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LOS MILLENNIALS, LA GENERACIÓN ACTUAL Y LAS ORGANIZACIONES

A través del tiempo y de la historia, el ser humano se ha mostrado constantemente inquieto


en buscar herramientas que faciliten su vida y le proporcionen una mejora en la calidad de la
misma. De ésta forma, han sido promovidos importantes sucesos ideológicos, económicos,
sociales y tecnológicos con el fin de dar respuesta a sus necesidades cada vez más cambiantes, lo
que ha conllevado implícitamente a una modificación en su concepto de satisfacción, nivel de vida
y todas aquellas variables que componen su felicidad, y aunque ésta última se concibe como un
término subjetivo y propio de cada individuo, ha determinado generaciones que la caracterizan
bajo un pensamiento en común influido por el contexto cultural y social de la época en la que se
conforman y se desenvuelven, y que evoluciona constantemente a la par con el desarrollo y el
crecimiento poblacional que lo caracteriza.

En concordancia con lo anteriormente expuesto, dichas generaciones, al ser influidas por


los rasgos socio-culturales del período donde se constituyen y expanden, cambian el rumbo de la
historia, es decir, producen un relevo generacional que marca una nueva tendencia y transforma el
comportamiento individual, y por ende, al modificarse el concepto de felicidad y satisfacción se
impacta el concepto de familia, trabajo, las relaciones intrapersonales e interpersonales, el
consumo, la tecnología y el curso de las empresas y la educación a nivel mundial, quienes deben
ir a la par con el cambio y la evolución, tal como se puede apreciar en el desarrollo del presente
documento.

Así pues, y tal como lo afirma la Máster en finanzas, coach profesional y experta en el
fenómeno de los Millennials, Ana Sarmiento: “En este siglo los conceptos de felicidad y
realización personal pesan más que nunca y por ende están por encima de acumular riquezas”. De
ésta forma, se evidencia cómo la felicidad y la satisfacción personal tienen un peso que no tuvieron
antes en ninguna época, pues el ser humano de éste siglo busca ser más libre y coherente consigo
mismo, y para lograrlo, se observa entonces como las nuevas generaciones, destacando los
Millennials, son tendencia y están marcando una nueva era en el curso de las organizaciones, la
vida, la sociedad, la educación y las relaciones.

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Ésta generación, para dar un primer acercamiento general, constituye la mayor parte de la
población actual de consumidores y profesionales y está provocando una inestabilidad en el
modelo tradicional, haciendo que la educación sufra cambios y propenda no por formar grandes
profesionales en materia de conocimiento, sino en entregar a la sociedad personas de bien, felices
y con propósito, impactando en las organizaciones en temas de nuevas necesidades de liderazgo y
motivación, en las familia con nuevas perspectivas de compromiso, en la vida general favorecida
por la transformación digital, donde la tecnología permite acceder a la información de manera
inmediata, llevando a su vez a obtener un nuevo mecanismo de comunicación; la consecución de
nuevas experiencias por medio de viajes y conocimiento de nuevas culturas, y la ocupación de la
mayor parte de su tiempo en actividades de interés y crecimiento personal.

De acuerdo a lo expuesto, la generación Y o los Millennials, es el nombre atribuido a


aquellas personas que pertenecen a la generación nacida entre 1981 y 1995, y que trae consigo un
cambio de pensamiento y de consciencia que caracterizaba a la generación X (1964 – 1980), y sus
predecesoras. Ésta última, estuvo enmarcada en el inicio del internet y los avances tecnológicos,
por lo que es considerada como una generación en transición y que suscita por una vida equilibrada
entre el trabajo y la vida personal, concibiendo el primero desde la perspectiva de empleado
comprometido y que cuida su empleo, y que es caracterizado como una fuente de estabilidad
económica y particular, aún si éste no es coherente con las aspiraciones personales o el propósito
de vida individual, pues se considera la fuente ideal de subsistencia y que permite tener un
equilibrio para formar la familia y compartir tiempo de ocio, siendo éste último parte de la vida
pero no prioridad aún.

