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1

Hogar

Gottfried Benn
Poeta alemán

Cuando resistes la noche solo


algo bebido pero no borracho
a través de nieve y polvaredas y chispas
viniendo de Dios sabe dónde
andas por el camino que va a casa

por el camino-del-adónde,
la gente está tumbada y mira fijamente
en el vacío, pero naturalmente podrían llenarse
de reminiscencias, discursos, apostillas
con los que el tiempo se abre como presente,
pero detrás de él, y delante, está el abuelo
como también los nietos, alternando y compartidos:
¿piensas que en ti había otra cosa,
con mirada e imagen, que la antigua locura?

Versión de Eustaquio Barjau.

2
En la selva

Álvaro Diez Astete


Poeta boliviano

Para la última pregunta mediterránea


vuelve con el amor solo
conoció el mar en un juego de su infancia
vientos de la llanura al mediodía
ríos de la vida en el huerto familiar
memoria del sol
busca un resplandor del mar
en la selva profunda
viajero viejo al atardecer.

3
No pondrás nombre al fuego

Chantal Maillard
Escritora española nacida en Bélgica

No medirás la llama
con palabras dictadas por la tribu,
no pondrás nombre al fuego,
no medirás su alcance.
Todas las llamas son el mismo fuego.
Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos
que la razón constituye en sus tinieblas.
Hay que mirar al cuerpo, muy adentro,
tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar
el gozo de la lava.
No importa en qué caderas,
en qué pecho resbale,
no importa la estatura, el sexo o la materia
pues todos caminamos sobre la misma pira.
No medirás la llama con palabras que encubren
los viejos sentimientos de los hombres.

4
Amén

Álvaro Mutis
Escritor colombiano

Que te acoja la muerte


con todos tus sueños intactos.
Al retorno de una furiosa adolescencia,
al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,
te distinguirá la muerte con su primer aviso.
Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,
te iniciará en su constante brisa de otro mundo.
La muerte se confundirá con tus sueños
y en ellos reconocerá los signos
que antaño fuera dejando,
como un cazador que a su regreso
reconoce sus marcas en la brecha.

5
La rapidez de las nubes

Bernard Noël
Poeta francés

La cama, la ventana cercana, el valle, el cielo,


La rapidez espléndida de esas nubes,
La súbita garra de la lluvia en los cristales
Como si la nada rubricase el mundo.

En mi sueño de ayer
El grano de otros años ardía a fuego lento,
Sin calor, en el suelo embaldosado.
Descalzos, lo apartaban nuestros pies como un agua límpida.

¡Oh amiga mía,


Qué distancia tan débil separaba nuestros cuerpos!
La hoja de la espada del tiempo que merodea
Hubiese allí buscado en vano lugar para vencer!

Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán.

6
Nací con la lluvia

Silvia Elena Regalado


Poetisa salvadoreña

Nací con la lluvia


en el mes más apretado
de los temporales.
Yo que soy tierra
Fértil-desierta,
que guardo el fuego
y no lo dejo pasar de largo,
que me respiro,
que vuelo,
que soy el viento.
Yo, eterna tierra
verde palabra.
vine en la lluvia
broté de llantos
sentí el abrazo
tibio de un pozo
antes de ser
la luz
el aire.
Y quizá por eso
soy el designio
brutal del agua.
me precipito
hasta el estruendo
claro
silvestre
de la humedad.

7
Una cantinela de Pentauro

Marguerite Yourcenar
Escritor belga

La muerte cerca de mí, la muerte cerca de ti


Como un dulce sueño a la sombra de un dulce techo;
Como un vino que se vierte, como un loto que respira;
La muerte cerca de ti como una caña que llora.
Al extenuado, reposo; al enfermo, curación,
La muerte es un dulce lago del horizonte de polvo.
Como un dulce viento de la tarde soplando su aliento lento,
La muerte detrás de ti infla la vela llena.
Navegáis, amantes, hacia una tierra lejana.
Como una dulce invitada la muerte está en el festín.
Flor: el verano te marchita. Rocío: el verano te bebe.
La muerte extiende sus redes como un dulce pajarero.
Y la sombra del ciprés es la sombra que queda,
Donde ya pronto el novio y la novia dormirán.

