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LEGALIDAD Y LEGITIMIDAD

Francisco Garrido.
La distinción entre “legalidad “ y legitimidad” es una diferencia esencial en un Estado democrático
de Derecho. La legalidad pertenece al orden del derecho positivo y sus normas contienen siempre
fuerza de ley (es decir generan obligación jurídica). La legitimidad forma parte del orden de la
política (discrecionalidad dentro de la legalidad) y de la ética pública (fundamentación cognitiva de
las normas y de las decisiones). Mientras que la legalidad genera obligación, la legitimidad genera
responsabilidad (política o ética) y reconocimiento. La legalidad tiene una racionalidad normativa
acotada y la legitimidad tiene una lógica deliberativa abierta. Cualquier intento de suprimir esta
diferencia lesiona gravemente a la democracia y al Estado de Derecho. Sin la diferencia entre
legalidad y legitimidad el sistema político se torna fatalmente totalitario. El mantenimiento de esta
frontera es una de las tareas más precisas y delicadas de todo sistema político democrático.
Viene el recordatorio este a cuento por el debate suscitado sobre si la forma de acceso de Griñán a
la Presidencia de la Junta de Andalucía es o no legítima. Los que afirman que no se puede discutir
la legitimidad de Griñan confunden , a tenor de las argumentaciones usadas, legitimidad y
legalidad: lo que en realidad quieren decir es que en un sistema parlamentario y según la
Constitución y el Estatuto de Autonomía, Griñán ha sido elegido y es un presidente absolutamente
legal . Por supuesto pero no es ese el debate. Si de lo que se dudara de la legalidad habría que
haberse dirigido no a la opinión pública sino a los tribunales.
¿Por que se puede y se debe discutir la legitimidad de Griñán?. En primer lugar por que no
compareció a las elecciones como candidato a la presidencia. Me dirán que esa elección no existe
en el Estatuto y que lo que se elige son sólos diputados. Cierto, pero que no exista en el plano
jurídico (legalidad) no implica que no exista en el plano del debate y las decisiones políticas (
legitimidad). El estatus de “candidato a la presidencia” es tan relevante que las campañas de
publicidad , incluido la propaganda electoral oficial tutelada por la Junta Electoral ; concentra sus
esfuerzos y recursos en él. Canal Sur organiza con la supervisión de la Junta Electoral debates
entre “los candidatos a la presidencia”. El estatus de candidato a la presidencia es similar al del
programa electoral ,no genera ninguna obligación ni competencia jurídica pero es esencial en la
toma de decisiones de los ciudadanos. Y estaremos de acuerdos todos que en una democracia ,
todo lo que desvía a la acción de gobierno de la decisiones tomada por los ciudadanos debilita , no
la legalidad, pero si la legitimidad del gobernante.
Veamos un caso. El PSOE comparece y gana las elecciones generales de 1982 con la promesa
electoral de salir de la OTAN por medio de un referéndum. ¿Podía legalmente el gobierno de
González haberse sustraído de tal compromiso?. Por supuesto, nada le obligaba jurídicamente. No
hubiese sido una decisión ilegal peor parece claro que hubiera sido una decisión ilegítima
Pues igual ocurre con Griñán carece de legitimación y debiera haber recurrido a una nueva
consulta directa con los ciudadanos por medio de unas elecciones anticipadas Por el contrario a
esta ilegitimidad de origen, Griñan ha añadido otra sobrevenida en el discurso de investidura. El
candidato ha afirmado que viene con un nuevo programa. ¿Un nuevo programa un año después de
unas elecciones?.¿Quién ha votado ese nuevo programa? ¿Mantendrá en este nuevo programa el
objetivo del pleno empleo para el 2009?
El resultado es que ahora , cuando escribo esto ya ha sido elegido, tenemos un presidente y un
programa que nadie ha elegido cuando ambos , presidente y programa, son, junto con el partido ,
los tres factores claves en la elección ciudadana. Malo es que a los déficit estructurales de nuestra
democracia y nuestra autonomía le añadamos quiebras coyunturales de la legitimidad. Y peor es
que confundamos legalidad y legitimidad en un “acto fallido” que denota un inconsciente despótico.

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