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Buenos días a todos.

Dos cuestiones, el año pasado nuestra última reunión fue en la


sede de la Asociación Cultural Armenia, que por algunas razones de la vida tiene algo
que ver conmigo. Hoy, en nuestra última reunión volvimos a casa, a la Escuela lo cual
es una enorme alegría. Por más confortable que sean los lugares de acogimiento, la
casa en toda la resonancia, uno podría pensar lo que es que los cuerpos estén exilados.
Se siente en el cuerpo. Ya que somos psicoanalistas, pensemos que no hay cuerpo del
sujeto por fuera del campo social. Abordar el cuerpo desde el psicoanálisis de ninguna
manera es descontextuarlo del cuerpo social. Cuando hablo del cuerpo social también
lo digo en la dimensión en tanto estamos paridos por el lenguaje. Lo social es esa trama
discursiva que, me gusta decir, hace cuerpo, se historiza, se materializa en hechos
concretos que a lo largo de la historia de la humanidad ha dado sus muestras.
El seminario tiene por título "Nuestra actualidad en la clínica del cuerpo y los goces que
ahí se articulan".
En el último tiempo estuve encontrándome con gente de otras disciplinas con las que se
puede dialogar, disentir, articular, y estuve pensando que en la historia de la humanidad
hay ciclos de regresión. Esto me recuerda mucho a la decadencia del imperio romano.
A lo largo de la historia de la humanidad, las sociedades articuladas a sus políticas se
han cobrado sus cuentas en los cuerpos. ¿Por qué? El cuerpo es algo muy valioso, es
condensar de goces. En la época del imperio romano había un gesto, había que estar
frente a los leones, y había también gente aplaudiendo eso. No era una ficción, una
representación imaginaria, sino gozar visualmente de cómo se mataban entre ellos.
Vean que en esto estoy articulando cosas que hemos trabajado a lo largo de nuestros
encuentros. ¿Hemos cambiado? Esto en sí mismo ya da para otro seminario.
Ni me coloco en la posición de que todo tiempo pasado fue mejor, ni en la de decir que
esto no va a seguir pasando. Los analista manejamos una categoría que no es sólo
teórica; la teoría se suma a una evidencia clínica. Hay algo en la estructura del sujeto
que tiende a la repetición. Hay dos tipos de repetición: la elaborativa, esa que apelando
al lenguaje toma el recurso de la palabra, como ejemplo de esto se puede pensar en
una pelea con alguien, que lo queremos reventar y luego lo soñamos, o voy y lo
reviendo.
Hago esta introducción para decirles que no somos tan buenos, porque esto de lo que
hablo nos habita; y si realmente se analizan debieran atravesarse estas instancias
pulsionales propias donde reventarían a alguien, porque es constitutivo del sujeto. Los
seres humanos estamos hechos del lenguaje pero que no siempre este lenguaje,
devenido palabra, nos conduce a lo mejor. Cuando no nos conduce a lo mejor, el
cuerpo es una fuente erógena donde ir allí a batallar con las pulsiones.
El malestar en la cultura hoy es un clásico de plena vigencia. Uno de los puntos de
aquél texto era la imposibilidad del ser humano de dominar la naturaleza, con lo cual allí
Freud nos está diciendo que todos tenemos ganas de dominar, todos queremos tener la
razón. Hay momentos sociales que son más amables para la confrontación. Freud
también planteaba el deterioro del cuerpo. Hoy la vejez tiene mala prensa, parece que
hay que envejecer de pie, bonites, maquillados y mostrando que todo es un happy hour.
No se tolera con docilidad la marca en el cuerpo del paso del tiempo. Tampoco estoy
diciendo que es maravillo. En el medio entre lo anhelado y lo esperado, como decía
Freud, está la angustia, porque cada una de esas cosas introduce la noción de la
pérdida. ¿Qué tiene la época actual? Todo lo podemos, ahí surge la ansiedad, la
voracidad. Parece que fuéramos bananas si no accediéramos a todo; incluso con cosas
interesantes como es perderse una obra de teatro. En el área más representativa del
sujeto también se juega eso. El tercer punto importante que viene a cuento es por qué
son necesarias las reglas, las regulaciones, la ley. Freud plantea que para convivir en
sociedad es imprescindible renunciar a la voracidad de comerme al otro, a humillarlo, a
avasallarlo. De esto estamos hechos todos nosotros. Difícilmente la tecnología puede
con esto, porque aún ella está creada por el hombre.
La idea es intentar seguir transmitiendo hoy un final que es también final de partida.
