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MI DESEO POR ESTA NOCHE (II PARTE)

Por donde cruza el Misterio,


el sometimiento a la ignorancia
es castigado.

(Ángelus)

La antesala.

Síguete a ti mismo.

“Hay que observar las enseñanzas de la gente, de la vida, con el propósito de


encontrar en estos elementos para construir las rieles que nos conduzcan al destino que
queremos elegir, tan sólo una parte del total que se nos hace necesario para regresar al mar,
al árbol de donde hemos sido originados; es esto la única y verdadera meta para el
HOMBRE.”

El ser que quiere una revolución interior, obviamente que es el águila fuerte, el
dragón que está por nacer. En su naturaleza, estos espíritus indescriptibles tan sólo se
regulan a sí mismos y por sí mismos, siguiendo como referencia para su dominio y poderío,
las señales que el Gran Espíritu plasma en la Creación, y a medida que éstos desarrollan su
magia, descubren que la luz y las tinieblas están dentro y no fuera de sí mismos, igual que
el infierno o el paraíso, igual ven esto con respecto a todos los dioses habidos y por haber.
Cada uno de los muertos que andamos sobre Gea, debemos buscar no fuera ni en cualquier
sitio que no sea en nosotros, en nuestro universo interior todas las cosas que anhelamos
encontrar.

Cada cual tiene el libre albedrío de irse por donde quiera y ser lo que quiera, y este
regalo en algún momento, de alguna forma nos lo dimos nosotros mismos al estar todavía
en ese océano, en esa mente inmarcesible e inefable. Pero, desde lo más recóndito de
nosotros se escuchará el grito del silencio, ese faro que nos intenta dirigir, o mostrar al
menos, el peligro, las orillas del camino angosto que propiamente debemos seguir.

Hermano mío, cuando empieces a pisotear las espinas de esa ruta que tú mismo la
forjarás, el aroma delicioso, voluptuoso de la verdad, la felicidad de la Libertad, hará
expandir el poder que albergan tus aguas cada vez más puras y cristalinas como el éter.

Verás, que el único arte que es real, es aquel en donde tú mismo serás el arquitecto
de tus templos, de tus castillos, mundos y universo; y, que tú mismo será el dios de los
mismos (no diciendo con esto que el Gran Espíritu no existe, ni que alguien, tú o yo es
Dios, qué estupidez).

No sigas a nadie, tan sólo escúchalo y aprende de él. La luz y el conocimiento de


todo está en UNO.
Pero lo importante es practicar, dar a luz acciones y no intenciones, puesto que por
las Obras llegarás a la magia. Las intenciones, si sólo en intenciones se quedan, serán las
piedras que conformen el camino posible a terminar en un abismo, en un averno que hará
que tus días pasen lentos y tortuosos, sin fulgores ni música. Trabaja en ti mismo y
cámbiate si quieres que cambie el entorno de tu mundo.

¡Vives hermano mío, en el maldito mundo que está imaginando y que es reflejo de ti
mismo!,…así que no critiques a nadie que no sea a tu propia persona.”

Ángelus
PRÓLOGO

La lucha de sí mismo es una guerra cuasi eterna hasta obtener la plena conciencia de estar
fusionados con el Inmanifestado.
De esta forma empezamos especulando apenas "algo" de nuestro hermano Ángelus, o como
dirían en "El Templo de la Montaña de Arena", nuestro hermano-maestro Dragón Blanco.
Encontramos en la continuación de su ensayo, varios elementos de Nuestra Ciencia, quizá
camuflada en su encarnación de la "Diosa de Cabellos Negros," hemos encontrado líricas
palabras descriptivas del suelo donde él tantas veces ha dejado huellas de fuego con sus
contemplaciones. Sus vivencias místicas, mágicas, vivenciales y arcanas, tan sólo
descifrables bajo la mirada del maestro o dios de las Mil Risas. Un mundo creado por su
evidente locura lúcida.
El misterio de la vida de nuestro autor es un arcano reservado a Los del Color de la Luna,
del cual nosotros apenas tenemos un destello. Su existencia transcurre de una forma
cuántica, en un universo insólito, fuera de paradigmas y con impredecibles cambios de ruta,
con agujeros de espacio-tiempo; comprensibles bajo la visión de los Buscadores de la
Verdad.
Sin embargo, podemos detectar un resbalón espiritual que va desde poco antes de terminar
el escrito hasta su finalización, no sin dejarnos desde luego con la voluntad del guerrero,
que a pesar de sus heridas en el campo de batalla se levanta al fin y al cabo para volver a su
tarea.
Notamos los arcaísmos inmanentes de su estilo típico literario, y dados por su recuerdo
quizá de previas recurrencias o "anteriores vidas" que son materia de discusión muy fuerte
entre profanos y estudiosos.
A pesar de todo, aplaudimos la Obra, pues no se dan frutos como estos tesoros mentales,
espirituales e intelectuales por cualquier parte. Seguro que el frío yermo es un buen
ingrediente que más aporta sabor a los ejercicios literarios y anímicos de quien los escribe.
Comprobamos una vez más, cómo decirlo, la presencia de una "ausente soledad" o al
menos su expatriación del mundo que Ángelus viene creando para sí y para su voluntaria
vista de los demás seres que en el cosmos habitan, pues al caminar en un sendero místico,
la Omnipresencia del Absoluto lo envuelve todo, lo interrelaciona, lo llena.
Nosotros no somos nadie, no te preocupes lector de nuestra naturaleza ni de nuestra
identidad, sólo estamos en la ruta de Luz que compartimos con nuestro autor, hermano,
maestro y compañero.
Apelamos a tu conciencia por hacer un esfuerzo mayéutico para fin de correr el velo
mediante el cual se esconde la llave del autoconocimiento.
Al final nos encontraremos en la eternidad, sempiternos con el Padre.
No nos detengamos en los vivos colores, vamos a la guerra cuya gloria nos espera después
de su final.
Seamos los empuñadores de una espada bien merecida, seamos una luz autoencendida,
derramaremos sangre propia como legado para quienes observan nuestro ejemplo de vida.
Venga la Espagiria, la Magia, o sencillamente... la risa del dios de las mil risas para avanzar
y jugar venciendo a el reino de la ilusión.
Quedemos ante un cielo nocturno, iluminado por cuerpos crísticos (estrellas), cobijado con
un frío acogedor y ancestral como lo es el páramo del volcán Chiles en el norte ecuatoriano,
lugar de leyendas, misterios y belleza natural propios de una tierra en donde los magos
suelen caminar despaciosamente, sin sombras, sin ambages y con una sonrisa ajena a la
cordura.
Que el nombre del maestro Chuil (el Merlín de estos lares) o Juan Chiles se establezca en el
crúor identitario de los habitantes de aquesta zona.
Acá, no tenemos ángeles, no tenemos santos, ni nada impuesto por dogmas o doctrinas
religiosas, acá no nos victimizamos, acá estamos conscientes de nuestra tarea; para nosotros
sólo existe como tema de veneración, amor y meta, el Absoluto, el Inmanifestado, Dios;
nuestro Creador y Criador, a quien acudimos con nuestro agradecimiento.
Respetamos los procesos de fe en todas sus categorías, pero otorgamos la invitación a un
mundo donde la "Libertad" se define como "hacer lo que se quiere sin dañar a nadie,
incluyéndose a uno mismo." No alienamos nuestros conceptos sobre los errores con la
invención de un príncipe del mal, ni le encargamos la culpa de nuestros hechos.
Aceptamos nuestras responsabilidades y procuramos enmendar las cosas, evolucionar y
superarnos como entes errabundos en el universo, en el camino de retorno al Centro, al
lugar de inicio y fin de todas las cosas.
Lo que presentamos aquí es un ensayo místico, escrito a manera de diario en los meses de
noviembre y diciembre del año 2003. Entiéndase "místico" y no "religioso", el autor no
profesa religión siendo que respeta a todas las existentes. El amor al Padre es lo que
sustenta su existencia.

¡Dios!, sobre TODAS las cosas.

En algún lugar del mundo,


mes de enero en el año gregoriano 2004.
Noviembre 17 de 2003

Cuando empezó a llover las llamaradas de gloria a un canto de los tiempos de


Acuario, besaste mis párpados despiertos, pero soñando con la Iniciación en los misterios.

El mago encarnaba las fuerzas en este pobre cuerpo decadente que tú lavaste con
gran trabajo allá abajo en la Estigia.

Me alejé en medio de las saladas ondas del mar en brazos de la Stella Maris, y me
rodé con mis sueños por ahí, en la secreta casa de Kéter, el Anciano de los Días.

Deseé los labios tuyos para dormir nunca y lograrme loco, estrictamente loco de
amor como para arder y quemar mi propio cuerpo, mismo que una vez ya murió.

En el lago de aquellos cisnes nocturnos, el agua refleja tus risas, tus ojos; reflejan el
tiempo, ese que vivimos cuando yo era tú y que después de mi breve muerte física lo
empiezo a experimentar por otra vez más.

Mi deseo por esta noche, tan sólo aspira a plasmar aquellos sitios de los siete
superuniversos donde anduve bogando, arrostrando un destino divino que los hados no
pudieron atrapar para sus juegos.

Mi deseo es estrellarme en mi propio pecho ardiendo en llamas, es ser la caída de la


noche para gritar la luz que me diste.

