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CUESTIONARIO

1. Razone la aceptación del concepto del Reino como clave de las


enseñanzas de Jesús.
2. Exponga las diferentes interpretaciones del Reino en lo que con-
cierne a sus aspectos presente y futuro y asimismo lo que con-
sidera interpretación correcta a la luz de los evangelios en su glo-
balidad.
3. Explique la coherencia existente entre las bendiciones del Reino
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de Dios y el camino de acceso al mismo.
4. Haga una síntesis del modo como debe interpretarse el sermón
LAS PARÁBOLAS
del monte en su conjunto, con especial mención del carácter de
sus enseñanzas para la Iglesia cristiana. En este trabajo, de
modo muy resumido, deben mencionarse las diversas teorías in- En las enseñanzas de Jesús las parábolas ocupan un lugar pro-
terpretativas sobre el mencionado sermón y hacer un breve juicio minente. Dado lo especial de su naturaleza, finalidad y contenido,
crítico de las mismas. omitimos su estudio al tratar del lenguaje figurado en la primera
parte de esta obra, reservándole este espacio para concluir nuestro
5. Explique el sentido que debe darse a las palabras de Jesús en los trabajo sobre los evangelios.
siguientes textos: La parábola es la narración, más o menos extensa, de un su-
ceso imaginario del que, por comparación, se deduce una lección
Mt. 5:8; 5:17; 5:22; 5:33-37; 5:28; 6:22, 23; 7:1, 2; 7:6. moral o religiosa. Etimológicamente, el nombre parabolé corres-
ponde al verbo paraballo, que literalmente significa poner al lado,
comparar. En efecto, la parábola se caracteriza porque implica la
comparación de objetos, situaciones o hechos bien conocidos -to-
mados de la naturaleza o de la experiencia- con objetos o hechos
análogos de tipo moral desconocidos. De aquéllos (la imagen) se
deducen éstos (la realidad que se pretende enseñar). Imagen y rea-
lidad se encuentran en el tertium comparationis o punto de com-
paración, común a ambas. Por ejemplo, en las parábolas del teso-
ro escondido y de la perla, el tertium comparationis podría ser la
siguiente proposición: «La máxima ganancia merece el máximo
sacrificio.. En la de los dos deudores: «Ser objeto de misericordia
obliga a ser misericordioso», etc.
El uso de las parábolas era común tanto entre los griegos
como entre los judíos. Sin duda, unos y otros habían descubierto
su efectividad, no sólo como recurso retórico, sino como valioso
auxiliar didáctico. Las parábolas, según C. H. Dodd, «son la ex-
presión natural de una mentalidad que ve la verdad en imágenes
concretas en vez de concebirla por medio de abstracciones».' La
1. Las parábolas del Reino, Ed. Cristiandad, 1974, p. 25.
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utilización de este modo facilita la comprensión de una verdad es- motivos de asombro de las multitudes que le oían eran precisa-
piritual, a la par que contribuye a fijarla en la memoria, pues no mente «las. pal.~bras ~e gracia que salían de su boca» (Lc. 4:22).
es una verdad que se recibe directamente sino que se descubre ~a explicación radica en el d<;>ble efecto que las parábolas pro-
mediante el proceso mental comparativo por parte del oyente. ducían entre los oyentes de Jesus, de los cuales unos eran discí-
Jesús, el gran Maestro, no podía ser indiferente a este elemen- pules y otros no. A los primeros dijo el Señor: «A vosotros os ha
to pedagógico. Prácticamente todas sus grandes enseñanzas las sido da?o conocer los misterios del Reino de los cielos.» En ellos
presentó valiéndose de él. El término parabolé lo encontramos las parabolas tenían un resultado iluminador. Por medio de ellas
cuarenta y ocho veces en los sinópticos en relación con enseñanzas se l~s daba ~ás instrucc~ón, «porql.;le a cualquiera que tiene se le
de Jesús. y aún podríamos señalar un buen número de textos pa- dara y tendrá a.bundancIa». P~ro simultáneamente las parábolas
rabólicos en los que no aparece la palabra de modo expreso. eran l~nguaJe cifrado para quienes adoptaban una actitud de in-
