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LA CERTEZA EN LA NOTIFICACION EN EL CODIGO TRIBUTARIO Y EL

ORDENAMIENTO JURIDICO PERUANO

El Tribunal Constitucional a través de la sentencia del expediente N° 07279-2013-


PA/TC ha establecido como regla aplicable en los procedimientos de fiscalización la
certeza absoluta en la toma de conocimiento de las notificaciones de actos
administrativos, partiendo de los supuestos en las que se advierte de la existencia de
una obligación tributaria que legalmente puede promover el ejercicio del poder estatal
coercitivo y este incidir en el patrimonio del administrado a través de la imposición de
multas y embargos. Al respecto señala lo siguiente (el subrayado es propio):

En el caso de la notificación al contribuyente que está siendo objeto de una


fiscalización tributaria, constituye una obligación para la Administración Tributaria tener
la certeza absoluta de que este ha tomado conocimiento de la existencia de dicho
procedimiento y, para ello, atendiendo el caso, independientemente de lo dispuesto
en el artículo 104° del Texto Único Ordenado del Código Tributario, la Sunat en
ejercicio razonable de su facultad discrecional reconocida legalmente debe tomar las
medidas complementarias y necesarias que le permitan cumplir con tal cometido de
manera efectiva, vale decir, con el objeto de garantizar el derecho constitucional a la
defensa del contribuyente. De ahí que, a juicio del Tribunal, una de las medidas
complementarias que la Sunat está obligada a tomar frente a escenarios como el que el
presente caso plantea, será notificar también en el domicilio que el contribuyente haya
consignada en el DNI.

A continuación se va a analizar los alcances de este pronunciamiento que el Tribunal


Constitucional ha ordenado para que la Administración Tributaria resuelva conforme a
este sentido en los casos análogos futuros1.

1.- La notificación y el derecho de Contradicción o Defensa.


La notificación, según Federico Castro, permite que la emisión de los actos
administrativos se tornen eficaces, es decir, en la aptitud de éste para producir los
efectos pretendidos por el sujeto o los sujetos que lo realizan. En otras palabras, si la
Administración Tributaria emite un acto administrativo en la que genera obligaciones
en el administrado, como por ejemplo señalar la pérdida de un fraccionamiento
tributario por incumplimiento de requisitos señalados en la norma y por ende el pago
de la totalidad del monto fraccionado; estos efectos obligaciones le alcanzarán al
administrado en la medida que sea debidamente notificado el acto administrativo que
contiene las obligaciones. Así el administrado, dentro de los plazos legales tendrá
todo el derecho de poder impugnar el acto administrativo, alegar y argumentar lo
propio.

1
CASTRO BRAVO, Federico. El Negocio Jurídico. Editorial Civitas S.A. Madrid, 1985- pág. 462.

1
La notificación resulta así en un acto fundamental en todo procedimiento judicial o
administrativo, ya que el permite que las decisiones de la autoridad competente sean
de conocimiento del administrado o justiciable y éste último pueda ejercer su derecho
fundamental de contradicción o defensa, en caso considere que el acto administrativo
no está emitido conforme al ordenamiento jurídico, sea por fundamentos de hecho o
de derecho, o por vulnerarse el debido proceso.

El Tribunal Constitucional en el EXP. N.0 00748-2012-PA/TC señala la importancia del


derecho de defensa bajo un análisis constitucional del mismo y como el justiciable –
entiéndase administrado- se ve impedido de modo injustificado, de argumentar a favor
de sus derechos e intereses legítimos, con el consiguiente perjuicio para tales
derechos o intereses, (el subrayado es propio):

El derecho de defensa se encuentra reconocido en el artículo 139.14 de la


Constitución, cuyo texto establece " [e] el principio de no ser privado del derecho de
defensa en ningún estado del proceso".

Al respecto, en la STC 5 871-2005-PA/TC este Tribunal ha sostenido que el derecho de


defensa "( ... ) se proyecta ( ... ) como un principio de contradicción de los actos
procesales que pudieran repercutir en la situación jurídica de algunas de las
partes de un proceso o de un tercero con interés (...). La observancia y respeto del
derecho de) defensa es consustancial a la idea de un debido proceso, propio de una
democracia constitucional que tiene en el respeto de la dignidad humana al primero de
sus valores. Por su propia naturaleza, el derecho de defensa es un derecho que
atraviesa transversalmente a todo el proceso judicial, cualquiera sea su materia".