Amén.
Noviembre 18 de 2003

Infandum est, regina, iuves renovare dolorem.

Cuando estuve en Arcadia, el nueve del arcano lo viví y en esta noche lo recuerdo;
pero, tengo que rememorar el dolor que me sacudió hasta el alma, hasta mis sutiles
misterios de mortal inmarcesible.

Cuando has regresado en esta noche límpida, diosa de cabellos negros, me marcas
otro sitial del sendero que pisan mis pasos adelantándose junto a mi soledad hacia el ritual,
hacia la ceremonia del andrógino, el crisol y el cuervo. 27 niveles en este 18 y la novena
esfera no aparece, como si los hados quisieran atrapar mi brío en la orquestación galáctica.

Pero ven aquí preciosa mía, pero ven aquí y simplemente seamos Uno como fue en
el ayer en mi propio vacío, y sácame ya de esta juguetona bazofia del mundo sumergido
que me requiere para aumentar el sueño de las estrellas caídas hace eones atrás. Ven dama
de misterios, ven reina de la luz, reina de la noche, reina antigua tanto como el Big-Bang de
Orvonton. Luego, danzaremos junto con las salamandras en este suelo que flota en el suelo
del suelo gélido del páramo, donde la memoria de los Pastos rumorea Luz, Poder y Fuerza.

En mi deseo por esta noche, oraré por destruir la piel de los siete negros psiquismos
que pretenden sobrevivir a expensas de mi divina conciencia.

Acompáñame preciosa garúa de mis eternos días, hacia los ríos ígneos que son
custodiados por los venerables tigres de la sabiduría, ven y agarra mis manos, besa mis
labios y enreda mis dedos en el ébano de tus cabellos, cascada de noche mística.

Mi deseo por esta noche es acariciar tu piel y abandonarme a tu frenesí de inmortal,


es devolverme el conjuro que me separó un día de mí mismo.
Noviembre 19 de 2003

Tristemente la mar reflejaba recuerdos de tus ojos en la madrugada y yo pobre


mortal resucitado te esperé en el despuntar del alba para que los bosques nos llamasen con
ocasión de celebrar ya nuestras bodas.

Nos extrañarán los espíritus del callar en blanco y negro y aquellos portales
encendidos de Quilca, lugar donde se quedó por el paso de algunas lunas, mi espíritu.

Hoy ardieron las flamas durante el ritual del pan y el vino, ardieron mis deseos de
bogar por el universo, ardieron mis letras con rumor a magia divina. Ardí yo y ardieron mis
libros, mis ilusiones, mis amores,…mis resuellos.

Mi deseo por esta noche es escuchar los conjuros del amor.


Noviembre 20 de 2003

Los milenarios fueron invocados en la fuerza del Amén.

No se tiene aún los resultados de aquellos poderes, pero al aparecer el amanecer por
el mirador de Oriente, Urantia sanará heridas por la gracia tuya, ¡oh mi amada diosa de
cabellos negros!

Unas caricias de la luna se calan en los mapas místicos por entre mi piel, en el fondo
mismo de mi pecho, la raza irritable de los poetas las intuyen por medio de la magia de
Styx.

Reina de la noche mía, llegaste en mi clamor para inquirir tus frases, tus celosías
atrapadas en el mirar infinito de mis pupilas hacia las lejanas estrellas, hasta el fin del
tiempo. Tu yola se ancló en el arte humano por entre mis pinturas mentales de la mística.
Las sombras se rinden durmiendo, llorando contigo, disolviéndose por tu gracia.

Por mis sueños, se alejan, vienen, bogan los ecos de los duendes blancos, de las
hadas y de la lluvia fría de noviembre que me amó en esta tarde bohemia como la que más,
como el espíritu del río que pasea en los jardines alquímicos del dios que ríe mil veces
junto a las aves de fuego, cuando la oscuridad me arrebata el alma y conversa con mi Ser en
Arcadia.

El triskel se hizo presente mientras los rumores de la lejanía llegaban a mi mente,


llegaban a mi piel ansiosa de fuego sagrado.

Mi deseo por esta noche fue cobijar su existencia y conocerla. ES lograrme dragón
una vez más y enviarle el beso amor en la bandeja de plata de mis manos.
Noviembre 21 de 2003

En la espuma de tu desnuda figura de mar y olas, hallé el éxtasis místico que tanto
yo imploraba en medio del ardiente fuego del sol.

Y la brisa y la sal, un perfume inmaterial que es respuesta de mis imágenes que


preguntaron a los espíritus traviesos del bosque, la forma mejor de despertar hacia el
dorado nirvana encarnado en mi carne y hueso.

Me serviste de guía, amada de todos mis tiempos en la etapa primera de Hiperbórea,


Thule, Lemuria, Ávalon, Non Trabada; del misterio en mis tierras frías de páramo y lluvias
tristísimas.

Hoy recordé que yo me estaba buscando. Recordé que quería regalarte mi cariño,
recordé que era yo un antiguo dragón que desde ya hace tiempo no se remonta en los azules
cielos para echar fuego en el horizonte, fundir los arcanos y hacerlos una sola Ley. Hoy a
tiempo, te recordé en el bagaje de los milenarios que me enseñaron a verme en ellos y a
ellos les enseñé que eran yo.

Luego en esta oscuridad tan locura, escucho los talentos de las esferas, escucho tu
voz a un canto de mis anhelos y mis soplos de vida.

Hoy aprendí que mi fuente y yo no existíamos, tan sólo fuimos un sueño de hace
eternidades atrás, aprendí que fui un parpadeo, un intento de quedarse dormido, aprendí que
fui nunca lo que he sido, que yo había muerto y estas letras eran una risa trágica del
Maestro Misterio.

Aprendí que aprendí nunca nada, sólo que ya lo sabía, la luz me cegó y caí hacia
mis Aquerontes y Leteos, hacia lotos, floripondios y robles.

Mi deseo por esta noche… quizá desear un eclipse totalmente terrible, ígneo,
místico.
Noviembre 22 de 2003

Una canción del silencio camina prudente entre los pliegues de la risa sagrada de los
montes lejanos, donde el viento es frío y los pajonales te invitan a tomar del agua fuerte que
brinda la diosa preciosa de los cabellos negros.

Yo simplemente me convertí en el mago de la batalla ancestral en los llanos de


pilares, y amé mi espada, mi guerra santa.

Posteriormente los fuegos solares aumentaron su flama imperecedera para fisionar


el misterio divinal de mi dios interno, Aquél que se reflejó de la Fuente Original de la
Creación. Nunca supe hoy comprender ese arcano tan hermético, será porque abandoné mis
ojos en Arcadia, será porque no quiero recordar aún el momento en que yo mismo me hice
a mí reventándome en mi locura, en mi piedra cúbica que tenía el Conjuro de la Creación;
…no lo sé.

Mi deseo por esta noche pertenece a la evocación no recordada de mis antiguas


revelaciones donde yo me pierdo en laberintos terribles que retienen el tiempo de mi Obra.

Los libros de la Noche de los Tiempos tampoco me dan cuenta clara de la existencia
de mi magia, quizá porque esta pobre persona mía que nada vale aún no ha asimilado las
suficientes capacidades para vislumbrar el obrar de los Altos Misterios, del cuerpo
hermético de los diamantes etéreos.

Mi deseo por esta noche tan sólo ruega al Triskel la revelación de mis juegos
antiquísimos.
Noviembre 23 de 2003

Hoy la soledad me persiguió hasta atraparme y derramar sus hechizos sobre mi


melancolía, y logró hacerme guerrero de la luz una vez más en este cementerio psíquico.

Me enseñó la soledad unas palabras que contenían la magia de las esferas, contenían
el signo del equilibrio, o mejor dicho: el Gran Signo de la Correspondencia.

Me enseñó que en mi piel tenía escrito:

GNOTHI SEAUTON

La diosa de los cabellos negros estaba también dentro de mí y yo recién lo aprendía


de nuevo desde hace eones atrás.

Mi deseo por esta noche es conjurar fuerzas para completar mi conocimiento,


completar las palabras que en silencio he dicho entre soliloquios del alma.
Noviembre 24 de 2003

Mi deseo por esta noche habla sobre las imágenes de la lejanía, habla sobre la
extraña fragancia de los amores utópicos y la neblina que se cala en tu alma y duerme tus
ojos hacia el universo de los suspiros.

Es un vicio, ¡es un vicio!

Y me pongo a arraigarme en tus labios tan trampa, son veneno dulce que instiga
terriblemente a estrellarse en la trágica forma inconocida del Maestro Misterio.

Quiero helarme con el frío de los páramos solitarios y místicos de mi suelo; quiero
llorar con sangre para regar estas locas páginas resecas y con un poco de magia cultivar
unas pocas observaciones de dos o tres duendes rodantes que buscan encontrar también un
camino donde nadie lleve porquerías del mundo de las 48 leyes.

Preciosa dea mía de todos los días, tú que conjurásteme el nombre y mi espíritu
ancestral de cuando empecé de la nada, dime la historia de mi propia muerte; dime tú,
mirífica ninfa del océano del misterio de mi existencia, cuál es la respuesta a la oración que
me dirigí cuando estuve dormido con mis ojos abiertos, para darla al creyente como
pequeña señal del amor como poder mágico.

