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Meléndez Orozco Edgar Isaías

Arte y Comunicación
23/08/2018
I. Equilibrio y Forma

En la pintura Muerte y vida de Gustav Klimt de proporciones aproximadamente


1:1, resulta notoria en una primera y elemental organización visual la
distribución de dos grandes masas. Las cuales se encuentran orientadas
verticalmente; sin embargo, el cuadro no es del todo simétrico ya que su lado
derecho luce mayor.

De acuerdo con Arnheim, el peso de un elemento depende del tamaño, por


ende, el objeto de la derecha al ser más grande podemos decir que posee más
peso en comparación con el de la izquierda; pero no sólo eso, en otro punto de
la lectura el autor menciona que los colores claros son más pesados que los
oscuros, un motivo más para que Muerte y vida sea una pintura cargada hacia
la derecha.

Pero ¿qué conforman estos dos grandes bloques dentro de la obra?, del lado
izquierdo es posible reconocer una figura esquelética, debido a la delgadez de
la silueta, las manos sin piel y un cráneo con una ligera inclinación. Elementos
que reconozco fácilmente por la cantidad de veces que he visto reproducida
esa figura en otros ámbitos, reforzando la idea de Arnheim que “la imagen
viene determinada por la totalidad de experiencias visuales que hemos tenido
de esa clase de objeto a lo largo de nuestra vida”.

A su vez, la parca está vestida con lo que parece ser una túnica de colores
fríos, adornada con alrededor de treinta y dos cruces oscuras con distintos
gruesos y tamaños a pesar de estar colocadas en el mismo plano que la
vestimenta, razón por la que no podríamos hablar de una notoria profundidad.

El color claro de los dedos, parte de sus pies y del cráneo de la Muerte
permiten que resalten sin problemas de entre los colores fúnebres de su
vestimenta; sin embargo, entre sus detalles más característicos tenemos la
pronunciada sonrisa y las evidentes líneas de dirección de lo que sería la
mirada de este personaje.

Precisamente estas líneas visuales apuntan al otro gran bloque que conforma
la pintura, mismo que a través de la subdivisión podemos apreciar los
elementos que la componen: seis mujeres, una anciana, un hombre y un niño,
todos rodeados por telas de diferentes colores y mosaicos.

De acuerdo con el libro de Arnheim puede decirse que este conjunto está lleno
de fuerzas que interactúan entre sí, mismas que le dan su propio equilibrio a
esta parte de la pintura, donde incluso la fuerza gravitatoria está presente, por
ende dos mujeres e incluso la anciana sostienen al niño para evitar su caída.

Es aquí donde se provoca un agrupamiento por semejanza pues los colores


cálidos de la piel de las personas hacen que los identifiquemos como un todo
inmerso en un espacio donde lo único que importa son los personajes, su
pasividad y su dualidad. De ahí que el fondo se mantenga estático y con
gradientes muy sutiles.

Aspecto que hace evidente la separación de los dos universos, descritos en el


título de la pintura, mediante una ejecución capaz de darle peso y parte de
protagonismo a la Muerte gracias a su aislamiento y a la precisa decisión de
colocarla a la izquierda, sitio donde se tiene un mayor dominio de la escena al
igualar el modo de lectura de un texto.

De esta manera considero que el pintor austriaco Gustav Klimt logra estabilizar
su sistema visual, restándole todo tipo de ambigüedad a su mensaje, al dejar
en claro las dos etapas básicas de la naturaleza, en un modo cíclico: nacer,
crecer, envejecer y morir.

Arnheim, Rudolph.
Arte y percepción visual. Psicología del ojo creador, Alianza Editorial, Madrid,
1999, pp. 25-108.