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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ANTIGUA – 2º Cuatrimestre 2016

Ficha de clase: lunes 22/08/2016 (17-19hs.)


Prof. Esteban Bieda

Unidad 2. Los filósofos presocráticos

Heráclito.
Segunda parte  
 

[Los sabio y el lógos: unidad de la sabiduría y crítica a la polymathíe. Crítica a la tradición:


Hesíodo, Pitágoras (B50, 40, 129, 57, 32). Los opuestos. La armonía (B51). Los sentidos de
“armonía”: ensamble físico de partes, reconciliación de opuestos, armonía musical. El arco y
la lira (B51). Las distintas clases de opuestos (B61, 60, 111, 88). El lógos no como superación
o supresión de los opuestos, sino como la tensión misma (B67). La imposibilidad de la
transgresión (B94). La guerra y la discordia (B125, 8, 80, 53). La organización de la pólis
(B114, 44). La imagen del río (B12).]

Lo sabio va a ser otro nombre característico del Lógos. Sabiduría y Lógos coinciden;
ser sabio es conocer el Lógos y lo sabio. Lo primero que se nos dice, respecto de esta
sabiduría especial, es que es una unidad. Entonces, lo sabio es considerar que todas
las cosas son una. El conocimiento se reduce, por lo tanto, a conocer una sola cosa. El
conocimiento es pensado en época del propio Heráclito –pero, incluso, actualmente
también– como una acumulación de variados y múltiples conocimientos. Pero
Heráclito está insistiendo en que en realidad se trata de conocer una sola cosa. Eso es
ser sabio. Ahora bien, no se trata de cualquier cosa. Heráclito está abogando por un
conocimiento único, de una sola cosa, que es la única cosa. Ese es el punto: al mismo
tiempo que está conociendo una sola cosa está conociendo todas las cosas. Es una
totalidad no compartimentada cuantitativamente. Una vez más, volvemos a esta
realidad del Lógos que se sustrae a lo meramente visible, que es cuantitativamente
múltiple. Entonces lo sabio, como otro de los nombres para el Lógos, remite, en
primer lugar, a que se trata de un conocimiento, frente a las inteligencias particulares.
Esta característica de único que se relaciona mucho con la de sabiduría, Heráclito la
subraya bastante en contra de aquello que él llama polymathía (en realidad,
polymathíe, porque Heráclito usa un dialecto jónico, pero digámosle polymathía,
porque así lo van a encontrar en la literatura crítica). Polymathía es una palabra griega
que tiene dos partes, esa raíz math que tenemos en “matemática”, que significa
“conocimiento”, “conocimiento adquirido”, “aprendizaje”, y ese poly que remite a
“mucho”. Heráclito encara una férrea crítica a lo que él llama polymathía, es decir, a
quienes saben muchas cosas.
Entendiendo, entonces, por polymathía el conocimiento de muchas cosas, dice el B40:

DK 22B40

La polymathía no enseña a comprender;

lo habría enseñando, si no, a Hesíodo y a Pitágoras,


así como a Jenófanes y a Hecateo.

Asistimos a una fuerte crítica a filósofos y poetas. Me interesa, más allá de los
nombres propios, el primer verso del fragmento: “La polymathía no enseña a
comprender”. De modo que conocer muchas cosas no es tener conocimiento. Se ve,
una vez más, que conocer el Lógos no es producto de la acumulación de
conocimientos particulares, no resultado de un procedimiento inductivo o de
abstracción a partir de casos particulares.
Recuerden el B1, que comenzaba así:

Aunque este discurso (lógos) existe siempre

los hombres se vuelven incapaces de comprenderlo

tanto antes de oírlo como una vez que lo han oído

En aquel momento habíamos hablado de cómo incluso haber oído el Lógos no implica
tener comprensión y cómo lo que Heráclito está entendiendo por “comprender” se
sustrae a la acumulación de datos, que es de otra índole. De ahí que acumular
conocimientos no implica ser sabio. Esto tiene algo de clima de época. Si bien varias
décadas más adelante, el verso 395 de las Bacantes de Eurípides dice:

Tò sophòn ou sophía

Literalmente “Lo sabio no es sabiduría”. Ser sabio no es lo mismo que poseer


sabiduría. Y aquí podemos entender por “sabiduría” esto que Heráclito llama
polymathía, esto que tiene que ver con la acumulación de saberes. Ser sabio no tiene
que ver con conocer muchos datos. Aquí se ve, también, la crítica de Heráclito a la
tradición. Ya habíamos visto la crítica a Homero, ahora aparecen Hesíodo, Pitágoras,
etc. En el B129 sigue esta línea crítica:

DK 22B129

Pitágoras, hijo de Mnesarco, cultivó la ciencia más que todos los


otros hombres, y haciendo una selección de tales tratados, forjó una
sabiduría propia: polymathía, saber equivocado (kakotekhníe).  