Mi deseo por esta noche es estar aquí, con el que me guía y jamás deja a mi alma sin
cosas para aprender. Mi deseo por esta noche es enamorarme a ya no poder, enamorarme a
reventar por ti.
Noviembre 25 de 2003

Esta rosa blanca jamás morirá, QUAEREBAM UNDE MALUM, ET NON ERAT
EXITUS. Hoy me explicó que la sombra cuando aparece la luz, se luminifica.

En la lejanía inmensa donde los rayos blanquísimos se fracturan fragorosos,


danzabas reina mía alrededor de ella, la rosa blanca; y consumaste nuestro idilio místico.

Mi deseo por esta noche camina por entre tus ojos, añorándote, anhelándote
locamente como siempre en todos mis días de guerra sagrada, para no perderme de la rosa y
vigilar su seguridad y su divinidad y su inmortalidad, para adquirir esas cualidades y
plantarlas en el viejo bosque de los elementales cándidos, allá donde nadie comprende la
existencia del paisaje delicioso de los milenarios.
Noviembre 26 de 2003

“…Quiero invocar al peligro,


a tu más misteriosa imagen de rareza,
pero pintarla en mi lienzo de poesía no consigo,
porque está en demasía tu belleza…”

Las abstracciones de tu más real piel de neblina verificaron los misterios de tus ojos
en su extraño mirar para conmigo.

Les pedí a las estrellas allá tan al fondo del infinito cosmos, que me traigan siempre
tu beso furtivo, travieso, comprometedor, caprichoso y amante.

Le pedí a tu recuerdo que me disuelva en la batalla del mí mismo… (a ver, en esta


parte no me entiendo).

Mi deseo por esta noche es abrazarte y sentir que este vehículo ya me estorba,
quiero fundirme contigo para encontrar por fin el atanor que forma mi piedra cúbica.
Noviembre 27 de 2003

¿Puedo decirte que me muero de ganas por sentir tus suspiros evaporándose
enamorados desde el calor delicioso de tu boca?

¿Puedo pedirte que me dejes con mi locura por ti?

Ya sé. Voy a hablar con mi soledad. Ella es la única que me entiende. Le hablaré de
ti y de lo mucho que me haces falta. Aaaah…. y también le diré que te quiero. Le diré que
me tomé un café delicioso en esta tarde de cansancio y guerra, con la sombra que nunca
tuviste. Hablé con tu nada porque la ironía exigía de una enseñanza antigua sobre los
poderes del ancestral bosque de los duendes; porque, ahí estuve yo con la diosa de los
cabellos negros.

Sé que la luna en eclipse me aconsejó que mi deseo por esta noche debería ser
contemplar la ternura y dulzura de una mujer preciosa.
Noviembre 28 de 2003

Quizá mi deseo por esta noche sea hacer delirar a mis lágrimas que caen diluyendo
quimeras más allá de mi universo, más allá de mis estrellas. Quizá yo me caiga por esta
enfermedad de amor por la diosa de cabellos negros.

Me rindo yo ante una batalla que no pude ganar, porque la conspiración de las
fuerzas del universo no se encontró a mi favor, pero tampoco en mi contra, simplemente
hizo lo justo, aunque desde la edad de Arcadia los Dioses del Color de la Luna decretaron
mi comunión mística con ella, con la mortal que mordió mi alma con la voraz destrucción
de mis afectos.

Sí, mi deseo por esta noche continúa en el místico mirar de mi centro, de mi luz y de
mi Ley.
Noviembre 29 de 2003

Caminando siempre por mi sendero de dolor en dirección a la luz, un Maestro me


dijo que mi corazón abierto de tanto amor, ha salvado mi vida mortal en la ocasión en que
dejé mi cuerpo consumiéndose en amarguras y óbitos interminables, constantes.

La luna tan profunda en ese cosmos inmarcesible me regaló imágenes del misterio,
me regaló besos que llevaba el viento en ese instante cuando yo escribía mágicos suspiros
en el telón de la oscuridad.

Mi deseo por esta noche equivale a valerme del conjuro del olvido para escuchar
mis pasos presentes dentro de la alegría que se siente por volar hacia DIOS.
Noviembre 30 de 2003

No quiero que mi pecho se transforme en un sepulcro de rosas difuntas.

La bazofia del mundo te trata de transformar las impresiones del alma que has
logrado acoger en el transcurso de tus milenios.

Las tres dimensiones del gentío muerto con ojos abiertos que observan nada y la
miran todo, te atraen al infierno profundo, donde el Aqueronte no te permitirá que vuelvas y
el Leteo te lavará tus cariños, los que te atrapan cuando regresas a ver.

Mil pedazos de sombras nocturnas vuelan con los vientos del cosmos y no puedes
intuir aún la enseñanza de tu propio SER.

Mi deseo por esta noche es pretender tu llama para quemarte la piel. Quizá así te
regreses a ver a ti mismo para que no te burles de la careta de los demás y sí en cambio te
espantes de tu oprobio arte de sombras y fealdad.
Diciembre 01 de 2003

Venus de espuma marina se desprenden furtivamente en los ritos de una laguna en el


frío de un cerro de los misterios; son versos extraños que depositan la gloria de las batallas
ganadas, depositan el amor interno y ardiente, el amor puro que emana el absoluto.

Tan solamente puedo decir una invocación en medio de toda esta querella de
poderes cósmicos y ancestrales, puedo decir tan sólo un silencio escurrido por entre tus
cabellos y graciosa figura: cándida, traviesa e inocente, y tan… tan irónicamente sabia.

Te quise besar ligeramente los tuyos suaves labios de luz para lograrme el corazón
de tu hondo pecho místico… oh mujer tan delicadamente suave como la luna tras los
árboles callados del antiguo bosque de los magos; quise abrazarte para entregarte sincero
mi tierno y poderoso cariño.

El sol animaba aún más la beldad de tu magia, en este día de renaceres níveos y
arrepentimientos sinceros por las caídas fabricadas en la innombrada época de la Arcadia
durmiente tras los sueños del inmortal velo de Maya. Alumbraste mis cadencias y diste
ternura a mis prosas con tus manos que me recuerdan ese algo extraño del páramo gélido y
los arcanos no recordados.

En mi conjuro al alba, los demonios huyeron de aquel poder nuestro irradiado por
nuestros ojos emperadores; oh pequeña ninfa en la garúa despaciosa, nadie más sabrá el
conocimiento de los cuatro elementos entre nosotros.

Mi deseo por esta noche te añora como si mi pluma necesitara de tus besos para
cristalizarse en la inmensidad de la noche que dicta estas nunca dichas frases del fuego en
la naturaleza.
Diciembre 02 de 2003

Meditando en los resquicios de mi corazón, pude comprobar que uno jamás ama
demasiado, pude comprobar que tu imagen no se acaba de detallar nunca, supe que la
sabiduría te llena el Ser con los arpegios de la aurora de Arcadia.

En todo este día ensoñé una realidad que me quitó las cadenas de las 48 leyes, tan
sólo pensando en ti.

Llegué bogando hasta alcanzar una estrella inconocida cuyo nombre no existe, cuya
materia no existe, cuya cualidad tampoco… Es una estrella que está ahí desde el principio
sin principio de lo increado y me habló sin hablarme pero lo hizo con Su Presencia ausente,
con la paradoja de ser paradigma que los “Ateos” le denominan Dios.

Oh reina mía, preciosa fulgente de largas cascadas de ébano en tu cabello, me


declaro loco encerrado en todas partes de la eternidad, te regalo mi omnipresencia y un
pasaje por las horas apolónicas, para que no me olvides cuando yo sea tú, o sea hoy…

Dame tus besos y verás cómo la danza de la luz obrará con brío su única ley.

Te recuerdo que este breve sueño de 65 años está a punto de terminar si


comenzamos a amarnos desde el alba, te recuerdo que allá afuera en la oscuridad del
mundo, me hallarán inminentemente culpable por despertar a la espada de la liberación, me
culparán en todo derecho de ser un ignorante desquiciado que tan sólo quiere molestar la
paciencia de todo sonámbulo.

En el páramo lloraré a solas una risa refundido en aquella laguna donde los
misterios de los Pastos duermen silentes cobijados por los relámpagos que nacen y mueren
en cada instante.

Y será entonces cuando me ames como nunca jamás, me amarás con el azur en la
hora 13 para respirar juntos el aroma divinal y dulce de los arreboles miríficos de la nueva
civilización solar, lejos de aquí, quizá escondida en las miríadas maravillosas del Poder
legítimo.

Mi deseo por esta noche, es volver a sentirme fuego furtivo, es volver a caminar por
el sueño de lo inmanifestado para recalcar que sigo más vivo después de mi muerte, en el
abrigado cariño de tus brazos.
Diciembre 03 de 2003

Declaro sin ambages que fueron tus besos de misterio los que me encantaron bajo el
conjuro de la Luz, en aquella alborada alegre de tu gloria eterna, en aquel espacio sin
tiempo de lo increado.

Recuerdo en esta noche que en los tiempos de la Arcadia ancestral, nosotros fuimos
cómplices del Amor Eterno y que fue nuestro cariño el que en las ruedas de los tiempos,
forjó la ruta de la actual existencia en vía de vuelta hacia el Centro de los Universos.

Recuerdo que amándonos en la fortuita laguna de los ensueños, bogamos furtivos


como las salamandras y genios del fuego, rodando nuestras caricias durante el silente cantar
de las antiguas estrellas.

