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El presente diálogo sobre la cuestión del milenarismo está publicado en foroexégesis.com.

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desactualizados y es difícil acceder a cada parte, por lo que pareció preferible reunir las cuatro partes en un mismo
documento

DECRETO DE 21 DE JULIO DE 1944 - PRONUNCIAMIENTO DEL MAGISTERIO DE LA


IGLESIA - TRIPLEMENTE RATIFICADO
Buenaventura Caviglia Cámpora

El 21 de Julio de 1999 se cumplieron 55 años de un decisivo pronunciamiento de la Iglesia sobre el cual


todavía hoy en su mayoría, los católicos formados no tienen ideas claras o las tienen equivocadas.

En esa fecha de 1944 con la firma de Pío XII el entonces Santo Oficio emitió un decreto registrado en el
Denzinger con el Nº 2296 por el cual rechazó aquella forma de milenarismo espiritual que denominó y
definió con precisión como «mitigado».

De acuerdo a la más elemental hermeneútica1, cuando se rechaza algo que se define lo que no está
comprendido en la definición no está ni puede estar comprendido en el rechazo.- Según la definición, lo
característico del milenarismo «mitigado», es sostener que Cristo vendrá a reinar «visiblemente» en su
Reino terrenal.- Por consiguiente, todo milenarismo espiritual que no sostenga lo de «visiblemente» no está
afectado por el rechazo del decreto.

Y no siendo de fe obligatoria la oportunidad en que ocurrirá la Parusía por no haberlo definido la Iglesia, es
de libre opinión sostener tanto que ella ocurrirá al «fin de los tiempos» con el «juicio de las naciones»
separado «mil años» del «fin del mundo» (interpretación literal-simbólica o milenarista), como sostener que
ocurrirá al «fin del mundo» con el juicio final (interpretación alegórica).

Se dice «rechazo» del milenarismo «mitigado» y no «condena» porque la expresión «no se puede enseñar
sin peligro» o «es peligroso enseñar» es la correspondiente en español a la fórmula con que en latín se
expresa la mínima censura o calificación teológica negativa, la menor en nueve grados, de los cuales los
mayores son el «error en la fe» y la «herejía».- Por consiguiente, no sólo no es herejía sino que es la forma
de censura o calificación teológica negativa más alejada de ella.- En realidad, esa clasificación es sólo de
grados de certeza, de acuerdo o desacuerdo con la verdad revelada, de compatibilidad o incompatibilidad
con ella de acuerdo a lo que surge de la Escritura o de las conclusiones derivadas.- Por tanto, con la
calificación que se aplica en el decreto no se afirma que el milenarismo «mitigado» sea un error ni aún
mínimo, se afirma que es dudoso, que «no es probable, seguro o sin peligro» (de error).- Es decir, que se
descarta que el milenarismo «mitigado» sea «error en la fe», «herejía», «próximo a la herejía», «error en la
doctrina católica», «error teológico», «temerario» o «falso en teología».- Por eso, lo correcto es hablar de
grados de censura y no de grados de error.

Frente a los decretos del 40 se entendió que la Iglesia «condenaba el milenarismo», cualquier milenarismo
sin distinción alguna, y establecía las más severas prohibiciones al respecto, y ello pese a la claridad del
decreto de 1944 y de que no establece ninguna prohibición específica.- Tal error se debió a razones diversas
pero principalmente a las imprecisiones del decreto de 11 de julio de 1941, no firmado por Pío XII y nunca
incluido en el Denzinger.- El decreto de 1941 a más de estar influido por prejuicios alegoristas, obedeció a

1
Esta elemental hermeneútica está vinculada a la propia naturaleza humana tal como salió de manos del Creador que
hizo al hombre libre e inteligente.- Importa que lo que no está expresamente prohibido está permitido.- Es de aplicación
amplísima en el Orden Normativo, en documentos de la Iglesia y en todos los niveles del Derecho incluido el Derecho
Canónico.- Las aprobaciones se entienden en un sentido amplio, las restricciones en un sentido estricto, tal es la regla de
interpretación de la ley, tanto religiosa como civil.- El conocimiento de esta regla es indispensable para determinar si
hay o no desobediencia o infracción.- Un ejemplo lo constituye el Código de Derecho Canónico, Art.18: "Las leyes que
establecen alguna pena, coartan el libre ejercicio de los derechos, o contienen una excepción a la ley, se deben
interpretar estrictamente".- Este canon importa el reconocimiento de la hermeneútica elemental por el Derecho de la
Iglesia.- Hermeneútica elemental de capital importancia para interpretar válidamente el alcance de una decisión del
Magisterio, en el caso concreto del Decreto de 21 de julio de 1944.
acentuado alarmismo que pretendió prevenir en la Iglesia brotes de terror milenarista, de iluminismo,
montanismo, esoterismo u otras perturbaciones semejantes.

Desde entonces el sentido del Decreto de 1944 fue ratificado por el Denzinger-Schönmetzer, por la
Instrucción de 1979 sobre Esjatología de la Sgda. Congregación para la Doctrina de la Fe y por el Catecismo
de la Iglesia (Versión 1992).

El 3839 del Denzinger-Schönmetzer

El 3839 del Denzinger-Schönmetzer ratifica el Dec. de 1944 reproduciendo textualmente el 2296 del
Denzinger transcripto incluso con su número.- Pero además agrega a esa trascripción elementos que
contradicen directamente las dudas o ideas equivocadas originadas por el Dec. de 1941.- Así por ejemplo, el
3839 refiere la introducción que trae el Decreto de 1941 pero corrigiéndola al suprimir en la mención de la
carta del Arzobispo de Santiago de Chile, el calificativo de espiritual cuando nombra el milenarismo, y al
presentar a Lacunza como «autor del sistema del “milenarismo mitigado”», no del espiritual como hace el
Dec. del 41.

Instrucción de 17-Mayo-79 sobre Esjatología

Reviste gran importancia la Instrucción de la Sgda. Congregación para la Doctrina de la Fe de 17-Mayo-79


«Carta sobre algunas cuestiones referentes a la escatología», aprobada por Juan Pablo II [L'Osserv. Rom.
Nº 29 (551) de 22-Jul.-79, Pág. 12].

Su finalidad es recordar que «Los recientes Sínodos, consagrados a la Evangelización y a la Catequesis, han
conseguido crear una conciencia más viva sobre las verdades fundamentales de la fe», en particular sobre el
«artículo del Credo concerniente a la vida eterna y, por consiguiente, al más allá».- Para ello «es necesario
que, todos los que enseñan, sepan discernir bien lo que la Iglesia considera esencial en materia de fe»,
preservando a los fieles de la desorientación que les suelen producir las construcciones y «controversias
teológicas largamente difundidas en la opinión pública y que la mayor parte de los fieles no está en
condiciones de discernir ni el objeto ni el alcance».- Y en lo referente a la Parusía enseña lo siguiente: «La
Iglesia, en conformidad con la Sagrada Escritura, espera "la gloriosa manifestación de Jesucristo nuestro
Señor" (Dei Verbum 1, 4), considerada, por lo demás, como distinta y aplazada con respecto a la condición
de los hombres inmediatamente después de la muerte».

Quiere decir que en cuanto a contenido de fe, la Parusía figura sin vinculación alguna con el fin del mundo
pero vinculada en cambio con vínculo tipológico, con la muerte personal de cada uno.- Sólo exige que ese
hecho esjatológico sea considerado como distinto de la muerte personal y diferido en el tiempo.

La Instrucción se desentiende de la posición teológica -basada en la interpretación corriente desde San


Agustín- que sostiene que la Parusía ocurrirá junto al juicio final.- Porque el aplazamiento con relación a la
muerte individual existe tanto respecto a la Parusía junto al juicio de las naciones (interpretación literal-
simbólica) como a la Parusía junto al juicio final (interpretación alegórica).

Este documento es de gran importancia por su contenido dogmático pero tiene consecuencias exegéticas al
confirmar implícitamente que el problema que nos ocupa es de libre opinión, o sea al confirmar el no-
pronunciamiento de la Iglesia, su neutralidad, ya evidente en el Decreto de 1944.

El 676 del Catecismo de la Iglesia

Con su máxima autoridad el Catecismo de la Iglesia (V. 92) en su numeral 676 ratifica el Dec. de 1944
porque al mencionar el rechazo del milenarismo en su forma «mitigada» se remite al «DS 3839».-

Nótese que es la primera versión del Catecismo de la Iglesia que se ocupa del milenarismo, no mencionado
en las anteriores versiones.
El 676 importa una nueva ratificación, lo esencial para nuestro tema.- En efecto, al remitirse al DS 3839 y
por tanto al decreto de 1944 ratifica el milenarismo «mitigado» como el único espiritual excluido siendo por
tanto de libre opinión el milenarismo espiritual en general.- Sin embargo, el Santo Padre, contemplando a los
débiles como lo hacía San Pablo -es decir a los más obstinados antimilenaristas- aprovecha esa debilidad
para combatir el error más nefasto que se ha infiltrado en la Iglesia.- Para combatir el milenarismo
desacralizado e «intrínsecamente perverso» del marxismo y del comunismo pero sin rechazar otro
milenarismo espiritual que no sea el designado y definido como «mitigado».

No hay contradicción

Al remitirse al 3839 del DS el 676 no sólo ratifica que el «mitigado» es el único milenarismo espiritual sobre
el que se pronuncia sino que lo califica con el mínimo grado de «censura» o de calificación teológica
negativa.- Es decir, que no lo califica de error sino de afirmación no segura, dudosa, peligrosa, que entraña
peligro (de error).

Sin embargo, después de hacer referencia a «la impostura del Anticristo» este numeral dice que «incluso en
su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo
(cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma de un mesianismo secularizado «intrínsecamente perverso» (cf. Pío
XII, Divini Redemptoris, que condena el “falso misticismo” de esta “falsificación de la redención de los
humildes”; GS, 20-21).

Desde luego, esta redacción evidencia lo dicho anteriormente de que el Catecismo aprovecha la oportunidad
para combatir el milenarismo desacralizado e «intrínsecamente perverso» del marxismo y del comunismo.-
Pero el hecho es que de acuerdo al DS y al Dec. de 1944 el milenarismo «mitigado» no constituye «error»
sino simplemente «peligro de error».- Pero en el mismo momento que cita el 3839 del DS, el 676 se refiere
al milenarismo mitigado como «falsificación del Reino futuro», es decir, como un error gravísimo.

¿Flagrante contradicción? Sólo en apariencia.- En efecto, sostener que Cristo reinará «visiblemente» en su
Reino Milenario en la tierra es algo no seguro, es algo dudoso que entraña «peligro de error».- Pero ese
peligro de error podrá concretarse o no concretarse.- Por ejemplo, no es seguro, es muy dudoso pero no
parecería claramente erróneo, sostener como se ha hecho hace un tiempo, que en su Reino Milenario en la
tierra Cristo reinará haciéndose «visible» intermitentemente a los mortales o a algunos de ellos,
apareciéndose y desapareciendo como ocurrió entre la Resurrección y la Ascensión.

El sostener en cambio, que en el Reino Milenario Cristo estará permanentemente «visible» reinando incluso
sobre los resucitados en la primera resurrección, en una era o eón que «flota entre el tiempo y la
eternidad», constituye sin lugar a dudas un error o mejor dicho, un conjunto de errores contra la fe, los que
no corresponde precisar aquí.

Es necesario señalar no obstante, que el Decreto de 1944 (y también el de 1941) diciendo «ya sea con
resurrección anterior de muchos justos o sin ella» descarta pronunciarse sobre la primera resurrección, la
considera algo indiferente al tema, algo de libre opinión.

Gravita en todos estos problemas la promesa de Nuestro Señor de que los resucitados en la primera
resurrección y en particular los apóstoles, se sentarán en tronos y juzgarán, y reinarán con Cristo «mil años»
sobre la «doce tribus de Israel», es decir, sobre toda la humanidad (cf. Apoc., 20, 4 y 6; Mt., 19, 28; Lc., 22,
30).- Los apóstoles gozan de la visión beatífica pero sin embargo no reinan, para ello tienen que resucitar.-
¿Por qué? Porque en la visión beatífica están sólo las almas de los apóstoles y santos y se sostiene que el
reinar es propio de hombres, cuerpo y alma.- Las almas interceden pero no pueden reinar pero podrán
cuando por la primera resurrección, el alma se una al cuerpo.

El tema del Reino Milenario de Cristo suscita difíciles problemas pero casi al mediar el siglo XX, en la década
del 40, sin conocerse un grupo de exégetas entre los que se destaca el religioso Antonio van Rixtel S.C.J.,
habría logrado explicar lo que permaneció obscurecido hasta ahora: cómo sin convivir ni alternar con los
mortales, reinan en la tierra Cristo y los resucitados de la primera resurrección; y cómo el Reino de Cristo es
un Reino intra-histórico, un nuevo eón histórico donde la humanidad purificada sigue en prueba, muy
favorecida tanto sobrenatural como naturalmente, la «Civilización del Amor y de la Paz», donde habrá «un
solo rebaño y un solo pastor» (cf. Antonio van Rixtel «El Testimonio de nuestra Esperanza» en «Tercer
Milenio - El misterio del Apocalipsis», Ed. «Gladius», Buenos Aires, Dic./95).

Por último, el «visiblemente» puede traducirse en errores aún más graves, en un milenarismo «mitigado»
que implica derechamente la peor «falsificación del Reino futuro», entre la que modernamente puede citarse
el milenarismo «mitigado» de las sectas actuales provenientes de la Reforma.- A este tipo de errores es al
que se refiere concretamente el 676, pero prefiere centrarse en el más peligroso de todos los errores, en el
«mesianismo secularizado, “intrínsecamente perverso”» del marxismo y del comunismo.

El 677 del Catecismo de la Iglesia

Se debe destacar que el 677 rechaza el llamado «no-intervencionismo» (forma extrema de la interpretación
alegórica) porque sostiene que «el Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la
Iglesia (cf. Apoc.13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último
desencadenamiento del mal».- Este numeral se interpreta como rechazo del milenarismo porque habla del
«último desencadenamiento del mal» y porque «El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma
de Juicio Final (cf. Apoc. 20, 12), después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3,
12-13).

Sin embargo, este numeral admite también la interpretación milenarista.- En efecto, comienza diciendo que
«La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en
su muerte y resurrección (cf. Ap 19, 1-9)».- La última Pascua es la Pascua de la Iglesia que siguiendo a su
Señor, sufrirá la muerte mística con el Anticristo, la «cesación del sacrificio perpetuo» y la «abominación de
la desolación en el lugar santo».- Y experimentará luego la resurrección, también mística, a través de la
primera resurrección de los mártires y algunos santos, y del arrebato (Mt., 24, 37-40 y San Pablo, I Tes.,
4,16-17).

«La gloria del Reino» es tanto la del Reino Celestial como la del Reino Milenario de Cristo en la tierra.- La
gloria del Reino Celestial donde en la Iglesia Triunfante, los Apóstoles resucitados en la primera
resurrección, sentados en la Jerusalén Celestial en doce tronos, juzgarán «a las doce tribus de Israel», es
decir, a toda la humanidad (Cf. Ap. 20, 4; Mt.,19, 28).

La gloria del Reino Celestial es también la gloria del Reino Milenario de Cristo, donde la Iglesia Militante [Cf.
San Buenaventura, «el séptimo tiempo, cuando la militante sea conforme a la triunfante en cuanto es
posible en este mundo»] será renovada y glorificada por el Nuevo Pentecostés, abarcando toda la
humanidad que vivirá la «Civilización del Amor y de la Paz» en «un solo rebaño y un solo pastor».- Será
cuando «una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal» haga «descender desde el cielo a
su Esposa», la Iglesia Triunfante.- A la cual se unieron «sobre las nubes del cielo» los arrebatados y los
resucitados de la primera resurrección, que descienden con Cristo glorioso en su Parusía (Hechos,1,10-11),
lo cual no significa que Cristo reinará «visiblemente» en su Reino (cf. Antonio van Rixtel S.C.J.).

Por «el último desencadenamiento del mal» puede entenderse no sólo el de Gog y Magog, sino más
propiamente el del «trío satánico» [Satanás, la «bestia del mar» y la «bestia de la tierra» o «Falso Profeta»]
porque será en esa ocasión que la Iglesia sufrirá su muerte mística.- Gog y Magog atacarán «los reales de
los santos» y la «ciudad amada» que serán preservados por el «fuego del cielo» (Cf. Ap., 21, 7-10).- Porque
«el resto de Israel» de nuevo Pueblo de Dios, es decir, toda la Iglesia Militante, ya «no cometerá iniquidad»
(Cf. Sof., 3, 9-13, y Jer., 23, 3, etc., etc.).

Por el contrario, admite una sola interpretación «El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma
de juicio final (cf. Apoc. 20, 12), después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P. 3,
12-13)», dado que se trata de una mención indudable de este acontecimiento esjatológico.- Solamente cabe
observar que se refiere a todo el mal desde el principio, desde la rebelión angélica y el pecado original.

La objeción y la réplica
Se objeta que el Catecismo de la Iglesia no puede contradecirse y que entender el 676 en el sentido de que
consagra la neutralidad del Decreto de 1944, significa ponerlo en contradicción con los otros numerales
esjatológicos del mismo Catecismo.- Sin embargo, de ninguna manera es así porque se debe tener en
cuenta que esos numerales se refieren a diversos temas esjatológicos distintos de la Parusía y del Reino de
Cristo: al «Juicio Final»; al Reino Celestial; al «fin del mundo» en el sentido propio y verdadero de fin de la
humanidad en la tierra; a la Resurrección Universal…- Pero hay otros o algunos de sus pasajes, que sí se
refieren a la Parusía y al Reino de Cristo, y estos se pueden interpretar tanto en el sentido de la
interpretación alegórica como en el sentido de la interpretación literal-simbólica o milenarista (Cf. «Tercer
Milenio – El misterio del Apocalipsis», Caps. 7.6 y 9.4).

Por consiguiente, quedó plenamente confirmado que el Catecismo no se pronuncia a favor de ninguna de las
dos corrientes interpretativas, ni de la alegórica y ni de la literal-simbólica o milenarista.- Pero sin embargo,
rechaza la posición extrema de cada una de ellas, el «mitigado» (el de «visiblemente») en el 676, y el no-
intervencionismo en el 677.

Causas de los errores y dudas sobre el sentido del Decreto de 1944:

Así pues, el pronunciamiento de la Iglesia o si se quiere su no-pronunciamiento, sobre problemas tan


fundamentales como los de la Parusía y del Reino de Cristo, data del Decreto de 1944.- Y precisamente, en
vísperas del Gran Jubileo del Año 2.000 y del Tercer Milenio Cristiano resulta conveniente recordar que ya se
cumplieron 55 años de tan importante como olvidado decreto.

Pese a su indiscutida importancia, este olvidado decreto hasta ahora ha sido generalmente mal interpretado
originando dudas y en particular versiones del todo equivocadas.

La principal causa de esas dudas y errores fue el decreto de 11-Jul.-941 que era:

1. erróneo, porque dice «corporalmente» en lugar de «visiblemente»;

2. alarmista acerca de posibles perturbaciones dentro de la Iglesia como montanismos, iluminismos, etc.,
alarmismo que determinó las graves prohibiciones específicas;

3. contradictorio en sí mismo, porque en su parte introductoria hablaba del «milenarismo espiritual» y en la


parte resolutiva hablaba del milenarismo «mitigado», una clase especial dentro de aquel; y porque
calificando el «mitigado» con el grado más leve, sin embargo establecía las más drásticas prohibiciones al
respecto;

4. inducía a verdaderos errores, el error de que la Iglesia se pronunciaba en la controversia entre los Santos
Padres rechazando cualquier milenarismo espiritual, y se plegaba a las interpretaciones alegóricas como la
de San Agustín u otras, pero muy especialmente a la interpretación más en boga según la cual el Reino de
Cristo llegaría cuando por proceso creciente, la Iglesia conquistara todo el mundo y todos los pueblos.

