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PORTADA DE PRESENTACIÓN

PROGRAMA ADMINISTRACIÓN FINANCIERA

SEMESTRE I

CURSO FUNDAMENTOS DEL PENSAMIENTO HUMANO

DOCENTE TUTOR WILLIAM DELGADO RUBIO

TUTORÍA 04

EL MUNDO EXTERNO Y LA VERDAD COMO


TEMA DE LA UNIDAD CONDICIÓN Y FINALIDAD DEL PENSAMIENTO
HUMANO

TIPO DE ACTIVIDAD. INDIVIDUAL

NOMBRE ACTIVIDAD RESUMEN ANALITICO DE ESTUDIO RAE

NOMBRE
JAVIER STEVEN AVILA CORTEZ
ESTUDIANTE (S)

GRUPO 01

Comentarios Profesor
PASOS PARA LA ELABORACION DE UN:
Resumen Analítico De Estudio (R.A.E)

Como Hacer Un Rae


1. FECHA DE ELABORACION: (1999) El Mundo Externo.

2. AUTORES: Herrera Ibáñez, Alejandro.

3. TITULO: El mundo externo

4. PALABRAS CLAVES: Mundo externo, Idealismo, Realismo,


Cognoscente, Epistemología, Filosofía.

5. DESCRIPCION: Libro.

6. CONTENIDO: La lectura nos da a conocer algunas preguntas sobre el mundo externo


algunas de ellas son las siguientes ¿Existe efectivamente el mundo que creo que me rodea? O
dicho de otra manera: ¿existe todo aquello que doy por sentado como existente? El lector de
inclinaciones filosóficas se ha hecho quizás alguna vez en su vida una pregunta como las
anteriores, o alguna similar, como: ¿cómo sé que lo que está frente a mí en este momento
realmente existe?, ¿cómo sé que no es una ilusión?
Al hacersen este tipo de preguntas se está planteando uno de los problemas clásicos de la
filosofía, comúnmente conocido como el problema del conocimiento del mundo externo. Sin
embargo, no se trata de uno de los problemas de más antigua—aunque sí noble— prosapia en
la historia de la filosofía, en el sentido de que haya surgido desde los inicios de la reflexión
filosófica.

El conocimiento de la existencia del mundo externo no se planteó como problema sino hasta la
llegada de la filosofía moderna^ en la que los problemas acerca del conocimiento ocuparon un
lugar preponderante en el análisis filosófico. Descartes es considerado como el primer filósofo
que lo planteó de manera explícita y acuciante.

Obsérvese que al preguntar por el mundo externo se está presuponiendo la existencia de un


mundo interno. ¿Dónde termina uno y dónde comienza el otro? Se podría decir, a primera
vista, pensar que todo, lo que está más allá de la superficie de la piel pertenece al mundo exte-
rior. Así, todo lo que se puede tocar, por ejemplo, con la mano, es exterior a una persona. Sin
embargo, si no tomo como criterio el sentido del tacto, sino el de la vista, podría poner mi mano
frente a los ojos y podría preguntarse: ¿cómo sé que esta mano que estoy viendo existe? En
este sentido, todo el cuerpo es también exterior a la persona. ¿Pero qué es lo que entonces
queda de una persona? Una respuesta podría ser que queda la persona como sujeto
cognoscente. Pero, ¿puede concebirse como sujeto cognoscente sin cuerpo alguno, sin ningún
órgano corporal sensitivo? En la respuesta a estas preguntas reside la aceptación del problema
o su rechazo como un seudo problema. En la filosofía contemporánea, Wittgenstein argumentó,
poderosamente contra la legitimidad de este problema de la filosofía moderna, pero ha habido
quienes sostienen que, a pesar de la argumentación wittgensteiniana, el problema sigue
teniendo vigencia.

El planteamiento tiene dos variantes. Si se preguntan si existe el mundo externo, están en la


variante metafísica. Si se preguntan cómo es que saben si existe el mundo externo, están en la
variante epistemológica o gnoseológica. El primer planteamiento es, desde luego, más radical,
pues —a diferencia del segundo— no presupone la existencia de dicho mundo. Sin embargo, el
primer planteamiento lleva inevitablemente al segundo. cuando la respuesta va encaminada a
mostrar que dicho mundo existe y cómo es que lo sabemos, se está adoptando la posición del
realismo (que se subdivide, de acuerdo con lo anterior, en realismo metafísico y realismo
epistemológico). Si, en cambio, se quiere mostrar que tal mundo no existe o que no se puede
saber si existe, se está adoptando la posición del idealismo (que a su vez se subdivide en
idealismo metafísico e idealismo epistemológico).