Esta traducción de “saber equivocado” es muy benevolente con Pitágoras, porque lo


que dice el término griego kakotekhníe puede traducirse como “técnica malvada” o
“técnica perversa”, que serían traducciones más literales. De modo que la polymathía
es definida como un arte perverso. En definitiva, fíjense el oxímoron que Heráclito
detecta en la sabiduría de Pitágoras, porque dice “forjó una sabiduría propia”. La
fórmula “sabiduría propia” en el sistema de Heráclito es una unión imposible, porque,
si es sabiduría, es única, es común, eterna, etc., y, si es propia, es esta inteligencia
particular de los lógoi particulares. Pitágoras incurre en esa contradicción conceptual,
por eso la polymathía es kakotekhníe.
El caso de Pitágoras es especialmente criticable porque para Pitágoras la realidad se
explica en términos de los números, que son múltiples principios. Entonces, un
pluralista, sea lo que sea aquello que postule como principio, para Heráclito ya es un
kakotekhnités, algo así como un especialista del mal. Hay una connotación moral
también en la crítica a la tradición. No es indiferente: las personas a las que Heráclito
nombra son los referentes de la Grecia continental y de la Magna Grecia o la Grecia
del Asia Menor donde vive Heráclito, son los referentes intelectuales de su época.
Consideremos el B57:

DK 22B57

Maestro de la mayoría, Hesíodo;

están seguros que éste sabe la mayor parte de las cosas,

quien no llegó a conocer el día y la noche:

en efecto, son una [sola cosa].

Se critica a Hesíodo en tanto maestro de la mayoría, todos citan a Hesíodo. Fíjense, en


principio, que esta referencia a que llegó a conocer la mayor parte de las cosas ya lo
pone del lado de la polymathía. Ha llegado a conocer multiplicidad de cosas, frente a
la unicidad del Lógos. Consideren que uno de los libros más famosos de Hesíodo se
llama Los trabajos y los días. Ustedes saben cómo es el marco de ese texto: Hesíodo
tiene un hermano, recibe una herencia y el hermano lo estafa con la herencia.
Entonces Hesíodo, que evidentemente era un hombre amable, le dice que el trabajo
dignifica. Entonces, le dice cómo tiene que trabajar durante los distintos días del mes.
A continuación describe los trabajos a acometer durante cada día. Es una especie de
manual de instrucciones de lo que su hermano debería hacer diariamente. Ahora bien,
Heráclito critica a Hesíodo por ignorante, que no llegó a conocer que es todo una
misma cosa. Hasta ese nivel de rusticidad habría llegado Hesíodo, que ni siquiera
llegó a distinguir que día y noche son una sola cosa.
A propósito de esta crítica a la tradición aparece ese misterioso B32:

DK 22B32

Uno, lo único sabio (sophón), quiere y no quiere ser llamado con el


nombre de Zeus.
¿Qué es uno, lo único sabio? El Lógos. Acá aparece esta relación de tensión con la
tradición olímpica: quiere ser Zeus, pero también no quiere ser llamado con el nombre
de Zeus. Piensen que Zeus es sinónimo del rey de los dioses olímpicos, algo así como
lo que oficia de arché en el Olimpo y, por extensión, en el mundo de los mortales. En
un tono mítico, sabemos que la omnipotencia de Zeus no es tal, no puede todo, pero
en definitiva, por lo menos omnisciente es. Entonces llevar al Lógos a este estatus
también lo deja en esta zona de poder. Vamos a ver más adelante que también se lo
llama “dios” al Lógos.
Ahora, en esto de “quiere y no quiere”, donde también se anticipa esta cuestión de los
opuestos, se ve algo que a nosotros nos puede servir. De todos estos nombres que le
estamos poniendo al Lógos ninguno es privilegiado. El Lógos es y no es todo esto al
mismo tiempo. Entonces, quería ver el B32 para considerar de nuevo esta tensión con
la tradición. También podría no criticar a Pitágoras, no mencionar a Hesíodo, podría
desentenderse de aquello, pero parte de su misión filosófica también contempla
desenmascarar a todos los que tienen kakotekhníe. Porque Hesíodo es maestro de la
mayoría, primero hay que desandar ese camino.
Para seguir ahondando en esta cuestión de lo sabio, que es algo bastante importante,
dijimos que, en principio, se lo entiende por algo único, por oposición a lo múltiple de
la polymathía. El B108 dice:

DK 22B108

De cuantos he escuchado los discursos,

ninguno llega al punto de comprender

que [lo sabio] es distinto de todas las cosas.