Este error conocido como «no-intervencionismo», «antimilenarismo», «evolucionismo» o «gradualismo» es


tan contrario a la Revelación y a laEscritura que debió ser rechazado expresamente por el 677 del Catecismo
(V. 92).- A pesar de este rechazo la Iglesia sigue en la posición de no resolver la controversia entre los
Padres por cuanto no se pronuncia entre el «no-milenarismo» (principalmente el «intervencionismo no-
milenarista») y el «milenarismo espiritual» (que no sea el «mitigado»).

Indudablemente, los errores y contradicciones internas del Decreto de 1941 se debieron a que en su
gestación, tanto en la jerarquía eclesiástica chilena como en el Santo Oficio, se mezcló el problema
estrictamente doctrinario con los prejuicios alegoristas y el alarmismo que derivó en drásticas medidas
precaucionales, alarmismo que el Pontífice desechó con razón.

Tres años después, por el Dec. de 1944 Pío XII eliminó por completo los errores y contradicciones del Dec.
de 1941 que quedó derogado incluso en sus prohibiciones específicas.- Sin embargo, por los prejuicios y
temores anotados muchos creyeron que se trataba de una simple aclaración o precisión y que por tanto,
correspondía aplicar el Dec. de 1944 con el espíritu del Dec. de 1941.- Y ese espíritu sería silenciar en forma
absoluta, por completo, toda manifestación oral o escrita que se refiera a cualquier milenarismo incluso
espiritual, incluso a cualquier mención del mismo, sobre todo en los Seminarios.

Con menos prejuicios y temores otros entendieron que el problema no estaba de ninguna manera
definitivamente aclarado y que la Iglesia debía aclararlo cuanto antes dada su importancia.- No
comprendieron que aún en el Dec. De 1941, habiendo discrepancias entre lo enunciativo y lo dispositivo, lo
que vale es lo dispositivo de acuerdo a las normas elementales de hermeneútica.

Sin embargo, el Decreto de 21 de Julio de 1944 es definitorio de la posición de neutralidad y no-


pronunciamiento de la Iglesia.

En resumen, el Magisterio de la Iglesia considera de libre opinión el problema del Reino de Cristo y lo
encuadra y delimita descartando dos extremos: del lado del milenarismo espiritual, el «visiblemente»; del
lado contrario, es decir, del alegorismo, el 677 del Catecismo de la Iglesia descarta que ese Reino pueda
realizarse «mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf.Apoc.13, 8) en forma de un proceso creciente», es
decir, sin una intervención divina extraordinaria.
-OTROS POSIBLES ENFOQUES SOBRE LAS CENSURAS DE 1941 Y 1944 ACERCA DEL
MILENARISMO
Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola

1– Impresión general ante una reciente presentación del tema

Después de haber estudiado atentamente los planteos de B. Caviglia acerca de cierto “milenarismo
espiritual” y sus relaciones con dos declaraciones del entonces llamado “Santo oficio”, creo que se podría
acotar más de un reparo a algunos de sus razonamientos y fundamentaciones.

El escrito despierta la sensación de que la primera intervención fue un absoluto mamarracho, ya que lo
califica de “erróneo”, “alarmista”, “contradictorio consigo mismo”,

“inductor a verdaderos errores”2. No realiza el menor esfuerzo por comprender y encontrar algún aspecto
positivo en una intervención del magisterio eclesial. Sólo le interesa descalificarlo.

Ahora bien, parece inverosímil, que, a solos tres años de distancia, la nueva intervención respecto al mismo
tema, haya sido casi lacónica, sin abundar un poco más en explicaciones, para advertir a los fieles de tales
tremendos riesgos, en que los habría colocado la orientación anterior tan “torpemente” ejecutada.

El autor no se refiere a ninguna otra autoridad fuera de sus propios análisis y el recurso a A. van Rixtel.
Pero, lo que es más grave, ni siquiera ha atendido con detenimiento a los mismos instrumentos, de los que
se vale para sus elucubraciones, tales como la Edición del Denzinger, reelaborada por Schönmetzer, ni
la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la fe del 17 de mayo de 1979, como tampoco
del Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales por él invocados.

En último análisis, descalificando en absoluto la carta al arzobispo de Santiago, Caviglia no le brinda un buen
servicio, ni siquiera al decreto de 1944, que desea defender a toda costa, ya que (fuera de cambios
menores) ambas declaraciones están íntimamente emparentadas, según el juicio de muchos autores, a los
que Caviglia no presta la menor atención.

Brevemente adelantamos nuestro sentir: los enunciados del 41 y 44, por encima de correcciones
accidentales, no son tan contradictorios, como pretende Caviglia, ni la “analogia fidei” con el resto de la
tradición de fe y teología católicas consienten cualquier tipo de “milenarismo”, por espiritual que se lo
conciba.

Iremos aduciendo los argumentos que sustentan las tesis anteriores, a medida que vayamos pasando revista
de los puntos de vista del autor, con quien intentamos dialogar.

2 – Nociones de hermenéutica

Sostiene Caviglia que “lo que no está comprendido en la definición no está ni puede estar comprendido en el
rechazo”3.

De acuerdo, cuando se trata de un asunto muy específico. Pero, una ”definición” no tiene por qué entrar en
todos los detalles de un problema por demás complicado. Así, si Pablo VI (en Mysterium fidei de 1965)
rechaza la “transsignificación” de Schillebeeckx y otros, no quiere decir que declare “ancha Castilla” a
diferentes intentos de evadir la “transsusbstanciación”, por el hecho de que no los tiene en cuenta 4.

2
B. Caviglia, "Decreto del 21 de Julio de 1944 - Pronunciamiento del magisterio de la Iglesia triplemente ratificado" p.
4
3
B. Caviglia, ibid. , 1.
4
Por aquellas mismas épocas, se podía leer en publicaciones presuntamente catequéticas: "En esta comunidad reunida,
el pan y el vino son los signos de los cuales se sirve la iglesia para manifestar la presencia de su Señor en medio de los
hombres y darle el carácter de nutritiva... el lugar de la presencia (llamada) real ... es primeramente la comunidad de
creyentes y no la hostia...(Esta) no contiene a Jesús, sino que revela su presencia actuante en la iglesia" (Ver: F. X.
Dado que, ofrecerá el autor la perspectiva de un “milenarismo espiritual” , que escaparía a la modalidad de
“visibilidad” tenida como inconveniente por el magisterio, se cree facultado para seguir defendiéndolo y
proponiéndolo. Por nuestra parte, no lo vemos así, adelantando que en la Iglesia en cuanto tal, no puede
concebirse algo tan “espiritual”, que de alguna manera no se visibilice. La Iglesia es “mysterium”, pero, a la
vez “sacramentum” y sus realidades más altas e impenetrables se dan alguna especie de manifestación en la
historia.

Afirma más adelante Caviglia que no hay obligatoriedad alguna de sostener una u otra postura en lo
referente a la oportunidad en que ocurrirá la Parusía, si con el fin del mundo, inmediatamente antes del
juicio final o en un lapso anterior a ese evento culminante de la historia 5

Acotamos que no sólo por estar definido pertenece algún aspecto a la dogmática que se ha de sostener so
pena de pertenecer o no al cuerpo de los creyentes. Porque si así fuera, estaríamos dispensados de creer en
la mismísima resurrección de Cristo, que nunca fue objeto de declaración dogmática alguna.

Ahora bien, la tradición más unánime de la Iglesia (no los titubeos que hubo en algunos siglos) es un
argumento que ha de inclinar el asentimiento de todo creyente católico, prescindiendo de definiciones
expresas o no. Porque una verdad de fe no lo es, sólo a partir de su declaración infalible por un Papa o
Concilio ecuménico, sino porque desde los comienzos estuvo contenida en el acervo de la divina revelación.

Así lo consigna (y creemos que nadie podrá oponerse sanamente) el P. S. Rosadini, comentando la decisión
de 1941: “La razón por la cual nunca fue aceptada en la iglesia la sentencia de los jiliastas (= milenaristas),
está bien expresada por Agustín en su libro a Dulcisio: “Pienso que es suficiente la fe del SÍMBOLO para
responder a la pregunta en que indagas si a la venida de Cristo seguirá enseguida el juicio. Con esa fe
confesamos que Cristo vendrá a la derecha del Padre para juzgar a los vivos y a los muertos; dado que esa
es la causa para que venga, ¿qué otra cosa haría enseguida de venir, si no la causa por la cual vino?” 6.

O sea, la Iglesia abierta y claramente confiesa que no conoce ningún otro advenimiento futuro de Cristo al
mundo, si no es el que cumplirá para juzgar, no para reinar. Jerónimo advierte que la iglesia conoce sólo dos
venidas de Cristo7, uno en humildad, hasta padecer la muerte por nuestra salvación, otra en gloria para
juzgar a los vivos y a los muertos8. Esta fe expresamente se encuentra en realidad en todos los más
antiguos símbolos, como se puede ver en Denzinger n 1 – 39”9.

Durrwell, La Eucaristía Sacramento Pascual , Salamanca - 1997 - 22, n. 18) Ha de constar que, admitiendo muchas
posiciones de Durrwell, no estoy de acuerdo con todos los puntos que sostiene en esta obra.
5
B. Caviglia, ibid.
6
PL, 40, 159.
7
Epist. 121 (PL 22, 1036).
8
Ampliamos por cuenta nuestra la razón que Rosadini pide a S. Jerónimo, recordando el importantísimo argumento
dogmático de la "lex orandi, lex credendi", o sea: aquello que la liturgia de la Iglesia refleja en sus plegarias y ritos, es
un eco de la verdadera fe.
Ahora bien, el tiempo de "Adviento" jamás ha tenido en cuenta "tres venidas" de Cristo, concibiendo una "segunda",
previa a la última y definitiva. Repásense, sobre todo las meditaciones patrísticas del "oficio de lectura", para este
tiempo litúrgico. Sin ir más lejos, la primera de todas, tomada de las Catequesis de S. Cirilo de Jerusalén (PG 33, 870 -
874):
"Anunciamos la venida de Cristo. No sólo una, sino también la otra, mucho más magnífica. Aquella llevó consigo la
significación de la paciencia; ésta, en cambio, llevará la diadema del reino divino. Pues, por lo general todo es doble en
Nuestro Señor Jesucristo...".
Y, si la lectura de S. Carlos Borromeo, al lunes siguiente, discurre sobre un "advenimiento cotidiano", evidentemente
que se refiere al que sólo percibe la fe pura, en los sacramentos y la abundancia de sus gracias. No se trata de
manifestaciones "históricas". Son "espirituales", pero también "significadas" en la historia por medio de canales que
actúan en el tiempo.
Sin embargo, S. Bernardo dirá con todas las letras: "Conocemos una triple venida del Señor". Pero, tiene cuidado de
aclarar: "La que está al medio es oculta, en la cual únicamente lo ven en sí mismos los elegidos y se salvan sus almas"
(Oficio de lectura para el miércoles de la 1a. Semana de Adviento).
9
S. Rosadini, "Annotationes" en: Periodica de re morali et canonica ,31 (1942) 168 - 169.
En la edición XXXV del Enchiridion Symbolorum definitionum et Declarationum de rebus fidei et morum , presentada
por A. Schönmetzer, los números de "símbolos" en el sentido indicado por Rosadini, se extienden hasta el número 76.
“La misma Sagrada Escritura del Nuevo Testamento – prosigue Rosadini – conoce y describe estos dos
advientos del Salvador, ignorando o excluyendo otro para reinar; así en las parábolas, el juicio sobre los
elegidos y los réprobos es afirmado inmediatamente después del fin del reino militante, como en las
parábolas del trigo y la cizaña, de la red echada al mar 10; lo mismo aparece en la parábola sobre la necesaria
vigilancia, no sea que el juicio de Dios nos encuentre sin preparación (Parábolas del siervo bueno y malo que
esperan a su amo, sobre las vírgenes prudentes o tontas, de los talentos 11), y clarísimamente en la
descripción del juicio último en (Mt 25, 31 – 46); pues, no bien llega Cristo, al instante se tiene la
congregación de todos ante su tribunal, después la separación de los malos y de los elegidos, y enseguida la
sentencia sobre ambos; y lo mismo había dicho sustancialmente en el cap. 16, 27 – 31. Análogamente Pablo
apóstol sabe y afirma de una vuelta de Cristo para juzgar, pero no para reinar; como entre otros lugares, se
puede ver especialmente II Tes 1, 7 ss., donde se dice que el Señor dará el reino a los buenos y las penas
eternas para la perdición a los réprobos, cuando venga con los ángeles de su poder, y lo mismo se tiene en
I Tes 4, 16; 5, 8, ya que al descender el Señor del cielo, enseguida, los que están en Cristo, resucitarán y los
vivientes (transformados) serán simultáneamente arrebatados con ellos al encuentro de Cristo por los aires y
así estarán siempre con el Señor, pero, Ay! de los que aquel día encuentre sin preparación , porque “les
sobrevendrá el dolor repentinamente, como a la que está embarazada” 12.

3– Sentido de la censura

Caviglia intenta minimizar el alcance de la prohibición “tuto doceri non potest” (idéntica en ambas
declaraciones, tanto en la del 41 como en la del 44), aduciendo que “rechazo” no es “condena”. Pues
estamos ante el peldaño ínfimo en toda la escala de reprobaciones que tienen su cúspide en la ”herejía”.

El hecho es que, por más que una censura ocupe el último lugar, no autoriza a un buen católico a
minusvalorarla. Si hay algún peligro (en caso contrario no se habría expedido públicamente el magisterio),
incumbe el trabajo de averiguar a qué se debe semejante amenaza. Estando de acuerdo en que es la
censura teológica más alejada de la herejía, nos oponemos a descalificarla totalmente. Entre el peligro de
muerte y un resfrío hay también gran distancia. Pero no calificaremos de “buena salud” a un catarro.

El autor sigue insistiendo en que ni siquiera se afirma que sea un “error mínimo”. En tal caso no se ve por
qué se desaconseja enseñarlo.

Propone, acto seguido, que “lo correcto” sería “hablar de grados de censura y no de grados de error”.

Pero...en realidad, la advertencia del magisterio versa sobre algo que es poco prudente enseñar, entonces
algún error ha de implicar, porque, en ámbitos de la fe se enseña lo verdadero y se tiene a raya lo falso,
según sus grados de peligrosidad.

No estamos aquí ante el riesgo extremo, pero, haber tomado una decisión tan delicada, por exiguo que sea
el margen que se ofrece a los desvíos doctrinales, no habrá sido por motivos de poca monta.

4 - El “decreto de 1944”

Sigue opinando Caviglia que ”frente a los decretos del 40 se entendió que la Iglesia «condenaba el
milenarismo», cualquier milenarismo sin distinción alguna, y establecía las más severas prohibiciones al
respecto, y ello pese a la claridad del decreto de 1944 y de que no establece ninguna prohibición específica.
Tal error se debió a razones diversas pero principalmente a las imprecisiones del decreto de ll de julio de
1941, no firmado por Pío XII y nunca incluido en el Denzinger. El Decreto de 1941 a más de estar influido

A quien objetara que no todos los contenidos de la fe aparecen en un "Credo" (por ejemplo, nada allí se dice de la
"Eucaristía") y que, por ende, no sería argumento contundente contra la posible aceptación de una "segunda venida,
"milenarista"", previa a la "tercera" y última, se puede responder, que aquí las fórmulas esencialísimas de la fe tienen
por objeto y ponen de relieve, justamente la "última venida" de Cristo, presentada como segunda, enlazada con el juicio
final y sin dar lugar alguno a otra "intermedia", con el objetivo de "reinar con los justos en esta tierra".
10
Mt 13, 24 ss.
11
Mt 24, 45 ss.
12
S. Rosadini, ibid. , 173 - 174.
por prejuicios alegoristas, obedeció a acentuado alarmismo que pretendió prevenir en la iglesia brotes de
terror milenarista, de iluminismo, montanismo, esoterismo u otras perturbaciones semejantes” 13.

El autor busca a ojos vistas establecer una notoria distancia entre el pronunciamiento del 44 con el del 41.
Pero bien que oculta a sus lectores, que no lo ve así el mismo Schönmetzer 14, en la nota introductoria, con
que presenta las disposiciones de 1944.

En efecto, allí se puede comprobar hasta qué punto (salvo cambios, que – a nuestro entender, no merecen
la importancia que les concede Caviglia) se sentía en el mundo teológico la similitud entre una y otra
declaración.

Reproducimos y traducimos textualmente: “El autor de este sistema del “Milenarismo mitigado” es el
sacerdote Manuel de Lacunza y Díaz, que bajo el seudónimo Juan Josafat Ben – Ezra, cerca de año 1810,
había escrito la obra: Venida del Mesías en gloria y majestad (que el Santo Oficio había proscrito el 6 de
setiembre de 1842).Contra esta opinión nuevamente suscitada, el Santo oficio había dado un
decisión muy semejante (simillima) al Decreto que se pone abajo el 11 de julio de 1941 (en la sesión del
9 de julio) en la Carta al arzobispo José M. Caro Rodríguez de la ciudad de Santiago de Chile , (editada
en Periódica de re morali et canonica 31 -1941 – 166 s): “... El Sistema del milenarismo, aunque mitigado, o
sea, que enseña que según la revelación católica Cristo (etc. como abajo – se expone -)...con la resurrección
de los justos, vendría corporalmente a esta tierra con el fin de reinar – no puede ser enseñado con
seguridad” – Ed: AAS 36 (1944) 212.

La interpretación no puede ser más clara: Aquella opinión de Lacunza se presentó “nuevamente”, en
Santiago de Chile. A ella se había ya respondido (en 1941) con una decisión “muy semejante
(simillima)” a la que se expide ahora, en 1944 y se expone abajo. De modo que las diferencias no han de
ser tan extraordinarias, que se permita a un católico denostar la advertencia del 41, amparándose en la del
44. En efecto, si se critica la primera se está incurriendo también en rechazo de la segunda, que es
“simillima, muy semejante” a la precedente.

Caviglia insistirá en los cambios que se pueden observar en 1944. Pero no parece que sean tan relevantes.

Por ejemplo que (milenarismo) “espiritual” haya sido cambiado por mitigado, daría aire libre a algún tipo de
“milenarismo espiritual”, que no cabe en el “mitigado”, aquí puesto en cuestión.

Sólo que, dado que el opuesto al milenarismo espiritual siempre ha sido el “craso”, no parece que haya gran
diferencia entre uno y otro (“espiritual” y “mitigado”). Porque, en realidad, se han dado sólo dos sistemas o
modos de entender esta interpretación de Apoc 20, 1 – 6: por un lado, el milenio espiritual (sostenido por
algunos antiguos Padres, entre ellos Justino e Ireneo) y su degeneración con Cerinto y Montano, o
milenismo carnal y por otra parte la interpretación alegórica sostenida principalmente por Orígenes, S.
Agustín Jerónimo , Sto. Tomás de Aquino, hecha sentencia común por siglos en la iglesia católica.

Ahora bien, ¿por qué se llama “mitigado” al milenarismo que no puede ser enseñado con seguridad?
¿Porque, en vez de francachelas y orgías propone sólo “beber del nuevo el vino en el Reino”? Es por demás
oscuro, aún entre los sostenedores del milenarismo espiritual, rastrear datos seguros sobre el modo con que
los justos “reinarán durante mil años” sobre la tierra. Los diversos autores divergen en sus pensamientos y
descripciones: seguramente porque en la Escritura no se encuentra apoyo suficiente.

