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EFECTOS DE LA LEYENDA NEGRA EN EL CONTEXTO

GEOPOLITICO ACUTAL. EL CONCEPTO DE


SUBORDINACIÓN CULTURAL
Por Marcelo Gullo Omodeo

Acerca del autor

Marcelo Gullo

Pertenencia institucional: Universidad Nacional de Lanús (UNLa), Escuela Superior de


Guerra de la Rep. Argentina.

*Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador, Graduado en Estudios


Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid, Magister en Relaciones
Internacionales, por el Institut Universitaire de Hautes Etudes Internationales, de la
Universidad de Ginebra. Investigador del Instituto de Estudos Estratégicos (INEST) de
la Universidade Federal Fluminense (UFF), Profesor de la Maestría en Estrategia y
Geopolítica de la Escuela Superior de Guerra. Profesor titular de Política Exterior
Argentina en la Universidad Nacional de Lanús. Asesor de la Comisión de Relaciones
Exteriores de la Cámara de Diputados de la Nación de la República Argentina. Asesor
en materia de Relaciones Internacionales de la Federación Latinoamericana de
Trabajadores de la Educación y la Cultura (FLATEC).

Introducción

Los efectos de la leyenda negra en el contexto geopolítico actual no se pueden


comprender sin establecer y explicitar un adecuado marco conceptual y sin situar,
previamente al hoy, el rol que jugó la leyenda negra, a través de la historia, en el
tablero del ajedrez mundial. Ese marco conceptual debe explicitar la importancia del
poder cultural, en lucha que las grandes potencias han sostenido y sostienen, por la
hegemonía mundial. Es preciso también dar cuenta del rol decisivo que ocupa la
subordinación cultural en la política exterior de los estados que la utilizan siempre

1
como instrumento de imposición sutil de su voluntad. Es importante asimismo
establecer la diferencia teórica entre imperio e imperialismo porque en ella radica la
posibilidad de comprender que no fue la codicia la que movió a España a conquistar
América, como predicaron constantemente, a lo largo de la historia, los enemigos de
España. Explicitado ese marco teórico, puede entonces, entenderse el papel decisivo
que tuvo, en la lucha por el poder mundial, la difusión de la leyenda negra de la
conquista española de América. Esta difusión, realizada por Holanda y Gran Bretaña.
Más luego fue tomada por los Estados Unidos, y la Unión de las Repúblicas Socialistas
Soviéticas. Hoy, es misma prédica contra España, es llevada adelante por numerosas
ONG, que están al servicio del capital financiero internacional.

Sin embargo, importa precisar que, la leyenda negra de la conquista española de


América no es una cuestión tan solo del pasado. En el largo plazo estratégico no serán
los estados, sino las grandes ecúmenes culturales, convertidas en nuevos entes políticos
concretos, los grandes protagonistas de la lucha por la hegemonía mundial. En ese
horizonte, la leyenda negra es y seguirá siendo, predicada por el mundo anglosajón,
para que los estados hispanoparlantes no logren agruparse en una ecúmene cultural-
política que los convierta, nuevamente, en verdaderos protagonistas de la historia.

La hipótesis sobre la que reposan las relaciones internacionales

La hipótesis sobre la que reposan las relaciones internacionales, como sostiene


Raymond Aron, está dada por el hecho de que las unidades políticas se esfuerzan en
imponer, unas a otras, su voluntad.1 La política internacional comporta, siempre, una
pugna de voluntades: voluntad para imponer o voluntad para no dejarse imponer, la
voluntad del otro.
Para imponer su voluntad, los estados más poderosos tienden, en primera
instancia, a tratar de imponer su dominación cultural. Las más de las veces, esta
dominación cultural la logran, los estados poderosos, falsificando la historia del propio
estado que se proponen dominar.

1
Al respecto ver ARON, Raymond, Paix et guerre entre les nations (avec une presentation inédite de
l’auteur), París, Ed. Calmann-Lévy, 1984.

2
El ejercicio de la dominación, de no encontrar una adecuada resistencia por parte
del estado receptor, provoca la subordinación ideológico-cultural que da, como
resultado, que el estado subordinado sufra de una especie de síndrome de
inmunodeficiencia ideológica, debido al cual, el estado receptor pierde, incluso, la
voluntad de defensa cultural y toma la historia construida por el otro, como propia. Cae
entonces, dicha nación, la nación receptora, en un estado de subordinación pasiva
inevitable y muchas veces, irreversible. 2

Las dimensiones del poder

De la mera observación objetiva del escenario internacional, se desprende que la


igualdad jurídica de los estados es una simple ficción, por la sencilla razón de que
algunos estados son más poderosos que otros, lo cual lleva a que el derecho
internacional sea un obstáculo imposible de sortear por el más débil y sencillo de
atravesar por el más fuerte. Los estados existen como sujetos activos del sistema
internacional en tanto y en cuanto poseen poder. Poder político-militar, poder
económico y, sobre todo, poder cultural. Se ha subestimado en el estudio de las
relaciones internacionales el peso decisivo del poder cultural como elemento
indispensable para que un estado sea sujeto activo y no objeto pasivo, en el sistema
internacional. La mayoría de los grandes teóricos de las relaciones internacionales han
dirigido su mirada preferentemente hacia el poder político-militar y el poder económico
descuidando, muy a menudo, el análisis del poder cultural.

Sólo los Estados que poseen poder y sobre todo poder cultural, son capaces de
dirigir su propio destino. Aquellos estados sin poder político-militar, económico y
cultural suficientes para resistir la imposición de la voluntad de otro estado, son objeto
de la historia porque son incapaces de dirigir su propio destino aunque a veces esos
estados, por el peso de la subordinación cultural, ni siquiera se percaten de tal
condición.

Conviene recordar que la dimensión política-militar del poder en el escenario


internacional se encuentra siempre profundamente interrelacionada con las otras dos
grandes dimensiones que conforman el poder en todo escenario internacional: la cultural

2
GULLO, Marcelo, La Insubordinación fundante. Breve historia de la construcción del poder de las
naciones, Buenos Aires, Ed. Biblos, 2008.

3
y la económica. Estas tres dimensiones del poder están estrechamente interconectadas y
se influyen mutuamente, pero importa destacar que las influencias son asimétricas. Así,
la dimensión política-militar del poder, influencia a la dimensión económica del poder
más de lo que es influenciada por esta pero, a su vez, la dimensión cultural del poder
influencia a la dimensión política-militar del poder más de lo que es influenciada por
esta. Es la superestructura lo que determina la estructura y no a la inversa. De lo que
resulta que el poder cultural que posea un pueblo es, en el largo plazo histórico, el más
decisivo de los poderes que pueda poseer una nación. 3

En cada una de estas dimensiones del poder, tanto en la escenario internacional


como en la vida de una nación, se desarrolla un proceso histórico, en el cual los efectos
del poder cultural tienden a ser, de ordinario, más lentos (y por eso pasan comúnmente
desapercibidos) que los efectos de los otros poderes. Así, mientras la dimensión
económica se cruza frecuentemente, en el corto y mediano plazo, con la dimensión
política-militar, la dimensión cultural se entrecruza con la económica y la política-
militar, sólo en el largo plazo. Y es, en la dimensión cultural del poder, donde los
españoles americanos y los españoles peninsulares, en donde Hispanoamérica y España,
han perdido la más importante de todas las batallas: la batalla del relato histórico porque
han sido las potencias que, tradicionalmente se enfrentaron con España e
Hispanoamérica, las que han escrito - e impuesto el relato- la historia, no sólo de la
relación entre España e Hispanoamérica sino también, la misma historia de los
españoles americanos y de los españoles peninsulares, a tal punto que ya casi no se
reconocen entre ellos como integrantes de una misma ecúmene cultural de origen y de
destino.

Estados subordinantes y estados subordinados

Por la propia naturaleza del sistema internacional, los estados con poder, tienden
a constituirse en estados líderes o a transformarse, en estados subordinantes y, por
lógica consecuencia, los estados desprovistos de los atributos del poder suficiente, en
materia político-militar, económica y cultural, para mantener su autonomía, tienden a
devenir en estados vasallos o estados subordinados, es decir, a convertirse en colonias

3
GULLO, Marcelo, Relaciones Internacionales. Una teoría crítica desde la periferia sudamericana,
Buenos Aires, Ed. Biblos, 2018.

