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REVELACIONES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA a Santa Brígida de Suecia SIGLO XIV TRANSCRIPCIÓN: BENEDICTA

REVELACIONES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

a Santa Brígida de Suecia

DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA a Santa Brígida de Suecia SIGLO XIV TRANSCRIPCIÓN: BENEDICTA MONTFORT Fuente:

SIGLO XIV

TRANSCRIPCIÓN: BENEDICTA MONTFORT Fuente: corazones.org

Santa Brígida de Suecia [1302-1373] Madre, viuda, fundadora de la Orden del Santísimo Salvador Mística,

Santa Brígida de Suecia [1302-1373] Madre, viuda, fundadora de la Orden del Santísimo Salvador Mística, Patrona de Suecia Proclamada por San Juan Pablo II Patrona de Europa

23 de julio https://www.corazones.org/santos/brigida.htm Hacia el año 1335, Santa Brígida fue llamada a la Corte

Hacia el año 1335, Santa Brígida fue llamada a la Corte del joven rey Magno II de Suecia para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Brígida comprendió muy pronto que sus responsabilidades en la Corte no se limitaban al estricto cumplimiento del oficio de dama de honor:

el rey era un hombre de carácter débil que se dejaba arrastrar fácilmente al vicio y la reina tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo y de las pasiones mundanas. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las cualidades y virtudes de la reina, y por rodear a ambos soberanos de buenas influencias; pero, aunque Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió mejorar su conducta: no la tomaban en serio.

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Por aquel entonces, Santa Brígida empezó a tener las visiones que la

hicieron famosa y que versaban sobre diversas materias, desde la necesidad

de

lavarse diariamente, hasta los términos del tratado de paz entre Francia

e

Inglaterra. Los cortesanos suecos se burlaban de ella, diciéndole

irónicamente: ¿Qué soñó doña Brígida anoche?.

Al consagrarse a Dios en la vida religiosa como promesa por la curación de

su esposo Ulf y después de la muerte de su esposo en 1344, aumentaron sus

visiones en el Monasterio Cisterciense de Alvastra, a donde había ingresado

en clausura. Apartada del mundo y dedicada a la penitencia, abandonó los

vestidos lujosos, sólo usaba lino para el velo y vestía una túnica burda ceñida con una cuerda anudada. Las revelaciones y visiones se hicieron tan insistentes entonces, que Santa Brígida se alarmó, pues temía ser víctima de

ilusiones provocadas por el demonio o de su propia imaginación.

Pero en una visión que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiera bajo

la dirección del maestro Matías, un canónigo muy sabio y experimentado

de la ciudad de Linkoping, quien le declaró y confirmó que sus visiones procedían de Dios. Desde entonces y hasta su muerte, Santa Brígida comunicó todas sus visiones al prior de Alvastra, el hermano Pedro, quien las consignó todas por escrito en latín.

Con gran sencillez de corazón, Santa Brígida sometió siempre sus revelaciones a las autoridades eclesiásticas; y lejos de gloriarse por gozar de gracias tan extraordinarias, las aprovechó como ocasión para manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad, dando gloria a Dios. El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492.

A continuación, apartes del libro El Libro de las Revelaciones Celestiales, que contienen las revelaciones que La Santísima Virgen María le hiciera a Santa Brígida sobre su vida: desde su nacimiento hasta su Asunción en cuerpo y alma al Cielo, pasando por la profecía del anciano Simeón en el templo, detalles de la infancia y de la vida oculta de Jesús, la vida de la Sagrada Familia en Nazaret y la explicación del por qué vivió tantos años en el mundo después de La Ascensión de su Hijo al Cielo; así como:

enseñanzas sobre virtudes y comportamientos de santidad, importantes lecciones de La Virgen María sobre las astucias del Enemigo [comparándolo a una zorra] y cuáles son los dos pies espirituales del alma.

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Capítulos de las Profecías y Visiones de Santa Brígida de Suecia -Sobre la Virgen María y su vida- Desde su nacimiento hasta su Asunción en cuerpo y alma:

La Santísima Virgen María revela a Santa Brígida cuánto su nacimiento llenó de alegría a los Ángeles del Cielo, de júbilo a los justos sobre la Tierra y de espanto a los demonios en el Infierno.

