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Primera liga de

Arkham Horror
Fantasy Flight Games
2008

Traducción de los escenarios:

Sectario

Traducción del prólogo:

Ángel Contreras

Revisión de la traducción

de los escenarios y maqueta:

Abdul Alhazred

© Fantasy Flight Games 2008, 2015


Aunque esta liga de escenarios, los primeros diseñados
para Arkham Horror, se creó en 2008, recomiendo a todos los
jugadores que usen el material contenido en la última
expansión del juego, El Horror de Miskatonic, cuya salida a la
venta es posterior a esa fecha, ya que su contenido enriquece el
desarrollo de las partidas con sus nuevos componentes,
ampliando el juego básico y todas las demás expansiones de
este estupendo juego de mesa.

Espero que disfrutéis jugando estos escenarios, que fueron


traducidos por primera vez por sectario en el foro de
sectarios, y han sido recopilados y revisados por mí en este
PDF, en el que además contamos con la traducción del prólogo
de la liga a cargo de Ángel Contreras, que aún estaba inédito
en castellano.

Abdul Alhazred, 2015


Prólogo:
“…vemos que en el calendario maya, el cual culmina como
todo el mundo sabe en 2012 (demasiado lejano como para
preocuparnos, ¿verdad?) Esto… sí. El calendario maya mide con
asombrosa precisión el movimiento de los cielos.”
Amanda anota diligentemente “movimientos de los cielos”
en su cuaderno. El profesor Walter continúa.
“Lo curioso es que, cuando consultamos el calendario maya
para ver qué nos depara este mes, descubrimos que recoge un
fenómeno que no se ha dado en los últimos quinientos años, y que
no volverá a darse hasta… bueno, hasta el fin. Aquí está escrito
en maya.”
Aparece una nueva diapositiva, en la que se ven
ideogramas grabados. Amanda escribe “fenómeno celestial
inusual” y bosteza.
“Bueno, ninguno de ustedes sabe leer maya, supongo, ¡pero yo sí! Menuda suerte. Se supone que este mes será testigo del
‘Resurgir de Quetzalcóatl’, la serpiente emplumada. Ahora bien, no se sabe qué estrella es esta, así pues, por eso, ¿qué debemos
suponer? ¿Señorita Sharpe?”
Amanda levanta la cabeza, confusa, luego echa un vistazo a sus notas. Ve que ha dibujado unas cuantas
serpientes sinuosas sobre el papel amarillento.

Michael se ajusta la corbata. “Louie, ahí está.” Avanza


por el callejón, con cara de pocos amigos. Cuando
Michael McGlen anda así, hasta a los tipos duros más les
vale apartarse si saben lo que les conviene. “Oye, colega. A
O’Bannion no le gusta que le tomen…” Michael coge a
Frankie por los hombros. Frankie lleva dos semanas de
retraso en el pago de su deuda, y ahora se encuentra
tirado contra una pared.
Frankie está más que muerto. “¿Qué coño? ¡Eh Louie!
¡Ven y mira esto!” Se trata de Frankie, hasta ahí bien, pero
está hinchado y tiene la lengua fuera. Tiene algo
pegajoso en la manga de la chaqueta. Michael la remanga
y ve dos pinchazos del tamaño de una moneda de diez
centavos en su brazo.
“¿Louie?” Michael oye caer un cuerpo al suelo y saca
su Thompson. “… ¿Louie?”

