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INTRODUCCIÓN

El hombre actual es el resultado de largas etapas de evolución – siete millones de


años- y, asimismo, determinar que la sociedad contemporánea es el producto de
extensos períodos de desarrollo social. En efecto, desde que apareció en escena el
homo sapiens, hace unos ciento sesenta mil años, su desarrollo social ha alcanzado
extraordinarios logros culturales e intelectuales.

La evolución de la humanidad paso por diferentes etapas hasta llegar a nuestra


sociedad en que los que estaban en el poder se consideraron superiores, es así que
no les importo más que sacar ventajas y beneficios aún en desmedro de otros, es así
que la sociedad necesito de varios cambios.

Bolivia a principios de la década de los ochenta, estaba marcada por una profunda
crisis económica, las empresas en quiebra debido al carácter paternalista y poco
agresivo del sector empresarial, es decir eran un tanto conformista y poco
competitivos. Además la corrupción y el narcotráfico iba en aumento; las familias
tenían poco poder adquisitivo, es decir las familias poca capacidad económica para
poder adquirir bienes o servicios debido a la situación crítica del país; la población
exigía cosechar los frutos de la democracia, por la que tuvieron que pagar un precio
muy alto exilio (prisión, muerte, tortura y despidos) y también la presión internacional
que condicionaba su ayuda, por estos motivos es que el gobierno estaba entre la
espada y la pared; debido a esta situación es que nuestro gobierno estuvo en la
obligación de tomar medidas radicales para controlar la difícil situación económica de
entonces. Pero nuestro país nuestra sociedad estuvo gobernada por gobernantes
opresores que buscaban su bienestar, es así que después de tanto someterse se
producen cambios sociales.

El ciclo de movilizaciones sociales se inicia con la denominada “Guerra del agua” en


abril de 2000, que partió del rechazo a un aumento de las tarifas del servicio de agua
en un 35% como promedio en el área urbana del valle cochabambino, y derivó en la

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acción concertada de sectores rurales y urbanos –articulados en la Coordinadora de
Defensa del Agua y de la Vida– que buscaron y lograron que el gobierno del ex
dictador Hugo Bánzer Suárez, luego de un frustrado estado de sitio, cancele un
contrato de administración y distribución del servicio otorgado a un consorcio
transnacional –Aguas del Tunari– y la derogación de la Ley Nº 2029 de Servicios
Básicos, Agua Potable y Alcantarillado, que mercantilizaba el agua en áreas urbanas,
expropiando sistemas de distribución vecinales y afectando los usos tradicionales de
sistemas de riego en comunidades campesinas. Este conflicto ocurrió en medio de
bloqueos de caminos protagonizados por campesinos del altiplano andino, que,
cercando el área metropolitana de La Paz –sede de gobierno– impidieron la provisión
de productos agrícolas y ganaderos a sus mercados de abasto, así como de un
levantamiento de los cuadros inferiores de la policía que reclamaba la mejora de sus
sueldos.

En septiembre de ese mismo año, en el área rural del altiplano del departamento de
La Paz, las movilizaciones populares continuaron con un bloqueo de caminos
sostenido por las comunidades aymaras que adherían al líder de la Confederación
Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Felipe Quispe,
exigiendo el cumplimiento de una serie de acuerdos realizados con el gobierno. Los
bloqueos se generalizaron a medida que éste no respondía a los mismos o reprimía
las movilizaciones. Los bloqueos se ampliaron a otros departamentos del país y
cobran fuerza inusitada entre los años 2001 y 2002. Es importante señalar que si
bien el movimiento campesino tenía demandas específicas referidas a las
condiciones sociales y económicas de las comunidades, su fuerza radica en un
substrato de reivindicaciones históricas del movimiento indígena.

Sin dejar de lado la importancia de las movilizaciones campesinas con su fondo


sectorial y de clase o aquellas de carácter más indígena, estas movilizaciones
expresaron, de manera más general, la recomposición de los sectores de la sociedad
que pasaron de las luchas de resistencia a “movilizaciones sociales de quiebre y
reformas al modelo desde abajo”; es decir, aquellas acciones que frenaron y

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modificaron decisiones gubernamentales, poniendo así en cuestión al modelo
neoliberal entendido como el causante de la pobreza en el país. Este proceso
paulatino de rebelión social continuó en febrero de 2003, cuando la población se
levantó en contra de la creación de un impuesto a los ingresos a partir de dos
sueldos mínimos, con el que se buscaba frenar el déficit fiscal. Esta rebelión se
expresó como un estallido social, en especial en las ciudades de La Paz y El Alto,
con quemas de edificios públicos y sedes de los partidos políticos. Estas acciones
movilizaron a la sociedad, forzando al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada a
retirar los proyectos de Ley que disponían la aplicación de este nuevo impuesto.

Posteriormente, las organizaciones populares se articularon alrededor de un “Estado


Mayor del Pueblo”, que exigió además de la renuncia del Presidente y el
Vicepresidente, la realización de una consulta nacional sobre la exportación del gas,
la revisión de la privatización de las empresas públicas y de la participación de
Bolivia en el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En octubre de
2003, la denominada “Guerra del gas” reafirmó, desde distintos sectores y
organizaciones sociales, la oposición a las políticas neoliberales y la afirmación de lo
nacional a partir de la defensa de la propiedad de los recursos naturales. Esta
movilización social representó la conflictividad presente entre el gobierno y distintos
sectores sociales acerca de la exportación de hidrocarburos a Norteamérica por
puertos chilenos a cargo de compañías transnacionales, y tuvo como escenario
principal a la ciudad de El Alto, cuyas organizaciones vecinales estaban movilizadas,
en ese momento, contra un potencial incremento de impuestos municipales. En este
contexto, las organizaciones sociales, en especial las vecinales, se unificaron bajo la
consigna de la recuperación de los hidrocarburos (gas para los bolivianos), su
industrialización y el acceso a gas domiciliario para todos los barrios.

Las medidas se radicalizaron cuando el gobierno de Sánchez de Lozada no cedió


ante el clamor popular y reprimió a los campesinos aymaras que bloqueaban una
ruta de acceso a los valles del departamento de La Paz. Este hecho consolidó un
paro cívico con movilización que impactó económicamente en toda el área

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metropolitana y políticamente en todo el país. La respuesta del gobierno fue la
represión que causó la muerte de más de 60 personas y más de 400 heridos; estas
acciones gubernamentales no lograron quebrar la organización de los ciudadanos
alteños y generó adhesiones de sectores de clase media en la ciudad de La Paz
además de un quiebre dentro del propio gobierno, que forzaron al Presidente
Sánchez de Lozada a renunciar a su cargo y, por tanto, a ceder en su política de
exportación del gas. Lo sucedió su vicepresidente, Carlos Mesa.

El resultado de esta lucha se plasmó en una agenda cuyas demandas centrales


fueron la recuperación de los hidrocarburos para beneficio de los bolivianos y la
transformación del Estado boliviano a través de una Asamblea Constituyente. El
gobierno de Carlos Mesa centró su mandato en el cumplimiento de esa agenda, la
última movilización popular ocurrió en mayo y junio de 2005 y demandaba el
cumplimiento de lo establecido en el referéndum vinculante sobre la nacionalización
de los hidrocarburos. El resultado de esta confrontación fue la renuncia del
presidente Carlos Mesa, que dejaba en manos del Congreso su sucesión, la
aprobación del llamado a una Asamblea Constituyente y del referéndum autonómico.
La posibilidad de que el nuevo presidente reconstituyera un nuevo pacto entre
partidos políticos tradicionales agudizó la movilización que, además de seguir con la
premisa de nacionalización, demandaba el llamado a la Asamblea Constituyente. El
resultado fue el nombramiento del Presidente de la Corte Suprema, Eduardo
Rodríguez Veltzé como Presidente Constitucional, con un mandato bastante
complejo: la convocatoria a elecciones generales de Presidente y Vicepresidente
(incluida la renovación total del Congreso), la elección, por primera vez en la historia
republicana, de Prefectos departamentales, la convocatoria a la Asamblea
Constituyente16 y al referéndum sobre autonomías. Es en este contexto que en
diciembre de 2005 el MAS resultó ganador de las elecciones nacionales, con un
53,74%, rompiendo 20 años de una democracia pactada basada en coaliciones de
los partidos tradicionales.

I.1. MARCO CONCEPTUAL


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Existe una estrecha relación entre el desarrollo económico, las decisiones políticas y
las reformas sociales. Estas últimas son consideradas como una forma de enfrentar
los desajustes producidos por el desarrollo económico. En otras palabras, las
reformas sociales buscan disminuir el impacto generado por el crecimiento
económico. No obstante, las determinaciones para su aplicación obedecen
exclusivamente a la esfera de la política, entendida como el escenario de
confrontación y negociación de las contradicciones sociales.

A lo largo del siglo XX América Latina se vio enfrentada a la necesidad de articular


sus estructuras económicas a la economía internacional. Durante este proceso
surgieron contradicciones y conflictos de carácter social, pues el crecimiento
económico se priorizó sobre el bienestar de la población.

