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Cayo Julio César Augusto (Gaivs Ivlivs Caesar Augustus, 23 de septiembre de 63 a. C.

– 19 de agosto de 14 d. C.) fue el primer y quizá más importante emperador del Imperio
Romano, el cual gobernó desde 27 a. C. hasta su muerte en 14 d. C.[Nota 1]

Nacido bajo el nombre de Cayo Octavio Turino, fue adoptado por su tío abuelo Julio
César en su testamento, en el año 44 a. C. Desde ese instante hasta 27 a. C. pasó a
llamarse Cayo Julio César Octaviano. En 27 a. C. el Senado lo condecoró con la
denominación honorífica «Augusto», y por consiguiente se convirtió en Cayo Julio
César Augusto.[Nota 2] A causa de los varios nombres que ostentó, es común llamarlo
«Octavio» al referirse a los sucesos acontecidos entre 63 y 44 a. C., «Octaviano» de 44
hasta 27 a. C. y «Augusto» después de 27 a. C. En fuentes griegas, Augusto es conocido
como Όκταβίος («Octavio»), Καισαρ («César») o Αύγούστος («Augusto»),
dependiendo del contexto.

El joven Octavio se convirtió en heredero de Julio César tras el asesinato de éste en 44


a. C. Un año después, en 43 a. C., conformó junto a Marco Antonio y Lépido una
dictadura militar conocida como el Segundo Triunvirato. Como triumviro, Octaviano
gobernó Roma y a la mayor parte de sus provincias[Nota 3] como un autócrata,
haciéndose con el poder consular tras las muertes de los cónsules Aulo Hircio y Pansa y
haciéndose reelegir a sí mismo todos los años. Tiempo después, el triunvirato se iría
rompiendo ante las ambiciones de sus creadores: Lépido fue obligado a exiliarse,
mientras que Marco Antonio terminó suicidándose tras su derrota en la Batalla Naval de
Actium frente a la flota de Octaviano, dirigida por Agripa en 31 a. C.

Con la desaparición del Segundo Triunvirato, Octaviano restauró la fachada exterior de


la República Romana, con lo que el poder gubernamental pasó a establecerse en el
Senado, aunque en la práctica él retendría su poder autocrático. Tuvieron que pasar
varios años para que se llegara a determinar la estructura exacta por la cual una entidad
republicana podría ser dirigida por un único gobernante; el resultado pasó a conocerse
como el Imperio Romano. El título imperial nunca llegó a considerarse como un cargo
similar a lo que había significado la dictadura romana de la República, y que César y
Sila habían ostentado con anterioridad; en realidad, Augusto rechazó formalmente dicho
cargo después de que la sociedad romana «le rogara que asumiera la dictadura».[1] Por
ley, Augusto contaba con toda una colección de poderes perpetuos conferidos por el
Senado, incluyendo aquellos relativos al tribuno de la plebe y el censor. Ocupó el
consulado hasta 23 a. C.[2] Por otro lado, su poder real fue creciendo gracias a su poder
económico y a los recursos obtenidos de sus conquistas, creando relaciones de clientela
a lo largo del Imperio Romano, y ganándose la lealtad de muchos soldados y veteranos
militares, la autoridad de los muchos honores concedidos por el Senado,[3] y el respeto
de la gente. El control de Augusto sobre la mayoría de las legiones de Roma existentes
supuso una amenaza armada que podía ser usada contra el Senado, permitiéndole de
esta forma coaccionar las decisiones del mismo. Con esta habilidad para eliminar la
oposición senatorial mediante el uso de armas, el Senado pasó a adoptar un perfil dócil
hacia su estatus soberano. Su reinado por medio del clientelismo, el poder militar y la
acumulación de los cargos propios de la extinta República, se convirtió en el modelo a
seguir para los posteriores gobernantes.

El mandato de Augusto inició una era de paz relativa conocida como la Paz romana o
Pax Augusta (en su honor). Salvo por las constantes guerras fronterizas, y con la
excepción de una guerra civil de sucesión imperial que duró un año, la sociedad del
Mediterráneo gozó de un ambiente pacífico durante más de dos siglos. De igual forma,
Augusto expandió el Imperio Romano, asegurando en el proceso sus fronteras mediante
la subordinación a Roma de las regiones circundantes. Además, celebró un acuerdo de
paz con Partia por la vía diplomática, reformó el sistema tributario romano, desarrolló
redes de caminos que contaban con un sistema oficial de mensajería, estableció un
ejército permanente (así como un pequeño cuerpo de marina), y creó la Guardia
Pretoriana junto a fuerzas policiales de seguridad tanto para mantener el orden como
para combatir los incendios en Roma. Resulta destacable añadir que gran parte de la
ciudad se reconstruyó bajo su reinado. Sus logros son relatados en un documento
conocido como «Los escritos de Divino Augusto», que ha llegado hasta nuestros días.
Tras su muerte en 14 d. C., el Senado lo divinizó, siendo posteriormente adorado por el
pueblo romano.[4] Sus nombres «César» y «Augusto» serían adoptados por todos los
emperadores posteriores, y el mes de Sextilis sería renombrado «Agosto» en su honor.
Fue sucedido por su hijastro, Tiberio.

Contenido [ocultar]
1 Primeros años
2 Ascenso al poder
2.1 El testamento de César
2.2 El Segundo Triunvirato (43 a. C. - 36 a. C.): Octavio, Antonio y Lépido
2.3 Octavio y Sexto Pompeyo (39 a. C. - 36 a. C.)
2.4 Octavio y Lépido: Ruptura y preterición (36 a. C.)
2.5 Octavio y Marco Antonio: ruptura del Triunvirato y Guerra Civil (36 a. C. - 30 a.
C.)
3 Octavio se convierte en Augusto: la creación del Principado
3.1 La Devolución de Poderes y Restauración de la República
3.2 Fundamento Legal del Principado
3.3 El Primer Pacto (27 a. C. - 23 a. C.)
3.4 El 2° Pacto (23 a. C. - 19 a. C.)
3.5 La imposición del 3° Pacto: La consolidación definitiva (19 a. C.)
4 El siglo de Augusto
4.1 Política exterior
4.1.1 Ampliación territorial
4.1.1.1 Península Ibérica
4.1.1.2 Galacia
4.1.1.3 La Frontera del Danubio
4.1.1.4 La Frontera del Elba y el Rin
4.1.2 El Imperio Parto
4.1.3 Los Reinos vasallos
4.2 Política interna
4.2.1 La economía
4.2.2 La Religión y la Moral
4.2.3 Las artes
5 Sucesión
5.1 El surgimiento del problema sucesorio
5.2 El primer candidato: Marcelo
5.3 El segundo candidato: Agripa
5.4 Los hijos de Livia: Tiberio y Druso
5.5 Los hijos de Agripa
5.6 Póstumo César y Tiberio
5.7 Muerte de Augusto y Ascenso de Tiberio
6 El legado de Augusto
6.1 Reformas económicas
6.2 Mes de Augusto
6.3 Proyectos arquitectónicos
7 Semblanza
8 Construcciones por o en honor a Augusto
9 Augusto en la cultura popular
10 Bibliografía
11 Notas
12 Referencias
13 Véase también
14 Enlaces externos

Primeros años [editar]A pesar de que su familia paterna, perteneciente al orden


ecuestre, provenía de la ciudad de Veletri, situada aproximadamente a unos 40
kilómetros de Roma, Augusto nació en la ciudad de Roma el 23 de septiembre de 63 a.
C., más específicamente en Ox Heads, una pequeña propiedad ubicada en el monte
Palatino, muy cerca del Foro Romano. Un astrólogo le mandó una advertencia a su
padre, pero éste prefirió ignorarla (en lugar de dejar al niño al aire libre para ser
devorado por los perros). Al nacer recibió el nombre Cayo Octavio Turino, siendo el
cognomen «Turino» una probable referencia a la victoria de su padre en Turios sobre
una rebelión de esclavos.[5] [6] [7] Debido a la superpoblación de Roma en esa época,
Octavio fue llevado al pueblo natal de su padre, en Veletri, para ser criado ahí. En sus
memorias, el futuro emperador sólo hace una breve referencia a su familia natural del
orden ecuestre: su bisabuelo paterno se había desempeñado como un tribuno militar en
Sicilia durante la Segunda Guerra Púnica, mientras que su abuelo sirvió en varios
puestos políticos regionales. Su padre, llamado también Cayo Octavio, fue pretor y
gobernador de Macedonia,[Nota 4] [8] y su madre, Atia Balba Cesonia, era la sobrina
de Julio César.

