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JUSTICIA AÑO 2017 Núm. 2. Págs.

263-283

La denominada prueba pericial


de inteligencia policial
(The so-called police intelligence expert evidence)

Francisco Ortego Pérez


Profesor Titular de Derecho Procesal
Universidad de Barcelona

RESUMEN: El presente artículo analiza el valor probatorio de los informes de inteligencia


policial en el proceso penal y su consideración como una singularidad de la prueba pe-
ricial. Aun sin estar expresamente regulada en la Ley de Enjuiciamiento Criminal, una
línea jurisprudencial ha admitido por su pragmatismo la denominada «prueba pericial de
inteligencia», circunstancia que suscita serias controversias.
PALABRAS CLAVE: Prueba pericial. Prueba testifical. Proceso penal. Atestado policial. Ga-
rantías procesales.

ABSTRACT: This article analyzes the probative value of police intelligence reports in crimi-
nal proceedings and its consideration as a singular expert evidence. Without it being
explicitly regulated in the Spanish Criminal Procedure Act, a jurisprudential line has
accepted by its pragmatism the so-called «police intelligence expert evidence», which
raises serious controversy.
KEYWORDS: Expert evidence. Witness evidence. Criminal proceedings. Police report. Pro-
cedural guarantees.

Fecha de recepción: 27 de octubre de 2017


Fecha de aceptación: 28 de noviembre de 2017

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La denominada prueba pericial


de inteligencia policial
(The so-called police intelligence expert evidence)

Francisco Ortego Pérez


Profesor Titular de Derecho Procesal
Universidad de Barcelona

SUMARIO
1. Breves consideraciones en torno a la prueba pericial. 2. El valor probatorio de los
informes policiales de inteligencia y su controvertida naturaleza jurídica. 2.1. Su uti-
lización procesal como ejemplo de «pragmatismo judicial» en materia probatoria. 2.2.
Línea jurisprudencial favorable a su consideración como prueba pericial. 2.3. Línea
jurisprudencial contraria a su consideración como prueba pericial. 3. Consideraciones
críticas. 4. Bibliografía.

1. Breves consideraciones en torno


a la prueba pericial
En torno a la naturaleza jurídica de la pericia se suscitó un anti-
guo debate doctrinal que osciló entre su consideración como auténtico
medio probatorio o como un complemento o auxiliar judicial1, aunque

1 Sintetizado en VIADA LÓPEZ-PUIGCERVER, C., «Naturaleza jurídica de la peri-


cia», Anuario de Derecho Penal y Ciencias penales», 1951, tomo IV, pp. 43- 70.
A la superación de esta polémica doctrinal se refiere expresamente la Exposi-

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ambos planteamientos coincidieran en subrayar su aspecto más notable,


que no es otro que la aportación al juzgador de una serie de saberes que
per se no le son exigibles para formar su convicción. Ello es así porque
al margen del imprescindible conocimiento del Derecho objetivo, con-
densado ilustrativamente en la máxima iura novit curia, existen otros
conocimientos de carácter científico, artístico, técnico o práctico, que en
cuanto variantes de saberes especializados pueden resultar relevantes y
hasta determinantes para adquirir la certeza sobre los hechos objeto de
enjuiciamiento.
La actividad pericial abarca diversos ámbitos del conocimiento,
de manera que algunas profesiones o determinadas prácticas posibilitan
que determinadas personas puedan ser potenciales peritos en esa rama
del saber que les es inherente, por su aptitud y capacitación para emitir
conclusiones mediante un razonamiento objetivo sobre los indicadores
analizados en el proceso2.
En el proceso penal se emplean periciales tan diversas como las
relativas a genética forense (ADN), química forense (incendios y explosi-
vos), toxicología, biométricas, grafológicas, fonométricas..., como mues-
tras de una heterogeneidad entre las que ocupan un lugar destacado las
practicadas por la policía (balística, dactiloscopia, informáticas, análisis
de la imagen respecto a personas desaparecidas, etc.)3. Una diversidad

ción de Motivos de la LEC 1/2000, optando por su consideración como medio


probatorio.
2 HERNÁNDEZ DOMÍNGUEZ, J.J., «Valor procesal del informe de inteligencia
policial», La Ley, diario núm. 8174, 21 de octubre de 2013, ref. 5252/2013, pág.
2.
3 Sobre dicha diversidad véase VELASCO NÚÑEZ, E., «La prueba pericial», La
Ley, diario núm. 8258, 25 de febrero de 2014, ref. D-61, p. 3. RIVES SEVA, A.P.
(Dir.), «La prueba en el proceso penal: doctrina de la Sala Segunda del Tribu-
nal Supremo», 5ª ed., Ed. Aranzadi, Cizur Menor, 2012, pp. 905 - 988. DOLZ
LAGO, M.J., «La aportación científico policial al proceso penal», La Ley, diario
núm. 7027, de 6 de octubre de 2008, pp. 1 y ss.

