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AGÜITA DE MAYO

Calle sevillana. Rejas con flores. Puerta practicable al foro izquierda. Junto a ella
reja con toldo de lona recogido y practicable. Época actual. Es de noche

ESCENA PRIMERA

Al levantarse el telón se oyen campanadas. Las diez. Pasa sin vocear un vendedor
de flores. Cruza la escena una parejita muy acaramelada. El reloj de la torre vuelve
a repetir las diez campanadas, y ROCÍO, alegre, bonita y celosa, como todas las
mocitas de la tierra, dice desde su puerta:

ROCÍO.- ¡Las diez!... Bueno. Por supuesto que no va a tener metros la cara
que le voy a poner a ese malnacido. ¡No tiene genio la niña en gracia de Dios!
Las diez y era la cita para las nueve y media... para las nueve y media de
anteayer. ¡Vaya con el mocito! Y si a mal no viene, la culpable será cualquier
desocupada, porque una mujer de su casa, una mujer hacendosa y como debe
ser, no entretiene a un hombre tres días... Y total para nada, porque lo que
es mi Joselillo, el podrá no venir, pero faltarme ya sé yo que no me falta,
¡qué ha de faltar!, si es de lo más cumplido y más cabal que he tropezado yo
en mi vida. Bueno, algunas charranaditas me ha hecho, ¿eh?, pero con mucha
gracia, sí señor, porque lo que es gracia tiene una jartá. Y me quiere mucho,
mucho, y sobre todo me quiere por lo constante. Porque yo no soy como esas
cabezas locas que hay por ahí. Yo quiero a un hombre para toda la vida. Con
Manolo, el emparejador, no tuve relaciones más que dos meses, porque era
un pretencioso. Cada vez que venía a la reja, parecía que se iba a retratar. Y
con Antoñillo, el albañil, si aquello no duró más que tres semanas, culpa suya
fue; que, ¡hijo mío!, tan blanco, tan estirado y tan seco, parecía una camisa
planchada; del señor Juan, el corsario, no hay que hablar, y de Asaura...
bueno, a ese sí le quería yo un poquitito, a Asaura, el nieto de la señora
Trinidad. ¡Ay, Asaura! Pero cómo la tendría que hace seis meses que lo
mandó su abuela con tres mil reales a la feria de Osuna y todavía no ha
vuelto. Pero ese, es lo que yo digo cuando me dicen que me dejó plantada,
ese a quien dejó plantada fue a la abuela, que desde entonces, donde pone
los ojos no ve más que asauras. Bueno, pues quitando a esos cuatro y a
Manuel Romero y a Carcamá y a Antoñito el molinero y a media docena más...
nadie puede decir que ha visto en mi reja ningún hombre, ni me puede nadie
tachar de coqueta ni de presumida, que yo tendré todas las faltas, pero lo
que es esa... (Yendo hacia la izquierda.) Nada, que no viene. Pero, señor, ¿para
qué se enamorará una de los hombres de esta manera? Porque yo estoy
enamorada. Y no es que yo lo diga, porque soy muy callada, que otro vicio

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tendré, pero lo que es habladora... Bueno, cuando estoy con las demás, no
dejo meter mucha baza, pero cuando estoy yo sola ni pio. (Mirando hacia
derecha.) ¡Ay... ay, ay, ay, ay, ay! Ya está aquí. Rocío, ponte en carácter;
Rocío, no te dejes apabullar. No; porque resulta que si hablo yo se va a
quedar callado y no me voy a enterar donde ha pasado estos tres días. Lo
mejor es callar. Eso es. Que me condenen si le digo ni una palabra. Trabajito
me va a costar, pero... jurado queda. ¡Ya está aquí!

ESCENA II

DICHA y JOSELIYO, muy juncal, muy pinturero, hecho un bracito de mar. No hay
que decir más sino que es andaluz y sevillano ¡El colmo!

