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PROYECTO INVENTARIO Y DIAGNÓSTICO DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO E HISTÓRICO SUMERGIDO EN LA

RESERVA DE LA BIOSFERA BANCO CHINCHORRO, QUINTANA ROO. INAH/SAS

Veracruz, México, a 16 de mayo del 2019

DR. ROBERTO JUNCO SÁNCHEZ


SUBDIRECTOR DE ARQUEOLOGÍA SUBACUÁTICA
PRESENTE

Estimado Dr. Junco, en relación con lo que el arquitecto del Río menciona en su carta del 30 de abril del
presente año, a través de la cual expone una serie de circunstancias en contra de mi persona, del Dr.
Ciarlo y del equipo que conforma al proyecto Inventario y diagnóstico del patrimonio arqueológico e
histórico sumergido en la Reserva de la Biosfera Banco Chinchorro, Quintana Roo, las cuales
consideramos que son graves, debido al manejo descontextualizado y mal intencionado, de la
información presentada -tanto escrita como gráfica- se hacen necesarias las siguientes aclaraciones:

a. En primer término es necesario hacer un par de precisiones sobre la participación del Arq. del Río en
el proyecto. En el 2007 la Mtra. Pilar Luna, entonces Subdirectora de Arqueología Subacuática (SAS),
recibió un reporte de las actividades realizadas por del Río en Banco Chinchorro con apoyo de la
Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas durante el mes de agosto de 2006 (anexo 1). En
dicho reporte menciona que visitaron siete sitios con restos de embarcaciones, realizando su registro
básico –siendo necesario, debido al carácter preliminar de las observaciones, volver a registrarlos–.
Con base en dicho reporte se aprecia que los primeros registros elaborados por el Arq. del Río datan
del 2006 y no del 2002, además de que fueron sólo 7 y no 33 sitios, como él refiere1.
b. A partir del 2006, el arquitecto del Río se integra en los proyectos de la SAS en Chinchorro, como
colaborador en las temporadas de mar, participando en casi todas, y realizando aportaciones en los
campos de divulgación, registro y capacitación, así como en el fomento de la relación con pescadores
y prestadores de servicios. Sin embargo, contrario a lo que menciona, en estos años se tuvieron
problemas con sus actitudes, al tratar de imponer su autoridad, de modificar planeaciones de trabajo
de forma unilateral, cuestionando el por qué se invitaba a arqueólogos e investigadores de otras
disciplinas e instituciones al proyecto –criticando incluso en varias ocasiones el desempeño de los
mismos– e incluso negándose en un par de temporadas a participar en las actividades de los últimos
días, aumentando con ello la carga de trabajo para el resto de los asistentes.
c. Cabe destacar que este proyecto siempre se ha caracterizado por desarrollar una labor profesional e
interdisciplinaria, manteniendo altos estándares a pesar de las dificultades asociadas al trabajo en el
mar, toda vez que influyen variables que no se pueden controlar como las condiciones ambientales
(corrientes, vientos) o la pericia de los capitanes y marineros disponibles en la zona, contratados
directamente por el prestador de servicios para asistir al equipo de trabajo. El Arq. del Río ha
experimentado y sido partícipe en las campañas de mar, y conoce estas situaciones, que de forma
malintencionada crítica e imputa únicamente a la temporada del 2018. Los investigadores nos hemos
conducido cada vez con un alto estándar ético y profesional, privilegiando ante todo la seguridad de
los participantes, tratando de minimizar las afectaciones al entorno mediante la planeación de
actividades, colaboración en equipo y el trabajo cuidadoso en este tipo de contextos, procurando en
todo momento la preservación del patrimonio natural y cultural de la zona2.
d. Durante el 2018 se dieron algunas situaciones que limitaron la participación del Arq. del Río en la
temporada de campo: su falta premeditada de respuesta ante la invitación a formar parte de ella; la
organización unilateral, y pese a ello utilizando al proyecto y a la SAS como respaldo ante la CONANP,
del segundo curso de buceo en pecios con dicha Comisión, así como la organización de un curso de
la Nautical Archaeology Society en Banco Chinchorro, de los cuales ni tú, ni la Arqlga. Adriana
Velázquez, ex-Delegada del Centro INAH Quintana Roo, recibieron la notificación oportuna. Sin
embargo, con afán de seguir trabajando en pos del patrimonio cultural sumergido de la Reserva, y

