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Alda Merini

Tal vez es poco lo que conocemos de la poesía italiana contemporánea, sin embargo

podemos intuir de ella que, como toda la poesía actual, no se deja apresar en escuelas ni en

corrientes generales, con lo cual ya no podemos hablar de autores representativos y

afortunadamente ésta se escapa de toda síntesis cognoscitiva. Así cada poeta es una voz

aislada y lejana que suena en nuestros oídos como la música producida por varillitas de

metal movidas por el viento: única, irrepetible.

La voz de Alda Merini parece un eco en el espacio de la memoria. Cosas y personajes del

pasado se organizan en imágenes casi pictóricas, simples y casuales. En otros momentos

esa inmovilidad parece quebrarse y entonces la pintura pasa a ser escenografía para el

propio recitado trágico de la angustia. Vida y poesía se unen naturalmente en estos versos

donde los recuerdos se apoderan de las palabras. Así el recuerdo del primer amor de

juventud constituye el tema del libro El pantano de Manganelli (1992) del cual hemos

traducido aquí un pequeño texto en prosa y cuatro poemas. En 1991 muere el escritor

Giorgio Manganelli con el cual Alda Merini había tenido un romance apasionado en su

primera juventud, pero el enamoramiento desapareció pronto. La muerte genera el recuerdo

y con estos versos Merini excava en la propia memoria y contempla la luz y la oscuridad de
aquel fatal encuentro. En la obra de Alda Merini este primer amor aparece frecuentemente.

Ya en su primer libro, La presenza di Orfeo (1953), encontramos poemas dedicados a

Manganelli, como si toda su poesía fuese un único diálogo entre estas “dos figuras de

sueño”; sin embargo es en El pantano de Manganelli donde el sueño del amor termina y la

voz del poema se torna irremediablemente dramática.

Los poemas Safo, Plath, Manganelli y Alda Merini pertenecen al libro La gazza ladra

(1991), donde la autora hace veinte breves retratos en los cuales la poesía se vuelve

epitafio.

C. P.
El pantano de Manganelli

Manganelli sobre el Canal

El Canal es un una línea recta muy extraña, que no permite ningún descanso. Parece algo
sinuoso y ferviente, pero más bien es lúgubre, perentorio, repetitivo. El sur ha traído aquí
sus horarios estrambóticos. Con frecuencia en este lugar se duerme cuando es hora de
levantarse.
Yo soy de noviembre, en el sentido de que amo las flores desparramadas por la tierra, los
otoños rápidos, aquellos que encantan finalmente al sol y lo detienen en su vagabundear
cotidiano. Las tinieblas han sido siempre mi luz.
Forzosamente busco los colores de las aventuras pasadas, jugando cansada sobre los
vidrios con el recuerdo de él, con el recuerdo de ella. Muchas mujeres y muchos hombres
se han acercado a mi vida. Han depositado sus bolsos a mis pies, a veces llenos de fortuna,
a veces desgraciadamente pobres. Cada uno de estos hombres, amantes me han regalado su
pobreza, su riqueza. Todos eran extrañamente rubios como mi padre.
También Manganelli era rubio, un rubio sutil, un rubio niño. Tenía la piel de un cierto
color de fruta, como si hubiese sido extremadamente joven: mi único, virtual joven de toda
la vida. Manganelli venía a verme sobre el Canal. Me veía nacer desde lejos, como un
puntito pequeño que cruzaba derecho a sus brazos capaces. Era una gran madre, una gran
hermana. Recuerdo sus besos ardientes, aquel buscarme la frente suyo, aquel ensuciarme el
vestido de fiesta con los labios llenos de migas de pastelitos. Yo misma era su pastelito
privado. Mientras tanto me traía rosas, bombones y un livianísimo paquete cerrado de
cigarrillos Eva sólo para señoritas.
Correr junto a ti

Correr junto a ti
como si tuviese veinte años
y tú que te vendes
en nombre de un único libro,
refugio en la cultura atroz
que aplaude mil locuras.
Después, lentamente, tirarse
contra faroles de luz
y tú que me dices:
“he traducido
los Alimentos terrestres”.
Gide, tu maestro de hoy,
lo que tú olvidas
cuando traduces el amor.