En consecuencia, las matizaciones para distinguir lo ”espiritiual” de lo “mitigado”

(señalado como inseguro en 1944) se muestran como más que sutiles (ya lo veremos, al encarar las
descripciones del mismo Caviglia).

13
B. Caviglia, ibid.
14
Al que acude el mismo Caviglia, como confirmatorio de su teoría de la "no prohibición" de un "milenarismo
espiritual" en la advertencia del 44.
Si hubo alguien verdaderamente versado en estos asuntos ése fue I. B. Franzelin (al fin de su vida, cardenal
de la Iglesia), quien en su magna obra: Tractatus de Divina Traditione et Scriptura (Romae, 1882, 3a. ed.)
ofrece un poderoso estudio sobre este espinoso asunto: “Thesis XVI. Opinio de regno Christi millenario
penes Patres ante saeculum quartum comparatur cum consensu opposito Patrum subsequentium” (ibid. ,
186 – 201). Y bien, este autor no encuentra apoyo alguno en la tradición, ni siquiera para cualquier tipo de
milenarismo “espiritual”. Escribe: si admiten solamente delicias espirituales, opinión de alguna manera
tolerable (según el mismo Agustín), “dejen, con todo, de remitirse a Papías y los antiguos Padres y no
acusen a Eusebio de calumnia”15. Porque hasta el propio Ireneo no deja de pasar revista a los aspectos
bastante materialistas de los enumerados por Papías.

Sea permitido también acotar, que la firma de Pío XII en la respuesta al obispo de una iglesia particular
(Santiago de Chile) no era tan necesaria, como cuando se trataría, tres años después, de una intervención
de carácter más general en la Iglesia.

Tampoco el hecho de no quedar un documento incluido en el Denzinger, lo priva de su peso y seriedad 16.

En cuanto a las “imprecisiones del decreto “ de 1941, las achaca Caviglia a “prejuicios alegoristas”, sin avisar
al lector, que no se trata de “prejuicios”, sino de la sentencia más común en la Iglesia toda y que el
“alegorismo” se impone en un libro como el Apocalipsis, penetrado de símbolos, que no siempre habrá que
tomar al pie de la letra, como sucede especialmente en su capítulo 20.

Explicado lo anterior sobre la importancia relativa de que algún documento figure o no en el Denzinger, se
podrá apreciar sin mayor prolijidad las siguientes afirmaciones de nuestro autor: “Desde entonces el sentido
del Decreto de 1944 fue ratificado por el Denzinger – Schönmetzer, por la Instrucción de 1979 sobre
esjatología (sic! siempre que usa esta palabra) de la Sgda.(re – sic!)17 Congregación para la Doctrina de la
Fe y por el Catecismo de la Iglesia (Versión 1992)”.

Antes de llegar a los últimos documentos aducidos, bueno será subrayar hasta qué punto uno de los
mejores comentaristas sentía como “simillimum” (muy semejante) el decreto del 44 con el del 41.
Efectivamente, G. Gilleman18, no ve distinción alguna entre “milenarismo mitigado o espiritual”, cuando
escribe: “El decreto afirma , pues, que el milenarismo (o jiliasmo), aún mitigado o espiritual, según el
cual Cristo volvería de manera visible sobre la tierra, para allí reinar, antes del juicio último, precedido o no
de la resurrección de cierto número de justos, que una tal doctrina no puede ser enseñada sin imprudencia
en lo que toca a la fe. Dado que la respuesta de 1941 añadía: «Su Excelencia deberá vigilar con todas sus
fuerzas para que la predicha doctrina no sea enseñada, propagada, defendida o recomendada, ya por viva
voz ya por algunos escritos, bajo cualquier pretexto», el «doceri» (= ser enseñada) no debe ser entendido
solamente de una enseñanza o predicación públicas, sino de todo medio de propagar o recomendar la
teoría”19. Es decir: el jesuita belga, de tal modo considera análogos a los dos decretos, que interpreta el
último por medio del primero. Gilleman vuelve a insistir, según ya lo hizo Rosadini: “La Iglesia católica no
conoce más que dos venidas de Cristo y no tres”20. Y refiriéndose al único apoyo al que suelen acudir los

15
I. B. Franzelin, ibid. , 197, n. 1.
16
La colección de decisiones magisteriales iniciada por el jesuita de Innsbruck (seguida por Rahner, Schönmetzer y
últimamente (1991 . 199) por Hünnermann., es muy útil y difundida. Pero que algún documento sea o no acogido entre
sus numerales no le da ni le quita autoridad especial. Así, por ejemplo, C. Pozo (El Credo del Pueblo de Dios , Madrid
- 1975 - 133) se ve precisado a avisar, que las palabras de la bula de Pablo IV "Cum quorumdam" (de 1555), con que
realza la solemnidad de su pronunciamiento sobre la perpetua virginidad de María, no son reproducidas por
Schönmetzer (y también hay que decir hoy en día, respecto al mismo tema : tampoco por Hünnermann). En cambio, se
las puede leer en su totalidad en otra colección, presentada por J. Collantes, La Fe de la Iglesia Católica - Las ideas y los
hombres en los documentos doctrinales del Magisterio, Madrid (1983) , 278 , Ns. 393 - 1880.
17
Se podrá juzgar sobre el "aggiornamento" del autor, dado que este calificativo ("Sagrada") ya ha sido dejado de lado
para designar a todas las congregaciones romanas.
18
Conocido teólogo jesuita, célebre por su obra: Le Primat de la Charité en Théologie Morale - Essai méthodologique ,
Bruxelles - Bruges (1954).
19
A. Gilleman, "Condamnation du millénarisme mitigé", en: Nouvelle Revue Théologique67 (1945) 240 (848).
20
Ibid.
milenaristas (Apoc 20), concluye: “Pero, sea cual sea su sentido, discutido por los exegetas, la interpretación
milenarista no es sostenida por ningún comentarista católico” 21.

5– Las diferencias en el decreto de 1944

El cambio de “corporaliter” a “visibiliter”22 no parece de gran envergadura, porque la primera expresión no


hacía más que reproducir el término mismo de Eusebio de Cesarea:

“Mil años de un reino de Cristo corporalmente en esta tierra”23. El decreto sucesivo corrige sólo en cuanto
que ajusta los términos, todavía no muy afinados en tiempos patrísticos, a las precisiones escolásticas, dado
que Cristo reina corporalmente también desde la Eucaristía (si bien sólo substantialiter, sin su cantidad,
color sabor, visibilidad, etc.). Si fuéramos tan puntillosos, igualmente habría sido preciso bajar a estas
determinaciones. Pero, era clarísimo el sentido de “coporaliter”. Tan fue así, que el ya citado Rosadini.,
comentando la censura del 41, explicaba: “Cristo, al menos por un momento o un tiempo breve podría
aparecer en este mundo corporalmente, ya sea para convertir a alguno a la verdad, como sabemos que
pasó con S. Pablo en el camino de Damasco, o para recrear, instruir o proponer algún particular bien a las
almas santas, pero en nuestro caso se trata de un fin bien determinado en la no pequeña variedad de
sistemas milenaristas, a saber, para reinar y por cierto en la tierra presente de modo visible y antes del
último juicio universal”24. Espontáneamente, pues, el comentarista cambia el “corporal” del texto que
comenta, por “de modo visible”, que adoptaría tres años después la intervención última.

Por consiguiente, el documento de 1941 no era “erróneo”, sino incompleto. Así como no podemos tildar de
“errónea” a la expresión de S. Cirilo de Alejandría: “Mya Physis toú lógou toú Theoú sesarkoméne” (= una
naturaleza encarnada del Verbo de Dios)25. Para rebatir el error de Nestorio (que entendía la unión de lo
divino y lo humano en Cristo, de forma meramente moral, como la de dos amigos), alcanzaba. Después, en
Calcedonia, se tendrá que precisar más aún, acudiendo a las “dos naturalezas”, enfrentando otro horizonte
de dificultades: el monofisismo de Eutiques, debiendo pulir los términos, para establecer la unidad en la
persona divina.

En forma análoga, para encuadrar la desviación doctrinal que se quería señalar como peligrosa, bastaba con
remitir al teólogo y los pastores (que después lo habían de explicar a los fieles) al término casi clásico de
Eusebio: “Corporalmente”.

Con todo..., no vino mal el ajuste terminológico: “visiblemente”, si bien, a nuestro pobre entender, en nada
modifica la sustancia del problema: el reino de Cristo, según Apoc 20, 1 – 6, no se desarrolla
parceptiblemente en esta tierra, ni por mil años ni en cualquier forma que implique algún tipo de descripción
más pormenorizada.

6 – Las dos ulteriores “ratificaciones”

En lo tocante a la instrucción del 17 / V / 79 sobre cuestiones referentes a la escatología, da la impresión de


que Caviglia26 extrae del documento, más de lo que pretende puntualizar. Porque, admitirá también el autor
esta otra regla elemental de hermenéutica, según la cual se ha de medir el alcance definitorio de una
declaración magisterial, de acuerdo el error que desea debelar.

Ahora bien, Caviglia cree poder deducir, que la instrucción se desentiende de la posición teológica, basada
en la interpretación alegórica, corriente desde S. Agustín, sustentador de la Parusía vinculada al juicio final.

21
Ibid., 241 (849).
22
Según la censura de 1941, se rechazaba, aún en el milenarismo "espiritual", que Cristo vendría a reinar sobre la tierra
"corporalmente". En la declaración tres años posterior, se dice "visiblemente".
23
Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, III, 39.
24
S. Rosadini, ibid. , 168 - 169.
25
En : Rouet de Journel, Enchiridion Patristicum , 2061.
26
B. Caviglia, ibid. , 1 - 2.
El caso es que la Congregación ni encara este problema ni se desentiende de él, ya que su cometido era
enfrentarse con la opinión teológica, surgida por aquella década y ya antes, según la cual, la resurrección
del cuerpo tenía lugar inmediatamente después de la muerte de cada hombre 27. De ahí que, prescindiendo
del aspecto cronológico (en qué momento del tiempo ocurrirá: si en el milenio o al fin de la historia), lo
único a lo que apuntaba era: descartar que “se dé la resurrección en el instante de la muerte”. Ella tendrá
lugar cuando vuelva el Señor, cosa que, según la inmensa mayoría de los textos neotestamentarios,
(incluido I Cor 15, 23 – 26. 50 - 5428) y de los símbolos de fe (como se vio más arriba) sucederá en la
Parusía final, con la que acabará este eón.

Lo que Caviglia lee en la declaración va más allá de la intención magisterial. El problema del milenio no
entraba en el panorama de los redactores del escrito29.

Se corrobora esta interpretación, no bien se comprueba cómo un variado número de autores, comentando a
fondo el texto, no hizo la más pálida alusión a que estaría dando vía libre a un “milenarismo espiritual”.

Para que la afirmación no quede en el aire, consúltense las siguientes obras:

J. Ratzinger, “Entre muerte y resurrección - Una aclaración de la Congregación de la Fe a cuestiones de


escatología “ en: Communio – Revista Católica Internacional, III / 80 (1980) , 273 – 28730.

C. Pozo, La Venida del Señor en gloria , Valencia (1993) 99 y 111 – 113.

27
Ya desde el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI, pasando por el Catecismo Holandés y posturas bastante extrañas
de Karl Rahner y su discípulo L . Boros, hubo un pulular de teólogos que, basados en una pretendida "antropología
hebrea y bíblica" , se oponían al "dualismo" (supuestamente platónico) de cuerpo - alma, sacando la consecuencia de
que no se podía hablar del 'alma separada", que sobrevivía inmortal, después de la muerte individual.
Desdeñaban considerar la abismal diferencia que ya existía entre el "dualismo" de Platón, para quien el hombre es sólo
el alma y la unión estrechísima del cuerpo y su alma, como "forma", en el sistema aristotélico.
Por eso, concibieron la "genial" escapatoria de una resurrección corporal en el momento mismo de la muerte,
menoscabando seriamente el privilegio de María en su Asunción corporal al cielo, antes del juicio final.
28
Algunos milenaristas echan mano a este pasaje para corroborar su interpretación de la "primera resurrección", que
sería la de los justos corregentes con Cristo en esta tierra durante el famoso milenio. En efecto, Pablo anuncia que
"todos revivirán", pero "cada uno según su orden". Cristo primero y "después los que le estén unidos en el momento de
su venida". Parecería admitirse un intervalo en las resurrecciones. Sólo que en el v. 52, también afirma: "En un instante,
en un abrir y cerrar de ojos los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados". Descripción que
no deja lugar a resurrecciones distanciadas unas de otras.
29
Con semejante argumento (neutralidad por el mero hecho de que no se cita una posición específica) también los
origenistas, sostenedores de la "apocatástasis" y salvación final del mismo demonio (que los hubo hasta G. Papini y más
todavía), se sentirían libres para seguir afirmando tal tesis, porque el documento del 79, ni por asomo se preocupa de
ello. La neutralidad de los pronunciamientos del magisterio ha de ser deducida de la problemática coetánea a la emisión
del correspondiente acto doctrinal. Por ejemplo, en tiempos de la declaración dogmática de la Asunción de María, se
discutía si la Madre de Dios había muerto o sólo pasó por una "dormitio". Pío XII prescindió adrede de pronunciarse al
respecto. Allí sí que se puede inferir una "neutralidad". Pero, entre los asuntos escatológicos que encaraba la
publicación del 79, no figuraba en modo alguno una preocupación milenarista, del tipo que fuese. Por eso, sobre el
particular, ni siquiera se puede decir que la Congregación se presentase como neutral. Para prescindir de algo es preciso
tener presente las partes en litigio, sin inclinarse después por ninguna y dejando, por ende, libertad de opinión. Pues
bien, "este" concreto asunto estaba del todo ausente en los objetivos de aquellos enunciados del 79.
30
Si se tiene presente que el Card. Ratzinger es el "alma mater" de esta Congregación romana (así como lo fue en lo
tocante a la redacción del Catecismo de la Iglesia Católica), mal podrá pensarse que estaba preocupado por la no
prohibición de un "milenarismo espiritual", con sólo recordar su sentencia al respecto: "Ya en la antigua Iglesia el
quiliasmo desapareció como consecuencia del esfuerzo realizado por alcanzar la forma auténtica de la herencia bíblica.
La lucha que tuvo lugar a propósito de Joaquín (de Fiore) llenó el siglo XIII y, en parte, el XIV también, acabando con
un nuevo rechazo de esta forma de esperanza cara al futuro" (Escatología, Barcelona - 1980 - 198).
Teniendo esto presente, se podrá juzgar sobre la triunfal panorámica de Caviglia (ibid. , 5) : "Por consiguiente, quedó
plenamente confirmado que el Catecismo no se pronuncia a favor de ninguna de las dos corrientes interpretativas, ni de
la alegórica ni de la literal - simbólica o milenarista". Ratzinger, como se acaba de ver, el principal director de la magna
obra del Catecismo, dio por superado al milenarismo, adhiriendo a la interpretación agustiniana, la más divulgada y
admitida en la Iglesia de Oriente y Occidente.
G. Colzani, “L’Escatologia nella teologia católica degli ultimi anni”, en : Asociazione teologica italiana, L’
Escatologia contemporanea, Padova (1994), 100 – 109.

G. Gozzelino, Nell’ attesa della beata speranza – Saggio di escatología cristiana, Torino (1993) 288 – 291
( “La lettera vaticana sulla scatologia”).

C. Ruini, “Immortalitá e risurrezione nel Magistero e nella Teologia oggi “ en: Rassegna di Teologia , 21
(1980) 189 – 206.

R. Blatnicky, “Tra la morte e la risurrezione universale” en: Salesianum , 45 (1983) 63 – 77

A. Schmied, “Römisches Lehrschreiben zur Eschatologie” en: Theologie und Glaubern , 23 (1980) 50 – 55.

G. Bach, Ueber den Tod und das Leben danach , Graz (1980) 135 – 157.

En prolongación de los temas enfocados en este documento del 79, la Pontificia Comisión Teológica
Internacional emitió otro aporte: Commissione Teologica Internazionale: “Alcune questioni attuali riguardanti
l’ escatologia” en: La Civiltá Cattolica 143 (1992) 458 – 494. Ahora bien, ninguno de estos autores de
diversos países ofrece el más mínimo atisbo de que la carta de la Congregación del 79 tuviese entre sus
preocupaciones el esclarecimiento sobre la viabilidad doctrinal o no de un cierto milenarismo espiritual.

Sería bastante temerario y pretencioso pensar que todos estos autores fueron ciegos, incapaces de leer lo
obvio y evidente del documento al que se aferra Caviglia, para obtener de él un “nihil obstat” al 'milenarismo
espiritual'.

No examinamos los apoyos a la su tesis que pide Caviglia al Catecismo de la Iglesia Católica , ya que no son
más que reiteraciones de lo visto hasta el momento.

Recordaremos, eso sí, cómo insiste en enviar la glorificación sin condicionamientos de la esposa de
Cristo únicamente para el más allá de la historia, sin siquiera preocuparse de que se admita o no un
“milenio espiritual” para su desarrollo en este mundo. “La esperanza mesiánica...no puede alcanzarse sino,
más allá del tiempo histórico, a través del juicio escatológico... La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino
a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su resurrección...El Reino no se
realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia...” 31. En semejante perspectiva, pues, no es
necesario un “milenio de glorioso reinado” en este mundo, si es que la “esperanza mesiánica... no puede
alcanzarse sino más allá del tiempo histórico”.

Con todo, nos detendremos en la siguiente frase de Caviglia: “Ese peligro de error (si se enseña un
“milenarismo espiritual”) podrá concretarse o no concretarse. Por ejemplo, no es seguro, es muy dudoso
pero no parecería claramente erróneo, sostener como se ha hecho hace un tiempo, que en su Reino
Milenario en la tierra Cristo reinará haciéndose «visible» intermitentemente en los mortales o a algunos de
ellos, apareciéndose y desapareciendo como ocurrió entre la Resurrección y la Ascensión” 32.

Como suele ser su costumbre, no cita a nadie, que haya sugerido tal milenarismo. Pero la sugerencia es muy
parecida a la que pintaba (para rechazarla) S. Rosadini, (que hemos ya copiado en la p. 7 de este trabajo,
pero reproducimos también ahora): “Pues podría Cristo aún corporalmente, al menos momentáneamente o
por breve tiempo aparecer en este mundo o para convertir a alguien a la verdad, como sabemos que
sucedió con S. Pablo en el camino de Damasco, o para recrear, instruir o proponer algún otro bien particular
a las almas santas, pero en nuestro caso se trata de un fin bien determinado en la no pequeña variedad de
sistemas milenaristas, a saber, para reinar y por cierto en la tierra presente y visible y antes del juicio
universal último”33.

31
Catecismo de la Iglesia católica , 676 - 677.
32
B. Caviglia, ibid. , 3.
33
S. Rosadini, ibid. , 168 - 169.
Es patente que la posible explicación de un milenarismo espiritual, tal como la propone Caviglia, no cabe
para Rosadini entre los parámetros del milenarismo, pues el cometido del “reinar”, de alguna manera ha de
hacerse “visible”. Ahora, bien, esas apariciones corporales “intermitentes”, suceden a lo largo de la historia
de la Iglesia, sin necesidad de restringirse a un milenio, para explicarlas. No se ve, en efecto con qué objeto
se acotarían en solos ”mil años” y antes del fin del mundo esas apariciones discontinuas.