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sin obligación de por medio, decidimos invitarlo para la segunda mitad de la temporada (del 20 al 30
de noviembre), a participar, como todos, en las distintas tareas establecidas en la propuesta de
trabajo aprobada previamente por el Consejo de Arqueología. Aun así, del Río mantuvo todo el
tiempo una actitud poco profesional y participativa, tanto en las planeaciones del trabajo diario –en
las que, habiendo tenido siempre oportunidad, no emitía opinión alguna– como en las maniobras de
fondeo de la embarcación, pese a ser instructor de buceo, en demérito de su trabajo y el del resto
del equipo.
e. En los dos últimos años, la participación del Arq. del Río se tornó aún más conflictiva a raíz de la
invitación al Dr. Nicolás Ciarlo, arqueólogo marítimo, para participar en el proyecto dada su amplia
experiencia en investigación, excavación, interpretación y análisis de materiales, entre otros temas
en relación con el estudio de naufragios históricos. Si bien no entendemos a qué se deben los ataques
del Arq. del Río al Dr. Ciarlo, de quien omite o desconoce su vasta formación y experiencia, fue notoria
su falta de capacidad para integrarse al equipo, tratar de adquirir nuevos conocimientos y profundizar
sus capacidades técnicas en torno al trabajo que realizan los arqueólogos.
f. El Dr. Ciarlo es un investigador internacional, Licenciado y Profesor en Ciencias Antropológicas con
orientación en Arqueología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires
(FFyL-UBA), con diploma de honor, y Doctor en Arqueología de esta misma universidad. En los últimos
15 años, el Dr. Ciarlo se ha especializado en arqueología marítima. Durante este período ha obtenido
diversas becas y premios internacionales, participado de numerosos proyectos como investigador y
formado parte del cuerpo docente de seminarios y posgrados de la especialidad en universidades de
su país y el exterior, contando en la actualidad con más de 50 publicaciones en el tema (ver su CV en
anexo 2). A raíz de una relación profesional con el Dr. Ciarlo, que se remonta a 2011, cuando ambos
participamos en un curso de especialización de la UNESCO en Cartagena, España, fue invitado a
participar primero en las actividades de campo e investigación del proyecto Chinchorro y, a partir de
este año, como co-director del mismo, dada la oportunidad para enriquecer y mejorar la ejecución
del proyecto, en beneficio también de la formación de los investigadores de la SAS y de la arqueología
marítima mexicana. Cabe señalar que la participación del Dr. Ciarlo hasta ahora ha sido enteramente
ad honorem, motivada exclusivamente por su compromiso para con la investigación y el crecimiento
de la especialidad en la región, único incentivo que lo ha llevado en varias oportunidades a estrechar
vínculos con otros centros de investigación. A raíz de su participación en numerosas excavaciones
subacuáticas de pecios históricos en su país y España, el Dr. Ciarlo cuenta con sobrada experiencia
arqueológica en el campo.
g. La falta de conocimientos teóricos y prácticos de del Río en relación con los naufragios históricos, en
parte debida a su formación en arquitectura, disciplina ajena a la arqueología, se ve reflejada en
múltiples aspectos que han tenido implicaciones negativas en relación con la investigación y la
formación de las nuevas generaciones de investigadores. Baste comentar que en 2017, cuando el Dr.
Ciarlo visitó por primera vez el pecio El Ángel, el Arq. del Río continuaba insistiendo a los jóvenes
arqueólogos y conservadores del proyecto que los restos que se apreciaban sobre el sedimento del
lecho correspondían a la cubierta del barco, tratándose en su lugar de las tablas del forro interno del
casco que conforman el plan (piso de la bodega). Esta y otras aseveraciones sin ningún sustento
técnico que del Río ha realizado a lo largo de los años, han demostrado que no está capacitado para
realizar tareas de investigación en el ámbito de la arqueología marítima, menos aún de dirección. Él
mismo se ha expuesto ante profesionales de la arqueología y disciplinas afines mediante este tipo de
acciones, siempre pretendiendo más de lo que puede aportar, lo que solo ha redundado en perjuicios
para el desarrollo de la especialidad.
h. En relación puntual con las actividades desarrolladas en 2017 y 2018 en el pecio El Ángel es necesario
aclarar varios asuntos que, vinculados con información errónea y acusaciones falsas, figuran en la
carta del Arq. del Río3. En el 2017, el Dr. Ciarlo fue invitado a participar como investigador visitante