Al examinar tal profusión, tropezamos con una dificultad: la credulidad ante Jesús. Así, pues, la parábola revelaba y velaba a
de precisar el material que debe incluirse entre las parábolas. Al- un tiempo: aclaraba y ocultaba. Que tuviese un efecto u otro de-
gunos autores no dudan en insertar pasajes que otros consideran pendía.de la disposición espiritual de los oyentes. En cierto modo,
simples metáforas o analogías. Ello se debe, en parte, a que los cualquiera de los do~ r~sul~ados ~ra lógico. No es imprescindible
ve~ en el caso de los JUdlOS impenítentes un elemento de juicio si-
propios evangelistas tienen un concepto muy amplio de la pará-
bola, tan amplio como el mashal hebreo, que abarcaba todas las g~llendo la «tesis de la justicia», según la cual, las parábolas' se-
figuras de lenguaje usadas para la comparación. Así en los si- nan un castigo a las malas disposiciones de la turba (D. Buzy). No
obstante, tampoco deber~a descartarse de modo absoluto el aspec-
nópticos encontramos, bajo el título de parabolé, el proverbio to judicial. Alg~~as parabolas (los obreros de la viña, Mt. 20: 1
(Lc. 4:23), la paradoja (Mr. 7:15-17), la metáfora (Mr. 13:28), la y ss.; los dos hIJOS, Mt. 21:28 y ss.; los viñadores homicidas,
combinación de metáforas (Mt. 15:13-15; Le. 5:36-39), las expre- Mt. 21 :33; las bodas reales, Mt. 22:1 y ss.) lo sugieren.
siones figuradas en sentido general (Mt. 13:34b). No es fácil trazar Resultados aparte, las parábolas siempre son una apelación
la línea de demarcación entre la parábola pura en forma de narra- sena a enfrentarse con las realidades del Reino una llamada a la
ción y otras composiciones comparativas, por lo que cabe una le- reflexión y a la decisión: «Quien tiene oídos para oír, que oiga.»
gítima libertad en la fijación de los límites. Por otro lado, la cues-
tión no tiene excesiva importancia, pues no afecta a las tareas de
interpretación. Temática y clasificación
El contenido de las parábolas referidas por Jesús corresponden
Propósito de las parábolas a los grandes temas de su predicación relativos a Dios a su sobe-
raní~, al hombre, al sentido de su vida, a su respon~abilidad y
Este punto sí plantea problemas. ¿Qué finalidad guiaba a Je- destmo, a la oración, al servicio cristiano, etc., todo ello en el
sús en el uso de este tipo de ilustraciones? ¿Tenían éstas una in- ~arco de un te~a centr':ll: el Reino de Dios. En muchas de las pa-
tención positiva o negativa? ¿Eran un vehículo de revelación o un rabo.l~s la aluslOn al ReI~o es clara. En algunas la relación no es
medio de ocultación? ¿Aclaraban o velaban las enseñanzas que explícita, pero su mensaje forma parte del conjunto de enseñan-
Jesús quería comunicar? zas que, como vimos, gira esencialmente en torno al Reino. La
La dificultad surge de los textos básicos de Mt. 13:10-17; trabazón entre parábolas en general y Reino de Dios aparece cla-
Mr. 4: 10-12 y Le. 8:8-10. A primera vista parece prevalecer un as- ra en los paralelos fundamentales de Mt. 13: 10, 11 y Mr. 4: 10, 11.
pecto diametralmente opuesto al propósito normal de una pará- En la destacada parábola del sembrador la semilla es «el mensaje
bola, que es el de ilustrar y facilitar la comprensión de una ver- del Reino» (Mt. 13:19).
dad que de otro modo podría resultar poco inteligible. Muchos de . Los diferentes aspectos o fases del Reino de Dios pueden ser-
los oyentes de Jesús, a través de las parábolas, «viendo no ven y virnos de base para una clasificación del material parabólico.
oyendo no oyen ni entienden», de acuerdo con la profecía de
Is. '6:9, 10. En realidad, lograr este resultado no era la única -ni . 1. El Reino que ha llegado. Ya notamos que ciertas declara-
la principal- finalidad de las parábolas. De serlo, tropezaríamos ciones de Jesús eran una afirmación inequívoca de que con El ha-
con una contradicción insalvable entre tal objeto y el carácter sal- bía llegado el tiempo del cumplimiento. El Reino no sólo estaba
vífica de toda la obra de Cristo, incluido su ministerio. Uno de los cerca; había hecho ya su aparición. El ésiaton, la etapa final de la

