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CIUDADANOS REALES

E IMAGINARIOS
Concepciones, desarrollo
y mapas de la ciudadanía en el Perú
Sinesio López Jiménez

Instituto de Diálogo y Propuestas


López Jim énez, Sinesio
Ciudadanos reales e imaginarios: concepciones, desarrollo y mapas de la ciudadanía en el Perú.
Lima: IDS - Instituto de Diálogo y Propuestas, 1997.

CIUDADANÍA/INDICADORES DE CIUDADANÍA/MODERNIZACIÓN/DEMOCRATIZACIÓN/
POBREZA/TEORÍA POLITICA/PERSPECTIVAS COMPARADAS/ PERÚ

Esta publicación ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Ford y del Comité Catholique contre la
Faim et pour le Développement (CCFD)

© IDS - Instituto de Diálogo y Propuestas


Lima, diciembre de 1997

Elaboración de gráficos y mapas: Pablo Solís

Corrección y edición: Centro de Estudios y Publicaciones


Carátula: Felipe Cortázar
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L a s c iu d a d a n ía s im a g in a d a s

tual puede haber libertad negativa para un ella se constituye. En filosofía ^e dice que eso
sujeto colectivo (la liberación nacional) y la li­ sucede cuando es producto del yo racional,
bertad positiva puede referirse a un individuo, profundo, y no del yo instintivc^ y superficial, y
aunque sea en sentido moral más que político. en teoría política se dice que esojsucede cuando
La libertad negativa tiene un momento nega­ es producto de la voluntad colebtiva o general,
tivo (libertad respecto de) y otro positivo (liber- por contraposición a la voluntad individual o
/ tad de opinión, libertad de movimiento, etc.). de cada ciudadano singular. La libertad positiva
Estos momentos no deben ser confundidos con es obediencia a las leyes en cuanto éstas se supo­
la libertad negativa y la libertad positiva. Los nen hechas por uno mismo o por representantes
primeros, como momentos de la libertad negati­ que uno ha elegido o aceptado, ^a dificultad en
va, califican la acción, mientras la libertad posi­ precisar la libertad positiva es política, no con­
tiva califica la voluntad. Los momentos de la ceptual, y el hecho de que sea ¡un ideal-límite
libertad negativa se implican mutuamente, mien­ no impide que se la proponga continuamente
tras los dos tipos de libertad no se implican. como meta a conseguir.
Las libertades civiles son la condición nece­ Llevadas hasta el límite, las dos formas de
saria para la libertad política y ésta es la condi­ libertad han dado lugar a dos tipos de sociedad
ción necesaria para la consecución primero y ideales: la sociedad como rein<[> de la libertad
para la conservación luego de las libertades ci­ negativa o la sociedad como reiijio de la libertad
viles. Se trata de la relación entre liberalismo y positiva. Un ejem plo clásico de la primera es la
democracia. En la historia política ha habido comunidad libre internacional de Kant. Distinta
autores como Constant y Tocqueville que sepa­ es la sociedad libre ideal libertaria, basada en la
raban las libertades liberales de las democráti­ libertad positiva, defendida por Rousseau, los
cas, a las que desvalorizaban (Constant) o te­ anarquistas o la mayor parte d^ ellos y el mar­
mían porque implicaban nivelación (Tocquevi­ xismo en su vertiente utópica:
lle), y otros (Rousseau, Mazzini) que valoraban /
las libertades políticas (democráticas) dejando «La libertad de la tradición liberal es indivi­
de lado las libertades civiles. A lo largo del siglo dualista y encuentra su realización en la re­
XIX ambas discurren paralelas y a veces chocan. ducción al mínimo del poder colectivo per­
/ 1 Hoy, en cambio, tienden a integrarse porque no sonificado en el Estado. En cambio, la liber­
son incompatibles, más bien se refuerzan mu­ tad de la tradición libertaria) es comunitaria
tuamente. y se realiza sólo en la distribución mayor
La no diferenciación de la libertad negativa posible del poder social, de ijnodo que todos
como libertad de acción y de la libertad positiva participen en igual medida. La sociedad ideal
como libertad de la voluntad conduce a la bús­ de los primeros es una comunidad de indi­
queda de la libertad verdadera que se hace sobre viduos libres, la de los segundos es una co­
la base de confusión de planos. Algunos libera­ m unidad libre de individuos asociados»
les no aceptan la libertad positiva porque puede (Bobbio, 1993: 70-71).
implicar constricción, lo que va contra la liber­
tad negativa, que es la verdadera libertad. No
hay libertad donde hay constricción, según al­ 4 . L O S DEBATES ACTUALES: LA CIUDADANÍA
gunos liberales. Estos revelan una confusión ACTIVA Y LAS CIUDADANÍAS DIFERENCIADAS
entre libertad de acción y libertad de la volun­
tad. Para que una acción sea libre basta con el Después de los ochenta se ha (desarrollado un
hecho negativo de que no se la impida o cons­ interés explosivo sobre el tema <jie la ciudadanía
triña, para que la voluntad sea libre es necesario entre los teóricos de la política. El tema y el con­
no ya el hecho negativo de que no se determine cepto de ciudadanía se transformaron en una
(lo que es imposible), sino el hecho positivo de especie de moda entre los pensadores políticos.
que se autodetermine. La dificultad de precisar Hay muchas razones para este renovado in­
la libertad positiva se refiere al momento en que terés por la ciudadanía en la década de los

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noventa. En el nivel de teoría, como señala y la cuestión de identidad y la diferencia en su


