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Bertoncello, Rodolfo (2007). Aportes para la enseñanza de la Geografía.

Aportes para la enseñanza en el nivel medio. Portal Educ.ar. Argentina.

Introducción

La geografía: un recorrido histórico

Es habitual que se reconozca que la geografía se consolida como una disciplina


científica a lo largo del siglo XIX, y específicamente en sus últimas décadas, en
el contexto de la sistematización de las ciencias que impulsa el positivismo. Para
sostener esta afirmación se toman en cuenta diversas cuestiones que resultan de
la forma de pensar la historia de las disciplinas y que, en último término, remiten
a la pregunta acerca de qué es una disciplina científica.

Una de estas cuestiones refiere a la existencia de un conjunto de temas o


preocupaciones que son objeto de estudio de la disciplina. Esto nos habla de la
definición de un objeto propio de dicha disciplina, y ya veremos que, en el caso
de la geografía, se trata de una cuestión problemática, que a lo largo del tiempo
ha tenido diversas respuestas.

La existencia de un conjunto de obras que abordan los temas que se consideran


objeto de estudio de la disciplina es otra cuestión a ser tenida en cuenta, y gran
parte de los estudios sobre lo que podría llamarse "historia de la geografía" (a
veces también denominada historia del pensamiento geográfico) se ha abocado al
análisis de estas obras, de sus fundamentos filosóficos, sus vínculos con otras
disciplinas, los contenidos tratados o las funciones que han cumplido.

Las obras tienen autores, y el estudio de estos autores, de sus biografías


personales, su formación y la filiación en relación con marcos filosóficos o
ideológicos, es otro de los ejes que estructuran este tipo de análisis. El análisis de
las instituciones donde estos autores se desempeñan es también un tema de
interés, tanto para conocer el contexto de producción de los mismos, como para
comprender el papel que estas instituciones juegan en la reproducción de saberes
y prácticas considerados válidos o legítimos.

Por último, aunque no menos importante, los roles y funciones que todos ellos -
obras, autores, instituciones- cumplen en la sociedad de cada momento y lugar,
también son cuestiones que se consideran a la hora de analizar una disciplina
científica. Hablamos entonces de los usos del conocimiento. Así por ejemplo, el
para qué se indagan ciertos temas y se produce conocimiento sobre ellos (y
no sobre otros) no es independiente de los objetivos e intereses que cada
sociedad en general, o cada grupo social con sus diferentes cuotas de poder,

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tienen y definen como válidos. La consideración de estos usos o funciones del
conocimiento también es indispensable para comprender las características
que la ciencia adquiere en cada momento.

Así como estas cuestiones permiten definir un momento y unas condiciones


específicas en las que la geografía se consolida como una disciplina científica,
también permiten ver que esta consolidación no es algo que surge en un
momento y por la sola acción de sus actores y en función de las necesidades de
ese momento, sino que es también el resultado de un largo proceso en el que
temas, autores, obras y funciones se van instituyendo en las distintas sociedades,
adquiriendo importancia y conformando lo que algunos estudiosos del tema
definen como "tradiciones geográficas" (Livingstone, 1992), esto es, temas de
preocupación que pasarán a ser objeto de la ciencia geográfica cuando esta se
consolide como tal. Desde esta perspectiva es posible, por otra parte, superar
algunas visiones limitadas sobre la consolidación disciplinaria, que centrando
excesivamente su interés en los procesos de institucionalización disciplinar
(sociedades geográficas, cátedras universitarias o disciplina escolar) descuidan la
existencia de estas largas tradiciones, dando lugar a interpretaciones limitadas
que, por ejemplo, asocian linealmente la consolidación disciplinar con los
intereses sociales del momento.

En este capítulo se abordan estas cuestiones. Interesa fundamentalmente


comprender las características de la geografía como disciplina científica, los
temas que aborda y la forma en que lo hace en cada momento, los autores más
importantes y las funciones que, en cada momento y lugar, cumple la producción
geográfica. Pero también interesa ver que, en gran medida, esta disciplina
rescata un conjunto de saberes y preocupaciones que son previos a su definición
formal como ciencia y que, de alguna manera, atraviesan y acompañan la
cultura occidental. Entendemos que esto último es de gran importancia para
comprender el papel que la geografía puede tener como contenido educativo.

Por último, es necesario advertir que, tratándose de un recorrido histórico, y en


razón también de las necesidades de organizar la exposición, el texto puede
sugerir que cada título aborda una "etapa" que es superada por la siguiente.
Nada sería más erróneo, ya que los temas y preocupaciones no sólo permanecen
sino que cobran nuevos sentidos y mantienen su presencia.

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Antecedentes

Los temas geográficos

Resulta interesante ver que algunos temas que serán objeto de la geografía como
disciplina científica, y que hoy reconocemos como tales, han estado presentes
como temas de interés o preocupación a lo largo de la historia occidental. Si bien
sería erróneo desprender de esto que la geografía como ciencia tiene un origen
remoto, ya que esto implicaría -entre otras cosas- desconocer que lo que hoy
entendemos como ciencia es producto de la modernidad (habiéndose
consolidado, por lo tanto, mucho después), permite ver que se trata de cuestiones
que han sido importantes y han estado presentes a lo largo del tiempo y en las
diversas sociedades, suscitando interés y debate, y brindando utilidad. Aunque no
puedan ser considerados como "geografía", estos temas y conocimientos sentarán
las bases sobre las cuales se irá consolidando la disciplina.

Entre otros autores, Capel y Urteaga (1984), reconociendo el origen griego de la


palabra geografía, señalan que ya en esta civilización encontramos su uso
aplicado a dos grandes temas de preocupación. Uno de estos grandes temas
podría ser rotulado como la localización en la superficie terrestre, apoyada en los
conocimientos matemáticos e interesada en gran medida en la elaboración de
mapas. El otro gran tema es el que se refiere a la descripción de dicha superficie.

El nombre de geografía abarcaba entonces tanto el interés por aspectos de


descripción de la superficie terrestre como el interés acerca de aspectos
matemáticos relativos a la ubicación de lugares y la construcción de mapas. Al
tiempo que aumentaba el conocimiento de las características diferenciales de los
lugares, crecía también el interés por conocer sus ubicaciones específicas en la
superficie terrestre (Broek, 1967; Unwin, 1995); y ambos temas resultaban, así,
estrechamente vinculados por la necesidad de disponer de mapas que permitiesen
localizar de manera precisa los lugares descriptos. Ambas tradiciones, a su vez,
estaban íntimamente ligadas a una tercera vertiente o tradición, la teológica,
preocupada por los orígenes de la Tierra y las razones de la existencia humana
sobre ella. En el marco de esta tradición, las preocupaciones estaban centradas en
el papel del poder divino en la formación de la Tierra, y en comprender
o "explicar el lugar que correspondía a la humanidad dentro del mundo
natural"(Unwin, 1995: 87).

Eratóstenes expresa de manera paradigmática la tradición de la localización,


dada su preocupación por medir el tamaño de la Tierra y por establecer algún
sistema que permitiera ubicar cualquier punto en su superficie. Esta tradición será
continuada por Ptolomeo quien también se interesa por la medición de la Tierra,
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la localización de puntos en la superficie y la representación cartográfica. La obra
de este último tendrá, con su rescate y difusión a fines de la Edad Media, una
gran influencia en los viajes de exploración.

Conocer la ubicación de los distintos lugares, las distancias que median entre
ellos, y contar con elementos que permitan llegar de un lugar a otro, tendrá una
utilidad práctica evidente tanto para el comercio como para la conquista. La
cartografía será, desde esta perspectiva, el producto más importante, tanto por su
utilidad práctica como por su condición de objeto que expresa los conocimientos,
intereses y cosmovisión de cada sociedad en cada momento.

La tradición descriptiva encuentra su expresión paradigmática en el mundo


griego en la figura de Estrabón, quien sintetiza una larga tradición de relatos de
viajeros y descripciones sobre lugares conocidos. El interés por conocer los
atributos propios y peculiares de un lugar de la superficie terrestre tiene un valor
práctico, en el sentido de inventariar la existencia de elementos que puedan ser
útiles (recursos, poblaciones, etc.); pero tiene también el valor del conocimiento
de lo diferente, que al tiempo que permite pensar más allá de la propia realidad,
habilita la reflexión sobre la misma, en la medida en que representa, al decir de
algunos autores, una especie de espejo que, por similitudes y por contrastes,
permite mirarse a sí mismo:

De este modo, la geografía humana nació en manos de una cultura que tomó
conciencia de la relación "hombre-Naturaleza": mas, como contraparte
negativa, esa misma cultura organizó su esquema de relaciones con otras
culturas poniéndose como modelo absoluto frente a las mismas, lo cual suponía
una desvalorización, y en otros casos, además, una justificación de dominio y
servidumbre. La historia de este hecho se extiende desde las páginas de la
Geografía de Estrabón hasta las casi contemporáneas nuestras de las Lecciones
sobre la filosofía de la historia universal de Hegel. (Arturo Roig, Introducción a
la Geografía, Prolegómenos de Estrabón, Madrid, Aguilar, 1980, XV).

Unwin (1995) señala la estrecha relación que existía entre geografía y


conquistas, entre la descripción detallada de lugares y regiones y el ejercicio del
control político, en los mundos griego y romano. Las campañas y conquistas de
la época fueron posibles gracias a los escritos geográficos anteriores que
suministraban información acerca de los recursos y las gentes, y, a su vez,
permitieron un importante crecimiento del saber geográfico. La utilidad de la
geografía era"proporcionar la información que permitiese a los dirigentes
conquistar más territorios y mantener el poder en las tierras que regían"
(Unwin, 1995: 84). Así, la información, por ejemplo, sobre las dimensiones de
un territorio, las características de sus suelos y accidentes, y la historia de
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sus pueblos, estaba condicionada también por los intereses políticos de la
época.

Estas tradiciones temáticas estarán muy presentes en todo el mundo antiguo, y


aunque permanecerán relativamente acalladas durante el orden feudal, volverán a
expresarse con fuerza en el proceso de desestructuración de este orden feudal y
conformación del orden moderno. Broek (1967: 18) señala que "el Renacimiento
trajo, como en otros campos, el restablecimiento de la geografía clásica". Un
ejemplo de ello es la utilización de la obra Geographia de Ptolomeo como
referencia básica para las exploraciones portuguesas y españolas de los siglos XV
y XVI.

Para pensar la geografía actual, estos "antecedentes" son de gran valor en la


medida en que en ellos ya aparecen núcleos temáticos y problemáticos que
atravesarán toda la disciplina, dando lugar a múltiples obstáculos y respuestas
que representan, en gran medida, fuente de dificultades pero también de riqueza.

Los grandes viajes de exploración y conquista de fines de la Edad Media


rescatarán el interés por los conocimientos que permiten desplazarse en la
superficie terrestre y explorar más allá de lo conocido; en un proceso que se
realimenta a sí mismo, los conocimientos disponibles serán puntos de partida
para emprender nuevas aventuras de exploración, al tiempo que el
perfeccionamiento de equipos e instrumentos de navegación lo hacen posible.
Los avances cartográficos acompañarán estos procesos, permitiendo conocer y
representar las extensiones reales, medir las distancias o delimitar territorios con
precisión creciente. Así, con el conocimiento de nuevos territorios comenzó a
configurarse otra imagen del mundo.

El descubrimiento y exploración de nuevos territorios, a su vez, proveerá


insumos para nuevas descripciones; las mismas tendrán, ciertamente, fines
utilitarios vinculados con el inventario de las riquezas pasibles de ser apropiadas,
y su posterior apropiación efectiva. Pero tendrá también impacto en la cultura, a
través de descripciones y narraciones que se consumirán como obras literarias,
mezclas de realidad y fantasía, que alimentan el interés por conocer lo nuevo y lo
diferente entre algunos grupos, limitados por cierto, de las sociedades de la
época. Conocer el mundo como totalidad (aunque en gran medida siga siendo
una totalidad imaginada) y conocer sus lugares en forma pormenorizada (aunque
sigan siendo sólo algunos lugares), tendrá notables consecuencias en la
transformación de las cosmovisiones imperantes, y pasará a ser parte del acervo
cultural disponible.

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Eratóstenes y Ptolomeo
Eratóstenes (276-194 a.C.) fue, como muchos hombres sabios griegos de su
tiempo, un célebre matemático, astrónomo, historiador, geógrafo, filósofo y
poeta. Estudió en Alejandría y durante algún tiempo en Atenas. Alrededor del
año 255 a.C., la gran variedad de sus conocimientos y capacidades para el
estudio lo llevaron a ser responsable de la dirección de la Biblioteca de
Alejandría, el mayor acervo del conocimiento que existía en su época.

Una de sus principales contribuciones, en la que aplicó sus conocimientos de


matemática y astronomía, fue la medición de la circunferencia terrestre a fines
del siglo III a.C. (Broek, 1967; Unwin, 1995; Capel y Urteaga, 1984). Para
realizar esta medición el autor se basó en un informe de observaciones en Syena
(actual Assuán) que había llegado hasta él, que decía que en ese lugar durante el
día del solsticio de verano (21 de junio) al mediodía el Sol no proyectaba sombra
alguna, y en el conocimiento que él tenía acerca de que, ese mismo día y a esa
hora en Alejandría los edificios sí proyectaban sombra.

