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1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

Índice
1 Presentación 5

2 Finalidad 7

3
3 Objetivos 7

4 Asistentes 9

5 Participantes 9

6 Paises Invitados 11

7 Entidades Patrocinadoras 11

8 Instituciones Invitadas 13

9 Comité de Honor 15

10 Comité Organizador 17

11 Programa 19

12 Ponencias y Conferencias 21

13 Relación de Autores 127


1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

1 Presentación

La Comunidad de Madrid, como el resto de la nación española y muchos países de la esfera internacional, se encuen-
tra actualmente inmersa en un proceso de análisis de los modelos y las estrategias más eficientes para conseguir la
disminución del delito juvenil y la reinserción social de los menores infractores. Este proceso ha dado lugar en nues-
tro país al análisis y la revisión de la Ley Orgánica que es básica en esta materia y a su reciente reforma.

El Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre “La prevención de la delincuencia juvenil, los modos de
tratamiento de la delincuencia juvenil y el papel de la justicia del menor en la Unión Europea”, se ha elaborado des-
de el análisis de diversos convenios y tratados internacionales relacionados con la justicia juvenil, como son , entre
otros, las Reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de la justicia de menores, «Reglas de Beijing»,
de 1985; las Directrices de las Naciones Unidas para la prevención de la delincuencia juvenil, «Directrices de Riad»,
de 1990, que están siendo elementos de permanente referencia. En este contexto, la actuación de reeducación y
reinserción social que hemos puesto en marcha desde la Vicepresidencia Segunda y Consejería de Justicia e Interior,
desde la creación de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor en diciembre de 2004, se en-
marca en el “modelo de responsabilidad” definido durante las últimas décadas e imperante en los países del mundo
occidental.

Para conseguirlo la Agencia quiere poner todos los medios a su alcance, en orden a facilitar que la Administración de
Justicia de la Comunidad de Madrid pueda aplicar a los menores infractores todos los derechos y garantías recono-
cidos en el proceso penal (juicio justo, imparcial y equitativo); así como en la definición de elementos estructurales,
como el servicio de inspección, cualitativos como los programas educativos, culturales y de inserción laboral que
favorezcan la reeducación y reinmersión social de los menores y jóvenes infractores. 5
En coherencia con este modelo consideramos, en definitiva, que los menores y jóvenes infractores, para conseguir
su inserción social, necesitan ser ayudados y guiados, por personal experto, en su proceso de inserción a través de
itinerarios muy diversos (educación, inserción social, cultural, lingüística, etc.) En este empeño, somos conscientes de
la importancia capital que tienen los trabajadores del sector, razón por la que una de nuestras líneas de actuación
prioritarias tiene por objeto la selección, capacitación y la especialización de los trabajadores responsables de la
ejecución de medidas judiciales.

Personalmente estimo que en los dos años escasos transcurridos desde la creación de la Agencia se ha hecho un
considerable esfuerzo a favor de los menores y jóvenes con medidas judiciales y también, si me lo permiten, en la
segunda vertiente de este cometido, es decir, en beneficio de la seguridad ciudadana, al conseguir que todos los
menores juzgados por la comisión de hechos graves se encuentren actualmente cumpliendo las medidas judiciales
impuestas por los Jueces de Menores.

El delito juvenil es un fenómeno transnacional y requiere el conocimiento técnico disponible a nivel internacional,
así como la más amplia colaboración posible y el encuentro de los profesionales expertos de este ámbito, a la hora
de definir modelos y estrategias de actuación. Con esta finalidad, en 2005, celebramos las “Jornadas Internacionales
sobre Menores y Jóvenes con Responsabilidad Penal”, y celebramos ahora este Primer Congreso Internacional sobre
Violencia Juvenil, en el que se analizarán los contextos que influyen en los procesos de conflicto social en la ado-
lescencia, los factores que inciden en las manifestaciones de violencia juvenil y su prevención, así como las mejores
prácticas de diversos países, con el convencimiento de que contribuirá a mejorar las actuaciones en los distintos
ámbitos de la justicia juvenil.

Aprovecho esta ocasión para dar la bienvenida a todos los asistentes al Congreso, deseándoles los mejores éxitos
profesionales, una feliz estancia en Madrid y un venturoso año 2007.

Alfredo Prada Presa


Vicepresidente Segundo y Consejero de Justicia e Interior
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2 Finalidad

Actualizar el conocimiento científico y contrastar las ex-


periencias más significativas que puedan orientar las fu-
turas actuaciones profesionales e institucionales en esta
materia.

3 Objetivos

Dar a conocer las políticas en materia de violencia juvenil


y el estado de los conocimientos.

Analizar los contextos que influyen en los procesos de


conflicto social durante la adolescencia, y las manifesta-
ciones de violencia juvenil. 7
Difundir las estrategias y programas de reeducación y rein-
serción de menores infractores, para su integración plena
en la sociedad, y propiciar el conocimiento de las propues-
tas técnicas con especial significación e incidencia.

Facilitar el encuentro entre los representantes de las iti-


tuciones, las organizaciones responsables y los profesio
nales del sector.
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4 Asistentes

Responsables de instituciones y programas de reeduca-


ción y reinserción de menores en situación de conflicto
social.

Profesionales de la Administración de Justicia de


Menores.

Profesionales de Servicios Sociales.

Profesionales de la Educación.

Profesionales de la Sanidad, especialmente del campo


de Salud Mental de la Infancia y la Adolescencia.

Parlamentarios de la Asamblea de la Comunidad de


Madrid.

Miembros de las Fuerzas de Seguridad.

Profesionales de distintos países.


9

5 Participantes

Responsables de organismos y organizaciones del sector.

Profesionales especialistas de España y otros países.

Profesores e investigadores.

Representantes de colectivos implicados: perjudicados,


infractores y Asociaciones.

Organizaciones y entidades implicadas.

Profesionales de los medios de comunicación.


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6 Paises Invitados

Chile.

Colombia

Estados Unidos

Guatemala

Holanda

7 Entidades Patrocinadoras

Instituto Madrileño de Administración Pública (IMAP) 11


Consejería de Educación.

Consejería de Sanidad.

Consejería de Empleo y Mujer.

Instituto Madrileño del menor y la Familia.

Colegio de Trabajadores Sociales.

Universidades de Madrid y UNED.

Proyecto Hombre.

Defensor del Menor.

Asociación Colectivo Lacalle.

Fundación Diagrama.

Asociación GINSO.

Fundación Grupo Norte.

Observatorio Internacional de Justicia Juvenil (Pertene-


ciente a Fundación Diagrama).

Fundación Respuesta Social Siglo XXI.

Asociación Centro TRAMA.


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8 Instituciones Invitadas

Audiencia Nacional. Tribunal Superior de Justicia.

Senado (Comisiones de Justicia, Servicios Sociales, Audiencia Provincial.


Sanidad y Educación).
Fiscalía de Menores de Madrid.
Congreso de los Diputados (Comisiones de: Justicia,
Asuntos Sociales, Sanidad y Educación). Juzgados de Menores de Madrid.

Grupos Parlamentarios de la Asamblea de Madrid Jueces de Menores de Madrid.


(Comisión de Justicia e Interior, Sanidad, Asuntos
Sociales y Educación). Miembros de Equipos Técnicos de Madrid.

Defensor del Pueblo. Jueces, Fiscales, Miembros de EE Técnicos de otras


CC. AA.
Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.
Policía Nacional (Grupo de Extranjería).
Mº de Justicia.
Policía Nacional (B.I.I.).
Mº de A. Exteriores y Cooperación Internacional.
Guardia Civil (EMUME).
Mº de Trabajo y Asuntos Sociales.
Guardia Civil (Delitos tecnológicos).
Mº de Educación. 13
Policías locales (Madrid y grandes urbes).
Secretaría de Estado para el Deporte.
Rectores de Universidades.
Delegación del Gobierno.
Federación Madrileña de Asociaciones de Vecinos.
Consejería de Educación.
Asociación de la Prensa.
Consejería de Familia y S. Sociales.
U.N.I.C.E.F.
Consejería de Sanidad.
Plataforma de ONGs.
Consejería de Empleo y Mujer.
Proyecto Hombre.
Agencia de Protección de datos.
Sociedad Española de Pediatría de Atención Primaria.
Agencia Antidroga.
Cruz Roja española.
Ayto. de Madrid y Juntas de Distrito.
Cáritas.
Federación de Ayuntamientos de Madrid.
Entidades Colaboradoras de la ACMRRMI.
Consejo Gral. Del Poder Judicial.
Observatorio “Reina Sofía” de Valencia.
Tribunal Supremo.
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9 Comité de Honor

Presidencia:

Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias (Aceptado)


(Credencial del Palacio de la Zarzuela nº221/06)

Integrantes:

Presidenta de la Comunidad de Madrid.

Vicepresidente Segundo y Consejero de Justicia e Interior.

Presidente del CGPJ.

Consejero de Sanidad.

Consejero de Educación.

Consejería de Empleo y Mujer. 15


Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.

Instituto Madrileño del Menor y la Familia.

Federación Madrileña Municipios.


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10 Comité Organizador

Coordinadores:

D. Amador Sánchez

D. Juan Francisco Franco

D. Javier Urra

Dª. Mª. Angeles Arenillas

Dª. Mª. Socorro Alonso

Dª. Susana de la Fuente

Colaboraciones especiales:

GINSO, Asociación para la Gestión de la Integración Social.

OIJJ, Observatorio Internacional de Justicia Juvenil,


Fundación Diagrama.

Colaboradores:

Dª. Ana Calvo


17
Dª. Carmen Crespo

D. José Antonio Morales

D. Lorenzo Pedroche

Dª. Alicia Petit

Dª. Almudena Sabina

Dª. Catalina Vivas

D. Eugenio López

D. Walter Scansetti

Dª. Mª. José Vírseda


Dª. Rosa Menor

Dª. MªAngeles Gálvez

Dª. Inmaculada Lacasta

Dª. Mª. Dolores Sanz


1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
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11 Programa

Día 19 de enero - Jornada de mañana:


09:00
Mesa Redonda: “Los distintos perfiles delictivos”
Moderadora: Dª. Carmen González, Jefa del Gabinete Técnico del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid
Intervienen:
D. José Luis Sancho Acero, Psicólogo de Proyecto Hombre
Dr. D. José Luis Graña Gómez, Profesor Titular de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid
Dr. José Luis Pedreira, Doctor en Medicina especializado en Psiquiatría Infantil
D. Rafael Forcada Chapa, Psiquiatra del Centro Terapéutico Pi y Margall. Fundación Diagrama

10:30
Mesa Redonda: “Violencia contextual”
Moderador: Ilmo. Sr. D. Juan Pedro Rodríguez, Fiscal Coordinador de la Fiscalía de Menores del T.S.J. de Madrid
Intervienen:
Profesor Dr. D. César San Juan Guillén, Psicólogo Social, Profesor Titular de la Universidad del País Vasco
Ilmo. Dr. D. Alejandro Giammattei, Director General del Sistema Penitenciario de Guatemala
D. Francisco Javier Migueláñez Valero, Jefe de la Brigada de Investigación Tecnológica de la Comisaría General de Po-
licía de Madrid
19
11:45
Descanso y café

12:15
Conferencia: “Prevención de la violencia”
Moderadora: Ilma. Sra. Dª. Carmen González,Viceconsejera de la Consejería de Educación de Madrid
Ponente: Profesor Dr. D. Elías Escaff, Psicólogo y Criminólogo, Gerente de la División Nacional de Atención a Víctimas
y Testigos del Ministerio Público de Chile

de 13:15 a 14:00
Acto de Clausura
Excmo. Sr. D. Alfredo Prada,Vicepresidente Segundo y Consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid
Excmo. Sr. D. Enrique Múgica, Defensor del Pueblo
Excmo. Sr. D. José Luis González, Juez Decano de Madrid
Ilma. Sra. Dª. Carmen Balfagón, Directora-Gerente de la Agencia para la Reeducación y la Reinserción del Menor
Infractor de la Comunidad de Madrid
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19
Día

21

de enero
Jornada de la mañana
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M ESA
REDONDA:
“Los distintos perfiles delictivos”

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Moderadora

Dª. Carmen González Madrid


Jefa del Gabinete Técnico del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid
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Ponente

D. José Luis
Sancho Acero

Psicólogo. Coordinador del Área de Menores del


Centro Español de Solidaridad, Proyecto Hombre
Madrid

INTERVENCIÓN CON ADOLECENTES


25
CONSUMIDORES Y
CONDUCTAS DELICTIVAS

RESUMEN:

Con el presente artículo se expone la hipótesis de que las conductas disruptivas de los y las adolescentes no son más
que expresiones sintomáticas de un proceso de maduración inadecuado, en función del cual el adolescente presen-
tará una serie de conductas disruptivas u otras o la expresión de todas en mayor o menor intensidad. Las conductas
disruptivas a las que principalmente nos referimos son el consumo de sustancias y la violencia en sus diferentes
expresiones, dentro y fuera del hogar.
Estas afirmaciones se realizan desde la experiencia de trabajo con adolescentes y familias del programa Soporte de
Proyecto Hombre Madrid. Este programa atendió. en procesos de evaluación, diagnóstico y derivación a 429 familias
entre los años 2005 y 2006. Al analizar estas atenciones se destacó la importancia del policonsumo de los adoles-
centes junto con el alarmante incremento de las conductas violentas, especialmente la violencia relacionada con los
ascendientes. Era interesante también el incremento de la sintomatología psiquiátrica asociada, pero que sólo en un
porcentaje pequeño estaba asociada a la violencia

Palabras clave: violencia contra los ascendientes, conductas disruptivas, consumo abusivo, sintomatología psiquiátrica,
atención familiar.

Hablar de adolescentes consumidores de drogas supone deducir automáticamente conductas delictivas haciéndonos
eco de la experiencia social que relaciona consumo y delincuencia. Partir de esta premisa supondría un grave error sin
antes definir las características básicas de los adolescentes consumidores y el entorno socifamiliar que les define.

Antes de que nos embarquemos en esa tarea habría que señalar algo que se empezó a perfilar en unos talleres
llevados a cabo con profesionales de la Agencia para la Reinserción y Reeducación de la Comunidad de Madrid en
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los meses de septiembre y octubre de 2006. Al describir las características personales de los adolescentes consumi-
dores de sustancias y sus conductas habituales, encontrábamos que la diferencia con los usuarios de la Agencia era
básicamente que, los usuarios del programas de adolescentes y familias de Proyecto Hombre Madrid (Soporte), no
habían tenido encuentros con la Justicia como los menores de la AARMI.. Muestra de ello son los datos de problemas
judiciales a los que se han enfrentado los usuarios adolescentes de Soporte durante el transcurso de 2006: 2 multas
por consumo, 1 cumplimiento judicial y 4 causas abiertas. Para un número de usuarios en tratamiento de en torno a
80 familias por año.

Como decíamos, al intentar describir las características de los adolescentes consumidores de sustancias y los menores
usuarios de la Agencia, aprovechando el estudio de Fariña F., Arce R. y Vázquez Mª J. (2006) sobre las psicopatología de
los menores infractores, podíamos encontrar muchas más semejanzas que diferencias. Esto nos lleva a hipotetizar que
las conductas disruptivas (consumo de sustancias de manera abusiva, agresiones dentro y fuera del hogar, robos,
26 ...) no son más que síntomas de un adolescente que se encuentra realizando un proceso madurativo in-
adecuado. Estos síntomas se convierten en la expresión de su malestar personal y social. De esta forma habrá unos
adolescentes que consuman abusivamente, otros que delincan, otros que sean violentos y unos que lo hagan todo.

Pero, como señalábamos, vamos a realizar la descripción de estos adolescentes utilizando como herramienta peda-
gógica la teoría de la conducta problema de Jessor y Jessor (1977) en el que los autores dicen que la incidencia del
problema del consumo está en función de la interacción de las características personales del individuo, el ambiente
en que se desarrolla y relaciona y, por último, la experiencia con la conducta emprendida, en este caso el consumo.

1.- LAS CONDUCTAS.

En los procesos de atención y valoración del programa Soporte de Proyecto Hombre Madrid se atendieron 229
familias en 2005 y 200 en 2006. En estas familias vamos a ir describiendo diferentes conductas de sus hijos e hijas
adolescentes.

1.1.- CONSUMO DE DROGAS.

Respecto al consumo de los adolescentes pertenecientes a estas familias se ha de señalar la diferencia entre lo que
los padres perciben y lo que realmente se está produciendo. Destacando, cada vez, más la mayor preocupación que
está recibiendo el consumo de cánnabis por parte de los padres, a medida que el consumo de esta sustancia se está
normalizando a nivel social. De tal manera que en las demandas de atención nos encontramos con la siguiente dis-
tribución del consumo:

HOMBRES % MUJERES % TOTAL


THC 48,6 30,61 44,74
Cocaina 12,29 20,41 14,04
Policonsumo 39,11 48,98 41,23

Observando los datos de la tabla 1 hay que señalar, además de la preocupación por el consumo de cánnabis, que en
segundo lugar hay un grupo de padres que son conscientes de que sus hijos consumen varias sustancias, policonsumo.
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También es de destacar que aunque es menor la demanda de los padres a causa del consumo de hijas adolescentes,
cuando esta aparece, destaca el mayor nivel de consumo de las chicas frente a sus iguales varones en cocaína y en
policonsumo.

1.2.- CONDUCTAS DISRUPTIVAS EN EL HOGAR.

Con este epígrafe nos referimos a las conductas de violencia y de robo en el domicilio familiar y no a figuras legales
propiamente dichas.

Destacamos que en los y las adolescentes atendidos entre 2005 y 2006 (429 familias) se produjeron los siguientes
fenómenos:

- En el 79% de los casos existe violencia verbal.


27
- 31 % violencia física contra los ascendientes.

- Aproximadamente el 35% de las chicas, superan a los chicos en proporción, destacando que estas no son tan
violentas fuera de casa como veremos más adelante, aunque hay que señalar que la diferencia no es enormemente
significativa.

- El 50 % de los adolescentes atendidos han ejercido violencia rompiendo mobiliario en casa con toda la agresividad
que supone para las familias este tipo de conductas.

- El 51% han robado a su familia, no tanto para conseguir sustancias, como para poder continuar el ritmo de diversión.

1.3.- CONDUCTAS DISRUPTIVAS FUERA DEL HOGAR.

En la tabla 2 podemos observar que las peleas y el destrozo de mobiliario urbano son las conductas más realizadas
por los y las adolescentes atendidos. Destacando que los chicos son más violentos que las chicas pero éstas han
robado más que ellos.

HOMBRES % MUJERES % TOTAL


V.F. Personas 32 25 30
V.F. Cosas 31 27 30
Robo 28 33 29

Si analizamos las conductas disruptivas dentro y fuera del hogar nos encontramos con que:

- Nuestros adolescentes son igual de violentos dentro que fuera de casa.

- Destrozan menos cosas en la calle que en casa.

- Roban más en casa que en la calle.


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¿Dónde hay confianza, da asco?..., en el fondo, ejercen más conductas disruptivas en contra de la familia, quizá porque
ésta sigue siendo un referente importante en el proceso de individuación y, ante ella, el adolescente se permite reali-
zar conductas que no se atrevería en un contexto distinto que no le garantizaría la impunidad de sus acciones como
lo harán sus padres.

1.4.- TRATAMIENTOS PSIQUIÁTRICOS PREVIOS

Evidentemente, la atención psiquiátrica no es una conducta pero el análisis que estamos llevando acabo sí que exige
que nos preguntemos que relación tiene las conductas de los adolescentes atendidos y una posible patología. Además,
las familias desconcertadas por estas conductas y ante la preeminencia del modelo médico buscan una explicación
patológica a una situación que les desborda sobremanera. Esta explicación patológica también les eximiría de respon-
sabilidad ya que hablaría de un problema individual y no familiar en la situación de conflicto.
28 Del total de los casos que se han presentado, las combinaciones de conductas violentas y la atención psiquiátrica
recibida nos dan las siguientes tablas de datos:

Intrafamiliar.

HOMBRES % MUJERES % TOTAL


Violencia verbal y F. Personas 29 31 29
Violencia verbal F 9 18 11
Personas y psiquiatría previa

Hay que destacar que el porcentaje de adolescentes que realizan conductas violentas de manera física y verbal contra
la familia y que, a la vez han recibido un tratamiento psiquiátrico, es de un 11 % del total de casos que han realizado
esa misma violencia verbal y física. Es llamativo el hecho de que las chicas duplican el porcentaje de atención psiquiá-
trica en relación con la violencia. Esto, probablemente, quede aclarado cuando más adelante hablemos de las caracte-
rísticas especiales de las chicas atendidas en los programas de tratamiento por abuso en el consumo de sustancias.

Extrafamiliar.

HOMBRES % MUJERES % TOTAL


V.F. Personas y cosas 23 18 22
V.F. Personas y cosas y 7 8 7
Psiquiatría

De la misma forma volvemos a ver cómo la relación entre la atención psiquiátrica y las conductas violentas fuera del
hogar vuelven a verse reducidas a un 7% del total de los casos de conductas violentas. En este aspecto vemos que las
chicas que realizan estas conductas han recibido mayor atención psiquiátrica que los chicos, pero la diferencia en esta
oportunidad es mucho menos significativa.

Estos datos nos ayudan a descartar como causa principal de las conductas violentas, la posible patología psiquiátrica
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en los adolescentes atendidos en el programa Soporte.

2.-LAS CARACTERÍSTICAS PERSONALES DE LOS Y LAS ADOLESCENTES ATENDIDOS.

Los y las adolescentes que acuden al programa por exigencia de sus padres poseen las siguientes características:

- Están dentro de una estructura familiar y con frecuencia, integrados en el sistema educativo. Sufren fracaso escolar
normalmente incrementado por el consumo.

- Poseen baja resistencia a la frustración.

- El autoconcepto está distorsionado y la autoestima es baja.

- Escaso control de impulsos en la mayoría de los casos.


29

- Consumos de tabaco y cánnabis de manera habitual en contacto con iguales. Consumo de alcohol, drogas de sínte-
sis /cocaína asociados al ocio en el fin de semana.

- Cada vez son más los que han sufrido psicosis tóxicas y/o comas etílicos.

- Incremento de la sintomatología psiquiátrica.

- En el caso de las chicas, existe un porcentaje alto de sintomatología asociada a algún tipo de trastorno de la ali-
mentación.

- Respecto a la clase social de origen no existen diferencias significativas.

- Dos características de la adolescencia están especialmente agudizadas: la percepción de invulnerabilidad y la bús-


queda de sensaciones nuevas.

- Percepción subjetiva de injusticia:

- Sienten que no se les está tratando bien, independientemente de lo que hagan.


- Se avergüenzan de sus padres más de lo propiamente adecuado en esta etapa evolutiva.
- “Ellos se merecen más”, aunque no hayan hecho nada por realmente merecerlo.

En general, los adolescentes con problemas con el consumo de sustancias son consumidores abusivos de las mismas
en contextos de ocio. Por lo que podemos afirmar que no existe una dependencia física de las sustancias, quizá una
“dependencia” al contexto en el que se consume. Las sustancias de referencia suelen ser tabaco y cánnabis, a diario,
y los fines de semana combinan con otras sustancias como el alcohol, la cocaína y las drogas de síntesis. En general,
hablamos de policonsumidores.
En función del sexo de los usuarios, consumen más los chicos que las chicas, pero las diferencias no son significativas;
donde ya sí aparecen diferencias significativas es en el número de usuarios y usuarias que acuden y reciben tratamien-
to, un 63 % de chicos y un 37% mujeres.
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Sobre el binomio, mujeres y consumo, cabe destacar que las usuarias de los dispositivos de Proyecto Hombre Madrid,
en general, han consumido más cantidad y más rápido que sus iguales hombres, su edad es inferior a aquellos y han
experimentado en mayor medida los efectos indeseables de las sustancias. A esto hay que añadirle lo estrechamente
relacionado que está la utilización de su cuerpo para la obtención de las sustancias, que además está coincidiendo
con graves problemas de aceptación de su imagen corporal, generando estilos anorexígenos o bulímicos. Añadamos
a todas estas características relaciones emocionales de dependencia.
A los usuarios del programa que inician tratamiento se les realiza un rastreo clínico breve, para así poder solicitar
ayuda psiquiátrica en los casos en los que exista por algún tipo de sintomatología, bien sea por la concurrencia de una
patología o por consecuencia del consumo de sustancias. Dentro de las pruebas que se les aplica está el SCL -90 – R
de Derogatis en los que se obtienen los siguientes resultados:
q Se obtiene que puntúan positivo en ansiedad y hostilidad además de hacerlo también en ideación paranoide. La
terna de la normalidad de Soporte, normalidad ya que los y las usuarias están enfados porque se les somete a un
30 tratamiento y el momento es tenso (ansiedad y hostilidad), combinado con la convicción de que todos están contra
ellos (ideación paranoide).

- También puntúan en Obsesión Compulsión. De este rango lo ítems en los que más alto puntúan son aquellos que
son muy similares a las características del consumo:

- Dificultades para recordar.

- Dificultades para concentrarse.

- Mente en blanco.

Lo que nos hace pensar que estamos hablando de sus experiencias con las sustancias y no con el rango sintomático
al que se refiere Derogatis

Fariña y colaboradores (2006) aplicaron a 2500 menores con medidas judiciales el BSI de Derogatis (versión breve
del SCL). Obtuvieron resultados similares en más o menos mismos rangos sintomáticos. Probablemente estemos
hablando de que también sus usuarios realicen conductas de consumo. Lo que nos reafirma en la hipótesis inicial de
que gran parte de los adolescentes con problemas comparten conductas, destacando más en unas que en otras, y que
si lo pudiésemos estudiar concluiríamos que compartirían también características psicosociales. Lo que nos permite
afirmar que éstos son síntomas de un proceso de maduración inadecuado. De cara a la intervención, deberíamos
plantearnos la misma como una lucha integral contra los problemas de los adolescentes y no contra sus síntomas.

3.- EL AMBIENTE

Nos encontrábamos, en los procesos de valoración de las familias atendidas, con que algunas características de éstas
facilitaban la expresión disruptiva de estos adolescentes.
Destacan estilos educativos donde la sobreprotección materna y la evitación, teñida de autoritarismo paterno eran
especialmente significativos. Igualmente la negación de los padres a aceptar la “desviación” de conducta de sus hijos
(relacionándola con su fracaso y culpa de no haber sido buenos progenitores) aparecían como otro de los factores
destacados en el desarrollo de adolescentes con conductas disociales.
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Otros factores de riesgo familiar a tener en cuenta en el proceso de generar conductas disruptivas son:

- Escasa coherencia educativa entre las figuras parentales.

- La ausencia real o formal de uno de los progenitores. Destacan las madres que se tiene que enfrentar solas con los
y las adolescentes.

- Los roles familiares difusos

- Los conflictos familiares latentes en los que los adolescentes son el paciente identificado del sistema en conflicto.

No perdamos de vista que junto con la realidad familiar se encuentra el grupo de iguales en los que el adolescente se
siente integrado. En relación con esto nos podemos encontrar con otros posibles factores de riesgo: 31
- Iguales con características comportamentales similares que reafirman la conducta.

- Adolescentes que no tiene un grupo de pertenencia definido, sino que tiene muchos grupos a los que se acercan en
diferentes momentos y a los que tienen que agradar con conductas más llamativas que lo habitual para ser aceptados
en sus idas y venidas.

Por último, no olvidemos el constructo social que tenemos sobre los adolescentes y que continuamente les estamos
devolviendo. Les consideramos egoístas, indolentes, centrados en el botellón y en la fiesta, violentos en la escuela
y en la calle, asentados en la comodidad y en el consumo (rasgos de nuestra sociedad, no de la adolescencia) y, por
último, incapaces de aportar algo positivo. Esto que parece una exageración es el reflejo que reciben a través de los
medios de comunicación de lo que es un adolescente “normal”. Uno de los motivos por los que los adolescentes
consumen drogas es porque las sustancias producen efectos satisfactorios inmediatos, cosa que las conductas salu-
dables (estudiar, hacer deporte, ser amable,...) no garantizan, por lo que si esto es lo que “somos”, para qué luchar
por ser mejores.

El tratamiento.

Ante este fenómeno nos planteábamos intervenciones conjuntas sobre el adolescente y sus familias desde unos mo-
delos teóricos reconocidos como son la Teoría Cognitivo Social de Bandura y el Modelo Transteórico de Prochaska y
DiClemente, todo ello bajo el paraguas de la Psicología Humanista que fundamenta la filosofía de trabajo de Proyecto
Hombre.
El proceso de tratamiento pretende disminuir los factores de riesgo que favorecen la realización de todas las conduc-
tas disruptivas, de las que hemos estado hablando más arriba, y aumentar los factores de protección que reducirían
la probabilidad de su aparición. Realizando, a la vez, dos procesos de motivación al cambio, en paralelo pero con
distintos momentos de inicio.: el de los padres, primero, el de los y las adolescentes después. Esto se debe a que para
conseguir que el adolescente se comprometa en el proceso de tratamiento, primero hemos de lograr el “empower-
ment” familiar que les permita recuperar la autoridad en el hogar.

También, para ayudar a las familias en las que sus adolescentes manifiestan las conductas de las que hemos estado ha-
blando, deberíamos recuperar el empeño con el “contrato” de colaboración escuela – familia – sociedad. Por último,
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un compromiso social que recupere la imagen de nuestros adolescentes que elimine la que hasta la fecha se les está
trasmitiendo de sujetos disociales como el adolescente normalizado, frente a un inexistente adolescente integrado,
no consumidor y no violento.

BIBLIOGRAFÍA

- Álvarez- Cienfuegos Ruiz, A. Y Egea Marcos F.: Aspectos psicológicos de la violencia en la adolescencia. Revista Estudios de
Juventud nº 62/03
- Becoña, E.(2001): Bases teóricas que sustentan los programas de prevención de drogas. PND Madrid.
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1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
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Ponente

Dr. D. Vicente
Garrido Genovés
en colaboración con
D. José Luis Graña

Profesor Titular de Psicología de la Universidad


de Valencia

PREDICCIÓN DE LA REINCIDENCIA
35
Y OBJETIVOS DE TRATAMIENTOS
EN DELINCUENTES JUVENILES
CON MEDIDAS JUDICIALES

FUNDAMENTACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN

El Inventario de Gestión e Intervención para Jóvenes (YLS/CMI, Youth Level Service /Case Management Inventory) fue
diseñado para ayudar a los profesionales a evaluar a los delincuentes juveniles (Hoge y Andrews, 2003). El instru-
mento va dirigido a los profesionales responsables de ejecutar las medidas que se imponen a los jóvenes. El YLS/CMI
presenta un listado de ítems que proporciona un evaluación detallada del riesgo y necesidades que presenta cada
joven. También proporciona una conexión entre estos factores y el desarrollo de un plan de actuación. Al diseño del
instrumento le subyace un supuesto fundamental: que las decisiones inteligentes que se deben tomar con relación
a un delincuente juvenil deben basarse en una evaluación válida de los riesgos y necesidades propios de los jóvenes.
En este punto, el YLS/CMI está basado en el Modelo General Psicológico, Social y de Personalidad de la Conducta
Criminal (Andrews y Bonta, 1998; Andrews, Bonta y Hoge, 1990). Hay dos supuestos que sustentan este modelo que
son especialmente relevantes para la construcción del YLS/CMI.