JOS.-Buenas noches.
ROCIO.- (Cantando.) Ay, ay, ay.
JOS.-Buenas noches.
ROCÍO.- (Cantando.) Ay, ay, ay
JOS.-Buenas noches.
ROCIO.- (Cantando.) Ay, ay, ay.
JOS.-Por lo visto están buenas de verdad.
ROCIO.- (Cantando.) Ay, ay, ay.
JOS.- Bueno, pues... vamos a ver si nos entendemos así. (Remedándola.) Ay,
ay, ay.
ROCÍO.- Ау, ау, ау, ау.
JOS.- Ау, ау, ау, ау, ау.
ROCÍO.- (Enfadada.) Y ¿qué hay? ¿Se puede saber qué es lo que hay?
JOS.- (Aparte.) Comienza la tempestad. (Alto.) Pues hay...
ROCÍO.- Hay un tío con muy poca vergüenza y una mujer con muchas ganas
de dar bofetadas.
JOS.- (Aparte.) Ya está armada.
ROCÍO.- ¿A ti te parece decente, a usted le parece formal citar a una
mocita para las nueve y media y venir a las once... a las once de pasado
mañana?
JOS.- Pero...
ROCÍO.- Estoy hablando yo. Y voy a hablar muy poco, pero muy poco. ¿Tú te
crees, usted se figura, grandísimo perdido, que yo soy un adorno de fiesta
mayor, para estar dos días en esta reja más negra que el carbón de rabia y
más colorada que un pimiento de vergüenza?
JOS.- Es que...
ROCÍO.- A callar. ¿A ti te parece bonito que una mujer de su casa, de la que
nadie ha tenido que decir ni tanto así, se cuaje en la reja lo mismito que el

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requesón? Bueno, pues no, pues no y pues no. Esto se ha acabado, Joselillo;
esto se ha terminado para siempre, ¿lo oyes bien? Para siempre.
JOS.- Pero, Rocío...
ROCÍO.-No hay Rocío ni chaparrón que valga.
JOS.-Pero escucha que te diga…
ROCÍO.-No, no, no; si ya sé lo que me vas a decir: una mentira tan grande,
tan grande, que parezca una verdad y no tenga más remedio que creérmela...
Más vale que te calles. Callado, puede ser que me convenzas más. No hables,
no; no hables. Si no quiero saber nada. No me digas ni una palabra. Cállate,
hombre, cállate. No; si ya lo sé, si ya lo sé. (Muy deprisa.) Que encontraste a
un amigo. Que ibais a dar un paseo. Que encostrasteis a otro. Que a los tres
se os juntó otro. Que entre los cuatro lo natural es tomar una cañita. Que
se os fue la cabeza. Que disteis una vuelta en coche. Que al día siguiente no
fuiste al trabajo. Que por la noche saliste a tomar el fresco: Que como
todavía te duraba la borrachera te llevó el sereno a dormirla al cuartelillo.
Que has pasado el día descansando, y que esta noche, como no le habías
dado cuerda al reloj te has retrasado un poquito, un poquito nada más.
JOS.-Pero, Rocío...
ROCÍO.-No, si has de sentir todo el chubasco. Que has tomado el camino de
esta casa por casualidad, y al llegar aquí te creías que ibas a encontrar una
carita muy triste y unos ojos muy llorosos y una boquita con un candado
puesto en los labios; que ibas a soltar cuatro palabritas dulces, dos
mentiras, una verdad y medio suspiro, y que aquí no había pasado nada, ¿no
es eso? Pues no y no y no.
JOS.- ¿Has acabado ya? Pues fíjate en este traje.
ROCÍO.- (volviendo la espalda.) No me da le gana.
JOS.- (Pasándole la chaqueta por la nariz.) ¿A qué huele?
ROCÍO.- Uf. A alcanfor.
JOS.- ¿Sabes leer?
ROCÍO.- Han traspasado la escuela.
JOS.- Lo que han traspasado es el cariño de tu corazoncito al mío.
ROCÍO.- ¡Falso! Más que falso.
JOS.- (Sacando una carta.) Y escucha. «Mi querido hijo: Para que pases las
fiestas al lado de la que dices que quieres con fatiguitas...>>
ROCÍO.- ¡Falso!
JOS.- <<Te mando ese billete de cien pesetas.»
ROCÍO.- Falso.
JOS.- ¿Cómo falso, si hace dos días que lo he cambiado?
ROCÍO.- Ah, ¿pero has cambiado el billete? Claro, para obsequiar a la
grandísima tuna con la que has pasado estos dos días.
JOS.- Rocío...