El idealismo sostiene que todos los objetos dependen de nuestras facultades epidémicas o
cognitivas. Entre estas formulaciones de ambas tesis se mueven diversas clases de realismo y
de idealismo según la clase de dependencia o independencia que afirmen que se da entre los
objetos y-el sujeto cognoscente. Tendremos, así, realismo directo e indirecto, realismo ingenuo,
neorrealismo, realismo perspectivista, realismo de sentido común, realismo representativista (o
teoría causal), realismo crítico, realismo científico, etc., así como idealismo absoluto, idealismo
moderado, idealismo crítico, idealismo trascendental, fenomenenismo, antirrealismo, etc.

El idealismo trascendental de Kant es difícil de clasificar, a pesar de su nombre. En la segunda


edición de la Crítica de la Razón Pura hay un pasaje que lleva por título «Refutación del
idealismo» (título que posteriormente usaría Moore en el artículo en que inicia el ataque de los
realistas del siglo xx). En él ataca los idealismos de Descartes y de Berkeley, cuyas posiciones
denomina, respectivamente, «idealismo problemático» e «idealismo dogmático» (como dijimos
arriba, la posición de Descartes suele caracterizarse como realista representativista). Por un
lado, para Kant sólo podemos conocer los fenómenos, siendo su contraparte —los noúmenos—
incognoscibles. Por otro lado, para él no podemos tener conciencia de nosotros mismos si no
tenemos conciencia de las cosas materiales.

Russell, por su parte, llevó a cabo su ataque en varios lugares. En The Problems of Philosophy
acude a la distinción entre apariencia y realidad, argumentando que cuando vemos una mesa
desde diferentes ángulos, ésta se nos presenta con diferentes apariencias, y es a partir de
estas diferentes figuras aparentes que nosotros construimos la figura real. Luego la figura real
es inferida a partir de las apariencias vistas. Estas se nos presentan en datos sensibles, los
cuáles son de naturaleza privada para cada observador. Pero nosotros queremos que los
diferentes observadores, cada uno con sus propios datos sensibles de la mesa, observen la
misma mesa y se sienten a la misma mesa. Tiene que haber, por lo tanto, objetos públicos
neutrales y permanentes que sean independientes de nuestros propios datos sensibles. Se
trata, en realidad, según Russell, de una Hipótesis dé sentido común. Si un gato estuviera
constituido sólo por datos sensibles, no podríamos decir que está hambriento, pues sólo
nuestra propia hambre puede ser un dato sensible para cada uno de nosotros por separado.
7. METODOLOGÍA: Análisis de estudio.

8. CONCLUSIONES: La tesis fundamental del realismo es que hay objetos cuya existencia es
independiente de que los conozcamos, percibamos o sintamos. Dichos objetos constituyen el
llamado mundo externo».

9. RECOMENDACIONES: Me parece que el texto es muy explícito ya que nos


demuestra de una forma realista lo que es el mundo externo .

10. AUTOR (ES) DEL RAE: Javier Steven Ávila Cortez.


PASOS PARA LA ELABORACION DE UN:
Resumen Analítico De Estudio (R.A.E)

Como Hacer Un Rae


1. FECHA DE ELABORACION: (1999) Verdad.

2. AUTORES: Villoro, Luis.

3. TITULO: LA VERDAD.

4. PALABRAS CLAVES: Verdad, Pensamiento, Realidad, Falso, Evidencia.

5. DESCRIPCION: Trabajo investigativo.

6. CONTENIDO: En la lectura podemos percibir que tomás de Aquino recoge la


formulación de un neoplatónico judío del siglo ix, Isaac Israelí; la verdad es adaequatio
rej et intellectus. Sólo hay verdad o falsedad donde hay juicio; el juicio es una operación
del intelecto por el que asocia o disocia conceptos; la verdad reside, en sentido propio,
en el pensamiento. Una cosa juzgada sólo se dice_«vgr- dadera» en orden al intelecto.
La noción de «adecuación» no hace sino expresar una intuición pre-reflexiva: en el
lenguaje ordinario llamamos «verdadera» a una creencia o a una proposición que
«concuerda» o se refiere efectivamente a una situación existente distinta de la
proposición misma. No entendemos la «verdad» como una relación intralingüística sino
como la propiedad de alcanzar, con el pensamiento, una realidad extra-lingüística.

En las proposiciones y hechos la manera más simple de imaginar la «adecuación»


entre dos cosas es concebir que cada una esté compuesta de elementos que se
correspondieran uno a uno con las de la otra y tuvieran una forma semejante. Cada
elemento de una cosa señalaría a un elemento de la otra y todos los elementos
tendrían una relación entre sí, idéntica en ambas cosas. Es la manera en que un plano
corresponde a la disposición de una ciudad o el diseño de una máquina a un artefacto.
La presentación más ingeniosa de este modelo de adecuación es la del Tractatus
Logico Philosophicus de L. Wittgenstein.

