.
Al cabo de un tiempo me senté detrás del padre y le dije: -Ahora yo soy tu padre, apóyate en mí y dirígete a tu hijo
como padre.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Lo hizo, y rápidamente se llegó a una solución. Al final, padre e hijo acabaron sentados juntos, cogidos de la mano, y
enfrente de ellos estaban la mujer y las hijas. Los hombres estaban juntos y las mujeres también - una bella imagen. Al día
siguiente, el hombre estaba echado de espaldas en el suelo, jugando con el hijo pequeño que subía y bajaba y corría
alrededor de él. De repente, el niño se puso furioso y salió de la puerta corriendo. Yo les había escuchado y me había dado
cuenta de que el niño se había enfurecido en el momento en que el padre otra vez le habló como si él mismo fuera un
niño, y como si el hijo tuviera que darle algo como un padre. En ese momento, el orden estaba de nuevo trastornado.

Si los padres necesitan algo, se dirigen a su pareja o a sus padres. Si los padres se dirigen a los hijos con exigencias que
no corresponden a la relación (por ejemplo, que los hijos consuelen a los padres), esto significa una inversión, una
perversión de la relación, una parentificación. Los hijos, sin embargo, no son capaces de defenderse. Son involucrados y
llevados a una arrogación por la que, posteriormente, ellos mismos se castigan. Más adelante, sin embargo, cuando el hijo
llega al pleno conocimiento de la situación, es posible rectificarla. ¡Es lo que luego se llama una terapia!
Pregunta: ¿Podrías volver a explicar el concepto de parentificación?
Bert Hellinger: Sí, se trata de hijos que por el bien de sus padres adoptan el papel de los padres de los padres.
Pregunta: Es decir, ¿si una hija tiene que hacer de madre para su propia madre o para su padre?
Bert Hellinger: Lo dije de una manera más exacta: «Si adoptan el papel». Esto es más complejo. Si una madre, por
ejemplo, rechaza a su propia madre, frecuentemente uno de los hijos se verá metido en el papel de la madre de la madre.
Eso es parentificación. Los sentimientos que uno de los padres tuvo hacia sus propios padres, posteriormente reaparecen
con un hijo, y éste no puede ser hijo, sino que se ve llevado a adoptar el papel de uno de los padres. Por lo tanto, tienes
que verlo en el contexto más amplio del sistema familiar entero.
La cuestión es: ¿"Se sienten responsables los hijos del estado emocional de sus padres? ¿Intentan darles lo que unos
padres o una pareja pueden dar, pero no un hijo? ¿Sienten o piensan, por ejemplo: «Si yo hago esto, mi madre se pondrá
enferma», o, «Si no hago esto, mi padre nos dejará»?
En las constelaciones, la parentificación se percibe inmediatamente. Muchas veces hay un hijo que se pone inquieto en la
constelación; en un caso así, pregunto a los padres por sus propios padres, para añadir luego al padre o a la madre que
faltan o son rechazados. Entonces el hijo se tranquiliza inmediatamente. Es un indicio de que este hijo estaba
parentificado.

B. EL RECHAZO DE UNO DE LOS PADRES


En un seminario, un participante aporta un caso para la revisión.
Arndt: Tengo una pregunta respecto al reconocimiento del padre por parte de los hijos. Desde hace años, por mi profesión
me ocupo intensamente de una familia. Los padres actualmente están en vías de divorcio, y los hijos, con un odio
increíble, rechazan al padre, que acaba de marcharse de casa. La razón es que el padre pegaba una y otra vez a la madre
delante de los hijos y aterrorizaba a la familia. Además, los hijos saben ahora que el padre cometió pederastia con
escolares. Ahora ya no quieren saber nada de él, aunque se esfuerza mucho por estar por ellos, les escribe y les manda
regalos. Ellos, sin embargo, rompen los álbumes de fotos y eliminan al padre.
Bert Hellinger: ¿Qué edad tienen los hijos?
Arndt: Tienen entre diez y dieciocho años, y aún viven con la madre. Odian al padre y dicen abiertamente que no quieren
volver a verlo nunca más.
Bert Hellinger: Bueno, el primer punto es: los hijos expresan el odio de la madre. Una intervención estratégica sería que
dijeras a los hijos que ellos comenten a la madre: «Aquello del odio contra el padre ya lo arreglaremos nosotros por ti»,
sin dar más explicaciones. Sería un primer paso para que todos empiecen a pensar.
Te cuento una historia que podría servirles de aviso:
Junto con mi mujer, y por invitación del médico adjunto de un departamento de psicosomática en Heidelberg, una vez
ofrecí unas sesiones de terapia primaria para pacientes psicosomáticos. Durante quince días se realizaba una sesión
primaria al día. Por las mañanas, siempre tenían otro programa. El primer día, mi mujer fue a una de esas pacientes,
gravemente depresiva. Trabajó con ella, y al final esa mujer le gritó a su padre con toda su fuerza:
-¡Ojalá hubieras reventado en la guerra!-, y todo eso con una cólera absolutamente fría.
Al día siguiente trabajé yo con ella. Le pregunté qué había pasado con su padre. Había recibido un tiro en la cabeza.
Después de volver a casa, a veces cogía un ataque, y la madre y las dos hijas sufrían por esa situación.
Al día siguiente le pregunté si tenía hijos. Me dijo que tenía dos hijos varones.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Le dije: -Uno de tus hijos imitará a tu padre.


Ella me miró, pero no dijo nada. Después le pregunté cómo iba su matrimonio.
Me dijo que iba mal, pero que su marido la mantenía económicamente, por lo que se quedaba con él. Sin embargo, no
quería a su marido.
Unos días más tarde se encontraba muy deprimida y agitada, y le pregunté qué pasaba. Me dijo que había recibido una
carta de una residencia de menores con trastornos de comportamiento, en la que se encontraba su hijo menor. Acababa de
hacer una gamberrada. Luego dijo: -¡Pero si lo quiero tanto!
Le dije: - De acuerdo. Ponte cara hacia la pared, mira a tu hijo y dile: «¡Pero si te quiero tanto!».
Lo dijo, pero sonaba totalmente falso.
Le dije: - esto no es auténtico, no puedo ni oírlo.
Entonces se puso furiosa conmigo.
Al día siguiente fui otra vez a verla. Se extrañó de que fuera. Le pedí que se pusiera de nuevo cara hacia la pared, se
imaginara a su hijo y le dijera: «Rechazo a tu padre, pero a ti te quiero.» Lo dijo y le pregunté: - Cómo reaccionaría tu hijo
si oyera esto?
Ella dijo que no lo sabía.
Entonces yo: - ¿Tendría realmente el derecho de reaccionar? ¿Podría permitírselo?
Respondió: - No.
Yo: - Por eso se está volviendo loco.
En la misma habitación había un hombre al que su madre había abandonado en el hospital y se había largado. El hijo
había estado en diferentes familias de acogida, y su dolor era auténtico.
Le dije a la mujer: - Mira, éste sí que las ha pasado mal, pero nunca se volverá loco, porque sabe a qué atenerse.

Esta historia de aviso, Arndt, se la podrías contar a la familia, para que se den cuenta de la dinámica. La cólera de los
hijos tiene consecuencias pésimas. ¿Cómo se trata un caso así?
En primer lugar hay que ver que el ser y el hacerse padres no tienen nada que ver con moral. Él no es padre de los hijos
por ser bueno o malo, sino que el convertirse en padre o madre es un proceso que está más allá de cualquier diferenciación
moral. Este proceso no obtiene su dignidad de una cualidad moral.

Un ejemplo:
Una vez vino un médico cuyo padre había sido médico de la SS durante el Tercer Reich, participando en muchos
experimentos en los campos de concentración. Después de la guerra fue condenado a muerte, pero de alguna manera
quedó libre. La pregunta del hijo fue la siguiente: ¿Qué debo hacer con mi padre?
Le dije: - Cuando tu padre te engendró, no actuó como hombre de la SS. Eso no tiene nada que ver. Es posible separar
las dos cosas, y hay que separarlas.
Un hijo puede reconocer a su padre como tal sin hacerse responsable de sus actos, y sin tener que llevar las
consecuencias o tener que rechazarlo como padre por lo que hizo. No tiene que aprobarlo. Tiene la posibilidad de decir:
«Es terrible, yo no tengo nada que ver con esto, pero tú eres mi padre, y como tal te respeto. Estoy contento de que me
dieras la vida.» ¿Qué más puede hacer un hijo?
Esta diferencia es importante: Lo ocurrido sí que hace necesaria una separación del padre. Pero no es necesario que se
realice con odio, ya que el odio crea ataduras. Los hijos pueden decir: «Es terrible, pero te respetamos como padre.»
Otra cosa más respecto a la familia que mencionaste, Arndt. El odio que los hijos muestran hacia su padre, es el odio
de la madre. Este hecho, sin embargo, no les ahorra las consecuencias. Es de suma importancia. Todo lo que uno haga,
independientemente de encontrarse implicado o no, tiene las mismas consecuencias para él y quizás también para sus
hijos. Aquí no les valen las excusas, y no pueden pensar que, por encontrarse implicados, las consecuencias cambiarían.
Este odio aún tiene otra consecuencia más. Si bien los hijos ahora tienen los sentimientos de la madre, más adelante
imitarán el comportamiento del padre. Se harán como él. La única solución sería que la madre dijera: «Me casé con
vuestro padre porque lo amaba, y si vosotros llegáis a ser como vuestro padre, yo estaré de acuerdo.» Entonces los hijos
quedarían libres. (A Arndt) Pero a esto no te atreverás.
Arndt: Es cierto.
Bert Hellinger: Sería una intervención estratégica de gran envergadura. Pero para esto tendrías que estar convencido tú
mismo.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Arndt: En este caso, lo trágico es además que serán los tribunales quienes decidirán si entre hijos y padre podrá haber
algún contacto o no, ya que la madre intenta impugnar el derecho de visita.
Bert Hellinger: Yo también sería de la opinión de que no debería haber más contacto. Le diría al padre que ahora lo
más propicio sería renunciar. Así, él lleva las consecuencias de su comportamiento, y eso les da a los hijos la posibilidad
de guardarle el respeto. Los tribunales no deciden por criterios psicológicos, sino por los puramente jurídicos, y al final
muchas veces sale lo mismo. Yo no crearía ninguna contradicción aquí.
(a Arndt, en otra ronda posterior):
Aún quería decirte otra cosa más respecto a la familia que presentaste. Tienes que partir del hecho de que en la mujer
se desarrolla la dinámica de la doble transferencia, y que el odio ha sido adoptado de su sistema. Si ella se encuentra en
este tipo de implicación, es difícil encontrar un contacto directo con ella. En un caso así, tan sólo queda la posibilidad de
mirar y buscar, a ver qué pasó en su sistema de origen. Eso podría ser una ayuda.

C. SI UN HIJO SE CONVIERTE EN CONFIDENTE


Cuando en un seminario se habló del tema de valorar a los padres, uno de los participantes hizo la siguiente
observación:
Ludwig: Una vez, mi madre me dijo que se quedó con mi padre por mí, y creo que nunca lo valoré lo suficiente.
Bert Hellinger: Tampoco debes hacerlo, al menos no en este sentido. Si tu madre dice que se quedó con tu padre por ti,
es falso. No es correcto. Ella se quedó con tu padre porque reconoció las consecuencias de sus actos. Es algo totalmente
diferente. Tú no eres ninguna parte contratante; por lo tanto, puedes valorar el hecho de que ella aceptara las
consecuencias de sus actos, pero no el que lo hiciera por ti. Si no, lo falsificas. Esta distinción significa valorar a la madre.
De la otra manera, te das demasiada importancia a ti mismo. Porque en vez de crear una íntima confianza entre ella y tu
padre, la crea contigo.
En caso de un matrimonio «forzoso» (por un embarazo no deseado) ocurre lo mismo. Los padres no se casan por el
hijo, sino porque reconocen las consecuencias de sus actos. El hijo no tiene parte en el contrato entre los padres; sin
embargo, suele sentirse culpable con mucha facilidad, sobre todo si el matrimonio no llega a ser feliz. Sin embargo, es
absolutamente inocente y no tiene que aceptar ninguna responsabilidad. A pesar de todo, lo hace y, en consecuencia, se
siente demasiado importante.
(a Ludwig): ¿Cómo fue el matrimonio de tus padres? Ludwig: En parte, muy entrañable, muchas veces vi a mi madre
sentada en el regazo de mi padre. A nivel sexual, sin embargo, parece haber sido difícil entre ellos. En algún momento ella
empezó a rechazarlo, y más tarde se quejaba conmigo de que mi padre ya no quería saber nada.
Bert Hellinger: Quisiera decirte algo sobre el ser utilizado como confidente, y sobre los hijos como confidentes del
padre o de la madre. Aquello que pasó entre tus padres no te interesa para nada. La medida terapéutica es que lo olvides
por completo, de modo que tu alma quede otra vez limpia.
Ludwig (asiente en seguida): Sí.
Bert Hellinger: Vas demasiado rápido; esto sustituye la realización. (Al grupo): ¿Más preguntas sobre este tema?
Alfred: ¿A todas las edades es así?
Bert Hellinger: Sí, a todas las edades es peligroso, por ejemplo si una madre le cuenta a su hija adolescente lo que pasa
en la cama con el padre. Aún peor es que se lo cuente al hijo. Esto no les interesa en absoluto a los hijos. Los hijos no
deben ser involucrados en los asuntos que únicamente atañen a los padres. Ellos no saben defenderse, pero más adelante
pueden olvidarlo. Así no les hará daño. Si uno se alía con la buena instancia interior, esta procura que se olvide realmente.
Albert: Tuve un caso en el que el padre traía su amiga a casa, y la madre era demasiado débil para pararlo. En un caso
así, ¿es lícito que los hijos actúen y le digan al padre que deje a las mujeres fuera?
Bert Hellinger: No. Tienen que partir de la idea de que la madre está de acuerdo. Los hijos, sin embargo, pueden salir
de casa cuanto antes, eso sería conveniente.
Ernst: Mi primera mujer una y otra vez me descalifica ante mis hijas. Está claro que no puedo hacer nada respecto a mi
primera mujer, ¿pero puedo hacer algo con mis hijas?
Bert Hellinger: Nada, en absoluto. Pero quizás alguna vez podrías contarles una historia sobre una persona que olvida
algo. Naturalmente, éstas son heridas muy graves cuando uno de los cónyuges habla sobre el otro, con los hijos o fuera.
Éste es el punto más vulnerable de cada persona, y si en una pareja no se respeta, la relación se acaba.
Edda: Quería preguntar otra vez: ¿qué pasa, si mi madre me cuenta detalles íntimos de su relación con su primer
marido?

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger: Es exactamente lo mismo. Puedes decirle: «Para mí, el único competente es Papá, y lo que hubo entre
tú y tu primer marido no lo quiero saber.»
Lars: ¿Qué pasa si en una nueva relación se cuentan cosas de la anterior?
Bert Hellinger: No, eso no debe hacerse. Hay que guardarlas de la misma manera, como un secreto, si no, se destruiría
también la confianza en la segunda relación.
(En una ronda posterior)
Brigitte: Si los padres, al lado de su matrimonio, mantienen otras relaciones, ¿tampoco les interesa a los hijos?
Bert Hellinger: No, tampoco les interesa a los hijos.
Brigitte: ¿Y si de ahí nacen hermanastros?
Bert Hellinger: Entonces sí les interesa.
Albert: A veces hay padres que enseñan a sus hijos las cartas de amor de la madre o del padre.
Bert Hellinger: Yo no las leería. Es parte del respeto. Los secretos están para guardarlos, y no para descubrirlos.

5. TOMAR AL PADRE YA LA MADRE


Frecuentemente se encuentra la actitud de que los padres primero tienen que merecerse el ser tomados y reconocidos
por los hijos. Son citados como ante un tribunal, donde el hijo mira a los padres y les dice: «Esto no me gusta en ti; por lo
tanto, tampoco eres mi padre.» O también: «No te mereces ser mi madre.»
Fundamentan, por lo tanto, este negarse a aceptarlos reprochándoles que aquello que recibieron no fue lo adecuado o
demasiado poco.
Justifican el no tomar con defectos del dador, y hacen depender el derecho de ser padres de determinadas cualidades de
los mismos, es decir, sustituyen el tomar por el exigir y el respeto por el reproche.
Esto mismo aún se fomenta por psicoterapias, como por ejemplo la de Alice Miller. Es absurdo y un trastorno total de
la realidad.
El resultado siempre es el mismo: los hijos permanecen inactivos y se sienten vacíos.
De Aristóteles se relata que, al cabo de pocos días, envió a casa a un alumno nuevo, diciendo: - No puedo transmitirle
nada, no me quiere.
Cuando alguien tiene un padre, lo tiene tal como es, y tal como es también es el único verdadero. Y cuando tiene una
madre, ésta es como es, y de esta manera es la única verdadera. No tiene por qué ser distinta. Porque, como ya dijimos,
uno se hace padre o madre no por cualidades morales, sino realizando un acto, y éste está determinado de antemano. El
que se expone a esta realización, se ve integrado en un orden superior, al que sirve independientemente de sus cualidades
morales. Los padres se merecen el reconocimiento como tales por la realización de este acto, y sólo por esta realización.
Aquello que los padres hacen en un principio cuenta más que lo que hacen más tarde. Lo esencial que viene de los padres,
viene a través del engendramiento y del parto. Todo lo que sigue después es añadido y puede ser asumido por otra
persona.
Un hijo sólo puede estar en paz consigo mismo y encontrar su identidad, si está en paz con sus padres. Significa que
los toma tal como son, y los reconoce tal como son. Si uno de los padres queda excluido, el hijo sólo está a medias y se
encuentra vacío. Nota la falta, lo cual es la base de la depresión. La curación de la depresión consiste en integrar al padre
o a la madre excluidos, y concederles su lugar y su dignidad. Muchas veces, cuando se lleva a una persona a tomar a uno
de los padres, siente el miedo de llegar a ser como este padre o esta madre, de que pueda adoptar ciertas características
que les atribuye. Este miedo es una deshonra que carga sobre sus padres. Los hijos, aunque hayan sido heridos por sus
padres, siempre tienen la posibilidad de decir: «Sí, vosotros sois mis padres, y yo soy como vosotros. Todo lo que estaba
en vosotros también está en mí. Estoy de acuerdo con que seáis mis padres, con todas las consecuencias que esto tenga
para mí. Tomo lo bueno de lo que me disteis y confío en que vosotros llevaréis vuestra suerte de la mejor manera.»

El tomar al padre y a la madre es un proceso independiente de las cualidades que puedan tener, y es un proceso
curativo. No puede ser que se distinga: esto sí quiero tomarlo y esto no lo tomo. A los padres se les toma tal como son.
Muchas veces llamamos bueno aquello que nos es cómodo, y malo aquello que nos resulta incómodo. Ésta, sin embargo,
es una distinción barata.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

A veces, Bert Hellinger hace un ejercicio en el que una persona revive su nacimiento. Recibe a esta persona
abrazándola, y cuando el otro se siente aceptado del todo, le recita la Oración de la Mañana para que la repita. Esto es el
asentimiento a sus padres y a su vida. Es entonces cuando desarrolla toda su profunda fuerza.

ORACIÓN AL AMANECER DE LA VIDA


Querida Mamá / querida Mami
La tomo de ti, toda, entera,
con lo bueno y lo malo,
y la tomo al precio entero que a ti te costó
y que a mime cuesta.
ha aprovecharé, para alegría tuya
(y en tu memoria).
No habrá sido en vano.
ha sujeto firmemente y le doy la honra,
y si puedo, la pasaré, como tú lo hiciste.
Te tomo como mi madre,
y tú puedes tenerme como tu hijo / tu hija.
Tú eres la Verdadera para mí, y yo soy tu verdadero hijo I
verdadera hija.
Tú eres la grande, yo el pequeño / la pequeña.
Tú das, yo tomo.
Querida Mamá:
Me alegro de que hayas elegido a Papá.
Vosotros dos sois los únicos para mí. - ¡Sólo vosotros!

Querido Papá / querido Papi


La tomo de ti, toda, entera,
con lo bueno y lo malo,
y la tomo al precio entero que a ti te costó
y que a mime cuesta.
ha aprovecharé, para alegría tuya
(y en tu memoria).
No habrá sido en vano.
ha sujeto firmemente y le doy la honra,
y si puedo, la pasaré, como lo hiciste tú.
Te tomo como mi padre,
y tú puedes tenerme como tu hijo / tu hija.
Tú eres el Verdadero para mí, y yo soy tu verdadero hijo /
verdadera hija.
Tu eres el grande, yo el pequeño I la pequeña.
Tú das, yo tomo.
Querido Papá:
Me alegro de que hayas elegido a Mamá.
Vosotros dos sois los únicos para mí. - ¡Sólo vosotros!

Inclinarse y volver a enderezarse


El ritual de inclinarse ante una persona determinada, rindiéndole homenaje o reverencia, restablece el equilibrio y el
orden. En nuestra cultura, este movimiento resulta difícil para muchas personas; el inclinarse, como un acto de respeto,

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Bert Hellinger – Felicidad dual

fácilmente se confunde con el inclinarse como expresión de una sumisión poco sana. Al inclinarnos y rendir homenaje a
alguien que merece nuestro gesto de reverencia, el alma y el cuerpo responden con una sensación de alivio y de levedad.
Si nos negamos a rendir homenaje a alguien que tiene un derecho legítimo a recibirlo, el cuerpo y el alma responden
crispados, con una sensación de esfuerzo y de pesadumbre. Las razones para este rechazo no tienen ninguna importancia.
Cuando las familias no siguen a los órdenes del amor, los hijos tienen que aprender a ignorar su propia alma y ya no
pueden distinguir lo que es verdadero y apropiado para ellos. En tales casos, posiblemente se nieguen a inclinarse ante las
personas con las que correspondería, y frecuentemente se obstinan en honrar a otras personas, impropias.
Al igual que el movimiento hacia la madre o el padre, el inclinarse es un movimiento tanto del cuerpo como del alma.
Donde más fácilmente puede llevarse a cabo es en una constelación en la que el sistema familiar entero está representado.
La integridad del sistema familiar justifica este acto. El movimiento de inclinarse no se completa hasta que la persona no
se enderece nuevamente y siga su camino. La inclinación auténtica permite que el amor fluya libremente.

Un ejemplo:
En un curso, una mujer refirió su relación difícil con su padre. Contó muchas cosas horribles que éste les había hecho a
ella y a su madre. Cuando la cliente iba a configurar la constelación de su familia, el terapeuta la preguntó si alguien en la
familia del padre había muerto tempranamente.
Ella respondió: - Sí. Tuvo siete hermanos y una hermana, que murieron en la guerra. Sus padres también fueron
asesinados. Él fue el único miembro de la familia que sobrevivió.

Al introducir en la constelación los representantes de los fallecidos, colocándolos en un semicírculo detrás del
representante de su padre, el peso de su suerte se hizo visible para todos. La mujer espontáneamen te rompió a llorar llena
de aflicción. Cubrió su cara con sus manos y bajó la cabeza hasta el pecho. Cuando su profundo sollozo empezó a
calmarse, el terapeuta dirigió la atención de la cliente al movimiento espontáneo de su cabeza y le sugirió que lo llevara a
término.

Ella dirigió su atención a su interior, intentando percibir el rumbo que el movimiento quería tomar. Se hincó de
rodillas, bajando la cabeza hasta que su frente tocaba el suelo entre las palmas de sus manos, que miraban hacia arriba.
Llorando permaneció en esta posición durante mucho tiempo. Después se levantó y sencillamente saludó a su familia, en
silencio y con dignidad.

En el grupo siguiente, cuatro meses más tarde, contó que, aunque ya había pasado los cuarenta, había quedado
embarazada inesperadamente.

De los seminarios:
Albert: Me va bien, el reconocimiento de los padres de mi madre me lleva al reconocimiento de mi madre, y me parece
como si hasta ahora hubiera ido con tres cilindros, y ahora me diera cuenta de que aún hay otros tres más.
Bert Hellinger: ¡Muy bien, una bella imagen! Así, el motor también va mucho más suave.
Rüdiger: Cada vez estoy más de acuerdo con que mis padres me hayan tenido a mí.
Bert Hellinger: Sí, mirándote así, tampoco lo hicieron tan mal. También encuentro muy importante la tercera parte: hay
la parte de la madre, hay la parte del padre, y hay algo nuevo, propio.
Stephen Lankton, un hipnoterapeuta americano, una vez hizo un buen ejercicio con un grupo. Cada uno tenía que
imaginarse que tuviera los peores padres que había, y pensar cómo actuaría. Después tenía que imaginarse que tuviera los
mejores padres que había, y cómo actuaría entonces.
Finalmente tenía que representarse a los padres tal como eran y como actuaban: ¡no había ninguna diferencia!
Hay dos imágenes fundamentales, de los padres hacia los hijos, y de los hijos hacia los padres. Si uno se imagina a sus
padres y los ve delante de sí, aún queda algún asunto pendiente con los padres. Quien, por lo contrario, ha tomado a sus
padres y tiene todos los asuntos aclarados con ellos, puede verlos detrás de sí. Si alguien aún tiene a los padres delante de
sí, el efecto es que no puede avanzar. Topa con los padres. Si los tiene detrás de sí, puede emprender el camino, todo está
libre. Entonces, si avanza, los padres permanecen allí, mirándolo con benevolencia.

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6. MANEJAR LOS MÉRITOS Y LAS PÉRDIDAS DE LOS PADRES


Además de aquello que son, los padres también tienen algo que han ganado como mérito, o que han sufrido como
pérdida. Es algo que les pertenece a ellos personalmente y no se refiere a los hijos, por ejemplo una culpa personal o una
implicación. En todo esto los hijos no tienen parte, los padres no pueden ni deben dárselo a sus hijos, ni los hijos deben
tomarlo de los padres, porque no les corresponde.
No deben tomar ni la culpa, ni sus consecuencias, ni una enfermedad, ni un destino, ni una obligación o una injusticia
sufrida, ni tampoco los méritos de los padres. Porque el anterior no lo tomó de otro anterior como don bueno, para pasarlo
a otros, posteriores, sino que forma parte de su destino personal y sigue bajo su responsabilidad. También forma parte de
su dignidad, y si él lo toma y otros se lo dejan, posee una fuerza y un bien especial. Este bien sí que puede pasarlo a otro,
posterior, sin el precio que pagó por ello. Ahora bien, si un posterior -aunque sea por amor- en lugar de un anterior toma
sobre sí un mal, entonces un pospuesto se inmiscuye en lo más personal de un antepuesto, quitándoles la dignidad y la
fuerza tanto a éste como al mal, y del bien queda, sin el beneficio, para ambos tan sólo el precio. Si un posterior, sin
realizar el esfuerzo ni sufrir la suerte correspondiente, toma los méritos y el derecho personal de un anterior, también tiene
consecuencias nefastas, ya que toma el derecho sin el precio.
Aquí pues, los hijos tienen que poner sus límites, lo cual también es una especie de respeto ante los padres.
Naturalmente, el hijo puede tener ciertas ventajas por los méritos de los padres; éstas, sin embargo, pertenecen al
ámbito de aquello que los padres dan a los hijos. Con aquello que reciben de los padres pueden hacer algo nuevo, ganando
así sus propios méritos.
Tampoco nadie tiene un derecho sobre una herencia. La herencia es un regalo a disposición de los padres. Se toma
como un regalo inmerecido, tal como los padres lo quieran. Incluso si un hijo lo recibe todo y sus hermanos no reciben
nada, nadie debe criticar a los padres. Como la herencia siempre es inmerecida, tampoco debe haber quejas si se recibe
menos. Los obsequiados, sin embargo, por propia iniciativa tienen que darles a sus hermanos la parte que les corresponde.
De esta manera hay paz en el sistema.

7. ACERCA DE ALGUNAS ETAPAS DEL CAMINO COMÚN


A. (NO) HACERSE COMO LOS PADRES
Las vidas de los padres actúan muy intensamente como modelos para los hijos.

Presentaré un ejemplo:
En Chicago una mujer vino a un grupo y nos comunicó que estaba tramitando el divorcio. Hasta entonces había estado
felizmente casada y tenía tres hijos. No se le podía hablar, estaba inaccesible y firmemente decidida a divorciarse. En la
siguiente sesión de grupo tuve la ocurrencia de preguntarle por su edad. Tenía treinta y cinco años, y le pregunté: - ¿Qué
pasó con tu madre cuando tenía treinta y cinco años?
Respondió: -Entonces mi madre perdió a mi padre.
El padre murió cuando intentó salvar a otros en un portaaviones.
Le dije: -Exacto, una chica respetable en vuestra familia pierde al marido a los treinta y cinco.

Aquí encontramos de nuevo el pensamiento mágico del hijo, que entiende el amor como un «hacerse como...» o un
«vivir como...». Más adelante, esto se encubre, pero sigue actuando en el alma. Los padres, por su parte, esperan y desean
que a sus hijos les vaya mejor. Por lo tanto, aquello que los padres desean está en contradicción con aquello que los hijos
se imaginan bajo el concepto de amor. Los niños no conocen límites en su amor, su experiencia de la vida, sin embargo, sí
que es limitada, por lo que la tentación de unirse a sus padres en el sufrimiento es sumamente poderosa. Si el sufrimiento
de los padres es compensado ciegamente por el sufrimiento de los hijos, éste pasa de persona en persona, de generación en
generación, sin llegar a ningún fin. Al trabajar con constelaciones familiares, frecuentemente se revelan patrones repetidos
de daño y de sufrimiento, atravesando generaciones en una misma familia. Incluso si se les rechaza a los padres, existe
una unión secreta. Secretamente se les imita, y uno mismo busca pasar lo que pasaron ellos. Si un hijo dice: «De ninguna
de las maneras quiero hacerme como vosotros», secretamente les sigue, y justamente por el rechazo se hace como los
padres. Del miedo de hacerse como los padres resulta que el hijo continuamente esté mirando a los padres. Aquello que no
quiero tiene que estar continuamente a la vista. Por lo tanto, no es de extrañar que gane influencia.
Es posible redimir al hijo de esta actitud mágica, acercándolo a aquello que los padres desean para el hijo - que sea
feliz y pueda llevar una vida plena. Supone una prueba de valor para un hijo ver que sus padres sufren y, no obstante,

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obedecer a un amor más grande, intentando sacar partido de su vida y cumpliendo los íntimos deseos de sus padres. Es
importante hacerle ver que, actuando así, su amor no pierde nada, sino que posiblemente sea ésta la manera de mostrarlo
aún más.

B. PUEDES HACERTE COMO TU PADRE / TU MADRE


En una familia, el hombre aporta conceptos de valor de su familia de origen, y la mujer, otros tantos de la suya,
siempre distintos. Ahora bien, si el padre se impone con su concepto de valores frente a los hijos -esto más bien se da
pocas veces; según mi experiencia, en la mayoría de los casos se impone la madre con su concepto de valores-, entonces
el hijo aparentemente sigue al padre, y secretamente, a la madre, o viceversa. El hijo aparentemente obedece a aquél que
gana, y secretamente a aquél que pierde. Esta es su compensación. Por lo tanto, no hay triunfo, y no tiene ningún sentido
perseguir la victoria. El hijo siempre sale a aquél de los padres que en su suerte fue el perdedor, por ejemplo en caso de
una separación.
Si un hijo no obedece, frecuentemente sigue a los conceptos de valores del otro cónyuge. Este desobedecer tan sólo es
otro tipo de obediencia y de lealtad. Si uno de los padres, de manera directa o indirecta, le comunica a un hijo: «No te
hagas como tu madre / tu padre», el hijo seguirá precisamente a esta madre o a este padre.

Un ejemplo a este respecto:


Una mujer había estado casada con un hombre considerado alcohólico, y se había divorciado de él. Tenían un hijo que
vivía con la madre, y ella tenía miedo de que el hijo se hiciera como el padre.
Yo le dije: -El hijo tiene el derecho de seguir a su padre, y tú tienes que decirle a tu hijo: «Puedes tomar todo lo que yo
te dé, y puedes tomar todo lo que tu padre te dé. Puedes hacerte como yo, y puedes hacerte como tu padre.»
La mujer preguntó: -¿Y si se convierte en alcohólico?
Le respondí: -Exacto, incluso entonces. Tú le dices: «Estoy de acuerdo si te haces como tu padre.» Esta es la prueba.
El efecto de un permiso así y del respeto ante el marido es que el chico puede tomar a su padre, sin tener que tomar
también aquello que hace difícil la vida de éste. Si la madre dice: «¡Sobre todo, no te hagas como tu padre!», el hijo se
hará como él. No puede evitarlo.

C. REGLAS PARA UNA EDUCACIÓN LOGRADA


En el caso de problemas educacionales, la solución está en que los padres se pongan de acuerdo sobre un sistema de
valores en el que también se guarden los distintos valores de ambas familias de origen. Así, se llega a un sistema superior
y, de alguna manera, cada uno tiene que abandonar el suyo. Cada uno se hace culpable frente a su familia de origen, lo
cual es lo difícil. La idea que lo de uno mismo sea correcto y lo otro equivocado, más bien es un estorbo. Si los padres se
ponen de acuerdo, aparecen unidos ante los hijos. En un caso así, los hijos se sienten más seguros, y de buena gana siguen
al sistema de valores encontrado conjuntamente.

Un ejemplo:
Un hombre y una mujer preguntaron a un profesor qué debían hacer con su hija, ya que últimamente la mujer se veía
cada vez más obligada a ponerle límites, y no se sentía lo suficientemente apoyada por su marido.

En primer lugar, el profesor les explicó en tres frases las reglas para una educación lograda:
1. En la educación de sus hijos, el padre y la madre, de maneras distintas, consideran correcto aquello que en sus
propias familias era importante o faltaba.
2. El hijo sigue y reconoce aquello que a ambos padres les es importante o les falta.
3. Si uno de los padres se impone frente al otro en la educación, el hijo se alía con aquél que pierde.

Como siguiente paso, el profesor les propuso que se permitieran percibir dónde y cómo los amaba su hija. Se miraron a
los ojos, y sus caras se iluminaron.
Por último, el profesor aún le recomendó al padre que, de vez en cuando, hiciera sentir a su hija cuánto se alegraba si
ella era buena con su madre.

D. DESPRENDERSE DE LOS PADRES Y REALIZAR LO PROPIO

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Si un hijo reclama ante los padres: «Lo que me disteis, primeramente fue demasiado poco; segundo, fue lo equivocado;
y aún me debéis un montón», entonces el hijo no puede tomar de sus padres, ni tampoco separarse de ellos. De lo
contrario, su reclamación ya no sería válida, y el tomar la haría desmerecer. Esta reivindicación le ata a los padres, pero no
recibe nada. De esta manera está íntimamente unido con los padres, pero de modo que ni él tiene a los padres, ni ellos
tampoco tienen al hijo.
El tomar, por lo tanto, tiene el efecto curioso de separar. Tomar significa: «Tomo lo que me diste; es un montón y
basta; el resto lo hago yo mismo, y ahora os dejo en paz.» Es decir, tomo lo que recibí, y aunque después deje a los padres,
yo tengo a mis padres y mis padres me tienen a mí.
Cada uno tiene también algo propio que le es asignado exclusivamente a él, algo que tiene que tomar y desarrollar
independientemente de los padres. No es nada contra los padres, sino algo que aún se añade a lo recibido.
Una vez vino aquí un médico de unos cuarenta años, casado desde hacía mucho tiempo, y preguntó: - ¿Qué debo
hacer?, mis padres se meten en todo -.
Yo le dije: -Sí, tus padres tienen el derecho de meterse en todo, y tú tienes el derecho de hacer lo que a ti te parezca.

E. LA BÚSQUEDA DE AUTORREALIZACIÓN Y DE ILUMINACIÓN


Un hijo que se niega a tomar a sus padres se siente incompleto y no está en paz consigo mismo. Busca compensar esta
falta, y muchas veces la búsqueda de autorrealización y de iluminación no es más que la búsqueda del padre o de la madre
aún no tomados. También una llamada crisis de los cuarenta muchas veces se acaba si se logra tomar aquello que viene del
padre o de la madre, rechazados hasta entonces.

F. CUIDAR A LOS PADRES MAYORES


Los hijos se sienten muy aliviados si los padres les demuestran que también toman algo de ellos. Eso no suprime la
importancia fundamental de tomar a los padres. Tampoco el tomar que hace posible la despedida no dispensa al hijo de la
obligación de dar, por ejemplo de pasar lo recibido a otros.
Sobre todo no dispensa al hijo de cuidar a sus padres cuando éstos estén necesitados o sean mayores. Esto último es
algo muy importante para ¡a despedida: los padres pueden dejar que el hijo se vaya, si están seguros que éste se ocupará
de ellos cuando lo necesiten.
Muchos temen que les aguarde eso cuando los padres sean mayores. El motivo es que los hijos se imaginan que
tendrán que cuidar a sus padres tal como éstos lo exijan. En un caso así, con razón se preocupan. Tienen que decirles a los
padres: «Os cuidaremos de la manera más conveniente.» Es algo totalmente diferente, pero lo que realmente conviene
puede ser diferente de lo que tanto los padres como los hijos se imaginan en un principio. Una vez tomada la decisión de
hacerlo así, los hijos se sienten bien y libres.
La dinámica que se halla detrás es la siguiente: el hijo no puede percibir a sus padres tal como son. En cuanto un hijo
ve a sus padres, con determinadas excepciones se siente como un niño de cinco a siete años, independientemente de la
edad que tenga. Los padres, por otra parte, siempre ven a sus hijos como niños de cinco a siete años, y sienten de manera
correspondiente. La única excepción que conocí fue una psiquiatra de Hamburgo, una mujer simpática, que decía:
-Yo y mi hija nos encontramos a un mismo nivel.
Mientras tomábamos café, siempre hablaba de «mi mosquito», hasta que uno le preguntó a quién se refería. Y ella dijo:
-A mi hija.
Es la única excepción que he encontrado.
Es decir, el hijo que se ve confrontado con la madre o el padre mayores, necesita realizar un gran esfuerzo para hacerse
valer y para no reaccionar como un niño, sino como persona adulta que hace lo que sea lo más conveniente. Para eso hace
falta un cambio de conciencia. Lo propicio en la mayoría de los casos también es factible.

Un ejemplo:
Hace poco, estuvo aquí una mujer que era asesora fiscal y tenía dos oficinas grandes, una en Hamburgo y otra en
Frankfurt. Al estar aquí, dijo que tenía que llamar a su madre. Su madre, que estaba en un hospital de Frankfurt, quería a
toda costa que se ocupara de ella. La mujer, sin embargo, decía que no podía, ya que estaba tan atareada con sus negocios.
Yo le dije: - Esto tiene prioridad, primero viene la madre, y tú te ocupas de ella, y después te dedicas a tus negocios.
Ella se resistía, y le dije: - Deja primero que esto llegue a tu interior. Tiene prioridad. Y tú sabes muy bien que es
importante.

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Ella dejó que las palabras actuaran en su interior y, como pasa tantas veces cuando una persona está dispuesta a hacer
lo que realmente conviene, la solución fue inesperada. Al día siguiente, alguien llamó desde Frankfurt diciendo que una
enfermera geriátrica muy competente estaba buscando trabajo; era algo cara, pero muy competente. Dinero no le faltaba a
la mujer. Ésta fue la solución.

8. TEMAS Y ÁMBITOS ESPECIALES EN LA RELACIÓN ENTRE PADRE E HIJOS


A. SILENCIAR EL ORIGEN DE LOS HIJOS
Josef: Me da mucho que pensar que algunos padres silencien el hecho de que un hijo sea ilegítimo o sustituido. No
entiendo el motivo.
Bert Hellinger: Existe una tendencia social a desprestigiar estos hechos, y una reserva para hablar de ellos. Si
simplemente miramos estos asuntos, como lo hacemos aquí, nos damos cuenta de que para todos los implicados las cosas
están bien tal como están. Muchas veces, de los pecados resulta algo bueno, y eso, para los moralistas, es fatal. Tales cosas
no pueden decirse ante una persona que desprecia y mira si algo está mal. Así, también es bueno y conveniente tener un
poco de compasión con esos padres.

B. EL ILEGÍTIMO QUE NO CONOCÍA A SUS HERMANOS


Thomas: Soy hijo ilegítimo, y me crie con mi madre. Hace cinco años, fui a ver a mi padre. Esta parte la conozco
ahora. Sin embargo, no conozco a los hijos de mi padre, y él no se atreve a decirles que yo existo.
Bert Hellinger: Hace un mes, tuve un curso. En ese curso había una mujer que vivía en la misma situación. Es
ilegítima. El padre está casado y tiene, además, dos hijos varones. Ese padre tampoco se atrevía a presentar esa hija a sus
hijos.
Yo le dije que fuera a ver a los hijos y que se presentara como hermana, tal cual. Más adelante me llamó y me contó lo
siguiente: fue a una fiesta, y cerca de ella se encontraba el padre y también estaban los hermanastros. De repente, al final
de la fiesta, no quedaba nadie más que su padre, los hermanos y ella, y de pronto pudieron hablar. (A Thomas) Yo los iría
a ver. El peligro, sin embargo, está en que entonces pierdas tu profesión de pastor.
Thomas: ¿Por qué?
Bert Hellinger: Una motivación frecuente para la búsqueda de Dios es que uno no tenga padre y lo busque y, al
encontrarlo, su búsqueda de Dios se acaba. Ya empieza con Jesús, que tampoco tuvo padre, al menos ninguno del que
sepamos nada.

EL CAMINO
Al padre anciano llegó el hijo, pidiendo:
«Padre, ¡bendíceme antes de que te vayas!»
El padre dijo: «Sea mi bendición
que te acompañe un primer trecho
en el camino del saber.»

La mañana siguiente, salieron al aire libre,


y de la estrechez de su valle subieron
a una montaña.
El día ya se iba encogiendo cuando llegaron a la cima,
pero ahora hacia todas partes se extendía la tierra,
hasta el horizonte
a la luz.

El sol se puso,
y con él se desvaneció
la deslumbrante suntuosidad;
se hizo de noche.
En la oscuridad, empero, destellaban
las estrellas.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Una vez participó aquí un hombre que dijo: - Nuestro primer hijo nació de nuestras relaciones prematrimoniales, y ahora
comienza a hacer cálculos...-, y preguntó qué debía decirle, si el hijo empezaba a hacer preguntas. Le dije que respondiera:
«No aguantamos más.» Entonces se río. Sí, eso es honrado.

C. ¿CON QUIÉN VAN LOS HIJOS DESPUÉS DEL DIVORCIO?


La pregunta de dónde deben ir los hijos después del divorcio es muy fácil de solucionar: los hijos tienen que ir con
aquél de los padres que en los hijos respete más a la otra parte (al padre o a la madre). En la mayoría de los casos es más
el padre quien respeta a la madre en los hijos, que no la mujer al hombre. Es una experiencia mía (H. sonríe), pero la
mujer puede merecerse el tener a los hijos... aprendiendo a valorar las cualidades de su ex marido en ellos. De lo
contrario, los daña, queriendo y valorando tan sólo una mitad de ellos.

Klaus: ¿En qué se nota cuál de los padres respeta más al otro en los hijos?
Bert Hellinger: Lo ves en seguida, y también ellos mismos lo saben en seguida. Si haces la pregunta, sólo tienes que
mirar a los padres, y en seguida sabes quién es.
Klaus: ¿Pero podría ser igual alguna vez?
Bert Hellinger: ¡Con esta pregunta te opones! Si es igual, no hay divorcio.
Ludwig: ¿Son equivalentes las dos frases: «Debe tener los hijos aquél que más respete al otro cónyuge en los hijos» y
«El que abandona la relación no debería recibir a los hijos de premio»?
Bert Hellinger: De esta forma tan extrema no quisiera firmarlo. Pero muchas veces se pasan los límites, cuando uno
engaña al otro y después encima le quita los hijos. Por regla general, es también aquél que no respeta al otro. Sin embargo,
son diferentes puntos de vista, y hay un montón de excepciones. Por lo tanto, es importante fijarse detenidamente; esa
gran diversidad no puede resumirse en dos frases.
Los padres también deciden con quién van los hijos, y si ellos se vuelven a casar. Si por ejemplo un hombre, que está
divorciado y tiene los hijos consigo, quiere volver a casarse y pregunta a los hijos si debe hacerlo, el caso es grave. No es,
en absoluto, asunto de los hijos. Él lo hace, y los hijos tienen que aceptarlo. En un asunto así, no se les debe preguntar a
los hijos. Pero tampoco tienen la obligación de querer a las posteriores parejas de los padres.
Petra: Pero los tribunales sí que lo preguntan. Bert Hellinger: Lo sé, pero no importa. Yo aquí hablo de psicología. Si
los padres arreglan el asunto entre ellos, a los hijos se les ahorra el tener que decidirse entre los padres.
Muchas veces existe también la idea de que si la custodia de los hijos se adjudica a uno, éste los tiene y, al mismo
tiempo, se los quita al otro. No puede hacerlo. Esa madre o ese padre sólo tiene a los hijos viviendo en su casa. Pero no
puede quitárselos al otro. Los hijos siempre son de ambos padres, y hay que negociar de manera que los hijos sepan que
ambos padres seguirán siendo padres para ellos, aunque ya no sean pareja.

D. LA ADOPCIÓN HONROSA Y LA PELIGROSA


Si un niño no puede ser criado por sus padres y necesita de otros padres, la primera búsqueda debe dirigirse hacia los
abuelos. Es lo más inmediato. Si éstos acogen al niño, está en buenas manos. En un caso así, también es más sencilla la
vuelta a los padres si la situación cambia. Si los abuelos no pueden, o ya no están, se busca entre los tíos. Éstos son los
siguientes. Sólo si no se encuentra a nadie de la familia, pueden buscarse unos padres adoptivos o de acogida. Entonces
realmente se convierte en una tarea que vale la pena. En un caso así, los padres que acogen al niño pueden estar seguros
de ocupar el lugar correcto: suplen a los padres para el niño, ayudando a llevar a cabo lo que aquéllos no pudieron realizar.
Cumplen una función importante, pero como representantes ocupan el segundo lugar. Primero vienen los padres
verdaderos, como quiera que sean e independientemente de lo que hayan hecho. Si se guarda este orden, el hijo adoptivo
puede respetar a los padres adoptivos y tomar lo que de ellos recibe.
De mi trabajo con familias sé que el factor decisivo es la actitud de los padres adoptivos. Si realmente actúan con las
mejores intenciones para el niño, la adopción tiene buenas posibilidades de salir bien. Muchas veces, sin embargo, los
padres adoptivos primeramente no tienen en cuenta los intereses del niño, sino más bien los suyos propios. En la mayoría
de los casos se trata de parejas que no pueden tener hijos y se rebelan contra las limitaciones que la naturaleza misma les
impone. Implícitamente le piden al niño que les proteja de su desilusión. En un caso así, quedan trastornados tanto la
orientación fundamental del dar y del tomar como el orden de sus relaciones, aún antes de iniciarse éstas.
Si una pareja adopta a un niño por ellos mismos y no por el bienestar del niño, de hecho quitan un hijo a sus padres
naturales para satisfacer sus propias necesidades. Es el equivalente sistémico del rapto de un niño, por lo que tiene
consecuencias serias en un sistema familiar. Frecuentemente se sacrifica algo equivalente en expiación: o un hijo propio, o
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la relación con la pareja. En familias con las que pude trabajar, las consecuencias de adopciones por razones impropias
abarcaban desde el divorcio y la enfermedad hasta el aborto voluntario e incluso la muerte. En su forma más destructiva,
la dinámica se expresaba en la enfermedad o el suicidio de uno de los hijos carnales de la pareja.
En cuanto los padres adoptivos pretenden ocupar el lugar de los padres carnales, considerándose los padres mejores, el
hijo muchas veces se muestra solidario con los padres menospreciados, enfadándose con los padres adoptivos. Si unos
padres, sin necesidad, dan a un hijo para la adopción, el hijo se enfada con sus padres, y con razón. Estos sentimientos
negativos los reciben los padres adoptivos si se ponen en el lugar de los padres verdaderos. Si, en cambio, no se
consideran más que representantes, esos sentimientos se dirigen hacia los padres, y el sentimiento bueno va a los padres
adoptivos. Es decir, también para los padres adoptivos es un gran alivio.

Un ejemplo:
En el caso de un participante de un grupo, que vivía separado de su mujer, se trataba del lugar de un hijo acogido. En la
configuración, el hijo se encontraba entre los padres de acogida.
Entonces pregunté: - ¿Quién quiso la adopción?
Él dijo: -En el fondo, mi mujer.
Yo: -Sí, por eso sacrificó al marido.
Al chico, que se encontraba en medio, empezaban a flaquearle las piernas. Dijo que quería arrodillarse, y le dije:
-Hazlo.
Así, se arrodilló, y detrás de él se encontraba su madre carnal.
Le dije: -Ahora vuélvete hacia tu madre.
Ésta se acercó a él, y ésta ya fue la solución. Después junté a los padres acogedores de manera que, desde atrás,
miraban cómo el hijo estaba arrodillado ante su madre, y nuevamente formaban una pareja.

Siempre que se adopta un niño, son importantes las distinciones claras al momento de elegir palabras, es decir, que un
hijo adoptado llame a sus padres carnales de otra manera que a sus padres adoptivos; por ejemplo, «padre y madre» y
«papá y mamá». Tampoco los padres adoptivos deben decir «mi hijo» o «mi hija», sino más bien: «Éste es el niño del que
nos ocupamos y para el que representamos a los padres». También es mejor que el hijo conserve sus apellidos originales.
De esta manera queda claro desde un principio que es adoptado. Aquí, sin embargo, no hay solución terminante y general.
La clave está en que los padres adoptivos guarden un profundo respeto ante los padres carnales y que muestren claramente
este respeto ante los hijos.
Birgit: ¿Y qué pasa si los hijos quieren llamarse como los padres adoptivos o como el padrastro?
Bert Hellinger: Yo no dejaría que tales deseos me desconcertaran. Los hijos notan lo que los padres adoptivos desean.
Los padres adoptivos tienen que mirar muy atentamente y ver lo que es bueno para el hijo; así, también éste lo deseará. En
el caso de un padrastro ocurre lo siguiente: si la madre valora al primer marido, no hay ningún problema, y de la misma
manera ocurre con una madrastra.
Inge: Si uno de los cónyuges aporta un hijo a la familia, des bueno para el nuevo padre o la nueva madre que lo adopte,
¿o no?
Bert Hellinger: No, es fatal, porque en un caso así tiene que renegar de su padre o de su madre. Yo, por principio, lo
desaconsejo.

Un ejemplo:
Hace un tiempo, desde Basilea me llamó una mujer, toda desesperada. Su padre adoptivo se estaba muriendo, y ellos
estaban reñidos. Contó que su madre se había divorciado y, más adelante, se había casado con otro hombre. Éste la había
adoptado. Yo le dije que ella por su parte podía anular la adopción. Se quedó perpleja por un momento, me dio las gracias
y colgó el teléfono. Más tarde me llamó: lo había hecho. La situación había cambiado de golpe, y había podido acompañar
a su padrastro en su agonía. Éste había fallecido y ella se sentía bien ahora.
Estaba muy claro: había arreglado algo y encontrado de nuevo su propio lugar. Es muy grave para un hijo tener que
renegar de sus padres.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Josef: En un accidente de tráfico murieron los padres y los abuelos de dos niños, y los tíos sólo están dispuestos a
acoger a un niño respectivamente. En un caso así, des más importante que los niños se queden en la familia, aunque sea
separados, o que los dos juntos estén en una familia de acogida?
Bert Hellinger: Es difícil de decir. Ahora bien, si tan sólo están dispuestos a acoger a un niño respectivamente, más
bien tengo la impresión de que no se ocupan bien del niño. Si no, estarían dispuestos a acogerlos juntos. Ésta es mi
impresión: que estarán mejor en la familia que los acoge, en la que pueden vivir juntos como hermanos.
Aún he podido observar otra cosa más: un hijo que fue acogido o adoptado tiene el impulso de acoger a otros niños y
de cuidarlos. Éstos están en buenas manos ahí. En recompensa, pasan a otros lo que ellos mismos recibieron, y muchas
veces saben hacerlo muy bien. Es una dinámica buena, y no egoísta.

¡Mira a los hijos!


Thomas aporta un caso:
Un matrimonio que no podía tener hijos fue varias veces a Colombia para traerse un niño, pagando un fortunón. Nada
más tenerlo, el marido se volvió loco. Es arquitecto y se pasó tres meses en un sanatorio. En cuanto salió de ahí, fueron a
buscar a otro niño. Para mí es horrible lo que pasa ahí.
Bert Hellinger: Bueno, quién sabe. Mira a los hijos y dite: «Éstos ya saldrán adelante.»
Thomas: Pero aún tengo otra pregunta: unos amigos míos...
Bert Hellinger (interrumpiendo): ¡No, no, no! ¿Qué te dije?
Thomas: Los hijos ya saldrán adelante.
Bert Hellinger: Aún dije otra cosa antes. (Pausa) Que miraras a los hijos. ¿Ya quién miras?
Thomas: Sí, es cierto, a los padres.
Bert Hellinger: Éstos no se merecen nada mejor, ellos saben lo que hacen. Es curioso, las cosas que hay.
Hace muchos, muchos años, creo que ya serán unos dieciocho, di un curso, en el que participó un tal Peter. Cuando
éste tenía dos años, su madre sufrió un ataque esquizofrénico, y lo estampó contra la pared. En ese momento llegó el
padre, que inmediatamente llevó a la mujer y al niño al médico. Al hijo no le había pasado gran cosa. Probablemente sus
huesos aún eran lo suficientemente flexibles. Después, los padres desaparecieron en la consulta con el médico. El niño
estaba sólo, echado en la sala de espera. De repente se abrió la puerta, y el médico se asomó, lo miró, y él nunca más
olvidó esa mirada. Su mirada llevaba: «Tú ya saldrás adelante.» Esa fue el ancla a la que se agarró toda su vida. ¿Ves?, ese
médico lo hizo bien, miró al niño.

El pobre sobrino y la oportunidad buena


Martha: Mi sobrino, el hijo de mi hermano, fue adoptado por su padrastro. Recibió el nombre del padrastro, y la nueva
familia rompió por completo el contacto con mi hermano y con nuestra familia. Mi pregunta es si yo podría hacer algo por
el chico.
Bert Hellinger: Si estás pensando lo que puedes hacer por él, significa que en tu corazón hay amor para él. Si dejas que
este sentimiento actúe, reteniéndote al mismo tiempo, sin hacer nada, esperando hasta que se dé una buena oportunidad,
entonces esto, ya ahora, tiene un efecto positivo para tu sobrino. Pero pueden pasar años hasta que pueda hacerse lo que
realmente convenga.

La ventaja de las aldeas infantiles SOS


El año pasado di un curso para madres de aldeas infantiles SOS, que fue un gran placer para mí. ¡Estaban tan atentas!
Entre ellas, la idea era la siguiente: lo mejor para un niño es la familia propia, lo segundo, la familia adoptiva, y como
última sustitución está la aldea infantil SOS.
Yo les dije: -No. Primero viene la familia verdadera, después la aldea infantil SOS, y en último lugar viene la familia
adoptiva.
Las implicaciones que muchas veces vemos en familias adoptivas no existen en las aldeas infantiles SOS. Las madres
de las aldeas infantiles SOS no pretenden ser las madres verdaderas. Todo el mundo sabe que solamente es una madre de

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una aldea infantil SOS. Esos niños saben afrontar la vida, y ellos mismos también tienen que hacer un montón para
conseguirlo.
Karl: Lo que encuentro difícil es que en algunas aldeas infantiles no esté permitido hablar de las familias de origen de
los niños.
Bert Hellinger: No, yo lo encuentro bueno. Si no, no pueden convertirse en familia. Es decir, no hablarlo en la familia,
pero con cada niño en particular sí hablar de sus padres y de su familia de origen.
Karl: No quería decir que había que hablarlo en las familias substitutivas, sino que el niño en general pudiera saber
algo de su origen, y también que tuviera la posibilidad y el derecho de estar unido a su propio origen.
Bert Hellinger: Sí, sería grave si no pudiera hacerlo, pero en la aldea infantil que yo conozco no era así. Ahí aún tuve
otra experiencia bonita. Una madre de la aldea infantil contó que una niña había sido visitada por su madre. La niña tenía
unos diez o doce años y la madre quería recuperar el contacto con ella, por lo que la invitó para el fin de semana. La
madre de la aldea infantil se sentía desbancada. Entonces configuramos la situación: La madre carnal, la madre de la aldea
infantil, y la niña. Era desgarrador ver cómo la niña iba de un lado para otro, para encontrar su lugar. Finalmente se puso
un poco más cerca de la madre de la aldea infantil, y eso fue justo lo que correspondía. Con ese ejemplo, las madres de las
aldeas infantiles pudieron experimentar de lleno su dignidad y su importancia.
... ¡como el ladrón a sus reales!
Un ejemplo detallado de un caso
Gerhard participó en un seminario de seis días. Está casado, y como él y su mujer no tuvieron hijos, acogieron a un
niño de diez meses, que pronto quieren adoptar.
Acompañamos a Gerhard a través de esta semana:

Al segundo día
Gerhard: Me preocupan mis padres. Han venido para cuidar a mi hijo pequeño. Por una parte, lo encuentro estupendo,
y también pienso que mi relación con mis padres en general está en orden, pero al mismo tiempo noto que estoy irritado.
Pienso que tendrá que ver con que yo quisiera que ellos reconocieran que lo estoy haciendo bien.
Bert Hellinger: ¡No, no, no! Es justo al revés. Tú te niegas a reconocer que ellos voluntariamente hacen algo grande
para ti, sin que estén obligados a hacerlo. Si lo reconoces, estás en paz. No son los padres los que tienen que reconocer a
los hijos, sino al revés.

El cuarto día, por la mañana


Gerhard: Me siento muy raro, mal, nervioso y triste. Esta mañana aún pensé: 'Todavía hay otro hombre que aún es más
importante que tú', es decir mi padre. Porque mis padres vinieron conmigo para cuidar al niño.
Bert Hellinger: Sí, yo me siento como su pequeño representante. Así me siento, y así también me comporto. ¿De
acuerdo, Gerhard?
Gerhard: Sí, y me gustaría hacer la constelación de mi familia.
Bert Hellinger: Sí, hoy lo hago, seguro. Pero primero quiero seguir con la ronda, si no, se haría demasiado largo ahora.

Más tarde, al cuarto día


Constelación del sistema actual de Gerhard (fig. 1): En un principio, Gerhard sólo quiere ponerse a sí mismo, a su mu-
jer y al niño previsto para la adopción. Bert Hellinger, sin embargo, le pide que elija también representantes para los
padres carnales del niño y para los cuatro abuelos del mismo.

Figura 1. Constelación del sistema actual de Gerhard.

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Abreviaciones:
Mar marido, Gerhard PP padre del padre
Muj mujer de Gerhard MP madre del padre
N niño, 10 meses de edad PM padre de la madre
P padre del niño MM madre de la madre
M madre del niño

Sabemos entonces que la madre del niño es una mujer de 21 años, que quedó embarazada durante el bachillerato y que
mantuvo en secreto este embarazo. Sus padres no supieron nada del nacimiento del niño. Cuatro semanas antes de dar a
luz, acudió a una asistente social que, por su parte, conocía a Gerhard y a su mujer. Gerhard y su mujer conocen al niño
desde que nació, y poco después lo acogieron. El padre del niño es un italiano, que ante la oficina de asistencia social
reconoció la paternidad sobre el niño. Sus padres viven cerca. Muchas veces, Gerhard da justificaciones. Así, por ejemplo,
comenta que su mujer conoce al médico que asistió al parto del niño, y que éste decía que conocía a la familia de la madre
y que podía entender muy bien que no les hubiera contado nada a sus padres.
Al recibir la información sobre los abuelos, Bert Hellinger dice: Pues... esta adopción está abocada al fracaso.
Bert Hellinger (Al estar configurada la constelación; a la madre del niño): ¿Cómo te va?
Madre del niño (titubeando): No puedo entenderlo. Me es absolutamente incomprensible por qué ya no está el niño.
Bert Hellinger: ¿Quién estaba interesado en que el niño fuera dado para la adopción?
Gerhard: Ella misma. Muy poco antes de dar a luz fue a la asistente social. Mi impresión fue que simplemente no
sabía qué hacer.
Padre del niño: Bueno, yo me siento fuertemente integrado en la familia; no siento mucho hacia esta parte (madre
carnal), pero mucho hacia el hijo.
Abuelo paterno: Yo tengo contacto con mi mujer y con mi hijo, lo otro es bastante insignificante.
Abuela paterna: Yo también tengo contacto con mi marido y con mi hijo, y por lo demás, no mucho.
Abuelo materno: Me siento bastante poderoso, también con ella (su mujer). Siento una especie de derecho aquí (indica
hacia adelante, al niño), no sobre ella (hija), sino atravesando a ella, sobre el niño.
Abuela materna: A mí también me pasa eso (hacia el marido), aquí me siento totalmente subordinada, pero también
perteneciente. Al niño lo tengo claramente a la vista, la hija no es tan importante, el niño es mucho más importante.
Madre del niño: Esto coincide con mi percepción. Hay una relación que me atraviesa y va directamente al niño.
Bert Hellinger: (coloca al niño delante de sus padres, fig. 2)

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Figura 2

Bert Hellinger (al niño): ¿Cómo te va a ti?


Niño: Me encuentro muy bien aquí (delante de los padres). Al principio era peor (delante de los padres acogedores). Al
principio tenía la sensación de que me miraban como si hubiera cometido algo.
Mujer de Gerhard: Aquí delante tengo calor, y pienso que tendría que dar un paso hacia atrás. Veo a los demás, y eso
está bien. Aquí (hacia el marido) no ocurre nada.
Representante de Gerhard: Por una parte, mucha tristeza al mirar a este niño, y después tengo la sensación de que el
niño me impide llegar a mi mujer.
Bert Hellinger (a Gerhard): Éste (el niño) está parentificado. Tú esperas algo del niño. Este deseo, en realidad, debería
dirigirse a otra parte, quizás a tus padres. El niño es utilizado, y eso es sumamente perjudicial, para el niño y para vuestra
relación. Aquí es donde pertenece (la madre del niño ríe aliviada; al abuelo paterno): ¿Qué, Benno? Estás todo
emocionado.
Abuelo paterno: Realmente, es así. Es absolutamente imposible sacar al niño de aquí, de un clan tan fuerte.
Abuela materna: Esto ahora también me tranquiliza a mí. Bert Hellinger: Cada uno de éstos sabe hacerlo mejor que
vosotros dos. - De acuerdo, ya hemos hecho la constelación de esto. Aquí hay un problema. Y ahora depende de ti lo que
hagas con esto. Y más adelante haremos la constelación de tu sistema de origen, ¿de acuerdo, Gerhard?
(Después de haberse sentado los participantes) Bert Hellinger: ¿Hay algo que añadir a la constelación de Gerhard?
Birgit: Generalmente, ¿cómo es lo de las adopciones? ¿Pueden ir bien?
Bert Hellinger: Sí, naturalmente, siempre que sea necesario. Si los padres faltan, si están muertos, por ejemplo, o por
otras razones es imposible. En un caso así, es muy bueno, una gran misión, y una alta dignidad. Sin embargo, donde los
padres adoptivos pretenden, para así decirlo, colarse como padres mejores, aunque los padres existan y aunque exista todo
el clan, ahí no funciona. Si acaso, primeramente entran en consideración los abuelos.
Gerhard: Pero si nunca hemos visto a esas personas. Bert Hellinger: De eso se trata precisamente. Tenéis que
presentarles al niño alguna vez; sí, tenéis que ir allá y presentarles al niño. Gerhard: Bueno, pero los padres decidieron
ocultarlo. Bert Hellinger: No pueden decidirlo, ni siquiera según la ley alemana. Un niño primeramente tiene el derecho
de saber quiénes son los padres y quiénes los abuelos. Y tiene un derecho de conocerlos. Además, fue una bella imagen
para el Numero Sagrado, siete: un niño, dos padres, y cuatro abuelos, ahí se percibía toda la fuerza. Es el número de la
plenitud: siete. Hay que referirlo a lo simple. ¿Tienes alguna pregunta más, Gerhard?
Gerhard: Naturalmente tengo claro que el niño tiene el derecho de conocer a sus padres, y pienso que las cosas
también se desarrollarán así, que el niño más adelante sabrá quiénes son sus padres, para poder entrar en contacto con
ellos cuando lo desee.
Bert Hellinger: Gerhard, realmente eres un hombre inteligente y muy sensible en todos los aspectos. Aquí estás
involucrado y no te das cuenta, y por eso no eres capaz de actuar aquí. Tan sólo tu expresión «mi hijo» demuestra que
estás totalmente fuera de la realidad. Lo dijiste muy en serio. Esto es una implicación. No estás claro en este asunto y son
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otras las fuerzas que actúan aquí. Con esto sólo quiero decirte que aquí tu saber no te vale para nada. La solución se
encuentra a otro nivel.
Sarah hace una pregunta sobre comentarios después de constelaciones, y de si también pueden ser un estorbo.
Bert Hellinger: En cuanto se da un paso más allá de lo necesario, lo conseguido se cuestiona. En cuanto le digo a
alguien más de lo que para él sería necesario, lo conseguido se cuestiona. Es una intervención muy peligrosa,
especialmente si comunico mis asociaciones de manera desordenada, diciendo por ejemplo: «Aún se me ocurre...». En un
caso así, aquella persona tiene que hacerme caso a mí, en vez de quedarse consigo mismo. Es decir, le quito la energía que
él acaba de recoger, y me la quedo yo. Es una especie de robo emocional. Pero también hay informaciones importantes
después de las constelaciones, que provienen de la vivencia personal y ayudan. Éstas, sin embargo, no contienen ninguna
interpretación.

Un ejemplo:
Un niño va al jardín, se maravilla de todo lo que crece, y escucha a un pájaro en los arbustos. En ese momento llega la
madre diciendo: - ¡Qué bonito! -Ahora, el niño, en vez de maravillarse y ser todo oídos, tiene que escuchar palabras, y la
relación con aquello que es se sustituye por opiniones. La percepción inmediata queda perturbada por los comentarios.
Las consecuencias son fatales.
La regla es bien simple: Si a uno se le ocurre algo, se mira a la persona y se examina: ¿Es un regalo si se lo digo?
¿Fortalece y nutre, o estorba? Conforme a esto puedo actuar. Es decir, no hay ninguna regla fija, sino que cada uno tiene
que actuar de manera responsable y de acuerdo con su percepción.

Gerhard se quedó algo afectado después. En este caso, no puedes acercarte a él, ni tampoco tocarlo; si no, tendría que
entrar en relación con otra persona. Es algo diferente si realmente necesita ayuda.

El cuarto día, por la tarde


Configuración del sistema de origen de Gerhard. Al sistema de origen propiamente dicho pertenecen los padres de
Gerhard, un hermano, cinco años mayor, y él mismo.

Figura 3. Constelación inicial de la familia de origen de Gerhard.

Abreviaciones:
P padre 1 primer hijo
M madre 2 segundo hijo, Gerhard

Una vez configurada la primera constelación:


Padre: Percibo una relación fuerte con mi hijo mayor, más débil con Gerhard, y casi nula con mi mujer. Es así.
Madre: Me siento algo desconectada, porque tengo poca relación con mi marido, más relación con mi hijo mayor, y no
suficiente con mi hijo menor.

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Hermano: Donde mejor me encuentro es con mi madre. Con el padre tengo una relación fuerte, pero casi demasiado
fuerte, y el hermano desaparece casi del todo.
Representante de Gerhard: Mucho anhelo de llegar ahí, a la madre.
Bert Hellinger coloca a la madre a la izquierda del padre (fig. 4)

Figura 4

Bert Hellinger: ¿Qué ha cambiado?


Hermano: Para mí es mejor así, pero quisiera apartarme algo más.
Bert Hellinger: Sí, hazlo. (El hermano da un paso hacia atrás.)
Representante de Gerhard: Yo también hubiera podido irme ahora, había tristeza. Estos dos (los padres) se han
encontrado, ¿pero dónde está mi lugar? (se inclina hacia fuera). Me caigo hacia la izquierda (hacia el hermano; pero ahí
tampoco se encuentra bien).
Bert Hellinger: Si pasa esto en una constelación, se supone que existe un problema no solucionado en la familia del
padre o de la madre.
Gerhard: La madre de mi madre murió muy pronto, cuando mi madre tenía siete años. Hubo una epidemia.
Bert Hellinger (cambia la posición de los padres, y coloca a la abuela materna entre la madre y Gerhard; la madre
quiere tenerla muy cerca, detrás de sí): ¿Qué ha cambiado?
Representante de Gerhard: Sí, ahora puedo dejarla muy bien así, pero quisiera cambiar de lugar con mi hermano.
Padre: De repente noto una relación con Gerhard.
Bert Hellinger (coloca a los hijos frente a los padres, y a la abuela materna entre Gerhard y la madre, fig. 5): Ahora
Gerhard ya no se sale. Existe una identificación con la madre de tu madre, éste es el motivo por el que te ocupas de niños.
Con el niño acogido juegas aquello que la abuela quería hacer con tu madre. (A la madre.) ¿Cómo te encuentras ahora?
Madre: Bien.
Padre: Con mi mujer hay algo que no funciona en la relación.
Madre: No estuve atenta a eso, es verdad, no hay nada.
Bert Hellinger (a Gerhard): ¿Para ti está bien así?
Representante de Gerhard: Sí, aunque quisiera tener a los padres más cerca el uno del otro.

Figura 5

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Abreviaciones:
PM padre de la madre
+ MM madre de la madre, murió al tener la madre 7 años
TAP tía abuela paterna

Bert Hellinger: Quizás haya algo más. ¿Qué hizo el padre de la madre al morir su mujer?
Gerhard: No volvió a casarse, sino que vivía en una granja con su hermana y su hermano.
Bert Hellinger: Entonces cojamos también al abuelo (coloca al abuelo a la izquierda de la abuela, fig. 5). ¿Quién cuidó
a tu madre después de la muerte de la abuela?
Gerhard: Fue la tía abuela, la única mujer que había en la casa.
(Bert Hellinger coloca a la tía abuela entre el abuelo y la madre, fig. 5.)
Bert Hellinger (señalando a la tía abuela, la abuela y el abuelo): Creo que éste es un grupo que merece un gran respeto.
Hermano: Me desconcierta que la madre aún pertenezca y se apoye ahí.
Bert Hellinger: Tienes que verlo como un proceso: ahí hay algo que recuperar, y ahí aún hay algo que debe ser
reconocido; entonces quizás pueda comportarse de otra manera. (Coloca a la madre al lado de la tía abuela y de sus
padres, separada del padre, fig. 6.)
Padre: Esto ahora queda algo más claro en la relación con la mujer. Es más acertado así, aquello no era ninguna
relación. Ahora la distancia es mayor, y para mí es más acertado.
Bert Hellinger: Sí, es cierto, ella no puede salir de este grupo unido por un destino común.
Madre: De esta manera tengo más relación con mi marido, y ahora incluso podría acercarse un poco más. Ahora está
un poco demasiado lejos.
.

Figura 6. Solución en la constelación de la familia de origen de Gerhard.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Gerhard: ¿Puedo añadir algo? - Mi padre valora demasiado poco a la familia de mi madre.
Bert Hellinger (a Gerhard): ¡Ahora ponte en tu lugar, Gerhard! (Gerhard ocupa su lugar)
Bert Hellinger (a Gerhard): Si tú valoras esta parte (la de la madre), no necesitas adoptar a ningún niño. Así, no tienes
que valorarlos de esa manera. Estás libre de pasarlo a otros de otra forma. ¿Es comprensible para ti?
Gerhard: Sí. - Y quisiera decir: Por mis motivos, quizás pueda adoptar a este niño a pesar de todo, si no lo hiciera por
ellos.
Bert Hellinger: No, no. No lo hagas. Ocúpate de niños de otra manera, eso está bien, al fin y al cabo, yo también lo
hago. (Risas de los participantes).

En una ronda del quinto día


Gerhard: Aún me siento triste, y desearía tanto que tuvieras una fórmula mágica.
Bert Hellinger: ¿Para ti? - No la tengo. Y si te diera una, ¿qué pasaría?
Gerhard: No lo sé. Estoy tan indeciso. (Empieza a llorar) Quiero tanto a este niño.
Bert Hellinger (lo mira seriamente): Precisamente no; como un ladrón a sus reales. (Pausa) Ésta es la fórmula mágica.
Gerhard: Los últimos días...
Bert Hellinger (lo interrumpe): No, no, eso no lleva a nada... ¿Cómo era la fórmula mágica?
Gerhard: Como un ladrón a sus reales...
Bert Hellinger: ¿Qué?
Gerhard:... quiero yo al niño.
Bert Hellinger: Exacto. (Pausa, silencio prolongado)
Gerhard: Dijiste que nos colamos. Eso aún me va rondando por la cabeza. Tengo argumentos en contra.
Bert Hellinger: Fuisteis listos y lo hicisteis de manera que la responsabilidad no quedara en vosotros. Pero eso no hace
ninguna diferencia.
Gerhard: Lo que me va dando vueltas son los abuelos.
Bert Hellinger: Sí, éste es el acceso. Por lo menos podrías presentarles al nieto, ¡eso es amor!
Gerhard: Dentro de unos años podría imaginármelo muy bien.
Bert Hellinger: No, no, cuando son más pequeños, también son más dulces y mueven más los corazones. Hay un
criterio para la calidad del amor: El amor es fuerte como la muerte (silencio prolongado). Ésa fue la buena palabra.

