Está en la página 1de 11

Dialecto

Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
Para el término informático, véase Dialecto (programación).
En lingüística, la palabra dialecto1 hace referencia a una de las posibles variedades de una
lengua;2 frecuentemente se usa el término dialecto para referirse a una variante geográfica de
una lengua asociada con una determinada zona (de ahí que también se use como término
sinónimo la palabra geolecto o, en terminología de Eugenio Coseriu, las expresiones variedad
sintópica y norma espacial). Más concretamente, un dialecto es:
Un sistema de signos desgajado de una lengua común, viva o desaparecida, normalmente, con una
concreta limitación geográfica, pero sin una fuerte diferenciación frente a otros de origen común. 3

El número de hablantes y el tamaño de la zona dialectal pueden ser variables y un dialecto


puede estar, a su vez, dividido en subdialectos (o hablas).
Independientemente de la antigüedad del término, su uso lingüístico se inicia a finales del siglo
XIX cuando la lingüística histórica dio paso a la aparición de la dialectología como disciplina
lingüística dedicada específicamente a las variedades geográficas de las lenguas.
Los dialectos han de ser entendidos como variantes geográficas condicionadas
históricamente, esto es, la historia de los contactos lingüísticos es el factor que determina la
diferenciación dialectal. Como causas de la variación dialectal se señalan, habitualmente, las
siguientes:

1. El origen de los pobladores que, hablando la misma lengua, ya


presentaban diferencias dialectales de origen;
2. La influencia de otra lengua sobre una parte del dominio lingüístico; y
3. La separación territorial que da lugar a evoluciones diferenciadas.4

Con todo, la delimitación del concepto de dialecto es un proceso delicado en lingüística,


porque exige una adecuada caracterización de la lengua del territorio, la precisión de su
filiación histórica y unos rigurosos análisis sociolingüísticos y estudios de actitudes
lingüísticas por parte de los hablantes.5 Además, obliga a manejar también un
determinado concepto de lengua, respecto del que se define el primero, algo que no está
tampoco exento de dificultades.
Como elemento añadido a la hora de dificultar la precisión conceptual de ambos términos,
históricamente, la política lingüística de determinadas comunidades ha podido usar la
palabra dialecto con un valor peyorativo, con el objeto de privilegiar como vehículo de
expresión oficial a una determinada lengua en perjuicio de otra u otras a las que, como
forma de descalificación, se les ha aplicado dicho término; en este otro sentido de la
palabra, dialecto haría referencia a un sistema lingüístico que no alcanza la categoría
de lengua
Qué es Dogmatismo:

Dogmatismo se refiere, de un modo general, a la tendencia de asumir ciertos principios o


doctrinas de un modo absoluto y tajante, sin admitir cuestionamientos.

La palabra dogmatismo es un sustantivo masculino que proviene del latín dogmatismus, y se


compone de "dogma", 'principio', 'pensamiento', y el sufijo -ismo, que indica que se trata de una
doctrina, sistema, escuela o movimiento.

Dentro de otras áreas de conocimiento, como las ciencias, suele hablarse de dogmatismo para
referirse a una serie de postulados o principios que son innegables.