El cuerpo adquiere hoy una dimensión privilegiada, es en él donde se centra la
industria, la tecnología. Les sugiero ver el documental: "Nada es privado". Cuando lo
vean van a entender en qué momento estamos. Les digo de que se trata brevemente: la
denuncia de Cambridge Analtyca a Mark Zuckerberg. El punto es ver cómo los cuerpos
están cautivados y cautivos por la tecnología sin darse cuenta. Aunque les parezca
mentira, Freud ya lo decía alrededor de 1890, es la nueva versión de la hipnosis.
Automáticamente vamos al objeto, que tiene sus beneficios obviamente, pero que
también comporta esta otra cara: hoy nadie está tranquilo si se olvida el celular, parece
que no tenemos pausa, el cuerpo está como un sistema operativo constante que está
siempre dispuesto a recibir impresiones, demandas. No se puede decir eso que decía
Lacan respecto del sueño: dormir garantiza que el cuerpo dure, además de darle
ocasión al soñar. Algo de nuestra contemporaneidad invade todo el tiempo nuestro
cuerpo, sometiéndonos por automatismo a un tipo de goce al que no podemos dejar de
responder.
A propósito del cuerpo social, habrán visto cómo en los distintos momento de la historia
de la humanidad siempre hubo arrasamiento de los cuerpos, como por ejemplo son los
campos de concentración. Lo que intento transmitir es que para el psicoanálisis no hay
cuerpo por fuera del discurso. Cuando hablan del inconsciente, esta estructurado como
un lenguaje es un inconsciente que hace cuerpo. Un cuerpo está hecho de
modulaciones tonales, de fonaciones, de esos elementos distintivos, unidades
distintivas del lenguaje y modos del decir que van moldeando el cuerpo. No hay cuerpo
autónomo en el sentido del Yo. Nuestra época, la autonomía progresiva, yo decido por
mi autopercepción.
Quiero entrar en este punto con mucha delicadeza porque es lo que nos habita, es
nuestra clínica actual. No es fácil reformular algo que no nos tiene que hacer perder de
nuestros fundamentos. Si Lacan dice que el porvenir del psicoanálisis proviene de lo
Real y le cabe al analista hacerle frente, este es el Real de nuestro tiempo. Este Real de
este tiempo difiere mucho del Real de mi tiempo adolescente. Hoy las versiones son
otras, Pink Floyd revelaba en la progresión algo de esos cuerpos de los jóvenes
pasando por esa picadora de carne, representado acerca de la transmisión y la
enseñanza.
Los jóvenes en cada época se sirven de los emblemas, de las marcas socioculturales
de su tiempo, para llevar adelante la lucha por su propia autonomía. Esa autonomía
supone el espejo del otro, en la mirada y en la voz. No sólo el niño se ve reflejado en lo
que la madre y el padre le dicen, sino por cómo es dicho. Fíjense que estamos en la
época pero leyendo esto con una particularidad: hay miradas que dicen ahí estás, sin
mirar, sin ver; y hay miradas libinilizadas con eso que ven que ya marca dos eficacias
diferentes.
El modo es un shiftter que subjetiviza: cómo es dicho es relevante. El modo tiene
consecuencias. El cuerpo está modulado de todo esto, y hace que, como lo dijo Freud,
la sexualidad infantil sea perversa y polimorfa. Perversa entendida como parte del
cuerpo, ahí donde la mirada ancla en el cuerpo, la voz baña el cuerpo, y si sobre esta
dialéctica del interjuego con el otro, no hay una mirada que se pierda, una voz que se
pueda perder, entonces no hay chances de nacer (aunque se esté vivo). Lo que se
siente en el cuerpo es algo de la humanidad que no está elaborado, entonces uno tiene
la responsabilidad de darle una vuelta. Si falta esta elaboración la humanidad está
condenada a un fracaso espantoso.
Creo que los analistas, que no somos salvadores de nada, tenemos la dimensión ética
de intentar apostar a la efectuación del sujeto, a que el sujeto pueda tener trato con lo
que es y no es. Eso supone un arduo trabajo de la distribución de goces. Ahí
observamos que no es lo mismo que yo goce en el cuerpo a que gozar del cuerpo. Esos
cuerpo ya están diciendo que en algún lugar de la demanda del otro hay un lugar que
no es caído. Puede quedar coagulado a una mirada, a una voz, y el cuerpo opera en
función de eso. Hay en ese cuerpo un goce perenne, que no se inicia ahí pero que es la
terminal. Ese cuerpo no podemos pensarlo por fuera de la dialéctica con el otro.
Acá tenemos otro tema, porque no es la culpa del otro. Esto es, a este Real el analista
debe hacerle frente. Recuerdan la cita que traje de La Dirección de la cura a propósito