Versión de Silvia Barón-Supervielle

8
Por el silencio sigues

Homero Aridjis
Escritor mexicano

Por el silencio sigues


embriagada y sonámbula

Detrás de los espejos


se desnuda tu nombre

Difusa entre las lámparas


es mortal tu pupila

Naciendo con el día


llevas un luto largo
de vasijas y cuerpos

Tu revelación no cesa nunca


en la noche sin huellas

Al fondo de tu voz que niega


hay otra voz que afirma

Tus dioses desplazados


se recrean sigilosos
en la realidad invisible.

9
Tú, que nunca saliste de tu huerto...

Edith Södergran
Poetisa finlandesa

Tú, que nunca saliste de tu huerto,


¿no has estado jamás anhelante junto a la verja
viendo por soñados senderos
fundirse la tarde en azul?
¿Y no has sentido lágrimas interiores
quemarte la lengua como un fuego vivo
al ver desaparecer un sol rojo como la sangre
por caminos que nunca habías hollado?

10
Dicotomía incruenta

Oliverio Girondo
Poeta argentino

Siempre llega mi mano


más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme


advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,


y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

11
Íntimas

Paul Eluard
Poeta francés

Te deslizas en la cama
De leche helada tus hermanas las flores
Y tus hermanos los frutos
Por el rodeo de sus estaciones
En la aguja iridisada
En la cadera que se repite
Tus manos tus ojos y tus cabellos
Se abren a los crecimientos nuevos
Perpetuos

Espera espera espera


Que vas a sonreírte
Por primera vez

Espera
Que vas a sonreírte
Para siempre
Sin pensar en morir.

Versión de Aldo Pellegrini

12
El ave del paraíso

Salvador Rueda
Escritor español

Ved el ave inmortal, es su figura;


la antigüedad un silfo la creía,
y la vio su extasiada fantasía
cual hada, genio, flor o llama pura.

Su plumaje es la luz hecha locura,


un brillante hervidero de alegría
donde tiembla 1a ardiente sinfonía
de cuantos tonos casa la hermosura.

Su cola real, colgando en catarata;


y dirigida al sol, haz que desata
vivo penacho de arcos cimbradores.

Curvas suelta la cola sorprende,


y al aire lanza cual tazón de fuente
un surtidor de palmas de colores.

13
Con todos los pensamientos me fui...

Paul Celán
Poeta alemán

Con todos los pensamientos me fui


fuera del mundo: allí estabas tú,
mi sosegada, mi abierta, y-
nos recibiste.

¿Quién
dice que se nos murió todo
cuando se nos quebraron los ojos?
Todo despertó, todo comenzó.

Grande vino un sol flotando, radiantes


se le enfrentaron alma y alma, claras,
imperiosas le presilenciaron
su órbita.

Suave
se abrió tu seno, silente
subió un aliento al éter,
y lo que se hizo nube ¿no era,
no era forma y a partir de nosotros,
no era
tanto así como un nombre?

Versión de José Luis Reina Palazón

14
Abdicación

Fernando Pessoa
Poeta portugués

Tómame, oh noche eterna, en tus


brazos y llámame hijo.

Yo soy un rey que


voluntariamente abandoné mi
trono de ensueños y cansancios.

Mi espada, pesada en brazos


flojos, a manos viriles
y calmas entregué;
y mi cetro y corona yo los dejé
en la antecámara, hechos pedazos.

Mi cota de malla, tan inútil,


mis espuelas, de un tintineo tan fútil,
las dejé por la fría escalinata.

Desvestí la realeza, cuerpo y alma,


y regresé a la noche antigua y serena
como el paisaje al morir el día.