El primero es que la causa de la actividad criminal de personas jóvenes es una red compleja de variables personales
y ambientales que interactúan. Estas variables son:

- La historia de desarrollo del joven

- Los atributos de la situación familiar

- Los atributos de personalidad, conductuales y cognitivos.


1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

- Las experiencias educacionales y laborales

- El grupo de iguales

- Las creencias y actitudes, particularmente con relación a las actividades antisociales.

Este supuesto es consistente con otros que fundamentan otras teorías contemporáneas de la actividad delictiva,
como las de Catalano y Hawkins (1996), Elliott, Huizinga y Ageton (1985), y la de Henggeler (1991). También hay un
importante apoyo empírico detrás de este modelo, como el derivado del meta-análisis de los principales predictores
de la delincuencia juvenil realizado por Lipsey y Derzon (1998).

Un segundo supuesto del modelo es que la intervención con jóvenes de alto riesgo puede ser efectiva para reducir la
36 actividad antisocial futura. Con todo, para que esto ocurra deben cumplirse determinadas condiciones. Así, las inter-
venciones deben tener como objetivo neutralizarlas necesidades criminógenas del sujeto que están propiciando que
éste se implique en la comisión de los delitos. Cada vez hay más evidencia empírica que hace concluir que proponer
objetivos apropiados y realizar un plan de actuación orientado a lograr dichos objetivos puede ser efectivo a la hora
de reducir la actividad delictiva de los delincuentes juveniles (por ejemplo, Lipsey y Wilson, 1998).

Las implicaciones que tiene, para la evaluación y tratamiento, el Modelo General Psicológico, Social y de Personalidad
de la Conducta Criminal se expresan a través de 4 principios (Andrews, Bonta y Hoge, 1990), que se describen a
continuación.

PRINCIPIO DEL RIESGO

El Principio del Riesgo asume que se requieren niveles más elevados de intervención o supervisión en los casos de
mayor riesgo. La supervisión intensiva se reserva para los casos de mayor riesgo porque responden mejor en com-
paración con los resultados obtenidos con una supervisión menos intensiva, mientras que los casos de bajo riesgo
responden igual de bien o mejor con una supervisión mínima.

El modelo identifica ciertos factores de riesgo como correlatos o causas de la actividad criminal. Estos factores in-
cluyen la historia de desarrollo del joven, la personalidad, conducta y actitudes, situación familiar, grupo de iguales y
desarrollo educacional y laboral. El Principio del Riesgo proporciona, por tanto, una conexión entre este factor y el
nivel de supervisión que se debe proporcionar al joven.

PRINCIPIO DE LAS NECESIDADES

El Principio de las Necesidades se resume en que los objetivos de la supervisión programada deben ser los adecuados
para resolver las necesidades criminógenas del delincuente. Operacionalmente podemos definir estas necesidades
como aquellas características que, al sufrir un cambio, se obtienen cambios en la probabilidad de reincidencia, o lo
que es lo mismo, si se tiene por meta la reducción de esta probabilidad de reincidencia la supervisión más efectiva es
aquella que reduce las necesidades criminógenas, estableciéndose éstas como objetivo intermedio de la intervención,
y la reincidencia como objetivo final.

Las necesidades criminógenas son, entonces, factores de riesgo dinámicos, susceptibles al cambio, que si se consiguen
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

modificar reduce la probabilidad de actividad antisocial futura. Las actitudes antisociales, el desarrollo de relaciones
con iguales delincuentes y las relaciones deficitarias con los padres son algunas de las necesidades criminógenas
identificadas en el modelo. El Principio de las Necesidades indica que el foco de la intervención debe centrase en este
tipo de factores de riesgo (dinámicos).

PRINCIPIO DE LA CAPACIDAD DE RESPUESTA

El Principio de la Capacidad de Respuesta se refiere a las habilidades y estilos de aprendizaje de los delincuentes y a la
necesidad de considerarlos como factores de protección o recursos, que pueden servir para moderar el impacto de
los factores de riesgo. Niveles altos de madurez emocional, un interés por el deporte, y un apoyo efectivo por parte
de los adultos son ejemplos de factores de protección. El Principio de la Capacidad de Respuesta asume que estos
factores deben ser tomados en cuenta cuando se quiere elegir el mejor plan de acción.

PRINCIPIO DE AUTORIDAD
37

El Principio de Autoridad considera que después de evaluar el riesgo, las necesidades y la capacidad de respuesta, las
decisiones son tomadas en función de las condiciones que predominen. Es decir, que las decisiones finales sobre el
joven deben ser tomadas por los resultados de la valoración de la prueba en conjunto con el profesional directamen-
te responsable del caso.

La suma de este principio con el anterior nos lleva a concluir que, para obtener beneficios con el tipo particular de
supervisión que se programe, se debe establecer un equilibrio no sólo con las necesidades criminógenas, sino también
con los atributos y circunstancias del caso.

Los factores implicados en la capacidad de respuesta son aquellos que no están necesariamente relacionados con
la actividad delictiva pero que son relevantes para la forma en que los jóvenes reaccionan a los diferentes tipos de
intervención. Las habilidades lectoras, la autoestima, la ansiedad y la motivación para el tratamiento son ejemplos de
factores que se incluyen en la capacidad de respuesta.
Historia del instrumento

El YLS/CMI se desarrolló a partir del Inventario del Nivel de Supervisión (Level of Supervisión Inventory) (Andrews,
1982), que fue construido inicialmente para asesorar las decisiones sobre la libertad condicional y la supervisión que
se aplica a delincuentes adultos, a través de la evaluación del nivel de riesgo de reincidencia. Este instrumento sufrió
varias revisiones y la versión actual es el Inventario de Gestión de Casos – Edición Revisada (Level of Service Inven-
tory – Revised; LSI-R). Hay considerable evidencia empírica sobre la fiabilidad y validez del instrumento, que puede
encontrarse en el manual del LSI-R (Andrews y Bonta, 1995).

El antecedente más directo del instrumento del que nos ocupamos en este trabajo es una versión anterior del LSI
para su uso con niños y adolescentes; a ello se llamó Inventario para Supervisión de Jóvenes (Youth Level of Service
Inventory;YLSI) (Andrews, Robinson y Hoge, 1984). El YLS/CMI incorpora 42 de los 112 ítems del YLSI. Esto exigió
seleccionar aquellos ítems que en la investigación indicaron estar más fuertemente asociados con la actividad delin-
cuencial juvenil. El YLS/CMI también incorpora otras características no consideradas en los instrumentos anteriores,
como son ítems sobre la capacidad de respuesta, evaluación cualitativa por profesional y una conexión directa con
los niveles de supervisión y planificación del caso.
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

CONCLUSIÓN

Creemos que el YLS o el Inventario de Gestión e Intervención para Jóvenes es un instrumento útil para evaluar las
necesidades y objetivos de intervención de los delincuentes, debido a que concreta de modo objetivo cuáles son las
áreas prioritarias para ser estudiadas y modificadas en el transcurso de la medida.

Por otra parte, hemos comprobado que es capaz de discriminar de modo notable entre los jóvenes reincidentes y
los que no lo son, avalando la capacidad predictiva de las necesidades criminógenas que establece. En total, es capaz
de explicar una varianza del 75% en la clasificación de reincidencia/no reincidencia, juntamente con la variable edad.
Trabajos ulteriores deben de refinar las putuaciones dadas a los items que se agrupan en las ocho áreas de necesida-
des, de acuerdo con la realidad de nuestro contexto cultural.

38 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Ponente

D. José Luis
Pedreira Massa

Paidopsiquiatra y Psicoterapeuta de Infancia y


Adolescencia. Hospital Infantil Universitario del
Niño Jesús. Fundación Augusto Vidal Parera

LOS TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO


EN LA ADOLESCENCIA 41
DESDE EL AMBITO DE LA SALUD MENTAL

INTRODUCCION

En los últimos años estamos observando un incremento gradual en la investigación acerca de los trastornos del
comportamiento en la infancia y la adolescencia.

Tema controvertido cuando la infancia se presenta como una dulce etapa del desarrollo humano, donde la idealización
somete a la razón y oculta la evidencia.

El sujeto infantil emerge como un sujeto capaz de agredir. Esta afirmación hace que grupos de investigadores hayan
decidido profundizar en las características del niño y adolescente que agreden, cómo se llega a tener este tipo de
comportamientos agresivos y a profundizar en las diferentes formas y maneras de presentarse la agresión en estas
etapas de la vida.

EL NIÑ@ COMO AGRESOR

En el año 1999 la Academia de Ciencias Médicas de Asturias organizó bajo mi dirección el primer curso socio-sani-
tario sobre “Violencia familiar”, siendo de las primeras acreditaciones realizadas por la Comisión de Formación de
Postgrado del Ministerio de Sanidad y Consumo con 3,5 créditos. En dicho curso el Fiscal Jefe de Menores de la Au-
diencia Provincial de Oviedo, el Sr.Valero, expuso con rigor los datos de su propia Memoria anual donde constaba, por
primera vez de forma oficial, los malos tratos inflingidos por menores y que habían sido denunciados por sus figuras
parentales. Eran pocos, apenas una veintena durante cinco años, pero aportaban una información inicial: solamente en
un caso se refería a lo que denominamos como bullying, dos casos más por agresiones físicas a pares, otros dos casos
por posibles abusos sexuales dirigidos a chicas de su entorno escolar, el resto era de violencia dirigida hacia las figuras
parentales o tutores en forma de amenazas reiteradas, agresiones físicas, hurtos importantes.
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En el informe del CGPJ sobre violencia familiar publicado en el mes de septiembre de 2003, la violencia de los chic@s
hacia sus tutores representaba el 14% de los delitos de violencia familiar, ésta se realiza por menores de 18 años y la
violencia se dirige de forma prioritaria a la figura materna en el 85,7% de los casos.

Aunque la forma de presentar la agresión los chic@s es diversa existen unas líneas básicas en la forma de presenta-
ción y los sujetos hacia los que va dirigida dicha agresividad que especificaremos a continuación.

1. Aproximación cuantitativa: Sensu strictum no existen datos epidemiológicos, más allá de los aportados
como casos registrados en las dependencias judiciales, que han sido expresados con anterioridad. No obstante sí que
existen datos que cualifican la agresividad y su expresión en la infancia y la adolescencia.

En un reciente estudio realizado por el Departamento de Antropología de la Universidad de Valencia, dirigido por la
42 Profra. Pérez, se constata que los jóvenes que pasan más tiempo ante la pequeña pantalla tienen una mayor predis-
posición a presentar ellos mismos comportamientos violentos, así como en sus actitudes y creencias, pero de forma
simultánea son chic@s que se sienten menos felices.

En ese estudio se constata que al menos uno de cada cinco chic@s les atraen las escenas violentas, definidas como
“aparecen personas a las que se hace daño”, el porcentaje se eleva hasta el 44,8% en la aceptación de la pelea entre
rivales para conseguir un fin. Frente a estas imágenes violentas son las chicas (88,5%) y los menores de 11 años (
84%) quienes muestran un mayor rechazo, pese a que no disfrutan con la violencia el 77% de esos 2000 chic@s
entrevistados.

Cuanto más ven la TV más les agrada la violencia, 28% de los que rondan las 2 horas de TV en días escolares, frente
al 16% de los que la ven menos de una hora. También son los chic@s del primer grupo los que prefieren que los
personajes de las series “no sean blandos” y “sepan imponerse a los demás”, abogando por esta opción uno de cada
dos chic@s, queriendo ser tan fuertes como los protagonistas o poseer sus mismas habilidades para pelear. En uno
de cada cuatro les gustaría tener sus armas y en uno de cada tres “poseer la fortaleza de sus puños”.

En oposición a estos datos los chic@s que ven menos TV valoran que los personajes muestren buenos sentimientos
y que los protagonistas se preocupen por los demás.

En otro trabajo encargado por el Consejo de RTVE el 38,7% de los chic@s que ven poco la TV les resulta “desagra-
dable” las escenas violentas, mientras que desciende al 20% cuando son chic@s que ven más de 2 horas la TV.

Con estos datos no es de extrañar que, según la media de los trabajos descriptivos por encuesta a escolares tanto
nacionales como internacionales, entre el 3-8% de los chic@s son objeto de abuso de poder por parte de sus compa-
ñeros de clase casi cada día, siendo el 2-15% el de los chic@s que admiten llevar a cabo este tipo de conductas hacia
sus compañer@s. Si el abuso de poder es con una frecuencia menor o por temporadas, las cifras podrían elevarse,
según estos mismos estudios, hasta casi el 30%.

2. Factores psicosociales favorecedores de comportamientos violentos en la infancia y la ado-


lescencia: Se sabe que el comportamiento es una resultante final de factores genéticos, de factores del desarrollo
individual, de factores familiares, de factores de aprendizaje y de factores sociales, también de la interacción entre
los factores de vulnerabilidad y riesgo con la presencia y acción de los factores protectores. No obstante vamos a
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

sistematizar en este apartado algunos elementos comprensivos desarrollados desde la perspectiva de la adquisición
y consolidación de comportamientos y actitudes agresivas.

El clima de violencia social y educativa actual tiene un impacto mayor que en otras épocas posiblemente porque se
extienda con más facilidad, entre otros factores por la incidencia de los medios de comunicación sobre el problema,
tanto en la divulgación de actos violentos como en la generación de violencia. Otro factor estudiado es la presión de
la sociedad de consumo, donde las necesidades económicas para la adquisición de bienes de consumo son crecientes,
lo que estimula un incremento de la delegación cada vez mayor en la transmisión de valores educativos por parte de
las figuras parentales en otras figuras sustitutas.

En este contexto es preciso señalar la extensión de la violencia por parte de la infancia y la adolescencia como un
hecho constatable y que debe ser considerado. Pero también los límites y el proceso educativo, a distintos niveles, ha
sufrido un movimiento pendular, pasando de forma brusca de métodos represivos y autoritarios a métodos permisi- 43
vos y con límites poco precisos, cuando no contradictorios e inconsistentes.

Por ello los modelos hacia los que tienden son imitativos y de identificación, al menos en la mayoría de las ocasiones,
por lo que sus contenidos simbólicos son muy pobres. Existen algunos factores dependientes, en esta ocasión, más
del propio niñ@ que contribuyen a ello y que complementan a nivel individual lo expresado con anterioridad:

1. El incremento del llamado “síndrome del niñ@ que se hace a sí mism@” o “síndrome del niñ@ con la
llave al cuello”: Consiste en un niñ@ con una edad en torno a los 8-10 años cuyas ambas figuras parentales trabajan
fuera del hogar. El niñ@ acude al colegio con la llave de su domicilio prendida al cuello, regresa a su casa una serie de
horas antes que la primera de sus figuras parentales y el niñ@, durante esa tiempo vacío de supervisión, se dedica a
menesteres diversos: ver TV, videos/DVD, video-juegos, juegos de PC, conexiones de Internet, ... Lo importante es que
lo hace en soledad y sin supervisión en la selección de programas ni de contenidos.

2. La utilización, un tanto indiscriminada, como “calmante” o “sedante” de programas de TV (dibujos ani-


mados, películas, series). En los que el niñ@ está solo la mayor del tiempo del tiempo, sin supervisión de una figura
adulta, con lo que los contenidos de violencia y de temática sexual no son filtrados.

3. La generalización de videoconsolas, video-juegos y juegos de ordenador, con escasa supervisión de la te-


mática y de los contenidos más frecuentes. Pues bien, un estudio somero realizado en muestreo clínico por nuestro
equipo constató que en más del 95% de los casos la temática de estos productos más utilizados, lo eran sin super-
visión ni control y en la mayoría de las ocasiones regalados por algún miembro de la familia e incluso de las propias
figuras parentales, se referían a temas en los que los conflictos se solucionaban con el uso de la violencia, tanto por los
héroes (los buenos) como por los antihéroes (los malos); se ganaba cuantos más puntos se obtuvieran, es decir: cuan-
ta más violencia se empleara (destrucciones, bombardeos, golpes de artes marciales, agresividad diversa); el contenido
sexista era preeminente, siendo los protagonistas masculinos los más fuertes y cuando en alguna rara situación había
una heroína reunía unas características andróginas tanto en el aspecto físico como en sus actitudes y métodos.

4. En muchos casos los niñ@s acceden a contenidos pornográficos en la red o en películas grabadas en
videos, que suelen visionar en soledad y sin supervisión ni ningún tipo de aclaración.

5. El acceso a Internet tampoco se controla y circulan por la red (chat, páginas de contenidos sexual, páginas
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de sectas o grupos violentos) de forma solitaria, sin supervisión y con más facilidad que sus propias figuras parentales.
El Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid ha puesto de manifiesto esta situación a raiz de un desafortunado
incidente de un suicidio acontecido en un adolescente que había frecuentado una página de contenidos peculiares e
incitadores.

6. La confusa utilización de los llamados juegos de rol: Inicialmente estimulan la fantasía, el trabajo en equipo,
contribuyen a aceptar las responsabilidades de forma paulatina. Pero la figura del guía, líder o coordinador cobra una
importancia capital a la hora de afrontar el tema, el desarrollo de los problemas, la resolución de los conflictos. Hay
que saber discernir muy bien entre el juego y el retorno a la vida real. Rasgos premórbidos o claramente de riesgo
en la organización de la personalidad desencadenan situaciones de alto riesgo, cuando no claros componentes delic-
tivos. Señalemos que, en épocas recientes, adolescentes y pre-adolescentes se han visto involucrados en comisión de
delitos de sangre (asesinatos, asaltos) y que se han relacionado con el desarrollo de determinados juegos de rol con
44 un líder con rasgos claramente psicopatológicos.

3. El niñ@ como agresor hacia los pares:

3.1. Acoso o bullying: Siguiendo a Cerezo (2001) concebimos el fenómeno bullying como una conducta
agresiva, intencionada y perjudicial, cuyos protagonistas son jóvenes escolares. No se trata de un episodio esporá-
dico, sino persistente, que puede durar semanas, meses e incluso años. La mayoría de los agresores o bullies actúan
movidos por el abuso de poder y un deseo de intimidar y dominar. Un rasgo específico de estas relaciones es que el
alumn@ o grupo de ellos, que se las da de bravucón, trata de forma tiránica a un compañer@, al que hostiga, oprime
y atemoriza repetidamente, al que atormenta hasta el punto de convertirle en su víctima habitual. De tal suerte que
este fenómeno bullying podría definirse como la violencia mantenida, física o mental, guiada por un indivíduo o por un
grupo y dirigida contra otro indivíduo que no es capaz de defenderse a sí mismo en esta situación, que se desarrolla
en el ámbito escolar.

La violencia verbal (insultos, amenazas, intimidación, descalificaciones) es la más frecuente de las conductas que
declaran los escolares. Los patios, pasillos, los baños, el patio de recreo, las entradas y salidas del centro son lugares
comunes y frecuentes de expresión de este tipo de violencia, pero tampoco es extraño que a lo largo del tiempo (en
ocasiones meses o años) el espacio físico se extienda a medida que se consolida el proceso de victimización.

Los compañeros son testigos de esta situación en, al menos el 15-20% según declaraciones de los propios escola-
res. Estos testigos los perciben en mucha mayor medida que lo declarado por las propias víctimas y agresores. Una
explicación de estos datos se centra en que el número de situaciones de conflicto percibidas es mayor que el que
una persona puede verse implicada como víctima o como agresor. En los centros escolares la agresión verbal y la
exclusión social son los más prevalentes, seguido de la agresión física indirecta, conductas de amenazas para intimidar,
agresiones físicas directas y presionar/obligar a otros a la comisión de agresiones (pegar, chantajear), amenazas con
armas y acoso sexual.

Por lo tanto, no es una conducta desconocida, sino que es oculta y que debería hacerse visible utilizando los espacios
de comunicación habituales. Esta pasividad de los testigos tiene contenidos defensivos: “mientras se lo hagan a otro,
no me lo hacen a mi”, aunque pueden confirmarlo en ámbitos reducidos (p.e. a la familia de la víctima y fuera de la
escuela).
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Frente a este tipo de conductas violentas, la víctima reacciona con comportamientos pasivos como huir del lugar,
sentimiento de incertidumbre, indecisión ante situaciones de maltrato, sobre todo en el ámbito extraescolar, donde
ya es más difícil la intervención, puesto que no existen personas de autoridad y responsabilidad para asumir dicha
intervención.

La conducta agresiva es considerada, desde una perspectiva etológica, como una característica estable de la persona-
lidad, lo que parece evidente, según diversas investigaciones nacionales e internacionales, es que existen dimensiones
de personalidad específicas para los agresores y que difieren de forma significativa de las que se asocian a los sujetos
que son víctimas. Estas diferencias las exponemos en la Tabla I.

Un dato significativo es el grado de popularidad y aceptación que tienen los agresores, en un 13,1% fueron calificados
agresivos y populares por sus maestros y recibieron una puntuación similar en popularidad que los populares que
tenían comportamientos pro-sociales por parte de sus compañeros. En este sentido se comprueba que los intimi- 45
dadores como grupo poseían una amplia red de amistades, pero en cuanto a la aceptación por género se demuestra
que las chicas los rechazan más que los chicos; se les acepta mejor en niveles de estudio más bajos, pero en cuanto
se acercan a niveles educativos más altos van perdiendo popularidad, hasta que a final de la secundaria prácticamente
son rechazados también por los chicos. También se comprueba que este incremento del rechazo a los intimidadores
por parte de sus pares, hace que se asocien con otros de similares características comportamentales de intimidación
y, además, incrementaban este tipo de comportamientos cuando su grupo de compañeros también maltrataba a otros
compañero@s.

3.2. Abuso sexual: La generalización de conductas sexuales (visión de pornografía, participación en


visionado de videos pornográficos, entrada en páginas web de pornografía) sin la adecuada supervisión y control de
las figuras parentales, hace que se vayan trasformando algunas conductas relacionadas con el respeto debido a l@s
pares. Los iniciales juegos sexuales entre pares, tan ingénuos como socialmente admitidos, dan paso a verdaderas
conductas sexualizadas.

La llegada de la adolescencia, pero en ocasiones aparece con anterioridad, se forman grupos que “eligen” a una chica
e intentan llevar a cabo conductas sexuales con ella, cuando no francamente abusos sexuales o violación.

Los medios de comunicación se han hecho eco, de forma reiterada, de situaciones de este tipo y la alarma social con
fuerte rechazo, cuando no agresividad, hacia los jóvenes que desarrollan este tipo de conductas.

Lo más grave de estas conductas consiste en las consecuencias para los agresores y el impacto psicológico en la chica
a medio y largo plazo.

3.3. Actos criminales: La comisión de crímenes por parte de menores de edad ya no es tan excepcional
como hace unas décadas.
No hay que recordar el caso de los dos niños británicos de 8 y 9 años que asesinaron a otro niño por el mero placer
de ver lo que pasaba y qué cara ponía.

En nuestro país un grupo de chicos mata a otro como contenido de un juego de rol, en el que el coordinador un
adolescente algo mayor tenía una personalidad patológica que había permanecido asintomático hasta entonces.
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Dos chicas adolescentes asesinan a una compañera en una provincia andaluza para “ver qué se sentía al matar”.

Recientemente en España se ha dado un crimen con abuso sexual y asesinato posterior de una chica que ha origina-
do un debate social en torno a la Ley Penal del Menor, con insistente petición para su revisión.

Las pandillas de chic@s de la calle dispuestos por muy poco dinero a “arreglar” asuntos en algunos Estados de La-
tinoamérica o el caso de los niñ@s soldados mercenarios en algunos países de Africa, son sólo la punta del iceberg
de un hecho para (re)pensar.

La aparente frialdad de quienes así actúan, contrasta con el fuerte rechazo y agresión que despiertan sus acciones. Las
alternativas para abordar la situación son escasas. La Ley Penal del Menor se promulgó “muerta”, al no existir recur-
sos alternativos ni poseer el número de profesionales con la formación pertinente para abordar esta nueva situación.
46 La ausencia, una vez más, de la cobertura económica a la Ley la hizo inoperante. Quizá la solución fuera reformar la
Ley, sino haberla dotado y desarrollado en los aspectos y contenidos de atención alternativa y profesional, no sólo
haberla aplicado en los contenidos pura y estrictamente penales. La reforma, desafortunadamente, ha seguido, una vez
más, el camino de la represión judicial y un pretendido endurecimiento de las penas ¿pero con qué contenido? ¿qué
objetivos perseguía? ¿a quién pretendía dar “satisfacción” o, meramente, “contento”?

Un ejemplo de esta situación: La Fiscalía de Menores de Madrid tuvo que poner en libertad a un menor detenido por
la comisión de un delito de sangre al no poseer equipo psicosocial de guardia que lo evaluara en su momento ¿Dónde
están los recursos asistenciales públicos sanitarios para atender, de forma específica y especializada, a los niñ@s y
jóvenes con trastornos mentales que cometen delitos y cumplen condena? o ¿solamente interesa el cumplimiento de
la pena endurecida?

4. El niñ@ como agresor de las figuras parentales: La violencia contra las figuras parentales en el seno
de la familia responde, en ocasiones, a patrones de comportamiento familiar y a actitudes en la resolución de con-
flictos. El respeto debido a las figuras parentales se está trocando en exigencia y la frustración ante la dilación en el
cumplimiento de los deseos o la negativa a ellos o la existencia de mínimos niveles de límites funcionales hace que
aparezcan reacciones violentas. Del niño romántico hemos pasado al niño tirano y que tiraniza a unas figuras parenta-
les desorientadas, aquí las aportaciones de Urra y Prado y Amaya con sendos libros sobre el tema de edición reciente
nos ponen no solo ante una cuestión mediática, sino ante problemas reales.

4.1. Amenazas e intimidación: Es el primer nivel que traduce la falta de respeto hacia las figuras
parentales y el deterioro de las relaciones parento-filiales. Este tipo de violencia suele ser verbal, apareciendo como
insultos, exigencias, amenazas y suelen tener como objetivo la consecución inmediata de algún objetivo. Los motivos
más frecuentes se encuentran en torno a los horarios de entrada y salida del domicilio, el dinero del que se dispone
para los gastos, obtener ropa de marcas determinadas, el “aspecto físico” en el cuidado y en el vestir, las amistades.
Las amenazas de fuga/huida, insultos, amenazas de agresión o destrucción de bienes familiares son las más frecuentes.
Ya son varios los casos que hemos atendido en los que el desencadenante ha sido la negativa a proveer de una moto
a un(a) adolescentes de 14-16 años. En ocasiones estas amenazas se han llevado a la práctica, como p.e. el caso de
adolescentes que han llevado a sus figuras parentales ante la justicia con acusaciones diversas o bien, directamente,
para conseguir que se anulase la guarda y custodia o la patria potestad, es un conseguir “yo no quiero ser hij@ de
estos padres”, esta actitud se ha llevado a cabo con sentencia a favor del adolescente en USA, otra parecida en Gran
Bretaña y en España han existido algunos intentos hace un par de años. Una variedad es la respuesta de las figuras pa-
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rentales ante estos hechos, últimamente se ha asistido al abandono de unas figuras parentales de su hijo adolescente
con TC severo en una Unidad de Hospitalización Psiquiátrica y han solicitado al Defensor del Menor, a la Fiscalía y a
la Justicia que no volviera con ellos “hasta que no estuviera bien”. Otro hecho asistido en consulta es de una chica
adolescente que no la dejaban salir una noche y se encaró con la figura paterna con violencia: “si lo que temes es que
pierda “éso”, has de saber que ya lo he perdido hace tiempo y lo hago con quien quiero y cuando quiero”, el padre
se fue de la habitación con lágrimas en los ojos.

4.2. Violencia física: En muchos casos se pasa a la violencia física, fundamentalmente hacia la figura ma-
terna, tal como señala el informe del CGPJ. Los empujones o empeñones iniciales pasan a golpes con mayor o menor
contundencia o fuerza. No es extraño que, en este caso, el desencadenante sea proveer fondos para poder obtener
sustancias de abuso, por ello la toxicomanía y la presencia de psicopatología (sobre todo trastornos de personalidad
tipo límite o esquizoide y trastornos psicóticos) son acompañantes habituales de este tipo de violencia familiar.

4.3. Actos criminales: Antes de continuar es preciso realizar una aclaración que es válida para el con-
47
junto de actos tipificados criminalmente en la infancia que atenta a vidas humanas. Es cierto que cometen este tipo
de actos los niños, pero no es menos cierto que el grado de percepción de la muerte no es el mismo a lo largo del
proceso de desarrollo. Así la primera fase de percepción de la muerte es una ausencia, la segunda fase es un viaje con
posible retorno, aunque sea muy lejano, a la que sucede un viaje sin retorno y es a partir de los 10-12 años cuando se
obtiene una percepción de la muerte similar a la que se posee en la etapa adulta. Esta idea de posible reversibilidad
inicial acerca de la percepción de la muerte se ve fundamentada en películas y dibujos animados donde tras acciden-
tes y golpes que desfiguran incluso la anatomía y aspecto general, los personajes se recuperan y siguen en la brecha.
Recientemente ha acontecido con un niño de 8 años que estaba jugando con la escopeta de caza de su abuelo, entra
un tío, se dispara la escopeta y el tío recibe un balazo en la cabeza muriendo en el acto, el chico sale corriendo y se
queda dormido, al despertar dice que “todo ha sido un juego y ahora se va a despertar el tío”. La agresión con fines
de matar a miembros familiares suele tener como fin obtener sus posesiones económicas o bien ejecutar órdenes
de delirios en el seno de cuadros psicóticos. Un caso reciente lo tenemos en un adolescente con un nivel intelectual
límite que se dedica a reventar cabinas de teléfonos, las llamadas de atención de la figura materna terminan en zaran-
deos violentos para que “me dejes en paz”.

5. El niñ@ como agresor de otras figuras de autoridad (profesores): La generalización de conduc-


tas violentas a los contextos en que habitualmente se desarrolla la vida del niñ@ hace que llegue esta situación,
fundamentalmente al ámbito de la educación y a sus figuras representativas, en tanto son delegadas de las figuras
parentales.