I.1.1. Cambio social


Las sociedades, como las especies, evolucionan en direcciones que se abren o
limitan en parte por fuerzas internas, como el desarrollo tecnológico o las tradiciones
políticas. Las condiciones de una generación limitan y determinan la gama de
posibilidades que se abren para la siguiente. Por un lado, cada nueva generación
aprende las formas culturales de la sociedad y, de esta manera, no tiene que
reinventar estrategias para producir alimentos, manejar conflictos, educar a los
jóvenes, gobernar, etc.

También aprende aspiraciones para saber de qué manera la sociedad se puede


mantener y mejorar. Por otro lado, cada nueva generación debe tratar problemas no
resueltos de la generación anterior: tensiones que pueden conducir a la guerra,
abuso de drogas en gran escala, pobreza y privación, racismo y un sinnúmero de
injusticias personales y grupales. La esclavitud en los albores de la historia de la
Unión Americana, por ejemplo, todavía tiene serias consecuencias para los
afroestadounidenses y para la economía, educación, salud y sistema de justicia
estadounidense en general. Las injusticias se pueden mitigar lo suficiente para hacer
que las personas las toleren, o pueden desbordarse en una revolución que ataca la
estructura de la misma sociedad. Muchas sociedades continúan perpetuando
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disputas de muchos siglos con otras sobre fronteras, religión y creencias muy
arraigadas sobre agravios pasados.

Los gobiernos suelen tratar de dirigir el cambio social por medio de políticas, leyes,
incentivos o coerción. A veces estos esfuerzos funcionan de manera eficaz y hacen
posible que, de hecho, no haya conflicto social.

En otras ocasiones, tales esfuerzos pueden precipitar el conflicto. Por ejemplo, el


establecimiento de comunas agrícolas en la Unión Soviética, en contra de la voluntad
de los granjeros de labrar su propia tierra, se llevó a cabo sólo con la fuerza armada
y la pérdida de millones de vidas. La liberación de esclavos en los Estados Unidos
vino sólo como consecuencia de una guerra civil sangrienta; 100 años más tarde, la
eliminación de la segregación racial explícita se consiguió en algunos lugares sólo
haciendo uso de la acción legislativa, requerimientos de los tribunales y guardia
militar armada y continúa siendo un problema social muy importante.

La comunicación y el transporte cómodos también estimulan el cambio social. Los


grupos antes aislados geográfica y políticamente se vuelven aún más conscientes de
las distintas formas de pensar, vivir y comportarse, y en ocasiones de la existencia de
vastos y diferentes modos de vida. Las migraciones y los medios de comunicación de
masas conducen no sólo al mestizaje cultural, sino también a la extinción de algunas
culturas y a la rápida evolución de otras.

I.1.2. Conflicto social


En todas las sociedades humanas hay conflicto, y todas ellas cuentan con sistemas
para regularlo. Por lo general, el conflicto entre personas o grupos surge de la
competencia por recursos, poder y posición social. Los miembros de la familia
compiten por atención. Los individuos lo hacen por el trabajo y la riqueza. Las
naciones por territorio y prestigio. Los distintos grupos de interés compiten para tener
influencia y poder para crear reglas. A menudo, la competencia no es por recursos

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sino por ideas una persona o grupo quiere tener las ideas o la conducta de otro
grupo suprimido, castigado o declarado ilegal.

El cambio social puede ser capaz de provocar conflicto. Son escasas o nulas las
probabilidades de que se proponga un cambio político, económico o social que
beneficie equitativamente a cada componente del sistema social y, por tanto, resisten
los grupos que se observan como posibles perdedores. Las hostilidades y recelos
mutuos se agravan por la incapacidad de los partidarios y adversarios de algún
cambio para pronosticar en forma convincente cuál de todos los efectos provendrá
de hacer el cambio o no hacerlo. El conflicto es particularmente agudo cuando sólo
existen unas cuantas alternativas sin compromiso posible por ejemplo, entre la
rendición y la guerra o entre el candidato A y el B. Aun cuando las cuestiones pueden
ser complejas y las personas no difieran al principio mucho en sus apreciaciones, la
necesidad de decidir una forma u otra puede conducir a la gente a posiciones
extremas que apoyen su decisión como alternativa preferible. Además, las
sociedades han desarrollado muchas maneras informales de ventilar conflictos,
incluyendo debates, huelgas, manifestaciones, encuestas, propaganda y hasta
juegos, canciones y caricaturas. Los medios de comunicación proporcionan una
instancia óptima para que grupos pequeños de personas con motivo de queja hagan
proposiciones públicas de gran alcance entre el auditorio (y aun pueden alentarías).

Cualesquiera de estas formas y medios pueden liberar tensiones y promover el


compromiso o exaltar y polarizar más aún las diferencias. El fracaso para resolver o
moderar conflictos conduce a un tremendo estrés en el sistema social. La
incapacidad o la falta de voluntad para cambiar puede acabar en un alto nivel de
conflicto: litigios, sabotaje, violencia o revoluciones y guerras totales. El conflicto
intergrupal, legal o de otro tipo, no necesariamente termina cuando cierta porción de
la sociedad logra al fin una decisión a su favor. Los grupos opuestos podrían
entonces desplegar esfuerzos para revertir, modificar o evitar el cambio, y por tanto,
el conflicto continúa. No obstante, la disputa también solidifica la acción grupal; tanto
las naciones como las familias tienden a unirse en tiempos de crisis. En ocasiones,

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los líderes de estos grupos utilizan este conocimiento de manera deliberada para
provocar conflicto con un grupo de fuera, a fin de reducir así las tensiones y
consolidar el apoyo dentro de su propio grupo.

La riqueza de una nación depende del esfuerzo y habilidades de sus trabajadores,


sus recursos naturales, y el capital y la tecnología disponibles para la elaboración de
la mayor parte de aquellos recursos y habilidades. Sin embargo, la riqueza nacional
no sólo depende de cuánto puede producir un país por si mismo, sino también del
equilibrio entre las importaciones de productos de otros países y las exportaciones
hacia ellos.

I.1.3. La sociedad moderna


La convicción más generalizada de la actualidad consiste en que vivimos una época
nueva, nueva no sólo porque en ella se haya transformado la sociedad, sino también
porque la misma sociedad ha ingresado a un nuevo proceso de transformación. Esta
continuidad del cambio, de la mutación histórica, de la desaparición de lo viejo y el
surgimiento de lo nuevo, es el rasgo dominante de la sociedad moderna, organizada
apenas hace dos siglos, pero dotada de tan grande potencialidad innovadora que sus
propios logros parecen efímeros ante la realización de otros que se precipitan
inconteniblemente.

Cuando se habla de lo moderno, se habla de un concepto meramente cronológico;


se olvida que tiene, además, otras significaciones que dependen del contexto en que
se sitúa; por ejemplo, no debe confundirse le "época moderna" con una "sociedad
moderna", ni con el "proceso de modernización". Son tres conceptos distintos, cuya
significación adquiere sentidos muy precisos.

I.1.4. La sociedad en Bolivia


Durante el siglo XIX, la igualdad jurídica fue un privilegio de pocos. La estructura
básica continuó basada en la diferencia y la jerarquía. A través del concepto de
ciudadanía, la mayoría de la población quedó marginada de la política. Los

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indígenas, por ejemplo, no pudieron convertirse de manera general en ciudadanos
debido a su analfabetismo, sin embargo, contribuían al sostenimiento del Estado con
el pago del tributo.

Existían otras diferenciaciones importantes: las mujeres, excluidas también de la


ciudadanía por su género, fueron consideradas "menores de edad" y, entre los hijos,
los "naturales" o "ilegítimos" no gozaban ante la ley de los mismos derechos que los
hijos "legítimos" o nacidos dentro de un matrimonio.

Todos estos grupos estaban articulados jerárquicamente dentro de la Patria


Potestad, que era el poder que ejercía el varón sobre la esposa, los hijos y los
sirvientes. Esta situación permitía el ejercicio de la violencia. Así, las "heridas, ultrajes
y malos tratamientos" que no causaban daño permanente no eran penalizados si se
efectuaban de padres a hijos, de esposos a esposas y de patrones a empleados.

I.1.5. La sociedad hoy en día


De todas las alternativas al modelo neoliberal surgidas en América Latina en los
últimos años, la que vive hoy Bolivia es la más radical, compleja y ambiciosa. Bolivia
mezcla, en dosis dispares, indigenismo, izquierda y nacionalismo, tres corrientes que
conviven de modo problemático en un contexto de polarización étnica, política y
geográfica, entre un Occidente pobre y un Oriente rico. Todo esto le confiere a la
realidad que vive hoy Bolivia, a un año de la asunción del nuevo gobierno, un
carácter conflictivo y único.
Nuestra sociedad a pesar de que la mayoría somos descendientes de la gente india
del lugar, seguimos sufriendo de clasismos, pues todavía se ve una cierta
discriminación de la gente urbana por lo rural o viceversa. El desborde social
alcanzado en Bolivia no es nuevo para Latinoamérica. Parece ser una constante de
la cual pocos países pueden librarse. Las culpas abundan: las externas, donde el
Fondo Monetario Internacional y los EUA se llevan los primeros lugares; y las
internas, en las que Bolivia es un país sin verdadera representación
(tradicionalmente regida por la clase privilegiada) y en donde las reformas

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económicas no han sido complementadas con reformas políticas, sociales y
coyunturales. Para que Bolivia se estabilice, se va a necesitar un fuerte compromiso
de cambio tanto del gobierno como de los grupos opositores. No basta con
demandarlo, hay que trabajarlo como un plan a futuro, en las cuales todos estén
incluidos y cada uno tenga su espacio, haciendo verdadero honor al sistema de
democracia participativa.