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historia de la salvación, había comenzado, pese a la distancia cro- mu~do» (Mt. 13:30,39,49), cuando serán excluidos los elementos
nológica de la consumación final. Consecuentemente, Jesús pre- malignos que ahora pugnan contra el señorío de Dios.
senta el Reino en varias de sus parábolas como una realidad pre- Hallan asimismo lug.ar en este grupo las parábolas indicado-
sente. La está enfatizando cuando declara: «El Reino de los cielos ras de la cnSIS escatológica, con las perspectivas de juicio que, pa-
es -no "será"- semejante a ... », eso aun en los casos en que la pa- ralelarnente a la de los beneficios salvíficos, abre la parusía de
rábola apunta a acontecimientos escatológicos. Cnsto. Destacan las parábolas de las diez vírgenes y de los talen-
En el grupo de parábolas que se refieren a la llegada del Reino ~os. (Mt. 25), del siervo vigilante (Lc. 12:36 y ss.), del mayordomo
de Dios como un hecho acaecido podemos incluir la del sembra- infiel (Mt. 12:45 y ss.) y de las minas (Lc. 19: 11 y ss.).
dor (Mt. 13:3 y ss. y paralelos), la primera parte de las del trigo
y la cizaña (Mt. 13:24), de la semilla de mostaza y de la levadura Interpretación
(Mt. 13:31-33), de los obreros de la viña (Mt. 20: 1 y ss.), de los vi-
ñadores malvados (Mt. 21 :33 y ss.) y del festín de bodas (Mt. 22: 1 Por su misma naturaleza, las parábolas se prestan a ser inter-
y ss.). En algunas de éstas hay una parte que señala aspectos fu- pretadas sIg~llendo el método alegórico, con todos los inconve-
turos de la acción de Dios y del destino de los hombres; pero la mentes 9.ue ~ste lleva aparejados.
parte inicial describe la situación de la nueva era inaugurada con La historia de la interpretación bíblica, desde los primeros si-
la proclamación del Evangelio. glos hasta nuestros días, nos muestra la facilidad con que muchos
A este grupo podrían añadirse buen número de parábolas que expositores han alegorizado los textos parabólicos, dando a cada
destacan facetas diversas de la dispensación evangélica: el amor persona, a .cada objeto y a cada acción un significado particular.
de Dios, su provisión salvífica a favor de los hombres, la necesi- U.~ buen e)em)?lo nos lo ofrece Agustín de Hipona en su explica-
dad de que éstos se arrepientan, el deber de la gratitud y del per- CIOn .de la parábola del buen samaritano, según la cual, el hombre
dón, de la confianza y la perseverancia en la oración, la fidelidad q.ue Iba de Jerusalén a Jericó representa a Adán. Jerusalén es la
en el servicio, etc. Entre otras cabe mencionar el maravilloso tríp- c~udad.de la paz celestial, cuya dicha perdió Adán al pecar; Jericó