Eratóstenes asumió que ambos lugares estaban situados en el mismo meridiano, y


a partir de todo esto se abocó a determinar la diferencia de latitud entre los dos
lugares. Utilizando un gnomon o un sciotheron (un tipo de reloj de sol) que
colocó en Alejandría para medir la longitud de la sombra, y suponiendo que
Syena coincidía con el trópico de Cáncer, estableció que la diferencia de latitud
entre ambos lugares era igual a 7 ° 12’. Una vez establecida esta diferencia,
necesitaba además conocer la distancia entre las dos ciudades. Así, utilizando la
distancia conocida entre ellas –igual a 5.000 estadios– y el resultado que había
alcanzado sobre la diferencia de latitud, calculó la circunferencia terrestre en
250.000 estadios, resultado al que le agregó, por circunstancias que se ignoran,
2.000 estadios más.

Con esta experiencia de medición Eratóstenes calculó con gran exactitud la


circunferencia de la Tierra en 252.000 estadios (39.690 kilómetros), y logró
alcanzar así un resultado muy cercano al valor actual igual a 40.120 kilómetros
(Salinas Araya, 2002).

Sus contribuciones más importantes para la geografía fueron el desarrollo de un


sistema de líneas de latitudes y longitudes, y la publicación de un tratado sobre
geografía titulado Geographica (Unwin, 1995). La primera contribución consistió
en establecer “la primera cuadrícula de círculos terrestres a partir de un
paralelo principal que uniría Gibraltar con Rodas y un meridiano que seguiría
la línea ideal Syena-Alejandría-Rodas-Bizancio” (Capel y Urteaga, 1984: 7)
“sobre las que coordinaba la ubicación de mares, tierras, montañas, ríos y
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poblaciones. Así, el verdadero mapa –en contraste con un bosquejo- nació: el
orden geográfico reemplazó a las descripciones no coordinadas” (Broek, 1967:
14-15). Su trabajo resultó en un mapa que representaba la Tierra totalmente
rodeada por el océano.

La segunda contribución de Eratóstenes, Geographica, consiste en una obra sobre


geografía en tres volúmenes que fue una de las fuentes principales empleadas
por Estrabón y Ptolomeo (Unwin, 1995). Esta obra fue resultado de una
amalgama de conocimientos dispersos en numerosas obras y noticias sobre la
superficie terrestre; el autor se valió tanto de los conocimientos que tenía
disponibles en la Biblioteca de Alejandría como de aquellos procedentes de las
conquistas de Alejandro Magno y de sus propios estudios. En el primer volumen,
el autor versaba sobre sus predecesores y exponía las investigaciones acerca de la
forma de la Tierra; el segundo trataba sobre los aspectos físicos de la Tierra,
incluyendo el ensayo que él realizara acerca del tamaño de la Tierra; y el último
volumen incluía descripciones de los lugares conocidos tomadas de las narrativas
de viajeros y geógrafos precedentes.

Ptolomeo (90-168) fue un reconocido astrónomo y geógrafo alejandrino. En la


misma línea de preocupación que Eratóstenes, Ptolomeo dedica sus estudios a
los aspectos matemáticos de la ubicación de lugares en la superficie terrestre y
la construcción de mapas. Antes de dedicarse a la geografía, Ptolomeo escribió
un compendio de astronomía, Sintaxis matemática, conocido a través de los
árabes como Almagesto.

En este trabajo propone el sistema de geocentrismo, que daba por supuesto que la
Tierra estaba inmóvil en el centro del universo con el Sol, la Luna y los astros del
firmamento girando en círculos alrededor de ella (Capel y Urteaga, 1984; Unwin,
1995). Este trabajo fue una fuente principal que influenció el pensamiento
astronómico y matemático hasta el siglo XVI, cuando fue sustituido por la teoría
heliocéntrica de Copérnico.

Su contribución a la geografía fue el perfeccionamiento de los métodos de


proyección de mapas y la introducción de los términos “paralelo” y “meridiano”
para las líneas de latitud y longitud. En su Geografía, reconocida como una obra
exclusivamente de geografía matemática, Ptolomeo presentó un diccionario
geográfico de todo lugar conocido y asignó a cada uno su ubicación por latitud y
longitud (Broek, 1967). Esta obra “facilitaba tablas de posiciones que permitían
realizar un mapa exacto de la Tierra basado en la longitud y latitud de los
lugares” (Capel y Urteaga, 1984: 7).

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A pesar de las informaciones imprecisas que contenía, por basar las mediciones
de la longitud en la circunferencia máxima de la Tierra establecida por Posidonio
en 180.000 estadios en lugar de utilizar la estimación más precisa realizada por
Eratóstenes, su trabajo fue la principal herramienta de orientación geográfica
para el mundo europeo hasta la primera mitad del siglo XVI (Broek, 1967;
Unwin, 1995). Sus cálculos estuvieron aproximadamente 11 mil kilómetros por
debajo de la circunferencia real de la Tierra; el uso de esta fuente, cuando volvió
a consultársela en Europa a fines de la Edad Media, fue una de las razones que
llevaron a los exploradores a subestimar el tamaño del globo y, por ejemplo, a
convencer a Cristóbal Colón (a fines del siglo XV) de que podía alcanzar Asia
navegando hacia Occidente (Capel y Urteaga, 1984: 7; Unwin, 1995). Sin
embargo, la imagen del mundo que proporcionó su obra y los mapas que la
acompañan “fue el más completo boceto de la Tierra hasta aquella época y
continuó siéndolo durante siglos” (Broek, 1967: 16).

La Tierra según Ptolomeo (tomado de Capel y Urteaga, 1984: 6)

Estrabón
Estrabón (60 a.C-21 d.C.), griego de Amasí, estado de Ponto (actual Amasí,
Turquía), fue un gran viajero que recorrió casi todo el mundo conocido y un
importante geógrafo de la época romana. Al regreso de sus viajes, y durante su

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larga estadía en Roma, Estrabón escribe su más importante obra titulada
Geographiká, el principal documento de aquella época que ha llegado hasta
nosotros.

En esta obra, Estrabón “da por sentado que la Tierra es una esfera situada en el
centro del universo y dividida en cinco zonas; habla de la porción habitada
como una gran isla rodeada de océano por todas partes” (Unwin, 1995: 84). Sin
embargo, su trabajo fue esencialmente una descripción del mundo habitado
conocido entonces (Broek, 1967; Unwin, 1995). De los diecisiete libros “ocho
están dedicados a Europa, seis a Asia y uno a África” (Unwin, 1995). En el libro
I el autor dice que la geografía precisa de una labor enciclopédica: “todos
aquellos que emprenden la tarea de describir las características diferenciadoras
de los países dedican especial atención a la astronomía y a la
geometría” (Estrabón, tomado de Unwin, 1995: 83). Así, como geógrafo
descriptivo rechazó la obra de los geógrafos matemáticos como Eratóstenes por
su carácter puramente astronómico o cartográfico.

Para Estrabón, el propósito de la geografía era suministrar información que


permitiese a los gobernantes conquistar más territorios y mantener el poder en
ellos; de aquí su innegable utilidad práctica para los dirigentes políticos de la
época. Para él “la mayor parte de la geografía satisface las necesidades de los
estados” y “la geografía en su conjunto tiene un vínculo directo con las
actividades de los dirigentes” (Estrabón, tomado de Unwin, 1995: 84). Unwin
(1995) señala además que la geografía para Estrabón también debía servir para
asuntos de menor importancia: “un cazador tendrá más éxito en la caza si
conoce el carácter y extensión del bosque; y, además, sólo aquel que conozca
una región podrá escoger el mejor lugar para acampar en ella o tender una
emboscada o dirigir una marcha” (Estrabón, 1949, pág. 35; tomado de Unwin,
1995: 84).

Como la geografía tenía que tener una utilidad práctica para los gobernantes, para
Estrabón la geografía es la geografía humana. Para él la geografía no tiene que
ocuparse de aquello que está fuera del mundo habitado: “la observación propia y
la utilización erudita de fuentes griegas se combinan aquí para realizar una obra
geográfica que permite iluminar la historia del mundo romano” (Capel y
Urteaga, 1984). La geografía tenía para él un interés filosófico por su“pretensión
de integrar conocimientos variados y elevarse a un saber descriptivo universal y
a una visión integradora de los fenómenos” (Capel y Urteaga, 1984: 5).

Cartografía y expansión colonial


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Los estudios o monografías regionales fueron el tipo de producción dominante de
la geografía de la primera mitad del siglo XX. Orientados a la captación y
comprensión de las particularidades de la región escogida, se desinteresaron en
gran medida de la comprensión de las realidades que transcendían a la región, o
de las relaciones que estas establecían con el resto del espacio. Muchas
monografías regionales fueron organizadas de modo sistemático, y abordan los
distintos aspectos o fenómenos uno tras otro y sin mayor articulación entre ellos.

Los calificativos de irrelevantes, aburridos o ingenuos fueron utilizados para


describir a muchos de estos trabajos. Sin embargo, sería un grave error
desconocer que estos calificativos no valen para todos los estudios regionales.
Muchos de ellos son excelentes trabajos, que reflejan la aguda capacidad de sus
autores para captar los rasgos distintivos de las regiones estudiadas; muchos de
ellos son además piezas literarias destacadas, por la calidad de su prosa.

Un ejemplo de esto último está dado por el estudio regional realizado por Pierre
Denis en nuestro país, pocos años después de los festejos del Centenario, y
publicado en París en 1920 con el nombre de La République Argentine. La mise
en valeur du pays. Se trata de una excelente caracterización de la geografía
argentina, en la que rasgos naturales y presencia y acción humana se entrelazan
de forma magnífica, para dar cuenta de los rasgos distintivos del país y sus
regiones. El breve párrafo que se transcribe a continuación muestra estos rasgos:

Los oasis del Noroeste y la vida pastoril en el Monte


Toda la vida y toda la riqueza en las provincias áridas del noroeste de la
Argentina están vinculadas con el riego y las fuentes de agua fijan allí para la
eternidad el sitio de los asentamientos humanos. Los recursos hídricos están
desigualmente distribuidos; son en particular abundantes en el sur (San Juan,
Mendoza, San Rafael) donde los torrentes de la Cordillera son nutridos por los
glaciares, y también en el reborde extremo de la montaña que se eleva por
encima del nivel del Chaco, en particular al pie del Aconquija, que recoge en su
ladera nubes y lluvias (Tucumán). Por el contrario, en el intermedio, en el
territorio de La Rioja y Catamarca y si se penetra, al noroeste de Tucumán, en el
interior de la zona montañosa, el caudal de las aguas disponibles se reduce; los
oasis no son más que manchas minúsculas y espaciadas.

Esa desigualdad natural no fue sensible al principio; durante largo tiempo, la


extensión de los cultivos y el progreso de la riqueza sólo estuvieron limitados por
la escasa densidad del poblamiento, por la dificultad de los transportes y por la
insuficiente capacidad de los mercados de consumo. Los oasis mejor dotados
desdeñaban y dejaban perderse el excedente de agua que no necesitaban. Hay
que llegar hasta fines del siglo XIX para que los hombres choquen contra los
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límites que la naturaleza pone a la colonización y midan exactamente su
dominio. Es únicamente entonces cuando La Rioja renuncia a rivalizar con
Mendoza, o Catamarca con Tucumán.

Mientras en Mendoza y Tucumán se desarrollan grandes cultivos industriales y


se forman poderosos centros de vida urbana, se multiplican la población y los
inmigrantes, los oasis del interior apenas se transforman; aquí no se renueva la
población; la vida conserva algo de arcaico que no se encontraría en ninguna
otra parte deEl conocimiento geográfico de los europeos, así como la tradición
de la cartografía clásica se restringieron desde los inicios de la Edad Media hasta
los siglos XV y XVI. Las cartografías medievales más corrientes tuvieron un
marcado simbolismo religioso: la Tierra se representaba dentro de un círculo, en
cuya posición central se encuentra Jerusalén, y los tres continentes conocidos
(Europa, Asia y África) divididos por el mar Mediterráneo, el Negro y el río Nilo
(unido al mar Rojo) que forman una “T”, y rodeados por el océano (Capel y
Urteaga, 1984). Estos mapas solían representar tanto verdades teológicas como
topográficas, sin indicación alguna de la latitud y longitud (Unwin, 1995).

El redescubrimiento a principios del siglo XV de los textos clásicos, que


describían el mundo rompiendo con la imagen del mundo cristiano occidental,
posibilitó la apertura de las empresas de exploración y descubrimiento de nuevas
tierras.

Un ejemplo de ello son los textos y cartas de Ptolomeo que se constituyeron


en la base fundamental para la expansión del dominio político y económico
de Europa durante todo el siglo XV y la primera mitad del siglo XVI
(Escolar, 1997; Unwin, 1995). También los portolanos y cartas náuticas,
desarrollados durante los siglos XIV y XV, para ser aplicados al comercio y
colonización en la cuenca mediterránea y que pasarán en los siglos XV y
XVI a las escuelas náuticas de Portugal y España, serán empleados en los
viajes de exploración y expansión ultramarina. La política de expansión
asociada a la exploración se basará, a su vez, en los avances técnicos que se
registraron en el campo de la navegación.

