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Paisajes de antropología urbana

María Cátedra

Paisajes de antropología urbana María Cátedra

Paisajes de antropología urbana

Colección

Ciencias Sociales y Humanidades, 6

Para Amparo Pesquera Tomás

Paisajes de antropología urbana

María Cátedra

Paisajes de antropología urbana María Cátedra 2012

2012

CÁTEDRA, María Paisajes de antropología urbana / María Cátedra. – [Cuenca, etc] : Genueve Edi- ciones, 2012. 296 p.; 24 cm. – (Ciencias Sociales y Humanidades ; 6)

ISBN 978-84-940186-2-6 1. Antropología cultural y social. 2. Usos y costumbres. 3. Historia. 4. Ávila. I. Tí- tulo. II. Serie.

39

(460.189 A.)

94

(460.189 A.)

JHMC – IBIC 1.1 1DSEH – IBIC 1.1

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o trasformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de Genueve ediciones, salvo excepción por prevista por la ley. Diríjase a cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos - www.cedro. org), si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Director de la colección:

Consejo científico Antonio Aparicio Pérez Mª Begoña Arrúe Ugarte Jaume Roselló Leonardo Romero Tobar

Ciencias Sociales y Humanidades Javier Moreno Luzón

Isidoro Reguera Juan Ignacio Palacio Morena Manuel Suárez Cortina

Diseño de la colección y de la cubierta: Genueve Ediciones por J. A. Perona

© María Cátedra, 2012

© de esta edición: Genueve Ediciones

I.S.B.N.: 978-84-940186-2-6 Composición e impresión: Compobell, S.L.

Impreso en España (U.E.) - Printed in Spain

Índice

 

Introducción

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1. Clío y la Antropología

13

2. La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

29

 

I.

Introducción: la Ciudad de los Santos

30

II.

Las Procesiones

33

III.

Llevar la procesión por dentro

48

 

IV.

Un vistazo al pasado

57

V.

De la muerte a la vida

67

VI.

Conclusión: los peregrinos de la ciudad

76

3.

La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

83

I.

Un poco de historia

84

II.

Teresa y Sonsoles

103

III.

De promesas y milagros

109

 

IV.

Rivalidades divinas

120

V.

El culto y las fiestas

123

VI.

Patronato y cofradías

131

VII.

Un sonoro pleito

144

VIII.

Una imagen guerrera

152

IX.

Conclusión: caballeros y agricultores

155

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4.

El barrio y la ciudad: la Virgen de las Vacas

161

I.

La historia

162

II.

El barrio y su gente

176

III.

Patronato y peñas

185

 

IV.

La Virgen de la Mariposa

198

V.

La fiesta

202

VI.

Conclusión: la ciudad de los obreros

214

5.

Las desventuras de un edificio singular: la Fábrica de Harinas de Ávila

.

223

I. La Real Fábrica de Tejidos de Algodón

 

228

II. La polémica de la Fábrica de Harinas

239

III. Se proyecta un puente

260

 

IV. Conclusión: un edificio, una ciudad

265

6.

A modo de conclusión: ciudad, paisajes, gentes

277

Referencias bibliográficas

 

281

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Introducción

Este libro ofrece al lector un panorama de diversos paisajes urbanos abulenses. De la variedad de puntos de vista y disciplinas en que puede ser explorada una ciudad (desde la historia, la literatura, el urbanismo, la arquitectura, el arte, la geografía, la sociología, etcétera), la perspectiva aquí utilizada proviene de la antropología social y cultural y se basa en los datos provenientes de un trabajo de campo intensivo en Ávila durante varios años 1 . He tratado de sugerir una interpretación de la ciudad a partir de la elección de diferentes aspectos culturales, especie de pinceladas que iluminan algunos aspectos urbanos claves. Aparentemente los distintos capítulos de este libro podrían parecer muy dispares y con poco en común:

el culto de dos imágenes –la Virgen de las Vacas y la Virgen de Sonsoles–, las procesiones de Semana Santa o el análisis de la destrucción de la anti- gua Fábrica de Harinas. Sin embargo todos ellos, desde distintos ángulos, ofrecen información sobre problemas urbanos fundamentales: las relacio- nes del campo y la ciudad, la estratificación urbana, la representación de la ciudad interna y externamente, y su recreación simbólica. A Ávila se la ha llamado repetidamente «la ciudad de santos y cantos». He tomado este lema como una metáfora fructífera para entender aspectos

1 Comencé mi trabajo de campo de forma irregular una fría mañana de enero de 1987 y viví permanentemente en la ciudad desde junio de 1987 hasta septiembre de 1988. Sin embargo, intermitentemente he seguido yendo a la ciudad y obteniendo datos concretos hasta muy recientemente.

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significativos de la vida de la ciudad. Aunque casi todos los capítulos se basan en figuras religiosas y temas sagrados, este libro no se refiere a la «corte celestial» sino a la «corte terrenal», es decir, mi interés se ha cen- trado en lo que los santos «dicen» de quien los venera. Ha sido un ángulo interesante para entender ideas y actitudes, una cierta visión del mundo y una forma de actuar y de comportarse. De los cantos (de piedra, no los musicales) que conforman la muralla se ha publicado un libro (Cátedra y De Tapia 2007) y de uno de sus santos –el patrón de la ciudad, san Se- gundo– publiqué otro volumen en su día (Cátedra 1997). Este texto cierra la trilogía de mi trabajo en Ávila. Mientras terminaba de analizar mis datos abulenses disfruté de un año sabático en Évora e inicié una comparación con Ávila que ha sido clave para la comprensión de ambas ciudades 2 . Mi interés inicial –cómo se cons- truye simbólicamente una ciudad– me llevó a considerar y comparar la mitología de las dos pequeñas urbes 3 . La mitología encierra una definición cultural de la comunidad, permite la especificación local, el escrutinio de su historia, muestra sus aspiraciones y deseos, es la forma de presentarse al exterior. Una ciudad se da a conocer por la ostentación de sus emble- mas y mitologías. El conocimiento de otras culturas, y tiempos debería de partir de la definición de las propias culturas por lo que la representación de la ciudad es clave o, mejor, las representaciones de las ciudades. Estas pueden provenir de diferentes perspectivas –desde dentro, desde fuera–, clases sociales, intereses, etcétera. Varios de los lemas de Ávila (la Ciudad de las Murallas, de los Santos, de los Caballeros y la del Rey) han sido estudiados por mí misma o por el equipo que formé en su día. Son una guía local de aspectos significativos. Uno se puede topar con esa mitología en cualquier lugar. Por ejemplo en Ávila el viajero puede leer los nombres de santos, políticos, guerreros

2 Donde permanecí algo menos de año y medio entre 2000-2002 (del 8 de octubre de 2000 a 30 de agosto de 2001, de 1 de marzo de 2002 a 10 de julio de 2002). En la actualidad realizo trabajo de campo en Évora desde octubre de 2011.

3 Sobre la comparación de ambas mitologías véase Cátedra 1999, 2000, 2004b, Cátedra (ed.) 2001. Sobre la de Évora 2003a y 2003b.

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Introducción

y escritores rodeando la columna que corona santa Teresa, patrona de la ciudad (y una de sus más mitificadas figuras) en medio del Mercado Grande. En esta céntrica plaza hay una segunda estatua de la misma santa

(lo que delata su importancia) al pie de sus célebres murallas y cerca de la calle de san Segundo, el patrón de la ciudad, un santo que nunca existió.

El monumento está dedicado a las Grandezas de Ávila y su colección de

nombres pretende abarcar la historia de la ciudad o al menos sus más importantes hitos y símbolos en el momento de su erección –a finales del

siglo xix. Hoy día algunos de estos símbolos están obsoletos y otros han cambiado de significado –la propia Santa ya no es la «santa de la raza» como se la denominaba en época franquista porque, ironías del destino, tenía más de una «raza»; hoy se sabe que tuvo antepasados judíos–. Pero además, tal como ha mostrado Eduardo Cabezas (2000), sus «antigüeda-

des

y grandezas» no son tales, pese al pomposo título que se le atribuye de

«la

Ciudad de los Caballeros», puesto que sus «caballeros» ni son antiguos

ni «grandes». Los distintos capítulos tienen en común una atención especial a la dimensión histórica. No podía ser de otro modo en una ciudad como Ávila cuyo rasgo más impactante son sus formidables murallas medievales

que acogen una variedad notable de iglesias, conventos y palacios, estos últimos del siglo xvi fundamentalmente. Todos los capítulos contienen

sin excepción una mirada al pasado y a su trayectoria histórica. Por ello

apunto aquí, a continuación, una reflexión sobre las relaciones de la an- tropología y la historia.

En la larga veintena de años que han transcurrido desde que comencé

mi trabajo en Ávila debo mucho a muchas personas. Serafín de Tapia ha

seguido leyendo sabiamente cuanto he escrito y Sonsoles Herrera me ha

ayudado ejerciendo como amiga y abulense, al igual que Gloria Gutiérrez. Junto a ellos el grupo de maestros y profesores que tan bien me acogie- ron desde el principio y con los que he compartido vinos y confidencias. También la «tertulia» de vinos que componía Luis Álvarez Rosa, que ya

no está entre nosotros, Pablo Matías y Rafael Requena, quien me prestó

su casa generosamente una temporada. La atmósfera «visual» proporcio-

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nada por José Luis Jiménez y Jesús María Sanchidrián con sus magní- ficas fotografías enriquecen el texto. Agradezco a Javier Moreno Luzón su constancia e interés para publicar este texto y los comentarios de dos anónimos evaluadores. Un texto que dedico a mi prima Amparo por su cariño y solidaridad en los buenos y los malos momentos.

Valle del Corneja, Ávila, junio de 2011 y Évora, octubre de 2011.

La investigación sobre la que se basa este texto ha contado con las siguientes subvenciones: Proyecto Antropología Urbana en Contexto: del grupo étnico a la más amplia sociedad. (CICYT PBS89-0200). Proyecto Antropología Urbana en la Penínsu- la Ibérica: Perspectiva Comparativa. DGSIC (PB 98-0771) y actualmente La reutilización de la cultura en las políticas de intervención social (CSO2008-03427).

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1. Clío y la antropología

Si se me permite el símil sentimental, las relaciones entre Historia y Antropología son desde la década de los años 80 las de una pareja con sus más y sus menos, como todas las parejas, pero con convergencia de intereses, métodos y préstamos recíprocos. En muchos aspectos ambas disciplinas son coincidentes, si bien hay también algunas cuestiones que las hacen distintas. Pero esta «unión de hecho» entre dos disciplinas con- vergentes, aunque diferentes, no siempre tuvo lugar; muy al contrario, hasta mediados del siglo xx se consideraron dos campos perfectamente separados. Voy a intentar señalar algunos hitos de este proceso desde la perspectiva antropológica 4 . En el pasado la antropología ha tenido épocas de atención a la his- toria y épocas a-históricas o anti-históricas. Con todos los defectos que les hicieron merecedores de la etiqueta de practicantes de la «historia conjetural», los evolucionistas y difusionistas se encuadran en el primer grupo de los amantes de la historia (una historia, como se ha destacado repetidamente, muy sui-generis) junto con Boas y su escuela posteriormen-

4 Este ensayo ha sido cuidadosamente leído y revisado por mi colega y amigo el histo- riador Serafín de Tapia quien ha mejorado este texto y matizado algunas de mis más osadas afirmaciones (aunque otras, me temo, aún persisten). Nuestra relación intelec- tual es, para mí, el mejor ejemplo de colaboración e interdisciplinariedad entre ambas disciplinas. Una primera versión de este apartado ha sido publicado en un trabajo más extenso (Cátedra 2004a). Agradezco a Juan Villarías su amable invitación a presentar estos datos en su día en el CSIC.

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te; Radcliffe-Brown al intentar excluir la historia conjetural excluye toda

la historia. Así se da la paradoja de que los relatos etnográficos esconden incluso la historia más reciente de los pueblos que se estudian. Me refiero concretamente al contacto colonial que en muchas monografías quedó reducido a un pequeño apartado llamado «cambio social» frente a la «au- téntica cultura tradicional». Algunos antropólogos nostálgicos incluso se erigieron como defensores de la pureza prístina, como E. S. Curtis, quien parece intentó convencer a los indios americanos para que adoptaran el traje «tradicional», lleno de plumas estilo Hollywood. Aún cuando se abogaba por la historia, ésta aparecía bajo la rúbrica de «etnohistoria», un término muy poco inocente que ha escondido una significación hoy caduca y en entredicho. Creado en 1909 por Clark Wissler en relación con las tribus de los indios americanos, se refería al estudio de grupos étnicos a través de documentos que, normalmente, habían sido producidos por no nativos. En los años 50 florecieron confe- rencias y sociedades dedicadas al estudio de la etnohistoria de los pueblos que el antropólogo estudiaba de una manera, por cierto, un tanto aislada. El término en la actualidad todavía tiene un referente tribal o pagano y denota exclusión: los grupos tribales o minoritarios tienen «etnohistoria»

y los occidentales simplemente «historia» (Krech 1996). Desde las dos perspectivas tanto Evans-Pritchard como Braudel plan- tearon la necesidad de una comunicación mutua entre ambas disciplinas. En los años 60 Surtervant (1966) destacó una diferencia clave entre ambas. Los historiadores reconocen que la historiografía conlleva la selección de

algunos hechos frente a otros, y la atribución de significado o significación

a los hechos seleccionados. Pero todavía hay un énfasis en los «sucesos

únicos». Los antropólogos por su parte están demasiado apegados a las clasificaciones, tipologías y generalizaciones. Surtervant indica que no se puede distinguir entre historia empírica o especulativa: toda historiografía es especulativa hasta cierto punto, y toda evidencia histórica es hasta cierto punto empírica. Plantea pues la necesidad de la evaluación crítica de las fuentes. Y también indica que no hay una historiografía definitiva: «cada generación escribe su propia historia». La historiografía es un arte literario

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Clío y la antropología

en el sentido en que la selección de temas interesantes y la evidencia que soporta la descripción y análisis depende de la imaginación del historiador, las modas del momento en la historia académica y el ambiente cultural que le rodea. Esta posición crítica contrasta con lo que está pasando en el ambiente antropológico. En los años 60, de la mano del neoevolucionismo y la an- tropología marxista, se trata de situar las culturas en su contexto econó- mico y político pero no plenamente histórico. El estudio de la historia se basaba en documentos de archivo frente a la historia oral, se fijaba en los que escribieron los documentos y no en los que solo aparecían marginal- mente en esos documentos, y privilegiaban los documentos oficiales sobre otros más personales o casuales que podrían ofrecer otra perspectiva de las relaciones coloniales. Después sin embargo empezarán a aparecer estudios históricos sobre campesinos, la clase obrera o las mujeres, tres aspectos hasta entonces poco estudiados. Y se planteará el problema fundamental de que el objeto de estudio tiene una íntima conexión con la manera como se estudia ese objeto. A este respecto es fundamental la aportación de Bernard Cohn, quien desde los años 60 produce diversos artículos que serán nuevamente edita- dos ya en los 80 en el texto An anthropologist among the historians and other essays. Con un tono irónico y divertido, como si se tratara de un trabajo de campo en la tribu de los historiadores, Cohn va desgranando las dife- rencias y estereotipos mutuos entre ambas «tribus». Una diferencia clave es que la investigación en historia se basa en la localización de los datos; mientras que el antropólogo los crea él mismo. El material (y no tanto las buenas ideas) sería, pues, lo fundamental para el historiador mientras que el antropólogo empieza con un problema y debe decidir qué tipo de mate- rial necesita para investigarlo. En otras palabras, un estudiante de historia piensa «qué material disponible me permite hacer una tesis» en vez de «qué problema me interesa». Ambos grupos tienen estereotipos mutuos falsos: los historiadores creen a menudo que los antropólogos están excesivamente atados a su metodología y modelos analíticos y en cambio ponen poca atención a los

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hechos en sus contextos. Los antropólogos piensan que los historiadores se aferran a los hechos pero no tienen modelos analíticos 5 . Son estereotipos porque el antropólogo no suele tener ningún modelo antes de realizar su trabajo de campo; construye el modelo al juntar los datos que ha colec- tado y sitúa este modelo en una teoría general o modelo de la sociedad. El historiador comienza con un modelo de lo que son las culturas o so- ciedades y cómo funcionan, y sitúa los hechos en este modelo; termina su investigación presentando sus datos pero sin discusión del modelo que está usando. El antropólogo trabaja con la fe de que lo particular puede ser colocado dentro de un sistema que lo explique. El historiador a menudo desprecia la significación de estructuras, culturas y relaciones pensando que son el resultado de sucesos caprichosos. Su sistema consis- te en sucesos que pueden ser situados en un orden cronológico (esto es, en definitiva, la historia). El antropólogo debe crear un nuevo sistema de ordenar sus observaciones con cada pieza de investigación; empieza trabajando con un problema que coloca en un marco teórico. Cuando el historiador habla de un problema es puramente descriptivo (el estudio de un periodo particular, un suceso, una biografía, la obtención de datos inéditos). Por ello, según Cohn, los historiadores tienden a no solapar estudios mientras que esto es más frecuente entre antropólogos que tratan con la posibilidad de explicaciones múltiples. Un historiador es regular en sus hábitos de trabajo: fundamentalmente trabaja en archivos y también con material publicado. El antropólogo trabaja sin horario fijo, atento a sus informantes y sucesos de la sociedad en cuestión; su material entonces

5 Todavía de vez en cuando aparecen algunos de esos estereotipos por ambas partes. Un

ejemplo reciente desde la historia es el de Jon Mitchell (1997). Según él la antropología

y la historia representan proyectos distintos, con diferentes metodologías e identidades

opuestas. Hay tres falacias en la antropología: el presentismo (se asume el valor del estudio sincrónico), centrismo (exploración de lo local solo en términos de lo nacional

e internacional) y abstracción (tendencia a explicar procesos socio-culturales solo en

términos de asunciones teóricas). Según este autor, hay que hacer más investigación orientada a la práctica, no solo a la teoría. Este caso contrasta con historiadores sensibles

a la antropología, como por ejemplo Tapia (1991) y James Amelang (1986) y antropólogos con sensibilidad por la historia como Susan Tax Freeman (1979) y William Christian (1997), quienes han trabajado sobre temas ibéricos.

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Clío y la antropología

es potencialmente infinito puesto que lo crea él mismo. Por el contrario,

el material del historiador tiene un carácter finito: puede ser el material de

una biblioteca o archivo o cada documento conocido de un lugar particu- lar en un tiempo particular; puede hacer un trabajo de carácter exhaustivo porque solo sobreviven un determinado número de documentos. En cierta

manera es un trabajo standard, en el sentido de que el investigador recorre las fuentes y piensa que teóricamente un trabajo se puede terminar. No es

el caso del antropólogo, que tiene pilas de material que no siempre utiliza

en sus pequeños manuscritos y publicaciones. La antropología no es una disciplina acumulativa como lo es la historia. Los avances intelectuales se producen al hacer nuevas conexiones entre los datos que crea el propio antropólogo observando las sociedades. El antropólogo ha convertido su método en algo sagrado: el trabajo de campo. El hecho central que ha descubierto la antropología es que la gente tiene vidas llenas de sentido y esos significados solo pueden ser descubiertos en el contexto de esas vidas. En el pasado la práctica de la investigación histórica estuvo dominada por una teoría positivista sim- plista: hay hechos históricos que se pueden datar, se verifican a través de la comparación de fuentes para descubrir lo que realmente pasó. La historia fue durante tiempo la búsqueda del error, error de hechos o de interpretaciones. Pero la búsqueda del error tiene que ver con la noción de «autenticidad». Había que ser revisionista, depurar. Junto al método, está el objeto de estudio. El antropólogo, se dice, estudia cosas insigni- ficantes que sitúa en términos generales. El historiador estudia un tema

importante y se contenta con ello. Imperceptiblemente se ha producido una implícita división del trabajo, un estereotipo por el cual el historiador tradicional ha estudiado a los poderosos y los problemas centrales de las sociedades centrales mientras que el antropólogo se ha centrado en socie- dades fuera del tiempo y la historia, en los humildes, en los márgenes de las sociedades. Y sin embargo historiadores y antropólogos tienen un mismo objetivo:

el estudio del otro en el tiempo y en el espacio, un interés en el texto

y el contexto y en explicar el significado de las acciones de la gente; en

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ambos casos se trata de realizar un acto de traducción. Los dos tratan de comprender y explicar, dan sus resultados en forma literaria y han tratado de desarrollar marcos de referencia conceptuales para la comparación y el cambio social. Y aquí es donde se produce la conjunción entre historia y antropología: según Cohn, la historia puede llegar a ser más histórica al

hacerse antropológica; la antropología puede llegar a ser más antropoló- gica al devenir más histórica. Al utilizar la antropología una metodología sincrónica, reifica y objetiviza la sociedad estudiada. Al introducir la his- toria se descubre que toda la cultura es construida. Puesto que la cultura es construida y constituida puede ser transformada. Por el contrario, el proceso de construcción de las culturas se puede estudiar a través de las representaciones más que en la estructura u organización social. En el colonialismo lo que se produce es un choque entre diferentes formas de re- presentación del mundo y de uno mismo. El estudio de un sitio particular en un período concreto es sobre la construcción de categorías y procesos, no estrictamente sobre tiempo y espacio.

El archivo y el campo contrastan como dos modos diferentes de

comprensión que cada uno representa. El texto y el contexto se crean simultáneamente. El historiador necesita de la experiencia directa de otra cultura, comprender que hay otros sistemas posibles, lógicas cul- turales, tanta racionalidad como en la propia cultura, otros lenguajes.

Necesita pensar que lo que parece trivial puede ser significativo para entender cómo se estructuran y construyen otras culturas. Los archivos son artefactos culturales que incluyen el pasado y el presente: los textos tienen que ser leídos no solo como hechos o indicaciones sino como significaciones. El pasado existe no solo en los documentos del pasado, sino que sobrevive en los edificios, objetos y paisajes de hoy día; su observación ayuda a construir el contexto. El campo y el archivo son complementarios.

A partir de estas posiciones, comenzando en la década de 1970

pero con un fuerte impacto hacia finales de los 80, se produce entre los historiadores el vuelco hacia la historia cultural, un giro que se caracteriza, según Peter Burke (2006) por el interés por los valores y cultura, la

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Clío y la antropología

dimensión simbólica y su interpretación, y un énfasis en el método más que en el objeto. Pero este cambio, desde una perspectiva más empirista

o positivista, y una reacción a la historia política y económica que dejaba

de lado la cultura, tiene algunos ilustres y reconocidos antecedentes (J. Burckhardt, 1860; J. Huizinga, 1919) y especialmente Edward Thompson

(1963) quien en su trabajo sobre la formación de la clase obrera en Inglaterra inicia el enfoque sobre la cultura popular. Las siguientes décadas serán la época de mayor cercanía entre ambas disciplinas al emplear el concepto de cultura antropológico, leerse mutuamente y reconocer influencias de ciertos antropólogos en eminentes historiadores 6 , lo que ha producido una de las más fascinantes aventuras, según indica Burke: «En la última generación, la historia cultural … ha sido el escenario en el que han tenido lugar las discusiones más emocionantes e iluminadoras acerca del método histórico» (2006: 153). Una de estas discusiones desde la década de 1970 es la microhistoria (C. Ginzburg, G. Levi y E. Grendi, E. Le Roy Ladurie) una respuesta al encuentro con la antropología, un modelo alternativo, el estudio de un caso concreto, personas concretas o experiencias locales. Se trata de una reacción ante el gran relato del progreso, una mirada hacia otras culturas, historias desde abajo, de una aldea o un individuo (Burke, 2006). El problema es cómo se relaciona el caso individual o la comunidad

y el mundo exterior. Los antropólogos por su parte volvieron su mirada a la historia tras un período de énfasis en estructuras, modelos lingüísticos y análisis formales. M. Sahlins en los años 80 planteó que la historia puede ser diferente en diferentes sociedades y que no tiene por qué ser la antítesis de la estructu-

6 Según Peter Burke (2006), a quien sigo especialmente en estas líneas para dar una pa- norámica de la historia cultural. Algunas de esta deudas intelectuales son Franz Boas, Marcel Mauss y Mary Douglas en A. Gurevich, Antthony Blok, M. Biagioli y Natalie Davis; Evans-Pritchard en Keith Thomas; Claude Lèvi-Strauss en E. Le Goff, E. Le Roy Ladurie, y J. Lotman; Cliford Geertz, Victor Turner y Erving Goffman en G. Dening, R. Darnton y R. Isaac. Geertz especialmente ha influenciado a muy diversos historiado- res como Carlo Ginzburg, D. Roche, E. Le Roy Ladurie, Davis y Hunt y Medick. La obra de Caroline Bynum también se ha inspirado en Mary Douglas, Jack Goody y Victor Turner. Por supuesto hay otros pensadores desde otras disciplinas (filósofos, sociólogos, politólogos…) que marcan la historia de esos años.

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ra, sino integrarse mutuamente. En el caso de la muerte del capitán Cook (1987) los sucesos recapitularon la estructura mítica de las sociedades del Pacífico. La cultura es precisamente la organización de la situación actual en términos del pasado; Sahlins ha mostrado la interrelación dinámica del mito, ritual e historia, pero también se le ha acusado de no considerar el cambio interno y real de la sociedad en cuestión (su proletarización por ejemplo, o el cambio al Cristianismo). Algo que, por cierto, sí han hecho los Comaroff (1985, 1991) tratando de ver a los pueblos indígenas como agentes activos en sus historias, analizando la poética de la historia opresiva y las sutilezas de la consciencia colectiva culturalmente codifica- da. Hoy se considera que la etnohistoria es un método, no una disciplina y, como he indicado, no precisa de la etiqueta «etno». Los problemas de investigación actuales son los estilos de pensamiento histórico de los indí- genas, sus conceptos de tiempo, las invenciones de la cultura o los modos culturales de conocer o hacer historia. Se ha pasado, en otras palabras, de la etnohistoria a la historización de la antropología. La utilización de fuentes poco convencionales, el empleo de la historia oral y lecturas críticas e imaginativas de documentos históricos clásicos han permitido llegar a los márgenes de la documentación histórica y recuperar a los que no tienen voz. Y también poder contemplar con una nueva luz a los poderosos y los humildes. El estudio de la formación y desarrollo social de clases, grupos y relaciones proviene de la anterior tradición marxista estructuralista. Y en otros casos se ha tratado de con- jugar la investigación de archivos con la investigación etnográfica (como han mostrado Bernard Cohn o Renato Rosaldo, 1980). En los últimos tiempos la historia desde abajo hacia arriba se ha dedicado al estudio de las masas, los explotados, los grupos marginados, las mujeres… grupos que dejan poca huella con los materiales clásicos. Por ello o han realizado una lectura diferente de la documentación de archivo o han desarrollado nuevas fuentes: el uso de tradiciones orales, vidas de santos, el estudio de rituales, folclore, canciones. La analogía dramatúrgica, el ritual y el mito han entrado a formar parte del acerbo del historiador, así como un mayor interés por la teoría y la práctica. Temas como las prácticas cotidianas, los

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Clío y la antropología

viajes y la lectura, la historia de la memoria y el proceso del recuerdo, el estudio del cuerpo, las emociones o las narraciones acercan a ambas disci- plinas 7 . En definitiva la construcción de la cultura, sistemas de conceptos, significados y creencias que se incorporan en símbolos. Por último, la más reciente producción sobre la «invención de la tradición» apunta a un tema muy crucial: la multiplicidad de construc- ciones del pasado y los modos de construirlo. Hoy se considera que la historia oral no es una mera recolección de información sobre sucesos que no podrían ser documentados de otra manera (la genealogía ha sido un ejemplo clásico) sino que muestra fundamentalmente la percepción del pasado de un grupo (es decir, la estructura de la narrativa, la posi- ción y motivos de los narradores o el tema del poder en la elaboración de la memoria). Estos estilos y géneros de historicidades son un tema actual de investigación. Por ejemplo en el estudio del colonialismo, que hoy los antropólogos estudian desde la perspectiva del colonizado y del colonizador intentando plasmar la práctica cotidiana de opresión y resis- tencia. Y no solo se ha estudiado el proceso colonial desde ambos lados, sino que se ha intentado trazar la formación del conocimiento antro- pológico con la práctica del colonialismo (Stocking 1991, por ejemplo). Entre los materiales vistos con una nueva luz está la propia corografía (Kagan 1995) que bien puede ser considerada como un antecedente arqueológico de las monografías modernas de los antropólogos, con las que comparte aspectos positivos y negativos. Entre los primeros es la perspectiva utilizada, la descripción minuciosa sobre el terreno de las características locales, una interpretación de la historia del municipio y la especificación de valores, símbolos y aspiraciones. Entre los negativos

7 Ello no supone una recepción acrítica de la teoría antropológica por parte de los historia- dores. Hay controversias y reservas, y no solo de empiristas tradicionales, sobre el propio concepto de cultura, tradición o cultura popular. Una de ellas la de E. Thompson («The poverty of theory») en 1978. Se critica la concepción tradicional de la cultura como «un mundo concreto y acotado de creencias y prácticas» puesto que las culturas son escenarios de conflictos y se hallan solo «débilmente integradas» (Sewell 1990 citado en Burke 2006:

96). También se cuestiona la diferencia de la cultura como texto entre ambas disciplinas, o los distintos usos del concepto de ritual. Véase Bonnel y Hunt 1999.