Quedó huérfano de padre en 59 a. C., cuando tenía cuatro años de edad.[9] Su madre
contraería nuevas nupcias con un ex gobernador de Siria, Lucio Marcio Filipo,[10]
quien afirmaba ser descendiente de Alejandro Magno y que fue elegido cónsul en 56 a.
C. Contrario a lo que pudiera pensarse, Filipo nunca mostró mucho interés en el joven
Octavio; debido a lo anterior, Octavio fue criado por su abuela materna Julia César la
Menor.

En 52 o 51 a. C., Julia César la Menor falleció y Octavio fue el encargado de pronunciar


el discurso fúnebre de su abuela.[11] A partir de ese momento su madre y su padrastro
asumieron un rol más activo en su educación. Se sabe que Filipo lo educó con una
disciplina férrea en los años venideros.[7] [12] Cuatro años después, el joven fue
investido con la toga viril,[13] un año antes que la edad establecida para los demás
jóvenes romanos, aspecto que demuestra su madurez prematura.[12] De igual manera,
un par de hechos que evidenciaron su disponibilidad para asumir cargos y obligaciones
a temprana edad eran que, en 47 a. C., resultó electo al Colegio de Pontífices[14] [15]
[12] y al año siguiente fue puesto a cargo de los juegos griegos que se realizaron en
honor al Templo de Venus Genetrix, construido por Julio César.[15] De acuerdo a
Nicolás de Damasco, Octavio deseaba unirse a las tropas de César para su campaña en
África, pero decidió abstenerse de hacerlo cuando su madre se opuso.[16] En 46 a. C.,
Atia le dio permiso de unirse a César en Hispania, pero Octavio cayó enfermo y no
pudo viajar.

Una vez recuperado, navegó hacia el frente pero naufragó; tras llegar a la costa con
algunos de sus compañeros, cruzó territorio hostil antes de llegar al campamento de
César, algo que impresionó de manera considerable a su tío abuelo.[13] El historiador
Marco Veleyo Patérculo reportó que, después de eso, César permitió que el joven
compartiera su carroza.[17] Al regresar a Roma, César depositó discretamente un nuevo
testamento con las vestales, nombrando a Octavio como el principal beneficiario.[18]

Ascenso al poder [editar] El testamento de César [editar]


El famoso Augusto de Prima Porta.Para cuando Julio César fue asesinado en los idus de
marzo (específicamente, el 15 de marzo) de 44 a. C., Octavio se hallaba estudiando y
formando parte de un entrenamiento militar en Apolonia, Iliria (en lo que, hoy en día, se
conoce como Sozopol). Tras objetar el consejo de algunos oficiales del ejército de que
tomara refugio con las tropas en Macedonia, el joven navegó a Italia para averiguar si
tenía algunas potenciales fortunas políticas o, siquiera, posibilidades de afianzar su
seguridad.[19] Al llegar a Lupiae, cerca de Brindisi, se enteró del contenido del
testamento de César, y sólo después de ello fue que decidió convertirse en el herededo
político de su tío abuelo, así como beneficiario de las dos terceras partes de su
patrimonio.[15] [19] [20] Por otro lado, al no tener ningún hijo legítimo,[21] César
adoptó a Octavio como su hijo y principal heredero.[22] Tras la adopción, Octavio
asumió el nombre de su tío abuelo, Cayo Julio César. Aunque los romanos que eran
adoptados en una nueva familia usualmente retenían sus nombres originales (por
ejemplo, «Octaviano» para todo aquel que había sido un «Octavio», Emiliano para un
«Emilio», etc.), no hay evidencia alguna de que él usara en algún momento el nombre
Octaviano, lo cual pudo haber vuelto muy lógico el dato de sus orígenes modestos.[23]
[24] [25] Sin embargo, a pesar de que nunca usara de manera oficial el nombre
Octaviano, para evitar confundir al dictador con su heredero, los historiadores suelen
referise al nuevo César —entre su adopción y asunción, en 27 a. C., de nombre Augusto
— como Octaviano.[26] En algún momento, Marco Antonio dijo que Octaviano había
sido adoptado por César a través de favores sexuales, aunque Suetonio mencionó, en su
obra Las vidas de los doce césares, que la acusación de Antonio consistía
verdaderamente en una calumnia política.[27]

Debido a su propósito de realizar una entrada exitosa en los peldaños de la jerarquía


política romana, Octaviano no podía confiar en sus fondos limitados.[28] Tras una
cálida recepción por los soldados de César en Brindisi,[29] Octaviano demandó una
porción de los fondos que habían sido repartidos por César para la tentativa guerra
contra Partia en el Medio Oriente.[28] El dinero acumulado equivalía a 700 millones de
sestercios, monto que se hallaba almacenado en Brindisi, la zona de estacionamiento en
Italia para las operaciones militares en territorio oriental.[30] Una posterior
investigación senatorial en torno a la desaparición de los fondos públicos rechazó tomar
acciones legales contra Octaviano, puesto que él había usado, de forma subsecuente,
todo aquel dinero acumulado para aumentar sus tropas contra el archienemigo del
senado, Marco Antonio.[29] Octaviano llevó a cabo otra acción audaz en 44 a. C.
cuando, sin poseer permiso oficial, se apropió del tributo anual que había sido enviado
de la provincia del oriente próximo de Roma a Italia.[24] [31] Con el paso del tiempo,
Octaviano empezó a reforzar sus tropas con los legionarios veteranos de César y los
cuerpos militares diseñados para la guerra contra los partos, obteniendo un mayor apoyo
al enfatizar su estatus como herededo de César.[19] [32] En su marcha a Roma a través
de Italia, la presencia de Octaviano y sus nuevos fondos adquiridos atrajeron a muchos
ex veteranos de César en Campania.[24] Para junio, había reunido un ejército de 3.000
veteranos leales, cada uno con un salario de 500 denarios.[33] [34] [35]

El Segundo Triunvirato (43 a. C. - 36 a. C.): Octavio, Antonio y Lépido [editar]Una


vez controlada Roma, el Segundo Triunvirato logra el reconocimiento legal de sus
acuerdos, a diferencia del Primer Triunvirato de Pompeyo, César y Craso.[36] Por la
Ley Titia: Constitución del Triunvirato de la República, en latín Lex Titia: Triumviri rei
publicae constituendae, se limita su vigencia a 5 años, y se procede al reparto territorial:

Cerdeña, Sicilia y ambas Áfricas para Octavio.