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al proyecto por una semana, en la que realizó sus primeras observaciones sobre las características
del pecio en cuestión y colaboró con las actividades de campo, puntualmente en el levantamiento
planimétrico detallado de la estructura excavada. De allí derivó el apoyo a la interpretación que el
Arqlgo. Josué Guzmán sostenía sobre la sección del barco que se estaba trabajando, y que del Río
seguía contradiciendo sin fundamento alguno. La participación del Dr. Ciarlo transcurrió durante el
período que estaba previsto, ni más ni menos, que coincidió en el último día con el referido evento
de presión alta que sufrió el Dr. Landa, quien desde entonces se encuentra medicado por sufrir de
hipertensión (nada más lejos de un ‘ataque sugestivo’, como de forma tan deshonesta intenta hacer
creer del Río), sin que ello le impida practicar buceo. En 2018, el Dr. Ciarlo volvió al sitio, ahora como
corresponsable de las actividades de investigación arqueológica en el pecio, ocupándose de
programar las operaciones de excavación y registro de la estructura, conforme a preguntas y
objetivos de investigación precisos, junto a los demás arqueólogos participantes del proyecto. Las
actividades de operación y maniobra de la embarcación, por un lado, y de buceo, por el otro,
estuvieron a cargo de otras personas: el capitán y marinero del barco, en el primer caso; y los buzos
de mayor experiencia y acreditación, por el otro. En la primera parte de la campaña, esta última
responsabilidad recayó en Octavio González, y durante la segunda parte en del Río. Es en esta última
que ocurrieron algunos de los eventos que el mismo del Río reporta, no casualmente, en tono
acusatorio.
i. Resulta necesario describir brevemente las actividades desarrolladas en el sitio El Ángel, que
siguieron los más altos estándares de investigación, de la mano de profesionales arqueólogos y
conservadores especializados en el tema. La investigación se orientó a determinar las características
técnicas de la embarcación, con el objetivo de profundizar en el conocimiento de la época,
procedencia y función de la misma. Con tal fin, y continuando con las labores iniciadas en 2006, entre
2017 y 2018 se llevó a cabo una excavación parcial del pecio, siguiendo niveles artificiales, en varios
sectores. Como resultado, se liberaron decenas de los troncos que componían la carga en la proa y
centro del barco. Estos elementos, de diversas formas y tamaños, fueron etiquetados, numerados,
fotografiados y medidos. Una vez removidos los elementos muebles, que además del palo de tinte
incluyeron ladrillos, objetos metálicos concrecionados y placas de diferentes dimensiones y materia
prima, se alcanzó el forro interno. Cada nivel fue mapeado mediante dibujos a escala, fotografías y
videos. La información sirvió para avanzar en la planimetría del sitio, que a nivel general había
elaborado del Río a partir de los restos visibles sobre el lecho marino. En relación con este hecho, el
Dr. Ciarlo insistió a del Río para que trabajara junto a Josué Guzmán, quien se especializa en
arquitectura naval, en el procesamiento del material recabado en 2017 y 2018; sin embargo, del Río
decidió continuar trabajando solo. Por otro lado, se obtuvieron mosaicos y fotogrametrías de los
sectores excavados, tareas que estaban a cargo de Alberto Soto y Michel Segura, documentalistas
profesionales de la SAS-INAH; no obstante, una vez más, del Río decidió hacer otros registros
parciales por su lado, sin entregar a los directores las imágenes o videos correspondientes al 2018.
Luego del registro y muestreo de los hallazgos, todos los objetos fueron regresados al contexto
original y reenterrados (ver imágenes de las actividades en el sitio al final del documento). De resultas,
el pecio fue identificado como un barco de madera y propulsión a vela construido hacia la primera
mitad del siglo XIX, que transportaba un cargamento de palo de tinte o palo de Campeche
(Haematoxylum campechianum) (ver Carrillo Márquez 2018; Carrillo Márquez et al. 2018, para más
información).
j. En relación con la metodología empleada durante las excavaciones y registro de los restos, esta
consistió de una serie de herramientas que son de uso común dentro de la arqueología subacuática
(líneas base, cuadrículas de excavación y grillas de registro) desde hace más de 50 años, y que desde
entonces han sido volcadas al papel por numerosos investigadores tales como G. Bass, K. Muckelroy,
J. Delgado, J. Green, T. Maarleveld, P. Pomey, X. Nieto, M. Izaguirre, C. de Juan, etc. Ningún