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el modelo de ciudad aislada y única que resulta (modelo tan familiar en los clásicos estudios de comunidad…), la descripción interesada (¿cuál no es?) y la concentración en un segmento mientras se invisibilizan otros. En cualquier caso la corografía es un discurso que hay que analizar, un pedazo de historia mítica que ofrece información sobre lo que es la ciu- dad y cómo quiere ser considerada, una interpretación desde dentro de la cultura en cuestión. Una se extraña de la poca atención dada a estos documentos, quizá porque están publicados y quizá también porque se supone que simplemente refleja una colección de patrañas. La idea de «autenticidad» está más extendida de lo que suponemos y parte ya de una extensa tradición: la literatura sobre los falsos cronicones en el pasado y la de la invención de la tradición en el presente. El problema fundamen- tal es ¿hay algo en la sociedad y la cultura que no sea inventado? Y si hablamos de diversas historicidades, Jonathan Friedman (1992) ha analizado las relaciones entre identidad y las políticas de la cons- trucción histórica. El hacer historia es un modo de producir identidad, puesto que produce una relación entre lo que supuestamente ocurrió en el pasado y el estado actual de las cosas. La construcción de historia es la construcción de un universo significativo de sucesos y narrativas sobre un individuo o colectividad. Toda historia, incluyendo la historio- grafía moderna, es mitología. La construcción del pasado es un acto de auto-identificación y debe ser interpretado en su autenticidad, es decir, en términos de su relación existencial entre sujetos y la constitución de un mundo significativo. La Grecia clásica es un aspecto crucial de la identidad emergente de Europa. Historia y antropología son formas de conocimiento propias de la cultura europea. La teoría nativa del tiempo se transformó en cronología, con la idea de que el tiempo puede ser me- dido objetivamente y computado en periodos donde tienen lugar sucesos. Los europeos creen que el mundo tiene un origen que se puede datar. Así se distinguió durante mucho tiempo entre historia verdadera y mitos o fábulas. Al inventar la cronología los europeos construyeron un mundo real fuera del pasado natural y englobante. Para los europeos todo tiene una historia y descubriéndola, la explicamos. La historia de los europeos

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Clío y la antropología

ha sido parte de su control del espacio, como ha indicado Furet, y de la definición y creación de fronteras entre Estados. Termino con una referencia concreta a Carl E. Schorske, un historia- dor americano de origen austriaco que ha publicado el libro Pensar con la historia que recoge algunos ensayos hace tiempo publicados. Schorske es un autor muy estimulante que ha publicado diversos trabajos sobre ciu- dades europeas, Budapest (Bender y Schorske 1994) o Viena por ejemplo (1981). Para él pensar con la historia no es lo mismo que pensar sobre la his- toria como método general de construcción de significado. Pensar con la historia supone la utilización del material del pasado, así como el empleo de las configuraciones en las que lo organizamos y comprendemos para orientarnos en el presente en que vivimos. Pensamos con las imágenes que nos formamos del pasado a fin de definirnos a nosotros mismos a través de la semejanza o la diferencia. En este libro estudia cómo en el siglo xx se aprendió a pensar sin la historia, a diferencia de la Europa del xix en que la historia se convirtió en una forma privilegiada de construcción de significado para las clases ilustradas (pintura, novela histórica, historia del arte, literatura); la modernización de la economía y la industrialización, el nacionalismo, provocaron la búsqueda de vínculos con el pasado. Las ciudades se apropiaron de estilos de tiempos pasados. Al final de siglo esta práctica cultural se abandona a favor de una modernidad ahistórica. La ciencia, arquitectura, pintura o música moderna no tienen en cuenta la historia concebida como tradición. En ambos casos es un intento de dominar la modernidad con o sin la historia, un mismo intento de dar forma y significado a la civilización europea. El posmodernismo significa una vuelta a la historia como un proceso continuo. En el último capítulo 8 Schorske señala que la historia cuenta con una musa, Clío, gracias a los intelectuales de Alejandría que la asignaron a este oficio. Como mujer en un mundo de hombres, la historia ha sido siempre dependiente, compañera, enriqueciendo los resultados de otros. Indica cómo Clío tiene obsesión por las fechas; el calendario es una

8 Cap. XIII. La historia y el estudio de la cultura.

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María Cátedra

especie de libro sagrado, pero está mal preparada para la autonomía: la historia no tiene ni territorio ni principios propios. Describe sus objetos tremendamente diversos bajo el aspecto del cambio, bajo el mandato del tiempo. Clío, dicho brevemente, está al lado de la rueca. Hace girar el hilo en parte a partir de materiales que ha elegido y cardado, pero que no ha cultivado, y en parte a partir de conceptos que ha adoptado pero que no ha creado. Su habilidad especial consiste en tejerlos en forma de explicación con significado en el telar del tiempo –un telar que verdadera- mente es de su propiedad–. Esta habilidad hace que otros valoren mucho a Clío…Los rudimentos del oficio de historiador son muy sencillos y sus intereses respecto a la cultura muy variables e inconstantes, y se renuevan de acuerdo con su propia situación histórica, su cambiante relación con la sociedad y las estructuras y problemas de la misma 9 . La valiosa compañía de Clío estará presente en las páginas que siguen, un trabajo de antropología urbana que intenta ofrecer una interpretación de diversos paisajes de Ávila. La ciudad, con unos 63 000 habitantes en la actualidad 10 es la ciudad más «elevada» (y creo que en varios sentidos) de la nación. Situada en una escarpada ladera suele ofrecer las mínimas temperaturas de entre las capitales españolas. El rasgo más característico

9 Estoy segura de que estas líneas son polémicas. El desenfado con que algunos antropólo- gos nos referimos a la historia denota poca familiaridad con las nuevas ideas y corrientes de la historiografía actual. En el otro lado sucede algo similar, como el propio Schorske

y sus comentarios en relación a la a-historicidad de la antropología, algo que, como he

tratado de indicar, pertenece al pasado. Concuerdo con Tapia en que hoy día los historia- dores no solo describen sino que además explican, duplican análisis de estudios históricos (como por ejemplo, la ingente producción en torno a la revolución francesa o la guerra civil española) y no solo estudian el cambio sino la continuidad. Véanse sus interesantes propuestas metodológicas en relación a la investigación de los moriscos que son básicas para cualquier investigación social (superación del positivismo, el estudio de un grupo de

manera aislada fuera de su contexto, el planteamiento del status de las fuentes utilizadas y

la necesidad de utilizar métodos desarrollados por disciplinas cercanas como la antropo-

logía social). El autor indica concretamente «…las fuentes en realidad son una construcción epistemológica del historiador (…) somos nosotros, los historiadores, quienes diseñando los obje- tivos y referencias metodológicas recreamos… inventamos las fuentes de nuestro propio trabajo» (Tapia 1999: 203-4)

10 Según el Padrón de habitantes del Ayuntamiento (2011). Al iniciar mi investigación tenía alrededor de 50 000.

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Clío y la antropología

de su ecología proviene de sus murallas medievales que conserva admira- blemente y que le ha dado el sobrenombre de «la ciudad de las murallas». La guerra que conformó la estructura externa de la ciudad dejó también su huella en el edificio más notable y alto de su interior: su catedral, mitad iglesia y mitad fortaleza. Si la guerra marca el origen de la ciudad actual desde el exterior, la mística organiza su estructura interna. La ciudad se denomina también «la ciudad de los Santos» porque allí vivieron los dos conocidos místicos, san Juan y especialmente santa Teresa. El itinerario teresiano –y no me refiero solo al itinerario oficial– cubre la ciudad en su conjunto. Alguien ha apuntado que delante de cada una de las puertas de la muralla existe una iglesia, formando pues un anillo simbólico que dupli- ca a las murallas. Pero además todo el que haya vivido en Ávila recordará sus despertares asociados al tañido de múltiples campanas que ponen en comunicación, entre sí y con el cielo, la variedad y cantidad de iglesias y conventos esparcidos por la ciudad. Una ciudad fruto de la mística y la guerra no es extraño que cuente con dos plazas que son a la vez lugares centrales de distinto signo. Una es el Mercado Chico, una vieja plaza porticada en el centro de la ciudad amu- rallada, el centro tradicional. Para confusión de los turistas en los mapas aparece como Plaza de la Victoria 11 , aunque ningún abulense la llama así. Sede del Ayuntamiento y del comercio tradicional «de toda la vida», hoy en día todavía es mercado de verduras y flores los viernes, a donde acuden los campesinos que rodean a la ciudad para vender sus productos. En el pasado fue el lugar de las ejecuciones, está no muy lejos de la antigua cár- cel, de la sede de los militares y de la catedral. En su pavimento todavía se pueden apreciar los restos de antiguas lápidas funerarias expresando en piedra las huellas de su historia. Es el escenario de la vieja Ávila murallas adentro, donde tienen lugar los bailes, pregones, presentación de candida- tos y otros actos oficiales, y también el lugar donde se congrega la gente

11 En el año 2001 recuperó la clásica denominación de Mercado Chico. Ese mismo año cambiaron también otras calles. (José Antonio pasó a llamarse Paseo de la Estación; Onésimo Redondo que cambió por la Calle del Ferrocarril y Generalísimo que fue sus- tituido por Don Gerónimo).

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María Cátedra

para dar la bienvenida al brazo incorrupto de santa Teresa. Sin embargo el centro tradicional se está muriendo al morirse sus viejos habitantes y al cerrar sus comercios tradicionales. Muy cerca de este lugar, a pocos metros, hay un modesto vecindario. Por la noche este centro merece los epítetos dedicados tanto tiempo a la ciudad «dormida» o «muerta». El Mercado Grande es en cambio el símbolo de la nueva Ávila y su nombre actual, Plaza de Santa Teresa, es redundante porque es probable que sea la única plaza en el mundo que tenga dos estatuas dedicadas a la

misma persona: efectivamente a santa Teresa que en Ávila recibe el senci- llo y significativo nombre de «la Santa». Santa Teresa no constituye el ma- yor culto de Ávila, a pesar de lo que podría parecer a primera vista, pero sí es la vecina más ilustre, la mejor embajadora de la ciudad, murallas afuera. Pues bien, esto es lo que significa esta bella plaza (que es tan antigua como la propia ciudad), la extensión de la ciudad fuera de los límites de la muralla, la nueva Ávila desparramándose literalmente por las laderas de

la montaña y alargándose al este hacia la estación de ferrocarril y hacia el

sur a través de nuevos barrios. El Mercado Grande tiene connotaciones fe-

meninas puesto que es un lugar donde solían jugar las niñas, mientras los muchachos jugaban a guerreros en torno a las murallas. En esta plaza han vivido gentes muy ilustres y con mucho dinero; su parroquia, San Pedro, es probablemente la más rica de la ciudad, aunque los grandes palacios de

antaño estén dentro del recinto amurallado. El Mercado Grande ya no es mercado sino de muy especiales utilidades: aparte de unas ocasionales ferias del libro y de artesanía, es el centro de esparcimiento donde están los cafés, quedan los amigos y donde los ganaderos que asisten al mercado de ganados el viernes cierran sus tratos con un vaso de vino. Alrededor de esta plaza se ha conformado el nuevo comercio, algunas boutiques y los barrios más vivos y populares (unos burgueses, como el Paseo de San Roque y otros más humildes y bullangueros, como el barrio de las Vacas

o San Nicolás). Entre ambas plazas la frontera común sigue siendo la ca-

tedral, mediadora entre estas dos partes diferenciadas, visiones del mundo opuestas y complementarias que conforman la ciudad. La catedral ha sido mediadora en más de un sentido; es el lugar por ejemplo donde la gente

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Clío y la antropología

del campo ha traído a una imagen campesina, la Virgen de Sonsoles, para que proporcione el agua que necesitan los campos. La catedral pues, a nivel espiritual, reproduce la función de ambos Mercados, el Chico y el Grande, de intermediaria con los agricultores y ganaderos que rodean a la ciudad. No me negarán pues que el contexto no sea el apropiado para las pro- cesiones de Semana Santa, en su origen también medievales. Su análisis nos permitirá entender la ciudad en su conjunto, de un modo amplio. De ello trata el siguiente capítulo.

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2. La procesión va por dentro:

Semana Santa y ciudad

Los actos exteriores, ejecutados con dignidad y compostura, aumentan los ac- tos interiores, despiertan sentimientos piadosos y santos afectos, ayudan al alma a elevarse al Creador y las cosas celestiales, y a hacer buenas obras.

Liturgia

En 1950 una noticia en el periódico local deplora el desagradable suce- so de un grupo de mozalbetes que arroja piedrecitas a los encapuchados, pero uno de estos, «dejando por un momento su condición de penitente» (Diario de Ávila, 1950) se arremanga el hábito y le ajusta las cuentas a alguno de ellos que pilla.

Diario de campo 1987

Será dura y ascética; una

subida espiritual por el sendero del Monte Santo de los celestiales banquetes Semana Santa de la «mística ciudad». Programa 1957

¿Cómo ha de ser la Semana Santa de Ávila?

Los días más sagrados, Jueves, Viernes y Sábado Santo, tiene lugar en el Casino una de las actividades aparentemente menos sagradas, «los borregos», es decir, el juego de azar, naipes y dados. Los abulenses han per- dido en muchas ocasiones, y ganado en otras menos numerosas, algunas fortunas. Parece que en algún caso un «penitente» se ha llegado a jugar a su propia esposa.

Diario de campo 1987

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María Cátedra

Las procesiones son «Plegarias solemnes que hace el pueblo fiel guiado por el clero, yendo en orden de un lugar sagrado a otro para excitar la piedad de los fieles, para recordar los beneficios de Dios y darle gracias por ellos; y para implorar la ayuda divina».

Canon 1290

Un comentario oído a personas muy pías refiriéndose a un Cristo cuya imagen pesaba mucho: «éste, o aprende a andar, o al año que viene se queda en casa».

Téngase buen cuidado en evitar en las procesiones todo desorden, disipación

Los párrocos instruyan debidamente a los fieles sobre la

modestia, reverencia y devoción con que a ellas se debe asistir (…) Es muy lau-

dable procurar que las procesiones vayan bien ordenadas, en filas, las mujeres separadas de los hombres, con compostura, sin bullicio, y, donde sea posible, llevando velas encendidas y rezando o cantando cánticos adecuados. Sínodo Diocesano Const. 287-8

y hasta escándalo (

)

…que no se permitan Disciplinantes, Empalados ni otros espectáculos se- mejantes en las Procesiones de Semana Santa… debiendo los que tuvieren verdadero afecto de Penitencia elegir otras más racionales y secretas y menos ex-

puestas, con consejos y dirección de sus confesores. Que no consientan procesiones de noche… saliendo a tiempo que estén recogidas y finalizadas antes de ponerse

el sol, para evitar los perjuicios que de lo contrario pueden resultar. Que no se

toleren bayles en las Iglesias, sus atrios y cementerios…

Juan de Santa María, siglo xviii

I. IntroduccIón: la cIudad de los santos

Esta pequeña colección de perlas, recomendaciones, sucesos y com- portamientos ilustra sobre la propia naturaleza de la Semana Santa: una abigarrada mezcla de humor y dolor, ideología y práctica, reverencia sa- grada y fiesta profana, expresiones divinas y situaciones profundamente humanas. Esta es una semana «santa» pero también una semana llena de cultura, una representación de lo que es la denominada «ciudad de los san- tos» y un buen ángulo para intentar desentrañar sus características princi-

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

pales. Es, siguiendo la metáfora teatral, un escenario donde se manifiesta el tiempo y el espacio, los diferentes grupos de población por sexo, edad, ocupación y clase social, y su específica visión del mundo 12 . La Semana Santa abulense no parece tener ni una gran tradición ni un esplendor o mérito especial. En 1952 el Programa de la Semana Santa 13 decía así:

Mirad el calendario litúrgico, semana de Pasión. Pensad que estáis en

Y sin flores ni oropeles, sin lujos y sin

saetas, se deslizan las procesiones entre redobles de tambores y sonar de marchas fúnebres que se van haciendo centenarias. Todo es nuestro, muy

propio y muy distinto de lo que en otras partes has conocido (Pórtico. Programa 1952).

el corazón de la vieja Castilla (

)

Efectivamente no voy a tratar de una Semana Santa espectacular, es- pecialmente significada ni conocida. Ni siquiera se puede aceptar, como indica la cita previa, que ésta sea tan «propia» ni muy distinta a la de otros lugares. Estoy segura de que no hay una costumbre de Semana Santa específicamente abulense ni siquiera una cofradía que no se repita en una buena parte del país con idéntica denominación. Periodistas y escritores

12 Este ensayo fue preparado originalmente para una conferencia del Curso dirigido por Luis Díaz Viana Visión antropológica de la Semana Santa organizado por la UIMP y la Universidad de Castilla-La Mancha que tuvo lugar en Cuenca del 27 al 29 de marzo de 1989. Preparé la conferencia durante una tranquila Semana Santa en un cortijo de Ronda donde fui invitada por Julian Pitt-Rivers, quien preparaba a su vez su propia conferencia al mismo curso. Agradezco esta invitación de Luis y dedico este recuerdo a Julian, que ya no está entre nosotros. He vuelto a retomar el tema quince años después para impartir una charla en el ciclo organizado por la Universidad de Castilla-La Mancha dentro de la licenciatura de Antropología Social. Agradezco a M. Cornejo y a J. García Bressó su amable invitación. Tras este tiempo he tratado de poner al día los datos de la Semana Santa que obviamente han cambiado en este largo período, pero he preferido conservar el análisis original de 1989. Aunque incorporo algunos datos en el texto, la mayor parte de los cambios vienen en notas a pie de página.

13 Y no solo en 1952. Una idea similar se aprecia en 1994, en el texto del padre F. de las Heras quien se refiere a los visitantes «que pudieran sentirse atraídos por compartir con los abulenses el sentido cristiano de estas fechas dentro de un marco acogedor y recoleto a la vez, pero con una visión digna de los misterios tradicionales, celebrados con el carácter significativo y severo, propio de la tierra castellana» (1994: 79).

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María Cátedra

abulenses a los que se encarga periódicamente escriban algunas líneas sobre esta efemérides, no encuentran ningún motivo de especial mención respecto a sus signos exteriores aunque –o quizá por ello– sí se refieren a su «interioridad». Esta opinión aparece en el comentario que sigue:

Si algún historiador quiere dejar noticia para la posteridad de esta nuestra Semana Santa podría escribir: La Semana Santa de Ávila no es de procesiones de magníficas y artísticas imágenes; no desfilan por sus

calles carrozas espléndidas radiantes por el brillo de su plata, de sus cirios

y de sus doseles; los mantos de sus Vírgenes no ciegan con el oro de sus

bordados; para eso busquen en otras ciudades este esplendor de esculturas

y de riqueza ornamental. La Semana Santa de Ávila no busca el gozo de los sentidos sino el del espíritu. (Programa 1957).

Voy a intentar llegar al «goce del espíritu» como indica don Ferreol Hernández, el autor de estas líneas, a través del goce de los sentidos, puesto que esta es la manera en que trabaja el antropólogo, aunque este goce sea, para algunos, modesto y humilde. Y empezaré además hablan- do del contexto específico, el espacio y el tiempo de esta pequeña ciudad castellana en la que tiene lugar la Semana Santa con la que, (y vuelvo otra vez a citar):

La ciudad dormida y silenciosa revive y canta.(

)

La Ciudad se ve y

) sus calles

se contempla a sí misma en esas procesiones: Amor y dolor (

y sus plazas.

(J. Muñoz Luengo. Programa 1956)

La ciudad en conjunto es el marco para entender las idas y venidas de los abulenses con sus imágenes divinas; veamos la composición y trayec- to de las diez procesiones abulenses de la Semana Santa. Mi análisis se refiere a 1988 y 1989 fundamentalmente en que salieron las siguientes 14 :

14 De un año a otro las procesiones cambian de día, itinerario o composición. Me ciño a es- tos dos años que seguí con cierta intensidad y donde se produjo un nuevo «renacimiento» de estos rituales.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

II. las ProcesIones

Domingo de Ramos

1. Procesión de las Palmas. Paso: Entrada de Jesús –La Borriquilla–. Organizada por los Padres Franciscanos y cofradía de San Antonio con la colaboración de todas las parroquias de la ciudad. Asisten las repre- sentaciones de las cofradías. La cofradía fue fundada en 1927 y estuvo organizada durante muchos años por las Juventudes Antonianas, quienes encargan en 1944 el paso de la Borriquilla. El rasgo más evidente es que asisten todos los niños de los colegios de primaria con palmas o laurel junto a sus profesores y catequistas. Acompañan de paisano los integrantes de la Adoración Nocturna y los de algunas cofradías. El obispo, al parecer, sugirió adquirir otra talla de madera porque la existente de escayola era de poco valor, pero la gente le ha tomado cariño

era de poco valor, pero la gente le ha tomado cariño Domingo de Ramos. Procesión de

Domingo de Ramos. Procesión de las Palmas. Archicofradía de la Real Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno. «Medinaceli» y Padres Franciscanos. Año 2011. (Foto J. M. J. Sanchi- drián).

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–«es muy maja» dicen– y les gusta, aunque el obispo ha comentado que «desmerece» 15 . TRAYECTO: El sábado y sin procesión sale de su sede en San An- tonio para dormir en la Catedral (suele hacer el trayecto en automóvil) de donde saldrá al día siguiente a las 11.30 de la mañana tras la bendición de ramos y misa presidida por el señor obispo. El domingo en procesión:

sale de la catedral, recorre el centro clásico y se dirige directamente a la barriada de San Antonio 16 . (Véase mapa B)

Lunes Santo

2. Procesión de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli organizada por la archicofradía del mismo nombre con sede en San Antonio. La talla es de 1947, copia de la de Madrid. La archicofradía se fundó al mismo tiempo en que empieza a crearse la propia barriada, La Cacharra, nacida del ensanche en torno a la calle Valladolid y estación de Ferrocarriles. En 1956 colaboraron en la pro- cesión la Orden Tercera Franciscana, la Juventud Antoniana y la cofradía de ferroviarios de San Antonio (el convento es el más cercano a la esta- ción). En ese mismo año de 1956 salió, además de la talla de Medinaceli, el paso del Calvario (1946), la Virgen del Mayor Dolor (1947) y la Virgen de las Lágrimas (1950). Sin embargo después la cofradía dejará de salir durante muchos años. En 1988 la formaban empleados y funcionarios de clase media cobran- do nueva vida, y creciendo como el propio barrio. Ese año salieron 95 en- capuchados y en 1989, unos 30 más, de los 150 cofrades de cuota que tenía este último año. Muchos de estos eran mujeres trabajadoras y amas de

15 Quizá por ello en el 2010 se ha restaurado tras una cuestación en la parroquia de San Antonio. Se incorporó hace unos años a la procesión una pequeña talla de la Virgen de los Infantes. Desde la declaración de Interés Turístico Nacional en 2005 crece la asisten- cia. En total en 2010 en las 14 procesiones de la Semana Santa se indica salieron 6000 nazarenos frente a los 1300 de 2004 (Jiménez 2010).

16 Catedral, San Segundo, Mercado Grande, Duque de Alba, Plaza de Santa Ana, Paseo de la Estación (antes José Antonio), Calle del Ferrocarril (antes Onésimo Redondo), Convento de San Antonio.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad Lunes Santo. Procesión de la Ilusión. Ilustre

Lunes Santo. Procesión de la Ilusión. Ilustre Patronato de la Santísima Trinidad de Ntra. Sra. de las Vacas. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

casa que, según me indicaron, formaban el grueso de los encapuchados, de hábito y capuchón morado y capa marrón oro. Nótese que estas mujeres no están ocupando el rol tradicional que les ha correspondido en las proce- siones ya que en el pasado los encapuchados fueron siempre hombres. En 1988 salieron el martes santo junto con Nuestra Señora de la Esperanza, pero en 1989 quisieron salir solos y además contar con su propia imagen femenina, la Virgen del Mayor Dolor, con sede en San Antonio 17 . TRAYECTO: a las 9 de la noche realiza un trayecto circular, sale de la catedral y se cierra en la catedral; recorre la Avenida de Portugal a la ida y Duque de Alba a la vuelta (ambas calles comerciales), y pasa por el

17 En 2004 salen 1300 nazarenos, lo que indica el crecimiento de la barriada. Cambia el día (martes) y el trayecto adentrándose en la parte norte de la muralla e incorpora las tallas de San Pedro Llorando (siglo xv), Nazareno del Perdón (1991) y Cristo Yaciente (1942).

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María Cátedra

Mercado Grande. Este trayecto incluye la zona nueva comercial de fuera de la muralla 18 .

Martes Santo

3. Procesión de Nuestra Señora de la Esperanza, de la hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza (Agentes Comerciales o representantes). La imagen, de 1954, está en la parroquia de San Juan (la zona comercial tradicional intramuros).

de San Juan (la zona comercial tradicional intramuros). Martes Santo. Procesión de Medinaceli. Archicofradía de la

Martes Santo. Procesión de Medinaceli. Archicofradía de la Real Esclavitud del Nuestro Pa- dre Jesús Nazareno. «Medianceli». Paso por la Ronda de la Muralla. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

Cofradía gremial réplica de la de Sevilla y sostenida por Agentes Comerciales en toda España, creada en Ávila en el año 1954 por uno de

18 Catedral, San Segundo, Avenida de Portugal, Paseo del Dos de Mayo, Arévalo, Isaac Peral, Duque de Alba, Comandante Albarrán, Plaza de Santa Teresa, Don Gerónimo (antes Generalísimo), Alemania, Plaza de la Catedral.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

ellos, dueño de un bar muy céntrico y conocido. Desde 1969 no salió en procesión por el escaso número de cofrades, hasta 1988. Es una de las más pequeñas procesiones, quizá porque hoy hay pocos Agentes Comerciales. No alcanzan los 50 encapuchados nutridos entre familiares y amigos de estos profesionales y algunos más en 1989. Quizá por eso salió con los de Medinaceli y también con el Cristo Amarrado a la Columna de la iglesia de la Santa. Visten capa y capuchón en verde y túnica blanca 19 . TRAYECTO, como el de Medinaceli.

Miércoles Santo

4. Procesión del Silencio. Pasos: Nuestra Señora de las Angustias y Cristo de la Agonía. Organizada por la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias con sede en San Nicolás.

Nuestra Señora de las Angustias con sede en San Nicolás. Miércoles Santo. Procesión del Silencio. Cofradía

Miércoles Santo. Procesión del Silencio. Cofradía de Ntra. Srta. de las Angustias. Año 2011. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

19 En 2004 ha cambiado el día de procesión (lunes) y ha encontrado un nuevo partner más numeroso, los cofrades de las Vacas que aportan su Cristo de la Ilusión (1990) con los que se encuentran en el camino y procesionan juntos. Por eso se llama la «Procesión del encuentro». Entre todos desfilan unos 250 nazarenos.

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María Cátedra

La cofradía, fundada en 1691 y disuelta en 1918, fue reavivada en 1956. Mientras la imagen de la Virgen es antigua (de 1591, atribuida a Gregorio Fernández) el Cristo es moderno, comprado en 1984. La composición de

las imágenes y su distinta edad duplica la de la propia barriada, en 1988 en drástico cambio al desaparecer las pequeñas, antiguas y modestísimas casi- tas de las Covachuelas y por el contrario, en plena construcción de nuevas viviendas de pisos. Esta es una cofradía de barriada y al menos la mitad de los cofrades viven en la misma, muchos de los restantes han nacido en

el barrio, otros son nuevos vecinos. En 1989 salen 200 encapuchados que

visten túnica azul, capuchón y cordón blanco. Los cofrades son 370. Es una cofradía de gente humilde: obreros principalmente aunque,

como toda cofradía, presumen de tener también gente del (Mercado)

Grande, es decir gente «grande» (a quien van a pedir cuando falta dinero

o hay gastos extraordinarios). TRAYECTO: a las 9 de la noche sale de San Nicolás al sur de la ciu- dad. Desde la barriada entran a la ciudad intramuros y recorren la zona comercial antigua. Las imágenes «duermen» en Santo Tomé el miércoles noche hasta el viernes en que acompañan al Santo Sepulcro 20 .

