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OLIVERIO TWIST.

NOVELA ESCRITA EN INGLÉS POE

C. DIGKENS.

TRADUCCION DE

ENRIQUE LEOPOLDO DE VERNEUILL.

CAPÍTULO I. Aun cuando no me halle dispuesto á sos


En que se da á conocer el lugar donde nació tener que para el hombre sea un favor ex
Oliverio Tvñst y las circunstáncias que traordinario de la fortuna el nacer en un asi
concurrieron á su nacimiento. lo de mendicidad , debo sin embargo decir que
en el lance de que hablamos era lo mejor que
Entre los diversos monumentos públicos podia suceder á Oliverio Twist. Lo cierto es
que hacen . el orgullo de una ciudad , cuyo que costó mucho trabajo decidir al niño.á
nombre callaré por prudencia , y á la cual no que llenase sus funciones respiratorias, ejer
quiero dar un título imaginario, hay uno co cicio penoso , pero que la costumbre ha hecho
mun á la mayor parte de las ciudades , ya necesario para el bienestar de nuestra exis
sean grandes ó pequeñas : este es el hospicio ó tencia.
asilo de mendicidad. Cierto dia de que no es Durante algun tiempo permaneció tendido
preciso recfcdar la fecha, tanto mas cuanto sobre un miserable colchon, haciendo esfuer
que ninguna importancia tiene para el lector, zos para . respirar , balanceando , por decirlo
nació en dicho establecimiento el pequeño asi, entre la vida y la muerte , é inclinándose
mortal cuyo nombre encabeza este capítulo. mas hácia esta última. —Si en aquellos críticos
Mucho despues que el cirujano de los momentos se hubiese visto Oliverio rodeado
pobres de la parroquia le hubo introducido de solícitas abuelas, inquietas tías, nodrizas,
en este mundo miserable , dudábase aun si el experimentadas y sabios médicos, hubiera pe
pobre niño viviría bastante para llevar un recido infaliblemente en pocos instantes ; pero
nombre cualquiera : si hubiese sucumbido , es allí no habia nadie sino una pobre anciana
mas que probable que yo no hubiera publi medio embriagada por el abuso de la cerveza
cado estas memorias, ó que en caso de hacer y un cirujano pagado por el establecimiento ;
lo , solo contuvieran algunas breves páginas por lo cual el niño y la naturaleza pudieron'
sin mas mérito que el de ser la biografia mas luchar solos. El resultado fué que despues de-
concisa y exacta de cuantas se hayan dado á algunos esfuerzos Oliverio comenzó a respi
luz hasta aquí en pais alguno. rar, estornudó, y dió aviso á los habitantes
T. TI. 4
80 OLIVERIO TWIST.
del hospicio de la nueva carga que iba á pe - como es probable que no esté muy tranquilo,
sar sobre la parroquia , lanzando un grito tan le dareis un poco de papilla para calmarle. ^
agudo como podia esperarse de un niño que Así diciendo, el cirujano se puso el som
solo hacia tres minutos y medio estaba en brero, dirigióse hácia la puerta, y detenién
posesion de ese don tan útil, que se llama dose un momento delante de la cama antes de
la voz. salir, añadió: (.0%$
En el momento que Oliverio daba esta pri — A fe mia que era una mujer hermosa;
mera prueba de la fuerza y libertad de sus ¿de dónde la han traido?
pulmones , la remendada colcha que cubría la —La condujeron aquí ayer tarde por órden
cama de hierro se agitó suavemente ; el pá del inspector, replicó la enfermera; segun pa
lido semblante de una mujer se alzó con tra rece fué encontrada tendida sin movimiento
bajo sobre la almohada, y una voz débil arti en medio de la calle, y debia haber andado
culó con dificultad estas palabras : mucho, porque sus zapatos estaban destroza
— ¡Dejadme ver á mi hijo antes de morir! dos ; pero nadie sabe de dónde venia ni adón-
Al oir la voz de aquella mujer , el cirujano de iba.
que estaba sentado, calentándose las manos, . El cirujano se inclinó sobre el cadáver, y
se levantó, y aproximándose á la cama dijo, alzando la mano izquierda de la difunta, mur
con mas dulzura de la que podia esperarse muró encogiéndose de hombros :
en un hombre de su profesion : —Siempre la misma historia ; no está, ca
—] Oh ! no es cosa de que penseis ahora sada... Vaya, buenas tardes.
en morir. El cirujano se fué á comer, y la enferme
—I Oh ! no , Dios bendiga á esa pobre mu ra, despues de acercar una vez mas la botella
jer, dijo la enfermera, escondiendo apresura á sus labios, se sentó en una silla baja, delante
damente en su bolsillo una botella, cuyo con del fuego, y comenzó á vestir al niño.
tenido acababa de apurar con evidente satis I Qué ejemplo tan admirable de la influencia
faccion ; cuando haya vivido tanto tiempo co del traje ofreció entonces el pequeño Olive
mo yo, y como yo tenido trece hijos, de los rio ! Envuelto en la cubierta que hasta enton
cuales solo viven dos , que están conmigo en ces era su único vestido, tanto podia ser hijo
el establecimiento , ya pensará de otro modo. de un gran señor como de un mendigo ; y
—Vamos ! pensad en la felicidad de ser ma al hombre mas experto le hubiera sido su-
dre con ese angelito! sumamente difícil asignarle un rango en la so
ciedad. Pero cuando la raida blusa amarillen
Pero aquella perspectiva consoladora de fe ta, destinada para este uso, cubrió el cuerpo-
licidad maternal no debió sin duda producir del niño, y cuando se le hubo rotulado y nu
mucho efecto en la enferma , pues sacudió merado convenientemente, entonces pudo ya
tristemente la cabeza y extendió sus manos clasificársele sin vacilar ; aquel era el hijo de
hacia el niño , que fué depositado en sus bra la parroquia, el huérfano del hospicio, el ser
zos por el cirujano. miserable, en fin, destinado á los golpes y
Entonces la mujer aplicó con ternura sus malos tratamientos, y á ser despreciado por
fríos y pálidos labios sobre la frente del niño ; todo el mundo, sin excitar la compasion de
pasóse luego una mano por el semblante , mi nadie. \
ró á su alrededor con extraviados ojos , agi Oliverio gritaba con toda su fuerza: si hu
tóse con un estremecimiento general , y ca biese sabido que era un huérfano abandonado-
yendo pesadamente en su lecho exhaló el úl á la tierna compasion de los bedeles é inspec
timo suspiro. tores, es probable que hubiera gritado mu
El cirujano la frotó entonces el pecho , las cho mas.
manos y las sienes; pero la sangre se habia m
helado para siempre : hablábanla de esperan-
xa y de socorro ; pero habia carecido de es CAPÍTULO II.
te tanto tiempo, que ya llegaba demasiado
tarde. Como creció Oliverio Twist y como fué
—Todo se acabó , señora Thingmuy , dijo criado.
al fin el cirujano.
— I Ah! pobre mujer; demasiado cierto es, Durante los ocho ó diez meses que siguie
repuso la enfermera, recogiendo el tapon de ron á la escena que acabo de referir , Olive
la botella que habia dejado caer sobre la ca rio Twist fué victima de continuos engaños
ma al bajarse para coger el niño ; ¡ pobre mu por carecer de nodriza y haber tenido nece
jer! sidad de alimentarse con el biberon. Las au
—Es inútil enviarme á buscar si el niño gri toridades del hospicio se apresuraron á poner
ta , dijo el cirujano con aire deliberado ; pero en conocimiento de las de la parroquia que el
• OLIVERIO TWIST. 81
estado del hambriento huérfano era grave, y ser partía para el otro mundo, donde iba sin
entonces estas últimas se informaron con so duda á encontrar los padres que no llegara á
licitud de si habria en el establecimiento al conocer en este.
guna mujer que pudiera encargarse del niño Algunas veces practicábase una requisito
para darle cuanto necesitase. La respuesta fué ria mas escrupulosa que de costumbre con mo
negativa, y en consecuencia las autoridades tivo de la desgraciada muerte de un niño;
parroquiales , movidas por un exceso de mag entonces el jurado acordaba hacer algunas
nánima compasion, tuvieron la humanidad de averiguaciones por demás enojosas , 6 bien los
resolver que se enviase á Oliverio á una su vecinos tenian la audacia de firmar una recla
cursal situada á tres millas de distancia, en la macion ; pero estas impertinencias eran repri
que, veinte ó treinta pequeñuelos, contra midas bien pronto por el informe del cirujano
viniendo á la ley de los pobres, pasaban el y el testimonio del bedel. El primero declara
dia arrastrándose por el suelo bajo la vigilan ba que habia hecho la autopsia, sin encon
cia maternal de una anciana , que recibia á trar absolutamente nada , lo que era en efec
los delincuentes á razon de siete peniques (1) to muy probable ; y el segundo juraba siem
semanales por individuo. Ahora bien , siete pre conforme con el espíritu de las autorida
peniques componen una cantidad muy sufi des parroquiales , que era todo cuanto se le
ciente para el alimento de un niño ; por esta podia pedir. Además de todo esto , la comi
suma se pueden en verdad comprar muchas sion administrativa hacia excursiones periódi
cosas para llenarle el estómago y hasta alterar cas á la sucursal , teniendo siempre cuidado
su salud ; pero á pesar de esto aun no se habia de enviar la víspera al bedel para anunciar la
dado el caso de que comieran demasiado ni de visita de inspeccion. Al llegar aquellos se
que les sobrase ropa con que cubrir su cuer ñores encontraban siempre á los niños muy
po. Aquella anciana, dotada de sabiduria y limpios y bien cuidados: i qué mas se podia
experiencia, sabia lo que era mas convenien exigir ! — Bien puede comprenderse sin em
te para sus ahijados y para sí misma , y en bargo que este sistema de educacion no era el
consecuencia reservaba para sí la mayor par mas á propósito para dar á los niños mucha
te del socorro alimenticio , reduciendo á sus fuerza y robustez; así es que el dia en que
pequeños pupilos á un régimen mas exiguo Oliverio cumplió nueve años, era un niño pá
que el que se administraba en la casa de asilo lido y raquítico, de pequeña estatura, y su
donde habia nacido Oliverio. La buena mu mamente escuálido.
jer evitaba prudentemente los límites extre Pero debia á la naturaleza 6 á sus padres
mos de la economia , mostrándose filósofa una inteligencia clara y despejada , que pudo
consumada en la práctica experimental de la desarrollarse fácilmente sin ser entorpecida
vida. por la materia, gracias al régimen de priva
Todo el mundo conoce la historia de aquel ciones establecido, y á esto tal vez debia el ha
otro filósofo que imaginó una magnifica teoria ber llegado al noveno aniversario de su naci
para hacer vivir á un caballo sin comer , ha miento. Como quiera que sea , hallábase el
biéndola aplicado tan bien , que redujo poco dia de su cumpleaños metido en la carbonera
á poco la racion del cuadrúpedo á una sola con dos compañeros suyos, quienes despues
paja. Es indudable que por este medio, el ca de compartir con él uDa lluvia de golpes, ha
ballo hubiera llegado á ser mas ágil y ligero bian sido allí encerrados por haber tenido la
que el viento; pero es el caso que se muiió audacia de quejarse de hambre.
precisamente veinte y cuatro horas antes del De pronto, la señora Mann, este era el
dia en que iba á recibir por la primera vez nombre de la excelente directora de la casa ,
una doble racion de aire puro. quedó sorprendida ante la imprevista apari
Por desgracia para la filosofia experimental cion del bedel , señor Bumble , que trataba de
de la anciana encargada de cuidar á Oliverio, abrir la puerta del jardín.
este resultado era con mucha frecuencia la — ! Bondad divinal i sois vos , señor Bum
consecuencia natural de su sistema. Justa ble ! dijo la señora Mann , sacando la cabeza
mente en el momento que un niño estaba á por la ventana y fingiendo una grande ale
punto de llegar á mantenerse con la mas pe gría. Susana , añadid en voz baja, haced subir
queña porcion de su mísero alimento, suce á Oliverio con los otros dos niños, y limpiad
dia de cada diez veces ocho , que caia enfer los pronto. — ¡Dios mio , qué placer siento al
mo de hambre y de frío , 6 bien se ahogaba veros , señor Bumble !
por casualidad, 6 se abrasaba por un descui Pero Bumble, que era un señor grueso y
do ; resultando de esto que aquel desgraciado de carácter irritable , en vez de corresponde»
cortesmente á tan afectuosa acogida , empezó
á sacudir con furia el picaporte y descargó,
(f) 75 céntimos. en la puerta una tremenda patada.
52 OLIVBRIO TW1ST. *
— ¡Cómo! i es posible que esté cerrado! cuando se ponen malos , repuso la señora
exclamó la señora Mann, corriendo hácia la Mann , abriendo una pequeña alacena de don
puerta, despues du haber dado tiempo para de sacó una botella y un vaso ; voy á daros
que pusieran á los niños en libertad ; no sé un poco.
en qué pienso , todo se me olvida por causa — ¿Y dais jarabe á los niños, señora
de estos queridos niños. —Entrad, caballero Mann! preguntó el bedel, siguiendo con la
Bumble, entrad, yo os lo ruego. vista la interesante operacion de la mezcla.
Por mas que esta invitacion fuera hecha — ¡Ah! sí, siempre les doy, aun cuando
con una solicitud capaz de ablandar el cora cuesta muy caro; pero qué quereis ! no pue
zon mas duro , no pareció conmover en ma do verlos sufrir ; es una cosa que me afecta
nera alguna al bedel. demasiado.
—í Os parece respetuoso y conveniente, —Muy bien, dijo el bedel, muy bien; sois
señora Mann, preguntó Bumble con aspecto una buena mujer, señora Mann, y aprove
airado y oprimiendo con fuerza el puño de charé la primera oportunidad para hacerlo
su baston , el hacer esperar á los funcionarios presente al comité. Esos niños tienen en vos
de la parroquia á la puerta de vuestro jardín, una madre , y bebo de todo corazon á vuestra
cuando vienen á llenar sus funciones y á vi salud , señora.
sitar los niños! ¿Olvidais, señora, que sois Así diciendo , el bedel cogió el vaso y -apu
por decirlo así la delegada de la parroquia y ró la mitad de su contenido. Sacando despues
que se os paga por ella] de su bolsillo una cartera de cuero amarillo
—¡ Oh ! no ! señor Bumble , contestó con continuó :
humildad la señora Mann, advertid que ha —Ahora , hablemos de negocios : el niño á
bia ido á buscar á dos de esos niños, que os quien se ha puesto por nombre Oliverio
quieren tanto , para decirles que estabais aquí. Twist cumple hoy nueve años...
El señor Bumble , que tenia una alta idea —I Querido niño ! murmuró la señora Mann,
de sus dotes oratorias y de su importancia, frotándose el ojo izquierdo con la punta de su
pareció calmarse y añadió : delantal.
—Está bien, está bien, señora Mann; es —Y á pesar de haberse ofrecido una recom
muy posible que así sea; entremos, señora pensa de diez libras esterlinas , que se ha ele
Mann , vengo á tratar de negocios y necesito vado sucesivamente hasta doce ; y no obstan
hablaros. te los esfuerzos increíbles, casi diré sobre
La señora Mann introdujo al bedel en una naturales, por parte de la parroquia, conti
pequeña habitacion con pavimento de ladrillo, nuó Bumble, no ha sido posible descubrir
acercó presurosa una silla , y tomando de ma quién es el padre, así como tampoco el nom
nos de aquel su tricornio y su baston los colo bre y condicion de la madre.
có encima de una mesa. El señor Bumble en La señora Mann alzó las manos en señal de
jugó su frente, cubierta de sudor, y lanzan asombro , y dijo despues de un momento dé
do una mirada de complacencia á su sombre reflexion :
ro, sonrió con aire satisfecho; sí, sonrió, por —Entonces, ¿cómo es que ese niño tiene
que al fin , un bedel es un hombre que puede nombre!
sonreír como otro cualquiera. —Porque yo lo he inventado , replicó el
—No lleveis á mal lo que voy á deciros, bedel con aire de orgullo.
observó la señora Mann con seductora dulzu —Vos ! señor Bumble !
ra: comprendo que estareis cansado despues —Yo mismo, señora Mann: nosotros pone
de tan larga caminata y por lo tanto me to mos nombres á los niños encontrados guar
maré la libertad de invitaros á que tomeis al dando siempre un riguroso órden alfabético :
guna cosa. el último, á quien correspondía la letra S, fué
—Nada , absolutamente nada, dijo el señor inscrito con el nombre de Swuble ; el de aho
Bumble , haciendo con la mano un movimien ra tocaba á la T y por eso le llamé Twist; el
to lleno de dignidad. siguiente se llamará Unwin, el otro Vilkent,
—Espero que no rehusareis, replicó la se y así sucesivamente. Tengo nombres prepara
ñora Mann, que habia observado el tonp y el dos desde el principio al fin del alfabeto , y al
gesto del bedel; no os daré mas que una go- llegar á la Z se vuelve á empezar.
tita con un poco de agua fresca y un tetron — I Oh I sois muy letrado , caballero , dijo
de azúcar. El señor Bumble tosió. la señora Mann.
—Lo que os ofrezco no es casi nada, dijo —Sí, un poco, contestó el bedel, eviden
Ta señora Mann con voz melosa. temente satisfecho del cumplido.
—Y i qué vais á darme! preguntó el bedel. Y apurando el resto de la bebida que con
- —Siempre tengo en casa alguna cosa para tenia su vaso añadió :
echar en el jarabe de estos queridos niños —Como Oliverio es ya demasiado grande
OLIVERIO TWIST. 53
para permanecer aquí mas tiempo, el consejo do, preguntando á cada instante si llegarian
ha resuelto que vuelva al asilo y he venido pronto. El bedel respondia á sus preguntas
por lo tanto á buscarle. — Traédmelo al mo con brevedad y dureza : era evidente que no
mento. experimentaba la influencia bienhechora que
— Vais á verle en seguida, contestó la seño ejerce un refrescante en ciertos corazones , y
ra Mann , saliendo de la habitacion. que volvia á ser el impasible bedel.
Oliverio , á quien durante este tiempo ha Habria trascurrido escasamente un cuarto
bian estado limpiando la cara, y las manos lo de hora desde que Oliverio franqueara la en
mejor posible , fué introducido bien pronto por trada del asilo de mendicidad, despues de dar
sn bondadosa protectora. un segundo mordisco á s,u rebanada de pan,
—Oliverio , saludad á este caballero j dijo cuando el señor Bumble, que le habia confia
la señora Mann. do en manos de una anciana, volvió á decirle
El niño saludó á la vez, al bedel, que esta que era dia de consejo, y que este le manda
ba sentado , y al tricornio , que veia sobre la ba presentarse.
mesa. Oliverio no tenia una idea exacta de lo que
— i Quereis venir conmigo, Oliverio ! pre era un consejo, y quedó muy admirado al oír
guntó el bedel con majestad. semejante noticia, no sabiendo bien si deberia
Oliverio estaba á punto de contestar que lo reír 6 llorar , pero el señor Bumble no le de
que mas deseaba era marcharse con quien jó tiempo para entregarse á sus reflexiones.
quiera que fuese . cuando alzando los ojos sor Dióle con su baston un pequeño golpe en la
prendió una mirada de la señora Mann, la cabeza para que estuviese atento, y despues
cual colocada detrás de la silla del bedel, le de mandar que le siguiera , condújole á una
enseñaba el puño con furor. habitacion donde se hallaban sentados al rede
El niño comprendió bien pronto aquella dor de una mesa ocho ó diez señores muy
mímica, porque aquel puño habia caido de gruesos , presididos por otro de notable cor
masiadas veces sobre su espalda para que no pulencia , y de cara redonda y colorada , que
estuviese profundamente grabado en su me ocupaba un sillon mas elevado que los de
moria, y por lo tanto se apresuró á decir: más.
— ¿Y no vendrá conmigo la señora Mann!
• —No , replicó Bumble ; pero ya irá á verte —Saludad al consejo, dijo Bumble.
algunas veces. Aun cuando aquello no podia daban Oliverio enjugó dos ó tres lágrimas que ro
ser roas consolador para el niño , tuvo el sufi por sus mejillas y saludó á la mesa del
ciente criterio para fingir una gran pena por consejo.
su marcha : por otra.parte , el pobre Oliverio — ¿ Cómo os llamais , niño ! preguntó el ser
no tenia que esforzarse mucho, tratándose de ñor que ocupaba el sillon.
verter lágrimas , pues el hambre y los golpes Oliverio tuvo miedo á la vista de tantos se
recibidos son poderosos auxiliares cuando se ñores , y permaneció mudo , visto lo cual,,
tiene necesidad de llorar, y Oliverio lloró de aplicóle el bedel un golpe en la espalda , que
la manera mas natural del mundo. le hizo llorar, obligándole á responder, aun
La señora Mann le dió mil besos , y lo que que con voz temblorosa. Entonces uno de
era aun mejor , una rebanada de pan y man aquellos señores, que llevaba chaleco blanco,
teca, á fin de que no pareciese demasiado dijo que era un idiota , medio excelente para
hambriento á su llegada al asilo. Con un pe animar al chico y serenarle.
dazo de pan en una mano , y cubierta la ca —Escuchadme, niño, continuó el presiden
beza con la pequeña gorra de paño pardo , te ; ¿supongo que ya sabreis que sois huér
usada por los niños de la parroquia, Oliverio fano!
fué sacado por el señor Bumble de aquella — i Qué quiere decir eso! preguntó el pobre
espantosa morada , donde jamás una palabra, Oliverio.
ni una mirada de afecto , habian endulzado —Ese muchacho es idiota ; estaba seguro
los tristes años de su infancia. de ello , dijo el señor del chaleco blanco con
Y sin embargo, prorumpió en sollozos cuan tono breve.
do la puerta se cerró tras él ; por miserables —¡Chut! hizo el que habia hablado prime
que fuesen los pequeños compañeros de in ro. Y dirigiéndose de nuevo al niño continuó :
fortunio de quienes se separaba, eran los úni —Sabeis que no teneis padre ni madre y
cos amigos que habia conocido , y la concien que os han criado á expensas de la parroquia,
cia de su aislamiento en el mundo penetró por ¡no es verdad !
primera vez en el tierno corazon del niño. —Sí señor, contestó Oliverio llorando amar
El señor Bumble andaba muy de prisa, y gamente.
el pobre Oliverio , oprimiendo con fuerza el —¿Porqué llorais pues! preguntó el del
faldon de su levita galoneada trotaba á su la- chaleco blanco.
54 OLIVERIO TWIST.
Esto era en efecto muy extraordinario: Al efecto hicieron un ajuste con la adminis
i por qué habia de llorar el chico! tracion de las aguas para obtener una canti
— Supongo que rezais todas las noches, di dad ilimitada de dicho liquido y se convinie
jo otro de aquellos señores con tono enfático ; ron asimismo con un expendedor de trigo para
y que como buen cristiano rogareis en vues que suministrase en períodos determinados
tras oraciones por aquellos que os alimentan una corta cantidad de harina de avena. Hecho
y os cuidan! esto concedieron á cada individuo tres ligeras
—Sí señor , balbuceó Oliverio. raciones por dia de puches muy claras , una
El que acababa de hablar tenia razon: era cebolla dos veces á la semana , y medio pan
necesario en efecto que Oliverio fuese un buen todos los domingos. Con respecto á las muje
cristiano , ó mejor dicho , un cristiano modelo res se tomaron igualmente otras muchas dis
para rezar por aquellos que le'alímentaban y posiciones , sabias y humanas , que seria in
cuidaban; pero no lo hacia porque no sabia útil mencionar. Ultimamente, acordaron tam
rezar. bien , en su infinita bondad , separar por una
—Muy bien , dijo el presidente ; se os ha especie de divorcio á los pobres casados, lo
traido aquí para recibir educacion y aprender cual les evitaba los gastos enormes de un pro
un oficio útil. ceso ante el tribunal eclesiástico ; y en vez de
—Así es, que mañana á las seis comenza obligar al marido á sostener á la familia con
reis á cardar estopa, dijo el del chaleco su trabajo, le separaron de ella, convirtiéndo
blanco. le en célibe.
Hacer á Oliverio cardar estopa , era com Es indudable que muchos hombres , en to
binar á la vez de una manera muy sencilla los das las clases de la sociedad , hubieran apro
dos beneficios que se le concedian; el niño vechado gustosos estas dos ventajas; pero los
reconoció lo uno y lo otro por un profundo individuos del consejo , como hombres previ
saludo que le mandó hacer el bedel ; despues sores , obviaron la dificultad : para disfrutar de
de lo cual , lleváronle á una gran sala del hos estos beneficios era necesario vivir en el asilo
picio , donde sobre una cama muy dura se y alimentarse con puches , cosa que natural
durmió sollozando ; prueba notable de la dul mente asustaba á las gentes.
zura de las leyes de nuestro feliz país, que Seis meses despues de la llegada de Olive -
no impiden dormir á los pobres ! rio Twist al hospicio , el nuevo sistema estaba
¡Pobre Oliverio ! Dormia tranquilo, y en ya en pleno vigor. Al principio fué un poco
la feliz ignorancia de lo que pasaba á su alre costoso, pues hubo que pagar mas al empre
dedor , estaba muy léjos de pensar que aquel sario de las pompas fúnebres , asi como tam
ala mismo el consejo habia tomado una reso bien al sastre, por estréthar los vestidos de
lucion que debia ejercer en su destino ulterior los pobres, adelgazados y reducidos á nada
una influencia irresistible ; pero la resolucion despues de una semana ó dos de alimentarse
estaba ya tomada , y hé aquí cual era. con puches ; pero el número de los habitantes
Los miembros del consejo de administra del asilo de mendicidad disminuyó de una ma
cion eran hombres eminentemente sabios, y nera notable , y los administradores estaban
dotados de una filosofía profunda: fijando su sumamente complacidos.
atencion en el asilo de mendicidad , echaron El comedor de los niños era una gran sala
de ver, ó mejor dicho, descubrieron de pron al extremo de la cual veiase una enorme cal
to, lo que espíritus vulgares nunca hubieran dera , junto á la que , ayudado por dos muje
notado ; esto es, que los pobres gozaban ! res , el jefe del hospicio cubierto con un gran
El asilo de mendicidad era para la clase delantal , repartia las puches á la hora de co
pobre un lugar de recreo, una fonda donde mer. Cada niño recibia una pequeña escudilla
ño era necesario pagar, y donde durante todo llena pero nunca mas, excepto los dias de fies
el año se tenia gratis el almuerzo , la comida, ta en que se les daba sobre esto dos onzas de
el té y la cena ; aquello era una verdadera pan. Por lo que hace á las escudillas , no era
Jauja, un verdadero Eliseo de mamposteria necesario lavarlas, pues los niños las pulimen
donde todo era divertirse sin trabajar. taban con sus cucharas hasta dejarlas brillan
— ¡Oh! oh! se dijo el consejo con aire ma tes, y al terminar esta operacion, que nunca
ligno, nosotros somos hombres que pondrán era larga, por ser las cucharas tan grandes co
las cosas en órden, haciendo que cese todo es mo las escudillas, quedábanse contemplando la
to muy pronto. Y tras esta reflexion sentaron caldera con ojos tan ávidos, que parecian de
como principio que los pobres podrian elegir vorarla con sus miradas. Los chicos tienen por
(pues á nadie se le obligaba, téngase bien en lo regular un apetito excelente : Oliverio y
tendido) entre morirse de hambre lentamente sus compañeros sufrieron durante tres meses
si permanecian en el asilo, ó de repente si sa las torturas de una lenta consuncion, y el ham.
lian de él. bre concluyó por extraviarles hasta el punto
OLIVERIO TWIST. 55
que un muchacho , grande ya por sus años, y ñor del chaleco blanco, si, ese niño se hará
poco conforme con semejante existencia , dió ahorcar.
á entender á sus compañeros , que si no le Ninguno contradijo aquel pronóstico: en
aumentabanla racion diaria , acabaría por de tablóse entonces una discusion muy acalora
vorar una noche al niño con quien se acosta da ; Oliverio fué encerrado en un calabozo, y
ba , que era muy jóven y débil. al dia siguiente, un anuncio fijado en la puerta,
Al hablar asi , tenia los ojos extraviados y ofrecia una recompensa de cinco libras ester
la faz hambrienta ; sus compañeros le creye linas (l) al que quisiera desembarazar á la par
ron, y en consecuencia procedióse á deliberar, roquia de Oliverio Twist. O en otros términos,
resolviéndose al fin , que se echarian suertes se ofrecian cinco libras y la persona de Oli
para saber quién iria aquella misma noche á verio á cualquier hombre ó mujer que nece
la hora de cenar á pedir al jefe una racion sitase algun aprendiz para cualquier oficio 6
mas que la de costumbre. La suerte recayó industria, fuera la que fuese.
-en Oliverio Twist. —En mi vida he estado tan seguro de una
Llegada la noche , los niños ocuparon sus cosa, decia el señor del chaleco blanco, lla
puestos: el jefe del establecimiento, con su mando á la puerta al dia siguiente y al leer
traje de cocinero, se hallaba delante de la cal el anuncio ; en mi vida he estado tan seguro
dera ; sirviéronse las puches; pronuncióse un de una cosa ! y es que ese muchacho se hará
largo benedicite y poco despues terminó la ahorcar !
cena. Entonces los chicos comenzaron á cu Como me propongo dar á conocer en el
chichear haciendo señas á Oliverio, y los que curso de esta historia si se cumplió ó no el
estaban mas cerca le empujaron con el codo. pronóstico del señor del chaleco blanco, no
Por niño que fuese el hambre le habia exas dejaré saber desde luego á mis lectores si la
perado , haciéndole indiferente á todo el exce vida de Oliverio Twist tuvo tan terrible des
so de la miseria; dejó pues su puesto, y ade enlace, pues esto seria despojar de un golpe
lantándose con la escudilla en una mano y la á mi narracion del interés que pudiera tener.
•cuchara en la otra, dijo, asustado de su pro
pia temeridad : capitulo m.
—Hacedme el favor de dar un poco mas,
si gustais. De como Oliverio estuvo á punto de obtener
El jefe, hombre grueso y rechoncho, se una colocacion que no era ninguna cánon-
puso pálido : estupefacto por la sorpresa, miró gía.
varias veces al pequeño rebelde, y apoyán
dose despues sobre la caldera, quedóse mudo Despues de haber cometido el imperdona
de estupor. Las mujeres que le ayudaban esta ble crimen de pedir doble racion, Oliverio
ban embargadas por el asombro, y los niños permaneció durante ocho dias estrechamente
por el terror. encerrado en el calabozo donde le habian ar
—¡Qué decís ! dijo al fin el jefe con voz al rojado la misericordia y sabiduria del consejo
terada. administrativo. Fácil es comprender desde
— Que quisiera un poco mas, si gustais, luego, que si el chico hubiese acogido con
contestó Oliverio. respeto la prediccion del señor del chaleco
El jefe dirigió su cucharon á la cabeza de blanco, hubiera podido confirmar de una vez
Oliverio, estrechóle despues entre sus brazos, para siempre la reputacion profética de aquel
y llamó á gritos al bedel. sabio administrador, con solo sujetar una de
El consejo se hallaba en sesion solemne las puntas de su pañuelo á un clavo de la pa
cuando Bumble fuera de si, se precipitó en el red y suspenderse de la otra.
salon, y dirigiéndose al presidente le dijo : Pero existia un obstáculo para la ejecucion
— Señor Limbkins, dispensad si os inter de este proyecto, y es que, por una órden ex
rumpo; sabed que Oliverio Twist ha pedido presa del consejo, firmada, revisada y sellada
mas. por todos los miembros, se habia prohibido 4
El asombro fué general; pintábase el hor los pobres del hospicio el uso de los pañuelos,
ror en todos los semblantes. por considerarlos un objeto de lujo. La tierna
— i Qué ha pedido masl murmuró el señor edad de Oliverio era tambien otra dificultad,
Limbkins; calmaos, Bumble, y contestadme y así es que se contentó con llorar amarga -
claramente. i Quereis decir que ha pedido mas mente durante dias enteros. Al llegar las lar
racion despues de comer la señalada por el gas y tristes horas de la noche, cubriase los
reglamento !
— Sí señor, replicó Bumble.
— Ese niño se hará ahorcar, dijo el se- (1) Ciento veinte J cinco francos.
36 OLIVERIO TWIST.
ojos con las manos para no ver la oscuridad, bre un poste para leer el anuncio fijado en l*
ó se agazapaba en un rincon á fin de conciliar puerta del hospicio.
el sueño ; y otras veces, despertábase sobre El señor del chaleco blanco, que estaba á
saltado y temblando y se pegaba á la fría y la puerta, habia presenciado la reyerta de
-dura pared de su calabozo, como si buscase Gamfield con su burro y sonrió con satisfac
en ella una protectora contra las tinieblas y la cion al ver al hombre acercarse á leer el
soledad de que se veia rodeado. anuncio, porque comprendió que aquel era el.
Y no crean los enemigos del Sistema, que amo que convenia á Oliverio.
durante su prision se privase á Oliverio de Gamfield sonreia tambien segun iba recor
las ventajas del ejercicio, del placer de la so riendo los renglones del anuncio, pues cinco
ciedad, ó de los consuelos de la religion. En libras esterlinas eran precisamente las que ne
cuanto á lo primero, como el tiempo era her cesitaba, y en cuanto al chico de quien iba á
moso y frio, se le daba permiso para lavarse encargarse, pensó que segun el régimen del'
todas las mañanas con el agua de la bomba hospicio bien podria meterse en el cañon de
que habia en un patio, en presencia del señor una estufa. Volvió á leer el anuncio, sílaba
Bumble, quien, para impedir que se consti por sílaba, y llevando respetuosamente la ma
para, activaba en el chico la circulacion de la no á su gorra abordó al caballero del chaleco
sangre por medio de frecuentes bastonazos. blanco.
Por lo que hace á la sociedad, llevábanle todos — i Hay aquf un chico que desea la parro
los dias al refectorio de los niños, donde se le quia ceder para aprendiz ! preguntó Gam
administraba una dura correccion para el buen field.
ejemplo y edificacion de los demás; y últi — Sí, buen hombre, contestó el del chaleco
mamente, como consuelo religioso, hacianle blanco con una benévola sonrisa. ¿Qué le
entrar á patadas todas las noches en la sala, quereis !
llegada la hora de rezar, y se le permitia oir —rSi la parroquia desea que aprenda un
la oracion de sus compañeros, corregida y au oficio muy agradable, como por ejemplo el de
mentada por el consejo, en la cual recomen- deshollinador , dijo Gamfield , necesito un
dábase la virtud, la docilidad y la obediencia aprendiz y estoy dispuesto á encargarme del
para preservarse de las faltas y vicios de Oli chico.
verio Tvvist, que era un hijo de Satanás pa — Entrad, dijo el señor del chaleco blanco.
trocinado por el diablo. Gamfield, despues de dar á su asno un gol
' En tanto que los asuntos de Oliverio toma pe en la cabeza y otra sacudida como por via
ban este giro favorable y ventajoso, sucedió de precaucion para que no le diese la humo
que una mañana, un tal Gamfield, deshollina rada de marcharse, siguió al del chaleco blan
dor de oficio, pasó por la calle, atormentando co á la sala donde Oliverio habia visto al ca
su imaginacion para saber cómo pagaria varios ballero la primera vez.
meses de alquiler, por los cuales le apuraba —Es un oficio muy sucio, dijo el señor
mucho el casero. Por mas cálculos que hacia, Limbkins cuando Gamfield hubo reiterado su
no le era posible llegar á reunir la cifra de peticion.
cinco libras esterlinas, que necesitaba, y en —Muchos niños, se han ahogado en las chi
su desesperacion, golpeábase la frente, pe meneas, murmuró otro señor.
gando al mismo tiempo á su borrico. Al pasar —Eso consiste en que se mojaba la paja
por delante del hospicio fijáronse sus miradas antes de encenderla, para hacerlos bajar, dijo»
en el anuncio que habia en la puerta. Gamfield ; de este modo se produce humo en
vez de llama, y aquel no llena el objeto, pues-
— ! So ! so ! dijo Gamfield á su pollino. no hace mas que adormecer á los chicos, que
• Pero el borrico estaba en aquel momento es justamente lo que ellos quieren. No hay
muy distraido, preguntándose sin duda si le nada mejor que una buena llama para obli
darian para su almuerzo dos ó tres tronchos garles á bajar volando, en atencion á que,
de berza cuando le descargasen de dos sacos viéndose cogidos en la chimenea, se dan mas
de sebo que arrastraba en una carreta ; así es, prisa para salir del paso al sentirse tostar la
que sin hacer caso de las palabras de su amo, planta de los piés.
continuó su camino. Esta explicacion pareció divertir mucho al
El buen Gamfield dirigió á su cuadrúpedo señor del chaleco blanco ; pero una mirada
un terno de los mas enérgicos, y corriendo grave de Limbkins puso fin á su alegria. El
tras él, aplicóle sobre la cabeza un golpe ca consejo procedió á deliberar durante algunos
paz de romper cualquier cráneo que no fuese minutos, mas en voz tan baja, que solo se
el de un asno. Cogiendo despues la brida, sa oyeron estas palabras:
cudióla rudamente hasta hacerle permanecer —Seamos económicos ; esta es la ocasion de
quieto, y una vez conseguido esto subióse so publicar un buen informe.
