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EL TEATRO ECUATORIANO CONTEMPORÁNEO

El teatro contemporáneo engloba toda la producción dramática del siglo XX.

El teatro ecuatoriano contemporáneo, el que se desarrolló durante el siglo XX, se


caracterizó principalmente por el eclecticismo o la mezcla de las tendencias que se
detectaban principalmente en Europa. La característica común de esas tendencias era el
rechazo al realismo, pues era considerado superficial y limitada su visión de la realidad.

En este sentido, se abordan obras con temas antirealistas, expresionistas y


existencialistas.

En la actualidad se representan obras hasta de ciencia ficción, como Mickey Mouse a Go-
Go, El escritor ecuatoriano Paúl Puma (Quito, 1972), que trata de la vida de un ser
humano que trata de escapar de un basurero tecnológico del año 2100, o también la obra
Barrio Caleidoscopio, del actor y dramaturgo Carlos Gallegos, un monólogo, premiada en
Francia en el 2015.

Entre algunos escritores teatrales se pueden mencionar:

Hugo Avilés Espinoza (1962), Rosa Borjas de Icaza (1889-1964), Cristian Cortéz (1964),
Antonio Santos Menor, Susana Nicolalde.

GARCÍA LASO DE LA VEGA

Biografía

Laso de la Vega, García. Señor de los Arcos,


Batres y Cuerva. Badajoz, c. 1455 – Burgos,
8.IX.1512. Embajador de los Reyes Católicos,
comendador mayor de León y padre del poeta.

Hijo de Pedro Suárez de Figueroa y de Blanca


de Sotomayor, señores de los Arcos (Badajoz),
tomó el apellido de su abuela paterna, Elvira
Laso de la Vega, hija del almirante Diego
Hurtado de Mendoza, y heredó el señorío de
los Arcos en 1506 tras la muerte de su
hermano Lorenzo Suárez de Figueroa. Su
ilustre linaje posibilitó que se educase en la Corte de Enrique IV, donde entró al servicio de
la reina Juana.
Fallecido el Monarca, luchó en la guerra de sucesión junto a los Reyes Católicos, y entre
1481 y 1488 permaneció a su lado como continuo. Participó en el cerco de Vélez-Málaga,
considerada la llave de Andalucía.

Intervino en el ataque para la rendición de la fortaleza de Gibralfaro y en el final del duro


cerco de Málaga en 1487. Se hallaba presente en la batalla por la conquista de Granada y,
después del triunfo, marchó a Gibraltar, donde prestó un valioso servicio a la Corona.

El 1 de marzo de 1494 marchó a Roma como embajador ante la Corte de Alejandro VI, en
la que permaneció hasta el 1 de julio de 1499. Su misión ante el Papa valenciano no
estuvo exenta de problemas, entre los cuales se contó el hecho de que, recién nombrado
Cisneros arzobispo de Toledo, cuando quiso imponer vida regular a los poderosos
canónigos de la catedral, éstos enviaron un mensajero a Roma para impedir su propósito,
que obedecía a la línea de reforma religiosa impulsada por los Reyes, y Garcilaso se vio
obligado a intervenir acudiendo al puerto de Ostia para alcanzar al delegado capitular y
obligarle a embarcar de regreso a la Península.

La relación de Alejandro VI con los soberanos españoles atravesaba momentos de gran


tensión, pese a haberles concedido en 1496 el título de Reyes Católicos, y Garcilaso no se
libró de las dificultades de su cargo. Leyó al Pontífice una carta de los Monarcas en la que
le recriminaban su conducta tanto moral como eclesiástica, y el Papa, enfurecido,
pretendió arrebatársela y romperla en una escena tempestuosa.

En cambio, el embajador alcanzó otros acuerdos que fueron del agrado papal. Por ello,
cuando el hábil diplomático volvió a España, recibió como premio el patronato de las
iglesias del señorío de Batres (Madrid) —cuyo dominio poseía por su esposa Sancha de
Guzmán— y de la de Cuerva (Toledo), villa adquirida en su matrimonio.

Los Reyes recompensaron la lealtad de su súbdito concediéndole importantes cargos y


prebendas. Fue maestresala de la Reina (1479), alcalde de Badajoz (1482), capitán general
y justicia mayor de Vera (1488), alcaide de la fortaleza de Jerez de la Frontera (1496),
alcaide de la fortaleza de Vera (1501), regidor de Toledo, alcaide de la fortaleza y capitanía
de Gibraltar (1502), miembro del Consejo de Estado (1502), Trece de la Orden de Santiago
(1503) y comendador mayor de León (1504). García Laso debió de unir la decisión con la
prudencia, puesto que la Reina encomendó muy especialmente en su testamento a sus
herederos que le honraran y acrecentaran en sus mercedes y lo mantuvieran a su lado por
haber servido a la Corona “mucho y muy lealmente”.