5.1. Amenazas e intimidación: Insultos, amenazas, acorralar a profesores por un grupo de chic@,
la descalificación ante la llamada de atención son formas, desafortunadamente, que se incrementan en algunos de
nuestros centros escolares. Los profesores se ven poco apoyados ante estos actos, su estrés laboral se incrementa y
aparece el temible burn-out y abundante clínica psicopatológica que origina bajas laborales en gran número. Es mucho
más frecuente con alumn@s de los cursos 3º y 4º de ESO.

5.2. Violencia física: En ocasiones aparece como una respuesta impulsiva a una real o supuesta agresión por
parte del profesorado, con comentarios tales como “¿quién es el/ella para ponerme la mano encima?”, “Si me dan, yo doy”.
En otras ocasiones son atentados a las posesiones del profesorado, p.e. rayar el coche, pinchar las ruedas del vehículo.
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5.3. Actos criminales: Habitualmente se comenten en grupo y atentan al ámbito de recursos, p.e.
quemar aulas, apedrear los cristales, robos de ordenadores y otro material escolar: También pueden atentar contra
personas determinadas: dar una paliza, herir a un profesor o profesora. Pero también puede ser el caso de un chico
que traficaba con cannabis en su propio instituto, siendo el camello de sus compañer@s.

ALGUNAS PRECISIONES ACERCA DE LA AGRESIVIDAD EN EL CONTEXTO


EL DESARROLLO HUMANO

1. Datos epidemiológicos

La dificultad en poder hacer una definición de caso aceptada de forma generalizada, hace que las cifras de prevalencia
del trastorno tengan una gran variabilidad, dependiendo no sólo de la metodología utilizada o de los instrumentos
48 empleados en su evaluación, sino del contexto o nivel asistencial en el que se hubieran realizado los estudios.

A nivel internacional (Tabla II) las tasas de prevalencia del TC oscilan entre el 2-8%, existe un consenso que la relación
chicos/chicas es de 3,5-4/1. Por edades el TC es más prevalente en la adolescencia que en otras etapas de la infancia,
en una proporción de 2 a 1. En cuanto al ámbito rural o urbano no existen diferencias apreciables.

En España los trabajos se agrupan entre los realizados en población general, con muestreos realizados en la escuela
(Tabla III) y los realizados en diferentes niveles asistenciales sanitarios (Tabla IV). En el primer caso destaca que la
prevalencia global no difiere de la media de los trabajos internacionales. Al realizar un estudio con grupos diferentes
en Barcelona se comprueba que han sido detenidos el 6%, pero que han podido cometer actos que son posiblemente
causa de detención en el 27-30% y la comisión de actos aislados que podrían catalogarse como tales se eleva a tasas
superiores al 60%. En el segundo caso se evidencia que en atención primaria pediátrica la tasa de TC se sitúa en torno
al 17%, siendo casi el doble en chicos que en chicas. Pero en una Unidad específica de Salud Mental de la Infancia y
la Adolescencia, la demanda clínica por TC puede llegar a estar presente en tres de cada cuatro casos. Para finalizar
estos datos españoles, la Fiscalía de Menores en su informe anual constata que han sido detenidos por TC el 1,2%.

Un último trabajo de interés es el realizado por Kelleher & cols. (2000) que consiste en un trabajo de prevalencia
de trastornos mentales detectados por pediatras en el año 1979 y un segundo trabajo realizado con pediatras de la
misma zona en el año 1996 en el condado de Monroe. Es significativo que aumentan el conjunto de los trastornos
mentales detectados por los pediatras, menos el retraso mental que disminuye de forma sensible. En el caso de los
TC se incrementan algo más de cuatro veces.

La comparación entre el informe de los padres y el de los profesores sobre una misma muestra significativa de la
Comunidad de Madrid, constata que los profesores señalan mucho menos comportamientos problemáticos que las
figuras parentales, sin embargo la percepción social es justo la contraria. Quizá habría que señalar que las figuras
parentales son más sensibles a modificaciones comportamentales en sus hij@s, mientras que los profesores se
muestran como más específicos a la hora de puntuar los comportamientos de sus alumn@s. Se señalan más compor-
tamientos desviados en los chicos que en las chicas y en las zonas sur y centro que en la zona norte de Madrid. De
aquí la importancia de contextualizar dónde y en qué circunstancias se ha obtenido el resultado de una investigación
epidemiológica.
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2. Conceptos de partida y secuencia diagnóstica

Basados en aportaciones de Cloninger hacemos una aclaración de tres conceptos sobre los que suelen existir un
cierto nivel de confusionismo o de utilizarse como sinónimos: temperamento, carácter y personalidad. El tempe-
ramento es uno de los elementos constitucionales, por lo tanto se configura con características psicobiológicas,
teniendo posibilidad de moldeamiento a lo largo del tiempo, pero por su definición constituye el núcleo más arcáico
del comportamiento humano y lo podríamos definir como “el capital con el que llegamos”. El carácter se refiere a las
características psicosociales, por lo que tienen un contenido psicoeducativo lo que implica que el carácter posea una
dimensión de ser educable y, por lo tanto, tener mayor grado de elaboración en la presentación del comportamiento.
De la interacción de temperamento y carácter se va formando la personalidad que ya presenta rasgos de estructura
a lo largo del desarrollo y se define en la adolescencia, esta concepción de rasgos estructurales es lo que hace que la
personalidad permanezca con cierta constancia.

3. Los subtipos de agresión


49

En los últimos diez años se está investigando sobre los subtipos de agresión en el seno de los TC, considerando que
la agresión resulta ser, en sí misma, un elemento crucial para comprender las diferentes formas de presentación de
los TC en la infancia y la adolescencia.

3.1. Subtipo de agresión basado en la edad de inicio:


Existen dos grandes subtipos según el inicio de la agresión y/o de las conductas agresivas se presenten en la infancia
o en la adolescencia (Longitudinal follow-up study de Farrington, 1979; Dunedin Longitudinal Study de Moffit, 1990
y Gee, 1992).

3.2. Subtipo de agresión según la presencia y tipo de agresión:

3.2.1. Agresión franca vs. encubierta. Es la conocida como Primera tipología de la dimensión bipo-
lar de Loeber & cols (1985). Estos autores incluyen en la tipología la forma de presentación a la hora de identificar las
conductas agresivas y la agresión al otro, según sean conductas evidentemente agresivas (p.e. dar una bofetada) o bien
sean conductas que aparentan ajustadas a normas, pero encubren una gran carga de agresión (p.e. realizar conductas
que “provocan” respuestas de agresión en el otro).

3.2.2. Agresión destructiva vs. no destructiva: Conocida como segunda tipología de la dimensión
bipolar, fue descrita por el equipo de Frick & cols. (1993). Esta dimensión sitúa los dipolos en que la conducta agresiva
se exprese con destrucción patente (p.e. de objetos externos pertenecientes a alguien en concreto) o bien la ausen-
cia de destrucción externa (p.e. insultos y descalificaciones o amenazas).

3.2.3. Agresión por propia iniciativa vs. reactiva: Se formuló como un modelo teórico basado en prin-
cipios dicotómicos, formulado por Dodge & cols. (1991). La diferencia se basa en la existencia o no de un desencadenan-
te de la conducta agresiva, bien sea por propia decisión del sujeto sin necesidad de mediar ningún tipo de provocación o
agresión previa desde el exterior, o bien que la conducta agresiva sea en respuesta a alguna agresión externa, provenga
de pares (amigos o compañeros) o bien de otro tipo de personas (p.e. educadores, figuras parentales).

3.2.4. Agresión afectiva vs. predatoria: Según los trabajos de Vitello & cols. (1990) en esta tipología
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

existe una clara conexión con el funcionamiento de los mecanismos de neurotransmisión autónoma. En la agresión
de tipo afectivo permanece la posibilidad de identificar componentes afectivos en la propia conducta agresiva (p.e.
culpa-reparación), mientras que en la agresión predatoria la conducta agresiva se presenta con caracteres de destruc-
ción y ensañamiento hacia el otro y con un claro “vacío” afectivo en su comisión.

3.2.5. Agresión constreñida:


Es algo más a la agresión encubierta. En la constricción entra un mecanismo de afrontar el sentimiento destructivo
y agresivo de “conversión en lo contrario”, queda retenido y encerrado en sí mismo tanto el sentimiento agresivo
como la agresión en sí misma, pero se identifica el “coste” de esa acción en la respuesta de rechazo y posible agresión
que provoca en el observador externo, en la baja credibilidad de la actitud (pseudo)sumisa o en la constatación de
verdaderos “actos fallidos” frente al acatamiento y cumplimiento de la ley, más allá de los contenidos más neuróticos,
no siendo extraño que aparezcan mecanismos similares a los de la contraidentificación proyectiva.
50 3.3. Subtipo de agresión según las características de los procesos de sociabilización:
Dos son las formas extremas que comportan dos visiones diferentes y forma distintas de afrontar la conducta agre-
siva. En el sociabilizado el sujeto, a pesar de sus conductas agresivas, permanece aún en el circuito de sociabilización
afectiva y social, pudiendo tener relaciones normalizadas, al menos en alguna medida. En este caso, por ejemplo,
permanece escolarizado aunque su rendimiento académico pueda ser irregular, tiene un núcleo de amistades que
conserva. El segundo tipo es el infrasociabilizado o francamente insocializado, en el que la cercanía, cuando no franca
pertenencia, con actitudes y conductas de la marginación hace que se rechacen normas, comportamientos y funcio-
namientos éticos de la sociabilización, las amistades habituales se pierden y surgen otro tipo de relaciones. Quay &
cols. (1987) defienden una hipótesis según la cuál el funcionamiento biológico en ambos subtipos es diferente, incluso
podría tener una interpretación etológica esta hipótesis, sustentada en la transmisión de patrones de las conductas
de apego también en el ámbito social.

3.4. Subtipo de agresión ligado a factores de co-morbilidad clínica:


Aunque el constructo de co-morbilidad resulta harto impreciso, no es menos cierto que se ha impuesto con cierta
facilidad, quizá debido a que se realicen diagnósticos “por sumación” de síntomas y no por dimensiones o por es-
tructuras psicopatológicas subyacentes. En el caso de los TC la denominada co-morbilidad en la adolescencia se ha
descrito con cuadros tipo Trastornos por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH); trastornos del control de
impulsos, sobre todo aquellos en que domina la impulsividad y un déficit muy papable en la posibilidad de controlar
los impulsos; este trastorno está asociado de forma casi significativa con un abuso del consumo de sustancias, sean
alcohol u otro tipo de tóxicos; cuadros del tipo ansioso o de trastornos del estado de ánimo también se han rela-
cionado con la co-morbilidad en los TC, sea como descarga de la ansiedad, sobre todo generalizada o bien como
mecanismo hipomaniaco en los trastornos depresivos. Los trastornos de la sociabilización precoz, tipo trastornos
vinculares (TVI), sobre todo en los infrasocializados de la DSM-IV-TR o en los TVI reactivos en la CIE-10, poseen una
dimensión evolutiva longitudinal hacia TC en la etapa de la adolescencia. No hay que olvidar que, en bastantes casos,
el debut de un primer brote psicótico en la adolescencia se presenta como un TC, rechazo de normas y conductas
bizarras y peculiares, incluso 1-2 años antes de iniciar un cuadro delirante o de presentar síntomas alucinatorios. Una
co-morbilidad manifiesta es la presencia de Códigos Z del CIE-10 y en el eje V de la DSM-IV-TR del tipo de trastornos
de la sociabilización, sobre todo con dificultades manifiestas en ella del tipo de trastornos infrasociabilizados.
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4. Desarrollo progresivo hacia un comportamiento disocial:

4.1. Tres conceptos para comprender:


Los procesos de aprendizaje de actitudes y comportamiento a lo largo del proceso de desarrollo infantil, se realizan
en tres fases que se suceden, aunque pueden ser simultáneas en algunos momentos:

4.1.1. Imitación: En las primeras etapas el nñ@ imita conductas y comportamientos, desarrollando
lo que Bandura denominó como “modelado social” de la conducta. La imitación consiste en repetir lo más externo y
observable de una conducta que previamente ha sido realizada por alguna persona con cierta relevancia para el sujeto
infantil. En sí misma la imitación es poco consistente y resulta muy influenciable ante situaciones nuevas o de mayor
impacto, modificándose a lo largo del tiempo tanto las personas como las conductas a imitar.

4.1.2. Identificación: Tras la imitación acontece un proceso de selección de determinadas conduc- 51


tas, actitudes o comportamientos, posee ya un fuerte contenido imaginario al otorgar al que realiza el proceso una
significación, un tipo de valor. Esta identificación puede ser a rasgos parciales (p.e. forma de hablar, de vestirse, de mú-
sica) o a rasgos totales (p.e. forma de vivir, valores). Se puede resumir en que la identificación se sitúa en el plano de
los emblemas o insignias distintivas de un todo o una parte, es un proceso que incluye la valoración de “ser como....”
para algo.

4.1.3. Introyección: Por un proceso de incluir un sistema de valores y patrones culturales, el joven
interioriza estos contenidos y ya son un patrón de referencia mental y vital, en esta fase el comportamiento adquiere
un valor de comunicación, de relación, de respeto y valor ético en el seno de una cultura determinada (p.e. respetar
las posesiones de los otros que incluye que los otros respeten mis cosas, buscar alternativas diversas y sucesivas para
solventar situaciones de conflicto).

4.2. Desarrollo del comportamiento:


En la infancia hacia los problemas serios del comportamiento con transgresión de las normas sociales y legales: En la
primera infancia es fundamental el proceso de contención y el establecer unos límites de forma adecuada, por ello
cuando la disciplina parental y la supervisión de normas y comportamientos del niñ@ es inadecuada, inconsistente
o discontinua, aparecen problemas de comportamiento infantil de diversa intensidad. Con esta situación establecida,
en la mediana infancia o etapa escolar, puede aparecer rechazo hacia los otr@s compañer@s que tienen un compor-
tamiento en los cánones de la normalidad por parte del niñ@ problemático y, no es extraño, que se acompañe de
fracaso escolar. Estas dos últimas circunstancias contribuye a que el niñ@ con trastornos del comportamiento bus-
que realizar compromisos con los pares que manifiestan más problemas de adaptación y comportamiento, siendo los
factores que favorecen que, ya en la adolescencia, puedan aparecer comportamientos disociales o que francamente
realicen comportamientos transgresores con la ley.
Patterson & Dishion (1985) realizaron un constructo de investigación longitudinal (Fig. 1), en dicho modelo la moni-
torización parental adecuada y el rendimiento académico adecuado eran dos factores protectores para que el niñ@
buscara relacionarse con pares conflictivos y para que presentara comportamientos catalogados como delincuentes.
Por el contrario, cuando los chic@s presentaban muchos problemas del comportamiento y una baja competencia
social, estos chic@s se asociaban de forma estadísticamente significativa con pares problemáticos, lo que, a su vez, se
asocia estadísticamente significativa con la presencia y comisión de comportamientos delincuentes.
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4.3. El ejercicio de la parentalidad y las relaciones familiares:


En la configuración del comportamiento en la adolescencia:

4.3.1. Tres conceptos educativos de referencia en las relaciones familiares: son tres conceptos
que hemos denominado como “las tres ces” (Coherencia, consistencia y continuidad). Las tres deben darse de forma
sumatoria, pues se fortalecen mutuamente.

4.3.1.1. Coherencia: Es la muestra del respeto al otro, sea hacia el niñ@ o hacia la otra figura
parental, sobre todo en presencia de los hij@s. Se expresa como la ausencia de contradicciones entre el lenguaje
hablado con los hechos, ausencia de contradicciones entre el lenguaje hablado y los gestos o el tono que se emplea.

4.3.1.2. Consistencia: Se relaciona a la forma de trasmitir el cumplimiento de las normas. Para la


52 consistencia es importante lo cotidiano, por lo tanto el hecho de crear confianza en un marco coherente. Se podría
sintetizar diciendo: El no es no, aunque se organice la marimorena para intentar modificar ese criterio, la presencia
de una rabieta no debe modificar un criterio pensado como adecuado en ese momento. Si la rabieta hace desdecirse,
entonces pierde el valor consistente de la norma y se abre un camino posterior para romper la aplicación de ésa y
otras normas.

4.3.1.3. Continuidad: Se liga a la comprensión dinámica de la etapa evolutiva descrita por Piaget
como de “las operaciones concretas”, es decir lo que es, es, aquí y ahora. La aplicación educativa se basa en que la
repetición ordenada de estímulos y situaciones desarrolla el aprendizaje. La continuidad se consigue evitando cambios
bruscos de dirección en la orientación educativa, por lo tanto requiere coherencia en la dimensión tiempo y consis-
tencia también en la dimensión temporal.

4.3.2. Parentalidad y trastornos del comportamiento (Fig. 2): La familia, de forma


transgeneracional, posee una serie de rasgos comportamentales determinados, como son la presencia de comporta-
mientos antisociales y la deficiente forma en que se gestiona la resolución de conflictos en el seno familiar y las rela-
ciones de autoridad y respeto mutuo. Estos rasgos configuran, en cierta medida unos rasgos en las figuras parentales,
tanto en el comportamiento social como en la susceptibilidad a los estresores vitales. También tiene impacto sobre
los rasgos comportamentales de las figuras parentales las características demográficas familiares, p.e. la renta familiar,
el grado de educación familiar (estatus socio-económico-cultural de la familia), pero también el contexto social del
hábitat familiar (barrio, vecindario) y, en el momento actual en que la inmigración es relevante, es fundamental saber el
impacto del grupo étnico y cultural de referencia. En cuanto a las estresores propiamente del funcionamiento familiar,
tienen importancia aspectos tales como la situación de desempleo de una o ambas figuras parentales, la presencia
de conflictos relacionales y/o violencia familiar o situaciones de divorcio de las figuras parentales. La interacción de
estos factores puede conducir a una serie de pasos al acto continuos en la gestión familiar, lo que es importante para
analizar la presencia de comportamientos antisociales en la infancia y la adolescencia (Lahey & Loeber, 1994).

4.3.3. Círculo vicioso de la relación familia-adolescentes: Este círculo vicioso fue des-
crito por Hill (1992) y es de suma utilidad para comprender la cascada repetitiva de situaciones conflictivas o de difícil
manejo en las familias de adolescentes con dificultades de comportamiento y, en segundo lugar, tiene una gran utilidad
para la planificación terapéutica, ya que nos orienta sobre el momento y el contexto para intentar romper este círcu-
lo vicioso relacional. Ante una situación de problemas del comportamiento en los adolescentes, no es extraño que las
figuras parentales reaccionen con críticas y, en ocasiones, francas descalificaciones hacia esos adolescentes (p.e. “mo-
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ralina”, amenazas, castigos desproporcionados y de forma continua, insultos, descargas agresivas), lo que desencadena
que la autoestima de ell@s se encuentre en una situación depauperada (p.e. rabia, desilusiones, irritabilidad, escasas
reacciones afectivas, inseguridad). En estas circunstancias al adolescente le queda un escaso margen de maniobra, por
ello suele elegir que su propia identidad ante cualquier situación, sea conflictiva o no, se obtenga por oposición (p.e.
relaciones con pares conflictivos, rechazo a los modelos educativos ofertados por las figuras parentales) a la que le
ofertan, con lo que “se asegura” un retorno de críticas y posibles descalificaciones, de mayor calado si cabe, y se cierra
el círculo vicioso (Fig. 3).

EVALUACIÓN DIMENSIONAL DE LOS TC

La American Academy of Child and Adolescent Psychiatry durante el bienio 1997-98 elaboró una serie de guías
clínicas de especial importancia, pues su orientación práctica hace que sean de gran aplicación clínica, tanto para la
asistencia como para la formación de profesionales. En el caso de la guía clínica de los trastornos del comportamiento 53
en la adolescencia tiene un gran aliciente: aunque sigue criterios categoriales para la sistematización del cuadro, no
podía ser de otra manera, a la hora de establecer la evaluación del TC se decanta por una evaluación de tipo dimen-
sional que posee un gran interés, por lo que vamos a exponerla tal y como la adaptamos hace unos años (Ballesteros
& Pedreira, 1999 y 2003).

1. Dimensiones individuales a evaluar en los TC en la adolescencia:

a. El proceso de desarrollo psicomotor y el desarrollo moral o del sistema de valores en el niñ@ tiene un
gran valor, con el fin de comprender la jerarquía de la ley y la norma, cómo se obtuvieron, grado de conocimiento y
cumplimiento, presencia de sentimiento de culpa ante comportamientos conflictivos.

b. Subtipos de la agresión: Los hemos expuesto de forma detallada en un apartado anterior. Es importante
señalar que hay que dimensionar estos subtipos en base a la edad de inicio de la agresión identificada como tal, el tipo
manifiesto del comportamiento agresivo, a quién se dirige y, por fin, el grado de sociabilización del sujeto.

c. Autoestima y afectos personales: tienen su gran importancia para ver el funcionamiento mental de cara a
las respuestas afectivas y emocionales que pudiera presentar, al grado de reconocimiento de su propia implicación y
el grado de respuesta tanto en él mism@ como en los otros. El sentimiento de culpa y la forma en que “negocia” el
adolescente con ese sentimiento y el grado de superarlo.

d. Empatía y control de impulsos: La consideración del otro como presencia y referencia, hace que se pre-
cise evaluar el grado de ponerse en el lugar del otro, con el fin de comprender si accede a evaluar su propio nivel de
implicación. De esta suerte se comprende cómo circula la respuesta impulsos y el grado de control de los impulsos,
sobre todo los referidos a la externalización del comportamiento.

e. La presencia de cuadros psicopatológicos que desencadenen o acompañen al TC, constructo conocido


como co-morbilidad que en este apartado queda un poco estrecho. P.e. no es extraño que los primeros brotes psi-
cóticos en la adolescencia debuten como TC durante periodos de tiempo de duración variable y prolongada, de tal
suerte que es el TC, por lo disruptivo de su presentación, el que obtura la semiología de los contenidos psicóticos.
En este sentido es de gran importancia la exploración de las disfunciones y distorsiones cognitivas del adolescente,
pues no es raro que estas distorsiones actúen como soporte para los TC.
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

f. Relaciones interpersonales: Uno de los datos más constantes en los adolescentes con TC es la pobreza de
las relaciones interpersonales. Esta pobreza relacional se comprende con pocos amig@s, la comunicación y relación
se vehiculiza por medio del comportamiento y la “lealtad del silencio”, pertenencia forzada a un grupo donde se
valoran determinados comportamientos y actitudes hacia el grupo, más que los valores dependientes de las propias
relaciones de amistad. Otra variedad consiste en aquellas relaciones en las que aparentemente no existen dificultades
para entablar relaciones, pero aparecen serias dificultades para mantenerlas.

g. Proceso cognitivo y de adscripción de atribuciones: Los tipos más frecuentes en los TC en la adolescencia
son del tipo de déficit y distorsiones cognitivas que interfieren en la resolución de problemas; atribuciones basadas
en la generación de respuestas de hostilidad hacia los otros, presentando suspicacia y resentimiento hacia los otros.
Como mecanismos de afrontamiento utiliza, de forma prioritaria, la negación, la proyección y la identificación proyec-
54 tiva que son mecanismos arcáicos, rígidos y “duros” pero con una gran fragilidad.

h. Factores de vulnerabilidad y riesgo: La presencia y evaluación de los factores de vulnerabilidad, como


componentes psico-biológicos, tienen el interés de comprender muchos aspectos temperamentales y de funciona-
miento neuropsicológico. Por el contrario, los factores de riesgo nos ayudan a comprender los mecanismos psicoso-
ciales subyacentes en la conformación del comportamiento, tal y como hemos señalado en un apartado precedente.

i. Temperamento: Línea de gran desarrollo en el momento actual, sobre todo por la función nuclear para
determinados procesos del desarrollo, pero también para integrar el impacto de las figuras parentales en los procesos
de refuerzo en las líneas de identificación con los hij@s. El temperamento aporta la tolerancia a la frustración el tipo
de reactividad emocional y el control de impulsos como constituyentes fundamentales del comportamiento.

j. La presencia de determinados cuadros clínicos, sobre todo con conductas antisociales del tipo de consu-
mo de sustancias de abuso legales o ilegales, trastornos del control de los impulsos y otros, son de gran importancia
pues al problema propio de los TC se puede unir la relación conflictiva con el sistema legal y judicial.

2. Dimensiones familiares en la evaluación de los TC en la adolescencia:

a. Los estilos de parentalidad y vinculación: Los vínculos de tipo más inseguro, rígido y/o ansioso son los que
se asocian más a estilos de parentalidad en los que los límites son más inconsistentes, bien sea por situaciones de
conflicto que se suceden unas a otras, bien por trasmitir la autoridad con rigidez y autoritarismo o porque alguna de
las figuras parentales, fundamentalmente la figura paterna, se encuentre periférico, cuando no francamente excluido
o haya declinado o delegado en exceso su responsabilidad parental.

b. Presencia de psicopatología en una o ambas figuras parentales, sobre todo si aparece consumo de sustan-
cias de abuso (alcohol o drogas ilegales) en uno o ambos miembros de la pareja parental. Los cuadros depresivos, so-
bre todo en la figura materna se relacionan con TC más frecuentes en la infancia que se continúan con posterioridad
en la adolescencia. Cuadros bipolares (sobre todo en las fases maníacas e hipomaníacas) y trastornos de personalidad
en las figuras parentales tienen una asociación positiva en los TC de l@s adolescentes.

c. Supervisión parental de la educación y de los límites hacia los hij@s de forma insuficiente, pobre o in-
consistente, origina mensajes contradictorios a la hora de percibir e integrar los contenidos del comportamiento y
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

el posible impacto en los otros.

d. Interacciones entre las figuras parentales y los hij@s desfavorables, sobre todo si existe presencia de mal-
trato físico o abusos sexuales. Originan desconfianza, inseguridad y rechazo hacia el proceso vincular y hacia la adecuada
integración de valores éticos y relacionales. La confianza entre las figuras parentales y los hij@s se resiente y pueden
buscar compensaciones emocionales a sus propias carencias, siendo esas nuevas relaciones de un tipo conflictivo.

e. Presencia de conflictos maritales en la pareja parental: Incluida la presencia de violencia familiar en su


conjunto. De la frecuencia, forma de presentación y resolución de los conflictos va a depender, en buena medida, el
impacto que estos conflictos posean en el comportamiento de los adolescentes.

f. Presencia de otros miembros familiares con comportamientos antisociales: Dos motivos lo justifican, en
primer lugar la configuración de factores de vulnerabilidad y riesgo específicos y, en segundo lugar, el efecto aprendi- 55
zaje de un tipo de comportamientos y de resolución de conflictos.

g. Factores de riesgo familiar: En un apartado anterior hemos expuesto factores sociales y demográficos
así como del funcionamiento familiar que tienen interés a la hora de comprender el desarrollo del comportamiento.
Este riesgo aparece tanto en la composición como en el funcionamiento del sistema familiar a lo largo del tiempo y,
sobre todo, en relación con los hij@s.

h. Factores genéticos: Los estudios genéticos del comportamiento tienen una gran relevancia, aunque sus
resultados no son totalmente concluyentes se conocen algunas cosas: los factores genéticos representan un factor
constitucional y conforman el concepto de factores de vulnerabilidad. Otra cosa es considerar que en los TC existe
una relación causa-efecto entre los factores genéticos y la presencia de TC en la adolescencia, cuestión que, hoy por
hoy, no se puede mantener como verdad absoluta. Ajuriaguerra define que la genética es el “factor terreno”, pero
aún se precisan muchos tipos de interacciones, Lewontin señala la interacción entre genotipo-fenotipo a lo largo del
proceso de evolución de las especies y Sameroff & Emde hablan de un tercer factor en la interacción entre caracte-
rísticas genéticas y el comportamiento humano, al que denominan “entornotipo”.

3. Dimensiones escolares en la evaluación de los TC en la adolescencia:

a. Dificultades académicas y retrasos en el aprendizaje, que favorecen la sensación de marginación del


contexto escolar y disminuye la capacidad de obtener habilidades intelectuales para la resolución de los conflictos,
situación en la que se prima la aparición del comportamiento como moneda de cambio ante cualquier situación de
conflicto (p.e. fugas escolares, abandono de las tareas escolares, enfrentamiento con la norma).

b. La presencia de déficit neuropsicológicos, sobre todo en las funciones verbales y en las “ejecutivas”, facilitan,
por incomprensión de los contenidos verbales y/o por inadecuación en las realizaciones ejecutivas (falta de coordina-
ción, lentitud o torpeza), la presencia de distorsiones cognitivas y, por lo tanto, la presencia de pasos al acto.

c. Trastorno del comportamiento en la etapa de pre-escolar, desde los trabajos clásicos de Richman & cols.,
se sabe que la aparición de TC desde la etapa de pre-escolar dificulta tanto el abordaje como ensombrece el pronós-
tico evolutivo de esos TC.
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

d. Relación con los pares y percepción de su comportamiento: Una de las características más constantes
en los TC consiste en la presencia de trastornos relacionales con los pares (p.e. inconstancia de amistades, dificultad
para iniciar y/o conservar amistades, baja tolerancia a la frustración, dificultades para aceptar y saber perder en juegos
de normas). Tan importante como ello es la percepción que tiene de su propio comportamiento y si tiene o no tiene
algún tipo de influencia en los otros.
e. Autoridad del profesorado y consistencia en la supervisión que realizan del comportamiento de los
alumn@s. Hay que considerar al profesorado como máximos exponentes de la institución escolar y como detenta-
dores de la delegación de la autoridad por parte de las figuras parentales.