Materialismo
El materialismo histórico es la doctrina del marxismo-leninismo sobre las leyes que rigen la
evolución de la Sociedad humana. El materialismo histórico es la aplicación consecuente de los
principios del materialismo dialéctico al estudio de los fenómenos sociales. Antes de Marx
imperaba en la ciencia la interpretación idealista de la historia. La creación de la teoría del
materialismo histórico está vinculada al descubrimiento más grande hecho por Marx en cuanto a
la interpretación de la historia y de los sucesos históricos. “Así como Darwin descubrió la ley de la
evolución del mundo orgánico, Marx descubrió la ley de la evolución de la historia humana; el
hecho tan sencillo, pero oculto hasta entonces bajo la maleza ideológica, de que el hombre
necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política,
ciencia, arte, religión, &c.; que por tanto la producción de los medios materiales inmediatos de
vida y, por consiguiente, la correspondiente fase de la evolución económica de un pueblo o de una
época son la base sobre la que se han desarrollado las instituciones estatales, las concepciones
jurídicas, el arte y también las ideas religiosas de los hombres, con arreglo a la que por tanto
deben explicarse y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo” (Engels). El
materialismo histórico ve en el desarrollo de los modos de producción de los bienes materiales
necesarios para la existencia de los hombres, la fuerza principal que determina toda su vida social,
condicionando también la transición de un régimen social a otro. Sin producir bienes materiales no
puede existir ninguna Sociedad. El hombre, con la ayuda de los instrumentos de trabajo, de la
técnica, en el proceso de producción influye sobre la Naturaleza, obteniendo lo necesario para
subsistir. El progreso de la Sociedad depende del perfeccionamiento del proceso de evolución de
la producción material. La historia de la Sociedad humana comienza desde el momento en que el
hombre se eleva hasta el empleo de implementos, convirtiéndose en “un animal que produce
instrumentos”. El aumento del dominio que el hombre ejerce sobre la Naturaleza halla su
expresión en la evolución de las fuerzas productivas de la Sociedad. Y con la evolución de éstas,
cambia también el otro aspecto necesario de la producción material: las relaciones de los hombres
en el proceso de la producción, las relaciones de producción; cambia el régimen económico-social.
El cambio de las formaciones económico-sociales (ver) en la historia (el régimen de comunismo
primitivo, el régimen esclavista, el feudal, el burgués, el socialista) es, ante todo, la substitución de
unas relaciones de producción por otras más progresistas. Este cambio es siempre la
consecuencia, necesaria y sujeta a leyes, de la evolución de las fuerzas productivas de la Sociedad.
El afianzamiento de las nuevas relaciones de producción suele tener lugar con el derrocamiento
revolucionario de las viejas relaciones de producción. Los méritos más grandes de la teoría del
materialismo histórico de Marx radican, por consiguiente, en haber puesto ante todo, su atención
en las condiciones objetivas de la producción material, en las leyes económicas que rigen la vida
de la Sociedad y que son el fundamento de toda la actividad histórica de los hombres. Gracias a la
teoría de Marx, “el caos y la arbitrariedad que imperaban en las opiniones sobre la historia y sobre
la política dejaron el puesto a una teoría científica asombrosamente compleja y armónica, que
revela cómo de un sistema de vida social, al crecer las fuerzas productivas, se desarrolla otro más
alto, cómo de la servidumbre de la gleba, por ejemplo, nace el capitalismo” (Lenin). Descubrir en la
producción material el verdadero fundamento de toda la vida y de la evolución de la Sociedad,
permitió comprender por vez primera el gran papel creador que las masas populares y
trabajadoras desempeñan en la historia. La historia de la evolución social fue comprendida por
primera vez como “la historia de los propios productores de bienes materiales, la historia de las
masas trabajadoras, que son el factor fundamental del proceso de producción y las que llevan a
cabo la producción de los bienes materiales necesarios para la existencia de la sociedad. Esto
quiere decir que la ciencia histórica, si pretende ser una verdadera ciencia, no debe seguir
reduciendo la historia del desarrollo social a los actos de los reyes y de los caudillos militares, a los
actos de los “conquistadores” y “avasalladores” de Estados, sino que debe ocuparse, ante todo, de
la historia de los productores de los bienes materiales, de la historia de las masas trabajadoras, de
la historia de los pueblos” (Stalin). En dependencia del modo de producción existente, de la
existencia material de la Sociedad, se estructura también un determinado carácter histórico de
todo el régimen social, de las instituciones políticas, la manera de pensar de los hombres, sus
concepciones, ideas y teorías. La existencia social determina la conciencia social. No es posible
comprender correctamente la esencia de las instituciones políticas, de las ideas y teorías, si se
pierde de vista la base material de su origen: la estructura económica de la vida de la Sociedad. No
se puede comprender por qué en una época determinada nacen unas instituciones e ideas, y otras
en distinta época, si se toman como punto de partida las propias instituciones e ideas y no el
modo de producción. Por ejemplo, las formas del Estado explotador (el Estado esclavista, feudal y
capitalista) siempre dependieron de la división de la sociedad en clases: esclavistas y esclavos,
feudales y siervos, burgueses y proletarios. También las formas de la conciencia social (las
concepciones políticas, la filosofía, la ciencia, la religión, &c.), dependen siempre, en última
instancia, de las relaciones de producción imperantes entre los hombres, formas que cambian
radicalmente al cambiar el modo de producción, al cambiar el régimen económico. Al explicar el
origen y la dependencia de las instituciones políticas, ideas y teorías respecto del modo de
producción, la teoría del materialismo histórico no niega, ni mucho menos, la importancia de las
primeras en la vida de la Sociedad. Al contrario, el materialismo histórico subraya su enorme papel
social. Y con ello, difiere de raíz del materialismo económico) (ver). Una vez surgidas, las
instituciones e ideas políticas y sociales se convierten en una fuerza que influye sobre las propias
condiciones que las habían engendrado. Actúan como fuerzas reaccionarias al servicio de los
sectores y clases atrasados de la Sociedad, frenan el desarrollo social; o bien, sirviendo a las clases
avanzadas y revolucionarias, impulsan ese desarrollo. El materialismo y el historicismo
consecuentes están íntima e indisolublemente unidos en la teoría del materialismo histórico. Por
eso, precisamente, con el descubrimiento de la teoría del materialismo histórico, la ciencia social
se ha convertido por vez primera en la auténtica ciencia sobre las leyes que rigen la evolución de la
Sociedad humana.