Así, ésta generación que además es la que caracteriza a los CEO y a los directores
ejecutivos de la mayoría de las organizaciones actuales, y sobre todo, son padres de la generación
Millennial, comienza con el concepto anteriormente expuesto de balance vida – trabajo, rompiendo
entonces el esquema de vida y el concepto de trabajo que define a las generaciones anteriores como
la tradicionalista (1925 – 1946) y los baby boomers (1946 – 1964), las cuales concebían el mismo
como el área más importante de la vida, y por tanto, se caracterizaban por ser empleados altamente
comprometidos, leales y con un alto respeto por la autoridad y el orden jerárquico dentro de las

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organizaciones, entregando la mayor parte de su vida a una empresa y a su oficio dentro de la
misma.

De ésta manera, y tal como se muestra en párrafos anteriores, los X comienzan a cambiar
la forma de ver el trabajo y las prioridades, pero manejando aún un poco del concepto de
estabilidad y compromiso laboral e incursionando apenas en el equilibrio de éste con la vida social
y familiar, en búsqueda de un mejor nivel de vida y de la satisfacción personal. Pese a éste
acercamiento a una mayor libertad, son los Millennials, aquellos que en su mayoría llegaron a la
edad adulta hacia el año 2000, con el cambio de siglo, quienes rompen en definitiva el concepto
tradicional de trabajo, de familia, de felicidad y de éxito, siendo mucho más individualistas y
favoreciendo su independencia gracias a los avances que la tecnología posee en medio de su
desarrollo y crecimiento, así pues, “Es una generación que es mucho más individualista. Ellos son
los primeros que deciden no apostarle su vida a una empresa ni a un mundo social de subir y subir,
ni al mundo de casarse y tener una familia. Quien lleva al extremo esto es la generación Millennial
pero los que lo inician son los X” (Maldonado, 2017).

Teniendo en cuenta su origen, y en términos generales su propósito o rol dentro de la


sociedad actual, es importante conocer que “Actualmente en Latinoamérica un 30% de la
población es Millennial, y según una proyección de la consultora Deloitte, en 2025, representará
el 75% de la fuerza laboral del mundo” (Gutiérrez, 2014). Esto enfatiza aún más la importancia de
conocer ampliamente sus características y formas de pensar, para estar preparados y adaptar los
nuevos esfuerzos a conocer y dar respuesta a su concepto de felicidad y las fuentes sobre las cuales
reposa su satisfacción.

De ésta forma, se puede comenzar por mencionar el concepto que tiene ésta generación
frente a la monotonía, pues se parte de que acarrea un contexto familiar diferente al de hace algunos
años, siendo un gran número de ellos, hijos de madres solteras o de padres que trabajan todo el
tiempo, diferente a las épocas anteriores donde la madre estaba presente la mayor parte del día y
el núcleo familiar contaba en la mayoría de los casos con la presencia de ambas figuras paternales.
Por ésta razón, están acostumbrados a ocuparse todo el tiempo haciendo parte del sistema
educativo desde edades tempranas, y de múltiples actividades extracurriculares con el fin de

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entretenerlos y poder facilitar la vida de sus padres, situación que genera entonces una fuerte
aversión a la monotonía del tradicional trabajo, y por eso, cuando un ambiente no resulta
estimulante o retador para los mismos, se convierte en un ambiente propenso abandonar.

Lo anterior, se refleja directamente en la nueva relación de los Millennials con el trabajo y


los nuevos propósitos bajo los cuales se sienten motivados para acceder a uno, partiendo de la idea
de que su desapego por los puestos de trabajo es cada vez más notorio. Hoy, el tiempo para
aprender y conocer nuevas experiencias que suman a su felicidad, es aún más importante que el
dinero o la recompensa. Así, un trabajo que les permita viajar resulta altamente atractivo para ellos.
Es por ésta razón que para la nueva generación “En muchos casos el trabajo no representa
estabilidad, sino un trampolín para ahorrar el dinero necesario para hacer los viajes que tanto
sueñan, lo cual es muy oneroso y decepcionante para las empresas” (Sarmiento, 2017). Esto
permite destacar el reto que tienen las organizaciones actuales para retener el talento, pues ya no
resulta tan atractivo tener solamente una remuneración salarial alta, el profesional de hoy es cada
vez más preparado y consciente de que el mundo va más allá de la acumulación de cosas
materiales, quiere más, quiere encontrar realmente un propósito y un sentido en las cosas que hacen
y que sienten, y qué tanto le aportan a obtener una autorrealización.