tico de la oveja extraviada, la dracma perdida y el hijo pródigo simboliza la luna, y ésta, a su vez, significa la mortalidad del
(Le. 15), las parábolas del fariseo y el publicano (Lc. 18:9 y ss.), de hombre, 'pues la luna nace, crece, mengua y muere. Los ladrones
los dos hijos (Mt. 21 :28 y ss.), de los dos deudores (Mt. 18:23 y ss.; son el. diablo y sus, ángeles: lo~ golpes, la incitación a pecar; el
comp. Le. 7:41 y ss.), del juez injusto (Le. 18:1 y ss.), de los talen- despojamiento, la pérdida de la mmortalidad; la condición del he-
tos (Mt. 25: 14 y ss.), etc. ndo (e medio muerto»), el deplorable estado moral del hombre
:r
caído: el sacerdote el levita, el sacerdocio y el ministerio del An-
2. El Reino que progresa. En torno a él podemos agrupar las tíguo Testamento, mcapaces de salvar el samaritano el Señor
parábolas llamadas de crecimiento, en las que se destaca el aspec- etcétera.' ' "
to dinámico del Reino de Dios en su proceso histórico. En ese pro- Este .modo de inte~pretar nos. introduce en un bosque de deta-
ceso no todo es positivo y alentador. Junto a los evidentes logros lles, cuajados d.e «lecciones» espIrituales, las que el intérprete ha
aparecen males innegables. La buena semilla llevará fruto, yero creído descubnr; pero no se llega a encontrar el significado origi-
una parte se malogrará (Mt. 13:3 y ss.). En el campo crecerá e tri- nal de la parábola, que es lo que importa. Siempre debe tenerse
go, pero, inseparable de él, también la cizaña (Mt. 13:24 y ss.). presente que, por lo general, con cada una se pretende enseñar
La red será echada al mar y recogerá peces buenos y malos una lección básica. La tarea del intérprete es extraer correcta-
(Mt. 13:47 y ss.). Pese a esa diversidad de resultados, el Reino, in- mente esa lección, sin distraerse -o extraviarse- en un intento
destructible, avanza y crece hacia la plenitud de su consumación. de «enriquecer» su exposición con múltiples analogías ajenas al
Tal es la enseñanza de las parábolas del grano que se desarro- propósito de la narración.
lla (Mr. 4:26 y ss.), de la semilla de mostaza y de la levadura En .toda parábo~a debe distinguirse entre el continente y el
(Mt. 13:31 y ss.). . contenido, entre la Imagen y la realidad que la imagen represen-
ta; entre los detalles del.relato y las enseñanzas que éste entraña.
3. El Reino en su manifestación futura. Aquí podemos in- y es el contenido, la realidad, la enseñanza, lo que se debe buscar.
cluir algunas de las parábolas que ya hemos mencionado, pues su
parte final es descriptiva del «tiempo de la siega», del «fin del 2. Ouaestiones Evangeliorum, III, 19; cit. por C. H. Dodd, Las Parábolas del Rei-
no, pp. 21, 22.