Capítulo 41: [Habla La Virgen María]

“Cuando mi madre me dio a luz, no estuvo oculto a los demonios mi nacimiento, y pensaron de esta manera: Ha nacido una niña en la cual se advierte que ha de haber algo admirable, ¿qué haremos? Si le echásemos todas las redes de nuestra malicia, las destrozará como si fueran de estopa; y si investigásemos su interior, está guarecida con poderoso auxilio. No hay en ella una mancha, por consiguiente es de temer que su pureza nos atormente, que su gracia disminuya nuestra fortaleza y que su constancia nos holle debajo de sus pies.

“Los amigos de Dios, que por tan largo tiempo habían estado esperando, decían por inspiración del Señor: ¿Por qué seguimos afligidos? Más bien debemos alegrarnos, porque ya nació la luz con que se alumbrarán nuestras tinieblas y se cumplirá nuestro deseo. Se alegraban también los Ángeles, aunque su gozo era siempre en la presencia de Dios, y decían: Nació en la Tierra una criatura muy deseada y del especial amor de Dios, con la que se reformará la verdadera paz y se restaurarán nuestras ruinas.

“En verdad te digo, hija mía, que mi nacimiento fue el principio de los verdaderos gozos, porque entonces brotó la vara de la que salió aquella flor que deseaban reyes y profetas. Así que, mi alma iluminada pudo entender algo acerca de mi Creador, le tuve un amor indecible y lo deseaba con todo mi corazón. Fui también conservada por la gracia, de suerte que ni en mi tierna edad consentí el menor pecado, porque siempre perseveraban conmigo el amor de Dios y el cuidado de los padres, la educación honesta y el trato de los buenos, y el fervor de conocer a Dios.”

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Capítulo 42: [Notable revelación que hace La Virgen María a Santa Brígida sobre su Purificación, y el acervo dolor que causaron en su alma las palabras del anciano Simeón]

“Has de saber, hija mía, que yo no necesitaba de Purificación como las demás mujeres, porque mi Hijo me dejó pura y limpia cuando nació de mí, ni yo tampoco adquirí la menor mancha, porque sin ninguna impureza engendré a mi purísimo Hijo.

No obstante, para que se cumpliesen la ley y las profecías, quise vivir en todo sujeta a la ley, y ni vivía aún con arreglo a la posición de mis padres, sino que hablaba humildemente con los humildes; y no quise ser preferida en nada, sino que amaba todo lo que era conforme con la humildad.

“Tal día se aumentó mi dolor, pues, aunque por inspiración divina sabía que mi Hijo había de padecer; sin embargo, con las palabras que dijo Simeón, anunciándome que una espada de dolor atravesaría mi alma y que mi Hijo sería puesto en señal de contradicción, se atormentó más mi corazón con este dolor; y aunque se mitigaba por el consuelo que recibía del Espíritu de Dios, nunca se apartó de mi corazón este dolor hasta que en cuerpo y alma subí al Cielo.

“Has de saber, también, que desde ese día tuve seis clases de dolores:

El primero fue por la meditación que hacía sobre esto que se me había anunciado; así, siempre que miraba a mi Hijo, siempre que lo envolvía en los pañales y veía sus manos y pies, quedaba absorta mi alma en un nuevo dolor, al pensar cómo había de ser crucificado.

El segundo dolor se refirió al oído; porque siempre que oía las afrentas que le hacían a mi Hijo, y las calumnias y asechanzas que le preparaban, padecía mi alma tal dolor, que apenas podía mantenerme, aunque por virtud de Dios este dolor guardó moderación y decoro, a fin de que no se me notase abatimiento ni flaqueza de alma.

El tercer dolor residía en la vista, pues vi cómo azotaban a mi Hijo atado a una columna y cómo lo clavaron en la Cruz, tanto que caí exánime en tierra, y al volver en mí permanecí afligida y sufriendo con tanta paciencia, que ni mis enemigos ni nadie veía en mí más que una seria dignidad.

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Consistió en el tacto mi cuarto dolor, porque yo con otras personas bajamos de la Cruz a mi Hijo, lo envolví en un lienzo y lo puse en el sepulcro; y entonces, aumentó mi dolor de tal manera, que mis manos

y pies apenas tenían fuerza para sostenerme. ¡Con cuánto gusto me hubiera sepultado entonces con mi Hijo!

Padecía yo, en quinto lugar, por el vehemente deseo de unirme con

mi Hijo después que éste subió al Cielo; aumentaba mi dolor la larga

espera que tuve en el mundo después de Su Ascensión.

