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ROSARIO TIJERAS

(RESUMEN)

Inicialmente de hace una contextualización donde se presenta la situación de una mujer -Rosario-
que acaba de ser herida de gravedad y acude al médico en compañía de un amigo –Antonio-; como
detalle importante, se tiene que Rosario recibió muchos disparos por la persona a quien estaba
besando en el momento, dato que irá cobrando significado a medida que avance el relato. El
escenario se encuentra lleno de drama por la intervención al hospital que poco a poco cobra calma
mientras se describe el paisaje nocturno de alguna zona de Medellín acudiendo frecuentemente a
las innumerables analogías con respecto a Rosario y sus características tan terrenales, pero al
tiempo tan divinizadas. En seguida, el relato dará saltos espaciales y temporales de forma repentina
a los que es menester adaptarse, puesto que serán los recuerdos de Antonio los que tomarán lugar
hasta llegar nuevamente hasta el momento de su llegada al hospital, claro, recuerdos interrumpidos
por algunas eventualidades como las participaciones de los enfermeros y el eterno reloj en la pared.

En seguida, continua Antonio presentando a una enfermera el característico apellido de Rosario al


ser interrogado por una enfermera sobre aquél, “Tijeras”, un apellido que le había concedido la calle
y la dinámica de su vida, por un evento en particular narrado posteriormente. Adicionalmente,
Antonio mantenía un intermitente contacto telefónico con Emilio, su amigo y amante de Rosario a
quien le había hecho saber lo sucedido.

Con nostalgia, Antonio recuerda las pláticas interminables con Rosario y lo irónico que resultaba
haber sido tan cercano y no terminar de conocer esa inmensidad de vivencias, secretos y enigmas
que tenían que ver con ella, que eran ella. Entre las charlas establecidas y la forma particular en que
Rosario daba respuesta a cada pregunta, se menciona una pregunta que nunca fue respondida por
ella, referida a si alguna vez se había enamorado. Se destaca a Rosario como una mujer muy
enigmática, al punto de mantener como un gran misterio su edad, respondiendo siempre algo
diferente, pero siempre aparentemente verdadero; aunque claro, como toda persona, había
adquirido pautas de comportamiento que tanto Antonio como Emilio empezaron a descifrar y en
base a ellas interpretar lo que sucedía en determinados periodos de tiempo donde Rosario
simplemente cambiaba repentinamente su forma de ser, con torbellinos emocionales. Un ejemplo
de ello fue su adicción a la comida después de haber asesinado a alguien, como si la culpa se pudiera
atragantar, en todo caso, se había convertido en una constante el refugio y la subida de peso
después de movimientos turbulentos que no faltaron en su niñez y que la acompañarían hasta el
último día de su muerte, fuera cual fuera.

Rosario, recuerda Antonio, era una mujer que conocía muchas personas, bandas, agrupaciones y
demás, e igualmente reconocida por todos, como un estandarte de lo que era y tristemente sigue
siendo buena parte de la vida en Medellín, con la cualidad de convertirse en un personaje icónico
de valentía, coraje, determinación y muerte. Había que decirlo.

Sobre su madre –Doña Rubi- no se menciona mucho, más allá de ser una persona rígida con Rosario,
crítica hacia su conducta, pero con un punto donde convergían, la dificultad enfrentada por cada
una en sus vidas; así pues, su madre había estado con muchos hombres, buscando en alguno de
ellos el refugio que quizá nunca tuvo o quizá tuvo alguna vez y perdió; en todo caso, esta búsqueda
fue lo que aproximó Rosario a la experiencia más dramática de su vida: un abuso a temprana edad,
8 años.

Tres años más tarde Rosario se fue a vivir con su hermano “Johnefe”, al menos eran los únicos que
se consideraban como tal; con un apego del que no queda duda por los recuerdos de Antonio sobre
Rosario al hablar de él. Otro personaje importante es Ferney, a quien Antonio siempre con intención
o sin ella, cambiaba de nombre al mencionarlo. Fue un declarado servidor a Rosario y también, su
amante clandestino.