La posibilidad de su ejercicio presupone, en lo que aquí interesa, que quienes


participan en un proceso judicial para la determinación de sus derechos y
obligaciones jurídicas tengan conocimiento, previo y oportuno, de los diferentes actos
procesales que los pudieran afectar, a fin de que tengan la oportunidad de
ejercer, según la etapa procesal de que se trate, los derechos procesales que
correspondan.

Las exigencias que se derivan del significado constitucional del derecho de defensa no
se satisfacen con la posibilidad de que in abstracto las partes puedan formalmente
hacer ejercicio de los recursos previstos en la ley, sino también con la garantía de que
puedan interponerlos de manera oportuna. Por ello, el artículo 155° del Código
Procesal Civil dispone, en su segundo párrafo, que "Las resoluciones judiciales sólo
producen efectos en virtud de notificación hecha con arreglo a lo dispuesto en este
Código ( ... )"; de modo que la falta de notificación es considerada un vicio que trae
aparejada la nulidad de los actos procesales, salvo que haya operado la aquiescencia.

Evidentemente no cualquier imposibilidad de ejercer esos medios para la defensa


produce un estado de indefensión reprochado por el contenido constitucionalmente
protegido del derecho. Esta será constitucionalmente relevante cuando aquella
indefensión se genera en una indebida y arbitraria actuación del órgano que
investiga o juzga al individuo. Y esto se produce solo en aquellos supuestos en
que el justiciable se ve impedido, de modo injustificado, de argumentar a favor de
sus derechos e intereses legítimos, con el consiguiente perjuicio para tales
derechos o intereses

2
La notificación es pues el acto que permite el ejercicio del derecho fundamental de
defensa y es así que Serrano2 afirma que el especial tratamiento de la notificación se
debe a la exigencia de la tutela judicial efectiva y el derecho de defensa del
administrado, siendo que la notificación persigue dotar de publicidad a los actos
administrativos, bien sea por la liquidación o la providencia de apremio, así como
permite al interesado el ejercicio de sus derechos mediante la impugnación de estos
actos.

La interrogante es si la notificación del acto administrativo que permita ejercer el


derecho de defensa del administrado implica la certeza absoluta en la toma de
conocimiento de las notificaciones de actos administrativos y por otro lado, qué
significa y cuáles son los alcances de la “certeza absoluta”.

Una certeza absoluta implica una convicción; seguridad o evidencia categórica y


definitiva de que el deudor tomo conocimiento de la existencia de un acto
administrativo o un procedimiento de fiscalización, decir de la sentencia del Tribunal
Constitucional que se vienen analizando.

Una primera alternativa se podría evidenciar si por ejemplo el propio deudor tributario
recepciona y firma el acuse de notificación que contiene el acto administrativo, está
claro que aún cuando no lo lea el contenido del documento hay certeza absoluta que
lo recepcionó, aunque en estricto no se podría afirmar lo mismo en cuanto al
conocimiento del contenido y por ende la existencia del procedimiento de fiscalización.
Una segunda alternativa de la certeza absoluta, se daría si el deudor tributario
presenta una carta solicitando un plazo con relación al procedimiento de fiscalización,
así también si realiza algún cuestionamiento de forma o fondo al procedimiento de
fiscalización o, como sucede en la notificación tacita, realiza algún acto en el que
denote el conocimiento del acto administrativo notificado.

Como se podrá advertir en la primera alternativa queda supeditado a que se logre


ubicar al deudor tributario para que se realice la notificación y en la segunda
alternativa, el conocimiento absoluto queda supeditado al accionar del deudor
tributario. ¿Esto es realmente lo que busco la sentencia, sin que resulte necesario
considerar las reglas normativas del Código Tributario y el ordenamiento jurídico en
general?

A continuación, se revisará como ha regulado el tema el Código Tributario, la Ley del


Procedimiento Administrativo General N° 27444 y el Código Procesal Civil.

2
SERRANO ANTON, Fernando. La oposición a la vía de apremio. Ed. Aranzadi. Pamplona, 1998, pág. 194.

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2.- La notificación en la normatividad peruana.

2.1 La notificación en el Código Tributario.

El Código Tributario regula diversas formas de notificación de los actos


administrativos, se trate de procedimientos de parte o de oficio, entre ellos el de
fiscalización tributaria. Para tal efecto, la norma tributaria señala que las formas de
notificación se pueden usar de manera indistinta, no obstante de la revisión del
articulado se puede advertir que la forma de notificación dependerá de la situación en
particular que se de; así una notificación por publicación en la página web de SUNAT,
por medios electrónicos, por constancia administrativa o por cedulón no depende de la
voluntad o decisión de la entidad administrativa desde que emite el acto y decide la
forma de notificarlo, sino que deben darse las circunstancias señaladas en la norma
para que se proceda a dicha forma de notificación, como por ejemplo el
apersonamiento del deudor tributario para que opere la notificación por constancia
administrativa, que se encuentre el domicilio cerrado para que opere la notificación por
cedulón, que mediante Resolución de Superintendencia se hayan regulado los casos
de notificación por medios electrónicos, o que se trata de la extinción de la deuda por
cobranza dudosa para que proceda la notificación por la página web de la SUNAT.