5. Procesión del Santísimo Cristo de las Batallas, organizada por la

hermandad del mismo nombre, y con ese paso. El Cristo original, del siglo xv, está en Mosén Rubí y hay una talla nueva con el mismo nombre en

la parroquia de San Pedro, en el Mercado Grande. Como la talla antigua

es pequeña y delicada y se pierde entre la multitud, en 1963 se acuerda la adquisición de la talla nueva de más de dos metros. La procesión se celebró

a las 11.30 h en 1988, aunque en 1989 salieron ambas tallas: a las 11 h la nueva y a las 2 de la madrugada la antigua. Esta hermandad, fundada en 1952 por un sacerdote de trayectoria cas- trense, en su origen estuvo muy unida a la hermandad de ex-combatien-

20 Plaza de San Nicolás, carretera de Burgohondo, Rollo, Damas, bajada de Sonsoles, Fran- cisco Gallego, Plaza de Santa Teresa, Don Gerónimo (antes Generalísimo) y Plaza del teniente Arévalo. En 1988 recorrieron también Caballeros, Reyes Católicos, Catedral y San Segundo. En 2004 desfilan 460 nazarenos.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad Miércoles Santo. Procesión del Santísimo Cristo de

Miércoles Santo. Procesión del Santísimo Cristo de las Batallas. Hermandad del Santísimo Cristo de las Batallas. Año 2011. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

tes. Al ser aprobada por el obispo, se nombra por aclamación a Francisco Franco hermano mayor del Cabildo de Honor. Se considera el Cristo de los militares, un colectivo muy clásico e importante en Ávila. La imagen antigua tiene además resonancias castrenses, ya que se dice que la llevan los Reyes Católicos en sus campañas de la conquista de Granada. La talla es una de las pocas que existen de valor. El hermano mayor en 1988 era un propietario de comercio quien al terminar la procesión invitaba a chocolate a todos los asistentes. Práctica- mente era el alma de la hermandad, puesto que en 1988 no había fichas de los hermanos –aunque se decía que podía haber 200, se reunieron unos 150 capuchones– portando una túnica negra con cíngulo de esparto. Se considera que esta hermandad es de la zona centro y tiene en sus filas muchos «caballeros» 21 .

21 En 2004 salen 350 nazarenos de los 470 hermanos en la procesión de las 23 h. Se adentra por la catedral.

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María Cátedra

TRAYECTO: sale de San Pedro a las 11:30, en el Mercado Grande y vuelve al mismo lugar. Recorre el centro moderno de la ciudad 22 .

Jueves Santo

6. Procesión de los Pasos. Santa Cruz (siglo xvi), Cena (1919), Ora- ción del Huerto (1612, 1952), Prendimiento (1910), Caída (1910), Santa Faz, Tercera Palabra y Santísimo Cristo de los Ajusticiados (siglo xvi). Organizada por el ilustre patronato de la Santa Vera Cruz. El patronato es uno de los más antiguos, fundado en 1536 y en su ori- gen compuesto por muchos artesanos (cardadores, molineros, mercaderes, carpinteros, curtidores, zapateros) que entraban en la hermandad previo reconocimiento físico, ya que los enfermos no eran admitidos (J. Mayoral 1935), aunque más tarde tuvo otra composición más elitista. Entre sus fines estaba el de asistir a los presos de la cárcel y especialmente a los ajus- ticiados. El reglamento de 1958 recogía como objeto preferente el «asistir a los condenados a la última pena» mientras estaban en capilla. Hasta 1957 al menos salían encapuchados el «Jueves de la Cena», recorriendo diferen- tes iglesias con subasta de pasos entre personas que se encargaban de los gastos del mismo y su traslado. La Vera Cruz es una cruz de madera con reliquias, alguna de las cuales se supone es un lignum crucis autentificado. En 1988 la cruz estaba muy deteriorada y semi-abandonada en la ermita del Humilladero, su sede, que amenazaba ruina, pero antes debió tener su importancia ya que salía solemnemente el día 3 de mayo en la fiesta de la Cruz. La ermita en los años ochenta era una pequeña construcción cuya fachada estaba decorada con cráneos y con una talla muy realista e impresionante del Cristo de los Ajusticiados, visible desde la carretera de Madrid; en los noventa sufrió una remodelación considerable. La ermita pertenece a San Vicente, pero recibe de los fieles limosnas en un cepillo;

22 Plaza de Santa Teresa, Arco del Alcázar, Don Gerónimo (antes Generalísimo), Alema- nia, Plaza de la Catedral, Arco del Peso de la Harina, San Segundo, Avda. de Portugal, Dos de Mayo, Duque de Alba, Comandante Albarrán, Plaza de Santa Teresa.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad Un penitente, año 2004. Jueves Santo. Foto

Un penitente, año 2004. Jueves Santo. Foto María Cátedra.

al parecer la mayoría de ellas dedicadas a las intenciones de los difuntos. En su día perteneció al convento de San Francisco, hoy rehabilitado. Los pasos están en la catedral. Algunos de estos pasos parece que vinieron de Madrid 23 . La cofradía estuvo compuesta siempre de gente de dinero de zona centro, los llamados «industriales», grandes comerciantes y empresarios. En los años ochenta pagaba a los que llevaban los pasos. Una familia de varios hermanos se encargaba de su cuidado; el padre fue

23 En las cofradías siempre hay una «señora rica» que regala tallas o cubre otras necesidades,

si bien parece que en este caso fue un señor, Eugenio Alonso Cuesta, quien en 1931 dona

a la catedral tres tronos replicas de Salzillo, procedentes de la iglesia de San Millán. En 1944 se incorpora la Dolorosa y en 1947 el Calvario, que sufraga la Juventud Católica Antoniana.

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secretario de la hermandad durante muchos años. La guardia civil escolta esta procesión que es la más vistosa y diversa. Llevan túnica y capucha morada, con cíngulo amarillo. TRAYECTO: a las 9 de la noche sale de la catedral y vuelve a la catedral. Parecido trayecto del anterior, triángulo del centro moderno 24 .

Viernes santo

7. Viacrucis. Paso: Cristo de los Ajusticiados. Organizado por el ilustre patronato de la Vera Cruz y delegación diocesana de la Juventud. Se dice también que antes el Viacrucis se realizaba por dentro de la ciudad pero se prohibió porque la gente no dormía debido a que los cantos despertaban a todo el mundo. Salen desde 1935 y fue creado por los jóve- nes de Acción Católica. Antes se guardaba una estricta separación entre hombres y mujeres –ahora «están todos liados», se me indica–. En 1953 solicitaron un acto de perdón por el que se liberaba a un preso de la cárcel que acompañaba a la procesión. A partir de este año la procesión recorre todo el perímetro de las murallas. Inicia su recorrido a las 5:30 de la madrugada desde la catedral. Se indica en los programas «Ayuno y abstinencia», algo quizá difícil para ciertos colectivos, especialmente los jóvenes, su mayor contingente (pro- bablemente un ochenta por ciento de los asistentes), quienes o beben o desayunan el clásico chocolate con churros y en algunos casos no terminan la procesión, perdiéndose por el camino. Trayecto atípico como la hora en que tiene lugar, recorrido alrededor de las murallas desde la catedral. Sermón de las Siete Palabras, poco concurrido, lo realiza un invitado que propone el obispo, se le paga «a regañadientes» una cantidad entre 40 000 y 60 000 pesetas de 1988. Tiene lugar a las 8 de la tarde frente a Santo Tomé, iglesia al lado del obispado y expresión de la tutela de esta institución.

24 Catedral, San Segundo, Av. de Portugal, Dos de Mayo, Arévalo, Isaac Peral, Duque de Alba, Plaza de Santa Teresa, San Segundo y Catedral.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

8. Pasión y Santo Entierro. Pasos: Cristo de la Agonía, Nuestra Se-

ñora de las Angustias, Santo Sepulcro y Dolorosa. Organizada por el real

e ilustre patronato de Nuestra Señora de las Angustias y Santo Sepulcro

con la colaboración de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias de San Nicolás. El patronato, que ha sido el más elitista y rico de la ciudad, fue fun- dado en 1756 y tiene su sede en la iglesia de Santo Tomé, actualmente iglesia de San Ignacio, (antiguo edificio de la Compañía de Jesús hasta

1774); hoy lo forman unos pocos e ilustres nombres, tan pocos que la gente dice que «nadie» y ello debido a que se «ponía veto» para pertenecer a ella. El antiguo patronato de Nuestra Señora de las Angustias, con sede en la iglesia de San Silvestre, procede de un viejo patronato de nobles, un grupo muy pequeño (13 patronos en 1840 y 19 en 1846). En 1975 sus hermanos pagan unas cantidades muy superiores a las de otras cofradías y desde 1851 consta como «Real» patronato (Sabe 2000: 241). También el Santo Sepulcro pone un tope de 32 a sus inscritos. Quizá por su escaso número

y similar composición se fusionan en 1898. En la actualidad cuentan entre

sus miembros con algunos nobles. En 1988 era el ejemplo de cofradía que pagaba a los que llevaban sus pasos: 3 relevos y 20 hombres pagados en total. Precisamente por ser pocos se unen a la cofradía más pobre de la ciudad en el año 1956 (fecha de renacimiento de las Angustias) que es en cambio muy numerosa. Las dos Vírgenes con idéntica denominación –An- gustias– representan los opuestos; la de San Nicolás tiene al hijo en brazos, la del patronato, llamada también Dolorosa, está sola 25 . Unos y otros están encantados por la unión en que ganan respectivamente número y estatus. Sin embargo se separarán en los años 90. Los del patronato llevan un hábito lujoso de terciopelo negro con cín- gulo morado que contrasta con el azul claro de tela sencilla de los de San Nicolás. Se dice que esta es la procesión «oficial» con las autoridades, y la «de toda la vida».

25 Probablemente representa un rasgo de la estructura social abulense en que los hijos de los ricos se marchan de la ciudad, dejando solas a sus madres; y también la numerosa prole de los proletarios.

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TRAYECTO: el centro tradicional, desde el obispado al Mercado Chico, la catedral y vuelta al obispado 26 .

9. Procesión de Nuestra Señora de la Soledad. Paso del mismo nom- bre que está en San Pedro organizada por la asociación de las damas de la Soledad, imagen de 1958. A esta asociación solo pertenecen mujeres, en 1989 exactamente 177 en el fichero; me contaban ellas que en 1987 salieron 170 mujeres 27 . Como la hermandad del Cristo de las Batallas, la asociación se constituye en 1957 por impulso del mismo cura, del que se dice «las dejó solas», las «abandonó». Hay tendencia a que si la mujer pertenece a esta cofradía, el marido pertenezca a la de las Batallas. No hay que olvidar que San Pedro es una de las más ricas parroquias de la ciudad. También pagan por llevar los pasos y me indican que ellas no tendrían fuerza para hacerlo. La di- rectiva y muchas de ellas llevan vestido negro y mantilla española. Parece que hay una anterior llamada de «Piedad y Caridad» de 1769, también de mujeres, pero un antecedente seguro es la procesión del Si- lencio, hoy cofradía de hombres, que hasta 1959 estuvo compuesta de mujeres. En 1956 ya se denominaba «Procesión de Soledad», se realizaba el sábado y asistían «señoras y señoritas mayores de 17 años» que se reu- nían en Santo Tomé al inicio de la procesión (sin permitírseles agregarse a las filas después) de luto y con velo negro, portando velas encendidas, sin maquillaje ni detalles «que revelen lujo u ostentación» como alhajas y adornos. Por último rezarían el rosario y «obedecerán con docilidad las consignas de la organización», además de desfilar modesta, devota y re- cogidamente. Sin embargo en 1988 salen a las 11 de la noche del viernes.

26 Plaza del Teniente Arévalo (Santo Tomé), Plá y Deniel, Pedro Dávila, Caballeros, Mer- cado Chico, Zurraquín, Tomás Luis de Victoria, Catedral, Arco del Peso de la Harina, San Segundo, Don Gerónimo (antes Generalísimo), Teniente Arévalo. En 2004 salen los siguientes pasos: Santa Cruz, Virgen de la Esperanza (1954), Prendimiento (1910), Medinaceli (1947), La Caída (1910), Santa Faz (siglo xviii), Angustias (1551), Santo Sepulcro (siglo xvii, y Dolorosa (1947).

27 En 2004 salen 225 de las 372 inscritas.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad Sábado Santo. Procesión de la Soledad. Asociación

Sábado Santo. Procesión de la Soledad. Asociación de Damas de la Soledad. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

de la Soledad. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián). Sábado Santo. Procesión de la Soledad.

Sábado Santo. Procesión de la Soledad. Asociación de Damas de la Soledad. Acompañamiento de la Agrupación Musical de la Cofradía de la Adoración del Huerto y la Vera Cruz de Medina del Campo. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

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La presidenta de 1989, una activa mujer de unos 40 años, propietaria de un bar, estaba intentando darle un nuevo aire a la asociación. Entre sus planes estaba el sacar una cruz vacía de Cristo (1993) y trasladar la procesión al sábado (porque en la noche del viernes la gente «está cansada de tanta procesión»); algo que ya hacen en 1989. Tiene relación con las damas homónimas de otras ciudades como Valladolid, ciudad a la que asisten a la procesión en un autocar. Antes de la Semana Santa realizan un quinario (en 1989, del 13 al 17 de marzo) y un Viacrucis hasta el Cristo de la Luz. TRAYECTO: pequeño circuito del Mercado Grande por el centro comercial volviendo al Mercado Grande. Parece que la Virgen no cabe por las puertas de la murallas, por lo que no puede entrar en el centro tradicional como sería su deseo 28 .

Domingo de Resurrección

10. Procesión del Resucitado. Pasos: Santísimo Cristo del Resucitado (mediados del siglo xx) y Nuestra Señora del Buen Suceso (siglo xvii), organizada por la cofradía del mismo nombre con sede en la ermita del Pradillo perteneciente antes a San Andrés y en la actualidad a la parro- quia de la Sagrada Familia, una nueva parroquia y barriada. La cofradía resulta de la unión de dos antiguas organizaciones en 1944 (al menos el Resucitado desde 1669 y el Buen Suceso desde 1698). Ambas imágenes salen de la Sagrada Familia, la Virgen tapada por un velo, y al encontrarse con su Hijo se le quita el velo y tocan las campanas, esto se denomina «el encuentro». La cofradía es «de toda la vida», y hay unos 500 cofrades, sin hábito. La costumbre tradicional ha sido comer el hornazo en la explanada de la ermita del Pradillo y echarse novio en la ro- mería. Se dice que quienes comen juntos el «hornazo del amor» al año que viene se casan. Esta es la primera romería del año y, quizá por su fecha, después de la Semana Santa, una de las más populares. En 1904 se alude

28 Plaza de Santa Teresa, Duque de Alba, Dos de Mayo, Portugal, San Vicente, San Se- gundo y Plaza de Santa Teresa.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad Domingo de Resurrección. Procesión del Resucitado. Cofradía

Domingo de Resurrección. Procesión del Resucitado. Cofradía del Stmo. Cristo Resucitado. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

Cristo Resucitado. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián). Domingo de Resurrección. Procesión del Resucitado. «El

Domingo de Resurrección. Procesión del Resucitado. «El Encuentro». Año 2004. (Foto María Cátedra).

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en el periódico a las ganas de romería de los abulenses tras un invierno duro y cómo se puede definir ésta como «amor, baile y hornazo»; en los puestos se venden avellanas, vino y jamón, y se prodiga con generosidad el tambor y la dulzaina. Hoy las imágenes las llevan los mozos y no pagan por hacerlo, lo que se consideraría un escándalo. En el año 1988 cayó ese día la mayor nevada del año y terminó la Virgen metida en una furgoneta y el Cristo cubierto de plástico, pero en la calle. TRAYECTO: a las 10:30 de la mañana en la Sagrada Familia misa solemne precedida de «El Encuentro» y a continuación la procesión. Como otras profanas, pone en relación su barriada con el centro tanto antiguo como moderno y vuelve a la barriada 29 .

III. llevar la ProcesIón Por dentro

En 1988 seguí con minuciosidad la Semana Santa abulense y en bue- na observación participante asistí, bajo un capuchón, a la procesión de la Pasión y Santo Entierro con el hábito de la cofradía de las Angustias de San Nicolás. Apañando un poco el proverbio: «llevar la procesión por dentro» creo que se puede decir que es muy distinta la procesión desde fuera que desde dentro. Es distinta porque la perspectiva también lo es; bajo un capuchón la procesión es dinámica y fluida, y la perspectiva es de conjunto. No siempre una descripción con estricta observación es más objetiva que participando en ella y, desde luego, esto no es cierto en el caso que me ocupa. Tras el capuchón se tiene una visión distinta del público, –al que uno ve pero que no te ven– y captas su rostro y actitudes (desde algunos jóvenes con un ataque de risa al pasar la imagen, mujeres que se persignan, extranjeros indiferentes, algunos un poco insultantes, pero en

29 Virgen de la Soterraña, Santa Cruz de Tenerife, Paseo de San Antonio, Calle del Fe- rrocarril (antes Onésimo Redondo), Paseo de la Estación (antes José Antonio), Plaza de Santa Ana, Arévalo, Duque de Alba, Comandante Albarrán, Plaza de Santa Teresa, Don Gerónimo (antes Generalísimo), José Tomé, Alemania, Reyes Católicos, Mercado Chico, Comuneros de Castilla, Enrique Larreta, Tomás Luis de Victoria, Esteban Domingo, Lope Núñez, San Vicente, Valladolid, Ermita del Resucitado. En 2004 hay 590 herma- nos.

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general gente seria y circunspecta) 30 . Casi podría decirse que es una forma de disfraz, muy cercano en algunos momentos a los disfraces de carnavales pero de distinto signo; el disfraz en el contexto de carnavales –la carne y la alegría– como en el de la Semana Santa –el espíritu y la tristeza–. Quizá por este sentido de disfraz a los niños les atraiga este suceso doliente. Pero además la Semana Santa es también un escenario social siguiendo con la metáfora teatral. Veamos los participantes y sus recorridos. Los niños son el ingrediente esencial de la procesión de las Palmas (procesión nº 1), procesión por cierto que se asocia con un animal, la borriquilla, que llega a dar el nombre popular a la procesión. Los niños representan la incipiente socialización –como los animales– y el futuro de Ávila; no es extraño por tanto que la procesión provenga de una nueva y populosa barriada, San Antonio, al NO y lindando con los límites de la ciudad, cerca de las huertas que la rodean. La procesión pone en comuni- cación simbólica el centro monumental y la nueva vida de la periferia. Y de los niños a sus madres, las nuevas mujeres abulenses trabajadoras tan numerosas en la procesión de Medinaceli (nº 2). Estas mujeres encapucha- das están representando un rol hasta hace poco exclusivamente masculino y muy distinto de la clásica presencia femenina, la cofradía de las Damas de la Soledad (nº 9). En algunos reglamentos de las cofradías consta la prohibición expresa de admitir mujeres en las procesiones 31 . Las Damas de la Soledad evidentemente representan el rol tradicional de la mujer, a través de su traje y atuendo (con mantilla, tacones, luto, etcétera); no es

30 Esta dualidad quedaba plasmada en el Programa de 1951 en un pequeño comentario titu- lado Cuerpo y alma donde el autor desconocido planteaba una diferencia entre el cuerpo, lo exterior, lo transitivo e inestimable que percibe el forastero (muchedumbre, aparato, exorno, el bullicio, las largas comitivas solemnes, las luces, flores, músicas, todo el abiga- rrado conjunto extraño de una ciudad…) y el alma que capta el abulense (la fiesta de la religión… de los conceptos imponderables: muerte dolor, Dios, Eternidad). Además «la fiesta es la materialización de la vida y la historia, de la ciudad y el tiempo, del corazón

y la muerte».

31 Por ejemplo, el artículo 9º del Reglamento de la Vera Cruz (1958: 3) se indica: «Se po- drán admitir por hermanas, las señoras de reconocida piedad, teniendo iguales derechos

y deberes que los hermanos, a excepción de que no podrán asistir a la procesión de Jueves Santo. No podrán ser admitidas las mujeres que vistan deshonestamente y en el caso de que ya pertenezcan y amonestadas no se corrijan, serán expulsadas».

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pues extraño que se asocie a la de las Batallas (nº 5), que representan el rol tradicional del hombre, los militares. Durante muchos años las Da- mas han ejercido el único papel permitido a la mujer. En el programa de Semana Santa de 1951 se anunciaba un Gran Concurso de la Mantilla Española-Abulense organizada por una compañía publicitaria, pero ade- más aparecía un comentario titulado «La mantilla española es una ofrenda espiritual». Una buena muestra de este aspecto aparece en una fotografía del programa de 1946 donde aparecen cinco mujeres de mantilla y entre los comentarios a pie de fotografía se dice:

En estos días solemnes de la Semana Santa la mujer abulense sabe también honrar el esplendor y la brillantez de las ceremonias religiosas, tocándose con la bella y tradicional mantilla española. ¡A la belleza y prestancia de sus mejeres (sic) Ávila, con su austero sentido de la vida, une el fervor más entrañable y la virtud inigualable de la mujer española:

católica, sencilla y buena!

A esta procesión se la denominaba «la de las viudas» aunque no se está muy de acuerdo si por el estado civil o por el riguroso luto que era obli- gado llevar (sin pintarse, sin alhajas y con velo o mantilla). También se la denominaba de un modo humorístico «la procesión de las cucarachas» obviamente por el color de sus vestidos, siempre de negro obligatorio. Así pues la asociación con la «vieja» imagen de la mujer no está solamente en los ojos del antropólogo, pese al coraje y entusiasmo de la activa mujer que hoy la dirige 32 . La cofradía de Damas de la Soledad merecería realizar un trayecto tradicional pero no es así, realiza uno muy pequeño ya que se mueve fundamentalmente por el Mercado Grande (que hemos visto está asociado a las niñas) y roza las murallas. La razón está en que la imagen que llevan es excesivamente grande para poder pasarla por los arcos de la muralla, lo que les impide su recorrido por el centro tradicional que en buena lógica simbólica les correspondería. También participaron las

32 Hay una cierta tendencia a que el negro (o el morado) sea el color preferido de las cofra- días de gente pudiente, y por el contrario las humildes vistan con otros colores, como el azul, el verde o el blanco.

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mujeres en las procesiones de Semana Santa en la del Silencio, cofradía de las Angustias, que salía en solitario la noche del miércoles, y que ha intercambiado en diferentes épocas a mujeres y hombres. Curiosamente cuando renace la cofradía (y se activa la organización) las mujeres desapa- recen de las procesiones. Una última referencia a la división sexual se aprecia en la frecuencia en que las cofradías incorporan entre sus pasos a un partner del otro sexo: una talla de Cristo (o al menos una cruz desnuda) en las procesiones de vírgenes y viceversa. Las dos mitades de la divinidad quedan de este modo compensadas 33 . Las cofradías masculinas, prácticamente todas las demás, ponen de manifiesto una sociedad estratificada y no precisamente entre las más antiguas. Dos de las más recientes, y con mayores problemas, la de la Es- peranza (nº 2) y la de las Batallas (nº 5) trae eco de la oposición medieval entre ruanos o comerciantes por un lado y serranos o caballeros por otro, resuelta a favor de los segundos. La procesión de las Batallas está asociada a dos fechas clave en la historia de España: a la imagen se la supone la lle- van los Reyes Católicos en la conquista de Granada, y a la fundación de la hermandad en 1952, que se erige como símbolo de los ex-combatientes; en ambos casos, asociaciones bélicas. La presencia de los militares en Ávila ha sido constante e importante en términos simbólicos, desde los viejos «caballeros» que hicieron posible la existencia de la ciudad a los militares que han tenido su sede en uno de los palacios de la ciudad. El circuito de la procesión depende de la imagen que sale; en 1989 se realiza en torno al Mercado Grande donde está la imagen más reciente; la antigua en cambio rodea el Mercado Chico y las murallas, el centro tradicional. Por su parte, la Esperanza (nº 3), cofradía gremial que promueven los agentes comerciales, representa una visión del mundo diferente y es la expresión del más amplio contexto económico en que está inmersa la propia Ávila; su decadencia y escaso número es probable que indique cambios en la actividad comercial actual (la decadencia de los pequeños comercios e

33 Una excepción es la del Cristo de las Batallas, probablemente porque la guerra se consi- dera un territorio exclusivamente masculino.

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intermediarios en favor de las grandes superficies). Su trayecto es, natu- ralmente, el nuevo centro comercial. Otra oposición fundamental y quizá bastante definitiva se establece entre la procesión del Silencio (nº 4) del miércoles por una parte, y la de la los Pasos (nº 6) del jueves y la de Pasión y Santo Entierro (nº 8) del viernes por otra. La primera, de la cofradía de las Angustias de San Nicolás, está compuesta por la gente más humilde que sale en Semana Santa, el barrio obrero por excelencia y la periferia de la ciudad al SE.

La de la Vera Cruz que organiza la de los Pasos (nº 6) es en cambio la cofradía que ha tenido a los más pudientes cofrades de la zona centro, los que, aparte la nobleza, se consideran «los ricos», la burguesía: la riqueza que proviene del comercio, los propietarios de negocios y los pequeños empresarios de la zona centro. Expresión de esa riqueza es la vistosidad

y variedad de sus pasos y también la distintas categorías de cofrades que

aparecen en sus estatutos; una riqueza que en 1988 estaba desapareciendo

o luchando por no desaparecer, evidente en el mal estado de los pasos, de

la propia ermita y el número irregular de cofrades. Cofrades que pagan por lograr que lleven los pasos. Lo mismo sucede con la más elitista de las procesiones, la de Pasión y Santo Entierro (nº 8), la oficial, la «de toda la vida», en la que desfila no solo la élite intelectual o política –la corpora- ción municipal– sino también la más nutrida de miembros de la nobleza en algún tiempo. Su presidente era en 1988 el cronista oficial de la villa. Pues bien, en esta procesión tiene su lugar la representación del sector humilde de Ávila, ya que desfilan junto a las Angustias de San Nicolás (nº 4). En la procesión aparecen dos Angustias, dos Cristos, como las dos clases sociales que desfilan juntas, los ricos muy pocos, los pobres más nu- merosos. Su recorrido, al igual que la dicotomía que plantean, es el centro tradicional y quizá el centro jerárquico pues provienen de Santo Tomé, la iglesia que linda con el obispado. El centro y la periferia, los opuestos de la sociedad en términos de estratificación social, quedan simbólicamente unidos y representados. Otra oposición, y probablemente la más clave para el futuro inmediato de los abulenses, se aprecia entre los dos actos que realiza el patronato de

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la Vera Cruz: el Jueves Santo la Procesión de los Pasos (nº 6) y el Viacrucis

(nº 7) del viernes de madrugada. En esta última el componente principal es la gente joven. El Viacrucis es co-organizado con la delegación dioce- sana de la Juventud, a las 5.30 de la mañana, (una hora quizá adecuada

a los jóvenes, hora joven y excusa para pasar la noche fuera) y se abre

con el mismo Cristo de los Ajusticiados. Es probable que aquí exista la oposición viejos (Procesión de los Pasos) - jóvenes (Viacrucis). El trayecto de los mayores es el clásico, mientras que el de los jóvenes es distinto de todos los demás, ya que recorren el perímetro de la muralla. También es distinto el comportamiento de los participantes en el Viacrucis, menos cir- cunspectos que los que asisten a otras procesiones y motivo de crítica para los mayores o el clero que los acompaña. Parece ser que para los jóvenes la asistencia es una especie de ritual de paso, ya que alrededor de la pubertad solicitan permiso de sus padres para asistir con sus amigos (por ejemplo, el nieto de uno de mis informantes, de 11 años). Y también es un ritual de

trasgresión, por las ocasionales libaciones para combatir el frío y las fugas de algunos adolescentes. Y finalmente la procesión fundamental que se opone a todas las demás es la del Resucitado (nº 10), la que tiene lugar al término de la Semana Santa. Hombres y mujeres, niños y jóvenes, centro y periferia que mantie- nen cierta distancia a través de sus respectivas procesiones, se dan cita en la procesión de la vida. La separación que se observaba entre Vírgenes y Cristos (obsérvese que en toda la Semana Santa ambas figuras son exclu- yentes, Vírgenes con el hijo apresado, crucificado, muerto, o desaparecido) se destruye a través del «encuentro», el pequeño ritual que vuelve a poner en comunicación la mitad femenina de la divinidad y la mitad masculina. Todos los símbolos que aparecen en la romería del Pradillo apuntan a aspectos vitales, la comida y la bebida –el hornazo y el vino–, el amor y el cortejo; frente a la música fúnebre, el alegre sonido de la dulzaina, frente

a la monótona circunspección de la procesión, la alegre jota castellana. El itinerario del Resucitado es también el itinerario de la Ávila renovada a través de sus nuevos barrios, de la nueva parroquia de la Sagrada Familia (un nombre muy adecuado para expresar la fertilidad y la vida) que susti-

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tuye al patronazgo de antiguos conventos en medio de huertas, un límite de la antigua ciudad. Así pues la procesión integra viejos límites, borra fronteras y pone en relación opuestos. A través de las procesiones abulenses muy diversos colectivos emergen. Las procesiones son un microcosmos de la propia sociedad en la que están representados los grupos significativos por sexo y edad (niños, jóvenes,

mujeres y hombres), clases sociales (gremios, ocupaciones y estratificación)

y barrios (centro y periferia). Un análisis de estas agrupaciones puede indi-

car la naturaleza de la sociedad, dónde está y dónde está yendo, a pesar del distinto origen y fecha de las cofradías, las áreas y colectivos de influencia. El recorrido de las procesiones a través del espacio ofrece también mensajes sobre los significados de los distintos lugares y zonas de la ciu- dad. Los recorridos y los mojones simbólicos de la ciudad, sus iglesias y capillas, reflejan lo que es la ciudad, la fuerza y pujanza de sus barrios, sus alianzas, estrategias e historia. Si echamos un vistazo a sus itinerarios descubrimos una obvia oposición: la de centro y periferia. La mayoría de las procesiones (nº 2, 3, 5, 6, 8 y 9) se mueve en un estrecho círculo (véase mapa A) con un casi idéntico itinerario en la mayor parte del circuito, la zona del Mercado Grande y la catedral. Este área se ha considerado el centro del poder, la zona más prestigiosa de Ávila, la del nuevo comercio

y donde se encuentra las más rica de sus parroquias, la de San Pedro. Las

procesiones periféricas son la de barrios humildes o industriales como la de las Palmas (nº 1) y el Resucitado (nº 10) al norte, la del Silencio (nº 4) al sur, y el Viacrucis (nº 7) que realiza un raro itinerario alrededor de la muralla. Las cuatro procesiones tienen en común la procedencia modesta de su población, su periférica situación en la estructura social (incluidos los jóvenes que por definición no poseen nada propio). Y sin embargo estos últimos trayectos son afirmaciones del poder de los humildes (si no en ca- lidad, al menos en cantidad), de la periferia frente al centro, de los jóvenes frente a los mayores, quienes reclaman con sus itinerarios su derecho a la ciudad apropiándose de su centro en sus procesiones. Es intrigante la poca actividad ritual en relación a la ciudad intramu- ros, pese a la importancia de las murallas como símbolo de la ciudad y su

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adecuación para procesionar por su origen medieval. La única procesión que recorre una parte de la ciudad intramuros, si bien la más aristocrática, es la de la Pasión y Santo Entierro cuyos miembros son nobles, algunos de los cuales todavía mantienen algunos palacios dentro de las murallas. Evidentemente las rutas indican centros de comercio y actividad o por el contrario inactividad y decadencia, al igual que su paso, dirección o salida de centros simbólicos importantes. El centro más vivo de la ciudad ha quedado fuera de las murallas y por el contrario la ciudad intramuros ha perdido población y pujanza económica; algo evidente en sus decadentes viejos comercios o el traslado de otros. Hasta aquí hemos visto cómo se distribuyen las procesiones en el es- pacio físico y social de la ciudad. El tiempo también ofrece mensajes muy significativos: por ejemplo, en relación a los días de la semana en que sale la procesión –algunos centrales, otros residuales–. Pero echemos un vistazo a su evolución.

