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POR MI FRUTO SERÉ CONOCIDO.

Mateo 7: 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o
higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da
frutos malos. 18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos
buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20 Así
que, por sus frutos los conoceréis.
Nací, crecí y viví 30 años en El Carmen, Manabí, una tierra muy productiva, mi familia
siempre tuvo propiedades agrícolas y la temporada que más me gustaba en mi juventud
era la temporada de frutas, principalmente en la finca de mi abuelo había una gran
cantidad de árboles frutales, Mangos, pechiches, cerezas, zapotes, poma rosa,
achotillo, guanábana, cítricos de todas las variedades, a mis abuelos les encantaba
sembrar distintas variedades de frutas y a nosotros nos gustaba disfrutar del resultado
de su siembra, todos los árboles que en la finca habían siempre producían de manera
abundante y más que por la buena mano que efectivamente tenía mi abuelo para
sembrar creo yo que era por el temor de ser cortados ya que mi abuelo tenía la
costumbre de que árbol que no daba frutos lo eliminaba.
Se puede ver a lo largo de toda la escritura que el Señor nos creó para que seamos
fructíferos, se puede ver la intención del Señor desde el principio, todo ser vivo que el
señor creo se fructifica. La primera bendición y el primer mandamiento que Dios dio fue
“Fructificad”. Ahondando un poco más vemos que Adán y Eva fueron juzgados por
escoger mal el fruto del cual se alimentaban. El Hombre que anda correctamente en los
caminos del Señor es comparado con un árbol fructífero en Salmos 1, el pueblo de Israel
es comparado y tratado por El Señor como un árbol frutal.
Viene luego Jesús y es muy reiterativo en el tema de los frutos, tanto así que sentencia
de manera categórica: “Por sus frutos los conoceréis” Mateo 7:20. Es importante
saber que no sólo la gente sino principalmente El Señor nos va a conocer por el fruto
que demos en nuestras vidas y por la manera de vivir que reflejemos, ¿En qué condición
te encuentras? ¿Qué muestras a los demás y al Señor si por tus frutos te conocerán?
¿Cuáles son los frutos en tu vida hasta ahora?
¿Qué es Dar Frutos?
La idea de dar frutos viene del ejemplo de la naturaleza, donde a su tiempo y según su
especie los árboles producen sus frutos, como resultado del cuidado y dedicación del
agricultor, así también como resultado de un proceso natural de crecimiento y madurez
biológica. De la misma manera en Dios, el fruto es resultado de su obra en nuestras
vidas. De tal manera que nuestra atención debe centrarse en vincularnos a él, que su
savia corra en nuestras venas. Es decir, que él verdaderamente viva en mí y yo en Él,
lo cual se traduce en una vida que busca complacer a Dios y no a uno mismo.
¿Porque dar Frutos?
1.- Porque fuimos elegidos para hacerlo.
Juan 15:16 “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he
puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que
pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.”
2.- Para Glorificar al Padre Juan 15:8 “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis
mucho fruto”
Los discípulos no llevan fruto, ni más fruto, sino que mucho fruto, hay una sólida
asociación entre “ser discípulo” y “dar fruto abundante”. Dios espera de ti mucho fruto..!
Los que no llevan frutos para el Reino de Dios no pueden esperar recibir el mismo trato
que los que son fieles. Ser improductivos es como estar muertos. El Reino de Dios del
cuál somos parte exige compromiso, fidelidad y obediencia. Nuestra unión viva con
Cristo, la Vid verdadera, exige que nosotros, los pámpanos, produzcamos frutos
abundantes. La exigencia mayor del Reino es esa: dar frutos dignos de la Vid a la cuál
estamos arraigados (Mateo 25:29-30).
3.- Porque la esterilidad no viene de Dios. “Plantados en la casa de Jehová, En los
atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y
verdes,” Salmos 92.13-14
Hay algunos que aunque han creído, no se les ve que lleven fruto en su vida. Una vida
cristiana sin cambio, es una vida cristiana sin fruto, lo cual constituye en una
contradicción de sí mismos. Hay que considerar que la infructividad es sinónimo de
flaqueza espiritual, aunque su intención pueda ser correcta o intencionalmente sana, las
acciones no son a la manera de Dios y terminan sacando de sus planes y de sus vidas
a aquel a quien en su intención (no en sus acciones) quieren agradar y terminan como
algunos filipenses. Filipenses 3:18-19 BLS “Hay muchos que viven como si la muerte
de Cristo en la cruz no sirviera de nada. Eso ya se lo había dicho a ustedes varias veces,
pero ahora vuelvo a repetirlo con lágrimas en los ojos. Esa gente va a terminar en el
infierno. Vive sólo para comer, y está orgullosa de lo que hace, cuando en realidad
deberían sentir vergüenza…”
4.- Por el juicio Divino. “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por
tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.” Mateo 3.10
“Y al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no halló nada en ella sino
sólo hojas, y le dijo*: Nunca jamás brote fruto de ti. Y al instante se secó la higuera.”
Mateo 21:19
“Pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y
su fin es el ser quemada” Hebreos 6.8
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva
fruto, lo quitará y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.” Juan
15:1-2
¿Cómo es el creyente que no da fruto?

 No obedece a la palabra de Dios (Esposo no es cabeza ni sacerdote, mujer no


se somete a su esposo, hijos no honran a sus padres, jóvenes viviendo en
paciones juveniles)
 Rebelde, no se sujeta a las autoridades ni a lo dispuestos por ellas.
 Siempre está criticando, y es siempre parte de los problemas y no de la solución
 Es desinteresado con las cosas de la iglesia, lo último que quisiera hacer es
servir en la obra.
 No comparte a otros la palabra.
 No escudriña la escritura.
 Es imprudente e insensato
 No le importa el desarrollo de la obra del Señor.
 Vive amargado con los demás.
 No se congrega
 No diezma
 Vive resentido
 Se emociona con la Palabra de Dios pero esta no surte ningún efecto en su vida.
 Espera una iglesia que sea hecha a su medida, bajo sus propias percepciones
e ideas y no según Cristo.
 Es impuntual
 Se está sintiendo aludido en este mismo instante con lo que acabo de decir.
¿Cómo doy Fruto?
Primero a entrar por la puerta estrecha, es decir, entender el Evangelio, hacerme
consiente de mi necesidad de un Salvador, aceptar con fe su sacrificio por mis pecados
y liberarme del mundo, que implica el sentimiento de culpa, odios y rencores, amor al
dinero y a los bienes terrenales. La experiencia se vive como una entrega, rendirse a
Cristo, cambiar de mente y de propósito de vida, como una iluminación que se asume
con valentía, estoy dispuesto a cambiar, a ser nuevo o nueva, a caminar con Cristo.
En segundo lugar a permanecer unido a Cristo, porque la verdadera tarea del enemigo,
no es estorbar mi salud o mis negocios o finanzas, no es dañar mis bienes o mi buen
nombre, su verdadera tarea es apartarme de Cristo y para ello tiene al mundo (lo que
llamamos el mundo, la sociedad corrupta sin Cristo) de su parte. Vez tras vez debo
revisar mi vida con Dios, permanecer a su lado y de su lado. Ser lleno de su Espíritu.
Y en tercer lugar permanecer en su Palabra, obedecerla, practicar sus enseñanzas y
sus juicios sabios.
Esto dará el buen fruto en nosotros, esto es que en nuestra vida, en nuestras diarias
acciones se refleje cada componente del Fruto del Espíritu, esto es: amor, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza; esto es la
santificación.