OLIVERIO TWIST. ' 51
Al fin aquella conversacion en voz baja En consecuencia de esta resolucion, el pe
tuvo un término, y habiendo vuelto los miem queño Oliverio fué sacado del calabozo , con
bros del consejo á ocupar sus asientos y su gran sorpresa suya, y se le puso una camisa
actitud majestuosa, el señor Limbkins tomó la limpia. Terminada aquella operacion tan poco-
palabra y dijo : acostumbrada , Bumble le trajo un tazon de
—Hemos examinado vuestra peticion y no puches , y como en los dia3 de fiesta, dos on
podemos acceder á ella. zas de pan.
—La rechazamos completamente, dijo el A la vista de esto , Oliverio echó á llorar
señor del chaleco blanco. pensando, no sin razon, que al engordarle de
—Sin vacilar, añadieron los demás miem aquel modo, el consejo habría proyectado en
bros. secreto matarle , con algun objeto humanita
Gamfield quedó admirado, pues fundándose rio.
en la opinion que tenia formada acerca del —No te pongas así los ojos, Oliverio; co
tratamiento que recibian los chicos en el asilo, me bien y alégrate , dijo Bumble con aire
no comprendia que los administradores recha magistral; vas á entrar en aprendizaje, Oli
zasen su oferta. Dando mil vueltas á su gor verio.
ra, alejóse lentamente de la mesa, y al llegar —En aprendizaje! dijo el niño temblando.
al dintel de la puerta exclamó : —Sí, Oliverio, repuso Bumble; los hom
—¿Con que es decir, señores , que no que bres caritativos y generosos , que han hecho
reis dármele 1 contigo las veces de padre , puesto que tú na
—No , contestó Limbkins ; ó cuando me le tienes, van á ponerte en aprendizaje, &
nos, como el oficio es muy sucio , nos parece lanzarte en la vida, y hacer de tí un hom
que la recompensa ofrecida deberia dismi bre, por mas que esto cueste á la parroquia
nuirse. i tres libras y diez chelines. ¡ Tres libras , diez
El semblante de Gamfield brilló de alegria; chelines. Oliverio, setenta y dos chelines !.. .
acercóse de nuevo á la mesa y repuso : ciento cuarenta y dos piezas de seis peniques!
—i Cuánto me dareis , señores ! Veamos, — Y todo esto por un miserable huérfano á
no seais demasiado exigentes con un pobre quien nadie quiere !
hombre ; ¿ cuánto me dareis 3 El bedel se detuvo para tomar aliento des-'
. —Me parece que sería bastante tres libras pues de haber pronunciado aquel discurso con
y diez chelines, repuso Limbkins. tono doctoral ; las lágrimas inundaban el ros
—Y aun el pico sobra, añadió el del chaleco tro del pobre niño,,que sollozaba amarga
blanco. mente.
—Vamos , dijo Gamfield , pongamos cuatro —Vamos, continuó Bumble con menos én
libras , señores; cuatro libras , y quedáis des fasis , pues hallábase halagado su amor pro
embarazados para siempre del chico! ¿Está di pio con la impresion que causára su elocuen
cho! cia ; vamos, Oliverio, limpiate los ojos con la
—Tres libras , diez chelines, repitió Limb manga de tu blusa, y concluye de comer. No
kins con firmeza. seas tan tonto.
—Ea ! señores , partamos la diferencia , di Al dirigirse á casa del magistrado , Bumble
jo Gamfield insistiendo; sean tres libras y manifestó á Oliverio que todo lo que tenia
quince chelines. que hacer era parecer muy contento, y que
—Ni un óbolo mas, exclamó Limbkins. cuando le preguntasen si deseaba aprender
—Sois inexorables conmigo, dijo Gamfield un oficio, deberia contestar que sí. Oliverio
vacilando. prometió cumplir con estas dos recomendacio
—Bah '. bah ! tonteria ! exclamó el del cha nes, tanto mas cuanto que el bedel le indicó,
leco blanco ; aun tomándole por nada, seria un que de lo contrario , ignoraba lo que podria
buen negocio. No seais necio , y aceptad el sucederle.
chico , que os será muy útil ; necesita algun Llegados á casa del magistrado, se le en
correctivo ; pero no os costará mucho alimen cerró en un gabinetito donde Bumble le hizo
tarle , pues desde que nació no ha tenido nin esperar algun tiempo.
guna indigestion. Ja ! ja ! ja ! El niño permaneció allí media hora , tem
Gamfield dirigió una mirada socarrona á los blando de miedo , y al cabo de ella el bedel,
miembros del consejo , y viendo la sonrisa en entreabriendo la puerta dijo en alta voz :
todos los semblantes , dejóse tambien llevar —Oliverio, amigo mio, venid á ver al ma
de su hilaridad. gistrado.
El trato quedó cerrado , y Bumble recibió Al mismo tiempo, y lanzando al chico una
la órden de conducir aquel mismo dia á Oli mirada amenazadora, añadió en voz baja :
verio Twist ante el magistrado , que debia fir —Cuidado con lo que te he dicho, tunante.
mar y aprobar el contrato de aprendizaje. La habitacion adonde fué conducido Olive
58 OLIVERIO TW|ST.
rio, era una espaciosa sala con una gran ven quiso la casualidad que el tintero se hallase
tana : detrás de un elevado bufete, hallábanse precisamente debajo de sus narices mientras
dos señores ancianos con el cabello empolva él lo buscaba por todas partes sin verlo. Du
do, uno de los cuales leia un periódico, mientras rante esta pesquisa , miró delante de sí, y sus
el otro con la ayuda de unos anteojos recorría ojo3 se fijaron en el pálido y trastornado sem
un pequeño pergamino que tenia delante. A blante de Oliverio , que á pesar de Ia3 signi
pocos pasos hallábase Limbkins, al otro lado ficativas miradas y de los pellizcos de Bum
Gamfield con su rostro ennegrecido , mientras ble, contemplaba el exterior espantoso de su
que dos ó tres mocetones se paseaban por el futuro amo con una expresion de horror harto
salon. visible, para que dejara de notarla aun el
El señor de las gafas se habia ensimismado mismo magistrado medio ciego.
con su pergamino, y hubo una corta pausa El anciano se detuvo , y dejando la pluma,
despues que Oliverio fué colocado delante del miró fijamente á Limbkins, que en aquel mo
bufete. mento tomaba un polvo de rapé afectando la
—Hé aquí el niño , dijo Bumble. mayor indiferencia.
El anciano que leia el periódico, alzó la ca —Hijo mió , exclamó el magistrado incli
beza y tiró á su compañero de la manga. nándose sobre el bufete.
— ! Ah ! i es este el niño ! preguntó. Oliverio se estremeció al oir aquellas pala
—Si señor , repuso Bumble. — Saludad al bras, y no era de extrañar su turbacion, si se
magistrado, amigo mio. atiende á que el anciano las pronunció con
Oliverio, armándose de valor, saludó lo me acento benévolo ; un rumor desconocido asus
jor que pudo : con los ojos fijos sobre la em - ta siempre , y el niño , temblando de piés á
polvada peluca de los magistrados, preguntá cabeza se deshizo en lágrimas.
base si vendrían todos al mundo con aquella —Hijo mio, dijo el magistrado, estais páli
estopa blanca en la cabeza , teniendo por eso do y parece que teneis miedo ; ¡por qué es
«I privilegio de ser magistrados. eso!
—Muy bien , dijo el señor de las gafas ; —Apartaos un poco del chico, señor bedel,
i supongo que tendrá aficion al oficio de des dijo el otro magistrado , dejando su periódico
hollinador ! é inclinándose hácia Oliverio con aire de in
— Delira por él, señor, replicó Bumble, pe terés. Veamos , hijo mio ; ¡ qué os pasa ! No
llizcando á Oliverio para hacerle comprender tengais miedo.
que no debia contradecirle. Oliverio cayó de rodillas , y juntando las
— i Es decir, que quiere ser deshollinador ! manos suplicó á los magistrados que manda
preguntó el magistrado. ran se le llevase otra vez al calabozo , pues
—Si se le diese otro oficio mañana , se es prefería morirse de hambre y que le pegasen
caparía inmediatamente, repuso Bumble. ó mataran antes que ser entregado en manos
—i Y este hombre será su amo ! continuó de aquel hombre que le hacia temblar.
el magistrado. Supongo que le tratareis bien, —Bien ! dijo Bumble , alzando los ojos y
dándole bastante de comer; ¿ no es cierto! las manos con aire majestuoso ; bien , Olive
—Cuando digo que sí , es que sí , replicó rio I De todos los huérfanos astutos y embus
Gamfield con acento breve. teros que en mi vida he visto , tú eres uno
— Vuestro tono es brusco, amigo mio ; pero de los mas descarados.
teneis todo el aire de un hombre honrado, — ¡ Callaos ! bedel, exclamó el segundo ma
que habla con franqueza , dijo el magistrado, gistrado.
dirigiendo su mirada hácia el candidato de las —Dispénseme vuestra señoría, repuso Bum
cinco libras, cuyo exterior hediondo revelaba ble, que no daba crédito á sus oidos ; ¿ es á
la crueldad. mí á quien se dirige vuestra señoría !
Pero el magistrado estaba casi ciego, y así —Sí , callaos.
no podia esperarse que viese tan claro como Bumble se quedó estupefacto : imponer si
los demás. lencio i un bedel era en su concepto una cosa
—Os doy gracias por vuestras palabras, re inusitada.
plicó Gamfield con una espantosa sonrisa. El magistrado de las gafas miró á su cole
— Muy bien, amigo , dijo el magistrado co ga, y despues de hacer con la cabeza un mo
locándose las gafas y buscando con la vista vimiento de aprobacion, dijo en voz alta arro
el tintero. jando á un lado el pergamino que tenia en la
Aquel era el momento crítico en que iba á mano:
decidirse la suerte de Oliverio ; si el tintero —Sabed que rehusamos sancionar el acta
hubiese estado en el sitio donde miraba el an de aprendizaje.
ciano, este hubiera mojado su pluma y firma —Espero , balbuceó Limbkins , que por el
do acta continuo el acta de aprendizaje ; pero testimonio , sin valor , de un niño , los ma
OLITERIO TWIST. 59
gistrados no sospecharán de la conducta de las dotado de un semblante risueño, mas á pesar
autoridades parroquiales ! de esto era su expresion afable. Al abordar á
—Los magistrados no tienen que resolver Bumble le estrechó cordialmente la mano.
sobre ese punto, dijo el señor de las gafas — Vengo de tomar la medida de dos muje-,
con acento breve ; conducid á ese niño al asi res que han muerto anoche ,- amigo Bumble,-
lo y tratadle bien , pues me pareue que lo ne dijo el empresario de las pompas fúnebres.
cesita. —Ya podeis retiraros. —Hareis fortuna , mi buen Sowerberry, re
Aquella misma tarde, el señor del chaleco puso el bedel, tomando un polvo de rapé , que
blanco aseguraba de nuevo de la manera mas le ofrecia su interlocutor ; os digo que hareis
formal que Oliverio se haria ahorrar. Bumble fortuna , repitió el bedel , dándole amistosa
se encogia de hombros con aire sombrío y mente un golpecito en la espalda.
misterioso , y dijo que deseaba que el chico —i Lo creeis asíl preguntó el empresario,
acabase bien. Gamfield , por su parte, mani que no queria decir sí ni nó ; advertid no obs
festó que se hubiera alegrado de tener el tante que los precios fijados por la adminis
chico. tracion son muy mezquinos, amigo Bumble.
Al dia siguiente por la mañana se hizo sa —Y vuestros ataudes tambien, repuso el
ber al público que Oliverio Twist estaba para bedel con un aire que se acercaba á la bro
alquilar , y que cualquiera que se encargase ma tanto como convenia á un funcionario im
de él recibiría una recompensa de cinco li portante.
bras. —Es verdad , amigo Bumble , replicó So
werberry soltando la carcajada; preciso es
confesar que desde que está en vigor el nue
CAPÍTULO IV. vo sistema alimenticio , los ataudds son mas
estrechos y menos profundos ; pero es preciso
ganar alguna cosa , amigo Bumble ; la made
Oliverio hálla otra colocacion y háce su ra seca cuesta muy cara, y las abrazaderas
entrada en el mundo. de hierro vienen de , Birmingham por el ca
nal.
En las grandes familias , cuando un jóven —Bah! dijo Bumble, todo oficio tiene su
va entrando en años y no se le puede pro beneficio y sus inconvenientes, y siempre se
porcionar una colocacion ventajosa por com saca una buena utilidad.^
pra , sucesión 6 supervivencia , se acostumbra —Es claro , replicó Sowerberry, si no gano
generalmente enviarle á la marina. El con sobre cada articulo en particular , saco mi ga
sejo administrativo , deseando seguir un ejem nancia en el todo. Eh ! eh ! eh !
plo tan saludable, deliberó sobre la oportuni —Precisamente , dijo Bumble.
dad de embarcar á Oliverio á bordo de cual —Es menester confesar , sin embargo , con
quier buque mercante. Este pareció á los ad tinuó Sowerberry , reanudando el hilo de su
ministradores el mejor partido que podian discurso, interrumpido por el bedel, es me
tomar, pues era probable que el patron se en nester confesar , amigo Bumble , que tengo
tretuviese un dia, despues de comer , en zur en mi contra una gran desventaja, y es que
rar al chico hasta matarle , ó bien en romperle los robustos son los primeros que se mueren.
la cabeza con una barra de hierro. Sabido es Quiero decir que todos aquellos que han vivi
que para la gente de mar esta es una distrac do cómodamente , y pagado sus contribucio
cion que no carece de atractivo. Cuanto mas nes mucho tiempo, son los primeros en su
consideraba el consejo este asunto bajo tal cumbir cuando entran en el establecimiento.
punto de vista , hallábale mas ventajas , y al Y ved , amigo Bumble , que tres ó cuatro pul
fin se convino en que el único medio de ase gadas mas de lo que se calculó, hacen una
gurar el porvenir de Oliverio , era embarcar gran merma en las ganancias , sobre todo te
le sin dilacion. niendo una familia que sostener.
Bumble habia sido enviado para practicar Como Sowerberry decia esto con el tono in
algunas diligencias preliminares con el objeto dignado de un hombre que tiene motivos para
de encontrar un capitan cualquiera que qui quejarse , y creyese Bumble que podrian sur
siese encargarse del chico. Al volver al hos gir de esto algunas reflexiones desfavorables
picio á dar cuenta del resultado de su mi para los intereses de la parroquia , creyó pru
sion, encontróse en la puerta al empresario de dente hablar de otra cosa , y Oliverio Twist le
las pompas fúnebres de la parroquia, el señor ofreció un nuevo motivo de conversacion.
Sowerb, rry en persona. — i Conoceis por casualidad alguna persona
El señor Sowerberry era un hombre alto y que necesite un aprendiz! preguntó Bumble :
delgado, vestia un traje todo negro y llevaba se trata de un muchacho que solo sirve de
zapatos de hebilla. La naturaleza no le habia estorbo á la parroquia , y esta, para desha
60 OLIVERIO TWIST.
cerse d« él, hace ofertas ventajosas, muy —¡Hem! murmuró Bumble; ¿qué quereis
ventajosas , amigo Sowerberry. decir !
Al hablar as , Bumble dirigia su baston ha —Paréceme, repuso Sowerberry, que si
cia el anuncio que ya sabemos , y daba tres pago mucho para los pobres , debo tener el.
golpes sobre las palabras cinco libras ester derecho de explotarlos lo mejor posible , ami
linas, impresas en letras mayúsculas de la go Bumble ; asf así , yo creo que ese chi
mayor dimension. co me convendria. ,
— A fe mia, contestó Sowerberry , co Al oír esto, el bedel cogió del brazo á So
giendo á Bumble por la galoneada solapa werberry y le hizo entrar en el asilo. El em
de su levita , que esto es precisamente de lo presario de las pompas fúnebres estuvo en
que queria hablaros. Sabeis pero qué bo - conferencia con los administradores durante
nito boton llevais , querido Bumble ! nunca os cinco minutos , y se convino que Oliverio en
lo habia visto. traria en su casa aquella misma tarde como
—Sf , no es feo , repuso el bedel , mirando por via de ensayo. Púsose por condicion, que
con orgullo los grandes botones de cobre que si al cabo de algun tiempo veia que el chico ,
adornaban su levita; tanto estos, como el se le reportaba con su trabajo mas de lo que
llo parroquial, representan á la buena Sama- costase su alimento, le tomaria por un deter
ritana curando al viajero herido. El consejo minado número de años con el derecho de
me hizo este regalo el dia de mi santo , y lo emplearle á su antojo.
estrené para asistir á la vista de una causa El pequeño Oliverio fué conducido pues
relativa á un mercader sin recursos , que mu aquella tarde ante los administradores , quie
rió cierta noche junto á una puerta cochera. nes le anunciaron que iba á entrar inmedia
—Ya me acuerdo , dijo Sowerberry ; el ju tamente en calidad de aprendiz en la casa de
rado declaró que habia muerto de hambre un fabricante de ataudes ; y que si por que
y de frio, ¡no es verdad! jarse de su posicion volvia á depender de
Bumble hizo una señal afirmativa. la parroquia, se le embarcaria para que se
—Y el veredicto anadia, continuó Sower ahogara ó le matasen á palos.
berry, que si el oficial de socorros... El niño no manifestó emocion alguna ; en
—Disparate ! exclamó el bedel con acento su vista , los señores del consejo convinieron
enérgico ; si el consejo hiciera caso de las en que era un galopín sin corazon , y dijeron
necedades de esos ignorantes jurados, ya á Bumble que se lo llevase inmediatamente.
estábamos frescos. Los administradores creian que el pobre
—Es verdad, replicó Sowerberry. Oliverio carecia de sensibilidad, y se extra
—Los jurados, dijo Bumble oprimiendo ñaban de ello, pues les inspiraba horror se
con fuerza su bastón , lo que era en él una mejante sentimiento ; pero en aquella ocasion
señal de cólera, los juradas son hombres sin engañábanse por completo, pues el pobre
educacion, tan viles como miserables ! huérfano era en extremo sensible. El hecho es
—Tambien es cierto, contestó Sowerberry. que á consecuencia de los malos tratamientos,
—Entre todos ellos , tienen tantas nociones hallábase en un estado tal de estupidez é idio
de filosofía y economia como la punta de mis tismo que causaba lástima.
dedos. Escuchó á los señores del consejo sin de
—Así lo creo. cir una palabra , cogió despues su pequeña
—Tío los desprecio, exclamó el bedel, cu equipo , que se reducia á casi nada , y encas
yo semblante se iba coloreando cada vez mas. quetándose la gorra dirigióse, cogido siem
—Y yo tambien , dijo Sowerberry. pre de la levita de Bumble , á un nuevo lu
—Yo quisiera tener á esos jurados durante gar de sufrimientos.
una semana ó dos en el asilo de mendicidad; En el momento de llegar á la casa , Bum
el reglamento de la administracion humillaria ble juzgó conveniente dirigir una mirada al
su orgullo. chico para ver si estaba presentable , y lo hi
—En fin , dejémosles en paz , replicó So zo con el aire que conviene á un protector
werberry , sonriendo amablemente para cal benévolo.
mar la cólera creciente del amostazado bedel. —1 Oliverio ! dijo Bumble.
Bumble se quitó el tricornio , sacó un pa —Señor, replicó el niño con voz débil y
ñuelo para limpiarse el sudor que la ira ha temblorosa.
cia correr por su frente, y volviéndose al —No os tapeis los ojos con la gorra , y le
empresario , le dijo con mas calma : vantad la cabeza.
—Pues bien ! i y el niño ! Oliverio obedeció al momento , y se pasó la
— ¡Oh! ya sabeis, amigo Bumble, contes mano por los ojos; pero una lágrima rodó
tó el fabricante de ataudes, que yo pago una por sus mejillas en tanto que el bedel le diri
fuerte contribucion para los pobres. gia una severa mirada. El niño quiso entonces
OLIVERIO TWIST. 61
dominarse , mas á pesar de sus esfuerzos , to y empujando á Oliverio por una escalera , al
do fué inútil; soltó la levita del bedel, y ta pié de la cual veíase un pequeño sótano oscu
pándose la cara , comenzó & verter un tor ro y húmedo , que recibía el nombre de coci
rente de lágrimas. na, le dijo :
— ¡ Bien ! exclamó Bumble, deteniéndose y —Vamos , baja pronto, pequeño esqueleto.
lanzando á su protegido una maligna mira Y dirigiéndose á una muchacha sucia y an -
da ; muy bien ! de todos los niños mas vicio drajosa, que era sin duda la criada, añadió:
sos é ingratos que jamás he conocido , eres... — Carlota, dale para comer á ese chico al
— No, no señor, exclamó Oliverio sollozan gunos de los restos que se apartaron para
do y oprimiendo la mano dej bedel ; no , no se Trip ; no ha vuelto á casa en todo el dia y
ñor; yo quiero ser bueno: sí, yo seré juicio creo que podrá pasar sin ellos. — ¿SupoDgo
so, señor!... soy tan jóven , señor, y soy que no les harás ascos, eh, chiquillo?
tan tan Oliverio cuyos ojos se iluminaron á la idea
— ¿Tan qué! preguntó Bumble admirado. de comer carne , y que anhelaba con ansia de
—Tan desgraciado , señor , exclamó el ni vorarla, contestó que no, y entonces pusié
ño ; todo el mundo me aborrece ; ¡ oh ! señor, ronle delante un plato de miserables sobras.
yo os lo ruego, no esteis enojado contra mi. Oliverio Tvrist se arrojó sobre aquellos res
Al decir esto el niño golpeábase el pecho tos , que el perro no hubiera querido , y co
sollozando y miraba al bedel con angustia. menzó & devorar con espantosa avidez lo que
Bumble contempló durante algunos mo contenia el plato.
mentos el triste y desolado aspecto de Olive — Ea! dijo la mujer, cuando Oliverio hubo
rio ; tosió dos ó tres veces como hombre que terminado su cena , á la que habia asistido
no sabe como salir del paso , y cogiendo al con silencioso terror , i concluyes ya !
niño de la mano , despues de mandarle que Como no quedaba nada que comer Oliverio
se limpiase los ojos , siguió su camino en si contestó que sí.
lencio. —Entonces ven conmigo, dijo la señora
El fabricante de ataudes acababa de cerrar Sowerberry.
las puertas de la tienda, é iba á inscribir al Y cogiendo una lámpara sucia y miserable,
gunas entradas en su libro de caja , á la luz condujo al chico al último tramo de la escale
de una mala vela , cuando entró Bumble. ra y le dijo :
— I Ah ! ¡ahí exclamó levantando los ojos —Tu cama es el mostrador : supongo que
y deteniendo la pluma á la mitad de una pa no tendrás miedo de dormir entre los ataudes,
labra ; sois vos , señor Bumble ! y si le tienes , tanto peor para tí , pues no
—En persona, señor Sowerberry, replicó dormirás en otra parte. —Vamos , date prisa
el bedel ; aquí teneis el chico. y no me tengas aquí toda la noche I
Oliverio hizo un saludo. Oliverio , sin replicar , obedeció dócilmen
— ¡ Ah ! este es el chico en cuestion , dijo el te á su nueva ama.
empresario de las pompas fúnebres , acercan
do la luz al rostro de Oliverio para verle me
jor ; señora Sowerberry , venid aquí un mo CAPÍTULO V.
mento, yo os lo ruego.
La esposa del empresario salid de una pe Oliverio hace nuevos conocimientos , y la pri
queña habitacion de la trastienda ; era una mera vex que asiste á un entierro forma
mujer pequeña y delgada, una verdadera una idea favorable de la profesion de su
bruja. amo.
—Querida mia , dijo Sowerberry con cierta
deferencia, hé aquí el muchacho de que os - Viéndose solo en la tienda del fabricante de
he hablado. ataudes, Oliverio puso la lámpara sobre un
Oliverio saludó de nuevo. banco y dirigió una tímida mirada en torno
— ¡Dios miol dijo ¡a mujer , ¡qué delgado suyoj, con un sentimiento de terror , que se
está ! comprenderia fácilmente aun en personas de
—En efecto, no es muy robusto, dijo el mas edad.
bedel , mirando severamente al chico como si Una caja sin concluir, colocada sobre dos
él tuviese la culpa; pero ya engordará, seño banquillos negros , ocupaba el centro de la
ra Sowerberry. habitacion, y era su aspecto tan lúgubre, que
— Sí , replicó la mujer, gracias á nuestra el pobre niño temblaba de miedo cada vez
comida; ¡qué ganancia ofrecen estos chicos que su mirada se dirigía hácia aquel sitio,,
de la parroquial Siempre cuestan mas de lo pues parecíale que iba á ver elevarse lenta
que valen. mente la cabeza de algun horrible fantasma ,
Al decir estas palabras , abrió una puerta; que le haría morir de espanto.
62 OLIVERIO TWIST.
A lo largo de la pared veiase una larga hi — i Necesitais algun ataud! preguntó Oli
lera de planchas de pinabete cortadas unifor verio ingenuamente.
memente , y que parecian otros tantos espec —Tú eres el que lo va á necesitar, si te
tros de grandes espaldas :• placas de metal, permites bromas con tus superiores, repuso el
virutas , clavos de cabeza dorada y pedazos muchacho. ¡No sabes quien soy, miserable
de paño negro , cubrian el suelo en revuelta huérfano ! añadió bajando del poste con edi -
confusión ; detrás del mostrador veiase pinta ficante gravedad.
do en la pared un bosquejo que figuraba dos —No señor, contestó Oliverio.
esqueletos á la puerta de una casa , y en se — Pues yo soy el señor Noé Claypole, y tú
gundo término un carro fúnebre arrastrado eres mi subordinado. Vamos , abre las puer
por cuatro caballos negros. La atmósfera pa tas, tunante.
recia hallarse cargada de cierto olor de ataud, Al mismo tiempo, Claypole, dando una pa
y el hoyo que ocupaba Oliverio debajo del tada á Oliverio, penetró en la tienda con cier
mostrador tenia todo el aspecto de una fosa. to aire de dignidad , que formaba extraño con
Aquel espectáculo lúgubre en lugar tan traste con su enorme cabeza, sus ojos peque
extraño, impresionaba fuertemente al niño, ños y su fisonomia estúpida.
lo cual nada tiene de particular, pues aun los Oliverio abrió las puertas, y al querer lle
mas valientes de entre nosotros acaso se afec var una tabla á un pequeño patio , donde se
tarian tambien en semejante situacion. guardaban durante el dia , tembláronle las
piernas bajo el peso y rompió un ladrillo ;
Oliverio no tenia ningún amigo por quien visto
interesarse ni que se interesara por él ; no te lo cual por Noé , fué á socorrerle para
tener el gusto de decirle , como por via de
nia que llorar la muerte de una persona consuelo,
amada , ó la ausencia de un ser querido ; y mentos bajó que ya lo pagaría A los pocos mo
sin embargo su tristeza era profunda. Al re Sowerberry , y despues su seño
ra, quien enterada de lo que habia pasado,
volverse en su dura cama, hubiera deseado realizó
hallarse en su ataud y dormir en el cementerio al pobreel Oliverio
pronóstico de Noé, háciendo pagar
con el eterno sueño de la muerte , arrullado le á la cocina parasuque torpeza, antes de enviar
almorzase.
por las auras y el fúnebre repicar de las cam -
panas. —Acercaos al fuego, Noé, dijo Carlota, al
ver al muchacho entrar en la cocina, seguido
A la mañana siguiente despertóle el ruido del nuevo aprendiz; acabo de apartar del al
de una furiosa patada en la puerta de la tien muerzo un buen pedazo de tocino para vos;
da , que se repitió veinte veces con cólera, tú , Oliverio , cierra la puerta y coge esos
mientras se vestia á toda prisa. Al correr los mendrugos que he dejado para tí encima del
cerrojos cesaron los golpes y se dejó oir una cofre; toma tu taza de té y vete á un rincon
voz. á despachar tu almuerzo porque es preciso
— i Abrirás la puerta! gritaban. que vayas pronto á cuidar de la tienda, ¡me
—Sí señor , al momento , replicó Oliverio, oyes!
dando vuelta á la llave en la cerradura — ¡Has oido, hospiciano! repitió Noé Clay
— ¿Eres tú el nuevo aprendiz, no es ver pole.
dad! preguntó la voz. — ! Qué cosas teneis, Noé! dijo Carlota;
—Sí señor, contestó Oliverio. ¡no podeis dejar á ese chico en paz!
— i Qué edad tienes! —! Dejarle en paz ! repuso Noé ; me parece
—Diez años , señor , contestó el niño. que todo el mundo le deja bastante ; no tiene
—Entonces voy á sacudirte ; ya verás, mi padre ni madre que se ocupen de él, y sus
serable bastardo ! parientes le desconocen. Jal jal
Dicho esto, la voz comenzó á silbar! — ¡ Socarron ! exclamó Carlota riendo á car
Oliverio habia experimentado hartas veces cajadas.
los efectos de semejantes promesas para du Noé tomó parte en la hilaridad de Carlota,
dar de que el que hablaba cumpliria su ame y ambos dirigieron una mirada desdeñosa al
naza , y corriendo el cerrojo con temblorosa pobre Oliverio , que sentado sobre el cofre,
mano, abrió la puerta. comia los mendrugos reservados especialmen
Miró un momento la calle á derecha é iz te para él.
quierda, y como no viese á nadie mas que Noé era un muchacho de la casa de cari
6 un robusto muchacho de la escuela de cari dad , pero no del asilo, y en consecuencia no
dad , que sentado en un poste romia con avi era expósito, pues podia hacer remontar su
dez una rebanada de pan y manteca, dirigióse genealogia hasta su padre y su madre, que
á él y le dijo - habitaban cerca de allí.
—Perdonad, ísois vos quien ha llamado! Su madre era lavandera, y su padre , anti
—He dado patadas, replicó el otro. guo soldado, borracho, y retirado del servicio
OLIVERIO 1WIST. 63
con una pierna menos, disfrutaba una pension —Sus facciones tienen una expresion de-
de dos peniques y medio diarios. tristeza, que le dan cierto aire interesante ;
Desde hacia mucho tiempo, los muchachos seria un excelente mudo (1) , amiga mia.
del barrio habian tomado la costumbre de La señora Sowerberry levantó la cabeza en
apostrofar á Noé con las palabras mas injurio señal de asombro ; notólo el marido, y sin de
sas, que él sufrió siempre sin decir palabra; jarla tiempo para hacer ninguna observacion,
P ero ahora que la fortuna le deparaba un po- continuó :
b re huérfano sin nombre , á quien todos po — No un mudo para acompañar los grandea
dían despreciar , veDgábase con usura. Hé cortejos, amiga mia, sino para los entierros
aquí un ejemplo interesante que se presta á de niños ; seria una novedad tener un mudo
graves reflexiones, pues vemos bajo qué pris cuyos pocos años estuviesen en relacion con
ma tan bello se muestra á veces la naturaleza la edad del difunto. Estad segura que esto po
humana, y con qué semejanza unas mismas drá ser de un grande efecto.
cualidades se desarrollan así en los mas no La señora Sowerberry, que mostiaba un
bles caballeros como en los seres mas viles de gusto exquisito en los asuntos relativos á las
la sociedad. pompas fúnebres , quedó admirada de la no
Tres semanas hacia que Oliverio estaba en vedad de aquella idea ; pero como hubiera
casa del empresario de las pompas fúnebres, comprometido su dignidad aprobando á su ma
y los esposos Sowerberry cenaban en la tras rido , contentóse con preguntarle con mucha
tienda, cuando el marido, despues de mirar á acritud , cómo era que no le habia ocurrido
su mujer durante algunos instantes con el antes.
mayor respeto, entabló la conversación. El señor Sowerberry dedujo con razon, que
—Amiga mia su propuesta habia sido bien acogida , y se
Iba á continuar ; pero la señora Sowerberry acordó en el acto, que Oliverio fuese iniciado
le lanzó una mirada tan enojosa, que se de desde luego en los misterios de la profesion,
tuvo. para cuyo objeto acompañaría á su amo á la
—Y bien, i qué hayl le preguntó. primera oportunidad.
— Nada, amiga mia, nada absolutamente, Esta no se hizo esperar. Al dia siguiente
dijo el señor Sowerberry. por la mañana, despues del almuerzo , el se
— lBahl sois un necio! ñor Bumble entró en la tienda , y apoyando
—Nada de eso , dijo Sowerberry con hu su baston contra el mostrador, sacó del bolsi
mildad ; creí que no queríais escucharme ; iba llo su cartera de cuero , y de ella un pedazo
á decir solamente de papel, que entregó á Sowerberry.
—Guardaos lo que teníais que decirme, in — ¡ Ah ! exclamó el empresario recorriéndo
terrumpió la mujer; yo no soy aquí nadie, y le con la vista con aire satisfecho ; ¿ es un pe
no debeis consultarme ; no me acomoda me dido, eh?
terme en vuestros negocios. 1Lo habeis oidol —Sí, se necesita en primer lugar un ataud,
Así diciendo, la señora Sowerberry prorum- y además un entierro parroquial , contestó
pió en una" carcajada nerviosa, que hacia te Bumble cerrando su cartera.
mer graves consecuencias. —¿Bayton! murmuró Sowerberry, sin apar
—Pero, amiga mia, murmuró el marido, tar su mirada del papel; esta es la primera
necesito vuestro consejo. vez que oigo semejante nombre, amigo Bum
— No, no; ¡qué os importa mi consejo ! ble.
murmuró la mujer con acento irónico ; pedid —Me parece que ha de ser una familia de
selo á otros. testarudos , y lo que es peor , de orgullosos,
Y lanzó una segunda carcajada , de las que contestó Bumble.
tanto asustaban á Sowerberry. — Orgullosos! repuso Sowerberry con una
En esto seguía la política comun á todas las sonrisa burlona; ¡oh! eso es ya decir mucho.
mujeres , que es la que con mas frecuencia —Es cosa que da lástima, que inspira com
obtiene buen resultado : obligaba á su marido pasion.
*á solicitar como un favor el permiso de decirla —Convenido, replicó Sowerberry.
lo que estaba deseando saber; y despues de. —Nosotros no habiamos oido hablar de esa
una cuestion que no duró mas de tres cuartos familia hasta antes de anoche, dijo el bedel, y
de hora , concedióle generosamente dicho per nada sabríamos, si una mujer, que vive en la
miso. misma casa, no se hubiese dirigido al comité
— Quería hablar de Oliverio , dijo Sower
berry ; i sabeis que ese chico tiene muy buen
aspecto ! (4) Se da el nombre de mudos (mufes) k los hombres que
— I Vaya una gracia ! con lo que come, bien permanecen á la puerta de una casa mortuoria J que acompañan
puede estar lucido. el lortejo fúnebre.