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arqueólogo osaría, como sí lo hace el arquitecto del Río, atribuirse derechos de autoría sobre las
mismas, menos aún acusar a otros de adjudicárselas como propias. Otro fallo más de del Río,
producto de su falta de formación en arqueología y su desconocimiento sobre los métodos y técnicas
de trabajo subacuático convencionales, que son ampliamente utilizados en todo el mundo.
k. En relación a las desafortunadas maniobras náuticas que menciona del Río en su carta, es preciso
reiterar que de estas también fueron partícipes, con un grado importante de responsabilidad, el
capitán de la embarcación y el mismo del Río. Es preciso enfatizar que las operaciones con el ancla
siempre se hicieron sobre los fondos de arena. Además, atentos a la posibilidad de que el ancla
garreara debido a las corrientes y vientos imperantes, y que afectara a los corales de las
proximidades, las tareas de fondeo se repitieron varias veces hasta encontrar el sitio adecuado. Por
otro lado, los costales de arena a los que refiere del Río, que son usados para cubrir y proteger los
restos estructurales de madera expuestos durante las excavaciones, fueron arrojados desde la
embarcación (como es habitual) desde fuera del sitio y sin buzos en el agua, por razones de seguridad.
Unos pocos, con todo y que se tomaron las medidas para evitarlo, flotaron y derivaron, cayendo en
las inmediaciones de los corales, por lo que fueron reubicados en un arenal por fuera del sitio, previo
a su colocación, como se aprecia en las imágenes con que se ilustran más abajo las operaciones en el
sitio. El Arq. del Río, desligándose de responsabilidad alguna como responsable de las operaciones
de buceo, pretende de manera injuriosa hacer cargo de las maniobras con el ancla al Dr. Ciarlo,
omitiendo el rol del capitán y marinería del barco. Peor aún, no menciona que el incidente ocurrido
con la buzarda4 (refuerzo de hierro), por el que todos nos lamentamos y asumimos la responsabilidad,
puntualmente yo y el Dr. Ciarlo en calidad de directores del proyecto, ocurrió debido a un accidente:
la ruptura de la caña de acero del ancla de fondeo de la embarcación (parte de la cual quedó en el
lecho marino). Este evento imprevisible ocurrió mientras el Dr. Ciarlo y yo, junto a nuestras
respectivas parejas, nos encontrábamos buceando, mientras que del Río no realizó ninguna acción
en cubierta para minimizar sus consecuencias. Sobre las irresponsables acciones del capitán, en
particular el abandono de la embarcación en una ocasión y otros inconvenientes diarios, se habló
seriamente en varias oportunidades con el prestador de servicios (por teléfono primero, y en persona
al regresar a Mahahual), responsable de la embarcación y su tripulación, para informarle sobre las
irregulares actuaciones y omisiones del capitán. Compartimos en este punto la preocupación de del
Río por las poco profesionales actitudes del capitán del barco, quien por obvias razones no será
contratado nuevamente.
l. Durante todas las operaciones realizadas en el sitio, que fueron planificadas diariamente y puestas a
discusión entre todos los participantes de la campaña, el arquitecto del Río, quien pretende ser
nuevamente incorporado al proyecto, decidió obrar en busca de cualquier defecto que pudiera
socavar la entereza profesional, ética y compromiso de los demás participantes para con el estudio y
preservación del patrimonio cultural sumergido. Así, mediante denuncias falsas y difamaciones,
busca ensuciar a varios profesionales dedicados de forma genuina y con un hondo compromiso en el
patrimonio, a través de los malos actos de terceros, por un lado, y de un accidente que nos afectó a
todos, por el otro.
m. Por otro lado, y en relación con los comentarios del Arq. del Río relativos al tema de los cursos de la
Nautical Archaeology Society (NAS), cabe mencionar que se presentaron problemas similares poco
tiempo después de que la Dra. Vera Moya, el Dr. Rafal Reichert, el Arq. del Río y Laura Carrillo,
obtuvieron una licencia de la NAS del Reino Unido, para ofrecer cursos de capacitación en arqueología
náutica y costera en México. Sin embargo, la falta de profesionalismo de del Río, así como su
incapacidad para trabajar en equipo, derivaron en la separación del grupo (quedándose él con la
licencia gestionada por todos los integrantes), situación que fue notificada al Dr. Chris Underwood,
tutor del grupo y Oficial de Desarrollo Internacional de la NAS (anexo 3).