Padecía el sexto dolor con las tribulaciones de los Apóstoles y amigos

de Dios, cuyo dolor era también mío, y me hallaba siempre temerosa

y afligida: temerosa de que sucumbieran a las tentaciones y trabajos,

afligida porque en todas partes padecían contradicción las palabras de

mi Hijo; mas aunque la gracia de Dios perseveraba siempre conmigo,

y mi voluntad estaba conforme con la del Señor, no obstante mi dolor era continuo y mezclado de consuelos hasta que en cuerpo y alma

subí al Cielo al lado de mi Hijo.

“Hija mía, no se aparte de tu alma este dolor, porque si no hubiera tribulaciones, poquísimos entrarían en el Reino de los Cielos.”

Capítulo 43: [Cuenta la Virgen María a Santa Brígida, de un modo muy tierno, la infancia y la vida oculta de Jesús; revelación muy propia para excitar en el alma el dulce amor al Salvador]

“Te he hablado de mis dolores, pero no fue menor el que tuve cuando llevaba a mi Hijo huyendo a Egipto, cuando supe la matanza de los Inocentes y el Ángel nos anunció que Herodes perseguía a mi Hijo; aunque sabía lo que acerca de Él estaba escrito, con todo, a causa del mucho amor que le tenía, padecía yo dolor y suma angustia.

“Mas ahora podrás preguntarme, qué hizo mi Hijo en todo aquel tiempo de Su vida antes de Su Pasión. A esto te respondo que, según dice el Evangelio, estaba sometido a Sus padres y se condujo como los demás niños hasta que llegó a la mayor edad, aunque en Su juventud no dejó de haber maravillas. Pero como en el Evangelio están puestas las señales de Su Divinidad y Humanidad, las cuales pueden edificarte a ti y a los demás, no te es necesario saber cómo las criaturas sirvieron a su Creador, cómo enmudecieron los ídolos y muchísimos cayeron por tierra a Su llegada a Egipto

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“… cómo los Magos anunciaron que mi Hijo sería la señal de grandes acontecimientos futuros; cómo, también, le sirvieron los Ángeles, y cómo ni aun la menor inmundicia hubo nunca en Su cuerpo ni en Sus cabellos.

“Cuando llegó a mayor edad, estaba continuamente orando y obedeciéndonos a nosotros; nos acompañaba a las fiestas que había en Jerusalén y a otros parajes, donde Su presencia y trato causaba tanto agrado y admiración, que muchos afligidos decían: Vamos a ver al Hijo de María, para quedar consolados.

“Cuando creció en edad y en sabiduría, de la que desde un principio estaba lleno, se ocupaba en trabajos manuales, siempre decorosos, y separadamente nos decía [a José y a María] palabras de consuelo y sobre la Divinidad, de tal manera que de continuo estábamos llenos de indecible gozo. Y cuando estábamos llenos de temores por la pobreza y los trabajos, nunca nos hizo oro ni plata, sino que nos exhortaba a la paciencia, y de un modo admirable nos libramos de los envidiosos.

“Tuvimos todo lo necesario, unas veces por compasión de las almas caritativas y otras por nuestro trabajo, de suerte que nos alcanzaba para nuestra sola sustentación y no para lo superfluo, porque ninguna otra cosa buscábamos más que servir a Dios.

“Más adelante, con los amigos que llegaban, hablaba también en casa familiarmente sobre la ley, sus significaciones y figuras, y aun en público disputaba con los sabios, de manera que se admiraban y decían: El hijo de José enseña a los maestros, algún espíritu superior habla por sus labios.

“Como en cierto tiempo estaba yo pensando acerca de Su Pasión y me viese muy triste, me dijo: ¿No crees, Madre, que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? ¿Padeciste, acaso, lesión cuando entré en tus entrañas o sufriste dolores cuando salí? ¿Por qué te afliges? La voluntad de Mi Padre es que yo padezca la muerte, y Mi voluntad es la misma de Mi Padre. No puede padecer lo que del Padre tengo, pero padecerá la carne que tomé de ti, para que sea redimida la carne de los demás y se salven las almas.