64 OLIVERIO TWIST.
parroquial suplicando que se enviara al ciru pues por una callejuela estrecha, mas sueja y
jano para visitar á una señora que estaba muy miserable que las demás, detuviéronse al fin
mala. Desgraciadamente aquel habia salido ; para buscar con la vista la casa adonde iban.
pero su ayudante , que es un muchacho muy En ambos lados de la calle, las casas eran al
hábil y listo , les envió una botella de medi tas y grandes, pero muy viejas, y ocupadas
cina. por gente de la clase mas pobre, como lo in
—Eso es lo que se llama prontitud, dijo dicaba suficientemente su mísero aspecto; sin
Sowerberry. que para confirmar esta opinion fuese necesa
—Es claro, repuso el bedel; pero ¡qué su ria la presencia de cierto número de hombres
cedió! — ¿Sabeis hasta qué punto ha llegado y mujeres , que con los brazos cruzados atra
la ingratitud de esos necios! — Pues sabed que vesaban de vez en cuando de un punto á otro
el marido envió á decir que aquella medicina furtivamente. En la mayor parte de las casas,
no eia conveniente para la enfermedad de su veianse tiendas herméticamente cerradas y en
mujer, y que por lo tanto no la tomaria. estado ruinoso, notándose que solo en los pi
¿Comprendeis esto! que no la tomaria! Una sos superiores vivia gente; algunas de las pri
medicina excelente , enérgica, saludable, que meras , que amenazaban hundirse , estaban
se administró con éxito , no hace ocho dias, á apuntaladas por gruesas vigas sólidamente su
dos albañiles y un mozo de cordel. ; Compren jetas en el suelo y las paredes, y debian ser
deis esto, caballero ! vir seguramente para refugio de los vagabun
Y como la enormidad de semejante conduc dos durante la noche, pues muchas de las ta
to se presentase con toda su fuerza á la ima blas con que se cubrían las ventanas y las
ginacion de Bumble, este, montado en cólera, puertas , habian sido arrancadas con el objeto
dió un terrible bastonazo sobre el mostrador de dejar una abertura suficiente para pasar el
tornándose rojo de indignacion. cuerpo. Por el arroyo corria un agua sucia y
— 1 Oh! exclamó Sowerberry, jamás en mi corrompida, y aun las mismas ratas qu - sal
vida... taban entre la basura eran sumamente escuá
^ — i No, jamás! gritó el bedel; jamás se ha lidas.
cometido semejante infamia ; pero ya que ha En la puerta donde se detuvieron Oliverio
muerto esa mujer, es preciso enterrarla; hé y su maestro, no habia llamador ni campani
aquí las señas : cuanto antes será mejor. lla, y Sowerberry, deslizándose á tientas por
Y el señor Bumble, en un acceso de cólera, un oscuro pasadizo, dijo á su aprendiz que le
se puso el tricornio al revés y se lanzó fuera de siguiera sin tener miedo. Llegados al primer
la tienda. piso tropezaron con una puerta en la que lla
—Ya lo ves , Oliverio , estaba tan furioso, maron con suavidad.
que se le ha olvidado preguntar poi tí, dijo En el momento abrió una muchacha de
Sowerberry, siguiendo con la vista al bedel, trece á catorce años , y Sowerberry , cono
que caminaba á largos pasos. ciendo por el aspecto de la habitacion que era
—Es verdad , señor , murmuró Oliverio, allí donde tenia que ir, entró seguido de Oli
que se habia apartado prudentemente durante verio.
la entrevista, y que temblaba de miedo al so No habia fuego en el cuarto ; veiase en pri
lo recuerdo de la voz del señor Bumble. mer término un hombre recostado contra la
Era sin embargo inútil que tratase de evi estufa apagada ; á pocos pasos una anciana
tar la vista del bedel, pues este funcionario, sentada en un taburete; en un rincon varios
sobre el cual habia causado honda impresion chiquillos harapientos, y últimamente, en el
el pronóstico del señor del chaleco blanco, fondo, frente á la puerta, yacia en el suelo un
pensaba que ya que el empresario de las pom objeto envuelto en una raida cubierta. Estre
pas fúnebres se habia encargado de Oliverio mecióse Oliverio al mirar hácia aquel lado y
por via de ensayo, era mejor no abordar la se estrechó contra su maestro , pues á pesar
cuestion hasta que el chico se escriturase por de la cubierta , adivinaba que aquello era un
un período de siete años , en cuyo caso no se cadáver.
corria el peligro de tenerle otra vez á cargo El hombre era pálido y flaco ; tenia los ojos
de la parroquia. inyectados, y la barba y los cabellos grises;
— vamos, dijo Sowerberry, cogiendo el la mujer, cuyo rostro estaba surcado por pro
sombrero, cuanto antes concluyamos será me fundas arrugas, tenia ojos pequeños y pene
jor. Noé, atencion á la tienda; tú, Oliverio, trantes, y su boca solo conservaba dos dien
ponte la gorra y sigueme. tes, que lesalian sobre el labio inferior. Oli
El muchacho obedeció sin replicar, y siguió verio tuvo miedo de mirar á estos dos per
á su maestro, en el ejercicio de su profesion. sonajes, que le recordaron las ratas flacas
Caminaron algun tiempo á través del bar que viera en la calle.
rio mas populoso de la ciudad, y bajando des- — ! Nadie la tocará! gritó el hombre al ver
OLIVERIO TWIST. 65
-é Sowerberry acercarse. ¡Atrás! ¡ atrás 1 os abrigue bien, porque hace mucho frío. Tam
digo, si teneis en algo vuestra vida. bien deberiamos tomar un bizcocho y un poco
— ¡Dejaos de tonterias, buen hombre! re de vino antes de marchar ; pero no importa,
plicó Sowerberry, que estaba acostumbrado enviadnes pan, nada mas que un pedazo de
4 ver la miseria bajo todas sus formas; ¡de pan y un vaso de agua, i Nos enviareis pan,
jaos de tonterías! amigo mio 1 preguntó la anciana con ansiedad,
—Os repito, repuso el hombre, cerrando cogiéndose á la levita de Sowerberry, que
los puños y golpeando el suelo con furor, os abría la puerta.
repito que no quiero que se la entierre. Allí — Sí, sí, repuso Sowerberry, ya se os dará
no podría dormir, y los gusanos la atormen alguna cosa ; todo lo que necesiteis.
tarían sin encontrar que comer. ¡Está tan Y desprendiéndose de manos de la anciana,
descarnada ! lanzóse á la calle, seguido de Oliverio.
Sowerberry no quiso contestará aquel hom Al dia siguiente, y habiendo recibido ya la
bre delirante, y sacando un cordon del bolsi familia el socorro de un pan de dos libras y
llo, arrodillóse un momento junto al cadáver. un pedazo de queso, que llevó el mismo
— ¡Ah! exclamó el hombre rompiendo á Bumble en persona, Oliverio y su amo vol
llorar y arrojándose á los piés de la pobre vieron á aquella miserable vivienda, donde les
muerta ; poneos todos de rodillas al rededor habia precedido el bedel, acompañado por
-de ella, y escuchadme. Esta mujer ha muerto cuatro hombres del asilo de mendicidad, que
de hambre, sí, de hambre ; hasta el momento debian conducir el cadáver. Un raido manton
•en que se apoderó de ella la fiebre, no supe y una vieja capa negra cubrieron los harapos
lo mala que estaba; pero entonces ya los de la anciana y el marido.
huesos le atravesaban la piel, y como no te- Inspeccionado el ataud, cargáronsele los mo
n amos fuego ni luz, ha muerto en las tinie zos á cuestas y bajaron á la calle.
blas, sí, en las tinieblas ; no ha podido ver el —Ahora, buena anciana, tratad de avivar
semblante de sus hijos, mas oiamos que los el paso, dijo en voz baja Sowerberry; nos
llamaba en los últimos momentos de su ago hemos retrasado y es preciso no hacer aguar
nia. Fui á la calle á pedir limosna y me me dar al sacerdote. . . Adelantad, muchachos, to
tieron en la cárcel; á mi vuelta ya estaba es do lo mas aprisa que podais.
pirando y mi corazon se desgarró al ver que
la babian dejado morir de hambre. Juro ante Los cuatro hombres apretaron el paso, en
Dios, que ha sido testigo de ello, que ha tanto que la anciana y el hombre los seguian
muerto de hambre ! con trabajo. Bumble y Sowerberry iban
Al decir estas palabras, arrancóse el hom delante, y Oliverio, con sus pequeñas pier
bre los cabellos, lanzó un grito horrible y se nas, corría al lado del convoy.
revolcó por el suelo con los ojos extraviados No era sin embargo tan urgente el apresu
y los labios cubiertos de espuma. rarse, como habia dicho Sowerberry, pues
Asustados los niños, echaron á llorar ; pero cuando llegaron al oscuro rincon del cemen
la anciana, que habia permanecido inmóvil y terio, donde crecen las ortigas y se hallan las
•como extraña á lo que pasaba á su alrededor, fosas de la parroquia, no estaba aun el sacer
los amenazó para que callaran. Desatando dote, y el sacristan dió á entender que aun
despues la corbata del hombre que yacia por tardaria una hora en venir. En su consecuen
•el suelo, adelantóse vacilando hácia Sower cia, depositóse la caja junto á la fosa ; el hom
berry. bre y la mujer aguardaron pacientemente
— ¡ Era mi hija ! exclamó, fijando su mira azotados por una lluvia fiia y penetrante,
da en el cadáver, y con el aire extraviado de mientras que algunos chicos, atraidos por la
nna idiota, mas hedionda aun que la muerte curiosidad, jugaban al escondite detrás de las
misma. ¡Dios mio! ¡Dios mio! decir que yo, tumbas. Sowerberry y Bumble, amigos Inti
que la he dado el ser, estoy aquí sana y bue mos del sacristan, se calentaban al fuego, le
na, mientras que ella yace yerta y fría en ese yendo un periódico.
rincon. ¡ Dios mio ! me está pareciendo un Al fin, despues de una hora de espera,
sueñe ! un verdadero sueño ! Bumble, Sowerberry y el sacristan se diri
Mientras que la vieja murmuraba estas pa gieron apresuradamente hácia la fosa, y al
labras con una espantosa sonrisa, Sowerberry mismo tiempo apareció el cura, que se iba po
se disponia á salir. niendo la casulla por el camino. Bumble re
—Esperad ! esperad ! dijo la anciana esfor gañó á dos ó tres chicos para salvar las apa
zando su cascada voz, ¡es el entierro mañana, riencias, y el respetable eclesiástico, despues
pasado mañana, ó esta tarde ! Yo la he amor do haber leido el oficio de difuntos en cuatro
tajado y debo acompañarla; i no es verdad! minutos, se fué, entregando antes su casulla
Enviadme un buen pañuelo, un pañuelo que al sacristan.
T. TI. S
66 OLIVERIO TWIST.
—Ahora, Bill, haz tu oficio, dijo Sower- cuales iba siempre el pequeño Oliverio con un
berry al sepulturero. sombrero guarnecido de un negro crespon que
El trabajo no era penoso, pues hallábase le caia hasta las rodillas, cosa que causaba el
tan llena la fosa, que el último ataud estaba asombro de todas las madres.
á muy pocos piés del nivel del 3uelo. El se Oliverio acompañaba tambien á su maestro
pulturero arrojó sobre la caja algunas pale á la mayor parte de los entierros de adultos,
tadas de tierra, que apisonó despues, echóse á fin de adquirir esa impasibilidad é indife
la herramienta al hombro, y se alejó, seguido rencia completa, que son tan necesarias á un
de los chicos, que se quejaban de que hubiese cumplido enterrador, y tuvo á menudo oca
sido tan corta la diversion. sion de observar la resignacion y fuerza de
—Vamos, venios, buen hombre, dijo Bum- alma con que las gentes de ánimo esforzado
ble, golpeando suavemente la sspalda del des saben sobrellevar la pérdida de sus parientes.
graciado; ya van á cerrar el cementerio. Así que, cuando se encargaba á Sowerberry
El pobre viudo, que no se habia movido un entierro para cualquiera persona vieja ó-
-desde que llegara á la fosa, se estremeció, rica, que tenia un gran número de sobrinos y
alzó la cabeza, y mirando fijamente al que le sobrinas, los cuales durante la última enfer
hablaba, cayó desvanecido despues de dar al medad se habian mostrado inconsolables, sin
gunos pasos . poder contener su dolor en público, veialos
La anciana estaba demasiado preocupada Oliverio en su casa tan felices como era posi
con la pérdida de su manton, que habia reco ble, alegres, satisfechos, y conversando juntos
gido ya Sowerberry, para atender á otra co con la misma serenidad de espíritu que si no
sa; hízosele al hombre volver de su desmayo hubiesen experimentado pérdida alguna. Al
-con un cubo de agua fria, se le depositó sano gunos maridos sobrellevaban con una calma
y salvo fuera del cementerio; y despues de admirable la pérdida de sus esposas; las mu
haber cerrado la puerta con llave, se fué cada jeres por su parte al vestir luto por sus ma
uno á su casa. ridos, tenian siempre cuidado de que su tra
—Y bien, Oliverio, ¡qué te ha parecido lo je tuviese el mayor atractivo posible, sien
que has visto! do de notar que todos aquellos cuyo dolor ha
— Bastante bien, señor, os doy gracias, bia sido mas vehemente en el entierro, se cal
contestó el chico vacilando mucho ; no , no muy maban mas pronto al entrar en su casa, ha
bien, señor. llándose completamente repuestos antes de
— ¡ Bah ! ya te acostumbrarás, Oliverio, llegada la hora de tomar el té.
repuso Sowerberry; todo es empezar, que Este espectáculo, á la vez curioso y conso
luego eso ya no es nada. lador, excitaba el asombro de Oliverio.
Oliverio hubiera querido saber si su amo No puedo afirmar con certeza en mi calidad
habia necesitado mucho tiempo para acostum de biógrafo, que el ejemplo de aquellas bue
brarse; pero creyó prudente no aventurar la nas gentes hubiese dispuesto á Oliverio á la
pregunta, y se fué á la tienda, llena la ima resignacion ; pero es lo cierto que continuó
ginacion con lo que acababa de ver y oir. durante muchos meses sufriendo paciente
mente la dominacion y los malos tratamientos
de Noé Claypole, que excitado por la envidia
CAPITULO VI. que le causara ver al nuevo aprendiz con su
sombrero de crespon y un baston negro,
mientras él llevaba siempre su raida gorra y
Oliverio, apurada la paciencia por los sar su calzon de piel como hijo de la caridad, le
casmos de Noé, empeña una lucha y vence pegaba cada vez ma3. Carlota, por su parte,
á su enemigo. maltratábale tambien por imitar á Noé, y la
señora Sowerberry era su enemiga declarada,
Al cabo de un mes de prueba, Oliverio fué porque su marido queria al pobre chico. Te
aprendiz de hecho, época, precisamente, en niendo pues que luchar contra aquella liga, y
que hubo una buena cosecha de epidemia, ó contra el disgusto que le inspiraban los fune
en estilo comercial, en que los ataudes esta rales, Oliverio no estaba, ni con mucho, tan
ban en aha, y en el espacio de algunas sema contento como el raton de la fábula en su
nas, Oliverio adquirió mucha práctica. El queso de Holanda.
éxito de la ingeniosa idea de Sowerberry, so Llego ahora á un hecho muy importante en
brepujaba á sus esperanzas. Los mas ancianos la historia de Oliverio, y voy á hablar de una
no recordaban haber visto jamás desarrollarse accion, rue acaso parezca á primera vista in
la viruela en tal grado de intensidad, ni ser diferente, pero que modificó y cambió por
tan mortífera para los niños; numerosos fue completo su porvenir.
ron los cortejos fúnebres á la cabeza de los Oliverio y Noé bajaron un dia juntos á la
OLIVERIO TWIST. 67
cocina, á la hora de comer, para regalarse con muerto, pues sino , acaso la hubieran metido
una tajada de carnero ; pero Carlota habia sa en la cárcel, 6 ahorcado , que es mas proba
lido, y durante su ausencia, el buen Noé, ble.
hambriento y vicioso, creyó que en nada po Con el rostro enrojecido por la cólera, Oli
día pasar mejor el tiempo, que en atormentar verio dió un salto ; derribó la silla y la mesa,
á Oliverio. y agarrando á Noé por el cuello , sacudióle
Para proporcionarse esta inocente diver con tal vigor , que rechinaban sus dientes ;
sion, Noé puso los piés sobre el mantel, y reuniendo despues todas sus fuerzas, aplicóle
cogiendo del cabello á Oliverio, le pellizcó las un golpe tan rudo que tendió á su enemigo en
orejas, llamándole hospiciano. Djole tambien el suelo.
que pensaba ir algun dia á verle ahorcar, y Un momento antes , aquel niño , agobiado '
no hubo en fin injuria que no se permitiese. por los malos tratamientos , era la dulzura
Pero como nada de esto hiciera llorar á Oli misma; pero su valor se habia despertado al
verio, Noé ensayó un medio mas ingenioso, é fin ; el ultraje hecho á la memoria de su ma
hizo lo que otras muchas inteligencias mas dre le habia puesto fuera de si. Su corazon
célebres que la de Noé, hacen diariamente latía cen violencia ; con los ojos chispeantes,
para caer en gracia ; recurrió á las persona la mirada de reto y el rostro animado, su ac
lidades. titud era imponente, y hallábase trasfigurado
— ¡Bastardo! exclamó Noé; ¿cómo está tu por completo. Al ver á sus piés á su cobarde
madre? enemigo, desafiábale con una energía de que
— Ha muerto, repuso Oliverio ; os ruego no se le hubiera creido capaz.
que po me hableis de eso. — I Al asesino ! gritaba Noé; Carlota, se
Ruborizóse el chico al docir estas palabras; ñora! el aprendiz me asesina; socorro! so
su respiracion era precipitada, y al ver la con corro I Oliverio está furioso ! Car... Iota!
traccion de sus labios y narices, Claypole A los gritos de Noé , contestó Carlota con
creyó que iba á llorar y volvió á la carga. un grito penetrante, y la señora Sowerberry
— i De qué ha muerto tu madre! le pre con otro mas penetrante todavía ; la primera
guntó. se lanzó á la cocina por una puerta lateral, y
—De desesperacion, segun me han dicho, la segunda se detuvo en la escalera para ase
dijo Oliverio como hablándose á si mismo ; y gurarse de que no exponía su vida si iba mas
creo comprender lo que es morir asi ! léjos.
— ¡Tral tral tral miserable hospiciano ! re — IAh! miserable! gritó Carlota, estre
plicó Noé viendo una lágrima surcar la me chando á Oliverio con toda su fuerza , que
jilla del niño; pues ¿qué te hace lloriquear podía igualarse á la de un hombre robusto ;
ahora t I ah ! ingrato ! asesino ! monstruo !
— No sois vos, repuso Oliverio , enjugando Y á cada palabra, Carlota descargaba so
presuroso la lágrima que corría por su rostro; bre Oliverio un furioso golpe acompañado de
no creais que sois vos. un grito agudo , para mayor gloria de la so
— I Ah ! i con que no soy yo ! dijo Noé con ciedad cuya causa tomaba en mano.
ironía. El puño de Carlota no era nada ligero ;
—No, no sois vos, replicó Oliverio con se pero en el temor de que no fuese suficiente
quedad : vamos, ya basta ; no añadais una pa"- para calmar la cólera de Oliverio , la señora
labra mas sobre mi madre ; es lo mejor que Sowerberry se aventuró á penetrar en la co
podeis hacer. cina, y cogiendo con una mano al chico , le
—¡ Lo mejor que puedo hacer ! exclamó arañó con la otra el rostro. En fin, Noé,
Noé ; vaya, no te hagas el insolente , misera aprovechándose de las ventajas de su posicion,
ble huérfano. ¿Parece que tu madre era una y despues de haberse levantado, descargó so
mujer hermosa, ehl bre Oliverio una lluvia de golpes.
Y Noé movió la cabeza de una manera ex Este ejercicio era demasiado violento para
presiva , frunciendo la nariz con toda su que durase mucho ; cuando todos tres estu
fuerza. vieron cansados , arrastraron al chico , que
—Bien sabes , pobre huérfano , continuó gritaba y se revolvía furioso, hasta la cueva ,
Noé, animado por el silencio de Oliverio , y donde le encerraron con llave; despues, la
con acento de fingida compasion , bien sabes señora Sowerberry dejóse caer sobre una silla
que no eres nada y que nadie te quiere ; su y se deshizo en llanto.
pongo sabrás que tu madre era una ramera ! ¡Dios mío! se va á desmayar, dijo Car
—¿Cómo decís! exclamó Oliverio levan lota. Noé, amigo mio, traed corriendo un va
tando la cabeza. so de agua.
—Una verdadera ramera , repitió Noé con — ¡Oh! Carlota! murmuró la señora So
fr'aldad; y por fin, vale mas que se haya werberry con voz débil, mientras que Noé le
68 OLIVERIO TWIST.
echaba agua fria por la espalda para hacerla Noé con tal fuerza y fingiendo tal terror,
volver de su desmayo ; ¡ oh ! Carlota ! ¡ qué que el bedel se lanzó al patio , olvidando su
suerte hemos tenido en no ser todos asesina tricornio y todo alarmado; joh! señor Bum
dos ! ble; es Oliverio, señor, es Oliverio que ha...
— i Ah ! mucha suerte, señora , repuso Car — ; Cómo! cómo! interrumpió el bedel con
lota ; espero que el amo aprenderá con esto á una indecible expresion de alegria; íse ha
no recibir en su nasa á esos seres terribles, escapado , Noél ¿se ha escapado!
que no han nacido sino para el asesinato y el —No, no señor , no se ha escapado ; pero
robo, i Pobre Noé ! estaba ya casi muerto se ha hecho muy malo, repuso Noé. —Ha
cuando yo entré en la cocina. querido asesinarme, señor, y despues ha tra
— ¡ Pobre chico ! repitió la señora Sower- tado de matar á Carlota y á la señora. ¡Oh!
berry, dirigiendo al aprendiz una mirada de ¡ cuánto sufro ! ¡ oh ! señor , ¡ qué dolores !
compasion. Y asi diciendo, Noé se retorcia en todos
Noé, que era mucho mas alto que Oliverio, sentidos como una anguila , para hacer creer
se frotaba los ojos con la palma de la mano, al bedel, que en el ataque violento y feroz de
en tanto que compadecian su suerte , sollozan Oliverio Twist , habia experimentado alguna
do lo mejor posible. grave lesion interna que le hacia sufrir atro
>— i Qué haremos ! exclamó la señora So- ces dolores.
Werberry ; mi esposo ha salido , y como no Cuando Noé vió el efecto que sus palabras
hay ningun hombre en casa , Oliverio va á causaban en el señor Bumble , quiso conmo
echar la puerta abajo antes de diez minutos. verle aun mas, lamentándose de sus heridas
Las violentas sacudidas que daba Oliverio con mas fuerza que antes; y como viera en
á la puerta de la cueva hacian en efecto este aquel momento atravesar el patio á un caba
resultado bastante probable. llero de chaleco blanco , comenzó á gemir de
— ¡Dios mio ! Dios mio ! no sé qué hacer , la manera mas dramática, por creer que seria
señora , dijo Carlota Si llamásemos á la de mucha importancia llamar la atencion de
policia ! aquel personaje.
—O á la guardia , añadió Noé. La atencion de este, en efecto, se despertó
—No, no, dijo la señora Sowerberry, acor bien pronto, pues en vez de seguir su cami
dándose del antiguo amigo de Oliverio ; Noé, no , volvióse bruscamente y preguntó por
corre á buscar al señor Bumble , y dile que qué aullaba aquel jóven mastín y por qué no
venga al momento sin perder un minuto. Des se le corregia con algunos golpes para que ar
páchate , y si quieres que te se baje un poco ticulase mejor sus quejas.
esa hinchazon no tienes mas que aplicar so —Es un pobre muchacho de la casa de ca
bre el ojo la hoja de un cuchillo. ridad , señor , replicó Bumble , que ha estado
Noé se lanzó á la calle sin aguardar mas : á punto de ser asesinado por el jóven Olive
las gentes que pasaban á su lado se admira rio. No se ha escapado de mala.
ron de ver á un chico de la casa de caridad, —¡Pardiez! estaba seguro de ello, excla
correr hasta perder el aliento, sin gorra y con mó el del chaleco blanco]; tuve desde el prin
un cuchillo sobre el ojo. cipio el presentimiento singular de que ese
jóven salvaje acabaria en la horca.
—Tambien ha querido asesinar á la criada,
capítulo vn. dijo el bedel , pálido de espanto .
—Y á la señora , añadió Noé.
—Y despues al amo , i no es cierto , hijo
Oliverio persiste en su rebelion. mío! preguntó Bumble.
— No , porque habia salido ; pero dijo que
Noé Claypole corrió á mas no poder, y no queria matarle.
se detuvo hasta llegar á la puerta del asilo de — ¡ Ah! l con que ha dicho eso, muchacho t
mendicidad. Espero un momento á fin de re replicó el del chaleco blanco.
novar, sus sollozos y dar á su rostro una ex —Sí señor, repuso Noé, y mi señora me en
presion de dolor violento, y hecho esto, lla via para preguntar si podrá venir al momento
mó á la puerta estrepitosamente. Abrióle un el señor Bumble para castigar á Oliverio,
anciano , y Noé le presentó una cara tan com pues el amo ha salido.
pungida , que el pobre hombre , aunque acos —Ciertamente , hijo mio , dijo el señor del
tumbrado á verlas diariamente, hizo un ade chaleco blanco sonriendo con bondad , y pa
man de asombro. sando su mano por la cabeza de Noé , que
— i Qué le habrá sucedido á este chico ! di era lo menos tres pulgadas mas alto que él ;
jo el pobre viejo. tú eres un bravo mozo , un buen chico, y hé
— ! Señor Bumble! señor Bumble! gritaba aquí un penique por tu trabajo. Señor Bum
OLITBBIO TW1ST. 69
ble , añadid , tomad vuestro baston é id á berry, elevando los ojos hácia el techo de la
casa de Sowerberry. Zurrad bien á ese tu cocina ; hé aquí lo que tiene el ser genero
nante y no le dispenseis en lo mas mínimo. sa !
—No señor , ciertamente que no , repuso el La generosidad de la señora Sowerberry
bedel , ajustando un látigo al extremo de su hácia Oliverio consistiia en darle siempre los
baston. . restos que nadie habia querido ; pero con una
—Decid á Sowerberry que no le perdone abnegacion sublime sufrió en silencio la acu
nada, pues de lo contrario , nunca se hará car sacion lanzada por el bedel, de la que se creia
rera con ese chico. Necesita muchos golpes inocente , de pensamiento , de accion y de pa
para corregirse. labra.
—Así lo haré, señor, contestó Bumble. —Escuchad , continuó Bumble , lo único
Y despues de haberse calado el tricornio y que debe hacerse ahora, en mi sentir, es de
cogido su baston, el bedel, seguido de Clay- jarle en la cueva un dia ó dos hasta que el
pole , tomó apresuradamente el camino que hambre le debilite , y ponerle despues en li
conducia á la casa del empresario de las pom bertad , teniendo cuidado de no darle mas
pas fúnebres. que puches mientras dure su aprendizaje Ese
La situacion no habia mejorado ; la señora chico es hijo de padres muy irritables, señora
Sowerberry y Carlota hicieron tan exagerada Sowerberry ; la nodriza y el médico me han
pintura acerca de la ferocidad del aprendiz, dicho, que su madre llígó aquí despues de in
que el bedel creyó prudente parlamentar antes mensos trabajos y fatigas , capaces de matar
de abrir la puerta. Comenzó pues por dar una á cualquiera mujer tana y robusta.
patada, á guisa de exordio , y aplicando des Aquí llegaba el señor Bumble en su dis
pues la boca á la cerradura, dijo con voz curso, cuando Oliverio, que oia lo bastante
fuerte é imponente : para comprender que se hablaba de su ma
— ¡Oliverio! , dre , volvió á descargar patadas en la puerta
—Vamos , abridme la puerta ! contestó el con tal fuerza que no dejaba á nadie enten
chico. derse.
— i Reconoces la voz que te habla, Olive En aquel momento llegó Sowerberry, y ha
rio ! preguntó Bumble. biéndole referido el atentado de Oliverio con
—Sí, replicó. toda la exageracion que las mujeres creyeron
—¿Y no estáis aterrado , caballerato? ¡no propia para hacerle montar en cólera , abrió
temblais á mi voz! preguntó Bumble. al momento la puerta de la cueva , é hizo sa
— ¡No! repuso valerosamente Oliverio. lir , cogiéndole por el cuello , al rebelde apren
Una respuesta tan distinta á la que espera diz.
ba, y á Ja que no estaba acostumbrado , hizo La ropa de Oliverio se habia desgarrado en
vacilará Bumble. Separóse de la puerta, é la lucha ; tenia el rostro lleno de arañazos y
irguiéndose con importancia , contempló á los los cabellos en desórden sobre la frente; pe
tres testigos de aquella escena sin pronunciar ro su cólera no se habia disminuido, y al salir
una palabra. de la cueva , léjos de parecer intimidado, lan-
—Ya lo veis, amigo Bumble, dijola señora zC á Noé una mirada amenazadora.
Sowerberry ; es preciso que se haya vuelto —Eres todo un guapo chico ! exclamó So
loco , porque al fin un niño no se atreveria á werberry dando un bofeton á Oliverio.
contestaros así. —Ha ultrajado á mi madre, replicó Oli
—No es la locura, señora , la causa de este verio.
cambio, repuso Bumble despues de algunos — ¡Y bien! aun cuando así fuese... mise
momentos de reflexion, es la carne. rable arrapiezo , dijo la señora Sowerberry,
— i Cómo! exclamó la señora Sowerberry. todavia no ha dicho bastante de ella, y se me
—Sí señora, la carne, la carne, repitió el rece mucho mas.
bedel con tono magistral ; le habeis alimenta —No señora, contestó el chico.
do con exceso, haciendo nacer en él un alma —¡ Oh ! seguramente que sí. <
y un espíritu artificial , que no conviene á — O3 digo que mentís ! exclamó Oliverio.
ninguno de su condicion. Los señores del con Al oir esto, la señora Sowerberry prorum-
sejo administrativo, que son filósofos consu pió á llorar : aquel torrente de lágrimas no
mados, os dirán lo mismo, señora, i Para qué dejaba á su marido ninguna alternativa. Si *
necesitan los pobres un alma y un espíritu ! hubiera vacilado un momento en castigar á
Harto hacemos nosotros con sostenerles la vi Oliverio mas severamente , es claro como la
da. Si no le hubierais dado á ese chico mas luz , que segun los usos acostumbrados en las
que puches, nunca habria sucedido semejante reyertas domésticas, hubiera sido un bruto,
cosa. un esposo desnaturalizado, un ser desprecia
— ¡Dios mío! murmuró la señora Sower- ble, sin tener mas de humano que el rostro,
70 ouvERie TWIST.
y otras muchas cosas en fin que no caben en las hendiduras de la puerta levantóse Olive
este capítulo. rio y corrió de nuevo los cerrojos. Despues de
Es preciso sin embargo reconocer , que en dirigir una tímida mirada en torno suyo , va
cuanto dependia de su autoridad , que era por ciló algunos instantes, y por último, lanzóse
cierto bien limitada , Sowerberry estaba bien á la calle cerrando tras sf la puerta.
dispuesto hácia el chico, ya porque tuviese Incierto del camino por donde debeiia huir,
interés en ello ó bien porque su mujer le abor miró á derecha é izquierda ; pero recordando
recía; pero las lágrimas de la buena señora que los carros al salir de la ciudad , subian
no le dejaban otro recurso , y en consecuen penosamente la colina, tomó la misma direc
cia administró á Oliverio una correccion tal cion, y atravesando los campos, llegó á un
que la misma señora Sowerberry se dió por pequeño sendero que comunicaba con la car
satisfecha, siendo ya de todo punto inútil el retera , por la que empezó á caminar con ra
baston parroquial del señor Bumble. pidez.
El resto del dia lo pasó Oliverio encerrado Recordaba muy bien haber recorrido en otro
junto á la cocina sin mas alimento que un pe tiempo aquel camino , cuando el señor Bum
dazo de pan seco y un jarro de agua; llegada ble fué á buscarle á la sucursal del asilo de
la noche , la señora Sowerberry , despues de mendicidad. Siguiendo en línea recta iba á pa
haberle hecho algunas observaciones injurio rar á dicha casa, y á esta idea, latió su cora
sas sobre la memoria de su madre , le abrió zon con tal violencia, que estuvo á punto de
la puerta , y en medio de los sarcasmos de volver atrás; pero ya habia andado bastante;
Noe y de Carlota , le mandó que se fuese á la iba á perder mucho tiempo ; y además, como
cama. era muy temprano, no habia temor de que le
Una vez solo , en la tienda triste y silen viesen. Continuó pues avanzando.
ciosa del empresario de las pompas fúnebres, Llegado á la sucursal , no víó señales de
entregóse Oliverio á las reflexiones que el tra que sus pequeños habitantes estuviesen le
tamiento recibido hizo despertar en su cora vantados aun : detúvose Oliverio, y lanzando
zon de niño. á hurtadillas una mirada al jardín , vió á un
Habia oido los sarcasmos con desden, y su niño que arrancaba las malas yerbas de un
frido los golpes sin exhalar un grito , pues cuadro. Como precisamente en aquel momen
sentia desarrollarse en su corazon un senti to levantara el niño su pálido semblante, Oli
miento de orgullo, que le hubiera impedido verio reconoció en él á uno de sus antiguos
proferir la menor queja aun cuando le hubie compañeros, y se alegró infinito de verle an
sen quemado vivo; pero en aquel momento tes de alejarse. Aunque mas jóven que él,
hallábase solo, nadie podia verle ni oirle; y aquel niño habia sido su arniguito, su compa
cayendo de rodillas con el semblante oculto ñero de juego : juntos habian compartido los
entre sus manos, vertió un torrente de lágri castigos, el hambre y los encierros !
mas , de esas que siempre deben desearse pa — ¡Chut! Dick, dijo Oliverio al ver á su
ra bien de la naturaleza, y que no siempre amigo correr hácia la puerta y pasar sus bra-
concede ©ios á los niños de la edad de Oli citos á través de las barras para recibirle; ¿se
verio ! han levantado ya!
El pobre huérfano permaneció largo tiempo —No , estoy solo , repuso el niño.
en la misma posicion, mas cuando ya iba á —Es preciso que no digas á nadie que me
extinguirse la moribunda luz de la vela, le has visto, replicó Oliverio ; yo me escapo por
vantóse, miró á su alrededor, escuchó aten que me pegan y me maltratan, Dick. Voy á
tamente, y corriendo despues con suavidad buscar fortuna léjos de aquí, tan léjos que no
los cerrojos de la puerta de entrada miró á la puedo decir donde. Pero ¡qué pálido estás!
calle. —He oido decir al médico que voy á mo
La noche estaba oscura y sombria; pare rirme, contestó el niño con una ligera sonrisa,
cióle al niño que las estrellas se hallaban mas y me alegro mucho de verte , amigo mio ; pe
léjos que otras veces; no hacia viento; pero ro no te detengas, no te detengas.
la sombra de los árboles, proyectándose so — ! Bien ! bien ! exclamó Oliverio ; mas no
bre la tierra con tenaz inmovilidad, tenia al quiero despedirme de tí para siempre ; estoy
go de siniestro y sepulcral. Oliverio cerró la seguro de volverte á ver , Dick , y entonces te
puerta sin hacer el menor ruido , y aprove encontraré feliz y contento.
chando los últimos destellos de la espirante —Yo seré feliz cuando me haya muerto , y
luz para reunir en un pañuelo los pocos efec no antes, replicó el niño; el médico tiene ra
tos que poseia, sentóse en un banco y aguar zon , Oliverio , pues muchas veces sueño con
dó silencioso los primeros albores de la au el cielo y los angeles y otras dulces imágenes,
rora. que no veo jamás cuando estoy despierto.
Apenas un rayo de luz penetró á través de ! Abrázame ! añadió , rodeando con sus bra_
TWIST. 71
zos el cuello de Oliverio ; adios ! querido ami mas que su pedazo de pan y beber algunos
go , que Dios te bendiga ! vasos de agua que le dieron por el camino, á
Aquella bendicion salia de la boca de un la puerta de las casas. Por la noche entró en
niño ; pero era la primera que recibia Olive- una pradera , y acurrucándose en un monton
río. En medio de las rudas pruebas, de los su de heno resolvió aguardar allí la llegada del
frimientos y de las vicisitudes de su vida, no dia. Al oir silbar el viento en la desierta cam
la olvidó jamás. piña no pudo menos de experimentar un sen
timiento de temor ; tenia frío y hambre, y ha
llábase mas solo-que nunca; pero el cansancio
CAPÍTULO VIII. del camino le hizo conciliar pronto el sueño y
olvidar sus penas.
Oliverio va á Londres, y encuentra en el Al levantarse por la mañana, sintióse entu
camino á un joven singular. mecido por el frio, y tenia tanta hambre, que
gastó su penique en comprar pan en el primer
Al llegar á las barreras , encontróse Olive pueblo que halló al paso. Aun no habia recor
rio en el camino real , y aun cuando no eran rido doce millas cuando la noche le sorpren
mas que las ocho de la mañana y se hallase á dió de nuevo ; sus piés estaban hinchados , y
cinco millas de la ciudad , corrió á ocultarse sus piernas tan débiles , que apenas le podian
detrás de un vallado hasta medio dia por te sostener ; una noche mas al sereno acabó de
mor de que le persiguieran y cogiesen. En agotar sus fuerzas, y cuando quiso continuar
tonces se sentó junto á un poste, y comenzó su camino á la mañana siguiente, apenas pu
á pensar por la primera vez, donde deberia ir do arrastrarse. Resolvió pues aguardar á un
para ganarse la vida. lado del camino , esperando á que pasase una
El poste junto al cual se habia sentado Oli diligencia para pedir limosna á los viajeros de
verio , indicaba con grandes caracteres hallar la imperial ; pero nadie le hizo caso. El pobre
se á setenta millas de Londres, nombre que Oliverio quiso seguir el coche, mas no le fué
sugirió al niño una nueva série de ideas, ¡lria posible ; agobiado por el cansancio y lastima
& Londres, á esa inmensa ciudad, donde na dos los píes, tuvo que detenerse mientras la
die, ni el mismo señor Bumble, podría descu diligencia se alejaba dejando tras sí una nube
brirle ! Con frecuencia habia oido decir á los de polvo.
viejos indigentes del asilo que un muchacho En distintos lugares se veian grandes car-
listo no se quedaba jamás sin ocupacion en telones, al lado del camino , en los cuales se
Londres, y que habia en aquella gran ciudad anunciaba que todo mendigo seria reducido á
infinitos medios de existencia. Aquel era pues prision ; este aviso asustó tanto á Oliverio que
el lugar mas conveniente para un muchacho se alejó en seguida muy de prisa. Ya léjos, se
sin asilo, destinado á morirse de hambre en paró delante del patio de una posada contem
la calle si no se le socorría. Absorto con esta plando á los que entraban y salian de ella,
idea, levantóse y continuó su camino. hasta que el dueño dió órden á uno de los
Anduvo cuatro millas mas sin pensar en lo postillones para que alejase al chico sospecho
que tendria que sufrir antes de llegar al tér so que permanecia alrededor de la casa, sin
mino de su viaje ; pero como le ocurriese esta duda con la intención de robar alguna cosa.
reflexion, acortó el paso y comenzó á meditar Si pedia limosna á la puerta de alguna gran
sobre los medios de llegar á Londres. Lleva ja , de diez veces las nueve le amenazaban
ba en su pañuelo un pedazo de pan, una ma diciéndole que le echarian el perro; si metía
la camisa , dos pares de medias , y en el bol la cabeza en alguna tienda le regañaban des
sillo un penique que le habia dado Sowerber- de el mostrador , y al oir esto no sabia donde
ry despues de cierto entierro en que se distin acudir.
guió mas que de costumbre. Es cosa muy Sin el buen corazon de un guarda y la ca
buena, pensaba Oliverio , tener una mala ca ridad de una anciana, los sufrimientos de Oli
misa blanca , dos malos pares de medias y un verio hubieran concluido como los de su ma
penique ; pero este no es suficiente recurso dre , es decir, hubiera muerto tambien en me
para recorrer sesenta y cinco millas á pié , y dio del camino. El guarda le dió un poco de
en invierno.- Oliverio tenia, come muchos jó pan y queso, y la anciana, que tenia un hijo
venes , una inteligencia clara , y era ingenioso marino, que se hallaba navegando en lejanos
para descubrir las dificultades, pero no para mares , se apiadó del pobre huérfano y le dió
vencerlas , y así fué , que no hallando solucion lo poco que tenia acompañando su limosna con
á lo que buscaba , despues de reflexionar mu palabras dulces y buenos consejos y derraman
cho , echóse su hatillo al hombro y dobló el do tales lágrimas de compasion, que hirieron
paso. el corazon de Oliverio , tanto como sus mis
Aquel dia anduvo veinte millas sin comer mos sufrimientos.