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que refleja la distinción entre las pericias científicamente objetivas o


«percipiendi» de las de opinión o «deducendi»4.
Sin embargo, el solo hecho de poseer un determinado conoci-
miento especializado no basta para considerar sin más a una prueba
como pericial, como se demuestra en el caso de las declaraciones pres-
tadas por testigos especialmente «cualificados». Es preciso recordar las
líneas diferenciales entre la prueba pericial y la testifical5, y con ello los
consabidos rasgos de que el perito informa sobre hechos presentes y no
pasados, su carácter fungible respecto al conocimiento de los hechos
sobre los cuales informa, o el hecho de que el perito aporte al juez una
información de carácter técnico mientras que el testigo, de carácter in-
fungible, le proporcione una información histórica.
Con todo, nuestras leyes de enjuiciamiento -tanto civil como
criminal- establecen expresamente que la especialización constituye la
esencia de la función del perito (arts. 335 LEC y 456 LECrim), pues la
necesidad de practicar este medio de prueba estriba en que su elemento
subjetivo es un experto en una determinada materia «conforme a los
principios y reglas de una ciencia o arte»6.
Idéntica y reiterada es la opinión de la jurisprudencia al establecer
que «el fin de la prueba pericial no es otro que el de ilustrar al órgano judicial
para que éste pueda conocer o apreciar algunos aspectos del hecho enjuiciado
que exijan o hagan convenientes conocimientos científicos o artísticos»7, «ina-

4 VIADA LÓPEZ-PUIGCERVER, C., «Naturaleza jurídica de la pericia», ob. cit.,


p. 51. PARDO IRANZO, V., «Ciencia y proceso. De la pericial científica con pri-
vilegio jurisprudencial a la pericial científica con privilegio legal», Revista de
Derecho Penal, núm. 38/2013, pp. 101- 128 [ref. Aranzadi BIB 2013/12604].
5 En parecidos términos VIADA LÓPEZ-PUIGCERVER, C., ob. cit., pp. 56 - 57.
6 STS de 20 de abril de 1990, [R.J. 1990/3294].
7 SSTS núm. 485/2007 de 28 de mayo [R.J. 2007/5621], núm. 883/2009, de 10
de septiembre [R.J. 2009/4621], y en el mismo sentido la SAP de Sevilla (Sección
1ª), núm. 177/2013 de 10 de abril [JUR 2013/250702].

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prensibles, por puras razones de la inteligencia humana, por los Tribunales»8.


La propia jurisprudencia recuerda que «apreciar, significa precisamente
ponderar el valor de las cosas», sin que quepa subvertir la naturaleza pro-
cesal de la prueba pericial atribuyéndole un alcance prácticamente defi-
nitivo, ya que en cuanto poseedor de un saber especializado el perito es
un auxiliar del ejercicio de la función jurisdiccional, pero no es alguien
cuyo criterio deba imponerse a quienes asumen la tarea decisoria.
En cuanto a su formación, el informe pericial presenta una previa
actividad de conocimiento fáctico, seguida de una actividad conclusiva o
de deducción respecto a determinados hechos, que puede apoyarse en la
individualización de máximas de la experiencia o en reglas del concreto
saber especializado de los peritos9.
Teniendo en cuenta esta premisa surgen ciertos interrogantes
cuando más allá de las periciales científicamente objetivas y técnicas,
son los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado quie-
nes aportan al juzgador una serie de conocimientos que compendian
de manera selectiva una información normalmente obtenida a través de
diligencias practicadas en otras causas, pero que presentan un nexo co-
mún con el proceso en el que se presta la información policial en virtud
de aspectos como un concreto modus operandi o un conocimiento espe-
cífico de determinada actividad delictiva10.
Con la pretensión de esclarecer tales interrogantes, el presente
trabajo analiza el valor probatorio atribuido a los informes de inteligen-
cia policial así como la controvertida naturaleza jurídica de la denomina-
da prueba pericial «de inteligencia» o pericial de «inteligencia policial».

8 STS de la Sala Especial del art. 61 LOPJ de 27 de marzo de 2003 [R.J. 2003/3072],
«Caso Herri Batasuna - Eukal Herritarrok - Batasuna».
9 PICÓ i JUNOY, J., «La prueba pericial en el proceso civil español», J.M. Bosch
Editor, Barcelona, 2001, pp. 48 a 51.
10 VELASCO NÚÑEZ, E., «La prueba pericial», ob. cit., p. 3.

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2. El valor probatorio de los informes policiales de


inteligencia y su controvertida naturaleza jurídica
Se trata de dos cuestiones que no presentan idéntico alcance,
pues si bien el valor como prueba de cargo de los informes de inteligen-
cia ha sido unánimemente admitido por la jurisprudencia, el silencio
legal propicia mayores controversias respecto a su encaje en un concreto
medio probatorio u otro. Los distintos argumentos en esta materia los
sitúan en un terreno fronterizo entre la prueba pericial propiamente di-
cha y la prueba testifical, circunstancia que lleva a algunas resoluciones a
referirse a la misma como prueba «testifical/pericial»11, en un intento de
aproximarla a la figura del testigo-perito del proceso civil (art. 370 LEC)
por apreciación de cierta afinidad con la misma.