De esta forma, se puede afirmar que la forma de notificación, distinta a las


particularidades antes señaladas y que regula el artículo 104° del Código Tributario, es
la notificación por correo certificado o mensajero con acuse de recibo o con
certificación de la negativa de la recepción efectuado por el encargado de la diligencia.
Esta es la forma inicial que determina el acercamiento de la Administración Tributaria a
efectos de poner en conocimiento del deudor tributario un acto administrativo.

La norma establece que esta forma de notificación es válida mientras el deudor


tributario no haya comunicado el cambio de domicilio fiscal declarado, ello es
concordante con el artículo 11° del Código Tributario que prescribe que el domicilio
fiscal fijado por los sujetos obligados a inscribirse se considera subsistente mientras su
cambio no sea comunicado a la Administración Tributaria en la forma que establezca.
Así también, el articulo 29° de la Resolución de Superintendencia 210-2004-SUNAT, al
regular la modificación del domicilio fiscal, establece un deber de comportamiento del
sujeto inscrito, al señalar que él o su representante legal deberá comunicar dentro del
día hábil siguiente de producido el cambio del domicilio fiscal o de la condición del
inmueble declarado como domicilio fiscal, sin perjuicio de la verificación posterior que
efectúe la SUNAT.

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Así también establece que se entiende realizada cuando el deudor tributario o tercero
a quien está dirigida la notificación, o cualquier persona mayor de edad y capaz que se
encuentre en el domicilio fiscal del destinatario rechace la recepción del documento
que se pretende notificar o que recibiéndolo se niegue a suscribir la constancia
respectiva y/o no proporciona sus datos de identificación, sin que sea relevante el
motivo del rechazo.

Es decir, la norma tributaria señala como reglas de notificación válida: (i) Que el
domicilio fiscal se mantenga mientras no sea modificado y comunicado a la
Administración Tributaria; (ii) Que sea recepcionada o rechazada por el deudor o
cualquier persona mayor de edad y capaz, no importando el motivo del rechazo.

Estas reglas de notificación son las que determinan el accionar y el deber de conducta
del deudor tributario y de quienes pueden recepcionar el documento en que consta el
acto administrativo. Es decir, si el deudor tributario se muda de domicilio, deja de
operar, cierra su establecimiento temporalmente, entre otros supuestos; tiene pleno
conocimiento de su deber de comunicar a la Administración Tributaria, de informar
cuál es su nuevo domicilio para efectos tributarios y dónde deben hacerle llegar las
notificaciones. No realizar la comunicación del nuevo domicilio fiscal determina que por
propia voluntad se esté negando la posibilidad de poder ejercer el derecho de
contradicción defensa ante la notificación de un acto administrativo.

A su vez, la norma tributaria otorga efectos jurídicos a la negativa a la recepción por


parte del deudor tributario o un tercero capaz, ya que si solo tuviera eficacia jurídica el
acuse de recepción del acto a notificar, pudiera generarse un imposible fáctico y
jurídico del acto de la notificación, ya que bastara la negativa a la recepción de un
documento para que la notificación no pudiera operar, y de esta forma nunca pudiera
iniciarse o culminarse una fiscalización tributaria.

Es por ello que la negativa a la recepción es una forma válida de efectuarse la


notificación y así lo regula el Código Tributario, otorgándole efectos jurídicos al acto de
notificación, a pesar que el propio deudor o un tercero mayor de edad y capaz se
niegue a suscribir el acuse o no proporcione sus datos.

Otra forma de notificación que puede advertir una no recepción del documento que
contiene al acto administrativo es la regulada en el inciso f) del artículo 104 del Código
Tributario que señala que cuando en el domicilio fiscal no hubiera persona capaz o
este estuviera cerrado, se fija un cedulón en el domicilio y se deja los documentos bajo
puerta, otorgándole efectos jurídicos al acto de la notificación.

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La normatividad de la notificación, mediante el Decreto Supremo 041-2006-EF, regula
la condición de no hallado y no habido y en ella establece las 3 oportunidades que
pudiera suceder ante una situación de negativa a la recepción o notificación por
cedulón, por estar el domicilio cerrado o ante la inexistencia de persona capaz. En
dicha situación el artículo 104° establece la notificación mediante la página web de la
SUNAT.