4. Dimensiones del contexto social en la evaluación de los TC en la adolescencia:

a. Identificación con una subcultura o grupo social/étnico. No es extraño la curiosidad e incluso identifica-
56 ción con determinados componentes o subculturas que se encuentran, cuanto menos, en los límites de la margina-
ción o de la dificultad social (p.e. colectivos étnicos diferentes, jóvenes que presentar conductas de abuso de sustan-
cias). Se encuentran atraidos por sus prácticas vitales, por su música, por sus costumbres más tolerantes e incluso
transgresoras. Idealizan los contenidos de lealtad y pertenencia al grupo, pero soslayan las normas subyacentes a esa
pertenencia.

b. Alienación individual a demandas del grupo social, la lealtad impide la delación, en ocasiones hasta la
mínima crítica. El grupo aporta no sólo valores, sino una forma de hablar, de vestirse de percibir la realidad y que se
pretende generalizar a todos los ámbitos de su propia vida.

c. Areas de delincuencia: En muchas ocasiones existen conductas que podrían haber ocasionado denuncias
legales, pero que se integran en un determinado momento del desarrollo, son conductas que podrían tipificarse como
antisociales (p.e. hurtos aislados en grandes almacenes) que acontecen en adolescentes perfectamente normales y
que no conducen a denuncias policiales. Si la conducta pasa a nivel delincuencial con registro policial (sea por agresión
hacia personas o enseres), se incrementa la dificultad y la connotación negativa hacia el adolescente, en el que se
puede crear un cierto nivel de rabia, resquemor y rencor.

d. Pobreza y comportamientos marginales. Tiene un interés máximo cuando el nivel de intercambios con el
entorno se empobrece de tal forma, que el grado de aislamiento del contexto social es máximo y el encerramiento
relacional en el propio entorno familiar hace que revierta la agresividad y sus formas diferentes de expresión en el
seno de la propia familia.

e. Problemas legales, donde la suspicacia social se incrementa y el peligro de la reincidencia se incrementa.

f. Funcionamiento de la red de apoyo: Si la red de apoyo social no es consistente o su funcionamiento es


deficiente, entonces la posibilidad de transgredir la norma es mucho mayor y la reincidencia se constituye en un pa-
trón frecuente. El funcionamiento adecuado de la red social comporta una inclusión adecuada en el funcionamiento y
las relaciones escolares hasta el límite legal, dado que abandonos precoces de la escolaridad unido al fracaso escolar,
favorecen el fracaso de la red de apoyo social más normalizada.
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

5. Uso diagnóstico de las escalas de evaluación:

Cada vez se utilizan más las escalas de evaluación para los trastornos mentales, son un instrumento útil y de gran
interés. Su difusión es en la actualidad rápida, gracias a los sistemas de comunicación on-line y la existencia de redes
de investigación universitarias. No obstante es importante señalar algunos requisitos fundamentales para su correcto
uso e interpretación:

a. Recogen signos síntomas: Existen varias formas de hacerlo, desde las escalas autoaplicadas, escalas dirigi-
das a figuras parentales, profesores o, incluso, a multiinformantes. Para ser más precisos deben integrarse multiinfor-
mantes, por ello la serie de Achenbach & Edelbrock tiene un gran interés o la escala de Goodman & cols.

b. Se basan en criterios categoriales preestablecidos: Generalmente hacen referencia a los criterios de las
clasificaciones internacionales, pero en las escalas anteriormente citadas no son exactamente así, pues son agrupa- 57
mientos estadísticos empíricos muy complicados que permiten una gran información y análisis de sus resultados.

c. No deben sustituir a la observación clínica: La historia clínica es un instrumento de primera magnitud, el


ideal y el más fidedigno instrumento de evaluación clínica. Pero precisa un gran entrenamiento y hoy día se encuentra
escasamente utilizado. Es difícil mantener la importancia de la dosis precisa de ciencia y arte para el correcto uso de
este instrumento de evaluación. La Asociación Española de Psiquiatría Infanto-juvenil (AEPIJ) ha elaborado un docu-
mento y proyecto de historia clínica para Servicios de Psiquiatría de Niñ@s y Adolescentes que incluía los apartados
y un glosario secuenciado para su uso.

d. Son pruebas complementarias, no son diagnósticas de forma directa: Efectivamente, las escalas para ser
utilizadas deben ser traducidas, pues la mayoría de ellas se han publicado en inglés, pero además deben ser adaptadas
y validadas, sobre todo en el punto de corte. Este requisito metodológico es muy exigente y en escalas clínicas no
basta con el test-retest, sino que precisa metodologías epidemiológicas en doble fase que aporten datos acerca de
la fiabilidad y sensibilidad acerca del punto de corte. Las escalas citadas con anterioridad tienen versión y adaptación
con validación en España.

e. Recogida de datos en la clínica: Más valor cuando se recogen los datos en la entrevista clínica y se rellenan
las escalas, por parte de un clínico debidamente entrenado, al terminar la entrevista.

f. Escalas generales versus escalas para procesos específicos: Es un gran debate y muy actual. En una revisión
realizada por miembros de mi equipo de investigación, concluimos que para la evaluación de trastornos mentales en la
infancia y la adolescencia había suficientes escalas de evaluación general, pero había escasas y confusas escalas de eva-
luación para trastornos específicos (Pedreira & cols. 1992, 2000). En ese mismo trabajo, comprobamos que la serie de
Achenbach & Edelbrock era la más completa y que permitía una gran versatilidad. Para el tema de los TDAH, existen dos
escalas muy utilizadas, una es la serie de Conner, de origen americano y que inicialmente no era para evaluar TDAH, sino
para evaluar la acción de los tratamientos farmacológicos sobre el comportamiento de niñ@s y adolescentes; la segunda
es la de Taylor, de origen europeo y mucho más precisa y mejor elaborada, aunque menos conocida y menos empleada.
En estos casos existen versiones y adaptaciones validadas en España de forma suficiente.
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PRONOSTICO DE LOS TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO EN LA ADOLESCENCIA

1. Características clínicas asociadas con un mal pronóstico de los TC en la adolescencia:

1.1. Edad de inicio: Tienen peor pronóstico cuanto más precoz se presenten los TC, por lo tanto cuando el
inicio de los TC es en la infancia tienen peor pronóstico que cuando el in0icio de los TC es en la adolescencia.

1.2. Subtipos de agresión: Los de peor pronóstico son la agresión que se inicia por propia iniciativa sin que
exista desencadenante externo, la agresión destructiva y la que posee características predatorias.
1.3. Sociabilización: Cuando el TC aparece en adolescentes infrasociabilizados tienen un pronóstico
más sombrío.

58 1.4. Presencia de co-morbilidad: Los TDAH y la presencia de disfunciones cognitivas son los trastornos
comórbidos que presentan un peor pronóstico para los TC de los adolescentes.

2. Factores protectores: Son un grupo de factores que están adquiriendo cada vez más relevancia, sobre todo
para explicar, de forma razonada, porqué existen adolescentes que en similares circunstancias de riesgo no desarro-
llan TC, a este concepto se denomina resiliencia o resistencia y se basa en la cualificación de la acción consistente de
los factores protectores en su interacción con los factores de vulnerabilidad y riesgo:

2.1. Elevada autoestima: Se liga a una capacidad de ponerse metas adecuadas y poder superarse y tolerar
fases de desencanto o desilusión. La autoestima le permite al adolescente superar dificultades y reiniciar otras expe-
riencias. De aquí la importancia de mostrarse asertivos con los adolescentes, de forma particular.

2.2. Soporte familiar adecuado para establecer una supervisión consistente y continuada hacia la actitud y
el comportamiento de los adolescentes.

2.3. Soporte escolar: Tendente a evitar la desintegración y el abandono de la escolaridad, al menos hasta
finalizar le etapa de escolaridad obligatoria. Los apoyos escolares ante las dificultades que presente el adolescente,
la elaboración de curricula alternativos y adaptados, la evaluación asertiva y basada en los avances propios y no en
medias, son algunas acciones a estudiar su desarrollo

2.4. Soporte social funcional y contenedor, tanto a nivel de la relación con los pares como con el contexto
social en sentido amplio. Para ello se precisa adecuar alternativas de tiempo y ocio para los adolescentes que permi-
tan evitar la práctica de conductas de riesgo.

2.5. Buena accesibilidad a servicios asistenciales específicos, sobre todo de salud mental de la infancia y
adolescencia, donde se preserve la confidencialidad y estén adaptados estructural y funcionalmente a la adolescencia
(p.e. la forma en que se puede acceder a las citas, los locales). Un requisito previo consiste en la existencia de profe-
sionales con la formación y experiencia acreditadas en el campo de la infancia y la adolescencia de forma específica,
suficiente y contrastada.

2.6. Diagnóstico y tratamiento precoces de los trastornos mentales subyacentes, acompañantes, deter-
minantes o, simplemente, co-mórbidos con el TC en la adolescencia. Un diagnóstico precoz permite establecer el
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

tratamiento más integrado posible hacia la índole de los trastornos con mayor grado de adherencia al tratamiento,
mientras que el diagnóstico tardío intervendrá, de forma prioritaria, sobre las consecuencias lo que hace que sea más
costoso, largo y con mayor nivel de ineficacia y abandonos de tratamiento.

2.7. Continuidad en la intervención terapéutica: No es extraño que en los TC de la adolescencia sea una
característica la inconstancia, las rupturas reiteradas de procesos terapéuticos, lo que hace que el adolescente se
encuentre de forma muy dilatada “iniciando” un nuevo tratamiento, lo que le hace escéptico, reticente y desconfia-
do hacia el tratamiento. Buscar la continuidad, la adherencia terapéutica de forma pertinente y adecuada comporta
flexibilidad y adaptación al adolescente, pero también ejercerlo con autoridad y firmeza. Por ello los tratamientos
integrados (psicoterapia + psicofarmacología) son los más recomendados, a los que hay que añadir actividades de
psicoeducación familiar.

3. La resiliencia: Este concepto fue introducido por Rutter y proviene de la física, quizá la traducción no es de- 59
masiado acertada y debiera ser “resistencia”, pero la literatura científica en castellana prefiere poner el anglicismo. La
resiliencia hace referencia a la capacidad que poseen los sujetos para afrontar las dificultades, de tal suerte que dos
sujetos expuestos a los mismos factores estresantes uno de ellos desarrolla un trastorno mental y el otro lo afronta
de forma positiva. Nosotros evaluamos estos factores en la etapa escolar desde la subescala prosocial del test de Go-
odman. Aquí los profesores detectaronn mayores actitudes prosociales que las figuras parentales ¿son más “normali-
zadores? ¿poseen mayores conocimientos y relativizan los comportamientos observados? ¿son más específicos? Son
factores que configuran la resiliencia la capacidad de ser aceptado por los pares y de hacer amigos, tener un núcleo
estable de amistades, valorar lo positivo de cada situación por encima de lo negativo, el funcionamiento satisfactorio
de la red familiar y social de apoyo. Por sexos también se señalaban más comportamientos prosociales en los chicos
que en las chicas, pero lo importante es que por zonas geográficas se invierte la relación señalada en los trastornos
del comportamiento, de tal suerte que es la zona norte en donde los chic@s muestran mayores comportamientos
prosociales.

CONTENIDOS TERAPEUTICOS BASICOS EN LOS TRASTORNOS DEL COMPORTAMIEN-


TO EN LA ADOLESCENCIA

Frick (2001) señala que existen diferentes tipos de intervenciones utilizadas en tratar a niñ@s y adolescentes con TC,
pero desafortunadamente la mayoría de estas técnicas tienen una eficacia limitada y, en algunos casos, han mostrado
efectos yatrogénicos. La mayoría de estos fracasos se deben a que los tratamientos no se dirigen a los mecanismos
causales implicados en el desarrollo de los TC. Si bien es cierto que se precisa intervenir con el adolescente que
presenta el TC, no es menos cierto que se necesita incluir la mayor parte de factores posibles que hayan sido identi-
ficados en la aparición y mantenimiento de los síntomas, incluyendo los diferentes trayectos del contexto social que
han llevado al adolescente a presentar ese TC.

El planteamiento terapéutico general tiene que contemplar los siguientes aspectos, siguiendo la guía clínica que en su
día estableció la American Academy Child and Adolescent Psychiatry (ACPA, 1997):

1. El tratamiento se planteará como un continuum de cuidados que se desarrollará en la práctica con modalidades
flexibles y aplicado por un equipo coherente y cohesionado.

2. El tratamiento ambulatorio debe incluir no sólo la intervención individual, sino también la intervención familiar, la
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escolar y con el grupo de pares.

3. Los trastornos del comportamiento presentan un predominio de los síntomas de externalización en varios ámbi-
tos del funcionamiento del sujeto, lo que apela a la inclusión de modalidades psicoeducativas para mejorar la relación
interpersonal.

4. Los trastornos del comportamiento representan una afección crónica, por lo que requieren un tratamiento pro-
longado y un seguimiento a largo plazo.

5. Los pacientes con TC grave es muy frecuente que posean afecciones co-mórbidas que requieren, además, un tra-
tamiento específico y prolongado de ellas.

60 I. El tratamiento familiar

Las intervenciones familiares en los TC en la adolescencia incluyen tanto el consejo familiar como la terapia familiar.
Técnicamente este trabajo presenta su dificultades y comporta los siguientes aspectos:

1. Identificar y trabajar con los aspectos positivos parentales. Evita la descalificación de la intervención tera-
péutica, les permite recomponerse por la culpabilidad sentida y, sobre todo, mejora de forma manifiesta la posibilidad
de encarar un posible cambio en el seno de la familia y en la relación con el adolescente que presenta el TC. Este
tipo de trabajo permite favorecer el desarrollo de factores de resiliencia y recuperar su narcisismo como padres,
permitiéndoles encarar de forma mejor los nuevos retos del desarrollo de su hij@.

2. Entrenar a las figuras parentales para que puedan establecer de forma consistente y definan de forma
conveniente las consecuencias tanto positivas como negativas de sus propias acciones. Elementos a trabajar de forma
prioritaria es todo lo relativo con aceptar la frustración, la norma y la forma de trasmitirla, tanto entre ellos mismos
como hacia los hij@s.

3. Incluir el tratamiento de la psicopatología parental, cuando exista. Este tratamiento y abordaje conve-
niente es tan manifiesto que Kazdin & Wassell (2000) han puesto de manifiesto que en la mayoría de los casos la
psicopatología de las figuras parentales hace de “barrera” para que el tratamiento ambulatorio de los hij@s con TC
tenga el éxito deseado, siendo mayor su influencia en la calidad de vida y en la capacidad para reconocer los cambios
que el tratamiento produce en sus hij@s.

A lo largo de este tratamiento familiar surgen dificultades parentales que deben ser planteadas para superar durante el
tratamiento. Una serie de estas dificultades son comunes con la asistencia a las consultas de Psiquiatría Infancia y Adoles-
cencia, tales como la herida narcisista por el hecho de consultar. Pero también hay algunas más específicas de los TC: ya
que las figuras parentales, al menos una de ellas, pueden tener la vivencia de convertirse en acusadores de sus hij@s.

No es extraño que las figuras parentales busquen salidas más o menos “airosas” para esta situación. La más común
consiste en el rechazo hacia la intervención terapéutica, acentuando sus dificultades, descalificando las posibles me-
jorías, anticipación a la actitud del terapeuta. En otras ocasiones aparece una connivencia con la actitud del adoles-
cente que ha originado la consulta, silenciando determinados comportamientos que continúan originando problemas
relacionales y de integración social, “solidaridad” con hij@ frente al terapeuta. Hill (1992) sugiere la presencia de un
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círculo vicioso en la relación familiar (Fig. 3) cuando se presenta un TC, romper el círculo vicioso, expuesto en un
apartado precedente, es fundamental para que el TC tenga alternativas.

La evidencia sugiere, según un meta-análisis realizado por Woolfenden & cols. (2002), que las intervenciones terapéu-
ticas realizadas sobre la familia y las figuras parentales en casos de delincuencia juvenil obtenía efectos beneficiosos
en la reducción del ingreso y arresto en instituciones y en su actividad delincuente ya que disminuían los arrestos
posteriores; además de este beneficio existe otro de gran interés social que consiste en una disminución de los cos-
tes sociales. No obstante estos autores insisten que los resultados deben ser interpretados con precaución, ya que
los diferentes estudios analizados mostraban una gran heterogeneidad.
En la actualidad se utiliza cada vez con mayor profusión los medios electrónicos de comunicación, internet abre pági-
nas específicas para casi la totalidad de los trastornos y padecimientos de un manual de medicina, también acontece
lo mismo con la psicopatología. Montgomery realizó para Cochrane Library una revisión de los trabajos sobre efectos
de este tipo de consejos para los TC, este estudio concluye que el tratamiento basado en este tipo de contenidos 61
obtuvo un efecto moderado cuando se compara tanto con la ausencia de tratamiento o con los tratamientos con-
vencionales, lo más significativo resulta que este tipo de tratamientos reduce las consultas a los servicios sociales
de atención primaria, pero precisa de un cierto nivel socio-cultural de las figuras parentales y que el problema de
comportamiento sea en la infancia para realizar este tipo de tratamiento.

II. Tratamiento centrado en el adolescente: psicoterapias individual y grupal

Además del trabajo con el contexto familiar del adolescente que presenta un TC es preciso tratar al sujeto que rea-
liza el comportamiento alterado o presenta comportamientos agresivos, sea a nivel individual o grupal.

Un eje fundamental consiste en el tratamiento de los trastornos comórbidos y psicopatológicos de base, cuando sean
identificados. La utilización de la psicofarmacología según pautas protocolizadas es un escalón fundamental, al que se
debe añadir la intervención psicoterapéutica.

La técnica de intervención psicoterapéutica se dirime entre dos polos: psicoterapia de apoyo vs. psicoterapia cogni-
tivo-conductual. Lejos de dilemas y confrontaciones estériles de tipo teórico o de pertenencia a diferentes perspec-
tivas, se debe contemplar la formación y experiencia del terapeuta a lo que se de añadir el contemplar la edad del
paciente, la forma de presentación del proceso y de la habilidad para aceptar el tratamiento.

No obstante es preciso señalar que los resultados comparativos fiables con meta-análisis sólo se han realizado con
técnicas cognitvas (Robinson & cols, 1999), en este estudio se concluye que existe una fuerte evidencia hacia la efi-
cacia de las técnicas cognitivas en la reducción de comportamientos de hiperactividad-impulsividad y de conductas
agresivas. Este estudio señala que la introducción de técnicas cognitivas tienen más eficacia cuando se emplean en
el propio medio escolar, reduciendo de forma significativa los comportamientos agresivos en dicho medio escolar.
Estos autores constatan, de igual forma, que los resultados obtenidos presentan una adecuada duración en reducir
los comportamientos agresivos y maladaptativos tras el cese de la intervención terapéutica. Este trabajo podría com-
pletarse con el que están realizando Kakavelakis & McDonald para Cochrane Library, que estará listo a principios del
año 2004, en esta investigación analítica se analizarán las intervenciones cognitivas para el entrenamiento de “foster
carers” a las familias (educadores familiares en España) en el manejo de trastornos del comportamiento.

En los TC en la adolescencia es de total aplicación el comentario de Sigmund Freud (1900): “Cuando invade lo real es
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

prácticamente imposible analizar”. Por ello se precisa ser operativo y concluir que, al menos en los servicios públicos,
una combinación de intervenciones puntuales o focales y de aproximaciones exploratorias (símil con consultas tera-
péuticas) está indicado, especialmente cuando existe co-morbilidad de síntomas de internalización y de externaliza-
ción. De esta suerte se fomenta la introspección y se posibilita combinar con indicaciones e intervenciones más cog-
nitivas, por ejemplo incluir el entrenamiento en habilidades psicosociales como una buena terapia complementaria.

Entre los contenidos a abordar en la Psicoterapia individual y grupal, presentamos una serie de pares orientativos
entre lo que presenta el paciente y el posible abordaje terapéutico:

– Procesos de identidad del adolescente vs. los procesos de identificación.

– Principio de realidad vs. el mecanismo tan utililizado del ideal del yo.
62 – Tolerancia a la frustración vs. la trasgresión como forma de afrontar la norma.

– Lugar de los otros y empatía vs. el predominio del narcisismo.

– Incluir la función del deseo vs. la necesidad de poseer que anula la capacidad de desear y, por lo tanto, de progresar.

– La norma, como forma de convivencia y respeto social vs. la agresión, como forma de imponer un criterio o de
destrucción.

– Pensar y elaborar cómo se pueden resolver, de forma alternativa, los posibles conflictos vs. actuar sistemáticamente
puesto que entonces se actúa sobre consecuencias y resultan ser “actos reparadores” y, por lo tanto escasamente
consistentes.

– Secuenciar y priorizar, introduciendo la variable tiempo en la resolución de los conflictos vs. la inmediatez como
forma de acceder a poseer cosas, que anula el tiempo y a los otros.

En los procesos de Psicoterapia individual y grupal hay que tener en cuenta que El debate se centra en si el TC es
una falla de la simbolización de la Ley/norma o, por el contrario, es una patología específica del narcisismo. En todo
caso en los TC uno de los problemas más constantes para el terapeuta es que en estos pacientes existe una ausencia
de demanda, ya que una parte importante no presentan sufrimiento, son los otros (figuras parentales, familia, grupo
social) los que manifiestan sufrir, incluso con rabia, acerca de las actitudes de estos adolescentes que, por otra parte,
se sienten incomprendidos y reprimidos. Una orientación posible consiste en abordar formas prioritarias de inter-
vención terapéutica (tablas V y VI), tal y como lo sugiere Millon (1998) y según los esquemas funcionales de las Fig.
4, 5 y 6, sobre dos tipologías de trastornos de personalidad, ya que esas dos modalidades es donde se presentan los
mayores problemas de TC, según trabajos de diversos grupos de investigadores

III. Dispositivos asistenciales para el tratamiento de los trastornos del comportamiento en la


adolescencia

En relación con el lugar terapéutico retornan trabajos en relación con contactos y fichas policiales de los TC y que
son más prevalentes en los pacientes que presentan trastornos de personalidad, sobre todo el trastorno límite de la
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

personalidad y el trastorno antisocial y que dicho incremento de actividad policial es mayor en tratamientos basados
en centros comunitarios que en los tratamientos cuya base está en ingresos en centros de hospitalización psiquiátrica
(Gandhi & cols., 2001).

En cuanto al ingreso en instituciones (centros específicos, reformatorios) los resultados que se presentan continúan
siendo contradictorios y señalan peligros, en torno a la identificación con los comportamientos más agresivos y
antisociales, apareciendo pandillas y comportamientos disruptivos en la propia institución. Baste señalar las noticias
aparecidas en determinadas instituciones de la comunidad de Madrid en los últimos dos años.

Otra alternativa consiste en realizar ingresos periódicos en las fases de presentación aguda. Este tipo de intervenciones
parece más apropiada para el tratamiento de las exacerbaciones psicopatológicas comórbidas o primarias en los TC.

El Hospital de día Psiquiátrico (HDP) podría ser una alternativa ya que presenta una serie de ventajas: preservando el 63
vínculo familiar y un cierto nivel de integración en su contexto social. Pero como inconvenientes presenta que es un
recurso escasamente desarrollado en nuestro país, existiendo escasez de profesionales formados; otro tipo de incon-
venientes son los relativos a la posibilidad de aparecer problemas legales. En la mayoría de los criterios de inclusión y
exclusión de pacientes en HD para adolescentes tienen como criterios de exclusión la presencia de TC graves o con
reiterados comportamientos disruptivos.

En algunos países, sobre todo sajones y nórdicos, aparecen familias de acogida. Su éxito depende del acoplamiento
niñ@-familia de acogida –familia de origen, por lo que el trabajo de selección tanto de las familias de acogida como
de los casos de adolescentes con TC requiere un entrenamiento especial, así como de la metodología de visitas con
la familia de origen y, sobre todo, del tratamiento a seguir en el conjunto de la situación.

Diversos trabajos han demostrado que la mayoría de los programas destinados a la modificación de los perfiles de la
relación interpersonal muestran que sus intervenciones han sido aisladas, por el contrario resultan pruebas evidentes
cuando se incluye entrenamiento parental, psicoeducación sobre comportamiento a los chic@s que tienen factores
de riesgo para desarrollar TC y además se precisa incluir sesiones de terapia multifamiliar y trabajo en el entorno
natural de vida del adolescente con el fin de obtener soportes reales de relevancia a la hora de ofertar patrones de
relación interpersonal alternativos (Borduin, 1999; Frick, 2001; Taylor & cols., 2001; Waddell & cols., 1999).

En estas épocas que tanto interés tiene la perspectiva económica, Harrington & cols. (2000) realizaron un interesante
estudio en el que concluyen que la dependencia y organización de los servicios de salud mental para niñ@s, con base
en la comunidad o en el hospital, puede tener menos importancia que la amplitud y variedad de los servicios que
presta, dicho servicio sería más eficiente y efectivo si incluyera un tratamiento para los problemas de salud mental
de las figuras parentales.

CONCLUSIONES (INCOMPLETAS)

Desde la perspectiva etológica hay que admitir que la violencia es una dimensión de la personalidad constante y pre-
sente en todo ser humano. La expresión agresiva y con agresión a personas y cosas comporta sólo una posibilidad
de respuesta de esa violencia. El dilema está en reconducir esta violencia latente hacia respuestas más constructivas
y aceptadas socialmente.
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El clima de violencia social es palpable en medios de comunicación, películas, TV, video-juegos, juegos de rol... amplia-
mente difundidos y utilizados por niñ@s y jóvenes. En ocasiones sin supervisión adecuada por parte de las figuras
parentales o que éstos realizan otro tipo de violencia directa y por acción o bien indirecta y por omisión (p.e. de-
legación reiterada, cuando no declinación, de sus responsabilidades; límites de forma contradictoria e inconsistente;
malos tratos y violencia familiar).

Un clima de violencia va a tener consecuencias altamente negativas desde la perspectiva del desarrollo psicológico,
social e intelectual, así como en la obtención de una jerarquía de valores, para todos los sujetos implicados en la
violencia, afectando tanto a los procesos de sociabilización como a la inserción social.
Cuando esta violencia aparece en contextos educativos, la acción educativa pierde sentido y se pervierte ya que se
transforma en un contexto donde es posible el ejercicio y abuso de poder, reforzándose por acción u omisión el
sentimiento de miedo y una actitud de sumisión.
64 El nivel de violencia en la familia o entre iguales en el aula (bullying), no es sino el reflejo del nivel de agresividad que
se produce en uno u otro contexto.

Los trastornos del comportamiento (TC) se refieren a aquellas instancias en las que el niñ@ o adolescente eviden-
cian un patrón de comportamiento en un grado de confrontación con las normas y la convivencia social, que supone
una significativa dificultad casi diariamente para su funcionamiento en el contexto familiar o en la escuela, o cuando
el comportamiento es descrito por las figuras de referencia (figuras parentales, profesores) como inmanejable de
forma significativa.

A los contenidos conceptuales expuestos con anterioridad hay que señalarles tres preguntas de muy difícil contesta-
ción, pues representan los límites reales de los TC:

- ¿Cuándo el problema del comportamiento es una variación, aunque sea exagerada e incómoda, propia de la etapa
de desarrollo normal?

- ¿Cuándo el TC representa una parte de un síndrome clínico con diferentes cuadros clínicos y diferentes posibilida-
des de expresión evolutiva? Y, por fin

- ¿Cuándo el problema de comportamiento es un síntoma clínico de un TC disocial o de una personalidad antisocial?

Se debe reclamar con fuerza que esta formación se homologue en nuestro país a lo que acontece en los países de la
UE y se haga sin dilaciones, en cumplimiento de acuerdos parlamentarios unánimes (junio 1995) y en cumplimiento
de la Ley (1/96 y Ley Penal del Menor).

Un dato de interés lo expresamos en la tabla VII que aporta la importancia de lo expresado con anterioridad, al ex-
poner los costes económicos de no abordar la situación de violencia familiar en el momento adecuado. Esos costes
se expresan en miles de dólares y ponen de manifiesto que, al menos, el 50% del coste es para abordar problemas
mentales secundarios a la violencia familiar, de ahí la importancia de contar con profesionales formados que puedan
dar respuesta adecuada a estos problemas, dado que, además, el coste económico es tan elevado.

Fulwiler & Ruthazer (1999) concluyen que los trastornos de comportamiento en la infancia es uno de los factores
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

de riesgo con mayor capacidad de predicción a la hora de establecer la relación de conductas violentas y afecciones
mentales en la edad de adultos. De aquí la importancia de huir de simplismos tales como “es propio de la edad”, “la
edad del pavo” y tomarse en serio que intervenir en estas épocas es una verdadera labor preventiva de cara al futuro,
tanto personal como social y de prevenir la presencia de violencia en el seno de las propias familias.

Scott (2001) ha vuelto a poner de manifiesto que la acción terapéutica sobre determinados mediadores (p.e. de-
presión en figura materna, comentarios muy críticos hacia el niñ@) hace reducir las intervenciones en el caso de la
presencia de síntomas comportamentales en los adolescentes y que los programas más efectivos son los que se basan
en técnicas de “counselling” de forma continuada.
BIBLIOGRAFIA

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1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

Ponente

D. Rafael
Forcada Chapa en colaboración
con Consuelo Bruna Sánchez, María José Ferrer Ferrer,
Iván Alemán García, Blanca López Marqués, Sergio Moliner
Gracia.

Psiquiatra. Centro Educativo Terapéutico Pi Marga-


ll. Fundación Diagrama.

PERFILES DELICTIVOS Y USO


DE VIOLENCIA EN ADOLECENTES 71

INGRESADOS EN UN CENTRO
EDUCATIVO TERAPÉUTICO

INTRODUCCION

No puede determinarse una causa única por la que un adolescente desarrolla conductas violentas. En realidad existe
una constelación de factores de riesgo que cuando se combinan entre ellos en un mismo individuo dan lugar a que
éste sea más proclive al comportamiento violento. En el estudio de la etiopatogenia de la violencia juvenil se diferen-
cia entre los factores de riesgo relacionados con la cultura y los valores de las sociedades, los que dependen de la
convivencia y el estilo educativo familiar y aquellos otros que afectan de manera directa al individuo.

Entre los factores de riesgo sociales se ha destacado la sobrevaloración en la sociedad occidental del bienestar indi-
vidual, lo que ha dado lugar a la creación de un aumento de la oferta de actividades de hedonismo inadecuado, junto
con el entendimiento de la libertad como un valor absoluto sin consideración de la aceptación de las consecuencias
de la libre elección. Otro factor de riesgo es la necesidad de una mayor disponibilidad económica de los adolescentes
para poder acceder a la enorme oferta de ocio y consumo que una sociedad consumista le ha enseñado a percibir
como una prioridad en sus vidas. Paralelamente se ha producido un progresivo aumento de la tolerancia social de
la violencia, gracias a la desensibilización que produce su presencia frecuente a través de tv, cine, videojuegos, etc. La
situación de gran competitividad social que viven a menudo los padres, condiciona la relación en el seno de la familia
al generar una situación vital de estrés de los progenitores. También se ha mencionado como factor de riesgo la per-
cepción de violencia en el entorno (vecindario, grupo social) y las estrategias del joven para solucionarla1. Una de las
funciones de la familia es actuar a través de la educación como un filtro protector del menor dotándole de capacidad
crítica y habilidades personales frente a las influencias socioculturales. A menudo esto no ocurre y la propia familia
convierte en un amplificador del riesgo de violencia a través de estilos educativos inadecuados desde la infancia por
ser excesivamente rígidos, permisivos, incoherentes o descalificadotes que condicionan en el niño su interiorización
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

de la imagen del mundo y de si mismos2. Por otro lado, se ha observado que la vivencia de violencia intrafamiliar en
la infancia, bien por haberla sufrido el propio menor o por haber sido testigo de agresiones a la madre es uno de los
más graves factores de riesgo familiares para el futuro desarrollo de conductas violentas3.