2.1. Su utilización procesal como ejemplo de


«pragmatismo judicial» en materia probatoria
La admisibilidad de su valor probatorio es una inequívoca mues-
tra de pragmatismo judicial, pues con independencia de sus funciones
preventivas no puede desconocerse la dimensión que adquiere la acti-

11 Entre otras, utilizan dicha expresión la STS de la Sala Especial del art. 61 LOPJ de
27 de marzo de 2003 [R.J. 2003/3072], «Caso Herri Batasuna - Eukal Herritarrok
- Batasuna»; la STS núm. 119/2007 de 16 de febrero [R.J. 2007/1930], respecto
a los informes emitidos por agentes de la Guardia Civil, y que sin embargo es
una de las que integran el cuerpo jurisprudencial que niega su condición de
prueba pericial (vid. el F.J. 5º). También la SAN (Sala de lo Penal, Sección 2ª),
núm. 68/2010 de 9 de diciembre [ARP 2011/983], en la que expresamente se
afirma que varias acusaciones propusieron a agentes policiales con la cualidad de
«peritos-testigos» por el hecho de haber elaborado informes de inteligencia que
luego fueron objeto de valoración en el caso concreto.

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vidad policial en la labor de búsqueda de potenciales pruebas de cargo


sobre las que fundamentar una sentencia de condena12.
Esta es una circunstancia de especial significación en lo que atañe
a aquellos procesos penales relacionados con el terrorismo y la delin-
cuencia organizada, ejemplos paradigmáticos de un casuismo delictivo
en el que el conocimiento pormenorizado de aspectos como su funcio-
namiento, posibles objetivos, o su organización interna, permiten apor-
tar datos de gran relevancia en muchas causas penales, como reconoce
expresamente la STS núm. 134/2016 de 24 de febrero13.

12 En idéntico sentido se manifiesta CASTILLEJO MANZANARES, R., «La prueba


pericial de inteligencia», La Ley, diario núm. 7756, 16 de diciembre de 2011,
p. 1. «Diligencias de investigación y medios de prueba en la lucha contra el
crimen organizado», Revista de Derecho Penal, núm. 38/2013, edición on line
[BIB 2013/12602]. Sobre la importancia de la actividad policial en materia pro-
batoria véase asimismo DE LLERA SUÁREZ-BÁRCENA, E., «La utilización de la
información policial y de los servicios de inteligencia como prueba en el proceso
penal», La Ley, diario núm. 8215, de 19 de diciembre de 2013 (passim).
13 Un claro exponente del comentado pragmatismo probatorio lo constituye la STS
núm. 134/2016 de 24 de febrero [R.J. 2016/2172], dictada en el «Caso del abor-
daje del buque Izurdia por piratas somalíes», en cuanto reconoce que «Es evidente
que la colaboración de un profesional en la descripción de la metodología y de los modos
de organización y funcionamiento de una estructura y unos recursos humanos puestos
al servicio del delito, puede ser de una gran utilidad para el órgano decisorio. La prác-
tica que inspira la actuación de una organización criminal puede ser descrita con una
referencia simplemente empírica, nutrida por la experiencia de quien se ha infiltrado en
una de esas estructuras o ha hecho de su investigación el objeto cotidiano y preferente de
su actividad profesional como agente de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.
Pero puede ser también objeto de una explicación basada en el manejo de categorías y
conceptos propios de la sociología o criminología. La sofisticación de los medios emplea-
dos para la intercomunicación de los integrantes de esas bandas u organizaciones, las
habituales técnicas de encriptación y, en fin, la constante tendencia a la clandestinidad,
son razones suficientes para admitir una prueba pericial cuyo objeto sea ofrecer al Juez,
al Fiscal y al resto de las partes, una explicación detallada de la «práctica» que anima
la actividad delictiva de esas y de otras organizaciones delictivas». [F. J. 5º].
• En la misma línea se adscribe la STS núm. 984/2016 de 11 de enero [R.J.
2017/5], al establecer que los informes policiales de inteligencia «son ac-

