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TESIS N° 17 EL AMOR AL PRÓJIMO.

1. Significado de la palabra prójimo.

El término prójimo designa en un primer momento a aquella persona que está


próxima, cercana. Pero su significado se ha ampliado y extendido para designar
también a toda persona humana. En el Antiguo Testamento se utilizan dos
expresiones que pueden ser traducidas a nuestro universo cultural como hermano y
compañero. Posteriormente el término se ampliaría para designar a
los compatriotas. La palabra prójimo posee unas indudables raíces bíblicas y
designa a las personas que se encuentran próximas y deben ser amadas como la
propia persona. Lev 19,18 señala: «No serás vengativo, ni guardarás rencor a tus
conciudadanos. Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Pero se sabe hoy que
mucho antes que los autores bíblicos (probablemente estos se inspiraron en él) el
Código de Hammurabi planteaba esta misma exigencia ética1.

Los evangelios sinópticos ponen en boca de Jesús de Nazaret estas mismas palabras
como el principal mandamiento que deben cumplir los que le sigan: «Amarás a tu
prójimo como a ti mismo». Sin duda nos encontramos con una norma ética de una
exigencia radical, ya que plantea amar a la otra persona (prójimo) como a uno mismo.
Si nos atenemos a la parábola del Samaritano (Lc 10,29), el prójimo es todo aquel que
“hic et nunc” (aquí y ahora) necesita mi amor y mi ayuda; desde luego que hay
relaciones y situaciones naturales que nos unen más íntimamente con una persona que
con otra (padres, hijos). La caridad cristiana abraza a todas las creaturas que están en
amistad con Dios o que son capaces de dicha amistad.
En igualdad de necesidad (material o espiritual) pasan primero quienes nos están
unidos más íntimamente (por parentesco, por amistad), o también deben pasar primero
los que están confiados a nuestro cuidado (evidentemente atenderemos primero a
nuestros padres que a nuestros vecinos).
2. Cristo como medida del recto amor a nosotros mismos y al prójimo.
La medida nueva y definitiva del amor al prójimo es el amor de Cristo. Si abrimos el
Santo Evangelio encontramos distintas medidas: en Mt 7,12 encontramos una: “Cuanto
quisiéreis que os hagan a vosotros los hombres hacedlo vosotros a ellos”. Esta es
quizás la interpretación a esta otra: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,39;
Rm 13,9).
Deteniéndose en este primero, vemos que no se nos pide que amemos siempre al
prójimo con la misma intensidad de sentimientos con que nos amamos a nosotros
mismos, y tampoco que se nos pide que nos amemos primero a sí mismos para luego
amar al prójimo. Sobre el particular compete decir que ambos amores (el de sí mismo y
el del prójimo) han de crecer simultáneamente prestándose un apoyo mutuo y
recíproco.
El precepto de Cristo señala la medida definitiva de la caridad fraterna, la cual es: “Un
nuevo precepto os doy y es que os améis mutuamente como yo os he amado” (Cfr. Jn
15,12; 1 Jn 3,11.16). Entonces, la última medida del amor al prójimo no es el amor a los
otros porque ambos amores han de medirse por el amor que Cristo nos profesa.
3. Alcance del amor al prójimo en sus diversas necesidades.

Las obras corporales de misericordia y el seguimiento de Cristo.


Pío XII dijo: “La labor del evangelizador traiciona el evangelio si se detiene en la simple
proclamación del mensaje cristiano y descuida sus implicaciones prácticas, las cuales
han sido puestas en evidencia por la doctrina social de la Iglesia. Amemos al prójimo
como lo ha amado Cristo, que no quería mandar a sus casas a los que escuchaban sin