En los inicios del siglo XV, los viajes de descubrimiento y exploración


posibilitaron la apertura y modificación del horizonte europeo. El contacto con el
exterior se intensificó y expediciones marítimas exploraron y cartografiaron el
oceáno Índico y las costas de África oriental entre 1405 y 1433 (Capel y Urteaga,
1984). Hacia fines de siglo, los viajes de descubrimiento y exploración se
multiplicaron. Los primeros pasos fueron dados por los navegantes portugueses
que bordearon la costa noroccidental de África; posteriormente avanzaron hacia
el sur y, doblando el cabo de Buena Esperanza, llegaron a Asia en 1488. Mientras
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los portugueses exploraban la ruta oriental a Asia, los españoles navegarán hacia
el occidente. Esta última empresa permitió el descubrimiento de un Nuevo
Mundo por Cristóbal Colón en 1492, seguido por la conquista. Las consecuencias
de estos acontecimientos serán las conquistas y el colonialismo europeo en
expansión. Con los viajes de descubrimiento el comercio extendió sus horizontes
y comenzó un nuevo futuro económico para Europa. España y Portugal
especialmente se enriquecieron debido al continuo flujo de metales preciosos que
obtenían de sus colonias de ultramar.

Con esto se abrió también una nueva etapa en la historia de la geografía y de la


cartografía, que se vio nutrida por los viajes de exploración y reconocimiento que
continuaron desarrollándose durante los siglos siguientes. La explosión del
conocimiento causada por las relaciones de viajes y descubrimientos y las
descripciones de los lugares descubiertos contribuyeron a transformar las
visiones dispersas que existían sobre la superficie del globo y a perfilar una
nueva imagen del mundo (Livingstone, 1992). La creación de centros náuticos y
cartográficos, como la Casa de Contratación de Sevilla y la Casa de la India de
Lisboa en 1503, muestra el interés y la necesidad creciente de sistematizar la
información sobre las nuevas tierras (Capel y Urteaga, 1984).

Como al Viejo Mundo se añadían nuevas tierras que había que describir y
cartografiar, los nuevos desafíos para la geografía y la cartografía se instalaron
rápidamente (Capel y Urteaga, 1984; Livingstone, 1992). Simultáneamente con
el creciente desarrollo de la labor descriptiva y de sistematización de los datos
que se tenían de las nuevas tierras fue necesario revisar los métodos de trazado de
mapas y modificar la imagen cartográfica del globo. Así aparecieron nuevas
cartografías, que reflejaban el cambio de horizontes que trajeron los
descubrimientos geográficos. Las cartografías ptolomeicas se superaron a fines
del siglo XVI a partir del refinamiento de las técnicas de medición, proyección y
dibujo cartográfico. Los principales trabajos son el Teatro del Orbe de la Tierra
(1570), de Ortelio, y el Atlas (1595), de Mercator.

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Theatrum Obis Terrarum, de A. Ortelio, 1570 (tomado de Capel y Urteaga,
1984: 10)

Esta creciente expansión del conocimiento topográfico y cartográfico del siglo


XVI será el punto de partida para emprender nuevas salidas de exploración.
Hacia principios del siglo XVII, con la caída del poder de España y Portugal, los
holandeses y los ingleses tomaron la punta en los descubrimientos y conquistas.
También para ellos las descripciones y las representaciones cartográficas fueron
imprescindibles, vinculadas a los intereses prácticos relacionados con la
expansión colonial y el asentamiento en tierras lejanas. Unwin (1995: 98) señala
que “los mapas, globos, noticias topográficas y las escasas geografías escritas,
como la Geographia (1540-41) de Roger Barlow, se elaboraban con un
propósito muy concreto: permitir a los navíos ingleses surcar los oceános más
remotos y traer de vuelta, con fines comerciales, los productos de China, India y
las Américas”. Así, al tiempo que las descripciones de nuevos territorios y la
cartografía permitieron efectuar nuevos viajes de exploración y reconocimiento,
estos últimos proveerán elementos valiosos para nuevas descripciones y logros
cartográficos que mapeaban los resultados empíricos de los descubrimientos de
ultramar (Livingstone, 1992; Unwin, 1995).

La expansión colonial continuó siendo en el siglo XVIII la principal empresa


para sostener el crecimiento de las potencias europeas. Con los viajes que se
desarrollaron hacia finales del siglo XVIII, sustentados económicamente en gran
medida por las potencias dominantes de la época (Inglaterra y Francia), la

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superficie conocida de la Tierra se fue ampliando de forma
considerable. Ejemplos paradigmáticos de esos viajes son los de Cooke entre
1768 y 1780, Bougainville en 1766 y la Pérouse entre 1785 y 1788 (Escolar,
1997). Así, los viajes de exploración continuaron expandiendo el
conocimiento geográfico del globo.

Una característica distintiva de las empresas exploratorias y la política colonial


del siglo XVIII es la interrelación de intereses imperialistas y
científicos. Escolar (1997: 22) señala que “desde mediados del siglo XVIII, el
conocimiento y la exploración de los nuevos mundos no se centraría
exclusivamente en el relevamiento de su figura cartográfica y una descripción
ecléctica de sus existencias naturales y humanas”, como había ocurrido en
general en los siglos anteriores, “sino en la sistematización inventarial,
clasificación e interpretación científica de los datos aportados por el
descubrimiento, situación que involucraría definitivamente a la ciencia empírica
en la exploración, explotación económica y apropiación política de la diversidad
del mundo”. En este contexto, la cartografía se transforma en un verdadero
instrumento de dominación del territorio.

La ciencia moderna

La edad Moderna estará asociada a profundos cambios sociales, en todos sus


órdenes. La contestación del orden social vigente tendrá una de sus herramientas
en la desacralización de las explicaciones, hasta entonces monopolio de las
interpretaciones teológicas, y en la consolidación de lo que luego
llamaremos ciencia moderna. Se instala la presunción de que el hombre, por
medio de la razón, puede conocer el porqué de las cosas; y para esto, es necesario
descomponer las totalidades y observar las causas (o cadenas causales), de
manera objetiva y sistemática. Galileo y Newton resultan paradigmáticos en este
sentido.

Lo anterior implica una nueva relación con la naturaleza, que deja de ser
expresión de lo divino para comenzar a ser objeto de indagación; la razón
humana y la observancia de ciertas reglas permiten dar cuenta del orden natural,
describirlo y explicarlo a través del establecimiento de las causas subyacentes. La
indagación de la naturaleza y la comprensión de sus mecanismos causales no es
sólo una aventura de conocimiento. Es también la posibilidad de manipular esa
naturaleza en función de objetivos humanos, y la capacidad que algunos actores
sociales tengan para hacerlo definirá también su rol en la sociedad. La burguesía
en ascenso comprende esto inmediatamente.

14
La expansión del mundo conocido proveerá de una naturaleza casi inagotable,
que será objeto de observación sistemática y de clasificación e inventario. El
conocimiento de los mecanismos subyacentes al orden natural permitirá el
creciente aprovechamiento de los elementos y procesos de este orden natural,
realimentando el prestigio creciente de la ciencia como forma de conocimiento, y
el poder económico de quienes están vinculados a su utilización.

Pero el interés por comprender la naturaleza no es sólo instrumental. También se


vincula con el interés por comprender a los hombres y a la sociedad en su
conjunto. El Iluminismo es la corriente de pensamiento que expresa de forma
más acabada la preocupación de ese momento por comprender qué papel juega el
orden natural en el social. Colocando al hombre en un lugar central, el
Iluminismo se interesó por comprender cómo se relaciona la historicidad de lo
natural con la historicidad social (Quaini, 1981). Y por supuesto las
descripciones sobre otros lugares y otras sociedades que derivaban de
exploraciones, proveyeron las bases empíricas para este tipo de reflexiones.
Temas como la influencia de las condiciones naturales en las sociedades serán
objeto de reflexión por parte de pensadores de la ilustración como Montesquieu
o Rousseau.

El conocimiento del territorio será también una necesidad de los estados que se
van consolidando en el período moderno. Razones prácticas vinculadas con la
delimitación precisa, el inventario de poblaciones y recursos o la facilitación de
la circulación se unirán a otras vinculadas con la construcción de argumentos
legitimadores de la pertenencia de los habitantes y la homogeneización interna.
La crisis de los vínculos de vasallaje requerirá la construcción de nuevos
discursos de pertenencia, y la idea del pueblo vinculado a un territorio se irá
consolidando cada vez más.

Para concluir este primer título, interesa remarcar que sus contenidos muestran
cómo, a lo largo del tiempo, han estado presentes temas que, con posterioridad y
ya definida la geografía como ciencia, serán objeto de su interés. En algunos
casos estos temas fueron reconocidos bajo el rótulo de geografía, en otros no;
pero cuestiones tales como la localización y la distribución en la superficie
terrestre, la descripción de los rasgos particulares de los lugares, la
comprensión de la naturaleza y sus relaciones con la sociedad, atraviesan la
historia y van adquiriendo peso propio. Algunos están presentes antes de que
pueda hablarse de ciencia como la entendemos actualmente; otros "o los mismos
con nuevos significados" se imbrican en la constitución misma de esta ciencia
moderna, pero son siempre temas de interés. Aparecen esbozados cuestiones y
problemas que desafiarán a los estudiosos y para los cuales se propondrán
distintas respuestas, que irán perfilando la geografía actual: tradiciones físicas o
15
matemáticas interesadas por la localización, o humanas más relacionadas con la
descripción; el papel central de la representación cartográfica; la descripción de
lugares y sociedades como espejo de quien hace la descripción; y, atravesando
todo, la relación entre los hombres y la naturaleza.

Humbold y Ritter: Los padres de la Geografía

En 1859 mueren dos personalidades que marcarán profundamente el


pensamiento geográfico: Alexander von Humboldt y Karl Ritter. Mientras el
segundo se adscribe explícitamente a la geografía, el primero no lo hace, y es
frecuente que su condición de geógrafo sea puesta en duda. Sin embargo, el
carácter de sus obras y, más aún, la influencia que tendrán en la geografía, los
colocan en una posición destacada para comprender la constitución de la
disciplina; puede decirse que ambos "resumen" en sus obras el estado de las
preocupaciones geográficas en la primera mitad del siglo XIX. En ambos se
conjugan, en forma compleja y a veces contradictoria, perspectivas científicas de
corte positivista con filosofías de corte idealista y racionalista; son, en este
sentido, expresión de una época de transición.

Alexander von Humboldt nace en 1769 en Berlín (reino de Prusia), y tras una
esmerada educación inicial estudia Geología en la Escuela de Minas de
Friburgo. Luego de desempeñarse en el Departamento de Minas de Prusia, lo
que le permite viajar por Alemania, se instala en París. Durante cinco años
(1799-1804) recorre distintos lugares de América junto con Bonpland, viajes en
los que recogerá gran cantidad de datos y experiencias. Ya de regreso,
Humboldt comienza a trabajar sobre la información recogida y a publicar. Entre
estas publicaciones pueden nombrarse los Viajes a las regiones equinocciales
del Nuevo Continente, los Cuadros de la naturaleza y el Cosmos. Ensayo de
descripción física del mundo del que publica 4 volúmenes. Murió durante la
redacción del quinto.

Humboldt es un intelectual prominente que alcanzó gran reconocimiento en su


época. Muy influido por el racionalismo, comparte la fe en la razón, la libertad
de pensamiento y la idea de progreso. Adscribe al romanticismo con su énfasis
en las sensaciones perceptivas provocadas por la naturaleza, o su idea de unidad
del todo, pero no en sus formas idealistas extremas que invalidan los hechos
empíricos. Al mismo tiempo, está fuertemente influenciado por el positivismo, lo
que lo lleva a rechazar la especulación y defender el tratamiento cuidadoso de la
información y la descripción de los hechos concretos. En Humboldt subyace una
concepción totalizadora y armónica de la naturaleza.

16
En sus trabajos, Humboldt utiliza lo que él denomina empirismo razonado. Se
trata de un itinerario metodológico que parte de la observación del paisaje, en la
cual la naturaleza transmite una sensación al sujeto, quien filtra esta sensación a
través de su subjetividad produciéndose así una impresión que contiene ya un
presentimiento del orden o leyes subyacentes. Luego de esta primera etapa, el
investigador debe abocarse al tratamiento de la información empírica relevada,
de manera objetiva y sistemática, para establecer las conexiones que se
prefiguraron en la impresión. En tercer lugar, el material sistematizado es puesto
en relación con la visión sensorial del investigador para producir una descripción
fundamentada del paisaje, que permite describir la individualidad del área
estudiada. Se prosigue por último en el camino de la generalización, para llegar
al establecimiento de leyes de distribución y combinación espacial de los
fenómenos de la superficie terrestre (Moraes, 1989). Interesa rescatar aquí que
este método permite articular la diversidad y la unidad, esto es, los estudios
sistemáticos y los de síntesis; por otra parte, posibilita relacionar también la
individualidad de un área con la universalidad (la Tierra); y vincular también la
subjetividad (percepción sensible) y la objetividad (datos empíricos). Todas estas
son cuestiones centrales al conocimiento geográfico, que reaparecerán
permanentemente en la disciplina.

