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La Máscara de la Muerte Social

Las atrocidades de la “Muerte Roja” que alguna vez Edgar Alan Poe narró, en medio
de escenarios y personajes que se congregaban para aislarse de la Peste, se han trasfigurado.
La Máscara de la Muerte Roja ha pasado por una metamorfosis, su ataque e ímpetu mortífero
ya no se congrega en el palacio del príncipe Próspero en el sello de la muerte carnal—una
muerte biológica. Hoy día esa transfiguración responde a una muerte que supera los límites
de la carne, una muerte que se configura en el palacio de las Instituciones Modernas y ejecuta
su arma mortífera en comunidades de olvido y pérdida de dignidad humana; esto es La
Máscara de la Muerte Social.

La Muerte social surge en medio de prácticas discursivas, institucionales, ideológicas


e identitarias de exclusión económica y cultural que implican estigmatización y marginalidad
social (Arango, pág. 32). La Muerte social remite a procesos de desigualdad y menosprecio
que llevan a la imposibilidad material de coexistir, procesos que se esconden tras un armazón
institucional que aboga la protección de los derechos civiles y que, paradójicamente, se ve
transpuesta ante la vulneración de los mismos. Esto lleva a sustentar y garantizar los derechos
de un grupo privilegiado a costa de la muerte de otros, en palabras de Foucault, hacer vivir o
dejar morir. Pero ¿Quién habita esos lugares inhóspitos? ¿Qué tipo de sujetos han sido
deshumanizados para dar a luz el fenómeno de extrañez y ausencia de lo que parece
universal?

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos,
los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no
son, aunque sean… que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia
universal, sino en la crónica roja de la prensa local (Eduardo Galeano, Los Nadie
1940).

Pareciera que la inclusión de la vida necesitara de la exclusión, una brecha entre lo


que se considera vivo (lo aceptado, lo reconocido, lo próximo) y muerto (lo no humano, lo
otro, lo desagradable, lo extraño, lo distante). Así como en los textos medievales las márgenes
(marginalia, la marginación) ilustraban lo extraño en lo monstruoso y lo inconcebible en lo
profano, la vida social parece incluirse e identificarse en contraposición, en su antagónico: la
muerte, vida eliminada sin necesidad del homicidio, muerte que basta con el hecho de no
reconocer una vida como humana, pero que cumple su sentencia última con la aniquilación.
La llamarada de la Muerte social se nutre de las identidades subjetivas como procesos de
distinción y diferenciación, que necesitan la eliminación de elementos opuestos con el fin de
asegurar y crear la ilusión de coherencia y comprensión común (Scott, pág. 39). El “vivo” se
puede identificar como tal en contraposición con el “muerto”. Es decir, lo incluido y
comprensivo surge sólo como una erradicación de un otro. Es acá donde encontramos la
figura del nadie, aquella imagen que ha surgido de la degeneración de un “otro no
normalizado”, que como señala Daniel Feierstein, es un otro que pierde sus derechos como
individuo para transformarse en un peligro para la población y, por lo tanto, permite su
tratamiento como no humano, como “agente infeccioso”; un peligro para lo “vivo”.

La Muerte social se desenmascara cuando se visibiliza lo ignorado, cuando el muerto


recalca, por ejemplo, su sensación de inexistencia: Lo peor de ser indigente es que uno a
veces siente que no existe1. No existe porque es ignorado, porque es ultrajado, porque se
esconde para que la limpieza social—o quién sabe quién más—no lo mate; existe sin estar
vivo. Aunque se piense que el habitante de calle está entregado a sobrevivir, más allá de esto,
está entregado a revivir; revivir los espacios olvidados, revivir las relaciones usurpadas,
revivir los derechos negados, revivir el reconocimiento evitado… Esta es la metamorfosis de
la Muerte social, ella reclama la vida a costa de la muerte de otros, justifica las atrocidades y
arroja los cuerpos a la desventura, ahora se aprovecha de esa muerte como un negocio.

Aunque se puede poner en cuestión usar categorías como vida y muerte para
remitirnos a hechos que pueden abordarse desde categorías como abandono o rechazo, es
pertinente ver que, si bien la muerte se entiende como la imposibilidad orgánica de sostener
un proceso de mantenimiento y desarrollo de un organismo, no es descabellado pensar en la
Muerte social como la imposibilidad de sostener un proceso no sólo orgánico sino existencial
y social; el despojar al individuo de ciertas condiciones de reconocimiento es condenarlo a
la muerte. Pero esta cuestión apunta a problemas tanto políticos como ético y existenciales,
el reconocimiento del otro afecta toda dimensión de la vida social—el reconocimiento es una
cuestión de vida o muerte. La ausencia de este reconocimiento da lugar a la destrucción de
personas y la creación de mundos de muerte, “(…) formas únicas y nuevas de existencia

1
Palabras de un habitante de calle en la ciudad de Bogotá en el año 2015.
social en las que numerosas poblaciones se ven sometidas a condiciones de existencia que
les confieren el estatus de muertos-vivientes” (Mbembe, pág. 75). Es así como se ha
vulnerado la capacidad de acción colectiva, de reconocer al otro como otro recíproco y actuar
colectivamente con él (Feierestein, pág. 134). Queda ahora revivir, restaurar o crear la
solidaridad que nutra la vida social, que confiera en una acción mutua la vida, vida sustraída
al sujeto que el no-reconocimiento ha aniquilado.

Juan Pablo Muñoz

Referencias:

Arango, M. Prácticas de exclusión social y construcción identitaria de personas transgénero


en contextos universitarios. Universidad de Antioquia, 2017.

Feierstein, D. El genocidio como práctica social: entre el nazismo y la experiencia argentina:


hacia un análisis del aniquilamiento como reorganizador de las relaciones sociales.
Fondo de Cultura Económica, 2011.

Foucault, Michel. Historia de la sexualidad. Siglo XXI, 1978.

Galeano, E. Los Nadie.

Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. Fenomenología del espíritu. Fondo de Cultura Económica,
1987.

Mbembe, A. Necropolítica. Melusina, 2011.

Poe, E. La Máscara de la Muerte Roja.

Scott, J. El género: una categoría útil para el análisis histórico.