72 OL1VEEIO TWIST.
En la mañana del séptimo dia de su parti bre de tener sus manos casi siempre metidas»
da , llegó paso á paso al pueblo de Barnet. en los grandes bolsillos de su pantalon de ter
Las puertas de las casas estaban todas cerra ciopelo. En fin hallábase tan orgulloso con
das , las calles desiertas y nadie iba aun á sus botinas á lo Blucher, como jamás pudie
emprender su trabajo cotidiano. El sol salia ra estarlo cualquier jóven de su estatura, es
radiante , pero su luz solo servia al pobre ni- decir de cuatro piés y seis pulgadas.
iío para hacerle ver todo el horror de su mi —Y bien ! camarada, ¿qué te pasa? pre
seria y de su soledad; cubierto de polvo y guntó otra vez á Oliverio aquel extraño in
con los pies ensangrentados', sentóse á des terlocutor.
cansar sobre los helados peldaños de una es —Tengo hambre y estoy muy cansado,
calinata. contestó Oliverio con las lágrimas en los ojos.
Poco á poco las ventanas se abrieron, las He hecho un largo viaje ; hace siete dias que
cortinas de las mismas fueron levantándose y ■alo.
empezaron á circular varios viajeros. Algu — Siete dias de marcha ! dijo aquel jóven ,
nos de ellos se detenian un momento para ¡ah! ya entiendo, es por órden deifico (1),
contemplar á Oliverio , ó le miraban rápida i no es verdad! Sin embargo, añadió viendo
mente al pasar por su lado ; pero nadie le so que Oliverio no contestaba , supongo que tú
corria ni se tomaba la pena de preguntarle có no sabrás, camarada, lo que quiere decir pico!
mo habia llegado allá; no tenia el corazon de Oliverio contestó con candidez que él habia
mendigo y permanecia inmóvil y silencioso. creido siempre que esta palabra significaba el
Hacia ya bastante tiempo que estaba en pico de un pájaro.
aquel sitio y se asombró de ver tantas tiendas —Vaya un inocente ! exclamó el jóven ; un
de vinos, pues la mitad de las casas de Barnet pico es un magistrado ; marchar por órden de
son tabernas grandes ó pequeñas ; miraba con un pico , no es ir delante de él , sino correr
afan las diligencias públicas que pasaban y siempre sin volver jamás. ¿Has estado tú en
comprendia con sorpresa que aquellos vehí el molino i2) !
culos podian recorrer cómodamente en algu —i En qué molino! preguntó Oliverio.
nas horas todo el camino que él habia recor —¡En qué molino! por vida mia, en el
rido en una semana, á pesar de su resolucion que anda sin agua ; vente conmigo ; tú tie
y constancia poco acostumbradas en su edad. nes necesidad de comer y comerás. La bolsa
Abandonó estas meditaciones al observar está flaca, pero mientras haya algo se gasta
que un muchacho que habia pasado por delan rá. Vamos pues, gira sobre tus quillas! ar
te de él hacia pocos instantes, sin aparentar riba.
que le hubiese visto , acababa de detenerse Aquel jóven ayudó á Oliverio á levantarse,
al otro lado del camino, contemplándole con le acompañó á una tienda de comestibles,
atencion. Oliverio se fijó al principio poco en compró un pedazo de jamon y un pan de tres
él , mas al verle permanecer largo rato en la libras , tuvo la ingeniosa idea de abrir un agu
misma actitud, no pudo menos que levantar jero en el pan en donde metió el jamon para
la cabeza y mirarle con el mismo interés. En librarlo del polvo del camino , y colocándolo
tonces el desconocido atravesó el camino , y todo debajo de su brazo , entró en una taber
dirigiéndose hácia Oliverio , le dijo : na conduciendo á Oliverio á una habitacion
—Y bien, camarada, ¿qué te pasa! interior. Allí el misterioso jóven hizo llevar
El muchacho que dirigia esta pregunta á una botella de cerveza , y á la invitacion de
nuestro jóven viajero , contaba poco mas ó su nuevo amigo , Oliverio empezó á devorar
menos la misma edad que este y era la per mientras que el otro le miraba de vez en
sona mas original que Oliverio hubiera visto cuando con mucha atencion.
jamás: tenia nariz chata, frente hundida, fac —i Vas tú á Londresl dijo el desconocido á
ciones vulgares y el exterior mas repugnante Oliverio , así que hubo concluido de comer.
que puede darse , y sin embargo parecia que —Sí , contestó este.
rer darse la importancia de un caballero afec —¿Tienes allá casa?
tando los modales de tal. De baja estatura, —No.
piernas arqueadas y ojos salientes y pequeños, —I.Y dinero?
llevaba el sombrero tan poco metido que se le —Tampoco.
hubiera caido irremisiblemente sin una brus El desconocido se puso á silbar y metió sus
ca sacudida que le imprimia con frecuencia manca en los bolsillos tanto como se lo per
meneando la cabeza para volverlo á su sitio mitieron las largas mangas de su levita.
primitivo. Vestia una levita que le llegaba has
ta los talones y las mangas de la misma eran
tan largas que las tenia que llevar dobladas fi ) Nombra que los truhanes dan á los magistrados.
hasta los codos , probablemente por la costum- (2) Alusión ti molino que hacen indar los penados.
OLIVERIO TWiST. 73
—¿Habitais en Londres ? preguntó Oli húmeda, y el aire estaba cargado de miasmas
verio. fétidos. Veianse un gran número de tiendas
—Sí, tengo allí casa. Tú tendrás tambien pequeñas, en cuyo fondo solo se divisaban
necesidad de una habitacion para pasar la no muchos niños que gritaban y chillaban á cual
che, ¿no es verdad? mas, á pesar de la hora avanzada de la noche.
—Sí, respondió Oliverio; no he dormido Las únicas casas que parecian prosperar en
bajo cubierto desde que he dejado mi país. medio de aquella miseria geneial, eran las ta
— Pues no te asustes por tan poca cosa, bernas en donde los irlandeses de la hez del
dijo el jóven : debo estar esta noche en Lon pueblo, es decir de la hez de la especie hu
dres y conozco á un respetable anciano que te mana, disputaban con todas sus fuerzas. Pe
alojará de balde, presentándote uno de sus queñas callejuelas ó pasajes cubiertos, que
conocidos; bien que yo no soy conocido suyo! daban saliJa á la calle principal, dejaban ver
añadió sonriendo, para probar que estas últi debajo de ellos casas sospechosas en las cuales
mas palabras eran pronunciadas con ironía. se podian contemplar hombres y mujeres bor
Este ofrecimiento inesperado de una habi rachos y de las que salian con frecuencia in
tacion era demasiado halagüeño para que Oli dividuos cuyo aspecto, bajo todos conceptos,
verio pensara en rechazarlo, sobre todo cuan daba á entender que sus intenciones no eran
do se le aseguraba que además el buen ancia nada buenas.
no buscaria indudablemente sin tardanza una Oliverio estaba pensando si le convendria
ocupacion lucrativa para Oliverio. Tuvieron mas escaparse, así que llegaran al extremo
entonces los dos jóvenes una conversacion de la calle, cuando su guia cogiéndole por el
amistosa y confidencial en la- que descubrió brazo se paró en la puerta de una casa cer
Oliverio que su nuevo amigo se llamaba Jack cana á Fieldlane y le hizo entrar en un patio,
Dawkins y que era el favorito y protegido cerrando la puerta tras sí.
del viejo en cuestion. — i Quién val exclamó una voz, como con
El exterior del Sr. Dawkins no hablaba testando á un silbido del Truhán.
muy alto en favor de las ventajas que el cré —Plumy y Slam ! fué la contestacion. Sin
dito del anciano ofrecia al que iba á ponerse duda alguna era la señal ó palabra de órden
bajo su proteccion ; sin embargo, como su que indicaba que todo marchaba bien.
conversacion era ligera é incoherente y como La pálida luz de una vela iluminó las paredes
además sus amigos le conocian con el gracioso de un oscuro pasadizo: poco despues vióse
sobrenombre de Truhán, Oliverio comprendió aparecer una cabeza junto á la barandilla rota
que su compañero era de un natural alboro de una escalera que conducia á una cocina.
tado y calavera y que los preceptos morales —Sois dos, dijo el hombre levantando la
de su bienhechor no habian ejercido ninguna vela y poniéndose la mano sobre los ojos para
influencia sobre él. Con estas reflexiones re distinguir mejor los objetos : % quién es el
solvió Oliverio captarse la estimacion del an otro!
ciano de quien le hablaban, lo mas pronto — Un nuevo recluta, contestó Jack Daw
posible, con la intencion de tener el honor de kins, haciendo adelantar á Oliverio.
abandonar al Truhán, si efectivamente era — i De dónde viene !
incorregible, como él creia. —Del país de los inocentes; ¿está arriba
Jack Dawkins no quiso entrar en Londres Faginl '
antes de la noche y eran casi las once de ella —Sí, está arreglando los pañuelos, subid.
cuando llegaron á la barrera d' Islington. Pa Aquel hombre desapareció y quedaron á
saron por la calle de San Juan , bajaron lue oscuras.
go por la pequeña travesia que conduce al Guiado por su compañero que le tenia fuer
teatro de Sadlerwell, alejáronse por la calle temente cogido por la mano, Oliverio busca
de Exmonth y Copper-Row cerca del asilo de ba á tientas el paso. Con la oscuridad que
mendicidad ; y atravesando despues el terre reinaba salvó difícilmente los trozos de ruinas
no llamado en otro tiempo Hokley in the que su guia saltaba con una ligereza que pro
Hole, desembocaron en Lülle Saffron-Hill baba conocer perfectamente el camino ; en
the Great, que el Truhán cruzó con paso rá contraron por fin la puerta de un cuarto in
pido, encargando á Oliverio que le siguiera terior y Oliverio fué introducido en aquel
de prisa. aposento, cujas paredes y pavimento estaban
Aunque Oliverio tenia mucho que hacer ennegrecidas por el tiempo y la falta de lim
para no perder de vista á su guia, no dejó por pieza. Delante de la chimenea y encima de
esto de lanzar algunas miradas rápidas y fur una mesa de pino, veiase una vela sostenida
tivas, sin pararse, á los dos lados de la calle: por el cuello de una botella de vidrio , dos ó
era el sitio mas sucio y mas miserable que ha- tres botes de estaño, un pan, manteca y un
bia visto en su vida. La calle era estrecha y plato. En una sarten, sin mango, freianse al
74 OLIVERIO TWIST.
gimas salchichas y cerca de ella hallábase un profundo y prolongado. No habia en la habi
viejo judío con un tenedor en la mano. tacion mas que el viejo judío que hacia her
Su semblante surcado de arrugas y sus fac vir el café en una cafetera, silbando entre
ciones innobles y repugnantes estaban medio dientes mientras agitaba el líquido con una
cubiertas por una espesa y áspera cabellera cuchara de hierro. De tarde en tarde suspen
rubia: llevaba una especie de túnica de fra dia su operacion para escuchar si se oia algun
nela y parecia dividir su atencion entre la ruido, y cuando se aseguraba de lo contrallo,
sarten y una cuerda de la que pendia un con continuaba silbando y agitando el café.
siderable número de telas. Varias camas su Oliverio no dormia ni estaba completamente
cias, formadas con sacos viejos, estaban orde despierto. Hallábase en ese estado de sopor
nadas en aquella misma habitacion, y al rede en que se sueña mas en cinco minutos, con
dor de la mesa se veian cuatro ó cinco mu los ojos entreabiertos, sin tener conciencia de
chachos de la misma edad que el Truhán, lo que pasa, que no en cinco noches con los
fumando en pipa y bebiendo licores, como si ojos cerrados y embotados los sentidos por un
fueran hombres de mayor edad. Todos ellos profundo sueño. En tales momentos conoce
saludaron á su cantarada que pronunció algu el hombre mentalmente cuanto sucede á su
nas palabras en voz baja al oido del judío y alrededor, formándose una débil idea de las
despues volviéronse riendo á Oliverio. poderosas facultades de su espíritu, que libre
— Os presento á mi amigo Oliverio Tvvist, de la parte material, se lanza lejos de la tier
dijo Jack Dawkins. ra, burlándose del tiempo y del espacio.
El judío sonriendo hizo un profundo saludo Oliverio estaba precisamente en uno de esos
á Oliverio, y alargándole la mano le dijo que momentos. Con los ojos medio cerrados, veia
esperaba tendria el honor de contraer con él al judio y le oia silbar por lo bajo, recono.-
íntima amistad. Entonces los pequeños fuma ciendo el ruido de la cuchara al rozar por las
dores le rodearon dándole tales apretones de paredes de la cafetera ; y por lo tanto, su es
mano que le hicieron soltar el pequeño lio píritu durante este tiempo vagaba por el es
que llevaba. Mostrábanse todos tan dispues pacio representándose cuanto habia conocido.
tos á servirle, que el uno le quitaba la gorra Cuando estuvo hecho el café, el judío puso
y otro se disponia á limpiarle los bolsillos la cafetera en el suelo y permaneció algunos
para aligerarle, en vista de lo muy cansado instantes en una actitud iniecisa, como si no
que estaba. Los cumplidos no hubieran cesado supiera qué partido tomar ; despues volvió
tan pronto, si el judío no hubiese prodigado se, miró á Oliverio y le llamó por su nom
generosamente sobre las espaldas de los pe bre: este no contestó y pareció completa
queños y complacientes pilletes varios golpes mente dormido. El judío seguro con esta
con el tenedor que tenia. prueba se dirigió sin hacer ruido hácia la
— Nos alegramos de verte, Oliverio, dijo puerta, cerróla y levantó una trampa, que se
el judío. Truhán, arregla el fuego y acerca gun pudo ver Oliverio, estaba practicada en
un banco para que Oliverio se siente. ¡ Ahí el suelo, sacando de aquel escondrijo una
mira con atencion los pañuelos ! hé aquí una caja que puso cuidadosamente sobre la mesa.
admirable coleccion; i no es verdad, amigo Sus ojos brillaron de una manera singular, y
míol Precisamente los estamos preparando al levantar la tapa y mirar ansioso el conte
para la colada. Míralos todos, Oliverio, míra nido de aquella, acercó á la mesa una silla
los todos ; jal ja! ja! vieja, sentóse y sacó del cofrecillo un magni
Las últimas palabras del judío fueron aco fico reloj de oro cincelado, guarnecido de dia
gidas con aplauso por sus jóvenes discípulos mantes.
y en seguida empezaron á cenar. — ¡Ah! los muchachos! dijo el judío enco
Oliverio comió su parte y luego acercóle giéndose de hombros y con las facciones con
el judío un vaso lleno de ginebra, encargán traidas por una espantosa sonrisa ; bravos
dole que lo bebiera de un trago porque otro muchachos ! firmes hasta el fin ! Incapaces de
necesitaba el vaso. Oliverio obedeció y pionto decir al anciano sacerdote donde está la caja!
sintióse caer dulcemente sobre uno de los sacos Incapaces de vender al viejo Fagin ! iY qué
y quédó dormido con un profundo sueño. inteiés tendrían en hacerlo ! Eso no hubiera
deshecho el nudo corredizo ni retardado la bás
CAPITULO IX. cula un minuto, no, no. ¡ Famosos mucha
En el cual se dán nuevos detalles acerca del chos ! famosos muchachos ! «
amable ánciáno y sus jóvenes discípulos, Mientras se hacia en voz baja estas re
todos de grándes esperánxas. flexiones y otras semejantes, el viejo judío
metió de nuevo el reloj en la caja y fué sa
Al dia siguiente en hora muy avanzada de cando de ella una media docena mas, contem
la mañana, despertó Oliverio de un sueño plándolos uno á uno, asi como tambien varias
OL 1VEBIO TWIST. 75
cadenas, brazaletes y otros objetos de bisu — ¡Ah! dijo el judío palideciendo. Esto...
teria de todas clases, de un trabajo tan pre- , esto es mio, Oliverio... es mi pequeña fortu
cioso y especial que Oliverio no conocia la na... lo único que tendré para mantenerme
mayor parte de los nombres de tan hermosas en mi ancianidad: por esto me llaman avaro,
alhajas. amigo mio, solamente avaro... nada mas.
Todos aquellos objetos fueron metidos nue Oliverio pensaba en efecto que su viejo se
vamente en el cofre, hasta que al fin el judio ñor debia ser muy avaro, puesto que vivia
sacó otro que puso en la palma de su mano, en una habitacion tan mala teniendo todos
y que parecia tener grabada una inscripcion; aquellos objetos ; mas reflexionó que sus cui
colocándolo cuidadosamente sobre la mesa, lo dados para con el Truhán y los otros mucha
contempló largo tiempo con atencion; hasta chos, debian costarle, tal vez, mucho dinero;
que por último, como si se desesperara de no miró al judío con aire respetuoso y le pre
poder descifrar aquellos caracteres, lo puso guntó si podia levantarse.
dentro del cofre y meciéndose en la silla — Ciertamente, amiguito, ciertamente, con
continuó sus reflexiones. testó el viejo; encontrarás un cubo de agua
—¡ Qué hermosa cosa es la pena capital! detrás de la puerta del patio, vé á buscarlo y
decia á media voz. Los muertos no se arre te daré una palangana para que puedas la
pienten jamás ! los muertos nunca vienen á varte.
revelar curiosas historias ! ¡ Ah ! es una grande Oliverio se levantó , y atravesando la habi
seguridad para el comercio ! tacion bajó para buscar la cuba.
Así diciendo, el judío paseaba la vista á su Al volver ya habia desaparecido el cofre.
alrededor, y 'al fin la mirada de sus negros y Apenas se habia acabado de lavar y de ar
brillantes ojos se fijó' en Oliverio. El mucha reglarlo todo , vertiendo por órden del judío el
cho le estaba observando con una curiosidad agua por la ventana, cuando entró el Truhán
muda; el viejo comprendió al momento que escoltado por uno de los jóvenes amigos que
habia sido visto, y cerrando bruscamente la Oliverio habia visto en la noche anterior fu
tapa del cofre, cogió un cuchillo que estaba mando y que le habia sido presentado con el
encima de la mesa y se levantó furioso ; pero nombre de Charlot Bates. Al poco tiempo
comenzó á temblar de tal modo, que Oliverio, sentáronse todos para tomar su almuerzo com
á pesar de su terror, pudo ver moverse la puesto de café, panecillos calientes y un poco
hoja del cuchillo. de jamon que el Truhán habia traido dentro
— i Qué es eso! dijo el judío : ipor qué me de su sombrero.
observabas? Tú no dormias; ¡qué has visto! — Y bien! dijo el judío dirigiéndose al
Habla pronto ! pronto ! va en ello tu vida ! Truhán y mirando maliciosamente á Oliverio;
— Yo no he podido dormir mas, señor, tereo, amigos míos, que habeis ido esta ma
contestó Oliverio con dulzura; me alegro de ñana á trabajar !
veros bueno. —Efectivamente, contestó el Truhán.
— ¿Estabas despierto hace una hora? pre —Si, ya lo creo, añadió Charlot Bates.
guntó el judío con aire amenazador y ter —Sois muy buenos muchachos, dijo el ju
rible. . dío; ¡qué es lo que has traido, Truhán !
— No señor, estad seguro que no, respon —Dos carteras , contestó el jóven.
dió Oliverio. —[Bonitas! replicó el judío con ansiedad.
— ¿Estás bien seguro! repuso el judío mi —No son malas , respondió el Truhán en
rando al chico de una manera siniestra. señando dos carteras, una verde y la otra en
—Yo dormia, señor, replicó Oliverio, os lo carnada.
aseguro bajo mi palabra. —Podrian ser mejores , dijo el judío des
—Está bien ! está bien ! amiguito, dijo el pues de haberlas examinado con detencion ;
judío, reprimiendo bruscamente sus rudos ade pero son completamente nuevas y bien traba
manes y jugando con el cuchillo antes de de jadas : parecen de un hábil fabricante ¿ no es
jarlo encima de la mesa, como para hacerle verdad, Oliverio!
creer que no lo habia tomado sino por dis — Ciertamente, señor, dijo este.
traccion. Ya estoy seguro de ello, amigo mío; Esta contestacion hizo reir mucho á Char
solo he querido darte miedo. Tú eres valiente! lot Bates , con gran sorpresa de Oliverio, que
si, por mi fe, tú eres valiente, Oliverio. Y el no sabia por qué aquella contestacion era
judio se frotaba las manos riendo, pero mi causa de risa.
rando el cofre de una manera inquieta. iHas —Y tú, amigo mío , ¿qué es lo que traes!
visto alguno de estos hermosos objetos? dijo dijo Fagin á Charlot Bates.
el judío despues de un largo silencio y po —Algunos pañuelos, contestó Bates sacan
niendo la mano sobre el cofre. do cuatro de su bolsillo.
— Si señor, respondió Oliverio. —Bien, añadió el judío examinándolos mi
76 OLIVERIO TWIST.
nudosamente , son buenos, muy buenos; sin objetos con una rapidez asombrosa. Si el vie
embargo , no los has marcado bien , Charlot. jo sentia la mano dentro de sus bolsillos , de
Es necesario señalar las marcas con un alfi cia en cual de ellos, y volvia á empezarse el
ler; enseñaremos á Oliverio como se hace y juego de nuevo. Cuando hubieron jugado mu
lo aprenderá ; ¿no es verdad , Oliverio ! Ja ! chas veces á este juego llegaron dos señoritas
-Jal que iban al parecer á visitar á los jóvenes : lla
—Como querais, señor, replicó Oliverio. mábase la una Betty y la otra Nancy : ambas
—Tú desearás hacer pañuelos tan bien co tenian una cabellera espesa pero poco arregla
mo Charlot Bates , ¿ no es cierto, amigo mio! da y su traje era bastante pobre : sin ser pre
—De todo corazon, señor, si procurais cisamente bellas tenian la mirada expresiva,
instruirme, repuso Oliverio. resuelta y descarada , y como sus maneras
Bates encontró esta contestacion mas chis eran agraciadas Oliverio pensó que serian muy
tosa que la anterior y empezó á reírse de amables y sin duda no se equivocaba.
nuevo , mas como era el momento critico de La visita duró largo tiempo: habiéndose
tomar su café , le fué necesario concluir. quejado una de aquellas jóvenes de tener el
—Es muy inocente ! dijo luego que pudo estómago frio trajéronle licores y la conversa
hablar , como para disimular con sus compa cion fué animándose poco á poco. Por fin
ñeros su groseria. Charlot Bates manifestó que era ya la hora
El Truhán no dijo nada ; pero pasó la ma de jugar al escamoteo , y Oliverio creyó que
no por la cabeza de Oliverio , é hizo caer sus esto queria significar en francés, salir, pues
cabellos sobre sus ojos consiguiendo que se to que el Truhán, Charlot y las dos señori
pusiera colorado. El viejo as! que vió que tas se fueron al instante, teniendo el viejo ju
Oliverio se avergonzaba, cambió de conver dio la generosidad de llenarles los bolsillos de
sacion y preguntó si á la ejecucion que habia oro, para que se divirtiesen.
tenido lugar aquella mañana , habia asistido — Este género de vida no es desagradable,
mucha gente. La sorpresa de Oliverio aumen ¿verdad , amigo mio 7 dijo Fagin. Helos ahí
tó, pues no le cabia duda, despues de oir la bien provistos para toda la mañana.
contestacion de los dos muchachos , que am — i Han concluido el trabajo, señor! pre
bos habian asistido y era extraño que les hu guntó Oliverio.
biese quedado tiempo para poder trabajar. —Sí, repuso el judío, á menos que encuen
Despues del almuerzo el complaciente viejo tren, por casualidad, alguna cosa que hacer
y los dos jóvenes se entregaron á un juego en la calle ; entonces no faltarian , puedes es
curioso y entretenido : hé aquí en qué con tar seguro. Tómalos por modelo , amigo , tó
sistia : el judío metió una petaca en uno de los malos por modelo, añadió el judio dando un
bolsillos de su pantalon , un libro de memo golpe en la mesa para que sus palabras tu
rias en el otro, y en el bolsillo de su chaleco vieran mas fuerza: haz cuanto ellos te man
un reloj atado con una cadena muy fuerte den, obedécelos en todo, especialmente al
que llevaba pendiente del cuello ; clavó un Truhán , que es un gran hombre , y él te for
alfiler de brillantes en la pechera de su cami mará sí sigues sus consejos. ¿Se sale mi pa
sa; abrochóse la levita hasta arriba, y metien ñuelo del bolsillo, amigo miol dijo Fagin le
do en los bolsillos de esta un pañuelo y una vantándose.
cartera empezó á pasearse á lo largo de la —Sí señor, respondió Oliverio.
habitacion con un baston en la mano , como — Trata de cogerlo sin que yo lo observe,
suelen llevar los ancianos cuando van de pa como hacian ellos cuando jugábamos esta ma
seo. Parábase unas veces delante del fuego ñana , dijo el judío.
y otras á la puerta , como si estuviera con Oliverio cogió con una mano el extremo del
templando el mostrador de las tiendas; y al bolsillo , de la manera que habia visto hacer
observar las miradas de los muchachos exa lo al Truhán, y con la otra tiró con ligereza
minaba todos sus bolsillos el uno despues del del pañuelo.
otro , para ver si habia perdido alguna cosa , —¿Has concluido' preguntóle el judío.
todo con un aire tan cómico y natural que — Aquí está, señor dijo Oliverio enseñán
Oliverio reia á carcajadas. Los dos jóvenes le doselo.
seguian de cerca, y cada vez que él se volvia, —Tú eres un buen muchacho , amigo mio,
evitaban sus miradas con tanta ligereza que dijo el amable viejo , pasando la mano por la
era imposible seguirles los movimientos, l'or cabeza de Oliverio en señal de aprobacion.
fin el Truhán se dirigió hácia él de frente , Yo no habia visto nunca un muchacho mas
mientras que Charlot le quitaba por detrás en hábil : toma, ahí tienes un chelin en recompen
un abrir y cerrar de ojos , petaca , cartera , sa ; si continuas de esta manera serás el pri
reloj , cadena , alfiler , pañuelo de bolsillo y mer hombre de la época. Entretanto, acércate
todo cuanto llevaba haciendo desaparecer los y te enseñaré á marcar los pañuelos.
OLIVERIO TWIST. 77
Oliverio se preguntó con sorpresa, qué re contraba y en tirarlas dentro de las tiendas;
lacion habia entre escamotear por distraccion Charlot Bates por otro lado parecia descono
el pañuelo del anciano y la broma de que se cer toda nocion del derecho de propiedad,
ria un gran hombre : con todo pensó que el puesto que escamoteaba de las cestas de los
judio , atendida su edad , debia saberlo mejor revendedores manzanas y cebollas metiéndo
que él, y sin reflexionar mas acercóse á la me- . las en sus bolsillos, que eran tan grandes que
sa y empezó á dedicarse con ardor á su nue parecian ocupar la mayor parte de su traje.
vo estudio. c * Parecióle ó Oliverio este proceder tan repren
sible , que estaba á punto de manifestar su in
tencion de volverse á casa de la manera que
CAPÍTULO X. le fuese posible, cuando le llamó la atencion
la sorpresa del Truhán que se paró de repen
Oliverio estrechá mas las relaciones con sus te en una actitud extraña.
nuevos cántaradas y adquiere experiencia á Acababan de salir de un pasaje estrecho á
su costa. La brevedad de este capítulo no poca distancia de Clerkenwell , que se llama
impide que sea un capítulo importánte de todavia por un extraño abuso de palabias la
la historia de nuestro héroe. plaza Verde , y el Truhán agachándose un
poco y poniéndose un dedo sobre los labios
Oliverio permaneció muchos dias en la ha hizo seña á sus compañeros para que se sepa
bitacion del judio, ocupado en marcar los pa raran con el mayor sigilo.
ñuelos que en gran cantidad le entregaban y —¿Qué hay! preguntó Oliverio.
en tomar parte algunas veces en el juego que —Chut! murmuró el Truhán, ¿ves ese
hemos descrito y que se repetia ordinaria viejo á la puerta de aquella libreria!
mente todas las mañanas entre el judío y los — i Aquel viejo caballero, al otro lado de
do3 muchachos. Despues de algun tiempo em la calle! Efectivamente, le veo.
pezó á sentir deseos de ir á tomar el aire y —Vamos á darle que hacer, dijo el Tru
pidió muchas veces con instancia al anciano hán.
que le permitiera ir á trabajar con sus dos — Famoso encuentro ! añadió Charlot Ba
compañeros. tes.
Oliverio deseaba mas ir á trabajar porque Oliverio miró á sus dos compañeros con sor
conocia la severidad del viejo judio. Cada vez presa, mas sin dejarle tiempo de preguntar,
que el Truhán 6 Charlot Bates llegaban por atravesaron la calle con paso rápido y se pu
la noche con las manos vacias, les dirigia un sieron detrás del viejo , que era objeto de su
enérgico sermon acerca de los inconvenientes atencion. Oliverio Ies seguia á algunos pasos
de la pereza y de la ociosidad , y para que de distancia , y no sabiendo si él debia avan
quedara bien grabada en su memoria la nece zar ó retroceder, permaneció inmóvil, con los
sidad de ser activos, les mandaba á la cama ojos muy abiertos.
sin cenar. Y aun algunas veces llevado por el El anciano era un caballero de noble aspec
fervor de sus recomendaciones virtuosas ha- to: su traje consistia en una levita verde bote
bia intentad) tirarles por la escalera. lla con cuello de terciopelo negro , pantalon
En fin, una hermosa mañana Oliverio ob .blanco y llevaba debajo del brazo una caña
tuvo el permiso que habia solicitado con inte de bambú. Estaba hojeando un libro , que
rés: hacia dos ó tres dias que no habia pa acababa de comprar, con la misma atencion
ñuelos que marcar y las comidas habian sido que si hubiese estado en su despacho. Tal vez
miserables. Es probable que estos motivos imaginábase estar en él, puesto que estaba
decidieran al viejo judio , puesto que de re tan absorto que no reparaba , ni el mostrador
pente dijo á Oliverio que podia salir, encar de la tienda, ni la calle, ni los jóvenes, ni
gando su guarda á Charlot Bates y al Truhán cuanto le rodeaba: era el principal objeto de
su amigo. su atencion aquel libro que leia concienzuda
Los tres partieron : el Truhán con las man mente página por página y con creciente in-
gas dobladas y el sombrero encima de la oreja, teris.
como acostumbraba ; Bates con las manos me Grande fué el horror y espanto de Oliverio,
tidas en los bolsillos y Oliverio entre los dos parado pocos pasos atrás, al observar que el
preguntándoles dónde se dirigian y qué clase Truhán metió la mano en el bolsillo del an
de trabajo iban á emprender. ciano y sacó un pañuelo que entregó á Char
Iban caminando con paso indiferente y con lot Bates huyendo en seguida los dos precipi
tanta pereza que Oliverio empezaba á creer tadamente.
que habian salido para engañar al viejo judío En un instante el misterio de los pañuelos,
y no para ir al taller. El Truhán se entrete de los relojes, de toda la bisuteria y hasta de
nia en quitar las gorras de los chicos que en- la existencia del mismo judío representóse á la
78 OLIVERIO TWIST.
imaginacion de aquel muchacho. Oliverio se En fin lo han detenido. Grande hazaña , á
habia quedado parado ; pero el miedo calen la verdad ! Se le tiende sobre el suelo y la
tó tanto su sangre que le pareció estar entre gente se agrupa á su alrededor , y hasta lu
brasas ; avergonzado y confuso, no sabiendo chan unos contra otros para verle.
casi qué hacer, resolvió escaparse de prisa. —Despejad !
Todo esto fué obra de un minuto ; en el ins — Dejadle respirar !
tante en que Oliverio empvendia la fuga, el —Maldito ! no vale la pena !
anciano buscando su pañuelo en el bolsillo y — ¡Dónde está el caballero !
no encontrándolo, volvióse bruscamente y vió — Aquí e3tá.
al chico que se escapaba. Creyendo que era —Haced paso á este señor.
un ratero, corrió tras él, sin soltar el libro, —¿Es este el muchacho, caballero?
y empezó á gritar «Al ladron! al ladron I» —Sí.
No estuvo largo tiempo el anciano gritan Oliverio estaba tendido en el suelo, cubier
do solo : el Truhán y Bates , para no llamar to de lodo y de polvo, echando sangre por la
la atencion , corriendo á escape , se habian boca y mirando con ojos de espanto á la gen
metido en un portal al revolver la calle; pero te que le rodeaba, cuando el anciano fué in
así que oyeron gritar , al ladron! y vieron que troducido en medio del círculo contestando á
Oliverio escapaba, comprendieron perfecta las preguntas que le dirigian con ansiedad.
mente todo lo que habia pasado , y como bue — No, dijo el anciano con tono compasivo,
nos ciudadanos se agregaron á la comitiva me parece que este no es el ladron.
gritando tambien , al ladron ! —Le parece ! dijo la gente ; ¡ qué buen
A pesar de que Oliverio habia sido educa hombre !
do por buenos filósofos no conocia aquel ad —Pobre niño ! replicó el anciano, está he
mirable axioma que dice que la conservacion rido.
de sí mismo es la primera ley de la naturale —No señor, dijo un ganapan adelantándo
za: si él lo hubiese conocido es indudable se , esto es que yo le he dado un puñetazo y
que hubiera estado preparado para evitar lo ciertamente que me he herido la mano con sus
que le acababa de suceder ; mas su ignoran dientes ; yo soy quien le he cogido , caballero.
cia sirvió para que acabara de asustarse y por Al mismo tiempo se quitó el sombrero y
esto corria como el viento perseguido de cer sonrió neciamente esperando recibir alguna
ca por el viejo y aquellos dos muchachos. recompensa por su trabajo , mas el anciano le
El grito de «Al ladron ! a^ladron!» parece miró con disgusto y dirigió á su alrededor una
ser una palabra mágica : al oírla el lonjista mirada inquieta como si buscara el medio de
deja su mostrador, el carretero su carreta, el evadirse. Probablemente lo hubiera consegui
carnicero su cesta, el panadero su banasta, el do ocasionando con esto una nueva persecu
lechero su cántaro , el mozo de cordel su car cion si un individuo de la policia , ordinaria
ga, el escolar su juego y el niño su pelota. mente las últimas personas que llegan en se
Todos se lanzan en confuso desórden gritando, mejantes casos, no hubiese penetrado entre el
atrepellando á los transeuntes, excitando los tropel y cogido por el cuello á Oliverio.
perros y promoviendo, una espantosa algara —Vamos, levántate, le dijo bruscamente.
bia. En calles, plazas y paseos resuena el mis —No soy yo , señor, no , os lo juro : son
mo grito ¡ al ladron ! ¡ al ladron ! cien veces esos dos muchachos, decia Oliverio torciéndo
repetido y la confusión aumenta á cada ins se las manos con desesperacion; deben estar
tante. Ella continua su curso; las ventanas por aquí.
se abren y todos salen de sus casas precipita — ¡Oh! no, ya estarán muy lejos, dijo el
damente ; hasta los titiriteros se ven aban agente que creyendo chancearse decia la ver
donados por sus espectadores en lo mejor de dad , puesto que el Truhán y Charlot Bates
la funcion. habian escapado por la primera calle que en
1 Al ladron ! ¡ al ladrón ! El hombre tiene contraron. Vamos , levántate.
siempre el deseo de perseguir cualquier cosa. —No le hagais daño , dijo el anciano con
Un desdichado niño falto de aliento, ahoga compasion.
do de fatiga, medio muerto de espanto y ane — ¡Oh! no, no se lo haré, repuso el agen
gado en sudor , redobla sus esfuerzos para li te. Así diciendo y como para confirmar sus
brarse delos que le persiguen ; mas se le si palabras cogió á Oliverio por sus vestidos
gue la pista ; á cada momento se gana terre desgarrados y le dijo :
no , y á medida que sus fuerzas decaen los — Arriba, ya te conozco ; no es á mí á quien
gritos redoblan y los hurras aumentan : «¡al has de engañar ; pronto de pié , tunante.
ladron ! le han cogido ! » exclaman todos con Oliverio que apenas podia sostenerse, hi?o
alegria ; ¡ ah ! sin duda le han detenido por un esfuerzo para andar ; y el agente , lleván
el amor de Dios, mas que por piedad. dole siempre cogido por el cuello, se alejó con
OLIVERIO TWIST. 79
rapidez. Siguióles el anciano marchando al la un verdadero palacio. Si álguien duda-de es
do del oficial de policia, y la multitud que en to no tiene que hacer mas que dar un motivo
contraban se apartaba para dejarles pasar, para que le metan en ella y conocerá la jus
en tanto que los pilletes lanzaban gritos de ticia de nuestra observacion.
alegria siguiendo á los principales actores de El anciano parecia estar tan afligido como
aquella escena. Oliverio, cuando la llave del carcelero giró
en la cerradura ; y suspirando miró tristemen
te al libro, causa inocente de todo aquello.