Para Humboldt, la geografía es una ciencia sintética, que trabaja con relaciones
entre fenómenos diversos, pero teniendo por objetivo establecer leyes. Como
ciencia de síntesis, busca las conexiones o relaciones entre los fenómenos que se
expresan en la superficie terrestre. No se interesa por lo único sino por lo
universal y constante, lo que permite llegar a la formulación de leyes. Por otra
parte, la geografía de Humboldt es un estudio de la naturaleza, que considera a
los hombres como un elemento más del cuadro natural. Todo esto está atravesado
por la idea de unidad de la Tierra y la naturaleza, cuyo orden y armonía se
manifiestan y deben ser encontrados.

Antonio C. Robert Moraes (1989) señala que Humboldt lega a la geografía


varias cuestiones que serán fundamentales para la disciplina:

 Una de ellas es pensar a la geografía como una ciencia de las relaciones,


esto es una ciencia sintética (opuesta a una ciencia sistemática). La
dicotomía entre geografía general o sistemática y geografía regional se
inscribirá, recurrentemente, en esta cuestión.
 Otra es el lugar central del estudio del paisaje, en el que la visión o
percepción humana juega un papel activo. La relación entre objetividad y
subjetividad, que está implícita en este planteo, será también un
tema/problema recurrente en la geografía.

17
 El planteo de que el estudio de lo local es la puerta de entrada para el
estudio de lo general y global, es otra cuestión que queda planteada en la
obra de Humboldt, y que volverá a instalarse reiteradamente en torno al
problema de las escalas geográficas.

Karl Ritter nace en Sajonia en 1779 en el seno de una familia burguesa


profundamente religiosa, y estudia en la Universidad Halle. Muy comprometido
con la educación, tiene contactos con Pestalozzi y trabaja por casi veinte años
como preceptor de niños de familias acomodadas. En 1820 es designado
profesor de la primera cátedra de Geografía en la Universidad de Berlín. En
1817 publica el primer volumen de su gran obra Die Erdkunde "o Geografía
general comparada", de la que llegarán a publicarse 19 volúmenes hasta su
muerte.

La obra de Ritter es fundamentalmente una obra de gabinete, que ordena el


material existente dentro de una secuencia lógica, con conceptos sistematizados
y clara definición del universo y objetos de análisis. Representa un inventario del
conocimiento disponible en su momento, que se alimenta con la profusa
información proveniente de viajeros y exploradores, además de estadísticas de
todo tipo. Retoma, en este sentido, la vieja tradición descriptiva de la geografía.

El autor reconoce varios abordajes posibles para la geografía. Por una parte, lo
que denomina geografías especiales se ocupa de abordar clases de fenómenos
desde lo regional (relevamiento de lo particular) hasta lo global (clasificación y
comparación a escala planetaria). Lo que denomina geografía física representa
una síntesis de los resultados de las geografías especiales y se orienta a componer
un cuadro físico del globo que permita ver la acción de las fuerzas naturales. Por
último, la denominada geografía comparada es, según el autor, la ciencia de
las relaciones espaciales, que busca establecer causas y determinaciones, y no se
limita a los fenómenos físicos sino que incluye también los relativos a la
actividad del hombre (Moraes, 1989).

Ritter privilegia el análisis a escala continental, y cada continente es visto como


un todo. Estableciendo las relaciones entre los objetos presentes en esta totalidad,
se logra comprender su individualidad y las causalidades subyacentes. Por
último, esta individualidad expresa la relación que se establece entre las
condiciones naturales y el desarrollo histórico de los pueblos. De aquí la pregunta
acerca de cuáles son las condiciones naturales que favorecen el desarrollo de los
pueblos, pregunta que abrirá las puertas al determinismo natural.

Para dar cuenta de las relaciones entre fenómenos naturales y humanos, Ritter
recurrirá a explicaciones que se alejan de los parámetros de cientificidad que

18
busca alcanzar en las otras facetas de su trabajo (básicamente en el tratamiento
del orden natural): por una parte, recurre a explicaciones basadas en la supuesta
significatividad de ciertas formas espaciales; así por ejemplo, analizará el
desarrollo de las civilizaciones europeas poniéndolas en relación con la
forma del continente, en particular la peculiar relación entre tierras y
costas, que asocia a condiciones propicias para el desarrollo cultural,
explicación que hoy no dudaríamos en calificar como determinista. Por otra
parte, se basará en una finalidad establecida por el Creador en el reparto de los
dones naturales, que acaba determinando el devenir de los hombres; así, en
último término las explicaciones se orientan a comprender la obra de Dios,
siendo función del estudioso comprender para tratar de develar sus designios
(Moraes, 1989). Con esto, Ritter se aleja del modelo científico que intenta
desarrollar, alejándose también de los parámetros de cientificidad que están
haciéndose dominantes en su época.

El vínculo entre los fenómenos naturales y los humanos es, quizás, uno de los
mayores problemas que quedan sin solución en su obra; y esta es otra de las
cuestiones problemáticas que, en forma recurrente, volverán a instalarse en la
disciplina. Sin embargo, esto no debería llevar a desconocer que Ritter reconoció
claramente que las relaciones físicas del planeta experimentan modificaciones
bajo la acción humana (que es histórica), y que esto es precisamente lo que
distingue a la geografía de las restantes ciencias que se ocupan de la Tierra.

Alexander von Humboldt. Cosmos. Ensayo de una


descripción física del mundo
Alexander von Humboldt. Cosmos. Ensayo de una descripción física del
mundo

La Naturaleza, considerada por medio de la razón, es decir, sometida en su


conjunto a la acción del pensamiento, es la unidad en la diversidad de los
fenómenos, la armonía entre las cosas creadas que difieren por su forma, por su
constitución y por las fuerzas que las animan; es el Todo animado por un soplo
de vida. La consecución más importante de un estudio racional de la Naturaleza
es aprehender la unidad y la armonía que existe en esta inmensa acumulación de
cosas y fuerzas; asumir con el mismo interés tanto los resultados de los
descubrimientos de los pasados siglos como lo que se debe a las investigaciones
de los tiempos en que se vive y analizar los caracteres de los fenómenos sin
sucumbir bajo su masa. Penetrando en los misterios de la Naturaleza,

19
descubriendo sus secretos y dominando por la acción del pensamiento los
materiales recogidos mediante la observación, es como el hombre puede
mostrarse más digno de su alto destino. (Tomado de Gómez Mendoza y otros,
1994:160-161)

La filiación romántica de Humboldt se expresa claramente en sus ideas acerca del


carácter armónico y ordenado que muestra la totalidad, el Todo “animado por un
soplo de vida”. Sin embargo, esta filiación está atravesada por la fe en el
progreso y en la razón, más emparentadas con perspectivas racionalistas. En el
párrafo es posible reconocer el papel central que el autor otorga a la observación,
que provee los materiales a ser estudiados o sometidos a la “acción del
pensamiento” humano, con el fin de descubrir los secretos de la naturaleza y, con
esto, realizarse como ser humano.

Karl Ritter. La organización del espacio


En efecto, cuanto más avanzamos en el conocimiento de la distribución espacial
en la superficie del globo terrestre y cuanto más nos interesamos, más allá de su
desorden aparente, en la relación interna de sus partes, más simetría y armonía
descubrimos en él, y en mayor medida las ciencias naturales y la historia pueden
ayudarnos a comprender la evolución de las relaciones espaciales. (...)
(...)
Los comentarios que hemos hecho anteriormente sobre las dimensiones
horizontales de los continentes nos dispensan de estudiar más detenidamente los
detalles de sus relaciones. Basta con recordar aquí que, en los tres continentes
del Viejo Mundo, la forma oval de África, romboédrica de Asia y triangular de
Europa han determinado para cada uno de ellos tres tipos de relaciones
dimensionales. El carácter uniforme que adquieren en África (el mismo largo y
el mismo ancho en longitud y en latitud) se opone fundamentalmente al que
asumen en Europa. Aquí, en efecto, la longitud este-oeste del continente equivale
a dos o tres veces su anchura, que decrece sucesivamente desde la base del
triángulo adosado a Asia hasta su vértice orientado hacia el Atlántico. (...)
Europa, por su parte, se abre en todas las direcciones; no sólo al sur y al oeste,
sino hacia el norte y hacia el interior mismo de las tierras cuyas ramificaciones
han tenido tanta importancia como la que tuvo el núcleo central respecto al
desarrollo del proceso de civilización. Teniendo en cuenta la menor superficie de
las tierras y la mayor riqueza natural de los miembros aislados, en este caso la
civilización ha podido penetrar, en efecto, en el interior de las tierras. (...)
(Tomado de Gómez Mendoza y otros, 1994:170-171)

20
Los párrafos precedentes reflejan el interés de Ritter por comprender la
distribución espacial, que se muestra como desordenada, a partir del análisis de
las relaciones que se establecen entre las partes, cuya comprensión permitirá
superar el carácter aparentemente desordenado para descubrir el orden
subyacente. La significatividad que el autor otorga a las formas está puesta en
evidencia en el segundo párrafo, donde las características de la civilización
europea son puestas en dependencia de la forma del continente. Con esto, se
coloca a la civilización en relación directa y dependiente del orden natural.

La institucionalización de la Geografía

Introducción

A lo largo del siglo XIX, y especialmente durante su segunda mitad, diversos


factores concurrirán al establecimiento de la geografía como una disciplina con
carácter autónomo, integrante del concierto de las ciencias. Entre ellos, cabe
destacar la expansión del número y consolidación social de las
denominadas sociedades geográficas, muy vinculadas al proceso de exploración
y colonización territorial. También la presencia de la geografía en los programas
de enseñanza básica que se fueron estableciendo a lo largo de este siglo obligó a
formar a un cuerpo de profesores que asumiese esta tarea, los que a su vez fueron
conformando un grupo o cuerpo específico de individuos que se reconocían
como geógrafos y actuaban como tales. Esto también incentivó el
establecimiento de cátedras universitarias de Geografía, que se intensificó a
partir de 1860 (Capel y Urteaga, 1984). Por último, la inscripción de la
producción geográfica en los parámetros de cientificidad del período también
contribuye a esto. Abordaremos aquí algunos de estos factores, reservando el
vinculado a la geografía escolar para otro Módulo.

La exploración del territorio y las sociedades geográficas en el siglo XIX

Capel y Arteaga (1984: 17) señalan que el siglo XIX ha sido el gran siglo de las
expediciones marítimas y terrestres. En efecto, la revolución industrial y el
expansionismo imperialista alimentaron el interés por la exploración de todo el
planeta; por una parte, la consolidación de la producción industrial demandó
fuentes de materias primas y también mercados consumidores, lo que llevó a los
estados más poderosos de Europa, y en especial a Inglaterra, a explorar nuevos
territorios para aprovechar sus recursos y sus poblaciones. En muchos casos,
además, esto estuvo acompañado por la apropiación efectiva de territorios, en el
marco de la expansión colonial de estos países. A medida que fue avanzando el
siglo, también se consolidaron los flujos emigratorios de población hacia estos
territorios. El Congreso de Berlín (1884), en el que las grandes potencias
21
europeas se reparten el mundo definiendo sus colonias, marcó el momento
culminante de este proceso de expansión imperialista, y coincidió también con el
auge del número de expediciones y viajes de exploración territorial.

Los viajes de exploración tuvieron también un correlato en la producción de


conocimiento sobre los territorios que se recorrían, esto es, eran también
"expediciones científicas". La información recogida permitía ampliar el
conocimiento del mundo y, al mismo tiempo, alimentaba el desarrollo de nuevos
productos y procedimientos industriales, realimentando el crecimiento
económico y el poderío de los estados más poderosos y de sus clases dirigentes.
También ampliaban los horizontes culturales de las sociedades, en el marco de
los ideales de progreso y expansión de la razón imperantes en el momento.

Las expediciones científicas fueron promovidas, en gran medida, por


instituciones vinculadas a las ciencias y la promoción del conocimiento, en las
que actuaban conjuntamente intereses particulares y estatales en organizaciones
muy heterogéneas. Muchas de estas instituciones eran sociedades que se
denominaban geográficas:

La participación de las Sociedades de Geografía en la tarea exploradora del


siglo XIX fue muy importante. Desde 1821 en que se creó la primera de ellas (la
Société de Géographie de París) hasta 1940 se fundaron unas 140 sociedades de
este tipo, con un ritmo máximo entre 1870 y 1890, en que aparecieron un total de
62. Sus objetivos eran muy amplios: además de la organización de expediciones,
perseguían el fomento del comercio, la realización de observaciones
astronómicas, etnográficas y de ciencias naturales, la creación de observatorios
meteorológicos, los levantamientos cartográficos, la exploración arqueológica.
Sus revistas y publicaciones daban cuenta del avance de las exploraciones,
publicaban relaciones de viajes, e incluían estudios muy diversos sobre el
territorio y sus habitantes. A veces se preocupaban también de impulsar y
difundir la enseñanza de la geografía en los niveles básico y superior. (Capel y
Urteaga, 1984: 18)

La definición de un objeto propio para la geografía

El auge de la geografía, que estuvo implícito en el incremento del número de


sociedades geográficas, o en su difusión como contenido escolar, dio lugar a un
complejo proceso de definición de sus contenidos, asociado a la reflexión acerca
de qué era la geografía. Diversos factores influyeron también en este proceso. Por
una parte, si bien el rótulo de geográfico se aplicaba en general a temas
vinculados con las características de la superficie terrestre (y a los individuos que
a ellos se dedicaban), la creciente especialización fue llevando a la constitución

22
de ramas del saber que se independizaban (geología, meteorología), vaciando de
contenido a dicha geografía, que dejaba de tener un objeto de conocimiento
propio.