Versión de F. Gutiérrez

15
Rasgos (II. Pinar)

Gilberto Owen
Poeta mexicano

Apuntamos aquel cielo


que se nos desplomaba, verdinegro.
Los que pasaban a lo lejos eran
—sombras chinescas
en la pantalla del crepúsculo—
nuestras sombras en otros mundos.

El cielo verdadero
estaba, afuera, preso,
y se asomaba entre los troncos, viéndonos
con su ojo de luna, huero.
Una estrella, la única, temblaba
sin luz en nuestras almas.

Y, si cerrábamos los ojos


oíamos, platónicos,
como un zumbar de abejas
la música de las esferas.

16
La muerte meditada
Canto quinto

Giuseppe Ungaretti
Poeta italiano

Has cerrado los ojos,


nace una noche
nena de falsos huecos,
de ruidos muertos
como de corchos
de redes caladas en el agua.
Tus manos se hacen como un soplo
de inviolables lontananzas,
inaferrables como las ideas,
y el equívoco de la luna
y el balancearse, dulcísimos,
si quieres posármelas sobre los ojos,
tocan el alma.
Eres la mujer que pasa
como una hoja
y dejas en los árboles un fuego de otoño.

Traducción de Jesús López Pacheco

17
La lluvia

Jorge Luis Borges


Escritor argentino

Bruscamente la tarde se ha aclarado


Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto
Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

18
La visita

Jorge Enrique Adoum


Escritor ecuatoriano

Llamo a la puerta.
-Quién es, pregunto.
-Yo, contesto.
-Adelante, digo.
Yo entro.
Me veo al que fui hace tiempo.
Me espera el que soy ahora.
No sé cuál de los dos está más viejo.

19
La bella

Álvaro Diez Astete


Poeta boliviano

Clave tendida en el cántico ritual del mar


tu máscara sube y sube al cielo inhallable
sube la torva felicidad del Rímac
en sus escaleras de vapor basural
ojos desorbitados de esa efigie huérfana
que rueda por la Plaza de Armas
entre botellas tiradas con el pecho abierto
mientras se escucha decir en el cielo vestido de luto
cosas de insano amor:
tierra herida, sangrante,
desollada,
pasión desmedida;
aullido no de animal ni de hombre.

20
La tierra te lleva

Blanca Wiethüchter
Poeta boliviana

El tiempo se derrama
en el instante.
Estás presente con tu silencio
pasajero constante.

La tierra te lleva
eres tronco común de las raíces
caminas desde el centro
como la llama.

De los árboles crecen los días


en que vives el júbilo
y te haces visible
en tu voz.

Te buscas en la sombra
que te sueña:
único caminante entre las breñas.

21
Bohemios en viaje

Charles Baudelaire
Poeta francés

La profética tribu de pupilas ardientes


ayer se puso en marcha, llevando sus pequeños
a la espalda, o librando a su gran apetito
el lujo siempre listo de las tetas colgantes.

Los hombres van de a pie bajo armas relucientes


a la par de los carros donde otros se acurrucan,
paseando por el cielo ojos entorpecidos
por la triste añoranza de quimeras ausentes.

El grillo, desde el fondo de su cueva de arena,


mirándolos pasar, redobla su canción;
Cibeles, que los ama, aumenta sus verdores,

hace manar la roca, florecer al desierto


frente a tales viajeros, para quienes se abre
el familiar imperio de futuras tinieblas.

Traducción de Rodolfo Alonso.

22
Déjalos que hablen

Lina Zerón
Escritora mexicana

Del color que sean,


déjalos que hablen.
Que hablen
rojos o azules,
verdes o canarios.
¿Qué saben ellos de mí
salvo que soy un cuerpo?

Déjalos que de mí coman


que me pudra entre sus dientes,
que sirva de alimento a esta banda
de gusanos que se adherirán
a mi piel cuando por fin descanse.

