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IDENTIDAD DOCENTE

El ser humano nace con aptitudes innatas, con las cuales, reconoce su entorno esto lo logra a
través, de sus sentidos y en general identificar las dimensiones de su mundo. Del mismo
modo, descubrir que posee una existencia que irá desarrollando con el lenguaje a medida
que su experiencia se fortalezca con el paso del tiempo y adquiera conciencia de su propio
ser.
Toda esta serie de acontecimientos comparten una congruencia entorno a la exploración,
descubrimiento y asociación que configuran al hombre consciente que es capaz de deliberar
y proponer conforme a su pensamiento, sedimentado en los pilares de la conciencia. Por
ende, “la conciencia como producto histórico social se puede inferir a partir de la acción
humana (a partir del trabajo)”FLORES.R (1994). En otras palabras, el hombre no está
preparado para hacer algo sin saber previamente como hacerlo, esto requiere de una
estructura o modelo mental que coaccione la actividad práctica y formadora del hombre.
De esta manera, el conocimiento se construye a partir de una dimensión consciente partiendo
no solo de su identidad biológica sino desde su cultura, desarrollo social y en su quehacer
propio basado en la experiencia. Se concluye que “ si el hombre produce su pensamiento y
el conocimiento acerca de lo real ( la verdad) no tanto por medio de los sentidos, sino
principalmente por medio de la cultura que él mismo ha segregado colectivamente a lo largo
de su historia” FLORES. R (1994). Así, la construcción del conocimiento se focaliza no solo
en satisfacer las necesidades básicas, sino que le permite transformarla basada en su
capacidad de simbolización e interpretación.
Con lo anterior, se quiso resaltar en esencia las bases que configuran el sentido y el propósito
de la educación que ha trascendido a lo largo de la historia. Así mismo, sufriendo variaciones
dependiendo del contexto social de la época. Pero a su vez compartiendo enfoques
significativos en torno a ella. Sin embargo, las concepciones de la educación conllevan a la
formación de niños y jóvenes bajo una perspectiva de humanización con autonomía y
racionalidad. Según la concepción de Hegel:
“ reconoce que el hombre se desarrolla, se forma y humaniza no por un moldeamiento
exterior sino como enriquecimiento que se produce desde el interior mismo del sujeto,
como un despliegue libre y expresivo de la propia espiritualidad que se va forjando desde
el interior en el cultivo de la razón y de la sensibilidad, en contacto con la cultura propia
y universal, la filosofía, las ciencias, el arte y el lenguaje”.
Por consiguiente, la noción de formación se le atribuye a la serie de conocimientos,
aprendizajes y habilidades. De esta manera convirtiéndose en el producto que trasciende la
existencia humana integrándose a través del trabajo con el fin de llegar a su universalización.