“Era tan obediente, que, cuando José le decía Haz esto o aquello, lo hacía al punto, porque ocultaba de tal manera el poder de Su Divinidad, que solamente podíamos saberlo Él y yo, y a veces José, porque con mucha frecuencia veíamos una admirable luz que lo rodeaba, oíamos las voces de los Ángeles que cantaban junto a Él y vimos también que espíritus inmundos, que no pudieron ser echados por exorcistas aprobados en nuestra ley, salieron con sólo ver a mi Hijo.

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“Cuida, hija, de tener todo esto siempre en tu memoria, y da muchas gracias a Dios, porque por tu medio ha querido dar a conocer su infancia y juventud a otros.”

Capítulo 44: [Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel -Vida admirable y virtuosísima de la Santísima Virgen María y de San José en Nazaret, con grandes elogios que de este Santo Patriarca hace la Virgen María-]

“Cuando me anunció el Ángel que nacería de mí el Hijo de Dios, al punto que hube consentido, sentí en mí una cosa sobrenatural y admirable, y en seguida fui a ver a mi parienta Isabel para aliviarla porque estaba encinta, y para hablarle de lo que me había anunciado el Ángel.

“Como ésta me saliese al encuentro junto a la fuente y nos diésemos mutuos abrazos, se llenó de regocijo el niño en su vientre y daba saltos de una manera admirable y visible. Yo también sentí en mi corazón muy extraña alegría, de modo que mi lengua habló impensadas palabras acerca de Dios y mi alma apenas podía comprender de júbilo. Como se admirase Isabel del fervor del Espíritu que en mí hablaba, y no me admirara yo menos de la gracia de Dios que veía en ella, permanecimos en pie por algún tiempo bendiciendo al Señor.

“En seguida comencé a pensar, cómo y con cuánta devoción debería yo conducirme después de una gracia tan grande como el Señor me había hecho; qué habría de responder si me preguntaran cómo había concebido; quién fuese el padre del niño que había de nacer; o si acaso José, por instigaciones del demonio sospechara mal de mí. Estaba yo pensando de esa manera, cuando se me presentó un Ángel muy parecido al que antes había visto, y me dijo: Dios Nuestro Señor, que es Eterno, está contigo y en ti. No temas, pues Él te dirá lo que has de hablar, dirigirá tus pasos adondequiera que vayas, y con poder y sabiduría acabará contigo Su obra.

Mas José, a quien estaba yo encomendada, después que supo que estaba yo encinta, se llenó de admiración; y considerándose indigno de vivir conmigo, estaba angustiado sin saber qué hacer, pero el Ángel le dijo mientras dormía:

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No te apartes de la Virgen que se te ha encomendado, pues es muy cierto que concibió por el Espíritu de Dios y parirá un Hijo que será El Salvador del Mundo. Sírvele, pues, con fidelidad, y sé el custodio y testigo de su pudor. Desde aquel día me sirvió José como a su señora, y yo también me humillaba a hacer por él hasta lo más pequeño.

“Estaba yo, después, en continua oración; pocas veces quería ver ni ser vista; en rarísima ocasión salía, a no ser en las principales fiestas; asistía también a las vigilias y lecciones que leían nuestros sacerdotes; tenía distribuido el tiempo para las labores de mano; y fui moderada en los ayunos, según lo podía llevar mi naturaleza, en el servicio del Señor. Todo lo que nos quedaba, además de los comestibles, lo dábamos a los pobres y estábamos contentos con lo que teníamos.

“José me sirvió de tal manera, que jamás se oyó en sus labios una palabra frívola ni una murmuración, ni el menor arranque de ira; pues fue pacientísimo en la pobreza, solícito en el trabajo cuando era menester, mansísimo con los que le reconvenían, obedientísimo en obsequio mío, prontísimo defensor contra los que dudaban de mi virginidad y fidelísimo

testigo de las maravillas de Dios. También se hallaba muerto para el mundo y la carne, nada deseaba sino las cosas del Cielo, y creía tanto las promesas

de Dios que continuamente decía: ¡Ojalá viva yo y vea cumplirse la voluntad de

Dios! Rarísima vez se presentó en las juntas y reuniones de los hombres, porque todo su empeño lo cifró en obedecer la voluntad de Dios, y por esto ahora es grande su gloria.”