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Así lo entendieron ya, frente a los entusiastas de la alegorización, pecto presente del Reino como el futuro.' En cualquier caso la co-
Juan Crisóstomo, Teofilacto y el propio Orígenes, tan da?o a ale- rrección efectuada por estas nuevas orientaciones resulta saluda-
gorizar. Con gran acierto escribía .Teofil~cto: «~o n?s mcumbe ble, pues las parábolas, inseparables de las enseñanzas de Jesús
ocuparnos excesivamente en consideraciones mmucrosas sobre sobre el Reino, contienen ---como pudimos observar al ocuparnos
todas las partes de las parábolas; haciendo uso de las que resulten del tema- un mensaje mucho más intenso, más profundo, más
adecuad:;ts al punto principal q~e se presenta ~nte nosotros, debe comprometedor que las generalidades de simples corolarios
prescindIrse del resto que coexiste con la parabola, pero no con- éticos.
tribuye en nada a dicho punto.» 3 ••

Entre los especialistas de tiempos modernos destaca Adolf Ju-


licher, quien hacia finales del siglo pasado escribió una famos~ Normas interpretativas
obra sobre las parábolas (Die Gleichnisreden Jesu), en la que radi- Lo expuesto constituye la base sobre la cual debe realizarse la
calizaba la reacción contra toda forma de alegorización. En su exégesis de las parábolas; pero puede completarse con algunas re-
opinión, toda parábola encierra una lección moral única y debe glas igualmente fundamentales:
desterrarse la práctica de espiritualizar los diferentes elementos
del relato. Pese a lo que de correcto pudiera ha~er en esta 'posi- 1. Determinar la verdad central. En opinión de Ramm, ésta
ción, Jülicher cayó en el extremo de negar la validez d~ la mter- es la regla áurea de la interpretación de textos parabólicos. Nunca
pretación dada por Jesús mismo a algunas de sus parabolas (el debe prescindirse de ella, a pesar de lo sugestivas que puedan re-
sembrador, el trigo y la cizaña, la red) atribuyéndola a ~na alego- sultar las vías de la alegorización.
rización llevada a efecto posteriormente por la comumdad apos-
tólica. Aunque este punto de vista es sostenido por prestigiosos El intérprete ha de preguntarse en todos los casos: ¿ Qué quiso
autores de nuestros días (C. H. Dodd y J. Jeremías), .no 'pasa de enseñar Jesús? La respuesta será simple. No hay ningún ejemplo
mera conjetura. En realidad, no sólo socava ~a fIde.dIgnú:lad del claro en que el Señor, con una misma parábola, quisiera enseñar
testimonio de los evangelistas, sino que hace violencia al contem- varias lecciones.
do mismo de las palabras, en perfecta consonancia con el pensa- No obstante, iríamos a extremos injustificados si en todos los
miento de Jesús y más acorde en su estilo con el contexto pales- casos negáramos significado especial a algunos de los elementos
tino original que con el posterior de las comun.i~a~es cristianas" de determinadas parábolas. Jesús mismo reconoció valor simbó-
Otro defecto de la obra de Jülicher es la superficialidad de su ex- lico en la figura del sembrador, en la semilla, en las diferentes
plicación ética de las parábolas, cuyas enseñanzas quedaban re- clases de tierra, en las aves, en los pedregales y los espinos
ducidas a generalidades de tipo moral, inspiradas más en la teo- (Mt. 13:18-23). Sería, asimismo, difícil asegurar que al referir la
logía liberal de su tiempo que en una rigurosa investigación exe- parábola de los viñadores homicidas Jesús no veía a los profetas
gética. . en los siervos maltratados, a sí mismo en el hijo asesinado, y a los
Una corrección de este defecto se intentó con las perspectIvas gentiles llamados a participar en el Reino en los «otros labrado-
abiertas por la «escatología consistente», a la que ya nos hemos res» a los que sería arrendada la viña. Podríamos añadir otros
referido, según la cual sólo una interpretación de las parábolas ejemplos.
iluminada por la venida escatológica del Reino es aceptable. El Pero esto no anula la regla señalada. Tanto en la parábola del
mensaje de las parábolas no es un compendio ilustrado de moral sembrador como en la de los labradores malvados había un propó-
permanente; es un anuncio de la crisis que llama a la decisión ra- sito concreto; en la primera, mostrar el arraigo y desarrollo del
dical. Reino por la acción de la Palabra pese a todos los obstáculos; en
Por otro lado, la obra de J. H. Dodd tiene una orientación se- la segunda, hacer patente la soberanía de Dios en su Reino frente
mejante, aunque partiendo de sus propios presupuestos de una a la rebeldía del pueblo judío. Cualquier lección que pueda deri-
«escatología realizada», Schweitzer ve en las parábolas el ~<?~o varse de la enseñanza central ha de considerarse accesoria.
como el Reino vendrá; Dodd, el modo como ha venido. Una VISlOn Para precisar la verdad central es necesario tomar en conside-
más' ajustada a los datos bíblicos incluiría, sin duda, tanto el as-
ración los siguientes factores:
3. Cit. por R. C. Trench, Notes on the Parables of our Lord, p. 32.
4. Comp. F. Hanck en el arto Parabolé, TDNT, V. p. 754. 5. Comp. H. Ridderbos, The Coming of the Kingdom, p. 123.