En principio, al hablar de “discursos” nos ubica del lado de los lógoi múltiples. Al
mismo tiempo, nos ubica del lado de la polymathía. De modo que estamos en el
mismo ámbito de problemas. Quienes producen los discursos no tienen comprensión,
de manera que polymathía no implica comprender, como señalábamos hace un
momento. Reparen en que cada palabra, una vez que entramos en el universo de
sentido heraclíteo, empieza a resonar con otras de otros fragmentos. Son cosas de las
que ya hemos hablado, pero que aparecen con otros matices.
Ese “distinto” que aparece al final del fragmento se puede traducir como “separado” o
como “diferente”. Consideren que debería tener como referencia tanto la
multiplicidad de cosas como los propios hombres hablan acerca de esas cosas, pero, al
mismo tiempo, es una separación que no puede ser absoluta. Es una separación que,
no obstante, mantiene alguna clase de comunicación. Lo importante, más allá de esto
último, es que con esta característica de “separado” o “diferente” –no de manera
absoluta- se está haciendo de la sabiduría algo no humano. Cuando digo “no humano”
me refiero a que, en general, el conocimiento es puesto del lado de un agente que
conoce un objeto a conocer, mientras que acá lo sabio no es puesto del lado del
hombre, lo sabio es el objeto, es aquello que hay que conocer. Sabio es el objeto: lo
que se debe conocer es lo sabio.
Incluso esta división entre sujeto y objeto de conocimiento con el B101 cae por sí
misma:

DK 22 B 101

Me investigué a mí mismo.

Este fragmento echa por la borda esta división entre sujeto y objeto. Entonces no hay
que entender “separado” o “diferente” en términos absolutos, sino tan sólo
lógicamente. La separabilidad es, en todo caso, una operación intelectual, dado que en
la realidad todas las cosas son una (B50).
En el B41 resuena esto que hablábamos respecto de Zeus:

DK 22B41

Una sola cosa lo sabio: conocer el designio que gobierna todo a


través de todo.

Acá resuena la figura del Zeus olímpico que gobierna todo a través de todo como el
rey de los dioses, y, por añadidura, de los hombres también; de modo que vuelve a
aparecer el carácter único de lo sabio, que todo lo regula o mide. Aparece también
esta cuestión de “designio” (gnóme), que incluimos en nuestro cuadro. Ch. Kahn lo
traduce como “plan”, que considero más interesante, porque supone una organización
de todas las cosas. Pero reparen en esta aclaración: gobierna todo a través de todo. No
se trata de que gobierna todo a través del rayo, como Zeus. El Lógos gobierna todo a
través de todo, quiere ser Zeus, pero no quiere ser Zeus, porque no gobierna todo a
través del rayo. Gobierna todo a través de todo. Ahí volvemos otra vez a esta cuestión
de que la separación no es tajante. El Lógos gobierna todas las cosas, pero a través de
las cosas mismas, porque todas las cosas son una: el Lógos. No se trata, pues, de algo
separado de las cosas (como Platón dirá de las Ideas, que están en un ámbito distinto
al sensible), sino que forma parte de ellas, es ellas, las constituye, regula, mide, causa,
ordena, etc.
Consideren, pues, que acá no hay una división a la platónica. Platón interpreta a
Heráclito (a quien conoce por su discípulo Crátilo, como veremos) platonizándolo.
Esta división de planos en Heráclito puede estar sugerida, la podemos reconstruir,
pero cuando leemos fragmentos como el B41 vemos que en realidad no es tal: no es
que hay una cosa que es el Lógos y otra cosa que son los múltiples particulares
sensibles. No hay división de ámbitos, hay unicidad, que no se riñe con multiplicidad.
“Uno” puede ser lo contrario de “múltiple”, pero no se contradicen, ambos pueden ser
afirmados al mismo tiempo respecto de lo mismo. Entonces, puede ser lo opuesto,
pero no se contradice, entendiendo por “contradicción” dos cosas que dichas en el
mismo sentido y respecto de lo mismo y al mismo tiempo no pueden darse. Acá se
pueden dar unidad y multiplicidad, día y noche, ser y no ser Zeus. Eso es lo sabio:
entender que las cosas son así.
En lo que resta de la clase me interesa avanzar hacia el tema de la tensión de
opuestos. Consideremos entonces la tríada que podríamos denominar: opuestos,
armonía y guerra, tres conceptos centrales de Heráclito.
Leemos el B51:

DK 22B51

No entienden cómo lo divergente converge consigo mismo: armonía


de tensiones opuestas, como la del arco y la lira.

Reparen en que el fragmento comienza con un “no entienden”, lo cual


inmediatamente nos remite a todas las cuestiones que ya estuvimos trabajando
(haciendo referencia a las inteligencias particulares, en contraposición al carácter
único del Lógos, etc.). Prestemos atención a la noción de armonía. Según Ch. Kahn
“armonía” en Heráclito se puede entender de tres maneras:

Armonía - Ensamble de partes

- Reconciliación de opuestos

- armonía musical  

Entonces se puede entender armonía, primero, como un ensamble físico de partes; en


segundo lugar, como un principio de reconciliación de opuestos y, en tercer lugar, en
un sentido musical. El término griego harmoníe, dice Kahn, se puede entender en esos
tres sentidos, y Heráclito usa los tres. Cuando Heráclito dice “armonía” están en juego
los tres sentidos. Esta armonía de tensiones opuestas también es otro nombre del
Lógos, porque, en concreto, esta armonía de tensiones opuestas es lo más parecido a
una definición de qué es en definitiva el Lógos. Venimos diciendo cómo es el Lógos:
es uno, es sabio, unifica la multiplicidad… pero, en concreto ¿en qué consiste esa
unicidad? ¿Cómo puede ser que algo único concentre en sí mismo lo múltiple? La
manera en que algo único puede concentrar en sí mismo lo múltiple es, según
Heráclito, en una situación de tensión entre fuerzas opuestas. Si nosotros pensamos
una situación de tensión entre fuerzas opuestas ocurre que esa imagen nos aporta una
multiplicidad, a saber, esas dos o más fuerzas opuestas, multiplicidad que, no
obstante, se resuelve en la tensión que las aglutina y organiza. En definitiva, llegamos
a un punto en que tenemos que explicar qué es concretamente este Lógos que
organiza el mundo, que es único, que se diferencia de la multiplicidad pero la
contiene. La imagen que usa Heráclito es la de armonía de tensiones opuestas, imagen
que nos permite hacer coincidir la unidad y la multiplicidad. Obviamente esta armonía
es invisible, y es mejor que la visible. Con “invisible” quiero decir que a simple vista
se pueden ver uno o dos de los componentes en tensión, pero la armonía subyacente
es invisible.
Quiero detenerme en estas dos imágenes que utiliza Heráclito para ilustrar este punto
de la armonía de tensiones opuestas, me refiero al arco y la lira, porque son
sumamente fértiles y no están elegidas al azar. En principio, si pensamos en la lira, en
términos musicales la figura es bastante evidente: como instrumento de cuerdas,
producto de la combinación del sonido de cada una de las cuerdas se produce un
sonido único en lo que habitualmente se llama “acorde”. Pero también la lira da
cuenta de esta tensión, porque la particularidad que tiene la lira, lo mismo que la
guitarra y que cualquier instrumento de cuerdas, es que está en una situación de
violenta tensión, porque las cuerdas están haciendo muchísima fuerza hacia adentro,
mientras que la madera, o el material del que sea el instrumento, está sosteniendo esa
tensión hacia afuera.
Sin embargo, en estas fuerzas, unas que tiran para un lado –la madera- otras que tiran
para el otro –las cuerdas- en el objeto se fusionan en una sola cosa, en donde no están
claras a simple vista estas fuerzas en tensión. Sin embargo, es el producto de una serie
de tensiones opuestas. Mucho más aun en el caso del arco. A tal punto que si uno
corta la cuerda de un arco, el brazo del arco se estira muchísimo. Eso da cuenta de una
fuerza que tira hacia fuera –el arco- y una fuerza que tira hacia dentro –la cuerda-. A
su vez la imagen del arco le sirve a Heráclito para dar cuenta de la propia tensión
entre la flecha y la cuerda al momento de tirar.
Uno de los modos más interesantes en que se ha interpretado el arco refiriendo a la
situación del arquero al momento de tirar. Porque el brazo del arquero al momento de
tirar del arco está haciendo fuerza hacia fuera, la cuerda del arco hacia dentro, la fecha
hacia atrás, un brazo del arquero tirando para afuera y otro tirando para adentro. De
manera que el arquero antes de tirar la flecha es una combinación de fuerzas opuestas
que se resuelven en esa imagen. Lo que le ocurre al arquero, lo que le ocurre a la lira,
es lo que le ocurre al mundo. Esa es la situación en la cual está en mundo en cada una
de sus partes, reguladas y ordenadas por el Lógos.
Otra cosa que resuena en esto es que la lira es el instrumento favorito de Apolo y
Apolo es el señor cuyo Heráclito esta en Delfos, aquel que se menciona en el B93:

DK 22B93

El señor de quien hay en Delfos el oráculo,

no dice ni oculta, sólo da signos.

Y el arco es el arma de Apolo. Tengan presente la resonancia de fragmentos. No se


eligen porque sí el arco o la lira. Tengan presente también que la lira es el instrumento
que, además de simbolizar la situación erótica, es símbolo de la paz; mientras que el
arco es símbolo de la guerra. Reparen en qué medida asistimos a tensiones opuestas.
Usando la propia expresión del B51: divergencias que convergen.
Consideremos el B67, donde también podemos recuperar el nombre de dios para el
Lógos. Leemos:
DK 22B67

El dios:

día noche, invierno verano,

guerra paz, saciedad hambre,

toma diferentes formas, al igual que el fuego,

que, cuando se mezcla con especias, es llamado según el aroma de


cada una.

El Lógos es todo esto: día noche invierno verano guerra paz saciedad hambre, porque
en griego eso no tiene comas. Piensen que el lenguaje escrito tiene este problema de
irrenunciable diacronía o sucesión espacial. Heráclito quiere ser sincrónico, porque
todas las cosas son una. La manera que tiene de dar cuenta es no poniendo
conjunciones en el texto, tratando de superponer términos. Recuerden la crítica de
Aristóteles que vimos la primera clase. Heráclito no pone conjunciones porque trata
de dar cuenta del Lógos, pero resigna inteligibilidad según Aristóteles.
Este dios que es el Lógos toma diferentes formas. Entiéndase por “toma diferentes
formas” diferentes formas audibles o visibles. Es decir, aparece de distintas maneras,
pero no por eso deja de ser uno. Y vuelve a aparecer la imagen del fuego en el B67,
que la semana pasada ya habíamos explicitado en qué sentido le servía a Heráclito. El
fuego es aquello que siendo múltiple –porque está cambiando permanentemente- al
mismo tiempo es uno y tiene la capacidad de hacer de multiplicidad de elementos
disímiles una sola cosa. Recuerden lo que mencionábamos la clase pasada: si tenemos
un fuego lo suficientemente fuerte podemos fundir toda clase de materiales
transformándolos en una única cosa. Nosotros decimos verano, inverno, o, con
Hesíodo, día y noche, no detectando que son la misma cosa, de la misma manera que
el fuego huele de determinada manera porque se le ha echado determinada esencia, y
es llamado con el nombre de la esencia. Esos nombres que el fuego adopta son modos
que tiene de aparecer en distintas circunstancias, pero el fuego es uno. Guerra y paz,
saciedad y hambre son nombres que damos a una realidad que circunstancialmente se
manifiesta de estas maneras pero que en realidad es una. No hay guerra o paz, sino
guerra y paz. No hay saciedad o hambre, hay saciedad y hambre. Es circunstancial que
en algunos momentos nombremos de una manera y en otros momentos de otra. La
exhortación de Heráclito es que, aun cuando nombremos de manera diferente, no
perdamos de vista que la realidad es una.
En su capítulo sobre Heráclito, Kirk, Raven y Schofield encuentran cuatro clases de
opuestos distintas en los fragmentos:
Kirk- Raven

4 clases de opuestos 1) Mismas cosas producen efectos contrarios (B61).

2) Aspectos diferentes de la misma cosa (B60).

3) Cosas que son buenas, solo posible si se reconoce su opuesto

(B111).

4) Opuestos que son literalmente lo mismo en sucesión sin más

(B88).  

