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Dispositivos pedagógicos
Es por ello que las leyes, los reglamentos, los valores, los contenidos a
enseñar, los textos que se usan, etcétera, dependen en gran medida del
contexto histórico y de la ideología dominante y concurren a producir
subjetividad. Como ejemplo de un dispositivo pedagógico sencillo podemos
mencionar la pregunta, ya usada por Sócrates, para “dar a luz” el conocimiento
que está dentro del alumno.
No hay un solo modelo o enfoque pedagógico, sino muchos, ya que cada uno
de ellos se funda en una determinada concepción de cómo se debe enseñar de
acuerdo a las características personales y estilos de aprendizaje que entienden
poseen los alumnos y sus formas de interactuar con el docente.
Enfoques de la enseñanza
La enseñanza y el docente
La enseñanza y el docente
Cada docente además, imprime a sus clases un sello personal, dado por su
particular sistema de valores y creencias, lo cuál es inevitable y sano a la vez,
siempre que permita que los educandos reciban sus opiniones de modo crítico
y no dogmático
Comenio y la educación
Por ello un buen aprendizaje comienza antes del primer día de clases,
repasando los temas dados el año anterior, pues sin los suficientes contenidos
previos, difícilmente puedan los nuevos saberes anclar en la estructura
cognitiva de manera significativa.
Es por ello que los docentes toman los primeros días de clase, la llamada
prueba diagnóstica, que si bien no es tomada como calificación para aprobar o
desaprobar, si evalúa, y mucho, sobre lo que se debe reforzar para poder
seguir avanzando en el camino del aprendizaje. Alumnos y padres deben
comprender que no sólo es importante tomar en cuenta las notas que irán al
boletín de calificaciones, sino todas las que el alumno recibe, y las indicaciones
y observaciones dadas por el maestro; pues tal vez apruebe una parte del año,
lo que muchas veces se hace para no desalentar al alumno, pero ingrese con
muchas carencias a la siguiente etapa.
Los padres son muy importantes en el acompañamiento del niño, ya que son la
guía que el niño necesita en su casa, cuando el maestro no está; no deben
hacerle las tareas pero sí es bueno que los orienten y les dediquen un rato a
sentarse con él, escucharlo, alentarlo, tomarle alguna lección, explicarle lo que
no comprendió, etcétera. Poco a poco, irá alcanzando autonomía; y ya en los
últimos años del secundario, es deseable que pueda ir adquiriendo la
posibilidad de manejarse más solo; aunque aún en la universidad, la guía de
docentes o de tutorías es muy necesaria.
Acompañamiento pedagógico
Acompañamiento pedagógico
Es muy difícil para un niño ser autodidacta, es tan vez tan difícil como eso, que
el maestro pueda enseñar sin la participación y apoyo de los padres y
directivos.
El acompañamiento pedagógico implica entonces, que la cooperación y la
solidaridad deban ser la premisa sobre las que se fundamente la tarea del aula.
El maestro debe ser el guía del alumno mientras está en clase, pero si ese
alumno presenta dificultades, debe intervenir el gabinete escolar y un sistema
de tutorías, pues el docente por más que quiera dedicarle un tiempo especial a
cada niño, el gran número de ellos se lo impide. En la casa, los padres cumplen
un rol muy importante en el acompañamiento, no para hacerles las tareas, sino
para demostrarles que les interesa que aprendan, revisar sus cuadernos y
carpetas, y si es posible, explicarles un tema que les resulte dificultoso. Las
maestras particulares pueden cumplir en parte esa función en algún caso
concreto, pero no debe acostumbrarse al niño a depender de ellas, pues nunca
adquirirá autonomía.
Con respecto a los docentes, sentirse acompañados por sus colegas docentes
y directivos en la elaboración de los diseños curriculares, en la implementación
de estrategias metodológicas, en la redacción de los reglamentos de
convivencias potencian el accionar pedagógico, y hacen la tarea mucho menos
pesada, y por el contrario, gratificante. Si un docente tiene uno o varios
alumnos con problemas, y se siente solo y desamparado, atribuyéndole a él
toda la responsabilidad, puede sentir los efectos del síndrome de Bernout y
otras enfermedades profesionales.
Aprendizaje y contexto
Aprendizaje y contexto
Por lo tanto, quien pretenda enseñar sin reconocer la influencia del contexto
socio cultural, se estará equivocando. Cada grupo, y dentro de él cada alumno,
va a ver la realidad del contenido a enseñar con su propia visión, con sus
creencias, con su conformación valorativa mediada por el contexto en el que
toca vivir en general y por el que lo rodea en el aula.
La escuela pretende muchas veces ser una isla, alejada del contexto que
influye en la percepción del alumno, que llega a la clase, bombardeado por
imágenes, por mensajes individualistas y materialistas que le llegan desde la
televisión o de Internet, de un mundo cada vez más permisivo y falto de reglas.
