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Caravelle

Cantar de bandoleros en la Argentina


Hugo Chumbita

Resumen
El cantar de bandoleros se vincula en Argentina con la cultura gauchesca y sus expresiones folklôricas. Con esa impronta, la
exaltaciôn de los «buenos bandidos», a menudo santifîcados por la devociôn campesina, proliferaron en las verseadas, copias,
milongas, chaînâmes y otras composiciones propias de las diversas regiones del pais, y sus ecos llegaron también al rock
nacional.

Résumé
Le chant sur les bandits est lié en Argentine à la culture du gaucho et à des expressions folkloriques. C'est sous le signe de la
gauchesca, avec l'exaltation des « bandits au grand coeur », souvent sanctifiés par la dévotion paysanne, qu'ont proliféré les
ballades, copias, milongas, chômâmes et autres compositions typiques des diverses régions du pays, dont les échos se
prolongent aussi dans le rock dit « national ».

Abstract
In Argentina songs about outlaws are related to the gaucho's culture and to folkloric expressions. It's under the brand of the
gauchesca, with the glorifying of the «kind hearted outlaws», often sanctified by peasant devotion, that ballads, copias,
milongas, chômâmes and other typical compositions from the country's different regions have proliferated, and their echoes can
be traced in the rock music known as «national».

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Chumbita Hugo. Cantar de bandoleros en la Argentina. In: Caravelle, n°88, 2007. Chanter le bandit. Ballades et complaintes
d'Amérique latine. pp. 87-110.

doi : 10.3406/carav.2007.3139

http://www.persee.fr/doc/carav_1147-6753_2007_num_88_1_3139

Document généré le 25/09/2015


CM.H.LB.
n° 88, p. 87-1 10, Toulouse,
Caravelle 2007

Cantar de bandoleros en la Argentina

PAR

HugoCHUMBITA
Universidad de Buenos Aires
Universidad Nacional de La Matanza

La canciôn al bandolero suele ser la expresiôn mis perdurable del


mito popular. Es una gufa para establecer su caracter de bandolero social,
segun la indagaciôn teôrica de Eric Hobsbawm, quien precisamente
partie de estas huellas poéticas y musicales para elaborar sus estudios
precursores sobre el tema1. Si se trata de una figura de esa talla -un
rebelde solidario con los campesinos cuyo desafïo al orden se convierte
en exponente de la protesta colectiva- no puede faltar el cancionero que
exalta su memoria.
Nos referimos al bandido o bandolero «bueno» para sus paisanos y
«malo» para la autoridad, que en principio constituye una excepciôn
dentro del universo de los delincuentes comunes. Sin embargo, esta
categorfa de individuos puede llegar a ser muy extensa, como se observa
en la historia argentina, donde los gauchos fueron toda una clase social
expulsada «niera de la ley» y reivindicada por la tradicién folklôrica. De
alli que el cancionero de los bandidos legendarios se vincula entre
nosotros al imaginario social del gaucho y a la literatura gauchesca.

La impronta gauchesca

Originalmente los gauchos eran jinetes libres, cazadores de ganado,


que vivian fuera del sistema colonial, «sin rey ni ley». El fenémeno se
dio con caracteristicas similares en los Uanos grancolombianos y en otras
regiones americanas donde la abundancia de vacunos y equinos sin
duefio permitiô a los «descastados» del mundo colonial acudir a ese
medio de vida marginal. Pero la caza de ganado rue progresivamente

Eric J. Hobsbawm, Bandidos [la edidôn castellana 1968], Barcelona, Critica, 2001.
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ilegalizada al desarrollarse las formas de apropiaciôn privada del ganado


y de la tierra, y fueron perseguidos como delincuentes2.
Las destrezas ecuestres, su habilidad de baqueanos, su estilo de vida
generoso e indômito, e induso su afîciôn al canto y la guitarra les
conferian gran prestigio entre los demàs campesinos, y la contribuci6n
que hicieron en las guerras de la independencia les hizo acreedores a la
gratitud de los patriotas.
Sin embargo, su participaciôn en los alzamientos rebeldes
conducidos por los caudillos fédérales, y la continuaciôn del proceso de
privatizaciôn de los recursos que senalamos, termina por acorralarlos y
extinguir su forma originaria. Sus rasgos subsistieron sobre todo en los
jinetes que trabajaban de manera auténoma en las faenas ganaderas,
como arriéras, domadores, etc., y también en los «malvivientes»
perseguidos por la justicia que vivfan de modo errante, a los que se
denominaba matreros$.
He aquf pues que el gaucho era con frecuencia un bandido que podfa
contar con la solidaridad de los paisanos, y a quien los pobres del campo
solian ver como un vengador de las humillaciones que les infligia la
autoridad. Todavfa en el siglo veinte la denominaciôn de «gaucho» ténia
para la policfa rural la connotaciôn de delincuente. Por el contrario, el
adjetivo «gaucho» y la expresiôn «gauchada» pasaron a ser en el habla
corriente sinônimos de un carâcter o un gesto noble y generoso.
La literatura gauchesca rioplatense, en sus dos variantes de prosa y
poesfa, expresô con notable acierto la realidad de la vida y la muerte de
los gauchos, asumiendo su manera de ver y empleando su propio
lenguaje. La obra culminante fue el poema Martin Fierro de José
Hernandez, cuyo protagpnista era un personaje ficticio, pero sin duda
condensaba los avatares reaies de una clase social:
Y atiendan la relaciôn
que hace un gaucho perseguido,
que padre y marido ha sido,
empefioso y diligente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.
El nucleo temâtico récurrente de la gauchesca es el paisano «cafdo en
desgracia» ante la ley, lo cual podfa ocurrir por muy diversas
circunstancias: por matar en duelo, por raptar a su mujer, por desertar
de la milicia, por carnear ganado ajeno u otros actos ilegales que las
costumbres no consideraban verdadero delito. Fuera o no asaltante, al

2 Richard W. Slatta and Miguel Izard, «Banditry and Social Conflict on the Venezuelan
Llanos», en R. W. Slatta (éd.), Bandidos: The Varieties ofLatin American Banditry, New
York, Greenwood Press, 1987.
3 Ver Hugo Chumbita, Jinetes rebeldes. Historia del bandolerismo social en la Argentina,
Buenos Aires, Javier Vergara, 2000.
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ser perseguido por la autoridad se le aplicaba la étiqueta de bandido, una


denomination manejada siempre al arbitrio del poder.
Jorge Luis Borges sostuvo que el género literario gauchesco era una
invention de los autores de la «clase culta», exagerando una parte de la
verdad. Si es cierto que algunos poetas mâs o menos ilustrados
contribuyeron a darle brillo, sus orfgenes eran las verseadas de humildes
payadores rurales como Bartolomé Hidalgo -un militante de la
montoneras fédérales de Artigas-, y los campesinos receptaron,
adoptaron y siguieron desarrollando esta modalidad expresiva en la que
se reconocîan a si mismos. Situàndose en el habla, la sensibilidad y los
intereses del nombre del campo, la gauchesca rompfa con la imitaciôn de
la literatura europea y con los prejuicios de la elite para fundar una
literatura americana^.
El cantar de bandoleros entronca pues con los moldes poéticos y
musicales de la épica gauchesca, un género literario aûn vivo en sus
proyecciones, en el que podemos advertir un modo de la identidad
popular y una clave de la cultura nacional.