Kymlicka, es una evolución natural en el discur­ relación con la ciudadanía.
so político, porque el concepto de ciudadanía
parece integrar las dem andas de ju sticia y
membrecía en la comunidad que fueron los La ciudadanía activa
conceptos centrales de la filosofía política en los
años setenta y ochenta, respectivamente. La ciu­ Como ya hemos señalado, la expresión más com­
dadanía está íntimamente ligada a ideas de de­ pleta de ciudadanía requiere, según Marshall,
recho individual por una parte y de apego a un Estado liberal-democrático de bienestar so­
una comunidad en particular por la otra. Esto se cial. Al garantizar los derechos civiles, políticos
expresó en el debate entre liberales y com unita­ y sociales para todos, el Estado de bienestar social
ris tas (Kymlicka, 1994). asegura que cada miembro de la sociedad se
El interés por la ciudadanía ha sido alimen­ sienta como un miembro completo de ésta, ca­
tado por muchos eventos políticos recientes y paz de participar y de disfrutar de la vida co­
por el desarrollo de ciertas tendencias políticas mún de la sociedad. Donde cualquiera de estos
en todo el mundo: la creciente apatía del elec­ derechos sea negado o violado, la gente será
tor, el surgimiento de movimientos nacionalis­ excluida e incapaz de participar.
tas en Europa oriental, las presiones creadas por La perspectiva marshalliana, en la medida en
una población m ulticultural y m ultirracial que ha puesto énfasis en los derechos sin hacer
incrementada en Europa occidental, la reacción lo mismo con las responsabilidades y con la
contra el Estado de bienestar social en la Ingla­ obligación de participar en la vida pública, ha
terra de Tatcher, la caída del muro de Berlín en dado lugar a la denom inada ciudadanía pasiva y
1989, el fracaso de políticas ambientales que homogénea. Esta concepción ortodoxa de la pos­
descansan en la cooperación voluntaria del ciu­ guerra de ciudadanía ha suscitado dos tipos de
dadano, etc. críticas. El primer tipo se centra en la necesidad
Estos eventos han hecho claro que la salud y de suplir o reemplazar la aceptación pasiva de JK'
la estabilidad de una democracia moderna de­ los derechos ciudadanos con el ejercicio activo
penden no sólo de la justicia, de su estructura de responsabilidades ciudadanas y virtudes,
básica, como sostiene Rawls, sino también de las incluyendo la independencia económ ica, la
cualidades y actitudes de sus ciudadanos: de su participación política y el civismo. El segundo
sentido de identidad y de cómo ellos aceptan tipo se centra en la necesidad de revisar la de- fy Ai
otras identidades nacionales, regionales, étnicas finición actual de la ciudadanía para incorporar;
o religiosas, su habilidad para tolerar y trabajar el creciente pluralismo social y cultural de las 1
junto con otros que son diferentes de ellos, su sociedades modernas. ¿Puede la ciudadanía in­
deseo de participar en el proceso político para cluir los grupos excluidos históricamente en una
promover el bienestar público y elegir autori­ base igual, o se requieren algunas medidas espe­
dades políticas responsables, su voluntad de ciales?
mostrar autom oderación y ejercer su resp o n ­
sabilidad personal en sus dem andas eco n ó ­ Las críticas de la N u eva D erecha
micas y en las decisiones y actividades p er­
sonales que pueden afectar su salud y el La primera crítica vigorosa de Marshall y la or­
medio am biente. Sin ciudadanos que posean todoxia de la posguerra provino de la Nueva
estas cualidades, las dem ocracias se vuelven Derecha, que atacó la idea de 'los derechos so­
no sólo difíciles de gobernar sino también ines­ ciales'. Estos fueron calificados como inconsis­
tables. tentes con las demandas de libertad (negativa) y
Al hacer un balance de los debates recientes de justicia (basada en el abandono), como eco­
sobre la ciudadanía, Kymlicka los sistematiza en nómicamente ineficientes y fueron caracteriza­
dos grandes temas: las responsabilidades y las dos como escalones en el 'cam ino hacia la ser­
virtudes de la ciudadanía (la ciudadanía activa) vidumbre'.

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L a s c i u d a d a n í a s im a g i n a d a s