Al mencionar los factores de riesgo personales hay que considerar predisposición biológica, pues se han relacionado
los comportamientos delictivos violentos con los niveles de testosterona4, y con el incremento de la fracción de
la albúmina LCR/suero5. Otros autores han relacionado un tono dopaminérgico bajo con la violencia impulsiva, al
detectar el aumento en el plasma del triptófano6, la existencia de niveles bajos de serotonina cerebral7, de 5-HIAA
en líquido cefalorraquídeo8,9, o alteraciones genéticas en la codificación de la MAO-A10 en sujetos que habían co-
metido distintos tipos de actos impulsivos. Desde el punto de vista psicológico destacan los rasgos de personalidad,
la psicopatología y el consumo de drogas. En un estudio realizado con población adulta en Irlanda encontraron entre
los delincuentes violentos un perfil más pobre de manejo de la ira que el de los delincuentes no violentos, el de los
72 abusadores sexuales y el del grupo control de población general11. Se ha demostrado que los delincuentes violentos
tienen un estilo de vida más caótico, sufren más psicopatología y son más proclives a la reincidencia12. Sin embargo,
estos son estudios realizados con adultos y por lo que sabemos, las medidas de psicopatía y su relación con la rein-
cidencia en jóvenes violentos no son exactamente iguales que en los adultos13.
Es objetivo de esta ponencia profundizar en el estudio de las diferentes formas de violencia delictiva de los adolescen-
tes, analizar el papel del sentimiento de ira y de su manejo en las mismas y estudiar la influencia de la psicopatología
y el abuso de sustancias.

MATERIAL Y METODO.

Se ha realizado un estudio retrospectivo de las historias clínicas y delictivas consecutivas de 35 adolescentes ingre-
sados para el cumplimiento de medidas terapéuticas por orden judicial por la comisión de diferentes delitos en el
Centro Educativo Terapéutico Pi Margall de la Fundación Diagrama en Burjassot (Valencia). Se agrupó a los jóvenes
según el tipo de delitos en cuatro categorías; no violentos (NV), aquellos que únicamente habían cometido delitos
sin violencia; violencia Impulsiva (VI), aquellos que todos sus delitos violentos fueron guiados por la impulsividad;
violencia planificada (VP), grupo de adolescentes que ejercieron todos sus delitos violentos con un cierto grado de
planificación y Violencia Mixta (VIP): aquellos que cometieron ambos tipos de delitos violentos.

Se analizaron las diferencias entre ambos grupos respecto a la historia delictiva, los resultados en las medidas de
factores de personalidad y de ira, en la psicopatología y en el consumo de drogas.

Para la medida de factores de personalidad se utilizó el EPQ-J14. Se trata de un cuestionario de 94 items de respuesta
dicotómica validado para población española que ofrece tres dimensiones de la personalidad (Emocionabilidad N,
Extraversión E y Dureza Emocional P) y una escala de sinceridad (S), basado en el modelo factorial de la personalidad
de Eysenk y Eysenk. A aquellos que ya habían cumplido 18 años en el momento del pase, se les aplicó la forma A,
una versión de la prueba validada para adultos. En el estudio de la ira se utilizó la adaptación española del State-Trait
Anger Expresión Inventory (STAXI-2)15, Es una prueba de 49 items de respuesta múltiple que evalúa esta emoción
diferenciando entre estado y rasgo y estudia su expresión y la capacidad de control internos y externos mediante
las escalas de estado de ira, rasgo de ira, con las subescalas de temperamento y reacción, expresión externa de ira,
expresión interna de ira, control externo de ira, control interno de ira y el índice de expresión de ira. Los resultados
de ambas pruebas se presentan en percentiles valorados sobre población general adolescente y se consideran anor-
males los valores por encima del Pc 75 ó por debajo del Pc 25. Se pasó estas pruebas por una psicóloga especializada
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

como parte de la evaluación inicial de los casos en los primeros 10 días tras el ingreso.
El diagnóstico de trastornos mentales y por uso de sustancias se realizó mediante entrevista clínica al ingreso de los
pacientes según los criterios DSM IV-TR.

El análisis estadístico se realizó con el programa G - STAT. Se escogió la prueba t de Student para contrastar las
medias entre variables cuantitativas cuando n > 30 y la distribución se ajustaba a la normal en condiciones de homo-
cedasticidad. El análisis de la varianza se realizó mediante la prueba F de Snedecor y la bondad del ajuste según prue-
ba de Kolmogorov con corrección de Liliefors. Se estudiaron las diferencias de los distintos grupos en las variables
cuantitativas mediante la prueba ANOVA un factor y la correlación en las variables cuantitativas mediante la prueba
Chi cuadrado.

RESULTADOS.

La muestra estaba compuesta por 30 (85,71%) chicos y 5 (14,29%) chicas, con edades comprendidas entre los 14,09
73
y los 20,05 con una media de 17,04 años en el momento de ingresar. El número de delitos por los que eran juzgados
estaba entre 1 y 31 con una media de 5,86. Todos ellos cumplían criterios diagnósticos de algún trastorno mental, el
18,75% padecían un solo trastorno, el 50% dos y el 31,25% tres o más. La combinación más frecuente fue el trastorno
del comportamiento (TC) con el trastorno por uso de sustancias (TUS). El TC se diagnosticó en el 81,25% de los
casos, TUS en el 75%, psicosis en el 15,15%, TDAH en el 12,12%, ansiedad/depresión en el 12,12%, trastornos de la
personalidad, básicamente de cluster B en el 24,24% y retraso mental 12,12%. El consumo de drogas se distribuyó
porcentualmente según la siguiente tabla.

Alcohol % THC % XTC / Metanf. % Cocaína% Opiáceos% Tabaco%


No Consume 15,56 9,38 56,25 28,12 28,12 28,12
Uso 56,25 25 31,25 15,63 15,63 15,63
Abuso 28,12 21,87 12,5 18,75 18,75 18,75
Dependencia - 43,75 - 37,5 37,5 37,5

No había diferencias significativas de distribución de edad y sexo entre los grupos.


Los menores que cometieron violencia impulsiva y premeditada (VIP) presentaban un historial delictivo significativa-
mente más dilatado que en resto de los grupos, tanto en el cómputo global de delitos como en la reincidencia en la
violencia y en otros tipos de delitos.

N Nº delitos total Nº delitos violentos Nº delitos no violentos


NV 8 2,88* - 2,88*
VP 11 5,45* 3,27*** 2,18*
VI 8 3* 1,63* 1,38*
VIP 8 12,25 5,50 6,75

Diferencias significativas con : *VIP, **NV.

El 87,50% de los sujetos del grupo de impulsivos (VI) había agredido principalmente a familiares y conocidos, mientras
aquellos que planificaron siempre su acción violenta (VP), habían atacado en todos los casos a desconocidos y quien
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

habían incurrido en ambos tipos de acción habían agredido únicamente a desconocidos en el 25 % de los casos y a
personas próximas y a desconocidos en el 75%. (chi cuadrado: p<0.01)

Próximos % Desconocidos % Ambos %


VP - 11 (100) -
VI 7 (87,5) 1 (12,5) -
VIP - 2 (25) 6 (75)

Al comparar el global de violentos con los que no cometieron delitos violentos, encontramos que no hay diferencias
significativas en los factores del EPQ-J y en las escalas del STAXI. Al dividir por grupos, sigue sin haber diferencias
significativas en los resultados del EPQ-J, aunque las puntuaciones en dureza emocional del grupo NV (Pc 83) y VIP
74 (Pc 77) son anormalmente altas. Las escalas de estado del STAXI-2 no muestran diferencias entre los grupos y todos
sus valores están comprendidos en N (nulo), B (bajo) y M (moderado). Sin embargo son muy patentes las diferencias
en los resultados de rasgo del STAXI-2 entre los distintos grupos. Los agresores que planifican su acción (VP) puntúan
por significativamente por debajo en la escala y las subescalas de rasgo y expresión externa y por encima en control
externo e interno. Por su parte los grupos NV y VIP, tienen valores muy atípicos y prácticamente idénticos en todas
las escalas y únicamente se diferencian (no significativamente) en el Total Rasgo de Ira, mientras que las medias del
grupo VI se encuentran todas comprendidas entre el 2º y el 3º cuartil.

TRI TI RI EEI EII CEI CII IEI


NV 50,8 80,80 51,8 83,8 80 28 30*** 83,8
VI 55 59,17 49,17 43,33** 54,83 40 67,5 48,33**
VP 8* 28** 7* 28** 61 80,6* 76 26**
VIP 78,25 87,25 64,75 88,5 79,75 15 49 87

* diferencias significativas con NV,VI y VIP. ** Id. NV y VIP.*** id VI y VP.


TRI: Total rasgo ira; TI: Temperamento ira; RI:Reacción ira; EEI: Expresión externa ira; EII: Expresión interna ira; CEI:
Control externo ira; CII: Control interno ira; IEI: Indice de expresión de ira.

No se encontró correlación del tipo de violencia ejercido con ninguno de los trastornos mentales, ni con el inicio en la
infancia o la adolescencia del TC.Tampoco existían diferencias significativas entre los grupos en la comorbilidad (número
de trastornos mentales diagnosticados) ni en el número de drogas con las que los menores tenían problemas (diagnós-
tico de abuso o dependencia) ni con la edad de inicio en el consumo y los años de consumo de cada droga.

CONCLUSIONES.

El STAXI-2 ofrece puntuaciones diferentes para los adolescentes delincuentes en función de la existencia o no de
planificación en el delito, que nos permite diferenciar en tres tipologías. El grupo más claramente diferenciado es el
VP, compuesto por aquellos jóvenes cuyos actos delictivos violentos no son nunca de naturaleza impulsiva y sí planifi-
cada. Tienen poca tendencia a percibir situaciones como frustrantes y enojosas y no suelen responder a ellas con ira
hacia otras personas. Probablemente, su interés hacia la violencia es puramente instrumental para obtener sus fines.
Su capacidad de control es buena, especialmente cuando las condiciones externas así lo aconsejan. A menudo eligen
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

a desconocidos como víctimas de su violencia y por tanto puede tratarse de atracadores y miembros de grupos
violentos. Curiosamente el grupo VI presenta un perfil de ira dentro de los parámetros considerados normales para
la población general. Aunque también han cometido delitos no violentos fuera del ámbito familiar, las víctimas de sus
agresiones fueron en casi todos los casos personas próximas. Se podría encuadrar por tanto en este grupo a mal-
tratadotes familiares. Los grupos NV y VIP presentaron puntuaciones altas en la dimensión de dureza emocional del
EPQ- y resultados prácticamente idénticos en el STAXI-2, son iracundos, con una fuerte disposición a experimentar
sentimientos de ira sin mediar provocación y a expresar estos de palabra o físicamente o bien a suprimirlos, su ca-
pacidad de control por las condiciones externas son bajas. Sin embargo aquellos que han realizado delitos violentos
planificados e impulsivos experimentan los sentimientos de ira con mayor frecuencia (TRI=78,25) que los no violen-
tos y presentan un historial delictivo significativamente más dilatado, tanto en la comisión de actos violentos como no
violentos, que el resto de los grupos. Existe evidencia de que haber cometido delitos previos, especialmente si estos
son violentos, se asocia a una mayor probabilidad de agredir a la pareja16, por lo que probablemente los grupos NV
y VIP están compuestos por delincuentes generales en distintos grados de su trastorno de comportamiento. 75
Al contrario de lo que ocurre en investigaciones sobre delincuentes adultos17, no hemos encontrado relación entre
la psicopatología y el consumo de drogas con la violencia, lo cual probablemente se debe a que en los adolescentes,
el proceso adictivo se encuentra aún incompletamente desarrollado, por lo que resultaría interesante el estudio de
esta relación a edades posteriores cuando hubiera discurrido suficiente tiempo para que las drogodependencias se
hubieran establecido definitivamente.
A la luz de estos hallazgos resultan necesarias posteriores investigaciones con una muestra mayor y seguimiento más
prolongado que diluciden la existencia o no de relación entre los tipos de violencia delictiva y la psicopatología y el
consumo de sustancias, así como investigaciones a cerca de la relación de diferentes factores de riesgo sociodemo-
gráficos y psicológicos, en especial rasgos de personalidad con las formas delictivas violentas que en estos momentos
más preocupan, como el maltrato familiar, acoso escolar o pertenencia a grupos violentos.

BIBILIOGRAFIA.

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M ESA
REDONDA:
“Violencia contextual”

79

Moderador

Ilmo. Sr. D. Juan Pedro Rodríguez del Val


Fiscal Coordinador de la Fiscalía de Menores del T.S.J. de Madrid
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
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Ponente

Prof. Dr. D. César


San Juan Guillén

Profesor Titular en el Departamento de Psicología


Social y Metodología de las Ciencias del
Comportamiento de la Universidad del País Vasco.
Subdirector del Instituto Vasco de Criminología

INMIGRACIÓN Y DELINCUENCIA
81
JUVENIL EN EL CONTEXTO EUROPEO

En la última década la escena de los flujos migratorios ha sorprendido a la Administración, organizaciones sociales y
opinión pública con un nuevo protagonista: el menor. Esta nueva realidad social está obligando a diversos países eu-
ropeos a diseñar nuevos sistemas de protección y reforma para gestionar, sancionar-educar e integrar a los menores,
que, en muchos casos, como consecuencia de su situación de vulnerabilidad, inician una carrera delictiva en suelo
europeo y, en todo caso, para proteger sus derechos.
Una primera hipótesis de trabajo es que, naturalmente, la correlación entre delincuencia e inmigración en el caso de
estos menores no se sustenta en modo alguno en factores intrínsecos al hecho de ser extranjeros, sino más bien en
una serie de factores extrínsecos como son las condiciones socio-económicas o el trato del que son objeto por parte
de la sociedad e instituciones de acogida, que compartirían con otros colectivos autóctonos desfavorecidos. Siendo
esto una obviedad, cabe recordar que las únicas diferencias importantes que podrían distinguir a los menores infrac-
tores extranjeros de los nacionales, están sobre todo relacionadas con la acumulación de estresores psico-sociales y,
en consecuencia, limitaciones a los cauces de participación social, agravadas por el hecho de poseer dos situaciones,
de entrada, contraproducentes: ser menor y ser inmigrante (de la Cuesta & San Juan, 2005).

De hecho, podríamos decir que, a escala global, parece crecer lo que podríamos denominar la infantilización de la
exclusión (además de su feminización) en un contexto en el que existe, además, una gran visibilización del menor
inmigrante marcada por la alarma social.
Al margen de estas consideraciones, la realidad es que con una primera revisión de la documentación europea exis-
tente en esta materia podemos identificar una problemática criminológica creciente asociada al menor inmigrante
entre la que vamos a citar, como ejemplo, la gravedad de la casuística delictiva en Italia, el control de la frontera de
Ceuta y Melilla en España, enfrentamientos inter-étnicos en Inglaterra, degradación de barrios periféricos con so-
bre-representación de población inmigrante e hijos de inmigrantes en Francia o Bélgica,- también en Alemania,- la
situación de pobreza de africanos e hijos de africanos en Portugal, etc. En todo caso, algo de cada una de estas
problemáticas está ocurriendo en mayor o en menor medida en cada rincón de la Unión Europea.
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

Debemos remarcar que, si bien existen una serie de teorías para explicar la sobre-representación de los extranjeros
en la delincuencia de menores, ninguna de ellas sirve aisladamente para explicar este fenómeno. Un marco teórico
amplio, eco-sistémico, multi-nivel, que tenga en cuenta las diferencias y conflictos culturales, las desventajas de la
estructura social y las influencias de un entorno hostil (tanto físico -el suburbio-, como humano -la discriminación-),
permitirá comprender mejor las causas de dicha prevalencia y, lo que es más importante, aplicar las medidas necesa-
rias para reducirla.

De esta problemática merece para nosotros especial atención, por su situación de especial vulnerabilidad, el caso de los
Menores Extranjeros No Acompañados (MENA) que constituyen un colectivo cada vez más numeroso en Europa.

En el caso de España, Francia e Italia se advierte que un gran número de estos menores proceden de Marruecos y
Rumanía. En el caso español predominan los marroquíes, en el caso francés los rumanos, mientras que en Italia, des-
82 tacan por su número los albaneses.

Desde una perspectiva de análisis muy general, distinguimos dos grandes grupos de MENA. Por una parte se en-
cuentran los que vienen en busca de trabajo y muestran una actitud positiva para integrarse en la sociedad, algo que
muchas veces colisiona con la legislación laboral y las actitudes de la sociedad receptora.

Y por otro lado están los que se han socializado en la calle o que carecen de proyecto migratorio. Se trata de un
grupo minoritario pero cuyo perfil criminológico puede ser muy similar al de cualquier menor que infringe la ley
habitualmente, por lo que debieran ser objeto de las medidas psicosociales orientadas a su integración social pese a
su escasa disposición a recibirlas.

En todo caso es constatable la ausencia de una política de conjunto, integral, que intervenga con eficacia para acoger
y tutelar a gran parte de los MENA que se encuentran en situación de riesgo social. El tratamiento social, judicial y
administrativo de estos menores es heterogéneo y las iniciativas de actuación se limitan, muchas veces, a las diversas
organizaciones locales o internacionales implicadas en la resocialización de estos menores, que muchas veces colisio-
nan con los principios de actuación de los Estados.

Debemos advertir, en fin, la ausencia de un sistema de acogida y asistencia que les permita integrarse en la sociedad
y les proporcione una formación adecuada. Por el contrario, en su proceso de adaptación, se refuerza su situación de
precariedad y su vinculación a ambientes delictivos y marginales, donde pueden convertirse en infractores habituales
o, como fenómeno cada vez más creciente, en víctimas de la explotación sexual y la prostitución. Por otra parte,
teniendo en cuenta las condiciones de escasez económica de las sociedades de donde proceden y, en muchas oca-
siones, la ausencia de referentes familiares conocidos o estructurados, la repatriación debiera limitarse a casos muy
concretos, si lo que se pretende que prime es el interés del menor. En ocasiones, supuestas gestiones humanitarias en
nombre de la reunificación familiar solo es la excusa para, dicho de forma coloquial, “quitarse el problema de encima”.
En todo caso, la masiva afluencia de estos menores y las limitaciones impuestas a los recursos humanos y materiales
que serían imprescindibles, no permite acoger adecuadamente a todos los MENA que llegan a la UE. La situación
actual arroja, por tanto, un incierto futuro a quienes ya se les ha privado de este concepto.

Otro fenómeno sobre el que también queremos llamar la atención es el referido a los menores llamados “inmigrantes
de segunda generación”. Constituyen un grupo en situación de riesgo que ya en Bélgica, Alemania o, sobre todo, en
Francia ha explotado como resultado de una histórica tensión entre su condición de ciudadanos europeos pero pri-
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

vados de las “expectativas europeas” (Cano, 2006). En el resto de Europa, es solo cuestión de tiempo si no se toman
las medidas oportunas. Los datos, en todo caso, no nos hacen ser optimistas. La posición de desventaja social parece
cronificarse en un colectivo en el que, además, la construcción de su identidad social constituye, en sí, un complejo
proceso potencialmente estresante.

Tengamos además en cuenta que, dadas las tendencias migratorias actuales y que la mayor parte de los inmigrantes
que acuden a países de la Unión Europea acabarán estableciéndose aquí, - a pesar del “mito del retorno” -, el número
de personas pertenecientes a estas nuevas generaciones va a aumentar considerablemente en nuestras sociedades en
un futuro próximo. En Alemania, por ejemplo, ya se habla de la “tercera generación de inmigrantes”: La muticulturali-
dad puede ser una fascinante fuente de riqueza cultural, y siguiendo a sociólogos como Fischer, la etno-diversidad en
el hábitat urbano tendría tanta importancia como la biodiversidad en el hábitat natural. Pero también otro resultado
posible es la ghettización de la sociedad.

Para los casos de España e Italia, resultará importante estudiar la evolución del nivel de discriminación socio-laboral
83
que afecta a esta segunda generación de inmigrantes en países con mayor tradición receptora, como Francia o Alema-
nia, así como las medidas aplicadas para paliar dichas discriminaciones, si existe la voluntad política de no cometer los
mismos errores. Como señala Cano (2006), si a medio o largo plazo no se lleva a cabo una integración satisfactoria
de estos descendientes de inmigrantes, puede llegar a producirse la consolidación de unos grupos de adolescentes
marcados por el desarraigo y la frustración, como consecuencia de la continua exclusión social a la que pueden verse
sometidos.

Como resultado de las investigaciones que hemos desarrollado desde el Instituto Vasco de Criminología, una de las
primeras conclusiones que podemos extraer es que los menores inmigrantes infractores comparten una serie de
factores de riesgo propiciadores de una potencial carrera delictiva. Siendo, entre estos, especialmente vulnerables los
menores no acompañados. Pero lo cierto es que no se han encontrado diferencias significativas, en lo que concierne
al perfil delictivo, con los menores nacidos en España, -estos últimos con una situación algo más favorable desde un
punto de vista socio – educativo-.

Sí es destacable que los menores no acompañados son los que han perpetrado delitos que pueden generar una mayor
alarma social (enfrentamientos directos con la víctima, por ejemplo). En todo caso, hemos podido comprobar que en
los indicadores que pueden resultarnos más relevantes como la reincidencia (entendida no desde el punto de vista
jurídico, sino como número de infracciones), no existen diferencias entre menores inmigrantes no acompañados y
menores nacidos en España quienes, en todo caso, cometen más delitos que los menores inmigrantes acompañados.

En lo que concierne al estudio basado en las historias de vida, hay que destacar de este informe basado en entrevis-
tas personales la limitación de la muestra. No es una muestra heterogénea de menores inmigrantes infractores, sino
que realmente se trata de menores varones inmigrantes no acompañados, marroquíes en su mayoría. La razón que
justifica esta acotación se basa en que las características de la muestra corresponden al perfil mayoritario del menor
inmigrante infractor en España, esto es, varón, no acompañado, marroquí y que se encuentra cumpliendo una medida
de internamiento.

Con respecto al perfil sociodemográfico, se trata de menores varones que rozan la mayoría de edad y de ellos, un
alto porcentaje son menores no acompañados procedentes de Marruecos.
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

Todos emigran con una formación mínima y ninguno sabe castellano en el momento de llegar a España, lo que pro-
voca ya una situación de vulnerabilidad importante. En nuestro país, no tienen muchas posibilidades de cursar una
formación reglada, sino que estudian en los distintos talleres que organizan desde los centros de internamiento.

En general, mantienen una mínima relación con su familia de origen, pero ésta únicamente existe a nivel formal, no
ejerce ningún tipo de control sobre el menor. En el mejor de los casos, se comunican telefónicamente. Todos ellos
proceden de familias humildes o muy humildes y, en la mayoría de los casos, también numerosas. Consideramos que la
ausencia absoluta de control parental, determina al menos el inicio de la carrera delictiva, ya que un dato importante
a destacar es que todos los menores afirman no haber cometido ningún delito en su país de origen. Extremo difícil-
mente contrastable, pero nosotros así lo creemos. Por tanto la precariedad económica desde la que emigran, junto
con la ausencia de control de los padres, además del agrupamiento con pares en la misma situación de exclusión, son
factores, entre otros, que predisponen a los menores a cometer infracciones.
84 Así mismo, muchos de los menores que hemos entrevistado relatan haber consumido sustancias tóxicas (básicamen-
te alcohol y hachís) en el periodo en el que estuvieron cometiendo actos delictivos. La presión de los iguales como
hemos señalado, también es un elemento a destacar en estos menores. Muchos de ellos destacan la influencia de los
amigos en el momento de cometer al menos el primer delito.

Los datos recogidos nos sugieren prestar además, una especial atención al contexto de salida, a las causas estructura-
les subyacentes a las necesidades migratorias. Es preciso realizar un análisis de los proyectos migratorios personales
de los menores, expectativas, motivaciones, etc. Debe subrayarse que el contexto de llegada, se caracteriza por ser un
escenario con una cultura, formas de vida, alimentación, formas de relacionarse, etc. ajenas al menor y, en fin, por ser
un proceso complejo de relación caracterizado en ocasiones por una cierta crisis de identidad, que va a condicionar
su proceso de integración y la idea sobre un futuro que puede estar caracterizado por el mito del retorno o por el
deseo de formar parte de la nueva sociedad. También es posible, claro está, que la idea de futuro haya perdido todo
el sentido para el menor acuciado por la urgencia de resolver las necesidades cotidianas. En definitiva, este tipo de
análisis es necesario si lo que se pretende es diseñar políticas integrales y de carácter preventivo.

En el caso de Marruecos, como ejemplo de país emisor de buena parte de menores no acompañados, podemos iden-
tificar algunos elementos del contexto de salida que pueden ser útiles para definir el problema desde una perspectiva
sistémica. Por una parte, la deslocalización de muchas empresas europeas en suelo marroquí, ha tenido como fruto
la progresiva incorporación de la mujer a las fábricas, dejando muchas veces sin tutela a los menores. Por esta razón
o por el propio trabajo que realizan estos menores como recurso fundamental de la familia, provoca, en general, un
porcentaje muy importante de absentismo escolar en el ya de por sí deficitario sistema escolar marroquí. Esta cir-
cunstancia, unida a la nula consideración del menor como ciudadano de derecho y la casi total ausencia de una política
proteccionista, provoca un estado generalizado de gran vulnerabilidad social.

Por otra parte, muchos de estos menores provienen de familias que emigran del entorno rural a los arrabales de
grandes ciudades como Tánger o Casablanca, donde pierden los lazos de solidaridad presentes en el mundo tribal de
procedencia. Esta circunstancia propicia un proceso de marginación y desestructuración en el que el menor acaba
muchas veces siendo víctima de un entorno familiar violento por lo que decide huir y “buscarse la vida” en la calle
iniciándose así un viaje sin retorno. Algunos deciden probar suerte en Europa, accesible hasta entonces gracias a la
televisión y representada por compatriotas que vienen de vacaciones, mostrando siempre su perfil ideal y contem-
plando así la posibilidad de emigrar como una forma de mejorar su situación y la de su familia. Desde este punto
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

de vista, por tanto, es muy importante, como ya hemos señalado, establecer perfiles del menor no acompañado que
viene caracterizado por la casuística del contexto familiar de salida. Entre las que hemos propuesto, resaltamos aquí
la de Capdevilla i Capdevilla (2000) que distingue menores con un proyecto de migración definido, niños de la calle,
menores con patología mental o sanitaria graves, con conductas agresivas o delictiva frecuentes y, en fin, los ya referi-
dos menores de segunda generación. Cada uno de estos perfiles requerirá una política social y educativa diferenciada
de actuación.

También cabe señalar, además de las citadas en relación a los Menores extranjeros no acompañados y la segunda
generación, otras problemáticas emergentes tales como los menores, inmigrantes o no, que alcanzan su mayoría de
edad cumpliendo una medida judicial o los menores, también inmigrantes o no, que desde el ámbito de protección
llegan al sistema de reforma. En todos los casos, parece prioritario que las acciones se soporten en torno a tres ejes
fundamentales:

- La escolarización, en Europa y, desde una perspectiva preventiva, en el contexto de salida; contando con las
85
dificultades del absentismo generalizado, la interiorización del fracaso escolar, la perspectiva de inmediatez ante la
ausencia de un proyecto de futuro, unos hábitos desestructurados, deficiente gestión del tiempo y, en fin, rechazo a
la institución escolar; Europa, por su parte, debe ofrecer un sistema escolar a los descendientes de inmigrantes con
las mismas posibilidades de integración que al resto de la población escolar. La agenda política, en este sentido, tiene
algunas asignaturas pendientes.

- Por otra parte, el empleo y la formación profesional, constituye el segundo eje fundamental, ya que buena
parte de los menores que infringen la ley se encuentran en edad laboral. Posibilitar prácticas en empresas, contratos
con horarios reducidos que les permitan seguir formándose, beneficiar fiscalmente a las empresas que les ofrezcan un
empleo... son algunas de las medidas que deberían ponerse en funcionamiento para evitar situaciones de precariedad
económica, propiciadoras, finalmente, de la delincuencia.

- Y, por último, siempre que ello sea posible, la familia, marco referencial del menor. La pérdida de los referentes
familiares, tan importantes en la vida de un menor, deberían tratar de evitarse al máximo y en el caso de que esta
situación no fuera posible, tendrían que buscarse alternativas tales como tutelas por parte de familias autóctonas, un
sistema de tutores, etc... En definitiva, buscar figuras de referencia estables en el tiempo, que les proporcionen ese
control parental del que ya hemos hablado como factor protector de situaciones de marginalidad y exclusión.

No obstante, es preciso explorar estrategias quizás más audaces y proponer planteamientos originales que pasen por
la flexibilidad de los recursos y, por supuesto, la adaptación a las circunstancias del menor, que deben guiar la medida
penal, casi siempre antes, que la definición sancionadora de la infracción.

En definitiva, es evidente de que se trata de un problema complejo, que requiere estrategias y políticas integrales y
transfronterizas. Creemos que es preciso asumir una perspectiva de análisis e intervención sistémica (ver gráfico) en
el que deberemos distinguir diferentes niveles que van desde lo individual hasta lo macrosistémico, pasando por las
relaciones interpersonales, grupales, escenarios escolares, familiares, laborales y de ocio, también escenarios religio-
sos, además de todo lo concerniente a los parámetros de las condiciones estructurales actuales desde un punto de
vista político – económico, por un lado, y jurídico – social, por otro.

Se trata, en fin, de una visión en que las soluciones compartimentadas (por ausencia de interconexión entre Estados
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

y Autonomías, escenarios de intervención, sistemas de protección y reforma, etc.) están condenadas, con previsible
certeza, al fracaso. Claro que esta versión de las limitaciones existentes sería, en todo caso, la mejor de las opciones,
cuando los errores no puedan atribuirse, simplemente, a la negligencia política y a una pura falta de previsión.

ANÁLISIS E INTERVENCIÓN CON MENORES EXTRANJEROS INFRACTORES:


PALABRAS CLAVE DESDE UNA PERSPECTIVA SISTÉMICA

86 Perfil psicológico del menor.


Proyecto migratorio personal y
Choque cultural. Autoestima.
Construcción Identidad social

Influencia del grupo de pares.


Habilidades sociales en el
Contexto de llegada

Revitalización urbana.
Integración segunda generación.
Escolarización igualitaria.
Escenarios de intervención:
Familia. Empleo. Ocio. Religión.

Agentes policiales y judiciales


especializados.
Espacio judicial europeo.
Cooperación al desarrollo.

