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La hipertensión, también conocida como tensión arterial alta o elevada, es un

trastorno en el que los vasos sanguíneos tienen una tensión persistentemente alta,
lo que puede dañarlos. Cada vez que el corazón late, bombea sangre a los vasos,
que llevan la sangre a todas las partes del cuerpo. La tensión arterial es la fuerza
que ejerce la sangre contra las paredes de los vasos (arterias) al ser bombeada por
el corazón. Cuanto más alta es la tensión, más esfuerzo tiene que realizar el corazón
para bombear.

La mayoría de las personas con hipertensión no muestra ningún síntoma. En


ocasiones, la hipertensión causa síntomas como dolor de cabeza, dificultad
respiratoria, vértigos, dolor torácico, palpitaciones del corazón y hemorragias
nasales, pero no siempre.
Si no se controla, la hipertensión puede provocar un infarto de miocardio, un
ensanchamiento del corazón y, a la larga, una insuficiencia cardiaca

La hipertensión arterial (HTA) es uno de los factores de riesgo más importantes para
padecer enfermedad cardiovascular, cerebrovascular y falla renal que son otras
importantes causas de mortalidad en México. 1 Entre el año 2000 y 2006, la
prevalencia de HTA se mantuvo tan alta que afectó a 31.6% de los adultos
mexicanos.2

Las complicaciones de la HTA se relacionan directamente con la magnitud del


aumento de la tensión arterial y el tiempo de evolución. El tratamiento temprano de
la HTA tiene importantes beneficios en términos de prevención de complicaciones,
así como de menor riesgo de mortalidad.3 Por esta razón, la alta prevalencia de esta
enfermedad en México adquiere mayor importancia si se considera que en el año
2006, 47.8% de estos adultos con HTA fueron hallazgo de la encuesta, es decir, no
habían sido diagnosticados. Además, de los adultos previamente diagnosticados
únicamente 39.0% recibía tratamiento.2
Entre los factores que se han identificado y que contribuyen a la aparición de HTA,
diversos estudios citan la edad,4 una alta ingesta de sodio,5,6 dietas elevadas en
grasas saturadas,7 tabaquismo,8 inactividad física9 y presencia de enfermedades
crónicas como obesidad, dislipidemias y diabetes.10,11 En México, estas
enfermedades han sido caracterizadas epidemiológicamente a partir de las
Encuestas Nacionales de Salud de los años 2000 a 2012. Por ello, el presente
estudio tiene por objeto describir la prevalencia, distribución y tendencias de la HTA
en los adultos mexicanos de 20 años o más, así como describir la prevalencia de
diagnóstico oportuno y control de esta enfermedad con los datos nacionales más
recientes. Con ello, se pretende contribuir a generar evidencia para que los
tomadores de decisiones en salud pública puedan identificar acciones para prevenir,
mejorar el diagnóstico oportuno y el control de esta patología.

Material y métodos

Se recolectó la información de salud, sociodemográfica y de servicios de salud de


los adultos mexicanos de 20 años o más, participantes en la Encuesta Nacional de
Salud y Nutrición 2012 (ENSANUT 2012). Esta encuesta fue diseñada para estimar
prevalencias y proporciones de condiciones de salud, determinantes y acceso a
servicios a partir de una muestra representativa a nivel nacional.

La ENSANUT 2012 tuvo un diseño transversal, probabilístico con representatividad


estatal, por estratos nacionales urbano (población ≥ 2 500 habitantes) y rural
(población < 2 500 habitantes). El tamaño de la muestra tuvo poder suficiente para
estimar prevalencias de 2% en adultos.