/ Mientras Marshall argumentó que los dere- Esta visión de la Nueva Derecha sobre la
/ chos sociales permiten a los excluidos entrar en ciudadanía ha recibido sus crítica^. Una de ellas
1 la corriente de la sociedad y ejercer efectiva­ sostiene que la tesis de la derecha^ según la cual
mente sus derechos civiles y políticos, la Nueva el incremento de una clase baja desempleada,
Derecha sostiene que el Estado de bienestar asistida socialmente, se debe a la disponibilidad
social ha promovido la pasividad entre los po­ de la asistencia social, ignora el impacto de la
bres, sin mejorar realmente sus oportunidades reestructuración económica global y expresa la
de vida, y ha creado una cultura de dependen­ incomodidad de la derecha con ej hecho de que
cia. Lejos de ser la solución, el Estado de bien­ muchos de los más vigorosos Estados de bienes­
estar ha perpetuado el problema reduciendo a tar han disfrutado tradicionalmente de las más
los ciudadanos a dependientes pasivos que se bajas tasas de desempleo. Otras ¿firm an que es
colocan bajo un tutelaje burocrático. De acuer­ difícil encontrar alguna evidencia de que las
do con Norman Barry, no hay evidencia de que reformas de la Nueva Derecha de los años ochen­
los programas de asistencia social hayan promo­ ta hayan promovido una ciudadanía responsa­
vido realmente una ciudadanía más activa (Barry ble. Esas reformas aspiraron a extender el alcan­
1990:43-53). ce de los mercados a la vida de(las personas a
La Nueva Derecha cree que el modelo de través del libre comercio, de la no regulación,
ciudadanía pasiva ha subestimado el cumpli­ de recortes de los impuestos, del debilitamiento
miento de ciertas obligaciones como una con­ de las uniones comerciales y del ajuste de los
dición previa para ser aceptado como un miem­ beneficios del desempleo, con la finalidad de
bro completo de la sociedad. Fracasando en el enseñar a la gente las virtudes de la iniciativa,
señalamiento de la obligación de m antenerse a la independencia y la autosuficiencia (Mulgan
sí mismos, los desempleados, a largo plazo, son 1991: 43). Las políticas neoliberales han exacer­
una fuente de vergüenza para la sociedad, así bado las desigualdades de clase, han expandido
como también para sí mismos (Mead 1986: 240). el c o n tin g e n te de las clases b a ja s y los
Ese fracaso es tanto un obstáculo para lograr la desempleados han sido efectivamente impedi­
ciudadanía com pleta como la fuente de la ca­ dos de emanciparse y se han mostrado incapa­
rencia de derechos equitativos. En estas cir­ ces de participar en la nueva [economía de la
cunstancias, «obligar al dependiente com o Nueva Derecha. Para muchos críticos, el progra­
otros son obligados es esencial para la igual- ma de la Nueva Derecha es más plausible verlo
r dad, no opuesto a ella. Una efectiva política de no como una propuesta alternativa sobre la ciu­
asistencia social debe incluir a los receptores de dadanía, sino como un asalto al mejor principio
la misma en las obligaciones comunes de los de la misma: la autonomía. Como Plant sostiene,
' ciudadanos en lugar de excluirlos» (Mead 1986: en vez de aceptar la ciudadanía como un status
12-13). político y social, los conservadores modernos
De acuerdo con la Nueva Derecha, la inte­ buscan reafirmar el papel del mércado y rechazan f
gración social y cultural del pobre debe ir «más la idea de que la ciudadanía coñfiere un status de I
allá del derecho» para centrarse más bien en la independencia económica (Plant 1991: 52).
responsabilidad de ganarse la vida. Ya que el
Estado de bienestar dasalienta la independencia La respuesta de la izquierda
de la gente, la red de seguridad debería cortarse y de las fem in istas
y cualquier beneficio de asistencia social sobrante
debería tener obligaciones atadas a él. Esta es la Dadas las inconsistencias dé la crítica de la
idea que está detrás de una de las principales Nueva Derecha, la mayoría d^ los intelectuales
reformas del sistema de asistencia social en los de izquierda continúa defendiendo el principio
años ochenta: programas de «asistencia de tra­ de que una ciudadanía completa requiere dere­
bajo» que requieren receptores que trabajen por chos sociales. Para la izquierda, el argumento de
sus beneficios, para reforzar la idea de que los Marshall de que las personas pueden ser miem­
ciudadanos deberían ser autosuficientes. bros completos y partícipes eft la vida común de

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La p e r s p e c tiv a t e ó r i c a

la sociedad sólo si sus necesidades básicas se nes. Esto refuerza, antes que elimina, las barre­
encuentran satisfechas fue y es un argumento ras que impiden una participación completa de
sólido. Sin embargo, muchos en la izquierda las m ujeres en la sociedad. La dependencia de
aceptan que las instituciones existentes del Esta­ las m ujeres con respecto a los hombres es tan
do de bienestar no son populares, en parte por­ dañina como la dependencia de los hombres
que parecen promover pasividad y dependen­ con respecto a las políticas de asistencia social
cia y porque «facilitan una retirada privatista de (Okin 1989:128-129).
la ciudadanía y una particular «clientalización» Según las feministas, la responsabilidad tien­
del papel del ciudadano» (Habermas 1992: 10). de a caer desigualmente sobre las mujeres. Esto
Pero la crítica de la derecha ha llevado a la las lleva a compartir la visión de la izquierda de
izquierda a la necesidad de plantearse el proble­ que los derechos de participar tienen que pre­
ma de cómo el Estado puede combinar la de­ ceder, en un cierto sentido, a las responsabilida­
pendencia y la responsabilidad personal. La des. En efecto, las feministas desean expandir la
izquierda ha respondido de manera ambivalen­ lista de los derechos sociales con la finalidad de I!r,/y/
(7
te a este problema. Por un lado, algunos sostie­ superar las barreras estructurales que limitan la j ' j
nen que el principio de responsabilidad perso­ participación completa de las mujeres como ciu-
nal y de obligación social siempre ha estado en dadanas, barreras que el Estado de bienestar so- f
el corazón del socialismo (Mulgan: 1991: 39). cial frecuentem ente ignora o incluso exacerba,
Por otro lado, la mayoría de la gente de la iz­ como la distribución desigual de responsabili­
quierda se siente incómoda con obligaciones dades domésticas (Phillips 1991a, 1991b). Dada
impuestas como un asunto de política pública. la dificultad de combinar responsabilidades fa­
Ellos creen que la dependencia de los ciudada­ miliares y públicas, la igual ciudadanía para
nos del Estado no sería necesaria si la sociedad mujeres es imposible si las expectativas de traba­
ofreciera oportunidades reales a la gente. Por jo y de profesión no se modifican para permitir
eso, más que imponer una obligación al Estado, más espacio para las responsabilidades familia- /-J
la izquierda trataría de lograr un pleno empleo res y si los hombres no aceptan su participación ■
a través de, por ejemplo, programas de entrena­ en las responsabilidades domésticas (Okin, 1989:
miento a trabajadores. La izquierda acepta el 175-77).
principio general de que ciudadanía implica Según Kymlicka, si los derechos deben pre­
tanto derechos como responsabilidades, pero ceder a las responsabilidades, entonces se retro­
sostiene que el derecho de participar tiene que cede a la antigua visión de ciudadanía pasiva.
preceder a las responsabilidades: sólo es apro­ Hasta ahora, tanto la izquierda como la derecha, ,
piado demandar el cumplimiento de las respon­ aceptan la necesidad de cambio. La propuesta j
sabilidades después de que los derechos de más com ún es descentralizar y democratizar el [v
participar están asegurados. Estado de bienestar, dando a las agencias locales
Un similar rechazo de la visión de ciudada­ de asistencia social más poder y haciéndolas res­
nía de la Nueva Derecha puede hallarse en las ponsables con respecto a sus clientes. Por eso, es
recientes discusiones feministas sobre ciudada­ común sostener que los receptores de asistencia
nía. Muchas feministas aceptan la importancia social deben complementar los derechos de bien­
de balancear derechos y responsabilidades, pero estar social con los deberes de participación d e - , j
las feministas tienen serias dudas de la retórica mocrática en la administración de los progra­
de la Nueva Derecha sobre la autosuficiencia mas de derechos sociales (Kymlicka, 1994).
económica. Sostener que el género es neutral
sobre la «independencia» es frecuentemente un La cu estión de las virtu des cívicas
código para la opinión según la cual los hom ­
bres deberían mantener económicamente a la Los liberales clásicos creyeron que una demo­
familia, mientras las mujeres deberían ocuparse cracia liberal se aseguraba creando controles y
del mantenimiento del hogar, del cuidado de balances, aunque no existiera una ciudadanía
los mayores, de los enfermos y de los más jóve­ virtuosa. Bastaban dispositivos institucionales y