CAPÍTULO XI. — Hay en las facciones de este muchacho
alguna cosa que me interesa, deciase el an
En el que se trata del señor Fáng , comisario ciano paseándose solo y acariciando pensativo
de policía, y donde se encontrará una pe la cubierta del libro. iSerá inocente! Asi
queña muestra de su mánera de adminis parece... Veamos pues, dijo deteniéndose:
trar justicia. ¡ Dios mio ! ¿dónde he visto una cara como la
suya !
El delito se habia cometido en el distrito Despues de algunos minutos de reflexion,
y hasta en las inmediaciones de una oficina el anciano todavia pensativo entró en un
central de policia bien conocida. La muche cuarto que daba al patio : sentóse en un rin
dumbre no tuvo , por lo mismo , el placer de con y pasó revista á una multitud de sem
escoltar largo tiempo á Oliverio. En Mutton- blantes en los cuales no habia pensado jamás.
Hill se le hizo pasar por debajo de una bóve — «No, dijo despues de un breve instante,
da bastante baja que conducia á un patio muy meneando la cabeza: es necesario que esto
sucio situado detrás de la sala de la justicia sea un sueño de mi exaltada imaginacion. «
verbal: en aquella habitacion en contraron Entregóse de nuevo á sus recuerdos : to
un hombre de elevada estatura con patillas das aquellas imágenes que habia evocado en
muy grandes y un grueso manojo de llaves su mente no era fácil desecharlas tan pronto ;
en la mano. volvía á ver las facciones de sus amigos y
— i Qué hay de nuevo! preguntó con inte enemigos de otros que le eran casi extraños ;
rés. los rostros alegres de hermosas jóvenes ó de
—Un jóven ratero , contestó el agente de mujeres ancianas ; de personas que habian fa
policia que conducia á Oliverio. llecido ya , pero que el recuerdo , que triunfa
— i Es á vos á quien han robado, caballe de la muerte , se las representaba con toda la
ro! preguntó el hombre de las llaves al an exactitud de la realidad ; veialas con sus ojos
ciano. brillantes , con sus encantadoras sonrisas que
—Sí, contestó este, mas no estoy seguro hacen radiar el alma , por decirlo así, á travís
de que sea ese muchacho el que me ha qui de la materialidad del cuerpo ; recuerdos que
tado el pañuelo. Yo. . preferiria que le sol nos hacen soñar con la belleza espiritual que
tarais; tengo mucho que hacer y no puedo sobrevive á la muerte , ma3 radiante que la
permanecer aquí. belleza terrestre ; imágenes que se nos apare
—Yo he de presentarme á esta hora al cen para alumbrar dulcemente el camino que
comisario , contestó aquel hombre , y por lo conduce al paraíso.
tanto vais á quedar libre al instante. Por Sin embargo, el anciano no pudo encontrar
aquí, bribonzuelo. entre todas esas figuras el retrato de Oliverio.
Al decir esto intimó á Oliverio á que entra Los recuerdos que habia evocado le hicieron
ra en un cuartito, cuya puerta estaba abrien exhalar un profundo suspiro ; mas afortunada
do. Registróse á Oliverio, y despues de no mente para él, se distrajo por completo, em
haberle encontrado nada encima, le encerraron prendió de nuevo su lectura y olvidó todo lo
con cerrojo dejándole solo. demás.
Aquella pequeña habitacion parecia una A los pocos momentos la suspendió otra
cueva : era sumamente oscura y despedia un vez porque el carcelero, dándole un golpe en
hedor insufrible : esto acontecia un lunes por la espalda le suplicó que le siguiera. El an
la mañana y habian estado encerrados allá ciano cerró en seguida el libro y fué introdu
desde el sábado por la noche algunos borra cido en la sala en donde administraba justicia
chos : esto , sin embargo , no pasa de ser mas el imponente y célebre señor Fang.
que un detalle , puesto que en nuestras cárce Esta sala de audiencia daba á la calle ; en
les, hombres y mujeres son encerrados por el fondo estaba sentado el señor Fang detrás
pretextos los mas frivolos en oscuros y húme de una pequeña balaustrada, y cerca de la
dos calabozos, mientras que la prision de New- puerta en un banquillo de madera estaba ya
gate , morada de los mas grandes crimínales, el pobre Oliverio , temblando ante la grave
condenados como tales á la pena capital , es dad de esta escena.
80 OLIVERIO TWIST.
El señor Fang era de mediana estatura y Sois insolente al atreveros á insultar á un ma*
casi calvo : los pocos cabellos que le queda gistrado.
ban le cubrían la parte de detrás y los lados — ¡ Cómo! exclamó el anciano temblando de
de la cabeza , la expresion de sus facciones cólera.
era dura y sus mejillas muy coloradas. —Haced prestar juramento á este hombre !
El anciano le saludó respetuosamente, y dijo Fang al escribano. No quiero oir ni una
adelantándose hasta la mesa , le dijo entregán palabra mas. Hacedle prestar juramento.
dole su tarjeta : La indignacion de Brunlow habia llegado
— Hé aquí mi nombre y mis señas, caba á su colmo ; mas reflexionó que excediéndose
llero. podia perjudicar á Oliverio , y así se contuvo
Y retrocediendo dos ó tres pasos saludó de y prestó juramento sin replicar.
nuevo esperando á que se le dirigiera la pa — Veamos, dijo el señor Fang, ¡ de qué
labra. se acusa á este muchacho ! ¡qué teneis que
Daba la casualidad que el señor Fang se decir, caballero!
encontraba gravemente ocupado en aquel mo —Estaba en la tienda de un librero... em
mento , leyendo un diario de la mañana , en pezó Brunlow.
el cual se daba cuenta de una sentencia que —Callaos, repuso el señor Fang. Agente
él habia recientemente publicado y en donde de policia! ¡Dónde está el agente de policial
«e le recomendaba por la centésima vez á la Vamos , que preste juramento. ¡ De qué se le
atencion particular del secretario de Estado. acusa, agente!
Esta lectura llevaba á su imaginacion muy Este declaró con tono humilde y sumiso
lejos de allí , y por esto levantó los ojos con que él habia arrestado al muchacho , que le
mal humor. habia registrado sin encontrarle nada encima
— ¡Quién sois vos! preguntó. y que no sabia nada mas.
El anciano, sorprendido con esta pregunta, —¡Hay testigos! preguntó el señor Fang.
señaló con el dedo la tarjeta que habia deja —No señor, respondió el agente de poli-
do encima de la mesa. c'a.
—Oficial de policia, ¡quién es ese indivi El señor Fang guardó silencio durante al
duo! dijo el señor Fang poniendo á un lado gunos minutos ; despues volviéndose hácia
desdeñosamente la tarjeta y el diario. Biunlow , dijo con acento de enojo :
— Mi nombre, dijo el anciano reprimiéndo — ¡Quereis formular, si ó nó, la acusacion
se , mi nombre , caballero , es Brunlow ; per contra ese muchacho ! Habeis prestado jura
mitidme que á la vez pregunte el nombre del mento ; si ahora rehusais dar pruebas os cas
juez que escudado por la ley insulta gratuita tigaré por haber faltado al respeto á la autori
mente y sin ninguna provocacion á un hom dad; os castigaré en nombre de...
bre respetable. No se pudo oir el nombre , pues en aquel
Y al propio tiempo el señor Brunlow pare momento el escribano y el carcelero tosieron
cia volver sus ojos al rededor de la sala para fuerte y el primero dejó caer un grueso libro .
buscar álguien que contestara á su pregunta. efecto sin duda de la casualidad para impedir
— Oficial de policia ! replicó el señor Fang , que se entendiera el final de la frase. —
i de qué está acusado este individuo ! A pesar de las interrupciones y de los insul
— No está acusado de nada, señor magis tos dirigidos por el señor Fang , Brunlow
trado , contestó el oficial ; comparece en que intentó narrar el hecho, haciendo observar
ja contra ese muchacho. que, sorprendido en aquel momento, corrió
Estp lo sabia ya el señor Fang ; mas era tras el muchacho, solo porque habia visto que
un buen medio de fastidiar al prójimo impu huia , y que por lo mismo esperaba que en el
nemente. caso de que el juez tuviera que juzgar á Oli
—Comparece contra este muchacho ¡no es verio, lo hiciese no como ladron, sino como
verdad! dijo Fang examinando desdeñosa cómplice de ladrones , tratándole con toda la
mente al señor Brunlow ds pies á cabeza. dulzura que le permitiera la justicia.
Hacedle prestar juramento. —Por otraparte, este muchacho está herido,
—Antes de prestar juramento, permitidme dijo al concluir , y yo temo, añadió con ener
decir algunas palabras , replicó Brunlow ; si gia mirando á Oliverio , yo temo que está po
no lo hubiese presenciado, jamás hubiera po niéndose malo.
dido creer que... —¡ Oh ! sin duda ; esto no hay que decirlo,
—Callad , caballero , dijo con tono impera contestó el señor Fang con tono zumbon. Va
tivo el señor Fang. mos, tunante, tú no tienes ninguna malicia.
—No señor, contestó Brunlow. ¡Cómo te llamas !
— Callad al instante , 6 de lo contrarioos Oliverio intentó contestar ; pero le faltó la
hago salir de la audiencia, dijo el señor Fang. voz; estaba pálido como la muerte y le pare
'OLIVERIO TWIST. 81
cia que la sala daba vueltas á su alrededor. esta clase ejercen una autoridad arbitraría é
—Tu nombre , bribon , dijo el señor Fang inmediata sobre la libertad , la reputacion, el
con voz ronca; oñcial! ¿cuál es su nombre ! carácter y hasta la vida misma de los subditos
Estas palabras se dirigian á un hombre de Su Majestad , y ocurren delante de ellos
grueso que estaba cerca de la barra , el cual cotidianamente escenas capaces de arrancar lá
se volvió hácia Oliverio y repitió la pregunta; grimas á los mismos ángeles , no conociendo
mas viendo que el muchacho no estaba en dis el público sus detalles mas que por los perió
posicion de contestar y temiendo que su silen dicos. Asi podemos deducir lo irritado que es
cio no haria mas que exasperar al juez ha- taría Fang al ver entrar á aquel desconocido
. ciendo que la sentencia fuese mas severa , sin su permiso y de una manera tan poco res
contestó : petuosa.
—Ha dicho que se llamaba Tom White, — ¡Qué es estol ¡quién es ese hombre!
señor. Echadle á la calle, gritó el juez. Desocupad
—Rehusa hablar , i no es verdad ! dijo la sala.
Fang ; bien, muy bien. ¿Dónde vivel —Yo quiero hablar, dijo el recien venido;
—Donde puede , señor magistrado , contes no quiero salir. Yo lo he visto todo. Soy li
tó el oficial de policía, como si trasmitiera lo brero, y deseo que se me escuche : no lo po
que respondia Oliverio. déis rehusar; es necesario que me escucheis,
— i Tiene padres ! preguntó Fang. señor Fang. Yos no me desechareis.
—Dice que le faltan desde muy niño , se- Aquel hombre estaba en su derecho : tenia
fior, repuso el oficial. el aire resuelto y determinado, y la cosa pre
Aquí llegaba el interrogatorio, cuando Oli sentaba un aspecto demasiado grave para ser
verio levantó la cabeza y lanzando una mira tratada con ligereza.
da suplicante á su alrededor pidió con voz —Dejad paso á ese hombre, murmuró Fang
débil un vaso de agua. de mala gana. Vamos á ver , i qué teneis que
—Eh, necio! exclamó Fang , no trates aho decir!
ra de engañarme con tus gazmoñerias. —Escuchad , dijo el librero. He visto tres
—Yo creo que verdaderamente está malo , muchachos , este que está detenido y dos mas
señor juez , objetó el oficial de policia. que miraban desde el otro lado de la cali*
—Ya sé á qué atenerme sobre esto, replicó mientras que este caballero leia. Es uno de
Fang. los otros dos el que ha cometido el robo; yo
— Sostenedle , dijo el anciano al agente alar • lo he visto con mis propios ojos y he visto asi
¿ando las manos instintivamente ; va á caerse. mismo el espanto y estupefaccion de este que
—Dejadle, oficial de policia, gritó Fang está aquí.
brutalmente; si cae será porque está fin Hablando así el honrado librero tomó alien
giendo. to, y pudo contar detalladamente todas las
Oliverio como si aprovechase el permiso, circunstancias del robo.
cayó cuan largo era al suelo , sin sentido. Los —¡Por qué no habeis venido en seguida !
agentes se miraban unos á otros , sin que nin dijo Fang , despues de un momento de silen
guno se atreviera á socorrer al muchacho. cio.
—Yo sé bien que está fingiendo , dijo el se —No tenia nadie para guardar mi tienda,
ñor Fang , como si aquel accidente fuera una repuso el librero : todos habían salido á per
prueba de ello ; dejadle en el suelo ; pronto seguir al ladron; no hace mas que unos cin
tendrá que levantarse. co minutos que he encontrado uno y he venido
—i Qué resolucion quereis tomar, señor! corriendo.
preguntó el escribano en voz baja. — i Decís que el acusador se disponia &
—Quiero condenarle sumariamente á tres leer ! preguntó Fang después de otra pausa.
meses de prision, respondió Fang , con traba —Si , repuso el testigo, el libro que todavía
jo forzado bien entendido. Haced despejar la tiene en la mano.
sala. —Ah! ah! ¿este libro? dijo Fang, ¡lo ha
Se acababa de abrir la puerta y dos hom pagado !
bres se preparaban para llevarse á Oliverio —Todavia no, respondió el librero sonrien
desvanecido, cuando un individuo de cierta do.
edad, de aspecto humilde, con una levita ne —En efecto, me habia olvidado, amigo mio !
gra bastante usada , entró en la sala y se acer exclamó ingenuamente el anciano con aire
có á la barra. distraido.
—Deteneos! deteneos! no os lo lleveis, di — Hó aquí un excelente acusador para ve
jo el recien)venido , 'falto de aliento; por el nir á pedir justicia contra un pobre mucha
amor de Dios atended un momento. cho, dijo Fang con aire cómico y presuntuo
Los hombres que presiden los tribunales de so. Yo creo, caballero, que os habeis que
T. TI.
82 OLIVERIO TWIST.
dado con este libro de una manera reprensi sus nuevos amigos ; muchas veces el sol salió
ble, por no decir otra tosa , y es fortuna para y descendió á su ocaso y el muchacho seguia
vo» que el librero no quiera perseguiros por tendido en el lecho del dolor, abatido por una
el hecho: sírvaos esto de leccion, caballero, fiebre que le devoraba á la manera que un
pues de lo contrario caerá la ley sobre vues ácido sutil penetra y roe el hierro mas duro.
tra cabeza. Levanto la sentencia pronunciada Desencajado , pálido y flaco, despertó por fin
contra este muchacho. Despejad la sala. de aquel sueño penoso y prolongado. Incor
— ! Voto á tal ! gritó el anciano dando Ubre poróse con trabajo en su lecho, y apoyando la
curso á su cólera contenida por tanto tiempo. cabeza sobre su brazo tembloroso, miró coa
¡Voto á tal! yo quiero... inquietud á su alrededor.
—Despejad la sala ! repitió el magistrado. —i Dónde estoy ! ¿ dónde me han conducido?
Oficial de policia , ¿me entendeis! haced des dijo.
pejar la sala. Débil como estaba y aunque pronunció es
Ejecutóse aquella órden y Brunlow tuvo tas palabras con voz casi imperceptible,
que salir fuera llevando su libro en una mano, fueron oidas al momento , puesto que se corrió
el baston en la otra , y poseido de la mas vio la cortina de la cama en aquel instante, y una
lenta cólera. Llegó á la calle y se calmó poco señora de edad , de porte sencillo y decente,
& poco. Oliverio Twist estaba tendido en el se levantó de una butaca en la cual estaba
suelo, con la camisa abierta y las sienes ba recostada.
ñadas de frio sudor, pálido como la muerte y —No hables , hijo mio, dijo con dulzura á
agitados sus miembros por un temblor con Oliverio ; es necesario estar bien quieto , el
vulsivo. médico te reñiría ; tú has estado muy malo ,
—Pobre muchacho ! pobre muchacho ! dijo tan malo como se puede llegar á estar ; acués
Brunlow acercándose á Oliverio; es necesa tate , queridito mio.
rio buscar un roche pronto. Al mismo tiempo acariciaba dulcemente la
Hfzose acercar un coche ; Oliverio fué co cabeza de Oliverio separándole los cabello»
locado en uno de sus asientos y el anciano se que caian sobre sus ojos, y le miraba con tanta
sentó en el otro. solicitud y ternura que aquel no pudo menos
— i Quereis que os acompañe ! preguntó el de coger con su mano descarnada la de la an
librero. ciana y pasarla alrededor de su cuello.
—Con mucho gusto, amigo mío, dijo —¡Dios mio ! ¡ qué agradecido es este pobre
Brunlow. Seria fácil que de nuevo os olvi niño ! dijo la anciana con lágrimas en los ojos.
dara. Debo aún el importe de este maldito li ! Pobre niño ! ¡ Qué placer experimentaria su
bro: subid. Pobre muchacho! no hay que madre , si despu»s de haberle velado como yo
perder un solo minuto. le contemplara en el estado en que ahora le
El librero subió al coche y este emprendió veo !
la marcha. —Tal vez ella me ve, murmuró Oliverio
cruzando las manos, tal vez ha velado cerca
de mi , señora : me parece que está allá.
CAPÍTULO xn. —Esto es efecto de la fiebre , hijo mio, di
jo aquella buena señora con tono afectuoso.
Oliverio es mejor atendido que nunca. — —Es probable , contestó Oliverio con aire
Nuevos detalles acerca del amable viejo ju pensativo : el cielo está muy lejos y es allá
dio y sus jóvenes discípulos. uno demasiado feliz para bajar hasta la cama
de un niño ; mas si ella ha sabido que yo es
El coche partió hácia Mount Pleasant y su taba enfermo , me habrá compadecido mucho:
bió por Exmouth -Street , tomando así poco ella sufrió tanto antes de morir! No, ella no-
mas ó menos la misma direccion que Oliverio puede saber lo que me está sucediendo, aña
habia seguido el dia de su llegada á Londres dió Oliverio despues de un momento de silen
acompañado del Truhán. Al llegar á Isling- cio, puesto que si me hubiese visto abatido,
ton , cerca de la hostería del Angel, tomó otra hubiera estado triste, y en mis sueños se me
direccion , parándose por fin á la puerta de ha representado con cara alegre y risueña.
una hermosa casa, de Pentonville , en una La anciana no contestó nada , limpió sus
calle tranquila y retirada. Se preparó sobre la anteojos que estaban encima de la cama , dió>
marcha una cama en la cual Brunlow hizo á Oliverio una bebida refrescante, y pasándo
acostar á su jóven pretegido dispensándole le afectuosamente la mu o por la mejilla en
con paternal solicitud los mayores cuidados y cargóle que estuviera abrigado y tranquilo,
atenciones. para no recaer en su iBfermedad.
Durante muchos dias el pobre Oliverio per Oliverio no replicó, porque se proponia obe
maneció insensible á todos los desvelos de decer de corazon á la anciana , y á decir ver
OLIVERIO TWIST. 83
dad tambien porque las palabras que acababa Al amanecer el silencio que reinaba en aque'
de pronunciar habian agotado sus fuerzas Se cuarto imponia de tal manera que hizo temer
durmió dulcemente y fué despertado por la luz al muchacho que la muerte se habia cernido
de una bujia que alumbró de repente su ca sobre su cabeza durante muchos dias y no
ma, dejándole ver un caballero que llevaba ches y que podia volver aun sombria y terri
un grueso reloj en la mano y que tomándole ble : por esto en aquellos momentos y con tan
el pulso declaró que le encontraba mucho me tristes pensamientos , se incorporó y dirigió al
jor. cielo una ferviente oracion.
—Os hallais mucho mejor, ino es ver Poco á poco durmióse con eso sueño pro
dad, amigo miol dijo á Oliverio. fundo y apacible que solo puede procurar el
— Sí señor, gracias, contestó este. cansancio de un reciente sufrimiento: reposo
—Ya sabia que seguiais bien , dijo el ca saludable y provechoso del cual no se desea
ballero. Teneis hambre ino es verdad ! salir. Y si aquel fuera el reposo de la muerte,
—No señor, repuso Oliverio. l quién quisiera salir de él para sufrir de nue
—Hem! murmuró el doctor. No, yo sabia vo las penas y las luchas de la vida , para en
bien que no teniais hambre. No tiene ham contrarse otra vez con las tristes eventualida
bre, señora Bedwin, añadió con tono senten des del presente, con las inquietudes sombrias
cioso. del porvenir , y sobre todo , con los amargos
La anciana hizo una señal de respeto con la dolores del pasado !
cabeza pareciendo significar que ella miraba Era muy entrado el dia , cuando Oliverio
sI doctor como muy sabio ; este tenia forma despertó: al abrir los ojos expeiimentó un
da de sí mismo la propia opinion. sentimiento de placer y bienestar: la crisis
—Teneis sueño, ¿no es verdad, amigo miol habia pasado ya, y se encontraba todavia en
dijo el doctor. este mundo.
—No señor, respondió Oliverio. Tres dias despues pudo levantarse y le sen
—i No teneis sueño ! repuso el doctor con taron en una silla guarnecida de almohado
aire satisfecho: y tampoco debeis tener sed nes ; como estaba aun muy débil para poder
i es cierto ! andar, la señora Bedwín le hizo trasladar á su
—Si señor, tengo mucha, dijo Oliverio. mismo cuarto colocándole delante del brasero:
—Hé aquí justamente en lo que queria fi sentóse ella cerca del mismo y en medio de
jarme, señora Bedwín, añadió el doctor. Es, su alegría al verle fuera de peligro empezó á
natural que tenga sed , pero esto no importa. sollozar fuertemente.
Podeis darle un poco de té ó bien agua de —No hagais caso , amiguito, dijo la ancia
pan. No le tengais demasiado abrigado , pero na : sed mas valiente que yo : ya pasó , aquí
cuidad de la misma manera que no se enfrie. me teneis repuesta.
íMe dispensareis este favorl — Sois muy buena para mi, señora, dijo
La anciana hizo un profundo saludo , y el Oliverio.
doctor despues de haber probado la bebida y —No hableis de esto , amigo mio , contes
apreciado sus cualidades, salió como un hom tó la anciana : vais á tomar una taza de cal
bre atareado, bajando la escalera de. prisa y do; el médico ha dicho que el señor Brun-
haciendo mucho ruido con las botas con aire low tal vez vendría á veros esta mañana , y
de importancia. es necesario que os encuentre, bien , puesto
Oliverio se aletargó de nuevo y cuando se que cuanto mejor estéis mas contento estará.
despejó su cabeza era cerca de media noche. En seguida la anciana hizo calentar en una
La anciana le dió con afecto las buenas no pequeña cacerola una toma de caldo que era
ches confiándole á los cuidados de una mujer tan sustancioso que podia servir para alimen
giuesa que acababa de entrar en el cuarto tar i. lo menos ciento cincuenta pobres del
llevando en la mano un librito de oraciones y asilo de mendicidad.
un gorro de dormir. Dejando aquel sobre 4a — i Os gustan los cuadros , hijo miol pre
mesa púsose el gorro, y despues de haber guntó la señora Bedwin , al ver que Oliverio
manifestado á Oliverio que ella quedaba ve miraba con atencion un retrato colgado en la
lando, sentíse cerca del brasero y comenzó á pared enfrente de él.
dormitar sobresaltándose con frecuencia y vol —No lo sé, señora, dijo Oliverio sin quitar
viéndose á dormir de nuevo. los ojos de aquel lienzo ; he visto muy pocos,
La noche pasó asf poco ápoco. Oliverio es y nada entiendo en ello ; pero ¡ qué hermoso y
tuvo algun tiempo despierto ocupado en con qué simpático es el rostro de esa señora !
tar los pequeños círculos luminosos que los — ¡Ah! hijo mio, los pintores embellecen
cristales proyectaban en el techo ó examinan siempre las mujeres, sin lo cual perderian
do el dibujo complicado que adornaba las pa todo su mérito. El hombre que inventara un
redes. aparato para poder sacar con exactitud la se
84 oliveri O TWIST.
mejanza, es probable que no tendria nada me he puesto ronco, temo haber cogido un
que hacer ; esto es cierto , muy cierto , repitió resfriado.
la anciana sonriendo de su malicia. —Yo espero que no , contestó esta. Toda
—Este que está aquí ¡ se parece á álguien, vuestra ropa está bien seca , señor.
señora ! preguntó Oliverio. —Esto no es exacto, señora Bedwin, dijo
—Sí, dijo la anciana dejando un momento el señor Brunlow : yo creo que ayer á la
de mirar el caldo ; es un retrato. hora de comer me disteis una servilleta hú
— ¿De quién, señora! repuso Oliverio con meda, mas no hablemos ya de esto. ¿Cómo
interés. os encontrais , amiguito mio!
—En verdad yo no lo sé , contestó resuel —Bien dichoso y reconocido á vuestras
tamente la anciana ; supongo que será de al bondades, contestó Oliverio.
guna persona que ni vos ni yo hemos conoci- —Querido niño ! dijo Brunlow , repuesto
,do. Parece que os llama mucho la atencion, de su emocion, i Le habeis dado de comer,
hijo mio. señora Bedwin! Una sopa caliente, eh?
—Es tan hermoso ! tan bello ! replicó Oli —Acabo de darle una taza de caldo exce
verio. lente , respondió la señora Bedwin , recalcan
—ICo ereo que os dé miedo, dijo la ancia do la última palabra, para hacer notar sin
na observando el aire de profundo respeto duda la calidad de lo que acababa de tomar.
con que el niño contemplaba el retrato. —Bahl replicó Brunlow encogiéndose de
—¡ Oh ! no , no, pero sus ojos tristes pare hombros, algunas gotas de vino generoso le
cen estar fijos sobre mí. El corazon me lato hubieran sentado mejor; ¿no es verdad, Tora
fuertemente , añadió Oliverio en voz baja, Whitel
• como si esa señora quisiera hablarme y no —Yo me llamo Oliverio , contestó el niño
pudiera. sorprendido.
—Dios mio ! exclamó la señora Bedwin, no — ¿ Oliverio! dijo el señor Brunlow; ¿Oli
digais esas cosas, amigo mio : vos sois muy verio qué! Oliverio White , ¿verdad!
nervioso ; esto es el efecto de vuestra enfer —No señor, Oliverio Twist.
medad. Dejadme volver la silla del otro lado, —Extraño nombre , dijo el anciano. ¿Por
para que no veais este retrato ; vaya , añadió qué pues dijisteis al juez que os llamabais
' acompañando la obra á la palabra, ahora ya White !
• no podeis verle. —Yo no he dicho nunca esto, respondió
Oliverio le veia sin embargo con los ojos Oliverio desconcertado.
del alma, tan claro como si no hubiese cam Esto parecia una mentira y el señor Brun
biado de posicion, mas temia importunar á la low lanzó sobre Oliverio una mirada severa;
anciana y procuró tranquilizarse: cuando la •sin embargo no habia que dudar de su pala
'Señora Bedwin tuvo el placer de verle así , bra, pues la verdad se reflejaba en todas sus
echó sal al caldo y cortó en seguida algunos facciones.
-pedacitos de pan tostado con toda la atencion —Esto sin duda es una equivocacion , dijo
que requiere semejante operacion. Oliverio el señor Brunlow.
tomó asta sopa con toda la presteza posible y Y auB cuando no tenia motivo para mirar
no habia acabado de llevar á la boca su última ' fijamente de nuevo á Oliverio , la semejanza
cucharada cuando llamaron suavemente á la de este con alguna otra persona conocida su
puerta. ya, se le fijó otra vez en la imaginacion de
—Adelante , dijo la anciana. una manera tan tenaz que no podia dejar de
• Entonces apareció el Sr. Brunlow. Avan- contemplar al muchacho.
t6 con paso ligero ; pero apenas acababa da —Yo espero que no esteis enfadado conmi
ponerse los anteojos sobre la frente , y de cru go, señor? dijo Oliverio levantando sus ojos
zarse de brazos para ver mejor al niño, cuan suplicantes.
do su semblante se contrajo , cambiando va ' —No , no , replicó el anciano. ¡ Dios mio l
rias veces de expresion. añadió, ¡ qué veo ! señora Bedwin, mirad !
Abatido por la enfermedad, Oliverio por Y al decir esto señalaba con su dedo á Oli
respeto á su bienhechor hizo un esfuerzo in verio y al retrato que habia colgado encima
útil para levantarse, mas cayó en seguida so de él, pues el rostro del niño era la copia
bre su asiento ; y el Sr. Brunlow que tenia exacta del retrato : los mismos ojos, la misma
ordinariamente mas corazon que seis ancianos boca, las mismas facciones. En aquel momen
juntos, sintió que salian de sus ojos abundan to la semejanza era perfecta y todas las lí
tes lágrima», cuya causa no intentaremos ex neas del semblante parecian estar reproduci
plicar porque no somos filósofos. das con una precision asombrosa.
- —Pobre niño ! pobre niño ! dijo intentando Oliverio ignoraba la causa de esta exclama_
aclarar su voz. Esta mañana, señora. Bedwin, cion súbita : estaba todavia débil para resistí,.
OLITERIO twistí • 85;
la emocion que le causó y quedó desvane —Allá veremos : observa si viene alguien >
cido. dijo el Truhán riéndose con ironia. ,
Como era esta una explicacion poco satis
factoría , Bates volvió á preguntar de nuevo : ;
Cuando el Truhán y su digno eamarada —i Qué significa todo estol
Bates, despues de haberse apropiado de una El Truhán no contestó : calóse el sombrero,
manera tan ilegal el pañuelo del señor Brun- púsose debajo del brazo los largos faldones de
low , se mezclaron entre la multitud que per su levita, procuró hinchar sus carrillos con la
seguia á Oliverio como hemos dicho anterior lengua , rascóse la nariz , y girando sobre sus
mente , fué obedeciendo á un sentimiento loa talones echó á correr. Bates le siguió con aire
ble y meritorio, cual es el de la conservacion pensativo..
de sí mismos. Como el respeto á !a libertad Algunos momentos despues de esta conver
individual es uno de los privilegios que mas sacion el viejo judío escuchaba atentamente el
enorgullecen á los ingleses, no tengo necesi rumor de los paéos de los jóvenes en la vieja
dad de hacer observar que la huida de aque escalera.
llos jóvenes pilletes debia vindicarles en con Hallábase sentado junto al fuego, ante un
cepto de los buenos patriotas. Esto explica jarro de estaño , y tenia en una mano una sal
que se volvieran verdaderos filósofos, desde chicha y un panecillo y en la otra un cuchillo.
que la atencion general se fijó sobre Oliverio ; Al volverse para escuchar dibujóse una espan
que dejaran de perseguirle , y que buscando tosa sonrisa en su rostro demacrado y sus fe
nn camino corto y retirado echaran á correr roces ojos lanzaron una mirada siniestra.
con la ligereza que les fué posible. Despues —i Qué es eso! dijo cambiando de expre
de haber recorrido varios pasajes y calles es sion. No son mas que dos ! ¿ le habrá sucedido
trechas, se pararon de comun acuerdo debajo al otro alguna cosa! Atencion!
un arco sombrío , y así que hubieron tomado Los pasos se acercaron y pronto se sintie
aliento , Bates dió un grito de alegria y en el ron resonar en el patío. La puerta se abrió
trasporte de la misma se aturdió á fuerza de lentamente apareciendo el Truhán y Charlot
reir concluyendo por echarse al suelo. Bates que la cerraron tras sí.
—¿Por qué te ries de esta manera! pre
guntó el Truhán.
—Ja ! ja ! ja ! aulló Charlot Bates. CAPÍTULO XIII.
—No hagas tanto ruido , observó el Truhán
mirando & su alrededor con inquietud, i Quie Presentacion hechá al lector inteligente de
res que te cojan, animal? algunos nuevos conocidos que no son extra
— Esto es mas de lo que se puede resistir, ños á algunas particularidades interesántes
dijo Charlot, ya no puedo mas. Cuando él se d« esta historia. '*
guia corriendo una calle despues de otra, tro
pezaba con lo que encontraba, mas como si
fuera de hierro emprendia su maicha con nue —¡.Dónde está Oliverio! preguntó el judío
vo ardor! y yo con el pañuelo en el bolsillo con furor levantándose con aire de amenaza;
iba gritando cerca de él : al ladron ! con todos iqué le ha sucedido?
mis pulmones. Los jóvenes pilletes miraron á su maestro
La viva imaginacion de Bates le recordaba con ademan de temor ; despues se miraren mu
aquella escena bajo un aspecto tan cómico que tuamente y no contestaron nada.
no pudo continuar y se tumbó otra vez en el —i Qué ha sucedido á Oliverio! dijo el ju
suelo, casi ahogándose á fuerza de reir. dío cogiendo por el cuello al Truhán y ame
— i Qué va á decir Fagin! preguntó el nazándole con imprecaciones. Habla 6 te es
Truhán aprovechando un momento en qu« trangulo.
Bates tomaba aliento. Fagin acababa de pronunciar aquella frase
—i Qué ! dijo Charlot. con tono tan serio que Charlot Bates , que en
—Si, qué? replicó el Truhán. todos los casos juzgaba prudente ponerse al
—Y bien! iqué puede decir? preguntó abrigo, y que le parecía muy posible que el
Charlot, poniendo fia á su acceso de alegria judio estrangulara á su compañero y despues
al ver que el Truhán hablaba con tono serio: á él , se arrodilló , lanzando un grito ronco y
¿qué es lo que puede decir! prolongado que tanto parecia el mugido de un
Dawkins por toda respuesta se puso á sil toro furioso como el de una tromba marina.
bar, se quitó su sombrero y empezó á rascar —¿Hablarás ! dijo el judío con voz de true
se la oreja. no , sacudiendo al Truhán con tal fuerza que
— i Qué es lo que quieres significar con era extraño que la levita no quedara entre sus
eso! repuso Chailot. manos.
86 OLIVERIO TWIST.
— Ha raido en la ratonera, dijo el Truhán jo ladron, viejo infame. Me pasma que no os
con tono áspero. Yaya, ¿quereis soltarme? asesinen ; si yo estuviera en su lugar, lo paga
Y desprendiéndose de un salto de su dies riais caro ; si yo hubiese continuado siendo
tra , cogió el tenedor de asar é intentó dar un vuestro aprendiz, hace tiempo que la farsa hu
golpe al anciano que de haberle acertado es biera concluido y... Pero no, ni siquiera po
probable le hubiese hecho perder la alegria dria vender vuestra piel ; os meteria en una
por un mes ó dos y tal vez mas. botella para enseñaros como prodigio de feal
Pero el judío se apartó con mas agilidad dad.
de la que se puede suponer en un hombre —Chut! chut! señor Sikes, dijo el judío
decrépito en la apariencia , y cogiendo el jar temblando , no hableis tan alto.
ro de estaño se preparaba á tirarlo á la cabeza —No me llameis señor , contestó el bandi
de su adversario, cuando Charlot Bates hizo do ; esto significa que maquinais algo contra
que fijara su atencion sobre él por haber ex - mi. Vos sabeis mi nombre, ¡es verdad ! Yo
halado un espantoso aullido , lo cual hizo que os aseguro que no le deshonraré cuando lle
el judío le tirase el bote lleno de cerveza. gue el momento.
—Y bien, ¡qué significa todo este ruido! —Muy bien, muy bien, Guillermo Sikes,
murmuró de repente una voz bronca, ¡quién dijo el judío con una humildad abyecta; teneis
me ha echado esto á la cara? Por fortuna no el aire de mal humor, Guillermo.
me ha alcanzado mas que la cerveza y no el —Puede ser , contestó Sikes ; me parece
bote, pues de lo contrario hubiera dado que que á vos os sucederá poco mas ó menos lo
hacer á alguno. Yo no hubiera creido jamás propio, cuando estais echando botes de cer
que un viejo picaro judío pudiese probar otra veza á la cabeza de las gentes , á menos que
cosa que agua sola y pura. ¿Qué pasa aquí, no les quisierais hacer otro daño que denun
Fagin! Por vida de... mi levita está llena de ciarles y...
cerveza... ¿Vas tú á entrar, animal? ¡Qué — ¿Estais loco! dijo el judio cogiendo á Si
haces aquí parado ! ¡Tienes miedo de tu maes kes por el brazo y señalándole con el dedo á
tro ! Aquí! los muchachos.