El marco de muestreo se integró con la información del Conteo de Población y


Vivienda 2005 desagregada por Áreas Geostadísticas Básicas (AGEB) y el listado
de localidades de nueva aparición en el Censo 2010. La recolección de la
información de la ENSANUT 2012 se realizó entre octubre de 2011 y mayo de 2012.
La ENSANUT 2012 obtuvo información de 50 528 hogares. La tasa de respuesta
obtenida fue de 87%. Los hogares visitados, distribuidos en las 32 entidades
federativas del país, representaban a los 29 429 252 hogares estimados en México
para 2012, según las proyecciones de población a partir del Censo 2010 y el
crecimiento poblacional. Una descripción detallada de los procedimientos de
muestreo y la metodología de la encuesta aparecen en el reporte nacional ya
publicado.12

Participantes

Se hicieron mediciones de la tensión arterial en una submuestra de 10 905 adultos


que representaron a 15.2 millones de hombres y mujeres de 20 años o más de edad,
a nivel nacional en el año 2012. Se incluyeron en el análisis a los adultos que
tuvieron datos completos de tensión arterial e información de la variable diagnóstico
médico previo de HTA. Se excluyeron del análisis a los sujetos con valores
biológicamente implausibles13 de tensión arterial (n=7), por lo que quedó una
muestra final de 10 898 adultos con 20 años o más.

Tensión arterial

La medición de la tensión arterial se realizó mediante el uso del esfigmomanómetro


de mercurio siguiendo la técnica y procedimientos recomendados por la American
Heart Association.14 Se utilizó un monitor digital de grado médico (Omrom HEM-907
XL) para validar la calidad de las mediciones hechas por el personal de campo en
una submuestra de 4 517 adultos. Se consideró que un adulto era hipertenso
cuando reportó haber recibido el diagnóstico de HTA de un médico, o presentaba
cifras de tensión arterial sistólica (TAS) ≥140 mmHg o tensión arterial diastólica
(TAD) ≥90 mmHg. Asimismo, se consideró que un adulto tenía la tensión arterial
controlada cuando la tensión arterial sistólica fue < 140 mmHg y la tensión arterial
diastólica < 90 mmHg.15
Relación entre la alimentación y la hipertensión arterial

La intervención no farmacológica está indicada en todos los pacientes con hipertensión arterial
(HTA). Los beneficios del tratamiento dietético se basan en tres aspectos: prevención,
reducción de las cifras de HTA y aumento de la eficacia farmacológica de los hipertensivos.

La cantidad de sodio en la alimentación está directamente relacionada con la HTA. El sodio es


aportado en la dieta por tres fuentes: la sal añadida al cocinar o aliñar, el sodio contenido en
los alimentos y el agua que consumimos, pero la principal fuente de sodio de la dieta europea
es la sal de mesa.
El sodio, además, se utiliza como conservante por ejemplo, en los alimentos enlatados,
embutidos y precocinados porque se adiciona sodio para su conservación.
Es importante leer el etiquetado de los alimentos ya que pueden contener sodio en forma de:
bicarbonato de sodio, fosfato de disodio, hidróxido de sodio, alginato sódico, benzoato sódico,
propionato de sodio, sulfito de sodio, pectinato de sodio, caseinato de sodio.
Actualmente existen en el mercado infinidad de productos con bajo contenido en sal, por ello es
necesario educar al consumidor que precisa seguir una dieta controlada en sodio a leer el
etiquetado de los productos (también éste debe saber qué tipo de restricción le ha prescrito su
médico). La información sobre el contenido de sodio puede aparecer en distintas formas:

- Sin sal / sin sodio: menos de 5 mg por ración

- Muy bajo en sodio: 35 mg o menos de sodio por ración

- Bajo en sodio: 140 mg o menos de sodio por ración

- Reducido en sodio: 25% menos de sodio que la versión del alimento con sal

- “Light en sodio”: 50% menos que la versión del alimento con sal

- Sin sal añadida: no se ha añadido sal durante el procesamiento del alimento.