I.2. MARCO HISTÓRICO

Nuestro país esta conformado por diferentes grupos:

Los blancos, constituyeron el grupo privilegiado y dominante, conformado por


hacendados, grandes propietarios mineros, dueños de tiendas, profesionales,
funcionarios públicos y con frecuencia también militares.

Los mestizos, el término "mestizo" designaba durante la Colonia a los hijos de


españoles e indios, y esta denominación se mantuvo así en el siglo XIX. Pero
posteriormente empezaron a llamarse mestizos a los indígenas que vivían en las
ciudades, hablaban castellano y se dedicaban a tareas no agrícolas. Se consideró
que al dejar su condición de campesinos, habían dejado asimismo su naturaleza de
indígenas. En general, los mestizos se dedicaron al comercio en pequeña escala, la
artesanía y la proveeduría de productos agrícolas. Las mujeres mestizas se
caracterizaron por vestir una pollera de origen español.

Los denominados como "indios" eran los descendientes de los pobladores originarios
de las tierras altas. El término encubría una variedad de posiciones sociales, en
función de su acceso a la tierra, el tamaño y productividad de la misma y la condición
de originario o colono de hacienda. Durante el siglo XIX, la denominación de
"neófitos" y "salvajes" se utilizaron para designar a los habitantes indígenas de las
tierras bajas. Los neófitos eran los indígenas recientemente convertidos al

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cristianismo, mientras que los salvajes eran todos aquellos que no habían tenido
contacto con la cultura occidental o cristiana.

Los negros eran los descendientes de la población africana que llegó en condición de
esclavitud en los tiempos coloniales. Durante el siglo XIX, fueron consiguiendo su
libertad, transformándose en colonos o yanaconas de las haciendas de coca en los
yungas paceños.

I.3. MARCO TEÓRICO

I.3.1. Definición de familia


La familia es la institución fundamental de la sociedad, pero que a su vez, debido a la
relación dialéctica que se establece de mutua influencia, los cambios en la familia
podrán introducir cambios en la sociedad y por lo tanto en el desarrollo social. "La
familia es un organización compleja de relaciones de parentesco sanguíneo y político
(compadrazgo), que tiene una historia y crea una historia".

Los elementos estructurales de la familia básicamente están conformadas, por los


miembros más cercanos, que conforman la familia nuclear, “consta del padre, madre
e hijos” en cambio la familia extensa porque está conformada por individuos de
varias generaciones, por un lado, y no todos consanguíneos” (Soliz: 2001: 127).
Por otro lado, tomando en cuenta los elementos culturales, es de encontrar familias
de origen indígena que por su historia, conciben como integrantes de la familia no
solo los participantes de una familia nuclear (madre, padre e hijos), sino también a la
generación de los abuelos, donde los tíos y primos participan, es lo que se denomina
como familia extendida en convivencia cotidiana.

Ciertamente los cambios sociales, económicos del contexto influyen en la familia, de


manera muy dinámica, cambios de funcionamiento y organización acordes con un
modelo de productividad y eficiencia. Por lo tanto la familia debe adaptarse al nuevo
modelo de la manera mas rápida posible para sobrevivir, generándose al interior de
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esta una crisis de desagregación o de desestructuración familiar, donde el individuo
se ve obligado a una lucha por sobrevivir, cada vez mas individualizada y
competitiva, donde se origina la existencia de familias mononucleares (con un solo
padre o madre).

I.3.2. Definición de sociedad


Antes de entrar de lleno a definir la palabra sociedad que ahora nos ocupa es
fundamental que investiguemos y descubramos el origen etimológico de la misma.
En concreto, podemos subrayar que aquel se encuentra en el latín y más
exactamente en el término sociĕtas. Sociedad es un término que describe a un
grupo de individuos marcados por una cultura en común, un cierto folclore y
criterios compartidos que condicionan sus costumbres y estilo de vida y que se
relacionan entre sí en el marco de una comunidad. Aunque las sociedades más
desarrolladas son las humanas (de cuyo estudio se encargan las ciencias sociales
como la sociología y la antropología), también existen las sociedades animales
(abordadas desde la sociobiología o la etología social).

I.3.3. Definición de reforma social


Definir qué es una reforma social es algo complejo, pues esta se encuentra
estrechamente relacionada con concepciones de carácter ideológico, político y
económico. Para cada actor social, la naturaleza de una reforma de carácter social
puede variar sustancialmente.

Acercándonos a una definición lo más amplia posible, podríamos señalar que las
reformas sociales son medidas de carácter político que apuntan a mejorar la eficacia,
la calidad y la igualdad en el acceso a servicios y bienes considerados
fundamentales para la sociedad, como la salud, la educación, el acceso a la tierra, el
acceso a la propiedad y a la calidad del trabajo.

Por su parte, las reformas económicas son medidas de carácter teórico o


instrumental, que buscan regularizar el funcionamiento de la economía,

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independiente de los efectos que estas medidas puedan tener en la sociedad. Como
la palabra lo expresa, estas medidas son tomadas estrictamente en términos
económicos y, al igual que las reformas sociales, este tipo de reformas depende en
buena medida de elementos de carácter ideológico y político que determinan sus
propósitos y sus alcances.

I.3.3.1. Tipos de reformas


Existen diversos tipos de reformas, dependiendo de su calidad, profundidad y
duración. Hablaríamos en principio de tres tipos, dependiendo de su manifestación
en el tiempo:

Las reformas estructurales. Son reformas que afectan las partes más profundas de
la sociedad, y que implican cambios fundamentales en los modelos económicos y
productivos, como también en las formas de entender a la sociedad y su desarrollo.

Las reformas graduales. Se producen en largos lapsos de tiempo, buscando


disminuir los efectos del impacto de su aplicación. Se relacionan con decisiones
políticas de largo plazo y que afectan a la estructura económica.
Las reformas de choque. Son medidas implantadas para hacer frente a crisis
inesperadas o momentáneas que urgen una solución inmediata. Generalmente estas
medidas son de carácter temporal y de corta duración.

I.3.3.2. El sentido de las reformas


Los impactos de las reformas, positivos o negativos, son relativos respecto a la
perspectiva con que se contemple. Muchas reformas que son positivas para la
economía resultan afectando de manera negativa a la sociedad, o puede darse el
caso contrario. La valoración de los efectos de las reformas es un problema de
carácter político, aunque en términos generales, los organismos internacionales
coinciden en unos principios básicos: estas deben apuntar a alcanzar la equidad,
tanto en el acceso a los servicios y bienes, como a la ampliación de los beneficios
económicos y sociales, y, como se estableció en el programa llamado Los objetivos

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del desarrollo del milenio, las reformas deben apuntar, entre otras muchas cosas, a
disminuir la pobreza y marginalidad social.

I.3.3.3. Las reformas sociales


Desde hace muchos años es claro que uno de los principales problemas en América
Latina tiene que ver con la distribución de la riqueza. La pobreza en nuestro
continente, a diferencia de otros lugares del mundo, no es producida por una
deficiencia en la capacidad productiva o por los limitados recursos económicos o
naturales con los que se cuenta, sino que se origina en sistemas inequitativos de
acumulación, que hacen que la riqueza generada no llegue a todos los habitantes de
una nación determinada. Ante esta situación, diversos organismos internacionales y
académicos han venido recomendando reformas que permitan a los ciudadanos
acceder a servicios y bienes básicos para su subsistencia. No obstante, la gran
mayoría de estas reformas siguen sin ser llevadas a cabo. Una explicación de ello,
tiene que ver con el hecho de que las decisiones políticas se encuentran
relacionadas con intereses económicos, y que las reformas sociales que se
necesitan con urgencia no tienen prioridad frente a otros temas tales como la
regularización de los mercados, el control de la inflación, la preservación de las
cuotas de exportación y, en general, los indicadores económicos, sobre las
condiciones reales de los habitantes. Esto significa que se ha privilegiado el
crecimiento y la estabilidad económica, con inmensos costos sociales que podrían
ser menguados a través de reformas sociales. Es un hecho que en los últimos
cincuenta años la economía se ha transformado más allá de sus expectativas. Hoy
nos vemos abocados a procesos globalizadores que hacen que, lo que los
economistas llaman "interdependencia económica': determine la capacidad de un
Estado para realizar ajustes en sus estructuras económicas. En otras palabras, hoy
por hoy, un Estado es menos libre de tomar decisiones autónomas respecto a
determinaciones económicas que afecten a sus ciudadanos.