Capítulo 45: [Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al Cielo -Alabanza que Nuestra Señora hace de San Jerónimo-]

“¿Qué te ha dicho, hija mía, ese que presume de sabio, acerca de que la carta de mi amigo San Jerónimo que habla de mi Asunción no debe leerse

en

la Iglesia de Dios, porque le parece que en ella dudó el Santo acerca de

mi

Asunción, al decir que no sabía si yo había subido al Cielo en cuerpo o

no, ni quiénes me llevaron? Yo, la Madre de Dios, le respondo a ese

maestro, que San Jerónimo no dudó de mi Asunción; mas, puesto que Dios

no reveló claramente esta verdad, no quiso San Jerónimo definir de un modo explícito lo que Dios no había revelado.

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“Pero acuérdate, hija mía, de lo que antes te dije, que San Jerónimo era compasivo con las viudas, espejo de los verdaderos monjes, y vindicador y defensor de la verdad; y que alcanzó para ti aquella oración con que me saludaste. Mas ahora añado que, San Jerónimo fue como medio manejable por el cual hablaba el Espíritu Santo, y una llama inflamada con aquel fuego que vino sobre mí y sobre los Apóstoles en el día de Pentecostés. Felices, pues, los que oyen y siguen estas sus doctrinas.”

Capítulo 46: [Admirable vida de la Virgen María después de la Ascensión de su Divino Hijo -Se habla también de la Asunción de Nuestra Señora en cuerpo y alma al Cielo-]

Acuérdate, hija mía, que hace varios años elogié a San Jerónimo acerca de

mi Asunción; pero ahora voy a referirte esta misma Asunción.

“Después de la Ascensión de mi Hijo, viví yo bastantes años en el mundo, y así lo quiso Dios, para que viendo mi paciencia y mis costumbres, se convirtieran al Señor muchas almas y cobrasen fuerza los Apóstoles de Dios y otros escogidos. También la natural disposición de mi cuerpo exigía que viviera yo más tiempo, para que se aumentase mi corona; pues todo el tiempo que viví después de la Ascensión de mi Hijo, visité los lugares en que Él padeció y mostró Sus maravillas.

“Su Pasión estaba tan fija en mi corazón, que ya comiese, ya trabajase, la

tenía siempre fresca en mi memoria, y mis sentidos se hallaban tan apartados de las cosas del mundo, que de continuo estaba inflamada con nuevos deseos, y alternativamente me afligía la espada de mis dolores. Mas no obstante, moderaba mis alegrías y mis penas sin omitir nada perteneciente a Dios, y vivía entre los hombres sin atender ni tomar nada

de lo que generalmente gusta, sino una escasa comida.

“Respecto a que mi Asunción no fue sabida de muchos ni predicada por varios, lo quiso Dios, que es mi Hijo, para que antes se fijase en los corazones de los hombres la creencia de Su Ascensión, porque éstos eran difíciles y duros para creer Su Ascensión, y mucho más lo hubieran sido si desde los primeros tiempos de la fe, se les hubiese predicado mi Asunción.”

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Capítulo 47: [Doctrina de La Virgen María sobre la utilidad de las tribulaciones, a ejemplo de su Divino Hijo]

Mi hijo es como aquel pobre labrador que, no teniendo buey ni jumento, acarrea desde el monte la leña y otras cosas que le son necesarias encima de sus hombros, y entre la leña que traía, venían unas varas que servían para castigar a un hijo suyo desobediente, y para calentar a los fríos. De la misma manera mi Hijo, siendo Señor y Creador de todas las cosas, se hizo muy pobre, para enriquecerlos a todos, no con riquezas perecederas sino eternas, y llevando sobre sus hombros el gravísimo peso de la Cruz, purgó y borró con su sangre los pecados de todos.

Pero entre otras cosas que hizo, escogió varones virtuosos, por medio de los cuales y con la cooperación del Espíritu Santo, se encendiesen en amor de Dios los corazones de muchos y se manifestase el camino de la verdad. Eligió también varas, que son los amigos y seguidores del mundo, por medio de los cuales son castigados los hijos y amigos de Dios, para su enseñanza y purificación, y para que sean más cautos y reciban mayor corona.

Sirven igualmente las varas para estimular a los hijos fríos, y Dios también se anima con el calor de ellos: porque cuando los mundanos afligen a los amigos de Dios y a los que solamente aman a Dios por temor de la pena, los que han sido atribulados se convierten con mayor fervor a Dios, considerando la vanidad del mundo; y el Señor, compadeciéndose de su tribulación, les envía su amor y consuelo. Mas ¿qué se hará con las varas después de castigados los hijos? Se arrojarán al fuego, para que se quemen; porque Dios no desprecia a su pueblo cuando lo entrega en manos de los impíos, sino que como el padre enseña al hijo, así para coronar a los suyos, se vale Dios de la malicia de los impíos.