La escuela entonces, trata de imponer valores positivos, crear conciencia
solidaria, sentar reglas, restringir permisos, muchas veces con coherencia y
otros, arbitrariamente. Pero los directivos y docentes también viven en ese
mundo relajado, libre y consumista en el que viven los alumnos; y entonces
piden licencias por problemas inexistentes , llegan tarde, se olvidan de corregir
las tareas, están desmotivados por los bajos salarios, etcétera; sus
compañeros los agreden pues imitan las conductas de una sociedad violenta; y
esto los educandos lo perciben y lo sufren, pues todo eso es su entorno
inmediato. Cuando llegan a casa, encuentran padres preocupados por la suba
de precios, por los bajos salarios, por la inseguridad (entorno mediato) lo que
evidentemente influye en sus deseos de aprender.
El docente debe motivar sin imponer; tratar de despertar el interés por conocer,
por descubrir a través del análisis y la investigación, exponiendo la finalidad de
cada tarea; pero para ello el propio docente debe estar motivado para enseñar.
Si los alumnos lo notan desganado, sentado en su escritorio, esperando que
pase la hora de clase; esa será también la conducta de ellos, por imitación,
pues las ganas se transmiten y el desgano también.
Nunca debe olvidar el docente que de él depende en gran medida, la formación
integral de una persona, y que cada gesto, palabra y decisión, contribuirá a
desarrollar su carácter y personalidad.
Sabemos que enseñamos más por lo que mostramos que por lo que decimos.
Nuestros alumnos nos observan en forma permanente, incluso nos colocan
motes tan ingeniosos, que no podemos creer cómo tuvieron tanta ocurrencia
para eso, y no para estudiar o deducir un problema. Es simple, nos observan
demasiado, tal vez mucho más que al contenido a aprender, y por eso
descubren nuestros puntos débiles y nuestros aciertos.
Para ser un buen ejemplo, el maestro debe ante todo tener vocación de
enseñar, amar a los niños y a los jóvenes, tener paciencia, conocer en
profundidad lo que pretende que sus alumnos aprendan, estar abierto al
diálogo, saber poner límites, motivar y reforzar la autoestima; y reconocer sus
errore
Interacción alumno-profesor
El profesor debe estar presente en el aula sin invadir; sus intervenciones deben
ser oportunas y necesarias, los alumnos también tienen muchas cosas para
decir y deben ser escuchados. Sus intereses pueden ser un gran disparador
para tener en cuenta al desarrollar la clase. Me ocurrió que enseñando
“Política” una alumna me manifestó que no le interesaba, entonces le pregunté
que cosas le importaban, y me contesto “ir a bailar”. Eso fue un gran elemento
que utilicé para demostrarle que la Política está presente en todos los
momentos de nuestra vida social, y que un cambio de política con respecto a
los horarios de los locales bailables, sobre la admisión, sobre la venta de
bebidas alcohólicas en dichos lugares, podría afectarle también a ella.
Tampoco dudemos en decir “no sé” si un alumno nos consulta por un tema que
no sepamos. El maestro no es un sabelotodo, es una muy buena oportunidad
para interactuar y juntos buscar la respuesta
Autoevaluación docente
Los exámenes no son solo una calificación para el alumno, son también una
demostración de si logramos ser guías eficientes, o por el contrario debemos
nuevamente probar de transmitir los contenidos a través de nuevas
herramientas metodológicas.
Los alumnos sienten nuestro desgano y lo imitan, y también se estimulan con
nuestro esfuerzo y nuestra dedicación; nos observan constantemente y
conocen mucho sobre nuestras fortalezas y debilidades; son nuestros
principales evaluadores y aprenden fundamentalmente de nuestro ejemplo.
Con paciencia, dialogando, aprendiendo a escucharlos, comprendiendo,
reconociendo nuestros propios errores, lograremos hacer mucho por la
educación de nuestros futuros ciudadanos.
Entre los factores personales, puede ocurrir falta de motivación intrínseca y/o
extrínseca. En este caso no solo hablamos de los niños que muchas veces no
sienten los beneficios que puede traerles aprender, o que están atravesando
alguna crisis afectiva, familiar, u ocasionada por su propia maduración física;
sino también de los docentes, agobiados por sus propios problemas, mal
remunerados, poco estimulados en su progreso pedagógico, lo que se traduce
en clases abúlicas, poco creativas, que difícilmente podrán transmitir a los
niños los deseos de estudiar, que a su vez no estimularán al docente,
creándose así un círculo vicioso. Los cambios de maestros, también son
vividos por los niños, sobre todo los más pequeños, como algo traumático.
Otros factores son físicos: problemas, visuales o auditivos son comunes en
ocasionar problemas de aprendizaje.