La hermana Mary va en tren, viendo cada vez más cercanos los


tejados a dos aguas de Arkham. Está deseosa de llevar a cabo la tarea
del Señor en este nuevo lugar, y hacerse cargo de los nuevos retos y
oportunidades que allí encontrará. Pero, de algún modo, está
preocupada.
Cuando llega a la estación Mary recoge sus cosas. Su biblia (antigua
y con tapas de cuero, su primera biblia) se le cae y se abre. La recoge y
lee en voz alta: “Y Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás
entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás,
y polvo comerás todos los días de tu vida.”
Sonríe y se mete el libro bajo el brazo. Siempre le ha gustado el
Génesis.
Pete ‘Cubo de basura’ se despierta de otra pesadilla por unos
ladridos. Va a calmar al perro, pero se da cuenta de que está
solo. El ladrido proviene de río abajo. Se pone en pie y va a ver
qué diablos está haciendo Duque.
“Venga, déjalo ya, Duque,” dice Pete mientras se acerca. “Esa
serpiente está más asustada de ti de lo que tú estás de ella.” Llega hasta
el perro y acaricia su cabeza. “Vaya, ¿ha crecido el río?” Después
mira a su alrededor.
La luz de la Luna ilumina lo que él creía agua de río
superando los bancos, una brillante ola en dirección al corazón
de Arkham. Duque continúa ladrando y Pete se queda perplejo
mientras se da cuenta de tan terrorífica escena.
Una oleada de serpientes fluye hacia Arkham.
Pete ‘Cubo de basura’ se frota los ojos para no dormirse. En las
últimas semanas le ha ido costando más cada vez. La batalla contra
los Hombres serpiente, el horror de ver a sus amigos convertidos
en enemigos y viceversa, los susurros de su contienda y los
horrores son demasiados como para enumerarlos. Tumbado en el
suelo, Pete le rasca la cabeza a Duque. “Tú y yo, perro. Todo está bien.
Tal vez podamos dormir esta noche.” En cuanto se recuesta, Pete ve una
sombra separarse de un árbol, y avanzar hacia él. ‘Cubo de basura’
coge su bastón, abre la verja y golpea a la sombra en unos arbustos.
“Estoy harto y cansado de esta mierda. Perro, tú y yo vamos a coger el tren a
Dunwich.” Pete se vuelve para recoger su petate y ve a la sombra
volver a levantarse. Coge su bastón y camina hacia ella con un
brillo en los ojos.

Jim Culver cierra el estuche de su trompeta, y se


encamina hacia la puerta del restaurante de Velma. Ha
cogido un tren para poder venir a esta ciudad de
contrastes. La semana pasada acabó su lucha con una cosa
que casi le hace perder la cabeza. “Suficiente,” piensa, “ahora
tengo que salir de aquí.” Andando por la calle, Jim ve unos
pequeños grupos de personas con túnicas dirigiéndose
hacia el centro. “No quiero formar parte de esto.” Jim echa a
correr hasta un par de esos encapuchados. Al verlo le
preguntan: “¿Estás aquí en honor al señor de N’Kai?” Jim se
frena y vuelve a correr, cuando dos hombres más salen de
un callejón zarandeando a una mujer. Le gritan: “¿Qué estáis
esperando vosotros dos? Coged a ese músico y lleváoslo para la cueva.”
La pareja que hay junto a Jim lo coge de los brazos y lo
arrastra en la noche.

Diana Stanley cierra su bolsa. Esta noche es la que tanto


esperaba. “Intentar sacrificar a alguien a este sapo,” piensa, “os
detendré.” Se ajusta la túnica, y se esfuma en la noche. Se dirige
hacia la Logia del crepúsculo de plata, con su plan en mente.
Distraída por sus heroicos pensamientos, no se da cuenta de
que dos hombres la siguen. Los dos la cogen de los hombros.
“Buenas noches, Diana. ¿A dónde vas esta noche?” “Tony, David, jamás
pensé que vosotros formaseis parte de esta ceremonia.” “¿Qué ceremonia?
Nos han ordenado no dejar que nadie se acerque a la logia esta noche.”
“Bueno, no esperaba tener que deciros esto…” Su voz se va apagando
conforme dos zarcillos surgen del callejón, enrollándose
en los cuellos de ambos hombres. Ella se vuelve y huye
del ruido de los gritos en la noche.

Las notas del bajo aún reverberan en el aire, Marie


Lambeau abandona el escenario. Lo ha dejado todo allí
arriba, así que ahora necesita un trago. Se sienta en la
barra, coge un vaso de güisqui escocés y observa cómo
interactúa la gente. El aire es tenso esta noche, o eso le
parece. La puerta se abre de golpe y un líquido oscuro se
desliza por la sala. La mancha borrosa rezuma por el
suelo, alcanzado la barra. Nadie la ha visto todavía, y se
mueve lentamente por debajo de la barra.
Tranquilamente, Marie se pone en pie y camina hacia la puerta trasera. Una vez allí, llama a un taxi y
se dirige a la Pensión de Ma. Esa conocida de Michael McGlen sabrá lo que hacer.