Como se advierte, la normatividad tributaria en el tema de notificaciones es precisa y


determina efectos jurídicos al acto de notificación, aún cuando hubiera negativa a la
recepción o el domicilio fiscal estuviera cerrado.

La pregunta que surge es si cuando se realiza la notificación existiendo negativa a la


recepción o la notificación por cedulón, determina un escenario de certeza absoluta en
que el deudor tributario tiene conocimiento del acto administrativo notificado.

La normatividad antes referida regula con precisión el acto de la notificación y sus


efectos jurídicos, estableciendo para una notificación válida lo siguiente:

(a) Que se haya realizado en el domicilio fiscal declarado; (b) Que se haya actuado
conforme a las reglas del Código Tributario: (i) se haya dejado constancia de su
recepción o de su negativa a la recepción por el deudor o cualquier persona mayor de
edad y capaz, no importando el motivo del rechazo; o (ii) se haya fijado un cedulón por
encontrarse cerrado o ante la ausencia de persona capaz y dejado bajo puerta los
documentos a notificar. La norma tributaria ha considerado que con estas reglas se ha
actuado lo necesario, a fin que el deudor tributario pueda tomar conocimiento que en
su domicilio declarado se ha notificado un acto administrativo.

En otras palabras, la certeza que persigue la norma tributaria es la certeza del acto de
la notificación en el domicilio fiscal, en el cual se deben haber realizado los actos
necesarios que exige la norma para que ésta sea válida a través del encargado de la
diligencia de la notificación y no ocurra una situación de imposibilidad fáctica y jurídica
en el acto de la notificación. En consecuencia, las normas tributarias no han
establecido una regla que otorgue certeza absoluta del conocimiento del acto por parte
del deudor tributario en todo acto de notificación.

2.2 La notificación en la Ley 27444.


En el caso de la ley 27444, la regulación es un poco más precisa, ya que indica un
orden de prelación de la forma de notificación, establecido que la primera forma es la
notificación personal al interesado o afectado, en su domicilio, siendo una posterior
forma de notificación la del correo certificado, telefax; o cualquier otro medio que

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permita comprobar fehacientemente su acuse de recibo y quien lo recibe, siempre que
el empleo de cualquiera de estos medios hubiese sido solicitado expresamente por el
administrado.

La notificación personal es regulada en el artículo 21° de la Ley referida y en ella


establece ciertas reglas a seguir para efectos de determinar a qué domicilio hacer
llegar el acto administrativo: (i) En el domicilio que conste en el expediente, o (ii) En el
último domicilio que la persona a quien deba notificar haya señalado ante el órgano
administrativo en otro procedimiento análogo en la propia entidad dentro del último año
y (iii) En el domicilio señalado en el Documento Nacional de Identidad del
administrado, en el caso que el administrado no haya indicado domicilio, o que éste
sea inexistente.

Pero aún con estas reglas a seguir, la ley establece que si la persona con quien se
entiende la diligencia se niega a firmar o recibir copia del acto notificado, se hará
constar así en el acta, teniéndose por bien notificado y en dicho caso en la notificación
se dejará constancia de las características del lugar donde se ha notificado. Es decir,
la notificación surtirá efectos aún en el caso que haya una negativa a la recepción, con
lo cual la pregunta que surge es: ¿Ante quién es posible realizarse la notificación?

A diferencia de la norma tributaria, que señala una persona mayor de edad y capaz, la
norma administrativa establece nuevamente un orden de prelación ante quien debe
realizarse la diligencia de notificación: (i) Con la persona que deba ser notificada o su
representante legal; (ii) Con la persona que se encuentre en dicho domicilio, en caso
que no se hallen presente el administrado o su representante en el momento de
entregar la notificación.

Como ya se ha indicado, pudiera suceder que no se encuentre el administrado u otra


persona en el domicilio señalado en el procedimiento, similar al domicilio cerrado que
regula el Código Tributario, en tal caso la norma establece que el notificador deberá
dejar constancia de ello en el acta y colocar un “aviso” en dicho domicilio indicando la
nueva fecha en que se hará efectiva la siguiente notificación. Y Si tampoco pudiera
entregar directamente la notificación en la nueva fecha, se dejará debajo de la puerta
un acta conjuntamente con la notificación, copia de los cuales serán incorporados en
el expediente.

