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Iglesia Apostólica de la Fe en

Cristo Jesús

CREA 2

Consejería Pastoral

Alumno. Hno César Pérez


Maldonado

Maestro: Rev. Luis Vega Gaitan

Fecha: 15/ Junio/ 2019


Etapas del duelo

¿Qué es el duelo?
El duelo (del latín dolium, dolor, aflicción) es la reacción natural ante la pérdida de una persona,
objeto o evento significativo; o, también, la reacción emocional y de comportamiento en forma
de sufrimiento y aflicción cuando un vínculo afectivo se rompe. Incluye componentes
psicológicos, físicos y sociales, con una intensidad y duración proporcionales a la dimensión y
significado de la pérdida. En términos generales es un proceso normal, por lo que no se requieren
situaciones especiales para su resolución. Se tiende a pensar en el duelo sólo en el contexto de
la muerte de un ser querido, pero también suele producirse como reacción ante la pérdida de
una persona amada o de alguna abstracción que ha ocupado su lugar, como la patria, la libertad,
un ideal, entre otros.

Negación
La primera reacción es el rechazo, la incredulidad que puede llegar hasta la negación,
manifestada por un comportamiento tranquilo e insensible, o por el contrario, exaltado. Se trata
de un sistema de defensa. La persona que ha sufrido la pérdida activa inconscientemente un
bloqueo de sus facultades de información. Esta fase es de corta duración, se extiende desde el
anuncio de la muerte hasta el término de las honras fúnebres.

Es la etapa de las preguntas: “¿es cierto?”, “¿es posible que haya podido suceder?”, “¿cómo ha
podido pasar esto?”, “¿por qué? Se define por la sensación de in-credulidad: no creemos lo que
está sucediendo o va a suceder. Nos negamos a aceptar lo que ocurre porque “es demasiado
fuerte para ser cierto”. Nuestra psique se rebela ante este proceso.

Ira
La ira es una reacción natural ante el cambio. Hay que gestionarla, no pararla ni olvidarnos de
ella o asumir que degenere en violencia. A menudo fomentar mecanismos de duelo o queja
ayudan en este proceso. El recurso a la pataleta, el llanto o la queja sin recriminación son
acciones que ayudan a canalizar la ira.

Este proceso, genuinamente emocional, se manifiesta de múltiples formas: contra los causantes
del cambio, contra los seres cercanos (jefes, compañeros del departamento de origen de los
cambios…), contra terceros no claramente definidos, contra entes (Dios). A veces surge, de
forma espontánea, inmediatamente a la notificación del cambio pero otras aparece cuando ya
llevábamos un tiempo funcionando con las nuevas condiciones .

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Hay que entender que es un sentimiento básico y necesario. Cuando antes se sienta, antes se
disipará. Lo cual no implica que aceptemos cualquier tipo de respuesta y mucho menos cuando
ésta se da de forma violenta. Por tanto es una fase que puede ser útil mientras no nos ocupe
demasiado tiempo, sea violenta o volvamos recurrentemente a ella.

Negociación
En esta etapa surge la esperanza de que se puede posponer o retrasar la muerte o el proceso
de pérdida.

La etapa de negociación puede ocurrir antes de la pérdida, en caso de tener a una familiar con
enfermedad terminal, o bien después de la muerte para intentar negociar el dolor que produce
esta distancia. En secreto el doliente busca hacer un trato con Dios u otro poder superior para
que su ser querido fallecido regrese a cambio de un estilo de vida reformado. Este mecanismo
de defensa para protegerse de la dolorosa realidad no suele ofrecer una solución sostenible en
el tiempo y puede conducir al remordimiento y la culpa interfiriendo con la curación.

Se desea volver a la vida que se tenía antes de que muriera el ser querido y que éste vuelva a
nosotros. Se concentra gran parte del tiempo en lo que el doliente u otras personas podrían
haber hecho diferente para evitar esta muerte. Las intenciones de volver el tiempo atrás es un
deseo frecuente en esta etapa para así haber reconocido a tiempo la enfermedad o evitar que el
accidente sucediera. La frase que resume esta etapa es “¿Qué hubiera sucedido si…?” Nos
quedamos en el pasado para intentar negociar nuestra salida de la herida mientras pensamos
en lo maravillosa que sería la vida si éste ser querido estuviera con nosotros.

Depresión
Hasta ahora la mayor parte de los sentimientos que nos producen las fases anteriores se referían
al pasado. Echábamos la vista atrás para comprobar qué fue lo que desencadenó el mecanismo
que nos llevaría a cambiar nuestro status quo. La depresión, en cambio, hace referencia de una
forma drástica al presente. Es una sensación actual de vacío, de tristeza cuando el cambio
profundo se hace evidente y ves que no puedes negarte ni eludirlo. Te sientes mal y trasladas
ese sentimiento de tristeza a tus relaciones. Las relaciones personales pueden verse muy
perjudicadas en esta etapa y no es anormal que aumenten drásticamente tanto el absentismo
real (dolores debidos a contracturas, gripes y resfriados por bajada de defensas…) como el
ficticio… Los mismos males pero sin síntomas reales o directamente baja por ése, tantas veces
mal llamado, estrés.

Se siente tristeza, miedo e incertidumbre ante lo que vendrá. Sentimos que nos preocupamos
mucho por cosas que no tienen demasiada importancia mientras que levantarse cada día de la
cama se siente como una tarea realmente complicada. Estos sentimientos muestran que el
doliente ha comenzado a aceptar la situación. La frase que contiene la esencia de esta etapa es
“Extraño a mi ser querido, ¿por qué seguir?” En esta etapa la atención del doliente se vuelve al

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presente surgiendo sentimientos de vacío y profundo dolor. Se suele mostrar impaciente ante
tanto sufrimiento sintiendo un agotamiento físico y mental que lo lleva a dormir largas horas.
Además la irritabilidad y la impotencia toman un gran protagonismo ya que durante esta etapa
se enfrenta a la irreversibilidad de la muerte.

Aceptación
Así como las otras etapas pueden ser sucesivas o no, es obvio que esta sea la etapa final, la de
resolución. Aquí ya no existe otra alternativa. O aceptamos el cambio con todas sus
consecuencias o lo rechazamos (abierta o indirectamente).Si escogemos la primera opción, la
aceptación, eso no implica que no podamos pasar por las fases antes descritas… pero sin duda
que lo haremos con mejor estado de ánimo, de forma más rápida y con menos secuelas o efectos
secundarios.

El doliente llega a un acuerdo con este acontecimiento trágico gracias a la experiencia de la


depresión. Esta etapa no significa que estamos de acuerdo con esta muerte sino que la pérdida
siempre será una parte de nosotros. Este proceso nos permite reflexionar sobre el sentido de la
vida así como lo que queremos de la vida a partir de ahora. La frase que resume la esencia de
esta etapa es “Todo va a estar bien”.

Se trata de aprender a convivir con esta pérdida y crecer a través del conocimiento de nuestros
sentimientos. Comenzamos a depositar nuestras energías en nuestras amistades y en nosotros
mismos estableciendo una relación distinta con la persona fallecida o con lo que se ha perdido.

Bibliografía
 Kübler-Ross, E. (1970). On death and dying.q
 Cuadrado I Salido, D. “Las cinco etapas del cambio”. Capital Humano, nº 241, pág. 54,
Marzo, 2010.
 Gómez-Sancho M. “La pérdida de un ser querido, el duelo y el luto”. Madrid: Arán
Ediciones, 2004.
 O’ Connor N. “Déjalos ir con amor: la aceptación del duelo.” México: Trillas, 2007.