Las dos Galias para Marco Antonio.
Las dos Hispanias y la Galia Narbonense a Lépido.[37]
Los triunviros promueven una campaña de proscripciones en la que se confiscan las
propiedades y se ejecuta a unos trescientos senadores, entre ellos Cicerón, y al menos
dos mil caballeros romanos (equites). Se trata de algo más que la estricta persecución de
los asesinos de César, ya que cumple la doble tarea de eliminar todos los adversarios y
al tiempo recabar fondos para pagar a las tropas.[38]

En el 42 a. C., Marco Antonio y Octavio marchan contra Bruto y Casio, refugiados en


Oriente, mientras que Lépido permanece en Roma. En la doble batalla de Filipos en
Macedonia, Marco Antonio vence a Casio primero y, 20 días después, a Marco Bruto,
suicidándose ambos.

Mientras Octavio regresa a Roma, Marco Antonio se hace atribuir las provincias
orientales, esto es, Asia, Siria y Egipto, dirigiéndose a ésta última, donde conforma una
alianza con la reina Cleopatra, antigua amante de Julio César y madre de Cesarión,
según Cleopatra hijo de César. Durante su estancia en Egipto, Marco Antonio mantuvo
una relación amorosa con Cleopatra, de la que nacen tres hijos, Alejandro Helios,
Cleopatra Selene, y Ptolomeo Filadelfo.

En el 41 a. C., con el pretexto del reparto no equitativo de tierras entre los veteranos por
parte de Octavio, se produce la Batalla de Perugia, en la que Agripa, magister militum
de Octavio derrota al cónsul Lucio Antonio, hermano de Marco Antonio.

En el 40 a. C., con la mediación de Mecenas, se produce la Conferencia de Brindisi, en


la que establece un nuevo reparto de zonas de influencia entre los triunviros:

las provincias de Occidente, ampliadas hasta el río Drin (en Albania), para Octavio,
las provincias de Oriente, recortadas hasta el río Drin, para M. Antonio,
África para Lépido,
Italia se considera neutralizada bajo el dominio conjunto de los triunviros.
Para sellar la paz entre ambos, Marco Antonio deja a Cleopatra y contrae matrimonio
con Octavia, hermana de Octavio en el 40 a. C. Fruto de esta unión, nacieron dos niñas,
llamadas ambas Antonia. Sin embargo, en el 36 a. C. Antonio abandonará a Octavia
volviendo a Egipto con Cleopatra.

Octavio y Sexto Pompeyo (39 a. C. - 36 a. C.) [editar]Calmadas momentáneamente las


tensiones en el Triunvirato, Octavio procede a ocuparse de Sexto Pompeyo, el hijo
superviviente de Pompeyo, que dominaba con su flota el Mediterráneo occidental,
controlando de facto Cerdeña y Sicilia, y amenazando la provisión de trigo a Roma.

La primera opción de Octavio es la cooptación, y en el 39 a. C. acuerdan el Tratado de


Miseno, por el que Sexto Pompeyo se compromete a abastecer a Roma de trigo a
cambio del reconocimiento del dominio de Sicilia y Cerdeña y la concesión de Córcega
y Acaya.

En el 38 a. C., se procede a la renovación prevista del Segundo Triunvirato por otros 5


años.

En el 37 a. C., Octavio cambia de política respecto a Sexto Pompeyo, y llega al Tratado


de Tarento con Marco Antonio, que cede su flota a Octavio a cambio de apoyo
económico y la recluta de legiones en Italia para una futura campaña contra los Partos.

En el año 36 a. C., la flota de Octavio, encomendada a Agripa, derrota a Sexto Pompeyo


en las batallas de Milas y Nauloco, siendo posteriormente asesinado por los hombres de
Octavio.

Octavio y Lépido: Ruptura y preterición (36 a. C.) [editar]En paralelo a las


operaciones navales, Lépido había procedido a invadir Sicilia, donde trata de atraerse a
los sextianos, con el fin de conservarla para sí. Sin embargo Octavio se presenta en la
isla y consigue atraerse a las tropas de Lépido.

Octavio acusa de traición a Lépido, y procede a su destitución como triunviro. Sin


apoyos, Lépido cede sus dominios de Sicilia y África a Octavio, que le perdona la vida
y lo envía a Roma, desprovisto de todos sus títulos, excepto el de Pontifex Maximus que
conserva hasta su muerte el 13 a. C.

Octavio y Marco Antonio: ruptura del Triunvirato y Guerra Civil (36 a. C. - 30 a. C.)
[editar]Desde la creación del Segundo Triunvirato, el marco de actuación de Marco
Antonio es Oriente. Entretanto, Octavio, sin dejar de consolidarse en Occidente,
refuerza su red de apoyos en Roma, a la par que desarrolla una campaña de desprestigio
contra Marco Antonio, al que presenta como subordinado a los intereses de Cleopatra y
poco patriota, al adaptarse a los modos y tradiciones orientales, y, sobre todo, egipcias.
La situación se torna cada vez más tensa, sobre todo a raíz del incumplimiento del
Tratado de Tarento (Octavio evita que las tropas reclutadas se unan a Marco Antonio
cuando éste las reclama) y del abandono de Octavia por Marco Antonio en el 36 a. C.,
cuando vuelve a Egipto con Cleopatra.

En el 34 a. C., Marco Antonio, sin las tropas italianas prometidas, lleva a cabo una
campaña contra los partos, que fracasa, aunque logra ocupar Armenia.

Durante el año 33 a. C. la situación empeora entre Octavio y Marco Antonio. En primer


lugar, Marco Antonio cede algunos de los territorios conquistados a Cleopatra, en pago
por los suministros materiales, económicos y militares que ésta ha aportado, aunque
esto es presentado por Octavio y sus propagandistas como el primer paso para la
fundación de un reino helenístico, con base en Egipto. En segundo lugar, Marco
Antonio, para contrarrestar lo anterior y buscar apoyos entre los cesarianos, se nombra
tutor de Cesarión, al que proclama como hijo legítimo de Julio César. A su vez,
Octavio, para diluir los posibles apoyos a Marco Antonio, publica el testamento de
Marco Antonio, en el que no aparecen ni Octavia ni sus hijas, legalmente herederas
según el Derecho Romano.

Las hostilidades estallan en la Guerra Ptolemaica, en el 32 a. C., declarada por Octavio.


Ésta se decidió el 2 de septiembre de 31 a. C., en la gran batalla de la bahía de Actium,
en la costa occidental de Grecia, en la que Marco Vipsanio Agripa derrota a la flota
romano-egipcia, mientras sus rivales huyen a Egipto.

Octavio les persigue hasta Egipto, tomando Alejandría el 2 de agosto de 30 a. C. Marco


Antonio se suicida. Cleopatra también se suicida después de que se le explicara el papel
que jugaría en el desfile triunfal de Octavio; y Cesarión, el supuesto hijo de Julio César
y Cleopatra, "fue asesinado sin remordimiento alguno".[39]

Augusto como pretor Octavio se convierte en Augusto: la creación del Principado


[editar] La Devolución de Poderes y Restauración de la República [editar]Con la parte
occidental del Imperio Romano dominada, y cuyo control se había reforzado con un
juramento de lealtad a Octavio antes de la batalla de Actium en 31 a. C., la política
octaviana durante la Guerra Ptolemaica había sido tendente a atraerse a los orientales.
Así, perdonó la vida e integró en su ejército a las 19 legiones que se habían rendido.
Asimismo, fueron parte de los 120.000 veteranos asentados como colonos en Oriente,
con la doble función de recompensar a estos y controlar el territorio. En consecuencia,
después de la derrota de Marco Antonio y Cleopatra, el Oriente le apoyó, colocando a
Octavio como el único gobernador de todo el Imperio Romano.