En primer lugar, mismas cosas que producen efectos contrarios; como, por ejemplo,
en el B61:

DK 22B61

Mar, agua purísima e impurísima;

para los peces, potable y saludable,

para los hombres, impotable y mortífera.

Los opuestos en este caso tienen que ver con una misma cosa –el mar- que produce
efectos contrarios según quien lo perciba.
En segundo lugar, aspectos diferentes de la misma cosa; como, por ejemplo, en el
B60:

DK 22 B 60

El camino arriba y abajo es uno y el mismo.

En tercer lugar, cosas que son buenas solo posibles si se reconoce su opuesto; como
ejemplo ponen el B111:
DK 22 B 111:

La enfermedad hace a la salud agradable y buena

el hambre a la saciedad

la fatiga al reposo.

Para que el reposo sea bueno tiene que haber fatiga, ahí está esta compensación que
permite que la cualificación sea posible en uno de los pares de opuestos.
Finalmente, el cuarto sentido, opuestos que son literalmente lo mismo en sucesión sin
más. Kirk y Raven ponen como ejemplo el B88:

DK 22 B 88

Como una misma cosa está en nosotros lo viviente y lo muerto, lo


despierto y lo dormido, lo joven y lo viejo.

El fragmento sigue un poco más pero me interesa hasta ahí. Uno de los opuestos
sucede al otro, pero en realidad están en lo mismo, dicen Kirk y Raven.
Ya lo hemos leído, pero recuperemos el B10 –que habíamos leído a propósito de que
todas las cosas son una- para este tema de los opuestos. Tomen nota de que la
cuestión de los opuestos también está ahí.

DK 22 B 10:

Conjunciones, cosas completas y no completas, convergente


divergente, consonante disonante, de todas las cosas una y de una
cosa todas las cosas.

Tengamos en cuenta que esta tensión es precisa: no puede prevalecer uno de los
opuestos. Esta armonía tiene que darse con límites precisos, es medida. ¿Qué pasa si
se rompe esa armonía? Lo contrario de armonía en griego se dice hýbris, término que
quizás conozcan por la tragedia, y que en el B94 se aplica prácticamente al mundo en
su totalidad:

DK 22B94

El sol no transgredirá sus medidas, si no, las Erinias, ayudantes de


Díke, lo pondrán en descubierto.
Reparen en la red conceptual: Sol, fuego, Apolo, Lógos. Esta armonía no puede
trascender sus medidas, no puede ir por fuera de esta lógica medida. Las Erinias son
las que vengan los crímenes de sangre, son las que persiguen a Edipo por ejemplo.
Pero me interesa más la mención a Díke, la Justicia, que es otro de los nombres del
Lógos. Existe una justicia que hace que el mundo esté en perfecta tensión. Si algo de
eso se descompensa se produce injusticia cósmica, no puede ocurrir que el sol se salga
de su medida.
Para terminar hoy, y como puente para la semana que viene, consideremos el B125,
otro fragmento fundamental para este tema:

DK 22B125

También el ciceón se descompone si no se lo agita.

El ciceón es una bebida de cebada que debe ser agitada para poder ser consumida,
para evitar que sus partes se separen. ¿A qué viene esta mención? A que esa tensión
de fuerzas opuestas no es una tensión pacífica, estrictamente en reposo, sino que
supone una situación de violencia permanente para que se traduzca en esta unidad que
es el mundo. Es a partir de este fragmento que decantamos en el concepto heraclíteo
de la guerra, porque la guerra y la discordia, de acuerdo al B80:

DK 22B80

Hay que saber

que la guerra es común,

y que la justicia es lucha,

y que todo sucede por lucha y necesidad.

La guerra es común, está en todos lados, es permanente. El cosmos heraclíteo es un


cosmos bélico, conflictivo, es un cosmos en discordia, en lucha y tensión permanente.
La guerra tiene la particularidad de que, haya cuantos bandos haya, se denomina en
singular, es la Guerra. Y en esa guerra confluyen todas esas tensiones opuestas, donde
a veces prevalece una y a veces otra, pero la guerra, lo que organiza ese conflicto
permanente, es una. Es lo que Heráclito llama Lógos.
El siguiente cuadro retoma los nombres del Lógos que estuvimos desarrollando
durante esta clase:
Lógos

• Eterno (B1, B30)

• Común (B2, B30, B1)

• Fuego (B30)

• Medida (B30, B1)

• Phýsis (B123)

• Sabio (B50, B41)

• [Zeus (B32)]

• Separado (diferente, distinto de todas las cosas) (B108)

• Designio (B41)

• Dios (B102, B67)

• Armonía (B51)

• Guerra (B80)

El B8 decía:

DK 22 B 8:

Lo opuesto convergente de las cosas divergentes bellísima armonía


y todas las cosas suceden según discordia.

