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UN MANTRA CABALÍSTICO de iluminación y liberación.

Eduardo Madirolas
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En Aní Yajíd YHVH


No Hay Yo Sólo YHVH

Los mantras – sílabas, palabras, frases – son símbolos fonéticos y


verbales utilizados para acceder a los niveles arquetípicos de la mente.
Su potencia radica en la estructura vibratoria de la psique y, por ende, de
toda la realidad. En Cábala se tiene el siguiente aforismo, verdadero en
los planos internos no espaciotemporales: Dos cosas que vibran en la
misma fase (o frecuencia) son la misma cosa. Mediante el mantra, por el
principio de resonancia, nos ponemos en contacto con las fuerzas
esenciales de la realidad – contacto que vamos profundizando cada vez
más con la práctica constante – hasta que alcanzamos el nivel de
unificación con las mismas. El principio viene expresado por el siguiente
versículo – un mantra en sí mismo – relativo al poder del Nombre de Dios,
el Tetragrama, el mantra más poderoso que existe: Hu Ejad UShmó Ejad,
Él es Uno y su Nombre es Uno; Él y su Nombre son Uno; Él y su Nombre
son la misma realidad.
Tenemos, entonces, tres niveles de significación: en primer lugar el del
sonido puro (el valor intrínseco de la vibración); en segundo lugar el
imaginal – las letras se visualizan como energías de fuego blanco
emitiendo luz blanca (o del color correspondiente a la fuerza) –; y en
tercer lugar el conceptual, propio de las letras, palabras e ideas
utilizadas.
Hay también tres niveles de pronunciación del mantra: en voz alta,
interiormente y en estado de unificación (el mantra simplemente es).
Para meditar, una vez alcanzado el estado de relajación y concentración
adecuados, se repite el mantra en voz alta o interiormente durante un
periodo de tiempo suficiente. Cada vez que surja un pensamiento o
distracción lo dejamos estar y simplemente volvemos con suavidad a
concentrarnos en el mantra. Lo importante es penetrar en el mantra, o
que el mantra nos penetre a nosotros. Es decir, que haya una unificación
contemplativa.
Es necesario persistir durante largos periodos de tiempo (cuarenta días)
para que el mantra cristalice y se logren efectos permanentes. Lo cual no
quiere decir que los frutos de la meditación se experimenten
prácticamente desde el principio.
Vamos a analizar palabra a palabra el mantra propuesto:
En. AYIN. Nada. El velo puesto delante de lo Absoluto.
Nuestra mente está toda ella cincelada sobre el Ser y se halla
circunscrita al mismo, ya sea en su arco inferior de manifestación – físico
y sensorial – ya en sus aspectos más abstractos, y por ende “reales”,
accesibles sólo al pensamiento puro. Este es el plano Briático y ya
representa un logro considerable el tener acceso a sus niveles, llamados
espirituales.
Por encima de Briá está el mundo de Atsilút, el nivel propio de lo Divino.
Estando, pues, más allá del Ser, y por tanto de toda categoría de
Pensamiento, sólo puede ser referido en su esencia como Nada: Ayin, en
hebreo. Dios, por otra parte, cuando no es considerado bajo una
manifestación sefirótica específica – es decir, en relación con algún
aspecto de su Creación – es llamado En Sof, apelación que al yuxtaponer
una negación al concepto de Sof, fin o límite, es traducido como el
Infinito. Pero como hace notar Kaplan, En Sof podría tener también la
connotación de ‘el Fin de la Nada’, o la Nada Final, en el sentido de
Última.
Ayin es la verdadera realidad, la realidad total. Si analizamos la palabra
por sus letras: Alef, Yod, Nun final, podemos decir que Alef, el número 1,
representa el Infinito Inmanifestado; Yod el número 10, el Infinito
Manifestado (mejor dicho el manifestador, en la forma del punto de
infinito primordial); Nun final, el número 700, representa el infinito de
posibilidades cósmicas, actualizadas y por actualizar. La forma alargada
de la Nun final sugiere la imagen del Árbol de la Vida extendido, o sea,
representa a toda la Manifestación.
ANÍ, yo. Es una permutación de la palabra anterior. Indica que la raíz de la
identidad está en el vacío, en el Ayn, en la Nada. Es una palabra para
hacer bitul hanéfesh, es decir, anulación del yo. El valor numérico de
ambas expresiones (lógicamente, pues tienen las mismas letras) es 61, el