Dramas gauchescos y verseadas surerias

Juan Moreira (c 1840-1874) era un gaucho bonaerense que, para


vengar los agravios de un comerciante abusador y de un mal funcionario
local que codiciaba a su mujer, matô a ambos en duelo. Luego,
escapando de la justicia, se convirtiô en cuchillero al servicio de los
polfticos de la oligarquia liberal. Un caso que se aproxima a la categoria
del «vengador» definido por Hobsbawm, cuyas hazafias eran percibidas
por los paisanos como una revancha frente a la prepotencia policial y
judicial.
Aunque su leyenda preexistfa, la extraordinaria fama que alcanzô se
debe principalmente a la repercusi6n del folletfn de Eduardo Gutierrez
(1851-1889) publicado en 1879 y a las representaciones del circo
criollo de José Podestâ, que inauguraron una série de recreaciones
literarias, musicales, teat raies, radioteatrales e incluso cinematogràficas
prolongadas a lo largo del siglo XX5.
Desde las primeras versiones, estos dramas gauchecos indufan
recitados, canciones o «relatos por milonga». En la obra en verso «Juan
Moreira» de un sobresaliente poeta y dramaturgo popular, Alberto
Vacarezza (1886-1959), que data de 1923, las estrofas del prôlogo

4 Jorge Luis Borges, El Martin Fierro, Buenos Aires, Emecé, 1979, refutando a Ricardo
Rojas y su Historia de la literatura argentincu Ver Angel Rama, Los gauchipoliticos
rioplatenses, Buenos Aires, Centro Editor de America Latina, 1982.
5 Beatriz Seibel, Los artistas trashumantes, Buenos Aires, Ediciones de la Pluma, 1985.
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describen al personaje contradiciendo la imagen de «malevo» que


difundian sus censores:
Juan Moreira fue un gaucho romantic» y valiente,
y miente por astuta la vieja tradiciôn
cuando lo pinta rojo, nervioso y prepotente,
audaz y pendenciero, cobarde y fànfarrôn.
(...) Apuesto y pelirrubio, de chiripâ vestfa,
chambergo y bota fuerte, espuelas y fàcôn;
façon que nunca usaba por pura fantasia,
sino cuando tenfa para matar, razôn^.
Juan Cuello fue otro héroe gaucho, seductor y temerario, cuyas
aventuras românticas y campestres por el interior bonaerense le dieron
gran celebridad en tiempos de Rosas y motivaron numerosas
novelizaciones?. Era un desertor que le disputaba su «prenda» al jefe de
policfa, que llegô a ser cabecilla de una banda de salteadores y mas
adelante se incorpora a un grupo de indios cuatreros. Gutierrez lo narr6
en un folletm basado en los archivos policiales. La carrera de perseguido
finalize en 1851 cuando, enamorado de la hermana del cacique Moicân,
esta lo traicionô, lo entregô a sus captures y lo fusilaron.
En una obra de radioteatro de Hector Pedro Blomberg (1889-
1955), cronista y poeta de temas hist6ricos y gauchescos, el prôlogo
cantado dice:
Era portefio y cantor
y lo admiraban las mozas
cuando en el tiempo de Rosas
pasaba envuelto en rumor
de serenatas de amor
por la calle colonial
y la estrella federal
brillaba roja y tremenda,
y aùn hablan de su leyenda
los patios del arrabal.8

En algunos capitulos de esta obra, el mismo gaucho Juan Cuello


cantaba, acompanândose con la guitarra, décimas del siguiente tenor:
Se fue llevando la vida
todo lo que hube querido
y en los escombros del nido


6 «Juan
272, Buenos
Moreira»,
Aires,
teatralizaciôn
septiembreen13verso
de 1923.
de Alberto Vacarezza, en revista La Escena,
7 Juan Cuello inspiré dos novelas anteriores a la de Eduardo Gutierrez y posteriormente
otros romances, versiones teatrales y radioteatrales.
8 Hector Pedro Blomberg, Juan Cuello. Elromântico rebelde, Buenos Aires, 1941, version
radioteatral editada en 4 folletos.
Cantar de bandoleros en la Argentina 91

lloré mi dicha perdida,


y ahora que sangra la herida
de los suenos que se fueron,
bajo los cielos que vieron
la muerte de mis amores
juro vengar los dolores
e injusticias que me hicieronP
Servando Cardoso (a) Calandria, un mestizo nacido alrededor de
1 840 en la costa del rfo Uruguay, mereciô este apodo por sus cualidades
de cantor. Se uni6 a las montoneras de la ultima gran rebeliôn federal de
1 870, cuando Urquiza fue asesinado y Ricardo Lopez Jordan puso en
pie de guerra a la provincia de Entre Rios. Cardoso rue herido, cayô
prisionero y lo alistaron en un destacamento militar, pero déserté y se
hizo matrero (en la mis ma época que Juan Moreira).
Ademas de las crônicas policiacas, su aventura trascendiô en virtud
de una pieza teatral de Martiniano Leguizamôn, Calandria, estrenada en
1896. Acogida por la critica erudita como una superaciôn de la
menospreciada gauchesca que seguia el modelo de los folletines de
Ëduardo Gutierrez, esta obra «culta» se distanciaba del «moreirismo» al
eludir el énfasis en los aspectos temibles del rebelde, para acentuar en
cambio sus rasgos amables y festivos, tal como refleja el romance cantado
en una escena de la pieza:
A mf me llaman Calandria
porque burlo los pesares
cantando alegres cantares
en la rueda del fogôn.
Porque cruzo los senderos
sin temor a la partida,
porque alegro mi guarida
bordoniando un pericôn!1^
El autor le daba cierto sentido «ediflcante» a la historia con un
desenlace feliz, donde el revoltoso era indultado para casarse y trabajar en
una estancia. En la realidad, sin embargo, la policfa persiguiô a
Calandria sin contemplaciones hasta darle muerte en 1879.
Por otra parte, a partir del éxito del Martin Fierro, proliferaron los
romances y verseadas de largo aliento, a menudo editadas en libros y
folletos por los poetas populares, que podfan ser recitadas o cantadas por
interprètes mas o menos espontineos. Estos «verseadores», entre los
cuales algunos de los mâs tenaces fueron Andrés Pérez Cuberes y
Bartolomé Aprile, se ocuparon de poner en décimas los folletines de
Gutierrez sobre Moreira, Juan Cuello y otros gauchos.

Hector P. Blomberg, op. cit., capftulo 54.