Más tarde, durante el quinto día


Gerhard: Ya no estoy del todo presente, estoy fuera, retirado. Por la noche en parte también estuve enfadado contigo,
conmigo mismo y con la vida.
Bert Hellinger: Eso son los combates en retirada. En una batalla perdida aún se le muestra un poco de resistencia al
enemigo (sonríe cariñosamente).
Gerhard: Con lo que dijiste del cuadro torcido, pensé que también se podría arreglar cortando los muebles ... (todos
ríen).

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger: En Estados Unidos hay unos parques de atracciones, donde entras en una casa y todo está torcido, es
imposible orientarse - algo así sería eso.
Gerhard: Sí, aún no tengo claro qué haré con lo que pasó ayer.
Bert Hellinger: Desde luego, lo tienes absolutamente claro.
Gerhard: Lo tomaré en serio, y también pienso que hay un montón de hechos a tener en cuenta.
Bert Hellinger: No, lo único importante de momento es que esperes hasta que tengas la fuerza para actuar tal como sea
preciso. Y eso es algo diferente. Si actuaras ahora mismo, tendrías poca fuerza. Tienes que dejar que esto actúe hasta estar
plenamente integrado, y después, naturalmente, se añaden los otros hechos, y de repente ves qué es lo preciso.
Gerhard: La última frase que me dijiste, la del amor, esa fue buena.
Bert Hellinger: Sí, eso actúa si lo tienes presente...

El sexto día
Gerhard: Estoy otra vez mejor. Tengo la esperanza de que se encuentre un camino en el que aún desempeñemos algún
papel.
Bert Hellinger: Sí, si volvéis a llevar al niño allá donde pertenece, desempeñáis un papel muy importante. Entonces
reparáis la injusticia, y el niño os lo agradecerá toda su vida. De esta manera, vuestro amor tiene una meta y vosotros
podéis retiraros de nuevo. El amor permanece, pero el amor tiene que ir hasta el extremo de que no preguntéis más por él.
Eso después se acabó. Una vez realizada la buena obra, puede darse por acabada. «El elegido no se detiene en lo que fue
eficaz.» Está bien así.
Gerhard: Es duro, muy duro.
Bert Hellinger: Sí, y debe ser así, si no, no valdría nada. Pero tu cara se ha transformado de una manera muy bonita, clara
y bella. Para mí, también está bien habértelo aclarado. Guardar miramientos hubiera sido un mal servicio.
Gerhard: Pienso que aún me espera algún que otro hueso difícil de roer.
Bert Hellinger: Sí, toda la vida.
Gerhard: Aún quisiera expresar otra idea que, con toda esta historia, se quedó en un segundo lugar. Dijiste algo de la
escala del estado de ánimo básico; yo estoy en la parte negativa de la escala. Pienso que tiene mucho que ver con el dolor
de mi madre por su propia madre. Ahora también puedo dejarlo así.
Bert Hellinger: La madre de la madre puede estar detrás de ti, como una fuerza buena. - Hay que guardarse de restringirlo.
Muchas veces, detrás de un hombre va bien una fuerza materna, por ejemplo una mujer que tuvo una suerte difícil. Eso
tiene consecuencias positivas.

E. INCESTO
La dinámica
El incesto sólo es posible si ambos padres secretamente están aliados. Es decir, siempre están involucrados ambos
padres, a saber, el padre en un primer plano y la madre en un segundo plano. Por lo tanto, la persona afectada también
tiene que enfrentar a ambos padres con la culpa. Mientras no se vean los sucesos en su contexto global, no hay solución
posible.
Muchas veces, el incesto es un intento de compensación de un desnivel entre tomar y dar en la familia, normalmente
-pero no siempre- entre los padres. En estos casos, a los autores, sean padres, abuelos, tíos o padrastros, se les retuvo algo,
o no son valorados por lo que hacen por la familia, y el incesto es el intento de igualar este desnivel entre dar y tomar.

Un ejemplo:
Una madre con una hija se casa en segundas nupcias con otro hombre. Si la mujer no valora que el segundo marido
mantenga a la hija que ella aportó al matrimonio y se ocupe de ella, se da un desequilibrio entre tomar y dar. El hombre
tiene que dar más de lo que recibe. Cuanto más espere la mujer que él lo haga, tanto más grande será la discrepancia entre
ganancia y pérdida. Una compensación se daría si la mujer dijera al hombre: «Sí, es así, tú das y yo tomo, pero lo reconoz-
co y lo aprecio profundamente». Entonces la compensación no tiene que pasar a un nivel tan destructivo.
Otro desnivel en el intercambio entre los cónyuges puede darse, por ejemplo, en su relación sexual o en sus
necesidades emocionales, creándose así una irresistible necesidad de compensación en este sistema, que se impone como
una fuerza instintiva. En tales casos, la mujer intenta compensar el déficit ofreciendo a la hija -en algunas familias con las
que he trabajado, la mujer lo hacía incluso conscientemente- o entregando la hija al marido, de manera que éste se ve
arrastrado hacia una relación compensatoria con ella. Incluso estuve trabajando con algunas familias en las que la hija
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Bert Hellinger – Felicidad dual

misma se ofrecía a su padre o padrastro para así ayudar a la madre y evitar que él se fuera. Esta es una dinámica frecuente
y en gran parte inconsciente del incesto.
Otra forma del incesto, menos frecuente, es la de un hijo que se ofrece para salvar un desequilibrio en la familia.
Lo que aún sucede es que, a continuación, la hija toma sobre sí las consecuencias y la culpa. Muchas, para expiar lo
ocurrido, eligen una profesión sacrificada o entran en un convento; otras, en un contexto así, se vuelven locas, pagan con
síntomas o se suicidan. Otras se muestran licenciosas, diciendo: «Realmente soy una fulana, no tenéis que tener ninguna
mala conciencia», disculpando así a los autores.

Un ejemplo:
En un curso hubo una mujer que había estado trastornada durante mucho tiempo y que ya había pasado muchos
intentos de suicidio. De niña, su padre y un tío abusaron de ella. Tenía la fantasía de que si estaba en un grupo, todos veían
que ella era una criminal, y que la querían matar. La hice profundizar en esta sensación y se quedó sentada, mirando
continuamente hacia abajo. Al cabo de un tiempo, vio al tío que se suicidó, al tío que también abusó de ella. Ella miraba
hacia abajo y, mientras lo hacía, tenía la cara vieja y dura. Esa no era ella.
Le pregunté: -¿Quién lo mira así desde arriba? ¿Tan enfadada y tan triunfante?
Era la madre. Interrumpí ahí y más tarde configuramos el sistema. Entonces quedó patente que en realidad el tío era su
padre, y que la madre estaba contenta de que hubiera desaparecido. La hija, sin embargo, se sentía culpable de su muerte,
como si ella fuese una asesina. Su odio contra sí misma y sus intentos de suicidio eran la expresión de su sentimiento de
culpabilidad.

La solución para la hija


Ruth: Aún me resisto totalmente a la idea de que sea la madre la que tenga que dar la cara.
Bert Hellinger: Especialmente es así, si te resistes a mirarlo abiertamente. Tú estás mirando a ver quién es el culpable.
Yo no tengo el interés de culpar a nadie, únicamente busco una solución. Para encontrar una solución, tengo que ver a las
personas en su situación concreta y necesito comprenderla dinámica de la familia.
Mis metas son muy específicas: busco una solución para la persona que acude a mí y resisto a la tentación de ir más
allá. Las soluciones difieren para cada miembro de la familia. Cada uno -el hombre, la mujer, la hija / el hijo- sabe, al
menos inconscientemente, que la familia tiene un problema, así que tenemos que buscar una solución que permita que
cada miembro del sistema pueda asumir su parte de responsabilidad y, al mismo tiempo, conservar su dignidad.
Para una hija que fue inducida a salvar un desequilibrio ente dar y tomar, y también para algunas otras formas de
incesto, la solución consiste en llegar al punto en que sinceramente pueda decir: «Mamá, por ti lo hago a gusto», y al
padre: «Papá, lo hice por Mamá». A veces, cuando el hombre también está presente, le hago decir a la hija: «Lo hago por
Mamá, y estoy de acuerdo con hacerlo por ella.» Algunas personas se oponen a la expresión «estar de acuerdo», pero las
víctimas afirman que es importante.
Estas frases expresan la dinámica que ya está actuando en la familia, y sacan a la luz el amor de la hija. Si una hija
pronuncia estas frases auténticamente, expresa la belleza y el poder arcaico del amor inocente del niño a sus padres.
Revela la profundidad del alma donde los hijos, de manera deliberada, aunque muchas veces inconsciente, realizan los
sacrificios más dolorosos y destructivos por sus padres. Desde el punto de vista sistémico, la hija es sacrificada para salvar
un desequilibrio en la familia y, al menos inconscientemente, ella consiente por amor. La solución para ella consiste en
decir la verdad con palabras, en llamar por su nombre la dinámica sistémica y en declarar abiertamente su amor. Al
nombrar abiertamente la parte que la madre tiene en la dinámica del incesto, la hija se retira del consentimiento
inconsciente a ayudar a solucionar el problema de sus padres. Esta frase expresa la complicidad de su madre en lo
ocurrido, sin negar, por eso, la culpa del padre.

El efecto de las frases curativas


Lo habitual en un caso de incesto es que la hija diga: «¡Este mierda de tío, lo que me hizo!», y muchos otros también
piensan así. La dinámica, sin embargo, demuestra que la madre pone a la hija de testaferro para poder retirarse del marido.
Si la hija dice: «Mamá, por ti lo hago a gusto», entra en otro contexto dinámico y puede desligarse del padre con más
facilidad; puede desligarse del trauma y puede desligarse de la madre.
Estas frases inmediatamente sacan a la luz la dinámica de fondo. Nadie puede volver a comportarse como antes. Todos
los implicados se ven encarados con su responsabilidad, y la hija ya no tiene por qué sentirse culpable. Lo que hizo, lo

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hizo por amor. De repente, la hija es buena, y sabe que es buena. Estas frases, por lo tanto, transfieren la responsabilidad
del incesto y de sus consecuencias a los padres, descargando a la hija, ya que demuestran su amor y su dependencia y, con
ello, también su inocencia.
El hecho de ver y reconocer este amor íntimo produce un efecto curativo. Estas frases le recuerdan a la hija que ella
intentaba hacer algo bueno, aunque saliera mal. Cuando las víctimas conscientemente perciben su amor, y nosotros se lo
confirmamos, ellas saben que son buenas. Es un gran alivio. Cuando consiguen decir auténticamente estas frases
curativas, quedan libres de la implicación en el problema de sus padres. Ya no tienen que esperar que sus padres cambien
para que cambie también algo para ellas. Están libres de seguir su camino, independientemente de lo que sus padres
hagan, de si admiten su responsabilidad y tienen remordimientos, o no.

Klaus: Pero el consciente de la chica se resistirá con todas sus fuerzas, porque ella no lo siente así. Ella siente que lo
está haciendo contra su propia voluntad, que ella es la víctima, y se resistiría a decir estas frases.
Bert Hellinger: Por definición, una víctima es una persona que no pudo evitar lo ocurrido. Si las víctimas quieren
cambiar algo, tienen que llegar a sentir su auténtico poder. La fuerza de los niños es su amor. Y es esto lo que estas frases
hacen: revelan el amor de la niña. Muestran claramente para todos en el sistema lo que la niña hizo para intentar
solucionar el problema de la familia.
Al ofrecer frases como éstas, hay que escuchar con mucha sensibilidad para oír las frases que el alma de la niña está
diciendo ya. Si se encuentran esas palabras, cuidadosamente se le ofrecen como obsequio, palabras que expresan aquello
que ella secretamente estaba sintiendo, pero no podía articular. Si se escucha con la profundidad suficiente, encontrando
las palabras justas, su alma entiende el mensaje: «Actuaste por amor. Hiciste lo mejor que pudiste, pero ahora está bien
que devuelvas el problema a los adultos. Es su problema, y ellos son capaces de manejarlo.» Por regla general, el mensaje
es más o menos éste. Un paso así pide valor, pero muchas chicas se han encontrado liberadas al decir en voz alta lo que
secretamente habían sentido siempre.
La prueba de si se acaba de dar con la frase adecuada es su efectividad. Si se encuentran las palabras acertadas, una
chica -o una mujer adulta- las experimenta, siente un cambio en su cuerpo y sabe que ella es buena. Es un proceso
realmente dramático y bello de ver. La chica se siente aliviada porque las frases demuestran su amor y su dependencia y,
por tanto, su inocencia. Es sumamente importante que se le ayude a la niña a encontrar el camino para volver a su propio
valor y a su dignidad, que su amor sea reconocido y afirmado.
Friedemann: ¿Cómo es en el caso de una chica que concretamente se encuentra en esta situación, por ejemplo, una
chica de 16 años a quien le acaba de ocurrir? ¿Entonces qué?
Bert Hellinger: Justamente entonces estas frases son más efectivas. Ella tiene que poner en orden el sistema que lleva
en su interior. Como hija se encuentra en la posición más débil en la familia, es decir, está limitada en sus posibilidades de
parar el incesto. La mejor posibilidad que se le ofrece para poner un fin es que nosotros nombremos la dinámica oculta
actuando en la familia y que saquemos a la luz la responsabilidad de cada uno.
Klaus: Pero para la niña, especialmente si aún es pequeña, es una herida profunda. No puedo imaginármelo de otra
manera.
Bert Hellinger: Tienes que guardarte de la dramatización. Cuando realmente ves a las víctimas, éstas describen una
gran variedad de experiencias. A veces, violentas y humillantes, a veces, de más ternura, quizás incluso una relación de
amor. A veces se trata de un tipo de incesto en el que nunca se llega realmente al contacto sexual, pero que ocasiona
dificultades persistentes en relaciones posteriores. Ésta es una forma de incesto que la ley ni siquiera reconoce como tal.
Klaus: ¿Así que hay una diferencia si fue violento o no?
Bert Hellinger: ¡Sí, claro! Si fue violento, también se trata de otra dinámica. En un caso así, frecuentemente existe una
gran cólera contra la mujer.
Klaus: ¿Pero qué hacen estas frases curativas con el padre? A través de ellas el padre se ve rebajado a un nivel de
comparsa. Sin embargo, él también es alguien que actúa, que abusa de su hija. ¿Qué hace él para restablecer el equilibrio?
Bert Hellinger: Si seriamente está interesado en rehacer el orden en el sistema, existen unos cuantos principios
generales a seguir, pero los detalles variarán.
Lo primero es que acepte plenamente las consecuencias de sus actos. Si fue denunciado y sentenciado, tiene que
asentir a la sentencia y a la pena. Después, tiene que encarar a su hija y realmente verla, ver las consecuencias de sus actos
para ella. Tiene que decirle sinceramente que él lleva la plena responsabilidad y que asume todas las consecuencias de sus
actos, que se retirará de ella y la dejará en paz.

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Como es imposible deshacer lo hecho, tiene que procurar que algo bueno salga de ahí. La culpa poco a poco se va
desvaneciendo en cuanto consigue su fin: un cambio para bien. Así, un padrastro se sometió a una psicoterapia personal
intensa, empezó a formarse y se hizo terapeuta, para acabar trabajando con otros hombres. Su relación con su hijastra es
distante pero cordial. Ella puede respetarlo, y también le es más fácil respetarse a sí misma.

La persecución de los autores no ayuda a nadie


Perseguir a los autores y castigarlos no ayuda ni a las víctimas ni a nadie más. Ahora bien, si la hija sufrió un daño, por
ejemplo por uso de la fuerza, entonces tiene el derecho de estar enojada con el autor, pero no hasta el extremo de negarle
el derecho a la pertenencia. Puede decir: «Has cometido una gran injusticia conmigo, y no te lo perdonaré nunca.» Y, en
cierto modo, puede decirles a la cara a los padres: «Sois vosotros, no yo. Vosotros tenéis que llevar las consecuencias, no
yo.» En ese momento pasa la culpa a él o a ella, y ella misma se aparta. Que la hija esté llena de reproches contra los
padres no sirve de nada. El poner límites claros es lo que importa y lo que le permite librarse. Los reproches tan sólo son
un simulacro de combate y no una exigencia.
La hija tampoco debe perdonar. Perdonar es una arrogación y no le corresponde a la hija. Puede decir: «Fue terrible
para mí, y dejo las consecuencias contigo. A pesar de todo, sacaré partido de mi vida».
Si la hija, más tarde, consigue una relación feliz, también significa una descarga para el autor; si, por lo contrario, ella
misma después no permite que las cosas le vayan bien, también es una venganza tardía del autor.
Por otra parte, el padre no debe pedirle perdón a la hija, lo cual significaría una carga inmensa para ella. Pero sí puede
decir: «Lo siento» o «He cometido una injusticia contigo».
«Solución» es una palabra de doble sentido. La solución siempre es un «apartarse de». La lucha ata. Exigir que los
demás acepten su responsabilidad lleva a una buena separación de la familia. En el caso de una implicación en un sistema
superior, aquí en el de los padres, el inferior tiene que exigir del superior que acepte la responsabilidad. Así, puede
dejarlos y marchar.

Preguntas:
Jutta: Me extrañaba que muchas veces no había solución si el asunto se llevaba a juicio.
Bert Hellinger: Sí, de esta manera no se consigue ninguna solución. Aquí hay que tener en cuenta una importante ley
sistémica: convirtiendo a alguien en el malo de la película, o negándole la pertenencia, se causa un trastorno sistémico. La
solución siempre consiste en volver a admitir a la persona excluida. Trabajando sistémicamente, aunque la meta consista
en encontrar una solución para el/la cliente, hay que servir al sistema como todo, y protegerlo. Por eso es imprescindible
que el terapeuta se una a los excluidos. Hay que ser capaz de dar a los autores un lugar en el propio corazón.
Aquí, en los seminarios, lo hago constantemente. Me pongo del lado de los excluidos y de los malos.
Hannelore: ¿Quieres decir que da igual lo que el padre le hizo a la hija?
Bert Hellinger: No da igual. Hay situaciones en las que alguien pierde la pertenencia al sistema. Por ejemplo, si mata o
hiere gravemente a alguien en su propio sistema, o si se viola a una niña de tres años. Esa persona ha perdido su derecho.
Entonces tampoco se intenta reintegrarla.
Jutta: Significaría que si nos llegan niños y se descubre un abuso, se les pueden retirar los hijos a los padres, pero no
se les debería denunciar ni llevar a juicio.
Bert Hellinger: ¡Exacto! ¡Correcto! Tampoco hay que dejar mal a los padres ante los hijos, por muy necesario que sea
ayudar a que los hijos vean la responsabilidad de los padres y puedan sentirse inocentes ellos mismos.
Karl: Muchas veces, en un proceso circular colocas a la mujer al principio. Pocas veces tienes en cuenta la
contribución del hombre para que la mujer se comporte de esta manera.
Bert Hellinger: Hay varios motivos. El primero es el interés de corregir la desviación desde un principio. Recuerda que
en el trabajo sistémico no se trata de sentar juicios morales. Buscamos maneras de ayudar a las familias a volver a su
equilibrio, de manera que las víctimas -los hijos- sean libres de vivir una vida sana que pueda colmarlos, y que puedan
deshacerse de la presión sistémica de hacer a otros lo que ellos mismos vivieron. El equilibrio sistémico únicamente puede
lograrse distinguiendo la parte de responsabilidad que cada uno tiene en la dinámica. Dado que el autor es, en la mayoría
de los casos, un hombre, su responsabilidad es evidente. Lo que, por regla general, no está tan claro es la parte que
corresponde a la mujer. Por tanto, muchas veces miro primero en esta dirección.

Si para la hija también fue una experiencia de placer

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Para algunos lo duro es lo que viene ahora: la chica puede admitir que también fue bonito y un placer, si realmente fue
así. Ya que en este caso se convierte en algo común, el drama se acaba, y la herida deja de doler. Para algunas niñas la
experiencia es de placer. Sin embargo, no pueden fiarse de esta percepción, ya que la conciencia les dice que es mala. En
un caso así, necesitan que se les asegure su inocencia, aunque la vivencia haya sido excitante. La chica debe tener la
posibilidad de reconocer que, a pesar del reproche justificado contra los padres, también vivió el incesto como algo
fascinante, ya que una niña se comporta de acuerdo con su condición como tal, sintiendo curiosidad y queriendo
experimentar algo. Si no, lo sexual queda en un contexto terrible. Si se me permite decirio de una manera algo frivola y
provocativa: En este caso, la experiencia en sí tan sólo se anticipa un poco. Si le digo esto a una niña, la alivio.
Mirjam: Entreveo que quizás haya también una pequeña mujer seductora, y encuentro sumamente importante decirle
que es inocente.
Bert Hellinger: Sí, puede haber sido seductora, pero eso no debe ser ningún reproche.
Vera: A mí me causa una sensación ambigua que digas que a la niña también pueda causarle placer. Hace justo una
semana, en la clínica vimos una película en la que las niñas relataban de manera totalmente distinta.
Bert Hellinger: ¡Pero Vera, si no te dan la verdad en una película! No debes partir de la base de que tu cliente haya
experimentado lo mismo que las niñas de esa película.
Vera: Eso también lo sé. Me pregunto, sin embargo, si es bueno ponerse en el lado de los enterados, de los que saben
que fue un placer.
Bert Hellinger: La niña puede admitir que también fue un placer, si realmente fue así, y en este caso el terapeuta puede
comunicarle que sigue siendo inocente, incluso si aquello tuvo algo fascinante. Mira atentamente a la niña - y escúchala.
Así lo sabrás. No decidas sobre tu cliente basándote en lo que viste en una película o lo que leíste en un libro. ¡Si está
totalmente claro que la culpa está con el adulto!

El vínculo a través del incesto


Más tarde, Bert Hellinger explica extensamente que la primera consumación íntima del acto sexual establece una
relación especialmente intensa, es decir, que a través de esta experiencia sexual se crea un vínculo de la chica al autor.
Más tarde, ella no puede tener ninguna pareja nueva sin reconocer a la primera. A raíz de la persecución y del desprecio,
muchas veces no encuentra otra pareja nueva. En cambio, reconociendo este primer vínculo, esta primera experiencia,
tiene la posibilidad de integrarlos en una relación nueva, donde quedan guardados. Tal como se propaga ahora, es decir,
que la experiencia tan sólo es nociva y tendrá consecuencias pésimas, va en contra de la solución y únicamente perjudica a
las víctimas.

El lugar del terapeuta


Desde el punto de vista sistémico, el o la terapeuta siempre procura aliarse con aquél que aparece como el malo de la
película. En ese momento, al estar trabajando el asunto, tienen que darle al autor un lugar en su corazón. El mayor peligro
es que el terapeuta participe en la campaña contra el padre, por ser éste «tan depravado». También me pregunto: ¿de
dónde proviene tal pasión, y por qué no es posible mirar las cosas tranquilamente? Tan sólo esa pasión ya hace sospechar.
Aquí hay algo que no encaja, si no, no sería tan fuerte. Hay algo que se supervalora. Los terapeutas que se alian con las
víctimas excluyen al autor del sistema, contribuyendo, de esta manera, a empeorar la situación. Esta es la consecuencia, y
llega muy lejos.

Contaré un ejemplo:
En un grupo de terapeutas, una psiquiatra, toda indignada, contó que tenía una cliente que había sido violada por su
propio padre. Estaba realmente furiosa y consideraba al padre un sinvergüenza y un cerdo. Entonces le pedí que hiciera la
constelación de ella misma con el sistema, y que ocupara su lugar como terapeuta en el sistema. Se puso al lado de la
cliente, y todo el sistema se enojó con la terapeuta y no se fiaba más de ella. Después la puse al lado del padre, y todos se
calmaron y tuvieron confianza.

Autores y víctimas están implicados, no se sabe cómo. En cuanto queda clara la implicación, se comprende todo.
Entonces se abren posibilidades totalmente diferentes para tratar el asunto. Si trabajo con el autor, por ejemplo con un
padre, naturalmente lo enfrento con su culpa, no cabe duda. Las víctimas, sin embargo, frecuentemente parten de la su-
posición errónea de que para ellas cambia algo si cargan con la culpa, o si aquél que aparece como malo es castigado. Sin

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embargo, una vez haya salido de la situación concreta, la víctima misma tiene la posibilidad de actuar en cualquier
momento, independientemente de si al otro se le piden cuentas o no. Sin embargo, tiene que renunciar a la venganza.

9. PADRES E HIJOS COMO COMUNIDAD CON UN DESTINO COMÚN


Juntos, padres e hijos forman una comunidad con un destino común, en la cual cada uno depende del otro de muchas
maneras y, según sus posibilidades, tiene que contribuir al bien de la comunidad, teniendo también sus obligaciones. Aquí
cada uno da y cada uno toma. Por lo tanto, los hijos también tienen que dar en la familia, según la necesidad que se
presente. Los padres también pueden exigir que los hijos den, y los hijos, por su propia iniciativa, pueden dar.

LA POSADA
Alguien pasea por las calles de su ciudad. Todo le parece familiar aquí, y una sensación de seguridad lo
acompaña, y también de leve tristeza. Porque muchas cosas mantuvieron su secreto ante él, y una y otra vez se
encontró con puertas cerradas. A veces hubiera querido dejarlo todo y marcharse, lejos de aquí. Pero algo lo
sujetaba, como si estuviera luchando contra un desconocido y no pudiera separarse de él antes de conseguir su
bendición. Y así se siente prisionero entre ir hacia adelante e ir hacia atrás, entre marcharse o permanecer.
El hombre llega a un parque y se sienta en un banco. Se apoya contra el respaldo, respira profundamente y
cierra los ojos. Deja estar la larga lucha, se fía de su fuerza interior, siente que se va calmando y entregando,
como una caña al aire, en harmonía con la variedad, el vasto espacio, el largo tiempo.
Se ve a sí mismo como una casa abierta. Quien quiera entrar, puede venir; y todo el que llega, trae algo, se
queda un rato y luego se va. De esta manera, en esta casa hay un continuo venir, traer, permanecer y partir.
Til que llega nuevo y trae algo nuevo, envejece mientras permanece, y finalmente vendrá el tiempo de su
partida. También llegan muchos desconocidos a su casa, que durante mucho tiempo estaban olvidados o
excluidos, y también ellos traen algo, se quedan un rato y luego se van. Y también llegan los gamberros, a
quienes preferiría prohibirles la entrada, y también ellos aportan algo, encuentran su lugar, se quedan un rato
y vuelven a partir. Quienquiera que venga, siempre encuentra a otros que llegaron antes que él o que vienen
después de él. Y como son muchos, cada uno tiene que compartir. Todo el que tiene su lugar, también tiene su
límite. Todo el que quiera algo, también tiene que acomodarse. Todo el que haya venido, puede desarrollarse
mientras permanezca. Él llegó porque otros se fueron, y se irá cuando otros vengan. Así, en esta casa hay
tiempo y espacio suficientes para todos.
Estando así sentado, se siente a gusto en su casa, sabiéndose unido a todos los que vinieron y vienen,
aportaron y aportan, permanecieron y permanecen, partieron y parten. Aquello que antes estaba inacabado,
ahora le parece completo; percibe que una lucha se termina y que se hace posible la despedida. Aún espera el
momento justo. Después, abre los ojos, echa una última mirada a su alrededor, se levanta y se va.

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IV. ÉXITO Y FRACASO EN LAS RELACIONES DE PAREJA

1. CÓMO NOS HACEMOS HOMBRES Y MUJERES


¿Qué tenemos que hacer para aprender a desarrollar nuestro propio sexo y reconocerlo? Empecemos con el hijo: de
niño se encuentra en la esfera de su madre, experimentando lo femenino de ella. Si permanece ahí, lo femenino inunda su
alma, y él experimenta a la mujer como demasiado poderosa. Este hecho le impide tomar al padre, por lo que lo masculino
en él queda restringido y va perdiéndose cada vez más. En la esfera de la madre, el hijo frecuentemente no consigue ser
más que un adolescente, un favorito de las mujeres o un amante, pero no un hombre. Para hacerse hombre, tiene que
resistir a la tentación de hacerse o poder ser mujer él mismo. Por lo tanto, tiene que renunciar a la primera mujer en su
vida y, tempranamente, pasar de la esfera de la madre a la del padre; tiene que desligarse de ella para ponerse al lado del
padre. Es una gran renuncia para el hijo y una incisión profunda. Antes se tomaba conciencia de esto y se realizaba
mediante los ritos de iniciación. Después, el chico ya no podía volver con la madre. En nuestra cultura, el paso del des-
prendimiento de la madre se daba al ser llamado el joven al servicio militar. Allí, los adolescentes se convertían en
hombres. Hoy quizás se decidan por el servicio social y, a cambio, siguen siendo «hijos de mamá».
Con el padre, el hijo se convierte en un hombre que ha renunciado a lo femenino en sí mismo. Así puede recibir lo
femenino como obsequio de otra persona, de una mujer, creándose así una relación duradera y fuerte.
También la hija al principio está con la madre, experimentándola como fuerte, pero de manera distinta que el hijo. Ella
tiende al padre. Experimenta lo masculino primero en la relación con el padre, y eso la lascina.
Si permanece en su esfera, lo masculino inunda su alma. En un caso así no llega a ser más que una chica o una
querida, pero no una mujer. Más tarde no puede dirigirse íntegramente a otro hombre, ni valorarlo ni tratarlo de
igual a igual.
Para hacerse mujer, la hija tiene que renunciar al primer hombre en su vida, es decir, al padre, retirarse de él y volver
con la madre, ponerse al lado de ella. Ahí se convierte en mujer, y más adelante encontrará a su propia pareja, al hombre
del que puede recibir lo masculino como obsequio. Es justo lo contrario de la idea narcisista de que la mujer tendría que
desarrollar lo masculino en sí misma.
El mejor matrimonio se logra cuando el hijo del padre se casa con la hija de la madre. A menudo, sin embargo, la hija
que prefiere al padre frente a la madre se casa con el hijo que prefiere a la madre frente al padre. En un caso así, las cosas
se complican y faltan tensión y fuerza. El tema de la renuncia, por tanto, aparece ya muy temprano. Estoy pensando en
una edad de entre seis o siete años. Sin embargo, no puedo demostrarlo, ni tampoco existen estudios científicos acerca de
este tema.
Lars: Todo esto ya lo tuvimos una vez: Edipo, Edipo... ¿Cuál es la diferencia?
Bert Hellinger: Precisamente no es eso. Es una falta de lógica en la que incurres. Yo acabo de describir un proceso y tú
lo clasificas en el marco de algo conocido. En cuanto dices «Edipo», el proceso ya no puede revivirse y, de repente, la
dinámica se para. Siempre que se trate de un conocimiento nuevo, lo importante es seguir a la dinámica, así se percibe
claramente dónde se acierta y dónde no. Éste es el camino del conocimiento. De lo contrario, tengo palabras, lo cual es
demasiado poco. Sobre todo es demasiado poco para ayudar a una persona.

Un ejemplo:
Alguien pasa en bicicleta, y tú le dices: «Eso es ir en bicicleta.» ¿Sabe algo entonces? Si sigue pedaleando, sí que
experimenta algo. El saber que va en bicicleta no le ayuda en absoluto en lo que está haciendo.

Bruno: Según tu opinión, ¿qué es lo femenino en el hombre, y qué lo masculino en la mujer? ¿Qué es, en general, lo
masculino, y qué lo femenino, según tu opinión?
Bert Hellinger: Creo que aún no lo he captado (risas), ya que para el hombre lo femenino siempre sigue siendo
un enigma, y viceversa.
Ni siquiera comprendo bien lo masculino. Aquí no se trata de comprensión, sino de dar lugar a ciertas experiencias, y
si pretendo captar algo con exactitud, del fuego sólo me quedan las cenizas. El fuego calienta, las cenizas se pueden coger.
Adelheid: ¿Pero no es posible que la relación con el padre y la madre sea equilibrada?
Bert Hellinger: De hecho, el hijo que se pone al lado del padre tiene más respeto ante su madre que no aquél que
permanece en la esfera de la madre. La madre no pierde nada. Y la hija que sale de la esfera del padre para volver a la de

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la madre no pierde al padre. Desarrolla un mayor respeto hacia el padre. Sobre todo es más intensa la relación de los
padres si las hijas están con la madre y los hijos con el padre. De esta manera no hay confusiones.
Arnold: ¿Podrías volver a explicar con otras palabras lo que entiendes bajo «esfera»?
Bert Hellinger: No. - Aquí no se trata de verdadero o falso, sino de determinados puntos de vista para entender mejor
ciertas cosas y, si acaso, manejarlas con más facilidad. No va más allá. Si se proclamara como verdad, sería una teoría
falsa y yo la negaría en seguida. De momento lo dejo ahí.
Pregunta: También la hija experimenta lo primero que recibe al lado de la madre. Por lo tanto, ya antes tiene que haber
dado el paso de la madre al padre.
Bert Hellinger: Exacto. Por eso, la mujer también lo tiene más fácil. El hijo experimenta lo femenino como algo tan
excesivamente poderoso que no podría enfrentarlo solo. Por eso, un hombre no descansa en sí mismo. Para que un hombre
pueda desarrollar totalmente su masculinidad tiene que estar al lado del padre. Porque éste es el que pudo con la otra
mujer (risas en el grupo).
Pregunta: Pero si la chica se queda directamente con la madre, también le falta algo, ¿verdad?
Bert Hellinger: Sí, es cierto. Tiene que dirigirse al padre y después volver con la madre. Si sólo se queda con la madre,
no llega a experimentar el atractivo de lo masculino en el padre.
Gabriele: Ayer dijiste que una mujer lo tiene difícil para dirigirse a un hombre si no se logró la renuncia al
padre. Eso me sigue dando vueltas.
Bert Hellinger: Una frase que puede ayudarle a la hija en su renuncia al padre es que le diga al padre: «Mamá es un
poquito mejor que yo».
Adelheid: ¿Lo he entendido bien? ¿Si admito el derecho de mi madre a ser mujer, me pongo a su lado?
Bert Hellinger: No, quien le concede a su madre el derecho de ser mujer, se pone por encima de ella.
Pregunta: ¿Y si la acepto?
Bert Hellinger: No, el aceptar es condescendiente. El tomar es humilde.
Pregunta: Dijiste que era importante para la hija ponerse al lado de la madre, y me di cuenta de que ni de niña, ni de
adolescente, ni de mujer he logrado ponerme al lado de mi madre. Ahora me pregunto: ¿aún puedo hacer algo?
Bert Hellinger: Sí, es posible recuperarlo. También más tarde es posible ponerse interiormente al lado de la madre.
Pregunta: ¿Y si ya no hay mucho que pueda tomar?
Bert Hellinger: Lo que aquí aún queda por tomar no viene de los padres reales, todo lo que éstos dieron ya está dado.
Lo único que queda por hacer es darle a lo recibido un lugar en el alma.
Pregunta: ¿Es posible recuperar estas relaciones también con otras personas ?
Bert Hellinger: No, no es posible. Lo esencial sólo puedo encontrarlo ahí donde fluye originalmente, es decir, con el
padre y con la madre. En la imaginación se vuelve con el cliente a los primeros tiempos. Vuelve a ser niño, y como niño
se dirige al padre o a la madre excluidos, hasta llegar a él o a ella. Si se intentara hacerlo con los padres actuales, no serían
los padres que le faltaban. Tengo que llevarlo al tiempo de aquel entonces y solucionarlo ahí.
Rainer: Es curioso que exista mucha literatura acerca de la relación madre-hijo, pero relativamente poca acerca de las
relaciones hijo-padre.
Bert Hellinger: Hay una confusión de valores, porque el principio, el engendramiento, que es lo más importante,
se encuentra en el último lugar de la escala de valores, en vez de estar arriba del todo. También hace una diferencia
si un padre tiene un hijo o una hija. ¿Tú, Rainer, tienes una hija? ¿Qué edad tiene?
Rainer: Ocho años.
Bert Hellinger: Entonces ya va siendo hora que la dejes.
Rainer: Sí, la renuncia a mi hija también me preocupa. Al mismo tiempo sé que esto no son instrucciones de
procedimiento.
Bert Hellinger: ¡Que sí, que sí!
Rainer: Quiero decir que no pueden llevarse directamente a la práctica.
Bert Hellinger: ¡Que sí, que sí, naturalmente!
Rainer: ¡Pero yo no lo quiero!
Bert Hellinger: Esta es una afirmación clara. Lo que dije son instrucciones claras de procedimiento, ¿qué si no? Si no,
hubiera podido ahorrarme la frase.
Rainer: ¿Y qué podría ser eso?
Bert Hellinger: Por ejemplo, que en ella admiraras a tu mujer.
Rainer: Eso lo encuentro genial, sí.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger: O que dijeras a la hija que casi vale tanto como su madre.
(Silencio prolongado)
Rainer: El segundo asunto que me preocupa es...
Bert Hellinger (al grupo): Ahora desvía la conversación. Pero también está bien así. Se da cuenta de lo que le espera.
En comparación con la mujer, la hija es un premio de consolación.

La pequeña felicidad
Rainer (en una ronda posterior): Aún me va dando vueltas que en la Oración de la Mañana no pude decirle a mi padre:
«¡Qué bien que te hayas casado con Mamá!» Y que de ti, Bert, recibí la respuesta: «Sí, has elegido la pequeña felicidad.»
Eso, desde hace un año y medio, no me deja tranquilo.
Bert Hellinger: La pequeña felicidad también es algo.
Hace poco, por televisión vi un sketch de Marty Feldman. Es un inglés de ojos saltones. Interpretaba a un niño de
cuarenta años, con su mamá.
Fue a su mamá y le dijo: -Ahora me independizaré.
La mamá respondió: -Ves, ves, ¡si no tienes dinero!
Entonces el hijo: -¡Sí que tengo dinero!-, se metió sus monedas de juguete en el bolsillo y se fue. Mientras tanto,
la mamá seguía cocinando. Al cabo de un rato, el hijo volvió y dijo: -Mamá, me quedaré siempre contigo.
Ésa fue su felicidad.
¿Algo más, Rainer?
Rainer: No, de momento paso. (Risas entre los participantes.)

A. ANIMAYANIMUS
C.G. Jung define lo femenino en el alma del hombre como el anima, y lo masculino en el alma de la mujer como el
animus. El hombre desarrolla su anima con la madre, y el anima se desarrolla con más fuerza si como hijo permanece en
la esfera de la madre. Pero entonces, curiosamente, muestra menos comprensión y sensibilidad para otras mujeres, y no es
bien acogido ni por mujeres ni por hombres. Un macho siempre tiene un anima fuerte, y siempre está atado a la madre. Es
un joven o un héroe, pero no un hombre.
En el alma de la mujer, el animus se desarrolla con más fuerza si como hija permanece en la esfera del padre, pero
entonces, curiosamente, muestra menos comprensión, sensibilidad y respeto para otros hombres, y no es bien acogida ni
por hombres ni por mujeres. Cuanto más tiempo permanece con el padre, tanto más incapaz se hace para una relación con
un hombre.
Todo esto desde luego son fantasmagorías, ¡no se las digáis a nadie!
El efecto del anima en el alma del hombre se limita si éste, ya tempranamente, pasa a la esfera del padre. En este caso, sin
embargo, curiosamente muestra más sensibilidad y comprensión para la idiosincrasia y los valores de las mujeres. De la
misma manera, el efecto del animus en el alma de la mujer se limita si ésta, ya tempranamente, pasa a la esfera de la
madre. Pero curiosamente también ella muestra entonces más sensibilidad y comprensión para la idiosincrasia y los
valores de los hombres.
Es decir, el anima es el resultado interiorizado del hecho de que el padre no fuera tomado por el hijo; y el animus es el
resultado del hecho de que la madre no fuera tomada por la hija.
Aquí tan sólo comento un aspecto que puede tenerse en cuenta en terapias. El hombre desarrolla lo masculino al
lado del padre, y la mujer se reconcilia con su condición de mujer al lado de la madre. En la psicología de Jung, sin
embargo, anima y animus son también principios cósmicos y como tales cobran un significado totalmente
diferente. Por lo tanto, estos principios no deben reducirse demasiado a lo dicho. De lo contrario, no se
comprendería justamente a C.G. Jung.

Preguntas:
Albert: Ayer noche aún estuve pensando en eso de las esferas. Mencionaste al macho que permaneció demasiado
tiempo en la esfera de la madre. Pero también hay el blandengue. ¿Es posible decir, de manera análoga, que éste
permaneció demasiado tiempo en la esfera de un padre fuerte?
Bert Hellinger: No, también éstos siempre están en la esfera de la madre. También Don Juan es un hijo de mamá que
no se hizo hombre. A través de muchas mujeres espera aún poder convertirse en mujer. Es propio del joven tener a muchas

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Bert Hellinger – Felicidad dual

mujeres. El hombre, en cambio, puede tomar a la mujer y así ser su hombre. Los héroes, que tanto presumen, son todos
hijos de mamá y jovencitos. El hombre, si se arriesga, va con cuidado. Acepta el riesgo siempre que sea conveniente.

B. LA «PEQUEÑA DIFERENCIA» - ¡DE ESO NADA!


Hombres y mujeres, que mantienen una relación íntima, experimentan lo masculino y lo femenino como dos
posibilidades de realización humana, totalmente distintas entre sí. Ya que la mujer es en todos los aspectos distinta al
hombre. Con que «pequeña diferencia»..., ¡de eso nada! Todo es diferente entre el hombre y la mujer: el pensar, el sentir,
la visión del mundo y también la manera de reaccionar y de abordar las cosas. Ambas formas vitales y existenciales, sin
embargo, son formas de realización humana plenamente válida y equivalente, lo cual constituye un gran desafío para
ambos, el hombre y la mujer.

2. EL FUNDAMENTO DE LA RELACIÓN DE LA PAREJA ENTRE HOMBRE Y MUJER


El hombre se experimenta como incompleto ante la mujer y, dado que como hombre le falta la mujer, ésta le
atrae. La mujer, a su vez, se experimenta como incompleta ante el hombre y, dado que como mujer le falta el
hombre, éste la atrae. Dado que a cada uno le falta el otro, se desarrolla una atracción mutua. Este hecho significa
un gran impulso de energía para ambos. El hombre, por lo tanto, tan sólo se convierte en hombre tomando por
pareja a una mujer, y la mujer tan sólo se convierte en mujer tomando por pareja a un hombre. Así, formando una
pareja, tienen un mayor peso específico a nivel anímico que antes. Un hombre casado tiene un peso específico más
elevado que un hombre soltero, y una mujer casada tiene un peso específico más elevado que una mujer soltera.
Esta es una regla, pero también aquí existen excepciones, ya que también hay otros caminos para lograr este peso.
Es decir, el hombre tiene algo que la mujer no tiene, y la mujer tiene algo que el hombre no tiene. Son iguales en su
necesidad y en su capacidad de regalarle algo esencial al otro, de complementarlo.
Para que una relación de pareja entre un hombre y una mujer cumpla lo que promete, el hombre tiene que ser hombre y
seguir siéndolo, y la mujer tiene que ser mujer y seguir siéndolo. Si el hombre desarrolla lo femenino en sí mismo, ya no
necesita a la mujer, y si la mujer desarrolla lo masculino en sí misma, ya no necesita al hombre. Hay un libro que más o
menos se titula así: «Me veo tan maravilloso, ¿por qué aún estoy soltero?» ¡Pues justo porque se siente tan maravilloso! Si
supiera que le falta algo esencial, buscaría una pareja. Si uno se realiza integrando lo que es propio del otro sexo, se
convierte a sí mismo en una persona soltera y solitaria. Por esta razón, muchos hombres y mujeres que desarrollan las
cualidades del otro sexo en ellos mismos viven solos y son autosuficientes.

A. LA RENUNCIA AL OTRO SEXO EN UNO MISMO


La relación de pareja se fundamenta en la necesidad mutua y en la renuncia al otro sexo. El hombre tiene que renunciar
a adquirir lo femenino como algo propio y a tenerlo como si él mismo pudiera hacerse o ser una mujer. La mujer tiene que
renunciar a adquirir lo masculino como algo propio y a tenerlo como si ella misma pudiera hacerse o ser un hombre, y
todo esto también en el pleno sentido físico.
Para ser hombre, el hombre tiene que renunciar a ser mujer él mismo y permitir que una mujer le dé lo femenino
como obsequio, y viceversa. Ambos tienen que aceptar sus limitaciones para así capacitarse para una relación, ya
que, de esta manera, ambos se necesitan y tienen la posibilidad de complementarse.

B. LA IGUALDAD DE RANGO COMO CONDICIÓN


PREVIA PARA UNA RELACIÓN DE PAREJA DURADERA
Según la sucesión sistémica, en un primer lugar se halla el orden entre el hombre y la mujer, y después, el orden entre
padres e hijos, así como aquél que rige entre hijos y padres. Finalmente vienen el orden de la red familiar y el de las
relaciones libremente elegidas. En nuestro desarrollo personal, primeramente somos hijos y miembros de una red familiar.
Dado que este hecho nos vincula fuertemente y nos presiona, a menudo nos escapamos a las relaciones libremente
elegidas para encontrar ahí una descarga y un contrapeso. Más adelante se llega a la relación de pareja y, finalmente, a las
relaciones entre padres e hijos. La relación de pareja y las relaciones entre padres e hijos son, por tanto, las relaciones más
tardías para nosotros. Por consiguiente, es en ellas donde más elementos de los órdenes anteriores se introducen, causan-
do, a veces, trastornos en el orden de estas últimas.
Lo que tienen en común tanto las relaciones del hijo con sus padres como las relaciones entre el hombre y la mujer, es
la necesidad de vinculación, pertenencia y continuidad. Tanto el hombre como la mujer introducen en la relación de pareja

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Bert Hellinger – Felicidad dual

aquello de la relación con sus propios padres que en ella experimentaron y recibieron en abundancia, para ahora pasarlo a
un compañero de igual condición y a los propios hijos.
La relación de pareja se basa en la condición previa de la igualdad. Ambos son igualmente buenos y malos en aquello
que tienen y en aquello que les falta. En la relación de pareja se unen dos personas de igual condición, y todo intento de
comportarse o como padres, o expuestos y dependientes como hijos, provoca una crisis en la pareja.
Si en una relación de pareja uno de los miembros busca satisfacer su necesidad de vinculación y pertenencia con
la misma actitud que un niño muestra frente a sus padres (por ejemplo, esperando del otro una seguridad que sólo
unos padres pueden dar a sus hijos), esto supone una carga y un trastorno para el orden de la relación. De esta
manera se impiden el intercambio y la compensación correspondientes para personas adultas y de igual condición.
Por regla general, la crisis consecuente acaba con que aquél del que se esperaba demasiado se retira o se va. Y todo
esto con razón, ya que, transfiriendo un orden de la infancia a la relación de pareja, se le exige demasiado al otro.
Si, por ejemplo, un hombre le dice a su mujer: «Sin ti no puedo vivir», o «Si te vas, me mato. Así la vida no tiene
sentido para mí», la mujer tiene que marcharse. La relación fracasará, ya que esta actitud supone una exigencia que
ninguna persona puede soportar durante mucho tiempo. Si un niño pequeño dice eso a sus padres, expresa la
realidad, ya que el niño con razón se siente dependiente de sus padres.
Pero también en la relación de pareja hay un vínculo íntimo (por ejemplo, el que resulta de la consumación del acto
sexual); éste, sin embargo, tiene otra cualidad que la vinculación del niño a los padres.
De la misma manera, sin embargo, una relación peligra si uno de los miembros de la pareja, recordando los derechos
que los padres tienen frente a sus hijos, se comporta como si tuviera la tutela sobre el otro, pensando que tendría que
reeducarlo en determinados ámbitos. Pero todo eso ya se lo conoce el otro, por lo que se convierte en el camino más
seguro de perderlo. No es de extrañar que éste, al igual que un niño, se escape de la presión y busque alivio y
compensación al margen de la relación de pareja. Juegos de poder entre cónyuges se desarrollan sobre todo donde el otro
es visto como un padre o una madre, o donde se intenta convertirlo en madre o padre.
Además, es propio del orden entre el hombre y la mujer que el hombre quiera a la mujer por mujer, y la mujer quiera al
hombre por hombre. Asimismo es importante que entre ellos dos se realice un intercambio en el que ambos den y tomen
en la misma medida. Para llegar a un intercambio, ambos tienen que dar lo que tienen y tomar lo que les falta. Es decir, el
hombre se da a la mujer por hombre y la toma por mujer; y la mujer se da al hombre por mujer y lo toma por hombre.

EL BAJO CONTINUO
Una relación de pareja se realiza como un concierto barroco. En lo alto suena una gran variedad de
bellísimas melodías, y de fondo, un bajo continuo que dirige y lleva las melodías, dándoles peso y cuerpo.
En la relación de pareja el bajo continuo reza así: «Te tomo, te tomo, te tomo. Te tomo como mi hombre y me
doy como tu mujer. Me doy como tu hombre y te tomo como mi mujer. Te tomo y me doy con amor».

C. LA MUJER SIGUE AL HOMBRE, Y EL HOMBRE


TIENE QUE SERVIR A LA MUJER Y A LOS HIJOS
La relación entre el hombre y la mujer es lograda si la mujer sigue al hombre. Es decir, le sigue a su familia, a su
ciudad, a su círculo, a su idioma, a su cultura, y está de acuerdo con que también los hijos le sigan. Basta con comparar
familias en las que la mujer sigue al hombre, y los hijos al padre, con familias en las que el hombre sigue a su mujer, y los
hijos a su madre, para darse cuenta de la diferencia.
Si un hombre entra en un negocio casándose con la hija del propietario, es él quien sigue a la mujer. Eso no lleva a
ninguna relación de plenitud sino al fracaso, porque el hombre no puede desarrollarse en una situación así. Todo esto es
una descripción de lo que he visto. Quizás existan también ejemplos de lo contrario, desde luego estoy dispuesto a
conocerlos; hasta ahora, sin embargo, no he visto otra cosa.
Pero también aquí hay una compensación, un contrapeso. De complemento, el orden del amor entre el hombre y la
mujer exige: el hombre tiene que servir a la mujer y a los hijos.

D. LA RELACIÓN ENTRE AMOR Y ORDEN


Desde hace un tiempo, tengo en mente otra cuestión más. En muchos aspectos aún no está madurada, pero a pesar de
todo me parece importante para este tipo de trabajo. Vengo observando y pensando en el hecho de que haya relaciones que
fracasan a pesar de un gran amor. Por lo tanto, no puede ser por falta de amor que fracasen.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

De un cierto Agustín existe la frase funesta: «Dilige etfac quod vis.» Quiere decir: «Ama y después haz lo que
quieras». Eso, sin embargo, irá mal con toda seguridad, ya que un amor sin cabeza siempre va mal. Es un error muy
generalizado pensar que el amor sea capaz de suplir, sustituir o superar todo lo demás que pueda faltar. Muchas
dificultades en relaciones resultan de que uno no quiera aceptar lo obvio, pensando que aún podría arreglarlo
mediante la reflexión, el esfuerzo o el amor. Sin embargo, no es posible influir en el orden de esta manera. Es iluso-
rio, no funciona. El amor es una parte del orden y únicamente se desarrolla, prospera y florece en un entorno
sistémicamente equilibrado. Quienquiera que intente invertir esta relación, pretendiendo cambiar el orden a través
del amor, tendrá que fracasar. Subordinándose, el amor puede crecer en el seno de un orden como una semilla: se
introduce en la tierra sin intentar cambiarla, y de esta manera crece.
Mirado desde el punto de vista filosófico, el amor forma parte de un orden superior. Es algo que se realiza entre
personas, teniendo ahí una cierta función, pero en el contexto global desempeña un papel subordinado.
Así, por ejemplo, puedo observar a dos personas y ver lo que entre ellas dos ocurre. Si dejo de lado las consecuencias
de su actuar para su entorno o para sus hijos, se me escapa algo esencial. Los dos se sentirán bien, pero al mismo tiempo
su comportamiento puede tener consecuencias nefastas para sus hijos o sus nietos. El orden siempre implica incluir a
muchos, y -según mi entender- en el fondo significa tener en cuenta y compaginar diversos aspectos, de manera que para
todos esté bien. El orden no se realiza a costa de una persona, sino al mismo precio y en beneficio igual, o por lo menos
similar, para todos los implicados. Se trata de abandonar las miras estrechas para pasar a una visión más amplia, de mirar
a todos los afectados y de tener en cuenta el efecto de un comportamiento determinado.

E. ¿CUÁNDO UNA RELACIÓN ESTÁ EDIFICADA SOBRE ARENA?


Si en una relación de pareja el hombre o la mujer no quieren al otro primeramente como mujer o como hombre, sino
por otras razones, por ejemplo para divertirse o para asegurarse el sustento, porque el otro sea rico o pobre, culto o
sencillo, católico o protestante, o porque quieran conquistarlo, protegerlo, mejorarlo o salvarlo, o porque lo quieran como
padre o madre para sus hijos, como se suele decir, entonces el fundamento está edificado sobre arena, y la manzana ya
lleva el gusano.
El amor entre un hombre y una mujer prospera si la pareja está bien equilibrada, como los platillos de una
balanza, llenos de diferentes cosas del mismo peso. Al igual que la balanza, también su relación puede inclinarse
hacia un lado u otro, según la importancia que las necesidades o contribuciones del uno o del otro puedan adquirir
en un momento determinado. Si el uno es especialmente fuerte en un momento, el otro tendrá que serlo en otras
circunstancias. Así lo pide el amor. Si uno tiene recursos o responsabilidades especiales, el otro tiene que ofrecer
algo equivalente. Basándose en esta armonía, su amor puede desarrollarse en una relación entre iguales.
Partiendo de su experiencia con las relaciones libremente elegidas, algunos consideran su relación de pareja como si
sus fines pudieran determinarse a gusto, y su duración y su orden variarse o abandonarse según el propio parecer. De esta
manera, sin embargo, exponen la relación a la ligereza, y quizás se den cuenta demasiado tarde de que aquí reina un orden
que no pueden herir impunemente. Si uno de los miembros de la pareja rompe la relación sin escrúpulos y a la ligera, a
menudo un hijo de esta relación se comporta como si tuviera que expiar una injusticia. En realidad, los fines de una
relación de pareja nos vienen determinados de antemano, y si queremos alcanzarlos, nos exigen constancia y sacrificio.

F. EL ENAMORAMIENTO ES CIEGO, EL AMOR ESTÁ EN VELA


Comentario de una participante después de las explicaciones de Bert Hellinger acerca de la relación de pareja.
Angela: Me he dado cuenta de lo que yo necesito, de mi necesidad de ternura y de ser cogida en brazos. Por esta razón
mantengo los ojos abiertos buscando a un hombre cariñoso. Eso me ha quedado claro.
Bert Hellinger: Es arriesgado. La mayoría de las relaciones empiezan así, que se está buscando a alguien del
que por fin recibamos aquello que siempre deseábamos. El problema es que el otro está buscando exactamente lo
mismo. El enamoramiento sirve para mantener viva la ilusión de poder conseguirlo. El enamoramiento - todo esto
naturalmente no son más que especulaciones - reaviva la necesidad del niño, y así el otro fácilmente se ve llevado a
la posición de padre o de madre. Cuando una mujer encuentra a un hombre, su necesidad más profunda es la de
tener a la madre. La necesidad de un hombre que encuentra a una mujer también es la de tener a la madre. Eso
necesariamente tiene que provocar desilusiones.
La relación de pareja es una empresa y algo totalmente diferente de un amorío, ni tampoco un amorío prolongado, sino
algo absolutamente diferente. Tiene otra profundidad totalmente distinta. Tal como lo dijiste tú, Angela, encontrarás a un
hombre al que tendrás para dos meses, y él no te tomará en serio, tomar en serio en el sentido de querer pasar una vida
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Bert Hellinger – Felicidad dual

contigo, sino que más bien lo verá como una oportunidad, porque tú quieres tomarlo como una oportunidad. Tu imagen es
demasiado pequeña para una relación duradera. Esta imagen únicamente llega para un amorío. Si, por lo contrario, dejas
que en tu interior nazca otra imagen que corresponda a tu dignidad y a tu fuerza, quizás también a tu vocación, entonces
en ella podrá entrar alguien que reúna todos estos aspectos; y si después aún se añade amor y un poco de enamoramiento -
bueno. El enamoramiento es ciego, el amor está en vela. Para el amor, el otro está bien tal como es. Justamente así se toca
lo más hondo en el otro, de manera que pueda desarrollarse.
Esto lo dice un señor mayor a una señora joven.

¡Pillado!
Bruno: Como ya estamos con los sentimientos: yo también quisiera aclarar un sentimiento que tengo para una mujer.
Es un sentimiento que no he tenido nunca, y simplemente no puedo clasificarlo. Es la sensación: «Esta es la mujer para
mí.» Simplemente eso. No hay ninguna pasión en ello, simplemente esa frase.
Bert Hellinger: Yo no me fiaría de la frase. «Es buena», eso ya sería suficiente. - «La mujer» significa: con ésta tengo
que cambiar menos.
Bruno: ¡Pillado! (risas) Pero por otra parte también es muy bonito si uno puede seguir siendo como es.
Bert Hellinger: No, no es bonito. Se convierte rápidamente en una carga. La sensación «éste es el mejor» abruma al
otro, lo cual es en absoluto provechoso para la relación. Si la mujer es «buena» sin más y tú también eres «bueno»,
entonces está bien.

G. CUANDO DOS TRADICIONES FAMILIARES SE ENCUENTRAN


Al juntarse una pareja, ambos miembros aportan de sus familias de origen modelos para la vida en pareja, y
ambos, por costumbre, siguen a las suposiciones básicas, normas y valores anteriormente vigentes en sus
respectivas familias. Adoptando patrones antiguos, se sienten bien, aunque aquéllos sean fatales, y abandonando
patrones fatales, se sienten culpables, aunque los nuevos sean mejores. De esta manera, su progreso y su nueva
felicidad frecuentemente les cuestan el precio de la culpa. De la vinculación con el propio grupo de origen resultan
las peores consecuencias para una relación de pareja, sobre todo si uno de los dos, sin darse cuenta, se ve obligado
a desempeñar un papel de representante para solucionar conflictos del pasado.

Un ejemplo:
Un hombre y una mujer se sabían muy unidos, pero, a pesar de todo, surgían conflictos entre ellos que no podían
comprender. Hacía un tiempo, se habían separado para medio año, a pesar de tener tres hijos. Finalmente, un día se
encontraron el uno frente al otro, y un terapeuta se dio cuenta de que la cara de la mujer empezaba a cambiar hasta que
parecía una vieja. Después le echaba al hombre cosas en cara que no podían referirse a él.
El terapeuta preguntó: - ¿Quién es la mujer mayor?
En ese momento la mujer se acordó de su abuela, una tabernera. Muchas veces el abuelo la había arrastrado por los
pelos a través del comedor, delante de toda la gente. Se dio cuenta de que la rabia que ella expresaba contra su marido era
la rabia de su abuela contra el abuelo, reprimida en aquel entonces.
Esta dinámica de la doble transferencia se tratará más extensamente en el capítulo V, dedicado a las implicaciones
sistémicas y sus soluciones.
Para que una relación de pareja sea lograda, cada uno debe, para decirlo de alguna manera, casarse también con
la familia de origen del otro. Al mismo tiempo, tanto el hombre como la mujer también tienen que revisar los
modelos determinados por sus padres y por sus grupos de origen, para, quizás, abandonar patrones antiguos y
encontrar otros nuevos para la relación de pareja. Si, por ejemplo, los dos pertenecen a Iglesias diferentes, una
solución -que hoy en día es más factible que antes- sería que cada uno abandonara su Iglesia y que ambos las valo-
raran y honraran a un nivel superior.
Una vez se me ocurrió una imagen para este proceso. Pongamos por ejemplo a un hombre y a una mujer. El uno se
encuentra en un lado del río, la otra en el otro. Los dos tienen sus puntos de vista, cada uno en una orilla distinta. Ahora
bien, no les sirve de nada ir pregonando sus puntos de vista. El río todo el tiempo va pasando delante de ellos. Para saber
realmente lo que es el orden, ambos tienen que abandonar sus posiciones, bajar al río y meterse en el remolino. Entonces
se darán cuenta de lo que es la vida y cuál es el orden que para ellos resulta.

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3. LA VINCULACIÓN EN LA RELACIÓN DE PAREJA

A. LA SIGNIFICACIÓN DE LA CONSUMACIÓN DEL AMOR


CON LO PLENAMENTE CARNAL E INSTINTIVO
El tema que ahora trataré es un proceso que estoy indagando y que aún no llego a captar del todo. En la Iglesia
Católica y en el derecho matrimonial católico la consumación del matrimonio tiene una significación especial. El
matrimonio únicamente es válido si ha sido consumado, es decir, si también se realizó la unión física. ¡Hay algo en todo
esto! La consumación crea un vínculo indisoluble. Por esta misma razón es fácil que dos personas, que antes no se
conocían, vivan la consumación y después se sientan vinculadas. No son ni la decisión ni la intención las que crean el
vínculo, sino la realización elemental. Eso tiene algo consolador y también hay grandeza en ello, encuentro yo. Se trata,
por tanto, de resistir al menosprecio. El vínculo que resulta de la consumación es más fuerte que aquél que nos une a los
padres. Ésta es una hipótesis, y la presento con toda cautela.
El temor a llamar por su nombre lo más íntimo que tenemos, y de quererlo en una relación de pareja como lo
primero y lo más inmediato, tiene que ver con que en nuestra cultura la consumación del amor entre hombre y
mujer a muchos les parece algo casi indecente, una necesidad indigna. Pero aun así es la mayor realización humana
posible. Ningún otro acto humano está más de acuerdo con el orden y la plenitud de la vida y nos obliga tan
enteramente para el mundo como todo. Ningún otro acto humano nos aporta tanta dicha y placer y, en
consecuencia, tanto sufrimiento por amor. Ningún otro acto humano tiene consecuencias más graves o un riesgo
más alto, ninguno como éste nos exige aún lo último y nos hace tan sabios y conocedores y humanos y grandes
como cuando un hombre toma y conoce a una mujer con amor, y una mujer toma y conoce al hombre con amor.
Comparado con esto, cualquier otro acto humano no parece más que preparativo o ayuda, o consecuencia o, como
mucho, un añadido, o incluso escasez y substitutivo.
La consumación del amor entre hombre y mujer es, a la vez, nuestro acto más humilde. En ninguna otra ocasión nos
descubrimos tanto y mostramos tan indefenso el punto en el que somos más vulnerables. Por tanto, tampoco hay nada que
protejamos con tan profundo pudor como el lugar en el que el hombre y la mujer amando se encuentran, revelando y
confiándose lo más íntimo. Por la consumación del amor, según la bella palabra de la Biblia, el hombre deja a su padre y a
su madre, se une a su mujer y los dos se hacen una sola carne. Lo mismo vale también para la mujer.
Como ya dijimos, el vínculo especial entre el hombre y la mujer, indisoluble en un sentido profundo de la palabra, se
crea a través de la consumación del amor. Sólo ésta convierte al hombre y a la mujer en pareja, y sólo ésta también
convierte a la pareja en padres. Un amor únicamente espiritual no es suficiente, ni tampoco el reconocimiento público de
su relación. Si, por lo tanto, esta consumación se menoscaba, por ejemplo porque el hombre o la mujer ya antes de la
relación se esterilizaron, tampoco se crea ningún vínculo, aunque ambos lo quieran. Lo mismo ocurre en una relación
platónica que ambos aceptan sin el riesgo de la consumación. Por tanto, tales relaciones mantienen su carácter no
vinculante y los dos, al separarse, no se deben nada. Si, por lo contrario, hubo una consumación seria —lo cual queda
patente en las constelaciones, donde se percibe si una persona determinada aún es de importancia—, la separación resulta
más difícil, y no es posible pasar por alto ese vínculo como si no hubiera existido. Si de esa relación nació un hijo o hubo
un aborto voluntario, la relación siempre es de importancia.
Si la consumación del amor se menoscaba posteriormente, por ejemplo a través de un aborto voluntario, se da
una ruptura en la relación, aunque el vínculo permanezca. Si el hombre y la mujer quieren seguir juntos a pesar de
todo, tienen que decidirse nuevamente el uno por el otro y vivir juntos como si fuera su segunda relación, ya que la
primera, por regla general, ha terminado.

La superioridad de la carne sobre el espíritu


En la consumación del amor se muestra la superioridad de la carne sobre el espíritu, su veracidad y su grandeza. Sin
duda, a veces nos vemos tentados de desdeñar la carne en comparación con el espíritu, como si aquello que se realiza por
instinto y necesidad, por anhelo y amor, fuera menos que aquello que la razón y la voluntad moral nos imponen. Pero lo
instintivo demuestra su sabiduría y fuerza allí donde lo razonable y lo moral topan con sus límites y fallan. Puesto que a
través del instinto actúan un espíritu superior y un sentido más profundo, de los que nuestra razón y nuestro querer ético
retroceden y huyen.
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EL CONOCIMIENTO
Un grupo de hombres animados por los mismos sentimientos, que aún se consideraban principiantes, se
encontraron y hablaron de sus planes para un futuro mejor. Acordaron hacer las cosas de otra manera.
Lo común y lo cotidiano y todo el eterno ciclo les parecían demasiado estrechos. Ellos buscaban lo sublime,
lo singular, lo amplio, y esperaban encontrarse a sí mismos como nunca nadie lo había conseguido. En su
mente ya veían la meta conseguida, se imaginaban cómo sería, sentían como sus corazones latían de emoción y
se impacientaban, y decidieron actuar.
- Primeramente - dijeron - tenemos que buscar al Gran Maestro, porque por ahí se empieza.
Después emprendieron el camino.

El maestro vivía en otro país y pertenecía a otro pueblo. Muchas maravillas se habían contado de él, pero
nunca nadie parecía saber nada concreto. Pronto quedó atrás lo habitual, ya que aquí todo era diferente: las
costumbres, el paisaje, el habla, los caminos, la meta. A veces llegaban a un lugar del que se decía que el
maestro estaba ahí. Pero siempre que querían saber algo más, oían que justamente acababa de partir, y que
nadie sabía el rumbo que había tomado. Finalmente, un día lo encontraron.

Estaba con un campesino, trabajando en el campo. Así se ganaba su sustento y un cobijo para la noche.
Primero no querían creérselo, que éste fuera el maestro largamente anhelado, y también el campesino se
asombró al ver que consideraban tan especial al hombre que estaba con él en el campo. Este, sin embargo,
dijo: -Sí, soy un maestro. Si queréis aprender de mí, quedaos aquí una semana más, entonces os instruiré

En seguida entraron al servicio del campesino y, a cambio, recibían comida, bebida y alojamiento. Al cabo
de ocho días, al caer la tarde, el maestro los llamó, se sentó con ellos bajo un árbol, se quedó mirando el
crepúsculo y empezó a contarles una historia.

-Hace mucho tiempo, un hombre joven estuvo pensando qué quería hacer con su vida. Provenía de familia
distinguida, no conocía el apremio de la penuria y se sentía obligado a buscar lo sublime y lo mejor. Así dejó al padre
y a la madre, siguió a los ascetas durante tres años, dejó también a éstos, encontró después al Buda en persona, y
supo: tampoco eso le bastaba. Aún más alto quería llegar, hasta donde el aire ya se enrarece y se respira con
dificultad, donde nadie había llegado antes que él.
Cuando por fin llegó, se detuvo.
Se encontraba al final de aquel camino y vio que había sido un extravío.

Ahora quiso tomar el rumbo contrario. Bajó, llegó a una ciudad, conquistó la cortesana más bella, se hizo socio de
un comerciante rico, y pronto fue rico y respetado él mismo. Pero no había bajado a lo más profundo del valle, tan
sólo se movía en el borde superior: para arriesgarse del todo le faltaba el valor. Tenía una amante, pero no una mujer,
tuvo un hijo, pero no fue padre. Había aprendido el arte del amor y de la vida, pero no el amor y la vida mismos.
Empezó a aborrecer lo que no había aceptado, hasta que se cansó y también dejó aquello.

Aquí el maestro hizo una pausa.


-Quizás reconozcáis la historia –dijo-, y también sabéis cómo acabó. Se dice que el hombre, al final, se hizo
humilde y sabio, amante delo común. ¡Pero qué es eso, si en un principio se desaprovechó tanto! El que se fía de la
vida no rehúye lo cercano para buscar un ideal lejano.
Domina primero lo ordinario, ya que, de lo contrario, también lo extraordinario en su vida - suponiendo que
exista- no es más que un sombrero en un espantajo.

Se había hecho el silencio, y también el maestro callaba. Después se levantó sin decir palabra y se fue.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Ahora, los que tanto tiempo parecían animados por los mismos sentimientos, nuevamente tenían que defenderse
solos. Algunos de ellos no querían creerse que el maestro los había dejado y partieron a buscarlo de nuevo. Otros
apenas eran capaces ya de distinguir entre sus deseos y sus miedos y, al azar, tomaron cualquier camino.
Uno, sin embargo, se lo pensó. Volvió de nuevo junto al árbol, se sentó y miró a lo lejos, hasta que en su interior se
hizo la calma. Sacó de su interior aquello que la acosaba y lo puso delante de sí, como uno que después de una larga
marcha se quita la mochila antes de descansar. Y se sentía ligero y libre.

Ahí estaban pues, delante de él: sus deseos, sus miedos, sus metas, su necesidad real. Y sin mirarlos más de cerca,
ni querer nada determinado, más bien como uno que se entrega a lo desconocido, esperaba que ocurriera como por sí
solo, que cada cual encontrara el lugar que en el todo le correspondía, según su propio peso y su rango.

No tardó mucho, y se dio cuenta de que allá fuera se iba aclarando, como si algunos se marcharan a hurtadillas,
como ladrones desenmascarados que se dan a la fuga. Y comprendió: aquello que había tenido por sus propios
deseos, sus propios miedos, sus propias metas, todo aquello no le había pertenecido nunca. Todo eso venía de otra
parte totalmente distinta, y tan sólo se había anidado en su vida.
Pero ahora su tiempo había acabado.

Parecía moverse aquello que aún quedaba delante de él. Volvía a él aquello que realmente le pertenecía, y
cada cual ocupaba su justo lugar. Fuerza se reunía en su centro, y finalmente reconoció su propia meta, la meta
que a él le correspondía. Aún esperó un poco, hasta sentirse seguro. Después se levantó y se fue.

Angela: Esta historia me ha llevado a mi drama, es decir también al dolor entre los omoplatos. Me doy cuenta de cómo
me resisto y me rebelo contra el matrimonio siempre que lo pienso. Noto cuánto me cuesta concederle un lugar a un
matrimonio (su voz se vuelve insegura); eso me pone triste y siento que es necesaria la reverencia ante el matrimonio.
Bert Hellinger: Si acaso, la reverencia ha de hacerse ante tus padres como matrimonio, y quizás desaparezca el dolor
entre los omoplatos si te pones justo entre ambos padres, tocando con un omoplato al padre, y con el otro a la madre.
Podrías imaginártelo alguna vez, mal no te hará.
Angela (ríe): Sí, ahora estoy dispuesta (se lo imagina con los ojos cerrados). ¿Y si luego ya no vuelvo a abrir los ojos?
Bert Hellinger: Exacto. - Es decir, no es posible hacer una reverencia ante el matrimonio, eso no funciona. Tampoco es
posible planear un matrimonio feliz. Si se logra, es una gracia, y si fue bueno durante un tiempo, también está bien.

B. EL DESEAR Y EL CONCEDER
En este ámbito aún quisiera decir algo acerca de la igualdad de rango en la relación de pareja. El que desea se
encuentra en una posición débil en la relación, ya que el otro tiene el poder de rechazarlo. El que concede no tiene
que correr ningún riesgo. En nuestra cultura, la mayoría de las veces es el hombre quien desea y la mujer la que
concede. De esta manera ya se planta la semilla para un posible trastorno en la relación, puesto que el desear
aparece como pequeño y el conceder como grande. Así, el uno se muestra necesitado y como uno que toma, y el
otro, aunque sea amando, se muestra complaciente y como uno que da. Así, el que toma, quizás tenga que dar las
gracias, como si hubiera tomado sin dar, y el que da, tal vez se sienta superior y libre, como si hubiera dado sin
tomar. De esta manera, sin embargo, se niega el equilibrio y se pone en peligro el intercambio. Para algunos, sin
embargo, es una satisfacción mantenerse en esa posición superior y poderosa del que concede, y así la relación
fracasa.
Hace un tiempo, una mujer me envió un anuncio matrimonial que había puesto. Quería saber si el anuncio era bueno.
Más o menos decía así: «... mujer, incluso dispuesta a casarse con viudo con hijos.» ¡¿Qué hombre encontrará ésta?! La
relación de antemano estaría abocada al fracaso. Aquél de la pareja que al casarse le debe algo al otro, más tarde se
vengará. Yo le dije que pusiera: «Mujer desea hombre - ¿quién quiere venir?» (Risas) Al leer eso, un hombre reacciona y
se lo toma como un honor.
Para que una relación sea lograda, el riesgo de ser rechazado debe ser compartido. Para muchas mujeres el desear es
más difícil, porque tienen que romper un tabú social y son despreciadas si desean. Sin embargo, teniendo presentes a sus
madres tienen el derecho de decir: «Deseo a mi marido.»