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Esa indiscutible utilidad explica hasta qué punto el empleo pro-


cesal de un instrumento de etiología policial ha devenido en un elemen-
to probatorio que puede facilitar la decisión del juzgador14, sobre la base
de informaciones que por sí solas pudieran parecer irrelevantes para
enervar la presunción de inocencia, pero que son fruto de una actividad
policial necesaria para combatir ciertas formas de criminalidad. Por es-
tas razones la utilización de dichos informes en el proceso penal debe
armonizarse con las exigencias del debido proceso de ley (due process of
law), lo que plantea cuestiones tan relevantes como determinar cuáles

tuaciones que auxilian claramente al Tribunal, permitiéndole conocer y evaluar


modos de comportamiento delictivo -generales o concretos- que pueden estar lle-
vándose a término y que precisan no sólo saber de la existencia de determinadas
morfologías delincuenciales, sino -desde el estudio de la criminalística y desde la
experiencia extraída con otras actuaciones diversas- de la forma de organización
que requiere llevarlas a término o que suele acompañarles en la mayor parte de
los supuestos, de sus objetivos, de su metodología operativa o, incluso, sobre los
puntos de conexión que los hechos investigados pueden tener con otros delitos ya
cometidos y sometidos a investigación policial, así como de cualquier otro elemento
que pueda entenderse necesario para la mejor comprensión o esclarecimiento de
un comportamiento criminal, siempre que su extracción venga facilitada por una
actuación policial, dedicada, continua y especializada».
• Significativa resulta a su vez la SAN (Sala de lo Penal, Sección 4ª) núm.
16/2016 de 30 de marzo, («Caso del atentado de un comando anarquista en la
Basílica del Pilar»), [ARP 2016/283], que alude a un «ensanchamiento del
espacio funcional reservado al perito» a partir de la LEC 1/2000, que debido
a su carácter supletorio permite la admisibilidad de esta prueba en el proceso
penal «puede ser de gran utilidad para el órgano decisorio».
14 Vid. al respecto la crítica de GUDÍN RODRÍGUEZ-MAGARIÑOS, F., «La presun-
ta prueba pericial de inteligencia: análisis de la STS de 22 de mayo de 2009», La
Ley Penal, núm. 64, octubre 2009, p. 2 (edición on line). Por su parte, GUERRE-
RO PALOMARES, S., también destaca su utilidad al señalar que «supone una
gran ventaja para el aparato acusador del Estado cuando éste se pone en mar-
cha». «La denominada “prueba de inteligencia policial” o “pericial de inteligen-
cia”», Revista de Derecho y Proceso Penal, núm. 25, 2011, p. 88. Suscribe esta
misma opinión HERNÁNDEZ DOMÍNGUEZ, J.J., «Valor procesal del informe de
inteligencia policial», ob. cit., p. 15.

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han sido las fuentes de la policía respecto a los datos e informaciones


que aporta al tribunal, de qué manera los ha obtenido, e incluso qué hi-
potética validez tendrían las informaciones proporcionadas por servicios
policiales o de inteligencia extranjeros15.
Téngase en cuenta que a diferencia de las pericias percipiendi o
con objetividad científica los informes de inteligencia se basan por lo
general en elementos complejos o en fracciones de información, como
las derivadas de los seguimientos realizados, la infiltración en una con-
creta organización, la utilización de datos obtenidos a través de medios
de investigación tecnológicos, etc.
No es extraño que en esta materia el pragmatismo que ha consa-
grado el valor procesal de dichos informes obedezca a priorizar el hipo-
tético resultado ante las dificultades que entraña la complejidad inhe-
rente a la investigación y prueba de ciertas formas de criminalidad. En
la práctica, esta circunstancia lleva a que el informe policial se admita
como un todo compacto, aunque previamente pueda haber proporcio-
nado cobertura a diligencias anteriores con las que guarde cierta seme-
janza16. Por esta razón, las Fuerzas de Seguridad habrán de describir con
minuciosidad en sus respectivos informes de inteligencia el iter lógico-
deductivo susceptible de fundar el convencimiento del tribunal respecto
a la comisión y participación por los encausados de los hechos que se
juzgan17.

15 DE LLERA SUÁREZ-BÁRCENA, E., «La utilización de la información policial y de


los servicios de inteligencia como prueba en el proceso penal», ob. cit., pp. 1 - 2.
16 PÉREZ GIL, J., «Entre los hechos y la prueba: reflexiones acerca de la adquisición
probatoria en el proceso penal», Revista Jurídica de Castilla y León, núm. 14,
enero de 2008, p. 241.
17 LÓPEZ MUÑOZ, J., «Criminalidad organizada. Aspectos jurídicos y criminológi-
cos», Estudios de Criminología y Política Criminal, núm. 32, Ed. Dykinson, Ma-
drid, 2015, p. 68. Del mismo autor, «La criminalidad organizada contra el orden
público», LA LEY, diario núm. 8179, 28 de octubre de 2013, p. 11. En parecidos
términos vid. VALLÉS CAUSADA, L.M., «La Policía Judicial en la obtención de