mismo que la palabra Adón, Señor. El principio de identidad es un rayo de
luz infinita irradiado del Ayin que se dota de diferentes estructuras de
identidad con las que se identifica según desciende por el Árbol de la
Vida. Esta es la llamada descomposición espectral (como en el caso del
átomo) de la Conciencia a lo largo de la columna central del Árbol. En
cierto punto de este descenso, según el plan Divino, el Uno deviene en
muchos desarrollando la ilusión de existencia independiente e inherente.
No hay un ego con existencia real separada. ¿Quién es el Señor? En
última instancia En Sof, el Infinito, cuyo valor numérico, 207, es el mismo
que el de expresión Adón Olam, Señor del Mundo, y también que la
palabra Or, Luz.
YAJID, único, solo, solitario. Enfatiza el postulado de continuidad, que es
lo que expresa el que se represente tola la Manifestación bajo la imagen
de un Árbol, un todo orgánico cuyas raíces están en Ayin, y recorrido por
una sabia única que es la Luz Infinita. Todo lo que existe es una
configuración de esta Or En Sof, o Luz Infinita. Precisamente el valor
numérico de la palabra Yajid es 32, el número de elementos del Árbol de
la Vida, con sus diez sefirot y 22 canales.
Yajid comparte raíz con Ejad, Uno, de valor 13, igual que Ahabáh, Amor.
Nos está indicando cuál es la esencia de la Manifestación, el Amor del
Creador, con su dar absoluto. También 32 es Leb, corazón, indicando que
la creación es un brotar del Corazón de Dios.
YOD HE VAV HE. Expresamos el Nombre del Innombrable mediante las
cuatro letras que constituyen la Palabra de la Creación, representando
por un lado el Ser Activo del Universo (la raíz de presente del verbo ser,
Hovéh, con el prefijo de la tercera persona de futuro, Yod) y por otro el
despliegue de los 4 mundos en sus cuatro letras, más el quinto mundo de
En Sof en el ápice superior de la letra Yod. El Nombre es así la Realidad
Total, la vasija de manifestación del Ayin, por así decir, para el cual todos
los mundos son subjetivos a su Pensamiento.
Tras el bitul hayesh, la anulación de la existencia, es el momento de
Devekut, de unificación en Yejidah, palabra traducida generalmente como
Chispa Divina, aunque, según hemos visto antes, el significado es de
única, unicidad.
Una manera de trabajar esta unificación es mediante lo que se conoce
como la forma del Yotser, del Creador (Formador), que se obtiene
colocando las cuatro letras en vertical, de modo que asumimos el
Nombre en nosotros de la siguiente manera:
La Yod es la cabeza; en la primera He el trazo horizontal es la línea de los
hombros y los dos trazos verticales los dos brazos; la Vav es el tronco; en
la segunda He el trazo horizontal es la línea de las caderas y los dos
trazos verticales las dos piernas.
Es la forma del Ser Humano, tal como está escrito (Gen 1:26): Hagamos
Adam a nuestra imagen y semejanza. (O como aparece también en el
versículo 26 del primer capítulo de Ezequiel. 26 es el número del
Nombre). Y según hemos visto en la introducción, en los planos
espirituales no hay separación de tiempo ni espacio: dos cosas que
vibran en la misma fase son la misma.
Actualizamos así el versículo de Job (cap. 19, versículo 26): Desde mi
carne veré a Dios.
Y citando al Baal Shem Tov:
“El Besht [Baal Shem Tov: Rabbi Israel ben Eliezer, S.XVIII] enseñaba que
el hombre debe creer con fe perfecta que sus hechos, palabras y hasta el
menor de sus movimientos, todo ello es Dios mismo. Pues Dios gobierna
al hombre y limita Su divina presencia dentro de él. Al comprender esto,
el hombre no buscará ninguna clase de retribución por sus hechos, ya
que Dios mismo, y no el hombre, es el que actúa” .
Una buena forma de practicar este mantra podría ser la siguiente:
El ciclo es de 40 minutos. En los primeros diez la kavaná se dirige
principalmnente hacia la anulación del yo (Aní meAyin), designando el yo
sobre la nada. En los siguientes, meditar principalmente en Yajid YHVH,
sólo existe lo Divino. En la tercera parte asumimos la forma del Yotser. En
los últimos diez minutos soltamos todo y nos dejamos ir.
Esto es sólo una sugerencia. Cada cual debe encontrar su propia vía. Si
alguien piensa que es mucho tiempo, que reduzca los periodos a la mitad.
Como decimos con frecuencia, la única meditación que no funciona es la
que no se hace.
Baruj HaShem!