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ROCÍO.- Ven acá. (Zarandeándole y registrándole.) A ver lo que llevas en los
bolsillos.
JOS.- Seis duros. (Dándoselos.)
ROCÍO.- ¿Seis duros? Arrastrado, sinvergüenza; pero, ¿tú ves? ¿Tú ves
como no se puede tener contigo ni una miaja de confianza? ¡Seis duros! ¿Y
los otros catorce? ¿Dónde están los catorce que faltan? (Al ver que intenta
sacar más.) No. No me saques más papeles, no quiero saber nada, nada.
Hemos acabado, Joselillo, hemos acabado. (Da media vuelta y cierra la puerta
furiosa, después de tirar los seis duros).
JOS.- Pues hemos acabado. (Recogiendo el dinero.) Que yo me había
enamorado de una mujer, pero no de un terremoto.
ROCÍO.- (Se asoma Rocío por la reja y al verlo dice) Se va... ¡Claro! A pedir
prestados los catorce duros que le faltan, y a venir luego muy humilde y muy
granuja a convencerme.

Comienza a chispear.

JOS.- ¿Qué es esto? Ea, si comienza a llover. ¡Maldita sea, hombre! Mire
usted que es mala suerte. Y que todo le viene a uno en contra. La niña con
toda la cara de un prior, y el tiempo metido en agua. ¡Y que aprieta que da
gusto! ¡Y que es el traje nuevo! ¡Y que de aquí a mi casa hay una jornada!
Joselito, a ver dónde te metes. (Buscando y no hallando sitio en qué refugiarse.
El agua aprieta.)
ROCÍO.- Lloviendo. Me alegro. Mira qué lástima que no fuera lava lo que
estuviera cayendo.
JOS.- (Acercándose a la reja.) Rocío.
ROCÍO.- ¿Qué hay?
JOS.- Por tu salud, ¿quieres echar el toldo?
ROCÍO.- No, hijo; que es para el sol.
JOS.- Es que me voy a poner como una sopa.
ROCÍO.- Así te esponjas
JOS.- Ten caridad, mujer, aunque no sea más que caridad.
ROCÍO.- ¿Caridad? Lo que tiene usted que hacer es ponerse una mijiya más
allá, que me está llegando el olor de humedad y padezco reúma.
JOS.- Es que aquí siquiera se resguarda uno un poquito.
ROCÍO.- Pues estese usted ahí, que como empiece el canalón a soltar agua.
JOS.- (Dando un salto.) Todo son inconvenientes.
ROCÍO.- (Aparte) Ni para Dios suelta prenda de dónde ha estado estos días.
JOS.- (A parte.) Si yo le dijera a esta niña la verdad de donde he estado
ayer y anteayer...
ROCÍO.- (Aparte.) No, pues el toldo no lo echo.
JOS.- Rocío, Rociillo de mi alma. (Aparte.) A ver si así...

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ROCÍO.- Y oiga usted, eso de Rocío vamos a irlo suprimiendo.
JOS.- ¿Pues cómo quieres que te llame?
ROCÍO.- De usted y doña Rocío, que me parece que no hemos comido juntos
en ningún bodegón.
JOS.- (Aparte.) ¡Aprieta, aprieta!
ROCÍO.- (Muy enfadada) Y no se arrime usted. Mire usted que el canalón...
JOS.- Pero, mujer, ¿quieres escucharme dos palabras?
ROCÍO.- A mí no tiene usted que contarme nada.
JOS.- Dos palabras nada mas... Y echa una mijiya el toldo.
ROCÍO.- ¿El toldo? Está usted fresco.
JOS.- Ya lo creo que estoy fresco. (Acercándose más a la reja.) Bueno, pues
aunque se desate el canalón. Mira, Rocío, que yo no te he faltado, que si no
he venido ayer y anteayer ha sido porque he estado trabajando no más que
para ahorrar un puñado de pesetas para irnos tú y yo mañana...
ROCÍO.- Mentira, mentira, todo mentira. Júralo.
JOS.- ¿Por qué quieres que te lo jure?
ROCÍO.- Por lo que tú quieras.
JOS.- Así me caiga ahora mismito. (Cae una manga de agua del canalón.) ¡Aaay!
ROCÍO.- ¿Qué ha sido eso?
JOS.- El canalón.
ROCÍO.- ¡Ja, ja, ja, ja!
JOS.- Eso es, ríete encima. Bueno, pues ya se me ha acabado a mí la
paciencia. Y el disgustado ahora soy yo. Y que este alfiler de pecho que traía
para... para usted... lo va a lucir mañana Antoñita Campos.
ROCÍO.- ¿Qué has dicho, Joselillo? ¿Un alfiler de pecho?
JOS.- Este mismo.
ROCIO.-Échate para acá que lo vea.
JOS.- Se puede mojar.
ROCÍO.- ¿Y para qué está el toldo?
JOS.- Para el sol.
ROCÍO.- Vamos, Joselito, que no te pongas así.
JOS.- (Aparte.) Ya escampa. (Alto.) Y eso de Joselito vamos a irlo
suprimiendo.
ROCÍO.- ¿Qué dices?
JOS.- De usted y don José, que me parece que en ninguna parte hemos
comido juntos.
ROCÍO.- Eso es mentira, porque ya sabes tú que has cenado aquí dos veces.
JOS.- La víspera de los dos días que he tenido que ir a la botica.
ROCÍO.- Pero... acércate, hombre, ¿no ves que te vas a poner hecho una
sopa?
JOS.- Así me esponjo.