Correre insieme a te
Correre insieme a te / come se avessi vent’anni / e tu che ti vendi / in nome di un
unico libro, / raccolto nella cultura atroce / che vanta mille follie. / Poi, adagio,
buttarsi / contro fastelli di luce / e tu che mi dici: / “Io ho tradotto / quei Nutrimenti
terrestri". / Gide, il tuo maestro di oggi, / quello che tu dimentichi / quando traduci
l’amore.
Quisiera hablarte, Giorgio

Quisiera hablarte, Giorgio,


de ciertas estelas de nieve,
de ciertas escenografías de teatro,
de ciertas representaciones demenciales,
pero ella ha vuelto
y solo puedo reflejarme
en su locura
y comprender finalmente
que soy responsable
yo sola
y que sola puedo servirte.
Tú entiendes mis palabras,
mi lenguaje no te es nuevo:
quizás ahora, Giorgio,
te daría pena
verme vender por un pan
un concepto de poesía,
una represalia de amor.
El eco de nuestros diálogos
no se ha apagado todavía,
pero las virtudes del amor
se han ido perdiendo.
Así para ver tu primera
y tu última mujer,
has tomado la primera escritura
y tu último espejismo:
me encontraste ardiente
de miles de caricias,
irremediablemente lúcida,
y esto, amor mío,
te hizo llorar largo tiempo,
justo esto, amor mío,
te hizo morir.

Ti vorrei parlare, Giorgio


Ti vorrei parlare, Giorgio, / di certi solchi di neve, / di certi fondali di teatro, / di
certe rappresentazioni demenziali, / ma lei è tornata / e posso solo specchiarmi /
nella sua follia / e capire finalmente / che ne sono responsabili / io sola / e che io
sola posso servirti. / Tu capisci le mie parole, / il mio linguaggio non ti è nuovo: /
forse adesso, Giorgio, / ti farebbe pena / vedermi vendere per un panino / un concetto
di poesia, / una rappresaglia d’amore. / L’eco dei nostri dialoghi / non è ancora
spenta, / ma le virtù dell’amore / sono andate perdute. / Così, per vedere la tua
prima, / e la tua ultima donna, / hai presso la prima stesura, / e ultimo miraggio: / mi
hai trovata calda / di mille carezze, / irrimediabilmente lucida / e questo, amor mio, /
ti ha fatto piangere a lungo, / proprio questo, amor mio, / ti ha fatto morire.
Otelo

Otelo, Otelo de la voz roja,


aquí ya no hay tiempo de revueltas;
desde los verdes valles de la muerte
a tu esposa le cambiaste la suerte.
Busco la sombra de infiernos profundos
y el pantano me vuelve rubia;
otra mujer está a tu lado,
otra naturaleza
y me encerraste en los astutos muros.

Otello
Otello, Otello dalla voce rossa, / quaggiú non è piú tempo di riscossa; / dalle verdi
vallate della morte / alla tua sposa tu hai cambiato sorte. / Cerco l’ombra degli inferi
profonda / e la palude mi diventa bionda; / altra donna ti è accanto, / altra natura / e
tu mi hai rinchiuso nelle scaltre mura.
A Giorgio Manganelli