(Eisleben, Turingia, 1483 - 1546) Teólogo alemán. Las aceradas críticas que Martín Lutero dirigió a
la disipación moral de la Iglesia romana, centradas al principio en el comercio de bulas, le valieron
una rápida excomunión en 1520, pero también lo convirtieron en la cabeza visible de la Reforma,
movimiento religioso que rechazaba la autoridad del Papado y aspiraba a un retorno a la
espiritualidad primitiva.

Martín Lutero

A lo largo del siglo XVI, por la acción de Lutero y de otros reformadores, y con el apoyo de
príncipes y monarcas deseosos de incrementar su poder e independencia, la Reforma conduciría al
establecimiento de diversas Iglesias protestantes en el norte de Europa y a las llamadas «guerras
de religión» entre católicos y protestantes. Con este último de los grandes cismas del cristianismo,
el cisma protestante, finalizaba la hegemonía de la Iglesia católica en el viejo continente y quedaba
configurado el mapa religioso que en líneas generales ha perdurado hasta nuestros días: Iglesias
nacionales desligadas de Roma en los países del norte y pervivencia de la Iglesia católica en los
países del sur.

Biografía

Contrariando la voluntad de sus padres, Martín Lutero se hizo monje agustino en 1505 y comenzó
a estudiar teología en la Universidad de Wittenberg, en donde se doctoró en 1512. Siendo ya
profesor comenzó a criticar la situación en la que se encontraba la Iglesia católica: Lutero
protestaba por la frivolidad en la que vivía gran parte del clero (especialmente las altas jerarquías,
como había podido contemplar durante una visita a Roma en 1510) y censuró también que las
bulas eclesiásticas (documentos que teóricamente concedían indulgencias a los creyentes por los
pecados cometidos) fueran objeto de un tráfico puramente mercantil.

Las críticas de Lutero reflejaban un clima bastante extendido de descontento por la degradación
de la Iglesia, expresado desde la Baja Edad Media por otros reformadores que se pueden
considerar predecesores del luteranismo, como el inglés John Wyclif (siglo XIV) o el bohemio Jan
Hus (siglo XV). Las protestas de Lutero fueron subiendo de tono hasta que, a raíz de una campaña
de venta de bulas eclesiásticas para reparar la basílica de San Pedro, decidió hacer pública su
protesta redactando sus célebres noventa y cinco tesis, que clavó a la puerta de la iglesia de Todos
los Santos de Wittenberg (1517) y que pronto serían impresas bajo el título Cuestionamiento al
poder y eficacia de las indulgencias.
Lutero expone las 95 tesis (1517)