7 – Primera y segunda resurrección

Anota el autor que tanto el decreto del 41 como el del 44 prescindirían de que el reino de mil años tuviera
lugar después de una “primera resurrección”, añadiendo enseguida: “Gravita en todos estos problemas la
promesa de Nuestro Señor de que los resucitados en la primera resurrección y en particular los apóstoles, se
sentarán en tronos y juzgarán, y reinarán con Cristo «mil años» sobre las «doce tribus de Israel», es decir,
sobre toda la humanidad (cf. Apoc 20, 4 y 6; Mt 19, 28; Lc 22, 30) Los Apóstoles gozan de la visión beatifica
pero sin embargo no reinan, para ello tienen que resucitar. ¿Por qué? Porque en la visión beatífica están sólo
las almas de los apóstoles y santos y se sostiene que el reinar es propio de hombres, cuerpo y alma. Las
almas interceden pero no pueden reinar, pero podrán cuando por la primera resurrección, el alma se una al
cuerpo”34.

Mucho hay que comentar respecto a los recursos exegéticos del autor y por eso, se nos permitirá un
comentario más pormenorizado.

En primer lugar, que los apóstoles reciban una promesa de “juzgar sobre doce tronos” después de una
“primera resurrección”, resulta sólo de la unión de textos sinópticos con Apoc 20, 4 y 6, debida únicamente
a una estratagema de Caviglia. Jesús en Mt 19, 28 sitúa claramente el momento en que juzgarán los
Apóstoles desde sus doce tronos: “En la regeneración del mundo (palingenesia), cuando el Hijo del hombre
se siente en su trono de gloria”. Ahora bien, todos los autores la conectan con el fututo escatológico, jamás
con un hipotético milenio precedente. Lo mismo dígase de la cita de Lucas. En la última cena, Jesús les
promete que “comerán y beberán de su mesa en el reino, sentándose sobre tronos (omite “doce”) para
juzgar a las doce tribus de Israel” (Lc 22, 30). Pero todo el contexto clama que se trata de del banquete
escatológico, ya introducido en el v. 16: “les aseguro que yo no la comeré (la Pascua) más hasta que llegue
a su pleno cumplimiento en el reino de Dios” .

Después, con gran aplomo se refiere a “una” interpretación de la “primera resurrección”, como si fuera
indiscutida y de común aceptación en la Iglesia y entre los exegetas.

Ahora bien, según U. Vanni35, la “primera resurrección”, con la que son beneficiados estos “mártires” no
puede ser “realista” (reunión del alma con el cuerpo); parece al límite de las posibilidades. El texto no la
excluye explícitamente, pero, considerándolo todo, la vuelve improbable.

En efecto, “la muerte segunda” (Apoc 20, 6) es como “una muerte al cuadrado”, o sea la muerte eterna de
los condenados, que sigue a la primera muerte física normal 36. Ahora bien, a estos santos (del reino
milenario) se los preserva de la muerte segunda (v. 6), lo cual no sucede por la sola resurrección de la
carne, pues aún la resurrección final de todos los muertos (justos y pecadores) no es garantía de
preservación respecto a la condenación eterna, ya que resucitarán todos a igual momento, pero con
destinaciones diferentes: unos para la gloria, otros para la condena.

34
B. Caviglia, ibid. , 3.
35
Uno de los mejores y más cotizados intérpretes católicos del Apocalipsis, profesor de exégesis en la Pontificia
Universitá Gregoriana y actual miembro de la Pontificia Comisión Bíblica.
36
C. Bedriñán, actual provincial de los Capuchinos para Argentina y Uruguay, que fuera alumno mío en Montevideo -
permítaseme decirlo con honda satisfacción - , en su tesis, editada por la misma Pontificia Universidad Gregoriana,
dirigida por el propio U. Vanni, explica lo siguiente: "La muerte segunda es identificada por el autor con el lago de
fuego (20, 14; igualmente en 21, 8b)..... (Por lo tanto) no es "segunda" en el sentido cronológico, sino enfático: el lago
encendido con fuego y azufre hace imposible cualquier género de vitalidad. Se acentúa de esta forma la inercia
cadavérica de la muerte física, transformándose en una negatividad total y absoluta" (La Dimensión Socio - Política del
Mensaje Teológico del Apocalipsis , Roma - 1996 - 106)
Lo único que garantiza y preserva de la “segunda muerte” es la vida de la gracia poseída ya en esta historia
y mantenida hasta la hora de la muerte física o “primera”.

Por otra parte, el sentido metafórico (respecto ahora a lo contrario: “resurrección”) es sugerido por el mismo
adjetivo: 'primera resurrección”. Así, pues, como la muerte física, la primera muerte, es tal en grado menor,
respecto a la segunda, igualmente la primera resurrección ha de ser entendida en un sentido disminuido en
relación a la “segunda”: definitiva, al fin de los tiempos, coincidente con la Parusía del Señor.

En efecto, “primera y segunda” son términos correlativos, tanto para la muerte como para la resurrección.
La muerte “segunda” es inteligible como tal, porque existe la muerte primera, física. Ella, para los réprobos,
se sitúa después de la historia. La resurrección “primera” es inteligible, si existe una resurrección “segunda”,
universal, también como consecuencia del fin de los tiempos 37.

Este tiempo de “resucitados”, en espera de la resurrección última, tiene dos caras: una amenazada todavía
“poco tiempo” por el diablo38, otra protegida por Cristo (mil años). Dicho triunfo, ya había sido expresado
por medio de distintos simbolismos en el Apocalipsis. Así, por ejemplo, la “resurrección” inesperada de los
“dos testigos” (11, 11), las “alas de águila grande” otorgadas a la mujer perseguida” (12, 14, “durante tres
años y medio”,expresión equivalente a “poco tiempo” 39; en los 144. 000 sellados (7, 3 – 8 y 14, 1 – 5).

Todos esos pasajes son “prolépticos”, anticipos de la gran visión definitiva de la Jerusalén – novia – del -
Cordero40. Si no es explícitamente evocada en la escena paralela de 7, 1ss. , se la puede suponer, ya que se
trata de las doce tribus de Israel, más “una muchedumbre grande que nadie puede contar” (7, 5 – 9). Es el
fenómeno común de la fusión del antiguo y del nuevo pueblo de Dios en la iglesia 41.
37
Repasar los textos paulinos que mencionan de una resurrección de los cristianos "ya" después del bautismo, aunque
"todavía no" definitiva (Ef 5, 14; Col 3, 1).
Tampoco se debería pasar por alto que el orden "primero - segundo", aplicado a la muerte o la resurrección, surge sobre
la base de que se refieren a los mismos sujetos. Los réprobos que ya murieron una primera vez (disolución física) son
los mismos que reciben la muerte redoblada de la condenación.
La misma relación fundamental ha de estar jugando en lo tocante a la resurrección. De lo contrario, el autor, sin haberse
explicado para nada, estaría jugando con un doble registro, del que no ha advertido a sus lectores.
En efecto, con el supuesto "milenarista", las resurrecciones "primera y segunda" se estarían refiriendo a dos grupos
diferentes de personas: Primera Resurrección, reservada sólo a "los santos mártires", que vuelven a la vida para reinar
mil años en la tierra junto con Cristo. Segunda Resurrección: para el resto de los difuntos, en el día del juicio final.
Pero, recordemos, con Allo y Höpfl, que esta primera resurrección no se refiere sólo a la actividad de los mártires, ya
difuntos, sino también a la vida de gracia, de otro grupo: "los que no habían adorado a la bestia" (20, 4b). Si esta
primera resurrección se refiriera sólo a los mártires y otros justos, que ya emigraron de esta vida, puede entenderse su
glorificación, en cuanto, al gozar de la visión beatífica, al ser celebrados con culto solemne y a que reinan con Cristo e
interceden eficazmente por los fieles. Pero no se ha de excluir a los que todavía vivimos, "los que ya resucitan en
Cristo" (Ef 2, 6). También ellos son sacerdotes de Dios (Apoc 1, 5 - 6) (H. Höpfl, "De Regno mille annorum in
Apocalypsi S. Johannis Apostoli" en: Verbum Domini - 1923 - 239; E. - B. Allo, Saint Jean - L'Apocalypse , Paris -
1921 - 285).
38
Alguno podría objetar: pero, si, según esta interpretación, se supone que al menos algunos santos ya están en el cielo,
reinando con Cristo. ¿cómo puede afirmarse que se encuentran "amenazados"? Una ojeada a Apoc 6, 9 (lugar por
muchos aspectos paralelo al cap. 20: "almas: 6, 9 y 20, 4; degollados: 6, 9 y 20, 3; juicio 6, 10 y 20, 4; un poco de
tiempo:
6, 11 y 20, 3), nos dará la respuesta: "Las almas de los degollados...clamaban dando grandes voces, diciendo: ¿Hasta
cuando, Señor, Santo, Verdadero, no juzgarás y vengarás nuestra sangre en los que moran en la tierra? ... Les fue dicho
que estuvieran callados por un poco de tiempo aún, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos,
que también habían de ser muertos como ellos" (Ver 12, 12 y 20, 3: el "poco tiempo" de la persecución).
La gloria de los santos, si bien ya está adquirida y no podrán perderla más, está vinculada no obstante con la suerte de
sus "consiervos" y todavía no es completa, hasta que en el último tribunal se haga justicia de los malvados de la tierra.
De ahí que se pueda afirmar que en algún modo está todavía "amenazada", en lo que falta para que se cumpla el número
de los hermanos, que todavía bregan en el mundo.
39
Términos que aparecen en relación con el sufrimiento únicamente en Apoc 6, 11 y 20, 3. En Apoc 12, 12 el "poco
tiempo" coincide con los 1260 días precedentes (v. 6) y con: "un tiempo dos tiempos y medio tiempo" posterior (v. 14).
40
Se nombra a Jerusalén ya en 11, 8 y 14, 1. El Cordero está sobre el monte Sión
41
Tener en cuenta: la Mujer, coronada de "doce estrellas" (12, 1); pero también "el resto de su descendencia" que
"guarda los preceptos de Dios y mantiene el testimonio de Jesús".
Como se puede ver, pues, el tema del “martirio” une todos estos pasajes.

Pero, podría alguien pensar: si se dice de los mártires degollados que “resucitan”, ¿no se tratará de una
resurrección “física”?

Véase la interpretación del pasaje, según Vanni42: la primera resurrección coincide de hecho con el ejercicio
del reino de Cristo. Se podrá decir, entonces, que ella contiene la capacidad activa vital (de ahí el nombre de
resurrección) para colaborar con el Cristo resucitado en la realización del reino de Dios en la historia.

La resurrección sería, en definitiva, aquella vitalidad suma que permite a los cristianos una cooperación
activa con Cristo resucitado. Aquí se trata de mártires que han cumplido ya positivamente su trayectoria
terrena43. Justamente por medio del compromiso en la lucha contra las fuerzas negativas, hostiles a Dios y a
Cristo, que ellos han realizado, expresaron paradojalmente su vitalidad: han sido capaces de superar, a
costa de su vida terrena, el mal organizado que se contrapuso a ellos. Han padecido la primera muerte,
desaparecieron así de la escena histórica; pero, pese a que han sido víctimas de la muerte física, serán
garantizados plenamente contra aquella muerte agravada, la negación de toda vitalidad, que es la muerte
segunda. La primera resurrección implica en ellos la definitiva 44.

Y aquí, justamente, se inserta, en oposición a la muerte segunda, la calificación de sacerdotes de Dios y de


Cristo”, dada a los mártires.

La contraposición tiene su efecto literario que no ha de ser minusvalorado. En lugar de la inercia absoluta,
propia de la muerte segunda, los mártires, por más que hayan desaparecido visiblemente de la escena
histórica, poseen una actividad de mediación, que, justamente los califica como sacerdotes. Tal actividad
está situada explícitamente en el presente para los cristianos que están todavía en vida, como se vio en el
pasaje precedente (5, 10)[44]45. En cambio, en nuestro texto se pasa al futuro: “Reinarán (basiléousosin) con
él mil años” (20, 6)46.

En esta situación de vida los mártires reinan con Cristo mil años. Tal cifra simbólica indica con toda
probabilidad, todo el tiempo de la historia (prescindiendo de su duración matemática), en cuanto cualificado
por la presencia activa en ella de Cristo.

En contraste, también cualitativo y no cronológico, está el “tiempo breve”, propio de las fuerzas negativas
(v. 3), que bajo la presión del demonio se ensañan en la historia. La presencia de Cristo en todo el arco de
42
Sintetizamos a: U. Vanni, "La promozione del Regno come responsabilitá sacerdotale dei Cristiani secondo
l'Apocalisse e la Prima Lettera di Pietro" en: Gregorianum , 68 (1987) 30 - 31 y 29. 31 - 32.
43
Acotamos que, según Allo, no se debería excluir al otro grupo: "Todos los que no habían adorado a la bestia ni a su
imagen y no habían recibido la marca sobre su frente y sobre su mano" (Apoc 20, 4b. Ver nota 34).
44
O sea: la participación - ya terrena por el bautismo - en la resurrección de Cristo, vivida en consecuencia hasta la
"muerte primera, física", fue y es prenda de laresurrección final gozosa junto con Cristo, no sólo de la mera resurrección
general, que afectará también a los condenados. "Pues si hemos sido injertados (por el bautismo) en EL por la
semejanza de su muerte, también lo seremos por la de su resurrección" (Rom 6, 5).
45
Es decir: desde el pórtico mismo de la obra: 1, 6 se ha manifestado la categoría de reyes y sacerdotes de todos los
cristianos. En el otro lugar, donde se destaca esta actividad real y sacerdotal de todo el pueblo de Dios (5, 9 - 10), se
subraya su actividad presente: "están reinando sobre la tierra (basiléousin epí tés gés). No se habla de un reino acabado
o casi, gustado y disfrutado por ellos, sino más bien, todavía en vías de ser alcanzado.
46
En versículos anteriores (20, 4b - 5) se había presentado complexivamente, como en un todo, (de ahí los aoristos):
"Vivieron (éthesan) y reinaron (ebasíleusan) con Cristo mil años. Los otros muertos no vivieron hasta cuando fueron
cumplidos los mil años" . En 20, 5b - 6, el autor desarrolla aquella totalidad, primero por medio de una oposición a la
"segunda muerte" (en términos negativos) y después indicando una acción duradera (de ahí el futuro), que, pese a su
muerte, seguirán ejerciendo los santos que ya reinan con Cristo.
"Los otros muertos" ,que no vivieron hasta que fueron cumplidos los mil años, no son los que resucitarán sólo para el
juicio final, sino los que se encuentran ya en "la muerte segunda", en la total inacción de su condena. El "hasta que
fueron cumplidos los mil años" no quiere decir que "después" podrían liberarse de su "segunda muerte". El autor tiene
en cuenta sólo el período de "mil años", en el cual unos muertos (de muerte física), los mártires, resucitan por su
actividad real y sacerdotal junto con Cristo; mientras que, en ese mismo lapso de tiempo, "los otros muertos" continúan
en su inercia de muerte redoblada.
los siglos, simbolizada por los”mil años” es particularmente activa: EL reina, preparando y procurando el
reino. A Cristo, presente y activo en el campo de nuestra historia, están asociados los mártires. Dotados de
una vida misteriosa, ellos preparan el reino junto con Cristo47.

¿Se trata de una actividad ejercitada por los mártires directamente desde su situación de ultratumba? No se
puede excluir una hipótesis por el estilo; pero varias consideraciones la vuelven inverosímil.

La actividad de los mártires en la otra vida ya fue presentada en el quinto sello (6, 9 – 11), como un impulso
de oración dirigida a Dios para que restablezca el equilibrio turbado con su muerte violenta. Se trata de un
“vengar” su sangre. El aspecto de mediación por los demás (sacerdocio) no se encuentra suficientemente
destacado. Por eso, su oración no alcanza para calificar como sacerdotal la acción de los mártires. La
mediación típicamente sacerdotal requiere algo más.
47
Subrayando el tenor simbólico de todos estos datos, que, por lo tanto, no han de ser tomados literalmente, Vanni, en
un ulterior artículo notaba lo siguiente: "Se siente la solicitud de decodificar la expresión (mil años) para una
comprensión adecuada del contexto. Se pregunta como primera cosa si "mil años" deba ser tomado como expresión en
el sentido realista de una duración cronológica o en un sentido simbólico, que se ha de precisar todavía. El contexto
inmediato apunta decididamente hacia un significado simbólico, dada la sobrecarga de símbolos que implica (la llave, la
cadena, el abismo, la acción de atar, de cerrar, el sello puesto encima). Para interpretar "mil años" en sentido realista,
deberíamos encontrar en el contexto indicaciones específicas en este sentido, tanto más que los números en el
Apocalipsis tienen normalmente un valor simbólico, al punto de constituir una categoría aparte. Además, a este punto
del libro, se puede notar que justamente el número 1000 ha asumido ya una función simbólica, porque está implicado en
los 144.000 ya en 7, 4 - 8 ya en 14, 1, sea cual sea el significado que se ha de atribuir a la cifra 144.000" ( "Il Regno
millenario di Cristo e dei suoi" en: Studia missionalia , 42 - 1993 - 74).
Además recuerda Vanni que "el grupo terminológico "reino", "reinar", "rey" todas las veces que aparece en el
Apocalipsis, lleva a la conclusión de que su significado de fondo no es el de un reino gozado, sino el de un reino que se
ha de alcanzar" (ibid. , 76, n. 25). Por donde se confirma que el "reino de mil años", lejos de ser considerado como una
meta ya lograda, apunta más bien al reino de Cristo, que todavía se va desplegando, sin haber obtenido su acabamiento
en esta historia.
Analizando, más adelante, la noción de "poco tiempo", que parece "suceder" a los mil años ("Después de los cuales será
soltado por poco tiempo" : 20, 3) , descubre su relación con el "tiempo breve" de 6, 11, como lo hemos hecho más
arriba en nuestra exposición y con la misma expresión de 12, 12. En todos esos pasajes se alude a la actividad
descalificada del dragón contrapuesta al poderío ilimitado de Cristo. Se está indicando su precariedad de carácter
cualitativo y no cronológico."Es lo que volvemos a encontrar en nuestro texto. El "tiempo breve" contrapuesto a los
"mil años", no indica una duración, sino es más bien una calificación de debilidad y exigüidad atribuida a la presencia
de lo demoníaco activo y perturbador en la historia de los hombres" (ibid. , 77 -78). Y, dado que las dos indicaciones
cronológicas "mil años" y "tiempo breve" son sólo de tipo cualitativo, sin una relación con la duración real, también
será simbólica y cualitativa su sucesión (= Después de los cuales..."), que por consiguiente no podrá ser calculada en
términos realistas ni situadas en el tiempo.
Por eso, la sucesión en el texto de :"tiempo breve", después de los "mil años" no implica una alternancia cronológica,
sino un símbolo que acentúa la heterogeneidad cualitativa: la presencia de Cristo y de lo demoníaco, en el mismo arco
de tiempo cronológico, son radicalmente distintas, no siendo mezclables y dándose entre ellas un antagonismo
absoluto" (ibid. , 78).
Tal vez surja la siguiente inquietud: si los mil años y el breve tiempo son simultáneos, indicando la nomenclatura
solamente aspectos cualitativos y no cronológicos, ¿por qué el autor no lo dice claramente, en forma parecida a ésta: "El
reino llevado a cabo por Cristo (mil años) sentirá concomitantemente el asalto de Satán, aunque ya desvigorizado y en
modo alguno vencedor"? Tal formulación goza de una nitidez escolástica nada despreciable en su género de
interpretación. Pero el autor del Apocalipsis se desplaza en medio de símbolos y supone que sus lectores van reteniendo
el significado de las figuras que ha ido empleando (para el caso: "poco tiempo": 6, 11; 12, 12).
Al escribir "meta táuta" (después de estos - mil años -), para introducir el "poco tiempo" (20, 3), está usando la partícula
"metá" de modo semejante al que emplea en 7, 9: primero: recuento de los 144.000 sellados de todas las tribus de Israel:
"meta táuta", después: una innumerable multitud. No se trata de una transición cronológica, sino de orden de
consideración de un conjunto simultáneamente reunido. Así aquí (20, 3): en primer lugar, los"mil años" de poder
indeclinable de Cristo; después (meta táuta), en una segunda consideración del mismo período: el "poco tiempo",
concedido al demonio para sus ataques que nunca vencerán.
Fuera de los argumentos ya ofrecidos, corrobora Vanni el carácter simbólico de la sucesión "mil años" - "poco tiempo",
al explicar 20, 7: "Y cuando sean cumplidos los mil años, Satanás será soltado de su prisión". "Como hemos notado -
explica Vanni -, no se tiene una sucesión cronológica: esto es confirmado por la indicación, genérica y casi hipotética,
de la conclusión de los "mil años", introducida con ótan y el subjuntivo de aoristo (kai ótan telésthei). Una sucesión
cronológica real habría requerido óte y el indicativo" ("Il Regno millenario di Cristo e dei suoi", 87, n. 42).
Es lo que encontramos en el episodio de los ”dos testigos” (mártires) “ de 11, 3 – 13.