Nuevamente la norma privilegia la certeza de la notificación en el domicilio del


administrado, aún cuando ella no quisiera ser recepcionada con la persona con quien
se entienda la diligencia; o haya persona por ausencia del administrado o persona

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alguna en dicho lugar, no existiendo una regla que establezca la certeza absoluta del
conocimiento del acto por parte del administrado en todo ato de notificación.

2.3 La notificación en el Código Procesal Civil.


El Código Procesal Civil al regular el tema de notificaciones establece en el artículo
155° que el acto de la notificación tiene por objeto poner en conocimiento de los
interesados el contenido de las resoluciones judiciales y que las resoluciones judiciales
sólo producen efectos en virtud de notificación hecha con arreglo a lo dispuesto al
Código Procesal Civil, salvo los casos expresamente exceptuados. Esta premisa
normativa sustenta el que las partes de un proceso puedan ejercer el derecho de
contradicción o defensa.

Dentro de las diversas formas de notificación, se encuentra la notificación por cédula,


la cual conforme al artículo 158° es entregada, según el caso, en el domicilio real o
legal, o el procesal señalado en autos, de lo que se dejará constancia con el nombre,
firma e identificación del receptor. La única excepción en que corresponde notificarse
en el domicilio real es en el caso de la demanda, conforme al artículo 431° del Código
Procesal Civil, lo cual resulta lógico y necesario, ya que al iniciarse el proceso no
resulta posible que exista un domicilio procesal, el cual se podrá establecer al
contestarse la demanda.

Es decir, la norma procesal establece, al igual que el Código Tributario, la regla del
lugar a realizarse la notificación la del “domicilio declarado” y señalado por la parte
procesal, y por otro lado hace referencia al “receptor” de la cedula de notificación, lo
cual implica que no necesariamente o exclusivamente debe ser recepcionada por la
parte a quien va dirigida la resolución judicial, regla que es concordante y coherente
con el Código Tributario y la Ley 27444.

Con relación a la negativa de la recepción, la norma procesal lo regula como negativa


a firmar la cedula de notificación o que no pueda firmarse, dejándose constancia de
ello. Lo que determina que el acto de la notificación ha cumplido su finalidad, porque
tal como se señaló anteriormente si ella no surtiera efectos, se generaría un imposible
fáctico y jurídico de la notificación, lo cual ocasionaría una paralización de los procesos
judiciales y una situación de indeterminación jurídica de las pretensiones planteadas.

En el caso de la demanda, como acto principal que da origen a un proceso judicial y


en algunos actos principales como la declaración de rebeldía, la que declara el
saneamiento del proceso, las que citen a audiencia, la citación para sentencia, la
sentencia misma y la que requiera su cumplimiento; la norma procesal es específica y

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el artículo 161° establece una regla de actuación adicional; en ella se señala que si la
persona a quien se va a notificar no es encontrada por el notificador le dejará “aviso”
para que espere el día indicado en éste con el objeto de notificarlo, siendo que en esta
ocasión pudiera ocurrir la negativa a firmar la cedula de la notificación antes referida.
La norma procesal agrega que si tampoco se le hallara en la nueva fecha, se
entregará la cédula a la persona capaz que se encuentre en la casa, departamento u
oficina, o al encargado del edificio y señala que si no pudiera entregarla, la adherirá en
la puerta de acceso correspondiente a los lugares citados o la dejará debajo de la
puerta, según sea el caso.

Esta última regla es similar a la regla de la Ley 2744 ya referida, en cuanto al aviso de
la nueva fecha señalada para la notificación, que permite garantizar o dar certeza al
acto de notificación siendo que se puede realizar la diligencia a persona capaz -regla
similar al Código Tributario- haciendo referencia incluso al encargado del edificio,
quien de alguna manera es la persona autorizada no solo a su vigilancia, sino muchas
veces a recepcionar la correspondencia, siendo así una extensión de la voluntad de
quienes viven en la propiedad horizontal. La regla final es similar a la de una
notificación por cedulón, con la diferencia que lo que se adhiere en la puerta de acceso
es la propia cedula de notificación o también puede dejarla bajo puerta como la
solución normativa del Código Tributario y la Ley 27444.

La certeza que establece el Código Procesal Civil es también del acto de la


notificación en el domicilio declarado, sea el real, legal o procesal, pudiendo ocurrir la
negativa a firmar la cedula de notificación, y que en determinados actos procesales
ante el aviso a la parte a fin de ser notificada, sino se encontrare la diligencia se pueda
realizar el acto de la notificación y de esta forma no suceda una situación de
imposibilidad fáctica y jurídica en el acto de la notificación y por ende la paralización de
los procedimientos judiciales. En consecuencia, la norma procesal no ha establecido
una regla que otorgue certeza absoluta del conocimiento del acto por la parte a quien
va dirigida la notificación en todo acto de notificación.