En el marco de la consolidación y sistematización del positivismo, que tendrá


lugar en la segunda mitad del siglo XIX, dar una respuesta acerca de cuál era el
objeto de la geografía resultaba una necesidad imperiosa, en especial a partir de
la publicación de la obra de Augusto Comte en 1844, que impuso la definición y
clasificación de las ciencias según su objeto de estudio. Las respuestas dadas por
Humboldt y Ritter serían de escasa ayuda en esta búsqueda. En el caso del
primero, se orientaban fundamentalmente al orden físico o natural y, como tales,
estaban siendo apropiadas por las diversas ramas de conocimiento especializado
que se constituían en forma independiente de la geografía. En el caso del segundo
sucedía algo similar en lo relativo al conocimiento del orden natural; en cambio,
cuando se incorporaba el conocimiento de lo humano, las explicaciones
ritterianas vinculadas con un finalismo teológico y con el idealismo (la
"coherencia del todo") eran claramente inaceptables para el modelo positivista.
Sin objeto propio y con métodos no aceptados como científicos, la geografía
enfrenta una situación de incertidumbre que, sin embargo, coincide con su
institucionalización y auge social.

Esta situación de incertidumbre respecto de su condición de ciencia será superada


con la asunción del evolucionismo, que dará fundamento a la definición de un
objeto propio para la geografía: la relación entre el hombre y el medio. Esta
definición permitirá superar la "explosión" de la geografía y el creciente divorcio
entre las ciencias de la Tierra y del hombre, dando nuevos fundamentos a un
viejo tema de interés central y recurrente en la geografía, como es el de la
influencia del medio en los seres vivos en general, y en particular en los hombres.

La comprensión de los fenómenos de la superficie terrestre pasará a ser abordada


como resultado de procesos de interacción entre las condiciones específicas que
la misma presenta en cada lugar y los seres vivos que se adaptan a ella. Y esto
será válido también para los seres humanos: las diferencias de la humanidad, esas
mismas diferencias que las exploraciones estaban documentando tan
acabadamente, pasan a ser interpretadas como resultado de la incidencia de los
factores naturales, diferentes en cada lugar. El énfasis puesto en esta relación y,
en este sentido, más aún de la influencia del medio sobre los hombres, dará lugar
a lo que conocemos como determinismo geográfico; con más precisión, cabe
decir que el evolucionismo dará un fundamento conceptual a nociones de
determinación natural que, como ya hemos señalado, estuvieron presentes en
distintos momentos de la historia.

23
La geografía se consolidará, así, como una disciplina con un objeto propio: la
relación hombre-medio, cuyo abordaje puede realizarse a través del método
positivista. Ambas cuestiones -objeto propio y metodología científica- le
aseguran un lugar entre las ciencias. También adquirirá el carácter de
conocimiento útil para sociedades embarcadas en procesos de definición estatal y
expansión colonial: el discurso determinista dará una explicación -y una
justificación- "científica" a la dominación de otros pueblos. En qué medida estas
cuestiones atravesaron también a la geografía escolar es un tema que, si bien será
tratado en el último Módulo, conviene señalar ya aquí.

El positivismo
Si bien se reconocen diversos antecedentes del positivismo, asociado
fundamentalmente a lo empírico, será en la segunda mitad del siglo XIX que el
mismo se consolida como un método científico pero también como una
concepción filosófica del mundo. El positivismo puede definirse, en términos
generales, como una postura filosófica de oposición al idealismo y rechazo de la
metafísica, basada en la creencia en los hechos o realidades concretas accesibles
a través de los sentidos. Acompaña el proceso de secularización y también el
industrialismo, y sustenta nociones fundantes del orden social del momento,
como las de orden y progreso.

La obra de Augusto Comte, Discours sur l’esprit positif, publicada en 1844,


sistematiza las características del positivismo del siglo XIX. En ella se establece
un sistema de conocimiento basado en tres aspectos básicos:

 Una filosofía de la historia, en la que distingue tres estadios: a) el


teológico, en el cual los fenómenos se explican por la potencia divina; b)
el metafísico, en el cual las causas de los fenómenos son ideas abstractas o
principios racionales; y c) el positivo, en el cual las hipótesis metafísicas
son reemplazadas por la investigación de los fenómenos orientados a
comprobar y establecer leyes de la experiencia.
 Una clasificación de las ciencias según su objeto.
 Una sociología o doctrina de la sociedad.

Como método científico, el positivismo establece un conjunto de premisas o


reglas básicas:

 La observación es la base de todo conocimiento. Y lo que puede conocerse


no es la esencia de las cosas, sino las relaciones o conexiones entre los

24
fenómenos observados. Esto lleva al estudio de los fenómenos, de lo que
es, renunciando a descubrir su origen o destino último (renuncia
metafísica).
 Esta observación es objetiva, es decir, independiente del sujeto que
conoce. La neutralidad y la objetividad serán aspiraciones o pretensiones
centrales del positivismo.
 El conocimiento de las relaciones debe llevar a la formulación de leyes
que den cuenta de las relaciones constantes que existen entre los
fenómenos observados.
 Las leyes así establecidas tienen como fin la previsión racional. Puesto que
ellas expresan un orden constante y necesario de los fenómenos
observados, permiten prever el comportamiento futuro.
 El establecimiento de leyes, por otra parte, no implica valoración. Los
juicios de valor, desde esta perspectiva, no tienen función cognitiva y
deben ser evitados.
 La inducción se establece como el método privilegiado por el positivismo:
partir de la observación sistemática y reiterada, y a través de la
comparación y clasificación, llegar a conclusiones generales que permitan
establecer leyes. Esto implica, también, que la mera acumulación de datos
no es suficiente, sino que se requiere que los mismos sean interpretados.

Como método científico, el positivismo tuvo un enorme potencial, en la medida


en que permitió profundizar la producción de conocimientos sobre la naturaleza,
posibilitando su manipulación y uso. El énfasis puesto en la observación de lo
real y la renuncia al idealismo y a los juicios de valor, además, fueron
funcionales a un orden social ya establecido, que no estaba interesado en
reflexionar sobre sí mismo sino en conocer mejor su funcionamiento, obteniendo
con esto recursos o herramientas de todo tipo que contribuyeran a su
consolidación.

El evolucionismo
La segunda mitad del siglo XIX asistirá también al triunfo del evolucionismo,
que avala las posiciones organicistas e incorpora una visión dinámica del mundo.
Fundamentalmente interesa aquí rescatar la modificación que se produce en la
concepción del equilibrio de la naturaleza, que deja de ser inmutable para pasar a
ser resultado de un proceso dinámico y permanente. Esto plantea otra perspectiva
para comprender las relaciones entre los seres vivos y el medio natural, en la
medida en que el equilibrio ya no es visto como resultado de la obra del Creador,
sino como el fruto de un proceso permanente de selección y adaptación.
25
La obra de Charles Darwin The Origin of Species (1859) tendrá un papel central
en esta cuestión, en la medida en que propone que la naturaleza no es algo
inmutable desde la creación, sino que es el resultado de una larga historia de
competencia entre los seres vivos y de selección de aquellos que mejor logran
adaptarse a las condiciones del medio.

El triunfo del evolucionismo

Ratszel y la antropogeografía

Frederic Ratzel (1844-1905) es considerado como el representante


paradigmático de la asunción del evolucionismo y el positivismo en la geografía,
que se consolida a fines del siglo XIX. Ratzel contará con una amplia y variada
formación; durante sus estudios en la Universidad de Jena tomará contacto con
Haeckel, quien desarrolla los principios básicos de lo que será la ecología;
estudia también etnografía en Munich. Realiza numerosos viajes por Europa y
América del Norte como periodista, lo que le brinda oportunidades amplias de
observación de la realidad.
Entre sus obras se destacan la Antropogeografía (dos volúmenes publicados en
1882 y 1891 respectivamente) y la Geografía Política (1903).

En la obra de este autor se reconocen claramente los postulados positivistas y


también los del evolucionismo. A ellos se suman un minucioso conocimiento de
la tradición geográfica, en especial de las obras de Humboldt y Ritter, y también
nociones provenientes de autores comoHerder (de quien toma el ideal
nacionalista y la idea de la Tierra como "teatro de la humanidad").

Su obra se orienta, en gran medida, al tema clásico de la diferenciación de la


superficie terrestre, aunque enfocándolo específicamente en lo relativo a la
diferenciación humana. El problema de la unidad de la especie humana que se
manifiesta en grupos o pueblos ("razas") tan diferentes -como lo documenta la
etnografía- exige una explicación que será hallada en la historia que se
desarrollasobre la Tierra, lo que da lugar a la consideración de las distintas
condiciones naturales de los cuadros terrestres (Moraes, 1989).

Las diferencias entre los pueblos son interpretadas como diferencias de


civilización, la cual, a su vez, expresa un determinado nivel de utilización de la
naturaleza: cuanto mayor es el "nivel" de civilización más intensa es la relación
con la naturaleza. Por otra parte, cada pueblo tendría una energía ("energía de los
pueblos") que también estaría condicionada por las condiciones naturales en las

26
que se desarrolla. Fuerza del pueblo y condiciones naturales, juntas, definen los
"niveles de civilización". Este esquema se enriquece con la consideración de la
"difusión" o movimiento de los pueblos en el espacio; los pueblos más
civilizados tienen la capacidad de expandirse y, con esto, influir sobre otros. A
medida que los pueblos "se civilizan", establecen relaciones más complejas con
sus espacios, al tiempo que tienden a expandirse.

La cuestión del dominio del espacio adquiere una posición central, y dos
conceptos formulados por Ratzel son fundamentales para dar cuenta de ella:

 uno es el concepto de territorio, entendido como la porción de superficie


terrestre apropiada por un grupo humano; y
 el otro es el concepto de espacio vital, que expresa la necesidad de
territorio de una determinada sociedad, variable según sean su bagaje
tecnológico, sus efectivos demográficos o los recursos naturales
disponibles (Moraes, 1989).

Así, toda sociedad necesita de un territorio en tanto espacio vital, y su defensa


pasa a ser un imperativo de la historia. La historia es vista entonces como
una lucha por el espacio, en la que los más fuertes (civilizados) serán los
vencedores. La defensa del territorio será una necesidad fundamental a la hora de
comprender el proceso de organización del Estado; una vez constituido, el
Estado adquiere autonomía y se transforma en el principal agente del proceso
histórico, teniendo entre sus principales intereses el apetito territorial.

A la luz de lo expuesto, pueden señalarse algunas cuestiones importantes para el


tratamiento del tema. La primera es observar que la relación entre condiciones
naturales y sociedad, en Ratzel, es más compleja y mediada que lo que suele
reconocerse. La cultura, la tecnología, entre otros, están presentes mediando esta
relación, alejándola de las visiones deterministas más simplistas. A pesar de esto,
gran parte de los difusores del pensamiento ratzeliano transmitieron estas últimas
visiones, llegando a formular afirmaciones tales como las que vinculan las
regiones planas con el predominio de las religiones monoteístas (Ellen Churchil
Semple) o, aunque menos burdas pero más difundidas, las que relacionan las
condiciones climáticas con la civilización (según las cuales, por ejemplo, el
rigor de los inviernos explicaría el mayor desarrollo de la Europa del Norte,
o las afirmaciones acerca de la indolencia del hombre tropical comparado
con el industrioso septentrional, que se han utilizado como explicación de las
diferencias entre las colonias de Brasil y Estados Unidos).

La segunda es notar la coherencia de estos planteamientos con los intereses de las


sociedades europeas dominantes de ese momento. El planteo ratzeliano es, en

27
gran medida, una explicación "científica" de lo que está ocurriendo:
expansionismo, colonialismo, consolidación nacional y puja entre estados, orden
capitalista y diferenciación social extrema. Todos estos hechos encuentran su
explicación y, más aún, su justificación. Y más interesante aún es el vínculo que,
en esta justificación, se establece con el orden natural; esto lleva a
la naturalización del orden social y, en concordancia, al carácter necesario de
dicho orden. El darwinismo social resulta bastante evidente. Los distintos
pueblos serán ordenados en un orden evolutivo, desde los más "primitivos" hasta
los más "civilizados", abriendo paso a relaciones jerárquicas y de dominación de
los segundos sobre los primeros.

Vinculado con lo anterior, cabe destacar el rol central que adquiere la relación
entre Estado y territorio, y la justificación del expansionismo, que tendría bases
en una energía propia y diferencial de los pueblos, y en sus necesidades
territoriales (como su espacio vital). En último término, estas tendrían razones de
índole natural. Estos planteos tendrán importantes consecuencias. Por una parte,
serán retomados por ideólogos de la geopolítica y darán sustento y justificación a
hechos como el expansionismo alemán en el siglo XX, con nefastas
consecuencias. Por otra, y para el campo de la disciplina, llevarán "por reacción"
a un alejamiento o desconsideración del rol de la política en la explicación de la
organización espacial, que perdurará por muchos años.

Nuevamente, y para concluir este título, resulta de interés dejar instalada la


pregunta acerca de las relaciones entre estos temas, conceptos y enfoques, con
los contenidos que serán impartidos por la geografía escolar.