Los casi 100 años de guerras civiles, habían dejado a Roma en una situación de casi
total anarquía, con una estructura estatal obsoleta, una situación legal confusa, pero no
preparada para un Estado regido por una sola persona, aunque fuera Octavio. No
obstante, Octavio no podía entregar su autoridad sin riesgo de más guerras civiles entre
los generales romanos, e incluso, aunque él no lo hubiese querido, su posición como
líder le exigía que cuidase del bienestar de las provincias. Así, Octavio disolverá sus
fuerzas personales, llevando a cabo unas elecciones, en las que resultará elegido cónsul,
con lo que ahora estaba legalmente al mando de las legiones de Roma.

Fundamento Legal del Principado [editar]La condición de Princeps Civium (el "primer
ciudadano") sólo implica la de "primus interpares ("primero de los iguales"), se basa en
la aceptación general (consensus universorum) por parte del resto de la ciudadanía. Los
Poderes (Potestae) del Princeps derivan de su Ejemplaridad, que alimenta su Prestigio
(Dignitas), aunque son formalmente conferidos según los principios constitucionales
romanos, básicamente por el Senado.

El Primer Pacto (27 a. C. - 23 a. C.) [editar]El 13 de enero de 27 a. C., Octavio


devolvió oficialmente al Senado romano sus poderes extraordinarios (potestas omnium
rerum), proclamando la "Restauración de la República", proponiendo resignar el mando
militar sobre Egipto y dimitir del consulado.

Según algunas fuentes, esta situación causó alborotos entre la plebe de Roma, lo que
condujo a un compromiso entre el Senado y Octavio denominado Primer Pacto el 16 de
enero de 27 a. C., en el que se delimitan los poderes civiles, militares, religiosos y título
y honores de Octavio, así como el área de acción del Senado.

Octavio mantiene el consulado (que renovará anual y sucesivamente hasta el 23 a. C.), y


que es el basamento constitucional de su poder.

Se dividen las provincias en dos grupos:

Provincias Senatoriales: son las ya pacificadas, aunque se sustrae Siria por ser base
imprescindible contra los Partos. Apenas cuentan con 30% de las tropas (ejércitos de
África y ejércitos pretorianos aunque estos están bajo el mando del cónsul). Son: Bética,
Italia, África, Sicilia, Macedonia, Acaya, Asia, Bitinia Ponto y Cirene. Posteriormente,
en el mismo 27 a. C. se añadirá Chipre y en 22 a. C., se añadirá la Narbonense.
Provincias Imperiales: son aquellas en la que están la mayoría de los ejércitos. En ellas
los poderes de Octavio son proconsulares, lo que le confiere el mando (imperium) sobre
las tropas y le permite nombrar legados (Legati Augusti pro praetore provinciae). Lo
constituyen las provincias de Lusitania, Tarraconense, Galia, Galia Narbonense,
Córcega, Cerdeña, Dalmacia, Ilírico, Cilicia y Siria. El grupo se ampliará en diferentes
momentos y por diferentes causas: en el 25 a. C. el rey Amintas de Galacia, lega su
reino que se convierte en la provincia de Galacia. En el 22 a. C. se transforma la
Narbonense en provincia senatorial. En 16 a. C., el grupo se amplía, por la
reorganización de la Galia, que se divide en Aquitania, Bélgica y Galia Lionesa. En el
mismo año conquista Nóricum y el año siguiente, 15 a. C., Retia. La adhesión de
provincias continúa los años 12 con Germania Inferior, 10 de Panonia y, finalmente, el
año 6, Judea. También pierde provincias por reorganización, como en el caso del Ilírico
el año 9.
Al dominio de Octavio se añade Egipto como posesión personal, así como la
supervisión sobre los reinos vasallos: desde el 26 a. C. Mauritania, el 20 a. C.
Capadocia y Armenia y el 14 a. C. el Reino del Bósforo.

Los aspectos económicos se regulan también dividiéndolos:

El Senado administra el Tesoro Público (aerarium populi romani).


Octavio administra el Tesoro del Emperador (Fiscus). Además cuenta con las rentas de
Egipto en exclusiva.
En el aspecto simbólico, importante por ser donde reside la Auctoritas de donde deriva
la Potestas de Octavio, el Senado le otorga dos honores o títulos clave:

Augustus: es un título religioso que no denotaba autoridad política, pero que confería al
Princeps un status sagrado; tal status colocaba su cargo y sus decisiones en un rango
casi divino. Según el contexto socio-religioso de la época, el título simbolizaba la
autoridad de Octavio sobre la humanidad, y trascendía cualquier definición de su estado
constitucional. Además, el título Augustus, servía para fomentar una transición a un
reinado pacífico en contraste con la ola de terror que le había llevado al poder bajo el
nombre Octaviano.
Princeps: había sido un título bajo la República Romana para los que habían servido
bien al Estado; entre los antecedentes cercanos está Pompeyo el Grande.
En este mismo campo de lo simbólico, el Senado otorgó a Octavio el privilegio legal de
llevar la corona cívica de roble y laurel. Esta disposición supera la tradicional usanza, en
la que se otorgaba sólo a generales romanos victoriosos, y se sostenía por encima de la
cabeza sujeta por un esclavo que constantemente le repetía la frase, "Recuerda, eres
mortal". El hecho que a Octavio se le había concedido el derecho de ponerse la corona
(no simplemente portarla encima de la cabeza), es quizás la señal más clara de la
creación de una monarquía de facto.

Estas acciones hubieran sido altamente anormales de ser emitidas por el Senado
romano, pero éste ya no era el mismo cuerpo de patricios que había asesinado a César.
Marco Antonio y Octavio habían eliminado del Senado a los elementos cómplices del
asesinato, y remplazado con partidarios leales.

El 2° Pacto (23 a. C. - 19 a. C.) [editar]En las elecciones consulares de 23 a. C.,


Octavio Augusto renuncia a presentarse al consulado, después de llegar a un arreglo con
el Senado de Roma.

Por el conocido como Segundo Pacto, Augusto renuncia al Consulado el 1 de julio de


23 a. C.

A cambio asume el poder tribunicio (tribunicia potestas), pero no el título de tribuno,


con carácter vitalicio. Esto le confiere numerosas competencias:

Convocar al Senado.
Convocar las Asambleas de la Plebe.
Derecho de veto de las decisiones del Senado y las Asambleas de la Plebe.
Presidir las elecciones.
Derecho a intervenir en primer lugar en cualquier reunión.
También se le confiere la autoridad moral tribunicia (tribunicia auctoritas morum), que
generalmente estaba reservada al Censor; esto incluye el derecho de supervisar la moral
pública y escrutar las leyes para asegurar que respondían al interés de los ciudadanos.
También habilita para llevar a cabo el censo y, con ello, determinar la validez,
económica, social y moral, para acceder al Senado.

Ningún tribuno romano había tenido jamás tales poderes y en tal combinación. Si los
poderes de censura fueron otorgados a Augusto como parte de su autoridad de tribuno, o
si simplemente asumió estas responsabilidades, es todavía un asunto de debate.

En el aspecto militar, a Augusto se le concedió la ampliación territorial y funcional de


sus poderes: la "autoridad sobre todos los procónsules" (imperium proconsulare maius
et infinitum), que le concedía el derecho de intervenir en cualquier provincia, imperial o
senatorial, del Imperio Romano y anular cualquier decisión de cualquier gobernador.
Incidentalmente, Augusto se convirtió en el único individuo capaz de recibir triunfos
dado a que era mando supremo del ejército romano.