Sociedad de acogida:
Representaciones sociales de la
infancia y la inmigración.
Educación en valores de
tolerancia yRespeto.
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

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87
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
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Ponente

Dr. D. Juan Carlos


Muñoz Molina

Director de Rehabilitación Social del Sistema Pe-


nitenciario de Guatemala

PROGRAMAS DE REHABILITACION
Y REINSERCIÓN SOCIAL 89

I. ANTECEDENTES

El Sistema Penitenciaro Guatemalteco ha sido una de las instituciones que ha sufrido un desinterés y abandono
prolongado afectando no solo a la institución sino directamente a la población reclusa. Sus instalaciones y sistemas
operativos son deficientes y el personal administrativo ha perdido interés en el tema de mayor beneficio a la socie-
dad: la rehabilitación y reinserción del privado de libertad. Debido a ello, la Dirección de Rehabilitación Social decidió
devolverle a la población reclusa sus derechos perdidos y la oportunidad de superarse como seres humanos. Para ello
creó el programa de Rehabilitación llamado: “Encuentro con el Bien” el 2 de Diciembre de 2005.
El nombre del mismo se basa en la premisa que ningún ser humano nace como una persona mala o “del lado del mal”.
Es en el camino de sus vidas donde estas personas han perdido su dirección y así, desviándose hacia “el lado del mal”.
Por ello, deseamos guiar a las personas privadas de libertad hacia una experiencia de vida donde vuelvan a descubrir
“el lado del bien” y así logren un “Encuentro con el Bien”.

II. OBJETIVO GENERAL

Dar a la persona las herramientas necesarias para superarse, permitiéndole la oportunidad de vivir una vida más
productiva y satisfactoria, una vida donde reconozca el valor del trabajo, del estudio y del esfuerzo propio. Una vida
donde encuentre una mayor satisfacción en la productividad que en la ociosidad, en el esfuerzo que en la desidia, en
el bien que en el mal, en la superación que en el estancamiento. Una oportunidad de vida que le motive y le abra paso
hacia la reinserción social y donde logre descubrir y dar el primer paso hacia el camino que lo lleve a la superación
personal y pueda deshacerse de la opresión de otros reclusos que lo explotan.

III. OBJETIVOS ESPECIFICOS:

- Eliminación del ocio, al permitir la ocupación del tiempo ocioso de las y los reclusos a través del trabajo, per-
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mitiendo la canalización de de energía en proyectos positivos y de realización personal.

- Disminución de deseos negativos como podrían ser el deseo de suicidio, fugas, desesperación, etc., los cua-
les comienzan a disminuir cuando se genera un ambiente favorable a la concreción de metas personales.

- Superación en distintas áreas acordes a sus capacidades y deseos actuales, pudiendo aprender un oficio nuevo o
superarse en uno que ya sea de su conocimiento.

- Motivación. Logrando la promoción de un ambiente distinto dentro de las cárceles, al fomentar actividades no
solo productivas, sino educativas y recreacionales en las que se logre satisfacción, entretención y productividad.

- Educación. Promoviendo como un objetivo básico de la rehabilitación destinada principalmente para aquellos
90 que deseen capacitarse en un oficio o desempeñar una tarea productiva, con planes que les permitan lograr dentro
del término de su condena, acceder a grados académicos que van desde la primaria hasta la universidad.

- Recreación. Por medio de actividades de esparcimiento que hagan que la posibilidad de distraer a la persona
pueda ser una realidad y le permita a los internos desarrollar actividades físicas en donde logren generar intercambio
con otros reclusos y estimular la competencia sana.

- Promoción empresarial. Con la creación de microempresas, el acceso a créditos para su materia prima y el
verdadero privilegio de lograr ser productivos dentro de la prisión, facilitando los medios para desarrollar su negocio
personal la posibilidad de realizarse como persona.

- Visión positiva del futuro al contar con la oportunidad de aprender lo necesario para manejar un negocio,
acceder al crédito, capacitarse, educarse, y emprender con su esfuerzo la posibilidad de un sendero de prosperidad
para el recluso y su familia, al contar con ingresos que les permita no solo mejorar sus propias condiciones de vida,
sino dejar de ser una carga para la familia y pasar a ser una importante fuente de sustento.

- Cambio de prioridades al sentir una satisfacción personal, superarse en un oficio, mejorar su estado de ánimo
y contar con los elementos que le permitan sentirse útil y capaz de encontrar un sentido diferente a su destino.

IV. LOS 4 EJES DE “ENCUENTRO CON EL BIEN”

Los cuatro ejes del programa de rehabilitación apuntan a una atención integral de la persona para permitir su supera-
ción personal. A la vez, también se le da al recluso la atención médica debida así permitiéndole estar en óptimas con-
diciones para digerir los programas dentro de la prisión. Con el apoyo de instituciones nacionales e internacionales
hemos logrado ejecutar programas basados en los cuatro ejes principales con que cuenta “Encuentro con el Bien”:
el eje educativo, recreativo, humanísitco y laboral los cuales se detallan a continuación. Aparte de ello hemos tenido
que dar atención especial y contratar personas destinadas a atender a los grupos denominados “pandillas” o “maras”
y establecer programas especiales de abordaje y ejecución.

1. EJE EDUCATIVO

El Eje Educativo abarca todos los niveles educativos con el fin de mejorar el nivel académico de la persona y permitir-
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le mayor oportunidad laboral en el momento que cumpla su pena y reingrese a la sociedad. Contamos con programas
de la institución CONALFA quienes desarrollan programas de alfabetización en dos fases y también cubren la prima-
ria. Para niveles de básico y bachillerato contamos con el apoyo del Ministerio de Educación y otras instituciones. El
área universitaria es apoyada por la Universidad Galileo.

Avances

- Alfabetización y Primaria: Se ha cubierto los 19 centros carcelarios con los programas de alfabetización
llevando tutores de CONALFA a las prisiones quienes capacitan a los privados de libertad con un nivel superior de
educación del resto para que sean ellos quienes impartan las clases de alfabetización y reduzcan los índices analfa-
betismo dentro de las prisiones. Mensualmente se supervisa el trabajo y los reclusos son evaluados al culminar cada
fase educativa

- Básico y Bachillerato: En ésta área se cuenta con el apoyo de programas de “Telesecundaria” por parte del
91
Ministerio de Educación. Las clases son impartidas a través de programas televisivos diarios. Aparte de ello, y es el
mayor avance que se ha tenido en el área educativa del Sistema Penitenciario, es la creación de Institutos Oficiales
de Básico y Bachillerato por Madurez. Para ello se debe contar con instalaciones, directores de escuela y maestros,
rigiéndonos bajo los reglamentos del Ministerio de Educación. Hemos graduado a gran cantidad de personas en todos
los niveles incluyendo personas condenadas a muerte en las prisiones de alta seguridad.

- Universidad: La Universidad Galileo ha sido de gran apoyo para el SP. Contamos con programas educativos de
alto nivel donde los reclusos reciben sus clases en centros de cómputo dentro de la prisión. La Universidad envía a
tutores a impartir las clases, apoya con material didáctico y con computadoras para los privados de libertad.

2. EJE RECREATIVO

Busca el fortalecimiento y la conservación del cuerpo del recluso en el tiempo que se encuentra dentro de prisión,
así como la promoción de las expresiones del arte en cualquiera de sus manifestaciones, de manera que esta apoye
al resto de los ejes generando una la consolidación de un círculo virtuoso. Ello permite generar un equilibrio en la
persona debido a que la recreación permite al recluso enfocarse en actividades positivas, competitivas y formando
valores como la disciplina, la creatividad, el orden, compañerismo, respeto y el trabajo en equipo.

Avances

- Donación Equipo Deportivo: El Ministerio de Cultura y Deportes apoya con equipo deportivo como son
uniformes de fútbol, playeras, trofeos, balones, etc. Este equipo ha sido de gran beneficio ya que nos ha permitido
generar diversos campeonatos deportivos en los centros penales generando distracción, motivación y salud para los
reclusos. El Ministerio cuenta con un plan para la creación de canchas polideportivas dentro de los centros.

- Escuelas de Arte: Dentro de algunas granjas de condena se han creado áreas para Escuelas de Arte donde
los propios reclusos imparten cursos de tres niveles a la población interesada. Con el apoyo de varias instituciones
y consulados se ha logrado comprar el material para desarrollar las clases y permitir que el arte sea un medio de
expresión individual terapéutica.
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- Bibliotecas: La DGSP promocionó en los medios de comunicación escrita el mensaje “Regálale un libro a un reo”
dando lugar a una significativa donación de libros los cuales fueron clasificados por personas voluntarias para luego
ser distribuidos a todas las prisiones del país para que cada una tenga su propia biblioteca y grupos de lectores.

- Estrategia Deportiva: En el caso de los “pandilleros”, el deporte ha sido una fuente de gran beneficio para
lograr “romper el hielo” con este tipo de población, además que nos ha permitido identificar los distintos tipos de
personalidad entre ellos y aún más importante que ello, identificación de los líderes. Esto nos permite establecer
estrategias de abordaje para implementar los proyectos de rehabilitación con ellos.

3. EJE HUMANÍSTICO

Una de las áreas más importantes y que genera mayor cambio en los reclusos es el área religiosa. Es aquí donde las
92 personas descubren una luz, una esperanza en sus caminos generando una visión positiva y alentadora para su futuro.
En la mayoría de casos hemos verificado el hecho que es la creencia en un Ser Supremo lo que da una nueva visión
de vida, una razón de ser en esta tierra. Esto permite cambiar el rumbo de las vidas y encausarlos en el camino del
bien generando una “nueva” escala de valores en los privados de libertad y en todo ser humano.

Avances

- Voluntariado: Contamos con personas voluntarias dedicadas a un solo sector dentro de la prisión. Ellas atienden
las necesidades personales da cada recluso, dando charlas de superación personal, valores y temas religiosos. Estas
personas se enfocan en las poblaciones más abandonadas como son las “rusas”, personas que no tienen familiares,
amigos y ninguna clase de apoyo.

- Grupos Religiosos: Recibimos el apoyo de varias instituciones religiosas en todos los centros penales. Ellos
no solo imparten charlas y eventos religiosos sino también brindan oportunidades de trabajo para los privados de
libertad. Contamos con el apoyo de grupos Católicos y Evangélicos.

- Condenados a Muerte: Contratamos a una psicóloga que ha dedicado su vida a las personas condenadas a
muerte. Ella viaja alrededor de todo el país para brindarle atención individualizada y grupal a las personas condenadas
a muerte ya que manejan un alto nivel de estrés por la incertidumbre de sus casos. Contamos también con psicólogos
en los centros penales y una psiquiatra para casos especiales.

- Pacific Institute: Esta institución está dedicada en los E.E.U.U. a capacitar y generar en las personas el deseo
de superación personal. Está basado en las mejores teorías psicológicas y estudios de personas exitosas alrededor
del mundo. Ellos colaborarán con sus programas de superación para capacitar a los líderes de las pandillas para que
luego ellos capaciten al resto de su grupo. Esto no solo lo realizarán dentro de las prisiones sino está contemplada la
continuidad del mismo en la sociedad en el momento que la persona obtenga su libertad.

4. EJE LABORAL

Las personas privadas de libertad no deben de perder el derecho de laborar por el hecho de estar en una prisión y
esto es una realidad en la mayoría de personas cuando un sistema ha sido abandonado durante varios años. Por ello,
este eje pretende formar a las personas con programas de capacitación en función del trabajo productivo. Además
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apoya la preparación de las personas en actividades empresariales y fomento de la productividad como un elemento
vital para poder hacer que el recluso acceda a ingresos con los cuales pueda ayudar al sostenimiento de su familia.
Luego, para lograr una verdadera reinserción son éstos los pasos a seguir:

1. Capacitación: entrenamiento a los reclusos en diversas áreas laborales dentro de las prisiones. Ellos luego
escogen en cuál desean iniciar su capacitación para iniciar su propia micro empresa.

2. Acercamiento a la sociedad: práctica del oficio aprendido dentro de la prisión para luego desarrollarlo
fuera de la misma conjuntamente con un entrenamiento en el inicio y manejo de microempresas otorgándosele un
microcrédito a las personas con características emprendedoras.

3. Integración a la sociedad: se proporciona créditos para la creación y manejo de sus microempresas dándole
seguimiento hasta el momento que la microempresa corra por su cuenta dentro del ámbito social del individuo. 93
Avances

1. Galpón de Gallinas Ponedoras:


Los privados de libertad, con la ayuda del Ministerio de Economía, construyeron un galpón de gallinas en la Granja Pe-
nal “Canadá” diseñado para más de 1000 gallinas ponedoras. Éstas proveerán los huevos necesarios para la panadería
donde elaborarán el pan que proveerá las necesidades del centro y el sobrante se comercializará fuera de la prisión.
Los internos devengaron salario por horas trabajadas. La construcción del mismo ya culminó.

2. Panadería:
La panadería es financiada por la DGSP y la Unión Europea, la cual está en construcción en la Granja Penal “Canadá”
para brindar fuentes de trabajo a los reclusos además de capacitaciones por entidades nacionales como el INTECAP.
Esta institución también apoyó en el área arquitectónica de la misma. La obra estará terminada en abril de éste año.

3. Capacitaciones en Serigrafía:
Estos cursos están destinados para la población de pandilleros brindándoles una capacitación que sea de viabilidad ya
que el docente instruye a las personas para elaborar sus propios materiales de trabajo e identificar los lugares más
económicos para adquirir las pinturas, telas, químicos, etc. El objetivo es que ellos puedan realizar trabajos de alta
calidad a un costo accesible y con todas las facilidades para desarrollarlos en sus propios hogares una vez cumplida
su pena. Ya fue graduada la primera promoción de pandilleros en el Preventivo de Chimaltenango. Ahora los cursos
dieron inicio para los pandilleros de la Granja Penal “Pavón”.

4. Cursos de Veladoras:
Este curso fue dirigido para la población denominada “pandilleros” de la Mara Salvatrucha. Éste fue impartido por
una persona no vidente para generar un mayor impacto en la población y obligarlos a un acercamiento más de cerca
con la misma. La estrategia fue un éxito ya que la relación entre maestra-estudiante fue impactante y positiva para
ambas partes. Se generó muchos lazos amistosos y desarrollo de capacidades no antes descubiertas por la población.
El curso tuvo una duración de 6 meses y fue impartido en la Cárcel de Máxima Seguridad “El Boquerón” graduando
a más de 30 personas. Este curso ahora se imparte en la Centro de Orientación Femenina donde ya se graduó la
primera promoción de mujeres. En 5 meses se graduará la segunda.
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5. Elaboración de Pupitres:
Se está desarrollando un convenio con el Ministerio de Educación para que los privados de libertad puedan desarrollar
pupitres personales y bipersonales para las distintas escuelas del País. Los materiales de trabajo fueron donados por la
Unión Europea y se creará un espacio especial para la elaboración de los mismos en la Granja Penal “Canadá”.

6. Empresarios de Éxito:
Personas de una organización no gubernamental apoya en distintas prisiones para implementar cursos de elaboración
de productos de limpieza e higiene y cuidado personal. Se han graduado varias promociones alrededor del país y ac-
tualmente gran cantidad de los privados de libertad tienen y manejan su propio negocio vendiendo sus productos.

7. Maquila:
Actualmente funciona una maquila en el Centro de Orientación Femenino dando trabajo a más de 25 personas y se
94 acaba de inaugurar una mini-maquila en el Centro de Detención Preventiva “Santa Teresa” donde ya se cuentan con
fuentes de trabajo para la elaboración de bolsas de lujo para la empresa “Marlene Lamour”. Las privadas de libertad
elaboraron vestidos de alta calidad diseñados por jóvenes guatemaltecos y se realizó un desfile de modas en el Palacio
Nacional de la Cultura.

8. Limpieza, Clasificación y Empaque de Frijol:


En el Centro de Orientación Femenina y en la Granja Penal “Pavón” contamos con éstos servicios para tres empresas
de frijol el cual lo distribuyen en los supermercados del país. Actualmente se está negociando la ampliación de una de
las fábricas para darle mayor empleo a los reclusos.

9. Curso Profesional de Mecánicos:


Este curso tiene una duración de 2 años donde capacitan a las personas en la creación de cualquier pieza mecánica,
correcto uso de tornos industriales, fresadoras, etc. Se obtiene un titulo profesional otorgado por el INTECAP. Se
llevará a cabo en la Granja Penal “Pavón”.

10. Cocina Profesional


La Unión Europea brindó todo su apoyo para la construcción de una cocina profesional en el Centro Preventivo de
Mujeres “Santa Teresa” donde las privadas de libertad fueron capacitadas por el INTECAP. Para demostrar la capaci-
dad de éstas personas los embajadores de la Unión Europea y el Vicepresidente del País fueron invitados a la prisión
a un almuerzo preparado por la población reclusa siendo éste un éxito total.

11. Salón de Belleza Profesional


Con la ayuda de la Unión Europea, se construyó un salón de belleza profesional en el Preventivo para Mujeres “Santa
Teresa” donde las privadas de libertad fueron capacitadas por el INTECAP siendo graduada la primera promoción
de Cultoras de Belleza. Ahora tres ex reclusas que ya obtuvieron su libertad cuentan con su propio salón de belleza
en sus hogares.

12. Estudiantes Diseñadores Industriales


La Universidad Landivar y el Instituto de Diseñadores Industriales INDIS conjuntamente con el Sistema Penitenciario firma-
ron un acuerdo de colaboración. Los estudiantes universitarios capacitarán a los privados de libertad fomentando la creati-
vidad para desarrollar productos ingeniosos, atractivos, de alta calidad y con capacidad de comercialización en el mercado.
Se tiene contacto con diversas fuentes de comunicación para dar a conocer los productos a la sociedad guatemaleteca.
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13. Carpintería Profesional


La carpintería será realizada en uno de los sectores del Preventivo para Hombres de la zona 18. Con la ayuda de los
estudiantes de arquitectura de la Universidad San Carlos y un carpintero profesional, se midió y diseñó el área donde
existirá una carpintería profesional para elaborar cualquier tipo de pieza de madera. Será una carpintería de más de
un cuarto de millón de quetzales. El carpintero vende su producto dentro del país, a nivel centro americano y exporta
a los Estados Unidos. La fuente de trabajo está garantizada ya que el mismo carpintero los entrena y les da trabajo.

14. Crédito de Microempresa


Se realizó una reunión en el Ministerio de Economía con una empresa dispuesta otorgar un crédito a las reclusas del
Preventivo para Mujeres “Santa Teresa”. La Universidad Landivar cuenta con un Programa de Emprendedores donde
se evalúa individualmente a las personas para descubrir sus características emprendedoras, capacitándolas en las
áreas débiles, realizando un plan de trabajo, apoyo y guía para el inicio de una microempresa, acompañamiento de la
misma una vez iniciada y la elaboración de un plan de vida.Todo ello incrementa de manera drástica las probabilidades 95
de éxito de las reclusas permitiéndoles tener una nueva visión dentro de la prisión ya que contarán con una fuente
de trabajo en la sociedad cuando cumplan su pena.

V. CONCLUSION

En el año y tres meses que lleva la Dirección de Rehabilitación de existir en el Sistema Penitenciario, los programas
desarrollados han mostrado ser un éxito para las personas privadas de libertad. Se han mejorado las condiciones
carcelarias básicas y se han implementado áreas productivas, recreativas y educativas dándole una gran gama de opor-
tunidades a las personas dentro de las prisiones. Además de ello, los programas de reinserción social están diseñados
para disminuir al máximo las probabilidades de fracaso laboral ya que se realizan estudios previos de la población, las
capacitaciones las realizan personas profesionales y se proporcionan oportunidades laborales viables para la pobla-
ción reclusa. Además los programas se diseñan en el orden necesario para motivar a las personas en su proceso de
educación, capacitación, desarrollo personal, laboral y espiritual dirigidos a un verdadero “Encuentro con el Bien”.
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Ponente

D. Francisco Javier
Migueláñez Valero

Jefe de la Brigada de Investigación Tecnológica de


la Comisaría General de Policía Judicial

INMIGRACIÓN Y DELINCUENCIA
JUVENIL EN EL CONTEXTO EUROPEO 97

Como saben todos ustedes, los niños son objeto de protección, es algo obvio, pero lamentablemente en nuestra
sociedad y en todas son también objeto de todo tipo de abusos, agresiones y malos tratos, simultáneos en muchos
casos. Obviamente, no todos son de naturaleza sexual y sólo se llegan a conocer en porcentajes muy reducidos. Es
lo que psicólogos o sociólogos denominan el vértice de la pirámide del maltrato. Internacionalmente, suelen citarse
cuatro tipos de maltrato básicamente: el físico, por negligencia, por abandono y, el que ocupa mi brigada, explotación,
por explotación comercial y explotación sexual. La práctica totalidad de esos maltratos dan lugar a una intervención
policial directa y, en muchos casos especializada aunque sólo sea con fines de protección. Ahí es donde se enmarca la
actividad de la Brigada de Investigación Tecnológica. Sin olvidar la excelente labor que realizan, por ejemplo, los grupos
de menores en estrecha coordinación con fiscalías y juzgados de menores o, en el ámbito estricto de la Comisaría
General de Policía Judicial a la que yo pertenezco, el Grupo de Desaparecidos de la Brigada de Investigación de De-
lincuencia Especializada o por ejemplo los compañeros que integran la BIMEP, una unidad de Búsqueda Internacional
de Menores y Desaparecidos gestionado por la oficina de INTERPOL española.

La casuística española sobre explotación de la infancia es conocida, las conocen ustedes perfectamente porque está
en todos los medios: mendicidad, turismo sexual, sí, turismo sexual también, prostitución y pornografía infantil,
comisión de todo tipo de delitos, incluso, se podría incluir aquí la integración de los menores o de los niños en la
economía sumergida, todo eso se da en nuestro país. La actividad preferente de mi brigada ha sido y es combatir la
pornografía infantil en la red y es en esta área donde se centra nuestra modesta contribución a la seguridad de este
país. Precisando ya, como adelanto, que en este campo, aunque habitualmente el menor aparece como víctima, y aquí
quiero hacerles una puntualización, en general víctima no identificada, de las aproximadamente 500.000 imágenes
que se contienen en la base de datos de INTERPOL relacionadas con esta materia, imágenes y vídeos, aparecen
aproximadamente unos 40.000 niños, de esos 40.000 niños la comunidad policial, entera, toda la comunidad policial
internacional sólo ha conseguido identificar, en el 2006, a 488. Bien, con esa matización, quiero precisar que, además
de ser víctima, lamentablemente en nuestro país nos estamos encontrando también con menores detenidos en su
implicación en conductas delictivas como poseedores o distribuidores de pornografía infantil. ¿Cómo es posible?
Obviamente yo no tengo la respuesta, a lo sumo tengo alguna opinión, más como padre o como ciudadano que como
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

profesional de la policía y estoy seguro que desde esa perspectiva a ustedes no les interesa. En fin, el sustento legal
de la actividad de mi brigada se encuentra como es normal y es lógico, somos una unidad de investigación operativa
en el Código Penal y concretamente en dos artículos: el artículo 189 y el 189. El más importante es el 189: los tipos
penales que les integran, empezando por la utilización de menores o incapaces en espectáculos o con fines pornográ-
ficos o exhibicionistas y la producción de pornografía infantil y todas las formas de colaboración activa, la posesión
de pornografía infantil y lo que se conoce como pseudopornografía.

Las penas, a mi juicio, en relación con algunos de los tipos, absolutamente insuficientes, oscilan entre los 4 u 8 años,
cuando se trata de alguna de las gravaciones de los tipos básicos, o los 3 meses a 1 año previstas para los tipos penales
introducidos por la ley orgánica 15/2003. Concretamente, la posesión de pornografía infantil para uso propio y lo que
se conoce como pseudopornografía. En la realidad de mi experiencia profesional, en fin, y aunque es un área en la que
no abunda la jurisprudencia, normalmente en muchos de estos casos, la pena se suele saldar con la otra posibilidad
98 que ofrece también el artículo que son las multas o tratamientos paliativos o correctivos. Obviamente al margen de
los recursos materiales, humanos o técnicos, siempre importantes para desarrollar nuestra actividad, ésta viene de-
terminada en buena medida, por las herramientas legales a nuestra disposición y en este sentido simplemente a título
de comentario sin profundizar, entre otras cosas porque posiblemente no puedo, yo no soy ningún técnico jurista ni
ningún abogado, existen algunas lagunas legales con las que nos tropezamos habitualmente en nuestro trabajo. Las
cito: en nuestro país no está tipificada la apología de la pornografía infantil, no está tipificada la posesión de lo que
se conoce como pseudopornografía, no sabemos qué hacer en cuanto a actuación policial con el acceso o la facilita-
ción de acceso a la pornografía infantil porque tampoco está tipificada, como tampoco lo está la pornografía técnica,
pornografía infantil técnica o virtual, los famosos animés o mangas japoneses a los que se accede fácilmente incluso a
través de determinados canales de televisión. Y además lo que en el mundo anglosajón se conoce como gruming, un
problema con el que en la experiencia de mi brigada nos tropezamos diariamente.

Como sabemos, entre los diferentes actores presentes en Internet, los menores son o constituyen el sector posible-
mente más numeroso y vulnerable. Los datos los tengo, pero no los voy a citar, son concluyentes. Junto con esa cons-
tatación obvia, los niños y los menores están en Internet y de forma creciente. Cuando hablo en foros, en este tipo
de foros, suelo también añadir otra circunstancia que también es obvia, pero que me gusta poner de relieve: es que
en materia de prevención y en relación con las amenazas reales y crecientes que afectan a los menores en Internet
y en relación, en general, con las modernas tecnologías de información y comunicaciones la actividad y diligencia de
los padres no puede ser suplida eficazmente por las fuerzas y cuerpos de seguridad o cualesquiera otras instituciones
públicas o privadas. Suelen citarse toda una serie de reglas, si entran en la página oficial de mi brigada, en la de ESPAF
o en la de UNICEF, seguro que en algunas de las páginas de la comunidad de Madrid, van a encontrar todas aquellas
reglas a las que deberían atenerse los padres en relación con la presencia de sus hijos en Internet. De hecho, nuestro
código civil, muy antiguo, de 1889, tengo entendido, atribuye ya a los padres una serie de recursos legales de los que
pueden hacer uso, basta con referirse a los artículos 154 y siguientes. En fin, hay que reconocer, no obstante, que
los padres y los policías no lo tenemos fácil. A la hora de actuar, con la inevitable repercusión que nuestra actividad
tiene sobre los ciudadanos, delincuentes o no, y sobre nosotros mismos. A todo profesional de la policía nos gusta
contar con procedimientos y tipos penales que faciliten una respuesta sencilla, sin complicaciones, limpia, y eficaz a
la amenaza contenida o conducta que observa. Como seguramente ustedes saben, Internet y las modernas tecnolo-
gías complican especialmente esta tarea, por diferentes motivos, algunos asociados a las dificultades inherentes de la
investigación policial en el área de Internet. Las conocen porque están al alcance de cualquiera que se interese por
estos temas, la problemática relacionada con la trasnacionalidad, la quiebra del principio de territorialidad, en esta
área, el problema relacionado con la presencia de intermediarios, en fin, la pluralidad de objetivos, la pluralidad de
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ataques, el perfil del autor.Todas estas circunstancias que nos dificultan expresamente la actuación. Pero especialmen-
te en relación con la protección del menor, mi brigada y, en general, todos los policías que trabajan en esta área, nos
tropezamos habitualmente con un tema especialmente ambiguo y complicado, son lo que se denominan contenidos
perjudiciales o nocivos. Es decir, contenidos no estrictamente delictivos, no delictivos, no tipificados, sin embargo que
comportan evidentes amenazas, riesgos o consecuencias negativas para los menores que acceden a ellos.

Desde un punto de vista técnico-jurídico plantean distintas cuestiones. En primer lugar, hay una corriente bastante
extendida que sostiene que la tipificación de esas conductas, o de esos contenidos, supone incurrir en el denostado
proceso de expansión del derecho penal, que estaría en contradicción directa con los principios de mínima interven-
ción, de proporcionalidad de la respuesta penal, etc. Plantea también una dicotomía, una especie de relación dialéctica
difícil de resolver siempre entre los principios de libertad de acceso y de expresión que caracterizan obviamente a
Internet y el derecho a una efectiva tutela por parte de las instituciones públicas y por parte del Estado y muy espe-
cialmente cuando la víctima pertenece a un colectivo muy vulnerable: el caso de los menores. La realidad es que esos 99
contenidos están ahí en Internet. Son además de fácil acceso y localización. Cualquiera de nuestros niños, sin grandes
dificultades, posiblemente tecleando en el Google algunas de las palabras clave pueda acceder a todo tipo de ejecu-
ciones, simulación de violaciones, torturas y asesinatos, apología de la pedofilia, del consumo de drogas, de la anorexia
o de la bulimia, pactos suicidas, incitación al hurto o al robo y todo tipo de videojuegos accesibles en Internet que
recogen vejaciones de toda naturaleza a mujeres y niños, violencia…Para afrontar este problema, de difícil solución
policial, se han arbitrado como saben distintas soluciones: una solución incriminadora directamente o represiva, que
habitualmente se suele asociar con EEUU, y hablamos de la famosa ley de Decencia de las Comunicaciones que el
Tribunal Supremo tiró abajo o una solución europea, digamos, de aproximación indirecta, preventiva, que se sustenta
sobre cuatro pilares que cito rápidamente: el desarrollo de las líneas de denuncia directas y policiales, las famosas
hotlines o helplines, los sistema de filtrado, calificación o etiquetado, la autorecolección y códigos de conducta y, lo
que a mi juicio es más importante, es la concienciación o sensibilización de los usuarios y especialmente de los pa-
dres. No obstante, a pesar del problema que tenemos con lo que se denominan contenidos nocivos o perjudiciales
el verdadero ámbito de actuación de mi brigada, como les vengo señalando, es la lucha contra la pornografía infantil.
Sus resultados, admitiendo el valor relativo y el carácter contradictorio, siempre contradictorio, de las estadísticas
policiales, como en general de todas estadísticas, han sido óptimos. En el 2004 detuvimos a 167 personas, en el 2005
a 260, y en el 2006, a fecha 31 de octubre iban detenidos 102 ciudadanos españoles. Si el número de detenidos es un
índice estimativo válido, debemos admitir que estamos ante un problema criminal grave. En efecto, en buena medida
como resultado de la actividad de mi brigada, la Guardia Civil también trabaja esta área con eficacia, viene revelándose
la existencia en España de una realidad criminal que durante mucho tiempo hemos creído asociada a otras culturas
o situaciones socio-económicas: posesión y distribución de pornografía infantil, mediante páginas web de pago y me-
diante todas las aplicaciones y servicios de uso ordinario que ustedes conocen; canales de IRC donde se contiene lo
que los investigadores conocen como pornografía de calidad, infantil de calidad, web-cams asociadas al Messenger y
a otras aplicaciones de mensajería instantánea, foros y sitios de almacenamiento virtual de archivos, grupos y comu-
nidades de Internet, los famosos grupos de MSN, y especialmente las redes de peer-to-peer y sus programas clientes,
en España, la red Fast-Track, Kazaa y, fundamentalmente, la red E-Donkey y el programa E-Mule. Pero no solamente
tenemos en España distribución y posesión de pornografía infantil. Quiero hacerlo resaltar: España también tiene el
triste honor de producir pornografía infantil.