La Iglesia hizo comparecer varias veces a Lutero para que se retractase de aquellas ideas (en 1518
y 1519); pero en cada controversia Lutero fue más allá y rechazó la autoridad del papa, de los
concilios y de los «Padres de la Iglesia», remitiéndose en su lugar a la Biblia y al uso de la razón. En
1520, Lutero completó el ciclo de su ruptura con Roma al desarrollar sus ideas en tres grandes
«escritos reformistas»: Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana, La cautividad
babilónica de la Iglesia y Sobre la libertad cristiana. Finalmente, el papa León X le condenó y
excomulgó como hereje en una bula que Lutero quemó públicamente (1520); y el nuevo
emperador, Carlos V, le declaró proscrito tras escuchar sus razones en la Dieta de Worms (1521).

Lutero permaneció un año escondido bajo la protección del elector Federico de Sajonia; pero sus
ideas habían hallado eco entre el pueblo alemán, y también entre algunos príncipes deseosos de
afirmar su independencia frente al papa y frente al emperador, por lo que Lutero no tardó en
recibir apoyos que le convirtieron en dirigente del movimiento religioso conocido como la
Reforma protestante.

La teología luterana

Desligado de la obediencia romana, Martín Lutero emprendió la reforma de los sectores


eclesiásticos que le siguieron y que conformaron la primera Iglesia protestante, a la cual dotó de
una base teológica. El luteranismo se basa en la doctrina (inspirada en escritos de San Pablo y de
San Agustín de Hipona) de que el hombre puede salvarse sólo por su fe y por la gracia de Dios, sin
que las buenas obras sean necesarias ni mucho menos suficientes para alcanzar la salvación del
alma; en consecuencia, expedientes como las bulas que vendía la Iglesia católica no sólo eran
inmorales, sino también inútiles.

Lutero defendió la doctrina del «sacerdocio universal», que implicaba una relación personal
directa del individuo con Dios en la cual desaparecía el papel mediador de la Iglesia, privando a
ésta de su justificación tradicional; la interpretación de las Sagradas Escrituras no tenía por qué ser
un monopolio exclusivo del clero, sino que cualquier creyente podía leer y examinar libremente la
Biblia, la cual debía ser traducida, por consiguiente, a idiomas que todos los creyentes pudieran
entender. El propio Lutero la tradujo al alemán, creando un monumento literario de gran
repercusión sobre la lengua escrita en Alemania en los siglos posteriores.
También negó otras ideas asumidas por la Iglesia a lo largo de la Edad Media, como la existencia
del Purgatorio o la necesidad de que los clérigos permanecieran célibes; para dar ejemplo, él
mismo contrajo matrimonio con una antigua monja convertida al luteranismo. De los sacramentos
católicos, Lutero sólo consideró válidos los dos que halló reflejados en los Evangelios, es decir, el
bautismo y la eucaristía, rechazando los demás.

Al rechazar la autoridad centralizadora de Roma, Lutero proclamó la independencia de las Iglesias


nacionales, cuya cabeza debía ser el príncipe legítimo de cada Estado; la posibilidad de hacerse
con el dominio de las Iglesias locales (tanto en su vertiente patrimonial como en la de aparato
propagandístico para el control de las conciencias) atrajo a muchos príncipes alemanes y facilitó la
extensión de la Reforma. Tanto más cuanto que Lutero insistió en la obediencia al poder civil,
contribuyendo a reforzar el absolutismo monárquico y desautorizando movimientos populares
inspirados en su doctrina, como el que desencadenó la «guerra de los campesinos» (1524-25).