, El hombre que hablaba de una manera tan Sikes se contentó con hacer el gesto de un
brusca era un robusto mozo de unos treinta y hombre que tiene en su cuello un nudo cor
cinco años, que llevaba una levita negra de redizo, é inclinó la cabeza sobre su hombro
terciopelo ordinario , un pantalon gris, botinas derecho, pantomima muda que el judío dió se
con lazo y medias azules que cubrian enormes ñales de entender perfectamente.
y robustas piernas. Su sombrero era castaño Despues con términos extravagantes de que
y al rededor de su cuello se veia una gran estaba salpicada su conversacion, y que son
corbata con cuyas puntas raidas se limpiaba inútiles de citar porque serían incomprensi
el rostro. Asi que hubo concluido esta opera bles para nuestros lectores , pidió un vaso de
cion dejó ver su cara grande , con una barba licor.
que hacia muchos dias que no se habia afeita —Y sobre todo, tened cuidado de no echar
do, y sus ojos siniestros , en uno de los cuales le veneno, añadió, dejando su sombrero en
se notaban las señales de un golpe reciente. cima de la mesa.
—Aquí! ¿entendeis? gritó el hombre con- Dijo esto bromeando; pero el judío mordió
aire imperioso. se los labios con infernal sonrisa, dirigiéndose
Un perro de aguas con la cabeza herida en á la despensa y pensando que la advertencia
veinte partes entró arrastrándose por el no era del todo inútil, puesto que habria po
cuarto. dido ceder á la tentacion de perfeccionar la
^-Gastais mucho tiempo, le dijo aquel hom industría destilatoria.
bre. Sois demasiado orgulloso para reconocerme Despues de haberse bebido dos ó tres vasos
delante del mundo, ¡no es verdad? Acuéstate de licor , Sikes tuvo la bondad de dar un po
allá! co á los muchachos, y esta galanteria cambió
Este encargo fué acompañado de un punta - la conversacion , en la cual , el hecho , causa
pié que envió al animal al otro lado de la sa del arresto de Oliverio , fué contado detalla
la. Parecia, sin embargo, estar ya acostum damente , con las modificaciones y comentarios
brado á este tratamiento , puesto que se echó que el Truhán creyó oportuno añadirle.
tranquilamente en un rincon sin exhalar un —Yo temo , dijo el judío , que Oliverio ha
quejido, y abriendo y cerrando sus feos ojos ble y nos meta á todos en el enredo.
veinte veces por minuto, pareció quedarse —Esto es lo mas probable , contestó Sikes
inspeccionando la sala. con maliciosa sonrisa. Ya os veo con vestidos
—¿ Con quién regañabais! preguntó el re nuevos, Fagin.
cien llegado sentándose ccn aire resuelto. Vos — Y yo tengo miedo, añadió el judío sin
maltratais á los muchachos, vieje avaro, vie- hacer caso de la contestacion y mirando á su
OLIVERIO TWIST. 8?
interlocutor con ojos muy abiertos ; yo temo Anublóse el semblante del judío, y volvien"
^ue si el baile empieza para nosotros, empeza do la cabeza á Betty , que llevaba on traje
rá tambien para otros , y tal vez será para magnifico, por no decir espléndido, compues
ellos mas temible que para mí, querido. to de un vestido encarnado , botinas verdes y
Sikes se estremeció y se volvió con ojos adornos amarillos , dirigióse á su compañera.
amenazadores al judío ; encogióse este de hom —i Y vos , Nancyl dijo , ¿ qué me contes
bros y sus miradas vagaron indiferentes por tais, querida !
la sala. — Que esto no va conmigo, y así, Fagin,
Un largo silencio sucedió á esta escena : ca es inútil que insistais.
da uno de los miembros de aquella respetable —lQ,ué es lo que estás diciendo! replicd
asociacion parecia estar embebido en sus pro Sikes mirándola con aire amenazador.
pias reflexiones sin exceptuar al perro que se —Lo dicho dicho, Guillermo, contestó tran
lamia las lanas con aire significativo , como quilamente la jóven.
dando á entender que meditaba un ataque —Bah ! pues precisamente tú eres la per
contra las piernas de la primera persona.que sona que nos conviene , replicó Sikes : nadie
encontrara en la calle. te conoce en ese distrito.
—Es necesario que álguicn vaya á infor —Y como á mi me importa poco que no
marse de lo que sucede en las oficinas de po me conozcan , contestó Nancy con la propia
licia, dijo Sikes con tono mas bajo del que calma, rehuso lisa y llanamente, Guillermo.
habia usado á su llegada. —Ella irá, Fagin, dijo Sikes.
El judío hizo una señal de asentimiento con —No, Fagin, ella no irá , exclamó Nancy.
la cabeza. —Es!á dicho , Fagin , ella irá , repitió Si
— Si el chico está encerrado bajo llave, no kes.
hay nada que temer hasta que le suelten, dijo Sikes tenia razon. A fuerza de amenazas,
Sikes, pero entonces, debemos tener cuidado; de promesas y de requiebros obtuvieron en
y será preciso seguirle la pista de una mane fin el consentimiento de Nancy que ofreció
ra ó de otra. encargarse de la comisión. Además á ella no
El judío hizo una nueva señal de aproba la habian detenido las propias consideraciones
cion. que á su compañera, pues habiendo abando
Esta manera de proceder era evidentemen nado hacia poco el lejano pero elegante bar
te la mejor, pero por desgracia un grave obs rio de Ratcliffe, para ir á habitar en el de
táculo les impedia adoptar aquella medida ; Field-Lane, no debia temer como Betty, ser
este obstáculo np era otro que la antipatía reconocida por alguno de sus numerosos ami
violenta, y profunda repugnancia con que el gos.
Truhán, Charlot Bates, Fagin y Guillermo Si En su consecuencia despues de,haber ceñi
kes miraban las oficinas de policia , y la re do alrededor de su cuerpo un delantal blanco
pulsion que experimentaban para ir á recor y cambiado sus adornos de la cabeza por un
rer sus alrededores por cualquier motivo que sombrero de paja, artículos de tocador saca
fuese. dos del inagotable almacen del judío, la se
Es difícil decir cuánto tiempo estuvieron ñorita Nancy se preparó para salir á desem
callados mirándose el uno al otro , de una ma peñar su comision.
nera indecisa que no tenia nada de agradable ; —Un instante , querida mia , dijo el judío
además seria supérfluo extendernos en conje entregándole una [cestita cubierta ; lleva esto
turas sobre ello , puesto que la llegada repen á la mano, y tendrás un aspecto mas respeta
tina de las dos jóvenes que Oliverio habia ble.
visto anteriormente reanudó la conversacion. —Dadle tambien una llave gruesa , Fagin,
—Feliz casualidad ! dijo el judío ; Betty irá : dijo Sikes ; así tendrá todavia un aire mas
i no es verdad, querida mia! natural.
— i Dónde ! preguntó la jóven. — Sí, sí, teneis razon, dijo el judío colgan
—Nada menos que á la prefectura de poli do del dedo de la jóven una gruesa llave ; asi
cia, mi querida Betty, contestó el judío con está perfectamente. Estás admirable, querida,
voz cariñosa. añadió frotándose las manos.
Haciendo justicia á la jóven , debemos de — ! Oh ! mi hermano ! mi pobré querido her-
cir que no se negó terminantemente á ir á la manito ! exclamó Nancy derramando lágrimas
prefectura , limitándose tan solo á manifestar y apretando con mano convulsiva el cesto y
que preferia ir al diablo. Al eludir la pregun la llave como una mujer desesperada; ; qué te
ta con aquella delicadeza , daba Betty á cono ha sucedido ! iquó te han hecho ! ¡Oh! yo os
cer ese exquisito sentimiento de conveniencia Buplico , señores , tengais piedad de mi ; de
que nos impele á no contrariar á nadie con cidme donde está ese querido niño, señores.
una negativa directa y formal. Yo os lo suplico, mis buenos señores.
88 a oliverio TWIST. ,
Despues de haber pronunciado estas pala él noticia alguna, Nancy se dirigió directa
bras con voz dolorosa y sollozando, con ale mente al agente de policía del chaleco rayado,
gría de todos los presentes; la señorita Nan- de quien hemos hecho mencion , y con suspi
cy se paró, hizo un gesto con los ojos, saludó ros y sollozos cuyo efecto aumentaba agitan-
á sus compañeros sonriendo y desapareció. do el cesto y la llave , preguntó por su her-
— IAhí hé aquí una jóven famosa, amigos manito.
miosl dijo eljudfo dirigiéndose á sus discípu —No está aquí, querida, dijo el agente.
los y moviendo gravemente la cabeza, como —¿Dónde está! exclamó Nancy con asom
para amonestarles con esta señal á seguir el bro.
ejemplo que acababan de tener delante. —El caballero se lo ha llevado, contestó el
—Hace honor á su sexo, repuso Sikes, lle agente.
nando su vaso y dando un fuerte puñetazo en — ¿ Qué caballero! ¡Oh! Dios mio I i qué
la mesa. A su salud ! y para que las demás sa caballero! exclamó Nancy.
le parezcan ! Para contestar á tan incoherentes pregun
Mientras que todos se esforzaban en elogiar tas , manifestó el agente á la atribulada jóven
á Nancy, la perla de las mujeres, ella entra que Oliverio se habia desmayado en la sala
ba en la prefectura de policía sana y salva , del Tribunal, y que habiéndose presentado
no sin haber experimentado ese sentimiento un testigo á probar que el robo se cometió
de timidez natural en una jóven que se en por otro, tuvo á bien el juez absolverle de la.
cuentra en la calle sola y sin proteccion. pena ; despues de lo cual , el acusador se lle
Entró en la prefectura por el lado opuesto vó al muchacho á su propia casa que debia
& las oficinas , dió un golpecillo en la puerta estar hácia Pentonville , á juzgar por la ór-
de uno de los encierros y se puso á escuchar. den que diera al cochero de dirigirse hácia
No oyendo nada , tosió, y como nadie con dicho punto.
testara resolvió hablar. La jóven en un estado de espantosa ansie
— Oliverio, murmuró dulcemente, mi que dad cerró la puerta y salió vacilando. Ya en
rido Oliverio I la calle , regresó corriendo á la habitacion
No habia allá mas que un miserable des del judío por el camino mas corto.
calzo que habia sido preso por habtr cometido Así que Guillermo Sikes conoció el resul- .
el crimen de tocar la flauta sin permiso , y tado de la comision de Nancy llamó de repen
que despues de probarse claramente %u falta te á su perro, encasquetóse su sombrero y sa
contra la sociedad , fué condenado por el se lió precipitadamente sin tener tiempo siquiera,
ñor Fang á un mes de cárcel en una casa da de decir adios á sus compañeros.
correccion. El señor Fang habia tomado esta —Es necesario que sepamos dónde está,
medida , porque crcia era mas á propósito aqnel - amigos mios ; es necesario encontrarle , dijo
preso con sus buenos pulmones para dar vuel el judío con emocion : Charlot , tú irás por to
tas á un molino que para tocar la flauta. El das partes á descubrirlo hasta que adquieras,
prisionero dedicado enteramente á los recuer algunas noticias. Nancy , querida mia, es pre
dos que le inspiraba la pérdida de su flauta y ciso que me lo encuentres : yo fio en tí y en el
la confiscacion hecha en favor del Estado, no Truhán y espero que lo buscareis en seguida.
contestó á Nancy, la cual llamó á la otra puerta. Esperad , esperad , añadió abriendo un cajon,
—i Quién va! preguntó una voz débil y con mano temblorosa; aquí teneis dinero,
temblorosa. amigos mios. Yo cerraré mi tienda esta noche,
—i Hay aquí un muchacho! preguntó Nan ya sabeis donde debeis encontrarme; no os
cy con tono lastimero. detengais ni un minuto, ni un instante, ami
—No , contestó la voz ; que Dios le libre de gos mios. ,
verse aquí ! Hablando así, les acompañó hasta la esca
El que hablaba asi era un vagabundo de lera, despues cerró cuidadosamente la puerta
sesenta y cinco años á quien habian meti con doble cerrojo y sacó de su caja el cofre
do en la cárcel no por haber tocado la flauta cillo que habia dejado ver involuntariamente
sino por haber pedido limosna públicamente á Oliverio, metiéndose con precipitacion ea
en lugar de hacer cualquier otra cosa para todos sus bolsillos los relojes y demás objetos
ganarse la vida. que contenia.
En el tercer encierro habia otro individuo Un golpe que dieron en la puerta cuando
condenado á la reclusion por haber vendido estaba á mitad de esta operacion le hizo es
cacerolas sin permiso y por haberse en su tremecer.
consecuencia ganado la vida con perjuicio de — ¿ Quién va! gritó con viveza y al propio
la hacienda. tiempo con miedo.
Como ninguno de rstos criminales contesta —Soy yo , contestó el Truhán á través de la
ba por el nombre de Oliverio ni podía dar de cerradura.
OLIVERIO TWIST. 89
—Y bien ! i qué quieres ! dijo el judio con historias que aquella le contó de una herma
impaciencia. na que vivia en el campo y de un hijo que
—Nancy pregunta si es necesario que va estaba de dependiente en casa de un rico co
ya á la otra habitacion, repuso el Truhán con merciante de las Indias, y que le escribia, tres
voz baja. ó cuatro veceB cada año , cartas tan cariño
—Si, dijo el judio, lo importante es que se sas, que las lágrimas se asomaban á sus ojos
le encuentre. Yo sabré lo que debe entonces con solo acordarse de su contenido. Cuando
hacerse, no tengais cuidado. hubo explicado todas las perfecciones de sus-
El Truhán murmuró algunas palabras y hijos y las enérgicas cualidades de su marido,
bajó los escalones de cuatro en cuatro para que habia muerto hacia veinte y seis años,
no hacer esperar á sus compañeros. era ya la hora de tomar el té. Despues se
—Hasta ahora él no ha hablado , dijo el ocupó en enseñar á Oliverioel cribbage (l) que
judío volviendo á su tarea: si tiene la inten el muchacho aprendió an seguida, y jugaron
cion de descubrirnos á sus nuevos amigos, to hasta que llegó la hora en que el pobre con
davia es tiempo de evitar el golpe. valeciente debia tomar un poco de vino coa
agua y un pedazo de pan tostado para acos
tarse despues.
CAPÍTULO XIV. Los dias de la convalecencia de Oliverio
fueron muy felices ; á su alrededor todo esta
Detalles sobre la estáncia de Oliverio en casa ba arreglado con el mayor esmero y propie
del señor Brunlow. — Profecía notable de dad, y eran tantos los cuidados que cariñosa
un tal señor Grimwig acerca del muchá mente le prodigaban , que despues de la agi
cho, cuándo este partió en comision. tada vida que acababa de llevar , se encon
traba en un verdadero paraíso.
Oliverio se repuso bien pronto del desmayo Así que se encontró con fuerzas suficientes
que le habia causado la brusca exclamacion para andar, el señor Brunlow le compró un
del señor Brunlow : este y la señora Bed- vestido nuevo , una gorra y unos zapatos , y
win evitaron cuidadosamente volver á hablar la manifestó que podia disponer á su antojo
flel retrato y la conversacion no giró ni sobra de su traje viejo. Oliverio lo regaló á una cria
la historia ni sobre el porvenir de Oliverio, da, que le habia prodigado varios auxilios du
sino sobre cosas á propósito para distraerle, rante su enfermedad, suplicándola lo vendie
sin impresionarle. Estaba todavia débil para ra á cualquier judío y que se guardara el
levantarse , mas el dia siguiente , cuando ba precio. La sirvienta no se hizo rogar, y al po
jó al cuarto de la señora que le habia cuida co rato Oliverio contempló desde la ventana;
do, su primer movimiento fué lanzar una mi como un judío metia en un saco los vestidos,
rada sobre la pared , con la esperanza de ver y se alegró al pensar que no los veria jamás.
otra vez el retrato de aquella hermosa mujer. Ocho dias daspues del incidente del retrato,
Su deseo no pudo realizarse porque el retra el señor Brunlow mandó una mañana decir
to habia desaparecido. á la señora Bedwin que si Oliverio Twist es
— ¡Ahl dijo el ama de gobierno, (habeis taba en buen estado, desearia verle en su
observado que el retrato no está en el mismo gabinete , para hablar con él un rato.
sitio! —Dios mio ! lavaos las manos y dejad que
—S! señora, contestó Oliverio. ¿Por qué lo os arregle los cabellos , dijo la señora Bed
han quitado? win : Señor ! si yo hubiese sabido que os ha
—Lo han escondido, hijo mio, repuso la bia de llamar os hubiera puesto un cuello-
anciana , porque «el señor Brunlow ha dicho blanco y habriais parecido hermoso como un
que la vista de este retrato parecia haceros sol.
daño y podia tal vez retardar vuestra cura Oliverio obedeció en seguida á la anciana,
cion. y no bien habia tenido tiempo esta de peinar
—I Oh ! no señora , no me hacia daño algu le , cuando contemplándole fijamente de la
no, dijo Oliverio; lo queria tanto! cabeza á los pies le encontró tan hermoso que
—Bien ! bien ! lo que conviene es que os le pareció imposible que hubiese podido ga
restablezcais y os aseguro que se volverá & nar tanto en tan poco tiempo.
poner en su sitio. Ahora hablemos de otra El muchacho fué á llamar á la puerta del
cosa. gabinete, y cuando el señor Brunlow le hizo
Oliverio no pudo obtener mas detalles acer antrar , se encontró en una pequeña sala cu-
ca del retrato en cuestion y no insistió en ha
cer mas preguntas para no disgustar á la an
ciana que tan bien le habia cuidado durante
su enfermedad. Escuchó con atencion varias (1) E«p«<*c dejuogomuj wado 60 Iuglaterra.
90 OLIVERIO TWIST.
jas paredes estaban cubiertas con armarios lle rio inquieto, al ver el aspecto grave que aca
nos de libros. Habia en aquella habitacion baba de tomar su protector: no me pongais á
una ventana, por la cual se veian hermosos la puerta para que tenga que ir á correr por
jardines , y al lado de la misma la mesa de las calles ; dejadme quedar aquí para serviros;
despacho , ante la cual estaba sentado el señor no me volvais al lugar de donde sal! ; tened
Brunlow leyendo. Al ver á Oliverio dejó su piedad de este pobre niño , señor , yo os lo
libro é hizo que el muchacho se acercara y ruego!...
tentara á su lado. Oliverio orjede'ció sorpren —Mi querido niño , contestó el señor Brun-
dido de que hubiera quien pudiese leer tantos lovc sorprendido de la energia con que Oli
libios escritos solo con la intencion de hacer verio imploraba su proteccion ; no temais que
mas sabio al mundo , cosa que sorprende yo os abandone si para ello no me dais mo
siempre á los que tienen tan poca experiencia tivo.
como Oliverio Twist. —Jamás , señor , jamás , repuso Oliverio
—Hay aquí muchos libros, ino es verdad, interrumpiéndole.
niSol dijo el señor Brunlow al notarla cu —Asilo espero, continuó el anciano, y
riosidad con la cual Oliverio observaba los es estoy persuadido de que nunca me obligareis
tantes de arriba abajo. á ello. Aunque he experimentado varios des
— Sí señor, muchos: nunca habia visto engaños de distintas personas, á las cuales
tantos , contestó aquel. habia protegido , estoy sin embargo dispuesto
—Los leereis, replicó el anciano con dulzu á creeros y me interesaré por vos mas de lo
ra, y seguramente encontrareis mas gusto en que pensais. Las personas á quienes mas he
ello que en ver la cubierta : no sucede esto querido han muerto ya; pero aunque se ha
en todos , pues hay algunos cuyo único valor yan llevado tras si los encantos y felicidad
está en la encuadernacion. de mi vida, no he convertido por esto mi co
— Esos serán tal vez los mas grandes, se razon en un ataud y no lo he cerrado todavía
ñor , contestó Oliverio señalando tomos en para que no tengan cabida en él las mas pu
cuarto con relieves dorados. ras y dulces emociones. Una afliccion verda
—No tal, repuso el anciano sonriendo y dan dera nos hace mas accesibles á la dicha, y es
do un golpecillo sobre la espalda de Oliverio. natural que asi suceda, pues de lo contrario
Los hay que son muy feos y pequeños y sin el dolor nos mataria.
embargo son de los mejores. ¿Os gustaria leer El anciano despues de haber pronunciado
y escribir semejantes libros? estas palabras á media voz y como si hablara
—Ya lo creo , señor , que desearia leerlos ! consigo mismo, guardó algunos momentos
replicó Oliverio. de silencio , mientras que Oliverio sentado en
— ¡ Cómo ! dijo el señor Brunlow , ino os una silla, casi ni se atrevia á respirar, para
gustaria ser autor ! no interrumpir á su bienhechor.
Oliverio reflexionó algunos momentos y —Si yo os hablo así, continuó al fin el se-
concluyó por decir que creia era mejor ser li fior Brunlow con tono mas agradable, es
brero. El anciano se rió con gusto y declaró porque vuestro corazon es jóven ; y sabiendo
era excelente la contestacion , lo cual alegró que yo he experimentado violentos disgustos ,
á Oliverio que no creia saber tanto. evitareis sin duda cuidadosamente darme nin
—Bien ; no tengais cuidado , dijo el señor gun otro. Decís que sois huérfano sin un so
Brunlow con su acostumbrada seriedad ; no lo amigo en 1 el mundo ; las noticias que he
sereis autor mientras haya un oficio que podido adquirir están conformes con lo que
aprender. asegurais. Contadme pues vuestra historia;
— Gracias, señor , contestó Oliverio. decidme de donde ven.'s , quien os acompañó
La viveza de esta contestacion hizo reir y de qué manera conocisteis á los jóvenes con
otra vez al anciano que murmuró algo entre los cuales os encontré. Decidme en todo la
dientes sobre la singularidad del instinto . Oli verdad, y estad seguro que mientras yo vi
verio no se fijó mucho en ello porque tampoco va , vos no quedareis sin un amigo.
lo entendia. Durante algunos minutos los sollozos impi
—Mientras tanto, dijo el 3eñor Brunlow dieron hablar á Oliverio; y cuando iba á de
tomando un aire de bondad y al propio tiem cir que habia sido educado en la sucursal del
po tan grave como jamás lo hubiese tomado : asilo de mendicidad y conducido luego á di
escuchad , hijo mio, lo que voy á deciros. Os cho establecimiento por el señor Bumble, dos
hablaré sin rodeos, ya que estais en un estado golpes dados con mano impaciente resonaron
que podeis comprenderme tan bien como un en la puerta de la calle y entró un críado
hombre de ma3 edad. anunciandp al señor Grimwig.
— ¡Oh! señor , yo os lo suplico , no me di —Qué, i sube! preguntó el señor Brunlow.
gais que quereis echarme ya! exclamó Olive- — Sí señor , contestó el criado : ha pregun
OLIVETIO TWIST. 91
tado si habia muffins (1) en la casa, y como le —Esto me da mucho que pensar, dijo el
he contestado que sí, ha dicho que Tenia á to irascible anciano quitándose los guantes : todos
mar el té. los dias hay mas ó menos cáscaras de naran
Sonrióse Brunlovv, y volviéndose á Olive ja en el piso de nuestra calle y tengo la cer
rio le dijo que el señor Grimwig era . uno de teza de que quien las echa es el muchacho
eua antiguos amigos y que no debia hacerse del cirujano de la esquina : por mas señas ,
caso de sus maneras un poco bruscas porque ayer noche una de aquellas cáscaras hizo res
en el fondo era un buen hombre. balar á una jóven que chocó contra la reja de
—¿ Quereis que salga , señor! preguntó Oli un jardín. Así que se levantó la vi mirar el
verio. infernal farol rojo que ilumina la muestra del
—No, contestó el señor Brunlow , prefie cirujano. ¡ No vayais ! le grité por la ventana,
ro que os quedeis aquí. es un asesino !... un embaucador! Yo
En aquel momento entró un anciano de Aquí el iracundo anciano dió un golpe con
gran corpulencia apoyado en una gruesa ca su baston sobre el pavimento , cuya accion
ña; vestia levita azul, chaleco rajado, pan significaba ó equivalia á su expresion favori
talones y polainas de color de mahon y un ta. Luego , sin soltar su caña sentóse , y sa
sombrero de anchas alas. De su chaleco salia cando un lente que llevaba colgado de un lar
una pechera rizada y una larga cadena de go cordon negro, empezó á observar á Olive
acero , de cuyo extremo, que terminaba en su rio. Este, notando que era objeto de un exá-
bolsillo , pendia una llave , y las dos puntas men en toda regla , se puso colorado y salu
de su corbata blanca estaban unidas por un dó de nuevo.
nudo del tamaño de una naranja. — ¡Es este el muchacho en cuestion! dijo
Al hablar , volvia bruscamente la cabeza al fin el señor Grimwig-
de lado y mirando de la misma manera pare — El mismo, contestó el señor Brunlow,
cía imitar la postura de un loro. En esta ac haciendo á Oliverio con la cabeza una señal
titud , entró en la sala con un pedacito de de amistad.
cáscara de naranja en la punta de los dedos , —i Cómo vamos, muchacho! dijo el señor
exclamando con tono de mal humor : Grimwig.
— ¡Mirad! no es cosa extraña ni prodigiosa —Gracias, señor, un poco mejor, contestó
que yo no pueda entrar aquí sin encontrar en Oliverio.
la escalera uno de estos pedazos de naranja El señor Brunlow temiendo probablemen
que hacen la fortuna de los cirujanos. Una te que su excéntrico amigo soltara alguna
cáscara de naranja me dejó cojo y otra me palabra poco agradable , mandó á Oliverio
causará la muerte. Sí señor , una cáscara de que saliera á decir á la señora Bedwin que
naranja causará mi muerte : apostaria la ca subiera el té. El muchacho á quien no agra
beza ! daban mucho las maneras del recien llegado ,
Esta era la frase favorita del señor Grim se alegró de que se le presentara ocasion de
wig para dar mas expresion á lo que decia. salir.
—Sí señor, apostaria la cabeza, repitió el — Es un guapo chico , í no es verdad ! dijo
señor Grimwig golpeando el suelo con su el señor Brunlow. • »
baston. Hola! i quién es este! añadió obser —Yo no lo sé , contestó el señor Grimwig
vando á Oliverio y retrocediendo dos pasos. con tono brusco.
— Es el jóven Oliverio Twist, de quien os — i Cómo es esto!
hablé , dijo el señor Brunlow. —No , yo no lo sé : para mí todos los mu
Oliverio saludó respetuosamente. chachos se parecen. No conozco masque dos
—Este no será el muchacho que ha tenido clases, los flacos y delicados y los gordos.
la fiebre ! dijo el señor Grimwig apartándose —Y i en qué categoria colocais á Oliverio!
mas. Esperad! añadió bruscamente, olvidando —En la de los raquíticos. Tengo un amigo
sin duda con la alegria de su descubrimiento el entre-cuyos hijos hay uno mofletudo , con ca
temor de contagiarse; apuesto á que este mu beza grande y redonda, mejillas coloradas y
chacho es el que ha pelado una naranja y ha ojos brillantes : á este llamo guapo muchacho.
tirado la cáscara á la escalera. Apostaria la Sin embargo es horrible ; parece que los ves
cabeza y hasta las orejas. tidos se le van á romper por todas partes ;
—No, no es él, contestó el señor Brun tiene voz de piloto y come como un lobo ; le
low sonriendo ; no ha tenido ninguna naranja. conozco bien á ese tuno !
Con todo , veamos , dejad vuestro sombrero y — Entonces , replicó el señor Brunlow, ese
hablemos á mi jóven amigo. no es el tipo de Oliverio Twist; así pues, no
teneis motivo para incomodaros.
—Es verdad , contestó el señor Grimwig ,
(1) Bizcochos especules para tomar el té. mas es probable que valga menos.
92 OLIVERIO TWIST .
El señor Brunlow tosió con impaciencia , —i Quereis que os diga una cosa ! dijo este
lo cual pareció causar una viva satisfaccion último á media voz al señor Brunlow; ma
al señor Grimwig. ñana por la mañana no vendrá; yo le he visto
—Si , repitió, es probable que él no sea me vacilar; habeis sido engañado, amigo mio.
jor; ¿de donde viene! i quién es! El ha teni —Yo juraria que no, repuso el señor Brun
do la fiebre... Y bien ! no tienen solo la fiebre low con calor.
las personas buenas ; los pillos la tienen tam —Si no es así) dijo el señor Grimwig, apos
bien algunas veces. Yo he conocido un indivi tada... y golpeó fuertemente el suelo con su
duo que fué deportado á la Jamaica por haber baston.
asesinado á su amo y tuvo la fiebre mas de —Juraria por mi vida que este muchacho
seis veces; ¿ creeis que esto le volvió bueno! es sincero , añadió el señor Brunlow dando
Bah ! es la mayor boberia ! un golpe en la mesa.
El hecho es que en el fondo de su corazon, —Y yo por mi cabeza , que es un bribon !
el señor Grimwig estaba perfectamente dis replicó el señor Grimwig dando un fuerte pu
puesto á admitir que el semblante de Olive ñetazo en la misma mesa.
rio ie habia inclinado en su favor, pero te —Veremos , dijo el señor Brunlow re
nia en alto grado la costumbre de contra primiendo su cólera.
decirlo todo y mas en aquel momento que es —Sí , veremos , repitió el señor Grimwig
taba irritado por haber encontrado en la esca con sonrisa irónica , veremos.
lera una cáscara de naranja. Resuelto á no Quiso la casualidad que en aquel momento
dejarse convencer por nadie que le quisiera entrase la señora Bedwin llevando en la ma
enseñar si un muchacho tenia el aspecto in no un paquete de libros que el señor Brun
teresante ó no , habia tomado el partido de low habia comprado aquella mañana en la
empezar á contradecir á su amigo desde que misma libreria que ha figurado ya en esta his
entró. Cuando el señor Brunlow le dijo que toria ; lo puso sobre la mesa , y cuando se
él no podia contestar de una manera satisfac preparaba á salir del gabinete le dijo el señor
toria á ninguna desus preguntas, puesto que Brunlow:
esperaba preguntar á Oliverio por su historia, —Haced entrar al dependiente , señora
en el momento en que estuviera bien resta Bedwin ; tiene que llevarse una cosa.
blecido para poder sufrir aquel examen , el —Ya se ha ido, señor, contestó la señora
señor Grimwig tomó un aire sarcástico y ma Bedwin.
licioso y preguntó irónicamente si el ama de — Llamadle en seguida, replicó el señor
gobierno tenia la costumbre de contar las al Brunlow, le necesito: ese librero no es ri
hajas todas las noches, puesto que si algun co y estos libros no están pagados todavía :
dia llegaban á faltar dos ó tres cucharitas, además debe llevarse algunos otros.
apostada que... etc. Corrió en seguida la anciana á la puerta, y
El señor Brunlow, á pesar de tener un haciendo salir á Oliverio por un lado de ra
carácter muy vivo, sufrió todo aquello con calle y á la criada por el otro, empezaron to
mucha calma, porque conocia á fondo las cua dos á llamar al dependiente , el cual se halla
lidades de su amigo. ba ya muy léjos y nada oyó , volviendo Oli
Por otra parte el señor Grimwig tuvo la verio y la criada sofocados sin haber conse
complacencia de encontrar los muffins exce guido su objeto.
lentes y todo pasó amigablemente. ^Oliverio —Esto me contraria, dijo el señor Brun
que tomaba tambien el té con los dos amigos, low, yo tenia grande empeño en que estos
empezó á temblar delante de aquel adusto an libros fueran satisfechos esta misma noche.
ciano. « ' —Mandad el importe por conducto de Oli
—i Y cuándo oiremos la narracion comple verio , dijo el señor Grimwig con tono burlon;
ta , detallada y veridica de la vida y de las él lo entregará escrupulosamente.
aventuras de Oliverio Twist! preguntó el se
ñor Grimwig al señor Brunlow despues del —Si señor , dejadme ir , contestó Oliverio ,
té , lanzando al propio tiempo sobre el mu os lo suplico, yo iré volando.
chacho una mirada de reojo. El anciano habia pensado no dejar salir á
—Mañana , replicó el señor Brunlow ; pre Oliverio bajo ningun pretexto; mas como el
fiero que tenga la cabeza bien fuerte : asi, señor Grimwig tosió con aire malicioso , re
vendreis á mi gabinete , amiguito mio , á las solvió el señor Brunlow encargar esta comi
diea de la mañana. sion al muchacho para probar de esta manera
— Sí señor . contestó Oliverio. á su amigo que sus sospechas bajo este aspec
El muchacho contestó vacilando un poco,, to eran infundadas.
porque estaba intimidado al ver que el señor —Pues es necesario ir , amigo mio , dijo
Grimwig le observaba atentamente. el señor Brunlow á Oliverio ; los libros están
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encima de una caja al lado de mi mesa: id á verio no volviera : ¡ tan llena está nuestra po
buscarlos. bre naturaleza de contradicciones!
Oliverio, alegre de poder servir de alguna La noche se acercó poco á poco , y ya ape
utilidad, volvió en seguida con los libros de nas se distinguian las agujas del cuadrante,
bajo del brazo y esperó con la gorra en la cuando todavía los dos ancianos permanecian
mano las órdenes del señor Brunlow. inmóviles y silenciosos, con los ojos fijos en
—Direis , dijo este mirando fijamente al se el reloj.
ñor Grimwig , que llevais estos libros de mi
parte y que vias á pagar las cuatro y media
guineas que le debo. Hé aquí un billete de CAPÍTULO XV.
cinco guineas; os devolverán diez chelines.
—No tardaré diez minutos, dijo Oliverio Donde se verá de qué modo el astuto judío
con viveza. y la señorita Náncy se apoderaron de Oli
Metió el billete en su bolsillo, abrochóse verio. '
la chaqueta hasta arriba , puso con cuidado
los libros debajo del brazo, hizo un saludo En la sala oscura de una hedionda taber
respetuoso y salió. La señora Bedwin le acom na situada en la parte mas miserable de
pañó hasta la puerta para indicarle el camino Litlle-Saffron-Hill , tenebrosa guarida donde
mas corto , el nombre del librero y el de la durante el invierno hay siempre encendido un
calle, y despues de haberle encargado que mechero de gas , y en la que no penetra en
tuviese cuidado de no constiparse le dejó mar el verano un solo rayo de sol , hallábase sen
char. tado un hombre bebiendo cerveza y absorto
—Pobre muchacho ! dijo aquella siguiéndo en sus pensamientos. Por su traje de tercio
le con los ojos : yo no quisiera , no sé por pelo ordinario y sus botines, fácil hubiera si
qué , perderle de vista. do reconocer en él á Guillermo Sikes. A sus
En este momento Oliverio se volvió y la piés estaba echado un perro blanco , que tan
hizo una seña antes de dar la vuelta á la es pronto miraba á su amo como se lamia una
quina de la calle; devolvióle la anciana el sa ancha y sangrienta herida que tenia en el ho
ludo sonriendo, cerró la puerta y entró an su cico, señal inequívoca de una reciente lucha.
«uarto. — Estarás quieto) tunante ! exclamó Sikes
— Veamos, dijo el señor Brunlow sacan rompiendo el silencio.
do su reloj y poniéndolo encima de la mesa, Estaba sin duda tan absorto en sus reflexio
estará de regreso dentro de veinte minutos 6 nes, que solo el movimiento de los ojos del
antes ; aun no habrá anochecido. perro era suficiente para turbarlas , ó bien la
—i Creeis formalmente que vorverá! pre irritacion que le causaran aquellas le ha
guntó el señor Grimwig. cian tratar mal al inofensivo perro. Como
— i Dudais vosl repuso el señor Brunlow quiera que sea comenzó á jurar contra él y
sonriendo. le <l\6 una patada.,
En general el perro jamás se venga del cas
El espíritu de contradiccion atormentaba tigo que le aplica su amo , mas el de Sikes
mucho en este momento al señor Grimwig , y tenia como su dueño un carácter muy malo ,
'la sonrisa de confianza de su amigo no hizo y obligado en aquel .momento por la convic
mas que afirmarle en su idea. cion de su inocencia, se echó sin cumplidos
—Si, yo lo dudo, repitió dando un nuevo sobre el pié que le habia maltratado ; hincó
puñetazo en la mesa: el muchacho lleva so sus dientes en el calcetín , lo sacudió con ra
bre sus espaldas un vestido nuevo; debajo bia y en seguida se metió debajo de un ban
del brazo algunos libros de valor y en el bol co para evitar el golpe del jarro de estaño que
sillo un billete de cinco libras esterlinas. El Sikes le tiró con furia á la cabeza.
irá á dar un alegron á sus antiguos amigos —Tú querias morderme , eh ! dijo Sikes
los ladrones y se burlarán de vos. Si él vuel cogiendo con una mano unas tenazas y abrien
ve á poner los piés 'aquí, que me corten la do con la otra y con ademan resuelto un lar
cabeza. \ go cuchillo que sacó de su bolsillo : aquí , tu
Hablando asi, acercó su silla á la mesa y nante! aquí! ime oyes!
los dos amigos miraron fijamente el reloj guar El perro oia perfectamente , pues Sikes
dando profundo silencio. Es necesario que gritaba como un loco , pero no parecía estar
hagamos notar, porque es de importancia pa dispuesto á dejarse acobardar y mordia con
ra la mejor inteligencia , que aunque el señor rabia el extremo de las tenazas aullando mas
Grimwig no era malo , y hubiera sentido en fuerte que antes.
el alma que engañaran á su amigo, deseaba Esta resistencia no hizo mas que aumentar
de todo corazon, en aquel momento, que Oli la cólera de Sikes que se arrodilló y empezó
94 OLIVERIO TWIST.
á atacar con furia al pobre perro. El animal dadme tiempo , repuso el judío con tono bur
saltaba de un lado á otro ladrando, aullando lon. Tomad , hé aquí el paquete sano y salvo.
y gruñendo. Sikes juraba, golpeaba y blasfe Al decir esto , sacó de su bolsillo un pañue
maba, y la lucha iba á llegar al estado mas lo viejo , deshizo un grueso nudo que habia
critico para alguno de los combatientes, cuan en una de sus puntas y dejó -ver un paqueti-
do la puerta se abrió de repente y el perro to envuelto con papel gris, que Sikes le qui
salió dejando á Guillermo Sikes con sus tena tó de las manos , abriéndolo en seguida y em
zas y cuchillo en las manos. pezando á contar los soberanos que contenia.
