Está en la página 1de 200

Annotation

lLibro perteneciente a una colección de diferentes estudios y


experimentos psicoterapéuticos de orden gestáltico.
La autora nos presenta cómo varios clientes se exponen ante sus
mecanismos de defensa y a través de sueños y vivencias variados, van
encontrando el equlibrio y la liberación psicológica que todos deseamos.
MARTA ATIENZA

Estrategias en psicoterapia guestáltica

Ediciones Nueva Visión


Sinopsis

lLibro perteneciente a una colección de diferentes estudios y


experimentos psicoterapéuticos de orden gestáltico.
La autora nos presenta cómo varios clientes se exponen ante
sus mecanismos de defensa y a través de sueños y vivencias
variados, van encontrando el equlibrio y la liberación psicológica
que todos deseamos.

Autor: Atienza, Marta


©1987, Ediciones Nueva Visión
ISBN: a46ce655-b2f6-4510-b8df-da6754c102cb
Generado con: QualityEbook v0.87
Generado por: Silicon, 29/06/2019
Estrategias en psicoterapia gestáltica
Marta Atienza
—PSICOTERAPIA de grupo
—Psicoterapia de pareja
—Dinámica gestáltica
Ediciones Nueva Visión
Colección Psicología Contemporánea
Marta Atienza
Estrategias en psicoterapia gestáltica
Psicoterapia de grupos
Psicoterapia de parejas
Dinámica gestáltica
Ediciones Nueva Visión Buenos Aire
ISBN 950-602-139-z
© 1987 por Ediciones Nueva Visión SAIC.
Tucumán 3748, Buenos Aires, República Argentina Queda hecho el
depósito que marca la ley 11.723 Impreso en la Argentina / Printed in
Argentina.
PREFACIO

ENTRE todas las técnicas psicodinámicas conocidas en el mundo occidental,


la técnica gestáltica es la que brinda al paciente la más clara sensación de que
es él mismo el autor de sus cambios. Otras técnicas frecuentemente le hacen
sentir que el terapeuta es el que hace los descubrimientos; en cambio, la
técnica gestáltica permite percibir al terapeuta como un buen acompañante.
La técnica gestáltica, igual que la hipnoterapia, se caracteriza por lograr
un contacto directo y rápido con el inconsciente. Esto hace posible trabajar
fluidamente con los símbolos del inconsciente y modificarlos.
La mayoría de los ejemplos clínicos que aquí se desarrollan
corresponden a trabajos realizados con técnica gestáltica; sin embargo, en
algunos pocos casos uso una combinación de técnica gestáltica y
psicodramática.
Estas son las técnicas de acción, y tengo una fuerte preferencia por ellas
porque permiten identificar claramente, en sesión, el momento en que ocurren
los cambios. Al mismo tiempo, siempre pensé que para cubrir adecuadamente
las necesidades de los pacientes se requiere que el terapeuta maneje con
naturalidad varias técnicas.
Durante los años de residencia hospitalaria de postgrado recibí
entrenamiento en las siguientes corrientes: psicoanalítica, existencialista,
estructuralista, conductista, reflexológica. gestáltica, psicodramática e
hipnótica. Las técnicas que me interesaron más fueron la gestáltica, la
psicodramática y la psicoanalítica.
A lo largo de 14 años enseñé técnica gestáltica y trabajé con pacientes
individuales, parejas y grupos. Ante la necesidad de resolver situaciones de
mis pacientes, encontré atajos y creé ejercicios que enriquecieron mi labor.
Con mis alumnos me vi obligada a hacer síntesis teórico-técnica para dar
una cierta organización a la transmisión de experiencia y hacerla clara y
coherente.
Los comentarios sobre la problemática de los casos presentados o sobre
los trabajos de los pacientes se realizaron bajo la influencia de las técnicas
psicoanalítica y sistémica, que brindan los más enriquecedores aportes sobre
la relación padre-hijo.
El libro se divide en dos partes, cada una de las cuales contiene
desarrollos teóricos y técnicos. La primera parte está dedicada a los grupos
gestálticos y a los símbolos. Contiene ejemplos clínicos que muestran cómo
el paciente se aferra a la neurosis. El paciente trata aquello que lo perturba
como una parte muy apreciada de sí mismo.
Uno de mis objetivos, en este sentido, es modificar los símbolos que el
paciente tiene para representar sus conflictos. Considero que mi
concentración en esta meta me permite lograr un trabajo breve, profundo y
con un buen resultado terapéutico.
Aquí explico cómo trabajar con técnica gestáltica, cómo resolver
situaciones difíciles y proveo ejemplos reales en los que se aplicó la técnica.
Algunos ejemplos ilustran ejercicios.
En algunas situaciones, los ejercicios permiten conseguir en corto
tiempo el mayor compromiso del paciente y obtener el mejor
aprovechamiento de la dinámica grupal.
En su mayoría, los ejercicios aquí expuestos son de mi creación; los
restantes, son modificaciones de ejercicios conocidos de la gestalt o el
psicodrama. También dedico esta parte a la psicoterapia de grupos y la
desarrollo siguiendo dos ideas fundamentales. Por un lado, me concentro en
las diferentes dinámicas que se dan en forma simultánea a lo largo del
desarrollo del grupo terapéutico. Por otro, expongo una serie de ejercicios
que agilizan la tarea.
La última parte la dedico a la pareja. Explico los diferentes tipos de
contratos que la pareja aporta a su unión y las diferentes modalidades de
relación que ejercita en su vida en común. Describo varios tests destinados a
descubrir los contratos inconscientes de la pareja. También expongo una
forma novedosa para su tratamiento, que incluye un período en el cual cada
miembro participa de un grupo terapéutico bajo mi coordinación.
Describo también en este capítulo algunos ejercicios que creé para
resolver temáticas específicas de la pareja.
El desarrollo de aspectos teóricos y técnicos está ilustrado con
numerosos casos clínicos. El objetivo de su inclusión es mostrar detalles
técnicos, y no estudiar el material clínico.
Este aporte se dirige fundamentalmente a los futuros terapeutas
interesados en adquirir herramientas de trabajo. Los colegas que puedan sacar
algún provecho de él, sean bienvenidos.
Los lectores en general podrán enriquecerse aumentando su
autoconocimiento, a la vez que el de sus vínculos.
AGRADECIMIENTOS

AGRADEZCO muy especialmente a los licenciados Victoria Atienza, Juana


Gutman, Marta Shetjman y Carlos Camargo. Cada uno leyó conmigo el
material y aportó sugerencias. Algunas veces éstas sirvieron para elaborar
una mejor manera de expresión, otras me estimularon a hacer más extensa y
detallada la parte teórica.
También estoy obligada con los alumnos, cuyo entusiasmo me motivó y
fomentó mi deseo de ser útil a la persona en desarrollo.
Reconozco muy especialmente a los pacientes que confiaron en mí,
aportaron buena parte de este material y aumentaron mi sensibilidad hacia lo
que significa Salud Psíquica.
Quiero también agradecer a mi esposo por su comprensión y constante
colaboración.
Agradezco a mis hijos por su fresca presencia y su paciencia.
Agradezco a mis maestros: Adriana Schnake, Francisco Huneeus y
Laura Peris (Guestalt); Jeffrey Feldman, Eileen R. Shields, Jane
Parson(Hipnosis); Salvador Minuchin (Psicoterapia Familiar Sistémica);
Jorge Rinavera, Zerca Moreno, Robert Ziroca (Psicodrama); Alexander
Loweny John Pierrakos (Análisis Bioenergético); Hernán Davanzo
(Psicoanálisis).
Parte I
PSICOTERAPIA DE GRUPO
Capítulo I

INTRODUCCIÓN A LA PSICOTERAPIA DE GRUPO

1. Características generales de los grupos mencionados en esta obra

Para resolver los problemas neuróticos del adulto, el grupo terapéutico es, en
la mayoría de los casos, muy ventajoso. Al igual que la terapia individual,
pone énfasis en explorar el mundo interno. También trabaja con el individuo
en relación con su entorno pero, a diferencia de la terapia individual, cuenta
con los datos que aporta el grupo en cuanto a su carácter.
Este capítulo contiene algunas apreciaciones acerca del grupo y de los
fenómenos que impulsan al cambio.
Para desarrollar estas ideas, me apoyo en la experiencia resultante de la
labor diaria a lo largo de catorce años con grupos terapéuticos.
Cada grupo estaba compuesto de ocho a quince personas, hombres y
mujeres. Los pacientes pertenecían en su mayoría a la clase media, y su edad
oscilaba entre veinticinco y cuarenta años. En todos los grupos había uno o
dos pacientes que tenían entre diecinueve y veintidós años, y uno o dos cuyas
edades oscilaban entre cuarenta y cinco y sesenta.
Los participantes se reunían durante un lapso variable de diez meses a
dos años.
La renovación de los pacientes dependía de mi decisión y de la del
propio grupo para dar las altas, con lo cual se hacía posible el ingreso de
nuevos miembros, y también de la disponibilidad de pacientes útiles para el
grupo y para los que a su vez el grupo también sirviera. Los pacientes asistían
a una sesión semanal de tres horas, participando siempre del mismo grupo y
horario.

2. Símbolos

Para hablar del trabajo dentro del grupo es esencial describir el rol del
símbolo, porque está relacionado con todo el fenómeno grupal.
Cada símbolo es un elemento abstracto que representa en la mente un
conjunto de significados. Los significados de un símbolo se interrelacionan
entre sí, y también se relacionan con los significados representados en otros
símbolos.
Solemos oír expresiones como “Tiene sabor a campo” o “Esto me huele
a engaño”.
Estas expresiones, que combinan palabras cuyos significados no se
pueden relacionar en un nivel lógico, ponen de manifiesto la complejidad de
la representación simbólica.

3. Partes individuales y compartidas de los significados de los símbolos

Muchas personas coinciden en los Significados básicos que atribuyen a los


símbolos. Las áreas de codificación común permiten el entendimiento entre
las personas, entendimiento que permite crear el sustrato de las dinámicas que
mueven al grupo terapéutico y que se describirán más adelante.
Sin embargo, siempre existen algunas diferencias en la interpretación de
los significados de los símbolos. Estas diferencias dependen de las
experiencias de vida únicas de cada individuo y de cómo se incorporan a su
mundo simbólico. Parte de la comprensión del significado de un símbolo
puede ser igual para diferentes personas; esto responde a áreas de
codificación común. Otra parte de su interpretación no es compartida, pues
responde a un aspecto codificado individualmente.
Con las impresiones digitales ocurre algo parecido a lo que pasa con los
símbolos en la mente humana. Muchas líneas y círculos son comunes a todos
los humanos —es la parte común del código—. Otra, es única para cada
individuo y puede utilizarse para identificar a las personas.
En los sueños es fácil observar cómo se relacionan distintos símbolos.
Podemos leer en ellos los conflictos y trabajarlos hasta que la persona logre
modificarlos. Los cambios se manifiestan con la aparición de nuevos
símbolos.
Después de trabajar con símbolos relacionados con un conflicto y de
hacer importantes transformaciones en ellos, el paciente modifica su
conducta. Estos cambios se reflejan en todas las áreas afectadas por el
conflicto, surgen sin esfuerzo y quedan incorporados con naturalidad.
La elaboración de duelo de Cynthia es un ejemplo de trabajo con
símbolos.
Elaboración de duelo de Cynthia
Marta: hagamos un encuentro con tu hermanito. Dibújalo con tus manos
en el aire.
Cynthia (con los ojos cerrados dibuja la cara de su hermanito en el aire
con sus dedos índices): Era una carita redonda, linda, rodeada de rulitos
castaño claro. Las manzanas eran así de gordas (por las mejillas). Primero me
llamaba mamá, después me decía la.
Marta: Dibuja su cuerpo entero.
Cynthia (lo dibuja en el aire): ¡Gordito!
Marta: Habla con él y tócalo.
Cynthia: Le tengo miedo porque está muerto y... ¿si eso fuera
contagioso?
Marta: No importa, tócalo.
Cynthia (lo toca): ¡Está muerto!
Marta (en este momento Cynthia está en un profundo trance hipnótico
en el que entró espontáneamente como consecuencia del diálogo interno):
Hagamos de cuenta que está vivo por un rato.
Cynthia: Bueno, te vas a portar bien, mi amor. Siéntate aquí al solcito.
No vas a cruzarla calle. Quédate aquí sentadito (llora).
Marta: A ver, tócalo y dile cómo te sientes.
Cynthia:¡Tienes una carita tan suave!, los cachetes colorados, el pelo
sedoso.
Marta: Tócale el pelo.
Cynthia: Los rulitos suaves.
Marta: Toca su cuerpo.
Cynthia (hace en el aire ademanes de tocarlo): ¡Eres tan tierno, mi amor!
*
Marta: ¿Y las piernas?
Cynthia (toca las piernas): Gorditas.
Marta: Tócalo todo. (Cynthia llora muy suavemente mientras lo toca.)
¿Cómo te mira él?
Cynthia: Con unos ojos tan dulces y tan picaros. Pienso que me mira
como a la mamita.
Marta: Díselo.
Cynthia: Yo no soy tu mamá, querido. Yo me llamo Cynthia, Cynthia. A
ver, dilo.
Marta: ¿Y tú cómo te sientes? ¿Cómo su mamá?
Cynthia: No. Me gustaba que me dijera mamá. Yo tenía once años.
Marta: Cámbiate de lugar. Métete bien en la sensación de ser él.
Cynthia: Yo te quiero, la. Te quiero mucho. Eres la única mamá que
conocí. A veces los abuelitos... pero ni siquiera se acercan a darme un beso.
Preguntan desde la puerta y se van. Es tu abuela, no la mía. Yo no tengo
abuela pero te tengo a ti y tengo a papá. Soy bueno. Te quiero mucho.
Marta: Ahora, con los ojos cerrados, métete en la sensación de estar en
el hospital. Sé él. ¿Cómo te sientes ahí?
Cynthia (grita y llora desesperada): la, la, quiero a la. No quiero comer.
Quiero a la... la está en la ventana. No me voy a olvidar nunca de ese grito. la,
la, ven. Quiero estar con la. la me tienen atado a la cama y no me dejan ir
contigo. Me ataron a la cama igual que a mamá. la, la, no me dejes.
Marta: Sé tú misma desde afuera de la ventana.
Cynthia:¡Por favor! (Con gran desesperación.) ¡Déjenmelo ver!
¡Déjenme estar que soy la hermana! ¡Déjenme entrar a verlo! Él se va a
mejorar si yo entro. Estoy segura de que él se va a mejorar. Día y noche está
clamando por mí (llora muy desesperada). ¿Por qué no me lo dejan ver? Me
echan porqué me trepo a la ventana. Nunca más te voy a volver a ver, mi
amor, nunca más. ¡Estás muy mal!
Marta: Acércate a la cama. ¡Hazlo ahora!
Cynthia:¡Nunca pude! ¡Nunca pude!
Marta: Bueno, ¡hazlo ahora!
Cynthia: Esas monjas malditas no me dejan. Por favor, hermanita, le
ruego, aunque sea un minuto. El no conoce a su madre. El cree que soy su
mamá. Por favor, un minuto. Le toco la mano, le doy un beso y me voy.
Marta. Ahora nos salteamos a la monja. Ponte al lado de la cama y
háblale directamente.
Cynthia:¡Hola, mi amor! ¿Cómo estás, querido?
Marta: Tócalo (le alcanzo un almohadón y lo toca con dificultad.
Cynthia está trabajando, en este momento, directamente desde su
inconsciente; está alucinando).
Cynthia (llora durante todo el trabajo): Estás hirviendo. Tienes mucha
fiebre, mi amor. Vas a tomar la leche, corazón, y cuando estés mejor, te llevo
a casa.
Marta: No lo puedes llevar a casa. Tienes que despedirte de él.
Cynthia:¿Por qué te tienes que morir? ¡Eres tan inocente! ¿Por qué?
¿Cómo sé que está muerto si yo no lo vi? ¿Cómo sé?
Marta: Lo tienes en tus brazos, ahora te vas a dar cuenta.
Cynthia:¡Está vivo!
Marta: Dile todo lo que piensas, todo lo que querías haberle dicho
cuando estaba vivo y no pudiste decirle.
Cynthia: Quiero verte contento, jugando otra vez. Sentado en tu sillita al
sol.
Marta: Dile cómo te sentías tú con él.
Cynthia: Estoy muy triste, mi amor. Yo te quiero mucho. Marta: A ver,
tócalo. Es la última vez que lo tocas.
Cynthia:¡Te estás enfriando! (Toca el almohadón.)
Marta: ¿Qué pasa?
Cynthia: Me mira a los ojos. ¡Está vivo aún!
Marta: Sé él. Háblale a Cynthia. Métete bien en la sensación de ser él y
dile a Cynthia todo lo que no le pudiste decir.
Cynthia: la, yo sé que no eres mi mamá. Eres mi hermana. Te quiero
porque me cuidaste. Me voy a ir. Tengo mucha pena de dejarte. Sé que me
quieres mucho. Ya pasó todo. No voy a tener que estar más en la sillita, ni
que tomar la sopa. Voy a descansar. (Hace un largo silencio. Se le va
borrando la cara de pena.)
Marta: Dile a Cynthia cómo te sientes.
Cynthia: Me siento en paz. ¡Estoy en una inmensa paz!
Marta: Sé tú de nuevo y despídete de él.
Cynthia:¡Está frió! ¡No lo voy a tocar!
Marta: Tócalo por última vez.
Cynthia: Ya estás frío. Te toco solo la mano, mi amor. Ya no eres mi
bebé. Adiós.
Marta: ¿Cómo te sientes ahora?
Cynthia: Estoy tranquila. Se me fue la opresión que tenía en el pecho al
comienzo.
Comentario del trabajo de duelo de Cynthia
Para este trabajo aproveché el material que la paciente trajo en sesiones
anteriores.
Cynthia tuvo con su madre un contacto escaso y malo. La madre era
hospitalizada, frecuentemente, por brotes psicóticos.
Por ser la mayor de los hermanos, Cynthia se hizo cargo de todas las
tareas de la casa a partir de los diez arlos, cuando murió la mamá.
Al cumplir quince, arreglaron su casamiento con un hombre veinte años
mayor, cuya situación económica era mejor que la de su familia. Tuvo dos
hijos, un varón y una nena.
Cynthia logró ser madre de su hijo, igual que quiso ser la de su
hermanito, a quien prolongó en aquél. Con su hija abandonó el rol de madre y
compitió como hermana. Repitió con ella sus situaciones personales de hija
sin madre y de hija de madre loca.
En esta sesión, a través del trabajo con el hermanito muerto a los tres
años, la paciente hizo un intento inconsciente de elaborar la relación con su
madre, relación que se caracterizó por la falta de contacto, debido a las
reiteradas internaciones de aquélla, a su miedo a la locura y a la culpa que le
provocaba su hostilidad hacia la madre.
Simultáneamente con la elaboración del doble duelo (madre-hermano)
trabajé su fobia al contacto físico. Para ello, puse mucho énfasis en que se
imaginara el contorno del hermanito delante de ella. Le pedí que dibujara en
el aire la figura del niño y lo tocara lo más posible. La obligué, mediante
órdenes bien enérgicas, a cambiar las escenas cuando tendía a dispersarse
(por ejemplo: ¡Ahora estás en el hospital! ¡Sé tú misma, del otro lado de la
ventana! ¡Acércate a su cama! ¡Hazlo ahora!).

4. Información general acerca de los trabajos gestálticos

La mayoría de los trabajos gestálticos consisten en un diálogo que el paciente


mantiene entre dos o más símbolos de su mundo interno, a los que usa
momentáneamente como interlocutores. Uno de ellos puede ser el mismo
paciente.
En tales diálogos hay dos momentos que se repiten en forma alternada.
Uno, cuando el paciente habla con su símbolo, y otro, cuando se convierte en
su símbolo para dialogar desde allí consigo mismo. En algunas ocasiones, la
conversación se establece entre dos símbolos que el mismo paciente encama
en forma alternada.
No importa si es la terapeuta o el paciente el que elige el primer símbolo
a representar. Muchas veces, para comenzar el trabajo puede ser importante
elegir aquel símbolo que hace fluir en el paciente mayor emoción. En otras
ocasiones, se puede elegir el símbolo con el cual se muestra más bloqueado o
un símbolo que aparezca desdibujado, que el paciente no recuerde con
claridad. Estos símbolos inconclusos o vagos podrían estar señalando áreas
de conflicto.
En este tipo de trabajos es importante que el paciente tome contacto con
sus símbolos con la mayor concentración posible. Para ayudarlo a ello, la
terapeuta le solicita que cierre los ojos y se imagine que el personaje
simbolizado con el que va a dialogar está frente a él. También pide al
paciente que se ubique a una distancia que considere óptima respecto del
símbolo, que tome contacto con él y dialogue. Primero el paciente describe
cómo ve al símbolo con el que dialoga —qué actitud tiene, qué cosas le
ocurren frente a él y qué siente por él—. En un segundo momento, le solicita
que se identifique con el símbolo, hable desde él, use su voz y sus gestos para
responder.
La terapeuta trata de que el paciente se comprometa cada vez más con su
situación, para lo cual está atenta al diálogo desarrollado por el paciente
desde cada rol.
Pide al paciente que se escuche a sí mismo y que repita las palabras más
significativas; incluso puede cambiar algunas de las palabras que dice el
paciente.
Los “personajes interlocutores” que el paciente encama se pelean, se
comprenden, se asocian, se ayudan, etc. La terapeuta solicita al paciente que
se ubique en lugares diferentes para cada roí y adopte la posición física que
siente que le corresponde al personaje que está siendo en ese momento. El
paciente se permite registrar los cambios del símbolo, como ser
modificaciones en la edad, afectos y estructura. Los diálogos que se
desarrollan pueden ser de temática muy variada (exigencias, resentimientos,
reflexiones sobre el sentido de la vida, etc.).
Puede ocurrir que el paciente decida matar, golpear o arrojar fuera de la
habitación a su interlocutor. Se puede dar por finalizado el trabajo al llegar a
ese nivel, en un gran número de casos: situaciones de violencia, violaciones,
etc. El efecto puede ser catártico y elaborativo. Si trabajamos con un duelo
patológico o inconcluso respecto de alguien muy querido para el paciente, se
le puede sugerir que dibuje en el aire el contorno de su objeto de duelo como
si lo tocara. Como se vio en el trabajo de Cynthia, fue necesario solicitarle
que dibujara el contorno de su hermanito muerto, lo tocara y lo imaginara
vivo. El objetivo de este pedido fue que la paciente permitiera fluir sus
sentimientos reprimidos y lograra sentir como real el diálogo con su símbolo
—hermano muerto—.
La paciente pudo así, en una dimensión vivencial, y sólo a través de ella,
permitirse expiar las culpas inconscientes que mantenían vivo el diálogo
persecutorio interno. Se produjo, junto con la movilización de afectos, un
cambio afectivo y racional frente al conflicto, que permitió el cese del
sufrimiento.
Es muy interesante señalar que cualquier observador con un poco de
entrenamiento puede advertir el grado de compromiso del paciente con su rol
de símbolo. El paciente puede hacer, en breve tiempo, una regresión profunda
y volver a tomar contacto con su status adulto en la misma sesión.
Cuando la terapeuta pone énfasis en los hallazgos que “hace el
paciente”, fortalece su autoestima, creatividad y autosoporte. De esta manera,
el paciente toma conciencia de que el mago que tiene todas las respuestas que
necesita es él mismo.
El paciente crea con la terapeuta gestáltica una relación más adulta que
aquella que se genera si es la terapeuta y no el paciente la que hace los
descubrimientos.
Capítulo II
DINÁMICA DE GRUPOS

5. Introducción a las dinámicas del grupo terapéutico

En un grupo terapéutico la disminución de la enajenación que presenta cada


paciente se produce a través de) contacto que logra cada uno con sus
conflictos irresueltos. Esto es favorecido por el efecto detonante y madurativo
que el trabajo de unos tiene sobre los otros, y el trabajo personal de cada uno
dentro del grupo.
Hay crecimiento y cambios importantes en la identidad individual. Estas
transformaciones ocurren a partir del trabajo individual con la identidad y del
desarrollo y los aportes de la identidad grupal. Las transformaciones son
distintas y únicas en cada individuo y se grafican con símbolos propios.
Describiré los mecanismos que mueven al grupo e impulsan las
transformaciones que ocurren en los pacientes que lo integran.
En el grupo convergen tres tipos de dinámicas que describiré a
continuación:
Dinámica de las transformaciones individuales
Cada persona se modifica gracias a todo el complejo grupal. Esto se
expresa claramente cuando un paciente viene a sesión y dice: “¿Recuerdan
que el otro día trabajárnoslos problemas que tiene X? Mientras esto ocurría
yo me remonté a mi casa paterna y vi claro lo que pasó allí hace 25 años.
Tomé de la sesión muchas cosas que me sirvieron para revisar mi relación
con mis padres y marido.” Esto significa que todo lo que pasa a unos y otros
en el grupo se ensambla y conecta como un rompecabezas. Para describirlo
podemos decir que cuando un paciente relata un problema en sesión ilumina
el lado común de la problemática de otro compañero. Ese aspecto iluminado
le permite al compañero descubrir algo de sí mismo. Cuando éste lo
comunica al grupo ilumina a otra persona y todos se descubren cada vez más
a sí mismos gracias a la interacción, bajo el funcionamiento dominante de las
dinámicas.
Las dinámicas y las personas constituyen engranajes interrelacionados
que se mueven en movimientos sincrónicos.
La dinámica de las transformaciones individuales es producto del
ensamblaje de procesos mentales, afectivos y ensayos que hace cada paciente
para lograr cambios duraderos. Para entenderla, hay que considerar al grupo
dentro del espacio intrapsíquico de cada integrante.
El proceso de cambio en el contexto grupal es muy poderoso y se
produce fluidamente porque el individuo procesa lo que pasa a lo largo de las
sesiones y conecta eso con quién es él y con las cosas que le pasan en su vida.
En el contexto grupal cada uno determina el camino que elige para
modificarse y el estilo de transformación.
Dinámica básica
Para conocerla es necesario considerar al grupo como “un todo” a lo
largo del tiempo.
Se manifiesta como el clima grupal resultante de la historia y memoria
grupal, de las ideas y afectos que se expresan y de la manera en que se
emiten. La modalidad del terapeuta para manejar la sesión influye sobre esta
dinámica.
La dinámica básica no se lee en una sola sesión. Es necesario hacer
memoria sobre qué tipo de contenidos predominan en una secuencia larga de
sesiones para poder detectar claramente la dinámica básica. La terapeuta
evalúa entonces que desde un tiempo a esta parte el grupo tiene una franca
preferencia por material depresivo, paranoide, etc., y así detecta la dinámica
básica.
En ella convergen la personalidad de los integrantes del grupo, el
específico momento vital que atraviesan y la historia del grupo.
La dinámica básica siempre está vigente y es enriquecida en cada sesión.
Entre lo que el grupo trae en cada sesión y lo que guarda en su memoria
existe un interjuego cuyo producto activa la dinámica básica y se expresa de
manera sencilla a través del clima grupal.
Gracias a la continuidad de las sesiones, las ideas que el grupo guarda en
su memoria pasan a estar a disposición de todos con independencia de quien
las dijo. Se grafican cuando los pacientes relatan un suceso y dicen: lo resolví
como lo hubiera resuelto el compañero X.
La terapeuta es impregnada por la dinámica básica y ésta también se
refleja en su grupo internalizado.
Podemos decir entonces que la dinámica básica es el cimiento del
edificio llamado grupo, que sin embargo no impide que cada uno viva de una
manera especial y única lo compartido.
Se compone de todas las experiencias grupales que fueron
transcurriendo sesión tras sesión; a través de estas experiencias se arma la
trama invisible del inconsciente grupal.
Dinámica de sesión
Es la secuencia de los hechos que ocurren durante la sesión. En sesión,
las transformaciones individuales se dan bajo la influencia del ritmo y
secuencia de las comunicaciones.
Lo importante en dinámica de sesión es darse cuenta de cuáles son los
temas que están motorizando la sesión, cuál es el punto que enlaza todo. La
terapeuta ayuda al grupo a conectar la temática de la persona elegida como
protagonista con el conflicto de cada uno, determinando así que el grupo se
favorezca con el trabajo de uno de sus miembros. Cada uno revisa lo propio a
partir de la iluminación del lado común de los temas.
Atendiendo a esta dinámica, la terapeuta hace el mejor aprovechamiento
del momento por el que atraviesa el grupo y del momento en que está cada
paciente y usa el materia’ de sesión para favorecer las transformaciones
individuales.
Grupo internalizado
El grupo internalizado se compone de los recuerdos de lo compartido,
los procesos que cada uno viene siguiendo dentro y fuera del grupo, la
persona física de los compañeros, sus historias. Las emociones también están
presentes y enlazan todo eso constituyendo un tejido básico, que queda
guardado dentro de cada integrante representando al grupo.
En el grupo internalizado de cada uno están todas las cosas que él y sus
compañeros trajeron a sesión.
La terapeuta también tiene internalizado al grupo. Esto agiliza su
procesamiento de lo que está pasando en sesión para .guiar al grupo en el
sentido de su desarrollo y cambio.
Caldeamiento
Es la manera en que el grupo y cada integrante se prepara para entrar en
total compromiso con lo propio, desplegarlo en el grupo y buscar una salida a
los conflictos en forma conjunta con los compañeros.
En el caldeamiento se pasa desde el afuera, o sea lo personal e
individual, al adentro comprometido con el grupo y con la relación
interpersonal que allí se da. Es imposible pretender que todos entren en
sesión hablando de su tema central a trabajar. La trama sobre la cual van a
estar los temas centrales se va armando en forma casi imperceptible.
El caldeamiento se compone de caminos verbales y corporales a través
de los cuales se van enlazando temáticamente unos con otros, armando la
trama de sesión del día.
Por eso no tiene sentido disminuir el número de horas de sesión, como
proponen algunos terapeutas, para que el grupo entre directamente a bucear
en las aguas turbulentas. Irremisiblemente algunas sesiones empezarán por el
diálogo trivial, el boleto capicúa del colectivo, la rencilla con los hijos, cómo
hacer la tarta de manzana, si faltó la mucama, y desde allí se introduce a las
profundidades del espacio psíquico común y compartido.
Con el caldeamiento permitimos que la atención pase de estar enfocada
en lo consciente y social hacia un predominio de lo inconsciente.
Lo inconsciente se convierte entonces en la primera figura del grupo.
Nos permite operar en el mundo interno de una manera mucho más intensa
que lo que se puede en la mayoría de las situaciones de la vida cotidiana.
El grupo terapéutico caldeado es el espacio donde todos los
inconscientes están abiertos y en interjuego. La terapeuta también forma parte
de ese espacio mágico y se introduce en él con su inconsciente abierto.
La terapeuta instrumenta su inconsciente para enriquecer a su rol. En
hipnosis, el paciente entra en trance al unísono con la terapeuta; lo mismo
ocurre muchas veces en el grupo.
La terapeuta, tanto cuando se pone en trance con el paciente, como
cuando trabaja desde afuera, cumple la función de acompañar u orientar hacia
el cambio.
Recuerdo que en una coterapia con Jaime Winkler, en la ciudad de
México, había que hacer el rol de la madre muerta de un miembro del grupo.
Esta persona había arrastrado la culpa de esa muerte a lo largo de sus 45
años. La madre había muerto 10 días después de su parto. Yo me entregué al
rol de madre y entré en trance junto con el paciente que estaba totalmente
abierto a modificar esa culpa, a grabar los nuevos aspectos de su madre que
llegaban a través de mí. Winkler permanecía como figura continente, un poco
afuera de la cosa, mientras yo me mezclaba con el drama que se desarrollaba
para modificar su trama.
La sesión es un espacio mágico donde es útil no sólo lo que el otro dice
y cómo lo dice, sino también lo que el otro representa para uno, o sea la
significación.
La significación es lo que el otro representa dentro del inmenso bagaje
del inconsciente, la cantidad de cosas que se le cuelgan al otro como símbolo.
En sesión, el inconsciente tiene la posibilidad de expandirse dentro del grupo.
Por ejemplo, se conecta la figura interna papá con ese compañero que está
ahí, que tiene algo que hace posible que represente al padre de alguien. El
grupo es una oportunidad para que el inconsciente aflore y se despliegue.
Esa apertura del inconsciente en el espacio grupal permite formar el
inconsciente grupal.
La terapeuta en sesión
Sobre la terapeuta recaen en sesión tres tipos de inquietudes: una es
llevar a buen término el trabajo individual que se está realizando en ese
momento. Otra es la necesidad de la resolución total y el cierre de la sesión, y
la tercera es la evolución del grupo. Las dos primeras inquietudes se
resuelven al final de la sesión y la tercera, recién al final del grupo.
En relación con la coordinación de la sesión, la terapeuta cuenta con
información que proviene de su preparación en psiquiatría, de su experiencia
de vida y de los datos recogidos sobre los pacientes en las sesiones previas a
su ingreso al grupo. También la terapeuta está en íntimo contacto con su
memoria grupal y la usa a manera de banco de datos. Su grupo internalizado,
la dinámica básica y las necesidades inconscientes del grupo le sirven para
“facilitar” el tema que surge para trabajar o para “rescatar” temas que los
pacientes evitan. La terapeuta usa toda esa información para decidir cómo
encarar el trabajo. Muchas veces le es útil ver la sesión como si ésta fuera un
sueño. De esta manera puede detectar zonas desdibujadas, cosas que no se
plantean con claridad o temas que el grupo olvida apenas emergen.
Si un tema muy temido pasa fugazmente por la sesión, la terapeuta
desde su rol de autoridad puede hacer un comentario que contenga los
significados que el grupo evita al huir hacia otra temática menos peligrosa.
Ejemplo: una paciente dice que se siente ocupando con el padre el lugar que
la madre deja vacante, y que esa relación excesivamente próxima con el
padre se prolonga más allá de su adolescencia. Después de la inclusión de
este material, el grupo cambia bruscamente de tema. La terapeuta dice:
“Sigamos con el nuevo tema, pero antes permítanme decir unas palabras: lo
que generalmente llena de culpa a los hijos cuando tienen una relación
demasiado próxima con un progenitor es su propio erotismo, su deseo y
complicidad. Recuerdo ahora una paciente que atendí hace mucho tiempo,
que tuvo en la infancia relaciones sexuales con el abuelo; lo que más la
perturbaba de grande con respecto a ese recuerdo era su complicidad y su
deseo sexual.” Después de estas palabras, la sesión sigue su curso, pero lo
más temido fue incluido y reforzado con un ejemplo por la terapeuta. En
general, en las próximas sesiones la paciente retoma el tema abiertamente.
Ejemplo: un miembro del grupo relata disputas de poca monta con su
mujer, que él mismo cataloga de violentas. Otros compañeros de grupo
cuentan situaciones similares, pero un miembro del grupo que
frecuentemente desnuda y golpea ferozmente a su mujer permanece en
silencio. La terapeuta dice, refiriéndose al grupo en general: “Todos nosotros
tenemos un lado muy violento que mantenemos oculto porque pensamos que
si lo mostramos vamos a desilusionar a los demás. Qué alivio produce poder
incluirlo en el grupo y ver que no pasa nada, que nos quieren igual.”
En este caso, aprovechando que el grupo trae el tema, la terapeuta
“siembra para el paciente que permaneció en silencio” la idea de que no lo
van a rechazar si cuenta lo violento que es.
Ejemplo: un miembro del grupo se muestra siempre muy blando; para
él, el rol opuesto al que juega es ser autoritario como su padre. La terapeuta
dice con voz doctoral, refiriéndose al grupo en general: “Esos conflictos con
el padre suelen ser aspectos de uno mismo depositados en la figura del padre.
Uno se pelea con un padre autoritario sin reconocer que uno tiene dificultad
para asumir su propio rol autoritario. Vemos así una vez más cómo el ser
humano usa cada vez menos su potencial, se empobrece paulatinamente
descalificando aspectos muy valiosos de sí mismo porque alguna vez los vio
mal usados por ahí.” Con estas “construcciones verbales” dirigidas al grupo
en general, la terapeuta desafía a ese paciente en particular a utilizar su rol
autoritario.
Otro ejemplo: una paciente, en los trabajos psicodramáticos del grupo,
es elegida sistemáticamente para el rol de mujer vacía, rechazada por el
marido, y con una relación demasiado próxima y controladora con el hijo.
La terapeuta dice: “Es lógico que esta paciente sea elegida para ese rol,
que ella asume cotidianamente en su vida. Quiero pedirle a ella que
reflexione acerca de lo que hacen los demás miembros de la familia para
empujarla a funcionar de esa manera.” Al atribuir a la familia el deseo de que
ella permanezca en ese rol, “la pongo-en la situación de desear lo contrario a
lo que la familia espera de ella.” Para ganarle a la familia tendrá que cambiar.
Otras veces la terapeuta enlaza los temas de unos y otros por algún
punto de contacto con el solo objeto de estimular la sensación de pertenencia,
de compartir dentro del grupo. Por ejemplo:
Paciente A: dice que vive sola porque cuando tiene una relación de
pareja se adhiere tanto a él que se olvida de su trabajo, de su hija, y de todo lo
que era su mundo antes de conocerlo. Se vuelve tan dependiente que termina
desapareciendo.
Paciente B: comenta que hace veintisiete años que está casada y que
jamás se entendió con su marido.
Paciente C: comenta que se lleva muy bien con su mujer pero que no
entiende por qué está tan deprimido. Muchas veces tuvo la oportunidad de
tener un trabajo que realmente le gustara, pero las ofertas eran en el
extranjero y no lo tomó para respetar el deseo de ella de permanecer en el
país.
La terapeuta dice: “En un extremo tenemos aquel que se adhiere a la
pareja de una manera tan simbiótica que provoca una crisis que acaba con el
vínculo. En el otro extremo están los que viven en pareja manteniendo una
mala comunicación. En el fondo, la ecuación final de los tres es sentirse
solos.”
Capítulo III

DINÁMICA DE LAS TRANSFORMACIONES INDIVIDUALES

6. Mecanismos que operan en la dinámica de las transformaciones


individuales

Aquí consideraremos al grupo dentro del espacio intrapsíquico. La dinámica


de las transformaciones individuales consiste en el ensamblaje de procesos
mentales y ensayos que hace cada paciente para alcanzar cambios duraderos.
La transformación de un individuo en el contexto grupal depende
estrechamente del funcionamiento de las dinámicas y de los otros individuos
en transformación.
En el individuo hay un interjuego entre su propia historia, lo que le pasa
en el momento actual y lo que él recibe del grupo. De ese interjuego se
obtiene un procesamiento cuyo resultado final es distinto a lo que había antes
de la sesión. Se modifican valores, estilos, maneras de actuar. Se amplía la
libertad para ensayar, probar, dejarse fluir, ser creativos, tomar otros
modelos. Para entenderlo vamos a observar los fenómenos que operan dentro
del grupo y que determinan, junto con el paciente, el recorrido que éste sigue
hacia el cambio.
Aportes que los terapeutas y los pacientes hacen al grupo
El grupo ofrece a sus participantes un escenario apropiado para
proyectar su mundo interno. La técnica propuesta por el terapeuta equipa este
“escenario” con imaginarias lentes de aumento, micrófonos, voces, ecos y
espejos, que son usados por todos los miembros del grupo. Los pacientes
aportan mensajes posturales, gestuales y verbales. Relatan hechos en forma
repetitiva, a veces durante la corta secuencia de una sesión, a veces a lo largo
de muchas de ellas. Conscientes o no, los pacientes hacen ingeniosas y
creativas tentativas hasta encontrar la manera de ayudar a cada compañero.
La dinámica de las transformaciones individuales exige a cada paciente
crear para los otros miembros del equipo desde complejas paradojas hasta
simple y directa continencia y afecto. Los pacientes toman un liderazgo
rotativo. El o los momentáneos líderes asumen y despliegan los roles de que
son capaces y que el grupo necesita.
A veces, los pacientes se transforman en modelos de un rol hasta que los
otros lo pueden tomar. Otras, algunos miembros del grupo acompañan y
contienen a los que están trabajando. Ellos ponen toda su voluntad y
habilidad a disposición de los otros, sin apurar, ni empujar, otorgándoles
tiempo, espacio y permiso para desarrollar su trabajo.
Fulkes y Antony dicen: “Los pacientes se otorgan el rol de terapeutas
unos a otros según los requerimientos de la situación”.
Esto hace que alguno o algunos pacientes puedan ir hacia el centro de sí
mismos y descubrir su dramática intimidad utilizando el espacio y el tiempo
de todo el grupo. Ellos pueden confiar en que no van a perderse o enloquecer,
que serán contenidos en la medida en que lo necesiten.
Los pacientes abren sus propios mundos internos y absorben el quantum
de información apropiada para colocar las piezas de sus propios
rompecabezas que, en algún momento, se ordenan y permiten su lectura.
El material entregado al grupo por sus integrantes y las consignas del
terapeuta son percibidos, dentro del contexto grupal, en forma subjetiva;
agitan la fantasía, movilizan diferentes recuerdos y bajan el umbral de las
defensas hasta alcanzar el inconsciente.
Las proyecciones en el grupo
El proceso de proyección-introyección, que cada paciente experimenta
con sus compañeros y con el grupo como totalidad, permite a cada uno
recuperar aquella parte de sí mismo que había proyectado en los otros.
Un paciente puede proyectar la ausencia de una cualidad en otra persona
a la que también le falta esa cualidad. Podemos decir que el paciente lee “el
vacío” en el otro.
También se puede poner en otro lo que uno es, tratando al otro como se
tratan aquellos aspectos de uno mismo depositados en él: con aceptación,
rechazo, seducción o negación.
Una persona puede tener sentimientos de envidia, deseos de ser otra
persona o de ser como la otra persona, si esta última es lo que aquél desea
ser. Estos afectos se movilizan, poniéndolo en contacto consigo mismo.
Así, una persona, que llamaremos A, podría simbolizar para otra, que
llamaremos B, aquella parte que B, por analogía, descarga en A. Esta
depositación tiene un aspecto proyectivo, porque B usa a A de espejo en el
que mira algo de su propio mundo interno. También tiene un aspecto de
crecimiento, ya que B estará influenciando por los cambios que A haga en
esas facetas, comunes a ambos.
B intentará ensayar en A su propio cambio. Le dará ideas, soporte
afectivo y tratará de encontrar atajos para desbaratar las trampas que A haga
para no cambiar, trampas que a su vez B conoce muy bien, porque son
similares a las propias. Esta revisión que B hace en A crea las condiciones
para su cambio.
Factores que inciden sobre la percepción del grupo
Cada paciente lleva al grupo su bagaje de símbolos representativos de su
identidad individual y vincular y sus códigos para comunicare. Dichos
códigos responden a patrones vinculares generados en el seno de sus familias.
Los códigos de unos y otros son diferentes; esto determina diferencias en la
apreciación de lo que se vivencia en el grupo.
Aunque haya coincidencia y todos sientan en un momento dado “amor”,
cada uno condensa en el amor conocimientos y afectos, provenientes de
diferentes vivencias.
El significado atribuido al sentimiento y el comportamiento
desencadenado por él varía de una persona a otra. Estas diferencias, volcadas
en el marco del grupo, resultan sumamente
enriquecedoras para los participantes. Se lo puede comparar con un
caleidoscopio que gira levemente al pasar de las manos de una persona a otra.
Los mismos vidrios ofrecen una figura diferente y concreta a la vista de cada
observador.
Si atendemos a la descripción de una sesión, todos los participantes
pudieron haber visto, escuchado y sentido cosas distintas. Esto se debe —
como se dijo antes— a que cada persona percibe al grupo de una manera
diferente.
La percepción de cada persona está organizada en función de su propio
grupo interno.

Distribución de roles
Cada paciente ingresa al grupo con su esquema de representaciones
acerca de sí mismo, del ambiente, de los vínculos y de cómo interactuar. El
paciente se comporta como si el grupo tuviera los roles y los códigos que él
conoce para relacionarse. En consecuencia, cada paciente usa al grupo para
proyectar aspectos de sí mismo y desplegar su mundo interno. Cada uno toma
de los otros roles para sí y reparte roles propios entre sus compañeros.
Dicha repartición de roles no se hace al azar. Se da como consecuencia
de que cada paciente confronta en el grupo sus ideas acerca de sí mismo y
acerca de los compañeros.
Para confrontarse con los otros, cada participante despliega lo que él es.
Al mostrarse, permite al grupo percibir por un período más o menos largo un
aspecto de su personalidad y sus conflictos. Esto lo convierte en el
depositario adecuado del rol que juega en el grupo.
La selección de roles por parte de cada participante puede hacerse en
forma consciente o inconsciente y cuenta con el tácito consenso de todos.
Supongamos que un miembro del grupo tiene el rol de sometido, que
trae de la repartición de roles de su sistema familiar. Este paciente espera que
alguien del grupo adopte un rol complementario dominador. El rumbo del
grupo lo frustra porque no pone el acento en generar roles complementarios.
Sesión tras sesión, dentro de cada participante se realiza la batalla entre
realidad e irrealidad. El paciente tiene ideas, afectos y tensiones originados
por el simultáneo deseo de cambiar y de ser aceptado tal cual es. Cada uno
busca en qué proporciones y con cuáles variantes padece el conflicto de los
otros.
La investigación por la introspección que hace cada participante
transforma el problema en un tema común al grupo.
Cuando un problema individual se transforma en grupal, la persona que
aportó el tema conflictivo no puede seguir instrumentando el pasado para no
cambiar; tampoco puede usar el rol como distintivo individualizador frente a
los demás.
El tema individual pasa a pertenecer al grupo. Cada uno revisa, en sí
mismo y en los otros, diferentes conflictos. Estos conflictos, al ser amasados
y trabajados por todos, se asimilan y elaboran en el grupo. De esta manera, se
deshacen las proyecciones, y el depositario de ellas puede soltar el rol, al
mismo tiempo que se ve liberado del peso grupal que caía sobre él.
Los pacientes hacen cambios y aprenden a vivir, incluidos en un sistema
de roles modificables según la dinámica de la convivencia.
Imágenes y fantasías acerca del grupo
El grupo introyectado sigue trabajando en el mundo interno de sus
miembros durante y después de las horas de sesión.
Los pacientes imaginan al grupo de maneras cambiantes. En algunos
momentos tienen la sensación de que el grupo les brinda protección, calor,
hermandad, intimidad, familia; piensan que la sesión los protege, calma sus
penas y los equipa con los elementos para realizarse afuera.
Los pacientes pueden dejar volar la imaginación hasta llegar a la idea
omnipotente de que el grupo lo puede todo. A veces, en cambio, sienten que
el grupo es limitado y pobre.
De a ratos, algún paciente se siente pequeño, solo y enfrentado al resto
del grupo; en ese momento, percibe al grupo como un demonio que lo quiere
vaciar. Siente, entonces, que el grupo le quiere arrancar las ilusiones de que él
es de una determinada manera, que quiere mostrarle que él es de otra manera
y no lo puede aceptar.
Fuera de sesión aparecen en la mente de los pacientes recuerdos e
imágenes fantaseadas de los compañeros como figuras simbólicas de los roles
que les hayan depositado. Cada uno imagina a los otros ordenando su
desorden mental, calmando angustias, enjuiciando, otorgando permiso, dando
soluciones o ideas creativas. Por ejemplo, el paciente puede decir: “Cuando la
situación se puso difícil sentí la voz del compañero A dándome una idea que
me sirvió mucho.” “Me imaginé que yo era el compañero B y reaccioné
como lo hubiera hecho él.” “Me imaginé que el compañero C se iba a vivir
solo y sentí su alivio, aunque yo aún no me atreva a hacer lo mismo.”

Compromiso del grupo cuando está trabajando uno de sus miembros


A medida que transcurre la sesión., los pacientes pasan casi sin darse
cuenta de una actitud social a un contacto con su propia intimidad. Esto se da
tanto cuando participan en forma activa como cuando observan afectivamente
comprometidos el trabajo de un compañero.
Supongamos que hay un solo paciente en el centro del escenario
trabajando sus conflictos. Está en una situación interaccional proyectivo-
introyectiva entre él y el grupo (o entre él y los símbolos elegidos para el
caso). Este paciente pasa por diferentes y tortuosos momentos en su camino
al darse cuenta de los contenidos de sus símbolos y de los mensajes que
quiere y necesita hacer aflorar a la conciencia. Puede tratarse de momentos de
confusión, de desorganización y de vacío interno. El paciente puede tener
miedo a que detrás de lo que está vivenciando no haya nada. Puede temer no
lograr la salida integradora. Sus compañeros, que asumen un compromiso
intelectual y afectivo, se sienten inmersos en las sensaciones y situaciones
correspondientes al momento que él atraviesa.
En rápidas y sucesivas secuencias, cada paciente pasa de confundirse e
identificarse con el que está trabajando, a discriminarse de él.
Dentro del mundo interno de los pacientes hay una relación entre el yo y
el tú, referido al que está trabajando y a lo proyectado en él. Existe una
relación entre el yo y el nosotros, referido al grupo y a la propia familia
proyectada en él. Si los pacientes se entregan a sus vivencias, permiten el
procesamiento que los lleva por las vías intelectual y afectiva a la solución de
sus conflictos.
No todos los miembros del grupo tienen el mismo grado de interés en
cada tópico tratado. Los participantes pueden sentirse totalmente
identificados con el que trabaja y seguir atentamente lo que pasa. A veces,
alguno se siente atascado y finalmente se duerme. Otros, para evitar sufrir, se
desvinculan por medio de actitudes sociales: conversar, comer, etc.
Un fenómeno curioso es que algunos integrantes del grupo “se quedan
dormidos” durante el tiempo exacto que dura el trabajo que no pueden tolerar
o resolver. Despiertan cuando aquél termina; es decir que hacen una
disociación de la mente. El inconsciente vigila mientras el paciente duerme y
les avisa en qué momento pasó el peligro y pueden despertar.
Durante el trabajo de sueño de Cecilia, algunos compañeros de grupo se
sintieron atascados junto con la paciente que realizaba el trabajo. Esto ocurrió
por identificación proyectiva con ella y su conflicto. Sin embargo, varios de
estos pacientes consiguieron aliviarse al sentir que encontraban la solución al
conflicto, o al evadirse del atascamiento distrayéndose o quedándose
finalmente dormidos.
Este tipo de situaciones es muy común en los grupos terapéuticos y no
es necesario despertar a los pacientes que se han quedado dormidos. Además,
resulta totalmente contraproducente hacer cualquier tipo de señalamiento al
respecto.
Durante el trabajo de sueño de Sara, por identificación proyectiva, una
compañera se sintió descompuesta, al unísono con ella.
A continuación se transcriben los trabajos de Sara y Cecilia.
Sueño de Sara. Fijación a la figura paterna
Sara: Soñé que estaba en un escenario, estamos ensayando. Voy a bailar
vestida de cisne. Elijo un traje negro arriba, suelto, y un pantalón blanco. Es
la primera vez que sueño con el cuerpo gordo que tengo ahora, y no flaca
como era antes.
El yo un traje que disimula la gordura; pero ahora es un ensayo y no
tengo aún el traje puesto. Bailo con un árbol caído. En mi danza trato de
levantarlo con movimientos míos. Me parece que en un momento se levanta,
pero después se vuelve a caer.
Desarrollo del trabajo:
Marta: Arma la escena y habla con el árbol.
Sara: Yo 'estoy aquí y el árbol allí acostado. (Dirigiéndose al árbol.) En
mi danza tengo que levantarte. No te puedo ver ahí tirado. Te voy a ayudar.
Marta: Sé el árbol. ¿Cómo eres? ¿Cómo es tu existencia?
Sara (se acuesta en el lugar del árbol): Soy un árbol de utilería.
Marta: ¿De qué está compuesto?
Sara: Mi tronco es de madera, de vetas verticales profundas. No sé qué
tengo adentro. Creo que soy consistente.
Marta: Sé la copa.
Sara: Soy una copa de papel verde. Ni siquiera me dibujaron una hojita.
Soy redonda, del tamaño de la cabeza.
Marta: Siendo el árbol, habla con Sara.
Sara: Yo por mí mismo no me puedo mover; Quiero que me ayudes a
levantarme. Creo que la única que puede ayudarme eres tú. Quiero que me
pares.
Marta: Sé tú, nuevamente.
Sara: Mira, árbol, yo te puedo ayudar. Te voy a ayudar transmitiéndote
mi fuerza, llamándote con los movimientos de mis manos y con mis enormes
ganas de que te levantes.
Marta: ¡Hazlo!
Sara (se acerca al árbol, arrodillada, y lo llama con movimientos de
manos, con mucha fuerza y ganas): Si te toco, te voy a destruir, te vas a
romper. Hay algo de engaño en ti. Pareces fuerte, pero si te toco te destruyo.
Te voy a ayudar pero sin tocarte.
Marta: Sé el árbol.
Sara (acostada en el lugar que ocupa el árbol): Yo no tengo nada de
fuerza. Si no me levantas tú. para mí es imposible hacerlo. (Luego, cambia de
rol y es el cisne.) Sí, te quiero ayudar pero tú también tienes que poner cosas
tuyas. Yo te doy mi deseo de que te levantes. Tú tienes que poner también de
tu lado, sí no, no te voy a poder ayudar. Yo te transmito mis deseos, mis
ganas.
Marta: Sé el árbol. ¿Cómo te sientes?
Sara: Me siento totalmente sin fuerzas. Si no me levantas, cisne, yo no
lo puedo hacer. No estoy seguro de que no me rompas si me tocas. Sin
embargo, quiero correr el riesgo porque es mi única posibilidad.
Marta: Sé el cisne. Métete bien en la sensación de ser él.
Sara: No, no te voy a tocar. Tú tienes que poner algo de tu parte. Estoy
segura de que si te toco, te destruyo. Eres frágil.
Marta: Sé de nuevo el árbol. ¿Qué sientes por dentro?
Sara: Tengo una cáscara de madera marrón, con vetas profundas a todo
lo largo y una copa redonda verde.
Marta: ¿Y por dentro?
Sara: Por dentro todo es negro, muy negro.
Marta: Métete en la negrura. Sé tú entera la negrura. Entrégate a ella.
Sara: Soy la negrura y no veo absolutamente nada.
Marta: Sigue mirando.
Sara: Me veo a mí misma, allá abajo, y estoy muerta, toda deformada.
Marta: Sé ésa que ves allá.
Sara: Soy toda sin piel. Tengo los músculos al aire.
Marta: Muéstralos. Tócalos.
Sara: Aquí por ejemplo tengo los músculos semipodridos (se toca el
tórax en la unión con el hombro.) Todo, todo mi cuerpo echa mal olor. No
tengo piel, estoy podrida.
Marta: Quédate un rato en esa sensación, sin intentar modificarla.
Sara (pasa un rato): Siento un líquido viscoso. No puedo hablar de las
náuseas.
Marta: Siente ese líquido. Siente la náusea.
Sara: No puedo hablar.
Marta: Quédate un rato sintiendo. ¿Quieres vomitar?
Sara: Sí, pero no puedo moverme.
Marta: Yo te ayudo a incorporarte.
Sara (levemente inclinada hacia adelante, con los ojos cerrados, vomita
con grandes arcadas en un recipiente; después de vomitar): Me siento mal.
Me voy a desmayar. (Tiene la frente sudorosa y está pálida.)
Marta: Desmáyate. No controles nada.
Sara: ¡Me siento tan floja! ¡Cuánto vomité! Hacía años que no vomitaba
así. Me da tanta vergüenza por ustedes. “Todavía siento el gusto del vómito.
En el recipiente no había nada. En la sesión siguiente, Sara relata que el
sabor y el olor del vómito la acompañó toda la semana. Cuando le contamos
que había sido una alucinación, que en realidad no había vomitado nada, le
costó creerlo. Dijo que sintió que vomitaba trozos de, aproximadamente,
ocho centímetros de largo, de algo que no podía identificar.
Comentario del sueño de Sara
Sara mantiene una relación intensa con su padre y consigue prolongarla
casándose con un hombre débil y sin oficio, que necesita un papá. El marido
funciona como hijo varón de su padre. De esta manera, el padre de Sara sigue
siendo para ella la figura potente e importante.
Esta situación ataca su identidad femenina. Se recubre con la gordura,
que le permite aparecer frente al mundo y a su padre como no deseable, no
femenina.
Ser deseable recrudecería el temor a su erotismo y aumentaría su
confusión. Cabalga junto con esto la idea de que la gordura le permite
aparecer como un cuerpo, como algo, y tapar la nada que ella es.
Durante el trabajo se pone en contacto con su mundo interno
representado por la negrura. Dice desde el árbol de utilería: “Y por dentro
todo es negro, muy negro”.
También se pone en contacto con la destrucción psíquica de su identidad
femenina simbolizada por el cuerpo desintegrado y en descomposición. Dice:
“Me veo a mí misma, allá abajo y estoy muerta, “toda deformada”.

Sueño de Cecilia. Fijación a la figura materna


Marta: Cuéntalo, como si ocurriera ahora.
Cecilia: Estoy en una cama teniendo relaciones sexuales con un hombre
al que no le veo la cara. Estoy acostada. Hay una puerta vaivén tipo vestuario
de club, de ésas que se abren por el medio. Es marrón y más bien cortita. La
puerta no tiene ninguna traba; por abajo se ve y por arriba también.
Por arriba veo a Marina y a otras chicas jugando. Marina era amiga de
mi hermana y su hermana era amiga mía.
Estoy aterrorizada por la puerta. Le digo al hombre que está conmigo
que quiero cerrar la puerta, que me siento mal. El me contesta con una frase
de la película David y Lisa: “No te preocupes que nadie va a entrar sin
permiso.”
Tengo una angustia terrible por esa puerta. En un momento entra un
señor por ella. Yo escondo la cabeza en la cama. Es un médico que trabaja
conmigo en el hospital. Parece que ellos se conocen. El médico le pregunta al
otro con quién está. Al fin lo miro. La escena es buena. Una vez que entró y
lo vi, no fue tan terrible. Fue mejor de lo que suponía, me tranquiliza Ahí
termina el sueño.
Marta: Sé la puerta.
Cecilia: Soy. Tendría que tener espacio abajo.
Marta: Imagina el espacio, sé la puerta.
Cecilia (se pone de pie y separa las piernas. Se mete en la sensación de
ser la puerta. Pasa largo tiempo hasta lograr una buena identificación con ella.
Señala el tronco de su cuerpo identificándolo con la puerta, mientras su
cabeza y sus piernas quedan incluidas en los vacíos de arriba y de abajo de la
misma): Yo soy una puerta. Tengo dos hojas abiertas en el medio y las dos
hojas van y vienen. Soy de color marrón y tengo rendijas oblicuas. No se
puede ver a través de ellas pero pasa el aire. Soy corta. Tengo un gran espacio
abajo y un gran espacio arriba. No tengo ganchito ni ninguna manera de
cerrarme. Tampoco puedo decidir quién va a entrar y quien no va a entrar. No
sé cómo hacer para tener un ganchito, un pasador, de esos que cierran la
puerta. (El grupo ríe pícaramente.)
Marta: Cuéntale eso a la cama.
Cecilia: ¿Lo del ganchito?
Marta: Sí, todo.
Cecilia: Mira, cama, la verdad es que aquí estoy bastante mal, bastante
aburrida de estar parada. Me gusta más estar acostada como tú (risas).
Además, no me gusta esto de no poder tomar ninguna decisión sobre cuándo
me voy a abrir y cuándo no (largo silencio).
Marta: ¿Estás cómoda siendo la puerta de esa habitación?
Cecilia: No. Tampoco siendo la habitación. No me gusta; tiene...
Marta: Habla con la habitación, no relates. Interactúa con los elementos.
Dile: Tienes...
Cecilia: Tiene? ventanas con vidrios a los costados.
Marta: ¿Dónde están los vidrios? Señálalos.
Cecilia: En toda esta parte. (Siendo ella la puerta señala a su izquierda y
hacia adelante. Ubica a la habitación delante de su cuerpo.) Los vidrios son
alargados hacia arriba; la habitación tiene forma de cúpula. ¡Esta habitación
es como estar en medio de la calle!
Marta: Repite la última parte.
Cecilia (ahora le habla a la habitación): Estar acá es como estar en la
calle, y encima, sin sol. No me gusta.
Marta: Sé la habitación. Cámbiate de lugar. Sé la parte de la habitación
que rodea a la puerta.
Cecilia (se mueve en el espacio; da la sensación de que su cuerpo se
agranda, que tiene fuerza, poder; recorre la habitación): Como habitación me
siento muy bien, tengo el poder.
Marta: Cuéntaselo a la puerta.
Cecilia: Tú, puertita miserable, no vales nada. Basurita. Te abren cuando
quieren. Yo acá... soy la reina. Me da el sol, tengo vidrios y veo para afuera.
Tengo la cama e invito a quien quiero.
Marta: ¿Cómo te sientes con la puertita? Mírala.
Cecilia (largo silencio): Le tengo lástima.
Marta: Habla con ella, no conmigo.
Cecilia: Me das lástima.
Marta: ¿Te da lástima? Completa la frase.
Cecilia (silencio): Eres chiquita y bien miserable. No tienes cómo
cerrarte y no tienes ningún poder. Hacen contigo lo que quieren.
Marta: Sé la puertita. Métete bien en la sensación física de ser la puerta.
Cecilia (largo silencio; se ubica del lado de la puerta): Me siento muy
mal de ser la puerta y tengo palpitaciones.
Marta: Entrégate a sentir las palpitaciones. (Largo silencio. Ella se
entrega a la sensación.) Contéstale a la habitación.
Cecilia: Creo que tienes razón en lo que dices.
Marta: ¿Qué cosas de las que te dijo son ciertas?
Cecilia: Soy bastante miserable y no tengo ningún poder. (Se le quiebra
la voz, llora.) Pasan por aquí, entran y salen de mí cuando quieren. No tengo
manera de cerrarme o abrirme.
Marta: ¿Cómo te sientes con eso? Cuéntale a la habitación.
Cecilia (con voz quebrada): Mal (Largo silencio.)
Marta: ¿Hay algo que tú puedas hacer? (Silencio.) Veamos, sé una hoja
de la puerta. Sé la hoja izquierda y habla con la otra hoja. Métete bien en la
sensación de ser la hoja. (Silencio. Cecilia se concentra hasta que siente que
es la hoja.) Cuenta cómo te sientes contigo misma.
Cecilia: Me siento mal siendo esta hoja (con pena).
Marta: ¿Qué es lo que no te gusta de ti?
Cecilia: Estoy fija en un costado.
Marta: ¿En cuál costado?
Cecilia: En éste (señala el costado izquierdo). De éste me muevo un
poco (señala el costado derecho). Además, no me muevo, sino que me
mueven cuando abren la puerta. Estoy llena de rendijas y tampoco me gusta.
Marta: ¿Qué es lo que quisieras tú como hoja?
Cecilia (largo silencio): Me gustaría soltarme de acá porque me molesta
(se toca el hombro izquierdo).
Marta: ¿Cómo estás agarrada de ahí? ¿Tienes una bisagra?
Cecilia: No, no sé. Tengo un mazacote.
Marta: Ahí solo, ¿o tienes algo más?
Cecilia: Sí. Acá también tengo (señala el tobillo), pero este lugar es peor
(señala el hombro).
Marta: ¿El resto de la hoja se mueve?
Cecilia: Sí. Se puede mover así (hace un movimiento hacia adelante y
atrás con el hombro derecho).
Marta: Muévete un poco, de modo que podamos saber cuán fija estás
del otro lado.
Cecilia (se mueve): Sí. Estoy muy fija.
Marta: ¿Hay un marco ahí?
Cecilia: No, no hay nada.
Marta: El mazacote te une directamente a la pared.
Cecilia: Sí
Marta: Dile eso a la habitación.
Cecilia: ¿Lo del mazacote? .
Marta: Dile lo que te pasa.
Cecilia: Me quiero soltar. Me duele aquí arriba. (El grupo se impacienta.
Los compañeros conversan entre ellos. Comento que Cecilia está muy
atascada y le pido al grupo que haga silencio. Ocurre un larguísimo silencio.
Uno de los compañeros se duerme).
Marta: ¿Estás cansada? ¿Te quieres soltar de la habitación?
Cecilia: Sí.
Marta: Díselo.
Cecilia (silencio muy largo; está triste): No quiero estar más ligada a ti.
¡Me tienes cansada! (Tiene pena y rabia en la voz.)
Marta: Sé de nuevo la habitación. Siente la parte en que estás agarrando
la puertita de este costado.
Cecilia (largo silencio; se concentra en la sensación): Me cuesta ser la
habitación. (Silencio.)
Marta: Ubícate del lado de la habitación. ¿Cómo ves a la puertita?
Cecilia: Ahí está.
Marta: Díselo a ella.
Cecilia: Ahí estás tú y tu mazacote (apenada).
Marta: Te interesa tener la puertita.
Cecilia: Sí.
Marta: Díselo bien claro.
Cecilia: Mejor que nada eres, pero si yo tuviera una mejor puerta no te
querría. Como no tengo otra... (silencio). Bastante basurita eres, pero igual te
puedes quedar. Yo no te voy a soltar; te arreglas y te sueltas sola. Si te
quieres ir, querida, te puedes ir. Yo soy acá una reina.
Marta: Sé de nuevo la puertita. (Larguísimo silencio. Se ubica del lado
de la puerta y se mete en la sensación de ser la puerta. Se la ve muy apenada.)
¿Qué le contestas a la habitación?
Cecilia (sigue el largo silencio): No sé qué contestarle.
Marta: ¿Te quieres ir o te quieres quedar?
Cecilia: Me quiero ir.
Marta: ¿Lo tienes bien claro?
Cecilia: Sí.
Marta: La otra hoja también se quiere ir.
Cecilia (muy atascada; no sabe qué elegir, irse o quedarse. Se evade del
tema y del encuentro directo y comienza a murmurar sobre la habitación): Lo
que pasa es que la habitación es muy mentirosa.
Marta: Dile en qué te miente.
Cecilia: Tú eres muy mentirosa. Me dices que yo soy blanda y todo eso,
y después resulta que es mentira. ¡Yo me iría tan fácil así!
Marta: Dile cómo te miente.
Cecilia: Lloras y lloras todo el día con tu boca de tragedia y le echas
cemento al mazacote.
Marta: Sé la habitación de nuevo. Es importante que te metas bien en la
sensación de ser la habitación.
Cecilia: Yo tampoco tengo poder acá. (No logra recuperar la sensación
de poder que tenía la habitación al comienzo del trabajo.)
Marta: Mira a la puertita. ¿Cómo la ves? (Suele ocurrir, al disminuir la
fuerza de un símbolo, que aumente la fuerza del símbolo opuesto.)
Cecilia: Es linda, pintadita.
Marta: Habla con la puerta.
Cecilia: Eres linda, pintadita y juguetona (muy emocionada). Te abro y
cierro cuando quiero (muy apenada). ¿Qué voy a hacer sin puerta?
(Dirigiéndose a Marta.>
Marta: Habla con la puerta.
Cecilia: ¿Qué voy a hacer sin ti? (Guarda silencio.)
Marta: Sé la puertita. Métete bien en la sensación.
Cecilia: ¿Elijo la parte que quiera?
Marta: Sí.
Cecilia (se mueve y se toca el hombro izquierdo con desagrado): Siento
el mazacote aquí. (Larguísimo silencio. Se la ve atascada.)'
Marta: ¿En qué estás?
Cecilia: Estoy viendo... estoy agarrada de los dos lados. Sí, soy toda la
puerta.
Marta: ¿Tienes algo de movilidad?
Cecilia: Sí, en la parte del medio.
Marta: Muévete.
Cecilia: Me muevo (se mueve con todo su cuerpo como un solo bloque
hacia adelante y atrás, dejando los pies fijos).
Marta: Sigue moviéndote. ¿Cómo sientes los mazacotes?
Cecilia: Mejor. Este está bien (lo dice por el mazacote derecho). Este es
el duro (se toca el hombro izquierdo).
Marta: Sigue moviéndote.
Cecilia (se mueve con balanceo de cuerpo entero. Se puede caer en
cualquier momento): Moviéndome los aflojo, al derecho lo tengo casi suelto.
Marta: Sigue moviéndote. (Pido ayuda a un colega que se coloca detrás
de Cecilia, mientras yo estoy delante. La sujetamos cuando cae hacia un lado
y la tiramos a los brazos del otro para el lado contrario. Después de un rato,
cuando considero que el mazacote ya se mueve libremente, tomándola de los
hombros la inclino bruscamente a la derecha como para arrancarla de la pared
imaginaria. Ella se deja caer en nuestros brazos. Seguimos pasándola de los
brazos de uno al otro. Cecilia ríe.)
Cecilia: Ves, ya me solté, esta vez voy por donde quiero. (Deja caer su
cuerpo confiada hacia adelante y atrás, con los pies fijos en el suelo.)
Comentario del sueño de Cecilia
Al finalizar el trabajo, Cecilia dijo que se dio cuenta de que en el sueño
apareció representada la relación con su madre. La habitación es la madre. La
puerta es ella.
Se siente adherida a la madre por un mazacote que se arma a partir de
las desvalorizaciones que la madre le hace constantemente y que ella asume.
Esta situación aumenta su dependencia.
El sentimiento de minusvalía que se genera en este juego la lleva a
pensar que la única que la podría llegar a querer es la madre, al tiempo que
las malas caras de la misma generan en Cecilia temor a perderla. La paciente
dice: “Pones trompa y echas cemento al mazacote.”
Esa madre-habitación es sentida poderosa pero no continente. Tampoco
es capaz de dar el afecto que permite crecer e independizarse. La paciente
dice: “Es como estar en la calle.”

La identidad grupal

Los miembros del grupo, a través de su participación, llegan a los puntos


comunes que tienen con el mundo interno de sus compañeros. A partir de
estos puntos de contacto tiene lugar la revisión de sus conflictos. Entre todos
los pacientes crean un sistema de comunicación, un modo de decir y sentir,
que se genera cuando están en el espacio común de la sesión.
Juntos, los pacientes comparten lo que son capaces de ser. Cada uno
tiene sensación de pertenencia. Los puntos de contacto con los otros generan
el nosotros, la identidad grupal.
Los aportes personales, al ser asimilados por el grupo, dan origen a los
lazos interpersonales y se genera el sí mismo grupal. Dentro de él, cada uno
percibe su propia inclusión. Entre todos logran, dentro del grupo y a fuerza de
reacomodamientos, un modelo no disociador para relacionarse, y entre todos
forman símbolos y códigos grupales.
Es necesario que cada uno sienta que su aporte hace la identidad grupal.
Es en ella donde se abonan los cambios de la identidad individual.
Cambios en la identidad individual
Como ya dijimos, el sistema vincular que cada persona trae al grupo
contiene códigos de comunicación propios. Dichos códigos, a su vez, ponen
en funcionamiento roles específicos que difieren de una persona a otra dado
que se originan a partir de vivencias diferentes.
En el grupo cada uno confronta sus roles con los roles de los otros
participantes.
Los roles favoritos de cada paciente no producen en al grupo la
respuesta conocida, esperada. Los viejos clisés ahora utilizados para
comunicarse con los compañeros son ineficaces. La autoestima se resiente a
medida que el paciente se frustra; esto lo obliga a ensayar nuevos modelos de
conducta.
Resumen de la dinámica de las transformaciones individuales
En el grupo terapéutico, el paciente explota y modifica su simbología
intrapsíquica. Sus conflictos se ponen en evidencia mediante la proyección en
los compañeros de diferentes aspectos reconocidos como propios o atribuidos
a figuras humanas importantes de su entorno. Además, el grupo permite a sus
miembros —al proveerlos de una pequeña muestra del mundo exterior—
conocer y participar de otros estilos para relacionarse.
También los pacientes crean símbolos que contienen la matriz de la
identidad grupal, y ella aporta un sistema vincular integrador con roles
dinámicos: es el nuevo sistema de roles aprendido en el grupo.
Cada uno se incorpora al grupo con su sistema vincular familiar donde
tiene roles fijos e intenta resolver las situaciones que se plantean según su
esquema rígido, mas en el grupo aprende un sistema vincular con roles
dinámicos. Este nuevo sistema le permite escoger en cada situación el rol
adecuado para resolverla.
Capítulo IV

DINÁMICA BÁSICA DEL GRUPO

7. Mecanismos que operan en la dinámica básica del grupo terapéutico

Para conocer la dinámica básica es necesario considerar al grupo como “un


todo” a lo largo del tiempo. Podría decirse que la dinámica básica contiene y
expresa la memoria colectiva del grupo más todas las cosas que el grupo va
aportando para armar la estructura sobre la que van a crecer. Por eso la
llamamos el nido de los cambios. Se manifiesta como el clima grupal
resultante de la historia, memoria grupal, emociones y contenidos que se
expresan y de la manera de emitirlos.
En ella convergen la personalidad de los pacientes, el específico
momento vital que atraviesan y la historia del grupo.
El manejo del terapeuta influye sobre esta dinámica.
Para explicar —en forma completa— la dinámica básica, se describirán
algunos de sus períodos.
El grupo que atraviesa un período de desorganización
Este momento ocurre muy claramente al comienzo de un grupo nuevo.
Los pacientes están ansiosos ante la experiencia grupal desconocida y se
muestran temerosos en sesión. Tienen un contacto tímido y miedoso, lleno de
pudor. Los pacientes miran al techo, a sí mismos o bien intercambian miradas
que caen fugazmente sobre unos y otros. Si ingresan nuevos compañeros, los
reciben con formalidad.
En este momento del grupo, los pacientes suelen hablar en forma
general y sin dirigirse, directamente, a sus compañeros. Recortan lo que
dicen, y seleccionan el contenido de sus palabras. A veces expresan cosas
muy distintas o pobres respecte de lo que querían significar.
La dificultad de comunicación aumenta la angustia. Cada miembro se
preocupa por la imagen que los otros se van a formar de él. El intercambio es
social y superficial.
El grupo pretende aferrarse a lo conocido y trata de hacer calzar a los
nuevos miembros en sus prejuicios, situación que obstaculiza el mutuo
conocimiento.
El objetivo que el terapeuta se propone respecto de la dinámica básica
grupal es ayudar a los pacientes a vencer las barreras previas, y lo alcanza
mediante trabajos o ejercicios que favorezcan el autoconocimiento y el
conocimiento de los otros.
Los pacientes descubren cómo son ellos mismos, y cómo usan sus
miedos, ansiedades, angustias y juicios apriorísticos con el objetivo de no
contactar. Cuando se dan cuenta de esta situación, el cambio de conducta se
hace posible.
La terapeuta apuntala y facilita la tarea para que se produzca la apertura
a lo grupal. De esa manera, surgen los primeros lazos afectivos, cognitivos y
dinámicos, que con su desarrollo transforman al grupo en el lugar donde se
gestan, contienen y apoyan las transformaciones que cada uno hace.
El grupo que atraviesa un período voraz dependiente
En los pacientes predominan los rasgos depresivos, esquizoides o
paranoides. Manifiestan competencia dependiente, egocentrismo,
descreimiento, tristeza, desconfianza, autismo y desvalorización. Por
momentos aflora confusión; en otros hay una sensación de mundo interno
vacío. La falta de creatividad se expresa en la sesión, a través de una carencia
de material.
El enfrentamiento con los problemas se dificulta por los sentimientos de
impotencia.
Nadie está interesado en ofrecer nada de sí a los otros. En estos
momentos el mayor vínculo entre ellos es de competencia dependiente; se
pelean por la atención del terapeuta; los separan celos y envidias.
Algunas personas llegan tarde a la sesión o interrumpen todo intento de
trabajar. Otras se muestran desganadas con el fin de llamar la atención. A
veces se comportan como islas q están tan disgregados que no soportan
siquiera hacer ejercicios grupales muy simples. Muchos pacientes esperan
que el que está hablando termine de hacerlo, no para efectuar un aporte sino
para hablar de lo propio. Cada uno sólo se escucha a sí mismo.
Si ingresa un nuevo paciente, el grupo lo fagocita y lo neutraliza.
Difícilmente el nuevo miembro pueda evitar participa— de este clima. El
terapeuta se siente culpable con él, por haberlo incluido en un momento así.
El manejo de la sesión representa un enorme esfuerzo para la terapeuta.
Su fantasía es que los pacientes están con la boca abierta esperando que se les
ponga alimento. La intervención más importante del terapeuta en este período
consiste en poner límite a la voracidad y egoísmo, y fomentar el
compañerismo.
El grupo que atraviesa un período de condenación
En los pacientes predominan los rasgos paranoides, histéricos o
depresivos. Los miembros del grupo se juzgan y se dan buenos consejos entre
ellos; de esta manera hacen sentir inadecuado y equivocado a aquel
compañero que se atreve a confiar sus problemas. Esta modalidad de
funcionamiento provoca en cada uno temor a ser enjuiciado o agredido, con
la consiguiente detención del crecimiento individual y grupal.
Los pacientes se frustran entre sí de una manera que no los ayuda a
crecer. No es que descubran cosas negativas de sí mismos, sino que actúan
negativamente. Los buenos consejos y las sentencias impiden que se cree el
espacio necesario, confiable y continente para crecer. Los pacientes no
acompañan a sus compañeros para que se den cuenta de sus errores, sino que
pretenden darles fórmulas que, en general, no son útiles.
Si ingresa un nuevo miembro, el grupo intentará asustarlo o agredirlo
para que se vaya.
El terapeuta siente necesidad de sacar al grupo de este período. De
persistir esta situación, puede dar lugar a que se expulsen unos a otros con
agresiones verbales o no verbales. Tales agresiones pueden consistir en
descalificaciones, burlas, buenos consejos o desprecio. En ocasiones, estas
manifestaciones se disfrazan con una apariencia de “buenas intenciones”.
En algún momento, el juicio de los pacientes puede caer también sobre
el terapeuta, cuestionando su trabajo y reclamando que no reciben lo que
necesitan.
Los pacientes se enojan entre sí y salen de sesión dolidos y sin hacer
avances en sus conflictos. Puede ocurrir que un paciente que haya quedado
muy herido en una sesión falte a la siguiente o exprese que quiere irse del
grupo. A veces tendrá una excusa lejana con la que pretenda distraer al grupo
de la sospecha de que la sesión anterior haya tenido algo que ver.
Si los pacientes rechazan las intervenciones del terapeuta para guiarlos
fuera de esa situación, éste puede sentirse paralizado, mortificado; en
ocasiones llega a pensar que el grupo se puede desintegrar en esa misma
sesión. Generalmente, el grupo responde aceptando propuestas y dejándose
guiar para salir hacia otra atmósfera. Cuando el grupo está receptivo, este
momento condenador no angustia al coordinador y resulta fácilmente
manejable.
El objetivo que la terapeuta se plantea respecto de la dinámica básica
grupal es que los pacientes se liberen de sus juicios para acompañar
realmente a quien plantea un problema. La terapeuta pide a los pacientes que
traten de no pensar, y que registren lo que sienten al escuchar lo que dice el
que está trabajando. Si emiten juicios, les sugiere que los conviertan en
afirmaciones respecto de sí mismos. Buena parte del tiempo de sesión se usa
en la revisión de los contenidos persecutorios que cada uno deposita en sus
compañeros.
El grupo que atraviesa un periodo intelectualizador
Predominan en este período defensas obsesivas, histéricas y esquizoides.
Los pacientes disfrutan de juegos verbales; hablan de los sentimientos y se
deleitan con su comprensión intelectual, pero evitan los afectos.
Se manifiesta claramente en sesión la competencia y la envidia entre los
participantes.
Si el grupo permanece largo tiempo en ese juego, corre el riesgo de
transformarse en un grupo que atraviesa un período de condenación. Cuando
el grupo entra en el periodo intelectualizador, el terapeuta puede sentirse
seducido por el despliegue intelectual y verbal; luego siente impotencia, se
aburre y se enoja. El terapeuta siente que el tiempo no se usa
provechosamente y está sobrecargado con la responsabilidad de descubrir
solo lo que está pasando a nivel afectivo. Los pacientes no se hacen cargo de
sus sentimientos.
El grupo, aparentemente, acepta bien a los nuevos integrantes, pero en
realidad los pacientes se subdividen en dos subgrupos que ellos mismos
denominan “los viejos y los nuevos miembros del grupo”. Ambos bandos
entran en competencia. Los nuevos quieren saber la sustancia de las sesiones
en las que no estuvieron, mientras los viejos miran con envidia los cambios
rápidos de los nuevos.
El objetivo que la terapeuta se plantea respecto de la dinámica básica
grupal es que los pacientes logren incluir en la sesión los afectos como
sensación, además de palabra.
El grupo que atraviesa un período expansivo
Predomina en sesión la expresión de aspectos histéricos. Los pacientes
se interesan por sus compañeros, expresan sus afectos, comparan sus
historias, compiten, están atentos, creativos, ingeniosos.
En general, en este período los pacientes tienen poca conciencia de que
cambiar depende de ellos. Ellos pretenden modificar el entorno para que deje
de perjudicarlos; para lograrlo adoptan la actitud de víctimas.
El intercambio entre compañeros es rico, lleno de pequeñas
complicidades, alianzas, celos, envidias, rencores y amor que hacen un buen
condimento y enriquecen los trabajos.
El ingreso de nuevos pacientes puede provocar celos y competencia,
aunque sean recibidos en forma amable y educada.
La terapeuta se plantea como objetivo respecto de la dinámica básica
que los pacientes tomen conciencia de sus problemas y asuman su
responsabilidad. Se siente cómoda y la atmósfera general del grupo facilita la
tarea. Se puede trabajar mediante escenas o se pueden hacer juegos donde se
aprovecha la expansividad para revisar vínculos y rasgos de personalidad.

El grupo que atraviesa un período elaborativo


En este período del grupo hay un equilibrio útil de rasgos depresivos,
obsesivos, esquizoides e histéricos.
Los pacientes tienen un buen grado de autoestima, a la vez que respeto
por el prójimo. El compromiso de los pacientes con el trabajo es muy bueno;
están atentos, interesados y creativos; hay poca envidia y mucho
compañerismo. Les resulta menos difícil que en otros períodos meterse en
honduras y dejar de lado las resistencias para contactar con sus afectos y
hablar acerca de lo que son y sienten. En este período no hay fijeza de roles y
los pacientes capitalizan los aportes del grupo para crecer.
Se crea en el grupo un clima muy especial de comunicación, existe la
sensación de que se abren y comparten su mundo interno.
Este es el período en que se produce el mayor número de cambios y con
gran celeridad. Se trata de cambios duraderos y auténticos que se gestan en el
suceder grupal.
La inclusión de nuevos miembros es fácil y, en general, éstos logran en
forma rápida sentirse como si fueran viejos integrantes del grupo.
Para la terapeuta resulta gratificante y descansado trabajar en este
período; el clima de amor y de creatividad lo hace muy llevadero. Hay
cooperación y el material para trabajar surge fluidamente. La identidad grupal
es muy fuerte y no exige especial atención de la terapeuta; ésta se puede
dedicar casi todo el tiempo a los problemas individuales.
Algo más sobre la dinámica básica grupal
El terapeuta tiene un doble objetivo en relación con el período de la
dinámica básica que el grupo atraviesa. Uno de estos objetivos es hacer
funcionar al grupo lo más eficazmente posible dentro del período que está
pasando, y otro es llevarlo hacia un período elaborativo. Finalmente, en el
período elaborativo se da el mayor grado de integración en los pacientes y el
mayor número de altas.
Los períodos llamados de desorganización y el voraz-dependiente, son
los más regresivos. Luego, en una escala ascendente tenemos los períodos
llamados de condenación, intelectualizador y expansivo.
Elaborativo
Expansivo
Intelectualizador
De condenación
Voraz-dependiente
De desorganización
Períodos más regresivos > Períodos más adultos
Hay una infinita cantidad de matices entre uno y otro de los períodos
aquí descritos, y el pasaje entre ellos puede ser lento.
Cuando se producen cambios bruscos y profundos en alguno o algunos
de sus miembros, el grupo puede pasar rápidamente hacia otro período
distinto. Ejemplo: se relatará lo acontecido en un grupo que venía de un
período que combinaba características de los períodos voraz-dependientes y
condenador. En el momento en que ocurren los acontecimientos que a
continuación se describen, se encontraba en un período expansivo.
Una artista plástica tuvo desde su ingreso al grupo (ocho meses atrás)
una inclusión aparentemente periférica. La paciente no podía expresarse con
palabras.
El grupo había depositado en esta paciente, por su inclusión silenciosa
ssf^..pert ion., ha reac . . códigos rígidos (en el documento de dónde está
sacado esto, estaba ilegible) para comunicarse con ella.
Cuando el grupo requería su opinión, ella se angustiaba, y bañada en
sudor sacudía la cabeza negativamente. El grupo depositó en ella sus aspectos
impotentes y persecutorios.
Un día se hizo una dramatización en la que participé todo el grupo. Se
revisaba la relación de una compañera con su hijo, al que no quería y
maltrataba. Nuestra artista representó el rol de hijo. Yo la auxilié poniéndole
palabras a los sentimientos que ella expresaba con el cuerpo.
Al finalizar la dramatización, movilizada por ésta, habló de sus cosas
durante diez minutos. Los compañeros reaccionaron alcanzándole agua y
estimulándola a hablar.
El cambio brusco en el comportamiento de la paciente desequilibró el
sistema vincular intragrupal.
Los compañeros no supieron qué hacer con la impotencia y los aspectos
persecutorios que le habían depositado. Aspectos propios de los que no
querían hacerse cargo y que quedaban ahora sin su representante.
El grupo reaccionó en la sesión siguiente comportándose como un grupo
que atraviesa un período de desorganización-condenación. Le costó al grupo
algunas sesiones recuperar su período expansivo.
Inclusión de un paciente psicótico en un grupo de pacientes neuróticos
con un año de funcionamiento
En forma inmediata al ingreso del paciente psicótico, el grupo entra en
crisis. El nuevo miembro, con sus múltiples manejos, amenaza desbaratar el
sistema vincular que el grupo creó para su crecimiento. La presencia del
paciente psicótico facilita la puesta en escena de toda la batería de manejos
que cada miembro del grupo aprendió a lo largo de su vida. Con estos
manejos, el grupo intenta expulsar o controlar al miembro psicótico, para
preservar su equilibrio.
La movilización que provoca el psicótico facilita el hecho de que cada
uno revise etapas anteriores de su vida y experimente regresiones.
Se puede aprovechar este momento para hacer una buena lectura del
sistema vincular familiar, del rol que cada uno tiene y del rol que intenta
lograr en el grupo.
El grupo ayuda al paciente psicótico a redescubrir cómo se pasa de la
psicosis a la neurosis. Si después de un tiempo, el psicótico no logra
comportarse en el grupo con una conducta neurótica, es expulsado.
Con el ingreso del paciente psicótico, el grupo pasa abruptamente del
período en que estaba a otro más regresivo
Capítulo V
DINAMICA DE SESION

8. Mecanismos que operan en la dinámica de sesión

Esta dinámica es la secuencia de eventos que ocurren durante la sesión. En


sesión las transformaciones individuales se producen bajo la influencia del
ritmo y la secuencia de las comunicaciones. Lo importante en dinámica de
sesión es darse cuenta cuáles son los temas que están motorizando toda la
sesión, cuál es el punto que enlaza todo. El terapeuta ayuda al grupo a
conectar la temática de la persona elegida como protagonista con el tema de
cada uno, determinando así que cada uno se favorezca con la temática del que
trabaja revisando lo suyo a partir de la iluminación del lado común de los
temas.
Esta dinámica depende del aprovechamiento del período que atraviesa el
grupo, del material de sesión y del período que atraviesa cada paciente.
En la dinámica de sesión tiene mucha importancia el manejo de la
terapeuta, sobre cuya actuación nos referiremos a continuación. Su función es
seguir la dinámica básica, dejar crecer los liderazgos naturales necesarios, y
propiciar las transformaciones individuales. Para ello tiene en cuenta no sólo
al paciente individual, sino también al emergente grupal, que armonice el
avance de la dinámica básica y el crecimiento de la identidad individual. La
terapeuta asimila la modalidad del grupo, así como el grupo asimila la de ella,
y aprovecha esto para fomentar la cohesión y coacción grupal.
Cuando comienza la sesión, todos los estímulos inciden en la terapeuta;
le despiertan distintos niveles de interés, pensamientos, afectos, que la van
preparando para encarar la tarea.
La terapeuta hace la lectura global del material, de la dinámica básica y
de las necesidades y urgencias del grupo; atendiendo todos esos parámetros,
orienta la sesión.
Durante los trabajos grupales, la terapeuta por momentos se mantiene
afuera, observando y organizando. En otros momentos, se inserta en el
mundo interno de los pacientes, acompasándolos en su ordenamiento y
cambio.
A través de los puntos comunes de contacto con el mundo interno de los
pacientes es posible para ella captar lo que pasa.
A la hora de los trabajos individuales, la persona que está trabajando con
sus problemas centraliza toda su atención. La terapeuta acompaña al paciente
para que pueda definir, delimitar y resolver su problema. En ese momento, el
resto del grupo y la situación grupal pasan al fondo. Los otros pacientes
vuelven a ser figura cuando intervienen o colaboran. Cuando termina el
trabajo individual, la terapeuta observa, nuevamente, al grupo para detectar la
situación grupal y decidir el paso que sigue.
La terapeuta, en general, no realiza interpretaciones; espera que sea el
grupo el que las haga. Ella alienta las intervenciones inteligentes del grupo
que sirvan-para ayudar a los compañeros. También menciona en las
posteriores sesiones y cuando es pertinente esas intervenciones, y nombra a
quien las dijo.
La terapeuta es espontánea para dar afecto y permite que los pacientes se
den afecto y protección entre ellos, aunque prohíbe que alguien se acerque a
otro si una actitud protectora en ese momento lo perjudica.
La terapeuta utiliza la intuición en sus intervenciones para conseguir
soluciones adecuadas a la situación de la sesión, protege al paciente que el
grupo tiende a expulsar, trabajando con el grupo lo proyectado en él y
ayudando al paciente a mostrar otros aspectos de sí, que son necesarios para
su aceptación, autoestima y para el grupo.
Cuando se va a hacer una dramatización y el protagonista no elige a
quienes han de representar los roles que él necesita, la terapeuta elige como
personajes a aquellos miembros del grupo para los cuales es útil conocer más
acerca del rol que van a representar. Ella aprovecha la escena hecha por un
miembro del grupo para mostrar aspectos conflictivos de los demás
participantes. Usa así, el trabajo del protagonista para beneficiar al grupo.
En ese sentido, a veces, al finalizar un trabajo individual pide al grupo
que dé sus impresiones acerca del trabajo realizado. En la mayoría, de los
casos, estos comentarios c interpretaciones son más útiles para el resto del
grupo que para quien realizó el trabajo.
En concordancia con lo antedicho, la terapeuta está en esta etapa
trabajando con todo el grupo para detectar la posibilidad o necesidad de
continuar la sesión a partir del material proyectado en estas intervenciones.
Nuevamente, ella evalúa todas las dinámicas antes de decidir si ha de
continuar con un trabajo grupal o con un trabajo individual, o si es necesario
atender ambas demandas.
Es interesante destacar que, en la familia, los padres se comportan de
manera tal que fomentan el apoyo mutuo entre los hijos. Sin embargo, en
general, los padres no hablan con los hijos acerca de dicho comportamiento,
sino que simplemente lo promueven. De igual manera, en el grupo, la
terapeuta no necesita hablar acerca de la unidad e identidad grupal; la crea a
través de su propia conducta.
Los pacientes hacen un balance espontáneo de los progresos de unos y
otros en el grupo. Esto habla a favor del trabajo integrador de la terapeuta, sin
necesidad de conversaciones sobre el fenómeno grupal. Estas conversaciones
gastarían un tiempo que los pacientes necesitan para crecer.
La terapeuta actúa sobre la unidad grupal, desde sus decisiones sobre la
manera de abordar el material y desde las consignas de trabajo que da, en
sesión, a cada participante.
También a veces la terapeuta deja de lado al grupo y profundiza en
sesión los tópicos de uno o dos de sus miembros.
En estas sesiones los restantes ceden su tiempo al miembro del grupo
que trabaja; hacen así su aprendizaje de compañerismo y paciencia.
En algunas ocasiones el grupo, para evadirse de confrontar sus
conflictos, está con la atención fija en uno de sus miembros por un período
muy largo. En estos casos la terapeuta focaliza sucesivamente la atención de
los pacientes en diferentes miembros del grupo. En estas sesiones no hay
trabajos individuales ni ejercicios especiales. El grupo trabaja nulamente con
intervenciones verbales: se critican, se reprenden, discuten, intercambian
ideas, se dan continente y afecto. A través de estas intervenciones los
pacientes ayudan a generar la unidad grupal. La terapeuta apoya ese
intercambio con una actitud menos directiva.
A continuación se muestran aspectos técnicos de dos sesiones muy
distintas. Ejemplo A: coordinación de una sesión con el grupo en un período
voraz-dependiente. La terapeuta actúa siempre de acuerdo con la
problemática planteada y al período grupal. Ella interviene activamente para
ayudar a la unidad e identidad grupal. En este ejemplo, la terapeuta hace el
mejor aprovechamiento posible del tiempo cuando la situación grupal exige
que ella tenga una actitud directiva. Con esta actitud activa, impide la evasión
de los pacientes de los conflictos y evita el desaprovechamiento del material.
Ejemplo A. Manejo de una sesión con el grupo en un período voraz-
dependiente
Desde el comienzo de la sesión con la terapeuta va seleccionando la
información que le llega desde el grupo para decidir, finalmente, cómo
trabajar con el material del día.
Supongamos que en el grupo están las personas R, S, T y W.
R y S cuentan lo que les pasa a ellos. La situación no da para desarrollar
un trabajo individual. La terapeuta sabe que, aunque entregue a estos
pacientes las tres horas de sesión, no están aún a punto de resolver nada. Los
pacientes tienen una actitud evasiva en relación con sus problemas y están
muy lejos de darse cuenta de cómo salir de ellos.'
R es una mujer poco femenina, fría y distante con su pareja; no sabe
cómo poner calidez en su hogar, ni sabe acariciar a sus hijos. No se da cuenta
de situaciones de celos, envidia y rivalidad. Participa en discusiones
entendiendo literalmente todo lo que pasa y enganchándose con los
argumentos que se tratan.
S es un señor que no dialoga, sino que hace largos monólogos con una
verborrea en la que juega con las palabras y no concreta nunca. R y S tienen,
por el momento, escaso interés en modificarse. No entienden lo que les pasa a
ellos ni al grupo y no encuentran la manera de hacer un cambio.
Si alguno de los dos relata algo, la terapeuta pide al grupo que cada uno
le diga lo que sintió mientras lo escuchaba. Tanto para R como para S, el
grupo será por un tiempo el lugar donde puedan aprender de los otros y tomar
más que dar. Harán muy pocos trabajos individuales desde el rol protagónico,
pero intervendrán en los trabajos de los otros aportando sus afectos. Con esto,
cumplen una función útil para el grupo, al tiempo que conocen más acerca de
sus sentimientos.
Supongamos que R o S cuenta un problema. Mientras el grupo le
expresa lo que sintió, la terapeuta está atenta a situaciones que pudieran
surgir.
Puede ocurrir que T, que usa sistemáticamente cada relato de un
compañero para contar algo propio, intente quedarse con el rol protagónico,
aprovechando que tiene que expresar sus sentimientos. La terapeuta le pide
que trate de abstraerse de sí, para compenetrarse en lo que le pasa al ocre.
Supongamos ahora que W cuenta que tiene que tomar una decisión
sobre una situación para la que tiene varias opciones. W es una persona que
se entrega a sus sensaciones y, mezclando razón e intuición, resuelve. La
terapeuta le propone un simple diálogo de opuestos entre él y un símbolo del
material que trae a sesión. La terapeuta aprovecha la situación para ayudar a
R, S y T, pidiéndoles que participen en forma activa. Ellos deben representar
roles que W necesita, o simplemente expresar sentimientos. De esta manera,
R, S y T no pueden evadirse de tomar conciencia de sus afectos, deben hacer
una síntesis de lo que está pasando y realizar aportes útiles a W.
La terapeuta pedirá a R, si ha sido muy breve en su intervención, que dé
más detalles de sus sentimientos y frustrará a S y a T, obligándolos a ser
breves y a hacer una síntesis útil.
A continuación se muestran aspectos técnicos y se transcribe parte de
algunas sesiones con la intención de mostrar intervenciones activas de la
terapeuta para ayudar a la unidad e identidad grupal. En estos ejemplos
llamados B, C y D, se puede observar cómo la terapeuta selecciona el
material y organiza sus intervenciones y la de los pacientes.

Ejemplo B. Símbolo unificador y sintetizador del material de sesión


En algunas sesiones específicas se hacen trabajos usando un símbolo
como elemento unificador y sintetizador del material que los pacientes traen.
Estos trabajos ejemplifican cómo nadie duda en rescatar lo propio desde su
personal versión e interpretación del símbolo usado por todos.
Estos trabajos se realizan con fluidez, debido a que, al cabo de un
tiempo de participar de las sesiones, cada paciente se logra reconocer como
una pieza importante del rompecabezas del grupo.

A continuación se transcribe una sesión que reúne las características


descritas.
Relato de una sesión de trabajo grupal, usando como eje un elemento
unificador y sintetizador del material de sesión
El comienzo de la sesión se realiza con un diálogo espontáneo de los
pacientes sobre trivialidades. Uno de sus miembros, Lisa, cuenta que tuvo un
sueño que la dejó pensando. A medida que lo relata el grupo se va
silenciando. Por el intenso interés que despierta, decido tomar el sueño como
estructura de la sesión.
No figuran aquí todos los trabajos de esta sesión. Solamente aparecen
los que anoté durante su transcurso, por algún motivo relacionados con el
proceso terapéutico.

Sueño de Lisa
Estamos en nuestro auto, Juancho y yo. Íbamos por la calle que corre
detrás de la casa de mis padres. Juancho manejaba y yo estaba sentada a su
lado. El iba despacio. Un auto que venía detrás nuestro nos apuraba con la
bocina, que tocaba en forma repetitiva. Juancho, en lugar de apurarse o
dejarlo pasar, se impacientaba y hacía gestos de enojo a los señores de atrás.
Al darme vuelta, yo vi que en ese coche venían varios policías y me puse
muy nerviosa por lo que hacía Juancho. Seguíamos andando y el sonido de la
bocina se fue transformando en el ladrido de un perro. El perro estaba en una
casa, donde aparecía un hombre en la puerta con un plato de empanadas. El
nos invitaba a entrar. Yo no me-decidía porque no lo conocía, pero Juancho
bajó y se sirvió empanadas.
Después, estábamos en la casa. La casa estaba llena de gitanos, hombres
y mujeres. Una de ellas tenía en brazos una criatura envuelta totalmente en
una manta. Cuando me acerqué a mirarla le destapó la cabeza y vi, con
espanto, que era un bebé macrocefálico.
Uno de los gitanos le ofreció a Juancho comprarle el chasis del auto y la
carrocería, dándole, a cambio, uno nuevo. Juancho aceptó y entonces en el
auto apareció, sobre las cuatro ruedas y el eje, una mesa colocada con las
patas hacia arriba. Yo me daba cuenta de que los gitanos lo habían engañado.
Yo le decía a Juancho: ¡Pero esto es una mesa, no podemos ni sentarnos!
Juancho trataba de conformarme diciendo que le iba a colocar unos
lindos sillones y que iba a ser muy cómodo. Pero después, convencido de que
lo habían engañado, iba en busca de los gitanos. Yo estaba con nuestro hijito
en brazos y detrás mío estaba mi madre. Yo trataba de impedir que Juancho
fuera a buscar a los gitanos, pero él entraba en un galpón que parecía un
corralón de materiales. Mi madre y yo lo seguíamos. Juancho entró en otro
galpón que estaba oscuro y yo no podía ver adentro.
La gitana que había tenido el nene en— brazos se acercaba y me decía:
¡Vas a darme tu chico!
Yo quería huir. Apretaba a mi hijo en mis brazos. Yo quería salir pero
no podía porque los gitanos habían hecho un cerco alrededor. También tenían
a mi mamá sin dejar que se moviera. Desde adentro llegaban ruidos, golpes y
quejidos. Yo estaba muy angustiada porque sabía que le estaban pegando a
Juancho. Me desperté y escuché el ladrido del perro con el que había
comenzado el sueño, en el mismo tono. E1 ladrido provenía de una casa
vecina a la nuestra.

Comentario del sueño de Lisa. Conflicto de integración de aspectos


masculinos y femeninos
En este sueño Lisa representa sus aspectos femeninos inadecuados y
confundidos con lo masculino: el hombre que. da empanadas, el coche con la
mesa de chasis.
Lisa cree que pensar como los hombres la habilita para competir con
ellos.
El bebé macrocefálico es ella misma, con sus pensamientos e intelecto
vividos como masculinos; la hipervaloración los convierte en
desproporcionados, deformes.
Datos de su historia personal aparecen reflejados en algunos contenidos
de este sueño. Trata de pensar como los hombres para acercarse a su padre,
que la rechaza porque es mujer. El disfruta con sus amigos (gitanos) y no con
ella. Lisa renuncia parcialmente a lo femenino porque lo vive como frágil y
se convierte en una importante ejecutiva de negocios.
En el sueño aparece el rol de madre puesto afuera en su propia madre.
Ella no está segura de tener el rol femenino y reiteradas veces lo abandona
para competir con los hombres.
En este sueño ocurrido después del nacimiento de su primer hijo, intenta
congeniar sus aspectos masculinos y femeninos, pone una mesa en el lugar
del chasis. Continúa sintiéndose inadecuada, se decepciona y dice: ¡Pero esto
es una mesa, no podemos ni sentamos!
La presencia del rol masculino puesto en Juancho la tranquiliza y dice:
Juancho trataba de conformarme diciendo que le iba a colocar unos lindos
sillones y que iba a ser muy cómodo.
El sueño termina con los gitanos cercando a ella y a su madre (rol
maternal) y castigando a Juancho.
En la vida real, al nacer el primer hijo de la pareja, Juancho, usando los
mismos métodos que en el sueño, se deja estafar y se pelea con sus
compañeros quedándose sin trabajo. Se refugia entonces en la casa,
dedicándose a dar mamaderas y cambiar pañales. Ella renuncia a su rol de
madre y le da el lugar a él, por su necesidad de que alguien complete su
femineidad. Como el marido atiende al bebé, Lisa sale a trabajar. Ella entra
rápidamente en un cuadro depresivo que desaparece cuando vuelve a ocupar
su rol de mujer y madre.
Al darse cuenta de que tiene un hijo varón, ella siente que repara su
deuda con el padre. Esto la ayuda a permitirse ser mujer.
Finalmente, se concentra más en su rol maternal y Juancho vuelve a
trabajar.
En la misma sesión, Federico toma el tema central que trae Lisa y revisa
sus conflictos de identidad sexual apoyándose en sus recuerdos.
Comentario del trabajo de Federico. Homosexualidad
En el trabajo de Federico se observa cómo pasan los mandatos
familiares de generación en generación.
El paciente no pudo identificarse con su padre y se siente abandonado y
despreciado por él.
Padre y madre, de común acuerdo, lo entregaron a la abuela materna. La
abuela sustituyó con Federico a su marido muerto; abuela y nieto compartían
la misma cama.
La única escapatoria que el paciente encontró para defenderse dé sus
fantasías incestuosas con la abuela fue sentirse femenino. De estos conflictos
con sus padres y su abuela provienen el trastorno de su bisexualidad, sus
inseguridades y confusión.
Desarrollo del trabajo
Federico: Estuve en Entre Ríos. Lo que más me gustó de este viaje fue
ver a mi sobrino, el hijo de mi hermana, que tiene un año. Me encanta estar
con él, jugar con él, darle de comer y pasearlo. Me divierto y nos divertimos.
Me llama tiíto. Estoy asombrado de todo lo que habla en su media lengua.
Tengo miedo de que le pase algo a mi sobrino, un accidente, un mal golpe,
una caída. Me asusta mucho la escalera de la casa de mis padres. El sábado,
cuando se despertó de dormir la siesta, lo fui a buscar a la habitación. Yo
bajaba la escalera con él en brazos con gran miedo de caerme, de que se
lastimase, de que se muera. Bajé lentamente, tomándome del pasamanos de la
escalera. (En su próxima intervención en el grupo Federico reflexiona sobre
el hecho de que su hermana puede tener hijos y él no. Yo estoy sentada a su
lado y le pregunto qué quiere decir con eso. Le pregunto si le preocupa que
no pueda ser papá, o que no pueda tener un hijo dentro de la panza.) Quiero
tener un hijo dentro de mi panza. Otras veces me he dado cuenta de eso.
Recuerdo que en una clase de gimnasia yo estaba tirado en el piso, boca
arriba y con las piernas flexionadas. En un momento dado y al compás de una
melodía muy suave, casi una canción de cuna, empecé a responder a la
consigna de trabajo que era hacer anteversión y retroversión de pelvis.
Después de un rato me sentí obligado a interrumpir el ejercicio. Fue cuando
me di cuenta de que estaba en posición y haciendo movimientos como para
parir (llora). Me siento triste porque no puedo tener un hijo en mi panza.
Marta: ¿Cuál es la parte del sueño de Lisa que más te ha impactado?
Federico: Lo que más me impactó es que la gitana le quiere sacar el
hijo. Me siento muy cerca de esa gitana. Me siento tan malo como ella. Me
siento capaz de cualquier maldad. Yo podría ser esa gitana.
Marta: Colócate en el centro de la habitación. Métete en la escena del
sueño de Lisa y sé ella con su hijo en brazos.
Federico: Yo soy Lisa. Tengo a mi hijo en brazos. Lo aprieto contra mi
pecho. Siento su calor. Arrimo su cara a mi cara. Lo tengo muy cerca mío y
nos damos calor. Estoy de pie en el centro de un círculo, rodeada de gitanos
con caras feas, desafiantes. Tengo miedo. Escucho que a Juancho lo han
llevado hacia el fondo y lo están golpeando. Sigo apretando a mi hijo contra
mi pecho. Lo quiero tener muy junto a mí. (Pasa un rato.) Ahora me estoy
cansando. Empieza a ser una tarea pesada esto de tener un hijo en brazos.
(Tiene cara de decepción.)
Marta: Cámbiate de lugar y sé la gitana.
Federico: Soy una gitana grande y fuerte, una gitana española del
pueblo de Almería. Un pueblo pintado a la cal. Vivo en un cortijo. Me siento
en este momento realmente una gitana española. (Piensa un rato.) Mi abuela
Esperanza era española, de la provincia de Almería. Mi abuela me eligió el
nombre, me llamo como mi abuelo. Mi abuelo murió varios años antes de mi
nacimiento. Soy el primer nieto de mi abuela. Cuando yo nací, mis padres no
sabían qué nombre ponerme. Mi madre enfermó de reuma en los brazos
inmediatamente después que yo nací, y no me podía alzar ni tener en brazos.
Pasó un año en la cama. Todo el primer año de mi vida me cuidó mi abuela.
De chico siempre estaba más en la casa de ella que en la de mis padres y me
gustaba quedarme a dormir.
Marta: Elige una compañera que haga de tu mamá embarazada y otra
que haga de tu abuela. (Hay un diálogo entre estas dos compañeras.) La
compañera que hace de abuela convence a la otra de que ella no va a saber
cuidar al bebé. Le dice que no va a saber elegir la ropa para él, tejer, ni va a
saber darle de comer, y le cuenta a la otra lo bien que ella hizo todas esas
cosas cuando era joven. En un momento dado, la compañera que hace de
mamá siente la necesidad de entregar su hijo a la que hace de abuela. Se
siente impotente e incapaz de criarlo. Pido a estas dos compañeras que
repitan la escena con una variante. Ahora una hace de mamá de Federico y la
otra representa el rol de la hermana de Federico embarazada. (Se repite el
diálogo).
Federico: Este diálogo entre mi madre y mi hermana yo lo escuché en la
realidad, tal cual. En este momento mi sobrino pasa la mayor parte del tiempo
en casa de mis padres... sus abuelos. El está principalmente cerca de mi
madre, que es la que está todo el día en casa. Muchas noches mi sobrino se
queda a dormir allí. Mi madre se va a otra habitación donde duerme con él y
deja a mi padre solo. Mi madre le da al nene todo tipo de mimos y cuidados.
Mi padre lo saluda con frases como: ¡Qué haces, puto de mierda! Durante mi
pubertad y adolescencia mi padre me llamaba: Pirulo y Fasulo. Esas palabras
en mi familia siempre fueron sinónimos de puto o maricón. Estos
sobrenombres los usaba conmigo sobre todo si había visitas y con más
intensidad si esas visitas eran parte de su propia línea familiar, hermana,
hermano, sobrinos, etc. Mi hermana sigue siendo para ellos demasiado chica.
Mi hermana y su marido constituyen una pareja de pendejos. Mi madre
siempre está en el medio diciéndoles cómo deben criar a mi sobrino; es lo
mismo que hizo mi abuela cuando nací yo.
El sueño de Lisa también inspira a Pablo.

Comentario del trabajo de Pablo. Homosexualidad


Pablo es el menor de los hermanos de una familia numerosa y adinerada.
Su padre, ocupado en sus negocios, prácticamente lo ignora. El se cría al
lado de una madre débil, dependiente y Abandonada, con la que se identifica.
A los tres años, en búsqueda de una figura masculina, comienza sus
primeras prácticas homosexuales compulsivas y pasivas. Estas prácticas le
permiten poseer penes y ser acariciado por varones. Al ser penetrado fantasea
que su pene crece.
Recién cuando tiene doce años el padre se entera de su homosexualidad
y lo castiga hasta dejarlo casi muerto.
En su trabajo aparece con claridad su identificación con aspectos
femeninos desvalorizados, pasivos, quejosos y víctimas. Logra sentirse mejor
desde el rol de mesa, cuando la mesa se pone de pie; pero no hace un cambio
estructural de personalidad. Aquí aparece toda su pasividad, y en el trabajo
llamado “Ficha de juego”¹ que se presenta más adelante se nota todo el odio
por esa pasividad. Ambos trabajos se complementan.
Desarrollo del trabajo
Marta: ¿Qué parte del sueño de Lisa te llama más la atención?
Pablo: El coche con la mesa patas para arriba. Yo lo veo solamente
como una mesa y cuatro tarritos de lata por ruedas.
Marta: ¿Quieres trabajarlo?
Pablo: Sí. (Se coloca en el centro de la habitación.) Soy una mesa patas
para arriba. Tengo rueditas de latas de conserva. Las rueditas están debajo
mío, agarradas por medio de un alambre o cañito. No hay motor, puertas,
bocina ni nada. Soy sólo mesa, rueditas y lo que mantiene a las rueditas. Soy
un coche de esos que hacen los chicos (visiblemente confuso). Me voy cuesta
abajo. Nadie maneja. Me quedo siglos así. En el fondo yo quiero manejar el
carrito. Me siento angustiado de no poder manejarlo.
¹ Véase p. 153. En el original
Marta: Sé la mesa y habla con las rueditas.
Pablo (se acuesta con los pies y brazos en el aire): Yo no sé por qué
estoy acá patas para arriba. ¿Quién las puso a ustedes? ¿Por qué no hay nadie
que maneje? Son rueditas débiles pero manejan. (Bosteza.)
Marta: Sé una ruedita.
Pablo: Estoy bastante destartalada. Estoy débil de tanto andar. Me
machaco pero yo por lo menos ando, no como a ti que te tengo que llevar a
cuestas con todo ese peso tuyo. Cuando yo me detenga, te quedarás
eternamente patas para arriba (hace arcadas hasta que finalmente vomita).
Marta: ¿Qué sientes?
Pablo: Que la mesa está en estado de abandono, acomodada, para que la
lleven siempre (está con los brazos y las piernas en el aire y apoyado con la
espalda en el piso).
Marta: Quédate un rato así. ¿Qué puedes decir de la situación de la
mesa?
Pablo: Como que está para que siempre le hagan el amor. Necesita que
descarguen la fuerza sobre la columna. (Voz despreciativa.) Tan
contemplativa. Siempre sin hacer nada, sin acción, dejando que la lleven y
mirando siempre para arriba.
Marta: Habla con las reeditas.
Pablo: Ustedes me llevan, son las que trabajan en realidad. Yo no
trabajo nada, hago como que trabajo. Contemplo lo que pasa alrededor. Hago
que estudio, pero en realidad no hago nada. Yo me quedo acá tranquila. Yo
no hago nada, contemplo. Me quedo hasta que me muera, me llegue mi hora
y listo.
Marta: Sé una ruedita.
Pablo (toma con su cuerpo forma de bolita y hace movimientos
anteroposteriores): Estoy destartalada, abollada, pero no me importa. Lo que
importa es seguir adelante. La mesa no me permite ver hacia arriba, pero no
me importa. Yo trabajo sin pensar. Estoy enclenque pero seguiré hasta que no
dé más; mientras tanto, tengo que trabajar.
Marta: Siente dónde tienes ese algo que re une a la mesa.
Pablo: En la espalda, la mesa apoya en mi espalda.
Marta: Habla con las otras tres rueditas.
Pablo: Piensan igual. ¡Ah! (suspira). Al final la mesa es igual que
nosotras las ruedas, no podemos determinar nada.
Marta: ¿Cómo está la mesa?
Pablo: Es una mesa de lo más rústica, de campo, sencilla.
Marta: Sé la mesa.
Pablo: No quiero estar patas para arriba (bosteza y se pone de pie).
Marta: Adopta como mesa la posición que te sea más cómoda.
Pablo (se pone patas para abajo): Así tampoco me gusta. (Se arrodilla.)
Estoy sentado sobre dos patas y el canto de ese lado.
Marta: ¿Qué te permite esa posición?
Pablo: Estar activo, ver a los demás. Estar contemplativo pero no
abandonado. Estar abierto. Creo que me tendría que parar.
Marta: ¿Qué hiciste?
Pablo (de pie con los brazos caídos): Paré las dos patas de abaje y las
clavé arriba en la madera y dejé sueltas las patas de arriba.
El sueño de Lisa también inspira a Nicolás.
El trabajo de Nicolás también demuestra un conflicto en la integración
de aspectos masculinos y femeninos
Nicolás no puede asumir sus aspectos masculinos y le deja
estratégicamente toda la potencia al padre (Mercedes Benz rojo).
Pretende ser sexualmente inofensivo, para quedarse cerca de la madre.
Esto lo lleva a sentirse como un Citróen abierto y destartalado, como un
hombre o coche de segunda. Evita así rivalizar con el padre por la tenencia de
la madre. En otras palabras, evita competir con los hombres para tener una
mujer propia.
En este trabajo el paciente logró incorporar ciertos aspectos masculinos
fundamentales, con los que termina sintiéndose más hombre al finalizarlo.²
([1] Véanse pp. 117-153. En el libro)

Desarrollo del trabajo


Nicolás: Me imaginé un Mercedes Benz sport rojo, que está en una
quinta con mucho sol. El auto tiene muy lindas líneas y su techo tiene una
forma un poquito hundida. Por dentro tiene poco lugar. Las dos personas que
van sentadas adelante van bien, los otros no. También, imaginé un Citroën
color crema sin la lona del techo, muy destartalado y viejo. Este auto está en
una calle de barrio, abandonado. Hay muchos Citróen que los abandonan en
las calles como ése que me imaginé.
Marta: Métete en la sensación de ser el Mercedes rojo y descríbete.
Nicolás: Soy un Mercedes Benz sport. Mi chapa es dura y resistente.
Soy fuerte. Mis gomas son fuertes, negras y tienen en el centro una cosa
plateada. Mi techo es original, lindo, chatito. El volante es lindo y la palanca
de cambio está en el piso. Los asientos de adelante son más cómodos que los
de atrás. Estoy en un jardín y hay sol. Es una casa muy linda. Tengo un motor
muy potente. Voy a gran velocidad. A veces parezco un avión de tanta fuerza
que tengo. No soy grande, soy medio chico pero veloz. Soy mejor que los
otros Mercedes Benz que no son sport. No soy tan armatoste como ésos
donde van todos los viejos burgueses. Tengo el motor, la chapa y
consistencia de los Mercedes grandes pero la agilidad mía.
Marta: Habla con el Citróen. Compárate con él.
Nicolás: Me llama la atención de ti, Citróen. que no tienes la lona.
Tienes el techo abierto y te entra el sol. Yo tengo una estructura más sólida.
Tú no tienes chasis, tienes una mesa dada vuelta, puertas endebles. Estás
abandonado y caído. No sé qué es eso de tener esa mesa como chasis. ¿Qué
estará significando esa mesa como chasis?
Marta: Cámbiate de lugar y sé el Citróen.
Nicolás: Soy un Citróen, estoy abandonado y caído. Mi pintura amarilla
está opaca y gastada por la lluvia. Por arriba me entra el sol pero no me sirve
de mucho. Cuando llueve me entra el agua por todos lados, hago agua. Se me
rompió el chasis y por eso tengo una mesa. Va a resistir más pero es
incómodo. No puedo abrir bien las puertas. Estoy estacionado y expuesto.
Cualquiera entra por el techo y me roba el volante, la palanca, la bocina. No
tengo Llaves. Cuando ando voy despacio. Tengo mucha fuerza en las ruedas.
¡Tracción delantera! Estoy expuesto. Te envidio la consistencia, agilidad y
solidez, pero me cuesta, dejar de ser así como soy. Todo funciona en ti.
Marta: Sé la mesa. ¿Cómo es tu existencia?
Nicolás (acostado boca arriba): Soy una mesa, pero estoy en un lugar
que no corresponde. Yo estoy para ser usada al revés y en una casa. No es
éste mi lugar... Tengo miedo, Citróen, porque si llegas a agarrar un pozo, me
parto en dos. Voy a dejar no solo de cumplir esta función, sino de ser mesa.
Marta: Sé el resto del Citróen y habla con la mesa.
Nicolás (encorvado y mirando para abajo): ¡Aguántatela un poco que
eres provisoria! No tengo plata para pagar un chasis como la gente. Tú no me
convienes. No me hace bien tenerte. Eres un complemento ridículo, pero no
tengo más remedio que tenerte. ¡Esto es provisorio! Me da miedo decirlo
porque, seguramente, te voy a tener ahí hasta que te rompas. No eres
provisoria, eres permanente.
Marta: ¿Cómo te sientes?
Nicolás: Me siento mal. Es absurdo que me sienta mal contigo, mesa, y
no me sienta mal al ponerme cosas inadecuadas.
Marta: Sé la mesa.
Nicolás: Ponme en el lugar que corresponda y ponte un chasis como la
gente. Donde me tienes a mí que soy una mesa pon un chasis como la gente.
El chasis es la parte que resiste, soporta golpes, peso. ¡Tú estás loco!
Marta: Cámbiate de lugar y sé el Citróen.
Nicolás: Tienes razón, estoy loco. A mí me interesa lo funcional, lo
estético no es muy importante. Yo prefiero no ser tan lindo pero funcionar.
Marta: Habla con el Mercedes.
Nicolás: Yo envidio de ti que eres muy lindo por fuera y funcionas muy
bien. En cambio, yo soy bueno por dentro pero por fuera me dejo estar y por
eso después empiezo a funcionar mal por dentro. Ayúdame, Mercedes,
necesito estabilizarme un poco. Me hace mal tener una mesa en el chasis y
estar expuesto. (Cambia de lugar y es el Mercedes.) Estoy muy tranquilo. No
me tengo que preocupar por nada. Tengo el tanque lleno y aceite. Estoy
lubricado. ¡Qué bien! No tengo que preocuparme de nada. No puedes ser
como yo. Tienes que ir a lo de un chapista. Tienes que poner la lona y sacar
la mesa que es absurda. Tienes que pedir ayuda y funcionar mejor. (Nótese
cómo es el Mercedes el que le dice lo que tiene que hacer. El Citróen prefiere
ser pasivo.)
Nicolás (desde el Citróen): Quiero ir al chapista.
Marta: Sé el Citroën, una vez que haya salido del chapista.
Nicolás: Me siento muy bien. Tengo la lona en el techo, si llueve la
pongo. La lona cumple una función de protección. Me siento muy bien y más
sólido.
Marta: Sé el chasis.
Nicolás: Soy metalizado, con estructura sólida y fuerte. Estoy bien
engrasado y lubricado. Soy aguantador y resisto los pozos.
Marta: Sé todo el Citróen y habla con el Mercedes.
Nicolás (voz más gruesa): Estoy entero. Todo me funciona en orden. Mi
voz es más segura, más gruesa y varonil. No te envidio. Lo que me pasa
contigo es que yo soy como soy y nunca voy a poder ser como tú.

Algo más sobre dinámica grupal


Con el fin de facilitar la comprensión de los roles que asumen los
pacientes dentro del grupo terapéutico, comparemos la dinámica grupal con
la dinámica familiar.
Durante el transcurso de la vida en común, cada miembro de la familia
va modificando su rol dentro de ella. Estos cambios responden a la necesidad
de acomodarse a las demandas que cada edad y situación requieren. La
modificación del rol de cada persona dentro de la familia exige la
acomodación de los otros. Esta modificación, a su vez, influye y modifica a
los otros.
En el grupo terapéutico ocurre un fenómeno similar. Durante las
sesiones de grupo, aquellos pacientes que son más maduros o que conocen
más de un tema asumen, en forma alternada, roles parentales o de hermanos
mayores respecto de sus compañeros. Se generan en la sesión movimientos
de roles y de poder, qué corresponden en la familia a la acomodación normal
entre padres e hijos mayores y menores.
Ejemplo
Tenemos una familia tipo constituida por los padres y un hijo A de dos
años. La familia está pasando por un periodo expansivo, donde todos
disfrutan de su relación con los otros. Los padres apoyan el crecimiento del
hijo y festejan sus progresos motores, cognitivos y sociales. El hijo toma un
contacto cada vez más seguro con el mundo y tiene clara su posición en el
vínculo con los padres.
Un día los padres deciden tener otro hijo, B; con su nacimiento se
transforman en una familia con otro clima interno, otra dinámica básica. Hay
un cambio, más o menos repentino, de roles, con pérdida de identidad de los
padres y del hijo mayor; dejan de ser padres de hijo único e hijo único.
Tienen inseguridad ante la nueva identidad de padres de dos hijos y de hijo
mayor y hermano.
El hijo A tiene la sensación de haber sido despojado, se siente triste. Se
ubica en una posición confusa y ambivalente. Prueba diferentes técnicas para
recuperar la vieja identidad y lugar en la familia. Por ejemplo, A abandona
alguno de sus progresos, compite con B por la atención de los padres y se
manifiesta más egoísta. También A lucha por acomodarse a sus nuevos roles
de hermano e hijo mayor.
Podemos decir que la familia pasa por un período que tiene
características similares con los períodos de desorganización y voraz-
dependiente del grupo terapéutico. Tanto en el grupo terapéutico como en el
grupo familiar, estos períodos son de gran inseguridad, cuestionamiento de la
identidad, ambivalencia, egocentrismo, competencia dependiente y regresiva.
El grupo familiar reacciona con ansiedad y temor ante la novedosa
experiencia de la inclusión de un nuevo miembro; lo mismo ocurre en el
grupo terapéutico que atraviesa un período de desorganización. :
La familia se plantea el mismo objetivo que el grupo terapéutico. Este
objetivo es vencer las barreras que obstaculizan el acomodamiento de los
¿??????????? ilegible en el documento los lazos afectivos necesarios para
la convivencia, ponen límite a la voracidad de su hijo mayor y fomentan el
compañerismo. Asimismo tratan de que el hijo mayor retome sus progresos y
ensayan distintas estrategias para lograr estabilizar el nuevo orden.
Por momentos, también la familia tiene características del grupo
terapéutico que atraviesa un período de condenación. Los miembros de la
familia están inseguros de tener el afecto de los otros. Los padres perciben
que A está enojado con ellos y con B. A su vez, A cree que ya no lo quieren
más o que no lo quieren lo suficiente. Los padres se plantean el mismo
objetivo que el terapeuta con el grupo que atraviesa un período de
condenación. Los padres intentan canalizar la violencia del hijo mayor y, al
mismo tiempo, tratan de no descuidarlo y de estimularlo para que siga con
sus progresos.
Cuando los hermanos se descubren uno al otro y los padres se acomodan
a su familia más numerosa, se calma la tormenta. A se da cuenta de que se lo
sigue festejando cuando hace progresos y también descubre que esos
progresos son de su exclusividad. El perdió el rol de hijo único pero ganó el
de hijo mayor y hermano.
En la familia, en este momento, todos tienen una dinámica diaria menos
angustiante, el grupo familiar entra en una situación que corresponde a los
períodos expansivo y elaborativo del grupo terapéutico. En ambos tipos de
grupo, cada persona tiene ahora su identidad en relación con el entorno y
consigo mismo más segura. Los progresos de unos y otros se alcanzan más
fácilmente. Los padres se estabilizan como padres de dos hijos y el hijo
mayor tiene claro cuál es su rol y lo acepta. Esto se corresponde en el grupo
terapéutico con el crecimiento de la identidad individual, bajo el apoyo de
una identidad grupal más sólida.
Capítulo VI

LA TERAPEUTA Y LOS TRABAJOS INDIVIDUALES

9. Actitud de la terapeuta en los trabajos con símbolos

Los símbolos están cargados de significados del mundo interno. Una de las
maneras de encarar la exploración y modificación de estos significados es a
través de su exploración y consecuente modificación.
La inmersión en el trabajo individual de símbolos requiere que la
terapeuta proponga una técnica que permita al paciente desplegar su
intimidad.
Apoyado en la técnica, el paciente hace contacto consigo mismo,
permitiéndose ser sus símbolos.
Desde la terapeuta, varios elementos son fundamentales para que el
trabajo sea efectivo: el lenguaje, las directivas, el tono de voz y
acompañamiento emocional al paciente que está trabajando. Con estos
elementos la terapeuta puede ayudar al paciente a contactar con sus símbolos,
sentimientos y pensamientos que lo llevan al procesamiento que finaliza en el
insight. Una apresurada interpretación por parte de la terapeuta puede impedir
al paciente un buen contacto con su problemática. Esta propuesta implica que
el paciente debe entregarse a ser sus símbolos y hacer el diálogo entre los
distintos personajes que imagina ser. La terapeuta complementa esta
propuesta con la directiva que da al paciente de permanecer centrado en sí
mismo, con los ojos cerrados y registrando las sensaciones provenientes del
cuerpo.
La terapeuta cuida que sus intervenciones fomenten que el . paciente
vaya encadenando los diálogos entre los personajes que representa y
mantenga un nivel alto de compromiso afectivo.
Durante el trabajo individual, el paciente puede necesitar un largo
tiempo para hacer cambios en sus símbolos. El compromiso real de la
terapeuta con el trabajo del paciente lo ayuda a no apurarlo, a detectar la
situación por la que el paciente está pasando y a acompañarlo con eficacia.
La terapeuta debe estar atenta a las alteraciones corporales que produce
el sistema nervioso autónomo del paciente. Estas alteraciones pueden ser
calor, sudoración, frío, alteración del ritmo cardíaco, etc. La terapeuta debe
incluir esas sensaciones en el trabajo y sugerir al paciente que se entregue a
ser el síntoma, hablar desde él y con él.
Es muy importante evaluar las situaciones de la vida real que el paciente
está atravesando para saber a qué atenerse, según se desarrolla el trabajo.
Recuerdo a un paciente que llegó al consultorio con síntomas de asma.
Durante un diálogo imaginario con su madre estos síntomas se agudizaron.
Sentía que tenía a su madre metida dentro de su cuerpo, abarcando su pecho y
garganta. Esto le provocaba una necesidad apremiante de sacarla por la boca.
Fue un trabajo muy dramático. Le pedí que se acostara boca arriba y
comprimiéndole el pecho con las palmas de mis manos, en sucesivos
movimientos de empuje, desde el epigastrio hasta la garganta, le ayudé a
arrojarla fuera de sí. Cuando se sintió libre de ella respiró profundamente con
los pulmones relajados. Cambió su mirada que ahora era límpida, y tuvo un
sentimiento de sorpresa al encontrar que no necesitaba su inhalador para el
asma. Los síntomas asmáticos no se volvieron a repetir.
Se hace necesario relatar otro caso donde fue necesario tener en cuenta
el momento existencial del paciente. Este paciente comienza a trabajar un
sueño, en el cual se ve en una habitación con tres nichos: el del padre, el de
su hermano y el suyo. En la realidad el único muerto era su padre; de su
hermano, él decía que era como si lo estuviera, porque era alcohólico y había
fracasado en la vida.
Durante el trabajo, el paciente hace una detallada descripción de los
féretros. Las bases sobre las que se apoyan están unidas entre sí por mármol
entrelazado, etc. El paciente mira a su padre muerto en el cajón que le
corresponde, luego a su hermano, y finalmente se acerca a su propio cajón.
Para él había escogido el centro de la habitación. Se mete dentro y dice tener
una fuerte opresión en el pecho, que se prolonga al brazo izquierdo y toma
los dedos anular y meñique. Los labios se le tornan cianóticos, la piel terrosa
y tiene una profusa sudoración. El paciente presentaba un cuadro de angina
de pecho. No creí oportuno seguir trabajando con esos síntomas. Le pedí que
se concentrara en la respiración y aumentara su relajación hasta salir de tal
situación. Así lo hizo. Con esta maniobra interrumpí —en forma intencional
— el trabajo. El paciente comentó, posteriormente, que deseaba morir
rodeado del grupo
Este tipo de situaciones son excepcionales pero pueden ocurrir.
Sin embargo, a otros pacientes que presentan un cuadro de angina de
pecho les propongo que se entreguen a ser la opresión. Desde la opresión,
cada uno dialoga consigo mismo y se abandona a la sensación de muerte sin
controlarla. Los acompaño mientras están en esa sensación hasta que salen
hacia una explosión de alegría, pena, etc.
Es muy importante tener en cuenta la situación existencial en la que está
inmerso el paciente para decidir el curso posterior de lo que se está haciendo.
El acompañamiento emocional de la terapeuta consiste en penetrar con
su propio mundo interno en la situación del paciente. Esto permite a la
terapeuta encaminar el trabajo desde lo que el paciente le transfiere y así
entender y respetar la senda que éste marca. La terapeuta y el paciente
atraviesan juntos las vicisitudes que el segundo tiene en el camino hacia el
insight. Aunque la terapeuta conozca mucho al paciente, su selección del
símbolo para que el paciente trabaje está relacionada con su propia fantasía y
curiosidad acerca del mundo interno del paciente. La terapeuta usa su
experiencia subjetiva para guiar al paciente, éste muestra, paso a paso, los
contenidos de sus símbolos y así reorienta a la terapeuta sobre lo que le está
pasando.
La movilización de afectos y energética es utilizada para modificar los
símbolos del tema que se aborda. La terapeuta acompaña el trabajo sin juicios
previos, sin saber de antemano adónde se dirige y el paciente, a su vez, se
deja acompañar. La terapeuta tiene que respetar el deseo del paciente, cuando
quiere permanecer más tiempo en el rol de uno de sus símbolos para
esclarecerse y no como forma de resistencia para zafarse del encuentro.
También la terapeuta debe dejarlo cambiar de representación y ser el símbolo
opuesto cuando lo necesita. Cuando el paciente siente que, desde el personaje
que está siendo en ese momento, no tiene más nada que decir y necesita la
respuesta del otro rol desde la sensación de ser el otro símbolo, o siente que
el otro símbolo ya está respondiendo, debe cambiar de rol. Cuando el símbolo
que está encamando, o el opuesto, han sufrido transformaciones es
conveniente continuar el trabajo con el nuevo símbolo. Cuando en un caso
dado, el paciente rechaza una frase o interpretación de la terapeuta acerca de
sus sentimientos, la terapeuta no debe insistir y debe acatar el camino que el
paciente toma, aunque no debe permitir que el paciente se evada del trabajo
mediante comentarios al margen. A veces, durante el trabajo, la terapeuta
llevada por la necesidad de saber lo que está pasando pregunta: ¿Qué sientes
ahora? Es conveniente que agregue: Cuéntale lo que sientes al personaje con
el que hablas. La terapeuta agrega esa frase para. evitar la desconcentración
del paciente e impedirle evadirse del diálogo con los símbolos. La terapeuta
debe proponer volver a la conversación con sus personajes, cada vez que ésta
se interrumpa, a través de un diálogo con él. Como veremos al analizar el
sueño de Juana, la terapeuta hace todo lo posible para evitar que la paciente,
haciendo comentarios al margen, se evada del trabajo específico.

Sueño de Juana. La terapeuta guía y mantiene la atención de la paciente


en el problema
Juana: Se trata de un sueño que, con algunas variantes, tengo en forma
repetitiva. Estoy en casa de mi madre y no me puedo ir. Pregunto: ¿Qué estoy
haciendo yo acá si tengo casa?
O bien mi madre está en mi casa, yo no puedo echarla y digo: ¿Qué está
haciendo mi madre aquí si ella tiene su casa? En cualquiera de las situaciones
mencionadas me siento absolutamente encerrada y además pienso: ¡Pero qué
ridículo si cada una tiene su casa! Este sueño me cansa.
Marta: ¿Dónde se desarrolla la escena?
Juana: ¡Ah! (suspira), estamos en el cuarto de estar. Puede ser un living
o un dormitorio habilitado para estar. Entonces yo empiezo a pensar...
Marta: Haz la escena.
Juana: No dialogamos. Mi madre está como presencia, yo pienso y
siento pero sin hablar. Lo tengo muy pensado y está dibujada la situación...
Mamá está en algún lugar de la casa, caminando.
Marta: Dile eso a ella.
Juana: Tú estás. Yo te veo. Estás caminando de un lado para otro. Yo
pienso: ¿Por qué demonios estás aquí? Tú sabes que no tenemos nada que ver
y no estamos de acuerdo en un montón de cosas. Vamos a discutir. Nos
vamos a enfrentar.
Marta: Díselo a ella.
Juana: ¿Sabes qué pienso cuando estamos aquí? Para qué insistir en
estar conmigo si sabes que vamos a discutir. Yo no soy la hija que tú querías
tener. Cuando tú estás acá, yo me siento encerrada. Tú me prohíbes hacer
todo. Yo no puedo hacer nada. Me estás mirando y me estás despreciando.
Marta: ¿Tu mamá te escucha?
Juana: Parece que no me escucha.
Marta: Eso, también, díselo a ella.
Juana: Mamá, no sé si me estás rechazando, no sé si me quieres
escuchar. Además, no sé si te lo estoy diciendo con voz lo suficientemente
fuerte para que oigas.
Marta: Díselo de modo que oiga.
Juana: Entonces, yo te pregunto: ¿Para qué estás? ¿Por qué no te vas?
Me pregunto, además, si yo no te traje, ¿quién te invitó a venir? O ¿cómo fui
yo a tu casa? No tengo claro eso. No sé si tú viniste aquí porque yo te invité o
porque se te dio la gana. No sé si tú estás ahora acá porque tú quieres o
porque yo necesito que estés para que me molestes.
Marta: ¿Cómo te sientes en este momento con ella?
Juana (mirando a Marta): Algo debe pasar porque en este momento en
que te lo digo...
Marta: Díselo a ella, no a mí.
Juana: Mamá, algo me pasa porque en este momento en que te hablo
siento por ti una infinita ternura. Quisiera que fueras una bebita chiquita y
cuidarte. No quiero dejarte entre algodones como te dejaron. Creo que esto
debe de haber sido horrible para ti. No tengo la culpa de eso. ¿Sabes qué
quisiera, mamá? Quisiera que tú fueras mi hija, poder tenerte en casa y darte
todo el amor que no tuviste. El problema es que aún ahora, cuando yo te
quiero dar amor, tú me rechazas, no sabes qué hacer con él. Yo estoy pegada
a ti como una estampilla, pegada por todo el amor que no me diste. Estoy
pegada por todas las cosas que se quisieron decir y no se dijeron y que ahora
te las estoy diciendo. Creo que lo que me une a ti es el amor que no me diste.
Marta: Ahora, sé tu mamá, tal cual la estás viendo y contéstale a Juana.
Métete bien en la sensación de ser ella. (Gran silencio, Juana se concentra.)
En la cara no se te nota todavía que seas ella... (ya está en el personaje). Dile
qué sientes por ella.
Juana: ¡Te quiero matar, hija! Papá y mamá te querían más que a mí y a
mí me daba rabia. A mí nadie me quiso en mi casa. Yo nací y me tiraron
entre algodones. Sé que mamá hubiera preferido que yo me muriera porque
ya estaba harta de tener hijos. Yo quiero matarte, hija. Quiero retorcerte pero,
además, tú eres mi hija y eres mi nena. Quiero que tú seas todo lo que yo
quiero que seas. ¡Yo tengo ganas de retorcerte el cogote!
Marta: ¿Le hablas a tu hija con su edad actual?
Juana: No, al bebé que fue.
Marta: Habla con tu hija ahora.
Juana: Mi hija de ahora es una mujer.
Marta: A ella dile que, ahora, es una mujer (nuevamente le propongo
que un comentario hecho a mí lo revierta a su interlocutora).
Juana: Ahora eres una mujer. Pienso en todo lo que hiciste y me parece
que no es posible (voz reflexiva).
Marta: ¿Esa voz tiene tu mamá?
Juana: No, mamá tiene una voz...
Marta: Haz su voz. Sé tu mamá. No la representes. Métete en la
sensación de ser ella.
Juana: ¡No me atrevo, porque tiene tanto odio!
Marta: Conéctate con el odio entonces. No lo argumentes. ¡Métete en la
sensación de odio!
Juana: Tengo miedo de lo que pase.
Marta: Somos muchos aquí para contenerte. Conéctate con la voz de tu
mamá y con la sensación de tener su pelo, su cuerpo y sus movimientos.
Juana: No podría representarlos, me los olvidé.
Marta: Conéctate con la voz primero.
Juana: Es una voz así (hace una voz aflautada). Nenita, ven, ven que te
pongo los ruleros, así el abuelito te lleva a pasear (hace movimientos con las
manos como colocando ruleros). ¡Ahí está! ¡Qué linda está la nenita! Ahora
se va a dormir con los ruleritos puestos. ¡Ah! ¡Qué linda está la nenita! Se
levantó la nenita. ¡Qué contento se va a poner el abuelito cuando la vea! Le
vamos a poner un lindo vestidito. (Grita el nombre de la empleada de la
casa.) Anita, trae el vestidito de Juana. Qué linda está Juana (me pone un
vestidito todo roto). Papá, que suerte que viniste, porque la nena está lista
para el paseo. ¿Le trajiste la manzana? ¡Qué suerte! Chau.
Marta: ¿Qué sientes?
Juana: Que es falsa de toda falsedad, pero además me quiere.
Marta: Sé tu madre y dile eso a Juana.
Juana: Hija, yo soy falsa de toda falsedad, pero además te quiero.
Marta: No te sale la voz. Díselo de nuevo.
Juana (con voz aflautada): Soy falsa, pero además te quiero.
Marta:¿Qué le contestas a tu mamá"
Juana: Quizá yo estoy tan pegada a ti por la búsqueda desesperada que
tuve durante toda mi vida, búsqueda de ti.
Marta: Dile que la estás buscando.
Juana (llora): Mamá, te estoy buscando. Estoy buscando la parte tuya
que yo sé que tiene que existir en algún lugar donde tú quieres ser verdadera.
Marta: Te estoy buscando...
Juana: Te estoy buscando a ti, estoy buscando tu amor.
Marta: Quiero que me quieras...
Juana: Quiero que me quieras y quiero que me aceptes como soy.
Además, creo que lo más importante en este momento es que estoy
buscando...
Marta: ¿Algo que nunca te mostró?
Juana: Clare, pero que yo sé que está.
Marta: Pregúntale a ella si lo tiene (aquí está retaceando información).
Juana: Es que yo sé claro en mí.
Marta: Muy bien, en ti, tienes ahora clara la fantasía de que ella lo tiene.
Juana: En mí tengo clara la fantasía de que yo debía ser esa parte que mi
madre no se atrevía a ser, o sea...
Marta: Dile directamente a tu mamá que tú buscas su amor.
Juana: Mira, mamá, yo quise ser y quise buscar esa parte tuya que yo
sabía que tenía que estar. Entonces, quise querer mucho a la gente porque yo
sé que dentro tuyo tiene que estar esa posibilidad. Quise ser lo más auténtica
posible, aunque sea haciéndome pedazos, porque sé que dentro tuyo tiene que
estar esa posibilidad en última instancia. Yo no me puedo despegar de ti,
porque quiero ser esos pedazos que sé que están en ti. Aunque sea a través
mío, mamá. Quiero vértelos. Yo no puedo creer, mamá (Llora), que una
persona sea realmente tan miserable y tan mentirosa.
Marta: Sé ella, usa su voz.
Juana: Lo que pasa es que yo nunca supe (con voz doctoral).
Marta: Así no habla tu mamá. —
Juana (con voz aflautada): Lo que pasa es que yo nunca supe, nunca
supe quién soy, nena.
Marta: Repite.
Juana (llorando): Nunca supe quién era, nunca supe quién era, porque
en casa era todo un “pasticho”, donde nadie sabía qué era nada. Yo nunca
supe quién era. Creí que tú eras mi nena y que ibas a ser como yo quería que
fueras, como yo quería ser. Tú fuiste otra cosa. Tú te fuiste, nena, y me
dejaste sola. Yo ya me había quedado muy sola en este mundo. Tú te fuiste y
me dejaste más sola todavía (llora).
Marta: ¿Qué sientes por eso?
Juana: Te quiero y te odio, porque no eres la nena que yo quería que
fueras, pero además te admiro.
Marta: Sé tú misma y respóndele.
Juana: Mira, mamá, yo creo que, ahora, me di cuenta de que lo que me
tenía unida a ti es todo ese amor y ese odio. Voy a poder ser todo eso que soy
por mí misma. Tengo que aceptar de una buena vez que tú eres tú y que yo no
tengo derecho a exigirte que seas lo que no eres y a pedirte cosas. A ti no te
da el cuero. Si tú hubieras sido mi hija, hubieras sido como mi hijo y yo te
hubiera podido amar como lo amo a él.
Marta: Dile, directamente, cuánto no la amas a ella.
Juana: Yo te amo. Lo que quiero de ti es la mamá que me hubiera
gustado tener.
Marta: Dile la verdad.
Juana: Yo a ti no te quiero. Me das mucha pena y piense que esa pena
no tendría que ser.
Marta: Dile que le perdonas que no sea la mamá que tú quieres que sea.
Díselo mirándola a los ojos.
Juana: No te perdono. ¿Sabes lo que no te perdono? No te perdono que
el amor que me diste era siempre utilizado para herir a mis hermanastros.
Desde entonces yo tengo mucha culpa con ellos.
Marta: Cuéntale cómo hacía eso. Dale todo tu enojo.
Juana: Cuando tú me dabas amor delante de los chicos para
demostrarles que yo era tu hija y ellos no.
Marta: A mí no me dabas nada, es la verdad.
Juana: Sí, pero aparentaba que daba.
Marta: Díselo a ella.
Juana: Cuando tú me dabas vestidos lindos, lo hacías para agredirlos a
ellos. Cuando me dabas comida, yo no sabía si el bife de carne era para
envenenarme. ¡Hija de puta! Yo comía carne y como los otros no eran tus
hijos tenían que comer harina.
Marta: Repite el insulto.
Juana: Eres una hija de remilputas, pero yo te imagino chiquitita tirada
entre algodones.
Marta: No, habla con tu mamá como si estuviera delante tuyo.
Juana: Sé que naciste ochomesina.
Marta: No, no, ahora estás enojada. No te escapes. (Para provocarla,
represento la voz de la madre.) Hija desagradecida, yo te quiero a ti porque
eres mi nena.
Juana: ¡Hija de remilputas! Tú me tuviste a mí porque te creías que yo
era la muñequita que no tuviste de chica. Resulta que cuando no fui la
muñequita, hija de remilputas, y te hice el corte de mangas, tenías ganas de
retorcerme el cogote.
Marta (con voz aflautada): Después de todo lo que te cuidé, mira cómo
me traicionas. Nadie se queda al lado mío, tú tampoco. ¡Después de que te
cuidé tanto! Te cuidé más que a esos chicos. Te cuidé porque te quería.
Juana: Y ¿sabes qué es lo que me confunde? Me confunde que había
momentos en que yo me daba cuenta que me querías. Esos son los momentos
que me tergiversan. Si tú hubieras sido siempre una hija de puta conmigo, a
mí me hubiera resultado mucho más fácil.
Marta: Es que yo no era mala. A ti te daba carne porque eras mi hija.
Juana (ríe): Ya lo sé. Tú no lo vas a entender porque para ti el hijo es el
hijo, y el de al lado que se muera. A ti que no eras hija de tu madre, te tiraron
como si fueras un cacho de caca; eso es lo que has sentido toda la vida.
Marta: Por eso yo no quise hacer la misma cosa contigo y aquí te tengo
agarrándome. No me quieres dejar ir porque yo te cuidé. (Le coloco un
almohadón sobre la cara. La golpeo con el mismo. Ella intenta acariciar su
rostro con el almohadón, pese a los golpes.) Tú no te quieres liberar de mí.
No entiendo de qué te quejas. (Continúo hablando con la voz aflautada. Juana
se pone de pie y permanece con los ojos cerrados. Yo me cuelgo sobre su
espalda con mis pies en el aire y con el almohadón le tapo la cara.)
Juana: Tengo la impresión de que te llevo colgando, mamá. Te podría
llevar siempre así, porque aunque peses un poco no te puedo dejar.
Marta (estoy colgada de su espalda un largo rato. Después de un tiempo,
ella comienza a hacer maniobras para zafarse de mí, apurada por la falta de
aire que le provoca el almohadón sobre la cara. Finalmente, consigue
descolgarme. Se la ve aliviada. Descansa en un rincón, agotada).
Juana: ¡Me costó soltarla!
Comentario sobre el sueño de Juana
Juana es una persona intelectual, tiene facilidad para pensar y enormes
dificultades para el insight. Voy buscando atajos para enfrentarla,
progresivamente, con sus afectos. Sin desaprovechar su capacidad pensante,
hago más lento el trabajo para que revierta en su interlocutor los diálogos
dirigidos a mí. Intento que logre ver la imagen de aquélla.
En un momento determinado, le pregunto si la interlocutora la escucha:
de esa forma, busco que se concentre y visualice su imagen.
Estando ya inmersa en el sueño, se observa, claramente, el control como
sustituto del verdadero amor. Juana dice a su madre: “Yo te amo, y lo que
quiero de ti es la mamá que me hubiera gustado tener.” Ella no acepta a su
madre como ésta es, quiere cambiarla, gobernar sus sentimientos. Juana
mantiene con la madre una relación de mutuo control. La controla para que le
muestre amor y a la vez la mamá la controla no mostrándoselo. Su problema
no se termina con este trabajo de sueño, cuando mucho logrará saber si está
dispuesta a resolverlo. Buena parte de su pelea con la mamá es un
desplazamiento de las quejas con el papá. Frente al papá no se anima a hacer
reclamos por imaginarlo impotente, vacío, frágil. Si le exige, lo rompe.

10. El archivo de los símbolos


Desde la gestación misma, el organismo humano comienza a dar
soluciones a sus necesidades. El cuerpo siempre tiende a mantener la vida:
metaboliza, filtra, fabrica células con funciones especializadas.
El organismo sabe lo que le conviene y da su mensaje a pesar de estar
influenciado por leyes sociales, negociaciones y conveniencias fútiles. La
mente participa en esta sabiduría con sus partes consciente e inconsciente.
La parte consciente de la mente predomina cuando estamos despiertos, y
la actividad de la parte inconsciente predomina cuando dormimos y se
expresa a través de los sueños.
El inconsciente es el archivo de los símbolos y sus circuitos. Recurrimos
a incrementar el contacto con él para transformar los símbolos.
No es necesario poner al paciente en trance —como hacen los
hipnólogos— para trabajar directamente con el inconsciente. El paciente
entra en trance cuando toma contacto con los símbolos grabados en su
inconsciente y permanece un rato en ese contacto. Desde el rol de “ser sus
símbolos”, el paciente muestra y encuentra sus significados.
El terapeuta debe dirigir su trabajo de manera tal que el inconsciente del
paciente transite entre símbolos encadenados.
Capítulo VIl

EL PACIENTE Y LOS TRABAJOS INDIVIDUALES

11. Los símbolos y el insight

En el transcurso del trabajo gestáltico, el paciente se entrega cada vez con


mayor soltura a la sensación de ser sus símbolos; de esta manera permite al
inconsciente emerger y manifestarse.
En múltiples ejemplos de esta obra podemos observar cómo el paciente
alcanza el insight. Para lograrlo, se sumerge en el inconsciente libre de las
barreras y control de la parte consciente de la mente; o bien, la parte
consciente e inconsciente de la mente trabajan juntas y en una misma
dirección. Se modifican símbolos interrelacionados y se crean nuevos
símbolos. El paciente produce un cambio en su actitud frente al conflicto para
poder resolverlo.
Durante su trabajo, en lugar de tratar de entender racionalmente lo que le
pasa, se deja guiar hacia el insight.
Con las pesadillas repetitivas ocurre que si son trabajadas con técnica
gestáltica y el trabajo es resolutivo, se producen cambios en los símbolos y
las pesadillas no vuelven a repetirse.
En el trabajo con cartas de Mariana, que se presenta a continuación, se
puede observar cómo toma contacto con distintas áreas de su identidad. Para
ello respeta el procesamiento natural de su organismo, crea símbolos y se
entrega a ser ellos. La paciente hace un contacto vivencial con los nuevos
símbolos creados, a consecuencia de lo cual se siente más energizada, y al
final llega a un estado de éxtasis y alivio.
En cambio, Rafael, cuyo trabajo se transcribe también en este capítulo,
hace un constante esfuerzo para oponerse al cambio de sus símbolos. De esta
manera, también impide el movimiento energético natural y reprime el
inconsciente, permitiendo a la parte racional de su mente ser la dominante.
Así al evitar la participación de la parte inconsciente de la mente, no da lugar
al insight y se siente cada vez más agotado.
A continuación se transcriben los trabajos y sus respectivos comentarios.
Trabajos con símbolos a partir de lo 'proyectado en una carta española
La terapeuta coloca sobre la alfombra un mazo de cartas. Las
desparrama y le pide a cada miembro del grupo que elija la que más le gusta.
Una misma carta puede ser elegida por más de un paciente para trabajar.¹

Transcripción del trabajo de Mariana. Resolviendo problemas de


disociación
Mariana: Elegí el nueve de copas porque me parecieron muchas copas
de vino preparadas como para una fiesta. Me cuesta encontrar una posición
para ser el nueve de copas (primero se sienta, después se tira en el piso boca
abajo y, por último, se da vuelta boca arriba, con todo el cuerpo estirado). Las
nueve copas están sobre mi cuerpo, las localizo, pero sólo puedo verlas de
abajo. Me resulta complicado estar dividida en nueve partes. Las que más
siento son las de arriba: en las manos, la frente, la boca, el pecho.
Marta: Sé una sola copa.
Mariana: Soy una de las copas que están arriba, una de las que siento
más (se sienta con las manos hacia adelante en círculo y las piernas también).
Como la parte superior de la copa, soy una copa de cristal grueso de color
oscuro, rojo oscuro granate. Alrededor del cristal hay una cubierta de metal
dorado. Es oro trabajado. Soy una copa fuerte, bastante grande y muy linda.
' Otro trabajo individual a partir de lo proyectado en una carta es el
trabajo de Linda que se expone en la p. 137. (en el original)
Marta: ¿Cómo es tu pie?
Mariana: Mi pie es liso, se va ensanchando hacia abajo. También es de
cristal, pero está recubierto de una película muy fina de oro, como si fuese
pintado. La base es redonda y fuerte, la línea es suave.
Marta: ¿Es hueco?
Mariana: Arriba es macizo, la parte más baja tiene como el principio de
un hueco... apenas es un hueco.
Marta: ¿Cómo es tu existencia como copa?
Mariana: Estoy en un palacio muy antiguo, con paredes de piedra
gruesa, de ésos que tienen una mesa grande en forma de U. Al principio me
parecía que era una fiesta, pero no, soy una copa que se usa en el palacio.
Marta: ¿Eres una copa común o eres una copa de lujo?
Mariana: Sí, de lujo totalmente, donde toman los caballeros de palacio.
Toman vino rojo, vino tinto.
Marta: Vuelve a mirar el pie de la copa.
Mariana: Lo veo distinto, ya no es dorado y de cristal, veo un viejo
mendigo arrodillado sobre la tierra trabajando; está sucio y viejo.
Marta: Sé el mendigo, métete bien en la sensación de ser él.
Mariana (arrodillada): Tengo una especie de capa de color marrón,
como una tela que cuelga en la espalda. Tengo barba, estoy sucio, soy un
viejo mendigo. Estoy juntando basura, revisando basura. Algunas cosas,
papeles, los pongo en mi bolsa. Tengo una bolsa que me cuelga del hombro
izquierdo.
Marta: Mira la parte de arriba de la copa.
Mariana: No la veo porque estoy mirando para abajo, hacia la tierra, la
tengo apoyada en la espalda. No sé si está pegada o atornillada. La siento
agarrada en el centro de la espalda.
Marta: ¿Es muy pesada?
Mariana: Pesa bastante porque es de cristal grueso y con metal, pero no
me interesa mucho. Mi interés está en mi trabajo, en lo que estoy haciendo.
No me importa mucho de ella.
Marta: Sé la parte de arriba de la copa y con los ojos cerrados, métete
bien en esa sensación.
Mariana: Siendo la parte de arriba de la copa me siento como una
princesa muy brillante. Estoy sentada en forma de copa, con ropa muy clara
como de gasa blanca y luces en el pelo.
Brillo mucho. (Está sentada en posición de Buda y con los brazos hace
un círculo.) No me importa lo que dice el mendigo, porque yo soy muy
hermosa y soy la parte de la copa que se ve. Me mira pues soy la parte de
arriba y soy muy linda. .?
Marta: Vuelve a ser la parte de abajo. ;
Mariana: ¿Pero qué pasa con la parte de arriba? Me parece, bastante
estúpida con toda esa cosa de que es linda y brillante. Es rígida y si se cayera
se podría romper. Eso no me gusta de ella, que es rígida. Además, si yo
quiero la puedo hacer caer porque está apoyada encima de mí; pero no me
interesa hacerla caer. También, me podría agachar contra el piso y quedarme
más baja que las demás y nadie va a elegir una copa petisa; o cuando la venga
a aganar el que la eligió, me podría caer a un costado para que no la alcance.
Aquí, como parte de abajo, me empiezo a sentir con más fuerza, menos viejo.
Marta: ¿Te molesta que esté la copa arriba de ti?
Mariana: Me molesta no poder verla porque está atrás, porque la tengo
en la espalda. Me gustaría que se diera vuelta para abajo y me mirara, o me
tapara. O quisiera que se pudiera bajar y sentarse frente a mí para que
pudiéramos charlar, a la misma altura. Yo la puedo ayudar a bajar si tiene
miedo de romperse.
Marta: Díselo a ella.
Mariana: Yo te puedo ayudar a que bajes sin romperte, así te sientas
enfrente mío, charlamos y te puedo ver.
Marta: Sé la parte de arriba. ¿Qué te parece lo que te dice el pie?
Mariana: A mí, me parece que este tipo me está engañando. El quiere
que yo baje y me siente ahí abajo, en el suelo, frente a él. Si bajo y no tengo
pie no voy a ser una copa, sino una palangana de plástico celeste y usada. De
ninguna manera voy a bajar.
Marta: Pero fíjate que te hizo otra proposición que es bien interesante...
Mariana: La otra cosa que me propuso es que me diera vuelta para abajo
y lo vistiera; pero así parecería que yo estoy para servirlo a él y no él para
sostenerme a mí. No me voy a dar vuelta,¹ pero me parece divertido, me
parece que me propone un juego. Cuando sentía lo del juego, era algo que me
tentaba. Sentía que por ahí la cosa iba a ir bien.
Mariana: No, me siento más fuerte y más joven, me dan ganas de
moverme.
Marta: Sé la parte de arriba.
Mariana: Soy más liviana, mi cristal es más delgado y ya no soy rígida.
Me muevo, me siento como una amapola sobre la espalda de un hombre
joven.
Marta: Sé el hombre.
Mariana: Me gusta moverme y la hago mover a ella, la hago ondular. Sé
que no se va a caer porque me muevo con cuidado. Es muy lindo, me siento
bien.
Marta: Sé la parte de arriba.
Mariana: Continúo el movimiento. Me siento bárbaro. E¡cristal se hizo
mucho más fino. Sigue teniendo la capa dorada, pero también es mucho más
fina, como labrada. Es cristal, pero tiene la consistencia de un papel. Se
puede mover y no se rompe, es flexible. Pasó algo entre nosotros, él me hace
mover pero ya no tengo miedo, no tengo ningún miedo porque me mueve con
cuidado. Ya no estamos en el castillo, estamos en un parque con pasto muy
verde, lejos hay árboles. Veo algunas flores y hay sol. Si vamos más rápido
puedo sentir el viento. No necesito nada más. ¡Estoy tan bien así! Pudimos
encontrarnos en el movimiento. Nos movemos juntos. Siento tranquilidad,
siento equilibrio. Si quiero me puedo quedar quieta. Si quiero me puedo
mover y estoy bien. Esto es hermoso y me emociona. No me quiero mover de
aquí, no necesito nada más Siento todo el cuerpo absolutamente relajado. A
veces siento la columna como lo único que se puede armar, mover y aflojar.
Es como estar flotando, es una maravilla, no necesito nada más (estuvo largo
rato entregada a un estado de éxtasis).
Comentario sobre el trabajo de Mariana
Lo primero que ella muestra son distintos niveles de disociación y
avidez, representados por nueve copas, que ella siente que no puede abarcar.
Disociación entre lo intelectual y lo afectivo, lo masculino y lo femenino, lo
que es y lo que muestra.
Mariana desvaloriza una parte de su mundo interno que representa con
el mendigo, a quien no acepta y pretende compensar con la parte de arriba de
la copa demasiado fuerte y ostentosa.
A medida que transcurre el trabajo la paciente toma conciencia de esta
disociación, integrándose. En la medida en que este proceso se da, se
reacomodan sus valores dejando de ser polares (mendigo-princesa), para estar
más en consonancia con ella, como mujer, en un ámbito más real (en un
parque, en contacto con la naturaleza).

Trabajo de un sueño de Rafael


Rafael: El sueño comienza con que llego a una armería y le pido al
armero una pistola marca Luger. Sin siquiera fijarme si está cargada, le
apunto a la frente y le disparo en plena frente. Me queda entonces muy viva
la imagen del impacto en la frente del hombre. Inmediatamente me voy. En la
siguiente escena, me encuentro en un tren donde veo a mis padres. Les
explico lo sucedido y comenzamos a caminar por el pasillo. De repente, en
una estación, sin que mis padres ni nadie se diera cuenta, salgo por la ventana
y comienzo a correr.
Ubícate dentro de la armería.
Rafael: Veo por unos segundos que la cara del armero es la de mi padre.
No sé si traté de borrarla o no, la cuestión es que apareció otra imagen. La
armería tiene en el fondo una vitrina llena de armas de todo tipo y calibre, un-
mostrador de madera con una tapa de vidrio, que permite ver armas en
exposición, sobre un terciopelo color bordó. El techo y las paredes están
recubiertos con madera. Hay mucha madera por todos lados. Veo al armero.
Ahora veo a mi papá como armero. En el sueño era diferente: eran dos en
realidad.
Marta: Repite la última frase.
Rafael: Ustedes son dos en realidad. El otro es más grande que mi papá,
es más alto, más ancho de hombros, pelado, con cabello blanco alrededor de
la pelada.
Marta Habla con él.
Rafael (de pie): Yo vengo a comprar un arma, lo veo dudando de
dármela, como si desconfiara de que la quiero para cazar.
Marta: Sé el armero.
Rafael: Soy alto, seguro, desconfío de usted. Rafael, pienso que no la
quiere para cazar. ¿Para qué la quiere?
Marta: Sé tú mismo, de nuevo.
Rafael: Me siento duro cuando soy yo. No tengo por qué darle
explicaciones. Yo, simplemente, vengo a comprar un arma y usted me la
tiene que vender... Lo veo vacilante, desconfiado, como si creyera saber que
voy a matar a alguien.
Marta: Sé el mostrador.
Rafael (se acuesta boca abajo, apoya su cabeza sobre ambas manos
cómodamente): Soy una vitrina llena de armas de distintos calibres y épocas.
Están dentro de mí pero no son mías, el armero me las pone y saca cuando
quiere. En realidad son de él. Las armas y yo somos de él, porque él me trajo
aquí, me diseñó, me puso en este lugar. Yo soy de él, al igual que las armas.
Si no fuera por él, no estaría en este lugar. No tendría vida..Las armas están
en mí, no sé... no tengo claro si en el pecho o en la espalda.
Marta: Sé el armero. ¿En qué parte del mostrador ves las armas?
Rafael: Las veo en la espalda todas acomodadas. Me siento tranquilo
Viendo al mostrador de espaldas, de atrás. Me daría mucho miedo tenerlo de
frente. Además, así me siento dueño de las armas. Las pongo y saco como
quiero, cuando quiero. Son mías igual que tú. (Se lo ve muy seguro,
dominando la situación.)
Marta: Sé de nuevo el mostrador.
Rafael: Sí, yo también me imagino que si estuviera de frente me tendrías
miedo. Yo sería peligroso para ti con todas las armas adelante, pero por ahora
no puedo hacer nada. No depende de mí darme vuelta (voz de llanto,
temblorosa, rezongona). ,
Marta: Sé el armero. Habla con el mostrador.
Rafael: Si te dieras vuelta yo también creo que sería peligroso para mí,
pero yo no puedo hacer nada para ayudarte.
Marta: Sé el mostrador. ¿Qué sientes por el armero?
Rafael: Hijo de puta. Yo no puedo hacer nada, pero me gustaría que me
tuvieras miedo.
Marta: Al fin te salió el enojo.
Rafael: Siento que como mostrador dependo de él y no puedo hacer
nada. El me saca y me pone las armas cuando quiere.
Marta: Sé el armero.
Rafael: Si quiero te saco las armas y te dejo igual que cuando viniste al
mundo. Soy tu dueño. Cada arma te la di yo, te la puse yo y me pertenece.
Las saco cuando quiero porque son mías.
Marta: Sé, de nuevo, el mostrador.
Rafael: Sí, es cierto todo lo que dices. No puedo hacer nada, además, es
cómodo así, aunque algo de rabia me da.
Marta: Mostrador, ¿por qué no le muestras un poco tus dientes?
Rafael: Bueno, me puedo poner boca arriba. Así estoy más cómodo, y te
veo a ti, armero, mirarme con miedo, pero yo no me siento temible. Sé que
para ti y Rafael yo soy temible, pero yo no lo alcanzo a sentir.
Marta: Sé el armero.
Rafael: Te tengo miedo. Prefiero que estés de espaldas a mí, me das más
seguridad.
Marta: Sé el mostrador.
Rafael: Yo oigo lo que dices, pero no alcanzo a sentir que sea temible.
Marta: Sé Rafael.
Rafael: Soy más chico. Tengo catorce años. Te veo como un mostrador
temible, poderoso, peligroso y siento miedo.
Marta: Sé el mostrador.
Rafael: Me doy cuenta de que ustedes sienten eso pero yo no siento
nada; incluso mucha gente me dice que soy temible, pero yo no lo alcanzo a
sentir.
Marta: ¿Cómo te sientes como armero?
Rafael: Me siento fuerte.
Marta: Métete en esa sensación de fuerza y quédate un rato, sintiéndola.
Rafael: Sí, soy fuerte (se lo ve agrandarse cada vez más).
Marta: Sé de nuevo el mostrador.
Rafael: Me siento de gelatina, todo desinflado, débil.

Comentario sobre el sueño de Rafael


Este trabajo duró tres horas, pues a Rafael le llevaba mucho tiempo
tomar contacto con cada uno de sus personajes y sentirlos. Intento que tome
conciencia del sometimiento y odio que tiene con el padre. En el sueño
dispara con un arma en plena frente del armero que, por momentos, confunde
con la figura del padre y dice desde ese rol: “Si quiero, te saco todas las
armas y te dejo igual que cuando viniste al mundo. Soy tu dueño, cada arma
te la di yo, me pertenecen y las saco cuando quiero, porque son mías.” Estas
frases expresan, claramente, la relación simbiótica, a través de la cual Rafael
se somete a esta figura paterna que siente dominante y castradora. Esta
situación genera en él ansiedades homosexuales.
Marta: ¿En qué parte del mostrador ves las armas?
Rafael: Las veo en la espalda, todas acomodadas.
El padre siempre le decía cuando era chico: “Todo lo que tienes me lo
debes a mí...” Rafael sigue cumpliendo su mandato.
También dice Rafael desde el mostrador: “Sí, yo también me imagino
que si estuviera de frente me tendrías miedo, yo sería peligroso para ti, con
todas las armas delante, pero por ahora yo no puedo hacer nada, no depende
de mí darme vuelta.”
En este párrafo, Rafael cuenta que no quiere hacer nada. Prefiere la
situación de sometimiento e impotencia, que le resulta menos riesgosa, que
enfrentarse con su inseguridad y falta de identidad. El no puede conectarse
con su fuerza y, habitualmente, se empeña en depositarla en otras personas,
impidiéndose así tener una potencia propia que lo discrimine de su padre.
En los trabajos gestálticos, cuando los pacientes se conectan con una
sensación de fuerza desde un rol dado, al cambiar de rol, generalmente la
sensación de fuerza se mantiene y el segundo rol cambia sus características.
Aquí trabajamos con los opuestos, “denominación” (armero) —
“sumisión” (mostrador). Desde el primero, Rafael logra intuir la fuerza del
segundo, pero cuando pasa al rol del mostrador no logra llevar consigo la
fuerza recogida, sino que desaparecen sus sensaciones y entra en un profundo
desvalimiento.
El rol que representa la fuerza es siempre externalizado. El paciente se
identifica en forma fija con el rol de sometido, impidiéndole esto último pasar
la fuerza de un rol a otro.
Capítulo VIII

LOS SÍMBOLOS EN LAS NEUROSIS

12. Fenómenos que ocurren en la mente y en el cuerpo durante el trabajo


con símbolos

Cuando un paciente comienza a trabajar con sus símbolos, su mente transita


fluidamente entre el ámbito real y el imaginario.
Veremos un ejemplo de ello más adelante, en el segundo trabajo de
sueño de Ana, cuando la paciente fue al baño del consultorio y tiró por el
inodoro el ovillo imaginario.
Durante los trabajos gestálticos hay una participación simultánea de las
partes consciente e inconsciente de la mente. Pero la participación de la parte
consciente va decreciendo, al tiempo que el inconsciente se expresa
progresivamente, pudiendo llegará manifestarse en forma totalmente
autónoma.
El paciente profundiza en forma progresiva en el trabajo porque,
apoyado en sus símbolos, se compromete cada vez más con lo que está
vivenciando. Es así como de una manera suave y gradual pasa de imaginar a
alucinar sus símbolos.
En otras palabras, pasa de representarlos y sentir a medias que él es sus
símbolos, a sentirse siendo completamente sus símbolos. Es en este momento
de trabajo directo con el inconsciente cuando se dan más fluidamente los
cambios en los símbolos presentados y se crean nuevos símbolos.
La mente selecciona la información que recibe desde el exterior de
manera tal que llega un momento en que el paciente oye la voz del terapeuta,
pero deja de escuchar las voces de sus compañeros de grupo y los sonidos de
la calle. Sin embargo, el paciente escucha los sonidos provenientes del
exterior si son sintónicos con lo que él está experienciando. (A veces,
escucha distorsionando los sonidos que recibe de afuera para acomodarlos a
su necesidad interna.)
Durante una fantasía dirigida realizada en un grupo, solamente una
paciente registró el sonido del piano que provenía de un departamento vecino
mientras revivía una experiencia con su madre. La madre tocaba
frecuentemente esa melodía en el piano de la casa. Otra paciente transformó
en sonido de cascada de agua, el ruido de la ducha de un baño vecino; el resto
del grupo ni siquiera registró el sonido.
Durante el trabajo con sus símbolos, el paciente también sufre
alteraciones del sistema nervioso autónomo, que se expresan como
reacciones vasomotoras. Puede tener una mano caliente y la otra fría, o tener
la piel de la mitad del cuerpo caliente y la de la otra mitad fría. También
pueden-ocurrir alteraciones del ritmo cardíaco, palidez, sudoración, manchas
en la piel, náuseas, vómito y vértigo.
Es muy común que no coincida la duración real de la experiencia con el
tiempo que el paciente cree que pasó. Por ejemplo puede creer que su trabajo
duró apenas inedia hora cuando en realidad llevó tres. La orientación espacial
también cambia: no coincide el espacio alucinado con el real. El paciente
puede estar convencido de que caminó largo tiempo cuando en realidad sólo
recorrió tres metros de la habitación.
Al finalizar el trabajo y abrir los ojos, el paciente se reorienta en el
tiempo y el espacio y se reconecta con la realidad del consultorio.
Puede olvidar total o parcialmente lo experimentado de una manera
similar al fenómeno de olvido que ocurre con los sueños.

13. Mecanismos de reactivación de símbolos infantiles

Muchas veces los pacientes sostienen que ellos no determinan lo que les
pasa; que las cosas simplemente les ocurren, mas en realidad, en la gran
mayoría de los casos ellos provocan activamente su circunstancia. Es
importante que tomen conciencia de ello. También es importante que se den
cuenta de lo que estaban sintiendo y pensando antes de provocar la situación
y del momento en que la generan.
En el trabajo de Natalia que se transcribe más adelante, se puede
observar cómo mantiene empobrecida su percepción de la realidad y registra
datos en el orden que le conviene para preservar su juego neurótico. Ella
reniega de jugar el rol de madre de sus parejas y de ser usada; pero no toma
conciencia de que elige parejas para ser usada por ellos y renegar. Natalia
elige para convivir un hombre mucho menor que ella, junto a quien encuentra
la posibilidad de continuar sintiéndose no querida, rechazada. Le complace
jugar a que su vida es un drama dentro del cual ella desarrolla estrategias para
obtener una migaja de cariño. Alcanza con el juego un clima interno de
desgaste, angustia y sufrimiento, que forma parte de su identidad infantil.
De adulta, sus parejas son personas con las cuales logra, durante mayor
tiempo, situaciones que la reencuentran con sus símbolos infantiles.
Natalia prefiere pensar que su pareja es una mala persona y no que su
elección es inadecuada.
Ella niega el paso del tiempo, su edad, su realidad de mujer sola y
separada de cincuenta años, para reactualizar su mecanismo tóxico
autoagresivo.
A continuación se incluyen los trabajos de Natalia y de Sofía.

Transcripción del trabajo de Natalia. Reactivación de símbolos


infantiles
Natalia llega al grupo y cuenta que está muy descontenta consigo
misma. Le propongo que tome almohadones que simbolicen las cosas con las
que está descontenta. Comienza a hacerlo, toma cuatro almohadones y los
coloca uno encima de otro.
Natalia: El primer almohadón es mi inseguridad que no me aguanto. No
me soporto cuando empiezo a preguntarme si Pedro me quiere. (Pedro, treinta
años menor que ella, es su pareja.) Este otro almohadón son mis miedos. Este
otro es mi envidia.
Marta: ¿Qué envidias?
Natalia: Envidio a todos los que tienen una pareja y pueden dialogar con
ella. Este otro almohadón es mi rabia.
Marta: Ahora transforma cada uno de estos símbolos que pusiste delante
de ti en sensaciones de tu cuerpo.
Natalia: Bueno, la inseguridad es así (de pie, encorva los hombros y
cruza los brazos delante de su estómago). Las otras cosas las siento como una
bola en toda esta zona (señala pecho y garganta).
Marta: ¿Qué sientes ahora?
Natalia: Rabia... estoy rabiosa con Pedro porque anoche no vino a casa.
El es muy indiferente. Estoy harta de esta situación, de que siempre esté
cansado y no quiera tener relaciones sexuales. Nunca tiene ganas. Estoy harta
de decirle: “Así no podemos seguir”. El siempre responde lo mismo: “Yo soy
como soy, me tomas o me dejas”. El otro día le dije: “Necesito hablar
contigo, vamos a un café”. Me contestó que no tenía dinero para pagar el
café, que fuéramos a casa. Además me dijo que tenía miedo que yo le hiciera
un escándalo. Yo le dije que en un café tenía más garantías que en mi casa de
que no lo iba a hacer. Igual no quiso y fuimos a casa.
Marta: Cuenta un poco más cómo te sentías anoche.
Natalia: No pegué un ojo y él apareció recién a las seis de la mañana.
Me pasé toda la noche imaginando que hacía sus valijas y se las ponía en la
puerta del departamento. El las encontraba cuando venía y yo lo echaba.
Marta: ¿Qué más le hacías?
Natalia: Le rompía toda la ropa que yo le regalé y la guardaba rota.
Marta: Métete en la sensación de estar ahora preparando las valijas, en
la realidad.
Natalia: ¡No, me da miedo!
Marta: Es un juego, nos va a servir para explorar otros aspectos tuyos.
Natalia: Bueno, estoy acomodando todo en la valija... ya está...
Marta: ¿Qué te llama la atención?
Natalia: Las pocas cosas que tiene. En realidad no es una valija sino el
bolso con el que vino cuando se instaló en casa.
Marta:¿Qué <' ¿????
Natalia: 7 ¿?????, me da pena y lástima por él.
Marta: Mira bien el bolso. ¿Qué te llama la atención?
Natalia: Una camisa color marrón claro bien dobladita, bien planchada,
vieja. Es una camisa sport, tipo militar. Se ve gastada por el uso pero es linda
igual.
Marta: Habla con la camisa.
Natalia: Eres linda, muy usada, muy cuidada. Pedro te lava, te tiende en
la terraza y te plancha. Me das rabia, se/ocupa más de ti que de mí. A veces
no hace falta y te lava igual. A mí, ni me toca.
Marta: Cámbiate de lugar. Ubícate donde recien veías a la camisa y
represéntala.
Natalia (en el lugar de la camisa, les hombros hacia adelante, los brazos
cruzados delante del abdomen como antes representó la inseguridad): Me
gusta ser camisa, me lavan, me planchan. Estoy siempre impecable y me usan
mucho. (Traducido seria: Me gusta estar insegura, me gusta usar mi
inseguridad.) Tu problema, Natalia, es que no sabes esperar. No puedes
esperar a que el otro se acerque. No te conformas, nada te alcanza. A mí
también me usan de vez en cuando y, sin embargo, espero pacientemente, no
me quejo.
Marta: Sé Natalia.
Natalia: Sí, tengo que aprender a esperar. Tengo que ingeniármelas para
no sentir necesidades. Pedro me dice que lo tengo harto con mis quejas, que
le dé tiempo. El otro día me dijo que le dé dinero para poner un boliche
bailable, para gente de quince a veinte años. Yo le dije rotundamente que
no... Le dije: “¿Quieres que cave mi propia fosa?’’ Soy celosa. “¿Quieres
estar en un lugar con mujeres más jóvenes que yo, de tu edad, y que yo
misma te lo instale? ¡Es el colmo!” Pero me siento culpable. Yo no sé por
qué Pedro me transforma en la mala de la película.
Marta: Habla con Pedro.
Natalia (a Pedro): Siempre te las ingenias para lo mismo, y yo lo único
que te pido es amor. (Llora.) Quiero un trueque. Te doy amor, dame amor.
No quiero ser la madre de mis parejas. Siempre me pasó lo mismo. A mi ex
marido lo ayudé a instalarse y una vez que se colocó, voló. (Llora.)
Marta (en este diálogo Natalia muestra la secuencia de pensamientos
neuróticos que le permiten reactivar sus símbolos infantiles y recuperar los
sentimientos de inseguridad, angustia y dolor. Por el momento no parece
dispuesta a abandonar el juego): ¿Qué sientes?
Natalia: Alivio.
Sueño de Sofía. Reactivación de símbolos infantiles
El sueño de Sofía muestra cómo se da cuenta de su propio juego
autoagresivo. Poniendo a prueba a su pareja, a un costo muy doloroso para
ella. Este juego le permite actualizar su argumento autodesvalorizante. “En
última instancia, con la auto— agresión Sofía recupera la tranquilidad de
confirmar su propia inseguridad.”
Sofía: Estamos mi pareja y yo en un lugar. Pasamos a buscar a una
mujer que voy a llamar Anteojuda, porque usa anteojos de vidrios muy
gruesos. Vamos con ella a una boite. Es como una caverna o subsuelo con
paredes de piedra. Esta mujer es muy inquieta y se levanta de la mesa, yo
aprovecho para convencer a mi pareja de que se quede con ella. Cuando la
anteojuda regresa, me callo. Ella es tan fea que me molesta mirarla fijamente.
Marta: Retomemos la escena en que la anteojuda se va de la mesa.
Sofía (se imagina a Juan, su pareja, delante de ella): Viste, viste qué
buena piba. (Cambia de lugar y representa el rol de Juan.) Sí, sí, puede ser,
pero no me gusta. (Cambia de lugar y vuelve a ser ella misma.)
Marta: ¿Qué sientes?
Sofía: Siento vacío, desilusión. Siento un vacío que no se llena como yo
quiero. (Ahora le habla a Juan.) ¿Cómo, no te gusta? Si es buena, divertida,
movediza...
Marta: Dile a Juan lo que sientes ahora.
Sofía: Siento que en todo esto hay mucho de “masoca” mío. Quiero
hacerte el gancho con ella, para que cuando estés enganchado yo pueda sufrir
tranquila. (Sola cambia de roles y responde desde Juan.) Eres tonta, ella no
me gusta. (Vuelve a ser ella misma.) No me explico la compulsión que tengo
de provocar situaciones para perjudicarme.
Marta: ¿En qué te beneficia estar mal?
Sofía: Me sentiría más cómoda con una actitud sufriente Me sentiría
tranquila, más acompañada. Siento más intensamente mi cuerpo a través del
dolor. Sin eso me siento en el aire, desorientada.

14. Los símbolos y la identidad

Las características de la personalidad de cada ser humano están determinadas


en parte por el grupo de conceptos y significados con los cuales se identifica.
Estos significados se grafican en el mundo interno con símbolos. A
través de ellos se puede tomar contacto con los significados de la identidad.
Dentro de las necesidades psíquicas del ser humano está la de preservar
y reasegurar su identidad. Muchas veces el ser humano logra este objetivo,
activando los símbolos de que dispone para identificarse.
Por ejemplo, si para un paciente la violencia es un elemento importante
de su identidad, buscará aquellas circunstancias que le despierten
sentimientos de violencia. Buscará esos detonantes en su memoria, en su
imaginación y en la realidad.
Para que un paciente abandone la necesidad de repetir su simbología
dramática, es necesario hacer cambios en los símbolos del mundo interno
implicados en esa actividad.
A medida que se trabaja con los símbolos se hace la lectura de sus
significados y, muchas veces, se reconocen las circunstancias en que éstos se
imprimieron.
Para alguien que nació durante la Segunda Guerra Mundial, la angustia
puede ser un componente importante de su identidad. Dicha angustia
introyectada es representada por símbolos.
La presencia de la angustia como sensación fuerte le indica que “no ha
dejado de ser”, aliviando así el temor a la desaparición física.
Para algunas personas que descienden de familias perseguidas durante la
guerra, la ambivalencia, la muerte, la culpa y el sentimiento de minusvalía
forman parte de su identidad. Estos sentimientos se grafican en el mundo
interno con símbolos.
Como se puede observar en los dos trabajos de sueño de Ana que se
desarrollan a continuación, la paciente trata de modificar estas
identificaciones. Los momentos de cambio coinciden con la aparición de
manchas pasajeras en su piel, erupciones, picazones en la cabeza, el cuello y
sobre todo en las manos. Estos síntomas desaparecen cuando ella consigue
rescatar y valorar sus más profundos sentimientos. Los deja crecer y
abandona los roles de quejosa y víctima.

Comentario general del primer trabajo con un sueño de Ana


Ana trata de abandonar su identificación con la muerte. Relaciona esta
identificación con ideas que le inculcaron sus padres y su colectividad. Ella
trata de crear una identidad nueva que le permita sentir que está viva. Para
lograrlo, crea nuevos símbolos.
Cuando el trabajo con el sueño está cerca del final, ella no puede zafarse
de cumplir el mandato —“NO OLVIDARAS”— y siente nuevamente culpa.
Con la culpa sabotea la recuperación de los otros sentimientos —amor,
alegría, rabia, calentura— transformándose en una máquina de pensar.
Primer trabajo de sueño de Ana. Problemas de identidad
Ana: Estoy en la casa de mi infancia. Está mi marido y una mujer muy
femenina y muy hermosa, con cabellos ondulantes, rubios. Lo que más se
destaca son sus pechos: son unos senos hermosos, redondos, de un tamaño
perfecto. Sé que mi esposo había tenido relaciones con ella, su cara reflejaba
burla hacia mí. Sentía que me estaba sobrando. Yo le preguntaba si me había
engañado en otras oportunidades y me respondía que sí con una cara, terrible,
insoportable. Trató de abrazarme y yo me calenté, pero me separé
rápidamente. Me vestí, me sentía muy enojada y le dije: “Voy a salir a buscar
un hombre para acostarme con él.”
Marta: Representa a esa mujer. Métete bien en la sensación de ser ella.
Ana (sentada en el piso sobre sus rodillas, bien erguida, los brazos
caídos a ambos lados del cuerpo): Tengo los ojos ciegos. Soy una estatua, una
hermosa estatua de mármol negro. Mis ojos son una concavidad, ciegos. Mis
pechos son redondos, muy hermosos, tienen una forma perfecta y son muy
suaves. En la cintura tengo un corte, termino ahí.
Marta: ¿Dónde estás tú, estatua?
Ana: Estoy en el cementerio en el camino principal. Soy fría, siento el
frío de mi mármol. Todos vienen aquí, irremisiblemente pasan por mi lado y
ven mi lápida que dice: “Nació en tal fecha y murió... (se queda pensando)
alrededor de los treinta años.” Todos exclaman al verme: “ ¡Qué joven murió
y qué hermosa era!” Algunos me acarician, tocan mis pechos. Yo no veo,
solamente siento y oigo.
Marta: Habla con Ana.
Ana: Estás ahí, pobre Ana, me das pena, pobre, qué vida de mierda
llevas. No tienes nada, pobre Ana, pobre. Yo estoy muerta, no sé por qué
morí; tú estás sola y no sabes por qué vives.
Marta: Cámbiate de lugar, sé tú, nuevamente, y contéstale.
Ana (roja de enojo): ¡Tú estás muerta! ¡Yo estoy viva! Tengo muchas
cosas. ¡No soy pobre, tengo hijos, mi marido, una familia!
Marta: Estás hablando de tu entorno, no de ti.
Ana: Mi diferencia contigo, estatua, es que yo estoy viva, siento, quiero,
odio, lloro, siento bronca, transpiro, río, gozo. Todo esto y muchas cosas que
tú no tienes. Te tengo mucha bronca, estatua, te rompería en mil pedazos (se
ve muy enojada y da un puntapié con fuerza en el lugar en que está la
estatua). No te partes, solamente sufres algunas pequeñas roturas.
Marta: Sé la estatua.
Ana (acostada en el suelo): Pobre Ana (con voz sarcástica), no puedes
romperme tan fácilmente. Soy muy fuerte. Soy la estatua de todos los
muertos que hay en tu vida: tu hermanito, tus abuelos, tus tíos, los seis
millones de judíos muertos en los campos de concentración. No es tan fácil
destruirme.
Marta: Sé tú misma nuevamente.
Ana: Me siento mal, siento una pelota en la garganta que cada vez crece
más.
Marta: Sácala de la garganta, a ver si la puedes poner en tus manos y
explorarla.
Ana (con las manos en actitud de tener una pelota de fútbol): Siento que
tengo en mis manos un ovillo, es mi identidad (se la ve concentrada,
sintiendo las manos). Gira como un torbellino con miles de caras jóvenes,
viejas, de todas las edades. Desconozco a todos, pero supongo que son todos
los muertos. En la punta cuelga la cabeza de un chico, supongo que es mi
hermano. Sé que para poder encontrarme conmigo misma necesito tirar este
paquete, ¿pero dónde?; desde cualquier lugar puede volver (va al baño y lo
tira por el inodoro; tira la cadena). Me siento más aliviada interiormente, pero
mi cara está hirviendo. Sigo sintiendo un poco de miedo. ¿Será tan fácil
tirarlo? ¡Temo que vuelva! ¡Lo mamé toda la vida! Me hicieron sentir toda
mi vida que yo formaba parte de los muertos, cuando en la escuela se
recordaba el Gheto de Varsovia. Pasábamos frente a unas velas en el templo
y llorábamos. Éramos todos hijos de inmigrantes. Había un cartel que decía:
‘No olvidarás”.
Comentario del trabajo con el segundo sueño de Ana
En el trabajo de Ana que se presenta a continuación, la paciente, durante
su lucha interna entre pensamientos y sentimientos, menciona una amplia
gama de símbolos interrelacionados.
Ana dice: “Empiezo a tomar conciencia de los granos, las estatuas, la
sangre, la caca, las vergüenzas.” Más adelante, ella habla de muertos, judía de
campo de concentración, pobrecita, mármol, inodoro, amigo, analista, etc. A
través de estos símbolos, ella expresa su ambivalencia y culpa por existir.
Ana cree que su vida es ilegal por emerger de un contexto de muerte
(campo de concentración). No sabe si tiene derecho a vivir como una persona
de verdad, ya que ella nació inmediatamente después de que muriera su
hermanito mayor.
En un momento la paciente dice: “Los sentimientos son una caca.” Más
adelante agrega: “Freud, eres una estatua, un muerto.” En estas frases ella
pone de manifiesto que tanto las áreas del pensamiento como las de la
afectividad comparten su desvalorización.
Ana proyecta en su ex analista la insensibilidad para llorar la muerte y se
siente culpable por no llorar la muerte del hermano. La madre dedicó su vida
a llorar a los muertos.

Segundo trabajo de sueño de Ana


Ana: Sueño que estoy en una casa con mucha gente. Es una reunión y
tengo ganas de defecar. Me indican dónde está el baño, lo busco. Tiene
paredes totalmente de vidrio, una mesa, sillas y el inodoro. Se acerca gente,
comentan que de afuera hacia adentro no se ve y en cambio de adentro hacia
afuera sí se ve. Yo estaba defecando con mucha vergüenza de hacerlo ahí.
Pregunté dónde había otro baño y me respondieron que en el fondo había uno
de servicio. Fui y observé que era igual que el primero. Tenía paredes de
acrílico, había muchos inodoros y era todo abierto.'
Marta: Vuelve al primer baño.
Ana: Estoy sentada en el inodoro, es un baño moderno de paredes
transparentes, de acrílico. La gente dice que de afuera para adentro no se ve,
pero uno ve lo que pasa alrededor. Hay dentro del baño una mesa de madera
frailera. Un amigo mío, que es psicólogo, está sentado ahí, en un banco. A mi
derecha, el papel higiénico. Es una situación horrible. ¡Qué invasión!
Marta: Habla con el inodoro.
Ana: No tengo nada que decirte. Me siento invadida. Quiero hacer caca,
estar sola. ¿Qué puedo hacer? Si me limpio disimuladamente la cola, también
lo van a ver. ¡Qué ganas de estar a solas contigo, sin nadie al lado! Mi amigo
me sonríe.
Marta: Habla con él.
Ana: Yo también me reiría, si te encontrara en una situación así, pero yo
no me quedaría ahí. No me sale decirles “ ¡Por qué no se van!” Tengo ganas
de salir corriendo y buscar otro baño. Tendría que decirles que se vayan y me
dejen sola. Lo único que atino a hacer es escapar y escapar, sucia, sin
limpiarme bien, ni ponerme bien la ropa y buscar otro baño.
Marta: ¿Qué quieres hacer?
Ana: Irme, pero me voy a ir sucia. Me sentí muy mal diciendo que no sé
hacer frente a situaciones. Sé huir, aunque sea con el culo sucio. No siento
ese enojo para poder largarlo todo. Como si tuviera que pasar situaciones
vergonzosas, sentirme cada vez más mierda, llegar bien a fondo; eso está
pasando. Tengo que llegar bien a fondo, tocar cosas feas como sangre, caca,
sentir vergüenza. Sentirlas bien para recién salir a flote. ¿Por qué un precio
tan alto? Sentirme tocada por una lesbiana con sangre para recién salir, más
vitalizada.
Marta: ¿Que sientes?
Ana: Empiezo a tomar conciencia de los granos, las estatuas, la sangre,
la caca, la vergüenza. Tengo que seguir y seguir, tocando bien a fondo.
Marta: Cuéntale al inodoro.
Ana: A él le estuve hablando. Te quise tirar todos los muertos que tenía
encima y los sigo teniendo. Me muero de vergüenza y no siento bronca ni
ganas de echarlos. Es como si tuviera que seguir expiando culpas y buscando.
Marta: Sé tu amigo.
Ana: Mi amigo representa a mi antiguo analista. El me recomendó al
analista.
Marta: Sé tu amigo.
Ana: Soy psicólogo renombrado. De todas las teorías, como la freudiana
no hay. Hay que llegar al fondo de la enfermedad para curarla. En realidad,
tú, Ana, si quieres no ser la judía del campo de concentración, ni la italiana
entrada en Argentina ilegalmente, ni la pobrecita que vivía en Lanús, tienes
que trabajar mucho con esto (señala la cabeza). Tú viviste mucho con esto
(señala el pecho). Debes pensar sobre cuál es el significado de las cosas que
estás trayendo: el mármol, la caca, el inodoro; que quieres hacer caca y no
puedes. Quieres salir corriendo con la caca adentro y encima sucia. Anímate,
¿por qué no me echas?
Marta: Sé tú y contesta.
Ana: No te echo porque tú, junto con mi marido, fueron siempre la parte
racional.
Marta: Sé tu propia cabeza.
Ana: Mi cabeza me dice: “No hagas caca. ¡Levántate! Es una vergüenza
lo que haces frente a la gente.” Siento como que mi cuerpo responde a mi
cabeza: “Yo tengo ganas de hacer caca, de higienizarme. ¡Que se vayan! Y
tú, cabeza, ¿por qué mierda me dices que me quede?”
Marta: ¿Qué sientes?
Ana: Siento confusión.
Marta: Siente la confusión.
Ana: Siento vergüenza, calor en la cara, como si me hubieran pescado en
algo feo, algo que estaba haciendo mal. No reconozco mi voz (se le llenan la
cara y el cuello de manchones rojos).
Marta: ¿Qué haces mal?
Ana: Estoy asustada. Me quiero meter en sentimientos y me invaden
pensamientos. Me siento muy asustada porque siempre me manejé por
sentimientos. (Ahora le habla a las piernas.) Piernas, las quiero tener
colgando, bien sentada en el inodoro. (Se cambia de lugar y hace el rol de
piernas.) Tú, cara, te pusiste colorada, qué vergüenza tienes. ¡Qué situación
ridícula! Estoy sentada en un agujero cagando y no en un inodoro. ¡Qué
vergüenza siento! (En este momento Ana está trabajando directamente desde
su inconsciente, sin el control de la parte consciente de la mente. Ella no
necesita mis directivas; espontáneamente, cambia de roles y habla desde los
diferentes símbolos. Se deja sorprender con el surgimiento de nuevos
encadenamientos en sus símbolos.)
Marta: ¿Es conocido ese agujero dónde estás sentada?
Ana: Es el baño de una amiga de mi barrio. Era muy chica yo. La casa
vieja, el baño en el fondo con un agujero gris. También era gente que había
venido de Europa y estaba viviendo como nosotros, en “baños prestados”.
Está mi amigo. El lugar es igual, simplemente cambió el inodoro.
Marta: ¿Cómo te mira tu amigo?
Ana: Con una mirada crítica, como pensando: “¡Qué querrá decir todo
esto! ¡Qué interpretación le voy a dar a todo esto!” (Le habla a su amigo.)
Ahora, sentada en el suelo, te veo más alto. Ya no te burlas, pareces Freud.
Marta: Sé él. Métete bien en la sensación.
Ana (representa a su amigo; con una mano se toma la barbilla): Me sale
(musita). Uhmmm, me siento Freud. En realidad, lo que usted está cagando
es toda la mierda que lleva encima.
Usted todavía no se sacó de encima la pobre judía de campo de
concentración. Siga asociando.
Marta: Repíteselo varias veces.
Ana: Asocie, asocie. Me siento muy importante. (Señala a Ana con el
dedo.) Tu eres una mierda, quédate con sus sentimientos, yo me quedo con
mis pensamientos. Si yo quiero hacer caca me controlo y voy a un lugar solo,
tú no. Los sentimientos son una caca, te hacen pasar vergüenza; si te dejaras
llevar por los pensamientos no sería así. Cómo alguien va a pensar que eres
inteligente, si vas a cagar adónde tienes ganas, en vez de controlar las cosas.
Marta: Cámbiate de rol.
Ana: Estoy tan bien así, me siento Freud con un paciente, mientras los
alemanes están bombardeando.
Marta: Cámbiate, sé tú misma.
Ana: Me siento ridícula, eres un pelotudo. Cuando uno tiene ganas, hace
las cosas cuando las siente. Si haces las cosas cuando tienes ganas, las
disfrutas. ¡Qué me importa que los demás piensen que no soy inteligente! Si
tengo ganas de cagar y aguanto, reviento yo por dentro. Ahora quiero cagar y
cago. Y me cago en ti.
Marta: Sé el pensador, sé Freud.
Ana: En realidad, lo que usted quiere hacer es unir el pensamiento con el
sentimiento. Usted está muy envidiosa de mi pensamiento. (Ahora adopta el
rol de Ana.) ¿Cómo puedo lograr un equilibrio? (Responde desde el
pensador.) Yo no doy recetas, doy interpretaciones. Tú, Ana, ¿cómo haces
para juntar las dos cosas? (Vuelve a responder Ana.) Usted me quiere decir
que tengo que unir las dos cosas. Estoy pensando que es lógico. Estoy
sintiendo que es lógico. Estoy juntando las dos cosas. Yo no quiero ser
controlada. Quiero sacar mis sentimientos fuera y no ser controlada. Sabes,
Freud, tú eres una estatua, un muerto. Yo estoy escuchando las tonterías que
dices. No me permito sentir la bronca cuando el analista no tiene razón y le
dejo mi dinero. Eres un pelotudo, me dan ganas de agarrarte de la barba.
Ahora estoy acostada en el diván. Nunca me animé a mirarte a la cara
mientras hablaba, tenía miedo de darme vuelta y que te estés cortando las
uñas. Cuando te hablaba te decía que eras un hijo de puta, que no me
alcanzaba lo que ganaba para pagarte. Tú no tienes sentimientos. Se te está
muriendo tu mujer y tú estás acá, interpretándome a mí. Tú sabes que me voy
de acá y es una sesión que te pago. No me interesa tener nada de
racionalidad, me quedo con mis sentimientos. Ellos son más puros, más
sinceros. Me miras con asombro, me animé a mirarte a la cara, eres mi viejo
analista. Hasta en eso eres boludo, te crees que porque te dejas la barba te vas
a parecer a Freud. Dicen que Freud hizo eso del diván porque tenía vergüenza
y sentimientos de vergüenza. Ustedes, manga de pelotudos, no se hacen cargo
de los sentimientos. Tengo que dejar de pelear contigo, hacerme cargo de mis
sentimientos y cagarme en quien quiera.
Marta: ¿Por ejemplo?
Ana: En mi marido, pero no puedo. El saca su lengua freudiana y me
envuelve.

15. Repetición parcial de significados en los símbolos de un mismo


sueño

La detallada investigación de diferentes símbolos que aparecen en los sueños


permite ver cómo ellos repiten significados básicos de la identidad y cómo
cada símbolo aporta un aspecto de ella. Distintos grupos de símbolos
expresan diferentes facetas del mismo conflicto. Por esta razón, no es
importante a partir de qué símbolo se comienza a trabajar un sueño; el mismo
problema emergerá desde cualquiera de los elementos componentes del
mismo. Por ejemplo, en el sueño de Nicolás —que se incluye a continuación
— aparecen los símbolos paraguas negro para representar “masculino”,
paraguas verde para representar “femenino”, y paraguas rayados para
representar “integración”. El mismo conflicto está representado en los
broches del paraguas. El broche macho significa “masculino”, el broche
hembra significa “femenino” y los dos juntos abrochados significan
“integración”.
Sueño de Nicolás. Integración de aspectos masculinos y femeninos*
Nicolás: Anoche soñé que estaba durmiendo en mi cama. En el sueño
tengo una mano detrás de la cabeza de mi mujer y con la otra, que es la
derecha, toco una tercera cabeza de alguien, que está acostado en la cama con
nosotros. Me incorporo y miro. Es el ex marido de mi mujer. El y yo
comenzamos a pelear. De pronto estamos peleando con paraguas. El tiene dos
y yo uno. Me siento debilitado. Me saca de la habitación el hijo de puta y
salto de la cama ¡despertándome! Nunca me había pasado despertarme así de
un sueño. La sensación era que me echaba porque ése era su lugar.
Marta: Cierra los ojos. Métete en la sensación de ser el paraguas de
Nicolás y toma con tu cuerpo su forma.
Nicolás (de pie, con hombros encorvados, cabeza caída y brazos a
ambos lados del cuerpo): Soy verde. Estoy un poco abierto. Tengo puño
negro y en la parte de abajo soy plateado. Los brazos que me manejan están
debilitados. Tengo poca fuerza. Mi cabeza es el mango y mis pies, la punta.
Marta: Quédate un rato siendo paraguas.
Nicolás: Duele, porque aquí estoy doblado para abajo (señala su cuello,
que representa la unión del mango con el cuerpo del paraguas). Si llueve
estoy al revés. Salgo solamente los días de lluvia y los días lindos me quedo
encerrado. Estoy bien encerrado. No tengo utilidad salvo en el sueño, en el
cual me usaron como un arma. Protejo a otros del frío y de la lluvia.
Marta: Sé uno de los paraguas del otro hombre.
Nicolás: Soy un paraguas negro, cerrado (se coloca muy erguido, con la
cabeza hacia el cielo, los hombros calzados, y los brazos pegados al cuerpo).
Tengo una funda y me cuidan. Estoy prolijo, endurecido y me siento bien por
la protección que tengo de la funda.
Marta: Habla con el paraguas verde.
Nicolás: Te voy a ganar porque estoy más organizado, más entero y más
protegido; en cambio tú estás abierto y no tienes la unidad que tengo yo. Tú
estás más abierto. Eres más débil y de color verde. Eres un paraguas de mujer
que está abierto.

¹ Otros trabajos de Nicolás realizados en sesiones de grupos se


encuentran en las pp. 74-153. (en el original)

Marta: Cámbiate de lugar y ubícate en el lugar del paraguas verde. Métete


bien en la sensación de ser él y contesta.
Nicolás: Me siento más flojo, con más dolor. Siento que estoy abierto,
desprotegido y sin unidad. Me siento muy abierto, poco consistente, expuesto
y cada vez más abierto. A veces, envidio tu consistencia pero me molesta tu
dureza. Envidio tu organización, para mí organizarme es endurecerme, y no
quiero. Tengo miedo pero tengo que organizarme. Trae perjuicios estar así.
Necesito llegar a un punto medio, sin ser prolijo y duro como vos, ni
desorganizado como yo.
Marta: Sé nuevamente el paraguas del otro señor.
Nicolás: Estoy más tranquilo, más duro y organizado. Tengo mi funda y
estoy muy duro. Tú estás flojo, pero yo estoy como si tuviera un corsé. A ti
no te veo arreglo. Te falta el broche para juntar las varillas, eres verde,
desprolijo y no tienes funda.
Marta: Sé el tercer paraguas del sueño.
Nicolás: Yo no soy negro. Soy de varios colores, blanco, azul y negro.
Tengo rayitas finitas de esos colores. Soy más finito. No soy tan abierto como
el verde y tengo un broche que me contiene y me cierra. No tengo funda.
Estoy más organizado que el verde. ¡El verde es un desastre' (Se coloca bien
derecho de pie, pero no exageradamente erguido, como cuando hace de
paraguas negro.) ¡Verde, eres un desastre!, un día te van a tirar creyendo que
estás roto. Y tú, negro, pareces un velorio, tan duro. Tengo miedo de que se
me salga el broche y quedarme abierto y tengo miedo de que me pongan la
funda.
Marta: Haz ahora un diálogo entre las dos partes del broche que cierran
el paraguas.
Nicolás: Soy la hembra del broche. Tengo una espalda negra y brillante.
Ahí estás tú, que eres la otra parte mía, eres el macho. La mayor parte del
tiempo estamos juntos cuando estamos cerrados y cuando llueve nos
separamos. Me gusta cuando estamos juntos. Pienso que somos importantes
juntos porque cumplimos una función.
Marta: Cámbiate de lugar y sé el broche macho.
Nicolás: Soy el macho del broche. Soy plateado y estoy atado a una
tirita negra. Me gusta cuando tú vienes porque cumplimos nuestra función de
broche.
Marta: ¿Qué sientes?
Nicolás: Cansancio.
Marta: Métete en esa sensación.
Nicolás: Estoy cansado pero tengo que aguantar. Me pesa la cabeza.
Tengo que aguantar el peso de esta cabeza (señala su propia cabeza). Mi
cuerpo es la cinta que va hasta el otro broche. Ahora soy el broche de la
cabeza. Estoy cansado porque ahora estoy solo y doblado (mira para abajo).
No estoy bien. El paraguas verde estaba como yo. Estoy mal proporcionado y
mal distribuido. Estoy mal.
Marta: ¿Cómo tendrías que estar para ser armónico?
Nicolás: Más derecho, cabeza erguida y hombros calzados; pero tengo
miedo de quedarme duro si estoy así (está mirando hacia arriba).
Marta: Quédate más derecho aunque tengas miedo.
Nicolás: Estoy bien y me siento con más fuerza así.
Marta: Sé la otra parte del broche (broche hembra).
Nicolás: Yo también me voy a tener que organizar. Estoy agachado y me
voy a tener que estirar para llegar donde estás tú y cumplir la función. Siento
que no puedo llegar a ti, ahora que te estiraste. No puedo llegar a ti porque te
alejaste mucho (está mirando hacia adelante). Yo no sé cómo estirarme más
para llegar hasta ti.
Marta: Cámbiate de lugar y vuelve a ser el broche macho.
Nicolás: Bueno, hasta acá llegué. Yo estoy en la parte que queda suelta.
Cuando pueda, me voy a estirar, pero no voy a poder entrar.
Marta: Cuéntale eso mismo al paraguas.
Nicolás: Lo que me pasa, paraguas, es que no puedo llegar a la otra
parte. Si tú haces un movimiento y juntas las varillas yo llego al otro broche.
Acomoda mejor las varillas.
Marta: Sé el paraguas y responde.
Nicolás: Bueno, yo voy a juntar mis varillas, porque a mí también me
gusta tener las varillas más organizadas.
Marta: Sé nuevamente el broche macho.
Nicolás: Sí, aquí llego bien e incluso me sobra tela. Creo que así no me
voy a cansar.
Marta: Sé broche hembra.
Nicolás: Por fin llegaste, pero tuviste que pedir ayuda. Yo en cambio me
estiré solo. Tú eres muy dependiente y sometido, pero yo, en cambio, no lo
soy. Tuviste que pedir al paraguas que juntase las varillas. Tengo bronca de
que seas dependiente. Tienes miedo a cualquier cambio mío, porque quedas
desacomodado y sientes que no me alcanzas.
Marta: Sé el paraguas ahora.
Nicolás: Yo puedo colaborar con los dos para que estén juntos.
Marta: Sé el broche macho.
Nicolás. Es verdad, pero más cómodo que hacer todo el esfuerzo es
pedir ayuda. Pedir un favor a papá paraguas.
Comentario del trabajo de sueño de Nicolás
Nicolás tiene conflictos con su identidad, porque en su mundo interno
existen algunas fusiones que obstaculizan su integración sexual. De estas
fusiones el paciente rechaza parte de los significados de sus símbolos. La
fusión “organización-rigidez”, simbolizada en el paraguas negro, representa
su identidad masculina y su padre. De esta fusión rechaza “rigidez”. “Estar
abierto-ser débil-perder unidad es otra fusión, de la cual rechaza el “ser débil,
perder unidad”. Esta fusión simbolizada en el paraguas verde representa sus
aspectos femeninos y su madre. Habitualmente, Nicolás toma un rol débil y
sin unidad (paraguas verde). No puede ser organizado (paraguas negro)
porque teme volverse rígido. Cuanto mucho logra pasar al rol de paraguas
rayado, rol con el que está muy inseguro. Externaliza siempre el rol de
paraguas negro o de tiritas que une los dos broches, depositando,
proyectivamente, en otros hombres. Por ejemplo, en el suegro que lo apoya
económicamente y d3 estabilidad a su pareja. Le tiendo terapéuticamente la
mano para que se integre y tome el rol masculino activo. Su respuesta es que
no puede hacerlo. Desde el paraguas rayado encuentra una salida de
transición para el conflicto, la cual no lo tranquiliza. Dice: “Yo tengo miedo
de que se salga el broche y me quede abierto y tengo miedo de que me
pongan la funda.” Nicolás tiene que desarmar las fusiones antes mencionadas
para lograr una integración menos precaria. Desde el paraguas rayado intuye
esa posibilidad, pero no puede pasar fluidamente a estar abierto o cerrado.
Desde estar abierto se siente débil y desde estar cerrado, rígido. Nicolás se
queda en una situación intermedia —ni abierto ni cerrado del todo— que lo
deja funcionalmente impotente. Es aquí cuando proyecta afuera el rol potente,
organizado y rígido. Nicolás espera que otro hombre lo complete y le dé la
potencia que él no se permite tener.
Capítulo IX

SESION PROLONGADA

16. Características del grupo

La sesión prolongada es una experiencia grupal breve e intensiva, que se


realiza en días sucesivos. El número de días y la cantidad de horas las decide
el terapeuta; para ello tema en cuenta la disponibilidad de tiempo, los
objetivos para con los pacientes, el número de pacientes y sus necesidades.
Por ejemplo, se puede hacer una experiencia con un total de tres días en la
que se trabaje entre ocho y dieciséis horas diarias, en días sucesivos.
Es conveniente hacer tres o cuatro interrupciones en cada día, de media
a una hora, para comer y descansar. La interrupción del trabajo al final de
cada día depende del agotamiento físico y psíquico del grupo y de que se
logre la sensación de que el grupo cumplió su cometido.
No es conveniente interrumpir un trabajo individual por cansancio del
grupo y dejarlo de un día para el otro. En este caso se debe dar prioridad al
paciente y no al grupo, pues se hace difícil retomar el trabajo al día siguiente.
El número de participantes debe oscilar entre 10 y 20 personas, de modo
que todos, o casi todos, logren hacer un trabajo individual.
De todos modos, el número de trabajos individuales que se realizan en
una sesión prolongada depende más del entrenamiento del terapeuta que de la
situación de los pacientes.
No es conveniente incluir parejas, a no ser que la sesión prolongada sea
exclusivamente para parejas.
No es excluyente para participar que los pacientes se conozcan
previamente entre sí, si desean compartir la experiencia.
La coordinación puede ser efectuada por un solo terapeuta o en
coterapia, pudiendo participar otros profesionales como observadores.
En el caso de coterapia, la tarea se facilita si los coterapeutas son de
distinto sexo y si, a su vez, comparten la misma técnica y estilo.
Objetivos
En la sesión prolongada se busca que los pacientes se conozcan más a sí
mismos. Ellos ensayan un modo de comunicación directo y honesto
mejorando su lenguaje afectivo, corporal y verbal.
Los participantes, en general, logran cambios en los símbolos de su
mundo interno.
Funcionamiento del grupo
El grupo puede atravesar los mismos períodos descritos para grupos
terapéuticos comunes, sólo que ahora estos períodos suceden en el curso de
días seguidos.
La convivencia prolongada en días sucesivos permite que fácilmente
disminuyan las inhibiciones y aflore lo reprimido.
Secuencia
Con el objetivo de explicar la secuencia que se produce en la sesión
prolongada, la dividiremos en dos etapas:
—preparación del grupo
—trabajos individuales.

Preparación del grupo


A medida que van llegando a sesión, los participantes se sientan en
ronda sobre los almohadones.
El terapeuta explicita a los pacientes que no deben decir su profesión o
apellido, a los efectos de evitar ser percibidos en función de su rol profesional
o social.
Una vez que están presentes todos los participantes, el terapeuta explica
la regla de juego más importante o primera regla. El resto de las reglas se
introduce a medida que sean necesarias. Es muy importante que el terapeuta
incluya las reglas adicionales en forma gradual y tenga una actitud tolerante
respecto de su cumplimiento para evitar crear resistencias.
Primera regla: En lo posible todos los pacientes deben trabajar durante
todo el tiempo de la sesión prolongada. Cuando un paciente está trabajando
con sus conflictos, los demás también tienen una tarea. Esta tarea queda
establecida desde el inicio para todo el encuentro y consiste en dejar fluir los
afectos y tomar conciencia de ellos.
Mientras un paciente está hablando, los que escuchan suelen hacer
juicios sobre el argumento del que habla; la tarea no es esa, pues con los
juicios empobrecen su propia experiencia. Los pacientes deben tomar
conciencia de lo que sienten por la persona que habló, qué afectos les
despierta el sonido de su voz, expresión de su cuerpo, expresión gestual y
argumento. Por ejemplo, frente a alguien que imaginan mentiroso y
desconfiable, no pueden decir mentiroso, desconfiable. Ellos tienen que
ponerse en contacto con lo que sienten; pueden decir por ejemplo: “Cuando
te miro siento miedo y me pongo en guardia”, o alguna otra expresión que
grafique lo que sienten.
Esta regla tiene varios objetivos; el primero es que los pacientes tomen
contacto con sus propios afectos. El segundo es que acepten la idea de que
pueden estar proyectando lo propio en otros. En tercer lugar, se busca que el
grupo no transfiera por mucho tiempo roles rechazados en algunos de sus
miembros.
Al comenzar la experiencia, el miedo y la falta de entrenamiento pueden
causar que los pacientes no detecten sus afectos o bien que no sientan nada. A
medida que van pasando las horas, reconocen claramente sus afectos y
también descubren con qué experiencias los relacionan.
Una vez propuesta la primera regla, y para comenzar la sesión
prolongada, el terapeuta pide a los pacientes que se presenten. Para ello cada
uno se sienta por turnos espontáneos en el centro de la ronda. Gira mirando a
los ojos a cada compañero, dejándose mirar y dice de sí mismo lo que le
surge en ese momento. Los demás toman contacto con sus propios afectos
mientras lo escuchan.
Al finalizar cada presentación, el resto de los participantes, por tumo, le
dicen al compañero que se presentó los afectos que le surgieron frente a él.
Segunda regla: Si alguien formula una pregunta al paciente que se
presentó, el terapeuta sugiere al que pregunta que transforme la pregunta en
afirmación. El terapeuta hace extensiva esta regla para el resto del encuentro.
El objetivo de esta regla es evitar que ambos pacientes se evadan, mediante
un diálogo, de lo que están experimentando. Las preguntas en estas
situaciones favorecen respuestas defensivas, que inhiben la apertura grupal
que se busca. La pregunta puede ser: “¿Fuiste tú quien rompió la relación con
tu pareja?”
El paciente debe sustituirla por: “¡Tú provocaste la separación!”
De esta manera se evita la acusación indirecta implícita en la pregunta.
Al convertir la pregunta en afirmación, el paciente que pregunta se pone en
evidencia como acusador y hace un impacto efectivo y afectivo en su
interlocutor. Si el paciente que se presentó tuviera que responder una
pregunta se conectaría con sus pensamientos, dándole prioridad sobre sus
afectos.
No hay que tener en cuenta la veracidad y exactitud de lo que los
pacientes dicen. Importa lo que siente el que habla y los afectos que despierta
en el grupo.
Cada paciente tiene sensaciones subjetivas únicas acerca del grupo, de
su propia inclusión y de la inclusión de los otros. Estas sensaciones van
cambiando durante el desarrollo del encuentro de acuerdo con los momentos
por los que atraviesa el grupo.
Entre los participantes, los temas comunes son los estrechos puntos de
contacto que permiten que el trabajo de unos caldee a los otros, favoreciendo
su apertura y entrega en el grupo.
Luego de las presentaciones se puede hacer un ejercicio de agresiones,
en donde en forma secuencial, cada individuo recibe una ronda de agresiones
por parte del resto del grupo. Todos los pacientes, de a uno por vez, pasan al
centro de la ronda y dicen a cada compañero aquella palabra o frase que
piensan que le va a doler o molestar más. Estas palabras pueden ir
acompañadas de un gesto o actitud postural significativos.
Las agresiones tienen un efecto desinhibidor sobre el grupo y un efecto
detonante de conflictos. A través de estas agresiones se estimula al grupo y se
incluyen en sesión temas importantes para los trabajos futuros.
Las verdades dolorosas no sirven solamente para herir: muchas veces
con ellas algunos pacientes consiguen pasar su umbral de resistencia a
enfrentar un problema. Si alguien teme mostrar su homosexualidad y otro fue
tildado de tal, esto puede repercutir en el primero como si se lo hubieran
dicho directamente a él.
Si se sigue el desarrollo expuesto hasta aquí, los sentidos más usados
hasta este punto son la vista y el oído.
Se pasa luego a una experiencia de contacto físico a través del cual los
pacientes incorporan el conocimiento de los otros por el contacto y los olores.
El terapeuta propone a los pacientes que caminen por la habitación con los
ojos cerrados y los brazos caídos a ambos lados del cuerpo. Al contactar con
sus compañeros deben detenerse a sentir las superficies de su cuerpo que
apoyan en los otros. Estas superficies pasan a constituir las figuras gestálticas
del momento. Este contacto físico modifica la impresión subjetiva que cada
uno tiene del grupo. Durante este ejercicio, los pacientes no deben pensar, ni
intentar descubrir con quién están contactando. Para la mayoría de los
pacientes resulta muy difícil la consigna, pues están entrenados para pensar,
para utilizar nada más que la inteligencia racional.
En este tipo de experiencia grupal se pone el mayor énfasis sobre el
crecimiento conjunto e integral de la inteligencia racional y afectiva.

Trabajos individuales
Después de los pasos mencionados, el grupo está en condiciones de
comenzar con los trabajos individuales. Se puede aprovechar para ello el
material que surge de la interacción grupal.
Durante el desarrollo del taller, se despierta en los pacientes el deseo de
contactar, en especial con aquellas personas en quienes proyectan aspectos
valiosos de sí mismos. A la vez, sienten rechazo por los compañeros que son
representativos de sus propios aspectos enajenados o poseen rasgos de
personalidad con los que tienen conflicto. Así es que se pueden dar
situaciones complementarias: un hombre, A, proyecta en otro, B, la figura de
su padre con el que nunca pudo comunicarse; a su vez, B proyecta en A a su
hijo con el que le ocurre lo mismo.
Una mujer proyecta en un compañero la figura de su marido con quien
no se entiende; y éste proyecta en ella a la figura de su mujer con la que vive
un conflicto similar. Los protagonistas arman un juego parecido al que
mantienen en su vida privada. Este juego de roles debe ser aprovechado para
evaluar el estado de los vínculos reales, y conocer los manejos y afectos que
están en juego. Esto permite una apertura y diálogo diferente que luego llevan
a su mundo real.
Puede ser enriquecedor comenzar la sesión del segundo o tercer día de
sesión prolongada con una fantasía dirigida. El objetivo de esta consigna es
estimular el surgimiento de símbolos en el grupo.
El terapeuta propone a los pacientes que se recuesten, relajen e imaginen
la fantasía que él relata muy lentamente. Por ejemplo, el terapeuta dice al
grupo: “Imaginen que están en un bosque... ven un árbol con un hueco... se
introducen en él y llegan al país de los niños. ¿Qué hay en ese lugar? ¿Cómo
interactúan con el niño? Tómense un largo rato para imaginar y sentir.”
Cada paciente usará los elementos simbólicos que quiera para
representarse a sí mismo y al entorno.
El terapeuta propone que al finalizar el viaje imaginario abran los ojos e
intercambien miradas. Esta consigna sirve para que se reconecten con la
sesión y con los compañeros.
Luego, de a uno por vez, los pacientes relatan su fantasía. Durante los
relatos se produce una muy agradable sensación de comunicación; esto se
debe a la brusca introducción en el ámbito grupal de importantes contenidos
del mundo interno de los participantes bajo la forma de símbolos.
El material que surge de este tipo de fantasías propuestas con una
consigna tan amplia se trabaja a partir de los símbolos que surgieron de la
imaginación de los pacientes. Se revisan los conflictos representados en ellos
y en la mayoría de los casos se pasa del nivel metafórico al real.
Los trabajos pueden realizarse individualmente o con todo el grupo al
mismo tiempo, utilizando un símbolo unificador— sintetizador del material
de sesión o con las formas de trabajo llamadas simbolización grupal de
conflictos. El camino que se elige para la realización de los trabajos depende
de las necesidades del grupo y del tiempo de que se dispone Trabajar con
todos los pacientes, en forma individual, requiere mucho más tiempo que el
que se necesita para las formas grupales de trabajar el material de sesión.
Para finalizar el encuentro, los pacientes hacen una breve evaluación.
Cada uno expresa lo que rescató de la experiencia.
La despedida puede ser no verbal. Por ejemplo, el terapeuta pone música
y propone a los pacientes que caminen por la habitación. Deben mirar las
manos de sus compañeros como si las vieran por primera vez, tocarlas y
despedirse a través de ellas,
CAPITULO X

TRABAJOS INDIVIDUALES

17. Ejemplos de trabajos individuales realizados en sesiones de grupo

Dos ejemplos de trabajos con inclusión de una verdad indiscutible


En esta modalidad de trabajo, la terapeuta modifica la idea enfermante
mediante la introducción de una verdad que el paciente no puede negar. Para
que esto sea posible, el paciente no juega todos los roles. El rol
correspondiente al interlocutor lo hace la terapeuta u otra persona.
Se puede encarar el trabajo de esta manera cuando el paciente espera la
satisfacción de un deseo afectivo o una respuesta cargada de afecto. Esta
respuesta le permitirá modificar sus símbolos.
El paciente intuye que esa respuesta es posible y siente la necesidad de
ella. No la recibió nunca de la persona que debía satisfacerla. No existe la
posibilidad de que la encuentre solo. Esta respuesta tiene que ver con la falta
de vivencias, información o aprendizaje, y por ese motivo representa un
punto ciego para él.
La tarea del terapeuta, en ese momento, es cubrir el rol de interlocutor y
dar la respuesta cargada de afecto que el paciente necesita. La respuesta debe
ser presentada bajo la forma de una verdad que él no puede negar. Esta
respuesta permite al paciente modificar, en forma satisfactoria, un grupo de
símbolos.
El paciente debe sentir la escena como verdadera. Cuando así ocurre y
logra un alto grado de concentración, el terapeuta representa el rol de
interlocutor y le da la “verdad indiscutible” en el momento oportuno. Esta
verdad indiscutible permite al paciente sentirse más integrado. El paciente
siente que su propia madre, abuelo o cualquier otra figura que él haya elegido
como interlocutor modifica sus ideas y emociones a través del terapeuta.
Es útil dar la respuesta desde la persona significativa en la historia del
paciente para lograr una sensación de contexto más real y para evitar una
dependencia masiva del paciente con el terapeuta.
Se da la verdad indiscutible en el momento en que el paciente alcanza un
estado de trance. Es decir, si la parte inconsciente de la mente está abierta y
receptiva y la parte consciente de la mente no interfiere.
En esta forma de trabajar el terapeuta hace una entrega masiva de
energía al paciente, que está concentrado recibiendo. El paciente siente la
escena como real y al finalizar el trabajo se siente integrado.
La terapeuta que estaba concentrada en dar, inmediatamente después del
trabajo puede sentir vacío. Este vacío puede ir acompañado de angustia y
sensación de cansancio.
Deseo enfatizar que, para este trabajo, se necesita un terapeuta que logre
compenetrarse con el rol de interlocutor y pueda devolver al paciente una
imagen que le permita integrarse. Por ejemplo, si el paciente tuvo una madre
que murió cuando él era chico, puede tener importantes interrogantes que se
expresan como deseos no satisfechos. El interlocutor entrega la imagen de
madre cargada de esos afectos que el paciente necesita.
Más adelante, veremos en la parte final del trabajo de Linda que la
terapeuta aprovecha el estado receptivo de ésta para darle una respuesta un
poco más completa que la estrictamente necesaria para contestar su pregunta.
La terapeuta trata de redefínir lo que Linda entiende que su madre quiere
expresar cuando le dice que es diferente de sus hermanas. En el pensamiento
de la paciente, la diferencia consiste en que ella, secretamente, debe cumplir
el rol de hijo varón.
La terapeuta trata de cambiar esta idea por otra que Linda no puede
negar. Dice a Linda que su madre percibe que ella, con su manera especial de
ser y sus inquietudes, puede ofrecer algo nuevo a la familia. Finalmente, es la
única de las hermanas que se interesa en estudiar y sigue una carrera
universitaria.
A continuación se transcriben los trabajos de Linda y de Alberto. Este
último se desarrolla durante el transcurso de una prolongada sesión grupal; el
estado receptivo del paciente facilita su cambio de actitud frente al problema.

Trabajo de Linda. Modificación de la identidad utilizando la


inclusión de una verdad indiscutible
Linda. Yo nací después que murió la menor de mis hermanas de una
enfermedad infecciosa. Tengo dos hermanas mayores.
Inmediatamente después que murió mi hermanita, y por consejo médico,
mi mamá decidió concebirme.
Ella quería un varón. Decía que yo era distinta. Supongo que fui su
varoncito. Yo jugaba con revólveres.
Yo remplacé a mi hermanita, ya que yo no viviría si ella no hubiera
muerto. Nací diez meses después que ella murió.
Después que murieron mamá y papá, mis hermanas decidieron cambiar
los nichos de lugar. Yo fui con ellos. Llevamos los restos de mi hermanito a
la bóveda de la familia porque estaban separados.
Soy la única que no estuvo en el entierro de mi hermana. Me tocó llevar
el cajón de mi hermanita hasta su última morada. Voy caminando adelante
con una capa al viento sobre los hombros, un ramito de flores y el cajoncito.
Mis hermanas vienen atrás, me da la sensación de estar en un verdadero
entierro.
Tengo mucha ansiedad. Me gustaría saber cómo fue la relación de mi
madre con mi hermanita. Nunca lo tuve claro. Ahora, ambas comparten la
bóveda. Me quedé sin respuestas a una serie de interrogantes. Hubiera
querido dialogar con mamá sobre algunos temas muy importantes para mí (se
queda pensativa).
Le propongo tener un diálogo imaginario con la hermanita. Linda le
cuenta que gracias a su muerte ella existe.
Le pido que haga los roles de la mamá, la hermanita y ella misma. Le
propongo que se meta bien en la sensación de ser cada una de ellas y que para
hablar desde la madre o hermana se ubique en el lugar en que se las imagina
en el espacio. La mamá le cuenta que el médico le había dicho que tuviera
otro hijo. Agrega desde ese rol que está muy contenta, sobre todo, porque ella
es diferente de las demás. Continúa el diálogo con su madre.
Linda: Mamá, quiero saber unas cuantas cosas. Quiero que,
concretamente, me las respondas tú y no responderme yo sola. (Siento que
me pide que responda desde el lugar de la mamá. En un trabajo gestáltico, la
paciente se daría su propia respuesta desde el rol de la madre. Me coloco en
la posición en que ella ve a la madre en ese momento.)
Marta: Yo voy a ocupar el lugar de tu mamá. Pregúntame lo que
quieras.
Linda: Tengo tres preguntas fundamentales que hacerte. ¿Por qué no te
separaste en vez de ser infiel a papá? ¿Qué es la femineidad? ¿Soy culpable
de tu muerte?
Marta (me meto en la sensación física de ser ese cadáver y de hablar
desde la tumba. Al terminar el trabajo, Linda cuenta que yo tenía la voz de su
madre y que usé las palabras que ella cree que hubiera usado su madre): Le
fui infiel a tu papá porque no me daba todo lo que yo necesitaba. No lo dejé
porque lo quería mucho y porque él tenía muchas cualidades que me
gustaban. Las pocas en que no me satisfizo las obtuve de otra persona.
Linda: ¿Qué es la femineidad?
Marta (me concentro un buen rato y contesto): La femineidad es una
sensación que se lleva en el cuerpo y que las mujeres tenemos siempre viva
adentro. Esa sensación se hace muy clara con el amor. Cuando me enamoré
de tu papá esa sensación me vino con mucha más fuerza. Es orgullo y placer
de ser mujer. Cuando me siento femenina me siento más yo misma y tengo
más conciencia de mi cuerpo. Es una sensación de suavidades, de delicadeza,
de ternura y receptividad.
Linda: ¿Tengo yo la culpa de tu muerte, mamá? ¿Te acuerdas que
viniste a casa y estuviste un tiempo con nosotros? Llegó un momento en que
ni mi marido, ni mis hijos, ni yo te aguantábamos más. Interferías todo el
tiempo a todos. Finalmente, te mandamos a la provincia, a la casa de mi
hermana, con quien tú vivías, y al poco tiempo te moriste (llora).
Marta: No siento que seas culpable de mi muerte. Yo elegí morir. ¿Qué
iba a hacer? Había terminado mi función de madre. Tú no me necesitabas, tus
hermanas tampoco. Ya cada una tenía su vida organizada. A mí se me acabó
la función y entonces... (Tomo a Linda por los hombros, nuestras cabezas
están juntas. La tengo así largo rato.) Al contrario, tú fuiste un premio en mi
vida. (Hablo con voz reflexiva.) Quiero darte un mensaje en este momento.
Me di cuenta durante este largo tiempo transcurrido, que estoy sumamente
orgullosa de que seas diferente del resto de las mujeres de la familia. Tus
hermanas han hecho el mismo recorrido que yo. Para ellas la vida se termina
cuando se termina la función de madre. Tú eres la única profesional y vas a
trascender nuestra generación. Imagino, a través tuyo, lo que yo hubiera
podido ser si hubiera tenido la oportunidad de estudiar. Sé que tus hijos van a
saber hacer lo mismo que vos. Ellos van a saber descubrir nuevos caminos e
intereses que le den sentido a sus vidas. (Esta escena fue muy conmovedora
para el grupo, según todos lo expresaron. Aquí, aprovechando que la paciente
estaba absolutamente concentrada en recibir, uní la palabra “diferente” a la
palabra “profesional” y deseché la fusión “diferente-varón”.)
Trabajo de Alberto. Modificación de la imagen de la madre usando
una verdad indiscutible
Alberto: Mi mamá nació entre hambre y miseria, en un país en guerra.
Mi abuela murió cuando mamá tenía dos años. Ella quedó a cargo de una tía.
Como escaseaba la comida, la tía cerraba con llave los muebles para que
mamá no sacara los alimentos. A raíz de ello, mamá salía a la calle e ingería
restos de comida de los tachos de basura. Debe ser por eso que siempre me
embuchaba más y más y me instigaba: come, come. come. Pero ella no me
daba ningún tipo de cuidados. Cuando murió papá, mamá me puso pupilo.
Me iba a visitar los fines de semana y lo único que sabía decir era: ¡come,
come, come!
Marta: Yo voy a representar a tu mamá. (Me ubico en la situación.
Necesito algunos minutos para meterme en la sensación de tener dos años y
de comer de los tachos de basura.) Siento soledad.
Alberto (sentado con los ojos cerrados): Estoy resentido contigo porque
lo único que sabes proponerme es que coma y coma. Nunca podemos
conversar de nada. Tampoco me das cariño.
Marta: Lo que pasa es que me angustio mucho porque pasé hambre. Yo
calmo mi angustia comiendo. Creo que te cuido cuando te doy de comer. Me
comunico dándote de comer. Nunca recibí caricias, no sé cómo darlas.
Alberto: ¡Mami! Lo único que aprendiste en la vida es a calmar tus
angustias comiendo y nada más (se muestra decepcionado).
Marta: Te quiero mucho y te quiero dar lo mejor que tengo. Lo mejor
que tengo es comida. Por eso, te hago comer todo el día.
Alberto: ¡Mamá, quiero que me cuides de otra manera!
Marta: ¡Come! ¡Come! ¡Come! Mira, hijo, ahora te voy a dar de comer
para poder decirte qué cosas te quiero realmente dar cuando te doy de comer.
Te voy a dar papas a la brasa (es una comida típica de su madre). Te voy a
dar las papas en la boca (hago ademán de alimentarlo). Mientras te alimento
siento que me estoy calmando. Siento que te estoy diciendo que te quiero,
que te estoy cuidando muchísimo, que te doy protección. (En un primer
momento Alberto siente rechazo y manifiesta no tener hambre. Después
acepta la comida que le ofrezco y siente que, a través de la comida, le doy
amor).
Alberto: Mamá, por primera vez siento que me querés dar amor cuando
me das comida y lo puedo recibir.
En este encuentro, Alberto puede recibir el amor de la madre. Se llenó
esa brecha en la comunicación entre ambos que la madre intentaba llenar
siempre con comida. Esta vez se llenó con lo que él quería y necesitaba, que
era amor.

Trabajo con cartas de Linda. Conflicto para integrar aspectos


masculinos y femeninos.

En esta sesión, Linda eligió para identificarse el rey de copas del mazo
presentado al grupo por la terapeuta.
Desarrollo del trabajo
Linda: Yo soy la reina de copas. Estoy sentada en el trono y veo cómo
se distribuye, cómo se escancia el vino entre todos los presentes. Hay gente
que no toma; no toma porque tiene miedo. No se agota el vino.
Marta: ¿No se agota el vino?
Linda: No se agota el vino... Yo tengo una copa que simboliza todo lo
que tengo para dar.
Marta: ¡y en la otra mano, qué tienes?
Linda: En la otra mano tengo el cetro y el trono.
Marta: ¿Cómo es tu trono?
Linda: Es rico. El cetro es una esfera que simboliza el mundo. Arriba
tiene dos alas.
Marta: Sé tú la esfera.
Linda: Yo soy una esfera con alas acá (señala la nuca). Quien me tiene,
tiene el poder. Quien me tiene puede ser un hombre, llega a ser un hombre.
Marta: Pon la copa adelante y cuéntale eso a la copa.
Linda: Yo soy el cetro. Soy el poder. Yo indico la posesión del mundo.
(Linda cambia de rol y habla desde la copa.) Yo soy una copa que indica
contención, el alimento
Marta: Sé el cetro.
(1) Linda: Yo soy lo masculino y tú, la copa, lo femenino. Tú eres un
hueco donde quepo perfectamente.
Marta: Sé la copa.
Linda: Yo soy la copa. Tengo alimento, vida y tengo espacio. Cuando tú
te colocas dentro de mí, adquiero la dimensión de mi cuerpo y me das
sentido.
Marta: ¿Límite?
(2) Linda: Sí. Tengo cuerpo de copa pero si no estás adentro, soy nada
más que vino, alimento. Al entrar tú ahí, empiezo a ser copa.
Marta: Sé la copa con la esfera adentro. Trata de tomar forma y sentir.
No pienses.
(3) Linda: Siento asfixia. Si tú te metes, me quedo tan ocupada que me
asfixio. Eres de un metal muy precioso y eres muy pesada.
Marta: Sé la esfera.
Linda: Yo me meto dentro de ti porque tienes justo la forma para
abarcarme, además de lo contrario rodaría... Me da seguridad estar acá.
Marta: ¿Qué te parece eso de que la copa se asfixia?
Linda: No es para tanto, no pasa nada. No hagas tanto ruido, tanto
bochinche. (Cambia de lugar espontáneamente y ocupa el lugar de la copa.)
Yo no hago ruido. Tú eres el mundo bullicioso. Yo miro nada más. Todas las
palabras las tienes tú. Ni me quejo, ni me lamento, ni grito. (Aquí la paciente
trata de disimular la envidia que tiene por la esfera.)
Marta: ¿Cómo te sientes ahora como copa? ¿Te sientes ahogada?
Linda: No, ahora no, al decir esto.
Marta: ¿No te sientes ahogada al tener la esfera adentro tuyo?
Linda: No, al decir esto no porque ya está afuera. Ahora que te puedo,
tener afuera puedo hablar contigo. Además puedo decirte que no grito.
Cuando te tengo dentro adquiero sentido, tengo los bordes. Cuando estás
afuera adquiero significado, palabras.
Marta: Trata de no pensar tanto.
(4) Linda: Cuando te tengo adentro, se desborda el alimento, el agua.
Marta: ¿Te gusta tener la esfera dentro o te molesta?
Linda: Me ocupa.
Marta: ¿Te ocupa? ¿Es cómodo tener la esfera adentro?
(5) Linda: Va justo pero se pierde el alimento. Tú entras tan exactamente
que lo que está adentro de mí se pierde.
Marta: ¿Tenerla adentro es incómodo?
(6) Linda: No, no es incómodo pero no me gusta perder el alimento
(apenada).
Marta: Sé la esfera y contesta.
(7) Linda: Si yo salgo, automáticamente vuelves a llenarte.
No se pierde el alimento pero yo me caigo rodando. Necesito una mano
como la del rey de copas o una copa que me contenga. Entonces ahí me
puedo quedar, si no puedo rodar.
Marta: ¿Te da lo mismo que sea ésa u otra copa?
Linda: Aquí es la única que hay.
Marta: Tu conflicto entonces es con esta copa. Si la ocupas se desborda,
pero si no la ocupas te vas rodando.
Linda: Posiblemente habría otras copas, pero yo no las veo.
Marta: Por eso hagamos un encuentro entre esta copa y esta esfera.
Veamos si se ponen de acuerdo o no. Como copa no te gusta perder el
contenido y como esfera no te gusta rodar. Sé la esfera.
Linda: Corro riesgo si ruedo, pero tampoco puedo quedarme dentro de
ti, quieta. Soy un mundo que giro.
Marta: ¿Cómo es eso?
(8) Linda: Soy un planeta luminoso que gira alrededor de su eje. Giro
muy rápidamente en un espacio inmenso y reflejo un: luz. Estoy muy lleno de
vida.
Marta: ¿Cómo gira?
Linda: Sss (zumba).
Marta: Quédate un rato sintiendo que eres ese planeta que gira a toda
velocidad. Quédate todo lo que quieras.
(9) Linda: Rozo otros planetas y otras cosas muy fugazmente. Tan...
tan... (con cada sonido “tan” golpea ambas manos las separa). En el eje está
todo el asunto. Giro y giro con mi si tema y no me puedo detener.
Marta: ¿Cómo te sientes?
Linda: Muy bien. Soy un aventurero. Puedo conocer muchas cosas.
Contacto muchas cosas, otros seres, otros mundo otros idiomas, otros
paisajes. Es infinita la rapidez y los contactos. Es una sensación linda, de
mucho poder. Tengo un contacto muy fácil... tan... tan.
Marta: Haz un contacto con la copa.
Linda: ¿Qué haces ahí tan fija, tan quieta? Tú no sabes bailar. Tú no te
sabes mover. Yo recorro todo el espacio y tú quedas quieta.
Marta: ¿Qué piensas de esta copa?
(10) Linda: Que está muy... que está muy suspendida. 1 vuelvo a ver al
lado de la cabeza del rey.
Marta: Pero siempre en el mismo lugar.
Linda: Está siempre en el mismo lugar.
Marta: En cambio tú...
(11) Linda: Yo busco. Voy y vengo. Entro y salgo... Ter mucho espacio.
Marta: ¿Te interesa meterte dentro de esta copa?
Linda: Si está a tiro sí, si no, no.
Marta: Cuéntaselo a ella.
(12) Linda: No te mandes la parte con que yo te ahogo. S< me interesas
si estás a tiro... (Cambia espontáneamente de gar y es la copa.) Yo no me
mando la parte. Yo estoy acá. te metes de esa manera tan compulsiva, tan
imprevista. Yo I ahogo y se me vuelca el contenido. Me preocupo. Cuando
no jodes, todo está bien.
Marta: ¿Cuándo no jode? ¿Qué quieres decir?
(13) Linda: Cuando me reprocha que estoy acá, que tanto me ahogo, no
le encuentro sentido. Me da bronca sentirme fi Me da bronca que no me use
bien.
Marta: ¿Cómo te gustaría que te usara?
(14) Linda: Me gustaría que me pusieras de sombrero, p ejemplo y que
giraras junto conmigo. Yo podría volar. (Cambia de rol y ahora es la esfera.)
Si te pusiera de sombrero se caería todo el alimento. ¡Tú eres loca! (El grupo
se ríe.) (Linda cambia de lugar y es la copa.) Yo me preocupo porque me cae
el alimento. Esto ocurre porque tú jodes. Si tú no jodieras, yo podría
conservar el alimento. Después de todo, sales girando y andas por todos
lados, porque yo contengo el alimento
Marta: ¿Cómo te jode?
(15) Linda: Me fastidia que tu vengas, tomes de mí y no n saques de
aquí.
Marta: ¿Tú crees que se te va a volcar todo si vas arriba d planeta?
(16) Linda: No tú... Tú no me llevas porque necesitas que esté acá fija.
Marta: Sé el planeta y contesta.
(1 7) Linda: A estas alturas, me resulta un poco difícil ser u planeta y no
ser Jorge. (El grupo se ríe.)
Marta: Métete bien en la sensación de ser el planeta y olvídate por un
rato de tu marido. El planeta es otro aspecto tuyo
Tú aceptas ser la copa porque hay algo que no te deja ser planeta. Míralo
como una parte tuya. La copa dice que quiere viajar arriba de ti.
(18) Linda: Mira... si tú quieres ir arriba de mí, yo no me puedo mover
porque me desequilibro, me detengo.
Marta: ¿Qué temes? ¿Cómo te impide?
Linda: No puedo moverme. Tengo mi sistema, mi equilibrio.
Marta: Sé la copa de nuevo.
Linda: Tanto poder, tanto movimiento, tanta velocidad y al final no
puedes llevar una copa encima. Realmente es como para cambiarse de
sistema solar e irse a otra galaxia (el grupo se ríe).
Marta: ¿Tú crees realmente que se desequilibra si te lleva?
Linda: No.
Marta: Díselo.
(19) Linda: No creo que te desequilibre llevarme. No tienes ganas de
llevarme y, además, tengo miedo de salir. No hay quien me proteja de mis
propios miedos si no tienes ganas de llevarme.
Marta: ¿Cómo te podrías ir?
Linda: Yo me iría si me quisieras llevar. Además, me iría si pudiera
conservar el alimento, y si te pudieras quedar.
Marta: Tú le estás poniendo condiciones.
Linda: Yo tengo miedo... No sé si le pongo condiciones Necesito cierta
seguridad. ¿Es imponer condiciones?
Marta: Sé el planeta.
Linda: Tú estás bien ahí. Estás segura, estás tranquila, yo después voy a
darte todo. (Cambia de lugar y es la copa, hace un gesto de vomitar.) Te
escupo todo. Esto que cuidé, yo misma lo tiro. Me haces sentir mala. Eso es
lo que más me lástima porque yo no estaba ahí, de mala, estaba en actitud de
dar.
Marta: ¿Tú que querrás en realidad, copa?
Linda: Vivir. Girar sin joder. Acompañar al planeta y no quedarme a
expensas de mi bronca. No quiero vomitar lo que cuide que no se me volcara.
(Ahora es el planeta.) Tú no me vas I detener porque este movimiento lo
tengo que seguir. Ruede ser que sea un movimiento totalmente loco, que me
haga reventar, pero...
Marta: O sea que si la copa se te posa, te detiene.
Linda: Yo creo que seguiría girando, pero...
Marta: Pero mejor que no se acerque, que se quede en su lugar.
Linda: Si se quiere vaciar que se vacíe.
Marta: ¿No te incumbe?
Linda: Tal vez me afecte, pero no me conmueve.
Marta: ¿Cómo te afecta?
Linda: Como una cierta inclinación hacia la simetría, a la armonía, pero
si no puede ser... .
Marta: En el fondo sigue su camino... Sé la copa.
Linda: Siento que se me sube la venganza... Me lleno de veneno.
Marta: Métete bien en el planeta.
Linda: Cuando te veo llena de veneno, no tengo ningún problema en ir
girando cada vez más lejos. Cuando me alejo, te extraño. Extraño justamente
mi continente.
Marta: O sea que, además de ser tu continente, puede ser muy peligrosa.
Linda: Soy una copa de veneno.
Marta: Eres una copa venenosa. Sé la copa venenosa.
Linda: Sí. O te pones a salvo. ., A cualquiera que se me acerque, lo
mato.
Marta: Dile eso también al grupo.
Linda: Cuando me lleno de odio, lo que tengo para dar se me vuelve
veneno verde, que los va a envenenar.
Marta: Sé de nuevo el planeta.
Linda: Yo me lo tomo y no me hace nada.
Marta:¡A m í no me vas a asustar!
Linda: Desde el planeta no es nada, desde la copa es terrible.
Marta: ¿Podrías bailar tu veneno?
Linda Sí.
Marta: Siéntete siendo la copa de veneno.
Linda: Soy una víbora, me enrosco en quien se me acerca, lo seduzco y
muere.
Marta: Llámalos.
Linda: No. Yo estoy aquí, el que se acerca...
Marta: El que se te acerca, ¡zácate!
Linda: No, no, yo no estoy llamando. Están todos dentro de la copa.
Marta: Un universo dentro de ti.
Linda: Todo está adentro, el planeta también.
Marta: Díselo.
Linda: Por más que gires... estás adentro. Muy chiquitito.
Marta: Sé el planeta.
(20 y 21) Linda: Qué chiquitito... Soy una brizna en el cosmos. Todos
somos iguales adentro de esta copa, somos una mierdita (el grupo ríe). Todo
el mundo cree que viajas, pero estás adentro. (Desde el planeta.) Yo soy
chiquito, brillante, giro. Estaba convencido de que iba y venía pero todos
estamos adentro de esta copa. Soy un planeta chiquito, de oro. con alitas.
Pertenezco a un lejano reino perdido del rey de copas. Giro y giro adentro de
la muerte. Estoy vivo, soy sólido. Estoy dentro de este líquido y tengo
movimiento.
Marta: Sé la copa.
(22) Linda: Soy inmensa. Miro los recorridos del planeta como tantos
otros recorridos casi graciosos. Es impresionante desde acá. Hay muchos
parecidos pero no hay otro igual. No hubo otro igual.
Marta: ¿Cómo te sientes ahora como copa?
(23) Linda: Me siento muy bien, con un líquido espeso verde y negro
con burbujas que giran y están todas vivas. (Cambia de lugar y habla desde el
planeta.) Soy una semiesfera redonda, inmensa, transparente. Fuera de mi
oscuridad hay una claridad muy blanca.
Comentario sobre el trabajo de Linda
Los números escritos en este comentario indican en qué parte del
desarrollo del trabajo se expresa la idea señalada.
La esfera simboliza lo masculino y la copa, lo femenino. Linda está muy
insegura de lo femenino. Ella necesita que un hombre le dé la identidad
femenina.
La copa con la esfera dentro simboliza la integración. Desde la copa (lo
femenino) siente ambivalencia y enojo por necesitar lo masculino.
Lo masculino y ¡o femenino no pueden estar nunca juntos, pues cuando
’o están, siempre pasa algo grave.
Llega a pensar por momentos que el hombre no le da nada, sino que le
saca. En otros momentos, no hay lugar para los dos; si él entra, ella
desaparece.
(5 y 6) Cuando él se acerca a ella se despersonaliza', deja de ser alguien.
Femenino y masculino se inhabilitan mutuamente.
(7, 8 y 10) Pasa rápidamente de sentirse desprotegida, necesitando ser
contenida, a una salida maníaca y omnipotente donde no necesita de nadie.
(9, 11 y 12) Hace seudocontactos fóbicos con los que se conforma. Evita
deprimirse al no tener conciencia de estos pasajes desde la desprotección a la
omnipotencia.
(12) La asfixia que siente con la integración de la copa y la esfera podría
estar relacionada con que fue elegida por su madre para cumplir el papel de
hijo varón.
(13 y 19) Al tiempo que se asfixia depende de la presencia de lo
masculino para sentirse mujer, y esa dependencia la irrita.
(14, 15 y 16) La exigencia de su madre de que sea el hijo varón,
acrecentó su envidia del pene. Ella quisiera que él también quede fijo, para no
sentir envidia por lo que él hace.
Pese a darse cuenta de que el conflicto está dentro de ella, lo traslada a
su pareja. Esto alivia sus temores a despersonalizarse o a transformarse en un
varón si junta las dos cosas.
Si lo femenino descansa en lo masculino, lo detiene.
En su vida cotidiana Linda, pese a ser profesional, se dedica solamente a
las tareas de la casa (repartir el alimento). Deja los viajes y el trabajo afuera,
para su marido, para el rol masculino; con esa actitud consigue calmar sus
miedos.
(20 y 21) Al final del trabajo no soporta más su propia desvalorización,
dependencia y envidia. Tiene una salida omnipotente, odiando y
desvalorizando lo masculino. En realidad es ella quien se siente poca cosa.
(22 y 23) Finalmente, ella acepta el odio como suyo.
Poco tiempo después de este trabajo y del otro en el cual la terapeuta
incluye una verdad que la paciente no puede negar, Linda comenzó a sentirse
y mostrarse más femenina y a ejercer su profesión.

Trabajo de fantasía de Daniel. Fijación a la figura de la madre


Daniel: El otro día estuve trabajando con una fantasía. Si me preguntas
ahora cuál fue la fantasía no recuerdo. Esto se debe a la angustia que me
produce tener que imaginar algo. Me pasa en mi trabajo cuando un paciente
me cuenta un sueño. Lo escribo porque si no lo escribo a medida que lo va
contando lo voy olvidando. Cuando quiero razonarla construcción de toda la
fantasía se me hace imposible. Escribir me facilita el trabajo. Cabalgo sobre
un hecho que tiene que ver con una ansiedad mía y con el bloqueo que
aparece en mí, frente a un material que tengo que retener en la mente y
entonces...
Marta: ¿Te acuerdas de alguna composición que te hayan pedido en la
escuela?
Daniel: Te puedo contar una linda composición que hice en mi casa.
Cuando la vio el profesor, me escribió en el cuaderno “de dónde”. Quería
decir: ¿de dónde se la copió? La composición no compaginaba con la idea
que él tenía de mí. ¡Qué desgraciado! La fantasía era que teníamos que
inventar algo... ¿Cuál era la composición? Aquí me conecto con lo que sí sé
hacer... ¿Qué era la composición? (piensa, largo silencio). Claro, aquí me voy
a conectar con mis aspectos útiles (visiblemente confuso). Esta composición
era sobre... este... no me acuerdo el título.
Marta: ¿y el contenido?
Daniel: EL contenido era... ¡ah!, el título pudo haber sido “Una llave
abandonada”. Se desarrolla en la casa de mi abuela (está muy atascado y
angustiado).
Marta: Cuéntame sobre una composición que no te haya salido.
Daniel: Yo tuve que dar el ingreso al secundario y la composición era
sobre la Cordillera de los Andes. Escribí cuatro o cinco renglones como
máximo.
Comentario del trabajo de Daniel
Este trabajo duró tres horas debido a la lentitud de Daniel para pensar y
expresarse. El paciente muestra una precaria identidad masculina,
posiblemente debido al escaso contacto con su padre y a la necesidad de
defenderse de sus fantasías incestuosas con su madre. Ella está simbolizada
en su trabajo como “La Cordillera”.
Su papá era un brillante profesional, muy ocupado, que murió de un
infarto cuando Daniel tenía diez años. Su muerte agravó la situación de
Daniel, que ya venía sustituyéndolo como pareja de la madre.
Desde el comienzo del trabajo hasta su final, aparece su conflicto no
resuelto expresado en el recorrido que hace por la cordillera. Se defiende de
sus fantasías incestuosas con síntomas como la angustia cuando tiene que
imaginar algo. Reprime sus impulsos naturales: bostezo, hipo, succión,
delante de su mujer a quien por desplazamiento confunde con su madre.
Le resulta muy difícil ponerse en contacto con sus sensaciones debido a
la labilidad de su mundo interno.
Cerca del final del trabajo relata que compra un coche y un
departamento más chicos que los que hubiera necesitado. Con esto muestra
cómo él se siente chiquito e incapaz de salir de los espacios pequeños, del
útero. Daniel no encuentra “la llave abandonada” que le permitiría solucionar
su conflicto.

Desarrollo del trabajo


Marta: Camina hacia la Cordillera de los Andes. Ubícate en medio de la
Cordillera. Cierra los ojos y describe simplemente lo que ves.
Daniel: Era un lugar...
Marta: Di, ahora estoy en...
Daniel: (de pie, con ojos cerrados, parece mirar a lo lejos): Estoy frente
a inmensas moles de piedra. Me emociona, no sólo por el impacto del aire y
del sol que brilla, sino por las alturas, que son inmensas. Por. momentos
quiero imaginar cómo pudo haber sido el instante en que eso surgió de la
tierra. ¡Cataclismos! Me emociona estar allí y que en algún momento vuelvan
j a moverse de nuevo. ¡Esos enormes bloques de piedra! Me da miedo frente
a la naturaleza, por momentos tengo escalofríos.
Marta: ¿Cómo se siente tu cuerpo en este paisaje
Daniel: Me siento vivo, vital. Me hace bien sentir, porque puedo
incluirme dentro del paisaje. (Mueve los brazos con movimientos amplios, da
pequeños saltitos sin despegar la punta de los pies.)
Marta: Dile eso al paisaje.
Daniel: Me hace bien sentir que pueda tocarte, bajar una barranca, subir
una montaña.
Marta: Habla con ¡a barranca y la montaña.
Daniel: Me gustas. Me da vida en la medida en que puedo tocarte. Me
gustas. Siento que puedo subirte, escalarte. Veo tus peligros.
Marta: ¿Qué estás haciendo con las manos?
Daniel: Me estoy tocando y reconociendo, quizá para no confundirme
contigo. Cuando entro en tus valles, en tus hondonadas, me toco a mí mismo,
para no dejar de ser yo. Quizá me transforme en una piedra más, si no me
reconozco.
Marta: Suéltate, no te agarres de ti mismo.
Daniel: Puedo tocar las cosas y no me confundo con ellas, pero dejo de
sentir. No siento ahora todo lo que yo sentía antes. Ahora siento que puedo
hacer más cosas.
Marta: Ahora, ¿piensas que puedes hacer más cosas?
Daniel: Ahora estoy metido dentro de la cordillera. Recuerdo que alguna
vez estuve aquí, descubriendo un camino por el que no pasa nadie. No sé si
nunca pasó nadie pero, por lo menos, no pasan todos los días.
Marta: Sigue caminando.
Daniel: Cobra para mí un sentido muy especial, en ¡a medida en que sé
que esto que yo estoy haciendo, no lo ha hecho nadie. O lo habrá hecho San
Martín cuando cruzó los Andes.
Marta: ¿Qué ves?;
Daniel (larguísimo silencio): Esto.ba ido cambiando. Antes estaba en la
cordillera y ahora estoy en la precordillera. Es un paisaje de menos riesgo, de
menos peligro, de mucha menos al tura; Esto es.
Marta: ¿Cómo te sientes físicamente en ese lugar?
Daniel: Menos exigido. También tengo posibilidades de descubrir cosas
lindas. El paisaje es muy lindo, con menos riesgo, con menos peligro. Me doy
cuenta de que antes yo estaba' frente al Aconcagua y el Aconcagua está muy
impregnado de todos los peligros.
Daniel: Del lado de esta montaña está el Aconcagua, la inmensidad de la
cual me salvó. Tengo la alegría de que no me perdí, no me extravié. El
peligro cuando uno se mete en una montaña... Uno tiene que estar con una
brújula y una linterna a cuestas y no perder los indicios para poder regresar.
Esta mañana estuve. Sí, caminé por lo menos cuatro horas (perdió la noción
del tiempo, el trabajo hasta aquí duró una hora). La palabra Aconcagua me
acompañó durante este rato.
Marta: Di Aconcagua y agrégale a continuación cualquier palabra que
se te ocurra, aunque te parezca sin sentido. No pienses lo que dices.
Daniel: Aconcagua. Aconcagua, te quiero mucho. Aconcagua, te tengo
miedo. Aconcagua, me das frío. Aconcagua, te quiero comer. Aconcagua,
eres como un helado de crema. Aconcagua. Aconcagua frío. Aconcagua
calor. Aconcagua me siento chico. Aconcagua me das miedo. Aconcagua te
quiero conocer. Aconcagua. (Balbucea “agua”, en forma repetida y con un
movimiento de labios que parece una succión.)
Marta: Di eso que balbuceaste.'
Daniel: No sé.
Marta: Dijiste agua, con los labios, sin voz. Sigue diciendo agua.
Daniel: Agua, agua, agua (cada vez se le estrangula más la voz).
Marta: Sigue diciendo agua y trata de registrar de qué edad te sientes.
Daniel: De trece o catorce años. También es el momento lindo de la
excursión, cuando uno encuentra el agua después del cansancio, del calor.
Marta: Te estás escapando con argumentos. Di agua solamente.
Daniel: Agua, agua, agua. (Sigue diciendo agua con el movimiento de
sus labios, no emite sonidos.)
Marta: Muy bien. Dilo sin voz.
Daniel: Recuerdo...
Marta: No recuerdes nada. Siente solamente tu balbuceo de
la palabra agua. (Daniel sigue balbuceando por largo rato.) ¿Qué edad
sientes que tienes ahora?
Daniel: Dos o tres años. En este momento es un poco como la succión
del agua. (Nuevamente se defiende con los recuerdos.) Recuerdo que a los
siete u ocho años tomaba agua sobre las acequias. Claro, aquí estoy
mamando. Dado por la forma de mi boca cuando digo agua, es una succión.
Marta: Succiona.
Daniel (succiona por largo rato): Después de un orgasmo, y si no lo
freno, me surge succionar. Me pasa con mucha frecuencia. Me da
satisfacción hacerlo. Esto no me conflictúa y me da vida en mis relaciones
extramatrimoniales, si estoy en lugares donde no me produzca vergüenza
mostrarme. Estas cosas, si estoy junto a mi mujer no las hago
espontáneamente, no las vivo.
Marta: O sea, cuando estás con tu mujer no succionas.
Daniel: Claro. El control, la sorpresa, el sobresalto, la interpretación que
va a hacer de mis manifestaciones espontáneas. Esto me traba en la vida de
todos los días y en la cama, también.
Marta: ¿En qué se parece tu mujer a tu mamá?
Daniel: Bueno, si estornudo, si bostezo...Todo lo que para mí es una
manifestación que se hace en la vida con espontaneidad y es placentero...
Estornudar con toda la aptitud que uno tiene, sentir el estornudo...
Marta: Y ella, ¿cómo se opone a eso?
Daniel: Me da un codazo antes de estornudar y me corta el estornudo.
Me angustia, me rompe las pelotas. Y así, tantas manifestaciones espontáneas
de la vida que aparecen trabadas en la mitad. En lo de la cama, no sé si me
trabaría, pero yo lo vivo así. Todo tiene que ser chiquito. Todo lo que yo
hago tiene que ser chico y socialmente aceptado. Mi primer coche tuvo que
ser un Fiat 600 nuevo, en vez de un Ford 40 grande, que era un coche como
para mí. Tuve que comprarme un coche de juguete. Emocionalmente, yo no
tuve en esa circunstancia la libertad de poder comprar lo que yo sentí que
estaba a mi alcance por el precio y tuve que meterme en una cuota más
grande por un coche que me dio menos posibilidades. (Debe saber el lector
que Daniel es físicamente muy grande.) Yo tengo un acontecimiento
traumático aquí, me parece. Eso me joroba bastante. El tamaño del
departamento es lo mismo. (Tiene mucha rabia en la voz.) Yo tengo que vivir
en un departamento chico, incómodo, donde mi presencia... Si quiero leer,
tengo que estar sentado en el baño. Cuando he querido, y encontré un
hermoso departamento que sí podía comprar y podía tener hasta el
consultorio ahí, mi mujer se angustió y no pude ni siquiera... La idea de ir a
ver la cocina porque era grande no le gustó. Ella necesitaba comprar una
cocina que fuera chica, es una cosa loca. Es como si uno fuera a comprar un
coche y tiene X pesos. Le dicen, mire por esa plata le puedo dar dos coches.
Uno responde, “ ¡ah, no! entonces no lo quiero” y se va. Me ofrecieron un
departamento que era el doble de grande de lo que yo quería por la misma
plata y mi mujer dijo que no. Ella alegó que era demasiado grande. Eso pasó.
Yo me sometí, lamentablemente, y nunca más... Lo peor es que después vi
otro departamento, pero éste ya era nuevo y no recibía el sol directo. Esa era
la única crítica. Tenía cochera, teléfono, un hermoso dormitorio, mucho
living. Pedí crédito al banco y me lo dieron. Cuando fui a firmar la compra,
mi mujer dijo que no. Claro, después nunca más. Mi departamento tiene tres
dormitorios, el mío es el más chico y los otros son de los chicos. En mi
departamento, físicamente, tengo un pedacito.
Marta: Ahora muéstrenos el espacio físico que ocupas en tu cuarto.
Daniel: Bueno, tengo de acá hasta acá, porque acá termina la cama.
(Señala medio metro.) Y desde la cabeza hasta el techo tengo medio metro
más. Claro, en este departamento no tengo otra opción.
Marta: ¿Y cuál es el espacio que te gustaría ocupar? Ocupa el espacio
que te gustaría ocupar.
Daniel: Un espacio como esta habitación (cuatro por cuatro metros),
donde yo pueda sentarme y poner cosas. Si traigo alguna cosa, cabe. Si
quiero poner una mesa con libros desparramados, tengo una mesa con libros
desparramados. Tener un espacio en el que no tengan que estar incluidos los
chicos. Ahora en mi dormitorio está incluida la TV, cosas de los otros.
Quiero un lugar donde pueda estar yo conmigo.
Marta: Dile a tu mujer que no quieres estar adentro, sino fuera de su
panza.
Daniel: Yo no quiero estar adentro de tu panza.
Marta: Díselo de nuevo.
Daniel: Yo no quiero estar adentro, sino fuera de tu panza.
Marta: Métete en un espacio chiquito, eso es. Estás ahí agarrado.
(Daniel se comprime, se hace un ovillo en el piso.) ¿Qué quieren hacer tus
manos?
Daniel: Sienten rabia.
Marta: ¿Cómo estás en ese espacio chiquito?
Daniel: Por ahora bien. (Se lo ve muy apretado, incómodo.)
Pido al grupo que haga de útero y lo compriman. Se acercan todos, lo
rodean y lo aprietan con sus manos. Como no da ninguna señal, le coloco
almohadones comprimiéndolo más para que le cueste respirar. Después de un
rato continúa soportando la escasez de aire. No logro que ceda.)
Daniel: Parece que todavía no estoy listo para resolver esto.
El sueño de Florencia repetitivo de la infancia. Formación de la
identidad
Este sueño, que he tenido muchas veces durante mi infancia, consiste
solamente en imágenes de círculos concéntricos y una musiquita que vibra.
Florencia: Soy varios círculos, como siete círculos independientes.
Unos vienen de atrás hacia adelante de mi cara, se agrandan y se achican.
Marta: ¿Qué les dices?
Florencia: ¿Por qué no se quedan quietos? ¡Quédense quietos! Ello no
me molestan tanto pero la música me aturde.
Marta: Sé la música.
Florencia: Es un movimiento vibratorio, algo que no se termina. Me da
miedo. Me aturde. Tengo ganas de no escucharla más. Es la sensación de una
sirena que no se termina nunca.
Marta: Habla con tu mamá.
Florencia: Te estás moviendo todo el tiempo y me aturdes. Me das
miedo.
Marta: Haz un diálogo entre los círculos y el movimiento vibratorio o
música.
Florencia (identificada con un círculo, lo representa): Me haces mover
todo el tiempo y no me dejas que pare. Llega un momento que no aguanto
más. No tengo ganas de moverme. Tengo ganas de abrirme, cortarme por la
mitad y desaparecer, no ser más círculo.
Marta: Con las manos dale forma al círculo.
Florencia (con los brazos abiertos): Estoy subiendo, estirándome para
arriba, crezco.
Marta: Díselo a la vibración.
Florencia: Tengo ganas de que pares con esa música, abrirme y crecer.
Marta: Dile lo mismo a tu mamá.
Florencia (suelta un profundo suspiro): Reboto y vuelvo, hago mover el
círculo para atrás y para adelante. Círculo, te hago mover para un lado y para
otro, ir y volver, te manejo.
Marta: Sé el círculo.
Florencia: Siento que, a pesar de que manejas, como círculo me agrando
y lo que me delimita se abre. Es algo que se abre en la cabeza. Siento que mi
cabeza y mi cuerpo están saliendo por encima del círculo. Veo los círculos
moverse y uno que se paró.
Comentario del sueño de Florencia
Al finalizar el trabajo, Florencia mencionó que ella, los hermanos y el
padre son "los círculos” que giran en torno de una madre que los invade,
controla y dirige, representada por la vibración sonora. El tipo de movimiento
de los círculos simboliza sumisión y dependencia; en cambio, la vibración
sonora es poder penetrante.
Capítulo XI

TRABAJOS GRUPALES

18. Ejemplos de trabajos grupales

En este capítulo se desarrollan distintos aspectos técnicos de la terapia


gestáltica y se transcribe parte de algunas sesiones con la intención de
mostrar intervenciones activas del terapeuta para promover y formar la
unidad e identidad grupal. En estos ejemplos, llamados C, D y E, se puede
observar cómo ¡a terapeuta selecciona el material y organiza sus
intervenciones y la de los pacientes.

Ejemplo C. Ficha de Juego. Relato de una sesión de trabajo grupal


donde se usó un elemento unificador-sintetizador de símbolos, extraído
del material de sesión.

A esta sesión grupal todos los integrantes trajeron sueños. El espíritu de


camaradería les permitió darse tumos espontáneos, para intervenir. Como
solo disponíamos de tres horas, no era posible trabajar con cada uno a partir
de su propio sueño. Tomé de los relatos que trajeron a sesión un elemento
que pudiera cumplir la función de unificar y sintetizar toda la información.
Escogí para ello al menos estructurado: una ficha de juego. Lo extraje del
sueño de Patricio porque ofrecía la posibilidad de simbolizar opuestos y
proyectar libremente los conflictos individuales de todos.
Para aprovechar mejor el tiempo, esta sesión fue de pura acción. En la
sesión posterior, se realizaron los comentarios y la elaboración grupal de lo
ocurrido.
Nótese que en los trabajos que tuvieron lugar a partir del sueño de Lisa
(capítulo V), los pacientes trabajaron uno a continuación del otro. Aquí, en
cambio, todos participan activamente durante el tiempo de trabajo. Esto se
debe a que no se finaliza el trabajo de un paciente para comenzar con otro. Se
va progresando de a poco con cada uno, intercalando las intervenciones de
unos y otros. Al entrelazar los trabajos, se intenta dar a lo grupal un lugar más
importante.
Veamos ahora la transcripción de los sueños.
Esteban: Soñé que estoy parado frente a mi vieja casa de Acassuso.
Hablo con una vecina llamada Blanca. Ella tiene cara apergaminada y sonrisa
fingida. Es muy servil. La casa está con las persianas cerradas. Le pregunto si
después que yo me fui la habitaron. Me cuenta que cambió cuatro veces de
dueño. También soñé que estoy sentado sobre una cama, a mi lado está
sentado mi hijo; en frente de nosotros y arriba de un bargueño está untada mi
ex mujer y, a su lado, mi hija. Llega el nuevo marido de mi ex mujer y el
clima bueno se corta. Mi ex mujer se acerca a él, se va achicando de tamaño y
tiene una actitud sumisa.
Miguel: Soñé que estaba en una casa, había mucha gente, iban a
fumigar. Tres o cuatro personas habíamos decidido quedamos en la casa
cuando fumigaran, para ver qué pasaba. Yo tenía la sensación de que íbamos
a morir. Nos metíamos en un auto antiguo a esperar la fumigación. Pasaron
fumigando muy liviano y no nos pasó nada. Salí de la casa y estaba sobre un
acantilado, tenía miedo de caerme. Otra vez soñé que me mataba a mí mismo.
Yo estaba en una galería y al final ésta se conectaba con un parque, en París.
Me acercaba a un hombre y hablábamos en inglés. El me decía que me fuera,
que me iban a matar. Volví a la galería y vi gente saliendo. Luego estoy
sentado mirando el sueño y me veo a mí mismo salir de la galería matándome
con un cuchillo.
Pablo: Soñé que yo mataba gente, todos hombres. La gente no sabía que
yo era el asesino. Yo miraba, buscando al asesino y ponía cara de estúpido.
Me hacía el desentendido y preguntaba qué pasaba ahí. Se dieron cuenta de
que yo era el asesino e iniciaron una persecución. En las corridas yo me iba
hiriendo, lastimando. Creo que me agarraron y me hicieron polvo.
Yo me acuerdo muy bien cuando mataba a mis victimas, eran tipos.
Nicolás: Soñé que tenía relaciones sexuales con mi ex mujer.
Patricio: Ayer estábamos jugando con mi mujer al Yang. Tengo que
contarles un poco de eso, porque tiene que ver con lo que soñé después. El
Yang es un juego que tiene la simplicidad de los movimientos del juego de
damas y la complejidad del ajedrez. ¡Es desesperante! Cada ficha tiene una
cara blanca y una cara negra. Cuando uno le come la ficha al otro la cambia
de color. Es un juego posicional y estratégico. En ¡ni sueño estoy bloqueado
y atado. Soy una ficha, estoy atado entre dos fichas contrarias sobre el
tablero. Me despierto con una sensación de dureza, de rigidez corporal
tremenda. Soy una ficha negra y me transformo en blanca, porque quedo en
medio de dos blancas.
Nota
Encuentro que el material que los pacientes traen a esta sesión es una
secuencia lógica de la sesión anterior, donde se plantearon problemas de
identidad.
La sesión comienza sólo con hombres; hay ansiedades sexuales. En los
sueños aparecen conflictos de integración masculino-femenino, dominación-
sumisión.
Decido tomar el sueño de Patricio como estructura de la sesión para
usarlo de esqueleto sobre el cual apoyar el trabajo de todos. Trabajo el
material de cada paciente, incluyendo sus conflictos y sueños. Cada trabajo se
realiza partiendo de los opuestos blanco y negro. En la misma ficha una cara
es blanca y la otra es negra.
Con el fin de familiarizar al lector con el material, los comentarios se
transcriben antes que los trabajos.
Comentario e información acerca de los pacientes
Esteban
Esteban trajo en su sueño varios temas que lo inquietaban: la edad, las
pérdidas, la identidad.
La edad aparece representada en la casa vieja y en la cara apergaminada
de la vecina. Con estos elementos, simboliza el transcurso del tiempo a lo
largo del cual tuvo numerosas pérdidas por no haberse sentido nunca potente:
mujer, casa, hijos. El está cerrado como las persianas de la casa que describe
y con una sonrisa fingida como la vecina del sueño.
Su mayor identificación con sus aspectos femeninos aparece en
múltiples elementos del sueño: la casa, el servilismo de la vecina.
En el desarrollo del trabajo dice: “Para salir de la pasividad tengo que
esperar que otros me cambien.”
El espera que todo lo potente y masculino le venga de afuera.
Rechaza lo masculino en él, relacionándolo con suciedad y muerte, por
sus ataques al padre y a los amantes de la madre. El dice: no me gusta ser la
de arriba, la negra; ser negro es muerte, sucio.
Solamente si otra persona se lo pide, logra ponerse en contacto con lo
masculino. Consigue en el diálogo de opuestos un mayor acercamiento entre
los aspectos masculinos y femeninos que pelean dentro de él. A partir de
permitirse sentir lo masculino, parte negra de la ficha, se siente más integrado
y por lo tanto más vivo.
Miguel
Miguel es hijo de inmigrantes. Sus padres huyeron de los campos de
concentración. Miguel rechazó a su padre porque era un hombre mediocre. Se
avergonzó de él, porque no quería trabajar más de dos o tres horas diarias. El
padre se conformaba con ganar!o justo para que su familia sobreviviera.
En el trabajo se pone de manifiesto su temor a asumir el rol masculino
cuando dice: “En cambio, arriba la responsabilidad es mayor, se puede perder
en cualquier momento.”
Él se siente femenino con una apariencia masculina y lo expresa así: “La
parte blanca soy yo, la persona; la parte negra es mi contorno.”
Para Miguel, su papá era hombre porque en la unión con la madre ésta le
daba el rol; por lo tanto él solo logra sentirse hombre en la medida en que una
mujer lo reconozca como tal. Es el entorno de tener una mujer lo que lo hace
ser hombre porque él no lo siente.
En este trabajo acepta a su padre como es. Al aceptarlo se reconcilia
consigo mismo como hombre. El acepta sus propias mediocridades y, por lo
tanto, se siente más integrado.
Pablo
Su trabajo tiene que ver con el asesinato de sus aspectos masculinos y
con el mandato del padre de sufrir hasta morir; no tiene derecho a vivir feliz,
sólo tiene derecho a sufrir. Por cumplir con este mandato no logra la
estabilidad de una pareja homosexual. Sus relaciones amorosas son agresivas.
Dice: “Me siento sobre puñales”.
Durante este trabajo le doy un mensaje confuso: “Vas a tener que ser un
hombrecito, la estupidez sobre la decencia, regenerarte. Hacer lo que Dios
dice, la naturaleza nos dio nuestro espíritu.”
Con el mensaje, intento hacerme cargo de su confusión, para que afloren
en él sus aspectos lúcidos.¹

Nicolás
Dice: “Yo le sirvo de apoyo a la parte negra y en otros momentos ella
me sirve de apoyo a mí. Somos complementarios y nos alternamos la
ganancia. No soy dos piezas, sino una sola.”

1 Véase otro trabajo de Pablo en pág. 72 (en el original)

En este trabajo muestra su relación simbiótica con la madre; él traslada


el vínculo simbiótico a su pareja.²
Bárbara
Relata su rol dentro de la familia, donde ella fue y es el hombre de la
casa. Después de la muerte del padre, ella consiguió hacer cierta fortuna por
su gran habilidad para los negocios. Trasladó este papel ejecutivo a su
matrimonio, desplazando a su marido a roles femeninos.
Siempre apoyándose en su mayor habilidad para lo económico, utilizó
este rol para gobernar las familias que constituyeron sus hermanas y luego su
propia hija. Desplazó a sus maridos, organizando y dirigiendo la economía de
sus hogares, creándoles negocios y apuntalándolos con dinero. Con ello negó
y niega sus aspectos femeninos y ataca y compite con la potencia de los
hombres. Por eso se identifica con la ficha negra, masculina, y habla de la
muerte de los otros, de la cual es cómplice.³
Patricio

Dice: “Soy una ficha negra y me transformo en blanca porque quedo en


el medio.”
El se siente atrapado. Al no tener una identidad masculina sólida, recurre
a estrategias en el intento de confirmarse como hombre. No lo logra porque
no está muy seguro de cuáles son esos aspectos masculinos que tiene que
alcanzar. Sólo se atreve a competir con mujeres (fichas blancas), no saliendo
siempre victorioso, como se ve en su sueño.

1Véanse otros trabajos de Bárbara en p.214 en el original


Desarrollo del trabajo

Marta: Patricio, ubícate en el centro de la habitación y sé la ficha. El


resto del grupo debe rodearlo.

[1] Véanse otros trabajos de Nicolás en pp. 74-117. En el original

Patricio: Estoy aprisionado y no me puedo mover. (Comienza a


forcejear para escapar.) Tendría que salir por la diagonal (intenta salir por su
costado derecho sin éxito)... ¡Por la vertical! (Quiere aplastar con sus manos
las cabezas de sus compañeros y salir por arriba.) ¡Por abajo! (Se tira al suelo
pero no consigue salir.) ¡Larguen! (Finalmente, luego de un breve forcejeo
escapa.)
Marta: Sé la mitad negra y habla con la blanca.
Patricio: Tenemos que tener cuidado, blanco, que estás abajo de mí. Si
me aprisionan entre dos fichas que tienen blanco arriba, me van a transformar
lo negro en blanco. En otras palabras, al revés que ahora. Las otras fichas del
tablero pueden venir de frente, de atrás, de los costados, de la diagonal. Hay
que estar muy alerta, puedo perder.
Marta: ¿Cómo te sientes con la parte blanca?
Patricio: En este momento que yo soy la parte de arriba, te protejo. Si
me comen pasamos al otro equipo contigo arriba. Somos una ficha con lo
negro arriba, pero es peligroso, si vienen dos blancas, me liquidan y
desaparezco yo.
Marta: ¿Cómo te conviene que sea la situación?
Patricio: Me conviene que lo negro siga siendo negro. Blanco, yo trato
de que te quedes abajo, si sales tú, pierdo yo.
Marta: Sé la parte blanca.
Patricio: Soy blanco y estoy abajo por ahora.
Marta: Todo el grupo métase en la sensación de ser la parte inferior de
la ficha. Hablen, de a uno por vez, desde ese rol.
Patricio: No me voy a quedar abajo siempre. Es la ley de la vida que, en
algún momento, salte la taba y cambie la cosa. Estoy cansado de estar abajo
tanto tiempo. De modo que ya me toca a mí. Abajo estoy aplastado. No veo
nada contra el piso. Arriba veo el aire, el ambiente, llegan cosas, se participa
de todo. Abajo tengo los resortes apretados. Arriba se goza más, abajo es
muy linda la sensación de la potencialidad del cambio. Arriba uno ya sabe
cómo es arriba, más que eso no se le puede dar.
Miguel: ¿Depende de nosotros cambiar o hay que esperar que nos
cambien? (Desde el polo inferior de la ficha se le ocurre una idea de
sometimiento. Pregunta, dejando la verdad o respuesta a otro cualquiera que
conteste.)
Marta: Dilo como afirmación.
Miguel: ¡Depende de nosotros cambiar!
Pablo: A mí se me cambia tan rápidamente. Paso de blanco a negro a
velocidad y no sé cuándo soy blanco y cuándo soy negro.
Esteban: Tengo que golpearme el traste con una fusta para cambiar. Soy
la parte blanca. Para salir de la pasividad, de la comodidad, tengo que esperar
que otros me cambien.
Miguel: Es más tranquilo estar así. De esta manera, no existe la
responsabilidad de defender la vida, defender todo el tablero. Ya no puede
pasar nada peor, todo lo que puede pasar es mejor. En cambio, arriba la
responsabilidad es mayor, se puede perder en cualquier momento.
Nicolás: Soy blanco. Siento que soy todo una misma cosa, con la parte
de arriba negra. Como soy una unidad, no me importa en este momento
perder, después voy a ganar. Yo le sirvo de apoyo. No me importa perder
ahora porque sé que en otro momento gano y nos alternamos la ganancia. No
soy de dos piezas, sino de una sola.
Marta: Dile todo eso a tu actual mujer.
Nicolás: Somos una misma cosa. Ahora yo te sirvo de apoyo, en otro
momento tú me sirves de apoyo. No me importa perder ahora porque sé que
en otro momento gano y nos podemos alternar. Siento unidad, lástima que
esa unidad dure dos días, luego se rompe en cuatro. Ella dice que yo le
escapo al acercamiento.
Marta: Siendo la parte blanca de la ficha habla con la negra.
Nicolás: De vez en cuando me gusta que estemos separados y tú no lo
soportas.
Marta: Quédate un rato con esa sensación de separación. ¿Bárbara, en
qué estás?
Bárbara: Me tengo que defender porque soy la parte blanca y la negra
me quiere sujetar. ¿Por qué no me dejas salir, ser libre? ¡No quiero que me
sujetes! ¡Quiero ser libre! ¡No te voy a dejar que me aprisiones! Me voy a
mover. ¡Tengo que salir! No sé cuáles serán los movimientos ni para qué
lado, pero tengo que salir. Es grandota la parte negra, me desborda, cada vez
se hace más grande. Ella cubre todo el tablero, se ríe. Está muy negro el
tablero.
Marta: Ahora todo el grupo debe cambial de rol. Métanse en la
sensación de ser la parte negra y respondan a la otra.
Pablo (sigue los trabajos con mucha atención; quiere participar y hace
una pregunta sin conseguir respuesta): ¿Por qué se divide el cuerpo en dos
partes?
Patricio: Soy la parte negra, ahora me toca a mí. No necesito hacer
alarde. Cuando gano estoy contento.
Esteban: No me gusta ser la de arriba, la negra. Ser negro es muerte,
sucio. Como negro me siento contracturado, pero desapareció la opresión que
sentía siendo blanco y estando abajo. Ser negro o blanco me es indiferente.
(Está acostado boca abajo, apoyado sobre los codos y hablándole al piso
como si su parte blanca estuviera sobre el piso.) Siendo negro me renace un
poco de alegría, me dan ganas de sonreír y de reír. Me siento más amistoso
contigo, blanca, menos distante. Te sonrío porque la unión contigo no es tan
misteriosa. Siendo negro soy vivo. A ti, siendo blanca, también te convierto
en viva. ¡Los dos separados somos dos muertos!
Bárbara: Como negro, me veo como un sapo negro con la boca abierta.
Estoy contento pegando saltos alrededor del tablero, parado en dos patas.
Marta: Habla con la blanca.
Bárbara: Estoy contento. Todas las fichas son blancas. Yo soy la única
ficha negra. Soy la única que tiene movimiento. Estoy contento. Todas
ustedes están apiladas.
Marta: Dile eso a tu familia.
Bárbara: Soy el sapo negro, todos dependen de mí y me gusta. Ustedes
tienen mucha muerte alrededor, necesitan pensar tanto; yo en cambio necesito
estar activa. No puedo soportar la inercia. No puedo estar con el que no hace
nada. Estoy pegando saltos.
Pablo (interviene identificándose con el sapo negro): Te aplasto bien,
bien, con mi culo. Te hago bien papilla para que no te levantes y te ensucies
de mierda. Yo voy a triunfar. Lo negro sobre lo blanco, el mal sobre el bien y
la estupidez sobre la decencia. Te estoy aplastando pero te voy a dejar con
vida para que sufras (aquí recordé la escena en que el padre intenta matarlo
cuando se enteró de su homosexualidad).
Marta: Sé tu papá, cuando te castiga en el baño.
Pablo: Bueno m rujo, tu vas a tener que hacerlo que yo diga. Vas a tener
que ser un hombrecito, regenerarte. Hacer lo que Dios dice. La naturaleza nos
dio nuestro espíritu y hay que continuar el buen camino.
Marta: Sé la ficha blanca y contesta.
Pablo: Me pueden aplastar mil veces, pero yo siempre estaré erguido.
Me habrán cortado las piernas, pero de cualquier manera estoy siempre
viendo qué es lo que voy a hacer; aun sin piernas, porque ellas no salen
nuevamente.
Marta (repito sus palabras mezclando las últimas frases que dijo, desde
la ficha negra y desde su padre): Te hago bien papilla para que no te levantes
y para que te ensucies de mierda. Vas a tener que hacer lo que yo diga. Yo
voy a triunfar, lo negro sobre lo blanco, el mal sobre el bien. Vas a tener que
ser un hombrecito, la estupidez sobre la decencia, regenerarte. Te estoy
aplastando pero te voy a dejar con vida para que sufras. Hacer lo que Dios
dice, la naturaleza nos dio nuestro espíritu. Hay que continuar por el buen
camino. (Repito nuevamente toda esta frase.) ¿Qué dices?
Pablo: Me dejó así, me dejó confusión. Estoy confuso, seguiré toda la
vida confuso. Yo no sirvo para nada.
Marta: Dile a tu papá cuál es tú propia regla.
Pablo: Ir descubriendo lo que me va pasando y va pasando a los otros,
sin una ley fija. El que descubre voy a ser yo. Yo voy a descubrir y voy a
sentir. A partir de lo que vaya sintiendo voy a ir viviendo.
Marta: Métete en la escena del sueño, la escena dónde estás matando a
un hombre. Dile las cosas confusionantes que te decía tu papá.
Pablo (hace una pelotita con su cuerpo; eleva un brazo hacia atrás con el
puño cerrado, como si tuviera un cuchillo): Saco el cuchillo y mato a mi
padre a traición sin que se dé cuenta. Después, me largo y hago como si no
pasara nada. Me horrorizo del crimen terrible. Pregunto: “¿Quién será el
asesino?”
Marta: Dile a la persona que estás matando lo que te decía tu papá.
Pablo: Te mato porque no deberías vivir. Descubriste que soy débil. No
te quiero. Tengo que hacer como que no existes, que no pasó nada contigo y
conmigo. No te puedo, soportar.
No te puedo ver. Tienes que desaparecer. Te voy a hacer desaparecer yo
sin que parezca. Me vas a coger tú a mí, pero nadie va a saber. En un
momento, mientras hablaba, me sentí siendo yo y luego mi padre. Es como si
tuviera dos puñales. Voy matando, hasta que al final me mato solo.
(Arrodillado, gira los brazos en el aire con ambos puños cerrados como si
tuviera un cuchillo en cada mano y hace, finalmente, ademán de clavárselo en
el estómago.)
Marta: ¿Qué otra posibilidad tienes?
Pablo (mantiene ambos puños cerrados fuertemente como si tuviera los
puñales): Me sale sangre a borbotones, pero no muero. Me serviría si usara el
puñal como un hecho estático, como una afección (los suelta).
Marta: ¿Qué sientes?
Pablo: Que en cualquier momento los puedo agarrar.
Marta: Conviértelos en una planta.
Pablo: Está en esta pieza y al dar flor, da miles de puñales chiquitos.
Marta: ¿Cómo se alimenta?
Pablo: Se metió en el cemento del piso.
Marta: Toma este almohadón. El almohadón representa la planta pegada
al piso. (Los compañeros de grupo pisan los bordes del almohadón como si
fueran raíces que lo sujetan. Pablo comienza a tironear sin conseguir
desprenderlo. Después de un breve intento se sienta sobre el almohadón.)
Miguel: ¡Te estás clavando los puñales en el culo!
Pablo (voz afeminada): Cada uno tiene sus armas. (Continúa ahora
sentado encima, tirando de las partes del almohadón que están sujetas al piso
por los pies de los otros. Finalmente libera al almohadón y lo tira lejos.)
Marta (a Miguel): Miguel, sé la parte negra.
Miguel: Desde la parte negra de la ficha soy omnipotente. Yo me siento
más grande que tú, más potente. No necesariamente por el color, tú eres lo
bueno y yo lo malo. Vamos, tal vez te necesito un poco más chico de lo que
eres.
Marta: Repite.
Miguel: Tal vez te necesito un poco más chico de lo que eres. Estamos
juntos, hacemos una unidad. Yo soy el más grande, el más potente, el que
está ganando. Necesito de la experiencia tuya. Si nos juntamos ganamos el
partido. Si tú te vienes arriba y yo voy abajo, vas a ser más chico para jugar
en este tablero. Si me das tu experiencia y tú vas abajo, ganamos mientras las
otras se pelean por quién va arriba y quién va abajo.
Marta: Sé la parte de abajo de la ficha.
Miguel: Lo que dices es muy lindo, pero estoy cansado de estar abajo.
Acá no puedo respirar. Necesito ganar mi pequeña victoria, darme vuelta y
mirar el tablero.
Marta: Trata de buscar una posición que te permita mirar el tablero sin
perjudicar el juego.
Miguel: Acá de costado es como si estuviera espiando.
Marta: ¿Qué hiciste?
Miguel (acostado de perfil): La parte negra me cubre los pies, el torso.
De la cintura para arriba está la parte blanca. Esta posición me permite ver el
tablero sin entorpecer nada.
Marta: Ponte de pie, coloca frente a ti la parte negra y la blanca.
Miguel: La parte blanca soy yo, la persona. La parte negra es mi
contorno. Mi contorno es una felpa que no tiene vida propia y si no la
sostengo se cae.
Marta: Dile eso a tu papá.
Miguel: Eres una felpa, no tienes vida propia, si no te sostengo te caes.
Marta: Sé tu papá y contéstate.
Miguel: Yo soy débil. Si no me sostienes me caigo, pero sin mí no
puedes ganar el partido. Ahora estoy arriba de ti y domino el juego. Lo
menos que puedes hacer por tu papá, que te quiso pero a su manera, es
sostenerlo en este momento.
Marta: ¿Qué sientes?
Miguel: Siento responsabilidad para contigo. Nunca sentí tu afecto
traducido en cosas, sino palabras. No me acuerdo haber ido a una calesita, un
parque. Me quisiste a tu manera.
Marta: Repite esta frase “ ¡Ojalá hubieras sentido amor por mí, cuando
yo te pedía que me llevaras a la calesita!”
Miguel: ¡Ojalá hubieras sentido amor por mí, cuando yo te pedía que me
llevaras a la calesita!
Marta: ¿De qué tamaño te sientes? (Se lo ve más seguro.) Miguel: Más
grande.

Ejemplo D. Simbolización grupal de conflictos


La simbolización grupal de conflictos es una manera de trabajar con
todo el grupo al mismo tiempo. Los pacientes traen .sesión temas diferentes,
y desde esos temas se extraen símbolos para cada problema en particular.
Cuando el conflicto de cada paciente se considera como par te de un
todo compartido, se puede trabajar con el tema común o con cada conflicto
por separado, según convenga a la situación grupal.
Ejemplo de simbolización grupal de temas individuales
Este tipo de trabajo resulta muy útil en aquellas sesiones en donde todos
los pacientes están ansiosos para que se trate lo suyo. Se detecta en la sesión
angustia general, dispersión y abundante material con temas dispares. Por
ejemplo, un miembro del grupo trae como tema la reagudización de los
hongos que desde hace años tiene en la espalda. Otro paciente habla de su
violencia, otro de su miedo a la soledad. Un paciente cuenta que está todo el
día torturándose con diversos argumentos. Otro dice estar programado, desde
que se levanta hasta que se acuesta. Otra persona reflexiona sobre un filón de
angustia que siente todos los días a la hora de la siesta.
En este caso, la terapeuta pudo haber tomado el tema común subyacente
—el temor al desborde, a lo incontrolable—, mas prefirió abordar las
temáticas individuales. Se eligió este camino pese a que era necesario no
descuidar lo grupal, dada la avidez y competencia entre los participantes. Por
la tensión existente, la terapeuta intuyó que cada uno deseaba enfrentar su
problema.
Cada paciente eligió un símbolo. El paciente que tenía hongos visualizó
un hongo gigante. La persona que no podía manejar su violencia imaginó una
bomba de tiempo. El que se desesperaba con su soledad, eligió la muerte con
la guadaña.
Para trabajar con todo el grupo simultáneamente, respetando los
símbolos individuales como en este caso, la terapeuta propone a los pacientes
que se sienten en ronda con los ojos cerrados y se tomen de las manos unos a
otros.
Cada paciente debe imaginar su símbolo en el centro del círculo y por
tumos espontáneos hablar en voz alta con él.
Si algún paciente llora fuertemente, golpea la alfombra o hace cualquier
otra manifestación en el momento en que se está expresando otro compañero,
la terapeuta no interrumpe el trabajo para atenderlo, se respetan los tumos
espontáneos hasta que se expresen todos. Si los pacientes tardan mucho en
decidirse a hablar, la terapeuta elige el orden en que deben hacerlo. Escoge
primero a los que percibe más comprometidos afectivamente. Los demás
pacientes se quedan largo rato metidos en sus sensaciones mientras esperan
tumo para hablar. De esta manera, los pacientes descubren más detalles sobre
sus temas y afectos.
La terapeuta pide a los pacientes que, al dialogar con su símbolo, digan
qué beneficio les aporta retener el conflicto.
A medida que cada uno se va expresando, se hace evidente a todos cómo
necesitan el problema para mantener determinados roles neuróticos.
Lo que cada uno dice suele ser útil a los otros para completar sus ideas.
Al estar compenetrados cada uno en lo suyo, los pacientes escuchan en forma
recortada lo que dicen sus compañeros y toman de ellos sólo aquellas ideas o
palabras que les son útiles para abrirse más al tema propio.
En los comentarios posteriores a los trabajos, los pacientes relatan
detalles de la interacción con los compañeros. Por ejemplo, una dice:
“Cuando habló A, repentinamente comencé a tener una angustia intolerable y
estuve a punto de irme de la sesión.” Otro dice: “Sentí mucho alivio cuando
habló C, porque él puso en palabras lo que yo no podía decir; a partir de ese
momento me relajé.”
Una vez que todos hablaron con su símbolo, la terapeuta les pide que se
suelten las manos. Les sugiere que, respetando turnos espontáneos, se sienten
donde imaginaban a su símbolo en el centro de la ronda. Desde ese lugar cada
paciente se mete en la sensación de ser el símbolo y habla consigo mismo,
como si él continuara sentado en la ronda anterior. Así, cambiando
sucesivamente de lugar, hablan todos desde el rol de símbolos consigo
mismos.
Una vez concluida esta parte, la terapeuta sugiere a los pacientes que
vuelvan a sentarse en la ronda, cierren los ojos y se tomen de las manos.
Nuevamente, y por tumos, cada uno se contesta a lo que dijo desde su
símbolo.
Cabe hacer notar que ahora otra vez están tomados de las manos. El
objetivo de la terapeuta es su intento de dar un mensaje no verbal; “como
símbolo conflictivo están solos y como personas están juntos”.
Estos dos momentos del diálogo —ser la persona y ser el símbolo— se
repiten tantas veces como sea necesario hasta que el paciente se conecta
profundamente con el problema y saca alguna conclusión.
Durante el transcurso de la sesión, los pacientes requieren tiempos
diferentes para procesar lo que va pasando con ellos. Si observamos, desde
afuera, un corte transversal de la sesión, en un momento dado podemos
encontrar que un paciente dice que está inmerso en la negrura más infinita o
sintiendo vacío; otro paciente podría decir que siente que no aguanta más,
que se va a caminar por un parque. Otro paciente está parado tratando de
respirar profundamente, mientras que el que está al lado hace gimnasia y otro
se hace un ovillo.
Durante el trabajo hay un juego de proyección-introyección que sirve
para bajar las defensas, desestructurarse y luego reestructurarse. Algunos lo
logran y otros no.
Cuando el terapeuta observa que el problema simbolizado ha perdido
fuerza, por lo menos para la mayoría del grupo, se suspende el ejercicio. La
terapeuta pide a los pacientes que abran los ojos, miren a sus compañeros y se
dejen mirar. Así, ellos vuelven a la realidad del grupo.
Si para alguno el encuentro con su símbolo queda inconcluso, en el
sentido de que no se agotó el diálogo o no logró ninguna conclusión, el grupo
continúa trabajando con é) individualmente.
Este estilo de trabajo brinda a los miembros del grupo la posibilidad de
percibir en una sola sesión múltiples estilos de resolución de problemas.
Simbolización grupal de la parte común de la problemática traída a
sesión

Estos trabajos se realizan de manera muy similar a los llamados


“simbolización grupal de los conflictos individuales”. La diferencia estriba en
que, en este caso, la terapeuta toma el conflicto dominante como tema de
sesión. Esta selección incrementa la comunicación dentro del grupo. Aunque
el conflicto es un emergente grupal común a todos, cada paciente crea su
propio símbolo para representarlo.
El trabajo comienza con todos los pacientes en ronda, tomados de las
manos. Cada uno imagina en el centro de la ronda a su propio símbolo de este
tema común y le habla; primero describen al símbolo y luego expresan lo que
sienten por él.
En un segundo momento, ya sin tomarse de las manos, cada uno pasa al
centro de la ronda. Desde ahí, sintiendo que es su símbolo, mira al espacio
vacío que ocupaba antes y dialoga consigo mismo como si estuviera sentado
aún en la ronda.
Después de varios cambios de roles, entre ser ellos mismos y ser el
conflicto, se observa que la mayoría de los pacientes se siente más fuerte que
antes en relación con el conflicto.
Desde el rol de personas, surge el “nosotros”. Los pacientes dicen:
“nosotros te vamos a mantener afuera, te vamos a matar. Ya no puedes con
nosotros”.
La terapeuta pide a los pacientes que permanezcan tomados de las
manos y que imaginen en el centro de la ronda una forma que simbolice el
conflicto de todo el grupo. Luego, cada uno habla con este símbolo colectivo.
Si un solo miembro del grupo dice que él no comparte el problema con
los demás, la terapeuta le solicita que haga el ejercicio y exprese lo distante
que está de ese conflicto.
En una sesión, cuyo tema central era la tristeza, un paciente se rehusó a
trabajar porque no estaba triste. Le propuse que hiciera el esfuerzo de
participar en el trabajo. Terminó contando que hacía dos meses se había
suicidado su suegra tirándose por el balcón de la casa de él. Desde ese
momento, él y su mujer vivían negando la tristeza.

Trabajo grupal de simbolizar la “parte común de la problemática”


traída por los pacientes a sesión
El ejemplo que se transcribe a continuación corresponde a una sesión de
grupo precedida de sesiones donde se trabajaron problemas vinculados con
las figuras parentales. Predomina en sesión la sensación de impotencia frente
a los conflictos y sentimientos de ambivalencia y escepticismo de poder
solucionarlos.
Propuse al grupo esta manera de trabajar, porque brinda la posibilidad
de hacer un bloque —ser todos uno— en el momento en que se toman de las
manos y están enfrentados con sus temas conflictivos.
Como mi objetivo frente al lector está puesto en mostrar la secuencia
técnica, la sesión ha sido recortada y sólo figuran los trabajos de la mitad de
los integrantes del grupo. Me parece importante dar algunos datos de la
historia vital de los pacientes antes del relato de la sesión.
Comentario e información acerca de los pacientes
Peggy: Cuando se realiza este trabajo, tiene veinticinco años y aún vive
con su madre. Al morir su papá, la mamá, que hasta el momento había sido
ama de casa, asume la dirección de la empresa del esposo, pensando que
cuando Peggy esté preparada le va a entregar la dirección de la empresa.
Frente a cada nuevo novio de Peggy, la mamá trata de persuadirla de
que ha hecho una mala elección de pareja. Con tal objetivo, la madre invita
sistemáticamente a la casa a algún viejo pretendiente de la hija, combatido en
su momento. Ella lo usa para desbaratar la nueva relación de la hija. Con esta
acción, la madre desvaloriza a Peggy, la confunde y no la deja crecer.
Peggy: Reacciona haciendo crisis en las cuales se alcoholiza y
protagoniza pequeños escándalos callejeros. A través de estas crisis, busca
ser aceptada por su madre pareciéndose al padre, que también padecía esas
crisis. Peggy trata de negar el ataque materno siendo ella, a través de las
crisis, quien expulsa a los novios. También cumple el mandato paterno de
acompañar a la madre, para lo cual se somete a ella.
En el momento en que se realiza este trabajo, Peggy había conseguido
frenar las crisis alcohólicas y tener una pareja estable. Más adelante, y
después de muchas vicisitudes causadas por los motivos antes descritos, se
casa.
Liliana tiene cuarenta y tres años, trabaja, estudia y vive con su única
hija adolescente. En el momento en que se realiza esta sesión, está deprimida,
ataca envidiosamente a la hija y tiene ideas suicidas.
Tuvo una madre desvalorizante y su padre era perverso. Ella vivió en la
adolescencia un episodio erótico con su padre que ocurrió poco antes de que
los padres se separaran. Liliana se casó con un psicópata, que la sometió a
malos tratos, y se separaron cuando su hija se acercaba a la adolescencia.
Ernesto es un profesional exitoso, casado, con hijos. Tiene una relación
muy intensa con la madre, que es una mujer profesional muy activa, igual que
él. En este trabajo sus aspectos femeninos (para él, la actividad) están
representados por la hiperactividad.
Ernesto se avergüenza de su papá y lo rechaza como figura
identificatoria porque es empleado público y no es intelectual. El reproche
más profundo que tiene con su padre es que no supo acercarse a él.
En este trabajo, Ernesto muestra cómo intenta usar a la mujer de cuña
para separarse de la mamá. Al final del trabajo dice: “Yo pensé en Dinamita,
que es la pareja de Batman, para romper el cemento (cemento que lo une a la
madre)’’.
Noemí es hija única. Fue asmática de niña. Actualmente tiene cuarenta y
ocho años. Es soltera y vive con su madre de ochenta y tres años y una tía de
sesenta y cinco años. Compite con la tía por el rol ejecutivo de la casa. Las
tres comparten un minúsculo departamento céntrico que alquilan y que cada
vez les resulta más difícil pagar.
Noemí sólo logra tener orgasmos cuando su ocasional pareja succiona
sus pechos. En su fantasía, sus pechos se confunden con penes. Al final del
trabajo elige un símbolo fálico, el obelisco, que representa su rol masculino
hipertrofiado.
Alfredo tiene cuarenta y dos años, es casado y tiene hijos. El es el
hermano menor de una familia de tres hijos. Sus hermanos se casaron y se
independizaron económicamente de la familia primitiva. Alfredo quedó
atrapado en el sistema familiar. Trabaja a media cuadra de la casa paterna,
secundando al padre en la empresa que éste tiene. Su padre tiene ochenta
años y no quiere jubilarse porque el trabajo es el único lugar donde se siente
potente; en la casa se somete, totalmente, a la mujer.
Alfredo y su padre hacen una pareja simbiótica; Alfredo es la parte
pensante y el padre, la afectiva.
El paciente describe a su madre como una mujer con constantes
enfermedades en sus órganos femeninos, de carácter dominante, fría e
incapaz de dar aprobación o afecto. En el trabajo que se presenta a
continuación, la madre está simbolizada en la berenjena-bomba.
Enganchado en este sistema vincular, el paciente no logra asumir el rol
del marido de su mujer. Ella está muy sola y comienza a tener problemas
psicosomáticos. Inconscientemente Alfredo prepara el terreno para repetir en
su casa la historia paterna.
El cuerpo de Alfredo da la sensación de ser una armadura de hierro,
debido a su tórax muy ancho y a la rigidez muscular de sus brazos y piernas.
Tomás. Profesional exitoso, tiene una mujer depresiva. Aflora en él
cierto temor a ser dominado por sus afectos a los que relaciona con lo
femenino, lo plañidero y lo triste cuando tiene que ser duro y poner límite a
otros.
La sesión comienza con un breve relato de cada paciente acerca de su
estado.

Peggy: Estoy muy loca, incontrolable, y no sé cómo va a terminar mi


vida. Me pongo pésimo cuando imagino que mi novio no me quiere. Peleo
con él por esa causa hasta llegar a una situación límite para la relación.
(Responsabiliza a él de la necesidad que ella siente de dejarlo).
Voy a ir de vacaciones con un grupo de mujeres, estoy preocupada
porque con una de ellas tengo una relación extraña. Me comparo todo el
tiempo con ella. Creo que ella es mucho más linda, alegre y sonriente que yo.
(Le pido a Peggy que la imite y en la representación surgen rasgos que ella
tiene cuando se alcoholiza.)
Liliana: Se me confunden las ideas. Soy una máquina de pensar. Tengo
muchas ganas de suicidarme. Acumulo frascos de tranquilizantes. Pienso que
si los tomo todos voy a poder detener mi cabeza de pensar. Una vez intenté
suicidarme con pastillas.
Ernesto: No sé cómo hacer para parar de moverme todo el día; temo
morir. (El movimiento representa lo femenino, y la muerte, lo masculino.)
Me enteré de la muerte de un colega muy parecido a mí físicamente y en las
cosas que le interesaban de la vida.
Marta: Imagínense cómo serían sus locuras y cómo se manifestarían
ustedes como locos. (Después de un largo silencio comienza a hablar Noemí.)
Noemí: Me imagino en un rincón sola. Me molesta el roce de la gente en
el colectivo y los malos olores; todos chocando con las carteras, los bultos,
cada vez tolero menos todo eso. (Se refiere a la estrecha convivencia con la
madre y la tía.)
Marta (a Alfredo): ¿Cómo es tu locura?
Alfredo: Recuerdo una vez que fui a un hospital psiquiátrico. Me
impactaron dos enfermos, uno de ellos confundía las berenjenas con las
bombas y no había caso de convencerlo de lo contrario. Otro paciente decía
tener una cabeza muy grande y en realidad era normal. El doctor le dijo que
lo iba a operar para achicársela, lo anestesiaron y vendaron, pero luego de
ello seguía con la misma idea. (Ríe.)
Ernesto: La locura es el movimiento continuo a gran velocidad. Es estar
siempre apurado y haciendo varias cosas al mismo tiempo. Su contrapartida
es la muerte.
Tomás: Es una cosa desinflada, por un momento, como un títere. Es la
depresión en un momento y, en otro momento, es estar inflado.
Liliana: Locura es el desorden de ideas. No entiendo, de pronto, el
inglés que estudio hace veinticinco años. Estoy con-
fusa y tengo ideas de suicidio. Tengo dos frascos de comprimidos y voy
a pedir más. Temo que no sean suficientes para liquidarme; son una tentación
porque si los tomo se acaba todo.
Peggy: Me veo en un patio, con harapos, sentada en el suelo,
agarrándome los pies con las manos, levantándolos en el aire y volviendo a
golpearlos en el suelo. Me veo en esa escena, diciendo: “Lo perdí todo, me
quedé sola.” Digo esa frase muchas veces. (La madre le dice: “Soy lo único
que tienes.”)
Marta: Siéntense en círculo tomados de las manos. De a uno, por vez,
hablen con la locura como si ésta estuviera en el centro del círculo.
Ernesto: Locura, me tienes podrido, me haces estar todo el día en
movimiento. Si no estás, me parece que no existo.
Marta: ¿Cómo ves a la locura?
Ernesto: Veo al Ernesto de todos los días. Te veo, Ernesto, moviéndote
tanto que no sé lo que hay detrás. Te mueves tanto, hablas tan rápido que si
no te mueves es como si no estuvieras; como si estuvieras muerto. Es como si
tu movimiento fuera un estímulo extraño. El miedo a no moverse.
Alfredo: Tú eres lo irracional, el no aceptar la realidad tal cual es. El
aceptar únicamente lo que crees que es cierto. El cerrarse a todas las
evidencias.
Marta: Repite: el cerrarse a todas las evidencias. Permítete crear
imágenes que se relacionen con esta frase. ¿Cómo ves representado esto?
Alfredo: Me veo hablando solo, gritando, discutiendo sobre algo que
creo que es así y en realidad no es. No estoy escuchando.
Noemí: Yo te acuso, locura, de transformarme en un ser susceptible,
quisquilloso, ermitaño, alejado de la gente.
Marta: ¿Cómo ves a la locura?
Noemí: Veo a alguien sentado en un banco de plaza. Hace unos años
veía mujeres solas, sentadas en fardos de ropa en la estación de trenes. Ellas
hablaban solas y la gente pasaba indiferente.
Peggy: Locura, yo te veo personificada, agarrándote los pies o
golpeando la cabeza contra la pared. Estás tan dentro de mí que no concibo
vivir sin ti, sería todo demasiado fácil. Cuando me venzas, yo no me voy a
recuperar más.
Marta: Repite esa última frase.
Peggy: Cuando me venzas, yo no me voy a recuperar más.
¡La siento muy real!
Tomás: Locura, realmente no estás en frente de mí, somos uno, como
viejos amigos, como chanchos. Cuando te desinflas me tiras a la mierda, me
cuesta volver a remontar. Creo que no te quiero echar, sino hacer un pacto de
no agresión. Estamos en el sube y baja. En parte lo tomamos como un juego.
Liliana: Locura, tengo bronca y me jode que yo te haya dejado instalar
tan cómodamente. Odio esta imagen mía contigo adentro. Contigo adentro
me siento quejosa, bloqueada y sin poder pensar.
Marta: ¿Cómo ves a la locura delante de ti?
Liliana: Como una cosa sin vida, totalmente apagada, muda.
Alfredo: Eres irrealidad total. No es cierto que seas verdad ni siquiera en
parte. Eres totalmente irreal. Me molesta la fantasía macabra, destructiva, que
se infiltra en la realidad y no me deja discriminar.
Tomás: Tú, locura, eres hija de puta. Por momentos me confundes.
Pienso que estás afuera, que manejo yo y tú dices que estás adentro de mí,
que eres parte de mí. Yo no puedo discriminar cuándo estás afuera y cuándo
no. El problema es cuando no te puedo recortar y sacar afuera, te mimetizas
conmigo y te metes por todos lados. En cambio, ahora estás tirada ahí como
un trapo. Vamos a tener que firmar un pacto de no agresión mutua.
Peggy: No te veo como a la locura a la que le hablé primero en el
manicomio, sino como una espiral. Pienso que sin ti estaría tan purificada.
Marta: Ahora, nuevamente se cambian de lugar y se colocan? donde
recién veían a la locura. Desde el rol “locuras” hablen de las ventajas que le
brindan a la persona.
Ernesto: Cuando estoy eres activo. Tienes la sensación de estar en todos
lados, darle a cada uno lo que necesita. Tienes excelente ojo clínico. Tienes la
imagen de Batimédico, eres sagaz.
Liliana: Soy el justificativo perfecto para todas las cosas. La imagen de
persona inteligente te la borro de un plumazo. ¡Eres tan mala! Eres mala
porque eres loca y no porque eres mala. La verdad es que te vengo muy bien.
Noemí: Yo te convengo porque a pesar de no tener cosas materiales te
hago sentir bien. Dices que la fantasía es mejor que la realidad y te conservas
nena asombrada, y yo estoy en ti.
Peggy: Pensé que mi única función era enloquecerte. Además, nadie va
a poder decir: la tonta de Peggy se creyó que la quieren. Tú siempre muestras
el otro camino. Nadie va a decir: la tonta de Peggy se lo creyó.
Tomás: Te invado, y sin mí no puedes gozar los sillones cómodos.
Cuando estás bien, estás tan erguido que si no fuera por mí no podrías ni
coger.
Alfredo: Yo no te convengo. Soy la ilógica. Tenme como última
instancia cuando no puedas ni con la lógica, ni con la realidad.
Marta: Ahora vuelvan a sus lugares. Cada uno debe imaginarse que en
el centro del círculo está la locura común como una sola cosa. ¿Cómo la ven?
Liliana: Yo veo al monopolio (risas.)
Noemí: Como el obelisco (risas).
Alfredo: Como una masa sin forma, que va cubriendo todo de silencio y
paraliza el movimiento.
Ernesto: Una cosa negra, cuadrada, pesada, cemento armado.
Liliana: Como una cosa gelatinosa, aguaviva que palpita y crece.
Peggy: Como un escorpión que atrapa a la persona con sus patas y la
posee.
Tomás: Yo no la veo pero siento frío, sentado entre el escorpión a mi
izquierda y la medusa a mi derecha (risas).
Marta: Métase cada uno en la sensación de ser la cosa que acaba de
describir. Una vez que estén bien entregados a la sensación, hablen, de a uno,
desde ese rol. No se tomen de las manos.
Liliana: Soy una medusa. Me voy desarrollando, creciendo. Me estiro
primero de un lado, después del otro. Lato chiquito y me agrando en cada
latido. Soy cada vez más grande e invado todo, aplasto. Todo lo dejo abajo y
tengo enorme poder. Puedo correr y hacer lo que quiera.
Marta: Quédate un rato con esa sensación de poder.
Liliana: Soy enorme como un coloso. Puedo erguirme y destruir
ciudades. Pongo desorden donde hay orden. Cambio los afectos. Pongo
obscuridad donde hay claridad. Transformo todo en caos.
Peggy (muy concentrada, agachada en el piso, con los brazos estirados
hacia adelante, hace ademanes de avanzar con las manos en garra): Soy un
escorpión que atrapa a la gente. Inspiro confusión, duda, cuestionamiento,
aturdimiento. Atrapo y no libero más, excepto si cambio de lugar o se van a
dormir.
Noemí (de pie, bien erguida, con los brazos pegados al cuerpo): Soy el
obelisco. Me encanta estar en este lugar, en el centro de la ciudad. Me
encanta que las cosas importantes pasen acá. Yo las puedo ver y sentir. Puedo
estar en un lugar amplio, sentir el viento, los coches, las banderas que se
agitan. Estoy en el centro de lo que vive y palpita.
Alfredo: Soy una masa informe que crece, tapa todo, cubre todo, ahoga
todo. Crezco sin pausa, sin que se sepa cómo y por qué crezco. Simplemente
crezco y cubro todo de silencio y oscuridad. Siento que no tengo frenos, que
puedo cubrir y tapar a quien se deje tapar... El que no quiere ser tapado forma
una muralla que tiene un poder sobre mí que no conozco. La muralla me
mantiene fuera y por más' que quiera taparlo, no puedo.
Ernesto (sentado con las piernas a lo Buda, encorvado): Siento lo
mismo. Soy una cosa pesada que aplasta. No diferencio si somos nosotros el
mazacote de hormigón armado y si, además, los que estamos abajo somos
nosotros mismos apretados. Nosotros somos también los hierros del
hormigón.
Tomás: Soy frío, oscuridad. Frío de navegar entre estrellas.
Marta: Ahora, vuelvan a sus lugares en la ronda. Tómense nuevamente
de las manos y hablen con todos estos fantasmas que recién representaron.
Ernesto: A la medusa, Raid (se ríen).
Tomás: O sol y sal.
Liliana: Sí, más que sal necesitaría pimienta (ríen).
Marta: Háblenle a todos los fantasmas juntos. (Hubo momentos
dramáticos, pero ahora se nota en el clima grupal que el problema, perdió
intensidad.) Perdió fuerza, ¿no es cierto?
Liliana: Totalmente, ni me toca la medusa.
Ernesto: Yo pensé en la Dinamita, la pareja de Batman para romper el
cemento (se ríe).
Noemí: ¡Me encanta, recién ahora me doy cuenta!
Alfredo: Para mí eres controlable. Siempre que uno te quiera controlar
(se ríen).Tomás: Le daría zapatazos al escorpión. Pondría a tomar sol a la
medusa y a mí mismo para sacarme el frío.
Liliana: Te veo ahí cerca esperándome, metida en el fondo del cajón.
Marta: ¿Nunca la puedes tirar?
Liliana: ¡La manía de guardar las cosas!
Peggy: Yo sé que vas a volver ahora nomás pero, en este momento,
estoy saturada.
Ejemplo E. Trabajo de Luisa. El grupo ayuda a Luisa a expresar
sus ideas
Para simplificar el material de esta sesión de grupo, solamente se
presenta el trabajo de Luisa. Los trabajos de los otros miembros del grupo no
figuran aquí, así como tampoco figuran todos los pacientes. Los restantes
trabajos fueron hechos con técnica gestáltica, mediante diálogo de opuestos.
En este caso, el grupo entero colabora asumiendo junto con Luisa los
roles con los que ella debe identificarse.
Luisa tiene pensamiento concreto, nivel de abstracción pobre y
dificultades para simbolizar. Solamente es posible trabajar con ella cuando el
grupo completa sus ideas.
La colaboración con Luisa le da al resto del grupo más datos sobre sus
propios conflictos. Al finalizar el trabajo con Luisa, la terapeuta pide al grupo
que cada uno recuerde lo que dijo desde los diferentes roles. Luego cada uno
se dice a sí mismo lo que antes dijo a Luisa. Finalmente, el grupo comenta lo
sucedido intercambiando ideas.

Información acerca de los pacientes


Este grupo es el mismo del ejercicio anterior.
Se agregan aquí datos de las historias personales de Julio y Luisa porque
estos pacientes no figuran en lo expuesto en el ejercicio anterior.
Julio tiene cuarenta y cinco años. Es profesional y padecía de una
psoriasis crónica. Tiene un hijo que vive con su ex mujer y al que él ve
esporádicamente. Este paciente, que tiene un precario desarrollo de su
identidad sexual, describe a su padre como distante. En el trabajo dice: “El
violín de mi padre y la pistola estaban sobre el ropero.” Violín y pistola son,
para él, símbolos masculinos, paternos. La caja del violín y el ropero son
símbolos femeninos maternos. El paciente se relacionaba con el padre a
través de un intermediario que era la madre. En otras palabras, él sólo puede
llegar a lo masculino a través de lo femenino.
Julio se enamora de mujeres casadas a cuyos maridos conoce.
Inconscientemente, intenta poseer a los hombres a través de sus mujeres. En
una de esas ocasiones, salió con la mujer del jefe (inconsciente sustituto
paterno). Busca con estas mujeres situaciones eróticas en las que puede ser
descubierto por su rival (marido de la mujer-padre). Trata de satisfacer, a
través de la pareja con la que se enlaza, ansiedades infantiles no resueltas.
Luisa tiene cuarenta y ocho años, es separada y vive con su hija. Tiene
problemas con su identidad femenina, dado que su aspecto es más bien viril.
Siendo muy joven padeció de un fibroma uterino, a raíz del cual le extirparon
medio útero.
Eligió como pareja un hombre débil, artista plástico. Siendo novios, él la
deja y se va a Europa en busca de fama y fortuna. Ella, tomando una actitud
activa, vende su piano y con ese dinero se va a buscarlo. Regresan juntos y se
casan. Ella lo mantiene económicamente. El trabaja en el taller pero no logra
vender sus obras.
Pese a las aseveraciones de los médicos de que no podría ser madre,
Luisa se embaraza y tiene una hija. Durante el embarazo la pareja se rompe,
al desaparecer el contrato inconsciente de que el hijo es él. El se casa con otra
mujer potente y Luisa queda sola con su hija, a la que siente como su obra.
En su mundo interno Luisa compara a su hija con los cuadros que su
marido crea. Esta hija, por momentos, no tiene el valor de persona, sino de un
objeto para competir con el marido.

Desarrollo de la sesión
La sesión comienza con mi propuesta al grupo de que se relajen e
imaginen que van a la casa de su infancia. En esta casa deben reconocer los
objetos que fueron de ellos, sentir su olor, tocarlos y descubrir qué afectos
evocan a través de ellos. Después de estar un rato inmersos en la fantasía
deben volver a la realidad del consultorio.
Julio: Vi el violín de mi padre dentro de la caja negra de madera. Salía el
olor de la cera del arco y el olor de la madera del violín. Sentí el ruido a
hueco al depositar la mano bruscamente sobre él. El violín estaba arriba de un
ropero donde lo dejaba mi padre. También había un revólver cuarenta y
cinco. El violín era algo muy querido y muy distante. Me gustaba cuando mi
papá tocaba música. (Dirigiéndose a Marta.) Después me quedé dormido y no
sé si propusiste alguna otra consigna, estaba profundamente dormido.
Tomás: Me rompí una pierna a los once años y empecé a coleccionar
estampillas. A todo el mundo lo volvía loco pidiéndole estampillas en hueco
relieve, creía que tenían gran valor. No encontré otro objeto que me
perteneciera, pero el jardín, su fragancia y la terraza eran míos.
Noemí: Yo vi figuritas con las que jugaba con mi mamá. Vi un aromo y
un banco. Mi mamá me llevaba después del colegio a la casa de una tía;
llevábamos tortas de coco.
Alfredo: En esta fantasía no ubiqué mi juguete preferido más allá de los
once años. Pude encontrar a los nueve o diez años un triciclo y otras cosas,
que me gustaban mucho, como ser un carrito, una radio.
Rosita: Escuché de la casa vecina al consultorio la canción del “Árbol
del olvido”, en guitarra, y no te escuché la fantasía que nos propusiste. (Es
interesante destacar que tanto Julio como Rosita encontraron caminos para
evadir el encuentro con el pasado.)
Luisa: Me vi a los cuatro años cuando estaba enferma de los oídos. Mi
papá me traía muñecas hermosísimas. Lo primero que hacía yo era sacarles
los vestidos para ver si caminaban o hablaban, luego las rompía. En una
época tuve muchas muñecas. Me veo después más grande, disfrazándome y
bailando danzas españolas con mantones, recortando actores de las revistas y
haciendo álbumes. Me quedaron más grabadas las muñecas porque quería
que tuvieran vida.
Marta (dirigiéndose a Luisa): Luisa, colócate en el centro de la
habitación y métete en la sensación de ser la muñeca.
Luisa: Soy una muñeca de material duro. Tengo un lindo vestido, no
tengo movimientos (largo silencio).
Marta: Siendo la muñeca, habla con Luisa.
Luisa: Eres igual que yo, estás siempre en el mismo lugar. No te
mueves; haces siempre lo mismo.
Marta: Cámbiate de lugar, sé tú misma y contéstale.
Luisa (permanece en silencio): No se me ocurre nada.
Marta: Ahora le voy a pedir al grupo que cada uno elija el rol que le
parece que le va a salir más fácil. Se van a identificar con la muñeca o con
Luisa y van a hablar desde cada rol, compitiendo con los que juegan el rol
opuesto. Los que hacen de Luisa se agrupan a mi derecha y los que hacen de
muñeca a mi izquierda. Tú, Luisa, vas a cambiar de lugar, sentándote
alternativamente junto a los que hacen de muñeca o junto a los que hacen de
ti misma. Una vez que te identifiques con el grupo que habla, repites
solamente aquellas oraciones de tus compañeros que tú también dirías desde
ese rol. (Primero se dispone a hablar el grupo que hace de Luisa.)
Tomás: Puedo hacer cosas. Ponerme en la posición que yo elijo, ir donde
quiera, hacer lo que yo determino. Estoy vivo, tú no. Soy dueño de mis
movimientos. Tú, en cambio, estás sin vida, sin movimientos. No puedes
pensar como yo. Eres un objeto que depende de mí, nada más que un pedazo
de plástico.
Marta: Luisa, habla tú con la muñeca aprovechando que tu compañero
te dio palabras. Repite de las cosas que él dijo aquellas que tú también dirías.
Luisa: Todas, absolutamente todas.
Marta: Díselas tú a la muñeca.
Luisa: Yo puedo ir adónde quiera, me puedo mover, hacer cosas. Puedo
hacer lo que quiera, ponerme derecha, no como tú, que estás sin vida, sin
movimientos. Eres un pedazo de plástico, en una palabra, yo tengo vida.
Marta: Cámbiate de equipo ahora y responde. (Luisa se coloca junto a
los que hacen el rol de muñeca. Nuevamente no puede decir nada desde el
rol. Después de un rato, uno de los yo auxiliares comienza a hablar.)
Alfredo: Es lindo ser una muñeca como yo. Me gusta que me arropen,
me lleven a pasear, me busquen los lugares más lindos para estar. Me gusta
que los chicos me besen, me mimen. No tengo problemas de vivienda,
siempre algún lugarcito voy a tener.
Tomás (se cambió de lugar hacia el grupo de las muñecas): No tengo
que decidir. Dejo que las cosas me pasen. Servimos para que los demás se
sientan vivos. Como soy de material, no siento dolor. Los demás viven sus
emociones a través de mí.
Marta (a Luisa): Repite desde el rol de muñecas las cosas con las que te
identificas.
Luisa: Como muñeca no tengo problemas, no tengo que ocuparme de
nada. Si me ponen en un rincón voy a estar bien igual. Si no me quieren,
como no siento no importa. No tengo que preocuparme absolutamente de
nada.
Marta: Ahora vuelva a hablar el grupo que hace de Luisa.
Julio: Eres inanimada. En cambio, yo tengo vida, gozo. Ustedes las
muñecas son muertos con una sonrisa pintada. A ustedes los hacen y
deshacen a gusto. Para calentarles hay que tirarles agua caliente. Yo tengo
posibilidades de reír, de llorar, ustedes no.
Luisa: Puedo tener pareja, hijos y estar sola si quiero. Si me arrancan un
brazo grito, protesto, en cambio tú, muñequita, estás arriba de la cama, arriba
de la cama por años. (Aquí Luisa habló, en forma espontánea, usando
palabras propias, sin necesidad de tomar las palabras del grupo.)
Noemí (como muñeca): Otra ventaja nuestra es que no pasan los años.
(Ahora el grupo habla espontáneamente desde uno y otro rol.)
Tomás (desde el rol de Luisa): La vida que ustedes tienen, muñecas, es
la que yo les asigno.
Luisa: Eres inmóvil, muy linda, pero sin vida. Tú no puedes tener pareja,
hijos.
Julio (desde Luisa): Ni siquiera quiere tener algo.
Alfredo (desde la muñeca): Danos el valor que tenemos como muñecos.
Sirvo para estar en la fantasía de los chicos. Ayudo a que la fantasía sea más
clara. No me gusta que me comparen con un humano. Fui creado para una
función y la sé hacer. Fui creado para ser parte de la imaginación.
Marta (a Luisa): ¿Qué contestas?
Alfredo (desde el rol de muñeca): Si me sabes aprovechar te puedo ser
útil. (Hace rato que el grupo está proyectando sus propios conflictos a través
de los roles de Luisa y la muñeca.)
Luisa: Eres una cosa linda pero sin vida, tú no eres imprescindible.
Marta: Repite esta última frase.
Luisa: No soy imprescindible y puedo pasármela muy bien sin ti. (Aquí
cometió un acto fallido y dice que ella misma no es imprescindible.)
Marta: Sé la muñeca.
Luisa: Y si no me tienes a mí, ¿con quién juegas? ¿Con quién imaginas
cosas? Cuando vas conmigo por la calle y todos te dicen que tienes una linda
muñeca, te gusta. No es como para desecharme y decir que no sirvo para
nada. (Cambia sola de lugar. vuelve a ser ella frente a la muñeca y responde.)
Es muy lindo lo que dijiste, pero en vez de llevarte a ti en brazos es preferible
llevar un bebé. Hablar con el bebé, divertirse, quererlo y que te quiera.
Entonces sí, uno puede sentirse bien. (Ella confunde a su hija con una
muñeca. Luisa considera que su hija es su obra y que las obras del marido son
los cuadros.)
Marta: Vamos a hacer un diálogo entre la muñeca y el cuadro.
Luisa (como muñeca): Eres un cuadro muy lindo. Eres exitoso y sin
vida. Te cuelgan en una pared, a veces te miran y a veces no. Te compran
porque con el tiempo te puedes valorizar, eres una inversión.
Julio (desde el cuadro): Me molesta la luz que me pusieron para que me
vean mejor. La luz acentúa mis colores y me realza el marco. Me gusta que
me miren.
Noemí (a Julio): Pero no que te toquen.
Julio (como cuadro): Soy para ser colgado y no tocarme nunca más. Si
me tocan me manchan. (Julio tiene psoriasis.)
Luisa (como muñeca): Me gusta estar en brazos de Luisa; ella me
acaricia, me toca. Tú no tienes cabeza, cuadro; en cambio, yo sí. Soy una
muñeca como no hay muchas.
Luisa (desde el rol de cuadro): Yo soy único.
Luisa (desde el rol de muñeca): Yo también como muñeca puedo estar
en un lugar importante. A mí me cuidan muy bien.
Marta: ¿Qué tienes como muñeca que no tiene el cuadro?
Luisa (desde el rol de muñeca): Tengo contacto con las personas; en
cambio tú eres para mirar, no para tocar. (Desde el rol de cuadro.) A mí si me
tocan me hacen daño. Me tienen que cuidar del polvo, sol, humedad.
Marta (a Luisa): Ahora tú eres el cuadro. Trata de registrar cómo te
sientes respecto de la muñeca. (Luisa permanece en silencio.)
Alfredo (identificado con la muñeca, trata de estimular a Luisa para que
hable): Yo tengo afecto, cariño; en cambio tú no sabes si te compran por
esnobismo o para tener el dinero bien invertido. En cambio yo estoy tranquilo
y juego con Luisa mi rol de muñeca.
Luisa (desde el cuadro): Yo también cumplo una función, porque la
gente ve cosas en mí. La gente imagina cosas al mirarme. Para algunos soy
un adorno en una casa.
Marta (a Luisa): ¿Te gusta más la vida del cuadro o la de fa muñeca?
Luisa: Me gusta más tu vida de muñeca que la mía de cuadro, porque
estás más en contacto con las personas. Te pueden agarrar, tocar, llevar.
Como cuadro, en cambio, me cuelgan en la pared. Si se cae el clavo me
rompo.
Marta (a Luisa): Habla con tu ex marido.
Luisa: ¿Qué le digo?
Marta: Lo mismo que la muñeca al cuadro y dale un ejemplo de ello.
Luisa (a su marido): Yo crié a la nena, es más importante que un cuadro.
Ella tampoco se puede volver a repetir y es la única obra que no tiene precio.

Comentario de la terapeuta
En lugar de trabajar con un paciente por vez. como se hizo en este
material de sesión, también se podría abordar con todos los pacientes al
mismo tiempo. Para ello se podría buscar un elemento sintetizador y
unificador del material de sesión o bien usar el método de simbolización
grupal de los conflictos individuales.
Capítulo 12

CONSIGNAS ÚTILES EN PSICOTERAPIA


Test, juego y ejercicio

LOS TÉRMINOS test, juego y ejercicio se usan para denominar consignas


que el terapeuta da al paciente para que éste ejecute.
Una misma consigna puede ser usada como test, juego o ejercicio.
La diferencia entre ellos radica en la forma de aplicar la consigna.
Se usa la palabra test para referirse a la consigna que la terapeuta
propone al paciente para recoger información sobre un tema específico.
También se usa la palabra test cuando la terapeuta propone a su paciente la
misma consigna, más de una vez a lo largo de la terapia, para observar los
cambios. Si la terapeuta propone una consigna para disminuir la tensión o
crear una atmósfera diferente en las relaciones humanas, se la llama juego. Si
la consigna de trabajo se usa para obtener nuevo material, para que los
pacientes exploren algunos temas o para reorientar la sesión, se la llama
ejercicio.

Este capítulo está dedicado solamente a ejercicios.

Ejercicio 1
La terapeuta pide a los pacientes que se sienten en ronda, se tomen de
las manos y cierren los ojos. Cada uno se concentra en su mano derecha y en
el contacto de ésta con la mano izquierda de su compañero. La mano derecha
entrega y la izquierda, recibe. Utilizando turnos espontáneos, cada uno
entrega verbalmente algo a la persona que tiene a su derecha. Tiene que dar
algo que supone que su compañero necesita.
En el momento de recibir la información, cada uno se concentra en su
mano izquierda, que es la mano que está receptiva. Una vez concluido este
paso, los pacientes cambian de ubicación en la ronda y repiten el ejercicio,
dando y recibiendo de otras personas.
Cada uno por tumos espontáneos repite en voz alta las cosas que dijo a
los compañeros que estuvieron a su derecha, pero ahora se dice esas cosas a
sí mismo. Por ejemplo, si antes dijo: “Te doy mi apoyo y comprensión’’,
ahora dirá: “ Me doy mi apoyo y comprensión”. El paciente se permite sentir
cuánta necesidad tiene de darse a sí mismo lo que dio a los otros.
Luego los pacientes comentan lo que creen haber recibido con su mano
izquierda, verificando si hay coincidencia entre lo que creen haber recibido y
lo que los otros dicen que le quisieron dar. Finalmente, el grupo reflexiona
acerca de las distorsiones de la comunicación que se produjeron y sobre las
dificultades que tuvieron para dar o recibir.
Ejercicio 2
La terapeuta desparrama en el piso un mazo de cartas. Cada paciente
elige una carta y se trabaja con lo simbolizado en la carta que eligieron. Son
ejemplos de este ejercicio los trabajos de Mariana y Linda.¹
Ejercicio 3
La terapeuta desparrama en la alfombra un mazo de cartas. Pide a los
pacientes que entre todos elijan una carta que represente al grupo. La
terapeuta observa el desarrollo de la discusión y toma nota de lo más
significativo en la lucha por el liderazgo (manejos verbales y no verbales,
cómo se usan y en qué momento). Finalizada la tarea de elegir la carta, la
terapeuta propone que cada paciente recuerde en silencio los manejos que
utilizó para liderar la elección. Luego, con la ayuda de las notas que tomó el
terapeuta, se comenta el material. También se puede trabajar la simbología
proyectada en las cartas elegidas o especialmente descartadas por cada uno.

[1] Véanse los trabajos de Mariana y Linda en las pp. 94-137. (en el
original)

Ejercicio 4
La terapeuta da a cada miembro del grupo tantas hojas en blanco como
personas hay en sesión. Cada paciente dedica una hoja a cada compañero y
una a sí mismo.
En cada hoja escriben:
1) El nombre de la persona a la que está dirigida y su problema actual.
2) En qué lo ve errado respecto del camino por el que intenta salir del
conflicto.
3) Pronóstico.
4) Qué cosa le molesta al que escribe respecto del que va a recibir el
papel.
La terapeuta aclara que no deben firmar las hojas.
Supongamos que se trata de un grupo de ocho personas. Una vez que
todos escribieron, la terapeuta recoge las hojas, las mezcla y hace ocho pilas
en la alfombra. La terapeuta da a cada paciente una pila para que la lea en voz
alta.
Una vez que todo fue leído se vuelven a hacer ocho pilas. Ahora en cada
pila están las hojas dedicadas a cada persona. Se entrega a cada paciente la
suya. La terapeuta les propone que subrayen en cada hoja lo que les gustaría
modificar y que escriban en el reverso de la hoja los beneficios que obtienen
al continuar con el problema subrayado.
Finalmente, cada uno lee lo subrayado y los beneficios que le aporta.
Luego, cada uno permite que los compañeros fantaseen sobre qué otros
beneficios le aporta continuar con el problema subrayado.
Ejercicio 5
Cada paciente piensa acerca de los mecanismos que usa para boicotear
su propio trabajo y el trabajo de sus compañeros dentro del grupo. Luego
cada uno relata y muestra dramáticamente lo que pensó y, finalmente,
reflexionan todos juntos acerca de lo expuesto.
Ejercicio 6
Un paciente por vez sale fuera de la habitación, pero se queda cerca de
la puerta para escuchar todo lo que se conversa adentro. Los restantes
imaginan que el que se quedó afuera no viene más al grupo. Comentan
entonces en voz alta las causas por las que piensan que ese compañero no
volverá más.
Una vez que todos pasaron por el rol de “ausente”, se comenta la
experiencia.
Este ejercicio resulta útil cuando hay un alto nivel de rivalidad y el
grupo no cuida de sus miembros sino que los expulsa. Muchas veces durante
este juego, los pacientes confiesan la intolerancia que tienen con el que no
está presente en esos momentos. Ellos pueden decir si realmente les gustaría
que no viniera más y dar más detalles sobre ese deseo. Pueden hablar de la
culpa que sienten por haberlo agredido alguna vez. De esta manera, se
prepara el terreno para futuros trabajos en los que se explore más a fondo lo
proyectado en el que está afuera.
Ejercicio 7
Cada paciente escribe en una hoja, a la que no le pone su nombre,
aquellas cosas de su mundo interno que cree que jamás va a poder confiar a
otro.
Deberán escribir, si es posible, la causa por la que creen que no pueden
comunicar ese tema.
La terapeuta explícita que no exigirá que lean o compartan lo que
escribieron.
Una vez que hicieron esto, la terapeuta propone que aquellos que
quieran pueden entregar su hoja para mezclarla con las de sus compañeros y
leerlas todas juntas. En general, todos la entregan, y el que no lo hace al
principio, casi siempre la entrega más adelante.
El hecho de que las vergüenzas, miedos, culpas y dolores más hondos se
incluyan en el grupo, permite pasar de un clima de distancia, desconfianza y
miedo a un clima de buena comunicación.
Ejercicio 8
Los pacientes imaginan que van a un bar que se llama “La depresión”;
allí está absolutamente prohibido hablar de cosas buenas.
Los pacientes deben hacer un balance de todo lo malo que tienen y
acompañar lo que dicen con una postura y tono de voz coherentes. Cada uno
investiga las modificaciones que se producen en su energía y humor al tomar
contacto con sus aspectos depresivos y quejosos. En general, descubren que
se sienten más tristes y cansados que al comenzar el ejercicio. También los
pacientes descubren cómo juegan esos roles todos los días casi sin darse
cuenta.
Ejercicio 9
Los pacientes se imaginan que van a un bar que se llama “Lo bueno es
que...” Allí está absolutamente prohibido hablar de cosas negativas o tristes.
Los pacientes deberán usar un tono de voz y actitud física coherentes
con los argumentos y hacer un balance de sus cosas buenas y de los gratos
momentos vividos.
Se investigan, al finalizar la conversación, los cambios energéticos y de
humor que se produjeron en cada uno durante el ejercicio.
Ejercicio 10
Los pacientes se agrupan en parejas. Ellos se sientan como si estuvieran
viajando en un tren. Se imaginan que están sentados al lado de alguien
desconocido y tratan de comunicarse sólo con gestos. Luego pasan todos a
otro espacio de la habitación, que la terapeuta indica como el comedor del
tren. Allí deberán cambiar de pareja y seguir comunicándose por gestos.
Luego de un rato vuelven al vagón y se sientan nuevamente con su primer
compañero. La terapeuta elige y muestra otro espacio que hará de baño y
propone que vayan cuando imaginen que lo necesitan. Finalmente todos
recogen sus valijas y salen por un angosto pasillo.
Este ejercicio permite jugar diferentes roles y descargar agresión.
Ejercicio 11
Cuando un paciente se va de alta, se le pide que se siente delante de cada
compañero. Mutuamente deben decirse lo que recibieron uno del otro. Este
ejercicio también es útil en el momento voraz-dependiente.
Ejercicio 12
La terapeuta pone música y propone que cada paciente dibuje algo que
sienta representativo de sí mismo, para lo cual ofrece papel y crayones o
lápices de colores. Una vez concluida esta etapa, cada uno muestra su dibujo
y relata lo que quiso representar. El resto del grupo expresa lo que siente
frente a cada dibujo tratando de no emitir juicios.
El objetivo de este ejercicio varía según el período que atraviesa el
grupo en que se lo utiliza. En un grupo en sus comienzos será útil para
romper el frío inicial existente entre sus integrantes y para que los pacientes
se concentren en sentir en lugar de tratar de pensar. En un grupo entrenado
servirá, además, para que cada uno haga un trabajo individual a partir de su
dibujo o de lo que proyecta en el dibujo del otro.
Ejercicio 13
Sentados en ronda y con los ojos cenados, los pacientes se toman de las
manos y cada uno explora las manos de sus compañeros, tratando de registrar
qué le dicen esas manos acerca de la persona de su compañero. Una vez que
todos realizaren esa primera parte, cada uno dice en voz alta: “La persona que
tengo a mi derecha es... y la persona que tengo a mi izquierda es...” De esta
manera, cada uno describe lo que intuyó acerca de los integrantes de su grupo
a través del contacto con sus manos y enfatiza ante el grupo rasgos de sus
compañeros.
Ejercicio 14
Entre todos los miembros del grupo deben crear una historia respetando
la consigna y secuencia que se expone a continuación.
Los pacientes se sientan en ronda y uno de ellos comienza la historia;
siguiendo un orden continúa cada uno de los otros.
Cada paciente relata tres trozos de la historia. Una vez finalizada esta
etapa, cada uno dice a los demás lo que sintió mientras componían la historia.
El material se escribe y su lectura se hace en dos niveles: a) individual y
b) grupal (dinámica básica).
a) Lo individual se pone al descubierto leyendo de corrido solamente los
fragmentos que una sola persona dijo a lo largo del cuento y saltándose
momentáneamente el material de sus compañeros.
En el relato que hace cada uno hay una secuencia y coherencia
individuales. Esta secuencia individual se da simultáneamente con la
secuencia y coherencia grupales.
Para la realización de los trabajos individuales se buscan elementos
polares dentro del material de cada paciente. Cada persona trabaja solamente
con su material.
b) La dinámica básica se pone de manifiesto leyendo el cuento en su
totalidad.
En general, los grupos que atraviesan un período de desorganización,
voraz-dependiente o de condenación, no logran unidad temática.
El grupo que atraviesa un período intelectualizador, expansivo o
elaborativo suele buscar, espontáneamente, la unidad temática, y cada
participante descarta parte de su propio material para armar la trama común.
Este ejercicio es útil para comenzar una sesión prolongada cuando se
conocen todos sus miembros entre sí y el grupo está en condiciones de pasar
a los trabajos individuales. Este ejercicio también es adecuado para recoger
más datos acerca de la dinámica básica.
Ejercicio 15
Cada paciente cambia su ubicación rotando por los lugares que ocupa
cada uno de sus compañeros. Desde la sensación de ser el compañero que
representa, se imagina lo que ese compañero piensa y siente por él y se dice a
sí mismo, en voz alta, lo que el compañero le diría. Luego cada uno imagina
que él mismo está en el espacio vacío que dejó para ocupar el lugar del otro.
Este ejercicio sirve para calmar ansiedades persecutorias y revisar la
propia imagen.
Ejercicio 16
La terapeuta le da a los pacientes la siguiente consigna: de a uno por
vez, pueden hacer un diálogo imaginario entre su mamá y su papá acerca de
él. Los pacientes cambian de asiento para representar los diferentes roles.
El grupo atiende especialmente a la voz y a la actitud corporal del que
trabaja. Luego, entre todos los pacientes, reflexionan acerca de lo que
escucharon.
Finalmente, cada uno descubre, en silencie, algún tema que evitó
enfrentar y, si quiere, lo comparte con el grupo.
Ejercicio 17
Cada paciente relata al grupo un día de su vida y los compañeros
registran lo que sienten al escucharlo. Una vez que todos hicieron el relato,
cada uno comenta lo que sintió al escuchar a los demás y frente a su propio
relato.
Ejercicio 18
Cada paciente determina cuál es su conflicto más importante y elige un
compañero que representa el polo opuesto a su problema. Si el compañero
piensa que la elección es correcta, se procede de la manera que sigue: las
parejas que representan polos opuestos se sientan de a una por vez en el
centro del grupo, espalda contra espalda. Cada uno representa su polo y trata
de mostrar sus ventajas.
Es importante que los pacientes permitan que su voz y su cuerpo
acompañen al argumento.
Cuando el rol que representa cada uno cambia francamente sus
características, la terapeuta propone a los pacientes que abran los ojos, se
tomen de las manos, y sigan hablando desde el rol integrador.
Ejemplo: Los polos elegidos fueron rigidez-blandura. Cada paciente
elige un símbolo para su rol.

Alfredo: Yo elijo una armadura para mi rigidez.


Laura: Yo elijo una ameba para mi blandura.
Marta (a los dos): Siéntense en la alfombra espalda contra espalda.
Marta (a Alfredo): Describe cómo eres.
Alfredo: Soy una armadura de hierro del siglo pasado. Pueden
golpearme y golpearme, que no me sacarán nada.
Marta (a Laura): Entrégate a la sensación de ser la ameba.
Laura: Soy una ameba y me desparramo. No tengo consistencia ni
energía. Me destruyen fácilmente. Soy tan frágil, tan leve.
Marta (a los dos): Cada uno hable con su opuesto desde el rol que
representa.
Laura: Soy una ameba toda desparramada. No tengo límites precisos.
Nadie se atreve a exigirme nada porque me ven débil; en cambio, a ti, rigidez,
todos saben cómo atacarte.
Alfredo: No creas, yo soy duro, frío y por eso nadie se me acerca. Así
como soy no me pueden herir ni atropellar; en cambio a ti, sí te pueden
atropellar porque no tienes protección.
Marta (a los dos): Estén atentos a las sensaciones del cuerpo mientras
hablan, no las controlen.
Laura: Parece que no tuviera protección pero mira, mira (adelanta un
brazo y hace correr a todo su cuerpo hacia donde está ese brazo). Si me
quieren exigir me encierro, me cambio de lugar. Soy resbalosa y me escurro
por cualquier prolongación que yo misma me creo. En cambio, a ti, rigidez,
todos te pueden exigir porque no tienes escapatoria.
Alfredo: Creo que ninguno de los dos tenemos escapatoria. Yo espanto a
la gente con mi poca flexibilidad y tú no te comprometes con nada. ¿Me
quieres decir dónde está la diferencia? Los dos al final estamos solos.
Laura: A medida que iba hablando fui sintiendo primero que me
desintegraba y luego sentí más fuerte mi columna vertebral; la siento como
un eje.
Marta (a los dos): Pónganse de frente y tómense de las manos.
Alfredo: Yo siento que todavía me queda un poco de armadura pero ya
no es de hierro, es de tela plástica, tengo ganas de arrancármela.
Marta (a Alfredo): ¡Hazlo!
Alfredo: Siento que respirando hondo se raja todo y la puedo sacar así.
(Se pasa las manos por el pecho.)

Comentario del Ejercicio 18


A medida que los pacientes hablan y escuchan al otro polo, los dos
extremos pierden fuerza y tienden a un equilibrio.
En este ejemplo aparecen rigidez y debilidad como defensa a situaciones
muy temidas. La debilidad defiende a Laura de la exigencia de crecer. Su
vida es un constante show de debilidad y fragilidad.
Alfredo pretende que la dureza y la rigidez lo defiendan de los atropellos
de la gente.
Cuando Alfredo terminó su diálogo con Laura, le propuse que
continuara trabajando solo. Le propuse que recordase las cosas que hace para
que lo atropellen. El descubrió que la máscara de rigidez que utiliza como
defensa para que no lo atropellen es un factor de provocación.
Parte II
PSICOTERAPIA DE PAREJAS
CAPITULO XIII

RELACIÓN DE PAREJA

19. La pareja y sus conflictos

En el adolescente y en el adulto joven se despierta la necesidad de que otro


cumpla para él el rol de su pareja. Como consecuencia de ello, surge
posteriormente el deseo de encontrarla. También se hace presente el deseo de
ser necesitado en el mismo rol por otro.
Procrear y tener una pareja son necesidades reconocidas del género
humano. Cuando alguien no encuentra pareja, puede convertir su búsqueda
en la principal meta de su vida. Si la encuentra pero no logra satisfacer sus
necesidades vinculares, concentrado en esta tarea, consume un alto porcentaje
de su libido, que no queda disponible para otras realizaciones.
Si una persona encuentra su pareja y se lleva bien, puede desplazar su
libido más fluidamente hacia diferentes intereses. A esta persona le queda
entonces más energía mental y creatividad a disposición de otras áreas de su
vida y no se desgasta en el vínculo.
Una vez constituida la pareja, ésta necesita dar significado a la unión.
Para ello, puede intentar repetir costumbres que dependen de lo aprendido
durante su desarrollo. Por ejemplo, legalizar la unión con el matrimonio civil
y/o religioso. También la pareja trata de cumplir en forma rutinaria roles que,
conscientes o no, se asignan mutuamente; por ejemplo, uno hace la comida y
otro saca la basura.
Normalmente, en un compartir armónico y fluido, los miembros de la
pareja obtienen la satisfacción de sus necesidades vinculares.
Cuando la pareja se forma, ambos miembros coinciden en algunas de
sus necesidades vinculares; por ejemplo, pueden decir: “Nos unimos porque
nos enamoramos.” La pareja también puede satisfacer necesidades mediante
intercambio. Para ello, sus miembros asignan a las necesidades cuya
satisfacción van a intercambiar un valor equivalente en el vínculo y el
equilibrio dinámico de la pareja; por ejemplo, pueden pensar:
“Compartiremos mi título universitario y la herencia de tu padre.”
Para satisfacer las necesidades vinculares, diremos que cada uno
contrata al otro. Estos contratos existen en todas las parejas y pueden tener
partes conscientes explícitas, partes conscientes implícitas y partes
inconscientes.
Veamos un ejemplo: se trata de una pareja A que dijo que concretaron la
unión porque se enamoraron. Ambos querían formar un hogar y tener hijos
(parte consciente y explícita del contrato, cuyo significado era coincidente en
ambos).
Después de una serie de entrevistas surge que, además, se eligieron
porque cada uno pensaba de sí que valía poco y quería un compañero ante
quien ser igual. Ambos se desvalorizaban y avergonzaban porque tenían
padres alcohólicos. Esta parte del contrato había sido inconsciente hasta ese
momento.
En esta pareja, los objetivos conscientes e inconscientes de cada uno
coinciden.
Otro ejemplo: una pareja B dijo que concretaron la unión porque se
enamoraron (objetivo común consciente y explícito en el cual coinciden las
necesidades de ambos).
En las entrevistas que siguieron surgió que ella necesitaba un compañero
para mantener su status económico a través de él. También surgió que él
necesitaba una mujer que le ofreciera juventud y belleza erótica para superar
la disminución de su potencia física.
Además, ella necesitaba un señor mayor que cumpliera roles paternales,
y él, una mujer que lo acompañara en su vejez (contrato inconsciente en el
cual también había un intercambio que equilibraba la balanza de poderes).
Esta parte del contrato de intercambio de servicios era consciente para
ambos, aunque implícita. Esto permitía un equilibrio compensatorio de
poderes. Ninguno lo había explicitado antes al otro.
Otro caso: la pareja C dijo que concretaron la unión porque
se dieron cuenta, desde que se conocieron, que eran el uno para el otro,
contrato consciente compartido.
Más adelante surgió que él necesitaba una mujer que se ocupara de los
hijos de su primer matrimonio que habían quedado a su cuidado cuando la
pareja se disolvió. Ella necesitaba con urgencia un compañero para procrear,
pues ya estaba llegando al límite posible de edad. En forma consciente para
ambos, pero no explícita, contrataron la prestación de mutuos servicies.
Inconscientemente, él buscaba una mujer que no lo abandonara, por eso
eligió una compañera con defectos físicos visibles y no muy vistosa. Ella
temía quedarse solterona y no poder tener hijos por su secuela de
poliomielitis, por eso eligió unirse a una familia. Esta parte del contrato era
inconsciente y permitía un intercambio de igual importancia desde ambos
lados.
Las necesidades de la pareja se van modificando y, por lo tanto, los
contratos se renuevan a lo largo de la convivencia.
La satisfacción de las necesidades del partenaire puede ser usada para
negociar posiciones en la lucha por el equilibrio dinámico y el poder. Por
ejemplo, la pareja C tuve nuevos hijos y debió renegociar parte del contrato
porque la mujer, al tener su propia descendencia, ya no necesitó más su viejo
contrato de unirse a una familia y comenzó a mostrarse intolerante con los
hijos de él.
Para investigar los trastornos de comunicación de la pareja en los
diferentes momentos de la vida en común, resulta útil conocer estos contratos
de necesidad.

La pareja crea códigos para comunicarse


Para satisfacer sus necesidades en la pareja, cada uno se comporta de
manera que genera en el otro las respuestas que él necesita. Estas actitudes se
hacen repetitivas, se convierten en patrimonio común y son el origen de los
códigos de la pareja.
Estos códigos resultan de la asimilación, transformación y decantación
de los códigos individuales bajo la demanda de las necesidades.
Los miembros de la pareja viven en un espacio común; transcurren
juntos y cerca en lo cotidiano, en lo básico. La pareja comparte íntimamente,
crea, procrea y ofrece continentes y espacio para los hijos.
Durante la convivencia se dan las siguientes posibilidades de relación:
pueden ser el otro (simbiotizarse), ser con el otro (acompañarse), ser para el
otro (entregarse), ser al lado de otro (acompañarse), ser independiente del
otro (ser autónomos).

20. Esquema de las posibilidades dinámicas en la relación humana


Normalmente hay un pasaje activo de una forma de relación a otra. Este
pasaje se da en proporciones adecuadas a las necesidades de la diada. Las
posibilidades de pasaje y las características que asume están condicionadas
por las transacciones de los distintos momentos de la relación y por los
contratos de necesidad. El camino que la pareja elige para el pasaje de una a
otra forma depende de lo aprendido en el marco de sus familias primitivas y
de la creatividad individual de cada uno.
El vínculo exige a la pareja el acomodamiento de ambos a los
permanentes cambios que ellos mismos individualmente experimentan.
Además, les exige acomodarse a los cambios que la vida en familia y el
entorno les plantean.
A lo largo de la vida, la pareja atraviesa desfasajes y reacomodamientos.
Un motivo frecuente de problemas se da cuando alguno de los dos
modifica su comportamiento aceptado por ambos muy drásticamente. Esta
modificación puede no coincidir con las necesidades del otro.

Ejemplos
Puede ocurrir que la pareja comience a funcionar, permanentemente, en
forma simbiótica, como un individuo dividido en dos cuerpos. Esto produce
asfixia del vínculo con pérdida de la individualidad y empobrecimiento
paulatino del yo de ambos. O bien puede ocurrir que una persona no madure
adecuadamente, generando sentimientos de sobrecarga, soledad y enojo en el
otro que asume sus roles deficitarios.
Cuando la entrega es siempre en una sola dirección, se produce en el que
se entrega sensación de vaciamiento, frustración y dolor. También puede
ocurrir que la pareja abandone aquella forma de comunicación que le brinda
la sensación de ser una pareja y descubrir que la misma sólo era en
apariencia, careciendo de un vínculo afectivo y efectivo sólido.
A veces, alguno de los dos queda anclado en los primeros contratos.
Esto se debe a que esta persona no se va acomodando de acuerdo a las
necesidades que el vínculo y su situación le plantean. Con esta imposibilidad
de acomodarse detiene el crecimiento del vínculo y genera una relación
estereotipada y frustrante.
La pareja puede llegar a la consulta porque sobrevive, como único
contrato, la necesidad de no quedarse solos. Es importante que el terapeuta
acompañe a la pareja en la búsqueda de nuevos contenidos que den sentido a
la vida en común.
Siempre que la pareja pide ayuda es porque necesitan un cambio. Sin
embargo, puede ocurrir que uno de ellos sabotee permanentemente el
tratamiento. Esto se puede deber a que tiene que cuidar secretos intereses de
algún viejo contrato de necesidad, que encuentra satisfacción en la relación
tal como está y no puede sobrevivir a los cambios.
Capítulo XIV

TRATAMIENTO

21. Objetivos del tratamiento

Una pareja X pidió una entrevista por sugerencia de un médico amigo. A la


primera entrevista acudió él solo. Contó que estaba casado y tenía una hija de
siete años. Cuando la hija tenía dos años, él se separó de su mujer porque no
se entendían. La mujer fue a vivir con la madre y, de común acuerdo con él,
se llevó a la nena. El no toleró vivir sin ellas, y al año estaban otra vez juntos,
pero nada cambió. Agregó en esta entrevista que pensaba que la relación con
su mujer podía mejorar. El no se quería separar y, además, hacía varios años
que quería tener otro hijo pero su mujer no quedaba embarazada.
Sucedieron a ésta seis entrevistas más con la pareja, en las que surgieron
los siguientes datos:
La mujer tenía serias dificultades de expresión y se quedaba sin
respuestas ante preguntas muy simples. Ella daba la impresión de tener un
mundo interno vacío. No tenía amigas, no hablaba en las reuniones a las que
acompañaba a su marido, transformándose los encuentros sociales en una
torrara para los dos.
El trabajaba como ejecutivo y era universitario recibido. Tiempo atrás,
ella había comenzado una carrera universitaria, pero la abandonó en el
transcurso del segundo año porque solo estudiaba si él la ayudaba.
Juntos se aburrían y la situación entre ellos se hacía más dramática los
fines de semana. Ella se aferraba-a la hija, a quien satisfacía en todos sus
caprichos. La paciente decía que se sentía como si aún estuviera embarazada
de su hija. En los ratos libres, él se iba a la cancha a ver un partido, dormía o
miraba televisión comiendo chocolate.
Los contratos de la pareja eran los siguientes:
Contrato consciente (explícito al formar la relación): cada uno tenía
necesidad de separarse de sus padres y formar una familia.
Contrato consciente no explícito: se eligieron proyectando cada uno toda
su desvalorización en el otro (una persona mejor no se va a casar conmigo).
En el fondo, él quiso que ella fuera su mamá, lo cuidara y le diera de
comer. El resultado fue que ella hipertrofió su rol maternal, descuidó y luego
abandonó otras áreas de su rol femenino.
Ella quiso que él fuera su papá y le dijera cómo tenía que hacer todo.
Así, en algunas áreas, él fue cada vez más paternal y ella más nena.
Cuando nació la hija de ambos, ella lo abandonó como hijo y trasladó la
relación simbiótica madre-hijo a su nuevo vínculo con la hija. Esto
desequilibró el contrato inconsciente de que el hijo era él y se separaron.
Finalmente, él se resignó en parte y volvieron a vivir juntos.
Decidí continuar el tratamiento interrumpiendo las sesiones de pareja e
invitando a cada uno de ellos a participar en grupos terapéuticos.
En mi criterio, hubiera resultado más largo y costoso el tratamiento si
continuaba viendo a la pareja en forma exclusiva, dada la dificultad de vencer
el silencio y la parquedad de ella, que se combinaba con la creciente
impaciencia de él.
Los dos necesitaban ampliar y enriquecer su entorno y saber cómo se
manejan otras parejas y otras familias. Ambos necesitaban deslindarse de las
familias primitivas y discriminarse dentro de la pareja que constituían. Los
dos tenían que descubrir qué y cómo compartir; tenían que resolver conflictos
de identidad, descubrir sus valores y crecer.
Elegí para ella un grupo que atravesaba un período expansivo; esto la
podía ayudar a mejorar su lenguaje verbal y su expresividad general. En el
grupo ella podía revisar, en forma indirecta, sus vínculos con la familia
actual, la familia primitiva y el entorno.
Para él, escogí un grupo cuyos miembros —en su mayoría intelectuales
— pasaban por un período con predominio de rasgos depresivos. Mi objetivo
con él era que lograra aumentar su tolerancia y paciencia hacia situaciones de
lenta resolución. situaciones iguales a las que atravesaba su grupo y su mujer.
El también podía revisar en el grupo sus vínculos y problemas de obesidad.
Hasta los seis meses de tratamiento no se observaron en ella cambios
significativos. Recién a esa altura, cuando ella comenzó a hacer alguna
mejoría, él tuvo un affaire con una mujer que, por su descripción, parecía
también muy bloqueada. Dijo en su grupo que se iba a separar de su mujer
porque ya no la aguantaba más. Agregó que prefería plantear la separación en
una sesión de pareja porque temía por su mujer y su reciente embarazo. En
esos días, ella tenía hemorragia y amenaza de aborto.
La impresión del grupo y la mía era que él estaba asustado ante los
cambios incipientes de su mujer y ante el embarazo. Temía que ella lo dejara
solo. Pensé que su pedido de que yo estuviera presente cuando él comunicara
a su mujer la separación era un pedido de socorro.
Si tenemos en cuenta que en la primer entrevista él dijo que no se quería
separar, que quería que la relación mejorara, podemos suponer que me estaba
pidiendo que lo ayudara a visualizar lo positivo de los cambios, a no
temerlos.
En la siguiente sesión de grupo con ella, le pregunté si estaba enterada y
de acuerdo en tener la sesión que él pedía. Contestó que sí, pero que él no le
había contado qué temas quería tratar. Yo puse cara de oler algo feo y
agregué: “No me gusta cómo evolucionan ustedes como pareja.” El grupo
captó la situación; ellos también sentían que se esforzaban mucho con ella,
con escasos resultados. Trabajaron tres días y media con ella. Las sesiones
normalmente duran tres horas. Dejé que la sesión se prolongara con el
objetivo de endeudaría conmigo y con é grupo.
En síntesis, los compañeros trataron de convencerla de que para dejar
aflorar lo femenino debía abandonar su rol materna con el marido y su
apariencia de gorda mal vestida; debía se: sensual y cultivarse.
En el calor de la sesión, le sugirieron que quemara toda k ropa de su
vieja identidad. Los compañeros le mostraron cómo se paraba, caminaba y
se expresaba. Le mostraron cómo hacerlo de manera distinta y la hicieron
ensayar. Había en sus compañeros amor y enojo. No faltó quien dijo que ésa
era la última oportunidad que le daban, que ya estaban cansados de invertir
en ella sin obtener resultados.
Yo fui a la sesión de pareja con dos secretos. Uno compartido con él y
su grupo; él anunciaría que la dejaba. El otro, compartido con ella y su grupo;
ella iba a intentar ser su mujer y no su madre.
Con intención de reforzar el esfuerzo del grupo cuya intensa sesión
había sido el día anterior, decidí que la entrevista de pareja se desarrollara en
el salón del grupo.
Ella iría a la sesión prisionera entre dos contratos, uno viejo establecido
con él (ser su hija y ser su madre), otro, reciente, proveniente del grupo cuyo
amor no quería perder. Este último consistía en abandonar sus viejos
contratos en la pareja para ser solamente la mujer de él.
Primero llegó ella, muy elegante, con un vestido nuevo que armonizaba
con sus pulseras, hebillas, zapatos y cartera. Me comentó que había tirado la
ropa vieja al incinerador y que no sabía qué era lo que se iba a poner al día
siguiente.
Después vino él. Al verla bien vestida y peinada quedó muy
impresionado; pero en cuanto pudo reaccionar, comenzó a evadir la mirada
de ella y a poner su habitual cara de tragedia griega. Esa cara tenía sobre ella
el poder hipnótico de ponerle la mente en blanco y hacerla sentir tonta.
Permanecieron en silencio, y cuando les pregunté si tenían algo que
decir, ella dijo que no. El dijo que sí, pero que hablaría más adelante porque
no podía desconectar su mente de la oficina.
Les propuse que cada uno imaginara y representara cómo serían los dos
si fueran árboles, qué actitud tendrían y a qué distancia estarían uno del otro.
Propuse que primero hiciera ella los roles y agregué dirigiéndome a él:
“Tienes que mirar atentamente lo que hace tu mujer y registrar qué sientes”.
Luego le pedí a él que representara los roles mientras ella lo miraba.
El objetivo de esta consigna era que él captara el nuevo ofrecimiento de
ella: ser su mujer, si es que lo lograba concretar. Lo que ocurrió fue que ella,
tímidamente pero con actitud seductora, recorrió la habitación para escoger
los almohadones que usaría para sus roles. Luego se ubicó sobre los
almohadones y en la forma más artística posible representó a los árboles.
Ninguno de los dos estaba profundamente concentrado en la consigna de
trabajo. Ella estaba centrada en cumplir su compromiso con el grupo. El
estaba peleando con su ambivalencia.
Cerca del final de la sesión, le pregunté a él que era lo que quería decir.
Contestó con una cara que trataba de disimular la alegría, que durante el
transcurso de la sesión había estado cuestionándose ideas previas a la
entrevista y prefería revelarlas en su grupo.
Salimos de la sesión sin haber hablado de los temas secretos, pero
habiendo trabajado sobre ellos.
Ella eligió una carrera universitaria breve, y sin demora comenzó a
cursarla.
La relación de pareja sufrió rápidos y positivos cambios. Ambos
orientaron sus roles paternales hacia los hijos. Crearon además un espacio
íntimo compartido con intereses comunes. Las evidencias externas de este
espacio fueron la dieta planificada y compartida por ambos, las actividades
deportivas, salidas en común y el apoyo mutuo para las realizaciones
individuales. Modificaron también su relación con las familias primitivas,
dándole más lugar a las abuelas con la nieta y cerrando la posibilidad de
intromisión en la pareja.
La nena pasó dificultades. Se terminó su rol habitual de barrera entre los
padres y, a su vez, la madre le dedicó menos tiempo. La madre comenzó a
ponerle límites y a responder de otra manera a los reclamos simbióticos.
La paciente dedicó parte del tiempo, que antes era de la nena, al esposo,
al estudio y a los preparativos para recibir al nuevo bebé. Ambos trabajaron
la situación con la hija en los respectivos grupos hasta lograr reencausarla al
cabo de pocos meses. Poco después del nacimiento del bebé, la pareja se fue
de alta.
En síntesis, lo que se logró con el trabajo activo de ambos en los grupos
fue que la pareja tomara conciencia de la distorsión de roles y crearan
objetivos adultos de convivencia, en pareja y en familia.
En la terapia individual el paciente busca la esencia de sí mismo.

Primeras entrevistas
El objetivo más importante de las primeras entrevistas es comenzar a
gestar un vínculo entre los pacientes y el terapeuta; tomar contacto con el
conflicto manifiesto y plantear hipótesis acerca del conflicto latente.
El terapeuta deja que la pareja exprese libremente todo lo que quiera
contar acerca de lo que le pasa. Formula las preguntas que necesita para
orientarse en lo que sucede y comunica sus impresiones.
Si el terapeuta considera que puede ayudarlos, les propone nuevas
entrevistas diagnósticas. En estas entrevistas investiga si existe en ambos el
deseo de preservar el vínculo; averigua los intereses y posibilidades que tiene
cada uno de escuchar las expectativas del otro y hasta dónde puede y desea
satisfacerlas.
Al cabo de varias sesiones, el terapeuta tiene una idea acerca de las
características del vínculo, madurez individual e interés en permanecer
juntos.
El terapeuta comenta a los pacientes cómo piensa encarar el tratamiento.
Luego, les propone un contrato por tiempo limitado a partir de lo que su
experiencia subjetiva le indica acerca del tiempo aproximado que podrían
necesitar.
En situaciones de mucha urgencia —pareja recuperable con hijos que
está a punto de romper la relación en malos términos— podrían ser
necesarias dos entrevistas semanales. El número de entrevistas se reduce a
una, una vez que pasó el momento crítico.
En general una sesión semanal de una hora a hora y media suele resultar
suficiente.
Durante el tratamiento, el terapeuta ayuda a la pareja a esclarecer y
resolver los diversos temas que traen a sesión. Los temas se superponen unos
con otros. Con algunos es posible avanzar rápidamente; en cambio, otros
temas demandan mucho tiempo.
Puede ocurrir que un miembro de la pareja esté maduro para enfrentar
un problema y el otro, aún no. En este caso es preferible no forzarlo y
esperar, para revisar temas especialmente difíciles, el momento en que ambos
puedan aprovechar el trabajo.
Cuando la pareja crece en forma desigual, puede aparecer intolerancia
en el que cambia más rápido y existe riesgo de ruptura del vínculo. En este
caso, puede ser conveniente reforzar la tarea mediante un específico cambio
en el esquema de tratamiento. El terapeuta plantea que es apresurado tomar
una decisión en un momento en que la situación aparenta estar muy
desequilibrada e incorpora a cada uno de los pacientes en distintos grupos
terapéuticos.
Mediante esta maniobra distiende la tensión de ruptura y abre nuevas
posibilidades. Además, desplaza momentáneamente la atención de la pareja
hacia los grupos. Dentro de los grupos, el terapeuta los acompaña en su
crecimiento, ayudado igual que antes por el conocimiento de las necesidades
de los dos. Ahora cada paciente cuenta con el grupo para revisar su mundo
interno.
En los grupos, cada uno trabaja los problemas que se resisten a enfrentar
en los encuentros de pareja. Podría tratarse de contratos de necesidad
inconscientes, influencia de las familias primitivas en la pareja o mandatos
parentales. En un encuadre grupal, estos problemas se movilizan más
fluidamente.
También el grupo brinda, aunque no es su objetivo, un grupo de
pertenencia. Este amplía la relación con el entorno de cada uno de los
cónyuges. Esto es muy útil si es que tenían un entorno muy limitado o pobre,
como ocurrió en el ejemplo que mencionamos.
Función del grupo en el tratamiento de parejas
En los grupos, los pacientes aprenden a discriminar las funciones,
alcances y responsabilidades de cada persona en el vínculo. Descubren cómo
crear momentos íntimos propios y compartidos.
Durante el tratamiento, los pacientes incluyen al terapeuta en la pareja.
Depositan en él toda su contradicción y confusión, pero el terapeuta no se
debe dejar distraer por ello.
El terapeuta siempre actúa a favor de los intereses de la relación. y sujeta
sus intervenciones a las necesidades del vínculo.
La función del terapeuta es seleccionar aquella información que le
permite generar cambios en los pacientes. Su presencia en los grupos de los
dos facilita que encuentre atajos para hacer crecer a las personas en aquellas
áreas que son puntos clave de sus vínculos.

Abordaje en sesión de los diferentes temas de la pareja


Durante el tratamiento, cada pareja trae como material de sesión
diferentes tópicos que están encadenados en un orden singular. El terapeuta
ayuda a la pareja a explorar los temas más profundamente, así como a hacer
los cambios que pudieran necesitar. Se trata de lograr que la pareja tome de
cada tema y de cada sesión lo positivo para el vínculo. El terapeuta trata de
que el cierre de cada sesión sea a través de una síntesis que rescate los puntos
trabajados en ella y que sirvan para el futuro.
Los objetivos terapéuticos se cumplen de una manera fluida con la
inclusión de tests, juegos y humor. Con estos elementos, se proporciona un
entorno sin solemnidad, poco persecutorio, que ayuda a la pareja a bajar la
tensión interna del vínculo. Muchas veces, si bien no se puede lograr que los
problemas dejen de existir, por lo menos pierde fuerza la utilización que la
pareja hace de ellos para mortificarse.
CAPÍTULO XV

JUEGOS

22. El juego como elemento terapéutico en la terapia de parejas

El juego sirve para elaborar situaciones irresueltas a través de la


experimentación y resolución creativa.
El juego usado como test aporta un valioso material. El trabajo a nivel
simbólico que se realiza con los juegos favorece la disminución de la
resistencia. Cuando juega, el paciente no controla lo que hace o dice, y esto
facilita la inclusión de afectos y situaciones muy temidas. El hecho de que los
conflictos se puedan leer repetidas veces desde los distintos juegos ayuda a
concientizarlos.

Aplicación de juegos para detectar contratos de necesidad


Todas las personas tienen ideas conscientes e inconscientes acerca de lo
que es su pareja y de las necesidades que quieren satisfacer en ella. Estas
ideas están incluidas en los contratos.
El juego de la casa y el juego de las dos figuras humanas son útiles para
revisar la parte inconsciente de los contratos de necesidad.
Estos llamados juegos tienen una doble función: testifical y jugar. En
determinados casos resulta útil crear juegos específicos para el tema que se va
a revisar.

A. Juego de la casa.

Consiste en que cada miembro de la pareja haga un dibujo de la casa en


que vive, con crayones o fibras. Deben usar los colores que le parezcan
representativos de cada parte de la casa. La consigna no aclara si se debe
dibujar el interior o el exterior de la casa.
Si los pacientes dibujan la parte exterior, podría indicar resistencia a
mostrarse. Una vez que los pacientes terminaron de dibujar y si no lo hicieron
en el primer intento, la terapeuta sugiere que dibujen la casa por dentro. Les
pide, además, que incluyan la parte que más les gusta y la que menos les
gusta de ella.
Los pacientes proyectan en las distintas partes de la casa aspectos
aceptados y no aceptados de sí mismo.
Una vez hechos los dibujos, la terapeuta les propone que se los muestran
mutuamente. La terapeuta observa cómo los muestran. Esta parte del ejercicio
arroja datos acerca de la comunicación verbal, corporal y sexual. Se observa
si los pacientes están interesados en mostrar lo propio, si quieren conocer más
acerca del otro y acerca de lo que éste piensa. Se observa si el motivo del
interés es competitivo (cuál dibujo es mejor), o si hay otro tipo de interés.
Puede ocurrir que uno de ellos muestre el dibujo poniéndolo a distancia del
otro o en una posición que obligue al otro a levantarse, adelantarse o hacer
algún tipo de esfuerzo para poder ver.
A veces, los pacientes muestran interés en el dibujo del otro sólo para
usarlo de introducción y. apoyados en esta manifestación de interés, hablar
del dibujo propio.
Si la terapeuta considera oportuno señalar algo en esta etapa, recién lo
expresará cuando los dos hayan terminado de mostrar y de relatar lo que
quisieron expresar en los dibujos.
Se pasa luego a investigar y relatar, más a fondo, el material proyectado.
La terapeuta propone que cada paciente represente la parte que más le gusta
de su propio dibujo, hable desde allí y compita con la parte que más le gusta
al otro. Luego harán lo mismo con la parte que menos les gusta.
También se puede proponer que representen la parte elegida por el otro
como más linda o más fea, y dialoguen desde allí.

Ejemplo1
Miguel: Dibujé la casa de fin de semana. Me gusta el living. Es el lugar
donde pasamos los mejores mementos. Yo proyecté y dirigí la casa. Me gusta
arquitectónicamente. La buhardilla tiene todas las cosas que tengo que hacer
y no hago, están amenazándome. Me preguntan “cuándo te ocuparás de
nosotras”.
Bárbara: Dibujé la casa donde vivimos actualmente, el jardín, el
comedor con su hogar que, en invierno, me gustan mucho. Abriendo los
ventanales se ve el jardín y la calle. El garaje es lo que menos me gusta, está
desordenado, más sucio.
Marta: Cada uno va a representar, ahora, la parte que más le gusta de la
casa que eligió.
Miguel: Soy el living, soy lindo, sencillo. Estoy decorado
modestamente. Estoy en el campo y tengo más vista que la tuya.
Bárbara: Soy el living, estoy en el centro de la casa. Percibo lo que pasa
en toda la casa. Tengo un hogar en pleno centro y el control de todo. Yo
percibo lo que pasa alrededor de la casa mejor que nadie. En este living
comenzamos una nueva etapa. Compramos la casa juntos, la decoramos
juntos, es de los dos.
Marta: Cada uno debe representar la parte que menos le gusta de la casa
que eligió y hablar con la parte que menos le gusta al otro.
Bárbara: Yo soy el garaje.
Miguel: Soy la buhardilla, siempre oscura. Me encajan todas las
porquerías que sobran; cosas rotas para arreglar. A ti, garaje, por lo menos te
limpian, te sacan el coche: en cambio, aquí tengo tierra de años.
Bárbara: Estoy mal hecho. En mí siempre queda agua acumulada,
botellas vacías, basura. Soy difícil de lavar porque se acumula el agua. Cada
vez que sacan las porquerías, surgen nuevas. En ti, buhardilla, en cambio, hay
cosas viejas pero no basura. Aquí hay agua sucia y grasa acumuladas.
Marta (a Miguel): ¿Cómo te gustaría ser como buhardilla?
Miguel: Me gustaría tener mejor comunicación, o sea un buen acceso.
Quisiera que no fuera necesario colgarse para entrar en mí. Quisiera ser más
útil, tener estanterías, guardar sólo lo que sirve, tener una ventana con luz
natural.

¹ Véanse otros trabajos de Bárbara en p. 158. (En el original)

Marta (a Bárbara): ¿Cómo te gustaría ser como garaje?


Bárbara: Tener un piso de vereda acanalada, tener azulejos hasta arriba.
No quiero parecer un garaje, quiero parecer más bien un patio.
Comentario
La casa elegida por cada uno de olios pone de manifiesto sus roles en la
pareja. Miguel, que tiene roles femeninos pasivos, elige la casa de fin de
semana.
Cuando realizó este trabajo. Miguel tenía cuarenta y cinco años y estaba
jubilado. Se sentía deprimido y viejo. Se levantaba tarde, preparaba un
vermut, miraba TV, ayudaba a los hijos a hacer los deberes y dormía. Al
mismo tiempo, él sentía que en la buhardilla estaba todo lo que tenía que
hacer, amenazándolo. Desde la buhardilla, habla de su desvalorización, de su
aislamiento y de su hacerse cargo de los aspectos femeninos de la pareja.
Bárbara tiene los roles activos-masculinos del vínculo. Ella eligió la casa
donde vivían cotidianamente.
En su trabajo, ella expresa que tiene el control de la casa cuando dice:
“Tengo el hogar en pleno centro y el control de todo. Yo percibo lo que pasa
alrededor de la casa mejor que nadie.”
Por la época en que se realiza este trabajo, Bárbara maneja su casa y la
de sus hermanos. El garaje simboliza lo femenino desvalorizado y sucio.
B. Juego de las dos figuras humanas
La terapeuta propone a los pacientes el siguiente juego: Cada uno debe
dibujar dos personas. La terapeuta no les indica sexo ni edad, sólo les dice
que dibujen personas. Cada paciente debe relatar
la historia del vínculo de los personajes de su propio dibujo. Luego,
metiéndose en la sensación de ser el dibujo del otro cada uno continúa y
termina la historia relatada por el otro.
Ejemplo realizado en las primeras entrevistas
Descripción de Miguel de su propio dibujo: Son un hombre y una mujer
que vienen caminando de lejos, no se sabe de dónde, y están bastante serios.
El camino parece ser llano, no hay nada alrededor. Se encuentran ante un
montón de piedras, no saben si van a poder o no pasarlas. Están parados
delante de las piedras. No saben si van a tener fuerzas para pasar las piedras.
Están ahí estáticos.
Descripción de Bárbara de su propio dibujo: Es una pareja que viene por
un camino muy largo. Hice primero al hombre y luego a la mujer. Me dio
ganas de ponerle tetas a ella. Me pareció que venían de las montañas. Cuando
le puse nieve a las montañas tuve miedo. Pensé que habían llegado a un
bosque. Del lado del hombre había frutos y flores. No les pude dibujar la
cara. Hubiera querido ponerles una sonrisa y no pude. En un momento dado,
me di cuenta de que en la hoja no tenía lugar para hacer el camino para
adelante.
Marta: Ahora les voy a pedir que se sienten en la alfombra, bien
apoyados, espalda contra espalda. Cada uno debe meterse en la escena que
dibujó el otro y continuar el relato del otro.
Miguel: Un bosque siempre es algo lindo, entra el sol entre las ramas, si
hay frutas es lindo recogerlas y comerlas. Nos sentamos en el pasto a
comerlas. Es lindo, se oyen los pájaros y hay olor a tierra mojada. Después
que comemos la fruta, seguimos por el camino. No hay peligro de perderse,
siempre que esté el camino. Seguimos caminando por el bosque.
Marta: Sigue caminando. ¿Dónde llega?
Miguel: Sería lindo que hubiera una cabaña con fuego, café caliente,
olor a madera. (Llora emocionado.) Quisiera que nos pudiéramos sentar ante
el fuego y ser de verdad nosotros dos, no tener bronca y además poder estar
enamorados A veces, me parece que ya no me acuerdo de cómo es eso.
Marta: Bárbara, ¡avié sentiste cuando él relataba?
Bárbara: Sentí tristeza.
Marta: Representa el dibujo de Miguel.
Bárbara: Estoy delante de las piedras, son marrones. No son tan
grandes, pero sí pesadas. Siento que tengo que sacarlas del camino, no
treparlas. Son pesadas pero posibles de sacar, pero veo que las voy a tener
que sacar yo sola. Tengo que sacarlas y me cuesta mucho. Como ellos vienen
de una parte desértica, tengo la sospecha de que uno saca las piedras y todo
sigue igual. Hay un arbolito allá lejos y ese lugar es muy llano. La sospecha
es que después de venir de algo tan árido, es difícil que aparezca un bosque
con árboles que crujen y maderas para quemar.
Marta: ¿Qué resuelves hacer?
Bárbara: Sacarlas.
Marta: Métete en la sensación de sacarlas.
Bárbara: ¡Uh! ¡Son muchas! ¡Miguel no me ayuda! Repentinamente, se
me ocurrió que sacando las piedras aparecía un riacho de montaña y se ponía
un poco más lindo el paisaje. Uno se puede sentar al costado del riacho y
mojarse los pies. Después del esfuerzo de sacar las piedras, es bueno que
haya un riacho para tomar agua (llora emocionada). Es lindo poder bañarse y
mojarse los pies. Es un río finito. Ahora, me imagino que estamos en
Córdoba, hay vegetación, pasto cortito y ovejas que vienen a comer al
costado. Los chicos nuestros están corriendo. Me veo a mí misma
mojándome los pies en el río, pero no lo veo a Miguel. Es como si tuviera
que llamarlo porque se quedó del otro lado de las piedras. Me gustaría que
viera el río que tanto me emociona. Quisiera que también le gustara a él. Los
chicos están solos, corriendo.
Marta: ¿Hay algo que te impide llamar a Miguel?
Bárbara: Tendría que ir y decirle: ven. Tendría que agarrarlo del brazo.
Empiezo a sentir obligación. El tendría que estar también de este lado del
camino, sin que yo tenga que hacer el esfuerzo de traerlo. Él lo haría por mí
porque yo lo empujo. El se sentaría en el río pero no sabría si está o no
contento. Soy yo quien va a buscarlo para tener relaciones sexuales. Al
principio no sé si está caliente o no; después de un rato de incertidumbre
participa activamente. Es como si yo deseara la alegría y el placer
espontáneos y no la vivencia, después de un montón de esfuerzo.
Marta: Miguel, ¿qué sentiste cuando ella relataba?
Miguel: Me gustó que encontrara agua y hablara de los chicos. Pensé
que estábamos juntos, mojándonos los pies, y ella dijo que no. Luego ella
dijo que tenía que arrastrarme. A veces no sé qué me traba, es como si ella
misma me trabara con su demanda exagerada de las cosas.
Comentario
Bárbara, que prácticamente no conoció a su padre, se identifica con una
madre fuerte y trabajadora. Ella proyecta en Miguel la figura ausente de su
padre. Miguel, identificado con una madre frágil y soñadora, encuentra en
Bárbara la figura exigente y dominante de su padre. Después de un tiempo de
tratamiento, puede ser útil repetir el ejercicio para evaluar los cambios. En
este caso, los dibujos mostraron a los pocos meses de tratamiento escenas de
alegría, unidad familiar y amor.
C. Descubriendo juegos útiles para clarificar temas o situaciones
específicas
En muchos casos, la terapeuta intuye que un determinado juego podría
arrojar mayor claridad en el tema o situación que se está tratando con los
pacientes. En otras ocasiones, la terapeuta crea un juego para un determinado
caso, luego ese mismo juego le sirve para revisar el mismo tema con otras
parejas, como ocurrió con el juego de la casa.
Ejemplo:
Miguel manifestó en varias sesiones que le molestaba que Bárbara fuera
materialista, rígida, organizada y concreta. El se describía a sí mismo como
volátil, etéreo y poeta.
La terapeuta pide a los pacientes que cierren los ojos. Luego toma la
tapa de un canasto tejida al crochet y la entrega primero a uno y luego al otro
paciente solicitando que describan lo que sienten al tacto.
Miguel: Se trata de una cosa tejida al crochet que tiene un borde redondo
y arriba una manijita.
Bárbara: Siento una sensación rugosa, suave en unas partes y áspera en
otras. Hay una elevación y luego se me hunde el dedo. Me da sensación de
hundimiento.
Bárbara describe puras sensaciones y Miguel describe cosas concretas.
Miguel inmediatamente llevó al plano de lo concreto la sensación que recibió
a través de sus manos. El rechaza su necesidad de ser concreto y la proyecta
masivamente en Bárbara, criticándola luego. La terapeuta les da. después, una
rosita de cerámica.
Bárbara: Se trata de algo suave, resbaladizo, que tiene onditas. Aquí
tiene algo que cruje.
Miguel: Acá hay un pedacito de papel. Está roto abajo. El papel
sobresale. Tiene forma de rosa. El objeto es suave y tiene puntas filosas; en el
medio tiene un agujerito.
Este juego permitió explorar cómo, habitualmente, cada uno proyecta y
ataca en el otro ese aspecto de sí mismo con el que tiene conflicto.
D. Uso de juegos para explorar la incidencia del pasado en la vida
actual de la pareja
Los contratos de necesidad están influenciados y, a veces, determinados
por los mandatos parentales y los conflictos que cada uno tiene con la familia
de origen, desde épocas anteriores a la unión de la pareja. Esto significa que
la pareja puede buscar expresar o solucionar diferente tipo de conflictos a
través de los contratos de necesidad.
Los juegos que a continuación se describen sirven para revelar cómo la
percepción del aquí y ahora está condicionada por el pasado. Pasado y
presente se superponen. Muchas veces los pacientes están más fijados al
pasado que incluidos en el presente. Por lo .tanto, el presente está
condicionado por el pasado.
Los pacientes miran los acontecimientos a través de la subjetividad de la
historia personal. Ellos pueden usar a la pareja como telón de proyecciones
en el cual repiten su pasado y pelean con él. Cada uno pretende instrumentar
en la vida en común códigos de comunicación que el otro no capta ni
entiende. Entonces, el mismo gesto o palabra es comprendido por cada uno
desde un código diferente.
Mediante juegos, con diálogos y escenas, se clarifica en sesión lo que
cada uno expresa a nivel corporal y verbal. Al cesar los profundos
desentendimientos, se crea el espacio mental necesario para lograr códigos
compartidos satisfactorios y para rescatar los ya existentes.
Ejemplo de un gesto comprendido por los dos desde un código
propio
Recuerdo una mujer que tenía temor a la “cara de malo” que ponía su
marido cada vez que ella decía que quería trabajar. En el consultorio el
marido representó esa cara. El la encontró igual a la de su padre en épocas
económicamente duras. Esa cara significaba para el paciente “pobreza y
tristeza”; también le recordaba las disputas de su padre y su madre por
dinero. Durante el trabajo con este gesto, las escenas derivaron hacia un
diálogo con el papá en el comedor dé la casa de la infancia. La casa estaba en
un pueblo al que se mudaron por razones de trabajo del padre. El paciente
reprochó a su padre la pérdida de sus viejos amiguitos, su barrio y otras
cosas. En este diálogo se pone de manifiesto el mandato paterno de que el
hombre debe mantener a la familia y la mujer tiene que quedarse en la casa.
Le pedí a ella que representara “la cara de malo”, para entender qué
significaba para ella. Tardó un buen rato en decidirse a representarla porque
le daba miedo. Sobre todo, la amedrentaba la mirada de malo. Ella decía que
era una mirada que le quería pegar, que la desaprobaba. Al representar ese
gesto, ella sintió que era igual a un gesto que su padre solía tener cuando ella
tenía doce años y quería ir al baile con la hermana mayor. Le pregunté qué
situación parecida le estaba ocurriendo ahora, y contestó que su esposo se
enojaba mucho si ella salía a tomar el té con sus amigas. El decía que si ella
salía, los niños y la casa quedaban mal atendidos.
Después de este trabajo, ella dejó de usar el gesto de él para prohibirse
cosas.
En este ejemplo, como en tantos otros, aparece el enlace del momento
actual con la infancia que provoca en ambos protagonistas una situación
patológica que tiende a repetirse.

A continuación se transcriben juegos que permiten trabajar sobre la


incidencia del pasado en el aquí y ahora.

E. Juego para parejas con hijos


La terapeuta propone que cada uno se imagine que en el lugar donde
está sentado el otro hay en realidad una persona extraña. A esta persona le
deben contar cómo es su pareja en los roles de madre o padre con cada uno
de sus hijos. Deben hacer el diálogo como si su pareja no estuviera presente
en la habitación.
Miguel: Mi mujer es terriblemente exigente con nuestro hijo mayor. Ella
se queja de que él es muy desprolijo, y sin embargo es tan prolijo como los
demás hermanos. Yo creo que ella es intolerante con él.
La terapeuta le pide al paciente que recuerde cuál de sus padres se
comportaba con él de esa manera.
El paciente presta mayor atención a aquella parte del vínculo de su
mujer con el hijo que lo pone en contacto con su propia historia, en relación
con sus padres.
La terapeuta le pide al paciente que repita el ejercicio en relación con los
otros hijos. Se observa que hay un aspecto diferente de la conducta de la
mujer con cada hijo, que él percibe especialmente.
Las personas neuróticas casi solamente registran, del vínculo de la
pareja con los hijos, aquellas cosas que tienen que ver con su propia infancia.
Luego la terapeuta le pide a la mujer que hable con su marido como si él
fuera un hombre extraño, y le cuente qué tipo de padre tienen sus hijos. La
paciente dirá las cualidades positivas y negativas del esposo con cada hijo.
También se revisa eh qué parte de su historia pasada hay coincidencia de
conductas entre padres e hijos.
Este ejercicio permite averiguar situaciones no resueltas de la infancia.
Cada uno intenta revivir, cotidianamente, situaciones infantiles a través de la
relación del cónyuge con los hijos. Esto ocurre porque los pacientes
confunden a su pareja con figuras parentales y superponen las figuras de sus
hijos con ellos mismos.

F. Uso de juego para explorar la relación con los padres


Cada uno imagina que en el lugar donde está sentada su pareja, en
realidad está sentado uno de sus padres. Terapeuta a él: “Tiene que mirar a su
mujer imaginando que en su lugar no está ella sino su madre. Tiene que
superponer la figura fantaseada de su madre con la real de su mujer. Le dirá a
su madre lo que aprecia de ella y también lo que le molesta.”
Una vez que el paciente cumplió la consigna, la terapeuta le pregunta a
la mujer cuáles de las cualidades que dijo su marido a la madre se las dice
también a ella.
Se continúa trabajando con él, y debe imaginar la figura de su padre
donde está sentada su mujer. Al final del trabajo, el terapeuta pregunta al
paciente qué cualidades positivas y negativas de las que él dijo de su padre
también se las podría atribuir a su mujer. Luego ella hace los diálogos
imaginarios con los padres.
En este ejercicio se investigan los aportes que hacen los dos para crear
los problemas.

G. Juegos para explorar la relación con parientes


Ambos pacientes acomodan almohadones sobre la alfombra,
representando con ellos a las distintas personas de la familia primitiva de uno
de ellos (padres, hermanos); pueden agregar a tíos u otras figuras que tengan
influencia sobre ellos.
Los pacientes se sientan en los almohadones simbólicos de cada rol y
representando los personajes dan sus opiniones acerca de la pareja, su vínculo
y sexualidad.
Se confronta lo proyectado por uno y otro; de esta manera se ponen de
manifiesto los mandatos parentales, que es el objetivo de este ejercicio.

H. Juego para investigar la imagen de pareja que los pacientes


transmiten a sus hijos
Ambos pacientes colocan almohadones en círculo, representando con
ellos a sus hijos. Luego, asumiendo el rol de cada hijo sobre su respectivo
almohadón, cada uno opina acerca de cómo la pareja se lleva sexualmente,
acerca de cómo son como pareja y como padres. Después que los dos
representaron a cada uno de sus hijos, se confronta y evalúa lo proyectado.
Capítulo XVI

COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

23. Explorando la comunicación

La terapeuta pide a los pacientes que conversen, mirándose a los ojos.


También solicita que respondan las preguntas que ella les formula,
dialogando entre sí como si ella no estuviera presente.
Desde la posición de observadora participante, la terapeuta fomenta el
diálogo directo en la pareja, investiga el lenguaje corporal y verbal y recoge
datos para encaminar la sesión. También, de esta manera, ella se evade
fácilmente de los intentos que los pacientes hacen de hacerle tomar partido
por la causa de uno u otro en el diálogo o disputa que mantienen entre ellos.
La terapeuta observa si la pareja se escucha mutuamente y si cada uno
valora y tiene realmente en cuenta las palabras del otro. Investiga si en las
discusiones logran expresar lo que quieren decir y si sacan o no conclusiones
útiles para el vínculo. También averigua si la pareja comparte responsabilidad
y culpa de los problemas del vínculo y si toleran frustraciones.
La pareja usa manipulaciones verbales y no verbales.
Por ejemplo, alguien comenta: “Julio es un excelente psiquiatra, pero en
su familia son todos locos.” Lo que la persona dijo a partir del “pero” pone en
duda la afirmación de que “Julio es un buen psiquiatra”.
Se llaman verbales aquellas manipulaciones en las que se usa la palabra
y el tono de voz para controlar, influir o determinar el pensamiento o la
conducta de otro.
Se llaman no verbales aquellas manipulaciones en las que se usan las
posibilidades expresivas del cuerpo para manejar a otros.

Ejemplos
Una mujer, en las entrevistas de pareja, cuando no le convenía lo que su
marido decía, tomaba bruscamente su saco y se ponía de pie, sin emitir una
sola palabra. Con esta maniobra conseguía que el marido cambiara el tono y
la dirección de la conversación.
Con otra pareja ocurrió en sesión la siguiente situación: El hombre
golpeó violentamente con su mano un cenicero de pie que estaba entre él y su
mujer, en el momento en que ella decidía usar su propio coche que hasta el
momento sólo usaba él. El efecto de este golpe fue que ella se olvidara
definitivamente de esta decisión.
La pareja puede hacer crecer las manipulaciones hasta que con ellas
desplaza a las personas del centro de la escena, convirtiéndose las
manipulaciones en una de las más importantes metas de la relación.
Las manipulaciones son usadas por la diada para mantener posiciones de
poder respecto del otro. Entonces es útil saber si los cónyuges están todo el
tiempo en la escalada de ganarle al otro o logran momentos de mutuo respetó.
También es útil averiguar si las manipulaciones afectan algunas áreas
del vínculo o todas, y con qué grado de complejidad las organizan.
Explorando la comunicación no verbal
Es muy común el uso de diferentes tipos de miradas para manipular.
Muchas personas acostumbran a hablar mirando el piso, el techo o cualquier
lugar, menos los ojos del interlocutor. Si esto se da, la terapeuta pone énfasis
en este punto clave de la comunicación. Ella pide a los pacientes que durante
la sesión se miren a los ojos cuando hablan. Si los pacientes no lo logran, la
terapeuta propone ejercicios orientados a ese fin.

A continuación, se transcriben ejercicios ejemplificados decodificar


mensajes no verbales.
Ejercicio 19
Supongamos que, en una pareja, el hombre tiene dificultad para mirar a
los ojos de su mujer.
Terapeuta a ella: Ubíquese, de pie, en medio de la habitación.
Terapeuta a él: Camine en torno de su mujer, mirándola de cuerpo
entero y deteniéndose en su mirada un rato. Cierre los ojos. ¿Cómo está
vestida su mujer? ¿Qué expresión tiene ella en la mirada?
A veces los pacientes no logran hacer esta tarea que parece tan simple.
No recuerdan la ropa ni la expresión de los ojos. Miran sin ver.
Si así sucedió, la terapeuta propone lo siguiente:
Terapeuta a él: Métase en la sensación de que usted es ahora los ojos de
su mujer. Desde la sensación de ser los ojos descubra qué le quiere decir ella
a usted.
Generalmente, después de haberse metido en la sensación de ser esos
ojos, pueden mirarlos comunicándose mejor, porque recuperan lo proyectado
en ellos.
Ejercicio 20
Una mujer no soportaba la cara de asco de su marido; al marido le
molestaba el gesto despreciativo de ella.
Marta (a ella): Represente para su marido la cara de asco que él pone y
que a usted le molesta. Averigüe qué le quiere decir.
Ella (con gesto de sentir profundo asco): Me dice: “ ¡Eres una pulga!
¡Novales! ¡No te quiero!”
Marta (a él): Represente su propia cara de asco.
Él: Voy al baño, estoy sacando los paños de la menstruación de ella de
la pileta. Ella siempre los deja allí (pone cara de asco).
Marta (a él): Dígale con palabras lo que le dice con el gesto.
Él: ¡Te odio, chancha de mierda! No tengo por qué ver esos paños
mugrientos en la pileta. (Ella creía que la cara de asco de él era provocada por
un estímulo diferente del real. Aunque él le decía que le molestaba que dejara
los paños de la menstruación en la pileta, ella no quería registrar esta protesta.
Ella necesitaba que él siguiera poniendo cara de asco).
Marta (a él): Métase ahora por un rato en la sensación de ser ella.
Represente la cara de desprecio y averigüe qué le quiere decir con ese gesto.
Él: Te desprecio porque no querés hacer terapia.
Marta (a ella): Ponga su cara de desprecio cotidiana y dígale a él,
verbalmente, lo que le dice con el gesto todos los días.
Ella: Te desprecio porque no quieres tener relaciones sexuales conmigo,
porque te duermes mirando a la pared, no me tocas, no me abrazas. (En este
momento continúo trabajando con ella para que se dé cuenta de su cuota de
responsabilidad en esta actitud de él. Le pido a él que se ponga de pie y a ella
que lo mire y le diga lo que no le gusta del cuerpo de él).
Ella: No me parece muy macho, no me gusta que tenga las manos
regordetas y papada. Me da asco su piel que es muy escamosa. No me gusta
la forma de su cuerpo. Hace años, cuando teníamos relaciones sexuales, no
me sabía acariciar. El era torpe, por eso dejé de querer que me toque. Me
molesta. Cada vez que se quiere acercar lo rechazo porque no lo hace bien, es
torpe.
En este ejemplo aparecen los siguientes datos relativos al vínculo: 1) El
mensaje de los gestos tiene un significado propio para cada protagonista. 2)
La dificultad de contacto físico era de los dos y no de uno solo.
Explorando la comunicación verbal
Es importante trabajar con el material proveniente de las discusiones o
peleas que los cónyuges tienen en el consultorio.
Después de escucharlos, la terapeuta propone que traten de recordar la
frase detonante y trabajar a partir de ella. El objetivo es obtener mayor
flexibilidad en un sistema de comunicación fijo, rígido, donde muchas veces
la función de la pelea es lograr algún tipo de contacto.
La terapeuta sugiere a los pacientes hacer el esfuerzo de no Ejercicio 21
Miguel: ¡Eres muy tonta! El otro día mis amigos se burlaban de mí y te
quedaste indiferente. No fuiste capaz de jugarte, de tomar partido por mí.
¡También, de la familia que vienes no puede ser menos! ¡Por algo todos están
en tratamiento psiquiátrico!
(La costumbre de Bárbara era hacerse cargo inmediatamente de todo lo
que Miguel le decía y dar una respuesta defensiva. La terapeuta propone que
esta vez trate de leer, en el mensaje de Miguel, solamente la parte que se
refiere a él y a sus amigos).
Bárbara: El pide ayuda pero tiene que defenderse solo.
Marta (a Miguel): Transforme el ataque verbal en un pedido. Trate de
expresar sus sentimientos y deseos en forma directa.
Miguel (a Bárbara): Me hubiera gustado que tomaras partido por mí
cuando estábamos con mis amigos.
(La acusación se transformó realmente en lo que era, un pedido, una
expresión de deseo).
Las reflexiones de Miguel acerca de su propia frase le permitieron ver
cómo proyecta y niega su desvalorización, y cómo le pide a Bárbara que lo
complete. Intenta que ella se haga cargo de lo que él no puede, que es
defenderse solo. Bárbara tomó conciencia de su manera instantánea y
defensiva de responder, con la cual capta sólo una parte del mensaje.

Ejercicio 22
Bárbara (a Miguel): Eres frío, distante, sólo te importan tus I hobbies.
(La terapeuta pide a Miguel que no responda a la agresión y trate de leer qué
más le quiere decir Bárbara con esas palabras.)
Miguel: Bárbara me dice: “ ¡Ocúpate de mí también!” Marta (a
Bárbara): Transforma tu frase en un pedido.
Bárbara (a Miguel): Me gustaría que pusieras tanto cariño y dedicación
en mí como el que pones en tus hobbies. ¡Estoy celosa!
Ejercicio 23
Bárbara (a Miguel): Eres indiferente, egoísta. Solamente te interesan tus
cosas.
Marta: ¿Qué sientes ahora mientras dices eso?
Bárbara: Rabia.
Marta: ¿En qué parte del cuerpo sientes la rabia?
Bárbara: En el pecho.
Marta: ¿Sobre quién actúa tu rabia?
Bárbara: ¡Sobre Miguel!
Marta: ¿En el pecho de quién la sientes?
Bárbara: En el mío (ríe).
Marta: ¿Cuál fue tu crítica a Miguel?
Bárbara: Que es indiferente, egoísta; puede pasar días en el sótano con
sus hobbies.
Marta: ¿Tú tienes hobbies?
Bárbara: No.
Marta: ¿Te gustaría tener alguno?
Bárbara: Sí, pero nada me gusta, nada me apasiona, y eso me da mucha
rabia.
La terapeuta pretende mostrar cómo el ataque al otro es también
autoagresión y es una negación del verdadero conflicto que tiene consigo
misma. Es útil mostrar cómo el ataque a alguien con quien uno está unido es
en última instancia una autodescalificación.
En expresiones como las que siguen, hechas con el fin de aliviar
rivalidad y competencia, se observa la autodescalificación.
Bárbara (a los amigos): Si Miguel fuera un poco más dinámico, no
estaríamos en esta situación.
Miguel (a Bárbara, en presencia de los amigos): ¿Todavía no los
convidaste con nada?
Expresando afectos
Con los ejercicios, los pacientes comienzan a identificar con creciente
precisión lo que sienten en cada instante. A veces ellos logran describir las
sensaciones que componen sus sentimientos.
En cada sesión, la terapeuta trata de que los pacientes tomen contacto
con los afectos que surgieron durante su transcurso y logren ponerlos en
palabras. Suele ocurrir, en las primeras sesiones, que los pacientes no saben si
sienten o no. Ellos pueden no distinguir una emoción de otra, o les da igual
pensar que sentir, porque les parece que es lo mismo. Otras veces
desvalorizan los sentimientos y consideran que pensar es superior.
La terapeuta investiga los problemas que los pacientes tienen en esa
área. También ella evalúa si los pacientes pueden tolerar el miedo al propio
cuestionamiento al confrontar sus sentimientos con los de la pareja.
Ejercicio 24
La terapeuta propone a los pacientes que expresen las cualidades
positivas que se encuentran mutuamente y registren lo que sienten durante el
ejercicio. Mientras uno habla, el otro se deja sentir.
En muchas ocasiones, los pacientes no logran encontrarse mutuamente
cualidades positivas y se expresan de la siguiente manera:
Miguel: Ella es buena madre, es muy noble, es muy afectuosa con los
niños.
Bárbara: Él es un padre que sabe estar con los chicos. Lo que tiene de
bueno es que se preocupa por nosotros.
En este ejemplo, los pacientes evitan hablar del vínculo porque se
descalifican mutuamente como pareja.
Luego la terapeuta pide a los pacientes que hablen de las cualidades
negativas que se encuentran mutuamente.
Ejercicio 25
La terapeuta propone a los pacientes que se acuesten y se relajen. Una
vez que alcanzaron la relajación deben imaginar que van por un camino hacia
una gran galería comercial. En la galería entran en distintos negocios: una
tienda de ropa, una zapatería, una casa de disfraces, una casa que vende
“roles para desempeñar’’, un negocio de comidas, un vivero y una casa de
regalos. En cada negocio los pacientes eligen algo para sí y algo para su
pareja. La terapeuta les pide que no comuniquen su experiencia en voz alta
hasta que finalice.
Luego los pacientes relatan la experiencia, reflexionan acerca de ella y
trabajan guestálticamente con el material.
El empleo de este ejercicio también resulta muy interesante en los
grupos terapéuticos. Es útil para trabajar la capacidad de dar y recibir de cada
uno. También es útil para trabajar con la autoestima y para ponerse en
contacto con otros aspectos del mundo interno a través de lo fantaseado.
Ejercicio 26
Los pacientes hablan de sus sentimientos. Agregan —si quieren— todas
las explicaciones que se les ocurran acerca de sus sentimientos. Los pacientes
suelen hacer esta última parte muy bien. Es frecuente que crean encontrar la
causa de todo lo que les pasa; esto les da cierta seguridad que calma la
ansiedad producida por el miedo a sentir y a no poder controlar los afectos.
Ejercicio 27
La terapeuta puede proponer a los pacientes que digan lo que sienten sin
justificarlo y que detecten los detalles de sus sentimientos.
Un paciente dice: “Estoy con rabia porque no me preparaste el
desayuno”. La terapeuta le pide que simplemente repita varias veces “estoy
con rabia”.
El paciente debe buscar dentro de sí más detalles de las sensaciones que
componen sus sentimientos.
Este ejercicio tiene como finalidad el autoconocimiento y la catarsis.
Además, puede llevar al enlace de los afectos actuales con los de la infancia.

Ejercicio 28

La terapeuta da a los pacientes masa o plastilina y les propone que


moldeen lo que les salga. Ella insiste en que los pacientes se conecten con lo
que sienten y lo impriman. También les puede sugerir que se moldeen a sí
mismos, a sus hijos, etc. El material se trabaja mediante un diálogo entre el
paciente y la figura representada en la masa.
Ejercicio 29
La terapeuta propone a los pacientes que se sienten en el suelo
mirándose a los ojos. Los pacientes deben tomarse de las manos y remar o
hacer movimientos de rueda de tren a vapor Momento a momento ellos deben
verbalizar lo que sienten.

Ejemplos:
Ambos pacientes se sientan en la alfombra frente a frente, se toman de
las manos y hacen movimiento de rueda de tren. Con voces burlonas se dicen
el enojo en forma irónica.
Ella: Estoy cansada de que critiques a mis amigos homosexuales. Me
parece que les tienes envidia porque saben gozar de las fiestas mejor que tú.
Él: Yo estoy cansado de que me lleves a esas reuniones donde soy el
único que está de traje. Los demás están de chombita porque son unos
putitos.
Ella: Bueno, vente tú con ramerita, así no estarás tan fuera de tono y
cambiarás un poco.
El. Por qué no te dejas de ser tan mandonita (ríen los dos y se relaja la
tensión).
En este caso el ejercicio permitió al bajar la tensión que hablaran de
múltiples situaciones de enojo entre ambos.
Ejercicio 30
Marta: Conviértase en la sensación que siente en la tarde al entrar a su
casa.
Marido: Soy una sensación de cansancio y mufa. Soy una opresión en el
pecho y desaliento. Soy temor.
Marta (al marido): Vuelva a ser usted mismo y responda a la sensación.
Marido: Me vas a matar, sensación, hace quince años que te soporto. No
doy más. Sé que la única manera que tengo de no sentirte es logrando que
cambie Carmen, a quien igual que a ti hace quince años que soporto. ¡No
aguanto su tristeza! ¡Tendría que romper con ella!
Marta (al marido): Sea de nuevo la sensación y responda.
Marido: No es con Carmen con quien tienes que romper, sino con tu
maldita costumbre de hacerte cargo de los otros y de querer arreglarle la vida
a todo el mundo.

Comentario final
La sociedad, el mundo individual y el cuerpo humano cambian a un paso
acelerado, demandando que cada uno de nosotros tome una posición activa
en esa evolución. Por esa razón, creo que los pacientes necesitan de los
terapeutas que nos actualicemos y estudiemos permanentemente. Necesitan
que manejemos técnicas que nos permitan hacer una psicoterapia cada vez
más eficiente y breve. Tenemos que asimilar las técnicas de modo tal que se
vuelvan parte de nosotros mismos; así podremos implementarlas de la
manera más útil y natural para la situación que abordamos. Yo deseo que el
presente libro contribuya a dicho objetivo.
ESTE INDICE CORRESPONDE AL ORIGINAL EN PAPEL
Prefacio 7
Agradecimientos 11
Parte I
Psicoterapia de grupo
Capítulo I
Introducción a la psicoterapia de grupo 15
1. Características generales de los grupos mencionados en esta obra 15
2. Símbolos 16
3. Partes individuales y compartidas de los significados de los símbolos

4. Información general acerca de los trabajos guestál-
ticos 21
Capítulo II
Dinámica de grupos 25
5. Introducción a las dinámicas del grupo terapéutico 25
Capítulo III
Dinámica de las transformaciones individuales 33
6. Mecanismos que operan en la dinámica de las transformaciones
individuales 33
Capítulo IV
Dinámica del grupo 5 1
7. Mecanismos que operan en la dinámica básica del
grupo terapéutico 51