del material que presentó Maria Marta Rodriguez, el analista dirige la cura pero no dirige
al paciente. Surge un nuevo tema aquí, si nosotros decimos que la sexualidad desde
Freud está ligada a la dimensión del goce en cada una de las partes del cuerpo que
conecta con bordes del cuerpo del otro, estamos diciendo que no es posible hablar de
sexualidad por fuera del lenguaje. No hay sexualidad por fuera del lenguaje: cómo está
dicho, cómo estuvo mirado. En la dimensión pulsional se juega la sexualidad, no es
sexualidad y pulsión. ¿Cómo se hace contacto para el levante? Con la mirada. La
mirada no es ingenua ni inocente, comporta una erótica. Freud trabaja esto y Lacan lo
retoma diciendo que en el encuentro de los sexos se sitúa la función fálica. Acá vienen
las críticas al psicoanálisis: porque nosotros hablamos de función fálica dicen que
somos machistas, patriarcales, etc. Obviamente todo lo que es patriarcado como
matriarcado son errores simétricos: es la consistencia Real de un otro que determina,
como por ejemplo la inquisición, las monarquías, los totalitarismos. Función fálica no es
patriarcado.
No es lo mismo si alguien viene de su primera edición con una redistribución de su
estructura RSI, que tantas veces lo he mencionado: en lo Imaginario cuerpo, en lo Real
vida, y ha operado la función nombre del padre, la función nominal y no el patriarcado.
Más allá de la inevitable vulnerabilidad de la travesía adolescente va a tener más
herramientas para probar, incursionar, pero no necesariamente hacer de eso un bastión
de identidad propia. Y para aquél que lo necesita como bastión de identidad es una
manera que halla su existencia. No estamos diciendo esto no debe ser. Esto es, y si es
es porque responde a una lógica, no es sólo por derecho. Repito, cuando se apela al
derecho es porque hay alguna normativa de la ley simbólica que fracasa. Cuanto más
derecho tenemos hay más evidencia del fracaso de las leyes simbólicas de los
gobiernos. Los adolescentes son el mejor tester para percibir dónde algo no está
funcionando a nivel social. Obviamente también pueden reconocer normativas que no
son insensatas, que encuentran en ellas un anudamiento posible. Es sobre esto, como
lo presentó el material de María Marta, donde intervino todo el tiempo desde el
comienzo.
¿Qué implica esa marca fálica? Lacan en La significación del falo, un texto de los '50,
marca la importancia de la castración y su implicancia en la función fálica. Es una
dialéctica: si no se renuncia a ser mirado todo el tiempo por el otro, no se puede tener
una mirada propia; si no se renuncia a la voz del otro, no se puede tener una voz propia.
Por supuesto no siempre el otro está disponible a someterse a esa pérdida, no siempre
el otro hace soporte a que se inscriba en el cuerpo del otro Real, ya sea el padre o la
madre, a que esta marca también lo hiera a él en el cuerpo. Ahí tenemos los fantasmas
de todos nuestros análisis. Eso tiene que ver con renunciar a la posición de falo
imaginario del otro, ser nada para el otro, y que el otro pueda disponerse a eso, ahí no
hay chances que se inscriba el significante fálico.
¿Qué dice Freud en Organización genital infantil? Cuando el nene observa la falta real
del pene en la nena surge el temor a perderlo. No estamos hablando de vagina y pene,
de patriarcado y matriarcado, el psicoanálisis no habla de eso. Pero apelamos a una
categoría del falo simbólico como inscripción de la falta. Siempre digo lo mismo, en el
sudoku si no tengo el casillero vacío no puedo mover piezas.
Esa cita de La significación del falo del año 1971, de los últimos tiempos de la
enseñanza de Lacan, "la función dicha del falo esencial a la institución del discurso
analítico, es hablar de una función estructural la que vuelve en adelante insostenible la
bipolaridad sexual". Yo pensé el binarismo sexual. Ustedes podrían decirme "en la nena
se dice que se autopercibe, o lo mismo con el nene", nosotros decimos que eso está
bien, pero les podemos decir cómo es que se forma el auto. El Yo no es algo que viene
no sé de dónde, sino que es una construcción yo-cuerpo. La lengua francesa permite
distinguirlo con dos términos diferentes: mua y je. Ese Yo sostenido de la
autodeterminación el psicoanálisis lo piensa desde este lugar. Fíjense que fuerte que la
función dicha del falo esencial a la institución del discurso analítico, toca la
transferencia, la posición del analista desde el comienzo. Yo diría que a esa suposición