Pese a los nuevos poderes y a la renuncia al consulado, retiene alguna de las funciones
consulares, principalmente el abastecimiento de trigo (cura anonae) de Roma y el
mantenimiento y control de las calzadas (cura viarum).

La imposición del 3° Pacto: La consolidación definitiva (19 a. C.) [editar]En el año 19


a. C. Augusto procura un nuevo pacto, por el cual asume nuevos poderes, sin renunciar
a los anteriores, lo que implica la total consolidación del poder de Augusto:
El consulado pleno y, en esta ocasión, vitalicio.
El cargo de Censor y Vigilante de las Costumbres (cura morum)..
Con el tiempo, asumirá o se le concederán nuevos cargos y honores:

En el 13 a. C., se le concede el poder militar (imperium) dentro de los límites de la


ciudad, (pomerium) de Roma: todas las fuerzas armadas en la ciudad, antes bajo el
control de los prefectos urbanos, pasan al mando de Augusto, que reforma la Guardia
Pretoriana, que se estableció en Roma como una unidad especial de escolta personal del
emperador y de protección de la familia imperial.
En el 12 a. C., después de la muerte de Lépido, accede al cargo de Pontifex Máximus.
En el 10 a. C., recibe el último de los honores que le serán conferidos: Padre de la Patria
(Pater patriae).
El siglo de Augusto [editar]
El Ara Pacis - Panel sur con una procesión.La audacia de Augusto le llevó al poder y su
gobierno se caracterizó por la prudencia con la que gobernó. A cambio del poder
absoluto y la confianza que el pueblo había depositado en él, Augusto dio a Roma 40
años de paz cívica y de prosperidad constante, el período conocido históricamente como
la Pax Augusta, o paz augusta. Creó el primer ejército permanente y la marina de guerra
de Roma y colocó a las legiones a lo largo de las fronteras del Imperio Romano, donde
no podrían involucrarse en la política. También reformó las finanzas de Roma y los
sistemas fiscales.

Política exterior [editar] Ampliación territorial [editar]La política exterior de Augusto,


ha sido definida como de "redondeo de fronteras", y evitó tanto renovar el
enfrentamiento finisecular con el Imperio Parto como las guerras de entidad,
exceptuando la incursión en Germania.

Península Ibérica [editar]Así, la primera ampliación territorial, corresponde a esta


política de aseguramiento de fronteras, con la conquista del resto del territorio de la
Península Ibérica. Las primeras acciones de las Guerras Cántabras empezaron en el 29
a. C. y se consideró oficialmente cerrada en el 24 a. C., aunque un rebrote de rebelión en
el 22 a. C. obligó al envío de Agripa, que acabó con la rebelión en el 19.

Galacia [editar]Otra ampliación, en el 25 a. C., deriva del legado del rey Amintas de
Galacia, cuyo reino había sido confirmado por Marco Antonio en el 36 a. C. y
aumentado con territorios de Pisidia, Licaonia y partes de Frigia y de Isauria. Vencido
en el 31 a. C. por el propio Octavio Augusto, se le mantuvo en el trono como vasallo,
con la condición del legado testamentario.

La Frontera del Danubio [editar]Los territorios alpinos fueron conquistados después de


las incursiones de los galos y las fronteras se extendieron al Danubio Superior. La tarea
fue encomendada a sus hijos adoptivos Tiberio y Druso, que conquistaron el Nórico en
el 16 a. C. y la Retia en el 15 a. C.

El avance hacia el Danubio Medio continuó con la reconquista de Panonia en la Guerra


de Bato entre los años 6 y 9.

La Frontera del Elba y el Rin [editar]El interés por región de Germania (Alemania
moderna) es la política expansiva más mantenida en el tiempo, desarrollándose en
varias campañas:
Del 12 a. C. al 9 a. C., Druso somete a los Sicambros, Téncteros, Usípetes, Vindelices,
Bátavos, Frisones y Caucos. También conduce a las legiones contra Marcómanos y
Cuados, antes de morir.
El relevo lo toma, del 8 a. C. al 6 a. C., Tiberio, en su Primera Campaña, alcanzando el
río Elba.
La Segunda Campaña de Tiberio se desarrolla entre los años 4 y 6, dirigida contra los
Queruscos, con los que llega a un Tratado, los Longobardos y los Marcomanos
encabezados por Marbod, aunque debe abandonar para trasladarse a Panonia.
La expansión en Germania acaba con la victoria de Arminio, en alemán Hermann, que
aniquila 3 legiones al mando de Varo el 9 en la batalla del bosque de Teutoburgo.
Después de eso Augusto evacua la Germania Magna, aceptando el Rin como la frontera
norte permanente del Imperio Romano.
El Imperio Parto [editar]En el este, cambió la política de agresión al Imperio Parto por
otra de contemporización, bien simbolizada por la devolución por parte de Fraates IV de
las águilas e insignias tomadas a Marco Licinio Craso y Marco Antonio tras el acuerdo
de no intervención en las áreas de interés.

Los Reinos vasallos [editar]En África, en el año 26 a. C., se sometió a vasallaje la


Mauritania.

En el Este, se satisfizo con establecer el control romano sobre Capadocia y Armenia y el


Cáucaso, a partir del año 20 a. C.

El grupo de reinos vasallos se completa el 14 con el del Bósforo.

Política interna [editar]En materias domésticas, Augusto canalizó la abundancia


enorme traída de todo el Imperio Romano para mantener al ejército feliz con pagos
abundantes, y a mantener a los ciudadanos de Roma contentos con juegos magníficos y
obras que embellecieron la capital. Según unas fuentes, Augusto se jactó que había
"encontrado a Roma de ladrillo, y la había dejado de mármol". Asimismo, construyó la
Curia, un nuevo hogar para el Senado, construyó los templos de Apolo y del Divino
Julio, así como una capilla cerca del Circo Máximo. El templo Capitolino y el teatro de
Pompeyo se registran como proyectos de Augusto, cuyo nombre no fue mencionado a
propósito. Fundó un ministerio de transporte que construyó una red extensa de calzadas
que mejoró la comunicación, el comercio y el servicio de correos. Augusto también
fundó la primera brigada de bomberos del mundo, y creó una fuerza regular de policía
para Roma.

Estatua de bronce de Augusto, Museo Arqueológico de Atenas La economía


[editar]Los gobernantes romanos entendían poco sobre la economía, y Augusto no era
ninguna excepción. Como todos los emperadores, exigió demasiado a la agricultura y
gastó el crédito en los ejércitos, los templos y los juegos. Una vez que el Imperio
Romano dejó de extenderse, y no había nuevos botines de las conquistas, la economía
comenzó a estancarse y a declinar con el tiempo. El reinado de Augusto se considera
así, en cierta manera, como el punto alto del poderío y prosperidad de Roma. Pero,
aunque Augusto colocó a los soldados jubilados a través del Imperio Romano en un
esfuerzo de restablecer la agricultura, la capital siguió siendo dependiente del grano
traído de Egipto.
La Religión y la Moral [editar]Augusto promovió la religión tradicional romana,
especialmente el culto a Helios, y presentaba la derrota de las fuerzas egipcias ante los
romanos, como la derrota de los dioses de Egipto por los de Roma.

Durante su gobierno llevó a cabo una cruzada de valores morales, regulando el


matrimonio (prohíbe el casamiento entre senatoriales y descendientes de libertos), la
familia y la procreación, a la vez que desalentaba los lujos, el sexo desenfrenado
(incluyendo la prostitución y la homosexualidad) y el adulterio. La campaña, iniciada el
18 a. C., llevó a su propia hija Julia al destierro bajo cargos de adulterio, y
posteriormente a su nieta, también llamada Julia.