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antes darles de comer ‘para que no desfallecieran en el camino’ Mc 8,3”.Cristo no vino
propiamente a traernos el beneficio de las riquezas terrenas; sin embargo, a Cristo no le
bastó proclamar la ley de la justicia y la caridad, sino que personalmente prodigó en
ayudar, en curar y alimentar. El hombre al que debemos amar es una totalidad corporal
y espiritual. El verdadero cristiano, ha de ser sacramento del amor de Dios para el
necesitado y en sentido inverso, el pobre es un sacramento de Dios, de Cristo para
quien pueda socorrerla.
En el evangelio las obras de misericordia serán la piedra de toque para saber si hemos
amado a Cristo realmente en la persona del prójimo (Mt 25,31). Alimentar, vestir y
hospedar al prójimo, al pobre, es hospedar, vestir y alimentar a Cristo. De modo que la
verdadera beneficencia no tiene como fin exclusivo remediar la necesidad corporal, sino
que aspira a ennoblecer al necesitado, hacerle sentir que se le ama y que se es digno
de amor.

Obras de caridad en las necesidades espirituales del prójimo


Todo cristiano está llamado a procurar la salvación del prójimo siempre y donde pueda.
Nada tan anticristiano como creer que la obligación de trabajar por las almas es propia
de algún cargo particular; sacerdotes, monjas... se trata de un deber que surge de la
misma vocación cristiana que alcanza a todo cristiano según sus posibilidades. Así lo
dice el decreto sobre el apostolado de los seglares 1 y 2. Quien es miembro consciente
de la Iglesia, se considera no sólo miembro, sino sujeto de ella para colaborar en la
obra que la hace vivir: el apostolado.

Las manifestaciones del celo por las almas


• Apostolado de la oración. San Pablo dice a Timoteo: “Ante todo te amonesto a que se
ofrezca oraciones, súplicas y acciones de gracia por todos los hombres... eso es
laudable y acepto a Dios salvador nuestro, el cual quiere que todos los hombres se
salven (1 Tim 2, 1-4).
• El apostolado de la reparación. San Pablo en Col 1,24 dice: “Me regocijo de mis
sufrimientos por vosotros, completando en mi carne lo que falta a los padecimientos de
Cristo para que sean provechosos a su cuerpo que es la Iglesia”.
El Vaticano II en el apostolado de los seglares dice: “Piensen todos que el culto público
y la oración con la penitencia y con la libre aceptación de los trabajos y calamidades de
la vida por lo que se asemejan a Cristo paciente, pueden llegar a todos los hombres y
ayudar a la salvación de todo el mundo” (Art 16).
• Apostolado del buen ejemplo. El Vaticano II en el decreto sobre el apostolado de los
fieles Nº 6 dice: “El mismo testimonio de vida cristiana tiene eficacia para atraer a los
hombres hacia la fe y hacia Dios, pues dice el Señor: “Así ha de brillar vuestra luz ante
los hombres, para que viendo vuestras buenas obras glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos” (Mt 5,16).
• La corrección fraterna
-Qué es? Se denominan las obras de caridad encaminadas a llevar al prójimo a la virtud
y apartarlo del mal mediante la instrucción, el consejo, la exhortación, la reprensión. La
Sagrada Escritura la presenta y la impone como una gran obra de caridad: Stgo 5,19; 1
Pe 4,8; 1 Tes 5,14.
-Cuándo sentirse llamado a hacer la corrección? Cuando amenaza para el prójimo un
serio peligro para su alma. Cuando la corrección promete un buen resultado; si se prevé
que va a ser contraproducente hay que esperar, al igual que cuando se duda del
resultado no hay porque diferirla. Cuando se sabe que no se sirve para hacer corrección
hay que omitir por lo general hacerla. Hay también que hacer la corrección cuando es
probable que el prójimo no podrá vencer el peligro si no es amonestado.

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• El apostolado de los seglares
- En el Decreto del Vaticano II sobre apostolado de los seglares se le concede enorme
importancia teológica y apostólica a la actividad seglar en el ámbito de la salvación de
los otros.
- Apostolado común. Hay apostolado común cada vez que el cristiano sin esperar que lo
empujen trata de ganar almas para Cristo: ganarlas con su vida, ejemplo y palabra. Este
apostolado común acontece en virtud de la misión que le confiere al hombre el
Bautismo y la Confirmación y dado también el caso el sacramento del Matrimonio.
- Apostolado connatural. En este apostolado laical connatural incluimos toda
cooperación para la edificación del cuerpo de Cristo. Este apostolado propiamente
como tal, se trata de hacer penetrar el espíritu cristiano en toda la vida: familiar, social,
económica, política.