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n. En este punto es necesario mencionar que uno de los requerimientos solicitados por la NAS para
otorgar la licencia a este grupo fue que al menos uno de los tutores tuviera una relación laboral con
el INAH. Cabe aclarar que los costos de los cursos, impartidos por Vera, Rafal y Laura, incluyen tres
días de clases teóricas, cuatro inmersiones con un prestador de servicios, materiales y otros insumos,
aspectos que conllevan gastos, sin contar el traslado, alimentación y hospedaje del (os) tutor (es).
Todas las prácticas se realizan con el debido respeto a los contextos culturales y naturales, como
pueden testificar, de ser necesario, tanto los participantes como el prestador de servicios. Cabe
señalar que, contrario a lo que del Río expresa, los cursos NAS no promueven, ni permiten, ni implican
la “explotación de recursos” (https://www.nauticalarchaeologysociety.org/).
o. Dentro de este mismo tema, a petición tuya, Laura Carrillo integró una propuesta de Lineamientos
para la impartición de cursos avalados por la Nautical Archaeology Society en México, con el objetivo
de: “Establecer los requerimientos mínimos que cualquier persona, asociación u organización que
tenga la intención de ofrecer cursos avalados por la Nautical Archaeology Society en México y cuyas
actividades involucren el acceso y uso de bienes muebles y/o contextos paleontológicos,
arqueológicos o históricos sumergidos o provenientes de medios acuáticos, con fines de capacitación,
deberá observar para garantizar la conservación y protección de dichos bienes y contextos, así como
asegurar que su uso sea responsable y se fomente su conocimiento y valoración”. La intención de
este documento bajo ningún punto de vista es la de boicotear a del Río, como él afirma. Antes bien,
su objetivo es normar los cursos NAS en México cuando estos involucren bienes paleontológicos,
arqueológicos y/o históricos, cuya protección está conferida por Ley al INAH, y en el caso de aquellos
que se hallan en contextos sumergidos, a la SAS, independientemente del tutor que quiera
impartirlos. La SAS está facultada para “establecer y aplicar los criterios de protección así como
demás normatividad nacional e internacional sobre patrimonio sumergido” (Manual General de
Organización del INAH, D.O.F. 19-10-2018). Además, estos lineamientos tienen fundamento legal, no
favorecen a ninguna persona en particular y aún es necesario que sean revisados por el área jurídica
del INAH para obtener su visto bueno.