Mientras cambia la bombilla a su cámara, Darrell


Simmons murmura para sí. “He visto cosas increíbles, pero nada
como lo que vi en el tren hasta aquí.” Dunwich está demasiado
lejos como para una foto, pero aun así Darrell aprovechó la
oportunidad que le brindó su editor de fotografiar la nueva
terminal de trenes en Dunwich. El viaje transcurrió apenas
sin incidentes: una anciana que se había perdido, algo
comiéndose a un pasajero, el ruido de escarabajos
devorando rostros humanos en el vagón de carga,… lo
normal. Deseando bajar del tren, Darrell ve una sombra
escabullirse por la estación. “Sé que lo he visto,” piensa Darrell
mientras escruta el andén. Concentrándose en el suelo, no
se percata de que una gota negra cae del techo. Con un golpe seco, cae frente a él. Darrell, perplejo,
toma una foto y cae de espaldas. Esa cosa informe agarra al caballero que se encontraba junto a
Darrell, haciéndolo desaparecer en la noche.

Rita coge su mochila y sube las escaleras de la universidad. “Esa obra me está poniendo nerviosa,” piensa
mientras se dirige a una conferencia. Desde que comenzó ha visto un mismo grafiti por todas partes,
ese extraño símbolo amarillo. Todo el mundo en la ciudad está entusiasmado con el actor
protagonista, un tal Sr. Aster o Sr. Hastern, no puede recordarlo. Todo lo que Rita sabe es que no ha
podido conciliar el sueño desde que leyó aquel
manuscrito, pues desde entonces sus sueños se
han visto asaltados por un hombre enmascarado.
Lo raro es que es incapaz de recordar su rostro
cuando se desprende de la máscara, solo sabe
que se la quita. “Oh, vaya, llego tarde.” Rita corre
más deprisa. Distraída por la tardanza, tropieza
con una figura encorvada y ataviada con una
túnica amarilla hecha jirones. “Largo de aquí sucio
mendigo,” grita Rita. La figura se gira, sobre su
rostro lleva una máscara, y ésta es la misma que
la de los sueños de Rita. Rita la mira horrorizada
mientras la figura se desprende de la máscara.
Todo lo que puede oír ahora es la palabra
Carcosa.
Sentado en los muelles, Pete ‘Cubo de basura’ se
acomoda bajo la sombra de un árbol. No lo ha
pasado demasiado bien últimamente, cada día le
recuerda por qué intentó salir de esta miserable
ciudad. Lo gracioso es que, la última vez que cogió
un tren para Dunwich, acabó de vuelta en Arkham.
“Creo que ha llegado el momento de que Duque y yo
encontremos un buen lugar en el que quedarnos una
temporada,” piensa. Llamando a su perro, Pete anda
hasta la Pensión de Ma para sentarse a esperar que
acabe todo este sinsentido. Por el camino, en su
mano cae un folleto. Al echarle una ojeada, todo lo
que ve es un raro signo amarillo. “Es suficiente ya, no me importa lo que significa. Lo que quiero es estar solo.”

“Andar por estos pasillos puede provocar un ataque al corazón,” medita


Carolyn mientras finaliza su ronda en el Manicomio de Arkham. Son
muchas las veces que algún paciente la ha agarrado en esos pasillos.
“Demasiadas desgracias, ¿cómo podemos albergar la esperanza de salvarlos a
todos?” Saca la llave que abre la puerta de su despacho. Al entrar
enciende la luz y se da cuenta de que el escritorio está volcado. Corre
hasta el lado contrario y ve que todas sus notas han desaparecido. Al
volverse tropieza con el cable de la lámpara, cayendo al suelo. Se apoya
en el escritorio para levantarse, pero ve unas marcas debajo de éste.
“Ese es el símbolo del que me habló mi último paciente en Providence.” Carolyn
se pone en pie y sale del despacho, determinada a averiguar qué
significa ese signo.

Dando un trago a la botella, Wilson estudia la ciudad que ha llegado a


odiar. “Cuando me enteré de que aquí había curro, pensé ‘de puta madre’. Estaba
equivocado tío. Me han perseguido cosas que creía de propias de cuentos de hadas, y
me enfrenté a otras que tenían más ojos que dedos. El único tipo con el que merecía la
pena hablar era Pete, y no tengo ni idea de a dónde han ido él y su perro.” Wilson
se sube en su moto y se dispone a partir. Un tipo lo agarra por el brazo,
y le da una entrada. “¿Para qué es esto?” le pregunta. “Bueno, me has arreglado
tan bien la valla, que quiero pagarte con esto. Esta noche, en la universidad, se
representa la famosa obra El rey amarillo, y te doy una entrada.” “Muy considerado
por tu parte, pero no tengo ninguna intención de ir.” “Tonterías, te insisto que vayas.
Te veré allí a eso de las ocho.” Wilson echa un vistazo a la entrada e intenta
distinguir la figura que hay en ella. “¿Por qué no?, supongo que puedo pasarme
a ver un espectáculo antes de marcharme.”