Iv. un vIstazo al Pasado

En la primera mitad del siglo xx las procesiones se caracterizan en ge- neral por la pobreza de las mismas y por su irregularidad 34 . Ávila a prime- ros de siglo cuenta con 12 000 habitantes y en 1950 apenas llega a 20 000. Es una de las más pequeñas y tradicionales ciudades de provincia. Duran- te muchos años no hay procesiones el lunes, martes y miércoles, aunque sí se celebra modestamente la de Ramos, que se pasea por los claustros de la catedral organizada por el cabildo. En 1904, por ejemplo, no hay proce- siones en casi toda la semana sino oficios de cuaresma y tinieblas, de los que da noticia el diario local al lado de anuncios sobre «limonada gaseosa» típica de la Semana Santa y surtidos de conservas propios de esta época del año. El jueves sale la procesión del Santo Entierro a las 5 de la tarde y se alude al sábado que contempla a las mujeres abulenses luciendo mantilla.

34 Esta escasa presencia de procesiones es parte de una tendencia más general y antigua, la crisis de la cofradía de mediados del siglo xviii a la que se han referido diversos autores (Sánchez Herrero 1987, Suárez Fernández 1987).

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La semana santa se vivía sin embargo de esta sobria manera. Hablo con un hombre (H) y su mujer (M) que tienen en 1989 más de 70 años, muy activos en una modesta cofradía 35 :

[La Semana Santa debió ser distinta cuando usted era moza] M: era tan distinta… porque voy a decirla, entonces Dios se moría a las nueve de la mañana el jueves, ya no trabajaba nadie, nada más que el

medio día, cuando daban la noticia a todos que se había muerto Dios, dejaba todo el mundo de trabajar, ya se iba a los Monumentos, a las tres de la tarde, después de comer, a recorrer las estaciones, y ahora sin embargo hasta las 6 de la tarde que hacen los oficios no se va a la iglesia, a las 7 en otra, a las 8 en otra, el mismo jueves. H: Y otra cosa, si trabajaban el jueves por la tarde entonces a partir de las 10 de la mañana todos tenían carros de vacas y todo el mundo ponía hierba al cencerro para no tocar las campanas de las vacas [?] Las vacas llevan un collar, un cencerro, y en cuanto se moría Dios a las diez de la mañana todos los carros tapaban el cencerro para que no sonara y las mulas que llevaban un cascabel, nada, se tapaba, a partir de las 10 de la mañana todas en silencio. Y nosotros mismos que estábamos de guardia, íbamos con la corporación a recorrer los monumentos, ahora ni corpora- ción, ni leche, ni nada, ahora no va ninguno, [antes] iba la corporación, todos los guardias de gala, con el alcalde, los concejales, íbamos a recorrer la estación, las siete estaciones, y ahora ya no M: en Ávila era así la Semana Santa… [debía ser muy impresionante] H: lo que pasa es que entonces no iba la gente encapuchada, iba la gen-

te enlutada, las viudas en silencio

M: pasa igual que las cofradías H: si ahora mismo en vez de ir la gente encapuchada tuvieran que ir con la cara descubierta, en vez de ir en las cofradías 300 irían 100, porque ahora mismo se viste la gente joven porque les gusta ir en las filas, noso- tros somos 200 capuchones, me parece que somos».

y ahora van mucho más de romería…

1935 es una fecha clave en toda España en relación a la recreación de la Semana Santa como parte de una ideología de redención a través del dolor

35

Mis comentarios y preguntas aparecen entre corchetes. Las citas son literales con un mínimo trabajo editorial para evitar repeticiones.

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(Andrés-Gallego 1987), probablemente una reacción ideológica a la situa- ción política del momento. En Ávila el Jueves Santo salió la procesión de la Vera Cruz desde el Humilladero y recorrió el trayecto entre varias iglesias 36 . Es en este año cuando salen los pasos procedentes de la parroquia de San Millán de Madrid, que se subastan entre personas principales de la ciu- dad, quienes se encargarán de su cuidado. El Viernes Santo salió la pro- cesión de la cofradía de las Angustias y Santo Sepulcro 37 y finalmente la del Resucitado el domingo. El obispo Plá y Deniel incluye el Viacrucis de la madrugada que fue «nutridísimo». Este nuevo impulso tiene una figura señalada, el padre V. del convento de San Antonio, quien en la década de los años 30 instituye la procesión de Ramos y la archicofradía de Medi- naceli en la barriada de San Antonio, el primer ensanche de Ávila hacia la estación de ferrocarriles, al igual que otro cura (J. M. L.) impulsará la creación o renovación de cofradías y procesiones en los 50. El clero tuvo en el pasado un papel activo al organizar o recuperar cofradías y procesiones, pese a que en la actualidad hay fuertes críticos entre los eclesiásticos sobre este tipo de actos. La gente hoy se refiere a estas iniciativas de esta manera:

[¿Antes el clero no estaba al margen de las procesiones?] estarían me-

nos al margen pero también, había que estar siempre

pensé que hubo unos años en que ellos lo estimularon…] no, mira, aquí vino un consiliar, el Cristo de las Batallas, lo fundó J. M. y don J. M. no

ha fallecido, sigue en Ávila viviendo y lo ha dejao, quiere decir que los embarcó durante unos años y luego los ha dejao; nosotros nos vamos a otro lao, don F. H. del Grande, empezamos y nos ha dejao embarcaos,

lo del padre V., él creó la Juventud Antoniana.

este es un tema que no se

es muy difícil [yo

Si echamos un vistazo a las fechas de adquisición de los pasos y tallas de la Semana Santa podremos apreciar que, aparte de una decena de imágenes de los siglos xv, xvi y xvii y unos pocos a primeros de siglo xx,

36 Santo Tomé el Viejo, la Magdalena, la Catedral, San Juan, Santo Domingo, El Carmen, San Vicente, San Andrés, La Concepción y San Francisco según indica Mayoral (1935).

37 Así lo observa Ferreol Hernández en el Programa de 1957, quien tras una pequeña in- vestigación sobre la época indica: «era todo muy pobre».

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María Cátedra

la mayoría, más de una docena, son de finales de los cuarenta y los años cincuenta 38 . También en 1935 aparecen los primeros ecos turísticos de la Semana Santa. En la revista Ávila Turista, en un número dedicado a la Semana Santa, se recomienda ver la procesión de los Pasos, y apreciar el especial marco de la ciudad, con la siguiente recomendación «¡No debe perderse el turismo esta procesión!». Un turismo que en el mes de marzo de ese año había informado a 122 turistas, de ellos 19 extranjeros. Sin embargo en 1936 no habrá procesiones. Con el tiempo, el aspecto turístico de la Semana Santa cada vez tendrá mayor importancia, por encima de su na- turaleza religiosa incluso, tal como aparece en muchos comentarios de los más píos cofrades, por ejemplo este que sigue:

Pero la Junta pro Semana Santa no es que solamente la compongan los patronatos con las cofradías, deben constituirla también los medios de comunicación y las entidades que sean locales, que sean de Ávila, la Cámara de Comercio, el excelentísimo Ayuntamiento, el CIM Turismo no sé que… no consiste solamente los patronatos, porque lo que vamos a hacer nosotros no es un tipo religioso como piensa la gente, es un tipo cultural, para que Ávila se abra fuera al exterior, como decíamos antes en Valladolid, en Valladolid es más turista que tipo religioso.

Las procesiones varían en distintos años en complejidad y variedad. Por ejemplo en 1946 no había procesiones lunes ni martes 39 . A las 12 de la mañana del sábado terminaba la Semana Santa puesto que a esa hora

38 Últimamente se han adquirido bastantes Cristos (Cristo de la Agonía 1984, Ilusión 1990, Nazareno del Perdón 1991, Cristo Arrodillado 1993, Santa Cruz 1993, Cristo de las Murallas 2000) que acompañan a viejas tallas de la Virgen.

39 El Domingo de Ramos además de procesión por la mañana hubo un Viacrucis a la tarde por los jardines de San Antonio. El miércoles la procesión del Silencio estuvo acompa- ñada por los encapuchados de la Juventud Obrera de San Juan Bosco y a ella se unió el Cristo atado a la Columna de la iglesia de la Santa; todos se dirigieron a la catedral. El jueves junto a oficios y lavatorios salieron la de los Pasos y la Virgen de los Dolores y el Señor cargado con la Cruz. El trayecto era muy reducido y abarcaba el centro clásico. A las 6 de la madrugada del viernes salió el Viacrucis que hizo un recorrido dentro de las murallas.

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comenzaron a oírse cohetes y dulzaineros. Por la tarde se trasladó al Re- sucitado desde la ermita del Pradillo a la basílica de San Vicente a través de la barriada, y después del rosario hubo fuegos artificiales. El domingo siguió la fiesta con toque de diana de dulzainas, misa, el Encuentro y la procesión; a la tarde romería con subasta de banzos y regalos y rifa de una máquina de coser, una cesta y el bodigo. Por la noche continuó la fiesta en la barriada de San Francisco al norte de la ciudad. En 1952 en la procesión de Medinaceli hay una novedad, «instalaciones eléctricas» en los pasos. Este año no hay procesión en lunes ni en sábado 40 . La Junta de Semana Santa se crea en 1954 en una reunión de las Cofra- días de Pasión. Una noticia del periódico en 1960 indicaba que la Junta de Semana Santa estaba compuesta por el sacerdote, el presidente del Santo Sepulcro y el de la Vera Cruz, las cofradías más ricas. En 1956 se alude en el Programa a la «nueva ordenación litúrgica de la Semana Santa» que influye especialmente en un cambio de los horarios: se celebran los oficios por la tarde y las Tinieblas por la mañana, y contiene una elaborada des- cripción de oficios y ritos. Se alude al sábado indicando que es día de gran luto hasta las 12 de la noche; hay procesiones todos los días. En 1957 el programa es muy parecido al de 1987. Recientemente instaurada desfila la procesión del Cristo de las Batallas y se alude a una «cofradía de señoras» de la iglesia de Santiago, pero ya existe la procesión de la Soledad que sale de Mosén Rubí a la que asisten señoras y señoritas vestidas de negro. Además la procesión del «Jueves de la Cena», que sale del Humilladero organizada por la Vera Cruz y apoyada por la Acción Católica, Santo Sepulcro y Sagrado Corazón de Jesús. Salen también los de la Esperanza organizados por los agentes comerciales a la que se une el Cristo atado a la columna de la Santa. El Resucitado sale de San Vicente (puesto que todavía no existe la parroquia de la Sagrada Familia) y en el

40 La procesión ese año sale de la iglesia de la Magdalena y le acompaña la Virgen de la Piedad. El martes la cofradía de Medinaceli saca de la Magdalena la imagen de Jesús Ex- Cautivo, el miércoles hay una procesión del Silencio que sale de San Nicolás organizada por la Acción Católica y solo compuesta de señoras y señoritas, el jueves y viernes las de los Pasos, Viacrucis de madrugada y el Santo Entierro. El domingo, la del Resucitado.

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María Cátedra

Encuentro con la Virgen del Buen Suceso de San Pedro hay cohetes y todas las orquestas tocan el himno nacional. Los niños vestidos de nazarenos llevaban atributos de la pasión y desfilaban en la procesión. En el año 1960 se editaron 6 000 carteles de turismo, un tercio de los cuales fueron murales. Sin embargo parece que la actividad procesionaria empezaba a decaer; un editorial del 16 de abril 1960 indicaba cómo, mien- tras florecían hermandades nuevas, «decaen otras entidades piadosas de venerable tradición como el Real Patronato de las Angustias y Santo Se- pulcro y el de la Vera Cruz». El editorialista, Pedro de Ulaca, se lamentaba del cambio de las viejas costumbres indicando «qué lejos de la procesión de antes» en que tras la cruz seguían los judíos negros con banderas negras, trompetas y tambores destemplados, al menos 30 niños nazarenos con el gallo, columna, monedas, clavos, flagelos, soldados de escolta y después los estandartes negros de todas las cofradías en luto. En ese momento, según el comentarista, ya no aparecen los estandartes negros, porque no los quiere llevar nadie, ni hay niños nazarenos, asistencia que hasta hace poco era motivo de orgullo para sus familias. En 1980 la procesión de Ramos se organiza de un modo local en las inmediaciones del convento de San Antonio y en 1981, por el entorno de la catedral. No salen procesiones ni lunes ni martes. En 1987 tampoco hay procesiones el lunes, martes ni sábado (la Soledad sale el viernes), pero un nuevo equipo de la Junta de Semana Santa intentará volver a sacar procesiones y pasos tradicionales. El equipo lo componen, entre otros, dos jubilados muy activos que reactivan de una forma considerable la Semana Santa. 1988 es una fecha definitiva que marca el comienzo de este rena- cimiento; este año hay procesiones todos los días excepto el lunes y al año siguiente toda la semana. El 12 de febrero de 1989 en El Norte de Castilla aparece un artículo con el título «Ávila. Buena voluntad y pocos fondos:

componentes de la Semana Santa 89». En dicho artículo se informaba sobre la falta de medios económicos que impedía por ejemplo la presencia de bandas de música y también indicaba desacuerdos entre los miem- bros de algunas cofradías como la de Medinaceli, bastante numerosa, que se negaba a desfilar junto a los agentes comerciales de la Esperanza, un

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grupo bastante reducido. También la negativa de la iglesia, por diversas razones, a sacar algunos valiosos pasos preocupados por su integridad o la falta de locales para almacenar las carrozas y los pasos. Cuando yo las conocí, en 1987 las cofradías penitenciales se veían y se deseaban para mantenerse, disminuyendo en número en la misma proporción que au- mentaban las profanas. El clero, que las había impulsado en su día, tras el Concilio Vaticano II se mostraba bastante intolerante o al menos poco en- tusiasta de estas celebraciones. Por otra parte, el aumento de automóviles ha permitido a los mejor situados la oportunidad de tener unas pequeñas vacaciones al sur o junto al mar que rompen el largo invierno abulense. Los jóvenes por su parte desertan hacia otras cofradías con «más marcha» y menos dolientes:

Además estamos una cosa, que la Semana Santa ahora en el momento que estamos, actual, es otro tema distinto que antiguamente, que anti-

guamente no había vehículos y la gente se quedaba en las capitales. Hoy

porque

día se van a Benidorn, estos puentes que hay, desde el miércoles hoy mismo se van, como sabes que hace frío en Ávila…

[Los antiguos cofrades] sí, vivían por aquí, cerca de por aquí, pero han

gente joven no entra… Ahora vamos a intentar, cuando

ido falleciendo

restauremos todo esto, vamos a intentar contactar con gente joven a ver

si

[volverán a tomar

interés] en Valladolid se han hecho cargo de un paso y la querían sacar dos

veces al año, en Semana Santa y

[¿tenéis relación con ellos?] no, no, lo

que intentamos es restaurar lo que tenemos, que está un poco abandonao

pero como la gente, como tú sabes está un poco

El estudio de una cofradía puede indicar cómo está la propia ciudad en un momento determinado. En los años noventa la Semana Santa se ha revitalizado gracias a un activo grupo de personas que, a diferencia de años anteriores, no son liderados por el clero, son laicos y se interesan, aparte del sentido religioso, por la dimensión cultural y turística de la Semana Santa. Uno de los aspectos principales ha sido considerar como protagonista el propio marco de la ciudad en estos trayectos rituales. Así han empezado a cuidar los aspectos estéticos, la puesta en valor turística, la vistosidad y cuidado de su presentación.

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María Cátedra

En una de las reuniones de la directiva de Semana Santa en 1989 a la que asistí, se reunieron con la archicofradía de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús para intentar que funcionara nuevamente. Para volver a reorganizar esta cofradía penitenciaria (de procesión de Semana Santa) tenían que crear hábitos, carroza e imagen. Había viejas reglas que obviamente ya no servían –por ejemplo, la prohibición de que la mujer desfilara bajo capuchón hasta hace pocos años–. Asistieron además de la directiva y el cura de la Santa cuatro adultos y seis jóvenes. Se sopesaron las posibilidades de que la iniciativa tuviera éxito. El aspecto más interesante fue el reconocimiento de la necesidad de un pequeño pero activo grupo de laicos para poner en marcha las cofradías, que no funcionan cuando deja de existir ese pequeño grupo. Por esta razón, se dijo, el patronato de Santa Teresa en ese momento había desaparecido (¡y en Ávila!). Hubo discusión sobre la salida del Cristo entre el cura y los asistentes; el primero no quería que saliera el paso aduciendo que Bellas Artes no lo aconsejaba porque se podía deteriorar la imagen. La gente quería sacarlo en procesión a toda costa. Un jubilado modesto, muy activo en las cofradías de Semana Santa, me decía así a mi pregunta de cómo eran las Semanas Santas de antes:

Pues que eran pobres, había que pasar muchas calamidades, pobre por- que no había dinero como se mueve hoy día, porque hoy día vas a un banco, pides un préstamo y te dan dinero para una cofradía, avalas tres o cuatro personas, pero antiguamente había que ir a llorar y llorar a la gente [¿a las autoridades?] y a los industriales. Date cuenta que nosotros sacábamos doce pasos o diez pasos, la batería con la que se iluminan las procesiones cuesta dinero, te las alquilaban, hoy día te las van dejando los medios co- merciales, pero antiguamente no había tantos medios comerciales como porque ya sabes que no había coches, hoy día sí, hay muchos vehículos, pero antiguamente no había eso, flores no había florería como hoy día, iban los pasos un poco pobres de flores, todo a base de cariño y de empuje. [¿Había industriales implicados en la cofradía?] sí, eran hermanos a la vez, pero intentábamos que cooperaran, que nos dieran telas más baratas, porque oye tú lo que no puedes hacer es ir a un hermano y a la vez pedirle 6000 ptas por un capuchón, porque lo vale, es que lo vale, calcula lo que cuesta un corte, la confección y te dicen «para una vez al año yo no pago 6000 pesetas».

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

Desde 1990 se han sucedido los cambios. Uno de ellos ha sido la parti- cipación en la Semana Santa de una de las cofradías más vitales de Ávila, la de Nuestra Señora de las Vacas, de un barrio modesto y tradicional del SO de la ciudad pero también el más famoso por la alegría y empeño en sus festividades. Los de las Vacas, como se denominan en Ávila, han aportado al lunes santo no solo una concurrida participación sino también su Cristo de la Ilusión y una banda de música propia, uniéndose a la pe- queña cofradía de la Esperanza. Esta procesión se denomina El Encuentro

porque ambas figuras, que salen de sus respectivas sedes, se encuentran al comienzo continuando juntos el trayecto. Así mismo se han recuperado viejas cofradías y procesiones, como la del patronato de la Purísima Con- cepción, Santa María Magdalena y Ánimas del Purgatorio que desfilan en la procesión del Miserere el martes santo con la imagen de la Magdalena

a partir de 1993. O la que inaugura en 2004 la Semana Santa el viernes

anterior (Viernes de Dolores) con una reciente procesión y cofradía (Pro-

cesión Vía Matris, cofradía del Santísimo Cristo de los Afligidos) que sale de la iglesia de la Santa. Las nuevas procesiones ocupan los primeros días de la semana, un tiempo periférico en relación a los días centrales –Jueves

y Viernes–. Es más, casi todos los días hay dos procesiones 41 a distintas

horas. En muy pocos años no solo se ha cubierto la semana sino que se han triplicado las procesiones. Un dato interesante ha sido la tendencia cada vez mayor a procesionar en la ciudad intramuros. Si comparamos los mapas A y C podremos com- probar que los cambios de itinerarios o las rutas de las nuevas procesiones van tomando posiciones en los diversos espacios de la ciudad amurallada, si bien solo se ocupa la mitad oriental, la más elevada y noble. Este dato refleja el intento de los abulenses en lo que se ha llamado la «recuperación

y puesta en valor de la muralla» y su apertura 42 al turismo. No es de extrañar

41 Cuentan con dos el martes (Medinaceli y Miserere), miércoles (Procesión del Silencio y Cristo de las Batallas nuevo), jueves (La Madrugada y los Pasos) y viernes (Viacrucis y Pasión y Santo Entierro).

42 Apertura en más de un sentido. Sobre ello he escrito unas líneas (Cátedra, 2004b).

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María Cátedra

Referencias: 2004 - 5 Batallas 2004-3 Esperanza y N.S. Vacas 2004 - 12 Miserere 2004
Referencias:
2004
- 5 Batallas
2004-3 Esperanza y N.S. Vacas
2004
- 12 Miserere
2004
- 11 Via Matris

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

que en el año 2000 la Junta de Semana Santa adquiera una talla al escultor Nicomedes García Piquero denominada Santísimo Cristo de las Murallas. La Semana Santa ha obtenido algunos premios y ha sido declarada de Interés Turístico Regional. La lista de colaboradores de la Semana Santa de 1991 incluyó muy diferentes entidades 43 . En 1993 se organizó en el Museo Municipal de Madrid una exposición titulada «Arte de la Semana Santa de Ávila» que recogía pasos y figuras de varios museos e iglesias abulenses. En 2004 se celebró el cincuentenario de la Junta de Semana Santa al mismo tiempo que se preparaba en la ciudad el XVII Encuentro Nacional de Cofradías Penitenciales de Semana Santa.

v. de la muerte a la vIda

Voy a referirme con más atención a dos de las cofradías abulenses, la Vera Cruz y el Resucitado. Las cofradías, hermandades y patronatos tie- nen una reglamentación estricta a través de estatutos en que se informa de fines, composición, forma de afiliarse, etcétera. Los de la Vera Cruz, aprobados en 1958, pueden ser un ejemplo que nos permite asomarnos a una cofradía desde dentro. El objeto de este patronato ha sido tanto el culto a la Cruz como la asistencia a los condenados a la última pena. Para cumplir la primera se hacía la fiesta profana en mayo y para la segunda la procesión de Jueves Santo. Los requisitos para ser hermano eran ser católico, oír misa los festivos, cumplir todos los años con el precepto de confesión y comunión, observar buena conducta y gozar de buena fama; la mujeres por su parte debían vestir honestamente. Para entrar en el pa- tronato, a excepción del hijo de hermano o la beneficiaria viuda, se exigía una «cuota de entrada» de 10 ptas en dinero de 1958, y si era mayor de 35 años una peseta más por cada año que hubiera cumplido el solicitante. Las hermanas «de reconocida piedad» se admitían con iguales derechos que

43 El obispo, el gobernador civil, la Academia de Intendencia Militar, Ayuntamiento, Di- putación, Cultura y Fomento, Cámaras de Comercio e Industria, las Cajas de Ahorros de Ávila y de Salamanca, empresarios de comercio, hostelería, automóviles, electricidad, centros de turismo e iniciativas turísticas y el Hogar de Ávila en Madrid.

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María Cátedra

los hermanos, si bien estaban excluidas de la procesión del Jueves Santo;

las que no vestían honestamente podían llegar a ser expulsadas. Aparte de esta cuota había otra anual que oscilaba entre las 36 ptas anuales de un Hermano Honorario y las 6 del Hijo de Hermano, cuotas que se elevarían

si fallecían más de un 4% de hermanos. Si un hermano no podía satisfacer

la cuota se le expulsaba o jubilaba; esta última categoría se aplicaba a quien tuviera mala salud, edad o «estado decaído de fortuna, imposibilitándole levantar sus obligaciones con toda decencia» por lo que se le eximía del pago y asistencia. La organización incluía Consiliario, Presidente, Vice- presidente, Secretario, Tesorero y 4 vocales. Entre las obligaciones de los hermanos estaba la de asistir al menos seis de ellos a viáticos, entierros de hermanos fallecidos y condenados junto con el estandarte; ocho hermanos

a procesiones de otras imágenes (el Corpus, la Virgen de Sonsoles, Santa Teresa). A cambio se le acompañaba moribundo o muerto, se le propor- cionaban dos misas en la ermita y abonaban a su viuda 250 pesetas en concepto de hábito. Pero había bastantes cofrades que usaban su hábito como mortaja, algo que continúa en 1988. Hablan dos cofrades:

M: no, y de los 200 capuchones, los primitivos que se les hicieron no se los ponen, se lo dejan a un amigo, a una amiga S: bueno eso vamos a dejarlo, mi padre se murió y se le amortajó con un capuchón, sí mi padre sí. Y ahora pensamos, V, que era un cofrade y que vivía en la calle Empedrada, ese dijo «mira, a mi me enterráis, que me muero, a mi me enterráis con capuchón», los antiguos se entierran con el capuchón que tenían… [el capuchón de Semana Santa] M: sí, sí el capuchón ese que llevan ellos S: el hábito, el hábito, la túnica con el cordón de la cofradía… como el devoto de la Virgen del Carmen que se muere y dice que le pongan el hábito. S: mi padre fue el presidente que hubo después de que se fundó en el año 56, pues se murió con su hábito, se llevó su hábito p’allá, y los que quedan…

La procesión del Jueves Santo congregaba a los hermanos por riguroso orden de antigüedad, encapuchados con túnica, capa y capuchón morado,

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

zapato y calcetín negro y guante blanco. No se admitía expresamente a mujeres ni a los que no fueran hermanos del patronato o penitentes de cualquier clase. Sobre la asistencia a los condenados a la última pena, se les proporciona socorro espiritual y temporal de acuerdo con el Patronato de las Ánimas, llevándoles el Cristo de los Ajusticiados a los condenados y montando guardia dos hermanos que se relevaban cada dos horas hasta el instante de salir los reos para el suplicio. En este momento una procesión de hermanos acompañaba al ajusticiado hasta el lugar de la ejecución. Este acto se recuerda así:

El Cristo de los Ajusticiados cuando es el estado de la muerte –era el Patronato, la Cofradía de la Santa Vera Cruz, se entregó a esa ermita–, entonces la Cofradía del Cristo de los Ajusticiados cuando un preso estaba condenao a muerte iban por la calle nevando, por la noche, iban tocando una esquililla y decían: «una limosna para el reo que está en capilla» y la gen- te daba un donativo, entonces dabas la última voluntad, lo que él quería comer o lo que fuera, y lo que sobraba lo dabas a la familia, el dinero que sobraba a la familia del reo… (sale en) el rosario de la Aurora, el Cristo éste es impresionante, es impresionante.