La extensión del luteranismo dio lugar a las «guerras de religión» que enfrentaron a católicos y
protestantes en Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII, si bien las diferencias religiosas fueron
poco más que el pretexto para canalizar luchas de poder en las que se mezclaban intereses
políticos, económicos y estratégicos. El protestantismo acabó por consolidarse como una religión
cristiana separada del catolicismo romano; pero, a su vez, también se dividió en múltiples
corrientes, al aparecer disidentes radicales en la propia Alemania (como Thomas Münzer) y al
extenderse el protestantismo a otros países europeos, en donde aparecieron reformadores locales
que crearon sus propias Iglesias con doctrinas teológicas diferenciada

La biblia
La palabra Biblia nos remonta en su etimología al griego “biblion” que significa libro y de “biblo”
que se traduce como rollo de papiro, material con los que se confeccionaban los libros en la
antigüedad. De allí que biblioteca designe el conjunto de libros. A su vez Biblos era una ciudad
Fenicia que exportaba papiro hacia Grecia (de allí su nombre) desde el siglo X a. C.

Se conoce con el nombre de Biblia o Sagradas Escrituras, a los libros canónicos recopilados, del
Antiguo Testamento hebreo (llamado así por los cristianos) y al Nuevo Testamento o Evangelio o
Biblia cristiana, que trae a los hombres el mensaje de Dios.

La Biblia hebrea, escrita en hebreo con algunos párrafos en arameo, cuenta con las siguientes
partes: El Pentateuco, La Torá o cinco libros de Moisés (Génesis. Éxodo, Levítico, Números y
Deuteronomio), los libros históricos, y los libros de los Profetas (mayores y menores) y los
sapienciales. Los judíos llaman a estas partes: Torá, Nebim y Ketubin, que comprenden la ley de
Dios, los libros de los profetas y los otros escritos, respectivamente. En Qum Ram, en el desierto
de Judea, se encontró la Biblia hebrea de más antigüedad.
El Nuevo testamento comprende los cuatro Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Cartas
paulinas y católicas, y el Apocalipsis.

Con la invención de la imprenta por Gutemberg, el primer libro impreso fue la Biblia, en el año
1455, que la acercó a un público masivo.

La libre interpretación de los textos bíblicos fue reclamada a partir de entonces por los
protestantes.

El AtlantisEl filósofo griego Platón (427-347 A.C.), en sus “Diálogos”, fue el primero en mencionar
una vieja leyenda de la antigüedad en la que se menciona un reino mítico situado en una isla o
península llamada Atlántida, “más grande que Libia y Asia juntas”, ubicada al oeste del estrecho de
Gibraltar, y que supuestamente existió hace más de 11 mil años atrás. Cuna de una civilización
muy avanzada e inmensamente rica, su nombre habría sido dado en honor de su primer
gobernante, Atlas, uno de los hijos de Poseidón que se rebeló contra los dioses y fue condenado
por Zeus a cargar sobre los hombros la bóveda del cielo. Y su poderosa flota le había permitido
someter a algunos de sus vecinos, cuando se lanzaron a la conquista del Mediterráneo oriental,
aunque serían finalmente derrotados por Atenas antes que un terremoto y un diluvio la
sumergieran en el océano para siempre.

Atlántida

En los “Diálogos” de Platón, Critias, discípulo de Sócrates, relata que escuchó la historia de la
Atlántida contada por su abuelo, quien a su vez la había escuchado del político ateniense Solón y a
éste último se la habían transmitido los sacerdotes egipcios de la ciudad de Sais, situada en el
delta del Nilo. La Atlántida, como ya se mencionó anteriormente, estaba ubicada más allá de las
Columnas de Hércules y su poderío fue tal que llegó a dominar el occidente de Europa y el norte
del África, hasta ser detenida por la ciudad de Atenas. En ese mismo momento una catástrofe, que
no se describe, hizo desaparecer a la vez la isla y los ejércitos rivales, «en un solo día y una noche
terrible”.