De ésta manera, es importante que las empresas conozcan que dentro de la nueva
mentalidad de los jóvenes profesionales, no está pertenecer a una institución por su nombre o
prestigio, tal como era el caso de generaciones anteriores, sino que se sienten realmente atraídos
por la forma como pueden aportar desde sus nuevos empleos hacia la mejora de la sociedad y hacia
el cumplimiento de sus propósitos personales. En adición, el trabajo colaborativo también resulta
interesante para ésta nueva generación, pues es un ambiente donde constantemente pueden sentirse
retados y sobre todo se consideran parte activa de las decisiones y el trabajo, viendo ésta labor en
equipo como potencializadora de mejores resultados generando un ambiente de coo-petencia, es
decir, donde el trabajo de cada individuo los beneficia a todos por igual.

Lo anterior demuestra esa búsqueda de protagonismo, de sentirse parte activa de su


realidad, y por ende se sienten responsables de actuar con más ética y compromiso social y
ambiental, buscando siempre la congruencia entre lo que hacen, lo que piensan y lo que sienten,

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permitiendo observar entonces una generación mucho más coherente, que no teme alzar la mano
cuando considera que las cosas no están siendo llevadas de la manera adecuada.

Sumado a lo anteriormente expuesto, es para las organizaciones un reto el dejar la


organización piramidal y convertirse en una organización en red si quiere atraer el talento de la
nueva generación Millennial. Dicho de otra forma “El punto clave para las organizaciones es lograr
redefinir la gestión y empoderar a todos los empleados como líderes” (Bárcenas, 2016). Esto
permite evidenciar que en cuanto al concepto de autoridad a nivel organizacional y familiar,
entendiendo que en éste último la relación de la nueva generación con los padres es mucho más
cercana, se genera un fenómeno que quieren replicar en aquellas personas que serán sus jefes,
mejor llamados líderes en las organizaciones para las que trabajan, teniendo un enfoque mucho
más social, buscando romper la tradicional jerarquía y burocracia que separaba el mando de la
ejecución de las tareas, para reemplazarlo por sistemas inclusivos que brinden protagonismo y
participación a todos los agentes de la organización, donde el líder es motivador y está al servicio
de la gente, impulsando el trabajo en equipo y colaborativo mencionado en párrafos anteriores,
para así promover que los miembros de la empresa sean valorados y por lo tanto se impulse su
sentimiento de felicidad y satisfacción.

Para lograrlo, se debe fomentar el trabajo en red dentro del cual la comunicación fluya y
sea asertiva, mediante la escucha activa y la participación de todas las personas de la organización,
con espacios de trabajo más agradables y abiertos, que propicien un ambiente positivo y ético.
Además, el viejo concepto de medir las horas de trabajo ya no es atractivo para los Millennials,
quienes buscan ser medidos no por la cantidad de tiempo que invierten en el lugar de trabajo sino
por lo que realmente aportan a su organización, lo que conlleva a generar una nueva flexibilidad y
autonomía dentro de las empresas. Dicha autonomía debe generar empoderamiento y formar
líderes que puedan tomar decisiones en beneficio de todos, promoviendo un concepto de empresa
más ágil, participativa y exitosa.

Es importante entonces entender, que esto acarrea también ventajas para las
organizaciones, pues un empleado satisfecho, que en este caso es Millennial, es decir, un ser social

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y conectado las 24 horas, se convierte en embajador de la marca y promociona de forma positiva
su lugar de trabajo.

Sin embargo, el propiciar ambientes atractivos de trabajo debe ser una estrategia de mejora
continua para las organizaciones, pues aunque logren acaparar la atención de los Millennials y
hacer que se involucren a la organización, en reternelos está el reto, pues éstos no temen cambiar
de trabajo continuamente si sienten que están entrando en una monotonía o en una zona de confort,
así “El porcentaje de Millennials que dejaría su trabajo en un lapso de dos años alcanza el 41%
mientras que para los Boomers ese porcentaje es del 26% y en la generación X, personas de 35 a
49 años, 21%” (Dinero, 2016). Los Millennials son inquietos y buscan retarse y reinventarse cada
día más con cosas que consideren de éxito y que los haga felices, es decir, para ellos su máxima
prioridad es la autorrealización.