I.3.3.4. Clasificación de las reformas


Las reformas se clasifican en: "desde arriba hacia abajo" y "de abajo hacia arriba':

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Desde arriba hacia abajo. Son aquellas que se efectúan por disposición de los
gobiernos o de sus funcionarios, a través de un acto legislativo y con las debidas
aprobaciones exigidas por las instancias de los Estados (Congreso, Corte
Constitucional, Consejo de Estado, etc.). Un ejemplo de este tipo de reformas es el
que se efectuó a nivel educativo en Colombia con la Constitución de 1991. Dicha
reforma promovió, desde las instancias gubernamentales, la modernización de la
educación en todos los niveles.

Desde abajo hacia arriba. Son aquellas que se efectúan por iniciativa del pueblo
para solucionar una necesidad de primer orden. Estas reformas son luego apoyadas
por los gobiernos y, por lo general, buscan ser aplicadas en otros espacios
territoriales. Un ejemplo de este tipo de reformas, es el que se efectuó en El
Salvador, con el programa educativo Educación con participación de la
comunidad, Educo. Esta reforma educativa nació de la experiencia de los poblados
campesinos que estaban en zonas de conflictos. En estas comunidades, la
educación tenía una forma autónoma y sin injerencia estatal, contrataban a los
maestros para que enseñaran a sus hijos. Posteriormente, este modelo fue
recuperado por las políticas educativas y se extendió luego a toda la zona rural y,
finalmente, a las zonas urbanas. Aunque esta clasificación de las reformas sociales
son las más aplicadas en Latinoamérica, los estudios muestran que estas
distinciones no son absolutas. La experiencia de El Salvador, por ejemplo, fue
implementada y generalizada gracias a la acción decidida del Ministerio Central que,
a su vez, contó con un ministro estable y de gran prestigio en el país. De este modo,
lo de arriba y abajo son más bien momentos del ciclo de formulación y ejecución de
políticas.

I.3.3.5. Movimientos sociales en América Latina


A lo largo de la historia, los movimientos sociales de Latinoamérica tuvieron una
fuerte influencia anarquista, principalmente italiana y española, de fines del siglo XIX
y comienzos del XX. Estos inmigrantes anarquistas se dirigieron hacia zonas rurales

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y urbanas formando las primeras levas de movimientos obreros, que eran
básicamente artesanos y trabajadores de pequeñas actividades económicas. A partir
de los años veinte, la expansión de las manufacturas en la región creó condiciones
para el surgimiento de un proletariado más industrial, que tuvo su pleno desarrollo
durante la década del treinta. Posteriormente, se creó un clima político favorable a la
huelga general como forma de lucha principal. A través de estas huelgas generales,
los obreros, campesinos y artesanos, buscaban reivindicaciones como la reducción
de la jornada laboral a ocho horas, ajustes salariales y mejoramiento en las
condiciones de trabajo y de vida. Sin embargo, muchas de estas huelgas fueron
reprimidas por parte de algunos gobiernos latinoamericanos, impidiendo que los
movimientos obreros y campesinos pudieran acumular suficientes fuerzas. La
Revolución rusa de 1917 se convertiría en el referente para los movimientos
sociales.

I.3.3.6. El movimiento campesino y obrero


Durante años, los campesinos latinoamericanos sufrieron una fuerte dominación por
parte de los propietarios de la tierra quienes los sometían a condiciones
extremamente negativas de cultivo y organización. Solamente las comunidades
indígenas poseían los medios para auto dirigirse, a pesar de las represiones que
sufrieron históricamente. Ellos fueron la cabeza de una insurrección popular que fue
una referencia fundamental en toda la región: la Revolución Mexicana de 1910, que
tendría una base campesina extremamente significativa. Fue a partir de los años
veinte y treinta, que los movimientos campesinos llegaron a tener un auge
relativamente importante en América Central cuando ya existía una explotación de
campesinos asalariados directamente subordinados a empresas norteamericanas
que los organizaban en las actividades exportadoras. En esta región se formaron
bases de lucha por la reforma agraria que, debido a la fuerte presencia
estadounidense, se mezclaron con las luchas nacionales contra la dominación
norteamericana. Este es el caso del sandinismo, de las revoluciones de El Salvador y
de las huelgas de masas cubanas.

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Por su parte, el movimiento obrero latinoamericano ha sido el otro sostén de las
fuerzas populares en el continente y encuentra su base material en la primera ola de
industrialización durante la primera década del siglo XX. Podemos decir que se
consolida como movimiento en los años veinte, es decir, desde la Revolución rusa de
1917. Hasta los años treinta, los movimientos obreros van a definir una plataforma
de reivindicaciones de los movimientos sociales de la región, de ahí la importancia de
la Revolución mexicana. Durante los años cuarenta se empieza a consolidar el
fenómeno del populismo. En el caso de Chile, durante el gobierno del Frente
Popular, que era compuesto abiertamente por partidos de izquierda: el Partido
Socialista, el Partido Radical de origen más democrático y los comunistas. La unidad
entre socialistas y comunistas se va a colocar solo en los años cincuenta, en un
momento crucial en 1952, con la primera candidatura de Allende. La Alianza entre la
Unión Soviética y los EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial, se prolonga hasta
1947 cuando la política de la Guerra Fría transforma a los aliados en enemigos, a
partir de este momento EE.UU. se convierte en enemigo de los comunistas. En esta
misma época surgió la declaración de Cuba como una República Socialista en 1962.

I.3.3.7. Economía latinoamericana a partir de los años cincuenta


Hasta mediados del siglo XX el crecimiento económico, producto de las
exportaciones de materias primas, se mantuvo constante y permitió la consolidación
de procesos modernizadores que se impulsaron desde los Estados latinoamericanos.
Entre los efectos de crecimiento económico tenemos el crecimiento de las
ciudades, debido a la migración y al crecimiento demográfico. En algunos países
como Argentina, Chile y Brasil, la tecnificación del campo y la expansión de los
cultivos generaron un repunte importante en el nivel de la calidad de vida. En otros
países como Perú, Ecuador y Colombia, el desarrollo económico se sectorizó en
torno a polos urbanos que jalonaron el crecimiento, mientras que algunas regiones
se mantuvieron en condiciones económicas marginales. El crecimiento de los países
latinoamericanos estuvo estrechamente ligado a los efectos de la Segunda Guerra
Mundial, que generó una importante demanda de materias primas y que, ante el

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descenso de la producción europea, permitió que las industrias nacionales crecieran,
gracias a los procesos de sustitución de importaciones. Las naciones
latinoamericanas encontraron, en este proceso, una manera de sostenerse
económicamente y de alcanzar un grado de industrialización importante.

I.3.3.8. La década perdida


Hasta los años setenta el crecimiento fue sostenido y relativamente estable, sin
embargo, para los años ochenta, una confluencia de factores internacionales hizo
que el crecimiento se frenara y que incluso, en muchos lugares, decayera. A este
período se denominó "la década perdida" de América Latina.

Entre las razones más importantes de este fenómeno tenemos:


- Los países latinoamericanos debieron endeudarse para realizar ajustes en la
inserción económica luego de la Segunda Guerra Mundial. Entre tanto, el alto
costo de los intereses de la deuda obligó a los países latinoamericanos a
endeudarse nuevamente para cumplir con los pagos de los intereses. Esto
produjo un descenso evidente en el producto interno bruto.
- Se redujo el consumo interno, lo que debilitó la inversión extranjera e hizo que
los capitales nacionales salieran, originando lo que se conoció como fuga de
capitales.
- Ante la reducción en la demanda de materias primas, las exportaciones
decayeron, mientras que el aumento del dólar encareció las importaciones.

I.3.3.9. Un resultado complejo


La crisis económica que caracterizó a América Latina en estos años, trajo consigo
una serie de consecuencias inevitables que se harían manifiestas en el escenario
político. Por un lado, se incrementó la protesta social de los sectores más pobres y
marginados, quienes fueron los directamente afectados debido a la reducción del
gasto social por parte de los Estados, y por otro, se cerraron los espacios políticos
para la negociación de los conflictos. Los niveles de represión aumentaron y se dio el

18
nombre de "orden público" a las manifestaciones de insatisfacción de los
ciudadanos.

I.3.3.10. Política latinoamericana a partir de los años cincuenta


Si bien el crecimiento económico latinoamericano estuvo marcado por la prosperidad
en algunos de sus campos económicos, principalmente en el de las exportaciones, el
desarrollo político fue más complejo y variado, y estuvo claramente determinado
por un alineamiento político de carácter continental, liderado por los Estados Unidos.
El crecimiento económico no significó una mejora de la calidad de vida de os
trabajadores y campesinos latinoamericanos. Por el contrario, estos debieron
organizarse en movimientos para la defensa de sus derechos y exigencias, pero
fueron duramente reprimidos. En este contexto se produjo la aparición de las
dictaduras latinoamericanas, que permitieron, por un lado, que las ideas marxistas
y socialistas se difundieran rápidamente entre las clases proletarias, y por otro, que
la consolidación de burguesías nacionales condujera a una postura marcadamente
anticomunista y beligerante. La instauración de regímenes militares, muchos de ellos
apoyados por los norteamericanos y por las burguesías latinoamericanas, estuvo a la
orden del día, y las dictaduras fueron sin duda la característica más notable de la
política en estos tiempos.