Después de su muerte se tiene una reviviscencia, una resurrección que impresiona a sus enemigos,
provocando hasta su conversión. No se trata (con toda probabilidad) de la resurrección física de algunos
individuos, sino de la capacidad de influjo sobre el desarrollo de la historia que poseen en virtud de la
muerte padecida, los mártires que anuncian en el ámbito del sistema terrestre, inmanente, el mensaje de
Dios y de Cristo. La muerte afrontada por Cristo y Dios derrota el mal y es comprendida en lo sucesivo y
valorada como una actuación de vida. La muerte de los mártires contiene implícita una resurrección 48.

8 - ¿Qué clase de “espiritualidad”?

Para evitar la característica de “visible”, que colocaría al milenarismo que la ostentase en el ámbito de
doctrinas poco seguras, según el decreto del 44, y poder, no obstante, seguir manteniendo un “reino
milenario espiritual” de Cristo y su primera avanzada de ”resucitados”, nos informa Caviglia sobre lo que
sigue: “El tema del Milenio de Cristo suscita difíciles problemas, pero casi al mediar el siglo XX, en la década

Efectivamente, es la explicación que encontramos en F. Zorell (Lexicon Graecum Novi Testamenti , Parisiis - 1961 -
945) : la partícula ótan es usada "en sentencias generales respecto a alguna cosa que no sucede una sola vez en un
tiempo delimitado, sino que en realidad sucede con frecuencia, cuando se da la ocasión, o bien puede suceder con
mayor frecuencia". Como equivalencias propone: "quandoque, si quando, quotiens" ( = toda vez que, si alguna vez,
siempre que). Aduce como ejemplo Mt 5, 11: "Seréis felices, ótan oneidísosin hymás"(= cuando, siempre que os
maldigan).
Entonces, volviendo a nuestro texto apocalíptico, no habría que traducir: "Cuando seterminaron los mil años" (Biblia de
Jerusalén), con lo cual se fija la atención en una sucesión temporal, sino, como hace Vanni: "Cuando sean cumplidos los
mil años". Vale decir: no se pone el énfasis en el "punto final de ese período", sino que se lo considera como una
totalidad. Esos "mil años" cumplidos, nunca se verán exentos de la furia feroz, pero ya prácticamente vencida (poco
tiempo) de Satanás.
Se ha de conceder que, usando terminología cronológica ( "mil años" - "poco tiempo"), espontáneamente se tiende a
comprender que se trataría de una sucesión temporal. Pero, recordando la fuerte idealización simbólica de estos
números en el Apocalipsis, también la sucesión entre ambos períodos ha de ser entendida de modo metafórico.
En este sentido nos ayudan las consideraciones de L. Alonso Schökel : "Aquí realiza el autor una difícil operación,
separando en segmentos temporales lo que nosotros separaríamos en planos espaciales o en "dimensiones". Nosotros
decimos que el hombre "en el fondo, en la raíz" es egoísta y por eso malo (símbolo espacial); el hebreo dice que es malo
"de nacimiento" (símbolo temporal). El autor dice que durante mil años el dragón estará aherrojado y que después
tendrá libertad de acción por un tiempo (segmentos temporales simbólicos); nosotros diríamos que en un plano es
impotente y en otro plano poderoso. Cualquier intento de milenarismo queda sin apoyo de antemano" (La Biblia del
peregrino - Nuevo Testamento, Bilbao - Estella - 1996 - 665).
Pero, simbolismo no significa evasión a cuentos de hadas. Los rasgos simbólicos exigen una interpretación adecuada y
el mensaje que de allí deriva, lejos de quedarse en vaguedades, se coloca de entrada en el campo de la vida. Así como
las parábolas del Señor echando mano a ficciones, miran, sin embargo, a enseñar e indicar una práctica muy afincada en
la existencia.
48
Si bien la actividad sacerdotal de los mártires interesa a este mundo, ellos la ejercen desde su situación de"muertos y
resucitados con Cristo", no en cuanto que se encontraran reinando por mil años en algún lugar y tiempo determinados
de la tierra.
Es lo que también pone de relieve A. Vanhoye: "Este género de interpretaciones (literalistas - milenaristas) no tiene en
cuenta el hecho de que el Apocalipsis se expresa continuamente en lenguaje simbólico. Si se interpreta como si
comunicase unos datos materiales concretos, es seguro que se le entenderá mal. Por otra parte, el milenarismo añade al
texto muchos elementos que no es posible encontrar allí. En este pasaje (20, 4 - 5), Juan no afirma ni un retorno de
Cristo ni un reinado suyo en la tierra" ( "Sacerdocio de Cristo y reino de los santos " en su obra: Sacerdotes antiguos,
Sacerdote Nuevo según el Nuevo Testamento, Salamanca - 1984 - 313 - 314).
Más o menos en la misma línea (que para los milenaristas, sostenedores de un reino terreno es de capital importancia,
pero que está lejos de surgir del texto mismo) M. Gourgues ("The Thousand - Year Reign - Rev 20, 1 - 6: Terrestrial or
Celestial?" en:Catholic Biblical Quarterly , 467 - 1985 - 676 - 681), demuestra que el examen de los textos hace inclinar
nítidamente la interpretación hacia un reino celestial. En efecto, la palabra tronos (v. 4) en el Apocalipsis prácticamente
está siempre en referencia a tronos celestiales (fuera de este texto: 43 usos en sentido "celestial" sobre 46); los que
deben reinar son los vencedores de la bestia, de quienes se dice en 15, 1 que están en el cielo (relacionar también con 3,
21); las correspondencias entre 20, 4b y 6, 9 (cosa que ya hemos anotado aquí) sugieren igualmente que se trata de
almas celestiales y en fin, se tendría aquí otro ejemplo de la alternancia tierra - cielo frecuente en Juan (ver, por
ejemplo: 12, 9 y 12, 10 - 12 o 14, 1 y 14, 2 - 5).
del 40, sin conocerse, un grupo de exegetas, entre los que se desata el religioso Antonio van Rixtel, S. C. J. ,
habría logrado explicar lo que permaneció obscurecido hasta ahora: cómo sin convivir ni alternar con los
mortales, reinan en la tierra Cristo y los resucitados de la primera resurrección; y cómo el Reino de Cristo es
un Reino intra – histórico, un nuevo eón histórico donde la humanidad purificada sigue en prueba, muy
favorecida tanto sobrenatural como naturalmente, la «Civilización del Amor y de la Paz», donde habrá «un
solo rebaño y un solo pastor» (cf. Antonio van Rixtel, «El testimonio de nuestra esperanza» en «Tercer
Milenio – El misterio del Apocalipsis», Ed. «Gladius», Buenos Aires, Dic / 95)”.

Ante todo, dificulto que quienquiera frecuente los comentarios del Apocalipsis más a mano, posteriores a la
década del 40 (que los hay muchos y buenos) , encontrará alguna vez un recurso, cita o discusión sobre las
posturas de A. van Rixtel, y eso que ya había logrado “explicar lo que permaneció oscurecido hasta ahora”.
Es por demás extraño que, si se tratara de un aporte tan fundamental, nadie en absoluto lo hubiera notado
ni utilizado.

Por otra parte: ¿cómo una disposición “intrahistórica” de Cristo y sus mártires resucitados podrá caber entre
las coordenadas terrenales, si “no conviven ni alternan con los mortales?” ¿Se tratará de presencias
fantasmagóricas, al modo de los “Poltergeiste”? Porque, hasta los anacoretas cartujos son de algún modo
“visibles” en la historia de la Iglesia y del mundo.

¿De qué manera, sin muestras concretas y “perceptibles”, se podrá acertar que la “humanidad purificada
sigue en prueba, muy favorecida tanto sobrenatural como naturalmente”? Si no se lo advierte, aunque sea
mínimamente, ¿para qué sirve un Reino tan etéreo?

Porque, en este mundo, todos los discípulos de Cristo han de brillar como la ciudad en la cima de la
montaña, sin ocultar la lámpara bajo pantalla alguna (Mt 5, 14 – 16). Y, como ya avisamos al comienzo, si
bien se da el aspecto “mistérico” de la Iglesia, no menos se ha de subrayar su carácter de”sacramentum”
(lado visible) , mientras se encuentre peregrinando por la geografía y la historia 49.

¿De qué manera se podrá acertar que se ha llegado al anhelado único rebaño bajo un solo pastor, sin
señales detectables de semejante logro? ¿Se tendrá una federación de Iglesias o aceptarán ortodoxos y
protestantes el primado del sucesor de Pedro?

9 - ¿Milenarismo en el Catecismo de la Iglesia Católica?

Refiriéndose al numeral 677 del mencionado Catecismo, explica Caviglia: “Sin embargo, este numeral admite
también la interpretación milenarista. En efecto, comienza diciendo que «La Iglesia sólo entrará en la gloria
del Reino a través de esta última pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y resurrección (cf. Ap
19, 1 – 9)»”.

Sólo que, acto seguido agrega Caviglia de su cosecha: ”La última Pascua es la Pascua de la Iglesia que
siguiendo a su Señor, sufrirá la muerte mística con el Anticristo, la «cesación del sacrificio perpetuo» y la
«abominación de la desolación en el lugar santo». Y experimentará luego la resurrección, también mística, a
través de la primera resurrección de los mártires y algunos santos, y del arrebato (Mt 24, 37 – 40 y San
Pablo I Tes 4, 16 – 17)”.

Se está refiriendo Caviglia a Daniel 9, 20 – 27, con sus famosas “setenta semanas de años” y los
acontecimientos que las señalarán.

Se sabe lo intrincado de estos pasajes y cómo la disensión entre los exegetas es mayúscula al respecto 50.

49
Repasar: LG 8: la Iglesia visible y espiritual a un tiempo.
50
"Entre los comentaristas al libro de Daniel no hay consenso respecto a cómo debe interpretarse este nuevo cómputo
de años revelado a Daniel, hasta el punto que que se puede afirmar que no existe tradición en la interpretación" (J. H.
Lüdy, Daniel - Baruc - Carta de Jeremías - Texto y comentario , Madrid - Salamanca - Estella - 1995 - 134).
En cuanto a la “abominación de la desolación”, que vuelven a tomar Mt 24, 15 y Mc 13, 14 de las
descripciones daniélicas, no hay que referirlas al “fin del mundo”, sino al vaticinio de Jesús sobre la próxima
profanación del templo de Jerusalén en el año 70. De hecho, contra la opinión de algunos, quizás de
muchos, Jesús advierte con insistencia dos cosas: que esta tribulación del año 70 no es el fin y, por tanto,
conviene buscar refugio (vv. 16 ss) y que el Mesías no reaparecerá durante dicha tribulación (vv 23 ss).

Por lo que toca a I Tes 4, 16 – 17, la indicación de que “primero resucitarán los que murieron en Cristo”, no
se refiere a una “primera resurrección”, seguida del “milenio venturoso”, reinando con Cristo, sino al
problema que afligía a los tesalonicenses, preocupados porque los cristianos “ya difuntos” (v. 13) podrían
encontrarse en inferioridad de condiciones respecto a los que todavía vivan cuando vuelva el Señor. Pablo
simplemente los tranquiliza, revelándoles que no habrá semejantes privilegios: todos (para lo cual “primero”
deben resucitar los que ya se “han dormido” ) y los que queden vivos se presentarán ante la gloria de Cristo.
“No precederemos a los que hayan muerto” (v. 15).

10 – Concluyendo

Por todo lo expuesto, parece que las “censuras” de Caviglia, mucho más severas que un “tuto doceri non
potest”, respecto al pronunciamiento del 4151 deberían ser corregidas a fondo.

No fue “errónea” la advertencia al arzobispo de Santiago, sino incompleta, como se dejó constancia más
arriba.

Ni mucho menos puede tratársela de ”alarmista”, ya que si hubiese temido verdaderamente esos brotes de
montanismo, iluminismo, etc., que le endilga Caviglia, la llamada al orden habría debido ser mucho más
severa que una advertencia de que tal “milenarismo mitigado o espiritual” 52 no puede ser enseñado
prudentemente.

Menos que menos es “contradictorio en sí mismo”, porque en su parte introductoria habló de “milenarismo
espiritual” y en la resolutiva de “mitigado”. Ya se vio que en la época eran sinónimos, dada la oposición
clásica, conocedora sólo de un “milenarismo craso” (judaizante) y otro “mitigado o espiritual”. Así los
clasificaba Agustín:”Esta opinión sería de algún modo tolerable, si admitiera que los santos durante ese tal
sábado disfrutaran, por la presencia del Señor, de unas ciertas delicias espirituales “53. El mismo
Sto. Doctor confiesa que tiempo atrás lo sostuvo, pero que en el presente lo había abandonado.

Tampoco cuadra achacarle que “inducía a verdaderos errores”, porque daría a entender que la Iglesia se
pronunciaba en la controversia entre los Santos Padres, rechazando cualquier milenarismo espiritual y se
plegaba a las interpretaciones alegóricas como la de San Agustín u otras.

Ya de vio suficientemente la postura de un Ratzinger al respecto. Mal la Iglesia podría inclinarse hacia una
de dos interpretaciones en liza, cuando la mayoría de sus Padres, doctores y teólogos se había alineado
decididamente detrás de S. Agustín.

Finaliza, reafirmando su punto de vista, que fustiga a “muchos que creyeron que la aclaración del 44 era una
simple precisión y que por tanto, correspondía aplicar el Dec de 1944 con el espíritu del Dec. de 1941.

Entre esos “muchos”, como se demostró, se encuentra el mismo Schönmetzer, en la introducción a la


intervención del 44, donde compara a ambas, presentándolas como “simillima”.

Para nada consta, entonces, que “el Decreto de 21 de julio de 1944” sea “definitorio de la posición de
neutralidad y no – pronunciamiento de la Iglesia”.

51
B. Caviglia, ibid. , 5.
52
Como lo entendió un comentarista contemporáneo (S. Rosadini: "altera (forma)mitigata, vel spiritualis": ibid. , 168)
53
S. Agustín , De Civitate Dei , XX, 7, 1.
Sólo inventando “espiritualismos”54, sin arraigo alguno en la tradición , se puede sostener la pretendida
“neutralidad” del magisterio ante un sistema milenarista, que no tuvo en la mira para nada, así como
tampoco estuvo presente para la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el 79, ni en el
Catecismo de la Iglesia Católica.

Juzgamos de soberana utilidad, prudencia y mesura, la siguiente perspectiva de Klemens Stock 55:

“En la interpretación de esta visión quedan cuestiones abiertas. Pero no se puede descuidar el hecho que la
visión y su comprensión tiene sólo una importancia limitada. El mensaje del Apocalipsis y los puntos de
referencia que este libro indica para las decisiones y acciones de los hombres no dependen de la
comprensión unívoca del reino milenario de Cristo. Para nuestra acción en el presente es decisivo que no
cedamos a la seducción y a la constricción de las potencias enemigas, que sigamos al Cordero en la segura
certeza de su victoria y del cumplimiento que vendrá de Dios. Si este cumplimiento tiene o no premisas,
para nuestro actuar en el presente – y la referencia es a esto – no tiene importancia alguna. Para esto es
decisivo que la última palabra la tiene Dios. Como para otros pasos oscuros de la Escritura, no tiene ningún
significado dar importancia primaria justamente a aquel pasaje y enredarse en la dificultad de interpretarlo.
Hay que tener en cuenta también qué grande o pequeño sea su contribución a las afirmaciones esenciales
del escrito en cuestión”56.

54
Como esas híbridas "apariciones intermitentes", con"resucitados" sin contacto alguno con el resto de los hombres, con
el único fin de escapar a un "visibiliter".
55
Profesor de Nuevo Testamento en el Pontificio Istituto Bíblico, rector del mismo en pasadas administraciones y actual
secretario de la Pontificia Comisión Bíblica.
56
K. Stock, L' ultima parola é di Dio - L'Apocalisse come Buona Notizia, Roma (1995) 168.
-LOS «ENFOQUES» DEL PADRE BARRIOLA Y LA CONFUSIÓN INTRAECLESIAL
Buenaventura Caviglia Cámpora

El Padre Dr. Miguel Antonio Barriola distribuye por vía electrónica «Otros posibles enfoques sobre las
censuras de 1941 y 1944 acerca del milenarismo».- Se trata de una crítica y refutación del «Decreto de 21
de Julio de 1944, Pronunciamiento del Magisterio de la Iglesia triplemente ratificado» de Buenaventura
Caviglia Cámpora difundido en www. foroexegesi.com.ar

Nuestro trabajo estudia el decreto de 21 de Julio de 1944 del entonces Santo Oficio, que hasta 1992
constituyó el único documento de la Iglesia sobre el milenarismo.- La crítica del P. Barriola es digna de ser
tenida en cuenta puesto que es la única refutación a nuestra lectura del expresado decreto.- En efecto,
todos aquellos a quienes se le envió, o no contestaron, o sus respuestas no versaron sobre el decreto
limitándose al rechazo de cualquier milenarismo.- El Padre Barriola, por el contrario, centra su estudio en el
decreto y sus antecedentes, y propone otros posibles enfoques sobre las censuras de 1941 y 1944 pero en
el contexto de un completo rechazo de cualquier milenarismo espiritual.

El P. Barriola intenta desprestigiar nuestra lectura del Decreto de 1944 y a su autor.- Cubriendo su falta de
razón con numerosas citas de conocidos teólogos, inadecuadas para el caso concreto, crea la impresión
de demoler la lectura del decreto de 1944 y cualquier milenarismo, a través de una total falta
de objetividad al referirse a lo que en el trabajo se afirma.

Es constante no en citar, sino en aludir a nuestras afirmaciones, conceptos y expresiones modificándolos,


cambiándolos, tergiversando su sentido.- Nos atribuye ignorancia de conocimientos elementales de Religión,
calificativos despectivos e hirientes que no pronunciamos, juicios que no formulamos, intenciones que están
sólo en su imaginación y nos trata con impertinencia y desprecio.

Una serie de ejemplos pondrán de manifiesto esta lamentable falta de seriedad, por decirlo muy
suavemente.

Descalificación inicial

Pero antes se debe poner de manifiesto que esta crítica del P. Barriola está inicialmente descalificada por
violar garantías elementales que la Iglesia emplea para juzgar a cualquier autor y su obra.- El examen de las
doctrinas de un autor no se hace sobre la base de una obra o un escrito sino que se examinan sus demás
obras y escritos a fin de comprender bien el sentido de lo que el autor sostiene y no cometer ninguna
injusticia.

El P. Barriola sabe mucho sobre Caviglia y el origen de su artículo y desde luego, no se enteró recién por la
citada emisión de Internet.- El Padre Barriola es uruguayo como el suscrito, y en el Uruguay somos tan
pocos los católicos formados que permanecen por completo fieles a la fe de siempre, que todos nos
conocemos, en este caso personalmente y tenemos un amigo común, un sacerdote también de la misma fe.-
El Padre Barriola sabe muy bien que el artículo criticado es un extracto resumido de uno de los tantos temas
de la obra «Tercer Milenio - El misterio de Apocalipsis» de la que soy coautor y único responsable.