Lo anterior también ha fomentado el emprendimiento y la innovación, pues para ésta


generación el poder tener horarios flexibles, buenos ingresos, un trabajo apasionante y retos
diarios, es completamente atractivo y hace parte de su ideología de vida.

Por otra parte, en lo que refiere a la tecnología, la transformación digital ha generado que
se tengan un nuevo chip integrado, que hace parte importante de ésta generación y la apenas
naciente (Centennials, nacidos a partir de 1996), donde el paradigma de los artefactos electrónicos,
que antes eran manipulados por los adultos, se ha roto y hoy son los jóvenes de la generación
Millennials y Centennials, quienes enseñan su uso como si fueran parte de su mismo ADN. Dicho
mejor, éstas generaciones están conformadas por jóvenes denominados nativos digitales, que basan
sus relaciones y se desenvuelven bajo una pantalla o dispositivo electrónico, atribuyendo a lo
virtual un carácter real y que se convierte en “normal” para su cotidianidad.

En adición, bajo éste esquema las nuevas formas de comunicación y de lenguaje tienen un
carácter virtual ampliamente establecido para las nuevas generaciones, las cuales “Son
extremadamente sociales. Un 88% de los Millenials latinoamericanos tienen perfiles en redes
sociales. No son sólo un medio de comunicación para ellos sino parte íntegra de su vida social”
(Gutiérrez, 2014). Así, se crea entonces otra realidad que rompe con el esquema tradicional para

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estar en contacto, favorecida por los múltiples dispositivos con los que interactúa todo el tiempo,
y que hacen parte a su vez del trabajo y sus nuevas formas de entretenimiento. Se consideran
entonces Nomófobos, es decir, no podrían estar sin su teléfono móvil por periodos prolongados,
deben estar constantemente conectados, compartiendo, consultando y comentando en redes y
páginas.

Por otro lado, esta democratización de la información y la rapidez en la comunicación que


produce la tecnología, “Ha generado en ellos un compromiso mucho más férreo con los problemas
sociales, medioambientales, políticos y económicos. Son personas comprometidas con las causas
sociales, humanitarias y medioambientales” (Semana, 2017). De ésta forma, los millennials
tienden a filtrar más la información que reciben y se enfocan hacia un pensamiento y una postura
crítica ante cada uno de los sucesos, lo que a su vez conlleva a que, en sus temas de interés, accedan
a obtener información constantemente, busquen hacer parte activa e impactar la sociedad. A su
vez, éste compromiso los hace más tolerantes hacia fenómenos sociales que se presentan en el
siglo y que buscan resolver de la manera más equitativa, provocando que se rompan algunos
dogmas que traen las generaciones anteriores y buscando el reconocimiento de los derechos y de
las minorías.

Esto permite observar, que a pesar del individualismo que los caracteriza, son personas
preocupadas por el bien común.

De igual forma, las actividades de ocio también han evolucionado, pues ya no se interactúa
personalmente a través de juegos de calle o el compartir todos unos mismos programas de
televisión, sino, que el internet gobierna la interacción por medio de chat, videollamadas y juegos
en línea, o películas que sustituyen los programas locales en las múltiples pantallas que ahora
hacen parte de los hogares.

De igual manera, éstos jóvenes tienen un comportamiento “multitasking”, es decir, pueden


hacer varias cosas a la vez y necesitan estar todo el tiempo conectados. Por ésta razón, las nuevas
formas de publicidad deben responder a éstas formas de consumo, lo que significa que ya no
pueden basarse solamente en los medios tradicionales de comunicación como la prensa, radio o

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publicidad en la calle, pues aunque aún se tienen en cuenta, están en decadencia; ahora el internet
gobierna su atención y tiempo, y las múltiples plataformas por las que interactúa, entre ellas
páginas, aplicaciones móviles y redes, deben estar constantemente actualizadas para que sientan
interés, promuevan y mejoren la experiencia de compra para éstos nuevos consumidores. Éstos a
su vez, buscan más opciones antes de realizar una compra teniendo en cuenta las opiniones de
otras personas que ya han ingresado al portal que están navegando o a los productos que desean
acceder, lo que situar la experiencia de éstos en un punto muy positivo, se ha convertido en un
gran reto para la nueva estrategia organizacional, que ya no sólo propende por generar productos
buenos, sino también por fidelizar una buena relación y comunicación con el consumidor.