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de procedimiento, como la separación de pode­ publicanismo cívico, la sociedad civil, la virtud


res, un legislativo bicameral y la descentraliza­ liberal.
ción del poder, para bloquear los intereses egoís­ La democracia participativa es [una propuesta
tas y las fuerzas antidemocráticas. Pero ahora es de la izquierda a través de la cual busca
claro que los mecanismos de procedimiento «empoderar» a los ciudadanos democratizando
institucional no son suficientes para balancear el Estado de bienestar bajo el supuesto optimis­
el interés personal con los intereses generales y ta de que la participación contribuye a generar
que son necesarios algunos niveles de virtud responsabilidad y tolerancia. S^gún Kymlicka,
cívica y de participación pública. la izquierda no ha encontrado un lenguaje de
La política pública depende de decisiones responsabilidad con el que se sienta cómoda, o
responsables de la vida personal. El Estado va a un juego de políticas concretas ^>ara promover
ser incapaz de proveer un adecuado seguro mé­ estas responsabilidades.
dico si los ciudadanos no actúan responsable­ El republicanismo cívico es una forma extrema
mente con respecto a su propia salud en térmi­ de democracia participativa insjpirada por Ma-
nos, por ejemplo, de una dieta saludable; el chiavello, Rousseau y la democracia griega. Lo
Estado va a ser incapaz de atender las necesi­ que distingue a los republicanos (cívicos de otros
dades de los niños, los ancianos o los discapa­ participacionistas, tales como lcjs teóricos de la
citados si los ciudadanos no se ponen de acuer­ izquierda, es su énfasis en el valpr intrínseco de
do para compartir esta responsabilidad, otorgan­ la participación política para lo^ propios parti-,
do algún cuidado a sus familiares; el Estado no cipantes. Tal participación es «la form a másA
puede proteger el medio ambiente si los ciuda­ alta de convivencia hum ana a }a que la mayo- V
danos no se proponen contribuir a ese fin en ría de los individuos puede aspirar» (Oldfield i!
sus propios hogares; la habilidad del gobierno 1990a: 6). Según esta visión, la yida política es
para regular la economía puede ser minada si superior a los meros placeres privados de la
los ciudadanos prestan exorbitantes montos de familia, vecindad y profesión y, por eso, debe
dinero o si demandan un incremento excesivo ocupar el centro de las vidas c|e las personas.
de salarios; los intentos de crear una sociedad Como sus defensores admiten, esta concepción
más justa se van a frustrar si los ciudadanos son es m arcadamente extraña a la manera en la que
intolerantes, indiferentes y carentes de lo que la mayoría de la gente en el m^ndo moderno
Rawls llama un sentido de justicia. Es necesa­ entiende ambas, la ciudadanía y la buena vida.
rio, pues, «una más completa, rica y ahora más La mayoría de la gente encuentra la felicidad \
sutil comprensión y práctica de la ciudadanía», más grande en su vida familiar, trabajo, religión
porque «lo que el Estado necesita de la ciudada­ u ocio. No en la política. Esto obedece al enri­
nía no puede ser asegurado por coacción sino quecimiento de la vida privada ¡y al empobreci­
solamente con la cooperación y la automodera- miento de la vida pública, razóñ por la cual es
ción en el ejercicio del poder privado» (Kymlic- necesario imaginar mecanismos que enriquez­
ka, 1994). can la vida pública de tal manera que la hagan
Una concepción adecuada de ciudadanía, atractiva a la participación de Ja gente. Como
por lo tanto, parece requerir un balance de de­ Galston ha afirmado, los republicanos que deni­
rechos y responsabilidades. Aceptado este ba­ gran la vida privada como tediosa y autoabsor-
lance, el problema consiste en establecer los es­ vente no parecen disfrutar de l^s comunidades
pacios donde se aprenden las virtudes cívicas. reales de la gente y se muestran despectivos con
La Nueva Derecha hace depender esos espa­ respecto a la «vida cotidiana» |(Galston, 1991:
cios en gran parte del mercado, como una es­ 58-63).
cuela de virtud. Ella piensa que la responsabi­ Los teóricos de la sociedad civil -q u e forman
lidad, la iniciativa, la autoestima, la autonomía parte de un desarrollo reciente cjlel pensamiento
se desarrollan en la esfera competitiva del mer­ comunitario en los años ochenta- enfatizan la
cado. Pero existen otras alternativas que Kymlicka necesidad de la civilidad y de la automodera-
ha analizado: la democracia participativa, el re­ ción para una democracia salujdable, pero sos-