Otra forma de asumir el evolucionismo

Elisée Reclus

La obra de Elisée Reclus expresa también una clara asunción de los postulados
evolucionistas que permiten la comprensión unificada de lo físico y lo humano en
geografía. Sin embargo, y a diferencia de Ratzel, Reclus se aleja del darwinismo
social poniendo énfasis en las nociones de armonía y concordancia de los
hombres y la Tierra.

Este geógrafo francés (1830-1905) tuvo una importante militancia anarquista,


que lo llevó a la cárcel y al exilio. Esto mismo tuvo relación con su alejamiento
del mundo académico y universitario francés, razón por la que en la geografía
"oficial" fue ignorado por mucho tiempo. Sin embargo, su profusa obra tuvo gran
difusión entre el público, alcanzando a sectores populares que permanecían
ajenos a las publicaciones académicas. En 1868 publica La Terre, y entre 1876 y
28
1905 se publican 19 volúmenes de su Nouvelle Geographie Universelle, una obra
en la que describe detalladamente, para cada región, los movimientos generales
que se producen en el globo. En 1905 publica L'homme et la Terre, respecto de
cuyos objetivos el autor expresa:

Hace algunos años (...) Trazaba el plan de un nuevo libro en el que se


expondrían las condiciones del terreno, del clima, de todo el ambiente en el que
se han producido los acontecimientos de la historia, en el que se mostraría el
acuerdo de los Hombres y de la Tierra, en el que se explicarían las actuaciones
de los pueblos, de causa a efecto, por su armonía con la evolución del planeta.
Este libro es el que presento ahora al lector. (Elisée Reclus, El hombre y la
tierra, tomado de Gómez Mendoza, 1994: 217)

En el mismo texto, más adelante, el autor da una muestra acabada de su


propuesta de trabajo:

La emoción que se siente al contemplar todos los paisajes del planeta en su


variedad sin fin y en la armonía que les da la acción de las fuerzas étnicas,
siempre en movimiento, esa misma dulzura de las cosas, se siente al ver la
procesión de los hombres bajo sus vestimentas de fortuna o de infortunio, pero
todos igualmente en estado de vibración armónica con la Tierra que los lleva y
los alimenta, el cielo que los ilumina y los asocia a las energías del cosmos.
(Ibídem, p. 218)

Los párrafos citados muestran que el autor coloca en lugar central la


consideración de la relación entre los hombres y el medio, pero lo hace poniendo
énfasis en ideas de armonía y concordancia entre ellos (retomando con esto las
ideas de Rousseau). Esta armonía entre el hombre y la naturaleza está rota, según
el autor, por la constante violación de la justicia entre los hombres, que exige
siempre venganza, con lo cual el desequilibrio se reproduce. La superación de
este desequilibrio reposa y reclama cambios en la organización social, que
permitan el imperio de la libertad humana, la que sólo puede garantizarse cuando
el hombre se integra en forma armónica con el orden natural.

29
La obra de Reclus presenta un gran interés para el tema que nos ocupa, en la
medida en que muestra que la misma matriz positivista y evolucionista que se
reconoce en Ratzel puede ser utilizada para dar lugar a formas totalmente
diferentes de seleccionar, tratar e interpretar los mismos temas. Su obra es hoy
considerada fundacional de una geografía social, en tanto coloca a la
organización de las sociedades en un lugar central para comprender los procesos
de organización del espacio geográfico. Sin embargo, fue ignorada por la
geografía durante mucho tiempo, y recién en las últimas décadas ha sido
rescatada y analizada.

Imagen. Tapa de la edición española de El hombre y la Tierra. de Elisée Reclus.


Incluye una selección de textos de la obra original, introducidos por Béatrice
Giblin, geógrafa que contribuyó de modo fundamental al rescate de la obra de
este autor.

Reacción antipositivista y geografía regional

Entre los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX tomarán
fuerza posturas reacias o críticas al positivismo, en particular respecto de su
utilización o pertinencia para el estudio de los fenómenos humanos, que serán
englobadas bajo el rótulo de historicismo.

Por una parte, comenzará a rechazarse la cientificidad positivista, que coloca a


las ciencias naturales como modelo, reconociéndose en cambio la especificidad
de las ciencias humanas y abriendo paso a la consideración de una antinomia
entre historia y naturaleza. Por otra parte, se pondrá en duda el objetivo de

30
formular leyes para los fenómenos sociales, reconociéndose el carácter
contingente que los caracteriza; en lugar de buscar explicaciones causales, se
propone alcanzar la comprensión de los hechos. También la objetividad que rige
la relación entre sujeto que conoce y objeto conocido es puesta en cuestión, en la
medida en que quien conoce los hechos sociales está inmerso en ellos, y por lo
tanto la distancia entre ellos es, cuando menos, ilusoria. Las generalizaciones
propias del evolucionismo aplicado a lo social también serán puestas en cuestión,
en la medida en que resulta cada vez más evidente la imposibilidad de acomodar
la información que la investigación etnográfica aporta sobre distintos pueblos en
una línea evolutiva lineal; en lugar de esto, la indagación se orientará hacia la
comprensión de cada sociedad, de su funcionamiento (esto se conocerá en
antropología como funcionalismo). Y esto mismo se aplicará también al
conocimiento geográfico, en el que los postulados deterministas no logran
superar las formulaciones vagas y simplistas, sin alcanzar las pretendidas leyes
que expliquen de modo universal y necesario estas relaciones.

El historicismo rescatará la dualidad que Kant ya había establecido entre


naturaleza y espíritu, afirmándose que así como la primera es el reino de lo
necesario, la historia es el reino de la libertad. Las ciencias que se ocupan del
estudio de cada una de ellas, necesariamente, deben ser diferentes. Las ciencias
humanas o del espíritu parten de reconocer que la característica básica de la
humanidad es la historicidad de los procesos, los cuales acontecen en forma
intencional y están atravesados por valores: en ellas la neutralidad es ilusoria. Y
la especificidad de este conocimiento admitirá también otros métodos que no son
el positivista: la intuición, la sensibilidad o el conocimiento empático (contacto
directo y total con el objeto que se quiere observar, netamente sensible), son
aceptados como vías o caminos válidos hacia el conocimiento.

Como consecuencia de todo esto, el interés se irá desplazando desde la búsqueda


de lo regular y repetible (pasible de formularse en leyes) hacia la consideración
de los hechos singulares, cuyas características particulares serán objeto de
comprensión en lo que tienen de único y particular. En geografía, estas
perspectivas darán lugar al paulatino abandono de las pretensiones de
comprender regularidades, para centrarse en el estudio específico de porciones de
la superficie terrestre, lasregiones.

Es habitual reconocer dos grandes escuelas de geografía regional, la francesa en


torno a la figura de Paul Vidal de La Blache, y la alemana en torno a Alfred
Hettner, cuyos planteos serán continuados y profundizados, ya cerca de la
mitad del siglo XX, por Richard Hartshorne, en Estados Unidos.

La geografía regional francesa: Paul Vidal de la Blache


31
Paul Vidal de La Blache (1843-1918) tuvo una enorme influencia en la
geografía. Formado originalmente en historia, y con sólidos conocimientos de
las ciencias naturales, a partir de la década de 1870 se dedica a la geografía.
Será profesor de la Escuela Normal Superior de París desde 1878, y desde 1898
estará al frente de la cátedra de Geografía en la Sorbona, puestos desde los
cuales formó a un nutrido grupo de seguidores.

El pensamiento de Vidal de La Blache se inscribe en el marco de la reacción


antipositivista de su época, y se nutre también de perspectivas espiritualistas
que afirman que el espíritu es irreductible a la materia y, por lo tanto,
contingente respecto de ella.Con esto, rechaza el determinismo natural y
reafirma la libertad humana, oponiéndose así a los planteos ratzelianos
(oposición en la cual, además, influirán posturas nacionalistas que lo llevan a
distanciarse de la tradición alemana).

Abandonar la determinación natural para reconocer el papel de la libertad


humana en relación con las condiciones del medio no implica en Vidal el
abandono definitivo del interés por esta relación, sino su reconsideración en tanto
condicionante y facilitador al mismo tiempo, en una relación abierta a múltiples
posibilidades. De aquí el rótulo de posibilismo con que su perspectiva será
conocida (término acuñado por el historiador Lucien Fevre en 1922).

Vidal de La Blache tomará de los planteos funcionalistas la noción de género de


vida, definido como el conjunto de actividades y rasgos de un grupo social,
articulados funcionalmente y cristalizados por la costumbre (la historia), que
expresan las formas de adaptación de dicho grupo a las condiciones del medio
geográfico. Esto muestra que el interés por la relación hombre-medio sigue
siendo fundamental en Vidal, pero sin "o incluso, contra" las pretensiones de
necesidad y universalidad positivistas.

El género de vida se expresará en una unidad espacial que tendrá características


propias, fundamentalmente una relativa autonomía funcional. Esta unidad
espacial es la región, la que se convierte así en objeto privilegiado de estudio
para la geografía. La región tendrá un interés intrínseco, que resulta de sus
características peculiares y únicas, y el paisaje será la expresión fenoménica de
estas características peculiares, que se manifestará a la observación y a la
sensibilidad del investigador, quien a través de una aproximación empática será
capaz de captar la esencia de dicha región.

La región vidaliana permite, de este modo, superar los problemas planteados por
el determinismo, sin por esto abandonar el interés por la relación entre el hombre
y el medio. Al mismo tiempo, permite superar la dicotomía entre el conocimiento

32
sistemático de los distintos aspectos que intervienen en la comprensión de las
especificidades de un lugar (propio de la geografía sistemática o incluso
escindidos de ella y transformados en campos disciplinarios autónomos) y la
descripción detallada de las particularidades de los lugares. Combina, así, las
grandes tradiciones disciplinarias: conocimiento sistemático de un fenómeno en
su despliegue en la superficie terrestre, por un lado, y conocimiento descriptivo e
integrado de las peculiaridades de un lugar resultantes de la forma específica en
que estos distintos fenómenos se combinan él. Y al habilitar la vía sensible y
empática para su estudio, reafirma el carácter humano e histórico de la
construcción regional. El énfasis en la relación de los grupos humanos con su
medio tendrá, asimismo, un carácter político conservador que resulta adecuado a
una sociedad que ya se ha consolidado como Estado nacional y necesita reafirmar
la pertenencia de su pueblo (Escolar, 1992).

La propuesta vidaliana, sin embargo, no estará exenta de problemas. Por una


parte, la dicotomía entre lo humano y lo físico permanece subyacente al abordaje
regional, y se expresará, en la tradición de las monografías regionales , en un
tratamiento sistemático y muchas veces desvinculado de uno y otro. Por otra
parte, el énfasis puesto en captar las peculiaridades de la región desembocará en
un abandono de la consideración de la totalidad en la cual dichas regiones se
incluyen, la que aparece, en más de un caso, como la mera suma de las partes
(regiones).

El énfasis puesto en la historia y en lo humano permitiría suponer que la


geografía vidaliana se aproxima a las ciencias humanas o sociales; sin embargo,
Vidal de La Blache negó esta posibilidad, al afirmar que la geografía es la ciencia
de los lugares y no de los hombres. Con esto, colocó a la geografía en una
posición de excepción que, más tarde, será blanco de fuertes críticas.

Los estudios regionales


Los estudios o monografías regionales fueron el tipo de producción dominante de
la geografía de la primera mitad del siglo XX. Orientados a la captación y
comprensión de las particularidades de la región escogida, se desinteresaron en
gran medida de la comprensión de las realidades que transcendían a la región, o
de las relaciones que estas establecían con el resto del espacio. Muchas
monografías regionales fueron organizadas de modo sistemático, y abordan los
distintos aspectos o fenómenos uno tras otro y sin mayor articulación entre ellos.

33
Los calificativos de irrelevantes, aburridos o ingenuos fueron utilizados para
describir a muchos de estos trabajos. Sin embargo, sería un grave error
desconocer que estos calificativos no valen para todos los estudios regionales.
Muchos de ellos son excelentes trabajos, que reflejan la aguda capacidad de sus
autores para captar los rasgos distintivos de las regiones estudiadas; muchos de
ellos son además piezas literarias destacadas, por la calidad de su prosa.

Un ejemplo de esto último está dado por el estudio regional realizado por Pierre
Denis en nuestro país, pocos años después de los festejos del Centenario, y
publicado en París en 1920 con el nombre de La République Argentine. La mise
en valeur du pays. Se trata de una excelente caracterización de la geografía
argentina, en la que rasgos naturales y presencia y acción humana se entrelazan
de forma magnífica, para dar cuenta de los rasgos distintivos del país y sus
regiones. El breve párrafo que se transcribe a continuación muestra estos rasgos:

Los oasis del Noroeste y la vida pastoril en el Monte


Toda la vida y toda la riqueza en las provincias áridas del noroeste de la
Argentina están vinculadas con el riego y las fuentes de agua fijan allí para la
eternidad el sitio de los asentamientos humanos. Los recursos hídricos están
desigualmente distribuidos; son en particular abundantes en el sur (San Juan,
Mendoza, San Rafael) donde los torrentes de la Cordillera son nutridos por los
glaciares, y también en el reborde extremo de la montaña que se eleva por
encima del nivel del Chaco, en particular al pie del Aconquija, que recoge en su
ladera nubes y lluvias (Tucumán). Por el contrario, en el intermedio, en el
territorio de La Rioja y Catamarca y si se penetra, al noroeste de Tucumán, en el
interior de la zona montañosa, el caudal de las aguas disponibles se reduce; los
oasis no son más que manchas minúsculas y espaciadas.