Capítulo 48: [Doctrina de La Virgen María sobre la importancia y crecido mérito de los predicadores que trabajan en la viña del Señor]

Has de ser, hija mía, como un vaso vacío y dispuesto para ser llenado, que ni sea tan ancho de boca que se derrame lo que se eche, ni tan hondo que no tenga suelo. Este vaso es tu cuerpo, el cual está vacío cuando carece del apetito del placer.

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Será, pues, moderadamente ancho cuando es afligido con discreción en la carne, de tal manera que el alma esté dispuesta para entender las cosas espirituales, y el cuerpo con fuerzas para trabajar. Está el vaso sin suelo cuando no se reprime y pone a raya la carne con alguna abstinencia, sino que se le da todo lo que desea.

¿No advertiste aquella palabra poco cuerda que dijo ese siervo mío? ¿Para qué he de meterme yo a hablar, dijo, ni a corregir a nadie? Semejantes palabras no son propias de un siervo de Dios, pues todo el que oye y sabe la verdad, es reo si se la calla, a no ser que enteramente conozca que va a ser menospreciado.

Y para que lo entiendas mejor, te pondré un ejemplo:

Había cierto señor que tenía un fuerte castillo en el cual se encontraban cosas buenas, un manjar incorruptible que quitaba toda hambre, un agua saludable que apagaba toda sed, un suavísimo olor que desvanecía todas las cosas venenosas, y las armas necesarias para vencer a todos los enemigos. Estando el señor distraído con otras cosas, fue sitiado su castillo, y así que lo supo, le dijo a su pregonero:

Ve y clama en alta voz a mis soldados: ´Yo, que soy el señor del castillo, quiero librarlo: todo el que de buena voluntad me siguiere, será igual conmigo en gloria y en honor, y al que muriere en la batalla, lo resucitaré a una vida que no tiene defecto ni congoja alguna, y le daré honor permanente y completa abundancia´. Aquel criado clamó según la orden de su señor, pero fue poco cuidadoso en dar voces, hasta tal punto que no le oyó un soldado muy valeroso, y por esto no fue a la guerra. ¿Qué hará el señor con este soldado que de buena gana quiso trabajar pero no oyó la voz del pregonero? Será remunerado según su voluntad, y no quedará sin castigo el perezoso pregonero.

Este castillo fuerte es la santa Iglesia, fundada con la Sangre de mi Hijo, en la cual están: Su Cuerpo que desvanece toda hambre, el agua de la sabiduría Evangélica, el suave olor de los ejemplos de Sus Santos y las armas de Su Pasión. Este castillo se halla en el día sitiado por los enemigos. Luego, para que los enemigos de Dios se disminuyan, no deben cansarse sus amigos, pues la remuneración no será temporal, sino aquella que no conoce término.

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Capítulo 49: [Palabras de La Virgen María a Santa Brígida, enseñándole que no tanto daña la posesión de las riquezas, cuanto el vicioso apego y afición a ellas]

¿Qué daño le viene a uno si le pinchan con un alfiler o hierro sólo en la ropa sin llegar al cuerpo? Ninguno por cierto. Pues tampoco dañan los bienes temporales poseídos con cordura, si el afecto de poseerlos no fuere desordenado. Observa, pues, tu corazón, para que la intención sea buena, porque por medio de ti deben propagarse a otros estas palabras de Dios. Porque, como la compuerta del molino detiene el agua, y cuando es necesario alzándola da el agua que conviene, así debes hacer cuidadosamente en las acometidas de varios pensamientos y tentaciones

“… a fin de que deseches todo lo que fuere vano y del mundo, y tengas siempre presentes las cosas de Dios, según está escrito, que las aguas de abajo corrían y las de arriba estaban como un muro. Las aguas de abajo son los pensamientos de la carne y codicias inútiles, las cuales deben dejarse correr sin fijar la atención ni desearlas; y las aguas de arriba, son las inspiraciones de Dios y las palabras de los Santos, que han de ser en tu corazón firmes como una muralla, para que con ninguna tentación se aparten de él.