del sujeto al saber inevitable al que responde el analista, porque es un hecho de
estructura, está diciendo que el analista toma ese lugar en función de cómo se instituye
el sujeto: no hay sin el otro. El analista juega la función sujeto supuesto al saber porque
de lo único que sabe no es sólo socráticamente que no sabe nada sino que es que ha
hecho la experiencia de su vaciamiento de ser para ocupar ese lugar vaciado de
sentido.
Les dije que no íbamos a terminar fácil, pero es por respeto a ustedes que los finales
siempre son comienzos.
No hay relación sexual en la medida que no hay complementariedad en los sexos. El
psicoanálisis nunca surgió en épocas cómodas, ni se desarrolló en épocas tranquilas.
Esta es la nuestra y no podemos desconocer los argumentos que sostienen nuestra
operatoria. Cuando decimos esto quiere decir que no se trata de si nos gusta o no nos
gusta, ni de forzar en ninguna dirección. No es una época fácil porque hay industria
puesto en esto, pero corrido de esta zona también podemos pensar que siempre la
sexualidad fue el modo de interpelar cada época y ésta es la nuestra.
Lo que podemos comprobar es que hay un cierto desprecio que se traduce en
devaluación de algo que es muy importante que está sucediendo en nuestro contexto,
acá y en el mundo, que son los movimientos de las mujeres. Hay un movimiento social
importante, porque es real que hay un cambio cultural muy importante que no nace
ahora sino que viene de los silencios y murmullos que generaciones de mujeres han
venido trabajando. Pero como todo movimiento podemos tener deslizamientos para un
lado y para el otro, ahí juegan los fantasmas de cada uno. Hay movimientos que se
enmarcan en la desestimación del lugar del nombre del padre, del hombre en la
estructura social. Creo que en este movimiento inevitable cuando hay transformaciones
profundas en la cultura social es muy importante poder escuchar qué se está
produciendo ahí. Nosotros no escuchamos, al menos en el ámbito de nuestra práctica
clínica si esto es blanco o es negro; en nuestro ámbito escuchamos qué producción
sintomática acarrea en el joven o en la joven que le impide que pueda producirse como
sujeto. Pero esto no está por fuera de la lógica fálica si entiendo que lógica fálica es
marca de la ausencia, marca de la falta radical estructurante de subjetividad.
Estaba atenta la hora porque quiero dar margen a conversar con ustedes, pero en el
transcurso de estas semanas recibí un mail muy interesante de María Marta que quería
compartirles un último desenlace del paciente. Ustedes recordarán un niño habitado por
un Real, una contingencia de la vida, y gran parte del tiempo de sus primero años; luego
también esto tuvo un derrotero en torno a vida y muerte de lo Real. Señalé que el
analista interviene desde el comienzo produciendo esas intervenciones tipo "¿es
necesario?", "¿no puede solo?", y esas intervenciones entre lo Simbólico, lo Real y lo
Imaginario fueron abriendo un camino, no sin las dificultades reales que han ido
aconteciendo en el joven, fueron produciendo la posibilidad de avanzar. Lo leo: Ana,
quería comentarte algo del paciente que presenté en el seminario. Entró en una
compañía de danza, y aplicaron para el festival FIBA. Por ese motivo tuvo que preparar
por primera vez su CV. Hoy lo trajo a sesión para mostrármelo. Entre las cosas que
ubicaba de su formación, recorrido y saberes, figuraba producción y curación
audiovisual. Le pregunté "¿curación?". Totalmente convencido me dijo que era así. En
esa semana cumplió diecisiete y a diferencia de sus últimos cinco cumpleaños, esta vez
no se enfermó.
Recién hoy le pregunté a María Marta si podía contar esto que me había mandado.
Realmente no sé, la conmoción era corporal, porque los que tuvieron ocasión de poder
escuchar el material, ahonda en la idea de cuántos años un analista trabaja, encesta,
ahí sí diría que hay algo de ese auto como construcción de un pasaje a la autonomía de
su producción traducida en esa creación producción-curación audiovisual. Esa
producción que no podía llevarse adelante si no estaba en el primer tiempo los otros
reales de quien poder desprenderse. No se hacen solos los jóvenes. Si hay jóvenes
adultos que van a referirse a sus maestros es porque están diciendo de hecho que no
hay producción sin el referente para poder pelear porque hay que arrancarse de ahí.
Por eso duele. Voy a parar acá, quiero escuchar comentarios, reflexiones sobre la
ponencia. Lo que quieran.