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a) Contenido esencial. Ha de analizarse la parábola obser- qu~ se adquiere. Este problema se resuelve, a mi juicio, con las si-
vando los protagonistas, su carácter, el progreso de la acción, su guientes consideraciones. En primer lugar, dado que los oyentes
punto culminante, así como las palabras que se repiten o que pre- de Jesús concebíaJ?- el Reino d~ Dios como el gran objeto de espe-
sentan un especial relieve. Hágase la prueba con la parábola del ranza y de plegana, no necesitaban ser convencidos de su valor.
hijo pródigo (Le, 15: 11 y ss.) y se verá hasta qué punto avanzado En segundo ,lugar, estas parábolas como la mayoría de las pará-
se consigue llegar mediante el mencionado análisis. bolas de Jesus, presentan un ejemplo de conducta humana e invi-
tan a dar un juicio sobre ella. ¿Fue necio el campesino al empo-
b) Ocasión. La situación particular que motiva la parábola brecerse para comprar el campo? ¿Cometió el mercader una te-
siempre es iluminadora. De ahí lo útil 3e algunas preguntas: mendad Imperdona?le al v~nder toda su hacienda para comprar
¿Cuándo fue referida? ¿En qué circunstancias? ¿Fue dirigida a al- una sola perla? A pnmera VIsta, sí. Pero el financiero que triunfa
guien en especial? ¿A quién? ¿En qué actitud espiritual se encon- es el que sabe cuándo conviene endeudarse. Lo importante es es-
traban los oyentes? En la mayoría de los casos hallamos datos tar cO,~'pleta.~ente seg~ro ,?el valor de lo que se compra. ¿Y cuál
orientativos. Tal sucede en las parábolas de los dos deudores es la situación en la VIda ? .. Hemos de imaginar una situación
(Mí. 18:21 y ss.), los dos hijos (Mt. 21 :23-32), la oveja y la drac- en la que destaque la idea de grandes sacrificios con vistas a un
ma perdidas y el hijo pródigo (Le, 15), la viuda y el juez injusto fin valioso ... Estáis de acuerdo en que el Reino de Dios es el bien
(Lc. 18:1 y ss.), etc. supremo; en vuestra mano está poseerlo aquí y ahora si, como el
que halló el tesoro y como el mercader de perlas, os olvidáis de
e) Fondo cultural y existencial. Las parábolas se basan en vuestras preocupaciones: "¡Seguidme!"» 7
elementos tomados de \a naturaleza 'Y de \a actividad b.umana~
pero a menudo tales elementos tenían un carácter simbólico. Por
ejemplo, en la simbología hebrea, la siega era figura del fin del d) Posible paralelism.o con otros textos. Algunas parábolas tie-
mundo; la de las bodas y el vino, del tiempo de salvación; la hi- n.en marcada semejanza con otras o son referidas con alguna va-
guera, del pueblo de Dios, etc. Si nosotros queremos captar obje- nante por dos o más evangelistas. En ambos casos 1(;1 compara-
tivamente el significado de una parábola, hemos de situarnos en ción es útil, bien para confirmar bien para enriquecer su signifi-
el plano cultural de quienes la escucharon de labios de Jesús. Muy cado. La parábola de la oveja perdida en Lc. 15, por ejemplo, se
sugestivas al respecto son algunas de las notas de J. Jeremías en complementa admirablemente con la de la dracma perdida, y de
sl:l. estu?i? sobre las parábolas; por ejemplo, las relativas a la del la co.mparación emergen con mayor relieve, si cabe, las tres ideas
hIJO pródigo. Tras exponer con detalle las formas legales judías de d~mmantes: estado de 'perdición, ~úsqueda diligente y recupera-
transmisión de bienes de padres a hijos, resalta lo que el hijo me- CIOn gozosa de lo perdido. En conjunto, ambas exaltan la acción
nor realmente quiere: ser -ilegalmente- indemnizado y organi- redentora de Dios en favor de los pecadores. Y si cotejamos las
zarse una vida independiente: Las observaciones que sobre cos- dos parábolas mencionadas con Mt. 18:11-13, advertimos que el
tumbres judías siguen en el resto del comentario no son menos es- énfa~is recae sobre la superioridad del gozo en el caso de la oveja
clarecedoras. perdida que es hallada; el pastor «se regocija más por ella que por
Asimismo, inseparablemente del aspecto cultural debe tomar- las noventa y nueve que no se habían descarriado».
se en cuenta la situación existencial de los primeros oyentes y de El paralelismo puede extenderse provechosamente a otros tex-
la decisión con que la proclamación del Reino de Dios los enfren- tos, especialmente a parábolas o metáforas del Antiguo Testamen-
taba. C. H. Dodd presta gran atención a este aspecto de la inter- to. La parábola de los labradores malvados nos hace pensar en el
pretación y son realmente valiosas sus observaciones sobre el pen- cantar de la viña de Is. 5. No sólo los puntos de semejanza son no-
sarmento o las costumbres de los judíos en relación con las pará- tables; en el pasaje de Isaías encontramos la clave de la interpre-
bolas que analiza en el capítulo IV, titulado «La situación en la tación: «Ciertamente la viña de Yahvéh de los ejércitos es la casa
vida». Entresacamos lo que escribe sobre la del tesoro oculto y la ~e I~r.ael; y los h~m?res ~e Judá planta deliciosa suya. Esperaba
de la perla preciosa (Mt. 13:44-46): «Por lo que se refiere a su in- justicia, y he aqui VIOlenCIa; rectitud, y he aquí alaridos.» No era
terpretación, el único problema real reside en si el tertium compa- difícil para los sacerdotes y los fariseos entender lo que Jesús que-
rattonis es el inmenso valor de la cosa hallada o el sacrificio con ría significar (Mt. 21 :45).