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Mayores recelos suscita que en la búsqueda de instrumentos


eficaces con los que afrontar la persecución de modalidades delictivas
como las citadas se perciban ciertos signos de cambio en la justicia penal
de nuestro tiempo, que se reflejan en el propio diseño del proceso, tanto
por la sobrevaloración de la etapa de investigación como en materia
probatoria, con el consiguiente riesgo de que en pos de la eficacia pue-
dan llegar a relativizarse derechos y garantías procesales que deben ser
incuestionables18.
En un período de sensibilidad social hacia el fenómeno terrorista
a escala mundial basta observar cómo se han reforzado determinados
instrumentos de política criminal en pos de esa eficacia. Incluso ya antes
de los atentados del 11-S en Nueva York y del 11-M en Madrid en Eu-
ropa se debatió acerca de la posibilidad de utilizar en causas penales la
información recabada por fuerzas policiales y servicios de inteligencia, y
no solo por su incuestionable aptitud como notitia criminis, sino funda-
mentalmente por su potencial probatorio19.
Desde el punto de vista conceptual, por «inteligencia criminal»
se entiende aquel tipo de inteligencia llevada a cabo por servicios poli-
ciales de información que se caracteriza tanto por el carácter preventivo
de actividades delictivas, como en su vertiente procesal, por facilitar la
aportación de posibles pruebas de cargo20.

inteligencia sobre comunicaciones electrónicas para el proceso penal», Tesis doc-


toral, UNED, 2012, pp. 461.
18 En parecidos términos, PÉREZ GIL, J., «Entre los hechos y la prueba: reflexio-
nes acerca de la adquisición probatoria en el proceso penal», Revista Jurídica
de Castilla y León, núm. 14, enero de 2008, pp. 223, 230 y 240. GUERRERO
PALOMARES, S., ob. cit., p. 91.
19 DE LLERA SUÁREZ-BÁRCENA, E., «La utilización de la información policial y de
los servicios de inteligencia como prueba en el proceso penal», ob. cit., p. 2.
20 ESTEBAN NAVARRO, M.A., (coordinador), «Glosario de inteligencia», Ministerio
de Defensa, Centro de Publicaciones, Madrid, 2007, p. 77. VALLÉS CAUSADA,

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Precisamente ha sido su potencialidad probatoria la piedra angu-


lar sobre la que la Sala Segunda del Tribunal Supremo abrió paso a la ad-
misión como prueba de los informes de inteligencia, posibilitando una
utilización cada vez más generalizada en determinadas causas penales.
El punto de partida se encuentra en la STS de 13 de diciembre de
2001 [R.J. 2002/1991], respecto al valor de los informes emitidos por
la Guardia Civil en la lucha antiterrorista contra la banda ETA. La preci-
tada Sentencia establece expresamente que se trata de una singularidad
de la prueba pericial, en la cual, mediante la utilización de un método
deductivo se pueden extraer determinadas conclusiones del conjunto de
información recabada por las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado
en procesos relacionados con el terrorismo y el crimen organizado. Por
esta razón considera que «se trata...de una pericial que consiste en relacio-
nar información, para así extraer conclusiones determinadas», subrayando
a su vez que «en ningún caso estaríamos ante una prueba testifical, sino ante
una pericial» a tenor del profundo conocimiento específico que como
expertos poseen dichos funcionarios policiales. En cambio, el derecho
comparado ofrece algún ejemplo de regulación positiva de signo con-
trario a dicha doctrina, como el art. 203 del Codice di Procedura Penale
italiano, precepto que establece que las informaciones de inteligencia
policial carecerán de validez probatoria si no se aportan posteriormente
al juicio como declaraciones testificales de los informantes.

2.2. Línea jurisprudencial favorable a su


consideración como prueba pericial
A partir de aquella STS de 13 de diciembre de 2001 comien-
za a consolidarse una doctrina jurisprudencial21 que habla ya abierta-

L.M., «La Policía Judicial en la obtención de inteligencia sobre comunicaciones


electrónicas para el proceso penal», Tesis doctoral, cit., pp. 446, 447, 453.
21 Vid entre otras las SSTS núm. 1372 de 19 de julio de 2002, [R.J. 2002/7779], núm.
783/2007, de 1 de octubre, [R.J. 2008/1557], núm. 124/2009 de 13 de febrero [RJ

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mente de la prueba pericial de inteligencia o «pericial de análisis de


información»22 como una variante más de la prueba pericial, y que en
síntesis, vendría caracterizada por las siguientes notas:
1º) Se trata de una prueba singular que se utiliza en algunos proce-
sos complejos en los que son necesarios especiales conocimientos
que no responden a los parámetros habituales de las pruebas pe-
riciales más convencionales.
2º) Es un medio probatorio que no está previsto expresamente en
la Ley de Enjuiciamiento Criminal, aunque el silencio legal no
impide su utilización en el proceso penal cuando se precisen los
conocimientos aportados por los autores de dichos informes.
3º) En todo caso, la valoración de tales informes es libre, de modo
que el tribunal de instancia puede analizarlos racional y libre-
mente. Los informes policiales de inteligencia, aún ratificados
por sus autores, no resultan en ningún caso vinculantes para el
tribunal, y por su naturaleza no podrán ser considerados como
documentos a efectos casacionales.
4º) No se trata de pura prueba documental, de modo que los citados
informes periciales no pueden ser invocados como documentos,
salvo que procedan de organismos oficiales y no hubieran sido
impugnados por las partes.