Sabe que en esa densa obra de 652 páginas en cuerpo 9, lo que «dice Caviglia» es poco y relativamente
poco importante.- En efecto, ella es la recapitulación ordenada de las magistrales enseñanzas de una serie
de destacados teólogos y exégetas milenaristas, y todo está justificado con los sólidos argumentos que ellos
extraen de la Sagrada Escritura, de la Tradición y del Magisterio.- Incluso contiene «El testimonio de nuestra
Esperanza»,obra inédita del Padre Antonio van Rixtel S.C.J.- Desde luego, muy poca gracia le causan a
nuestro crítico esos teólogos, esos exégetas, esos argumentos.- Por tanto, ya había tratado de impugnarlos
en una polémica escrita que en privado tuvimos en 1997/98, en la que no salió muy bien librado que
digamos.
Sin embargo, en la crítica que nos ocupa prefirió no mencionar siquiera la obra básica ni tenerla en cuenta,
con lo que incurrió en la descalificación anotada.- Habría sido necesario tenerla en cuenta al recaer su juicio
sobre un extracto, muy resumido, de tal obra.- Pero sabía que por resumido que fuera, en forma
condensada y sin una palabra de más ni otra de menos ese extracto lo explicaba todo y daba precisas
razones de todo, y lo hacía con la eficacia que él ya había sufrido personalmente.- Pero pensó que los
arreglados «Caviglia dice» o «Caviglia sostiene» serían la solución.- Y así sumó más descalificaciones a la
inicial.

Otras descalificaciones

«Sostiene Caviglia que “lo que no está comprendido en la definición no está ni puede estar comprendido en
el rechazo”».- Y continúa nuestro crítico diciendo que hay que distinguir «la definición» en un asunto muy
específico y en otro que no lo es; que «una definición no tiene por qué entrar en todos los detalles de un
problema»; y trae a colación «Mysterium fidei», la «transsignificación» de Schillebeeckx y la
«transsubstanciación»….!!!

Increíble, porque lo dicho por nosotros es sencillísimo y nada tiene que ver con ese inútil desborde de
erudición: se refiere al principio concreto y elemental de hermeneútica, de aplicación amplísima en el Orden
Normativo, de que «las aprobaciones se entienden en un sentido amplio, las restricciones en un sentido
estricto».- Por tanto, el rechazo que importa la parte declarativa del los decretos de 1941 y de 1944 debe
interpretarse literalmente, tiene que ajustarse a los términos exactos empleados, es decir, a lo
concretamente definido.

«Caviglia … descalificando en absoluto la carta del Arzobispo de Santiago…».- El crítico fabula porque no
hemos criticado la carta del Arzobispo de Santiago y mucho menos la hemos descalificado «en
absoluto».- Es más, ni siquiera hemos nombrado a ese Arzobispo y si su nombre aparece en el escrito es
porque el decreto de 1941 lo nombra.

«Absoluto mamarracho».- Gratuitamente supone nuestro crítico que Caviglia considera «absoluto
mamarracho» el decreto del Santo Oficio de 1941: «El escrito despierta la sensación de que la primera
intervención fue un absoluto mamarracho ya que lo califica de “erróneo”, “alarmista”, “contradictorio
consigo mismo”».

Es una falta de respeto y una impertinencia atribuirnos tal juicio y tal calificativo de «mamarracho»
suponiendo que el escrito despierta «tal sensación».- Calificativo chabacano que desprestigia al mismo que
lo emplea.- Suposición sin base alguna, en primer lugar porque si el Decreto de 1941 es «“erróneo”,
“alarmista”, “contradictorio consigo mismo”», esa conclusión final fue cuidadosamente justificada a lo largo
de todo el trabajo.

Pero la razón fundamental es que si el escrito despertara alguna «sensación» sobre el decreto, sería una
sensación contraria a la de «mamarracho» que implica algo grotesco, ridículo, inservible.- Sería la sensación
de algo muy serio y eficientemente pernicioso.- No es erróneo por su parte declarativa porque, pese a haber
sufrido alguna corrección, siempre coincidió en lo fundamental con el Decreto de 1944.- Es erróneo porque
la parte enunciativa lleva a interpretar la parte declarativa contradiciendo sus términos, en el sentido de que
cualquier milenarismo por espiritual que sea, es algo insalvablemente contrario a la fe de la Iglesia y
peligrosísimo.- Es «contradictorio consigo mismo» por lo que se acaba de decir, precisamente porque
su parte enunciativa contradice su parte declarativa, la esencial.- Y es «alarmista» porque esa parte
enunciativa, pese a haber sido derogada por el Decreto de 1944, sigue alimentando el prejuicio de que
cualquier milenarismo aún el más espiritual, es un peligrosísimo error contrario a la fe de la Iglesia.

Por ahora basta con estas muestras de descalificación.- Aunque estábamos tentados de tratarlo aquí,
dejamos para un próximo escrito, entre otros puntos, la finalidad del documento magisterial de 1973 sobre
Escatología que nuestro crítico no quiere entender pese a que esa finalidad está clara y expresamente
establecida por su texto; y el problema que plantea, absurdo en un teólogo, de qué clase de espiritualidad
sería la del milenarismo espiritual.- Es tal el cúmulo de errores y confusiones que hay que rectificar que
hemos tomado una resolución.
La exposición sintética difundida por Internet sobre la lectura correcta del pronunciamiento magisterial de
1944 sobre milenarismo, que importa la neutralidad de la Iglesia entre las dos interpretaciones del
Apocalipsis, es suficientemente completa y clara para los fieles piadosos y sin prejuicios.- No siéndolo para
todos, si Dios lo permite continuaremos escribiendo sobre el Decreto de 1944 en forma más amplia que
comprenda lo que en la obra citada y en otros trabajos nuestros y ajenos sea pertinente, además de refutar
las totalidad de las objeciones de nuestro crítico.

Simpatía y comprensión con el Padre Barriola

Con la debida energía hemos rechazado sus agresivas e injustas críticas a la lectura correcta del Decreto de
1944.- Porque es deber nuestro defender el honor de la Palabra de Dios cuyos Misterios Sellados están
siendo revelados, en esta época de su cumplimiento, a quienes se les ha dado comprender y quieren
comprender.

Perdonamos de todo corazón al Padre Barriola su lamentable escrito y se lo agradecemos.- En efecto, él


rompió la conjura de silencio contra «Tercer Milenio - El Misterio de Apocalipsis».- Porque de acuerdo a
la parte enunciativa del Dec. de 1941 y a sus prohibiciones (por completo derogadas tres años después) del
milenarismo no se habla ni aún del espiritual, al milenarista no se le nombra, sus obras se silencian y no se
citan ni aún para criticarlas (Obra cit., Cap. 9.5 pág.42 ss.).- Bien es cierto que se cuidó el Padre de citar la
obra, pero su ensañamiento con el artículo y su autor inevitablemente conducen a su mayor difusión… y a
través de Internet.

No sólo perdonamos al Padre Barriola sino que sentimos simpatía por él.- En efecto, no podemos olvidar que
es un defensor de la Recta Doctrina ni tampoco sus renuncias al Seminario Interdiocesano y como Profesor
de Sagrada Escritura del Instituto Teológico del Uruguay Mariano Soler, episodio que mucho lo honra.-
Renuncias debidas a la tolerancia de las autoridades de esos institutos para con las burlas impías del grupo
de seminaristas que estaba confiado directamente a su dirección espiritual.

Tampoco podemos olvidar que él fue el primero y durante bastante tiempo el único, que levantó la voz
contra la «teología de la liberación» del Padre Juan Luis Segundo S.J. en su herética obra «Una respuesta a
Ratzinger».- «Otra respuesta a Ratzinger» del P. Barriola estalló como una bomba en el silencio
complaciente y medroso de Prelados, Clerecía y laicado del Uruguay.- Silencio medroso en cualquier caso,
porque no querían discrepar abiertamente con Roma ni con los «liberacionistas».

Disculpamos al Padre Barriola comprendiendo que su actitud es fruto de la tribulación magna que lo sacude,
de la crisis psicológica que perturba su espíritu.- Es un sacerdote de recta doctrina que vive en un
Catolicismo desacralizado; horizontalista; liberacionista; pleno de apostasía inmanente y de cisma virtual;
que acata pero no obedece al Vicario de Cristo ni a sus enseñanzas; en el que tiene que alternar con el
tolerante desprecio de Doctores en Teología y en Biblia.- En suma, está perturbado en lo más íntimo por la
pavorosa «confusión intraeclesial», otro patente signo esjatológico de nuestros «últimos tiempos».

En esta lucha en que nosotros no podemos ceder ni callar oremos intensamente para que el Espíritu Santo lo
ilumine, serene su espíritu, le haga ver los «signos esjatológicos» y le«abra la Biblia en la grandeza de la
Bienaventurada Esperanza».

Montevideo, 26-Feb.-04.
-MILENARISMO Y MAGISTERIO RETOMANDO EL DIALOGO CON B. CAVIGLIA
Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola

I – Precisiones preliminares.

A un examen mío de su anterior artículo sobre los dictámenes del Magisterio acerca del Milenarismo 57, ha
respondido el autor, como es su derecho, defendiendo una vez más su postura 58.

Las 24 páginas, de que constaba mi aporte. han sido ahora despachadas en sólo 3 carillas y media, cosa que
ya de entrada indica, cómo Caviglia no se ha tomado mucho tiempo para examinar y refutar con algún
fundamento, los argumentos aportados al debate.

La sensación que deja esta apresurada réplica, es la de una comprensible indignación, al comprobar un
rechazo de la postura doctrinal que se defiende, pero, a la vez, no es posible percibir en ella una discusión
seria, ya que consta principalmente de afirmaciones gratuitas, dado que, como acabamos de apuntar, se
desentiende de una confrontación expresa con los “enfoques” opuestos, basados en razones, que valdrán o
no, pero que no fueron ponderados adecuadamente por B. Caviglia.

Estaría uno tentado a responder con el “quod gratis affirmatur, gratis et negatur”. Pero, dado que, en medio
del diluvio de invectivas, que me dirige Caviglia, encontró, con todo, algo rescatable, no sería muy cortés
que digamos contentarse con el silencio.

En efecto, aprecia Caviglia que “la crítica del P. Barriola es digna de ser tenida en cuenta puesto que es la
única refutación a nuestra lectura del expresado decreto. – En efecto, todos aquellos a quienes se le envió,
o no contestaron, o sus respuestas no versaron sobre el decreto limitándose al rechazo de cualquier
milenarismo”59.

No queremos, pues, caer en la indiferencia, reprochada por Caviglia a otros corresponsales, aceptando el
aprecio que declara por mi respuesta. Por eso, proseguimos la conversación.

II – “Apología pro vita mea”

1 – Juicio global sobre mi respuesta.

Dicho lo anterior, pasamos ya a evaluar los reparos que nos dirige el último artículo de Caviglia.

Ya al tercer párrafo de su comentario, afirma:

“El P. Barriola intenta desprestigiar nuestra lectura del Decreto de 1944 y a su autor. – Cubriendo su falta de
razón con numerosas citas de conocidos teólogos, inadecuadas para el caso concreto, crea la impresión
de demoler la lectura del decreto de 1944 y cualquier milenarismo, a través de una total falta
de objetividad al referirse a lo que en el trabajo se afirma”60.

Desde el comienzo mismo aparecen las generalizaciones, porque, en alguna parte debería mostrar lo
“inadecuado” de mi recurso a numerosos teólogos, cosa que hará solamente en referencia al ejemplo, por
mí aducido, de las condenas referidas a Schillebeeckx, que, sigo sosteniendo, vienen muy al caso. No del
“milenarismo”, sino en cuanto al modo de proceder del magisterio en la aprobación o rechazo de una
determinada doctrina. (Ya nos referiremos nuevamente a ello).

Si se llama a eso “desprestigio” del escrito y de su autor, allá Caviglia, que, si así lo ha sentido, reciba mis
disculpas. Pero la oposición, y fuerte, entre un Jerónimo y un Agustín, o ya antes, el enfrentamiento de

57
B. Caviglia, "Decreto del 21de Julio de 1944 - Pronunciamiento del magisterio de la Iglesia triplemente ratificado"
58
B. Caviglia, "Los "enfoques" del Padre Barriola y la confusión intraeclesial"
59
B. Caviglia, "Los "enfoques"...", 1.
60
B. Caviglia, ibid. , 1.
Pablo y Cefas (Gal 2, 11 – 14) no redundó para nada en desmedro de ninguno de los contrincantes.
Sencillamente, cada uno exponía sus razones, no para aplastar al otro (desprestigiándolo), sino para que la
verdad, que está por encima de los que la indagan, aún disputando, se impusiera a ambos. Como dice bella
y exactamente Antonio Machado: “Tu verdad, no. // La verdad. // Y ven conmigo a buscarla; //
la tuya guárdatela”.

Después, si hubo en mis consideraciones una “total falta de objetividad”, se esperaría que semejante
acusación no quedara sólo en una rotunda aseveración, sino que, además y sobre todo, se la documentara
con mayor rigor. Cosa que todavía estamos aguardando.

Sigue la andanada en estos términos:

“Es constante no en citar, sino en aludir a nuestras afirmaciones, conceptos y expresiones modificándolos,
cambiándolos, tergiversando su sentido. – Nos atribuye ignorancia de conocimientos elementales de
Religión, calificativos despectivos e hirientes que no pronunciamos, juicios que no formulamos, intenciones
que están sólo en su imaginación y nos trata con impertinencia y desprecio”.

Empezando por lo último y remitiéndonos a lo ya aclarado en el párrafo antecedente, ni se nos pasa por la
cabeza que signifique “impertinencia y desprecio” el mero discutir una tesis, que no se comparte.

En segundo lugar, me extraña sobremanera que me reproche Caviglia que no “cito” y sólo “aludo a sus
afirmaciones”, porque en mi escrito hay 7 referencias a su escrito. No en todas reproduzco entre comillas el
texto del autor, pero sí en la gran mayoría, como debería reconocerlo el autor y no lo hace, al endilgarme
una “tergiversación” total de sus dichos.

Por lo demás, cuando resumo su pensamiento, la nota envía a la correspondiente página del trabajo en
cuestión, cosa que ha de bastar para todo lector serio, al cual le alcanza con compulsar mi compendio con lo
que expresa con sus palabras el escritor.

No le atribuimos “ignorancia de conocimientos elementales de religión”, sino un uso para nada común en la
argumentación teológica, como, por ejemplo, que se pueda desatender la importancia de un documento, por
el hecho de que no haya sido consignado en el Denzinger61, o que se siga llamando “Sagrada” a la
Congregación para la doctrina de la fe62.

Que Caviglia no haya pronunciado “calificativos despectivos e hirientes” o “juicios” que no formuló, no ha
sido sólo producto de “mi imaginación”, sino que se los puede leer enumerados en sus conclusiones, sobre
el primer pronunciamiento magisterial al respecto en 1941.

Allí se lo trata, al hilo, de “erróneo”, “alarmista”,“contradictorio en sí mismo”, sosteniendo finalmente que


“inducía a verdaderos errores”63. Si esto no es suficiente para hundir en el descrédito a un documento que
quiere orientar, obteniendo, de hecho, todo lo contrario, que venga alguien y me lo explique, porque se me
escapa del todo.

Reitero que no siento en lo más mínimo que sea “impertinencia o desprecio”, proporcionar en el litigio
puntos de vista diferentes.

Por todo lo cual, me pregunto a mi vez, dónde residirá verdaderamente esa “lamentable falta de seriedad”,
que me atribuye Caviglia y declarando, encima, que lo dice “muy suavemente” 64.

61
B. Caviglia, "Decreto del 21 de Julio...".1.
Respondí a tal inexactitud en: "Otros posibles enfoques...", 6 y n. 15.
62
M. A. Barriola, ibid. , 6 y n. 16.
63
B. Caviglia, ibid. , 5.
64
B. Caviglia, "Los "enfoques"...",1.
¿Es “serio” en un hijo de la Iglesia denigrar de esa forma un acto de su magisterio, sin hacer el menor
esfuerzo por comprenderlo, encontrando algo salvable, al menos? 65.

2 – “Descalificación inicial”

Así titula el autor un procedimiento presuntamente desconsiderado de mi parte, al juzgar su estudio. Escribe
lo que sigue:

“Pero antes se debe poner de manifiesto que esta crítica del P. Barriola está inicialmente descalificada por
violar garantías elementales que la Iglesia emplea para juzgar a cualquier autor y su obra. El examen de
doctrinas de un autor no se hace sobre la base de una obra o un escrito sino que se examinan sus demás
obras y escritos a fin de comprender bien el sentido de lo que el autor sostiene y no cometer ninguna
injusticia”66.

En primer lugar, da la impresión de que Caviglia concede demasiada importancia a su artículo. Porque los
procedimientos judiciales de la Iglesia, a los que se refiere, entran a funcionar respecto a un autor y sus
posturas doctrinales, únicamente cuando se trata de condenar o aprobar con cierta solemnidad afirmaciones
o talantes poco acordes con la Escritura, la Tradición y el Magisterio, que pueden inducir a error a gran parte
de los católicos. En tales casos, extremos, igualmente exhaustiva ha de ser la indagación.

En cambio, una sospecha inicial o reparos sobre obras menores no necesitan de otra cosa que una
confrontación con lo que comúnmente se vive, enseña y celebra en las comunidades de los fieles. Así
comenzaron las dudas sobre los errores de Arrio, Nestorio o Lutero. Muchas veces fue el “sensus populi”, el
olfato del pueblo sencillo (incapaz de vérselas con la cultura y dialéctica de los pensadores y hasta obispos,
que andaban en juego) el que alertó a los auténticos maestros. Sólo cuando se fue acertando el daño que
infligían a la fe común, se reunieron en concilios los doctores y pastores, para indagar a fondo, tanto las
posiciones sospechosas, como para repasar una vez más con nuevos ojos los tesoros del acervo doctrinal de
la Iglesia.

Por otro lado, si fuera como lo pretende Caviglia, cada uno tendría que introducirse en todos los diálogos de
Platón, los volúmenes enteros de Aristóteles, Nietzsche, Marx y un prolongadísimo “etc.”, para poder
hacerse una idea de sus principales tesis.

Con semejante pretensión está condenando las “historias de la filosofía”, las enciclopedias o diccionarios de
arte, geografía o diversas áreas del saber. No brindan, claro está, análisis acabados sobre autores y asuntos
científicos, pero, no negaremos que nos acercan una primera aproximación, válida, que después podrá ser
confirmada con mayor profundidad.

Sabrá comprender el Sr. Caviglia que se dan diferentes grados de acercamiento a las ciencias. Está el
especialista, a quien nada escapa de un determinado escritor, músico o período histórico. Se da el juicio de
quien se hace una idea a partir de obras mayores o menores, aunque sin poder abarcar la totalidad, con que
un estudioso encara la misma materia.

Por otra parte, ¿qué finalidad tienen los artículos o resúmenes, publicados por los diferentes escritores, sino
ofrecer un extractos concisos, pero esclarecedores de su pensamiento?

Si me enfrento con la “Breve Introduzione al Tomismo” de C. Fabro, gano una idea suficientemente clara de
que tengo entre manos una presentación filosófico – teológica del gran genio de Aquino y no las aventuras
de Harry Potter.