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Bert Hellinger – Felicidad dual

La pareja puede llegar al acuerdo de que si uno de ellos revela y pone en juego lo más íntimo -y eso lo hace
expresando su deseo—, el otro lo respetará, aunque no lo cumpla. El desear no debe llevar a un rechazo humillante, ya
que en este punto somos especialmente vulnerables. De esta manera, el riesgo puede asumirse nuevamente y se hace
posible una relación profunda. Para que el intercambio y el equilibrio se logren, ambos tienen que desear y ambos tienen
que conceder con respeto y con amor aquello que el otro, necesitado, desea.
Una dificultad en muchas relaciones de pareja consiste también en que la sexualidad haya adquirido una importancia
exagerada en el todo de la relación. De esta manera, la sexualidad se convierte en meta de la relación, en vez de estar a su
servicio. Si la sexualidad está al servicio de la relación, es más entrañable y también más variable.

C. EN UNA RELACIÓN DE MUCHO TIEMPO SE PIERDE ALGO


DE LO MASCULINO Y DE LO FEMENINO
Siempre que un hombre y una mujer con todas sus diferencias se dirigen el uno al otro, cada cual pone en
cuestión al otro en su origen y en su manera de ser. La mujer priva al hombre de su seguridad, y el hombre priva a
la mujer de su seguridad. El hombre, a lo largo del matrimonio o de la relación de pareja, se hace menos hombre, y
la mujer, a lo largo de la relación de pareja, se hace menos mujer. En su relación se reducen mutuamente en este
sentido específico. Ambos aportan lo propio, lo masculino o lo femenino; en la relación, sin embargo, ambos van
perdiendo algo de lo que les es propio, de su identidad.
Para el hombre lo femenino siempre queda inalcanzable y siempre sigue siendo un misterio, no puede captarlo, y para
la mujer ocurre lo mismo a la inversa. Éste es el aspecto de renuncia en una relación. Matrimonios que permanecen juntos
largo tiempo realizan esta renuncia poco a poco, lo cual también tiene su belleza. En toda crisis de matrimonio cada uno
abandona algo, pero a pesar de esto, a otro nivel nace algo nuevo y profundo que antes no existía. Es algo humano en un
sentido muy general, que está más allá de lo masculino y lo femenino. El amor puede ser más grande entonces, mucho
más grande, pero tiene otra cualidad.
Cuanto más avanza una relación, más peso gana el aspecto de muerte. Bien nos embarcamos en la relación con la idea
de que ella nos colmará en plenitud, pero la promesa que los cónyuges se dan al principio de su matrimonio es imposible
de cumplir, tanto para el uno como para el otro. La realidad es que morimos en la relación, que nos desafía a la renuncia
extrema, y que de cada uno exige lo último y lo más difícil. Incluso si el amor prospera en una relación, siempre queda, en
lo más íntimo, un vacío. Palpar este vacío tan profundamente humano significa tocar también los grandes misterios de la
vida, su dimensión espiritual y religiosa. Al abandonar la esperanza de que la pareja llenará lo que ninguna pareja puede
llenar, los cónyuges comienzan a mirarse con más cariño, librándose de sus expectativas originales y entregándose a un
proceso cuyo resultado final aún desconocen.
Si uno vive en una aldea entre montañas, todo es estrecho allá abajo. Así pues, empieza a subir, y su vista alcanza cada
vez más lejos. Pero cuanto más alto sube, tanto más solo se encuentra al mismo tiempo. A pesar de esto, de repente se
encuentra también en un contexto mayor.
Toda relación estrecha tiende a disolverse para dar lugar a otra más amplia. Por eso la relación estrecha de
pareja disminuye al llegar a su punto culminante. El punto culminante es el nacimiento del primer hijo. Después, la
relación aspira a la amplitud. Aparecen otras cosas que cobran importancia, y la intimidad disminuye, tiene que
disminuir.
Ésta es una visión. También es posible llegar a otras totalmente distintas. A través de esta visión, sin embargo, la
relación adquiere una profundidad y una seriedad dignas de ella.
Es similar la vivencia del hombre y de la mujer al nacer un hijo y convertirse ellos en padres. Experimentan que ellos
harán sitio y, junto con la felicidad del hijo, también se les recuerda que este hijo ocupará su lugar. La gran felicidad de
tener un hijo y la sensación de plenitud que la acompaña son, al mismo tiempo, una renuncia que se les exige a los padres.
Es lo que corresponde y, al mismo tiempo, nos obliga a abandonar los sueños de lo que una relación podría ser. Es más
que una relación amorosa. Una relación amorosa es algo que se desarrolla en un primer plano, algo que nunca puede
abarcar lo que ocurre en este ámbito. Ambos cónyuges realizan la renuncia paso a paso y, junto a la renuncia, se introduce
en la relación algo diferente, algo humilde y sereno y, a la vez, una plenitud que es distinta de la de una pareja joven.

LA PLENITUD
Un joven preguntó a un anciano:
-¿Qué te distingue a ti, que ya casi fuiste, de mí, que aún seré?

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El anciano dijo:
-Yo he sido más.
Bien es verdad que un día joven, que llega, parece más que el viejo, ya que el viejo, antes que aquél, ya fue.
Pero también él, aunque aún esté por venir, tan sólo puede ser aquello que ya fue, y se hace más, cuanto más haya
sido también él.
Como en su tiempo el viejo, también él al principio sube bruscamente hacia el mediodía, alcanza el cénit
aún antes del pleno calor y, así parece, se mantiene un tiempo en la cúspide; después, cuanto más tarde
tanto más y como si su peso creciente lo arrastrara, se inclina profundamente hacia la tarde y queda
completo en cuanto, al igual que el viejo, haya sido del todo.

Pero aquello que ya fue no está pasado. Permanece porque ha sido, actúa aunque fue, y aún aumenta por lo
nuevo que le sigue. Ya que, como una gota redonda de una nube que pasó, aquello que ya fue se hunde en un mar
que permanece.

Sólo aquello que nunca pudo ser nada, porque lo dejamos pasar sin experimentarlo, lo pensamos sin hacerlo, y
lo desechamos, pero no lo pagamos como precio por aquello que elegimos, aquello está pasado.
De ello no queda nada.

El Dios del Tiempo Justo, por lo tanto, se nos presenta como un joven que lleva una mecha delante y una calva
detrás. Por delante podemos asirlo por la mecha, por detrás tan sólo cogemos el vacío.
El joven preguntó:
- ¿Qué debo hacer para que de mí se haga lo que tú ya fuiste?

El anciano dijo:
-¡Sé!

D. RENOVAR LO MASCULINO Y LO FEMENINO


Un pequeño repaso: Cuando un hombre toma a una mujer por mujer, a través de ella se convierte en hombre, pero, a la
vez, ella también lo priva de lo masculino y lo pone en cuestión y, de esta manera, él se hace menos hombre en el
matrimonio. Y la mujer, al tomar a un hombre por marido, a través de él se convierte en mujer. Pero, a la vez, él la priva
de lo femenino y lo pone en cuestión, por lo que ella se hace también menos mujer en el matrimonio. Por esta razón y para
que la relación mantenga su tensión, el hombre tiene que renovar lo masculino y la mujer tiene que renovar lo femenino.
El hombre renueva lo masculino estando con hombres, y la mujer renueva lo femenino estando con mujeres. Es
decir, ambos tienen que salir de su relación de vez en cuando, los hombres para «recargar» lo masculino, y las
mujeres para «recargar» lo femenino. Así, la relación cobra nuevamente tensión y fuerza, pudiendo seguir e
intensificarse.
En el amor romántico, este lado de la relación no se aprecia en su justo valor. Para «recargar» es absolutamente
secundario el contenido que se intercambia (por ejemplo, en la reunión de amigos o la tertulia de café), lo único que
importa es el estar juntos.

E. CONFORME AL NÚMERO DE RELACIONES,


EL VÍNCULO DISMINUYE; LA FELICIDAD, NO
Podría objetarse que un divorcio y una nueva relación posterior demuestran que un primer vínculo sería anulable. Pero
una segunda relación tiene otros efectos que una primera. Un segundo marido y una segunda mujer perciben el vínculo de
su pareja con su primera mujer o su primer marido. Esto queda patente en el hecho de que un segundo marido y una
segunda mujer no se atreven a tomar a sus nuevas parejas como su marido o su mujer en el pleno sentido de la palabra,
como lo hicieron con sus primeros cónyuges, ni tenerlos como suyos para siempre. Ya que, frente a la primera relación,
ambos cónyuges experimentan la segunda como culpa. Eso también es válido si el primer cónyuge murió, ya que lo único
que realmente nos separa del primer cónyuge es nuestra propia muerte. Una segunda relación sólo puede ser lograda si el
vínculo con los anteriores cónyuges es reconocido y valorado, si los nuevos cónyuges saben que siguen pospuestos a los
anteriores y en deuda con ellos.

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La segunda relación tiene que realizarse teniendo presente a la primera. Ya no tiene la misma profundidad que la
primera; no puede tenerla, y no tiene por qué tenerla. Eso, sin embargo, no significa que será menos feliz o que
habrá menos amor. Es posible que el amor en una segunda relación sea incluso mayor y más profundo. Únicamente
un vínculo en el sentido original, como en una primera relación, se les rehúsa. Por esta razón, la culpa y la
obligación que resultan de la separación en una segunda relación, por regla general son menos significativas que al
romperse una primera relación. También es más fácil la separación y va acompañada de menos dolor y de menos
culpabilidad. El vínculo, por tanto, disminuye de relación en relación. La profundidad de un vínculo puede
deducirse del grado de culpabilidad y de dolor al momento de separarse una pareja.

Hannelore: Hoy me siento llena de fuerzas. Ayer volví a pedirle informaciones a mi marido sobre su primera mujer, lo
cual a mí me provocó bastante dolor. Pero me fue bien.
Bert Hellinger: Hace poco, vino un hombre con su amiga. Estaban decididos a casarse. Él ya había estado casado y
tenía un hijo de ese matrimonio. Así, pues, configuramos la constelación de su sistema actual: su primera mujer, su hijo y
su actual amiga.
Después le pregunté: - ¿Aún falta algo?
Y él respondió: - Ah, bueno, sí. Ya estuve casado anteriormente, pero sólo fue un matrimonio de estudiantes.
Yo le dije: - ¿Sólo?
Después introdujimos a su primera mujer en la constelación, y en ese momento estaba clarísimo: ésta era la persona
clave. Ésta no era valorada. En la constelación quedó muy claro también que su segunda mujer lo había abandonado en
solidaridad con la primera. Ahora estaba la tercera, la que también participaba en el curso. Al ocupar ella su lugar, se dio
cuenta perfectamente de que solamente era la tercera y que tenía que respetar a las otras dos. A la mañana siguiente estaba
ahí sentada, toda deprimida. Tenía la sensación de que, pensando en las otras mujeres, ella no tenía ninguna oportunidad
propia. Entonces le dije: - Hay tres mujeres que deben ser valoradas, la primera, la segunda, y la tercera.

*
Birgit está casada en segundas nupcias con un hombre que también estuvo casado anteriormente y de ese matrimonio
tiene una hija que vive con la madre. Después de ocupar en la constelación del sistema actual el lugar de su representante,
dice: - Me cuesta aceptar esta cercanía (con el hombre).
Bert Hellinger: Apártate un poco, tal como te parezca bien. Ésta es la posición típica y correcta que una segunda mujer
adopta. (Al grupo) Ella no se atreve a tomar al marido del todo, como una primera mujer lo haría, porque lo tiene a costa
de la primera mujer y de la hija. Éste es, para así decirlo, el precio, y ocurre de acuerdo con la necesidad de equilibrio.
Ludwig: ¿También ocurre así si él ya antes estaba divorciado de la primera mujer?
Bert Hellinger: Eso depende enteramente del desnivel entre ganancia y pérdida, independientemente de la motivación
y de la moral de la historia. La primera mujer ha perdido al marido, y la segunda ve que ella tiene al hombre a costa de la
primera mujer. Sobre todo es también la hija la que ha perdido al padre, lo cual es especialmente grave. Así, la segunda
mujer ocupa el lugar de la primera y no se atreve a tomar al hombre del todo. Eso mejora si ella reconoce: «Yo te tengo a
costa de tu primera mujer.» El reconocimiento es la parte más importante de la compensación. Después, pueden ponerse
más cerca el uno del otro. Pero aun así, siempre queda una obligación respecto a la primera mujer y no es lo mismo que
un primer matrimonio. Lo mismo vale naturalmente por parte del hombre que tiene a la mujer a costa del primer marido.
Las nuevas relaciones tienen más posibilidades de lograrse, si los nuevos cónyuges reconocen su deuda, viendo también
que su relación no es posible sin el reconocimiento de esta deuda. Entonces la relación cobra otra profundidad y también
existen menos ilusiones.
El segundo marido de Birgit primeramente es padre de su hija. Aunque ya no sea el marido de la primera mujer, sigue
siendo el padre de la hija. La relación con su hija precede a la relación con la segunda mujer y le está antepuesta. Ahora
bien, si Birgit entrara en competencia con la hija, diciendo: «Yo soy la mujer, yo soy más importante que la hija», todo iría
mal. Tiene que reconocer que para el hombre la hija es más importante, y que ésta para él ocupa un primer lugar; de esta
manera se establece el orden. Y si ahora estos dos tuvieran hijos, éstos se encontrarían en un tercer lugar. Así corresponde
al orden de origen, el cual se percibía muy claramente aquí.
Jutta: La frase que dijiste referente a la segunda relación me tranquiliza. Pero el tema de la «segunda opción» aún me
preocupa. Soy la segunda mujer de mi marido; y con mi padre, la segunda hija.
Bert Hellinger: En el caso de la hija no es válido.
Jutta: Él ya había estado casado antes y tenía una hija, lo cual se silenció por completo.
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Bert Hellinger: Tu madre es la segunda opción.


Jutta: Pero, en consecuencia, yo también me sentía como la segunda opción.
Bert Hellinger: Claro, así es la tradición. Éste es el patrón dado, al que puedes seguir con la conciencia tranquila.
Jutta: Pero eso también me afecta.
Bert Hellinger: Bueno, mira a tu madre y dile: «Mira, nosotras dos...»
Jutta: No, no puedo hacerlo.
Bert Hellinger: Sí, en este caso se trata de una identificación. La resistencia se expresa precisamente ahí donde la
persona está identificada. Me resisto a lo que soy o a lo que hago. O: aquello que en mí rechazo, es lo que soy. Aquello
que en mí quiero, me deja libre.
(Jutta se defiende con un comentario ininteligible)
Bert Hellinger: Te contaré una historia fatal. Trata de una de las constelaciones familiares más impresionantes que he
visto.
Un participante de un grupo quería hacer la constelación de su sistema actual y yo le dije: -Haz la constelación de tu
sistema de origen.
Él respondió: -No tengo ninguno.
Le pregunté: - ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
Él dijo: —Mis padres me dieron inmediatamente después de nacer, para que sobreviviera. Eran judíos en Holanda.
Poco después, vinieron a buscar a los padres, que más tarde murieron en un campo de concentración.
Después, lo pasaron al extranjero ilegalmente, donde se crio con unos padres acogedores. Le pedí que configurara su
sistema. Los padres que lo acogieron estaban en un lado, y en el otro lado estaba él, representado por un judío que había
elegido sin saber que se trataba de un judío. Y en el otro extremo opuesto estaban los padres carnales, apartados y de
espaldas. Primeramente giré a estos dos, poniendo al padre a la derecha de la madre, y en ese momento, el hombre que re-
presentaba al hijo empezó a sollozar. Después, hice que el cliente mismo ocupara ese lugar, para después acercarlo
lentamente a los padres. Éstos lo abrazaron y hubo un encuentro muy emotivo, una escena muy conmovedora. De esta
manera pudo tomar a sus padres.
Un año más tarde me encontré con el judío que lo había representado, un amigo mío; le pregunté si había vuelto a ver
al otro. Me dijo que sí, que hacía unas semanas lo había llamado por teléfono, todo enfadado, y que no quería saber nada
más de ese curso. — Seguir a los padres en la fatalidad le era más importante que la solución buena (silencio prolongado).
(A Jutta) ¿Has comprendido la historia?
Jutta: Yo no lo vivo como una imitación consciente. ¡Si me digo a mí misma que no lo quiero!...
Bert Hellinger: Eso suena algo obstinado.
Jutta: Sí, también me rebelo.
Bert Hellinger: Para la mayoría de las personas, el sufrimiento según la dinámica sistémica es muchísimo más
importante y también mucho más fácil que la solución. Es así por una razón muy sencilla: si la persona sufre y le va mal,
se siente inocente y unida a sus padres en el plano de la identificación mágica. Si le va bien, se siente culpable. Si realiza
la solución buena, incluso en reconocimiento de sus padres, la vive como algo que no le corresponde. Con esta dinámica
siempre hay que contar. Por lo tanto, Jutta, de todos modos te va bien si te va mal. - ¿Algo más ?
Jutta: Pues, yo me siento provocada.
Bert Hellinger: ¿Y qué?
Jutta: ¿Por qué lo dices? Eso me hiere. (Lo mira abiertamente)
Bert Hellinger: Sí, eso está mejor. Trabajo con todos los trucos sucios mientras surtan efecto. (Cuando alguien intenta
apoyar a Jutta) No, no, ¡nada de bomberos echando leña al fuego!

F. RELACIONES DE TRIÁNGULO
Si una mujer se comporta frente a su marido como una madre, sabiendo lo que es bueno para él o queriendo educarlo,
el hombre se toma una amante. La amante es de igual condición para él. Si tiene una buena relación con su mujer y, a
pesar de todo, una amante, ésta representa a la madre.
La mujer que vive en una relación de triángulo, por regla general es la hija que prefiere al padre frente a la madre. La
solución es que salga de la esfera del padre y se ponga al lado de la madre.
Una relación al margen del matrimonio frecuentemente se considera algo fatal. Si uno de los cónyuges tiene una
relación aparte, el supuestamente inocente se comporta como si tuviera el derecho de tener al otro suyo para siempre. Esta
actitud es arrogante. En vez de recuperar al otro por medio del amor, muchas veces lo persigue. ¿Y entonces quiere que

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Bert Hellinger – Felicidad dual

éste vuelva? Yo abogo por lo más humano. Ciertamente siento un gran respeto ante la fidelidad, pero no por una fidelidad
que reivindica: «Yo soy la única persona que puede tener importancia para ti». Frecuentemente ocurre también que
alguien conoce a otra persona importante, lo cual debe ser respetado. Un encuentro así puede repercutir de manera muy
positiva en la relación de pareja. La buena solución únicamente es posible a través del amor.

G. CELOS
Una mujer contó en un grupo que ella torturaba a su marido con sus celos y, aunque se daba cuenta de lo absurdo de su
comportamiento, no podía resistirlo. El coordinador del grupo le mostró la solución. Le dijo:
—Tarde o temprano perderás a tu marido, ¡disfrútalo mientras tanto!
La mujer se rió y quedó aliviada. Pocos días después, su marido llamó al coordinador del grupo diciendo: -Te doy las
gracias por mi mujer.
El marido, muchos años antes y junto con una amiga, había participado en un grupo con el mismo coordinador. Durante el
curso explicó ante todos los participantes, y sin la menor consideración al dolor de su amiga, que tenía una nueva amiga,
más joven, y que se separaría de su compañera actual. Con ella había convivido desde hacía siete años. Más tarde volvió a
participar en otro curso, esa vez con su nueva amiga. Ésta quedó embarazada durante el curso y, poco después, se casaron.
Ahora, el coordinador del grupo se dio cuenta del sentido de sus celos. Esta mujer, hacia fuera había negado la
vinculación de su marido a la amiga anterior y, a través de sus celos, también públicamente hacía hincapié en su derecho
sobre él. Secretamente, sin embargo, reconocía el vínculo anterior y su propia culpa. Sus celos, por tanto, no eran ni
mucho menos la prueba de ¡a infidelidad de su marido, sino un reconocimiento secreto de que ella no era digna de él y de
que una separación provocada por ella era el único camino para reconocer el vínculo aún existente, así como una prueba
de su solidaridad con la amiga anterior.

H. LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD


En toda relación se fijan unos límites más o menos amplios o estrechos. Estos límites se descubren a través de la culpa:
allá donde empieza la culpa se encuentra el límite, y dentro de estos límites se hallan la inocencia y la libertad. Mientras
no existan límites, tampoco hay libertad, entonces todo se confunde. Así, por ejemplo, los alumnos se muestran infelices si
los maestros no les ponen límites. Una vez comprobados los límites, también se sabe dónde se encuentra la propia
libertad. La plenitud tan sólo es posible dentro de unos límites.
En las relaciones de pareja, muchas veces nos comportamos como si se tratara de relaciones libremente elegidas. Pero una
conciencia inconsciente e implacable nos desengaña. La experimentamos a través de sus efectos, ya que, de lo contrario,
no habría tanto sufrimiento en las relaciones de pareja. Friedrich Holderlin describe esta conciencia consciente e
inconsciente en un poema:
EL ADIÓS
¿Queríamos separarnos? ¿Lo creíamos prudente, justo? ¿Más por qué, ya consumado el acto, nos horroriza tanto como
un crimen?
¡Ahí Poco nos conocemos, pues es un Dios quien nos gobierna.

4. LA ORIENTACIÓN DE LA RELACIÓN DE PAREJA HACIA LOS HIJOS


Al encontrarse un hombre y una mujer, primeramente se convierten en pareja; y sólo en un segundo lugar, más tarde, se
convierten en padres. Es decir, si bien el ser pareja se orienta hacia el ser padres, lo primero tiene prioridad sobre lo
segundo.
Es propio del orden del amor en la relación entre el hombre y la mujer que, juntos, el hombre y la mujer estén
orientados hacia un tercero, que lo masculino y lo femenino en ellos se realice plenamente en el hijo. Puesto que sólo al
ser padre, el hombre se hace hombre en un pleno sentido, y sólo al ser madre, la mujer se hace mujer en un pleno sentido,
y sólo en el hijo el hombre y la mujer se hacen uno en el pleno sentido y de una manera indisoluble y visible para todo el
mundo. A pesar de todo, hay que decir que su amor de padres para el hijo tan sólo continúa y corona su amor de pareja, ya
que su amor de pareja precede a su amor de padres al hijo, es decir, al igual que las raíces de un árbol, lo sostiene y lo
nutre.
Si en una familia los padres dan prioridad al ser padres sobre el ser pareja, el orden queda trastornado y surgen los
problemas. En un caso así, la solución consiste en concederle nuevamente prioridad a la relación de pareja sobre la
relación de padres. Donde esto se logra, se percibe en seguida: los hijos respiran aliviados en cuanto experimentan a sus
padres como pareja y todos se encuentran inmediatamente mejor.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Inge: Lo que dijiste del riesgo del engendramiento me impresiona.


Bert Hellinger: Eso no lo consigue nadie a través de la reflexión. Ahí tiene que intervenir un poder superior, lo que
después se llama «instinto». Algunas personas lo hacen con toda naturalidad, participando así de la espiritualidad más
sublime. La mera reflexión razonable no consigue tal decisión. A tanto no llega. Con esto acabo de decir algo acerca de la
relación entre el espíritu y la carne: el espíritu es dócil, la carne es sabia.

A. EL AMOR AL HIJO PASA POR EL AMOR AL CÓNYUGE


La relación básica, por tanto, es la relación entre el hombre y la mujer, que también constituye la base para la
paternidad. La fuerza para la paternidad emana de la relación de pareja. Mientras la relación de pareja tenga prioridad y
actúe como base, también el hijo se sentirá bien. En cuanto existe un trastorno o una insatisfacción en la relación de
pareja, y la energía, en consecuencia, fluye más bien hacia el hijo que hacia el cónyuge, se da una confusión curiosa en el
hijo. De repente, el padre busca en él algo que no corresponde a la relación entre ellos dos. Eso forzosamente tiene que
confundir al hijo. Como mejor se encuentra un hijo es cuando el hombre se aprecia y se respeta a sí mismo y a la mujer en
el hijo, y la mujer, a su vez, se aprecia y se respeta a sí misma y al hombre en el hijo. De esta manera, la relación con el
hijo no es más que una continuación de la relación de pareja, sin sobrepasarla, sino coronando y redondeándola. Así está
bien, y el hijo, al mismo tiempo, queda libre de los padres. Se trata, por tanto, de otro rumbo para la energía interior: el
amor del padre a la hija pasa por la mujer, toma el camino indirecto pasando por la mujer. También con la mujer ocurre lo
mismo: su amor al hijo pasa por el marido. Esto une a los padres, mientras que los hijos se sienten libres y, a pesar de
todo, seguros.
Ernst: A veces se hace difícil honrar al cónyuge en el hijo. Yo muchas veces siento un pinchazo cuando veo a mi mujer
en las hijas.
Bert Hellinger: Sí, ya se lo dije una vez a Jutta: todo tu problema radica en que te consideras mejor. Tú probablemente
también piensas que eres mejor. Por supuesto estamos hablando con toda ingenuidad... (Ambos se ríen).
Ernst: Sí, creo que realmente soy mejor.
Bert Hellinger: Exacto. De ahí viene toda la dificultad. Pero en realidad no eres más que diferente, y lo que dije de
ampliar el ámbito del amor, para ti significaría que valoraras aquello que representa tu mujer como algo que se encuentra a
un mismo nivel con lo tuyo, teniendo la misma validez, aunque sea totalmente distinto de lo tuyo. Entonces te das cuenta
de que el ámbito del amor se amplía. Eso se hace posible si se permite que lo distinto sea igualmente válido.

B. RENUNCIAR A TENER HIJOS


En una ronda, Hannelore dijo que en el fondo no deseaba tener hijos.
Bert Hellinger: Sí, pues entonces renuncia. Eso es lo que corresponde.
Hannelore: Aunque...
Bert Hellinger (interrumpiendo): No, no, aún quiero decirte algo al respecto. Primero algo fundamental: cuando una
persona se decide por algo, por regla general tiene que dejar otra cosa a cambio. Aquello por lo que se decide es aquello
que se realiza, aquello que es. Todo ser, por tanto, está rodeado de un no-ser, que va unido a él y que consiste de todas las
posibilidades no realizadas.
Es decir, personas solteras y parejas sin hijos no están en absoluto excluidas de la posibilidad de encontrar amor y
sentido en sus vidas, pero sí que tienen que encarar y resolver unos cuantos asuntos especiales. El hecho de enfrentarse
con la soledad y de intentar encontrar un sentido en su vida puede ser especialmente doloroso para una persona soltera sin
hijos. A veces se experimenta como una suerte muy difícil. Mi interés, por tanto, está en comprender qué pueden hacer
personas en tales circunstancias para que su potencia! de amor y de sentido llegue a realizarse.
En las constelaciones que hasta ahora hemos hecho pudiste ver que todos nosotros tenemos parte en el destino y la
culpa de nuestras familias. Significa que compartimos las consecuencias de lo que otros en el sistema hacen, de la misma
manera que lo que nosotros hacemos les afecta a ellos. Las personas que libremente deciden ser solteras, también
libremente aceptan las consecuencias de su elección y normalmente no recurren a ninguna terapia. Muchas personas, sin
embargo, son solteras no porque quieran serlo, sino por encontrarse cogidas en implicaciones sistémicas o por estar
pagando una deuda que ellas mismas no contrajeron. Así, por ejemplo, un hombre maltrataba a su mujer, y como ésta se
sentía dependiente de él, sobrellevaba los malos tratos sin abandonarlo. Su hija, sin embargo, para toda su vida desarrolló
una absoluta desconfianza de los hombres y de relaciones íntimas y se quedó soltera. Siendo soltera, esta mujer, para ser
feliz, tiene que organizarse la vida de una manera muy diferente que sus amigas casadas. En muchos aspectos ella tiene
más libertad que aquéllas, pero también paga un precio muy alto. No tiene la posibilidad de conocer la libertad que

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Bert Hellinger – Felicidad dual

paradójicamente resulta de la vinculación con una pareja y de tener que hacer frente a las exigencias que comporta el ser
madre.
Sé que no está de moda decirlo, pero aún existen familias en las que una mujer encuentra su plenitud y llega a su
grandeza y a su máximo peso específico a través de muchos hijos. En las zonas rurales de algunos países aún es posible
ver mujeres así. Hay una profunda serenidad en sus caras, que irradian paz y una fuerte unión con la vida. Su magnitud es
sencilla y absolutamente normal, pero es la mayor magnitud existente. No hay nada que pueda alcanzarla. En el hombre
que tiene muchos hijos ocurre algo similar, aunque no en la misma medida. Átales padres se les exige mucho. Son
personas que saben desprenderse, ser pacientes y retenerse.
En nuestra cultura, el camino de encontrar la plenitud a través de una familia grande ya no es viable, ni para mujeres ni
para hombres, y con él también se cierra un camino esencial de realización humana. Las mujeres, por tanto,
primordialmente tienden a la vida profesional, es decir, a otra forma de realización. Es una ilusión evolucionista la que
apoya este proceso: una carrera llena más que estar en casa con los hijos. Si me imagino que una secretaria espera sentirse
más realizada delante del ordenador en una oficina que con los hijos en casa, hay algo que ya no me encaja. Pero
probablemente esta ilusión es necesaria para que la mujer cumpla con una cierta satisfacción lo que el desarrollo cultural
le exige.
Muchas veces, las mujeres no se dan cuenta de la pérdida o se resisten a ella. Lo mismo vale análogamente para los
hombres. En consecuencia, las mujeres empiezan a menospreciar y a renegar de aquello que antes se consideraba
femenino y propio de la mujer, y a despreciar y a rebajar aquello que dejaron: se menosprecian los hijos, se menosprecia
el trabajo doméstico, se menosprecian los hombres.
Así, por una parte, las mujeres pueden dedicarse con más facilidad al ámbito profesional, por otra parte, sin embargo,
pierden lo femenino. Si desprecian aquello que no realizaron, esta actitud les resta algo de lo que eligieron, lo disminuye.
En cambio, valorando lo no realizado, aunque no lo eligieran, las mujeres aún añaden algo a lo que eligieron. Las mujeres
que son conscientes de la pérdida, que renuncian conscientemente y que asienten conscientemente a esta renuncia, con-
servan lo femenino para lo nuevo. De esta manera cobra una cualidad diferente. A través de la renuncia consciente, por
tanto, se gana algo. Aquello que no elijo despliega su eficacia si lo valoro, aunque yo mismo no lo realice.
Una mujer sólo puede desarrollarse plenamente compartiendo la vida con un hombre. ¿Qué es una mujer sin un
hombre? También el hombre sólo es significativo como hombre teniendo a una mujer. ¿Qué es un hombre sin una mujer?
Ahora bien, hay situaciones en las que no es posible ni deseable para un hombre o una mujer vivir en una relación de
pareja. Si lo reconocen como pérdida y aceptan la renuncia, aquello a lo que renunciaron añade algo a lo que eligieron. A
través del reconocimiento, lo no realizado cobra fuerza en el alma y entra en juego a otro nivel.

C. PAREJAS HOMOSEXUALES
Pregunta: Soy homosexual y me parece que no hay ningún lugar para personas como yo en tu sistema de órdenes.
¿Qué sentido puede tener para mí cuando tú dices que un hombre «se convierte en hombre» en su relación con una mujer,
o que una mujer «se convierte en mujer» en su relación con un hombre? De esta manera, la heterosexualidad se convierte
en la única manera de realizarse como ser humano.
Bert Hellinger: Primeramente quisiera decir unas cuantas cosas generales acerca del punto de vista sistémico. Cada
persona es parte integrante del sistema relacional en el que vive y cada persona tiene un mismo valor para el
funcionamiento de ese sistema, es decir, cada miembro del sistema familiar es esencial en su importancia.
Las diferencias en un sistema social permiten que éste sea más duradero y estable. Existe una conciencia de grupo que
excluye a algunos miembros del grupo por ser diferentes, pero actúa a un nivel diferente que la conciencia sistémica que
vela por el derecho de todo miembro de formar parte del sistema familiar. El hecho de que alguien sea excluido por ser
diferente tiene consecuencias muy serias para los miembros más jóvenes de una familia. He visto muchos casos en los que
una persona más joven sufría terriblemente porque estaba identificada con un familiar mayor, que había sido excluido de
la familia por ser homosexual. Los homosexuales son miembros de la familia y como tales deben ser reconocidos y
valorados. De lo contrario, se hiere el amor. Este reconocimiento fundamental de la dignidad intrínseca y del valor de toda
persona permite mirar las diferencias abiertamente.
Partiendo de esta base, se presenta un hecho inevitable para las parejas homosexuales: su amor no puede llevarlos a
tener hijos. La procreación exige la heterosexualidad, y este hecho no puede ignorarse como si no existiera ni tuviera
consecuencias. En cualquier relación de pareja sin hijos la separación significa menos culpa, es decir, se trata de dos
personas que sólo se hieren mutuamente. En cambio, si una pareja de padres se separa, este paso tiene consecuencias
graves para sus hijos, por lo que se les exige mucha cautela para que sus hijos no sufran por lo que ellos hacen. Esta culpa
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adicional hace más difícil la separación para los padres, pero, paradójicamente, también sirve de apoyo para su relación.
Las parejas sin hijos -entre ellas también las parejas homosexuales- no pueden contar con el apoyo de estas consecuencias
para mantenerlos juntos en tiempos de crisis.
Para parejas homosexuales, al igual que para otras parejas sin hijos, interesadas en una relación duradera y de amor, es
especialmente importante tomar decisiones claras y conscientes acerca de los fines e intenciones de sus relaciones.
Algunas metas son más probables de llevar a una estabilidad duradera en una relación que otras. El querer evitar la
soledad o la sensación de vacío, por ejemplo, no es ninguna meta que pueda apoyar una relación duradera entre iguales.
Cada persona tiene su propio camino en la vida - una parte se elige, pero la otra simplemente viene dada por la vida
misma, sin que pueda elegirse realmente. Ésta es la parte difícil de manejar. Las personas homosexuales con las que yo he
trabajado, incluso aquellas convencidas de que ellas eligieron libremente su orientación sexual, estaban cogidas en
dinámicas sistémicas, experimentando en sus vidas las consecuencias de lo que otros en su sistema hicieron o sufrieron.
Estaban cogidos al servicio de su sistema, y de niños no pudieron defenderse contra la presión sistémica a la que estaban
expuestos. Por tanto, éste es para ellos el segundo asunto a tratar: ellos llevan algo por la familia.
Yo no veo la homosexualidad como algo que tenga que cambiarse, y siempre que trabajo con personas homosexuales,
la homosexualidad no es el tema primordial. Simplemente intento sacar a la luz cualquier tipo de implicaciones que podría
estar limitando la plenitud de la vida, pero no tengo ninguna intención de cambiar la orientación sexual de nadie.
En relación con la homosexualidad he podido observar tres patrones de implicaciones sistémicas:

-Un niño es presionado a representar a una persona del sexo opuesto en el sistema porque no hay ningún niño
del mismo sexo a disposición. Así, por ejemplo, un niño tuvo que asumir el papel de su hermana mayor muerta,
porque no había ninguna niña entre los demás hijos supervivientes. O el caso de otro hijo que tuvo que
representar a la primera novia de su padre, que había sido tratada injustamente. Éste es el patrón más doloroso y
difícil que he podido observar.
-Un hijo siente la presión de representar a alguien que fue excluido del sistema familiar o que fue difamado
por el sistema, incluso si la persona en cuestión es del mismo sexo. Homosexuales que viven en este patrón
tienen la posición de «marginados». Así, por ejemplo, un niño que era tratado como el primer novio de la madre
que contrajo sífilis y, a continuación, rompió el compromiso. Aunque aquel novio había actuado honradamente,
había sido menospreciado y desdeñado por la madre del niño. Los sentimientos del hijo, la sensación de ser
despreciado, eran muy similares a lo que aquel novio debió de sentir, como si fueran sus propios sentimientos.
-Un hijo que quedó cogido en la esfera de la madre, o una hija que no salió del ámbito de influencia del
padre, ambos incapaces de llevar a término el gesto interior de tomar a aquél de sus padres que pertenece a su
mismo sexo.

Un ejemplo:
En un grupo para terapeutas, una mujer configuró la constelación de su familia de origen y, por primera vez, se encontró
ante la imagen palpable de lo que ella había sabido pero no reconocido: el grado de pérdida, necesidad y daño que había
habido en su sistema familiar. En tres generaciones no hubo ni una relación intacta. La relación de sus padres fue de odio
y de desdeño, y ella tuvo que llenar la necesidad emocional y sexual de su padre desde que tenía ocho años hasta que pudo
salir de casa a los dieciocho. La sexualidad fue brutal y dolorosa, y ocurrió con el conocimiento y consentimiento
implícito de la madre.
Durante una terapia anterior, la cliente había tratado su rabia, su dolor y su sensación de engaño, encontrando alivio pero
ninguna solución definitiva. Al encontrarse ante el representante de su padre, el terapeuta le sugirió:
-Dile: «¡Me dolió!».
Al hacerlo, prorrumpió en un profundo sollozo y, espontáneamente, añadió:
-¡Y no sirvió de nada! No pude quitarte tu soledad. Habría podido soportar mi dolor, si al menos hubiera aliviado tu
terrible soledad.
Después abrazó al hombre que representaba a su padre, también llorando abiertamente, y se sujetaron llenos de ternura
durante mucho tiempo.
Por primera vez sintió conscientemente y como persona adulta su amor de hija para su padre, su voluntad
secreta de sacrificarse por el bien de sus padres.
Al cabo de un rato le dijo:
-Te prometo que no habrá más niños heridos como yo. Yo pagaré el precio. Acabará conmigo.
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Después se volvió al grupo, diciendo:


- Soy lesbiana, -y lo hizo con absoluta sencillez y la plena dignidad humana que correspondía a su situación.

Un año más tarde, aún sentía el efecto liberador del hecho de aceptar el papel que el Destino le había asignado, de
aceptar como elección consciente lo que antes hacía de manera inconsciente y no podía cambiar.

Visto así, la homosexualidad exige un precio muy alto. Aquellos que logran afirmar su orientación sexual y
construir una vida feliz, llena de amor y sentido, cuentan con un sostén interior muy diferente que aquellos que
luchan contra su destino o pretenden quitar importancia a la pérdida.

D. INSEMINACIÓN ARTIFICIAL
Una pregunta durante un seminario:
Thomas: ¿Qué ocurre en el caso de una inseminación artificial? Tengo un caso concreto en el que él no puede tener
hijos, y la pareja se esfuerza por tener un hijo mediante inseminación artificial. ¿Qué consecuencias tiene eso para el
matrimonio?
Bert Hellinger: Si el semen es del marido, está bien.
Thomas: No, quieren utilizar semen de un banco de semen.
Bert Hellinger: Según mi experiencia, el matrimonio se rompe si el semen es de otro hombre. De todos modos,
su relación posiblemente estaba en peligro ya antes. Cuando una pareja tiene que encarar una suerte especialmente
difícil, como por ejemplo el no poder tener los hijos que ellos desearían, deben proceder con especial cuidado si
intentan cambiar esta suerte. No es tan fácil cambiar la suerte con medios técnicos como algunos piensan. Las
consecuencias para el sistema son inesperadas y, por regla general, más graves de lo que quieren admitir. Si un
hombre, por ejemplo, no puede tener hijos y su mujer se busca a Otro hombre o se somete a una inseminación
artificial para quedar embarazada, ella no acepta a su marido como es, lo cual es un mal presagio para su relación.
Si ella desea tener una relación de pareja con él, estaría bien aconsejada en aceptarlo tal como es, incluyendo sus
limitaciones. De lo contrario, debería separarse de él, con todas las consecuencias que esto comporta.

Un ejemplo:
Un hombre, que no podía tener hijos a raíz de una enfermedad que había tenido, le dijo a su mujer que se buscara a un
hombre capaz que le hiciera un niño para que luego ellos dos lo criarían. Ella lo hizo y se buscó a alguien de televisión.
Con éste tuvo una niña. Poco después, el matrimonio se rompió. Ella, sin embargo, conoció a otro hombre, quedó
embarazada de él y se casó con él.
La primera hija pensaba que el anterior marido de la mujer era su padre. Pero siempre que miraba la tele y veía a su
verdadero padre, decía:
-Con éste me casaré un día.
Ahora, sin embargo, la madre ya ha aclarado el asunto con la hija.

E. LAS CONSECUENCIAS DE UN ABORTO VOLUNTARIO PARA UNA RELACIÓN DE PAREJA


Ahora quisiera decir algo respecto de las consecuencias de un aborto voluntario y de su significación para un sistema.
Para los hijos en una familia, los abortados no pertenecen al sistema. Es lo que he podido observar hasta ahora, pero es
posible que más adelante se llegue a otras conclusiones. Para los padres, los abortados sí que pertenecen al sistema.
Mientras que los abortos espontáneos raras veces pertenecen al sistema, los hijos nacidos muertos siempre forman parte,
tanto para los padres como para los hijos. Es posible que en otras culturas sea diferente que aquí. Si bien puede haber
grandes diferencias de familia en familia, en nuestra cultura el aborto voluntario tiene efectos muy profundos en el alma, y
esa instancia interior no se impresiona por los argumentos. Actúa de manera absolutamente independiente de todo
razonamiento, y también de un modo inconsciente.
La dificultad en el aborto voluntario está en que, en la mayoría de los casos, se alberga la ilusión de poder
deshacer lo hecho, lo cual no es cierto. Lo que he podido observar es que el aborto voluntario tiene, por regla
general, consecuencias mucho más graves que la conformidad con el hijo. La carga que toman sobre sí aquéllos que
realizan un aborto es mucho más difícil de llevar que aquello que tomarían sobre sí teniendo al hijo.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Hay situaciones en las que un aborto quizás sea la solución. Una solución, sin embargo, que siempre está ligada a la
culpa. Puedo imaginarme situaciones en las que me inclinaría con respeto ante alguien que se encontró en tal situación y
se decidió así. En un caso así, sin embargo, se trata de una decisión a sabiendas y las consecuencias no se minimizan, sino
que se aceptan.
Conozco parejas cuya decisión de abortar respeto; la tomaron conscientemente, aceptando las consecuencias con una
actitud de reverencia ante el hijo. Ese hijo no nato aparecía ante ellos como una persona que necesitaba y merecía ser
vista. Si la decisión de abortar se toma teniendo presente al hijo no nato, con todo el dolor y toda la culpa que este acto
entraña, con la plena conciencia de lo que al hijo se le exige, entonces la decisión provoca un profundo sufrimiento. Este
tipo de aborto tiene una cualidad muy diferente. Afecta a los cónyuges durante mucho tiempo, pero también encierra la
posibilidad de acercarlos el uno al otro y de profundizar su amor.
Una consecuencia importante de un aborto voluntario es que, por regla general, la relación de pareja se termina. Si el
aborto voluntario tiene lugar en un matrimonio, frecuentemente se acaba la relación sexual. No siempre tiene que ser así,
también existen soluciones, pero si el hecho se tapa y se reprime, muchas veces es así.
En el caso de un aborto voluntario, frecuentemente el hombre rehuye la responsabilidad para pasársela a la mujer. Sin
embargo, la responsabilidad es de ambos padres, de la misma manera que ambos son igualmente responsables del
embarazo, y ninguno de los dos puede pasársela al otro. La mujer no puede hacerlo nunca, ya que es ella quien toma la
última decisión. El hombre queda libre si él respaldaba plenamente a la mujer y hubiera aceptado plenamente al hijo, y si
esta actitud es fidedigna.
Klara: ¿Y si él no sabía nada?
Bert Hellinger: Entonces no tuvo que tomar ninguna decisión, pero aun así se encuentra involucrado. Si lo
supiera más tarde, tendría que encararlo en ese momento. El aborto voluntario es un caso extremo de tomar y de
dar: el hijo lo da todo y los padres lo toman todo. También el padre, que no lo sabía, lo tomó todo. Hacérselo saber
es un deber con él.
Algunos, después de un aborto voluntario, se condenan a muerte, lo cual debe ser respetado. La ejecución de esta
condena de muerte es el colmo de lo que a un hijo se le pueda exigir. En un caso así, el hijo se ve nuevamente involucrado
en un contexto que debe ser grave y muy duro para él. Cuando se integra a un hijo abortado en una constelación, se
percibe un efecto muy especial. Klaus, ¿cómo te fue a ti? (se refiere a una constelación en la que Klaus ocupó la posición
de un hijo abortado).
Klaus: En un principio me encontraba muy solo y sin ningún sentido para la vida.
Bert Hellinger: Este es el efecto: el hijo se siente totalmente solo, abandonado y expulsado. Esta es la situación, y el
efecto es que cuando uno de los padres o ambos se dirigen al hijo -esto ocurre simbólicamente al tocarlo-, el hijo es
integrado y admitido en la familia, viéndose así capaz de asentir a su destino. Todo esto, sin embargo, sólo es posible si
los padres admiten el dolor. El dolor honra al hijo y lo reconcilia con los padres. Los hijos, por su disposición
fundamental, están incluso dispuestos a dar la vida por los padres. Un niño no sujeta la vida a toda costa, ya que la muerte
forma parte de la vida. Para nosotros es imposible apreciar cuál será la ganancia y cuál la pérdida en todo esto. Si los
padres logran ver y reconocer al hijo como persona, ver que éste entregó su vida, y si consiguen tomarlo como un regalo,
llega al final la paz. En una situación así, un buen ejercicio consiste en que los padres, durante un tiempo, lleven consigo
al hijo, o que lo cojan de la mano y le enseñen el mundo, durante un año o dos. Después puede realmente estar muerto y
todo puede haber acabado. A través del sufrimiento se llega a una plenitud que en el plano superficial de la risa y de la
alegría muchas veces no es posible. Este es entonces el premio. En memoria del hijo puede hacerse algo bueno que en
otras circunstancias no se hubiera hecho, sin que tenga que ser nada grande.
Siempre que en estos cursos aparece el tema del aborto voluntario, intento evitarlo al máximo y preferiría
retirarme de esta situación por lo difícil que es, pero hay que encararla. Éstos son unos cuantos puntos de
referencia, pero en cada caso será diferente. Esta es mi experiencia hasta ahora. Simplemente la comunico, y no
quiero tratarla más extensamente, me es demasiado difícil. Simplemente quisiera haberlo dicho (silencio
prolongado). Ahora os leeré una historia meditativa.

EL HUÉSPED
En alguna parte, lejos de aquí, allá donde en su tiempo se encontraba el Lejano Oeste, un hombre iba caminando con
su mochila sobre sus espaldas, atravesando un país vasto y solitario. Tras caminar muchas horas —el sol ya estaba alto y
su sed se hacía imperiosa— vio una granja en el horizonte.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

'Gracias a Dios' -pensó-, 'por fin un hombre en medio de esta soledad. En su casa entraré, le pediré algo para beber, y
quizás después nos sentemos un poco en la terraza y charlemos antes de que continúe mi camino.'
Y se imaginaba lo bonito que sería.

Al acercarse, sin embargo, vio que el granjero empezaba a afanarse en el huerto delante de su casa, y las primeras
dudas lo invadieron. 'Probablemente tendrá mucho que hacer' —pensó—, 'y si le digo lo que quiero, le caeré pesado;
podría pensar que soy un descarado.'
Así, al llegar a la puerta del huerto, tan sólo saludó al granjero con un gesto y pasó.

El granjero, por su parte, ya lo había visto de lejos y se alegró.


'Gracias a Dios' —pensó—, 'por fin otro hombre en medio de esta soledad. ¡Ojalá venga conmigo! Entonces
tomaremos algo juntos, y quizás nos sentemos en la terraza y charlemos antes de que siga su camino.'
Y entró en la casa para preparar unos refrescos.

Pero al ver al forastero que se acercaba, también él comenzó a dudar. 'Seguramente tendrá prisa, y si le digo lo
que quiero, le caeré pesado; podría pensar que lo importuno. Pero quizás tenga sed y quiera entrar él mismo. Lo
mejor será que me vaya al huerto delante de casa y haga ver que tengo que hacer. Ahí tendrá que verme, y si
realmente quiere venir conmigo, ya lo dirá. 'Cuando, finalmente, el otro no hizo más que saludarlo con un gesto y
seguir su camino, se dijo: '¡Qué pena!'.

El forastero, sin embargo, continuó caminando. El sol seguía subiendo, su sed aumentaba, y pasaron horas hasta que
en el horizonte divisó otra granja. Se dijo a sí mismo; 'Esta vez entraré en casa de este granjero, le caiga pesado o no.
Tengo tanta sed que necesito algo para beber.

Pero también el granjero ya lo vio de lejos y pensó: 'Espero que éste no venga conmigo. ¡Sólo me faltaría eso! Tengo
tanto que hacer que no puedo atender a otras personas.' Y siguió con su trabajo sin levantar la mirada.

El forastero lo vio en el campo, se acercó a él y dijo: -Tengo mucha sed. ¡Por favor, dame algo para beber!
El granjero pensó: -Ahora no puedo rechazarlo, al fin y al cabo soy humano.' Así, lo llevó a su casa y le trajo algo
para beber.
El forastero dijo: -Estuve mirando tu huerto; se nota que es el trabajo de uno que entiende, que ama a las plantas y
sabe lo que necesitan.
El granjero contestó: -Veo que también tú entiendes de estas cosas,...
Y se sentó y charlaron largo rato.
Después, el forastero dijo: -Ya va siendo hora que me vaya.
El granjero, sin embargo, se resistía, diciendo: -El sol ya está bajo. Quédate conmigo esta noche; así nos sentaremos
en la terraza y charlaremos antes de que mañana continúes tu camino.
Y el forastero asintió.

Al caer la tarde, se sentaron en la terraza, mientras el vasto país yacía transformado bajo la luz del crepúsculo.
Al ceñirse la oscuridad alrededor de ellos, el forastero comenzó a contar cómo el mundo había cambiado para él
desde que se había dado cuenta de que a cada paso había otro que lo acompañaba. Primeramente no quería
creerse que había alguien que continuamente iba a su lado; que, cuando él paraba, también se detenía, y cuando
él reanudaba su camino, volvía a levantarse con él. Y había tardado un tiempo en comprender quién era ése, su
compañero.

-Mi continua compañera -dijo- es mi Muerte. Tanto me he acostumbrado a ella que ya no quisiera prescindir de tenerla a
mi lado. Es mi mejor amiga y la más fiel. Cuando no sé qué es lo correcto y cómo debería seguir, me detengo unos
momentos para pedirle una respuesta. Me expongo a ella por completo, con mi superficie más grande, por así decirlo;
seque ella está ahí y yo estoy aquí. Y sin aferrarme a ningún deseo, espero que de ella a mime llegue una señal. Si estoy

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centrado y la encaro con valentía, al cabo de un tiempo, de ella a mime llega una palabra -como un relámpago que
ilumina lo que estaba oscuro- y veo con claridad.
Al granjero le parecían extrañas estas palabras; y largamente se quedó mirando la noche, sin decir nada. Después,
también él vio quién le acompañaba: su propia Muerte. Y se inclinó ante ella.
Le parecía transformado lo que aún quedaba de su vida; precioso como el amor que conoce el adiós y, como el amor,
lleno hasta el borde.
A la mañana siguiente, comieron juntos y el granjero dijo: -Aunque te vayas, me queda una amiga.
Después, salieron al aire libre y se dieron la mano. El forastero continuó su camino, y el granjero volvió a su campo.

Ejemplos de los seminarios acerca de los sucesos en relación con abortos voluntarios:
Adrián (durante una ronda): Simplemente quisiera decir que Jennifer, mi mujer, probablemente abortará hoy, y yo no
puedo hacer nada. (Su voz va bajando) Simplemente me desespera y me paraliza; quisiera poder hacer algo. Ahora estoy
aquí sentado, a quinientos kilómetros de distancia, y no puedo hacer más que aceptarlo.
Bert Hellinger: Lo que se está realizando ahora es un poco de muerte, también en ti, y a eso tienes que asentir.
(Pausa) Quiere decir que perderás a Jennifer, perderás a tu familia, y que tienes que asentir a todo eso. De la culpa
—de tu culpa, que también está en todo esto—, del sacrificio del niño y de la pérdida de tu familia, a continuación
puede surgir una fuerza nueva para una realización nueva. Si tu asientes a todo esto, será como si de tus espaldas
cayera un montón de equipaje. Si, por lo contrario, pretendes manejarlo y arreglarlo, se vuelve pesado. ¿Algo más,
Adrián?
(Adrián respira profundamente y mira hacia abajo con cara de autocompasión)
Bert Hellinger: Lo que está haciendo ahora le hace daño. Tiene la cualidad de la pesadumbre y no corresponde. Adrián
(en voz baja): Exiges mucho.
Bert Hellinger: Sí, lo que ayuda no siempre es fácil. (Pausa) Hay algo que no va en esta actitud exagerada. De esta
manera, la energía se encauza más bien hacia el sufrimiento y no hacia la acción; eso no lleva a ninguna parte. Ahí lo
dejaré de momento. (Más tarde, en otra ronda)
Fraude: Me preocupa la importancia de los excluidos en las familias, y me pregunto si también los hermanos tienen
que saber que hubo un hijo que fue abortado.
Bert Hellinger: Eso no les interesa en absoluto a los hijos. Es algo que está entre los padres y tiene que permanecer ahí.
Hasta ahora no he visto que traiga problemas para los hijos. Podría darse el caso, pero yo no lo he visto todavía.
Fraude: Esta mañana, al levantarme, me dolía la cabeza en un punto determinado, y creo que tiene que ver con el tema
del aborto. Aborté a mi tercer hijo. Ahora hará veinte años de eso, y durante todo este tiempo yo valoraba mi decisión,
pero no al niño. Ahora me asusta la idea de que mi hija podría estar identificada con ese niño, ya que ella no admite en
absoluto la sexualidad en su vida. No sé cómo reaccionar.
Bert Hellinger: Déjalo desligado de tu hija. Puedes dejar que el punto que te dolía aquí baje a tu regazo.
Jutta:... y lo que me afectó mucho fue lo que ayer dijiste del aborto. En ese momento (empieza a llorar) empecé a
sentir mucho dolor y mucha irritación.
Bert Hellinger: La irritación desvía la atención, irritación significa que alguien pasa a otro una responsabilidad
que le corresponde a él mismo. Tienes que asumirla, ya que en el aborto la responsabilidad no es compartida. Sobre
todo la mujer no puede partirla. El hombre, a veces, no tiene toda la fuerza para evitarlo. Si él quiere tener al hijo y
la mujer no, él no puede influir en el proceso. La mujer, en cambio, siempre puede influir en ello, por lo tanto, tiene
que asumir la plena responsabilidad, independientemente de lo que haya pasado.
Jutta: Empecé a acordarme desde cuándo estamos hablando de una separación; hace justo un año y medio, desde el
aborto, y hubiera sido nuestro tercer hijo.
Bert Hellinger (refiriéndose a la constelación del sistema actual de Jutta, en la que ella miraba en otra dirección que su
marido): Entonces tu mirada se dirige al niño (Jutta empieza a llorar). Éste es un dolor que cura, un dolor que honra al
niño.
Bert Hellinger (después de una pausa): ¿Hay más preguntas al respecto?
Ludwig: ¿Los abortos espontáneos también tienen importancia en un sistema?
Bert Hellinger: Los abortos espontáneos no pertenecen al sistema. Muy raras veces son de importancia para una
relación de pareja. Hay que aceptarlos como un suceso, un destino, sin buscar culpas personales. Si una madre, por
ejemplo, dice: «¿Qué habré hecho para sufrir un aborto?», ésta sería una pregunta inadmisible. Es una arrogación, y sólo

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Bert Hellinger – Felicidad dual

puede llevar al trastorno. Si un terapeuta insinúa: «Éstos ya han tenido cinco abortos, por lo tanto, tiene que haber algo
que no funciona con ellos», se trata de una intervención de consecuencias fatales, lo cual para mí es inadmisible.
Ludwig: Preguntaba porque una vez, por un sueño de un cliente, supuse que en la familia de éste había habido abortos
espontáneos. Más tarde, él me lo confirmó, y por eso pensaba que podía tener importancia. Bert Hellinger: ¿Eran
hermanos suyos? Ludwig: Sí.
Bert Hellinger: Sí, es posible que tengan alguna importancia. En este caso la solución sería que él dijera:
«Vosotros no vinisteis al mundo, yo sí que vine al mundo. Vosotros estáis muertos, yo vivo.» Entonces tiene que
enfrentarse con el sentimiento de culpa, con que él gana y los otros pierden, sin que él haya podido hacer nada ni
tenido ningún provecho. Ya conocéis la fórmula mágica para la solución: «Vosotros estáis muertos, yo aún vivo un
poco, después moriré también.» Esta frase supera el desnivel, con lo cual ya no es posible la arrogación para el que
queda con vida. Lo que tú dices, Ludwig, demuestra que es peligroso convertir una teoría en algo siempre válido.
Yo no os doy más que puntos de orientación, pero éstos nunca deben impedir mirar aquello que se tiene delante en
cada momento.
Gabriele: Dijiste que una relación se rompe cuando se aborta. ¿También es válido en el caso de un cuarto o quinto
hijo?
Bert Hellinger: Sí, también es válido en esos casos; es lo que he podido observar.
Pregunta: ¿Y si el hijo era de una relación extramatrimonial y no del marido?
Bert Hellinger: En un caso así, por regla general, se hunde el matrimonio.
Pregunta: ¿Aún podrías explicar por qué se hunde el matrimonio?
Bert Hellinger: No, no quiero hacerlo. Tengo algunas ideas al respecto, pero no son importantes aquí; eso ya se
desviaría más bien hacia la imaginación o la ideología, lo cual sería peligroso e impugnable. La descripción no es más que
una descripción...

¿Cómo se puede ayudar tras un aborto voluntario?


Quisiera referir algunas ideas acerca de la solución. En el aborto voluntario, un hijo es expulsado por sus padres; los
padres lo toman todo y el hijo lo da todo. Con el hijo también se rechaza, se expulsa y se aborta al cónyuge. Este es el
proceso; por tanto, la relación se termina. Es posible llegar a una solución, integrando nuevamente al hijo. En un primer
lugar, este hijo tiene que convertirse en persona para los padres. Lo mismo vale para hijos nacidos muertos que no fueron
aceptados en el grupo familiar. En una constelación, la mejor manera de realizar esta integración consiste en sentar al hijo
abortado delante de los padres, apoyado en ellos. Después, los padres ponen sus manos en la cabeza del hijo. Todo esto
produce un efecto muy profundo y, frecuentemente, cambios importantes. De esta manera, el hijo vuelve a estar vivo. En
cuanto ambos padres sienten el dolor por la pérdida y por lo que ellos le hicieron al hijo, se hace posible la reconciliación.
El dolor honra al hijo, haciendo que éste se sienta acogido y encuentre su lugar y su paz. Si la culpa es asumida y
reconocida, de todos estos sucesos nace una fuerza. Entonces la relación de pareja puede volver a empezar, pero en un
plano totalmente distinto que antes. Ya no será como antes. Si sólo uno de los cónyuges siente el dolor, y el otro no, la
relación se rompe.
Encontrar la paz también significa que no se atribuyan efectos negativos a nadie que no haya actuado
personalmente. En cuanto una madre, por ejemplo, se siente permanentemente triste a causa de un hijo no nacido,
este hijo, por así decirlo, tiene la culpa de esta tristeza y no encuentra la paz. No se trata de integrar a los hijos para
sujetarlos, sino de integrarlos para después dejarlos en paz. De esta manera todos quedan libres y el bien, que de ahí
proviene, perdura. Todo lo demás, sin embargo, puede ser algo pasado.

5. SEPARACIONES

A. CUANDO DOS PERSONAS NO CONSIGUEN SEPARARSE


Cuando se malogra una separación, muchas veces se buscan culpables, y buscando culpas en una situación así, la
persona rehúye la vehemencia del destino.
Si, por ejemplo, se rompe un matrimonio en el que nacieron hijos, para el hombre y para la mujer es una catástrofe.
De momento, tan sólo tomo a estos dos. Es un dolor muy profundo, ya que los dos, al comenzar su matrimonio,
albergaban esperanzas totalmente distintas para la empresa conjunta. - Y de repente todo se acaba. En la mayoría de los
casos se acaba sin que ninguno de los dos tenga la culpa, sino que se acaba porque cada uno está implicado a su manera, o
porque uno se encuentra en otro camino o se ve llevado hacia otro camino.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Quien, por lo contrario, intenta determinar culpas, tiene la imagen o la ilusión de poder hacer algo, o de que él
mismo o su pareja simplemente tendrían que cambiar su comportamiento para que todo se arreglara. En vez de
darse cuenta del alcance y de la profundidad de la situación, la atención se centra en las supuestas culpas y en los
reproches mutuos. La solución consiste en que ambos se entreguen a su dolor, a esa aflicción profunda porque todo
ha pasado. Este dolor no dura mucho tiempo, pero llega muy hondo y se siente muy intensamente. Después, de
repente se encuentran desligados el uno del otro, de modo que pueden tener una buena conversación, y solucionar
de manera razonable y con respeto mutuo todo lo que aún quede por arreglar. En una separación, la cólera muchas
veces sustituye el dolor y la aflicción.
Frecuentemente, cuando dos personas no pueden separarse, les falta el tomar. En un caso así, el uno tiene que decirle al
otro: «Tomo lo que me diste. Fue un montón, y lo honraré y lo llevaré conmigo. Aquello que yo te di, lo di a gusto y
puedes quedártelo. Por aquello que fue mal entre nosotros dos, yo asumo mi parte de responsabilidad y te dejo la tuya, y
ahora te dejo en paz.» Entonces pueden separarse.
A veces, en tales situaciones, cuento una historia muy sencilla:

EL FINAL
Dos personas emprenden su camino con las mochilas llenas. El camino los lleva por jardines y prados llenos de
flores, y los dos se alegran. Después comienzan a caminar cuesta arriba. Al cabo de un tiempo, empiezan a comer
algo de sus provisiones. Finalmente, a uno de los dos se le acaban las reservas y se sienta. El otro, sin embargo,
sigue caminando y subiendo un poco más. El camino cada vez se vuelve más pedregoso, y también él consume sus
últimas provisiones. Se sienta y vuelve su mirada hacia el valle y los jardines en flor — y comienza a llorar.

B. SEPARACIONES IRRESPONSABLES Y SUS CONSECUENCIAS


Como ya dijimos, algunas personas actúan respecto a sus relaciones y vínculos como si fueran a un club, donde se les
permitiera ingresar o darse de baja en cualquier momento. Sin embargo, no es así. Toda persona que haya estado en una
relación de pareja seria se encuentra atada, por lo que no puede evitar ni el dolor ni la culpa al momento de abandonarla.
También trae consecuencias graves si uno de los cónyuges se separa alegando argumentos como: <Ahora hago algo para
mí, para mi autorrealización, y lo que será de vosotros es asunto vuestro.» A continuación, frecuentemente muere o se
suicida un hijo. Una separación así es experimentada como un crimen que uno tiene que expiar.

Un ejemplo:
Una mujer se separó de su marido, y a continuación, la hija contrajo una enfermedad mortal. En la constelación
se colocó a la madre al margen, y los hijos de esa familia se pusieron junto a la familia que el padre había formado
con su nueva mujer. Cuando la hija pudo decirle a la madre: «Tú tienes que llevar las consecuencias», ella quedó
libre y todos se sentían bien y en orden.
Pregunta: ¿Quién decide si una separación se realiza a la ligera? Bert Hellinger: Nadie puede decidirlo. Eso se
vive. Donde ocurre, todo el mundo sabe en seguida si es a la ligera o no.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

V. IMPLICACIONES SISTÉMICAS Y SUS SOLUCIONES

1. LA RED FAMILIAR
Junto con nuestros padres y nuestros hermanos formamos una comunidad con un destino común, una familia. Como
familia, sin embargo, pertenecemos también a una red familiar en la que se unen los dos grupos de origen de los padres
para formar un mayor sistema de personas a las que, quizás, no conozcamos en su totalidad, pero que, a pesar de todo, son
significativas para nosotros.
Por regla general pertenecen a la red familiar (sin tener en cuenta si aún viven o han muerto ya):

1. el hijo y sus hermanos;


2. los padres y sus hermanos;
3. los abuelos;
4. a veces alguno de los bisabuelos;
5. todos aquéllos que hicieron sitio para otros en el sistema, por ejemplo un primer marido o una primera mujer de los
padres o de los abuelos (o relaciones equiparables a un matrimonio, incluso en caso de una separación o un divorcio
posteriores), novios anteriores, una mujer o un hombre con la/el que un miembro de la red familiar tenga un hijo, y,
finalmente, todos aquellos cuya desgracia, desaparición o muerte hayan supuesto una ventaja para otros en el sistema.

Un ejemplo:
Una vez se presentó una cliente cuyos padres habían alquilado y posteriormente comprado una tienda de
comestibles de un matrimonio mayor. Salió a la luz que este matrimonio en un principio hubiera querido dar la
tienda a su hijo, pero aquél cayó en la guerra. Aunque no había ningún parentesco entre los padres de la cliente y
este hijo, esta persona formaba parte del sistema por haber hecho sitio en favor de ellos.

2. CONDICIONES PARA UN DESARROLLO DE LA RED FAMILIAR


Mientras que en nuestras relaciones personales tienen que cumplirse tres condiciones para su éxito -la vinculación, el
equilibrio entre dar y recibir, y el orden- en la red familiar aún rigen otras leyes más:

A. EL DERECHO A LA PERTENENCIA
Todo el que pertenece a una red familiar tiene el mismo derecho a formar parte de ella, y nadie puede ni debe negarle
su lugar. En cuanto aparece alguien en el sistema, diciendo: «Yo tengo más derecho a pertenecer a este sistema que tú»,
hiere el orden y el sistema queda trastornado. Si alguien olvida, por ejemplo, a una hermana muerta tempranamente o a un
hermano nacido muerto, si ocupa con toda naturalidad el lugar de un cónyuge anterior, y si ingenuamente parte de la
suposición de que él o ella tenga ahora más derecho a pertenecer al sistema que no aquél que hizo sitio, entonces atenta
contra el orden. Frecuentemente, las consecuencias aparecen en una de las generaciones posteriores, cuando alguien, sin
darse cuenta, imita la suerte de la persona a la que se niega la pertenencia.
Esta es la culpa principal de un sistema: excluir a una persona aunque ésta tenga el derecho de formar parte, derecho
que es de todos los mencionados en el capítulo anterior.

B. LA LEY DEL NÚMERO COMPLETO


El individuo se siente entero y completo en un sistema si todas las personas que pertenecen a su sistema, a su red
familiar, tienen en su alma y en su corazón un lugar bueno y honroso, y si les concede toda su dignidad. Todos tienen que
estar presentes. El que sólo se ocupa de su yo y de su restringida felicidad individual no se siente completo.

Quisiera aclarar este punto mediante un ejemplo:


Cada uno de nosotros tiene en su vida una sensación o un estado de ánimo básico a los que está habituado. Los
terapeutas con los que trabajé en Chicago lo llamaban «home-base». Es el lugar en el que uno puede sentirse
seguro. La expresión proviene del béisbol. A esta sensación básica nos retiramos, allí notamos el estrés mínimo.
Cada uno puede determinar el punto en el que se encuentra esta sensación básica, es decir, podríamos imaginarnos
una escala de -100 a +100, y cada uno podría apuntar en ella dónde se encuentra su estado de ánimo básico. Este
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Bert Hellinger – Felicidad dual

estado básico no es variable. Así, al menos, decían. Yo, sin embargo, encontré la manera de variarlo. (Risas). Si se
consigue tomar a un padre o una madre, hasta entonces excluidos, el estado de ánimo básico sube unos 75 puntos.
Aquí se ve y se percibe el efecto de la integración de una persona importante, hasta entonces excluida, y de con-
seguir una imagen interior más completa.

C. LA LEY DE LA PRIORIDAD DE LOS ANTERIORES


El ser se califica por el tiempo. Obtiene su rango y se estructura por el tiempo. El que aparece primero en un sistema tiene
prioridad respecto al que llega después. Por lo tanto, en relaciones que crecen con naturalidad rige una jerarquía que en
primer lugar se orienta por el «antes» y el «después», es decir, el que llega antes queda antepuesto, el que llega después
queda pospuesto. Este principio de orden lo llamo yo el orden original. Por tanto, los padres tienen prioridad respecto a los
hijos, y el primogénito respecto al segundogénito.
Si una persona pospuesta se inmiscuye en el ámbito de la persona antepuesta, es decir, si un hijo intenta reparar la culpa
del padre o pretende ser un marido mejor para la madre, se arroga un derecho que no le pertenece, y a tal arrogación la
persona frecuentemente reacciona con una tendencia al fracaso o a la ruina. Como en la mayoría de los casos esto sucede
por amor, no tenemos conciencia de una culpa. Siempre que haya un final desastroso, por ejemplo de alguien que se
vuelve loco o comete suicidio o acaba siendo un criminal, estos contextos juegan un papel importante.

Al orden le es indiferente mi comportamiento


Supongamos que un hombre y una mujer hayan perdido sus respectivas primeras parejas, ambos tienen hijos, se casan e
introducen estos hijos en el nuevo matrimonio. En un caso así, el amor del hombre a sus hijos no puede pasar por su nueva
mujer, y el amor de la mujer a sus hijos no puede pasar por este marido. El amor a los propios hijos nacidos de la relación
anterior tiene prioridad sobre el amor a la pareja. Este es un principio de suma importancia.
No debe utilizarse como dogma, pero muchos trastornos en relaciones en las que se introducen hijos de relaciones
anteriores provienen de una actitud celosa de la nueva pareja frente a estos hijos. Tal actitud es injustificada; los hijos
tienen prioridad. Si se reconoce el orden, en la mayoría de los casos funciona.
El orden justo es difícil de abarcar y no puede ser proclamado. Es diferente de una regla de juego, siempre variable. El
orden es intocable. Al orden le es absolutamente indiferente mi comportamiento. Siempre está ahí. No puedo romperlo,
solamente puedo romperme a mí mismo. El orden se impone a corto o a largo plazo, y es un acto muy humilde someterse
al él; a la vez, este someterse a un orden tiene algo vital. Es como si alguien baja a un río que lo lleva: aun así, queda una
cierta libertad de movimiento. Es muy diferente a un orden pronunciado.

D. RECONOCER QUE TODO ES PASAJERO


Únicamente reconociendo que todo en un grupo es pasajero encontramos un límite y la medida para todos nuestros deseos
y nuestras reivindicaciones.
Las soluciones, sobre todo en el caso de implicaciones sistémicas, siempre tienen que ver con el reconocimiento del
carácter efímero de todas las cosas. En los sistemas, muchas veces se mantiene vivo algo que en el fondo ya ha pasado;
por eso sigue actuando.
En los libros de Castañeda se indica la necesidad de olvidarse de la propia historia; eso va en esta dirección. Sin embargo,
el retirarse y olvidarse de todo exige una disciplina extraordinaria. Entonces realmente puede ser algo pasado, sin que se
vuelva a tocar. Tiene algo espiritual si se consigue permitir que lo pasado sea pasado.
Estas leyes no son tangibles. Cuando se mira un árbol con sus hojas, todas están formadas según la misma ley,
pero, a pesar de todo, cada cual es diferente. Este es el secreto de estas leyes: es posible intuirlas, pero el resultado
es distinto en cada caso. De esta manera se da una vitalidad que contrasta con las reglas hechas. Estos órdenes
básicos no son del todo rígidos, es decir, permiten muchos resultados. Así se mantienen flexibles y vivos.

LA SENTENCIA
Un rico murió, y al llegar a las puertas del cielo, llamó y pidió entrada. San Pedro le abrió y le preguntó qué quería. El
rico dijo:
—Quisiera una habitación de primera clase, con vista a la tierra, y, además, a diario mi plato preferido y la prensa del
día.
San Pedro en un principio se resistía, pero al impacientarse el rico, lo llevó a una habitación de primera clase, le trajo su
plato preferido y la prensa del día, le echó una última mirada y dijo:

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Bert Hellinger – Felicidad dual

—Dentro de mil años volveré— y cerró la puerta detrás de sí.


Al cabo de mil años volvió y miró por la ventanilla de la puerta.
-¡Por fin estás aquí! -exclamó el rico-. ¡Este cielo es horrible!
San Pedro sacudió la cabeza.
—Te equivocas —dijo—, éste es el infierno.

3. LA JERARQUÍA EN SISTEMAS FAMILIARES


En los sistemas ocurre al revés de la jerarquía en relaciones crecidas: aquí el nuevo sistema tiene prioridad sobre el
antiguo. Si alguien crea una familia, esta familia actual tiene prioridad sobre las familias de origen de los cónyuges. No sé
por qué es así, únicamente se trata de experiencias.
Pregunta: Hay algo que no entiendo. Si alguien se casa por segunda vez, ¿éste sería un nuevo sistema que tendría que
tener prioridad?
Bert Hellinger: Tiene prioridad por una parte. Si un hombre o una mujer, durante el matrimonio, tiene un hijo
con otra persona, él o ella tienen que abandonar el matrimonio y juntarse con la nueva pareja, por muy difícil que
sea para todos. A pesar de todo, la nueva mujer tiene que decirle a la anterior: «Tú eres la primera, yo, la segunda».
Es decir, la nueva relación tiene prioridad sobre la primera, pero sólo puede ser lograda si, a la vez, se reconoce y
valora a la primera mujer.