- Con el cumplimiento profesional. El seglar proclama el mensaje de salvación en primer


lugar con el cumplimiento profesional y civilizador realizado bajo el impulso de su fe.
Esta humanización y cristianización del medio ambiente se denomina “apostolado
indirecto”. Ej: los obreros y empresarios que se esfuerzan por establecer la paz social y
la justicia social.
• El apostolado directo. El laico está llamado, dada la ocasión, a proclamar claramente y
expresamente el mensaje evangélico; afirmando así con su palabra el testimonio de su
fe.
• La MissioCanonica. Hay seglares que ejercen una misión oficial en un campo
determinado. Ej: lectores, catequistas... Gaudium et Spes Nº 34.41.
4. Obstáculos al amor que se debe al prójimo.
Los pecados contra el amor al prójimo pueden ser de OMISIÓN o de COMISIÓN. Los
primeros son los más numerosos y son pocos los fieles que los confiesan. Los de
comisión (sentimientos, actos de hostilidad, etc.), encierran mayor malicia. Los más
comunes son el odio, la enemistad, la envidia.
La envidia es el pesar por el bien ajeno y se le llama diabólica cuando dice relación al
amor de Dios en el prójimo. Del odio y la envidia proceden los altercados, las discordias
y las peleas que destruyen la paz; fruto y condición de la caridad.
La seducción es el esfuerzo premeditado e intencional para hacer caer al prójimo en
pecado. Acontece instando, aconsejando, ordenando; también obrando de tal manera
que el otro entienda que se le quiere indicar el camino al pecado.
El seductor peca contra la caridad y contra la virtud en la que intenta hacer caer al
hermano. El hecho de que el otro se deje o no seducir, no cambia en nada el pecado.
Procede casi siempre del deseo de encontrar cómplices en la maldad. Cuando procede
de la intención de que el otro se pierda, es mortal.
El escándalo es toda acción libre que pueda tornarse para algunos en piedra de
tropiezo en el camino de la salvación. En la seducción se tiende un lazo
intencionalmente. En el escándalo, falta la intención, pero se da una negligencia e
imprudencia, de algún modo consciente.
El escándalo del mal ejemplo. El mal ejemplo es el más común y peligroso, y encierra
un poder especial cuando procede de una persona amada o investida de autoridad.
Quien contemporiza con el mal ejemplo contribuye a su eficacia, y es en cierto modo,
causante del escándalo.
El escándalo de los débiles. Hay circunstancias en que puede darse el escándalo, aún
grave, por acciones que, consideradas en sí son buenas o indiferentes. Si nos
atenemos a San Pablo (1Cor 8 y Rom 14), dos causas obran en el que así es

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escandalizado: la debilidad o fragilidad moral; su incapacidad para discernir el deber en
su situación.
El escándalo de los malintencionados. El mero hecho de llevar una vida auténticamente
cristiana, será necesariamente la “piedra de escándalo” para el mundo enemigo de
Dios.
Escándalos más comunes: El autor habla de la moda, el arte degenerado y la
literatura pornográfica; del cine, dice que hoy día es el medio más utilizado para
escandalizar al mundo; y porque el escándalo es público es preciso unirse para
combatirlo, sobre todo presentando un cine moral.

Reparación del escándalo: Quien dio escándalo debe esforzarse por impedir sus
efectos y por reparar el daño espiritual causado. Por razón de su estado los padres,
educadores, pastores, están especialmente obligados a hacer cuanto sea necesario
para anular el escándalo que hayan dado.

Royo Marín, Antonio, Teología Moral para seglares, B.A.C


Alvarez Blandón, P. Carlos Arley. Tratado de clase. Moral virtudes. Manizales 2012.

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