Fíjense cómo ahí a nosotros nos resuenan la cuestión de la convergencia, las tensiones
opuestas pensadas en términos de cierta armonía. Por último, reparen en un sinónimo
de guerra que está presente en algunos fragmentos, éris, que traducimos por
“discordia” y que puede ser otro de los nombres para el Lógos. Esto de que todas las
cosas suceden según discordia supone que esa discordia es común, como
característica fundamental del Lógos. Con lo cual, decir que la guerra es común y que
la discordia es común, hace de la guerra y de la discordia sinónimos del Lógos.
Lo mismo en el B80, que habíamos comentado la clase pasada:

DK 22B80

Hay que saber

que la guerra es común,

y que la justicia es lucha,

y que todo sucede por lucha y necesidad.

Permítanme otra precisión de traducción: allí la palabra que Olivieri traduce por
“lucha” es éris, la misma que antes era traducida por “discordia”. Tengan en cuenta
que se trata del mismo término. Esta guerra, este estado de discordia, este estado de
tensión, en una realidad definida por estos opuestos que pugnan por imponerse uno al
otro, pero que nunca lo logran, es la característica constitutiva de la realidad. No es
este un conflicto que se resuelva; la realidad no es la resolución del conflicto: la
realidad es el conflicto. Ya habíamos citado Lo que hace a Grecia de Castoriadis,
quien, propósito de esta cuestión, dice:

Lejos de ser existencia pasiva de los contrarios la contrariedad de


Heráclito es a la vez determinación ontológica y principio activo -
lucha, discordia, guerra-. Todo lo que existe está en conflicto, no
solamente con las otras cosas sino consigo mismo.

Es decir, es determinación ontológica porque da cuenta del ser de las cosas, del ser de
la realidad; y, al mismo tiempo, es un principio activo, no es una determinación
pasiva, no es algo que le ocurre a la realidad sino algo que la realidad es. Ahí es
donde la imagen del arco y de la lira vuelve a ser bastante fuerte, porque la lucha no
es entre la lira y el violonchelo, por ejemplo, sino que es la lira para con la lira misma.
Esto un poco para retomar desde donde habíamos dejado la vez pasada.
Hay una última cuestión en la que me gustaría detenerme. Se trata del famoso B12.

DK 22B12

Para los que entran en los mismos ríos,

aguas fluyen otras y otras.