4
informales o semicolonias, más allá de que logren conservar los aspectos formales de la
soberanía.

Es preciso aclarar que, cuando nos referimos a que un estado es un estado


subordinado no hacemos referencia a su posición económica, sino a una situación de
poder y, sobretodo, de poder cultural. Los términos estado subordinado y estado
subordinante no son estrictamente sinónimos de estado subdesarrollado y estado
desarrollado. Aunque existe, lógicamente, una relación entre subdesarrollo y
subordinación, un estado desarrollado puede ser un estado subordinado. El desarrollo -
industrial y científico tecnológico- es un requisito indispensable para salir
estructuralmente de la situación de subordinación pero, no es condición suficiente para
no ser un estado subordinado. Se es un estado subordinado, un estado autónomo o un
estado subordinante no sólo por el grado de desarrollo industrial y tecnológico
alcanzado, sino por el poder que se tenga y sobre todo por el poder cultural que se
posea.4

Así un estado desarrollado – en términos de capacidad industrial y producción


de tecnología- que pierde poder, sobretodo poder cultural puede pasar, lenta o
vertiginosamente, a convertirse en un estado subordinado.

El estado francés es, en este sentido, un ejemplo paradigmático, paso de ser un


estado subordinante - parte del núcleo del centro del poder mundial - durante los siglos
XVIII y XIX, a convertirse, luego de la Segunda Guerra Mundial, en un estado
subordinado a los Estados Unidos en proceso de completa americanización de su cultura
y pérdida de su soberanía militar. Sólo después de la llegada al poder del General De
Gaulle en 1958, que se revela, no sólo contra la pérdida de soberanía miliar francesa
sino también, contra la pérdida de soberanía cultural – es decir contra el proceso de
americanización de la cultura y la política francesa- volvió, paulatinamente, el estado
francés, a alcanzar una situación de autonomía nacional hasta principios del siglo XXI
cuando comienza a deslizarse, nuevamente, hacia una situación de subordinación
5
privilegiada con respecto a la República Federal Alemana.

4
Son las condiciones reales del poder las que determinan la ubicación de los Estados en el sistema
internacional, incluidas en esas condiciones la cultura de una sociedad y su psicología colectiva. Es decir
que el poder está compuesto por factores tangibles e intangibles. GULLO, Marcelo, Insubordinación y
desarrollo. Las claves del éxito y el fracaso de las naciones, Buenos Aires, Ed. Biblos, 2º12.
5
En 1958, al volver al poder el general De Gaulle, plenamente consciente del estado de subordinación en
que se encontraba Francia, comenzó una política de recuperación de la autonomía nacional cuyos tres ejes

5
En los estados subordinados, cuando son estados democráticos, las grandes
decisiones nacionales, no son tomadas por sus instituciones formales, como los
Parlamentos, sino que se toman de espaldas a la mayoría de su población y, casi
siempre, allende sus fronteras. Los estados democráticos subordinados, poseen una
democracia de baja intensidad. Lógicamente, existen grados en la relación de
subordinación, que es una relación dinámica y no estática.

El poder de las ideas

Es en el mundo de la cultura, en la dimensión cultural de la vida internacional,


donde los intelectuales generan las grandes categorías de análisis metapolíticas, que
condicionan la llamada política nacional o internacional. Son las categorías las que
permiten al hombre llegar a conocer el mundo que le rodea (la realidad nacional o
internacional), pues el proceso de cognición de un objeto, no es un simple acto
mecánico mediante el cual la realidad se refleja en la conciencia del hombre, sino un
proceso complejo en virtud del cual el conocimiento de lo singular, de la experiencia,
se interpreta mediante lo general. Las categorías conforman entonces, un mundo
categorial que si bien no se percibe de forma inmediata sino sólo por sus efectos,
provoca un condicionamiento de la vida política, tanto de los hombres, como de los
pueblos, tanto a nivel nacional, como internacional.

Coloquialmente, a esas ideas dominantes que no nos dejan ver la realidad tal
cual es y que son repetidas “ad nauseam”, las denominamos como “zonceras”, las
cuales “consisten en principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la
más tierna infancia –y en dosis para adultos- con la apariencia de axiomas, para
impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen
sentido…cumplen la misma función de un sofisma, pero más que un medio falaz para
argumentar, son conclusiones del sofisma, hecha sentencia. Su fuerza no está en el arte
de la argumentación. Simplemente excluyen la argumentación actuando
dogmáticamente mediante un axioma introducido en la inteligencia – que sirve de

principales fueron, 1) el desarrollo de la investigación científica y técnica para convertir a Francia en una
potencia tecnológica, 2) el retiro de Francia de la organización militar atlántica y de sus mandos
integrados –hecho que se produjo finalmente el 7 de marzo de 1966- y 3) la construcción de una fuerza
de disuasión nuclear propia. Al respecto ver DE LA GORCE, Paul-Marie, El sueño de una política
autónoma, Le Monde diplomatique, edición cono sur, Buenos Aires, marzo de 2003, p. 14.

6
premisa- y su eficiencia no depende, por lo tanto, de la habilidad en la discusión como
de que no haya discusión.”6

Sin duda alguna, como la crítica histórica seria ha demostrado, una de las más
grandes zonceras que es repetida hasta el hartazgo, en cursos, seminarios, programas de
televisión, películas y libros, es la leyenda negra de la conquista española de América.

Desde el comienzo de la modernidad, la ciencia – lo que incluye a las ciencias


sociales, tales como la historia, la antropología, la psicología, la sociología, la
economía, y las relaciones internacionales, entre otras- ha heredado el prestigio de las
grandes religiones del pasado y le dice al hombre común lo que es cierto y lo que es
errado. Si los científicos sociales son los que escriben los nuevos textos sagrados, los
periodistas, en los diarios, revistas y canales de televisión, son los sumos sacerdotes de
la nueva religión. Y, en esos nuevos textos sagrados, la leyenda negra de la conquista
española de América, ocupa un lugar central.

“Es preciso siempre tener en cuenta que... son siempre las grandes ideas de
intelectuales y especialistas las que están en la base de los programas de los partidos
políticos, de la planificación estatal, de aquello que se enseña en las aulas, de lo que se
decide en los tribunales y de aquello que se publica en los diarios. Como la genealogía
de las ideas dominantes (la leyenda negra es una de ellas) no es realizada o explicitada,
es que tenemos la impresión de que las ideas brotan espontáneamente. Eso, no es
verdad. Son ideas fuerzas de intelectuales y especialistas que se conectan a intereses
poderosos y logran institucionalizarse como lectura dominante de toda una sociedad
sobre sí misma.” 7

¿Qué duda cabe que la leyenda negra se ha institucionalizado como lectura


dominante de toda la sociedad española sobre sí misma? ¿Qué duda cabe que la
leyenda negra se ha institucionalizado como la lectura dominante de todas las
sociedades hispanoamericanas sobre sí mismas? Cabe preguntarse, entonces, a que
intereses geopolíticos poderosos está conectada la producción y difusión de la leyenda
negra.

6
JAURETCHE, Arturo, Manual de zonceras argentinas, Buenos Aires, Ed. Peña Lillo, 1984, págs. 12 y
13.
7
SOUZA, Jessé, A tolice da inteligencia brasileira. Ou como o país se deixa manipular pela elite, San
Pablo Ed. Leiva, 2015, p. 12.

7
A esta altura de nuestro razonamiento resulta interesante la reflexión que realiza
Jean Pierre Péroncel-Hugoz8, después de haber tenido una prolongada experiencia en
los medios masivos de comunicación: “Cerca de treinta años de periodista, al servicio
de los diarios franceses más leídos, me han hecho aprender por lo menos una cosa: sin
tambores ni trompetas, la libertad de expresión no ha cesado durante todo ese período
de tiempo, de disminuir. No fue necesario para eso de la Gestapo o del Gulag, ni
siquiera de un sensor. Simplemente el peso social, profesional, cotidiano, invisible e
inodoro, pero rápidamente convertido en incuestionable, del ‘pensamiento único’, y de
lo ‘políticamente correcto’, que destruyeron, más que todos los totalitarismos pasados,
las plumas y las voces que intentaron oponerse a ese sistema de control político
transnacional, inédito en los anales universales de la represión.” 9
Es imprescindible
remarcar que la leyenda negra de la conquista española de América integra el núcleo
duro del pensamiento políticamente correcto.