65
Recuérdese aquí la nota con que concluía mi exposición, señalando el juicio del P. K. Stock, acerca de la"importancia
limitada" de esta discusión (M. A. Barriola, ibid. , 16 y n. 55).
Pero, no porque no esté en juego la infalibilidad dogmática del magisterio, se puede permitir uno tratar a alguno de sus
dictámenes como "contradictorio en sí mismo".
66
B. Caviglia, "Los "enfoques"...", 1.
Para tal fin, no es menester zambullirnos en los comentarios del santo Doctor sobre las Sentencias de
Lombardo, sus “Quaestiones disputatae”, “Quodlibetales” etc.

El especialista, en un estudio condensado, brinda el meollo de lo que desea transmitir, pero lo mejor
perfilado posible, ya para atraer a los lectores a sus enseñanzas, ya para desechar otras posiciones.

Más todavía, en el caso en que un autor proponga perspectivas sobre asuntos que no se refieren a su solo
mundo ideal o sistema, sino que tienen que ver con la fe común de la Iglesia, sobre la que se han expresado
Santos Padres, teólogos y el Magisterio. Su ideario personal no ha de ser tan exquisito, que debiera ser
imprescindible conocerlo en su totalidad, para que el lector se oriente sobre el asunto en cuestión.

Que sería mejor estar al tanto de la restante producción del que escribe, ¿quién lo negará? Pero...¿es tan de
vida o muerte para la fe, como lo pretende Caviglia?

3 – Los apoyos de Caviglia y...los del P. Barriola.

Alude después el autor al trasfondo, que ha precedido a esta confrontación, ventilada ahora por Internet.

En un arranque de humildad, se defiende Caviglia, aclarando:

“Sabe (Barriola) que en esa densa obra de 652 páginas en cuerpo 9, lo que «dice Caviglia» es poco y
relativamente poco importante. – En efecto, ella es la recapitulación ordenada de las magistrales enseñanzas
de una serie de destacados teólogos y exegetas milenaristas, y todo está justificado con los sólidos
argumentos que ellos extraen”67.

No deja de ser verdad que, si Caviglia comparte las interpretaciones de tales destacados teólogos, es lícito
enunciar que también lo “dice Caviglia”, y si lo hace en una “recapitulación ordenada” y justificada “con los
sólidos argumentos” que esos autores presentan, es posible de alguna forma (facilitada por la misma
industria ordenadora del intermediario Caviglia) dar con el núcleo mismo de esas exposiciones, sin necesidad
de explorarlas con minuciosidad.

Prosigue su diatriba con estas palabras:

“Desde luego, muy poca gracia le causan a nuestro crítico esos teólogos, esos exegetas, esos
«argumentos». – Por tanto, ya había tratado de impugnarlos en una polémica escrita que en privado
tuvimos en 1997 / 98, en la que no salió muy bien librado que digamos” 68.

Empezando por la última afirmación, visto que no acude a una tercera persona, independiente de los que
nos hemos carteado en aquellos dos años, es extraño que dictamine sobre el resultado de aquella polémica
postal, haciendo de juez y parte, autoadjudicándose las palmas del certamen.

Echa uno de menos una pizca de modestia, de modo que, si no le parece demasiado injurioso, le aconsejaría
que acudiera a otros ojos más imparciales, para llegar a una sentencia más ecuánime.

Enseguida, se podría asimismo replicar que, tampoco le “causan mucha gracia” al Sr. Caviglia otro buen
número de Padres, teólogos y disposiciones magisteriales aducidos por el P. Barriola. Sólo que, hasta el
presente, mi interlocutor no se ha molestado en pasar revista a la fundamentación empleada por los autores
en que me baso.

67
B. Caviglia, ibid.
68
B. Caviglia, ibid.
Fuera de la negligencia recién apuntada, no constituye pecado alguno que, de mi parte no sea tan evidente
la fuerza de los argumentos presentados69, ni que para Caviglia sean rechazables los que yo propongo. Me
someto gustoso al tribunal de sabios más competentes que yo (y que Caviglia), para zanjar el pleito.

No abundo más en el particular, porque, al que le interese, en mi artículo están los autores presentados por
mi parte, con extractos de su pensamiento. Algunos de ellos (Rosadini, Gilleman) interpretaron casi
enseguida los dos documentos en cuestión y no precisamente en la dirección que le agradaría a Caviglia.
Ahora bien, ninguno de ellos fue llamado al orden por superiores dicasterios eclesiásticos.

Finaliza esta parte de su alegato, aferrándose a la misma idea inicial, aunque, a mi ver, con patente
contradicción, ya que expresa:

“En la crítica que nos ocupa prefirió (Barriola) no mencionar siquiera la obra básica (van Rixtel) ni tenerla en
cuenta, con lo que incurrió en la descalificación anotada. – Pero habría sido necesario tenerla en cuenta al
recaer su juicio sobre un extracto, muy resumido, de tal obra. – Pero sabía que por resumido que fuera, en
forma condensada y sin una palabra de más ni otra de menos ese extracto lo explicaba todo y daba precisas
razones de todo, y lo hacía con la eficacia que él (Barriola) ya había sufrido personalmente. – Pero pensó
que los arreglados «Caviglia dice» o «Caviglia sostiene» serían la solución. – Y así sumó más
descalificaciones a la inicial”70.

Lejos de nosotros negar los calificativos, que, una vez más, generosamente concede Caviglia a su obra. Su
extracto, por condensado y resumido que haya sido, logró también “explicarlo todo y dar precisas razones
de todo”. Permítasenos, sí, dudar de la “eficacia”del mismo, que habría “sufrido (Barriola) personalmente”.
Que Caviglia así se lo crea es una cosa, pero, de mi parte, no considero haber ”sufrido” impacto alguno de
sus elucubraciones, ya que no me han persuadido de que descansen sobre bases sólidas.

Y, al fin de cuentas: ¿en qué quedamos? ¿Es o no factible captar lo esencial de un pensamiento, sólo con un
artículo “resumido y condensado”, a la vez que ”totalizante”? 71

Si la respuesta es afirmativa (como ha de serlo, ya que el mismo Caviglia extiende para su escrito las
credenciales de explicación exhaustiva y con “razones precisas”), está de más la descalificación primera,
según la cual, mis objeciones carecerían de valor, por no haberme sumergido en la producción anterior van
Rixtel - Caviglia. Y si aquella censura cae por tierra, también con ella se precipitan las que todavía me suma
al final, porque sabe muy bien Caviglia, que más de una vez he dado respuesta a sus ”resumidos y
condensados” razonamientos, sin que, de mi parte, haya leído, hasta el presente, que mis impugnaciones
hayan sido consideradas por él con algún detenimiento.

No creo que haya mayor “descalificación” en un autor, que desentenderse de las respuestas concretas de un
oponente, para refugiarse en generalidades, que sólo sacan a relucir presuntas ofensas, desprestigios o
sentimientos heridos.

Abundando sobre este particular, en el artículo de marras, Caviglia se apoya sólo en van Rixtel, del cual no
presenta una sola muestra de argumentación, suponiendo que ha de ser conocidísimo. Ahora bien, sigo
sosteniendo al respecto, lo que afirmé en mi anterior artículo: si fuera tan importante el aporte de este
autor72, lo habrían tenido en cuenta serios exegetas, que lo ignoran por completo 73.

4 – Otras descalificaciones.
69
Si se los "exporta" en un artículo, se sobreentiende que se han escogido las mejores razones que sustentan las tesis
que se defienden. Ellas no me han convencido, ni a muchos otros.
70
B. Caviglia, ibid. , 2.
71
Nos permitimos seguir dudando de su pretendida "eficacia".
72
Por cierto que lo es para Caviglia, pues asegura que van Rixtel "habría logrado explicar lo que permaneció
obscurecido hasta ahora" (B. Caviglia, "Decreto del 21 de julio...", 3).
Fuera del círculo de allegados, que presenta Caviglia como apoyo de sus tesis, no se conoce algún exegeta de peso, que
se haya echo eco de un logro, inalcanzado en los siglos anteriores.
73
Ver: M. A. Barriola, "Otros posibles enfoques...", 13 - 14.
Fiel a su estilo, prosigue Caviglia sin enfrentarse con ninguno de los concretos reparos dirigidos a su
exposición, aunque sí insistiendo en “faltas de respeto”, “impertinencias” y “chabacanerías” 74, con las que el
P. Barriola menospreciaría su escrito.

Esgrime una sola prueba, que no hace más que reproducir la para él fundamental, que ya presentara en su
primer alegato. Dice así:

“(Según Barriola) «Sostiene Caviglia que ‘lo que no está comprendido en la definición no está ni puede estar
comprendido en el rechazo’». – Y continúa nuestro crítico diciendo que hay que distinguir «la definición» en
un asunto muy específico y en otro que no lo es; que «una definición no tiene por qué entrar en todos los
detalles de un problema»; y trae a colación «Mysterium fidei», la «transsignificación» de Schillebeecks y la
«transsubstanciación»...!!!”75

Que me perdone Caviglia, pues sigo afirmando que el ejemplo por mí aducido tiene su validez.. No en
cuanto al asunto concreto del “milenarismo”76, pero sí en cuanto a que brinda una analogía sobre los
procedimientos magisteriales (de lo cual se trataba), para interpretar los cuales, siempre hay que tener en
cuenta el objeto bien determinado, sobre el que recae la atención del juez doctrinal, y no en las posibles
relaciones que el asunto pueda ofrecer con otros innumerables aspectos.

Por lo mismo, debe constar de algún modo, ya por las discusiones en curso, ya por el mismo tenor de la
declaración, que un aspecto preciso de la verdad a esclarecer, entra o no en el objetivo de la definición (sea
dogmática o de inferiores calificaciones doctrinales).

Ahora bien, tal como comprobamos ampliamente, refiriéndonos a la presentación de Schönmetzer respecto
a la declaración de 1944, el tenor de la misma era “muy semejante” a la de 1941 y Gilleman, no veía
distinción alguna entre un milenarismo mitigado o espiritual, de modo que ninguno de los dos podía ser
enseñado77.

En cuanto a las otras dos “ratificaciones”78, que quiere ver Caviglia para su posición, también se abundó en
aducir comentaristas (entre ellos al Card. Ratzinger), que en modo alguno avizoraban una preocupación
milenarista en el horizonte de lo que se quería esclarecer.

Con estos precedentes, encaremos todavía, la última reacción de Caviglia al respecto:

“Increíble, porque lo dicho por nosotros es sencillísimo y nada tiene que ver con ese inútil desborde de
erudición: se refiere al principio concreto y elemental de hermenéutica, de aplicación amplísima en el Orden
Normativo, de que «las aprobaciones se entienden en un sentido amplio, las restricciones en un sentido
estricto». – Por lo tanto, el rechazo que importa la parte declarativa del (sic!) los decretos de 1941 y de
1944 debe interpretarse literalmente, tiene que ajustarse a los términos exactos empleados, es decir, a lo
concretamente definido”79.

Pero, el hecho es que tanto las aprobaciones como las restricciones han de referirse a un asunto, litigio o
doctrina bien especificados, por causa de los cuales interviene la autoridad correspondiente.

74
B. Caviglia, ibid. , 2.
75
B. Caviglia, ibid.
76
Por lo cual, parece que sobran los tres signos de admiración, apuestos por Caviglia a este párrafo. Pues, me sospecho
que en el fondo está pensando: "Estamos hablando de "milenarismo" y me sale con la "transubstanciación"". No es un
"irse por la tangente", sino aportar un procedimiento similar al que estamos analizando: un aspecto del que no consta,
que estuviera en la preocupación de la docencia eclesial, ni es prohibido ni aprobado.
77
Repasar: M. A. Barriola, "Otros posibles enfoques...", 6 y notas 17 - 20.
78
"Instrucción de 17 / V / 79" y "Catecismo de la Iglesia Católica", 676 - 677.
79
B. Caviglia, "Los "enfoques"..."2. Nótese, que aquí, parece que Caviglia incluye también la aclaración de 1941, como
atendible y no tan "errónea", etc.
Perdónese lo reiterativo, pero, si algún tema, por relacionado que se encuentre con el objeto a dilucidar, no
cae bajo la expresa sentencia (aprobatoria o restrictiva), no se lo puede considerar ni aceptado ni
condenado, por esa precisa decisión doctrinal80.

Lo “increíble” y “sencillísimo” de esta acotación mía quería decir únicamente que las “aprobaciones, que
siempre han de ser entendidas en sentido amplio y las restricciones en sentido estricto” 81 han de cumplir con
estos cometidos, sólo en el caso en que apunten a un blanco bien circunscrito; de ningún modo cuando
alguna doctrina o acción no caiga bajo su expresa consideración.

Avanzando en la revisión de los cargos que me imputa Caviglia, nos topamos con un párrafo, que, por su
reiteración, no puede ser sólo un error de tecleo en la computadora, sino de una errónea intelección del
detalle tratado.

Si él me acusaba de que “no lo citaba” y “modificaba” sus afirmaciones y conceptos 82, lo menos que aquí se
puede comentar es que me cita mal.

“(Diría Barriola) «Caviglia...descalificando en absoluto la carta del (sic!) Arzobispo de Santiago...». – El


crítico fabula porque no hemos criticado la carta el (sic!) Arzobispo de Santiago y mucho menos le
hemos descalificado «en absoluto». – Es más, ni siquiera hemos nombrado a ese Arzobispo y si su nombre
aparece en el escrito es porque el decreto de 1941 lo nombra”

En mi artículo había escrito: “En último análisis, descalificando en absoluto la carta al Arzobispo de
Santiago”... ¿No es también “increíble”, que se cometa tamaño quid pro quo? ¿Quién
estará fabulando entonces?

Porque, yo no aludí a ninguna carta del Arzobispo de Santiago. Y, en sus tesoneras indagaciones sobre el
tema, no debería haberle escapado a Caviglia, que la amonestación de 1941 consistía en una misiva
precisamente al dicho Arzobispo, como consta en los datos ofrecidos por Denzinger - Schönmetzer en el Nº
3839.

Por consiguiente, tratando Caviglia de “errónea”, etc. a la declaración de 1941, “ha descalificado en
absoluto” la carta del (entonces) Santo Oficio al Arzobispo de Santiago.

Resulta, entonces, más que confusa y enmarañada (diría yo que no viene al caso), la excusa que sigue: “Es
más, ni siquiera hemos nombrado a ese Arzobispo y si su nombre aparece en el escrito es porque el decreto
de 1941 lo nombra”.

¡Vaya si lo nombra! Pero no de pasada. El documento entero está dirigido a él:

“Suprema Sacra Congregatio S. Officii responsum de millenarismo (chiliasmo)....Excmo. ac Rev.mo Domino


D.no Iosepho M. Caro Rodríguez, Archiepiscopo S. Iacobi in Chile”, como puede leerse en la reproducción

80
Puede que haya sido censurado ya antes por algún otro procedimiento. Como los otros intentos de eludir la
"transubstanciación", diferentes del presentado por Schillebeeckx, no porque no hayan sido tenidos en cuenta por la
Mysterium fidei, quedaban libres de toda sospecha.
Que esta ilustración le resulte a Caviglia un "inútil desborde de erudición" (ibid. , 2), no elimina el hecho de su
atinencia a lo que se quería sostener: una y otra resolución sobre el milenarismo (la de 1941 y la de tres años después),
desaconsejaban la propagación de un jiliasmo mitigado, que por "espiritual" que se lo conciba, alguna manifestación
"visible" debía llevar consigo.
Ahora bien, es verdad que el "nuevo milenarismo" excogitado por van Rixtel - Caviglia, no lleva esa nota de
"visibilidad". Pero, nunca, que se sepa, en la tradición de la Iglesia hubo algún Santo Padre o teólogo que sostuviera una
tesis semejante (como lo fundamenté con la ayuda de Franzelin y Gilleman - M. A. Barriola, ibid. , 6 - 7 y notas 14 -
20). Por consiguiente, es palmario que tal ideario no caía en la mira del magisterio, ni para bendecirlo ni para
reprobarlo.
81
El clásico axioma: "Favorabilia sunt amplianda, odiosa restringenda".
82
B. Caviglia, ibid., 1.
del documento en: Periódica de re morali et canonica , 31 (1942) 166 – 167 y según refiere la presentación
previa de Schönmetzer en Denz – Schön 3839.

Llegamos ahora al “punctum dolens” que más parece haber acusado mi interlocutor:

”Gratuitamente supone nuestro crítico que Caviglia considera «absoluto mamarracho» el decreto del Santo
Oficio de 1941: «El escrito (me cita ahora) despierta la sensación de que la primera intervención fue un
absoluto mamarracho ya que (Caviglia) lo califica de ‘erróneo’, ‘alarmista’, ‘contradictorio consigo mismo’ ».

Es una falta de respeto y una impertinencia – replica Caviglia – atribuirnos tal juicio y tal calificativo de
«mamarracho» suponiendo que el escrito despierta «tal sensación». Calificativo chabacano que desprestigia
al mismo que lo emplea. – Suposición sin base alguna, en primer lugar porque si el Decreto de 1941 es
erróneo, alarmista, contradictorio consigo mismo, esa conclusión fue cuidadosamente justificada a lo largo
de todo el trabajo”83

Según J. Corominas y J. N. Pascual, “mamarracho” significa: “Figura de hombre mal hecha, mal pintada” o
bien: “Una persona que se disfraza o representa alguna figura ridícula en carnaval” 84.

Ahora me pregunto: ¿puede haber alguna institución seria, que pretendiendo enseñar, aclarar o prevenir
sobre errores, resulte caer ella misma en declaraciones “erróneas”, “contradictorias consigo mismas”, etc.,
sin que suscite una impresión de lastimero ridículo?

No ha sido, entonces tan “gratuita” mi descripción del modo con que Caviglia ha destratado al enunciado
doctrinal de 1941, sobre el milenarismo.

Se fundaba en sus mismas expresiones, que presentaban un magisterio, por definición “orientador”, como
causa de extravío. Habría que ver, en tal caso, quién se “desprestigia” a sí mismo. ¿Puede un católico,
calificar tan despiadadamente un acto doctrinal de su Madre Iglesia?

Si el “mamarracho” le sonó a Caviglia “chabacano” (= grosero), a mí me parece fuerte, sí, pero no hasta tal
extremo. ¿O llamaríamos “chabacano” a Pablo por sus exabruptos de Gal 5, 12? ¿Calificaríamos también así
al mismo Jesús por el lenguaje que usa en Mc 7, 19?

Y no vale, aplicar después paños tibios, alegando que esa retahíla de (des)calificaciones al Sto. Oficio fue
“cuidadosamente justificada a lo largo de todo el trabajo”, porque, justamente, mi crítica deseaba aportar
evidencias de que dichas “justificaciones” no habían sido tan “cuidadosas” que digamos, ofreciendo puntos
de vista de prestigiosos teólogos contemporáneos a ambas declaraciones (Rosadini, Gilleman), que nunca
fueron desmentidos por dicasterios romanos en sus exégesis de las sentencias sobre el milenarismo y a los
cuales se refieren todos los que tratan este tema específico85.

Lo que le hubiera correspondido hacer a Caviglia era mostrar si mis réplicas tenían o no algún fundamento,
para sólo después atribuirse a sí mismo el calificativo de “cuidadoso” en sus más que severas censuras del
acto magisterial, al que nos estamos refiriendo. Lamentablemente, omitió emprender el trabajo.