Todas las proposiciones complejas de un lenguaje podrían reducirse a conexiones


lógicas entre proposiciones elementales. Las proposiciones elementales, por su parte,
serían «figuras» (Bilden) de la realidad. Representan la posibilidad de la existencia de
hechos o estados de cosas (Sachverhalten). Entre el estado de cosas representado y la
proposición elemental verdadera tiene que haber una correspondencia. La proposición
elemental está compuesta de elementos simples (nombres) en relación; pues bien, el
estado de cosas, que efectivamente existe, está compuesto de elementos igualmente
simples (objetos) en una relación semejante. Así las proposiciones pueden embonar
con la realidad. Cada nombre de la proposición se refiere a un objeto y la forma de la
proposición y del estado de cosas es la misma.

Pero la teoría de la proposición como «figura» no resistió el análisis. El propio


Wittgenstein, en sus trabajos posteriores, se encargó de demolerla. En primer lugar, no
pueden determinarse los elementos de que se componen las proposiciones
elementales, si es que se componen de elementos. Por consiguiente, tampoco es
posible concebir el estado de co&s, existente de hecho, del cual habla la proposición,
como un compuesto de elementos simples. La noción de «objeto», como elemento de
los estados de cosas, resultó imposible de precisar. Por otra parte, la teoría de la
«figura» suponía una concepción denominativa del significado, según la cual la
proposición significaría en la medida en que nombrara una realidad. El segundo
Wittgenstein demostró lo equivocado de esa teoría.

La concepción semántica de la verdad Tarski pretende ser una «forma modernizada»


de la noción tradicional, que quiere expresar de manera inequívoca y precisa la fórmula
aristotélica. Se trata «verdad» como una propiedad semántica, aplicada a las oraciones
(sentences) de un lenguaje. Su alcance es limitado. No puede atribuirse a las oraciones
de un lenguaje natural sino sólo a las oraciones declarativas de un lenguaje cuya
estructura haya sido especificada de una manera exacta. Su aplicación a los lenguajes
naturales —vagos como son e imprecisos— es sólo aproximada, en la medida en que
diverja lo menos posible de un lenguaje formalizado (Tarski, 1949, 58). Llamemos «p» a
cualquier oración del meta-lenguaje y p a cualquiera del lenguaje objeto, entonces
cualquier definición de «verdad» deberá implicar la siguiente equivalencia en el meta-
lenguaje: «“p” es verdadera si y sólo si p», por ejemplo: «La oración “La nieve es
blanca” es verdadera si y sólo si la nieve es blanca». La frase a la derecha, sin comillas,
es una oración del lenguaje objeto; la misma frase, a la izquierda, entre comillas, es el
nombre de esa oración usado en el meta-lenguaje. A este último se aplican los términos
«verdadero» o «falso». Volviendo a la fórmula aristotélica: la oración entre comillas («La
nieve es blanca») es lo que «se dice»; esto es «verdadero» si y sólo si de hecho la
nieve es blanca.

El lugar de la verdad si se pasa de los lenguajes formalizados a la manera como se


usan efectivamente las oraciones en los lenguajes ordinarios, la concepción semántica
de la verdad no puede sernos de mucha ayuda. En efecto, en el lenguaje ordinario no
llamamos «verdaderas» a las oraciones usadas sino a las aseveraciones o juicios que
hacemos con ellas. Es lo que subrayó J. L. Austin en un ensayo (1964) en el que
propone una nueva manera de concebir la relación de correspondencia.
Austin distingue entre «oración» (sentence) y «aseveración» o «juicio» (statement). La
oración es un conjunto de signos que pertenece a un idioma específico (español, inglés
o tarasco), la aseveración es un acto de habla que afirma, juzga sigo con una oración.
Distintas oraciones dichas por la misma persona pueden aseverar lo mismo (por ejem-
plo «El perro está enfermo» y «Le chien est malade») o aun dichas por distintas
personas en diferentes situaciones (por ejemplo, «mi hijo es bizco» dicho por su padre,
y «mi padre es bizco», dicho por el nieto del anterior). A la inversa, una misma oración
puede ser usada para hacer aseveraciones distintas. «El actual emperador de México
tiene barbas» puede ser verdadera en 1865, falsa, ahora. Porque la pretensión de
verdad corresponde a lo aseverado en un tiempo y ocasión determinados, por un sujeto
determinado. «Una oración está hecha de palabras, una aseveración se hace con
palabras, las aseveraciones se hacen, las palabras o las oraciones se usan» Verdad y
falsedad se refieren a las oraciones sólo en la medida en que son «usadas por una
persona en cierta ocasión» para afirmar un estado de cosas.

7. METODOLOGÍA: Investigación cuantitativa.

8. CONCLUSIONES: Posteriormente los estoicos consideraron la verdad o falsedad como


propiedades de las proposiciones, mejor dicho, de lo enunciado en las proposiciones o
aseveraciones (axiomata), según corresponda o no a la realidad.

9. RECOMENDACIONES: Me parece que el texto es muy explícito ya que nos


demuestra de una forma realista lo que es la verdad.

10. AUTOR (ES) DEL RAE: Javier Steven Avila Cortez.