Mucha gente me ha
preguntado por ti,
como si fuera posible
preguntar por un muerto
qué era en vida.
No eras nada.
También yo,
cuando preguntan si soy una poetisa,
me avergüenzo,
me avergüenzo de modo amable y gentil,
como tú te avergüenzas de “ser” la poesía
y la vida.
Giorgio, no soy un vals,
y si la obra de arte casualmente lo es,
es entonces como el vals triste de Sibelius,
algo amargo y dulcísimo
que se desvía hacia la muerte.
Sabes, una mujer descompuesta
como soy yo,
un hombre descompuesto
como eras tú,
no podían sino transformarse
en dos figuras de sueño,
un gran pinocho
y una hadita insolente y miserable que,
como Coppelia, se pueden ver
desde un paraíso de teatro
de cartón.
Idealmente, tú y yo, llevamos puesto
un sombrero de cascabeles
para toda la vida.
A Giorgio Manganelli
Molta gente mi ha / domandato di te, / come se fosse possibile / domandare a un
morto / che cos’era in vita. / Non eri nulla. / Anch’io, / quando chiedono se sono una
poetessa, / mi vergogno, / mi vergogno in modo amabile e gentile, / come tu ti
vergogni di “essere” la poesia / e la vita. / Giorgio, non sono un valzer, / e se l’opera
d’arte casualmente lo è, / è semmai come il valzer triste di Sibelius, / una cosa amara
e dolcissima / cha traligna verso la morte. / Sai, una donna decomposta, / come sono
io, / un uomo decomposto, / com’eri tu, / non potevano che trasmigrare / in due
figure di sogno, / un grande pinocchio / e una fatina petulante e misera che, / come
Coppelia, vanno a vedersi / dall’alto di un loggione / di cartapesta. / Idealmente, io e
te, abbiamo portato / un capello a sonagli / per tutta la vita.
Safo

Oh preferida, de quien conté mi largo comentario,


oh mujer extraordinaria vela llegando a un puerto
oh histórica magia oh dulce amarga
esencia de las musas coronadas
de violetas y flores, violeta tú misma.
¿Por qué jamás la cegadora angustia
de un amor injustamente negado?

Saffo
O diletta, da cui compitai il mio lungo commento, / o donna straordinaria vela che
adduci ad un porto / o storica maggia o dolce amara / essenza delle muse coronate /
di viole e fiori, viola pur tu stessa, / perchè mai l’abbacinante sgomento / di un amore
ingiustamente negato?
Plath

Pobre Plath muy alta para las miserias de la tierra,


ciertamente mejor la muerte
y un horno crematorio
a las continuas quemaduras del viento,
mejor Silvia la optimista empresa
de una mujer que quería ser mujer
que fue pisoteada por un hombre fémina.

Plath
Povera Plath troppo alta per le miserie della terra, / meglio certamente la morte / e
un forno crematorio / alle continue bruciature del vento, / meglio Silvia
l’avveniristica impresa / di una donna che voleva essere donna /che è stata scalpitata
da un uomo femmina.
Manganelli

Me parecías una foca, Manganelli,


buena juguetona
que invitaba a los niños en el zoológico,
eras gordo y locuaz,
pero esa bufonería animalesca
escondía sabiamente el ingenio del yo,
maestro de una época entera.

Manganelli
Mi sembravi una foca, Manganelli, / bonaria giocherellona / che invitava i bambini
nello zoo, / eri grasso e facondo, / ma quella buffoneria animalesca / nascondeva
sapientemente l’ingegno dell’io, / maestro di un’epoca intera.
Alda Merini

Amé tiernamente a dulcísimos amantes


sin que ellos supieran jamás nada.
Y sobre éstos tejí telas de araña,
y fui presa de mi propia materia.
En mí estaba el alma de la meretriz
la santa la sanguinaria y la hipócrita.
Muchos dieron a mi modo de vida un nombre
y fui solamente una histérica.

Alda Merini
Amai teneramente dei dolcissimi amanti / senza che essi sapessero mai nulla. / E su
questi intessei tele di ragno / e fui preda della mia stessa materia. / In me l’anima
c’era della meretrice / della santa della sanguinaria e dell’ipocrita. / Molti diedero al
mio modo di vivere un nome / e fui soltanto una isterica.

Traducción de Cecilia Pacella