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tienen que ni el mercado ni la participación des cívicas han sido hechos por liberales como
política son suficientes para enseñar estas virtu­ Amy G utm ann, Stephen Macedo y William
al des, sino que es necesario apelar a las organiza- Galston. Según Galston, las virtudes requeridas
1 ciones voluntarias de la sociedad civil -iglesias, para una ciudadanía responsable pueden ser
familias, uniones, asociaciones étnicas, coopera­ divididas en cuatro grupos: a) virtudes genera­
tivas, grupos ecologistas, asociaciones vecinales, les: coraje, observancia de la ley, lealtad; b) vir­
grupos de apoyo a mujeres y centro de caridad- tudes sociales: independencia, apertura; c) vir­
, a través de los cuales nosotros aprendem os tudes económ icas: ética laboral, capacidad de
las virtudes de la responsabilidad personal y postergar la propia satisfacción, adaptabilidad
las de la obligación m utua. Como señala al cam bio económ ico y tecnológico; y d) vir­
Walzer, «la civilidad que hace posible dem o­ tudes políticas: capacidad para discernir y
cracias políticas solam ente puede ser ap ren ­ respetar los derechos de los demás, voluntad
dida en las redes de asociaciones» de la socie­ de dem andar sólo lo que puede ser pagado,
dad civil (Walzer 1992: 104). Reconociendo habilidad para evaluar el desempeño de quie­
que no todas las asociaciones son un dechado nes detentan cargos públicos, voluntad para
de virtudes, Walzer es partidario de un aso- involucrarse en la discusión pública (Galston,
ciacionismo crítico, a través del cual las asocia­ 1991:221-24).
ciones de la sociedad civil puedan ser reforma­ Son estas últimas dos virtudes -la habilidad!
das a la luz de los principios de la ciudadanía para cuestionar la autoridad y la voluntad de J
(Walzer, 1992:106-107). involucrarse en la discusión pública- los com­
Según Kymlicka, los teóricos de la sociedad ponentes más característicos de la teoría de la
civil demandan mucho de estas asociaciones vo­ virtud liberal. Una responsabilidad importante
luntarias al esperar que ellas sean la escuela prin­ de los ciudadanos es hacer un seguimiento a
cipal de la ciudadanía democrática. En efecto, estos representantes y juzgar su conducta. La
estas asociaciones puedan enseñar las virtudes necesidad de involucrarse en la discusión pú­
cívicas, pero ésta no es su razón de ser. La razón blica surge del hecho de que las decisiones del
por la cual la gente se une y forma iglesias, gobierno en una democracia deberían ser toma­
familias u organizaciones étnicas no es para das públicam ente, a través de la discusión libre,
aprender la virtud cívica. Es, sobre todo, para abierta y publicitada. Pero, como señala Galston,
honrar ciertos valores y disfrutar ciertos bienes la virtud de la discusión pública no es sólo el
humanos, y estos motivos pueden tener poco deseo de participar en política o dar a conocer
que ver con la promoción de la ciudadanía el propio punto de vista. Más bien «incluye la
(Kymlicka, 1994). voluntad de escuchar seriamente una serie de
Los liberales han intervenido también en este puntos de vista que, dada la diversidad de las
debate sobre las virtudes cívicas, pese a que con sociedades liberales, incluirá ideas que segura­
frecuencia se les responsabiliza, no sin razón, mente se encontrarán extrañas e incluso odiosas.
por el actual desequilibrio entre derechos y res­ La virtud de la discusión política incluye tam­
ponsabilidades. Los teóricos liberales de los se­ bién la voluntad de exponer los propios puntos
tenta y ochenta se centraron casi exclusivamente de vista de manera inteligible, como base de una
en la defensa de los derechos y de las institucio­ política de persuasión y no de manipulación o
nes que los garantizan, sin ocuparse de las res­ coerción» (Galston 1991: 227).
ponsabilidades de los ciudadanos. Según algu­ Macedo llama «la racionalidad pública» a esta
nos críticos, los liberales son incapaces de corre­ virtud de la discusión política. Los ciudadanos
gir este desequilibrio, ya que su compromiso liberales deben fundamentar sus demandas po­
con la libertad o la individualidad hace que el líticas, no sólo plantear sus preferencias o ame­
concepto de virtud cívica no tenga sentido nazas. Más aún, estas razones deben ser «públi­
(Mouffe, 1992a). cas», en el sentido de que buscan persuadir a las
Kymlicka piensa, sin em bargo, que algunos personas de diferentes credos y nacionalidades
de los trabajos m ás interesantes sobre las virtu­ (Macedo, 1990).