0 Martiniano Leguizamôn, Calandria, Buenos Aires, Solar/Hachette, 1961, escena III.
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Un ejemplo de ello es la verseada a Pastor Luna (1846-1872),


matrero famoso en la pampas bonaerenses del Tuyû: «medio tape» (o sea
con mezcla de sangre guarani), a rafz de un homicidio en duelo fue
condenado al servicio militar en los fortines de frontera; déserté,
enfrent6 a las partidas policiales y logrô ocultarse un tiempo con su
comparera, hasta que, a causa de otra pelea fatal, la autoridad lo atrapô:
Atado de pies y manos
fue engrillado Pastor Luna,
y ya no hay esperanza alguna
al verse con sus tiranos...! 1
Pastor Luna, en efecto, terminé ejecutado por orden de un juez de
paz.
Julio Barrientos y su hermano Pedro formaron una banda que se
hizo respetar y admirar en la zona centro-sur de la provincia de Buenos
Aires alrededor de 1880. Gutierrez habfa escrito uno de sus màs
vigorosos relatos con estas aventuras. Julio «se desgracié» a rafz de sus
amorios con una mujer casada, y en la transcripcién poética del folletfn
que hizo Aprile se destaca el duelo a punta de facén del gaucho con el
marido ofendido, don Angel, un capataz italiano acriollado:
Como don Angel lo quiso,
ya que él exigié la guerra,
echaron los dos pie a tierra
debajo de un parafso...
Y aunque no andaba remiso
el joven Julio Barrientos,
en los crfticos momentos
que a la lucha precedfan,
por su semblante corrfan
nerviosos sacudimientos...
Ante la ofensa sangrienta
que a supuesto miedo alude,
-Hice todo lo que pude
por evitar la tormenta!-
dijo Barrientrosyasienta
el pie en la arena revuelta,
y en su postura resuelta
los dos los ponchos previenen
entre los tajos que vienen
y los que mandan de vuelta.12

H Andres Pérez Cuberes, Pastor Luna, Buenos Aires, Editorial A. Pérez Cuberes, s/d,
p. 25.
12 Bartolomé Rodolfo Aprile, Los Hermanos Barrientos, Buenos Aires, Editor Alfredo
Angulo, 1935, p. 44.
Cantar de bandoleros en la Argentina 93

Aunque Julio venci6 en buena ley a su oponente y no quiso matarlo,


un juez de paz ordenô su captura, lo detuvieron y escape, iniciando su
carrera de salteador. Después de una racha de asaltos que llegaron a
preocupar a las autoridades de la provincia -hasta el punto que el
Ministerio de Gobierno informaba del asunto en la memoria anual de
1881-82 presentadaa Legislature, mencionando que los Barrientos eran
encubiertos por muchos pobladores-, una partida dio muerte a Pedro, y
Julio fue apresado dias después, purgando una condena a prisién.
Otro bandido gaucho bonaerense, no menos célèbre en su hora que
los anteriores, fue Pascual Felipe Pacheco (a) «el Tigre del Quequén»
(1827-1889). Se deck que era hijo natural de un general rosis ta, pero
siendo muy joven, trabajando de tropero, se enredô en rinas y duelos
que lo obligaron a huir a la frontera sur. Se cuenta que acompanô como
baqueano a las tribus de Calfucurâ en la batalla de San Carlos contra el
ejército, y tras innumerables peripecias cumpliô una condena en la
Penitenciarfa de Buenos Aires, donde Gutierrez lo visité para conocer y
novelar su historia. Aprile ponia en boca de Pacheco estos versos:
Dejenmé pues con mis maies
y ya no me hablen de amores,
porque hasta mis dfas me j ores
no valieron cuatro riales...
De mis cosas principales
la mejor es este instante
y aunque ya miro adelante
pa' discernir el futuro,
tendre que salir seguro
como rata por tirante. 13
En el siglo XIX, antes de la conquista militar de las pampas,
campeaban por alli bandas indfgenas e «indios gauchos» que
«maloqueaban» sin for mar parte de las tribus. La condici6n de «hombres
sueltos» de estos jinetes era semejante a la de los gauchos mestizos; unos
y otros solian arrimarse a las tolderfas o participar de los «malones» para
saquear ganado. Del prestigio heroico de estos bandoleros entre las
comunidades indfgenas se conservan solo vestigios poéticos en las
canciones aborigènes recogidas y traducidas por Hernàn Deibe:
Aquf viene -se decia-
un indio gaucho, y valiente.
Siempre anduve de pasada,
a ningun sitio he llegado.

13 Bartolomé Rodolfo Aprile, El Tigre del Quequén, Buenos Aires, Editor Alfredo Angulo,
1935, p. 24.
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yo por mi gusto he vivido


andando.l*

Cantar de bandidos en las provincias andinas

Uno de los casos mis llamativos en la region de Cuyo fiie el de


Martina Chapanay, que viviô aproximadamente entre 1800 y 1874.
Hija mestiza de un cacique, esta mujer se ganô su renombre como
baqueana y cuatrera y llegô también a formar filas en las montoneras
fédérales.
Los relatos de su vida cuentan que se unie a un soldado del caudillo
riojano Facundo Quiroga, siguiendo su itinerario en las campanas
guerreras. Luego de la muerte de su compafiero regresô a sus pagos y
secundo al gaucho Cruz Cuero en sus correrfas hasta que, cafdo este en
un enfrentamiento con la policfa, asumiô la jefatura de la banda.
Pronto su nombre corriô
por todo el campesinado,
donde su bravura y humildad
formaban el mismo cuadro.
Devolvfa a los pobres
lo que a ricos habia quitado,
mas obsequios y remedios
que llevaba hasta los ranchos^ .
Antiguas copias evocan sus amores, pues cuentan que, en medio de
su vida aventurera, segufa siendo una mujer de temperamento pasional:
En Mogna la Chapanay
a Chumbita enamorô...1^
Entre otras proezas, se cuenta que retô a duelo a Irrazàbal, el asesino
del caudillo federal riojano An gel Penaloza, lance del cual su rival
desistiô vergonzosamente atacado por los nervios. Martina muri6 muy
anciana en la apartada poblaciôn de Mogna, rodeada del aprecio de sus
vecinos. Versos mâs recientes dan testimonio de la persistencia de su
leyenda:
Y del polvo de tus huesos
surge una luz que se aduena