El texto de Platón describe la geografía de la Atlántida como escarpada, a excepción de una


extensa llanura, rodeada de montañas hasta el mar. Se trataba supuestamente de un isla
abundante en recursos minerales como el oricalco (cobre de montaña) y grandes bosques que
proporcionaban ilimitada madera. Y su prosperidad les permitió a los atlantes construir grandes
obras como una espléndida acrópolis rodeada de círculos de agua, templos, palacios, puertos y
astilleros, además de un gran canal de 50 estadios de longitud, para comunicar la costa con el
anillo de agua exterior que rodeaba la metrópolis; y otro menor y cubierto, para conectar el anillo
exterior con la ciudadela, además de una gigantesca fosa emplazada en la llanura a partir de la
cual partían una red de canales rectos que irrigaban todo el territorio de la planicie.
Atlántida

La descripción detallada de la isla y la mención de que se trata de una historia verdadera llevó a
muchos investigadores a proponer diversas conjeturas sobre su ubicación y existencia. En el año
1882 aparecería una obra que tendría más de 50 reediciones y que transformó a la Atlántica en un
mito que perdura hasta el día de hoy: “La Atlántida: el mundo antediluviano”, del congresista
norteamericano Ignatius Donnelly, libro que causó controversia por enumerar las siguientes
propuestas “distintas y originales”:

-Una vez existió en el Océano Atlántico, más o menos frente al estrecho de Gibraltar, una gran isla
que constituía el vestigio de un continente y era conocida en el mundo antiguo como Atlántida.

-La descripción de esta isla dada por Platón no es, como se pensaba, una fábula, sino que una
historia verdadera.

-La Atlántida fue la región donde el hombre por primera vez pasó de la barbarie a un estadio
superior, adquiriendo un estado civilizado.

-La Atlántida fue el verdadero mundo antediluviano; el Edén; los jardines de las Hespérides; los
Campos Elíseoms; los jardines de Alcinoo; el Monte Olipo de los griegos; el Asgard o Avalon de los
Eddas islandeses; el foco de tradición de muchas antiguas naciones; en suma, representó el
recuerdo universal de un gran país donde la humanidad primitiva vivió durante siglos en paz y
felicidad.

Atlántida

-Los dioses y diosas de los antiguos griegos, fenicios, hindúes y escandinavos eran simplemente los
reyes, reinas y héroes de la Atlántida; y los actos a ellos atribuidos en la mitología eran un
recuerdo confuso de acontecimientos históricos reales.
-El culto universal al sol (por ejemplo, en los motivos de sol en los misteriosos grabados de Nazca ,
y la adoración de Ra, el dios del sol del Antiguo Egipto), constituyen reliquias de la antigua religión
original de la Atlántida.

-La colonia más antigua formada por los Atlantes se hallaba probablemente en Egipto, cuya
civilización constituía una reproducción a escala más pequeña de la isla de la Atlántida.

-Los instrumentos de la edad del bronce en Europa derivaban de la Atlántida, cuyos habitantes
fueron también los primeros fabricantes de hierro.

-El alfabeto fenicio, padre de todos los alfabetos europeos, derivaba de un alfabeto de la Atlántida
que fue también llevado desde la Atlántida hasta los mayas de la América Central.

-La Atlántida fue la residencia original de la familia de naciones aria o indoeuropea, así como de los
pueblos semíticos, y quizás también de las razas hiranias.

-La Atlántida sucumbió a raíz de una terrible convulsión de la naturaleza, en la cual casi toda la isla
fue tragada por el océano con casi todos sus habitantes.

-Unas pocas personas escaparon en barcos y balsas y transmitieron a las naciones del este y del
oeste la noticia de la espantosa catástrofe, que ha perdurado hasta nuestros días en las leyendas
del Diluvio de las naciones del Viejo y del Nuevo Mundo.