Los estatutos incluyen una de las categorías de hermano, los de «paso», que pagaban la mitad que los «activos» (15 ptas) y que estaban obligados a llevar los pasos en las procesiones; se indica tenían iguales derechos y obligaciones que los activos, pero sin voz ni voto en las Juntas Generales ni la posibilidad de tener cargos en la Junta. Había también presidentes de paso, quienes adquirían tal categoría mediante subasta; se encargaban de los gastos de traslado y adecentamiento del mismo y se les sustituía si no lo adecentaban suficientemente. Este dato ilustra sobre el pasado elitista del patronato de la Veracruz, aunque me dicen que «ya no es lo que era». Es muy significativo que la cofradía pague a los porteadores de la imágenes, algo impensable en otras. Quizá porque los ricos escasean y porque ellos tienen que ser activos al reclutar procesionarios, como aquí se indica:

Entonces se nombraba presidente de esos pasos, y esos presidentes costeaban los gastos que ocasionaban cada paso de esos y los vestían

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María Cátedra

ellos, y mantenían ellos los pasos y a su vez, para que se fomentaran las procesiones y no se decayeran, entonces cada uno se comprometía a bus- car como mínimo 25 capuchones. Era un conjunto para que el presidente del patronato no recayera sobre él todo el tema, toda la carga, entonces cada paso tenía la obligación de cada uno buscar 20 capuchones como mínimo, y entonces esos veinte capuchones cubrían ese paso, 20 por 10 pasos, tenías ya 100 capuchones seguros en la procesión. Hoy día no, no puedes porque la gente que lleva un paso no puede económicamente, anda mal, no anda mal, que cuesta hoy día, porque antiguamente un tío por

llevar a hombros un paso eran cuatro y les dabas 20 duros y

también se les pagaba?] se les invitaba a merendar, o se les invitaba a una

hoy se paga 2000 pesetas por empujar, gente que vaya a la

catedral o gente que saca todos los años los pasos [¿gente de la cofradía?] no, son gente que no pertenecen a la cofradía, gente de todas las edades, gente de economía débil, les das dos mil pesetas y dicen «ya tengo para sacar a los chavales de paseo» y discutes con ellos. [¿Y los cofrades?] pero contrarrestamos gente también en la procesión ¿eh?, y no hemos pensao tampoco decirle a un señor, a un capuchón, «oyes, te toca empujar este año» no sabemos si le gustaría o no le gustaría, porque nosotros el año pasao mismo hicimos cuarenta capuchones con coste del patronato, nos costó doscientas y pico mil pesetas y esos están aquí, porque hemos pedido a la gente cuánto, y de los cuarenta te dicen dos que sí, que los compran, pero 38 o 35 capuchones te dicen: «yo no los quiero pa na, señora, qué me da usted encima» pa sacar más capuchones entonces sería que coges el nombre y que te lo devuelvan el día siguiente, pa sacar más gente. [¿Hay gastos?] flores, velas –ya sabes que está cara la cera–, nosotros llevamos hachones, no llevamos luz, llevamos velas.

limonada

[¿antes

Esto no sería posible en otras cofradías, como por ejemplo la más mo- desta de las Angustias de San Nicolás. En la Semana Santa se produce una división entre las cofradías pobres con voluntarios porteadores y los patronatos elitistas que les pagan a los suyos. Habla una pareja, mujer (M) y hombre (H):

[Los pasos ¿los llevan los cofrades en las Angustias?] Sí, sí, los dos días, ¿eh?, nosotros no nos cobra una perra nadie.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

M: Mi hijo se apunta siempre a tirar del Cristo o de la Virgen, de uno de ellos. H: Mira el hijo de éste que ha estado aquí, el secretario, el miércoles saca (a la Virgen) un padre y una hija desde que se fundó la cofradía, siempre, que cuando la había que llevar a hombro, con una rueda de una moto, que había que formar una carroza, la llevan siempre ellos, y desde

que está el Cristo lo llevan el hijo del secretario y A, otro vecino del ba- rrio, eso lo suben el miércoles [¿sin cobrar?] sin cobrar y luego el viernes… En otras (cofradías) si no tienen bastantes hermanos, tienen que pagar… hasta 2000 pesetas o 2500 cada uno. M: Y pasa en todos los pasos, la Cena y el Beso de Judas, todo eso, el que va tirando de la carroza, va a cobrar, eso toda la vida. H: Mira, hay personas en la Santa Vera Cruz que tienen adjudicaos un paso, entonces el señor que tenga adjudicao un paso es el que paga a los hombres que empujan, había uno que lo tenía P, otro señor que tenía

una joyería, la Oración del Huerto el señor M, esos algunos de ellos

los

que pagan… el Santo Sepulcro, el que llevan a hombros, el Cristo, son Las cofradías más humildes, las lleva la gente y las más ricas, pagan, sí, sí, nosotros en la nuestra, que es modesta, lo llevamos, en Medinaceli la llevan, la Esperanza me parece que había que pagar también ¿eh? había

que pagar a los señores que llevan la carroza, Medinaceli la llevaban entre los hermanos, nosotros lo nuestro no cobra nadie, el miércoles la suben unos señores y el jueves o el viernes no lo llevan los mismos porque no les convenga o porque no quieran, pero siempre hay voluntad allí «¿quién lleva la carroza?» [rápidamente] mi hijo: «yo la saco», mi hijo el pequeño

y mi hermano que siempre la sacan el viernes, llevan la Virgen ellos [¿a

ustedes no les falta gente?] no, no, no, a nosotros nunca nos ha faltao de tener que decir que se queda aquí por no tener quién la llevar, si ahora

mismo dices «venga, lleva tú al Cristo», deja su vara allí, agarra el Cristo

y no dice nunca media palabra, nadie, no ha dicho nunca hasta ahora.

Frente a la idea de muerte que encierra la cofradía de la Vera Cruz, la del Resucitado proclama fundamentalmente la vida. Ésta, que cierra el ciclo de Semana Santa, es rica en símbolos. La Virgen y el Cristo separados toda la semana «se encuentran» esta mañana, integrándose de este modo la madre y el hijo. Muestra también la ambivalencia humana y la alternancia del destino del hombre: detrás de la muerte está la vida.

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María Cátedra

Uno de los programas abulenses recoge esta dicotomía con estas palabras:

«hay dos semanas importantes, una la de la creación, otra la de la Semana Santa». Veamos más de cerca la explosión de vida que, en definitiva, es la fiesta del Resucitado. La Cofradía perteneció en su día a la parroquia de San Andrés (hoy filial de San Vicente) y tuvo su sede en la ermita del Pradillo, en los límites al norte de la ciudad. Un grupo de fieles agrandan un antiguo humilladero y fundan la ermita en 1686 y hacia 1690 se crea la cofradía, pero muy pronto desaparece, aunque se vuelve a recuperar más tarde en la iglesia de la Santa Cruz. El trayecto por la ciudad se inicia en 1753; hasta entonces solo hace un pequeño recorrido alrededor de la ermita. En 1944 se fusiona con la cofradía de Nuestra Señora del Buen Suceso, pese

a que entre ambas cofradías había habido algunos problemas en el pasado.

La gente todavía recuerda cuando la Virgen y el Resucitado se llevaban a

San Vicente y de allí salía la procesión. La ermita, pues, ha pertenecido

a varias parroquias, primero a San Andrés, luego a San Vicente, y hoy a

la Sagrada Familia. El éxito de esta cofradía aun con tan diferentes sedes no es gratuito. En primer lugar llama la atención el elevado número de cofrades –571– de esta cofradía profana frente a los 200 que, como mucho, tienen las peni- tenciales. De su importancia y salud además da cuenta el saldo bastante positivo que arroja y que le permite en 1988 comprar la más cara de las coronas elegidas para la Virgen 44 . Probablemente su popularidad tiene que ver con su posición dentro de la Semana Santa –es la más alegre de las celebraciones– y está compuesta por gente modesta de la periferia. La ermita en el pasado estaba aislada en medio de huertas y probablemente

44 Son datos de 1989 en que asistí a la asamblea del Resucitado. Se reúnen un domingo en

la iglesia. Asisten 23 personas, la mitad gente mayor. Al empezar, como es usual, se reza

un padrenuestro. Hay 677 158 pesetas de saldo. Se hace un recuento del dinero, gastos

e ingresos. Entre los gastos, los de fallecimiento a 5000 pesetas por difunto, y también

lo donado en la Casa de Ancianos, 13 docenas de cohetes, 12 paquetes de cigarrillos Celtas y caramelos para los ancianos, y el costo de tamboril y gaitilla. Se produce el nombramiento de los hermanos más antiguos, 2 hermanas viudas y 6 hermanos. Hay 571 cofrades. El secretario se queja de que lleva 9 años en el puesto y tiene poca colaboración.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

marcaba el límite de la ciudad. Quizá por su ambivalente posición entre la Pasión y Resurección –el dolor y el amor–, se descuidan algunas obli- gaciones pías. En 1989 el cura en la asamblea regañó a los cofrades por no

asistir a la misa que se organiza cada dos meses por los difuntos cofrades

y les indicó que cofrade quiere decir cristiano. Cuando se va el cura la

gente empieza a insistir con vehemencia en que «la capilla pertenece a la cofradía»; esta propiedad parece ser una forma de luchar y de oponerse a la iglesia institucionalizada y rica. Refleja también el momento álgido de un sonoro pleito entre el patronato de Sonsoles y el obispo 45 . El comienzo de la fiesta se sitúa en el Sábado Santo en que, al atarde-

cer, las camareras visten a la Virgen en la ermita. Sin embargo el Encuentro de la Virgen y el Resucitado es el momento álgido de la procesión, mar- cado por un intenso ruido: campanas, aplausos y vítores de los asistentes,

y cohetes especialmente. La procesión parte desde la parroquia de la

Sagrada Familia, tras la misa, al frente de la cual aparecen la directiva de la cofradía acompañada por los representantes de todas las cofradías

y hermandades de Ávila. El trayecto de la procesión recorre Ávila de un modo extremadamente ruidoso, gracias a las docenas de cohetes que se

disparan, que contrasta vivamente con el silencio y comedimiento de las procesiones de Pasión. A partir de este día comenzará a celebrarse el ro- sario de fiestas que caracterizan a Ávila una tras otra hasta el otoño. Cada una va hilvanando dentro de la ciudad los distintos barrios con sus centros simbólicos importantes; cualquier antropólogo que no conozca la ciudad

y el calendario de fiestas puede ir registrándolas simplemente poniendo

el oído y acudiendo rápidamente al lugar de donde proviene el ruido de cohetes –fue concretamente mi caso–. La procesión dura toda la mañana que se dedica al recorrido del ba- rrio, los lugares centrales y especialmente a las «visitas» de las propias imágenes, «saludos» incluidos, por rigurosa jerarquía, ante todas las ca- pillas, iglesias y ermitas que encuentran en su paso. Otras paradas dis- crecionales incluyen el domicilio de enfermos, curas o viejas señoras ricas

45 A ello me refiero en el siguiente capítulo.

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María Cátedra

que protegen la cofradía con sus donativos cuando es necesario. Acaba justo antes de irse a comer, pero a media mañana y a mitad de trayecto hay siempre una parada para «almorzar» el hornazo que se reparte con generosidad a los invitados. A la caída de la tarde comienza la romería en el Pradillo –hasta hace poco un prado muy adecuado para la romería, hoy, gracias a la construcción del área, un espacio bastante pequeño e incómodo donde se consume el hornazo y tiene lugar la subasta de los regalos–. Los objetos ofrecidos al Resucitado y a la Virgen son diversos (dulces

y repostería, botellas de licor y vinos, plantas, animales vivos, objetos de

regalo y decoración). Pero hay otras promesas más consistentes; uno de los

hombres con los que hablé me contó que su mujer había ofrecido un manto

a la Virgen del Buen Suceso por una promesa después de dos operaciones del corazón. Aseguró haber quedado muy bien, por lo que encargó un

manto a la Virgen (con su correspondiente ropa interior) cuyo valor supe- raba las 100 000 pesetas (de 1989) y que bordaban unas monjas (del con- vento de Gracia) con oro y plata. La música de flautilla, bombo, tambor

y dulzaina ameniza la romería. Esta descripción es básicamente idéntica

a la mayor parte de las fiestas de la ciudad. Puede variar el producto que se consume así como el recorrido y otros detalles de la misma, aunque conserva la misma estructura. En 1988 la procesión no se pudo realizar, ni la subasta de regalos, porque ese día amaneció nevando sin parar. El lunes sin embargo fue el día del Cofrade. Hacia las 11 de la mañana una veintena de cofrades se

reunía en el Mercado Grande para desayunar pan, lomo, chorizo y tortilla.

A continuación una orquesta popular compuesta de flautilla, bombo, tam-

bor y dulzaina acompañaba a la veintena de cofrades que iban parando en

la decena de bares de la Toledana, San Nicolás y Santiago en pasacalles.

Estos tres barrios son equivalentes en cuanto a su posición económica, barrios modestos. La mayoría de los cofrades trabajan en la construcción

o en una industria local; al pasar por varias obras se saludaron y salieron los albañiles. Muchos cofrades o piden unos días libres, sin sueldo, o emplean sus días de vacaciones. Todos visten pañuelo rojo, gorra blanca

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

y algún otro distintivo, y hacen mucho ruido para que se note, algo que

consiguen pues la gente, al oír la gaitilla, sale al balcón. Me explican que van a visitar («a cumplir con») todos los bares que les han dado algún donativo o regalo para la Virgen, y aunque la consumición la pagan de su bolsillo o lo paga la peña, probablemente se gastan mucho más que el posible donativo. Insisten varias veces que no tocan un céntimo de la cofradía, que eso lo paga la peña. La peña es una especie de cofradía dentro de la cofradía. Se crea en el año 70 y la inician una treintena de cofrades. Los cofrades son de ambos sexos: 20 matrimonios forman una peña, las mujeres del Buen Suceso, los hombres del Resucitado. A la peña se entra por votación y tras el escruti- nio riguroso de costumbres del candidato: que no sea borracho ni penden- ciero, que lo pueda pagar –los hombres 8000 y las mujeres la mitad– y por afinidad y amistad. A la cofradía entra todo el mundo que lo desea, pero en la peña hay bastante control y números clausus. Parece que hay cierta división de sexos en las actividades que realizan: los hombres desayunan en el Mercado Grande el lunes, las mujeres cenan el martes en los Cuatro Postes; los hombres las van a buscar después y se van a bailar a un baile céntrico, una discoteca. También tienen las mujeres desayunos con churros

y porras. Se invitan mutuamente, los del Resucitado a las mujeres y vice-

versa. Antecedente de las peñas son las agrupaciones de mozos y de niños

que se dan en otras Hermandades y Cofradías. Los ancianos reciben por último también la atención de los cofrades mediante una visita al asilo. A las mujeres les dan caramelos y tabaco a los hombres, y unas pastas a to- dos. Los ancianos del barrio son especialmente saludados; algunos bailan

y otros tocan el tambor. Un capítulo especial es el de las protectoras de cofradías, normalmen- te mujeres. El Resucitado ha tenido un singular personaje como tal que llamaré la duquesa. Todos me indican que, aunque no era creyente, era la protectora del Resucitado, o más bien una especie de presidenta ho- norífica, ignoro si por vecindad –el palacio de esta persona estaba cerca de la parroquia de otro tiempo– o por patronazgo frente a sus vecinos «pobres». Como en otras cofradías se repite el tema de la capilla que se

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María Cátedra

estaba derruyendo y la rica dama que se hace cargo de la misma. La du- quesa que ha sido considerada un símbolo del mal por su poco interés por las convenciones sociales, compra un manto para la Virgen, colabora en cualquier necesidad de la cofradía y paga los adornos y las flores. El lunes de pascua invitaba a los cofrades a vino y pastas. A cambio esta era la única procesión que pasaba por su calle y paraba delante de su balcón; ella les echaba un sobre con dinero. Es más, como la ermita está algo separada, para evitar que la robasen, la duquesa guardaba la ropa de la Virgen y allí la buscaban unos días antes de la fiesta (dos hermanas vestían a la Virgen y una camarista ayudaba). Todavía recuerdan cómo, en algunas ocasiones, la duquesa bailaba las jotas en la fiesta. Dicen también que en los últimos años, cuando estaba enferma, mandaba al mayordomo a la procesión y ella todavía se asomaba al balcón para, en un sobre, seguir ofreciendo su aportación.

vI. conclusIón: los PeregrInos de la cIudad

En las páginas precedentes se puede apreciar la importancia de estos rituales que cubren la geografía española para comunicar aspectos signi- ficativos de las comunidades donde se realizan. Aparte de algunas muy conocidas Semanas Santas (Sevilla, León, Cuenca…), que han merecido más atención (si bien han sido escasamente analizadas en relación con la ciudad de la que forman parte), poco se ha trabajado sobre otras menos exóticas Semanas y sus contextos específicos 46 . Me pregunto por qué no se han estudiado con más detalle estas celebraciones. Probablemente el poco interés se deba a la aparente uniformidad y similaridad de la Semana San- ta que, espero haber mostrado, no es tal a nivel de significados aunque lo sea en sus aspectos formales. Quizá también se deba al tipo de comunidad elegida: el caso de Ávila es el de una ciudad que, por su pequeño tamaño, es factible de analizar en conjunto.

46 La de Sevilla, ver por ejemplo Moreno 1985, Tate trabajó sobre el bizarro San Genarín en León. Para Ávila hay buenos catálogos históricos de cofradías, como por ejemplo, Sabe 2000, y píos comentarios del tipo de De las Heras 1994.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

Podemos preguntarnos ¿qué hacen los abulenses recorriendo año tras año similares rutas? ¿qué significado tienen esas idas y venidas desde el punto de vista antropológico? ¿qué escenario mental recorren gentes tan diversas? ¿qué une a esos peregrinos urbanos? Obviamente las procesiones son una forma de representación de la ciudad. A través de sus trayectos es posible comprender las configuraciones de las barriadas, el estado del centro, distinguir los nuevos barrios, apreciar su pujanza o decadencia. Éstas forman un entramado espacial donde se representa la interrelación del centro y periferia, la unidad de la ciudad y su diversidad interna. Los itinerarios afirman el poder central, reafirman posiciones de privilegio, pero también plasman aspiraciones de la periferia y sus grupos para ganar espacio cualitativo dentro de la ciudad. Las procesiones conforman también un microcosmos de la sociedad. Junto a las imágenes desfilan las diferentes categorías de personas de la ciudad: niños, jóvenes, adultos, hombres y mujeres. Las nuevas tendencias sociales aparecen representadas como, por ejemplo, en los dos tipos de mujeres de Ávila que procesionan –las mujeres tradicionales con mantilla, las nuevas mujeres que hay tras los capuchones, al igual que los hombres–. También las distintas ocupaciones y los diferentes niveles de estratificación social: los militares o agentes comerciales, obreros y empresarios, pobres y ricos. Muchos de los niveles de la sociedad por sexo, edad, barrio u ocu- pación interactúan de un modo dramático en la arena social que forman las procesiones de Semana Santa. También es un microcosmos simbólico donde se produce la alter- nancia de la muerte y de la vida, quizá el contraste más significativo de la Semana. Frente al dolor y el sacrificio que implica el Cristo de los Ajusticiados, el Resucitado y la consiguiente romería está llena de ma- nifestaciones rotundas de vida: la alegría, el ruido, la comida y el amor. El Resucitado permite además unir de un modo simbólico otras esferas humanas –lo masculino y femenino por ejemplo– a través del Encuentro de la Virgen y el Cristo, o la integración de los distintos grupos y colecti- vos significativos dentro de la ciudad pese a sus obvias diferencias. Entre todos ellos ofrecen una lectura de lo que es la ciudad y cómo quiere ser

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considerada. Ofrecen pues una instantánea de sus rasgos, estado de sus colectivos, historia, tendencias y procesos. Las procesiones reproducen simbólicamente la ciudad, la reafirman y significan en un determinado momento. Los trayectos tienden a marcar la importancia y centralidad del centro de la ciudad, o mejor, sus distintos centros. Por supuesto los trayectos no tienen la nitidez que a veces pretendemos, ni siguen el orden lógico que nos gustaría exhibieran; están hechos de retazos de historia y coyuntura, de azar y oportunidad. Por ejemplo, los itinerarios de 2004 se han organizado en función de las limitaciones impuestas por la exposición Las Edades del Hombre. También hay obvias razones espaciales respecto al tamaño de algunas imágenes: las de la Esperanza y la Soledad no entran por los arcos de la muralla. Pero marcan tendencias y pueden producir lecturas insospechadas. El itinerario es tan vivo como la propia ciudad; hay cambios en el espacio y en el tiempo, épocas de decadencia e impulso de la actividad ritual, épocas de protagonismo religioso y de afirmaciones laicas, de redención por el dolor y de «redención» por el turismo. El estudio de las procesiones se podría enfocar desde varias perspec- tivas: analizar la estructura de las organizaciones que las llevan a cabo, la historia de cofradías y procesiones, la relación social que implican, el análisis de las creencias de sus miembros, las oposiciones manifiestas entre la jerarquía y los laicos, sus usos como atractivos turísticos, etcétera. Pero también se podrían considerar como una especie de peregrinaje. Como ha indicado Eickelman (1998) en todas las religiones el peregrinaje es un viaje de la imaginación religiosa, movimiento físico de un lugar a otro, pero también movimiento espiritual o temporal, una definición que abarca adecuadamente los rituales que he descrito. Los antropólogos han estudiado su impacto en relación a pequeñas comunidades, pero también últimamente han tomado contacto con sus dimensiones históricas, doc- trinales, políticas y trasnacionales. En este caso he tratado de destacar su dimensión urbana. El peregrinaje ha sido considerado como una arena donde compiten discursos religiosos y seculares: los discursos oficiales de captación por un lado y la recuperación de los significados religiosos no oficiales por otro,

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

el conflicto entre ortodoxias y grupos confesionales, confrontación de con-

senso y communitas y contramovimientos frente a la división y la separa- ción (Eade & Sallnow 1991: 2). En Ávila, a lo largo de la historia se puede apreciar el impulso eclesiástico en la conformación de cofradías y proce- siones, pero también la dejadez o censura por parte del mismo colectivo posteriormente en un fútil intento de racionalización de las costumbres

y un afán religioso de depuración de la religiosidad. En cierta manera la

cofradía ha sido una forma de religiosidad laica que escapa al control de la jerarquía eclesiástica 47 . Los presupuestos son diferentes, pues mientras el clero pone énfasis en la penitencia, la gente marca la expresividad de la celebración 48 . La más o menos velada confrontación se aprecia en las críticas crecientes a estos actos que provienen de una parte del clero, pese

a que, en su tiempo, el propio clero las impulsó. Cierta tensión manifiesta entre la Junta de Semana Santa y el obispo por cuestión de trayectos y desfile de imágenes atestigua esta diferencia.

47 Andrés-Gallego ha señalado la paradoja de que la misma actitud que impulsa el auge cofradiero tras el Concilio de Trento (la doctrina de los sacramentos y el reforzamiento del poder parroquial) es la que se invoca para intentar reducirlas o suprimirlas. Evidente- mente la cofradía barroca se va de las manos del clero, se convierte en una organización autónoma y una isla de libertad laica. Con el movimiento romántico, la exaltación del sentimiento religioso y la búsqueda de raíces a final de siglo xix se recupera la cofradía y su historia. En los años veinte vuelve a surgir como parte del movimiento asociativo de la época y por último a partir de 1935 como parte de una ideología de redención a través del dolor (Andrés-Gallego 1987).

48 Ello explica que gentes no practicantes e incluso agnósticos participen de estos rituales. Por otra parte, es frecuente esta discrepancia de planteamientos en otros lugares como Lourdes, donde mientras la jerarquía pone énfasis en la idea del sacrificio, los fieles lo plantean sobre el más pragmático discurso del milagro. O la fiesta en otros casos. Esta tensión viene de lejos y ha motivado algunas crisis de las cofradías como la de mediados del siglo xviii según diversos autores (Sánchez Herrero 1987, Suárez Fernández 1987) cuando se pretende el control y sistemática represión de la fiesta popular, incluidas las procesiones: «…(el viacrucis) se había convertido en el siglo xviii en “verdadera mas- carada” con escándalos y desórdenes “tanto por la indecencia con que se presentaban algunos nazarenos, desnudos bajo las túnicas, asaz cortas y transparentes, como por el bullicio y algaraza que con bromas y risas promovían mujeres de moralidad dudosa… la gente acudía a divertirse como en feria o verbena, haciendo su agosto los vendedores de comestibles y bebidas» (citado en Sánchez Herrero 1987: 64).

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Las procesiones pueden ser vistas como peregrinajes por la propia ciu- dad. En las distintas teorías sobre el peregrinaje 49 se ha intentado suprimir la intensa heterogeneidad de este fenómeno, su diversidad y discrepancia en aras de un modelo estructural fuera del tiempo. Nada más ajeno a lo que la terca realidad ofrece: se trata de una categoría construida histórica y culturalmente. Las teorías, a pesar de sus diferencias, comparten una base común: la idea de que afirman o subvierten el orden social establecido. La peregrinación no es solo un campo de relaciones sociales sino un universo de discursos en competición, discursos con múltiples significados y formas de comprender que portan los peregrinos, los residentes y especialistas religiosos. También puede ser objeto de diferentes comprensiones e in- comprensiones como cuando un grupo interpreta al otro de acuerdo a su discurso específico. Así pues hay un cambio de descripción positivista de las características y funciones del peregrinaje a la investigación de cómo se construye la práctica del peregrinaje a través de representaciones con- flictivas de diferentes sectores. La noción más importante del peregrinaje es la de lugar sagrado, un centro aparte del mundo profano donde interseccionan cielo y tierra, donde se manifiesta lo divino a los humanos, o donde los humanos se acercan a lo divino. Pero hay muchos centros y profundas diferencias en

49 Uno de los primeros análisis de este ritual proviene del texto clásico de Durkheim Las formas elementales de la vida religiosa (1912) en su análisis de los grandes festivales re- ligiosos periódicos como unificadores sociales y regeneraciones morales. La actividad ritual ha sido crucial a la hora de unir comunidades locales diversas y estratos sociales en colectividades mayores, proporcionando a los participantes una identidad más inclusiva (a nivel regional, tribal, nacional). A esta teoría funcionalista y positivista se ha opuesto una visión marxista del problema indicando cómo los peregrinajes legitiman desigualda- des o sacralizan relaciones patrón-cliente. Un planteamiento alternativo es el propuesto por V. Turner & E. Turner (1978) y E. Turner 1987 quienes plantean que el peregrinaje es un fenómeno liminal anti-estructural que trata de minar la estructura y tiende hacia la communitas, un estado de asociación igualitaria. Por supuesto no siempre se logra este ideal y la estructura vuelve a surgir en la práctica. Este modelo ha tenido bastantes críticas que sostienen que entre los peregrinos frecuentemente se produce el manteni- miento y refuerzo de las fronteras sociales y distinciones, y no su disolución. Aunque se aprecian elementos de communitas, no se puede hacer una asociación de peregrinaje y anti-estructura, ni considerar que es un fenómeno homogéneo. Véase a José Luis García (et al.) 1991 para una discusión de las teorías sobre ritual.

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La procesión va por dentro: Semana Santa y ciudad

la conceptualización de los lugares sagrados. Hay centros que se enfocan en el lugar como espacio y centros enfocados en la persona o divinidad mítica (La Meca o Santiago), aunque también un centro enfocado en una persona, un santo vivo, por ejemplo, que puede convertirse a su muerte en un centro espacial. Y también se puede centrar en un texto sagrado

(Jerusalén y la vida de Cristo) o como en el caso de las procesiones abu- lenses, un suceso central religioso en el tiempo de la Semana Santa, un tiempo sagrado, en la llamada Ciudad de los Santos. El centro sagrado pues puede asumir formas diferentes, formas y variedades cronotópicas,

y hay que estudiar las peculiaridades de su construcción. Aparentemente

la noción de centro sagrado parecería que surge internamente y ejerce un

magnetismo devocional sobre los peregrinos. Pero no es del todo así: el centro proporciona un espacio ritual para la expresión de una diversidad de significados que traen e imponen los peregrinos al lugar. Hay diferentes percepciones del propio lugar dependiendo de sus posiciones, incluso en una ciudad. El viaje trae a los marginales al centro de la comunidad en su camino hacia lo sagrado. Esta facilidad de acomodar diversos significados y prácticas le da pre- cisamente su carácter universal, por su capacidad de absorber y reflejar la multiplicidad de discursos religiosos. El universalismo no se constituye por la unificación de los discursos sino por la capacidad de un culto de responder a una pluralidad. El peregrinaje estimula transacciones religiosas y económicas en un sistema más amplio de intercambio, son bazares culturales, interculturales, de negocios, difunden y redifunden ideas y prácticas, contribuyen a la difusión de heterodoxia y disidencia. Aunque los peregrinos consideran que trascienden la comunidad ima- ginada de su inmediata localidad o grupo, la peregrinación crea nuevas fronteras y distinciones. En su esperanza de crear nuevos horizontes

o reafirmar el contacto con el centro espiritual se abandona el hogar,

se encuentra a otros y se vuelve con un sentido intenso de diferencia y

similaridad. En todas las tradiciones religiosas el peregrinaje es algo complejo y

a muchos niveles. Puede subvertir las ortodoxia local pero también unir

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las tradiciones locales y regionales a otras más universales, unir prácticas universales con la imaginación religiosa. En el próximo capítulo voy a tratar sobre otro peregrinaje que ya no se produce dentro de la ciudad sino entre la ciudad y su tierra.