El concepto de subordinación cultural

Podemos afirmar, siguiendo el pensamiento de Hans Morgenthau, que el


objetivo ideal o teleológico de la subordinación cultural, en términos de Morgenthau,
“imperialismo cultural” consiste en la conquista de las mentalidades de todos los
ciudadanos que hacen la política del estado en particular y la cultura de los ciudadanos
en general, al cual se quiere subordinar.
Definiendo el concepto de “Imperialismo cultural”, Hans Morgenthau afirma:
“Si se pudiera imaginar la cultura y, más particularmente, la ideología política de un
estado A con todos sus objetivos imperialistas concretos en trance de conquistar las
mentalidades de todos los ciudadanos que hacen la política de un estado B,
observaríamos que el primero de los estados habría logrado una victoria más que
completa y habría establecido su dominio sobre una base más sólida que la de
cualquier conquistador militar o amo económico. El estado A no necesitaría amenazar
con la fuerza militar o usar presiones económicas para lograr sus fines. Para ello, la

8
Jean Pierre Péroncel-Hugoz , periodista y escritor comenzó su carrera periodística en el diario Le Monde
en 1969 como corresponsal en Argelia , a partir de 1973 fue destinado a Egipto y en 1976 enviado al
Líbano.
9
PÉRONCEL – HUGOZ, Jean Pierre, ISLAMERIQUE posface en DEL VALLE Alexander, Islamisme
et Etats- Unis. Un alliance contre l’Erupope, ED. L’Age d’Homme, Laussanne, 2001, p. 343.

8
subordinación del estado B a su voluntad se habría producido por la persuasión de una
cultura superior y por el mayor atractivo de su filosofía política.” 10

Sin embargo, para algunos pensadores, como Juan José Hernández Arregui, la
política de subordinación cultural tiene como finalidad última, no sólo la “conquista de
las mentalidades” sino la destrucción misma del “ser nacional” del Estado sujeto a la
política de subordinación. Y, aunque generalmente, reconoce Hernández Arregui, el
estado emisor de la dominación cultural (el “estado metrópoli”, en términos de
Hernández Arregui), no logra el aniquilamiento del ser nacional del Estado receptor, el
emisor sí logra crear en el receptor, “un conjunto orgánico de formas de pensar y de
sentir, un mundo-visión extremado y finamente fabricado, que se transforma en actitud
«normal» de conceptualización de la realidad [que] se expresa como una
consideración pesimista de la realidad, como un sentimiento generalizado de
menorvalía, de falta de seguridad ante lo propio, y en la convicción de que la
subordinación del país y su desjerarquización cultural, es una predestinación histórica,
con su equivalente, la ambigua sensación de la ineptitud congénita del pueblo en que se
ha nacido y del que sólo la ayuda extranjera puede redimirlo.” 11
Esto fue exactamente lo que le pasó a España a finales del siglo XIX y lo que lo
llevó a Ortega y Gasset, en el siglo XX, a afirmar que España era el problema y Europa
la solución. Sin duda la sentencia de Ortega y Gasset nace del sentimiento generalizado
de menorvalía que sufría España y de la idea producida por ese sentimiento de que la
subordinación de España y su desjerarquización cultural era una predestinación
histórica. Lo curioso y trágico al mismo tiempo, es que la sentencia de Ortega y Gasset
siga guiando hasta el día de hoy, la conducta de la mayor parte de la clase política
española. Sin duda alguna esta anomalía encuentra, en gran medida, su razón de ser en
que España fue subordinada ideológicamente, imperializada culturalmente en términos
de Morgenthau. En esa subordinación ideológica que sufre España el peso de la leyenda
negra – es decir de la historia de España escrita por las potencias enemigas de España-
ocupa un lugar decisivo.

10
. MORGENTHAU, Hans, Política entre las naciones. La lucha por el poder y la paz, Buenos Aires,
Grupo Editor Latinoamericano, 1986, p. 86.
11
. HERNÁNDEZ ARREGUI, Juan José, Nacionalismo y liberación, Buenos Aires, Ed. Peña Lillo, 2004,
p. 140

9
Preciso es destacar que, aunque el ejercicio de la subordinación cultural por
parte del estado emisor (en el caso que nos ocupa Inglaterra y los Estados Unidos), no
logre la subordinación ideológica cultural total del estado receptor ( en el caso que nos
ocupa España y las repúblicas hispanoamericanas) , puede dañar profundamente la
estructura de poder de este último, si engendra, mediante el convencimiento ideológico
y la falsificación de la historia, una vulnerabilidad ideológica que resulta ser -en tiempos
de paz - la más peligrosa y grave de las vulnerabilidades posibles para el poder nacional
porque, al condicionar el proceso de la formación de la visión del mundo de una parte
importante de la ciudadanía y de la elite dirigente, condiciona, por lo tanto, la
orientación estratégica de la política económica, de la política externa y, lo que es más
grave aún, corroe la autoestima de la población, debilitando la moral y el carácter
nacionales, ingredientes indispensables - como enseñara Morgenthau - del poder
nacional necesario para llevar adelante una política tendiente a alcanzar los objetivos del
interés nacional.

Los conceptos de imperio e imperialismo


Sin compartir, de ninguna manera, el determinismo de Morgenthau – porque
creemos que el hombre (así como las unidades políticas que él conforma), está
condicionado, pero no determinado, por sus impulsos biopsicológicos12- resulta
interesante, remarcar que para Hans Morgenthau, todas las unidades políticas presentes
en el sistema internacional son motivadas a actuar por el “impulso de dominio”, que es
común a todas ellas, porque “los impulsos a vivir, procrear y dominar son comunes a
todos los hombres”.13
Importa aclarar que la tendencia, a mandar, a disponer, a ordenar, de la que
habla Morgenthau, no quiere decir -estrictamente hablando- según nuestro entender
“aspiración a sojuzgar o a someter, sino simplemente voluntad de conducir – en

12
El hombre está condicionado pero no determinado por sus impulsos biopsicológicos porque los
hombres pueden sustraerse a la fuerza impulsora de los instintos. Dado que el hombre es el único animal
consciente de sus apetencias debe decidir algún movimiento para atenderlas, es decir debe poner en
juego su voluntad y es, entonces, cuando aparece la posibilidad de hacer o no hacer aquello que el deseo
exige.
13
MORGENTHAU, Hans, op.cit. p. 49.

10
algunos casos benévolamente, en otros maliciosamente- a los hombres o a las
comunidades que están al alcance de esa voluntad.” 14

Esta explicación nos permite distinguir entre acciones políticas de carácter


imperial y acciones políticas de carácter imperialista. Una unidad política lleva a cabo
una política imperial, cuando tiene una clara voluntad de dominar benévolamente y,
generalmente, en este caso, el impulso que motiva la acción de dominar no está
fundado, esencialmente, ni en la ambición económica, ni en el desprecio racial, ni en el
afán de extender el territorio. Por el contrario, una unidad política lleva a cabo una
política imperialista, cuando tiene una expresa voluntad de dominar maliciosamente y,
generalmente, la razón principal que motiva la acción de dominar maliciosamente está
anclada, sustancialmente, en el desprecio racial y/o, en el deseo de la apropiación de la
riqueza - a través del saqueo o la explotación- de la unidad política que se domina o
desea dominar.

La conquista española de América, es un claro ejemplo de una acción política de


carácter imperial, porque el impulso de dominación estaba motivado, principalmente,
en la convicción de la obligación moral de expandir sus creencias religiosas, sin que
estas estuvieran acompañadas de ninguna idea de superioridad racial, lo que llevó
naturalmente al mestizaje del conquistador con el conquistado. Sin embargo la leyenda
negra sembró el mito de que sólo el deseo desenfrenado por el oro, motivó la conquista
española de América. Y hoy, ese mito lo repiten desde el hombre común hasta los más
prestigiosos profesores universitarios.

La última cruzada: la conquista de América

La motivación proselitista religiosa y no económica, de la conquista de América


fue claramente identificada por dos grandes autoridades del marxismo iberoamericano
como fueron José Carlos Mariátegui y Rodolfo Puiggrós. Ambos dejan en claro que no
fue el deseo desenfrenado por el oro lo que motivo a castellanos, extremeños y
andaluces a arriesgar sus vidas en la conquista de América. Es, en ese sentido que, José
Carlos Mariátegui afirma: “He dicho ya que la Conquista fue la última cruzada y que

14
. PELTZE; Enrique, Cómo se juega el poder mundial. Teorías de las relaciones políticas externas,
Buenos Aires, ed. Abaco, 1994, p. 202.

11
con los conquistadores tramontó la grandeza española. Su carácter de cruzada define a
la Conquista como empresa esencialmente militar y religiosa. La realizaron en
comandita soldados y misioneros…La ejecución de Atahualpa, aunque, obedeciese sólo
al rudimentario maquiavelismo político de Pizarro, se revistió de razones
religiosas…Después de la tragedia de Cajamarca, el misionero continuó dictando
celosamente su ley a la Conquista. El poder espiritual inspiraba y manejaba al poder
temporal…el cruzado, el caballero, personificaba una época que concluía, el Medioevo
católico.” 15

En el mismo sentido que José Carlos Mariategui, Rodolfo Puiggrós sostiene que,
“…la conquista de América prolongó las cruzadas a un escenario de magnitud y
características desconocidas por el soldado europeo…Ninguno estaba habilitado, como
el español para tarea tan gigantesca. Casi tres siglos antes (1212) , en la gran batalla
de las Navas de Tolosa que deshizo al ejército musulmán, los cincuenta mil caballeros y
peones franceses, provenzales, bretones, italianos, alemanes e ingleses defeccionaron y
los ibéricos solos (soli hispani) dieron la pelea y obtuvieron la victoria. Desde entonces
guerrearon contra el Islam sin ayuda extranjera…De no aparecer en su camino el
Nuevo Mundo es seguro que los castellanos hubiesen perseguido a los súbditos del
Islam más allá del estrecho de Gibraltar. El ambicioso sueño de exterminarlos y
reconstruir a lo largo del litoral surmediterráneo los dominios de los primeros
cristianos no fue abandonado, mientras América no absorbió las energías de España
hasta dejarla exhausta…España (concluye Puiggrós), volcó en el Nuevo Mundo su
sentido misional cristiano que, formado en la guerra antiislámica…inyectó a las
sociedades que creó del otro lado del océano, el trascendentalismo religioso que en las
postrimerías del feudalismo sobrevivía a los grandes cambios sociales en marcha en el
Viejo Mundo.”16

España nunca consideró a América como un botín

15
. MARIATEGUI, José Carlos, 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, Ed. Amauta,
1994, Págs. 169 y 170.

16
PUIGGROS, Rodolfo, La España que conquistó el Nuevo Mundo, Buenos Aires, Ed. Altamira, 2005,
p. 17.

12
Es indiscutible que lo que unifica esos dos tipos de acciones que hemos
descripto - la imperial y la imperialista - sobre todo desde el ángulo de quien es el sujeto
de la dominación, es que ambas acciones son generalmente, en un principio, violentas.
Lo que desde el punto de vista práctico, diferencia a la acción imperial de la
imperialista, es que, en el primer caso, después de efectuada la conquista -
generalmente violenta-, el territorio y el pueblo conquistado no van a ser considerados
permanentemente como un botín. Mientras que, en el segundo caso, después de
efectuada la conquista -también generalmente violenta -, el territorio y el pueblo
conquistados, van a ser considerados, de forma permanente, como un botín. Esta
segunda diferenciación - que nos permite distinguir entre una acción de carácter
imperial y una acción de carácter imperialista - es, lógicamente, más importante que la
primera, dado que, de las motivaciones benévolas podría decirse lo mismo que el refrán
popular dice de las buenas intenciones, que de ellas está plagado el camino del infierno.
El imperio español –como el imperio romano17 - más allá de la fábula montada por la
leyenda negra, mientras a su cabeza estuvieron los Austrias, jamás consideró a las
Indias como un botín. 18

17
. Siguiendo el pensamiento de Helio Jaguaribe, podría afirmase que Roma durante buena parte de su
existencia como imperio, no consideró a las provincias como un botín. Al respecto Jaguaribe afirma:
“Fueron muchas las condiciones internas y externas que favorecieron la formación y consolidación del
Imperio Romano. (Sin embargo) independientemente del hecho de que las condiciones internas de Roma
favorecieran su proyecto imperial y que el contexto internacional, después de la destrucción de Cartago
y de la derrota de los Reinos Helénicos, no presentaba otros contendientes….lo importante es tener en
cuenta el hecho de que el Imperio Romano fue coercitivo sólo marginalmente. Es cierto que las legiones
de César derrotaron a las fuerzas galas, posibilitando la incorporación de la Galia como provincia del
Imperio. Lo mismo puede decirse de la intervención de las huestes romanas en la Península Ibérica, en
Egipto, en la Dacia….Lo que importa empero, no es ese primer momento de conquista militar, sino el
hecho de que, una vez consolidado el dominio romano en esas provincias, éste pasó a contar con la
aceptación y activa colaboración de las elites nativas, con las naturales excepciones que constituyen
casos extremadamente minoritarios… ¿Por qué se dio este hecho? Porque la Pax romana era sumamente
ventajosa para la elite nativa de las provincias. La Pax romana implicaba por un lado, una eficaz
protección contra los bárbaros externos y, por el otro, un sistema de equitativo e ilustrado ordenamiento
jurídico de las sociedades integrantes de las provincias que les proporcionaba un régimen legal del que
no disfrutaban anteriormente, seguridad personal, igualdad de todos ante la ley, garantía de los
contratos, expansión del comercio, desarrollo de la capacidad productiva de cada región, acceso a la
educación y a la alta cultura y un trato desprovisto de prejuicios raciales…La Pax romana reposaba en
la equitatividad del jusgentium y en la imparcialidad y objetividad legal del praetorperegrinus. ..(En los
tiempos de César) Roma dejó de ser una ciudad-estado, para la cual el imperio era objeto de botín, para
convertirse, operativamente con César y organizativamente con Augusto, en centro administrativo de un
sistema imperial, en la policía del conjunto del sistema, aunque Roma usufructuase ciertas ventajas como
administradora del imperio no consideraba a la provincias como un botín…Roma cayó solo cuando …la
Pax romana se convirtió en oppresio romana” JAGURARIBE, Helio, “Mercosur y las alternativas de
ordenamiento mundial”, Octubre Sudamericano, Buenos Aires, dic. 2000, págs. 29, 30, y 31.
18
Al respecto ver, LEVENE, Ricardo, Las Indias no eran colonias, Buenos Aires, ed. Corregidor, 1991.

13
Holanda, Inglaterra y la leyenda negra
Según Elvira Roca Barea –afirma Vargas Llosa -, “la leyenda negra
antiespañola fue una operación de propaganda montada y alimentada a lo largo del
tiempo por el protestantismo -sobre todo en sus ramas anglicana y calvinista- contra el
imperio español y la religión católica para afirmar su propio nacionalismo,
satanizándolos hasta extremos pavorosos y privándolos incluso de humanidad. Da, de
ello, ejemplos abundantes y de toda índole: tratados teológicos, libros de historia,
novelas, documentales y películas de ficción, cómics, chascarrillos y hasta chistes de
sobremesa.” 19

No cabe ninguna duda de que en el siglo XV, Holanda e Inglaterra, que se


encontraban empeñadas en una guerra a muerte con España, decidieron utilizar, como
instrumento de propaganda antiespañola, el libro “Brevísima relación de la destrucción
de las Indias”, del sacerdote español Bartolomé de las Casas y lograron convertirlo, en
poco tiempo, en un éxito mundial. El libro Brevísima relación de la destrucción de las
Indias, fue escrito por Fray Bartolomé, en España, hacia 1541 y publicado en Sevilla en
1552.

Desde 1579 y hasta 1648 (es decir desde la rebelión de los Países Bajos a la Paz
de Westfalia), se imprimieron, en Holanda -enemiga mortal de España-, 33 ediciones de
la obra de Bartolomé de las Casas ilustradas, casi todas ellas, por el grabador y editor
holandés Teodoro de Bry, con láminas que expresaban en imágenes la narración que el
dominico hacía de las supuestas atrocidades realizadas por los españoles en América.

Al respecto, el historiador marxista Jorge Abelardo Ramos afirma: “En su


Brevísima relación de la destrucción de las Indias, y luego en su Historia General de
las Indias, el Padre Las Casas ofreció una versión, exagerada por su pasión y
frecuentemente plagada de inexactitudes dictadas por los peores recursos polémicos,
de la crueldad española en la Conquista. La destrucción crítica de su Brevísima es
sencilla y los hispanófilos ya la han realizado. Importa reiterar aquí que los rivales
europeos de España, famosos genocidas y vampiros de pueblos enteros, como los

19 VARGAS LLOSA, Mario, Leyendas negras que horadan el poder del enemigo.
https://www.lanacion.com.ar/2172654-leyendas-negras-horadan-poder-del-enemigo

14
ingleses y holandeses, se lanzaron sobre la obra de Las Casas como moscas sobre la
miel. En las prensas de Alemania, Holanda y Gran Bretaña, se difundieron enseguida
las traducciones. Al parecer, España en sus conquistas empleaba métodos sangrientos.
Sus rivales, en cambio, eran filántropos rebosantes de piedad.”20

Preciso es reafirmar, a esta altura de nuestro discurso, que la “Leyenda negra”,


de la conquista española de América constituyó el principal ingrediente del
imperialismo cultural anglosajón para derrotar a España y dominar Hispanoamérica.
“El menosprecio hacia España arranca de los siglos XVII y XVIII como parte de
la política nacional de Inglaterra”, afirma el filósofo marxista, Hernández Arregui, a
quien nadie, en su sano juicio, podría acusar de “falangista.” “Es un desprestigio de
origen extranjero –sostiene Arregui- que se inicia con la traducción al inglés, muy
difundida en la Europa de entonces, del libro de Bartolomé de las Casas. Lágrimas de
los indios: relación verídica e histórica de las crueles matanzas y asesinatos
cometidos en veinte millones de gentes inocentes por los españoles. El título lo dice
todo. Un libelo.”21

Importa resaltar que, como la elite de conducción británica era consciente de


que, en el origen del poder de las naciones se encuentra siempre una fe fundante y que
su pérdida, acarrea la descomposición del poder nacional, la prédica de la leyenda negra
estaba destinada a fomentar la hispanofobia es decir el odio a España y, por lógica
consecuencia, el odio al catolicismo que España había traído a América a fin de
debilitar los cimientos del poder de las jóvenes repúblicas hispanoamericanas.

Estados Unidos y la leyenda negra


La política norteamericana de prédica y fomento de la leyenda negra de la
conquista española de América comenzó, como política de estado, en 1822, con la
primera visita a México de Joel Robert Poinsett, como agente especial del gobierno de
los Estados Unidos de Norteamérica.

20
RAMOS, Jorge Abelardo, Historia de la Nación Latinoamericana, Buenos Aires, Ed. Dirección de
publicaciones del Senado de la Nación, 2006, p. 83.
21
HERNÁNDEZ Arregui, Juan José, ¿Qué es el ser nacional?, Ed. Peña Lillo, Buenos Aires, 2005, p. 24.

15
Joel Robert Poinsett -acérrimo anticatólico, descendiente de una familia
hugonote huida de Francia- fue el principal promotor, en México, de la leyenda negra y
22
la hispanofobia. Es en su primera estadía en México, Poinsett, sienta las bases de la
implantación de la masonería adscrita al rito yorkino a la que él mismo pertenecía, a fin
de desplazar a las logias de rito escoces que respondían a Inglaterra.23 Poinsett percibió,
rápidamente, que el emperador Agustín de Iturbide, de orientación católica e
hispanista, constituía uno de los principales impedimentos para el logro de los objetivos
de la política exterior norteamericana para México y, desde un principio, trabajo para su
derrocamiento. La labor de Poinsett tendría excelentes resultados pues, los masones de
la logia Yorkina, tuvieron un rol decisivo en los acontecimientos que provocaron, en
1823, el derrocamiento del emperador Agustín de Iturbide.

El 19 de octubre de 1824, Poinsett retorna a México, como “embajador de


facto” de los Estados Unidos de Norteamérica. Washington no nombrará oficialmente,
ningún embajador para México, hasta 1896. Simbólicamente, Poinsett hizo colocar en
el salón de recepción de su casa, que hacía las veces de embajada, un gran retrato de

22
Joel Roberts Poinsett nació en Charleston, Carolina del Sur, el 2 de marzo de 1779. Hijo único del
doctor Elisha Poinsett, descendiente de una familia hugonote huida de Francia que en Estados Unidos
contrae matrimonio con Anna Roberts. Joel Roberts Poinsett cursó estudios de medicina y química, en
Edimburgo. Estudios que abandona para incorporarse a la Academia Militar de Woolwich. Poinsett
regresa a Charleston, en el año 1800. A finales de 1810, es nombrado Cónsul General de los Estados
Unidos para Buenos Aires, Chile y Perú. Poinsett se asienta en Santiago de Chile, donde se involucra
profundamente, en el proceso separatista de España llegando, incluso, a redactar una constitución para el
futuro estado. En Chile, Poinsett fue amigo personal de general José Miguel Carrera Verdugo. A finales
de 1813, se instala en Buenos Aires, desde donde, tras una estancia de un año, regresará a Estados
Unidos, para acceder al cargo de diputado, por Carolina del Sur.
Instalado en México, Poinsett trabajó para obstaculizar al máximo, los propósitos unionistas
bolivarianos A través de las logias – donde efectivamente se redactó- Poinsett tuvo un papel fundamental
en la sanción, el 20 de diciembre de 1827, de la primera Ley General de Expulsión promulgada, bajo el
gobierno de Guadalupe Victoria - que había sido formado por Poinsett, en el seno de las logias. Dicha ley
estableció la expulsión de todos los españoles residentes en México y dictaminó que disponían de seis
meses, para abandonar la República. El 3 de enero de 1829, Joel Roberts Poinsett abandonará México
para no regresar, siendo sustituido por Antonio Butler, que continuará la prédica de la leyenda negra de la
conquista española de América iniciada por Poisett y el consecuente fomento del antiespañolismo y del
anticatolicismo. En los Estados Unidos, Poinsett fue nombrado, en 1837, como Secretario de Guerra -
en la presidencia de Martin Van Buren- puesto que ocupó hasta 1841. Como secretario de Guerra,
Poinsett, “gran defensor de los indios”, en México, continuó la política de estado nortermaricana,
consistente en “la eliminación y el exterminio total de los indios norteamericanos”, al oeste del río
Misisipi.

Seguimos, para realizar esta semblanza, el libro de José FUENTES MARES, Poinsett. Historia de una
Gran Intriga, México DF, Ed. Jus, 2ª edición, 1958.
23
De la mano de Inglaterra la masonería se había instalado en México a finales del siglo XVIII,
siguiendo el rito escocés, contando entre sus filas con el propio virrey O´Donojú y con el periódico El
Sol como medio de difusión.

16
Moctezuma. Era la primera vez en la historia de México, que un retrato de Moctezuma,
aparecía exhibido en un lugar políticamente relevante.24

Todas las logias formadas por Poinsett tenían nombres que exaltaban el pasado
prehispánico. La logia “India Azteca”, fue una de las principales. En todas ellas Poinsett
formaba a los nóveles aprendices, futuros dirigentes de México (como Guadalupe
Victoria 1786-1843, Vicente Guerrero 1782-1831, Lorenzo de Zavala 1788-1836 y
Manuel Gómez Pedraza 1789-1851, entre otros ) , en el odio a España y a la religión
que España había traído a América: el catolicismo.
Para entender cabalmente la importancia estratégica de la formación doctrinaria
impartida por Poinsett, en el seno de las logias, es preciso remarcar que José Miguel
Ramón Adaucto Fernández y Félix, más conocido como Guadalupe Victoria, fue el
primer presidente de México; y que antes de ello había sido diputado por Durango y
miembro del Supremo Poder Ejecutivo. Que Vicente Ramón Guerrero Saldaña fue
miembro del Supremo Poder Ejecutivo entre 1823 y 1824, luego Ministro de Guerra y
Marina, en 1828 y que ocupó la presidencia de México desde el 1° de abril al 17 de
diciembre de 1829. Que Lorenzo de Zabala, en 1824, integró el Congreso
Constituyente, siendo, posteriormente, presidente del mismo, gobernador del Estado de
México en 1827, ministro de Hacienda, en el gobierno de Vicente Guerrero en 1829, y
que apoyó al movimiento separatista tejano y fue nombrado diputado del Congreso de
la República de Texas. Que Manuel Gómez Pedraza y Rodríguez, se desempeñó como
Presidente de México, entre 1832 y 1833.

Desde el punto de vista político, importa tener en cuenta que las cinco logias
formadas por Poisett acogerán, durante más que cien años, a muchas de las más
importantes figuras políticas de la historia de México. De las filas de las logias, creadas
por Poinsett, surgirá el Partido Liberal que tendrá un rol protagónico en la instauración
de la leyenda negra, como ideología dominante en México. Las logias creadas por
Poinsett fueron el instrumento secreto de la política exterior norteamericana.

La prédica de Poinsett en las logias por él creadas, sentó las bases de un


profundo odio a España y al catolicismo. En la versión de la historia propagada por
Poinsett, el conquistador extremeño Hernán Cortez era la figura, por antonomasia, más

24
SULÉ, Jorge Oscar, Iberoamérica y el indigenismo, Buenos Aires, Ed. Fabro, 2011, p. 9.

17
execrable de la historia de México y, la conquista de México, sólo un baño de sangre,
movido por la codicia irrefrenable de los conquistadores españoles. Sin duda alguna fue
Poinsett, es decir el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, el que sentó las
bases de lo que sería, luego, la historia oficial de México que, con algunos retoques, se
enseña hasta el día de hoy, a todos los niños mexicanos, en las escuelas primarias. Esa
falsificación de la historia de México, inventada por Poinsett, constituye la versión
indiscutida de la historia de México, de la cual parten casi todos los universitarios, para
la realización de sus trabajos “científicos”. Puede decirse, sin exagerar, que fue el
Departamento de Estado de los Estados Unidos, el que escribió la historia oficial de la
conquista española de México, repetida sin cesar, por la casi totalidad de los más
prestigiosos intelectuales mexicanos, de derecha y de izquierda, hasta el día de hoy.

Importa destacar que, ese enorme esfuerzo por predicar la leyenda negra de la
conquista española de América, por parte del gobierno de los Estados Unidos –que
comienza con Poinsett- encuentra su razón de ser, su causa más profunda, en el hecho
de que la élite política norteamericana era perfectamente consciente – como lo era la
elite británica- de que en el origen del poder de las naciones se encuentra, siempre, una
fe fundante y que, con la pérdida de esa fe fundante, comienza, siempre, la
desconstrucción del poder de la naciones. Es por ello que, la prédica de la leyenda negra
emprendida por Poinsett y continuada ininterrumpidamente por el Departamento de
Estado, tenía como objetivo estratégico, la descatolización de México y de toda la
América Española. Se enseñaba a odiar a España, para odiar la religión que España
había traído a América. La idea de erradicar el catolicismo en Iberoamérica, conformó
por, largo tiempo, el núcleo duro del pensamiento de la elite política norteamericana.
Por eso, la conocida reflexión de Teodoro Roosevelt, suspirada en 1912, mientras
contemplaba las azules aguas del lago argentino, Nahuel Huapi: “Creo que la
asimilación de los países latinoamericanos será larga y difícil mientras estos países
sigan siendo católicos”. 25

Importa resaltar que, si Inglaterra utilizó como instrumento para la difusión de


la leyenda negra y la hispanofobia al libro, los Estados Unidos hicieron del cine el
instrumento por antonomasia, de la difusión de esa misma leyenda negra y de esa

25
GULLO, Marcelo, Argentina Brasil. La gran oportunidad, Buenos Aires, Ed. Biblos, 2005, p. 22.

18
misma hispanofobia. La saga de películas norteamericanas hispanofóbicas, tendientes a
lograr la subordinación cultural de toda Hispanoamérica, comienza, en 1897, con la
película “Tearing Down the Spanish Flag” (Desgarrando la bandera española) y
continua hasta hoy día. “Tearing Down the Spanish Flag”, considerada la primera
película bélica de la historia, muestra el momento en que, en el Castillo del Morro, en
el puerto de la Habana, es arriada la bandera española para izar la bandera
norteamericana. En 1899, se estrena la película “Raising Old Glory Over Morro Castle”
(Elevando la vieja gloria sobre el Castillo del Morro). Comentando dicha película la
revista “The Phonoscope” afirma: “La bandera española es arriada, y hacia arriba
flota la bandera de las barras y las estrellas. Se derrumba entonces el símbolo de la
tiranía y la opresión que ha gobernado en el Nuevo Mundo durante cuatrocientos
años”.

La promoción de la leyenda negra y del fundamentalismo indigenista – piezas


centrales de la política de subordinación cultural de los Estados Unidos para las
repúblicas hispanoamericanas- tendrá un nuevo impulso con la creación, en 1940, del
Instituto Indigenista Interamericano, del cual Estados Unidos y Canadá junto a México,
serán los principales promotores. Por esas ironías de la historia, el Instituto Indigenista
Interamericano, instaló su sede en la capital de México, nada menos que en la Calle
Londres, n° 64.

El mismo año de la creación Instituto Indigenista Interamericano, se estrena en


Estados Unidos, la película “The Sea Hawk” (El halcón del mar). En dicha película,
Felipe II, contemplando un enorme mapamundi, aparece retratado como un tirano
fascista , que planifica la invasión de Inglaterra. Su estética lúgubre y oscura traza,
una referencia directa con Adolfo Hitler el nuevo enemigo, por esos años, de
Inglaterra y EE.UU.

La hispanofobia y la leyenda negra estarán, de una u otra manera, siempre


presentes en Hollywood ocultando, por ejemplo, que Gerónimo, el gran jefe
apache chiricahua, hablaba español 26 y llevaba, siempre, consigo un rosario pero,
tendrá un nuevo impulso en ocasión del V centenario del descubriendo de

26
ROCA BAREA, María Elvira, El indio Gerónimo hablaba español,
https://elpais.com/cultura/2019/01/08/actualidad/1546958387_643634.html

19
América. En esa ocasión aparece, entre otras películas, “ 1492: la conquista del
paraíso” en donde se retrata una Castilla sombría, regada de sangre de herejes que llega
a América para sembrar la desolación y la muerte. Con estos pocos ejemplos, hemos
querido, tan sólo, mostrar que los Estados Unidos a través del cine recogió,
renovó y amplificó a nivel planetario, la leyenda negra sobre España, difundida
antes, con ahínco, a través del libro, por Holanda e Inglaterra.

La Unión Soviética y la leyenda negra

Ciertamente, Gran Bretaña y los Estados Unidos no fueron las únicas, ni las
últimas naciones, que utilizaron la prédica de la leyenda negra como herramienta de
subordinación ideológica-cultural para imponer su voluntad a otras unidades políticas.
Importa resaltar que la Unión Soviética también utilizó como ideología de
subordinación, en Hispanoamérica, a partir de 1929, la prédica de la leyenda negra de la
conquista española de América, tendiente a fomentar un fundamentalismo indigenista
que desembocara en la creación de repúblicas indígenas que, provocando la
fragmentación de los Estados existentes, desestabilizaran lo que consideraban era el
patio trasero de Estados Unidos.
En junio de 1929, la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, realizada
en Buenos Aires, determinó que en América Latina había que “abandonar el espíritu
fetichista de las fronteras actuales”27, pero no para crear una Patria Grande
Latinoamericana, sino para posibilitar el establecimiento de nuevas repúblicas de base
étnica. En tal sentido, esa conferencia ordenaba a los militantes comunistas peruanos,
luchar por la instauración de una república quechua y de una república aymara,
totalmente independientes, lo que equivalía a proponer la fragmentación territorial del
Perú, en tres estados. Es preciso notar también que, en febrero del año siguiente
Eudocio Ravines –antiguo militante aprista convertido al comunismo– llegó
clandestinamente a Lima, con instrucciones muy concretas para que los militantes
comunistas cumplieran lo resuelto en Buenos Aires. Similar planteamiento para la
27
BASADRE, Jorge, Historia de la República del Perú, Lima, Ed. La República, 1999, p. 3064.

20
República de Bolivia, realizó la conferencia comunista llevada a cabo en 1930, también
en Buenos Aires, que propuso separar ese país, nada menos que en trece estados.
Por otra parte, para poder contextualizar la real importancia de la posición tomada por la
Unión Soviética frente al tema de la leyenda negra para la difusión del fundamentalismo
indigenista, resulta imprescindible dar cuenta de que, a los pocos días de fallecido
Mariátegui, el 16 de abril de 1930, llegó a Lima, como relata Ricardo Martínez de la
Torre, una extensa comunicación de la Internacional Comunista en la que se ampliaba la
discusión sostenida en Buenos Aires. Esa comunicación reconfirmaba las instrucciones
conferidas a los militantes comunistas para que trabajaran en pos de la creación de las
repúblicas quechua y aymara y liquidaran a toda fuerza política, principalmente al
APRA, que propusiese la unificación de las repúblicas iberoamericanas en un solo
estado. Las instrucciones dadas por la Internacional Comunista a sus militantes de Perú
en particular, y a los de toda América Latina en general, no podían ser más precisas:
había que liquidar de la conciencia popular, la idea de un partido policlasista que
luchara por la unificación de América Latina, es decir, por la construcción de la Patria
Grande. Al nacionalismo continental propuesto por el aprismo, la Internacional
Comunista, oponía el separatismo indigenista, el nacionalismo étnico indígena, para la
creación de un centenar de repúblicas indígenas.

A la unificación de la nación indoamericana propuesta por el aprismo, la


Internacional Comunista oponía –bajo la aparente defensa de las masas indígenas
explotadas– la fragmentación territorial de los estados ya existentes para dar lugar al
nacimiento de una veintena más, de nuevas y pequeñas repúblicas indígenas que serían
fragmentos impotentes en el concierto de las naciones. La leyenda negra (y el
indigenismo, es decir, la causa del indio, entendida como una causa racial y no, como
una causa social), predicada y fomentada por la Internacional Comunista, siguiendo las
directivas emanadas desde la Unión Soviética, tendía a profundizar, inexorablemente, la
“balcanización” hispanoamericana – y sus consecuentes impotencia y dependencia-
producida luego de las guerras de la independencia. En sus objetivos, la prédica de la
leyenda negra fomentada por la Unión Soviética, en nada difería de la realizada, en su
momento, por Inglaterra y por los Estados Unidos.

Las ONG y la leyenda negra

21
Aproximadamente a mediados de la década del ’80, cuando comenzaron los
aprestos para la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América,
curiosamente, numerosas ONG empezaron a realizar la misma labor de difusión de la
leyenda negra, que antes habían realizado los órganos de inteligencia de Gran Bretaña,
Estados Unidos y la Unión Soviética. Decenas de ONG, con sede en Ámsterdam,
Londres o Nueva York, comenzaron a financiar congresos, seminarios e investigaciones
sobre la conquista española de América. Y cientos de sus rubios miembros –
investigadores, profesores y estudiantes- comenzaron a recorrer la América cobriza y
morena, predicando la leyenda negra.
En un interesante artículo publicado en el Semanario “Marcha”, el 23 de octubre
de 1986, Jorge Abelardo Ramos, retratando el clima de época que se vivía, afirma:
“Se está extendiendo en América Latina un nuevo motivo de división. Con motivo del
comienzo de la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América, se han
multiplicado la manifestaciones, ingenuas a veces, pérfidas otras, de repudio a la
España de la Conquista y la evangelización. Por el contrario, se glorifica a las razas
indígenas. Algunos estudiantes de antropología, en Salta, proponían retirar la estatua
del Virrey Toledo y sustituirla por la de Tupac Amaru I. Ciertos cantantes, como
Víctor Heredia, con liviano bagaje histórico, condenan la supuesta matanza de 50
millones de indios…Y hasta las llamadas ‘juventudes políticas’ (integradas por todos
los partidos, izquierda o derecha, que han sido cómplices de todos los golpes militares
realizados contra el pueblo en 40 años), declaran fecha fasta el 11 de octubre y nefasta
el 12 de octubre”28

Llama la atención, en dicho artículo, Jorge Abelardo Ramos sobre la presencia


masiva de numerosos intelectuales anglosajones que recorren las universidades y calles
de las grandes ciudades hispanoamericanas predicando la leyenda negra y Ramos,
poniendo el dedo en la llaga, apunta: “Por las calles de Buenos Aires vagan manifiestos
difundidos por rubios de ojos celestes que defienden al indio. En un reciente Congreso
de Americanistas celebrado en Bogotá, la mayoría de los concurrentes, formada por
anglosajones y europeos en general, condenó la ‘crueldad española’ en la Conquista y
rehusó fijar la sede del próximo Congreso de Americanistas en España. Prefirieron

28
RAMOS, Jorge Abelardo, El campo de batalla del imperialismo, Marcha, Año I, Nª 12, Buenos Aires,
23 de octubre 1986, p. 13.

22
designar a Holanda, que saqueo durante tres siglos a Indonesia y no dejó ni a un hijo,
ni una iglesia, ni una cultura, ni una lengua en su secular explotación”. 29

Importa destacar que Ramos no se conforma con describir una situación que le
parece por demás de extraña sino que trata de encontrar la clave histórica que explicase
esa extraña situación: “Todo esto posee un sentido – afirma Ramos- El imperialismo
anglosajón (calvinista) combate a la Iglesia Católica, no en nombre de la libertad de
los indios americanos, sino a causa de la lucha por la influencia de los imperios
anglosajones en América. Esto ya era viejo en tiempos de Felipe II. La ‘leyenda negra’
anti-española nació en Inglaterra como fruto de la rivalidad comercial y del dominio de
los mares. Oliverio Cromwell la elevó a la categoría de doctrina nacional. Los
americanos del Norte (inmigrantes ingleses) no tendrán dificultades para examinar su
propia historia. A diferencia de los españoles que mezclaron su sangre con los
indígenas (de otro modo no existiría el criollo), ellos mataron a todos: ‘El mejor indio
es el indio muerto’ dice el proverbio norteamericano”. 30

La explicación que hunde sus raíces en la historia que realiza Ramos es


impecable pero, Ramos intuye que debe haber, también, una importante razón
geopolítica en el asunto y es, en ese sentido, que sostiene: “Y resulta que ahora recorre
la América Latina, unida en territorio, religión, lengua, costumbres, tradición histórica,
y mestización profunda, una campaña contra España, realizada en la lengua de España
o Portugal, aunque traducida de otras lenguas y otros intereses. Muy noble resulta la
tesis de la defensa de los indios. Pero muy sospechoso el origen. Pues separar a las
masas indígenas o negras, de las criollas o blancas de la actual Nación
Latinoamericana, es acentuar las condiciones de esclavización general y de la
balcanización hasta hoy lograda. Se trata -y he aquí el servicio que rinde una vez más
la ‘izquierda’ y los ‘progresistas’ al imperialismo- de separar a las etnias; después de
haber separado a las clases y a los Estados del magno proyecto bolivariano. Es una
campaña contra la nación latinoamericana”. 31

En la misma línea de pensamiento del historiador argentino Abelardo Ramos, el


periodista y ensayista boliviano, Andrés Soliz Rada, en su ensayo “Pugna de modelos

29
Ibíd, p. 14.
30
Ibíd., p 14.
31
Ibíd., p 14.

23
civilizatorios: indigenismo o Estados continentales”,32 afirma que la leyenda negra y
el indigenismo, como modelo de cambio civilizatorio, es un engaño. Soliz Rada sostiene
categóricamente que todas las ONG que, en Bolivia, patrocinan a los indigenistas –
sean estas de buena o de mala fe- están financiadas por los grandes bancos
anglonorteamericanos, por los paraísos fiscales –nidos de la corrupción mundial- , por
el gobierno de los Estados Unidos a través del USAID y, por las grandes compañías
petroleras que han teñido de sangre la historia de América Latina y el Tercer Mundo.
Que, aprovechando la generalizada sensibilidad social que originó la
conmemoración de los 500 años de la colonización hispánica, el darwinismo social,
después de usufructuar por siglos, la supuesta superioridad de unas culturas sobre otras,
luego de proclamar que el pensamiento occidental es la máxima conquista del
pensamiento contemporáneo, afirma ahora que, sus fundamentos tienen el mismo valor
que usos y costumbres tribales cuyas prácticas condenan a los pueblos de la periferia
hispanoamericana, al subdesarrollo y la impotencia política.

Que la leyenda negra y el fundamentalismo indigenista es una construcción


neocolonial, ejercitada por pseudoizquierdistas, para destruir a los Estados nacionales
“in constituidos”, e impedir la construcción de un Estado continental latinoamericano,
único instrumento político capaz de enfrentar, con éxito, a las grandes compañías
transnacionales, al capital financiero internacional y a las grandes potencias del siglo
XXI.