Esa desigualdad natural no fue sensible al principio; durante largo tiempo, la


extensión de los cultivos y el progreso de la riqueza sólo estuvieron limitados por
la escasa densidad del poblamiento, por la dificultad de los transportes y por la
insuficiente capacidad de los mercados de consumo. Los oasis mejor dotados
desdeñaban y dejaban perderse el excedente de agua que no necesitaban. Hay
que llegar hasta fines del siglo XIX para que los hombres choquen contra los
límites que la naturaleza pone a la colonización y midan exactamente su
dominio. Es únicamente entonces cuando La Rioja renuncia a rivalizar con
Mendoza, o Catamarca con Tucumán.

Mientras en Mendoza y Tucumán se desarrollan grandes cultivos industriales y


se forman poderosos centros de vida urbana, se multiplican la población y los
inmigrantes, los oasis del interior apenas se transforman; aquí no se renueva la
población; la vida conserva algo de arcaico que no se encontraría en ninguna
34
otra parte de la Argentina: las condiciones físicas han detenido, y por decirlo
así, han cristalizado, la evolución económica. (Tomado de Pierre Denis, La
valorización del país. La República Argentina, 1920, Buenos Aires, Ediciones
Solar, 1987, pp.77-78)

Portada de la edición original del libro, reproducida en Pierre Denis, La


valorización del país. La República Argentina, 1920, Buenos Aires, Ediciones
Solar, 1987, p. 27)

La geografía regional alemana: Alfred Hettner

A modo de presentación general, puede decirse que en esta tradición de estudios


regionales es más clara la adscripción al historicismo y mayor el alejamiento de
las posturas orientadas a la comprensión de la relación hombre-medio.

Alfred Hettner (1859-1941) se desempeñó en la Universidad de Heidelberg, y su


trabajo muestra una mayor preocupación por los problemas teóricos que afectan
a la geografía, en particular el problema planteado por el dualismo entre una
geografía general y una geografía regional o corológica.

En un artículo publicado en 1927 con el título "La geografía, su historia, su


esencia, sus métodos", Hettner retoma la clasificación que W. Windelband había
realizado en 1894 de las ciencias que denomina de la experiencia, las que pueden
ser:

 Nomotéticas: las que tratan de alcanzar el conocimiento de las leyes de la


naturaleza y se ocupan de lo constante y permanente. Las diversas
35
disciplinas que se definen por el fenómeno natural que abordan (botánica,
zoología, geología, etc.) se encuentran entre estas ciencias.
 Idiográficas: son las ciencias que se ocupan de los hechos únicos y
singulares, y de sus circunstancias en el tiempo y en el espacio. La historia
y la geografía se encuentran entre estas ciencias.

Este autor planteará explícitamente que el núcleo de la geografía se encuentra en


la segunda perspectiva, la corológica o regional, por lo que define a la geografía
como una ciencia idiográfica. La especialización de los contenidos tradicionales
de la geografía general había llevado a la dispersión de sus contenidos entre un
amplio conjunto de disciplinas, siendo esta una razón central que impide que sea
el núcleo de la disciplina.

Para Hettner, la geografía debe abordar las diferencias localizadas en la


superficie terrestre, descubriendo unidades espaciales, definiéndolas y
comparándolas entre sí (Capel, 1981: 321). El objetivo es, en definitiva, relevar
el carácter variable de la superficie terrestre, captando la diferenciación de áreas.
Estas áreas son las regiones y, al trabajar con ellas, la geografía adquiere su
carácter idiográfico y define un objeto de estudio que le es propio. Por otra parte,
si bien el estudio sistemático también se reconoce como importante, el mismo
debe estar en función de las necesidades del análisis regional.

La geografía regional: a modo de cierre

La geografía regional, desde sus distintas vertientes, se instalará como el fin


último de la geografía, y el estudio de una región será su objeto privilegiado,
exclusivo y no cuestionado. Aun reconociendo las diferencias que fueron
surgiendo a lo largo del tiempo (por ejemplo, en las formas de definir la
región o en los métodos aplicados para su estudio) imposibles de reseñar aquí,
puede decirse que el estudio regional fue absolutamente dominante durante la
primera mitad del siglo XX, y en muchos países durante bastante tiempo más.

Desde irrelevantes e ingenuas descripciones hasta estudios sólidos y


fundamentados, los más diversos productos tuvieron cabida en la geografía
regional. Todos ellos se caracterizaron, más allá de sus diferencias, por ocuparse
del análisis minucioso de una porción acotada de la superficie terrestre,
procurando captar sus rasgos distintivos y peculiares, lo que cada una de ellas
tenía de «único y particular». Produjeron un importantísimo acervo de
información empírica sobre los lugares más diversos del planeta, que alimentó
fundamentalmente los discursos escolares, pero que también tuvo importancia
para la gestión y para la formación general de los individuos.

36
Por otra parte, el carácter idiográfico de la geografía, su condición de ciencia
«excepcional», fue alejándola del resto de las disciplinas científicas, llevándola a
cierto aislamiento, lo que dificultó la interacción y el mutuo enriquecimiento. La
endeblez teórica de las propuestas regionales se fue haciendo cada vez más
evidente a medida que el contexto científico cambiaba y la tarea de los geógrafos
se hacía cada vez más difusa en sus objetivos, al punto de tener que concluir
definiendo a la geografía como aquello que «los geógrafos hacen». Sin embargo,
y más allá de todas estas cuestiones, el interés por la comprensión de las
características peculiares de los lugares («regiones») no disminuyó; por el
contrario, una y otra vez volverá a instalarse como tema de interés y trabajo de la
geografía.

La geografía cuantitativa o nueva (new geography)

Dado que representa una excelente síntesis del contexto en el que esta
perspectiva geográfica se inscribe, conviene reproducir un párrafo del texto
de Capel y Arteaga sobre "Las nuevas geografías":

Durante los años 1940 a 1960 se generalizan en todas las ciencias humanas
grandes cambios metodológicos. Estos están en relación con el triunfo de un
nuevo positivismo que deja sentir su influencia tanto en la filosofía como en la
ciencia. Se vuelve a insistir ahora en la vieja idea positivista de la unidad de la
ciencia, en la búsqueda de un lenguaje común, claro y riguroso, que permita dar
validez general (o intersubjetiva) a los resultados. Se acepta otra vez el
reduccionismo naturalista que considera las ciencias de la Naturaleza como
modelo de toda cientificidad y se pone de nuevo el énfasis en la explicación, en
la búsqueda de leyes generales como camino para conseguir lo que ha de ser la
auténtica meta científica: la predicción. Se postula, por último, la neutralidad de
la ciencia, excluyéndose de ella los juicios de valor y afirmando el carácter
objetivo y descriptivo del trabajo científico. (Capel y Urteaga, 1984: 26)

Este regreso de las perspectivas positivistas, que acontece fundamentalmente en


el mundo anglosajón, se vincula en gran medida con un contexto socioeconómico
que vuelve a valorar fuertemente el conocimiento para la acción y la toma de
decisiones, cargando a la ciencia y sus resultados de una marcada positividad. El
positivismo, por otra parte, se verá enriquecido con la asunción de posturas que
se proponen superar el camino inductivo, enfatizando en cambio en el camino o
método hipotético deductivo que, partiendo de postulados teóricos, intenta la
verificación de las hipótesis propuestas, a través de la observación controlada de
la realidad y la utilización de un lenguaje universal y unívoco: el matemático.

37
En este contexto, las tradicionales explicaciones de la geografía regional serán
fuertemente cuestionadas, y el artículo que Fred Schaeffer publica en 1953
criticando lo que él denominó el carácter "excepcionalista" de la geografía puede
considerarse como el manifiesto de dicho cuestionamiento. La descripción de lo
único y particular (la descripción regional) será cuestionada por ser insuficiente,
ya que no permite alcanzar la formulación de leyes o principios generales, ni está
organizada a partir de alguna teoría a cuya comprobación contribuya, y al mismo
tiempo permita explicar los hechos observados. El énfasis en la teoría llevará a
que esta perspectiva reciba el nombre de geografía teorética.

También recibirá el nombre de geografía cuantitativa por el énfasis puesto en los


modelos y lenguaje matemático y en el uso de técnicas estadísticas. La búsqueda
de regularidades subyace al tratamiento de grandes cantidades de información,
práctica que se beneficia por el desarrollo de herramientas computacionales que
la facilitan. El denominado análisis locacional será uno de los ejes de la
producción, orientada a comprender las pautas que explican la distribución de los
fenómenos en el espacio, encontrando las regularidades y formulándolas en
términos de leyes o principios probabilísticos. El estudio de los sistemas de
asentamiento urbano, de la localización espacial óptica de industrias y servicios,
las dinámicas de flujos espaciales o la distribución de usos y costos de la tierra en
función de la distancia son ejemplos del tipo de temáticas que se abordaron desde
estas perspectivas.

La "nueva geografía" tuvo la virtud de poner en cuestionamiento, y movilizar, a


la tradicional geografía regional, obligándola a salir de su aislamiento y de su
conformismo, llevándola hacia preocupaciones teóricas compartidas con el resto
de las ciencias, e incitándola a experimentar conmetodologías nuevas y
rigurosas , en el marco de diseños de investigación altamente formalizados.

Sin embargo, rápidamente esta tendencia también fue objeto de críticas, muchas
de ellas llevadas adelante por algunos de los geógrafos que habían tenido
destacada actuación en ella, como David Harvey o William Bunge. Estas
críticas se inscriben en tendencias más amplias de contestación social que
tendrán lugar a partir de fines de los años sesenta. Y el argumento central de estas
críticas será claro y contundente: el orden espacial que la "nueva geografía"
analiza es, en rigor, la expresión de un orden social, el capitalista, cuyas
características quedan fuera de toda posibilidad de indagación mediante este
modelo de cientificidad.

38
La metodología neopositivista o teorética en geografía
El interés por el desarrollo de enfoques metodológicos acordes con los
parámetros de la cientificidad neopositivista es explícito en los autores que
adscriben a esta perspectiva. David Harvey fue uno de ellos. Su libro Explanation
in Geography (traducido al español con el título de Teorías, leyes y modelos en
Geografía), publicado a fines de la década de 1960, es un claro exponente de esta
preocupación. La observación de su índice muestra la gran distancia existente
entre sus contenidos y los que preocupaban a los geógrafos regionalistas.

David Harvey, Teorías, leyes y modelos en Geografía

ÍNDICE

 Primera parte: Filosofía, metodología y explicación


 Segunda parte: La base metodológica y la explicación en Geografía
 Tercera parte: El papel de las teorías, leyes y modelos en la explicación en
Geografía
 Cuarta parte: El lenguaje de los modelos en la explicación geográfica
 Quinta parte: Modelos descriptivos en Geografía
 Sexta parte: Modelos explicativos en Geografía

(Harvey, 1983:7-14)

Los radicalismos geográficos

La determinación del espacio geográfico a partir de los procesos sociales

Con el nombre de geografías radicales se menciona un conjunto de perspectivas


geográficas caracterizadas, en términos generales, por su posición de
compromiso con la transformación social y sus aspiraciones de convertir a la
geografía en un instrumento para dicha transformación. Estas perspectivas se
consolidan entre finales de la década de 1960 y la de 1970 en los medios
académicos de los países desarrollados de Europa y América del Norte. Coincide
con un contexto de efervescencia y contestación social, del que el Mayo francés,
de 1968, es un hito por todos conocido.

Las razones que llevan al surgimiento y consolidación de este movimiento son


heterogéneas pero, más allá de estas diferencias, las críticas al orden
socioeconómico imperante son el telón de fondo que permite considerarlas en
conjunto. Por una parte, el reconocimiento de que las expectativas positivas
instaladas tras el fin de la Segunda Guerra Mundial no se habían cumplido en
39
términos del mejoramiento de las condiciones de vida de la población mundial,
siendo que por el contrario las diferencias se habían acentuado, lleva a una
actitud de crítica y desencanto respecto del modelo de desarrollo dominante; la
constatación de las enormes desigualdades en el consumo entre ricos y pobres,
sean países o grupos sociales dentro de los mismos países ricos, está en la base de
esto. Por otra parte, las críticas al conocimiento científico estarán a la orden del
día, en tanto se denuncia su carácter funcional al sistema y las nefastas
consecuencias de sus desarrollos (carrera nuclear, problemas ambientales, etc.);
también se denunciará su pretendida neutralidad como un mecanismo claramente
ideológico.

El movimiento tuvo características disímiles en el mundo anglosajón,


particularmente Estados Unidos, y en el contexto europeo, centralmente Francia,
por lo que es conveniente tratarlos en forma separada. La geografía radical
anglosajona se organizó fundamentalmente en torno a la crítica a la geografía
cuantitativa (New Geography), y tuvo entre sus principales actores a muchos de
los geógrafos que habían tenido roles destacados en ella. Así por ejemplo, el
propio David Harvey denunciará a principios de la década del setenta que la
geografía cuantitativa ha producido resultados poco interesantes, y que el
uso de técnicas estadísticas ha llevado a decir cada vez menos cosas sobre
cuestiones cada vez más irrelevantes. El énfasis en los métodos que esa postura
había sostenido es ahora denunciado, tanto por el carácter naturalizante que su
matriz positivista conllevaba, como por haber desviado o bloqueado las
posibilidades de reflexión epistemológica y conceptual. Se denunciarán también
las pretensiones de neutralidad de estas posturas, indicando que no sólo ella no
existe, sino que por detrás de su asunción se esconden valores implícitos que son
asumidos acríticamente.

