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No importaba que el árbitro lo llamara un golpe limpio. Nico Hunter jamás
sería el mismo.
Elle tiene una vida buena. Un trabajo que le encanta, un gran apartamento, y
el hombre con el que ha estado saliendo por más de dos años es todo un partido para
ella. Pero todo eso es aburrido… y se esfuerza por mantenerlo así. Demasiadas
emociones son peligrosas. Su propio pasado es la prueba viviente de lo que puede
suceder cuando pierdes el control.
Entonces Nico entra en la oficina de Elle y todo cambia… para ambos. Pero,
¿qué pueden tener en común el tatuado y duro combatiente de la MMA y la hermosa
y siempre estable abogada? Mucho más de lo que esperaban.

MMA Fighter #1

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Elle
Traducido por M.Arte

Corregido por Disv

M e gustaría pensar que mi pasado no me sigue como una sombra en


un día soleado al que no puedo dejar atrás. Tengo una vida buena.
Soy inteligente, tengo un gran trabajo, piernas largas, senos
turgentes, y me han dicho, en más de una ocasión, que el hombre con el que salgo es
un buen partido. Entonces, ¿por qué cuando miro por la sala, buscando a William en
el restaurante lleno de gente, parte de mí espera que me haya dejado plantada? ¿Qué
mujer de veinticinco años desea ser plantada? Una que seguirá pasando su vida en
piloto automático, a menos que las circunstancias en mi vida perfecta fuercen un
cambio. La perfección está muy sobrevalorada. Soy un personaje en mi historia,
pasando por los capítulos de mi vida como si hubiera sido escrita por una persona
imaginaria, cuando yo debería ser la autora.
He estado así durante mucho tiempo. Tomo decisiones responsables. Mi vida
es limpia y organizada, y mi ritmo cardíaco se mantiene constante. Me gusta de esa
forma la mayor parte del tiempo. Debería estar orgullosa de a dónde estoy en mi
vida. Pero la verdad del asunto es que a veces siento que me estoy asfixiando en mi
vida superficial.
William llama mi atención y levanta la mano en mi dirección desde una mesa
en la esquina más alejada del restaurante. En la que casi siempre nos sentamos.
Misma hora, mismo lugar, cada semana, semana tras semana rutinaria. Noto a las
dos chicas sentadas en el bar cerca de mí, mirando a William y riéndose. Sus
expresiones decaen cuando se dan cuenta que me está saludando a mí y ni siquiera
se ha fijado en ellas. Pongo mi mejor sonrisa falsa mientras William, siempre
caballeroso, se levanta cuando llego a la mesa. Me besa en la mejilla y envuelve su
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brazo alrededor de mi cintura con una caricia familiar.


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—Lo siento, llego un poco tarde —digo con un discurso ensayado, a medida
que tomo asiento.
—No hay problema, acabo de llegar —contesta William, y sé que es una
mentira. William Harper nunca llegaría tarde. Estoy segura que llegó quince minutos
antes y, ya que llegué veinte minutos tarde, probablemente ha estado esperando más
de media hora, pero nunca se quejaría.
—¿Puedo ofrecerles algo de beber? —La camarera atenta le sonríe a William,
aunque su pregunta está dirigida a mí. Si fuera del tipo posesiva, su coqueteo obvio
probablemente me enojaría. Pero no lo soy. La posesividad y los celos serían
reacciones emocionales, algo en lo que he pasado años trabajando para contener.
—Tomaré un vodka con arándano. Arándano de dieta, por favor. —Miro a
William y noto que su copa está ya vacía. Sonrío internamente, pensando en lo bien
que conozco a este hombre. Se toma tranquilamente la única bebida que se permite a
sí mismo, un vodka con tónica, para una sólida media hora, luego cambia a agua.
—Solo agua para mí, gracias. —William le sonríe a la camarera y ella
resplandece por su atención. William Harper es un hombre apuesto. Tendrías que
estar ciega para no verlo. Alto, ojos azules, cabello rubio perfectamente peinado, y
siempre vestido como si acabara de salir de la revista GQ. Sus dientes son blancos y
perfectamente rectos y deslumbran bajo su sonrisa perfecta. Proviene de una familia
respetable y a sus veintisiete años ya es un socio en la firma de abogado de su padre.
Entonces, ¿por qué es que en este momento mientras está hablando y veo sus labios
moverse, no puedo oír ni una sola palabra de lo que está diciendo?
—Elle, ¿estás bien? —William se da cuenta de mi distanciamiento y sé que la
preocupación en su voz es auténtica. En realidad es un gran tipo, uno que no
consigues tan fácilmente como dicen.
—Oh, lo siento. —Finjo que acabo de salir de mi ensimismamiento—. Mi
cabeza todavía debe estar en el caso en que estaba trabajando. —Miento.
La respuesta parece satisfacerlo.
—¿Qué clase de caso es?
No pasa mucho tiempo hasta que abordamos el tema del trabajo, nunca lo
hace. Debería estar feliz de que tengamos en común nuestro trabajo y que sea
alguien que entienda lo que hago, pero trabajo es prácticamente de lo único que
hablamos.
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—Es un caso de despido ilegal. —Me aferro al primer caso que me viene a la
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mente. Por suerte la camarera regresa y nos sirve nuestras bebidas y toma nuestra
orden, dándome más tiempo para pensar en algo interesante del aburrido caso que
acabo de decirle a William que tenía en la cabeza.
La camarera se aleja y una pareja de ancianos se acerca a nuestra mesa.
—Eres Bill Harper Jr., ¿verdad? ¿El hijo de Bill? —El señor extiende la
mano con una sonrisa.
—Es William, pero sí, soy William Harper Jr. —Lo he escuchado corregir a
decenas de personas en los últimos años. Siempre me he preguntado por qué le
molesta tanto que lo llamen Bill o Billy, que siente la necesidad de corregir a la
gente. Quiero decir, cuando alguien usa un apodo está destinado a ser amigable,
¿no? William convierte en ciencia la manera educada en la que corrige a las
personas. De alguna manera no sale de una forma grosera. Es revelador que me
pregunte por qué le molesta, pero nunca pregunto.
Los dos hombres charlan durante un rato y en menos de diez minutos William
se las arregla para conseguir llevar el trabajo legal del hombre, quien se compromete
a llamar a la oficina al día siguiente. La forma en que lo hace no suena tan mal como
la de un típico abogado sin escrúpulos. William es afable y profesional.
Probablemente es algo natural en él ya que su padre, abuelo y hermano también son
abogados.
Terminamos nuestra cena sin interrupción y nuestra conversación es fácil y
natural. Así ha sido desde que nos conocimos en nuestro último año de la Facultad
de Derecho. Nos caímos bien al instante y lo clasificaría como uno de mis amigos
más cercanos, si no estuviera durmiendo con él una vez a la semana durante los
últimos dieciocho meses.
—Alquilé Possible Cover. Tenía la esperanza de que vinieras a mi casa
después de la cena.
Es común en William el alquilar la última película de acción, la cual
probablemente despreciará, porque soy una adicta a las películas de acción. William
es más una persona de películas artísticas-tipo-Woody-Allen.
—¿Podemos dejarlo para otro día? —Veo el rostro de William marchitarse un
poco. Esta es la segunda semana consecutiva que estaré cancelando nuestra cita
después de la cena… y antes del sexo—. Tengo que estar en la oficina a las 6:00 am
para preparar una deposición. —Finjo decepción en mi voz cuando otra mentira
fluye libremente de mis labios.
No estoy segura si se cree mi excusa o si es demasiado caballeroso como para
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cuestionarme. Pero no me importa. No estoy de humor esta noche. En los últimos


meses nuestra vida sexual se ha convertido en un reto para mí, aunque William no
parece notarlo. Tampoco es su culpa. Está bien equipado y funciona bien, la mayor
parte del tiempo. Pero últimamente he estado teniendo problemas para llegar a mi
lugar feliz durante nuestras noches juntos. Tal vez eso era parte del problema. Si
quería un final feliz con William, tenía que llegar ahí yo sola. Él ya no parece ser
capaz de llevarme ahí por su cuenta. Así que parece que me he convertido en una de
esas mujeres que tienen sexo una vez a la semana y tienen que fingir. Y no estoy de
humor para fingir nada más esta noche.

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Elle
Traducido por Smile.8

Corregido por Disv

M is compañeros de trabajo en Milstock y Rowe son un grupo


ecléctico de personas. William y yo hicimos nuestras prácticas
aquí en nuestro último año de derecho. Después de la graduación,
William fue al bufete de abogados de su padre en el Madison Avenue, que fue
iniciado por su abuelo hace más de setenta años. La firma está bien establecida y
abastece a la élite de la industria de la publicidad. Leonard Milstock, el homónimo
en Milstock y Rowe, me ofreció un puesto como socia junior al final de mis
prácticas y con mucho gusto acepté.
William y yo no discrepamos con frecuencia, pero discutimos bastante
cuando decidí permanecer en Milstock y Rowe. Él no creía que fuera una buena
decisión profesional tomar un trabajo con un bufete desconocido tan pequeño. Pero
yo estaba cómoda allí y Milstock me permitía hacer el trabajo que la mayoría de los
asociados junior en una gran firma solo podrían soñar en poner sus manos. Esa era
una de las ventajas de trabajar para un lugar pequeño, y pensé que superaba a los
salarios bajos y la falta de prestigio. William, por el contrario, pensaba que la
balanza se inclinaba por completo en la dirección opuesta. Salario y prestigio
estaban por encima en las prioridades de la carrera de William. No tanto en la mía.
—Buenos días, Regina. —Le sonrío a la recepcionista cuando entro en la
oficina quince minutos después de la hora oficial de inicio a las ocho. Nadie parece
preocuparse que siempre llegue tarde, sobre todo porque normalmente me quedo
hasta mucho después de las siete casi todas las noches. La puntualidad no es lo mío.
—William llamó, quiere que le devuelvas la llamada. Me hizo comprobar tu
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agenda para ver si estás disponible para una consulta con un cliente nuevo suyo.
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Maldita sea. Ahora sabe que mi deposición temprano por la mañana era una
mentira.
—Regina, ¿te importaría hacer que Gigi lo llame de vuelta y ocupe lo que sea
que él necesite en mi agenda? —Alzo las cejas a Regina y sabe lo que le estoy
pidiendo y sonríe, emocionada de estar involucrada en lo que sea que estoy pidiendo
que haga.
Regina ha sido nuestra recepcionista durante casi un año. Tiene casi cincuenta
años, ocho gatos y demasiadas decoraciones temáticas de gatos en su escritorio.
Desde afuera, se ve como una mujer normal de mediana edad. Un poco hacia el lado
gordito, con pantalones que se extienden apretadamente solo un poco demasiado
sobre su gordo trasero, una inclinación por las fluidas blusas de crepé florales y
cómodos zapatos planos. Para los ojos, el paquete que ofrece parece cumplir los
criterios. Eso es, hasta que abre su boca.
Nunca he conocido a otra mujer en mi vida que tenga una voz más sensual.
De hecho, no creo que haya un hombre con una voz más sensual tampoco. El sonido
que sale de su boca es el ronroneo de un gatito sexy, no el rugido del osito de
peluche frente a ti. Estoy absolutamente, cien por ciento segura, que podría ganar un
millón de dólares al año siendo operadora de sexo telefónico, o la voz para los
audiolibros eróticos. Los hombres son incapaces de negarle algo cuando lo pide con
su voz sensual. Apodé a la mujer con el tono irresistible como Gigi.
Había solicitado la ayuda del “regalo de Dios” de Gigi en más de una
ocasión. A veces para hacer que llamara a los clientes cuando sabía que estarían
molestos con mi necesidad de cancelar un compromiso al último minuto. De alguna
manera, cuando Gigi llamaba con su voz sensual, los clientes masculinos se tomaban
la noticia mucho mejor.
Nadie en la oficina sabía que Regina y yo nos conocimos hace muchos años.
Es probable que todos piensen que es una amiga de mi madre, por lo diferente que
somos en el exterior. Pero no lo es; es mi mejor amiga… la mujer que salvó mi vida.
Aunque si le preguntas, diría que yo salvé la de ella. Quién sabe, tal vez nos
salvamos mutuamente.

Leonard Milstock es mi jefe de setenta y cinco años. Solo he visto a Frederick


Rowe, la otra mitad de Milstock y Rowe, una vez. Sin embargo, su nombre sigue en
la puerta y corre el rumor de que todavía recibe un sueldo cada año. Los dos
hombres fueron mejores amigos desde la escuela primaria y formaron una sociedad
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antes de que yo naciera. Al parecer, el señor Rowe fue el Félix para el Oscar de
Milstock y mantuvo las cosas fluyendo sin problemas en la oficina. Pero se retiró
hace unos años debido a la mala salud de su esposa y ahora todo lo que teníamos era
la mitad desordenada de la extraña pareja.
Entro en la oficina de Leonard y trato de encontrar una silla bajo los
montones de archivos con papeles que sobresalen al azar por todas partes. Retiro tres
chaquetas de traje, que estoy segura que han estado allí durante al menos dos años, y
las cuelgo mientras Leonard comienza a hablar sobre el caso en el que estamos
trabajando juntos. A medida que habla, reorganizo todos los archivos que quedaron
abiertos en la silla y arrojo a la basura una docena de periódicos de Wall Street que
datan de hace más de un año. Leonard, o bien no se da cuenta que estoy poniendo
orden o no le molesta en absoluto, porque no pierde el ritmo cuando me comenta
todo rápidamente, mientras voy poniendo orden en el lugar.
—Vas a tener que manejar la deposición tú sola esta tarde. —Leonard
concluye la discusión, a medida que mastica un sándwich de salchichas y pimientos
que Regina le trajo hace unos minutos, aunque son solo las diez y media de la
mañana.
—Puedo hacer eso. —Puedo, pero me sorprende que me lo esté pidiendo. La
deposición de la tarde es para uno de nuestros clientes más grandes y por lo general
la lidera Leonard y yo estoy en un segundo plano. Leonard ve la pregunta escrita en
mi rostro.
—Me hacen una angioplastia esta tarde. —Leonard desestima el comentario
como si acabara de hablarme del tiempo y no de tener una cirugía de corazón
importante.
—¿Angioplastia? ¿Estás bien?
—Sí, sí. Estoy bien. Los médicos, hoy en día, hacen un gran problema de
nada. Probablemente solo me quiere en la mesa porque su chico tiene un pago
vencido de la matrícula.
—Entonces, ¿probablemente no tiene nada que ver con el hecho de que
desayunas un sándwich de salchichas y pimientos todos los días? No podría ser que
no has cuidado de tu corazón, ¿verdad? —Me levanto, asumiendo la posición de hija
sermoneando a Leonard, que en raras ocasiones, me ha permitido hacer cuando sus
hábitos poco saludables aumentan a niveles preocupantes.
—Escucha, señorita. Cuando llegues a mi edad, ya veremos lo mucho que te
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importa una mierda lo que comes. Así que guárdate tus pensamientos de comer
ensaladas y estar delgado para ti y ve a prepararte para nuestro cliente que estoy
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contando contigo, por favor.


Me rio, sabiendo que en realidad Leonard no está enfadado, solo es así.
Ninguno de los dos somos cálidos y blandos, pero sabe que me preocupo por él.
—Dile a Millie que me llame cuando estés todo remendado, ¿de acuerdo?
Sí, Leonard Milstock se casó con una mujer llamada Millie, lo que la hace
Millie Milstock. Yo hubiera mantenido mi apellido de soltera, pero estoy segura que
ni siquiera era una posibilidad cuando se casaron hace más de cincuenta años.
—Sí, sí, lo que sea. —Le sonrío a mi jefe y sacudo mi cabeza viéndolo
terminar el último trozo de su sándwich. Cuando estudien sus venas estoy bastante
segura que encontrarán que piezas enteras de salchichas están causando la
obstrucción.

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Elle
Traducido por Lyla

Corregido por Disv

U nos días más tarde, Regina entra en mi oficina para decirme que
William y el señor Hunter están aquí para su cita de las once. Por
supuesto, William llega con quince minutos de anticipación y yo…
estoy llegando tarde. Hago todo lo posible para terminar el caso en el que estoy
trabajando rápidamente. Reconozco que he estado aprovechándome de William
últimamente, casi desafiándolo a demandarme por mis mentiras y demora. Pero no
lo hace. No mencionó que me atrapó en otra mentira la otra noche cuando le dije que
tenía que trabajar temprano, y no estoy segura si es porque no le importa o si
realmente es tan cortés.
—Gracias Regina, por favor, muéstrales la sala de conferencias por mí y diles
que estaré ahí en unos minutos —respondo.
—Dalo por hecho, Elle —responde Gigi con su voz de gatita sexy,
definitivamente no Regina. Sonrío, preguntándome si me está dejando saber que no
están contentos de esperar y que va a apaciguarlos, o tal vez que el señor Hunter es
un atractivo hombre mayor requiriendo que Gigi haga acto de presencia.
Solo han pasado unos minutos después de la hora cuando entro en la sala de
conferencias, lo cual es pronto para mí. Estoy realmente satisfecha conmigo por ser
puntual. William y su cliente se levantan cuando entro y tengo la repentina urgencia
de saludar a ambos hombres por alguna razón. Mis manos están llenas con mi café,
blocs de notas, teléfono celular y laptop. Ni siquiera miro a los hombres hasta que he
arreglado mi montón en la mesa de la sala de conferencias.
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Regina entra en la sala y ronronea:


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—¿Puedo traerles un café a los caballeros?


Ninguna señal de Regina, sigue en modo Gigi.
Levanto la vista hacia William, medio esperando encontrar un ceño fruncido
en su rostro por la manera en que Gigi se está arrojando tan fuerte en su actuación,
pero él me sonríe en su usual actitud amistosa.
—Elle, éste es Nicholas Hunter. —William señala al hombre que está sentado
a su lado.
Finalmente levanto la vista hacia el hombre que está sentado junto a William
y me sorprendo por lo que encuentro. El hombre me quita el aliento. Es
probablemente el hombre más atractivo que he visto en mi vida. William, que está
sentado a su lado, no es un vago en el departamento de apariencia, pero este hombre
es todo lo que William no es. Piel bronceada, ojos verdes profundos, rebelde cabello
oscuro y una fuerte mandíbula enmarcan al hombre que me extiende la mano.
—Es Nico, nadie me llama Nicholas excepto este tipo… —Nico señala a
William con su pulgar—, mi madre y mi sacerdote. —Estira su brazo sobre la mesa
y extiende su mano grande hacia mí. La mía pequeña se pierde en la suya y se siente
como si estuviera sacudiendo la mano de un hombre con un guante de béisbol. Su
apretón de manos es firme y cálido y me mira directamente a los ojos mientras
habla, con una sonrisa ligeramente arrogante en su rostro. Siento que el calor se
extiende desde nuestras manos unidas por todo mi cuerpo y partes de mí hormiguean
a medida que el calor encuentra su camino a la más privada de mis áreas.
Nico. El nombre sexy coincide con el hombre sexy. No paso por alto que
debe matar a William llamar al hombre Nico, sabiendo que tiene disponible un
nombre formal tan apropiado para él. Pero creo que Nico coincide con el hombre
ante mí mucho mejor que Nicholas. Me lo quedo mirando, pero no solo porque es
absolutamente hermoso, sino que siento que lo conozco de algún lugar. Incluso el
nombre es familiar, Nico Hunter. Estoy segura que lo conozco de alguna parte, pero
la cita había sido con Nicholas Hunter y ese nombre no me sonaba de nada.
—¿Elle? —William llama mi atención de nuevo a él. Espero no haberme
quedado mirando fijamente por demasiado tiempo. ¿Y también tenía la boca abierta?
Eso sería grosero.
—Nicholas, umm, Nico, tiene un contrato de patrocinio del que quiere salirse.
Mi firma le ha echado un vistazo, y nos parece un contrato de patrocinio
invulnerable para nosotros, pero pensamos que quizás podrías aplicar el caso
Weiland a esto.
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Interesante. Weiland fue un caso del que escribí un artículo en mi último año
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de la escuela de derecho y que fue publicado. Era una gran cosa para un estudiante
que fuera publicado fuera del boletín jurídico, así que no estoy sorprendida de que
William recordara el caso. Era acerca de un atleta que tenía un contrato de
patrocinio de tres años con una empresa que vendía una bebida energética cuando él
firmó el contrato, pero luego se fusionó con otra empresa. La otra compañía
fabricaba una bebida que se comercializaba como una bebida para enmascarar el uso
de drogas que mejoraban el rendimiento. Weiland no quería estar asociado con una
compañía que promocionara el enmascaramiento de drogas para mejorar el
rendimiento en las pruebas. Por desgracia, su contrato era irrefutable. Pero en un
ingenioso movimiento de su abogado, en lugar de demandar alegando que uno de los
términos del contrato era inválido, con lo que habría perdido, demandaron basado en
una violación de la cláusula moral del contrato.
¿Así que Nico es un atleta de algún tipo? Eso no es sorprendente por la forma
en que se ve. Es un hombre grande y puedo decir que está en muy buena forma,
incluso con un traje cubriendo su cuerpo.
—¿Por qué no me cuentas un poco los antecedentes, Nico?
Por alguna razón no puedo esperar a escuchar su historia. Es más que solo por
un posible caso, tengo curiosidad por saber quién es el hombre que está frente a mí.
Nico empieza diciéndome que está en artes marciales mixtas. En realidad no
sé de qué se trata, pero supongo que quiere decir algún tipo de experto en karate.
Mientras habla, intento tomar algunas notas, pero me encuentro mirándolo
fijamente, incapaz de mover los ojos al papel para escribir. Cuando habla, mira
directamente a mis ojos y hace que sea aún más difícil romper nuestra mirada.
Olvido que William está sentado a su lado. No hay nadie en la habitación, excepto el
hombre con los profundos ojos verdes que no me dará un descanso de la intensidad
que succiona la energía de mi cuerpo y yo.
Regina entra en la habitación con café para nuestros invitados y estoy
agradecida por el descanso, cuando Nico gira su atención a Regina para agradecer.
Cuando Nico vuelve su atención hacia mí, levanto la mirada hacia Regina que mira
atrás desde la puerta y luego mira entre Nico y yo y menea sus cejas sugestivamente.
Pretendo toser para cubrir mi sonrisa con mi mano y William me ofrece su agua.
Siempre un caballero.
Nico retoma donde lo dejó y me tomo un minuto para echarle un vistazo
mejor a su rostro antes de que una vez más bloquee mi mirada con la suya. Noto una
pequeña cicatriz sobre su ojo izquierdo y otra más larga en su mejilla derecha. Son
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casi imperceptibles, como si hubieran estado allí por años, pero su color de piel
bronceada da un tono más claro a las cicatrices, haciendo que se destaquen más de lo
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que normalmente harían. Las cicatrices hacen que su rostro se vea aún más duro y de
alguna manera acentúa la masculinidad de su mandíbula cincelada. El rostro
pertenece a un hombre fuerte, un hombre del que no puedo desviar mis ojos por
alguna razón.
William habla cuando Nico acaba y su voz finalmente me hace recordar que
está en la habitación. Espero no haber estado babeando mientras su cliente estaba
hablando. Intento concentrarme en William a medida que habla, pero mis ojos
siguen vagando de vuelta a Nico, que me atrapa todas las veces. Veo una leve
contracción en la comisura de la boca de Nico cada vez, reconociendo secretamente
que he sido atrapada.
William es capaz de reenfocarme al atraerme a una conversación sobre cómo
podría aplicarse el caso Weiland. Nico quiere salir de un contrato de patrocinio en el
que se encuentra porque el fabricante utiliza mano de obra infantil. El hecho de que
el hombre esté dispuesto a renunciar a lo que equivale a un contrato multimillonario
por una causa tan noble lo hace aún más sexy para mí.
Después de casi una hora, William mira su reloj y comienza a zanjar el tema.
Nico me pregunta mi opinión sobre su caso y le digo que necesito una copia del
contrato y algo de tiempo para hacer un poco de investigación sobre la empresa
antes de poder dar una opinión fundamentada.
William asiente y se pone de pie.
—¿Nos vemos el jueves, tal vez podríamos discutirlo más entonces?
—Umm, sí. —Nico nos mira. Creo que está observando nuestra interacción.
Nico sacude mi mano otra vez y mis latidos se aceleran ante el contacto
simple. No suelta mi mano de inmediato. En su lugar, utiliza su otra mano para
moverla entre William y yo, y pregunta:
—¿Ustedes dos son pareja?
Respondo no, al mismo tiempo que William responde sí. Miro a William y
luego a Nico, que todavía está sosteniendo mi mano de nuestro apretón, y creo
atrapar un destello en su mirada que coincide con la sonrisa en su rostro. Está
divertido con nuestra respuesta y no lo culpo. Finalmente me suelta la mano y me
encuentro extrañamente decepcionada de que ya no me esté tocando.
Me vuelvo hacia William y descubro que él todavía está mirando donde mi
mano y la de Nico habían estado unidas. Su rostro se ve en conflicto y confuso, y me
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siento mal por la falta de respeto que acabo de demostrarle.


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Él habla en voz baja para mí:


—¿Te veré el jueves?
Asiento, pensando que es mejor tener cualquier conversación que se necesite
tener entre nosotros en privado. Me quedo parada ante el escritorio de Regina
mientras los dos hombres salen por la puerta. Nico mira hacia atrás al último
segundo y me sonríe. William nunca mira hacia atrás.

Doy vueltas en la cama toda la noche, incapaz de sacar la imagen de Nico


Hunter de mi cabeza. El hombre es sexy como el demonio y me molesta que no
pueda controlar mis pensamientos. Siento como si solo me hubiera quedado dormida
hace diez minutos cuando despierto con la música a todo volumen de la alarma de
mi teléfono. Arrastro mi cuerpo medio dormido a la ducha y dejo que el agua fría
caiga sobre mí en un intento por obligarme a despertar. Después de unos minutos de
tortura auto infligida, ajusto la temperatura del agua y cierro los ojos para relajarme
con la calidez. Entonces me golpea. Mis ojos se abren de golpe, intentando expulsar
la imagen que apareció de la oscuridad de mi memoria sin previo aviso.
Nico Hunter. Nico “El Rompe Corazones” Hunter. Estuve allí la noche en
que él mató a un hombre. Era la primera y única pelea a la que había ido. Y todo
viene fluyendo de golpe. Me refería a peleas como a las peleas en jaulas, pero ahora
que lo pienso, se llamaba MMA, artes marciales mixtas.
Mi padrastro es policía jubilado. A veces trabaja de seguridad en eventos
deportivos, muchos policías retirados lo hacen. Le habían dado dos boletos para una
gran pelea del campeonato de MMA, y me los ofreció. Normalmente no iría,
teniendo en cuenta mi pasado y cómo me siento en cuanto a ver personas
golpeándose mutuamente, incluso si es consensual. Pero mi hermano menor Max es
un gran fan del deporte y consiguió embaucarme para que lo llevara. No podía decir
que no al emocionado niño de doce años que momentáneamente olvidó que se
suponía que debía actuar indiferente y estaba saltando de arriba abajo como lo hacía
cuando tenía cuatro años.
La pelea no duró mucho, dos rounds. Lo recuerdo claramente. Probablemente
fue menos de diez minutos en total. Las festividades pre-lucha duraron una hora más
que la pelea real. Nuestros asientos eran buenos, solo a unas 10 filas atrás desde el
centro del ring. Recuerdo estremeciéndome cada vez que uno de los hombres
lanzaba un puñetazo, pero no podía mirar hacia otro lado. Cierro los ojos y veo la
repetición instantánea de esos últimos segundos. La mayoría de la gente piensa que
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tener una memoria fotográfica es una bendición, pero en mi caso es una maldición.
Sí, recuerdo muchas cifras y palabras, pero también recuerdo todas las cosas malas
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que preferiría olvidar. Es como si rebobinara un video y le diera a reproducir justo


cuando esos últimos segundos se desarrollan. Veo a Nico lanzar el puñetazo, y luego
lo veo en cámara lenta, cuando la cabeza de su oponente gira hacia un lado con la
fuerza de diez hombres. Cae al suelo, su cabeza flácida y rebotando incluso antes de
golpear la lona definitivamente. Los gritos de la multitud se silencian y el equipo
médico se precipita en la jaula segundos después de que todo suceda.
Tan horrible como es, ver todo eso reproduciéndose en mi mente, no es lo
que me persigue. Es la quietud del luchador que cayó de rodillas cuando se da
cuenta que el hombre no va a levantarse de nuevo. Está destrozado. No puedo quitar
mis ojos de su rostro cuando lo veo romperse en un millón de pequeñas piezas.
Debería haber sentido lástima por el hombre que acaba de perder la vida, pero ni
siquiera miro en su dirección. Estoy preocupada por el hombre que nunca será el
mismo. Nunca. Lo sé. Me siento conectada a él por un momento detenido en el
tiempo.
En mi mente, es mediodía y la sombra de mi pasado es el doble de mi
tamaño. Elevándose sobre mí. No puedo escapar de ello.

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Página
Elle
Traducido por AsheDarcy

Corregido por Disv

C
uando finalmente llego a la oficina, voy más tarde de lo habitual.
Todavía estoy en una niebla y sigo aturdida a medida que me pongo
al día con los correos electrónicos y planes de mi día. Nico “El
Rompe Corazones” Hunter. No lo conocía antes de la pelea, pero ese era su nombre.
Recuerdo haberlo visto entrar en la jaula y sonreírle a la multitud. Las mujeres se
volvieron locas. Y no me tomó mucho tiempo averiguar qué significaba su nombre.
Recuerdo que sentí una sacudida cuando noté su sonrisa y ese cuerpo, ese increíble
cuerpo.
La prensa aprovechó al máximo esa pelea durante semanas después. Su
nombre puede haber sido Nico “El Rompe Corazones” Hunter antes de la lucha,
pero la prensa eliminó la parte “corazones” de su nombre después de eso.
Estoy escribiendo las palabras en Google antes de darme cuenta lo que estoy
haciendo. Las imágenes que quedaron grabadas en mi cerebro no son diferentes a las
de la pantalla cuando aparecen. El árbitro había declarado que el golpe fatal había
sido un golpe limpio, pero eso no impidió que la prensa hiciera sensacionalismo con
la historia. Unas semanas más tarde, después de que la prensa hubiera avanzado a
cualquier otro cuerpo que aún no hubiera sido recogido, leí una pequeña historia
escondida en la parte de atrás del periódico, entre la publicidad. El oponente de Nico
había tenido una condición desconocida subyacente en la cabeza y era una bomba de
relojería andante.
Soy capaz de empujar los pensamientos de Nico en las profundidades de mi
mente y finalmente lograr trabajar algo después de dos tazas más de café. Es a media
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tarde cuando Regina me telefonea para decirme que tengo un cliente en el pasillo del
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que no tengo una cita en mi agenda.


Entro en el vestíbulo, con mi espeso cabello rubio rojizo sostenido en su sitio
por un moño torcido unido por dos lápices estratégicamente colocados. Me detengo
cuando veo a Nico levantarse del sofá de la sala de espera y devolver una revista
sobre la mesa.
Estoy sorprendida por su apariencia, pero me parece extrañamente familiar
después de pasar la mitad de la noche y la mayor parte de la mañana en mi mente.
Pongo mi mejor cara de póquer y enderezo mi postura.
—Señor Hunter, ¿tenía una cita con usted hoy? —Pretendo estar preocupada
por haber olvidado una cita, pero no hay manera de que haya olvidado algo del
hombre en las dos veces que lo he visto.
Él da dos pasos más cerca de mí, quedándose a unos cinco centímetros más
cerca de lo que se consideraría el espacio normal entre personas. Pero lo noto. Es
más alto que yo por al menos veinte centímetros, si no más.
—Es Nico, por favor. —Me sonríe y la habitación se siente más pequeña,
más calurosa.
Sonrío en respuesta. No tengo que fingirlo, es una sonrisa real. Estoy feliz de
verlo y de todas formas, no puedo ocultarlo. No tengo ni idea por qué. Debería estar
asustada después de lo que recordé, pero por alguna razón, no lo estoy. Tengo
curiosidad por este hombre. Asiento.
—Nico, ¿en qué te puedo ayudar?
Sonríe, es una sonrisa traviesa y ladeada que me hace pensar que el hombre
es un mujeriego. Pero maldita sea si no es la cosa más sexy que he visto alguna vez.
—Recordé algunas cosas que pensé que debía decirte que no mencioné ayer.
¿Tienes unos minutos?
Inclino mi cabeza hacia un lado y lo estudio. ¿Qué es lo que tiene que no me
hace querer huir aunque pueda sentir mi corazón acelerado a través de mi camisa?
—Claro, vamos a hablar en mi oficina.
Nico muestra una sonrisa victoriosa y es contagiosa. Sonrío de regreso y no
estoy muy segura por qué estamos sonriendo. Él me sigue por el pasillo y cuando
giro al interior de mi oficina atrapo sus ojos persistentes en mi espalda. Levanta la
mirada justo cuando veo su línea de visión. Una respuesta normal sería sentirse
avergonzado al ser atrapado, pero Nico no. Me sonríe sin remordimientos. En lugar
19

de encontrarlo grosero o acosador, por alguna razón me parece excitante.


Página
Me siento detrás de mi escritorio y Nico mira a la silla puesta frente al
escritorio y luego de vuelta a mí.
—¿Te importaría si nos sentamos aquí? —Se acerca al sofá detrás de él y me
doy cuenta por primera vez que un hombre de su tamaño no encajaría en la delicada
sillita que se encuentra frente a mi escritorio.
—Oh, claro, lo siento. —Suelto una pequeña risa—. Supongo que esa silla no
sería demasiado cómoda para alguien de tu tamaño.
Nico se queda parado junto al sofá y espera a que me siente. Me acomodo en
un extremo y espero que se siente en el extremo opuesto, así hay espacio entre
nosotros mientras hablamos. Un escritorio suele llenar el espacio necesario para una
reunión de negocios, pero no hay un escritorio que nos separe en el sofá. Nico no
hace lo socialmente aceptable. En su lugar se sienta directamente a mi lado en el
sofá. No anormalmente cerca de manera que nos estemos tocando, pero cerca, como
si estuviéramos en un teatro, uno al lado del otro.
Dios hace calor en esta pequeña oficina, me doy cuenta que no debería haber
cerrado la puerta. Me pongo de pie y camino hacia la ventana y la abro. Me vuelvo
hacia el sofá y Nico se gira para mirarme. Está tan cerca que tengo el deseo de
extender la mano y tocarlo. Me está mirando y tiene una pequeña sonrisa en su
rostro. Me levanto para agarrar un bloc y un bolígrafo y su sonrisa es más grande
cuando regreso, él parece divertido. Debe darse cuenta que estoy inquieta. Estoy
intentando fingir que no me afecta, pero lo hace por alguna razón.
—Entonces, Nico, ¿de qué me querías hablar? —Pongo mi bolígrafo en el
papel, lista para tomar notas con la cabeza hacia abajo. Estoy decidida a no quedar
atrapada en su mirada otra vez.
Pero Nico espera silenciosamente y no habla. Finalmente, no tengo más
remedio que mirarlo para ver por qué no ha empezado a hablar todavía. Y atrapa mi
mirada cuando lo hago y sonríe. Le devuelvo la sonrisa, aunque soy consciente por
completo que me engañó.
—Olvidé invitarte a cenar ayer.
—¿Cenar? —Estoy momentáneamente confundida.
Nico muestra una sonrisa diabólica y tengo el deseo de besarlo. ¿Qué
demonios es lo que me pasa? Soy tranquila, calmada y serena. No alguna colegiala
pérdida por el chico lindo de la clase.
20

—Sí, cenar. Comes, ¿no? —Su voz es una mezcla de diversión y burla.
Página
—Umm —tartamudeo por unos segundos—. No puedo.
Su respuesta es rápida, siento que estoy en una deposición y soy la que está
declarando.
—¿Por qué no?
—Porque no sería correcto.
—¿Tienes novio?
—No realmente.
—Entonces, ¿por qué no estaría bien? —Nico muestra la sonrisa torcida y sé
antes de hablar que lo que diga será algo atrevido—. Creo que sería muy correcto.
Su sonrisa torcida me hace sonreír y pierdo mi tren de pensamiento. Muy
diferente a mí.
—Es complicado. —Esas dos pequeñas palabras ahuyentarían a la mayoría de
los hombres, pero al parecer no a Nico Hunter.
—De acuerdo, déjame escucharlo. Te ayudaré a solucionar la complicación
para que así podamos sacarla de en medio.
Nico se recuesta en el sofá, cruzando una pierna sobre la otra, acomodándose
para la historia. ¿En serio?
—Bueno… eres el cliente de William.
—Y tú dijiste el otro día que no eran pareja, ¿verdad?
—No lo somos. —Estoy siendo honesta, no pienso en William como mi
novio. Novio implica relación, más que solo buenos amigos que satisfacen las
necesidades sexuales del otro de vez en cuando. Pero mi respuesta tampoco es
totalmente veraz—. Quiero decir, no realmente.
—Bueno. —Desdobla los brazos y los coloca sobre sus rodillas mientras se
inclina hacia delante—. Entonces, ¿dónde está la complicación? —Me mira
directamente a los ojos por un minuto antes de continuar—. ¿Dentro del “no
realmente”?
Me sonrojo, no estoy segura si comprende lo que estoy diciendo o no.
—Sí. —Sostengo su mirada cuando respondo, decidida a no retroceder.
21

Nico me evalúa y nota mi vergüenza. Está emanando de mí a raudales,


Página

aunque estoy profundamente contactando con mi tranquila, calmada y serena


persona. No puedo ocultar lo que siento con él, no lo permite, y no tengo ni idea por
qué lo dejo controlarme. No puedo contenerme alrededor de este hombre y me hace
sentir desarmada.
—Déjame llevarte a cenar. Solo a cenar. Seré un caballero perfecto. Palabra
de explorador. —Levanta su mano y tres dedos.
Enarco una ceja.
—¿Siquiera fuiste explorador?
—Sí —responde sin convicción. Entorno los ojos y lo miro con cara de
incredulidad. Sabe que puedo decir que está dejando algo por fuera.
—Bueno, por un día. Mi hermano y yo tuvimos una pelea y nos echaron en el
segundo encuentro. Pero todavía cuenta. Fui explorador.
Le sonrío, divertida con su testimonio, evaluando la sinceridad con que habla.
—¿Por qué?
—¿Por qué, qué? —La confusión en su rostro es evidente.
—¿Por qué quieres cenar conmigo?
Nico echa una mirada lenta y evaluadora de arriba abajo por mi cuerpo, sin
intentar ocultar su asalto flagrante. Me muestra una sonrisa juvenil que tiene un
borde de matices sexuales antes de hablar.
—¿Aparte de lo obvio, que eres hermosa?
Me sonrojo, pero me obligó a permanecer en silencio. Un buen negociador
sabe cuándo callar y dejar que su oponente se retuerza para llenar el silencio.
—Eres inteligente, confiada y la gente a tu alrededor parece quererte. —Se
detiene y me observa, puedo decir que está decidiendo si continuar—. Y cuando
miro dentro de tus ojos veo una pequeña luz destellar… —Hace una pausa por un
segundo. Lo miro, pero aun así no hablo—. Y durante las últimas veinticuatro horas,
todo en lo que pude pensar fue lo que me llevaría convertir ese destello en una
llama.
Santa. Mierda. Me quedo mirándolo por un largo momento. Mi mente está
girando descontrolada, pero ya sabía mi decisión antes de que él hablara. Me
levanto, señalando silenciosamente el final de nuestra conversación. Nico se levanta
22

y se une a mí. Esperando pacientemente por mi respuesta.


Página

—De acuerdo.
Él sonríe, y estoy atrapada en su encanto juvenil.
—¿De acuerdo? —Creo que realmente lo he sorprendido. Le sonrío y enarco
una ceja, desafiándolo a cuestionar mi respuesta—. Viernes, 7 p.m. Dame tu
dirección. Te pasaré buscando.
—Apenas estaré terminando a las 7. ¿Por qué no me recoges aquí?
Y solo así hice planes para cenar con Nico “El Rompe Corazones” Hunter.

23
Página
Nico
Traducido por LizC

Corregido por Luna PR

—¿H as pensado en competir con Kravitz? —Preach está


parado al otro lado del saco, luchando por mantenerlo en
su lugar mientras alterno entre patadas y puñetazos. Me
ha estado molestando con esa mierda por cuatro meses. Han pasado trece meses
desde que salí de la jaula y hoy fue el primer día que no desperté con sudores fríos
reviviendo lo sucedido. No. En vez de eso desperté con una erección y una imagen
de Elle sonriéndome, desafiándome a preguntar qué había hecho para que ella
cambiara de idea respecto a salir conmigo. Tomé una ducha fría. Y maldita sea, no
ayudó. Así que en su lugar, bajé al gimnasio y comencé antes de lo habitual.
—¿Vamos a tener de nuevo esta conversación, Preach? —Golpeo el saco con
una serie de ataques rápidos. Lo sorprendo con la guardia baja y retrocede para
equilibrarse. Sabía muy bien que quería golpearle el culo.
—La vamos a seguir teniendo hasta que dejes de ser un imbécil y regreses a
la maldita jaula.
Cambié a los ataques de pierna. Mis piernas son más fuertes y sé que tengo
una mejor oportunidad de derribarlo con mi fuerza. Pero el maldito Preach está listo
para mi arremetida y su postura ni siquiera vaciló. Probablemente sabía lo que iba a
hacer antes que yo. Eso es lo que sucede cuando permaneces con el mismo
entrenador durante diez años. Se meten en tu cabeza y te conocen mejor que tú.
Tienen que hacerlo. De lo contrario, cómo le quitarían a un luchador sus malos
hábitos.
24

—No estoy listo. —Me detengo, inclinándome, poniendo las manos sobre
mis rodillas para recuperar el aliento. He estado ejercitando durante casi ocho horas,
Página

pero no lo sabe. Se molesta si hago más de seis horas al día. Dice que el cuerpo de
un hombre tiene que descansar si quieres renovarlo, o algo así. Llegó a su hora
habitual y asumió que acababa de bajar.
Veo un destello de esperanza en los ojos de Preach cuando me paro frente a
él. Sé lo que piensa, hoy no dije que no. Lo ve como un progreso. Estoy seguro que
aceptaría cualquier cosa a estas alturas. Reconozco que soy un bastardo obstinado y
el no querer volver a la jaula durante tantos meses no ha cambiado. Pero me conoce.
Todavía ejercito seis horas al día, seis días a la semana. Los luchadores no invierten
esa cantidad de tiempo a menos que estén entrenando para una pelea. Incluso
entonces, algunos le dedican menos tiempo.
No mentí a Preach, todavía no estoy listo. Sin embargo hoy me desperté y vi
un rayo de sol filtrándose por la nube que he cargado conmigo durante el último año.
No tengo ni idea si esto me llevará a alguna parte, pero estaré listo si lo hace.

25
Página
Elle
Traducido por Florff y M.Arte

Corregido por Luna PR

M e miro en el espejo con el nuevo conjunto elegido y decido que


tendrá que servir. Ya voy media hora tarde al trabajo y aún no
salgo de mi apartamento. Mi cama está llena de ropa, tirada por
todo el lugar. Debo haberme probado unos diez conjuntos esta mañana. Me siento
como una adolescente. Nunca pienso mucho en lo que me pondré para el trabajo o
para mis citas con William. Tengo ropa bonita y William y yo hacemos un cambio
fácil del trabajo a la cena. Él se quita la corbata y desabrocha los primeros botones.
Yo me quito la chaqueta del traje. Pero hoy no me estoy vistiendo para William.
Quiero lucir sexy esta noche. Sé que no debería angustiarme por lo que use
para mí no-cita con Nico Hunter, pero sí me preocupa, siento un hueco en el
estómago. Veo deseo en sus ojos y eso me excita. Me gusta que pueda provocarlo
así, incluso aunque no quiera hacerlo. Miro por última vez al espejo y apruebo lo
que veo. Llevo una falda tipo lápiz color crema que abraza mi cuerpo, llega unos
centímetros por encima de mis rodillas. La combiné con una blusa rosa tenue
completamente transparente con una camiseta color piel. Debido al tono color piel
de la camiseta, no está claro si llevo o no algo debajo sin una inspección más
cercana. Termino mi atuendo con unos tacones color piel. Son más altos de lo que
usualmente llevo a la oficina, pero como coinciden con el color de mi piel, hace que
mis piernas parezcan aún más largas.
Consigo la reacción esperada cuando entro en la oficina, solo que proviene de
Regina y no del hombre para el que me vestí esta mañana.
—Te ves caliente, Elle.
26

Sonrío a Regina. Estoy un poco avergonzada de haberme vestido para un


Página

hombre, pero es mi amiga y no me juzgará.


—Gracias, Regina. —Doy un giro innecesario en el vestíbulo.
—Vas a hacer que ese hombre menee su cola y le cuelgue la lengua durante
toda la cita.
Sus palabras me hacen sonreír, pero me obligo a regresar a la realidad.
—No es una cita. —Mi semblante es serio y uso mi mejor voz de abogada
estricta.
—Lo que sea.
Regina sonríe.
—No lo es. —Sé que está tranquilizándome.
—No voy a discutir contigo. Si dices que no es una cita, entonces no lo es. —
La sonrisa nunca deja su cara.
—Bien, porque no lo es. —Paso a Regina y me dirijo a mi oficina. Tengo un
millón de cosas por hacer, y ahora, debido al tiempo que gasté al vestirme esta
mañana, tengo una hora menos para hacerlas.

Me siento feliz de que todos se hayan ido ya cuando Nico pasa por la puerta
justo a las siete. Estoy poniendo algunos documentos en el escritorio de Regina
cuando capto el destello de su figura en la acera a través del cristal de la puerta
principal. Lleva puestos unos jeans y una camisa de vestir, y siento que el ritmo de
mi corazón aumenta cuando entra al recibidor. El hombre es sexy. No es hermoso ni
atractivo, estas palabras son demasiado comunes para describirlo. Sexy. Sensual.
Rudo. Todo un hombre.
—Hola. —Me lanza una sonrisa torcida y durante un segundo siento que mis
rodillas se debilitan. El hombre me hace sentir como una colegiala. No recuerdo la
última vez que me sentí de ese modo. Sí, lo recuerdo, era adolescente.
—Hola. —Le sonrío. Juro que su sonrisa es contagiosa, tan solo verla y mi
boca reacciona en respuesta.
—Solo necesito un minuto para apagar mi computadora. —Asiente y rodeo el
escritorio. El escritorio de Regina ocultaba mi cuerpo. Todavía estoy mirándolo
cuando capta por primera vez mi apariencia. Veo cambiar su expresión y eso hace
que el estar corriendo durante todo el día para compensar la hora invertida en mi
27

atuendo valga la pena. Me dirijo a mi oficina y antes de atravesar la puerta lo miro


Página
una vez más. Me está observando a medida que camino, de modo que no nota la
sonrisa en mi rostro antes de entrar para alistarme y así poder marcharnos.
Pongo llave a la puerta principal y espero a que Nico me muestre el camino a
su auto. En lugar de eso camina hacia una motocicleta estacionada en la acera frente
al edificio y con una sonrisa diabólica me entrega un casco. ¿En serio? ¿Quién
recoge a alguien para una cita en una motocicleta?
—Mmm… puedo conducir. —Ofrezco, pensando que quizás no tiene auto.
Con el precio de la gasolina y el hecho de vivir en una ciudad con buen servicio de
transporte público, incluso podría ser práctico tener una motocicleta en lugar de un
auto.
—¿Has montado alguna vez?
—No.
—¿Tienes miedo? —Parece genuinamente preocupado de que pudiera
tenerlo.
—No. —De hecho no lo hago, aunque probablemente debería.
Sonríe y ahí voy de nuevo, respondiendo del mismo modo.
—Bien, entonces póntelo.
Bajo la mirada hacia mi falda y luego de vuelta a Nico en consideración. Su
rostro muestra su diversión. Desliza su casco y pasa una pierna casualmente sobre la
moto, sentándose como si lo hubiera hecho miles de veces antes.
Voltea hacia mí y espera, aún sonríe. Sacudo la cabeza y me pongo el casco,
antes de sentarme a horcajadas, cuidadosamente, detrás de él para no darle un
espectáculo a quien pudiese estar observando. Estoy bastante segura que lo escuché
reír.
No tengo idea qué hacer una vez que estoy en la parte trasera de la moto. Me
siento incómoda. Dejando espacio entre nosotros, pongo mis manos sobre la espalda
de Nico, con las palmas cerca de sus hombros. Toma el bolso de mis manos y lo
mete en un compartimento que ni siquiera noté.
—Acércate. —Lo hago—. Envuelve tus brazos alrededor de mi cintura y
agárrate fuerte. —Dudo un segundo, pero hago lo que me dice. La seguridad es lo
primero, ¿verdad?—. Pon esos sexys zapatos en los estribos y no los muevas. Ni un
28

poco.
Página
De acuerdo, ahora podría estar un poco nerviosa. Considero preguntarle lo
que podría suceder si muevo mis pies, pero mi pensamiento se desvanece mientras
se aleja de la acera y me encuentro envolviendo mis brazos en su cintura con un
agarre de muerte.
Después de unos minutos, empiezo a relajarme. La mayor parte del tránsito
ha pasado y es una bonita noche de verano. El viento golpea mi cara y se siente
estimulante. Liberador. Aflojo mi fuerte agarre de la cintura de Nico, y extiendo mis
manos alrededor de su abdomen. Por primera vez, estoy lo suficientemente relajada
como para sentir lo que hay bajo mis manos. Músculo sólido. No solo firme y en
forma como el de William, sino el tipo de músculos que están marcados.
Protuberantes. Profundamente definidos. Se encuentran bajo la piel y quiero mover
mis manos para explorar mejor. Pero no lo hago.
Vamos más despacio a medida que entramos en un vecindario que no me es
familiar. Nunca estuve en un restaurante en esta zona. William y yo tendemos a
frecuentar los mismos lugares de siempre, explorando los nuevos que
ocasionalmente encuentra cuando sale la Guía Zagat cada año. Avanzamos despacio
hasta casi detenernos delante de lo que parece ser un almacén y observo como la
puerta del garaje se abre. Parece una entrada para entregas, pero Nico conduce la
motocicleta bajo la puerta y ésta empieza a cerrase tras nosotros.
Apaga la motocicleta y se quita el casco. Sigo su ejemplo.
—¿Dónde estamos? —Miro al entorno desconocido cuando hablo. Estamos
en un garaje, hay una camioneta grande de color oscuro estacionada cerca de
nosotros y algunas bicicletas cuelgan de las paredes de al lado.
—Mi casa. Bueno, técnicamente estamos en el gimnasio aquí abajo, pero
vivo en el apartamento de arriba.
Miro al vehículo que está a mi lado mientras hago mi mejor esfuerzo para
bajar de la moto de una manera femenina. No es una tarea fácil de lograr.
—¿Este es tu SUV?
Nico sonríe con un poco de picardía.
—Sí.
Toma mi casco, me entrega mi bolso, y se mueve hacia la puerta.
—Vamos, te daré un recorrido rápido antes de que subamos. La cena está en
29

el horno, pero tenemos un poco de tiempo.


Página
Aún estoy asimilando que ha preparado la cena para mí y no vamos a un
restaurante, cuando siento su mano en mi espalda a medida que me dirige a la parte
principal del edificio. Su gran mano llega hasta la mitad de mi espalda baja y puedo
sentir mi piel hormiguear bajo su calor. El vello de mi cuello se eriza, mi cuerpo
reacciona por su toque simple. No creo que él note mi reacción.
Nico gira un interruptor y la inmensidad de la habitación en la que entramos
se ve con claridad. Es el sótano de lo que probablemente era una bodega. Pero ahora
es un gimnasio de última generación. Hay equipo de ejercicio en la mitad del
espacio y en la otra mitad hay lo que parecen ser dos grandes ring de boxeo.
—Vaya. Esto es realmente bonito. No se parece en nada a mi gimnasio.
Nico ríe entre dientes.
—También dudo que cualquiera de mis clientes se parezca en algo a la gente
de tu gimnasio.
Lo miro confundida y me explica.
—Es un gimnasio de luchadores, Elle. Está lleno de hombres con tatuajes y
abundante testosterona. Odiaría ver lo que sucedería aquí si entraras en este lugar
vestida como probablemente lo haces para ir al gimnasio. —Nico sacude su cabeza y
ríe.
Oh. No estoy segura si debería estar ofendida o tomar sus palabras como un
cumplido, así que elijo lo último.
Después de unos cuantos minutos más, entramos a un elevador de carga y
Nico baja una puerta metálica. Inserta una llave en el panel de control, y subimos
lentamente. Nico levanta la puerta y su mano está de regreso en mi espalda mientras
me conduce hacía su apartamento. Es enorme, casi tan grande como el piso de abajo.
Al menos la mitad del piso es un enorme espacio abierto. A un lado se
encuentra una brillante y moderna cocina con electrodomésticos de acero
inoxidable. Hay una isla de gran tamaño y mostradores de brillante granito que
moderniza los armarios de madera oscura que hay por debajo de ellos. El salón
ocupa la otra mitad del espacio y tiene el sofá más grande que he visto alguna vez.
Apuesto a que caben diez hombres ahí. Me doy cuenta que está, estratégicamente,
colocado frente a una gigantesca televisión de pantalla plana y me imagino a un
grupo de tipos sentados viendo las peleas. Un típico apartamento de soltero, pero
uno muy bonito.
30

Percibo un olor y me quedo sorprendida.


Página
—¿Pollo a la francesa?
Me sonríe a medida que entra a la cocina.
—Muy bien.
—Estoy impresionada. ¿Sabes cocinar? —Nunca antes lo pensé, pero en los
años que he estado viendo a William, nunca ha cocinado para mí. Ni siquiera estoy
segura que pueda hacerlo.
—No te veas tan sorprendida. Soy bastante bueno, aun si soy yo quien lo
dice. —Camina hasta el horno para comprobar la cena.
—¿Lo haces a menudo? —Siento mucha curiosidad por este hombre.
—Tengo que hacerlo, es parte del deporte. No te puedes mantener en forma y
comer mierda, así que tienes que aprender a cocinar sano bastante rápido si te tomas
en serio la lucha.
Asiento, tiene sentido. Es casi imposible mantener una dieta buena cuando
vives de restaurantes y comida para llevar. Debería saberlo. La única opción con la
cual soy capaz de mantenerme delgada es la ensalada, pero un hombre con la
apariencia de Nico necesita una mayor cantidad de calorías de lo que una ensalada
puede proporcionar.
—¿Todavía peleas? —Ni siquiera pienso antes de que las palabras salgan de
mi boca. Tal vez no le gusta hablar sobre la lucha. Recuerdo que en el periódico
decía que se retiró después de lo sucedido, pero definitivamente era más joven que
cualquier otro luchador jubilado.
Nico me dice que la cena está lista y sirve una comida completa con ensalada,
verduras y el platillo principal. Noto que no responde a mi pregunta, y no estoy
segura si fue intencional o fue parte del momento.
Nos sentamos a la mesa durante mucho tiempo después de terminar de comer.
Me burlo sobre lo hogareño que es y él se burla de mi dependencia a la comida para
llevar. Se ríe cuando le digo que estoy en la base de datos de al menos cinco
repartidores. La conversación fluye naturalmente y el tiempo pasa rápido.
Demasiado rápido. Eventualmente nos trasladamos al sofá y nuestra conversación
cambia a cómo llegó a la MMA. Me dice que es el más joven de cuatro hermanos y
fue criado por una madre soltera que tenía dos empleos.
—Me patearon mucho el culo. Mi mamá trabajaba de noche y mis hermanos
31

estaban muy metidos en la lucha libre.


Página

Me rio ante la idea de que Nico pudiera conseguir que le patearan el culo.
—¿Tú? No me gustaría ver cómo lucen tus hermanos.
Se ríe.
—Siempre fui grande para mi edad. Cuando tenía ocho o nueve, mi madre le
advirtió a mis hermanos que algún día sería más grande, más fuerte que ellos y que
me cobraría todos esos años en los que me atacaron en grupo. Creo que no
esperaban que ese día llegara cuando solamente tenía doce.
—¿Qué edad tenían tus hermanos cuando tenías doce?
—Todos nos llevamos dos años de diferencia, así que tenían catorce, dieciséis
y dieciocho.
—¿Eras más grande que el de dieciocho a los doce?
—No sé si era más grande que él en ese entonces. Pero podía pelear mejor.
También recuerdo el día en que sucedió. Joe, el de dieciocho, regresó a casa y yo
estaba bebiendo de su taza.
—¿Su taza? ¿Tenía su propia taza?
Nico se ríe.
—Suena peor de lo que es. Pero sí, tenía una taza y a ninguno de nosotros se
nos permitía beber de ella. La usaba cuando no se encontraba en casa, solía llenarla
de leche y mojar mis galletas en ella.
—¿A propósito?
—Sí, a propósito. Me gustaba hacerlo, me daba una gran satisfacción. —
Sonríe y sacude la cabeza, dándose cuenta de lo tonto que suena el que le gustara
usar la taza de otra persona—. Pero un día llegó temprano y me sorprendió. Nos
peleamos como normalmente hacíamos. Rompimos la mesa de centro y la de la
esquina. Mamá solía enojarse cuando rompíamos los muebles. Pero después de
rodar por un tiempo, clavé su culo en el suelo.
Sonrío al verlo contar su historia con tanto cariño en su voz. Nunca había
escuchado que alguien hablara de la lucha con tal reverencia. Para mí, pelear
siempre representaba odio, violencia y cosas feas. Pero curiosamente, cuando
menciona a sus hermanos hace que suene como si viniera del amor y la belleza.
Nico se levanta.
32

—¿Qué tal una copa de vino?


Página

—Claro, me encantaría.
Nico me trae una copa de vino, pero nada para él.
—¿No vas a tomar una?
—No bebo cuando estoy entrenando. —Se sienta a mi lado en el sofá, mucho
más cerca que antes. Mi pierna lo roza sin querer cuando me inclino para dejar mi
bebida y cuando miro hacia Nico otra vez, está mirando el punto donde se unen
nuestras piernas. Se da cuenta que lo estoy observando y lleva su mirada de vuelta
hacia mí. Me siento hipnotizada cuando me mira fijamente a los ojos y entonces baja
su mirada lentamente a mi boca durante un largo momento. Puedo decir que está
luchando y que en contra de su voluntad fija su vista en la mía. Sus hermosos ojos
verdes están dilatados ahora y me quedo sin aliento cuando veo reflejado mi propio
deseo en ellos.
—Oh. —Trago con fuerza. ¿De qué estábamos hablando? Beber. Beber
durante el entrenamiento—. ¿Estás entrenando para una pelea?
Algo diferente cruza su rostro ante mi pregunta, y no puedo descifrar qué es.
—En realidad no. —Reflexiona por un instante—. Pero si le preguntas a
Preach, podría decir algo diferente. —Se ríe entre dientes.
El ambiente ha cambiado y no estoy segura si me siento decepcionada o
aliviada.
Me inclino y tomo otro sorbo de vino.
—¿Preach?
—Es mi entrenador.
Espero a que me diga algo más, pero no dice nada.
—¿Por qué pensaría que estás entrenando para una pelea si no lo haces?
—Porque piensa que me conoce mejor de lo que me conozco a mí mismo.
—¿Y lo hace? —Nico se sorprende por mi pregunta. Lo observo a medida
que piensa antes de responder. Me gusta que no solo lance una respuesta. Parece
considerar sus palabras cuidadosamente.
—Tal vez. He estado con él desde que tengo quince. Me conoce bastante
bien.
—¿Empezaste a entrenar cuando tenías esa edad?
33

—No, no al principio. Cuando tenía quince mi mamá perdió su segundo


Página

empleo, así que mi tío me consiguió un trabajo en un gimnasio para que así pudiera
ayudar. Preach me contrató para limpiar y sostener el saco mientras los luchadores
entrenaban. Una tarde, el tipo que practicaba regularmente con ellos no se presentó y
lo convencí para cubrirlo. Era bueno bloqueando los golpes de mis tres hermanos,
así que no me fue difícil. Lo hice durante un tiempo y luego uno de sus mejores
luchadores, a quien consideraba un idiota arrogante, me dio un golpe bajo cuando
entrenábamos y me enfureció, así que lo golpeé de vuelta y nos zambullimos en una
pelea. Terminé pateándole el culo y el resto es historia. Preach comenzó a
entrenarme después de eso.
Pasamos las próximas horas hablando de mi trabajo y su familia. Cuando
finalmente me lleva de vuelta a casa, las personas madrugadoras ya están haciendo
jogging. Toda la noche fluyó sin esfuerzo, sin ningún momento incómodo hasta que
estamos frente a mi edificio.
Nico estaciona su moto y me ayuda a bajar, no suelta mi mano cuando ya
estoy de pie. Se queda parado cerca de mí, baja la mirada hacia mí y creo que va a
besarme. Sin embargo se acerca hasta que siento su aliento en mi cuello. Mi cuerpo
entero reacciona y me inclino ligeramente hacia él, lo justo para rozar su fuerte
pecho.
Su boca está tan cerca de mi oído, que envía escalofríos por mi columna.
Deseo tanto que me bese, pero al mismo tiempo no quiero que lo haga. Sus palabras
son un susurro en mi oído cuando habla.
—Me encantaría volverte a ver. Déjame saber cuándo el no realmente, se
convierta en un sólido no.
Mi cuerpo está ardiendo por su cercanía. Estoy decepcionada con que no me
bese, pero al mismo tiempo aliviada. Tiene razón de recordarme a William. Nico
suelta mi mano, le sonrío antes de marcharme. Doy unos pasos lejos de él y me doy
vuelta.
—¿Por qué me recogiste en una motocicleta si tienes un SUV en el garaje?
Baja la mira tímidamente y veo su sonrisa arrogante que me derrite de algún
modo.
—Quería sentir tus brazos sosteniéndome con fuerza.
La maldita respuesta es buena. Cumplió su palabra durante toda la noche y
fue todo un caballero. Le sonrío y empiezo a alejarme, pero mis pies me llevan en
otra dirección. Parece que tienen mente propia. Necesito sentirlo una vez más. Me
34

apresuró a tomar los cuatro pasos de vuelta en su dirección. Nico no se mueve, me


Página

observa atentamente. Esperando. Me alzo de puntillas y presiono mis labios


firmemente contra los suyos y la electricidad que estuvo amenazando mi cuerpo
durante toda la noche aumenta. Salen chispas y la agitación me domina. De
inmediato nos fusionamos convirtiéndonos en uno solo. Nico rodea mi cintura con
sus brazos, nuestros cuerpos presionándose uno contra el otro, ninguno de los dos
puede acercarse lo suficiente. Me sostiene con tal fuerza, que no hay manera de que
pueda escapar aunque quisiera. Pero definitivamente no quiero hacerlo.
Cuando por fin rompemos el beso, ambos estamos jadeando. Nico apoya su
frente contra la mía y tomo el suficiente aire como para hablar.
—También quería sentir tus brazos sosteniéndome con fuerza.
Nico sonríe ante mis palabras y me giro para alejarme. En realidad no quiero
irme, pero sé que si no lo hago, no podré hacerlo en breve. Subo las escaleras
sintiendo su mirada en mi culo con cada paso y hago un espectáculo al mover mis
caderas con renovado entusiasmo. Abro la puerta y miro hacia atrás para encontrarlo
observándome, no se avergüenza al notar que lo sé. Cierro la puerta y me apoyo
contra ella. ¿Qué demonios estoy haciendo?

35
Página
Nico
Traducido por Smile.8

Corregido por Luna PR

M e levanto a las cinco de la mañana todos los días. Bueno, todos los
días excepto hoy. Dormí como la mierda, mi cuerpo es una masa
de frustración reprimida. Mantuve mi palabra toda la noche. A
pesar de que todo lo que quería hacer era tomarla, llevarla a mi habitación, y
embestirla para reclamarla como mía. Entonces me besó. Sé que podría haber
llegado más lejos después de ese beso. Pero no quiero una sola noche con Elle.
Quiero más. No tengo ni idea por qué, pero lo hago. Maldita sea, mucho más.
Cuando volví a casa anoche, había conseguido controlarme. Había razonado
con mi erección hasta que finalmente cedió. ¿Quién sabía que se podía razonar con
una jodida erección? Supongo que nunca lo intenté. Simplemente me ocupé de ello,
hice lo que tenía que hacer.
Pero luego entré en mi apartamento y la olí. Todo mi razonamiento salió por
la ventana. No podía dormir con una barra de acero en mis pantalones, así que tomé
una ducha fría. No sirvió de nada. Por lo tanto me encontraba completamente
despierto con una erección. Di vueltas con la imagen de Elle sonriéndome en mi
cabeza. Burlándose de mí por ser tan tonto.
El sonido constante del timbre de la planta baja me recuerda lo tarde que es.
Son casi las seis. Llamo al elevador y al abrir la puerta me encuentro con Vinny.
Juro que el niño creció durante la noche. A los trece años ya está cerca del metro
ochenta. El chico va a ser una fuerza de la naturaleza, tarde o temprano.
—¿Qué mierda? —El listillo tiene las bolas de acero para mirarme de esa
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manera y hablar de esa forma. Me recuerda a mí a esa edad e intento no sonreír. No


puedo dejar que piense que está bien mostrar esa falta de respeto.
Página
—Cuida el lenguaje —digo con severidad.
Pone los ojos en blanco y se ve de nuevo como un adolescente.
—¿Qué eres, mi madre?
Si fuera su madre, todavía estaría drogada de la noche anterior. Drogada con
lo que sea que haya traído el perdedor de turno que trajo con ella. Un perdedor
diferente cada día, pero siempre la misma historia. Ella se lo folla para conseguir su
dosis durante ocho horas. Podría ser detergente lo que le estén dando para inyectar
en sus venas. La última vez que la vi se encontraba tan desesperada, que habría sido
mejor si alguien realmente le diera esa porquería. La sacaría de su miseria. El chico
podría estar mejor en un futuro.
—No, no soy tu madre. Pero puedo patearte el culo con una mano detrás, así
que muéstrame un poco de respeto pedazo de mierda.
—Entonces tú sí puedes maldecir, pero ¿yo no puedo?
—Soy un adulto.
—Hipócrita.
Me froto las manos en la cara, perdiendo la paciencia después de no dormir.
—Baja y haz ocho kilómetros en la cinta. Si queda algo de tiempo antes de la
escuela entrenaremos, bocazas.
Vinny se queja, pero rápidamente regresa al elevador. Cuando empecé a
entrenar con Preach, todo lo que quería era aprender los movimientos. También
odiaba el cardio, era un castigo para un chico estar en un gimnasio con un buen
entrenador.
Me tomo mi tiempo preparando mi batido de proteínas y otro para Vinny
antes de ir al gimnasio. Sé que probablemente no haya comida en su casa. Algunos
de estos niños solo continúan en la escuela porque saben que ahí pueden conseguir
comida gratis.
Está bañado en sudor mientras corre en la cinta. Sonrío cuando paso a su
lado. Yo haría lo mismo. Cuanto más rápido acabas con el cardio, más rápido se
llega a los combates.
—Preach dice que quizás luches contra Kravitz. —Me da un rápido gancho
de izquierda, me agacho y fácilmente le barro las piernas mientras intenta
37

equilibrarse.
Página
—Te estás dejando expuesto. Apóyate. Pon bien tus piernas. —Le doy la
mano para ponerlo de pie.
—¿Es cierto? ¿Volverás a la jaula?
—Deja de chismear como una niñita y derríbame. —El chico necesita
concentrarse. Además, no tengo una respuesta que darle.
Vinny golpea y trata de hacer una barrida con ambas piernas. El chico se está
volviendo, sin duda, cada vez más explosivo.
—Nariz arriba. Espalda recta. De nuevo.
Golpea, me tambaleo por un segundo, pero no caigo. Algún día, niño. Algún
día.
Después de veinte minutos, él está empapado y yo estoy listo para el día.
—Ve a las duchas. Hazlo rápido. Tienes veinticinco minutos para llegar a la
escuela. Si me entero de que llegas tarde, la próxima semana serán dieciséis
kilómetros en la cinta de correr y no habrá tiempo para el entrenamiento, sin
importar lo rápido que corras.
Vinny protesta, pero corre a la ducha. El chico tiene tantas ganas. Solo espero
que sean las suficientes como para mantenerlo limpio con toda esa mierda pasando
alrededor de su casa.
—Nos vemos el lunes, Nico. —Se apresura con su mochila al hombro.
Asiento, sale por la puerta después de una ducha de treinta segundos. Sonrío,
sabiendo que llegará a la escuela a tiempo. Tomo el teléfono y llamo a mi hermano
para informarle de su alumno. El chico tiene suerte de que mi hermano tenga
debilidad por los luchadores o lo habría expulsado la última vez que encontró a
Vinny golpeando a un niño tres años mayor que él en el hueco de la escalera. En
cambio, le consiguió un lugar para canalizar las peleas que hacía en los pasillos. Sí,
el chico tuvo suerte cuando le asignaron a sus profesores.
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Página
Elle
Traducido por LizC

Corregido por Luna PR

—L a tienda de Sal acaba de llamar para saber cómo está


Leonard. El negocio debe estar viniéndose abajo con él
ausente por casi una semana —dice Regina con una
sonrisa, mientras le doy el menú para pedir nuestro almuerzo.
—Probablemente tiene miedo de ser demandado por daños después de
alimentarlo a diario con esas mortales hamburguesas de salchichas y pimientos
durante todos estos años. ¿Tienes conocimiento de cuánta grasa y colesterol hay en
esas cosas?
—¿Sabes quién no parece que coma grasa? —Regina menea las cejas
sugestivamente y habla con su mejor voz de gatita sexy.
—Bonito cambio de tema. Creo que, últimamente, puedes convertir cualquier
conversación en algo sobre Nico Hunter. Deberías haber sido abogada. —Me rio de
la última obsesión de Regina.
—¿Me culpas por haberme prendado? —Prendado, ¿quién usa la palabra
prendado?
Suspiro, recordando nuestro beso de anoche. No, de verdad no culpo a
Regina por prendarse. Creo que accedí a cenar con Nico para que así pudiera
encontrar algo malo en él y sacar su sonrisa asesina de mi cabeza. Pero anoche solo
empeoró las cosas. No hubo una sola cosa que me ayudara a eliminar mis
pensamientos rebeldes. De hecho, en realidad descubrí cosas que hacían más difícil
dejar de pensar en él.
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—¿Me vas a contar sobre tu cita o necesito llevarte a la sala de conferencias


Página

para una declaración formal?


—¿Por qué nunca preguntas de mis citas con William?
—Porque no quiero aburrirme.
—¡Regina! —Levanto mi voz, regañándola.
—¿Qué? —Me sonríe sabiendo que no estoy realmente enojada. Es una
amistad extraña, pero la parte que más valoro de mi relación con ella, es su
honestidad al hablarme.
—¿Qué te hace pensar que mis citas con William son aburridas?
—¿Y no lo son? —Sonríe deliberadamente.
—William es un hombre bueno.
—No dije que no lo fuera.
Es mi turno de suspirar. Tiene razón. Mis citas con William son aburridas.
Agradables, cómodas, pero aburridas. Eso es bueno para mí. No necesito ninguna
montaña rusa emocional, tuve suficiente de eso para que dure toda la vida.

No salgo de la oficina hasta después de las diez. Estoy trabajando en varios


casos, además de estar ayudando con los de Leonard mientras está de baja. Después
de almorzar con Regina, me mantengo ocupada toda la tarde. No quiero pensar en
Nico. No es lo que necesito. Debería estar pensando en William. Es el tipo de
hombre con el que debería estar. Es estable, honesto, trabajador y se preocupa por
mí. Entonces, ¿por qué son los pensamientos sobre Nico los que me mantienen
despierta? Doy vueltas durante horas hasta que finalmente estoy tan agotada como
para deslizarme en el país de los sueños.
Despierto en la mañana por unos gritos. Estoy petrificada. Incapaz de
moverme ante el abrumador sonido. Me toma casi un minuto darme cuenta que soy
la que está haciendo ese sonido. Estoy gritando y no puedo parar. El sueño está de
vuelta. No es realmente un sueño, es una pesadilla. Las pesadillas son el producto de
la imaginación de una persona, así que supongo que lo que acaba de despertarme no
era una pesadilla… era la realidad. Mi realidad. Mi recuerdo. Mi pasado.
Han trascurrido seis años desde que desperté con el tormento que persiguió
mi sueño durante tanto tiempo. No puedo creer que esté empezando de nuevo. Me
tomó años hacerlo desaparecer.
40

Siempre despierto en el mismo lugar en la pesadilla. Su puño conecta con su


Página

cabeza y ella se tambalea hacia atrás y golpea la nevera. Duro. Sus ojos se tornan en
blanco a medida que su cuerpo se desliza a cámara lenta. Él en serio la ha lastimado
esta vez y no parece que haya terminado con ella. Se inclina, con su puño hacia
atrás, listo para golpear su cuerpo sin vida. Un disparo suena. Tan fuerte que me
duele la cabeza. El estallido deja un zumbido retumbando en mis oídos. Me hace
cubrirlos. Nunca supe que el sonido podía lastimar. Siento que mis oídos están
sangrando.
Mis manos siempre están cubriendo mis orejas cuando llego a esta parte. El
sonido es tan real que me despierta. Cada vez es tan real como la primera vez. La
visión nunca se nubla.

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Página
Elle
Traducido por Lyla

Corregido por Larochz

M e centro de lleno en mi trabajo hasta el punto del agotamiento


durante dos días sin parar. Creo que si me agoto lo suficiente,
estaré demasiado cansada para soñar. La razón por la que se
detienen o no los sueños no es importante, lo importante es que no vienen por las
próximas noches, así que no me pregunto el por qué.
Mi teléfono zumba y lo alcanzo. He perdido la noción de los días.
¿Cena mañana por la noche? Te extraño.
William siempre confirma nuestra cita el día anterior. Pero me sorprende que
añada que me echa de menos. No hablamos de sentimientos. Disfrutamos
mutuamente de la compañía del otro. Hablamos de trabajo. Comemos en
restaurantes buenos. Tenemos relaciones sexuales. Si no fuera por la parte sexual,
clasificaría lo que tenemos como una gran amistad. Pero el sexo nos puso en marcha
hacia un camino a alguna parte, aunque no tenga ni idea de hacia dónde nos
dirigimos. Ni siquiera estoy segura lo que William quiere que tengamos. No
hablamos de eso. Solo nos seguimos moviendo y eso funcionó para mí durante
mucho tiempo.
Creo que he alcanzado una bifurcación en el camino y tengo que tomar una
decisión. Avanzar con William en realidad o comenzar una nueva dirección. He
estado estancada por mucho tiempo.
¿A la misma hora, en el mismo lugar? Sé cuál será su respuesta antes de que
aparezca en mi pantalla.
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Sí. Esperándolo con ansias.


Página
He establecido un plazo mental para mí misma. Estoy mejor bajo las
limitaciones de tiempo. Mañana por la noche o bien romperé con William o bien
pararé lo que haya empezado con Nico. Simplemente no siento que pueda mezclar
las dos cosas.

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Página
Nico
Traducido por AsheDarcy

Corregido por Larochz

N uestra cena una vez al mes en casa de mi hermano siempre es


caótica. Hay cuerpos rodando por el suelo, muebles tirados boca
abajo y la televisión resonando estridente, pero nadie la está viendo.
Al crecer, mi madre siempre dijo que esperaba que tuviéramos una casa llena de
niños pequeños para que así consiguiéramos vivir lo que ella vivió. Miro alrededor
de mí a los siete niños pequeños que mis tres hermanos han tenido y sonrío,
pensando en que mi madre consiguió su deseo.
—¿Quieres una cerveza? —pregunta Joe, mi hermano mayor, mientras el
humo se agita en su cara frente a la barbacoa. Todos le hemos dicho cientos de veces
que baje la temperatura de la parrilla para que no se forme una nube de humo y se
convierta en un incendio, pero él nunca escucha.
—Nico no bebe cuando entrena. —Preach camina detrás de mí y me golpea
el hombro cuando habla.
Las cejas de Joe se disparan.
—¿Por qué no me dijiste que finalmente decidiste volver a la jaula? Ya era
hora de dejar de sentir lástima por ti mismo y volver al trabajo.
—No he decidido volver a la jaula. —Disparo a Preach una mirada
desagradable y me sonríe. Sabe que acaba de desatar al menos una hora de sermones
por parte de mis hermanos y no se arrepiente ni un poco.
—Oh. ¿Sigues entrenando seis días a la semana? —Joe le da la vuelta a las
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hamburguesas mientras habla y veo que las llamas comienzan a dispararse más altas.
Página

—Sí.
—Bueno, entonces échale pelotas o tira la toalla, hermano.
La esposa de Joe, Lily, se acerca y le grita que baje el fuego y la escucha a
regañadientes.
—No es tan fácil, Joe y tú lo sabes.
—Claro que lo es, tarado. Abres la puerta de la jaula y entras en ella. Después
le das una paliza al idiota que está parado en la otra esquina del ring.
—Oh, ¿es todo lo que hace falta? ¿Por qué no lo dijiste antes? —Mi voz
destila sarcasmo. Le doy un trago a mi botella de agua y miro fijamente a mi
hermano.
—Tal vez debería patearte el culo para ir calentando. —Joe casi suena como
si pensara que podría hacerlo en realidad.
Le sonrío a Lily quien camina detrás de Joe y le entrega un plato para las
hamburguesas que acaba de masacrar para nosotros. Pone los ojos en blanco ante la
amenaza de su esposo.
—Creo que ese barco zarpó hace mucho tiempo, cariño.
Joe se vuelve hacia su esposa.
—¿Crees que no puedo con este niño bonito?
Lily acaricia a su marido en el pecho, condescendiéndolo.
—Claro que puedes, guapo. —Lily vuelve su atención hacia mí—. Nico,
tengo a alguien en el trabajo que me gustaría que conozcas. ¿Qué tal si vienes el
próximo fin de semana para una barbacoa y la invito? —Lily baja la mirada hacia el
plato a medida que Joe termina de cargarlo con hamburguesas—. Pensándolo mejor,
yo cocinaré. —Me guiña un ojo.
Normalmente estoy abierto a conocer mujeres. Ni siquiera hago las preguntas
típicas que la gente quiere responder cuando se les ofrece una oportunidad. Siempre
he sido un hombre de igualdad de oportunidades, me gustan en todas las formas y
tamaños.
—¿Puedo responderte en otro momento, Lil? Conocí a alguien.
Lily se sorprende ante mi respuesta.
—¿Quieres decir que estás viendo a alguien exclusivamente? —enfatiza la
45

palabra exclusivamente como si el concepto fuera extraño para mí.


Página

—Aún no.
—Bueno, ¿qué te detiene?
—Es ella.
—¿Por qué no usas tu habitual encanto de búsqueda y conquista que siempre
utilizas? —Lily está bromeando con su comentario.
—Porque a ésta me la tengo que ganar.
Lily sacude la cabeza y murmura algo que no puedo oír, mientras se aleja
riendo.
—Mierda, hermano, estás jodido. La única que tienes que ganarte es a la que
le perteneces.

Preach trae de nuevo la pelea de Kravitz a la mesa y aguanto otra media hora
de sermoneos e insultos de mis hermanos. Es la primera vez que estoy pensando
seriamente en volver a la jaula en mucho tiempo. Pero Preach me molesta, poniendo
a mis hermanos de su lado, así que no se lo digo.
Le dejaré sufrir un poco más.

46
Página
Elle
Traducido por Florff

Corregido por Larochz

A medida que conduzco hacia el restaurante para encontrarme con


William, me arrepiento de haber accedido a cenar tan pronto. Dos
días no es tiempo suficiente para poner en orden mi cabeza. Estoy
más confundida ahora de lo que estaba hace unos días. He hecho una lista mental de
razones por las que debería estar con William. Es el sueño de toda madre: alto,
guapo, educado, listo, culto y amable. Incluso intenté hacer la misma lista mental de
razones por las que no deberíamos estar juntos, pero después de unas horas de
intentar rellenarlo con algo, esa página está aún vacía. Al principio pensé que era
Nico el que nublaba mi juicio sobre William, pero después me di cuenta que he
estado en el mismo lugar con William desde hace mucho… mucho antes de que
Nico pusiese siquiera un pie en mi oficina. Quizás tan solo necesitaba poner más
esfuerzo en lo que sea que William y yo tenemos.
Como siempre, William está en la misma mesa en la que siempre nos
sentamos cuando entro. Se sorprende de verme llegar a tiempo. Le sonrío, pero me
esfuerzo más de lo normal. Quizás esto no será tan difícil de hacer. La mirada en su
rostro también me dice que está feliz de verme. Me dice que estoy guapa mientras
me besa en la mejilla y me da un abrazo cálido, más que nada rápido. Es un hombre
bueno, sé que será un marido y padre bueno algún día.
Ordenamos nuestras bebidas y William me toma la mano por encima de la
mesa. Está un poco fuera de sus costumbres. Las muestras de afecto en público no
son algo que él prefiera, lo que siempre ha estado bien conmigo. Suavemente, su
pulgar acaricia la parte superior de mi mano. Miro a donde nuestras manos están
47

unidas y observo a medida que su pulgar acaricia una y otra vez la parte superior de
mi mano. Se siente… ¿qué se siente? Agradable. Confortable. Lo que no hace es que
Página
mi corazón vaya a mil por hora. Y definitivamente no hace que los pequeños vellos
de mi nuca se pongan de punta.
Mi teléfono zumba y me excuso para mirarlo. Miento y le digo que estoy
esperando una llamada de Regina. Pero me quedo bloqueada. Esperando por una
señal sobre cuál es la decisión correcta en el último minuto de mi plazo auto
impuesto.
No puedo dejar de pensar en ti. Nico. Mi pulso se acelera y siento que mis
palmas empiezan a sudar. Finalmente me doy cuenta que todas las listas que he
hecho no me ayudaron a decidir porque han sido sobre William, y el problema no es
William. Soy yo. No siento lo que debería sentir por él, sin importar con cuánta
fuerza lo quiera.
Coloco mi teléfono a un lado y no respondo el texto. William extiende la
mano hacia la mía y yo la retiro. Obligo a mis ojos a alzarse de la mesa hacia
William. Él ve lo que estoy pensando en mi rostro. Es un buen abogado, sabe cómo
leer a la gente, especialmente a mí. Finalmente dejo de estar bloqueada y tomo mi
decisión. Incluso si Nico no fuese el indicado para mí, William tampoco lo sería y
no estoy siendo justa con él.
Veinte minutos más tarde estoy de regreso en mi auto. Por supuesto, William
fue un caballero perfecto cuando le dije que no podía verlo más. No estoy segura si
simplemente no le molestó o si es bueno cubriendo sus emociones. De cualquier
modo, esta noche voy con el corazón en la mano. Voy a sacar todas mis emociones
por primera vez en años. Estoy asustada, pero emocionada al mismo tiempo.
En mi auto, saco mi teléfono para responder a Nico, pero después lo alejo y
decido dar un salto de fe. El restaurante está a solo diez minutos de su casa.
Conduzco con mi cabeza en una nube, pensando en lo que diré cuando llegue allí.
No puede dejar de pensar en mí. Yo no puedo dejar de pensar en él. A dónde me
llevará, no estoy segura, pero quizás puedo darle una oportunidad de verdad. Es la
primera vez que incluso quiero intentarlo.
Me siento feliz y emocionada durante todo el trayecto a su casa. Pero cuando
llego, de repente estoy nerviosa. Pienso en sentarme en mi auto durante unos
minutos y recobrar mi compostura, pero sé que estoy bloqueada y si me doy la
oportunidad de repensarlo probablemente me iré. Voy a hacer esto. Camino
rápidamente a la puerta, llamo al timbre y espero. Largos minutos pasan y estoy a
punto de girarme y huir como una gallina cuando la puerta se abre.
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—¿Olvidaste tu llave? —Nico se está abotonando la parte superior de sus


Página

pantalones cuando habla y no levanta la mirada inmediatamente. Su cabello está


húmedo y no lleva camisa ni zapatos puestos. Me quedo en silencio y no me muevo.
Mis pies están pegados al suelo a medida que tomo un vistazo por primera vez a su
pecho desnudo—. ¿Elle? —Nico levanta la vista y me encuentra de pie allí en lugar
de a quienquiera que estaba esperando.
Abro la boca para empezar a hablar, pero una voz detrás de mí me toma por
sorpresa. Una voz de mujer.
—Hola. —Me doy la vuelta. Es hermosa. La mujer de pie detrás de mí está
sonriendo, es muy bonita. Mi pecho se tensa y siento un nudo enorme en mi
garganta. Después me giro hacia Nico—. ¿Vas a quedarte ahí parado simplemente, o
vas a ser un caballero y tomar los paquetes para que así no deje caer uno? —Nico
toma las bolsas y la mujer se gira hacia mí—. Algunas veces tienes que golpearle
con esto en la cabeza para conseguir que se recupere rápido. —Sonríe e inclina la
cabeza hacia un lado, evaluándome—. Soy Lily.
Una sensación de náuseas me abruma. No me detuve a pensar que Nico
podría tener compañía cuando decidí dejarme caer sin anunciarme. Sonrío
disculpándome a la mujer que aún me está sonriendo. Extrañamente, no parece
molesta de que otra mujer esté de pie delante de su puerta mientras llega con los
comestibles en los brazos.
Sintiendo como el aire escapa de mis pulmones, respondo tan fuerte como
puedo:
—Lo siento. Debí haber llamado primero. —Miro a Nico y después a Lily, y
rápidamente me giro para irme. Me siento avergonzada y quiero llegar a casa y
vomitar en privado.
Antes de que pueda dar el primer paso, Nico agarra mi brazo.
—Elle, espera. No te vayas… —Parece confundido. Quiero encogerme y
meterme en un agujero en alguna parte.
—¿Elle? —pregunta la mujer y debo parecerle tan confundida como Nico me
parece.
Vuelvo a mirar a Nico, a su agarre en mi brazo, y de regreso a su cara.
—De verdad, está bien. Debí haber llamado. Lamento interrumpir. —Miro a
Lily a modo de disculpa y luego de nuevo a Nico.
Algo pasa por la cara de Nico. Una mirada de comprensión y entonces me
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sonríe. Hay un brillo en sus ojos y parece divertido. De repente, mi vergüenza se


Página

vuelve enojo porque no ha soltado mi brazo y encuentra mi incomodidad divertida.


—Elle. —Nico espera hasta que levanto la mirada hacia él y tiene mi
completa atención antes de continuar—. Esta es mi cuñada Lily. Tan solo estaba
dejando algo. —Se da la vuelta hacia Lily y habla—. Adiós, Lily.
—Podría quedarme un rato. —Ofrece Lily y oigo la sonrisa en sus palabras
incluso aunque no me doy la vuelta para mirarla.
Nico nunca me quita los ojos de encima mientras le habla a Lily.
—Adiós, Lily.
Lily suelta una risita y se gira para irse. Da unos cuantos pasos alejándose,
antes de girarse una vez más para decir algo.
—Me voy. Pero será mejor que la traigas a la cena del próximo mes.
Nico sacude la cabeza y me sonríe a medida que da un paso a un lado.
—Entra.
Atravesamos el oscuro gimnasio y entramos en el elevador que lleva a su
ático. Levanta el brazo para bajar la puerta y observo mientras los músculos de su
espalda se ondulan a medida que extiende su alcance en alto. Cada centímetro de su
espalda está definida y dos grandes tatuajes cubren cada hombro.
Después de que la puerta alcanza el suelo se gira y me atrapa fijándome en su
espalda. Hay calor en sus ojos, la forma en que me mira hace que mi respiración
pare. Da un paso hacia mí y se detiene, pero no se gira de cara a la puerta del
ascensor. Da un segundo paso, cerrando la distancia entre nosotros casi
completamente. Mi instinto es dar un paso atrás, mantener mi espacio personal, pero
no lo hago. Permanezco firme y levanto la mirada hacia él. Mi corazón está latiendo
tan fuerte que estoy segura que puede oírlo.
Nico inclina su cabeza lentamente y la presiona cerca de mi cuello. Con los
brazos en los costados, no me toca, pero está en mi espacio. Toma una respiración
profunda y sé que está tomando nota de mi aroma. Hay algo increíblemente erótico
cuando toma una respiración profunda, como si necesitase absorberme dentro de él
en todos los sentidos. Cuando habla, su voz es gutural y baja, su aliento caliente
aterriza en mi cuello y envía escalofríos por mi columna vertebral, directos a las
puntas de mis pies.
—Estás aquí.
50

Levanto la mirada hacia él.


Página
—Lo estoy. —Mi voz es suave, pero puedo decir por la sonrisilla en su cara
que la oye bastante bien.
—¿Eso significa que no realmente es un no entonces? —Su rostro se muestra
serio ahora.
—Pregúntame de nuevo. —Le sonrío a su rostro guapo que se eleva sobre mí,
invadiendo mi espacio personal.
—¿Estás viendo a alguien?
—No. —Mi respuesta es asertiva.
—Sí. Sí, que lo estás.
Estoy confundida.
—¿En serio?
—No comparto, Elle.
—Oh. —Ay, Señor.
Mi pulso se acelera cuando él baja su cabeza lentamente y roza sus labios
contra los míos tan suavemente. La gentileza de su toque me hace querer atraerlo y
estampar mi boca en la suya para así poder asegurarme que esto está realmente
sucediendo. Pero no lo hago. Estoy demasiado fascinada por este hombre y quiero
ver qué es lo siguiente que va a hacer.
Nico echa su cabeza atrás ligeramente, pero no se retira de mi espacio
personal.
—Vamos a intentar esto otra vez. —Busca en mis ojos antes de continuar—.
¿Estás viendo a alguien, Elle?
—¿Sí?
Nico sonríe con suficiencia.
—No suenas muy segura de tu respuesta, nena.
—¿Me besarás de nuevo si consigo la respuesta acertada?
Mi respuesta le divierte y baja la cabeza riéndose.
—Una abogada. ¿Lo negocias todo?
51

Me quedo quieta y pienso la respuesta.


Página

—Sí.
Nico sonríe ante mi respuesta honrada. Sus ojos se cierran y presiona su
frente sobre la mía.
—Dios, hueles tan jodidamente bien.

Nunca antes he visto un cuerpo como el suyo tan de cerca. Simplemente no


parece real. Sus dos brazos están cubiertos de tatuajes, parece que llevase puestas
mangas llenas de colores, solo que no tiene la camisa puesta. Se entrelazan y
envuelven alrededor de sus abultados bíceps y tengo la urgencia de trazar un sendero
desde la primera salpicadura de tinta a la última con la lengua. La reacción de mi
cuerpo ante él no es como nada que haya sentido alguna vez antes. Estos no son
sentimientos a los que esté acostumbrada, parecen salir de ninguna parte y son
incontrolables.
La comisura de los labios de Nico se curva ligeramente, como si se sintiera
divertido por mi mirada fija. Me alcanza una copa de vino sin preguntarme si quiero
una y la acepto porque necesito calmar mis nervios. Estoy aquí mirando fijamente a
este hombre enorme, y de repente estoy sin palabras.
El vino no puede filtrarse en mi sangre lo bastante rápido. La mitad de la
copa se ha ido de un largo trago, muy poco femenino.
—¿Sedienta? —Levanto la vista hacia él y encuentro un brillo de diversión
en los ojos de Nico, mezclado con algo más. Creo que sabe que estoy intentando
calmar mis nervios y me muevo nerviosamente en mi sitio en el sofá, mientras él
permanece ahí completamente inafectado.
Ignoro su pregunta y coloco mi copa en la mesa a mi lado. Estoy preparada
para manejar una conversación. Puedo recobrar el control aquí, es lo que hago.
Empujo los pensamientos de querer lamer su cuerpo desnudo al fondo de mi mente y
obligo a mis ojos a permanecer mansamente en su robusto rostro.
—Entonces cuéntame algo sobre ti, Nico Hunter. ¿Qué te gusta hacer cuando
no estás entrenando? —Levanta una ceja insinuantemente y me mira incluso aún
más divertido. Siento mi cara enrojecer con ese simple gesto. En lugar de aclarar mi
mente, ahora él me tiene pensando en lo que le gusta hacer. Y siento la necesidad de
abanicarme, cuando una visión de él haciendo esas cosas asalta mi cerebro.
Nico se ríe y da unos cuantos pasos para cerrar el espacio entre nosotros,
colocándose cerca de mí en el sofá. Retira un mechón de cabello de mi rostro,
52

poniéndolo gentilmente detrás de mi oreja. Hay un brillo malvado en sus ojos


Página

porque sabe lo que me está haciendo. Desliza una gran mano detrás de mi cuello,
acunándolo fácilmente en su palma y su pulgar permanece delante en el hueco de mi
cuello, acariciándolo con círculos lentos.
Sin penar, levanto las manos y toco su pecho desnudo y mis ojos se cierran
ante la cálida dureza que siento bajo mis dedos. Siento el ritmo se su respiración, a
medida que su pecho sube y baja rápidamente y ni siquiera me doy cuenta que mi
mano ha empezado a moverse, sintiendo la dura musculatura de sus pectorales justo
encima de su abdomen. No hay ni un gramo de grasa en ninguna parte de este
hombre y tengo la urgencia de hundir mis uñas y marcarlo. Está totalmente fuera de
mi forma de ser, el sentimiento viene desde algún lugar profundo dentro de mi
interior. Un lugar al que he cortado el acceso hace mucho tiempo.
Nico pone un dedo bajo mi barbilla y obliga a mi mirada a encontrar sus ojos.
Mis rodillas se sienten como gelatina y mi boca se abre cuando levanto la vista a sus
hermosos ojos verdes. Veo el reflejo de mi necesidad y tengo que apretar con fuerza
mis muslos para detener el hormigueo entre mis piernas, pero no puedo moverme.
Nunca nadie me ha mirado de la forma en que él lo hace. Siento un retumbar
silencioso en mi vientre y sé que algo ha cambiado en mí para siempre. Nunca seré
capaz de regresar a lo cómodo y bonito después de sentir lo que sea que está
ardiendo entre nosotros. Me asusta a muerte y me atrae al mismo tiempo.
Observo como Nico cierra los ojos y los vuelve a abrir unos segundos más
tarde. Puedo ver que se está recomponiendo, y me siento débil por no tener la fuerza
suficiente como para hacer lo mismo. Pero no me importa.
—¿Comiste? —Agito la cabeza en negativa. Fui a un restaurante, pero nunca
conseguí cenar.
—Vamos, te llevaré a picar algo. —Aunque no libera su agarre sobre mí. Me
observa durante unos pocos segundos y después me sonríe—. ¿Qué hay en ti, Elle?
Es una pregunta, pero su cara me dice que en realidad no está esperando una
respuesta.

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Página
Nico
Traducido por Flochi

Corregido por Brisamar58

—C
reo que quiero regresar. —Mis palabras detienen en seco
a Preach y no está preparado para el golpe que dejo
aterrizar en sus guantes de pelea. Termina sobre su culo.
Extiendo una mano hacia él y se pone de pie frotándose la cadera.
—¿Crees que puedes decirme esta mierda cuando no vaya a recibir un golpe?
Con una maldita taza de café. Tal vez sentarnos con una jodida taza de café y
discutir las cosas como gente normal para variar.
Niego con la cabeza ante el drama de Preach. Me ha fastidiado por más de un
año y luego se queja cuando le digo que estoy listo. Maldito Preach.
—¿Por qué el cambio de idea, hijo?
—¿Importa? Me has estado molestando durante un año y ahora que te digo lo
que has estado esperando escuchar comienzas a cuestionarlo.
—¿Qué tal tu cita de anoche? —Una voz llega desde detrás. No había visto
entrar a Lily. Estoy empezando a lamentar contratarla para que lleve mis libros
contables. Su elección del momento apesta y es una gran bocazas.
—El talonario de cheques está arriba. —No respondo a su pregunta.
—¿Cita? —Su comentario atrae la atención de Preach.
—Oh, ¿no le has contado a Preach sobre Elle? —Lily alarga las palabras.
Suena como una hermana burlándose de mí. De pronto me alegra haber crecido con
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tres hermanos que no tenían interés en los chismes o en mi vida amorosa. Le lanzo a
Página

Lily una mirada que dice que se vaya, pero se mantiene firme y ella y Preach
comienzan a hablar de mí como si no me encontrara allí. Le cuenta a Preach sobre
Elle y los dos se deleitan como dos colegialas.
Estoy parado, esperando a Preach, y siento que mis músculos comienzan a
enfriarse. Hay una pausa en su cháchara y me meto en la conversación antes de que
puedan reanudarla.
—¿Creen que podemos volver al trabajo, señoras? No les voy a pagar por
quedarse a hablar de mí como si ni siquiera estuviera aquí.
Lily le sonríe con suficiencia a Preach, pero capta la indirecta y se dirige al
piso de arriba para tomar los libros.
Preach alza las almohadillas que está sosteniendo para bloquear mis golpes y
reboto de arriba abajo unas cuantas veces para hacer que la sangre fluya de nuevo
antes de balancear mi pierna en el aire y aterrizar un fuerte golpe en el medio de las
almohadillas reflectoras, exactamente donde había apuntado la patada.
—¿La chica tiene algo que ver con tu decisión de regresar a la jaula? —dice
Preach cuando vuelve a acomodarse para el golpe que cree que vendrá.
Decido cambiar a un golpe circular que apenas aterriza en las almohadillas
reflectoras. Él no estaba esperando otra pierna, y ésta lo toma desprevenido, pero es
capaz de recuperarse y protegerse al último minuto.
Nuevamente ignoro la pregunta de Preach sobre Elle. Ni siquiera sé si a ella
le gusta el MMA, de modo que no voy a regresar a la jaula para impresionarla, si eso
es lo que él piensa. El momento simplemente se siente adecuado. No sé por qué o
qué cambió, simplemente me siento listo el día de hoy.

55
Página
Elle
Traducido por M.Arte

Corregido por Brisamar58

—¡N o puedo creer que rompiste con William! —Regina


aplaude de emoción mientras atacamos nuestros
almuerzos. Son casi las tres y apenas estamos a punto de
comer. El día ha sido muy ocupado. Leonard regresará la próxima semana y estaré
encantada de volver a tratar solo con mis casos.
Me sorprende la emoción de Regina sobre mi decisión de terminar las cosas
con William. Siempre creí que le agradaba.
—Creí que te agradaba William.
—Y me agrada, querida. Es solo… no sé… —Regina baja la voz.
—Dilo. —La motivo a que lo diga con un tono que da a entender que
realmente quiero escuchar lo que tiene que decir.
—Es muy agradable y también atractivo.
—¿Y? —pregunto.
—Es inteligente y amable.
—Eso no parece como una lista de las razones por las que estarías feliz de
que terminara con alguien. —Lanzo un pequeño tomate cherry de la ensalada a mi
boca—. Suena como las razones que le dirías a alguien para que empezaran a verse.
Regina sonríe, pero su cara se vuelve seria cuando habla.
56

—Estuve veinte años con mi esposo, y no me arrepiento ni un minuto de ese


tiempo. No siempre fue amable, nunca se levantaba cuando entraba en la habitación,
Página

usaba un lenguaje obsceno en la mesa, pero allí estaba.


Frunzo el ceño. Sé que está tratando de ser útil, pero no estoy segura de cómo
algo de lo que está diciendo apoya mi ruptura con William.
Regina ve mi confusión y continúa:
—Pero cuando entraba en una habitación, me quitaba el aliento. Hacía que mi
corazón latiera con fuerza e incluso después de veinte años de matrimonio todavía
quería arrancarle la ropa cuando me miraba y veía cosas en sus ojos.
Mi mente se mueve a Nico. Siento esas cosas con él. Hace que mis rodillas se
debiliten y reta mi autocontrol de una manera que nunca antes he experimentado.
Levanto la mirada hacia Regina y veo un dolor real en su mirada. Han pasado más
de diez años, pero todavía lo extraña como si hubiera sucedido ayer. Me entristece
darme cuenta de la fuerza de lo que tenía y que ahora se ha ido.
Le sonrío a Regina y asiento en silencio, haciéndole saber que entiendo lo
que está intentando decirme.
—Bueno, pasemos a las cosas buenas. ¿Cuándo saldrás con Nico Hunter? Ese
hombre te mira como si quisiera comerte viva. —Regina mueve las cejas
sugestivamente. Un gesto que parece utilizar mucho cuando se trata del tema de
Nico Hunter.
Me siento un poco avergonzada para admitir que fui directamente al
apartamento de Nico después de romper con William anoche, así que dejo de lado
algunos detalles sórdidos.
—Anoche lo vi. —Mi voz es baja y tímida.
—Sucia, chica sucia. ¡No pensé que fueras así! —Regina está bromeando,
puedo ver que está encantada con mis noticias.
Mi cara se sonroja al pensar en cómo se veía Nico sin camisa en su
apartamento anoche. Posiblemente es la cosa más deliciosa que haya visto jamás.
Pero estoy confundida en cuanto a por qué parece poner distancia entre nosotros en
ciertos momentos. Antes de salir a cenar, estaba segura que él estaba sintiendo lo
que yo sentía. Podría haber jurado que lo vi en su mirada. Había deseo allí y estoy
convencida de ello.
También lo pasamos de maravilla en la cena. No hubo ningún silencio
incómodo en nuestras conversaciones y nos reímos casi todo el tiempo que
comimos. Es como si nos conociéramos desde hace años. El tiempo pasa tan rápido
57

con él, el restaurante estaba casi vacío cuando finalmente nos dimos cuenta que era
hora de irnos. Es por eso que estaba hecha una maraña de emociones cuando
Página

regresamos a su apartamento y él no intentó convencerme para que me quedara.


—Solo fuimos a cenar. Aunque admito que me decepcionó un poco que
después no intentara que me quede.
—Estoy segura que solo estaba siendo respetuoso, Elle. ¿Le dijiste que
querías quedarte?
—No.
Regina está a punto de responder cuando un repartidor entra con un enorme
ramo de flores silvestres.
—Entrega para Elle James.
Ninguna de las dos puede esperar hasta que el repartidor ha salido por la
puerta antes de abrir la tarjeta, con Regina mirando por encima de mi hombro.
“No pude dormir en toda la noche pensando en ti después de que te fuiste”.
La sonrisa de Regina es radiante, tan emocionada por mí como yo lo estoy.
En verdad es una gran amiga.

58
Página
Elle
Traducido por Magnie

Corregido por Brisamar58

S
algo del trabajo a las cinco, en lugar de mis habituales siete u ocho el
viernes por la noche, para así tener tiempo para prepararme para la cita
con Nico. Me afeito las piernas y me pongo un conjunto a juego de
sujetador de encaje y ropa interior… por si acaso. No es que esté planeando dormir
con él esta noche, pero me estaría engañando al pensar que lo detendría si las cosas
comenzaran a intensificarse. Nico Hunter podría ser mi kryptonita.
El timbre suena y siento que tengo quince años otra vez. El lindo muchacho
está a punto de hablar conmigo y me trago las palabras como una idiota y me
avergüenzo cuando me ahogo a medida que intento traerlas de vuelta. ¿Qué
demonios es lo que me pasa? Soy inteligente, controlada y estoy actuando como una
completa idiota. Abro la puerta y sonrío. En realidad, pienso que podría haberme
desmayado en lugar de sonreír. ¿La gente realmente se desmaya?
Me retiro para permitir que Nico entre. Da un paso dentro y luego se da la
vuelta para mirarme. Mi espalda está contra la puerta cuando baja la cabeza para
encontrarse con la mía, rozando sus labios suavemente contra mi boca.
—Hola.
—Hola. —Mi respuesta es jadeante, sonando como un susurro de sus labios
contra los míos.
Nico tiene una malicia en su mirada que me hace querer que me haga muchas
cosas. Alimenta el deseo de sentir sus fuertes brazos sujetándome contra la puerta y
dejándome indefensa. No es una sensación con la que estoy familiarizada y me da
59

miedo sentirlo tanto como me excita.


Página
Entra en mi apartamento y de repente se siente más pequeño con un hombre
tan grande de pie en su interior.
—¿Cocinaste?
—Sí, puede decirse que sí.
—Huele bien. —Nico arruga su nariz y es una expresión absolutamente
adorable. Una que parece como si tuviera cinco años. Estoy tan fascinada por cómo
un hombre tan grande y poderoso puede lucir tan adorable, que me toma un minuto
registrar sus palabras—. Pero creo que algo se está quemando.
El humo sale del horno cuando abro la puerta. Tomo dos guantes de detrás de
mí y saco el salmón que cayó víctima de mis incapaces manos culinarias. El color
encendido rosa melocotón es ahora marrón en la parte superior. No sé cómo pudo
haberse quemado tan rápidamente, solo había estado allí por menos de media hora.
Nico viene detrás de mí, llega a mi lado y gira el dial del horno.
—Hornear, no asar.
Mirándolo, puede notar que sus palabras no significan nada para mí, de modo
que explica.
—Necesitas poner el horno en hornear, no en asar.
Nico se acerca a mi refrigerador y abre la puerta para servirse por sí mismo.
Lo veo sacar algo del armario, pero estoy demasiado ocupada intentando imaginar
cómo salvar el desastre que he hecho para prestarle atención. Me sirve una copa de
vino que deja en el mostrador que está junto a mí y se apoya contra el mostrador de
mi cocina en forma de U.
Levanto la copa a mi boca y tomo un largo sorbo antes de girarme para
enfrentar a Nico, a unos metros de distancia de mí.
—Lo siento, la cena está arruinada.
Nico me sonríe y no dice nada por un minuto.
—Ven aquí. —Su voz es baja, suave y extiende un grueso brazo hacia mí.
Obedezco y sus brazos se envuelven alrededor de mi cintura, atrayéndome contra su
pecho duro a medida que baja su boca a la mía. Nuestros labios conectan y sigo su
ejemplo cuando los suyos se abren. Su lengua lame el contorno de mis labios
lentamente, enviando un escalofrío por mi espina dorsal.
60

Un gemido bajo escapa de mi boca y siento que su agarre se aprieta en


Página

respuesta. Me sorprendo incluso a mí misma cuando muerdo su labio inferior,


provocando un gemido bajo de él que hace que lo que está entre mis piernas se
hinche de excitación. Nico inclina su cabeza y nuestro beso profundiza, nuestras
lenguas exploran la boca del otro con una pasión que nunca he conocido o esperado,
pero se siente tan natural y correcto.
Ambos estamos jadeando fuertemente cuando tomamos aire.
—Te extrañé. —Su voz es baja y ronca. Pecaminosa. Han pasado dos días
desde que nos vimos, pero también lo he extrañado.
—Yo también. —Me las arreglo para decir entre respiraciones entrecortadas.
El agarre de Nico se aprieta casi hasta el punto de que es doloroso, pero no
me importa. Sus manos están en la parte inferior de mi espalda y cuando él me atrae
más cerca, puedo sentir su erección contra mi vientre, quiero bajar la mano entre
nosotros y tomarla. Sentir su grosor palpitando contra mí.
Creo que me va a besar de nuevo, pero en lugar de eso planta un suave beso
en la punta de mi nariz y luego en mi frente antes de envolverme en un abrazo de
oso. Es un momento tan tierno y tan inesperado después de la pasión de su beso hace
un minuto.
Muy poco después, Nico afloja su agarre sobre mí.
—¿Dónde está el cajón de los menús?
—¿Cómo sabes que tengo un cajón de menús?
—He visto cómo cocinas de primera mano, ¿recuerdas?
Lo golpeo juguetonamente en el estómago con el dorso de mi mano y conecta
con una pared de ladrillo.
—Segundo cajón a la derecha del fregadero.
Nico revisa mis menús.
—¿Comes esta basura?
—¿Cuál de ellas? —Miro la pila de menús pensando que ha encontrado uno
que no aprueba.
—Todos ellos. —Por primera vez, miro mi montón de menús y reconozco
que es una pila bastante grande.
61

—Solo cuando quiero comer. —Sonrío y Nico sacude su cabeza


desaprobándolo, pero puedo decir que me está tomando el pelo. Si tuviera un cuerpo
Página
que se viera como el suyo, también lo alimentaría solo con comida saludable.
Incluso podría aprender a cocinar si me viera como él.
Un menú llama su atención y parece contar con su aprobación.
—¿Hay algo que no comas?
—Soy muy fácil.
Mi respuesta se gana una sonrisa diabólica antes de que Nico saque su celular
y ordene.
Después de terminar de comer, Nico me muestra la película que trajo y bajo
la mirada hacia la película, y luego de vuelta a su rostro.
—¿En serio quieres ver esto?
La comisura de su boca se contrae con diversión apenas oculta.
—No realmente.
—Entonces, ¿por qué la trajiste?
—¿Pensé que te gustaría?
Inclino la mano para evaluar al hombre. Se gana puntos por traer algo que
pensó que me gustaría, pero no voy a dejarlo ir con tanta facilidad.
—¿Por qué?
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué pensaste que me gustaría The Notebook?
—Porque eres una mujer y a las mujeres les gusta esta mierda cursi.
Tomando su mano, lo llevo a mi armario de la sala de estar y abro la puerta
para revelar dos estantes llenos de algunas de mis películas favoritas. Examina los
títulos y luego me mira con sorpresa, como si acabara de mostrarle un cadáver que
guardaba encerrado en el armario, en lugar de una sencilla colección de películas.
—¿Te gustan las películas de acción?
—Cuanto más saltos de aviones, mejor.
Nico envuelve su brazo alrededor de mi cintura y me da la vuelta,
atrayéndome hacia su pecho antes de plantar un casto beso en mi boca. Baja la
62

mirada hacia mí.


Página
—Sí, vale la pena, totalmente. —Casi no escucho sus palabras, las pronuncia
muy bajo.
—¿Qué vale la pena?
Planta otro beso en mi boca.
—Nada.

A lo largo de la película tenemos sesiones de besuqueo periódicas. Las


grandes manos de Nico se deslizan de ida y vuelta por el costado de mi cuerpo. Sus
dedos se mueven lentamente mientras pasan la curva de mis senos y su pulgar
apenas roza la hinchazón por debajo, de modo que no puedo estar segura si sus
dedos me tocaron o simplemente llegaron muy cerca.
A medida que los créditos de la película pasan en la pantalla, estamos
encerrados en un tórrido beso que no quiero detener. Mis manos lentamente sienten
su camino hacia abajo desde su pecho musculoso y se detienen en su abdomen.
Nunca he sido la que hace el primer movimiento, pero no me importa en este
momento. Quiero más de este hombre. Necesito más. Mis manos se deslizan bajo su
camisa y marco suavemente mis uñas contra su apretada carne a medida que mis
manos hacen el camino de regreso, deteniéndose mientras siento la parte superior de
su cintura.
Un gruñido bajo brota de Nico y guía mi espalda hacia abajo en el sofá a
medida que se coloca encima de mí. Con su peso presionándome, puedo sentir cada
músculo contra el mío y juro que podría terminar antes de que nuestra desnuda carne
se reúna. Él se siente tan jodidamente increíble. Un gemido bajo de algún lugar
dentro de mí se escapa y nuestros besos se vuelven más profundos, casi frenéticos.
Gimiendo, Nico se sienta y me deja sin aliento en el sofá. Mi cuerpo está
desesperado y necesito más. Cuando miro hacia arriba, encuentro a Nico pasando las
manos por su cabello con frustración.
—¿Por qué te detienes? —Mi voz sale como el de una colegiala quejica
insegura de sí misma con su novio nuevo. Pero a eso es a lo que el hombre me ha
reducido, respiraciones jadeantes y deseo sin final feliz.
—No tienes ni idea de lo difícil que es parar. —Su voz es cruda, honesta y
llena de emoción. De alguna manera me hace sentir mejor sabiendo que no es fácil
63

para él. Pero también me confunde. ¿Por qué sigue deteniéndose?


Página

—Entonces, ¿por qué?


Nico se mueve incómodo por un momento.
—Porque quiero que primero me conozcas, así no te asustaré.
—¿Por qué me asustarías?
Piensa durante un largo rato, antes de responder.
—Debido a quien soy. —Nico me mira y toca suavemente el costado de mi
rostro con su pulgar—. Eres una mujer hermosa, inteligente y fuerte que está
acostumbrada a ser tratada como una dama.
Estoy confundida con sus palabras y Nico lo ve en mi cara. Me atrae hacia él
y entierra su rostro en mi cuello. Su aliento está tan cerca de mi oreja cuando habla,
siento las palabras en todo mi cuerpo mientras las pronuncia.
—Pero cuando finalmente te tenga debajo de mí, definitivamente no voy a
tratarte como a una dama.

64
Página
Elle
Traducido por Smile.8

Corregido por Taywong

R egina me llama para decirme que William está al teléfono. Es la


primera vez que he escuchado de él desde que le dije que no podía
verlo más. Cuando le dije que quería que siguiéramos siendo amigos,
no era solo una línea. Nuestra amistad es importante para mí, y me alegra que
llamara, aunque no había esperado escuchar de él tan pronto.
—Hola.
—Hola. —Un segundo demasiado largo pasa que me hace sentir como si esto
podría ser una conversación incómoda.
—Quería hacerte saber que tu carta fue un éxito. —El tono de William es más
de negocios que de amistad.
Momentáneamente, no estoy siguiendo la conversación. Entonces me doy
cuenta a qué debe referirse.
—¿Van a dejar a Nico fuera del contrato?
—Sí, parecen estar de acuerdo contigo en que es en su mejor interés alejarse,
en vez de enfrentarse a una demanda pública con respecto a su ética. —Mi carta era
un poco más engañosa de lo que normalmente me gustaría. Una amenaza velada y
apenas disimulada para recordarles que ni siquiera teníamos que tener éxito en una
demanda sobre su ética. El daño a su reputación vendría a través del personaje
público, solo por tratar el caso en un foro público.
—Esas son buenas noticias. ¿Ya se lo has dicho a Nico? —Mi voz sale un
65

poco más emocionada de lo que había previsto.


Página
—No. Te he llamado primero. Si quieres llamarlo y darle la buena noticia,
está bien conmigo.
Por un lado, me siento mal por querer ser la que le diga a Nico la buena
noticia. Pero otra parte de mí quiere ser la que lo complazca. William me dice que
enviará por fax el papeleo conclusivo para que lo revise y estoy de acuerdo en
mirarlo tan pronto como llegue dado que quieren una respuesta rápida.
Después de colgar, me doy cuenta de lo clínica que fue nuestra conversación
y me siento mal porque nuestra amistad podría no sobrevivir.

66
Página
Nico
Traducido por Lyla

Corregido por Taywong

D erribo fácilmente a los dos primeros chicos que Preach pone en el


ring conmigo. Está intentando construir mi confianza, pero estoy
perdiendo la paciencia.
—Dame un contendiente real o he terminado por el día.
Preach se ríe de mí.
—Son contendientes reales, solo que hoy algo te tiene molesto. Pero
mantengámoslo así durante las próximas tres semanas.
Me lleva menos de tres minutos eliminar al tercer contendiente de
entrenamiento, y me siento más frustrado que cuando empecé. Preach me está
tomando el pelo sobre lo bien que me veo, pero pienso que solo me está dando
contendientes débiles.
Paso los siguientes quince minutos descargando lo que los idiotas en el ring
no pudieron manejar en la bolsa de boxeo. Mis nudillos están hinchados y
ensangrentados para el momento que he liberado la suficiente adrenalina para tomar
una respiración tranquila.
Preach mira mis nudillos y sacude su cabeza. Hemos estado juntos demasiado
tiempo para que no reconozca cuando algo me molesta. A veces sabe lo que es antes
que yo.
—¿Qué te preocupa, hijo?
67

—Nada.
Página

—De acuerdo. ¿Cómo van las cosas con Elle?


—Genial. —Agarro la cuerda de salto y comienzo a balancearla rapidísimo.
La cuerda se desliza bajo mis pies dos veces con cada salto—. Preach. —Bajo mi
voz para que ninguna de las ratas del gimnasio pueda escucharme—. ¿Cuánto
tiempo tienen citas las personas normales antes de dormir juntas?
Preach se ríe. Piensa que estoy bromeando.
—No, en serio, ¿cuánto tiempo?
—¿Se trata de eso? ¿Estás duro? —Preach se ríe y siento el impulso de azotar
su culo con la cuerda que no puedo dejar de balancear. Tengo mucha energía
reprimida, siento como si pudiera hacer ejercicios por días y todavía estar lleno de
energía—. Es cierto, estás acostumbrado a que las chicas dejen caer sus bragas a tus
pies antes de abrir esa boca sucia tuya. —Preach se ríe—. ¿Finalmente encontraste
una que te está haciendo trabajar por ello?
Sal, el chico que trabaja hoy en recepción, silba para llamar mi atención.
—Una llamada para ti.
—Dile a quien sea que estoy entrenando y que lo llamaré luego. —Miro a Sal
como si estuviera loco por interrumpir mi entrenamiento por una llamada telefónica.
—De acuerdo, pero es una mujer.
Escucho a Preach y a Sal riendo disimuladamente en mi camino hacia el
teléfono.

68
Página
Elle
Traducido por Florff

Corregido por Taywong

E scuchar su voz al teléfono me hace sonreír. Le cuento a Nico las


buenas noticias y me ofrezco a llevarle los documentos para que los
revise de camino a mi cita de las tres. Me promete comida no sana
para llevar a cambio de mi tiempo. Su versión de no sano y mi versión son
enormemente diferente, pero de todos modos, estoy ansiosa por verlo otra vez.
El tráfico es mucho más ligero de lo normal, y es temprano cuando llego al
gimnasio de Nico. Temprano. Nunca llego a ningún sitio temprano, incluso si no
hay autos en la carretera, normalmente llego tarde. El tipo de la puerta me mira
sospechosamente cuando entro, probablemente piensa que estoy entrando en el
edificio equivocado. El traje rojo que llevo es uno de mis favoritos. Se aprieta a la
cintura y enfatiza mis curvas en todos los lugares correctos. Pero estoy
definitivamente demasiado bien vestida para un gimnasio.
—Tengo el presentimiento de que estás en el lugar equivocado, pero estoy
feliz de que vinieras porque creo que me he enamorado. —Su línea podría estar del
todo equivocada, pero su sonrisa es tan amistosa que sonrío de vuelta en respuesta
inocentemente.
Nico le da una palmada al tipo en la nuca, pero puedo decir que en realidad
no quiere hacerle daño.
—Tienes un solo aviso, Sal. Mantén tus comentarios y tus ojos para ti, o no lo
lograrás en el ring la próxima vez que golpee tu trasero.
Nico rodea el mostrador delantero y pone su brazo alrededor de mi cintura y
69

me atrae hacia él protectoramente antes de besarme dulcemente en los labios.


Página
Sal ríe disimuladamente mientras frota su nuca y murmura algo sobre la
suerte que tiene Nico.
Con su mano sobre la parte baja de mi espalda, Nico me guía por el gimnasio.
No estoy segura si es que las mujeres simplemente no vienen a este lugar con
frecuencia, o si verme con Nico ha desconcertado a la gente, pero me doy cuenta
que todos detienen lo que están haciendo a medida que avanzamos a la parte trasera
del gimnasio.
Un hombre está sentado detrás de un mostrador tecleando con un dedo.
Picando sería una descripción más apropiada. Levanta la vista y se echa hacia atrás
en la silla, con una sonrisa conocedora sobre su rostro.
—Preach, esta es Elle.
—Hola, Elle. He escuchado mucho sobre ti. —El hombre se pone de pie y
extiende su mano hacia mí, con una cálida sonrisa en el rostro. Me gusta
instantáneamente, pero no estoy segura por qué, solo que lo hace.
Miro de Preach a Nico, elevando una ceja interrogante a Nico, preguntándole
silenciosamente lo que el hombre podría haber escuchado sobre mí.
—Creo que debería darte las gracias —dice Preach con mi mano aún envuelta
en la suya a medida que continúa agitando mi mano durante mucho más tiempo del
que es normal para un saludo.
—Ahora puedes soltar su mano, Preach. —Nico intenta sonar amenazante,
pero es obvio que los dos hombres se respetan el uno al otro y esa charla es algo a lo
que están acostumbrados.
Nico le dice a Preach que yo fui capaz de dejarlo fuera del contrato y Preach
parece impresionado. En su camino a la puerta, Preach azota a Nico en la espalda.
—Lista y bonita. Entonces, ¿qué demonios está haciendo con un vagabundo
como tú?
Nico se ríe del comentario y cierra la puerta tras él. Lo observo cuando cierra
con llave la puerta antes de girarse hacia mí con una sonrisita pícara en su rostro.
Sin hablar, coloca sus manos en mi cintura y me levanta con facilidad,
colocándome en lo alto de su escritorio. La mirada en sus ojos hace que mi cuerpo
hormiguee por todas partes. Una de sus grandes manos se envuelve por detrás de mi
cabeza, manteniéndola en el lugar donde la quiere. Espero mientras se inclina y
70

cubre mi boca con la suya. No es un beso de saludo. Es un beso que me hace sentir
Página
como si quisiese marcarme. Como si necesitase mostrarme que nadie más vendrá
después de él.
Sin preocuparme por estar vistiendo una falda, envuelvo mis piernas
alrededor de su cintura a medida que él se inclina aún más. La tela de mis bragas de
encaje hace un poco para atenuar la sensación de su dureza empujando en mi área
más sensible. Su otra mano se estira por mi trasero y me empuja hacia él. Con
fuerza. Presionada ya contra él, la presión adicional actúa como un gatillo y envía
una ráfaga de electricidad entre mis piernas donde ya estoy hinchada. La más
mínima cantidad de fricción podría ayudarme a encontrar la liberación por la que
estoy tan desesperadamente necesitada desde que he conocido a este hombre.
Mordisqueo su labio inferior cuando intenta retirar su boca. Nico gruñe y me
responde estrujando un enorme pedazo de carne de mi trasero que ya está
sosteniendo cómodamente. Es casi doloroso, pero me provoca lo contrario. El lado
donde tantear y agarrarse es erótico y acelera mi necesidad a nuevos niveles.
Un golpe en la puerta me devuelve a la realidad. Me veo apoyada en el borde
del escritorio en traje, con las piernas separadas y jadeando como un animal salvaje.
Lanzarme un cubo de agua helada por la cabeza es lo único que hubiese tenido
menos efecto en mi libido. Quienquiera que está al otro lado de la puerta, no capta la
pequeña pista cuando nadie le responde, tan solo aviva su curiosidad y el golpe se
torna meticulosamente más alto.
—Voy a matar a quienquiera que esté al otro lado de la puerta. —Nico inclina
su frente contra la mía, y ayuda a mi vergüenza inicial el saber que él está tan
afectado como yo.
Me besa una vez más en los labios.
—No te muevas ni un centímetro. —Algo en el tono de su voz suena más
como una orden y por una vez quiero escuchar en lugar de desafiar la autoridad que
habla.
Nico camina hacia la puerta y abre una rendija. Estoy aún sentada en el borde
del escritorio. Sorprendiéndome incluso a mí misma del hecho de no haber saltado
para recuperar mi compostura.
—Preach me dijo que no llamase, pero tengo que recoger a mi hermanita en
una hora y no quería quedarme sin tiempo. —La voz de un chico joven me
desconcierta mientras me siento completamente desaliñada con mi falda elevada
71

alrededor de mi trasero justo a unos pocos metros de la puerta. Salto y empiezo a


arreglarme frenéticamente. Nico me atrapa por el rabillo del ojo y veo su mandíbula
Página

apretarse.
—Vas a correr un kilómetro y medio extra por no escuchar a Preach. Vete y
dame nueve en la cinta de correr y cuando haya terminado aquí veremos cuánto
tiempo queda.
Escucho al chico quejarse, pero segundos más tarde sus pasos me dicen que
escuchó.
Nico cierra la puerta y gira su atención de regreso a mí. Ya he enderezado mi
ropa y no estoy sentada en el escritorio.
—Se suponía que no te moverías.
—Había un chico a solo unos dos metros y estaba mostrando mi ropa interior.
—Cruzo mis brazos, dejándole saber que podía esperar que esto no sea un caso de
una sola vez. Escuchar no siempre es uno de mis puntos fuertes.
Sacude la cabeza de lado a lado, pero tiene la cabeza baja y no puedo ver su
rostro para leer lo que está sintiendo. Me mantengo firme, no me muevo de mi sitio
cuando regresa hacia mí, invadiendo por completo mi espacio personal. Baja la
mirada hacia mí, sus ojos están aún entornados debido a nuestro encuentro y trago
fuertemente encontrando de repente mi boca seca por la forma en que me está
mirando.
—El sábado por la noche. Te haré la cena. —Levanta la vista para medir mi
reacción—. Trae una bolsa porque no te dejaré ir la próxima vez.
La ola entre mis piernas que estaba decayendo, fluye de regreso a paso
rápido.
—De acuerdo. —Mi voz se rompe a medida que respondo en un susurro.
Nico levanta mi barbilla, obligándome a mirarlo a los ojos.
—¿De acuerdo? —Aunque me dijo lo que iba a hacer este fin de semana, aún
quiere una confirmación.
Mis ojos no lo evitan mientras respondo. Obligándome a responder más alto.
—De acuerdo.
Nico sonríe como si le acabaran de dar un premio que realmente quería, y es
contagioso. Su entusiasmo es contagioso, y no puedo evitar sonreír en respuesta.
Toma mi mano y agarra mi bolso y otro bolso con el que estoy demasiado
familiarizada. Salimos.
72

Su mano alcanza la puerta y se detiene.


Página
—No podemos comer aquí o no puedo prometer que me controlaré. Te ves
tan jodidamente sexy en ese traje y la forma que hueles me hace perder el control.

Comemos nuestro almuerzo en un pequeño comedor que tiene vistas al


gimnasio y examino con Nico los términos del contrato que le he traído. Está
renunciando a un pago multimillonario y tiene que devolver una cantidad importante
de dinero que ya le ha sido adelantado. Si esto le molesta en lo más mínimo, hace un
buen trabajo para no mostrarlo.

73
Página
Elle
Traducido por AsheDarcy

Corregido por Taywong

E l sábado por la mañana llamo a mi madre para ver como está. Me


siento culpable porque no llamo a menudo, a veces solo necesito
tratar de bloquear esa parte de mi vida. No es culpa de mi madre que
no pueda separarla del pasado que me persigue. No es mi intención, pero está tan
profundamente entretejido que es difícil sacar lo bueno de una red de malos
recuerdos.
Cuatro años de terapia me ayudaron a empezar a vivir de nuevo, y en estos
días en realidad creo que lo estoy haciendo. La culpa por no sentir arrepentimiento
me había atrapado en un mal lugar, pero la mayoría de los días creo que he
avanzado. La mayoría de los días.
Mamá y yo pasamos diez minutos poniéndonos al día y luego la conversación
se mueve a William. Pregunta casualmente cómo está y se sorprende cuando le digo
que dejamos de vernos recientemente. No menciono que he empezado a ver a
alguien más porque no estoy de humor para el interrogatorio. Hoy no. No le mentiría
si me lo preguntara, pero sé que me preguntaría si he compartido mi pasado con él.
Por alguna razón parece pensar que contarle a la gente sobre el peor día de mi vida
es catártico. Tal vez lo sería, pero no lo sabría, ya que nunca se lo he contado a un
alma viva fuera de mis reuniones semanales de grupo. Claro, mucha gente lo sabe.
Pero son personas que lo han leído en titulares. No que lo escucharon de mis labios.
Después de colgar, me paso una hora intentando averiguar qué llevarme a la
casa de Nico. La capa externa de ropa es la parte fácil. Pero quiero lucir sexy sin mi
ropa puesta. Me impresiona que nunca haya estado tan preocupada por lo que
74

llevaba para William. Ni siquiera al principio. Tal vez debería haberlo estado, pero
Página

es inútil obsesionarme con ello ahora. Por cualquiera que sea la razón, siento la
necesidad de complacer a Nico Hunter. Nunca me he sentido así con otro hombre.
Hace unas semanas, si una mujer me hubiera dicho que se vestía para complacer a su
hombre, probablemente habría pensado que era lamentable. Pero la forma en que
Nico me mira me hace exaltarme. Es como una droga que anhelo desesperadamente
tener otra vez. Su placer es mi recompensa, y estoy dispuesta a hacer lo que sea
necesario para ganarlo.
Soy honesta conmigo sobre cómo me siento, pero eso no hace que aceptar mi
propia reacción al hombre sea más fácil. Estoy dividida entre ceder a lo que se siente
tan bien y castigarme por actuar como una niña débil.
Me las arreglo para aprovechar algunas horas de trabajo durante la tarde. Mi
jornada laboral siempre es de seis días, pero Leonard está incitando a que sean siete.
Medio día de hoy y posiblemente ningún trabajo mañana hará que mi lunes sea
brutal, pero me preocuparé el lunes.
Llego a su edificio a tiempo. Las dos únicas veces que llegué a tiempo a algo
en el último año han involucrado a Nico Hunter. Ni siquiera puedo calificarlo como
coincidencia. Mientras camino hacia la puerta, me siento nerviosa e inquieta. La
anticipación causa estragos en mi habilidad para realizar tareas múltiples y ni
siquiera noto que está parado en la puerta cuando meto la mano en mi cartera para
guardar mis llaves a medida que camino.
—Hola, preciosa. —Su voz es baja y sexy, pero me asusta por completo,
porque no me había dado cuenta que alguien estaba allí.
Me sobresalto y levanto la mirada, derramando el contenido de mi cartera
excesivamente llena por toda la acera.
—Lo siento, no quise asustarte. Pensé que me habías visto allí parado.
Nico se inclina para empezar a limpiar el desorden, y casi pierdo el equilibrio
en mis tacones cuando me inclino para unirme a él a recoger mis cosas. Me sonríe
con una sonrisa sexy y le sonrío en respuesta. Me siento momentáneamente perdida
en su sonrisa capaz de debilitar mis rodillas, hasta que veo por el rabillo del ojo lo
que él está sosteniendo en su mano y comprendo la razón de su sonrisa traviesa. Mis
pastillas anticonceptivas. Extiende su mano para ofrecérmelas, pero no las suelta
cuando voy a tomarlas.
—Es bueno saberlo. —La sonrisa de Nico se ha ampliado de una sonrisa
traviesa a una sonrisa llena, de las que hace que se te caigan las bragas, y siento que
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un rubor se arrastra por mi rostro. Maldita sea, soy una mujer adulta que aceptó una
invitación para quedarse en la casa de un hombre esta noche, sin embargo, me
Página

sonrojo por unas tontas píldoras anticonceptivas. ¿Qué demonios me pasa?


Recojo rápidamente el resto de mi vida personal exhibida en la acera y me
siento aliviada de haber sacado los condones condimentados que Regina metió en mi
cartera antes de irme ayer. Con sabor a tocino. ¿Qué mujer quiere degustar carne
mientras, ya sabes, degusta carne?
Nico se pone de pie y no se ofrece a ayudar a levantarme. Solo lo hace.
Después de estar equilibrada, se inclina y planta un suave beso en mis labios. No
mucho más que un roce, pero lo siento hasta los pies. Y estamos de pie en medio de
la acera. No hay gente alrededor, pero aun así, está fuera de mi carácter tener una
exhibición pública de afecto. O al menos así era antes.
—¿No trajiste un bolso? —El rostro de Nico luce tan decepcionado, como un
niño al que se le dijo que no podía tener el cachorro que estaba planeando traer a
casa.
—Lo hice, lo dejé en el auto. —Nico inclina su cabeza y entrecierra sus ojos
hacia mí.
—¿No estás segura si quieres quedarte? —Puedo escuchar la decepción en su
voz.
—Umm. —¿Cómo le respondo? Por supuesto que quiero quedarme, pero se
sentía raro entrar en su casa con un bolso, incluso aunque me invitó. Era casi
presuntuoso.
Nico toma mi vacilación como confirmación de que no estoy segura si quiero
quedarme. Da un paso adelante y envuelve un brazo alrededor de mi cintura,
descansándolo justo por encima de mi culo. La otra mano se mueve detrás de mi
cabeza y me besa. Ferozmente. Su lengua buscando la mía, luego succionando la
punta de la misma mientras la saca para añadir sus dientes. Sus dientes muerden mi
labio inferior y justo cuando empiezo a sentir el dolor de su mordida, chupa y lame
en el lugar que acaba de morder, haciéndolo aún mejor.
Siento su mano, que estaba sosteniendo mi cintura inferior, viajar hacia abajo
y me tira contra él firmemente a medida que sus manos vagan sobre mi culo y casi
acuna mi nalga entera con su gran palma. Sensaciones de hormigueo se disparan a
través de mis venas y siento la piel sensible entre mis piernas hincharse. Nico gruñe
y me aprieta más fuerte antes de retroceder ligeramente, soltando mi boca, tirando
de mi labio entre sus dientes a medida que se aleja.
No tengo ni idea de dónde estoy. Mis sentidos están absolutamente enfocados
76

en el hombre que acaba de robarme el aliento y estoy jadeando cuando finalmente


libera mi boca completamente. Su aliento es rápido cuando su boca baja a mi oído y
Página

habla en una voz tensa.


—Estoy a unos diez segundos de perder mi autocontrol, nena. ¿Crees que
puedo buscar ese bolso por ti y llevar esto adentro para que así no le demos a todo el
vecindario un espectáculo?
Nico aleja su cabeza y espera mi respuesta. Pero no puedo hablar todavía, así
que asiento en afirmación y solo veo como toma las llaves de mi mano. Me besa de
nuevo en la boca, esta vez mucho más suave.
—No es que me importe. Me vale mierda que estén mirando siempre y
cuando pueda hacerte eso.
Me obligó a cerrar la boca mientras me quedo allí observándolo agarrar mi
bolso del auto y regresar a mí, su expresión decepcionada es ahora reemplazada por
una sonrisa de megavatios que me recuerda a su nombre de luchador. “El Rompe
Corazones”. Si el nombre se ajusta…
En el interior, las cosas se relajan, de modo que estoy agradecida. O, a la
velocidad en que iba en la calle, habría estado en su cama en menos de quince
minutos después de mi llegada. Nico me alza y me sienta en la isla de la cocina, para
que así podamos hablar a medida que él cocina. Al verlo desenvolverse en su cocina,
me doy cuenta lo sexy que puede ser un hombre que conoce su camino alrededor de
la cocina. Hay algo instintivamente atractivo en un hombre que quiere cuidar de su
mujer. No es que sea el tipo de mujer abnegada y hogareña. Pero esto es diferente.
Un papel casi natural que él toma en nuestra relación y encuentro que me gusta ser
cuidada. Es algo que nunca antes he permitido que nadie haga.

77
Página
Nico
Traducido por M.Arte

Corregido por LizC

T engo que frenar las cosas. Casi la tomo en la calle por el amor de
Dios. Siento que estoy atrapado en una película mala, con un pequeño
diablo sentado en un hombro y un ángel en el otro. Pero el jodido
diablo es el doble de grande y mi ángel es un maldito mudo. Genial, tengo un
maldito ángel mudo.
Se ve tan linda sobre la encimera, tengo el impulso de llevarla conmigo a
dondequiera que voy y simplemente ponerla en un pedestal cerca de mí. Pero
mientras agarro una botella de agua del refrigerador, veo su reflejo en el acero
inoxidable. Cruza y vuelve a descruzar las piernas y atrapo un vistazo de la parte
superior de su muslo por una fracción de segundo. Maldita sea, puedo sentir como
empiezo a ponerme duro por el maldito vistazo a su muslo. Maldito ángel mudo.
Pienso en mi abuela. La abuela Ellen. Ellen, bueno eso es solo Elle con una “n” al
final. Las piernas de Elle. Mierda, esto no está funcionando.
—Huele bien. ¿Qué estás preparando? —Giro la cabeza para contestarle, pero
le toma un minuto a mi cerebro procesar su pregunta.
No es ni tan bueno como tu aroma. Me gustaría comerte en su lugar.
—Cuscús.
—¿Preparas cuscús?
—Bueno, no sabe bien directamente de la caja.
—Adorable. —Me sonríe. Incluso su sonrisa me excita—. ¿Qué tiene?
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—Ajo, aceite de oliva, pimientos, cebollas, perejil…


Página
Salta de la encimera. La había colocado ahí para mantenerla lejos. No se da
cuenta lo que me hace cada vez que se acerca a mí.
—¿Puedo ayudar? —Su brazo roza el mío cuando se detiene a mi lado.
Se inclina hacia el sartén donde los ingredientes se están salteando y cierra
los ojos a medida que inhala el aroma. Claramente, aprecia el olor. Su rostro se
suaviza y sus mejillas se relajan mientras su nariz le ofrece el olor a su cerebro. Es la
cosa más erótica que he visto alguna vez. Necesita regresar a esa maldita encimera.

79
Página
Elle
Traducido por Rihano y Magnie

Corregido por LizC

N ico me levanta como si no fuera nada más que una muñeca y me


sienta de vuelta en la encimera. Es la segunda vez que me ha sacado
fuera del camino. El hombre de seguro es territorial en cuanto a su
cocina cuando está cocinando y, extrañamente, lo encuentro sexy. El interior de su
mano roza la curva de mi pecho cada vez que me levanta, y tengo que volver a
cruzar mis piernas y apretar mis muslos fuertemente para evitar que mi cuerpo le
responda.
—Te he visto cocinar, ¿recuerdas? Creo que voy a hacer esto por mi cuenta.
—Me sonríe. Una sonrisa arrogante que debería molestarme. Pero en su lugar me
encuentro imitando su sonrisa. Estoy sonriéndole de vuelta después de que acaba de
insultarme. El hombre me hace perder todo mi sentido común.
La cena es deliciosa. Llegamos a conocernos el uno al otro un poco más. Le
hablo sobre mi trabajo, mi voluntariado en la clínica de mujeres maltratadas, y unas
pocas cosas acerca de mi niñez. Doy un salto entre las edades de once y diecisiete.
Ellas ya no existen más para mí. Nico me habla sobre su gimnasio y algunos de los
otros productos que él respalda y estoy impresionada por lo mucho que parece saber
de los productos. Claramente no apoya algo a menos que lo use y se sienta
estrechamente ligado a este. A diferencia de muchos atletas que apoyan un producto
y usan otro, el dinero no parece comprar su apoyo.
Después de la cena, le digo que vaya a relajarse y me deje limpiar. No
escucha, así que en su lugar lo hacemos juntos. Se siente natural y cómodo limpiar
su cocina. Trabajamos juntos fácilmente, sin esfuerzo… como si lo hubiéramos
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hecho mil veces antes. No es la primera vez que he tenido esa sensación cuando
Página

estoy con Nico. Algunas veces siento como si lo hubiera conocido mucho más
tiempo del que lo he hecho. Extrañamente familiar, aunque todo es nuevo y
emocionante al mismo tiempo.
Mi corazón se acelera cuando Nico me sirve una copa de vino y baja las luces
de la cocina. Con la cena fuera del camino, no hay nada que quede para ocupar
nuestro tiempo. Excepto que creo que lo que ambos estamos esperando
ansiosamente va a pasar. No nos hemos conocido el uno al otro tanto tiempo, pero
siento que he estado esperando esta noche desde siempre. Desde el día que él entró
en mi oficina.
Toma mi mano y me lleva al sofá. Nico me mira y su sonrisa arrogante se ha
ido, reemplazada por algo que no esperaba ver escrito en su cara. Se ve preocupado.
Exhala fuertemente, forzando a salir una respiración profunda que no me di cuenta
que estaba reteniendo, y sus manos corren a través de su cabello nerviosamente.
Siento como si estuviera preparándose mentalmente para decirme algo. Para dar
malas noticias. Mi estómago se tambalea ante la idea.
—¿Has estado en una pelea? —El ático se queda silencioso y su voz es tan
baja que suena casi adolorida.
—¿Quieres decir en una pelea de MMA?
—Sí. —Espera tranquilamente mi respuesta.
—Una vez.
Las cejas de Nico se elevan. Está sorprendido de que haya estado en una
pelea. Le sonrío. Está en lo cierto al estar sorprendido, aún no puedo creer que me
convencieran para ir. No le he dicho que fui a una de sus peleas. En especial no la
que vi. Me sonríe en respuesta, pero entonces su expresión se pone seria una vez
más antes de continuar.
—¿Quién estaba peleando?
—Tú. —No es que el tema haya salido en nuestras conversaciones y le
mintiera, sin embargo, siento que he hecho algo malo por no mencionar que estuve
en una pelea. Esa pelea.
Mi respuesta lo toma por sorpresa.
—¿Me has visto pelear?
—Una vez.
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—¿Qué pelea?
Página
—No recuerdo el nombre del otro tipo. —Debería recordarlo, lo recuerdo
todo. Pero no estoy mintiendo cuando le respondo. He bloqueado toda la cosa de mi
memoria así que es normal que en realidad no lo recuerde. Soy buena en hacer eso.
Afortunadamente, mi cerebro se pone en modo protector algunas veces.
—¿Gané? —Veo el atisbo de su sonrisa arrogante. Siempre debe haber
ganado.
—Sí. —Sonrío.
—¿Se rindió o fue por decisión?
—Ummm. —No tengo idea de cómo responderle. Nico probablemente cree
que no sé lo que significa lo de rendirse. Pero si lo sé. Solo que en esa pelea, su
oponente no se rindió y no hubo necesidad de una decisión.
—¿En qué asalto gané?
—Creo que fue en el segundo.
Observo como su expresión cambia. Sus ojos se cierran cuando se da cuenta
cuál pelea vi. Su atractivo rostro se ve apenado y no estoy segura si es por el
recuerdo de esa noche o si es porque acabo de decirle que estuve ahí. No digo nada
porque no estoy segura qué decir. Solo sé que verlo apenado me hiere. Físicamente.
Me estiro y tomo sus manos en las mías y las aprieto suavemente, rogándole
que me mire. No se mueve durante un largo momento. Con su cabeza aún inclinada,
eventualmente levanta la mirada hacia mí. Lo que veo rompe mi corazón. Un dolor
crudo inunda sus ojos y la tristeza está grabada en todo su rostro.
—Lo sabes. —Su voz es tensa y siento la necesidad de arreglarlo todo. De
hacer que se sienta mejor. Hacerlo olvidar el recuerdo que le ocasiona tanto dolor.
Algunas veces este puede ser insoportable, lo sé demasiado bien. Todos esos años en
que no tuve a nadie que me ayudara a olvidar.
Asiento una vez. Sus palabras no eran una pregunta, pero le doy la respuesta
de cualquier forma. Observo como Nico cierra sus ojos por un largo momento antes
de mirarme otra vez. Algo lo golpea y no estoy segura qué es, pero parte del dolor
que había ahí hace un minuto desaparece de su rostro. Algo de este aún está ahí,
pero es menos pronunciado ahora.
—Y estás aquí de todas formas. —Su expresión es tan seria y decidida. Es un
momento tan extraño y surrealista. Sus ojos están mirando fijamente los míos, llenos
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de intensidad, dolor y todo en el fondo se desvanece. No hay nada en el momento,


Página
excepto Nico y yo. El aquí y el ahora, todo lo demás es solo un borrón porque él se
mantiene como mi único centro.
Ni siquiera sé de dónde vienen mis respuestas. Soy el tipo de persona de
pensar antes de hablar. Pero sostengo su mirada a medida que las palabras caen de
mis labios, el tiempo se detiene por mi sencilla respuesta de cuatro palabras y
cuando éste comienza a avanzar de nuevo, todo es diferente.
—¿Dónde más podría estar? —Mis palabras son dichas con voz suave, pero
conectan al instante con Nico.
Por un momento veo algo en sus ojos que no puedo descifrar, pero me
calienta por todas partes. Como ser envuelta en una manta cálida cuando tienes frío,
me trae consuelo y calor, y solo quiero arrastrarme debajo y quedarme ahí. Nico se
queda en silencio a medida que se levanta. Alzo la mirada justo cuando él estira una
mano y me alza en sus grandes brazos. Me abraza firmemente mientras camina.
Ninguno de los dos dice ni una palabra, solo nos miramos el uno al otro.
Entramos en lo que debe ser su dormitorio y me pone suavemente abajo en
medio de su gran cama. Pero no se une a mí enseguida. En su lugar se queda de pie
y me estudia entera. Yo, acostada en medio de su cama. Creo que está tomando una
imagen mental, como si quisiera grabarla en su cerebro y recordarla para siempre.
Eso me hace sentir adorada. Es la cosa más dulce que un hombre haya hecho alguna
vez y no necesitó decir ni una palabra.
Su larga, lenta y abrazadora mirada barre mi cuerpo y cuando sus ojos al final
alcanzan mis ojos, apenas puedo ya soportar más la espera. Lo quiero. Mierda,
jodidamente tanto. En realidad es más una necesidad que un deseo. Debería
asustarme sentir lo que estoy sintiendo pero no lo hace. No hay espacio para el
miedo entre nosotros. Me estiro y le ofrezco mi mano, y Nico mira entre mis ojos y
mi mano y de vuelta otra vez, antes de tomarla. La silenciosa confirmación de lo que
necesito es suficiente y finalmente consigo lo que quiero.
Lentamente, él medio cubre mi cuerpo con el suyo, la otra mitad de su peso
soportado por la cama. La parte que está tocándome es pesada y dura, y deseo que su
cuerpo, por completo, estuviera sobre el mío para así poder sentir todos y cada uno
de los músculos ondulados presionados contra mí. En su lugar, usa el espacio entre
nosotros para rozar su gran mano sobre el costado de mi cuerpo.
Su mano comienza en la mitad de mi muslo y minuciosamente lento sube por
mi costado. Los ojos de Nico no dejan los míos a medida que su mano viaja. Cuando
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su mano alcanza el costado de mi pecho, su pulgar se estira suavemente y siente la


Página

curva de mi montículo. Un pequeño jadeo se me escapa, es pequeño, pero Nico lo


capta y en realidad puedo ver el verde en sus ojos oscurecerse ante mi respuesta.
Está observándome, tomando nota de cada una de mis reacciones a su toque y tengo
la sensación de que está tan excitado como yo lo estoy de su simple toque.
Mis ojos se cierran cuando su mano alcanza mi rostro. Suavemente acaricia
mi mejilla con su calloso pulgar. Ligero, suave, apenas un roce. Su tierno toque me
hace sentir adorada, y trato de contener la emoción creciente. Es mi instinto, pero es
una batalla perdida. Una a la que nunca me rendí hasta ahora.
Abro mis ojos y veo como los ojos de Nico caen a mi boca y de regreso otra
vez. Su cabeza se inclina y creo que al final va a besarme, pero en vez de eso
entierra su cabeza en mi cuello e inhala profundo, oliéndome. Deja escapar un
gruñido bajo mientras exhala y juro que esto hace que cada vello en mi cuerpo se
erice. Es como si una corriente eléctrica corriera desde la punta de mi cabeza hasta
las puntas de mis pies, y estoy erizada por el rayo que se dispara a través de mí.
Nico arrastra su cabeza fuera de mi cuello y sus ojos toman los míos una vez
más. Está tan cerca de mí ahora que, no puedo evitar estirar una mano y tocarlo. Mi
dedo índice sube lentamente y traza sus hermosos labios llenos con un toque ligero,
grabando lentamente su forma en mi memoria. Su boca se abre y toma una
respiración profunda antes de cerrar sus ojos. Puedo ver que está luchando por el
control cuando los vuelve a abrir unos pocos segundos más tarde.
Es increíblemente sexy observar a un hombre así de fuerte, tan cerca de
perder el control. Esto alimenta mi necesidad de empujarlo. De empujarlo por
encima del borde de su restricción, donde su control desaparece y el macho salvaje
que veo acechar debajo toma el control. Quiero ver lo que va a tomar llevarlo ahí.
Después de terminar de trazar sus labios, empujo mi dedo dentro de su boca.
Es cálida y húmeda y acepta mi invitación. Observo como él suavemente succiona
mi dedo al principio. Me muerdo mi propio labio inferior cuando su succión se
vuelve más fuerte. Mis ojos se separan de su boca para encontrar sus ojos y él
todavía me está mirando. Nuestras miradas ligadas. Veo un destello en sus ojos y
noto la esquina de su boca girando hacia arriba con una sonrisa maliciosa justo antes
de morderme el dedo. Duro. El dolor me atraviesa mezclado con la necesidad y el
deseo, y estoy momentáneamente aturdida por su acción.
Nico suelta mi dedo y creo que lo oigo decir:
—Ahí está el fuego. —Y luego está sobre mí. Su boca cubre la mía y nos
fusionamos. Es un beso desesperado, todo lengua y resbaladizo, con succión y
84

mordiscos. Uno que me consume al momento en que inicia y al instante necesito


Página

más.
Mis caderas empujan, sin pensarlo, contra él y me encuentro con su dureza.
Una dureza gruesa, larga, sólida como una roca. Mi cuerpo tiembla ante la sensación
de su excitación tan estrechamente contra mí y otro gemido bajo se me escapa. No
creo haber gemido nunca incontrolablemente, pero ahora se derrama desde un lugar
profundo dentro de mí. Nico intenta echar su cabeza hacia atrás, pero envuelvo mis
brazos más apretados alrededor de su cuello y lo mantengo donde lo necesito.
Él logra liberarse de mi agarre mortal y empuja su cabeza ligeramente hacia
atrás. Estoy a punto de quejarme cuando dice:
—Necesito probar todo de ti. —Creo seriamente que sus palabras me
provocan un pequeño orgasmo. La idea de su cabeza entre mis piernas envía un
escalofrío perverso por mi espina dorsal y me estremezco a medida que Nico levanta
su peso y se instala con su cabeza entre mis muslos.
Olvido que ambos estamos completamente vestidos hasta que Nico empuja
mi falda y su boca me cubre, con mi ropa interior de encaje todavía entre nosotros.
Siento el calor de su boca y su respiración rápida contra mi piel más sensible y eso
me atormenta. La necesidad de no tener nada entre nosotros es abrumadora y estoy a
punto de mendigar cuando siento que el calor de su boca me deja. Nico quita mi
falda y mi ropa interior suavemente, y me preparo para una explosión. Pero entonces
se queda quieto. Después de unos pocos segundos miro hacia abajo y él me está
mirando, esperando llamar mi atención antes de hablar. Su voz es baja y áspera, pero
llena de deseo descarado.
—Quiero que mires.
Mi cuerpo comienza a contraerse por sí mismo ante sus palabras. No puedo
responder, pero tampoco miro a otro lado. Nico saca su lengua lentamente y me
lame sin prisas desde mi entrada a mi clítoris. Se detiene cuando alcanza mi
hinchazón llena de nervios y oscila su lengua ligeramente sobre ella. Gimo ante su
toque delicado, pero necesito más. Más fricción, más lengua, más succión. Solo más.
Levanto mis caderas en busca de más, me estremezco cuando me alzo para
encontrarlo y Nico me muestra una sonrisa conocedora. Sabe exactamente lo que
está haciéndome. Cualquier vergüenza que siento por necesitar más sale disparada
por la ventana cuando me doy cuenta que él me está provocando, meto mis dedos
entre su cabello, lo agarro y empujo su rostro hacia mí, buscando desesperadamente
la fricción que necesito.
La boca de Nico me reclama. Rodea mi clítoris con su lengua, girando y
85

retorciendo antes de succionar duro, tomando mi hinchazón en su boca y


azotándome con su lengua malvada. Mi orgasmo no se construye lentamente, no hay
Página

advertencia. Solo mi corazón golpeando duro, junto a interminables oleadas de un


orgasmo vibrante que me desgarra violentamente. Tan violentamente que siento
brotar lágrimas en mis ojos sin otra razón que la emoción pura y la euforia que
necesita escapar desde donde está atrapada dentro de mi cuerpo.
Estoy tan completamente agotada por la intensidad de lo que acaba de
suceder que apenas participo en los próximos minutos de actividad frenética. Nico
tiene que desnudarnos a ambos. Oigo el sonido de un envoltorio de aluminio
abriéndose, pero son sus palabras las que me regresan de nuevo al presente.
—Última oportunidad para decir que no, Elle.
Después de todo lo que él me ha dicho y hecho, todavía me está dando una
salida. Siento que mi corazón se oprime en mi pecho, adorando que él todavía esté
poniendo mis necesidades antes que las suyas. Por eso, lo quiero mucho más.
—No recuerdo haber querido nunca nada más de lo que te quiero a ti ahora.
—Miro sus hermosos ojos verdes cuando hablo, dejándole ver a través de la
vulnerabilidad que había mantenido encerrada durante tanto tiempo.
Él responde a mi declaración con un beso. Llamarlo beso simplemente no
parece suficiente, es mucho más. Pero no hay nombre para dos personas que acaban
de conectar la una con la otra tan profundamente, que se pierden entre ellos. Por
querer a alguien con tanta intensidad que tu cuerpo tiembla esperando más. Mucho
más.
Siento su cabeza hinchada en mi abertura y rompe nuestro beso. Para el
momento en que retira su rostro del mío, deseo que sus labios vuelvan a los míos.
Pero él quiere mirarme cuando entre en mí por primera vez. Me parece excitante y
erótico, y me veo queriendo mostrarle lo que me está haciendo, en lugar de ocultar
mis emociones. Es tan diferente a mí.
He sentido su dureza entre nosotros, así que sé que es grande, pero nunca lo
sentí por completo para saber exactamente lo grande que es. Hasta que él está
empujándose dentro de mí. Es gentil, como si supiese que no puede dármelo todo de
una vez, que podría despedazarme en dos si me embiste demasiado rápido. Se
adentra en mí lentamente y se queda quieto, permitiendo que mi cuerpo se adapte a
su grueso eje. Sus caderas hacen pequeños y suaves círculos, permitiendo que mi
cuerpo se estire antes de empujar el resto del camino. Se mueve lentamente y sigo
pensando que debe estar todo adentro, pero luego sigue avanzando lentamente.
Centímetro tras centímetro de glorioso espesor que me llena al máximo. Para el
momento en que la base de su gruesa polla golpea contra mi cuerpo, estoy
86

empezando a preocuparme si podré tomar más. Pero él se acomoda y comienza a


Página

mover sus caderas suavemente, meciendo su cuerpo perfecto lentamente de arriba


hacia abajo, cada vez presionándose contra mi clítoris, enviando una sacudida a
través de mi cuerpo.
Nico me mira a los ojos y me siento llena. Increíblemente llena. Pero no solo
por su gruesa longitud meciéndose lentamente dentro de mí, estoy llena de mucho
más. Emoción, calor, y de un sentimiento real. Algo que no he sentido en mucho
tiempo. Viva.
Mis ojos comienzan a cerrarse cuando siento mi siguiente orgasmo subir a la
superficie. Quiero dejar que me inunde, rendirme a su intensidad. Pero Nico tiene
otros planes. Besa mis labios suavemente y me susurra:
—Quiero observarte. Por favor. —Sus palabras son tan tiernas y suaves, que
no puedo negarle nada. Mi orgasmo se acerca y lucho contra el impulso de cerrar los
ojos. En su lugar, sostengo la mirada de Nico y le doy lo que quiere, permitiéndole
sentir mi orgasmo a través de mis ojos a medida que mi cuerpo lo ordeña a través de
olas de espasmos incontrolados.
Estoy temblando cuando él se corre. Sus caderas finalmente moviéndose de
un empuje suave a un golpe feroz. Siento que su espesor crece dentro de mí y
entonces él se corre con un gruñido. Un gruñido primitivo, crudo, tan intensamente
sensual que detona un inesperado orgasmo en mi cuerpo y ambos jadeamos a través
de nuestro clímax simultáneo. Es la experiencia íntima más poderosa de toda mi
vida, y es solo nuestra primera vez juntos.

No recuerdo quedarme dormida, pero despierto antes que Nico. Puedo decir
que es por la mañana por la luz esforzándose para entrar a través de la cortina de la
ventana. Mi cabeza está descansando en el hueco de su hombro y su agarre es firme
alrededor de mí, incluso mientras duerme. Admiro al hermoso hombre que me
sostiene, sus músculos abultados incluso en su estado relajado. Es una locura lo
perfecto que es su cuerpo, como si hubiera sido esculpido por un artista. Y los
tatuajes. Maldición, los tatuajes solo aumentan su belleza, haciéndole lucir como una
criatura exótica. Nunca he estado con un hombre con tatuajes. Me han gustado de
lejos, pero nunca tuve uno en mi cama. Los hombres con esa cantidad de tatuajes
tienden a tener agudeza. Un chico malo. Solo voy a por los seguros. Al menos lo
hacía.
Aunque disfruto viéndolo dormir, necesito ir al baño. Me libero
cuidadosamente de los gruesos brazos de Nico, intentando cautelosamente no
87

despertarlo. Me paso unos minutos en el baño aseándome y pasando mis dedos a


Página

través de mi cabello. Me miro en el espejo y me doy cuenta que me veo diferente,


pero no estoy segura qué es lo que veo para sentirme de esa manera. Relajada,
¿quizás?
Regreso a la cama y creo que he logrado no despertarlo, cuando un brazo
grande me agarra y de repente estoy de espaldas bajo Nico. Es un poco
desconcertante la forma en que me mueve como si fuera ligera como una pluma,
pero al mismo tiempo me parece increíblemente sexy.
—Buenos días, preciosa.
Nico hunde su cabeza en mi cuello cuando habla. Sus palabras vibran con
calidez sobre mi cuello y la piel de gallina brota por todo mi cuerpo.
No puedo ver su cara, pero oigo en su voz que él está sonriendo. Sonrío en
respuesta, aunque él tampoco puede verme.
—Buenos días. —Levanto mi barbilla, dándole un mejor acceso al lugar que
está succionando suavemente y siento su excitación en mi pierna. Está duro y no es
solo la erección con la que los hombres parecen despertarse.
Nico mueve sus caderas y su cuerpo cubre completamente el mío, lo siento
perfectamente posicionado en mi abertura. Pero hace una pausa y echa su cabeza
hacia atrás para mirarme.
—¿Estás dolorida?
En realidad estoy muy dolorida. Y no solo en mi área privada. Mi cuerpo
entero se siente un poco golpeado de la noche anterior. Pero es una buena sensación
y quiero más de él. Intento minimizar mi incomodidad, sabiendo que la divulgación
completa podría llevarlo a detenerse.
—No realmente.
Nico baja la cabeza y escucho una profunda risa.
—Sabes, para una abogada, eres una mentirosa de mierda.
—¿Estás diciendo que los abogados suelen ser buenos mentirosos?
Nico arquea una ceja con diversión.
—Eso es lo que estoy diciendo.
—¿Y cómo sabes que estoy mintiendo? Tal vez no estoy dolorida. Tal vez
tienes demasiado ego al pensar que me puedes lastimar tan fácilmente.
88

Las dos cejas de Nico se disparan en respuesta a mi comentario.


Página
—Bueno, para empezar, te hice una pregunta directa y respondiste no
realmente. Resulta que recuerdo que eso es lo que dices cuando tienes una respuesta
que no me va a gustar.
Entrecierro mis ojos y frunzo mis cejas en un esfuerzo de parecer enojada.
Pero no tiene sentido. Tiene toda la razón y no puedo fingir que no. Dejo salir un
suspiro exasperado, exagerado y pongo los ojos en blanco.
—Bueno, tal vez estoy un poco dolorida.
Nico sonríe, viéndose totalmente engreído. No estoy segura si se siente así
por estar en lo cierto o por hacerme sentir así. Ambos sería mi suposición. Pero
luego algo en su rostro cambia y veo cómo se oscurecen sus ojos antes de empezar a
alejarse de mí. Lo alcanzo cuando su cuerpo está medio levantado del mío.
—¿A dónde vas?
—Tengo hambre. Iba a hacer desayuno ya que estás dolorida.
Comienzo a responder, dispuesta a discutir con él, cuando me doy cuenta de
lo que está haciendo. No se sigue alejando de mí, sino que baja sobre mi cuerpo.
Nico tiene hambre y no puedo esperar a ser su comida.

89
Página
Nico
Traducido por Smile.8

Corregido por LizC

E lle entra en la cocina llevando puesta nada más que la camisa que yo
llevaba la noche anterior y una sonrisa de satisfacción. Me siento
como el maldito Tarzán y necesito todo dentro de mí para no
golpearme en el pecho, sabiendo que puse esa satisfacción en su rostro. De nuevo.
Se ve jodidamente sexy y necesito volver a estar dentro de ella. Pronto. No
puedo recordar la última vez que le hice el desayuno a una mujer. Los últimos trece
meses he tratado a las mujeres como gatos callejeros. Acariciándolas un poco, pero
si les daba de comer y sabían dónde vivía, tenía miedo de que volvieran. Pero Elle es
diferente. Quiero que se quede. Quiero hacer su desayuno y luego pasar el día con
ella, tal vez incluso pasar una cierta parte del día fuera de la cama.
Está en silencio y espero que no esté pensando en cómo escapar. Intenta robar
un trozo de tocino de pavo que estoy haciendo, y azoto su culo con la espátula.
Hmm. Espero que se quede, así podemos jugar más con la espátula. La pongo sobre
la encimera, sus piernas desnudas balanceándose, recordándome a una niña pequeña.
Es inteligente, sexy, hermosa y no tiene ni idea de ello.
—¿Tienes planes para el día? —Estoy aventurándome en territorio
desconocido aquí. Por lo general es al revés. Ellas quieren quedarse y no puedo
esperar para deshacerme de ellas.
—Umm. Nada que realmente quiera hacer. Tengo trabajo con el que ponerme
al día, pero puede esperar.
Alzo un trozo de tocino hacia ella y la alimento. No intenta quitármelo de la
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mano. En cambio, se sienta en la encimera y muerde trocitos. Me sonríe a medida


Página
que toma el último trozo en su boca, mordiéndome el dedo a propósito. La mujer no
me tiene un ápice de temor, incluso sabiendo de lo que soy capaz.
Levanta su ceja en desafío después de su mordisco.
—¿Qué haces normalmente los domingos?
—Por lo general acabo en la planta baja, a pesar de que me digo que no voy a
entrenar. —Levanto otro trozo de tocino del plato hacia ella y le ofrezco un bocado.
Mientras mastica, empujo su culo casi hasta el borde de la encimera de modo que
queda al ras contra mí. La altura es perfecta. Definitivamente voy a tomarla en la
cocina justo así cuando no esté dolorida. Hago como si fuera a ofrecerle otro bocado
de tocino, y después lo alejo, empujando el resto de la pieza en mi propia boca en su
lugar.
Ella hace pucheros juguetonamente y me da un empujón, pero no se mueve.
—Preach y yo normalmente también cenamos con Vinny los domingos por la
noche.
—¿Vinny?
—Es un chico local a quien entreno. Su madre es una put… está jodida y él
estaba de camino a un mal lugar. Se metió en problemas por pelearse en la escuela
todo el tiempo, así que estoy trabajando en darle algo en lo que concentrarse. Es un
chico bueno, pero ni se te ocurra decirle que lo he dicho.
—Tu secreto está a salvo conmigo. No diré que en realidad eres un hombre
bueno.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cintura.
—Será mejor que no, tengo una reputación que mantener, ya sabes. —Planto
un beso en sus labios antes de acabar nuestro desayuno.

91
Página
Elle
Traducido por Flochi

Corregido por Disv

—O
h, Dios mío, está tan rico. ¿Qué le pusiste a los
huevos?
Nico se ríe.
—No puedo revelar mi secreto. Pero creo
que eres un público fácil con toda la mierda para llevar que comes.
Después del desayuno compartimos una ducha. Nos quedamos dentro hasta
que estamos arrugados y el agua sale fría. Pude haber pasado horas enjabonando
todas las líneas duras de Nico. Es más sexy aun a plena luz del día. Sus hombros
anchos se arrastran a sus gruesos y musculosos brazos tatuados. Los músculos de
sus abdominales planos se sienten como si hubiesen sido grabados en piedra y tiene
la más deliciosa V que apunta a su impresionante virilidad. Ciertamente una obra de
arte.
Nico me dice que quiere que salgamos por el día y estoy de acuerdo, aunque
no me dice a dónde vamos a ir. Atravesamos el gimnasio en dirección a la salida y
me sorprende lo abarrotado que está para ser un domingo. Un montón de saludos a
gritos son intercambiados y Nico saluda con la mano y seguimos moviéndonos.
Escucho uno o dos silbidos a medida que nos dirigimos al garaje y siento el agarre
de Nico apretarse en mi cadera.
Abre la puerta de su SUV para mí y me ayuda a entrar.
—Lamento eso. El domingo es día de combate y es una fiesta de testosterona.
Vienen animados a competir y sus modales salen por la ventana.
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Sonrío.
Página
—Está bien. No me molesta. Fui camarera durante la universidad en un lugar
que albergaba fiestas privadas para despedidas de solteros todos los fines de semana.
Aprendí a sonreír e ignorar realmente rápido.
—Sí, bueno, de todos modos patearé algunos traseros cuando regrese.

Nos detenemos en Navy Pier Park y Nico rodea el vehículo para abrir mi
puerta. Me ayuda a salir del SUV, pero no suelta mi mano. Caminamos juntos con
los dedos entrelazados firmemente desde el estacionamiento hacia la noria. Nunca
había sido dada a las muestras públicas de afecto, pero se siente bien, y
extrañamente natural, no forzado ni vergonzoso.
Hay una feria instalada, como la mayoría de los fines de semana durante el
verano en el muelle, y los vendedores están situados por todo el parque. Caminamos
por allí un rato y por la manera en que Nico nos dirige, siento que tenemos que
llegar a un lugar en algún momento. Pero no pregunto. Es tan impropio de mí seguir
la corriente y dejar que alguien más tome el control.
Nos topamos con un grupo de mesas dispuestas, cubiertas con galletas de
niñas exploradoras y docenas de chicas en uniforme de scouts. Una niñita está
corriendo en nuestra dirección y por un minuto, creo que está huyendo de alguien.
Su rostro está tan resuelto sobre a dónde va. No puedo evitar sonreír cuando la veo
sonreír, todo su rostro se ilumina como un árbol navideño en la mañana de Navidad
cuando grita:
—¡Tío Nico, viniste!
Nico la alza y la gira en el aire cuando la niñita está a punto de chocar con
nosotros.
—Sí, pequeña, vine. Me pediste que lo hiciera, ¿no? —La vuelve a bajar y
ella toma la mano de Nico y comienza a jalarlo en dirección de la mesa de galletas.
Nico me mira disculpándose, y toma mi mano, llevándome con él. Somos un tren
humano siendo llevados por lo que parece una niña de seis o siete años.
—¡Este es mi tío Nico y es famoso! —le grita la niñita a sus amigas. Una
banda de niñitas se arremolina alrededor de Nico y es la primera vez que veo al gran
tipo rudo parecer un poco asustado.
Una mujer se para a mi lado y se presenta como Katie, la mamá de Sarah. Se
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disculpa por la emoción de su hija y me dice que el tío Nico es muy popular entre
sus sobrinos.
Página
Estoy escuchándola hablar, pero no puedo apartar mis ojos de Nico a medida
que interactúa con las niñas. Es una contradicción andante, todo lo que no aparenta
ser. Suave, gentil, dulce y juguetón, nada como el chico malo luchador en quien
puse mis ojos hace más de un año en una pelea fortuita en la que no tenía por qué
estar.
Como si sintiera que lo estoy observando, Nico alza la vista hacia mí y me
atrapa observándolo. Sonríe y le sonrío en respuesta. Cuando finalmente aparto mi
mirada del hombre que ha atrapado mi atención como ningún otro, encuentro que
Katie está mirándome fijamente mientras sonríe.
—¿Qué? —Por un segundo creo que debí perderme algo durante mi
momentáneo lapso de ensoñación.
—Oh, cielos. Estás en problemas. Conozco esa mirada que tiene. Es la
mirada de determinación y los chicos Hunter no se detienen hasta conseguir lo que
quieren.
Me rio de su comentario, pero la idea de que pueda ser la presa de Nico
Hunter hace que mi estómago dé un pequeño vuelco.

94
Página
Nico
Traducido por Kalired

Corregido por Disv

—E stamos listos. En cinco semanas desde el sábado te


enfrentas a Kravitz. El propio comisionado me dio su
palabra de que solo es un obstáculo a ganar para el
combate por el título. Pateas el culo de Kravitz y estamos de vuelta por el cinturón.
—Preach siempre sabe cómo alentarme, sabe lo que quiero llevarme de una pelea.
Asiento y empiezo a balancear la cuerda de saltar.
—Quieren algunas fotos nuevas para la promoción del miércoles. Su dinero,
su lanzamiento. Todo lo que tenemos que hacer es traer a las chicas que quieras en
las fotos para alegrar la vista.
Salto la cuerda más rápido, tomando dos vueltas con cada salto.
—Nada de chicas.
Preach me mira como si tuviera dos cabezas.
—¿Qué quieres decir con nada de chicas? Eres el jodido Nico “El Rompe
Corazones”. Tus fotos siempre tienen mujeres.
Puedo oír la cuerda cortando el aire, cada giro silbando cuando aumento la
velocidad.
—Sí, bueno. No esta vez.
Preach me mira como si estuviera intentando leer palabras escritas en mi
frente.
95

—¿Esto tiene algo que ver con la chica?


Página
No respondo. De todos modos, no es asunto suyo.

Preach intensificó el entrenamiento de hoy y probablemente estaré dolorido


mañana, pero ahora estoy corriendo con pura adrenalina. Hago un recorrido extra de
ocho kilómetros después de que él se vaya, corriendo casi todo el tiempo.
Simplemente no parezco cansarme, me he sentido así durante los últimos días.
Dejo que el agua caliente haga su trabajo en mis músculos, disparando los
chorros de agua en el hidromasaje. Mis músculos no me duelen aún, pero sé que lo
harán cuando me dé el bajón. Estoy inquieto y no puedo relajarme. Me entrego al
debate mental que he estado teniendo desde ayer sobre no ir demasiado fuerte con
Elle. No quiero asustarla, pero, maldición, quiero a esa mujer. Y más que en mi
cama. Envío un mensaje rápido, antes de cambiar de opinión. Estoy actuando como
un marica. No puedo sacarte de mi mente. ¿Qué estás haciendo? Arrojaré la pelota
en su esquina y veré a dónde conducen las cosas.
Me sorprendo cuando mi teléfono suena de vuelta rápidamente, indicando
que ha llegado un mensaje nuevo. También yo. A punto de pedir la cena.
¿Qué te apetece comer? Yo lo llevo.
Tú.
No respondo al mensaje, pero veinte minutos después estoy en la puerta de
Elle.
Ella abre y sonríe.
—¿Dónde está mi cena?
—Estoy justo aquí.

96
Página
Elle
Traducido por Lyla

Corregido por Disv

A penas cierro la puerta cuando me encuentro siendo empujada contra


ella por un metro noventa de puro hombre. Es fuerza y poder puro, y
no hay duda de que me desea. Muchísimo. Casi tanto como lo deseo
a él, en este mismo momento.
Puedo sentir su gruesa erección mientras me sujeta contra la puerta con sus
caderas. Está duro como el acero y me vuelve loca tener tanta ropa entre nosotros.
Alcanzo su cremallera y la bajo con un movimiento desesperado. El sonido
reverbera fuerte entre nosotros y Nico gruñe cuando consigo liberarlo. Tengo que
tocarlo. Ahora. Siento su pene caliente y grueso en mis manos. Liberándolo de su
bóxer, le doy una rápida caricia desde la base a la punta, apretando firmemente a
medida que me deslizo hacia arriba.
Nico intenta agarrar mi falda, sus acciones tan desesperadas como las mías.
Pero lo atrapo desprevenido y agarro su mano para detenerlo. Se calma. Ya sé que se
detendrá para comprobar que estoy bien, incluso en los arrebatos de pasión. Utilizo
los segundos que pasan, mientras él me da espacio para confirmar que estoy bien,
para deslizarme por la puerta contra la que estoy acorralada y caer de rodillas.
Levanto la mirada hacia él con los ojos entrecerrados.
—Dijiste que me estabas trayendo la cena.
La punta ancha de su suave pene se desliza por mis labios y soy
recompensada con un gemido y una pequeña explosión de pre-eyaculación en mi
lengua. Chupo fuerte su gruesa cabeza y muevo mi puño de arriba abajo por su
97

longitud. Otro gemido gutural hace que mi clítoris se hinche y ahogo todo excepto el
Página

deseo de oír de nuevo el sonido. Necesito oírlo. Necesito saber lo que puedo hacerle.
Que puedo llevarlo al mismo lugar que me ha llevado antes. El lugar en que no he
podido dejar de pensar durante dos días completos.
Siento que los dedos de Nico se enredan en mis cabellos, plegándose hasta
que sus manos están firmemente envueltas. Lo recorro con mi lengua de la base a la
punta por toda su dimensión y luego repito lentamente la acción en la parte superior.
Puedo sentir sus ojos observándome. A pesar de que no puedo ver su rostro, sé que
está especialmente centrado en mí. Cuando llego a la punta, doy vueltas a mi lengua,
dándole un buen espectáculo, dejándolo ver como mi lengua adora su grosor.
Un último giro y luego lo chupo profundamente, inesperadamente, tomándolo
de sorpresa mientras lo trago por mi garganta hasta que me es difícil respirar. Su
pene ya grueso se hincha y tengo que ajustar mi respiración en mi nariz para
continuar. Unas cuantas subidas y bajadas y él se desliza dentro y fuera más
fácilmente. Los músculos de mi garganta se relajan, abriéndose para que más de él
se deslice por mi garganta húmeda. Nico exhala una respiración profunda y sus
manos en mi cabello se aprietan casi hasta el punto del dolor, pero no
completamente. Entonces sucede. Su cuerpo se tensa y comienza a deshacerse, sus
manos envueltas en mi cabello tiran fuertemente, y me arrincona la cabeza contra la
puerta a medida que comienza a deslizarse dentro y fuera de mi boca, empujando su
pene más profundo en mi garganta. Gruñe mientras folla mi boca y el sonido de él
perdiendo el control me tiene al borde de mi propio orgasmo.
Las manos de Nico sueltan mi cabeza repentinamente con un fuerte gemido
gutural y siento que empieza a deslizarse fuera de mí.
—Me voy a correr, nena. —Su voz es tensa y quiero terminar lo que
comencé. Tengo que terminar. Así que me muevo hacia delante cuando él comienza
a alejarse y lo atrapo de nuevo en mi boca justo cuando comienza a derramar largos
chorros cremosos de semen caliente. Lo trago y le chupo la cabeza con avidez,
desesperada por cada última gota de leche.
Después de vaciarse, su cuerpo se vuelve laxo, Nico me agarra para ponerme
de pie y me levanta, acunándome mientras me carga hacia dentro mi apartamento.
Besa mi frente suavemente a medida que avanza hacia el sofá, y se sienta conmigo
todavía acunada firmemente en sus brazos.
—Eso fue increíble. —Me besa la parte superior de la cabeza y habla
suavemente—. Gracias.
Me acurruco en su pecho y lo miro.
98

—No creo que sea la etiqueta apropiada agradecerle a alguien después del
Página

sexo oral. —Coqueteo con mi respuesta.


—No soy muy fan de las etiquetas, nena. Digo lo que siento y me siento
agradecido. Y no solo por la mamada.

Unas horas más tarde estamos tumbados en mi cama, agotados. Nico gira un
mechón de cabello alrededor de su dedo mientras hablamos. Siempre he sido una
persona de dormir después del sexo, prefiriendo evitar la intimidad persistente que
viene después de que dos personas compartan sus cuerpos. Pero es diferente con
Nico, me gusta el momento tranquilo de conocernos más, casi tanto como el
momento físico. Ambos me calman, me hacen sentirme llena.
—Fijé fecha para una pelea.
Sin pensarlo, trazo los hermosos patrones de tinta entretejidos en su fuerte
pecho, siguiendo el diseño circular ligeramente con mi uña.
—Es tu primera pelea desde… —Mi voz cae, no sé cómo terminar la frase.
—Sí. —La voz de Nico es baja y contemplativa, pero no suena como si lo
hubiera molestado con mi pregunta irreflexiva.
—¿Cuánto tiempo ha pasado?
—Demasiado tiempo. —Hace una pausa—. Desde el primero de mayo del
año pasado, poco más de trece meses.
Su respuesta me dice que el día está grabado en su mente. Apuesto a que
puede recitar el número de días y horas y segundos desde que sucedió. Siempre está
ahí, en el fondo de tu mente, incluso cuando no estás pensando en ello. Nunca se va.
Yo debería saberlo.
—¿Qué te hizo decidir que era la hora?
Un largo momento pasa a medida que Nico considera su respuesta.
—En realidad no sé… estoy listo para seguir adelante. —Su brazo me acerca
más y me besa la parte superior de la cabeza. El gesto es tan pequeño, pero tan
grande a la vez.
99
Página
Elle
Traducido por Florff

Corregido por Luna PR

—B uenos días, Regina. —Le entrego un latte grande de


caramelo mientras entro más tarde de lo habitual.
—Parece que tuviste una noche buena. —Levanta
una ceja con una sonrisa conocedora.
Bajo la mirada a mi atuendo, preguntándome si algo está fuera de lugar. ¿Está
mi camisa al revés? ¿Cómo pudo saberlo?
—¿Estás bromeando? ¿Es tan obvio?
—Bueno normalmente no hablas alegremente. —Me da un guiño a medida
que rodeo su escritorio y me apoyo en su archivero.
—Nico vino anoche. —Suspiro, recordando cómo lucía en mi cocina
haciéndome el desayuno esta mañana vistiendo nada más que unos pantalones de
chándal colgando bajos en su cintura justo en un lugar tan deliciosamente
pecaminoso.
—Lo deduzco por la sonrisa de recién follada en tu rostro.
—¿No fue mi voz alegre la que me delató?
—Eso, y las flores que llegaron quince minutos antes de que llegaras.
100

Mi día transcurre en una serie de llamadas y trabajo que no planeaba hacer.


Pero Leonard volverá pronto y quiero hacer su regreso fácil, así que descuido mis
casos y paso más tiempo con los suyos.
Página
Llamo a Nico por la tarde y le agradezco las flores. Adoro que enviara flores
silvestres en lugar de algo más común como las rosas. Son preciosas, coloridas y
dignas del remitente.
Regina y yo nos quedamos hasta tarde y ordenamos la cena en la oficina. Son
casi las nueve antes de que finalmente nos sentemos en la sala de conferencias para
tomar nuestros alimentos ya fríos.
—¿Lo sabe? —Su voz normalmente directa y sarcástica se convierte en una
gentil y aprensiva. Sabe lo que puede hacerme traer el pasado a colación, así que
espera mi respuesta.
—No.
Me mira preocupada.
—¿No crees que lo entenderá… considerando lo que le pasó?
Lo hago. En serio creo que lo comprenderá por alguna extraña razón. Pero
aún no estoy preparada para decir las palabras en voz alta.
—No empieces, Regina. Esto es nuevo y no lo estoy evitando, simplemente
no ha surgido el tema.
—Nunca saldrá, a menos que lo traigas tú. ¿Cuántos años pasaste con
William y nunca salió?
Suspiro pesadamente, sé que tiene razón, pero no estoy preparada para que
Nico me vea de una manera distinta. Verá a alguien diferente una vez que lo sepa. O
peor aún, me contemplará con lástima. La forma en que me mira hace que mi
corazón deje de latir, algo que estoy aprendiendo a disfrutar. Perdí demasiados años
de mi vida intentando evadir todas las emociones. Por primera vez en mucho tiempo
quiero sentir. Sentir las subidas y bajadas y todo lo que está en medio.
—Todavía no estoy lista.
Regina sabe por lo que pasé, así que no presiona. Pero sé que no es lo último
que oiré sobre esto por su parte.
101
Página
Nico
Traducido por Smile.8

Corregido por Luna PR

—L a chica de la otra noche tenía una buena delantera, ¿eh


“El Rompe Corazones”? —Frank Lawson es un completo
idiota. Siempre lo ha sido. Ni siquiera noté que estaba en
el gimnasio la otra noche cuando Elle y yo entramos.
—No es cualquier chica y aleja tus ojos de ella cuando esté aquí, o estarás
buscando un lugar nuevo para entrenar. —Toda la sala se queda en silencio—.
Después de patearte el culo.
Frank levanta exageradamente las manos en señal de rendición y escucho en
el fondo a algunos de los chicos reírse en voz baja.
—Oye Frank, Nico necesita un contendiente de entrenamiento, ¿qué dices?
—interviene Preach. Me encanta que siempre cuide de mí. Acaba de darme la
excusa para patear el culo de este idiota y llamarlo un simple entrenamiento.
Mi mirada es helada cuando Frank se me queda mirando. Sabe que estoy
enfadado. Pero todo el lugar sigue en silencio y se verá como un gallina si dice que
no.
—Um… claro.
Preach me guiña un ojo mientras termino mi calentamiento. En un mal día
puedo acabar con Frank con una mano atada a la espalda. Hoy no necesitaré ninguna
de las dos.
102

Horas más tarde Preach y yo cerramos, y preparo para ambos batidos de


Página

proteína. Necesito reponer las calorías, él solo está trabajando un poco de abdomen.
—Pon un poco de mantequilla de maní extra en el mío.
Lo golpeo en la barriga.
—No necesitas nada extra, viejo.
—Reza para que te veas tan bien como yo cuando tengas mi edad. —Contrae
el estómago y echa los hombros hacia atrás cuando habla.
—Me preocuparé por eso en setenta u ochenta años cuando casi tenga tu edad
—le contesto con sarcasmo. Así somos. Nos provocamos, luchamos, discutimos y
nos molestamos mutuamente. Pero el viejo bastardo es como un padre para mí.
—Sí, pues con la cantidad de alimentos que ingieres, estoy pensando que no
llegarás a mi madura edad. ¿Tu nueva chica cocina bien?
Me rio.
—Ah, eso sería un no. Le preparé huevos la otra mañana y pensó que hice
magia para que supieran tan bien. Todo lo que puse fue sal y pimienta.
—Entonces, es bueno que luzca así si no sabe cocinar —me provoca.
—Cuidado viejo, o también te patearé el culo. —Le doy su batido, con doble
ración de mantequilla de maní.

103
Página
Elle
Traducido por M.Arte y Kalired

Corregido por Luna PR

E l viernes por la noche Regina y yo salimos a tomar algo después del


trabajo. Nuestro lugar habitual está lleno por ser la hora feliz, pero
finalmente logramos conseguir dos asientos en el bar. Tomo dos
copas de vino, mientras que ella toma por lo menos el doble. Nico se reunirá
conmigo en el bar a las ocho, me llevará a cenar y no quiero estar demasiado ebria.
Más de dos copas en tres horas es demasiado para mí.
Estoy de espaldas hacia el bar lleno de gente, me sorprendo cuando escucho
una voz familiar que no esperaba oír. William. No es que no quiera verlo, pero el
lugar en el que estamos no está en su lista regular de restaurantes. Estoy segura que
Zagat nunca puso un pie aquí.
—Hola, Elle. —Me saluda como normalmente lo haría en un lugar público.
Besa mi mejilla y me toca ligeramente la cadera—. Hola, Regina. —Le sonríe, pero
con ella omite el beso.
Nos presenta al hombre con quien está, uno de los nuevos socios en su firma.
Es mayor para ser un asociado, pero agradable. Me sorprende que nuestra
conversación no sea incómoda. Curiosamente, parece que nada cambió. Después de
unos minutos, nos adentramos en una fluida conversación sobre uno de los casos
que discutimos el año pasado, Regina y el nuevo individuo parecen haber
encontrado algo que ambos encuentran muy divertido.
No tengo idea cuánto tiempo hablamos, pero es agradable, pienso que
104

realmente podemos ser amigos. Quizás es lo que siempre fuimos. Pierdo la noción
del tiempo, y me permito disfrutar de la plática familiar.
Página
William está de espaldas a Nico cuando se acerca al bar, pero lo ubico en
cuanto entra por la puerta. Mi cuerpo reacciona al instante, mi pulso aumenta y mi
respiración se acelera. Sigo cada uno de sus pasos y nuestras miradas conectan en
cuanto me ve.
Todo alrededor desaparece a medida que avanza hacia mí y me muevo en mi
asiento, siento un hormigueo por todas partes debido a su intensa mirada. Dios el
hombre me hace sentir tan viva.
Está a poca distancia cuando finalmente deja de observarme y se percata del
hombre con el que estoy hablando. Algo en su rostro cambia, sus ojos son más
oscuros, más salvajes, cuando vuelven a mí segundos más tarde. William se da
cuenta de mi distracción y sigue mi mirada, se da la vuelta mientras Nico llega a
nosotros.
Con facilidad, William cambia de amigo a hombre de negocios y saluda a
Nico del mismo modo en que lo hace con todos sus clientes. Nico asiente
bruscamente y lo oigo decir: William. Pero no lo mira y sus ojos nunca dejan los
míos. La incomodidad que no existía en William anteriormente ahora está en el aire.
El rostro de Nico no dice nada, pero puedo sentir la tensión de su cuerpo.
Estrecha ligeramente la mirada mientras me analiza, buscando la respuesta a
alguna pregunta no formulada. Sigo inmóvil cuando extiende su brazo hacia mí, su
gran mano rodea suavemente mi cuello, me acerca con delicadeza para darme un
rápido beso en los labios. Se aleja un poco, asiente y antes de soltarme dice:
—Nena.
La mirada en sus ojos es algo a lo que no estoy acostumbrada, pero no hay
duda de lo que está ahí: celos, posesividad. Acaba de marcar su territorio con un
pequeño movimiento. Veo el indicio de una sonrisa aparecer en la comisura de su
boca, lo cual me dice que sabe exactamente lo que hizo. La mujer independiente en
mí dice que debería estar enojada, encontrando su acción territorial agobiante, pero
mi cuerpo se niega a escuchar. En su lugar, estoy excitada, hallando su gesto
posesivo increíblemente sexy y emocionante.
Regina rompe mi aturdimiento con sus palabras, noto que los tres están
mirándome fijamente. Olvidé que había alguien más en la habitación.
—¿También me vas a saludar así? —Su comentario sarcástico rompe el
incómodo silencio, y Nico responde dulcemente besando su mejilla, dándole su
105

sonrisa sexy.
Página

—Hola, Regina.
Ella se ríe como una colegiala ante su toque. Mi amiga definitivamente tiene
un nuevo enamoramiento.
William parece confundido, casi conmocionado durante un minuto. Su
reacción me sorprende, no por tenerla, pero sí por dejar que se muestre en su rostro.
Lo he visto fingir en las negociaciones y encubrir su sorpresa por una declaración en
el estrado de testigos, sin revelar nada. Es experto en mantener la cara de póquer,
pero creo que el beso lo tomó desprevenido.
Nico me tiende su mano.
—¿Lista?
Sonrío vacilante a William y me despido de todos antes de darle mi mano
para marcharnos.

El restaurante se encuentra en la parte trasera del bar y es más tranquilo e


íntimo. Nico retira mi silla antes de sentarse, la camarera toma nuestra orden de
bebidas tan pronto estamos ambos acomodados. Finalmente nos quedamos solos y
Nico me está mirando de manera interrogante. Parece estar esperando que diga algo,
pero no lo hago. Espero, quiero saber qué tiene en mente.
—¿Unas bebidas con William? —Su voz es baja y suena enojado. Puedo
decir que está haciendo su mejor esfuerzo para parecer controlado.
—No fue planeado, si es eso lo que estás preguntando. —Levanto una ceja
interrogativamente. Pero sé exactamente lo que está preguntando.
Me estudia un segundo y luego asiente, aceptando mi respuesta.
La cena es buena, aunque creo que la comida de Nico es mejor. Una vez
superado el problema que parece haber tenido con William, me tiene riendo durante
la mayor parte de la cena, contándome más historias sobre cómo fue crecer con sus
tres hermanos. Los recuerdos de su infancia son hermosos, llenos de risas, peleas y
una montaña rusa de emociones que siempre parecen aterrizar en el amor. Es tan
diferente a los recuerdos que he tratado de mantener lejos durante la mitad de mi
vida.
El extenso césped que conducía a nuestra mansión lucía hermoso, como algo
de un libro de cuentos. Sin embargo, en su interior no existía nada, solo ira y
106

violencia. Debería haber sido fácil para nosotros. Éramos una familia. Dos padres y
ninguno de los problemas financieros a los que muchos se enfrentan a diario. Sin
Página
embargo, la madre soltera de Nico, que luchó por criar a cuatro niños, parece que les
ofreció mucho más. Nunca entenderé por qué vivíamos como lo hacíamos.
La camarera llega con nuestra cuenta y mira a Nico tímidamente.
—Umm… ¿puedo molestarte pidiéndote un autógrafo? Soy una gran fan —
dice, a medida que se mueve nerviosamente y es dulce, casi coqueta. En realidad no
la noté antes. Es bonita, la clásica vecina de al lado.
Nico sonríe, dice que encantado le dará su autógrafo y durante unos minutos
comentan su próxima pelea. Su timidez desaparece fácilmente cuando hablan y veo
como él la convierte de una chica tímida a una mujer sexy en menos de tres minutos.
La transformación es notable. Pero es Nico quien lo provoca. Le da toda su atención
mientras charlan, es un coqueteo simple, ni siquiera lo intenta. Todo lo hace
naturalmente. Cuando terminan, la ternura que sentí cuando la camarera de ojos
azules se acercó, se convirtió en otra cosa. Estoy bastante segura que son celos, algo
nuevo para mí.
Nico se vuelve hacia mí.
—¿Estás lista? —Se levanta y me tiende su mano.
—Claro, si ya terminaste. —Mi respuesta sale más sarcástica de lo que
pretendía, sin embargo le doy mi mano.
Se sorprende ante mi tono. Al principio me mira confundido, pero
rápidamente se convierte en diversión. Me atrae hacia él, besando mis labios. No le
importa que estemos en medio de un restaurante lleno de gente y si a él no le
preocupa, a mí tampoco.

No hacemos la invitación al final de la noche, lo damos por hecho. Salí


muchos años con William, y nunca pasamos de la etapa en la que me encuentro con
Nico después de solo unas semanas. No sé cuándo cambió, pero creo que dejamos
las citas para trasladarnos a una relación. Simplemente ocurrió. Pasó algo conmigo y
ya era demasiado tarde para darme cuenta. No es que lo hubiera parado de todos
modos. Pero me intriga cuando recuerdo hasta donde llegué con otras personas. Este
hombre me hace diferente. Es como respirar. No lo pienso, mi cuerpo y mi cerebro
trabajan juntos para cubrir mi necesidad de aire. Nico se convirtió en una necesidad.
Llegamos a mi apartamento y se sienta en el sofá. Se parece más a una silla
107

grande debido a que su enorme cuerpo ocupa todo el espacio. Me quito mis tacones
y camino hacia el sofá.
Página
—Ven aquí. —Su voz es ronca y envía un escalofrío por mi espalda. Me
acerca, guiándome de modo que quedo sentada frente a él a horcajadas sobre sus
musculosos muslos. Me muevo un poco más para encontrar un lugar cómodo, pero
siento su grueso bulto debajo de mí y no hay lugar para ocultarlo debido a que mis
piernas están ampliamente extendidas sobre él. Se divierte al verme, así que
simplemente me acomodo aunque termina pegado a mi zona más íntima. Siento un
dolor casi inmediatamente—. Tienes una vena celosa. —Sus ojos se iluminan a
medida que me quita el cabello de la cara con sus dedos callosos. Se inclina y me
besa suavemente en los labios, su boca todavía está cerca de la mía, así que puedo
sentir la vibración de sus palabras—. Me gusta.
—Y tú, ¿qué fue esa pequeña cosa que hiciste con William? —Mis palabras
salen sin aliento debido a su beso dulce, pero su cuerpo se tensa ante la mención de
su nombre.
Aleja su rostro para mirarme y agarra mis caderas firmemente.
—Te dije que no voy a compartirte. —Su voz es seria y áspera.
No sé cómo responder a eso, así que soy honesta.
—William y yo hemos sido amigos desde la escuela de leyes. Es un buen
amigo. —Me mira, esperando más—. De alguna manera, ya sabes, agregamos más a
la amistad hace unos años. —Me sonrojo y muerdo mi labio inconscientemente.
Su mandíbula se tensa y el verde de sus ojos se oscurece.
—¿Y ahora?
—Ahora, supongo que somos amigos otra vez. No lo he visto desde que le
dije que no quería estar más con él de esa manera. Esta noche fue la primera vez que
lo he visto desde que tú y yo empezamos a salir.
Asiente. Su cara me dice que entiende que no es mi primer chico, pero le es
difícil escucharlo. Le molesta aceptar que estuve con otro hombre. Quiero que se
olvide de William, quitar todos los pensamientos de nuestros pasados de su mente y
que se centre en mí. Nosotros. En el ahora.
Me inclino y presiono mi cuerpo contra el suyo, percibo el ligero movimiento
de su miembro contra mí. No puedo evitar que me salga un pequeño gemido cuando
noto que se endurece.
108

—Ahora eres mía.


Gime mientras me muevo sobre él, lo siento firmemente a través de nuestra
Página

ropa.
—Entonces, ¿eso significa que puedo hacer lo que quiera contigo? —digo
sugestivamente y levanto una ceja en forma de pregunta.
—Solo si eso significa que voy a enterrarme dentro de ti en los próximos
minutos.
Sus palabras aumentan mi excitación y no puedo desnudarlo lo
suficientemente rápido. Comienzo a desabotonar su camisa, mis dedos se mueven
frenéticamente para revelar el premio. Voy por el tercer botón cuando agarra la parte
posterior de su camisa y la saca por su cabeza en un solo movimiento.
Admiro su pecho desnudo, todo definido y musculoso. La cantidad de tinta en
sus brazos es el arte en lienzo más hermoso que he visto. Tinta afortunada. Trazo las
líneas en su pecho, las hendiduras que separan un músculo de otro, dejo que mi uña
roce levemente contra su hermosa piel bronceada.
Su pecho sube y baja a medida que me observa tocarlo. Rodeo su tenso
pezón, lo lamo antes de morderlo suavemente. Gime y su agarre en mis caderas se
aprieta, deja caer la cabeza hacia atrás mientras respira profundamente, esforzándose
por mantener su control.
Me inclino y beso su cuello expuesto. Alterno entre besos suaves y mordidas
hasta llegar a su oreja, me detengo y susurro:
—Estoy tomando la píldora y estoy limpia, si…
Nico ni siquiera me da la oportunidad de terminar la frase. Me saca mi camisa
por encima de mi cabeza, antes de darme cuenta. Me invade una intensa necesidad
en reacción a su movimiento apasionado, y mi cuerpo se estremece cuando arrastra
hacia abajo una copa de mi sujetador y toma mi pezón entre sus labios. Gimoteo
cuando mordisquea y succiona con fuerza mientras sus manos me levantan para
quitarme la falda.
Toma mi boca ansiosamente y me froto contra él, mi clítoris hinchado
desesperado por la fricción. Un ronco gemido se me escapa cuando siento lo duro
que está y empiezo a montarlo a través de lo que queda de nuestra ropa. Con un
brazo fuerte, levanta mi culo y con la otra mano desabrocha sus pantalones para
liberarse a sí mismo.
—He querido correrme con tanta intensidad dentro de ti que duele. Sentir ese
pequeño coño apretarse mientras se desliza por mi polla desnuda. Lo necesito.
109

Ahora.
Da testimonio a nuestra desesperación y estamos tan impacientes que ni
Página

siquiera me quita las bragas ni se baja los pantalones. Solo los hace a un lado para
tener suficiente espacio antes de que me levante y posicione la punta de su polla en
mi entrada. Creo que está a punto de bajarme de golpe, penetrándome de una vez y
no puedo esperar. Pero entonces se detiene… está temblando.
—Mierda. No quiero hacerte daño. Tómame tan despacio como desees.
Lo necesito. No me importa si duele o si mi cuerpo no está listo. Debo tenerlo
dentro de mí. Llenándome totalmente. Ahora. Lo sorprendo cuando me dejo caer
rápidamente y lo tomo completamente en un largo y agonizante golpe. Nico cierra
los ojos por un segundo y gime fuerte. Estoy clavada contra su base y le doy a mi
cuerpo unos cuantos segundos para adaptarme a su longitud.
Nico toma mi lóbulo entre sus dientes y lo muerde, enviando una explosión
de dolor-placer hasta la punta de mis pies.
—Móntame. Estás tan apretada y mojada. Voy a llenar este sexy y pequeño
coño y lo haré mío. Quiero mi olor en ti. Dentro de ti. Para que todo el maldito
mundo sepa que eres mía.
Jadeo por sus palabras sucias. Me excitan. Me encienden. Siento como mi
orgasmo está a punto de reclamarme y ni siquiera me he movido aún. Entonces
empiezo a montarlo. Rápido. Duro. Húmedo. Estamos mojados con una capa de
sudor y nuestros cuerpos resbalan a medida que me deslizo de arriba hacia abajo,
una y otra vez. Nico gira sus caderas para encontrarme cuando desciendo con cada
empuje y explotamos juntos. Siento como su cuerpo se endurece mientras se corre
en mi interior, y embiste más fuerte y más profundo con cada ráfaga caliente. Es
como si quisiera llenarme por completo. Sé cómo se siente, porque me siento de la
misma manera.
Minutos más tarde, mi cuerpo débil se desploma sobre su regazo pero él sigue
todavía dentro de mí. Todavía está duro, incluso después de un orgasmo tan potente.
Retira mi cabello húmedo y besa dulcemente mi frente, me sostiene fuerte contra su
pecho por un minuto. Se levanta, sosteniendo contra su pecho mi cuerpo flácido en
sus brazos y me lleva hacia la habitación colocándome suavemente en la cama. Se
quita los pantalones y completamente desnudo se acurruca detrás de mí, sus brazos
rodeándome firmemente. A medida que me quedo dormida, lo oigo decir en voz
baja:
—Gracias.
Ninguno de nosotros se ha movido cuando despierto a la mañana siguiente.
110
Página
Nico
Traducido por âmenoire

Corregido por Larochz

—D ebe ser agradable tener un abogado a domicilio. —


Preach inclina su mentón hacia la recepción donde Sal
está señalando a Elle en mi dirección. Me sonríe y la
sonrío en respuesta en un descanso. Estoy a treinta dominadas de terminar mi
entrenamiento matutino, pero ver a Elle me da una descarga de adrenalina y de
repente no siento como si ya hubiera hecho setenta.
Ha pasado más de un mes y todavía me siento tan atraído por ella como el día
que la conocí. No tiene idea lo sexy que es. Su cuerpo es tan ardiente como el
infierno cuando está desnudo debajo de mí, pero le queda muy bien toda la
apariencia de bibliotecaria sexy cuando está vestida con esas pequeñas faldas
ajustadas para trabajar.
—Hola, Preach.
—Hola, Elle. Tu chico terminará en unos cuantos minutos.
Me mira mientras levanto la barra y la observo asimilando mi torso desnudo a
medida que éste se flexiona al levantar y bajar mi peso. Mierda, la forma en que me
mira como si quisiera comerme, me mata algunas veces.
—Creo que me gusta verlo ahí. ¿Tal vez puedes hacer que haga algo de
trabajo extra por mí hoy? —bromea con Preach y él se ríe.
—Escuchaste eso Nico, la mujer no cree que estés trabajando lo
111

suficientemente fuerte.
Página
Termino mi último ejercicio y me suelto de la barra. Esta mañana sudé para
tener que cambiarme la camiseta dos veces y estoy empapado otra vez. Goteando,
dado que descarté la segunda camiseta hace una hora.
Luciendo una sonrisa traviesa, avanzo con intención los pocos pasos entre
Elle y yo y la levanto, frotando mi sudoroso cuerpo por todo su bonito traje
almidonado.
—Así que crees que estoy holgazaneando, ¿eh?
Chilla para que la baje, pero escucho la sonrisa en su voz mientras golpea mi
espalda en protesta por mi sudoroso cuerpo arruinando su traje.
La bajo gentilmente para ponerla en el suelo y le doy un beso en la boca.
Finge estar enojada, aunque no lo está y ambos lo sabemos. Pero jugaremos de
cualquier forma.
—Vine hasta aquí para recoger estos contratos y éste es el agradecimiento
que obtengo. —Señala hacia las marcas húmedas que he dejado en su traje—. La
próxima vez enviaré a un mensajero.
Preach se aleja riéndose.
—Vamos, me daré una ducha rápida arriba y puedes revisar esa parte que no
entiendo. Te dejaré mirar cómo me ducho para compensarte. —Le guiño el ojo y
tomo su mano y me dirijo hacia el elevador sin esperar su respuesta.

112
Página
Elle
Traducido por Rihano

Corregido por Larochz

N ico sale de la ducha con una toalla, y ya estoy sentada en la mesa a


medio camino de terminar con el contrato que quiere que revise.
Viene por detrás y mueve mi cabello a un lado de mi cuello antes de
agacharse y acariciarme con su nariz. Frota su nariz a lo largo del costado de mi
cuello y respira profundo.
—Hueles tan bien.
—Solía hacerlo.
Se ríe y rodea la mesa para sentarse al otro lado, opuesto a mí.
—Aún no terminé de leerlo, pero ¿qué parte no te gusta? No veo nada
demasiado inusual hasta aquí.
—Es porque no has leído los otros. —Nico inclina sus codos sobre la mesa y
une sus manos. Es una postura común de todos los días, pero no hay nada común en
ello cuando Nico Hunter lo hace. Sus normalmente musculosos bíceps son enormes,
aún más definidos debido a su entrenamiento mañanero. Todo en él es tan puro y
deliciosamente masculino. Su mandíbula cuadrada, sus ojos verdes que se vuelven
grises con el deseo cuando se acerca a mí, la forma en que me mira como si él fuera
un cazador y yo su presa. Es increíblemente molesto. Incluso sentado con nada más
que una toalla. Toalla afortunada.
Regreso mis ojos a los suyos y está observándome con la media sonrisa sexy
113

que hace que me derrita y sé que he sido atrapada mirándolo.


—¿Ves algo que te guste, nena? —Su voz es ronca y jodidamente sexy.
Página
—¿Qué? ¡No! Esta es una visita estrictamente profesional. Tengo que
regresar a la oficina. William va a llegar a las tres para una declaración jurada sobre
un caso donde tenemos coacusados y quiero leer todo antes de pasárselo a él.
La mandíbula de Nico se tensa y su jovialidad se ha ido. La mención de pasar
mi tarde con William tiene el efecto de lanzar un balde de agua fría sobre él.
—Entonces ahora estoy contento de haberte cubierto con mi sudor. Eso
mantendrá a los otros leones lejos.
Pongo mis ojos en blanco. Medio pretende estar bromeando, pero sé que
probablemente está en realidad feliz consigo mismo por dejarme llevando su aroma
mientras paso la tarde con William.
—De regreso a los negocios. —Señalo el contrato—. ¿Por qué no me dices lo
que estoy buscando, así es más fácil encontrarlo?
—Bueno, hay tres cosas que no me parecen bien. —Las cuenta con sus dedos
para mí—. Es tres veces la cantidad de dinero que conseguí la última vez que peleé
por un título. Añadieron una cláusula de retiro para Preach. Y no tienen el nombre
del contendiente hasta siete días antes de la pelea.
—Está bien, las veremos de una a una. Tres veces la cantidad de dinero. No
suena como algo malo para mí. ¿Qué te ha preocupado ahí?
—En realidad, nada. Me gusta esa parte. Pero no es realmente necesario. Así
que me hace preguntarme por qué me lo están ofreciendo. Sé que una revancha por
mi título es una bolsa de ganancias, pero habíamos esperado un tercio de lo que
conseguí por la primera pelea por el título.
—Está bien, ¿añadir una cláusula de retiro para Preach es inusual?
—Sí. Nunca antes ha tenido una. Si me retiro después de que ellos vendan la
pelea, pago una penalidad importante. Eso tiene sentido. Es su dinero y quieren que
se los devuelva completo. Es una cláusula común para un luchador. Pero, ¿por qué
Preach? Por lo que sé, nunca pusieron también al entrenador o manager en el trato.
Y su gasto es casi tan grande como el mío. El mío es riesgo versus recompensa. Pero
el suyo es todo riesgo.
—Hmm. ¿Qué posible razón podrían tener para querer meter a Preach en el
trato?
114

—Al principio pensé que podrían estar planeando gastar mucho efectivo
antes de la pelea y estaban buscando reducir el golpe al dividirlo entre nosotros.
Página
Pero les dije que yo tomaría la penalidad de retiro de Preach sobre mi contrato y
dijeron que no, ellos no van a dejarme asumir su riesgo.
—Entonces, eso significa que no es por el dinero, quieren que Preach
invierta. ¿Qué razón podrían tener para querer que tu entrenador invierta? Además
de que quieran demasiado que tú ganes y piensen que él te entrenará más duro.
—No sé. Pero es solo que no se siente bien para mí. Preach está de acuerdo
con eso. Sabe que estoy dentro por la recompensa y que no voy a joderlo. Pero aún
me molesta.
—Interesante. Déjame prestarle algo de atención… tal vez pueda pensar en
un ángulo diferente ya que soy una extraña. ¿Qué hay del luchador sin nombre?
—Por lo general sabes con quién vas a pelear antes de la pelea. Supongo que
la mía es un poco diferente porque técnicamente nunca perdí mi título, y el tipo que
lo mantiene ahora solo se retiró por culpa de una lesión ocular. Así que no hay un
oponente claro, sin embargo, todos asumimos que será Caputo, es el siguiente tipo
clasificado más alto.
—¿Tú estudias a tus oponentes?
—Por supuesto.
—Entonces, ¿todo aquel que es un posible contendiente pasa meses
estudiándote, pero tú podrías estar estudiando al tipo equivocado y solo averiguarlo
siete días antes?
Nico se reclina en su silla.
—Sí.
—¿Cuál término te molesta más?
—Preach teniendo una cláusula de penalidad.
—¿No la parte sobre no saber con quién vas a pelear?
—No. —Cruza sus brazos sobre su pecho desnudo—. No necesito más de un
día o dos para aprender los movimientos de un luchador.
—Está bien. ¿Cuánto tiempo tenemos?
—Dos días.
115

—¿Cuál es la prisa? Pensaba que tenías al menos dos meses después de la


pelea de este fin de semana antes de tu próxima pelea.
Página
—Lo tengo. Pero ellos quieren esto firmado antes de mi pelea de calificación
de este fin de semana. El trato no se hará a menos que gane, pero de todos modos lo
quieren arreglado antes del fin de semana.
—Está bien. Déjame trabajar en esto. —Me levanto—. Debería irme.
Necesito darle a mi archivo una rápida lectura antes de mi declaración de esta tarde.
Nico se levanta y me sujeta apretadamente contra su cuerpo cuando intento
irme después de un agradable beso de despedida.
—Veinte minutos.
—Llegaré tarde.
—Seré bueno.
—Estoy segura que lo serás. Pero…
Mi objeción queda sin escucharse cuando la boca de Nico se estrella sobre la
mía. Me besa largo y duro, con sus músculos desnudos presionados contra mí, hasta
que mi cuerpo desafía a mi cerebro y sucumbe a sus demandas.
Una hora más tarde estoy en mi camino de vuelta a la oficina, con el aroma
de Nico en mi ropa y dentro de mí. Tengo una secreta sospecha de que Nico lo
quería de esa forma, sabiendo que iba a ver a William.

116
Página
Elle
Traducido por Florff y Magnie

Corregido por Larochz

N o he visto ni oído de William desde la noche en el bar cuando Nico


decidió desvelarnos como pareja, besándome a propósito, justo
delante de él. Ahora voy a sentarme a su lado durante toda una tarde
de declaraciones con el aroma de Nico sobre mí y mi ropa interior aún húmeda por
nuestro jugueteo de medio día. Debería estar verdaderamente cabreada con Nico por
ser tan Neanderthal pero no puedo evitar sonreír cuando pienso en él queriendo
marcarme como suya. Es arcaico y adolescente y el hombre me está convirtiendo en
una rival del movimiento de liberación femenina, pero maldita sea, el hombre bien
podría ser mi kryptonita.
Nuestros co-clientes llegan a la oficina temprano, más temprano que William,
lo que es inusual. Normalmente es el primero en llegar para todo. Pongo a nuestros
clientes en una sala de conferencia y a los contrarios en otra habitación y regreso a
mi oficina a revisar mis notas. Regina toca el timbre desde su escritorio para
hacerme saber que William ha llegado y salgo al recibidor para saludarlo con una
pequeña inquietud.
A diferencia de la última vez, y cada una de las otras veces que nos hemos
visto el uno al otro en los últimos años, no me da un saludo con un beso, ni siquiera
un beso en la mejilla. Es profesional, pero distante. Inmediatamente puedo decir que
no quiere hablar de nada que no sean negocios. Incluso mi intento cordial de una
pequeña charla cuando lo saludo, se encuentra con resistencia.
—¿Cómo estás? —pregunto, en un intento de tantear el terreno para ver cómo
117

van a ir las cosas entre nosotros.


—Bien. ¿Nuestros clientes están aquí? —Ni siquiera va a devolverme la
Página

charla educada y preguntarme cómo estoy.


—Sí, están en la sala de conferencias. ¿Necesitamos reunir un plan de juego
antes de empezar? —Trabajamos bien juntos y normalmente no es necesario, pero
siempre pasamos algunos minutos hablando antes de encontrarnos con nuestros
clientes. Revisar las estrategias o los inconvenientes que queremos revisar.
—No. A menos que no estés preparada.
Entonces, ¿así es cómo iban a ser las cosas? Enderezo mi espalda y me alzo a
toda mi estatura. Puedo hacer lo impersonal como el mejor.
—Estoy preparada.

Una hora de declaraciones, y el hielo entre William y yo se derrite. Dos


veces, ambos vamos a preguntar la misma cuestión al mismo tiempo. Incluso los
contrarios están anonadados de cómo podemos terminar las frases el uno del otro.
En realidad somos muy buenos juntos. O lo éramos, debería estar pensando éramos.
Estamos casi listos para dar por terminado el día y observo a William
mientras finaliza con la última de sus preguntas. Es inteligente y un buen orador e
innegablemente guapo. Financieramente sólido, estable y confiable. No sé lo que
estaba echando de menos. William atrapa mi mirada cuando se vuelve hacia mí para
preguntarme si tengo alguna otra pregunta que hacer, y comienzo a sonrojarme por
ser atrapada admirándolo.
Salimos al vestíbulo de recepción para ver a nuestros clientes irse y Regina
me dice que va a salir a su hora para variar. Tiene una cita en la peluquería. Sonrío y
miento cuando le digo que no me iré mucho más tarde que ella. Ambas sabemos que
estaré aquí durante un montón de horas más. William regresa a la sala de
conferencias conmigo y pasa algunos minutos hablando del caso. Realmente no hay
ninguna sorpresa, pero estoy feliz de que tengamos la oportunidad de hablar antes de
que se vaya. Es amistoso y está menos a la defensiva y nos deslizamos fácilmente en
nuestra charla usual por un rato.
Me disculpo y me dirijo al baño de señoras. Cuando regreso a la sala de
conferencias, casi ha guardado todos nuestros archivos. Tendré que volver a sacarlos
y reorganizar mis archivos si nadie más lo hace, pero estoy segura que William los
ha guardado justo como yo lo haría. Nos parecemos un montón, ambos metódicos en
nuestros hábitos de trabajo. Aún tengo que hablar con él sobre el contrato de Nico,
pero se siente casi extraño sacar el tema.
118

—Tengo un contrato de lucha para que le eches un vistazo.


Página
William deja de guardar el caso y levanta su mirada hacia mí. Parece
confundido durante un segundo y después se da cuenta a lo que me refiero y asiente.
Camino a la puerta junto a mi oficina para conseguir el sobre donde lo
deposité con algunas notas que tomé mientras estaba con Nico. Estoy sorprendida
cuando alzo la vista y está de pie en la puerta de mi oficina. Avanzo hacia él con el
sobre. No hace ningún movimiento desde la puerta.
—¿Él es el motivo por el que no estamos juntos? —La voz de William es
tranquila cuando habla.
No estoy segura de cómo responder a su pregunta. La verdad es que es la
razón por la que dejé de verlo, pero no por la razón que él cree, aun así por algún
motivo parece grosero decirlo.
Levanto la vista y sin darme cuenta me muerdo el labio. William me mira y
asiente como si comprendiese, pero entonces estira su mano y agarra mi labio donde
lo estoy mordiendo. Mantiene su dedo en mi labio después de soltarlo de entre mis
dientes y frota el punto donde probablemente me he lastimado.
—Esto siempre me ha vuelto loco —dice con una sonrisa pequeña y una voz
grave, sus ojos aún enfocados en mis labios a medida que habla.
—¿Qué? —Sueno confundida, porque lo estoy. No tengo ni idea lo que
quiere decir.
—Te muerdes el labio cuando estás nerviosa. Eso te delata. —William sonríe
y mira rápidamente entre mi boca y ojos antes de continuar—. Ya que no eres una
súper mujer, no lo veo muy a menudo, pero siempre pensé que era sexy cuando lo
hacías.
Está aún de pie en el marco de la puerta y ahora, entre sus palabras y su ligero
toque en mi boca, el momento se siente íntimo. No sé qué decir, así que en su lugar
permanezco de pie allí como una idiota. Me ha atrapado con la guardia baja, siempre
he sido fácil de leer. Su dedo, el que trazó mi labio, se aleja, pero su mano se mueve
a mi cuello. Sucede todo a cámara lenta y no tengo tiempo de detenerlo cuando
inclina su cabeza hacia la mía y me besa en la boca.
Estoy anonadada. No por el beso en sí mismo, sino porque no lo había
esperado de William.
Me lleva un segundo o dos antes de espabilar y darme cuenta que no lo he
119

alejado. Pero entonces lo hago. Echo mi cabeza hacia atrás y levanto la vista hacia
William, que espero esté ofendido, o cabreado, o algo… cualquier cosa, más que lo
Página
que me encuentro. Está sonriendo. Como el gato Cheshire, una gran sonrisa en su
cara y no tengo idea lo que la ha provocado.
Estoy aún parada perfectamente en calma con el sobre de Nico en la mano,
cuando toma el sobre, se inclina hacia delante y me susurra en la oreja:
—Somos buenos juntos, estaré aquí si cambias de idea.

Después de un día largo, normalmente una copa de vino me ayuda a


desestresarme y relajarme. Algunas veces tomo un baño para ayudar a aflojar mis
músculos. Esta noche voy por mi segunda copa y voy corriendo al baño.
Entre Nico en la mañana y William en la tarde, necesito un poco de agua para
ayudar a descansar mi cerebro.
Me siento en el agua cálida y me hundo, mi cabeza apenas sobresaliendo por
el borde del agua. Es tan cálida y confortable y finalmente, después de algunos
minutos, siento ascender un suspiro que circula por mi cuerpo a medida que inhalo
respiraciones profundas en búsqueda de calma. Hay serenidad en la calma del agua y
mi cuerpo la absorbe por los poros, desesperado por encontrar paz.
Cuando estoy lo suficientemente relajada, permito finalmente a mi cerebro
discutir de nuevo mi día. Reproduzco el beso de William en mi cabeza. Es dulce.
Bonito. Familiar. Y extrañamente atrevido para William. Pero fue su sonrisa y las
palabras tras ella lo que fue más sorprendente. Piensa que lo de Nico no funcionará.
Que finalmente recobraré el sentido y las cosas volverán a la normalidad.
Probablemente debería estar enojada con su suposición. Pero, honestamente, ¿cómo
podría culparlo? Incluso yo pensé que Nico no era el correcto para mí. Pasé años
convenciéndome lo que quería, lo que era bueno para mí. He hecho tan buen trabajo
que William cree que lo sabe mejor también.
Me deshago de los pensamientos de William rápidamente y paso el resto de
mi celestial baño sumergido pensando solo en un hombre. Nico Hunter. La manera
en que me toca. Me agarra tan fuerte, como si tuviese que hacerlo, como si no
hubiese elección. Pienso una vez más en sus manos sobre mí hoy. No solo recorre
con sus manos mi cuerpo sintiendo mis curvas, las puntas de sus dedos me presionan
mientras me siente. Realmente me siente. De una forma que sé que está disfrutando
tocándome casi tanto como yo estoy disfrutando siendo tocada. Antes de Nico, ni
siquiera sabía que había una diferencia entre la manera en que un hombre puede
120

acariciar con su mano mi costado. Pero existe, y la diferencia desequilibra la mente.


Estoy a pocos segundos de darme placer con una visión de Nico en mi cabeza
Página

cuando mi teléfono, colocado en el lavamanos, suena y me interrumpe sacándome


de mi fantasía. Me sobresalto, y acabo salpicando agua por todo el suelo cuando
salto.
Hago un mal trabajo secándome las manos y acomodándome nuevamente en
la bañera cuando contesto. Hablando del demonio.
—Hola. —Su voz es grave y baja, y el sonido envía un escalofrío a través de
mi cuerpo aunque estoy remojada en un baño caliente. Me siento como una
adolescente de nuevo. Emocionada por escuchar la voz de un chico en el otro
extremo del teléfono.
—Hola, ¿qué tal tu día?
—La parte del medio fue genial. —Sonrío, aunque no puede verme. Sí, soy
una colegiala con un gran enamoramiento, y estoy sonriendo cuando él dice “hola”
al teléfono.
—Mmm… esa también fue mi parte favorita del día.
Nico ríe entre dientes.
—¿Dónde estás? Suenas como si estuvieras en un túnel o algo así.
—En la bañera.
Deja escapar un estruendoso resoplido y su voz se vuelve baja y ronca.
—¿Estás desnuda ahora mismo?
—Sí. Y justo estaba pensando en ti cuando sonó el teléfono.
—Ah sí, ¿en qué estabas pensando?
—La forma en que me tocas.
Nico gime.
—¿Estabas tocándote a ti misma?
Mi respuesta es honesta y sale antes de que pueda pensar mejor en ofrecer la
verdad.
—Creo que podría haberlo hecho si no hubieras llamado.
—Mierda. —Luego se queda callado durante un largo minuto y espero a que
diga más, pero no lo hace.
121

—¿Qué pasa?
Página
—Me estás matando, Elle. Siento como si tuviera catorce años contigo. Estoy
caminando con una erección la mitad del tiempo de solo pensar en ti. No podré
dormir esta noche.
Sonrío, satisfecha de alguna manera de no ser la única que se siente como una
adolescente horriblemente enloquecida.
—Tal vez deberías probar un baño.
Nico se queda callado por un minuto. Estoy a punto de preguntarle si todavía
está allí cuando finalmente habla. Su voz es baja:
—Tócate para mí, nena. —Las palabras son tensas y roncas, cuelgan en el
aire que me rodea.
—Yo… yo nunca… —Quiero decirle que nunca he tenido sexo telefónico o
masturbado para un hombre antes, pero las palabras se quedan atrapadas en mi
garganta.
—Puedes hacerlo. —Siente mi vacilación y no va a permitirlo.
—No es…
—¿Tus pezones están duros? —Dios, incluso amo su voz.
Bajo la mirada hacia mis pezones, apenas están cubiertos por el agua. Están
hinchados y sobresalen y creo que se han vuelto aún más hinchados en solo los
últimos minutos.
—Sí. —Mi respuesta sale en un susurro.
—Siente uno. Frota tu dedo por encima de él para mí.
Aparto a un lado mi vacilación y hago lo que pide. Paso mi dedo lentamente
por mi duro pezón haciendo un pequeño círculo. Mis pezones ya hinchados
responden y se hinchan aún más, lo suficiente para que ya no estén por debajo de la
superficie del agua. Ahora las puntas completas están sobresaliendo a través de la
inmóvil agua del baño. No continúan protegidas por el remojo caliente, el aire fresco
se encuentra con la hinchazón y es como si cada nervio en mi cuerpo estuviera
conectado a los pequeños salientes. Una sacudida eléctrica viaja a través de todo mi
cuerpo. Si hubiera cerrado los ojos, habría jurado que Nico los soplaba. La sensación
me sorprende y ni siquiera intento enmascarar el jadeo que sale.
122

Nico gime.
—Pellízcalo. Fuerte.
Página
Lo hago. Agarro mi pezón hinchado entre mis dedos y lo aprieto firmemente.
Otra oleada de electricidad viaja a través de mis terminaciones nerviosas. Solo que
esta vez todos los diferentes caminos recorridos llegan al mismo lugar, y
exactamente en el mismo momento… mi clítoris. La hinchazón de mis pezones
ahora está aparentemente conectada con la protuberancia entre mis piernas.
Un gemido bajo escapa de mis labios.
—Se siente bien, ¿verdad, nena?
—Sí —admito, mi vacilación derritiéndose lentamente.
—Deberías poner tu teléfono en altavoz. Ponlo cerca de ti.
Hago lo que me dice.
—Cierra tus ojos.
Su voz en el altavoz de mi teléfono hace que lo que estamos haciendo se
sienta aún más íntimo, como si realmente pudiera estar cerca de mí diciéndome qué
hacer. Cierro los ojos, lista para imaginarme que está en la habitación conmigo.
—Toma tu otra mano y toca tu clítoris. Ya sé que ya está hinchado para mí.
Imagina que estoy allí contigo, observándote. Estoy sentado detrás de ti, mirando
cómo te tocas a ti misma. Me estoy poniendo duro solo con mirarte. Eres
jodidamente sexy.
Deslizo mi mano por mi cuerpo y dejo que la voz profunda y familiar de Nico
llene mis sentidos. Casi puedo olvidar que es mi propia mano frotando mi excitado
clítoris en pequeños círculos cuando oigo la necesidad en su voz. Es tan carnal. Otro
pequeño gemido escapa y Nico responde con un gruñido, un sonido que hace eco del
puro placer masculino. Me hace sentirme atrevida.
—¿Estás duro? —Finalmente encuentro la valentía, profundamente en el
fondo, de hacer más que escuchar.
—Duro como una piedra. Quiero tanto enterrarme en ti. Muy dentro de ti.
Necesito llenar ese pequeño coño apretado, nena. —Oh Dios. Mi cuerpo se aferra a
sus palabras y las siento, literalmente siento que sus palabras ruedan por mi
cuerpo—. ¿Es eso lo que quieres? Quieres mi polla dura dentro de ti, ¿no?
—Sí. —Mi voz es ronca y necesitada. Me presiono contra la pared de la
bañera, mi culo frotando contra el hierro fundido. Finjo que es Nico detrás de mí. Su
123

dureza detrás de mí, mientras me siento entre sus piernas y él me observa. Me


observa a medida que me toco.
Página
—Toma dos dedos y deslízalos dentro de ese coño mojado. Necesito estar
dentro de ti.
Dudo un segundo antes de hacer lo que me ordena, hundiendo dos dedos
dentro de mí profundamente. Hay un dolor dentro de mí que tengo que alcanzar,
pero esta simplemente fuera de alcance. Un sonido escapa de mi garganta que es una
mezcla entre gemido y palabra y ni siquiera estoy segura que palabra se suponía que
era.
—Eso es, nena. Dentro y fuera. Estoy dentro de ti. Más duro. —La voz tensa
de Nico suena tan desesperada por la liberación como yo me siento. Me lo imagino.
Sus amplios hombros y tensos brazos musculosos. Sus hermosos ojos verdes sobre
mí. Mirándome. Sus caderas empujando hacia mí. Su polla larga y gruesa. Dios, su
polla.
—Oh Dios —gimo, a medida que siento el pulso inconfundible latiendo a
través de mí mientras mi orgasmo empieza a tomar fuerza.
—Córrete para mí. —El tono firme y dominante de Nico detona mi clímax y
se extiende sobre mí. Siento que el espasmo rodea mis dedos, cuando mi cuerpo
empieza a palpitar incontrolablemente.
Oigo el nombre de Nico ser llamado una y otra vez, pero no registro que el
sonido viene de mí. Se apodera de mí. Me he rendido completamente a mi orgasmo
y presiono mis dedos dentro y fuera de mí misma, mientras cabalgo mi liberación
hasta que estoy persiguiendo la última ola con pequeños temblores en la réplica.
Unos pocos minutos más tarde ambas voces suenan diferentes. Están borrosas
y sueltas y me pregunto si ambos podremos dormir mejor esta noche.
—¿Tú te…?
Mi voz se apaga. Quiero saber si terminó. No estoy completamente segura de
lo que haría si no lo hiciera, pero ahora que he encontrado mi felicidad, de repente
me doy cuenta que no tengo ni idea si se estaba tocando a sí mismo.
Nico se ríe de mi no-pregunta.
—Sí, nena. Ambos vamos a dormir bien esta noche.
124
Página
Elle
Traducido por LizC

Corregido por Brisamar58

E ncuentro nuestros asientos en la pelea y mi hermanastro Max está


emocionado por lo cerca que estamos sentados. Junto al ring. O,
¿sería junto a la jaula, ya que técnicamente no hay ring sino que
luchan en una jaula? No estuvimos sentados tan cerca en la primera y única pelea en
la que había estado, pero aun así me estremecí con cada golpe. La violencia es algo
que he evitado con firmeza desde que tenía edad suficiente para controlar mi propio
camino. Sin embargo, aquí estoy sentada, a punto de ver a alguien que me importa
golpear a otro ser humano. O peor aún, ser golpeado. Apenas pegué ojo ayer por la
noche, sintiéndome inquieta por venir aquí. Sin embargo, siento que mi cuerpo está
completamente despierto, extrañamente en alerta.
Lily, la cuñada de Nico, llega con su séquito y no hay duda de que el hombre
que está junto a ella es el hermano mayor de Nico, Joe. Son la viva imagen entre sí,
solo que su hermano es ligeramente más bajo y luce un poco de vientre. Mientras
que Nico no tiene ni una onza de grasa en su cuerpo. Lily me presenta a su marido y
él sonríe. Es la sonrisa de Nico, sin los hoyuelos. Verla en la cara de otro hombre es
casi extraño, pero de alguna manera me hace sentir más cómoda con el hombre
rápidamente. Hay una sensación de familiaridad que me pone a gusto debido a la
semejanza.
Lily también me presenta a un adolescente llamado Vinny. He oído a Nico
hablar de él antes. En realidad, más que un poco. La familia de Nico lo ha adoptado
extraoficialmente, tomando un fuerte interés en el chico con una mala vida en casa.
125

Parecen reunirse en torno a él como una familia, cada uno proporcionando apoyo
diferente donde puedan.
Página
Vinny lleva una camisa con una imagen de Nico en ella y se da cuenta que la
reviso.
—Tomé la foto. —Él sostiene una cámara en alto con orgullo cuando habla.
—Bueno, es una camisa muy genial.
—¿En serio te gusta?
—En serio. —Le sonrío. Puedo ver que Vinny tiene el mismo aire de
adolescente difícil que ocurre a menudo cuando veo a Max. Quiere lucir interesante
y tranquilo, pero a veces tiene problemas para ocultar sus emociones. Es adorable.
Creo que evalúa mi sinceridad. Luego asiente una vez y continúa.
—Te haré una. Nico estará encantado de que su chica lleve una foto de él.
Todos nos reímos del comentario de Vinny, pero no puedo dejar de pensar
que el chico tiene razón. A Nico le encantará que lleve una foto de él en mi pecho
para alejar a los otros leones cuando él no esté cerca. Es un chico inteligente, conoce
bien a Nico.
Vinny y mi hermanastro se hacen amigos instantáneamente y me alegra que
eso me dé tiempo para conocer mejor a Lily, antes de que empiece la pelea. Además,
los chicos se divertirán más sin mí sentada entre ellos y encogiéndome con cada
golpe.
Ni siquiera me doy cuenta que estoy inquieta en mi asiento, pero Lily lo hace.
—¿Estás nerviosa? —pregunta y me sonríe. Es una sonrisa genuina y tengo la
sensación de que encuentra divertida, por alguna razón, mi incapacidad para
sentarme quieta.
—¿Es tan obvio?
—Bueno, pensé que era eso o tienes que ir al baño con muchas ganas por la
manera en que esa pierna está temblando. —Mueve su cabeza apuntando a mi
pierna, la cual está saltando frenéticamente de arriba hacia abajo. Ni siquiera me
había dado cuenta que lo estaba haciendo. Le sonrío y mi pierna se estabiliza.
—Las luchas nunca han sido lo mío. —Es el eufemismo del año.
—Bueno, entonces, no te preocupes. —Se detiene y se sienta erguida en su
silla, una declaración silenciosa de confianza en sus próximas palabras—. Esto no va
126

a durar más de treinta segundos. Nico puede acabar con este payaso con un brazo
atado a la espalda.
Página
Es casi una hora más tarde antes de que los oponentes sean llamados a la
jaula. He soportado a chicas en escasos bikinis sosteniendo letreros de publicidad,
comentaristas dando sus predicciones de la pelea, y Max y Vinny cada uno han
devorado tres perritos calientes. Lily y Joe intentan que tome una cerveza con ellos.
Sé que están intentando ayudarme para relajarme un poco. Pero soy consciente del
efecto que el alcohol tiene en mi estado emocional y estoy demasiado asustada de
perder cualquier control. Estoy a punto de ver al hombre del que estoy locamente
enamorada hacer cosas que estoy nerviosa de que atraigan los malos recuerdos.
Recuerdos que no puedo permitirme asociar con Nico Hunter.
—Señoras y señores, en la esquina roja, con un metro noventa de alto, un
peso de cien kilos, es el ex campeón de los pesos pesados, y no necesita ninguna
presentación para las damas… tenemos a Nico “El Rooooooooompe
Cooooooraaaaazoneeeesss” Hunter. —La multitud se vuelve loca, pero no la mitad
de loca que Vinny, que está saltando de arriba abajo y gritando tan fuerte que puedo
ver las venas sobresaliendo de los lados de su cuello. Lily me mira, luego a Vinny, y
luego de vuelta a mí y las dos nos reímos, pero nadie puede oírnos de pie junto al
fanático número uno de Nico.
El oponente de Nico es presentado y recibe solamente una fracción de los
aplausos, más algunos abucheos reales para el pobre tipo. Principalmente de Vinny y
mi hermanastro. El locutor pasa a través de un montón de reglas y balbucea alguna
información sobre disciplinas, ninguna de las cuales significa mucho para mí. Hago
una nota mental para aprender más sobre el deporte y archivarlo después para mi
siguiente tarde a solas con Google.
Los dos hombres se dirigen hacia sus respectivas esquinas y Nico se enfrenta
a la multitud por primera vez desde que entró en la arena. Es innegablemente un
banquete para los ojos, la fantasía de toda mujer. Es alto y hermoso, con una
mandíbula cuadrada y los ojos de color jade. Y su cuerpo, oh, su cuerpo. Podría
perderme en los valles que definen sus músculos. Pero no soy la única en notarlo.
Las mujeres le gritan y aúllan como albañiles en una construcción cuando una
minifalda pasa frente a ellos en el calor del verano. A Nico no le importa o está tan
concentrado que no dejará que intervenga la interferencia externa. Creo que es
probablemente un experto en ahogar a la multitud. Pero entonces gira su cabeza y
sus ojos encuentran con los míos al instante a través de la multitud. Y sostiene mi
mirada. Probablemente hay diez mil personas gritando en la sala, pero por unos
127

cuantos segundos rápidos, solo somos Nico y yo. Él no me sonríe ni me reconoce


externamente, pero quiere saber que estoy aquí. Mirándolo. Apoyándolo. Y
Página
finalmente me doy cuenta, incluso con mi pasado, que no hay lugar en el que
prefiera estar.
La primera ronda dura solo cinco minutos, pero más parecen como cinco
horas. Aprendo rápidamente que es mucho más difícil ver una pelea cuando alguien
que te importa está dentro de la jaula. Las puertas de la jaula se cierran y respiro
profundamente, esperando que Lily tenga razón y pueda exhalar en treinta segundos
cuando termine.
Nico está sosteniendo el suyo, pero definitivamente no es la lucha desigual
que todos parecen haber esperado. El descanso entre las rondas es corto, pero Preach
parece pasar todo el tiempo gritando a Nico. Algo está mal. Puedo verlo en la forma
en que Preach grita y Nico lo calla. También se nota en la cara del hermano de Nico.
Los dos hombres están de vuelta al asunto después de un descanso que fue
demasiado corto para permitirme recuperar el aliento, mucho menos para un
luchador. Hay menos saltos alrededor de golpearse el uno al otro esta vez. Los
golpes han comenzado ahora de verdad y veo como el oponente de Nico aterriza un
gancho directamente al costado izquierdo de su mandíbula. Una verdadera oleada de
náuseas me aplasta y por un segundo creo que podría enfermar físicamente. Nico
parece enojado, pero recibe el golpe de lleno, sin mucho más que un ligero balanceo
al perder el equilibrio. Él golpea de vuelta y su oponente da dos pasos atrás de la
fuerza del gancho, pero permanece de pie. Cae, maldita sea, cae.
Finalmente Nico obliga a su oponente al suelo y rápidamente lo pone de
espaldas con Nico encima de él. Su oponente está completamente expuesto y parece
que Nico tiene la oportunidad perfecta de atacar. Me preparo para lo que parece que
está a punto de venir al pobre hombre tendido en su espalda, en una posición tan
vulnerable. Pero entonces nunca llega. Unos segundos más tarde su oponente se está
enderezando de nuevo y los dos hombres se enfrentan a una lucha en el suelo.
Cuando la ronda finalmente termina, despego mis ojos de la jaula el tiempo
suficiente para mirar a Lily. Me siento desesperada.
—¿Está todo bien? ¿No parece la lucha fácil que pensaste que sería?
Lily me mira y veo un destello de dolor en sus ojos. Está molesta por la pelea,
pero algo en su expresión me dice que el dolor no tiene nada que ver con que el
oponente de Nico pueda aguantar más tiempo de lo que todos predijeron. Lily abre
la boca para responder, pero luego se detiene y la cierra. Pero Joe interviene.
128

—Tiene miedo de hacerle daño. Ese no es Nico. Lo he visto golpear la bolsa


en su gimnasio más fuerte en el calentamiento.
Página
Más rápido de lo que puedo asimilar la enormidad de las palabras
hundiéndose lentamente en mi mente, el descanso ha terminado y los dos hombres
se reúnen en el medio, listos para la ronda final. Solo pasan unos segundos en el
reloj cuando su oponente golpea fuerte, alcanzando a Nico con una patada a las
costillas que parece que podría dejar algunas rotas a su paso. Una vez más, Nico no
se inmuta, se mantiene firme. Pero sucede algo más, lo veo en su rostro. Está
enojado. Realmente enojado.
Su respuesta es empujar a su oponente, llevándolo a la estera con un poderoso
derribo. Nico se mueve rápido, y en cuestión de segundos lo tiene en un agarre
tortuoso que parece que si el tipo se mueve una fracción de centímetro, su brazo se
romperá en dos. Nico tuerce su cuerpo una vez para agregar presión y el tipo golpea
su mano contra la estera, concediendo la victoria.
La gente ruge, algunas de las mujeres están de pie en sus asientos y ondeando
pancartas diciéndole a Nico que lo aman. Estoy encantada de que haya terminado,
pero de alguna manera no puedo encontrar dentro de mí el alegrarme. Sé que debería
celebrar, él ha ganado, pero no se siente como una victoria. Después de fijarme en la
multitud, me vuelvo para ver que Lily y Joe tampoco están celebrando.
El locutor levanta la mano de Nico, declarándolo ganador, y lo veo por
primera vez. Tampoco está sonriendo. Su rostro está en blanco, desprovisto de
cualquier emoción y eso envía un escalofrío por mi espina dorsal. Me doy cuenta
que no mira en mí dirección, ni siquiera en su salida cuando pasa justo por nuestra
fila. Es la primera vez que el escalofrío que recibo de Nico Hunter no es bienvenido.

129
Página
Elle
Traducido por Lyla

Corregido por Brisamar58

M ax está emocionado de volver a ver a Nico después de la pelea. Ha


invitado a Vinny y los dos están reviviendo el combate, lanzando
golpes al aire entre ellos mientras nos abrimos paso por el
vestíbulo de la arena. Hay más peleas después de la de Nico, pero no quiero
quedarme a verlas y, de todos modos, los chicos están ansiosos de ver a su modelo a
seguir.
Mostramos nuestro pase de backstage al guardia de seguridad, que parece que
debería estar en la jaula en lugar de revisando identificaciones. Los chicos están
rebosantes de orgullo de que tengamos acceso a bastidores y llevan sus credenciales
alrededor de sus cuellos con jactancia. Seguimos las instrucciones que el guardia de
seguridad nos dio por un tramo de escaleras y una serie de largos pasillos. Estamos
debajo del edificio y hay una gran cantidad de luchadores, entrenadores y gente de
publicidad moviéndose por ahí. También hay más de unas cuantas mujeres con
aspecto de groupies, cada una tiene menos ropa que la siguiente. Vinny parece
reconocer a todos los luchadores y recita sus estadísticas a medida que pasan. El
niño es una enciclopedia ambulante sobre quién es quién en peleas de MMA.
Finalmente, la Sala 153 aparece a la vista, donde nos dijeron que Nico estaría.
La puerta está entreabierta y hay voces altas procedentes de su dirección. A medida
que nos acercamos, reconozco que la voz alta es de Preach y él no solo está
hablando en voz alta, sino que está gritando como un loco.
—¡Pensé que habíamos dejado esta mierda atrás! Me dijiste que estabas listo.
130

No estás listo. Tengo tu cuerpo listo, pero solo tú sabes lo que hay en esa cabeza
dura tuya…
Página
Estoy parada frente a la puerta oyendo, básicamente escuchando a
escondidas, cuando recuerdo que los chicos también lo están escuchando.
—Ustedes dos. —Busco en mi bolso y saco un billete de veinte dólares—.
Vuelvan arriba a comprar algunos pretzel y vean la próxima pelea. Vuelvan cuando
se acabe. —Max se prepara para responder y quejarse, y le lanzo la mirada de
muerte de hermana mayor y señalo un dedo hacia atrás en la dirección que acabamos
de llegar—. Ahora.
Vinny empuja a mi hermanastro.
—Vamos, hombre. —Y los dos se marchan a regañadientes. Vinny es un
chico inteligente, que rápidamente sabe qué batallas luchar y cuáles nunca va a
ganar. Le irá bien en la vida.
Ahora que he enviado a los muchachos lejos, no estoy segura de qué hacer.
Preach sigue gritando y no he oído a Nico decir una palabra todavía. Parte de mí
siente que no debo interrumpir, pero otra parte de mí tiene la necesidad de entrar y
proteger a Nico. Sabía que algo andaba mal, pero maldita sea él ganó, no merece ser
tratado así. La leona en mí gana y llamo a la puerta una vez y luego entro en la
habitación sin esperar una respuesta.
Nico está sentado en un banco con la cabeza entre sus manos mirando hacia
abajo. Su postura me recuerda a un niño que está siendo regañado. Está derrotado y
decepcionado. No levanta la vista cuando entro, pero Preach se calma
momentáneamente y se vuelve hacia mí.
—Quizás puedas poner algo de sentido común en su cabezota. —Preach
arroja al suelo la toalla que estaba sosteniendo y sale de la habitación, cerrando la
puerta como el signo de exclamación para terminar su discurso final.
Espero unos segundos, largos segundos en los que en realidad escucho el
reloj en la pared haciendo tictac detrás de mí, pero Nico aún no me reconoce. No se
ha movido. Así que tomo una respiración profunda y camino hacia él, deteniéndome
frente al banco donde está sentado. Me acerco lentamente y pongo mis manos sobre
sus hombros. No estoy segura qué decir, pero quiero consolarlo de alguna manera.
Deslizo mis dedos suavemente de ida y vuelta sobre su piel caliente en lo que
espero sea un movimiento relajante. Sus hombros ceden ligeramente ante mi toque.
—¿Estás bien? —Mis palabras apenas están por encima de un susurro.
131

Nico niega con la cabeza. No.


Página

—¿Estás herido físicamente? ¿Puedo traerte algo?


Una vez más, solo una sacudida negativa de cabeza en respuesta.
—¿Quieres hablar de ello?
Otra sacudida de cabeza.
Me quedo allí unos minutos más en silencio, mis manos sobre sus hombros y
él con la cabeza todavía inclinada. Es el tiempo más largo que he estado cerca de él
sin que me toque. Está justo frente a mí, pero está a años luz de distancia. Quiero
ayudarlo tanto, necesito hacerlo sentir mejor. Pero aún no me ha mirado ni hablado.
Me arrodillo delante de él y envuelvo mis manos alrededor de las suyas entrelazadas
y miro hacia su rostro. Estoy muy cerca, y ya no puede evitarme. Inclina levemente
la cabeza y levanta sus ojos hacia los míos. Lo que encuentro mirándome rompe mi
corazón en un millón de pequeños pedazos. Los ojos de mi hombre, normalmente
fuerte y confiado, están llenos de lágrimas sin derramar y se ve… roto. Asustado.
Triste. Su cara está llena de angustia cuando me mira. Todavía no habla, pero sus
ojos lo dicen todo.
Oigo voces desde la puerta y luego hay un golpe antes de que Vinny y Max
entren en la habitación. Me aparto por una fracción de segundo para mirar a los
chicos y cuando vuelvo a Nico la emoción en su rostro se ha ido. Reemplazada por
una fachada dura que nunca antes había visto.
—Saca a los chicos de aquí —ordena una voz severa que no espero oír,
tomándome por sorpresa. Es fría y distante y me sorprende oír ese tono en la voz de
Nico. Tanto es así que miro su rostro con mi frente fruncida, confundida, como si las
palabras que acabara de hablar fueran extrañas. Pero si sus intenciones no estaban
claras la primera vez que habla, no hay duda de ellas la segunda—. Vete a casa, Elle.

Me toma horas quedarme dormida y cuando finalmente lo hago, doy vueltas


en la cama toda la noche inquieta. No consigo sacar de mi cabeza la mirada en la
cara de Nico, cuando me arrodillé ante él. Es una con la que estoy muy
familiarizada. Dolor. Vergüenza. Autodesprecio. Ese momento que vuelve a
atormentarte cuando menos lo esperas. Justo cuando piensas que finalmente has
encontrado una manera de enterrarlo en algún lugar profundo de ti mismo, levanta
su fea cabeza y luego vuelves al punto de partida. Vuelves a revivir el dolor. El
arrepentimiento. La culpa. Y la curación tiene que empezar de nuevo.
132
Página
Nico
Traducido por Flochi

Corregido por Brisamar58

N i siquiera noto que mis nudillos están sangrando hasta que la voz
fuerte de Preach aparta mi atención del saco de boxeo. Son las cinco
de la madrugada y he estado con esto por horas. Sin importar cuán
fuerte lo haga, no puedo cansarme lo suficiente para cerrar mis ojos y no ver su cara.
La cara que me perseguirá por el resto de mis días.
—¿Has estado en esto toda la noche? —Es la primera vez que Preach me ha
hablado desde la pelea. Me ha gritado y criticado, pero no ha dicho nada que
requiriera una respuesta hasta ahora.
—Algo.
—Estás llenando de sangre todo el saco. Ve a ponerte hielo. —Le importa
una mierda el saco, es la manera de Preach de decirme que no sea tan duro conmigo
mismo.
Bajo la mirada a mis manos y veo el desastre que he hecho por primera vez, a
pesar de que siempre estuvieron en mi línea de visión. Hay cortes y sangre
cubriendo los nudillos y la mayoría de mis dedos. Unos cuantos están hinchados al
doble de su tamaño y estoy seguro que están rotos. Pero no siento dolor alguno.
Quiero sentirlo, pero estoy adormecido.
Me dirijo a la pequeña cocina del gimnasio en la esquina y envuelvo mis
nudillos en hielo. No me molesto en limpiar la sangre de mis manos manchadas.
Preach me sigue y ofrece una botella de agua y tres pastillas.
133

—Tómalas.
Página
Sé lo que son sin preguntar. Una potente pastilla para dormir y dos
analgésicos. Mi coctel preferido durante casi tres meses después de mi última pelea.
Preach las arrojó todas unas noche, al menos creí que lo hizo, cuando llegué al punto
de la autocompasión que ya no podía funcionar sin un puñado. Las estaba devorando
como un niño con una bolsa llena de M&M. Cuando me las quitó, me costó diez
grandes. Diez grandes costó la reparación cuando destrocé mi propio gimnasio
enojado porque el maldito médico no me daría una receta nueva para reemplazar lo
que Preach tomó. Me sorprende que me las esté ofreciendo ahora.
Preach empuja su mano acunando las pastillas en mi dirección.
—Maldita sea, Nico, toma las malditas cosas. Necesitas dormir, tu cuerpo
necesita descansar y esa estúpida cabeza tuya no va a apagarse el tiempo suficiente
para lograrlo. Tómalas como se supone que deben tomarse, un día o dos para sanar,
no como malditos dulces.
Agresivamente, tomo las pastillas y las trago y dejo a Preach allí parado con
la botella de agua sin abrir en su mano.
Algunos de los clientes habituales están comenzando a llegar ahora y gritan
sus felicitaciones en mi dirección. No quiero escucharlos, no merezco los buenos
deseos de nadie.

134
Página
Elle
Traducido por LizC

Corregido por Taywong

D espués de no haber escuchado de Nico anoche después de la pelea o


todo el día de hoy, me dirijo a su gimnasio después del trabajo. No
ha respondido a mis mensajes y mis llamadas van directamente al
buzón de voz. O me está ignorando o su teléfono está apagado. Todo lo que necesito
es asegurarme que está bien. La preocupación ha estado creciendo dentro de mí todo
el día y me encuentro casi trotando desde mi auto a la entrada del gimnasio.
El recepcionista habitual me reconoce y le pregunto si Nico está por ahí. Mi
preocupación acelera cuando me dice que no lo ha visto en todo el día. Ahora estoy
empezando a preguntarme si yace inconsciente en alguna parte con una lesión
cerebral sin diagnosticar debido a la lucha.
Preach me ve y llama mi atención en su dirección con un fuerte silbido y un
movimiento de cabeza. Él está sosteniendo la bolsa pesada mientras que un hombre
sin cuello está golpeándola y pateándola tan rápido que parece que está teniendo un
ataque.
Me dirijo a Preach y el chico sin cuello deja de golpear la bolsa y me ofrece
una sonrisa lasciva. Es una sonrisa y una mirada que me hace querer ducharme.
Inmediatamente.
—Es la chica de Nico, imbécil. Si te atrapa mirándola así, vas a tener que
buscar un gimnasio nuevo. Después de pasar diez minutos buscando tus dientes. —
El tono de Preach no es juguetón cuando habla.
135

Le doy una media sonrisa a Preach.


—¿Has visto a Nico? No ha respondido a mis llamadas en todo el día.
Página
—Lo dejé dormido en la cama esta mañana. —Preach me mira y luego de
nuevo a hombre sin cuello—. Piérdete por diez minutos.
Sin queja, el hombre sin cuello desaparece. Si no estuviera alterada,
probablemente encontraría extrañamente divertido el poder que Preach tiene sobre
hombres dos veces su tamaño.
—¿Tuviste que dejarlo dormido en la cama? ¿Está bien?
Preach saca una toalla de su bolsillo trasero y limpia sus manos mientras
habla.
—Tiene algunos problemas, Elle, ya sabes eso, ¿verdad?
—¿Te refieres a lo que le impidió volver a la jaula?
—Sí, eso. Bueno, lo encontré intentando agotar su cuerpo para dormir un
poco. Es cómo se ocupa de esas cosas. Entrena. Duro. Demasiado duro a veces.
Creo que había estado allí toda la noche. Se jodió las manos. Sanarán. Pero aparte de
eso, creo que lo peor de todo está en su cabeza. Puedo arreglar el cuerpo. No puedo
arreglar lo que hay aquí. —Preach apunta un dedo suavemente sobre su sien.
—¿Y cómo hiciste para que durmiera?
—Drogas —afirma Preach de manera natural y sin remordimiento.
—¿Le diste drogas?
—No me mires como si fuera el diablo. Son sus drogas. El doctor se las
recetó después de la última pelea. Empezó a tomarlas demasiado seguido, así que se
las quité. Pero las necesitaba esta mañana, así que le di lo suficiente para dormir. El
muchacho tiene más energía que cualquiera que haya conocido alguna vez cuando
está de racha. Pero cuanto más larga sea la racha, más difícil será la recuperación.
Esta vez la corté rápido.
—¿Ha dormido todo el día?
—No lo he visto, así que supongo que sí. No he ido a comprobarlo.
—Voy a comprobarlo.
Preach asiente.
—Estoy seguro que a él le gustará eso mucho más que yo lo despierte.
136
Página
Nico está tendido diagonalmente sobre su cama, boca abajo sobre su
estómago. Todavía lleva los pantalones cortos de la pelea de la tarde anterior.
Observo su espalda subir y bajar. Y el alivio me inunda al comprobar que todavía
está respirando.
En silencio, vuelvo a salir de la habitación y cierro la puerta una vez más. No
quiero despertarlo después de lo que me dijo Preach. Encuentro un bolígrafo y un
papel en el cajón de la cocina y le dejo una nota sobre la mesa.
Pasé a comprobar como estabas, no quise despertarte. Dulces sueños. Elle.

Son casi las diez de la noche cuando el teléfono suena. Lo agarro de la mesa
con ansiedad.
—Hola.
—Hola. —La voz de Nico suena aturdida y como si estuviera recién
levantado.
—¿Acabas de despertar? —Si así era, esas definitivamente son unas drogas
poderosas porque él había estado fuera por casi dieciséis horas seguidas.
—Sí.
—¿Cómo te sientes?
—Estoy bien. —La inflexión de Nico me dice que no quiere hablar de eso.
Parece que conseguiré las respuestas con el mínimo de palabras otra vez.
—¿Hay algo que pueda hacer?
—Dije que estoy bien, Elle. —No me pasa desapercibido que usa mi nombre.
Me convertí en “nena” para él la primera semana que lo conocí. No debería ser
significativo, pero por alguna razón el simple cambio me hace sentir que hemos
dado un paso atrás. Y su tono, intento no sentirme ofendida. Recuerdo que la gente
intentó ayudarme cuando todavía no estaba lista para aceptarlo. Simplemente me
molestaba. Pero, aun así, no puedo dejar de sentirme decepcionada de que vuelva a
dejarme fuera junto a todos los demás.
—Bien.
Hay un incómodo silencio que se interpone entre nosotros. Algo que nunca
137

antes he experimentado con Nico. Mi estómago se retuerce, pero espero que hable
primero.
Página
—Tengo que prepararme algo para comer. Te llamaré mañana.
Actúo como si nada estuviera mal, aunque siento que mi corazón se rompe
con sus palabras. Me está dejando fuera.
—De acuerdo. Hablaremos mañana. —Hago todo lo posible para sonar
optimista cuando me siento cualquier cosa menos eso.
Por primera vez, me doy cuenta que realmente me he enamorado de Nico
Hunter.

138
Página
Nico
Traducido por LizC

Corregido por Taywong

M e está matando mantenerme alejado de Elle. Ella es todo en lo que


puedo pensar, pero no quiero que me vea de esta manera. Débil.
Asustado. Ya ni siquiera puedo pelear. Pensé que había superado
todo, seguido con mi vida después de más de un año de funcionar con normalidad.
Pero las pesadillas han vuelto. No puedo dormir y el maldito Preach no me dará más
pastillas.
Sabe que la he estado evitando. Estoy arruinando lo único bueno que he
encontrado en mucho tiempo, porque tengo miedo de cerrar los ojos y ver su rostro.
Él me persigue. Me atormenta por lo que le hice, pero maldición, me lo merezco.
Estoy al otro lado del gimnasio escuchando una de las conferencias de Preach
por centésima vez, cuando ella entra. No la estoy esperando, no escucho la puerta
abrirse ni el sonido de su voz, pero de alguna manera siento su presencia. Me doy la
vuelta y la busco. Nuestros ojos se encuentran como imanes. Mierda, es hermosa. La
amo cuando lleva puestos esos malditos trajes prístinos. Su rostro se ve aprensivo al
principio, como si no estuviera segura que aparecer sin ser anunciada fuera
bienvenido. Jesús, le hice eso. Le hice sentir que puede no ser bienvenida a este
sitio. Qué completo idiota soy.
Me sonríe desde el otro lado de la habitación y no puedo evitar sentir la
primera luz que he sentido en días. La observo mientras se acerca y veo que su
expresión tambalea cuando me echa una buena mirada. Estoy hecho una mierda. No
me he afeitado desde antes de la pelea y mis ojos están oscuros de noches sin
139

dormir. Estoy bastante seguro que he estado usando la misma camisa por lo menos
treinta y seis horas seguidas y me pregunto si también podría oler mal.
Página

—Hola. —Veo la preocupación en sus ojos cuando me alcanza y habla.


—Hola.
—Pensé que, si no te preguntaba, no me podrías decir que no viniera. —Me
sonríe con aprehensión y me dan ganas de acercarme y besarla tan fuerte que nunca
dude que la quiero cerca de mí. Pero no lo hago. En vez de eso, me paro ahí como
un idiota y no digo nada, solo asiento como si pudiera comprender lo que en realidad
está sucediendo en su hermosa cabeza.
—Preach, ¿te importa si te lo robo un momento? —Ella se gira hacia el
bastardo que me estaba destruyendo verbalmente hace un minuto, quien ahora es
todo sonrisas para ella.
—Por supuesto, llévatelo. Puedes quedártelo para todo lo que me importa. —
La segunda parte es murmurada en voz baja a medida que Preach se aleja, pero
ambos lo escuchamos.
—¿Podemos subir y hablar? —Su voz es baja, dulce.
Asiento y guio el camino. Bajo la puerta del elevador hasta mi ático y de
repente solo somos nosotros dos y el vagón se siente pequeño. Huele jodidamente
bien. Todo en ella es bueno, a diferencia de mí. Me odio por quererla tanto, aunque
ella se merece algo mejor.
Deja su bolso en la encimera de la cocina y se toma unos minutos antes de
girarse para encararme. Pero cuando lo hace, se ve nerviosa.
—Quiero que hables conmigo. No me dejas entrar. —Su voz es temblorosa,
pero cuando la miro, cuadra sus hombros y saca coraje para lo que sea que tiene
pensado.
—No quiero hablar, Elle. —¿Qué quiere que le diga? ¿Que necesito tiempo
para enfrentar los demonios en mi cabeza? ¿Los demonios que merezco
atormentarme cada hora de cada día por el resto de mi vida?
Da dos pasos hacia mí, deteniéndose justo delante de mí.
—Puedo ayudar… y hay consejería de duelo… y grupos que ayudan a la
gente a pasar por cosas como esta.
Mi respuesta es una risa sardónica y puedo ver inmediatamente que es la
reacción equivocada. El rostro de Elle cambia rápidamente de preocupado a
enfadado. Cruza sus brazos delante de su pecho y parece que está lista para una
140

pelea.
—¿Crees que es gracioso que quiera ayudar?
Página
—No, creo que es gracioso que creas que puedes ayudar.
—Puedo ayudar. Pero tienes que dejarme hacerlo.
—Elle, corre mientras puedas hacerlo. No puedes arreglarme. No soy un
proyecto para que asumas como caridad. Estarás mejor con alguien que sea más
como tú.
Sus ojos se abren como platos.
—¿Más como yo? ¿Qué significa eso? ¿William? ¿Es eso lo que me estás
diciendo, que debería volver con alguien como William? —Su voz es cada vez más
fuerte con cada respuesta.
La mención del nombre de William de los labios de Elle me golpea más
fuerte que cualquier golpe físico. Pensar en ese niño bonito remotamente cerca de mi
Elle, me hace escupir espuma por la boca. Estoy enojado. Enojado solo por
escucharla decir las palabras. Pero tal vez es ahí donde pertenece en realidad.
—¿Quieres a William, Elle? —pregunto hirviendo, las palabras poniéndome
enfermo al incluso tener que decirlas.
—Te quiero a ti. ¡Quiero ayudarte, maldita sea!
—No puedes ayudarme, Elle. Estoy jodidamente roto. Maté a un hombre.
Con mis propias manos, le quité la vida a otra persona. Solo un monstruo hace eso.
Un monstruo que se pudrirá en el infierno. Maldición, ¡es donde pertenezco!
—¡Fue un accidente! —Nos estamos gritando ahora. Completamente y
totalmente gritando a todo pulmón, cada uno intentando conseguir plasmar nuestro
punto al gritar más fuerte.
—Fue mi mano la que asestó el golpe que lo mató. Eso no es un accidente, es
asesinato. Y los asesinos son irredimibles.
Elle me mira y se pone tan pálida como un fantasma. Por un segundo creo
que podría desmayarse.
—¿En serio crees que no hay perdón en lo que pasó? —Ya no está gritando,
su voz es baja y se rompe a media frase.
—¿Perdón de quién, Elle? La única persona que podría concederme la
absolución está muerta.
141

Las lágrimas fluyen por su rostro cuando corre fuera de mi ático y abre la
puerta del ascensor bruscamente.
Página
La observo cuando presiona frenéticamente el botón para escapar. Está
desesperada por alejarse de mí, y no la culpo ni un poco.

142
Página
Elle
Traducido por Rihano

Corregido por Taywong

N o tengo idea cómo siquiera llegué a casa. Las lágrimas empañaban


mi visión terriblemente, apenas podía ver. El pánico me controla
mientras pienso en lo peor que podría haber sido esto. La única
salvación es que nunca llegué a cumplir mi plan de decirle a Nico por qué puedo
ayudarlo, qué es lo que me hace tan únicamente calificada para comprender lo que él
está pasando. Sollozo a medida que recuerdo sus palabras una y otra vez en mi
cabeza. “Fue mi mano la que asestó el golpe que lo mató. Eso no es un accidente, es
asesinato. Y los asesinos son irredimibles”.
No sé por qué pensé que éramos iguales. No lo somos. Soy mucho peor. Sin
embargo, cree que él es un monstruo por lo que hizo… y lo que le pasó fue en
realidad un accidente. A diferencia de mí. Soy la única que es irredimible. Si se odia
tanto por lo que hizo cuando no tuvo la intención de que pasara, ¿qué pensará
cuando averigüe sobre mí? Lo mío no fue un accidente.
He suprimido las emociones por tanto tiempo, que es como un maldito
derrumbe cuando las lágrimas empiezan a llegar. Me inundan como aguas furiosas.
Incontrolablemente, lloro y lloro hasta que al final siento que me estoy ahogando y
el sueño me lleva a medida que me rindo, mi mente esperando encontrar la paz al
descansar.
—Estúpida puta. Te dije que no fueras corriendo a la casa de tu hermana
otra vez. —Mi padre agarra un puñado del cabello de mi madre y la empuja con
todas sus fuerzas, enviando a mi ya frágil madre al otro lado de la habitación. La
143

olla sobre la estufa hace un sonido fuerte cuando golpea contra la cocina. El rostro
de mi madre ya tiene moretones en negro y azul de la última vez, y su nariz
Página
probablemente está rota. Aunque no puede estar segura ya que dejó de ir al doctor
hace unos años. Los doctores hacen demasiadas preguntas.
—¿Creíste que no te encontraría, puta sin valor? Siempre voy a encontrarte.
¿Cuándo vas a aprender tu maldita lección? —Mi padre da dos largas zancadas
hacia mi madre y ella pliega su cuerpo en una bola para protegerse, preparándose
para lo que sabe es inevitable. Observo cuando él echa hacia atrás su pierna y la
patea en el costado con toda su fuerza. Su cuerpo cae a un lado, pero aún está
acurrucada en una bola, sus diminutos brazos estirados para cubrir su propia
cabeza.
No es difícil para mi padre levantar a mi madre, mide un metro ochenta y
tres de alto y muy por encima de los noventa kilos, y ella es diminuta. El año pasado
ha sido tan malo que siguió perdiendo peso. Cree que no lo noto, pero lo hago.
Toda su ropa le queda demasiado grande y apenas come ya. Últimamente siempre
está triste.
Él estira una mano y la agarra del suelo por su cuello, levantándola erguida
y en el aire en un único movimiento rápido. Incluso cuando él está así de bebido, no
parece perder su fuerza. Algunas veces creo que esto le da más. Más poder. Más
odio. El mal que siempre está acechando en las profundidades encuentra su camino
a la superficie y es incluso peor. Casi como si el mal estuviera embotellado tanto
tiempo que explota cuando finalmente sale.
No siempre fue así. Mi padre no siempre fue el monstruo que es hoy. Lo
recuerdo llegando a casa del trabajo y sentándose en el sofá. Juguetonamente
jalaría a mi madre a su regazo cuando ella venía a traerle una bebida. Ella reiría y
se besarían. Yo pensaba que era desagradable. Pero daría cualquier cosa por
regresar a esos días ahora. Éramos felices. Y él no estaba bebido ni enojado todo el
tiempo.
Pero entonces las cosas cambiaron. Perdió su negocio y tuvimos que
mudarnos. Mudarnos de nuestra gran casa con el lindo y verde césped a un
pequeño apartamento con un pedazo de cemento por patio. Mi padre odió mudarse,
lo ponía en verdad furioso. Al principio solo gritaría mucho. Y bebería. Comenzó a
beber mucho. Algunas veces me levantaría para ir al colegio y él tendría licor en su
taza en lugar de café.
Entonces una noche mamá quemó la cena mientras estaba intentando darme
un baño al mismo tiempo. Y cuando papá vio el desastre, la cacheteó. Duro. Lo
144

recuerdo diciéndole que estaba malgastando su dinero. Ella lloró y se disculpó. La


siguiente mañana él aún estaba desmayado. Mamá me dijo que papá estaba bajo
Página

mucho estrés y no quiso lastimarla. Solo fue un accidente.


Pero luego pasó de nuevo. Y de nuevo. Y de nuevo. Y la paliza se volvió peor.
Las cachetadas se volvieron puñetazos, y los puñetazos se volvieron patadas. Hasta
que llegó al punto donde estaba golpeándola casi todos los días. Ella casi siempre
tenía moretones y no salía mucho ya. Tratamos de irnos unas cuantas veces. Pero él
siempre nos encontraba y nos traía de regreso. Se disculparía y diría que nunca
pasaría otra vez. Después cuando íbamos a casa, por lo general se volvía peor.
Como esta vez.
Los pies de mi madre estaban colgando y su rostro se estaba volviendo rojo
brillante. Tengo miedo y no sé qué hacer. Esta vez en realidad podría matarla.
—¡Detente! ¡Detente! Vas a matarla. —Le ruego a mi padre
desesperadamente. Las lágrimas están corriendo por mi rostro cuando agarro su
brazo, frenética por conseguirle aire a mi madre.
Él me da un revés y salgo volando por el aire, pero al menos me las he
arreglado para hacer que suelte su agarre mortal sobre su garganta.
Mi madre cae al piso, sus manos sosteniendo su cuello a medida que jadea en
busca de aire. Está haciendo un fuerte ruido sibilante con cada respiración,
mientras intenta llevar aire a sus pulmones frenéticamente. Mi padre se gira y me
mira, sentada donde he aterrizado después de su empujón. Sus ojos lucen oscuros y
enloquecidos, y comienzo a temblar. Nunca he estado tan asustada. Va a matarnos.
A ambas. Puedo verlo en sus ojos. Cualquier parecido a un hombre que quedara de
lo que solía ser mi padre se ha ido. Un monstruo lo ha reemplazado.
Creo que va a venir detrás de mí, pero entonces se gira. Su enfoque
regresando a mi madre, aún jadeando desesperadamente en busca de aire en el
piso. Con un brazo agarra su cabello en su puño y la alza una vez más, golpeándola
contra el refrigerador. Todo lo que está colocado arriba cae, algo de esto
aterrizando encima de mi madre. Pero eso no lo distrae. Manteniendo su cabeza
fija, con un puñado de cabello contra el refrigerador, inclina su cabeza hacia la de
mi madre, su una vez guapo rostro contorsionado hasta el punto de que ya no se
parece siquiera a él mismo.
—¿Qué te dije que haría si tratabas de irte de nuevo, estúpida puta? Todo
esto es tú culpa. Te ocasionaste todo tú misma, perra sin valor. Eres basura.
Entonces, empuja su cabeza hacia atrás y la gira antes de golpear su puño
directo en su mejilla. Escucho un crujido alto y no estoy segura si es el rostro de mi
145

madre o la mano de mi padre, pero el sonido me enferma. Físicamente. Vomito todo


sobre mí misma.
Página
Mi padre la golpea de nuevo y esta vez no hay crujido. Todo lo que escucho
es un ruido que suena como una foca aullando. Es mi madre, está llorando de dolor,
pero su voz aún está ida de cuando él la ahogó. Es un sonido horrible. Un horrible,
horroroso y enfermizo sonido. No puede respirar y el sonido se está volviendo más
desesperado, pero más bajo al mismo tiempo. Como si estuviera quedándose sin
tiempo. Jadea una vez más y escucho ese sonido otra vez. Es el más horrible ruido
que he escuchado en mi vida. Es también la última cosa que recuerdo hasta que la
explosión del arma me sacude.
Traté por meses de recordar lo que pasó. Recuerdo el sonido, a mi madre
intentando respirar. Luego recuerdo el disparo. Fue tan alto que lastimó mis oídos.
El zumbido no paraba. Recuerdo observar a mi padre caer y ver la sangre empezar
a derramarse de su cabeza. Había mucha sangre. Más de la que he observado a mi
madre limpiar de su propia sangre después de las palizas. Se encharca en un
círculo que solo se sigue poniendo más y más grande. Entonces el charco me
alcanza y comienza a colarse en mis pies desnudos. Pero no me muevo. No tengo ni
idea de dónde vino el disparo.
Hasta que miro hacia abajo y me doy cuenta que estoy sosteniendo la pistola
en mis propias manos.
Despierto sosteniendo mis oídos. Por un largo momento de hecho puedo
escuchar el zumbido. Es exactamente igual que ese día. Solo cuando me enderezo, el
sonido desaparece y la habitación queda en silencio. Espeluznantemente silenciosa.
Doy una palmada con mis manos solo para escuchar algo. Necesito estar segura que
estoy despierta y que el monstruo realmente se ha ido.

146
Página
Nico
Traducido por Vero Morrison

Corregido por LizC

H an pasado tres días y Elle aún no contesta mis llamadas. Sé que la


jodí, y entenderé si no quiere volver a verme, pero necesito verla.
Necesito disculparme por cómo la traté. Solo quería ayudarme y yo
estaba demasiado ocupado revolcándome en la autocompasión para aceptarlo. Soy
un completo idiota.
He llamado y enviado mensajes de texto. Las flores que intenté hacer que
entregaran fueron devueltas a la tienda dos veces porque nadie contestó. Golpeé su
puerta, disculpándome y pidiéndole que me concediera solo dos minutos. O ella no
estaba en casa o me odia tanto que ni siquiera va a desperdiciar el aliento en
rechazarme.
Tragándome el orgullo, finalmente me dirijo a su oficina. Solo necesito verla.
Me prometo que no haré una escena.
—Hola, Regina. —Trato de sonar relajado, en lugar del perdedor desesperado
que realmente soy.
—Hola, Nico.
Puedo decir por su expresión que sabe que sucedió algo. Intenta sonreír, pero
se ve triste.
—¿Está Elle? —Miro por encima del hombro de Regina, esperando verla.
—No, lo siento, no está.
147

A la mierda con sonar relajado. Estoy desesperado.


Página
—Por favor, Regina. Si te pidió que me dijeras que no está aquí, ve a decirle
que necesito verla.
Hay algo que creo que podría ser lástima en el rostro de Regina cuando
responde.
—Realmente no está aquí. Se tomó unos días de descanso.
—¿Se encuentra bien?
—Eso creo. Solo necesita tiempo. Hay mucho que no entiendes.
—Estoy enamorado de ella, Regina. Necesito verla. Decirle que lo siento. —
Hasta que las palabras salieron de mi boca, no me lo había admitido. Pero, maldita
sea, ni siquiera me asusta. Necesito arreglar esto. Mi propia mierda ya no es
importante. Solo necesito llegar a Elle.
Regina me mira a los ojos, evaluando mi sinceridad. Parece indecisa, pero
luego la veo sonreír y sacudir la cabeza.
—Va a patearme el trasero por esto. Pero, toma. —Garabatea algo en un
papel y me lo ofrece—. Su padrastro tiene una cabaña en Spring Grove. Se supone
que debo ir allí después del trabajo. —Voy a tomar el papel de su mano, pero lo
aparta y me mira—. Tienes hasta la medianoche. Si no me envía un mensaje para
pedirme que no vaya para entonces, iré y tú te marcharás. ¿Entendido?
—Entendido. —Haría un trato con el diablo para conseguir ese papel de su
mano.

Hago las tres horas en auto en poco menos de dos horas y media. La casa está
en medio de la nada, en un gran lago. Me molesta que esté aquí sola. La casa más
cercana está probablemente a dos kilómetros de distancia como mínimo. La puerta
interior está totalmente abierta, solo una puerta mosquitera mantiene fuera a los que
no son bienvenidos.
Llamo y me siento más vivo de lo que me he sentido en días cuando ella
responde. El solo escuchar su voz me trae una sensación de alivio. Grita desde algún
lugar en la distancia. Cree que soy Regina.
—¿Para qué estás llamando? Entra.
148

Abro la puerta y entro, mirando alrededor de mí.


—¿Lawrence estaba molesto porque no fui de nuevo? —Su voz viene desde
Página

algún lugar de la parte trasera de la casa, pero se está acercando—. ¿El viaje
estuvo…? —Finalmente rodea una esquina y se detiene en seco cuando me ve—.
¿Qué estás haciendo aquí?
—Convencí a Regina para que me diera la dirección.
—Pero… ¿por qué?
Avanzo en su dirección vacilante. No se mueve hacia mí, pero al menos
tampoco está corriendo hacia el otro lado. Me detengo cuando estoy frente a ella. No
está usando ningún maquillaje y parece que ha estado llorando recientemente. Soy
un completo idiota.
—Quería decirte que lo siento.
Elle no dice nada, está esperando que continúe.
—La otra noche, estuve fuera de lugar. Estabas intentando ayudar y fui… un
completo idiota contigo.
Sonríe sin ganas y asiente.
—Está bien. Lo entiendo. Estabas molesto. No debía haberte presionado.
Debería estar feliz al oírla decir que me perdona, pero es lo que no está
diciendo lo que me provoca una sensación vacía en la boca del estómago.
—¿Me darás la oportunidad de compensarte?
Me estiro para tomar su mano. Ella la mira y luego levanta la vista hacia mis
ojos, pero no me da la mano que estoy intentando alcanzar como si fuera una cuerda
salvavidas cuando comienzo a sentir que me hundo.
—No estoy enfadada contigo, Nico. Pero pensé en algunas de las cosas que
dijiste. Y tienes razón. Somos demasiado diferentes.
Mi corazón palpita desenfrenado en mi pecho. Olvidé que le había dicho que
estaba mejor con alguien más como ella. Jodido William. Esa fue su respuesta.
Quiero partir a ese imbécil aburrido en dos. Ni siquiera puedo mirarla. Necesito salir
con al menos mi dignidad intacta. Por lo menos me dejó decir mi parte.
—Está bien, Elle. —No intenta detenerme cuando doy la vuelta y me dirijo
hacia la puerta.
149
Página
Elle
Traducido por Kalired

Corregido por LizC

A la mañana siguiente me encuentro a Regina durmiendo en el sofá.


Traidora. Se despierta cuando estoy preparando el desayuno. De
acuerdo, tal vez no despertó, sino en su lugar la desperté golpeando
todas las ollas y sartenes que saqué. En realidad ni siquiera necesitaba sacar algunas
del armario. Pero simplemente parecían extra fuertes.
—¿Puedo entender que me odias esta mañana? —Regina entra en la cocina
frotándose los ojos—. Lo siento. Se veía tan triste y, pensé… pensé que tal vez había
una posibilidad de que pudieran resolverlo.
—¿No escuchaste lo que dije? Piensa que soy un monstruo. Un monstruo
irredimible. Y tiene razón.
—Dijo que él era un monstruo.
—Solo porque no sabe quién soy. Y vamos a mantenerlo así. —Miro a
Regina en confirmación y no se ve muy firme en su respuesta—. ¿Verdad, Regina?
Mi mejor amiga suelta un gruñido de frustración en respuesta antes de oír las
palabras que necesito oír.
—Por supuesto, sabes que nunca diría tus secretos.
Regina es mi amiga más confiable, pero estoy un poco aliviada al oír que
vuelve a comprometerse con nuestro voto de secreto. Tiene una gran debilidad por
Nico Hunter.
150
Página
La semana siguiente pasa en un borrón. Trabajo doce horas al día durante
siete días seguidos para alcanzar los tres días que pasé revolcándome en mi
autocompasión. Siempre hay mucho trabajo que hacer en mi pequeña empresa, pero
noventa horas en una semana no es realmente necesario y lo sé. Pero necesito
mantenerme ocupada. Odio volver a casa. No hay nada para hacer más que pensar.
Pensar en un hombre que hizo de mi constante y equilibrada vida una montaña rusa.
Una montaña rusa de emociones que había olvidado que era capaz de experimentar.
Mi vida fue simple antes que Nico Hunter entrara en ella. Con un trabajo
bueno, un chico agradable, y sin pesadillas. Durante diez años logré mantener mi
vida estable. Existía. Luego entró y de repente ya no era suficiente. Y lo quería.
Quería dejar de existir y empezar a vivir.
Finalmente. Pero debí haber sabido que no funcionaría. Incluso en mi grupo
de apoyo semanal, vi cómo las caras de las personas cambiaron una vez que
escucharon mi historia.

Es jueves por la noche y llego tarde para la reunión con William. Nos
reunimos con un cliente que compartimos en un restaurante. Es el último lugar
donde Nico y yo cenamos y solo entrar me llena de emociones. El recuerdo más leve
es todo lo que necesito.
William me saluda desde el bar cuando entro. No está sentado en una mesa
como normalmente lo está cuando me espera por llegar tarde.
—Hola. —Miro alrededor buscando a nuestro cliente—. ¿El señor Munley
está más retrasado que yo?
William se levanta y me besa en la mejilla y sonríe.
—No vendrá hasta las siete.
—Oh, pensé que era a las seis.
William sorbe de su copa.
—Eso es porque te dije a las seis. —Lo miro confundida, aunque en realidad
no tengo derecho a estarlo. Continúa—: A Munley no le gusta esperar, así que te
dije a las seis y a él a las siete, así no te estaría esperando. —William sonríe.
Estoy sorprendida, pero no debería estarlo. Sonrío a William y finjo que me
151

ofende.
Página

—¿Me estás acusando de llegar siempre tarde?


—En todos los años que nos conocemos, no creo que alguna vez hayas
llegado a tiempo. Olvidaste cómo nos conocimos. Era el que te permitía copiar mis
notas cuando llegabas media hora tarde a la clase todos los días.
Se está burlando, pero tiene razón. La única vez que recuerdo haber llegado a
tiempo fue cuando fui a ver a Nico. No podía esperar a llegar a él. El pensamiento
hace que mi humor decaiga.
Durante los próximos veinte minutos William y yo nos ponemos al día con
los clientes. No hemos pasado mucho tiempo juntos desde la noche en que Nico y
yo quedamos y me doy cuenta que realmente extraño la familiaridad. Nos
deslizamos fácilmente en nuestros papeles y nuestra conversación es ligera y
constante, casi como si la continuáramos exactamente donde lo dejamos. Mi estado
de ánimo se aclara ligeramente.
Entonces algo cambia en el aire. Es una sensación que acelera mi corazón y
hace que mis palmas suden y miro alrededor para ver si solo soy yo o si todo el
mundo también parece notarlo. Y luego lo veo. Está a seis metros de distancia y
lanzando dagas directamente en mi dirección. Me quedo sin aliento cuando nuestros
ojos se encuentran y veo esa mirada en sus ojos. Está enojado y enloquecido, y mi
cuerpo traidor responde a él, aunque obviamente soy lo último que quiere ver.
Nos miramos el uno al otro por un minuto entero. Ninguno de los dos
intentando cerrar la distancia entre nosotros y no decimos ni una palabra. Cuando los
ojos de Nico finalmente liberan los míos, observo cómo se desplaza de mí a William
y de vuelta a mí. Luego se gira y sale del restaurante, y por un segundo creo que lo
he imaginado todo.
—¿Supongo que ustedes dos no se están viendo más? —Las palabras de
William confirman que mi visión era real y que no estaba en mi cabeza.
Me obligo a volver mi atención a William y sacudo mi cabeza negativamente.
Ni siquiera puedo decir las palabras en voz alta. Aunque estoy frente a él, estoy
demasiado perdida en mis pensamientos para poder registrar el significado en mi
cerebro de la pequeña sonrisa que aparece, por una fracción de segundo, en la boca
de William.
Estoy bajo una nube de neblina durante la cena. Por suerte William toma la
iniciativa y no creo que nuestro cliente ni siquiera se dé cuenta. Intento participar en
la conversación, pero encuentro mis pensamientos huyendo a otro lugar, y todos
152

conducen a un lugar. Nico Hunter.


Página
Nico
Traducido por âmenoire

Corregido por LizC

P uedo ver el rostro de ese abogado idiota en el saco a medida que lo


golpeó. Es jodidamente afortunado de que no arrastrara su engreído
trasero de vuelta aquí y lo colgara de la cadena en lugar del saco.
—¿Vas a dejar de comportarte como un mocoso mimado e irás tras tu chica?
—Preach tiene suerte de que sea mayor o también patearía su trasero.
—Ya no es mi chica. —Golpeo fuertemente el saco con una izquierda y luego
una rápida derecha. Mi nudillo se desplaza de su lugar, pero el dolor se siente
demasiado bien para detenerse.
—Tal vez te has vuelto débil. —Preach se para detrás del saco mientras
habla. Movimiento inteligente.
Dejo de golpear para responder.
—Ya no quiere verme. ¿Cómo me hace eso débil? —Mis palabras son
enojadas, casi violentas y mis puños a mis costados están fuertemente cerrados. Pero
Preach no se encoge. El anciano tiene bolas de acero.
—El Nico que conozco es un luchador. ¿Acaso ella no vale la pena? —Preach
me golpea con su último puñetazo verbal y se aleja.

Mi mente está nadando en pensamientos a medida que me baño. Siento que


153

podría explotar. Verla esta noche jodió con mi cabeza. Por un segundo pensé que
tendría una oportunidad. ¿Por qué otra razón me hubiera dicho Regina que fuera al
restaurante? ¿Quería verme golpear a William? Y podría haber jurado que hubo algo
Página

en los ojos de Elle cuando también me vio. Pero, permaneció ahí… junto a él… y
me dejó salir por la puerta de nuevo. Me dejó ir. Maldición, Preach tiene razón,
estoy siendo un maldito cobarde. Terminé de dejar que ella tome las decisiones. Ella
lo vale… vale la pena.

Es casi media noche cuando llego a su puerta. Si ese idiota está adentro, temo
lo que podría hacer. Pero ya no quiero mantenerme al margen. Tengo un montón de
equipaje que ella no merece, pero puedo llevarlo por ambos. No voy a darme por
vencido sin pelear. Golpeo la puerta y espero.
Después de unos cuantos minutos, la puerta se abre y me siento aliviado de
ver que parece que ella ha estado durmiendo. Me mira y por un minuto solo nos
quedamos ahí, ninguno de los dos dice ni una palabra. Luego lo capto. Esa es la
diferencia de un buen luchador y un luchador genial. Leer los ojos de tu oponente y
encontrar una abertura. E ir por ella. Así que lo hago. Voy por ello.

154
Página
Elle
Traducido por Vero Morrison y Magnie

Corregido por Bella’

P or un segundo pienso que debo estar soñando. Se ve tan hermoso ahí


de pie, un espécimen masculino perfecto. Solo quiero caer en sus
fuertes brazos y dejar que bloquee todo lo demás para mí por un
momento. Es egoísta quererlo y lo sé. Pero de repente el latido de mi corazón está
retumbando en mi pecho y cada vello de mi cuerpo está de nuevo en alerta.
Ninguno de los dos dice nada por un momento. Luego viene hacia mí. Y creo
que va a besarme, pero en vez de eso se agacha y me levanta en sus brazos,
acunándome mientras entra en mi apartamento y patea la puerta para cerrarla detrás
de él.
No deja de moverse ni me baja hasta que llegamos a mi habitación. Me
acuesta con cuidado en el extremo de la cama. Nos miramos fijamente a medida que
se alza por encima de mí. Quiero tocar su mandíbula. Pasar mi dedo por la
cuadratura de ésta y sentir la barba incipiente cosquillear bajo mi dedo. Sus pálidos
ojos verdes me observan. Me observan mirarlo. Con avidez, dejo que mis ojos
absorban cada centímetro. Lo devoro de la cabeza a los pies. Mi cuerpo ansía que
me toque. Que esté dentro de mí otra vez.
Cuando mis ojos llegan de nuevo a los suyos, la palidez es reemplazada por
un gris tempestuoso. Hay un enorme nudo en mi garganta. Está bloqueando el paso
de las lágrimas que estoy conteniendo. Tengo miedo de hablar por temor a que la
represa se abra de nuevo y esta vez no seré capaz de nadar hasta la superficie en
busca de aire, me ahogaré en mis propias lágrimas.
155

Nico se inclina lentamente, sus ojos nunca dejando los míos, mientras se
acerca para apoyarse sobre mí. Con una mano a cada lado de mi cabeza, mantiene la
Página

cabeza hacia atrás para que así podamos mirarnos, pero su cuerpo está cubriendo
completamente el mío. Ya no puedo moverme, incluso si quisiera hacerlo. Pero no
quiero hacerlo de todos modos. Dios, lo extrañé. La sensación de su cuerpo duro
como una roca contra mis suaves curvas. Estar bajo el poder absoluto del hombre.
—Mía. —Es la primera palabra que me dice y la última antes de que sus
labios se estrellen contra los míos con el más salvajemente sensual, seductor y
posesivo beso que jamás he tenido. Una de sus manos serpentea alrededor de mi
nuca y me atrae hacia él con más fuerza. Siento la inexplicable necesidad de
ahuyentar cada molécula que hay entre nosotros, hasta que no quede nada más que
él y yo. Ser sostenida con más fuerza de la que alguna vez lo he sido no es
suficiente. Lo necesito dentro de mí. Que sea parte de mí. Ser un cuerpo inseparable
que comparte el aire que llena nuestros pulmones.
Ambos estamos jadeando a medida que buscamos aire, nuestras bocas aún
presionadas con fuerza contra la otra. Ninguno de los dos está dispuesto a soltar al
otro primero.
—Mía —repite la palabra con un gruñido. Las palabras vibran en mis labios y
siento que se extiende todo el camino hacia abajo hasta la carne ya hinchada entre
mis piernas.
—Tuya —respondo sin aliento.
Y luego es una carrera frenética para quitarnos la ropa. Nico levanta las
caderas solo lo suficiente para de alguna forma sacarse los pantalones. Tiene incluso
menos problemas para deshacerse de los míos. Siento su gruesa y dura longitud
contra mi piel desnuda y me hace temblar de anticipación. Siento mi propia
humedad entre mis piernas, mi cuerpo está listo para tomarlo incluso antes de que
mi mente se ponga al tanto de ello. Levantando las caderas de la cama, me inclino
hacia arriba lo poco que puedo moverme debajo de él, instándolo en silencio a que
me tome. Lo necesito ahora. En este momento.
—Dilo de nuevo.
Sé lo que quiere oír.
—Tuya —susurro en voz baja, cuando tomo su rostro con mis manos y
responde empujándose dentro de mí. Duro. Y profundo. Su boca cubre la mía de
nuevo, a medida que ahoga mi gemido con un suave beso que contradice la dureza
de su empuje.
156

Libera mi boca mientras aún está dentro de mí.


—De nuevo.
Página
—Tuya.
Nico echa las caderas hacia atrás y vuelve a penetrarme aún más fuerte. Me
extiende más y de nuevo se coloca entre mis piernas. No dice nada cuando se queda
quieto, pero no hay duda de lo que está esperando.
—Tuya.
Después de unas cuantas embestidas profundas más, que son recompensadas
con la palabra que necesita oír, Nico toma mis manos y las reúne, poniéndolas por
encima de mi cabeza. Sujeta mis dos manos con una de las suyas y se retira casi por
completo de mi interior, levantando su cuerpo del mío. Observo cuando se detiene
para mirarme. Me colocó en la posición que me quería y ahora está admirando su
trabajo.
Con las manos aseguradas fuertemente por encima de mi cabeza y las piernas
bien separadas para él, estoy total y completamente expuesta. No me pide que diga
la palabra de nuevo. No necesita hacerlo. Ve que yace ante su mirada.
Cierra los ojos y toma una respiración profunda. Por un instante se ve
calmado. Pero luego comienza a embestir dentro de mí. Cada empuje más profundo
y más rápido que el anterior. Nuestros cuerpos están cubiertos de sudor y cada
embestida hace un sonido de bofetada cuando nuestros cuerpos chocan contra el otro
con furia.
Nico gruñe con cada embestida y yo grito cada vez que se desliza fuera a
medida que encontramos nuestro ritmo juntos. Instintivamente, trato de moverme
para estirarme y tocarlo, pero el agarre que sujeta mis manos por encima de mi
cabeza se aprieta, manteniéndome en lugar. Me siento poseída, total y
completamente poseída por este hombre. Y es esa sensación la que me lleva al
extremo.
Gimo a través de mi orgasmo, sin vergüenza por lo que siento. Lo que él me
hace sentir. El cuerpo de Nico se tensa en respuesta a mi orgasmo y el calor de su
semen derramándose dentro de mí intensifica mi propia liberación.
Juntos nos entregamos furiosamente a los placeres de nuestros cuerpos;
fuertes sonidos obscenos proceden de ambos cuando nos damos cuenta que estamos
sintiendo el clímax juntos.
157

Despierto en la mañana con una cálida mano trazando la curva de mi columna


lentamente, mientras estoy acostada bocabajo, desnuda. Me contoneo un poco
Página

cuando alcanza la parte superior de mi trasero, sus dedos gruesos deteniéndose solo
por un segundo antes de continuar su asalto hacia abajo, abriéndose camino
suavemente entre las mejillas de mi trasero, trazando el contorno de mis partes más
privadas. Suelto una risita cuando continúa su rastreo debajo de mí, encontrando mi
clítoris aún hinchado.
—Shh. —La voz de Nico es suave ahora. Tan diferente del hombre exigente
que vino a mí en medio de la noche para reclamar su derecho. Se inclina sobre mi
espalda y besa mi nuca suavemente, dejando un dulce rastro de humedad desde la
nuca hasta mi oreja—. Te quiero. —Su voz es baja y ronca en mi oído y suena
increíblemente erótico.
—Entonces tómame —susurro con un pequeño gemido, cuando sus dientes se
hunden en mi oreja.
—No. Quiero que te entregues a mí. Te quiero a ti, Elle. Todo de ti.
Me doy la vuelta para mirarlo y es como si fuera la primera vez que lo veo, a
pesar de que nos quedamos dormidos hace solo unas horas. Su cabello está
desordenado y tiene el indicio de una barba en su mandíbula masculina. La visión
me roba el aliento. Levanto la mano y acuno su mandíbula, pasando el pulgar por su
mejilla donde sé que se esconde un hoyuelo justo debajo de la superficie.
Nuestros ojos se encuentran y me doy cuenta que luce serio. No está siendo
juguetón. Quiere que me entregue a él y no solo en la cama en este momento.
—Quiero hacerlo… pero no estoy segura que pueda —respondo con
honestidad.
Nico cierra los ojos y creo que lo he lastimado otra vez. Ya no puedo soportar
hacerle daño a este hombre. Pero luego los abre y me sorprende.
—Vamos a trabajar en ello. Juntos.
Una lágrima solitaria escapa de mi ojo y Nico la seca antes de entregarme a
él, de la única manera en que puedo en este momento. Y toma lo que le doy,
haciéndome el amor dulcemente cuando más lo necesito.

No nos levantamos de la cama en todo el día, recuperando el tiempo perdido.


Extrañé estos momentos tranquilos en los que solo nos quedamos acostados en la
cama, con mi cabeza apoyada en la curva de su amplio hombro a medida que
158

acaricia mi cabello muy suavemente con su gran mano. Paso el dedo de ida y vuelta
por su esternón, sintiendo distraídamente los bultos y las curvas de las paredes de
Página

sus gruesos músculos a lo largo del camino. Estoy feliz, pero hay una sensación
persistente acechando justo debajo de mi alegría. Sé que hay cosas de las que
tenemos que hablar, cosas que arruinarán todo. Pero solo quiero permanecer en el
aquí y ahora durante un rato más. Me encanta la forma en que me mira, y
egoístamente no quiero que eso cambie. Pero sé que lo hará cuando se entere.
Percibiendo mi distancia, Nico levanta mi barbilla para que así lo mire a los
ojos.
—Lo siento, nena. Sé que todavía tenemos que hablar.
Me entra el pánico, desesperada por ser nosotros un poco más.
—Primero tienes que alimentarme. —Le lanzo una sonrisa torcida. En ese
preciso momento, el estómago de Nico gruñe y simplemente así, obtengo un respiro.
Al menos por un rato.

Como de costumbre, Nico me levanta y me sienta en la encimera mientras


cocina. Estoy usando su camisa y viendo al hombre pecaminosamente sexy caminar
alrededor de mi cocina en solo sus pantalones, el botón superior, por cierto, todavía
está abierto. Es una paradoja ambulante con los músculos marcados de su pecho
expuestos a medida que se mueve alrededor de la cocina descalzo, casi con gracia,
arrojando huevos en un tazón para batir con otras cosas que ni siquiera sabía que
tenía en mi refrigerador. Me pasa en su camino a la estufa y planta un casto beso en
mis labios. Delicioso.
Ambos devoramos todo en nuestros platos. De hecho no me había dado
cuenta de lo hambrienta que estaba hasta que la comida estuvo justo delante de mí.
Todo lo que Nico me ha cocinado ha sido mejor que lo servido en un restaurante.
Aunque en realidad no estoy muy segura si mi opinión está justamente sesgada
sobre cualquier cosa relacionada con Nico Hunter o si es que él es un gran cocinero.
Pero realmente no me importa. Me gustaría verlo cocinar sin camisa en mi cocina
todos los días, incluso aunque la comida supiese a podrido.
Le digo a Nico que se relaje y comienzo a limpiar nuestros platos y cargar el
lavavajillas, pero él me ayuda de todos modos.
—Tú cocinaste, no tienes que ayudarme a limpiar. —Le sonrío—. Además,
es en lo único en lo que soy buena en la cocina.
Nico viene detrás de mí mientras carga nuestros platos en el lavavajillas y se
159

inclina para besar la parte posterior de mi cuello suavemente.


Página
—Pero cuanto antes acabemos de limpiar. —Sus palabras se interrumpen a
medida que deja besos por mi cuello y hacia mi hombro izquierdo. Dejo que mis
ojos se cierren y disfruten el momento. Cuando finalmente continúa su pensamiento,
su voz es más baja y aterciopelada—. Más pronto acabaremos nuestra charla y
regresaremos a la cama.
Mis ojos se abren de nuevo y la realidad se estrella en mi estómago dando
vueltas. Ha habido días, incluso meses, llenos de pesar por los pecados de mi
pasado, pero nunca he odiado al hombre que arruinó mi vida más que en este
momento. Ya no me culpo. Lo culpo. Lo culpo por todo lo que pasó antes y por los
años que me quitó mientras luchaba por recuperar mi vida. Pero nunca lo he odiado
más de lo que lo odio ahora, porque está a punto de tomar otra parte de mi vida. La
forma en que Nico me mira.
No puedo demorar esto más. Pienso en lo que mi terapeuta me diría que
hiciera si estuviera sentada a mi lado, viéndome actuar como una cobarde. Diría que
arrancara la tirita. Que permitiera que la herida respire… para sanar. La peor parte es
la anticipación de las lágrimas, y no las mías.
Así que tomo una respiración profunda y llevo a Nico al sofá tranquilamente.
Se sienta y me jala encima de él, una pierna a cada lado de sus muslos, a horcajadas
sobre su regazo. No puedo tener esta conversación cuando estoy tan cerca. Necesito
distancia. Empiezo a levantarme sobre una pierna, intentando reposicionarme fuera
de él, pero Nico reafirma su agarre en mis caderas.
Lo miro confundida.
—Yo… solo me voy a mover…
—Sé lo que estás haciendo.
Mi cara debe mostrar mi confusión, porque Nico no espera a que responda.
—Quiero hablar aquí.
—¿Por qué? —En serio, estoy confundida por su acción… negándose a
permitirme poner espacio entre nosotros.
—Porque es más difícil que me evites cuando estoy frente a tu cara.
Y pensé que estaba haciendo un trabajo tan bueno al esquivar nuestra
conversación.
160

Cierro los ojos y respiro profundamente. Cuando los abro, Nico me está
mirando atentamente y eso lo hace mucho más difícil. Pero necesito hacerlo.
Página
Arranco la tirita y le muestro mis heridas. Las horribles heridas que he estado
llevando, sola, por más de la mitad de mi vida.
—Mi padre era abusivo. —Mis palabras son bajas, pero firmes. Puedo hacer
esto. Bajo la mirada, hacia el pecho desnudo de Nico a medida que hablo y
encuentro un pequeño punto de pecas a la derecha de su ombligo. Es tan pequeño
que no lo había notado antes. Pero ahora es todo lo que puedo enfocar. Mis ojos
están pegados a ellas. Las manos de Nico se endurecen. No estoy segura si piensa
que lo voy a echar a perder todo o si inconscientemente lo hace en respuesta al
comienzo de mi historia, pero de cualquier manera, de algún modo me ayuda. Saber
que me está sujetando fuerte me da la fuerza para continuar—. No conmigo. Solo
con mi madre. Se prolongó durante años. A veces nos íbamos pero él nos
encontraría y todo estaría bien por un corto tiempo. Pero luego volvería a empezar.
Froto la punta de mi dedo sobre la pequeña peca, el lento movimiento de ida
y vuelta me tranquiliza. Cuando era niña y mi padre empezaba a pegar a mi madre,
me sentaba en mi cama y me balanceaba. Me balanceaba de ida y vuelta. Y de
alguna manera me calmaba.
Nico no dice nada, solo mantiene su fuerte agarre en mí y se sienta en
silencio. Esperando y escuchando.
—Todo empeoró. Una noche la golpeó tanto que no se levantó de la cama por
más de tres semanas. Tenía la nariz rota y los dos ojos estaban tan hinchados que se
estremeció cuando entré en su dormitorio, porque no podía estar segura si era yo o si
era él. —Mi voz se quiebra, pero no lloro. Solo desearía poder contar la historia sin
revivir la imagen en mi cabeza. Las pocas veces que he contado la historia en voz
alta, siempre es lo mismo. Estoy de vuelta y estoy narrando lo que veo en mi cabeza,
dando jugada-por-jugada, como si la pequeña niña ni siquiera fuera yo—. A los
veintitrés días, se levantó de la cama. Las magulladuras comenzaban a sanar y su
rostro era en su mayoría gris y amarillo. La hinchazón también había bajado. Se paró
en la cocina y me preparó una lata de sopa. Era de Campbell. Pollo y arroz. La puso
en el tazón de rayas marrón y blanco del que me encantaba comer. Recuerdo haber
pensado que era la mejor cosa que nunca comí.
Me callo un minuto a medida que veo a mi madre, me siento a la mesa y
comemos sopa juntas. Esto se repite en mi cabeza como si realmente estuviera justo
delante de mí. Me sonrió y le devolví la sonrisa. No hizo las cosas mejor, pero
recuerdo que pensábamos que íbamos a estar bien. Tuve una extraña sensación de
161

alivio cuando estuvimos sentadas allí y comimos en silencio. Durante tres semanas
debí estar caminando con los hombros tensos, pero no me di cuenta hasta que los
Página

sentí aliviados cuando terminamos nuestra sopa.


Mis hombros se relajan un poco. Entonces tomo una respiración profunda,
sabiendo lo que vendría después.
—Luego él volvió a casa. Todavía estábamos sentadas en la mesa, nuestros
platos de sopa todavía delante de nosotras cuando entró tambaleándose. Siempre
estaba ebrio. Y enojado.
Cierro los ojos y lucho contra mis lágrimas. Sé lo que viene a continuación,
lo he visto en mi cabeza mil veces, pero cada vez es tan difícil de ver como la
primera. Nunca es más fácil. No estoy segura de cuánto tiempo me siento allí en
silencio, intentando no dejar caer mis lágrimas. Ni siquiera me doy cuenta que he
dejado de hablar y me he ido a otra parte hasta que escucho la voz de Nico.
—No tienes que continuar, Elle. Solo déjame abrazarte y olvidar el pasado.
—Su voz es suave, amable y cuidadosa y se necesita cada onza de fuerza en mi
cuerpo para no ceder y solo dejar que me abrace. Que cuide de mí y haga que todo
desaparezca. Pero no puedo. Necesito arrancar la tirita.
Con mi mente de nuevo en el presente, encuentro la peca y la reclamo como
mi foco, continuando con lo que tengo que decir. Lo que necesito decir.
—Casi la mató esa noche. La levantó por su garganta y aplastó su tráquea. No
podía respirar. Pero eso no era suficiente. No se iba a detener. —Las lágrimas
empiezan a fluir de mis ojos, pero no dejaré que me impidan hacer lo que necesito
hacer—. No iba a parar. Solo la golpeaba una y otra vez. Y ella hizo este ruido. Este
horrible ruido porque no podía respirar. Estaba jadeando en busca de aire, luchando
con las pocas fuerzas que le quedaban. —Las lágrimas se convierten en sollozos y
siento que mi cuerpo comienza a temblar.
—Ven aquí, nena. —Nico intenta atraerme hacia él, pero no lo permitiré.
Necesito sacarlo todo.
Por primera vez desde que empecé a hablar, miro a Nico. Sus ojos están
doloridos y llenos de lágrimas sin derramar mientras me ve llorar y escucha mi
historia. Tomo una respiración más profunda y miro en sus ojos cuando hablo, mis
palabras salen tranquilas, pero su significado inequívocamente claro.
—Lo maté. Sabía dónde estaba su arma escondida y le disparé. —Los ojos de
Nico se ensancharon, no esperaba lo que dije—. Es por eso que lo sé. —Mi voz es
apenas un susurro—. Sé lo que sientes.
162

Lloro hasta que no quedan más lágrimas. No sé cuánto tiempo pasa, pero
Página

Nico me sostiene hasta que mi cuerpo queda devastado con el último sollozo y
lágrima. Y lo dejo. Por primera vez en mi vida, dejo a alguien más sostenerme,
aunque sea por un tiempo. Sostiene el dolor, la culpa y la carga, todo ello. Y con ese
peso sostenido por otro, me quedo dormida. Profundamente dormida.

163
Página
Nico
Traducido por LizC

Corregido por Bella’

E lle se remueve mientras duerme y aprieto mi agarre. No se ha movido


en horas, no desde que se quedó dormida en mis brazos. Me apoyo
lentamente en el sofá y la colocó encima de mí a medida que la
sostengo. Mis brazos están entumecidos por sostenerla con tanta fuerza, pero no hay
manera de que vaya a soltarla. Jamás.
Pensé que entendía lo que significaba sentir dolor, pero no tenía ni la más
jodida idea hasta que vi su cara. Ver su dolor hizo que cualquier cosa por la que he
pasado palidezca en comparación. Peor que un golpe en el pecho, el dolor es físico y
emocional. La necesidad de golpear algo es casi insoportable. ¿Cómo podría un ser
humano hacer eso a una mujer, mucho menos frente a una niña? Forzar a una niña
de doce años a defender a su propia madre a costa de tomar la vida de su propio
padre. No, no la vida de su padre. Ella tomó la vida de un monstruo, alguien que se
lo merecía. Solo desearía que fuera yo. Ojalá pudiera quitarle todo ese peso y dejar
que sea yo quien pasara por eso, no Elle.
Se ve tan tranquila cuando duerme. Estoy enfadado conmigo mismo por no
estar allí para ella cuando sucedió. En el fondo sé que es irracional odiarme por no
protegerla cuando ni siquiera la había conocido aún… pero no hace que el
sentimiento desaparezca solo porque el sentido común me diga que es imposible.
Cuando me congelé en la jaula y me dejé apalear, este pequeño ángel se
acercó para ayudarme, sabiendo que solo traería terribles cosas a la superficie otra
vez en ella. ¿Y qué hago cuando se expuso ahí fuera para mí? Básicamente le di la
164

espalda. Soy tan jodidamente egocéntrico… tan preocupado por mí mismo que la
alejé. Debe haber requerido de todo lo que tenía para tender su mano y tratar de
Página

ayudarme con lo que ella había soportado. Soy un completo idiota.


Elle
Traducido por Flochi

Corregido por Bella’

M e siento confundida cuando despierto. Ni siquiera recuerdo


quedarme dormida. Pero estoy acostada sobre Nico y me está
sosteniendo con tanta fuerza que por un momento olvidé lo que
sucedió anoche. Se lo conté. Y ahora nunca me mirará de la misma manera. Incluso
el terapeuta y amigos que he conocido en grupo cambian cuando escuchan mi
historia. Todos excepto Regina. Ella me entiende porque tiene su propia cruz que
soportar.
Algunos me miran con lástima, otros piensan que soy un monstruo… que no
hay justificación para tomar otra vida. Sé lo que piensan.
No tengo idea de la hora que es, pero el sol no está asomándose a través de la
ventana todavía, así que no debe ser de mañana. Intento cerrar mis ojos y me obligo
a volver a dormir, pero mi vejiga tiene otros planes para nosotros. Intento deslizarme
fuera de los brazos de Nico suavemente, pero estos se aprietan alrededor de mí y me
jalan de nuevo al lugar.
—¿A dónde crees que vas? —Su voz me toma por sorpresa, pensé que estaba
durmiendo.
—Tengo que ir al baño —respondo contra su pecho, no estoy lista para mirar
sus hermosos ojos verdes. Los que solían verme como si fuera especial, como si
quisiera devorarme.
El agarre de Nico se afloja y silenciosamente me pongo de pie sin decir otra
165

palabra y me dirijo al baño. Estoy asustada cuando me miro en el espejo. Mi rostro


está todo hinchado, colorado y enrojecido y hay manchas negras de maquillaje seco
Página
en mis dos mejillas. Mi cabello es un desorden enredado en un lado y del otro se ve
como si estuviera pegado a mi cara. Maravilloso.
Me lavo y hago todo lo posible para verme presentable, pero no hay mucho
que hacer con un rostro hinchado salvo tiempo… y tal vez un poco de hielo. Me
dirijo de regreso al sofá en la oscuridad donde espero encontrar a Nico, pero no está
allí. Por un segundo, me asusto y pienso que ya me ha dejado, pero entonces lo
escucho caminando detrás de mí.
—¿Baño o cama? Siento que voy a romper ese sofá femenino que tienes cada
vez que me muevo un centímetro. —Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura
desde atrás a medida que habla, y me toma un minuto darme cuenta lo que está
preguntando.
—Cama.
Estoy agradecida de que hayamos llegado al dormitorio sin encender ninguna
luz, no estoy lista para ver sus ojos. No estoy segura si estaré lista, pero estoy siendo
egoísta y solo quiero fingir que nada ha cambiado un poco más. Nico espera hasta
que estoy en la cama antes de subirse y entonces sube a mi lado. Acostado de lado,
envuelve sus brazos alrededor de mi cintura mientras me acuesto sobre mi espalda y
me acerca para acostarme a su lado. Estira su gran mano y aparta el cabello que se
ha escapado de la coleta que he asegurado. Frota su pulgar de arriba abajo por el
perfil de mi mejilla y mis ojos se cierran, relajándose ante su tacto, tan suave y
tranquilizante.
—¿Estás bien?
Pienso antes de hablar.
—No realmente.
En realidad no puedo ver su cara, pero lo siento asentir una vez, aceptando mi
respuesta.
Un largo momento de silencio pasa antes de que Nico vuelva a hablar.
—¿A qué le temes ahora?
Conozco la respuesta inmediatamente, pero pienso en cómo responder a la
pregunta de todas maneras. No intento limpiar las pocas lágrimas que caen por mi
cara, esperando que él no las note en la oscuridad. Pero el pulgar de Nico las atrapa.
166

Todavía no he reunido el coraje para responder a su pregunta, cuando vuelve


a hablar.
Página
—Temo no ser lo bastante bueno para ti. Que te arrastraré al infierno al que
pertenezco conmigo.
Las pocas lágrimas que han escapado se vuelven un ojo de tormenta y de
pronto el torrencial chaparrón golpea y no puedo detenerlas. Pero me obligo a
responder a través de ellas.
—Temo ver la manera en que me mirarás… ahora que sabes quién soy
realmente.
Nico me atrae a él y me estrecha con fuerza en sus brazos. Lloro… lloro de
verdad, sintiendo años de lágrimas acumuladas fluir de mi cuerpo. Es agotador y a la
vez, extrañamente liberador. No afloja su agarre sobre mí hasta que no me queda
nada más.
Finalmente mi respiración se calma y las lágrimas se han ido. Comienzo a
quedarme dormida, pero de pronto hay luz y tengo que obligar a mis ojos a cerrarse
para protegerse de la corriente de brillantez. Nico encendió la luz.
—¿Qué estás haciendo? —Mis párpados están presionados fuertemente
cuando hablo.
—Abre los ojos. —La voz de Nico es suave, pero sus palabras son una orden,
no un pedido.
No respondo, y tampoco abro los ojos.
—Elle, nena, abre los ojos.
Su tono es tan dulce que, encontraría difícil negarle cualquier cosa cuando
habla de esa manera. Así que lo hago. Abro mis ojos un poco y lo miro. Sus
hermosos ojos verdes están allí mismo, muy cerca de mí. Y están esperando.
Esperando a que lo mire complemente. Lo permito, permito a mis ojos abrirse
completamente y mirar en los de Nico. Al principio, solamente estoy mirando sus
ojos. El hermoso color, la pupila oscura en el mar de suave verde, las pestañas
gruesas y oscuras que rodean la belleza que Dios le ha dado al hombre. Pero
entonces me encuentro mirando más allá de la superficie y estoy buscando.
Buscando lo que esperaba encontrar allí. Luego me doy cuenta. No hay nada. Nada
de lástima, ni remordimiento, ni duda. Y mis ojos se agrandan cuando me doy
cuenta.
—Ahí está. —La esquina de la boca de Nico se alza y no puedo evitar
167

sonreírle de vuelta.
Página
Mi cuerpo suelta un profundo suspiro de alivio y siento como si estuviera en
paz por primera vez en mucho tiempo. Incluso podría ser la primera vez que me he
sentido de esta manera.

Pasamos las siguientes horas hablando, haciendo el amor y no quiero que


termine nunca. Pero tengo una declaración a primeras horas de la tarde para la que
no estoy preparada y tengo que arrastrarme a la oficina.
—Tengo que ir a trabajar. Llego tarde, incluso para mí.
—¿Por lo general llegas tarde al trabajo? —Nico parece sorprendido.
Me rio de su comentario, debe ser la única persona en el planeta que no sabe
de mi problema con la puntualidad.
—Llego tarde a todo.
Nico se encoge de hombros.
—Supongo que no lo noté.
Le sonrío y sí, pienso que pude haberme ruborizado un poco. Rubor por el
hombre que ha tocado cada parte de mi cuerpo con su boca y ahora sabe mis
secretos más profundos y oscuros.
—Parece que eres lo único a lo que logro llegar a tiempo.
Las cejas de Nico se arquean con sorpresa, pero luego una lenta y engreída
sonrisa se esboza en su apuesto rostro y soy recompensada con sus hoyuelos.
Le pego juguetonamente en el pecho.
—No seas engreído, estoy segura que se trata de suerte de principiante y
estarás esperándome la mayoría del tiempo, como todos los demás. —Intento dejar
la cama. Tengo que tomar una ducha e ir al trabajo, pero Nico vuelve a atraerme y
rápidamente soy posicionada debajo de él.
Creo que sigue siendo juguetón, pero cuando alzo mis ojos hacia él,
encuentro su cara seria.
—Tengo que saber algo, Elle.
—¿Qué? —Estoy confundida por cómo pasó de juguetón a serio y qué lo está
168

molestando.
Página

—¿La cena con el idiota mariquita de anoche?


—¿Idiota mariquita? —Mi ceño se frunce a medida que hablo… por un
segundo estoy en verdad confundida de lo que realmente se está refiriendo, pero
entonces me doy cuenta que se refiere a William.
Nico no dice nada más, espera mi respuesta.
—Tuvimos una cena de negocios con un cliente.
—No vi ningún cliente y no pareció de negocios para mí.
—Eso se debe a que me dijo que la cena era a las seis y no a las siete así no
llegaría tarde. Por lo que cuando llegué a las seis treinta, tuvimos que esperar media
hora juntos a nuestro cliente.
Mi respuesta parece satisfacerlo, pero la tensión que veo volar de su cara solo
desaparece por unos segundos. Luego regresa.
—No me gusta verlos a los dos pareciendo tan cómodos.
—Somos amigos… hemos sido amigos desde la escuela de leyes.
—Los hombres que duermen con una mujer no son amigos, nena.
—Bueno, William sí.
—Veo la manera en que te mira. No quiere ser tu amigo.
—Como sea. —Pongo mis ojos en blanco, esta conversación no está yendo a
ningún lado—. No es como si tuviera otra opción, tenemos casos juntos.
—De acuerdo, entonces trabajen juntos. No tienes que sentarte en un bar y
beber también.
—No lo entiendes. —Estoy segura que él no entiende lo que William y yo
tenemos. William está de acuerdo con ser amigos y no entiendo por qué está
actuando celoso.
Nico me libera y pienso que nuestra conversación ha acabado, así que
comienzo a dirigirme a la puerta, tengo la intención de tomar una ducha y
finalmente arrastrar mi culo al trabajo.
—Entonces, ¿no te importará si tomo algunos tragos con Amy esta noche?
Me detengo en seco y me giro para mirar a Nico. Está sentado en la cama, sus
manos están cruzadas detrás de su cabeza en una pose casual.
169

—¿Quién demonios es Amy?


Página
—Oh, solo somos amigos. Solíamos dormir juntos, pero ahora somos amigos.
Es representante comercial de unas vitaminas y hemos estado hablando sobre
agregar una línea de vitaminas a mi gimnasio, pero por lo general mantenemos
nuestras charlas de negocio en el gimnasio. Pero tal vez sería mejor si discutimos
nuestros negocios con bebidas.
Muy lindo. Me sentía lista para arrancarle la cabeza a Amy, quien demonios
fuera ella. Pero lo entiendo. Punto entendido.
—Bien. Haré lo que pueda para mantener mis asuntos con William en la
oficina.
Nico piensa que voy a regresar a darle un beso. Tiene una maldita sonrisa
petulante en la cara. Recojo la almohada y lo golpeo antes de dirigirme a la ducha.
Lo escucho reírse entre dientes cuando me voy dando pisotones hasta el baño.

170
Página
Nico
Traducido por Rihano

Corregido por Bella’

N unca he traído a una mujer a nuestra cena mensual. No es que a mi


mamá y hermanos les importaría, solo que nunca encontré a una que
yo pensara que aún estaría por aquí para el momento en que la cena
del siguiente mes llegara, así que, ¿por qué preocuparse en presentarlos? Elle cocinó
galletas para llevarlas, pero voy a tener que esconderlas de los niños para salvarlos
de un posible envenenamiento alimentario. Quemó tres bandejas antes de al final
conseguir hacerlo bien, o al menos cree que lo hizo.
Mi sobrina Sarah toma a Elle casi al minuto en que entramos y la presenta a
todos como si fuera un nuevo juguete brillante. Mi mamá parece curiosa y la atrapo
observando a Elle unas pocas veces. Debe gustarle lo que ve porque sonríe para sí
mientras observa. Chequeo a Elle de vez en cuando, pero no parece incómoda así
que se la dejo a las mujeres. Me atrapa observándola cada vez, y sonríe como una
niña. Es difícil para mí apartar mis ojos.
—Estás mal, hermano. —Me sonríe Sam antes de tomar un sorbo de su
botella de cerveza.
—Cállate.
Sam se ríe.
—¿Qué? Es verdad. Nos habías preocupado de que fueras a conseguir una
enfermedad de transmisión sexual por la forma en que terminabas a las mujeres.
171

—No termino a las mujeres.


—Sí, lo haces.
Página

—Simplemente estás celoso, idiota.


—¿Celoso de qué? —La voz de Elle me sorprende, no me había dado cuenta
que estaba acercándose a mí.
—De nada. —Deslizo mi brazo alrededor de su cintura, atrayéndola contra
mí—. Ven aquí. —Beso su frente a medida que envuelvo mi otra mano alrededor de
su cintura. Ella levanta la mirada hacia mí y sonríe. Jesucristo, estoy tan ido por esta
mujer que hago la mierda de besar su frente y sonreír solo porque ella sonríe.
Sí, estoy jodidamente pillado. Y amo cada maldito minuto de esto. Ni
siquiera me importa cuando levanto la mirada y encuentro a la mitad de mi familia
observándonos, sonriendo como completos idiotas.

Sarah insiste en sentarse entre Elle y yo durante la cena. Es la única niña entre
los siete niños que mis hermanos han engendrado. Está usando una corona plateada
de princesa, unos leotardos rosados, y su cinta cruzada de chica exploradora como
señorita América. También lleva puestas unas botas de lluvia amarillas y no está
lloviendo. Pero como sea, es increíblemente adorable y parece haberle tomado gusto
a Elle.
—¿Puedo pintar tus uñas después de cenar? —Miro hacia las manos
arregladas de Elle y trato de salvarla, lanzándole una cuerda.
—Creo que las manos de Elle ya están pintadas, Sarah. —Sí, razonar con ella
debería funcionar.
—No iba a repintarlas, tío Nico. —Me responde mientras pone sus ojos en
blanco, como si estuviera loco por pensar que ella quería pintar sus uñas, aunque esa
es la pregunta exacta que hizo—. ¡Solo voy a dibujarlas!
Elle le sonríe a Sarah.
—Me encantaría eso… están demasiado sencillas.
Sarah sonríe hacia Elle y me mira de plano, su cara expresando las palabras:
“Te lo dije”.
El par charla en su paso por la cena, cubriendo temas apremiantes tales como
galletas favoritas, color favorito, caricatura favorita y un luchador favorito. Parece
haber un tema recurrente con los temas de las preguntas de Sarah. Elle pretende
luchar con su respuesta a la última pregunta y, por un segundo, creo que las cosas
172

pueden volverse amargas con Sarah, pero en cambio solo salta arriba y abajo,
divertida.
Página
—¡Elle, se supone que tienes que decir que el tío Nico es tu luchador
favorito! Tengo un póster de él en mi habitación y todo. Tío Nico me lo dio para
alejar a los monstruos en mis sueños, porque él se ve malo, realmente malo. —Sarah
hace un cara que se supone sea mala, pero en su lugar, se ve jodidamente linda en
realidad—. ¡Y funciona! ¿Tienes monstruos en tus sueños? ¡Tío Nico, Elle también
necesita un póster!
Todos se están riendo ante la emoción de Sarah, así que no escuchan cuando
Elle se inclina acercándose y me susurra:
—Voy a conseguir un póster para encima de la bañera. Para la próxima vez.
La mujer va a ser mi muerte. Provocarme una erección mientras me siento a
la mesa rodeado por mi familia y junto a una niña de seis años.

—¿Sales conmigo este fin de semana? —Vamos conduciendo de vuelta a la


casa de Elle, así que no puedo ver su reacción a mi pregunta, pero no me deja
esperando mucho tiempo.
—Está bien.
—¿Ni siquiera quieres saber a dónde vamos? —Su respuesta es jodidamente
impresionante, pero soy curioso.
—No. No me importa a dónde vamos, siempre y cuando esté contigo.
Sí, amo a esta chica increíble.

173
Página
Elle
Traducido por LizC y âmenoire

Corregido por Larochz

—¿Y tu entrenamiento? ¿Hay gimnasio? —Hemos estado en


el norte por un largo tiempo, y lamento decirle a Nico
que no quería saber a dónde vamos, porque ahora la
curiosidad ha sacado lo mejor de mí. Sigo haciéndole preguntas, intentando obtener
una pista de nuestro destino, pero él no cede ni un centímetro.
—No hay gimnasio, pero estoy planeando hacer mucho cardio este fin de
semana.
Nico sonríe pero mantiene sus ojos en el camino a medida que conduce en la
oscuridad. No hay luces de calle y el camino se ha estrechado a un carril en cada
dirección. Me fijo en su hermoso perfil, las hermosas líneas de su mejilla
conduciendo a su mandíbula cuadrada. Una mandíbula que no ha visto una
maquinilla de afeitar en veinticuatro horas y el rastrojo de barba lo hace parecer aún
más rudo y guapo, si eso es posible.
—Te quedaste mirándome.
—Me gusta lo que estoy mirando.
Nico aparta los ojos de la carretera por un segundo y me mira rápidamente y
luego vuelven a la carretera. Pero en esa fracción de segundo veo el verde en sus
ojos y me hace quererlo aún más. Sus brillantes ojos iluminan su sensual rostro
bronceado. Cuando vuelve a la carretera, sonríe y su imponente mejilla se sumerge,
revelando el hoyuelo que me debilita las rodillas. No sé exactamente lo que es, pero
174

hay algo en el contraste de lo fuerte y masculino que es Nico que se mezcla con su
sonrisa juvenil con hoyuelos, que me enciende. De hecho, tengo que apretar mis
Página

piernas para calmar la humedad creciendo entre ellas. Tengo el impulso de


acercarme y sentirlo. Empezar con su muslo sólido y, poco a poco, seguir el calor
que sin duda me llevará a un lugar que nos dejará a ambos jadeando con necesidad.
—Menos mal que solo nos quedan otros cinco minutos más en auto, o estaría
estacionando a un lado de la carretera por la forma en que me miras.
Me rio de su comentario, agradecida de que no pueda ver mi cara a medida
que enrojece. Nunca he sido de buscar el contacto físico con mi pareja.
Normalmente lo disfruto y participo activamente, pero nunca he sido la que
persigue. Sin embargo, con este hombre, me encuentro incapaz de detener la
reacción natural de mi cuerpo estando cerca de él. Tiene mente propia cuando se
trata de Nico Hunter.

Finalmente, nos desviamos de la carretera y nos dirigimos por un camino


largo, o tal vez es una calle privada, no puedo decirlo en la oscuridad. Pero
manejamos por un tiempo y ya no hay casas. Hay una luz en la distancia que parece
estar en la dirección hacia dónde vamos.
—¿En dónde estamos?
—En la casa del lago de Preach.
—Ni siquiera puedo decir que hay un lago de lo oscuro que está.
—Está detrás de la casa. Mañana, a la luz del día, te sorprenderás por no
poder verlo, la maldita cosa es enorme.
Finalmente llegamos a la casa y puedo ver que la luz que estaba parpadeando
en la distancia está ahora en el porche. Es una de esas luces solares que emiten un
tinte azul y apenas brillo suficiente para ver más de un metro por delante. Pero el
porche parece enorme, envolviendo toda la casa. Hay sillas Adirondack y mesas
pequeñas establecidas en varios lugares que apenas puedo divisar en la oscuridad.
Nico se acerca y abre mi puerta para ayudarme a bajar de su SUV.
Subimos las escaleras hasta el porche y Nico abre la puerta principal con una
llave de su llavero. Con los faros apagados ahora, está completamente oscuro a
excepción de la única luz tenue que se encuentra en el porche.
—Quédate aquí mismo. —Suelta mi mano y apenas puedo ver lo que está
haciendo, solo un ligero cambio en el nivel de oscuridad me muestra que se está
175

moviendo por la habitación. No choca con nada, así que la habitación está vacía o
conoce bien su camino. Unos segundos más tarde, oigo el sonido familiar de un
Página
fósforo golpeando un pedernal y entonces una vela se enciende en una pequeña
mesa contra una ventana.
—¿No vas a encender las luces y dejarme ver el lugar? ¿Después de
mantenerme en la oscuridad sobre dónde íbamos durante horas?
Se ríe y veo cómo se acerca a mí, la única vela encendida proporcionando luz
suficiente para que lo vea con más claridad.
—Aquí no hay electricidad.
—¿Qué quieres decir con que no hay electricidad? —Mi voz sale casi
consternada, porque por un segundo lo estoy.
—Preach lo llama su santuario. Sin teléfono, sin electricidad, sin servicio
celular. Ni personas por kilómetros. —Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura,
mientras habla y me acerca a su cuerpo, haciendo más fácil de digerir lo que me está
diciendo. Todo parece más fácil cuando estoy presionada contra el hombre. Me hace
perder mi ingenio, mi borde, mi sentido común.
—Me trajiste a un lugar sin electricidad y sin cobertura móvil. —Tengo que
intentar ahora sonar perturbada, porque ya no lo estoy. No con su cálido aliento
recorriendo su camino hacia mi cuello, mientras hunde la cabeza en mi cabello.
—Así es. —Su boca pecaminosa encuentra su camino hacia mi oído, donde
sus palabras son pronunciadas en voz baja, pero viajan a través de mí como el calor
a través de una bobina y despiertan cada molécula en mi cuerpo. El vello en la nuca
de mi cuello responde, cosquilleando a través de un escalofrío que brota por todo mi
cuerpo en piel de gallina—. Vamos, está lo suficientemente fresco aquí para
encender una fogata. —Me libera y mi cuerpo se queda decepcionado al perder el
contacto tan pronto. Me sostiene de la mano y me conduce a través de la oscura casa
a una habitación en la parte trasera. Después de encender una fogata, puedo ver la
enormidad de la chimenea. Está hecha de piedra y me siento anonada por el gran
tamaño de la misma.
—Guau, es… increíble. —Las palabras no son suficientes para describirlo. La
luz de la chimenea emite un brillo suave en la habitación y puedo ver que las
paredes de la habitación son todas de cristal. Está demasiado oscuro para ver algo en
el exterior, pero imagino que estaría mirando hacia un lago si el sol brillara.
Nico todavía está de pie junto a la chimenea, pero ahora me está mirando a
176

medida que admiro la belleza de la habitación.


—Jesús, nena, te ves como un ángel parada allí.
Página
Sonrío ante su cumplido, nunca he sido buena en aceptar elogios, pero con
Nico, la forma en que me habla, creo cada palabra que me dice. Sé que no me veo
como un ángel, pero para Nico, lo hago en este momento. Ninguno de los dos se
mueve, ambos contentos con lo que la luz proyecta para mostrarnos al otro.
Entonces sus ojos encuentran los míos y todo lo demás se desvanece… la oscuridad,
la chimenea, la habitación, todo. Nada de eso existe ahora. Somos solo nosotros y
todo parece tan simple. Es uno de esos momentos en la vida que sientes un cambio.
Como si todo lo que has hecho antes te ha llevado a este punto y lo que pase desde
este punto será diferente. No sé cómo o por qué, pero estoy tan segura de ello como
lo he estado de cualquier cosa en mi vida. Estoy enamorada de este hombre, y la
comprensión ni siquiera me asusta. Ni un poquito.
Nico camina hacia mí lentamente, sus ojos nunca dejando los míos. Se
detiene cuando llega, quedando a escasos milímetros de contacto entre nuestros
cuerpos, pero solo escasos. Estamos de pie tan cerca que tengo que inclinar mi
cuello hacia atrás y levantar la mirada para mantener nuestros ojos clavados, pero no
me atrevo a moverme por miedo a que uno de los dos parpadee y el momento se
haya ido. Levanta una de sus grandes manos y me aparta suavemente el cabello de la
cara, su toque es tan tierno y gentil. Lentamente, inclina la cabeza hacia la mía y
creo que me va a besar, su cara está tan cerca que puedo sentir su aliento en mis
labios, pero no lo hace. Se detiene para que así no tengamos que perder el contacto
de nuestros ojos clavados. Y entonces todo lo que sentí cambiar queda confirmado y
mi mundo cambia.
—Te amo, Elle.
No tengo que pensar en mi respuesta. Porque nunca ha habido nada en mi
vida de lo que haya estado más segura.
—Yo también te amo.
Entonces me besa. Dulcemente. Suavemente. Apasionadamente. Realmente
me besa… de una manera que nunca antes me han besado. No es un preludio del
sexo, ni de los juegos previos. Es amor. Puro y simple, es el amor derramándose de
ambos y conectando en un beso. Y en ese momento me doy cuenta que nunca antes
me han besado de verdad. Pensé que lo habían hecho, pero no fue así. No había
absolutamente nada antes de este beso, y no puedo esperar a ver lo que viene
después.
Para el momento en que nos separamos en busca de aire, estoy sosteniéndome
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sobre sus hombros con el fin de mantenerme de pie. Sin sus brazos envueltos tan
fuertemente alrededor de mí, sería un charco en el suelo. Mis rodillas están débiles y
Página

mis brazos están temblando y luego están las lágrimas. Las lágrimas han brotado en
mis ojos y no puedo evitar que se derramen cuando me mira de esa manera. Había
escuchado a la gente decir que lloraban lágrimas de felicidad antes, pero nunca había
pensado en el término. Pero eso es lo que son y empiezan a caer. Derramándose de
mis ojos a medida que sonrío al hombre del que estoy locamente enamorada. Y él
conmigo.
Me sonríe en respuesta y me limpia las lágrimas de los ojos.
—Estás sonriendo y llorando.
—Lo sé… creo que quince años de retener mis emociones solo sacaron lo
mejor de mí… y ahora tú estás en problemas. —Me rio mientras hablo, dándome
cuenta de lo ridícula que debo sonar, pero es verdad. No he sentido nada por quince
años, en realidad, y ahora estoy abrumada con emociones que ni siquiera me había
dado cuenta que era capaz de más.
Nico sonríe antes de inclinarse y levantarme en sus brazos, acunándome
firmemente contra su pecho. Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello.
—¿Qué estás haciendo?
—Estoy llevando a la mujer que amo a la cama para hacerle el amor.
—Oh. —Sus palabras son como música para mis oídos.

A la mañana siguiente me despierto con una cálida mano familiar sobre mi


espalda expuesta, acariciando suavemente, de arriba hacia abajo, mi columna
vertebral. Vuelvo la cabeza hacia el hombre al que he profesado mi amor y me
sonríe.
—Buenos días.
—Buenos días. —Sonrío en respuesta y no puedo evitar que sea una sonrisa
tonta, me siento satisfecha, feliz, completa y totalmente enamorada. No recuerdo la
última vez que me sentí tan relajada. Contarle a Nico mi pasado ha levantado un
peso de mi pecho que ni siquiera me di cuenta que estaba llevando.
Nico se ríe de mi sonrisa.
—Quiero llevarte al lago esta mañana antes de que haga demasiado calor. —
Empuja mi cabello, que está cubriendo parte de mi cara, detrás de mi hombro y besa
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mi mejilla.
—De acuerdo.
Página
—Podría acostumbrarme a esta nueva mujer tan agradable en que te has
convertido. —Se levanta y me besa la espalda desnuda, justo por encima de la
sábana cubriéndome desde la cintura para abajo.
—Y yo podría acostumbrarme a despertarme así. —Él deja un rastro de
dulces besos suaves desde la parte baja de mi espalda hasta la nuca de mi cuello.
—Vamos, antes de que no salgamos de la cama en todo el día. —Deja de
besarme abruptamente y extraño el calor de su cuerpo cubriendo mi espalda al
instante.
Gimo fuertemente, de forma muy poco femenina.
—¿O podríamos quedarnos en la cama todo el día? —Intento persuadirlo con
una invitación.
—De ninguna manera. Hay una docena de lugares en los que quiero tenerte
aquí.
—¿Tenerme? —¿Me está diciendo lo que creo que está diciendo?
Nico aparta la sábana, exponiendo mi trasero desnudo, mientras todavía estoy boca
abajo en la cama. Todavía no he intentado moverme. Gime y azota mi trasero
juguetonamente.
—Voy a tenerte en la pequeña isla que está en el centro del lago. No puedo
esperar a verte extendida de par en par en medio de ese trozo de hierba, bajo el
árbol. —Empiezo a sentarme y observo como los ojos verdes claros de Nico se
vuelven tormentosos. No hay nada escondido cuando me desea y eso me encanta. Es
crudo, real y no intenta enmascararlo por algo que no es. Me devora con la vista y
luego toma una respiración profunda antes de que sus ojos vuelvan a los míos—. Y
tal vez incluso te voy a tomar por detrás sobre la silla de los capitanes antes de que
salgamos del muelle si no tienes prisa.

Esperaba que el lago fuera bonito, pero nada de lo que podría haber
imaginado se acerca a lo que veo cuando mis ojos se fijan por primera vez en el
paisaje increíblemente pintoresco justo frente a mí. Nico me trae una taza de café a
medida que observo la pared de cristal donde la oscuridad obstaculizó mi visión la
noche anterior y envuelve sus gruesos brazos alrededor de mi cintura a medida que
se detiene detrás de mí.
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—Hermoso, ¿cierto?
Página
—Es asombroso. Ni siquiera parece real. Es demasiado perfecto. —En
realidad estoy asombrada. No es que no me detenga a apreciar la naturaleza, pero las
veces que lo hago se han vuelto pocas y distantes entre ellas, durante los últimos
años dado que me he volcado en mi trabajo y la ciudad.
—Me alegra que te guste. —Me acerca un poco más mientras habla.
—¿Cómo podría no gustarle a alguien? —Los árboles están floreciendo y
todo el perímetro del destellante lago claro como el cristal está delineado con altas
flores silvestres color morado y naranja. Me pregunto por un momento si están
plantadas, pero entonces lo pienso mejor y me doy cuenta que nada hecho por el
hombre podría ser tan hermoso.
Nico suspira, es un sonido de alegría. Felicidad. Lo sé porque me siento
exactamente igual.
—¿Vienes aquí a menudo?
—Solía hacerlo.
—¿Por qué dejaste de hacerlo? —No responde de inmediato y me hace
pensar que hay una historia, algo difícil que lo hizo detenerse.
—Empecé a venir aquí cuando tenía quince años. Preach solía traerme para
pescar en el lago. Algunas veces mis hermanos venían, de vez en cuando incluso mi
mamá cuando podía tener todo un día libre, lo que era raro.
Me giro en los brazos de Nico… sintiendo que la parte de la historia que lo
hizo detenerse se está acercando. Levanto mi mirada y continúa con mi completa
atención.
—Teníamos buenas fiestas aquí después de que ganara las peleas. —Su rostro
es sonriente a medida que recuerda algunos de los buenos tiempos—. Preach no
permitía la electricidad, hacía que mis hermanos y yo llenáramos la parte trasera de
una camioneta con hieleras. —Se ríe ante la idea—. Pudimos meter una docena de
hieleras llenas de cerveza en la parte trasera de una pequeña cabina.
Sonrío mirándolo, tiene unos recuerdos familiares tan agradables. Las
familias juntándose para celebrar su éxito alrededor de un lago, lleno con amor y
risa. Algo que añoré durante la mayoría de mis años de juventud.
—Entonces, ¿por qué dejaste de venir?
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Su expresión decae y casi deseo no haber preguntado, pero quiero saberlo


todo sobre este hombre. Lo que lo hace feliz o triste, sonreír o fruncir ceño… todo,
Página

lo bueno y lo malo. Todo es parte de lo que hace al hombre que tengo ante mí.
—Preach me trajo aquí después de despedazar mi gimnasio el año pasado.
Después de la pelea. —No tenía que explicar qué pelea, solo era la pelea—. Estuvo
feo. No podía dormir sin pesadillas, sin las medicinas y pasé los días intentando
superar los recuerdos. Apestó. Pero Preach no me dejaría, sin importar cuántas veces
amenazara su vida y lo hiciera a un lado.
Espero a que continúe, pero nada más viene.
—¿Y no has regresado desde entonces? —Sacude su cabeza—. Entonces,
¿qué te hizo traerme aquí?
Me mira y sonríe.
—Amo este lugar. Algunos de mis mejores recuerdos están aquí.
Me besa castamente en los labios antes de continuar.
—He querido regresar, alejar los recuerdos torturados con unos nuevos. Unos
que me harán olvidar los malos.
Dios, el hombre es hermoso. Y no solo en el exterior… también en el
interior… y ni siquiera tiene que intentarlo. Es solo quien es… él. Debajo de los cien
kilos de fuerte músculo tatuado que gritan problemas, es el alma más hermosa y
sensible que haya conocido alguna vez. Por primera vez desde que tenía ocho años
me siento como la chica más afortunada en el planeta.

La isla en el centro del gran lago es pequeña, tal vez del tamaño de una casa.
Pero es hermosa, con prístina arena, un pequeño pedazo de pasto y unos pocos y
sencillos árboles llorosos que lucen como si hubieran sido sacados de una postal que
dice “Hola desde el Paraíso.” Asentada en el centro del lago, enfatiza la enormidad
de su tamaño… es más que cien acres en tamaño. Dice que Preach ahorró durante
casi veinte años para comprar la propiedad y el lago. Su padre ha sido dueño de una
pequeña pieza de tierra y ha amado el área desde que era un niño. Las razones del
por qué eran obvias.
—Vamos a nadar —sugiere Nico.
—No tengo puesto mi traje de baño. —Por un segundo respondo como si no
pudiera darse cuenta que no llevo puesto uno. Pero entonces veo su sonrisa. La sucia
que me muestra sus profundos hoyuelos y estoy segura que ha tenido a muchas
181

mujeres dejando caer sus bragas sin mucho más esfuerzo que eso.
—No necesitas uno.
Página
—Pero si alguien nos ve.
—¿Crees que dejaría que cualquiera echara un vistazo a ese fantástico trasero
que me pertenece, nena?
Tiene un buen punto. Es posesivo y protector, y de ninguna manera hay
oportunidad de que alguien pudiera verme desnuda si es que está sugiriendo que
nademos sin trajes. He pasado quince años siendo conservadora, es momento de que
viva un poco. No respondo con palabras. En cambio, me levanto de la manta en que
estamos sentados y doy un paso atrás, dándole una mejor vista. Se recuesta,
estirando su largo cuerpo, sus codos soportándolo mientras se acomoda para mi
demostración con una perezosa sonrisa en su rostro. Lentamente, paso mi camiseta
por encima de mi cabeza, revelando un sostén de encaje rosa. No se mueve, pero sus
ojos me recorren con apreciación que puedo realmente sentir en mi cuerpo. Es como
una manta de calor y me cubre y enciende mis nervios para seguir adelante.
Desabrocho mis pantaloncillos cortos, lentamente bajando la cremallera,
permitiendo que mi pulgar se estire y acaricie la piel debajo de la cremallera que
todavía está oculta. No me estoy tocando en ningún lugar íntimo, pero se siente sexy
e íntimo de cualquier forma. Con una exagerada inclinación, me agacho y sacudo
mis caderas sugerentemente, permitiendo que mis pantaloncillos cortos bajen por
mis piernas y caigan al suelo.
Me enderezo, cubierta solo por ropa interior de encaje rosa y un sostén de
media copa a juego y observo como los ojos de Nico se oscurecen. Empieza a
levantarse apoyándose en sus codos, pero elevo mi dedo índice y le indico que no,
quiero darle un espectáculo.
—¿Estás intentando matarme? —Su voz es ronca, pero se queda quieto como
le pido, aun cuando puedo ver que se está esforzando para mantenerse sentado.
Me estiro detrás de mí y desabrocho mi sostén, quitándomelo lentamente
antes de decir:
—No, estoy intentando darte nuevos recuerdos que te harán olvidar los
malos.
Deja salir una profunda respiración audiblemente y se recuesta sobre sus
codos de nuevo. Va a escucharme y dejarme hacer esto por él. Me quedo parada con
solo mis bragas de encaje y no estoy lista para quitármelas. Quiero darle algo que
recuerde, algo que realmente se quede grabado en su cerebro y lo haga olvidarse de
182

la última vez que estuvo aquí.


Página
Estirando mi brazo, trazo mi pecho con una mano lentamente, permitiendo
perezosamente que mi uña roce ligeramente mi piel. Estoy nerviosa, pero quiero
hacer esto, así que cierro mis ojos e intento rendirme al momento.
Con mis ojos todavía cerrados, arrastro mi uña por encima de mi hinchado
pezón y se hincha incluso más bajo mi toque. Elevo mi dedo a mi boca lentamente y
chupo, mojando mis dedos antes de regresar a mi engrosado pezón y cubrirlo con
mis propios fluidos sedosos. Se siente bien, pero necesito más. Firmemente, agarro
mi pezón entre mi pulgar y mi índice y pellizco. Lo siento directamente hasta los
dedos de mis pies y la piel sensible entre mis piernas hormiguea con anticipación.
Otro pellizco, esta vez con más presión y siento la humedad entre mis piernas y
jadeo ante la sensación que envía a todo mi cuerpo con una descarga.
Me he tocado antes, pero nunca tuvo un efecto tal en mí. Necesito más, más
fricción y la necesito rápido. Mi mano viaja por mi plano abdomen y se desliza por
el frente de mis bragas.
Son de encaje, así que aun cuando todavía las llevo puestas, no hay mucho
que Nico no pueda ver.
—Maldición. —Su voz grave vibra a través de mí, incrementando mi
excitación a un nuevo nivel. Encuentro mi clítoris y lo froto gentilmente, haciendo
pequeños círculos lentos. Mi cabeza cae hacia atrás y un bajo gemido escapa por mis
labios cuando siento un familiar sentimiento construyéndose dentro. Y entonces él
está encima de mí. Tocando, sintiendo, agarrando y mordiendo, nos comportamos
como animales salvajes. Ni siquiera estoy segura cuándo se desviste, pero estoy
locamente agradecida porque no hay ninguna ropa entre nosotros. Siento cada
centímetro de su cuerpo duro como la roca, se siente tan bien que pienso que podría
encontrar mi liberación antes que siquiera comencemos.
Nico gruñe a medida que toma mi tenso pezón en su boca y lo muerde con
fuerza. Dolor, solo a punto de ser demasiado, me recorre y mi cuerpo empieza a
pulsar por sí mismo. Libera mi dolorido pezón, pero solo lo suficiente para
succionarlo de nuevo con su boca y provocarme. Gira su lengua alrededor,
babeándolo ligeramente con atención, rogándole que lo perdone por el dolor
infringido solo momentos atrás.
Lame su camino desde mi pecho hasta mi cuello y finalmente encuentra mi
boca. Su lengua llevando a la mía a un baile que me deja jadeando pesadamente,
cuando gira su atención hacia mi oreja.
183

—Necesito estar dentro de ese coño que humedeces tanto para mí.
Página
Sus palabras provocan un gemido que viene desde mis profundidades y siento
que mi cuerpo comienza a estremecerse. También lo necesito dentro de mí. Ahora.
Con urgencia.
—Por favor. —Ni siquiera me preocupa que salga como un ruego. No tengo
pena cuando se trata de los placeres de este hombre.
Me levanta en sus brazos antes de bajarse sobre una rodilla, colocándome
gentilmente sobre el pasto. Dos segundos antes estábamos mordiendo y agarrando y
ahora es tan amable conmigo. Se encarga de mí primero, asegurándose de que estoy
bien, poniendo su deseo en segundo lugar para atenderme. Es una de las cosas que
amo de él, algo que es difícil de poner en palabras y explicarle a tu amiga cuando
tienen una larga charla tratando de explicar por qué te has enamorado de este
hombre. Simplemente me pone primero. Siempre.
Espero sentir su cálido cuerpo encima del mío, pero no pasa, así que abro mis
ojos para ver que le está tomando tanto tiempo y lo encuentro mirándome. Lo que
veo me quita la respiración. Intento hablar, pero no tengo palabras. Está grabando
mentalmente el momento en su cerebro, capturándolo para siempre como un artista
con un pincel. Puedo sentirlo. Es adoración, lujuria, amor y cada otra franca
emoción filtrándose en un hombre perfecto que me ama y no puede ocultarlo,
aunque lo intentara.
Incapaz de hablar, estoy tan llena de emociones que solo puedo estirar mi
brazo y ofrecerle mi mano.
La toma sin una palabra y gentilmente se acomoda encima de mí,
levantándose sobre sus brazos, sus musculosos antebrazos a cada lado de mi rostro.
—Te amo. —Finalmente encuentro las palabras para el perfecto momento
que me está dando.
Su cabeza baja y me besa mientras siento su gruesa cabeza empujarse dentro
de mí. Profundizo el beso mientras sofoca mis gemidos cuando su gruesa polla me
llena. Sé que deberíamos ir más despacio, pero no puedo esperar más tiempo.
Normalmente es un estrecho ajuste, pero sin el lento avance que Nico generalmente
controla, es más ceñido de lo usual. Pero se siente tan bien, tan correcto. Mañana me
preocuparé sobre estar adolorida.
Con la base de su dura longitud empujada contra mí, Nico se estabiliza.
Quiere darme tiempo para ajustarme, pero ya no estoy esperando. Me levanto tanto
184

como puedo moverme debajo de su peso, inclinando mi pelvis incluso si es


ligeramente, pero le permite hundirse incluso más. Un jadeo sale de mis
Página

profundidades.
—Mierda, nena. ¿Estás bien?
—Lo estaré si dejas de tratarme como si fuera de cristal y pones a trabajar ese
apretado trasero. —Hundo mis uñas en su trasero para acentuar mi necesidad.
Las cejas de Nico se levantan con sorpresa, pero voy a lograr mi cometido de
una y otra forma. Reclamo su boca y muerdo fuerte su labio inferior, tan fuerte que
me sorprende no probar sangre.
Pero capto su atención y es la atención que quiero. Se sale casi por completo
y luego vuelve a entrar en mí… fuerte. Gimo. Es exactamente lo que necesito.
Y cuando lo hace de nuevo, esta vez rotando sus caderas en un feroz empuje
y golpea ese sensible lugar en el interior. Tiemblo mientras mi cuerpo comienza a
convulsionar a su alrededor. Pero él continúa, bombeando dentro y fuera, dentro y
fuera, cada vez frotándome un centímetro más hacia mi orgasmo hasta que ambos
estamos a segundos del clímax. Estira su brazo entre nosotros y acaricia mi pulsante
clítoris con su ancho pulgar y es suficiente para empujarme por encima del borde.
Gimo su nombre a medida que mi cuerpo empieza a correrse, pulsando salvajemente
mientras ola tras ola de excitación me recorre. Siento el calor de la liberación de
Nico derramándose dentro de mí y creo que estoy a punto de tocar fondo, pero sigo
cayendo, su liberación prolongando la mía.

Para el momento en que nos vamos a la tarde siguiente, no hay duda en mi


mente de que hemos reemplazados los recuerdos de Nico con nuevos que no
olvidará pronto.

185
Página
Elle
Traducido por Vero Morrison

Corregido por Larochz

L as últimas semanas han sido, sin lugar a dudas, las semanas más
felices de mi vida. He encontrado un equilibrio entre mi trabajo y mi
tiempo con Nico, y Lawrence en realidad parece feliz con que esté
trabajando menos horas en estos días. Sus propios problemas de salud han sido un
leve recordatorio de las prioridades de la vida y parece que ha repercutido en la
forma en que está administrando la oficina. El momento no podía ser más perfecto.
Todavía pienso en mi pasado, pero no he tenido otra pesadilla desde que se lo
conté a Nico. Es extraño, a veces siento como si hubiera aligerado lo que llevo
conmigo, pero solo porque Nico está compartiendo el peso. Hablamos sobre eso
abiertamente ahora y parece ayudar. Cada día se hace un poco más fácil.
No recuerdo la última vez que vi al repartidor para la cena. Nico está
entrenando para su gran pelea y parece que le encanta alimentarme. Nos alternamos
entre nuestros apartamentos, pero hemos dormido en la misma cama casi todas las
noches desde que regresamos de la casa de Preach en el lago. Pensé que habíamos
alcanzado un punto alto, y que las cosas no irían a ninguna parte a partir de ahí, pero
estoy descubriendo que me gusta el día a día normal y corriente con Nico, casi tanto
como los momentos especiales. Estoy en una especie de felicidad doméstica, un
lugar que nunca pensé que encontraría. Un lugar que simplemente no parecía
destinado para mí. Pero aquí estoy… y no podría estar más feliz.
Salgo del trabajo un poco antes, es un día importante para Nico. Finalmente
se va a enterar contra quién peleará en la lucha por el campeonato. No es que el
186

nombre signifique algo para mí, pero quiero estar ahí para él.
Me quedo atascada en el tráfico de camino al gimnasio y apenas logro llegar
Página

allí antes del anuncio en vivo que se va a hacer en la televisión. El gimnasio está
lleno, pero no está resonando con su habitual grupo de hombres golpeando cosas o
levantando pesas que exceden mi peso corporal. En lugar de eso, todos están
reunidos alrededor de la televisión que cuelga en la esquina del área de ejercicio
cardiovascular. El sonido es fuerte y la escena es alegre y jovial. Como siempre,
Nico me ve al momento en que entro. Está hablando con un joven y prometedor
luchador que he visto antes, pero observa cada paso que doy. Me pregunto si el
pobre chico se da cuenta que ha perdido la atención de Nico.
—Me encanta el traje. —Envuelve su brazo alrededor de mi cintura
posesivamente al momento en que me acerco. Me puse su traje rojo favorito,
sabiendo que saldría temprano de la oficina para ir directamente a verlo. El
dobladillo es un poco más corto que la mayoría de mis otros trajes, pero apenas
llegué a sacármelo la última vez que lo usé, así que pensé que podría haberle tomado
gusto. Tenía razón. Me encanta que Nico me encuentre sexy con un traje. Algunos
hombres se sentirían intimidados por una mujer vestida de negocios, pero no Nico.
En lugar de intimidarlo, lo encuentra excitante.
Los presentadores comienzan y nos unimos a los demás alrededor de la
televisión. El presentador habla por un momento sobre la carrera de Nico, un video
de la pelea se reproduce en la pantalla. El agarre de Nico en mi cintura se tensa
cuando discuten sobre la muerte de su oponente anterior, solo estoy agradecida que
no decidieran repetir el golpe que terminó la pelea.
Finalmente, el presidente de la Asociación de Luchadores de MMA aparece
en la pantalla y recuerda a todos que la lucha por el campeonato tendrá lugar dentro
de una semana. Luego hace un gran escándalo para abrir un sobre que contiene el
nombre del contrincante, como si ya no lo supiera, y el nombre es anunciado. Trevor
Crispino. La habitación se queda en silencio. Aparentemente soy la única a la que el
nombre no le suena. Escaneo la habitación en busca de alguna pista de por qué el
nombre del señor Crispino es recibido con tanta empatía, pero todos parecen
conmocionados. Especialmente Preach. Vagamente recuerdo a Nico diciéndome que
pensaba que iba a ser un luchador llamado Caputo.
Nico desaparece antes de poder preguntarle qué está pasando y de repente la
habitación silenciosa estalla con parloteos. Hay un montón de comentarios “de
ninguna jodida manera” y algunas observaciones “esto es una mierda, ni siquiera es
un contrincante”, pero todavía estoy perdida. Me dirijo hacia Preach, que sigue
mirando fijamente el suelo. Su reacción me hace sentir aún más pánico.
187

—Preach, ¿qué sucede con Trevor Crispino? —pregunto con vacilación, sin
estar realmente segura de querer escuchar la respuesta, porque sé que es malo. Muy
Página

malo.
Preach me mira, sus ojos están vidriosos y se ve triste. Mi corazón se hunde
en mi estómago.
—Es el hermano de Frankie. El chico que murió en la pelea. Están intentando
convertirlo en una revancha. Pero el chico ni siquiera debería estar en el ring con
alguien como Nico. No está a la altura. Nico lo va a matar.
Estoy segura que las últimas palabras no pretendían sonar literalmente, pero a
veces las cosas que no tienen la intención de salir de esa manera, salen de la forma
en que deberían ser dichas al final, de todos modos.

Encuentro a Nico en su ático, sentado en la oscuridad. Sus codos sobre las


rodillas, la cabeza baja entre sus manos. Espero un minuto antes de acercarme,
preguntándome si reconocerá que he entrado en la habitación. La puerta del elevador
es ruidosa, no hay manera de que no me oyera entrar. Pero solo se queda ahí sentado
en silencio incluso a medida que avanzo hacia él y apoyo la mano sobre sus
hombros, no se mueve.
—¿Estás bien? —Mi voz es baja, pero la habitación está tan silenciosa que no
hay ninguna duda de que puede oírme. Sin embargo, no me responde. Me agacho
para estar al mismo nivel de sus ojos en la oscuridad. No importa que no pueda
verme, seré más difícil de ignorar cuando estoy tan cerca—. ¿Qué podemos hacer?
Nico suelta un fuerte suspiro antes de envolver su gran mano alrededor de mi
cuello, apoyando su frente contra la mía.
—Solo déjame sostenerte.
Eso puedo hacerlo. Solo desearía tener más que ofrecer para consolarlo. Su
voz suena cruda y afligida. Solo puedo imaginar lo que debe estar sintiendo. Si mi
propio corazón destrozado y estómago anudado fueran un indicio, entonces su
propio dolor debe ser insoportable. ¿Cómo pueden hacerle esto? ¿Ponerlo en la jaula
con el hermano del hombre que asesinó? Un hombre que no está a la altura de su
poder. ¿No hay reglas o algo?
Mi inicial conmoción y tristeza están empezando a desaparecer y he pasado a
estar molesta. Furiosa, enojada, lista para enfrentarme a una pelea por mi cuenta.
—Te sacaremos de esto. No tienes que hacerlo. Esto no es espíritu deportivo,
es para vender entradas. —¿Acaso no tienen consciencia? ¿Y qué pasa con la
188

seguridad? Preach dijo que el hermano no está a la altura, que Nico lo va a matar.
¿No se supone que deben coincidir en capacidad? Oigo que mi respiración se
Página

acelera, mi ira saca lo mejor de mí.


Nico se ríe en voz baja. Es apenas perceptible y ni siquiera estoy segura si lo
que escuché es el sonido de su risa. Pero entonces habla y sé que no estoy
equivocada.
—Es posible que tenga que mantenerte en casa durante la pelea… Tengo
miedo de que vayas a meterte en la jaula y le des una paliza al tipo por mí. —Puedo
oír la sonrisa en su voz cuando habla.
—Tal vez. —Le devuelvo la sonrisa, aunque no pueda verla.

Paso los siguientes tres días investigando, analizando, y generalmente


buscando cualquier resquicio legal posible para sacarlo de la pelea. He llamado a
todos los que me debían favores y busqué opiniones de todos y cada uno de los
abogados que pudieran ser remotamente capaces de ayudarnos. Incluso William.
Pero todos llegamos a la misma conclusión, el contrato es irrefutable. Por supuesto,
Nico puede abandonar la pelea y pagar la cláusula de penalización. Pero él no va a
hacer eso. Las finanzas de Preach también están en juego. No sé por qué no vi el
motivo detrás de hacer que Preach invirtiera en la pelea, pero no lo hice. Quienes
hayan redactado los términos del contrato sabían exactamente lo que estaban
haciendo.
Conocían bien a Preach y a Nico, pero no solo al luchador y entrenador.
Se han aprovechado de la relación entre estos dos hombres a un nivel personal,
sabiendo que Preach nunca permitiría que Nico pagara la penalización y Nico nunca
dejaría que Preach recibiera un golpe tan devastador económicamente. Dos hombres
obstinados que se protegerán hasta el final, sin importar cuál sea el costo para ellos
mismos.
Y se ha vuelto aún peor. Preach ha decidido que la pelea será buena para
Nico, que necesita seguir adelante y que pasar por esta pelea desastrosa lo ayudará a
superar los restos de lazos emocionales que permanecen. Incluso ha comenzado a
hacer que Nico se creyera algunas de sus sandeces. Que una revancha es una especie
de redención enferma… una oportunidad de salvación.
Me sobresalto cuando escucho que la puerta principal de la oficina se abre.
Son más de las diez y le prometí a Regina que la cerraría con llave detrás de ella
cuando se fue hace horas, pero estaba tan absorta en lo que estaba buscando, que lo
olvidé por completo. Pero entonces lo siento, la presencia inconfundible del hombre
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que hace que mi ritmo cardíaco se acelere. Estoy absolutamente segura que si
estuviera conectada a una máquina de electrocardiograma, sería capaz de grabar
Página

cada paso más cerca que Nico Hunter da en mi dirección.


—La puerta no está cerrada con llave. —Su voz es tensa. Es protector, y mi
falta de preocupación por mi propia seguridad es algo que he descubierto que no le
agrada.
—Debo haberme olvidado. —Levanto la vista, ofreciendo la excusa patética.
Veo cómo Nico observa el desorden que alguna vez fue mi oficina. Tengo pilas de
papeles y periódicos esparcidos por todos lados y mi cesto de basura desborda con
papel amarillo estrujado donde había empezado a planear una estrategia para romper
el contrato, pero no funcionó al final.
—¿Un caso grande? —Sus ojos brillan sobre mi escritorio para acentuar a lo
que se está refiriendo.
—Algo así. —No estoy mintiendo… en este momento es el caso más
importante que tengo. Y a decir verdad, es el único caso en el que he trabajado
durante tres días. Todo mi otro trabajo puede esperar.
Nico se aparta del marco de la puerta donde está apoyado y avanza a mi
escritorio, tomando un pedazo de papel y leyendo algunas líneas antes de volver a
dejarlo. Toma una pila de documentos enganchados con un clip del otro lado del
escritorio y hace lo mismo, leyendo un poco para tener idea de lo que he estado
trabajando. Sabe lo que estoy haciendo, este acto es para mi beneficio.
—Ven, nos vamos a casa. —Está de pie al otro lado de mi escritorio. Por más
que me guste oír a Nico decirme que nos vamos a casa, no estoy lista todavía.
Necesito un poco más de tiempo para poder terminar mi última estrategia. Tiene que
haber una manera de sacarlo del maldito contrato.
—Aún no he terminado.
No se me escapa la mandíbula de Nico apretándose, es ridículamente sexy.
Una línea profunda se forma en su mejilla cincelada y sus ojos se vuelven de un
color gris verdoso. Se ve fuerte, amenazante y apuesto a que la mayoría daría un
paso atrás con la vibra escalofriante que emite. Pero no yo, me mantengo firme y no
me muevo, aunque estoy un poco más excitada que hace un minuto. Nos miramos
fijamente, cada uno esperando a que el otro retroceda, y me pregunto si vamos a
estar aquí un rato. Pero entonces Nico rompe el empate.
No suelta mi mirada a medida que acecha alrededor de mi escritorio y retira
mi silla, inclinando su gran cuerpo hacia abajo hasta quedar al nivel de mis ojos. Su
cuerpo me bloquea en mi asiento, con una mano en cada brazo de mi silla.
190

—¿Necesitas hacer algo antes de que te saque de aquí?


Página
—Yo… yo… —Iba a decir que casi he terminado y solo necesito unos
minutos, pero no tengo la oportunidad de terminar mi pensamiento. Soy levantada
de la silla y lanzada sobre el hombro de Nico en un movimiento fluido. El
movimiento bárbaro debería molestarme, pero en vez de eso me hace sonreír. Estoy
contenta de que mi cabeza esté echada sobre su espalda, así no puede ver que en
realidad estoy disfrutando. Desafiar a este hombre de alguna manera se ha
convertido en un juego previo para mí.
No me suelta hasta que estoy en el asiento del pasajero de su auto. Me
abrocha el cinturón de seguridad cuando me quedo sentada con los brazos cruzados
sobre mi pecho, fingiendo enojo. Después de tirar del cinturón para comprobar que
está asegurado, me besa castamente en los labios antes de trotar hacia su lado del
auto.
—¿Qué pasa con mi auto? —Le agrego un poco de actitud extra a mi
pregunta.
—Te llevaré al trabajo en la mañana.
Suelto un suspiro exagerado.
—Eres un mandón.
—Y tú terca. —Mi boca cae abierta por su comentario, aunque sé que es
verdad. Pero Nico encuentra mi reacción divertida y ríe entre dientes.

191
Página
Nico
Traducido por Magnie

Corregido por Brisamar58

P or lo general, la noche antes de una pelea ceno con Preach y recibo una
charla de empoderamiento positivo. Pero paso de largo la tradición y
Elle se queda en mi casa en su lugar. Finalmente convencí a la
obstinada mujer para detener su búsqueda de quince horas al día para romper mi
contrato. Al menos me gustaría pensar que la convencí, pero también podría ser
porque nos quedamos sin tiempo, considerando que la pelea es mañana. La mujer es
un desafío cuando pone esa maldita mente inteligente en algo, por decirlo de alguna
manera.
Elle no está de acuerdo, pero Preach piensa que la lucha será buena para mí.
Estudiamos las últimas peleas de Trevor. El chico ha mejorado. Un montón. No es el
mismo estúpido y arrogante luchador que era hace un año. Ha madurado, ha
encontrado paciencia. La lucha no es tan desequilibrada como todos pensábamos
originalmente, aunque me estaría engañando si fingiera que lo que pasó con su
hermano no influyó en la decisión de la Liga de quién se enfrentaría a la pelea por el
campeonato. Mis peleas son siempre provechosas para la Liga, un éxito de taquilla.
Pero no recuerdo la última vez que MMA recibió tanta prensa como lo hizo esta
semana. Mi rostro ha estado saliendo en las principales noticias, no solo en los
canales dedicados al deporte.
La alzo sobre la encimera de la isla a medida que preparo la cena. Todavía
lleva su ropa de trabajo y definitivamente no le voy a pedir que se cambie. Me gusta
con esa mierda de aspecto inteligente que lleva. Es excitante, casi como una jodida
192

bibliotecaria caliente, solo que mejor porque es Elle.


Algunos chicos no tienen relaciones sexuales antes de una pelea, piensan que
Página

la frustración acumulada les da una ventaja. Yo, prefiero no pelear con las pelotas
azules. Nunca he sido uno para buscar un ángulo. Estudio a mi competidor. Me
rompo el culo entrenando. Lucho duro. Estoy bien. Es tan simple como eso.
Además, viendo a Elle balancear esas condenadas largas piernas apoyadas en la
encimera de mi cocina, no hay mucha posibilidad de que las cosas no se
intensifiquen más tarde. La miro y ella sonríe. Es esa maldita sonrisa boba. Puede
ser más temprano que tarde.

Después de terminar de cenar, puedo ver que Elle trama algo. Lo he dicho
antes, pero para ser un abogado, es bastante fácil de leer. Y una mentirosa de
mierda.
—¿Qué pasa, nena?
Sus cejas se fruncen y bajan, su rostro me dice que ni siquiera es consciente
de que está mostrando sus cartas.
—Nada… ¿qué quieres decir?
—Algo te está molestando.
Su rostro se relaja un poco, pero todavía hay tensión debajo de su sonrisa
forzada.
—No… estoy bien.
—Eres una mentirosa de mierda, nena. Ya te dije eso.
Ella sonríe.
—Tal vez, estoy un poco nerviosa. —Levanta sus dos dedos, midiendo un
pequeño espacio entre ellos para indicar que está un poco nerviosa. Sus dedos
pueden decir un poco, pero su cara grita mucho más.
Se va a sentar a mi lado en el sofá, pero agarro su brazo y en su lugar la
empujo hacia abajo en mi regazo.
—¿De qué estás nerviosa?
Aprieta sus manos entre sí, bajando la vista, evitando mis ojos. Levanto su
barbilla, obligando a sus ojos a encontrarse con los míos y repito.
—¿De qué estás nerviosa?
193

—La pelea.
Página
—De acuerdo. —Retiro el cabello de su rostro, y luce preocupada, casi
vulnerable—. No voy a salir lastimado, puedo con este tipo, Nena.
Se muerde el labio inferior nerviosamente. Estoy fuera de base. Hay más que
preocupación mostrándose en ella.
—Lo sé. Quiero decir, siempre me preocuparé de que salgas lastimado. No
puedo evitarlo. Pero… —Vacila, considera sus palabras.
—Entonces, ¿qué?
—Sé que Preach y tú creen que ganar esta pelea te ayudará a superar las
cosas, pero estoy preocupada de que traerá todo de vuelta. Lo he visto. Se parece a
su hermano.
Tiene razón, lo hace. Se parece a Frankie. Es como si el jodido destino
retorcido estuviera jugando conmigo. Y me preocupa lo mismo. Pero no puedo
permitir que eso me controle más. Lo empujo al fondo de mi mente y lo mantengo
allí cada vez que encuentra su camino a la superficie. Todo se trata de control. Las
artes marciales son tanto sobre la mente como el cuerpo. Ambos deben soportar,
someterse al control completo. Trabajar juntos.
—Preach piensa que ganar la pelea me ayudará a superar las cosas. Pero ya sé
lo que necesito saber. Y me has ayudado más en los últimos dos meses que en un
año y medio intentando resolverlo por mi cuenta. Antes de conocerte, me golpeaba
la cabeza contra un muro de hormigón, sin llegar a ninguna parte. Solo que no lo
sabía. Ni siquiera me di cuenta que estaba atascado, hasta que te conocí y tomé ese
primer paso. —Elle me da una sonrisa vacilante. Parte de la preocupación
desaparece de su rostro… pero no por completo. Así que sigo hasta el final, siendo
el jodido tonto que esta mujer increíble me ha hecho—. Cuando nos conocimos,
éramos dos almas heridas. Ambos manteníamos la realidad fuera de nuestras vidas
por miedo a lo que podríamos encontrar. Pero nada podría habernos mantenido
separados. Nunca creí en el destino. Pensé que era un montón de basura para las
personas que leen demasiados libros. Hasta que te conocí. Lo eres para mí, nena. Ni
siquiera sabía que me faltaba algo hasta que te encontré, pero ahora no sé cómo pasé
un día sin lo que me has dado. Eres mi alma gemela. Tan cursi como suena, es la
jodida verdad. Nada ha sido más correcto en mi vida. Así que no, no estoy
preocupado porque esta pelea no me ayude a sanar mi pasado, porque eres tú quien
hace eso por mí. Has llenado todas las grietas en mi corazón y me has hecho mejor.
Nunca pensé que diría esto después de lo que pasé, pero soy el bastardo más
194

afortunado de esta tierra.


Página
Llora. Así es como responde a mi desgarradora y pura declaración de que
somos almas gemelas. Las lágrimas fluyen por su rostro y, aunque está sonriendo a
través de las lágrimas, quiero hacer que las lágrimas se vayan.

195
Página
Elle
Traducido por Kalired y Flochi

Corregido por LizC

N unca pensé que sería feliz. Estaba contenta con mi camino a través
de la vida. Era lo suficientemente buena. Mantener los máximos y
los mínimos era mi pasatiempo favorito. Ninguna emoción
significaba que nada saliera fuera de control, y mantener el control era mi más alta
prioridad en mi lista, más que respirar. Hasta que lo conocí. Hace que mi corazón
corra y mi respiración se detenga, y eso es justo lo que ocurre cuando entra en la
habitación. Ni siquiera me hagas empezar por lo que esa cara me hace. O aquellas
manos… especialmente cuando se mueven por todo mi cuerpo como si no pudiera
tener suficiente de mí. Puedo sentir su necesidad de mí en su tacto. Pero sus
palabras, tienen significado para mí. Son crudas, honestas y llenas de emociones, y
realmente puedo sentir mi corazón hincharse cuando me habla.
Limpia mis lágrimas con preocupación en su rostro. Estoy segura que piensa
que he perdido la cabeza cuando sonrío a través de mis lágrimas después de
escuchar la cosa más hermosa que alguien me ha dicho alguna vez. Soy la que suele
estar llena de palabras. Pero en este momento me encuentro pérdida para decir algo
hermoso a cambio. Así que digo lo que siento y espero que sea suficiente.
—Te amo.
Sonríe, la preocupación deja su rostro.
—Yo también te amo, preciosa.
Y luego lo beso, las lágrimas siguen cayendo, mi boca sigue sonriendo, y un
196

sollozo se me escapa a medida que nuestras lenguas se encuentran. Soy un desastre,


pero es hermoso y real y no puedo tener suficiente de él. Ni ahora, ni nunca. Él tiene
Página
razón. Somos dos almas perdidas que se encontraron y se convirtieron en una. Y soy
la chica más afortunada del planeta.

Todavía faltan horas antes de la pelea, pero estoy lista para ir ahora mismo.
Es una pelea de campeonato, pero Nico me dio cuatro entradas. Mi hermanastro, por
supuesto, me ha enviado una media docena de mensajes para asegurarse si sigue en
pie lo de hoy. Es una carrera corta el ver quién está más emocionado, Max o Vinny.
Probablemente, ninguno de los dos durmió anoche con la anticipación pulsando a
través de sus venas.
Estoy emocionada ya que también puedo invitar a Regina y Lawrence.
Regina porque, bueno, es la mejor amiga que he tenido… y creo que a veces, está
más emocionada que yo por mi relación con Nico si eso es posible. Después de
tantos años no podía esperar para verme regresar a la tierra de los vivos. Y
Lawrence, es más que mi jefe, ha sido como un padre los últimos años. Además, es
el primer pedazo de emoción que su esposa le ha dejado tener desde su cirugía de
corazón. Teme que le dé un ataque al corazón.
Al principio he olvidado lo que llevo puesto cuando Nico me mira, él no ha
visto la camiseta que Vinny hizo para mí. No estoy segura si el chico lo hizo a
propósito, pero me queda ajustada, muy ajustada, abrazando todas mis curvas. Mi
camiseta es diferente a la que usó Vinny la última vez. Tiene una imagen de todo el
cuerpo de Nico cuando mira hacia el frente. Parece más un modelo que un luchador.
Nico se congela en su lugar por un minuto, ofreciéndome una sonrisa
diabólica.
—Me gusta tu camiseta.
Siento el calor de mi cara y sé que me estoy volviendo de un agradable color
rosa.
—Es mi nueva camiseta favorita. Puedo mantenerte presionado contra mí
todo el día, incluso en público —respondo tímidamente.
Nico me acecha.
—Presionaré la cosa real contra ti todo el día en público, nena. No tienes que
pedirlo dos veces. —Está sonriendo como si estuviera bromeando, pero sé que lo
dice en serio. Envuelve los brazos alrededor de mi cintura y me aprieta contra su
197

cálido y duro cuerpo.


Página
Solo lleva unos pantalones cortos y mi cuerpo responde a su áspero toque, a
pesar de que han pasado solo unas horas desde que lo he tenido dentro de mí.
Estoy nerviosa.
—¿No tienes una pelea para la que prepararte? —Mi voz sale más ronca de lo
que había pensado, pero no puedo evitarlo. Nico me presiona, puedo sentir su
erección palpitante empujando contra mi estómago.
—No pueden comenzar la pelea sin mí. —Agarra la mitad de mi culo en una
de sus enormes manos y aprieta fuertemente. Su cabeza baja con la intención de
tomar mi boca, pero el timbre suena escaleras abajo—. Ignóralo. —Siento las
palabras en mis labios mientras devora mi boca. Mi cuerpo se rinde casi
inmediatamente y un ligero gemido escapa de mis labios cuando me levanta por
debajo de las rodillas y me acuna en sus brazos a medida que se dirige hacia la
cama.
El timbre suena de nuevo y ninguno de los dos rompe el beso, aunque estoy
seguro que también lo oye. Pero luego vuelve a sonar, esta vez con más insistencia.
Quienquiera que esté abajo esperando a subir no se va. Nico gruñe en voz alta,
mientras me pone en pie y se endereza.
—No te muevas, me libraré de quien sea. —Una corriente de palabrotas sale
de su boca a medida que se dirige al pobre tonto que está a punto de sentir su ira.
Me quedo acostada en la cama por un momento, mi respiración volviendo
lentamente a la normalidad mientras espero el regreso de Nico. Pero entonces
escucho voces y me doy cuenta que quienquiera que sea, no tiene miedo del hombre
irracional que fue lleno de furia a deshacerse de ellos.
Me arreglo lo mejor que puedo y me dirijo a la sala de estar para ver quién ha
llegado. Ordeno mi cabello en su lugar y reajusto la camiseta, pero no puedo hacer
nada con el rubor en mi cara.
—Ma, no necesitabas traer a Vinny a casa. No me habría olvidado de
recogerlo. Y se lo dije veinte veces en las últimas veinticuatro horas. —Nico me
atrapa en la puerta y me dirige una mirada como si pudiera herir a alguien antes de
la pelea, pero por alguna razón solo me resulta gracioso. Es lindo cuando está
frustrado.
—Hola, señora Hunter. Hola Vinny. —Sonrío y doy dos pasos alrededor de
198

Nico que estaba bloqueando su paso para entrar. Nico me mira como si acabara de
dar la bienvenida al diablo a su casa, en lugar de a dos de sus mayores fans.
Página

—¡Llevas puesta la camiseta! —Vinny está emocionado y sonriendo.


—Por supuesto que la llevo. Es la camiseta más increíble que tengo. —Le
doy un guiño y el niño confiado se vuelve tímido por medio segundo antes de
volverse hacia Nico.
—¿Te gusta Nico? —Es dulce ver cómo el chico quiere la aprobación de
Nico, solo espero que Nico no aplaste su entusiasmo por interrumpir un momento
privado.
Nico me mira y le echa de nuevo un vistazo a mi camiseta, como si la viera
por primera vez. Sus ojos se entrecierran y realmente, no es necesaria ninguna
respuesta. El niño sonríe cuando mira a Nico, sabiendo que Nico no podría estar más
feliz.
—Sí, chico. Es perfecta. —Toma una respiración profunda y exhala.

Todos los hermanos de Nico y sus esposas ya están sentados cuando Vinny,
Max y yo finalmente encontramos nuestros asientos. Entre mis amigos y su familia,
llenamos casi dos filas. Mi padrastro se las arregló para conseguir el trabajo de
seguridad para la pelea, y me hace sentir mal que no pudiera invitar también a
mamá. Le he hablado de Nico, pero incluso eso la puso nerviosa. No hay manera de
que pudiera manejar una pelea en vivo. Demasiados recuerdos malos.
Mi padrastro pasa unos minutos en nuestra fila y llego a presentarle a la
familia de Nico. Es un sentimiento extraño mezclar a nuestras familias, pero cuando
me tomo un minuto para mirar alrededor, me doy cuenta que todo el mundo se siente
como en casa. Mi padrastro está charlando y riendo con la mamá de Nico y el
hermano mayor, y Vinny y Max están en su propio pequeño mundo. Me provoca
una sensación cálida de tener todo bien… no me he sentido como si tuviera una
familia en tanto tiempo. No es culpa de mamá, simplemente no dejé entrar a nadie.
Ni siquiera me di cuenta de esto hasta que Nico se metió en mi corazón y lo abrió
para otros.
El presentador entra en la jaula y mi cuerpo se pone tenso. En serio va a
suceder ahora. He fingido que no iba a suceder, que tenía tiempo antes de tener que
pasar a observar a Nico hacer esto. Pero no queda más tiempo. ¿Y si vuelve a
congelarse, solo que esta vez se lastima? ¿O si lastima al hermano? ¿Será capaz de
vivir consigo mismo después de lo que pasó la última vez? De repente me siento mal
del estómago.
199

—¿Elle?
Página
Oigo a Regina hablar, pero no puedo responder. Estoy congelada en el lugar,
mirando al presentador como si estuviera esperando que algo sucediera en cualquier
momento.
—¡Elle! —Regina agarra mis brazos y me saca de mi trance—. ¿Estás bien?
Estás blanca como un fantasma.
Asiento, pero no se lo cree. Me conoce demasiado bien.
—Vamos, salgamos de aquí. Esto es demasiado. —Mi brazo está en su mano
y ya está empezando a arrastrarme en su dirección.
—¡No! —Mi voz sale más fuerte de lo que esperaba y de repente me siento
agradecida de que el presentador evite que mi mente termine en un abismo. Me está
ahogando con sus estruendosas palabras disparadas en rápida sucesión, pero no
termino de entender lo que dice. Me obligo a mirar a Regina para que sepa que estoy
bien—. No puedo irme. Necesito estar aquí.
Regina estudia mis ojos como si estuviera buscando algo. Todavía se ve
nerviosa, pero deja de tirar de mi brazo.
—Bien, bien. Entonces sentémonos. Bebe un poco de agua. Por favor.
Tomo el agua para hacer feliz a Regina y tratar de concentrarme en lo que el
presentador está diciendo.
—Damas y caballeros, el momento que han estado esperando. La pelea que
acabará con todas las peleas, más de un año y medio de preparación. El hombre, el
mito, la leyenda, las damas no necesitan ninguna introducción, el único, el
incomparable Nico “El Rooompe Corazoooones” Hunter.
La multitud se vuelve loca. Vinny y Max están de pie en la parte superior de
sus asientos saltando de arriba abajo tan fuerte que creo que podrían romper las
sillas. La madre de Nico, que normalmente es muy sumisa, está gritando con las
manos a cada lado de su boca. Y sus hermanos chocan los cinco, golpeando sus
puños, y saltando para aplastarse entre sí con sus pechos. El momento de la locura
hace maravillas a mis nervios, no puedo evitar sonreír a nuestra pandilla loca.
Estoy esperando impaciente que Nico entre en el espacio, pero no tengo que
darme la vuelta para saber cuándo entra en la arena. Los vellos en la parte posterior
de mi cuello se erizan y el lugar que no pensé, que pudiera ser más ruidoso, sube
diez decibelios. El sonido es casi ensordecedor. Me giro para observarlo avanzar por
200

el pasillo, pero es difícil verlo detrás de las docena de mujeres rubias oxigenadas en
bikinis y tacones altos que están avanzando por el pasillo frente a él. Cada una lleva
Página
un cartel sobre su cabeza declarando varios testimonios de amor para “El Rompe
Corazones”.
Intento en vano verle la cara cuando pasa, pero soy muy baja para su
considerable séquito. No es hasta que entra en la jaula que tengo un buen vistazo de
su cara. Una de las descaradas chicas, escasamente vestida, provoca una gran
conmoción inclinándose de manera exagerada y besándolo en la mejilla. Apenas es
su perfil, pero veo su mandíbula apretada y sonrío para mí misma sabiendo que el
beso fue un montaje y claramente uno no deseado. Luego se gira, y sus ojos
aterrizan directamente sobre mí. No hay ninguna búsqueda a través de la multitud,
nuestros ojos simplemente se encuentran entre sí, como el metal a un imán,
inexplicablemente atraídos al otro sin esfuerzo. Solo necesita ver que estoy
realmente aquí, pero solamente es una confirmación, ya sabía que estaba aquí al
minuto en que entró al lugar.
Luego de unos minutos, la multitud finalmente se calla lo suficiente para que
el presentador hable por encima de ellos, aunque siguen gritando bastante fuerte.
—Damas y caballeros, en el rincón azul esta noche, tenemos a un hombre en
busca de revancha. Ha estado esperando dieciocho meses para su oportunidad de
recuperar el honor de su familia… les presento a Trevor “El Vennngaaaaaador”
Crispino.
A diferencia de la última vez, la multitud no abuchea. Incluso la familia de
Nico se queda en silencio. Hay algunos vitoreos de parte de sus fanáticos, pero la
mayoría no dice nada y no sé si es por respeto a Nico, su contendiente, o su difunto
hermano. De cualquier manera, envía un escalofrío por mi columna ante la mera
mención del horror que fue la última pelea de su hermano.
Tras unos anuncios aburridos más, los dos hombres son enviados a sus
respectivas esquinas. Es gracioso cómo mi razón para estar preocupada cambia, sin
embargo permanece igual. La última vez que me senté en esta sala, estaba
preocupada que el ver a estos hombres luchando detonaría algo en mí.
Algo que desenterraría los recuerdos del pasado que había trabajado tanto por
esconder. Pero mientras me encuentro sentada aquí hoy, sigo preocupada por la
pelea de Nico, y sin embargo ya no tiene nada que ver con la autopreservación. Toda
mi preocupación va hacia el hombre en el cuadrilátero, cómo conseguirá golpear una
cara que es demasiado familiar. Los parecidos son perturbadores y ni siquiera es mi
pesadilla. Me preocupa que se quede congelado y salga herido, o que no lo hará y el
201

daño emocional le cobrará peaje después. De cualquier manera, es difícil ver una
victoria para Nico al final de esta pelea, sin importar quién resulte victorioso.
Página
Contengo el aliento cuando la lucha comienza y los dos hombres se
encuentran en el centro. Quiero apartar la vista, salvarme del dolor de observar todo
desplegarse ante mis ojos, pero no parezco capaz de permitirme parpadear por
miedo a perderme siquiera un instante. Nico golpea primero, sin darle a su oponente
tiempo para aclimatarse antes de golpearlo y dar tres traspiés con un tremendo golpe
al lado izquierdo de su mandíbula.
Por más que me resista a ver a los dos hombres luchando para ganar algo de
regreso, algo que les fue arrebatado equivocadamente a cada uno de ellos, hay una
sensación de alivio de que Nico parezca estar peleando de la manera en que lo hacía
un campeón. Pero mi alivio muere pronto. Ni diez segundos después de finalmente
exhalar, soltando el aliento que había estado conteniendo, Trevor conecta una patada
al pecho de Nico y éste se tambalea, su espalda golpeando con fuerza la firme jaula.
Su espalda se arquea con el contacto, y veo su cara registrar el dolor, pero se recobra
rápidamente. Sentándome cerca, puedo ver el peaje que cada golpe les ha dado a sus
caras.
Para el final del primer round, los dos hombres están golpeados y han
entregado fuertes golpes con fuerza bruta. No creo tener ninguna experiencia al
juzgar una pelea, pero para mí, Nico es el líder evidente cuando toman sus asientos
en sus respectivas esquinas. Sus golpes son más fuertes, más precisos. Y tiene la
habilidad para recuperarse rápido de los que recibe. Pero en general, no parece ser
una pelea injusta.
Nuevamente en el segundo round es Nico quien sale arrasando. Golpea
rápido y conecta una serie de patadas, las cuales casi desploman a Trevor al suelo.
Trevor permanece de pie y apunta a Nico con un lance y un golpe que Nico consigue
evitar al zigzaguear, dejando a Trevor tambaleándose hacia delante con el ímpetu
del golpe que nunca conecta. Nico ve la oportunidad y la aprovecha, golpeando
brutalmente en la espalda del hombre antes de que tenga tiempo de recobrarse del
golpe errado. Todo es demasiado, demasiado rápido, y Trevor cae hacia delante,
aterrizando primero con las rodillas, antes de que ambos brazos se extiendan y se
desplome de cara en la colchoneta de abajo. Por más de un segundo, yace inmóvil en
el suelo. Pero eso es todo lo que toma. Observo a medida que algo pasa a través de
la cara de Nico y todo cambia.
Nico se queda parado allí, mirando perplejamente a su oponente, incluso
mientras Trevor se recupera, tomándose su tiempo para levantarse, tambaleándose
en sus pies antes de permanecer recto. Es como si hubiera renunciado a la pelea,
202

salvo que quedan más de dos minutos en el reloj hasta el final del round. Pero
aunque Nico pueda haber tirado la toalla, su oponente lo ve como una oportunidad.
Página

Golpea a Nico con un izquierdazo, luego un rápido derechazo. El segundo golpe


conectando con tanta fuerza que veo en cámara lenta como la cabeza de Nico se
balancea a un lado y sangre salpica de su nariz por toda la tela gris brillante de
abajo.
Observo con horror mientras Nico es golpeado, cada serie de golpes
quitándome el aliento. Ni siquiera se está protegiendo, solo está parado allí y
aceptándolo, como si fuera su castigo y necesita ser bastante hombre para aceptarlo.
Preach está gritando como loco desde un lateral, intentando espabilar a Nico, pero es
como si ni siquiera lo escuchara. Hago una mueca ante cada golpe, rogando
silenciosamente a que el árbitro detenga la pelea. No conozco las reglas, pero esto
no puede ser legal. Claramente, el árbitro ve que Nico ha abandonado y estar en la
jaula es peligroso para un hombre que ni siquiera se protegerá. Pero permiten que la
pelea continúe y continúe, y son los dos minutos más largos de toda mi vida.
Para cuando el timbre suena al final del round, Nico es una masa sangrienta y
quiero morirme. Me siento desamparada y quiero correr hasta la jaula agarrarlo y
abrazarlo contra mí y decirle que todo va a estar bien. Solo que no puedo.
La multitud tampoco sabe qué pensar del asunto. Los cánticos una vez
frenéticos de ¡Nico! ¡Nico! han muerto e incluso Vinny y Max están
escalofriantemente en silencio en sus asientos. Es como si todos hubieran aceptado
el camino que Nico ha escogido… pero yo no puedo. No lo haré. Me niego.
El round final comienza casi igual que como acabó el anterior, con Nico
siendo golpeado en la cara y haciendo poco para cambiar las cosas. No entiendo por
qué todos están en silencio. Sus hermanos están todos sentados y su madre se sienta
silenciosamente en el borde de su silla, pálida, su rostro apartado de la pelea. Ni
siquiera puede soportar mirar.
No puedo quedarme quieta y observar en silencio caer sin una pelea. Así que
no lo hago. Me levanto de la silla y comienzo a gritar. Como una loca. La gente
alrededor de mí se me queda mirando, pero no me importa. A la mierda ellos, todos
estaban cantando su nombre cuando estaba ganando, pero ¿dónde están ahora? Tras
unos cuantos golpes que pocos hombres serían capaces de soportar, mucho menos
mantenerse de pie, Trevor arremete y lleva a Nico a la lona. Los dos hombres luchan
por unos segundos, y luego Trevor emerge encima, el brazo de Nico sujeto detrás de
su espalda, su cabeza contra el suelo.
—¡Levántate, Nico! ¡Maldita sea, levántate! —Mis gritos salen rasgados de
mis pulmones, cada palabra ardiendo como si sangrara de mí. No sé si me escucha
203

gritar, pero de alguna manera lo dudo ya que Preach está más cerca y parece que no
puede llamar su atención. Pero entonces algo sucede. Nico alza su cabeza de la lona,
Página
su brazo todavía detrás de su espalda, y pude haber jurado, por un instante, que mira
directamente hacia mí.
Queda menos de un minuto en la lucha, pero ambos sabemos que mucho
puede cambiar en un solo minuto. El curso de toda una vida puede ser redirigido, un
hombre puede escoger vivir, un hombre puede morir inesperadamente. Nada acaba
hasta que renuncias o das tu último aliento.
No tengo idea cómo Nico consigue salir del agarre en el que Trevor lo tenía
sin romperse el brazo, pero menos de dos segundos han pasado en el reloj y Nico
está de vuelta de pie y hay fuego en sus ojos. Trevor vuelve a levantarse y se
prepara, esperando continuar con la pelea, pero ya no es una continuación, de
repente, es una lucha completamente nueva. Nico conecta un golpe a los riñones y
su oponente se tambalea hacia atrás tres pasos. No hay tiempo para que Trevor se
recupere, para ganar equilibro, antes de que Nico arremeta, llevándolo a la lona. Y
después, Nico se haya encima, conectando golpe tras golpe, cada uno más doloroso
que el anterior, aunque es Nico quien quiero que salga ileso.
Quedan menos de diez segundos en el reloj cuando Nico retrocede levemente,
pero su terco oponente alza la cabeza, intentando desesperadamente levantarse sobre
sus cansados pies. Y entonces Nico lo concluye y lo golpea. Con fuerza. La cabeza
del hombre se balancea, pareciendo inestable de lado a lado, sus ojos poniéndose en
blanco en su cabeza antes de cerrarse. Observo a cámara lenta cuando su cabeza
rebota hacia arriba y abajo dos veces antes de finalmente quedar yaciendo inmóvil
en la lona.
La arena se queda en silencio. Aunque hay veinte mil personas en el lugar,
puedo escuchar al paramédico corriendo a la jaula gritar órdenes y al árbitro decirles
a los hombres en traje observando desde los laterales que va a dar por terminada la
pelea. Nockout.
Agitan algo bajo la nariz del peleador y veo a su cabeza sacudirse de lado a
lado. Está despierto, vivo y hay un suspiro colectivo que se escucha en todo el
estadio. Tras unos cuantos minutos, Trevor se levanta con ayuda de su entrenador y
sale de la jaula. Pero Nico sigue allí, mirando fijamente al lugar donde Trevor una
vez yació, incluso mientras el árbitro alza su brazo en victoria.
La multitud enardece, pero lo veo en la cara de Nico, no hay razón para
celebrar.
204

A medida que me dirijo a encontrarme con Nico, me inquieta que pueda


Página

echarme cuando llegue al vestuario. Me sorprende encontrar a una docena de


personas esperando en fila fuera de su puerta. Incluso más me sorprende encontrar la
misma cantidad ya dentro. Fotógrafos compitiendo por las fotos del nuevo campeón,
pero puedo notar que él no está de humor. Dos de las barbies en bikini de la
presentación, están intentando acurrucarse a cada lado de él, mientras las fotos son
tomadas con emoción. Sé que todo eso forma parte de la publicidad, pero mis
nervios están disparados y no me queda paciencia.
—No lo toques —advierto, cuando una de ellas alza la pierna y la envuelve
alrededor de Nico.
Ella se detiene y me mira de arriba abajo, sonriendo a mi camiseta,
probablemente piensa que soy alguna groupie solitaria, esperando tener suerte esta
noche. Que no soy competencia para su abierta invitación a algo seguro. Pero no
tengo tiempo o paciencia para fingir que me importa lo que piense. Nico me mira
detenidamente cuando doy unos cuantos pasos para acortar la distancia entre
nosotros.
—Salgamos de aquí. —Estoy aliviada ante las palabras de Nico. Si él no
hubiera sugerido irnos, probablemente yo lo habría exigido.
Hay demasiadas personas para contarlas gritándole a Nico que no puede irse
cuando atraviesa la puerta. Pero a ninguno de nosotros nos importa.

205
Página
Elle
Traducido por Vero Morrison

Corregido por Bella’

Y a han pasado casi dos días. Nico no me ha alejado como la última


vez, pero es como si lo hubiera hecho, porque de todas formas me ha
dejado fuera… junto con todos los demás. Lo he intentado todo:
abrazarlo, hablarle en voz baja, incluso acurrucarme contra él con el trasero
desnudo, aun así no he obtenido respuesta. Estoy comenzando a pensar que Preach
tiene razón, necesita un doctor.
Me rompió el corazón la primera noche cuando se quedó mirando fijamente
el techo. No lo dijo, pero sabía por qué no podía cerrar los ojos. Pasé por lo mismo
durante años. En lugar de ver la oscuridad y la calma, permitirse ir a la deriva hacia
el país de los sueños, ves ese momento, el que está congelado en el tiempo en tu
mente. Y entonces tienes miedo de cerrar los ojos. Miedo de dormir, miedo de las
pesadillas que sabes que vendrán. Terror de ser obligado a revivirlo todo de nuevo
en tu cabeza, porque todo va a parecer tan real.
Ayer finalmente tomé las píldoras que Preach había estado intentando darme
para presionarlo desde la primera noche. Su cuerpo necesita descansar, las lesiones
físicas requieren tiempo para sanar. Nico pudo haber sido el ganador, pero su cuerpo
recibió una paliza implacable en esos breves minutos que se rindió. Está hinchado,
tiene cortes y muchos moretones. En todas partes. Le puse hielo en las heridas
cuando finalmente se durmió, alternando diferentes lugares de su cuerpo cada quince
minutos durante más de diez horas, hasta que no quedó nada frío en el congelador
para presionar contra él. Esas píldoras funcionan, no se movió ni una vez… ni por el
206

hielo presionado contra él ni por mi toque.


Pero hoy ha empeorado. Una enferma y retorcida parte de mí casi desea que
Página

aún estuviera drogado y dormido. Al menos así podía fingir que todo era normal y
que solo se estaba recuperando de la pelea. Hoy ya no está adormilado o retraído,
está recuperado y no quiere tener nada que ver conmigo. No me dice que me vaya,
pero no tiene que hacerlo. Su cuerpo lo dijo cuando lo toqué esta mañana y se
estremeció. Debería ser más comprensiva con lo que le está pasando, pero su
reacción innata me destrozó, rompiendo mi corazón en pedazos.
No quiero presionarlo, pero no puedo evitarlo. Soy egoísta, odio la sensación
en mi estómago, necesito saber que está bien. Que estaremos bien. No tengo idea de
si funcionará, pero ya no puedo quedarme aquí esperando a que me empuje más
lejos. Él no lo reconoce cuando empaco mi bolso, me gustaría que su deseo de que
me quedara fuera más fuerte. Que fuera suficiente para hacer que reaccionara
cuando me viera salir por la puerta. Pero en su lugar, solo asiente cuando le digo que
me voy a casa. Le doy un beso de despedida en los labios suavemente, a pesar de
que no responde. Quiero sentir esa hermosa boca sobre la mía una última vez antes
de irme, sabiendo que podría ser la última después de lo que estoy a punto de hacer.

A pesar de que tomé unos días de descanso, voy directamente a la oficina


desde la casa de Nico para hablar con Regina, esperando que ella apoye mi decisión.
Lawrence está en el escritorio cuando entro, y está sonriendo. Probablemente piensa
que hemos estado fuera celebrando. Su rostro cae cuando me acerco. Soy un
desastre y ni siquiera puedo empezar a tratar de ocultarlo.
—¿Puedes tomar un almuerzo temprano? —Regina se pone de pie para ir
conmigo antes de que termine la pregunta.
Lawrence no se opone cuando le digo que necesito el resto de la semana libre.
Apenas me he tomado un tiempo desde que comencé y trabajo el doble de la
cantidad de horas que la mayoría.
Lawrence me detiene cuando me vuelvo para irme con Regina.
—Cuídate. Y quédate con ella por el resto del día. Le pediré a mi esposa que
venga y trabaje en la recepción. Me ha estado molestando para que pase más tiempo
con ella de todos modos… tal vez esto cuente a favor de mi nueva cuota. —Intenta
minimizar su preocupación por mí, pero está escrito en su rostro claro como el día.
Sorprendiéndolo, me estiro y beso su mejilla antes de que Regina y yo salgamos de
la oficina.
207

Es cierto, en realidad se puede encontrar cualquier cosa en Google y un poco


Página

de determinación en estos días. Tan pronto como encuentro lo que necesito, llamo y
arreglo un horario para verlo al día siguiente. Desearía que fuera hoy, pero tendrá
que bastar. Regina se queda conmigo el resto de la noche, fingiendo quedarse
dormida en mi sofá, pero sé que nunca planeó irse desde el momento en que me vio
hoy.

Nico
Han pasado días desde que la vi. Al menos creo que así ha sido. Un día se
mezcla con el siguiente cuando te la pasas tirado y te revuelcas en la autocompasión.
No ha llamado desde que se fue y no la culpo.
El jodido Preach me hizo creer que la pelea me sanaría, que volver a entrar en
la jaula me haría sentir completo otra vez, normal. Las cosas estaban empezando a ir
bien por primera vez en mucho tiempo antes de regresar. Fue mi decisión, pero
nunca perdonaré a Preach por decirme que era lo correcto.
Debería haber terminado lo que empecé, dejar que me golpeara hasta que
estuviera inconsciente. Pero entonces comencé a levantarme de la estera, listo para
recibir mi penitencia final, cuando la vi. Fue solo un segundo, pero eso fue todo lo
que hizo falta. De pie sobre su silla, gritando y alentando, usando mi rostro en su
camiseta. Pensé que era una señal. Una señal de que Preach tenía razón y necesitaba
recuperar lo que era mío, seguir adelante con mi vida. Así que lo hice. Me puse
sobre el hermano del hombre que maté… el hombre que se parece a él, y di otro
golpe. Y no se movió. Su cabeza se sacudió a cámara lenta y observé cómo rebotaba
sin vida en la estera. Pensé que había asesinado. De nuevo.
Jodido Preach. Supéralo, recupera tu vida y sigue adelante, es lo que me dijo.
Mira a dónde me ha llevado. Le he mostrado a la primera persona que pensé que me
entendía en mucho tiempo mis verdaderos colores. Soy un monstruo. No la culpo
por dejarme.
El timbre suena de nuevo desde abajo. Sé que es Preach, es el único que se
niega a escuchar y dejarme en paz. Así que Dios ayúdame, puede que no sea capaz
de refrenarme de moler a golpes al anciano esta vez. Ha agotado mi paciencia y no
208

se necesitará mucho para pagar el castigo que se merece. El bastardo también


debería sentirse miserable.
Página
Envío el ascensor abajo y espero pacientemente mientras vuelve a subir. Ya
he terminado con él y va a saberlo. Prácticamente arrancando la puerta del elevador
de las bisagras, la abro de golpe, listo para saltar sobre Preach.
—¡Qué demonios!
El desconcertado visitante da un paso atrás, levantando las manos en
rendición. Por un segundo, estoy confundido, casi sin reconocer al hombre
retrocediendo en mi elevador completamente vestido.
—Wooo, hombre. Si no es un buen momento, me iré.
Me quedo ahí parado, sin saber qué decir ni hacer. Estoy un poco
conmocionado por verlo. Su rostro se relaja un poco cuando mi ira es reemplazada
por confusión.
—¿Vas a invitarme a entrar, o a patearme el trasero de nuevo? —Trevor
sonríe. Su rostro tiene moretones y cortes, pero está ahí, dentro de mi elevador,
viéndose mejor que yo.
Finalmente me aparto a un lado, haciendo un gesto para que entre. Trevor
entra y silba con aprobación.
—Lindo lugar. —Observo, a medida que inspecciona alrededor, sus ojos se
posan en el cinturón del campeonato que no he tocado desde que Preach me lo lanzó
hace dos días. Está en el suelo de la sala de estar.
Trevor se ríe.
—Si ese fuera mi cinturón, todavía lo estaría usando. Apuesto a que esa cosa
puede conseguir un montón de buenas tetas y traseros.
No me estoy riendo con él cuando dirige su atención hacia mí, la
comprensión se extiende por su rostro cuando habla.
—Cierto, no necesitas nada de esa mierda. Esa pequeña abogada tuya es
jodidamente caliente, pero seguro que es un hueso duro de roer. Podría venderle
hielo a un esquimal. —Sacude la cabeza como si estuviera reflexionando.
Mis puños se aprietan a mis costados con la mención de Elle. ¿Quién se cree
que es este payaso para entrar en mi casa y hablar mierda de mi chica? Como un
buen luchador, lee mi rostro y sabe que se avecinan problemas. Levanta las manos
una vez más fingiendo rendición, y dice:
209

—Tómalo con calma, hombre, no quise decir nada con eso. Es una gran
Página

dama.
—¿Qué sabes de Elle? Levantar las manos a modo de rendición no me va a
detener cuando hables de Elle, pero hará que me sea más fácil arrancarte los ojos
para que nunca más vuelvas a mirarla.
—Vino a verme, hombre. Fui un perfecto caballero, cálmate. No soy lo
suficientemente estúpido para arriesgarme a ser derribado a golpes dos veces por ti.
Me obligo a relajar mis puños cerrados.
—Mira, no entiendo de qué estás hablando. ¿Quieres ayudarme aquí?
Trevor asiente.
—Tu mujer vino a verme. Me puso al corriente de que te estás comiendo la
cabeza por nuestra pelea. —Se detiene y respira hondo—. Y la pelea con mi
hermano.
Ahora tiene mi atención. Trevor me mira a los ojos, cara a cara cuando
continúa.
—Lo de mi hermano no fue culpa tuya. No te culpamos. Podría haber sido
cualquier luchador ahí dentro. Podría haberle pasado a cualquiera de nosotros,
incluso a mí. Su cabeza no estaba bien. Los médicos dijeron que era un sangrado
lento y podría haber explotado en cualquier momento.
Estoy escuchando las palabras, pero no puedo creer que estén siendo dichas.
—Si yo no te culpo, ¿por qué sigues culpándote? —Tampoco tengo ninguna
respuesta para su pregunta—. Escucha, hombre. En el fondo, sabía que no tenía
ninguna posibilidad contigo. Pero la pelea era buena para mí, me dio la exposición
que necesitaba para hacerme un nombre. Ya sabes que esa basura de la revancha fue
todo para vender entradas. —Camina hacia el ascensor abierto, poniendo la mano
sobre mi hombro cuando pasa.
Trevor levanta la puerta y parece que va a salir, pero luego se vuelve hacia mí
de nuevo.
—Frankie no querría que llevaras esto a todas partes contigo. Él pensaba que
eras el mejor. Solía verte en la televisión todo el tiempo y trataba de memorizar tus
movimientos. Querría que llevaras tu perezoso trasero de vuelta a la jaula y les
mostraras cómo se hace. —Levanta una mano, ofreciéndome un saludo y da un
paso dentro del ascensor—. Y si eso no saca tu cabeza de tu trasero, te doy
210

veinticuatro horas para ir tras la abogada. Si no está sonriendo bastante para


entonces, te juro que probaré suerte intentando devolverle la sonrisa a su rostro. —
Página

Cierra la puerta de golpe, asegurando el pestillo.


Hombre inteligente, poniendo acero entre nosotros después del último
comentario.

211
Página
Elle
Traducido por âmenoire

Corregidor por Bella’

H oy he desgastado en exceso un pedazo en la parte con alfombra en


mi sala de estar. Algunas veces las mejores intenciones terminan
siendo los clavos que construyen la casa del fracaso. Trevor dijo que
iría a verlo y sonó sincero, pero ni siquiera estoy segura si realmente lo hizo. Peor
aún, ¿qué tal si fue a verlo y Nico ve el que fuera detrás de sus espaldas como algo
traicionero… imperdonable?
Y entonces mi teléfono suena y mi corazón se acelera con esperanza. Pero
rápidamente se detiene cuando veo el rostro de Regina destellando en la pantalla. No
es que no valore su constante contacto conmigo desde que se fuera esta mañana,
pero no es el rostro que anhelo ver en mi pantalla.
Regina quiere que me encuentre con ella, que vaya a una reunión. En realidad
no quiero hacerlo, no estoy de humor para ser animada. Prefiero permanecer en casa
y enfurruñarme junto con mis amigos Ben y Jerry. Pero está preocupada por mí y
eso, en cambio, significa que no tomará un no por respuesta. Es implacable hasta
que finalmente acuerdo ir, y con toda honestidad, lo hago para que se calle. No creo
que necesite una reunión, pero acepto ir de todas formas porque sé que no dormirá
está noche si no lo hago.

Las reuniones de orientación para el manejo del duelo son parecidas a las
reuniones de alcohólicos anónimos. La gente viene y va, algunos perdiendo su
212

batalla para superar su duelo, otros siendo exitosos con sus esfuerzos y
compartiendo sus historias.
Página
Regina y yo asistimos a reuniones en el sótano del centro de su comunidad
durante más de diez años. Durante años asistí tres veces a la semana, nunca
compartiendo mi historia con nadie, pero escuchar a las personas me ayudó… saber
que no estaba sola en mi batalla. Es donde conocí a Regina.
Su esposo murió en un horrible accidente, donde el conductor estaba bajo la
influencia del alcohol y el pasajero quedó gravemente herido. Desafortunadamente,
su esposo era el conductor y ella el pasajero. Tanta gente intentó ayudarme al pasar
los años, pero fue Regina con quien finalmente conecté. Ambas estábamos
atormentadas por la culpa y la vergüenza, utilizando toda nuestra energía intentando
olvidar lo que sucedió en nuestras vidas. Me ayudó a dar pequeños pasos hacia
delante cuando pensé que necesitaba correr hacia atrás.
Reconocí unos cuantos rostros cuando tomamos nuestros asientos en la fila de
atrás, algunos habían estado aquí durante diez años como nosotras, para otros podría
ser su primera vez. Cualquiera podía compartir su historia, se suponía que no habría
juicios entre los miembros. Después de diez minutos, comienzo a relajarme. Por
mucho que odiara admitirlo, Regina tuvo razón al traerme aquí. Los últimos días han
abierto viejas heridas y hay consuelo en escuchar las amables palabras del líder en
relación con el perdón. También me hace pensar que hizo lo correcto con Nico,
incluso si él no lo reconoce. Prefiero que se cure y me odie, a que sufra y se quede a
mi lado.
El habitual líder del grupo anuncia que a un nuevo miembro le gustaría
hablar. Se nos recuerda la regla de los teléfonos apagados y todavía estoy
rebuscando mi teléfono en mi desorganizado bolso cuando la voz me golpea. Sé que
es él, pero cuando levanto mi mirada todavía no puedo creer lo que mis ojos están
viendo. Él no levanta la mirada a medida que habla tranquilamente.
—Una mujer inteligente me dijo que viniera aquí hace algunos meses… pero
fui demasiado terco para escuchar.
Nico inhala profundamente, exhalando audiblemente antes de comenzar, su
rostro todavía con la vista baja.
—Hace dieciocho meses maté a un hombre. No era mi intención hacerlo,
pero aun así sucedió. Soy un luchador y sucedió en la jaula. El árbitro lo marcó
como un golpe limpio, pero no cambia que fue mi mano la que le asestó el golpe que
lo mató. He pasado el último año de mi vida bajo una nube de culpa y vergüenza.
Continué, seguí a través de los movimientos todos los días, pero también estaba
213

muerto. Lamentaba la pérdida del hombre y la pérdida de quien era yo. Durante todo
un año. Un año de mi vida que no puedo volver atrás. Pero no fue hasta hoy que me
Página

di cuenta que lo perdí.


Nico se detiene y contengo la respiración cuando observo su cabeza
levantarse lentamente. Sus ojos encuentran los míos instantáneamente, justo como
todas las demás veces. Todo lo demás en la habitación desaparece y es como si
fuéramos las únicas dos personas en un largo túnel, sentados en extremos opuestos,
pero inexplicablemente atraídos hacia el otro.
—Entonces hoy me dieron un regalo. Un regalo de parte de una mujer
increíble. Me dio el regalo del perdón porque pensé que eso era lo que necesitaba
para seguir adelante. Pero estaba equivocado. Nadie me estaba deteniendo de seguir
adelante, solo yo. Me enseñó más sobre pelear por lo que quieres de lo que he
aprendido al pasar la mitad de mi vida en la jaula. Finalmente lo entiendo… lo que
nos hace seguir adelante es aceptar lo que sentimos y compartirlo.
La voz de Nico se vuelve temblorosa y peleo contra la urgencia de ir a
confortarlo, pero no puedo contener el flujo de lágrimas que cae por mi rostro
silenciosamente.
—Hoy hice la paz con eso, nena. Y tú me diste eso. Solo me gustaría que
hubiera algo que pudiera regresarte que significara tanto como lo que hiciste por mí.
Pero no hay una cosa tan grande como para considerar que estemos a mano. Así que
me tendrás, quiero pasar los próximos cincuenta o sesenta años intentando
retribuirte… agradeciéndote todos los días. Porque tú, mujer, eres todo lo que
necesito.
Mis pies no pueden llegar a él lo suficientemente rápido. Casi derribo dos
filas de sillas plegables frente a mí, tratando de abrirme camino. Pero cuando
finalmente lo hago, me sostiene tan fuertemente que todo lo demás se desvanece y
sé que vamos a estar bien. Mientras nos tengamos el uno al otro.

214
Página
Elle
Traducido por LizC

Corregido por Bella’

Seis meses después…

E s casi la una de la tarde del sábado cuando salgo de la oficina. Nico


me pidió que fuera al gimnasio para ayudarlo con algo. Está siendo
evasivo, no me dice de qué se trata. Tengo un pequeño nudo en mi
estómago a medida que conduzco, esperando no estar escuchando malas
noticias. Los últimos seis meses han sido el momento más feliz de mi vida. Ni
siquiera me había dado cuenta lo que había estado perdiéndome hasta que conocí a
Nico Hunter. Pero él tiene otra pelea aproximándose pronto y me preocupa que
pueda haber escuchado noticias que podrían empujarlo de vuelta. Hemos progresado
tanto, individualmente y como pareja. Ambos finalmente estamos poniendo nuestro
pasado en su lugar y estamos avanzando… juntos. Ya no intentamos ahogarlo, nos
guste o no, nuestro pasado es nuestro, y nos ha convertido en lo que somos
hoy. Hora de aceptar y seguir adelante.
Me sorprendo cuando encuentro el gimnasio casi vacío. Normalmente los
sábados el lugar está lleno de chicos sin cuello. Sal está en la recepción y me dice
que Nico me está esperando en la sala de almacenamiento. La sala de
almacenamiento consiste en un gran espacio abierto, casi la mitad del tamaño del
gimnasio, solo que está inacabado y vacío, con unos estantes de metal revistiendo
las paredes y algunos archivadores de hace décadas. Nico debe estar archivando el
215

papeleo, algo que le hace sentirse intimidado y deja apilar durante mucho tiempo.
La sala de almacenamiento está a oscuras cuando abro la puerta y estoy a
Página

punto de cerrarla cuando una placa de identificación en la puerta llama mi


atención. Anexo de las Mujeres. No recuerdo haberla visto antes y ciertamente
habría recordado cualquier cosa que tenga que ver con mujeres en este gimnasio
masculino absolutamente de machos alfa.
La curiosidad consigue lo mejor de mí, así que entro y enciendo la luz,
aturdida ante la visión que encuentro ante mis ojos cuando se ajustan a la oscuridad.
Lo que una vez se pareció a un garaje inmenso, ahora está completamente acabado.
Las paredes están pintadas de rosa pálido, hay esteras de goma en el suelo, similares
a las negras en el gimnasio, pero son de color gris claro, menos intrusivas. Cuadros
cuelgan en las paredes, la mayoría de mujeres en ropa de gimnasia ejercitando y
practicando kickboxing. A mi derecha, hay una pared forrada con equipos de
ejercicio, todo cromo reluciente, brillante y nuevo. Espejos grandes cubren las
paredes detrás de los equipos y un movimiento en su reflejo capta mi atención y me
asusta por un segundo. Me doy la vuelta a mi izquierda siguiendo el reflejo y
encuentro a Nico parado en la puerta de una habitación, una habitación que ni
siquiera estaba allí la última vez que estuve aquí para tomar algunos suministros.
—¿Confundida? —Nico me sonríe, parece contento de encontrar que lo
estoy.
—¿Cuándo hiciste todo esto? ¿Y por qué no mencionaste que trabajabas en
ello?
—Porque quería que fuera una sorpresa.
—Es hermoso.
Miro alrededor, fijándome en la totalidad de la transformación. Es realmente
bonito. Diferente del gimnasio masculino que se encuentra al otro lado de la puerta.
Parece suave y acogedor, no duro e intimidante.
—Pero parece tan… ¿diferente del resto del gimnasio?
Nico ríe entre dientes.
—Es porque es diferente, nena.
—¿Es un gimnasio para mujeres?
—Más o menos. —Empujando su cuerpo desde el marco de la puerta, Nico
camina hacia mí. Me detengo y observo a medida que viene hasta mí, sabiendo que
no dejará ninguna distancia entre nosotros, invadirá mi espacio. Y lo hace. Se
216

detiene directamente frente a mí, lo suficientemente cerca para que los vellos de mis
brazos se levanten y mi cuerpo responda a su cercanía. Nunca me cansaré de lo que
Página

este hombre me hace sentir.


Nico envuelve su mano en mi cuello, empujándome para un beso rápido en
los labios, soltándome solo lo suficiente para que pueda ver su cara, pero nuestros
cuerpos todavía se tocan cuando continúa.
—Este es el nuevo centro de defensa personal para mujeres. Trabajé con
Janna, del refugio de mujeres maltratadas en el que trabajas como voluntaria. Voy a
dar clases tres noches a la semana, después de que el gimnasio de lucha cierre, para
hacer que las mujeres aprendan a defenderse.
No sé qué decir por un minuto, es raro que en realidad me quedara sin
palabras. Nico no se mueve. En su lugar espera, dándome tiempo para encarrilar mis
pensamientos. Su pulgar frota suavemente la parte posterior de mi cuello mientras lo
asimilo.
—¿Hiciste esto por mí? —Las palabras salen como un susurro, un
pensamiento que escapó de mi boca.
—Lo hice por nosotros. No pude estar allí para ti y tu madre cuando
necesitabas ayuda. Sé que no tiene sentido, pero nunca me perdonaré por no estar
allí para ti entonces. Pero puedo intentar estar allí para la próxima mujer que
necesite defenderse. —Nico hace una pausa, buscando algo en mis ojos
intensamente—. Cambiaste mi vida, me diste paz. Te prometí que pasaría el resto de
mi vida intentando devolverte lo que me diste. Esto es solo el comienzo.
—Yo… no sé qué decir.
—Di que te gusta, nena.
—Me gusta, cariño. —Sonriendo hacia el duro hombre alto alzado ante mí
mirándome tan dulcemente.
—Eso es bueno. Porque vas a ser mi asistente. —Sonríe como el gato
Cheshire.
Levanto las cejas con sorpresa.
—¿Lo soy?
—Sí, voy a poner mis manos por todo ese cuerpo tuyo al frente de la
habitación y vas a patear mi culo.
Alzo las manos detrás de su cuello. Haciendo mi mejor imitación de seriedad.
217

—No estoy segura de poder hacer eso.


Nico se ve preocupado y por un segundo me siento mal por engañarlo.
Página
—Lo siento, nena, si es demasiado duro…
—Oh, si es duro, definitivamente no estoy segura que pueda hacerlo… —
Sonrío.
Una mirada de alivio sobrevuela su rostro, pero es reemplazada rápidamente
por otra cosa… y ese algo más parece diabólico.
—Oh, siempre está duro por ti, nena. —Me empuja con más firmeza contra
él, demostrando que sus palabras hablan con verdad mientras siento su erección
gruesa empujarse hacia mí—. Vamos a bautizar nuestra nueva oficina.
—¿Nuestra nueva oficina?
—Sí, iba a darte la gira completa, pero ahora eso va a tener que esperar hasta
más tarde. Mucho más tarde.
Y lo hacemos. Bautizamos la nueva oficina… y la nueva sala de suministros,
y el suelo…

Elle
Tres meses después…

Mucho ha cambiado en el último año. Nico sigue siendo el campeón, pero


ahora celebramos después de una pelea. Hemos comenzado una nueva tradición de
tener una fiesta la noche después de una victoria en el gimnasio de Nico. Ninguno de
los dos mira hacia atrás a la hora en que ganar una pelea solo causaba dolor.
Mi madre incluso vino a la fiesta esta noche. No estaba lista para ver la pelea,
pero estamos trabajando hasta llegar a ello. A pasos de bebé, sin correr hacia atrás.
Miro a los sobrinos locos de Nico en el ring, llevando cascos tres veces demasiado
grandes para ellos. Preach, por supuesto, está en una esquina con un niño de ocho
años, y Nico entrenando al otro extremo. ¿Y el árbitro? Bueno, ese es Vinny, por
218

supuesto.
Página
Esta noche vamos a decirles a nuestras familias que nos vamos a casar. Ojalá
tuviera una historia romántica para compartir, tal vez que él se propuso en un paseo
en globo, o deslizó un mensaje pidiéndome matrimonio en una galleta de la fortuna.
Pero he accedido a casarme con Nico, con sus moretones y todo, el campeón más
caliente que el infierno de peso pesado, no algún mojigato Príncipe Azul. Así que
por el contrario, por el resto de mi vida voy a sonrojarme cuando piense en cómo se
me propuso el hombre por el que estoy locamente enamorada.

Nico
No hay ni un maldito ojo seco en la casa cuando anuncio que Elle aceptó
casarse conmigo anoche. Me hizo jurar que no compartiría que me la follé hasta que
aceptó casarse conmigo. Pero maldita sea si ella no gritó “sí” por lo menos media
docena de veces cuando sus orgasmos nos llevaron a ambos al borde la pasada
noche.
Podría no haber sido tradicional, pero es la forma en que quiero recordar el
momento más feliz de mi vida, así que al diablo la tradición… lo haremos a nuestra
propia manera. Tenía flores y una propuesta de rodilla planificada para hoy antes de
la fiesta, pero como un buen luchador, vi el momento, cambié las cosas sobre la
marcha, y fui a por ella. No pude evitarlo. Entré en mi habitación y ella estaba
acostada en la cama y me sonrió. Con el sol poniéndose, el cielo rojo filtrándose a
través de la ventana abierta y proyectando una sombra alrededor de ella. Y allí
estaba otra vez. Mi ángel. Así que le hice el amor y le dije lo que sentía. Que nunca
había sido más feliz en mi vida, que era mi ángel y que quería despertar con ella
todos los días por el resto de mi vida. Darle mi apellido y hacerlo oficial, aunque en
mi corazón ya estaba hecho.
Las mujeres la rodean y se maravillan con su anillo y empiezan a hacer un
millón de preguntas sobre la boda, a pesar de que acaba de suceder anoche. Me mira
fijamente y me sonríe.
Es su gran sonrisa boba, aquella que sé que no puede fingir… y es toda para
219

mí. Hace dos años, no pensé que alguna vez tendría paz en mi vida otra vez. Pero
hoy, cuando miro alrededor de la habitación, me doy cuenta que tengo mucho más.
Puedo no aceptar nunca que merezco lo que tengo, pero es mío a la vez. Le devuelvo
Página
la sonrisa a Elle cuando Preach se acerca a mí, palmeándome en el hombro a medida
que se detiene a mi lado fijándose en todo lo que estoy mirando.
—Eres un bastardo suertudo. —El viejo tiene habilidad con las palabras.
—Seguro que lo soy. Y nunca más lo olvidaré.

Elle
Ocho meses después…

Todavía estoy flotando después de los últimos días. Nuestra boda fue todo lo
que podría haber soñado, y mucho más. Nunca olvidaré la mirada en el rostro de
Nico cuando nuestros ojos se encontraron a medida que estaba de pie en la parte
trasera del pasillo. Tenía que haber por lo menos doscientas personas que se
volvieron a verme dar la caminata lenta hacia el altar, pero no vi a ninguna de ellas.
Todo lo demás se convirtió en un borrón, excepto la sonrisa en el rostro de Nico. El
rostro que observaba cada uno de mis pasos era tan claro como el cristal para mí,
mostrando cada emoción que sentía. Emociones que reflejaban las mías. Emociones
a las que finalmente di la bienvenida.
El sonido de las olas golpeando en la playa mientras caminamos, llena mis
oídos. El agua cálida moja mis pies con cada ola y no puedo esperar a que pase
sobre mí otra vez cuando se retira. Kauai es precioso, un lugar perfecto para una
luna de miel. Pero no tiene ninguna oportunidad con el atractivo rostro que me
sonríe cuando caminamos de la mano en la playa al sol de la tarde.
Entonces vislumbro mi sombra, y lo que veo me quita el aliento. Ya no estoy
huyendo de algo que no existe. No tengo que hacerlo. No veo mi propio fantasma en
una sombra cuando miro hacia abajo, veo a Nico. Su sombra se cierne sobre los dos.
Es grande y audaz, y se eleva sobre la mía de manera protectora. Justo como el
hombre.
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Página
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Conoce a Liv Michaels…
Puede haber pasado siete años, pero lo
reconocería en cualquier lugar. Claro, ha
crecido, se ha llenado en todos los lugares
correctos, pero sus ojos azules cautivadores y
su sonrisa arrogante son exactamente iguales a
como lo recuerdo. Aunque preferiría mucho más olvidarlo.
Liv Michaels está casi allí. Es inteligente, determinada y está a semanas de
aterrizar en el trabajo que ha soñado durante años. El tiempo sanó las viejas heridas,
incluso su corazón roto de la devastación de ser aplastado por su primer amor.
Conoce a Vince Stone…
Las mujeres aman a un luchador, especialmente uno bueno. Por suerte para
mí, soy jodidamente bueno. Pero hay una mujer que no está interesada. Bueno, no de
nuevo.
Vince “El Invencible” Stone es la fantasía de cada mujer: fuerte, sexy,
confiado y completamente en control. Al crecer rodeado del caos, aprendió a no
sentirse demasiado apegado. El amor puede arrastrarte hasta el infierno. Adora a las
mujeres, las trata bien, pone sus propias necesidades antes de las suyas… por la
noche en todo caso. Con la pelea más grande de su vida aproximándose, su enfoque
debería estar en el entrenamiento.
Cuando el destino vuelve a reunir a Vince y Liv una vez más, no se puede
negar que la química sigue ahí. Pero, ¿puede Vince borrar las viejas cicatrices que su
pasado dejó atrás? ¿O esta vez, será Liv quien le hará daño?
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Página

MMA Fighter #2
Vi Keeland es número uno del New York Times,
del Wall Street Journal y la autora más vendida del USA
Today. Con millones de libros vendidos, sus títulos han
aparecido en más de cien listas de libros más vendidos y
actualmente están traducidos a veinte idiomas. Reside en
Nueva York con su esposo y sus tres hijos, donde vive su
feliz para siempre con el niño que conoció a los seis años.
Datos curiosos que la mayoría de la gente no
sabe sobre mí:
* Un chico con cabello rubio platino y ojos verdes
claros me derribó de la bicicleta cuando tenía ocho años,
tengo una pequeña cicatriz en mi rodilla izquierda para
demostrarlo. De todos modos, me casé con él.
* Soy bajita, mi licencia dice un metro cincuenta y cinco… pero eso es
exagerado. Llevo tacones y tengo tetas grandes y una gran boca a juego, por lo que
la mayoría de las personas no se dan cuenta.
* No era una buena estudiante en la secundaria. Mi peor asignatura…
ciencias. Absolutamente lo odiaba. Me casé con un profesor de ciencias.
* Mi actividad favorita en el mundo es sentarme en una playa tranquila con
una copa de vino, el sol golpeando mi cara, los dedos de los pies enterrados en la
arena y leer.
* He tenido la misma mejor amiga durante treinta años. Viene el día del
lanzamiento a las 11 de la mañana y bebemos Bloody Marys.
* Me encanta viajar. Lugar de vacaciones favorito… Santorini, Grecia.
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STAFF DE
TRADUCCIÓN STAFF DE
CORRECCIÓN
Moderadora
LizC Correctoras
Disv
Bella’
Traductoras
Larochz
AsheDarcy
LizC
âmenoire
Taywong
Flochi
Brisamar58
Florff
Luna PR
Kalired
LizC
Lyla Recopilación y
M.Arte revisión
Magnie LizC y Masi
Smile.8
Rihano
Diseño
Vero Morrison
JanLove
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