I.3.3.11. Populismo y dictaduras


La represión de movimientos de carácter popular y de partidos políticos con tintes
nacionalistas generó reacciones diversas. Una de ellas, el populismo, que surgió
como una extraña mezcla de socialismo moderado, catolicismo ortodoxo y
autoritarismo militar. La figura de Juan Domingo Perón en Argentina encarnaría esta
tendencia política que tuvo en América Latina a varios seguidores de su modelo,
como Getulio Vargas en Brasil e incluso Gustavo Rojas Pinilla en Colombia. El éxito
del populismo fue posible en cuanto pretendió menguar las condiciones de pobreza
de las clases trabajadoras a través de una serie de políticas que buscaban más el
favor popular que la solución de fondo de los conflictos sociales. De esta manera
este modelo político ganó a las masas populares para sí, debilitando los procesos de

19
formación de movimientos sociales más sólidos que buscaran reivindicaciones de
carácter estructural.

Una reacción un poco diferente fue la de los militares que, apoyados por los Estados
Unidos accedieron al poder mediante golpes de Estado, y desde allí implantaron
regímenes autoritarios con marcado acento anticomunista, de persecución y
represión de los movimientos sociales, como en los casos de Chile, Argentina,
Uruguay y Paraguay. En algunos otros países, los sistemas de partidos y electorales
pervivieron, como en el caso de México y Colombia, pero allí, las burguesías
industriales controlaron la política a través de estrategias de represión y de disolución
de los movimientos sociales a través de su cooptación. Por ejemplo, en Colombia se
crearon, en la década de los años 30, dos grandes sindicatos controlados por el
partido liberal y el conservador, con el fin de debilitar el movimiento sindical de
izquierda. En México, por su parte, el Partido Revolucionario Institucional se apropió
de las banderas sociales y la memoria de la revolución de 1910 para debilitar los
movimientos políticos de izquierda.

I.3.3.12. Los años noventa: neoliberalismo y desigualdad


La respuesta a la crisis económica de los años ochenta devino en la aplicación de
políticas neoliberales, impulsadas desde Estados Unidos, y que se constituyeron en
una imposición que, paulatinamente terminó por aplicarse en toda América Latina. El
modelo neoliberal proviene de una corriente radical del liberalismo económico, y es
defendida por economistas que consideran que el mercado, como fenómeno
humano, tiene unas leyes incontrovertibles, y que han de ser estas las que gobiernen
a las sociedades humanas. Si bien esta corriente tuvo una amplia difusión y
aplicación desde los años setenta del siglo XX, su origen se encuentra en la doctrina
del librecambio del siglo XIX. Los principios generales del neoliberalismo se pueden
resumir como sigue:
 El mercado está regulado por leyes de oferta y demanda, que son las que
deben prevalecer y gobernar la actividad económica.

20
 Los Estados deben asegurar y garantizar el funcionamiento de estas leyes, a
través de la no intervención económica, en decir, que la economía debe ser
liberada de las decisiones políticas. Para ello, uno de los principales
argumentos es el de la reducción de la influencia del Estado en la esfera
económica, y la disminución del tamaño del Estado, para hacerlo más
eficiente y funcional.
 Se deben limitar todas aquellas trabas que no permiten que las leyes del
mercado funcionen libremente, es decir, todas aquellas normas y estatutos
que otorgan al Estado el control de la economía y la resolución de los
conflictos laborales y económicos.

En Latinoamérica el neoliberalismo hizo presencia desde los años setenta,


particularmente vinculado con regímenes políticos militaristas, como en el caso de
Chile, Bolivia y Argentina, pero en los años noventa se expandiría al resto de países
latinoamericanos.

I.3.3.13. Los efectos del neoliberalismo


Los efectos del neoliberalismo, en términos generales, han sido controversiales en
Latinoamérica. Mientras sus defensores argumentan que ha permitido la
acumulación de riqueza y la transformación económica, gracias a procesos de
renovación tecnológica y de reconversión industrial, sus críticos señalan la evidente
desmejora de las condiciones de vida de los trabajadores, el incremento de la
pobreza, la fragilidad de las economías nacionales y una propensión al ejercicio
autoritario del poder. Uno de los puntos críticos en este debate es el que se refiere a
las responsabilidades sociales del Estado frente a los ciudadanos. Para los
defensores de la reducción del Estado es claro que la ineficacia y el tamaño
exagerado de las empresas del Estado limitaban su capacidad de acción y de
respuesta frente a las demandas de la sociedad.

Para los detractores del neoliberalismo, este hecho no significó otra cosa que la
pérdida de la soberanía del Estado y de su responsabilidad social. La entrega a
21
empresas privadas que no tienen ninguna responsabilidad sino con la generación de
riqueza, fue para ellos uno de los peores errores políticos. Pero otro punto más
sensible se refiere a la responsabilidad del Estado en la garantía de los derechos de
los ciudadanos a servicios básicos tales como la educación y la salud.

I.3.3.14. La pobreza en América Latina


Más allá del debate sobre los efectos positivos o negativos del neoliberalismo en
América Latina, se encuentra el hecho innegable de la desmejora en las condiciones
sociales y de los niveles de vida de buena parte de la población, de manera especial,
a partir de los años noventa. De acuerdo con el informe de la CEPAL para el año
2008, el 33,2% de la población de América Latina vive en condición de pobreza; es
decir, unos 182 millones de personas. De estos, la tercera parte, unos 60 millones,
vive en condición de pobreza extrema, es decir, en la indigencia. Si bien este índice
es inferior al registrado en década de los noventa, sigue siendo extremadamente alto
para el total de la población, que se acerca a los 300 millones. En otras palabras,
más de la mitad de los habitantes de América Latina es pobre.

De acuerdo con el informe anterior, los países más pobres de Latinoamérica son
Haití, Honduras, Nicaragua, Bolivia y Paraguay y los menos pobres son México,
Brasil y Chile. Sin embargo, estos datos no son del todo exactos, pues el 40% de la
población latinoamericana que es extremadamente pobre vive en Brasil (15 millones)
yen México (más de 5 millones que viven con menos de un dólar al día). Si bien, en
estos últimos cinco años la cantidad de pobres en la región disminuyó 9,9%, es decir,

22
hay 37 millones de pobres menos, y la pobreza extrema decreció un 6,8% (29
millones de indigentes menos), la desigualdad sigue siendo el principal problema: el
10% de los más ricos ganan más de 17 veces lo que gana el 40% de los hogares
más pobres. El panorama para el futuro inmediato, sin embargo, no es nada
halagüeño. La crisis económica que se ha abatido sobre los Estados Unidos y otras
partes del mundo, ya empieza a golpear a algunos países de América Latina, lo que
significa que a pesar de os altos índices de pobreza, esta es susceptible de seguir
avanzando.

I.3.3.15. Tratados de libre comercio: economía y globalización


A partir de los años noventa el proceso de globalización de la economía condujo a
priorizar el establecimiento de tratados económicos multilaterales entre los distintos
Estados. La conformación de Unión Europea presionó a las demás regiones del
mundo a establecer este tipo de tratados. En los primeros años de la década de los
noventa se firmó el tratado entre México, Canadá y los Estados Unidos, conocido
como NAFTA. En 1994, cuando debía entrar en vigencia, una guerrilla indígena
mexicana emergió a la luz pública, denunciando el estado de abandono en el que se
encontraba el sur del país. Mientras México se aprestaba a ingresar al círculo de
países desarrollados, las denuncias mostraban una cara opuesta: la miseria, el
hambre, la violencia y el abandono de una de las regiones más ricas del país,
señalaban que el modelo económico mexicano estaba en crisis.

A partir del año 2000, la mayoría de países latinoamericanos establecieron una


agenda cuya prioridad fue la firma de tratados de libre comercio con Estados
Unidos. Algunos de estos tratados fueron ratificados, sin embargo, muchos otros
fracasaron por razones diversas, entre otras, la presión política ante la inequidad de
los acuerdos, o por la presión de sectores políticos respecto a problemas con
derechos humanos.

I.3.3.16. Mercosur, o la emergencia de una alternativa económica

23
La llegada al poder de la izquierda en Argentina, Venezuela, Brasil, Bolivia,
Paraguay, Ecuador y Uruguay, en los primeros años del segundo milenio, condujo a
una redefinición en los términos de los acuerdos económicos. En abierto desafío a
las políticas norteamericanas del presidente Bush, estas naciones decidieron
establecer un acuerdo entre los países latinoamericanos que permitiera hacer
contrapeso a los tratados antes firmados. El propósito fundamental del Mercosur ha
sido el de ampliar las posibilidades del intercambio de bienes y de servicios, la libre
circulación de ciudadanos, el establecimiento de acuerdos multilaterales de
seguridad y la coordinación de políticas macroeconómicas entre los países. La idea
de crear una alternativa al TLC ofrecido por los Estados Unidos ha generado
expectativas entre muchos de los países miembros, pues las condiciones de
crecimiento económico no son tan claras. Estos países comparten altos índices de
pobreza y el consumo, que es uno de los elementos fundamentales de las
condiciones de mercado, no se encuentra garantizado. Otro asunto se refiere a las
directrices políticas, pues a pesar de cierta afinidad entre los estados miembros, es
clara la presencia de serias diferencias en temas como la política internacional
Mercosur encarna para muchos, un reto que puede ser interesante en el mediano
plazo, si se le ve como un paso importante en la idea de la unidad latinoamericana.
Sus defensores señalan que si la Unión Europea, luego de sufrir dos sangrientas
guerras entre sus Estados miembros pudo superar sus diferencias, en América
Latina esto ha de ser mucho más fácil. Solo el tiempo dirá si el optimismo de estas
aseveraciones es justificado.