2009/1398], núm. 480/ 2009, de 22 de mayo [R.J. 2010/662], «Caso EKIN», núm.
156/2011, de 21 de marzo [R.J. 2011/2894], «Caso Mafia rusa», y la SAN (Sala de lo
Penal, Sección 2ª), núm. 12/2006, de 31 de marzo [ARP 2008/407], «Caso Al Qae-
da», SAN (Sala de lo Penal, Sección 3ª), núm.1/2015 de 2 de febrero [ARP 2015/67]
y STS núm. 134/2016 de 24 de febrero, [R.J. 2016/2172], dictadas ambas en relación
al «Caso del abordaje del buque Izurdia por piratas somalíes», STS núm. 984/2016 de 11
de enero [R.J. 2017/5], SAN (Sala de lo Penal, Sección 4ª) núm. 16/2016 de 30 de
marzo, «Caso del atentado en la Basílica del Pilar», [ARP 2016/283].
22 Término minoritario empleado por la STS núm. 786 de 29 de mayo de 2003,
«Caso Kale borroka», [R.J. 2003/4242].

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5º) El tribunal puede apartarse en su valoración de tales informes. Lo


que es obvio porque en nuestro sistema de justicia penal no hay
prueba tasada, por lo que las conclusiones del tribunal deben ser el
resultado de la valoración y ponderación de todas las pruebas prac-
ticadas. Solo en la contradicción puede alcanzarse la verdad judicial.
6º) Aunque cuando se trate de una prueba que participa de la natura-
leza de la pericial y de la testifical, es, desde luego, más próxima
a la pericial, pues los autores de dichos informes aportan conoci-
mientos propios y especializados para la valoración de determi-
nados documentos o estrategias.
7º) El Tribunal podrá llegar finalmente a las conclusiones mediante la
lectura y el análisis de tales informes23.
Es preciso incidir en este último aspecto, pues aunque esta pri-
mera línea jurisprudencial encuadra los informes de inteligencia como
un tipo de prueba pericial, también se refiere a ellos como una especie
de híbrido o prueba de naturaleza mixta, a medio camino entre la peri-
cial y la testifical. En ese parecer ecléctico algunas sentencias señalan que
en los funcionarios policiales que elaboran los informes de inteligencia,
y al igual que sucede con los expertos en legislación fiscal o de aduanas,
«puede concurrir esa doble condición de testigos, sean directos o de referen-
cia, y de peritos» (STS de 2 de junio de 2015, «Caso herriko tabernas»)24,
realizando una equiparación con la figura del testigo-perito del proceso
civil que algunas opiniones consideran como la opción más idónea25.

23 La propia jurisprudencia crea confusión, al hablar en lugar de «documentos»


(sic) en lugar de «informes».
24 STS núm. 338/2015 de 2 de junio, [R.J. 2016/6668]. Vid. también la STS núm.
783/2007, de 1 de octubre, [R.J. 2008/1557], la núm. 156/2011, de 21 de marzo
[R.J. 2011/2894], «Caso Mafia rusa» y la STS núm. 157/2012 de 7 de marzo, [R.
J. 2012/3925], «Caso GRAPO».
25 HERNÁNDEZ DOMÍNGUEZ, J.J., «Valor procesal del informes de inteligencia
policial», ob. cit., p. 16. También DOLZ LAGO considera que en tales casos

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Desde otro punto de vista, en una nueva muestra de pragma-


tismo judicial algunas sentencias distinguen entre las meras diligencias
policiales −que necesariamente deberán formar parte del atestado− y el
indiscutible valor como prueba de dichos informes, afirmando que si se
redujera su consideración a la de meros atestados policiales se incurriría
en una «pretensión demasiado simplista», lo que provocaría como efecto
su ineficacia probatoria26. De este modo, el refrendo jurisprudencial a la
utilización probatoria de los informes de inteligencia pretende salvar a
su vez las hipotéticas objeciones derivadas de la reiterada doctrina esta-
blecida a partir de la STC 31/1981 de 28 de julio respecto a la relación
entre el atestado policial y el derecho a la presunción de inocencia.

2.3. Línea jurisprudencial contraria a su


consideración como prueba pericial
A pesar de su generalizada utilización práctica sus imprecisos
contornos acrecentaron el debate en torno a su naturaleza jurídica, por
lo que fue abriéndose paso una segunda línea jurisprudencial claramen-
te opuesta a la consideración de los informes policiales de inteligencia
como una manifestación de la prueba pericial.
La precursora de esta doctrina fue la STS núm. 1029/2005 de 26 de
septiembre [R.J. 2005/6834], que declaró expresamente que en tales casos
no puede hablarse de prueba pericial en sentido propio. Luego ahondan
en esa línea otras resoluciones (dictadas algunas de ellas en causas por
terrorismo yihadista de Al Qaeda), que rechazan asimismo que los infor-

concurre normalmente la condición del «perito-testigo» de los agentes policiales.