Las artes [editar]Como patrón de las artes, Augusto dotó de favores a poetas, artistas,
escultores, y arquitectos. Se considera que durante su reinado la literatura romana
(latina) alcanzó su edad de oro. Horacio, Tito Livio, Ovidio, y Virgilio prosperaron bajo
su tutelaje, pero a su vez, tuvieron que pagar tributo a su genio y adherirse a sus normas.
(Ovidio fue desterrado de Roma a lo que hoy es Rumanía por haber violado los códigos
de moralidad de Augusto).

Esta época fue llamada la época de oro porque en esta es en donde se da el auge y
decadencia de dos géneros en especial en la literatura romana: La poesía y la prosa. Para
la poesía fue un periodo de gran ayuda ya que esta se desarrolló de una manera muy
fácil a causa de que después de tantos enfrentamientos en Roma, los ciudadanos no
tenían de que preocuparse materialmente (gracias a los botines acumulados de tantas
guerras) y de esta manera su tiempo lo dedicaron a la literatura, a las artes como tal. En
la poesía expresaban su horror hacia la guerra y las inquietudes de la política. El poema
que más se destacaba en esta época era la elegía que venia de la inspiración personal.
Generalmente las elegías le cantaban al amor y era cultivada por múltiples poetas de la
época.

En cambio, la prosa, empieza a decaer y lo hace bastante. La prosa fue un recurso muy
utilizado durante la República, especialmente por los políticos de la época, para contar
sus historias, los discursos que hacían frente al senado apoyando, criticando o estando
en contra de algo o alguien del senado que no estuviera de acuerdo con sus propuestas.
Sin embargo, bajo el régimen de Augusto esta decayó considerablemente ya que la
elocuencia no tiene función alguna y la elocuencia judicial tampoco puede tener un
papel importante porque todas las causas son juzgadas o por el emperador o sus
mandatarios y este juicio es a puerta cerrada.

La mayoría de los prosistas de la República eran políticos. Los pocos supervivientes que
quedaron de la época de la República fueron: Asinio Polion, que escribió una Historia
de las guerras civiles , y Meselas con sus Memorias. Los prosistas del Principado en su
mayoría eran hombres de letras como Cicerón, los historiadores Tito Livio, Trogo
Pompeyo y Fenestella o el arquitecto Vitrubio.

Fue patrocinador de la Eneida de Virgilio con la esperanza que ésta aumentara el


orgullo de la herencia romana en el pueblo. Con el pasar del tiempo, se ganó el aprecio
de la mayoría de la clase intelectual romana aunque, en privado, muchos todavía
deseaban volver a los tiempos de la República. Usó los juegos y las fiestas públicas para
su propia gloria y la de su familia y para consolidar su popularidad con las masas.
Cuando murió, una vuelta al viejo sistema de la República era inimaginable. La única
cuestión que quedaba sin resolver a su muerte era quién le iba a suceder.

Sucesión [editar]El control que Augusto ejerció sobre el Imperio Romano, fue tal que
le permitió preparar su sucesión, introduciendo, si bien imperfectamente, el principio
hereditario.

El surgimiento del problema sucesorio [editar]Inmediatamente después del Primer


Pacto, Augusto enfermó, haciendo patente los problemas de sucesión. El propio
Augusto cedió el control de los símbolos y documentación del Gobierno a Agripa y
Mecenas, integrantes del círculo más cercano, los “Amigos del César” (Amici Caesaris).

Una vez recuperado, en año 24 a. C., Augusto empezó a preparar los mecanismos de
sucesión.

El primer candidato: Marcelo [editar]El primer sucesor considerado fue su sobrino


Marco Claudio Marcelo, hijo de su hermana Octavia. A tal efecto, lo convirtió en su
yerno, casándolo con su hija Julia la Mayor en el año 23 a. C. y que falleció al poco,
víctima de una intoxicación. Aunque las fuentes antiguas tienden a acusar a Livia,
esposa de Augusto, de su muerte, así como de otras varias, no existen pruebas al
respecto.

El segundo candidato: Agripa [editar]El siguiente candidato pareció ser Agripa, su


mano derecha desde los primeros tiempos, al que casó con la recientemente enviudada
Julia la Mayor. Fruto del matrimonio nacieron cinco hijos:

Cayo César el 20 a. C.
Julia la Menor el 19 a. C.
Lucio Julio César Vipsanio el 17 a. C.
Agripina la Mayor el 14 a. C.
Marco Vipsanio Agripa Póstumo el 12 a. C., así llamado porque nació después de que
Marco Agripa muriera.
Una señal que confirmaría su consideración como posible sucesor, es el haber sido el
único personaje con el que Augusto compartió la Potestad Tribunicia, con la que
gobernó el Oriente del Imperio Romano, a partir del 18 a. C., en principio por un plazo
de 5 años. La muerte de Agripa en 12 a. C., impide saber si se le hubieran renovado las
competencias.

Los hijos de Livia: Tiberio y Druso [editar]Los hijastros que Livia había aportado al
matrimonio con Augusto, fruto de su anterior marido Tiberio Claudio Nerón, no fueron
en ningún caso postergados, siendo adoptados por Augusto y encomendándoseles
diversos cargos y misiones de alto rango, como por ejemplo las Campañas en Germania.

Asimismo, Augusto propició el matrimonio de Tiberio, al que ordenó divorciarse de


Vipsania Agripina, con su hija, recién enviudada de Agripa, Julia la Mayor. Augusto
prefería claramente al hijo menor, Nerón Claudio Druso Germánico, hasta el punto de
presionar al Senado para permitir a Druso ejercer cargos 5 años antes de la edad
reglamentaria. Sin embargo, Druso morirá en Germania el 14 de septiembre de 9 a. C.;
mientras, Tiberio mantendrá tales diferencias con Augusto que dimitirá de sus cargos en
el 6 a. C. y se autoexiliará en Rodas en el año 5 a. C.
Los hijos de Agripa [editar]El favor que Augusto había concedido a Agripa, se
trasladó a su descendencia, y así, adoptó rápidamente a sus dos hijos mayores, Cayo
César y Lucio César, en el mismo año 12 a. C. Que los preparaba para ser sus sucesores
parece claro, por cuanto al alcanzar los 15 años, al vestir la toga virilis, fueron
nombrados Príncipe de la Juventud, (Principem Iuventus), el primero en el año 4 a. C. y
el segundo en el 2 a. C.

Póstumo César y Tiberio [editar]El tercer hijo varón, Póstumo César o Agripa
Póstumo, no fue inicialmente adoptado, al parecer por el deseo de Augusto de que
hubiera continuidad del apellido familiar, pero debido a las tempranas muertes de Cayo
Julio en el año 4 hallándose en Licia y de Lucio César en el año 2 en Marsella, también
acabó siendo adoptado por Augusto el 26 de junio del año 4.

La temprana edad de Agripa Póstumo, impelió a Augusto a reclamar a Tiberio en


Roma, que fue adoptado el mismo 26 de junio de 4, aunque con la condición de que
adoptaría a su sobrino Nerón Claudio Druso, lo que hizo el 27 de junio de 4, esto es al
día siguiente.

La doble adopción, no confirió estabilidad a la sucesión, antes bien, enfrentó a ambos


herederos.