Sumado a esto, gracias a la experiencia de compra y de servicio que tengan los Millennials
por medio de las plataformas virtuales y las redes sociales, por donde continuamente realizan
transacciones comerciales, éstos jóvenes podrán recomendar de forma positiva o negativa, según
corresponda, a la empresa con la cual tuvo la interacción, lo que demuestra una vez más la
importancia que trae para las empresas entrar en esta nueva ola digital si quieren ser competitivas
y sostenerse en un mercado cada vez más exigente y crítico. Éste, sin duda, busca buenas relaciones
mediante la generación de valor que se deriva de escuchar y anticiparse ante las necesidades y
preferencias de los consumidores, lo que conlleva a poder brindarles una mejor atención y no sólo
un producto entregado. En este punto, las empresas tienen a su favor las redes sociales, pues
permiten tener una retroalimentación continua por medio de los comentarios directos que se
reciben, además de poder observar las tendencias que surgen de la información compartida en
perfiles y páginas por medio de los mismos usuarios y que lleva a hacerlos de forma indirecta parte
del negocio, pues ahora las ideas que los Millennials publican acerca de un producto o del cómo
les gustaría que fuese, deben considerarse la fuente de innovación más importante para las
compañías que buscan llamar su atención.

Otro rasgo que se convierte importante analizar a la hora de pensar en cómo piensa y se
comporta la nueva generación Millennial, es acerca de cómo se desenvuelve económicamente,
cómo dispone del dinero que posee y la motivación que tienen para gastarlo, considerando que son
muy cuidadosos en su manejo. Ya se observó en párrafos anteriores que su objetivo no está en
acumular riqueza o cosas materiales, sino que ven el mismo, primero, como una consecuencia de

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hacer un trabajo que cumpla sus expectativas y esté alineado a sus propósitos y felicidad, y
segundo, como el medio mediante el cual puede comprar experiencias que permitan compartir con
sus seres queridos o simplemente, consigo mismo y las cosas que quiere conocer.

Dicho de otra forma “Los Mileniales son la generación más grande en el mundo generando
cambios drásticos en la economía y en el patrón de consumo. Son una generación tecnológica, con
menos ingresos, que aprecia más el acceso y menos el apropiarse de objetos” (Restrepo, 2017).

Así, el joven de hoy ya reconoce que las cosas materiales son pasajeras y no generan
felicidad, sino sólo una satisfacción momentánea que desaparece con el tiempo, mientras que los
recuerdos que se acumulen en su mente y su corazón, serán posesiones que no perecerán y que
sumarán a su bienestar.

En adición, el tiempo se ha convertido en un fin primordial para las personas que pertenecen
a ésta generación, y por ende, pagarán lo que sea necesario para liberarse de aquellas tareas que
no le suman a su felicidad o que consideran no tan importantes para su propia realización. Por esto,
el Millennial no temerá en disponer parte de su dinero en la compra de un bien, si este le permite
disponer de más tiempo para hacer lo que le gusta, lo que lo llena, por ejemplo, una casa más
costosa pero que lo acerque más a su trabajo, para así no tener que atorarse en largas horas de
tráfico en la ciudad, que de una u otra manera producen estrés.

De igual forma, para el Millennial el endeudamiento ya no es tan atractivo, pues prefiere


evitarse el sentimiento de estrés y frustración mediante el ahorro o la compra programada de sus
viajes y demás elementos de consumo, así como la compra por internet que aunque lo hace esperar
una entrega, o buscar más para obtener una buena oferta, le permite generar un ahorro en tiempo
y dinero, comparado con comprarlo en el lugar de venta directamente. Por ésta razón, cuando llega
el momento de disfrutar o de consumir lo comprado, sienten como si fuera gratis, no sienten tanto
el peso del dinero invertido, y por ende, el sentimiento de felicidad puede multiplicarse.