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3. La ciudad y su tierra:

la Virgen de Sonsoles

Es tan antigua esta Santa Imagen, y la mucha devoción que con ella se tiene, que no ay memoria de su principio… es de largo de vara y quarta, rostro alegre, y morena, con el niño Iesús en una mano, de gradissima veneración, y devoción, por cuya intercessión obra el Señor grandes milagros, y assí es frecuentada de muchas gentes de la Ciudad de Ávila, y de toda su tierra, particularmente el día de San Marcos, que con grandes limosnas acuden a pedir remedio en sus neces- sidades. Y en las más urgentes como son pestilencias, faltas de agua, se han visto encomendándose traer a esta Santísima Imagen, traerla con prucisión general a la Ciudad, y ponerla en una Perrochia, teniéndola sus novenas, socorriéndoles en las necessidades. Por lo qual se le hazen ricas ofrendas. Y assí está adornada de muchos vestidos, joyas, y preseas, de mucho valor, muy bien hornamentada, con vassos para el culto divino. Su templo de tres nabes, la capilla mayor cerrada con una hermosa reja, dorada. Y siete lámparas de plata, de a quinientos y a ochocientos ducados… una muy hermosa casa… para peregrinos… y sus santeros en otra casa… Su sitio es muy ameno, con arboledas, y fuentes. ARIZ 1978 [1607] 85-86

En este capítulo voy a referirme a una imagen abulense, la Virgen de Sonsoles 50 . Mucho menos conocida que santa Teresa a nivel nacional

50 Una primera versión de este ensayo fue presentado en la AMA de Madrid en 1989 en el coloquio internacional Aniversarios y Conmemoraciones. Una versión más elaborada (y algo más breve) fue publicada en 2001. Una nueva y aún más reducida versión ha sido publicada en inglés (2008).

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–murallas afuera– es, sin embargo, la invocación por excelencia murallas adentro. Es la patrona, defensora y abogada de la tierra de Ávila, protec- tora de la ciudad y patrona del Valle Amblés. Pese a su importancia en la ciudad ésta es una Virgen campesina, o mejor, el lazo que une la tierra y Ávila, el campo y la ciudad, el pasado y el presente. El santuario de Sonsoles se encuentra a unos 5 kms al sudeste de la ciudad, en un montecillo que se llama significativamente Serranillos, un nombre con fuertes resonancias campesinas, frente al Valle Amblés y rodeado de álamos y olmos. En este valle han vivido los agricultores y ganaderos que surtían a la ciudad con sus productos. A la imagen se la ha llamado también la Divina Serrana y se la considera la imagen por excelencia de los labradores, la patrona de la serranía. A través de esta imagen quedan pues, unidos, la ciudad, el valle y la sierra.

I. un Poco de hIstorIa

En el librito Historia de Nª Sª de Sonsoles que en 1930 edita el patro- nato y firma su presidente, el presbítero Vicente López González 51 hay noticias sobre su origen –o, como dice el texto– «portentosa invención de la santa imagen». La imagen se asocia con los momentos importantes de la historia de la ciudad según distintos autores. En primer lugar se la supone traída por un discípulo de los apóstoles, san Segundo, primer obispo de Ávila en el siglo I, aunque también se la relaciona con la re- conquista de la ciudad a los moros. El pequeño promontorio en el que

51 El libro es una edición de 1930 que recoge diversa información histórica y los milagros que se empiezan a relatar en el siglo xvii. Está prácticamente copiado del manuscrito de Fernández Valencia que se conserva en el Santuario y que he consultado. Aunque el librito tiene varias ediciones que afirman estar «corregidas y aumentadas» siguen bási- camente el modelo de los años 30. La última edición que conozco, de 1990, incluye un apéndice fotográfico y una nueva introducción pero conserva el texto original. Este tipo de publicaciones, muy frecuentes en torno a la guerra civil, que los santuarios siguen vendiendo en la actualidad, ha sido poco apreciado por algunos estudiosos del tema que consideran que la «historia» que reflejan es una mera apología de devotos, sin ningún sentido crítico. Sin embargo en ocasiones éstas son pequeñas monografías que recogen aspectos significativos de las tradiciones locales y donde hoy el antropólogo, aplicando la lupa antropológica, puede realizar una lectura del pasado.

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

está construido el santuario (antes quizá torre o castillo e iglesia) debió tener importancia en la reconquista por su situación estratégica, ya que era la antesala de la ciudad en el camino de Toledo a Ávila. La versión culta de la leyenda considera que el nombre pudo ser debido al paso por este lugar de la comitiva que trasladaba el cuerpo de san Zoilo desde Córdoba a Carrión en el año 1080. Según una historia más popular, la imagen se aparece a unos pastorcillos de ovejas y tal resplandor rodea la imagen de la Virgen y el Niño que exclaman «¡Son soles!» y de ahí su nombre. Así me indican dos hombres de la ciudad uniendo ambas tradiciones vagamente:

Vamos a Sonsoles: esa (imagen) pequeña que hay ahí, que vemos ahí, hablamos de la (imagen) de la sacristía, esa fue la que se apareció a los pastores y por eso se llama Sonsoles; sabes que se apareció en forma de soles, entonces los pastores: «¡son soles, son soles!», y por eso viene el nombre de Sonsoles, de sol. Eso cuando se apareció a los pastores, que dicen que primitivamente eso se llamaba san Zoilo, que era un ermitaño pequeño… entonces es por eso, es porque se apareció en forma de soles

a los pastores, ¿eh? y entonces junto al ermitaño, se apareció y por eso en la misma ermita de san Zoilo, ya fue la primera vez que la mandaron a la ermita, la primera vez.

Ahí es donde dicen que cierto día tomando maitines un monaguillo

vio relucir dos soles y dijo: «son soles» y de ahí Sonsoles, otro dice que fueron las tropas que traían el cuerpo de san Gil que desde Córdoba

a no sé qué otro sitio, se la encontró ahí. Hay dos versiones una fue el

pastor y otra fue las tropas que conducieron el cuerpo de san Gil desde Córdoba a no me acuerdo cómo se llama este pueblo, le trasladaron desde allí a Córdoba; después ya descubrieron la otra versión que fue el pastorcito, un monaguillo que estaba tocando maitines y dijo: «soles, soles».

La primera historia extensa de la Virgen aparece en manuscrito en 1686 elaborada por un clérigo, Fernández Valencia, quien escribe varias historias sacras de la ciudad. La imagen primitiva, según este autor, es una talla sentada de cinco cuartas. Sin embargo la imagen principal (llamada

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la Virgen Grande) que se venera en el santuario es de finales del siglo xii

o principios del xiii, tiene ese tamaño pero no está sentada sino de pie 52 . En realidad se desconoce el origen del santuario. Según Rodríguez Almeida (1981: 75) el nombre de Sonsoles pudo venir de Fons Solis, la

fuente del sol. El nombre se derivaría de la fuente del santuario de la que mana agua de excelente calidad y pudo tener un origen romano. El culto cristiano de «origen cronológicamente incierto» podría remontarse, según este autor, a época pagana. Pero es en un documento de 1303 53 donde aparece el nombre de Sant çoles –y no en otra relación anterior de 1250–. El templo se reconstruye en 1480 aunque se utilizan sillares de una cons- trucción anterior. La primitiva ermita está casi derruida en 1480 54 . El 3 de mayo de ese año, el herrador Andrés Díaz, de la ciudad de Ávila, se dirige al obispado solicitando permiso para restaurarla junto con otras personas y manifes- tando tener permiso del cura de San Pedro de Linares en cuya jurisdicción estaba la ermita. Consiguen 50 000 maravedíes de limosnas en la ciudad

y los pueblos de alrededor, y los propios cofrades levantan las paredes

laterales de la iglesia. Luego se construirá la bóveda de la capilla mayor,

52 El tema se complica porque en el santuario hay una segunda imagen que sí está sentada pero es mucho más pequeña –la llamada Virgen Chica–. Un autor recientemente ha in- dicado que pudo haber una imagen anterior a la Virgen Grande, que ésta aparece en la ermita escondida para protegerla de profanaciones de los árabes y que la imagen pequeña pudo ser la Virgen de las Aguas (de una ermita propiedad del santuario) o incluso la primitiva imagen a la que alude Fernández Valencia. Este dato sin embargo se contradice con lo indicado antes sobre el tamaño (Heras 1998: 18 y 56). Obviamente esta inter- pretación de la historia es pura especulación y alude a un tema comodín en la aparición de imágenes de la península del que se hace eco el autor, quien se basa en gran medida en la Historia publicada en 1930. Félix de las Heras, es rector del santuario y ha escrito un pequeño y pío volumen, editado por el santuario, para la edificación de hermanos y peregrinos. Para una más amplia información de apariciones véase la obra de William Christian y especialmente sus libros de 1990 y 1991.

53 Concretamente en el Becerro de Visitaciones de Casas y Heredades de la catedral (A.H.N. Sec. Clero. Códice 484 b. Tomo estos datos de Belmonte (1986: 122).

54 Libro de la Administración de la hermandad con la historia de la invención y desarrollo de la ermita desde sus comienzos 1578-1622 Fol. 1 v. según aparece en Heras (1998: 20 y 24). Nótese que la historia del herrero aparece escrita casi un siglo después de producirse. Véase también el folleto del patronato, Decretos para una sentencia, p. 26.

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

el campanario, la fuente, la casa del santero, el retablo y una hospedería. Con el dinero sobrante compran casas junto a la parroquia de Santiago para albergar peregrinos y pasajeros pobres. Hacia 1500 se ha organizado la hermandad y se ha levantado la ermita. Tras la fundación de la hermandad en el año 1480 muy pronto se con- vierte en patronato, tiene su sede en Ávila ciudad y posteriormente van surgiendo, como las «ramas» de un árbol, las cofradías rurales: las del Valle Amblés, la de la Sierrecilla y la de la Colilla. Ya en el siglo xvii Fernández Valencia contrasta a esta imagen con una Virgen ciudadana, la de Soterra- ña, que es «regia y suntuosa, la de Sonsoles modesta y sencilla, la imagen de los labradores». Su fuerte naturaleza campesina se aprecia en una cuar- ta cofradía fundada en 1667 que lleva el nombre de San Marcos y cuyos treinta miembros debían ofrecer cada año el 25 de abril un toro a la Virgen –cosa que se hizo tan solo durante tres años– al tiempo que se bendecían los campos 55 . Las limosnas son tan abundantes que en 1500 se levanta una hospedería y un hospital de peregrinos y pobres pasajeros. Este hospital en 1930 todavía funciona y mantiene 5 camas socorriendo por tres días y una peseta a todo el que lo solicite y tenga sus papeles en regla. Desde 1880 también funciona una escuela para las clases populares. Pero pese a sus orígenes modestos, pronto comienza a inscribir en sus listas a la nobleza, fuerzas vivas y autoridades convirtiéndose en un patronato elitista, puesto que en 1625 se limita a 50 el número de patronos 56 . Todavía hoy existe la conciencia de que sigue siéndolo frente a otros cultos más populares de la ciudad, como la Virgen de las Vacas. Una buena manera de acceder al significado de la hermandad en sus primeras andaduras es a través de sus ordenanzas, las reglas que los her- manos se daban a sí mismos. Las que voy a analizar, del año 1526, no son

55 Aunque no siempre pudieron colaborar, como indica Sabe Andreu (2000: 121) para 1668 en que por la «calamidad de los tiempos» no pueden reunir la limosna que suelen dar los labradores y piden se le rebaje la cantidad.

56 Sabe Andreu (2000: 109) indica que significativamente muchos autores han exagerado la aportación de una noble abulense, María Dávila, en la construcción de la ermita, cuando en realidad su ayuda fue muy escasa.

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las primeras, ya que se alude en varios títulos a otras anteriores (un «anti- guo libro de las hordenanças») pero son interesantes porque llevan la misma fecha que la Bula concedida por el papa Clemente VII a la hermandad. El refrendo exterior duplica pues la reelaboración interior. Las ordenanzas comienzan indicando los propósitos de la hermandad:

«Algunos omes de la noble çibdat de Ávila, aviendo voluntad de servir a Dios e a la gloriosa señora Santa María, su madre, e acatando que cada uno dellos no los podría servir por si tan conplidamente en alegría como en ayun- tándose en alguna hermandat» (p. 10, Introd.). Pero sus reglas van más allá del servicio religioso; es un modo de vida: «conviene que los que en ella son o fueren, fagan entre si hordenanças e pongan regla por do se rijan, porque se- pan cómo an de bevir» (p. 11). Estas asociaciones surgen por iniciativa de los cofrades y hermanos y especifican derechos y deberes. Básicamente las ordenanzas contienen una serie de prescripciones y prohibiciones, con penas de multas muy específicas para el que las incumpla 57 . Tanto para la entrada en la hermandad como para la salida se precisa de una cuota o pe- nalización en metálico y cera. Entre los derechos está el poder trasmitir a los hijos la pertenencia a la hermandad. Las ordenanzas se publican y leen en alguno de los tres cabildos anuales. Allí se eligen los cargos directivos (patronos y tomados) durante dos años. Las ordenanzas son redactadas por los propios hermanos y patronos, gente del pueblo con escasa preparación formal, que recogen sus inquietudes y necesidades 58 . Es un tribunal para dirimir las disputas de los hermanos, propone reglas de comportamiento

57 He manejado una copia de las ordenanzas que lleva fecha de 1526. El texto se corres- ponde con la transcrita y publicada por Sobrino (1988: 177-228) quien la considera de fecha posterior a 1516, probablemente por faltar la primera página del manuscrito del santuario, ya que en la copia que he manejado aparece claramente título y fecha (Libro de las Ordenanças de la cofradía de Nuestra Señora de S. Soles llamada de la Buena muerte, hechas y confirmadas con Bula Apostólica, Año del Señor MDXXVI). Sabe Andreu (2000:

111) considera que llevan fecha de «hacia 1530». Debo la gentileza del envío de esta copia de las ordenanzas a José Belmonte.

58 Sobre el funcionamiento y características de algunas cofradías de Ávila y su tierra, véase la introducción de Sobrino (1988) y también su trascripción de documentos sobre anti- guas hermandades y cofradías. Varias de las prescripciones de Sonsoles aparecen en otras ordenanzas, como los estatutos del cabildo de San Benito –una agrupación de clérigos– de c. 1298.

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

y es manual de buenas maneras. Por ejemplo uno no debe pujar por un

objeto que esté comprando otro cofrade, no debe llevar armas al recinto del santuario, no puede descubrir secretos de otro cofrade, ni injuriarle. Una de las penas ante un insulto a la hermandad «con palabras feas» es

atar al injuriador a un poste dentro de la iglesia mientras los oficiales van

a su casa y se cobran en especie la multa consignada (título 64). He aquí la deliciosa relación de insultos castigados por las ordenanzas:

Otrosí qualquier cofrade o cofrada desta nuestra hermandat que denostare a otro su cofrade o cofrada destos denuestos que se siguen o de qualquier dellos:

traydor y traydora, falso o falsa, alevoso o alevosa, puto o fijo de puta, o cornudo o fijo de cornuda, o fodido o fijo de fodido, o suzio o fijo suzio, o suzia o fija de suzia, o diablo o fijo del diablo, otros denuestos e palabras injuriosas, feas e

vedadas

(t. 19)

Uno de los motivos principales de las ordenanzas se refiere a la situa- ción de enfermedad y especialmente a la muerte de los cofrades a los que se les debe proporcionar oraciones, compañía, asistencia al entierro y ca- bos de año. En el título 48 se dice: «Porque principalmente para esto fueron

fundadas las hermandades, para enterrar los defunctos e honrralos, e para ganar las obras de misericordia». Este es un motivo fundamental a lo largo de los títulos y la ausencia, una causa frecuente de sanciones y apercibimiento de multas. Incluso deben pagar «escusas» los hermanos que vivan en las aldeas lejanas (t. 55). No faltan penas para los clérigos y capellanes que no asistan

a los oficios, se ausenten en las fiestas de la hermandad o no celebren misas con la solemnidad que se requiere. Pero tras la muerte está la vida. Un importante capítulo lo constituye la comida de la hermandad, o mejor las comidas, ya que hay distintas

libaciones:

todos los cofrades e cofradas seamos tenudos e obligados de venir a las vísperas de Santa María de agosto e estar todos dentro de la yglesia fasta que se acaben las vísperas, e después váyanse todos los cofrades a la casa donde acostunbran a comer e fazer su fiesta e asiéntanse en sus lugares acostunbrados e después denles fructa e vino e luego echen el almoneda de la ternera o terneras; e otro día si-

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María Cátedra Ofrenda Grande de la Virgen de Sonsoles. Salida de la Virgen en procesión Año

Ofrenda Grande de la Virgen de Sonsoles. Salida de la Virgen en procesión Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

en procesión Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián). Ofrenda Grande de la Virgen de Sonsoles.

Ofrenda Grande de la Virgen de Sonsoles. Procesión alrededor del santuario amenizada con música de dulzaina y tamboril. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles Ofrenda Grande de la Virgen de Sonsoles.

Ofrenda Grande de la Virgen de Sonsoles. Procesión alrededor del santuario encabezada por el escuadra con la bandera. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

con la bandera. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián). Ofrenda Grande de la Virgen de

Ofrenda Grande de la Virgen de Sonsoles. Baile de la bandera que hace el escuadra delante de la Virgen. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

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María Cátedra Ofrenda Grande de la Virgen de Sonsoles. Subasta de banzos y regalos a la

Ofrenda Grande de la Virgen de Sonsoles. Subasta de banzos y regalos a la Virgen entre los peregrinos. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

los peregrinos. Año 2010. (Foto J. M. J. Sanchidrián). Conmemoración del 75 aniversario de la coronación

Conmemoración del 75 aniversario de la coronación de Ntra. Sra. de Sonsoles (1934-2009). Traslado de la imagen desde su Santuario a la Catedral. Paso por el puente de Sancti Spiritu. Año 2009. (Foto J. M. J. Sanchidrián).

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

guiente, día de Sancta María de Sançoles, los mayordomos guisen una ayantar muy honrrada de ternera asada en adobo e ternera cocha con tiçino e fruta e buen vino, e eso mesmo den raciones a todas las cofradas de carne e vino, e den a las dueñas entera raçión entera, e a las otras por medieras según la quantía de los dineros que pagan; e acabada la yantar, todos vayan a la yglesia de Santa María de Sançoles al responso; e acabado el responso denles a bever e fructa… (12 v).

Parece que algunos cofrades estaban deseando comer, ya que abando- nan con premura el servicio religioso para coger sitio, tal como aparece en el título 70, donde se imponen penas a: «algunos, non acatando al servicio de Dios… tienen de costumbre mala… que non es acabada la misa a la qual son tenudos de estar hasta la fyn … se van a sentar a las mesas». La cofradía posee un asadero de hierro que presta bajo tributo a gente de la ciudad para sus celebraciones, y los cofrades, tanto clérigos como legos, deben llevar su propio recipiente para comer. En el título 72 se prohíbe sacar fuera del comedor pan, vino o carne. Debe haber mala fama en el ambiente porque el título 57 señala la pena que debe recibir cualquier cofrade o «cofrada» que diga «en esta nuestra hermandat que son comedores o bebedores o destruydores los hermanos». Una constante a lo largo de todos los títulos es el cuidado y control exhaustivo de los bienes de la herman- dad, estipulándose escrupulosamente la rendición de cuentas y el cuidado de sus objetos, posesiones y riquezas. Los distintos cargos (mayordomos, escribanos, abenidores, veedores) y sus funciones son fiscalizados en extre- mo. Las ofrendas en especie (animales y granos) son muy frecuentes y se subastan públicamente 59 . Cada cofrade paga 100 maravedíes y libra y media de cera para entrar en la hermandad junto con su esposa. En el título 84 se contempla la posibilidad de que también pueda entrar algún caballero a los que se les solicita una mayor cuota (250 maravedíes y una libra y un quarterón de cera). Se les exime no obstante de las más pesadas obligaciones de la her-

59 En el siglo xvii se ofrece a la Virgen el peso de un individuo en grano o cera. (Sabe Andreu, 2000: 120).

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mandad y se les ruega asistan alguna vez a sus fiestas y actos. En el título 86 se les considera así:

Natural cosa es los cavalleros ser contemplativos e dispuestos al servicio de Dios. Ca fallamos en las estorias muchos enxemplos de los cavalleros que en aquel tiempo fueron que siempre les dio Dios grandes victorias en todos los fechos contra sus enemigos. Ca ser en buena congregación en serviçio de Dios el lidiar contra el enemigo. Pues no menos oy día lo devemos conseguir e trabajar… E como en las hermandades, en cuanto dize hermanos, todos somos e devemos ser eguales, pero en los estados e cantidades mayor es uno que otro, e porque los menores de derecho deven ser más honrrados con los mayores, e porque la voluntad de algunos señores cavalleros e dueñas desta cibdad que … quieren… bevir e estar en buena igualdad, e quieren con obediençia ser nuestros hermanos en nuestra hermandad, e porque los conoscamos e dellos seamos honrrados en algunos días señalados ansí por las personas… nos pueden mucho ayudar con sus oraçiones e dádivas e limosnas para las buenas obras meritorias que se fazen o fizieren de aquí adelante en esta nuestra hermandad.

Este párrafo indica cierta aspiración de igualdad dentro de la herman- dad («E como en las hermandades, en cuanto dize hermanos, todos somos e devemos ser eguales») que es inmediatamente matizada («pero en los estados e cantidades mayor es uno que otro»). Los cavalleros terminarán tomando el control de la hermandad. El documento de 1526 se refiere a la elección de sus directivos: el Cabildo General es la instancia de mayor rango, donde se eligen los patrones, los directivos de la hermandad, cada dos años de un modo democrático; además cualquier hermano podía vetar la solicitud de un nuevo miembro de la hermandad. En 1600 este panorama ha cam- biado y ello aparece en el último documento anexo de las ordenanzas. La invitación amable y deferente a los cavalleros a pertenecer a la hermandad en 1526, es un derecho en 1600 y al menos controlan la mitad de la direc- tiva. El Hordinario, es decir, el obispo, hace un mandamiento por el que sean cuatro los patrones de la hermandad «para agora y para siempre» dos ciudadanos hermanos y dos hijosdalgo o caballeros. Este cambio no se produjo de un modo suave y ordenado. Por el con- trario parece haber evidencia de ciertas tensiones y enfrentamientos serios

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

entre los cofrades caballeros y los del común, tal como aparece en un plei- to 60 de 1584. A la muerte del hidalgo Hernando Daza, los pecheros, sin consultar a los caballeros, eligieron a uno de los suyos –un tal Suárez– para sustituirle en la dirección de la cofradía. Esto produce una gran «discor- dia» y el pleito se refiere a un «escándalo y alboroto» de consideración que se espera en la procesión que trae la Virgen a la ciudad. Los caballeros aluden al antiguo derecho que tienen los de su estado «desde la fundación de la cofradía» a copar dos de los cargos directores de la cofradía. Los del común aportan documentación en contra de este supuesto derecho, pero no les servirá de mucho. Finalmente, las ordenanzas son un tanto misóginas. El título 56 señala «Cómo ninguna muger de cofrade non debe ser osada de estar entre ello(s) nin el día de Santa María nin otra fiesta» si no es en la «cozina»:

Por cuanto non es honesto nin honrroso las mugeres estar en los ajun- tamientos con los ombres, por quanto a servicio de Dios pro e honrra desta nuestra hermandat entendemos fablar algunas cosas secreptas a las quales non conviene estar mugeres, por cuanto el su juyzio e poridad es defícill e non mucho durable… hordenamos e mandamos que ninguna muger de cofrade non esté en nuestros ajuntamientos nin a ninguna cosa de las que ovieren de fazer en la dicha hermandat, salvo la muger del mayordomo, que esté en la cozina donde guisaren de comer adereçando e ajudando a lo que fuere menester para la honrra de los dichos señores

Ni qué decir que se prohíbe acoger o alquilar casas de la hermandad a las «mujeres del mundo», «para hacer mançebía en ellas» (t. 85) «nin otras mugeres infamadas o desolutas de sus cuerpos» (t. 118) 61 .

60 Es un pleito seguido entre Agustín de la Serna, Lorenzo Daza y otros caballeros y el mercader Juan de Coynbra y Antonio Gómez. Debo la referencia a Serafín de Tapia (Archivo Diocesano de Ávila, Sección Pleitos 1584, libro xxxiv [54/7/4] leg. 34, doc. 4).

61 En 1627 se renuevan las ordenanzas que recogen las nuevas directrices de Trento ponien- do más atención a temas devocionales, confesión y comunión frecuentes y el cuidado de la imagen. A diferencia de las anteriores se prohíben las comidas. Un resumen de estas ordenanzas aparece en Fernández Valencia. También se trata de limitar a 50 el número de cofrades e incluso a 40 en 1666, pero no se cumple esta decisión. En 1579 alcanza su número más alto con 279 hermanos. Un centenar ingresa cada medio siglo, menos

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El año en que se datan las ordenanzas, 1526, coincide con la promul- gación de la bula de Clemente VII, un importante documento en la vida de la hermandad. Esta bula ha sido llamada «protectora», defensora de los derechos de la hermandad. No es un título gratuito; el éxito que ha tenido la aventura del herrador abulense en muy pocos años es codiciado por diversas instancias eclesiásticas. El primer enfrentamiento sucede muy pronto, en 1485, al ser arrancados a los pocos días los álamos plantados en la pradera frente a la ermita que se pretendía pudiera ser utilizada por los peregrinos. Se vuelven a plantar y vuelven a ser arrancados. El capellán del monasterio de Santa Escolástica, instigador del atentado, reclama ese terreno al santuario. Se celebra un juicio y finalmente se falla a favor de la hermandad 62 . El éxito de la hermandad también provoca que el párroco de San Pedro de Linares reclame derechos parroquiales sobre la ermita que el provisor eclesiástico le concede en 1523, por el que la hermandad debe abonarle anualmente un ducado de oro. Ante este hecho los patronos solicitan al papa mayor autonomía para poder llevar a cabo sus obras y misericordias. El 22 de mayo de 1526 Clemente VII otorga una bula que un año después ratifica la posesión de la ermita a la hermandad. Debe haber temores de anexiones por parte de la autoridad civil o eclesiástica puesto que para anejar el hospital a la hermandad se utiliza la frase «para que no se entre- metan a tomarla frailes, ni monjas, ni clérigos (…) ni por cédula de príncipe ni emperador (…) so pena de excomunión…» 63 . La bula regula el gobierno de la cofradía con dos patronos y dos tomados, y concede indulgencias y

a mediados del siglo xviii que solo se cuentan 76 ingresos. La composición de los her- manos muestra al principio un fuerte ingrediente del estado llano que irá poco a poco cambiando; en 1579 no hay ningún noble mientras que en el siglo xviii lo son un 47% de los hermanos (Sabe 2000: 115).

62 La hermandad muestra desde temprano un espíritu combativo que ha continuado hasta la actualidad. Uno de los patrones de la hermandad en 1512 será el, por un tiempo, co- munero Francisco Pajares, regidor y protector de la familia de santa Teresa.

63 La cita es de Sabe (p. 110) y proviene del Libro de Cuentas de Sonsoles 1578-1623, fol. 6.

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perdones. El proceso sin embargo le costará a los patronos la cantidad de 250 ducados de oro. La hermandad seguirá haciendo mejoras y reformas en el recinto. En 1562 solicita a la ciudad la anexión de un humilladero o pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora de las Aguas, cerca de Santo Tomás. En 1680 se anexiona también la ermita de los Remedios que estaba muy deteriorada y que los hermanos reconstruyen. En los años siguientes se preocupan de mantener sus derechos sobre ambas ermitas, derechos quizá amenazados, ya que en 1753 el prior del convento de Santo Tomás se dirige al obispo invocando el derecho que tiene desde muchos años a hacer procesión a la ermita de las Aguas, un derecho que el capellán de Sonsoles pretende arrogarse defendiendo los derechos de la hermandad. El provisor da la

razón al prior del convento. Sin embargo, en un requerimiento posterior 64

se acepta la propuesta del capellán. Similares problemas de jurisdicción

parecen tener con la otra ermita, la de los Remedios frente al convento

de Sancti Spiritus. Tras estas tensiones se encuentra el hecho de que la cofradía sea la más rica de Ávila. Si bien en sus orígenes recibe abundan- tes limosnas, pero cuenta con pocas rentas, este panorama cambia en los

siglos siguientes en que las rentas de que dispone le permiten mantenerla

sin precisar de cuotas obligatorias. Especialmente a mediados del siglo

xviii cuenta con enormes ingresos que invierte en nuevas propiedades y

en obras y reformas de los recintos del santuario 65 . La guerra de la Independencia tendrá consecuencias muy negativas para el santuario. Anteriormente en 1801 el santuario se convierte en almacén de pólvora. La imagen de la Virgen es llevada al convento de Sancti Spiritus, pero la reclama el párroco de San Pedro de Linares para el convento de Santo Tomás. El obispo, tras consultar a los patronos, les da la razón a estos. En 1809 tiene que deshacerse de sus andas y lám-

64 La noticia del pleito aparece en Heras 1998: 53-4. Sin embargo debe haber confusión de fechas. El requerimiento, aunque está fechado en 29 de marzo de 1763, en la firma aparece 1753. Esta misma fecha da Heras para la reclamación del prior.