Para reñir es preciso que los dos quieran, —¡Esto es todo! preguntó Sikes.
dice un antiguo refran , y Sikes , incomodado —Todo, contestó el judío.
con la huida del perro, volvió su cólera con — i No habeis abierto el paquete por la ca
tra el recien llegado. lle y escamoteado dos ó tres monedas! añadió
— (Por qué diablo os- venís á meter entre Sikes con desconfianza. No aparenteis indigr
el perro y yo! preguntó con gesto amenazador. naros , pues bien sabeis que eso os ha sucedí-
—Yo lo ignoraba , amigo mio , no lo sabia, do mas de una vez. Vamos, tirad del casca
contestó el judío con voz humilde. bel.
Era efectivamente el judío el que acababa Esto queria decir en términos vulgares, ti
de entrar. rad de la campanilla.
—i Vos no lo sabiais, viejo bribon ! gritó En el momento presentóse otro judío mas
Sikes. ¿No habeis oido el ruido! jóven que Fagiu, pero cuyo aspecto era tan
— No he oido nada; es tan cierto como os innoble y repugnante como el suyo.
lo digo , respondió el judío. Sikes no hizo mas que señalar con el dedo
—Es verdad, vos no oís nada, repuso Si el jarro vacio, y el judío comprendiendo per
kes con sonrisa amenazadora ; os meteis por fectamente la señal, salió para ir á llenarlo,
todas paites sin que se os oiga entrar ni sa despues de haber cambiado una extraña mi
lir. Yo hubiera deseado, Fagin, que hubie rada con Fagin, que levantó los ojos un ins
seis estado en el lugar de mi perro hace un tante é hizo con la cabeza una señal casi im
minuto. perceptible. Sikes no se fijó en ello , ocupado
— i Por qué! preguntó el judío con sonrisa como estaba en atar el cordon de su botin que
forzada. el perro habia desatado. Es probable que si
—Porque el gobierno que protege la vida hubiese visto aquel cambio de signos de inte
de seres tales como vos , que tienen el cora ligencia, no hubiera augurado nada bueno.
zon como una piedra , permite á un hombre — I Hay álguien por aquí , Barney! pregun
castigar a su placer á su perro, contestó Sikes tó Fagin sin levantar los ojos , á pesar de que
cerrando el cuchillo de una manera expresi Sikes le estaba mirando.
va ; há aquí por qué. —Ni un alma, contestó Barney.
El judio frotóse las manos, y sentándose — ¿Nadie! preguntó Fagin con un aire de
delante de la mesa aparentó reirse de los chis sorpresa que significaba tal vez, que Barney
tes de su amigo, á pesar de que lo cierto era podia decir la verdad sin ningun temor.
que estaba muy á disgusto en su compañia. —No hay otra persona mas que la señorita
—Id á reíros al diablo, dijo Sikes tirando Nancy, contestó Barney.
bruscamente las tenazas y sujetando con des —Nancy ! exclamó Sikes , i dónde está ?
den el judio; id á reiros, mas no vengais í Que me mate la peste , si yo no honro á esta
burlaros en mis barbas. Ahora os tengo en mi jóven por sus disposiciones naturales.
poder, Fagin , y por vida del diablo que no — Se ha hecho servir una racion de ternera
os soltaré. cocida, añadió Barney.
—Pien , bien, querido , dijo el judío , lo sé
todo. Nosotros... nosotros tenemos un interés un—Díle que venga , repuso Sikes apurando
vaso de licor, hazla venir.
recíproco , Guillermo . un interés mutuo.
—Hum! contestó Sikes, como para signi Barney miró con timidez á Fagin, como pa
ficar que el judío estaba mas interesado que ra pedirle su autorizacion. Viendo que el judío
él en la cuestion ; y bienl ¿qué quereis de no decia nada y no cesaba de tener los ojos
cirme ! fijos en el suelo , salió y volvió á entrar al mo
—Todo sigue perfectamente , contestó Fa mento introduciendo á Nancy vestida de coci
gin , y hé aquí vuestra parte ; es mayor de la nera con un gorro , un delantal , una cesta y
que debería ser, amigo mio; mas como sé una gruesa llave en la mano.
que vos me servireis alguna otra vez y —Tú has encontrado la pista , i es verdad,
—Abreviad , interrumpió el ladron con im Nancy! preguntó Sikes ofreciéndola un vaso.
paciencia : veamos, venga eso pronto. —Sí , Guillermo , contestó la jóven vacián-
— S:, si, Guillermo, pero dadme tiempo, dolo : yo le encontré , y por cierto que me be
OLIVERIO TWIST. 95
cansado macho : el tunante ha estado malo y y una gruesa llave , empezó á gritar y sollo-
ha guardado cama y... , zar.
— ¡4h! Nancy querida! dijo Fagin levan —1 Oh ! Dios mio ! decia , ya te he encon
tando los ojos. trado , Oliverio ! Oliverio ! ¡ Oh ! infame mu
Tal vez el judío contrayendo sus mejillas chacho que me dejaste á tu placer entregada
coloradas y cerrando un poco sus ojos profun á graves inquietudes. Ven con nosotros, ami
damente encajados en sus órbitas , queria dar go mio, ven. Bendito sea Dios! al fin te he
á entender á la señorita Nancy que cesara de hallado !
dar mas noticias ; sin embargo , este detalle Despues de estas exclamaciones incoheren
importa poco. Lo cierto es que no dió mas tes la joven empezó á suspirar violentamente,
explicaciones , y que despues de haber diri fingiendo un ataque nervioso tan fuerte que
gido á Sikes una graciosa sonrisa, cambió de las mujeres que se hallaban á su alrededor se
conversacion. consultaron mutuamente si habría necesidad
Apenas habian pasado cinco minutos, Fagin de ir á buscar un médico , resolviendo de co
fué atacado de una tos repentina y Nancy to mun acuerdo esperar.
mó su chai y dijo que debia partir. Sikes ob — ! Oh ! no , no , esto no es nada , dijo la
servó que tenia que andar un poco por la mis jóven estrechando la mano de Oliverio, ya es
ma direccion y que por lo mismo tendría el toy mejor. Vamonos en derechura á nuestra
placer de acompañarla. Asi partieron juntos, casa , ingrato niño ! vamos !
seguidos á corta distancia por el perro que sa —i Qué es esto, señora 1 preguntó una de
lió de una cuadra vecina luego que su dueño aquellas mujeres.
se hubo alejado. — ¡ Oh ! señora , contestó la jóven , se ha
El judio sacó la cabeza á la puerta por la escapado hace cerca de un mes de casa de sus
cual habia salido Sikes y le siguió con los ojos padres , honrados obreros , para irse con una
mientras que aquel atravesaba el oscuro pa cuadrilla de ladronzuelos y pilletes de mala
saje. Fagin le amenazó con el puño cerrado, viJa , y su madre casi ha muerto de pesar.
murmurando horribles imprecaciones. Des —Mira el tunante! repuso la mujer.
pues , con espantosa sonrisa, sentóse de nuevo — Obedeced pronto, bribonzuelo! dijo otra.
delante de- la mesa á fin de solazarse con la —No soy yo , contestó Oliverio asustado ;
interesante lectura del Diario de los Tribu yo no la conozco ; yo no tengo hermana , ni
nales. padre , ni madre ; soy huérfano y vivo en Pen-
Durante este tiempo Oliverio Tyvist, que tonville.
no dudaba estar libre ya de aquel maldito — ¡Oh! mirad: ahora quiere avergonzar
viejo , se dirigia hacia la libreria que hemos me ! replicó la jóven. , .
mencionado, y al llegar á Clerkenwell, tomó, — Cómo! sois vos, Nancy! exclamó Olive-
sin fijarse en ello, una calle que no estaba río al ver á la jóven que habia tenido hasta
comprendida en su itinerario. Apenas habia aquel momento detrás de él y apartándose asus
atravesado la mitad , cuando se apercibió de tado.
su equivocacion ; mas sabiendo que esta calle — Ved como me reconoce ! dijo Nancy di
debia conducirle cerca del punto adonde se rigiéndose á los espectadores : no podia ser de
dirigia , consideró inútil retroceder y continuó otra manera. ¿ Hay álguien que quiera' hacer
andando con toda la ligereza posible, con los li me el obsequio de ayudarme á llevármelo, sin
bros debajo del brazo. lo cual hará morir á su padre y á su madre y
Segun iba andando pensaba en la felicidad me hará desesperar !
de su nueva situacion y en el placer que le —i Qué diablo es esto 7 dijo un hombre sa
causaria el ver, aunque no fuese mas que por liendo precipitadamente de una taberna con
un instante, al pobre Ricardo , quien acaso en un perro blanco que le seguia muy de cerca.
aquel momento estaria llorando amargamente ¡ Como ! Oliverio ! Anda á encontrar á tu po
á consecuencia del hambre ó de los golpes. bre madre , píllete ! vamos ! de prisa á tu casa!
Interrumpióle en su meditacion una mujer —Yo no les pertenezco, no les conozco.
que gritó con fuerza : Socorro ! socorro ! gritaba Oliverio luchando
— ¡Oh! mi quei ido hermano ! y apenas aca contra el vigoroso puño de aquel hombre.
baba de levantar la cabeza para ver qué sig —Socorro! repiüó este; soy yo el que vie
nificaba aquello, se sintió cogido fuertemente ne á socorrerte, bribonzuelo! ¿Qué son estos
por dos brazos que le rodearon el cuello libros que llevas ahí? ¿Los has robado , es ver
— Dejadme, exclamó Oliverio luchando, dad ! Dame esto.
dejadme tranquilo. ¿Quién soisl ¿Por qué me Al decir estas palabras aquel hombre echó
deteneis! mano á los volúmenes que llevaba el mucha
Por toda contestacion la jóv en que le tenia cho y le golpeó fuertemente la cabeza.
abrazado y que llevaba en la mano una cesta —Bien hecho ! dijo un hombre que desde
96 . OLIVERIO TWIST.
tina ventana observaba aquella escena; hé —Dame la otra , dijo Sikes : aqui , Turco !
aquí la manera mas conveniente de meter en El perro levantó la cabeza gruñendo.
carrera é estos ladronzuelos. —Atiende, bravo mío, añadió Sikes ponien
—Es verdad , dijo un oficial de carpintero, do la mano en la garganta de Oliverio y pro
mirando con aire de aprobacion al que aca firiendo un espantoso juramento; si habla una
baba de hablar. palabra, cógelo por ahtl ¿comprendes!
—Esto le aprovechará , añadieron dos muje El perro gruñó nuevamente, se lamió el
res. hocico y miró á Oliverio como si tuviera de
—Eh ! esto es evidente , replicó el hombre seo de saltarle á la garganta sin tardanza.
zurrando de nuevo á Oliverio y cogiéndole por —El lo hará como se lo he dicho, voto á
el cuello. Adelante, ladronzuelo ! Aquí , Tur mil demonios ! dijo Sikes dirigiendo á su per
co ! atencion á lo que mando ! ro una mirada de feroz satisfaccion.
Debilitado por la reciente enfermedad, abru —Entretanto, ya sabes lo que te espera, chi
mado por los golpes de aquel ataque impre co; así grita, si te place, el perro se encar
visto , espantado por los gruñidos amenazado gará de hacerte callar; vamos, de prisa.
res del perro y la brutalidad de aquel hom Turco meneó la cola para dar gracias á su
bre , y sobre todo confuso y avergonzado por dueño por estas palabras cariñosas á las cua
la conviccion en que estaban los espectadores les no estaba acostumbrado; despues dirigió
de que él era realmente un ladron, i qué po nuevos gruñidos á Oliverio y se adelantó.
día hacer aquel pobre muchacho ! Era de no Tenia lugar esta escena en Smithfield ; al
che; la calle estaba casi desierta; ningun so- llegar á Grosvenor-Square , Oliverio no ha
^corro podia esperarse : toda resistencia era bia obtenido ninguna ventaja. La noche esta
inútil, y en un instante fué conducido á un la ba oscura y el cielo encapotado. La luz de
berinto de calles que hacian completamente las tiendas apenas se divisaba á través de la
ininteligibles todos los gritos que pudiera ex densidad de la niebla, que aumentaba á cada
halar. Y por otra parte, ¿qué hubiera impor instante y envolvía en las tinieblas las calles
tado que fuesen inteligibles si no se veia nadie y las casas ; el aspecto de aquellos sitios era
que le pudiera atender? completamente extraño á Oliverio y su ansie
dad crecía.
Los mecheros de gas estaban por todas par Andaban con paso precipitado , cuando el
tes encendidos. La señora Bedwin esperaba reloj de una iglesia vecina dió la hora. A la
con ansiedad en la puerta de su casa ; veinte primera campanada , Sikes y Nancy hicieron
veces habia salido la criada á observar si re alto y se pararon á escuchar.
gresaba Oliverio, y los dos ancianos permane —Las ocho, Guillermo, dijo Nancy.
cían con obstinación sentados en el gabinete —I A qué decirme eso! Ya lo oigo.
con sus ojos fijos en el reloj. —Y ellos , yo quisiera saber si ellos lo oyen
tambien, dijo Nancy.
—Es claro que sí , repuso Sikes ; cuando
CAPÍTULO XVL me atraparon era la época de la feria de San
Bartolomé , y no hubo en toda ella una mala
De la que sucedió á Oliverio Twist despues trompeta cuyo sonido no oyese al encontrar
de háber sido detenido por Náncy. me encerrado por la noche ; el tumulto y el
vocerío exterior, contrastaban tan espantosa
Despues de haber atravesado nn gran nú mente con el silencio de mi maldita prision,
mero de calles y pasajes estrechos , Sikes, que estuve tentado de romperme la cabeza
Nancy y Oliverio llegaron á una plaza que á contra la puerta.
juzgar por el ganado que en ella habia, era —Pobres muchachos ! dijo Nancy con la ca
evidentemente la del mercado. Allí, Sikes ra vuelta hácia el punto en donde se habia oí
•cortó el paso, porque la joven no podia con do el reloj; Iqué sujecion, Guillermo, la de
tinuar la marcha con la rapidez con que la ha estos muchachos!
bían emprendido : volvióse hácia Oliverio y le —Hé aquí las mujeres, contestó Sikes, no
mandó, con ademan brusco, que cogiera la se fijan mas que en esto ! Pobres muchachos! Y
mano de Nancy. bien ! si no han muerto ya, estarán poco me
—i Me entiendes ! gritó aquel viendo á Oli nos que sin vida: tanto mejor, asi no habla
verio distraido y mirando á su alrededor. rán.
Se hallaban en un sitio sombrío , Jejos de Pareció en aquel momento, al decir esto,
los transeuntes , y Oliverio vió claramente que reprimir un movimiento de celos, y estrechan
no habia resistencia posible, por lo cual ten do fuertemente la mano de Oliverio ^e dijo
dió la mano á Nancy que se la cerró estrecha que andara.
mente. —Un momento ! dijo la jóven: yo no pasaría
OLIVERIO TWIST. 97
tan aprisa por este sitio , amigo Guillermo , si perro, y entonces, no x'espondo de lo que va
se tratase de que te ahorcaran mañana á las á suceder á nuestras piernas.
ocho ; aun cuando estuviese nevando y no tu — Esperad un ¿comento y tendreis luz, coa
viera un chai para abrigarme, daria la vuelta testó la misma voz. Se oyeron luego los pa
por completo & esta plaza. sos de álguien que se alejaba y al poco rato
—¿Y de qué me serviria á mi eso? pregun apareció Dawkins, por otro nombre el Truhán,
tó el brutal Sikes ; á no ser que fuera para llevando una vela fija en la punta de un palo.
darme una lima y. treinta varas de la mejor El jóven píllete no se detuvo para trabar
cnerda, tanto me importaria que caminaras nuevo conocimiento con Oliverio : contentóse
-cincuenta millas como que te quedaras quieta con dirigirle un gesto extraño, é hizo seña
en un mismo sitio. Vamos, anda y no perma que le siguieran todos. Bajaron la escalera,
nezcamos aquí una hora diciendo necedades. atravesaron una cocina en la cual no se veian
La jóven se echó á reir, ajustó su chaI y mas que las cuatro paredes , y abriendo la
siguieron andando. Oliverio notó que la mano puerta de una habitacion baja y húmeda en
de Naney temblaba y al pasar cerca de un traron en una pequeña sala en la cual fueron
farol observó que su semblante estaba pálido acogidos con grandes carcajadas.
como la muerte. —¡ Oh ! la buena cabeza ! exclamó Charlot
Durante media hora mareharon por calles Bates riendo estrepitosamente. Miradlo ! mi
sucias y solitarías, y los pocos transeuntes que radlo, Fagin : mirad su facha ! Hé aquí una
•en ellas encontraron tenian todo el aire de ocu broma graciosa! No puedo mas, tenedme 6
par en la sociedad una posicion semejante á voy á reventar de risa !
la de Sikes. Por fin se metieron en una calle La alegria de Bates no era fingida ; se de
todavia mas sucia y llena de tiendas de ropa jó caer al suelo y agitando convulsivamente
vejero. El perro seguia delante, como si com sus piernas por espacio de cinco minutos no
prendiera que era inútil la vigilancia , y se pudo moderar sus trasportes de alegria. Por
paró en la puerta de una tjenda cerrada y al fin levantóse, cogió la vela que tenia el Tru
parecer deshabitada , puesto que la casa esta hán y acercándose á Oliverio le examinó de
ba casi convertida en ruinas, y un cartelon pies á cabeza , mientras que el judío quitán
clavado en la puerta , que parecia haberse fija dose su casquete saludaba respetuosamente al
do allí hacia mucho tiempo , anunciaba que muchacho, aturdido , mientras que el Truhán,
estaba para alquilar. poco inclinado á reir cuando tenia ocasion de
—Todo va bien, dijo Sikes despues de haber ejercitar su talento, examinaba los bolsillos
echado á su alrededor una mirada escudriña de Oliverio con un cuidado minucioso.
dora. —Mirad , Fagin , qué lechuguino está ! dijo
Nancy pasó la mano por la puerta , y Oli Charlot aproximando tanto la luz al vestido
verio oyó el sonido de una campanilla y des nuevo de Oliverio que parecia querer encen
pues el de un cerrojo que se corría con pre derlo; mirad qué paño tan superior y qué
caucion. En el mismo instante , se abrió la olor á pastillas de ámbar ! Esto es muy bue
puerta , y sin ninguna clase de cumplidos Si no , y además algunos libros ; Fagin , es un
kes cogió por el cuello al muchacho temblan señor completo.
do de miedo y los tres se introdujeron en la —Me alegro de veros en este estado, que
«asa. rido mió , dijo el judío saludando irónicamen
El patio estaba completamente oscuro y te á Oliverio ; el Truhán os dará otro vestido,
oyóse que la persona que les habia introdu amiguito mio , para que no estropeeis el de los
cido despues de haber acariciado al perro se domingos, i Por qué no nos habeis escrito pa
habia detenido á cerrar la puerta. ra anunciarnos vuestra llegada ! Hubiéramos
— i No hay nadie! preguntó Sikes. tenido preparada una excelente cena !
—No , contestó una voz que Oliverio cre A estas palabras Bates empezó á reir de
yó reconocer. nuevo con tanto gusto que el mismo Fagin y
—iEl viejo está ahí! volvió á preguntar el el Truhán no pudieron menos de sonreír; pe
bandido. ro como este último sacó en aquel momento
— Sí, contestóla misma voz, y os está es del bolsillo de Oliverio el billete de cinco
cuchando. Va á estar mas contento de veros, guineas, no puede explicarse la inmensa ale
que si le hicieran un regalo. gria de Charlot al hacer este nuevo descubri
El estilo de la contestacion , así como la miento.
voz del que hablaba, no eran desconocidos á — ¡Oh! ¡oh! i qué es esto! preguntó Sikes
Oliverio , mas era imposible ver nada en aque echándose sobre el judío que iba á meterse en
lla oscuridad y distinguir quién era. el bolsillo el billete : esto me pertenece, Fagin.
—Alúmbranos , dijo Sikes , ó de lo contra —No, no, amigo, esto es mio, Guillermo,
rio vamos á rompernos la cabeza ó á pisar el 68 mío; vos os quedareis con los libros.
T. ti. 7
98 OLIVERIO TWIST.
—Si os atreveis a decir que esto no es mio, gieron deben ser muy sencillas y poco mali
replicó SikeS encasquetándose su sombrero ciosas , pues de lo contrario no le hubieran
con aire resuelto , es decir mio y de Nancy, tenido en su casa. No le buscarán , por temor
me vuelvo con el muchacho. de hacerle enfermar con su persecucion, y
El judio se estremeció y Oliverio tambien, por esto está aquí muy seguro.
pero por Un motivo bien distinto, pues espe Durante este diálogo Oliverio miraba fren
taba que la disputa terminada por ponerle en te á frente á Fagin y á Sikes con ojos espan
libertid. tados y como si apenas tuviera conciencia de
—Veamos ! dijo Sikes, i quereis darme eso, lo que sucedia á su alrededor ; mas al oir la»
61 ó nó? últimas palabras de Sikes . se levantó de re
• —Esto no es justo, Guillermo; ¿es verdad, pente y se echó como un loco fuera del cuar
Nancy , que no es justo ! preguntó el judío. to gritando ¡ socorro ! con voz tan fuerte , que
—Q.Ú6 sea justo O no , os repito que me lo resonó por todos los rincones de aquella casa
deis. Sin duda habeis creido que Nancy y yo arruinada.
no tenemos en qué emplear el tiempo mejor —No dejes salir & tu perro, Guillermo,,
que en seguir la pista a los muchachos que gritó Nancy corriendo á la puerta y cerrán
se os escapen ! Dadme eso, viejo ladron, ¿me dola tras el judío y sus discípulos que iban á
entendeis? coger £ Oliverio. No dejes salir á tu perro,
Diciendo estás palabras Sikes cogió el bi que despedazaria á ese muchacho !
llete que el judío tenia entre su bolsillo y la —Eso es lo que quiero ! dijo Sikes luchan
mano , y luego mirando fríamente á Fagin, do para desasirse de la jóven que le tenia co
dobló el billete y lo metió dentro de un nudo gido; déjame ó te abro la cabeza contra la
que litro fen su corbata. pared !
—Esto es la recompensa de nuestro traba —Nada me importa, Guillermo , nada me
jo, dijo Sikes, bien que no es todo lo que va importa, gritó la jóven luchando enérgicamen
le,;, eh cuanto á vos, podeis guardaros los li- te con aquel hombre ; primero me matarás an
trbs. sioB gustala lectura; de lo contrario tes el muchacho no será destrozado por el
poíreiB venderlos. perro !
—Este es muy interesante , dijo Charlot —Con que si , eh ! dijo Sikes rechinando
Bates, que fingia leer uno de aquellos libros los dientes; quédate ahí ó verás en un mo
en Cuestion , haciendo mil gestos; hermoso mento lo que te pasa !
estilo ! i verdad , Oliverio ! y al ver el aire El bandido al concluir esta frase echó á la
compungido de este, Bates, que tenia la cos jóven al otro lado del cuarto, precisamente én
tumbre de ver todas las cosas por su lado có- el instante en que entraban el judio y sus dos
mieo , se abandonó á un nuevo trasporte de discípulos acompañando á Oliverio.
alegria todavía mayor que el primero. —Y bien! ¡qué es esto? dijo el judío.
-^Pertenecen al buen anciano , dijo Olive- —Creo que esta jóven se ha vuelto loca,
Tlb alargando las mates , al bueno y generoso contestó Sikes con ferocidad.
anciano que me recibió y que me ha tenido —No , yo no estoy loca , contestó Nancy
en Su rasa y me ha cuidado cuando estaba pálida y cansada ; yo no estoy loca, Fagin, po
nutriéndome; mandádselos, yo os lo suplico; deis estar seguro de ello.
mandadle los libros y el dinero ; guardadme á —Bien; entonces callaos ! repuso el judío
inl aqui toda mi vida , mas os suplico le de con ademan amenazador.
volvais eso para que no crea que le he ro —No; yo no me callaré, contestó Nancy
bado! 1.a anciana y todos los que han sido irritada; veamos, ¡qué teneis que decir á estol
tan buenos para mí, creerán que yo soy un Fagin conocia bien el carácter y los capri
ladron; ¡ «h ! tened piedad de mf y devolvéd chos de las mujeres ; comprendió que era con
selo!... veniente cambiar de conversacion y por esto se
Hablando así , con la energia que da un dirigió á Oliverio.
agudo dolor , Oliverio se arrodilló á los piés — i Queriais escaparos , amigo mio! dijo co
del judío, cruzando las manos con ademan giendo un palo nudoso que estaba al lado de
suplicante y desesperado. la chimenea.
—Este muchacho tiene razon , dijo el judio Oliverio nada contestó, á pesar de que ob
mirando á su alrededor con ademan de burla. servaba atentamente los movimientos del ju
Tú tienes razon , Oliverio , tienes razon ! Cree dío y que su corazon latia fuertemente.
rán que eres un ladron ; ¡ ah ! ¡ ah ! esto va —Vos pediais socorro ; i queriais que vinie
perfectamente y no podíamos desear mas. ra la policia, verdad! prosiguió Fagin son-
—Sin duda, repuso Sikes, así lo he creido riéndose maliciosamente y cogiendo al mucha
al encontrarle en Clerkéhwell con los libros cho por el brazo ; ya os quitaré las ganas de-
debajo del brazo. Las personas que lo reco- ello!
0LIVER1 TWIST. 99
El judio descargó un fuerte palo sobre las Sikes se mordió el labio con rabia , hasta ha
espaldas de Oliverio y levantaba el brazo pa cerse sangre.
ra darle otro , cuando la jóven se interpuso y —! Qué bien te sienta , repuso Sikes mi
le quitó el baston arrojándolo al fuego con rándola con desprecio, ese alarde de aparen
tanta fuerza que los carbones rodaron basta te generosidad ! J Buena ocasion es esta para
la mitad de la habitacion. que ese niño te tome' ahora por amiga !
—Yo no sufriré esto, Fagin , gritó Nancy. —Sí, yo soy su amiga! gritó la jóven en
Habeis encontrado ya á este muchacho, i qué colerizada, y mas hubiera deseado morir en
mas deseais! Dejadle quieto , i entendeis! pues la calle ó estar en lugar de aquellos cerca de
de lo contrario me arreglaré de manera que los cuales hemos pasado esta noche, que ha
os pesará. ber contribuido á coger á este muchacho.
Al decir esto, la jóven golpeaba el suelo Desde hoy no es mas que un bribón, un la
con el pié ; pálida de cólera , con los labios dron , un píllete ; i falta todavia que este vie
crispados v las manos cerradas, miraba si jo miserable le mate á golpes»
multáneamente al judío y á Sikes. —Vamos, vamos, Sikes, dijo el judio con
—Vamos , Nancy ! dijo el judio con tono tono de reprension y señalándole á los jóve
mas humilde, despues de un momento de si nes que escuchaban aquel diálogo con mucha
lencio, durante el cual cambió con Sikes al atencion; tened calma, Guillermo, es nece
gunas miradas inquietas ; vos estais esta sario hacer las paces.
noche... mas admirable que nunca. ¡Ah! que —¡Hacer las paces! gritó Nancy desespe
rida mia, representais el papel perfectamente. rada; vjejo maldito! Apenas tenia yo la mi
— i De veras! repuso la jóven; pues tened tad de la edad de este muchacho y ya robaba
cuidado que no me irrite , lo cual sería muy por vos! y doce años hace que estoy hacien
malo para vos , Fagin ; así mirad lo que hacéis do lo mismo y todavía por vos ! i Es verdad!
conmigo. decidlo, ¿es verdad!
Una mujer que pierde la paciencia , y sobre —Sí, es cierto, es cierto, repuso el judio
todo una mujer apurada por la desdicha y la intentando calmar á la jóven ; mas esta ocu
desesperacion, puede llegar á un grado de ir pacion es la que te hace ganar la vida.
ritabilidad que pocos hombres se atreven á —En efecto , replicó Nancy ; esto es lo que
provocar. El judio conoció que inútilmente me mantiene , de la misma manera que las
tomaba la cólera de Nancy por un capricho calles son mi morada , á pesar del frio , la
pasajero, y retrocediendo algunos pasos diii lluvia y la niebla. Vos sois ,.miserable ! quien
gió á Sikes una mirada medio temerosa y su me ha puesto en un estado en que permane
plicante como para pedirle que continuara él ceré hasta que muera !
la conversacion. —Y tal vez esto te sucederá pronto ! inter
rumpió el judío picado con estas reconven
Sikes entendió esta muda señal , y cifrando ciones , muy pronto, ¿entiendes ! si dices una
su orgullo personal en que Nancy se pusiese sola palabra.
inmediatamente en razon , pronunció al me Callóse la jóven , mas en medio de su rabia,
nos dos ó tres docenas de maldiciones y de arrancándose los cabellos y destrozando sns
amenazas , que por la variedad y rapidez con vestidos , se arrojó encima del judío á quien
que salían de su boca eran una prueba de la hubiera probablemente dejado alguna señal
fertilidad del espfritude invencion que le ani de su venganza, si Sikes no hubiese interve
maba. Como esto no producia ningun resulta nido á tiempo y no la hubiese cogido por las
do visible sobre el objeto de su cólera, apeló manos : Nancy hizo algunos esfuerzos para
á medios mas contundentes. desasirse de aquel hombre y quedó desma
—¿Qué es lo que quieres decir con esto! yada.
gritó acompañando su pregunta con una de — Es lo que esperaba, dijo Sikes dejándo
esas imprecaciones familiares á nuestro país; la tendida en un rincon del cuarto. Tiene
i qué quieres decir! ino sabes ya quien eres una fuerza extraordinaria en los brazos cuan
y lo que eres! do se incomoda.
— ¡ Oh ! sí , lo' sé bien , replicó la jóven con El judio se enjugó la frente y sonrió : se
una sonrisa nerviosa , meneando su cabeza de alegraba de que hubiese terminado aquella es
derecha á izquierda y tomando un aire de in cena , á pesar de que ni él, ni Sikes , ni el per
diferencia que disimulaba su emocion ro ni los jóvenes ladrones parecian inmutarse,
—Entonces cállate , aulló Sikes de la mis por ver un ello un incidente ordinario de lo
ma manera que cuando se dirigia á su peiro, que tenia lugar en aquella casa.
ó yo te impondré silencio por largo tiempo. —Es el diablo quien debe haber becho á
La jóven se echó á reir con mas frenesí las mujeres, dijo el judío dejando el baston:
que antes; y despues mirando furtivamente á sin embargo, son tan necesaiias que sin ellas
100 OLIVEKIO TWIST.
no podriamos hacer nada. Charlot, lleva á una festiva cancion en la que forman coro sus
acostar á Oliverio. vasallos , que alegres y contentos y no tenien
— Supongo que mañana no debe ponerse do otra co3a que hacer, acaban por marchar
su vestido nuevo , ¿ verdad , Fagin ? preguntó se siempre cantando.
Charlot Bates riendo. Por mas que estos cambios de escena nos
—No hay cuidado, contestó el judío riendo parezcan ridiculas, no son sin embargo tan
tambien. inverosímiles como se pudiera creer. La vida
Bates , contento probablemente con aque ofrece de continuo contrastes de este género;
lla comision, tomó la v*ela y condujo á Olive aquí fiestas, allí un lecho de muerte; tan
rio á una coqina próxima, en la cual habia dos pronto el duelo y la tristeza como la alegría
ó tres camas parecidas á la en que Oliverio y el placer. Pero en este último caso , somos
habia ya dormido otra vez. Allí el buen Ba nosotros los actores en vez de ser testigos pa
tes, despues de haber reido de todo su cora sivos de los acontecimientos , y esto es muy
zon , volvió á Oliverio los vestidos que habia diferente. Esas bruscas transiciones , esos im
tenido la fortuna de quitarse en casa del petus de súbita cólera ó dolor, que no nos
señor Brunlow. La casualidad habia hecho extrañan en la escena del mundo, nos pare
que Fagin los reconociera en casa del judio cen ridiculas é inoportunas cuando somos sim
que los habia comprado y esta circunstancia ples espectadores.
le habia servido para encontrar á Oliverio. Los repentinos cambios de escena , de tiem
—Quítate tus vestidos nuevos, dijo Char po y de lugar, no se hallan solamente sancio
lot, yo los daré á Fagin que los cuidará. ¡Ahí nados en los libros por un uso constante , sino
;qué buena broma! que se consideran por muchos como el gran ar
El pobre Oliverio obedeció, bien contra su te de la composicion; y aun hay ciertos críticos
voluntad, y Bates dobló los vestidos nuevos, que no aprecian el talento del autor sino en
los puso encima de su brazo y salió cerrando razon de las dificultades que acumula en der
1 la puerta con llave y dejando á Oliverio á os redor de los personajes al fin de cada capítu
curas. lo. Este corto preámbulo podrá parecer inútil,
La risa de Charlot y la voz de la señorita pero en todo caso , debe considerarse que es
Betty, que llegó oportunamente para echar por parte del historiador una manera delica
agua fresca en la cara de su amiga desmaya da de advertir á sus lectores, que va á con
da y hacerla volver en sí , hubieran sido su ducirlos de nuevo á la ciudad natal de Olive
ficientes para quitar el sueño á muchas per rio , y que le asisten muy buenas razones pa
sonas mas felices que Oliverio ; mas este esta ra emprender este viaje. ,
ba sufriendo y abrumado de fatiga, y bien Una mañana, muy temprano, salió el se
pronto quedó profundamente dormido. ñor Bumble del asilo de mendicidad, y co
menzó á subir la calle con paso majestuoso.
Los rayos del sol naciente se reflejaban sobre
capítulo xvn. su tricornio y su brillante traje, y era de no
tar el aire resuelto y de autoridad con que
Oliverio sigue sufriendo su mala suerte , y empuñaba su baston. El señor Bumble iba
llega á Londres un personaje que contribu siempre con la cabeza erguida , pero aquel
ye á mánchár su reputacion. dia teniala mas erguida que de costumbre;
habia en su mirada algo de profundo , y en
Es costumbre en el teatro, en todo buen su manera de andar cierta resolucion, que re
melodrama sangriento , el presentar alterna velaba que reflexiones demasiado importan
tivamente escenas trágicas y cómicas, entre tes para ser comunicadas á nadie surgian en
lazadas entre sí. Se nos muestra, tendido so su mente de bedel.
bre un miserable colchon, al héroe agobiado El señor Bumble no se detuvo á charlar en
bajo el peso de sus cadenas y desgracias ; des el camino con los pobres vendedores que le
pues, en la escena siguiente , su fiel escude dirigian respetuosamente la palabra , y ape
ro, ignorando la suerte de su amo, alegra al nas contestaba á sus saludos con una rápida
auditorio con una cancion jocosa. Vemos con inclinacion de cabeza.
emocion á la heroína á merced de un baron Conservando siempre su aspecto de digni
cruel y orgulloso , expuesta á perder el honor dad, llegó á la sucursal del asilo donde la se
ó la vida , y desenvainando su puñal para ñora Mann velaba con una solicitud entera
salvar el uno á precio de la otra ; y en el mo mente parroquial sobre su pequeña prole de
mento en que el interés se halla mas excita niños pobres.
do , se oye un silbido , y hétenos trasportados — ¡ Al diablo con el bedel ! exclamó !a se -
de repente á la sala de un castillo ó de un ñora Mann , oyendo á Bumble sacudir con im
viejo senescal de cabellera blanca, que canta paciencia la puerta del jardín; no puede ser
OLIVEBIO TWIST. 101
otro sino él... IAh! señor Bnrable, añadió en — ¿ Y tomais la diligencia! dijo al fin ; yo
voz alta , estaba bien segura que erais vos ! creia que se llevaba á los pobres en carreta.
j qué placer me causa vuestra visita ! Entrad, —Sí señora , cuando están malos , y en car
señor , yo os lo ruego. reta descubierta cuando llueve ; esto lo hace
Las primeras palabras eran para Susana , y mos para que no se constipen.
las exclamaciones de alegría iban dirigidas al — i Oh! exclamó la señora Mann.
bedel, mientras que la buena mujer abria la —En cuanto á los dos de que ahora se tra
puerta del jardin , saludando al señor Burable ta, se hallan en un estado lastimoso y hemos
con el mayor respeto. calculado que los gastos de trasporte importa
—Señora Mann, exclamó el bedel deján rían dos libras menos que los.del entierro... su
dose caer con lentitud sobre el sofá en vez de poniendo siempre que podamos colocarlos en
sentarse bruscamente ; buenos días , señora otra parroquia. Espero no obstante que esto
Mann. se conseguirá , á menos que no se les ocurra
—Os los deseo felices, repuso esta con una morir en el camino para hacernos rabiar. Ja !
sonrisa; supongo que estais bueno , caballero! ja! jal . .