A mayor abundamiento, en la sentencia del Tribunal Constitucional, en el EXP. N.0


00748-2012-PA/TC, se puede advertir como el máximo intérprete constitucional da por
valida una notificación en que una de las partes se negó a recepcionarla y firmarla,
siendo que ello sucedió por el propio comportamiento de la seudo parte afectada con
el derecho de contradicción o defensa. El Tribunal Constitucional señaló lo siguiente:

Este Tribunal considera que la alegada falta de notificación personal no le es imputable


al Juzgado emplazado, sino al comportamiento omisivo de la recurrente, ya que la

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citada cédula de notificación de fecha 11 de junio de 2009 demuestra que ella se negó a
recibir la notificación.

Los hechos expuestos también evidencian que la situación de indefensión de la


recurrente ha sido provocada por su esposo como parte de una estrategia para
anular todo lo actuado en el proceso recaído en el Exp. Nº 03-2008, que se encuentra en
etapa de ejecución, lo que constituye un abuso de sus derechos que no puede ser
amparado porque está prohibido por el artículo 103º de la Constitución.
Consecuentemente, en autos no se encuentra probada la violación del derecho de defensa

Como se puede verificar, ni el Código Tributario, la Ley General de Procedimientos


Administrativos N° 2444, ni el Código Procesal Civil, establecen reglas de notificación
que establezca una certeza absoluta en el conocimiento del acto por parte del deudor
tributario o parte procesal en todo acto de notificación; simplemente porque tal regla
podría generar una situación de imposibilidad fáctica o jurídica, ya que el rechazo de
una notificación o el domicilio cerrado son situaciones reales que han sido previstas
por las normas procedimentales señalando soluciones que generen certeza en el acto
de la notificación en el domicilio declarado.

3.- La facultad discrecional de la Administración Tributaria y el Abuso del


Derecho.
El Tribunal Constitucional en el fallo materia de análisis ha afirmado que la
Administración Tributaria debió utilizar su facultad discrecional para decidir sobre actos
no reglados, es decir en asuntos concretos que la Ley no ha decidido que hacer (el
subrayado es propio):

“La actividad estatal sobre actos no reglados, la Administración goza de libertad


(discrecional) para decidir sobre asuntos concretos, dado que la ley, en sentido
lato, no ha determinado lo que debe hacer o como debe hacerlo. La discrecionalidad
trata pues de una herramienta jurídica destinada a que el ente administrativo pueda
realizar una gestión acorde con las necesidades de cada momento.”

La pregunta es si la forma de notificación de actos administrativos, son “actos no


reglados” en la cual no se ha normado qué acciones debe realizar la Administración
Tributaria para efectuar un acto de notificación, y por otro lado si tienen deberes tienen
los deudores tributarios con relación al domicilio fiscal y si tienen el deber de
información cuando sucede una variación del mismo.

Resulta claro, que los artículos 11°, 12°, 104°, 105° del Código Tributario regula de
manera específica el del domicilio fiscal y acto de la notificación. Es decir, se trata de
una acto reglado por ley y que debe ser cumplido y respetado por la Administración
Tributaria y el deudor tributario, ya que apartarse de la ley o actuar contra su mandato
conllevaría a la nulidad establecida en el artículo 109° del Código Tributario y en el
artículo 10° de la Ley 27444.

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El Tribunal Constitucional al alejarse del Código Tributario, que regula las forma de
notificación, no solo se aparta del principio de legalidad, sino que está generando se
notifique en un domicilio del DNI del administrado en la cual tampoco se puede dar la
certeza absoluta del conocimiento del acto, como se ha analizado en la Ley 27444 y el
Código Procesal Civil que establecen supuestos de notificación en el domicilio del DNI
o domicilio real, advirtiéndose que en ambos casos no existe certeza absoluta del
conocimiento de la parte a notificar, ya que resulta posible la negativa a la recepción o
firma del acuse o cedula de notificación; o también puede suceder que no haya
persona que pueda atender el acto de la notificación o esté cerrado, siendo que en
este último caso se dejan los documentos bajo puerta o en el caso judicial incluso se
puede finar en la puerta del domicilio declarado.

Se trata pues de un acto reglado, en la cual no resulta posible que la Administración


Tributaria actúe contra la propia norma legal, asimismo que el deudor tributario tiene el
deber de informar la variación del domicilio fiscal si así correspondiera.

