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El misterio del despertador del señor Manolo

Eva María Rodríguez

Todas las mañanas el señor Manolo se despertaba muy temprano para salir a pasear. Tras
asearse y tomar un ligero desayuno -ya tendría tiempo después para desayunar algo más
contundente- el señor Manolo se calzaba sus zapatillas deportivas y salía a la calle.

El señor Manolo, al pasar, despertaba a todos los vecinos. Todos le saludaban


afectuosamente desde la ventana al verlo pasar. Y así, con el paseo del señor Manolo,
despertaba la vida en el pueblo.

Ni un solo día dejó el señor Manolo de pasear y de despertar a sus vecinos, que ya hacía
mucho tiempo que habían renunciado a poner el despertador. Pues mucho más agradable
eran el saludo y los cantares del señor Manolo que el ruido infernal de aquel aparato chillón.

Pero no todo el mundo disfrutaba de este despertar placentero. Había un joven, al que
llamaban el Pringabotas, por trabajar de aprendiz en el taller del zapatero, al que no le
gustaba nada madrugar.

Al Pringabotas le gustaba apurar todo lo que podía en al cama, y poco le importaba salir
corriendo y sin desayunar, casi a medio vestir, porque llegaba tarde al trabajo. Pero con el
señor Manolo despertando al pueblo y la gente amaneciendo con alegría lo de quedarse
dormido era casi imposible.

-A este le voy a dar yo una lección -dijo para sí el Pringabotas-. Voy a estropearle el
despertador a ese señor Manolo. Ya verás cuando se quede dormido y todo el pueblo con él.
Me voy a reir yo de tanta tontería cuando todos lleguen tarde a trabajar o al colegio.

Dicho y hecho. El Pringabotas se coló en casa del señor Manolo y le averió el despertador. No
se le daban mal la electrónica, así que usó su maña para estropear el despertador sin que el
reloj dejara de funcionar, de modo que no se notara nada.

Pero a la mañana siguiente el señor Manolo volvió a dar su paseo, como siempre. El
Pringabotas, que se las había dado muy felices para aquel día, no cabía en sí de rabia. Ese
mismo día volvió a casa del señor Manolo para comprobar que el despertador no funcionaba.
Ajustó alguna cosa por si acaso y volvió a su casa.

Pero a la mañana siguiente todo volvió a ser igual, y el Pringabotas volvió a despertarse bien
temprano, y bien enfadado.

-Esta noche me colaré en su casa cuando esté dormido y le robaré el despertador -pensó el
muchacho. Y eso hizo.

Empezaba a amanecer cuando el Pringabotas se metía en la cama, cuando de pronto oyó al


señor Manolo, que salía a dar su habitual paseo.

-¡No! -gritó el Pringabotas-. ¿Cómo es posible? ¡Si no tiene despertador!


-Claro que no -dijo el señor Manolo, que lo escuchó. La ventana del Pringabotas estaba
abierta y todo el pueblo escuchó sus chillidos-. No me hace falta. Mi cuerpo está
acostumbrado a despertarse a la misma hora todos los días, sin necesidad de despertador.

El misterio del despertador del señor Manolo-Pero, ¿para qué se levanta usted tan temprano,
si está jubilado y no tiene nada que hacer? -le preguntó el Pringabotas.

-Me levanto para aprovechar la luz del sol, para disfrutar de un nuevo y maravilloso día -le dijo
el señor Manolo.

-¿Por qué? -le preguntó el Pringabotas.

-¿Por qué no? -le respondió el señor Manolo-. La vida es maravillosa y hay que disfrutarla.
Tengo muchas cosas por hacer, por ver, por aprender y por compartir. Y no podré hacer nada
de eso dormido.

Al Pringabotas debieron de impresionarle aquellas palabras, porque desde entonces se


levanta con alegría cuando oye al señor Manolo y le saluda con afecto y gratitud. Él también
tenía mucho que hacer, que ver, que aprender y que compartir. Ahora lo sabía. Y tenía mucho
tiempo para sacarle jugo a la vida.

Biografía..

Ana María Rodríguez nació el 27 de febrero de 19581 en la ciudad de Buenos Aires (capital
de Argentina), y creció en la ciudad de Caracas (capital de Venezuela).1 En 1979 obtuvo una
licenciatura en Biología en la Universidad Simón Bolívar,1 en 1982 una maestría en Biología
en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y un Ph.D en Biología e Inmunología
del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas.2

En 1987 se mudó a Estados Unidos, donde realizó estudios posdoctorales en la Centro


Médico Sudoeste, dependiente de la Universidad de Texas en la ciudad de Dallas, y en la
Centro Médico de la Universidad de Texas, en Galveston (estado de Texas).