1A través de los proyectos de la SAS Programas Especiales (2006 a 2008) e Inventario y diagnóstico del patrimonio arqueológico
e histórico sumergido en la Reserva de la Biosfera Banco Chinchorro (2009 a la fecha) se han documentado, gracias al apoyo de
pescadores de las cooperativas de Chinchorro, 69 contextos arqueológicos (incluidos los 7 registrados de forma general por del
Río), compuestos tanto por restos de embarcaciones como por objetos aislados, además de que se han realizado diversas
actividades de protección, investigación, conservación y divulgación, producto de la participación de varios investigadores con
distintas formaciones que laboran o laboraron en la SAS: Fabián Bojórquez, Vera Moya, Helena Barba, Rafal Reichert, Pedro
López, Claudia Girón, Mitzy Quinto, Andrés Zuccolotto, Josué Guzmán, Octavio González, Mariana Piña, Lisseth Pedroza, Enrique
Pérez, Flor Trejo, Alberto Soto, Beatriz Cantera, Juan Carlos González, Jesús Alfaro, Luz Ma. Monroy, Alettia Gutiérrez y Sandra
Candela; en la SLAA: Óscar Jiménez; en la Dirección de Medios de Comunicación del INAH: Ana Luisa López, Michel Segura,
David Jiménez y Mauricio Marat; en la Universidad Autónoma de Campeche (CICORR): Jorge González y Luis Dzib; en la
Universidad Autónoma de San Luis Potosí: Daniel Jiménez, Lilia Narváez y Adriana Jerez; así como de los colaboradores externos:
Octavio del Río, Jerónimo Avilés, Eugenio Aceves, Pitágoras Larque, Carlos Castillo, Ricardo Arzola, Paris Palacios y en últimas
fechas Nicolás Ciarlo y Carlos Landa (CONICET/Universidad de Buenos Aires, Alejandra Raies (Universidad del Rosario) y Sergio
López (Universidad de Cádiz).

2A este respecto, no se puede dejar de señalar que las imágenes presentadas por del Río, en las que se aprecian la manguera
que, al romperse la junta y zafarse de la draga debido a la presión a la que está sometida, cayó sobre una formación coralina, o
los costales cerca de éstas, corresponden a sus turnos de buceo (nos dividíamos en parejas y hacíamos relevos para avanzar en
el trabajo de excavación y demás actividades asignadas diariamente durante la junta de planeación), tomándose su tiempo para
tomar fotos de situaciones fortuitas y no para impedir que la referida manguera se depositara en la formación o para retirarla
rápidamente, al igual que los costales, como debió de haber hecho.

3 En relación con el documento gráfico que presenta el arquitecto del Río nos quedan algunas dudas: ¿Puede, al no tener
relación laborar con el INAH, elaborar un documento personal con presentación institucional, a nombre del propio INAH, del
proyecto de la SAS y con logotipos institucionales?

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4 La buzarda no fue reintegrada en su posición original durante la campaña de mar dado que no se contaba con los insumos y
el tiempo necesarios, sin embargo esperamos hacerlo durante la temporada de este año.