Por su parte, Antonio, de apoco construyó lo que fue: el confidente de Rosario, la persona que más
cerca estuvo de acariciar el abismo de cosas que habían detrás de ella; aunque claro, siempre cerca
y lejos, cada vez más satisfecho de que le confiara cosas y al tiempo muriendo de curiosidad. Al
inicio, dice Antonio que su acercamiento a Rosario y Emilio empezó como una promesa de aventura,
pero terminó por convertirse en su mayor tormento, ser espectador de un romance entre su mejor
amigo, la mujer de quien se enamoró hasta los huesos y otros participantes como Ferney y “otros”.

Entre las pláticas, borracheras y demás locuras que hacían, Rosario eventualmente narraba sus
experiencias violentas o incluso, escribía algunas nuevas en compañía de ellos, como cuando mató
a un chico en una discoteca, no sin antes darle un beso como a todas sus víctimas, quienes se iban
de este mundo con un par de labios unto a los suyos, así, de la misma manera en que se fue Rosario.

Ya entre la mitad de la historia que recuerda Antonio aparece una muerte que no es novedad por el
hecho sino por el personaje: Johnefe. Tal vez resulte justo que, si la violación a los 8 años fue como
morir para Rosario, sin duda el fallecimiento de su hermano fue su segunda muerte. Y vendrían más.

Entre estos recuerdos, la lucidez atacaba a Antonio para preguntarse y preguntar cómo estaba todo
con Rosario, pero nunca fue informado periódicamente, recibió como mucho una notificación, la
necesaria.

Siguiendo con las reminiscencias, aparece por ahí un rechazo de Rosario al matrimonio que había
sugerido Emilio, hecho que recuerda Antonio como si fuese el volver a la vida, pero no tan
importante como otra muerte que de nuevo partiría el corazón de Rosario, la muerte de Ferney, su
amante y servidor, enemigo de Emilio por esas mismas razones. Esta muerte desembocó en algo
que Antonio recuerda como una “carrera hacia la muerte” sin exagerar ni un poco. Después de la
muerte de Ferney, los tres habían partido a una finca, de la cual Antonio se fue para no recibir
noticias de Emilio y Rosario sino hasta un mes después, llamado por ellos para encomendarle un
favor que comprometía su integridad como cualquier cosa que los involucrara. En todo caso el
encargo falló y después de la tempestad llegó la calma, también la culpa.

Emilio dejó a Rosario bajo el cuidado de Antonio, quien velo por ella hasta que empezó a forjarse
una esperanza de resurgir, de cambiar, de enderezar el camino; en todo caso, la voluntad nunca se
impuso a una vida aprendida como monólogo de una obra de teatro. En resumen, Rosario había
vuelto a desaparecer, como lo hacía normalmente, ahora con la intención de Emilio y Antonio por
alejarse, como sabiendo que el bienestar pasaba lejos de Rosario, de su cartera y su arma. En la
amistad intermitente hubo un último corte, más bien un penúltimo corte cuando pasaron varios
meses antes de que un Emilio en declive y un Antonio que sufría el desamor, volvieran a ver a
Rosario donde normalmente sucumbían ante su sonrisa, su hermosura, su misterio, su voluntad,
simplemente ante ella. Pero no fue así esta vez.
Rosario los citó para proponerles un negocio turbio, por primera vez los quería meter en el mundo
al que ellos eran ajenos, al menos en ciertas aristas. Ahí perdió a Emilio. Más tarde, Antonio, caería
de nuevo en la trampa al no imaginar vida posible sin Rosario y manifestarle su deseo por
acompañarla a donde fuese, sin involucrarse en nada turbio. Sin embargo, en ese entonces fueron
abordador por el ejército que buscaba información de esos “otros” que habíamos mencionado como
elenco en la vida amorosa de rosario y que la habían dotado de cuanto tenía siendo los duros de los
duros. Esa vez, Antonio y Rosario dejaron de ser lo que hubieran sido, por lo que Antonio se quedó
con el entrañable recuerdo de la noche en que había hecho el amor con una mujer que tuvo en sus
brazos y que volvería a tener años más tarde, igual de bella, igual de fuerte, pero que no escucharía
las palabras que él preparaba para ella mientras esperaba frente a un anciano, mirando un reloj de
pared y llamando por momentos a un Emilio que también dejó parte de su vida en esta historia y
que quizá esperaba oír lo que Antonio anhelaba no escuchar del médico: Rosario murió.