I.3.3.17. Democracia y reformas en América Latina


A partir de la década de los años noventa, se consolidó la presencia de gobiernos
democráticos en la región, donde prácticamente todos los países latinoamericanos
contaban con gobiernos de carácter democrático y elegidos a través de las urnas.
Esta situación contrastaba con la década inmediatamente anterior, cuando fueron
pocos los países que escaparon de las dictaduras militares y de los gobiernos
totalitarios, amparados por políticas continentales. La consolidación de la
democracia en los últimos años ha marcado un cambio importante en la manera de

24
entender a Latinoamérica en el presente. Luego de cerca de cincuenta años de
indeclinables posturas liberales de derecha, buena parte del continente ha girado
hacia gobiernos de izquierda, de carácter popular y nacionalista. Este nuevo
escenario ha significado cambios drásticos en las relaciones globales de
Latinoamérica frente a los Estados Unidos, y en las relaciones entre los Estados
mismos.

I.3.3.18. El desafío de la izquierda


La creciente influencia de políticas económicas de orden nacionalista, y en cierta
medida proteccionistas, son resultado de los fracasos de los modelos neoliberales
impuestos en años anteriores, que minaron profundamente la fortaleza de las
estructuras de los Estados. No obstante, estos procesos se constituyen en una dura
prueba para la izquierda latinoamericana que, salvo la experiencia de Cuba desde
1959 y luego de Nicaragua entre 1979 y 1988, sin contar con el fugaz gobierno de
Salvador Allende, nunca ha gobernado exclusivamente desde las urnas y con el voto
popular. Este desafío se manifiesta aún más exigente por cuanto la izquierda ha
abogado por la aplicación de reformas de carácter social, que en muchas ocasiones
llegaron a ser consideradas radicales y peligrosas para una economía de mercado.
La pregunta fundamental en la actualidad es si estos gobiernos de izquierda
radicalizarán sus posiciones hacia un socialismo de Estado, muchas veces
defendido, o se mantendrán más cercanas a la socialdemocracia.

I.3.3.19. Reacción al neoliberalismo: Reformas sociales giro a la izquierda


A partir del año 2000, el panorama político en América Latina empezó a
transformarse radicalmente. La difícil situación económica y el debilitamiento de las
estructuras del Estado condujeron a la emergencia de movimientos de izquierda y de
centro izquierda que han ido copando el panorama político. Esta situación ha
generado una transformación en las relaciones económicas latinoamericanas hacia
el exterior, y el afianzamiento de movimientos de carácter nacionalista y popular.

I.3.4. Cambio social

25
Las sociedades, como las especies, evolucionan en direcciones que se abren o
limitan en parte por fuerzas internas, como el desarrollo tecnológico o las tradiciones
políticas. Las condiciones de una generación limitan y determinan la gama de
posibilidades que se abren para la siguiente. Por un lado, cada nueva generación
aprende las formas culturales de la sociedad y, de esta manera, no tiene que
reinventar estrategias para producir alimentos, manejar conflictos, educar a los
jóvenes, gobernar, etc.

También aprende aspiraciones para saber de qué manera la sociedad se puede


mantener y mejorar. Por otro lado, cada nueva generación debe tratar problemas no
resueltos de la generación anterior: tensiones que pueden conducir a la guerra,
abuso de drogas en gran escala, pobreza y privación, racismo y un sinnúmero de
injusticias personales y grupales. Las injusticias se pueden mitigar lo suficiente para
hacer que las personas las toleren, o pueden desbordarse en una revolución que
ataca la estructura de la misma sociedad. Muchas sociedades continúan
perpetuando disputas de muchos siglos con otras sobre fronteras, religión y
creencias muy arraigadas sobre agravios pasados.

Los gobiernos suelen tratar de dirigir el cambio social por medio de políticas, leyes,
incentivos o coerción. A veces estos esfuerzos funcionan de manera eficaz y hacen
posible que, de hecho, no haya conflicto social. En otras ocasiones, tales esfuerzos
pueden precipitar el conflicto. Por ejemplo, el establecimiento de comunas agrícolas
en la Unión Soviética, en contra de la voluntad de los granjeros de labrar su propia
tierra, se llevó a cabo sólo con la fuerza armada y la pérdida de millones de vidas. La
liberación de esclavos en los Estados Unidos vino sólo como consecuencia de una
guerra civil sangrienta; 100 años más tarde, la eliminación de la segregación racial
explícita se consiguió en algunos lugares sólo haciendo uso de la acción legislativa,
requerimientos de los tribunales y guardia militar armada y continúa siendo un
problema social muy importante.

26
Los factores externos incluyendo guerra, migración, dominación colonial, ideas
foráneas, tecnología, pestes y desastres naturales también determinan la forma en
que se desarrolla cada sociedad. Las sociedades indoamericanas fueron destruidas
y desplazadas por las enfermedades y guerras traídas por los colonizadores
provenientes de Europa. Los desastres naturales, como las tormentas o sequías,
pueden causar la pérdida de cosechas, aparición de penalidades y hambre, y en
ocasiones migración o revolución.

La comunicación y el transporte cómodos también estimulan el cambio social. Los


grupos antes aislados geográfica y políticamente se vuelven aún más conscientes de
las distintas formas de pensar, vivir y comportarse, y en ocasiones de la existencia de
vastos y diferentes modos de vida. Las migraciones y los medios de comunicación de
masas conducen no sólo al mestizaje cultural, sino también a la extinción de algunas
culturas y a la rápida evolución de otras. La comunicación y el transporte mundial
fácil traen confrontaciones de valores y expectativas en ocasiones de forma
deliberada, como la propaganda, y otras de manera incidental, como la búsqueda de
intereses comerciales.

El tamaño de la población humana, su concentración en lugares específicos y su


patrón de crecimiento reciben la influencia del ambiente físico y de muchos aspectos
de la cultura: economía, política, tecnología, historia y religión. Como respuesta a la
preocupación económica, los gobiernos nacionales establecen diferentes políticas,
algunas para reducir el crecimiento de la población, otras para aumentarlo. Algunos
grupos religiosos también asumen una posición firme respecto a las cuestiones de
población.

I.3.5. Conflicto social


En todas las sociedades humanas hay conflicto, y todas ellas cuentan con sistemas
para regularlo. Por lo general, el conflicto entre personas o grupos surge de la
competencia por recursos, poder y posición social. Los miembros de la familia

27
compiten por atención. Los individuos lo hacen por el trabajo y la riqueza. Las
naciones por territorio y prestigio. Los distintos grupos de interés compiten para tener
influencia y poder para crear reglas. A menudo, la competencia no es por recursos
sino por ideas una persona o grupo quiere tener las ideas o la conducta de otro
grupo suprimido, castigado o declarado ilegal.

El cambio social puede ser capaz de provocar conflicto. Son escasas o nulas las
probabilidades de que se proponga un cambio político, económico o social que
beneficie equitativamente a cada componente del sistema social y, por tanto, resisten
los grupos que se observan como posibles perdedores. Las hostilidades y recelos
mutuos se agravan por la incapacidad de los partidarios y adversarios de algún
cambio para pronosticar en forma convincente cuál de todos los efectos provendrá
de hacer el cambio o no hacerlo. El conflicto es particularmente agudo cuando sólo
existen unas cuantas alternativas sin compromiso posible por ejemplo, entre la
rendición y la guerra o entre el candidato A y el B. Aun cuando las cuestiones pueden
ser complejas y las personas no difieran al principio mucho en sus apreciaciones, la
necesidad de decidir una forma u otra puede conducir a la gente a posiciones
extremas que apoyen su decisión como alternativa preferible. En los grupos
familiares y las pequeñas sociedades, las leyes se declaran por autoridades
reconocidas, como los padres o ancianos.

I.3.6. Un nuevo paradigma político: los nuevos movimientos sociales


Para algunos sociólogos y analistas sociales los cambios actuales se ven reflejados
en la transformación de las estructuras y la dinámica de la política. Asistimos así a la
definición de un nuevo modelo de desarrollo político de las sociedades occidentales
avanzadas. Acorde con esta visión, en la que se inscriben los teóricos de los nuevos
movimientos sociales: “los conflictos y las contradicciones de la sociedad industrial
avanzada. En contraste con las formas tradicionales de organización política, los
nuevos movimientos sociales, en su modo interno de actuar, no se rigen por e
principio organizativo de la diferenciación, ni en la dimensión horizontal (militantes/no
militantes).