Como resultado de la actividad de mi brigada, a lo largo del año pasado y el anterior actuamos sobre distintas orga-
nizaciones, una de ellas, la operación que nosotros denominamos Ruber, actuando contra un grupo de, en fin, aunque
es un término que no me gusta utilizar, de pederastas o pedófilos que mantenían relaciones sexuales con menores
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y que posteriormente intercambiaban o distribuían en la red. Eran relaciones sexuales consentidas, porque deben
saber ustedes que, de acuerdo con la legislación española, un niño en España a partir de los 13 años es plenamente
autónomo para mantener relaciones sexuales. En la siguiente operación, una operación consecutiva en buena medida
resultado de ésa, nos llevó a tropezarnos con una red que, y hablo de red porque estaba el grupo distribuido en toda
la geografía española, que mantenía, no mantenía, sino que realizaba todo tipo de abusos y agresiones sexuales sobre
niños comprendidos entre los 3 meses y los 7 años, después las intercambiaban y las colgaban en la red, en círculos
en los que ellos se movían habitualmente como es lógico. Cito el perfil de los detenidos, para que ustedes lo sepan
y, lo que nos lleva a plantearnos también las dificultades de esta investigación: no estamos hablando aquí como posi-
blemente les están hablando constantemente de delincuencia asociada a marginación, estamos hablando de otra cosa,
que subyace y que la actividad de la policía revela. Una persona que se ofrecía como nanny, en fin, para guardar niños,
tenía 23 años cuando le detuvimos y era un técnico informático. Su amigo Aza también conocido como Azael, Azacel,
tenía 24 años y era estudiante de biología, otro tenía 24 años y era estudiante de geografía. De hecho, entre las más
100 de 600 personas detenidas por mi brigada en los últimos 30 meses, figuran representantes de todas las profesiones
y clases sociales, incluidos numerosos menores. Algunos de ellos con colecciones que incluían miles de imágenes. Y
acabo ya, diciendo que, esta realidad que emerge y a la que tenemos que afrontar, es una realidad lamentablemente
dinámica, como ocurre con toda la delincuencia de naturaleza tecnológica, en permanente mutación. Los nuevos retos
para la policía y para la administración de justicia están ahí.

Es el abuso real, el abuso en línea, previo pago, los abusos reales retransmitidos a través de la red, previo pago. Es la
creciente utilización de las modernas tecnologías, webcams, teléfonos celulares en la distribución y producción de
pornografía infantil. Es la utilización de lo que se conoce en las redes sociales en esa área también cada vez más, como
por ejemplo el You Tube o el My Space, todo eso que conocen ustedes, y es especialmente lo que va a complicar
enormemente la actividad policial, la utilización para esta materia de lo que se conocen como peer-to-peer puras,
en las que la información viaja encriptada. Concluyo: afrontar estos nuevos retos exigirá sin duda, la adecuación de
nuestros recursos, técnicas y procedimientos de investigación, yo estoy seguro que el Cuerpo Nacional de Policía
y, en concreto mi brigada, no van a eludir ese desafío. He tenido la suerte de dirigir durante cerca de tres años una
unidad policial que modestamente, consciente de sus muchas limitaciones, viene esforzándose en combatir una prác-
tica criminal especialmente abominable. Lo hace con éxito: he tenido el honor de que alguna de mis operaciones
haya sido, haya recibido la felicitación expresa incluso de Naciones Unidas, la actuación de mi modesta brigada, 32
funcionarios. Y como es natural, esa actividad la realizamos no solos, sino con la colaboración del Cuerpo Nacional
de Policía, de todo el Cuerpo Nacional de Policía, y en estrecho contacto con todo tipo de instituciones públicas y
privadas. Me gusta en este caso, y es el foro, por ejemplo, resaltar la estrecha relación que mantiene mi brigada con
el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid o con varias ONG que, quiero utilizar esta ocasión y este esce-
nario para agradecer, primero para poner de manifiesto su eficacia y en segundo lugar, agradecerles su colaboración
y expresarles mi reconocimiento.
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1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
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C
Ponente
ONFERENCIA

Prof. Dr. D. Elías Escaff Silva


“Prevención de la violencia”

Psicólogo y Criminólogo, Gerente de la División Nacional de Atención a Víctimas y Testigos


el Ministerio Público de Chile

103

Moderadora

Ilmo. SrA. Dª. Carmen González Fernández


Viceconsejera de la Consejería de Educación de Madrid
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE


LA PREVENCIÓN DE LA
DELINCUENCIA JUVENIL

Estamos en presencia de un fenómeno que sin duda nos da problemas a todo el mundo. La idea es hacer una breve
introducción, hablar de algunos antecedentes diagnósticos, pinceladas, sobre cuáles son los problemas que se perci-
ben como emergentes, factores asociados a la etiología que creo que han profundizado muchísimo en el transcurso
de las exposiciones anteriores y finalmente, quisiera sistematizar algunos elementos relacionados con la prevención,
que sin duda es materia muy importante en este contexto. Sí, ahí está un poco la temática y yo creo que vamos a ir
avanzando lentamente.

Les decía que ésta sin duda es una problemática que llama la atención, y llama la atención en primer lugar por tratarse
de niños, de jóvenes que se ven involucrados tanto como víctimas como infractores de ley, cuando debieran estar
fundamentalmente gozando de su niñez, gozando de los juegos, de su propio desarrollo, de su vinculación con sus
padres y adultos, de tal manera que sin duda, el fenómeno de la criminalidad ya nos asombra, pero cuando se trata
de niños, sin duda que nos llama muchísimo la atención y nos pone muy alerta cuando aparece dentro de la temática
central.Yo creo que el tema, también hemos podido apreciar, que lentamente se está incorporando a lo que es las po-
líticas públicas. Es decir, el impacto que está generando la participación de jóvenes en este contexto, sin duda que las
políticas públicas ya hoy día lo consideran como elemento esencial.Y está dentro de una planificación estratégica. 105
No está como un elemento aislado dentro de una problemática muy específica sino que efectivamente vemos que es
parte de la agenda de la política. Vemos también de que la ciudadanía ha ido observando un incremento de la parti-
cipación de jóvenes en el ámbito de la criminalidad.Y cada día los medios de comunicación informan de la presencia
de jóvenes en distintos actos de carácter delictivo, pero además efectivamente, parece ser que en los últimos años
hemos observado que la participación no sólo ha aumentado en términos de cantidad sino en términos de calidad de
los delitos, en el sentido de que se han visto involucrados en delitos que sin duda son más graves, como son los homi-
cidios, como son secuestros, como el tráfico, tráfico ilícito de drogas, e incluso en bandas y organizaciones criminales.
De tal manera que eso es verdaderamente preocupante y sin duda que es un fenómeno que ha experimentado no
sólo cambios en las últimas dos décadas en orden cuantitativo sino que también en término cualitativo.

Frente a este panorama también yo creo que llama la atención, por lo menos a los criminólogos, o a los que de algún
modo tenemos una percepción un poquito más amplia, la tendencia de los legisladores a endurecer la mano en los
llamados Movimientos de Ley y Orden. Creen que la solución de este problema es, fundamentalmente, un tema le-
gislativo, y para eso hay que crear nuevas figuras delictivas, hay que aumentar la penalidad por supuesto de las que ya
están consideradas, un incremento en la cantidad de cárceles, privatización incluso de muchas de las cárceles, mayor
cantidad de policías. Son como las fórmulas acostumbradas a las cuales nos hemos visto enfrentados en los últimos
tiempos. Y por supuesto que creer que los cambios en la ley o en el derecho penal, es el principal elemento para
combatir la criminalidad. Como si no hubiese otras formas de resolución de conflictos, bastante más eficaces, menos
traumáticos, menos estigmatizantes que no el sistema penal. De pronto se olvidan de que el Derecho Penal es, sin
duda, la última ratio de la forma de entendernos los seres humanos. Cuando entra el Estado, cuando entra el Sistema
Penal es porque no ha podido encontrar otras fórmulas más adecuadas, sin duda.Y lo otro, que ya existe consenso, es
que es una problemática absolutamente compleja.Y que efectivamente necesitamos abordarlo desde una perspectiva
integral; es decir, involucrando a todos. Pero además multisectorial; es deciren los distintos ámbitos, nos corresponde
a todos aportar la solución de este conflicto.

¿Qué se dice respecto, hoy día, a las cifras o a las cantidades? En general, se señala de que de toda la criminalidad
entre un 15 y un 22 %, más o menos, corresponde a delitos en los cuales los jóvenes se ven incorporados, o se ven
catalogados como sus autores. Sin duda aquí hay una alta cifra negra: en general, los delitos que cometen los menores,
sobre todo, bueno, ustedes tiene la responsabilidad penal juvenil entiendo, de 14 a 18 años, en nuestro país hay una
instancia entre 16 y 18. Los menores de 16 teóricamente son inimputables, como los de ustedes, los menores de 14.
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A partir de mayo de este año, mayo junio de este año, nos incorporamos también con una reforma de responsabilidad
penal juvenil. Pero muchos de los delitos que cometen estos chicos, los bajo-14 o bajo-16 en mi país, la verdad es que
quedan en la absoluta impunidad porque además, entre otras cosas, los cometen muchas veces sobre los menores.
Entonces, la gente percibe que no hay una adecuada fórmula social del sistema que de algún modo ponga las cosas en
su lugar, en su equilibrio. De ese punto de vista, sin duda, que esos 15 a 22 % probablemente se podría haber incre-
mentado en la medida en que muchos de estos delitos que los chicos cometen no son conocidos por las autoridades
del sistema. Se han visto algunas dificultades en términos de la delimitación del concepto de menores o de jóvenes
infractores, adolescentes, niños. En general, existe consenso en que el límite superior es de 18 años, aún cuando en
algunas legislaciones hay ciertas franquicias, llamémosles así, para los chicos o jóvenes entre 18 y 23 años. En mi país
no, pero entiendo que en el de ustedes hay algún tipo de regulación. O al menos en algunos otros países de Europa
los he conocido. Pero los problemas están fundamentalmente en el límite inferior. Es decir, hoy día en mi país es 16,
ustedes son 14, y en otras legislaciones 12 y en otras 7. No sé si llegaremos en un par de décadas más, a lo mejor, a
106 los chicos de 5 años, a tenerlos sometidos ya al sistema. A mí me parece una aberración, a mí me parece casi incon-
cebible, que chicos de 12, 13 años realmente los tome el sistema. Pero sin duda, son las reacciones propias de estos
movimientos de mano dura, las que hacen que los límites cada día vayan bajando sistemáticamente en el tiempo.

Afortunadamente, la temática de los jóvenes, en la gran mayoría de los casos tiene un carácter episódico. De hecho,
nos damos cuenta de que de todos los jóvenes menores de 18 años del mundo, sólo un 0.4, un 0.7 de ellos se ven
involucrados en el sistema. De tal manera que las tasas son igualmente muy pocas: entre 4 y 7 por cada 1000 jóvenes
del mundo. No obstante, hay estudios bastante interesantes. Los estudios llamados de autodenuncia, en el sentido
de que se les pide a la comunidad, a los jóvenes, que realmente reporten si en el transcurso de sus vidas han reali-
zado o no algún tipo de acto delictivo , penalizado, y la verdad es que los antecedentes y los estudios señalan que
alrededor de los 18, 19 años, prácticamente el 80 o el 90 % de todos los jóvenes, efectivamente han cometido algún
acto ilícito, que de ser descubierto por el sistema, o ser conocido o denunciado o detectado por el sistema, habría
incurrido en algún tipo de pena. O sea, si yo los miro acá de frente a ustedes podría perfectamente señalarles de
que aquí tres cuartas partes del auditorio ha cometido algún delito que debió haber tenido algún tipo de sanción
penal. No les voy a decir que levanten la mano, aquellos que efectivamente lo han hecho. Sería un poco engorroso,
digamos. Pero sin duda, y si el sistema sólo detecta al 4 por mil o 7 por mil, excepcionalmente en algunos países cerca
del 1%, y los estudios estos de autodenuncia, señalan que del 60 al 80 % general cometen algún tipo de delito. Es
curioso, estamos muy protegidos, los chicos de alguna manera estan protegidos.Y en ese contexto, lo que pensamos
es que efectivamente por fortuna muchos de aquellos que cometemos delitos en esta etapa de la niñez o de la ado-
lescencia, finalmente, con el transcurso del tiempo no tiene mayor trascendencia. Hemos observado también, y esto
es preocupante, y es por eso que los legisladores han ido sucesivamente bajando esta etapa del límite inferior, una
disminución de la edad del inicio de la carrera delictiva. Efectivamente esto es detectable. Lo hemos señalado. Lo he
escuchado también en este escenario. En mi país la carrera delictiva comenzaba, habitualmente hasta hace un par de
décadas, a los 14 a 16 años y hoy día también vemos chicos de 12-13 años. O sea, perfectamente podría señalar que
el inicio, yo creo que se ha anticipado en un par de años fácilmente. Ya lo señalé, que habían participado en algunos
delitos más graves como problemas emergentes. También alguna forma de organización criminal. Las organizaciones
criminales en general, uno las encuentra hoy día con bastante naturalidad, pero hace tres décadas, la verdad es que no
había organizaciones criminales. Yo diría que fundamentalmente se dedicaban al terrorismo y probablemente a todo
el ámbito de las drogas: organizaciones criminales para el tráfico ilícito de drogas, pero eran muy reducidas. Eran muy
conocidas, circunscritas y operaban en estos contextos. Hoy día existen bandas para el delito. Hoy sí existen organi-
zaciones criminales que viven del delito.Y se ha percibido, se ha observado, que los chicos también están ingresando
con mucha familiaridad a estas bandas criminales o a estas pandillas. O más aún, hay un fenómeno bastante particular
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que son definitivamente las pandillas de jóvenes, en el sentido de, los maras en Latinoamérica, los tracher y tantos
otros que de alguna manera están concentrados y tienen alguna concepción de organización, alguna idea de organi-
zación y, a veces, sin duda que las pandillas son bastante sanas, en general, pero otras trasgreden ciertos límites y se
transforman en pequeñas organizaciones criminales. También hemos visto como problema emergente que los niños
hoy día en el desarrollo del delito usan armas. Armas, armas de fuego, armas blancas. Cosa que también por muchos
años estuvo reservada, yo diría, a prácticamente el oeste norteamericano, en nuestras películas, uno que otro asalto
hace un par de décadas y hoy día es bastante común en toda la criminalidad, en toda la delincuencia, la vemos asociada
al uso de armas y, por supuesto, los niños también están usando estas armas en la ejecución o desarrollo del delito.
Hemos visto que se está presentando también una especie de relación muy estrecha entre lo que es la criminalidad
en el ámbito común y corriente con todo lo que es tráfico ilícito o drogas, en general. De hecho Naciones Unidas
ha manifestado una relación directa e indirecta señalando que de alguna forma esta relación entre drogas y crimi-
nalidad se ha estrechado en los últimos tiempos, por una parte aquellos chicos que, bajo el estado de algún tipo de
drogas, efectivamente cometen un delito que, de no haber estado en esa situación particular, en ese estado psíquico 107
particular jamás lo habrían realizado. Pero también hay chicos que para financiar su adicción a las drogas cometen
delitos, y ahí hablamos entonces de una relación indirecta entre drogas y criminalidad. Muchos chicos hoy día están
cometiendo delitos con el propósito de solventar los gastos que les demanda efectivamente su adicción a algún tipo
de drogas. Y el otro fenómeno, efectivamente es el tema del incremento de la violencia escolar. Hemos visto algunos
fenómenos bastante particulares a nivel de colegio que son muy preocupantes.Yo creo que, efectivamente, la pelea, la
discusión, la resolución de conflictos ha sido un poco a golpes en el colegio, creo que ha sido desde mucho tiempo.
Pero algunas cosas ya nos llaman la atención. Como por ejemplo, hemos visto que llegan con armas de fuego a las
escuelas y pretenden resolver el conflicto a través de una cuchilla, por ejemplo. En mi país está sucediendo, entiendo
que acá igual. El tema de juntarse tres, cuatro, cinco para darle a uno en particular y muy duro. La presencia de esta
agresividad para algunos profesores. Eso sí que es absolutamente novedoso. O sea, en mi época, hace muchos años
atrás, ustedes entenderán, pero que alguien le fuera a levantar la voz a un profesor ya era muy extraño. Hoy día, les
están pegando a los profesores. En mi país les están pegando y entiendo que acá también es un fenómeno preocu-
pante. Eso es un fenómeno absolutamente novedoso, emergente y preocupante, sin duda. Como asimismo hemos
visto algunos chicos que abusan sexualmente de otros en interior del colegio, en los baños. Es un fenómeno también
bastante preocupante. Cuatro o cinco chicos, como una forma de amedrentar, como una forma de vengarse de otro
por cualquier otra razón, lo llevan al baño y abusan reiteradamente en el ámbito de la sexualidad. Lo que sin duda es
una forma bastante atroz de manifestar la violencia.

¿Qué hemos encontrado como factores asociados? Bueno, estamos viviendo en un mundo absolutamente competi-
tivo. La verdad es que estamos en una sociedad, a todo nivel, extremadamente exigente, competitiva, y aquel que no
sigue el ritmo, queda absolutamente atrás. Hoy día están las exigencias a nivel laboral, a nivel escolar, a nivel social,
con todo lo que significa la exclusión social. Piensen un poco los sometimientos que hoy día están sufriendo los chi-
cos, o la presión, el estrés que están sufriendo los niños, ya no en mi época cuando entrábamos a la básica, a primer
año básico; después se agregó el kinder y después el pre-kinder y hoy día el jardín de infancia. Pero prácticamente
están pidiéndoles test psicológicos para entrar al jardín de infancia. O sea, yo encuentro que las exigencias que están
teniendo desde prácticamente su incorporación al jardín, al colegio, son realmente extremas. Y eso es producto de
la competencia. Cada colegio quiere tener los mejores alumnos.Y se dan el lujo muchas veces de segregar, separar,
discriminar, simplemente que tengan los mejores. En el ámbito laboral, ¿para qué decir? Si no son las dificultades, de
los jóvenes para ingresar en el ámbito laboral sino que la presión, la exigencia, son bastante más altas cada día. La
competitividad se da en todos los contextos. El consumo: estamos en una sociedad que, de algún modo, actúa como
energiante, incentivador de estos comportamientos antisociales en la medida en que estamos sometidos a unas
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prácticas, fundamentalmente a través de los medios de comunicación, a través de la propaganda, que son realmente
duras y complicadas. Yo también tengo una amiga socióloga y el otro día me contaba que la primera “inversión” que
hacía un joven producto de un delito, eran las zapatillas. Pero no cualquier zapatilla, sino que tenía que ser Nike’s o
Brook’s. O sea las más caras. Esa era su señal de poder. Esa era su señal de alcanzar un determinado nivel. Bueno,
eso sin duda tiene que ver con una necesidad, que ese chico de alguna manera quiere alcanzar ese estatus, quiere
mejorar su situación personal. Quiere mejorar su autoestima y vaya que la logra en el contexto de su barrio, muchas
veces marginal, cuando va con sus zapatillas. Le da seguridad, le da sin duda una especie de estatus diferente frente al
resto de los chicos. Los jóvenes son sin duda bastante más frágiles frente a lo que significa esta propaganda y estos
estímulos externos.

Estamos en el tono que legitima los tráficos ilícitos. Hay un aumento en la economía informal: los microtráficos. Es-
tamos con una visibilidad espacial de los jóvenes. Los jóvenes sin duda están más presentes en las calles por algunas
108 características personales, narcisismo, pero por otra parte la exclusión en que están los jóvenes es importante. Esta-
mos viviendo un proceso que sin duda está generando la exclusión. Lo que World Rave ha llamado la “vulnerabilidad
social.” Es una acumulación sistemática de desventajas y que muchas veces sólo a través de la elección que manifiestan
estos jóvenes son capaces de soportar estos conflictos de carácter social.Y sin duda el impacto o desventaja de estos
handicaps sociales influyen decididamente como un factor que está generado desde la sociedad misma.

Tenemos dentro, también, los factores asociados, a la etiología y la crisis familiar o el estrés parental. Los estudios
indican que, en algún modo, no es la desestructuración social la que, efectivamente genera conflictos en los chicos.
Sí, los genera, sin duda. Pero relacionados necesariamente con la criminalidad. Es decir, no sé tasas de nacimientos
de hijos fuera del hogar acá en España, pero en mi país ya hoy día son sobre la mitad. Más de la mitad de los hijos
que nacen en mi país nacen fuera del hogar tradicional considerado madre-padre. Efectivamente, eso ya es una cosa
como para pensar que también la familia ha ido modificándose a través de la historia. El tema, fundamentalmente,
de cómo se asocia hoy día la familia al ámbito de la criminalidad, son las dificultades en el proceso de socialización
frente a los chicos, principalmente por el estrés parental. Es decir, principalmente no por la desestructuración, sino
por la disfuncionalidad que tienen las familias en el sentido de que no saben manejar los conflictos. En el sentido de
que el manejo de conflictos no lo hacen de manera adecuada. El problema es ¿cómo resolvemos ese conflicto? y la
forma como estas familias, o estas uniones, o estas relaciones que hay entre padres-hijos en relación a la protección
y al cuidado de ellos, los resuelven pésimamente mal.Y eso habla y altera sin duda lo que es la calidad de la socializa-
ción. Más que la estructura, yo diría, la forma cómo resuelven los conflictos. Más que la estructura es que no saben,
o no sabemos enfrentar los problemas relacionados con el estrés familiar, relacionados con los conflictos que nos
aparecen en nuestra relación diaria. Sin duda, también el tipo de familia en el cual crezcamos o estemos aprendiendo
lo que es el proceso de socialización influye. Familias autoritarias, punitivas, en general son poco sensibles a los niños
y son muy sancionadoras. Familias permisivas y torpes, en realidad se interesan, pero no desean mayormente tener
un control, son padres temerosos. Familias no comprometidas o negligentes, efectivamente son muy, por lo general
bastante conflictivas. Hay un cierto descuido con los niños, no los educan, o los niños se educan como pueden, prác-
ticamente, en la medida en que hay cierta distancia o bastante distancia. La familia democrática, bueno, sin duda es esa
la que nosotros creemos que, en definitiva, produce los mejores efectos en este proceso de socialización: los padres
son más próximos y definitivamente están preocupados de su socialización como de la educación en general.Y de allí
es que aparece, aquí destacado el concepto del apego. Es decir que la generación del apego, constituye decimos un
modo yo diría una fortaleza, o constituye, es decir, un resguardo bastante poderoso para los chicos en su desarrollo
que les impide efectivamente llegar a desarrollar algunos actos delictivos, o cuando los realizan son realmente muy
aislados y giran, y cambian, y muchas veces esos actos se transforman en una experiencia favorable para no realizarlos.
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El apego se da mucho más fácilmente en estas familias de carácter democrático y que apuntan precisamente a este
mejoramiento de la comunicación, a la expresión afectiva y, fundamentalmente diría yo, esta sintonía, esta sintonía que
hay entre los padres y los hijos y que es tan fundamental para generar valores en ella. También debemos entender,
así como hay, en definitiva, una sociedad que puede generar algunos aspectos, también hay una familia, también hay
factores individuales de riesgo. Efectivamente la exclusión por sí sola no permite explicar la entrada de los jóvenes a
la carrera delictual. Estaríamos perfectamente pensando en especie, como nos negamos a un determinismo biológico,
casi lombrosiano, también nos negamos a un determinismo social. En ese contexto, parece ser tan peligroso tener
estas concepciones, estas ideas de que basta con la exclusión, basta con la marginalidad, basta con la pobreza para
que efectivamente lleguemos a un proceso de desocialización. En ese contexto recuerdo algunos estudios de Vicente
Garrido que hablan de cómo hay jóvenes que aún estando en hogares, en esos hogares viven situaciones absolu-
tamente criminógenas de alto riesgo. En esos estudios también se señalaba como muy importante y, por supuesto,
todo el ámbito de la persistencia escolar. Chicos que efectivamente desertan del sistema escolar, sin duda su proceso
de socialización aparece bastante más débil, más frágil. De tal manera de que no podemos pensar en esto de que la 109
sociedad simplemente es la que genera, sino que también hay factores de orden individual. En esos factores de orden
individual, lo que de alguna manera habla de este potencial criminal, lo más importante y todos los estudios reflejan,
es que definitivamente los inhibidores, los factores inhibidores, son esenciales para la conducta delictiva. Y en este
contexto estos inhibidores son de carácter físico, psico-fisiológico, neuro-químico, hormonales, como también son
de orden psicológico y que efectivamente están mucho más asociados a la criminalidad, como son la impulsividad, la
hiperactividad, un débil control personal o dificultades cognitivas o faltas de concentración. Y desde muy pequeños,
a veces, los niños con este tipo de conflictos, este tipo de problemas de carácter individual, es decir, están mucho
más expuestos y se transforman de alto riesgo. Cuando el contexto no permite realmente una mejoría en lo que es
la socialización. Así algunos estudios señalan, por ejemplo, cómo los niños hiperactivos tienen hasta cinco veces más
posibilidad de ser arrestados que los chicos que no tienen esta característica. Por eso también, el doctor Rojas, nos
hablaba de la hiperactividad como elemento importante. Sin duda, también la otra característica psicológica son la
socialización temprana en ambientes violentos. Nos hablaba efectivamente que hasta los 12 años prácticamente se
genera una especie de código ético. Y en ese contexto, si uno vive, se desarrolla en un ambiente hostil, un ambiente
violento, agresivo, sin duda se pueden generar conductas favorables al desarrollo de conductas antisociales. Y en la
medida en que sean más tempranas estas conductas antisociales, en general, tienden a repetirse sistemáticamente y
efectivamente aumentan la probabilidad de tener chicos con alguna dificultad significativa. En síntesis, entre algunas
de las cosas importantes que podríamos considerar como factores asociados, están sin duda estas familias deses-
tructuradas, o disfuncionales, principalmente, más bien, disfuncionales, la marginación económica, el fracaso escolar, el
desempleo, las dificultades que hoy día tienen los jóvenes.

El ámbito de la prevención. ¿Qué podemos hacer frente a esto? ¿cómo podemos avanzar realmente para una pre-
vención eficaz? Lo primero que debemos establecer, es que la prevención necesariamente tiene que ser integral y
multisectorial, es decir, no podemos estar previniendo sobre algunos aspectos puntuales, específicos, sino que en
general debemos entender que esto debe estar contenido en una política pública de prevención donde existan ejes,
directrices que incluyan valores, de alguna manera que constituyan una especie de marco conceptual, marco teórico
para la prevención en general. Igualmente importante parece que estos programas implementados de carácter pre-
ventivo involucren a los jóvenes en la construcción, en el diseño de estos programas. Lo otro parece definitivamente
un autoritarismo. O sea, pretendemos nosotros que conocemos la temática de los jóvenes imponerles “esto es lo
que hay que hacer”. La verdad es que hoy día esos programas en general no han sido muy eficaces. Efectivamente, la
co-construcción o la participación activa de los jóvenes los hace definitivamente observarlos y participar mucho me-
jor en la medida de que ellos forman parte del diseño y facilita mucho el compromiso en cualquier programa de esa
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naturaleza. Lo otro que se observa es, en definitiva, una especie de divorcio entre lo que son los estudios científicos,
las investigaciones científicas, las políticas públicas de prevención y todo el ámbito legislativo. O sea, yo creo que to-
dos debemos trabajar en una misma línea. Si hay estudios, hay investigaciones que avalan que este programa es eficaz
y sirve efectivamente tenemos que, de alguna manera, generar las condiciones jurídicas, legales del servicio público,
de las instancias del poder público al que vamos por esa dirección. Pero no podemos cada cuál, en definitiva, tener
nuestras propias percepciones acerca de qué es lo que hay que hacer para la prevención. Es decir, hay que fortalecer
los vínculos comunitarios. Eso significa que hay que empoderar a los líderes de la comunidad, hay que involucrarlos a
ellos, hay que hacerlos partícipes de los mecanismos apropiados para el proceso de selección, de prevención. Es decir,
hay que evitar en definitiva todo lo que signifique exclusión social. Toda comunidad debe participar en la generación
de programas de carácter preventivo. Y, más aún, considerar que el chico esté en una situación de tratamiento va a
tener que volver a su comunidad de origen. De tal manera que eso resulta muy importante.

110 Qué tendencias comunes hoy día vemos, observamos? Bueno, hoy día, efectivamente hay consenso en que hay que
priorizar una inversión hacia la prevención, más que ir simplemente a excluir a los jóvenes, castigarlos o encarcelarlos.
La prevención siempre es más barata que la rehabilitación, o el tratamiento. Hoy día se conoce perfectamente cuáles
son las circunstancias de riesgo tanto para víctimas como para los jóvenes infractores.

De alguna manera con todos los niveles de responsabilización que significan, todo lo que es la reparación para la
víctima y la reparación o puesta en equiparidad con los efectos sobre la comunidad nos parece que realmente son las
tendencias hoy día en el ámbito de la prevención. Dos enfoques, yo diría, predominantes, son lo que han, en general,
sido observados en las últimas décadas, uno tendiente a disminuir los factores de riesgo y la disfuncionalidad que
producen, es decir, está centrado en la búsqueda de la solución de los factores de riesgo, y otros principalmente en
el fortalecimiento de los factores de protección. Es decir, focalizado en el desarrollo psico-social, fundamentalmente
en la fortaleza que tienen los chicos, los jóvenes. Hoy día la tendencia es desarrollar modelos, que incluyan estas dos
que históricamente fueron las que de manera fundamental se desarrollaron. Cambio en el paradigma, hay un consenso
de enfrentar las condiciones socio-económicas, hay cambios en cuanto a la responsabilidad de la prevención, no sólo
le corresponde a la policía sino que a toda la comunidad, efectivamente hay que hacer partícipe al gobierno, efectiva-
mente hay que implicar a la sociedad civil, en cualquier tipo de programa de prevención. Se dice que, efectivamente,
las mejores intervenciones son las que, de algún modo, están focalizadas dentro de un programa general. Podríamos
perfectamente señalar lo que es la prevención de acuerdo a los distintos niveles ya sea primaria, como la prevención
tradicional, la general; la secundaria llamado tratamiento, es decir el grupo que de alguna manera ya tienen algún tipo
de riesgo, de situación de riesgo, como la prevención terciaria que corresponde fundamentalmente a la rehabilitación;
es decir, ya hay, efectivamente, una relación con el Sistema Penal. Y de ese contexto hemos dividido en lo que es de
algún modo una prevención social, fundamentalmente de carácter estructural; comunitaria, más local, más centrali-
zada en ciertos problemas específicos; y, finalmente, la situacional, que es el control de una situación específica. En
general, ¿a qué se ha podido llegar, en relación a las estrategias de prevención incluyendo la prevención comunitaria?
Dos supuestos para que ésta sea en definitivamente eficaz: que logre involucrar a la población y hacer sustentable su
participación en el tiempo, es decir, que mientras más tiempo dure un mecanismo y, con la involucración de la socie-
dad, sin duda resulta como más eficaz, y por lo demás que efectivamente sea acotada y de alguna manera presente
soluciones realistas.