6. Interpretación de las Parábolas, Ed. Verbo Divíno, p. 115. 7. Op. cit., pp. 111, 112.

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e) Obsetvaciones hechas por Jesús mismo. En no pocas pará- otro puede proporcionarnos la orientación correcta. En la mencio-
bolas, antes o después del relato, hallamos alguna fr~se de Jesús nada parábola del mayordomo infiel, Dodd ve la clave de la situa-
que determina la verdad central. Las palabras del Senor sobre el ción originaria del siguiente modo: «El relato habla de un hombre
deber de perdonar «hasta setenta veces siete» (Mt. 18:21-22) nos situado ante una crisis que puede llevarle a la ruina. Compren-
dan claramente la clave para fijar la enseñanza capital de la pa- diendo la gravedad de su situación, se pone a reflexionar y descu-
rábola de los dos deudores. La alusión a los publicanos y las ra- bre un medio drástico para salir del apuro. Los oyentes son invi-
meras que van al Reino de Dios delante de los sacerdotes y líderes tados a admitir que ese hombre, a pesar de ser un canalla, tuvo
de Jerusalén (Mt. 21: 31) concreta la lección de la parábola de los el mérito de afrontar la crisis con realismo y espíritu práctico. En-
dos hijos que la precede: la puerta de entrada en el Reino no es tonces pensaría que, según Jesús afirmaba constantemente, ellos
una falsa profesión de fe, una adhesión mental a la palabra de mismos se hallaban ame una crisis decisiva. Seguramente Jesús
Dios, sino el arrepentimiento, la metanoia, la conversión. La ver- les habría dicho en conclusión que era de sentido común reflexio-
dad medular de la parábola del banquete de bodas se desprende nar en serio y actuar con audacia para afrontar la crisis. Ésta es,
de la declaración de Jesús al final de la misma: «Porque muchos a mi juicio, la aplicación más probable de la parábola y entonces
son llamados y pocos escogidos» (Mt. 22:1-14). Lo que se pretende es bastante adecuado el ulterior comentario del evangelista: "Los
enseñar es la respuesta indigna de los «muchos» al generoso con- hijos de este mundo son más prudentes que los hijos de luz."» 9
vite de la salvación hecho por Dios. La recomendación de «orar
siempre y no desmayar» (Le. 18:1) nos muestra la necesidad de la 2. Comparar la verdad contenida en la parábola con la enseñanza
perseverancia en la oración y la confianza en la perfección de Dios global del Nuevo Testamento. Una interpretación que discrepe del
como la verdad esencial contenida en la parábola del juez injusto tenor general de la Escritura o de cualquiera de sus doctrinas fun-
(Lc. 18:2-8). damentales debe ser rechazada.
En algunos casos, las observaciones de Jesús las hallamos Este principio básico de la hermenéutica general merece la
antes y después del cuerpo de la parábola, lo que du~lica la ayuda máxima atención en la interpretación del tipo de textos que nos
exegética. Véase como ejemplo la parábola de la oveja perdida en ocupa. Descuidar su aplicación es exponernos a errores. Si de la
Mt. 18: 12, 13. Las declaraciones que la enmarcan no pueden ser parábola del hijo pródigo, por ejemplo, dedujéramos como verdad
más iluminadoras: «El Hijo del Hombre ha venido a buscar y sal- central que lo único necesario para la salvación del hombre per-
var lo que se había perdido» y «así no es la voluntad de vuestro dido es la confianza en el amor perdonador de Dios, sin necesidad
Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeños» de expiación, incurriríamos en contradicción respecto a uno de
(vv. 11 y 14). los postulados básicos de la teología bíblica (véase una síntesis ta-
Dicho cuanto antecede, hemos de admitir la dificultad con que jante de ese postulado en He. 9:22, entre muchos otros textos que
se trofieza a veces para señalar la verdad central de una parábo- podríamos citar).
la. Ta sucede con la del mayordomo infiel (Le. 16:1-15), sin duda Como norma general puede decirse que, aunque algunas pa-
la más difícil de interpretar. Una vez considerados todos los datos rábolas pueden enseñar o ilustrar una doctrina, ninguna debería
que suelen ayudarnos en la exégesis, no resulta demasiado claro ser usada para probarla o apoyarla. El desprecio de esta norma
su propósito. Las propias palabras de Jesús no son del todo escla- ha llevado a lo largo de la historia a afirmaciones gratuitas, ca-
recedoras. ~Qué es lo que el Maestro quiere grabar en la mente de rentes de soporte genuinamente bíblico. Ya Ireneo y Tertuliano
sus discípulos? ¿La necesidad de ordenar la vida en la tierra con tuvieron que prevenir contra los abusos de los gnósticos, quienes
miras al destino eterno (v. 9), la responsabilidad del cristiano torcían el sentido de las parábolas acomodándolo a sus particula-
como administrador de los «negocios» de Dios (v. 10) o el impe- res puntos heréticos. Posteriormente los cátaros, con sus princi-
rativo de una entrega a Dios y los intereses de su Reino sin dico- pios dualistas, hicieron de las parábolas objeto de forzadas mani-
tomías de ningún género (v. 13)? Como ha afirmado C. H. Dodd. pulaciones exegéticas. No veían en ellas nada relativo al pecado y
«casi podemos ver aquí unas notas para tres sermones distintos a la redención; en cambio encontraban abundante material que
sobre la misma parábola».' usaron para apoyar sus especulaciones relativas a la creación, el
No obstante, la reflexión en torno a todos los datos puede dar- origen del mal y la caída de los ángeles. Como muestra de su
nos la luz que necesitamos. Cuando uno de ellos parece poco útil, «exégesis», podemos citar su interpretación de la parábola del