14 «Con una manzana verde la conquisté» y «Soy hombre corrector de tierras», en


Hernàn Deibe, Canciones de los indios pampas, Buenos Aires, El Ateneo, 1946.
15 Alberto Labrador, La Martina Chapanay (la tigresa del desierto), Mendoza, 2004.
16 Rogelio Dfaz L. y Pascual José Gallardo, Cancionero sanjuanino. Contribution al
estudio del folklore cuyano, Mendoza, 1939. La copia alude a una relaciôn de la
Chapanay con el caudillo federal riojano Severo Chumbita.
Cantar de bandoleros en la Argentina 95

del silencio de tu gente


que te qui ere y te venera.1 7

En la misma region creciô la rama de otro bandolero que devino jefe


de las rebeliones montoneras de la década de 1860. Santos Guayama, de
ascendencia huarpe, fue un cuatrero admirado por sus gestos
«justicieros» antes de ingresar a las luchas politicas bajo el estandarte
federal. Combati6 en las campanas de Felipe Varela que levantaron en
armas a los pueblos del noroeste, oponiéndose a la guerra contra el
Paraguay, por lo cual lo recuerdan las copias de algunas versiones de la
conocida «zamba de Vargas».
Derrotadas las montoneras, retornô a una vida de asaltante, operando
en las estribaciones cordilleranas; luego anduvo en tratos con los
polfticos de la provincia de San Juan y termina asesinado en prisiôn en
1879. Su figura inspiré ciertos versos que probablemente fueron
recogidos de las memorias populares por Juana Quiroga de Yaquin,
autora de una biografîa novelada del personaje:
Yo soy Santos Guayama
santo de nombre y varon.
Yo no soy mejor que naides
ni naide es mejor que yo...!8
Estos versos aluden a un expresivo lema de las montoneras fédérales
que él conducia: «naides mas que naides».
Juan Francisco Cubillos (1868-1895) era un joven chileno que, por
robar el caballo de un comisario, fue perseguido e iniciô una série de
azarosas experiencias. Estuvo preso très veces, y otras tantas veces se
evadiô. Recorriô la zona cuyana peleando con la polida y encontrando la
solidaridad de los campesinos y los mineros de la cordillera, tal como lo
refleja una «oraciôn» anônima:
Soy el eco de una raza,
raza gaucha, que muriô,
dejando altiva en la patria
su gloriosa tradition.
El viento de las montafias
y los caminos del sol,
flecos de pampa cuyana
que adornan mi corazén,
cantan en criollas guitarras
la historia de mi valor.
Yo soy el gaucho Cubillos,
trenza de santo y ladrôn,

Alberto Labrador, op. cit.


Juana E. Quiroga de Yaquin, Vida de Santos Guayama, San Juan, 1 97 1.
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pues no say mejor que naides


y naide es mejor que yoJl9
Aunque Cubillos no fue miembro de las montoneras fédérales, se
réitéra aquf el lema igualitario, como un eco de las copias de Guayama. Y
en cuanto al calificativo de «santo», se refîere aquf a su canonizaciôn
popular, pues -como en otros casos que veremos- se trata de un
personaje que fue elevado a esa categorfa por las creencias de sus
paisanos.
Taies cultos «anémicos» arraigan en las provincias mâs tradicionales,
donde hay un fuerte sustrato indigena y predominan ciertas formas de
religiosidad popular, como la region de Cuyo, el Noroeste argentino,
Corrientes y su area de influencia en el litoral. A la par de la devociôn
hacia algunos personajes curiosos 7«inocentes» que tuvieron un final
trâgico, e incluso seres sobrenaturales como «San La Muerte»- se destaca
con particular fuerza la «santifîcaciôn» de ciertos bandidos a los que se
considéra intercesores de la Providencia.
He aquf el mayor homenaje que la comunidad tributa a estos heroes
singulares. Alrededor de la tumba, en torno al lugar donde murieron
violentamente a manos de la autoridad, acuden los promesantes con sus
ofrendas para agradecer los milagros que concede el santo, y se convoca
una celebraciôn festiva en los aniversarios de su muerte.
Un bandolero santificado en Tucumân fue Andres Bazàn Frfas (a) «el
Manco» o también «el Zurdo», a quien una partida policial bale6 en
1923 al trepar el muro del Cementerio del Oeste de la ciudad capital,
por lo cual se lo venera tanto en su tumba como en el sitio donde cay6.
Tras una experiencia que le cre6 la fama de bandido justiciero en los
suburbios de Tucumàn, en 1922 se habfa fugado de la cârcel con la
ayuda de un par de revôlveres que le hizo llegar Pelayo Alarcôn. Este era
un bandolero rural de origen paraguayo, que dejô su huella legendaria
en Salta, y ambos se reunieron en el valle de Rosario de Lerma.
Cuentan que un proyecto obsesivo del Manco -comûn, por otra
parte, entre los anarquistas de aquella época- era asaltar la cârcel para
liberar a todos los redusos, e intenté convencer a Pelayo para hacerlo.
Después de un perfodo en que actuaron juntos, Bazàn Frfas retornô a la
ciudad, donde el alboroto de una rifia callejera atrajo a la policfa en el
episodio que le costô la vida. Perseguido hasta el Cementerio, cuando se
lanzaba a trasponer el muro le acertaron un balazo en la cabeza.
Pelayo Alarcôn siguiô dando que hablar por la region hasta que fue
ultimado también por la policfa. A él se refiere una zamba de Manuel
Castilla (1918-1980) y Gustavo «Cuchi» Leguizamôn (1917-2000),
dos de los mâs importantes autores saltefios del repertorio de proyecci6n
folklôrica del norte argentino:

19 Anônimo, recopilado por Felix Colucdo en Cultos y canonizaciones populates de


Argentina, 1986, p. 72-73.
Cantar de bandoleros en la Argentina 97

Huyendo ni siquiera tu ângel


te quiere salvar
y cuando te maten te iras
al Chaco del cielo arriba de Orân.
Ya se maté al bandolero,
es el Pelayo Alarcon,
con la pena del pueblo va
llorando la pena de mi corazôn20 .

Chaînâmes por los gauchillos correntinos

Uno de los cultos mas antiguos en la provincia de Corrientes, el del


«gauchito Gil», alcanzo en afios recientes una énorme difusiôn por todo
el pais. Los sitios de homenaje -generalmente una capillita flanqueada
por banderas rojas- proliferan a la vera de cualquier camino. En el
interior de los pequenos santuarios, induso en estampas que se colocan
en los rincones o paredes de las casas y se adhieren a los cristales de los
automôviles, se réitéra la imagen del gaucho, vistiendo chiripâ rojo,
sobre el fondo de una cruz.
El personaje historic», Antonio Mamerto Gil Nunez (que viviô entre
1847 y 1874), era un peôn de estancia que, muy joven y trenzado en
amores con su patrona, una viuda algo mayor que él, fue perseguido por
un policia que también la pretendia. Antonio se viô obligado a pelearlo y
cuentan que lo domino con la fuerza de su mirada; pero aunque no
quiso ultimarlo, tuvo que huir acusado de atentar contra la autoridad.
El prôfugo se alistô en el ejército y march6 a la guerra del Paraguay.
De vuelta a sus pagos, el jefe departamental de Mercedes, de filiaciôn
liberal, lo reduto en la milicia. Al ver en suenos al dios guarani
ISfandeyara, que le mandé «no derramar la sangre de sus semejantes»,
Antonio déserté. Anduvo por los montes encabezando una banda de
cuatreros, que hacian rama de despojar a los ricos para repartir entre los
pobres.
Una partida del ejército lo sorprendiô una siesta descansando con dos
compafieros, que fiieron abatidos a trabucazos. Cuentan que a él lo salvô
el amuleto de San La Muerte que llevaba al cuello, y se entregô para no
tener que matar a los soldados. Conducido ante el jefe departamental,
este le amenazô con severos castigos y le ofreciô como alternativa
incorporarse a sus filas, a lo cual el gauchillo se neg6. Entonces rue
remitido para ser juzgado en Goya.