Esta manera de referirse a la interpretación heraclítea de realidad, particularmente
estos fragmentos referidos al río están muy presentes en Platón, por ejemplo en el
Crátilo de Platón, y en la Metafísica de Aristóteles. La interpretación estandarizada
que ha quedado de Heráclito, sobre todo a partir de su discípulo Crátilo, del que
hablaremos dentro de un momento, es esta especie de diagnóstico que Heráclito hace
de una realidad en la que todo está en permanente cambio, en permanente
movimiento, en que no hay ninguna clase de estabilidad posible. Este heraclitismo
extremo, en términos de movilismo extremo, supuestamente se funda en una serie de
fragmentos atribuidos a Heráclito, como el B12, que acabamos de leer, y en la
operativa imagen del río. Ahora, si uno le presta atención por un momento al B12, se
habla de cierto movilismo aparentemente ininterrumpido de las aguas que fluyen otras
y otras; ahora bien, ¿no hay ninguna clase de estabilidad en el B12? En principio se
habla del mismo río. Entonces, una cosa que podemos hacer a propósito del
movilismo del lado de las aguas, es encontrar estabilidad o identidad, en primer lugar,
en el cauce del río, que permanece. Pero no sólo eso. Consideren que nosotros no
decimos “los ríos de la Plata”, “los ríos Paraná” o “los ríos Rin”; si bien sus aguas
nunca son las mismas, nosotros encontramos un principio de estabilidad en estos
cursos de agua incesantes, y por eso los llamamos “río Paraná”, “río de la Plata” o
“río Rin”, por el cauce que permanece aun cuando las aguas cambian. Pero el cauce
no es tan sólo lo que permanece ante el cambio de las aguas, sino que es lo que le da
sentido al río. Un río sin cauce es una dispersión de agua: una laguna o un océano. No
hay ríos porque hay agua, sino que hay ríos porque hay cauce. Entonces, fíjense cómo
la relación entre el cauce y las aguas es una relación entre causal y explicativa, dado
que el cauce le aporta la medida al agua, oficia como una especie de Lógos. Muchas
de las características que le habíamos dado al Lógos (unidad, medida, razón, causa,
explicación) se aplican al cauce para las aguas. Un río sin cauce no tiene medida, no
es un río. Pero hay otra estabilidad/identidad mentada en el fragmento: la de los que
entran al río. Para poder identificar que las aguas son distintas tiene que haber
permanecido un mismo punto de vista de un mismo bañista. El punto de vista del
bañista también tiene que ser algo permanente, idéntico. No obstante lo cual, este
fragmento del río junto con otros se ha interpretado en términos de este movilismo
extremo: todo fluye como las aguas de un río y nada permanece. La idea del
fragmento, como verán por lo que estamos diciendo, no es simplemente insistir en una
movilidad, sino afirmar identidad y movilidad al mismo tiempo, dar cuenta de cierta
tensión, como la del arco y la lira, en una imagen como la del río. El fragmento del río
opone mismidad y diferencia, y las opone en una relación de sincronía y copresencia.
Porque la mismidad y la diferencia no se suceden en el tiempo, sino que son opuestos
que coinciden espacial y temporalmente, en el mismo lugar y al mismo tiempo está
ocurriendo que el mundo es uno y múltiple. Es cierto que desde ciertos puntos de
vista: desde el punto de vista del cauce es uno, desde el punto de vista de las aguas es
múltiple, pero en definitiva en la imagen completa esta tensión se registra
sincrónicamente. De modo que este fragmento del río no trata de dar cuenta de una
realidad en una especie de flujo universal y permanente, sino del carácter que toda la
realidad tiene en términos de multiplicidades y unidades, de oposiciones constitutivas,
que no se resuelven en una cosa distinta que ellas.
A propósito de estas cuestiones cito un pasaje de un texto de Aristóteles, porque
Aristóteles cuando nombra a Heráclito lo hace tal como él lo aprendió de Platón, el
Heráclito del movilismo extremo, que es el Heráclito de Crátilo. Sin embargo, en un
texto de Aristóteles llamado Meteorológicos, donde él estudia los fenómenos
naturales, se pueden detectar ciertas resonancias heraclíteas, aunque aquí Heráclito no
sea mencionado. Me refiero a Meteorológicos 357 b; cito este pasaje sobre todo para
que vean cómo este espíritu heraclíteo puede haber sobrevivido en los filósofos
posteriores, aun cuando no se lo nombre explícitamente. Cito:

¿Permanecerá el mar numéricamente uno y consistiendo en las


mismas partes? ¿O es él también uno en forma, mientras que sus
partes están en continuo cambio, como el aire y el fuego? Cada una
de estas cosas siempre deviene otra y otra, pero la forma y la
cantidad de cada una están fijas como la corriente de las aguas que
fluyen y de la llama, están todos involucrados en un proceso de
destrucción y generación que se da para todos ellos de manera
regular.

Hasta allí la cita. Reparen en que no nombra a Heráclito, sin embargo, parece un
principio heraclíteo tal como nosotros estamos pensado a Heráclito, aunque no como
el propio Aristóteles supuestamente lo aprendió. Entonces reparen en que podríamos
distinguir a Heráclito del heraclitismo. Este es un pasaje heraclíteo de Aristóteles,
aunque no esté mencionado Heráclito, aunque él no esté siquiera pensando en
Heráclito. El heraclitismo es más que Heráclito.
Para cerrar este tema me parece interesante leerles, a propósito de estas cuestiones, un
poema de Fervor de Buenos Aires, de Borges. Se llama “Final de año”

La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Reparen además en lo que dice Borges en otro poema llamado “Arte poética”:

El arte es esa Ítaca


de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable


que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
Es una imagen que está muy sembrada, en distintos contextos. Lo que nosotros
tendríamos que rescatar es esta situación de tensión que esa imagen presenta, entre un
movilismo en el plano de lo sensible, que está permanentemente presente para
Heráclito y que no puede ser asido de manera definitiva, a diferencia de este plano del
Lógos donde sí hay permanencia, sí hay una explicación, sí hay unidad.

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