PERSONAJES

ROSARIO

Rosario Tijeras es el personaje principal de la obra, personaje en torno al cual gira todo lo
acontecido. Es una mujer físicamente hermosa, imponente y con un carácter paralizante.
Emocionalmente formada a través de varios golpes entre los que destaca la violación a los 8 años y
lo que en suma a la difícil niñez en barrios peligrosos de Medellín fue lo que empezó a forjar su
personalidad. Debido a la turbulencia de su vida, desarrolló algunos trastornos como el que presenta
hacia la comida en exceso después de involucrarse en actividades peligrosas y muertes. También
mantiene un recele hacia las personas que indagan mucho o piensan ejercer algún control sobre
ella, se muestra casi siempre fuerte, fortaleza quebrantada solamente ante la muerte de seres a
quienes acogió en su corazón como excepciones a su incredulidad ante el mundo.

ANTONIO

Antonio se presenta como la mente más sobria y tranquila en la triada formada con Emilio y Rosario.
Antonio siempre siguiendo los pasos de Emilio, a la busca de aventuras en que no habría
incursionado por iniciativa propia, con un romanticismo casi imposible de encajar en una historia
llena de violencia y excesos. Cabe resaltar que Antonio se introduce a la realidad de Rosario viniendo
de un estilo de vida muy diferente, también con excesos, pero con una identidad, una familia, sin
jugarse la vida para conseguir sus ingresos, es decir, como un chico adinerado con ganas de vivir
emociones fuertes sabiendo de que podría salir de cualquier problema en virtud de ello.

EMILIO

Emilio es el típico chico adinerado, con padres bien posicionados, que en rebeldía a un modo de
vida dentro de lo sofisticado busca escapar a través de aventuras desembocadas en muchas
ocasiones en problemas. Emilio se muestra con una persona con carácter fuerte hasta que es
doblegado por Rosario, siempre más imponente en su posición, lo que termina por desbaratar la
vida de Emilio, que termina enamorado de alguien que no le ofrece más que su cuerpo, alguien sin
pasado o edad.
JOHNEFE

Johnefe se presenta como el hermano protector y amoroso hacia Rosario, con un cariño auténtico,
siempre pensando en el bienestar de su hermana menor, involucrado también en negocios turbios,
con un carácter fuerte frente a los demás, imponente y desafiante, pero muy afectivo y que en dos
o tres apartes de la obra evita problemas innecesarios. Guarda un cierto rencor hacia su madre por
lo que le pasó a Rosario y con esta última, en algunos puntos se muestra muy fuerte, con regaños
en favor del futuro de ella.

FERNEY

Ferney, enamorado de Rosario, fue un amor del pasado de Rosario, que claro, estuvo con ella mucho
más tiempo cerca, pero no como dueño de su corazón. Se presenta como una persona más
obsesionada que enamorada, con algún tipo de trastorno cuando pasa días a sol y agua fuera del
departamento de Rosario y siguiéndola a los lugares que frecuentaba.

DOÑA RUBI

Doña Rubi, mamá de Rosario se presenta como una madre que por su actuar había renunciado a la
autoridad sobre sus hijos, una persona solitaria que buscaba compañía en hombres a quienes
llevaba a vivir consigo pareciendo ignorar o ignorando a propósito los riesgos que tenía su hija. En
las pocas intervenciones hacia Rosario, se nota todo en forma de crítica o regaño, pero nunca algo
constructivo o maternal.

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