20 «La Pelayo Alarcôn», zamba de Manuel J. Castilla con miisica de Gustavo «Cuchi»
Leguizamén (circa 1970).
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Numerosos «compuestos» de diversos autores se cantan y recitan a su


memoria con la estructura musical y bailable del chamamé, tfpico del
drea correntina. Asf se cuenta el trâgico final de su periplo:
Y un trâgico ocho de enero
después de San Baltasar,
vino, se puso a tomar
en un boliche del pago.
Allf mismo fixe rodeado
y sin defensa aquel valiente
se entregô mansamente
al sentirse traicionado.
Y en posiciôn tortuosa
colgado de un espinillo,
el rastreador que era un indio
ejecutô su sentencia
usando el propio façon
del gaucho allf vencido,
y que él mismo habfa ofrecido
sin implorarle clemencia.21
Se explica que lo colgaron de los pies para evitar el poder de su
mirada. Los victimarios siguieron viaje llevando en una alforja la cabeza
del ejecutado, pero enterraron el cuerpo y el lugar quedô senalado por
una cruz de fiandubay. A esta cruz de Gil (curuzii Gil) se atribuyen
fàcultades prodigiosas a partir de la curaciôn del hijo de uno de los
asesinos del gauchito, a quien este le habrfa predicho lo que sucederfa.
Los duenos del campo donde estaba la cruz, temiendo que la profusion
de velas de los promesantes provocara un incendio, la hicieron trasladar
al cementerio de Mercedes; pero entonces, una sequfa castigo la estancia y
otras calamidades personates se abatieron sobre la fàmilia, hasta que la
cruz fue restituida a su lugar original. Los mismos propietarios
construyeron un oratorio, al que se hicieron notables mejoras
posteriormente.
El sacerdote y poeta correntino Julian Zini, animador de un grupo
chamamecero -y propulsor de la canonizacién eclesiàstica del gaucho-,
es autor de varias composiciones que se cantan y recitan con variantes
por los principales cultores del género. En uno de estos temas resaltan
dos elementos magicos atribuidos a Gil (y a otros héroes de su dase): el
poder hipnético de su mirada -empleando un vocablo guarani que
dénota el remoto origen del mito- y el amuleto o payé que lo protegfa:
De faja y poncho rojo
tenfas en los ojos caburef,

21 «El gauchito Gil», chamamé interpretado por Emiliano Cardozo y los Cardocitos, en
«De tus promeseros para ti. Chaînâmes al Gauchito Gil», 2005, volumen 6 de una série
discografica que reûne la abundante production sobre el tema.
Cantar de bandoleros en la Argentina 99

por eso es que mirabas y enamorabas


y castigabas, Antonio Gil.
Dicen que San La Muerte
cuidaba de tu suerte,
Antonio Gil,

y los que te buscaban


si te tiraban
no te pegaban,
Antonio Gil.
Las ninas estancieras
sonaban que vos eras
su paladin,
mientras que los patrones
ylosmatones
vefan visiones
pensando en ti22 . i
Otros versos del padre Julian Zini, que se recitan con frecuçneia
junto con la letra cantada del chamamé, resumen la historia y la leyenda
del santo gaucho: \
Hay una cruz de espinillo
sosteniendo tu recuerdo,
Antonio Gil, correntino,
gaucho alzado de mi pueblo
Te alcanzô allf la partida
lo demâs es lo de menos,
la tarde, paloma herida,
alzô tu rojo panuelo.
Es milagrosa tu cruz
porque segun nuestra gente
tiene destino de luz
aquel que es muerto inocente.
Ademâs, prenderle vêlas
a las cruces del camino
es tradiciôn que conserva
nuestro pueblo correntino23 .
El apelativo «gauchito» dériva de «gauchillo», término usual en la
zona para referirse a estos hombres «fuera de la ley». El color rojo en los

22 «Antonio Gil», chamamé de Julian Zini con mûsica de Julio Câceres, cantado por
Nélida A. Zenon, en el disco «De tus promeseros para ti...», 200 5> citado. El término
caburei alude a la sugestién de la mirada del mochuelo (caburé), ave de cuyo plumaje se
puede obtener un talisman o payé pua. seducir a las mujeres.
23 «Canto al Curuzû Gil», chamamé de Julian Zini con mûsica de Julio Câceres,
interpretado por «Los de Imaguaré», en el disco citado.
100 CM.H.LB. Caravelle

sfmbolos que lo evocan proviene de su flliaciôn en el Partido


Autonomista (variante correntina de la tendencia federal), cuyos
seguidores utilizaban distintivos de ese color.
Olegario Alvarez, el «gaucho Lega» (1871-1906) fue otro bravo
correntino que, condenado por una muerte en duelo, fugô de la càrcel en
1 904 y encabezô una gavilla de asaltantes, hasta que la policia lo abati6
en un fiero combate. Su consagraci6n mftica acaeci6 cuando, en una
remodelacion del camposanto, los picos de los sepultureros no pudieron
remover el lugar donde estaba enterrado:
De su tumba colorada
Nadie podrâ retirarlo!24
Hubo pues que respetar su emplazamiento y se reconstruyô el
sepulcro -pintado y ornamentado con motivos de color rojo, pues el
finado también habia sido hombre del autonomismo- por suscripciôn
popular.
Un tema de dos chamameceros de la localidad de Saladas, que en su
momento fue prohibido por las autoridades, fue registrado no obstante
en una grabaci6n «casera» que data aproximadamente del afio 1968:
Y cuenta la gente
del pueblo Saladas
donde el gaucho Lega
hoy descansa en paz,
que fue la milicia
su peor enemiga
ya que él maté siempre
porsulibertad.
Hoy quedan sus mentas
hecha una leyenda
de aquel legendario
varôn guarani,
y hasta se cuenta
de raros milagros
que el gaucho concede
a quien guste pedir25 .
Uno de los compafieros de aventura del «Lega», Aparicio Altamirano,
sobrevivi6 a la muerte de aquél y fue el continuador de la leyenda, hasta
que afios después cay6 también bajo las balas de la policfa:
Era amigo de los pobres
Aparicio Altamirano,