4. LA CONCIENCIA EN LA RED FAMILIAR


Así como la conciencia personal vela por las condiciones de vinculación, equilibrio y orden, también existe una
conciencia de grupo o de la red familiar, una instancia que vela por este sistema, encontrándose al servicio de la red
familiar y procurando que el sistema se mantenga dentro del orden o llegue a él, y vengando las infracciones del orden en
el sistema. Esta conciencia actúa de otra manera totalmente distinta. Mientras que la conciencia individual reacciona con
sensaciones de malestar o de bienestar, de placer o de desagrado, la conciencia de la red familiar no se percibe
sensiblemente. Por esta razón, no son tampoco los sentimientos los que ayudan a encontrar una solución, sino únicamente
un conocimiento que proviene del entendimiento. La conciencia de la red familiar permanece inconsciente para nosotros,
de la misma manera que, en lo esencial, también nos es inasequible el orden al que sirve. Donde más posibilidades de
conocerlo tenemos es por el sufrimiento que causa el ignorar este orden, tanto para nosotros como para otros, sobre todo
para los hijos.
La conciencia de la red familiar es una conciencia participativa. La comparo al vuelo de los pájaros: no es el pájaro
individual el que cambia el rumbo, sino toda la bandada. En la bandada actúa algo común. Todos son llevados por una
misma corriente, por así decirlo. De la misma manera, también el hombre como individuo forma parte de un todo, y por
encima de éste hay algo común que actúa como un principio de orden. Todo el mundo participa en este principio y, de esta
manera, también se le impone una obligación. En este contexto también rige la ley de que los de arriba muchas veces
pasan la fatalidad a los más pequeños, y éstos la toman sobre sí.
Esta conciencia de la red familiar se hace cargo de aquellas personas que nosotros excluimos de nuestra alma y
de nuestro pensamiento consciente, bien porque las tememos o condenamos, bien porque queremos oponernos a su
suerte, o porque otros en la familia o la red familiar se hicieron culpables con ellas sin que la culpa haya sido
nombrada, ni tampoco asumida o reparada, o bien que ellas tuvieron que pagar por lo que nosotros tomamos y
recibimos, sin que se lo hayamos agradecido o las hayamos valorado por ello.
El vínculo que esta conciencia establece con un grupo es tan trascendental, que sentimos como reivindicación y
obligación aquello que otros en este mismo grupo sufrieron o causaron y, en consecuencia, nos vemos implicados en
culpas ajenas e inocencia ajena, en pensamientos, preocupaciones y sentimientos ajenos, en conflictos ajenos y
consecuencias ajenas, en metas ajenas y desenlaces ajenos.

Las diferencias entre la conciencia personal y la conciencia de la red familiar


La conciencia personal -también podría llamarse conciencia de primer plano-, es decir, aquélla que sentimos, se refiere
a las personas a las que estamos directamente vinculadas, o sea a los padres, los hermanos o los amigos, los cónyuges o
los hijos, confiriéndoles un lugar y una voz en nuestra alma.
La conciencia oculta -o de trasfondo- actúa como un sentido de orden y equilibrio para todos los miembros de una red
familiar, que sanciona y compensa en los pospuestos toda injusticia sufrida por los antepuestos, aunque aquéllos no sepan
nada de los antepuestos y sean inocentes. Se hace cargo de todas aquellas personas que nosotros excluimos de nuestra
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Bert Hellinger – Felicidad dual

alma, y de nuestro pensar y sentir conscientes, y no nos deja tranquilos hasta que también ellos tengan un lugar y una voz
en nuestro corazón. Toda persona tenida en cuenta por esta conciencia, o sobre la que ésta actúe, también pertenece a la
red familiar. Su alcance, por tanto, permite deducir quién pertenece como miembro a una red familiar.
Respecto a la conciencia personal, de primer plano, nos sentimos activos y libres. Respecto a la conciencia oculta, de
trasfondo, no somos libres, ya que ella dispone de nuestro bienestar o malestar según el interés de la red familiar, de la
misma manera que el todo dispone de una parte.

La lucha del amor contra el orden


Cuando un posgénito hiere el orden, se arroga el derecho de negar algo que ya tiene, de hacer algo que no puede
hacer, de tomar algo que no debe tomar. Pero dado que un hijo en la mayoría de los casos infringe el orden por
amor, él mismo no se da cuenta de la arrogación y considera buena su manera de actuar.
El orden, sin embargo, no puede superarse por el amor, ya que, antes que todo amor, en el alma actúa ese
sentido de equilibrio, haciendo justicia al orden del amor, incluso a costa de la felicidad y de la vida. La lucha del
amor contra el orden es el principio y el final de toda tragedia. Y sólo existe una posibilidad de salvarse: conocer el
orden y, a continuación, seguirle con amor. El conocimiento del orden significa sabiduría, y seguirle con amor es
humildad, lo cual significa que uno vuelve a su propio lugar que le corresponde, dejando al anterior su lugar
superior y con ello también su prioridad.

5. INTENTOS DE HACER JUSTICIA A UNA PERSONA EXCLUIDA

A. REAVIVAR UNA SUERTE AJENA


La conciencia de la red familiar, como ya dijimos, se ocupa de los excluidos, de los que no son apreciados justamente, de
los olvidados, de los no valorados y los muertos. Si, por las razones que sean, se excluye a una persona que forma parte y
tiene que formar parte del sistema, si se le niega el derecho a la pertenencia porque otros la menosprecian o no quieren
reconocer que esta persona hizo sitio para otros, posteriores, o se niegan a apreciar lo que puedan deberle, entonces la
conciencia de la red familiar se busca a un posgénito inocente que imita a aquella persona a través de la identificación. No
lo elige, no se da cuenta y no puede defenderse, ya que esta imitación ocurre bajo la presión del sentido compensación. Es
decir, reaviva una suerte ajena, la del excluido, representando de nuevo esta suerte con toda la culpa, la inocencia y la
desgracia, con los sentimientos y con todo lo que le es propio.

Un ejemplo:
Si una hija, por cuidar a sus padres ancianos, renuncia a la felicidad de tener su propia familia, y sus hermanos
se burlan de ella y la menosprecian, posteriormente una sobrina imitará la vida de esta tía y, sin darse cuenta del
contexto ni poder defenderse, sufrirá la misma suerte, sirviendo, y renunciando también ella a una vida de pareja y
al matrimonio.
Se trata de algo inquietante, que constituye la base de muchas situaciones trágicas. El identificado no necesita en
absoluto conocer a la persona excluida. La conciencia de la red familiar se hace cargo de los derechos del anterior
excluido, sin tener en cuenta los derechos del posterior. Es justa para el primero, para el segundo es injusta.

Un segundo ejemplo:
Una mujer joven sentía un anhelo incontenible que ella misma no podía explicar. Finalmente se dio cuenta de que no
era su propio anhelo el que sentía, sino el anhelo de su hermana nacida del primer matrimonio de su padre. Al casarse su
padre en segundas nupcias, ésta no pudo volver a verlo ni visitar a sus hermanastros nunca más. Entretanto había
emigrado a Australia y las naves parecían quemadas. A pesar de todo, la mujer joven reanudó el contacto con ella, la
invitó a Alemania, e incluso le envió el billete de avión. Pero la suerte ya no pudo detenerse: en el camino al aeropuerto
desapareció.
La identificación es como una compulsión iterativa a nivel sistémi-co que vuelve a poner en escena y repite
argumentos del pasado, pero sin darles solución, un intento posterior de nuevamente hacer justicia a una persona excluida.
Un posterior se inmiscuye en los asuntos de un anterior y, aunque quiera salvarlo por amor, al mismo tiempo se trata de
una arrogación. Un pospuesto no puede, más tarde, poner en orden un asunto en lugar de un antepuesto. Es imposible que
se logre, ya que, de lo contrario y bajo la presión del sentido ciego de compensación, el mal no encontraría término.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Un ejemplo:
En una sesión de supervisión una terapeuta relató el caso de una mujer joven que sentía una necesidad
compulsiva de lavarse las manos. Se le preguntó: « ¿Quién en su sistema tiene que lavarse?» Al cabo de poco
tiempo quedó claro: en los tiempos de posguerra, una hermana del padre había mantenido relaciones con soldados
americanos para mantener a flote a la familia. Contrajo sífilis y, en consecuencia, fue menospreciada por la familia
hasta que murió sola.
Una suerte trágica, adoptada de otra persona, o una culpa ajena no me dan ninguna fuerza, ya que ésta únicamente
puede nacer de lo que me es propio, y también aquél en cuyo lugar asumo esta suerte o culpa se ve debilitado. Para que lo
negativo que me es ajeno aún pueda llegar a desarrollar su fuerza, es necesario que lo devuelva a quien pertenece, con la
seguridad de que éste será capaz de llevarlo. Únicamente podré actuar de esta manera estando reconciliado con el Todo tal
como es, también con su parte negativa. Frecuentemente, sin embargo, la persona cree que podría dejar para más tarde su
propia suerte difícil tomando sobre sí algo negativo de otra persona, ya que lo ajeno muchas veces es más fácil de llevar
que lo propio.

B. LA DOBLE TRANSFERENCIA
En sistemas humanos, por tanto, es inevitable que lo reprimido vuelva a aparecer, y con más frecuencia concretamente en
aquéllos que menos pueden defenderse, por ser ellos los que más aman. En la familia, éste es el caso de los hijos y los
nietos.
La identificación también abarca la dinámica de la doble transferencia. La primera transferencia es la del sujeto: así, por
ejemplo, los sentimientos de un excluido son asumidos por un posgénito. A través de una segunda transferencia, sin
embargo, estos sentimientos no se exteriorizan contra el culpable sino que son dirigidos a otro objeto.

Un ejemplo:
Un matrimonio mayor, casados desde hacía muchos años y padres de varios hijos, participó en un seminario. Él era una
persona amable y todo el grupo lo apreciaba. Siempre es buena señal si todo un grupo mira con buenos ojos a alguien, una
persona así no puede ser mala. Ya la primera noche, ella desapareció con el coche y no volvió hasta la mañana siguiente,
justo antes de comenzar la sesión de grupo. Se plantó toda provocativa delante de su marido y dijo:
-Acabo de estar con mi amante.
El coordinador del grupo le preguntó si deseaba la muerte (risas en el grupo). Cuando la mujer estaba con otras
personas del grupo, se mostraba atenta y llena de interés. Siempre que veía a su marido, sin embargo, estaba como
fuera de sí. Para los demás era ininteligible por qué estaba tan enfadada con él, tanto más que el hombre no se
defendía, sino que mantenía una actitud objetiva. ¿Qué había ocurrido? Supimos lo siguiente: su padre tenía una
amante. En verano enviaba a la mujer y a los hijos al campo para quedarse en la ciudad con su amiga. De vez en
cuando venía con la amiga a ver a la familia, y su mujer los recibía bien y los atendía. ¡Qué inocencia! (pausa) ¡Y
qué mala es esta inocencia! ¡Dios mío, qué mala! Es lo que se suele llamar «virtud heroica», pero no sirve de nada,
y así no hay solución posible.
Los efectos son fatales. La madre se creía demasiado buena para enfadarse. Ahora bien, si la mujer se hubiera enfadado
con su marido, habrían llegado a una solución, sea una separación, sea una reconciliación. De esta manera, en cambio, ella
hacía ver que estaba por encima de su marido; la emoción necesaria que los habría salvado, sin embargo, era la rabia de la
mujer contra el marido, y el enfado. Ella tenía el derecho de sentir así.
Puesto que no actuó así, sino que reprimía estas emociones, el resultado fue una transferencia de las emociones, en este
sistema, de la madre a la hija. Ahora salen en el miembro más débil: la hija asume la rabia reprimida de la madre. Esta es
la transferencia en el sujeto. Pero también se da una transferencia en el objeto. La hija no expresa la rabia contra el padre,
donde correspondería, sino contra su marido, que se ofrece porque no puede defenderse: él la quiere. Esta es, para así de-
cirlo, la solución barata. La solución auténtica sería que la hija se inclinara ante los padres y les dijera: «Tal como vosotros
lo hagáis, para mí está bien.»
Esta es la dinámica de la doble transferencia. Muchos problemas en relaciones se deben a este mecanismo. A veces,
también encontramos la doble transferencia ahí donde la víctima, después de sufrir la injusticia, tuvo que permanecer tan
impotente que no hubo ninguna posibilidad de actuar.

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Otro ejemplo a este respecto:


Durante la psicoterapia, un hombre de unos cuarenta años empieza a sentir el miedo de que podría hacer
violencia a alguien, que podría estrangular a alguien o ser estrangulado él mismo. Ni su carácter ni su
comportamiento indican tal posibilidad. Así le pregunto:

-¿Hay un asesino en tu familia?


Resulta que su tío, el hermano de su madre, fue un asesino. En su empresa tenía una empleada que, al mismo tiempo,
era su amante. Un día, le enseñó a esa mujer la foto de otra mujer, pidiéndole que fuera a la peluquería para que le
arreglaran el pelo exactamente de la misma manera que lo llevaba aquella mujer. Después de que ya se le había visto un
tiempo con ese peinado, viajó con ella al extranjero y allí la asesinó. A continuación, regresó a su país con aquella mujer
cuya foto había enseñado antes a su víctima. Ahora ésta era su empleada y su amante. Pero todo salió a la luz, y el hombre
fue condenado a cadena perpetua.
El terapeuta aún quería saber más de otros familiares, sobre todo de los abuelos, los padres del asesino. Se preguntaba
dónde había que buscar la fuerza motriz para tal crimen. Pero el hombre sólo podía dar pocas informaciones. Del abuelo
no sabía absolutamente nada, y la abuela había sido una mujer piadosa y respetable. Después, empezó a investigar más a
fondo y descubrió lo siguiente: esa mujer piadosa, durante la época nazi y con la ayuda de su hermano, había denunciado
a su marido de homosexual. Éste, en consecuencia, fue detenido y llevado a un campo de concentración, donde murió
asesinado.
Aquí nuevamente podemos apreciar el mecanismo de la doble transferencia: el verdadero asesino en el sistema, del que
evidentemente provenía la energía destructora, era la abuela piadosa. El hijo, sin embargo, como un segundo Hamlet hizo
de vengador del padre; pero, al igual que Hamlet, también con una doble transferencia: la propia madre fue respetada,
pero en lugar de ella murió la mujer amada. Es fácil imaginarse los sentimientos del abuelo en el campo de concentración.
Esos sentimientos asesinos que debía tener respecto a su mujer son asumidos por el hijo, que, a su vez, les da rienda suelta
con su amante. Asimismo, el hijo asume todas las consecuencias, no sólo por el crimen cometido por él mismo, sino que
también paga y expía en lugar de su madre. De esta manera se parece a ambos padres, a la madre por el crimen, al padre
por la prisión.
En aquel entonces no encontramos ninguna solución, porque aún no sabía trabajar de manera sistémica. Hoy en
día lo pondría al lado de su abuelo; así encontraría la paz.

Otro ejemplo de una transferencia de sentimientos positivos:


Un hombre y una mujer participaron en un curso. Tenían tres hijos -la hija menor tenía tres años- y el padre sentía un
cariño muy especial por su hija menor, no como un padre a su hija, sino algo tan entrañable e íntimo, que realmente
emocionaba al verlo. Y eso no encajaba. Ese no podía ser el sentimiento del padre para la hija. A continuación
descubrimos que su padre había tenido una hermana gemela que murió pronto. Y de repente quedó claro: los sentimientos
que él tenía para su hija eran los mismos que su padre había tenido para su hermana gemela. Simplemente habían sido
adoptados. Aquella hermana también había sido olvidada.
Después del curso volvieron a casa, y al cabo de cuatro semanas me escribió una carta, diciendo que estaban muy felices
en casa y que él era realmente padre para su hija pequeña. Además, de repente se habían dado cuenta de algo. La hija
pequeña se llamaba Claudia y, desde que nació, siempre la habían llamado «Claudelinchen», pensando que sería un
diminutivo de Claudia. Pero de pronto cayeron en la cuenta de que la hermana gemela del padre se llamaba Linchen.
Nadie lo había advertido. Por tanto, también ésta era una implicación, aunque no tan negativa, y también tuvo su solución.

6. LIBERARSE DE LAS IMPLICACIONES

A. ENCONTRAR A QUIEN FALTA


Muchos problemas que encontramos en psicoterapias o en nuestra propia vida están en relación con tales
procesos, y el trabajo sistémico, la tarea terapéutica, consiste en encontrar a quien falta. ¿Quién es la excluida o el
excluido? Por regla general se trata de alguien que lo pasó mal o que sufrió una injusticia. Los terapeutas sistémicos
se hacen cargo de sus intereses y de sus derechos. Dado que la exclusión, en la mayoría de los casos, se realiza a
través de un desprecio moral, a los ojos de los interesados esta persona es el malo, mientras que el otro, o los otros,

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al mismo tiempo se consideran superiores. El efecto principal es que alguien, sirviéndose de esta moral, reivindica
un mayor derecho a la pertenencia.
Martha: Ayer, durante la cena, conté que desde hace aproximadamente un año sé que tengo una hermanastra. Eso salió
a la luz después de morir mi padre. Era un secreto de familia entre mis padres, y de alguna manera yo misma me asusté al
ver la reacción de todos. Yo fui la única de la familia que llamé allí, pero no la vi, y ahora ya no hay ningún contacto.
Bert Hellinger: Está clarísimo que estás identificada con ella. Tienes los sentimientos de ella, por ejemplo la sensación
de no tener el derecho de formar parte. (Martha empieza a llorar y su cara muestra dolor.) Sí, éste es su sentimiento.
Martha: ¿No es mío?
Bert Hellinger: Puedes transformarlo, poniéndote al lado de ella y diciendo: «Tú eres mi hermana, y yo soy tu
hermana.» Tu dolor honra a tu hermana.
Andrea: ¿De qué manera obtienen sus informaciones la conciencia de la red familiar o el identificado?
Bert Hellinger. No sé cómo funciona. Únicamente se ve que es así; cómo, no es comprensible para mí, ni tampoco
tiene importancia para la solución.
Pregunta: ¿Qué pasa si no hay ninguna persona del mismo sexo que se preste para la representación?
Bert Hellinger: Entonces, a veces, la asume una persona del otro sexo que, en consecuencia, puede volverse
homosexual.
Pregunta: ¿Es posible que alguien esté identificado con dos personas a la vez?
Bert Hellinger: No lo he visto hasta ahora, pero Friedemann tuvo la idea de que una persona así podría volverse
esquizofrénica. Fue como una inspiración, algo realmente emocionante para mí cuando me lo dijo. Ahora, esta idea está
presente, puede actuar, y quizás tengamos las reacciones más tarde.
Pregunta: Si un excluido fue representado por otra persona, ¿qué ocurre en la siguiente generación?
Bert Hellinger: Según mis observaciones, existe un factor de tiempo, es decir, se acaba olvidando. Con el
tiempo se va debilitando; y a partir de un momento dado, ya no sigue actuando. Si, por ejemplo, un nieto está
identificado con un abuelo -independientemente de lo que haya ocurrido-y este nieto, por su parte, tiene un hijo,
esta identificación con el bisabuelo ya no tiene importancia en el nivel de los hijos. Al menos no lo he visto nunca.
Pregunta: ¿También existen identificaciones con hermanos de los abuelos?
Bert Hellinger: Muy raras veces, y sólo si éstos tuvieron suertes muy especiales. Tan sólo he encontrado dos o tres
casos así.
Pregunta: En terapia sistémica y en hipnoterapia se trabaja mucho en el presente, con los conceptos de «aquí» y
«ahora». ¿Cómo se compagina eso con el hecho de que aquí vuelva a entrar en juego el pasado?
Bert Hellinger: Creo que ambas cosas se mantienen en tensión; no debería crearse ninguna rivalidad. Yo haría tanto lo
uno como lo otro.
Lars (refiriéndose a la constelación de Benno, cuyo padre, en tiempos del Tercer Reich, metió a un hijo minusválido en
una residencia, donde fue asesinado): Yo no vería al padre de Benno como asesino, sino que en una determinada situación
histórica estaba conforme con las ideas asesinas y metió a su hijo en una residencia. Es una diferencia a lo que tú dijiste, y
me hace pensar.
Bert Hellinger: ¿Cuál es el efecto de lo que Lars dice? — Este tipo de intervención es grave. Resta seriedad. Porque
eso no tiene ninguna importancia; no se trata de la motivación, sino del resultado, de la vehemencia del resultado. Si me
encuentro ante alguien que mató a otro, y existen atenuantes, por ejemplo de tipo psicológico, esta persona, a pesar de
todo, tiene que asumir todas las consecuencias. El conocimiento de las implicaciones no lo libera de las consecuencias, ya
que, de lo contrario, las víctimas tendrían que llevarlo todo, lo cual es inadmisible. En un caso así, todo se trastorna.

Un ejemplo para una identificación con una persona del otro sexo:
Una participante refiere el siguiente problema: tiene la sensación de que no puede aplicar ni la gran cantidad de
conocimientos que tiene, ni las muchas experiencias que hace. Tiene la idea de no deber saber ni comprender.
Bert Hellinger (después de buscar un tiempo los «tontos» en el sistema): ¿Hubo alguien que acabó en un psiquiátrico,
que fue imbécil, ilegítimo, excluido, escondido?
Carla: Una novia de mi padre se volvió esquizofrénica.

Bert Hellinger: Ésta es la persona excluida, ahora haremos la constelación de esto. (Durante la constelación y a raíz de
las reacciones de los representantes de los miembros de la familia, queda patente que Carla está identificada con el novio
anterior de su madre. A continuación se da cuenta también de que ella posee y está muy encariñada con todos los cuadros
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Bert Hellinger – Felicidad dual

pintados por aquel hombre.) En esta posición de identificación no podía tener ninguna relación con su padre, ya que
representaba al rival para él, ni tampoco puede tener ninguna vinculación con su madre, ya que no representa la hija para
ella, sino al primer hombre. Asimismo tampoco puede tener ninguna relación libre con la feminidad, puesto que se
encuentra identificada con una persona del otro sexo. La solución es que ella le diga a la madre (señalando al padre):
«Éste es el verdadero para mí. Con el otro no tengo nada que ver.» Y que le diga al padre: «Tú eres el verdadero para mí,
con el otro no tengo nada que ver.» De esta manera pasa claramente al papel de hija, quedando desligada de lo otro. Si el
novio de la madre es reconocido, también desaparece la presión de imitarlo por la identificación.
Carla (después de la constelación): ¿Cómo puedo llegar a la sensación de tener el derecho de aprender? Ésta era mi
pregunta inicial.
Bert Hellinger: Hay que esperar un tiempo, para ver si después aún sigue siendo una pregunta actual, y cómo actúa la
imagen. Puede tardar un año o dos hasta que la imagen interior cobre toda su fuerza. También significa una gran renuncia
abandonar la identificación. Por lo tanto, es un paso decisivo ponerse en el lugar que corresponde, el lugar del más
pequeño.
Carla (aliviada): Sí, soy la hija.
Bert Hellinger: Exacto, ahora ya tenemos el primer efecto.
Una frase extraviada en el sistema
Un hombre joven, en peligro de suicidio, contó en un grupo que, de niño, había preguntado a su abuelo materno:
« ¿Cuándo te mueres por fin y haces sitio?» El abuelo se rio con ganas, pero al nieto la frase le había rondado en la cabeza
toda su vida. Era una frase extraviada en el sistema. Una frase así pertenece a otra persona en el sistema, pero se expresa a
través del más débil.
El coordinador del grupo pensaba que la frase había salido por boca de un niño, porque en otro contexto no
pudo ser expresada. Y realmente encontraron lo que buscaban.
Hacía muchos años, el otro abuelo, paterno, había mantenido relaciones con una secretaria y, a continuación, su mujer
contrajo tuberculosis. Aquí pertenecía esta frase: « ¿Cuándo te mueres por fin y haces sitio? El deseo se cumplió: la mujer
murió. Pero ahora los posgénitos, inocentemente culpables y sin saber nada, se hicieron cargo de la culpa y del castigo.
Primeramente un hijo evitó que su padre sacara provecho de la muerte de la madre: se fugó con la secretaria. Después, un
nieto se prestó para tomar sobre sí la frase siniestra y expiar la culpa a conciencia: él estaba en peligro de suicidio.

B. ¿CUÁLES SON LOS INDICIOS DE IMPLICACIONES?


Siempre que conflictos no solucionados aparecen como fantasmas en relaciones posteriores, se hacen patentes a través de
actos y emociones incomprensibles. La sensación de identificación es un «estar fuera de sí». Siempre que alguien en un
sistema muestra emociones fuertes o una manera de actuar que no se explican por la situación actual, si se percibe que
alguien es inaccesible para el diálogo, porque se encuentra como en trance o actúa como una persona extraña, como si
estuviera obsesionado por un conflicto o por miedos ajenos, puede tratarse de indicios de implicaciones sistémicas. Si
alguien lucha muy afanosa o encarnizadamente, muchas veces se trata de una guerra de sustitutos. Tales luchas fácilmente
se llevan con especial crueldad. Si existe un chivo expiatorio en el sistema pospuesto, en la mayoría de los casos también
lo hay en el sistema antepuesto, por lo que se recomienda buscar ahí.
Podemos deducir implicaciones de aquello que ocurre. Con el tiempo se adquiere una cierta sensibilidad, pero hay que
ejercerla como un oído musical. La mayoría de personas empieza a distinguir a grosso modo, pero una vez desarrollado el
oído absoluto, la persona percibe las más mínimas diferencias. Entonces siente lo que otros no sienten. Se requiere, por
tanto, una cierta práctica y un cierto desarrollo.

Una pregunta durante el seminario:


Ernst (a la vista de la constelación de Karl, en la cual se hizo patente una identificación con el padre de una
hermanastra ilegítima, diez años mayor): ¿Hay indicios en una constelación que permiten saber cuándo un
sentimiento es adoptado?
Bert Hellinger: No. En el caso de Karl fue una conclusión. En un caso así, lo lanzo como un globo sonda y miro a ver
si es cierto. Frecuentemente es una hipótesis que desarrollo a raíz de la constelación. El sentimiento de tristeza que
mostraba al principio no era comprensible en esa situación. Eso hace sospechar que se trata de un sentimiento adoptado.

Verse involucrado en dinámicas ajenas


De uno de los seminarios:
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Wolfgang: Una y otra vez me veo en la situación no del acusador, pero de uno que se toma algo a mal, aunque el
asunto ya esté liquidado y yo ya me encuentre fuera. Éste, por ejemplo, es el caso de un puesto de trabajo de donde me
despidieron.
Bert Hellinger: Tienes que decir: «Ya os merecéis el haberme perdido».
Wolfgang: Eso ya lo dije (se ríe).
Bert Hellinger: Hay sucesos que son impenetrables.

Un ejemplo:
El año pasado, un compañero, que participó unas cuantas veces en un grupo de supervisión, me escribió una carta,
contándome que un periódico había escrito un artículo sobre él. Decían que su trabajo de terapeuta era sectario, que había
fundado una secta, y que todo aquello era muy peligroso. El estaba muy afectado. Más tarde me llamó para preguntarme
qué debía hacer. Yo le dije: «Nada, no debes hacer absolutamente nada, ni debes darles ningún poder en tu alma. Debes
olvidarlos por completo.»
A cambio, me envió una buena botella de vino.
Más tarde despidieron a un compañero de él, porque supuestamente también pertenecía a esa «secta». Era un
absurdo. Yo lo considero una persona muy afectuosa y sensible. Hace poco, aquel hombre me volvió a escribir una
carta, comunicándome que el redactor que había provocado y escrito todo aquello vino una vez a consultarlo. El
terapeuta quería trabajar con él en el sentido de una reconciliación con uno de sus padres, pero el otro se evadía.
Ahora estaba con otra terapeuta de otra corriente, que opina que hay que estar en contra de los propios padres. Así,
hay ocasiones en las que uno se ve involucrado en dinámicas que se encuentran más allá de la propia
responsabilidad y de la propia influencia.

En este contexto quizás pueda ayudar una historia bíblica: érase una vez una ciudad malvada, cuyos habitantes eran tan
malos que la ciudad fue condenada a la ruina. Algunos se salvaron, pero bajo la condición...

Aún os contaré otra historia al respecto:

LA RENUNCIA
Después de la Guerra de los Treinta Años -eran malos tiempos aquéllos-, la gente volvió de los bosques y empezó a
reconstruir sus casas, a trabajar sus tierras y a cuidar el poco ganado que les quedaba. Al cabo de un año tuvieron la
primera cosecha en tiempos de paz, el ganado se había multiplicado, y se celebró una fiesta.
A las afueras del pueblo, sin embargo, había una casa con la puerta tapiada. A veces la gente que pasaba pensaba
que habían oído algo en su interior, pero tenían demasiadas preocupaciones para fijarse más detenidamente.
Una noche, un perrito herido se paró delante de la puerta tapiada, aullando lastimosamente. De repente empezó a
caer el mortero de la puerta tapiada, se soltó una piedra, una mano salió, cogió el perrito y lo arrastró hacia dentro.
¡Aún quedaba alguien que no sabía que ya se había hecho la paz! La persona apretaba el perrito contra su vientre,
sintiendo su calor, y el perrito se durmió. El hombre miraba por el hueco estrecho, veía las estrellas a lo lejos, y por
primera vez desde hacía mucho tiempo respiraba el aire fresco de la noche.
Finalmente empezó a amanecer, se oyó el canto de un gallo, el perrito se despertó y la persona vio que tenía que
dejarlo marchar. Así lo empujó por el hueco estrecho, y el animal corrió con los suyos.
Cuando ya se había hecho de día, unos niños se acercaron, uno de ellos con una manzana fresca en la mano.
Vieron el hueco, miraron adentro y vieron a aquella persona: se había dormido. La mirada afuera le había sido
suficiente.

C. SUSTITUIR LA RECOMPENSA NEGATIVA POR LA POSITIVA


Si un posgénito, que imita la suerte de un anterior, de repente se da cuenta de lo que ocurre, si mira a la persona
excluida o se pone a su lado, le da un lugar en su corazón, la quiere y se inclina ante ella, la identificación desaparece. A
través del amor se crea una relación, con lo que el excluido se convierte en una persona respetada, en un amigo, un ángel
custodio y en una fuente de fuerza. Es decir, la identificación es lo contrario de una relación. El anteriormente identificado
se retira y permanece en su propio lugar que le corresponde. De esta manera se recupera el equilibrio.
Dado que no percibimos sensiblemente la conciencia de la red familiar, tampoco podemos fiarnos ni de nuestra
conciencia personal ni de la sensación de inocencia para encontrar la solución. Por tanto, en tales casos, el terapeuta no
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puede dejar en manos del cliente el encontrar una solución por sí mismo, ya que esta conciencia de la red familiar
únicamente se reconoce por sus efectos, a través de un cierto tiempo y en un contexto más amplio. Hay procesos en
nuestro cuerpo que no sentimos, pero que, a pesar de todo, son peligrosos. También en los sistemas familiares existen
procesos graves, a pesar de la sensación engañosa de que todo está en orden. Así pues, el terapeuta tiene que saber de qué
se trata, buscar la solución para el cliente y, a continuación, comprobarla por sus efectos. Junto con la buena solución se
da una sensación de alivio, de alegría y de plenitud.
Al configurar una constelación familiar, podemos ver de manera palpable cómo un sistema cambia ante nuestros ojos,
calmándose en cuanto los excluidos vuelven a estar integrados y recuperan su lugar respetado.
Abandonar la identificación es una gran renuncia, ya que la persona se siente muy importante en esa posición. Pero
tampoco el terapeuta debe pensar que lo ha captado definitivamente, siempre aparecen variantes nuevas, y siempre se trata
también de un experimentar a tientas.
Por tanto, únicamente podemos librarnos de esa ciega necesidad de una recompensa negativa sustituyéndola por
la recompensa positiva. Eso se logra si los posteriores toman de los anteriores, sea cual fuere el precio, si honran a
los anteriores, por mucho que éstos hayan cometido, y si lo pasado, sea bueno o sea malo, realmente puede
pertenecer al pasado. De esta manera, los excluidos recuperan su derecho de hospitalidad y, en vez de
atemorizarnos, nos bendicen. Nosotros, en cambio, concediéndoles el lugar que les corresponde en nuestra alma,
estamos en paz con ellos; y dado que realmente tenemos a todos los que pertenecen a nosotros, nos sentimos
colmados y enteros. Para que sea más fácil lograr esta recompensa, os contaré una historia que, en aquél que se
entrega a ella, obra lo que narra.

EL ADIÓS
Ahora os invitaré a un viaje al pasado, como si algunas personas, después de años, otra vez partieran para volver
allí donde en aquel entonces ocurrió lo decisivo. Esta vez, sin embargo, no hay peligro que acecha, todo está superado
ya. Más bien parece como si unos luchadores veteranos, después de largos años de paz, atravesaran otra vez el campo
de batalla en el que tuvieron que mostrar su coraje. Desde hace mucho tiempo la hierba vuelve a crecer allí, y los
árboles florecen y llevan su fruto. Quizás, ni siquiera reconozcan el lugar, porque no aparece como ellos lo
recordaban, y necesitan ayuda para orientarse.

Porque es curioso de qué maneras tan distintas nos enfrentamos al peligro.


Un niño, por ejemplo, queda paralizado de miedo ante un perro grande. Al llegar la madre y levantarlo en sus
brazos, la tensión va cediendo y el niño empieza a llorar. Pero al cabo de muy poco ya vuelve la cabeza para mirar,
ahora desde la altura segura y sin miedo, al terrible animal.
Otro, al cortarse, no puede ver cómo corre su propia sangre. En cuanto gira la vista, sin embargo, tan sólo siente
poco dolor.
Malo es, por tanto, que todos los sentidos juntos queden atrapados por los hechos, sin poder actuar cada uno por
separado, y que el individuo se vea arrollado por ellos de manera que ya no ve, ni oye, ni siente, ni sabe qué es real.

Ahora emprenderemos un viaje en el que cada uno, de la manera que le parezca, lo verá todo, pero no de
golpe, y también lo vivirá todo, pero con la protección que él desee; un viaje en el que también podrá
comprender las cosas que cuentan, una tras otra. El que quiera podrá dejar que otro lo represente, como uno
que en casa se pone cómodo en su sillón y, cerrando los ojos, sueña con el viaje que se ve hacer, y que, a pesar
de permanecer en casa y dormir, lo vive todo como si realmente estuviera allí.

El viaje nos lleva a una ciudad que en su tiempo fue rica y famosa, pero desde hace mucho está vacía y solitaria,
como una ciudad fantasma del Lejano Oeste. Aún se ven las minas en las que se excavaba el oro, las casas casi
intactas, incluso la Opera aún existe. Pero todo está abandonado. Desde hace mucho tiempo, aquí no queda más que
el recuerdo.

El que emprende este viaje se busca una persona conocedora para que lo guíe. Así llega a ese lugar, y el recuerdo
se despierta. Aquí, pues, fue aquello que tanto le estremeció, que aún hoy le cuesta recordar por el dolor que le causó.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Pero ahora el sol brilla sobre la ciudad abandonada. Donde en su tiempo había vida, gentío y violencia, se ha hecho
la calma, casi la paz.
Así pasean por las calles, y finalmente encuentran la casa. Aún vacila, pensando si realmente quiere arriesgarse a
entrar, pero su acompañante piensa adelantarse solo, para mirar primero y saber si el lugar es seguro ahora, y si aún
queda algo de aquel entonces.

Mientras tanto, el otro se queda fuera, mirando por las calles vacías. Vuelven los recuerdos de vecinos o amigos
que allí había, recuerdos de escenas en las que él estaba feliz y alegre, emprendedor y lleno de ganas de vivir, como
niños imposibles de parar porque empujan hacia adelante, hacia lo nuevo, lo desconocido, lo grande, lo amplio, hacia
la aventura y el peligro superado.

Así pasa el tiempo.

Finalmente, su acompañante le hace una señal para que le siga. Entra él mismo en la casa, llega al
vestíbulo, mira a su alrededor y espera. Sabe qué personas hubieran podido ayudarle en aquel entonces para
soportarlo, personas que lo amaban, que también eran fuertes y valientes, y sabían, he parece como si ahora
estuvieran aquí, como si oyera sus voces y sintiera su fuerza. Después, su acompañante lo coge de la mano y
juntos abren la puerta que realmente lleva al interior.

Aquí, pues, se encuentra él: ha vuelto. Coge la mano que le trajo hasta aquí y tranquilamente mira a su alrededor,
para ver cómo era realmente, lo uno y lo otro, todo. Curioso, ¡qué diferente lo percibe, si permanece recogido y de la
mano del que le ayuda! Aun recordando aquello que durante mucho tiempo estuvo apartado, como si por fin encajara
lo que también forma parte. Así espera y mira, hasta saberlo todo.

Después le invade el sentimiento, y detrás de aquello que se encontraba en un primer plano siente el amor y el
dolor, he parece como si hubiera vuelto a casa, y mira al fondo, donde ya no existen ni el derecho ni la venganza,
donde el Destino obra y la humildad cura, y la impotencia establece la paz. Su acompañante mantiene cogida su mano
para que se sienta seguro. Respira profundamente, después se entrega. Así sale lo que tanto tiempo estuvo retenido, y
él se siente ligero y lleno de calor.

Cuando todo ha pasado, el otro lo mira y dice: «Quizás, entonces cargaste con algo que debes dejar aquí, porque
no te pertenece ni se te puede exigir. Por ejemplo, una culpa arrogada, como si tuvieras que pagar por lo que otros
tomaron. Déjalo aquí. También aquello que debe serte ajeno: la enfermedad de otros, su suerte, su creencia o su
sentir. También la decisión que fue para tu mal: déjala aquí ahora.»

Has palabras le sientan bien. Se siente como alguien que llevaba una carga pesada y ahora la pone en el suelo.
Respira aliviado y se sacude. En un principio se nota ligero como una pluma.

El amigo vuelve a hablar: «Quizás, entonces también dejaste o abandonaste algo que debes conservar,
porque te pertenece. Por ejemplo, un talento, una necesidad íntima, quizás también inocencia o culpa, recuerdo
y esperanza, el valor para una existencia plena, para el actuar que a ti te corresponde. Vuelve a recogerlo
ahora y llévalo contigo a tu futuro.»

También a estas palabras asiente. Después, examina lo que entonces abandonó y ahora debe recuperar. Al tomarlo,
siente el suelo bajo sus pies y percibe su propio peso.

Después, el amigo lo lleva unos cuantos pasos más allá, y juntos llegan a la puerta del fondo, ha abren y
encuentran... el saber que reconcilia.

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Ahora ya no aguanta más en el lugar de antes. Tiene prisa para partir, le da las gracias a su amable acompañante,
y emprende el camino de vuelta. Al llegar a casa, aún necesita un tiempo para orientarse con la nueva libertad y la
antigua fuerza. Pero secretamente ya planea el próximo viaje: esta vez a tierras nuevas y desconocidas.

D. CONSAGRADO A DIOS EN EXPIACIÓN


Un ejemplo extenso de un caso:
Friedrich es sacerdote y participó en un curso de seis días. La historia de su familia es un ejemplo de cómo en una
familia y, a través de generaciones, los posgénitos intentan expiar las culpas de anteriores, y de cómo imitan la suerte de
éstos. Acompañamos a Friedrich a través de estos seis días:

Al final del primer día


Friedrich: Me impresiona mucho ver de qué lejos vienen los procesos en las constelaciones familiares, y al final me
chocó bastante lo que dijiste de la relación de pareja. Interiormente aún estoy totalmente perplejo.
Bert Hellinger: ¡Eso es demasiado pronto para ti! (Risas de todos los participantes)
Friedrich: Sí, yo estaba convencido de que el hombre recibía algo de la mujer, y a la inversa.
Bert Hellinger: Sí, eso es lo que todos piensan antes.
Friedrich: Creo que también tiene que ver con el ámbito de la sexualidad. Yo era terriblemente racionalista, y con el
tiempo me he hecho más sensible. Todo esto ha vuelto a despertar algo en mí.
Bert Hellinger: En tu camino hay el lugar correcto y la auténtica plenitud en un momento determinado. Cuando
es el tiempo de la flor, el fruto aún no ha llegado. Cuando el árbol se marchita, el fruto cae. (Risas)
Friedrich: Creo que esa experiencia de renuncia tiene que ver con que el anhelo que se despierta es mucho más poderoso
que una persona...
Bert Hellinger: La renuncia antes de cumplirse el anhelo es fatal y crea rencor. La renuncia después de cumplirse el
anhelo da serenidad a la persona, aporta plenitud y tiene otro efecto totalmente distinto. Por eso, la renuncia no debe
realizarse demasiado pronto.

Al segundo día, por la mañana


Friedrich: Estoy bien. Me encuentro algo confuso, y una y otra vez me vienen preguntas acerca de lo que veo. Pero
serían demasiado dispersas. Prefiero vivirlo.
Bert Hellinger: ¡Exacto, bien!
Friedrich: Aún hay algo que me preocupa de la constelación de ayer. Creo que para mí tiene que ver también con ser
abandonado.
Bert Hellinger: ¿Fuiste abandonado?
Friedrich: Sí, tuve una relación con una mujer. Dada mi situación profesional, no es más que lógico que me dejara,
aunque yo era muy vivo en la relación.
Bert Hellinger: Sí, claro.
Friedrich: Desde el lado racional puedo aceptarlo (en voz baja), pero el dolor sigue, a pesar de todo.
Bert Hellinger: Éste es un dolor de niño. Por eso, la relación también acabaría mal, porque te la planteas con las
expectativas de un niño, no como una persona que se encuentra con otra a un mismo nivel. Más tarde lo miraremos, ¿de
acuerdo?

Al segundo día, por la tarde


Friedrich: Me siento bastante relajado y cómodo, y me alegro... Bert Hellinger: ¡Qué pena! Friedrich: ...que yo... Bert
Hellinger: ¿Has oído lo que dije?
Friedrich: Sí: ¡Qué pena! ¿Porque no hay tensión? Sin embargo, me doy cuenta de que sí que hay curiosidad...
Bert Hellinger: Eso es demasiado poco.

Al tercer día
Friedrich: Sí, esta noche me dolía la barriga.
Bert Hellinger: Los dolores de barriga siempre significan lo mismo. ¿Sabes qué? - Los niños tienen dolor de barriga, si
la madre no está. Es un poco atrevido como lo acabo de decir, tengo muy poca experiencia en este campo, pero también

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personas mayores tienen dolores de barriga si se sienten abandonados. Simplemente relaciono una cosa con la otra. ¿Te
sirve la interpretación?
Friedrich: Tengo que pensármelo.
Bert Hellinger: Es posible que también haya un recuerdo relacionado.
Friedrich: Sí, siento una pesadez aquí (se pasa las manos por ambas mejillas), y estoy asombrado de que me entero de
todo lo que se dice aquí. Interiormente tengo la sensación de estar muy cansado, aunque haya dormido lo suficiente.

Al cuarto día, por la tarde


Friedrich: Lo que me va dando vueltas todo el tiempo es aquello de la recompensa. Antes de nacer yo, mi madre me
consagró a la Virgen y a Dios. Yo fui el tercer hijo en mi familia, y el primero que nació sin problemas. Con los primeros
dos hubo unas dificultades increíbles. Pocos días antes de darme a luz a mí, mi madre maldijo a mi abuela, y después tenía
pánico de que pasara algo fatal. Cuando finalmente vine al mundo sin problemas, me consideraban un regalo de Dios.
Bert Hellinger: Los sacerdotes, casi todos son sacrificados en expiación de algo en su familia y en recompensa por una
injusticia. Lo que refieres es una situación muy típica. Por eso, los así sacrificados muchas veces están enfadados con
Dios. Lo mismo se nota en los Papas, cuando a veces se comportan como si secretamente le guardaran rencor a Dios y,
por lo tanto, más bien apartan a los hombres de él en vez de acercarlos. Sin embargo, hay que mirarlo con comprensión si
alguien se encuentra implicado en semejante dinámica.
Hace muchos años, estuve invitado a un curso para vicarios protestantes en Suiza. Me di cuenta demasiado tarde
de que, desde el punto de vista de la dinámica de grupo, era una situación absolutamente imposible, puesto que yo
era el único católico entre ellos, y además ex-sacerdote. Y efectivamente, se burlaban de mí: « ¡Pero si tú no eres ni
cristiano!» Así que pensé: me vengaré. Después esperé el momento idóneo. Todo eso fue un proceso muy
importante, necesario.
Al cabo de unos días se me ocurrió cómo hacerlo. Después del café de la tarde, dije, todo inocente: «Se me ocurre un
ejercicio, pero es tan terrible que apenas me atrevo a proponerlo. Estuve pensando que podríamos poner una silla en
medio y vosotros os imagináis que Jesús está sentado en ella, y cada uno le dice algo.» En seguida comenzaron, y se
dieron unas escenas de odio increíbles. Al final dije: «Yo no encuentro ningún delito en él.» Ésa fue mi venganza.
Hace unas semanas, me encontré con un participante de aquel curso. Me recordó algo que yo ya había olvidado:
durante aquel ejercicio uno se fue corriendo a la cocina, volvió con un cuchillo y empezó a atacar la silla. Tan grande era
su rencor. Tan sólo pocos sacerdotes sacrificados son un honor para Dios. No pueden serlo, ni tampoco se les puede exigir.
Por eso, muchas veces se vuelven amargos al llegar a la vejez.
¿Cómo puede uno librarse de una cosa así?
Friedrich: Yo puse distancias con mi madre.
Bert Hellinger: Eso no soluciona nada, todo lo contrario, aún lo endurece. Lo que aportaría la libertad sería que dijeras:
« ¡Mamá, por ti lo hago a gusto!» En ese momento, la víctima sale de la posición de víctima. De esta manera, ya no está
pasiva, sino activa.
Deja que esto actúe en tu interior, Friedrich. ¿De acuerdo?

Al cuarto día, por la noche


Friedrich: Me vino a la mente una hija ilegítima de mi abuelo paterno, que en mi familia estuvo totalmente excluida. Mi
madre empezó a hablar muy, muy tarde de eso. La hija se crio con su madre y, más tarde, ingresó en un convento.
Bert Hellinger: ¿Quién hubiera tenido que ingresar en un convento, si uno piensa en tales categorías? — Pues, el abuelo,
naturalmente, pero la hija tomó sobre sí la reparación del desliz en lugar de él.
Friedrich: Una hermana de mi padre también se hizo monja, y una de mis hermanas también.
Bert Hellinger: Esos casos parecen menudear entre vosotros.
Friedrich: Sí, dos hermanas de mi madre también ingresaron en un convento, y un hermano de mi madre se
suicidó.

Bert Hellinger: Desde el punto de vista de la dinámica sistémica, es lo mismo ingresar en un convento o suicidarse.
Te contaré una pequeña historia. (Cuando alguien coge su lápiz para tomar apuntes) El que lo apunta es como alguien que
va a un prado, coge una flor y, al llegar a casa, está marchitada.

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EL AMOR
Un hombre, en sueños, oyó una noche la voz de Dios, diciendo: «Levántate, toma a tu hijo, a tu único y bienamado,
llévalo al monte que te señalaré, y allí ofrécemelo en holocausto».

Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su único y bienamado, miró a su mujer, la madre del niño, y
miró a su Dios. Cogió al niño, lo llevó al monte, construyó un altar, le ató las manos y sacó el cuchillo para
sacrificarlo. Pero en ese momento oyó otra voz, y en lugar de su hijo sacrificó un cordero.
¿Cómo mira el hijo al padre?
¿Cómo el padre al hijo?
¿Cómo la mujer al hombre?
¿Cómo el hombre a la mujer?
¿Cómo miran ellos a Dios?
¿Y cómo los mira Dios —suponiendo que exista— a ellos?

También otro hombre, por la noche, oyó en sueños la voz de Dios, diciendo:
«Levántate, toma a tu hijo, tu único y bienamado, llévalo al monte que te señalaré, y allí ofrécemelo en
holocausto.»

Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su único y bienamado, miró a su mujer, la madre del niño, y
miró a su Dios. Y le respondió, cara a cara: « ¡No lo haré!»
¿Cómo mira el hijo al padre?
¿Cómo el padre al hijo?
¿Cómo la mujer al hombre?
¿Cómo el hombre a la mujer?
¿Cómo miran ellos a Dios?
¿Y cómo los mira Dios -suponiendo que exista- a ellos?

Al quinto día, por la tarde


Friedrich: Lo que más me preocupa actualmente es mi profesión y una relación. Por una parte estoy muy vivo en mi
profesión, por otra parte me he enamorado de una mujer. Pienso que hay algo que no va aquí. Bert Hellinger: Sí, hay algo
que no va.
Friedrich: Se desvía demasiada energía y me ocupa demasiado. Bert Hellinger: Sí, eso se llama «maniático». — De la
manera que tú lo describes, tan sólo se centra en ti: yo me siento bien, yo tengo muchas energías, yo... ¿Y qué pasa con la
otra persona? En ese momento se le utiliza. Ella se ve llevada a la posición de la madre y tú adoptas la posición del hijo.
Eso tiene que ir mal, porque no tiene consecuencias para ti. Aquí se percibe la diferencia entre enamoramiento y amor.
La mujer más joven siempre representa a la madre. Si un señor mayor se busca a una chica joven, en realidad busca a
su madre. Eso se aleja de la igualdad. En un caso así, él parece superior, pero en realidad es la mujer más joven la que está
para él, y no al revés. Lo que resulta es una relación madre-hijo. Para las mujeres es similar a la inversa. Por esa razón no
puede ir bien.
Friedrich: Sí, es cierto. No sé bien qué hacer con una mujer que se encuentra al mismo nivel que yo. Me es más difícil
poner mis límites.
Bert Hellinger: Por otra parte sería posible el amor. Con una mujer que no se encuentra a un mismo nivel no funciona.
Eso se refiere a ambos lados: para un hombre, una madre puede ser representada o por una mujer mucho mayor o bien por
una mujer mucho más joven. Y para una mujer, el padre puede ser representado o por un hombre mucho mayor o mucho
más joven. Existe, sin embargo, un cierto margen en el que sí que es posible una relación.
Friedrich: Si tuviera un buen presentimiento, ya habría tomado consecuencias. Pero aún no lo tengo.
Bert Hellinger: Sí, exacto. Eso iría mal.
Friedrich: O sea, ¿poner límites claros desde un principio?
Bert Hellinger: O acercarte más claramente.
Friedrich: ¿Y entonces ya veré?

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Bert Hellinger: Si te acercas más claramente, tiene consecuencias. Entonces adquiere otra seriedad; por
ejemplo, si una de las consecuencias fuera que tuvieras que dejar tu profesión. Entonces te das cuenta de si para ti
va en serio.
Friedrich: ¿No me saldré de otra manera?
Bert Hellinger: Creo que no.
Friedrich: Es decir, ¿primero tiene que irse a pique algo?
Bert Hellinger: No necesariamente. Tan sólo te digo unos cuantos puntos para reflexionar. -Ahora estás mucho más serio,
tienes otra expresión de cara y estás recogido. Esta es otra pista para ti y, de momento, te dejo aquí. Más adelante volveré
sobre este tema.

Al quinto día, por la noche


Friedrich: Aún voy dando vueltas sobre lo que me dijiste hoy, pero pienso que sí que invierto bastante amor...
Bert Hellinger: No, no, no, eso es un engaño. Puedes comprobarlo viendo cuánta fuerza estás dispuesto a invertir. La
pregunta es: ¿qué fiable serás, y hasta qué punto la otra persona podrá estar segura de ti? No es necesario que me
respondas ahora, no es más que una prueba interior.
Friedrich: ¿Pero cómo me salgo de lo que tú llamaste la «manía»?
Bert Hellinger: La sensación de euforia en el enamoramiento es proporcional a lo más cercano que se malgasta.
Cuanto más alto sea el grado de obcecación, tanto más se aleja la persona de la realidad. Te daré un ejemplo de otro
ámbito parecido a éste. Hay esotéricos serios que siguen otro camino. En muchos de los que se llaman esotéricos, sin
embargo, puedes ver que una persona se vuelve hacia el esoterismo en el momento en el que rehuye una obligación
inmediata, por regla general, la responsabilidad de un hijo. Cuanto más se evaden, tanto más se elevan.
Friedrich: ¿Y tiene que ver con mi relación con mi madre?
Bert Hellinger: Sí, es tan fuerte que tienes poca sensibilidad para las mujeres. Tu madre siempre te encontrará bueno,
sea cual fuere tu manera de tratar a las mujeres. Con tu padre probablemente sería diferente. El hombre adquiere la
sensibilidad para las mujeres al lado del padre. - Ahora tienes una seriedad buena. Con esta seriedad percibes algo que
aporta fuerza y que debe añadirse al amor.

Al sexto día
Friedrich: Estuve pensando en mis hermanos. Un hermano mío tiene un defecto de lenguaje, el mayor habla
extraordinariamente lento, y yo, desde hace años, rechino los dientes.
Bert Hellinger: De los tres síntomas, el tuyo es la suerte mejor. Friedrich (sonríe): También lo pensé. - Quisiera
configurar mi familia de origen.
Bert Hellinger: Bien.

Friedrich da unas cuantas informaciones adicionales: Su madre tenía nueve hermanos. El hermano mayor,
destinado a hacerse sacerdote, cayó en la guerra. El siguiente hermano fue echado de casa porque atentó a las
normas del padre. Dos hermanas ingresaron en un convento. Finalmente, el siguiente hermano menor se hizo cargo
de la empresa familiar; vivía en un matrimonio muy malo, y más tarde se suicidó. Parece ser que, después de su
muerte, el abuelo materno tuviera relaciones con su mujer. Era un hombre muy estricto, que a veces bebía y pegaba
a su mujer, pero después muchas veces le pedía perdón. La última hija, con deficiencia mental por un parto
retrasado, murió tempranamente. Bert Hellinger considera el suicidio del tío en relación con el hecho de que éste,
en contra del orden en la familia, se hiciera cargo de la empresa. Friedrich configura la constelación de su familia
de origen (fig. 1). Figura 1. Constelación inicial de la familia de origen de Friedrich

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Abreviaciones:
P padre 3 tercer hijo, Friedrich, sacerdote
M madre 4 cuarta hija, ingresó en un convento
1 primer hijo 5 quinto hijo
2 segundo hijo +6 sexta hija, murió en temprana edad, minusvalía psíquica

Inmediatamente después, Bert Hellinger coloca a la madre, que se encuentra algo delante del padre, al lado de
éste (fig. 2).
Figura 2

Comentarios de los participantes:


Padre: Al ponerse mi mujer otra vez a mi lado, mi tristeza por la muerte de la hija menor disminuye. En cuanto mi
mujer se puso a mi lado, mi hija muerta y Friedrich entraron en mi campo visual. Son los dos que me alientan y me hacen
sentirme bien. Si miro de frente, únicamente siento a mi mujer y no me entero de que tengo una familia tan grande.
Quisiera dirigirme más hacia los otros hijos, pero mi mujer está en medio.
Madre: Cuando me encontraba algo más delante, me sentía muy triste. Aquí, al lado de mi marido, me encuentro bien;
y casi estoy algo enamorada de la persona que tengo en frente (la hija muerta). Es una experiencia muy bonita. Esta
persona me es muy familiar.
Bert Hellinger: Es una expresión muy curiosa que esté enamorada de la hija. ¿De quién de su familia se podría tratar?
Friedrich: Su hermana menor, que murió poco después de nacer. La madre de mi madre estuvo llorando durante
días. Tenía una aureola en la familia y todos la veneraban.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger (al representante de Friedrich): ¿Cómo te va?


Representante de Friedrich: Me encuentro tan nervioso como en ninguna otra constelación. Tengo que pasar revista a
las tropas, lo encuentro una exigencia increíble y estoy muy irritado.
Bert Hellinger: Sí, éste es la víctima, (a Friedrich) Frecuentemente te muestras alegre por fuera, pero detrás está el rencor.
Como hoy ya no tenemos tanto tiempo, no recorreré todo el proceso, pero pondré un poco de orden (fíg 3).

Comentarios de los participantes:


Padre: A mí se me ensancha el pecho. Puedo respirar libremente y tengo la sensación orgullosa: esto es lo que nosotros
dos compañeros de producción hemos conseguido (señala a los hijos; risas en el grupo).
Madre: ¡Medio equipo! — Para mí ha desaparecido la fascinación.
Hijo mayor: Antes me sentía muy estrecho. Ahora tengo una buena posición aquí, en la que también puedo moverme.
Segundo hijo: Antes me sentía cansado de la vida y plegado. Ahora siento ganas de vivir.

Figura 3

Representante de Friedrich: Yo también me encuentro bien ahora y noto que estoy orgulloso de mis padres y de mis
hermanos.
Hija mayor: No me encuentro bien aquí. No pertenezco aquí. Me he dado cuenta de que estoy totalmente apartada de la
línea materna.
Bert Hellinger: Ésta representa a la hermanastra ilegítima del padre. (Coloca a ésta al lado del padre; la hija mayor le
indica allí el lugar correcto; fig. 4).
Hija mayor: Ahora yo también formo parte.
Bert Hellinger: Veis, ésta tenía exactamente los mismos sentimientos que debía tener la hermanastra del padre.
Hermanastra del padre: Aquí (señala hacia la izquierda, al padre) noto una sombra, y por lo demás no veo a
nadie más que a ella (la hija mayor; Bert Hellinger la coloca detrás de la hermana mayor de Friedrich, que se pone
radiante; fig. 4).
Figura 4

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Bert Hellinger – Felicidad dual

HaP hermanastra del padre, ilegítima, ingresó en un convento

Bert Hellinger: ¿Hay alguien de los hijos que ingresó en un convento?


Friedrich: Sí, esta hermana se hizo monja.
Bert Hellinger: Entonces imitó fielmente a esta mujer.
Friedrich: Pero no le va bien.
Bert Hellinger: Tienes que contarle la constelación.
Cuarto hijo: Aún me siento un poco estrecho entre las dos hermanas.
(Bert Hellinger coloca al hermano de la madre, que se suicidó, detrás del quinto hijo, fig. 5)

Abreviaciones: +3HoM tercer hermano de la madre, suicidio

Figura 5
Cuarto hijo: Sí, esto me alivia.
Bert Hellinger (a la representante de la madre): ¿Tiene alguna importancia para ti?
Madre: Sí, así me es más agradable.
Hermana menor: Así está muy bien. Al principio sentía una atracción poderosa. Tenía la sensación de arrastrar a
la madre fuera de la familia. Era como un trance, pero me sentía mal respecto a los demás.
Ahora ya no es así. También es bueno que el hermano de la madre esté detrás de mi hermano, ya que de la otra manera
tenía la sensación de que él se apoyaba en mí y que yo caía hacia fuera. Ahora puedo sostenerme bien.
Hermano de la madre: Para mí también es importante tener esta relación (con la hija menor).
Bert Hellinger le pide a Friedrich que ocupe su lugar. Después, coloca a un hombre detrás de él (fig. 6).
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Abreviaciones: + lHoM primer hermano de la madre, murió en la guerra, destinado a ser sacerdote
Figura 6
Bert Hellinger: ¿Quién es éste?
Friedrich: El hermano de la madre que murió en la guerra. Bert Hellinger: ¿Qué tal?
Friedrich: Sí, bien. También me pusieron su nombre de segundo nombre de pila, y me da una gran energía.
Bert Hellinger: De acuerdo, ésta es la solución ahora.

VI. ACERCA DE LA PRÁCTICA DE LA PSICOTERAPIA SISTÉMICA


1. LA ACTITUD TERAPÉUTICA
Por tanto el Sabio
Enseña sin palabras
Obra sin-acción
Sin embargo nada queda sin realizar
Cuando la existencia se manifiesta
No se opone a ella
Actúa pero no se apropia
En la obra realizada
No exige que se le reconozcan méritos
Y es porque no pretende el mérito
Que éste no se le puede arrebatar
(de Tao Te King de Lao Tse, versión de José M. Tola)
A. LA PERCEPCIÓN CENTRADA EN LOS RECURSOS
Distingo rigurosamente la percepción de la observación. La observación conduce a conocimientos parciales unidos a
una pérdida de la visión global. Si observo el comportamiento de una persona, tan sólo veo detalles y la persona se me
escapa. Si, por lo contrario, me expongo a la percepción, se me pierden los detalles e inmediatamente capto lo esencial, el
núcleo, y todo esto, además, al servicio del otro.
La percepción de otra persona únicamente es posible si me abro a ella desinteresadamente y dispuesto a
relacionarme. De esta manera se desarrolla un lazo muy íntimo, acompañado, a pesar de todo, del más alto respeto
y de una cierta distancia. La condición previa es que cada uno sea apreciado como especial y que no se establezca
ninguna norma a la que uno tenga que subordinarse. Aquí no se trata de correcto o falso, sino de encontrar ayuda y
soluciones. En mi imaginación tengo la libertad de jugar; en cuanto percibo al otro teniendo en cuenta sus intereses,
esta libertad ya no existe.
La percepción, por tanto, únicamente puede ser efectiva refiriéndose a las soluciones. Refiriéndose a los diagnósticos,
fracasa inmediatamente, a no ser que los diagnósticos estén enteramente al servicio de la solución. Toda intervención que
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Bert Hellinger – Felicidad dual

no se una a las fuerzas de desarrollo, por ejemplo, haciendo suposiciones o menospreciando a otros, tiene un efecto
contraproducente.
Lo curioso es que una persona a la que comunico lo percibido se transforma ante mis ojos. La percepción, por tanto, es
un proceso creativo con un cierto efecto. Todo esto alberga misterios que no comprendo, pero pueden verse y ser
aprovechados.
Para la percepción lo esencial es la realización de un acto y no la verdad. Siempre se trata de saber «¿qué hago ahora?,
¿qué es posible?». Esto es lo que como terapeuta hago para el otro; es decir, mientras éste me relata algo, yo me pregunto:
«¿Qué es lo adecuado ahora?» De esta manera estoy en contacto con algo más grande; no pretendo ayudar, sino que veo
todo en el contexto de un orden.
Así, es la intuición la que actúa, llena de amor y de respeto.
Si a uno se le ocurre algo respecto a otra persona, algo que se le quiera decir, se mira al interesado para comprobar si
aquella idea lo nutre y le sirve, o si lo perturba y debilita. La percepción no es un acontecimiento que pueda ser buscado.
Cuando me expongo a alguien, la percepción aparece como un relámpago y el resultado es absolutamente sorprendente.
No se trata de algo que yo pueda inventarme. A veces me da miedo. Si en un caso así me retiro, se rompe algo en mi
propia alma. Quisiera expresarlo otra vez en una historia; en ella el mensaje está cifrado, pero indica el camino. Esta
historia es una especie de epistemología psicoterapéutica:

LA MEDIDA
Un erudito preguntó a un sabio cómo los detalles se reunían para formar un todo, y cómo el conocimiento de lo diverso
se diferenciaba del conocimiento de la plenitud.

El sabio dijo: «Lo disperso se convierte en un todo si logra encontrar un centro y actuar centrado, ya que tan
sólo a través de un centro lo diverso se hace esencial y real; su plenitud, empero, nos parece simple, casi poca
cosa, como una fuerza tranquila dirigida a lo próximo, permaneciendo abajo y cerca de aquello que sostiene. Para
experimentar o transmitir la plenitud, por tanto, no necesito saber ni decir ni tener ni hacerlo todo, uno por uno.
El que quiera llegar a la ciudad, entra por un solo portal. El que toca una campana una vez, con sólo ese tono
hace sonar a muchos otros más. Y el que coge la manzana madura, no necesita averiguar su origen: la tiene en su
mano y la come.»

El erudito objetó que el que quería la verdad, también tenía que saber todos los detalles. Pero el sabio lo contradijo.
Tan sólo de la verdad antigua se sabía mucho. La verdad que conducía más allá era arriesgada y nueva, ya que, como
una semilla ocultaba el árbol, también ella escondía su final. Por tanto, el que vacila para actuar, porque pretende saber
más de lo que el siguiente paso le permite ver, pierde lo que es efectivo. Toma la moneda en vez de la mercancía, y de los
árboles hace madera.

El erudito pensaba que eso sólo podía ser parte de la respuesta, y aún le pidió un poco más. Pero el sabio lo rehusó:
la plenitud en un principio era como un barril de mosto, dulce y turbio, y necesitaba la fermentación y el tiempo
suficiente para aclararse. El que, en vez de probarlo, bebe, se tambalea.

El otro como persona


Muchas cosas únicamente pueden ser osadas en un ambiente alerta, crítico y respetuoso. A la persona que se
somete en seguida no se le puede decir nada atrevido. Puedo ir muy lejos si el otro no lo traga todo, sin más, y si
puedo estar seguro de que somete lo dicho a un examen interior, calibrándolo con una instancia interior. En un caso
así, el otro aparece como persona y se hace posible un diálogo entre iguales. La unión en un grupo únicamente
puede lograrse si cada uno está centrado. De lo contrario, la persona está expuesta a algo diferente, ajeno a su
inconsciente. El inconsciente lleva al recogimiento y une.

B. LA MODERACIÓN
Un criterio importante para el respeto es el no querer curar ni salvar al otro, una actitud de la que existen grandes
modelos. Se trata de un bien común de la humanidad: el comprender que la persona puede actuar a través de su mera
presencia, una presencia activa, sin intervenir. Se trata de una fuerza concentrada que actúa a través de la no-acción, una

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Bert Hellinger – Felicidad dual

actitud que no tiene nada que ver con retirarse. La abstención no aporta nada. En el Tao Te King de Lao Tse esta actitud se
describe muy bien.
Hay una observación curiosa en terapias: si al terapeuta se le ocurre lo que podría ayudar y se abstiene de decirlo, la
idea se le ocurre al cliente. A veces es más fácil encontrar una solución si el terapeuta renuncia a ella. Tampoco está en sus
manos influir en lo que los clientes hacen de lo que él dice. Una vez puse el ejemplo de Jesús, que tampoco tiene la culpa
de que el joven rico se marche. Esto incluye un gran respeto. La cualidad que distingue una buena terapia es la ausencia
de intenciones y de fines por parte del terapeuta, es decir que yo, hasta un cierto grado, renuncie a ejercer una influencia.

La hija pequeña que padecía de enuresis nocturna


Hace poco, alguien de RTV Austríaca me entrevistó, pidiéndome que dijera algo acerca de historias que curan. Me
centré en lo práctico, hablando de las posibilidades de ayudar a niños a través de historias. A raíz de la pregunta de qué
podía hacerse en el caso de enuresis nocturna, conté el siguiente caso:
Un padre me preguntó qué debía hacer con su hija pequeña que de noche se hacía pipí en la cama. Le aconsejé que le
dijera a la hija que se había casado muy a gusto con su madre (la hija había nacido antes de casarse los padres). Que se lo
dijera de paso y que, además, le contara cuentos con pequeñas variaciones. Por ejemplo el cuento de la Caperucita Roja:
La Caperucita llega a la casa de la abuela y ve que el canalón tiene una gotera. Se va al cobertizo a buscar pez para
cerrar el agujero, de manera que no se moje la entrada. Después entra en la casa de la abuela.

O el cuento de Blancanieves:
Uno de los enanitos dice que en su casa hay una gotera y Blanca-nieves le promete arreglarla. Al mirarla, ve que sólo
es una teja que se ha corrido, y la pone en su sitio. El enanito ni se da cuenta del cambio, pero todo queda en orden.
O una historia en la que gotea un grifo, y ella lo cierra. O la de una niña que está en el lavabo. De repente se abre la
puerta y un desconocido se asoma. Vuelve a cerrar la puerta rápidamente, y la niña respira aliviada.
¿Sabéis cuál es el trasfondo hipnoterapéutico? -Al entrar el desconocido, la niña contrae el esfínter vesical. Ésta es una
intervención muy conocida de Erickson.
Al cabo de medio año, el padre volvió a una supervisión y me contó su experiencia. Dijo que la historia había surtido
un efecto inmediato - todo se había arreglado. Lo llamativo era que esta hija pequeña normalmente protestaba en seguida
si el padre introducía variaciones en los cuentos, pero no reaccionó en absoluto con estas modificaciones.
Eso dice algo de los métodos psicoterapéuticos. De la manera en que lo hizo, el padre respetó profundamente a la niña,
y ésta, al sentir que era respetada, no tenía ninguna necesidad de defenderse. No había ninguna sumisión. Todo se hizo por
puro amor, y en ese ámbito de confianza ocurrió algo sin que después se comentara.
Éste es el marco en el que se hace posible una curación. Si, por lo contrario, yo le digo a alguien: «Tienes que
hacerlo de esta manera o de la otra», aquél primeramente es el perdedor y su dignidad le obliga a rechazar lo
propuesto. Ahora bien, teniendo métodos en los que esta actitud no entra en juego, como es el caso de las historias,
el otro sólo escucha la historia sin darse cuenta de que soy yo el que se la estoy contando. Así, él mismo puede
sacar de la historia los estímulos adecuados y encontrar la solución. De esta manera, ya no tiene que detenerse en
mí, sino que puede olvidarse de mí. Es igual que en el cine: allí también nos olvidamos de los que manejan los
proyectores; miramos la película y después volvemos a salir. Lo mismo hacen los clientes, y después se le llama
psicoterapia.

La pretensión de ayudar
Petra, una participante de un seminario, dice en una primera ronda: En mi consulta tengo la experiencia de que
a veces puedo matarme en una terapia sin que ocurra nada decisivo.
Bert Hellinger: Uno se mata en la terapia...
Petra:... y no ocurre nada decisivo.
Bert Hellinger: Porque uno mismo se da importancia.
Petra: Porque se quiere ayudar.
Bert Hellinger: Te contaré una pequeña historia para desenmascarar esta actitud. Es una historia de gran trascendencia
si se comprende:

LA FE

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Alguien cuenta que escuchó a dos personas hablando de cómo habría reaccionado Jesús si al llamar a un enfermo y
decirle: «¡Levántate, coge tu cama y ve a tu casal», éste le hubiera respondido: «No quiero.»

Finalmente, uno de los dos contestó que probablemente Jesús, en un principio, habría callado, después, sin embargo,
se habría vuelto a sus discípulos diciendo: «Este rinde más honor a Dios que yo.»

Si conseguimos llegar a esta actitud, se abre una nueva dimensión.

Un ejemplo:
Una vez vino una mujer que padecía de esclerosis múltiple, un caso bastante grave. Durante una sesión de grupo hice
una hipnoterapia con ella, es decir, mediante un trance ligero volvió a su infancia y, de repente, se vio de pequeña, de
rodillas al lado de la cama de su madre paralítica. Estaba llena de amor a su madre, y allí lo dejé.
Más tarde, una participante del curso dijo, toda ingenua: «Me gustaría que pudieras ayudarle.» Aquí se trata de dos
planos incompatibles. Si permanezco en el plano de la mujer, viendo que es un destino que actúa, se liberan fuerzas que
van más allá de lo que uno planea. En este caso es posible retenerse, y esta moderación constituye, a la vez, el máximo
amor.

La antorcha del bien en el pajar del mundo


Durante una ronda, después de una constelación con un hijo acogido, una participante, Hildegard, comenta: En
esta última constelación, con los hijos acogidos, me vinieron a la mente los dos hijos adoptivos de mi hermano que
provienen de distintas familias de origen. Uno de ellos está pasando una época muy mala.
Bert Hellinger: Tienes que dejarlo, allí. Hay soluciones sin que tú intervengas.
Hildegard: ¿No se podría intentar intermediar en un buen momento, cuando se dé la ocasión?
Bert Hellinger: No, no. Una vez vino a verme una terapeuta cuya hija se había casado con un hombre esquizofrénico,
en contra de lo que su madre le aconsejaba. Ahora tiene muchos hijos con él, y madre e hija ya no se entienden. Por
supuesto es duro para una terapeuta que precisamente su hija no tenga una buena relación con ella. Yo le dije: «Ningún
contacto durante dos años. Intenta dejarla en paz durante dos años.» Después de más de dos años, recibí una carta de esa
compañera. Me dijo que después de mucho tiempo había vuelto a visitar a su hija y que había sido muy bonito.
Hildegard: Pero si hasta ahora nunca me he preocupado de este hijo...
Bert Hellinger: En algunos casos es imposible impedir que la antorcha del bien se tire al pajar del mundo (risas). Una
vez un suizo me contó una historia de dos amigos: al caer enfermo uno de ellos, el otro veló toda la noche al lado de su
cama, y a la mañana siguiente murió. El enfermo, sin embargo, se levantó.
Aún quisiera contar otra historia. Trata de alguien que descubrió el secreto de la buena psicoterapia. La
vergüenza es que fue un lego en la materia, un cierto Conde Bobby (protagonista de numerosos chistes en el ámbito
alemán y caricatura de la aristocracia austríaca; nota de la trad.). Éste tenía un perrito al que quería mucho. Un día
tuvo que irse de viaje, de manera que lo llevó a casa de un amigo, diciéndole a éste: «¡Ten cuidado de darle una
alegría cada día!» El otro se lo prometió. Al volver de sus vacaciones, el Conde Bobby en seguida quiso ir a buscar
al perro a casa de su amigo. Cuando llegó, vio como el amigo cogía al perro de la cola y empezaba a darle vueltas
por el aire mientras que el animal aullaba que daba pena. El conde Bobby exclamó: «¡Por Dios! ¿Qué le haces a mi
perro?» El otro contestó: «Le estoy dando una alegría. ¡Ya verás cómo se alegrará cuando lo suelte!» (Risas)

C. LA FUERZA DEL MÍNIMO


En una conversación sobre constelaciones, Olaf pregunta: Me gustaría llevarme una idea de cómo podría trabajar con
este instrumento de manera más eficaz y exhaustiva en grupos.
Bert Hellinger: Puedes deducirlo de la práctica, los discursos teóricos no te aportan gran cosa. Si tienes en mente a un
grupo determinado al que quieres transmitir algo concreto, se te ocurrirán cosas, y estas ideas las probarás, y si en un
principio realizas un diez por ciento, ya es mucho. Es una idea muy generalizada pensar que se tendría que saber todo
antes de hacer algo nuevo.
Mi abuelo contaba que en su pueblo vivía un judío, un tratante de ganado, que decía: -Vosotros, los cristianos, sois
realmente estúpidos. Entre vosotros, un hombre no puede hacerse cargo de una granja antes de haber cumplido los treinta

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Bert Hellinger – Felicidad dual

o cuarenta años. Yo ya dejo que mi hijo de ocho años venda cabras. Los compradores lo engañan, pero no importa, él
aprende.
Ésta es, por ejemplo, la idea del psicoanálisis de hoy en día. ¡Si se tiene en cuenta las horas que exigía Freud para que
una persona fuera admitida como analítico, y cuánto se exige hoy en día! Freud lo dejaba abierto. De esta manera, las
personas podían aprender a través de la experiencia. Hoy hay que ser perfecto antes de empezar.