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Los teóricos liberales sostienen que las virtu­ Estas demandas de «ciudadanía diferencia­
des liberales se aprenden en el sistema educati­ da» plantean un desafío serio a ja concepción
vo. Las escuelas deben enseñar a los niños y prevalente de ciudadanía. Muchas personas con­
niñas la forma como involucrarse en el tipo de sideran la idea de ciudadanía diferenciada por
razonamiento crítico y perspectiva moral que grupos como una contradicción dé términos. En
define la racionalidad pública. la visión ortodoxa, la ciudadanía ¡es, por defini­
Kymlicka concluye en forma pesimista el ba­ ción, el tratar a las personas como individuos
lance de las diversas teorías sobre la virtud cí­ con iguales derechos ante la ley. Esto es lo que
vica, afirmando que «no está claro cómo debe­ distingue la ciudadanía democrática de la vi­
ríamos promover la buena ciudadanía y qué tan sión feudal o de otras visiones prepodernas que
urgente es hacerlo» (Kymlicka, 1994). determinaban el status político d|e las personas
por su pertenencia religiosa, étnica o de clase.
La idea de ciudadanía diferenciada, por lo tan­
Las ciu dadanías d iferen ciad as to, es un desarrollo radical en }a teoría de la
ciudadanía (Kymlicka, 1995).
La ciudadanía no es sólo un status determinado, Una de las teóricas más influyentes del plu­
definido por un conjunto de derechos y res­ ralismo cultural es Iris Marión Yojung. De acuer­
ponsabilidades, es también una identidad, una do con ella, el intento de crear uña concepción
expresión de la propia pertenencia a una comu­ universal de ciudadanía que trasciende las dife­
nidad política. Marshall consideró la ciudada­ rencias de grupo es fundamentalmente injusta,
nía como una identidad compartida que inte­ porque oprime a los grupos históricamente ex­
graría grupos previamente excluidos de la socie­ cluidos. Young ofrece dos razones bor las cuales la
dad británica y proporcionaría una fuente de igualdad genuina requiere afirmar más que igno­
unidad nacional. Estaba particularmente preocu­ rar las diferencias de grupo. En primer lugar, los
pado por integrar a las clases trabajadoras, cuya grupos culturalmente excluidos efetán en desven­
falta de educación y recursos económicos las taja en el proceso político, y «la Polución está en
excluían de la «cultura común», que debía ser parte en proporcionar medidas institucionales para
una «posesión y herencia común» (Marshall, el reconocimiento y representación explícitos de
1964). La ciudadanía cumple, pues, una función los grupos oprimidos» (Young 1^89: 259). En se­
integradora. gundo lugar, los grupos culturalrhente excluidos i
Es evidente, sin embargo, que muchos gru­ a menudo tienen necesidades datas que pueden
pos-negros, m ujeres, pueblos aborígenes, mi­ ser enfrentadas sólo mediante pblíticas diferen- j
norías étnicas y religiosas, homosexuales y les­ ciadas por grupo. Estas incluyan derechos de
bianas- todavía se sienten excluidos de la «cul­ idioma para los hispanos, derephos a la tierra
tura común», a pesar de poseer los derechos para los grupos aborígenes y derechos repro­
comunes de la ciudadanía. Los integrantes de ductivos para las mujeres (Yourjg 1990:175-83).
estos grupos se sienten excluidos no sólo de­ Los críticos se preocupan de ¡que la ciudada­
bido a su status socioeconóm ico, sino tam bién nía diferenciada pueda crear úna «política de
por su identidad sociocultural: su «diferen­ queja». Si sólo los grupos opriijnidos pudieran
cia». acceder a la ciudadanía diferemciada, esto po­
Estos grupos sólo pueden ser integrados a la dría alentar a los líderes del grqpo a dedicar su
cultura común si adoptamos lo que Iris Marión energía política a establecer unp percepción de
Young llama una concepción de la «ciudadanía desventaja -m ás que a trabajar ^>ara superarla-
diferenciada» (Young 1989; 1990). En esta pers­ para asegurar de ese modo su demanda a los
pectiva, los miembros de ciertos grupos serían derechos de grupo. Eso, sin embargo, no puede
incorporados a la comunidad política no sólo negar la necesidad de «una política de recono­
como individuos sino a través de sus respecti­ cimiento» (Taylor, 1993).
vos grupos, y sus derechos dependerían, en Estas son preocupaciones serias. Al evaluar­
parte, de su pertenencia a ellos. las, Kymlicka distingue tres tipbs diferentes de

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La p e r s p e c tiv a t e ó r i c a

grupos y tres tipos diferentes de derechos de puesta a una forma de opresión que espera­
grupo, que tanto Young como sus críticos tien­ mos que algún día sea eliminada. Los pueblos
den a obviar: a) derechos de representación aborígenes y otras minorías nacionales como
especiales (para grupos en desventaja); b) dere­ los quebecois o scots reclaman derechos perma­
chos multiculturales (para inmigrantes y grupos nentes e inherentes, basados en un principio
religiosos); y c) derechos de autogobierno (para de autodeterminación. Estos grupos son «cul­
minorías nacionales). Cada uno de ellos tiene turas», «pueblos» o «naciones» en el sentido
implicaciones muy diferentes para la identidad de ser comunidades históricas, más o menos
ciudadana (Kymlicka, 1995: 27-33). completas institucionalmente, que ocupan un
territorio y comparten un lenguaje e historia
a Derechos especiales de representación. Para mu­ diferentes. Estas naciones se encuentran den­
chos de los grupos de la lista de Young, como tro de los límites de una comunidad política
los pobres, ancianos, afroamericanos y homo­ más amplia, pero reclaman el derecho a auto-
sexuales, la demanda por derechos de grupo gobernarse en algunos asuntos claves, para
toma la forma de representación especial den­ asegurar el libre y completo desarrollo de su
tro del proceso político de la sociedad mayor. cultura y el mejor interés de su gente. Lo que
En la medida en que Young considera que estas minorías nacionales quieren no es bási­
estos derechos responden a condiciones de camente una mejor representación en el go­
opresión, es razonable verlos como medidas bierno central, sino, más bien, la transferencia
temporales en el camino hacia una sociedad de poder y jurisdicción legislativa del gobier­
donde la necesidad de representación espe­ no central a sus propias comunidades.
cial no exista. La sociedad debería buscar cómo
eliminar la opresión, eliminado de ese modo Obviamente, estos tres tipos de derechos pue­
la necesidad de estos derechos. den superponerse, en el sentido de que algunos
b. Derechos multiculturales. El caso de los hispa­ grupos pueden demandar más de un tipo de
nos y otros grupos inmigrantes en Estados derecho de grupo.
Unidos es nuevamente diferente. Sus deman­ La m ayoría de pluralistas culturales deman­
das incluyen el apoyo público a la educación dan un grado de diferenciación que no existe en
bilingüe y a los estudios étnicos en las escue­ casi ninguna democracia desarrollada. ¿Adop­
las y la exoneración de las leyes que los ponen tar uno o más de estos derechos de grupo mina­
en desventaja, dadas sus prácticas religiosas. ría la función integradora de la ciudadanía? Una
Estas medidas están orientadas a ayudar a los mirada más cercana a la distinción entre los tres
inmigrantes a expresar su particularidad y su tipos de derechos sugiere que tales temores es­
orgullo cultural sin impedir su éxito en las tán a m enudo fuera de lugar. El hecho es que, 1
instituciones económicas y políticas de la hablando en general, la demanda por los dere­
sociedad dominante. Como los derechos de chos de representación y por los derechos mul­
autogobierno, estos derechos no necesitan ser ticulturales es una demanda de inclusión. Los
temporales, porque las diferencias culturales grupos que se sienten excluidos quieren ser
que promueven no son algo que esperamos incluidos en la sociedad mayor y buscan lograr­
eliminar. Pero, a diferencia de los derechos de lo a través del reconocimiento y de un espacio
autogobierno, los derechos multiculturales para su «diferencia».
buscan promover la integración en la socie­ El impulso básico que subyace a los derechos
dad más amplia, no el autogobierno. de representación es, pues, la integración, no la
c. Derechos de autogobierno. En algunos de los separación. La mayoría de demandas multicul­
ejemplos de Young, como el sistema de reser­ turales evidencian que los integrantes de gru­
va de los indios americanos, la demanda por pos minoritarios quieren asimismo formar parte
derechos de grupo no se ve como medida de la corriente central de la sociedad.
temporal, y puede llevar a confusión el afir­ Algunas personas temen que los derechos
mar que los derechos de grupo son una res­ multiculturales impidan el proceso de integra-