Verónica-En primer lugar agradecerte, está muy bueno el seminario, todas las cosas
que nos vas aportando para pensar al psicoanálisis. Sobre esto último que contaste de
la paciente que la corregía a la mamá en relación a que el trabajo en la casa también
era trabajo. ¿Podés agregar algo más sobre esto? ¿Qué pasa ahí con la cuestión del
deseo? ¿Qué lugar queda para el deseo en las zonas de cuestionamiento que hay
sobre el rol de las mujeres?
2-Más que pregunta es un comentario. Se me puso en paralelo lo que venías
desarrollando hoy con un caso que tuve en estos días de una paciente que es bastante
complejo. Cuento brevemente: ella está enojada con el padre y cuando empieza a
desarrollarse la madre le levanta la blusa adelante del padre y le dice "mirá que grande
que está". Me parecía muy pertinente en relación a lo que desarrollaste, porque este
pasaje se me ocurre con respecto a la oposición imaginaria a los padres, algo que está
hablando esta paciente, a hacer algo con su desarrollo, con ella misma, más allá de esa
oposición desafiante, imaginaria, con los padres.

Analía:
Les agradezco las preguntas y los comentario. Vero, qué decirte. Las chicas jovencitas,
digamos del secundario, yo les banco la efervescencia. No por una cuestión de género.
Quiero agregar algo que fue una dimensión que mencioné pero a los efectos del
seminario no fue lo más acentuado: yo atiendo muchos muchachitos adolescentes.
Quiero decirles qué pasa cuando se enamoran a esa edad: son muy celosas. Ellas
también. Ninguno quiere compartir; todo el dilema es el viaje de fin de curso. Lo sufren,
no es mínimo porque son adolescentes, es un amor que no quieren compartir, no les da
lo mismo que pase cualquier cosa cuando hay amor. Quiero mencionarlo porque no
todo es descorche. Recuerdo un pediatra cuando hablábamos de los chicos que se
pasaban a la cama él me decía muy telúrico: "¿a vos te gusta dormir sola? A los pibes
tampoco". Cuando hay amor se arman pactos que son complejos porque ya están
atravesados por el dilema humano. Esto lo quiero aclarar, es muy difícil compartir.
Cuando uno interviene en el caso que estoy diciendo ahora yo les doy la bienvenida a
los dilemas de la vida; doy existencia a que eso es existir y ya se está produciendo
subjetividad. Estamos hablando de diques psíquicos. Creo que en la actualidad hay un
derrape a la renegación y el problema de ciertas militancias fundamentalistas es que
instituyen la renegación como normativa para todos.
A tu pregunta, yo ahí tampoco tomo una posición de género como analista, y te diría
que tampoco la tomo afuera en ese punto. Porque cuando una hija tiene que decir esto,
y en el contexto que venía dicho esto puntualmente, era el intento desesperado de una
hija que su madre como mujer legitimara su lugar en relación a su estructura familiar,
para poder ella identificarse con un modelo de mujer que no fuera degradado. Me
desespero por querer transmitir que no somos militantes, que no sabemos cómo se
vive.
Con respecto a lo que vos decís, la obscenidad de los padres. Cuando una madre
levanta y seguramente para esa chica, por más militante o lo que sea que fuere, el
cuerpo es algo que sustrae un joven del padre y de la madre. No sólo cierran las
puertas, se ponen los auriculares, no quieren que hablemos con los amigos: ese tiempo
es construcción de intimidad. Ese es el pasaje del goce del otro al propio goce en una
articulación que pueda dejar vacío cada una de las intersecciones. Vacío y reanudado.
El cuerpo de un joven es una potencia explosiva porque todo está a flor de piel. La
erogenización con los padres y tambíen la erogenización con el propio cuerpo y el
partener, ese dilema de acceder al cuerpo del otro.
El otro día una joven vino desesperada porque tenía una pareja que estaba en la
provincia y ella estaba en un lugar y empezó a tomar y encaró a un joven de la misma
parroquia. Lo hizo adelante de todos, que conocían a ambos. Vino desesperada a
análisis, vomitaba, tenía diarrea, se sentía mal. En la historia de la joven hay un goce
del lado del padre no adecuadamente regulado en especial sobre esta hija a quien toma
como interlocutora de sus propias aventuras sexuales. Lo que se trabajaba en las
sesiones anteriores era que todos los hijos de este padre iban a la casa de él a curtir,
era un secreto a viva voz. Ahí intervine y le dije que no vaya más a curtir a la casa del
padre. Ahí comenta que los padres estaban separados, que la madre se horrorizaba de
eso pero no hacía tope al desenfreno de un hombre muy intenso. Ella hizo síntoma pero
no lo pudo hacer sin pasar por esa escena que la trajo a análisis de ese modo. Había
algo de sus goces que había que reordenar.