Lo explicaré mediante un ejemplo:


Una vez había en un curso una mujer de Bamberg con la que tuve una experiencia importante. Muchos años después
de una terapia primaria me llamó, diciendo que tenía que escribir una tesina y que ya había pasado la mitad del tiempo sin
que hubiera puesto por escrito ni una palabra. Me preguntó si podía venir para unas cuantas sesiones, y yo le dije que si le
valía la pena el viaje que viniera. Así, pues, vino de tan lejos, se sentó en el sofá y empezó a quejarse.

-Mirándote -le dije-, un ochenta por ciento de tus energías se gasta para mantener el problema, y tan sólo dispones de
un veinte por ciento para la solución. No puedo ayudarte.
-¿Puedo volver mañana? -preguntó.
Yo le dije que sí. Pero al día siguiente fue otra vez lo mismo, por lo que tuve que decirle lo mismo. Finalmente
me pidió:
-Dame al menos un ejercicio.
-Bien –contesté-, ahora te vas a casa, y durante cuatro semanas te sientas cada mañana, exceptuando domingos, y
grabas tus quejas en una cinta; a continuación, las escuchas y después te pones a trabajar.
Ella contestó:
-Gracias, es un buen ejercicio -y se fue.

Cuatro semanas más tarde me llamó, diciendo:


-El ejercicio era un alivio cada mañana, pero ahora ya no surte efecto, ¿qué puedo hacer?
-No se puede hacer nada -contesté-. Como ya te dije, únicamente dispones de un veinte por ciento, pero si de vez en
cuando quieres hacer el ejercicio, hazlo.

Unas semanas más tarde recibí una carta contándome un sueño que había tenido: ella iba en un autocar en un viaje
organizado a Francia cuando, de repente, se dio cuenta de que no llevaba dinero. Así, pues, bajó del autocar y empezó a
pedir dinero en todas partes, pero nadie le daba nada. Finalmente pensó: «Miraré otra vez mis bolsillos», y encontró veinte
francos. Entonces se dijo: «Veinte francos me bastan para buscarme un trabajo, y el resto lo hago yo misma.»
Cinco meses más tarde llegó una carta diciendo: «Mi tesina ha sido aprobada con sobresaliente.»

La fuerza se encuentra en el mínimo. En cuanto un terapeuta hace una sugerencia, ésta actúa igual que un germen:
contiene la fuerza concentrada. En cuanto el terapeuta pretende llevarla a la práctica, la fuerza se pierde. Es decir, se da un
impulso, y todo lo demás permanece en el interesado para que vaya actuando. Por tanto, después corregí mi hipótesis
hacia abajo: en una buena terapia basta con un veinte por ciento. Eso se llama eficacia.

LA CURACIÓN
En tierras de Aram —donde hoy en día se encuentra Siria— en viejos tiempos vivía un general; en un principio
era conocido por su fuerza y su valentía; después, empero, atormentado por una grave enfermedad, no pudo tener
contacto con nadie, ni siquiera con su mujer: tenía lepra.
Un día, una esclava le contó que en su país había un hombre que sabía curar su enfermedad. Así, pues, reunió un gran
séquito, cogió diez talentos de plata, seis mil monedas de oro, diez vestidos de fiesta, además una carta de recomendación
de su rey, y se puso en camino.

Al cabo de una larga marcha, y algún extravío, llegó a la casa del curandero, y a voces pidió entrada. Allí estaba,
pues, con todo su séquito y todo su tesoro, la carta de recomendación de su rey en manos — esperando. Pero nadie le
hacía caso. Ya empezó a ponerse impaciente y nervioso, cuando se abrió la puerta y salió un criado, dirigiéndose a él
diciendo: — Mi amo te hace saber: «Lávate en el Jordán, entonces te curarás».

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Bert Hellinger – Felicidad dual

El general pensaba que se estaba burlando de él, gastándole una broma.


—¿Qué? —dijo— ¿Este quiere ser un curandero? ¡Al menos hubiera tenido que salir personalmente, implorar a su
Dios, iniciar un largo ritual y tocar con su mano cada llaga de mi piel! ¡Eso quizá me hubiera ayudado! ¿Y ahora quiere
que simplemente me bañe en este Jordán?

Y se giró, furioso, para emprender el camino de vuelta.

En el fondo, éste es el final de la historia. Pero dado que se trata de un cuento, aún acaba bien.

Cuando el general ya llevaba unos días en el camino de vuelta, una tarde se acercaron sus criados tratando de
persuadirlo con buenas palabras. -Querido padre –dijeron-, si ese curandero te hubiera exigido algo extraordinario, por
ejemplo que cogieras un barco, te fueras a países lejanos, te sometieras a dioses desconocidos, durante años
escudriñaras tu propio pensamiento, y tu fortuna se hubiera gastado, seguramente lo habrías hecho. Pero tan sólo lepidio
algo muy sencillo.
Y se dejó convencer.

De mal humor y mala gana fue al Jordán, con repugnancia se lavó en sus aguas, y se hizo el milagro.
Al volver a casa, su mujer quería saber cómo le había ido. —Ya ves —dijo—, vuelvo a estar bien. Pero por lo demás no
hubo nada.

D. MIRAR LA SOLUCIÓN
En la práctica de la psicoterapia podemos comprobar que algunos clientes sujetan el problema con todas sus fuerzas,
evitado así la solución. Esta actitud tiene que ver con que el problema, o la desgracia, o los síntomas que tengan, les
aseguran interiormente que si los conservan, también conservan el derecho de pertenecer a la familia. Para nuestra alma
de niño, los problemas son una prueba de nuestra inocencia. Con ellos nos aseguramos y conservamos nuestro derecho a
la pertenencia, por lo que toda desgracia va unida a una sensación de profunda felicidad. Por tanto, no hace falta
compadecerse de la persona, ya que en lo más hondo de su alma está contenta. En contra de lo que afirmamos, tememos la
solución y huimos de ella, ya que a ella se unen el miedo a la pérdida del vínculo y la sensación de culpa y traición, de
disidencia y de infidelidad.
Si pretendemos encontrar una solución, nos desviamos de lo que hasta ese momento era válido en nuestra familia,
sintiéndonos culpables. Las soluciones, por tanto, únicamente son posibles a través de una culpa y del valor de asumir esta
culpa, lo cual espanta a la mayoría de personas. La solución y la felicidad se experimentan como peligrosas, ya que nos
convierten en solitarios. Con los problemas y la desgracia, sin embargo, siempre estamos en buena compañía.
Si se trabaja enfocando el problema, la pregunta es: «¿Qué le pasa?»
Si se trabaja enfocando la solución, la pregunta es: «¿Qué le ayuda?» La disposición anímica es totalmente distinta en
un caso o en otro. Si pregunto «¿Qué le ayuda?», creo una confianza inmediata. Si pregunto: «¿Qué le pasa?» -aunque no
lo diga con palabras-, el otro retrocede, intimidado.
Un problema se soluciona con el mismo amor con el que se mantiene. Es la misma fuerza que fluye en la
solución, sólo disponiendo de un poco más de conocimiento. La tarea terapéutica primeramente consiste en
encontrar el punto en el que el cliente ama. Una vez encontrado ese punto, tengo la palanca. El mismo amor que
causa el problema también lleva a su solución.
Katharina: Lo que me llama la atención es que miras muy detenidamente e interrumpes en seguida si hay algo que no
va. Eso me es muy importante.
Bert Hellinger: Sí, aún hay otro trasfondo que quizás pueda hacerlo más inteligible. La persona que te cuenta un
problema quiere seducirte a que adoptes su visión del mundo. Esta visión del mundo justifica su problema. Es una fuerza
que te arrastra con una potencia increíble. Por tanto, es importante cortar las descripciones de problemas a tiempo.

Un ejemplo:
Una vez me llamó una terapeuta preguntándome: -¿Trabajas con hipnoterapia? -A veces -contesté.
—Tengo una cliente —dijo— que fue a un psiquiatra, y éste le dio órdenes poshipnóticas que ahora lleva a cabo en su
propio perjuicio.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Ahora buscaba a alguien que volviera a hipnotizar a la cliente para averiguar las órdenes posthipnóticas y variarlas a
través de nuevas sugestiones.
—Este es un sistema de alucinaciones -le contesté-, ahí no me meto.
Es especialmente importante cortar en cuanto comienza la seducción y uno se ve tentado de tomar por real semejante
visión del mundo.
Katharina: Muchas veces noto que no me atrevo a parar a una persona.
Bert Hellinger: Simplemente dile: «Ahora empiezo a aburrirme.» También es una manera de cortar, pero no tan
tajante. Además, si uno se encuentra en un grupo, es posible percibir si lo que una persona dice es significativo o no: en
cuanto empieza a haber inquietud en el grupo, aquello que dice es insignificante.
En cuanto ya no es interesante, lo paro.

Algunos ejemplos de los seminarios:


Vera: Sí, me he dado cuenta de que tiendo a luchar con los hombres. Me llamó la atención, y simplemente quería
decirlo.
Bert Hellinger: Esta fue otra vez una interpretación que te rebaja, que seguramente es falsa y no te aporta nada. El
problema nace a través de su descripción, y la descripción impide la solución. Si la descripción fuera correcta, el problema
estaría solucionado. Si el problema no está solucionado, la descripción es falsa. En la mayoría de los casos, el problema se
describe evitando la solución. Por eso no necesito oír la descripción que una persona da de los problemas en un grupo; es
falsa de antemano. Si la persona tuviera la descripción correcta, ya no la referiría, ya tendría la solución, puesto que la
descripción correcta siempre encierra la solución.
Arnold: Sin embargo, existen varias descripciones posibles y quizás también útiles.
Bert Hellinger: Ante la realidad no hay elección posible.

Para la solución no se necesita ningún problema


Friedemann relata que en el trabajo con sus clientes a veces encuentra un guion, pero que «no ocurre nada».
Bert Hellinger: Puedo decirte el por qué. La percepción falla si miro el problema como problema. La intuición sólo se
activa si me centro en la solución. Si dices que tienes un guion, estás centrado en una definición o un diagnóstico. Si, por
lo contrario, preguntas: «¿Cuál es el mejor camino a seguir ahora?», ya vislumbras la luz. Entonces te mueves con la
corriente. Para la solución no necesitas ningún problema. Sin embargo, es una técnica muy común en psicoterapia tratar
los problemas como si ellos fueran la fuente de su solución. De esta manera te quedas clavado en el problema y la
solución se olvida.

Programado para la desgracia


Arnold (durante una ronda por la mañana): Sigo encontrándome bien.
Bert Hellinger: Eso suena casi amenazante. ¿Notáis como se está programando para la desgracia a través de esta
expresión?
Arnold: Sí, es cierto, siempre pienso que «en algún momento me irá mal».
Bert Hellinger: Y cuando por fin llega, estás aliviado.
Arnold: No. Diciéndolo, quizás lo conjuro.
Bert Hellinger: Justamente no es así. Escoge otra expresión que lo deje todo abierto.
Arnold: Sí, simplemente podría decir: «Me encuentro bien.»
Bert Hellinger: Sí, exacto, quizás podrías incluso decir: «Me encuentro cada vez mejor.» (Arnold se pone radiante)
¿Veis el efecto? Es posible curarse meramente usando determinadas expresiones, simplemente aplicando una cierta
disciplina en el pensamiento.

La teoría como estorbo para la práctica


Ludwig: ¿También se trata de celos si un hombre aún no se ha desligado de su madre, y su mujer nota que aún no se
entrega del todo en la relación? (pausa prolongada).
Bert Hellinger: ¿Qué es lo que ayudaría? (después de una pausa) Si ella dijera: «Respeto el amor a tu madre.»
Este ha sido un buen ejemplo de un cambio de enfoque, del problema a la solución. Lo creativo no actúa en relación al
problema, sino siempre en relación a la solución. El movimiento hacia la solución siempre es amor, y la intuición siempre

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Bert Hellinger – Felicidad dual

va unida a la benevolencia y al amor. Si yo le hago ver un problema a alguien, o se lo describo, me encuentro en una
posición de superioridad. Las soluciones las buscamos juntos.
La dificultad aparece si después de encontrar la solución aún se busca una teoría para la solución. De esta manera se
pierde la solución. Una teoría nunca puede llegar a abarcar la plenitud. Buscando una síntesis teórica para un proceso, tan
sólo me queda una minúscula parte del conjunto. Por esta razón he ido renunciando a la formulación de teorías. Describo
distintas situaciones de diversas características basándome, además, en una serie de experiencias de fondo con las que tra-
bajo. Así permanezco abierto para lo nuevo sin tener que justificarme ante ninguna teoría, demostrando que lo hice bien o
mal.

¡Esto basta!
Lars: Cuando se habló de la pertenencia, me volvió a llamar la atención que nunca llegué a sentir una auténtica
pertenencia, tampoco en los grupos de mi infancia o juventud.
Bert Hellinger (interrumpe): ¿Qué aporta esto ahora? Esto sólo es una descripción de problemas que aún agrava el
problema. Por eso hay que cortarla.
Hace poco, en un libro leí una frase que fue como una revelación para mí. Más o menos decía así: «Si se siente miedo
ante unas personas en un grupo, el miedo se supera amando a esas personas.» Tan sólo siento miedo porque me doy
cuenta de que amo demasiado poco y que valoro demasiado poco. En cuanto me decido por valorar a las personas
presentes, aunque sean diferentes, ya no necesito tener miedo. Entonces podemos intercambiar nuestros puntos de vista
sin ningún tipo de cohibición. Ésta sería la solución, al menos iría en esta dirección.

La mesa está puesta


Fraude: Me pasa por la cabeza que siempre estuve en la esfera de mi madre, y ahora estoy totalmente desconcertada
porque pienso que no me hizo ningún bien, y cada vez entiendo menos por qué me era tan difícil...
Bert Hellinger (interrumpe): Esto no lleva a ninguna parte. La descripción del problema lo agrava. Y el lamentarse de
que fue así aún lo hace peor. La pregunta es: ¿Qué te falta aún? ¿Qué podrías aún tomar? Así, te mueves en otra dirección.
(Frauke sonríe) ¡Ves! Mira a las personas que están a tu disposición, también en el sistema interior, y que quizás no tengan
todavía su lugar. En cuanto los admites, la influencia de la madre disminuye; y lo que recibiste de ella, de todos modos se
conserva. De esta manera no queda ningún motivo para el pesar.
Hay personas curiosas: están muñéndose de hambre, y cuando llegan a la mesa puesta, se pasan el tiempo hablando del
hambre que tienen, en vez de comer.
Ésta es una escena típica en psicoterapia.

La frase venenosa
Thomas: Me volvió a la mente una vieja frase venenosa que me agobia.
Bert Hellinger: No quiero oírla, le tengo manía al veneno. Thomas: Yo también; me recuerda...
Bert Hellinger (interrumpiendo): Hubo una vez un tal Sastrecillo Valiente que se enfrentó al unicornio. ¿Sabes cómo? -
Cuando lo embistió, únicamente dio un paso al lado. - ¿Algo más, Thomas?
Thomas: No, eso basta.

Hacerse el tonto tiene algo de dicha


Hildegard: Ayer noche tenía bastante claro que tenía que mirar mi sistema de trabajo. Mi papel en él no está claro. En
el fondo ya lo sé desde hace tiempo, pero tengo miedo de aclararlo porque existe la posibilidad de que pierda mi puesto de
trabajo si lo hago.
Bert Hellinger: Sí, es posible. Lo que acabas de confirmar es un principio terapéutico: «es más fácil sufrir que actuar».
Hildegard (como si no lo hubiera oído): Antes, mientras Brigitte hizo la constelación de su familia, primero tuve la
sensación de que había muchas personas que se hablaban con insistencia en un idioma que era ininteligible hasta que no
se aprendía; y noté que durante el trabajo se corría un velo cada vez más tupido entre mi persona y la realidad. Pienso que
ahí hay algo.
Bert Hellinger: Sí, hacerse el tonto tiene algo de dicha. - Y en la mayoría de los casos se hace con perfección. ¿Algo
más, Hildegard?

El último lugar no es el más seguro


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Bert Hellinger – Felicidad dual

Manuela: Esta mañana me encontraba tan mal. También ocupaba la última silla. Y me daba mucha vergüenza que todo
el rato tenía que llorar. Después me di cuenta de que soy la única enfermera aquí, y en mi familia también soy la última en
la jerarquía, y en el hospital también...
Bert Hellinger (la interrumpe): Si sigues así, aún acabarás creyéndotelo tú misma.
Manuela: Pero es un problema para mí.
Bert Hellinger: Sí, el problema nace por su descripción.
Manuela: Ya me temía que reaccionarías así.
Bert Hellinger: En contra de una idea muy generalizada, tampoco aquí el último lugar es el más seguro.
Algunos piensan que estarán seguros si ocupan el último lugar. ¿Pero qué se hace con un perro que gimotea? Se le
da una patada. Porque, de alguna manera, parece ser lo que corresponde, (a Manuela) ¿Podrías imaginarte otra
enfermera aquí?
Manuela: Sí, puedo imaginármelo muy bien.
Bert Hellinger: ¿Y aquélla sería igual que tú?
Manuela: No, eso sería otra cosa, sería diferente. No sería como yo.
Bert Hellinger: Exacto. Por tanto, no puede tener nada que ver con la profesión de enfermera; si no, tendría que ser
igual.
Si aquí encontramos una buena solución, no quiere decir que en la práctica se llegue a realizar. Hay que ver que una
persona que sigue otro camino (por ejemplo, un camino de sufrimiento) lo hace con amor, aunque esté un poco cegada.
En un caso así, no se debe intervenir.

2. ORIENTACIONES TERAPÉUTICAS

A. LA INTERPRETACIÓN NO ES MÁS QUE EL BORDE DE LA CAPA

Una interpretación es efectiva si es acertada. Tiene que ser una interpretación que llega al corazón de la persona.
También aquí se verifica una importante ley terapéutica que ya mencioné: únicamente es efectivo aquello que toca el amor
del paciente, que lo afirma y lo activa.

Más tarde, en otra ocasión:


La interpretación no capta más que el borde de la capa. Si alguien interpreta a una persona o un hecho, con ello
pretende tener en la mano lo ocurrido, partiendo de la suposición de que realmente pueda conseguirlo. Lo que hay detrás
es arrogancia. Si el hecho es importante de la manera que es, yo voy detrás de este hecho, siguiéndolo, lo cual es una
actitud humilde.
Alexis: ¿Te he entendido bien, que para ti únicamente es significativo lo que llega a la realización y lo que ha ocurrido?
Bert Hellinger: Sí, lo ocurrido tiene importancia, los hechos. Descripciones de caracteres, en cambio, no tienen
ninguna importancia. Saber esto ahorra mucho tiempo, puesto que no es necesario preguntar de qué tipo de
personas se trataba. Todo eso distrae y desconcierta. Dejando de lado tales descripciones, los actos realizados
vuelven a cobrar importancia. Como consecuencia de la irrupción del psicoanálisis en nuestra cultura se considera
más importante la interpretación de un hecho que el hecho mismo. Es un absurdo.

Os daré un ejemplo:
Una vez, en un curso para psicoterapeutas, les pedí a los participantes que contaran los sucesos más importantes de su
infancia. Uno contó que una vez su abuelo le puso la mano en la cabeza - eso fue muy bonito. En otra ocasión le dieron
una bofetada; en otra ocasión se cayó, etc. Y cuando tenía cinco años, su padre murió en la guerra. Después pregunté al
grupo de terapeutas:
-¿Qué es lo más importante de todo?
Mencionaron todo, menos la muerte del padre. Ésta es la deformación por el psicoanálisis.

Otro ejemplo de un seminario:

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Albert: Hace cuatro años, configuré mi familia de origen contigo, y ahora he visto que también tienes en cuenta las
causas de fondo. A raíz de eso me di cuenta de que también con mi madre hubo algo que no fue normal. Perdió a sus
padres muy pronto y después fue acogida por una hermana muy severa de su madre.
Bert Hellinger: Al trabajar con terapia sistémica, me resisto a todo tipo de descripciones apreciativas, es decir, a toda
adjudicación de características, como por ejemplo «severo». No tiene ninguna importancia. Tu madre acabó viviendo con
su tía, y su tía estaba dispuesta a ocuparse de ella - punto. De esta manera, el proceso se acorta muchísimo. Esta
descripción no es en absoluto necesaria, ni aporta ninguna diferencia para las constelaciones. Lo que actúa son los hechos
y las constelaciones. De esta manera puedes quitarte mucha carga de la cabeza, ¿de acuerdo?
Albert: Me siento atraído por el marido de esa tía, aunque lo vi muy pocas veces. Sólo sé que en el campo de
refugiados nos ayudó mucho. Por lo demás -quizás no debería decirlo tampoco- estaba como una cabra.
Bert Hellinger: ¿Notáis lo que acaba de hacer? Él mismo acaba de cerrarse el camino para valorar a ese hombre.
La solución siempre tiene que ver con el reconocimiento y la valoración. Primero dijo algo que merecía ser
reconocido, después siguió algo que le impide valorarlo. ¿Sabes lo que es eso? - Una locura. La locura significa
ignorar la realidad. ¿Algo más, Albert?
Albert: Todo lo contrario (risas).

La interpretación psicológica de las enfermedades


Hoy en día existe una tendencia muy generalizada de dar una interpretación psicológica a las enfermedades.
Una participante relata que una hermana de ella sufre de cáncer desde hace unos años y que otro hermano padece de
epilepsia desde hace un año, por lo que ella quisiera saber más de lo que está pasando en la familia.
Bert Hellinger: Creo que este pensamiento es seductor. Según mi opinión, el querer transferir estos procesos a
constelaciones sistémicas va demasiado lejos. Si alguien pregunta: «¿Qué he hecho para desarrollar un cáncer? ¿Cuál es la
dinámica psicológica que hay detrás?», la persona tiene la idea de poder controlar la enfermedad. De esta manera no se ve
obligada a enfrentarse a la fatalidad ni a rendirse ante ella. Una actitud así muchas veces tiene consecuencias nefastas en
el alma, ya que detrás se halla la arrogancia.
Antes de ayer me llamó una terapeuta sistémica. Había contraído una toxemia por un flemón en una muela, y desde
entonces tenía problemas con una rodilla. Ahora decía que quería hacer una terapia sistémica para curarse. Yo le contesté:
- La enfermedad es un hecho real y no es posible relacionarla así como así con asuntos familiares. De lo contrario, té
creas un sistema de alucinaciones.
En cada caso concreto hay que mirar: esta persona, ¿huye de la enfermedad y del Destino o los acepta y se somete a la
fatalidad, buscando así aquello que corresponde a la índole de este destino? Una vez vino alguien a uno de mis cursos que
decía que su hermana estaba gravemente enferma y que él quería averiguar a qué sistema de creencias equivocadas se
encontraba atada para estar tan enferma. Yo le contesté:
- La muerte no mira los belief systems.
¿Qué es eso? Es una negación de la realidad y del carácter efímero de esta vida.

Cuidar las palabras


La relación entre concepto y asunto es similar a la relación entre tangente y círculo: lo toca, pero no puede abarcarlo. A
pesar de todo, hay palabras, como por ejemplo «la tierra», que tienen mucho peso. En todos los conceptos, como por
ejemplo «parentificación» o «identificación», es importante fijarse en lo que está ocurriendo. Si uno se queda en la
tangente, no abarca el círculo. El círculo es un movimiento. Si uno se sume en la realización de lo que está ocurriendo, ya
no hacen falta los conceptos y se capta más exactamente lo que está pasando.
Angela: Sí, éstos son otra vez los matices tan finos que tanto aprecio.
Bert Hellinger: Los matices se diferencian si al oír una palabra se mira la realidad y se comprueba: «¿Es esto
exactamente?» De esta manera, uno se expone a la realidad hasta que llegue la palabra justa. Hay que olvidarse de las
palabras y explicaciones hasta ahora conocidas, hay que dejar atrás la intencionalidad hasta convertirse en un espejo.
Después, destella la luz y llega la palabra justa.

Erich: Aún estoy pensando en lo que dijiste antes, aquello de la propaganda.


Bert Hellinger: Eso desvía la atención. Te vas a la imagen en vez de los hechos. Un ejemplo sería: alguien ve un
indicador que pone Salzburgo y, en vez de ir a Salzburgo, se queda mirando el indicador. Es lo que se suele llamar
interpretación de sueños o trabajo con imágenes. Existen muchos nombres.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

B. LA CURIOSIDAD DESTRUYE EL EFECTO


Karl se veía muchas veces invadido por una tristeza de origen desconocido. En su constelación queda claro que el
padre de una hermanastra está excluido. Este y los padres acogedores de la hermanastra se introducen en la imagen.
Fraude (inmediatamente después de terminarse la constelación): ¿Qué tal esta nueva imagen que ahora tienes,
Karl, también te ayuda a asimilar el dolor, la pérdida?
Bert Hellinger: Tu pregunta tiene un efecto fatal. Ni siquiera le dejas tiempo. Esta es una objeción camuflada, (al
grupo) ¿Lo notáis? Si él respondiera a su pregunta, destruiría lo que acaba de hacer. Eso también va en la misma dirección
que la curiosidad. La curiosidad destruye el efecto. Curiosidad significa que pretendo saber más de lo que necesito para
actuar o para el éxito. Ella quiere saber más de lo que a él le ayuda. A él le basta lo que hubo, no necesita nada más. Así,
por lo menos, parece. Si se vuelve a remover, aquello no puede actuar. Tampoco hay que investigar después para saber si
se logró un resultado positivo. Este tipo de control de resultados, en el sentido de: «Estoy curioso de saber cómo habrá
seguido todo...», es fatal en psicoterapia.
Existe el control de resultados necesario, no quiero negarlo, por ejemplo para la ciencia. Todo depende, sin embargo,
de la actitud interior del terapeuta. ¿Está buscando una afirmación de lo que hizo? En un caso así, se trata de una
falsificación, dado que, en caso de un cambio eventual, se lo adjudica en gran parte a sí mismo, cuando en realidad quizás
no desempeñaba más que un papel secundario. Si, por lo contrario, se considera que en el marco de un movimiento global
hubo un encuentro con una persona, en el que quizás también se dio algo, y que después cada cual sigue su camino sin que
nadie quiera saber lo que después pasó, cada uno está libre.

*
Ludwig: Los últimos tres años estoy trabajando en desligarme de mi familia de origen y de mi madre, y quisiera volver
a mirar qué es lo que ahí influye, también de la generación anterior, la de los abuelos.
Bert Hellinger: No, eso no es suficiente. La curiosidad tiene demasiada poca fuerza.
Ludwig: No es solamente curiosidad. Quiero salir de ahí.
Bert Hellinger (al grupo): ¿Hay fuerza en eso? - No hay fuerza.
Ludwig: ¿Quiere decir que en el fondo no quiero salir de ahí?
Bert Hellinger: No lo interpreto. De momento no hay ninguna fuerza. No digo nada más. ¿Alguien más que quiera
trabajar?

*
Al decir Irene durante una ronda que vacilaba entre la curiosidad y el escepticismo:
Bert Hellinger: No ayudan ni la curiosidad ni el escepticismo. Existe una dinámica para la solución, y con ésta
trabajamos.

C. EL MOMENTO JUSTO
Edda: He pasado un noche muy intranquila teniendo sueños confusos. A pesar de todo, quisiera hacer algo hoy.
Bert Hellinger: Es demasiado pronto.
Edda: ¡Yo pienso que no!
Bert Hellinger: No hace ninguna diferencia. Frecuentemente ocurre así en psicoterapia: hay personas que acuden al
psicoterapeuta demasiado pronto. En un caso así, el terapeuta tiene que oponerse. O vienen con temas que no pertenecen a
la psicoterapia; también en este caso hay que resistirse. Los interesados también lo saben, puedes estar segura.

D. EVITAR LA DRAMATIZACION
Los recuerdos son tendenciosos y variables. Lo que una persona recuerda no dice nada de la realidad. La cuestión es:
¿Qué recuerdo eligió para qué fin? Muchas veces se eligen para justificar reproches, y frecuentemente la psicoterapia aún
lo apoya.
¡Si se tiene en cuenta lo que los padres hacen por sus hijos -por regla general, durante unos veinte años- y lo que, en
cambio, la persona recuerda cuando más tarde viene a una psicoterapia! En la mayoría de los casos se trata de cinco o seis
experiencias negativas.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

En los traumas, o si hubo alguna experiencia grave, casi siempre se olvida lo más importante: que todo acabó bien.
Suele descuidarse por completo. Así, por ejemplo, una persona recuerda que su madre quería tirarse por el balcón con él
en brazos. Después empezó a llorar y volvió atrás. El hecho de que volvió atrás se olvida. Que ella quería tirarse sí lo
recuerda.
O alguien dice: «Mi madre me quería abortar.» ¿Para qué sirve eso? ¡Si no lo hizo! Esto último, sin embargo, no se
recuerda, únicamente se recuerda que lo quería abortar. Los recuerdos muchas veces son como un rearme intelectual; aquí,
sin embargo, pasamos al desarme.

E. UNA VISIÓN HOLÍSTICA DEL BIEN Y DEL MAL


Pregunta: Durante esta semana hemos ido oyendo de las experiencias de algunos de nosotros, y algunas cosas de las
que vivieron simplemente parecen pura injusticia. Quiero decir, gente que abusa de sus hijos y cosas así. A pesar de todo,
parece como si no lo juzgaras en absoluto.
Bert Hellinger: Cuando yo veo a las personas, las veo en el contexto en que viven, en un contexto mayor, de conjunto,
en las subculturas y los grupos a los que pertenecen. Todos los sistemas relaciónales constituyen tales conjuntos. Si ves a
las personas en su contexto mayor, tu concepto de libertad de elección, de responsabilidad personal y del bien y del mal
cambia. Entonces ves que la mayor parte del mal que las personas hacen —o quizás incluso todo— no se hace porque la
persona sea mala, sino porque se encuentra involucrada en algo a un nivel superior. En la mayoría de los casos, el mal es
la expresión de implicaciones sistémicas y no algo auténticamente personal.
El bien y el mal sistémicamente dependen el uno del otro. Por tanto, si se pretende trabajar sistémicamente, es
necesario encontrar una posición que vaya más allá del mero juicio moral, una actitud que permita ver fenómenos
sistémicos más amplios y, al mismo tiempo, también sus efectos sobre los individuos.
Por ejemplo, si un miembro de un sistema adopta una posición de superioridad moral, él o ella reivindica tener un
mayor derecho a pertenecer al sistema que el juzgado, cuestionando, por lo tanto, el derecho de pertenencia de éste. Una
actitud así siempre tiene consecuencias pésimas. Desde el punto de vista filosófico o teológico, no tiene ningún sentido
pensar que una persona ya no pueda pertenecer al Universo por su comportamiento. Los individuos no eligen los papeles
que el Destino les asigna, pero sus papeles sí tienen consecuencias para el todo del mundo.
Pongamos por ejemplo los estudiantes de la Rosa Blanca: pertenecían a un grupo estrechamente vinculado, diferente
de la corriente que los rodeaba, y eran capaces de hacer lo que hicieron por estar vinculados a su grupo. Su pertenencia al
grupo les ayudaba a superar incluso el miedo a la muerte. Si comparamos a los estudiantes de la Rosa Blanca con los
nazis, está claro que los dos grupos valoraban cosas diferentes, y que aquello que cada grupo exigía de sus miembros y lo
que en cada uno se consideraba un comportamiento bueno era muy divergente. A pesar de todo, las dinámicas sistémicas
que condicionaban la pertenencia a ambos grupos son similares: si haces lo que hacen los demás, puedes formar parte; si
no lo haces, te quedas fuera. Los grupos a los que pertenecemos determinan nuestra manera de actuar, y muchas veces no
elegimos los grupos a los que pertenecemos.
Desde el punto de vista sistémico, la diferencia entre las creencias individuales acerca del bien y del mal es arbitraria.
Ningún grupo sabe lo que es bueno para otros grupos mayores. Si los nazis hubieran ganado, probablemente aún
consideraríamos criminales a los miembros de la Rosa Blanca. Tenemos la libertad de ver a los miembros de la Rosa
Blanca como héroes porque los nazis fueron derrotados. En la mayoría de los casos, los conceptos que tenemos del bien y
del mal están únicamente determinados por las normas de los grupos a los que pertenecemos, y resulta muy difícil para
cualquier persona superar estas limitaciones. Dejar atrás las limitaciones de la ética de un grupo requiere la identificación
con un orden sistémico más amplio. Éste es un movimiento auténticamente moral para el que se necesita estar dispuesto, y
capaz de asumir los sentimientos de culpabilidad y de alejamiento que surgen como consecuencias del abandono de
aquello que los amigos y la familia consideran bueno.
Al trabajar con psicoterapia sistémica, resulta más sencillo y útil evitar por completo los juicios moralistas, adoptar la
actitud de que toda persona es buena en un principio y que hace cosas malas cuando está implicada. De esta manera, el
terapeuta permanece libre para ver a las personas e intentar de comprender la manera en la que se encuentran implicadas,
y lo que tendría que pasar para que se libraran de las implicaciones. Dado que el terapeuta no se encuentra sujeto por el
sentimiento de superioridad, también puede estar atento a la manera en que estas personas le afectan mientras trabaja con
ellas. Siguiendo este camino, se conserva la igualdad y la dignidad humana de cada persona. En psicoterapia se
recomienda mantenerse alejado de la idea del mal personal.
A pesar de todo, lo que hacemos tiene consecuencias, y cada uno de nosotros lleva la culpa y paga las consecuencias de
cualquier daño causado a otros — incluso si actuamos por estar implicados, o siguiendo las creencias de nuestro grupo.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bueno: Algo que me gusta mucho de tu trabajo es el respeto, el respeto ante las diferencias entre los individuos, que
nosotros solemos clasificar como falsas o malas.
Bert Hellinger: Te diré cómo lo hago: siempre miro también el desenlace bueno. La Biblia ya dice: «El árbol se conoce
por su fruto; y el día, por su final». Lo importante es cómo acaba todo al final. Si realmente ves, te das cuenta de que los
inocentes no logran gran cosa.
La realidad constantemente contradice nuestras expectativas ideales. Hay una regla práctica en terapia sistémica
respecto a «bueno» y «malo»: normalmente es al revés de lo que las personas dicen. Raras veces he visto excepciones. En
una constelación en la que el padre es presentado como el malo, automáticamente intento averiguar la destructividad y las
implicaciones de la madre. Si la madre aparece como la mala, inmediatamente miro al padre.
Mirjam: Ayer estuvimos otra vez hablando del pasado alemán. Sin lugar a dudas, la generación de la época nazi no
tenía ningún espíritu crítico o de duda, simplemente seguían la corriente. No digo que yo, bajo esas circunstancias,
hubiera hecho otra cosa mejor, pero precisamente por eso me resulta tan difícil decidir cuándo puedo fiarme de una
autoridad y seguirla, y cuándo debo dudar y oponerme.
Bert Hellinger: Creo que existe un error fundamental en el pensamiento occidental. Tenemos la idea de que nosotros,
como individuos, tenemos el poder de elegir y forjar nuestro destino, cuando en realidad hay tantas fuerzas poderosas que
influyen en nosotros y se sustraen a todo control, afectando así nuestra libertad de elección. Pongamos, por ejemplo, las
fuerzas históricas. Piensa en los cambios recientes en los países del Bloque del Este: ninguna persona pudo hacer que
ocurrieran, ni siquiera Gorbachov. Fue un poderoso proceso histórico que arrastró a millones de personas, cambiando sus
vidas independiente' mente de si ellos lo apoyaban o se resistían.
Lo que nosotros comprendemos como destructivo o malo también es una fuerza así: cautiva y arrastra a las personas.
El mal sirve a algo que va más allá de nuestro alcance y de nuestro control.
Mirjam: ¿Pero dónde queda entonces la responsabilidad personal? ¿Es aniquilada por la fuerza del Destino?
Bert Hellinger: ¿Estás preguntando desde el punto de vista psicoterapéutico o moral? Si juzgas a alguien como
personalmente responsable, implicas que hubiera podido o tenido que hacer algo para dar otro rumbo a las cosas. Implicas
que tú sabes lo que tendría que haber hecho. Es una actitud de superioridad moral sin ningún valor terapéutico. Si
preguntas desde el punto de vista terapéutico, es mejor ayudar a que encuentren una solución curativa, que se arregle lo
que fue mal. Haciendo la pregunta moralista, la atención se centra en el pasado, donde ya no hay ninguna libertad de
elección. La pregunta terapéutica se centra en el presente, donde quizás aún se encuentren posibilidades de rectificar.
Olaf: Significa que somos controlados por el Destino de manera que no tenemos ninguna libertad de elección ni
ninguna responsabilidad.
Bert Hellinger: Adoptas una posición muy extrema. ¿Es ésta tu experiencia real o estás preparando un ardid
hipotético? Obviamente tenemos la posibilidad de influir en el curso de las cosas y somos, en definitiva, responsables de
lo que hacemos, aunque estemos cogidos por algo que se sustrae a nuestro control. A pesar de todo, únicamente estamos
libres de elegir en lo que a asuntos menores se refiere. Las consecuencias de nuestros actos sobre nuestros sistemas
relaciónales y sobre el todo mayor permanecen bajo nuestra responsabilidad. Ésta es la responsabilidad que realmente
cuenta. Estas consecuencias perduran, independientemente de si nos sentimos personalmente culpables o no. La cuestión
es únicamente si tenemos el valor de mirar sinceramente lo que hacemos y cuáles son las verdaderas consecuencias.
Vera: Pienso que la responsabilidad únicamente puede ser definida como responsabilidad personal, sólo un individuo
puede ser responsable. No puedes dejar la responsabilidad de lo que las personas hacen en la Historia o la sociedad.
Bert Hellinger: Sí, el individuo es responsable si él o ella es libre. En cuanto las personas se encuentran cogidas por
una gran corriente de sucesos, no son libres. Las personas son responsables en el sentido de que sus actos tienen
consecuencias -frecuentemente más para otros que para ellos mismos-, pero la libre elección muchas veces es limitada.
Cada uno lleva la responsabilidad sistémica de las consecuencias de sus actos, incluso si estos actos no fueron elegidos
libremente.

Los actos tienen consecuencias


Vera: ¿Quiere decir que no condenarías a los guardas de los campos de concentración o a los oficiales que enviaron
miles de judíos a las cámaras de gas?
Bert Hellinger: ¡Todo lo contrario! Sí que los condeno. Cometieron crímenes terribles contra la humanidad y tienen
que asumir las consecuencias de sus actos. A pesar de todo, estaban implicados, cogidos en un contexto mayor.
Considerarlos responsables de sus actos y, a la vez, ver que eran presos de un mal mucho mayor, es algo diferente de
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juzgarlos como personas malas - y sentirse moralmente superior a ellos. Tienes que decidirte entre pensar en términos
morales, legales o sistémicos. Todos los grandes daños son causados por personas que se consideran de alguna manera
mejores que los demás; y dado que los que después juzgan a aquéllos también se consideran mejores, corren el mismo
peligro de hacer el mal. Este es, por ejemplo, el caso de la policía secreta de Alemania Oriental. Cometieron atrocidades
por las que ahora son perseguidos y juzgados por sus víctimas; las personas que ahora les excluyen a ellos, sin embargo,
corren el grave peligro de hacerse como ellos. Se sigue espiando, husmeando, sembrando el miedo, sólo que esta vez son
otros los que se encargan de hacerlo. Las víctimas de antes se han convertido en los verdugos de ahora, pensando que lo
saben mejor, igual que la policía secreta lo hizo anteriormente. El mal continúa sin cesar.
Asumiendo una postura de justicia moral, actuando como si nosotros supiéramos lo que es bueno para otros, siempre
atentamos contra el orden sistémico superior.

F. ACEPTAR LA RESPONSABILIDAD EN VEZ DE BUSCARLA

Birgit: Estoy pensando en el proceso del abandonarse, entregarse, someterse, también en relación a la responsabilidad
frente a las personas que acuden a mí. Me doy cuenta de que tengo mucho miedo del vacío que resulta si no intento sujetar
nada. Tengo miedo de que al final simplemente no quede nada.
Bert Hellinger: Existe una responsabilidad que recae en mí por una dinámica determinada, y si la acepto, tal como me
viene dada, me encuentro seguro con esta responsabilidad. En cambio, la responsabilidad que busco es fatal, tanto para mí
como para el cliente.
Birgit: ¿La responsabilidad no resulta ya del hecho de que yo tenga una profesión psicosocial? Eso mismo ya incluye
una responsabilidad. Bert Hellinger: ¿Habéis oído? Fue en vano lo que dije. Birgit: No soy capaz de hacer la distinción.
Bert Hellinger: Exacto, eso es. En ese caso, primero tendrías que entregarte al proceso de ver cuál es la diferencia de
buscar una responsabilidad y la situación en la que una responsabilidad recae en ti y tú la aceptas. Si, por circunstancias,
una responsabilidad recae en mí y yo me niego a aceptarla, algo se rompe en mí alma. Yo formo parte de un contexto
mayor y no puedo retirarme de él en el momento de tocarme una responsabilidad. En un caso así, ya no tengo la libertad
de decir que sí o que no. Entonces lo correcto es aceptar la responsabilidad. En cambio, es algo totalmente diferente si yo
me arrogo una responsabilidad. En un caso así, estoy desligado de las fuerzas que actúan, pudiendo conseguir tan sólo
poco o nada. Éste es el nivel más superficial de lo que antes estuvimos hablando a un nivel más profundo.
Una vez, un tal Goebbels llegó al cielo. Parece increíble, pero llegó allí. Al cabo de poco tiempo, sin embargo, empezó
a aburrirse terriblemente, así que pidió que le enseñaran el infierno. San Pedro asintió y dejó que echara una mirada. Era
maravilloso: había chicas guapas, grandes mesas con platos exquisitos, música de baile, actrices y todo lo que quería.
Goebbels dijo:
-Este es el lugar, allá quiero ir. San Pedro respondió: -Como tú quieras.
Al llegar abajo, le recibieron con tenazas de hierro y le pusieron en el fuego. Goebbels exclamó:
-¡Pero si parecía otra cosa totalmente distinta!
-Sí-contestaron los demonios-, esa fue nuestra propaganda.

Karl: Estoy pensando en la humildad y la arrogancia. Bert Hellinger: Te diré un secreto: es posible ser humildemente
arrogante. Para mí es el colmo de la humildad. Nunca hay que olvidarse de la valentía en la humildad. Toda decisión
grande únicamente puede tomarse con temor y temblando, y con humildad. Sin embargo, parece arrogante. Lo contrario
sería la cobardía. La humildad, por tanto, también exige la valentía para la grandeza.

G. LEVEDAD Y PESADUMBRE

La levedad es una característica de lo verdadero y de aquello que nos lleva adelante. Cuando se hace pesado y penoso,
por regla general no lleva a ninguna parte. De lo contrario, actuamos como aquel burro que iba por una carretera llena de
polvo, cargado hasta arriba y con la lengua fuera. Tenía sed y hambre. A su derecha había un prado verde, a su izquierda
también.
Pero él decía: -Yo sigo mi camino.
Eso es lo pesado.
Stefanie: Ayer noche me di nuevamente cuenta de la facilidad con la que estuvimos trabajando aquí, y noto que a veces
me gusta mantener lo trágico.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger: Lo trágico infla. Te lo explicaré con una historia:

LAS DOS CARAS DE LA FELICIDAD


En viejos tiempos, cuando los dioses aún parecían muy cercanos a los hombres, había en una ciudad pequeña dos
cantantes, los dos del mismo nombre: Orfeo.
Uno de ellos era el grande. Había inventado la cítara, una forma primitiva de la guitarra, y cuando tocaba las
cuerdas para cantar, la naturaleza a su alrededor quedaba encantada. Los animales salvajes reposaban mansamente a
sus pies, los altos árboles se inclinaban hacia él: nada se resistía a sus melodías.
Como era tan grande, cortejó a la mujer más bella.
Después empezó el descenso.

Aún mientras se celebraba la boda, la bella Eurídice murió, y la copa colmada, aún antes de llegar a sus labios, se
rompió. Pero para el gran Orfeo la muerte aún no fue el final. Mediante su arte sublime encontró la entrada a los
Infiernos, bajó al Reino de las Sombras, atravesó el Río del Olvido, logró pasar delante del Cancerbero,llegó con vida al
trono del Dios de los Muertos y lo conmovió con su cantar.

La muerte libertó a Eurídice —pero bajo una condición...


Y tan feliz estaba Orfeo que no percibió la malicia en este favor. Emprendió el camino de vuelta oyendo, detrás de sí,
los pasos de la mujer amada. Pasaron ilesos ante el Cancerbero, atravesaron el Río del Olvido, comenzaron la subida
hacia la luz, ya la veían de lejos. De repente, Orfeo oyó un grito —Eurídice había tropezado—, se giró sobresaltado, vio
aún las sombras desvanecerse en la noche: estaba solo. Anegado en su dolor, cantó la canción de despedida: «¡Ay, la
perdí, toda mi felicidad se fue con ella!»

Él mismo encontró el camino a la luz del día, pero la vida se le había hecho extraña entre los muertos. Cuando unas
mujeres borrachas quisieron llevarlo a la fiesta del vino nuevo, se negó, y ellas lo desgarraron vivo. Tan grande fue su
desdicha, tan vano su arte. Pero: ¡todo el mundo le conoce!

El otro Orfeo era el pequeño. No era más que un cantor, actuaba en fiestas sencillas, tocaba para la gente sencilla,
daba una alegría sencilla, y él mismo se lo pasaba bien. Como no podía vivir de su arte, aprendió también otra profesión,
corriente, se casó con una mujer corriente, tuvo hijos corrientes, pecaba de vez en cuando, era corrientemente feliz y
murió viejo y saciado de vida.
Pero: nadie lo conoce — ¡menos yo!

H. EL ESPÍRITU SOPLA

Lars: Aún estoy buscando algo, pero no sé exactamente qué es. Algo fiable en mí. Tengo la sensación de que todo en
mí es tan fugitivo.
Bert Hellinger (después de un corto silencio): Aquello que se sujeta, se convierte en una carga.
Lars: Ya me lo estaba suponiendo.
Bert Hellinger: ¡Exacto! Los terapeutas, en la mayoría de los casos, sufren la suerte trágica de llegar algo tarde.
Muchas veces piensan que aportan algo especial, cuando, en realidad, el otro ya lo tiene. Quizás, incluso lo adivinaron en
el otro. Lo fugitivo es una característica especial de lo espiritual. El espíritu sopla. ¿Algo más, Lars?
Lars (conmovido): Sí, lentamente vuelve a surgir una sensación de gratitud, que ya conozco, pero que vuelvo a perder
una y otra vez.
Bert Hellinger: Es fugitiva y, como tal, normal. ¿Qué haríamos si continuamente tuviéramos que llevar encima nuestra
gratitud?

Lars: Desde ayer pienso mucho en el tema de «querer controlar» y de «abandonarse y entregarse a las cosas». Voy y
vengo entre estos dos puntos.
Bert Hellinger: Una vez vino una mujer que, cada domingo, vivía un drama terrible en su casa. El marido se levantaba
antes que ella, vestía a los niños y preparaba el desayuno para que ella aún pudiera quedarse un rato más en la cama.
Cuando tenía el desayuno preparado, él y los niños la llamaban:
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Bert Hellinger – Felicidad dual

-¡Mamá, el desayuno ya está preparado!


Ella quizás aún estaba en la cama, o ya en la ducha, y les contestaba:
-¡Id empezando!
Y ellos no lo hacían. Cada domingo era lo mismo. Ellos esperaban hasta que ella viniera, y ella luego se enfadaba.
Hace muchos años de esto, y en aquel entonces yo aún era ingenuo, pensando que las personas buscaban soluciones
para sus problemas, así que le propuse una solución muy sencilla. Le dije:
-Simplemente puedes decirles: «Me alegro de que me hayáis esperado».
Entonces se enfadó también conmigo y no me habló en tres días. Al cabo de esos tres días le pregunté:
-¿Cuál sería la buena solución para ti?
Ella contestó:
-Si yo digo «¡empezad!», ellos deberían empezar.

Después, me pregunté qué pasaría en un caso u otro. Si dijera: «Me alegro de que me hayáis esperado», algo
cambiaría, en ella, en su marido, en los niños -pero dejaría de tener el control. Si dice: «¡Empezad!», y ellos realmente lo
hacen, ella tiene el control. ¿Pero qué controlaría? El auténtico control siempre es de nada.
Lars: ¡Pero si tampoco controla nada!

Bert Hellinger (en voz alta): ¡Exacto! Absolutamente cierto. Ahora ya no sé por qué lo conté. (Risas entre los
participantes)
Ludwig: Esta tarde tenía un sentimiento bueno de ternura, pero ahora ha vuelto a desaparecer.
Bert Hellinger: Los sentimientos pueden permanecer si se les deja. En cuanto se intenta sujetar algo, vuelve a
escaparse. La vida sigue avanzando, pasando a lo siguiente y otra vez a lo siguiente. Si sigues avanzando, ella te
acompaña. En cuanto te paras, sin embargo, no funciona. Esta es una imagen para describir este proceso.

I. VARIANTES DE LA FELICIDAD

Una participante se lamenta de que no le salió del todo un ejercicio en el que se trataba de coger a ambos padres en sus
manos y llevarlos a su corazón.
Bert Hellinger: Quisiera decir algo acerca de la felicidad, algo que también quedó visible en este ejercicio:
Muchos sienten miedo ante la felicidad, ante el paso decisivo, en el que se siente la profundidad llena de amor; y el
amor profundo es tanto felicidad como dolor. Ambos están muy profundamente unidos. Por tanto, retrocedemos ante este
amor, porque al mismo tiempo sentimos también el dolor. Esta felicidad no tiene nada que ver con alegría. Es algo pleno,
sosegado, profundo. Esta felicidad comprende la seriedad y, a veces, puede trocarse en levedad. Por eso, a veces ayudo a
que las personas pasen este umbral a la felicidad.
Olaf: Si uno siente eso, en lo más profundo, también hay una cercanía a la muerte.
Bert Hellinger: Sí, exacto.
Olaf: Entonces es simplemente humano, al cabo de un tiempo, hacer incluso una broma.
Bert Hellinger: Sí, es como con la tragedia: una vez muerto el rey, aparecen los bufones. De alguna manera forma
parte de la dramaturgia.
Aún hay que tener en cuenta otra cosa más. A veces, la propia suerte inmerecida se vive como algo negativo, algo que
da miedo y amenaza. Quizás tenga que ver con que secretamente pensemos que, junto con la suerte, suscitaríamos la
envidia del Destino y de los demás hombres. Coger la suerte, por tanto, se vive como romper un tabú, como un cargar con
una culpa, como el asentimiento a un peligro.

J. CONEXIONES IMAGINARIAS

Un participante de otro seminario comenta durante una ronda:


Ayer volví a hablar con mi hermana. Ya dije que mi padre tuvo una prometida antes de casarse con mi madre. Fue así:
mientras él estuvo en cautiverio en Rusia, su novia en algún momento se buscó a otro hombre, probablemente porque ya

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Bert Hellinger – Felicidad dual

no creía que mi padre volvería. Hace un año y medio, mi padre murió de una cardiopatía, a pesar de estar completamente
sano. No fumaba, ni bebía, y le gustaba hacer deporte; todo esto, para mí no encaja.
Bert Hellinger: Te diré algo. Existe un método psicológico que busca conexiones de la misma manera que tú lo haces
ahora. Y cuanto más conexiones encuentra una persona, tanto más loca se vuelve. La buena psicoterapia corta las
conexiones que uno se idea, reduciéndolas a un mínimo.
Pregunta: Me pregunto: ¿qué tiene que ver todo esto conmigo?
Bert Hellinger: Lo que tú dijiste no guarda ninguna relación. Tu padre murió del corazón - punto. Todo lo demás es
absurdo. ¿Para qué? La novia estaba preocupada pensando que no volvería y se buscó a otro hombre. Es comprensible que
actuara así. Simplemente fue así. Y el tiempo corre; y así es. También tú puedes hacer algo propio, algo exclusivamente
tuyo. Se trata de una actitud muy generalizada que consiste en buscar causas para la propia inactividad y la propia infelici-
dad. Sin embargo, en cualquier momento uno podría hacer lo que quisiera.
Participante: Bueno, pues tengo la fantasía de que mi amor difícil a una mujer podría tener algo que ver con que en
aquel entonces a mi padre se le fue la mujer. Lo que noto es que quiero atacar por ahí.
Bert Hellinger: Lo mejor es el camino directo, «atacar» directamente a la mujer. Cuando hay amor, funciona. ¿Qué
más? El que piensa: '¿Qué influye aquí? ¿Qué es lo que hubo con mi padre?', ya no ve a la mujer, sino únicamente sus
problemas. En consecuencia, la mujer se le va, y con razón.
Participante: Eso queda claro.
Bert Hellinger: Te diré un secreto respecto de las mujeres, un secreto muy importante: sólo se distinguen
mínimamente.
Participante: Eso aún tengo que averiguarlo, (risas en el grupo)
Bert Hellinger: Es como un lugar bonito —yo vivo en un lugar bonito— donde hay muchos caminos. Cada camino es
bonito, pero hay que decidirse por uno; si no, uno se queda parado. Así es con las mujeres.
Participante: Así lo hice, y me decidí por esta mujer.
Bert Hellinger: Aún tengo una historia de un burro. Un burro va por una carretera polvorienta, cargado, lleno de
hambre y de sed, con la lengua fuera. A su derecha un prado verde, a su izquierda un prado verde. Pero él dice: «He
tomado mi decisión.»

K. LA VALIDEZ DE LAS AFIRMACIONES TERAPÉUTICAS

Ulf: Lo que veo aquí es que haces lo importante y lo esencial con mucha moderación y que, de esta manera, resulta
efectivo. En mí trabajo hay tanta maculatura, tanta cosa superflua. Intenté averiguar las causas y llegué a pensar que
quizás era un miedo ante lo definitivo por el que rehuyó tales afirmaciones.
Bert Hellinger: Te contaré una anécdota. En uno de mis seminarios hubo una vez una mujer joven, rebosante de vida y
realmente muy simpática. Pues bien, esta mujer tenía el impulso de ayudar a los hombres. Fue a vivir con un hombre que
ya antes había estado casado y que tenía dos hijos. Ella tendría unos 23 o 24 años, y él unos doce años más. Yo le dije:
-Tienes que dejar a este hombre.
Hace unos meses, recibí una carta de ella. Quería comunicarme que estaba felizmente casada con aquel hombre. La carta
decía así: «Tenías razón, no era el hombre adecuado. Me separé de él y, al estar separados, me di cuenta de que realmente
lo amaba. Así, pues, fui a vivir con él, y ahora soy feliz.»
Así pasa con las afirmaciones terapéuticas definitivas; todo esto respecto a mis consejos. Como afirmaciones son correctas
y definitivas, pero algo diferentes en lo que a sus efectos se refiere.
Algunos dicen: «¡¿Cómo puedes decir una cosa así?!» Por ejemplo, lo que acabo de hacer con Edda (Bert Hellinger le
dijo que ya no podía contar con ninguna relación de pareja, porque había abortado ya varias veces); en el fondo son
afirmaciones inadmisibles. Ahora bien, si lo
hubiera expresado con cautela, ella no podría orientarse. De esta manera, tiene que enfrentarlo. Tampoco quiero saber
nada más después; eso no tiene ninguna importancia. Apareciendo como persona ante ella, tomándola en serio como
persona, la respeté.
Considero válido aquello que digo, pero no creo en ello. Es una diferencia muy importante. No quisiera morir por lo
que digo, pero en este momento concreto ésta es mi percepción. Así lo digo, y dado que lo digo con seriedad, puede surtir
un efecto. Huir de las propias afirmaciones y de lo que uno siente, para después definirlo como respeto ante el otro, es una
tontería y, en la mayoría de los casos, también cobardía. (

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Bert Hellinger – Felicidad dual

El buen guía y el gurú


Gudrun: Me pregunto si una relación duradera, el estar casada y tener hijos, corresponde a mi vida.
Bert Hellinger: Sí que corresponde.
Gudrun: ¿Sí?, bien.
Bert Hellinger: Es asombroso lo perspicaz que soy (risas entre los participantes). Es un truco muy simple. Una vez un
cliente contó que tenía tres amigas, pero que no sabía por cuál decidirse.
Le dije: -Cuéntame de las tres.
Después dije: -La última, ésa es.
Él preguntó: -¿Cómo lo supiste?
Yo: -En ese momento, tu cara se iluminó.
En psicoterapia, el procedimiento es muy simple. Al terapeuta le ocurre lo mismo que a un buen dirigente. Un buen
dirigente ve lo que la gente quiere, y da sus órdenes de acuerdo con esos deseos. Un buen terapeuta ve lo que las personas
quieren, hacía dónde se dirige el impulso, y da sus consejos de acuerdo con ello.
Tiene que ver dónde está la fuerza y si hay fuerza. En el caso de Gudrun era inequívoco. Esta es, por tanto, la
explicación de la perspicacia.
Pero también soy un gurú. También puedo explicar lo que es un gurú. Durante un curso, un grupo subió a una montaña
cercana y fueron a tomar algo en un restaurante que ahí había. Cuando salieron, ya se había hecho de noche, y al querer
bajar por el bosque, no encontraron el camino. Finalmente, uno, que tampoco veía nada, cogió a los demás de la mano, y
cuando llegaron sanos y salvos abajo, él era el gurú.

3. PROCEDIMIENTOS ESPECÍFICOS

En este contexto, el editor se centra en tres procedimientos terapéuticos específicos que caracterizan de manera especial el
trabajo de Bert Hellinger:
1. Las rondas.
2. El trabajo terapéutico en caso de un movimiento interrumpido hacía uno de los padres.
3. La configuración de constelaciones familiares.
A. LAS RONDAS

La psicoterapia sistémica de Bert Hellinger es, en el sentido más estricto, una psicoterapia de grupo. Primordialmente, se
distingue de los grupos de orientación psicoanalista o de dinámica de grupo por el hecho de llevarse a cabo bajo la
dirección de un coordinador. Éste no permite las interpretaciones mutuas entre los participantes, sino que trabaja con cada
uno en el grupo por separado, mientras los demás son observadores, a no ser que participen como representantes en una
constelación familiar. Raras veces, Bert Hellinger trabaja con un mismo miembro del grupo durante más de diez minutos.
Bert Hellinger: En los grupos llevados según los criterios de la dinámica de grupo, cada uno puede cargarle al otro
cualquier interpretación. Es decir, cada uno está expuesto a los demás. Si los participantes no son personalidades fuertes,
que conocen la dinámica, pueden verse involucrados en un proceso de grupo que finalmente lleva a una defensa conjunta.
De esta manera se excluyen muchos procesos.
En la dinámica de grupo se absolutizan determinadas leyes, por ejemplo: «Sólo si todos están de acuerdo, puede
hacerse algo.» El consenso es importante, pero como exigencia dogmática se convierte en un estorbo. El principio de Ruth
Cohn, «Los estorbos tienen prioridad», puede ser una ayuda; si se absolutiza, sin embargo, cualquier miembro puede
estorbar al grupo entero. Especialmente las objeciones de aquéllos que no quieren trabajar personalmente bloquean el
proceso entero.
Mediante el método de la ronda se impide cualquier interacción entre los miembros del grupo. Ninguno puede atacar a
otro. Ni se cuestiona a nadie, ni existe la posibilidad de alabar o de criticar a nadie, ya que lo uno es tan malo como lo
otro. Cada uno es respetado en su manera de ser única y especial; esto le permite desarrollar la confianza de que puede
presentar su problema y que éste será tratado con delicadeza.
Este respeto ante lo individual, esta actitud benévola y llena de cariño, en consecuencia crea un sentido inconsciente de
comunidad que presenta una cualidad mucho más espiritual que en la dinámica de grupo. También se trata de una
dinámica de grupo; aquí, sin embargo se interrumpe la influencia de la resistencia por parte del grupo. A veces, sin
embargo, lo malo es que, después, los miembros del grupo se reúnen a la hora de comer y hacen todos los comentarios
que antes no pudieron hacer.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

A continuación, se presenta la transcripción de una ronda que tuvo lugar la mañana del tercer día de un seminario de
seis días. Al principio de la ronda se configuró la constelación de la familia de origen de uno de los participantes, y los
primeros comentarios, en su mayoría, se refieren a esa constelación. La transcripción, por tanto, comienza durante la
ronda:
Sarah: Tuve una experiencia mientras daba un paseo. Iba caminando al lado de un arroyo y, de repente, tuve la
sensación de que me había hecho culpable. Era una sensación toda seria - me he hecho culpable. Así pues, empecé a ir
muy de prisa, subiendo la montaña. Finalmente salí del bosque y, de repente, todo era claridad, y me sentía cada vez más
aliviada; y también la niebla se estaba levantando, dejando cada vez más claro el paisaje.
Bert Hellinger: Quisiera comentar lo que acabas de contar. La culpa personal que una persona reconoce y asume, ya no
se siente, sino que se transforma en fuerza para su actuar. Sé que la culpa existe, pero no la siento. Los sentimientos de
culpa se desarrollan allí donde la persona se niega a actuar de acuerdo con la culpa. De esta manera, se corta el contacto
con la fuerza que proviene de la culpa. Si alguien asume y reconoce su culpa personal, dispone de una importante fuente
de fuerza para el bien que posteriormente puede obrar. Por eso, tu imagen es bonita. Reconociste algo y, a continuación, se
hizo más ligero. Lo único que queda es la fuerza. Ahora puedes hacer cosas que antes no habrías podido hacer.
Si hago algo en expiación, me cohíbe. Actuando con la fuerza de la culpa, sin embargo, también se trata de una
reparación, pero a un nivel totalmente distinto. Así, por ejemplo, las víctimas se reconcilian con los perpetradores si del
sacrificio que se les exigió nace algo que sea en beneficio de otros. A un cliente ya no le diría nada después de un
comentario como el que tú hiciste, porque todo lo importante ya está hecho.
Existe la famosa historia de las sibilinas que guardan la sabiduría del mundo, los secretos del mundo. Éstos se
encuentran escritos en los libros sibilinos, encerrados, a su vez, en una cueva. En cuanto alguien abriera la cueva, los
libros se desharían. Lo esencial se escapa de la curiosidad, y los grandes secretos se guardan a sí mismos.

Ángela: Pienso mucho en el «estar centrada», «recogida». Se me ocurre un ensayo sobre la oración, en el que se le
atribuyen cinco características: serena, recogida, agradecida, responsable, y algo más... -fe. Me gustó mucho el ensayo, y
también los conceptos, y una y otra vez me pregunto: ¿cómo puedo estar segura de estar centrada? Y una y otra vez siento
el miedo de que...
Bert Hellinger: Te diré algo al respecto. Algunos cierran los ojos para quedar vacíos, llamándolo «recogimiento» - ¡qué
curioso! El recogimiento, el «estar centrado», se realiza en cuanto abro los ojos para la plenitud del mundo, llevándola a
mi interior y permitiendo que allí encuentre su orden. Eso es estar centrado. ¿De acuerdo? ¿Algo más, Ángela?
Ángela: No, eso es suficiente.
Josef: Estoy muy lleno de ideas y de sentimientos. Quisiera pasar.
Ruth: Yo también.

Eckhard: También estoy pensando en lo que le dijiste a Sarah.


Bert Hellinger: ¡No me fío de ti, Eckhard!
Eckhard: No me encuentro bien (se encoge de hombros).
Bert Hellinger: Exacto, estás trabando algo.
Eckhard (baja la vista, silencio prolongado).
Bert Hellinger: Si algún día te suicidas, ¿qué harán tus hijos? - Les debes la solución a los vivos, (silencio)
Te contaré una historia

Un hombre, en sueños, oyó una noche la voz de Dios, diciendo: «Levántate, toma a tu hijo, a tu único y bienamado,
llévalo al monte que te señalaré, y allí ofrécemelo en holocausto.»

Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su único y bienamado, miró a su mujer, la madre del niño, y miró
a su Dios. Cogió al niño, lo llevó al monte, construyó un altar, le ató las manos y sacó el cuchillo para sacrificarlo. Pero en
ese momento oyó otra voz, y en lugar de su hijo sacrificó un cordero.
¿Cómo mira el hijo al padre?
¿Cómo el padre al hijo?
¿Cómo la mujer al hombre?
¿Cómo el hombre a la mujer?

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Bert Hellinger – Felicidad dual

¿Cómo miran ellos a Dios?


¿Y cómo los mira Dios -suponiendo que exista- a ellos?

También otro hombre, por la noche, oyó en sueños la voz de Dios, diciendo:

«Levántate, toma a tu hijo, tu único y bienamado, llévalo al monte que te señalaré, y allí ofrécemelo en holocausto.»

Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su único y bienamado, miró a su mujer, la madre del niño, y miró
a su Dios. Y le respondió, cara a cara: «¡No lo haré!»
¿Cómo mira el hijo al padre?
¿Cómo el padre al hijo?
¿Cómo la mujer al hombre?
¿Cómo el hombre a la mujer?
¿Cómo miran ellos a Dios?
¿Y cómo los mira Dios -suponiendo que exista- a ellos?

Y aún otro hombre, por la noche, oyó en sueños la voz de Dios, etc., y se levantó, miró a su hijo, etc., lo llevó a la
montaña, construyó un altar, sacó el cuchillo y lo sacrificó.
Al llegar a casa, se suicidó.

Mi comentario: ¡Pobre hijo!


La expiación, frecuentemente sustituye la responsabilidad y la culpa. Es tan mala como el acto cometido, y más barata
que el actuar. Bien, Eckhard, acabo de cantarte la cartilla. ¿Algo más? (Eckhard sacude la cabeza)

Bien. — Irene, ¿qué hay?


Irene: Durante la meditación antes de la pausa del mediodía me di cuenta de que se me puso el nombre de una hija de
mi abuela, que murió tempranamente. De alguna manera tengo la sensación de que estoy cargando con algo.
Bert Hellinger: ¡Qué va! Ahora bien, si te es tan importante... En tales situaciones hay una frase mágica. Es decir,
encontré unas cuantas frases mágicas que simplemente son efectivas. Si uno descubre una frase así, es como un gran
regalo. Al menos yo lo vivo como un regalo inmenso cuando, en algún momento, me llega una frase así. La frase que
puedes decir es: «Querida Irene, tu estas muerta...»
Irene (con un ligero tono de burla): Y yo vivo...
Bert Hellinger: No, tienes que estar seria para que lo diga, si no, lo dejo. (Silencio. Irene mantiene su expresión
burlona y permanece sin decir nada. Al grupo) Ha perdido la oportunidad, ya no debo decírselo.
Bueno, sigamos.
Lars: La última constelación me conmovió mucho y me hizo pensar. Por lo demás, llevo bastante tiempo con dolores
de cabeza.
Bert Hellinger: Ya te los mereces.
Lars: Si tú lo dices...
Bert Hellinger: Sí, claro, ya lo decía Goethe: «Cada cual es el artífice de su propia infelicidad.» (risas)
Erich: Noto que tengo ganas de hacer la constelación de mi familia actual. Me doy cuenta de que siempre la he
considerado insignificante y pequeña, pero ahora veo que sí que es bastante importante. El asunto con Eckhard me dio
algún impulso. Bert Hellinger: De acuerdo.

Friedemann: Tengo una pregunta respecto a unos clientes. Una madre intentó matar a sus hijos. No lo hizo, pero los
maltrató brutalmente. Mi pregunta es la siguiente: ¿Es posible que esa hija encuentre una manera de acercarse nuevamente
a su madre? De momento la rechaza por completo. Pienso que sería importante que tuviera alguna relación con ella, pero
me da mucho respeto en un caso así.
Bert Hellinger: Sí, también aquí existe una fórmula mágica. Que la hija diga: «Querida Mamá, estoy de acuerdo.»
Friedemann: Yo ya lo entiendo, pero... ¿cómo se lo hago comprender a la hija?

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger: No, la frase aún no está bien del todo, aún no la tengo del todo, pero tendría que ir en esta dirección.
Quizás podría decir así: «Querida Mamá, si esto forma parte de mi destino, estoy de acuerdo»
Friedemann: En el sentido de que el precio...
Bert Hellinger (interrumpiendo): No, no, ¡nada de sentido! En cuanto comentas la frase, la fuerza se va. ¿Cómo era la
frase?
Friedemann: «Querida Mamá, si éste es mi destino, estoy de acuerdo.»
Bert Hellinger: Sin embargo, la hija no tiene por qué perdonarles a sus padres. Eso es algo totalmente distinto. Una
hija o un hijo que fueron maltratados pueden decir: «Fue muy malo», y también: «No te lo perdonaré nunca». Pueden
decirlo tranquilamente, pero no tienen por qué estar enojados. Puede decir: «Vosotros tenéis que llevarlo». Sin embargo,
lo que los hijos hacen, por regla general, es tomar la culpa sobre sí. Es mucho más difícil dejar la culpa, y también la
responsabilidad, con los padres. Pero el derecho de compensarlo, por ejemplo devolviendo el golpe, en el sentido de
«¡ahora veréis!» y hacerles algo a los padres, este derecho no es de los hijos. Una actitud así tiene malas consecuencias.
Un hijo que denuncia a sus padres, por lo que fuera, también lo expía.
¿Algo más, Friedemann?
Friedemann: Sí. Tengo una cliente cuyo padre fue oficial de alto rango en la SS. No lo conoció nunca, porque se fue a
Austria con su madre - la madre era austríaca. Esta mujer, de repente tiene la idea de suicidarse. Es una idea que la asalta
una y otra vez. Bert Hellinger: ¿A quién?, da la cliente? Friedemann: Sí, y de alguna manera me pareció... Bert
Hellinger: ¿Qué pasó con el padre?
Friedemann: Éste tuvo una suerte todo curiosa. En un principio se pensaba que había desaparecido en la guerra. Más
tarde se supo que estaba parapléjico y que vivía en Schleswig-Holstein. Allí murió también. Pero nunca intentó entrar en
contacto con su familia.
Bert Hellinger (permanece pensativo, después dice): Una frase que podría ayudar a esta hija sería quizás: «Querido
Papá, te dejo en paz, con amor.» Puedes llevarla en esta dirección, y también es importante que no pretenda saber nada.
No debe investigar para averiguar todo lo que hizo. Puede decirle: «Respeto tu suerte y tu decisión, y te dejo en paz, con
amor.»
Max: De momento, nada.
Vera: Estoy pasando por un remolino de sentimientos. Esta mañana era dolor, este mediodía me encontraba bastante
bien, y ahora simplemente dejo que las cosas vayan por sí solas.
Klaus: Experimento todo esto como increíblemente fascinante y bonito. Me siento más unido que nunca con otras
personas. ¡Es genial esta variedad, realmente fascinante!
Bert Hellinger: Éste es un hombre que sabe maravillarse, ¡da gusto verlo!
Klaus: Sí, no pensaba que sería tan emocionante.
Bert Hellinger: Helen, dijiste que aún se te había ocurrido algo. ¿Qué era?
Helen: Sí, Karl (su marido) te dio el dinero para el seminario. No lo encontré correcto para mí; me hubiera gustado
dártelo yo misma.
Bert Hellinger: ¿Sabes lo que es eso? - ¡Desviar la conversación! (todos se ríen) Bueno, a ver, ¿quién es esa mujer? (se
refiere a la percepción anterior de que Helen a veces muestra la cara de una mujer mayor con la que podría estar
identificada).
Helen (en voz baja y vacilando): ¿Mi madre?
Bert Hellinger: Adivinar no vale aquí.
Helen: No lo sé.
Bert Hellinger: Entonces haz la constelación de tu sistema de origen.
(Helen configura su sistema de origen; durante la constelación se muestra claramente que está identificada con la
primera mujer de su padre, que era judía, se separó del padre en 1938 y volvió a Estados Unidos.)
Bert Hellinger (una vez encontrada la buena solución): Bueno, ser judío siempre es significativo en Alemania, eso
encierra mucha fuerza.
¿Qué, Helen? ¿Cómo te va ahora?
Helen (se ríe): Bien, así hay concordancia.
Bert Hellinger: Esta es la identificación con la primera mujer del padre. ¿Y ahora qué?
Helen: Eso me explica muchas cosas.
Bert Hellinger: Sí, y tienes que decirle a tu padre: «Con ella no tengo nada que ver. Yo pertenezco con mi madre. Sólo
ella es la verdadera.» Y ahora asientes con la cabeza. ¿Sabes lo que quiere decir ese asentimiento tan rápido?