Atlántida

Si bien las conclusiones de Ignatius Donnelly fueron desacreditadas por estar basadas en
informaciones equivocadas o incompletas, varios académicos creen que de todos modos pueden
esconder una verdad perdida en algún sitio. James Mavor, en su obra “Viaje a la Atlántida”,
postuló que la Atlántida era de hecho la civilización minoica, ubicada en la isla de Creta o Thera, y
que fue destruida por la erupción del volcán de Thera hacia el año 1550 antes de Cristo (en la
Atlántida, al igual que en la isla de Creta, existía un culto a los toros, según Platón: cada cuatro o
cinco años los 10 reyes de la isla tenían que capturar desarmados un toro, y sacrificarlo). En 1938
el arqueólogo griego Spyridon Marinatos respaldó esta teoría planteando que el fin de la
civilización cretense, a causa de la erupción del volcán de Santorini, antiguamente llamada Thera,
cuya capital era Akrotiri, podría ser el fondo histórico de la leyenda. La idea de Marinatos también
fue desarrollada por el sismólogo Angelos Galanopoulos, quien en 1960 publicó un artículo donde
relacionó la tesis cretense con los textos de Platón.
El erudito alemán Jürgen Spanuth, desacreditando la teoría anterior debido a que “ni Thera ni
Creta se encuentran en el Atlántico, ni en la desembocadura de un gran río y ninguna fue tragada
por el mar o desapareció”, en su libro “La Atlántida del norte”, creía que la Atlántida estaba
ubicada en las islas hundidas cerca de Helgoland, frente a la costa alemana del noroeste, y que
constituía de hecho la precursora de la edad del bronce, de la civilización vikinga del norte de
Europa y Escandinavia, también conocida como Atland.

Atlántida

Por su parte, en 1922, el arqueólogo alemán Adolf Schulten, basándose en el trabajo de los
historiadores Francisco Fernández y González (finales del s. XIX) y su hijo, Juan Fernández Amador
de los Ríos (1919), retomó y popularizó la idea de que Tartessos, la primera cultura occidental que
existió según los griegos, había sido en realidad la Atlántida. Esta cultura hispana se desarrolló
entre los siglos VIII y VI AC en la costa suroeste de la península ibérica, en la Andalucía Occidental,
donde en aquella época hubo núcleos urbanos ordenados en anillos -como la capital atlante- en
una tierra muy fértil y rica en minerales.

Otros, en tanto, especularon que la Atlántida pudo haber estado en las Antillas. En una sesión de
trance realizada en 1933, el famoso vidente norteamericano Edgar Cayce describió la vida en la
antigua civilización atlante, prediciendo que parte de ella sería encontrada en el año 1969.
Curiosamente, ese mismo año, se descubrieron en el fondo marino frente a las Bahamas ciertas
estructuras aparentemente realizadas por la mano humana. La localización de la Atlántida en esta
zona ya había sido propuesta por otros investigadores que se remitían a los datos aportados por el
geógrafo romano Marcelo, del primer siglo de nuestra era, que aseguraba que el continente
perdido había estado integrado por siete islas pequeñas y tres grandes, la mayor de las cuales
tenía unos “mil estadios de diámetro”, es decir, unos 200 kilómetros cuadrados.

Atlántida

En el año 2013, finalmente, un grupo de geólogos brasileños anunciaron el asombroso


descubrimiento de lo que podría ser parte de un continente perdido sumergido en el Océano
Atlántico y que se formó entre África y América del Sur hace varios millones de años. Los
especialistas detallaron que una gran masa de granito había sido encontrada en el fondo del mar
frente a la costa de Río de Janeiro, que solamente se forma en tierra firme, pudiendo ser una clara
evidencia del continente donde supuestamente se encontraba la legendaria isla de la Atlántida,
tan mencionada en la antigüedad en los escritos filosóficos de Platón.
Hoy, el paso del tiempo no ha disminuido el interés en este mítico continente perdido. La
narración de Platón ocupa menos de diez páginas, pero ha dado lugar a miles de libros en los
cuales se ha situado el desaparecido imperio atlante en mitad del Atlántico, en el Índico, en las
Islas Británicas, en Francia, en Canarias, en Cuba, en Yucatán, en Los Andes, en Arabia, en
Groenlandia y hasta en la Antártida. Se la ha poblado hasta de extraterrestres y se la ha
presentado como la tierra originaria de los egipcios, los mayas, los aztecas, los vascos y los indios
norteamericanos.

Atlántida

La Atlántida ha llegado a simbolizar el sueño de un pasado dorado y el hambre de conocimiento de


los verdaderos orígenes de la humanidad, y su búsqueda continúa con un renovado vigor. Varios
canales productores de documentales, usando las herramientas más sofisticadas del siglo 21, ya se
han lanzado al mar en distintos puntos del planeta con la esperanza de descubrir el supuesto
continente que se dice que desapareció hace más de 11 mil años.