«La aportación científico policial al proceso penal», La Ley, diario núm. 7027,
de 6 de octubre de 2008, p. 7. Asimismo, la SAN (Sala de lo Penal, Sección 4ª)
núm. 19/2016 de 27 de abril [ARP 2016/754] se refiere a las declaraciones como
testigos-peritos de los agentes de la Guardia Civil que elaboraron los informes
de inteligencia.
26 STS núm. 480/ 2009, de 22 de mayo [R.J. 2010/662], «Caso EKIN» y STS núm.
290/2010 de 31 de marzo, [RJ 2010/5544], «Caso Jarrai».

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mes de inteligencia puedan calificarse de prueba pericial, pues si bien es


cierto que los agentes dedicados a indagar sobre un determinado sector
de la criminalidad pueden poseer de primera mano una gran cantidad de
información desconocida para el Tribunal, ese plus de conocimiento no
los convierte per se en poseedores de un saber especializado en sentido
propio. Por esta razón, «apreciaciones como la relativa a la adscripción o no de
alguien a una determinada organización criminal, o la intervención de un sujeto
en una acción delictiva a tenor de ciertos datos, pertenecen al género de las pro-
pias del común saber empírico. Salvo, claro está, en aquellos aspectos puntuales
cuya fijación pudiera eventualmente reclamar una precisa mediación técnica,
como sucede, por ejemplo, cuando se trata de examinar improntas dactilares»27.
Por ello no sorprende que hasta la propia STS núm. 706/2013
de 2 de octubre [R.J. 2013/6889], reconociera explícitamente la falta de
unanimidad de la jurisprudencia respecto a la naturaleza jurídica de di-
chos informes, aunque a la vez que rechazaba su consideración de prue-
ba pericial se mostraba abiertamente favorable a su utilidad probatoria.
El estado de indefinición al que abocan estas antagónicas líneas
jurisprudenciales obliga a cuestionarse ante qué tipo de prueba nos
encontramos. Y hete aquí que algunas de esas mismas sentencias que
niegan su condición de prueba pericial precisan que dichos informes
«participan de la naturaleza de la prueba de indicios», puesto que la in-
formación contenida en los mismos y el método deductivo empleado
«facilita la construcción del razonamiento inferencial propio de la prueba in-
diciaria» (STS núm. 706 de 2 de octubre de 2013).
En definitiva, según dichas sentencias «podemos concluir que se
trata de un medio probatorio que no está previsto en la Ley, siendo los autores
de dichos informes personas expertas en esta clase de información que au-
xilian al Tribunal, aportando elementos interpretativos sobre datos objetivos

27 STS núm. 119/2007 de 16 de febrero [R.J. 2007/1930], STS núm. 556/2006 de


31 de mayo [R.J. 2007/1676], SAN (Sala de lo Penal, Sección 2ª), núm. 68/2010,
de 9 de diciembre [ARP 2011/983].

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que están en la causa, siendo lo importante si las conclusiones que extraen son
racionales y pueden ser asumidas por el Tribunal, racionalmente expuestas y
de forma contradictoria ante la Sala», por lo que sus declaraciones en el
juicio oral pueden constituir un indicio más en el que fundamentar la
convicción del Tribunal28.

3. Consideraciones críticas
De cuanto antecede queda patente la absoluta falta de claridad
respecto a la naturaleza jurídica de los informes de inteligencia como
prueba de cargo. En aras del pragmatismo se ha creado artificialmente
un instrumento probatorio de innegable utilidad pero de difícil encaje
en los patrones clásicos de los medios de prueba, como muestran las
posturas jurisprudenciales que lo sitúan entre la prueba pericial, la testi-
fical, y en último término incluso en la indiciaria.
La denominada prueba de inteligencia policial no es una autén-
tica prueba pericial, moldeada jurisprudencialmente hasta considerar
como una singularidad o subtipo de la misma lo que no es sino un me-
dio atípico29, en el que el objeto de la presunta «pericia» (informe) debe
ser refrendado en el acto del juicio oral mediante la declaración de sus
autores.

28 STS núm. 1097/2011 de 25 de octubre, [R.J. 2012/1254] y STS núm. 338/2015


de 2 de junio, [R.J. 2016/6668], «Caso herriko tabernas».
29 Como «atípica prueba pericial de expertos en lucha antiterrorista» la califica la STS
núm. 124/2009 de 13 de febrero [RJ 2009/1398]. Respecto a la declaración de
dichos expertos la SAN (Sala de lo Penal, Sección 3ª) núm.1/2015 de 2 de fe-
brero [ARP 2015/67], («Caso del abordaje del buque Izurdia por piratas somalíes»),
sostiene erróneamente que «la prueba pericial es una variante de las pruebas
personales integradas por los testimonios (sic) de conocimiento emitidos con tal
carácter por especialistas del ramo correspondiente de más o menos alta califica-
ción científica» (la cursiva es nuestra).