24 Compuesto tradicional citado por Carlos Dcllepiane, «Olegario Alvarez. Un santo


correntino», en Selecciones Folkléricas, N° 13, Buenos Aires, Codex, 1966.
25 «Gaucho Lega», chamamé de Gualberto Mesa y Lorenzo Domfnguez (a) «El Bicho
de la Boisa» (grabaciôn circa 1968).
Cantar de bandoleros en la Argentina 1 01

en esos tiempos lejanos


que a recordarlo yo acierto,
vengo a contar a los vientos
su historia triste y pasada,
él a los ricos robaba
jugando fiero su vida
y esquivando a las partidas
a los pobres ayudaba^6 .
Miguel de Galarza o «Turquina», conocido por los apodos de
Guadana o Chuna, fue otro matrero que «se desgraciô» por cuestiôn de
amores y anduvo por la zona sur de Corrientes.
Y fue asi como Turquina
se transformé en gaucho alzado,
su fama aun se comenta
por los pagos de Empedrado|27

En 1917 fue asesinado por unos paisanos, al parecer a traiciôn, y


sobre el lomo de su caballo fue llevado a la comisaria de Mburucuyà,
donde cuentan que aquella noche «diluviô». En el cementerio del
pueblo, su tumba se convirtio en sitio sagrado, donde los fieles
agradecidos por sus milagros renuevan constantemente la ofrenda de
cabos de vêlas.

Can tares del gaucho Vairoleto

La trayectoria de Vairoleto, que el autor de este articulo investigô


exhaustivamente, tiene especial interés por tratarse de un exponente
tfpico del bandolero que Hobsbawm denominô «ladrôn noble», un
asaltante solidario con los pobres y moderado en el empleo de la
violencia. Es un caso senalable ademàs por la extension de sus andanzas
y de su leyenda, que recorriô varias provincias y territorios durante dos
décadas, desde el Chaco a la Patagonia, dejando en esas regiones una
huella imperecedera en el imaginario campesino28 .
Hijo de inmigrantes piamonteses, nacido en 1894 en la provincia de
Santa Fe y criado en el Territorio de La Pampa Central, donde su padre
fue arrendatario, se hizo jinete acompafiando los arreos de un padrino
tropero. Era un mozo rubio, simpatico y buen bailarin, cuando en

2" «Al milagroso Aparicio Altamirano», décimas que cantaba Ricardo Pérez, recopiladas
por Miguel R. Lôpez Bread, Devocionario guarani, Santa Fe, Colmegna, 1973, p. 86.
27 Versos de un compuesto de Antonio Alvarez Lottero. Ver Lôpez Bread, op. cit.,
p. 80-83.
28 Hugo Chumbita, Ultima frontera. Vairoleto: vida y leyenda de un bandolero, Buenos
Aires, Planeta, 1999.
102 CM.H.LB. Caravelle

1919 mat6 a un gendarme de la policfa territoriana que -se decia- lo


habfa vejado «montàndolo con espuelas» en el calabozo, a causa de la
rivalidad por las preferencias de una pupila del prostfbulo de Castex:
La pampa tiene un matrero
que se encendiô de cardales,
fue un sargento con espuelas
quien le charqueô los ijares.
Por los caldenes del monte
se fue llevando su sombra,
todo el silencio lo esconde
si la justicia lo nombra29 .
Un jefe politico local lo indujo a entregarse bajo su protecciôn y fue
absuelto por la justicia después de pasar un afio y medio entre rejas.
Sirviô de mat6n para el comité, soportô el hostigamiento de la policfa y
estuvo preso nuevamente, hasta que en 1925 «se echô al monte»
definitivamente.
Los hombres lo desgraciaron
y en la noche del desvelo
para siempre se ha perdido,
;ay, ya no tiene remedioL.
El monte y el pajonal
todavf a lo estân viendo,
cruzando campos dormidos
por la huella del silencio,.
una luz mala, alma en pena:
Juan Bautista Vairoleto.30

Vairoleto asaltaba establecimientos y comercios rurales, y por lo


general escogfa como objetivo a los «malos patrones», contando con la
complicidad de los vecinos que sufrfan sus maltratos. Encontraba
hospitalidad entre los hachadores, colonos, puesteros y paisanos
indfgenas que encubrfan sus andanzas y a los que retribufa con
obsequios y favores. Los versos de una milonga contaban su irrupciôn
por las travesfas del oeste pampeano, donde encontre un refugio
inexpugnable:
Va Vairoleto recién
con direcciôn a Puelén
en un redomôn tostado,

29 «Juan Libre», de José Adolfo Gaillardou («el indio Apachaca») con mdsica de
Roberto Palmer.
30 «Una luz mala, alma en pena» de Lâzaro Montes (J. Ricardo Nervi), mdsica de
Gustavo Coria.
Cantar de bandoleros en la Argentina 1 03

y siendo que nunca ha andado


por aquella soledad...31
En 1930 Vairoleto secundo al caxpintero Chiappa en el reparto de
panfletos que instaban a una insurrecciôn proletaria, lo cual motiv6 una
causa judicial por asociaciôn ilicita. En combinaci6n con obreros
anarquistas, en 1937 se uniô con Mate Cocido para desvalijar a mano
armada a La Forestal del Chaco, una companfa monopôlica extranjera
odiada por su tiranfa en los montes.
...y se que en esa ocasiôn
Vairoleto el perseguido
se junto a Mate Cocido
y que en union fraternal
se hicieron «La Forestal»32 .

Finalmente se retiré de su existencia aventurera, estableciéndose con


su companera en un lote junto al rfo Atuel que le facilitaron los
dirigentes politicos radicales del sur de Mendoza. Hasta alli le siguieron
el rastro los policfas pampeanos en 1941, merced a la delaciôn de un ex
secuaz.
Las décimas del poblador del oeste pampeano «Cochengo» Miranda,
tipico lamento por la muerte del héroe, narran con profusion de detalles
aquel suceso:
Diecinueve hombres armados
cercaron la habitaciôn...
Dfa 14 de setiembre
del ano cuarenta y uno,
fue el acto mas oportuno
en que se efectuô la urdimbre...
«Yo he de salir, no se asombren,
soy Vairoleto -les dijo-
pido perdôn por mis hijos,
mâtenme a mf , hombre a nombre».
Vairoleto preguntô
^Es policf a de Mendoza?
Si vienen de Santa Rosa
a esos no me entrego yo».33
Los agentes policiales se atribuyeron haberle dado muerte cuando se
resistfa, aunque en realidad él mismo se disparô un tiro en la sien.