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Helen: No.
Bert Hellinger: «¡Vete a hacer puñetas!» Es la forma más sutil de resistirse. ¿Ves como aún te resistes? Mirar
claramente al padre y decirle: «Esta es mi madre, y yo estoy al lado de ella.» Eso, sin embargo, te hace algo más pequeña;
éste es el precio de la felicidad. ¿Cómo se dice? La gran felicidad es pequeña. (Helen sonríe) Ahora sale la otra cara, ¿os
dais cuenta? ¿Algo más al respecto?
Alexis comenta que, durante las últimas dos constelaciones, se encontraba especialmente bien al momento de darse las
soluciones.
Bert Hellinger: Sí, de repente todo era liberador y claro.
Friedemann (se refiere a la constelación de Helen): En el caso de Helen, ¿quiere decir que el padre ha perdido el
derecho a la hija?
Bert Hellinger: No, no, quiere decir que la mujer no tiene ningún derecho a este hombre. Es decir, su madre no tiene el
derecho de tener a su marido a este precio. Eso no va. Tiene que reconocerlo y retirarse algo de él, ésta es su forma de
expresar el respeto ante la primera mujer, independientemente de lo que eso implique concretamente. Eso, sin embargo,
no te interesa en absoluto, Helen. Ya estás otra vez con la cara vieja. Hasta que caiga una cara así, tiene que pasar un
tiempo.
Ahora haremos una pausa, ¿o aún hay alguien que quiera añadir algo?
Irene: Me he vuelto a acordar de la frase. No la sé exactamente, pero está bien que me hayas enfrentado.
Bert Hellinger: ¡Sí, hizo efecto! ¿Cómo era la frase?
Irene: «Querida tía, tú estás muerta; lo siento, y yo aún me quedo un poco.»
Bert Hellinger: Ahora te diré la frase correcta: «Querida tía, tú estás muerta. Yo aún vivo un poco, después también
moriré.»
Esta frase también puede aplicarse a otras situaciones. Vacilo en decirlo, ya que fácilmente podría usarse como una
moneda, con lo que perdería su eficacia. Así, por ejemplo, una segunda mujer podría decirle a la primera: «Tú perdiste a
tu marido, yo aún lo tengo un poco, después también lo perderé.» Así se suprime la superioridad y la arrogancia. De esta
manera se da la unión a un nivel profundamente humano, en el que lo efímero tiene su derecho.
Ahora realmente haremos una pausa. (Final de la ronda.)
B. LLEVAR A TÉRMINO EL MOVIMIENTO INTERRUMPIDO HACIA UNO DE LOS PADRES

Básicamente, existen dos constelaciones desencadenantes de trastornos o problemas. La primera consiste en una
identificación, sin que el afectado mismo se dé cuenta; éste es el caso de las implicaciones sistémicas anteriormente
mencionadas (v. capítulo V). La segunda situación básica que provoca trastornos a un nivel individual es el movimiento
interrumpido hacia uno de los padres. De niño, alguien es cortado en su movimiento hacia uno de los padres (en la
mayoría de los casos, la madre), sea por una estancia en el hospital, por alguna separación por otros motivos, o por
cualquier tipo de vivencias relacionadas con una fuerte sensación de rechazo.
Siempre que el afectado, incluso de adulto, se dirige a otra persona, es decir, se encuentra realizando un movimiento de
aproximación, en un punto determinado surgen los recuerdos de aquella interrupción, aunque sólo sea en forma de
recuerdo corporal, por lo que la persona reacciona con los mismos sentimientos y síntomas de aquel entonces. Entre los
sentimientos más frecuentes cuentan la rabia, el odio, la desesperación, la resignación y la aflicción. Sin embargo, el
recuerdo también puede expresarse en dolores de cabeza, tensiones musculares o, también, como decisión en propio
detrimento de la persona (por ejemplo, «Nunca más me mostraré débil», o «Nunca más pediré ningún favor», o «De todos
modos, no sirve de nada»). Es decir, en vez de continuar el movimiento hasta que éste alcance su meta, la persona re-
trocede, o inicia un movimiento circular, hasta volver al mismo punto de partida; éste es todo el secreto de la neurosis.
Cuando la persona afectada profundiza en estos sentimientos, su voz se vuelve la de un niño y yo me fijo en la edad de esa
voz. Si alguien, en una situación así, expresa rabia y yo lo animo a sacarla, fomento la interrupción.
La solución consiste en volver con la persona afectada a aquel punto del pasado, es decir, permitir que nuevamente sea
el niño de aquel entonces y, como tal y con la ayuda del terapeuta o de una persona imaginaria, lleve a término el
movimiento cortado en aquel momento. Es decir, el terapeuta se presta como representante de la madre (o quizás también
del padre). De esta manera, el cliente hace una experiencia decisivamente nueva que, más adelante, le permite realizar con
mucha más facilidad el movimiento hacia otras personas. Muchas veces se trata de una intervención muy rápida que no
dura más de quince o veinte minutos. Lo mismo puede lograrse también mediante hipnoterapia o terapia de sujeción.

Pregunta:
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Lars: Tengo la impresión de que, por principio, no admites sentimientos negativos o agresivos, por ejemplo, frente a
los padres. Tanto la bioenergética como la terapia de la Gestalt más bien animan al cliente a expresar tales sentimientos.
Bert Hellinger: Yo distingo: ¿se trata de un sentimiento original y, por tanto, de una reacción correspondiente, o de un
sentimiento que desvía la atención de otra cosa que se halla detrás? En la mayoría de los casos, la agresión sustituye el
movimiento hacia una persona. Si alguien fue pegado o herido, puede decir que le duele, o incluso expresar su rabia, ya
que en este contexto es correcto. Sin embargo, expresar una rabia generalizada contra los padres siempre tiene efectos
fatales. La solución únicamente pasa por tomar a los padres.
Olaf: Dijiste que determinados problemas sólo pueden solucionarse sistémicamente. ¿Podrías decir en qué porcentaje
estimas estos casos?

Bert Hellinger: Sí, puedo decirte un porcentaje. Según mi experiencia, un cincuenta por ciento de todos los problemas
que aparecen en psicoterapias tienen causas sistémicas y únicamente pueden solucionarse sistémicamente. Más bien diría
que se trata de un setenta por ciento; el resto, según mi opinión, se debe a trastornos en el desarrollo, al menos en aquellas
personas que yo veo. Normalmente, se trata de ámbitos complementarios: en cuanto la parte sistémica está aclarada,
frecuentemente surge algo más que debe ser trabajado en el nivel emocional; sin embargo, va mucho más rápido después.

¡Mami, por favor!


Un ejemplo de un movimiento interrumpido hacia uno de los padres:
Brigitte es una participante de uno de los seminarios. Muestra el comportamiento y los sentimientos típicos de una
persona en la que se interrumpió el movimiento hacia uno de los padres. La acompañamos a lo largo del seminario.

El primer día, durante la ronda de presentación


Brigitte: Me llamo Brigitte Jager. Soy de la región de Saarbrücken, trabajo como pedagoga social, estoy casada y tengo
tres hijos que, en estos momentos, son mi tarea principal. El mayor tiene siete años, y las dos niñas pequeñas tienen tres
años y medio, y dos años. Por este motivo, me siento bastante acaparada por la familia y estoy contenta de poder
escaparme un poco. Además, tengo una pequeña consulta propia con unos cuantos clientes.
Bert Hellinger: En psicoterapia existe una ley curiosa que se opone a la realidad física: cuanto más apartamos algo,
tanto mayor se hace.
Brigitte: ¿Quieres decir lo de lo niños?
Bert Hellinger: ¡Lo que sea! La solución consiste en invertir el movimiento. ¿Algo más?
Brigitte: Lo que ocurre es que cuando mi familia actual y mis suegros se juntan, tengo la sensación de que nuestra
familia se parte; tengo la sensación de que no queda ningún lugar para mí.
Bert Hellinger: Es lo que suele llamarse una transferencia. - ¿De quién a quién?
Brigitte: Pues, que mi marido sale de nuestro sistema para ir al otro.

Bert Hellinger: No, tú transfieres el problema, ¿de quién a quién? Del marido a los suegros. - ¿Dónde se encuentra la
solución? Brigitte: No tengo ni idea. Bert Hellinger: Con el marido. Brigitte: ¿Se trata de su problema? Bert Hellinger:
¡No, no! Te contaré una pequeña historia:

EL REPROCHE
En alguna parte del sur, al amanecer, un pequeño mono subió a una palmera, sacudiendo un coco pesado en sus
manos y gritando con todas sus fuerzas.
Asilo oyó un camello, que se acercó, alzó la mirada y le preguntó:
-¿Qué te pasa hoy?
-Estoy esperando al Gran Elefante. ¡Le pegaré una paliza con el coco que se va a enterar!

Pero el camello pensó: «¿Qué querrá realmente?»

Al mediodía pasó un león. También él oyó al pequeño mono, lo miró desde abajo y preguntó:
-¿Te pasa algo?
-¡Sí! -gritó el mono-, ¡necesito al Gran Elefante! ¡Le pegaré una paliza con el coco que le reventará el casco!

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Pero el león pensó: «¿Qué le pasará realmente?»

Por la tarde, vino un rinoceronte, se extrañó al oír al mono, levantó la mirada y le preguntó:
-¿Qué te pasa hoy?
-Estoy esperando al Gran Elefante: He pegaré una con el coco que le reventará el casco y lo dejará seco!

El rinoceronte, sin embargo, pensó: «¿Qué querrá realmente?»

A última hora de la tarde llegó el Gran Elefante, se rascó en la ¡mi mera y cogió algunas ramas con su trompa;
encima de él, sin embargo, reinaba un silencio absoluto. Después, levantó la mirada, vio al pequeño mono detrás de una
rama y preguntó:

-¿Tepasa algo?
-¡No! -se apresuró a decir el mono-, ¡nada! Durante el día estuve gritando un poco, pero no lo habrás tomado en
serio, ¡¿verdad?!
El elefante, sin embargo, pensó: «¡Algo le falta realmente!» Después, vio su rebaño y se marchó con pasos
majestuosos.
El pequeño mono aún se quedó quieto largo tiempo. Después, cogió el coco, volvió al suelo, lo pegó contra una roca y
lo reventó... y bebió su leche y comió su fruto.
Bert Hellinger (al acabar la historia): ¿De acuerdo, Brigitte? (Brigitte lo mira confusa.) ¡No importa! Una vez le conté
esta historia a un niño - la comprendió en seguida. Sigamos.

El segundo día, por la mañana


Brigitte: He venido con mucha precaución. Ayer, en algunos momentos me sentía como en un caparazón; hoy me
siento más permeable, y ahora sale a la luz algo muy vulnerable.
Bert Hellinger: Iré con mucho cuidado, Brigitte. (Brigitte empieza a llorar.) Respirar ayuda. ¡Inspirar y espirar! Abre
bien la boca y respira, que pueda fluir... sigue respirando... sigue respirando... ¡las cosas van bastante rápidas contigo!
Brigitte: No siempre.
Bert Hellinger: ¿No estás acostumbrada a que alguien se tome tiempo para ti? (Brigitte solloza; al cabo de unos
momentos) Coge tu silla y siéntate enfrente de mí.
(Brigitte lo hace, Bert Hellinger saca unos pañuelos de su bolsillo.) Estoy preparado para todo tipo de emergencias.
Ven, acércate un poco más... un poco más... aún un poco más (le quita las gafas), cierra los ojos. (Coge sus manos) Abre la
boca y respira ... ¡simplemente sigue respirando así! (Con las yemas de una mano toca la región superior del esternón) Y
ahora vuelve con este sentimiento, lejos, muy lejos, hasta llegar al lugar al que pertenece, y a la situación a la que
pertenece ... deja abierta la boca e inspira y expira profundamente ... (Brigitte respira profundamente; al cabo de unos
instantes) Asiente, sea lo que fuere ... (al cabo de unos minutos) ¿Qué es? ¿Hasta dónde has vuelto?
Brigitte: Tengo unos seis años.
Bert Hellinger: ¿Qué pasó entonces?
Brigitte: Un viaje en coche con mi madre, en el que yo quería acostarme en su regazo y ella me lo negó muy
duramente.
Bert Hellinger: De acuerdo. Mira la escena... respira profundamente... ¿cómo le decías a tu madre de pequeña?
Brigitte: Mami.
Bert Hellinger: Di: «Mami, ¡por favor!».
Brigitte (en voz baja): Mami, ¡por favor!
Bert Hellinger (al cabo de unos instantes, al grupo): Esta es una escena con un movimiento interrumpido hacia uno de
los padres. ¿Veis lo enganchada que está a la escena? (a Brigitte) Vuelve aún más. (Al cabo de unos instantes) Bien, no
funciona. Ella, a una edad muy temprana, tomó la decisión de que no iba, y ahora la mantiene. (Al cabo de unos instantes,
se inclina hacia ella mirándola) ¡Abre los ojos! ¿Qué haremos contigo? (Brigitte se encoge de hombros) Cierra los ojos,
céntrate en el movimiento interior, síguelo, cualquiera que sea el rumbo que quiera tomar. Y ahora retírate interiormente,
lejos de la madre... retírate cada vez más de ella. (Brigitte gira la cabeza hacia la izquierda y, al cabo de unos instantes,
Bert Hellinger se la gira hacia la derecha, como si tuviera que mirar en esa dirección; al cabo de medio minuto) sigue
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Bert Hellinger – Felicidad dual

respirando, con fuerza, expira con fuerza, más rápido, sin violencia, sólo con fuerza. (Nuevamente toca la región superior
del esternón con las puntas de los dedos de su mano derecha; Brigitte respira fuertemente) ¡Así, sí! ¡Sigue,...sigue,....sigue
así! Y di algo, en vez de toser, ¡dile algo a la madre!
Brigitte (en voz baja): ¡Ahora ya no!
Bert Hellinger: ¡Más fuerte! «Ahora ya no»... ¡más fuerte!... «Ahora ya no» (Bert Hellinger hace que Brigitte se
incline hacia delante, apoya su cabeza contra la suya y la abraza con la mano derecha. Brigitte empieza a sollozar) Ahora
ya no... «Ahora ya no»... «Ahora ya no». (Bert Hellinger le dice que se coja a él y, abrazándola, la acerca a sí mismo)
Respira profundamente, deja la boca abierta, respira algo más rápido, más rápido, el doble de rápido, profundamente,
espira profundamente... deja la boca abierta (coge su cabeza con la mano derecha, apretándola contra su hombro) «Mami,
por favor»...
Brigitte (en voz baja): Mami, por favor.

Bert Hellinger: «Mami, por favor.» Y no dejes de respirar. (Brigitte vuelve a respirar profundamente; Bert Hellinger al
grupo): Brigitte también elige la felicidad pequeña. (A Brigitte): ¿Cómo te va? Brigitte: Aliviada (indica a su pecho), más
llena. Bert Hellinger: Te paraste a mitad de camino, pero por lo menos avanzaste algo más.
Brigitte: ¿A mitad de camino de vuelta?
Bert Hellinger: A mitad de camino hacia ella. Como ya dijo un famoso Johann Wolfgang: «Cada cual es el artífice de
su propia desdicha.»
Brigitte: Me parece que no lo dijo así.
Bert Hellinger: ¿Ah, no? (ambos se ríen) Bien, de acuerdo. (Brigitte se levanta y vuelve a su asiento)
Bert Hellinger: Ésta fue una situación en la que se interrumpió un movimiento hacia uno de los padres. Se podía ver lo
que pasó en ese punto. Mi teoría es que en el punto en el que se interrumpió un movimiento hacia uno de los padres, se
desarrolla aquello que llamamos una neurosis: un movimiento circular que, una y otra vez, vuelve al mismo punto en vez
de avanzar. Con el recuerdo del movimiento interrumpido surge un sentimiento, una decisión, y así se da la vuelta, si-
guiendo el círculo, en vez de seguir adelante, y al volver al punto de partida, nuevamente se inicia lo mismo. Éste es el
progreso de un tiovivo.
Ahora bien, como terapeuta, ¿qué haré con una cliente tan resistente? (Pausa) Esto fue un fracaso, no total, pero fue un
fracaso, no nos podemos engañar. Ella no se acercó. Pero ahora al menos tiene una perspectiva. Ahora la confiaré a su
buen corazón - ¿de acuerdo, Brigitte? Brigitte: Sí.
Bert Hellinger: ¿Hay preguntas al respecto?
Wolfgang: Esto último no lo comprendo: «La confío a su buen corazón.»
Bert Hellinger: Tampoco puedes comprenderlo. Ella lo comprendió. El fiarse del corazón, del buen corazón, siempre
es un método bueno en estos casos. Muchas veces resulta sorprendente que desde dentro se encuentre un camino que
ningún terapeuta pueda encontrar. Y secretamente -sin decirlo abiertamente aquí- la confío también al buen corazón de su
madre.

Lars: Primeramente la llevaste a un movimiento hacia la madre, y después le dijiste que se alejara...
Bert Hellinger: No importa cómo se mueva una persona, que se acerque o se aleje. La persona está en movimiento. Si
el acercamiento no es posible, procuro que la persona realice el movimiento contrario, y éste, en algún momento, se
invierte. Se va con la persona, con lo que ella muestre. Brigitte mostraba una tendencia al alejamiento, por lo que seguí
esa tendencia. Después giró la cabeza hacia la izquierda y mi imagen era que ella se apartaba. Después le giré la cabeza
hacia la derecha, y entonces surgió también el sentimiento.
Lars: ¿Entonces sí que hubo una corrección?
Bert Hellinger: Sí, un seguir su tendencia, un poco de apoyo. Y sólo entonces vino la frase: «¡Ahora ya no!» En ese
momento quedó claro que allí se encontraba la madre.
Rüdiger: A nosotros que no tenemos tanta experiencia, ¿podrías decirnos algún indicio de cuándo una persona realiza
un movimiento de aproximación, y cuándo no?
Bert Hellinger: No, eso resulta de la observación, de la percepción. Quizás puedas verlo en otros ejemplos. Si
pretendes tener una teoría, ya no puedes exponerte al proceso inmediato. Creo que lo importante está dicho y más no sería
bueno.

Durante una ronda, a última hora de la mañana del segundo día


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Bert Hellinger – Felicidad dual

Brigitte: Soy toda percepción, y lo que ocurre en mi interior es un movimiento alternativo. Unas veces es un
sentimiento cálido, de empatía, también en los ojos, y después se para de golpe (se emociona y le asoman las lágrimas a
los ojos), siempre cambiante. Y si vuelvo a salir...
Bert Hellinger: Está bien, está bien. ¿Veis cómo trabaja su buen corazón? Deja que el buen corazón siga trabajando,
Brigitte, hasta que llegue la solución.

Durante una ronda, a la tarde del segundo día


Brigitte: Ahora estoy totalmente en ello. Durante la pausa del mediodía me metí en la cama para retirarme y buscar
otra vez la unión con mi madre. Fue muy agradable.

Durante otra ronda, a la tarde del segundo día


Brigitte: Esta noche me desperté muchas veces. Pienso mucho en mi familia y una y otra vez me viene a la mente la
familia de mi madre.
Bert Hellinger: ¿Qué ocurrió ahí?
Brigitte: La hermana de mi madre murió de tifus, y seis semanas antes murió el padre de mi madre. En aquel entonces,
mi madre tenía diez años.
Bert Hellinger: ¿La hermana era más joven que tu madre?
Brigitte: Era mayor, la del medio. Aún había un hermano mayor. Lo que también me pasó por la cabeza es el ambiente
de callar cosas que existe en mi familia. Hay mucho silencio y como una cierta rigidez. Lo que aún se me ocurrió es que
ahora, cuando con mis hijos me reúno con mi familia, eso desaparece. Cuando estamos con mis padres, todos se vuelcan
con los niños, y éstos lo llenan todo de vida.También me llamó la atención algo que tiene que ver con el sentarse en las
faldillas de alguien: Cuando mis padres vienen a casa, mis hijas dicen «abuelito, aupa» y «abuelita, aupa», y se les
permite.
Bert Hellinger: ¿De qué murió el padre de tu madre?
Brigitte: Debió de ser alguna afección de la vejiga. Ingresó en el hospital de repente. Eso fue en 1938, y no volvió del
hospital. Seis semanas más tarde murió la hermana mayor de mi madre.
Bert Hellinger: Eso es un choque para la familia.
Brigitte: Sí, aún hay otra cosa más. Una vez ya hice una constelación de mi familia con E. Me quedó grabado que en
esa ocasión puse a mi madre totalmente apartada, mirando hacia fuera. ¿Qué debió de vivir esa mujer?
Bert Hellinger: Sí, probablemente sigue a su hermana y a su padre, ¡pero hagamos la constelación!

(Información: Después de la muerte del padre, la abuela materna vivía en la familia de origen de Brigitte. También en
la familia del padre murió un hijo en temprana edad. El padre fue el más joven de cuatro hijos y tenía dos hermanas
mayores con vida.)
Brigitte configura la constelación de su familia de origen.

Figura 1. Constelación inicial de la familia de origen de Brigitte

Abreviaciones: P padre 1 primer hijo


M madre 2 segunda hija, Brigitte

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Bert Hellinger – Felicidad dual

(una vez configurada la constelación)


Padre: No tengo ningún contacto con mis hijos, y mi mujer simplemente está aquí al lado. Más bien estoy solo.
Madre: También me siento muy sola, no es bueno ver a los hijos de espaldas, y mi marido, a mi lado, apenas es
perceptible.
Representante de Brigitte: Tengo la cabeza embotada y mi tendencia va hacia fuera. Detrás de mí hay algo, pero no sé
lo que es.
Bert Hellinger: El hijo que murió en la familia de tu padre, ¿fue niño o niña?
Brigitte: No lo sé.
Bert Hellinger: ¿Qué intuyes?
Brigitte: Una niña.
Hermano: Yo tampoco tengo contacto con nadie, mis piernas están completamente rígidas y como heladas en el suelo.
Bert Hellinger (a los hijos): Bien, giraos hacia los padres. (Fig. 2)

Figura 2
Bert Hellinger: ¿Qué cambia?
Hermano: Ahora es más soportable.
Representante de Brigitte: Yo también lo encuentro agradable y también tengo la cabeza más clara.
Padre: Sí, hacia los hijos hay una mejora, en el lado de la mujer aún no hay nada.
Madre: A mí me sucede lo mismo.
Bert Hellinger (a los padres): Cambiaos de lugar, a ver si es mejor así (fig. 3).
Padre: Sí, la hija se acerca; eso me va bien.
Representante de Brigitte: A mí me produce un poco de nerviosismo.
Bert Hellinger: ¿Qué tal entre los padres, mejor o peor?
Padre: Peor.
Madre: Siento una pizca de vida.

Figura 3

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger: Ahora introduciremos a su padre. (Brigitte coloca al padre del padre a la derecha de éste; fig. 4)

Abreviaciones: +PP padre del padre, murió cuando el padre tenía 8 años
Figura 4

Brigitte: Aún se me olvidó otra cosa más. El padre del padre también murió pronto, cuando mi padre tenía ocho años.
Volvió de la guerra con una lesión que después le causó convulsiones. Un día, trabajando en el campo, murió de uno de
esos ataques.
(El padre y el padre del padre se ponen de acuerdo de que el mejor lugar para éste es detrás del padre, fig. 4)
Bert Hellinger: Ahora introduce también al padre de tu madre.
(Brigitte lo coloca detrás de la madre, fig. 5)

Abreviaciones: +PM padre de la madre, murió cuando ésta tenía 10 años,


6 semanas antes de fallecer la hermana de la madre

Figura 5
Madre: Hace un momento, al introducirse también el padre de mi marido, tuve la gran necesidad de mirar; así, mi vista
también alcanzaba a mi marido. Ahora, al estar mi padre aquí, el movimiento va más hacia allá (hacia la izquierda).
(Después pide que su padre se ponga más a la izquierda de su campo visual, fig. 5)
Madre: Así está mejor.
Padre: Para mí no hace ninguna diferencia en relación a mi mujer.
Hermano: Ahora, para mí, el único interesante es él (padre de la madre). Desde que está él, no miro a nadie más.
Bert Hellinger (a Brigitte): Ésta es la identificación de tu hermano. Está identificado con el padre de la madre.
(Les pide a la madre y al padre, y a los respectivos padres, que cambien de lugar, fig. 6)
Representante de Brigitte: Para mí fue un cierto alivio que el padre del padre se pusiera detrás de él. De alguna manera
pude respirar. Y cuando de repente apareció él (padre de la madre), tuve la sensación de que tenía en frente a tantos
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Bert Hellinger – Felicidad dual

hombres. Sin embargo, no tengo ningún contacto con la madre. De alguna manera no había otra mujer. Ahora está algo
mejor y me siento más relajada con el padre; con la madre tengo poco contacto. El (padre de la madre) está bien allá. Aquí
(indica hacia la derecha) me estaba demasiado cerca.
Bert Hellinger (a Brigitte): Pon también a la hermana de tu madre, que murió. (Brigitte coloca a la tía detrás de la
madre, un poco a la derecha, fig. 6)
Bert Hellinger: ¿Qué cambia?
Madre: Empiezo a sentirme intranquila.
Brigitte: Yo miro más hacia aquí, y de repente no veo al padre.
Hermana de la madre: Yo también tengo una tendencia inquieta hacia mi hermana.
Bert Hellinger (coloca a la hermana directamente a la derecha de la madre, fig. 6): cÍY ahora?
Madre: Aquí (en el lado del marido) vuelve a haber más calor. Está bien (se acerca más al marido, llevando consigo a
la hermana).
Padre: Yo me encuentro mucho mejor en este lugar. Estoy más cerca de la hija y también de la mujer.
Representante de Brigitte: Sí, yo también puedo percibir a la madre y también vuelvo a ver al padre. Es una imagen
más equilibrada. Antes estaba tan centrada en ella (hermana de la madre).
Bert Hellinger (a la representante de Brigitte): Ponte al lado del hermano. ¿Qué tal ahora?
Hermano: Yo quisiera cambiar con ella (la hermana). (Hermano y hermana cambian de lugar, fig. 6)
Hermano: Es mejor así.
Representante de Brigitte: Para mí está bien. Ambas posiciones son igualmente buenas para mí.
(El padre de la madre quiere ponerse más hacia fuera. Después, Bert Hellinger coloca al hermano muerto del padre a la
izquierda de éste. Tras unos cuantos movimientos de prueba, se llega a la imagen de solución en la que todos se
encuentran a gusto, fig. 6.)

Abreviaciones: +HaM hermana de la madre, murió en temprana edad


+ HoP hermano del padre, murió en temprana edad

Figura 6

Bert Hellinger le pide a Brigitte que ocupe su lugar. Piensa que en el caso del hermano muerto del padre más bien se
trataría de un hijo varón, dado que el hermano de Brigitte se mostró tan intensamente irritado por esa persona.
Brigitte (después de mirar unos instantes en silencio): Me tira muchísimo hacia allá (indica a la madre).
Bert Hellinger: Sí, ve allá.
(Brigitte se acerca a la madre, abrazándose a ella.)
Bert Hellinger: ¡Fuerte, ya que lo haces, hazlo fuerte! (Risas. Brigitte abraza a la madre fuertemente; después, sin
embargo, empieza a moverse de un lado para otro.)
Bert Hellinger: Tranquila, tranquila, tranquila... ¡respirar profundamente, por la boca! (acerca a la hermana de la madre
a las dos, indicándole que las abrace; Brigitte empieza a llorar). ¡Respirar profundamente, con la boca abierta... inspirar y
expirar profundamente... inspirar es tomar... sin sonido, simplemente inspirar y expirar, hasta que estés realmente saciada!
(Brigitte inspira y expira profundamente) ¡No, no, tómate tiempo! ... Respirar. Inspirar y expirar... sin sonido el respirar
resulta más vigoroso... con toda libertad, inspirar y expirar - después, vuelve a tu lugar. (Brigitte vuelve y se queda

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Bert Hellinger – Felicidad dual

mirando a su alrededor.) ¿Está bien así? - De acuerdo, ya está. (Todos se sientan.) Ahora el movimiento hacia la madre ha
llegado a su final.

(Después de una pequeña pausa)


Ernst: Aquí se trata de un movimiento interrumpido. ¿Según tu opinión, el motivo para esta dinámica se encuentra en
este sistema?
Bert Hellinger: ¡No, no! Está clarísimo que hay algo por aclarar entre la madre y su hermana, y que Brigitte, en parte,
lo asume. Por tanto, es posible que las causas sean sistémicas y que no tenga nada que ver con lo que hace la madre.

En una ronda posterior


Brigitte: Me encuentro bien. Me siento muy libre, y muy abierta y receptiva en la cabeza.
Bert Hellinger: Lo de hoy realmente fue un movimiento bello.

El tercer día, por la tarde


Brigitte (indica hacia su pecho): Noto un movimiento aquí, como si se abriera algo.
Bert Hellinger: ¡Sí, bien!
Brigitte: Sí, un quedarme liberada. Durante la pausa del mediodía también tuve la esperanza de que, a través de este
trabajo, pudiera sentirme más de acuerdo con mi edad.
Bert Hellinger: ¡Sí, seguro!
Brigitte: No digo lo que pasó.
Bert Hellinger: No, tampoco es necesario.

El cuarto día, durante una ronda


Brigitte: Estoy pensando en mi hermano. Muchas veces se lanza a situaciones arriesgadas. Hace escalada, y varias
veces ya acabó en alguna grieta de un glaciar. Frecuentemente, cuando me llaman por teléfono, pienso que podría haberle
ocurrido algo. ¿Me pregunto si eso tendrá algo que ver con una identificación?
Bert Hellinger: Sí, frecuentemente, muy frecuentemente es así. Brigitte: Obviamente busca situaciones próximas a la
muerte, o que encierran el peligro de muerte. Me pregunto: ¿qué puede ayudarle? ¿Puedo yo hacer algo para que mi
trabajo aquí sea una ayuda también para él? Durante las constelaciones dijiste que podía estar identificado con el abuelo
muerto y que, quizás, también el hermano muerto del padre fuera un niño.
Bert Hellinger: Cuéntale la constelación sin más comentarios. — Hace poco, hubo un cliente que contó que había
empezado a ir en delta y, todo eufórico, me preguntó mi opinión. Le contesté: —No creo que un sabio haga esas cosas.
¿Os imagináis? Veía claramente que ese hombre quería suicidarse.
Brigitte: Mi hermano también va en delta.
Bert Hellinger: Puedes decirle que si se cae, todo será mejor. ¿De acuerdo? ¿Algo más?
Brigitte: ¿Quieres decir que le cuente la constelación, o también aquello de la identificación?
Bert Hellinger: Sólo funciona si de momento esperas, y en cuanto se dé una ocasión de decir algo, lo dices tal como lo
sientes. Entonces será lo apropiado y la situación será diferente de lo que ahora te imaginas.

El cuarto día, por la tarde


Brigitte: En un momento determinado de esta mañana sentí un escalofrío, y empecé a rezar y tenía las manos todo
sudadas. Pensé si aún le debía algo a mi marido. Una vez me sacó de un alud, junto con mi hermano. Yo ya estaba sin
conocimiento y prácticamente me devolvió la vida.
Bert Hellinger: Valóralo.
Brigitte: Me siento muy emocionada ahora.
Bert Hellinger: Valóralo, pero no solamente respecto a él, eso sería demasiado poco. Hubo un desenlace bueno. Es lo
que dije del agradecimiento: si una persona se salva así, tiene una fuerza que antes no tenía. Con eso haz algo bueno, pero
sin esfuerzo, simplemente de la manera que quiera fluir y hasta donde quiera fluir.

El cuarto día, por la noche

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Brigitte: En mi interior está la frase de «tratar con cuidado y delicadeza». También soñé con que plantaba una planta
pequeña sobre huesos muertos. Este «tratar con cuidado y delicadeza» es algo que me lleva a la fuerza; al mismo tiempo,
sin embargo, también noto la tendencia a la debilidad.
Bert Hellinger: Si se deja que los huesos descansen en paz, las plantas crecen solas.
Brigitte: Sí, me esfuerzo por dejar descansar un máximo de cosas.
Bert Hellinger: Sí, y el dejar es algo en que no hay que hacer nada y, a pesar de todo, cuesta esfuerzo.

El quinto día
Brigitte: Noto mucho movimiento a nivel físico. Percibo muy intensamente las palmas de mis manos, como si se
hubiera disuelto algo. También lo noto en las mandíbulas. Antes apretaba mucho más los dientes; eso va desapareciendo
ahora. Una y otra vez pienso muy intensamente en mi marido. También ahora me pone muy nerviosa decir lo que ocurre
en mi interior. Siempre que salgo de casa, siento un gran cariño, y cuando estoy en casa, lo aparto de mí.
Bert Hellinger: Haré un pequeño ejercicio contigo. Siéntate delante de mí y pon tus manos en los muslos. - Cierra los
ojos y abandónate a ese anhelo profundo, con todos los sentimientos y pensamientos bonitos. - También a los buenos
recuerdos de un principio. No tienes que hacer ni decir nada, simplemente puedes abandonarte a tus sentimientos y a tus
imágenes... Quizás inspirar profundamente alguna vez. - ¡Realmente debe ser un hombre especial si gana tu amor!... (Bri-
gitte se ríe) Ahora imagínate cómo te acercas a él al llegar a casa. Está en alguna parte allá y te acercas hasta llegar a él.
(Brigitte mira en la dirección indicada) Miras lo que le dices, lo que haces, lo que le pides. (Brigitte sonríe) ¡Exacto! ...
Brigitte: Aún no funciona.
Bert Hellinger: Sí, míralo un poco más, míralo un poco más... ahora va... (al cabo de aproximadamente un minuto)
Aún te doy otra imagen: Acércate e imagínate a su madre detrás de él... está detrás de él, con cariño (Brigitte empieza a
llorar). Cierra los ojos, deja los ojos cerrados y acércate del todo a él... (Brigitte llora y asiente con la cabeza), acércate
aún un poco más y toma algo y dale algo. Tranquila, no tienes que decir nada... quédate totalmente en lo que vives en tu
interior... (Brigitte inspira y espira profundamente)... ¿Está bien? (Brigitte asiente con la cabeza) De acuerdo, ya está.
Brigitte: ¡Gracias!
Bert Hellinger: Encantado de hacerlo. Más tarde explicaré lo que hice. De momento quisiera dejarlo aquí.

El sexto día
Brigitte: Ha sido mucho y tardará un tiempo en posarse. Esta mañana aún surgió otro asunto: mis suegros. Allí aún me
queda algo por hacer en el sentido de acercarme, valorar y dejar que los niños también entren.
Bert Hellinger: Exacto, eso significa seguir al marido.
Brigitte: Ese punto me conmovió mucho hoy. Tengo la sensación de haber recibido mucho de ti y de haber sido bien
tratada.
Bert Hellinger: Bien. - La última vez que trabajé con Brigitte, prometí explicar la técnica. Lo haré brevemente. Hice un
ejercicio de PNL. Ella mostraba dos sentimientos opuestos: al encontrarse lejos, desea estar con el marido, y cuando está
con él, más bien lo rechaza. Hice que profundizara en el sentimiento de anhelo y, a continuación, desvié su atención hasta
que realmente se rió. Después realicé el anclaje. Así ya no puede escaparse de ese sentimiento. Y con ese mismo
sentimiento la hice hacer la prueba de cómo volvía a casa con su marido. Ahí se encuentra la lucha entre un sentimiento y
el otro, y el sentimiento anclado es el que puede mantenerse, el que se sobrepone al sentimiento negativo. Éste fue el
método.

Karl: ¿Qué hay de terapia primaria en tu trabajo? Bert Hellinger: El propósito de la terapia primaria consistía en tra-
bajar el dolor, el dolor primario. En este dolor primario siempre se trata de lo mismo: se desarrolla donde se interrumpe el
movimiento hacia uno de los padres. El dolor confirma la interrupción del movimiento, pero no soluciona nada. En vez de
hacer que se exprese el dolor, llevo el movimiento interrumpido a su final. Es allí donde surge el amor, y cuando éste
llega, muchas veces tengo una mancha oscura aquí (indica su jersey). Eso es lo que queda de terapia primaria.

Aparte de un movimiento interrumpido hacia uno de los padres, aún existen los traumas a una edad temprana que
soluciono mediante la vivencia misma, por ejemplo, a través de «history change». En este caso empleo una mezcla de
PNL y terapia primaria. Un buen método es el cambio de anclaje, es decir, una escena mala se compensa por una buena.
Sin embargo, al tratarse de asuntos profundos, también hay que tener en cuenta el sentimiento. Por eso sujeto a la persona,

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Bert Hellinger – Felicidad dual

de manera que sienta la seguridad suficiente para expresar el sentimiento. Después, busco la imagen de una persona que
pueda ayudarle y así lo soluciono.

Karl: A veces haces que alguien reviva su nacimiento. ¿Cuándo haces eso?
Bert Hellinger: Si hubo un trauma natal, el movimiento hacia la madre ya quedó interrumpido allí. En un caso así,
repito el nacimiento, hago el «bonding» y después viene la Oración al Amanecer de la Vida (véase p. 69). Este primer
encuentro con la madre y el llegar a ella es la experiencia más profunda e intensa. Después, realizo el cambio de anclaje.
Es decir, sujeto a la persona mientras la hago subir por todas las edades de su vida, pasando por todas las situaciones
traumáticas. Ya que no puede haber otra sensación mejor que la de ser recibido y acogido después del nacimiento. De esta
manera hago toda la terapia en una sola sesión. Es decir, trabajo todos los traumas infantiles en un mismo proceso, uno
tras otro, empleando el cambio de anclaje. Hago que la persona experimente el sentimiento más positivo y después la hago
revivir el trauma. De esta manera, el sentimiento positivo se sobrepone al negativo.
Karl: ¿Cómo se hace eso exactamente?
Bert Hellinger: Muy sencillamente. Le digo: «Simplemente ve subiendo las edades de tu vida, y si hay algo que te
hace parar, quédate allí.» Así, de repente, empieza a respirar profundamente, y a llorar, y le pregunto: «¿Qué edad tienes
ahora? ¿Qué ha pasado?» Dejo que mire la situación mientras lo sujeto o hago que otra persona del grupo lo coja en
brazos, hasta que aquello esté superado. Después, paso a la próxima escena, (sonríe) Así se comprimen 500 horas de
análisis en una sola hora de tratamiento. Esta es la terapia individual en lugar de o en combinación con la sistémica. Es
decir, se trata de dos vertientes diferentes.

C. CONSTELACIONES FAMILIARES

Imágenes interiores que atan e imágenes interiores que liberan (guiones)


Frecuentemente, en terapias nos damos cuenta de que una persona vive de acuerdo con una imagen interior, que
presenta un cierto desarrollo, es decir, una historia. En análisis transcripcional, estas historias se llaman guiones. Tales
imágenes tienen dos orígenes diferentes. Por una parte existen las imágenes interiores en las que un niño reencuentra, en
forma de argumento, una experiencia traumática que hizo, por otra parte se hallan las imágenes interiores que indican im-
plicaciones sistémicas.
Cuando un niño hace una experiencia traumática, frecuentemente la interioriza, organizando, a continuación, toda su
realidad alrededor de ella. Muchos cuentos y mitos describen este tipo de patrones, entre ellos, Hansel y Gretel, La
Caperucita Roja, El dinero llovido del cielo, La Bella Durmiente, etc.
Así, por ejemplo, la Bella Durmiente duerme con la idea de que, al despertarse al cabo de cien años, aún tendrá quince
años. Esto es ilusorio. La solución que ofrece el cuento anima a la niña a seguir durmiendo. Si la Bella Durmiente se da
cuenta de que después ya no será joven, se despierta un poco antes.
En el cuento del Lobo y las Siete Cabritas, la madre dice: «¡Guardaos del papá malvado!».
Los hombres que eligen esta historia, muchas veces provienen de familias en las que la madre despreciaba al padre, y
la abuela paterna al abuelo.
La historia de Juan en la Prosperidad muchas veces significa que un abuelo perdió su fortuna. En un caso así, se le
puede pedir al abuelo: «Bendíceme si yo la conservo.»
La Caperucita Roja representa la seducción por un familiar mayor.
El pequeño Juan es feliz si, al volver a casa, la madre le abre la puerta, ¿pero qué ocurre si es el padre quien abre?
Es curioso que todos los cuentos que conocemos contengan imágenes de un desarrollo que atan, y que las soluciones
que presentan hacia su final sean siempre ilusorias, sirviendo, sobre todo, para mantener el statu quo. Si el cuento o la
historia describe una vivencia que un niño pueda hacer antes de los siete años, frecuentemente indica una experiencia
personal y no un proceso sistémico.
Ahora bien, también existen muchas historias que no tienen nada que ver con experiencias de la infancia. Si, por
ejemplo, la imagen que acompaña a una persona es la de Otelo o de Ulises, se trata de una descripción de una experiencia
que un niño no puede hacer. Existen muchas historias de este tipo, que describen experiencias que sólo un adulto puede
hacer. Quizás, un niño se sienta fascinado por una historia así, sin saber por qué. En un caso así, puede deducirse que esta
historia se refiere a otra persona que antes desempeñaba o tendría que haber desempeñado un cierto papel en un sistema.
Por regla general, se trata de una persona con una suerte trágica, quizás excluida, o que en el sistema hizo sitio para otra
persona.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Así, la historia se convierte en imagen de una vida real que ya antes tuvo importancia en el sistema. Al mismo tiempo,
sirve de guion que permite que algún miembro del sistema represente una vez más a la persona excluida.
Independientemente de si se trata de imágenes basadas en vivencias y sucesos traumáticos, o de imágenes con un
fondo sistémico, es posible buscar tales historias.
Un método para averiguar el guion y la historia sistémica consiste en contar la siguiente historia:

Un hombre piensa que ya ha trabajado bastante y que realmente podría permitirse algo bueno ahora. Así sale
de su casa para viajar a otra parte; allí pasea un tiempo por las calles de aquel lugar, hasta llegar a una casa que
en grandes letras pone: «Teatro del Mundo». El hombre piensa: ¡Este es el lugar adecuado!, y se compra una
entrada. Algo campero eso no me importa ahora, se dice. Después entra, se sienta en la sala, se apoya
cómodamente y espera. Finalmente se apagan las luces y la cortina se levanta — la representación comienza.
Mientras la sigue, se da cuenta: Esta obra la conozco de la literatura, no es nada nuevo. Y, al seguir mirando,
descubre que ésta es la pieza que él mismo representa.

Pregunta: ¿Cómo se llama tu pieza?


Es una pieza que existe en la literatura, o bien en forma de cuento o de película, de novela, de obra de teatro,
quizás también como biografía. Siempre que sale el nombre de la pieza, es una sorpresa y, la mayoría de las veces,
algo embarazoso
.
¿Alguien de vosotros sabe su pieza?
Benno: Para mí es el asesinato de los niños inocentes por Heredes (nota: Benno tenía un hermano minusválido que, en
tiempos del Tercer Reich, fue llevado a una residencia donde más tarde murió).
Bert Hellinger: Pensando en su historia familiar, se ve inmediatamente la relación sistémica. Muchas veces, en las
historias se describe la situación decisiva con absoluta claridad.
Sarah: Para mí es Fausto.
Bert Hellinger: Cuando una mujer tiene Fausto como historia, siempre se trata de la Margarita. La pregunta es, ¿qué
hombre engañó a qué mujer y después la dejó?
Friedemann: Para mí es Ifigenia en Táuride, es decir, la figura del rey.
Bert Hellinger (interrumpiendo): No, no, eso no puede hacerse así. No se puede elegir algo de la historia. De esta
manera, es falso con seguridad. En Ifigenia, como historia, se trata de saber qué hija fue sacrificada.
Vera: A mí se me ocurrió la Flauta Mágica.
Use: Daniel en la cueva de los leones.
Klaus: El cuento de Hermanito y Hermanita.
Eckhard: A mí se me ocurrió Ulises.
Bert Hellinger: ¡Ulises! ¿Sabes dónde acaba al final?
Eckhard: En Itaca.
Bert Hellinger: Sí, ¿y a quién encuentra allí?
Eckhard: A Penélope.
Bert Hellinger: ¿Y sabes quién es Penélope en realidad? - Siempre es la madre.
Eckhard (riendo): Ahora empieza a ser embarazoso, (risas en el grupo)
Bert Hellinger: ¿Quién en tu familia fue Ulises, el hombre que iba errando por los mares?
Eckhard: Hacia fuera, no hubo nadie que iba errando.
Bert Hellinger: ¿Estás seguro? Si una historia así es correcta, siempre hay que tomarla al pie de la letra. Una vez, en un
curso hubo una compañera a la que en broma le decían: «¡Irene, sirena! ¡Irene, sirena!». De repente, otro participante del
curso, cuyo guion era Ulises, se dio cuenta de algo: tenía una amiga cuyo padre le había dejado un barco de vela. Con ese
barco se fue a África, dejando a la amiga en casa. Es decir, había imitado literalmente la historia de Ulises, toda la historia
con Nausicaa. Así supimos que Penélope era la madre. Bien, Eckhard, ¿quién fue Ulises? Cuando una persona dice que
no, no hace falta tomárselo en serio en seguida. Primeramente se espera.
Eckhard: El que más, quizás el segundo marido de mi madre.
Bert Hellinger: Sistémicamente no tiene importancia. De momento, lo dejaré aquí. Quizás, en tu caso la historia no sea
realmente la acertada.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Según mi experiencia, más del cincuenta por ciento de los problemas que aparecen en psicoterapias no son problemas
propios, en el sentido de estar basados en experiencias del cliente mismo, sino repeticiones de suertes ajenas. Es posible
hacer visibles tales imágenes restrictivas, por ejemplo, configurando la constelación de un sistema familiar.

La configuración de un sistema
Con su manera de hacer constelaciones familiares, Bert Hellinger ha desarrollado un método de terapia grupal
altamente eficaz, que, de un modo admirablemente sencillo y comprimido, lleva a la práctica terapéutica sus ideas acerca
de los Órdenes del Amor, así como su pensamiento y su filosofía terapéutica respecto a problemas y soluciones
sistémicos.
Como punto central se halla la representación de dos imágenes concentradas de espacio y tiempo: por una parte, la
imagen que muestra el pasado hasta hoy, es decir, la imagen interior que ata, y por otra parte, una imagen de solución, la
imagen interior que libera. La primera es la puesta en escena de la imagen interiorizada del sistema del que la persona
forma parte, es decir un concentrado metafórico de toda la historia familiar y de todas las historias individuales. En este
contexto se parte de la base de que el lugar sistémico que nosotros ocupamos en esta imagen en relación a los demás
miembros del sistema determina, de manera decisiva, nuestros sentimientos y nuestro actuar. La segunda imagen es una
imagen de solución o de futuro del sistema, que corresponde al orden del amor, confiriendo a cada miembro de la red
familiar el lugar bueno que le corresponde. Siempre que esta imagen es interiorizada, dejando el tiempo y el espacio
suficientes para que pueda actuar, también desarrolla su influencia curativa sobre los sentimientos y el actuar del
individuo, y sobre el sistema entero.

El procedimiento
El principio es simple. Un participante de un grupo, posteriormente denominado protagonista, configura su imagen
interior de su familia actual o de origen, o quizás también el sistema de un cliente, dependiendo de la situación de partida
y de la cuestión que desea aclarar. Entre los demás participantes del grupo elige representantes para los miembros del
sistema que desea configurar; a continuación, guía a estas personas a sus respectivos lugares, de acuerdo con su imagen
interior. También elige un representante para sí mismo. Después, los representantes comunican sus sentimientos que
surgen de los respectivos lugares que ocupan. A continuación, el terapeuta del grupo configura la imagen de solución en
un proceso de interacción con los participantes, es decir, teniendo en cuenta los comentarios y reacciones de los
representantes respecto a los nuevos lugares que ocupan. Frecuentemente, este proceso requiere varios pasos intermedios
(que muchas veces también resultan importantes desde el punto de vista terapéutico) para finalmente llegar a una imagen
de solución en la que todos tienen un lugar bueno, también los antes excluidos.
Quien ha podido ver a Bert Hellinger trabajando de esta manera en un grupo, se queda profundamente impresionado
por la rapidez con la que consigue crear un ambiente de respeto mutuo y de vivo interés, lleno de confianza y de
significado, ligero y alegre a la vez. El grupo entero parece estar en sintonía, y aunque sea la imagen interior de un
miembro del grupo la que se configura, los participantes se sumergen en la dinámica de aquel sistema, creando, junto con
el terapeuta del grupo, una solución única en cada caso. Una imagen de solución de este tipo aún puede actuar durante
años en el interior de la persona afectada.
Antes de configurar un sistema, se pregunta quién forma parte de él y qué personas hicieron sitio o fueron excluidas
(esto último frecuentemente se averigua en el curso de la constelación). También se pregunta por sucesos exteriores
incisivos, por ejemplo, muertes, suicidios, separaciones y divorcios, accidentes, minusvalías. Sin embargo, no son
importantes las descripciones de caracteres o los juicios acerca de determinados comportamientos. Éstos tan sólo desvían
la atención de lo esencial.

Condiciones previas para configurar una constelación


Cuando alguien configura un sistema, sea el suyo propio o el de un cliente, únicamente debe hacerlo con seriedad y si
para él se trata de un asunto serio, es decir, algo que requiere una solución. Si se hiciera por pura curiosidad, no surtiría
ningún efecto.

Algunos puntos a tener en cuenta


Bert Hellinger: Siempre que trabajamos con constelaciones, éstas tocan algo muy profundo. Por eso, en el grupo
necesitamos un ambiente de interés atento. Al configurarse la constelación, no deben hacerse comentarios: la persona que
hace la constelación no dice nada, y las personas elegidas como representantes tampoco dicen nada mientras se esté
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configurando la constelación. Demasiadas informaciones desvían la atención. Procurad estar centrados, escuchando a
vuestro interior, y olvidaos de vuestras propias metas e intenciones. Simplemente registrad los sentimientos que surgen de
vuestra percepción interior, que se dan cuando se os mueve y se os coloca en vuestro lugar, y mirad también cómo estos
sentimientos cambian en cuanto las demás personas son colocadas en sus respectivos lugares.
En todo ello lo importante es que no deduzcáis los sentimientos de indicios exteriores, ni os distraigáis pensando en lo
que, «por buena lógica», habría que sentir o podría sentirse en ese lugar concreto. Abandonaos simplemente y sentid
vuestras reacciones físicas -aunque en ese lugar concreto os sintáis de una manera totalmente diferente de lo que
esperabais— y comunicad sencillamente y sin ningún tipo de crítica cómo os sentís y cómo os encontráis allí. Muchas
veces se perciben sentimientos que dan miedo o que están prohibidos. Así, por ejemplo, uno puede sentirse aliviado si otra
persona se va o se muere, o es posible que se sienta una fuerte atracción hacia una relación prohibida. Si en un casio así no
se comunican estas percepciones, se impide que algo importante salga a la luz. Por tanto, es importante que se exprese
todo, sin censurar ni esconder nada.
(Al participante que configura la constelación): Configura tu constelación siguiendo enteramente a tu intuición, viendo
cómo se relacionan las diferentes personas según tu imagen interior. Toca a los representantes, cógelos del hombro y
dirígelos, hasta que sientas que están en el lugar que les corresponde. La imagen interior se revela mientras se hace la
constelación. Por tanto, olvídate de todo lo que te hayas propuesto anteriormente. Únicamente asignas un lugar, no indicas
gestos, ni frases, ni dónde deben mirar.

Olvidarse de lo personal
Pregunta: Al percibir sentimientos agradables o desagradables en la constelación, ¿no entra en juego también la
persona que ocupa ese lugar concreto?
Bert Hellinger: Ésta es una pregunta fundamental. Si trabajas con esta hipótesis, ya no puedes hacer constelaciones,
todo serían confusiones. Si alguien piensa así, ya se desvía de la percepción que surge de esa posición. Tienes que partir
de la base de que, si te abandonas, realmente sientes lo que pertenece a aquellas personas, y no algo personal. Ya que los
participantes, en la constelación, se abandonan a un destino ajeno y sienten como personas ajenas. Desde luego es posible
que aquello que allí ocurre dé un impulso o suscite recuerdos. Poniéndotelos como algo personal, sin embargo, te vuelves
loco, te enajenas.
Por tanto, por una parte es de suma importancia que la persona se entregue al proceso; por otra parte, sin embargo,
tiene que estar consciente de que se trata de sentimientos ajenos y que no debería referirlos a sí mismo. Una vez acabada
la constelación, tiene que salir otra vez y volver a su propio papel.
Es parecido a la experiencia de un actor que tiene un papel intenso: los sentimientos de Otelo, por ejemplo, pueden
tocar los sentimientos personales del actor, pero éste se volvería loco si intentara enfrentarse a sus asuntos personales
mientras estuviera identificado con aquel personaje.
Los sentimientos que tengo en mi familia están determinados sistémicamente. Los sentimientos que tengo como
representante en una constelación familiar están sistémicamente condicionados por aquel sistema. En ambos casos, el
sentimiento depende del sistema en el que me encuentro, es decir, los sentimientos son diferentes porque se trata de
sistemas diferentes. Sin embargo, siempre es mejor quedarse con su propio sistema.
Participando como representante en diferentes constelaciones se ve cómo los sentimientos varían constantemente. Sin
embargo, dan alguna idea de si la persona se encuentra en el lugar correcto, o no.
Si el terapeuta no está seguro de si realmente se comunican los sentimientos que corresponden a un lugar determinado,
puede hacer que otro miembro del grupo ocupe ese lugar para preguntarle lo que allí siente. En la gran mayoría de los
casos se confirma el sentimiento del primer representante y, con ello, la premisa de que el lugar sistémi-co determina los
sentimientos. Observando el proceso desde fuera, muchas veces no es posible predecir cuáles serán las reacciones de los
diferentes participantes. Pequeñas variaciones de posición a veces provocan un cambio asombroso de sentimientos.

Pregunta: A veces sí que tuve la impresión de que la elección fue la idónea, y que también había correspondencias.
Bert Hellinger: Los que eligen no desconectan su inconsciente; por tanto, sí que existe un cierta relación. Pero
cualquier persona puede representar a cualquier otra, siempre que esté dispuesta y se abra. Por tanto, no hay que
sobrevalorarlo. Sin embargo, se dan casos de personas que una y otra vez son elegidas para un mismo papel, por ejemplo
de alguien que se suicidó. Este hecho es un indicio para el terapeuta de que en el sistema de esa persona existe algo que la
pone en peligro. En un caso así, el terapeuta no debe permitir que alguien sea elegido con demasiada frecuencia para el
mismo papel abrumador.
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Pregunta: Durante la constelación, mis manos se volvieron terriblemente frías, y me pregunté si eso tenía algo que ver
con mis nervios o si era debido al lugar que ocupaba.
Bert Hellinger: No, eso hubiera sido una información importante. Tienes que tener en cuenta que en ese momento estás
enajenado de tu sistema y que sientes como otra persona. Por tanto, no debes referir a ti lo que sientes en esa situación.
Tampoco debes decir: «¡Aja!, esto me indica que a mí me pasa algo así.» Hay que hacerlo con mucha disciplina.

Albert (refiriéndose a otra constelación): Si los veo así enfrentados, padres e hijos...
Bert Hellinger (interrumpe): Esta es una interpretación. Deduces de la constelación que hay un enfrentamiento, sólo
porque los ves unos enfrente de otros. Eso no es lícito. Albert: Pero así lo sentía.
Bert Hellinger: No, no lo sentías así, lo interpretaste así. Para sentirlo, tendrías que haber estado en ese lugar. Los que
realmente estaban allá no lo vivieron así, ninguno de ellos expresó nada parecido. Este es uno de los principios más
importantes para el trabajo con constelaciones: hay que resistir a la tentación de deducir de la constelación aquello que los
demás, o uno mismo, deberían sentir.
Lars: ¿Quiere decir que tendría que ponerme en el lugar del cliente para comprenderlo?
Bert Hellinger: No, no quiere decir eso. También puedes ponerte en su lugar interiormente. Lo importante es sentir con
la atención libre, sumergirse y volver a salir. Si uno se embarca de esta manera en un proceso, de repente siente lo que
ocurre; sobre todo, intuye la solución. A través de la empatía encuentro la solución. Es otro tipo de atención que si
pregunto: «Qué es lo que no va con él?»; pensando así, ya no es posible la empatía.

Trabajar con un mínimo de recursos


Frecuentemente, la persona que configura la constelación intenta dar más informaciones de las necesarias. Actuando
así, interfiere en la percepción inmediata de los demás, llevándolos por caminos laterales. Lo importante ya lo dicen los
representantes, y sus palabras tienen otra fuerza y otro impacto si hubo pocas informaciones previas.
Basta con que haya una persona demás en una constelación para reducirla fuerza de la imagen. Por tanto, el terapeuta,
de manera activa, debe procurar que únicamente se introduzcan las personas necesarias para la solución.
Algunas personas ponen un cebo, diciendo: «Mi abuela vivía cerca de nosotros», o: «Mi madrina fue muy importante
para mí, también quiero ponerla». El hecho de vivir en la familia, sin embargo, no tiene nada que ver con el sistema; no
quiere decir que esa persona pertenezca al sistema o que tenga alguna importancia para la constelación. Yo trabajo con los
requisitos mínimos — no más de lo estrictamente necesario. Siempre puede ampliarse el marco. Si se ponen demasiadas
personas, sin embargo, hay que reducir otra vez. Es decir, si veo que un representante no tiene ningún efecto sobre los
demás, vuelvo a sacarlo de la constelación. Al incluir demasiadas personas, se crea una imagen confusa.

La constelación estándar según el orden de origen


Al configurar una imagen de solución, existe una jerarquía a respetar. Un sistema encuentra el orden si la jerarquía es
la correcta. Siempre pueden darse divergencias; por regla general, sin embargo, éste es el principio de orden interno:

1. El que estuvo primero, ocupa el primer lugar.


2. Las personas se colocan en el sentido de las agujas del reloj, según el orden de prioridad (es decir, primero los
padres, después los hijos, etc.).
3. Respecto a la relación de pareja, a través de la cual el hombre y la mujer entran en un sistema al mismo tiempo,
normalmente es el hombre quien viene primero, y después, a su derecha, la mujer.
4. En la constelación de solución, normalmente siguen los hijos, por orden de edades y también en el sentido de las
agujas del reloj. Muchas veces, sin embargo, la constelación resulta más relajada si los hijos se encuentran enfrente de los
padres en vez de formar un semicírculo con ellos. (Algunas familias incluso me confirmaron que a la hora de comer había
paz en la mesa si todos se sentaban según este orden.)
5. El lugar de los hijos nacidos muertos se encuentra en la fila de los hermanos, de acuerdo con el orden de nacimiento.
Los hijos abortados -siempre que parezca propicio trabajar con ellos- se colocan delante de los padres, sentados y
apoyados en ellos. Los hijos abortados no se cuentan con los demás hijos; es decir, afectan a los padres, pero no a sus
hermanos.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Pregunta: Dijiste que el orden natural de la familia se mueve en el sentido de las agujas del reloj; ¿qué ocurre si hay
más de un matrimonio?
Bert Hellinger: También en este caso, el orden es en el sentido de las agujas del reloj: la primera familia, después, la
segunda, y después, la tercera. Pongamos por ejemplo el caso de un hombre casado por tercera vez: la constelación final
de su sistema comenzaría con su primera mujer; a su izquierda, los hijos que juntos tuvieron; después, la segunda mujer,
también con sus hijos a su izquierda; después, él y, finalmente, la tercera mujer con los hijos que con ella tuvo, a su iz-
quierda. Pero no pienses que siempre tiene que ser así. A veces, el orden difiere, pero la constelación final muchas veces
será una variante de esta forma básica.
Pregunta: Aun no entiendo cuándo el hombre ocupa el primer lugar y cuándo es la mujer.
Bert Hellinger: Por regla general, primero viene el hombre y después la mujer, lo cual no pone en cuestión su igualdad
de derechos. Esta posición únicamente se refiere a la diferencia de funciones: normalmente, la persona responsable de la
seguridad de una familia, es decir, de crear y de mantener el espacio en el que la familia pueda desarrollarse, ocupa el
primer lugar. Por otra parte, también es esa persona la primera en dar la cara por los demás.
Ahora bien, si un hombre tiene una minusvalía o una enfermedad grave, siendo la mujer la responsable de garantizar la
seguridad de la familia, ella normalmente ocupa el primer lugar. Fuera de estos casos, la mujer muchas veces se siente
abandonada o no apoyada si se encuentra en el primer lugar, a la derecha del hombre.
También existen otras constelaciones en las que la mujer pasa a un primer lugar; por ejemplo, si en su familia de origen
hubo sucesos importantes. Tal suerte le da más importancia. Hay que probar y deducirlo de la constelación, ya que es
imposible decidir el orden adecuado de antemano.
Si el hombre se encuentra a la izquierda de la mujer sin que haya ocurrido nada grave en su familia de origen, esa
posición significa que se evade de la familia, que asume poca responsabilidad, o que no se le toma en serio y se le permite
hacer lo que le da la gana. En cuanto se encuentra a la derecha, se siente responsable de la familia. Éste es el efecto de las
posiciones.

La imagen liberadora resulta de la interacción


Una vez configurada la constelación inicial, el trabajo sigue con varios pasos intermedios, probando y cambiando
posiciones, en un proceso de interacción entre los participantes y bajo la dirección del terapeuta del grupo. De esta manera
se desarrolla la constelación final, la imagen curativa. Así, por ejemplo, una hija, antes de llegar a su lugar definitivo en la
fila de hermanos, primero puede ser llevada al lado de su madre que hasta ese momento rechazaba. O quizás su
representante en la constelación tenga que tomar a la madre, inclinándose con reverencia ante ella, en representación de la
hija. Se integran tanto los excluidos, como otras personas con una suerte especial (por ejemplo, los padres de los padres,
que murieron pronto). El coordinador del grupo interiormente siempre se alia con los excluidos. A veces, sin embargo,
faltan informaciones importantes, por lo que el proceso se hace difícil o incluso imposible.
Lo más importante y decisivo es percibir con suma atención los comentarios de los representantes y dejarse guiar por
ellos. En caso de duda, el terapeuta se fía más de su propia percepción, sobre todo si el comportamiento no-verbal de los
representantes contradice de sus comentarios. Durante toda esta fase, la persona que configuró el sistema tan sólo observa,
dando informaciones adicionales si se le piden. Una vez encontrada la imagen de solución, se le pide que ocupe su lugar
en la constelación.
El terapeuta busca la solución sobre todo para la persona que hace la constelación. No obstante, intuyo con bastante
seguridad que tanto la constelación inicial como la constelación final son idénticas para todos los miembros de una
familia. Quizás, en el transcurso de una constelación se daría otro paso intermedio para un chico que para una chica, por
ejemplo, integrando a personas diferentes, pero el resultado final sería el mismo.

El efecto de la imagen de solución


En cuanto la persona ha visto su solución, no tiene que hacer más que interiorizarla y simplemente seguir viviendo.
Tiene que dejar que el tiempo pase. Es como un proceso de curación que se desarrolla lentamente y, en un momento dado,
llega a su fin.

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Nadie más en su sistema tiene que cambiar. Tampoco tiene que decirle a nadie que debería ocupar otro lugar. Todo el
cambio se da tan sólo por la imagen interiorizada. En algunas ocasiones puede resultar conveniente contarles el desarrollo
de la constelación a los demás miembros de la familia, pero sin ningún comentario: así fue y éste fue el efecto.
Si los padres ponen en orden su sistema interior, este hecho repercute inmediatamente en los hijos, aunque no les digan
nada. Lo que actúa es el orden y la valoración en el alma. Una característica de una buena solución es que cada miembro
de un sistema tenga su lugar bueno. Si aún se le debe algo a una persona, naturalmente hay que arreglarlo.
Para algunos es conveniente hacer un dibujo de la imagen de solución, dado que los detalles muchas veces se olvidan.
Aún contaré un ejemplo del efecto de las imágenes: Una día estuve invitado a comer en casa de una terapeuta. Con ella
vivía una sobrina, de unos veinte años, que había sido echada de casa. Había cometido muchos intentos de suicidio,
cayendo incluso en la drogadicción antes de recuperarse con su tía. Finalmente había aprendido una profesión,
convirtiéndose en una chica aceptable. Mientras estábamos comiendo, la terapeuta me contó que, unos meses antes, la
sobrina había hecho un viaje a Guatemala. Allí le prestaron una moto y la destrozó; después, simplemente la dejó tirada en
alguna parte y volvió a casa.
Me quedé pensando y finalmente le dije: -Tiene que pagar la moto; si no, su cambio peligra. Después de comer, la
terapeuta tuvo que marchar a Stuttgart, sin antes ver a su sobrina. Esa misma noche, la sobrina la llamó por teléfono,
diciendo:
-Pagaré la moto.
Éste es el efecto de las imágenes interiores, y el efecto del no-actuar: lo bueno en la imagen actúa. Una vez llegado a la
comprensión, aún tengo que reunir nuevas fuerzas para la realización, y nuevamente tiene que darse el momento idóneo -
después, todo es fácil.

Cuando la imagen es acertada


Hace pocos meses, vino una pareja joven y dinámica, de unos treinta años, que ya tenían tres hijos y el cuarto estaba en
camino. Su hija de tres años tenía diabetes. Configuramos su sistema, y en la constelación, la hija pequeña se mostraba
muy intranquila, sin poder encontrar ningún lugar.
A continuación, introdujimos tanto a la madre como a la abuela de la madre, ambas de mala reputación y rechazadas
por la mujer. En cuanto apareció la abuela, la niña se calmó por completo, y cuando la pusimos detrás de la niña, ésta
quedó feliz. Esa misma noche, poco después de hacer la constelación, los padres llamaron a casa y la niña habló con ellos
como nunca lo había hecho. La pareja quedó pasmada.
El mes pasado vino un hermano del marido y le pregunté qué había sido de la diabetes cuando los padres volvieron a
casa. Me contó que durante tres días no tuvieron que poner ninguna inyección, después volvió. Es decir, la solución no se
realizó del todo, pero de todos modos, el efecto se produjo únicamente a través del orden de las imágenes interiores, los
padres no dijeron nada.

Acabar a tiempo
Si al cabo de un cierto tiempo -normalmente se nota en la inquietud o la falta de atención en el grupo de observadores-
no se ha encontrado ninguna solución definitiva, lo mejor es acabar la constelación. En un caso así, frecuentemente faltan
informaciones importantes, pero de todos modos, la constelación ya habrá dado bastantes indicios. Mi principio es: más
vale acabar un poco antes.

La interrupción como intervención difícil y eficaz


Adrián, un participante de un seminario, que confrontaba el hecho de que su mujer quería abortar, configuró la
constelación de su familia. Al hacerlo, parecía interiormente distante, colocando a los representantes uno al lado del otro,
sin cuidado. Al ver que su comportamiento no cambiaba incluso tras intentar ayudarle, Bert Hellinger dice: No lo encaras.
(Y tras haberse sentado los participantes.) A una constelación familiar de esta índole únicamente puedes acercarte con
temor y temblando, y con respeto. En un caso así, no se puede hacer ver que no pasa nada, ni puedes ir probando.
Para explicarlo, contaré una pequeña historia: Hace dos años, nos visitó un amigo y nos contó que su hijo mayor, que
trabajaba de aprendiz en una carpintería, había sufrido una herida grave en una pierna. Estaba en el hospital, pero no le
quedarían secuelas duraderas. Al visitarlo su padre, el hijo lo miró, diciendo: —Ya no sentía respeto ante la máquina.
(A Adrián) Lo que dije lo percibí. No quiero insinuar nada. Lo que hacía falta aún no estaba, y no puedes forzarlo. Eso
no depende de la buena voluntad. ¿Podemos dejarlo ahí de momento?

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Siempre depende de cómo una persona configure su constelación y cómo comience, si es confuso o si es claro. Se ve
hasta qué punto la persona se compromete y está centrada. El que lo hace centrado, lo hace lentamente; continuamente va
sopesando: ¿es así o no es así? Cuando una persona quiere comprobar si la constelación realmente corresponde a su
imagen interior, frecuentemente le ayuda dar una vuelta alrededor del sistema configurado.
Aún existe otro criterio simple para saber si una persona hace la constelación con seriedad o no. El que trabaja con
seriedad, coge a los representantes de la mano, o los toca, moviéndolos y acompañándolos hasta que hayan llegado a su
lugar. Si no lo hace correctamente, se convierte en la prueba más dura para el terapeuta. Ante los ojos de todo el mundo se
le examina de la manera más sutil para ver si domina la situación o no. Si no se da cuenta, ya puede dimitir. Cuando una
persona configura una constelación y yo me doy cuenta de que lo hace siguiendo a una idea preconcebida, o de que hay
algo que no va, y, en consecuencia, le digo que no quiero seguir, esta intervención es la más difícil y una de las más
eficaces en psicoterapia sistémica.
Lo mismo ocurre si le pido a alguien que configure su sistema y éste me pregunta: «¿Tal como era antes, o como es
ahora?» — ya no puede hacer la constelación. Cuando una persona configura su sistema, deja plasmada su imagen
interiorizada de su sistema. En cuanto pregunta: «¿Tal como es ahora?», ya no está centrado en su imagen interior, la
constelación sale de la cabeza y ya no sirve de nada. Tampoco es bueno imaginarse la constelación antes de configurarla.

Terapia familiar, escultura familiar, constelación familiar


Pregunta: Tales constelaciones, ¿también pueden hacerse con las familias mismas?
Bert Hellinger: No tengo ninguna experiencia al respecto, pero instintivamente estoy en contra. Para mí, la cuestión es
si realmente se debe hacer terapia con toda la familia. También en este caso estoy en contra. Si toda la familia aparece ante
el terapeuta, los hijos pierden el respeto ante los padres, lo cual es un precio muy alto. Terapia familiar se hace con los
padres. Los terapeutas trabajan con los padres, y los padres trabajan con los hijos. De las conversaciones, los hijos no
tienen por qué saber nada.
Para hacer visible una constelación no se necesita toda una familia. Según mi experiencia, el impacto es mayor si la
familia es representada por otros miembros del grupo. Si los miembros de una familia hacen la constelación con sus
propios familiares, se corre el peligro de que las relaciones actuales más bien interfieran, de manera que la persona no
puede partir de sus imágenes interiores. No lo he hecho nunca con una familia, ni tampoco lo haría. Si acaso, podrían estar
presentes, observando como otros lo hacen. Pero eso tampoco lo he hecho todavía.
Aquéllos que configuran la constelación de su sistema en un grupo, a continuación llevan las imágenes a su familia.
Estas imágenes actúan y, de repente, se da una solución. Esta es una solución elegante en la que nadie se da cuenta de que
hubo un terapeuta en medio. Toda la dignidad y la responsabilidad permanece en la familia.
Aún quisiera introducir otra distinción más. Lo que aquí hacemos no son esculturas familiares, sino constelaciones.
(En este contexto, Bert Hellinger entiende bajo «esculturas familiares» aquellas constelaciones en las que a los
representantes se les indican la dirección en que mirar, así como determinadas posturas y gestos.) A través de la escultura,
desde fuera limito a las personas que elijo para la constelación, sin dejar lugar para la sensibilidad de cada uno. En
cambio, únicamente colocando al representante en su lugar, él mismo, por un impulso interior, gira la cabeza hacia donde
él quiere. Si yo le giro la cabeza o le digo a quién debe mirar, ya no puede hacerlo partiendo de su propio sentimiento que
le nace en ese lugar. Por tanto, determino al representante en sus sentimientos; también los gestos y poses impuestos tan
sólo desvían la atención. Cuando la persona se encuentra en su lugar sin recibir más instrucciones, también pueden
desarrollarse sus síntomas, por ejemplo, que empiecen a flaquearle las piernas.

Constelaciones de otros sistemas relaciónales


A veces también se incluyen en las constelaciones instituciones, la empresa, la profesión u otros ámbitos de gran peso.
En un seminario, Bert Hellinger le pide a un participante que una y otra vez tiene la sensación de llevar un peso, que
haga la constelación con él mismo, el psicoanálisis, lo ligero, lo médico y lo espiritual. A continuación, sitúa a los cinco de
manera que todos tengan un buen lugar.
En el caso de una persona con dos patrias, proviniendo sus padres de diferentes países, o un cliente con dos
profesiones, Bert Hellinger le pide que incluya a ambas en la constelación para que ambas sean reconocidas y lleguen a un
buen equilibrio.