¿Qué saben ellos de mí,


salvo que soy un dócil cuerpo?

23
Canción sin nadie

Luis García Montero


Poeta español

En el décimo B
no amanecen los días y las noches
ya no tienen un sueño para el amor o el miedo.

Tras las ventanas sucias,


de la mujer ausente nadie sabe.
Sus paredes la dan por desaparecida.

Una mujer ausente


y el cisne negro de la soledad
que se posa en un lago de luz desalquilada.

Ya nadie sabe nunca.


Pero alguien que pasa sin saber
piensa que el viento flota con olor a cerrado.

24
Las palabras

Octavio Paz
Poeta mexicano

Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.

25
Inviernos
Abdo Wazen
Poeta de Beirut

Al árbol que el frío visitó sus ramas lo dejaron con las flores que
desde hace tanto tiempo viven en sus sueños.
El árbol que la luna quebró en su invierno
Se quedó solo.
La llanura vuelve afable su soledad,
Sus recuerdos se petrificaron.
Si el árbol pudiera suicidarse
Lo haría sin pesar.
Pero.

Traducción del árabe: Joumana Haddad

26
Aeropuerto

Mahbobah Ebrahimi
Poeta de Afganistan

Alargada, elástica, sin estrellas


la noche se ha desplegado
sobre el aeropuerto – húmeda y oscura.

Con dos viejos maletines y veinte años de tedio


vamos al aeropuerto en taxi
en asiento al frente mío,
piensas en silencio,
pregunto “¿Cuánto dura el viaje?..”

“Cinco horas y quince minutos, llegaremos antes del alba”


Más cansado que nunca me contemplas…
Vuelo quinientos treinta y cuatro, asiento número treinta y siete.
¡Al fin huiste al vuelo de esta noche sin luna!

Traducción al castellano de Ricardo Gómez,


a partir de las traducciones inglesas de Kambiz Parsai

27
Desátame

Ana Ilce Gómez


Poeta nicaragüense

Poesía,
sujétame las riendas
bébeme de una sola vez
atrápame porque me puedo ir
y no tendré para contarte más nada
Abrázame como si fuera la primera
o la última vez
y prueba conmigo todos los venenos
del cielo y de la tierra
Estréchame contra la pared y dime
si has visto brillo más infinito
que el de mis ojos.
Regrésame de nuevo
Súbeme al paraíso
Desnúdame en tu infierno
Átame
Desátame.

28
Cuánta extensa devoción

Ana Istarú
Poetisa de Costa Rica

Cuánta extensa devoción


que he esgrimido.
Cuánta cruzada fervorosa.
La desnudez de labios
que atravesó mi historia.
Los nombres de varón
que bebo y que desviven
como efímeros derrumbes.
Cuánta fatiga y la fatiga
y la pasión que olvida dar sus señas.
Y así extraviada
adolescentemente
entre tanta ternura que escalara mi cuerpo
y cuerpos que ay nunca escalaron mi ternura.
Cuánto ejercer la entrega,
mi ocupación de amante,
para arribar a vos,
César Manuel,
cierre de rutas
último y preciso
donde convergen los bordes del verano.
Para arribar a vos,
para escribir al fin
y arrancarme la desdicha
este mi sereno,
mi esperadísimo
y final
primer poema de amor.

29
3

Ariel Pérez
Poeta boliviano

Camino sobre la escarcha posando con


firmeza los pies sobre su piel fría. Mi
sombra despliega sus alas y una mujer
de nubes aparece tras la cordillera. El
hielo ruge a través de los cristales. La
mujer de nubes abre su cuerpo y deja
caer gotas de agua. Es tan extensa,
pienso. Una simple palabra bastaría
para despertar su furia, pero ya estoy
cansado de arrastrar mi cuerpo y quiero
estar despierto cuando me muera.