31 «Milonga de Vairoleto» atribui'da a Antonio Echeverria, recopilada por el autor en


1967.
32 «Milonga de aquella yunta», de Humberto Costantini, mûsica de Osvaldo Avena.
33 «Décimas para la muerte de Vairoleto», milonga de José «Cochengo» Miranda,
recopilada por Ercilia Moreno Chi.
104 C.M.H.LB. Caravelle

Ya llega la policfa,
le rodean su vivienda,
adiàs le dice a su prenda
y en sus nifias tiernamente
sella un beso en ambas frentes;
sale afuera decidido,
se oyen varios estampidos,
Juan Bautista, el mas valiente,
poniendo un arma en su frente
descerraja mortal tin>34
El repertorio de cantares a Vairoleto es muy variado. Aparece en un
chamamé del poeta chaqueno Bosquin Ortega como relator de la historia
de Mate Cocido. Tal como hadan los verseadores con los folletines de
Gutierrez, el recitador pampeano Quique Rodrfguez versifîcô toda su
biograffa en base a mi primera investigaciôn sobre el personaje, con el
tftulo de «ultimo bandido romântico»35 .
Vairoleto es una leyenda y un simbolo entranable en las provincîas
del centro y el sur argentino, donde durante largo tiempo fueron
frecuentes los radioteatros y representaciones dramaticas de su historia.
Como parte de una de esas obras se cantaba la siguiente milonga:
Mas ya ha de llegar el df a
que se sepa la verdad
y asf la comunidad
grite al cielo con respeto:
San Bautista Bairoletto,
la pampa te ha de vengar!36
Sin embargo, Vairoleto solamente adquiere el relieve de santo
milagroso en el sur de Mendoza. Su tumba en General Alvear se
convirtiô en centro de peregrinacién para los devotos que acuden a
pedirle «mandas» y retribuirle con sus exvotos. Una comisiôn popular
de homenaje remodelé su sepulcro y reconstruyô como ambito
recordatorio y festivo el rancho en el que viviô sus ûltimos dfas.
Una «oraciôn» anônima que circulaba en taies celebraciones reza:
Vairoleto amigo, fiel compafiero,
no nos olvides, ayudanos,
que es el deseo de aquellos pobres
por quienes diste tu coraz6n37 .

34 «El ultimo centauro de la pampa», décimas de Bilbao Agiiera.


35 Enrique «Quique» Rodrfguez, Juan Bautista Bairoletto, el ultimo bandido romântico,
Santa Rosa, La Pampa, 1 994.
36 «San Bautista Bairoletto», milonga de Arbelo y Gabf, de la obra «Lo lkmaban
Bairoletto», c. 1965.
37 «Oraciôn a Vairoleto», anônimo, impreso recogido en General Alvear por Walter
Cazenave, 1972.
Cantar de bandoleros en la Argentina 105

Chaînâmes a los bandoleros chaquenos

El territorio del Chaco fue en la década de 1930 un area «de frontera»


propicia para el bandolerismo, donde la organizacién policial era
déficiente y las grandes companias manejaban mucho dinero. Allf
medrô la banda encabezada por un joven tucumano, Segundo David
Peralta (a) Mate Cocido, que se convirtiô en un azote especialmente para
las empresas acopiadoras y madereras de capital extranjero, suscitando en
contrapartida la adhesion de los campes inos.
Peralta era un joven formado en el medio obrero urbano, lector y
simpatizante del anarquismo, que comenzo a tropezar con la autoridad
por la persecucién de un policia que le disputaba los amores de una
muchacha, y fue detenido muchas veces por delitos menores en varias
ciudades de provincia antes de «echarse al monte».
La vision popular lo identified con el aura de los clâsicos matreros,
segûn refleja un difundido chamamé de la compositora e interprète
Nélida Zenon:
Esta es la historia de un gaucho bueno
que su destino lo castigô...
Formé su trio de bandoleros
con Zamacola y el Calabrés,
y en los caminos y en los poblados
fueron temidos yaguaretés38 .
El trfo que menta la canciôn fue la primera banda con la que Mate
Cocido inici6 sus asaltos en el Chaco. Un chamamé de Bosqufn Ortega
destaca los rasgos miticos que se atribuian vulgarmente al bandolero:
Mas alla de sus ojos bravos
su frente cruza una cicatriz,
Mate Cocido dice el paisano,
tigre ligero como perdiz.
Las comadres del monte dicen
que lo protegen con un payé,
le rezan mucho en sus corazones
a Zamacola y al Calabrés.39
Cuando el Calabrés muriô de las heridas recibidas en un atraco,
siguieron actuando juntos Mate Cocido y Eusebio Zamacola. Este era un
vasco emigrado, de simpatfas anarquistas, con quien se propusieron una
verdadera estrategia de ataque a los capitalistas y solidaridad con los
explotados. Zamacola cayô preso en Côrdoba, poco después del

38 «Mate Cocido», chamamé de Nélida Argentina Zenon.


39 «Yaguâ perdiz», chamamé, letra de Bosquin Ortega y mûsica de Zitto Segovia.
106 CM.H.LB. Caravelle

encuentro con Vairoleto -en una barriada obrera de la ciudad de Buenos


Aires— donde acordaron la osada aventura contra La Forestal.
Vaya un punteo florido
y una milonga bien alta
para Segundo Peralta
de apodo Mate Cocido.
No me las doy de entendido
ni con las leyes me meto
pero digo con respeto
que algo habrfa en el varôn
si se gan6 el corazôn
de Bautista Vairoleto.
De aquella yunta de lujo
el Chaco guarda memoria,
y ahi va creciendo una historia
que no taparâ el olvido:
dos valientes (dos bandidos,
segiin los diarios portefios)
que atracaban a los duenos
de tierras y quebrachales
para remediar los maies
de tanto pobre chaquefio^O .

Tan grave resultaba la amenaza del bandolerismo, que las empresas


redamaron al gobierno y este cre6 la Gendarmeria Nacional, cuya
primera misién fue aniquilar a la banda de Mate Cocido. Una Secciôn
Especial establecida en el Chaco se ocupô de rastrearlos, inaugurando la
aplicaciôn de la «picana eléctrica» como método de tortura en los
inter rogatorios.
Pero Mate Cocido fue una excepciôn a la régla que marca un destino
tragico al bandido social: aunque tambîén fue delatado, herido en una
emboscada y estuvo a punto de ser capturado en 1940, logrô huir y
desapareciô para siempre.
Pero fue un df a alla en el Chaco
que un companero lo delate
y desde entonces Mate Cocido
huyô a la selva, nunca volviô.^l
Zamacola saliô de la prisiôn y rehizo su vida en la época de mejoras
sociales que propiciô el peronismo. Pero en la década de 1960, cuando
se podfan créer superadas las condiciones en que se manifestaba esta dase
de bandolerismo, la aparicién de Isidro Velazquez vino a demostrar que

«Milonga de aquella yunta», cit.