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ROCÍO.- ¿Ves tú? ¿Tú te convences cómo es falso todo?...
JOS.- ¿El qué?
ROCÍO.- Todo lo tuyo. Tu cariño, tus palabras, tus juramentos... ¡hasta el
alfiler!
JOS.- ¿El alfiler? (Acercándose a la reja.) Fíjate bien.

(Ella deja caer el toldo disimuladamente.)

ROCÍO.- ¡Ozú, qué luces tiene! ¿Y te ha costado mucho, Joselillo?


JOS.- Pues echa la cuenta. Cinco duros de sacar el traje; porque ¿tú te
habías fijado en que es el traje nuevo? Pues cinco duros de sacarlo, y ocho
del alfiler, trece, seis en plata y diez que llevo en este papelito, veintinueve.
ROCÍO.- ¿Veintinueve?
JOS.- Justo. Nueve duros del jornal con dos noches de vela, y veinte que ha
mandado la vieja; echa la cuenta.
ROCÍO.- (Cariñosa.) Bueno; yo todo lo que te he dicho antes te lo he dicho en
broma, ¿eh? Y si te has mojado...
JOS.- Ha sido en broma también.
ROCÍO.- Pues mira que puedes creerlo Joselillo, que cada gota que te cala a
ti encima, me resbalaba a mí por el corazón.
JOS.- Pues sal aquí fuera una mijiya a ver si dándonos un abrazo muy
apretado secamos las dos cosas.
ROCÍO.- (Sale a escena.) ¿Ves tú? Si tú hubieras empezado por decirme la
verdad, te hubieras librado tú del chaparrón, yo del disgusto, tú de la
bronca, yo del berrinche y tú y yo del tiempo que hemos perdido...
JOS.- ¿Pero cómo te habías pensado que yo te engañaba?
ROCÍO.- Y ¡ay de ti! ¿Porque tú ves estas manos?
JOS.- De marfil.
ROCÍO.- ¿Y estos dedos?
JOS.- De nácar.
ROCÍO.- ¿Y estas uñas?
JOS.- De rosa.
ROCÍO.- Bueno, pues así, de marfil y nácar y rosa, te voy a poner la cara de
incrustaciones que vas a parecer un jarrón de la China.
JOS.- Gitana.
ROCÍO.- Pero, oye, ¿ha escampado ya?
JOS.- Agüita de Mayo ha sido, que ha hecho florecer más rosas en tu cara.
ROCÍO.- Pero no vuelvas a faltarme más.
JOS.- Has sido tú la que me has faltado a mí.
ROCÍO.- ¿Yo?
JOS.- Tú, sí, señora, tú.
ROCÍO.- Mira Joselillo, que eso no te lo consiento.