Conclusión

Se ha subestimado en el estudio de las relaciones internacionales el peso


decisivo del poder cultural como elemento indispensable para que una nación pueda
mantener su autonomía y ser protagonista de la historia. Para imponer su voluntad, las
grandes potencias anglosajonas han tratado siempre de imponer su dominación cultural
falsificando la historia de las naciones que se proponían dominar. Sin duda alguna, una
de las más grandes falsificaciones de la historia -que es repetida hasta el hartazgo, en
cursos, seminarios, programas de televisión, películas y libros- es la leyenda negra de
la conquista española de América. Sin embargo, a pesar de que la crítica historia seria

32
SOLIZ RADA, Andrés, Pugna de modelos civilizatorios: indigenismo o Estados continentales, Buenos
Aires, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=158937

24
ha demostrado la falsedad de la leyenda negra, ésta, se ha institucionalizado como
lectura dominante de toda la sociedad española sobre sí misma y de las sociedades
hispanoamericanas sobre sí mismas. Hoy, la leyenda negra de la conquista española de
América, integra el núcleo duro del “pensamiento políticamente correcto”.

Al asumir España la leyenda negra – es decir la historia del imperio español


escrita por los enemigos de España- nació en el seno de la sociedad española un
sentimiento generalizado de menorvalía y la idea, producida por ese sentimiento, de que
la subordinación de España y su desjerarquización cultural, era una predestinación
histórica. Sentimiento e idea que se manifestaron en la famosa sentencia de Ortega y
Gasset de que España era el problema y Europa la solución. Sentencia de Ortega y
Gasset que sigue guiando, hasta el día de hoy, la conducta de la mayor parte de la clase
política española.

Los españoles americanos y los españoles peninsulares han perdido la más


importante de todas las batallas: la batalla por el relato histórico, porque han sido las
potencias que tradicionalmente se enfrentaron con España e Hispanoamérica, las que
han escrito - e impuesto el relato- la historia no sólo de la relación entre España e
Hispanoamérica, sino la misma historia de los españoles americanos y de los españoles
peninsulares, a punto tal que, ya casi no se reconocen entre ellos, como integrantes de
una misma ecúmene cultural de origen y de destino.

Yendo de lo particular a lo general, podemos afirmar que unos de los efectos de


la leyenda negra en el contexto geopolítico actual consiste en que México vive cautivo
de un falso nacionalismo antihispánico. Como lo hemos expuesto, desde los tiempos de
Poinsett, a través de la difusión de la leyenda negra los Estados Unidos subordinó
culturalmente a México de forma absoluta, a punto tal que engendró un falso
nacionalismo mexicano. Ese falso nacionalismo de raíz extranjera, encuentra el origen
de todos los males de México en la conquista española y no en el hecho de que Estados
Unidos le arrebató a México, los actuales estados de Tejas, Nuevo Méjico, Arizona y
California. Estados que convirtieron, en su momento, a los Estados Unidos en uno de
países más ricos en ganadería, oro y petróleo del mundo. Es tal la subordinación
cultural de México provocada por la leyenda negra – que les inoculó Poinsett- que el
presidente Andrés Manuel López Obrador le exige al Rey de España que pida perdón a
México por la conquista, pero se olvida de pedirle, al presidente Donald Trump que
pida perdón a México, por haberle, los Estados Unidos, arrebatado por la fuerza a

25
México, más del 52 % de su territorio, más de dos millones de kilómetros cuadrados, o
sea, la superficie de España multiplicada por cuatro.

Sin embargo, el hecho más importante, producido por la leyenda negra como
ideología de subordinación, es que México, - despreciando y negando su pasado
hispánico a fin de acentuar sólo, su pasado indígena- se ha auto inhibido de reconocerse
como el gran país hispano capaz de realizar, por su propio peso específico, la unidad
hispanoamericana. México acentuando y exagerando su “indianidad” ha olvidado su
hispanidad y el rol protagónico que podría jugar en la integración hispanoamericana.

Si dirigimos nuestra mirada hacia Hispanoamérica resulta clara la intención


geopolítica, detrás de la prédica de la leyenda negra: fomentar un fundamentalismo
indigenista, dirigido a sembrar las semillas que permitan, en un futuro próximo, alentar
la creación de repúblicas indígenas, que provocarían la fragmentación de los estados
existentes provocando, de esa forma, un nueva “balcanización” siempre útil a las
grandes potencias y a la estructura hegemónica del poder mundial, que han aplicado,
siempre, la máxima romana de “dividir para reinar”.

Por otra parte, la subordinación cultural provocada por la leyenda negra ha


hecho que, el gran pueblo continente que habla español desde el Río Grande hasta la
Tierra del Fuego, haya adoptado un nombre falso, impuesto por sus enemigos
históricos. Nombre falso que le impide entender que, junto con el pueblo español
peninsular, forma una misma ecúmene cultural de origen y de destino.

Nosotros, no somos latinoamericanos somos hispanoamericanos. Y no lo somos


porque, -como explica el pensador marxista Juan José Hernández Arregui, a quien,
como ya dijimos resulta imposible catalogar de “franquista”-, porque el concepto de
América latina, es un concepto falso, un término creado en Francia y luego, utilizado
por los Estados Unidos que, “disfraza una de las tantas formas de colonización
mental”33, tan viva hoy en Hispanoamérica, como en España.

Pasivamente subordinados culturalmente, por el peso de la “Leyenda Negra”, de


un lado y del otro del Atlántico, desechamos el término Hispanoamérica, concepto que,

33
HERNANDEZ ARREGUI, Juan José, op. cit. p. 7.

26
revindicado a comienzos del siglo XX, por el gran escritor uruguayo José Enrique
Rodó, no deja de lado, a su entender, al Brasil sino que lo incluye, pues de la Hispania
Romana formaron parte tanto la actual España, como el Portugal de nuestros días.
Porque Portugal, agregamos nosotros, nació del Reino de León, y toda su existencia,
desde su nacimiento hasta la muerte del querido Rey Sebastián, -acontecida en 1578, en
las tórridas tierras de Marruecos bañadas por el Alcazalquivir cuando intentara la
reconquista del norte del África para la Fe de Cristo-, giró en torno a la dialéctica
unidad-independencia, que llevó a que las dos coronas, durante todo ese tiempo,
buscaran la reunificación, a través del matrimonio de sus hijos.

Pasivamente subordinada, ideológica y culturalmente, a través de la falsificación


de la historia de la conquista, Hispanoamérica olvidó a su progenitora pero, más grave
aún, España también pasivamente subordinada, ideológica y culturalmente, por la
historia que construyeron sus enemigos, olvido su “maternidad metafísica.” En
definitiva la “Leyenda negra” -la obra más genial del marketing político británico- a
través de la cual se produjo la subordinación cultural pasiva de España, que dura hasta
nuestros días, la lleva a no reconocer a sus hijos y a preferir en su suelo, a los rubios
teutones o a los árabes musulmanes. Al no comprender que, sólo la inmigración
hispanoamericana, puede salvarla del envejecimiento ya inevitable de su población o de
la llegada de una inmigración que tiene un sentido de la existencia y una visión de cómo
organizar la sociedad y el estado, totalmente antagónica con la esencia misma de la
hispanidad, España, en la apoteosis de su desarrollo material, adormecida por la leyenda
negra, está a punto de infligirse una mortal puñalada metafísica.

Por último consideramos que importa comprender que, la leyenda negra de la


conquista española de América, no es una cuestión tan sólo del pasado. Es preciso
entender que, si el molino a viento dio la sociedad con el señor feudal y una Europa
dividida en condados, marcas y principados con ausencia de un poder central capaz de
dirigir el conjunto; y el molino accionado por el vapor, la sociedad con el capitalista y
un mundo dividido en estados naciones, la cuarta revolución tecnológica lleva a la
constitución de las ecúmenes culturales como entes políticos. Ecúmenes que, por lo
demás, serán las únicas “protagonistas de la historia” por venir. En el largo plazo
estratégico, no serán los estados sino las grandes ecúmenes culturales, convertidas en
nuevos entes políticos concretos, los grandes protagonistas de la lucha por la hegemonía
mundial. En ese horizonte, la leyenda negra es y seguirá siendo predicada, por el mundo

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anglosajón y el imperialismo internacional del dinero, para que los estados
hispanoparlantes no logren agruparse en una ecúmene cultural-política que los
convierta, nuevamente, en verdaderos protagonistas de la historia.

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