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GRUPO 7

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INMIGRACIÓN Y EDUCACIÓN INTERCULTURAL

Eduardo Romero Sánchez.

La migración es un fenómeno sociológico y demográfico que consiste en un


desplazamiento de la población que se produce desde un lugar de origen hasta otro de
destino y lleva consigo un cambio de residencia habitual. Se trata de un fenómeno,
mundial e histórico pero actualmente estamos asistiendo a una nueva contextualización
y percepción del mismo.

Todo proceso migratorio implica dos conceptos: emigración (salida de nuestro


país de origen) e inmigración (llegada a nuestro país por parte de otros de origen
distinto).

Los movimientos migratorios pueden ser internos, cuando se dan dentro de un


país entre nacionales o extranjeros ya residentes, o externos cuando implica el traslado
de un país a otro. Los extranjeros de movimientos externos pueden ser comunitarios
(por ejemplo entre países de la UE) o extracomunitarios. Estos últimos pueden ser más
complicados de hacer puesto que cada Estado tiene sus normas y ´puede permitir o o el
ingreso o residencia a ciudadanos extranjeros.

La emigración es un derecho y se ha convertido en un deber forzoso para


millones de personas. Avanzamos hacia la libre circulación de capitales, mercancías y
servicios, y sin embargo restringimos la libre circulación de personas.

Este fenómeno afecta a todos los países y en principio no es un problema, puesto


que es positivo en muchos aspectos como el económico, demográfico, social o cultural
aunque puede tener consecuencias problemáticas si no se aborda positivamente. La
integración mutua entre los inmigrantes y la sociedad supone y exige profundizar y
mejorar la democracia.

Las personas inmigran por un injusto reparto de las riquezas, agudizado por los
procesos de la globalización que hacen sumamente difícil e imposible que puedan vivir
con dignidad en su lugar de origen.

Otras causas que obligan a numerosas personas a huir de sus países en busca de
un futuro mejor, son la ausencia de sistemas democráticos, la existencia de gobiernos
corruptos y una deuda externa aplastante que hipoteca el progreso de estas sociedades.

Además la nueva estructura de la economía mundial trastoca las economías


locales y obliga a necesitar trabajadores extranjeros dispuestos a soportar condiciones
laborales inaceptables para los del propio país.

Por esta razón es preciso que se les reconozca como nuevos ciudadanos con
igualdad de derechos y deberes, así como potenciar las relaciones políticas y la
cooperación al desarrollo con os países de origen. Cabe recalcar que la inmigración es
un fenómeno inevitable por lo que las medidas policiales y el cierre de fronteras no son
la solución.

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La entrada de inmigrantes en España puede dividirse en dos colectivos muy
diferentes; por un lado, los que llegan en busca de trabajo y mejor calidad de vida, cuyas
necesidades suelen ser principalmente rumana, marroquí, ecuatoriana y colombiana.
Este colectivo suele instalarse o bien en los núcleos urbanos o en núcleos agrícolas tales
como Madrid, Cataluña, Valencia, Andalucía y Murcia. Y por otro lado los que buscan
un mejor clima, estos suelen ser europeos y se suelen asentar en costas de Levante, Islas
Baleares e Islas Canarias.

Las causas del fenómeno migratorio son diversas, aunque es cierto que el
motivo principal son las causas socioeconómicas cuya finalidad es la búsqueda de una
mejora en el nivel y en la calidad de vida y se suele dar entre países extracomunitarios.
España hoy es un país receptor puesto que se necesita fuerza y mano de obra en el
sector agrícola, aunque es cierto que también se ha emigrado a raíz de la crisis
económica.

Otro motivo son las causas bélicas, esto suele ocurrir en regímenes totalitarios
donde muchos ciudadanos viven con miedo a sufrir una persecución policial o la
venganza de otros bandos, convirtiéndose así en exiliados políticos, el ejemplo más
reciente de esto son los refugiados de Siria.

Las catástrofes generalizadas de carácter natural tales como terremotos,


inundaciones, tsunamis o epidemias suponen la migración forzosa de la población
siendo los países principales la India y China. Además de las causas de carácter cultural
y familiar y de ocio que se dan con más frecuencia en países europeos.