Tus caricias y abrigo me fueron confortando en las solicitudes que yo pedí al dios de
las mil risas como catarsis lenitiva para la sed de mi corazón ansioso de Libertad y Poder.

La humildad de estos frailejones y páramos de mi tierra, me enseñaron a


transfigurarme y a convertirme ya en cóndor, ya en aire, ya en misterio y por fin en lo que
ahora he vuelto a dominar la forma del Dragón Blanco.

En este sitio donde la soledad es un mito, el Absoluto derrama su luz dentro de todo
mi Ser, el tiempo se coagula y se disuelve para volverse siempre ahora.

No se puede abandonarse a la inercia ni a la maledicencia, ni ser un pasivo


anacoreta. Aquí… por aquí la acción es constante y para siempre con la Maestría y la
sonrisa interna, porque sé que en realidad estoy libre de mí mismo y he comprendido con
sufrimiento voluntario el origen de mi nacimiento y el de mi verdadero nacimiento. Una
locura de tres risas tañe las campanas del monasterio eterno celestial.

Más allá de las esferas esta plenitud es incognoscible y terriblemente poderosa. Te


sientes ardiendo en un altar inmarcesible y los recuerdos y las visiones son sólo quimeras
de un mundo zoológico de bestias abyectas y gusanos inmundos.

Este beso nuestro es como las mil delicias de la ambrosía cuando mueres de hambre
y te invitan al Banquete Real.

Oh Padre Absoluto, escancia tu luz sobre mi pluma para mostrar a los que pueden
ver y ocultar a los que quieren profanar.

La sombra se ha luminificado y todo no existe, de pronto sólo hay una nada repleta
realmente de sí misma, hay vacío divino, algo egregio como lo indecible, la misma catarsis
ha quedado debajo de muchos niveles, allá en el Purgatorio doliente.

Mi deseo por esta noche refiere su fin a ser nada, sirve para abrigar el corazón de los
valientes que caen y se levantan como guerreros de la Arcadia.
Diciembre 04 de 2003

Me sentí tan sólo de repente, no sé cómo fui tan débil para llegar a cometer este
pecado.

Mis rodillas entonces chocaron el suelo misterioso de mi mundo caótico que se


arremolinaba tan iracundamente como cuando la Estigia se traga a los que no les gusta la
paz y se mueren de furia virulenta.

Pero navegué por fin en el Styx, fui a buscar ansiosamente al demiurgo que por el
momento hallábase corriendo como loco y con carcajadas malditas que regurgitaban
demencia y anarquía; encontré a Jaldabaoth leyendo conjuros arcaicos, encontré la escalera
enmarañada de telarañas, apartadas recientemente, que conduce al Golconda.

Me miré en todas esas cosas y eran partes mías así como cuando estuve en el
séptimo superuniverso y magnifiqué el amor de los dragones.

No supe qué me pasaba hasta que la reina de místicos pasos me besó el alma y me
tomó de la mano para bogar siempre juntos por las aguas inmateriales de la vida.

Soñé que me daba un cuerpo en un mundo apartado de la luz y que de repente


escribía frases indómitas, ígneas e impolutas; como si en aquella oscuridad hubiese uno de
los druidas blancos que se ofrecieron para salvar su hálito etéreo.

El blanco dragón su espacio eterno más allá de la mente y la comprensión de la


condición humana y desea por esta noche terrena, pensar por lo menos una vez que cómo es
pensar cuando pensar es el caos que desequilibra la armonía de lo divino.
Diciembre 05 de 2003

Descendí a tu boca, amada mía; descendí al cuerpo de tu cuerpo tibio, lo hice como
la garúa silenciosa que camina nubes abajo por entre los aires de los resuellos lunares.

Besé la ambrosía que llevan tus ojos al mirar las estrellas lejanas cuando tratas de
encontrarme en las meditaciones.

Hoy te llevé en el fondo de mi pecho hasta donde las cuatro columnas del cosmos se
sostienen cuales titanes conteniendo el peso de lo indecible.

Mas tú nunca lo supiste reina de cabellos negros, porque en esos instantes dormías y
despreciabas mis brazos hechos deseo por amarte y protegerte; tú que coronaste mis sueños
de adoración, tú mi soberana rosa mística de egregia belleza que fuiste la única capaz de
hacerme dar cuenta que estaba en mí mismo desde el nunca visto día de mi creación.

Pero llévate mi adoración para siempre, hacia donde quieras, y sabrás que donde
vayas serás yo mismo. ¡Oh luz arrebolada y exquisita de impecable pureza!

Mi deseo por esta noche es descender a tus ensueños y robarte tus besos de tu lívida
piel.
Diciembre 06 de 2003

En los arpegios sagrados de la música fantástica asoman tan de pronto las figuras brillantes
de Los del Color de la Luna, aparecen cual destierro de enlaces terrenales para sublimarme
el alma.

Oh Maestros excelsos de la antigüedad, dadme otra vez las fuerzas del blanco dragón para
llevar mi espíritu amoroso de luz hasta el reino de donde nunca sale el misterio, llevadme
más allá de mí mismo hasta donde la eternidad se quiebra y donde nadie sabe qué hay
después.

Embriáguenme con la locura de las divinas Potestades y el néctar de lo inmanifestado,


levanten mis sierpes cual adur hacia la noche bañada de magia y ritual en la laguna helada
de la filosofía, pero no se olviden de darme también el recuerdo del mañana, que trae
imágenes de lo que siempre es hoy, denme a mi amada reina de cabellos negros para
quitarme el corazón y ofrendárselo con mi última gota de sangre y decidle que el velo de
Arcadia se ha levantado ya para ofrecer el sol entero a la humanidad.

Maestros del Color de la Luna, allá en la selva de mis silencios he dejado mis ojos
hondísimos, he dejado el escuchar y mi tacto.

No me comprendo a mí pero he comprendido a vuestros cetros, por aquí, por aquí entre las
huellas preciosas de la tinta que derramo en las resecas hojas de mis sueños de cuando tuve
un cuerpo mortal.

Simplemente vivo en la realidad que un beso deja en la boca después de haberla besado,
vivo en mí estando en todas partes, comprendiendo que nunca jamás estuve en otra parte
sino donde siempre he estado, donde siempre seré, donde el dios de las mil risas cultiva los
árboles de paradoja y enigma.

Mi deseo por esta noche es reventar con este amor sublime y exquisito junto al lago extenso
de los sabores miríficos, donde el vino espumoso de las divinidades se escancia en el vaso
magno de la gloria.
Diciembre 07 de 2003

Si sólo te dijera adiós, mi alma se disolvería con los vientos del cosmos para otorgar sus
partículas divinas a cada punto de la evolución.

Mas el Dragón Blanco es invocado y su sublime presencia vuelve a surcar los cielos de
Urantia para arrebatarme y ser yo, como lo he sido tal y como cuando fragüé los conjuros
más terribles jamás vistos desde la Arcadia primigenia.

Mil y mil bellezas miríficas se muestran irrumpiendo en el camino del Dragón milenario e
inmarcesible, que recuerdan los encantos y hechizos de las preciosas parcas: Cloto,
Láquesis y Átropos.

Y tú mi reina preciosa de cabellos negros, cuales caídas de fluido ébano místico, me


transfiguras el espíritu para completar el círculo rojo de la alquimia, girando la rueda,
disolviendo y coagulando. Me entregarás el eneagrama cuando las apolónicas horas sean
culminadas con la hora 13. Pero bésame al alba, tan despaciosa como si procuraras sentir la
textura de una lívida rosa pálida de los campos edénicos del Nirvana.

Mi deseo por esta noche es comprender que tú tienes mi crúor y que la crápula metafísica
que te invade es por causa de mi completo amor por ti, que muere y vuelve a morir por dar
hasta la última gota de su ancestral sangre.
Diciembre 08 de 2003

En aquella noche tibia, cuando te miré espléndida, cual estrella de amor fulgente al fondo
del cielo negro, dibujé tu sonrisa divina con mis resuellos detenidos en un instante eterno,
para enamorarme mucho más de ti.

Recordé hace unas lunas, que serías mi adoración inmortal, que comenzó desde el inicio no
iniciado de la luz.

Hoy absorbo el aire magnífico de este páramo inmenso, tratando de encarnarte dentro mío,
tan despacio, tan sagradamente como si de lo contrario mil flores de lágrimas entumecidas
se destilaren por quebrarme un frágil pétalo de cristal de amor.

El dios de las mil risas me habla mágicamente de las horas mías más allá de la hora trece,
como si yo me hubiese disuelto en la mar encantada del Absoluto y mirase a todos lados mi
propio rostro vigilando tu voz, oh dulcísima reina de cabellos negros.

Quizá es que con tanto secreto me he vuelto loco como el que más, desafiando al dragón
centenario que es ilusión; quizá nadie entienda mis decretos y verdades porque el ojo del
mundo no quiere despertar hacia la realidad de Dios.

Creerán simplemente que estas frases tan sólo significan intercaladas pinceladas de alguien
que muere por amor.

Los océanos besan el cielo en un intento de conservar el ensueño puro de la madrugada,


conservan el fulgor de mis sueños arcadios e hiperbóreos del segundo eón.

¡Oh Misterio!, pronunciad en la hora trece el sagrado VAL allá en la montaña tercera más
allá del desierto helado de Hadit y conjurad a os Antiguos que osan levantarse en mi contra.