Efectivamente, la evaluación constante del proceso de gestión y los resultados en cuanto a la manera de corregir y
optimizar los procesos y resultados ya apreciados y planificar acordando compromisos, tareas y metas en el tiempo,
entre los diversos actores involucrados. No es posible que a esta altura del desarrollo no generemos una planificación
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estratégica, en el sentido de que nos hemos llenado en Iberoamérica, y así de textual, de programas pilotos. Pero
los programas pilotos, o cuando se diseña un programa piloto, es con la intención efectivamente de ver, evaluar su
funcionalidad, su eficacia; pero en seguida para irlo replicando, irlo mejorando sistemáticamente. Bueno, la idea no es
simplemente generar estos programas preventivos, sino que de alguna manera ir sistemáticamente monitoreándolos,
evaluándolos, gestionándolos. La aplicación dentro del concepto de la estrategia general, hacer nuevos diagnósticos
y así elaborar nuevos planes para ir mejorando sucesivamente y en lo posible a través del tiempo. Los estudios cien-
tíficos al respecto de la prevención nos dice que mientras más temprana sea la intervención, más eficaz el resultado.
Nos dicen que aquella que comienza antes de la adolescencia es más efectiva que aquella que comienza después de
la adolescencia o más tardíamente. Dicen que los estudios, que ofrecen un tratamiento con continuidad en el tiempo,
son más efectivos que aquellos que son de corto. Aún cuando sea muy intensa esa prevención.Y por último los pro-
gramas que tratan problemas múltiples o integrales son más efectivos que sólo aquellos que apuntan a un solo factor
de riesgo. En definitiva, las variables que tenemos que ir pensando para lograr una efectividad de estas medidas de
prevención, están asociadas principalmente a dos factores fundamentales, que son, por una parte, entender que hay 111
un desarrollo evolutivo desde la niñez hacia la adolescencia; y por otra parte, hacia cuál va a ser el nivel de interven-
ción que yo voy a tener, en el sentido de cuál va a ser lo que está involucrado. Y en ese contexto tenemos la familia,
tenemos la escuela, la comunidad, el individuo o fundamentalmente el grupo de padres. En ese contexto, debemos
ser capaces de generar programas diferenciados para los menores de seis años, entre 6 y 12, con las dificultades
propias de adaptación a nivel de la disciplina; entre programas de 13 y 15, de 16 a 18; y en algunas ocasiones sin duda
podemos perfectamente llegar hasta los 23 años.Y por supuesto en la familia, centrarnos especialmente en lo que es
educar a los padres, la generación de programas que presenten las distintas etapas vitales, reforzar el estilo de crianza
democrático, participativo, defendiendo límites y control, que los padres no tengamos temor de efectivamente ejercer
estos límites. La escuela, creo que hay que hacer una redefinición del rol de la escuela, porque la enseñanza sistemáti
basada en memorizar, yo creo, que más bien debiéramos transformarla en un objetivo bastante más valórico, en el
sentido de generar una escuela formadora de ciudadanos, efectivamente, que responda a las necesidades y que deje
habilitados a los alumnos para compartir, y creo yo, fundamentalmente crear y ser felices en esta comunidad con
valores como la solidaridad, el compromiso, el trabajo público, etc. Y en ese contexto, sin duda, en la escuela hay, en
el ámbito de la prevención, importantes avances como, por ejemplo, en mi país hoy día tenemos la mediación escolar,
efectivamente en una comuna determinada (117 colegios). Empezaron a trabajarse con monitores, formar chicos
que efectivamente fueran capaces de resolver los problemas comunes y corrientes. Bueno ha sido una experiencia
maravillosa. Desgraciadamente no puedo por un tema de tiempo profundizar en esta materia, pero realmente resulta
muy interesante ver cómo los chicos son capaces de resolver sus propios problemas a través de esta mediación,
en la cual, son monitores surgidos de ellos mismos que dan la solución apropiada en virtud del conocimiento que
tengan en ese contexto. Tenemos sin duda distintos niveles: en el ámbito de la comunidad, en el ámbito del individuo,
en el grupo de amigos, grupo de padres o amigos, y finalmente, tenemos una pequeña leyenda, dice: “Hoy la juventud
ama el lujo, tiene malos modales, desprecia la autoridad, ya no tiene respeto por la gente mayor, es habladora en vez
de trabajadora, los jóvenes dejaron de ponerse de pie al entrar personas mayores a la pieza, en la mesa engullen los
guisos y ponen una pierna sobre la otra, contradicen a sus padres y terrenizan a los profesores”. Esto nos parece
muy reciente, pero también nos señala de que efectivamente nos identificamos con muchas de estas cosas. Bueno,
esto no es de hoy. Efectivamente, es una cita algo antigua, y que, efectivamente, nos habla de que debemos de poner
todas nuestras esperanzas para comprender este fenómeno. Ustedes ven que han pasado algunos siglos, creemos que
este fenómeno es de hoy. La verdad es que es una cosa propia y característica también, los conflictos propios de los
jóvenes y adolescentes y en ese sentido nuestra tolerancia sin duda es crucial para que en definitiva podamos reducir
o minimizar todos los efectos que significan la implicación de estos jóvenes en el ámbito del Sistema Penal.
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A CTO DE
CLAUSURA:

113
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Ponente

Ilmo. Sr. D. José Luis


González Armengol

Juez Decano de Madrid

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades, Señoras y Señores, en primer lugar mi más cordial enhorabuena a los 115
organizadores de este primer Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil.

Creo que el tema que nos ocupa en este Congreso es de vital importancia indudablemente, los datos, las estadís-
ticas están ahí y efectivamente desde años atrás, en concreto cuando hacíamos referencia a esta publicación que
actualmente como saben ustedes está en vigor, pero momentáneamente porque va a ser sustituida por la próxima
legislación que hace una modificación de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor, efectivamente, los que somos
operadores jurídicos, las personas que directa o indirectamente tenemos vinculación con el mundo de la delincuencia
juvenil, pues rápido nos venimos a percatar de que efectivamente en el momento de su publicación y sobre todo
cuando entró en funcionamiento esencialmente en los primeros años, los postulados, quedaban aquilatados y se
sujetaban estrictamente a los corsés establecidos en el Derecho Internacional referentes al derecho del niño. Pero
como desgraciadamente ha ocurrido en multiplicidad de ocasiones cuando hay publicaciones de textos normativos,
se carecía total y absolutamente, digamos, de la memoria económica correspondiente y sobre todo y lo que es lo
principal de contenido económico para que efectivamente las medidas que estaban contenidas en esta ley del año
2000 efectivamente tuvieran su aplicación. En definitiva, digamos que se miraba con disfavor, era una normativa re-
sidual, esencialmente venía a preocupar, legislativamente hablando, lo que era la delincuencia del mayor de 18 años,
pero efectivamente como yo hacía referencia momentos antes, desgraciadamente se ha producido una evolución, una
evolución inversa donde estamos constatando día a día y esencialmente en la comunidad de Madrid, pues podemos
percatar y aquilatar el dato que a continuación yo les voy a ofrecer donde efectivamente se está constatando que
hay prácticamente una estabilización en lo que es el crecimiento de la delincuencia de los mayores de edad, es decir,
entiéndase aquí comprendido todos aquellos de 18 años y, contrariamente, de 14 a 18 años, incluso por no hablar de
otras edades inferiores que lógicamente no tienen digamos su asiento y su aplicación normativa para incumplimiento
de normas, trasgresión de normas en este sentido, pues hemos venido a constatar sobre todo en la fracción de 15-16
años poco a poco, anualmente, se está produciendo unos incremento en el porcentaje estadístico de práctica o in-
cluso profesionalización de este tipo de sujetos menores de edad en el mundo de la delincuencia. Desgraciadamente
también, y vuelvo a insistir en el término, se está reproduciendo miméticamente, los comportamientos que tienen
los mayores de edad penal, justo en esta franja de 14 a 18 años, es decir, las mismas tasas delictuales establecidas en
mayores de edad penal, vienen a reproducirse dentro del ámbito de la delincuencia del menor de edad, esos mismos
porcentajes sobre todo si afecta a inmigración ilegal, que son aplicables a los mayores de edad penal, también lógi-
camente son aplicables indudablemente a los menores de edad penal, pero incluso con unas connotaciones incluso
muchísimo más peligrosas, es decir, son muchos más virulentos en el ámbito de aplicación delictual que tiene el menor
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de edad. Hacemos por ejemplo una comparativa entre lo que son los delitos de lesiones que ya no estamos hablando
de delitos menos graves, sino ya dentro de la categorización de delitos graves y vemos que estadísticamente una
comparativa entre mayor de edad y menor de edad, vemos que actúan de forma más virulenta, como decía anterior-
mente, y efectivamente su tasa es superior de los menores respecto a los mayores de edad. Por no decir, también en
materia asesinatos u homicidios donde, efectivamente, también tienen unas tasas muy superiores incluso de ciertos
ámbitos como es el tema de la violencia doméstica; mes a mes, año a año vemos que paulatinamente, progresivamente
se están efectivamente elevando esos porcentajes de incremento en la delincuencia. Desgraciadamente, también no
solamente estamos hablando de inicio de una edad más temprana, poco a poco se va descendiendo. No solamente
lo que es la iniciación en el ámbito delincuencial, sino que la profesionalización, es decir, la reiteración o hábito en la
comisión de ilícitos penales, desgraciadamente digamos que podríamos ya cifrarlo en torno o alrededor de los 15
años. Esto ha conllevado desde hace 2 o 3 años a que todos los poderes, todos los interesados en la materia han
profundizado en el campo de análisis y actuación en lo que es la delincuencia del menor de edad y en este sentido
116 la ha espoleado o sobre todo la actuación de la sociedad ante la actuación virulenta de los menores y se han pedido
repuestas, y una de las repuestas que tenemos es, la recientemente publicada nueva legislación que entrará en vigor
a partir del mes de febreo.

Desde el principio de publicación de la ley de responsabilidad penal del menor, tuvimos un gravísimo problema que
está interrelacionado con lo que estábamos comentando anteriormente, es decir la ausencia total y absoluta de
medios. Donde nos encontrábamos habitualmente con medidas que eran adoptadas por los jueces de menores,
que no tenían su ejecución ni la aplicación porque se carecía de la infraestructura mínima, no solamente de medios
personales sino esencialmente de medios materiales. Afortunadamente, gracias a la actuación de la Vicepresidencia
Segunda, la Consejería de Justicia, con la creación de esta Agencia de Reinserción del Menor, afortunadamente este
tipo de situaciones las hemos podido evitar.

Efectivamente, se está constatando que las tasas de incremento siguen aumentando por determinados factores.
Efectivamente, digamos, nosotros somos foco de afluencia en muchísimas ocasiones, se quiera o no se quiera, sea
políticamente correcto o incorrecto, la cuestión, efectivamente es el tema de la inmigración, estamos hablando de
la inmigración ilegal, y hay que hacer un distingo importante entre lo que es delincuencia extranjera y delincuencia
nacional, pues tiene esencialmente un reflejo, un reflejo estadístico importante en lo que es la tasa de criminalidad. No
solamente en los mayores de edad penal, sino inclusive como dije anteriormente en la menor edad en este sentido.

Y lo que se ha constatado, y los datos están ahí, en los juzgados de menores, es que efectivamente lo que es importan-
te es la primera actuación y el índice de reincidencia cuando se ha dictado la sentencia condenatoria y esencialmente
se ha aplicado la política rehabilitadora a través de su inserción dentro de las medidas que han sido adoptadas por
parte del juez del menor, y que han sido ejecutadas en los centros disponibles por la Agencia de Reinserción; efec-
tivamente estamos minando, estamos limitando extraordinariamente el índice de reincidencia de aquellas personas
donde se ha podido aplicar el tema de la ejecución.

Por tanto, mi enhorabuena a los organizadores de este Congreso y espolearles a que sigan incidiendo lógicamente en el
tema de la rehabilitación, sin olvidar que efectivamente una de las finalidades primordiales y fundamentales está consagrada
dentro de nuestro texto constitucional a la rehabilitación, si bien tampoco podemos dejar de vista otro tipo de finalidad o
función que las penas establecidas, sean mayores o menores de edad, tienen fijadas. En primer lugar, el aspecto coercitivo, es
decir, que sepa el menor que cuando cometa una infracción o un delito lógicamente va a tener su respuesta y, efectivamente,
junto a eso pues tendremos la rehabilitación correspondiente como consagra esencialmente el texto constitucional.
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
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Ponente

Ilma. Sra. Dª.


Mª Luisa Cava de Llano

Adjunta Primera al Defensor del Pueblo

Muchas gracias Excelentísimo Sr. Presidente del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Ilustrísimo Sr. Juez Decano de 119
los de Madrid, queridísima Carmen Balfagón, Señoras y Señores.

Resulta evidente el interés de los poderes públicos por mejorar la situación de los jóvenes.Y tal interés está motivado
por muchas causas, pero a mi modesto entender la aparición de cambios en los hábitos de vida, la aparición de las
nuevas tecnologías, la repercusión de los flujos migratorios, el fenómeno de la globalización, todas esas cosas y quizá
sobre todo la globalización y los avances en las comunicaciones, es lo que ha hecho incrementar en muchos casos el
fenómeno de la violencia juvenil. Y es precisamente en este Congreso donde se da testimonio sobrado de este pro-
blema actual y que ha permitido reunir la presencia de profesionales de diversas disciplinas para dar una visión global,
no sólo sobre los textos jurídicos vigentes y su adecuada interpretación sino sobre todo sobre las necesidades y los
recursos que se precisan en esta área tan sensible. En las últimas décadas ha habido un incesante impulso normativo
que ha supuesto un notable cambio en la manera de atender las necesidades de los menores. Estas normas, muchas
de carácter supra-nacional, otras de carácter nacional, otras de carácter autonómico, se han ido promulgando y han
supuesto, como digo, avances significativos en la determinación de lo que son los derechos de los menores, y han
contribuido indudablemente a la mejora de vida de niños y jóvenes. En estos aspectos el avance en nuestro país ha
sido considerable, el desarrollo que ha habido con respecto a la sensibilidad social en torno a las necesidades de las
personas que se hallan en las primeras etapas de su vida ha contribuido a poner en marcha medidas de protección y
medidas de atención que han llegado a configurar una verdadera trama normativa. Desde que se puso en vigor la Ley
Orgánica 5/2000, Reguladora de la Responsabilidad Penal de los Menores, los órganos jurisdiccionales han asumido
las competencias antes atribuidas a los Tribunales Tulares de Menores, la policía ha creado grupos especializados para
la atención de menores y no sólo eso, sino que los ciudadanos también han incrementado sus compromisos tanto en
su papel de padres responsables de la protección y respeto a sus hijos como a través de la participación en diversas
organizaciones y asociaciones. Ustedes dirán “¿Y cuál ha sido la misión de la institución del Defensor del Pueblo en
todo este problema, o en toda esta materia?” Como ustedes saben la competencia que nosotros tenemos nos la
otorga la Constitución que nos considera al Defensor del Pueblo como alto comisionado en las Cortes Generales
para la tutela y defensa de los derechos fundamentales. Como no nos iba a preocupar un sector de la población
como es la juventud que tanto necesita de los cuidados de todas las partes de la sociedad, de todos los estamentos
sociales. Cuando se cumplió el primer año de vigencia de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor encargamos un
estudio monográfico sobre las consecuencias que había tenido la aplicación de esta ley. Finalizamos nuestro trabajo
con 59 conclusiones, nos dirigimos a todas las administraciones públicas, dirigimos 17 recomendaciones, que es la
forma que nosotros tenemos de relacionarnos con las administraciones públicas y allí iban incluidas muchos temas
que nosotros considerábamos importantes: desde temas relacionados con la asistencia jurídica a los menores, a la
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

protección de las víctimas, la aplicación de diferentes medidas previstas en la ley, le mediación, reparación que hemos
visto en el vídeo como mecanismo de finalización de proceso. Sinceramente, decirles que el Ministerio de Justicia
en principio, rechazó las propuestas de las reformas normativas que les efectuamos. Sin embargo y posteriormente
con ocasión de la elaboración del ante-proyecto de modificación de la Ley orgánica 5/2000, el Ministro de Justicia
se dirigió al Defensor del Pueblo para que, aprovechando la experiencia que la institución tiene sobre esta materia,
le hiciéramos llegar las sugerencias y las observaciones que consideráramos oportunas para mejorar técnicamente
la norma y para configurar un instrumento eficaz para solucionar los problemas que se habían detectado durante la
vigencia de esa ley. Remitimos una contestación, sobre todo remitimos las recomendaciones que habíamos efectuado,
y tengo la satisfacción de decir que una buena parte de ellas fueron recogidas en la reciente Ley Orgánica 8/2006
de 4 de diciembre por la que se modifica la Ley 5/2000. Concretamente, las que se referían a la asistencia jurídica
a los menores, a la conveniencia de efectuar una nueva regulación de la acción civil para dar una respuesta rápida a
los perjudicados o a la ampliación del plazo de duración de la medida cautelar. Estas siguen siendo las inquietudes
120 del Defensor del Pueblo, estamos trabajando mucho en este sector. Únicamente anunciarles que vamos a presentar
en breve y tan en breve como va a ser los primeros días del mes de febrero un nuevo informe monográfico sobre
violencia escolar que creo que les interesará mucho a ustedes y que con mucho gusto la persona interesada puede
dirigirse a nuestra institución y se lo haremos llegar. Decirles que un niño o un joven que ejerce violencia, un joven
que la padece, un niño que es testigo de un acto violento, incorpora a su desarrollo personal una experiencia negativa
que de un modo u otro va a dejar ver sus perversos efectos a lo largo de su vida futura. Numerosos estudios como
muy bien saben ustedes nos dicen que los violentos, los maltratadores, los que recurren a la fuerza para imponer
su sinrazón han sido frecuentemente en su infancia o en su juventud víctimas o testigos de actos violentos. Por eso
decirles que entiendo que el diseño de un futuro mejor para los jóvenes es la vía necesaria para establecer los ci-
mientos de cualquier sociedad. Vivimos en un mundo por desgracia violento, no sé si es demasiado ingenuo esperar
que algún día deje de serlo, pero estoy segura de que esto sólo ocurrirá si excluimos la violencia del mundo juvenil.
Sin duda este Congreso es una muestra de lo que puede hacerse para contribuir a la consecución de esos objetivos,
y la institución que represento no puede sino congratularse y agradecer a la Comunidad de Madrid y a todos los que
trabajan en ella la puesta en marcha de iniciativas como esta.
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
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Ponente

Excmo. Sr.
D. Alfredo Prada Presa

Vicepresidente Segundo y Consejero de Justicia e


Interior de la Comunidad de Madrid

Excelentísima Señora Directora de la Agencia de la Comunidad de Madrid para la Reeducación y Reinserción del 123
Menor Infractor, en primer lugar mi felicitación cordial por el éxito de este Primer Congreso Internacional sobre
Violencia Juvenil. Excelentísima Sra. Adjunta al Defensor del Pueblo, Ilustrísimo Sr. Juez Decano de Madrid, Ilustrísima
Sra.Viceconsejera de Educación, Autoridades, Señoras y Señores muy buenos días, muy buenos días a todos.

Es para mí una gratísima satisfacción estar hoy aquí con todos ustedes para proceder a clausurar este Primer Con-
greso Internacional sobre Violencia Juvenil, que bajo el lema “Responsabilidad individual y social” ha organizado el
Gobierno de la Comunidad de Madrid a través de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor.
Y permítanme que inicie mi intervención agradeciéndoles a todos ustedes el interés que han demostrado con sus
asistencia y con su apoyo, que eso significa además, el apoyo que significa su presencia hoy y ayer en esta sala, lo que
significa para nuestro trabajo, el apoyo a nuestro trabajo, y al mismo tiempo no quisiera tampoco dejar de agradecer
a todas y cada una de las personas, especialmente, a todas y cada una de las personas que trabajan en la Agencia, así
como a las empresas, fundaciones, asociaciones, organismos e instituciones que han querido de una u otra forma
colaborar con nosotros porque sin ellos, desde luego este Congreso no hubiera sido posible. Me consta el esfuer-
zo que todos han invertido en la organización de este ambicioso proyecto, pero creo que el éxito y la satisfacción
general con las que concluimos hoy, con la que se concluye, han superado las expectativas iniciales y dan por bueno
todos y cada uno de los esfuerzos que se han realizado.Todo cuanto concierne al grado de responsabilidad que deben
asumir los menores que han cometido una infracción penal y las posibilidades reales de su reeducación y reinserción
social está afectando a una gran sensibilidad social, nunca exenta además de cierta polémica.Y por eso, precisamente
por eso, considero de enorme importancia la celebración de un Congreso Internacional como éste, el primero que
se realiza en España porque nos ayuda a ver los problemas desde sus múltiples aspectos. Ha contribuido a generar
debates y acercar posturas, y en todo caso nos alienta a enfrentar estos delicados asuntos con mayor acuerdo, con
mayor consenso y también con mayor valentía. Señoras y señores, como todos ustedes saben, la exigencia de una
responsabilidad penal por el hecho cometido debe ir unida siempre y en todo caso a toda una serie de principios y
medidas que orienten su aplicación hacia la reeducación y reinserción social. Y esto, que es un principio que impone
nuestra propia Constitución, la Constitución de 1978, y que lo impone con carácter general, se hace quizá más evi-
dente y necesario cuando hablamos de menores, es decir, de personalidades en plena formación, de personalidades
en pleno desarrollo. Soy consciente de la dificultad práctica de esta tarea y de la polémica que en ocasiones suscita.
Especialmente cuando asistimos a casos que revisten cierta gravedad y que tienden además a generar, por su reper-
cusión mediática, alarma social. Pero el Gobierno de la Comunidad de Madrid no es un Gobierno que se arredre
fácilmente ante las dificultades, sino más bien todo lo contrario. Tenemos ante todo la obligación como no puede ser
de otra manera en un Estado de Derecho, de cumplir los mandatos constitucionales y de garantizar los derechos
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

que amparan, tanto nuestra propia Constitución como también las normas que componen el ordenamiento jurídico
internacional y especialmente la Convención Internacional sobre Derechos del Niño. Y sobre esa base legal y cons-
titucional, se abre ante nosotros el difícil reto de tratar de compatibilizar de la mejor manera posible dos intereses
aparentemente en pugna, en contradicción: la necesaria protección de los derechos del menor, por un lado; y por
otro lado, los legítimos derechos e intereses de las víctimas y de la sociedad en su conjunto. Porque tampoco en esta
ocasión podemos ignorar a las víctimas y a la sociedad y además su lógica necesidad de ver garantizada su seguridad
y también de ser resarcidos por el daño que se ha cometido cuando se ha cometido una infracción. Encontrar el
justo equilibrio entre todos estos conceptos, no es desde luego una tarea fácil. Y es evidente que la especial delica-
deza de la materia y el constante debate social que genera exige quizá de nosotros una especial prudencia y también
una especial responsabilidad y sobre todo mucho rigor. En este delicado camino, la creación de la Agencia para la
Reeducación y Reinserción del Menor Infractor ha significado para la Comunidad de Madrid un paso absolutamente
decisivo, además de por los excelentes resultados conseguidos dentro de las funciones que le son propias, se ha
124 convertido también en un auténtico vivero de propuestas, en un auténtico vivero de ideas e iniciativas que nos ayudan
cada día a reforzar el consenso necesario en torno a este problema. La obligación del Gobierno de la Comunidad de
Madrid es ante todo trabajar en beneficio de nuestros ciudadanos y en beneficio de Madrid.Y eso es precisamente lo
que estamos haciendo: hemos aumentado considerablemente el presupuesto disponible para esta materia y hemos
puesto en marcha distintos programas que así lo posibiliten.

A día de hoy no existe ya en nuestra Comunidad Autónoma, ninguna medida judicial que requiera del régimen cerra-
do pendiente de ejecución. Algo que debería ser normal, y que sin embargo no lo era hace escasamente dos años. Por
otro lado, estamos desarrollando en todos y cada uno de los centros y también en estrecha colaboración con algunos
Ayuntamientos y con las Consejerías de Educación de Cultura y de Empleo, diversas acciones de carácter formativo,
académico y laboral, que tratan de garantizar el derecho a la educación de estos menores, favorecen su formación en
valores cívicos y procuran facilitar en el futuro tanto su reinserción social como su inserción en el mundo del trabajo.
Y todo ello con un único objetivo final: evitar posibles situaciones de marginalidad social que puedan desembocar
en la reincidencia y en la perpetuación de comportamientos delictivos que, desde luego, nunca son deseables. Han
sido y son muchos los proyectos e iniciativas que a lo largo de esta legislatura hemos puesto en marcha. Y es cierto,
también es cierto, que aún nos queda mucho trabajo por hacer. Pero creo que podemos estar hoy razonablemente
satisfechos ante los resultados obtenidos. Y es que, gracias a todo el esfuerzo que se ha realizado, hemos consegui-
do reducir, prácticamente a la mitad, al 50 %, el porcentaje de reincidencia en estos menores, que ha pasado de un
36 % de reincidencia en el año 2004 al 17 % según los últimos datos facilitados por la Agencia correspondientes al
año 2006. Es decir, hoy, en la Comunidad de Madrid, el 83 % de los menores que pasan por un determinado centro
para cumplir una medida que se les ha impuesto por un juez o tribunal de menores consiguen, ese 83%, consiguen
reinsertarse en la sociedad, apartarse de la violencia y no vuelven a repetir comportamientos delictivos. Y creo, y
me van a permitir que así lo diga, que esta es una cifra realmente sobresaliente que nos permite estar satisfechos y
orgullosos del trabajo que estamos realizando.Y lo decimos, también esto, desde la prudencia y desde la moderación.
Pero por eso, por eso precisamente, por estos datos, vamos a continuar avanzando en esta misma línea, mejorando
las infraestructuras existentes y creando nuevos centros para que las medidas que adopten los juzgados y tribunales
se cumplan, y se cumplan además de la mejor manera posible. Y también elaborando al mismo tiempo programas
educativos y programas formativos, y adoptando cuantas medidas sean necesarias, psico-sociales o de cualquier otro
tipo para continuar dando pasos en la misma dirección, añadiendo al carácter punitivo de la sanción penal una clara
intención de favorecer la reeducación y evitar el riesgo de exclusión social de estos jóvenes infractores. Contamos
para ello con un presupuesto para este mismo año, ni más ni menos, que de 66 millones de euros. Lo que supone un
aumento del 40 % respecto del año anterior y demuestra claramente el esfuerzo que está realizando el Gobierno de
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

la Comunidad de Madrid y la seriedad con la que hemos asumido esta responsabilidad. Señoras y señores, queridos
amigos, espero y deseo fervientemente que este Congreso que hoy clausuramos y en el que se han participado
destacados especialistas y destacados expertos en esta materia, y a los que quiero agradecer su participación nos
ayude a todos a mostrarnos más sensibles frente a un problema que emerge, especialmente en los últimos años,
como bien recordaba el Juez Decano de Madrid.Y que emerge desde las raíces más profundas y quizás más enfermas
de nuestra propia sociedad. Nuestros jóvenes son nuestro futuro, son la columna vertebral sobre la que se sostiene
nuestra sociedad y cuando esa columna vertebral se tuerce, la sociedad entera se tuerce. Por eso es importante que
continuemos insistiendo en la necesidad de reforzar el cuidado y la educación y la formación de nuestros menores
como premisa indispensable para proporcionar a nuestros hijos un adecuado sentido de respeto a la vida y también
un adecuado sentido de dignidad de los demás.Violencia e infancia, deberían de ser términos antagónicos y términos
irreconciliables, que eso sea una realidad dependerá, dependerá en definitiva, del trabajo de todos ustedes.

125
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social
1 Congreso Internacional sobre Violencia Juvenil: Responsabilidad Individual y Social

13 Relación de Autores

D. José Luis Sancho Acero 25


Psicólogo. Coordinador del Área de Menores del Centro Español de Solidaridad, Proyecto Hombre Madrid

Dr. D. Vicente Garrido Genovés en colaboración con D. José Luis Graña 35


Profesor Titular de Psicología de la Universidad de Valencia

D. José Luis Pedreira Massa 41


Paidopsiquiatra y Psicoterapeuta de Infancia y Adolescencia. Hospital Infantil Universitario del Niño Jesús. Fundación
Augusto Vidal Parera

D. Rafael Forcada Chapa en colaboración con Consuelo Bruna Sánchez, María José Ferrer 71
Ferrer, Iván Alemán García, Blanca López Marqués, Sergio Moliner Gracia.
Psiquiatra. Centro Educativo Terapéutico Pi Margall. Fundación Diagrama.

Prof. Dr. D. César San Juan Guillén 79


Profesor Titular en el Departamento de Psicología Social y Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la 127
Universidad del País Vasco. Subdirector del Instituto Vasco de Criminología

Dr. D. Juan Carlos Muñoz Molina 89


Director de Rehabilitación Social del Sistema Penitenciario de Guatemala

D. Francisco Javier Migueláñez Valero 97


Jefe de la Brigada de Investigación Tecnológica de la Comisaría General de Policía Judicial

Prof. Dr. D. Elías Escaff Silva 103


Psicólogo y Criminólogo, Gerente de la División Nacional de Atención a Víctimas y Testigos el Ministerio Público
de Chile

Ilmo. Sr. D. José Luis González Armengol 115


Juez Decano de Madrid

Ilma. Sra. Dª. Mª Luisa Cava de Llano 119


Adjunta Primera al Defensor del Pueblo

Excmo. Sr. D. Alfredo Prada Presa 123


Vicepresidente Segundo y Consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid