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PERÚ CONTRA ECUADOR: LA GUERRA DEL ALTO CENEPA DE 1995

La historia de los conflictos fronterizos entre Ecuador y Perú comenzó en 1840,


pero estuvo basada en las imprecisas fronteras trazadas por las autoridades
españolas durante la colonización, así como en los esfuerzos frustrados de los
políticos de los subsecuentes gobiernos independientes y el terreno local.

El periodo moderno de conflictos entre Perú y Ecuador comienza en 1941, cuando


una serie de escaramuzas a lo largo de la frontera se desarrolló en una guerra a
plena escala. Desplegando unas 15,000 tropas, los peruanos superaron a unos
3,000 ecuatorianos ocupando la provincia de El Oro, y entonces un cese al fuego
fue rápidamente acordado por Argentina, Brasil, Chile y los EUA. Después de
complicadas negociaciones Perú y Ecuador alcanzaron un acuerdo sobre la línea
fronteriza, y firmaron el Protocolo de Río de Janeiro, un tratado de paz, en 1942.
Las fuerzas peruanas fueron subsecuentemente retiradas.

Después del cese al fuego, y en cooperación con Argentina, Brasil, Chile y los
EUA, Perú y Ecuador comenzaron a demarcar la frontera mutua. Esto demostró
ser una tarea excepcionalmente difícil debido a que una buena parte de la
frontera corre a través de una tupida selva y no sólo está muy distante de
grandes asentamientos de Ecuador y Perú, sino también en áreas sin ningún tipo
de comunicaciones terrestres. La Fuerza Aérea de los EUA puso manos a la obra,
conduciendo una gran operación aérea de información para mapear la entera
zona fronteriza, dado que antes de ese tiempo los mapas disponibles eran
precisos sólo para partes específicas de las áreas fronterizas. De otro lado, el
Protocolo había establecido la línea fronteriza a lo largo del divortium aquarium de
los ríos Santiago y Zamora, lo que era la Cordillera del Cóndor. La misión aérea
de la USAF (United States Air Force) descubrió un nuevo río, sin embargo, el
Cenepa, que corre desde esa cordillera hasta el río Marañón en el norte hasta el
sur. Esta situación fue expuesta al mediador brasileño, Braz Diaz de Aquiar,
quien en 1945 estableció el río Cenepa como ubicado en territorio peruano y la
línea fronteriza a correr a lo largo de la Cordillera del Cóndor.

Así la disputa fronteriza permaneció irresuelta debido a la disputa de considerar


la demarcación de unos 78 km en la Cordillera del Cóndor, a pesar del hecho que
la mayoría de la larga frontera de 1,600 km ya había sido fijada.
Correspondientemente, ambos países comenzaron a establecer un número de
puestos militares en el área para proteger sus intereses, Ecuador en las alturas
de la Cordillera del Cóndor y Perú en el valle del Cenepa. La posición y posesión
de estos puestos iba a convertirse en una razón para dos guerras entre Ecuador y
Perú desde entonces.
La más poderosa fuerza aérea en Latinoamérica

Perú solía tener una de las más modernas y mejor equipadas fuerzas aéreas de
Latinoamérica. Un cuerpo aéreo militar fue establecido ya en 1919, usando una
mezcla de aviones británicos y franceses. En 1929, el Cuerpo de Aeronáutica del
Perú (CAP) fue formado, con su título cambiando en 1950 a Fuerza Aérea del
Perú (FAP). Durante la guerra con Ecuador en 1941, el Escuadrón Caza 411 del
CAP voló cazas norteamericanos NA-50 Little Bull, mientras que el 11° Escuadrón
de Bombarderos fue equipado con bombarderos Caproni 310 Libeccio. Ambos
tipos eran usados para apoyar fuerzas terrestres. El servicio adquirió Republic P-
47 Thunderbolt, B-25 Mitchell y Lockheed PV-2 Harpoon en los cuarentas, antes de
lanzarse a una campaña de modernización, en 1955, que resultó en la
adquisición de sus primeros aviones jet.

Una de las primeras órdenes para nuevos aviones incluían 12 norteamericanos F-


86 Sabre y 12 Lockheed F-80C Shooting Star, seguidos de 8 Douglas B-26 Invader
como reemplazos para los Thunderbolt y Mitchell, respectivamente. Rápidamente
traídos desde los EUA, estos cazas entraron en servicio con dos escuadrones del
Grupo 12, basados entonces en la Base Aérea Las Palmas, mientras que los
Invader fueron asignados al 21° Escuadrón de Bombarderos Ligeros.
Interesantemente, la FAP mantuvo a sus sobrevivientes B-25 en servicio con el
23° Escuadrón por un tiempo después de la entrega de los B-26,
incrementándose su número a 18 aparatos.

Simultáneamente con los Sabre, Perú también ordenó 16 Hunter F-52 ex RFA. La
venta de los Hunter al Perú fue considerada un triunfo mayor en el RU, dado que
en ese tiempo los EUA no sólo estaban más que ansiosos de proveer aviones
Sabre a cualquier país sudamericano, sino que también tenían un exceso de
aviones y en consecuencia eran más baratos: los aviones que quedaron después
de la Guerra Coreana, así como también contaban con un virtual monopolio en
ventas de equipo militar pesado en la región. Las entregas de aviones Hunter
comenzaron en 1956, y el tipo entró en servicio con el Escuadrón Caza 14, en
Talara. Perú después ordenó un avión adicional Hunter T-62 de doble plaza: junto
con los aviones Sabre, el tipo iba a permanecer como el núcleo de la fuerza caza-
bombardera de la FAP hasta mediados de los setentas.

Simultáneamente con los Hunter, la FAP ordenó 8 aviones ingleses Electric


Canberra B(I)-8, entregados entre mayo de 1956 y marzo de 1957. Estos entraron
en servicio con el 22° Escuadrón Bombardero del Grupo Bombardero 21, basado
en Chiclayo, cuyas tripulaciones fueron especialmente entrenadas en guerra
contrainsurgente. En 1959, la FAP emitió su segunda orden para un
recientemente construido B(I)-8, y este avión fue entregado al año siguiente. Con
esto, la FAP tenía un grupo de tres unidades bombarderas, el 21° Escuadrón
volando aviones B-26, el 22° con aviones Canberra y el 23° Escuadrón con
aviones B-25.
La siguiente fase de modernización de la FAP fue lanzada en 1965, con la tercera
orden de Canberra emitida a lo que era en ese entonces la British Aircraft
Corporation (BAC), para equipar un segundo escuadrón en el Grupo 21. Esto
incluía 8 repotenciados Canberra ex RFA (incluyendo 6 B.Mk-2 y 2 T.Mk-4). Los
dos aviones de entrenamiento fueron entregados ya en 1966, mientras que el
resto de aviones llegó en 1967. La BAC aparentemente suministró después
paquetes de actualización para ambas variantes, lo que les dio a los aviones
nuevas designaciones: el B.Mk-2 se convirtió en el B.Mk-72 y los aviones de
entrenamiento se convirtieron en T.Mk-74. Entre 1969 y 1981 sólo 2 Canberra
fueron perdidos en incidentes de tiempos de paz. Los dos escuadrones Canberra
principalmente operaron de Chiclayo a Lima.

Finalmente, en 1968, la FAP emitió una cuarta orden para aviones Canberra,
para el suministro de 6 aviones B.Mk-2 ex RFA, repotenciados y modificados al
estándar B(I).Mk-56. La FAP emitió dos órdenes adicionales para aviones
Canberra en los años subsecuentes, aunque no fueron tan significativas como las
previas. La quinta orden fue emitida en 1969, e incluía un simple B(I).Mk-68; y la
sexta orden fue otra vez por un único avión, esta vez otro T.Mk-74.

Los aviones Canberra de la FAP estaban razonablemente bien armados para su


tiempo. Incluso podían llevar misiles Nord aire-aire montados en pilones
alargados bajo sus alas, así como cápsulas multi-cohete Microcell, cápsulas de
ametralladoras gemelas de 7.62 mm y pilones para alojar bombas de 245 kg o
455 kg; todo esto además de las cargas internas normales.

Aviones Mirage y Sukhoi

La base para el día de la modernización de la FAP fue plantada en 1968, cuando


los primeros 16 aviones Dassault Mirage-5 fueron comprados de Francia, para
reemplazar los por entonces obsoletos cazas de primera generación. La FAP fue
así la primera fuerza aérea sudamericana y sólo la segunda fuerza aérea
latinoamericana, en volar cazas supersónicos, sólo después de Cuba.

Los Mirage fueron entregados a Perú entre mayo de 1968 y diciembre de 1969. La
primera entrega consistía de 14 aviones monoplaza Mirage-5P y dos aviones
biplaza de entrenamiento de conversión Mirage-5DP. En 1974 ocho adicionales
Mirage-5P fueron comprados seguidos, dos años después, por otro Mirage-5DP.
Todos entraron en servicio con el Grupo 13, basados en Chiclayo.
El primer caza supersónico en Sudamérica: este Mirage 5P, con serie 183, pertenecía a la
segunda entrega de 8 aviones suministrados en 1974.

Casi simultáneamente con la llegada de los primeros Mirage, Perú se aseguró


entregas de aviones Cessna T-37 y A-37 de los EUA. Los primeros en llegar fueron
15 nuevos T-37.B, seguidos de 5 aviones T-37.B y 12 T-37.C ex USAF. Todos estos
aviones entraron en servicio con el Escuadrón 512 del Grupo 51, basado en Las
Palmas, que era una parte de la Escuela de Oficiales. Entre 1975 y 1977 la FAP
adquirió también 36 aviones Cessna A-37.B, que reemplazaron a los 8 agotados
B-26 (de los que 5 eran considerados adecuados en ese tiempo) y entraron en
servicio con dos escuadrones del Grupo 7, basados en Piura. Aunque proveían
una excelente plataforma en entrenamiento y artillería, el tipo sufrió reportes de
considerable desgaste y para 1995 unos 24 aviones A-37.B permanecían intactos,
de los que sólo 5 eran capaces de misiones plenas.

En los años siguientes Perú intentó ordenar incluso más Mirage, aunque
aparentemente sin éxito. De hecho, se dio una negativa del Occidente a
suministrar más cazas modernos; para entonces los restantes F-86 todavía
necesitaban ser reemplazados, aunque los EUA estaban ejerciendo presión sobre
potenciales vendedores para no vender cualquier avión moderno a Latinoamérica,
causando que Perú finalmente estableciera contactos con la URSS.

En 1974, Lima y Moscú firmaron un acuerdo para la entrega de 32 aviones


monoplaza Sukhoi Su-20M y 2 biplaza Su-22.U, valorizados en 250 millones de
dólares y designados como Su-22 en la versión a ser suministrada al Perú. Los
primeros aviones comenzaron a llegar en junio de 1977 y entraron en servicio con
el 111° Escuadrón. Tres años después, en 1980, 16 aviones Su-22M más
(realmente Su-22M-3K) fueron comprados para el 411° Escuadrón basado en La
Joya. Aunque equipados con pocos dispositivos relativamente modernos, como
los rastreadores láser Fon y Klen-PS, los peruanos Su-22 y Su-22M de otro lado
tenían sistemas de aviónica muy básicos. No obstante, los reportes
estadounidenses de que sus transpondedores IFF eran incompatibles con los
antiaéreos de los S-125 Neva (Código ASCC SA-3 Goa) suministrados a Perú en el
mismo periodo de tiempo son errados: los peruanos SA-3 tenían equipo de
interceptación IFF modificado para interceptar los transpondedores del Su-22, e
incluso algunos de los aviones hechos en occidente de la FAP fueron equipados
con transpondedores IFF compatibles, para permitirles operaciones en áreas
defendidas por estos antiaéreos. Los Sukhoi también fueron armados con misiles
aire-aire R-3 y R-13M (Código ASCC AA-2 Atoll): un tipo de arma que en ese
tiempo era una rareza en Sudamérica.

Junto a esto, los Su-22 de la FAP podían cargar inmensas cuentas de artillería.
Su principal problema era el alcance, considerado insuficiente para necesidades
peruanas. Por este propósito la FAP intentó contar con apoyo francés; montar
dispositivos de sondas de reabastecimiento en vuelo (IFR por sus siglas en inglés)
en algunos de sus Sukhoi, con el objetivo de incrementar su alcance y resistencia.
Eventualmente, a pesar de algún éxito, debido a la falta de financiamiento, esta
medida sólo fue evaluada y no fue implementada para la flota entera.

Durante finales de los setenta la FAP trabajó intensamente en incrementar el


poder de fuego de sus Mirage, y hubo serios planes para actualizarlos al estándar
5P-4, esencialmente similares al pakistaní Mirage 5P-3, que vería a los aviones
siendo equipados con nuevos HUD1, INS2, dispensadores de estática y bengalas,
RWR3 y configuración canard. De acuerdo a algunas fuentes, los pocos aviones
Mirage actualizados de la FAP también iban a recibir el radar Cyrano o Agave y a
compatibilizarse con los misiles anti-embarques Aerospatiale AM-39 Exocet. Sin
embargo, la mayoría de elementos de este plan falló, incluyendo la adquisición de
misiles aire-aire Matra R.550 Magic Mk.I y Mk.II; principalmente por razones de
costo. Es más, la FAP se limitó sólo a marginales actualizaciones de 15 Mirage-5P,
incluyendo la adición del avanzado INS Litton, HUD Thomson-CSF y un
rastreador de alcance por láser CSR bajo la nariz.

Todos los aviones Mirage actualizados también contaban con sondas IFR de
origen francés, así como sistemas RWR y avanzados ECM4. Diez aviones Mirage-
5P no actualizados fueron vendidos a Argentina en 1982, como señal de la
solidaridad peruana con el país que estaba en guerra con el RU en ese momento.

1
Visualización cabeza-arriba o frontal. Del inglés Head-up display, es una pantalla transparente que
presenta información al usuario de tal forma que éste no deba cambiar su punto de vista para ver dicha
información.
2
Sistema de navegación inercial (del inglés inertial navigation system). Es un sistema de ayuda a la
navegación que usa un computador, sensores de movimiento y sensores de rotación para calcular
continuamente mediante estimación de la posición, orientación y velocidad (dirección y rapidez de
movimiento) de un objeto en movimiento sin necesidad de referencias externas.
3
Receptor de advertencia por radar, es un sistema que detecta las emisiones radiales de los sistemas de
radar. Su principal propósito es emitir una advertencia cuando una señal de radar puede ser una
amenaza.
4
Contramedidas electrónicas. Es un dispositivo electrónico diseñado para engañar a sistemas de radar,
sonar o de detección, como infrarrojos o láser.
El dinero ahorrado por la limitada actualización, y luego por la venta de los 10
Mirage-5 a Argentina, en 1982, fue subsecuentemente usado para la adquisición
de los mucho más avanzados Mirage-2000 P.

Entretanto, la cooperación con Francia siguió siendo buena durante los ochenta.
Consecuentemente, en vez de los MiG-23 ofrecidos por la URSS a un precio
mucho menor, en 1985, Perú ordenó 12 Dassault Mirage-2000 P. Con entregas
del nuevo tipo, la FAP estaba en posesión de un buen rival del venezolano General
Dynamics F-16, suministrados por los EUA entretanto.

Aunque desechara la oferta soviética por los MiG-23, en los ochenta los peruanos
tenían buenas conexiones con algunos países comunistas, incluyendo Cuba, con
la cual hubo algún intercambio de pilotos y oficiales. En parte a través de tales
conexiones Perú llegó a comprar 12 Mi-25 (algunos equipados con filtros de
desfogue), en 1983, así como Mi-8 y Mi-17 de la URSS. En 1990 estos fueron
reforzados por al menos 7 Mi-25 y un número de Mi-8 y Mi-17 adquiridos de
Nicaragua, que no necesitaba de una gran fuerza aérea después del final de la
Guerra de los Contra. Hasta 15 Mi-25 permanecían operativos para 1995.

Además de mantener esta considerable flota de veloces y modernos cazas jet y


helicópteros, la FAP continuó reforzando su flota Canberra en cada oportunidad
que tuviera en los noventa; especialmente con la compra de un número de
aviones adicionales de Sudáfrica. No obstante, a pesar de las considerables
capacidades teóricas de los aviones Canberra, debido a la por entonces muy
pobre situación económica, la FAP fue incapaz de hacer pleno uso de ellos, por
ejemplo modificando aviones Canberra en roles de interceptación, o equipándolos
con armas guiadas. En vez de eso, los venerables aviones continuaron
funcionando como bombarderos convencionales, remolcadores de objetivos o
plataformas de reconocimiento.

Los Mirage 5P-4 de la FAP son conocidos también por haber participado en la Guerra del
Cóndor. Muy poco se sabe sobre la naturaleza de sus operaciones, pero se dicen que volaron
cerca de una docena de misiones aire-tierra.
Problemas con la economía

A lo largo de los setenta y la primera parte de los ochenta, Perú había sido capaz
de mantener un muy alto nivel de armas importadas, para los estándares
latinoamericanos. Estas adquisiciones, sin embargo, golpeaban seriamente las
divisas exteriores y resultaron en una considerable deuda externa. Para 1988, la
economía peruana estalló en caos, resultando en una tasa de inflación anual de
más del 2000%.

La pobre situación económica tuvo efectos negativos en la presteza de los


militares, y el gasto de defensa tuvo que ser recortado al mínimo. La adquisición y
mantenimiento de los aviones modernos había tenido su costo: para 1995 un
número considerable de cazas de la FAP estaba almacenado, y las nuevas
adquisiciones fueron suspendidas, un proceso que comenzó en 1985, cuando la
orden para los 26 Mirage-2000 P fue reducida a sólo 12 unidades, y la planeada
modernización del crucero Almirante Grau (ex holandés De Ruyter) fue
reemplazado por un escenario más modesto. Los niveles operativos en
consecuencia decrecieron mientras los recursos eran dirigidos a las fuerzas que
luchaban la guerra de contrainsurgencia contra el grupo terrorista Sendero
Luminoso. Para este propósito, Perú desplegó principalmente batallones de
infantería ligera con apoyo de helicópteros, aunque también es sabido que
aviones Canberra fueron usados para ataques de tiempo en tiempo.

Por tales razones, la FAP nunca adquirió los misiles aire-aire de medio alcance
Matra Super 530 D para sus Mirage-2000 P: en vez de esto, fueron armados sólo
con Matra R.550 Magic Mk-I. No fue hasta 1998, después de la Guerra del
Cóndor, que Perú adquirió una pequeña cuenta de Mk-II.

Bajo las circunstancias descritas, cuando las hostilidades entre Ecuador y Perú
hicieron erupción, en enero de 1995, las fuerzas armadas peruanas, y la FAP
particularmente, estaban en una mala situación y nada preparadas. En enero de
1995, la FAP tenía unos cuantos aviones operativos, incluyendo 3 Mirage-2000P,
7 Su-22 y Su-22 M, y 4 bombarderos Canberra, 8 A-37 B y 5 Mi-25. La situación
con los sistemas de defensa aérea no era mucho mejor: ninguno de los dos
radares P-12, sólo dos de los cinco P-11, sólo uno de dos P-14, dos de seis P-15,
uno de tres P-37 y dos P-19 estaban operativos. Esto significaba que sólo 8 de un
total de 20 estaciones de radar estaban funcionando: menos del 45%.

Los antiaéreos peruanos de origen soviético no estaban en mejor condición: sólo


dos de seis baterías SA-3 estaban en condiciones de funcionamiento, aunque sólo
con un 20% de las 116 rondas SA-3. También, fuera de los 125 SA-7 y 110 SA-16
MANPAD a la mano, apenas diez SA-7 y unos noventa SA-16 estaban aún en
condición útil. De otros modernos útiles de defensa aérea, los peruanos poseían
un total en cañones antiaéreos de 106 ZSU-23-2 y 18 ZU-23, aunque estos
podían ser desplegados en la Cordillera del Cóndor sólo con la ayuda de
helicópteros, lo cual era una difícil y agotadora tarea. Tomando en cuenta esta
situación no es difícil averiguar por qué la FAP no pudo sostener efectivamente la
superioridad aérea durante la siguiente guerra.

Los Su-22M-3K de la FAP (o SU-22M como era oficialmente designado) fueron muy activos
durante la corta guerra con el Ecuador, volando un total de 40 misiones de ataque. Sin
embargo, probaron estar insuficientemente equipados para enfrentar a interceptores mejor
armados y más ágiles, como el Mirage-F1 de la Fuerza Aérea Ecuatoriana.

Fuerza aérea ecuatoriana

El original Cuerpo de Aviadores Militares fue establecido en 1920, cuando la


principal estación aérea fue establecida en Quito, con algunos pilotos
ecuatorianos siendo enviados a Italia para completar su entrenamiento para que
pudieran pilotear sus aviones italianos y norteamericanos. Una escuela de vuelo y
una fábrica para reparar aviones fueron establecidas en Guayaquil unos años
después, y en 1935 la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) fue oficialmente
establecida. Tres años después comprendía unos 12 aviones, la mitad de
entrenamiento, formando una compañía de aviación y la escuela de vuelo. La
influencia norteamericana en el entrenamiento y equipamiento se hizo
prominente, y para comienzos de los cincuenta la FAE operaba un escuadrón de
aviones Republic P-47 Thunderbolt, una unidad de transporte volando Douglas C-
47, y el comando de entrenamiento.

El día de la modernidad de la FAE se dio en los cincuenta, cuando 12 aviones


Gloster Meteor FR-Mk.9 fueron adquiridos, seguidos por 6 aviones BAC Canberra
B.MK-6. Los 18 aviones fueron entregados entre 1954 y 1957, con los últimos
entrando en servicio con el Escuadrón de Bombardeo 2123, basado en Quito.
Simultáneamente unos 12 aviones Lockheed F-80 G fueron comprados.
Subsecuentemente, la FAE confió más en aviones europeos mientras la condición
y números de los antiguos cazas norteamericanos se deterioraban y Washington
se rehusaba a suministrar reemplazos.

A comienzos de los setenta, los ecuatorianos estaban siguiendo cercanamente los


acontecimientos en Perú y se sintieron compelidos a desarrollar una capacidad
correspondiente también. Ecuador necesitó más tiempo para desarrollar la
capacidad de adquirir y operar cazas modernos jet y en consecuencia operó más
lentos, pero no menos eficientes atacantes ligeros. En 1972, la FAE ordenó sus
primeros 8 BAC Strikemaster Mk-89, seguidos de seis adicionales Mk-89 A, en
1976. Debido al desgaste (hasta seis se perdieron a mediados de los ochenta),
adicionales Strikemaster Mk-90 fueron comprados en 1987 y 1988, representando
los últimos nuevos aviones producidos en el RU y ordenando el cierre de la
producción de BAe, a la espera de futuras órdenes.

La pequeña flota de Strikemaster ya estaba reforzada en abril de 1976 por los


primeros 12 Cessna A-37B. En 1982, después que tres ejemplares fueron
perdidos en colisión con una montaña, el gobierno entró en largas negociaciones
con los EUA para adquirir más ejemplares. En vez de eso, los EUA entregaron 25
aviones repotenciados Lockheed AT-33 AS, desde mediados de 1986. Los
ecuatorianos insistieron, sin embargo, resultando finalmente en entregas de unos
adicionales OA-37B (ex ANG5), seguidos de seis adicionales Dragonfly, en 1991 y
1992. Con esto la FAE tenía tres escuadrones ligeros de ataque que también
entraron en entrenamiento avanzado.

La FAE también envió al combate al Strikemaster Mk.89/89 A del Escuadrón de Combate


2313. Armado con bombas Mk-81 volaron misiones aire-tierra y patrullas armadas,
frecuentemente acompañados por A-37B.

5
Air National Guard: la norteamericana Guardia Nacional Aérea.
Mientras tanto, la FAE estuvo en la búsqueda de un caza supersónico a través de
los setenta. La solución preferida fue el IAI Kfir C-2, aunque a causa de un
embargo norteamericano en la transferencia de sus motores General Electric J79
a Latinoamérica, Ecuador se tornó eventualmente a Francia y a Dassault por
Mirage 3 o 5. Las largas negociaciones fueron finalizadas sólo a fines de 1977,
cuando una orden para 16 Mirage-F1 JA (basados en el multirol F-1E) y dos
aviones de entrenamiento de conversión biplaza F-1JE fue emitida. Después de
un entrenamiento de pilotos inicial con EC-5, en Orange, los aviones fueron
entregados entre diciembre de 1978 y diciembre de 1979, con los dos aviones de
entrenamiento entregados en 1980. Entraron en servicio con el Escuadrón Caza
2112 en la recientemente construida base aérea de Taura, a unos 200 km al sur
de Quito, reemplazando al Cessna A-37B. Los Mirage ecuatorianos fueron
equipados a un estándar bastante usual, con VOR6 aéreos y antenas de bala de
Thomson-CSF BF RWR, y a fines de 1980 fueron actualizados con ayuda israelí
para cargar ocho bombas israelíes P-1 (cuatro bajo el fuselaje y el resto bajo las
alas). Al menos cuatro fueron perdidos en diferentes accidentes entre 1980 y
1990.

Ya en 1974, Ecuador fue uno de los primeros clientes del SEPECAT Jaguar,
ordenando 10 aviones monoplaza Jaguar International ES y 2 biplaza Jaguar
International EB, con las entregas comenzando en 1977, así como 3 reemplazos
en 1991 (los últimos 3 fueron todos Jaguar GR.Mk-1 ex RFA, repotenciados por
BAe). Desarrollados bajo la base del británico GR.Mk-1, el ecuatoriano Jaguar
International ES estaba impulsado por motores Adour 804 y equipados con
LRMTS (Buscador de alcance por láser y buscador marcador de objetivo, por sus
siglas en inglés) Ferranti ARI23231, así como una prominente antena RWR en la
cola. Como la mayoría de otros clientes, la FAE optó por pilones sobre las alas
para misiles Matra R-550 Magic Mk-I, así como para bombas británicas de 455
kg y Hunting BL.755 CBU. Mientras que la FAE compraba armas no guiadas
para sus Jaguar, dos dispensadores de estática y bengala norteamericanos
AN/ALE-40 fueron ubicados en el fuselaje más bajo de cada avión de la flota.

Los Jaguar reemplazaron a los restantes Canberra, que en los años posteriores de
sus carreras fueron usados como entrenadores de conversión para aviones jet
veloces, aunque también como entrenadores de entrada y bajo nivel para
tripulaciones de Jaguar. Sólo tres aviones quedaban operativos en 1980, y fueron
subsecuentemente almacenados.

A comienzos de 1981, Ecuador finalmente adquirió permiso de los EUA para


adquirir cazas Kfir C-2. Unas semanas después, el 21 de mayo, el contrato por 10
monoplaza C-2 y dos biplaza TC-2 fue firmado. La conversión de los pilotos de la

6
Siglas de “VHF Omnidirectional Radio Range” (Radiofaro Omnidireccional de Muy Alta
Frecuencia). Se trata de una radioayuda a la navegación que utilizan las aeronaves para
seguir en vuelo una ruta preestablecida
FAE fue realizada muy rápidamente, con el primer grupo retornando de
entrenamiento en Israel el 11 de agosto de 1981, esperando las entregas. El
recientemente establecido Escuadrón 2113 fue declarado operacional del tipo ya
desde el 11 de junio de 1982. Inicialmente desde su entrega, los Kfir ecuatorianos
fueron principalmente usados como interceptores, armados con misiles
relativamente viejos Shafrir Mk-II, a pesar de tener una considerable capacidad
aire-tierra y altamente efectivos sistemas de aviónica de optimización de
misiones.

Las unidades de transporte ecuatorianas fueron equipadas con 2 aviones


Lockheed C-130 H Hercules y 3 aviones L-188 Electra, así como por 4 Avro/BAE
HS-748, mientras que la pequeña arma de helicópteros voló norteamericanos Bell-
47, 212, 214, así como UH-1H (estos fueron usados para deberes de búsqueda y
rescate).

Ecuador también sufrió de problemas económicos en los ochenta y noventa, pero


no del mismo grado de Perú. El rápido desarrollo de la FAE fue ralentizado a fines
de los ochenta, aunque no tanto como en la FAP: Ecuador encontró fuerza para
mantener una de las más capaces fuerzas aéreas de Sudamérica. Es más, la
mayoría de los aviones y unidades de la FAE fueron basadas en Quito, incluyendo
la escuela de vuelo y las principales unidades de combate para ahorrar costos. A
cambio, la FAE consiguió modificar lentamente los aparatos disponibles.

La flota Jaguar International ES de la FAE fue puesta en reserva durante los años de 1981
y 1995: como los peruanos, los ecuatorianos estaban preocupados por la posibilidad de un
conflicto más amplio, y en ese caso sabían que necesitarían un escuadrón caza adicional
para cubrir otras partes de la larga frontera con Perú. El Jaguar de la figura está
camuflado en “negativo” del camuflaje patente estándar aplicado en los aviones Jaguar
ecuatorianos. También lleva la caricatura de un jaguar en la nariz.

La Guerra del Falso Paquisha

Las tensiones entre Ecuador y Perú ya eran altas desde comienzos de los
ochenta, y los dos países estaban otra vez en guerra en enero de 1981, después
que una patrulla peruana descubriera una infiltración ecuatoriana al sur de la
Cordillera del Cóndor, donde militares ecuatorianos capturaron el puesto de
observación peruano N° 22 y establecieron un nuevo puesto, llamado Paquisha (el
mismo nombro de otro puesto ecuatoriano al norte de la Cordillera del Cóndor).
El gobierno peruano denunció la infiltración como agresión y clamó que Paquisha
era un puesto ilegal de acuerdo al Protocolo de Río, dándole el nombre de Falso
Paquisha para distinguirlo de otro puesto bien establecido en territorio peruano.

Sin importar si era Paquisha o Falso Paquisha, todos estos puntos en disputa en
1981, así como en 1995, eran algo apenas que simples puestos militares
consistentes de un claro en la jungla lo suficientemente grande para permitir
aterrizajes de helicópteros y algún tipo de cuartel para una pequeña guarnición.
No había aldeas en la región: unas cuantas pequeñas tribus indias apenas
habitan esta área. No obstante, los militares peruanos prepararon una operación
bien planeada con el objetivo de expulsar a las tropas ecuatorianas de sus
posiciones. Desplegando un gran número de helicópteros Mi-8 TV de la Aviación
del Ejército del Perú (AEP) y el Grupo Aéreo N° 3 de la FAP para apoyar su
Brigada de la Jungla, los peruanos fueron capaces de poner al Falso Paquisha
bajo su control con pocas bajas. Los ecuatorianos retrocedieron, y el Presidente
peruano Fernando Belaúnde visitó la zona de combate unos días después,
exhibiendo a la prensa algo del equipo capturado, incluyendo algunas
ametralladoras antiaéreas, como estuvieron montadas en semiorugas del Ejército
Norteamericano M-16, en la II Guerra Mundial. Como ellos fueron los únicos en el
campo de batalla para cuando la lucha cesó, los peruanos fueron considerados
victoriosos.

De hecho, dada la naturaleza del conflicto, la FAP estaba utilizando sus aparatos
muy cuidadosamente. Inicialmente, sólo los A-37 B del Grupo N° 7 fueron usados
para volar unas cuantas misiones. Pero, con el tiempo se les unió los Mirage-5P
del Grupo N° 6, basados en la base aérea de Chiclayo, que fungieron de escoltas.
La mayoría de los Sukhoi del Grupo N° 11 fueron retenidos en la región costera,
en reserva y como fuerza disuasiva. No obstante, volaron algunos ataques
también, y en total los peruanos registraron que el 1111° Escuadrón voló no
menos de 79 horas de combate durante esta guerra, incluyendo algunas misiones
de defensa aérea y de reconocimiento.

La FAE también fue cuidadosa, con sus cazas aventurándose apenas por algún
lugar cercano a la zona de combate. Esto fue probado cuando un Mirage-F1
volado por el Tte. Coronel William Birkett Mórtola cayó bajo ataque de antiaéreos
peruanos, y tuvo que evadirlo con una difícil maniobra, a fines de enero de 1981.
Los Jaguar ecuatorianos fueron retenidos: su única contribución en la lucha fue
una misión apuntada a encontrar una estación de radar peruana ubicada en la
región noroccidental del Amazonas. Volada por el Capitán César Naranjo Anda a
un nivel muy bajo y profundo dentro del espacio aéreo peruano, los resultados de
esta incursión fueron considerados como exitosos, aunque subsecuentemente los
Jaguar fueron puestos como reserva; aunque sus tripulaciones fueron informadas
para posibles ataques contra aeródromos de la FAP, no volaron ninguna misión
de combate.

Sólo dos encuentros aéreos entre los cazas de la FAE y la FAP son conocidos. El
28 de enero, el ecuatoriano A-37 B FAE 384, volado por el Capitán Rommel Romo
y el Tte. Jorge Gabela, acompañado por el A-27 B FAE 381 volado por el Tte.
Víctor Peña y Tte. Galo Chico, se enfrentaron a dos A-37 B de la FAP cerca de la
Cordillera del Cóndor. En la resultante lucha entre oponentes iguales, el Capitán
Romo maniobró detrás de uno de los cazas FAP disparando en el proceso hasta
que su munición se agotó sin causar daños. Mientras tanto, el Dragonfly del Tte.
Peña fue alcanzado por el otro caza peruano y forzado a huir. Su A-37 B fue
subsecuentemente reparado. En otro caso, un ecuatoriano Mirage-F1 se enfrentó
a un peruano Su-22, disparando un único misil Matra R550 Magic Mk-1 contra
un objetivo que se estaba moviendo a gran velocidad a lo largo de disparos de
estática. Sin sorpresa, el pequeño Magic perdió el objetivo y falló.

La Guerra de 1981 en consecuencia permaneció localizada a lo largo de un frente


muy pequeño, a pesar que algunos generales en el ejército peruano querían un
conflicto a plena escala y la ocupación de una provincia ecuatoriana para
garantizar la plena ejecución del Protocolo de Río de 1942. Sin embargo, resultó
en algunas interesantes lecciones, más útiles para el lado ecuatoriano, donde la
experiencia negativa con el R.550 Magic Mk-1 resultó en la adquisición de una
pequeña entrega de unas 40 rondas del Magic Mk-2, para fines de los ochenta
(otra entrega de 40 fue comprada en julio de 1998). Al menos en lo relacionado a
misiles aire-aire, en consecuencia, la FAE se iba a encontrar en la siguiente
guerra en una mucha mejor posición.

Muy importante fue el hecho que los ecuatorianos hubieran subsecuentemente


construido una serie de aeródromos a lo largo del área disputada, incluyendo
Mariscal La Mar, cerca de Cuenca (con una pista asfaltada de 1,900 metros de
longitud), Gualaquiza (con una pista asfaltada de dos mil metros de longitud), a
sólo unos 100 km del área en disputa, y cerca de Patuca (con una pista asfaltada
de 1,600 metros de longitud). Algunas pistas auxiliares de aterrizaje fueron
limpiadas en la jungla también, permitiendo operaciones de transportes ligeros,
capaces de operaciones de despegue y aterrizaje corto (STOL por sus siglas en
inglés), como el DHC-6 Twin Otter 300, operados por el Ala de Transporte N° 11,
basados en Quito.
El Presidente peruano visto inspeccionando equipo capturado de los ecuatorianos durante
la guerra de 1981.

La Guerra del Cóndor

Después del choque de 1981, ambos lados establecieron una cadena de bases en
la jungla en el área de la Cordillera del Cóndor, a lo largo de este corredor de
78km de longitud entre los ríos Zamora y Santiago. Una cadena de muy
altamente levantados puestos de observaciones apoyaba estas bases. Algunos de
estos puestos y bases estaban muy cerca la una del otro, y muchas escaramuzas
se dieron regularmente. La mayoría de estas ocurrían súbitamente y a rangos
muy cortos, dado que la jungla hacía la detección extremadamente problemática
más allá de una distancia de 200 metros.

Incluso después de un acuerdo entre Ecuador y Perú de 1992, sobre el “status


quo” de esta área, Ecuador nunca reconoció la línea fronteriza para Perú en el
área de la Cordillera del Cóndor. Por el contrario, ya en diciembre de 1994, tropas
ecuatorianas patrullaban la zona a su voluntad y sin ninguna oposición del
ejército peruano. Considerando el terreno y vegetación local, así como el número
de puestos de observación peruanos, es poco sorprendente que tales patrullas
inicialmente no fueran observadas. Los caminos asfaltados no existían en el área
de combate. De hecho, no había caminos pavimentados en el entero
Departamento de San Martín del lado peruano: el camino pavimentado más
cercano estaba a no menos de 300 km lejos del área de la Cordillera del Cóndor.
En consecuencia, las patrullas de pie eran el principal medio de movimiento. La
única forma de suministrar y apoyar unidades desplegadas en los diferentes
puestos en la jungla era con la ayuda de helicópteros. Para ese momento, unas
pocas y pequeñas pistas de aterrizaje fueron limpiadas también.

Para suministrar los puestos del ejército peruano en el área, la FAP estableció un
puente aéreo regular, usando los Antonov An-32 del 842° Escuadrón para volar
suministros de Lima al aeropuerto El Valor de Bagua, cerca de Jaén, desde donde
estos eran llevados con transportes ligeros Antonov An-72 y Shanxy Y-12 hasta
Ciro Alegría y Galilea, estaciones en el Amazonas donde las tropas peruanas
recibían también uniformes tropicales y otro equipo requerido para combate y
supervivencia en la jungla. Desde Ciro Alegría y Galilea, las tropas y suministros
eran boladas por helicópteros Mi-8, Mi-17 y Bell 212 a varios puntos en la
Cordillera del Cóndor, mayormente a la base designada como PV-1, en el valle del
río Cenepa, así como al helipuerto de asalto ubicado en el área del Alto Cenepa.
Algunas veces algunos botes eran usados para transportar tropas y suministros.

Volar sobre las cordilleras entre la Cordillera del Cóndor y Ciro Alegría es siempre
extremadamente peligroso. El clima puede cambiar en materia de minutos y
ninguna estación de radar puede cubrir el área entera: las pocas unidades
disponibles en ambos lados sólo pueden cubrir el espacio aéreo sobre los picos de
las montañas circundantes. La disponibilidad de helicópteros de rescate y equipo
siempre dependió de los elementos, y las oportunidades de encontrar sitios de
accidentes aéreos o tripulaciones perdidas en la espesa jungla entre los altos
picos montañosos eran menos de mínimas.

A comienzos de 1995, el Ejército Ecuatoriano comenzó a concentrar algunas de


sus mejores tropas, principalmente unidades de fuerzas especiales, en el Valle del
Cenepa. Estas establecieron un número de puestos adicionales y posiciones
reforzadas a las bases disponibles. Pronto su presencia iba a ser sentida por los
peruanos.

Mi-8 de la AEP visto en Ciro Alegría, junto con refuerzos del ejército peruano a punto de
abordar. A esta base también llegaban aviones de la FAP Harbin Y-12
Batalla de Tiwinza

La tarde del 9 de enero, cerca de las 17:30 horas, una patrulla de cuatro hombres
del 25° Batallón “Callao” del Ejército Peruano fue atrapada por una patrulla del
63° Batallón “Gualaquiza” del Ejército Ecuatoriano – mientras transitaba
territorio peruano. Las tropas peruanas fueron capturadas y desarmadas, pero
las hicieron volver al comandante del puesto militar peruano “Soldado Pastor”
(PV-1) al día siguiente. Considerando este incidente, los peruanos despacharon
otra patrulla en la misma área la mañana del 11 de enero. Cerca de las 1300
horas, esta patrulla, en esta oportunidad con al menos 10 tropas, cayó bajo otra
emboscada ecuatoriana: cuando los ecuatorianos ordenaron que arrojaran sus
armas los peruanos se negaron. Un corto intercambio de disparos siguió,
resultando en la patrulla peruana siendo dispersada y las tropas dejando su
equipo detrás.

Ambos lados reaccionaron llevando refuerzos a la zona. Usando adicionales


transportes ligeros DeHavilland Canada DHC-6 y Harbin Y-12 de la FAP, así como
helicópteros Mi-8 de la AEP, los peruanos comenzaron a llevar refuerzos
necesarios para contraatacar y traer de vuelta al área considerada de su control.
Los ecuatorianos desplegaron refuerzos también, construyendo fortificaciones
adicionales para prevenir incursiones en las mismas áreas que consideraban
suyas.

Después de transportar suficientes tropas y suministros a la cuenca del río


Cenepa y a los puestos fronterizos a lo largo de la Cordillera del Cóndor, los
peruanos comenzaron una serie de misiones de reconocimiento, seguidas por
movimiento adelantado de su artillería – y unidades de mortero. El 21 de enero,
los helicópteros de la FAP y la AEP desplegaron un número de piezas de mortero
y artillería ligera bien detrás de los puestos ecuatorianos, y comenzaron a
bombardear las posiciones enemigas. En respuesta, el comandante del
ecuatoriano 65° Batallón advirtió a su contraparte peruana que en el futuro tales
vuelos serían derribados. La guerra ya se asomaba sin embargo, y no había
vuelta atrás para los peruanos entonces, dado que sus tropas cuidadosamente
comenzaron a infiltrarse en posiciones ecuatorianas, intentando realizar un
ataque desde su retaguardia.

La mañana del 22 de enero, helicópteros de la AEP trajeron tropas y equipo


adicionales, desplegándolos detrás de la línea defensiva ecuatoriana, forzando
eventualmente al comandante del 65° Batallón a ordenar un contraataque. Por
los siguientes 4 días sus unidades marcharon bajo condiciones extremas, hasta
alcanzar el puesto peruano de Tiwinza: un ataque cuidadosamente preparado y
coordinado, lanzado la mañana del 26 de enero, causó sorpresa y resultó en los
peruanos siendo dispersados, dejando atrás algunos muertos y suministros para
dos meses.
Habiendo perdido un
precioso puesto, los
peruanos inmediatamente
comenzaron a reposicionar
sus unidades para una
nueva acción. La noche del
26 al 27 de enero, el oficial a
cargo del peruano 25°
Batallón “Callao”, ordenó a
su contraparte del
ecuatoriano 63° Batallón
“Gualaquiza” evacuar la
zona donde estas dos
unidades se enfrentaban,
debido a que las fuerzas
peruanas iban a ocupar
territorio ecuatoriano
durante la siguiente
semana. Estas demandas
fueron inmediatamente
rechazadas. Una reunión
entre el Coronel José
Grijalva Palacios,
comandante de la Brigada
Cóndor del Ejército
Ecuatoriano, y el General
Bladimiro López Trigozo,
Mapa de los principales puestos del sur del Ecuador y del noreste del
Perú usados durante el conflicto de 1995, así como el área disputada comandante de la peruana 5°
de la Cordillera del Cóndor. División de Jungla, así como
intentos internacionales por
alcanzar un acuerdo, finalizaron sin resultados y la situación rápidamente se
salió de control. El 27 de enero, el presidente ecuatoriano Sixto Durán Ballén
declaró un estado de emergencia en Ecuador. Perú respondió movilizando miles
de tropas al área fronteriza; la mayor refinería del país en Talara se preparó para
ataques aéreos, mientras que dos aerolíneas internacionales peruanas
suspendieron sus vuelos a Quito, capital del Ecuador.

A las 7:45 a.m. del 28 de enero de 1995, los peruanos atacaron las posiciones
ecuatorianas en Tiwinza. El primer asalto fue rechazado, aunque los atacantes se
reagruparon y lo intentaron otra vez a las 11:05 horas, esta vez apoyados por
helicópteros Mi-8 y Mi-17, armados con cohetes y ametralladoras. Después de
otro fracaso, y un clamor ecuatoriano de haber golpeado un helicóptero peruano
que pasó bajo sobre Tiwinza, apoyo aéreo fue requerido y alrededor de las 12:05
horas los primeros cazabombarderos de la FAP aparecieron, intentando
identificar las posiciones debajo. En cuanto dos interceptores de la FAE se
aproximaron al área, sin embargo, los cazabombarderos peruanos se retiraron.

Peruanos ocupados

Cuando las hostilidades irrumpieron, la FAP se apuró a poner operativos tantos


aviones posibles. Inmediatamente disponibles sólo había 7 Sukhoi Su-22 y Su-
22M, basados en Talara, pero – incluso si hasta 20 aparatos podían adecuarse en
un periodo de tiempo relativamente corto – fueron puestos en reserva en caso de
una guerra más amplia, con la FAP considerando que un ataque de dos oleadas
del 20 a más Sukhoi saliendo de la base aérea de Talara podía causar daño
suficiente para mantener completamente fuera de la guerra a la FAE. Por esta
misma razón la flota de Mirage-5P tampoco vio mucha acción, a pesar que hasta
15 aviones basados en Chiclayo podían ponerse operativos en una o dos
semanas. Los 3 disponibles Mirage-2000P estaban desplegados en la base aérea
El Pato, a unos kilómetros al noreste de Talara. Después durante la guerra, pocos
ejemplares adicionales fueron desplegados a Quiñones, desde donde volaron
misiones de defensa aérea. Una mejor parte de la flota de A-37B ya estaba basada
en el aeródromo Capitán Concha, cerca de Piura, aunque sólo 8 ya estaban listos
para la acción. Otros aparatos, como helicópteros, incluyendo artilleros Mi-25,
pero especialmente adicionales Mi-8, Mi-17 y Bell-212 del Grupo Aéreo N° 3,
habían tenido que volar un camino más largo a la zona de combate. No obstante,
en emergencia, la FAP alistó hasta aviones de entrenamiento Embraer
EMB.312/AT-27 Tucano, basados en la base aérea Capitán Elías, cerca de Pisco,
en el sur del Perú, para operaciones de combate: equipados con lentes de visión
nocturna y bombas Mk-81, fueron desplegados para ataques nocturnos.

La AEP estaba ocupada haciendo lo mismo, intentando mientras mover tantas


tropas adicionales posibles desde el sur y centro del Perú hacia Bagua, y luego
adelantándolas hasta la zona de combate. La falta de caminos u otros medios de
transporte puso a los Mi-8TV y Mi-17 del Batallón de Asalto y Transporte N° 811 y
N° 812, temporalmente desplegados hasta Ciro Alegría y Galilea, bajo inmensa
tensión, e incluso tuvieron que incrementar el número de misiones voladas
cuando llegaron tropas adicionales. Más helicópteros fueron necesarios para el
despliegue de tropas de campo alrededor de la zona de combate, donde un
movimiento de cualquier única por unos pocos cientos de metros podía tomar
varios días. Además, los Mi-8 y Mi-17 proveían fuego de apoyo con cohetes y
ametralladoras. En suma, sin embargo, la movilización peruana fue lenta, y la
FAP así como la AEP nunca alcanzaron su pleno potencial durante esta guerra, ni
consiguieron llevar tropas suficientes a la zona de combate.

El trabajo del lado ecuatoriano no fue más fácil, a pesar que la FAE estaba en
mejor condición que la FAP, especialmente en el aspecto de las capacidades
operacionales y el mantenimiento de sus aviones. Al tiempo de la Guerra del
Cóndor, los ecuatorianos podían agrupar 12 Mirage-F1 JA, 10 Kfir-C2, 10 Jaguar
y 10 A-37B. Como principal fuerza de ataque, los Jaguar fueron retenidos como
reserva: la FAE quería tenerlos listos y libres para atacar en lo profundo del Perú
si era necesario. Por el resto de la guerra, en consecuencia, los Jaguar se
quedaron en estado de alerta, desplegados en aeródromos de la región costera,
armados y listos.

Aunque multirol por diseño, los Mirage y los Kfir iban a ser usados como
interceptores. La FAE inicialmente los tuvo atrás para propósitos defensivos
aéreos: no fue hasta algunos días de la guerra que un pequeño número de ambos
tipos fue liberado para deberes en el área de combate. Hasta entonces, y
aprendiendo las lecciones de 1981, en los primeros días de la guerra los
ecuatorianos desplegaron un gran número de tropas comando equipadas con
MANPAD7 británicos Blowpipe y rusos SA-16 en el área de la Cordillera del
Cóndor. Estos estaban conectados con COS-1 y así podían disminuir la presión
sobre los interceptores de la fuerza aérea, así como preparar algunas amargas
sorpresas para los peruanos.

Un Mi-17 de la FAP en deberes en la guerra con el Ecuador. Junto a los Mi-8 de la AEP
fueron desplegados en roles de transporte, ataque y MEDEVAC (evacuación médica). El
Ejército perdió 2 Mi-8TV, mientras que se dice que la FAP perdió 2 Mi-17, aunque tal cifra
no está aún confirmada.

La lucha de desgaste

Después de concentrar unidades y equipo adicional, el 29 de enero a las 10:00


horas, los peruanos lanzaron masivos y simultáneos ataques contra Tiwinza,
Cueva de Los Tallos, Base Sur y Coangos, esta vez apoyados por
cazabombarderos de la FAP y artillería desde el comienzo. Los ecuatorianos
pelearon duramente, usando cada arma a su disposición, incluyendo las

7
Sistema de defensa aérea portátil, por sus siglas en inglés.
Blowpipe. Una de ellas derribó al Mi-8TV EP-587, que estaba en camino entre la
Base Sur y Coangos, cerca del fuerte ecuatoriano conocido como Tte. Ortiz,
matando a la tripulación consistente del Capitán Luis García Rojas, Tte. Augusto
Gutiérrez Mendoza, Tco. Victoriano Velarde, así como a los soldados Rubén De la
Cruz Huarcaya y Gustavo Begazo Gonzáles. Otro Mi-8 fue aclamado como
derribado cerca de Tiwinza, pero nunca fue confirmado. Por su parte, los
peruanos clamaron capturados a tres fuertes ecuatorianos, aunque estos lo
negaron, de hecho admitieron una pérdida de un muerto, siete heridos y seis
desaparecidos.

Sin importar el resultado, la batalla ciertamente no terminó. Después de otro


respiro para reorganización y reunión de más suministros, dos días después los
peruanos atacaron de nuevo. Esta vez intentaron un movimiento de flanqueo
sobre el río Tiwinza, coordinado con un asalto frontal que comenzó a las 12:25
horas. De acuerdo a relatos ecuatorianos, el ataque fue detenido para las 16:00
horas. Dos ataques más, en Coangos y Cueva de los Tallos, aparentemente
causaron algunas pérdidas en los ecuatorianos, luego su Alto Mando
subsecuentemente anunció que no aceptaría un cese al fuego patrocinado
internacionalmente. Perú desechó esta oferta también, y continuó amasando
fuerzas frente a Tiwinza.

El siguiente ataque peruano continuó el 1 de febrero, y fue lanzado a las 10:00


horas, esta vez con Coangos y puesto fortificado llamado Cóndor como sus
principales objetivos. El asalto continuó hasta las 11:25 horas, con apoyo de A-
37, helicópteros y artillería, guiado por algunos helicópteros más actuando como
controladores aéreos de avanzada. Para las 13:35 horas la lucha se esparció
hacia la Cueva de los tallos, cuando una de las unidades del Ejército Peruano
cayó en un campo minado y sufrió serias pérdidas (de acuerdo a fuentes
ecuatorianas, más de 130 tropas peruanas fueron mutiladas por minas
antipersonales durante esta guerra). Después de extraer y evacuar sus bajas, los
peruanos continuaron su asalto a la mañana siguiente, con simultáneos ataques
contra Coangos, Cueva de los tallos, Base Sur y Tiwinza. La FAP voló al menos
una docena de misiones de ataque, bombardeando posiciones ecuatorianas en
Base Sur y Cueva de los tallos repetidamente y causando finalmente una
reacción de la FAE. Otra vez, sin embargo, los cazabombarderos de la FAP y los
helicópteros de la AEP fueron retirados en cuanto un par de interceptores
ecuatorianos aparecieron en el área. Estos volvieron sin hallar ninguna nave
peruana. La razón era que su tarea no era fácil de ningún modo: el clima
cambiaba frecuentemente y debido al terreno boscoso, tenían una interceptación
visual limitada. Además, todavía estaban basados en la base aérea de Taura y en
consecuencia su tiempo de reacción era relativamente largo dado que necesitaban
más de 20 minutos para alcanzar la zona de combate y los radares de la FAE
fueron usualmente lentos para detectar cazabombarderos de la FAP volando bajo.
Esto significaba que la mayoría del tiempo los peruanos podían atacar sus
objetivos sin ser molestados. No obstante, de los reportes disponibles es obvio
que ya para este tiempo los Mirage-2000P de la FAP comenzaron a cubrir a los A-
37 y otros cazabombarderos.

Correspondientemente, la FAE entonces se involucró más intensamente también,


con un escuadrón temporal equipado con 4 Kfir-C2 y 2 Mirage-F1 JA desplegado
ya fuera los aeródromos Mariscal La Mar, Macas o Patuca. Los ecuatorianos no
revelarían este detalle. Esta unidad se hizo operativa el 9 de febrero, un día
después que el Grupo Aéreo Amazonas fuera formado con 3 destacamentos de 2
A-37 cada uno, y un total de 12 pilotos, en la base aérea de Manta, cerca de
Macas. Ambas unidades fueron puestas bajo el mando del Coronel Wilson
Salgado, comandante del Centro Local de Comando-1 (COS-1), quien tenía la
tarea de coordinar las operaciones aéreas en la zona de combate. El COS-1 de
Salgado tenía al menos 2 estaciones GCI8 con radares de largo alcance
desplegados lo más cerca posible a la Cordillera del Cóndor, y era directamente
responsable ante el Comando de Aviación de Combate, entonces bajo el mando
del Coronel Gustavo Buchelli.

Además, desde el 3 de febrero, los A-37B y Strikemaster de la FAE se involucraron


también, volando patrullas armadas de reconocimiento y también atacando
posiciones enemigas. Los atacantes de la FAE fueron escoltados por Mirage y Kfir,
una situación de lujo que los peruanos no podían permitirse: la mayoría de sus
operaciones de helicópteros y de ataque en la zona de combate fueron realizadas
sin cubierta aérea.

La lucha menguó en los días siguientes, mientras ambos lados llevaban incluso
más suministros a sus unidades de avanzada, aprovechando la pausa causada
por los intentos internacionales por negociar. Los vuelos en consecuencia nunca
cesaron, ni fueron menos peligrosos que antes. La mañana del 5 de febrero, seis
AT-27 de la FAP entregaron un feroz ataque contra Base Sur, y en la noche del 6
de febrero, un Canberra B-Mk.68 de la FAP fue aclamado como derribado por
antiaéreos ecuatorianos, matando aparentemente al piloto Capitán Percy Phillips
y a su navegante, Capitán Miguel Alegre. Otras fuentes claman que el
bombardero colisionó con una montaña por mal clima. Dado que sus cuerpos no
han sido hallados hasta la fecha, ambos fueron declarados como desaparecidos
en acción. La aparición de aviones Canberra, no obstante, muestra que la FAP
comenzaba a considerar a este conflicto como un asunto serio, mientras buscaba
soluciones para traer un incrementado tonelaje de armas frente a la creciente
amenaza MANPAD en la zona de combate. Los Canberra eran ciertamente más
rápidos que los helicópteros o A-37B, y en consecuencia han sido considerados
como menos vulnerables a la amenaza; la pérdida del precioso bombardero fue
definitivamente un duro golpe para la FAP.

8
Interceptación controlada en tierra, por sus siglas en inglés.
Cuan peligrosa era la Cordillera del Cóndor para los helicópteros fue ilustrado al
día siguiente, 7 de febrero. Cerca de las 1420 horas algunos Mi-25 de la FAP
atacaron posiciones ecuatorianas en la Base Sur, cuando fueron confrontados
por múltiples SA-16. Uno de los helicópteros fue derribado por no menos dos o
tres misiles, matando a la tripulación, consistente del Tte. Coronel Marco
Schenone Oliva, Capitán Raúl Vera Collahuazo, y el Soldado Erick Díaz.
Aproximadamente por este tiempo, los ecuatorianos clamaron también como
derribados a un Boeing CH-47 y a un Bell-212, sin confirmación emitida jamás.
Como parece, la FAP nunca desplegó algún CH-47 durante la crisis, mientras que
los Bell-212 eran usados principalmente como controladores aéreos de avanzada
y permanecían fuera de la zona de peligro la mayoría de las veces.

La FAE estuvo activa también en el campo de batalla el 7 de febrero. Guiados por


Beechcraft T-34C Turbomentor que actuaban como controladores aéreos de
avanzada, un grupo de A-37B, escoltados por Kfir-C2, atacó posiciones peruanas
en la Cordillera del Cóndor, cuando el Tte. Coronel Briones fue advertido por su
alero de un venidero misil. Segundos después, un MANPAD golpeó cerca del
motor derecho. Briones recuperó el control de su avión y lo retornó a salvo al
aeródromo más cercano. El A-37B fue reparado y estuvo operativo el mismo día.

AT-37B de la FAP, visto en la zona de guerra. Aunque un efectivo avión ligero de ataque,
aún camuflados, los Dragonfly peruanos no estaban preparados para operaciones en la
selva y en áreas donde los interceptores ecuatorianos eran activos.

Batalla aérea del Alto Cenepa

Después del fracaso de las negociaciones, el 9 de febrero, la lucha más feroz


irrumpió, y la FAP estaba entonces más activa, lanzando un total de 16 misiones
de combate, incluyendo algunas con Mirage-5P y Su-22. Obviamente apostando
más, y con amenazas más grandes que las originalmente calculadas, el Alto
Mando Peruano concluyó que era tiempo de llevar algunas reservas a combate.
Los principales objetivos de los ataques de la FAP eran Coangos y Base Sur. La
actividad continuó por la noche siguiente, con aviones peruanos Canberra
bombardeando posiciones ecuatorianas en el Valle del Cenepa, y en la mañana
del 10 de febrero, A-37 y Su-22 de la FAP también atacaron Tiwinza y Cueva de
los tallos. Helicópteros de la AEP fueron involucrados también, un hecho
confirmado cuando los ecuatorianos clamaron otra vez dos Mi-8 de la FAP
derribados, otro clamor que nunca fue confirmado.

La incrementada e intensificada aparición de los cazabombarderos y helicópteros


de la FAP finalmente resultó en la decisión ecuatoriana de establecer
superioridad aérea sobre el campo de batalla. Cuando la estación GCI Halcón,
obviamente apostada en uno de los picos montañosos del área de Loja, desde
donde podía verse en lo profundo del norte del Perú, informó al COMAC sobre
rastreo de cinco aviones “rojos” (es decir peruanos) aproximándose a la zona de
combate a velocidad entre los 300 y 400 km/h, a las 12:45 horas, el Coronel
Buchelli le ordenó al Coronel Salgado del COM-1 arreglar que los Mirage y Kfir
fueran reunidos. Los dos oficiales acordaron que esta vez los cazas iban a
interceptar y derribar a cualquier avión de la FAP que pudieran encontrar. Para
permitir esta tarea, habían tenido que organizar también la evacuación de todos
los aparatos de la FAE ya operando sobre la Cordillera del Cóndor.
Consecuentemente, a la 12:47 horas, el COS-1 emitió la orden para que dos
Mirage-F1JA y dos Kfir fueran enviados, probablemente desde el aeródromo
Mariscal La Mar, o desde Macas (fuentes ecuatorianas consideran la base aérea
de Taura como el aeródromo desde el cual los interceptores de la FAE
involucrados en las siguientes batallas aéreas vendrían; sin embargo, la base
aérea de Taura está a más de 200 km de la zona de combate, mientras que en
sus narraciones los pilotos de la FAE claramente establecen que entraban en la
zona unos 8 minutos después de despegar, y sólo entonces encendían los
posquemadores para incrementar su velocidad a supersónica; considerando estos
hechos, es obvio que los Mirage y los Kfir estaban basados más cerca de la zona
de combate).

Despegando a las 12:49 horas, los dos Mirage, volados por el Mayor Raúl
Banderas (FAE-807) y el Capitán Carlos Uzcategui Soli (FAE-806), se
aproximaban a la zona de combate primero, seguidos por un par de Kfir-C2,
volados por el Capitán Mauricio Mata (FAE-905) y el Capitán Wilfrido Moya (FAE-
909). Mientras los interceptores volaban al sureste, a las 12:55 horas, el COMAC
llamó al FAE T-34C que actuaba como FAC, lejos de la Cordillera del Cóndor,
para prevenir un posible enfrentamiento. Mientras tanto, a las 12:53 horas, dos
A-37 basados en Macas fueron alertados.

Esta vez los interceptores de la FAE llegaron a tiempo para incluso hacer unas
cuantas patrullas antes de chocar; la diferencia de eventos previos fue que
algunos cazas FAP, probablemente Mirage-2000P, estaban volando alto,
exponiéndose así a la detección de los radares de la FAE. De hecho, el Mayor
Banderas después estableció que tenía en la mira de su radar al primer caza
enemigo unos 8 minutos después del despegue. Los aviones que su radar Cyrano-
IV detectó eran dos Su-22 de la FAP, volados por el Tte. Coronel Manuel
Maldonado Begazo y el Mayor Enrique Caballero Orrego Poeta, del 111°
Escuadrón FAP Caza “Los Tigres”. Estos cortaron la esquina de la frontera,
penetrando profundamente 16 km en el espacio aéreo ecuatoriano antes de tomar
curso paralelo hacia la frontera para luego descender a un nivel de 600 metros
sobre el terreno en preparación de un ataque contra Tiwinza.

Bandera seleccionó acelerar los posquemadores y volteó de tal forma para traer a
su Mirage y al de su alero a una profunda posición de reloj de seis detrás de los
Sukhoi. Al hacerlo, su RWR le advirtió que su avión había sido detectado y
rastreado por el radar de un caza enemigo. A las 13:15 horas, ignorando las
advertencias, el Capitán Uzcategui se aproximó a distancia de disparo y lanzó un
R.550 Magic, iniciando lo que se iba a convertir en el primer inédito combate aire-
aire entre dos cazas capaces de Mach 2 en la historia latinoamericana. Su misil
golpeó al Sukhoi volado por el Tte. Coronel Maldonado Begazo, forzándolo a
eyectarse antes de que su caza se estrellara en la jungla. Mientras tanto,
Banderas logró también un tiro contra el Su-22M de Orrego, aunque el obstinado
Sukhoi continuó volando. Apresuradamente debido a las advertencias de su RWR,
Banderas rápidamente seleccionó el segundo Magic y disparó de nuevo, con esta
vez el misil cortando al caza peruano en dos, cayendo los restos en el terreno.

Los dos pilotos de la FAP nunca supieron que estaban bajo ataque: sus cazas no
estaban equipados con RWR. El Tte. Coronel Maldonado Begazo eyectó a salvo,
aunque se hirió con el paracaídas en la jungla. Sobrevivió por ocho días en la
jungla sin comida ni medicinas, aunque finalmente sucumbió por sus heridas: su
cuerpo, y los restos de su caza fueron hallados el 26 de febrero de 1995; el cuerpo
del Mayor Orrego y los restos de su caza fueron encontrados sólo cinco años
después. La FAP nunca montó una operación de búsqueda y rescate para los dos
pilotos Sukhoi dado que no hubo señal de que sobrevivieran a la interceptación:
sus radios SABRE no pudieron penetrar simplemente la espesa selva a su
alrededor.

Con sus RWR aún dando advertencias de estar siendo rastreados por cazas
enemigos, los dos victoriosos Mirage descendieron por la jungla y aceleraron a
velocidad supersónica, restallando en su camino. Ni Banderas ni Uzcategui vieron
a ninguno de los dos Mirage de la FAP que obviamente los siguieron por casi 30
segundos, ni volvieron a verlos en acción (Carlos Uzcategui Soli murió en un
accidente aéreo en el 2002, en los años posteriores a su servicio un problema con
su visión fue detectado, lo que le previno de volar jet veloces).
Gráfico del Mirage-F1 JA “FAE-806”. Fue uno de los dos Mirage ecuatorianos que
participaron en el choque del 10 de febrero de 1995. Fue volado por el Capitán
Uzcategui ese día, y desde entonces lleva una marca de derribado por un Su-22 de
la FAP (representado con una pequeña insignia oval color verde sobre el título
Mirage F1-JA). El ecuatoriano Mirage-F1 eventualmente estableció una suerte de
supremacía aérea local en el área del campo de batalla, debido aparentemente al
cauto comportamiento de los Mirage-2000 de la FAP.

Nueva investigación revela que uno de los dos Sukhoi FAP derribados el 11 de febrero
habría sido designado 014, con esta foto llevando la insignia del 111° Escuadrón Caza “Los
Tigres”. Hay bastante confusión con la apropiada designación de estos aviones en el
servicio peruano, entonces – al menos oficialmente – lo que realmente era el Su-20M fue
enviado al Perú como “Su-22”, y la versión que realmente era el Su-22M-3K fue enviada
como “Su-22M”.
El Ataque de los “Cachorros de León”

El intento de los dos peruanos Mirage-2000 por interceptar los ecuatorianos F-1
fue obviamente un error, dado que entonces los demás cazabombarderos FAP
activos sobre la Cordillera del Cóndor se quedaron sin cubierta aérea. Los otros
dos interceptores de la FAE, el par de Kfir, todavía en el área, siguieron el
desarrollo del encuentro entre los Mirage y los Sukhoi. De hecho, alcanzaron su
estación CAP quince minutos antes de que el GCI los ubicara para interceptar
una formación de A-37B de la FAP que estaban por atacar posiciones
ecuatorianas en la zona de combate.

Aproximándose al área recientemente asignada, el Capitán Wilfrido Moya avistó


dos Dragonfly de la FAP volando bajo por la jungla desde un rango de 8 km. El
par de la FAP estaba liderado por el Tte. Coronel Hilario Valladares y el Mayor
Gregorio de Mendiola, con el alero Tte. Coronel Fernando Hoyos: los dos altos
oficiales se ofrecieron como voluntarios para volar esta misión para poner un
ejemplo para los pilotos más jóvenes de su unidad.

Los pilotos peruanos avistaron a sus enemigos cuando casi estaban dentro del
alcance de los misiles. Valladares y Hoyos rompieron su orden, descendieron y
ejecutaron un giro de combate, intentando enfrentar a los Kfir y así negarles una
oportunidad para tiros de misiles. Los Kfir fueron más veloces, sin embargo: el
Capitán Moya disparó un Shafrir Mk-II desde un alcance máximo, dado que su
objetivo no estaba a menos de 90° y giró. Antes de ser capaz de completar su giro,
Valladares avistó al misil aproximándose y luego sintió un golpe pesado. Ambos
motores se apagaron instantáneamente y el control de timón se dañó, cayendo
secamente el A-37 dando volteretas. Mientras su piloto estaba luchando por
recuperar el control del mortalmente herido Dragonfly, Mendiola notó que
estaban invertidos y cayendo, decidiendo finalmente halar la manilla y eyectarlos
al cielo. Ambos pilotos aterrizaron a salvo y fueron recogidos después por un
helicóptero de la FAP. Mientras tanto, Hoyos evadió ataques adicionales de los
dos Kfir ejecutando una serie de giros quebrados a un nivel muy bajo alrededor
de los picos montañosos circundantes, y huyó a salvo.

Con la pérdida de este A-37B, se ordenó que los demás aviones y helicópteros de
la FAP dejaran el área: la FAE así estableció superioridad aérea local sobre el
campo de batalla. Ciertamente, la caída de los tres cazabombarderos peruanos
presentó un inmenso triunfo para los militares ecuatorianos, sin lugar a dudas.
Kfir FAE-905 C-2, camuflado y con las marcas que participó en la guerra de 1995. Este
avión fue volado por el Capitán Mata (en la foto) el 10 de febrero de 1995, cuando derribó a
un Dragonfly peruano A-37B. Nótese la marca de derribo – en la forma de una pequeña
silueta de un AT-37B, junto con el distintivo peruano, aplicado bajo la parte delantera de la
cabina. De interés es la carga de tres tanques desechables supersónicos – algo de inusual
aparición fuera de Ecuador. Cuando estaban bajo sus alas, estos tanques podían ser
configurados para llevar dos bombas de 100 kg cada uno. Durante la batalla aérea del 10
de febrero de 1995, este caza, y el Kfir-C2 FAE-909 fueron armados con misiles Shafrir Mk-
II, llevados fuera de los pilones bajo las alas (no mostrados aquí).

Los A-37 de la FAP llevaron el peso de la acción durante la guerra de 1995. Principalmente
armados con bombas Mk-81 y Mk-82, algunas veces guiadas también con cohetes sin guía,
volaron docenas de ataques sobre posiciones ecuatorianas. Sin embargo, camuflados con
colores desérticos, los Dragonfly FAP demostraron no estar preparados para combates
aéreos sobre la jungla y dos fueron fácilmente avistados desde rango considerable (más de
8,000 metros) por pilotos Kfir FAE, a pesar de su diminuto tamaño y vuelo de bajo nivel. La
serie exacta del A-37B derribado por Kfir ecuatorianos sigue siendo desconocida; la imagen
muestra la serie “151” y fue entregada en 1977.
La FAE contraataca

La FAP ya estaba en el aire el 11 de febrero. Después de un mayor despliegue de


más A-37B a Ciro Alegría y Galilea, fueron ordenados volar nuevos ataques
contra posiciones ecuatorianas afuera del área considerada como controlada por
los interceptores de la FAE. En la noche siguiente aviones peruanos Canberra
atacaron posiciones también, y uno de los bombarderos fue anunciado como
derribado. Los peruanos negaron la pérdida más bien clamaron un A-37B de la
FAE derribado por MANPAD SA-16, entre las 1730 horas y 1800 horas, reportado
por el técnico FAP Sanjinés Roldán. Este clamor fue casi verdadero dado que un
A-37B de la FAE fue alcanzado: el Dragonfly volado por el Capitán Rodrigo Rojas y
el Tte. Manolo Comancho, fue alcanzado por un SA-16 mientras atacaba
posiciones peruanas en el área de la Cueva de los Tallos. La detonación derribó el
motor izquierdo y causó daño a las alas, pero el Capitán Rojas recuperó el control
y consiguió aterrizar a salvo en Macas. Su avión fue reparado y estuvo de vuelta
en el combate tres días después.

Subsecuentes reportes indicaron que un Kfir pudo haber sido dañado en cambio,
pero la FAE no parece haber usado al tipo en un rol aire-tierra, prefiriendo
desplegarlo como interceptor o escolta de ataque. Apropiadamente, con el control
del aire en manos enemigas, las tropas peruanas tuvieron que atrincherarse al
frente de las posiciones ecuatorianas en la Base Sur, Tiwinza y Cueva de los
Tallos. Era tiempo de contraatacar para la FAE, y fue tarea de los A-37 del Grupo
Aéreo Amazónico basados en Macas. Permanentemente guiados por el FAC T-34,
los Dragonfly ecuatorianos volaron una serie de ataques el 12 de febrero (esta
unidad voló un total de 160 horas de combate durante el conflicto). Alrededor de
las 1430 horas, uno de los cazabombarderos ecuatorianos fue aclamado como
derribado por un SA-16 peruano, esta vez disparado por el técnico FAP Jesús
Abal Yabar. Apenas media hora después, los peruanos clamaron un Kfir C-2 de la
FAE alcanzado por un SA-16. No existe sin embargo confirmación ecuatoriana de
alguna pérdida similar.

Durante los preparativos para la ofensiva final peruana, planeada para el 14 de


febrero, el día previo, los helicópteros peruanos continuaron llevando tropas y
suministros a la zona de combate, aunque también realizando misiones de
ataque contra posiciones ecuatorianas. Dada la cuenta de MANPAD y artillería
antiaérea que entretanto el ejército ecuatoriano desplegó en el área, las pérdidas
fueron inevitables. El Mi-8TV FAP, EP-547, fue golpeado y derribado por
antiaéreos ecuatorianos cerca de Río Tatangosa. La tripulación sobrevivió al
accidente, pero tenía que ser retirada a posiciones peruanas a través de la jungla
por once días. El Capitán Gustavo Escudero Knoll, Tte. Eduardo Gutiérrez
Rondón y Sgto. Mayor Manuel Gonzáles Durand murieron de cansancio y las
heridas sufridas durante el choque antes de que pudieran ser recuperados. Los
ecuatorianos clamaron también el derribo de otro helicóptero FAP ese día,
probablemente un Mi-17, pero son desconocidas mayores detalles de las
circunstancias.

A pesar del aparente fracaso de su ofensiva final, el 16 de febrero el Presidente


peruano Alberto Fujimori declaró una victoria en la guerra y un cese al fuego
unilateral. Los ecuatorianos aparentemente concluyeron que era suficiente para
ellos también, y aceptaron un cese al fuego de la ONU, finalizando así la guerra
con un resultado que no permanece claro enteramente. Los observadores
internacionales desplegados en el área subsecuentemente confirmaron que
Tiwinza todavía estaba en manos ecuatorianas; los peruanos respondieron que
era el último fortín en toda la Cordillera del Cóndor que todavía estaba bajo
control enemigo.

Mientras las negociaciones seguían, no hubo final de operaciones para ninguna


fuerza aérea. Mientras la FAE continuó volando misiones de reconocimiento sobre
la Cordillera del Cóndor hasta abril de 1995, los Mi-8 de la FAP bombardearon
varios campos minados entre Tiwinza y Ampama, para ayudar a desactivar las
minas plásticas plantadas por los ecuatorianos, el 21 de febrero, y al siguiente
día helicópteros peruanos CH-47 y Bell-212 desplegaron un gran grupo de batalla
del ejército en el área, causando una feroz protesta norteamericana basada en el
hecho que estos helicópteros fueron vendidos al Perú para ser usados en
operaciones antinarcóticos. Mientras subsecuentemente algunos detalles de las
batallas más sangrientas de la entera guerra eran reportados, no existe
confirmación de cualquier lucha adicional que haya ocurrido después, sin
embargo.

Imagen del A-37B “FAE-392”, dañado por un MANPAD el 14 de febrero de 1995. El avión fue
llamado desde entonces “Tiwinza” en recuerdo a esa misión, y recientemente fue retirado
del servicio con el Escuadrón 2311
Durante esta corta, pero amarga y sangrienta guerra, el Ejército Peruano sufrió
una pérdida de unas 300 tropas muertas, heridas o desaparecidas, así como al
menos dos Mi-8TV de la AEP derribado. La FAP perdió un Mi-25, dos Su-22 y un
A-37B, así como un Canberra B-Mk.68. Mientras que es posible que pérdidas
adicionales ocurrieran (el número de helicópteros reportados perdidos puede ser
unos cinco), esto nunca fue confirmado. Considerando el hecho que la FAP voló
unas 160 misiones de combate, mientras que los helicópteros de la AEP
realizaron cientos de misiones adicionales de transporte, ataque y MEDEVAC, la
tasa total de pérdidas sigue siendo muy baja, muy por debajo del 2%. Debido a
los bajos rangos de mantenimiento en la FAP en el tiempo de guerra, y la cercana
relación dentro de la comunidad peruana de pilotos, cada pérdida, especialmente
alguna sufrida en combate aire-aire, fue seriamente sentida. Los reportes sobre
pérdidas ciertamente significativas de las fuerzas terrestres peruanas no ayudan
a mejorar la moral de la fuerza aérea. Esta es probablemente la razón principal
para la decisión en Lima de abandonar la lucha y declarar un cese al fuego
unilateral.

Los ecuatorianos claman no haber perdido avión alguno: dos A-37B y un Kfir
fueron dañados posiblemente por MANPAD peruanos, delineando la amenaza de
estas armas incluso contra aviones relativamente modernos. No obstante, la FAE
perdió un T-33A que se estrelló cerca de Mancas en un accidente no relacionado
al combate durante la guerra: la tripulación, el Capitán Garzón y Díaz, se eyectó
a un nivel muy bajo y murió. El Ejército Ecuatoriano debió haber perdido un
helicóptero Aerospatiale SA-342 Gazelle, bajo circunstancias desconocidas,
además de sufrir más de cien bajas.

El ejército ecuatoriano opera una pequeña ala aérea, equipada con unos cuantos
transportes ligeros y helicópteros Aerospatiale SA-342 Gazelle. Éste está equipado con
misiles antitanque guiados por calor. Se dice que uno de estos helicópteros se perdió
durante la guerra bajo circunstancias desconocidas.
Conclusiones

La Guerra de la Cordillera del Cóndor, en el Perú conocida mejor como la Guerra


del Alto Cenepa, fue un conflicto altamente interesante, por varias razones. Para
los peruanos demostró una urgente necesidad de un interceptor armado con
efectivos y funcionales misiles aire-aire capaz de comprometer objetivos más allá
del rango visual y desde todos los aspectos. La FAP poseía tales cazas en la forma
del Mirage-2000P, pero no estaban armados con Matra Super 530-D debido a
falta de fondos. La posesión de esta arma pudo haber prevenido la pérdida de los
dos Su-22, el 10 de febrero, dado que los Mirage-2000P estaban obviamente en el
área y rastreando a los ecuatorianos Mirage-F1.J, aunque también demasiado
lejos para enfrentarlos efectivamente. El disponible Matra R550 Magic-MkI
demostró ser de dudosa calidad ya durante las guerras previas, no sólo en 1981
sino también en el Medio Oriente, y adolecía del alcance, maniobrabilidad y todos
los demás aspectos relacionados a la capacidad de enfrentamiento. Los
ecuatorianos ya habían reconocido esto en 1981, y su adquisición de una
pequeña cuenta de R.550 Mk-II pudo haber sido decisiva.

Las demás armas usadas durante esta guerra pertenecen a una generación más
antigua. A pesar de las relativamente frescas experiencias argentinas de la
Guerra de las Falkland, la FAP no sólo fue impactada por la pobre situación
económica, sino también obviamente fue cogida durmiendo: no tenía nada mejor
que el R.550 Mk-I, mientras que el resto de R-35 en stock estaban probablemente
inútiles para 1995.

El Shafrir Mk-II, llevado por los Kfir C-2 de la FAE, pertenecía realmente a una
generación más antigua de misiles aire-aire, originalmente desarrollados a fines
de los sesenta. Demostraron ser más efectivos y significativamente más simples
de mantener que las marcas contemporáneas de los norteamericanos AIM-9
Sidewinder, y también al menos iguales si no decididamente superiores al R.550
Mk-I, proveyendo a los interceptores ecuatorianos con una alta capacidad “fuera
de mira” no disponible para los peruanos. Sin considerar cuan maniobrables
fueron los cazas desplegados por ambos lados durante esta guerra, la FAE tuvo
un margen considerable en combate aire-aire durante la guerra de 1995.

Aprendiendo las lecciones, inmediatamente después de la guerra, Perú se movió a


corregir estas deficiencias de la FAP. Sin encontrar ninguna fuente lista o capaz
de suministras cazas avanzados de Occidente, la FAP se volvió a Bielorrusia, en
abril de 1996, ordenando 16 monoplazas MiG-29 (Código ASCC: Fulcrum) y 2 MiG-
29 UB. Originalmente armados con misiles aire-aire R-27R (Código ASCC: AA-10
Alamo) y R-73 (Código ASCC: AA-11 Archer), en 1998. Estos aviones fueron
actualizados a un estándar similar al MiG-29 SE, y se compatibilizaron con el
misil de alcance medio aire-aire R-77/RVV-AE (Código ASCC: AA-12 Adder), con
seguimiento por radar en la fase terminal de vuelo. Los R-77 llegaron junto con 3
MiG-29 SE, traídos directamente de Rusia, cuya compra fue posible debido a las
mejoradas relaciones entre Lima y Moscú dado que Perú había pagado sus
deudas pendientes. Previamente, los rusos se rehusaron a suministrar repuestos
y proveer asistencia técnica para loas MiG-29 de la FAP, lo cual fue requerido por
la compañía Beltechexport de Bielorrusia desde Rosovooruzhenie después que los
primeros cuatro MiG-29 fueran entregados al Perú, a bordo de un transporte
Antonov An-124. Esta decisión fue ciertamente influenciada por el hecho, que
originalmente MiG MAPO ofreció MiG-29 al Perú, a un precio de $24 millones de
dólares por avión, aunque la FAP optó por los aviones bielorrusos porque eran
más baratos, entre $11 y $14 millones de dólares por pieza.

La flota de cazabombarderos sobrevivientes fue mejorada también. Los Su-20 y


Su-22 de la FAP fueron actualizados por RWR israelíes SPS-20 y dispensadores
de estática y bengalas franceses SAMP. La capacidad de la flota fue incrementada
más a través de la adquisición de dispositivos de reconocimiento fotográfico
electrónico rusos KKR-1. Además, en 1996, Perú compró 10 monoplaza Sukhoi-25
y 8 biplaza de entrenamiento Su-25 UB de Bielorrusia (los medios usualmente
mal informaron los Sukhoi como MiG-25; causando mucha confusión en círculos
menos informados). Este tipo es bien conocido por su supervivencia ante los
MANPAD, así como una inmensa capacidad de carga de bombas. El Su-25
también está armado con misiles aire-aire de corto alcance para autodefensa R-
60 (Código ASCC: AA-8 Aphid), así como una cuenta de misiles aire-tierra
guiados, incluyendo el KH-25 MK (Código ASCC: AS-10 Karen) y KH-29L (Código
ASCC: AS-14 Kedge). Reportes de entregas de misiles antirradar KH-58 (Código
ASCC: AS-11 Kilter) no han sido confirmados aún, aunque es sabido que el tipo
fue probado equipado con esta arma en Rusia, así como que puede ser
configurado para misiones SEAD9 con ayuda de una baliza especializada de mira.

Otra ventaja significativa en el lado ecuatoriano fue la disposición de una red de


radar funcional en el área de combate. Aquí el terreno local estaba claramente de
su lado: la FAE pudo posicionar un número de altas estaciones de radar en los
picos montañosos de las cordilleras de los departamentos de Loja y Zamora,
obteniendo así una clara y profunda visión del norte del Perú. Mientras que es
muy probable que la situación fuera bastante diferente al inicio de las
hostilidades, y que los ecuatorianos no tenían ninguna estación de radar
desplegada cerca de la zona de combate antes del 9 de febrero, la situación
obviamente cambió alrededor de esta fecha, y fue un factor decisivo. Por el
contrario, los peruanos no sólo sufrieron de casi el 50% de inoperatividad de sus
radares, sino que tenían a la mayoría de ellos desplegados en el sector costero, o
en el Amazonas, desde donde tenían que operar contra la interferencia de los
Andes ecuatorianos. Esto significó que los pilotos FAP tuvieron que operar sin
apoyo útil de tierra. Peor aún, la situación no mejoró con el tiempo, o sólo
después del final de las hostilidades. Se sigue desconociendo a que grado los

9
Supresión de defensas antiaéreas terrestres, por sus siglas en inglés.
peruanos consiguieron mejorar la condición de su red de radares, aunque es muy
probable que algo fuera realizado en el curso de la modernización introducida a
finales de los noventa.

Ciertamente, ambos lados pudieron haberlo hecho mucho mejor con la ayuda de
los sistemas aerotransportados de alerta temprana, como el avión Embraer EMB-
145 AEW-C, introducido al servicio en Brasil primero. Parece, sin embargo, que
tales plataformas estuvieron fuera de las capacidades financieras de ambos,
Ecuador y Perú, por lo que ningún avión similar fue adquirido
subsecuentemente.

Los ecuatorianos, por el contrario, consiguieron aprovechar sus Mirage y Kfir a


plena extensión, y finalmente establecieron algún tipo de supremacía aérea sobre
el campo de batalla, mientras mantenían a sus Jaguar en reserva. Esto es
significativo, dado que por el tiempo de la guerra éste tipo era la plataforma de
ataque más potente disponible de ambos lados.

Interesantemente, la FAE no parece ser capaz de seguir la modernización de la


FAP. La más significativa nueva adquisición después de la guerra fue una cuenta
de 60 misiles aire-aire Python Mk-III para Kfir, seguidos por 48 Python Mk-IV, en
1998. Adoleciendo de dinero para un nuevo caza avanzado, como el ruso MiG-29
SMT, y después de fallar en asegurarse el permiso norteamericano para la
adquisición de 8 excedentes Lockheed F-16, en 1998, Ecuador ordenó una nueva
partida de 8 Kfir-C2 de Israel, a un precio total de $ 40 millones de dólares. Los
EUA intervinieron, prohibiendo la entrega de seis de esos aviones, así que el
Escuadrón 2113 adquirió sólo dos reemplazos de desgaste, en 1999. No obstante,
la flota entera fue actualizada al estándar C-7 en los noventa, una versión
impulsada con una variante especialmente adaptada del motor J79-GE-J1E, con
un empuje adicional en el postquemador de 454 kg, así como dos extra puntos
fuertes montados directamente sobre los conductos de admisión, así como una
cabina revisada con controles HOTAS. A fines de los noventa, al menos dos Kfir
ecuatorianos fueron actualizados al estándar C-10, equipados con radar de pulso
doppler ELTA-2032, un avanzado dispositivo de autoprotección de bloqueo ELTA
EL/M-8202, una cabina más avanzada con despliegue montado en el casco,
parabrisas de una sola pieza, sonda IFR, misiles Python Mk-IV y Derby, FLIR10, y
avanzados dispensadores de estática y bengalas, que los hacían comparables en
capacidad al chileno F-5E Tiger-III. Simultáneamente, todos los Mirage-F1 J
fueron suministrados con misiles Python Mk-III.

El futuro de esta fuerza aérea pequeña pero de elite es consecuentemente más


probable de buscar eventuales adquisiciones de aviones adicionales Kfir de Israel,
y sus actualizaciones a estándares más avanzados. La habilidad ecuatoriana para
hacer tales adquisiciones dependerá de la situación financiera del país.

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Dispositivos Infrarrojos delanteros, por sus siglas en inglés.
Finalmente, la Guerra del Alto Cenepa demostró la vulnerabilidad de los
helicópteros en operaciones a altos niveles sobre el nivel del mar, así como en
operaciones sobre la jungla, es más en áreas donde el enemigo estaba bien
suministrado con MANPAD. Especialmente la FAP sufrió de inmensos problemas
con los Blowpipe ecuatorianos (descritos como “inútiles” después de su
despliegue en las Falkland y Afganistán, en los ochenta), pero también SA-16,
mientras que los aviones ecuatorianos demostraron ser vulnerables incluso a los
peruanos SA-16.

Siendo también una típica guerra limitada, luchada por dos países sobre un
límite mutuo, en consecuencia esta guerra merece ser estudiada más
cercanamente.

Los Mirage-2000P de la FAP estaban a la orden cuando los Mirage-F1 AJ ecuatorianos


interceptaron y derribaron un par de Su-22 peruanos, el 10 de febrero de 1995. Incluso
llevaron a cabo un intento por interceptar a los dos ecuatorianos mientras éstos huían a
alta velocidad y bajo nivel hacia el norte, pero la falta de misiles aire-aire de alcance medio
Super 530 D en el arsenal de la FAP los previno de ser efectivos. La presencia de los cazas
de superioridad aérea más potentes de Latinoamérica en ese tiempo fue en consecuencia
sentida sólo por los RWR de los Mirage ecuatorianos.

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