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JOS.- Ni yo a ti te consiento tampoco que...
ROCÍO.- Arrepara... ¿no está empezando a llover otra vez?
JOS.- Tienes razón.
ROCÍO.- Pues... vamos a echar el toldo, antes que apriete el agua.
JOS.- Déjala que caiga. Agüita de bendición es el agua de Mayo.
ROCÍO.- Sobre todo cuando cae en los rosales y se quedan las gotas todas
llenas de luz en una rosa abierta.
JOS.- Y viene un abejorro, y como tiene miedo de beber en las fuentes,
bebe en el capullito.
ROCÍO.- Así es.
JOS.- Pues espera.
ROCÍO.- ¿Qué?
JOS.- Que te ha caído una gota en la cara y estoy abrasaíto de sed. (Intenta
darla un beso.)
ROCÍO.- ¡Joselillo!
JOS.- (Corriendo tras ella.) Un besito nada más, mujer.
ROCÍO.- (Huyéndole.) Que no.
JOS.- (Persiguiéndola.) Que sí.
ROCÍO.- (Corriendo.) Joselillo, que llamo a mi madre.
JOS.- (Tras ella.) Como si llamas a tu abuela.
ROCÍO.- (Corriendo.) Joselillo, que chillo.
JOS.- Mejor. (Logra cogerla.)
ROCÍO.- Joselito, Joselito, (al darle el beso.) Joselito, ¡qué poca vergüenza
tienes!
JOS.- Rocío, ¡qué le vamos a hacer!
ROCÍO.-Bueno, pues ya te puedes estar largando y no vuelvas aquí mientras
no estés arrepentido del todo. Eso es. (Yéndose a la puerta.)
JOS.- Pero chiquilla...
ROCÍO.- No hay chiquilla que valga. Hemos acabado.
JOS.- (Muy decidido.) ¿Que hemos acabado? Pues hemos acabado. Adiós
ROCÍO.- (Seria.) Adiós.
JOS.- Hasta la eternidad.
ROCÍO.- Hasta un poquito más allá de la eternidad.

Él se va hasta el extremo derecha. El agua comienza a caer de nuevo.

JOS.- (Aparte.) ¡Maldita sea, hombre! ¡Pues no comienza a chispear otra vez!
ROCÍO.- (Aparte.) Lloviendo otra vez, ¡me alegro!
JOS.- (Aparte.) No, pues lo que es aunque me cale del todo, me voy.
ROCÍO.- (Aparte.) ¡Ay, que se va de veras y que se va a poner hecho una
sopa!... ¡Y que se lleva el alfiler! ¿Cómo le diré yo que vuelva, señor?

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JOS.- (Aparte.) Y que me voy de veras, y que me pongo hecho una sopa, y que
me llevo el alfiler... ¿Cómo se lo diré yo para que lo sepa, señor?

Los dos a un tiempo, encontrándose en medio de la escena.

LOS DOS.- ¿Eh?


ROCÍO.- Yo no te he llamado.
JOS.- Ni yo a ti tampoco.
ROCÍO.- Tú has sido el que has venido, ¿eh?
JOS.- No; la que se ha acercado a mí has sido tú.
ROCÍO.- Tú.
JOS.- Tú.
ROCÍO.- Tú.
JOS.- Tú.
ROCÍO.- Has sido tú.
JOS.- Has sido tú.
ROCÍO.- Bueno, hemos sido los dos. ¿Vamos a echarle la culpa al agua?
JOS.- Vamos a echársela, sí señor; y escucha tú lo que le vi a decir yo al sol
y a las nubes, que parecen dos enamoraos y... Escucha... (Encarándose con el
sol.) Si se han pensado ustedes que porque estamos en Mayo se van ustedes
a guasear de todo el mundo, con el ahora lluevo, ahora escampo, ahora
vuelvo a llover, ahora vuelvo a escampar, ahora un rayito de sol, ahora un
cubito de agua, van ustedes a hacer que por aquí abajo estemos todos igual
que ustedes, ahora riño, ahora hago las paces, vuelta a reñir, vuelta a
desreñir, se han equivocado de parte a parte, porque ésta y yo, salga el sol o
no salga, caiga el chaparrón o no caiga, nos vamos a meter debajo del toldo y
nos vamos a hacer cuenta de que ha pasado Mayo, y ha pasado el verano, y el
otoño y la mitad del invierno, y no nos separamos más que...
UNA VOZ.- (Desde dentro.) ¡Rocío!
ROCÍO.- ¡Mi madre, Joselito! (Corre a la puerta y mira dentro, mientras él dice.)
JOS.- Más que en Carnaval, que es cuando pude salir a la calle la señora
mamá de esta criatura, que es la única tormenta de truenos y relámpagos
que me hace a mí salir huyendo... (Intenta el mutis.)
ROCÍO.- (Volviendo al centro.) No, no sale; se va para el corral.
JOS.- ¿No sale? Pues ya puede caer agua, que mientras no salga tu madre y
funcione el toldo... (Abrazándola muy fuerte.)
ROCÍO.- (Al público.)
Son los pícaros celos
para los amores,
lo que el agua de Mayo
es para las flores;
sin ellos, no hay cariños

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que sean juncales;
sin rocío, no hay rosas
en los rosales.
Bendita el agua clara
del mes de Mayo,
que en cada gota lleva
del sol un rayo.

TELÓN.

FIN DEL ENTREMES