28
I.3.7. Katarismo
Entre los años 70 y 80 hubieron una serie de protestas y demandas lideradas por el
KATARISMO movimiento que reivindica la revolución indigenista de Tupak Katari
(Siglo XVIII en la etapa de la lucha contra los españoles, inicio de la etapa de la
Independencia). Y que buscaban la inclusión de los sectores indígenas en la vida
política de Bolivia. En los 90 aparece como líder del sector indígena el guerrillero del
EGTK (Ejército Guerrillero Túpac Katari) y líder del CSUTCB (Confederación Sindical
Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), Felipe Quispe Huanca "El Mallku".
En 1992 "El Mallku" es tomado preso junto al hoy vicepresidente de Bolivia, Álvaro
García Linera, acusados de terrorismo. Después de 5 años de prisión pro presión de
los movimientos indígenas fueron dejados libres.

I.3.8. Surgimiento de los movimientos cocaleros


Con la caída de los precios del estaño en 1985, entonces principal recurso minero de
Bolivia, y el cierre de las minas, miles de trabajadores mineros desocupados,
buscando fuentes de trabajo para sobrevivir se desplazaron a los valles del Chapare
y Los Yungas a cultivar las hojas de coca.

Así se incrementan los trabajadores cocaleros y comienza el movimiento de


trabajadores de la hoja de coca, que viene a ser como los "hijos" de los mineros. Los
"nuevos" cocaleros copian toda su estructura organizacional de los mineros. Por
ejemplo, utilizan las asambleas en su órgano institucional donde los dirigentes
resuelven medidas y acciones con las llamadas "bases", las votaciones de las
elecciones de su plana directiva, los bloqueos de las avenidas y las calles como
medidas de presión, las marchas y las manifestaciones con detonaciones de
cartuchos de dinamita, entre otros.

De esta forma surgen con fuerza las federaciones de cultivadores de hojas de coca
como las federaciones del Chapare (Cochabamba) y Los Yungas (Valle de La Paz).

29
En los 80 el discurso de las demandas de los cocaleros era campesinista (como un
derecho de cultivar la hoja sagrada). Y, en los 90, el movimiento cocalero defiende un
discurso indigenista (donde hacen respetar el cultivo de la hoja de coca, como una
tradición milenaria).

I.3.9. 1987 -2000 periodo democrático


En 1987 se realizaron elecciones municipales, recuperando una tradición rota por la
"Revolución de 1952". El fortalecimiento de la democracia municipal fue clave para
darle mayor poder directo al ciudadano. Desde entonces los procesos electorales
municipales se realizaron regularmente. Fue una etapa de inverosímiles alianzas de
partidos políticos para acceder al poder, de retorno de ex dictadores esta vez
elegidos democráticamente en elecciones y de una relativa estabilidad social y
económica. Pero en 1999 el Gobierno afrontó una severa crisis que lo obligó a dictar
una ley de reactivación económica.

El conflicto social sufre una importante transformación a partir del año 2000. A partir
de la Guerra del Agua en Cochabamba, los grandes Bloqueos Campesinos en el
Chapare y el Altiplano Central en Septiembre de ese mismo año.

Según Marcelo Varnoux, los conflictos previos a estos eventos eran esencialmente
reivindicativos. Aunque los actores sociales recurrían a medios violentos, nunca
colocaban en tela de juicio la pertinencia del proceso democrático. Los hechos del
año 2000 expresaron el rechazo de los actores a este proceso y a sus instituciones
más importantes.
Los grupos sociales han demostrado entonces, un rechazo al sistema económico
neoliberal, que eliminó las funciones sociales del Estado. Los grupos sociales han
retomado las expectativas de que el Estado brinde los servicios de educación y salud
y que mejore las condiciones de las actividades económicas de los sectores
excluidos. Estos conflictos expresan un rechazo al modelo neoliberal en lo
económico y a la democracia excluyente, en lo político. No otra cosa ha significado el
hecho de que los movimientos sociales han retomado su organización bajo otras

30
formas, más allá de la exclusividad de los partidos, y por otro lado, que
organizaciones sindicales y campesinas organizadas como partidos, solamente para
adaptarse a la forma actual de democracia, hayan obtenido una importante votación,
hasta llegar a un segundo lugar en las elecciones del año 2002.

Varnoux se refiere a “la insurgencia de movimientos sociales violentos que, en vista


de la oportunidad (debilidad e ineficiencia del gobierno) deciden que la mejor forma y
más expedita forma de cristalizar sus reivindicaciones y demandas es a través del
conflicto, la presión y la violencia”1

Para Romero y Betancur:


“los mayores focos de tensión se han centrado en la lucha por la tierra y los
recursos naturales. Campesinos e indígenas experimentan que, además de
las políticas en boga, la ineficiencia y corrupción del aparato estatal les niegan
sus derechos conquistados en la década anterior. El escenario caótico ha
evidenciado no sólo las graves consecuencias de la implementación
incondicional del modelo neoliberal, sino también las protuberantes fallas que
adolece el sistema político en su conjunto y con él la estructura misma del
Estado. Por esto los movimientos sociales han ido orientando sus existencias
hacia cambios estructurales y hacia la redefinición del modelo de Estado,
basados en la experiencia de sus movilizaciones por reivindicaciones
sectoriales o coyunturales, cuyos resultados no han modificado su situación” 2.

I.3.10. La sociedad hoy en día


De todas las alternativas al modelo neoliberal surgidas en América Latina en los
últimos años, la que vive hoy Bolivia es la más radical, compleja y ambiciosa. Bolivia
mezcla, en dosis dispares, indigenismo, izquierda y nacionalismo, tres corrientes que
conviven de modo problemático en un contexto de polarización étnica, política y
geográfica, entre un Occidente pobre y un Oriente rico. Todo esto le confiere a la
realidad que vive hoy Bolivia, a un año de la asunción del nuevo gobierno, un
carácter conflictivo y único.

1 Barnoux, Marcelo. Análisis y Evaluación del Conflicto Social en Bolivia 2000-2003. Material del
Curso auspiciado por ILDIS. Santa Cruz, agosto de 2003.
2 Romero Bonifaz, Carlos y Betancur, Ana Cecilia. Movimiento social, régimen político y reformas a la
constitución. En Artículo Primero. Revista de Debate Jurídico y Social. No 11
31
Nuestra sociedad a pesar de que la mayoría somos descendientes de la gente india
del lugar, seguimos sufriendo de clasismos, pues todavía se ve una cierta
discriminación de la gente urbana por lo rural o viceversa. La evangelización de los
nativos fue el objetivo educativo principal en la época colonial, estaba a cargo de las
órdenes religiosas, franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios y jesuitas. En la
colonia abundaban los conventos y frailes.

Una dificultad con la que tropezó la educación colonial fue el idioma, pero fue
superado gracias a la dedicación de los frailes y otros clérigos. En estos tiempos de
intensos cambios en la sociedad boliviana atraviesa unos de los momentos más
duros. La crisis política, económica y social, Bolivia necesita redescubrir sus raíces y
promover cambios radicales para sostener su sistema de democracia participativa.

Los números dan una idea precisa de la situación social en este país de más de 8.3
millones de habitantes, donde el 80% de la población es de origen indígena y el resto
lo integran los blancos y mestizos que controlan el poder político y económico desde
su independencia, en 1825. Bolivia es uno de los países más pobres de América del
Sur: 6 de cada 10 bolivianos viven en la indigencia con un ingreso menor a los 2
dólares por día. Cerca del 66% de los bolivianos viven en una economía de
subsistencia con la venta de mercancía en las calles. Y la economía boliviana ha
crecido sólo un 0.5% en el ultimo año con poca expectativa de mejorar.

Bolivia se transformó en una economía de mercado. La crisis que atraviesa Bolivia es


el resultado de las políticas económicas y sociales instituidas a rajatabla por el
gobierno. En estos últimos años, el descontento de la sociedad boliviana ha
alcanzado su límite, por ello en la última década se ha venido dando un cambio con
la esperanza de contar en nuestra sociedad con mejores días, pues la lucha de
clases no nos lleva a nada más bien nos sumerge en guerras y peleas que no llevan
a nada.

32
Las protestas, manifestaciones, cierres de rutas, y violencia siguen sucediendo por
falta de políticas que lleve a esta sociedad a superar la crisis en la cual se ha visto
estancada.

El desborde social alcanzado en Bolivia no es nuevo para Latinoamérica. Parece ser


una constante de la cual pocos países pueden librarse. Las culpas abundan: las
externas, donde el Fondo Monetario Internacional y los EUA se llevan los primeros
lugares; y las internas, en las que Bolivia es un país sin verdadera representación
(tradicionalmente regida por la clase privilegiada) y en donde las reformas
económicas no han sido complementadas con reformas políticas, sociales y
coyunturales.