Y aún concediendo (no admitiendo) que la “cuidadosa” argumentación de Caviglia haya podido poner de
manifiesto lo “erróneo” , etc. de la intervención de 1941,. ¿no se desembocaría una vez más en el penoso e
83
B. Caviglia, ibid. , 2.
84
Diccionario crítico y etimológico castellano e hispánico" Madrid (1980), Vol III, 792.
85
Sería oportuno notar lo "cuidadoso" de las declaraciones romanas, ya que el Decreto de 1944, por tercera vez
reprueba el milenarismo propuesto desde Chile por Manuel de Lacunza y Díaz y sus seguidores. En efecto, notifica
Schönmetzer (en la nota previa a Denz - Schön 3839: "El cual (Lacunza) bajo el pseudónimo Juan Josafat Ben - Ezra
cc. en el año 1810 había escrito la obra Venida del Mesías en gloria y majestad (proscrito por el S. Oficio el 6 de Sept.
de 1824 - resaltado por mí - ). Contra esta opinión, que resurgía nuevamente el s. Oficio había dado una decisión muy
semejante al Decreto de 1941...en la Carta al arzobispo. José M. Caro Rodríguez de la ciudad Santiago de Chile..."
Por ende: 1824, 1941 y 1944, en tres oportunidades y salvo tenues cambios, el magisterio de la Iglesia se ha expedido
en contra del Milenarismo, aún mitigado o espiritual.
irrisorio (= mamarracho) traspié de un magisterio al que se le habría probado que, intentando aclarar, todo
lo ha confundido?

Abundando en su requisitoria, prosigue:

“Pero la razón fundamental es que si el escrito despertara alguna «sensación» sobre el decreto, sería una
sensación contraria a la de «mamarracho» que implica algo grotesco, ridículo, inservible. Sería la sensación
de algo muy serio y eficientemente pernicioso.- No es erróneo por su parte declarativa porque, pese a haber
sufrido alguna corrección, siempre lleva a interpretar la parte declarativa contradiciendo sus términos, en el
sentido de que cualquier milenarismo por espiritual que sea, es algo insalvablemente contrario a la fe de la
Iglesia y peligrosísimo. – Es «contradictorio consigo mismo» por lo que se acaba de decir, precisamente
porque esa parte enunciativa pese a haber sido derogada por el Decreto de 1944 sigue alimentando el
prejuicio de que cualquier milenarismo aún el más espiritual, es un peligrosísimo error contrario a la fe de la
Iglesia”.

Fuera de frases redundantes, sobre todo al final de este párrafo, parece que en lugar de clarificar, se
entenebrece todavía más el panorama. Porque, el documento resultó ser más penoso aún que un
“mamarracho”. Ha sido nada menos que”pernicioso”.

Si esto fuera así, ¿se indignará mucho Caviglia si concluyo que, en el caso que fuera cierto lo que pretende,
caben los dos epítetos: “pernicioso”, porque así lo decreta Caviglia, a la vez que “mamarracho”, dado que –
repito - una institución abocada a la enseñanza de la verdad, se expide, de hecho, ante sus discípulos con
un papelón de tal calibre?

Advirtamos nuevamente, que ahora (no antes) Caviglia concede algo que “no es erróneo” en la parte
declarativa de la decisión de 1941 y esto, porque la posterior aclaración de 1944 “coincide en lo
fundamental” con ella. .

Nada semejante había escrito hasta ahora, ¿Habrá atendido finalmente a la calificación de “simillissima”(=
muy semejante), con que Schönmetzer y Gilleman, comparaban una y otra decisión? Si así fuera, estaríamos
ante un logro de este diálogo.

Con todo, no abandona sus ásperas adjetivaciones (“erróneo”, “contradictorio consigo mismo”, “alarmista”),
siendo la única razón para las tres, que, en todo caso, se desprendería que,“cualquier milenarismo por
espiritual que sea, es algo insalvablemente contrario a la fe de la Iglesia y peligrosísimo”.

Antes que nada, Caviglia, tan celoso frente a supuestas tergiversaciones de sus dichos, endilga al Sto. Oficio
una terminología que no empleó en modo alguno. En efecto, no se puede encontrar en el texto que
cualquier milenarismo fuese “insalvablemente contrario a la fe de la Iglesia y peligrosísimo”, sino “tuto doceri
no posse”. No se expedía, acudiendo a las censuras más graves.

Después: la instancia romana se refería a los “milenarismos” conocidos en la tradición común de la Iglesia:
el “craso”y el “mitigado” o “espiritual”, así llamado, no porque sea “invisible”, sino porque no consta de los
ingredientes materialistas del primero, pero que, siempre, algún elemento visible en la historia ha
presupuesto.

Ahora bien, el que proponen van Rixtel – Caviglia, es nuevo del todo, sin huellas anteriores en la historia de
la interpretación. Por eso, un conocedor tan experto como I. B. Franzelin no encontraba apoyo alguno en la
tradición, ni siquiera para cualquier tipo de milenarismo “espiritual”, concluyendo: si admiten solamente
delicias espirituales, opinión de alguna manera tolerable (según el mismo Agustín), “dejen, con todo, de
remitirse a Papías y los antiguos Padres y no acusen a Eusebio de calumnia” 86. Porque el mismo Ireneo no
deja de pasar revista a los aspectos bastante mundanales, enumerados por Papías.

86
I. B. Franzelin, "Thesis XVI, Opinio de regno Christi millenario penes Patres ante saeculum quartum comparatur cum
consensu opposito Patrum subsequentium" en su obra: Tractatus de Divina Traditione et Scriptura , Romae (1882, 3ª.
ed.) 197, n. 2.
Pero, si volvemos al anterior artículo de Caviglia nos encontraremos con motivos diferentes para sus
censuras :

1. “erróneo, porque dice «corporalmente» en lugar de «visiblemente» 87.

2. alarmista acerca de posibles perturbaciones dentro de la Iglesia como montanismos, iluminismos, etc.,
alarmismo que determinó las graves prohibiciones específicas 88.

3. contradictorio en sí mismo, porque su parte introductoria hablaba del «milenarismo espiritual» y en la


parte resolutiva hablaba del milenarismo «mitigado», una clase especial dentro de aquel; y porque
calificando el «mitigado» con el grado más leve, sin embargo establecía las más drásticas prohibiciones al
respecto.

4. inducía a verdaderos errores, el error de que la Iglesia se pronunciaba en la controversia entre los Santos
Padres rechazando cualquier milenarismo espiritual, y se plegaba a las interpretaciones alegóricas como la
de San Agustín u otras, pero muy especialmente a la interpretación más en boga según la cual el Reino de
Cristo llegaría cuando por proceso creciente, la Iglesia conquistaría todo el mundo y todos los pueblos” 89.

Fuera de lo ya comentado en las notas 29 y 30, no es “contradictorio” oponer “espiritual” y “mitigado”,


porque la tradición entendió siempre esos términos como sinónimos. “Mitigado” respecto a los desbordes del
milenarismo grosero, era el milenarismo “espiritual”, que no caía en ilusionarse con revanchas o festines de
todo tipo.

Asimismo, que una calificación doctrinal se ubique en el “grado más leve”, no faculta a que se la difunda
generosamente. La gripe no es el sida, pero se deberá trabajar enérgicamente para extirpar no sólo al
segundo, sino también a la primera.

Por fin, la tradición de la Iglesia se pronunció ya desde hace muchísimo tiempo en la controversia patrística
de los cuatro primeros siglos, como lo da a entender el enunciado de la Thesis XVI de Franzelin:
“La opinión (que no declaración dogmática – ni siquiera pormagisterio ordinario -) sobre el reino de Cristo
milenario en los Padres anteriores al siglo cuarto es comparada con el consentimiento opuesto (ya sin fisuras
ulteriormente en toda la Iglesia) de los Padres posteriores”.

Sería oportuno igualmente, que especificara Caviglia qué autores han sostenido la errónea visión de que el
“Reino de Cristo llegaría cuando por proceso creciente, la Iglesia conquistaría todo el mundo y todos los
pueblos”, porque se me hace difícil imaginar que a tantos pensadores cristianos se les haya pasado por alto
la inquietante pregunta del Señor: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc
18, 6).

Hasta aquí la ardorosa autodefensa de Caviglia a los reparos que le había dirigido. Por lo expuesto, sigo en
mis trece, y no por empecinamiento o mis ancestros vascos, sino cimentado en las mismas razones
anteriores (que estimo no haber sido siquiera rozadas por Caviglia) y las nuevas respuestas que hasta aquí
acabo de desarrollar.

Promete el autor para un próximo escrito, entre otras cosas, esclarecer un problema por mí planteado (que,
según un último latigazo, sería “absurdo en un teólogo”), acerca de la clase de “espiritualismo” que
caracterizaría a este milenarismo propugnado por él, en fidelidad a van Rixtel.

87
Contestaba de mi parte que, en lugar de "erróneo" correspondería más bien "incompleto", dado que la resolución de
1941, reproducía simplemente los términos de Eusebio de Cesarea. El dato no le mereció comentario alguno a Caviglia.
88
Nada de esto aparece en su última explicación de por qué adjetivó así a la resolución de 1941. Además, se desearía
que,.con testimonios a la mano, documentara Caviglia que el Sto. Oficio albergaba temores sobre un renacimiento del
"montanismo".
89
B. Caviglia,"Decreto del 21 de julio de 1944..." 5.
Tal como hemos dejado asentado: Caviglia no se enfrentó con una sola de las razones por mí presentadas.
Se limitó a volcar su irritación sobre lo que le parecieron mis “chabacanerías”, “imaginaciones”, “absurdos”.

Y, todavía finaliza, como si saliera exhausto de las “fatigas de Hércules”, excusándose de esta forma:

“Por ahora basta con estas muestras de descalificación. – Aunque estábamos tentados de tratarlo aquí,
dejamos para un próximo escrito, entre otros puntos, la finalidad del documento magisterial de 1973
(sic!)90 que nuestro crítico no quiere entender pese a que esa finalidad está clara y expresamente
establecida por su texto; y el problema que plantea, absurdo en un teólogo, de qué clase de espiritualidad
sería la del milenarismo espiritual.- Es tal el cúmulo y confusiones que hay que rectificar que hemos tomado
una resolución.

La exposición sintética difundida por Internet sobre la lectura correcta del pronunciamiento magisterial de
1944 sobre milenarismo, que importa la neutralidad de la Iglesia entre las dos interpretaciones del
Apocalipsis, es suficientemente completa y clara para los fieles piadosos y sin prejuicios. – No siéndolo para
todos, si Dios lo permite continuaremos escribiendo sobre el Decreto de 1944 en forma más amplia que
comprenda lo que en la obra citada y en otros trabajos nuestros y ajenos sea pertinente, además de refutar
la totalidad de las objeciones de nuestro crítico” 91.

Sentimos que lo primero que tendría que haber hecho era esta sólo ahora prometida “refutación” , si no de
la “totalidad”, al menos de alguna parte consistente de “las objeciones” de su crítico.

Lo que ha presentado no va más allá de una descarga malhumorada de su contrariedad.

Aglomeró pretendidas “confusiones”, “absurdos” poco acordes con “un teólogo”, sin documentar en qué se
basaba para semejantes imputaciones, dando cuenta en tres carillas y media de 24 páginas, que, tal vez,
nada valgan, pero que estoy lejos de haberlo comprobado después de enterarme de la última requisitoria de
Caviglia.

Quedo, pues, a la espera del anunciado trabajo. ¡Ojalá que acierte a documentar en qué Padres y autores
probados se funda, para describir el pretendido “milenio espiritual” y que apuntale su teoría sobre el
documento de 1979, con algún otro punto de vista además del suyo propio.

El escrito colmará igualmente de felicidad a muchos otros “fieles” , también “piadosos”, como Ratzinger,
Vanhoye, Vanni, Bedriñán, Alonso Schökel (que lo gozará desde el cielo), Gourges, Lüdy y tantos otros, que
en modo alguno aceptan la interpretación “literalista” del reino de mil años.

5 – Postrer consuelo

El “fantasioso”, “chabacano”,”tergiversador”, etc., etc. P. Barriola goza, con todo de un “descargo”, del que
caritativamente quiere dejar constancia Caviglia, culminando su amarga amonestación con este título:

“Simpatía y comprensión con el Padre Barriola” .

Allí se puede leer:

“Con la debida energía hemos rechazado sus agresivas e injustas críticas a la lectura correcta del Decreto de
1944. – Porque es deber nuestro defender el honor de la Palabra de Dios cuyos Misterios Sellados están
siendo revelados, en esta época de su cumplimiento, a quienes se les ha dado comprender y quieren
comprender.

90
¿Otro "lapsus ordinatoris" (= de la computadora)?. Porque... el documento sobre escatología es de 1 9 7 9.
91
B.Caviglia, "Los "enfoques"..."3.
Perdonamos de todo corazón al Padre Barriola su lamentable escrito y se lo agradecemos. – En efecto, él
rompió la conjura de silencio contra «Tercer Milenio – El Misterio de de (sic: dos veces!) 92 Apocalipsis». –
Porque de acuerdo a la parte enunciativa del Dec. de 1941 y a sus prohibiciones (por completo derogadas
tres años después) del milenarismo no se habla ni aún del espiritual, al milenarista no se le nombra, sus
obras se silencian y no se citan ni aún para criticarlas (Obra cit., Cap 9. 5 pág. 42 ss. – siiiic!!!)93. – Bien es
cierto que se cuidó el Padre de citar la obra, pero su ensañamiento con el artículo y su autor inevitablemente
conducen a su mayor difusión...y a través de Internet.

No sólo perdonamos al Padre Barriola sino que sentimos simpatía por él. – En efecto, no podemos olvidar
que es un defensor de la Recta Doctrina ni tampoco sus renuncias al Seminario Interdiocesano y como
Profesor de Sagrada Escritura del Instituto Teológico del Uruguay Mariano Soler, episodio que mucho lo
honra. – Renuncias debidas a la tolerancia de las autoridades de esos institutos para con las burlas impías
del grupo de seminaristas que estaba confiado directamente a su dirección espiritual” 94.

Sería oportuno precisar que “la debida energía” no estuvo acompañada igualmente por la imprescindible
fundamentación. Se la promete para el futuro. Sólo que queda flotando la impresión de un hervidero de
exasperación, que podría haber sido evitado, si es que se contaba con las debidas respuestas a los reparos
del opositor.

¿Por qué precipitarse, tildando a mis “enfoques” de “críticas agresivas e injustas”, cuando no se presentan
las pruebas que así las demuestran, dejándolo para futuras entregas?

El P. Barriola, muchos de sus eximios profesores del Pontificio Instituto Bíblico y miembros de la Pontificia
Comisión Bíblica estiman que también trabajan con alma y vida para “defender el honor de la Palabra de
Dios”, sin que ello los obligue a jurar por el milenarismo, por “espiritual” que se lo tenga. Si Caviglia y su
círculo creen que los “Misterios Sellados están siendo revelados”, tienen todo derecho a celebrarlo. Pero, al
proponer su convicción, por favor, que echen mano a razonamientos más sólidos.

Todo “perdón” recae sobre una ofensa. Si “subjetivamente” experimentó Caviglia como “injurioso” mi intento
de rebatir su interpretación, también yo le pido disculpas. Pero, “objetivamente”, no siento que mi escrito se
encuentre necesitado de indulgencia, hasta que no se demuestre clara y persuasivamente qué es lo
“lamentable” del mismo.

La de G. Gilleman no es de la misma opinión que la de Caviglia, respecto a que el decreto de 1944 haya
derogado por completo las prohibiciones de1941.

Escribe, en efecto: “El decreto ( de 1944) afirma, pues, que el milenarismo (o quiliasmo), aún mitigado o
espiritual...no puede ser enseñado sin imprudencia en lo que mira a la fe....Tal como la respuesta de
1941...el «doceri» (= ser enseñado) no debe ser entendido solamente de una enseñanza o de una
predicación públicas, sino de todo medio de propagar o recomendar la teoría...La fe de la Iglesia reconoce
sólo dos advientos de Cristo y no tres”95.

Y si el “Padre”, se cuidó de citar la obra de van Rixtel, fue porque, según descripción del mismo Caviglia, su
artículo “condensado y resumido...lo explicaba todo y daba precisas razones de todo” 96, de modo que
alcanzaba para hacerse una idea cabal de lo que se propugnaba y contar con los medios suficientes para
recusarla.

92
Léase: del.
93
Hasta cuando cita su propia obra, incurre en error. Ha de ser pág. 142.
94
B. Caviglia, ibid. , 3.
95
G. Gilleman, "Erreur Millenariste - Condamnation du millénarisme mitigé - (Décret du 19 - 21 juillet 1944. - A. A.
S. , XXXVI, 1944, p. 212)". Se puede palpar, hasta qué punto el comentarista enlaza la respuesta del 41 con el decreto
del 44.
96
B. Caviglia, ibid. , 2.
Por fin, lo que Caviglia entiende como “ensañamiento”, lo tengo yo por seriedad para tener en cuenta el
desarrollo de su pensamiento, haciéndole notar los pasos que no cuadran, no sólo a mi juicio, sino según lo
enseñan muchos otros cotizados autores.

Y si el encono de mi artículo y mi autoría sirven para mayor difusión del tema, ¡bendito sea Dios!, porque
ayudarán igualmente a que otros ojos sopesen tanto sus motivaciones como las mías.

Arribamos ahora a la parte conmovedora y tierna de la vehemente reconvención, que me dirigió Caviglia.
Dice sentir simpatía por mí y los cataclismos que debí sufrir en mi patria, cosa que aprecio sinceramente,
aunque no puedo admitir la conexión que establece acto seguido:

“Disculpamos al Padre Barriola comprendiendo que su actitud es fruto de la tribulación magna que lo
sacude, de la crisis Psicológica que perturba su espíritu. – Es un sacerdote de recta doctrina que vive en un
Catolicismo desacralizado..... – En suma, está perturbado en lo más íntimo por la pavorosa « confusión
intraeclesial», otro patente signo esjatológico (sic!) de nuestros «últimos tiempos»

En esta lucha en que nosotros no podemos ceder ni callar oremos intensamente para que el Espíritu Santo lo
ilumine, serene su espíritu, le haga ver los «signos esjatológicos (sic!) y le «abra la Biblia en la grandeza de
la Bienaventurada Esperanza»”97.

Después de instalarme en su diván psicoanalítico, Caviglia ha dictaminado en mí graves secuelas de


trastorno psíquico (“crisis psicológica”; me encontraría “perturbado en lo mas íntimo”), que me impedirían
percibir «los signos esjatológicos» y leer la Biblia «en la grandeza de la Bienaventurada Esperanza».

Lo raro es que una “verdadera nube de testigos” (ver: Hebr 12,1), en los que apoyo mi posición, sin haber
pasado por mis calamidades y, gozando cabalmente del uso de sus mentes brillantes, también rechazan las
tesis milenaristas. ¿Necesitarán también ellos someterse a un tratamiento psiquiátrico?

Además, si soy un “sacerdote de doctrina recta”, ¿por qué razón mis presuntas perturbaciones psicológicas
incidirían “precisa y puntualmente” en mi negativa a admitir el milenarismo de van Rixtel – Caviglia?

Sinceramente, nos cuesta ver el hilo conectivo de semejante diagnóstico. En fin... hay “simpatías que
matan”.

III – Resumiendo.

La extensión que he dedicado al comentario de tres carillas y media me parece, modestamente, que
patentiza el cuidado con que leí y confronté las ideas de Caviglia.

No he encontrado en su escrito más que generalizados reproches, que no se han dignado bajar al careo de
autores y argumentos contrarios a sus posturas, puestos en juego por mi parte.

Ha anunciado Caviglia que se hará presente con un bagaje más serio de consideraciones exegéticas. Estoy
dispuesto a examinarlas con la misma dedicación que le dediqué a sus dos artículos.

Por último, recordemos todos que la “Bienaventurada Esperanza” (Tit 2, 13) no es monopolio de los
milenaristas. Se encuentra también firmemente radicada en la fe de todos los que sostienen que hay sólo
“dos venidas de Cristo”, la de Belén y la postrera, cuando “venga a juzgar a vivos y muertos”.

Miguel Antonio Barriola, Córdoba, junio de 2004.

97
B. Caviglia, ibid. , 4.

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