Capítulo 50: [Importantes lecciones de La Virgen María sobre las astucias del Enemigo, comparándolo a una zorra]

La zorra es un animal solícito en proveerse de cuanto ha de menester, y engañador, que algunas veces se finge dormido y como muerto, para que vengan las aves y posen sobre ella, y de esta manera cogerlas y devorarlas con más libertad; otras veces se pone a observar el vuelo de las aves, y las que ve que por el cansancio están posando en la tierra o debajo de los árboles, las coge y las devora; pero las que vuelan con ambas alas, la confunden y la dejan burlada.

Esta zorra es el demonio, que siempre está persiguiendo a los amigos de Dios, principalmente a los que carecen de la hiel de su malicia y del veneno de su maldad. Se finge dormido y muerto, porque unas veces deja al hombre libre de las tentaciones más graves, para que, teniéndolo desprevenido en las cosas pequeñas, con mayor libertad pueda engañarlo y envolverlo.

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Otras veces, da al vicio el color de la virtud, y por el contrario, a la virtud el del vicio, para que enredado el hombre, caiga en el vacío y perezca, a no ser que se aconseje prudentemente, según podrás entender con un ejemplo:

La misericordia suele ser vicio cuando se ejercita para agradar a los hombres. El rigor de la justicia es injusticia cuando se pone en práctica por codicia o por impaciencia. La humildad es soberbia cuando se tiene por ostentación y porque la vean los hombres. La paciencia parece virtud y no lo es cuando el hombre, si pudiese, se vengaría de aquella injuria recibida, pero que no siéndole posible, lo deja para mejor coyuntura.

Otras veces, también ocasiona el demonio angustias y tentaciones para que el hombre se abata con la excesiva tristeza; y otras veces, por último, le infunde el demonio angustias e inquietudes en el corazón, para que el hombre se emperece en el servicio de Dios, o mientras esté desprevenido en las cosas pequeñas, caiga en las más graves. Así es como a éste de quien te hablo, lo ha engañado el demonio; pues, cuando en la vejez tenía todo lo que deseaba, se creía feliz y deseaba larga vida, fue arrebatado sin Sacramentos y sin poner orden en sus cosas; pues, asemejándose a la hormiga, acarreaba día y noche, mas no para el granero del Señor; y al llegar a la puerta para introducir los granos, murió, dejando sus bienes a otros, porque el que no recoge con cordura los frutos en el tiempo de la siega, no viene a gozar de ellos.

¡Dichosas las aves del Señor, que no duermen bajo los árboles de las delicias del mundo, sino en los de los deseos celestiales!, porque si las sorprendiera la tentación de la inicua zorra, o sea el demonio, al punto echarán a volar con ambas alas, que son la humildad de la confesión y la esperanza del auxilio del cielo.

Capítulo 56: [Consumada y altísima perfección cristiana, por La Madre de Misericordia, La Santísima Virgen María]

[] Estos dos pies espirituales del alma -no querer pecar y hacer buenas obras- han de recibir dos armaduras:

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El discreto uso de las cosas temporales, que consiste en tener lo necesario para un moderado sustento, y no para cosas superfluas;

El discreto deseo de las cosas del Cielo, el cual consiste en querer merecer los bienes celestiales con trabajos y buenas obras.

Por la ingratitud y pereza se apartó de Dios el hombre, y debe volver a Él por la humildad y trabajos []

[] El escudo espiritual significa la consideración de la amarga Pasión de Jesucristo, que debe estar en el brazo izquierdo junto al corazón, para que cuando la carne pidiere su gusto y deleite, se consideren las llagas y cardenales de Jesucristo; cuando aflijan y contristen al alma el desprecio y las adversidades del mundo, se recuerdan la pobreza e injurias hechas a Jesucristo; y cuando guste la honra y larga vida en el mundo, se traiga a la memoria la amarguísima muerte y Pasión de Jesucristo. También ha de tener este escudo la fortaleza de la perseverancia en el bien y la anchura de la caridad []

[] La espada espiritual es la confianza en Dios para pelear por la causa de la justicia: esta confianza ha de ser a la manera de dos filos, a saber: por un lado, la rectitud de justicia en la prosperidad, y por el otro, el dar a Dios gracias durante la adversidad. Una espada de esta clase tuvo aquel justo varón Job, que en la prosperidad ofrecía a Dios sacrificios en favor de sus hijos, era padre de los pobres, su puerta estaba abierta al caminante, nunca fue vanidoso ni deseó lo ajeno, y siempre temió a Dios, como el que se ve colocado sobre las olas del mar. En las adversidades y trabajos dio también acciones de gracias a Dios, cuando después de perder sus hijos y bienes, le injuriaba su mujer y estaba todo hecho una llaga, y lo sufría con paciencia, diciendo: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: sea por siempre bendito.