Si nos apoyamos en las cifras podemos observar que la evolución de extranjeros


residentes en España presenta una serie de cambios. Desde los años 80 hasta finales de
los 90 el porcentaje es muy poco significativo (siendo el máximo en 1998 con un
porcentaje del 1.60%) pero se produce un salto exponencial, convirtiéndose en el 2.28%
a partir del año 2000 debido a la bonanza económica sobre todo en el sector agrícola y
en el de la construcción. Este crecimiento dura un par de años, hasta el 2011 donde se
alcanza el 12.2%, pero la crisis económica que tuvo lugar en 2007 produce el descenso
de los extranjeros residentes en España. A 1 de enero de 2017, y teniendo en cuenta
estas consideraciones, la cifra de inmigrantes regulares en España era de 4,549,858
millones. Lo que supone aproximadamente el 9% del total.

Del origen de los inmigrantes podemos señalar a lo dicho anteriormente que los
principales movimientos migratorios son producidos por extranjeros extracomunitarios
siendo Rumania y Marruecos los principales países, mientras los extranjeros
comunitarios ocupan cifras menos elevadas ocupando, por ejemplo Italia el séptimo
puesto.

La inmigración ha sido vista como un problema en gran parte del tiempo.


Existen muchos prejuicios y estereotipos a cerca de este fenómeno como por ejemplo
las siguientes frases tan lamentablemente cotidianas. “Acaparan la sanidad, “la mayoría
son delincuentes” o “no se integran a nuestra sociedad”. Esta base de rechazo suelen
crearse sobre todo mediante experiencias personales que la gente ha tenido con
inmigrantes, aunque también es cierto que en numerosas ocasiones, careciendo de

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dichas experiencias, se siguen trasmitiendo estas ideas, creando así visiones negativas
tanto de éste fenómeno como de los propios inmigrantes.

Para combatir este rechazo existen varios modelos de integración de inmigrantes


de los cuales destacan:
 El modelo francés, el asimilacionista, basado en que la cultura minoritaria, es
decir, la que llega, debe adquirir la cultura, costumbres y formas de vida de la
cultura mayoritaria dejando las suyas propias al menos en el escenario público.
Por ello el esfuerzo y la capacidad adaptativa recae univamente sobre el
inmigrante.

 Otro modelo es el británico, el multicultural, donde se incentiva a los nuevos


ciudadanos a vivir en su comunidad y tolerar a otras existentes en el seno de la
sociedad, segmentando así la sociedad en guetos difícilmente permeables y
creando diferencias económicas y de poder entre comunidades.

Como podemos ver ninguno de estos modelos tratan de manera eficiente la


integración de los inmigrantes, puesto que el primero obliga al inmigrante a cargar
con todo el peso de la situación, siendo obligado a adquirir una nueva cultura sin
compromiso de los residentes y rechazar su identidad, mientras que el segundo
modelo solo pone en manifiesto la tolerancia y la convivencia pacífica, aunque de
manera aislada.

Una integración o modelo de entender la integración de manera unilateral


desembocaría en formas de imposición cultural que poco o nada tiene que ver con la
auténtica posibilidad de enriquecimiento cultural. La integración debe ser un
conjunto, entendido como el interculturalidad por lo que se requiere la creación de
una nueva sociedad que apoye unos valores comunes.

Siendo conscientes de las carencias existentes en los modelos anteriormente


descritos, se defiende, desde el punto de vista pedagógico el modelo intercultural,
considerado como el modelo ideal. En éste se pone de manifiesto que las cultura
deben influirse mutuamente con la finalidad de estrechar lazos comunes dentro de la
diversidad. La convivencia entre éstas hace que interactúen entre ellas creando
nuevas identidades culturales y se abandonen actitudes xenófabas.

Para llevar a cabo este modelo se hace necesaria la actuación desde las aulas por
lo que la pedagogía apoya una educación intercultural donde se prepara a los
alumnos, no sólo para una integración en el aula sino también para la construcción de
una sociedad tolerante.