¿Qué es la didáctica?
Técnicas de aprendizaje
El nuevo material de estudio debe ser analizado para conocerlo en sus partes y
luego sintetizado para integrarlo, si es posible recurrir a clases explicativas por
parte de un docente que aclare las dudas y permita tomar notas facilitará la
tarea, lo mismo que la ayuda del diccionario para conocer el significado de
palabras desconocidas.
La técnica del subrayado para identificar las ideas principales, y luego sintetizar
(con nuestras propias palabras) son herramientas muy útiles. Hacer cuadros
sinópticos nos permitirá visualizar esquemáticamente el material. Una vez que
hayamos “desmenuzado” y reconstruido el texto, debemos tratar de exponerlo,
ya que muchas veces creemos saberlo pero nos cuesta exteriorizarlo.
Dependerá de nuestro propio estilo cognitivo la técnica que se ajuste más a
nuestra personalidad, y esto se adquiere ensayando o combinando las
diferentes técnicas, pues no hay “recetas” infalibles, lo importante es descubrir
cual es la adecuada para nuestro caso
Estrategias docentes
Las estrategias docentes son los recursos de que se vale el maestro para
incorporar los contenidos que transmite a la estructura cognitiva de los
alumnos, logrando un aprendizaje significativo.
Puede también procederse a la inversa. Dar consignas para que los alumnos
investiguen un tema novedoso, lo plasmen por escrito, basándose en una
hipótesis de trabajo, luego los mismos alumnos, individualmente o en grupo
realizan la exposición sobre cómo abordaron la investigación y a qué
conclusiones llegaron, y luego el docente explica las dudas o amplía la
temática, pudiendo antes intercalarse preguntas del resto de los compañeros o
aportes de otros alumnos o grupos que investigaron sobre el mismo contenido.
Los caminos son muchos y diversos, cada docente irá experimentando el más
adecuado de acuerdo a las características del grupo. Si se trata de alumnos
participativos y curiosos lo mejor será que lo aborden por su cuenta,
investigando para descubrir con la ayuda del docente; si en cambio el grupo es
más callado y menos motivado intrínsecamente habrá que despertar el interés
para que luego se aventuren a la investigación.
Relación docente-alumno
El tipo autoritario nos muestra el docente que ante la más mínima falta
establece sanción, se coloca en una posición omnipotente, mantiene el orden a
través del miedo, no genera empatía, y mantiene a la clase en actitud pasiva.
Estrategias de enseñanza-aprendizaje
Una variante es el diálogo, donde la conversación con los alumnos hace sacar
afuera los conocimientos que poseen, para descubrir que guiados por el
docente pueden descubrir los conocimientos que se les pretenden enseñar, a la
manera del diálogo socrático. Es muy útil para descubrir las ideas previas de
los alumnos, y anclar en ellas las nuevas, y para reforzar conocimientos
adquiridos.
Son recursos didácticos todos los materiales de los que alguien, en el caso del
proceso escolar, el docente, puede valerse en su tarea de enseñar,
asignándoles un rol que contribuya a lograr una finalidad educativa. Son la tiza
y el pizarrón, las piedritas, figuritas o bolillas que pueden usarse para contar,
los libros de textos, las láminas con ilustraciones, las películas, los videos, los
recursos multimedia, etcétera. Estos materiales serán o no didácticos según la
función que cumplan. Si los niños traen las piedritas a la escuelas porque el
maestro se las encargó para aprender a contar, y ellos las usan para tirárselas,
no serán obviamente un recurso didáctico, ya que la finalidad no fue lograda. Si
el profesor les hace ver una película para reflexionar sobre su contenido, pero
nadie la mira, los alumnos conversan entre ellos, y cuando se les pide realizar
una actividad sobre ella no pueden hacerla pues la han ignorado, esa película
no se constituyo en el recurso didáctico esperado.
Hay algunos recursos más modernos y atractivos, sobre todo los que utilizan
imágenes, lo cual tiene alto grado motivacional, pero eso no asegura la
efectividad del recurso. Los materiales son recursos didácticos latentes, que se
concretarán cuando cumplan su fin en el proceso educativo.
Sin embargo los recursos didácticos para que favorezcan el aprendizaje
significativo deben usados adecuadamente, ya que su función de integrar los
contenidos en la estructura cognitiva del alumno dependerá de la forma en que
se los use. Estos materiales son solo potencialmente significativos. Será la guía
del docente la que los convertirá en materiales capaces de enseñar.
Un recurso didáctico muy útil, que a su vez emplea otros recursos materiales,
es el juego, que permite aprender de modo eficaz y con predisposición,
siempre que se encuentre clara que la finalidad no es el juego en sí mismo,
sino aprehender ciertos contenidos ya sea conceptuales, procedimentales o
actitudinales.