Los investigadores nacionales e internacionales que formamos parte del proyecto Inventario y
diagnóstico del patrimonio arqueológico e histórico sumergido en la Reserva de la Biosfera Banco
Chinchorro (SAS/INAH, UBA/CONICET, COLMICH) lamentamos profundamente esta situación y la
postura del arquitecto del Río, pues en un acto difamatorio, manipulado y de amenazas para el INAH,
la SAS y para ti como su titular, así como para los investigadores que conformamos dicho proyecto,
intenta posicionar a un proyecto institucional, el cual ha sido reconocido por sus resultados, fuera de
toda ética académica, cuestionando la labor y proceder de otros profesionales y demeritando el trabajo
realizado por años, en el cual él mismo ha participado, enrareciendo y dificultando el ambiente de
colaboración, buena voluntad, aprendizaje y compromiso con la protección e investigación del
patrimonio cultural sumergido.
La falta de ética, respeto, solidaridad y empatía que muestra del Río en su carta, punto culmine
de una serie de actitudes que ha tenido en los últimos años, es la que en primer lugar le ha valido la
desvinculación del proyecto en cuestión. Por tales motivos, y más aun teniendo en cuenta la amenaza
propinada en su carta, del Río no será reincorporado al proyecto. Aun así, los créditos del
(re)descubrimiento del barco, de las fotos y de su aporte al registro del pecio y al proyecto en general,
le serán reconocidos en las publicaciones y demás comunicaciones que se hagan.
Finalmente, velando por el espíritu y buena imagen de la institución, consideramos que es
necesario que las autoridades correspondientes tomen medidas acordes a la gravedad de los injustos
ataques asestados por el arquitecto del Río en contra nuestra.
Estando los directores del proyecto Chichorro, la documentación escrita y el registro fotográfico
del proyecto, a plena disposición para ampliar toda información que consideren necesaria, los abajo
firmantes le enviamos saludos cordiales.

Atentamente

P.A. Laura R. Carrillo Márquez Dr. Nicolás C. Ciarlo


Co-directora del proyecto Co-director del proyecto
Investigadora / SAS-INAH CONICET / Universidad de Buenos Aires

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Lic. Michel Segura Pérez Dra. Vera Moya Sordo


Fotógrafo Investigadora del Ludwig-Maximilians-Universität

Dr. Rafal Reichert Rest. Andrés Zuccolotto Villalobos


Investigador / Universidad de Ciencias y Artes de Colegio de Michoacán
Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México
y Centroamérica

Lic. Alejandra Raies Mtro. Sergio J. López Martín


Universidad Nacional de Rosario Universidad de Cádiz

Dr. Carlos Landa


CONICET / Universidad de Buenos Aires

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CARRILLO, L.R., 2018. Arqueología Marítima en México. En: N.C. Ciarlo (ed.), Revista de Arqueología
Histórica Argentina y Latinoamericana (Número especial) 12 (1):37-68.

CARRILLO, L.R., A.R. ZUCCOLOTTO y N.C. CIARLO, 2018. Inventario y Diagnóstico del Patrimonio
Arqueológico e Histórico Sumergido en la Reserva de la Biosfera Banco Chinchorro, Quintana Roo.
Informe técnico parcial de actividades 2017. Subdirección de Arqueología Subacuática del Instituto de
Antropología e Historia, Ciudad de México.

DEL RÍO, O., 2007. Informe de los trabajos realizados dentro de la Reserva de la Biosfera Banco
Chinchorro / Agosto 2006. Archivo de la Subdirección de Arqueología Subacuática, México.

D.O.F. 19-10-2018. Manual General de Organización del INAH.

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En las imágenes se aprecian algunos aspectos del trabajo llevado a cabo en el pecio el Ángel por todos los
investigadores, el cual consistió en la excavación de tres trincheras mediante el uso de una draga, el etiquetado
y registro fotográfico de artefactos previo a su remoción y el registro de elementos y estructura del pecio con
apoyo de retículas.
Fotos: Alberto Soto / Michel Segura. Archivo INAH/SAS.

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En las imágenes se aprecia la forma en la que se acomodaron los palos de tinte del cargamento,
luego de su extracción, y los costales de arena, después de haber sido arrojados desde la
embarcación y de que se depositaran en el lecho marino. Tanto los costales como los maderos se
ubicaron sobre arenales a babor y estribor del pecio.
Fotos: Alberto Soto / Michel Segura. Archivo INAH/SAS.

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En la imagen superior se aprecia el área liberada durante la temporada. En la inferior izquierda se aprecia el
acomodo de los costales de arena sobre los palos de tinte redepositados en la trinchera (una vez concluido el
registro arqueológico); y en la derecha, la superficie excavada del pecio cubierta completamente por costales y
arena.
Fotos: Alberto Soto / Michel Segura. Archivo INAH/SAS

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