Para ello se propone una serie de cambios en la práctica educativa como


promover un cambio de actitudes y valores hacia el extranjero, exigir una educación
en la responsabilidad y en la moral, desarrollar las habilidades de diálogo y
comunicación y crear espacios donde éstas tengan lugar además de la creación de
encuentros entre alumnos de diversas nacionalidades y cultura fuera del ámbito
escolar. No obstante, esta tarea no solo debería recaer en la escuela, sino que también
se debería tratar mediante la familia y la comunidad.

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Pero el modo como se ha tratado la interculturalidad, desde la educación,
responde a una concepción “idealista” del hombre. Nos hemos movido, en
educación, en un idealismo paralizante que ha alienado al hombre al desgajarlo del
acontecer de la vida, de su aquí y su ahora. Y el hecho de la inmigración no escapa a
ese enfoque. Nos hemos fijado en las diferencias de razas, lengua, tradiciones,
costumbres, es decir, en la cultura, pero se ha olvidado al hombre concreto. Hemos
hablado de inmigración, pero no de inmigrantes. Y hemos pretendido comprender sus
diferencias como circunstancias o accidentes que acompañado la existencia de cada
individuo. Hemos visto “diferencias”, pero no a diferentes.

De este modo, la educación intercultural se ha centrado en “conocer” las


costumbres, lenguas, modos de vida, es decir, en la “cultura” de los inmigrantes.
Desde esta posición intelectual se olvida que el objetivo de la educación intercultural
es buscar una sociedad integrada, y esta pasa, no por “conocer” las diferencias de los
otros, los que vienen de fuera, sino por reconocer, aceptar y acoger al otro en la
realidad de su existencia concreta. No son las diferencias el sujeto de la educación
intercultural, sino el individuo concreto diferente, un ser que piensa y siente, se
expresa desde diferentes formas de existir y vivir. Pero siempre es el sujeto concreto
a quien se debe atender, acoger e integrar.

La resistencia a preguntar por qué los inmigrantes dejan su tierra, su pueblo, su


familia, sus raíces. Estas preguntas no tienen cabida en una educación intercultural
que sólo pregunta y se preocupa por “conocer” las diferencias culturales. También
nos resulta más cómodo interesarnos por la cultura, y menos por la persona que hay
detrás de esa cultura. La cultura no pide trabajo y casa; no pide condiciones dignas
de vida. El inmigrante o diferente cultural, si. Ignorar los cambios que produce la
inmigración en el inmigrante; la ruptura con la sociedad de procedencia, la
introducción en un nuevo contexto social y cultural, la pérdida de validez de muchas
valoraciones y formas de vida, alejamiento o cambio de normas de conducta y
modelos de comportamiento hasta ahora asumidos con naturalidad… es decir, la
inmersión en un mundo nuevo, extraño en el que debe integrarse para no ser excluído
de él.

Son cambios tan profundos que significan para el inmigrante arrancarlo de sus
raíces y trasplantarlo a otro lugar. Obviar esta realidad convierte a la educación
intercultural en una actividad inútil. Sin descubrir la historia de vida que hay detrás
de cada inmigrante, sin tener en cuenta la nueva situación de extrañeza o exclusión
en la que se encuentra cada inmigrante, se hace imposible la integración y la acogida
del otro, se hace imposible la educación.

El objetivo de la educación intercultural no es que desaparezcan las diferencias,


no es la asimilación del diferente, sino la integración del otro con sus diferencias. Es
la integración, no la absorción. Acoger al diferente significa ampliar el “nosotros” y
conlleva abandonar toda tentación de pureza de la raza, del deseo de preservar la
propia identidad.

Por otro lado, no hay que olvidar que los medios de comunicación hoy en día
juegan un papel importante en nuestra sociedad, tanto por su papel informativo como
moralizador. Por ello existen una serie de propuestas hacia ellos para tratar el tema de
la inmigración, con el objetivo de fomentar la integración, como por ejemplo no

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designar por la nacionalidad de los responsables un delito, contextualizar los datos
que se ofrecen sobre el número de inmigrantes, no relacionar por norma general
noticias de inmigración con aquellas que tratan con temas delictivos o conocer los
aspectos positivos de la inmigración.