«Mate Cocido», chamamé de Nélida A. Zenon.
Cantar de bandoleros en la Argentina 1 07

subsistfan en el medio campesino de la region las mismas injusticias y


rebeldias tradicionales.
Velazquez era un trabajador correntino que se radico en el Chaco e
iniciô sus malandanzas con su hermano Claudio. Este rue muerto por la
policia en 1963, e Isidro reapareciô como «el Vengador», titulo que en
un principio se referfa a la decision de vengar a su hermano, aunque
pronto adquiriô el sentido mas amplio de encarnar el desquite de los
oprimidos. Durante varios anos, junto con Vicente Gauna, un joven de
temperamento mâs violento, realizaron una carrera de asaltos y secuestros
que los pobres admiraban y encubrfan.
El 1° de diciembre de 1967, un operativo policial cuidadosamente
preparado, merced a la delaci6n de una mujer, permitiô sorprenderlos
en un camino apartado, donde una numerosa comisiôn los esperaba
para acribillarlos.
Camino de Pampa Bandera
lo esperan en una emboscada
Y en una descarga certera
ruge en la noche una metrallada.
Isidro Velazquez ha muerto
enancado a un sapucay,
pidiéndole rescate al viento
que lo vino a delatar.
La muerte apagô la risa
de los machetes en los quebrachos,
la pôlvora enure los huesos
se hizo ceniza en los pechos bravos.
Los versos finales de esta pieza, compuesta por el acreditado musico y
folklorista Oscar Vallès (1924-2003) pocos dfas después de los sucesos,
aluden al desamparo de la tumba de los viaimados:
Sin una vela encendida,
sin una flor a su lado,
sin una cruz en la tierra
hay dos suefios sepultados.^2
Cuando comenzaron a aparecer ofrendas, las autoridades hicieron
cortar el àrbol donde habia caido Velazquez, prohibieron la difusi6n de
los chamamés que lo celebraban y establecieron vigilancia en las tumbas
del cementerio de Machagai para impedir demostraciones. A pesar de
todo, periôdicamente reaparecian las flores y tributos en los sepulcros y
en un pequeno nicho cercano al lugar donde corriô la sangre de los
bandoleros.

«El ultimo sapucay», chamamé de Oscar Vallès, 1968.


108 CM.H.LB. Caravelle

El puente sobre un arroyo de la ruta a Pampa Bandera, donde se


cumpliô el ultimo acto de esta historia, pasô a llamarse «de la traiciôn» a
partir de la gran difusiôn que tuvo otro chamamé:
Vibra la selva chaquena
bajo el clamor de un valiente
que va cayendo doliente
quitando su pabellôn.
El suelo tifie de rojo
con esa sangre caliente

banando el bianco salitre


del puente de la traiciôn.
Correntino hasta la muerte,
Dios bendiga su valor,
alumbrando en cada rancho
la bondad de tu favor.
Yo te rindo este homenaje
enjugado un lagrimôn
a vos Isidro Velazquez,
inolvidable varôn43 .

Epilogo en «rock nacional»

Los autores de un nuevo género mestizo de potente actualidad, el


llamado «rock nacional», no han sido insensibles a los ritmos y asuntos
del folklore tradicional, y también se han ocupado de los bandoleros,
como ilustra una canciàn interpretada por Juan Carlos Baglietto
evocando la figura fantasmai de Mate Cocido:
Si las luces de este pueblo
te preguntan como he muerto
deciles que no sabés,
que no sabés44 .
Un tema del conjunto «Arbolito» se refiere al capitan indigena del
mismo nombre, jefe de una de las montoneras de salteadores que
participaron en la insurrecciôn bonaerense de 1829 para vengar el
fiisilamiento del gobernador Dorrego y llevar al poder a Rosas. Segûn la
tradïciôn histôrica, Arbolito fue el que «caz6» a un odiado represor de su
gente, el coronel alemàn Federico Rauch:
Un joven indio, ya harto de tanta prepotencia,
tantos hermanos cafdos, vengarlos quisiera,

43 «El puente de la traiciôn», chamamé-canciôn de Emiliano Cardozo, miisica de


Domfnguez Giiero.
44 «Historia de Mate Cocido», de Adrian Abonizio, en el disco «Baglietto», 1983.
Cantar de bandoleros en la Argentina 109

los espéra a la tropa que viene y ya llega,


volteo al valiente coronel
y le cortô la cabeza!
Arbolito, tu lanza, nuestro camino,
Arbolito, las pampas son tu destino.45
Por ultimo, hay que mencionar una composition de Le6n Gieco, uno
de los mas populares creadores de este género, para la cual requiriô mi
colaboraciôn y dio titulo a un disco reciente, sobre las andanzas de
Vairoleto, Mate Cocido y en general la pléyade inolvidable de nuestros
bandidos legendarios:
Bandidos rurales, diff cil de atraparles,
jinetes rebeldes, por vientos salvajes,
bandidos rurales, diff cil de atraparles,
igual que alambrar estrellas en tierra de nadie.
Martina Chapanay, bandolera de San Juan,
Juan Cuello, Juan Moreira, Gato Moro y Brunei,
El Tigre de Quequén, Guayama y Bazàn Frfas,
Barrientos y Velazquez, Calandria y Cubillos,
Gaucho Gil, José Dolores,
Gaucho Lega y Alarcôn,
bandidos populares de leyenda y corazon
queridos por anarcos, pobres
y pupilas de burdel,
todos fuera de la ley, todos ruera de la ley 46 .
Si las tradicionales milongas, copias y chamamés han sido la via
natural de expresiôn de los mitos de bandoleros en el canto de los
sectores populares, la repercusiôn que tienen estas canciones «rockeras»,
amplificada por los medios de comunicaciôn de masas, muestra una
variante en las vïas de transmisiôn de la memoria social que conmueve a
los jôvenes de otra generaciôn.

45 «Arbolito», tema de Arbolito, en el disco «La mala reputaciôn».


46 «Bandidos rurales», letra de Leon Gieco y Hugo Chumbita, mûsica de Luis
Gurevich, 2001.
HO C.M.H.LB. Caravelle

RESUMEN - El cantar de bandoleros se vincula en Argentina con la cultura


gauchesca y sus expresiones folklôricas. Con esa impronta, la exaltaciôn de los
«buenos bandidos», a menudo santifîcados por la devociôn campesina,
proliferaron en las verseadas, copias, milongas, chaînâmes y otras composiciones
propias de las diversas regiones del pais, y sus ecos llegaron también al rock nacional.

RÉSUMÉ - Le chant sur les bandits est lié en Argentine à la culture du gaucho et à
des expressions folkloriques. C'est sous le signe de la gauchesca, avec l'exaltation des
« bandits au grand coeur », souvent sanctifiés par la dévotion paysanne, qu'ont
proliféré les ballades, copias, milongas, chômâmes et autres compositions typiques des
diverses régions du pays, dont les échos se prolongent aussi dans le rock dit
« national ».

ABSTRACT - In Argentina songs about outlaws are related to the gaucho's culture
and to folkloric expressions. It's under the brand of the gauchesca, with the
glorifying of the «kind hearted outlaws», often sanctified by peasant devotion, that
ballads, copias, milongas, chômâmes and other typical compositions from the
country's different regions have proliferated, and their echoes can be traced in the
rock music known as «national».

PALABRAS CLAVES: Argentina, Canciôn, Bandolero, Gauchos, Folklore.