El idilio mío con la maga de cabellos negros hará temblar las esferas inmarcesibles por allá
entre los resquicios de mis vacíos y meditaciones.

Mi deseo por esta noche es abrir una vez más aquella caja que Pandora no supo respetar.
Diciembre 09 de 2003

En las frías montañas acá en el suelo de los abuelos Pasto, se escuchan rumores raros
acerca de los hechiceros de guerra; por aquí, por aquí entre lagunas gélidas y misteriosas
que en la noche reciben la danza de los duendes traviesos.

Y en una de las tantas veces en que amanecí cobijado por la majestad de una montaña, el
brillante fulgor de la diosa de cabellos negros me fusiló las emociones imperecederas que
descubrí en mi psiquis perversa, ayudándome a despertar la blancura del Ser que realmente
pretendo encarnar dentro de mí.

La vida que corre en el poder de mis manos se desenfrena entre frailejones y salamandras
misteriosas para elaborar danza con la música de las esferas. Pero los antiguos dioses del
mal bregan por conquistar el fuego de las virtudes, y así tan de pronto se desatan los
fragores de rayos y lides con el fin de acabarnos la existencia; mas de pronto la gracia del
cetro y mi pluma mística hace resurgir el Conjuro de la Creación para terminar la guerra
con una lluvia de hierro hirviente para deshacer el embrujo que cubre a la mente de los
homúnculos racionales.

Tan estrafalaria y loca la presencia del Señor de las Mil Risas que te provocan temblar tus
dientes rechinando por el horrendo teatro del fin de un reinado de tinieblas y barbarie
abyecta como el mismo demonio que inscribió su nombre en el Styx.

Mi deseo por esta noche es a<mar mi sagrada espada y blandirla en contra de los siete que
intentaron amarrar mi alma por toda una eternidad.
Diciembre 10 de 2003

Dime dios de las mil risas, ¿cómo puedo hacer que el amor se desarrolle en medio de
campos putrefactos y de amarguras interminables? ¿Acaso debo utilizar este material
inmundo como abono?

La verdad es que los arcanos no se me hacen perfectamente visibles aún, quizá por falta de
un poco más de lucha en los campos cruentos del sendero rojo.

A pesar de mis tantos soliloquios, aún no discurren dentro de mí las beneméritas virtudes en
su esplendor todo, la magia sin embargo, boga en todas las luces de mi ser, siempre
encendiendo mis ojos de dragón en las imágenes inefables de una laguna mística.

Mi deseo por esta noche es libertarme de mis propios tropiezos y avanzar hacia sitios cada
vez más ocultos, enredarme en amor y crecer en la Luz; brotar desde la rueda del solve et
coagula y volar finalmente como si un destello inmortal surgiera desde lo más hondo de la
tierra para enrumbarse hacia lo infinito.
Diciembre 11 de 2003

Esta vez, la batalla sin tu amor difícil no la pude ganar, quizá porque en la madrugada no
tengo la total fuerza mística de mi alma; porque ella es tú y yo a la vez, en la conjunción
deliciosa y terrible de la mar y el cielo.

Hoy me agarre del sol durmiente en lo más hondo de mi profundo Ser; una llama violeta
me transmutaba las lágrimas tibias de mis ojos en vaporosos espíritus de fuego.

En el páramo furtivo de mi secreto existencial, Los del Color de la Luna dejaron para
siempre su huella que es la mía hacia la vía directa al Absoluto, la plantaron con un milagro
mirífico de un triskel que cuelga en mi pecho.

Aquella diosa mía de los cabellos negros me había abandonado cuando la ígnea laguna se
alegraba por la tormenta del cuarto eón. Quomodo in caelis, crúor obscuritatem invocat!
¡VAL! ¡VAL! ¡VAL!

De pronto, sabes que tu sangre debe ser derramada en llanos de pilares, en pétalos blancos y
en el océano níveo de la divinidad de las esferas.

Hoy lo único que quiero, aparte de gritar mis gritos, es besar tibia y cariñosamente los
labios tuyos.

Mi deseo por esta noche es volar despaciosamente rozando la humedad dulce de tu boca,
cual pétalo de una flor de poesía.
Diciembre 12 de 2003

Aflora hoy el beso de mi locura, mientras una margarita deshoja sus pétalos tristes como
lágrimas de misterioso sentimiento lleno de amor.

Me he dejado llevar por tu divina voluntad para que mi Ser caiga hacia el centro del
universo de Nebadon; ardiendo, ardiendo, ardiendo con el fuego sagrado de mil soles.

Amor mío, despaciosa muerte anunciada por el terrible mirar de tus ojos; te ofrendo mi piel
y también te ofrendo mi sangre, te ofrendo mi boca enamorada de tus rápidos respiros
cuando me amas allá en Arcadia.

Acá, las lagunas cristalinas que reflejan el misterio de la Santa Cruz, emanan efluvios y
tentaciones místicas; son el espejo mágico donde me miro el rostro desde más aquí, más
aquí, aquí mismo y tan adentro de mi propia eternidad.

Nadie comprenderá que n existes siendo en realidad la totalidad de mi vida. Perdona mi


locura inmarcesible y mis decires tan absurdos como mi existencia allí abajo donde dicen
que reside el estúpido complejo de los homúnculos racionales.

Déjame ver en tus ojos a la sonrisa irónica del dios del trueno, a la incandescente brisa del
mismo Styx.

Mi deseo por esta noche es que me lleves en tus labios cual mordisco enamorado, para un
loco bardo danzando en las flamas rojo-rubís de una tentación enredada y profunda.
Diciembre 13 de 2003

Con la tarde llovieron palabras arreboladas con la pintura de mis sueños, llovieron frases,
llovieron versos; llovieron ensueños de tus labios y mil misterios.

Mas como cuando cantan danzarinas las lágrimas cristalinas de la luna, te imaginé como la
encarnación de mis conjuros de cariño y mística, te besé la piel fría de tus manos rebosantes
de gloria como si fuera que el viento suave acariciara la bella luz del grandioso sol.

Mi deseo por esta noche es añorarte más de lo que a morir ya lo hago, es ansiarte como si
mi eternidad tuviera un segundo de vida y tus labios rojos me libaran la existencia, toda mi
alma, a través de mi boca.

Y quizá deambulan con las estrellas mi par de ojos extraños, unos ojos de misterio que
amen la honda significación de las palabras del dios de las mil risas; si tan sólo me
regalaras la crápula apasionada de tus besos matándome de sed y envenenándome de ti…

No sé si mi carne de agua viva palpite la magia del paraíso cuando tú seas yo; lo único que
sé es que, en Arcadia, el éxtasis del fuego bailaba voluptuosamente en nuestra comunión
inmortal e impoluta y egregia.

En el otoño de nuestras cadencias mortales, resplandeció e irrumpió tu alegría mirífica,


fueron las horas de la resurrección mística.

Tus caricias tibias y despaciosas engrandecieron la sabiduría de mi espíritu mientras Los


del Color de la Luna convocaban siluetas de combate en el vacío; la leyenda vuelve a nacer
en el páramo candente acá en el Chiles.

Yo sólo quería mirarte dentro mío, así como yo me miro dentro tuyo, a un canto del cosmos
donde inmarcesible reposa el arcano del Anciano de los Días.

Las brisas prudentes y despaciosas corrían tras el hambre de mis resuellos para devorarlos
con la ternura de la Luz.

Si supieras que en las alturas se esparce mi amor resplandeciente, sacarías mis restos
materiales de este cuerpo decadente y podrido para que la obra del dragón se magnifique
por mi propia gloria.

En el bosque oculto de la antigua ciudad, dejé encerrando mis hondos secretos para que en
mi juego solitario alcance a rebosar el amor de mi corazón para los universos infinitos y
donde Nebadon acogió a mi último cuerpo en el mundo de las formas.

Dios me miró y Su mano nos unió contigo para fundirnos en Él, cuando escribí los arpegios
innombrables de mi nombre; comprendí, mi preciosa reina de cabellos negros, que fuimos
nunca lo que somos ahora, y que este breve cerrar de ojos fue un espejismo de los antiguos
dioses.
Mi deseo por esta noche es contemplar el beso del cielo y la mar, allá donde el horizonte
muere.

Mi deseo por esta noche es estar a tu lado sempiternamente, entre códigos de silencio y
vidas de instantes, legados cabalísticos y resurrecciones misteriosas de lo divino.

Toma mis suspiros en cada muerte mía al besar incesantemente tus labios de carmesí,
vestidos con el dulce sabor de la ambrosía.

Toma mis despertares en cada estrella pálida y lejana, allá y dentro de los universos,
arrogantemente, desgarrando mi alma en cada agravio y junto a la profunda oscuridad de la
noche, de esta noche...

Pero deja, déjame, aunque sea un resquicio de tiempo para conjurar un hechizo de amor en
donde mi ser se vuelva fuego sutil y brillante dentro de tu pecho.

Que ardan las salamandras, que abrasen estas ganas de piel contra piel.

Yo me iré a las alfombras de mi páramo, al frío yermo; que mi rostro sea besado por la
garúa que destilan los milenarios desde el cielo encendido con los blanquísimos rayos de la
luna.

Mi deseo por esta noche... Son muchos los deseos que añora mi voz, mi risa, mi canción de
vida y mi amor por ti.

Mi deseo por esta noche se tambalea entre mis pies mientras estoy en este mundo y en el
otro lado de los espejos, aprendiendo a pininos el don de la ubicuidad. Porque en todos
lados voy a estar cuando abras tus ojos después de regresar de los sueños.