Capítulo 61: [Diferencia entre las buenas y malas lágrimas, según tres tipos de hombres -Habla La Virgen María-]

Compárense las primeras al agua que echa la nube, y son producidas estas lágrimas por lo que el hombre ama carnalmente, como cuando pierde los amigos, los bienes temporales, la salud u otras cosas; y como entonces se irrita con lo que Dios dispone y permite, derrama indiscretamente muchas lágrimas.

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Compárense a la nieve las segundas lágrimas, porque cuando el hombre comienza a pensar los peligros inminentes de su cuerpo, la pena de muerte y los tormentos del infierno, principia a llorar, no por amor de Dios, sino por temor; y como la nieve se deshace presto, así también estas lágrimas son de poca duración.

Las terceras lágrimas se asemejan al granizo; porque cuando el hombre piensa lo agradable que le es y le había sido el placer carnal, y que ha de perderlo, y piensa al mismo tiempo cuánta dulzura y consuelo hay en el Cielo, comienza a llorar, viéndose condenado y perdido; pero no se acuerda de llorar las ofensas hechas a Dios, ni si este Señor pierde un alma que redimió con Su Sangre; ni tampoco se cuida si después de la muerte, verá o no a Dios, con tal que consiguiese un lugar en el Cielo o en la tierra donde no padeciese tormento, sino que gozara para siempre de su gusto y placer. Aseméjanse, pues, con razón, estas lágrimas al granizo: porque el corazón de tal hombre es muy duro, sin tener ningún calor de amor a Dios, y por consiguiente, estas lágrimas apartan del Cielo al alma.

Ahora te quiero enseñar las lágrimas que llevan el alma al Cielo, las cuales se asemejan al rocío: porque a veces, de la blandura de la tierra sube al cielo un vapor que se pone debajo del sol, y deshaciéndose con el calor de este astro, vuelve a la tierra y fertiliza todo cuanto en la tierra nace, como se ve en las hojas de las rosas, que, puestas de una manera conveniente al calor, arrojan de sí un vapor que luego se condensa y produce el rocío o agua aromática. Lo mismo acontece con el varón espiritual; pues todo el que considera aquella Tierra Bendita, que es el cuerpo de Jesucristo, y aquellas palabras que habló Jesús con Sus propios labios, la gran merced que hizo al mundo y la amarguísima pena que padeció movido de un ardiente amor a nuestras almas, entonces el amor que a Dios se tiene sube con gran dulzura al cerebro, el cual se asemeja al Cielo; y su corazón, que se compara al sol, se llena del calor de Dios, y sus ojos se hinchan de lágrimas, llorando por haber ofendido a un Dios infinitamente bueno y piadoso; y entonces quiere mejor padecer todo género de tormentos para honra de Dios y carecer de Sus consuelos, que tener todos los goces del mundo.

Con razón se comparan estas buenas lágrimas al rocío que cae sobre la tierra, porque tienen la virtud de hacer buenas obras y fructifican en presencia de Dios. Y como al crecer las flores atraen a sí el rocío que cae, de la misma manera las lágrimas vertidas por amor de Dios, encierran a Dios en el alma, y Dios atrae a sí a esta alma.

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“ La verdadera sabiduría, entonces, consiste en obras, no en grandes talentos que el mundo

La verdadera sabiduría, entonces, consiste en obras, no en grandes talentos que el mundo admira; pues los sabios, en la estima del mundo, son necedad que hacen nada de la voluntad de Dios y no saben cómo controlar sus pasiones.Santa Brígida

y no saben cómo controlar sus pasiones. ” Santa Brígida AMOR MEUS CRUCIFIXUS EST Lema oficial

AMOR MEUS CRUCIFIXUS EST Lema oficial de la Orden del Santísimo Salvador. Encierra lo que Dios quiere de nosotros:

Crucificados con el amado, amándolo. Inspirado por Santa Brígida, quien conformó a sus hijos e hijas espirituales como hijos e hijas de La Pasión del Señor.

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