Respecto al contenido de sodio de los propios alimentos, los más ricos son los de origen animal
(carne, huevos y lácteos), y los alimentos precocinados (tabla). Las bebidas gaseosas contienen
sodio como conservante, las clasificadas como dietéticas contienen sacarina sódica y/o
ciclamato sódico, por ello debe limitarse su consumo.
El agua que bebemos también puede contener cantidades importantes de sodio. El 10% del
sodio ingerido proviene del agua consumida. Existen aguas hiposódicas con un contenido
menor de sodio.
Para hacer más sabrosa la cocina “sin sal” es recomendable potenciar los sabores de los
alimentos con:

- Cocciones al vapor, con agua diluye el sabor de los alimentos.


- Otra técnica de cocción es el papillote (envuelto el alimento en papel de horno o de aluminio),
estofados y guisos no grasos

- Potenciadores de sabor como ácidos (vinagre y limón), especias y hierbas aromáticas como
ajo o cebolla

- Aceite de oliva aromatizado con finas hierbas, estragón, ajo.

Alimentos desaconsejados por su alto contenido en sodio

CARNES

Carnes ahumadas como beicon, tocino, salchichas, butifarra,


patés, sobrasada y charcutería en general.
Preparados comerciales precocinados y congelados como
croquetas, canelones, pizzas, lasañas, empanadas de carne y
jamón.
Extractos de carne y pollo

PESCADOS

Pescados salados o ahumados como salmón y bacalao. Conservas


como atún, sardinas, anchoas.
Productos precocinados como palitos de pescado, empanados y
rebozados
Extracto de pescados

LÁCTEOS

Quesos curados de toda clase, mantequilla salada

CEREALES Y PRODUCTOS DE PASTELRÍA

Pan y biscotes con sal, levadura, polvo para flanes, cereales


integrales, copos de maíz tostado, patatas fritas, snacks.
Productos precocinados y congelados a base de cereales y
pastelería industrial

VERDURAS Y HORTALIZAS

Toda clase de verduras en conserva, zumos de verduras y


hortalizas envasadas, precocinadas y/o congeladas listas para
freír. Extracto de verduras

FRUTAS
Aceitunas de todo tipo

FRUTOS SECOS

Toda clase de frutos secos salados: almendras, avellanas,


cacahuetes, semillas de girasol, maíz frito y mantequilla de
cacahuetes

VARIOS

Agua mineral con gas, salsas preparadas, sopas de sobre,


alimentos cocinados enlatados, mayonesas, kétchup, aperitivos
salados en general

Sustitutos de la sal por especias y hierbas aromáticas

ESPECIAS

Azafrán Arroz, paella, platos exóticos

Entremeses, cremas,
Canela
compotas, repostería

Cocido, caldo de pescado, salsa


Clavo
de tomate natural

Arroz, pollo, pescados,


Curry
verduras

Guindilla,
Ensaladas, carnes y pescados
pimienta

Nuez moscada Salsas cremosas, verduras

HIERBAS
AROMÁTICAS

Albahaca Ensalada, pasta

Cilantro Carnes de caza

Eneldo Adobos, salsa, pescados

Estragón Vinagretas, verduras, pescados

Hinojo Pescados, carnes


Laurel Caldo de pescado, guisos

Ensaladas, pasta, tomate,


Orégano
salsas

Romero, tomillo Pescados y carnes

Vainilla Repostería, platos exóticos

La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que, si no se trata, puede


ocasionar problemas graves de salud. Suele ser asintomática pero, una vez
diagnosticada, requiere el seguimiento de una serie de pautas básicas para
prevenir subidas de la presión arterial que puedan desembocar en un infarto de
miocardio u otras complicaciones. Adoptar hábitos de vida saludable que
incluyan una dieta equilibrada, como la mediterránea, y la práctica regular de
una actividad física moderada son claves para controlar una patología que no
solo afecta a las personas mayores: los jóvenes constituyen un grupo de riesgo
importante, al no ser habitual que acudan a las consultas médicas por gozar, en

principio, de un buen estado de salud general.