Me verás volar allá también, donde tus pupilas marcan el sitio en la red de estrellas donde
quieres caer vertiginosamente, como si el profundo espacio tuviera hambre de ti.

¿Y cuál es mi deseo? ¡Cuáles! Oh preciosa Magia dorada... Derríteme en tu boca


furtivamente, de una manera cruelmente lenta y que me mate apenas te toque; una y otra
vez, amada mía, una... y otra vez.
Diciembre 07 de 2003

Has pedido al universo un dragón, y cuando llega al umbral triste del vidrio a mostrarse, te
espanta la terrible realidad de estos extraños regalos.

Te quema en el pecho la sensación de lo insólito y lo furtivo, inminente caos de sentimiento


que derrama a torrentes tu espíritu.

Esta vez el argot que buscas se te muestra sin ambages en una loca sensación de
incertidumbre, de rubor, de calor metafísico, de epidermis sedienta de cobijo.

Quiero ayudarte en forma de lluvia, humedeciéndote la sed y aplacando tus temores; por
aquí, tan de repente también hay despertares súbitos y agobiantes, despertares que asustan
hondamente y que te piden más instantes de recuperación, de sanación y de Luz.

Mi deseo por esta noche es volcar tu espíritu, hacia el lugar donde te esperan mis brazos
sublimemente bondadosos hasta morir. He llegado, soy el dragón que el universo te regala
para vivir.
Diciembre 08 de 2003

Cual blanquísima estrella te miré en esta madrugada fría y lluviosa, mientras la oscuridad
me arrebataba letras para escribir dudas y silencios.

No dejaste con tu presencia, que mis huellas permanezcan inmarcesibles, inmutables e


ígneas dentro del camino que voy haciendo en la gelidez del misterio. Ni tampoco rogué a
Dios ninguna cosa, la impecable actitud de un monje-guerrero es esa.

Entonces, arrebaté al Padre Trueno la voz de los antiguos días, para hablar con los
milenarios acerca de la magia de tus ojos soñadores y el espacio nocturno donde ellos
bailan en busca de ilusión y ensueños.

Y aunque enamorado estoy de ti, mi amada diosa de cabellos negros, no me permitiré dejar
de morir en el campo de batalla con el buen acero expuesto en la lid.

Sigo, no en el multicolor del velo de Maya, mas sí en el blanco y negro del argot, de lo
herético, de lo pagano, de lo místico, de lo alquímico, de lo insólito, de lo olvidado, de lo
oculto, de lo ancestral y lo legendario.

Mi deseo por esta noche es ir donde el rey de locos y experimentar una temporada sin tu
tierna belleza, sin el calor de tu piel; sin nada pero con todo lo que mi cosmos destila del
Absoluto.
Diciembre 09 de 2003

Te quedarás sin la Luz dentro de mi cabeza, sin ese conocimiento escondido sobre el
mundo de la ilusión.

Acá, a pocos pasos de la no-cordura, nosotros los bardos de la locura estamos construyendo
barrocas formas para la ciencia del león rojo y el ala de cuervo.

En el nocturno ritual de la magia del fuego, el poder de la tierra nos instiga furtivamente s
buscar la ubicuidad de Dios.

No somos la persignación mortal, ni las mentiras, ni las elucubraciones para la dominación


mundial; somos nosotros la dulce canción argótica en los páramos del Chiles.

Te quedarás con la inmensa ignorancia y las cadenas de tus palabras copiadas y repetidas
por un ciego que de otro ciego ha recibido; ¡oh mortal falencia del fanatismo y los dogmas
de quienes acechan desde la oscuridad a cualquier débil!

Una sorpresa de los hados tendrás sin esperarla, mi amada de cabellos como cascada de
ébano, te cubrirá el rostro durante el estertor postrero a los días programados en tu patética
existencia.

En este baile de sombras y luz alrededor de las flamas milagrosas, los conjuros van y
vienen sin principio ni fin desde que Gea fue dejada al cuidado de la Blanca Hermandad.
Entre los bosques, en el suelo alfombrado de helechos y escarcha invocamos la presencia
de Merlín.

Yo, mientras tanto, desaparezco en este sitio para dejarme llevar por el viento encendido de
lo desconocido y el vertiginoso hechizo de la muerte según los profanos.

Mi deseo por esta noche es contemplar como un mago la naturaleza del Inmanifestado.
Diciembre 10 de 2003

Casquivanos, mis labios no han de dejar de besar la etérea forma de tu existencia, desde
donde estén hasta en la ubicuidad y eternidad del cosmos y en los resquicios de los espscios
más insospechados.

No dejas de permanecer en la piel mía, así trate la apasionada lluvia de esta tarde borrar tus
recuerdos y antojos de mí. en todas las épocas que me has adorado como tu amante fugaz o
encadenado.

Y hoy hasta me llevas al lugar de las estrellas donde tu mirada se pierde casi todas las
noches en busca de respuestas y sensaciones que sólo el dios de las mil risas puede
otorgarte, mediando yo como instrumento mágico.

En la noche veremos si tratamos de ser cabalísticamente uno, a partir del dos y ascender
cuales aves de fuego en la oscuridad, adonde el centro de lo Inmanifestado existe
arcanamente entre sacrosantos silencios de la música de las esferas.

...Y quizá al alba, nos quedemos comprometidos en la décimo tercera hora de Apolonio, sin
necesidad de los antiguos símbolos de la Ciencia.

Mi deseo por esta noche es avalanzarme al tiempo, tan fuertemente que rasgue sus paredes
para matarlo durante nuestros idilios.

Déjame instigar a tu alma, para encontrar la conjunción del cielo y la tierra en el


crepuscular horizonte donde los océanos arrojan sus briosas aguas hacia la sima de la nada.
Diciembre 11 de 2003

Mi deseo por esta noche no alcanza a bordar los cantos del velo de Maya.

Mas quisiera perderme en la danza de los espíritus al presentarse la peligrosa hora de los
espantos, demonios y espectros de las antigüedades paganas de las primeras civilizaciones
en esta tierra de fríos yermos y praderas escarchadas, de bosques alfombrados con el aliento
de dragón.

Este instante me arrebata furtivamente de este lado de la locura; me hipnotiza o embruja


bajo el hechizo y conjuro de la creación.

Pero, quien advierta mis pasos fuera del círculo de Ambrosio, ocúltese de las llagas que
dejan las terribles sacrosantas centellas de lo innombrable.

Noche en la que los milenarios descansan sus manos para dejar que los duendes blancos
hagan sus travesuras en bucles de tiempo.

Río a carcajadas frente al carmesí de las nubes crepusculares...


Diciembre 12 de 2003

De pronto, un grito en la noche, no de espanto, no de dolor, no de mortal condición ni cosas


de los hombres, mas sí cosa de los dioses; pues es la voz del Padre Trueno que atraviesa los
cielos ahuyentando a los débiles espíritus del infierno y sus lacayos.

El baile de muertos termina en medio de la sangre de los elementales, que como arrojados
guerreros han combatido en la lid por el ancestral páramo donde Chuil dejó sus huellas, sus
secretos y quién sabe mil cosas más.

En las lagunas, cuales espejos de la luna, se encuentran cobijadas las historias de los
pueblos desaparecidos en la gelidez de las tierras altas, sin dar tregua a su historia.

Mi deseo por esta noche es destilar del akash, rocíos y esencias de este suelo bendito, donde
mi diosa de cabellos negros aún camina sin ser vista, a paciencia de los años e instantes
conmigo.
Diciembre 13 de 2003

En las crónicas de la Negra Luna se afirma la leyenda inmortal de los guerreros que
caminaron por las estrellas, llegando hasta la impiedad de tus ojos hechiceros, ¡oh mi dama
celeste de cabellos negros!

Despaciosamente el vértigo hace mella en mi mente, tan incesante, tan asesina e imparable
y terriblemente mortal que me acerca al estertor de mi alma.

Musicalmente, tus labios briosos tratan alevosamente de absorber mi sed del amor por tu
insaciable piel de diosa incomprendida por los profanos del amor.

Sólo espero que en mis pasos hacia los nublados suelos de un frío yermo, como lo es lo
desconocido, no me encuentre sin tu égida, amada mía, tu égida forjada cual armadura de
las valquirias; de manera celestial, para los acechos del fuego nocturno en terrible forma
contemplado.

¡Yo te invoco en medio de esta danza de sombras y Luz! Te conjuro sin el círculo de
Ambrosio y fuera de las horas de Apolonio. Así, peligrosamente como para respirar terror
dentro del corazón de lo insólito.

Delirios exquisitos, locura de mi mente, centellas de mi espíritu, pasión por tu existencia,


beldad incomprendida.

Mi deseo por esta noche es embriagarme de tu amor y las caricias estrepitosas del viento y
la lluvia en los páramos sagrados de mi tierra.
Diciembre 14 de 2003

Me acompaña en esta oscuridad fría, tu ausencia tan casquivana e incomprensible, así como
los besos tuyos en carmesí de rubí y el ébano de tu cabello hechicero.

El aire encendido de los esplendores en el cosmos me preguntan por mis pasos


inmisericordes por aquesta hojarasca donde mis pasos me llevaron al monasterio en la
montaña de arena, buscando tu amor y olvidando a todos los mundos.