El movimiento coincide también con la difusión de la tradición de estudios


marxistas en el contexto norteamericano, que había estado bloqueada en el
contexto de la Guerra Fría; en este sentido, se producirán fuertes debates y
notables aportes teóricos a partir del rescate de la larga tradición de estudios
sociales que, partiendo de la obra de Marx, se había desarrollado hasta el
momento sin que la geografía tomase contacto con ella (por ejemplo los
resultados de la labor llevada a cabo por los miembros de la Escuela de
Frankfurt). La geografía radical toma con esto el carácter de geografía "de
izquierda", de base marxista, que debe estar comprometida con el cambio social,
e intervenir activamente en su consecución.

La revista Antipode. A Radical Journal of Geography, que comienza a publicarse


en 1969 con la responsabilidad editorial de Richard Peet, será el principal medio
de difusión de estas nuevas propuestas. La realización de las denominadas
40
"expediciones geográficas", por ejemplo a los barrios pobres que en algunos
casos rodeaban a los campus universitarios estadounidenses, también cobrará
importancia como forma de articular el mundo académico con la sociedad en
general y los pobres en especial, involucrándose en sus problemas y necesidades.
El asesoramiento a movimientos ciudadanos o políticos es otra forma de
intervención que concita el interés de estos geógrafos.

La geografía radical es una geografía eminentemente social, en la medida en que


la organización espacial será vista como producto de los procesos sociales y,
específicamente, del modo de producción capitalista. Para comprender esta
organización social, por lo tanto, ya no sirven ni su mera descripción (a la manera
de la geografía regional tradicional) ni el descubrimiento y formalización de su
morfología (a la manera del análisis locacional del cuantitativismo). Se requiere
ahora centrar la mirada en los procesos sociales, pues el espacio, y
específicamente su organización, es el resultado de los mismos.

Nuevos temas serán privilegiados por esta perspectiva, como por ejemplo los
vinculados a la pobreza y el subdesarrollo, la marginación de las minorías,
las condiciones de vida urbana o la violencia y los conflictos sociales. Otros
temas serán revisados y planteados desde el nuevo enfoque, como es el caso de
los guetos étnicos en las ciudades norteamericanas, tema que había
concitado gran interés en el cuantitativismo (por ejemplo mediante el
desarrollo de modelos para prever las tendencias de su expansión espacial),
vistos ahora como consecuencia de un determinado modelo de organización
social que explica su presencia y sus tendencias de cambio. En general, los
temas urbanos tuvieron una gran presencia en esta perspectiva.

La geografía radical francesa tuvo características un


tanto diferentes.
Por una parte, el contexto francés había mantenido una tradición de estudios
marxistas, por lo que su "recuperación" no tuvo lugar como en Estados Unidos;
incluso en el marco de perspectivas regionales, la presencia de geógrafos
adscriptos políticamente a esta tendencia había dado lugar a obras que reflejaban
esta tradición; sin embargo, el contexto crítico también fue muy fuerte, y esta
tradición marxista tuvo nuevo impulso también aquí. Por otra parte, la crítica
radical tuvo en Francia un blanco diferente, pues se orientó contra la geografía
regional tradicional.

En Francia, la revista que cumplió un papel central en este movimiento fue


Herodote, que comenzó a publicarse a mediados de los años setenta por iniciativa

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de Ives Lacoste, un conocido geógrafo francés con una larga tradición de
estudios regionales. En esta revista, por ejemplo, tuvo lugar el rescate de un viejo
geógrafo como Elisée Reclus, que había sido olvidado por la geografía
académica.

La geografía radical francesa centró sus críticas en el carácter "supuestamente"


ingenuo e irrelevante de la geografía regional, y en particular en su relación con
la formación de profesores y el contenido escolar. En su libro Geografía, un arma
para la guerra, Ives Lacoste denunció a esta geografía de los profesores como una
"cortina de humo" que, instalando en la formación básica destinada a toda la
población la idea de una geografía memorística e irrelevante, ocultaba los
verdaderos alcances del saber geográfico. Estos alcances sí eran valorados, en
cambio, por lo que él denomina la geografía "de los estados mayores", esto es,
por los grupos de poder que estaban en condiciones de valorar y utilizar en
función de sus intereses el conocimiento pretendidamente "neutro o ingenuo" del
trabajo regional, dando ejemplos de que efectivamente así lo hacían.

Más allá de las diferencias que las perspectivas radicales muestran entre sí, hay
algunos elementos comunes que merecen ser rescatados. En primer lugar, el
movimiento radical significó para la geografía una instancia de aproximación a la
tradición de estudios sociales muy importante, que rompió definitivamente con el
aislamiento de esta ciencia "excepcional". Para bien o para mal, la geografía se
vio obligada a incorporarse a foros de discusión científica, compartir conceptos,
justificar resultados; ya no fue suficiente decir que la geografía era "lo que los
geógrafos hacen" para justificar la pertinencia o relevancia de sus resultados. Y
esto dio lugar a un proceso de enriquecimiento de la disciplina que es
insoslayable.

En segundo término, la geografía se vio obligada a revisar sus fundamentos


teóricos y a desarrollar nuevos, que permitiesen justificar su existencia. La
noción de producción social del espacioocupa aquí un lugar central, ya que es la
que permite articular el estudio del espacio con el de lo social en general. Por
supuesto, esto sacude viejas estructuras conceptuales vinculadas a la relación
entre hombre, medio y organización espacial, que se habían mantenido en
precario equilibrio por mucho tiempo (al decir de algunos, por "demasiado"
tiempo). Otro tanto sucede con la dicotomía entre geografía humana y geografía
física, y por supuesto con los problemas del determinismo ambiental y el análisis
regional.

La geografía radical tampoco estuvo exenta de críticas, y quizás la más


importante se vincule también con la noción precitada. El énfasis puesto en lo
social y la consideración del espacio como un reflejo supusieron el riesgo de que
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el estudio de este acabara perdiendo sentido. En efecto, si el espacio es un mero
reflejo de lo social, debería ser suficiente con estudiar lo social para
comprenderlo. Y en efecto, en más de un caso las investigaciones realizadas
llevaron, de hecho, a esta situación. El mismo orden social -en esencia, el
capitalista- daba cuenta de todas las formas de organización espacial posibles,
con lo cual los alcances del conocimiento derivado de estos estudios terminaba
siendo limitado. Por otra parte, el énfasis puesto en la teoría y en la
conceptualización, en muchos casos acabó desdibujando el papel de lo empírico;
se produjo así una especie de movimiento pendular, que al tratar de alejarse del
empirismo extremo de las propuestas tradicionales acabó produciendo una
geografía vaciada de estos contenidos y centrada en afirmaciones generales que
no hacían más que reiterar lo que ya había sido establecido, en muchos casos, por
autores clásicos de las ciencias sociales.

Sin embargo, estas críticas también dieron lugar al desarrollo de propuestas que
intentan superarlas, dando origen a lo que en términos generales se conoce
como geografías críticas. Si bien estos desarrollos se retomarán en el Módulo 2,
cabe aquí indicar que los mismos se han centrado, precisamente, en tratar de
comprender el papel que el espacio tiene en los procesos sociales, teniendo en
cuenta su "contenido" de naturaleza e historia. Ni mero contenedor ni mero
reflejo, el espacio geográfico seguirá, así, ubicándose en un lugar central para la
disciplina.

Los humanismos geográficos

La perspectiva antropocéntrica

"Los individuos entran a escena" sería una expresión útil para introducir estas
perspectivas geográficas. En efecto, y más allá de la extrema diversidad de
propuestas que se engloban bajo el rótulo de humanismos geográficos, todas ellas
comparten el hecho de poner énfasis en los individuos y en los factores
subjetivos asociados a ellos. Se trata de perspectivas antropocéntricas, esto es que
colocan a los individuos en el núcleo de interés. Buscan un enfoque holístico de
la realidad, evitando las fragmentaciones temáticas mediante la centralidad de la
experiencia humana (García Ramón, 1985).

Un antecedente importante lo constituye la denominada geografía de la


percepción, inscripta originalmente en el marco cuantitativo, que buscó dar
cuenta de aquellos aspectos que no podían ser entendidos mediante la indagación
de la racionalidad dominante, a través de la captación de los aspectos vinculados
con la percepción subjetiva de los individuos. Por ejemplo, ya en la década del
sesenta se realizaron estudios que permitieron captar los valores subjetivos
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que los habitantes otorgaban a ciertos lugares de sus ciudades, lo que
permitía explicar los "desvíos" que el precio del suelo mostraba respecto del
comportamiento esperado según los modelos de costo-distancia. Otro tanto
sucede con la percepción de riesgos, fuertemente condicionada por valores
culturales, que desvía el comportamiento de las personas de los parámetros
"racionales" esperables.

Basadas en perspectivas fenomenológicas y existencialistas, estas miradas


geográficas pondrán énfasis en la subjetividad, cuestionando la existencia de un
mundo objetivo independiente de la existencia del hombre. La experiencia es la
base del conocimiento, y por lo tanto la experiencia individual debe ser
considerada. Específicamente, en geografía interesa la relación entre la
experiencia y la dimensión espacial, que se plasmará en conceptos tales como el
de mundo vivido, que remite a la conjunción de hechos y valores que abarca la
experiencia cotidiana personal, o el de lugar, entendido aquí como un espacio
concreto cargado de significado para el ser humano, que está unido a él por una
vinculación afectiva o emocional.

En algunos casos, estas perspectivas se proponen como complementarias de


otras, procurando un entendimiento más acabado del objeto de estudio. Es el
caso, por ejemplo, de los trabajos que plantean la consideración de
dimensiones ideológicas o subjetivas en articulación con las estructurales,
para comprender una determinada forma de organización espacial. Se
reconoce así que, si bien un determinado espacio puede estar organizado en
función de las lógicas dominantes (por ejemplo, la capitalista) el mismo es
también un lugar cargado de significados para los individuos que lo habitan; todo
junto, se especifica en ese lugar y le otorga peculiaridad.

En otros casos, las dimensiones subjetivas cobran absoluta centralidad, dejando


de lado la consideración de las estructuras. El hombre pasa a ser el núcleo de
estas indagaciones, interesadas en comprender sus acciones a partir de como él
mismo las entiende y valora, contribuyendo con esto a que se comprenda a sí
mismo.

La distinción entre sujeto y objeto, al igual que las pretensiones de objetividad y


neutralidad, pierden gran parte de su sentido en estas perspectivas. La búsqueda
de explicación es reemplazada por la comprensión. Las metodologías
participativas son privilegiadas, en tanto permiten una mayor proximidad y
compromiso. Y los objetos de indagación se multiplican: literatura, films y
representaciones (pinturas, mapas, etc.) son fuentes para comprender el valor del
espacio y poder comprender, a través de esto, sus características.

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A modo de cierre, la preocupación por la enseñanza

La geografía llevada a la práctica escolar

Los contenidos que se han abordado en este Módulo remiten a lo que


habitualmente se denomina historia del pensamiento geográfico, cuyo valor
reposa en general en las posibilidades que brinda para reflexionar sobre la propia
disciplina. Pero cabe preguntar aquí, y lo hacemos a modo de cierre, qué sentido
tiene incluir este tratamiento cuando lo que nos interesa es la geografía escolar, la
enseñanza de la geografía.

Entendemos que estos contenidos resultan fundamentales a la hora de


comprender nuestra práctica docente en las escuelas y, más aún, cuando nos
interesa transformarla para cumplir mejor con nuestros objetivos educativos.
Suele suceder que los docentes no tenemos acabado conocimiento de los orígenes
y fundamentos del contenido de nuestra disciplina, de los temas que incluimos y
de las perspectivas desde las cuales los abordamos. La evaluación de nuestro
quehacer, en términos del contenido disciplinar, resulta por esto muy difícil de
realizar. Lo mismo sucede con la incorporación de nuevas perspectivas y temas,
muchas veces incentivada por cambios curriculares o por tendencias y "modas",
en la medida en que no tenemos herramientas suficientes para evaluarlas y
enfrentarlas.

Gran parte de lo expuesto en este Módulo atraviesa, de múltiples y muchas veces


contradictorias maneras, nuestra práctica docente, y también nuestra formación
como profesores. Apropiarnos de estos fundamentos nos permitirá organizar
mejor nuestro quehacer y, más aún, ponerlo en relación con los desafíos que se
nos presentan para resolverlos adecuadamente. En tiempos de cambio como los
actuales, los profesores de geografía hemos enfrentado reiteradamente la
sensación de que nada de lo que hacemos y sabemos tiene relación con "lo
nuevo" que nos piden que hagamos de ahora en más, lo que nos lleva a la
desvalorización y la parálisis. Frente a esto, y para hacer frente a esto,
proponemos lo contrario: sólo a partir de lo que sabemos podremos
transformar. Y los contenidos aquí expuestos se orientan a esto.

Para seguir andando, los invitamos a reflexionar en torno a su presencia o


ausencia en vuestra formación y vuestras clases, preparándonos con esto para
los próximos Módulos.

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