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L a s c iu d a d a n ía s im a g in a d a s

ción de los emigrantes, al crear un confuso es­ aún, parece no haber un frencf natural a las
pacio a mitad de camino entre su vieja nación demandas de aumentar el autogobierno. Si se
y la ciudadanía dentro de la nueva. Pero estas garantiza una limitada autonomía, esto puede
preocupaciones no parecen tener un fundamen­ sim plem ente en cen d er las am biciones de los
to. La experiencia en países con programas líderes n acionalistas, que no estarían satisfe­
multiculturales extensivos, como Canadá y Aus­ chos si no cu en tan con su propio autogobier­
tralia, sugieren que los inmigrantes de primera no. Los Estados multinacionale¡s democráticos
y segunda generación que m antienen el orgullo son, al parecer, inherentem ente inestables por
de su herencia están también entre los ciudada­ esta razón.
nos más patrióticos de su nuevo país. Más aún, Puede parecer tentador, por lo tanto, ignorar
la fuerte afiliación a su nuevo país parece estar las demandas de las minorías (nacionales, no
basada en gran medida en su voluntad, no sólo hacer referencia a grupos particulares en la Cons­
de tolerar, sino también de dar la bienvenida a titución e insistir en que la ciudadanía es una
las diferencias culturales. identidad común compartida por todos los in­
Los derechos de autogobierno, en cambio, dividuos sin im portar la pertenencia a un gru­
generan profundos problemas a las nociones tra­ po. Esta se describe a menudo como la estrategia
dicionales de identidad ciudadana. Mientras que norteamericana para lidiar con el pluralismo
los derechos de representación y los multicultu­ cultural sin que Estados Unido^ sea un Estado
rales asumen la comunidad política más amplia multinacional. En realidad, hay muy pocos Es­
y buscan una mayor inclusión en ella, las de­ tados multinacionales democráticos que siguen
mandas para el autogobierno reflejan un deseo la estrategia estricta de «ciudadanía común»: esto
¡ de debilitar los lazos con la comunidad mayor, no es sorprendente, porque rechjazar las deman­
| e incluso la autodeterminación del grupo plan- das de los derechos de autogobierno puede sim­
' tea la cuestión de quién es realmente «el pue­ plemente agravar la alienación entre estos gru­
blo». Las minorías nacionales reclaman ser pue­ pos e increm entar el deseo de ^ecesión (Taylor
blos diferentes con derechos de autodetermina­ 1993).
ción a los que no renunciaron con su (a veces Las demandas de autogobierno plantean un
involuntaria) federación con otras naciones en problema para quienes proponen tanto la ciu­
un país mayor. En realidad, a menudo se esta­ dadanía común como la ciudadanía diferencia­
blece explícitamente que se mantendrán ciertos da. Entonces, ¿cuál es la fuente de unidad en un
poderes en los tratados o acuerdos constitucio­ país multinacional? Rawls plantea que la fuente
nales que especifican los términos de la federa­ de unión en las sociedades modernas es la no­
ción. ción compartida de justicia:
Los derechos de autogobierno son, por lo
tanto, los casos más completos de ciudadanía «Aunque una sociedad bieiji ordenada está
diferenciada, ya que dividen al pueblo en «pue­ dividida y es pluralista... el acuerdo público
blos» separados, cada uno con sus derechos his­ en asuntos de justicia social y política susten­
tóricos, sus territorios y poderes de autogobier­ ta los lazos de amistad cívijza y asegura los
no y, por lo tanto, con su propia comunidad lazos de asociación» (Rawls ¡1995).
política.
Parece improbable que la ciudadanía dife­ Pero el hecho de que dos gijupos nacionales
renciada tenga una función integradora en este compartan los mismos principios de justicia no
contexto. Si la ciudadanía es pertenencia a la les da necesariam ente una razdn poderosa para
comunidad política, al crear comunidades polí­ unirse o perm anecer juntos, en vez de seguir
ticas superpuestas los derechos de autogobierno siendo o convertirse en dos países separados. El
generan necesariamente una suerte de ciudada­ hecho de que las personas de Noruega y Suecia
nía-dual, a¿í cuiüó conflictos potenciales sobre compartan los mismos principios de justicia no
lk-e©iímnidad con la que los ciudadanos se iden­ impidió la secesión de Noruega en 1905 (Kymlic-
tifican más profundamente (Vernon 1988). Más ka, 1995).