- Hizo un acting...

Analía:
Para mi el acting no es una mala palabra. Sin eso ella no hubiera podido llegar. El modo
de actuar de ese hombre, su padre, era lo que pudo hacer con su historia terrible. En
este punto es donde digo que no puedo hacer militancia. Ella llegó descompuesta,
desencajada. Todo el problema era si le decía a su pareja, y verse expuesta. Ese verse
sí fue un acting inevitable. Lo que aclaré para amortiguar su angustia fue que solo
copeteada podía hacer eso.

-Este verse expuesta...al padre.

Analía:
Y ella le hacía sentido. Me costó mucho. Además ella llegó muy ansiosa, decía que
antes no le importaba nada de lo que le pasaba a los pibes. Lo decía con pudor.
Para terminar tengo un regalito para ustedes que es de mi época. Pensé que como todo
el tiempo la intención fue articular la clínica de nuestra actualidad con los fundamentos
del psicoanálisis en un tiempo difícil del sujeto, donde se define vida y muerte, empecé
a buscar canciones que dieran cuenta de la adolescencia y me encontré con sinfonía
del adolescente de Sui Géneris. Allí hay una canción que toca algo que hemos
trabajado nosotros: los espejos.

(Suena el tema)

Les leo la letra. Se llama Espejos, y la volvieron a grabar hace pocos años.
Hay un montón de espejos
en la feria de la ciudad,
se ríen de los reflejos
nadie ve en ellos realidad.

Si ellos de forma quisieran cambiar


es muy fácil...
sólo en otro espejo tendrán que mirar.

Pero hay otros espejos


que no son de vidrio o cristal,
que no se encuentran lejos,
que todos los pueden mirar.

Si alguien de forma quisiera cambiar


es muy fácil...
sólo en otro espejo tendrán que mirar.

Muchas gracias.