Para que Bolivia se estabilice, se va a necesitar un fuerte compromiso de cambio


tanto del gobierno como de los grupos opositores. No basta con demandarlo, hay
que trabajarlo como un plan a futuro, en las cuales todos estén incluidos y cada uno
tenga su espacio, haciendo verdadero honor al sistema de democracia participativa.

33
CONCLUSIÓN

Podemos concluir diciendo que la familia es una organización que ha ido


evolucionando con el paso del tiempo.

Concluyendo decimos que tanto la familia evolucionó a través de la historia, desde el


salvajismo, la barbarie y la civilización a través de hechos que se caracterizaron por
el progreso intelectual del hombre.

Se ve una sociedad boliviana profundamente desigual, pese a los grandes avances


logrados estos últimos años en materia social y de democratización del sistema
político. Este documento será presentado este martes a la prensa boliviana.

Se desafía al país a aprovechar de un contexto nacional favorable para invertir


masivamente en una universalización de los derechos básicos de la población y así
"traducir el acceso al poder de grupos tradicionalmente excluidos de la sociedad en
una mejora concreta en el bienestar y la igualdad entre las personas".

En las últimas décadas, Bolivia ha avanzado en la construcción de una sociedad con


mayor igualdad, estos cuarenta últimos años, por ejemplo, la esperanza de vida
aumentó de 45 a 65 años y la tasa de alfabetización de 63 a 91%.

En el ámbito de la participación política, 6 de cada 10 ciudadanos encuestados por el


PNUD consideran que los indígenas y las mujeres tienen hoy una mayor posibilidad
de ejercer cargos públicos que en el pasado.

Sin embargo, la desigualdad en desarrollo es importante. Así, la desigualdad en


educación es importante: la escolaridad en áreas rurales es de 5 años, mientras en
áreas urbanas alcanza a 10 años. Persiste también una desigual distribución del
ingreso que se mantuvo sin cambio estos últimos cuarenta años y que es una de las

34
más extremas en América Latina: en Bolivia, el 20% más rico de la población
concentra 60% del ingreso, mientras que el 20% más pobre apenas acumula el 2%.

Estas brechas se acumulan y frenan el desarrollo tanto individual como colectivo. Un


hombre que no es indígena, vive en la ciudad y hace parte del quintil más rico de la
población estudiará en promedio 14 años, en comparación con los 2 años de estudio
de una mujer pobre, rural e indígena.

Finalmente, según encuesta tres de cada diez bolivianos y bolivianas afirman


haberse sentido discriminados, fundamentalmente por "el color de la piel", "la manera
de hablar", "el origen étnico y el "no tener dinero". Este sentimiento de discriminación
es el más alto de América Latina.

El hecho de que haya mayor igualdad política, pero no necesariamente mayor


igualdad en aspectos sociales y económicos, está generando una cierta tensión. Sin
embargo, hoy día en Bolivia existen condiciones muy favorables para acelerar este
cambio social con igualdad, a tiempo de referirse a un "contexto macroeconómico"
que permite al Estado invertir en "una política social cada vez más agresiva", las
autonomías municipales, departamentales e indígenas que abren "una ventana de
oportunidad para generar mayores oportunidades a toda la población" y "las
expectativas que tiene la población hoy en día de que el cambio social se traduzca
en una transformación social para todos.

Estudios revelan que los bolivianos asocian el "vivir bien" con el hecho de trabajar y
ganar bien (36,7%), contar con una vivienda digna (23,6%), gozar de una buena
salud (17,5%) y una buena convivencia con los demás (9,8%), así como de una
buena cosecha y alimentación (5,9%) y buenos conocimientos (3,8%). Realmente es
un momento único para invertir todos estos activos sociales y políticos en la
superación de estas brechas y de verdad avanzar hacia la construcción de una
sociedad más igualitaria, más equitativa, más justa que incluya a todos. El IDH
concluye que las políticas públicas deben apuntar a los tres siguientes grandes

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desafíos: 1- universalizar los derechos básicos, especialmente la educación y salud
de calidad; 2- democratizar el empleo y el trabajo dignos y 3- combatir la
discriminación a modo de promover la convivencia.

Cambio, ha sido la palabra más usada durante estos diez años, y por cambio y en
nombre del cambio Evo Morales ha descalificado no solo a los gobiernos anteriores,
sino la propia historia nacional y en nombre del cambio ha justificado todo, sin dejar
de recordar en cada instante a la supuesta corrupción que había antes que él. La
corrupción no debe entenderse únicamente como el aprovechamiento personal de
los recursos del Estado, la corrupción tiene muchas caras, una de ellas es el usar a
la democracia y dentro de ella al cambio como escudo para propiciar y amparar la
corrupción, debilitar las instituciones y ponerlas en manos de ciudadanos no idóneos,
designar a los decisores de los órganos de poder para que sirvan de instrumentos a
la voluntad de intereses personales, construir todo un entramado institucional que los
proteja y sirva a la vez de látigo persecutorio para usarlo contra los enemigos
políticos. Eso es corrupción y eso es todo lo que hemos visto del famoso proceso de
cambio.

La corrupción debe ser combatida por todos y ponerles escarnios porque eso no trae
nada bueno al cambio que se quiere implementar, porque provoca repudio de toda la
sociedad en general. El uso de recursos económicos de ser administrado para el
beneficio de la sociedad en general de aquellos que más lo necesitan y no el sacar
ventajas de ello. Nos encontramos entonces no ante un acto o suceso donde un
funcionario público aprovecha de su pasajera posición de decisión para utilizarla en
su favor, sino ante un proyecto político que se sustenta en la corrupción y que hace
de ella un instrumento de dominación social toxica, porque expande sus redes hacia
otros sectores que para sobrevivir no tienen otra alternativa que formar parte de ella.
Empresarios que sirven de correa de transmisión para facilitar el lavado de dinero,
actividades comerciales que se utilizan con el mismo objetivo.

El convencimiento de que la corrupción es una forma institucional de hacer las cosas

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se conoce como “todo está bien, hay dinero y la gente está contenta” Evo Morales se
permite y permite que todos hagan lo mismo, “que le metan nomás” y en esa lógica
de la violación a la ley la democracia se ha prostituido, los valores se han trastocado
y los principios se han relativizado para justificar el cambio.

Llegamos al final del trabajo con la seguridad de haber puesto todo nuestro empeño
en el mismo y con la satisfacción de haber aprendido mucho más sobre las reformas
sociales y su impacto en la sociedad. La sociedad: "Es un gran número de seres
humanos que obran conjuntamente para satisfacer sus necesidades sociales y que
comparten una cultura común".

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RECOMENDACIONES

El principio de igualdad, el reconocimiento a las diversidades, la legitimidad de las


acciones positivas para superar la discriminación, la integralidad de los Derechos
Humanos universales, su interrelación e indivisibilidad con los derechos de las
mujeres, la protección de los derechos reproductivos y las opciones sexuales, la
relevancia de la reforma del estado y las formas de organización territorial, la paridad
en la representación política y el papel estratégico del movimiento organizado de
mujeres para lograr la igualdad real entre hombres y mujeres.

La urgencia de articular las luchas feministas con las reivindicaciones de los pueblos
indígenas legitimando todas las medidas orientadas a la eliminación de toda forma
de discriminación recorre todos los debates. Las políticas públicas de igualdad de
género cobrando sentido la historia reciente del movimiento de mujeres cuyos logros
se reflejan.

Hay que fortalecer el movimiento social de mujeres para incidir en los conceptos de
democracia, integrando una perspectiva de derechos que busque la construcción de
una sociedad libre de toda forma de discriminación, particularmente la racial, étnica y
de género. La modificación del régimen económico para favorecer una justa
distribución de la riqueza, la adecuación de las formas de Gobierno, las autonomías
regionales, los conceptos de tierra y territorio y de la autodeterminación, la defensa
de los recursos naturales a los derechos de mujeres y hombres; la superación de la
pobreza y la desigualdad, mejorando el acceso a los servicios y trabajar para que el
movimiento se amplíe hacia las organizaciones sociales.

El proceso de reforma constitucional que está en marcha se definió en momentos


críticos de la vida política boliviana caracterizada por una creciente fragmentación y
polarización social, desconfianza sobre la unidad nacional, gestación de pulsiones
antidemocráticas, incertidumbre y divergencias de actores regionales portando sus
propias agendas. Esta situación hizo que se produzca una eclosión de problemas de
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índole estructural y circunstancial. Bolivia vivió momentos de grandes tensiones
regionales, políticas, económicas y sociales, generándose situaciones conflictivas
que hacían temer un período poco auspicioso.

Esta crisis encuentra un espacio de resolución con la elección del Primer Presidente
Indígena de Bolivia, Evo Morales, el cual ha implementado políticas para todos los
bolivianos, los bonos están beneficiando al país en su conjunto, pero la corrupción
sigue campeante lo que se debe hacer es frenar y poner soluciones que ayuden a la
erradicación de este mal que aqueja a Bolivia y al mundo en general.

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BIBLIOGRAFÍA

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Insurgencia democrática de la Bolivia Clandestina. Artículo Primero N° 6.
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 DICCIONARIO ILUSTRADO DEL CONOCIMIENTO NORMA, 6, Voz


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