Cursos con parejas

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Siempre que trabajo con parejas, primeramente dejo que uno de ellos configure la constelación de su sistema actual, e
inmediatamente después el otro, con las mismas personas. Es decir, los representantes permanecen de pie y únicamente se
les cambia de posición. Si en un caso así se nota que uno de los cónyuges se resiste a configurar realmente la constelación,
les pregunto a los representantes qué sentían en una posición y en la otra.
Desde el punto de vista sistémico, la situación es la siguiente: Cuando una mujer se casa con un hombre, éste la
percibe con su sistema, es decir, según la imagen interior que la mujer tiene de su sistema. Lo mismo ocurre a la inversa.
Ahora bien, si ambos cónyuges configuran sus constelaciones, ambos tienen también la posibilidad de ver en qué puntos
percibían de manera diferente al otro. Por tanto, si esta imagen se corrige, la percepción del cónyuge se vuelve más real.
Todo esto repercute de manera muy positiva y liberadora sobre la relación.

Patrones repetitivos en constelaciones


Aquellos lectores que personalmente ya trabajan con constelaciones, o tienen la intención de hacerlo, seguramente
estarán interesados en saber si determinadas constelaciones sistémicas que aparecen repetidas veces podrían servir de
indicios para determinadas dinámicas, y si para determinados problemas existen determinadas imágenes probadas de
solución. Según mis observaciones (del editor), éste parece ser el caso. Sin embargo, dado el actual estado de las
experiencias en el trabajo con constelaciones, más bien se trata de suposiciones e hipótesis que, si se comunicaran,
fácilmente se convertirían en conclusiones definitivas, impidiendo una mirada inmediata. Se recomienda partir de la idea
de que cada constelación es única e inconfundible, y que también la imagen de solución en cada caso debe encontrarse a
través de un proceso de interacción delicadamente adaptado a la situación concreta.
Por este motivo, tan sólo citaremos unos cuantos ejemplos no clasificados; y también los «puntos a tener en cuenta en
constelaciones», presentados en el capítulo siguiente, deben interpretarse más bien como posibles informaciones
adicionales.
Cuando un hijo está parentificado, es decir, en la familia cumple funciones paternales para los padres, o se encuentra
en un papel de padre para los padres, frecuentemente se siente intranquilo en la constelación y sin poder encontrar su
lugar.
Bert Hellinger: En un caso así, busco a uno de los padres de los padres, a alguien que fue excluido o que murió
tempranamente, para introducirlo en el sistema. En cuanto esta persona está presente, el hijo se calma.
Pregunta: En una constelación, ¿es importante que una persona sea del mismo sexo que la persona que representa?
Bert Hellinger: Por regla general, sí. Tan sólo en un caso extremo se cogerá a alguien del otro sexo. Algunas veces,
cuando faltan representantes, me pongo yo mismo en la constelación. Es decir, se hace lo mejor de las circunstancias
dadas.
Para terminar, aún quisiera decir algo respecto a las constelaciones, para que no haya confusiones. Estas constelaciones
son imágenes, estaciones en un camino. Hay que tomarlas como una semilla que después sigue desarrollándose. El sacar
conclusiones demasiado concretas de una constelación puede inducir a errores.

Un ejemplo:
Una vez trabajé la constelación de un cliente. El hombre ya no se entendía con su mujer. En ese caso, la imagen era
que se separaban y que los hijos se quedaban con él. Al volver a casa, le dijo a su mujer: -Bert me dijo que teníamos que
separarnos y que los niños tenían que ir conmigo.
Eso es un abuso, un grave abuso de un ejercicio. Fue injusto frente a la mujer, e injusto con el ejercicio. Es como si, al
salir el sol, me dijera: «Ahora haré algo con la luz.»
Se deja que la luz actúe en el interior de uno mismo; ella sigue actuando y, de repente, algo cambia. Así, quizás, se
vislumbra una nueva posibilidad.

LA HISTORIA DE UNO QUE QUERÍA SABERLO TODO


A un hombre se le había muerto la mujer, dejándolo solo con muchos hijos y sin saber cómo salir adelante. No tenía
trabajo, ni podía darles de comer.
Así, pues, un amigo le contó que en las montañas vivía un ermitaño que conocía el secreto de cómo convertir las
piedras en oro. Quizás, éste podía ayudarle.
Al oírlo, el hombre dijo:
-Sí, iré a verlo.
Así, se puso en camino, lo encontró y le preguntó:
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Bert Hellinger – Felicidad dual

-¿Es cierto que sabes cómo convertir las piedras en oro?


El otro contestó:
-Sí, lo sé.
-¿Y me dirías el secreto?
-Sí que te lo diré. No tienes que hacer más que, con la próxima luna llena, irte al segundo valle de aquí. Una hora
antes de medianoche buscarás cinco piedras grandes y las pondrás sobre unas ramas de abeto. Después, cogerás estas
cinco hierbas -desgraciadamente ya no recuerdo sus nombres-, las esparcirás encima de ellas y encenderás el fuego: a
medianoche, las piedras se habrán convertido en oro.
El hombre se alegró y se puso en camino. Pero tras haber caminado un rato, pensó: Eso no puede ser todo.
Seguramente se habrá guardado algo importante'.
Así, pues, volvió y dijo:
-Estuve pensando en lo que me dijiste; pero no puede ser todo. Seguro que te guardas algo.
-Sí -dijo el otro-, es cierto; durante la hora que el fuego arda, de ninguna manera debes pensar en un oso blanco.

D. RESUMEN: PUNTOS A TENER EN CUENTA EN CONSTELACIONES FAMILIARES

¿En qué centra su atención el protagonista?


- únicamente configurar la constelación si se trata de una cuestión seria y él mismo se lo toma en serio (¡la curiosidad
no es suficiente!);
- tras haber elegido los participantes, volver a decir quién representa a quién;
- prescindir de referir características de las personas; únicamente dar las informaciones estrictamente necesarias;
- centrarse en la imagen interiorizada del sistema (ésta se revela durante el proceso de la configuración; preguntas
como: «¿Qué época debería representar la imagen?», perturban la imagen interior);
- tocar a cada representante y llevarlo a su lugar;
- tan sólo llevar a los representantes a sus respectivos lugares, pero no crear ninguna escultura;
- una vez configurada la constelación, repetir quién de los participantes representa a quién.
¿En qué centran su atención los participantes?
- centrarse en el sentimiento interior inmediato, expresarlo y decirlo;
- librarse de cualquier censura de los sentimientos si éstos no concuerdan con la propia escala de valores;
- no tener ninguna intención más que percibir el proceso interior y comunicarlo.
¿En qué centra su atención el coordinador del grupo?
- busca la solución;
- se fija en si algún miembro del sistema está excluido, poniéndolo en juego si así fuera;
- toma partido por los excluidos;
- evita la solución apresurada;
- se fía más de su propia percepción que de los comentarios de los participantes;
- interrumpe en cuanto se ve que la intención del protagonista no es seria; si el protagonista no toca a cada
representante y lo lleva a su lugar; si faltan informaciones importantes; si no ve ninguna solución;
- no permite que se introduzcan en la constelación más personas de las estrictamente necesarias (es preferible añadir
posteriormente las personas que falten que comenzar con representantes superfluos para la solución);
- procura que el grupo permanezca serio y centrado.

Advertencias para la configuración de constelaciones


- El que estuvo primero tiene prioridad ante el que llega después. En una constelación hay que tener en cuenta la
jerarquía: ésta sigue al sentido de las agujas del reloj; es decir, el segundo se encuentra a la izquierda el primero, etc.
Ambos padres tienen el mismo rango. Por tanto, hay que probar para saber quién ocupa realmente el primer lugar. Por
regla general, éste es el marido.
- Tratándose de sistemas, el sistema posterior tiene prioridad respecto al anterior. Por tanto, la familia actual tiene
prioridad respecto a la de origen; y el segundo matrimonio, respecto al primero. Si uno de los padres, durante su
matrimonio, tiene un hijo con otra persona, la relación con esta persona tiene prioridad respecto a la anterior.
- Si una mujer elige a una mujer para representar a su hijo, significa que éste es homosexual o está en peligro de
convertirse en homosexual.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

- Si uno de los representantes quiere salir de la puerta o sale de la puerta, significa que la persona representada está en
peligro de suicidio.
- Si los hijos se encuentran entre los padres, significa que el matrimonio está divorciado (frecuentemente se trata de
una constelación de solución).
- Si hubo un amante anterior, en la constelación final el marido debe encontrarse entre aquél y la mujer.
(Análogamente se procede en el caso de la mujer y una amante anterior del marido.)
- Si en una constelación todos los participantes miran en una misma dirección, significa que delante de ellos se
encuentra una persona olvidada o excluida.

4. ÁMBITOS ESPECIALES DE LA TERAPIA

A. DIFERENCIAR LOS SENTIMIENTOS

Quisiera decir algo acerca de cómo discernir los diferentes sentimientos. Principalmente se distingue: ¿Se trata de
sentimientos que llevan a la acción o se trata de sentimientos que absorben la energía para la acción y, en consecuencia, la
desvían? Los sentimientos que llevan a la acción son aquéllos que dan fuerza, los sentimientos que debilitan son aquéllos
que impiden la acción, justifican la inactividad o sustituyen el actuar. Los sentimientos que llevan a la acción son senti-
mientos primarios; los sentimientos que llevan a la duda, convirtiéndose en un estorbo para la acción, son sentimientos
secundarios. La misma distinción también puede tomarse respecto al saber o respecto a una información: esta
información, ¿lleva a la solución o impide la solución? Y el saber, ¿sustituye la acción?
Los terapeutas tienen que ver si un sentimiento lleva hacia una solución o si sirve de excusa para no actuar.

Los sentimientos que llevan a la acción son sentimientos primarios y, por tanto, muy simples. No requieren
explicaciones largas, son sentimientos sin dramas. Por esta razón, también se caracterizan por una cierta tranquilidad, a no
ser que se trate de algo realmente dramático; en un caso así, también los sentimientos son dramáticos, correspondiendo a
la situación, por ejemplo, en caso de un ataque de asfixia.

En la mayoría de los sentimientos exteriorizados se trata de sentimientos secundarios que sustituyen la acción. Dado
que pretenden convencer al otro de que uno mismo no puede actuar, tienen que ser exagerados y dramatizados. La persona
que tiene estos sentimientos se siente débil, y también las demás personas presentes se sienten débiles y llamadas a hacer
algo. Al mismo tiempo, sin embargo, se dan cuenta de que no hay nada que pueda ayudar realmente.
En los sentimientos primarios, los demás presentes sienten empatia, notándose libres al mismo tiempo, dado que la
persona que muestra tales sentimientos es fuerte. Es una diferenciación muy fácil. Aquél que tiene sentimientos
secundarios tiene que apartar la realidad, porque únicamente puede mantener el sentimiento mediante imágenes interiores.
Una persona así, por regla general, cierra los ojos y se retira. En un caso así, como terapeuta le digo: «¡Abre los ojos,
mírame a mí!» Si aquella persona, al mirarme y tener los ojos abiertos, puede permanecer en ese sentimiento, se trata de
un sentimiento primario. Si, en cambio, la persona sale de ese sentimiento, se trataba de un sentimiento secundario. Dado
que los sentimientos primarios persiguen un objetivo claro, son de poca duración y alcanzan su meta en seguida, sin
rodeos. Los sentimientos secundarios, en cambio, duran mucho tiempo, dado que pretenden mantener la situación del no-
actuar. Asimismo, este tipo de sentimientos empeora al ser expresados. Por esta razón, las terapias en las que tales
sentimientos se «cuidan» duran tanto. Estos sentimientos secundarios también tienen la calidad de «bonito»; son
dramáticos y emocionantes, pero al mismo tiempo debilitan y son falsos. Lo indicado para el terapeuta es no hacer nada e
intercalar algo, por ejemplo, haciendo una broma. Las explicaciones frecuentemente persiguen un objetivo similar: sirven
para desviar la atención, intentando disuadir a otros de su percepción.

Quisiera aportar un ejemplo, en este caso, refiriéndose a la aflicción primaria y a la secundaria. Una aflicción primaria
puede ser, por ejemplo, un dolor muy intenso por una separación. Si la persona se abandona a este dolor, la aflicción pasa
rápido, dejando a la persona liberada y con la posibilidad de comenzar de nuevo. La aflicción secundaria se muestra, por
ejemplo, como autocompasión. Este sentimiento incluso puede durar toda una vida. Este tipo de dolor no crea ninguna
separación, únicamente sustituye la aflicción primaria.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

También la venganza es un sentimiento secundario. Muchas veces se trata de la reacción a un movimiento


interrumpido hacia uno de los padres. (Los reproches siempre sustituyen el tomar.) Sin embargo, también existe la
posibilidad de que este sentimiento sea adoptado de un sistema anterior.
También la cólera muchas veces sustituye otro acto en una relación: el pedir. «Tendrías que haber visto que yo ...» -
Tan sólo hubiera tenido que pedirlo. Así, por ejemplo, un hombre piensa que se merecería un aumento de su sueldo; se
sienta en su despacho, refunfuñando contra su jefe, en vez de ir a él y pedirle una subida de su sueldo. Así se sustituye la
acción. Muchas veces, también el sufrimiento es un sentimiento secundario, destinado a sustituir la acción.

La tercera categoría son los sentimientos sistémicamente adoptados. Bajo la influencia de tales sentimientos, una
persona está fuera de sí, enajenada, sin que otros puedan hacer nada: está en un sentimiento ajeno. Se percibe en seguida
que la persona se encuentra en otra situación totalmente distinta. La dinámica que aquí desempeña un papel importante es
la doble transferencia.

Aún existe una cuarta categoría de sentimientos que yo llamo los meta-sentimientos. Estos sentimientos tienen otra
cualidad totalmente distinta: son sentimientos sin emoción. Son pura fuerza concentrada. Entre estos sentimientos
cuentan, por ejemplo, el valor, la humildad (como asentimiento al mundo tal como es), la serenidad. También existe un
meta-amor, un amor superior. La meta-agresión para mí es el sentimiento de alguien que hace daño a otro sin querer
hacerle ningún mal, por ejemplo un cirujano, o también un psicoterapeuta. La disciplina necesaria para la acción
estratégica es una meta-agresión. Sólo es posible actuar estratégicamente teniendo una extrema disciplina interior, lo cual
pide mucha fuerza. También el arrepentimiento es un meta-sentimiento. Con él, la persona está centrada y sabe lo que
corresponde; lo siente y sigue a lo que ve. Si alguien se desvía de lo que para él corresponde, percibe algo que podría
definirse como otro tipo de conciencia, una meta-conciencia, o conciencia espiritual, a diferencia de la conciencia
orientada a la acción. Así, si alguien es infiel a sí mismo, también tiene que ver con los meta-sentimientos.
Además, existe la diferencia entre un guion al que alguien sigue, y que expresa desde la dinámica concentrada de su
sistema, que actúa sobre él y en el que cumple ciertas tareas, y, por otra parte, el cumplimiento del papel que a él mismo le
corresponde en la vida. Al llegar a ese punto, la persona va más allá del guión, dejándolo atrás paulatinamente.
La coronación de todos los meta-sentimientos es la sabiduría. Ella va unida al valor, a la humildad y a la fuerza. La
sabiduría es un sentimiento que permite distinguir lo que cuenta de lo que no cuenta. Sabiduría no quiere decir que yo
sepa algo, significa que en una situación determinada veo lo que es posible y lo que no lo es, y lo que tengo que hacer. La
sabiduría siempre se refiere a la acción. El actuar del sabio no es deducido, el sabio percibe inmediatamente lo que
corresponde. Por tanto, los sabios siempre actúan de una manera distinta a lo que se esperaría.
Al surgir meta-sentimientos, éstos se viven como obsequios. No es posible alcanzarlos luchando, tienen la cualidad de
una gracia. Son el premio de la experiencia y del esfuerzo, como un fruto maduro.
La plenitud de la vida implica sentir en todos los ámbitos, sobre todo en nuestras relaciones. El meta-amor confiere
fuerza y seguridad a una relación; de él nacen la responsabilidad, la habilidad y la fidelidad.

Distinguir entre la fuerza y la debilidad


Al observar el trabajo de Bert Hellinger, llama la atención que principalmente parece centrarse en la siguiente
pregunta: Lo que dice y siente una persona, cómo se comporta, ¿la fortalece a ella y a otros, o los debilita? Si llega a la
conclusión de que se trata de patrones que debilitan, los interrumpe, unas veces bromeando, otras, con alguna explicación
o enfrentando a la persona, quizás también contando una pequeña historia, pero siempre reaccionando muy pronto.

Un ejemplo:
Hannelore (con voz llorosa): Tengo un nudo en la garganta y me sale un montón de cosas.
Bert Hellinger: ¡Resiste a la debilidad! ¡Mira de frente! - ¿Ves mis ojos?
Hannelore: Sí.
Bert Hellinger: ¿De qué color son?
Hannelore: Oscuros.
Bert Hellinger (asombrado): ¿Oscuros? - (al grupo) ¿Visteis el cambio? Ahora hay otra vez más fuerza. Siempre que
una persona se entrega a sentimientos débiles, aparta una parte de la realidad, de manera que no pueda ver ni oír bien.
Todo lo que hace no lleva a ninguna parte. Ahora bien, si una persona lo necesita, se le puede decir que de vez en cuando
lo siga disfrutando.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Martha: Aún estoy pensando en la distinción entre sentimientos que fortalecen y sentimientos que debilitan; aún no la
entiendo del todo. No sé cómo puedo saber si con esas ganas de llorar que tantas veces siento me debilito o no.
Bert Hellinger: La fuerza se muestra a través de una cierta continencia de los afectos. ¿Sabes lo que significa
continencia?
Martha: ¿Retenerse?
Bert Hellinger: Si uno no se hace pipí encima. Allí hay fuerza. También aquí puedes ver muy bien si alguien se entrega
a un sentimiento que lo debilita, y también puedes ver cómo reacciono yo para que esa persona vuelva a la fuerza. Los
sentimientos que debilitan tienen algo manipulativo: pretenden conseguir que el otro haga algo para mí, sin que yo mismo
tenga que actuar. Los sentimientos débiles sirven para justificar el no-actuar y para mantener el problema. Por este motivo,
en la mayoría de los casos no se puede hacer nada, ni tampoco se debe intervenir mientras una persona se encuentre en un
sentimiento así.
Ángela: Aún tengo otra pregunta más. ¿También existe la debilidad fuerte?
Bert Hellinger (después de quedarse pensativo unos instantes): Sí, si se emplea estratégicamente.
Ángela: Pregunto porque para mí la debilidad forma parte de la vida. También es una parte...
Bert Hellinger: No, lo que forma parte es la necesidad, lo cual es otra cosa totalmente distinta. Es muy importante que
reconozcamos que estamos necesitados, y que en nuestras relaciones mostremos que necesitamos a los demás, pero sin
utilizarlos. En una relación de pareja, ambos están necesitados, y este hecho hace posible la relación. En cambio, si una
persona ya no tiene ninguna necesidad -éste es el caso de personas que han alcanzado su plenitud y que rebosan, de
manera que otros puedan tomar de ellos sin necesidad de devolverles nada-, no se crea ninguna relación, ya que ellos
mismos no toman nada de los demás. Tales personas se quedan solas. Tanto más humano, sin embargo, es lo otro.
(En otra ocasión)
¿Sabes qué se hace con la necesidad? - Se le pide algo al otro, algo muy concreto. Es decir, no se dice: «Por favor,
quiéreme más», sino: «Por favor, quédate media hora conmigo y hablemos». Eso sería bastante concreto. Así, la otra
persona sabe que al cabo de media hora ha cumplido el deseo. En cambio, diciendo: «¡Quédate siempre conmigo!», no
puede cumplirlo y se siente agobiado.
Edda: El corazón me late fuertemente y tengo las manos todo sudadas. Me pregunto si en algún momento podré saciar
mi necesidad.
Bert Hellinger: Sí, tienes que diferenciarlo. Ésta es una necesidad de alguien que ya no existe. La niña pequeña ya no
existe en este sentido, ni tampoco existe la persona a la que se dirige esta necesidad. Por tanto, siempre que, de adulta,
intentas conseguirlo de otra persona, o lo intentas con tu madre y tu padre, ya no funciona.
El método consiste en volver, de manera parecida a lo que hice con Brigitte, hasta que vuelvas a ser la niña de aquel
entonces; y quizás mirar a la madre o al padre de aquel entonces, y acercarte a él o a ella como niña de aquel entonces.
Así, tú misma puedes proteger a la niña, de manera que se sienta segura. Es decir, en tu interior puedes disociar entre la
niña necesitada y la mujer adulta. La adulta apoya a la niña. Y siempre puedes buscarte también la ayuda de un terapeuta.
Así, la situación está clara y tú no puedes ser humillada. A una persona adulta se le puede decir que ya no es apropiado
comportarse así; para una niña, sin embargo, sí que corresponde.

Despedida y dolor
- Hace un tiempo, hubo un participante de un grupo que por los periódicos supo que su hijo ilegítimo había muerto en
un accidente. Nunca había visto a ese hijo ni se había preocupado de él. Posteriormente, el padre se había casado, teniendo
tres hijos de ese matrimonio. Una vez configurada la constelación, puse a su hijo muerto a su lado. Más tarde hice que se
sentara en el suelo, delante del padre, y éste se mostró profundamente dolorido y avergonzado. Después, todo había
acabado.
Este hombre no se entendía en absoluto con su mujer. La misma noche, sin embargo, su mujerío llamó para decirle
cosas cariñosas. De repente, estaba reconciliado; la imagen había actuado incluso a mucha distancia.
Karl: Me ocupa la idea de trabajar el dolor. Aquí veo que en cuanto un excluido es integrado, todo está bien y ya no
hay que hacer nada más.
Bert Hellinger: El dolor que puede ser trabajado es el que se refiere a una relación inmediata, pero no a las personas
que no he conocido. Éstas simplemente tienen que recuperar su lugar. Yo parto de la idea de que el individuo únicamente
puede alcanzar su plenitud cuando todos los que pertenecen a su sistema tienen un lugar en su corazón. Entonces la
persona está «completa». Mientras falte un miembro de su sistema, la persona está incompleta, algo le falta para su
totalidad. Sólo cuando todos están presentes, tranquilamente puede hacer lo que a él le corresponde.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Martha: Estoy pensando en un compañero de trabajo que en verano murió de accidente. Me afectó mucho y desde
entonces he perdido cinco kilos sin saber por qué. También lloré mucho y tenía la sensación de que aquello no era
apropiado.
Bert Hellinger: ¿Quizás rechazaste algo que él te quería dar, o menospreciaste algo en él? ¿Aún le debes algo?
Martha: Tuve una relación corta con su hermano con la que él no estaba de acuerdo.
Bert Hellinger: ¿También tuviste una relación con él?
Martha: No, él está casado con otra compañera mía.
Bert Hellinger: Acabo de darte unas cuantas pistas. Quizás dejes que esto actúe en tu interior. Aún estoy con la idea de
que le debes algo, algo que tengas que tomar. La despedida se logra en cuanto tomo todo lo que una persona me da.

Contaré un ejemplo de mi vecindario:


Una vecina mía se encontraba muy apurada al morir su marido. El hombre murió de infarto, hará ya unos diez años. La
mujer empezó a adelgazarse cada vez más y lloraba mucho. Le dije que si en algún momento necesitaba ayuda, que
viniera a verme. Al cabo de un año llamó a la puerta, diciendo:
-Señor Hellinger, ¿no podría ayudarme usted?
La hice entrar y sentarse en el sofá; después le dije:
-Imagínese la primera vez que vio a su marido.
Ella cerró los ojos y empezó a sonreírse. Después le dije:
-Ya puede marchar.
A partir de ese día, la mujer empezó a revivir y volvió a ser una mujer resuelta. La despedida, por tanto, requiere el
buen recuerdo.

Dolor y autocompasión
Adrián: Me muevo entre la tristeza y el resignarme en parte.
Bert Hellinger: Tu tristeza de ayer tenía el carácter de autocompasión.
Adrián: Es cierto.
Bert Hellinger: Es un dolor malo y no lleva a ninguna parte.
Adrián: A veces, me lo permito.
Bert Hellinger: No, no. Eso significa despreciar al hijo y a la madre (nota: se trataba de un aborto que su mujer tenía
previsto en aquel entonces). ¿Qué quiere decir «permitirse»? Este tipo de tristeza lleva a una nueva culpa, y muchas veces
dura toda la vida porque no cambia nada. La autocompasión es narcicista.
En el dolor primario es diferente. Recuerdo el final de un seminario en Estados Unidos en el que dos niñas pequeñas
lloraban terriblemente. Cuando la madre les dijo: -¡Dejad de llorar ya!-, una de ellas dijo: —¡No, sólo unos minutos más!
Las niñas habían visto que nos íbamos y sentían el dolor de la despedida. Este dolor necesita un tiempo y después se
acaba, y tiene algo muy elemental.
Adrián: Puedo distinguirlo bastante bien, pero, a pesar de todo, me pasa algunas veces.
Bert Hellinger: Nada pasa, ¡tú lo haces!

Cuando el dolor no acaba


Un participante hace una pregunta en relación a una mujer que vive en su ciudad. Hace diez años, perdió a un hijo de
veinte años en un accidente de coche, y aún se muestra afligida.
Bert Hellinger: La mujer está enfadada con su hijo. Cuando una persona está enfadada con un muerto, el dolor no cesa.
Por tanto, tiene que decirle: «Respeto tu vida y tu muerte.» (Silencio) Te lo digo a ti, pero a ella no se lo puedes decir así.
A la edad de 31 años, Rilke escribió en una carta: «Renuncie Vd. a las respuestas, ya que aún no las puede vivir.»
Este es un importante principio terapéutico: no se le da una respuesta a alguien que aún no la pueda vivir.
Adelheid: ¿Pero cómo se le puede ayudar a que llegue al punto en el que lo pueda vivir?
Bert Hellinger: ¿Por qué habría que hacerlo?
Adelheid: Podría ser mi tarea como terapeuta.
Bert Hellinger: No, no, El terapeuta es alguien que a duras penas cojea detrás.

Querer ayudar en el dolor

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Adelheid: Aún tengo otra pregunta más: ¿también dirías que el asentimiento al destino corresponde en el caso de un
niño minusválido? ¿También en un caso así se trata de que los padres lo reconozcan?
Bert Hellinger: No, un caso así exige algo diferente. Todo comienza con el engendramiento: éste es el acto más
trascendental que implica el máximo riesgo, y es el más grande. Este acto, por tanto, debe ser valorado en toda su
grandeza. Eso es lo primero. Así, los padres asumen las consecuencias que de ahí resultan; ésta es su dignidad. Miran al
hijo tal como es y asienten con amor. Esta es la actitud correcta, una actitud humilde que expresa su grandeza. Así llega a
fluir algo que de otra manera no podría fluir.
Adelheid: Sería entonces...
Bert Hellinger: En la mayoría de los casos es así, te quedarías pasmada. Los espectadores profanos se muestran
afectados; la mayoría de los padres, sin embargo, lo encaran, y una actitud como la tuya se lo impide. Por eso no puedes
valorarlos. Este sería el primer paso. El valorar a otra persona incluye que uno mismo se abstenga de inmiscuirse. Eso
sería, según mi opinión, lo apropiado en este contexto.

Un ejemplo:
Hace unos años, me llamó una mujer que participaba en un grupo para madres e hijos en el que también había una
mujer con un hijo de cinco años, enfermo de cáncer. Ella quería ayudar a esa madre, pero se dio cuenta de que era
imposible. Así, pues, me llamó para preguntar me qué debía hacer. Le pregunté: -¿Cómo fue cuando llegaste allí? ¿Qué
hacía el niño?
- El niño —me contestó- estaba jugando, todo contentó.
Le dije: -Exacto. Deja que el niño juegue todo lo que quiera, y déjale sus padres. ¿Qué pretendes hacer ahí?
De esta manera, los padres pueden hacer lo que corresponde. En tales casos, un terapeuta no hace más que estorbar.

Otro ejemplo más:


Hace un tiempo, me llamó una terapeuta que tenía un cliente que se había suicidado. Ahora pensaba que debía ayudar a
los familiares en su dolor y me preguntó si debía ir al entierro.
Le dije: -No, de ninguna manera. Tú has hecho tu trabajo, todo lo demás es asunto de ellos. No debes meterte.
¿Qué es eso? Como terapeuta no puedo sentirme obligado a proteger a la gente de la vida o de aquello que la vida
implica. Es este querer hacerlo mejor el que arruina el mundo y, sobre todo, las relaciones.
Adelheid: Me lo pensaré.
Bert Hellinger: ¿Qué quiere decir eso?
Adelheid: Que aún necesito tiempo.
Bert Hellinger: Quiere decir que mantienes tu opinión, lo cual me parece muy bien; asiento a ello. Tu reacción no
puede restar nada de lo que dije, ni tampoco añadir nada a mis palabras.

Dolor propio o adoptado


Jens: Para mí aún queda algo respecto al dolor. Mi pregunta es la siguiente: ¿Cuál es mi dolor auténtico y cuál es el de
mi padre?
Bert Hellinger: (¿Qué quiere decir auténtico? Auténtico significa que existe un motivo inmediato. De lo contrario, por
regla general se trata de un dolor adoptado en lugar de otra persona. Y la motivación siempre es el amor. Si es así, puedes
decirle al padre: «Lo tomo sobre mí, querido Papá», o también: «Querido Papá, la tristeza la siento en tu lugar.»
Jens: ¿Para salirme de ahí?
Bert Hellinger: Bueno, simplemente así, aunque no te salgas, simplemente hazlo alguna vez. (Risas en el grupo; al
grupo) La solución sería que dijera: «Lo hago en tu lugar, padre. Si a ti te ayuda, lo llevo con ganas.»

Sufrimiento deparado por el Destino o sufrimiento buscado


Jens: Me siento muy a gusto en la comunidad de los Alcohólicos Anónimos con su confianza y su manera de ser tan
abierta. Sin embargo, esta comunidad en gran parte se caracteriza también por el sufrimiento. Mi pregunta es si esta
cuestión también es posible en un contexto sano y alegre, o si primeramente tiene que desarrollarse este sufrimiento para
que la comunidad vuelva a encontrarse en un primer plano.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger: Creo que tu pregunta ya incluye la respuesta. Es imposible alcanzar esta profundidad sin sufrimiento y
sin culpa, creo yo. Estas fuerzas grandes también se encuentran vinculadas al sufrimiento. La Biblia ya dice: «El que
nunca sufrió, ¿qué sabe ya?»
Alexis: ¿No podría convertirse también en una tentación de buscar el sufrimiento?
Bert Hellinger: Sí, pero entonces no es efectivo. El único sufrimiento válido es aquél que el Destino nos depara, no
aquél que nosotros nos buscamos. Los Alcohólicos Anónimos también se distinguen por su actitud desinteresada; nadie
pretende nada de otra persona.

Miedo de perder el control


Aún quisiera referir una diferenciación tomada de terapia primaria. Existe la idea de que si la persona cede ante una
necesidad o un sentimiento realmente apremiantes, pierde el control. Este concepto, sin embargo, es equivocado. Si el
sentimiento es auténtico, por ejemplo el dolor por una separación, o una cólera justificada, o un gran anhelo, o un
movimiento hacia otra persona, y si la persona se abandona realmente, este sentimiento y esta necesidad cuentan con un
control propio. El sentimiento y la necesidad van hasta donde es bueno, de manera que nadie pueda ser humillado si se
abandona a ellos. El sentimiento tiene una especie de límite del pudor que es absolutamente correcto. Esto únicamente es
válido para los sentimientos primarios, pero no para los secundarios. Con los sentimientos secundarios, fingidos, es
posible hacer el ridículo; no es posible fiarse de ellos.

El cuadro está torcido


Ya conocimos a Petra al tratar la pretensión de ayudar. «Puedo matarme en una terapia», dijo entonces y Bert Hellinger
le contó una pequeña historia:

EL EFECTO
Dos personas entran en una habitación, ven un cuadro, y uno de ellos dice: —El cuadro está torcido.

El otro contesta: —El cuadro está torcido porque tú lo dijiste.

Entonces el otro: —Si está torcido por eso, ya puedes colocarlo bien.

Esta fue su entrada al seminario.

Durante una ronda


Petra: Estoy pensativa porque noto que aquí se repite algo entre tú y yo que me es muy familiar. Hasta ahora lo
manejaba tomando mi vida en mis propias manos y diciéndome: «Vale, ya saldré adelante», y realmente me defendía
bastante bien. Pero noto que eso ya no me basta. Siento de manera diferente, pero siempre desencadeno las mismas
reacciones, y realmente quiero atacar por ahí. Al menos quisiera ver una solución; si seré capaz de aceptarla, no lo sé.
Bert Hellinger: Existe un principio terapéutico de cuándo se da la curación: cuando una persona ya no aguanta más.
Entonces está curada. Y contigo estoy esperando hasta que ya no aguantes más. ¿Algo más?
Petra: No.

Más tarde
Petra: Siento que me quede tan poco espacio interior para aprender, porque me ocupa otro asunto. Una mujer se agarró
a mi amigo como una drogadicta, y él la echó. Después, ella me llamó diciéndome que se vengaría.
(Bert Hellinger le pide que configure la constelación con ella misma, su amigo, que es, al mismo tiempo, el terapeuta
de la otra mujer, y con esta última. Se llega a la conclusión de que el terapeuta aún le debe algo a la cliente y que debería
dirigirse hacia ella.)
Bert Hellinger: Bien, ¿qué hace un terapeuta cuando se encuentra con la situación de que una mujer adopta semejante
postura, transfiriendo sentimientos a él? Es una situación muy delicada para un terapeuta. Lo absurdo es que se intenta
algo en el presente que pertenece al pasado. El procedimiento terapéutico sería que el terapeuta tomara en serio el
sentimiento de la cliente, pero como sentimiento infantil. Tendría que volver con ella, en este sentimiento, para averiguar a
qué situación del pasado pertenece este anhelo, o lo que sea. Probablemente, la cliente realizaría un movimiento hacia
adelante, en la mayoría de los casos, hacia uno de los padres. En un caso así, es una tarea difícil para el terapeuta
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Bert Hellinger – Felicidad dual

representar a la persona en cuestión y, a la vez, resistir a la tentación que de esa situación resulta. Normalmente, el marco
más seguro se ofrece en un grupo, donde todos están protegidos. Sin embargo, también puede ser una especie de cobardía
traspasar este proceso a un grupo.

Al día siguiente
En esta sesión, Petra configura su sistema de origen. En la constelación se hace patente que el padre, que murió en la
guerra cuando Petra tenía cuatro años, tenía poca relación con la madre. En la constelación final, el lugar seguro para
todos los hijos se encuentra al lado del padre, y la madre queda muy alejada, de espaldas a ellos.
Petra (después): Pero si mi padre no estaba.
Bert Hellinger: ¿Qué quiere decir «no estaba»? ¡Desde luego estaba!
Hace poco, tuve una experiencia maravillosa. Un matrimonio vino a uno de mis seminarios. La mujer quería que su
marido por fin viniera también a una terapia. Era un hombre sencillo, artesano, una persona simpática que tocaba tierra.
Le felicité por su salud.
Después, contó que no había conocido a su padre, ya que éste cayó en la guerra unos meses antes de nacer el hijo. La
muerte del padre no se le comunicó a la madre hasta ya nacido el niño, para que éste no corriera ningún peligro. Ahora, el
hombre se preguntaba: ¿cómo es que me encuentro tan bien si no tuve padre?
Le contesté: —Lo tuviste. Tal como te veo aquí, está clarísimo que tu madre amaba a tu padre, así que estaba presente.
Después configuramos su sistema, y fue maravilloso. Os enseñaré cómo fue la constelación. (Bert Hellinger coloca al
padre, a la madre y al hijo de manera que el padre se encuentra algo detrás de la madre.)
Y la madre dijo que una mitad de ella enteramente era el padre. Después puse al marido algo más detrás de ella, y la
mujer dijo:
-Es una parte de mí.
Fue todo tierno y maravilloso cuando dijo que el marido vivía en ella y que el hijo estaba totalmente libre, teniendo a
ambos padres a través de la madre. Casos así existen. Petra: Lo entiendo.
Bert Hellinger (le pide a Petra que ocupe su lugar en la constelación; ella lo hace): ¡Míralo tranquilamente (al padre)!
Ayúdale un poco, Rüdiger (representante del padre; se acerca a ella). ¡Exacto! (padre e hija se abrazan) - ¡Sujétala,
Rüdiger, sujétala bien! Ya que lo haces, hazlo con fuerza. (Petra empieza a llorar violentamente) Resiste al lloro y tan sólo
inspira y expira profundamente. ¡Así, exacto! (al cabo de unos momentos) Aquí se ve lo que significa pasar de la esfera de
la madre a la del padre. Aquí, lo apropiado es que la hija y los demás hijos entren en la esfera del padre; éste es el lugar
seguro para ellos. La madre sistémicamente no es capaz de cumplir su tarea, (a Petra) Mira al padre y dile: «Querido
padre, en mí aún estás aquí.» (Petra repite la frase) - De acuerdo, ya está.
Entre los zulúes, con los que trabajé durante mucho tiempo, existe un comportamiento muy curioso que expresa con
toda claridad el orden de valores en el que se orientan. Cuando dos zulúes se encuentran, uno de ellos dice: «Te he visto.
¿Aún estás con vida?» - «Sí», contesta el otro, «aún estoy aquí. ¿Y tú?» - «También yo aún estoy con vida.»
Representante de la madre: Sí, lo encontré muy cansado.
Bert Hellinger: Aún hay algo más: cuando una persona está en peligro de suicidio o de desaparecer, la dinámica, en la
mayoría de los casos, parte de la madre, por lo que el lugar seguro para los hijos se encuentra al lado del padre. En un caso
así, los hijos tienen que pasar a la esfera del padre, independientemente de tratarse de un hijo o de una hija.

El último día
Petra: Tengo una pregunta en relación a mi constelación. Lo que me irritó mucho fue que Gabriele, en mi posición, no
percibía en absoluto la actitud posesiva de mi madre respecto a mí. Y nuevamente me di cuenta de que me es difícil tomar;
también Rüdiger me lo dijo después. (A continuación, da largas explicaciones de cómo el no tomar está relacionado con la
actitud posesiva de su madre, y que ella se encuentra en un impasse.)
Bert Hellinger: Hubo una vez un tal Milton Erickson. Un día vino a verlo un flautista cuyo labio estaba tan hinchado
que ya no podía tocar la flauta. La orquesta en la que tocaba tenía un director nuevo que le pedía al flautista que tocara
una pieza de una determinada manera; el flautista, sin embargo, se negaba: —Así no lo toco.
El director le contestó: —Don't give mealip (no me pongas morros).
Inmediatamente después se le hinchó el labio de manera que ya no podía tocar.
Así vino a ver a Milton Erickson. Éste lo miró y vio que se trataba de un caso resistente a la terapia, que no había nada
que hacer. A pesar de todo, dejó que viniera una vez a la semana para quejarse un poco de todo lo que le molestaba, como
por ejemplo «el cuadro está torcido». Erickson era un terapeuta de mucha paciencia. Al cabo de nueve meses, el cliente
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Bert Hellinger – Felicidad dual

mencionó por primera vez a su padre, y Milton Erickson le dio un ejercicio. El cliente aún vivía con su padre, un auténtico
patriarca que provenía de Sicilia. Cuidaba bien de su familia, pero los hijos siempre tenían que rendir cuentas de lo que
hacían. Una vez, este cliente tuvo una amiga, y como no le gustaba al padre, la dejó.
Así, pues, se fue a casa con su ejercicio, esperando a que el padre llegara. Finalmente, lo oyó entrar y las piernas le
empezaron a flaquear. El padre preguntó: -Bien, hijo mío, ¿y qué has hecho hoy?
El hijo se armó de valor y dijo: —Padre, no te lo digo. Porque soy adulto. Y si vuelvo a salir con una chica, tampoco te
lo diré; y además, pronto me iré a vivir a otra parte.
El padre se acercó al hijo, se plantó delante de él y dijo: —Hijo mío, realmente no me había dado cuenta (grandes risas
de los participantes).
Petra: Es una historia simpática, pero a pesar de todo, aún tengo otra pregunta más.
Bert Hellinger: ¡No, no, nada de preguntas! Ahora no.

Más tarde
Petra: Me encuentro bastante bien. Percibo una sensación cálida y viva en mi interior que quiero dejar actuar. Esta
noche me sentía muy agradecida porque todo acabó así.
Tu último ejemplo, el del odio, me irrita algo. Durante las últimas vacaciones de mi padre oí como mi hermano le
gritó: «¡Ya puedes volver a Rusia y quedarte ahí!»
Bert Hellinger: El hermano expresó lo que la madre pensaba. Un niño de tres años no dice estas cosas. Esta es otra vez
una frase extraviada en el sistema, una frase prohibida que se manifiesta en el más débil.

B. EL TRABAJO TERAPÉUTICO CON SUEÑOS

En un primer lugar, no suelo trabajar con sueños. Me resisto a la mitificación de los sueños. Algunos los toman como
revelaciones divinas que han de tomarse en serio. Una vez trabajé con un hombre que me contó que había hecho una
sesión de hipnoterapia con un buen hipnoterapeuta. En el curso de ese tratamiento habían sacado determinadas
conclusiones, y como éstas aparecieron durante la hipnosis, las consideraba importantes. Para mí se trataba de un
resultado equivocado, no era favorable para él. Cuando en una conversación lo miramos desde el punto de vista sistémico,
de repente quedó clara la auténtica dinámica de fondo. La hipnosis no pudo llegar a ese punto, dado que tampoco la
hipnoterapia ayuda cuando no está el entendimiento. Y donde una persona no ha trabajado nada, tampoco le ayuda ningún
sueño.
Existen los sueños que nos ayudan a seguir adelante, pero sólo a aquéllos que ya están en camino. Éstos, desde lo
profundo, aún reciben otra ayuda más. Al que se queda parado, no le aportan nada. Los sueños dependen del flujo de
energía que una persona presenta.
Cuando la energía fluye hacia la pasividad o el rehuir las decisiones, los sueños afirmarán esta tendencia. De la misma
manera que en la vida cotidiana las personas emplean muchas técnicas para escaparse del actuar que corresponde,
afirmando así la inactividad, la mayoría de los sueños sirven para justificar y afirmar el problema. Cuando se trata de un
sueño así, se sabe por la facilidad con la que la persona empieza a contarlo sin ningún reparo.
Este tipo de sueños los defino como sueños secundarios. Van unidos a sentimientos secundarios y, al igual que éstos,
sirven para rechazar aquello que en realidad sería propicio. Puesto que se trata de un sueño, la gente piensa que podría
permitirse el no hacer nada. Si el terapeuta muestra interés por un sueño así, afirma el problema, mientras que el otro se
ríe interiormente por haberlo engañado. Algo similar ocurre cuando alguien dice: «Esta noche soñé contigo...»; en la
mayoría de los casos quieren jugarte una mala pasada.

Ejemplos de sueños secúndanos:


Un hombre sueña con un halcón que, al cazar, ve un pequeño pájaro cantor. Primeramente deja que cante un poco más,
después lo agarra, se echa al vuelo, da una cuantas vueltas encima de su propio nido y finalmente deja caer al pajarito ahí.
El hombre lo consideraba un sueño precioso. En su casa, la situación era la siguiente: su mujer lo había abandonado
para vivir con otro hombre. Por los hijos, sin embargo, pasaba siempre media semana con ellos; después volvía
nuevamente con el otro hombre. El sueño, por tanto, describía exactamente su situación: él suelta a la mujer, entregándola
al otro, y ella cae en el nido de éste. El hombre, sin embargo, se alegraba como si hubiera tenido una revelación divina. No
se dio cuenta de que únicamente describía su propia situación. Éste era, por tanto, un sueño secundario.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Los sueños secundarios son cebos, como ofertas para el juego. («¡A ver si picas!»). ¡Es tan agradable entregarse a las
imágenes de sueños sin hacer nada más!
También existe otro tipo de sueños, los llamados sueños primarios, que representan recuerdos cifrados. Al igual que
los sentimientos primarios no son ruidosos ni dramáticos, sino suaves. Los sueños de agua frecuentemente son recuerdos
del nacimiento. En un caso así, se averigua qué pasó. Una mujer, por ejemplo, soñó que subía una montaña con su hija. Al
bajar, tenía a su hija esquiando entre sus piernas, y al llegar abajo, la hija se cayó a un lago.
Le pregunté: -¿Qué pasó cuando naciste?
Ella me contestó: —Fue un parto precipitado y mi madre se encontraba en la bañera.
Este sueño, por tanto, fue un recuerdo cifrado.
Los sueños más significativos son los sueños sombra en los que se revela el lado reprimido que uno mismo no quiere
ver. Normalmente, un sueño así se rechaza y no se cuenta. Los sueños sombra son la mejor oportunidad de entrar en
contacto con una parte oculta de uno mismo. Y justamente aquello que en el sueño se teme, debe encontrar un lugar en
nuestro corazón. La persona que aparece como mala, la llevamos a nuestro corazón. De esta manera podemos integrarlo.

Los sueños sistémicos son también muy significativos. Es decir, existen sueños que no tienen nada que ver con el
soñador, sino que describen un problema en su sistema de origen, problema no solucionado. En este caso, sería
absolutamente equivocado darle una interpretación personal. Por tanto, es de gran importancia en el trabajo con sueños
que se distingan los sueños sistémicos de los demás.
Karl: ¿Podrías darnos un ejemplo de un sueño sistémico?
Bert Hellinger: Cuando Mirjam contó su sueño, pensé que se trataba de un sueño sistémico. Por eso pregunté por
sucesos en su sistema. El sueño no me conmovió en absoluto, pero no estaba seguro. Lo que describió a continuación más
bien me hizo pensar que se trataba de un sueño primario en el que una vez más aparecían los antiguos miedos.
En los sueños sistémicos surge algo de importancia para el sistema, algo no solucionado, manifestándose en una
persona indefensa, un posgénito; si éste lo toma sobre sí, todo queda transferido, lo cual es muy grave. Ahora bien, si un
terapeuta da una interpretación personal a tales sueños, el asunto se encauza en una dirección absolutamente errónea. Por
tanto, esta diferenciación es sumamente importante. Frecuentemente, los sueños sistémicos se caracterizan por su crudeza
o su brutalidad, tratando, en la mayoría de los casos, de temas importantes, como puede ser un asesinato o suicidio. La
sombra sistémica surge y cae sobre el soñador, siendo éste el más débil.

Os daré un ejemplo de un sueño sistémico:


Un hombre soñó que encontró un cadáver descuartizado en un sótano y llamó la policía. Le dije: —Esto basta.
Normalmente ocurre así: en casi todos los sueños, la información más importante se da en la primera frase; quizás aún
haya una segunda frase importante; en muy pocos casos, una tercera. Todo lo que pase de la tercera frase, ya no tiene
ninguna importancia. En un sueño significativo, la curva energética alcanza su cénit al cabo de dos o tres frases. En todo
lo que viene después, la fuerza y la atención van disminuyendo, y el narrador se pierde cada vez más en detalles. Cuando
se para después de dos frases, el otro está lleno de energía y se da cuenta de que ha revelado algo. Entonces no te
encuentras ante un sueño, sino ante un texto claro. Donde se hacen interpretaciones interminables, no avanza nada. El
mismo patrón se encuentra en los cuentos.
La mayoría de los cuentos presentan su mensaje en la primera frase, después comienza un proceso para encubrirlo, con
lo que la información original se pierde por completo. Así, por ejemplo, el cuento de «Las Siete Cabritas». La madre cabra
llama a sus hijos, diciéndoles: «¡Guardaos del lobo feroz!» En texto no cifrado significa: «¡No os fiéis del padre!» Este es
todo el cuento, todo el mensaje, y después se crea una gran historia alrededor con desviaciones como por ejemplo la de la
cabrita en el armario del reloj. Todos se lanzan a la cabrita en el armario del reloj. Lo mismo ocurre en el sueño: el
mensaje clave se da con la primera frase y después se trastorna. Después, se presenta algo muy interesante que cautiva la
atención del terapeuta de una manera especial; la primera frase, sin embargo, acaba olvidándose.

Volvamos al sueño de un principio. En ese caso preguntamos: ¿quién en el sistema tuvo una muerte trágica? Para
averiguarlo, el cliente tuvo que llamar a casa. Llamó a su padre, pero éste le contestó: —No te lo puedo decir por teléfono.
Finalmente se supo lo siguiente: poco tiempo después de nacer él, su madre quedó nuevamente embarazada. Al haber
tan poco tiempo entre un embarazo y el otro, se dieron complicaciones y hubo que desmembrar el feto en el seno materno.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Ésta era la situación. Toda su vida, el cliente había representado también a este hermano: tenía dos casas, dos oficinas, dos
escritorios, todo por duplicado.

Los meta-sueños son sueños no cifrados. La persona afectada sabe inmediatamente de qué se trata y ya no necesita
ninguna interpretación. Con ellos, la solución que surge del inconsciente pasa al consciente. A veces aparecen sueños que
me llevan más allá cuando me ocupa un problema. Me indican el siguiente paso, pero sólo si ya estoy actuando.
Lo que acabo de decir de los sueños son puntos de vista adicionales, referencias para no caer en una trampa o avanzar
en una dirección equivocada. Sin embargo, no sustituyen a otras teorías de los sueños. Lo malo es que muchas veces los
sueños se consideran revelaciones divinas. Un dicho chino dice: «El sabio no sueña.» Ya no necesita los sueños.

Ejemplos de los seminarios


Mirjam: Me ocupa un sueño que ya tuve en tres variantes diferentes. Siempre tengo miedo por mi hijo pequeño.
Bert Hellinger: Cuéntalo como si estuvieras soñando ahora. Mirjam: Estoy con mi hijo pequeño en una empresa
grande, un gran edificio en el que trabaja mi hermana. Estoy ocupada con mi hermana y, de repente, oigo a mi hijo que me
llama. Está muy lejos y no puedo encontrarlo. Y cuando lo encuentro, ya se ha ahogado. Se ha metido en una cámara en la
que los adultos no pueden entrar, y oigo como su voz se va haciendo cada vez más débil.
Bert Hellinger (interrumpe): El sueño no me ha causado ninguna impresión. ¿Qué edad tiene el hijo pequeño? Mirjam:
Diez años.
Bert Hellinger: ¿Hubo en el sistema una muerte trágica de un niño?
Mirjam: Mis abuelos todos tuvieron muchísimos hijos. Mi abuela materna, por ejemplo, tuvo once hijos, pero no sé si
entre ellos hubo alguna vez un hijo nacido muerto o algo parecido. En el fondo no lo creo (pausa prolongada).
Bert Hellinger: Es extrañamente lejano. Al escucharlo, no te vi a ti en el sueño. Ningún movimiento, como algo muy
lejano. No me conmovió.
Mirjam: Hoy, en seguida me puse una imagen positiva al lado. Bert Hellinger: La interpretación que toma a las
personas que aparecen en el sueño por las personas que realmente son es simplista, una interpretación de novela barata.
Mirjam: Sí, sólo corresponde un poco a la realidad. Nunca tengo miedo por mi hijo mayor, aunque a veces no venga a
casa por la noche. Con él estoy totalmente tranquila.
Bert Hellinger: Ahora desvías la atención. ¿Qué te dije?
Mirjam: Es una interpretación de novela barata.
Bert Hellinger: ¿También en otras situaciones tienes miedo por tu hijo pequeño?
Mirjam: Sí, muchas veces. Tan sólo se me ocurre que pasé un embarazo difícil con él y tuve que hacer mucho reposo.
Cuando nació, tenía una hipofunción intestinal; el intestino no trabajaba plenamente durante un año y medio.
Bert Hellinger: Entonces el sueño es un recuerdo. Para la imagen completa aún falta algo; por eso no te deja tranquila.
Lo enfocaré de manera general: cuando en alguna ocasión ocurre algo grave, por ejemplo un trauma, en la mayoría de los
casos lo más importante se deja de lado sin ser valorado en absoluto: el hecho de que todo acabó bien. El resultado
frecuentemente no es valorado, y es precisamente esto lo que falta para que se encuentre la paz. — ¿De acuerdo? Bien.

Thomas: Esta noche soñé muy mal y me desperté todo mojado y excitado, y no sé con qué tiene que ver.
Bert Hellinger: Si quieres, cuéntalo como si estuvieras soñando ahora.
Thomas: Estoy con otra persona en un autobús; él lo lleva. Es un amigo mío, y el autobús está lleno. Bien, vamos
subiendo una montaña escarpada.
Bert Hellinger: No, ¡vuelve a empezar desde el principio!
Thomas: Estoy sentado, o de pie, de acompañante en un autobús. Un amigo mío lo conduce.
Bert Hellinger: ¡Punto! Éste es todo el sueño —pausa— ¿cuál es la solución?
Thomas: Podría llevarlo yo mismo.
Bert Hellinger: Exacto. ¡Cambiad los asientos! ¿Algo más Thomas?
Thomas: Sí, aún me atormenta una pregunta en relación a los sueños. Siempre sueño con un final parecido, los
principios son muy diversos. Eso me inquieta.
Bert Hellinger: ¿Y cómo acaba?
Thomas: Acaba con abismos, con el miedo de precipitarme o caerme. Siempre tiene algo que ver con caerme y con la
profundidad.
Bert Hellinger: De acuerdo. Cuando tengas un sueño así, ponte de espaldas contra tu padre (pausa).
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Thomas: Lo acabo de hacer. — Es una sensación totalmente diferente.


Bert Hellinger: De acuerdo. Ésta es la solución. Siempre que un hijo, en sueños, se siente en peligro, la persona de la
que se puede coger es el padre, independientemente de tratarse de un hijo o de una hija. Naturalmente, también aquí
existen excepciones, pero sobre todo si alguien se ve amenazado de una desgracia o de una catástrofe, por regla general se
encuentra más seguro al lado de su padre. Y quizás aún habría que añadir al padre del padre. Lo masculino sostiene.

Josef: Tuve un sueño fuerte. Mi hijo más pequeño se va al agua, es decir, cae de espaldas al agua, y yo tengo miedo de
que se ahogue. Intento agarrarlo, y al mismo tiempo me siento partido en dos porque por un lado no tengo mucho tiempo
para salvarlo, y por otra parte no debo perderlo. Tengo miedo de que se rompa su ropa. Finalmente lo consigo y estoy muy
contento. El niño empieza a respirar, pero aún no sé si ha sufrido algún daño.
Bert Hellinger: Este es un sueño secundario; únicamente describe el problema. La solución es que, antes de que se
vaya al agua, lo sujetes bien. — ¿De acuerdo?
Ulf: Estuve durmiendo y soñé que subía a un nogal grande y que aún trepaba más allá de la escalera para sacudir las
ramas. Bert Hellinger: Este sueño no lleva a ninguna parte. Ulf: Y que...
Bert Hellinger: Este sueño no lleva a ninguna parte. Ulf: ¿No lleva a ninguna parte? Pues esta mañana a mí me llevó a
querer cascar las nueces ahora — al menos, así lo pienso y lo siento.
Bert Hellinger: Sí, no es ninguna imagen buena. Esta imagen encierra una cierta violencia. Así no trabajo aquí. Muy
raras veces cojo un martillo.
Ulf: Yo quería trabajar ahora.
Bert Hellinger: Esto no tiene ninguna fuerza. Permaneciendo en esta imagen, el concepto es que la solución tiene que
venir de fuera. Quizás, la idea sea que tenga que hacerlo yo. Ésta no es ninguna base buena para el trabajo.
Ulf: No, pensaba que yo mismo cascaría las nueces. Mi sensación era...
Bert Hellinger: Deja esta imagen, no lleva a ninguna parte. La mayoría de los sueños sirven para afirmar los
problemas, sobre todo aquellos sueños que se cuentan en seguida. También sirven para justificar el fracaso.
Ulf: Estaba tan seguro de que ahora podía empezar.
Bert Hellinger: Eso es. Cuando una persona se dirige hacia su desgracia, en la mayoría de los casos se siente
absolutamente segura de lo que hace. Los que se han decidido por la desgracia, se acercan al abismo con la cabeza bien en
alto. La salvación se consigue con temor y temblando. Ayer estabas más cerca de ello.

Lars: Hace unos días, tuve un fragmento de sueño del que pienso que podría ser un sueño sistémico.
Bert Hellinger: Cuéntalo como si estuvieras soñando en este momento.
Lars: Estoy acostado en mi cama, a punto de dormirme; de repente se abre la puerta y entra una mujer con cara de
preocupación, acercándose rápidamente a mí.
Bert Hellinger: Punto, basta. — Este es un sueño primario, es decir, encierra un recuerdo.
Lars: Tengo la sensación de que sería muy desagradable si fuera un recuerdo. Noto que la cabeza se me pone caliente.
Bert Hellinger: Cuando miras los ojos de la mujer, ¿puedes verlos? Cierra los ojos y mira los ojos y la boca.
Lars: La boca sí la reconozco, pero los ojos no.
Bert Hellinger:¿De quién es la boca? Tienes que observar lentamente cómo se mueven la boca y los ojos; éstos son los
puntos fijos que se reconocen con más facilidad.
Lars: Pienso que la boca es la de mi madre, pero no estoy seguro.
Bert Hellinger: De acuerdo, déjalo de momento. Quizás sea realmente un recuerdo cifrado.

Al día siguiente:
Lars: Durante los últimos tres o cuatro años he tornado a mi padre, y ahora noto que aún no he tomado a mi madre y
que eso me falta, también como energía. Me gustaría mirarlo más detenidamente.
Bert Hellinger: Piensa otra vez en el sueño. Ahora que dices eso, recuerdo otra vez la imagen de tu sueño. De muy
pequeño, ¿estuviste alguna vez en el hospital?
Lars: Sí, muchas veces; y también estuve muchas veces enfermo. Tengo la sensación de haberme salvado a duras
penas. Con medio año tuve furunculosis, y mi madre tuvo que llevarme una y otra vez al médico para que me abriera los
furúnculos; debió de ser terriblemente doloroso.
Bert Hellinger: Sí, ella entra y ya sabes lo que pasará. Lars: Sí, y debí de gritar como loco. Y más tarde también
ingresé en un hospital por otra historia...
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger (interrumpiendo): No, no, no, ya no necesito saber nada más, ya lo tengo todo. Este es el sueño.
¿Puedes imaginarte cómo se sentiría tu madre cuando el médico le abría los furúnculos al pequeño? Un niño no entiende
estas cosas.
Una vez vino a verme una terapeuta famosa, contándome de su trabajo de «parenting» en grupos. Durante estas
sesiones, los participantes regresan a través de las edades de su vida, sintiéndose como niños. En una de esas ocasiones, su
hijo de 16 años, que también participaba en el grupo, se puso todo triste, diciendo: —Mamá, me hiciste morir de hambre.
La terapeuta recordó la escena: el hijo tenía gastroenteritis y el médico les dijo que no debía comer nada durante 24
horas. La madre lo hizo, y el hijo se curó. Ahora, sin embargo, únicamente recordaba que la madre le había hecho pasar
hambre. Así les pasa a los padres.
Otro terapeuta contó que una vez, después de mirar severamente a su hija, ésta se fue con su madre, diciendo: —Papá
me ha pegado.
Éste es el recuerdo. Si ahora te pones en el lugar de tu madre, puedes solucionar la escena interiormente. Habría sido
mucho peor si te hubiera dejado en el hospital.

C. LA ACTITUD TERAPÉUTICA ANTE «RESISTENCIAS»

Bert Hellinger sabe enfrentar magistralmente los comportamientos y sentimientos definidos normalmente como
«resistencias». Observándolo en su trabajo, se percibe que utiliza especialmente las secuencias cortas durante las rondas
para interferir en tales comportamientos. Sabe detectar los patrones con una rapidez increíble, parando rápidamente a la
persona en cuestión; a continuación, explica para el grupo algún aspecto de este patrón, dando también una pequeña in-
tervención o contando una historia. Puede permitirse la confrontación muy directa, ya que cada uno en el grupo ve como
una y otra vez acepta a los participantes con respeto y cariño, encontrando siempre la buena solución al final. A
continuación, quisiera presentar unos cuantos ejemplos cortos de los seminarios.

Objeciones que frenan


Jens (refiriéndose a su constelación en la que él representaba a un anterior amigo de la madre): ¿Es posible que entre el
marido y el amante se llegue a una reconciliación? ¿O se trata de una imagen construida?
Bert Hellinger: Es una imagen construida.
Jens: Pero no imposible en la vida.
Bert Hellinger: Si se reconcilian, son homosexuales (risas generales).
Jens: Pero no puedo excluir que pueda darse una reconciliación.
Bert Hellinger: Quisiera mencionar algo muy importante: para todo lo que es verdad, también existe una objeción
válida. Como consecuencia de la objeción, lo que antes se reconoció como verdadero, de repente ya no puede surtir
ningún efecto. La objeción, por tanto, paraliza la energía, tiene un efecto destructivo y es siempre barata, ya que puede
producirse fácilmente y sin ningún esfuerzo. El que presenta la objeción, por regla general no tiene que hacerse
responsable de las consecuencias.
Es algo muy diferente cuando una persona se mete en la situación y, desde el mismo proceso, encuentra otra variante.
En este caso hace una experiencia que, al comunicarla, tiene la misma calidad que el conocimiento previo, sirviendo de
complemento o de corrección. Es una gran diferencia, ya que detrás se halla un esfuerzo espiritual, una experiencia y un
riesgo a los que la persona se expone. La crítica y el cuestionar son un juego de académicos. Puedo cuestionarlo todo,
¿pero qué aporta? ¿Qué te aporta a ti, Jens, si haces estas objeciones? Aquí puedes observar lo que ocurre con el proceso
en cuanto haces la objeción: se para.
Jens: Y un segundo...
Bert Hellinger: No. - ¿Os habéis dado cuenta? Abandonó el proceso y en seguida estuvo con una nueva idea. Lo
amenazante en el proceso verdadero es que, por regla general, no nos deja elección. Es decir, en asuntos menores sí que
podemos elegir, pero en los grandes, no. Frecuentemente preferimos sustraernos a la necesidad de conformarnos, haciendo
objeciones. Así tenemos libertad, ¿pero para qué nos sirve? Esta libertad es ilusoria.

La búsqueda de causas y explicaciones


Ludwig: Durante bastante tiempo no conseguía nada, no terminaba mis estudios y perdía mucho tiempo. Mi pregunta
ahora es si no se trataría de una identificación, ya que mi padre no pudo tener a la amiga porque aún no era nada.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Bert Hellinger (después de quedarse pensativo unos instantes): Aunque fuera cierto, este procedimiento está destinado
a fracasar. Sigues buscando causas cuando ya tienes la solución.
Ludwig: ¿Eso es todo lo que tengo que hacer? ¿Y todo lo demás da igual?
Bert Hellinger: ¿Cuál es la solución?
Ludwig: La solución es que me incline ante mi padre.
Bert Hellinger: Y que le digas a la madre: «Yo pertenezco con mi padre; él es el verdadero para mí.» Entonces puedes
olvidarte de todo lo demás.
Ludwig (algo insolente): Todo lo demás no tiene importancia entonces, ni la hermana, ni nada...
Bert Hellinger: Este es el asentimiento como rechazo, (risas)

La vaca y la valla de púas


Lydia: De momento me siento tranquila y fuerte. Esta noche tuve un sueño. Después, me desperté llorando y me
vinieron determinadas imágenes. Una de ellas fue ésta: vi a una persona pequeña que cayó a un barril de agua, y después
vi a mi hermana, pero sin que hubiera ninguna relación entre una cosa y otra...
Bert Hellinger: ¿Estas son imágenes de sueños o qué?
Lydia: Esto fue después del sueño, y también hubo lágrimas.
Bert Hellinger: Esto no contiene nada.
Lydia (sigue hablando): Bueno, pero está relacionado con una conversación en la que...
Bert Hellinger (interrumpiendo): No quiero saberlo.
Lydia (sigue hablando): Bueno, de acuerdo. De todos modos contaré algo, quieras saberlo o no.
Bert Hellinger (interrumpiendo): No, éste es un proceso que me gustaría analizar. Primeramente hay una vivencia, y
después empieza la búsqueda de las explicaciones. Sea cual fuera la explicación, siempre es una descarga. Sin embargo,
no tiene nada que ver con «correcto» o «falso». En la mayoría de los casos se buscan las causas de la propia inactividad o
de la propia infelicidad. En cuanto la explicación se encuentra, el proceso puesto en marcha por la vivencia se termina.
Lo mismo puede apreciarse en la historia de la mística: determinadas vivencias son muy similares en cristianos,
musulmanes y budistas, y cada uno interpreta lo vivido de otra manera. Intentan abarcarlo con las posibilidades a su
alcance. Sin embargo, es imposible alegar razones para una vivencia, y la gran disciplina exige dejarlo simplemente tal
como es y renunciar a las explicaciones. Hay que nadar con la corriente y ver dónde nos lleva. ¿Queda claro así, Lydia?
¿Puedes tomarlo así?
Lydia (algo prepotente): Muchas gracias, pero...
Bert Hellinger: Otra vez nada, (al grupo) Si un terapeuta entra en esta dinámica, en lo que él o ella alega como
explicaciones, se convierte en obstáculo para la corriente de la experiencia. (Lydia comienza a llorar; hacia ella) Ahora
vuelves al sentimiento. Eso es bueno.
Alguna vez estuve reflexionando sobre la pura verdad y cómo comportarse ante ella. El sabio se comporta ante la pura
verdad como una vaca ante una valla de púas: mientras hay comida, se mantiene alejada; después, se busca un hueco,
(risas contenidas en el grupo) Acabo de darte unas instrucciones para el trato con ciertas autoridades.

Obstinación y espíritu contestatario


Hildegard: Ayer me di cuenta de que mi tema es siempre defenderme en un principio. Me cuesta mucho admitir algo.
Fácilmente reacciono obstinada.
Bert Hellinger: Estas son las personas más fáciles de manipular. Con la obstinación siempre se puede contar. De
hecho, existen tres tipos de personas: los primeros dicen que sí y después piensan; los segundos dicen que no y después
piensan, y los terceros piensan primero, (pausa) ¿Lo habrá oído Hildegard? - No pudo oírlo porque dijo que no en seguida.
En cuestión de cinco minutos
Edda: El corazón me late un poco. Aún me siento afectada por el rechazo de esta mañana.
Bert Hellinger: Bueno, si quieres, puedes cultivarlo tranquilamente. Pero únicamente podrás hacerlo cerrando los ojos.
Edda: No quiero cultivarlo, pero muy rápidamente noto la obstinación...
Bert Hellinger: Bueno, bueno, bueno. Fue realmente un placer. ¡Les enseñaste bien!
Edda: ¿Qué? ¿Cómo?
Bert Hellinger: Les enseñaste bien. Pero, desde luego, también pierdes. La obstinación es la incapacidad de tomar, y el
dilema está en que uno se queda esperando que otra persona le ayude. Ahora bien, cuando realmente aparece alguien que

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Bert Hellinger – Felicidad dual

quiera ayudar, hay que rechazarlo para mantener la obstinación. Después de largos años de estudio, sin embargo, descubrí
una solución para la obstinación: se aplaza cinco minutos. ¿De acuerdo? - Bien.

Triunfo o éxito
Gudrun: Esta mañana me desperté a las seis y tenía la sensación de estar rodeada de muchas personas que me decían:
«Tienes que hacer esto, deberías hacer lo otro,... tienes que despedir a tu amigo; tienes que valorarlo primero; ya no debes
estar enfadada...»
Bert Hellinger: Tienes que decirle a cada uno que lo harás: «Lo haré; lo haré; lo haré.» -Así te libras de ellos de
momento (risas).
Gudrun: ¡Pero es tanto! Viene uno y dice...
Bert Hellinger (interrumpiendo): De acuerdo, de acuerdo. Si te gusta, haz como quieras. Es una estrategia interior que
te acabo de enseñar. Sin embargo, requiere disciplina; y la mayor disciplina necesaria para una estrategia es la renuncia al
triunfo. Hay dos cosas que se excluyen mutuamente: el triunfo y el éxito. O tengo un triunfo y sacrifico el éxito, o tengo el
éxito y sacrifico el triunfo. Ésta es la disciplina en el éxito, y por eso siempre tiene un elemento de humildad. Me refiero
al éxito duradero. ¿Algo más?
Gudrun: Aún no me he decidido por renunciar al triunfo.
Bert Hellinger: Exacto, lo tendrás. El pecho inflado tiene su precio: casi todo es aire. Sólo oíste las palabras.
Hildegard: Mi hermana era viuda sin hijos y después se casó con un viudo con un hijo ya adulto. Éste es muy difícil, y
también el padre sufre por ese hijo difícil que desgraciadamente vive en la misma ciudad. En un principio, mi hermana
tiene muy claro que el hijo es de él, pero lo ve sufrir por la relación con el hijo y también ve desde fuera los errores que el
padre comete; incluso se los dice de vez en cuando, pero tampoco sirve de nada.
Bert Hellinger: ¡Claro que no! Tiene que decirle: «Tú eres el mejor padre para tu hijo».
Hildegard: Y ahora pienso, después de que tú...
Bert Hellinger (interrumpiendo): ¡Qué habilidad para apartar lo que le dije! (a Hildegard) ¿Qué te dije?
Hildegard: Pues, dijiste que ella le dijera: «Tú eres el mejor padre para tu hijo.» Y yo quería...
Bert Hellinger: No, no, aún no lo has entendido. Tan sólo oíste las palabras. — ¿De acuerdo?
Hildegard: Pienso que también tiene que ver con esto.
Bert Hellinger: No, no, aún no ha llegado a tu interior. De momento, lo dejaré.

Querer saber más de lo necesario


Hildegard: No sé cómo me encuentro.
Bert Hellinger: Cuando uno no lo sabe, siempre se encuentra bien. Cuando uno se encuentra mal, se sabe.
Hildegard: Bueno, tampoco me encuentro del todo bien así. Siempre tengo la sensación de que en determinados
momentos hay un fuerte movimiento interior, que me siento afectada en muchos puntos, pero que después este
movimiento se para y se retira a un rincón. Lo que queda es una niebla difusa que, en parte, también me aparta de la
realidad.
Bert Hellinger: Hay un buen escondite para un movimiento, para evitar un cambio: el querer saber más de lo
estrictamente necesario para actuar; cuando pretendo saber en vez de seguir al movimiento y actuar en consecuencia. En
cuanto lo entiendo, ya no tengo que actuar. El saber es el escondite en el que la energía queda atrapada. ¿Algo más,
Hildegard?
Hildegard: De momento me basta.
Bert Hellinger: ¿Lo has comprendido?
Hildegard: Me temo que sí (risas).
Bert Hellinger: Esta es una excepción de la regla en la que es lícito comprender.

Irene: Pienso demasiado y, en consecuencia, me siento sobrecargada. Es el momento de hacer algo en vez de hablar, y
después llamaré a mi madre.
Bert Hellinger: Existen personas que se ponen debajo de la ducha y empiezan a contar las gotas, (pausa) No ha llegado
a ella. ¿Ha llegado a vosotros?
Os daré otro ejemplo para ilustrar este proceso: en Estados Unidos existe un nuevo método para aprender idiomas que
se usa sobre todo para la formación de espías. En poquísimo tiempo aprenden un idioma extranjero a la perfección. El
método es muy simple: el estudiante tiene seis profesores que, sin parar, le hablan en el idioma extranjero hasta que ya no
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Bert Hellinger – Felicidad dual

entiende nada: entonces aprende — a otro nivel. Así aprenden también los niños. Seis personas o más le van hablando
continuamente en un idioma extranjero.

Los peces jóvenes pican


Edda: Me acuerdo de dos sueños de mi infancia y me gustaría poder clasificarlos, es decir, saber de qué tipo de sueños
se trata.
Bert Hellinger: No.
Edda: ¿Por qué?
Bert Hellinger: Si me preguntas, ¿tienes más posibilidades o menos?
Edda: Menos.
Bert Hellinger: Exacto. La pregunta «¿por qué?» es un intento de dejar a una persona en una posición inferior. Como
terapeuta, automáticamente dejo de trabajar en un caso así. Al menos quiero encontrarme a un mismo nivel. Lo que Edda
acaba de hacer es lanzar un anzuelo. -Los peces jóvenes pican, (risas) ¿Algo más, Edda?
Erich: Hace diez minutos, me desperté con un sueño que acabó...
Bert Hellinger (interrumpiendo): No, no, quiero saber el principio (todos se ríen). ¿Cómo empezó? - Sólo si quieres
decirlo.
Erich: No lo sé. La última escena la encontré muy bonita.
Bert Hellinger (sonriendo): ¿Cómo hubiera podido ser?
Erich: Espontánemente se me ocurre: la partida a un peregrinaje.
Bert Hellinger: Esto es algo sobre el sueño. Lo que se dice sobre el sueño no cuenta. Únicamente cuenta el sueño
mismo. Es decir: «yo ...»
Erich: Es decir: parto a una ciudad desconocida.
Bert Hellinger: Ésta es la frase. - Ahora tienes que examinar si esto es apropiado, si es una fuerza buena la que te lleva
o si es un demonio el que te impulsa.
Erich (en voz baja): Pienso que es una fuerza buena.
Bert Hellinger: Yo pienso que es un demonio. - El demonio es astuto.