Muerte de Augusto y Ascenso de Tiberio [editar]El 19 de agosto del 14, Augusto


muere en Nola. Póstumo Agripa y Tiberio habían sido nombrados coherederos. Sin
embargo, Póstumo había sido desterrado y muere antes de poder acceder al trono por
una conspiración fomentada por Livia quien quería a su hijo como emperador pero para
Tiberio fue fácil asumir los mismos poderes que había tenido su padrastro.

El legado de Augusto [editar]


Retrato de Augusto: detalle de la famosa estatua de Prima Porta.El reinado de Augusto
sirvió para cimentar el Imperio Romano, un régimen que duraría cientos de años hasta
su decadencia y caída. Tanto su nomen adoptivo, César, como su título, Augusto, se
convirtieron en títulos ostentados por quienes gobernaron el Imperio Romano durante
cuatro siglos, tanto en Occidente como en Oriente, y aún en el siglo XV se usaban en
Constantinopla. En muchos idiomas César se convirtió en sinónimo de emperador. Los
títulos zar (en ruso, "Царь" - Tsar' - que proviene de "Цесарь" o César) y káiser
(alemán, Kaiser) son derivados del nombre o título César y continuaron en uso hasta el
siglo XX. Poco tiempo después de morir Augusto, el 19 de septiembre del 14, fue
deificado (consecratio) adorado como un divus. El culto al Divino Augusto continuó
hasta que la religión oficial del Imperio Romano fue cambiada a la cristiandad por
Teodosio I en el siglo IV. Testamento de su legado son el gran número de estatuas y
bustos eregidos en su honor, así como también el mausoleo que originalmente contenía
las columnas de bronce con las obras de la vida de Augusto llamada Res Gestae Divi
Augusti.[40] Muchas copias de ese texto se inscribieron a lo largo del Imperio Romano
tras su muerte[41] , con traducciones al griego en muchos lugares y en edificios
públicos como, por ejemplo, el tempo de Ankara.[42]

Sin embargo, pocas de las obras escritas por Augusto han pervivido. Entre las que sí que
han llegado a nuestros días se encuentras los poemas Sicilia, Epifanio y Ajax, una
autobigrafía de 13 tomos, un tratado filosófico y un texto refutando al Eulogio de Catón
de Marco Junio Bruto.[43] Los historiadores también han utilizado algunas cartas
escritas por Augusto y dirigidas a otras personas para obtener algunos datos adicionales
sobre su vida personal.[44] [45]

Muchos consideran a Augusto el emperador más grande de Roma; sus políticas


ciertamente extendieron la vida del Imperio Romano e iniciaron la Paz romana también
conocida como Pax Augusta. Era inteligente, decisivo, y un político sagaz, pero quizás
no tan carismático como Julio César, y en ocasiones tomó decisiones influenciado por
su tercera esposa, Livia. Como resultado, Augusto no posee tanto renombre como su
antecesor, y a menudo es confundido con el primero. No obstante, su legado demostró
perdurar más en el tiempo. La ciudad de Roma fue transformada completamente bajo el
mando de Augusto.

Se crearon las primeras fuerzas policiales y de bomberos institucionalizados,


estableciendo al prefecto municipal como un cargo permanente.[46] La fuerza de policía
se dividió en cohortes de 500 hombres, mientras que las fuerzas de bomberos llegaron a
estar dotadas por entre 500 y 1.000 hombres, con 7 unidades asignadas a 14 sectores de
la ciudad.[46] Se nombró a un praefectus vigilum (prefecto de vigilancia) como mando
directo de los cuerpos de vigilancia policial y anti-incendios de Roma.[47] Además,
habiendo finalizado las guerras civiles en Roma, Augusto pudo también crear un
ejército profesional para el Imperio Romano, compuesto por unas 28 legiones que
suponían unos 170.000 soldados.[48] El ejército estaba apoyado por numerosas
unidades de tropas auxiliares de 500 soldados cada una, reclutadas a menudo en zonas
conquistadas recientemente.[49] En el año 6 Augusto estableció el aerarium militare,
donando 170 millones de sestercios al nuevo tesoro militar con el que se pagaba tanto a
los soldados activos como a los retirados.[50] Por último, uno de los legados de carácter
político-militar que más durarían entre las instituciones romanas sería la Guardia
Pretoriana que creó en 27 a. C. En origen se trataba de una guardia personal en el campo
de batalla, que fue evolucionando para convertirse en una guardia imperial y en un
importante cuerpo político de Roma.[51] Después de Augusto, la Guardia Pretoriana
tuvo poder suficiente para intimidar al Senado y para deponer y elegir emperadores. El
emperador Majencio fue el último al que sirvieron, y fue Constantino I quien disolvió el
cuerpo a comienzos del siglo IV, destuyendo sus barracones, los Castra Praetoria.[52]

Con las finanzas del estado como base del mantenimiento de las carreteras que
atravesaban Italia, Augusto creó también un sistema oficial de correos, con la creación
de una serie de postas gestionadas por el praefectus vehiculorum.[53] Además de una
mejora en las comunicaciones de los ciudadanos del Imperio Romano, la mejora y
ampliación de la red viaria permitió una movilidad sin precedentes del ejército romano a
lo largo y ancho del Imperio Romano.[54]

Augusto representado conforme al estilo egipcio en un relieve del templo de Kalabsha,


en Nubia.Aunque llegó a ser el individuo más poderoso del recién creado Imperio
Romano, Augusto quiso representar el espíritu de la virtud y las leyes de la República.
También quiso tener relación y conexión con la plebe y los ciudadanos desfavorecidos.
Para ello hizo gala de una gran generosidad a la vez que ofrecía una imagen de persona
poco dada a los lujos y los excesos. En el año 29 a. C., Augusto pagó 400 sestercios por
persona a un total de 250.000 ciudadanos, 1.000 sestercios a cada uno de los 120.000
veteranos de las colonias, y dedicó 700 millones de sestercios a la compra de tierras
para que sus veteranos pudieran establecerse.[55] También restauró 82 templos con el
fin de mostrar su preocupación por las deidades romanas,[55] y en 28 a. C. ordenó
fundir 80 estatuas de plata erigidas a su imagen y en su honor en un intento de aparentar
un carácter modesto y frugal.[55]

En una visión retrospectiva del reinado de Augusto y su legado al mundo romano, su


longevidad no debe obviarse como un factor clave en su éxito. Tal y como apunta
Tácito, las generaciones más jóvenes que estaban vivas en el año 14 no habían conocido
otra forma de gobierno que el principado.[56] Si Augusto hubiera muerto a edad más
temprana, la historia podría haberse desarrollado de distinta forma. El desgaste que
supusieron las guerras civiles en la vieja oligarquía republicana y la longevidad de
Augusto, por lo tanto, debe verse como factores de gran importancia en la
transformación del estado romano en una monarquía de facto a lo largo de estos años.
La experiencia de Augusto, su paciencia, su tacto, y su perspicacia política jugaron un
papel fundamental a lo largo de su mandato. Puso las primeras piedras de lo que sería el
Imperio Romano, desde la creación de un ejército profesional que estableció en las
fronteras, al principio dinástico que tan a menudo se utilizó en la sucesión imperial,
pasando por el embellecimiento de la capital mediante obras financiadas por el
emperador. Su legado final fue la paz y prosperidad de la que el Imperio Romano gozó
durante los siguientes dos siglos bajo el sistema político que el inició. Su memoria se
consagró durante la época Imperial como el paradigma de buen emperador. Todos los
emperadores posteriores adoptaron su nombre, César Augusto, que fue perdiendo
gradualmente su carácter de nombre propio para convertirse en un título.[4] Poetas
contemporáneos como Virgilio u Horacio alabaron a Augusto como defensor de Roma
y de la justicia y moral, un individuo que cargaba con el peso de la responsabilidad de
mantener el Imperio Romano.[57] Sin embargo, Augusto también ha sido objeto de
críticas a lo largo de los años por su gobierno sobre Roma y por crear el principado. Por
ejemplo, el jurista romano contemporáneo Marco Antistio Labeón, orgulloso de los días
previos a la era de Augusto en los que había nacido, criticó abiertamente el régimen del
principado.[58] Tácito (c. 56 - c. 117), por su parte, escribió al comienzo de sus Anales
que Augusto había subvertido con astucia la República Romana en un régimen de
esclavitud.[58] Continuaba diciendo que, con la muerte de Augusto y el juramento de
lealtad a Tiberio, el pueblo romano simplemente intercambió un amo por otro.[58] Sin
embargo, Tácito también recoge en su obra dos visiones contradictorias, a la vez que
comunes, de Augusto:

Fragmento de una estatua ecuestre de Augusto.Personas inteligentes el alabraon o


criticaron de diversos modos. Una opinión era la siguiente. El deber filial y la
emergencia nacional, en la que no había lugar a una conducta respetuosa con la ley, le
llevaron a una guerra civil - y esto no puede ser promovido ni mantenido por métodos
decentes. Hizo concesiones a Antonio y a Lépido con la finalidad de obtener la
venganza sobre los asesinos de su padre. Cuando Lépido se volvió viejo y perezoso y
Antonio se entregó a la auto-indulgencia, la única posible cura para un país distraído era
el gobierno por un solo hombre. Sin embargo, Augusto puso en orden el país no
mediante su alzamiento como rey o dictador, sino creando el principado. Las fronteras
del Imperio Romano estaban en el océano o en ríos distantes. Los ejército, provincias,
flotas, el sistema entero estaba interrelacionado. Los ciudadanos romanos estaban
protegidos por la ley. Los provincianos eran tratados decentemente. La propia Roma
había sido embellecida profusamente. La fuerza se había usado con moderación,
simplemente para preservar la paz de la mayoría.

Tácito[59]
Por otro lado, y según la versión opuesta:

El deber filial y la emergencia nacional fueron meros pretextos. En realidad, el motivo


de Octaviano, el futuro Augusto, fue el ansia de poder (...) Ciertamente hubo paz, pero
fue una paz cubierta de sangre por los desastres y asesinatos.

Tácito[60]
Tácito tenía la opinión de que el emperador Nerva (r. 96-98) sería el único capaz de
mezclar dos conceptos opuestos: el principado y la libertad.[61] El historiador Dión
Casio, del siglo III, consideraba a Augusto un gobernante benigno y moderado aunque,
al igual que muchos historiadores posteriores a la muerte de Augusto, le consideraba un
autócrata.[58] El poeta Marco Anneo Lucano (39-65 d. C.) opinaba que la victoria de
César sobre Pompeyo y la caída de Catón el joven (95-46 a. C.) marcaron el final de la
libertad en Roma. Sobre el particular, el historiador Chester G. Starr, Jr. escribe que es
posible que con ello estuviese expresamente evitando criticar a Augusto de forma
directa.[61]

En épocas más recientes, el escritor Jonathan Swift (1667-1745), en su obra Discourse


on the Contests and Dissentions in Athens and Rome, cricó a Augusto por instaurar la
tiranía en Roma, y hacía una comparación entre la monarquía constitucional del Reino
Unido y la república romana del siglo II a. C.[62] El almirante e historiador Thomas
Gordon (1658-1741) comparó a Augusto con el tirano puritano Oliver Cromwell (1599-
1658)[62] e insistió, al igual que hizo Montesquieu, en que Augusto se comportó como
un cobarde en batalla.[63] Augusto también sería tildado de "gobernante maquiavélico",
"usurpador sediendo de sangre", "malvado y despreciable" y "tirano" por el historiador
Thomas Blackwell.[63]

Reformas económicas [editar]


Moneda de Augusto encontrada en el tesoro de Pudukottai, en India, y actualmente
expuesta en el Museo Británico.
Imitación india de una moneda de Augusto. Siglo I. Museo Británico.Las reformas
económicas que Augusto implementó en Roma tuvieron un gran impacto sobre el éxito
posterior del Imperio Romano. Augusto hizo que una gran porción del terreno sobre el
que se había extendido el Imperio Romano pasase a estar bajo control e imposición
directa de Roma, en lugar de extraer una cifra variable, intermitente y en cierto modo
arbitraria de impuestos de cada provincia local, como había ocurrido hasta entonces.[64]
La reforma incrementó enormemente la cifra neta de ingresos que Roma percibía de sus
nuevos territorios, estabilizando el flujo y regularizando la relación financiera entre
Roma y las provincias, en lugar de provocar resentimientos continuos ante cada nueva
exacción de tributos.[64] Las cifras impositivas durante el reinado de Augusto se
determinaban por el censo de población, con cuotas fijas para cada provincia en función
del número de habitantes.[65] Los ciudadanos de Roma y de Italia pagaban impuestos
indirectos, mientras que las provincias debían pagar impuestos directos a Roma.[65]
Entre los impuestos indirectos se contemplaba un impuesto del 4% sobre el precio de
los esclavos y un 1% sobre los bienes vendidos en subasta, así como un impuesto de
sucesiones del 5% sobre aquellas herencias cuyo valor fuese mayor de 100.000
sestercios y siempre que el parentesco entre el causante y el heredero no fuese de primer
grado.[65]

Asimismo, otra reforma de gran importancia fue la abolición del sistema privado de
recolección de impuestos que ejercían los publicanos, que sería reemplazado por un
servicio público de carácter funcionarial de recolectores de impuestos. En la era
republicana el sistema habitual había sido el de los publicanos, contratistas privados que
habían llegado a tener suficiente poder como para influir en la política de Roma.[64]
Los publicanos habían ganado muy mala fama y una gran fortuna personal gracias a la
adjudicación de los derechos de recaudación de impuestos en áreas locales.[64] Roma, a
través del sistema de subasta, otorgaba el derecho de recaudación de impuestos a la
persona que más ingresos ofreciese a Roma, y el beneficio del publicano se basaba en
todas aquellas cantidades que fuese capaz de recaudar por encima de la cifra ofertada,
contando para ello con la bendición de la metrópolis. La falta de una supervisión
efectiva, combinada con el deseo de los publicanos de maximizar sus beneficios, supuso
la creación de un sistema de exacciones arbitrarias que a menudo era muy cruel con los
contribuyentes. Era un sistema ampliamente percibido como injusto, y muy dañino para
la economía.

Además, la conquista de Egipto por Augusto supuso una nueva fuente de ingresos para
financiar las operaciones del Imperio Romano.[66] Dado que políticamente la región
fue considerada como una propiedad privada de Augusto en lugar de una provincia del
Imperio Romano, se convirtió en parte del patrimonio de los futuros emperadores.[67]
En lugar de a un legado o a un procónsul, Augusto colocó como administrador de
Egipto a un prefecto de la clase ecuestre con la misión de administrar Egipto y mantener
sus lucrativos puertos. Este puesto se convirtió en el mayor logro político que podía
alcanzar alguien de la clase ecuestre, aparte del de Prefecto del pretorio.[68] Esta tierra
de gran productividad aportó enormes recursos a Augusto y a sus sucesores, con los que
pudieron financiar obras públicas y expediciones militares,[66] además de «pan y circo»
para el pueblo de Roma.