65 Sabe Andreu 2000: 126 y ss.

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paras de plata 66 . Además el recinto del santuario y la ermita misma son confiscados por los franceses que reconvierten el santuario en establo de bueyes. Este estado lamentable termina al repetirse la historia de cuatro

siglos antes. En 1812 un vecino de la ciudad solicita permiso para recaudar limosnas que permitan recuperar el santuario, lo cual se consigue dos años después, fecha en que la hermandad vuelve a reorganizarse y se traslada

la Virgen a su santuario. Se pide al obispo bendiga la ermita por haber

sido profanada por la tropa enemiga. El retablo mayor había sido quemado

y los laterales trasladados a algunos pueblos cercanos; estos últimos son

devueltos con la recuperación del santuario. A partir de este momento, y a

lo

largo del siglo, se construye un nuevo retablo, se hace una nueva corona

a

la imagen y los dos murales de la capilla mayor. En 1904 la cofradía de

la

Sierrecilla ofrece unas andas que más tarde se sustituirán por otras en

1955. En 1934 se corona canónicamente a la Virgen. Pero nuevamente du-

rante la guerra civil el alto de Sonsoles albergará un polvorín. En 1956 se declara Santuario Diocesano a Sonsoles. Los enfrentamientos no cesarán;

en la década de 1980 se produce nuevamente una de las mayores crisis del

santuario a raíz de un litigio entre el obispo de la ciudad y el patronato.

A

ello me referiré más adelante. La rapidez en la reconstrucción del santuario en 1480 y su popularidad

se

considera es debida a la realización de diversos milagros de la Virgen,

según recoge el librito Historia de Nª Sª de Sonsoles 67 . Los milagros re- flejan los míticos orígenes de la ciudad, la reconquista y la participación de muchos abulenses en afanes guerreros. El primer milagro es el de un caballero abulense, cautivo de los moros en Túnez, que se libra de sus cadenas y llega felizmente a la ciudad en 1396, con ayuda de la misa que su hermano sacerdote ofrece en el altar de la Virgen. Parece que las cadenas –los grillos– colgaron de la capilla, aunque hoy día no existen. Este milagro se parece mucho al tercero, en que el hidalgo cautivo lo es en Granada, reflejando el éxodo de los caballeros abulenses hacia el sur

66 Sobre el expolio de la plata de las iglesias abulenses véase Blázquez Chamorro 1988.

67 23 milagros que aparecen el en librito de López, 1930.

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

tras la reconquista; de este caso sí se conservan, al parecer, las cadenas, y un cuadro en la iglesia reproduce el episodio. También hay prueba del se- gundo milagro, tanto pictórica como material. Un caballero abulense, muy devoto de Sonsoles, caminando por tierras remotas de las Indias, se topó con un caimán que boca abierta amenazaba con tragarle. Al instante se encomendó a la Virgen de Sonsoles, prometiendo volver a visitarla, quien le dio ánimo para esperar al animal con un venablo en la mano que le quitó la vida. El caimán –hoy se le llama «el cocodrilo»– o «lagarto» –«de la Virgen de Sonsoles»– ha estado desde entonces colgado de la capilla. Un enorme cuadro a la izquierda del altar mayor recoge la escena del milagro. Ambas situaciones, la guerra y la conquista –de tierras más o menos leja- nas– son mitos de origen de la ciudad. Andando los años la situación de peligro se produce en la Corte y Villa de Madrid cuando intentan robar a un caballero abulense (milagro 9º). Es el primer ejemplo de inseguridad ciudadana en la gran urbe. En los siguientes milagros los motivos se vuelven menos traumáticos y más cotidianos atendiendo a problemas de enfermedad y sequía; la socie- dad abulense mientras tanto se consolida. El cuarto y quinto se dan por una peste en 1580 (el «catarrillo») y dos años más tarde por una pertinaz sequía que asola el campo abulense (un motivo que se repetirá a lo largo de los siglos). El milagro 7º en 1599 se debe también a una «rigurosa peste» que asola la nación y que se cobra, por ejemplo, 12 000 víctimas en la vecina Segovia 68 . En estas situaciones se lleva la Virgen desde su rústica capilla a la ciudad. La ruta va dibujando los hitos y fronteras entre el campo y la ciudad: el puente de Sancti-Espiritu, la iglesia de San Juan, la catedral, Santo Tomé. Uno a uno desfilan cada día ante la imagen los estamentos importantes de la ciudad, por orden de preferencia: los de la parroquia de San Pedro, a la que se adscribe la Virgen, el cabildo de la catedral y el obispo, representantes de los conventos y órdenes religiosas, ayuntamiento, las cofradías, las señoras nobles, los artesanos («los oficiales del peine y carda»), los moriscos convertidos, los humildes, los forasteros y

68 Una cifra a todas luces imposible. Véase el artículo de Serafín de Tapia (1988) y las cifras que da para 1580.

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comarcanos, etcétera. La Virgen pernocta en diferentes parroquias y toma

simbólicamente la ciudad; finalmente, con los hospitales vacíos –porque todos están curados– se la acompaña hasta su ermita. En el milagro quinto

la procesión de la Virgen termina con una pertinaz sequía al aparecer pri-

mero una nubecilla que se asoma por la Sierra de Villatoro y después una tromba de agua 69 . A duras penas y empapados los procesionarios llegan

a la parroquia de San Pedro. Este milagro se ha repetido, con idéntico

resultado durante siglos (en el milagro 8º en 1635 las lluvias alcanzan a la Mancha y a Toledo cuyo cabildo y corregidor felicitan a sus homónimos

abulenses y envían limosnas para la imagen) y también, se dice, ocurre en la actualidad. Una coplilla indica así:

Virgen de Sonsoles tú que tienes el poder quita el candado a las nubes para que empiece a llover.

El milagro sexto tiene como motivo la situación opuesta que no es muy frecuente; la abundancia de lluvias en julio y agosto que hacen peligrar las cosechas por exceso. «Nunca llueve a gusto de todos»; la Virgen, pues, controla la naturaleza, aunque parece que trabaja más para traer la lluvia que para evitarla. Igualmente se trae la imagen a la ciudad para este fin y las distintas corporaciones y cabildos la visitan primero en la iglesia de San Pedro y luego en la catedral, realizándose sendos novenarios y abundantes ofrendas y limosnas en alhajas, cera y dinero. Ya en el siglo pasado aparece la noticia de algún escéptico que se vuelve creyente y se postra ante la imagen ante un chaparrón de cierta consideración. Hoy día alguna gente de izquierda opina que era cosa de los curas que leían los partes meteoro- lógicos antes de organizar las rogativas. En la mayor parte de los milagros posteriores hay constancia pictórica en forma de exvotos y casi todos tienen que ver con la curación de enfer-

69 Las nubes vienen de Segovia y más frecuentemente de Villatoro, lo que hace decir a los de Ávila «Cuando Villatoro abre la bragueta, hay tormenta».

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

medades o con accidentes de los que los devotos se libran tras una invoca- ción; incluso hay varias resurrecciones. Unos y otros son tanto ciudadanos como campesinos y en algunos casos (milagro 17º) provienen de otras pro- vincias –la vecina Segovia concretamente–. Ávila no exporta paños pero exporta milagros. En la actualidad existe un cuarto enteramente lleno de

ofrendas que cada cierto tiempo se van cambiando, especialmente trajes de novia (eso de casarse parece ser un grave accidente), de la mili, y foto- grafías de personas que se han curado o han salido ilesas de un accidente. Pero de la mayoría de las ocasiones por las que se la invoca hoy no hay pruebas; esta es la Virgen a la que acuden ante los exámenes los escolares

y los opositores. Sin embargo estos milagros deben ser antiguos, ya que los

estudiantes hacen una gran fiesta en Sonsoles en el mes de mayo de 1612

y ofrecen a la Virgen 104 velas de medía libra, aunque no se sabe si con la

misma intención 70 . Un pequeño aeroplano –cuyo conductor se salva en un peligroso aterrizaje– cuelga de la iglesia, al igual que el lagarto, sugiriendo

que milagros y exvotos se ponen al día.

Los traslados de la imagen a la ciudad fueron objeto muy temprana- mente de litigio entre quiénes debían portarla, que no eran los patronos ciertamente: o bien los oficiales de la carda o los labradores de la ciudad; gana la «industria» según sentencia en 1671. Hoy este traslado se realiza

a petición de los hombres del campo en épocas de sequía, en este siglo

en varias ocasiones, pero especialmente sonados en 1908 y 1929 en que siguen aguaceros. El ceremonial para esta ocasional celebración muestra, de una manera ritualizada, la interacción del campo y la ciudad y el papel de intermediaria que tiene la ciudad en los asuntos campesinos –nótese que son estos últimos los que solicitan que se traiga a la ciudad una imagen campesina–. Me voy a referir a un traslado de 1930, fecha que aparece en la Historia antes aludida. Esta solicitud formalmente la hacen los labrado- res a los cuatro patronos mayores; una vez concedida el secretario la pasa al ayuntamiento de la ciudad quien lo comunica a su vez al obispo y cabildo de la catedral que determinan día y hora del traslado. Asistirán los cuatro

70 Según indica Heras 1998: 45.

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patronos mayores, otros cuatro con sus respectivas enseñas y dos más que

recogen las limosnas de los fieles; los labradores pagan la misa de rogativa

y la procesión del día del traslado. A las 12 de la mañana repican todas

las campanas de la ciudad, pero todo el traslado se realiza acompañado de algún sonido de campanas: al salir la imagen del santuario suenan dos de la catedral, al llegar a la Cruz de los Llanos, otras dos, y cuando pasa por el puente de Sancti-Spiritu repican todas las de la ciudad. En la Tole- dana, al comienzo de las edificaciones, se incorporan la curia eclesiástica, los pendones y hermanos de todas las cofradías y patronatos de la ciudad. Junto a la puerta del Rastro de la muralla está esperando el cabildo de la catedral y el ayuntamiento con sus autoridades respectivas. Desde ahí

hasta la catedral se cantan las letanías y otros cantos. En los nueve días de rogativa se celebra misa, novena y salve. Cada uno de los días corresponde

a una de estas corporaciones presidir las funciones (y sigo datos de 1930):

Cabildo catedral Clero parroquial Padres dominicos Padres carmelitas y patronato de santa Teresa de Jesús Padres franciscanos Padres paules Gremio de labradores de san Isidro Excelentísimo ayuntamiento Patronato de Nuestra Señora de Sonsoles

La vuelta se realiza desde la catedral por la puerta del norte hasta el Mercado Grande, donde se despide el cabildo catedral, el clero y el ayuntamiento, y baja por Gracia, haciendo parada en los conventos a su paso hasta la Toledana. Aquí, a la salida de la ciudad, se despide la curia eclesiástica y el patronato. La acompañan hasta su santuario las cofradías del Valle Amblés y de la Sierrecilla.

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

II. teresa y sonsoles

La Virgen de Sonsoles, patrona de Ávila y su tierra, muestra una par- ticular competencia con la patrona de la ciudad, santa Teresa, «la Santa». En los comentarios de la gente esta pareja aparece con mucha frecuencia. Cuando se alude a cualquiera de las dos imágenes también se refieren a la otra 71 :

Hay una forma de entender, desde luego lo de santa Teresa es algo

la Santa. Yo creo que la misma palabra… aquí nadie habla de santa

muy

Teresa, nadie dice santa Teresa, es que es la Santa o el monasterio, es el monasterio de la Santa; me parece que eso tiene su importancia. Fíjate yo

creo que he oído hablar más de la Virgen de Sonsoles en aquella época que de san Juan de la Cruz.

Sí, yo creo que sí, fíjate que santa Teresa es la patrona (de la ciudad) pero a pedirle cosas se va a la Virgen de Sonsoles, bueno, a Sonsoles hay una devoción tremenda, tremenda, y no se conoce fuera…

La Santa aparece como una figura universal frente a Sonsoles que re- presenta un culto local:

Sí, claro, porque la de Sonsoles eso, es una Virgen especial. Está santa

¡hombre! como mundialmente

es santa Teresa, por supuesto, como mundialmente, en el mundo, a Son-

Teresa y Sonsoles que no sabemos cuál

soles no la conoce nadie, pero provincialmente en Ávila, Sonsoles.

El abulense hace una distinción entre la santa, alguien típicamente abulense, como las murallas, que permite la identificación de los abu- lenses en el exterior, y la devoción a Sonsoles en el interior. La Virgen hunde sus raíces en la ciudad y las fuerzas vivas de Sonsoles son familias «enraizadas»:

71 Para distinguirla de otras santas, en adelante santa Teresa aparecerá en el texto como «la Santa».

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María Cátedra

Yo no creo que la Santa tenga menos importancia que Sonsoles; son dos temas distintos, aquí hay mucha devoción, pero es lo que te decía al hablar de la muralla, nacemos con la muralla y nacemos con la Santa y

entonces yo creo que el Teresianismo le llevamos dentro, tampoco es que en Ávila los abulenses seamos muy expresivos, entre santa Teresa y Sonso-

no me atrevo a decir a quién tenga la gente más devoción, pero está

les

claro que hablar fuera de Ávila, todos estamos mucho más identificaos con la Santa que con la Virgen de Sonsoles… pero es un hecho claro que

la gente tiene mucha devoción a Sonsoles aquí en Ávila. En Sonsoles, los rectores, es el abulense que decíamos un poco antes, el abulense antiguo, exactamente yo creo, es mi opinión, sobre todo de algunas familias que

pero yo creo que la

están más enraizadas, enraizadas, empeñadas en asamblea, las bases, son más democráticos.

La diferencia fundamental entre ambas radica en la naturaleza emi- nentemente humana de Teresa y la cuasi divina de Sonsoles. El nombre de la primera se emplea en Ávila con gran familiaridad en los más variados comercios (fábrica de harina, garaje, suministros eléctricos, dulces, etcé- tera). Quizá la Santa es más una abulense:

Hombre, sí, la Santa es maravillosa, es una mujer extraordinaria, una

maravilla pero

que nos sirve de ejemplo, pero no deja de ser una mujer, y la Virgen es la

Virgen. Oye, yo creo que entre la Santa, por muy santa

la Virgen es la Virgen. La Santa es una mujer maravillosa

La santa se opone pues a la Virgen porque es «Santa pero no Virgen», lo cual se toma de un modo literal –y frecuentemente en minúsculas «santa pero no virgen»–. Para algunas personas la santa fue un poco casquivana tanto antes de entrar en el convento como, incluso, después. Los santos también tienen sus debilidades humanas. Es precisamente en este contex- to de comparación con la Virgen en donde se resalta la humanidad de la Santa del siglo xvi por ejemplo en relación a los múltiples novios que se supone tuvo –el más insólito el propio patrón de la ciudad, san Segundo, un santo que supuestamente vive en el siglo I –y el propio san Juan de la Cruz–. Le pregunto a un abulense mayor (X) delante de otros dos, si es devoto de la Santa:

104

La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

X.- sí, hombre, es paisana mía, cómo no voy a ser.

C.- yo le decía, X, que en Ávila le tenemos más devoción a la Virgen de Sonsoles. X.- sí, mayormente hay más devoción a la Virgen de Sonsoles… Bueno

es que la Santa

dicen que la Santa fue santa pero no virgen, que andaba

mucho con san Juan de la Cruz, estaban siempre andando por los caminos

y dormían por los pajares y la gente ya dice: es santa pero no es virgen,

bueno, eso es mucho hablar… eso la gente lo decían, que se iba fundando

conventos, contaban eso, que fue santa, no virgen.

Esta competencia entre ambas figuras es consciente entre la gente y ha llevado a que algunos se pregunten por qué se pone uno u otro nombre a las abulenses. Los dos nombres, Teresa y Sonsoles, son muy frecuentes en la ciudad. La paradoja es que ambos nombres se asocian a diferentes clases sociales; a la clase baja y a la alta respectivamente:

Eso que ha dicho usted, a propósito de Sonsoles, yo solo cuento [que] en Ávila, las señoritas se llaman Sonsoles pero ninguna Teresa, es curioso. Esas pequeñas cosas indican muchísimo, y no lo es lo mismo ganarse la confianza de una persona de baja extracción social que de

Yo me refiero a nivel de la calle, claro que lo habrá, por supuesto y damas de Santa Teresa y esas cosas, pero me parece que lo leí en un li- bro a José Jiménez Lozano, que es un escritor de Ávila, pues ese en un

libro decía eso, que utilizaba más la burguesía los nombres para Sonsoles,

y

es verdad, quizá las familias acomodadas utilizaban más poner Sonsoles

y

en el pueblo era más normal poner Teresa. Y es que no me acuerdo del

dato porque lo estuvieron sacando en estadística en el ayuntamiento y no sé si había más Sonsoles o Teresa, pero era muy curioso, porque eran los dos nombres que más predominaban de mujer.

Y sin embargo la Santa se la asocia a la autoridad civil y a la jerar- quía eclesiástica, mientras que Sonsoles se asocia al hogar y la familia, al sentido popular. Quien habla es un militante de base de un partido de izquierdas:

105

María Cátedra

Mira, la Santa, por supuesto nosotros siempre la hemos visto salir en

procesión el día de la Santa y entonces, con la Santa, van las autoridades:

el gobernador, el alcalde, el obispo, y cuando sale la Virgen de las Vacas

lo que yo

quiero decir es que la Santa, con ser la patrona de Ávila y por supuesto

pues no ha tenido nunca un

apoyo popular de este tipo, o sea la Santa pues muy bien, patrona de los abulenses, está ahí, la ponemos en el altar, y luego nos vamos a la Virgen de las Vacas o el milagro a la Virgen de Sonsoles, no hay ninguna imagen de la Santa que haga el milagro de la Virgen de Sonsoles, que si no pueden traerla a Ávila por no sé cuántos, no pasa del puente de Santo Espíritu… es la Virgen milagrera, bueno, yo no sé por qué razón ha sucedido eso, pero en cualquier sitio hubiera sido santa Teresa la milagrera, la del apoyo popular

ser algo más tangible que lo de la Virgen

va el cura de la parroquia y el trompón tocando, la gaitilla

A la asociación de la Santa con la ciudad corresponde la de Sonsoles con el entorno de la ciudad, la campiña:

Oficialmente yo diría que es santa Teresa, que ha sido la que siempre se ha vinculao a la parte oficial del gobierno, del Estao y tal, y ahí yo creo que ha sido santa Teresa; luego la Virgen de Sonsoles está vinculada, aparte de la población de Ávila, a los alrededores, adornaban los carros y subían allí y eso hacían… y lo siguen haciendo.

La Santa parece más una hermana, una vecina ciudadana y Sonsoles la madre que cuida de sus hijos enfermos, y se preocupa de los exámenes de los pequeños. Este expresivo comentario así parece indicarlo:

Pues una señora mayor, de esas de la Santa de toda la vida y, para ella, la Santa, estabamos hablando con ella y dije: «yo lo siento mucho,

la verdad, no me dice mucho»

–yo voy todos los domingos a misa a la Santa ¿eh?, vamos, algunos días vamos también a Sonsoles, pero si no, a la Santa, casi todos los domingos,

por ejemplo, estaba un día

yo, aunque sea de Ávila, a mi la Santa

y entro a rezar a la capilla de la Santa–, pero

con todos mis hijos, que habíamos ido a un bar a tomarnos una cerveza y

dicen: «¿a donde vamos ahora?» y digo: «A Sonsoles, a rezarle un

». Y no

se me ocurre decir: «vamos todos a rezarle un padrenuestro a la Santa»,

106

La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

y entonces, comentándolo con esa señora, casi me excomulga. Y yo dije:

«Mira, yo lo siento mucho, tengo una enfermedad, tengo un hijo malo, un examen, y digo: «¡Ay, Virgen de Sonsoles, ayúdala!» pero no se me ocurre decir: «¡Santa, ayúdala!», la Virgen es otra cosa. A mí no es que me pase esto, porque yo digo: «visto a la Virgen y la tengo más devoción» no, yo toda la vida, pues eso, en los exámenes, y mi madre era toda la vida muy

de la Santa y mi abuela era también muy terciaria, muy de la Santa, o sea que eran más de la Santa en mi casa que de la Virgen de Sonsoles, pero

cualquier cosa que nos pasaba

todos recurríamos a ella, a la Virgen.

Este papel menos relevante de lo que puede esperarse de la «Santa» por excelencia, santa Teresa, se aprecia en el dato de que la Santa tiene su propia madre, la Virgen de la Caridad. Hablan dos mujeres:

A. Y otra a la que se le tiene mucha devoción es a la Virgen de la

Caridad ¿eh?, esta fue la que la Santa, cuando se quedó sin madre, le dijo que fuera su madre, pero esa también antes más (devoción) que ahora,

porque lo inculcaban más, y porque ahora la gente es menos piadosa y se va enfriando más

B. Pero una cosa, se va enfriando la gente, pero a la Virgen de Sonsoles

cada vez va más gente

Quizá por esta razón, la Santa se saluda y despide deferentemente de su «maestra y madre» o «madrina» la Virgen de la Caridad, con este pro- tocolo. Dos hombres mayores charlan en el primer comentario:

A. Siempre, (en) la procesión, va la Virgen la última, y siempre entra

primero la Santa, porque es su casa, el protocolo, y al salir ¿quién se postra

ante quién? la Santa ante la Virgen, se arrodilla, la despedida, hace tres genuflexiones ante la Virgen de la Caridad.

B. Pues yo llevo 25 años de andero con la Santa y no me ha dado nunca

el preguntar porqué se hace eso.

A. Pues muy fácil, porque primero está Dios y después todos los san-

tos; primero está la Virgen, que es la maestra, y luego está la otra que se arrodilla, que para eso es santa.

107

María Cátedra

La Virgen de la Caridad es la madrina de la Santa… la Santa siempre hace juego, nunca sale sola, siempre sale la otra, la de la Caridad… y cuando se juntan siempre, siempre hacen una reverencia, siempre se hacen los tres pasos sí, al igual que hacemos en nuestro pueblo…

Así pues hay una estricta jerarquía pero también una división del trabajo entre Santa y Sonsoles. La madre cuida de sus hijos en el hogar, la Santa an- dariega los cuida en los caminos. A la Virgen se le suele aplicar con mucha frecuencia la etiqueta de milagrosa mientras que la Santa es una intercesora, una especie de embajadora. Por ello cuando el abulense se tiene que marchar definitivamente echa mano de su paisana. Hablan dos educados abulenses:

La Virgen de Sonsoles no es embajadora, es santa Teresa la embaja- dora. La Virgen de Sonsoles es la que hace el milagro, es decir este señor tiene lepra o tiene peste o está con una neumonía que se va a morir y de pronto, ya viene el médico y dice «no hay nada que hacer, ya está en las

últimas, el coma le va entrar dentro de una hora y tal

». Y si al enfermo

se lo dijesen, y aunque no se lo digan, si él aprecia que se va a ir no se pone en manos de santa Teresa, no, se ponen en manos de la Virgen de Sonsoles. Y la prueba es que no hay un exvoto en santa Teresa, no hay un

solo exvoto, ni yo conozco que se hable que haya hecho milagros, habrá hecho posiblemente, pero yo no los conozco.

Santa Teresa está precisamente para el tránsito, la Virgen de Sonsoles está para la curación física; si la curación física no es posible entonces ya desaparece la influencia de la Virgen de Sonsoles, no ha curado la enfer- medad, no ha sido posible, Dios lo quiere así, entonces ya es santa Teresa la que ayuda, la embajadora.

A pesar de la fama más universal de Teresa, se dice que la ciudad no ha tenido mucho interés por su famosa Santa. Un cura me aseguraba que, pese a su fama, la Santa no parecía tener un culto muy activo en Ávila. Por ejemplo una vez que se llevó su brazo incorrupto a Segovia convocó multitudes, mientras en Ávila no llegó a llenar media plaza del Mercado Chico. En cambio me comentó la especial devoción a la Virgen de Son- soles. Así decía un hombre:

108

La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

Yo creo que no, yo creo que lo de la Santa ha sido más un mito que una

realidad, o una constatación de una persona con amplia personalidad, con

grandes conocimientos y tal, fuera de Ávila

pues porque nació aquí, pero convencidísimo de que movido un dedo en Ávila por el tema.

como que nadie ha

Ávila ha recogido la fama…

Otras figuras de la ciudad, como san Segundo, parecen tener similares usos que Sonsoles, la petición de favores, pero mucha menos «devoción» y trascendencia. Habla una mujer:

Pero todos los días hay caravana a Sonsoles, va gente a diario, por la cosa de los exámenes. En san Segundo también… entonces no se estu- diaba tanto como ahora, cada uno pediría lo que creyera conveniente; yo, para mí, me parecía una juerga y en sí no creo que me haya concedido

las chicas jóvenes salíamos de

coser… A Sonsoles no, a Sonsoles yo siempre le pedía muchísimas cosas

y se lo sigo pidiendo, sí, con mucha devoción. En cambio en san Segundo

se iba más en plan de juerga, que tener que meter ahí el pañuelito, que se sentía sonar el agua de la alcantarilla… La Santa es patrona de Ávila y Sonsoles tiene mucha gente, mucha, mucha. Tu vas, por ejemplo, todos los días hay una novena a Sonsoles… ¿cuántas ves que hagan una novena

a la Santa? para una novena a la Santa, hacen treinta a la otra.

lo que le haya pedido nunca (ríe) porque

Y es más, en aquellas celebraciones (el año mariano por ejemplo) en que se concentran diferentes imágenes, aparecen sus gradaciones y jerarquías tal como aquí se indica:

La de Sonsoles tiene preferencia, siempre pasa primera, que está en la catedral, van todas a la catedral y luego ese día salen todas a despedirla ¿la de las Vacas?, también tiene mucha devoción la gente, pero no, esa es más pobre. La Virgen más rica de Ávila es la de Sonsoles, hoy por hoy es la que está mejor ataviada, mejores mantos.

III. de Promesas y mIlagros

La devoción a Sonsoles se debe fundamentalmente hoy como ayer a su fama de milagrosa. El santuario, como he indicado, tiene una peque-

109

María Cátedra

ña habitación repleta de exvotos de muy distinta índole (trajes de novia, uniformes de soldados, miembros y partes del cuerpo en cera, pequeños documentos gráficos, etcétera). He aquí los usos de la Virgen para un grupo de personas y los usos de los exvotos:

¡oy, novenas a la Virgen de Sonsoles, eso a

montones!; unas veces para pedir y otras en acción de gracias. B. A mí me aprobó el bachillerato la Virgen de Sonsoles. Y tú el año

pasao hiciste una novena por tu pie… Yo también estuve malita y le pedí

a la Virgen de Sonsoles y vamos, para mí me curó la Virgen de Sonsoles.

C. Cuando terminan el servicio militar pues hay muchos que dejan

allí el gorro, el uniforme o

Si tienes devoción a la Virgen se lo pides con fe, y luego ya haces lo que

sea, aunque tengas que venir arrastrándote.

A. Viene mucha gente descalza. Y sigue, los días estos de las fiestas,

sube la gente con los pies destrozaos… yo creo que son más devotos los de los pueblos que los de la ciudad, que vienen con más devoción cuando es las fiestas d’ellos.

las muletas, muchísimas muletas también.

A. Por enfermedad y

Y eso está bien lleno de brazos, de piernas, de trajes de novia… tu

te casas, entonces tienes el capricho de ofrecer el traje tuyo a la Virgen, nada más que es por eso, como el ramo de novia, el ramo se lo voy a lle- var a la Virgen… como este vestido ya no vale para nada, pues lo ofrezco

a la Virgen, ¿entiendes? y si va luego alguno a por un traje, que no tiene

para pagar un traje, para ir de novia, se le dan para que se pongan… al igual que si te hace falta una muleta, también te la dan… con las que hay allí, si te hacen falta te la dan. Hay piernas, brazos… esos son de cera, de un señor que tuvo un accidente y dijo: «Virgen Santísima si me curaras, Virgen Santísima» el que no le sale de corazón, no le lleva, es el que cree en la Virgen, si no, no lo lleva, y se le ha curado y manda hacer un brazo de cera y se lo lleva a la Virgen… había una ropa de un soldado…

No obstante los más irónicos se refieren a Sonsoles como «milagrera» o «mágica» y al lugar de exvotos como la «sala de ortopedia» como indican en estos comentarios:

110

La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

No es tanto la cuestión de la Santa por los hechos y no sé qué, como la transmisión mágica que tiene; y cuando vas a Sonsoles lo primero que contaban en tiempos era lo del avión y lo del no sé, es decir, esa sensación de milagrera, es una cuestión mágica.

Y ahora mismo pues ha habido alguna situación, tampoco hace tanto tiempo, de algún problema o de alguna cuestión de enfermedad y tal y yo, mucho después le dije a la Virgen de Sonsoles que le ponía unas velas y a rezarle lo que sea… sí, nada más que veas en el santuario de Sonsoles, allí había toda una sacristía que enseñaban con todo lo que se llevaba como agradecimiento y tal; bueno, pues aquello parece una sala de ortopedia, de pelucas y de novias. Bueno, pues a mí me parece que eso es todo un entorno mágico, yo no sé darte otra definición.

Por la concesión de favores los devotos de la Virgen le ofrecen presentes de muy diferente valor; desde una humilde planta cuidada con esmero a un lujoso manto:

Sí, por regla general es por promesas que hacen. Porque oyes a las señoras que traen tiestos: «Ay, mi tiesto, que me lo saquen pronto, que me lo coloquen bien, que lo he estado cuidando todo el tiempo porque se lo prometí a la Virgen…».