Por otro lado, el no cumplir el deber de comunicar un nuevo domicilio fiscal,


manteniendo el declarado a la Administración Tributaria, a sabiendas de la exigencia
de la norma y de que todo acto será notificado ahí, y posteriormente de manera
contradictoria a su accionar alegue indefensión, implicaría beneficiarse de una nulidad
por un acto propio, lo cual va contra la normatividad y el principio de la buena fe. Al
respecto la doctrina civil3 define la teoría de los actos propios de la siguiente forma:

“A nadie le es lícito hacer valer un derecho en contradicción con su anterior


conducta, interpretada objetivamente según la ley, las buenas costumbres, la
buena fe, justifica la conclusión de que no se hará valer el derecho, o cuando el
ejercicio posterior choque contra la ley, las buenas costumbres o la buena fe”.

En ese sentido, Fernández4 afirma que cuando se presenta el caso que alguna
persona pretende desconocer, contradecir sus actos, su propia conducta anterior, el
efecto reconocido en la Doctrina es que su indebida pretensión, la cual se encuentra
en contradicción con sus propios actos anteriores, resultará desestimada por los
tribunales de justicia, es decir, no podrá ser amparada legalmente.

Así también constituiría un abuso del derecho, institución proscrita en nuestro


ordenamiento jurídico y que la establece el artículo 103° de la Constitución Política del

3
Enneccerus, Ludwig y Nipperdey, Hans. “Tratado de Derecho Civil. Parte General”. Barcelona, Bosch, Tomo I, Volumen 2, 1950, pág.495.
4 Fernández Fernández, César Aníbal. “La Teoría de los Actos Propios y su aplicación en La legislación Peruana”. Pag. 57. En:
http://www.unife.edu.pe/publicaciones/revistas/derecho/Lumen13/LA%20TEORIA%20DE%20LOS%20ACTOS%20PROPIOS%20Y%20SU%20A
PLICACION.pdf

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Perú; el artículo II del Título Preliminar del Código Civil y ya Gayo esbozó5 una teoría
general del abuso del derecho, cuando, para justificar la interdicción de los pródigos y
la prohibición a los dueños de maltratar a sus esclavos, sostuvo que no debemos
hacer mal uso de nuestro derecho: male enim nostro jure uti non debemus ( Gay. Inst.
1, 53).

De esta forma, la negligencia del deudor tributario que cambia de domicilio sin
comunicar a la Administración Tributaria, incumpliendo normas tributarias y que luego
alegue indefensión por este acto propio, implica un abuso del derecho, es un mal uso
de su derecho al ejercicio del derecho de defensa, más aun implica que en una
actividad reglada la Administración Tributaria se aparte del Código Tributario y lo
contradiga lo que conllevaría a que se configuren actos de Nulidad.

Resulta claro que la certeza absoluta a la que se refiere el Tribunal Constitucional


debe ser entendida como aquella referida a la notificación en el domicilio fiscal
declarado, lo cual implica respeto y cumplimiento del Código Tributario, y coherente
con las normas generales como la Ley 27444, y el Código Procesal Civil, no
correspondiendo aplicar una facultad discrecional contra un acto reglado y tampoco se
avale el abuso del derecho.

Aún si el domicilio fiscal es dado de baja por ausencia de actividades, ello no enerva al
deudor tributario del cumplimiento de las obligaciones formales y sustanciales, como
informar la modificación del domicilio fiscal si así corresponde y del pago de la deuda
tributaria que pudiera existir. Si el deudor tributario se mudó de domicilio, debe
informarlo y no corresponde trasladar la carga de la búsqueda del deudor a la
Administración Tributaria en contra de las normas.

En el caso del cese de actividades del deudor tributario por los diversos motivos que
señala el artículo 27° de la Resolución de Superintendencia N° 210-2004-SUNAT
como traspaso de negocio; cierre o cese definitivo; quiebra; entre otros casos; sería
pertinente se evalúe una modificación de la norma tributaria, de tal forma que en el
caso de las personas naturales, se produzca una modificación de de domicilio de oficio
consignándose el domicilio que corresponda al DNI del deudor tributario. No obstante,
conforme se ha señalado, el acto de notificación en el domicilio del DNI no garantiza
certeza absoluta en el conocimiento del acto por parte del administrado, sino certeza
del acto de notificación.