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-v

La p e r s p e c tiv a t e ó r i c a

Parece claro que necesitamos una teoría de la ciones que obligan a actuar de una manera no
ciudadanía, no sólo una teoría de la democracia deseada. Esta es una libertad de la acción,
o la justicia. ¿Cómo podemos construir una iden­ llamada también libertad negativa.
tidad común en un país donde las personas no b. La capacidad de decidir libremente y de par­
sólo pertenecen a comunidades políticas separa­ ticipar activamente en los asuntos públicos.
das sino que pertenecen de diferentes maneras, Esta es una libertad de la voluntad, llamada
es decir, algunas son incorporadas como indivi­ también libertad positiva.
d u o s y otros mediante la pertenencia a un gru- c. La capacidad de participar en la riqueza y el
I po? Taylor llama a esto «profunda diversidad» e bienestar que produce una sociedad ha dado
insiste en que es «la única fórmula que permite lugar a los derechos sociales.
a un Estado multinacional permanecer unido
(Taylor, 1993). Sin embargo, admite que sigue A la primera capacidad, los filósofos la lla­
■ siendo una pregunta abierta qué es lo que m an­ man, como ya hemos señalado, libertad negati­
tiene unido a un país de este tipo. La gran va­ va; los juristas, derechos civiles, y los politólo-
riedad de situaciones históricas, culturales y gos, liberalización. Esta es definida en la teoría
políticas de los Estados multinacionales sugiere política como apertura al disenso, la oposición
que cualquier respuesta generalizada a esta pre­ y la competencia (Dahl, 1989). A la segunda
gunta sería exagerada. capacidad los filósofos la han llamado libertad
positiva; los juristas, derechos políticos, y los
politólogos, democratización o también inclu­
5. U na d e f in ic ió n m ín im a sión o participación política. En la teoría polí­
tica ésta es definida como participación en la
Más allá de las diversas concepciones de la ciu­ elección de los gobernantes y en la gestión de
dadanía moderna, ésta supone un conjunto de los asuntos públicos (Dahl, 1989).
elementos básicos que la definen. Esos elem en­ Existe otra manera de conceptualizar los de­
tos son los siguientes: rechos. Los filósofos norteam ericanos Rawls
En primer lugar, el ciudadano es un indivi­ (1978) y Walzer (1993) han definido los derechos
duo -e n la tradición liberal- o un conjunto de como acceso a ciertos bienes primarios sin los cuales
individuos -e n la tradición com unitarista- que el individuo no podría existir. Rawls distingue los
no tiene relaciones de dependencia personal o bienes sociales primarios que tienen que ver con
que ha roto con ellas y que, por eso mismo, es las libertades básicas, que son absolutos y perma­
relativament|_autónomo. No puede haber ciu­ nentes, de los bienes sociales primarios que tienen
dadanía en una socíectad de estamentos, de sier­ que ver con la riqueza y el poder, que tienen un
vos y de esclavos. La ciudadanía sólo puede sentido relativo y variable. Sobre esta base se afir­
desarrollarse en una sociedad de individuos o ma comúnmente que los liberales defienden la J
de conjuntos de individuos. prioridad de los derechos sobre los bienes, mien-1
En segundo lugar, el ciudadano es un indivi­ tras que los comunitaristas defenderían la priori­
duo o una comunidad de individuos con _dere- dad de los bienes sobre los derechos. Algunos^
chos que son enfatizados frente a las tradicio­ filósofos sostienen que esta oposición se levanta
nales responsabilidades que im ponían los Es­ sobre la confusión entre la definición de los inte- ¡
tados premodernos. ¿Qué son entonces los de­ reses fundamentales de las personas con los prin- J
rechos que definen al individuo como ciudada­ cipios de la distribución (Kymlicka, 1989).
no? Hay varias formas de definir los derechos. En tercer lugar, el ciudadano con derechos
Una de las más frecuentes es definirlos como implica una peculiar relación de la sociedad y
atribuciones de ciertas capacidades a los indi­ de los individuos con el Estado moderno, que
viduos. En la historia de la ciudadanía, éstas reconoce el claro predominio de los derechos
han sido: sobre las responsabilidades y ofrece una serie de ^
a. La capacidad de actuar libremente sin impe­ garantías con stitu cion ales, organizativas e ; ,
dimentos que bloquean la acción ni restric­ institucionales y recursos para concretarlos, a \ '

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L a s c iu d a d a n ía s im a g in a d a s

diferencia de la relación tradicional, en la que En resum en, la definición mínima de la no­


se enfatizaban las responsabilidades ante el Es­ ción de ciudadano puede ser la Siguiente: el
tado sobre los derechos de los individuos. ciudadano es un individuo o coijnunidad de
En cuarto lugar, la ciudadanía implica un individuos con derechos garantizados por el
sentido de pertenencia y de membrecía a una Estado y con responsabilidades halda la comu­
determinada comunidad política entre cuyos nidad política de la que forma patte.
miembros se establecen relaciones de interde­ Esta breve definición de ciudacfanía tiene la
pendencia, responsabilidad, solidaridad y leal­ virtud de recoger la dimensión pasiva de la ciu­
tad. En general, la comunidad política ha surgi­ dadanía -la ciudadanía como deréchos- e inte­
do cuando las élites han sido capaces de inte­ grarla con su dimensión activa: laS responsabi­
grar las clases populares a la vida económica, lidades que los ciudadanos tienenj con la comu­
social y política de un determinado país. nidad política a la que pertenecen-