Pero en Sonsoles ves gente, hay un manto que le han regalao, un señor que a mí me ha llegao al alma; lo tenía ofrecido, y este no tenía dinero, lo quitaron donde trabajaba, de la tienda donde trabajaba le quitaron, se

fue al paro y entonces como le dieron bastante dinero

encontrar trabajo o no iba a encontrar, entonces al recoger el dinero que le

dieron, compró un manto a la Virgen de Sonsoles. Luego ha encontrado trabajo… Las adoratrices son las que más los hacen, de aquí o en Ma- drid… Bueno, hay otro señor que vive en Barcelona, que ese lo ha hecho ella, ella, que son dos hermanas, y entre las dos hermanas. El manto lo suelen regalar por promesa.

no sabía si iba a

La importancia de los exvotos es que fijan de un modo obvio las mer- cedes concedidas por la Virgen. A ello contribuye también los dos gran- des cuadros que decoran el altar mayor, con dos de sus más reconocidos

111

María Cátedra

milagros, pero además los fieles aluden con mucha frecuencia al conocido librito Historia de Nuestra Señora de Sonsoles que se expende en el santua- rio. De ahí, y del famoso cuarto de los exvotos, proviene la relación de milagros que así interpretan:

¡Ah! ¿no sabes la historia del lagarto?, ¿no sabes?… Sí, mira esto es muy fácil: esto era un caballero abulense, andaba allá por las Indias, sería un señor ricachón que tendría sus campos, digo yo vamos, eso ya es ima- ginario, entonces andaba por sus campos y se le apareció un cocodrilo, iba con su caballo, y entonces él veía la muerte encima y dice la historia que la fusta del caballo se convirtió en una espada, ¿eh? y le mató con la espada, y ofreció traérselo aquí, a la Virgen de Sonsoles, porque él se encomendó a la Virgen de Sonsoles, ¿eh? pero no fue en Ávila, fue en las Indias, allá en las Indias… Bueno, pero eso es así, ese cocodrilo está ahí, es un misterio, es un milagro de la Virgen, eso está ahí como milagro. Hay también un barco, otro milagro, y una avioneta también ahí, sí, la avioneta la han quitado ya porque eso era de cuando la guerra, esa la he quitado yo, la he quitado yo y la he puesto en otro sitio, está puesta donde los recuerdos, atrás, donde están las piernas de palo y todo eso.

Y uno de un rayo, verdad? de una tormenta de un rayo, también lo leí. Ahí están los más importantes, te voy a explicar ahora mismo, está el del cocodrilo, el del barco, que está ahí pintado en el coro, otro señor que naufragaba, se ofreció a la Virgen, le tendió el manto y se salvó. Luego está también, que es muy importante, muy importarte, es también lo de las cadenas del cautivo de la morería, hay unas cadenas, esto es muy primitivo, había un cautivo español en la morería, en África, con los moros, estaba cautivo y se encomendó a la Virgen y rompió las cadenas y se escapó. Y ahí están las cadenas. Esos son los más importantes, los más primitivos que hay de todos: el del cocodrilo, el de las cadenas y el barco son los más primitivos; este, el de la avioneta es de la guerra pasada, luego está también el del molinero, un molinero que estaba moliendo, le engancharon las correas del molino y allí están todas las ropas ¡bueno!… se encomendó a la Virgen y medio todo mutilado pues, y allí está la ropa, es una ropa que está hecha un asco, pero allí está todavía la ropa. Otro está allí que se tragó un alfiler de esos de mariposa, le echó y allí está también en Sonsoles, se lo ofreció a la Virgen. Hay cosas de esas, hay muchos milagros… la habitación está llena, llena…

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

No solo se recuerdan los antiguos milagros sino los nuevos:

Yo también creo en un milagro de ella, yo creo que el dejar de fumar fue por ella, porque yo siempre… «Virgen Santísima, a ver si yo pudiera un día dejar de fumar»… y lo conseguí. Digo yo si sería de ella porque vamos, ésta (su mujer) ya me conocía, era imposible … me costó mu- cho. Yo he estado fumando desde niño, yo tendría cuatro años cuando la primera chupada, iba al baile y las colillas que tiraban en el Mercado Grande, chupábamos la colilla, desde niño, he fumado piel de patata, he fumado, he fumado colillas, he fumado de todo, empedernido…Y un día dije yo: «Virgen Santísima, –le pedí yo–, ayúdame Virgen Santísima, y aquel día, aquel día fue un día interminable ¡ay que día!, el primer día, ¡ay que día!, yo no, ya digo a mí me costó mucho, ¡tuve un mes! que no sabía qué hacer

Tres son las situaciones en que Sonsoles es especialmente invocada, que se corresponde con distintos tipos de población. Los niños y jóvenes acuden al santuario con sus colegios en mayo, época de preparación de exámenes, solicitando que la Virgen les «ilumine». Sus madres ruegan por el mismo motivo. El recuerdo de Sonsoles y los apuros de los exámenes llena los recuerdos de los adultos. Probablemente esta impronta temprana explique parte de la devoción. Pero además para los chavales ir a Sonsoles ha sido tradicionalmente toda una excursión:

Cuando los exámenes a Sonsoles, ah sí, del todo, y dejaban libros allí después cuando habían aprobao, donde estaban los exvotos, pues estaba lleno de libros de los que suspendían y luego aprobaban.

Luego, pues siempre ha tenido, tiene más importancia en la ciudad, porque, por ejemplo, en la época en que nosotros estudiábamos en los colegios –te hablo de la prepa y de toda esa serie de cosas– pues como no

había sitios donde ir, todos los colegios, además había casi

acuerdo entre los directores, yo creo, para que cuando llegaba el mes de mayo, pues era lo de la ofrenda de flores e ir a pasar un día a Sonsoles y, si te descuidas, pues era lo único que te dejaban hacer fuera de lo normal, ir a Sonsoles, y allí te podías evadir en aquello que era muy grande. Y como todos los chavales y año tras año has ido pasando por Sonsoles, pues

se ponían de

113

María Cátedra

posiblemente tenga más raigambre, porque lo has vivido… con la cosa de que ¡vamos a Sonsoles!, en ese sentido, «¿Y cuándo os toca a vosotros?, ¡ah! pues mira a ver si coincidimos o tal».

La visita a Sonsoles de los pequeños siempre se recuerda con cierto halo de misterio debido a los exvotos que colgaban del techo del santuario, –el barco, el aeroplano y fundamentalmente el cocodrilo–. Especialmente recordado este último que tan frecuentemente asustaba a los niños y a la vez los maravillaba. Los mayores utilizan hoy esta imaginería cuando quieren destacar un lugar lleno de cosas insólitas o raras, un batiburrillo («allí te encuentras el cocodrilo de la Virgen Sonsoles»). Antes de 1992 el cocodrilo estaba tan deteriorado que muchos abulenses lo consideraban de cartón; sin embargo en esa fecha se traslada el caimán restaurado a una urna. Pregunto si el cocodrilo es auténtico y mis informantes, devotos de Sonsoles, no están seguros:

A. No, no, no; es de cartón…

B. ¿Auténtico?, claro que sí… bueno de cartón o de lo que sea, está

desechito (ríen).

C. Pues yo creí que estaba disecao, tu F., ¿qué crees? Cuando era

pequeña me daba un miedo horroroso. Yo me acuerdo de pequeña en mi casa subíamos todos los años, claro de aquello subiríamos en taxi, con todos los de la confitería, a comer un día todos allí, nos llevaban siempre.

B. lo del cocodrilo asusta a los niños, yo he visto alguno llorar…

Cuando uno es mayor se acude a Sonsoles fundamentalmente en situa- ciones de enfermedad de uno mismo o de los hijos. La Virgen en este caso es solícita como una madre. Al enfermo, que no puede acudir al santuario, se le coloca metafórica y literalmente bajo el manto de la Virgen:

Como la de Sonsoles, tu sabes que tenía una manto que en un maletín pequeño se lo dejábamos a las personas que lo pedían… sí, la Virgen de Sonsoles tiene un manto bendecido y tal en un maletín, que antiguamente lo pedía un señor que estaba enfermo a ver si le curaba… En Sonsoles en la sacristía, eso dicen los que se han encomendado a ella y se han curao y entonces llevan cosas…

114

La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

Estos importantes cometidos son muy valorados por la gente de la ciudad. El santuario es hoy muy visitado cuando viene el buen tiempo. El trayecto a pie a Sonsoles se ha convertido en una caminata que unos

hacen por devoción –por ejemplo los que acuden a la Misa del Peregrino–

y otros por hacer ejercicio. Humorísticamente hay quien llama a Sonsoles

«la Virgen del Colesterol». Hoy para los vecinos de Ávila el culto a esta imagen campesina tiene cierto sentido deportivo pues, además de la de- voción y el sacrificio, la asistencia a la misa de los domingos, concentra

a muchos –especialmente hombres– que realizan el trayecto a pié y con calzado cómodo:

Es por sacrificio, sí , sí, casi siempre, o muchos quizás no, muchos

llegan a la puerta y no entran y se vuelven, también hay de todo, ¿eh?… pues porque tienen ganas de un paseo grande pero no les gustaba entrar

a la ermita, pues se han vuelto y no ha entrado, también hay de esos, también hay de todo. Otros llegan aunque sea nada más que mojar la

mano ahí en la fuente, beber un poquito de agua, entrar a ver a la Virgen

y ya se van con agua de Sonsoles, hay de todo. Pero van muchos, muchos.

claro voy muchas veces, y

pasan y

gente que va y vienen a Sonsoles, tienen que andar y esas cosas, pues llegan hasta el santuario, rezan a la Virgen y vuelven, eso igual que las hormigas.

yo suelo llegar a mi trabajo alrededor de las nueve, ves un cordón de

Y andando mucha gente, por las mañanas

Para la gente del campo en cambio Sonsoles tiene una utilidad muy básica y práctica para sus necesidades agrícolas. La Virgen trae el agua si se la lleva a la ciudad y se le hace una novena:

Suelen bajar para pedir el agua, bueno cuando la llevan a la catedral,

¡la gente

por una calamidad, por una sequía

grande, y se pide permiso al Cabildo de la Catedral y entonces se la trae

y se la entrega al cabildo durante la novena, que se hace un novenario y salen al Rastro, el cabildo, a recibirla.

labradores. Lo piden al Patronato y

bueno, una cosa de miedo. Cuando hay sequía y lo piden los

!,

¡Uy!, este año ha habido muchísimo problema [de agua] en Ávila… lo necesiten o no lo necesiten, cuando viene la Virgen de Sonsoles… –y

115

María Cátedra

además normalmente antes de los nueve días, llueve ¿eh?, eso yo creo que es casi seguro ¿eh?, acaba la novena y acaba lloviendo–.

Resulta una paradoja que cuando los labradores necesitan agua para sus campos traigan a una imagen campesina a la ciudad. Un agricultor (A) y su mujer (B) me explicaban la razón de esta práctica (yo soy M). Aparte del sacrificio que supone, a la Virgen se la traslada para que «vea» lo secos que están los campos:

M: a mí lo que me llama la atención es que cuando ustedes necesitan

agua no van a Sonsoles directamente, sino que cogen a la Virgen y la llevan a la ciudad… en la ciudad no necesitan tanto el agua…

A. Mira, se va cantando y claro, como va por pleno campo, va viendo

los campos ¿eh?, tiene importancia…

B. tiene su explicación, porque va por el campo y se para y se va can-

tando…Claro, porque es el campo el que lo necesita…

A. Sí, y en acción de gracias hacemos también ese sacrificio de bajarla,

que no es poco, hacer ese sacrificio de bajarla a la catedral, que se tarda tres horas en llegar, son tres horas que echamos hasta Ávila con ella.

Para estos informantes campesinos la situación es parecida a la bendi- ción de los campos, como aquí se indica:

ya no se hace tampoco, se ha perdido me parece, San Miguel,

el San Miguel de mayo se salía, el día del santo, a bendecir los panes… a la orilla del pueblo, de cada campo, el cura bendecía todos los panes, los campos, los trigos, los trigales, los trigales –eso se llama el pan, el trigo, el pan, sí, sí, y se hacía siempre… el pan de la tierra–. Si es que aquí hay costumbre, miras a una tierra que lleva buen trigo y: «¡vaya pan que lleva la tierra!», «¡que pan tiene esa tierra!».

Antes

El traslado de la Virgen forma parte de un elaborado ritual. El trayecto sigue una ruta fija 72 . Las autoridades civiles y eclesiásticas se hacen cargo

72 «La Virgen cuando viene a Ávila sube por la Toledana para arriba, entra por el arco del Rastro… claro, entonces pasa por el Rastro sigue por el Mercado Chico a entrar por ahí por las puertas de la catedral. Y luego cuando sale, sale por la puerta del norte, da vuelta

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

de la imagen de un modo muy formal y a cambio de un presente en cera. La Virgen ocupa el mayor templo de Ávila, la catedral. Se la devuelve de la misma manera formal:

Cuando viene la Virgen de Sonsoles la baja el patronato, la entregamos

en la entrada del Rastro, la recibe el ayuntamiento, la corporación muni- cipal bajo maza y el cabildo catedralicio que se hace cargo de la Virgen.

Y

entonces durante esos días el que tiene la obligación de hacerle culto es

la

catedral y el cabildo, los días que esté aquí, tres días un tríduo o una

novena. Y a la salida la devuelve la Virgen en el Mercao Grande y a su vez el ayuntamiento se despide y nos da dos arrobas y media de cera, tiene que ir el ayuntamiento igual, bajo maza, que esta vez no ha ido, ha ido el

y entonces nosotros

cabildo, pero el cabildo no sabía nada, no le habían

hacemos una gestión con la cera, siempre que viene la Virgen de Sonsoles siempre se entrega cera.

Y también por la cosa del agua, sí, a través del ayuntamiento se pide a

la junta de Sonsoles, el ayuntamiento y cabildo hace la petición al patro-

nato y el patronato lo concede o no lo concede. Y entonces se hace cargo de la entrada en el Rastro bajo notario, que el notario es el cabildo, y se hace cargo y se entrega la Virgen de Sonsoles y el patronato firma.

Durante el tiempo que permanezca en la ciudad, en su «residencia» tiene permanentemente a su servicio al santero del santuario que solo la dejará para dormir:

Y la llevamos también cuando no llueve, haciéndola rogativas, pidien-

do a Dios que llueva… que hay sequía, lo piden los labradores: «Vamos a

sacar la Virgen a ver si llueve y tal», entonces se lo concede el patronato

y la Virgen se lleva hasta Ávila, hasta la catedral que es su residencia…

Se la lleva a la catedral, al coro, al altar mayor, donde se pone siempre y allí luego el santero con ella, si es una novena… el santero está allí, si la

por este otro arco de aquí, de la calle San Segundo, de la calle San Segundo abajo a la

plaza de Santa Teresa, el Mercado Grande, allí se hace una parada, se despide la Virgen de Ávila y sigue para abajo, a coger otra vez la Toledana, a coger la carretera para irse a

una especie de ruedas que

tiene, un carruaje que tiene

la ermita. En un camión se la lleva las andas que tiene para

».

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María Cátedra

Virgen está dieciocho días, está allí con ella, siempre, vamos, por la noche se cierra y se acabó, sí, pero si no, está allí siempre… Entonces está allí, si alguno quiere, lleva también las velas, si alguno quiere poner velas por la Virgen, él las pone.

El lenguaje que se emplea cuando las imágenes se trasladan a la ciudad es muy humano. La Virgen «duerme» en una iglesia, «está a la hora de la comida» en otra, «saluda» a otras imágenes y tiene o no «preferencia» como en este caso.

Este año mariano la han traído ahora, el año pasado, sí, sí, la bajan a hombros. La llevamos nosotros, todos. Mira el caso este, la última vez que la bajamos, casi la bajamos solos, porque siempre va todo el pueblo en masa, pero esta vez… cuando se va con la Virgen de Sonsoles, ella

tiene preferencia en la catedral y tiene su trono en el altar mayor, ahí la

Bajamos hasta el puente de Santi Espíritu, el primer relevo me

lo hicieron en el puente Santi Espíritu a mí…

ponemos

Una de las facetas más humanas es el cuidado por sus vestidos. En cualquier fiesta, o cuando sale fuera la Virgen debe ir «bien vestida» y «guapa». Repetidamente se me ha indicado que el declinar del culto a la Virgen de la Soterraña es precisamente por descubrir y reparar la imagen de madera y dejar de vestirla como se hacía antes. Las de Sonsoles (las dos imágenes, la Chica y la Grande) tienen un elegante vestuario y un selecto grupo de camareras a su servicio. Habla un matrimonio y la hermana del marido:

A. Y a la Virgen se la sigue vistiendo de morao, toda la cuaresma, tal

como antes que todas las Vírgenes estaban vestidas de morao

tiene porque últimamente le han regalao muchos [?] le regalan a la gran- de, a la grande. Algunos años han regalao a la pequeña, pero por regla general a la grande. [?] Bueno lo de la grande yo tampoco lo he entendido (ríe), la que sacan en procesión siempre es la grande, la pequeña nunca. Y luego, para todas estas fiestas se la cambia el traje. Hay trajes ya intermi- nables. Para la fiesta del Patronato tiene su traje que se le pone siempre… el Patronato el rojo, el de la reina, ¿no?, el que regaló Isabel II, es rojo de

vestidos

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

terciopelo, es el más bonito que tiene, todo bordao en oro. Y alguna vez que alguien le ha regalao un traje y se ha cambiao, la gente no le gusta, siempre dicen que está más fea la Virgen, la verdad es que el mejor traje

es el otro. Luego tiene otro verde de terciopelo, también muy antiguo, que ese se le suele poner para una fiesta, en octubre; se la cambia el sábado y se la tiene esa semana y luego el sábado siguiente se la vuelve a cambiar, pues eso últimamente la han regalado varios y ya se la va poniendo lo que

la van regalando

algunos trajes que los tiene iguales; el rojo lo tiene igual, el verde igual, el morao ahora también se la pone de morao; sí, a las dos, las vestimos

a las dos. Somos cinco, cinco somos las que las vestimos ahora, tenemos

dos que están medio cojas las pobres. Por ejemplo, si hay que vestir a la pequeña, dos visten a la pequeña y dos a la grande, y otra va alcanzando las cosas y luego ese señor (su marido) va poniendo las faltas, porque la

vestía con su madre toda la vida y su abuela la vistió, la vistió su abuela, luego su madre, y luego tenía que haber pasado a esta señora, pero como vive en Madrid, creo que se lo perdió (todos ríen). Yo, al día siguiente de casarme empecé a vestir a la Virgen de Sonsoles, allí donde me llevaron. B. Yo lo hubiera hecho con mucho gusto, pero como estaba en Madrid ya no podía, que cuando era pequeña también

A. Es una Virgen muy vestida, la verdad es que la vestimos mucho,

el l5 de agosto también, el día de la Virgen, es la coronación, que se la coronó. Pues el martes la vamos a poner de mora [¿de mora?] no, de morao (reímos).

Y la pequeñita también se la cambia, también… hay

C. aunque es un poco moreneta también…

En ocasiones una misma familia se repartía un grupo de imágenes, como la de esta informante, tres hermanas que se encargan de vestir a tres imágenes:

Bueno, en mi casa ha habido de todo, porque en casa era mamá la que vestía a la Virgen de Sonsoles, tía María toda la vida vestía a la Santa, y

a la Virgen de Sonsoles también… a la Santa no se la viste más que para

las fiestas de octubre, el manto ese que la ponen y X. a la Virgen de la Soterraña, ahí en San Vicente, bajando a la cripta, –esa ya se ha perdido, pero había mucha devoción a la Virgen de la Soterraña–. Así es que eran tres hermanas que vestían a las tres, pero en conjunto, cuando había que vestir a la Virgen de Sonsoles, se venían casi siempre las tres, porque no

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María Cátedra

coincidía el día –tía María ayudaba muchísimo, era del patronato– So-

terraña era una Virgen muy de las señoras antiguas, pero ahora

ahora ya no se la puede vestir porque l’han pintao, l’han puesto como si

una talla; era talla, pero a pesar de que era talla, la vestían,

estaba estropeada y ahora l’han restaurao… se le hace una novena todos los años, ahora, devoción como la de Sonsoles, yo creo que no, ahora que a la novena también iba mucha gente.

fuera antigua

bueno,

Iv. rIvalIdades dIvInas

Algunas creencias relacionadas con la imagen de Sonsoles expresan la rivalidad por territorios y competencias divinas. Antes he indicado la exis- tencia de dos imágenes de la Virgen de Sonsoles en el santuario, la Gran- de y la Chica. La primera es la imagen principal, la que está en el altar mayor y la que se saca en procesión. La más pequeña, llamada la Chica, está semi-oculta. Para poder observar esta pequeña talla, que está colocada sobre un pequeño altar y tras una mampara en la sacristía, hay que mirar por una pequeña ventana de cristal. El hecho de que haya dos imágenes, una pública y otra en cierto modo privada, una en el altar mayor y otra en lo más recóndito de la sacristía, se corresponde con un comportamiento muy distinto. La Grande es la imagen que sale en procesión y la que va a la ciudad en las rogativas; parece ser que la pequeña imagen no se la puede mover con tanta facilidad de la ermita. Según me han asegurado gente de todo tipo y condición, la Chica no quiere entrar en la ciudad y pese a su pequeño tamaño, se hace tan pesada que no hay quien pueda traspasar con ella los límites de Ávila. La gente asegura que si se la traslada en un carro, el carro se rompe, y si la lleva la gente justo en el cruce con el puente del Sancti-Spiritu, la entrada simbólica de la ciudad, su enorme peso impide el movimiento a los porteadores. La Virgen, pues, al llegar al territorio de la ciudad, no quiere entrar en ella.

Lo que yo he oído decir de la Virgen de Sonsoles es que la Virgen chiquitilla, la que tienen en la capillita, que la bajaban en procesión de rogativa o algo, y al llegar a la Cruz de los Llanos, que de ahí no pasaba… Sales del puente de Santi Espíritu hacia Sonsoles, el primer puente a la

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

izquierda para adelante, antes de dar la vuelta; pues hay una cruz ahí, ahí está la cruz, la entrada hacia Ávila… y decían que se hacía pesada la Vir- gen y que no pasaba, y que no pasaba y no pasaba; nosotros no lo hemos visto, ni en leyenda ni nada, pero eso siempre lo han dicho… he oído que había roto un carro… que la Virgen no quería pasar, se hacia pesada y no quería pasar [¿y por qué no quería pasar?] porque no quería venir a Ávila, se quería quedar en el santuario.

Para muchos cofrades y hermanos precisamente esta pequeña imagen es la primitiva imagen, la «auténtica» que se apareció a los pastores, mien- tras que la grande es la Virgen de las Aguas. El dato es consistente con su función; a la Virgen Grande se la trae para que traiga agua, luego es la Virgen de las Aguas:

Esta Virgen no es la que vemos en el altar, sino la que hay ahí, peque- ñita, en la sacristía, esa es la auténtica Virgen, que data del siglo XII, esa imagen es la auténtica Virgen, pequeñita y milagrosa, esa es la que se ha aparecido. [Y sin embargo la tienen medio escondida…] no, pero sí que –

que nunca la han podido

está muy arregladita. Dicen, –que yo esto no

sacar de allí… que siempre pasa algo cuando la sacan de allí, creo que siempre pasa alguna cosa que no se puede… que no quiere, como si no quisiera salir. Vamos, yo eso no doy fe porque no lo he visto nunca, pero

porque ésta que hay aquí, la que hay aquí en el altar, esa imagen más

mayor, esa principal estaba en

¿sabes en la ermita que hay ahí derruida,

aquí por la carretera vieja, por donde la deportiva?, ahí hay una casita, al

lado del río, muy pequeñita… la casa de las aguas, y es la Virgen de las Aguas… La pequeña, que es la que se apareció…

La razón de su negativa a cruzar los límites de la ciudad me la insi- nuaron varias veces con comentarios del tipo de: «Como han nombrado

». O «la Virgen de

Sonsoles está enfadada porque nombraron patrona a santa Teresa y por eso no le gusta ir a Ávila». Esta idea aparece en el siguiente cuadro de conversación entre dos personas:

en Ávila patrona a santa Teresa… no quiere ir a Ávila

X. Dicen que no se la puede sacar, que se hacía pesada, que al llegar a la cuesta se hacía pesada, ¿eh?

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María Cátedra

Z.

Eso es que no lo probarían nunca.

X.

Oye, lo habrán probao, cuando lo han dicho

antiguamente la

bajarían ahí y pasaría eso. Yo he oído que es por santa Teresa…

Z. no, eso no (ríe), que eran rivales… no, eso no; pues a lo mejor eso

se lo ha inventao la gente, los partidarios de santa Teresa, digo yo, porque

cuando bajan la Virgen de Sonsoles…

X. yo solo he oído decir que se hacía pesada, y pesada, y no podían

con ella.

Cada imagen tiene su propia jurisdicción y distintas reglas en distintos espacios. Al entrar o salir de la ciudad rigen otras leyes. Por ejemplo, se dice que la Virgen de las Vacas solo la pueden llevar los solteros, los llama- dos «mozos de Virgen»; sin embargo cuanto esta imagen sale de la ciudad, por ejemplo a Sonsoles, la puede llevar cualquier cofrade. En este caso las Vírgenes están en territorio ajeno y dependiendo de otras reglas. Un grupo de cofrades de la cofradía de las Vacas se refería a ambas de esta manera:

Se ha comentao siempre que la pequeña (Sonsoles) desde la cruz del Campo de Aviación que no baja… Ningún cofrade puede llevar a la Virgen (de las Vacas) –ya le he explicao– están los mozos de Virgen… excepto el día que va a Sonsoles y pasa el puente de Sancti Spiritu, cuando pasa los límites de lo que es la capital [?]… cuando pasa los límites de lo que es la capital, ahí sí, ahí sí la pueden coger los cofrades, cuando va a subir en peregrinación a Sonsoles, pero hasta ahí nada, eso es zona de los mozos; le dice el presidente: «tuya es» y se hacen responsables, ellos son los responsables… Los mozos de Virgen son chicos solteros; según se van casando se les entrega una medalla y la vela, y ya pasan a ser cofrades y luego ya no pueden llevar la Virgen.

Hay diferentes opiniones sobre los límites que la pequeña imagen no puede cruzar (el santuario, la cruz de los Llanos, el campo de aviación, el puente de Sancti Spiritu) 73 . En cualquier caso este dato de la Virgen Chica

73 Una noticia curiosa que probablemente no tiene ninguna relación con esta creencia es que en octubre de 1666, al bajar la imagen a la ciudad, se decide no volver a portar el trono de plata que se le ha hecho debido al enorme peso del mismo (Heras, 1998: 46). Hoy no existe ese trono.

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La ciudad y su tierra: la Virgen de Sonsoles

es una especie de misterio o milagro para unos, y para otros algo que les gustaría comprobar:

No sube porque siempre pasa algo… que se disponen a sacarla y pasa algo, que… que la han sacado alguna vez y no han podido sacarla, nunca no ha pasado de la puerta para afuera… de la puerta del circuito, del re-

cinto para afuera, por lo que sea… que no quiere salir, eso es un misterio

ahí no te puedo decir nada, si yo te dijera: «pues

que yo no te puedo

bueno, la hemos sacado una vez y pasó esto y esto y esto»; es que yo no sé, ahí no te puedo decir… igual que te digo que he sacado muchas, he llevado muchas a Ávila, a la mayor la he sacado yo por lo menos tres o

cuatro

muchas veces, y he ayudado siempre.

También dicen que la Virgen chiquitita, que llega a la Cruz de los Llanos y que dice que no pasa de ahí… que no pasa, y yo también quisiera que la trajeran un día, a ver si pasaba o no.

v. el culto y las fIestas

Frente a otras imágenes Sonsoles ha aumentado considerablemente su popularidad en asistencia y misas. Uno de los motivos de este aumento de culto ha sido la generalización de los automóviles. La misa, por ejemplo, es ahora diaria e incluso hay tres en domingo frente a la única dominical de antaño. Antes el traslado se realizaba en carro o a pie, y más tarde en taxi las familias más acomodadas o en autobús colectivo el día de la fies- ta. La mayor facilidad en los transportes ha ocasionado que disminuya la frecuencia de peregrinos el día de la fiesta (antes se me dice, y creo que sin exageración, acudía un tercio de la población) y por el contrario aumente el resto del año. La gente alude a la afluencia de fieles durante todo el año, cuando antes se iba por lo común una vez o unas pocas veces al año:

Es santa Teresa patrona y sin embargo yo, por mí, tengo más devoción a la Virgen de Sonsoles. Es que mi padre tenía mucha fe en la Virgen y todos los años ofrecía dos misas, porque entonces no había que pedir por recomendación las misas como ahora, entonces tu ibas, la encargabas y te la decían el día que tu quisieras, y ahora hay que ir por recomendación

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María Cátedra

como todas las cosas. Había menos gente que encargaba la misa y ahora hay gente que te dice «A Sonsoles, a misa» –y a la Santa son contaos– y allí todos los días, todos los días. Antiguamente siendo yo niña y más

mayor, tal día como hoy, que estamos en Semana Santa, íbamos el miér- coles del Rastro para abajo a Sonsoles, al entierro de la sardina, los mozos

y las mozas, y no se decía misa, era cantar una salve y volver caminando a