Hoy, en este momento de gloria, en el que de tu piel tengo reminiscencias tangibles por
siempre, se me va a la locura todo mi ser; siendo que la vacuidad en plena vastedad, yermo
y vertiginosa sensación de melancolía me hacen pecar contra la sacrosanta y terrible
presencia YO SOY. He caído.

Estoy a días de salir de mi montaña, de mi encierro monacal tras las puertas escondidas y
ancestrales tras las cuales me enloquecí de amor por ti.

La magia ceremonial se me aleja, grita mi alma al silencio de una soledad cuasi eterna y
dolorosa; dejándome ir en inmanente sabor de humanidad fragilizada.

Oh preciosa mía... me alejo a delirios y lágrimas, de ti.

He perdido los sagrados días de verte, he perdido los resquicios escondidos en los cuales las
caricias de tu brío me incendiaron los ayeres contigo.

Mi deseo por esta noche es reventar mi llanto en la mar agitada, en la que Tiamat me hunde
en ancestralidad y herejía. Esta barca llevará mi fantasma al borde donde el océano cae
estrepitosamente al abismo, al infrapuerto de Caronte, a la Estigia o quizá donde los
demonios se regocijan por el destino que le toca arrostrar a mi estupidez...

¡Sálvame, aeternus Pater, de este nudo en el pecho! Conjúrame el alma para que vuelque mi
visión a Ti.
Diciembre 15 de 2003

¿Qué mundo o realidad es donde mis pies están perdidos el uno del otro?

Ni de aquí, ni de otra parte en la arcana lengua del silencio argótico puedo describir las
contemplaciones de estos instantes; si tan sólo tuviera un destello de los dones de Merlín,
desgarraría este velo, no por profano, sino por temerario navegante de lo oculto.

Ego sum qui sum, pero los errores de mi locura me han hecho tropezar con la lejanía en la
Luna Negra, donde sus crónicas encapsulan, encriptan y/o guardan esta tactilografía en tu
cuerpo desnudo y terrible, accidentado de sensuales placeres y perdiciones.

Me castigan las Horas de Apolonio, los Antiguos y sus zarpas inicuas, mi torpeza y ceguera
espiritual.

Redime mis besos, redime mi caricia al corazón de todas las estrellas y superuniversos.

Versar sobre lo inconocido puede ser mi salida de la oscurificación en la que he caído,


poderosamente en verticalidad adversa. ¡Dios mío!

No he sentido jamás el horror de separarse morbosamente de la auténtica realidad de lo


divino.

Alíviame el alma, mi amada rosa sempiterna, acógeme en tu gloria, en el regazo de todos


los eones.

Mi deseo por esta noche es morderte la boca y respirar tus respiros, inhalar mi espíritu
rescatándolo con la sacralidad de tu aliento.
Diciembre 16 de 2003

En la hora de los caídos, me entregó el dios de las mil risas, una tarea para acabar con mis
falsos sentires y escudriñar elegías en los confines de mis cuatro paredes; ...me encontré
con ella.

He mentido llorando a las ilusiones y a las féminas mortales. Hoy me siento disfrutando de
un no sé qué nostálgico.

Peco por enamoradizo y no ser fiel esta vez a mi diosa bellísima de cabellos negros.

Rompen a mi corazón las últimas palabras de los hados, toda la mañana se fue
desfilfarrando en pensamientos fuera de la atención alquímica, me fui a los infiernos de mi
propia muerte con los hilares de Láquesis.

Una vez más quise explicar mis recuerdos allá en el averno mítico que lo construyeron los
miedosos eclesiásticos. Caerá la última luna al describir mis aprendizajes y batallas en la
Luna Negra.

Caerá mi última lágrima al compás de una guitarra gitana, en los albores de un


conocimiento que se me quiere implantar furtivamente, asaltando ideas Inquisicionistas y
desbordantes de crueldad.

¡Qué enfermedad loca es esta! ...me lleva despaciosamente allí donde una soñadora inventa
sueños imposibles de amar incongruencias.

Quiero quebrar mi emoción actual de papel, haciendo honores al romanticismo de los


profanos.

En algún lugar de este oscuro camino hacia la guerra, me detengo a mirar fatalmente a las
musas que me hablan de cosas superfluas, tan vanas que provocan pena y suenan a patéticas
ilustraciones de magia gris.

Mi Dios, mi Padre... Tanta estupidez no puede ser creada tan descuidadamente en los suelos
sacros de las tierras altas.

Quiero dormir, quiero quedarme embriagado de cosmos y vértigo.

Mi deseo por esta noche es generar delirios en los cuales mi tacto descubra brujas que me
encanten el cuerpo y me pierdan en los abisales confines de la vacuidad. Lo siento, mi luz
se apaga, se apaga... se apaga.
Diciembre 17 de 2003

Escribiendo mientras duerme el sol, la suavidad de los sonidos espectrales del silencio
susurra en mi oído un nombre que me otorga insomnio...
Los del Color de la Luna traen tu fantasma hasta acercarlo a la mía piel que añora tus
abrazos, lejanos quizá de mi presencia loca, lejanos quizá del cariño de mis labios y el
misterio de mis ojos.
Yo te quiero en este frío, en esta estrellada oscuridad, en esta aparente vacuidad... quién
diría... el bardo ancestral que vive dentro de mí despierta con la ansiedad de probarte su
existencia, hablándote, susurrando casi en voz muerta cuánto cuesta estar callado ante tu
recuerdo.
Sólo una candela me parte la locura de sufrir estertores, de sufrir paranoias que sólo se
alejan con un soplo de Dios en mis narices...
Mi deseo por esta noche es partirme el alma, someterla al crisol en tu fuego y llevar mis dos
pies al punto donde tú estés dentro de mí.
Diciembre 18 de 2003

Acá, tan lejos de la alborada azul, aquí en este cántico infernal de sombras, me ha dejado el
quebranto de mi espíritu y mi sombra. Déjome desangrar en tiempo cuasi eterno como si
una morbosa sustancia cancerígena devorara mi corazón desde el crúor mismo en mis
venas.

¿Dónde estás mi amada diosa de cabellos negros?

La noche está murmurando cánticos hechiceros, quizá en lástima de mi caída y lágrimas de


nostálgica ilusión tras el velo del aliento de dragón.

La voz del Padre Trueno estremece al horizonte del yermo gélido en donde mis pasos
recogieron cenizas de los muertos recuerdos de lo paradójico en leyenda.

Pero aquí en este infierno, ni aquí en este terrible infierno, la chispa en mí de mi Padre
Omnipotente deja de brillar.

Cuenta la leyenda que se levantarán los caídos cuya sangre se haya derramado en los
campos de batalla y en el templo de la montaña de arena.

Los cabellos de ébano de mi amada no han soltado a mis dedos y es por esta gloria que me
levantaré una vez más; ¡es tu risa Wakan Tanka! Preparas mi juego una vez más entre los
arcanos de los hados para hacer destellar tu voluntad antes que un cálculo de las estrellas.

Me pretendo una luz luminificadora de su propia naturaleza, por la dicha de mi alquimia y


la verdad del cosmos.

Amor en el atanor y guardar el 4 cabalístico de los elementos, el líquido de Hermes y


proceder de nuevo a la vía del Santo, ¿…o la del guerrero?

Monje y guerrero a la vez, paradigmas hacia la muerte.

Me levanto, rasco mis heridas con una sonrisa hacia el sol de mi Centro; renace el bardo, la
guerra y el vértigo de la vacuidad, pues sé que el Inmanifestado me espera desde siempre
en mí mismo, hereje seré si eso significa romper mis cadenas y adorar la piel inmarcesible
de la magia.

La Ley Superior me liberará por morir sin morir ante la mayéutica del universo.

¡Oh gran océano de estrellas! Espera y recibe el vuelo de mis alas entre tu sustancia, por el
brío delirante de mi locura jamás detendrá nadie ni nada a la grandeza de los Hijos del
Inmanifestado.
Mi deseo por esta noche perpetúa insólitamente a mi ansia de arrostrar mi destino:

Un velero en la vastedad de la noche


rumbo al horizonte vertical
donde la eternidad recoge mi mirada.
Diciembre 19 de 2003

Mi deseo por esta noche es llegar hasta tus sueños más encendidos, ahí donde camina mi
preciosa diosa de cabellos negros.

Por eso me iré a extender las alas del dragón que encierra mi espíritu entre los
desgarradores vientos del recuerdo que aún se tiene de mi amada tierra lemuriana.

Con el delicioso beso de esta noche, que con su increíble frío desafía su pena de muerte a
los homúnculos racionales, tendré la inspiración suficiente para pintar miles y miles de
crepúsculos encendidos y horizontes arrebolados.

…Y un rayo de Ra perforará la cáscara milenaria que dejaron los necios materialistas y


ateos…

Cuán grandes son el poder y la fuerza que habitan en ti, hermano mío, en ti y en ti… y
también en ti.
Diciembre 20 de 2003

Lágrimas están cayendo por promesas rotas, pero me acuerdo de la risa que como trueno se
derrama desde mi boca divina.

Recuerdos me invaden la cabeza cual gesta invasora, pero mi naturaleza se despierta en el


lecho de la terrible Luz y me instiga a caminar hacia el siguiente paso en el eterno ahora,
dándome la certeza de la inmortalidad de mi Ser.