Igualmente, el evitar la compra de objetos, lo lleva a pagar mejor por el acceso a un servicio,
ahorrando otros costos asociados a la propiedad. “Éste cambio es lo que le ha dado vida a la

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economía de compartir (Sharing economy), donde pagamos por acceso a un vehículo, un espacio
físico, o un servicio en general, en vez de apropiarnos de ella” (Restrepo, 2017). Así pues,
comparten vehículos, prefieren rentar su vivienda, y buscan a toda costa la forma de poder acceder
a los mismos bienes, sin comprometerse con su manutención.

Bajo éste tema de su percepción del gasto del dinero, también aplica uno mencionado en
párrafos anteriores acerca de la responsabilidad social y la motivación de los jóvenes de la
generación en mención, de pertenecer a organizaciones que aporten valor a la sociedad. Así,
“Refuerzan la importancia que tiene para sus integrantes el sentir que la organización tiene un
sentido genuino de responsabilidad social y que al formar parte de ella, hacen cosas significativas
por otras personas” (Ryberg, 2014). Esto permite evidenciar que las nuevas generaciones son más
conscientes de la necesidad de trabajar para aportarle a un bien común, a cambiar el rumbo de la
sociedad y los gobiernos que son egoístas, siendo más desprendidos de las cosas materiales y
disfrutando aún más, el compartir con otras personas lo que se tiene.

En adición a éste panorama digital y económico, se puede apreciar que ésta mentalidad de
los Millennials, un poco más desprendida del dinero y de la estabilidad en los empleos, ha
ocasionado que la salida de los mismo del hogar materno se posponga, sumado a su marcada
aversión por el compromiso. En 1970, la edad promedio para contraer matrimonio era de 23 años,
en 2010 ascendió a 30 años. Asimismo, la edad promedio para tener hijos en 1970 era de 25 años
y actualmente el promedio es de 30 años (Restrepo, 2017). Esto si es que quedan algunos que
todavía tienen como parte de su proyecto de vida formar oficialmente una familia, pues su concepto
de libertad y de éxito ha llevado a querer estar solos y no comprometerse, sobre todo porque tienen
una mentalidad de que no permanecerán en un lugar donde no se sientan a gusto, y esto podría
poner en riesgo la estabilidad del hogar.

Como otra parte fundamental de la nueva generación Millennial, está el mantenerse en


forma, lo que ha modificado no solo su pensamiento sino también la forma de operar de las
organizaciones en cuanto a las tendencias de consumo. Los jóvenes pertenecientes a ésta
generación dedican más tiempo a ejercitarse y a comer balanceado, fuman menos en comparación
a las generaciones pasadas y utilizan constantemente aplicaciones móviles para mantener en

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control su salud y desempeño físico. De ésta forma, obtienen una mayor satisfacción en mantener
una vida saludable y por ende, no temen en comprar alimentos y otros elementos que le permitan
lograrlo. Por esto, se dice que “El 81% de ellos estaría dispuesto a pagar más dinero por alimentos
que brinden beneficios a su cuerpo, lo cual contrasta con el 67% de los baby boomers, personas
entre 50 y 65 años” (Dinero, 2016).

A pesar de toda ésta conciencia hacia una vida más saludable y balanceada, y de que la
tecnología los mantiene 24/7 conectados con el mundo global, los Millennials son adictos a ésta y
se están ocasionando enfermedades denominadas de origen millennial o las nuevas dolencias del
siglo XXI, pero el problema no son las tecnologías como tal, sino el uso desmedido que se le están
dando a las mismas. La nomofobia o la obsesión por estar conectados todo el tiempo es la primera
de ellas. En segundo lugar, el narcisismo se ha ido incrementando para muchos de éstas
generaciones que usan redes sociales como Instagram o Snapchat y sus publicaciones que duran
escasos segundos. “El gusto por conservar los recuerdos y la falta de pudor al exhibir cada aspecto
de la vida privada parecen los factores que han dado lugar a ésta adicción” (Guillén, 2017). Y es
que ya no se mide lo que se publica, ya la vida privada se acabó, ahora el ser parte de la sociedad
implica estar conectado todo el tiempo, reportando lugares visitados, personas con quien se
comparte, las sensaciones del día o simplemente un comentario o una foto en búsqueda de
“pertenecer”, de encajar gracias a los famosos “likes” (me gusta) y la “selfi” (autofoto), y para ésta
última, el mercado ha incursionado con numerosos elementos y efectos integrados en los móviles,
con el fin de lograr obtener la mejor imagen para ser publicada.