8. Op. cit., p. 37. 9. Op. cit., pp. 37, 38.

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mayordomo infiel, en la que veían una descripción de la caída de CUESTIONARIO
Satanás."
El católico Bellarmino, teólogo prominente del siglo XVI, se va-
lió de la parábola del buen samaritano en su intento de probar
que el hombre (Adán) l?~imeram~nte fue despojado de su justicia 1. Indique la naturaleza y el propósito de las parábolas referidas
original y despues sufno las hendas del pecado." por Jesús según los datos que hallamos en los evangelios.
En tiempos más recientes las parábolas han sido también uti-
lizadas, quizá con excesiva parcialidad, en los deb~tes sobre. el 2. Señale los principios básicos que deben observarse en la interpre-
milenio. «En general, los arnilenaristas y posmilenaristas han m- tación de toda parábola.
terpretado ciertas pa.rábolas <;on optimismo,.mientras que los pre-
milenanstas y los dispensacionalistas han interpretado las mIS- 3. Interprete, con indicación expresa de la lección correspondiente,
mas parábolas de modo pesimista. Por ejemplo, el crecimiento de las siguientes parábolas:
la semilla de mostaza hasta convertirse en árbol y la acción de la
levadura que leuda toda la masa han sido tomados por los prime- El trigo y la cizaña (Mt. 13:24-30).
ros como una enseñanza del desarrollo poderoso y expansión del La levadura (Mt. 13:33).
cristianismo; para los otros enseñan la corrupción de la iglesia El crecimiento de la semilla (Mr. 4:26-29).
profesante.»" De hecho, hay parábolas que dan pie al optimismo El hijo pródigo (Le. 15:11 y ss.).
(la del grano que germina y crece) y las hay que equilibran ese op- El rico y Lázaro (Lc. 16:19y ss.).
timismo con realidades de signo pesimista (la del trigo y la ci-
zaña).
En todos los casos, cualquier aspecto del Reino o cualquier
doctrina que parezcan hallarse contenidos en la parábola como
enseñanza sustancial, antes de su reconocimiento como tal, he-
mos de analizarlo comparándolo con los textos fundamentales de
la Escritura. Y en ningún caso ha de permitirse que los presupues-
tos teológicos impidan distinguir lo que sin ellos probablemente
se vería de modo más claro y natural. Sólo así los mensajes de las
parábolas llegarán a nosotros con el encanto de su auténtico sig-
nificado y con la plenitud de su fuerza original.

10. Neander, Kirch. Geschichte, V. p. 1.082.


11. De Grat. Primo Hom., citado por R. C. Trench, op. cit., p. 40.
12. B. Ramm, PE!, pp. 285, 286.

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XXV
HECHOS DE LOS APÓSTOLES

La interpretación de este libro del Nuevo Testamento puede


parecer relativamente fácil. Su lenguaje, en términos generales, es
literal, exento de la diversidad literaria de los evangelios, de las
honduras teológicas de las epístolas o de la simbología del Apoca-
lipsis. Sin embargo, esa facilidad es sólo aparente. Pronto el intér-
prete se percata de que ha de enfrentarse con importantes proble-
mas hermenéuticos.
Los textos narrativos del libro son muy claros en su significa-
do, pero no lo son tanto en su significación; no dejan lugar a
dudas en cuanto a los hechos relatados, pero plantean interrogan-
tes respecto a lo que tales hechos han de significar posteriormente
en la Iglesia. Las experiencias de las primitivas comunidades cris-
tianas ¿deben continuar reproduciéndose idénticamente en las de
siglos subsiguientes? El bautismo del Espíritu Santo el día de
Pentecostés ¿ha de repetirse en la experiencia individual del cre-
yente y de la Iglesia? En caso positivo ¿ha de tener las mismas
manifestaciones externas? ~Cabe esperar los mismos dones caris-
máticos? La comunidad de bienes en la Iglesia de Jerusalén ¿mar-
ca una pauta de comportamiento para todas las iglesias locales?
La fe y el culto cristianos ¿son compatibles con las creencias y
prácticas religiosas de los judíos? Aun los apóstoles dan la im-
presión de que aceptaban esa compatibilidad (Hch. 2:46; 3:1;
21:18-26). Si esto es así, ¿tiene algún carácter determinante en la
relación de las iglesias de hoy con su entorno socio-religioso?
Prescripciones como la de Hch. 15:29 (prohibición de comer san-
gre o carne de animales no degollados) ¿eran circunstanciales y,
por consiguiente, temporales o son obligatorias para todos los
tiempos? En resumen, lo narrado en los Hechos ¿ tiene un carácter
meramente informativo o posee asimismo valor normativo?
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