Las recomendaciones generales para reducir las probabilidades de sufrir


hipertensión pasan por una alimentación variada, que limite el consumo de
grasas y bebidas alcohólicas, así como por la práctica de ejercicio
moderado una media de tres veces por semana durante, al menos, 45
minutos. Son consejos que debería seguir toda persona interesada en el
autocuidado de su salud pero que, en el caso de los que cuentan con
antecedentes familiares de hipertensión arterial, se convierten en premisas
básicas.

Ejercicio físico
La práctica de ejercicio físico es altamente recomendable, pues no sólo
ayuda a que se produzca una reducción de las presiones arteriales, sino que
también tiene un efecto beneficioso sobre otros factores de riesgo
cardiovascular tales como la obesidad, la diabetes, el colesterol alto,
etcétera. Sea cual sea su edad, hacer regularmente ejercicio físico moderado
es un hábito saludable que le reportará beneficios a lo largo de toda la vida,
algunos de ellos se los exponemos a continuación:
Beneficios del ejercicio físico:
 Le da más energía y capacidad de trabajo.
 Aumenta la vitalidad.
 Ayuda a combatir el estrés y a relajarse.
 Mejora la imagen que usted tiene de sí mismo.
 Incrementa la resistencia a la fatiga.
 Ayuda a combatir la ansiedad y la depresión.
 Mejora el tono muscular.
 Quema calorías, ayudándole a perder su peso de más o a mantenerse
en su peso ideal.
 Ayuda a combatir los problemas de insomnio.
 Proporciona un camino fácil para compartir una actividad con amigos o
familiares y una oportunidad para hacer nuevos amigos.

Riesgos potenciales:
Hay que reconocer, no obstante, que el ejercicio físico también tiene una
serie de potenciales riesgos como son:
 Daño muscular o articular.
 Agotamiento cardiaco: ocurre en contadas ocasiones.
 Agravación de problemas cardiacos existentes o latentes.
Estos riesgos no implican la necesidad de ir al médico antes de iniciar una
actividad física si el paciente lleva a cabo un programa razonable, gradual y
acorde a su edad y condición física.

Sin embargo, algunas personas con patologías muy concretas sí deben


consultar al médico antes de comenzar a realizar ejercicio físico, como es el
caso de los cardiópatas, individuos con patología ósea como artritis,
hipertensos muy descompensados, diabéticos insulinodependientes,
o pacientes con historial familiar de enfermedad coronaria prematura.

Lo más importante en cualquier caso es que la persona comience a hacer


ejercicio con un programa que implique un entrenamiento suave y, de
forma gradual, se vaya incrementando su intensidad a lo largo de las
jornadas sucesivas de ejercicios.
Consumo moderado de alcohol
¿Qué hay acerca de beber vino en la mesa?
El vino no es nocivo, sólo lo es si lo tomamos en exceso. Un vaso o dos
contribuye a un buen equilibrio alimentario y puede llegar a ser un placer.
Pero al igual que ocurre en el caso de los obesos, entre personas que toman
grandes cantidades de alcohol la incidencia de la hipertensión es
significativamente superior a la existente entre los bebedores moderados. Es
decir, beber alcohol en exceso aumenta la tensión arterial, pero este efecto
no se manifiesta si las cantidades de alcohol son moderadas.

Es importante señalar que el consumo de hasta 40 gramos diarios de


alcohol, no solo no produce elevación de la tensión arterial, sino que se
asocia a una pequeña disminución de la misma, aunque al hipertenso que
no bebe no se le aconseja que lo haga. No obstante, hay que recordar que
las bebidas alcohólicas tienen calorías, por ello, si estamos sometidos a una
dieta baja en calorías se debe restringir su uso.

Algunas veces hay que limitar aún más el consumo de alcohol, sobre todo si,
como es frecuente, la hipertensión se asocia a enfermedades metabólicas
como diabetes o al aumento de ciertas grasas en la sangre (triglicéridos).
http://saludpublica.mx/index.php/spm/article/view/5110/10116