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A su vez presenta notables diferencias con figuras afines como el


testigo-perito. Conviene recordar que la utilidad probatoria del testigo-
perito estriba en su cualidad de tercero que posee unos conocimientos
técnicos específicos sobre hechos de los que él mismo tiene conocimien-
to, normalmente directo porque los ha presenciado, mientras que en los
informes de inteligencia los agentes que los elaboran no tienen porqué
tener un conocimiento directo ni indirecto de los hechos que se enjui-
cian, sino que su principal cualidad estriba en poseer una información
determinada que ha sido previamente recabada a través del patrón que
suministra la experiencia de casos similares. De ahí la improcedencia de
hablar de testigos-peritos ni mucho menos de «peritos-testigos» para
referirse a dichos agentes.
Suscribo la crítica contenida en el voto particular formulado a la
STS núm. 1097/2011 de 25 de octubre [R.J. 2012/1254]30, pues cuando
se habla de «pericial de inteligencia», lo que el supuesto perito propor-
ciona al tribunal «son datos contenidos en los archivos policiales, obtenidos
por lo general merced al trabajo de otros agentes», que en rigor procesal
son los únicos habilitados para aportarlos al juicio como asunto de co-
nocimiento propio para su debate contradictorio. Como bien dice la STS
núm. 257/2009 de 30 de marzo, la llamada prueba pericial de inteligen-
cia solo aporta información y conocimientos generales que no pueden
aplicarse sin más a todos los hechos cometidos por una concreta organi-
zación delictiva, pues no se basa en circunstancias concretas del caso31.
Sin desconocer la importancia que pueden presentar determina-
das informaciones especializadas como las que nos ocupan, admitir que
los informes de inteligencia constituyan una clase de pericia supondría
la conversión de facto de todas las brigadas policiales en grupos de peri-

30 Voto Particular del magistrado Perfecto Andrés Ibáñez en el que habla de las
posibles «consecuencias perturbadoras» que conlleva esta prueba y en el que se
califica a los agentes informantes como «una suerte de anómalos testigos».
31 [R. J. 2009/3065], «Caso GRAPO - secuestro de Publio Cordón».

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tos respecto a los datos obtenidos como resultado de su propia actividad


investigadora.
En contra de la opinión de la jurisprudencia mayoritaria surgen
dudas respecto al valor probatorio de los informes policiales sobre el
funcionamiento y modus operandi de grupos terroristas y de organiza-
ciones criminales, pues no son fruto de una auténtica ciencia o técnica
de análisis de organizaciones, sino únicamente conocimientos derivados
de la experiencia y observación extraídos mediante la técnica inferen-
cial32. De ahí que ante a su generalización como prueba se alerta de
posibles consecuencias perturbadoras33, como la restricción de garantías
procesales que cuestionan la intervención de la defensa en la contradic-
ción de dichos informes34, o cómo cohonestarlos con la sólida doctrina
establecida respecto al derecho a la presunción de inocencia desde la ya
lejana STC 31/1981, de 28 de julio.
Lo más procedente sería ofrecer una respuesta legislativa a la posi-
ble utilización de los informes policiales de inteligencia como prueba de
cargo en el proceso penal, pues esta pretendida «pericial» distorsiona el
estatuto procesal del policía compareciente, que en la práctica lo que hace
es reelaborar, escenificar y verbalizar un atestado que no por ello pierde su

32 Vid. PAREDES CASTAÑÓN, J.M., «Límites sustantivos y procesales en la apli-


cación de los delitos de integración y de colaboración con banda armada. Co-
mentario a la Sentencia de la Audiencia Nacional de 19 de diciembre de 2007
(Caso Ekin)», La Ley, diario núm. 6906, 18 de marzo de 2008, ref. D-83, pp. 8 y
9 (edición on line).
33 Voto Particular a la mencionada STS núm.1097/2011 de 25 de octubre.
34 Así, GUDÍN RODRÍGUEZ-MAGARIÑOS, F., «La presunta prueba pericial de in-
teligencia: análisis de la STS de 22 de mayo de 2009», ob. cit., pp. 2 y 8 (edición
on line), para quien cuestiona seriamente tanto el ejercicio de la defensa como la
inmediación judicial. Para GUERRERO PALOMARES, S., los nuevos escenarios
de la política criminal están determinando una restricción de garantías procesales
en favor del predominio de la seguridad colectiva. «La denominada «prueba de
inteligencia policial» o «pericial de inteligencia»», ob. cit., pp. 89 a 91.

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condición, y en consecuencia, su valor de denuncia para los efectos lega-


les, por mucho que el utilitarismo que se desprende de algunas sentencias
pueda considerar esta afirmación como una «pretensión simplista».

4. Bibliografía
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• PAREDES CASTAÑÓN, J.M., «Límites sustantivos y procesales en la
aplicación de los delitos de integración y de colaboración con banda

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armada. Comentario a la Sentencia de la Audiencia Nacional de 19 de


diciembre de 2007 (Caso Ekin)», La Ley, diario núm. 6906, 18 de marzo
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Anuario de Derecho Penal y Ciencias penales», 1951, tomo IV.

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