Hay algo de verdad


Katharina: Aún me va rondando por la cabeza aquello de los sentimientos. Muchas veces, en mis relaciones me ocurre
que automáticamente ocupo una posición contraria. Nunca puedo vigilar lo suficiente, porque va tan rápido. ¡Zas!, y ya
estoy ahí. Si se trata de justicia, por ejemplo, salto con seguridad.
Bert Hellinger: Una vez, una mujer me contó que su madre le decía que era una puta. Me preguntó qué debía hacer, ya
que siempre se iba a la contraria. Le dije que le respondiera: «Lo soy un poco.» Es decir, cuando la próxima vez quieras
tomar una posición contraria, puedes decir: «Hay algo de verdad.»
Katharina: Sí, es algo muy fácil.
Bert Hellinger: Sobre todo, el otro, con su posición, ya no tiene ningún poder sobre ti. En cuanto sabes cómo tratarlo,
casi puedes disfrutarlo.

El secreto del camino


Manuela: Espero que durante este curso llegue a hacer la constelación de mi familia en algún momento. Espero, pero
no sé si lo conseguiré.
Bert Hellinger: ¡Más bien, no!
Manuela: Bueno, si lo dices. Es una pena, pero quizás no está tan mal tampoco, (empieza a llorar y baja la mirada)
Bert Hellinger: Quisiera decir algo del secreto del camino: en el camino se avanza dejando atrás todo lo que hubo
hasta ese momento, también la comprensión anterior. Y aún te diré algo respecto al camino: la meta se alcanza con el
último paso. Todo lo demás son preparativos.
Aún contaré una historia:

EL BURRO
Un señor compró un burro joven y ya muy pronto lo acostumbró a la vida dura. Lo cargaba de bultos pesados y lo
hacía trabajar todo el día, dándole tan sólo lo indispensable para comer. Así, el burro pequeño muy pronto se convirtió

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Bert Hellinger – Felicidad dual

en un burro de verdad. Cuando venía su amo, se ponía de rodillas, agachaba la cabeza y, de buena gana, dejaba que le
pusiera las cargas más pesadas, aunque a veces apenas se aguantaba de pie. Otros, al verlo, se compadecían de él.
-¡Pobre burro! -decían y querían hacerle un bien. Uno intentó darle un terrón de azúcar; el otro, un trozo de pan; el
tercero incluso quería llevarlo a un pasto verde. Pero él les enseñó lo burro que era: al primero le mordió la mano, al
otro le pegó una patada, y con el tercero se puso terco como una muía.
-¡Qué burro I -exclamaron finalmente, dejándolo tranquilo a partir de ese día.
A su amo, sin embargo, le comía de la mano, aunque no fuera más que paja. El hombre, por su parte, ante todo el
mundo lo alababa, diciendo: -¡Es un gran burro, más que ningún otro que he visto hasta ahora! -y le dio el nombre de
«Ih-Oh».
Más tarde, ya no se sabía con seguridad cómo se pronunciaba este nombre, hasta que un entendido afirmó que debía
ser: «Y-Yo».

D. LO QUE NO SE CONSIGUE A TRAVÉS DE LA COMPRENSIÓN,


A VECES SE LOGRA MEDIANTE EL DOLOR

El trabajo terapéutico con síntomas


Durante los seminarios, Bert Hellinger presentó algunas ideas innovadoras en relación a las típicas dinámicas detrás de
determinados síntomas, así como algunas posibilidades de solución sorprendentes que quisiera presentar a los lectores.

Con eso podría ir al circo (morderse las uñas)


Andrea: Ayer me hicieron pensar mucho las historias en relación a la niña con enuresis. Lo que me preocupa es que
nuestra hija, desde hace bastante tiempo, se muerde las uñas.
Bert Hellinger: Bueno, dile que se las muerda bien redondas, y después miras si realmente lo ha hecho bien.
Andrea: Ya lo hicimos durante un tiempo largo, y ella se resistía bastante.
Bert Hellinger: La segunda posibilidad consiste en olvidarse de que se muerde las uñas. ¿Algo más, Andrea?
Andrea: No me encuentro muy bien con esa idea; se las muerde de forma muy extremada. Hace poco, incluso se
mordió las uñas de los pies.
Bert Hellinger: Con eso podría ir al circo, (risas generales)
Andrea: Walter (su marido) tampoco lo encuentra tan grave; él me dice: «Déjala, de eso ya me ocuparé yo.»
Bert Hellinger: Lo que quizás ayudaría realmente sería una pequeña historia cifrada:
Una madre joven se pasea con su hija por el centro de Salzburgo. La hija pequeña le dice: -¡Quiero un helado!
La madre le responde: -No, eso no es bueno para tus dientes.
Algo más tarde: -¡Quiero un helado!
-No, luego te engordas demasiado.
Así siguen caminando.
-¡Quiero un helado!
-No, ahora no puede ser; es demasiado caro.
Y siguen caminando... Finalmente, la madre se compra un helado, le da algo a la hija, y todos están en paz.
Andrea: Eso tampoco lo entiendo ahora.
Bert Hellinger: Claro, estaba cifrado.

Ya lo hago por ti (por ejemplo, contraer una enfermedad)


Frecuentemente, los síntomas constituyen intentos de llegar a un equilibrio en una familia.
Gudrun: Cuando mi padre tuvo la relación con aquella amiga, mi madre desarrolló una afección de tiroides; y cuando
yo me marché de casa a los dieciocho, contraje la misma enfermedad. Me parece que ése fue el precio que pagué para
poder dejar a mi madre.
Bert Hellinger: La intervención terapéutica sería decirle a la persona: «Ya lo hago por ti. Sí, mejor dos bocios que uno.
A través del segundo, el primero desaparece.»
Gudrun: Mejor que no. Vi exactamente los síntomas que mi madre desarrolló.
Bert Hellinger: Y la imitas. Muy bien.

Dolores de cabeza: amor contenido


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Bert Hellinger – Felicidad dual

Una participante: Esta mañana tuve un dolor de cabeza tan fuerte que no pude venir.
Bert Hellinger: ¿Cómo eran los dolores?
Participante: Tenía la sensación de que no tenían nada que ver con un resfriado. Los sentía en la parte posterior de la
cabeza y en la nuca.
Bert Hellinger: ¿Sabes lo que significan los dolores de cabeza? — Amor contenido. ¿Dónde tiene que ir el amor? Por
ejemplo, espirar ya es un camino para hacerlo fluir; mirar amablemente es otro camino, i Sí, mírame amablemente! —
¡Buenos días!
Participante: ¡Buenos días!
Bert Hellinger: Otro camino es dejar que el amor salga a través de las manos. También así puede fluir. Espirando,
mirando con amabilidad, y a través de las manos. Si, exactamente así.
Participante: Muchas veces tengo la sensación de no querer lo suficiente a mi marido.
Bert Hellinger: Sí, es cierto, no lo haces.
Participante: ¿Y eso desaparece poniéndome a su lado conscientemente?
Bert Hellinger: ¡Exacto!
Participante: Pero no fluye por sí solo, sino que una y otra vez tengo que hacerlo conscientemente.
Bert Hellinger: No importa. Lo importante es que haga efecto.

Los dolores de espalda exigen una inclinación


Los dolores de espalda siempre significan lo mismo —aparte de las causas somáticas que también hay que tener en
cuenta. Los dolores de espalda se curan muy fácilmente: inclinándose profundamente. ¿Ante quién debe hacerse esta
inclinación? Mira cómo estás sentado. Esto es exactamente lo contrario de una inclinación; ésta se hace bajando la cabeza
con la mirada puesta en el suelo. Traducido a una frase interior, el inclinarse quiere decir: «Te doy la honra.» Esta frase va
unida a una inclinación interior. Es una frase curiosa: al mismo tiempo libera.

Ludwig: Al sentir a mi padre aquí, en el lado izquierdo, este lado se pone caliente; después, el calor pasa por aquí; y
finalmente empieza a dolerme la espalda.
Bert Hellinger: Los dolores de espalda siempre tienen el mismo significado, ¿sabes cuál? Los dolores de espalda pasan
en cuanto la persona se inclina profundamente ante alguien, hasta tocar el suelo. ¿Ante quién tienes que hacerlo?
Ludwig: Ante mi padre.
Bert Hellinger: Exactamente. Ahora tienes una imagen interior, y tienes que dejar que actúe durante mucho tiempo,
hasta que notes: ahora está reconciliado. Después puedes ponerte a su lado. No quise decírtelo esta tarde, y tus síntomas
muestran que debería haberlo hecho. Pero es mucho mejor que el síntoma llegue primero y que yo te lo diga después; así
tienes una reacción propia de tu interior que te indica el siguiente paso a dar. Así no tienes que seguirme a mí, sino a la
señal de tu cuerpo.
Fraude: Yo también estoy pensando en los dolores de espalda que me acompañaron durante treinta años, hasta una
operación. Hasta ahora siempre pensaba que tenían algo que ver con llevar y soportar.
Bert Hellinger: Sí, ésta es una interpretación muy común. Si fuera acertada, habría muchas menos personas con
dolores de espalda.

La dinámica detrás de la adicción, y su solución


Según mi parecer, la dinámica principal en la adicción es la del hijo que no puede o no debe tomar de su padre. La
madre le comunica: «Únicamente aquello que viene de mí es bueno, lo que viene de tu padre y de su familia no vale nada,
no debes tomarlo. ¡Toma sólo de mí!»
En consecuencia, el hijo dice: «Si únicamente puedo tomar de ti, me vengo, tomando tanto que me perjudica.»
Es decir, la adicción es la venganza y, a la vez, la expiación por no poder tomar al padre.
En ello también encontramos ya la solución: en cuanto una persona, con la mirada puesta en su madre, toma del padre
y le concede un lugar, puede dejar la adicción. Esto vale tanto para la adicción al alcohol o a las drogas, como también
para la bulimia. Al menos constituye una componente que merece ser tenida en cuenta en cualquier tipo de adicción.
Dado que, según mi opinión, la adicción frecuentemente se desarrolla cuando la madre impide el acceso al padre, los
drogadictos —tanto hombres como mujeres— sólo pueden ser tratados por hombres. Si una mujer se hace cargo de la
terapia, por regla general se pone entre el cliente y su padre, evitando así la solución. El que mejor puede establecer el

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acceso del cliente a su padre es un hombre. De lo que aquí se trata es de las buenas imágenes interiores. Si una terapeuta
tiene la capacidad de dar al padre del cliente o de la cliente un lugar en su corazón, también podrá representarlo.
Jutta: Conozco dos casos de adicción en los que el padre murió muy temprano.
Bert Hellinger: ¡Exacto! Esa persona puede ponerse una foto de su padre y, sentada delante de ella, decirle: «¡Salud,
Papá! ¡A tu lado me gusta!», y después beber todo lo que le apetezca. Esta sería una posibilidad.

Más vale que desaparezca yo que tú, querido Papá (anorexia)


Quisiera decir algo acerca de la dinámica en la anorexia; esta dinámica no se limita a las familias con anorexia, pero
esta enfermedad es una manifestación frecuente.
La dinámica detrás de la anorexia es la de «mejor yo que tú», en el sentido de una salvación. Por ejemplo: «Mejor que
yo vaya al cautiverio que tú», «Prefiero desaparecer yo antes que tú», «Más vale que muera yo que tú», «Mejor que esté
enfermo yo que tú». Detrás de esta actitud se halla un amor, un sacrificarse, junto con la idea de que el otro, de esta
manera, podría quedarse. Antes, esta dinámica frecuentemente se expresaba en una tisis, que también incluye esta
tendencia a desaparecer. También los casos de suicidio presentan esta dinámica de «mejor que sea yo que tú»,
frecuentemente aplazada en el tiempo. Es decir, la hija -a veces también el hijo- reacciona sin tener en cuenta el tiempo.
Si, por ejemplo, el padre murió al tener la hija cuatro años, ésta, a los catorce años, puede desarrollar una anorexia
siguiendo la fantasía de «mejor que sea yo que tú, Papá». En un caso así, una buena frase para la persona anoréxica es
ésta: «Querido Papá, aunque tú te vayas — yo me quedo.»

Un ejemplo:
Una vez, una participante joven contó que su padre había tenido tuberculosis, pasando mucho tiempo en sanatorios. De
tanto en tanto venía a casa para pocos días. Con el tiempo, en esa familia nacieron ocho o nueve hijos. El padre, sin
embargo, una y otra vez se pasaba temporadas largas fuera de casa.
Cuando finalmente se desarrollaron medicamentos nuevos, el hombre se curó y pudo volver a casa definitivamente.
Al configurar la constelación, el padre se encontraba totalmente apartado. Se vio claramente que, a su vuelta, no se le
había recibido con ilusión. Por eso, la situación aún era la misma que cuando estaba en el sanatorio. A la mujer joven que
configuró la constelación de su familia le dije que era posible recuperarlo.
Poco tiempo después, los padres celebraban el aniversario de su boda, y todas las invitaciones ya estaban enviadas. Así, la
hija se propuso celebrar esa bienvenida durante la fiesta de sus padres.
Hace poco, al contar esta anécdota ante un grupo, uno de los participantes dijo ser amigo de aquella mujer. Contó que ésta
realmente lo hizo así y que fue un gran éxito.

El siguiente ejemplo es el trabajo con una mujer joven, de 17 años, ingresada y en tratamiento en una clínica
psicosomática de Alemania. Bert Hellinger hacía supervisión en dicha clínica y la cliente acudió a esa sesión.
Bert Hellinger pregunta por sucesos o vivencias incisivas en la familia, sin conocer nada llamativo de la familiar nuclear
(el padre, la madre, la cliente y un hermano cinco años menor). Sin embargo, el hermano mayor del padre murió en
temprana edad y la madre del padre murió de cáncer en 1949.
El terapeuta de la cliente configura el sistema de origen de la misma. Al ver la constelación, la cliente se sorprende de
que su representante se encuentre tan cerca del padre, pero tampoco quiere hacer ningún cambio.

Figura 1. Constelación inicial

Abreviaciones:
P padre 1 primera hija, 17 años, anorexia desde hace 4 años
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Bert Hellinger – Felicidad dual

M madre 2 segundo hijo

Bert Hellinger: ¿Cómo os encontráis en vuestros puestos?


Representante de la cliente: Me falta el aire aquí, tan pegada al padre y a la madre.
Padre: Me encuentro bastante bien aquí. Tengo la sensación de ser el centro.
Bert Hellinger: Éste es un ejemplo de cómo una persona deduce algo de una imagen óptica y no de lo que siente en un
lugar concreto.
¿Qué sientes hacia la hija?
Padre: Más bien miro recto. Hacia la mujer, más bien hay enfrentamiento, hay algo en el aire entre nosotros dos.
Madre: Me siento forzada y tengo la sensación de que todos están contra mí. A pesar de estar tan cerca, me siento sola
y con poco contacto. La hija es como un punto fijo en el que me sujeto. Hacia el marido y el hijo no hay ningún contacto.
Hermano de la cliente: Me encuentro bastante bien. Éstos hacen sus juegos allí y yo miro en otra dirección.
Bert Hellinger: Mirando esta imagen, allí delante tiene que ir alguien (indica al espacio libre en el semicírculo). -
Cogeré al hermano muerto del padre (lo pone enfrente del padre, fig. 2).

Abreviaciones: + lHoP primer hermano del padre, murió en temprana edad

Figura 2

Bert Hellinger: ¿Qué ha cambiado?


Hermano de la cliente: Es mejor, así tengo una orientación.
Cliente: A mí me permite respirar; antes tenía la sensación de que los padres estaban demasiado cerca, parecían
aplastantes. Ahora los padres se orientan más hacia allá, y yo me encuentro más libre.
Madre: Al entrar él, tuve la sensación de que se me quitaba el poder. Con esta figura allí delante, mi poder desaparece.

(Bert Hellinger coloca al padre en el otro lado, a la izquierda de su hermano, fig. 3)

Figura 3
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Hermano del padre: Ahora ya no me siento tan solo.


Padre: Aquí me encuentro mejor que en el otro lado.
Cliente: Yo me encuentro aún mejor, me siento aliviada y tengo más libertad de movimiento.
Bert Hellinger: Primeramente supongo que el padre tiende hacia el hermano muerto. Ésta es la fuerza que lo saca de la
familia. (Pone a la madre a la izquierda de su marido, fig.4)
Madre: Es mucho mejor así. Aquí es mi lugar.

(Bert Hellinger coloca al hermano de la cliente a la izquierda de ésta, fig.4)

Abreviaciones:
PP padre del padre
4- MP madre del padre, murió de cáncer

Figura 4

Cliente: Ahora también yo me encuentro bien. Mientras el hermano aún estaba allá (indica la primer posición), pensé:'
¡Ahora sí que estoy bastante sola aquí!' Era bueno tener más espacio, pero tampoco quería estar tan sola.
Hermano de la cliente: Yo no me encuentro tan bien aquí.
(Bert Hellinger hace una prueba poniendo al hermano a la derecha del hermano del padre.)
Hermano de la cliente: Mejor así.
Bert Hellinger: Esto era para comprobar si tenía algo que ver con su tío; efectivamente es así.
Padre: Con él (el hijo) aquí, me encuentro mejor.
Bert Hellinger: No me fío de que realmente sea cierto lo que dice... Para el terapeuta es sumamente importante hacer la
prueba. Las afirmaciones de los participantes no pueden tomarse al pie de la letra, sino que hay que observar si la persona
está centrada o no, si deduce o construye algo, o si realmente se trata de una percepción inmediata de lo que siente en ese
lugar. Para ello se necesita práctica, y esto es una buena oportunidad de aprender. Es decir, hice la prueba de si entre el
hijo y el tío muerto había alguna afinidad. - La hay, pero esto no es ninguna solución; tiene que volver con su hermana.
(Lo lleva nuevamente al lado de la hermana; al mismo tiempo coloca al hermano del padre detrás de éste, fig.4)
Bert Hellinger: ¿Qué cambia?
Cliente: Es aún mejor.
(Bert Hellinger introduce a los padres del padre, colocándolos detrás del hermano de éste, fig. 4)
Bert Hellinger: ¿Qué tal ahora?
Padre: Me encuentro algo estrecho, pero por lo demás está bien. (El hermano del padre y sus padres retroceden un
poco)
Padre: Ésta es una sensación buena, de fuerza.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Madre: Siento a mi marido con más fuerza y lo noto más.


Cliente: A mí también me gustaría tener a alguien detrás de mí, aquí no me encuentro tan bien.
Bert Hellinger (coloca a la cliente a la izquierda de la madre): Esto es sólo un paso intermedio.
Representante de la cliente: Esto es mejor, aquí siento más fuerza.
Bert Hellinger: Sí, es bueno coger fuerza al lado de la madre y después volver a tu lugar (pone a la hija de espaldas
delante de la madre).
Representante de la cliente: Esto me gusta mucho. Aquí tengo la sensación de fuerza y de libertad. Sin embargo, ahora
me da pena el hermano.
Bert Hellinger: Sólo fue un paso intermedio, ahora puedes volver con tu hermano (la representante vuelve al lado del
hermano). (A la cliente): ¿Quisieras probar la sensación de estar aquí? (La cliente ocupa su lugar — silencio prolongado.)
Cliente: De alguna manera es curioso, como si todos estuvieran en contra de mí.
Bert Hellinger: Éste también es un sentimiento deducido, porque los ve a todos enfrente. ¿Cómo es? Déjate tiempo,
permite que los sentimientos surjan.
Cliente: Aún no me encuentro del todo bien aquí.
Bert Hellinger (la coloca delante de la madre): ¿Qué tal?
Cliente: Aquí me encuentro mejor.
Bert Hellinger (espera unos momentos, después la pone de espaldas delante de ambos padres, fig. 5)

Figura 5
Bert Hellinger: ¿Qué tal así?
Cliente: Sí, aquí me encuentro a gusto.
Bert Hellinger (al cabo de unos instantes): Ahora vuelve con tu hermano y mira a ver cómo te encuentras allí.
(Tras un tiempo, la lleva nuevamente delante de la madre, ambas se miran, fig. 6)
Bert Hellinger: ¿Cómo le decías a tu madre?
Cliente: Mama.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Figura 6

Bert Hellinger: Dile a la madre: «Mama, me quedo contigo.»


(Bert Hellinger le dice la frase muchas veces y la cliente la repite. Al cabo de unas cuantas veces, madre e hija se abrazan
y la hija aún repite la frase muchas veces. Bert Hellinger le pide que respire profundamente y que diga la frase con amor.
Finalmente, la cliente comienza a llorar.) Sigue respirando, hasta que el sentimiento llegue de lleno, y dile algo más fuerte:
«Mama, me quedo contigo.» (También acerca al padre; a continuación, nuevamente pone a la hija de espaldas a los pa-
dres, apoyada en ellos. Finalmente le indica que vuelva al lado de su hermano, fig. 7)
Cliente: Sí, ahora me encuentro mejor aquí.
Bert Hellinger: Así ya está. Muchas gracias. Simplemente tienes que dejar que esto actúe.
(La cliente le da las gracias y se despide.)
Bert Hellinger: Creo que la dinámica quedó clara: «Prefiero desaparecer yo antes que tú, querido Papá». En un caso
así, miro si hay

Figura 7
algo por lo que el padre tiende a salir de la familia. En este caso concreto, la figura abierta lo hizo suponer.
Primeramente pensé en la madre, pero después me parecía más inmediato lo del hermano. Otro indicio de que éste era una
persona excluida es el hecho de que la cliente, en un principio, no se acordaba de él. En cuanto este miembro tiene su
lugar, el padre puede quedarse en la familia, y la mujer, en consecuencia, puede tomado como hombre. Si la hija dice:
«Prefiero desaparecer yo antes que tú, querido Papá», tan sólo existe una persona que pueda sujetarla: la madre. Por eso le

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di la frase de «me quedo contigo». De esta manera, la hija recibe la fuerza para quedarse. Esta solución se me ocurrió aquí
por primera vez.
Participante: Muchos describen la anorexia como una relación crítica entre madre e hija, en la que la madre intenta
mantener cogida a la hija.
Bert Hellinger: Considero simplemente nociva esta interpretación. Toda interpretación que descalifique a una persona
no ayuda a avanzar.
Participante: Esto también se confirma por las conversaciones que mantuvimos con la familia. En un principio, la
madre se mostró algo distante y a la espera. Más tarde supimos que todos los terapeutas anteriores a nosotros se habían
centrado en la madre.
Bert Hellinger: El síntoma se desarrolla por amor. Ésta es mi tesis fundamental. Y todo lo que no tenga en cuenta el
amor es equivocado. Es decir, busco hasta encontrar el punto en el que la persona ama. (Esto no lo diría en su presencia.)
La solución buena permite que cada uno tenga su lugar respetado. Según mi parecer, la problemática fundamental de la
anorexia se encuentra con el padre, porque éste tiende a salir de la familia. Lo que, en consecuencia, se le reprocha a la
madre son sus intentos frustrados de salvar a la hija. En el curso de esta constelación pudimos ver muy bien las fases
terapéuticas intermedias. Durante un tiempo se encontraba bien en un lugar, después ya no quería quedarse allí. Tales
constelaciones son dinámicas, por lo que nunca deben tomarse como imágenes estáticas. Aveces, se recorre todo el camino
terapéutico en una constelación.
Una enfermera: Entiendo todo esto, cipero cómo se trata a la cliente después? De todo esto ella no se engorda. ¿Qué
hay que hacer para que llegue a comprender que tiene que tratar la vida de una manera diferente?
Bert Hellinger: Yo esperaría y confiaría plenamente en la imagen que ahora tiene. Las dudas, por lo contrario,
interfieren en la solución, incluso si no se expresan verbalmente.
Enfermera: Lo que a mí me preocupa es que estas personas se pasan meses sin engordarse.
Bert Hellinger: Este razonamiento es nocivo desde el punto de vista terapéutico, desde el momento mismo de pensarlo.
Enfermera: Pero es así y también es absolutamente normal... Bert Hellinger: No. Si en un grupo tengo una cliente
suicidal, u otra persona que se comporta de manera dramática, mi ayuda consiste en olvidarla en cuanto salga de la
habitación o no se encuentre en el grupo. Enfermera: Puedo hacer ver que es así.
Bert Hellinger: No, entonces no la ha olvidado. En otro contexto, Karl Kraus dijo: «No se le debe ni ignorar.» El
ignorar a una persona aún implica un vínculo. Yo vacío mi alma de esa persona. De esta manera ya no encuentra ninguna
superficie de ataque, ni tampoco tiene ningún poder sobre mí. La relación se acaba inmediatamente, el otro tiene que
defenderse solo y sus fuerzas se concentran.
Preocupándose, usted debilita a la cliente, agravando, al mismo tiempo, sus síntomas. Si, por lo contrario, usted toma
medidas sin preocuparse, e incluso con la libertad de que los clientes, si quieren, cumplen su cometido en la familia, sin
que usted asuma la responsabilidad de todo esto, todos en el sistema tendrán más fuerzas. En cuanto un terapeuta asume
una responsabilidad en un sistema, responsabilidad que en el fondo sería de los padres, éstos ya no son capaces de ayudar
a su hijo, ni el hijo puede dejarse ayudar por el terapeuta. Por este motivo, la disciplina interior es tan importante.

A tu lado, Papá, me gusta (bulimia)


También las madres de hijas bulímicas les dicen a sus hijas: «Sólo lo que viene de mí es bueno; lo que viene del padre
no debes tomarlo.» Así, la paciente toma la comida y vuelve a escupirla. En este proceso, el tomar representa el respeto
ante la madre, y el escupir, el respeto ante el padre. La solución consiste en que la hija se imagine a sí misma sentada en
las faldillas del padre, mirándolo con cada bocado que toma y diciéndole: «De ti, Papá, lo tomo a gusto... A tu lado, Papá,
me gusta.» Aún resulta más efectivo hacerlo con la mirada puesta en la madre.

Prefiero perder mi dinero antes que mi vida (adicción al juego)


El siguiente ejemplo fue tomado de un seminario de supervisión en la Clínica Psicosomática de Bad Herrenhalb. Antes
de configurar el cliente la constelación de su familia de origen, Bert Hellinger pregunta por sucesos y suertes especiales en
la familia. Se sabe lo siguiente:
El cliente, ahora de 22 años, sufrió muchas caídas de niño, que en cinco ocasiones le provocaron una conmoción
cerebral. Cuando Bert Hellinger busca a alguien de la familia que tuviera alguna afección de la cabeza (lesión cerebral,
etc.), el cliente no recuerda a nadie. Su terapeuta, sin embargo, le recuerda que comentó que su madre sufrió varias veces
depresiones, ingresando incluso en una clínica psiquiátrica, y que en la familia tenía la fama de «no estar bien de la
cabeza». La madre tiene una hermana gemela divorciada y otra hermana, más joven. Hace un año, el padre del cliente
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murió de un paro cardíaco a la edad de cincuenta años. Al tener el padre seis años, el abuelo paterno murió de disentería
estando en cautiverio.
El cliente configura su sistema de origen.

Constelación inicial:

Abreviaciones: + P padre, murió hace un año, 1 primera hija


a la edad de 50 años 2 segundo hijo, adicto al juego
M madre 3 tercera hija

Figura 1
Bert Hellinger. ¿Cómo se encuentra el padre? Padre: Me siento agobiado.
Madre: No me encuentro bien, me siento abandonada. Primera hija: Me siento muy sola.
Representante del cliente: Me siento algo pensativo aquí. Segunda hija: Yo tampoco me encuentro bien. Aquí me falta
la fuerza. (Bert Hellinger coloca a una mujer al lado de la madre, fig. 2)

Abreviaciones: HGM hermana gemela de la madre, divorciada

Figura 2
Bert Hellinger: Esta es la hermana gemela. ¿Qué ha cambiado?
Madre: Me encuentro mucho mejor. Esto me sienta bien.
Bert Hellinger: ¿Qué ha cambiado para el padre?
Padre: Estoy triste.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Hermana gemela de la madre: Me siento bien y segura aquí.


Bert Hellinger: Sí, es imposible separar a unos gemelos. Simplemente tienen que estar juntos. Cuando una mujer tiene
una hermana gemela, el marido se casa con ella y con la gemela. (Coloca al padre a la izquierda de la madre, fig. 3)

Figura 3

Bert Hellinger: ¿Qué tal ahora?


Primera hija: Sigo sintiéndome mal. (Hellinger pone a los hijos enfrente de los padres y de la hermana gemela, fíg. 4)

Figura 4

Representante del cliente: Esto me salva. Allá atrás no me encontraba bien.


Bert Hellinger: ¿A quién imita? ¿Con quién está identificado?
Participante: Con el abuelo.
Bert Hellinger: Sí, exacto, con el abuelo que murió de disentería estando en cautiverio. Ocupaba su posición (introduce
a un hombre en la constelación, colocándolo a la izquierda; fig. 5). Éste es el abuelo que se quedó en la guerra. ¿Ha
cambiado algo? ¿Está bien aquí?
Madre (coge al abuelo para colocarlo detrás del padre, fig. 5): A mí me gustaría tenerlo aquí.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Abreviaciones: + PP padre del padre; murió de disentería estando en cautiverio, cuando el padre tenía seis años

Figura 5

Representante del cliente: Ahora tengo que mirar ahí. Bert Hellinger: Éste es exactamente el lugar que tú (cliente)
ocupabas antes. (Pone al abuelo directamente detrás del padre, fig. 6)

Figura 6

Bert Hellinger: ¿Qué tal así? — Este es un buen eje (padre y abuelo). ¿Hay alguien más que quiera cambiar su posición?
(el abuelo se acerca aún más al padre) Ahora se percibe muy claramente cómo todos se van centrando y la atención que
ponen en sus sentimientos. Es una diferencia muy pronunciada respecto a la primera constelación. Esta imagen es mucho
más exacta que la de antes. Se ve la seriedad y el recogimiento en las caras.

(Al cliente) ¿Quieres ocupar tu lugar? (Éste lo hace y empieza a llorar con mucha aflicción. Al cabo de unos instantes,
la representante de la madre se acerca él para consolarlo, pero Bert Hellinger la para. A continuación, lleva al cliente a un
lugar delante del padre y del abuelo; fig.7)

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Figura 7

Bert Hellinger: Míralos abierta y tranquilamente, con los ojos abiertos, (al cabo de unos instantes, padre e hijo se
abrazan) ¡Respirar profundamente! ¡Exacto! ¡Esto es! (después de un intervalo prolongado) ¡Respirar profundamente, con
la boca abierta! Así el tomar se logra mejor. - Dejar la boca abierta; esperar hasta que esté bien. - (Lo apoya de espaldas
contra el padre, fig. 8)

Figura 8

Bert Hellinger: Y c\ padre se apoya contra el abuelo. ¡Ahora mira de frente! ¡Respirar! (el cliente empieza a sonreírse)
Exacto, deja salir los sentimientos buenos. Eso da fuerza. — ¡Respirar profundamente, con la boca abierta! (el cliente
respira muy profundamente) ¡Dejar los ojos abiertos y mirar claramente hacia delante! - Ahora vuelve a tu lugar. (fig-9)

Figura 9

(Al cabo de unos instantes, Bert Hellinger lleva al cliente nuevamente a un lugar delante del padre y del abuelo, fig. 10)
Bert Hellinger: Dile al padre: «Tú estás muerto, yo aún me quedo un poco. Después, también moriré yo.»
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Cliente: Tú estás muerto, yo aún me quedo un poco. Después, también moriré yo. (Lo repite varias veces.)
Bert Hellinger: Díselo también al abuelo.
Cliente: Tú estás muerto, yo aún me quedo un poco. Después, también moriré yo.
Bert Hellinger: ¡Mirarlo! ¡Es mejor mirar! ¡Mirar claramente! Exacto, tu padre y tu abuelo miran a su hijo y nieto que
aún vive y que dice: «Yo aún me quedo.»

Figura 10

Cliente: Aún me quedo.


Bert Hellinger: «Un poco.»
Cliente: Un poco.
Bert Hellinger: Está bien. Ya está. (El cliente coge las manos de Bert Hellinger y le da las gracias emocionadamente.)
Lo he hecho muy a gusto, por tu padre y por tu abuelo. (El cliente abandona la sala.) Ahora haremos una pausa. Es lo que
necesitamos para que esto aún pueda actuar un poco en nuestra propia alma.
(Después de la pausa)
Bert Hellinger: Me gustaría volver sobre la constelación. ¿Cuál es el motivo por el que está en la clínica? No sé ni
siquiera lo que tiene.
Médico: Por adicción al juego.
Bert Hellinger: Si vuelve a jugar, que diga: «Prefiero perder mi dinero antes que mi vida.» Ésta es la dinámica. Estaba
claro que era un candidato a la muerte.
Participante: También va siempre de negro.
Bert Hellinger: También los accidentes son un indicio. Ésta es la imitación y la identificación con el abuelo.
Participante: Aún se me ocurre otra cosa más.
Bert Hellinger (interrumpiendo): No, toda descripción ulterior interrumpe el proceso terapéutico en él y en los
terapeutas. Aquí lo dejaré de momento.

Suicidio: respetar la decisión


En uno de los seminarios, un participante hace una pregunta en relación con el tema del suicidio.
Jens: No sé cómo tratar un asunto determinado. Una vez, mi padre me informó de que mi madre no debía saber que en
la familia de él se habían suicidado muchas mujeres. Diseñó un minucioso árbol genealógico, enseñándomelo en una
época en que yo más bien buscaba el enfrentamiento con mi madre. Me contó que su madre se había suicidado y que
también mi madre había estado en peligro de suicidio alguna vez. Supongo que quería hacerme entender que debía tratarla
con más cuidado. Ahora bien, hace dos años, se suicidó mi hermana, y no sé exactamente si yo tengo algo que ver en todo
ello o si...
Bert Hellinger (interrumpiendo): De acuerdo, la pregunta está clara. Cuando se da una interpretación de este tipo: «se
suicidaron porque los hombres eran tan déspotas», ya se puede olvidar. Por una razón así no se suicida nadie; las razones
se encuentran a un nivel mucho más profundo: se trata de implicaciones. Un acto así se comete por amor, estando
identificado y compartiendo el destino de alguien. Siempre que aparece como un acto de venganza, la interpretación se
queda en un primer plano.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Lo segundo es: si por este acto después les va peor a otras personas, el acto en sí acaba siendo aún más grave. Es decir,
si una persona se suicida y otra, por este motivo, se suicida también, aún debe ser peor para el que se suicidó primero,
puesto que su acto provocó una desdicha adicional. Si el segundo, por lo contrario, dice: «Respeto tu destino y tu decisión.
Ahora puedes estar en paz y quiero que sepas que todo sigue bien, que ahora lo malo puede darse por terminado.», el
muerto encuentra su paz y los vivos están libres.
Erich: ¿Podrías repetirlo?
Bert Hellinger: No, una frase así no debe repetirse. De todos modos, ha alcanzado su meta. Las cosas más importantes
no pueden ser retenidas; sí uno las retuviera, se malograrían.

Un ejemplo de los seminarios:


El cuarto día del segundo seminario, Bert Hellinger trabaja con Sarah en llevar a término el movimiento interrumpido
hacia uno de los padres. Sarah se quejaba de tener la sensación de no respirar bien, de no hacer más que inspirar. En
consecuencia, se encontraba muy tensa y le dolía el pecho.
Bert Hellinger (una vez llevado a término el movimiento interrumpido): Este ha sido un movimiento interrumpido.
Asma es un movimiento interrumpido. Inspirar significa tomar; y espirar, moverse hacia otra persona. En el caso de asma,
la persona afectada no puede espirar, lo cual muestra que se trata de un movimiento interrumpido.

Más tarde, el mismo día


Sarah (con voz angustiada y llorosa): Noto que la presión que siento también tiene que ver con el suicidio de mi padre.
Desde que empezaste a hablar de este tema, la presión aumenta. Y pensé que no era mi responsabilidad.
Bert Hellinger: ¿Cómo se suicidó?
Sarah: Se puso en la bañera y se abrió las venas.
Bert Hellinger: ¿Qué edad tenías tú?
Sarah: Veintiséis años.
Bert Hellinger: ¿Quién del grupo podría representar a tu padre?
Sarah: Antes de saber lo de Eckhard, pensé en él. Ahora me gustaría buscar a otra persona.
Bert Hellinger: No, no, éste ya va bien. - Eckhard, ¿quieres expiar de manera positiva? (éste asiente con la cabeza)
Haré un ejercicio diferente contigo. (Le pide a Eckhard que se estire en el suelo; éste se acuesta de espaldas.)
Bert Hellinger (a Sarah): Ponte de espaldas a su lado. (Sarah se pone a su lado.) ¡Lo más cerca posible! (Sarah empieza
a llorar.) Imagínate que estás mirando al padre muerto en la bañera.
Sarah (llorando fuertemente): ¡No!
Bert Hellinger: No, no, eso se hace con amor. - ¡Y abre los ojos! - ¡Más cerca, más cerca! - Y dile: «Querido Papá, me
pongo a tu lado (Sarah lo repite). Respira tranquilamente. (Sarah llora) No, eso no lleva a ninguna parte, ¡repítelo muy
tranquilamente!
Sarah: Querido Papi, me pongo a tu lado.
Bert Hellinger: Exacto. Ya está. Ahora quédate tranquilamente en este sentimiento y respira. — Así se neutraliza la
identificación, (al grupo) Si se encuentra a su lado, ya no puede estar identificada. La relación sustituye la identificación y
la disuelve. — Ya está. ¡Gracias, Eckhard! (Ambos vuelven a sus asientos.)
Friedemann: Hubo una gran diferencia en el estado emocional.
Bert Hellinger: Sí, hay que abandonar la dramatización. El sentimiento recogido es sin emoción. Cuando se dice muy
tranquilamente, es acertado. Por tanto, hay que alejarse de lo ruidoso, y al final tiene que ser todo simple. Esta es la
solución.

Más tarde
Sarak: Me encuentro mucho mejor. Abajo aún noto una ligera tirantez, pero más bien es como una tormenta, un
murmullo que se retira.
Bert Hellinger: Te recuerda que la tormenta ya pasó.
Sarah: Por otra parte, estoy desconcertada, porque hubiera pensado en todo tipo de relaciones entre mi padre y yo,
pero nunca en una identificación. Interiormente, mi interés se dirige ahora a cuestiones profesionales y a la vida de pareja.
Bert Hellinger: ¡De acuerdo, bien!

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Bert Hellinger – Felicidad dual

El quinto día
Sarah: Desde esta mañana, el corazón me late fuertemente. Una y otra vez me viene a la mente el nombre de mi primer
hermano. Tengo un hermanastro y después otro hermano, que murió. También me acordé mucho de este último antes de
mi aborto. Por eso siento otra vez más la necesidad de hacer la constelación.
Bert Hellinger: Sí, lo haremos.

El quinto día, por la tarde


Bert Hellinger (a Sarah): ¿Qué, Sarah? ¡Ya casi pareces feliz, con colores...!
Sarah: Sí, y lo bonito es que los dolores que antes tenía en el sacro han desaparecido. Me siento toda ligera en la pelvis
y con ganas de saltar. Siento una alegría saltarina; mi corazón late como alegrándose de algo que ha de venir, y tengo
menos miedo. Te agradezco el empujón, fue muy importante.
Bert Hellinger: Para eso estoy. (Le pide que configure su sistema de origen.)
Durante la constelación surgen las siguientes informaciones importantes: El primer marido de la madre murió durante
la guerra. El hijo de ese matrimonio nació dos meses después de morir el padre. Más tarde, la madre se volvió alcohólica.
El padre se suicidó, según la opinión de Sarah, a causa del alcoholismo de la madre. Un primer hijo de este matrimonio
murió a la edad de siete semanas.

Constelación inicial de la familia de origen de Sarah:

Abreviaciones: Figura 1

+P padre; se suicidó al tener Sarah 26 años M madre


1 primer hijo de la madre, hermanastro de Sarah; nació 2 meses después de morir su padre
2 segundo hijo
3 tercera hija
4 cuarta hija, Sarah

Una vez configurada la constelación de la familia de origen:


Bert Hellinger (a la madre): ¿Cómo te va?
Madre: Me siento amenazada. Son dos cosas: a la izquierda, mi marido; y por otra parte, aquí (indica hacia la derecha,
al hijo de su primer matrimonio). Está como flotando, como si no lo pudiera coger.
(Bert Hellinger coloca al padre de la madre detrás de ésta; después, pone a su primer marido a la derecha del hijo; fig. 2)

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Figura 2
Abreviaciones:
+PM padre de la madre, fallecido
IMarM primer marido de la madre, murió en la guerra

Madre: En un primer momento fue bonito, pero después volví a sentir la amenaza.
Bert Hellinger: ¿Qué pasó con su padre?
Sarah: No lo sé. Lo único que puedo decir es que su madre dominaba en el matrimonio.
Bert Hellinger: Siempre es así con los alcohólicos.
Sarah: Él le daba el dinero, pero ella tenía el poder. -Aún se me olvidaba algo. Parece ser que mi madre, ya casada con
mi padre, debió de vivir un gran amor con otro hombre mientras mi padre aún estaba en la guerra. Dado que mi madre era
médica, al final de la guerra este hombre le pidió que le facilitara cianuro potásico para él y para toda su familia. Ella lo
hizo. (Reacción de sobresalto en el grupo.) Este hombre se suicidó; su mujer y sus hijos no lo hicieron.
Bert Hellinger: Esto es lo que amenaza. (Lleva al hermanastro de Sarah y al primer marido de la madre algo más hacia
atrás, fig. 3.) Primeramente tenemos que poneros a salvo a vosotros dos. Y tú (padre de la madre) puedes volver a sentarte.
(Introduce al amigo de la madre que se suicidó con cianuro, fig. 3. Silencio prolongado.)

Abreviaciones: Figura 3
AM amigo de la madre, se suicidó

Bert Hellinger: ¿Quién hubiera tenido que suicidarse?


Miriam: La madre.
Bert Hellinger: ¿Y quién lo hizo? — El padre. A veces es así.
Amigo de la madre: Me encuentro muy extraño aquí, sobre todo si ella (madre de Sarah) está tan cerca. (Bert Hellinger
les pide que cambien sus lugares. Al ver que el malestar no cesa, hace que ambos se giren hacia fuera. Finalmente hace
que la madre, y después también el amigo, salgan de la sala, fig. 4.)

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Bert Hellinger – Felicidad dual

Figura 4

Representante de Sarah: Ahora puedo volver a levantar la mirada.


Hermano (+2): Y mi resentimiento va disminuyendo.
Hermana: Por primera vez puedo mirar al padre.
Padre: Para mí es como un lento despertar de una rigidez cadavérica. Era horrible.
(A continuación, los hijos prueban varias posiciones en relación al padre hasta encontrar su lugar definitivo.)

Figura 5. Constelación de solución de la familia de origen de Sarah

Bert Hellinger (hace entrar a los representantes que están delante de la puerta): ¿Qué tal os encontrabais ahí fuera?
Madre: Bien, nos entendíamos muy bien.
Bert Hellinger (le pide a Sarah que ocupe su lugar): Aún puedes probar tu posición si quieres. (Sarah inspira
profundamente unas cuantas veces; después empieza a llorar, vuelve a abrir los ojos y quiere acercarse al padre.)
Bert Hellinger: No, quédate aquí; quédate aquí y abre los ojos. Tranquilamente. (Sarah respira más tranquilamente y
mira claramente al padre.)
Bert Hellinger: Respirar tranquilamente, muy tranquilamente. Quédate en la fuerza concentrada. (Sarah sigue mirando
tranquilamente al padre) Cuatro hombres muertos en este sistema.
Una vez participó un matrimonio en un grupo de terapia primaria. Durante una sesión, el marido se puso todo eufórico
y fuera de sí. Lo que llamaba la atención era que siempre iba de negro. Al día siguiente, al preguntarle por sucesos
importantes en su familia de origen, el cliente se dio cuenta de que en su sistema se habían suicidado siete hombres, todos
por sus mujeres. - ¡Siete hombres!
(Después de una pausa) De acuerdo, Sarah, bien. (Todos se sientan.) Aún quisiera decir algo acerca de destinos
transferidos en un sistema. Una vez, en Lindau, un participante de un grupo contó que a veces veía personas a su lado que
se desmayaban. Y siempre le venía la misma idea: «¡Pero si todo esto es mentira!» Después configuramos su sistema. Su
madre había tenido un amigo judío. En la constelación, la madre estaba al lado del amigo judío y de los tres hijos; el padre
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carnal, sin embargo, se encontraba lejos y apartado. Este padre se había alistado al ejército del aire. En este sistema, el
padre había adoptado la suerte del judío, y el judío ocupaba el lugar del padre. Tales casos existen. Es difícil dejar a
alguien solo con su destino, pero nadie puede asumirlo en su lugar. En tu caso, Sarah, es posible que tu padre,
suicidándose, tomara sobre sí el destino de la madre. (Pausa)

Aún tuve otro caso parecido. Una vez vino una participante cuya madre había tenido un amigo antes de casarse. Éste, a
su vez, tuvo una novia a la que, al final de la guerra, le dio cianuro potásico, y ella y su madre se suicidaron. El hombre
estaba muchas veces con la familia, manteniendo, además, una relación íntima con la madre. La participante estaba en
peligro de suicidio. Después de algún tiempo vino su madre, también terapeuta, a un grupo de supervisión. En esa ocasión
le conté lo ocurrido, diciéndole que el que en realidad tenía que suicidarse era el amigo; la hija estaba identificada con la
anterior novia de éste. La madre me contestó: — Éste siempre lleva cianuro encima.
Sarah: Mi padre siempre quería que mi madre se suicidara con él. (Silencio)

Bert Hellinger: Así van los sistemas. De tales suertes puedes deducir lo que significa el concepto de purificación. En la
tradición espiritual existe la idea del camino de purificación, de una profunda purificación interior. Sin embargo, no es
posible realizarla a un nivel personal, por ejemplo, intentando purificarse de los propios pecados o deseos. La verdadera
purificación es la liberación de las implicaciones del sistema. Sin esta purificación no puede haber ningún desarrollo ul-
terior, ni tampoco es posible lograrlo a través del recogimiento. ¿Alguna pregunta más al respecto?
Angela: No sé si no lo oí: ¿también preguntaste por la familia de su padre?
Bert Hellinger: No, cuando hay algo tan masivo, todo lo demás queda tapado. Cuando hay algo tan explosivo en el
presente, ya no es necesario mirar más allá en el pasado. Para ti, Sarah, lo importante es que dejes que los muertos, todos,
encuentren su paz; que dejes que tu madre asuma su culpa, y que tú te alies con las fuerzas buenas en el sistema, es decir,
con tu padre.

Sarah: Está bien con mi padre. Me voy despidiendo.


Bert Hellinger: No, yo no lo haría.
(Sarah intenta contradecirlo) No, no, no.
Sarah: Bueno, estoy triste, y eso es cierto.
Bert Hellinger: Sí, porque para ti está muerto. Puedes decirle: «Querido Papá, en mí aún vives, y quiero que te vaya
bien.» — (al grupo) Ni siquiera lo ha oído.
Sarah: ¡Que sí!
Bert Hellinger: ¿Qué te dije?
Sarah: En mí aún vives, y quiero que te vaya bien. Y pensé: 'En el fondo es verdad'.
Bert Hellinger: El asentimiento llega demasiado pronto. Cuando lo vives, ya no necesitas asentir a ello. A veces, el
asentimiento sustituye la vivencia. — Bien, ¿qué le dices?
Sarah: En mí aún vives.
Bert Hellinger:... «y te dejo participar en lo que hago.»
Sarah: Y te dejo participar en lo que hago.
Bert Hellinger: Ésta es la reconciliación. Su padre es la víctima de determinadas implicaciones. Es bueno que de la
víctima emane una fuerza que influya de manera positiva sobre otras personas. Esta es la reconciliación; de esta manera
no fue en vano.
Sarah: Sí, quisiera que no fuera en vano. Nuestra familia se extingue y el nombre desaparece ...
Bert Hellinger: No, no, no, estás desviando la conversación. — Eres un caso perdido, y aquí lo dejaré. Pero quizás se
te aparece otra vez tu padre en sueños para decirte lo que es esencial. Quizás a él le escuches más que a mí. ¿Algo más,
Sarah?
Sarah: No. También de ti me gusta oír lo que es esencial.
Bert Hellinger: De momento, lo dejaré aquí. Lo esencial está dicho y ahora tengo que confiar en que de ahí nazca algo
bueno.

Uno que se olvidó de sus síntomas


Hace un tiempo, un buen compañero mío dio una conferencia sobre enfermos de cáncer. Aportó el siguiente ejemplo:

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Bert Hellinger – Felicidad dual

En una clínica de Estados Unidos se ingresó a un hombre. Al operarlo, vieron que tenía metástasis por todo el cuerpo,
por lo que volvieron a cerrarlo y lo enviaron a casa. El hombre ya era bastante mayor; sin embargo, aún vivió unos diez
años más antes de morir tranquilamente. Después, la mujer envió una carta a la clínica para agradecerles su ayuda de
aquel entonces. Su marido se había recuperado tan bien y aún habían pasado tantos años felices. Los médicos de la clínica,
asombrados, miraron la historia clínica, donde ponía que el hombre, en aquel entonces, tenía metástasis por todo el
cuerpo. A la mujer, sin embargo, le habían dicho: —Su marido está bastante bien, lo único que necesita es un poco de
cuidado; por lo demás, nada especial. — Este hombre se olvidó de sus síntomas. Por eso estaba sano.

E. SUFRIR ES MÁS.FÁCIL QUE ACTUAR: INSTANTÁNEAS TERAPÉUTICAS

Si lo otro no funciona
Alexis: Aún sigo pensando que mi sistema actual es tan complicado.
Bert Hellinger: Pero si dijiste que eras feliz, ¿qué hay de complicado en todo eso?
Alexis: Entonces diré lo bueno. Ayer llamé a Grecia y se puso mi mujer al teléfono. Hablando, me dijo: —Cuando
vuelvas, quiero estar contigo en la cama.
Y yo pensé: '¡Dios mío, eso es! ¿Para qué todo lo demás?'
Bert Hellinger: Exacto. Eso es.
Alexis: Todo marcha bien. Estamos juntos y todo va bien. Ayer aún pensé. 'Diré esto si lo otro no funciona' (grandes
risas).

El curso de patinaje
Ludwig: Ahora mismo me estuve preguntando si yo también era un burro (risas). Aún me siento avergonzado por algo
que dije ayer al final.
Bert Hellinger: Ya está bien. Hubo una vez un hombre que quería mucho a su hija. Ésta tenía muchas ganas de hacer
un curso de patinaje. Así, pues, el padre le compró unos patines y la inscribió en una escuela de patinaje. La hija fue, y
volvió radiante, diciendo: —Fue maravilloso, no me caí ni una sola vez.
La siguiente vez, también volvió radiante, diciendo: —Otra vez fue maravilloso, no me caí ni una sola vez.
Al oírlo, el padre respondió: —Te sacaré de esta escuela, no puede ser buena.
(Ludwig se ríe a carcajadas.)
¿Algo más, Ludwig?
Ludwig: De momento, no.

Un segundo grifo
Use comenta que no podía conciliar el sueño porque constantemente pensaba en cómo colocar a los miembros de su
familia en su constelación.
Bert Hellinger: Por supuesto, éste es un esfuerzo inútil, ya que cuando se hace realmente, resulta totalmente diferente.
Ese: Simplemente no podía pararlo. Quería pararlo, pero era imposible.
Bert Hellinger: ¿Sabes cómo se para este tipo de pensamiento?
Use: Contando ovejitas o algo similar.
Bert Hellinger: No, aún se lleva a un nivel más consciente. Es decir, si una persona no puede dormirse porque hay un
grifo que gotea, basta con imaginarse dos grifos (risas generales) o tres. Es lo que se llama difusión.

Mi «relación»
Max: Tengo muchas impresiones. No sé qué decir.
Bert Hellinger: ¿Algún objetivo?
Max: Sí, cuando se dé la ocasión, me gustaría configurar mi relación.
Bert Hellinger: ¿Sabes lo que quiere decir «relación» en este contexto?
Max: No.
Bert Hellinger: Que no dura.
Participante del grupo: ¿Sino qué?
Bert Hellinger: Si fuera otra cosa, lo llamarías de otra manera. ¿Algo más, Max?
Max: No, eso basta.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

Demasiadas palabras
Klaus: Una y otra vez me vienen imágenes de mis abuelos. Ambos eran menospreciados; el padre de mi padre era
considerado un déspota severo — exteriormente tenía bastante parecido conmigo y llevaba barba. El otro tenía fama de
calavera y Don Juan, un irresponsable que se escabullía. Me doy cuenta de que me supone un gran esfuerzo hacerlos
resucitar de nuevo. En general, si quiero que el principio masculino se enderezca, simplemente no encuentro ningún lugar
para ello.
Bert Hellinger (provocativo): ¡Te servirá de mucho si sigues así!
Klaus: Los dos ya me gustan como imagen, pero hay algo que me impide el paso, que no logro captar.
Bert Hellinger: Tienes que ponerte al lado de estos hombres con la vista puesta en sus mujeres, así sabrás lo que
significa tener valor.
Klaus: Veo una relación cuando dices «con la vista puesta en las mujeres». Por una parte puedo entender muy bien al
hombre,...
Bert Hellinger: Éstas ya son demasiadas palabras. Mientras tanto, ya hubieras podido hacerlo.

Vigilar la fuente
Alexis: Me llamó mi mujer desde Saloniki, reprochándome que no la había llamado. Le dije: —De acuerdo, deja los
reproches. Te quiero y estoy pensando en vosotros.
En ese mismo momento todo estaba bien. Y cuando salí del teléfono, otra vez sentí el amor, igual que ayer, y también
empecé a sollozar. En circunstancias normales no puedo llorar, lo cual me supone una auténtica limitación. Sólo puedo
hacerlo en este contexto terapéutico.
Bert Hellinger: Es como con el trabajo y las vacaciones: se tiene algo menos de vacaciones que de trabajo. Estas
manifestaciones de afecto son efectivas si son moderadas y escasas.
Alexis: Así, también tiene peso para mí. Me siento otra vez animado y...
Bert Hellinger: También hay personas que, al descubrir una fuente en su jardín, se sientan delante para vigilar que no
se agote.

Defenderse es inútil
Lydia: Tengo la impresión de que en nuestra relación de pareja ninguno de los dos valora lo suficiente la familia del
otro. Frecuentemente adopto una posición de defensa, me retiro sin decir lo que pienso y siento, para después ponerme
agresiva en otra ocasión. Estuve pensando que una solución sería ver a mi propia familia de origen de manera positiva,
valorarla, y así no tener que luchar tanto.
Bert Hellinger: Sí, puedo imaginármelo muy bien. Así descansas en ti misma. Lo que ocurre es lo siguiente: cuando
una persona no tiene razón, no tiene que defenderse; y cuando tiene razón, tampoco. También puedes decirle: «Si nuestra
familia no hubiera sido tan buena, no podría quererte como te quiero.»

Desenlaces providenciales
Josef: Mientras daba un paseo, me vino a la memoria que mi nacimiento también debió de ser muy dramático. Tenía el
cordón umbilical alrededor del cuello y mi madre por poco se hubiera muerto de una hemorragia secundaria.
Bert Hellinger: Ésta es una información importante. — ¿Y qué se hace en un caso así?
Josef: Después, mi madre me consideraba su salvador, porque con mis lloros hice venir a las enfermeras. Yo, por mi
parte, me doy cuenta de que eso no corresponde.
Bert Hellinger: Se me ocurre una historia, y ni siquiera sé por qué la cuento ahora:

CONFIANZA EN DIOS
Durante una gran inundación, un rabino imploraba a Dios para que le ayudara. El agua, sin embargo, subía y subía,
y finalmente el hombre se refugió en el tejado de su casa.
Al pasar una barca y querer recogerlo, él la rechazó:
—Estoy esperando que Dios me ayude —y siguió rezando.
Después, un helicóptero se acercó para salvarlo; él, sin embargo, respondió:

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Bert Hellinger – Felicidad dual

-No, no. Estoy esperando que Dios me ayude.


Finalmente se ahogó, y al llegar a Dios, se quejó:
-¡Estuve rezando tanto, y tú no me ayudaste!
-Síque lo hice -dijo Dios-: te envié una barca y un helicóptero.

(Después de un silencio prolongado.)


Aún estoy pensando en ti. ¿Cuál sería el acto interior realmente liberador para ti?
Josef: Dar las gracias.
Bert Hellinger: Exacto. ¿Pero cómo? - Tendría que ser algo en el sentido de: «hubo un desenlace feliz». Y nunca se
saben los desenlaces que toman las cosas.
Una vez, un capuchino dio una homilía. Al volver a la sacristía, se le acercó una mujer diciendo: -Ahora estoy
convertida; ¡me ha conmovido tanto!
El capuchino se quedó intrigado -eso fue su fallo- y preguntó:
-¿"Qué es lo que la conmovió tanto de mi homilía?
Ella contestó:
-Una vez, usted se giró para sonarse, y pensé: 'Si Dios me vuelve las espaldas así, estoy perdida'. - Ésta es la diferencia
entre el actuar de la persona y la providencia divina.

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Bert Hellinger – Felicidad dual

VII EL MOVIMIENTO HACIA EL TODO

Los órdenes del amor, que nos acompañaron en relaciones anteriores, únicamente son válidos en ámbitos estrictamente
limitados. Son diferentes para las relaciones del hijo con sus padres, diferentes para las relaciones de los padres con sus
hijos, diferentes para las uniones libremente elegidas, y diferentes entre parejas.

Si estos órdenes se aplican más allá de dichos ámbitos, por ejemplo a Dios, al Destino o al Todo, se convierten en des-
orden y en un absurdo. Algunos se refieren a Dios como hijos a sus padres, buscando un Padre Dios o una Gran Madre;
ellos creen como niños, esperan como niños, confían como niños, aman como niños, los temen como niños y, como niños,
quizás también temen el saber.

O nos referimos al Todo misterioso como a los antepasados y a la red familiar: por una parte, nos sabemos
consanguíneos suyos en una Comunión de los Santos, pero también, al igual que en la red familiar, reprobos o elegidos,
según una ley implacable, sin que pudiéramos comprenderla ni influir sobre su decisión.

O nos comportamos hacia el Todo como si en un grupo de iguales nos encontráramos, convirtiéndonos en sus
colaboradores y representantes, pactando y negociando con él, haciendo una alianza y reglamentando por contrato los
derechos y los deberes, el dar y el tomar, la ganancia y la pérdida.

O nos comportamos con el Todo misterioso como si estuviéramos en una relación de pareja, en la que hubiera un
amado y una amada, un novio y una novia.

O nos comportamos con el Todo misterioso como padres con su hijo, diciéndole lo que acaba de hacer mal y lo que
tendría que hacer mejor, cuestionando su obra y, si este mundo no nos parece bien de la manera que es, pretendiendo
salvarnos a nosotros mismos y salvar a otros de él.

O, por lo contrario, al referirnos al Misterio de este mundo, dejamos atrás los órdenes del amor que conocemos,
abandonándonos al olvido, como si ya estuviéramos en el mar y todos los ríos hubieran alcanzado su fin.

SER Y NO-SER
Un monje, que estaba a la búsqueda, pidió a un mercader una limosna.
El mercader, por un momento, lo miró y preguntó al dársela:
- ¿Cómo puede ser que tú a mime tengas que pedir aquello que te falta para tu sustento,
y, al mismo tiempo, me menosprecies a mí y también mi vida, cuando nosotros te
concedemos lo que necesitas?
El monje respondió:
-Comparado con lo Último que busco, todo lo demás parece poco.
El mercader, empero, volvió a preguntar:
- Si un Último existe, ¿cómo puede ser algo que pueda buscar o encontrarse, como si al
final de un camino se hallara?
¿Cómo podría uno salir a su encuentro y, como si entre otras muchas cosas fuera una,
apoderarse de ello?
¿Y cómo, por otra parte, podría uno volverle las espaldas y, menos que otros, ser llevado
por ello o estar a su servicio?
El monje contestó: —Lo Último encuentra el que renuncia a lo cercano y lo presente.
El mercader, empero, siguió razonando:
- Si un Último existe, es próximo a cada uno, aunque, como en todo Ser un No-ser y en
todo Ahora un Antes y un Después, escondido en aquello que aparece y permanece.
Comparado con el Ser, que experimentamos como pasajero y limitado, el No-ser nos parece
infinito, igual que el De Dónde y el Adonde comparado con el Ahora.
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Bert Hellinger – Felicidad dual

El No-ser, sin embargo, se nos revela en el Ser, igual que el De Dónde y el Adonde en el
Ahora.
El No-ser, como la noche y la muerte, es principio sin conocimiento, y sólo brevemente,
igual que un relámpago, nos destella su mirada en el Ser.
Así, lo Último también a nosotros se nos acerca sólo en lo próximo, y resplandece ahora.
Ahora también el monje preguntó: —Si lo que dices fuera la verdad, ¿qué quedaría aún
para ti y para mí?
El mercader le dijo: —Aún nos quedaría para un tiempo la Tierra.

La fe de la creación y la fe de la revelación
El padre de un participante de uno de los seminarios se salió de una orden religiosa, formó una familia y tuvo varios
hijos con su mujer. En la constelación se encuentra entre la orden y su familia.
Bert Hellinger: Viendo esta constelación, tu padre lo hubiera tenido más fácil en el convento. Frecuentemente es así, y
por eso lo menciono. Si alguien pertenecía a Dios o a la Iglesia, o debía pertenecer a Dios, y deja la orden o la Iglesia,
frecuentemente, esa persona después se limita o vive de una manera más limitada que si hubiera seguido de clérigo o de
religioso. En los católicos esta dinámica aún actúa con más fuerza, ya que las limitaciones (por ejemplo, por el celibato)
son aún mayores. Si alguien abandona la Iglesia o la orden, este paso sólo puede lograrse si se recorre todo el camino, es
decir, hay que abandonar la fe para dirigirse a una fe mayor.
Puesto que es una fe mala la que se imagina que un hombre tendría la posibilidad, el derecho o la obligación de
pertenecer a Dios de una manera especial, y que ese Dios se enfadaría si la persona hiciera algo que está de acuerdo con la
Creación. La fe y la incredulidad están inseparablemente unidas en el alma, al igual que la inocencia y la culpa, y, de la
misma manera que siempre existe un tira y afloja entre la inocencia y la culpa, así también hay una interacción entre la fe
y la incredulidad. La fe en el Dios de la Revelación exige abandonar al Dios de la Creación, y con ello también a la
Creación tal como la percibimos. La fe de la Revelación en muchos sentidos nos transmite que el mundo es malo.
Creyéndolo así, tengo que renegar de lo que percibo, y tengo que renegar de la Creación para dirigirme a un Dios revelado
del que sólo se sabe lo que alguien dijo que Aquél había dicho. Eso es todo lo que sabemos de él. No hay experiencia de
él, sino sólo relatos de experiencias que algunos dicen haber hecho. La fe en un Dios revelado, por tanto, siempre es la fe
en un testimonio que alguien da, y finalmente ese testimonio para mí se hace vinculante. Es decir, siempre se trata de una
fe en una persona.
Este tipo de religión se transmite culturalmente a través de tradiciones familiares. La fe de la revelación es necesaria
para pertenecer a una familia determinada que comparte esa misma creencia. El abandono de esa fe siempre es un
abandono de la familia. Todos los que abandonan una religión sienten lo mismo, independientemente de ser protestantes,
musulmanes o católicos. La conclusión es que tales sentimientos no guardan ninguna relación con los contenidos;
primordial-mente se trata de una dinámica sistémica. La fe de la revelación sirve para mantener unidos ciertos grupos. La
fe de la Creación, sin embargo, engloba también el asentimiento al mundo tal como es, uniendo así a las personas. Las
religiones erigen fronteras. En la fe de la Creación no hay fronteras. Si alguien siente respeto ante la Creación, ante el
hecho de que ésta sea como es, no puede quedarse con un único grupo. El que se dirige a aquello que la Creación es, tiene
que sobrepasar las fronteras de su familia o de su grupo, lo cual tiene una cualidad totalmente distinta.

Los DISCÍPULOS
Alguien nace en su familia, en su país y su cultura, y ya de niño oye quién, hace tiempo, fue su modelo y su
maestro, y siente el profundo anhelo de hacerse y de ser como aquél. Se une a un grupo de iguales, se ejercita
en una disciplina de largos años, y sigue al gran modelo hasta ser idéntico a él, y pensar y hablar y sentir como
él.

Pero una cosa, piensa, aún le falta. Así emprende un largo camino para, quizás, aún superar en la soledad
más lejana, una última frontera. Pasa por jardines antiguos, largamente abandonados. Aún florecen rosas
silvestres y altos árboles traen su fruto cada año, pero éste cae al suelo sin cuidado por no haber nadie que lo
quiera. Después comienza el desierto.

Pronto le rodea un vacío desconocido. Le parece como si aquí cualquier rumbo fuera indiferente, y también
las imágenes, que a veces ve delante de sí, pronto se muestran vacías. Camina siguiendo su impulso, y cuando
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ya hace tiempo que no se fía de sus sentidos, de repente ve el manantial: brota de la tierra, y la tierra lo vuelve
a recibir. Pero allí donde su agua llega, el desierto se convierte en un paraíso.
Al mirar a su alrededor, ve a dos desconocidos que se acercan. Ellos hicieron lo mismo que él: como él
emprendieron un largo camino para, quizás, aún superar en la soledad del desierto una última frontera; y
encontraron, como él, el manantial, juntos se agachan, beben de la misma agua, y ya creen la meta casi
conseguida. Después, se confían sus nombres:
— Yo soy Gotama, el Buda.
— Yo soy jesús, el Cristo.
— Yo soy Mahoma, el Profeta.
Después, llega la noche y encima de ellos, como siempre, destellan las estrellas, inalcanzables en su lejanía
y en su quietud. Todos enmudecen, y uno de los tres se sabe cerca de su gran modelo como nunca. Le parece
como si por un momento pudiera intuir cómo se sentía cuando lo supo: la impotencia, la inutilidad, la
humildad, y cómo debería sentirse si también conociera la culpa.

A la mañana siguiente, da la vuelta y sale salvo del desierto.


Una vez más su camino le lleva por los jardines abandonados, hasta acabar en uno que es el suyo. Delante
de la entrada se encuentra un hombre mayor, como si lo hubiera estado esperando.
Le dice: -Quien, como tú, de tan lejos encontró el camino de vuelta, ama la tierra húmeda. Sabe que todo, si
crece, también muere, y si acaba, también nutre.
—Sí—responde el otro—, estoy de acuerdo con la Ley de la Tierra. Y empieza a trabajarla.

EL CAMINO PROFESIONAL DE BERT HELLINGER


Durante los años que Bert Hellinger trabajaba de misionero católico y director de una escuela en Sudáfrica, conoció un
tipo de Dinámica de Grupo fundamentalmente diferente de aquélla practicada en aquel entonces en Alemania. Los
entrenadores provenían del ámbito cultural anglo-americano y la formación estaba enteramente orientada a la práctica.
Tan sólo podían participar aquellas personas que trabajaban en alguna institución y tenían la intención de aplicar
inmediatamente lo aprendido. Los seminarios eran ecuménicos y abiertos a todas las razas.
«La diferencia fundamental que me impresionó fue el gran respeto que los entrenadores mostraban ante el individuo.
Eran duros, pero siempre con el mayor respeto. Nunca hubo ningún abuso por parte de los entrenadores. Aún tengo
presente a uno de ellos, David. Es un ejemplo que actúa en mi alma. El impulso decisivo que de él recibí fue la pregunta
que en aquel entonces me hizo:
-¿Qué te es más importante, los ideales o las personas? ¿Qué sacrificas a qué?
Después, no dormí en toda la noche. Le estoy muy agradecido.
A continuación, practiqué este principio, que llegó a formar parte de mi trabajo a mi vuelta a Alemania.
Otra experiencia decisiva fue el primer seminario de Gestalt dirigido por Ruth Cohn en Alemania. Fui el primero en la
"silla caliente", y durante esa sesión tomé una decisión fundamental para mi vida posterior. Más tarde me alejé de la
terapia de la Gestalt, ya que muchas veces el enfrentamiento entre "underdog" y "topdog" me parecía como un juego. Pero
no quisiera infravalorar la terapia de la Gestalt.
El segundo elemento decisivo fue una formación psicoanalista en Viena. Durante un encuentro de fin de semana
para los candidatos probamos diferentes cosas. Una participante propuso que simplemente gritáramos con la letra
A. Así lo hicimos, disfrutando realmente ese ejercicio. Cuando, más tarde, se lo conté a mi analista, éste me
recomendó un libro que había recibido; se trataba de The Primal Scream (El Grito Primario) de Janov. Él mismo no
lo había leído. Yo lo miré y me quedé fascinado de su inmediatez y de la rapidez con la que se conseguía un
objetivo. En el siguiente seminario de dinámica de grupo apliqué directamente algunas de sus ideas y me quedé
asombrado de su efecto.»
A continuación, se produjo un escándalo cuando Bert Hellinger disertó ante la Asociciación Psicoanalista sobre el libro
y el trabajo de Janov, negándosele incluso el reconocimiento como psicoanalista. Dado que de todos modos tenía la
intención de aprender terapia primaria, se trasladó a Los Ángeles, donde estudió con Janov durante nueve meses. Junto
don su mujer, Herta Hellinger, aún visitó otro instituto de terapia primaria en Denver, Colorado, para después practicar
terapia primaria en su propia consulta.
«Entremedias, aún hubo otra experiencia decisiva: un taller de Gestalt, de cuatro semanas, con Hilarión Petzold.
Durante este seminario, Fanita English mencionó el análisis transaccional y el análisis conciliatorio, recomendándome el
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libro de Eric Berne ¿Qué dice ustedes después de decir 'buenos días'?. Cuando fui a la entrevista de admisión con Janov,
me compré el libro; afortunadamente, el avión tuvo ocho horas de retraso por un defecto de motor, lo cual me dio tiempo
de repasar casi todo el libro. En el seminario que comenzó inmediatamente después de mi vuelta de Estados Unidos pude
aplicar directamente algunas cosas: lo poco que había comprendido surtió un efecto inmediato.
Después, cambié mi método, trabajando en mis cursos sobre todo con análisis transaccional. Durante este trabajo
llegué a un conocimiento importante. El análisis transaccional atribuía los guiones a mensajes que habían sido
transmitidos a la persona. Yo detecté que los guiones actuaban a través de sucesos ocurridos en el sistema, independientes
de mensajes directos. En la mayoría de los casos no se trata de acontecimientos que la persona misma haya vivido;
también pueden haber ocurrido en otra parte y en otro tiempo, manifestándose posteriormente en un guión. De repente
surgió un aspecto multigeneracional. A partir de ese momento, mi trabajo de análisis transaccional cobró un enfoque
sistémico, descubriendo paulatinamente y con más claridad las leyes según las cuales se producen identificaciones y cómo
se disuelven los guiones disolviendo la identificación. Después, el trabajo con guiones ya no fue más que un
complemento.
Mientras tanto, también había leído el libro Lealtades Invisibles de Ivan Boszormenyi-Nagy. La idea de la
compensación me impresionó, aunque por su lenguaje difícil no comprendía muchos aspectos. No obstante, el principio
de la compensación a través de generaciones me ayudó a observar más detenidamente tales procesos.»
Sin embargo, Bert Hellinger no ve el equilibrio entre tomar y dar desde un punto de vista ético: «Tan sólo veo el
desnivel; y el desnivel entre ganancia y pérdida produce una dinámica que tiende a una compensación.
Más tarde, me dediqué a terapia familiar, estudiando con Ruth Me Clendon y Leslie Kadis. Fue en sus seminarios
donde vi por primera vez el trabajo con constelaciones familiares. Me impresionó, pero aún no pude comprender de
manera exhaustiva sus conceptos. Sin embargo, la terapia familiar me atrajo de tal manera que pensé que en el fondo
debía trabajar según ese método. Después miré mi trabajo realizado hasta ese momento y me dije: 'Es bueno y no lo dejaré
antes de conocer lo otro'. Así, simplemente seguí trabajando, y al cabo de un año, todo era terapia familiar, añadiéndose
aún otro aspecto muy importante: había descubierto el orden de origen. En este caso, el punto de partida fue un artículo de
Jay Haley acerca del "triángulo perverso". Estas dinámicas me llevaron al orden de origen. Fue una vivencia clave que me
permitió encontrar muchas otras soluciones. A continuación, me inspiraron las constelaciones familiares de Thea
Schónfelder. Al cabo de un cierto tiempo comprendí claramente los principios y dónde se encontraba el orden, y desde
entonces puedo trabajar de esta manera.
También es importante la influencia de Milton Erickson y de Programación Neurolingüística. Para mí, lo más
importante de PNL fue el interés centrado en la solución y no en el problema. Otro impulso vino de la terapia
provocativa de Frank Farelly. La manera de trabajar de Erickson me impresionó profundamente; a él se debe,
naturalmente, el trabajo con historias. La primera historia que conté en un grupo terapéutico fue la de los dos
Orfeos, has dos caras de la felicidad.»

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