El camino de la liga ha sido largo y duro. Cada jornada ha tenido que ser peleada con uñas y
dientes. Figuras sombrías, serpientes disfrazadas de hombres, monstruos sin forma ni número, nidos
de arañas infectas, representaciones inquietantes, horrores tentaculados y cosas más allá de la
comprensión de los mortales. Todo esto no ha sido más que la antesala. Se avecina una confrontación
de proporciones legendarias, una que promete cambiar la ciudad de Arkham para siempre. Muchos
investigadores han participado, y muchos se han perdido por el camino. Esta batalla es el testimonio
de la fuerza de la convicción. Cada investigador tiene una historia, cada investigador es un héroe.

Pete ‘Cubo de basura’ se encuentra frente al cadáver. Otro amigo caído. Esta lucha se está cobrando
un alto precio. Los ojos de Pete parecen ver algo más allá del contenido de la habitación. El pesar y el
cansancio no le afectan. Se ha enfrentado a muchos
horrores, a demasiados. Las calles están llenas de gente
que corre por su vida. La locura se ha apoderado de la
ciudad. ‘Cubo de basura’ sabe de qué locura se trata.
Lleva mucho tiempo viéndola venir. Las pesadillas no
se corresponden con el horror al que ha plantado cara
en las calles. Ahora viene la próxima abominación, la
próxima contienda. Ha aprovechado las pesadillas para
su beneficio. El apocalipsis ha llegado, y él se
encuentra en medio de todo. Llamando a Duque, ‘Cubo
de basura’ sale de la habitación. Levanta la espada que
consiguió cuando se enfrentó a aquellas criaturas
voladoras, y se encamina al último combate.

Las calles están atestadas de gente. Se empuja entre ella, pero de


alguna forma Wendy consigue pasar sin demasiados problemas. La
Luna mira fijamente a la ciudad de Arkham, con un color rojizo
estremecedor. Wendy se frena en seco al ver la cara de su padre ante
ella. Desconfiada, se dirige hacia el hombre que lleva años sin ver. La
muchedumbre bloquea su línea de visión. Se escabulle entre ella, pero
cuando por fin llega, su padre no está por ninguna parte. Con mirada
abatida, Wendy ve una pequeña hoja de papel que hay en el suelo. Al
recogerla se da cuenta de que en ella hay parte del símbolo de su
collar. “Sé fuerte esta noche, más que ninguna otra cosa que hayas visto nunca.
Escóndete y estarás segura. Te quiero, mi niñita.” Wendy toca el collar, y una
sonrisa se dibuja en su cara.

Ajustándose el abrigo, Wilson se encamina hacia los muelles del


río. Lo último que supo es que allí había trabajo para tipos con ganas de trabajar duro y que no
hicieran demasiadas preguntas. Después de todas esas cosas desagradables que han pasado, ahora
quiere trabajar. Un extraño que pasa por su lado le da un golpe, haciéndole caer. “¡Mira por dónde vas,
colega!” grita Wilson. El hombre se vuelve, y cierra los ojos un instante. Wilson titubea. El hombre se
gira nuevamente y anda con premura calle abajo. Desprendiéndose de la fría hierba, Wilson prosigue
su camino.
Pero no
puede
quitarse de la
cabeza la
sensación de
maldad que
le ha
producido
ese extraño.
Cuando
unos gritos
surgen tras
él, echa a
correr. “Esta
ciudad será mi
perdición…”
Escenarios
Recordad:
Los escenarios deben jugarse en el orden

que vienen en este documento.

No se puede pasar al siguiente escenario

sin haber ganado el actual.

Los componentes prohibidos y reglas especiales

para cada partida vienen escritos en su

correspondiente hoja de escenario.

Si se quiere llevar una puntuación para valorar el juego

puede usarse el texto de la página 12 del libro de reglas

del apartado “Como puntuar las victorias”.

© Fantasy Flight Games 2008, 2015