5
RODRIGUEZ LLERENA, Darío. “EL ABUSO DEL DERECHO”. En: http://www
/repositorio.pucp.edu.pe/index/bitstream/.../el%20abuso%20del%20derecho.pdf

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4.- Norma aplicable en caso de negativa a la recepción en el domicilio del DNI.
Conforme señala el Tribunal Fiscal en la sentencia analizada respecto a los casos de
fiscalización, indica que “una de las medidas complementarias que la Sunat está
obligada a tomar frente a escenarios como el que el presente caso plantea, será
notificar también en el domicilio que el contribuyente haya consignada en el DNI”. La
interrogante es que reglas normativas se deben aplicar en el caso de una negativa de
la recepción.

En primer lugar, un procedimiento de fiscalización es un procedimiento tributario,


vinculado a la determinación de deuda tributaria y en ellos se aplican las reglas del
Código Tributario, incluso si se notifican a terceros a propósito del procedimiento. El
código tributario no establece una regla para que las notificaciones se realicen en el
domicilio del DNI, porque la finalidad del domicilio fiscal es para efectos tributarios y
por ende corresponde que se señale el domicilio en el cual el deudor tributario realice
sus actividades económicas, incluso sus establecimientos anexos. En algunas
ocasiones coincidirá que las actividades económicas se realicen en el domicilio del
DNI que corresponde a su residencia.

La ley 27444 si establece la posibilidad del domicilio del DNI del administrado, en el
caso que no haya indicado domicilio, o que éste sea inexistente. Esta regla no debe
llevar a considerar que se aplica esta norma administrativa para efectos de la
notificación, ya que no se trata de un procedimiento no tributario, ni de un tercero
ajeno a él. Este tema resulta importante porque ante una negativa a la recepción o un
domicilio cerrado, las reglas normativas no son exactamente iguales, conforme se ha
manifestado, y un mal uso de la norma podría conllevar a una nulidad del acto de la
notificación.

Una propuesta de mejora normativa a analizarse, sin perjuicio de la optimización de la


notificación por medios electrónicos, que implique más acciones tendientes a lograr
una notificación efectiva y una coherencia sistemática en la regulación procesal
peruana, con relación a los alcances de la sentencia del Tribunal Constitucional que se
viene analizando, podría ser: la modificación del Código Tributario y se establezca en
él una regla similar a la que contiene la Ley 27444 y el Código Procesal Civil; es decir,
la incorporación del “aviso” en caso que no se encuentre el administrado u otra
persona en el domicilio señalado en el procedimiento, de tal forma que dicho aviso
indique la nueva fecha a fin que el deudor tributario espere el día indicado con el
objeto de notificarlo y se haga efectiva la notificación. Y que si tampoco se le hallara
en la nueva fecha, se entregará la notificación a la persona capaz que se encuentre en

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el domicilio fiscal o al encargado del edificio y que si no se pudiera entregar, se
apliquen las reglas de la notificación por negativa a la recepción o por cedulón según
corresponda.

CONCLUSIONES

1.- Ni el Código Tributario, la Ley General del Procedimiento Administrativo N° 27444 y


el Código Procesal Civil, establecen reglas de notificación que establezca una certeza
absoluta en el conocimiento del acto a notificar por parte del deudor tributario o parte
procesal; todas las normas procesales tienen como regulación y finalidad “la certeza
del acto de la notificación en el domicilio declarado”, en el cual corresponde la
realización de los actos que exige las respectivas normas para que ésta sea válida y
no ocurra una situación de imposibilidad fáctica y jurídica en el acto de la notificación,
así como la paralización de los procesos, ya que el rechazo de una notificación o el
domicilio cerrado son situaciones que han sido previstas por las normas
procedimentales y que pudiera darse incluso en el domicilio real o del DNI del
administrado o deudor tributario, para lo cual se ha regulado actuaciones que generan
certeza en el acto de la notificación en el domicilio declarado.

2.- La negligencia del deudor tributario que cambia su domicilio fiscal sin comunicar a
la Administración Tributaria, incumpliendo normas y que posteriormente alegue
indefensión por acto propio, implica un abuso del derecho, argumentarse una nulidad
por acto propio, y determina que en una actividad reglada la Administración Tributaria
se aparte y contradiga el Código Tributario, lo que conllevaría a que se configuren
actos de Nulidad.

3.- Con relación a los alcances de la sentencia del Tribunal Constitucional, una
propuesta de mejora normativa, que implique incrementar acciones tendientes a lograr
una notificación efectiva y una coherencia sistemática en la regulación procesal
peruana, podría ser la modificación del Código Tributario y establecer en él una regla
del “aviso” en caso que no se encuentre el administrado u otra persona en el domicilio
señalado, de manera similar a la que contiene la Ley 2744 y el Código Procesal Civil.

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