Te invito alma mía, vida de mi magia, techo de mi cielo y sentimiento de mis besos; boga
conmigo.

También paso a anotar la existencia de la profundidad y lejanía de Sirio, como si nos


atormentara el viaje en medio de la negrura gélida del cosmos, como si no tuviera opción
de regresar otra vez a aquel lugar, después de versar, en hojas lunares y solares, respecto a
mi trabajo en este páramo hermosísimo.

Bienvenidos a mi hogar, bienvenidos a mis manos; que esta locura sea el nuestro sueño de
todas las veces que olvidan la dirección de su casa.

Mi deseo por esta noche es navegar en la enlutada y salvaje oleada del mar donde el Padre
Trueno se manifiesta fieramente; en modo de advertencia para los profanos que quieren
cruzar la Amada Tierra cosechando frutos que nunca cultivaron.

Mi deseo por esta noche: ¡Piedra, Huracán, Rayo y las saladas Aguas enojadas!
Diciembre 21 de 2003

Sólo hay fuerza, tan sólo seguir adelante a pesar de las espinas y la sangre.

No hay vista atrás, no existe rendición, a pesar de este rico dolor, el camino cada vez se
torna más seductor y exquisito.

En la vía hacia la Libertad, tan sólo un hombre puede conseguir llegar al final, mas no
cualquier estúpido.

Un “Hombre”, no un macho; también una “Mujer”, mas no una hembra.

Dar pasos hacia la excelencia es una danza; es un placer que puede ser sentido gracias a la
unión del guerrero espíritu con su contraparte monacal.

Guerra y cruz, espada y oración, secretos que libero como herencia que pide Mi Amada
entregar con un beso a flor de piel.

Mi deseo por esta noche es declarar un sostenido grito en arenga singular, para que los que
decidan enfrentar a la muerte en la despiadada carnicería, logren al final la llegada hacia el
tres: LUZ, PODER Y FUERZA.
Diciembre 22 de 2003

Hoy quiero tus besos y que las caricias de Dios lleguen mediante mis manos a tu exquisita
piel de ambrosía.

Hoy quiero entregarte mi piel, quizá hasta mis osadías descaradas, para despertar dentro de
ti a quien nos contenga en sangre, al hijo de nuestro secreto.

Quiero también la eternidad de este momento en el cual se inscribieron esos bosques y


noches de arquetípica adoración antiquísima.

Escucho la voz de una fresca llovizna que fue testigo del amor entre tus labios y los míos,
que fue una divinidad ancestral, que fue una pagana reina en el territorio donde tu plata y
mi oro fueron reclamados por los hechiceros d todos los tiempos.

Brillando como las estrellas que me acompañaron en mis delirios en la montaña sagrada;
aún se encuentran tus ojos cuyas pupilas devienen del ónix más valioso y puro que he
podido ver.

Y creen que tienen carne y huesos… ¡Ay de aquellos que no miran sino las ilusiones, sólo
las apariencias!; es trabajo de sabios el poder VER.

Mi deseo por esta noche es mi concupiscencia poderla magnificar para sentirla por
desarrollar las artes que nos llevarán a tomar cada respiro y suspiro de mi diosa
terriblemente hermosa de cabellos negros.
Diciembre 23 de 2003

Te dedico una oración y un silencio; te regalo mi rosa y una vacuidad que se me traga el
completo ego que muere por vivir conquistando el Secreto de mi Centro.

Falta una estrella en el bogar de mis pasos de un lado a otro de mi destino; ¿será que Los
del Color de la Luna aún no me han dicho alguno de mis misterios?

Falta un abrazo más de Mi Padre, una inmortal cualidad o imagen suya al frente de mi
espejo; me falta un aroma delicioso que calificar.

Te dejo por hoy los rituales paganos que transportaron mi mirada hacia Dios, más
rápidamente que cualquier dogma atador o dirección de un sacerdocio enmascarado,
de un poder terrenal que quiera decirse Voz del Todopoderoso.

Te dejo por aquí a la Única Ley a la cual venerar sobre todas las cosas, diciéndote que no
hay más leyes o mandamientos para un corazón justo; que Ésta Regla; sólo los puros saben
cuál es, y sólo ellos te la sabrán decir.

Mi deseo por esta noche es amarte más que a mis misterios, mucho más que a mi propia
vida.
Diciembre 24 de 2003

Las estrellas aquí son sólo apenas un reflejo del brillo de los vuestros ojos purísimos de
misterio y escándalo puritano, porque esos preciosos cristales de tu alma no conocen
prejuicios al amar.

Un perfume de hechizo de luna se respira entre esta oscuridad, en este río-espejo donde el
cielo encuentra su imagen, en esta niebla a flor del suelo como alfombra del reino de los
duendes.

…¡Qué deliciosa fría noche peligrosa…!, que me haces más loco el espíritu, más loca e
irreverente risa como la de aquel dios que habita en mis letras, en mi pluma, en mi sangre;
que es, al fin y al cabo, yo mismo: Ironía.

Háblame amada mía, de los rituales en la antigua montaña d arena, cuando nuestros labios
jugaban a vivir eternamente en un beso fugaz.

Mi deseo por esta noche es hundirme en las aguas de este río para disolverme en él y
ofrendarme a esta preciosa negrura bordada con brillos de amor del Absoluto.
Diciembre 25 de 2003

En el centro de este bosque, un claro de luna baña mis ganas de ritualizar mi adoración al
Dios de las Mil risas.

En esta preciosa noche fría, escribo pensamientos del Absoluto, lamentablemente las hadas
están dormidas profundamente, incapaces de ayudarme en la tarea de la traducción para el
dormido mundo.

Enciendo fuego para abrigar a mi amada; para cubrirla de calor, pero tan miserable que por
más grande que parezca su manifestación, no puede calentar su alma. Para aquello está el
misterio que alimento en lo más hondo de mi pecho.

Ya en la prealba, evoco a los duendes blancos para que lleven mis ensueños hacia el sitio
donde la vieja montaña de arena guarda en su vientre al monasterio que me vio nacer otra
vez en esta existencia.

Cuando el Padre Trueno lleva mi voz hacia los cielos, Dios alimenta mi alma con
blanquísimos rayos; posteriormente cambiará mi forma a la del Dragón Blanco para poder
volar hacia las cimas más altas de Urantia.

Una vez más recordaré a las altas rocas su noble procedencia lemúrica, la hidalga cadena
mágica que se llena de eslabones teosóficos; era tras era, eón tras eón.

Mi deseo por esta noche sirve para traer al presente, a las escrituras ancestrales del
hiperbóreo conocimiento, traer las ceremonias líticas, traer los sonidos con los cuales los
Iniciados se dieron a luz a sí mismos.
Diciembre 26 del 2009

Montañas y castillos alimentan la vista de los blancos caballeros, montañas y castillos


relucen su existencia en cada amanecer, cuando el sol los cubre con su dorada luz divina.

En los años oscuros, las cortes paganas albergaban a reyes augustos que se dejaban cobijar
por el misticismo de sus magos. En aquellos años, Merlín me enseñaba a amar a los
crepúsculos y amaneceres.

Montañas y castillos guardaban el diálogo entre él y yo, entre la oscuridad y la luz.

Mi deseo por esta noche es recordar la importancia de la adoración por la naturaleza, por
los viejos conceptos y creencias místicas. Antes de los dogmas santurrones y sacerdocios
encubiertos por engaños; me dispongo pagano druida, o chamán de los Andes, …yo qué
sé…

Mi deseo por esta noche es sublimar la más pura adoración del sol, tanto allá arriba como
en el interior de mi corazón… …diciendo: EGO SUM QUI SUM.
Diciembre 27 de 2003

Hoy camino hacia los sueños de las hadas, donde el ruido del mundanal trajinar no
alcanzará a molestar mis oídos.

Hoy me he propuesto vivir por obra y gracia del viento y la mar enfurecida; vivir de los
misterios de una diosa y mis versos dedicados al Absoluto.

En las sagradas colinas de fuego, muy hundidas en los océanos donde estaba mi amada
Lemuria, aún encuentro el Poder que desperté al iniciar mi romance eterno con la inmortal
llama triple.

Mi deseo por esta noche es ahogarme en la furia de las olas de estas aguas y depositar este
decadente cuerpo en el regazo de las leyendas y memorias, mitos y arcanos que cuidan los
Venerables Maestros de Los del Color de la Luna.
Diciembre 28 del 2003

Infandum est, regina, iubes renovare dolorem; y os digo que apenas son pocas lunas las que
apartan nuestro recuerdo hasta esta preciosa madrugada de Virgo.

Recibís la mía alma completamente en tan sólo un breve resuello de amor. Recibís, preciosa
doncella, hasta la última existencia de la sangre azul que recorre por entre las venas que
tiene este cuerpo físico que ni siquiera es mío.

Son pocas lunas desde que osásteis acomodaros vuestro lecho con el mullido tejido de mis
ensueños, los míos respiros de mago en el alba para conjuraros en nombre de la Luz, de la
Única Ley que rige en el Séptimo Superuniverso.

Y hasta pareciere que fue hace pocos instantes que la noche fría de este mar en calma,
llevárame en un bajel hacia el borde donde las aguas del mundo se derraman hacia el
vértigo del fin del mundo.

Mi deseo por esta noche evoca los ministerios de u sacerdote “hereje” que busca la verdad
en medio de los jardines que Hades esconde en su irónica risa.

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