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1.1.

DECLARACIÓN DE PARTE

ARTÍCULO 213

“Las partes pueden pedirse recíprocamente su declaración. Esta se iniciará con una
absolución de posiciones, atendiendo al pliego acompañado a la demanda en sobre
cerrado.

Concluida la absolución, las partes, a través de sus Abogados y con la dirección del Juez,
pueden hacerse nuevas preguntas y solicitar aclaraciones a las respuestas. Durante este
acto el Juez puede hacer a las partes las preguntas que estime convenientes.”

Por declaración de partes se entiende toda manifestación formal que realiza una de las

partes en el proceso y que genera una serie de efectos jurídicos a nivel probatorio. El art.

213 del código procesal civil peruano, especifica que esta, se iniciará con una absolución

de posiciones, entendiéndose por la misma como aquella citación a confesar hechos

propios en un juicio y se concretiza mediante una serie de preguntas previas que el juez

guarda en secreto y que se le hacen en una audiencia a la que se es citado. Dentro del

concepto general de declaración de parte, podemos distinguir aquella especie de

declaración o testimonio en el que los hechos contenidos son perjudiciales para el

declarante, de aquella otra en la que el testimonio carece ya de ese efecto siquiera de una

directa e inminente finalidad probatoria, pues se trata de la declaración favorable al

declarante, o de una simple narración informativa o aclarativa.

Debemos apreciar la declaración de parte, bajo los alcances de la confesión, entendida

esta como el testimonio que una de las partes hace contra sí misma, es decir, el

reconocimiento que uno de los litigantes hace de la verdad de un hecho susceptible de

producir consecuencias jurídicas a su cargo; por tanto, para que la declaración de parte

sea considerada como prueba debe ser formulada por quien es parte en el proceso, sobre
hechos de su conocimiento personal, desfavorables al declarante y favorables a la otra

parte.

La norma nos exige diferenciar la declaración de la confesión. Si bien toda confesión

constituye una declaración, un testimonio, no toda declaración apareja una confesión, en

tanto, su contenido no sea desfavorable para el confesante o favorable para el adversario.

La declaración de hechos que resultan favorables para el propio declarante, no reviste el

carácter de una confesión, pues, nadie puede ser testigo en su propia causa. El fundamento

o razón de ser de esta prueba se apoya en consideraciones psicológicas y morales, pues

reposa en la premisa que, si bien puede suponerse que el hombre mienta para favorecerse

o favorecer a un tercero, difícilmente lo hará cuando la declaración lo perjudica.

1.2. DIVISIBILIDAD

ARTÍCULO 215°

“Al valorar la declaración el Juez puede dividirla si:

1. Comprende hechos diversos, independientes entre sí; o


2. Se demuestra la falsedad de una parte de lo declarado.”

La norma asume la clasificación de la declaración de parte, en atención al alcance de


esta, en divisible e indivisible.

una declaración es divisible si quien propuso la prueba puede hacer valer la declaración
en cuanto a los hechos desfavorables a quien la emite. para que prospere la divisibilidad
es necesario que concurran dos supuestos: a) comprenda diversos hechos, pero
independientes entre sí; y b) demuestre la falsedad de una parte de lo declarado.

Una declaración es indivisible si la parte interesada acepta en su integridad, tanto lo que


favorece cuanto en lo que perjudica
Debe observarse que la declaración debe versar sobre hechos y no sobre el sentido
jurídico de estos. A pesar de que las partes califiquen jurídicamente sus hechos, la
declaración solo vinculará en su contenido fáctico. Nada impide que el juez califique los
hechos desde el punto de vista que estime adecuado.

1.3. IRREVOCABILIDAD

ARTÍCULO 216°

“La declaración de parte es irrevocable. La rectificación del absolvente será

apreciada por el Juez.”

La norma presenta el debate acerca de la naturaleza jurídica de la declaración de

parte. Frente a ella concurren dos posiciones que conciben a dicha declaración como

negocio jurídico sustancial y la otra de orden procesal.

Para los primeros, es un modo de renunciar a un derecho o de reconocer una

obligación, concertado de común acuerdo entre las partes o ya directamente asumido o

impuesto por el declarante. Los que conciben como negocio jurídico procesal

consideran que ella aparece como un acuerdo procesal por el que se elimina el hecho

confesado del objeto de prueba del proceso.

Las posiciones enunciadas motivan a diferenciar confesión y reconocimiento. Este

último implica la declaración de estar sometido a una obligación respecto de otra

persona; esto es, que ha operado un determinado efecto jurídico, como es la exigibilidad

de una prestación. En ese sentido véase el efecto que le atribuye el artículo 330 del

CPC; por tanto, podemos afirmar que el reconocimiento es una especie dentro del

género que es la confesión. Puede existir confesión sin reconocimiento, pero, no

reconocimiento sin confesión.


Frente a ello, surge el cuestionamiento de la revocación de lo declarado por

confesión. La norma en comentario considera irrevocable lo declarado. Si esta es

considerada como un negocio jurídico sustancial, el efecto normal de ese

reconocimiento es la extinción de un determinado derecho subjetivo o de una

determinada titularidad. Este efecto se produce por la sola voluntad del declarante, por

lo que tiene que ser irrevocable. Asumir una posición en contrario, supondría una

resurrección, sin causa alguna, de un derecho ya extinguido.

Como con la declaración lo que se extingue no es el derecho sino la comprobación de

los hechos en controversia, se le considera de naturaleza procesal la declaración de

parte. En ese sentido, Kielmanovich asume la posición de considerar como un medio

para la comprobación de los hechos, sea que ella se produzca en el proceso o se hubiese

producido en otro, pues, siempre se estará frente a la representación de un hecho

perjudicial pasado realizado ante un órgano de justicia.

Por último, debemos tener en cuenta, que si bien la declaración es irrevocable, la

doctrina enseña que como todo acto jurídico debe reunir los requisitos mínimos para su

validez y de allí se admita su revocabilidad cuando esté viciada por error, o afectada por

dolo o violencia, supuestos que de lodos modos son reputados como circunstancias

excepcionales, pues se trata de un acto procesal realizado ante un órgano judicial, por lo

que el declarante actúa, en principio, libremente.

La posibilidad de la rectificación de la declaración también está permitida; nótese

que no es revocatoria, pues, no se busca negar todo lo declarado; en la recalificación, la

declaración existe, pero sufre variaciones en su contenido. En este supuesto, estas

últimas variaciones serán apreciadas libremente por el juez.

1.4. DECLARACIÓN FUERA DEL LUGAR DEL PROCESO


ARTÍCULO 219°

“Cuando se trate de parte que domicilie en el extranjero o fuera de la competencia

territorial del Juzgado, el interrogatorio debe efectuarse por medio de exhorto.”

Uno de los criterios que se invoca para fijar la competencia del juez es el territorio. Esto

implica diferenciar jurisdicción y competencia en la intervención de cada magistrado. Todos

tienen jurisdicción, pero se diferencian por la competencia.

En ese orden de ideas puede darse el supuesto de que la parte domicilie fuera de la

competencia territorial del juzgado. Aquí nos encontramos ante un juez con jurisdicción, pero

sin competencia, situación que no puede impedir la realización del proceso porque se tiene que

recurrir a pedir la asistencia del juez competente que no es el juez del procese para que

intervenga en la actuación de los medios de prueba que se ubiquen dentro de su circunscripción

territorial. En ese sentido resulta acertado lo que señala la norma en comentario cuando recurre

al diligenciamiento del medio probatorio mediante exhorto. Ello es coherente, con lo que dice el

artículo 151 del CPC "cuando una actuación judicial debe practicarse fuera de la competencia

territorial del juez del proceso, este encargará su cumplimiento al que corresponda, mediante

exhorto".

Nótese que el exhorto opera para toda actuación fuera del lugar del proceso, sea que la parte

domicilie en el extranjero o fuera de la competencia territorial del juzgado. En el primer caso el

exhorto puede ser dirigido a los cónsules del Perú, quienes tienen las mismas atribuciones del

juez, salvo el uso de apremios. Las partes o sus abogados pueden intervenir en las actuaciones

materia de exhorto, señalando para el efecto el domicilio correspondiente. El pliego

interrogatorio se presentará en sobre cenado, correspondiendo su apertura en presencia de la

contraria. Es la parte podrá incluir preguntas y hacer lo mismo el juez, sin embargo, se cuestiona

que este tenga la prerrogativa de eliminar las que considere superfluas, por no conocer el

proceso originario. ' La declaración de parte por comisión rompe el principio de inmediación

porque el juez originario no tendrá contacto con el medio de prueba, pues, hay razones de
competencia que imposibilitan la intervención del juez natural. Esta situación no es extensiva

para la parte que tiene que declarar pero que, por enfermedad, ancianidad u otro motivo que el

juez considere atendible esté impedido de comparecer al local del juzgado. Mientras el

domicilio de la declarante se ubique dentro de la competencia territorial del juzgado, el juez de

la causa, puede concurrir al domicilio de la declarante, para que en presencia de las partes y de

sus abogados, si desean concurrir, emita su declaración. Nótese que en un caso se refiere a la

actuación fuera del lugar del proceso y en el otro, a la actuación fuera del local del juzgado. En

este último caso, no opera la comisión por exhorto.

1.5. DECLARACION DE TESTIGOS

ARTÍCULO 222°

“Toda persona capaz tiene el deber de declarar como testigo, si no tuviera excusa o

no estuviera prohibida de hacerlo. Los menores de dieciocho años pueden declarar sólo

en los casos permitidos por la ley.”

Podemos definir a la prueba testimonial como la declaración proveniente de terceros, pero

ajenos a la relación procesal, esto es, de sujetos que no asumen ni revisten la calidad de parte

principal o accesoria en el proceso, sin perjuicio, que en virtud de normas del derecho sustancial

hubiesen estado legitimados para adquirir tal carácter, o lo que es lo mismo, que pudieran estar

involucrados en la relación material que constituye el objeto de estos.

El testimonio es la narración que una persona hace de los hechos por ella conocidos, para dar

conocimiento de los mismos a otros. Su función es la de representar un hecho pasado y hacerlo

presente a la mente de quien escucha. La persona, con sus sentidos, su memoria y su lenguaje,

cuenta acerca de la existencia del hecho, de la forma en que este sucedió, y de los peculiares

matices que lo rodearon. Debemos señalar que una particularidad de los testigos, son los

llamados testigos de referencia, de segundo grado, de oídas o testigos indirectos. Son personas

físicas, distintas de los sujetos legitimados en un proceso, que trasmiten un conocimiento


relativo a un hecho al cual han accedido mediante la percepción sensorial de un tercero,

verdadero testigo de lo acaecido. Los testigos de referencia no están previstos en el Código

Procesal. Sus declaraciones no pueden llevar a la incriminación, porque en el fondo no

constituyen una prueba.

El testimonio es apreciado como una prueba indirecta, porque no media identificación entre

el hecho a probar, que es el objeto de la prueba, y el hecho percibido por el juez.

Es considerado prueba histórica porque a través de ella se reconstruyen hechos pasados o

pretéritos, que pueden o no subsistir al momento de la declaración, pero que, en todo caso,

comenzaron a existir con anterioridad a ella.

Es una declaración personal porque proviene de la manifestación de una persona física, por

lo que es un acto procesal y no un simple hecho jurídico.

La declaración prestada antes o fuera del proceso no puede reputarse prueba testimonial,

aunque pueda ser considerada como indiciaria; así cuando los testigos declararon ante un

notario público o ante la policía con relación a hechos anteriores que dicen haber percibido, se

produciría una suerte de conversión de la prueba testimonial en indiciaria.

1.6. ACTUACIÓN

ARTÍCULO 226°

“Los litigantes pueden ofrecer hasta tres testigos para cada uno de los hechos

controvertidos. En ningún caso el número de testigos de cada parte será más de seis.”

Frente al número de testigos concurren dos posiciones. Una que considera ilimitado

su número y otra que la restringe.

Nuestro Código establece hasta tres testigos, no por cada parte, sino en atención del

número de hechos controvertidos.


El ofrecimiento de los testigos en el número que en definitiva se considere debe

realizarse en la oportunidad y forma que corresponda. Como señala la norma, en ningún

caso, el número de testigos de cada parte será más de seis.

Otro cuestionamiento que concurre al número de testigos es la existencia de testigo

único y del valor probatorio que esta declaración pueda generar. En la doctrina no se

acepta que los jueces tengan por probados hechos con el apoyo en la declaración de un

testigo a voz de uno, voz de nadie" Se dice por ello que "Un hombre honesto no pudiese

hacer condenar a un pillo, mientras que dos pillos podrían hacer condenar a un hombre

honesto".

Este cuestionamiento se encuentra superado en nuestro sistema procesal porque

gracias a la libre valoración de la prueba, dicha restricción carece de justificación

porque no se tarifa el valor de la prueba testimonial por la cantidad de testigos, sino que

se deja a la libre apreciación del juez. El valor está dado por la calidad, porque \ale más

un buen testigo que varios mediocres".

Un aspecto que no considera el Código es el referente al reemplazo de testigos, por

situaciones excepcionales, como muerte, incapacidad o ausencia. Si bien los testigos

son personas privilegiadas en el conocimiento de los hechos que han conocido, por ello,

son insustituibles, podría darse el caso de que existan varias personas que puedan estar

en esa condición; pero que la limitación al número de testigos haga que la parte solo

ofrezca alguno de ellos y luego este se vea imposibilitado de declarar, por causas no

previstas como la muerte o la incapacidad absoluta. Aquí podría darse la posibilidad -de

manera excepcional de reemplazar al testigo ofrecido inicialmente. Situación distinta es

cuando la parte, que ofreció a un testigo, luego de admitido y antes de la actuación,

decide solicitar la sustitución de este. En dicho supuesto, tenemos que señalar que la
declaración del testigo es insustituible, a diferencia de un perito que sí lo es; en todo

caso, la parte que ha ofrecido dicha declaración tendría la posibilidad de recurrir al

desistimiento del acto procesal, que acoge el artículo 342 del CPC, hasta antes que la

situación procesal que se renuncia haya producido efecto.

1.7. EFECTOS DE LA INCOMPARECENCIA

ARTÍCULO 232°

“El testigo que sin justificación no comparece a la audiencia de pruebas, será

sancionado con multa no mayor de cinco Unidades de Referencia Procesal, sin

perjuicio de ser conducido al Juzgado con auxilio de la fuerza pública, en la fecha que

fije el Juez para su declaración, sólo si lo considera necesario.”

El deber de testimoniar se descompone en tres aspectos: de comparecer, de declarar y

de decir la verdad. El presente artículo se refiere precisamente al primer aspecto, al

deber de comparecer. El incumplimiento de este deber produce en el testigo sanciones

de Índole pecuniario y personal. Como señala la norma, en caso de incomparecencia del

testigo se lo hará traer por la fuerza pública y se le impondrá multa. Reafirma este

artículo la exigibilidad y coercibilidad del deber de comparecer ante un tribunal sin

perjuicio de sanciones Penales. No corresponde este deber a las personas propuestas por

las partes, sino que el juez puede ordenar la citación de oficio de las mencionadas por

las partes en loé escritos del proceso o cuando resultare de otras pruebas producidas,

qua tuvieren conocimiento de hechos que pudieren gravitar en la decisión de la causa.

El deber de comparecer no se exceptúa según el artículo 205 del CPC- cuando se trate

del Presidente de la República, del presidente de la Cámara Legislativa y del presidente

de la Corte Suprema, quienes declararán en la audiencia o en la actuación procesal, que


ocurrirá en sus oficinas. Dichas prerrogativas deben reconocerse cuando los

funcionarios estén en el cargo y no cuando hayan cesado.

La norma en comentario nos permite distinguir entre la citación, el emplazamiento y

el requerimiento, para lo cual, tomando las ideas de Couture, la citación en sí misma es

convocatoria, llamamiento, avisar a una persona para que concurra en un día y en un

lugar determinado, en cambio el emplazamiento es el llamado que se hace a una persona

para que comparezca al juicio dentro de un plazo determinado. Tanto la citación como

el emplazamiento tienen en común, que ambos imponen comparecencia ante el órgano

judicial pero difieren en que la citación supone la presentación en un momento, mientras

que el emplazamiento lo hace en un lapso prefijado. La intimación o requerimiento, es

la comunicación que se hace a alguien "con un mandato judicial' para que cumpla un

acto o se abstenga de hacer alguna cosa, bajo apercibimiento de sufrir las consecuencias

disvaliosas de su omisión o acción.

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