En tercer lugar, se ha dado pie a un consumismo permanente, que si bien beneficia el


mercado tal como se explicó con anterioridad, conlleva a la toma de decisiones por parte de los
jóvenes impulsados por obtener una gratificación instantánea, una satisfacción rápida.
Adicionalmente, se está incrementando la fatiga visual y otros problemas en la visión, así como en
los dedos y muñecas por la cantidad de horas que las personas permanecen expuestas a una pantalla
y a la interacción con los dispositivos electrónicos, que generan movimientos repetitivos y
posturales inadecuados al usar el teclado virtual.

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No menos importante, con el uso de la tecnología de forma desmedida, se está
incrementando el índice de depresión, afectando su desempeño en la sociedad y dentro de las
organizaciones, pues están constantemente preocupados por la percepción que tendrán los demás
de sus publicaciones, de que tanto gustan o no, y de cuantas personas les entablan conversaciones
en el día, poniendo a criterio de la colectividad la propia felicidad y la aceptación, mostrando un
autoestima escasa y una procrastinación de las actividades importantes por responden a esto.

Adicionalmente, los Millennials traen un cambio de pensamiento que conlleva a hacerlos


más inconformes e incrédulos hacia las otras personas, en comparación con generaciones
anteriores “más de la mitad se declaran independientes y ya forman el grupo con mayor
descontento político y religioso de los últimos 25 años” (BBVA, 2015). Así, a raíz de la búsqueda
constante de su bienestar y felicidad, ya no creen en las promesas de aquellos que les aseguran un
mundo mejor a través de palabras vacías, sino que esperan un cambio a nivel global que promueva
más acción y menos discursos y formalidades.

No se puede olvidar además, que para afrontar todos los retos que traen las nuevas
generaciones, el sistema educativo debe incluir en su estrategia, además de conocimientos en
materias duras, los cuales se han expandido en éstos jóvenes, quienes están cada vez más
preparados con estudios superiores y una amplia variedad de idiomas, el adoptar cátedras en
materias blandas, como el liderazgo y la felicidad, que permita entender y aportar a la verdadera
realización que tanto busca la generación Millennial. Así se incentivaría realmente el aprendizaje
mediante “Un sistema participativo que les permita potenciar sus intereses y pasiones y que esté
conectado con la realidad” (Semana, 2017), que se convierta en un trampolín al futuro de
posibilidades que buscan alcanzar, adaptando éstas metas a su realidad actual y siendo un guía en
el proceso de crecer y avanzar, desde las competencias, duras, sociales y emocionales.

Lo anterior, también ha establecido un reto en materia de que los Millennials exigen que
sean identificadas y potencializadas sus habilidades y capacidades particulares, dejando de lado la
educación tradicional y generalizada, pues se ha comprendido con ellos que las inteligencias son
particulares y que el desarrollo y la explotación correcta de cada una de ellas, genera seres más
felices y exitosos, que hacen cada día lo que los apasiona y para lo que son realmente buenos.

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En conclusión, se puede evidenciar entonces la importancia de entender a la nueva
generación Millennial, sus conceptos de felicidad, de satisfacción y sus propósitos de vida, para
adaptar el mercado, las organizaciones, la educación y las mismas corrientes ideológicas para
responder a sus necesidades y exigencias, derivadas de la evolución tecnológica con la que
comparten su cotidianidad, pues sin duda alguna, está gobernando el presente social, político y
económico, y seguirá revolucionando el futuro en todos los ámbitos.

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REFERENCIAS

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única? Obtenido de https://www.bbva.com/es/quienes-millennials-generacion-unica/

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