30
Esta noche

Tomas Segovia
Poeta español

La escala de este día me ha traído


A esta altura nocturna
Me ha exaltado a este trono emocionante
Sólo la sombra es diáfana
Sólo la noche se compara en altura a la noche
Sólo en el aire glacial de las cimas
Despliega del todo el pulmón sus ardorosas velas
Se han corrido los velos se han disuelto los muros
No hay fuerza que vencer ni con la cual vencer
Estoy en el espacio sin rasgarlo
Soy sin abrir las alas todo vuelo
En las estrellas miro las puntas de mis dedos
El silencio se escucha con mi oído
Estoy en lo alto de la torre más alta
Lo tengo todo a mis pies esta noche
Estoy listo
Esta noche podría suicidarme.

31
Salón de té

Juan Gustavo Cobo Borda


Escritor colombiano

Leo a los viejos poetas de mi país


y ninguna palabra suya te hace justicia.
Ni nube, ni rosa, ni el nácar de tu frente.
El pianista estropeará aún más
la destartalada melodía,
pero mientras te aguardo,
temeroso de que no vengas,
Bogotá desaparece.
Deja de ser este bazar menesteroso.
Ni la palabra estrella, ni la palabra trigo,
logran serte fieles.
Tu imagen,
en medio de aceras desportilladas
y el nauseabundo olor de la comida
que fritan en la calle,
trae consigo algo de lo que esta tierra es.
En ella, como en ti, conviven el esplendor y la zozobra.

32
En mi oficio o mi arte sombrío...

Dylan Thomas
Escritor británico

En mi oficio o mi arte sombrío


ejercido en la noche silenciosa
cuando sólo la luna se enfurece
y los amantes yacen en el lecho
con todas sus tristezas en los brazos,
junto a la luz que canta yo trabajo
no por ambición ni por el pan
ni por ostentación ni por el tráfico de encantos
en escenarios de marfil,
sino por ese mínimo salario
de sus más escondidos corazones.

No para el hombre altivo


que se aparta de la luna colérica
escribo yo estas páginas de efímeras espumas,
ni para los muertos encumbrados
entre sus salmos y ruiseñores,
sino para los amantes, para sus brazos
que rodean las penas de los siglos,
que no pagan con salarios ni elogios
y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.

Versión de Elizabeth Azcona Cranwell

33
La riada

Jorge Campero
Poeta boliviano

En el invierno
solías navegar
el río Madre de Dios
resbalando
por las piedras
con el sol
de mediodía
develándote
en la arena
te esperábamos
con manojos de flores
de Palo Balsa
Todos vestíamos el color
de los matacaballos
olor a humo de chaqueo
Regábamos tu cabellera
visitadora de cementerios
y volvías para el enero
Toda embravecida

34
Alba de mi silencio

Julia de Burgos
Poeta de Puerto Rico

En ti me he silenciado...
El corazón del mundo
está en tus ojos, que se vuelan
mirándome.

No quiero levantarme de tu frente fecunda


en donde acuesto el sueño de seguirme en tu alma.

Casi me siento niña de amor que llega hasta los pájaros.


Me voy muriendo en mis años de angustia
para quedar en ti
como corola recién en brote al sol...

No hay una sola brisa que no sepa mi sombra


ni camino que no alargue mi canción hasta el cielo.

¡Canción silenciada de plenitud!


En ti me he silenciado...

La hora más sencilla para amarte es ésta


en que voy por la vida dolida del alba.

35
Amor no es...

Laura Victoria
Poeta colombiana

Ya ni versos escribo, sólo queda


este soñar de lágrimas teñido,
y una queja distante en el olvido
azul lejano de tu voz de seda.

Amor no es, es algo que remeda


la desmembranza del rosal caído,
donde ya ni las sombras hacen nido,
ni el viento en rondas de cristal enreda.

Algo que ayer fue lirio de mi fuente,


frescura de mi noche, y suavemente
luminar en mi senda florecida.

Algo que en mi agonía aún retengo,


porque es la única verdad que tengo
y no puedo arrancarla de mi vida.

36