—As! , así , señora Mann , contestó Bum- El señor Bumble comenzó á reírse , pero
ble ; una vida parroquial no es ningun lecho sus ojos tropezaron con su tricornio , y esto
de rosas. le hizo volver de nuevo á su aire grave.
— lAh! señor Bumble, á quien se lo decís! —No olvidemos los negocios , señora , dijo
Si los pobres niños del asilo hubiesen oido despues de una pausa ; hé aquí la paga men
las palabras de la señora Mann , de fijo hu sual que os abona la parroquia.
bieran hecho coro con ella. Así diciendo , el bedel sacó de su cartera
—La vida parroquial , señora , continuó el algunas monedas de plata envueltas en un pa
señor Bumble dando un bastonazo sobre la pel , y pidió á la señora Mann un recibo , que.
mesa, es una vida fatigosa, agitada é inso le fué entregado al momento.
portable ; pero este es el destino de los funcio —Es un verdadero borron , dijo la mujer ;
narios públicos. pero está en regla. Muchas gracias , señor
La señora Mann, sin comprender bien lo Bumble , muchas gracias.
que queria decir el bedel, elevó las manos al El bedel contestó con una ligera inclinacion
cielo con aire de compasion y suspiró. de cabeza á las reverencias de la señora
— ¡ Ah ! teneis razon en suspirar, señora Mann, y pidió despues noticias de los niñosi
Mann, dijo Bumble. — ¡ Pobre angelitos ! repuso la mujer con
Viendo que habia hecho bien, la buena acento conmovido ; todos están perfectamente,
mujer exhaló un segundo suspiro , con gran excepto dos que se murieron la semana pasa
satisfaccion del funcionario, que reprimiendo da, y el pequeño Ricardo que está enfermo.
una graciosa sonrisa, miró con gravedad á su — ¿Y no se encuentra ya mejor! preguntó
tricornio y dijo : el bedel.
—Señora Mann , mañana parto para Lon La señora Mann se encogió de hombros.
dres. —Es un niño que tiene malas disposicio
— ¿ Cómo ! señor Bumble , exclamó la mu nes, continuó Bumble con aire de mal hu
jer retrocediendo dos pasos. mor ; es una naturaleza viciosa , un carácter
—Sí señora , para Londres, repuso el in rebelde. ¿Dónde está!
flexible bedel. Voy á tomar la diligencia y á —Voy á traérosle al instante , caballero , re
llevarme dos pobres del asilo por quienes se plicó la señora Mann. Ricardo I Ricardo ! ven
ha entablado pleito para colocarlos en otra pronto.
parte. El consejo administrativo me ha encar La buena mujer no tardó en encontrar al
gado á mí, ¿entendeis, señora Mann! de lle chico; hízole meter la cara en agua, y des
var este negocio ante los tribunales de Cler- pues de enjugársela con el vestido le llevó
kenwell , y yo me pregunto cómo se arregla ante el imponente bedel.
rán los jueces para salir airosos teniendo que Estaba pálido y delgado ; tenia las mejillas
habérselas conmigo. huecas y los ojos brillantes. El humilde tra
— ¡Oh! caballero, no seais demasiado se je de la parroquia, esa librea de la miseria, ,
vero con ellos , dijo la señora Mann con aire flotaba sobre su débil cuerpo , dejando ver sus
candoroso. miembros , tan flacos como los de un anciano.
—Pues ellos tendrán la culpa, si no salen Tal era el pobre niño , que temblaba ante
bien del asunto , replicó el señor Bumble. la mirada del bedel, sin atreverse á levantar
Y al pronunciar estas palabras irguióse con los ojos y temiendo oir su voz.
aire tan resuelto y amenazador, que la seño — ¿Quereis levantar la cabeza, testarudo!
ra Mann pareció asustada. preguntó la señora Mann.
102 OLIVERIO TWISL.
Lovantúla el niño con timidez y sus ojos se Ricardo fui, conducido inmediatamente á la
encontraron con los del señor Bumble. carbonera y encerrado allí bajo cerrojo. Al
— Y bien, hijo de la parroquia, i qué o» gunos momentos despues salió el bedel para
hace falta ! preguntó el bedel , afectando muy hacer los preparativos de viaje.
oportunamente cierto aire burlon. Al dia siguiente por la mañana , á las seis,
—Nada, señor, contestó el Diño con voz el señor Bumble , despues de haber cambiado
temblorosa. su tricornio por un sombrero redondo, y ha
—Tía lo creo, dijo la señora Mann, des berse puesto un gran leviton azul, guarneci
pues de haber reido de la mejor gana al oiria do de una capucha, tomó asiento en la impe
salida del bedel; me parece en efecto que no ríal de la diligencia, en compañia de los dos
tendreis necesidad de nada. criminales de quienes la administracion queria
—Quisiera no obstante... balbuceó el niño. deshacerse.
— ¡Cómo! interrumpió la mujer, 4 vais á Llegó á Londres ein mas contratiempos que
decir que os hace falta algo , deslenguado ! la detestable compañía de los dos pobres, los
—Un momento , señora Mann , un momen cuales se obstinaron en quejarse de frío , has
to ! dijo «l bedel levantando la mano con aire ta el punto de hacer decir al budel que le ha
de autoridad. ¿Qué pedis, caballeritol cian estremecerse y que estaba helado á pe
— Quisiera , balbuceó el niño , que alguno sar de su gran levitón.
me hiciera el favor de escribirme algunas pa Despues de haberse desembarazado por la
labras sobre un pedazo de papel, y que des noche de aquellos seres desagradables , el se
pues de cerrarlo con una oblea, lo guardase ñor Bumble se instaló en el hotel donde se
hasta que me hayan enterrado. detuvo la diligencia , y habiendo pedido una
—i Qué quiere decir este chico ! exclamó modesta comida compuesta de un plato de va
el señor Bumble , en quien habian hecho al ca asada , ostras y una botella de cerveza ,
guna impresion el aire suplicante y el aspec sentóse tranquilamente cerca del fuego para
to de sufrimiento de Ricardo , por mas que tomar su frugal repaso. Terminado este, y
estuviese endurecido en tales escenas. ¡ Qué despues de hacer algunas reflexiones morales
quereis decir, caballeritol sobre la culpable tendencia que tienen los
— Quisiera, replicó el niño, escribir algu hombres á murmurar y á quejarse , cogió el
nas palabras amistosas al pobre Oliverio periódico y se dispuso á leer.
Twist , para decirle cuanto he llorado al pen El primer párrafo en que se fijó su aten
sar que erraba á la ventura durante las no cion , era el anuncio siguiente :
ches sombrias sin tener nadie que le auxilia
ra Y quisiera tambien decirle, añadió el CINCO GUINEAS DE RECOMPENSA
niño con tono suplicante, juntando sus mane-
citas , que me alegro de morir jóven , porque Un joven llamado Oliverio Tu-ist há des
si viviese mucho tiempo, acaso mi hermanita, aparecido en la noche del jueves de su casa,
que está en el cielo, no me reconoceria ya: en Pentonville , y desde entonces se ignora su
vale mas que nos encontremos pronto allá ar paradero : la citada recompensa se otorgará
riba. al que suministre detalles por los cuales se
Asombrado el bedel de lo que oia , miró al pueda encontrar á dicho Oliverio , ó arroje
pequeño orador de pies á cabeza y dijo á la alguna luz sobre su historia , que tiene grán
señora Mann: interés en conocer el autor del presente ánun
—Todos están cortados por el mismo mo cio.
dele ; ese tuno de Oliverio los ha pervertido á
todos. Seguia despues la filiacion exacta de Oli
— ! Quién lo hubiera creido , señor ! excla verio con los mas minuciosos detalles acerca
mó <a señora Mann levantando las manos al de su traje y su persona, y por último, las
cielo y mirando á Ricardo de reojo ; jamás he señas del señor Brunlow.
visto un niño tan endurecido ! El bedel 3e quedó atónito ; leyó y releyó
—Lleváosle , señora , dijo Bumble- con tono aquel aviso lenta y atentamente tres ó cuatro
de autoridad; me veré obligado á dar cuenta veces, y cinco minutos despues dirigióse pre
de esto al consejo de administracion. suroso hácia Pentonville , sin concluir siquiera
—Espero que esos señores comprenderán su último vaso de cerveza.
que no es culpa mia, dijp la señora Man llo — ¿Está en casa el señor Brunlow ! pre
riqueando. guntó á la criada, que salió á abrirle la puerta.
—Estad tranquila, señora, contestó el be A esta pregunta , la criada dió la acostum
del con énfasis , yo les pondré al corriente del brada contestacion evasiva.
asunto. Vamos , llevaos á ese niño , su pre —No sé ; ¡de parte de quién venísl
sencia me hace daño. Apenas pronunció el bedel el nombre de
OLIVERIO TWIST. 163
Oliverio , explicando el motivo de su visita, suelo, desabrochóse el leviton, y cruzándose
cuando la señora Bedwin, que escuchaba á la da brazos, comenzó su historía despues del
puerta de la sala , se precipitó sin aliento en meditar algunos momentos.
el corredor. Seria inútil reproducir aqui sus palabras :
—Entrad , entrad , exclamó ; ya sabia yo en resumen , dijo que Oliverio era un expó
que tendriamos noticias suyas; ¡pobre niño! sito , nacido de parientes oscuros y perversos ;
bien lo dije yo ! que desde su nacimiento habia revelado H,
Hablando asi , la buena señora volvió á en pocresia , ingratitud y maldad , y por último,
trar en la sala precipitadamente ; arrojóse so que antes de abandonar su país natal, intentó
bre el sofá y comenzó á llorar, en tanto que asesinar á un muchacho inofensivo , despues
la críada, que no era tan impresionable, fué de lo cual se escapó por la noche de la casa
corriendo á dar parte á su amo de la llegada de su amo. En apoyo de su aserto, el bedel
del señor Bumble, á quien se hizo entrar en extendió sobre la mesa los papeles que traia
un pequeño gabinete donde se hallaban el se consigo, y cruzándose otra vez de brazos,
ñor Brunlow y su amigo Grimvvig , sentados aguardó en silencio las observaciones del se
á una mesa sobre la que se veian algunos ñor Brunlow. '
vasos. —Mucho me temo, repuso el anciano con
—; Un bedel ! exclamó Grimwig viendo tristeza , despues de examinar los papeles,
entrar á Bumble ; es un bedel de parroquia ! que sea cierto cuanto decís; hé aquí cinco
«postaria la cabeza. guineas por vuestros datos; pero de buena
—Tened la bondad de no interrumpirnos gana hubiera dado triple suma porque las no
en este momento, dijo Brunlow. Sentaos, ticias hubiesen sido favorables al niño.
añadió dirigiéndose al bedel. Es probable que á haber sabido esto el buen
Obedeció este, admirado de las originales bedel, hubiera variado en un todo su historía;
palabras de Grimwig , y Brunlow , colocando pero ya era tarde , y haciendo un profundo
la lámpara de modo que ilumínase de lleno el saludo, guardó sus cinco guineas y se fué.
rostro del bedel , dijo con alguna impaciencia: Durante algunos minutos, el anciano Brun
—¿Supongo, caballero, que habreis leido el low se estuvo paseando de un extremo á otro
anuncio que he insertado en los periódicos! de la habitacion, tan triste al parecer por lo
—Si señor, contestó Bumble. que le dijera Bumble , que Grimwig renunció
— Y sois bedel de profesion, i no es ver á contrariarle mas. Deteniéndose al fin, agitó
dad! preguntó Grimwig. violentamente la campanilla.
—Soy bedel de parroquia , señores , replicó —Señora Bedwin, dijo Brunlow viendo
Bumble. entrar al ama de gobierno ; ese muchacho, ese
—Ya lo veis , observó Grimwig al oido de Oliverio , es un impostor.
su amigo ; estaba seguro de ello , pues su —Es imposible, señor, es imposible, dijo
gran leviton huele á parroquia. Es todo un la anciana con energia.
bedel disfrazado. — Os repito que es un impostor , replicó
Brunlow hizo un movimiento con la cabe Brunlow con dureza. ¿Qué significa vuestro
za para imponer silencio á su amigo y conti es imposible ! Acabamos de saber toda su his
nuó : toría desde que nació , y vemos que siempre
— ¡Sabeis qué ha sido de ese pobre chico! ha sido un píllete.
—L.o ignoro completamente , contestó Bum —Nunca me harán creer eso , repuso la
ble. anciana con firmeza.
— ¡Pues bien! i qué sabeis de él! pregun —Vosotras las viejas , no creeis mas que en
tó el anciano ; hablad, amigo mío , y decid los charlatanes y en los cuentos, murmuró
me cuanto sepais. Grimwig ; pero hace mucho tiempo sabia yo á
—Probablemente no tendreis nada bueno qué atenerme. ¿Por qué no haberme consul
que decir , observó Grimwig con acento bur tado desde el principiol Acaso lo hubierais
lon y examinando atentamente el rostro del hecho á no haber sido por la fiebre que le
bedel. aquejaba ; mas eso le hacia tan interesante,
Bumble se encogió de hombros sin contes ino es verdad! ¡ Qué lástima !
tar. — Caballero, replicó la señora Bedwin in
— ¡ Ya lo veis ! exclamó Grimwig mirando dignada, era un niño cariñoso, dulce y agra
& su amigo con aire triunfante. decido ; hace cuarenta años que trato con ni
Brunlow, que contemplaba con cierta pre ños y los conozco muy bien ; los que no pue
vencion el aspecto del bedel , rogó á este que den decir otro tanto, harian mejor en callarse.
expusiera con brevedad cuanto supiese acerca Esta es mi opinion.
de Oliverio. Grimwig , á quien iban dirigidas estas pa
Bumble puso entonces su sombrero en el labras, contestó con una sonrisa, y la anciana
104 OLIVERIO TWIST.
iba probablemente á continuar su arenga, comprendiese sino imperfectamente las sinies
cuando Brunlow la impuso silencio. tras amenazas encerradas en sus palabras. Sa
—¡ Callad ! dijo , fingiendo una irritacion bia por experiencia que la justicia puede con
que estaba muy léjos de sentir; os he llamado fundir al inocente con el culpable, cuando por
para mandaros que no pronuncieis nunca el casualidad los encuentra juntos , y recordando
nombre de ese muchacho , bajo ningun pre la clase de altercados que ocurrian entre Fa
texto; i jamás ! ¡me habeis oido! Ahora po gin y Sikes, ocurrióle que el judio habria pues
deis retiraros , señora Bedwin , y no olvideis to en ejecucion su plan mas de una vez, para
que quiero que se me obedezca. reprimir las delaciones y hacer desaparecer
Aquella noche reinó la mayor tristeza en las personas demasiado indiscretas. Al levan
casa de Brunlow. En cuanto á Oliverio, era tar tímidamente los ojos, encontróse con la
presa del mas profundo dolor, pensando en mirada penetrante del judío , y comprendió
sus buenos amigos de Pentonville ; felizmen que su palidez y espanto no habian pasado-
te para él, ignoraba lo que habia contado el desapercibidos para el viejo bribon, que pa
bedel , cosa que le hubiera hecho morir de recia complacerse en ello.
desesperacion. Dibujóse en los labios de^Fagin una espan -
tosa sonrisa; dió un golpecito á Oliverio en
la cabeza, y despues de decirle que estuviera
CAPÍTULO XVIII. tranquilo , y que si trabajaba bien , volverian
á ser buenos amigos, cogió el sombrero, pú
Como pasaba el tiempo Oliverio en compañía sose una vieja levita remendada , y salid cer
de sus respetables amigos. rando la puerta y dando dos vueltas á la
llave.
Al dia siguiente por la mañana , despues Durante todo aquel dia, y en el trascurso
que el Truhán y maese Bate» hubieron salido de los siguientes , Oliverio permaneció solo
para evacuar sus ocupaciones ordinarías, apro desde las primeras horas de la mañana hasta
vechó Fagin la oportunidad para echar á media noche.
Oliverio un largo sermon sobre el horrible Abandonado por espacio de largas horas á
pecado de la ingratitud, demostrándole clara sus meditaciones , pensaba sin cesar en sus-
mente que habia faltado á su jefe al alejarse buenos amigos de Pentonville , reflexionando
por su propia voluntad de, sus buenos amigos, con amargura qué mala opinion habrian for
á quienes dejaba en la mayor inquietud; y mado de él. Al cabo de una semana , el judío-
mucho mas al escaparse de nuevo cuando tan dejó de cerrar con llave la puerta, y entonces
to trabajo y dinero les costó encontrarle la pudo Oliverio recorrer la casa en libertad.
primera vez, Fagin insistió particularmente Era á la verdad una triste morada ; las ha
sobre la hospitalidad que habia dado á Olive bitaciones superiores tenian altas ventanas con
rio y la amistad que le dispensara , haciéndo grandes puertas y cornisas, que aunque en
le comprender que sin aquel auxilio , acaso negrecidas por la accion del tiempo y cubier
hubiera muerto de hambre. Refirióle despues tas de polvo, dejaban entrever variadas escul
la espantosa historía de un muchacho á quien turas. Oliverio dedujo de aquí , que mucho-
socorrió por caridad en circunstancias análo tiempo antes que naciera el judío, habría per
gas, el cual, habiéndose mostrado indigno de tenecido aquella casa á gente de mas elevado
su confianza , y puéstose en comunicacion con rango , y que á pesar de su miserable aspec
la policia , concluyó su vida desgraciadamen to, quizas fué en otra época una alegre y' ele
te, haciéndose ahorcar una mañana en Old- gante morada.
Bailey. El judío no trató de ocultar la parte Las arañas habian extendido sus aterciope
que habia tenido en aquella catástrofe, mas ladas telas en todos los ángulos de las pare
deplorando , con las lágrimas en los ojos, la des, y al atravesar Oliverio algunas habita
cruel necesidad á que le redujo el jóven en ciones , mas de un raton corria presuroso &
cuestion, que por su mala cabeza y pérfida meterse en su agujero, asustado al ruido de
conducta, dió lugar á tan fatal desenlace, in los pasos. Aquellos eran los únicos seres vi
dispensable para la seguridad de Fagin y sus vientes que le acompañaban : llegada la no
Íntimos amigos. che , y cuando se sentia fatigado de recorrer
El judio terminó su arenga con la poco ha todas las habitaciones , agazapábase en un rin
lagüeña descripcion de la horca , y declaró con con del pasillo que daba á la calle, para estar
tono afable que no esperaba que Oliverio le así lo mas cerca posible de la sociedad de los
obligase nunca á ponerle en contacto con vivientes, y allí permanecia, con el oido aler
aquel lúgubre aparato. ta , contando las horas , hasta la vuelta del
Al escuchar á Fagin, temblaba el pobre judío y sus discípulos.
Oliverio como un azogado , por mas que no En todos los aposentos veianse las ventanas
OLIVERIO TWIST. 105
cerradas, y fuertemente atrancadas las barras —Si , contestó el Truhán , y me alabo de
que las sujetaban : la luz del sol no penetra ello; me daria vergüenza tener otra ocupa
ba sino á través de algunos agujeros redon cion.
dos, asi es que era mucho mas siniestro el Así diciendo, colocóse el sombrero de lado
aspecto de las habitaciones pareciendo pobla con aire de maton, y miró á Bates como para
das de extrañas sombras. Habia no obstante invitarle á que dijese lo contrario si se atre
en un granero del fondo , una ventana sin vía.
puertas, guarnecida de fuertes barras de hier —Sí , continuó despues de una pausa , ese
ro enmohecidas, á la cual acercábase con fre es mi oficio , así como tambien el de Charlot,
cuencia Oliverio, si bien no podia ver mas Fagin, Sikes , Nancy y Betty, y de todos
que uDa masa confusa de tejados y negras chi nosotros , acabando por el perro , que cierra
meneas. Además de esto, como la ventana del la marcha.
observatorio de Oliverio se hallase condena — Y que es el menos dispuesto á vendernos,
da , y oscurecidos los cristales por una espesa añadió Charlot Bates.
capa de polvo y sebo, apenas te era dado dis —No se atrevería él á ir á ladrar al banco-
tinguir Io3 objetos exteriores ; en cuanto a ha de los testigos, para comprometernos ; aunque
cerse oir ó entender por los transeuntes, tan le dejaran quince dias sin comer no se move
to le hubiera valido hallarse oculto en la gran ría.
bola que corona la catedral de San Pablo. —Ya lo creo que no , observó Charlot ; no
Un dia que el Truhán y maese Bates de hay miedo de eso.
bian pasar la noche fuera, el primero de estos —Es un perro singular, prosiguió el Tru
tunos se dispuso á acicalarse con mas esmero hán; ¿habeis notado qué miradas tan amena
que de costumbre; y como no tenia con fre zadoras dirige á los que se rien ó cantan,
cuencia , preciso es confesarlo , debilidades de cuando está en sociedad ! ¡ Ah ! pues ¿ y el
este género, dignóse mandar á Oliverio que le odio que siente hácia todos los demás perrosl
ayudara. —Es á fe mia, un perfeHo cristiano, dijo
Encantado Oliverio con tener una ocasion Charlot. '
de hacerse útil, demasiado feliz con ver ros El buen Bates , solamente queria decir con
tros humanos, por mas que fuesen desagrada esto , que era un perro dotado de todas las
bles, y deseoso de concillarse el afecto de los cualidades, y no pensaba que aquella obser
que le rodeaban, cuando podia hacerlo honra vacion ofrecía otro sentido igualmente exacto;
damente , no vaciló un momento en obedecer pues hay muchos hombres y mujeres que se
á la voluntad del Truhán. Sentóse este sobre tienen por perfectos cristianos , y no dejan de
la mesa, y Oliverio, con una rodilla en tierra, parecerse al perro de Sikes.
comenzó á lustrar las botas de Dawkins, ope —Bien, bien , dijo el Truhán volviendo á
racion á que llamaba él hácerse barnizar las la primera conversacion; esto nada tiene que
trotonas. ver con el jóven perillan que tenemos aquí
Ya sea que el Truhán experimentase aquel presente.
sentimiento de libertad é independencia, que —Es verdad , repuso Charlot; Oliverio,
domina á todo ser racional cuando se halla có ¿por qué no entras al servicio de Fagin?
modamente sentado fumando su pipa, ya que — liarías tu fortuna , añadió el Truhán
la bondad de la cerveza le pusiese de buen riendo.
humor, ó ya en fin que la buena calidad del —Vivirías con tus rentas como un gran se
tabaco excitase su sensibilidad , dejóse llevar ñor, que es lo que pienso yo hacer por la
por un acceso de entusiasmo, que contrastaba Pascua ó la Trinidad.
singularmente con su carácter habitual, y di —A mí no me gusta eso, contestó Olive
rigiendo sus miradas á Oliverio, exclamó lan rio con timidez , y mejor quisiera que me de
zando un suspiro: jasen marchar
— ¡Qué lástima que no sea del oficio! —Pues Fagin prefiere que te quedes, re
— I Ah ! sí, dijo Charlot Bates; rehusa su plicó Charlot.
felicidad. Oliverio sabia ya esto ; perc creyendo peli
El Truhán exhaló otro suspiro, volviendo á groso explicarse con mas claridad , lanzó un
fumar su pipa; Charlot hizo lo mismo, y am suspiro y siguió limpiando las botas del Tru
bos guardaron silencio por unos momentos. hán.
—Apuesto a que ni siquiera sabes lo que — ¡ Vaya I exclamó este ; confiesa que no
es el oficio, repuso el Truhán con aire de lás tienes corazon ni amor propio. ¿ Quieres aca
tima. so vivir á expensas de tus amigos !
—Creo que sí , replicó Oliverio alzando la —I Oh I nada de eso ! dijo Bates sacando
cabeza; eso quiere decir robo ¿no es ese dos ó tres pañuelos del bolsillo y arrojándolos
vuestro oficio 1 en un armario; eso seria ignoble.
106 OLIVERIO TWIST.
—En cuanto á mí no podria vivir de ese ' ban. Despues de esto, insinuaron repetidas
modo , dijo el Truhán con aire de profundo veces á Oliverio , que el mejor partido que
•desden. podia tomar era captarse cuanto antes la be
— Eso no impide que abandonéis á vuestros nevolencia de Fagin, comportándose como
amigos, murmuró Oliverio con una ligera ellos lo hacian.
sonrisa, permitiendo que los castiguen en — Y advierte, dijo el Truhán, oyendo al
vuestro lugar. judío abrir la puerta, que si no escamoteas
—En cuanto á eso , replicó el Truhán , fué sonadores...
por pura consideracion hácia Fagin, porque —i A qué hablarle así, interrumpió Bates,
los espias saben que trabajamos con él, y si cuando sabes que no comprende lo que se le
no nos hubiéramos largado , podia haberle es quiere decir !
cocido. Esa fué la única razon, [no es ver —Si no escamoteas relojes y pañuelos, re
dad, Charlotl puso el Truhán, sirviéndose de las expresio
Bates hizo una señal afirmativa é iba á nes que comprendia Oliverio , otros se encar
contestar, cuando recordando de pronto la garán de hacerlo; tanto peor para los que M
fuga de Oliverio, comenzó á reir á carcaja queden sin las prendas , y tanto peor para tí
das , d> spues de lo cual siguió fumando su tambien , pues no recibirás un cuarto si no
pipa, golpeando el suelo con el pié; trabajas , y tú tienes tanto derecho como otro
—¡Eal mira esto. Oliverio, dijo el Truhán cualquiera.
sacando del bolsillo un puñado de chelines y —Es claro , es claro , dijo el judío , que ha
peniques ; hé aquí lo que se llama darse bue bia entrado sin que le viese Oliverio; es muy
na vida! ¿En qué juego podrias ganar todo sencillo, amigo mío, y ya puedes creer bajo
esto! Solo en tí consiste aprender, y yo te mi palabra lo que te dice el Truhán Ah! ah!
aseguro que el tesoro de donde he sacado es hé ahí uno que sabe á las mil maravillas el
to no se halla agotado todavia. Tú tendrias catecismo de su profesion !
tanto como yo si quisieras, y aun rehusas; Así diciendo , frotábase las manos el viejo
! ah ! idiota ! j udio con aire satisfecho , aplaudiendo el ta-
—Eso es cosa muy fea, ino es verdad, ! ento de su discípulo.
Oliverio! preguntó Charlot; vamos, ya acaba La conversacion quedó aquí porque el judío
rás por hacerte colgar ¡eh! venia acompañado de miss Betty y de otro
—No comprendo , contestó Oliverio. individuo á quien Oliverio no habia visto nun
—Pues mira lo que es, poco masó menos, ca , pero que fué saludado por el Truhán con
dijo Charlot. el nombre de Tom Chitling.
Así diciendo , cogió su corbata por uno de Era este un jóven de unos diez y ocho
los extremos , é inclinando la cabeza sobre los años, y por consecuencia de mas edad que el
hombros, castañeteó los dientes de una ma Truhán , pero á pesar de esto , mostraba há
nera particular, mostrando con esta expre cia su compañero una deferencia, que pare
siva pantomima que hacerse colgar ó ahorcar cia indicar que se reconocia un poco inferior
era la misma cosa. á él en genio y habilidad en el ejercicio de su
— ¿Comprendes ahora ! preguntó Charlot; profesion.
pero mira, Jack, como me contempla atóni Sus ojos, que guiñaba sin cesar, eran pe
to... Jamás he visto tanta' inocencia ! Acabará queños, y en su rostro veíanse muy marca
ese chico por hacerme morir de risa. das las señales de la viruela. Una gorra de
Y el buen Bates, despues de reírse hasta nutria , una chaqueta de paño burdo , un mal
verter lágrimas , cogió de nuevo su pipa y se pantalon de bombasí y un mandil componian
puso á fumar. todo su traje ; á decir verdad , no era este
—Veo que no te han educado bien , Olive muy presentable, pero el jóven se excusó di
rio, dijo el Truhán, mirando con satisfaccion ciendo que aun no hacia una hora que habia
sus botas, que estaban muy brillantes; si Fa cumplido su condena, y que habiendo lleva
gin no hace de tí carrera para que llegues á do por espacio de seis semanas el traje de re
ser alguna cosa, tú serás el primero que no glamento, no era de extrañar le faltara el
ha correspondido con sus progresos á tan há tiempo preciso para ocuparse de sus efectos.
bil direccion. Lo mejor que puedes hacer es Chitling añadió con aire de enojo, que en el
ponerte desde luego á la tarea, pues al fin y lugar de donde venia, acababa de adoptarse
al cabo has de venir á parar á lo mismo , y un nuevo sistema de fumigacion para las ro
entre tanto pierdes el tiempo. pas , sistema diabólico é inconstitucional que
Bates apoyó este consejo con infinitas re les abrasaba , sin poder apelar contra seme
flexiones morales, y en seguida entabló un jante injusticia. Habló tambien enérgicamen
largo diálogo con su amigo Dawkins, acerca te contra la medida de cortar los cabellos , de
de las mil comodidades de la vida que lleva- clarando que era en alto grado ilegal, y ter-
OLIVERIO TWIST. 107
mine' por fin sus observaciones diciendo que
durante cuarenta y dos dias mortales no ha CAPÍTULO XIX.
bia probado una sola gota de ningun liquido,
por lo cual tenia el gaznate tan seco como un
horno de cal. En el que se discute y adopta un plán de
— Oliverio , preguntó el judío , en tanto que campaña.
sus discípulos ponian sobre la mesa una bo
tella de aguardiente ; ¡de dónde te parece que En una lluviosa y sombría noche , en que
viene este jóven! el frio era muy intenso, el viejo Fagin, des
—Yo... no sé , señor, contestó el muchacho. pues de haberse abotonado hasta el cuello su
—¡Quién es ese ! ' preguntó Chitling lan gran leviton, y cubierto las orejas á fin de
zando á Oliverio una desdeñosa mirada. ocultar la parte inferior del semblante , salió
—Uno de mis jóvenes amigos, querido, re de su horrible madiiguera. Detúvose un mo
plicó el judío. mento mientras cerraban la puerta tras él con
—¡Bah! pues entonces, le queda para sa gran sigilo y corrian los cerrojos, y despues
berlo , dijo el jóven dirigiendo á Fagin una de prestar atento oido para asegurarse de las
mirada de inteligencia ; no te canses , hijo mio, medidas de precaucion de sus discípulos , ale
en adivinar de donde vengo , pues apuesto un jóse con la mayor rapidez.
escudo á que tomarás bien pronto el mismo Hallábase la casa de donde acababa de sa
camino. lir en las inmediaciones de Whitechapel ; lle
Los jóvenes ladrones aplaudieron aquella gado á la esquina de la calle , el judio se de
chanza, y despues de bromear un poco mas tuvo de nuevo , y lanzando á su alrededor una
sobre el mismo asunto, cambiaron con Fagin mirada de desconfianza , pasó á la acera opues
algunas palabras en voz baja y salieron de la ta , dirigiéndose hacia Spitalfields.
habitacion. El piso estaba cubierto de espeso lodo, en
Despues de haber hablado un momento , el vueltas las caliesen una densa niebla, la llu
recien venido y Fagin fueron á sentarse cer via caia lentamente , y hacia mucho frío ; en
ca del fuego. El judio mandó á Oliverio que una palabra , era una noche á propósito para
se pusiera á su lado , é hizo recaer la conver un paseante como el judío. Al deslizarse á pa
sacion sobre los puntos mas convenientes pa so de lobo , rozándose con las paredes y es
ra interesar á sus oyentes. Explayóse acerca condiéndose en los portales , asemejábase el
de las grandes ventajas del oficio , la destreza espantoso viejo á un hediondo reptil salido del
del Truhán , el buen humor de Charlot Bates fango y de las tinieblas, arrastrándose en la
y su propia generosidad. Cuando estuvieron sombra para buscar un alimento inmundo.
agotados todos estos puntos , como Chitling se Recorrió una infinidad de calles estrechas y
caia de sueño y cansancio (cosa muy natural tortuosas hasta llegar á Bethnal-Green ; tor
en el que ha estado seis semanas en la ca ciendo despues de repente á la izquierda , per
sa de correccion) retiróse miss Betty y la so dióse en un dédalo de callejuelas sucias, de
ciedad se fué á dormir. las muchas que se encuentran en aquel po
Desde aquel dia , Oliverio no se quedó nun puloso barrio de Londres.
ca solo , y siempre tenia á su lado á los dos Pero el judío parecia conocer demasiado
jóvenes rateros, que jugaban todas las maña bien los lugares que atravesaba para experi
nas con el judio á su juego favorito. ¡Seria mentar la menor dificultad en orientarse en
esto para adiestrarse ó para ir formando poco aquel oscuro laberinto ; recorrió con rapidez
6 poco á Oliverio! Nadie mejor que Fagin infinitos pasadizos y callejas, y entró por fin
hubiera podido contestar á esto. A veces el en una calle mal alumbrada por un solo re
viejo judío les contaba algunas proezas de su verbero , colocado en el extremo opuesto. Des
juventud con un estilo tan agradable y origi pues de haber llamado á la puerta de una ca
nal, que Oliverio no podia menos de reírse de sa , cambiando en voz baja algunas palabras
todo corazon , mostrando que á despecho de con la persona que bsjó á abrirle, subió rá
la delicadeza de sus sentimientos , causában pidamente la escalera.
le cierto placer aquellas narraciones. En el momento de tocar el picaporte de la
En una palabra, el miserable viejo tenia al puerta, oyó3e el gruñido de un perro mien
muchacho cogido en sus redes, despues de tras una voz de hombre preguntaba :
haberle inducido, por medio de la soledad y la —¡Quién val
tristeza, á preferir una sociedad cualquiera — Soy yo, Guillermo, yo solo, dijo el ju
al aislamiento de aquella espantosa morada. dio lanzando una mirada en la habitacion.
Poco á poco fué vertiendo en el inocente co —Entrad, replicó Sikes; ¡aquí! maldito
razon de Oliverio el veneno con el cual con perro ! ¡No conoces al diablo, cuando viene
taba corromperle para siempre. con leviton !
108 OLIVERIO TWIST.
El disfraz de Fagin debió sin duda ser la —Sí, replicó Sikes; así pues, decidme lo
causa de !a equivocacion del perro, pues en que tengais que decir.
cuanto el judío hubo desabrochado su leviton —Acerca de la casa de Chertsey , i no e3
colocándole sobre una silla, el perro volvió á verdad, Guillermol dijo el judío acercando
su rincon meneando la cola , como satisfecho su silla y hablando muy bajo.
del reconocimiento. —Sí, vamos, ¿y qué hay!
— ¡ Y bien ! dijo Sikes. — ¡ Ah l bien sabeis lo que quiero decir,
—Y bien , amigo mio, prepuso Fagin. ¡ Ah! amigo mio, repuso el judío ; ¡no es verdad,
buenas noches, Nancy. Nancy , que sabe bien lo que quiero decir!
El judío se dirigió a la jóven con cierto em —No, no sabe nada, dijo irónicamente Si
barazo y como si dudase de la acogida que le kes, ó no quiere saberlo, que viene á ser lo
haria, pues era la primera vez que volvia á mismo ; hablad y llamad las cosas por su nom
verla desde que la muchacha se declaró en bre, i Vais á estar mucho tiempo guiñando el
favor de Oliverio; pero sus dudas se disipa ojo y hablando con enigmas, como si no fue
ron bien pronto , porque Nancy , retirando su rais vos el primero que tuvo tla idea de ese
silla del fuego , dijo á Fagin que se acercara robo! Explicaos, ¡qué diablo!
para calentiirse. —Paz, paz, Guillermo, exclamó el judio,
—En efecto , amable Nancy , repuso Fagin que habia tratado inútilmente de moderar la
calentando sus arrugadas manos, hace mucho indignacion de Sikes; podrian oirnos, amigo
frio, un fiio glacial, que penetra hasta los mio, podrian oirnos.
huesos. — Pues bien ! que nos oigan ! replicó Sikes;
— Me parece que se necesitaria un frio muy á mí, qué me importa!
agudo para que os penetrase hasta el corazon, Pero comprendiendo sin duda cuánto im
dijo Sikes: Nancy, dale algo de beber, y portaba callar , bajó la voz y se calmó.
despáchate , i por vida de mil diablos ! porque — Vamos, vamos, continuó el judío, éra
es para ponerse malo el ver tiritar á este car solo prudencia nada mas. Ahora, amigo
camal , á este espantoso espectro , que parece mío, hablemos de esa casa de Chertsey;
salir ahora de la tumba. ¿cuándo se dará el golpe, Guillermo! ¡Tanta
Nancy se apresuró á sacar una botella de plata , amigos míos , tanta plata ! añadió fro
nna alacena, que parecia contener otras mu tándose las manos como si tuviese ya el te
chas de formas diversas , y probablemente lle soro.
nas de toda clase de licores. Sikes llenó un —No puede hacerse nada, dijo friamente
vaso de aguardiente é invitó al judio á que Sikes.
lo apurase. — ¡Nada! repitió el judío dejándose caer
— Bien, Guillermo, muchas gracias, dijo sobre el respaldo de la silla.
el judío poniendo el vaso sobre la mesa sin —No, dijo Sikes; ó cuando menos, no es
haber hecho mas que mojar los labios en el un negocio concluido , como nosotros esperá
líquido. bamos.
— ¡Cómo! exclamó Sikes, ipensais acaso —Entonces es que no se ha sabido hacer,
que os ofrezco algun tósigo ! ¡Dejadlo puesl exclamó el judio pálido de cólera, no me di
Así diciendo, Sikes, con el aire mas des gais mas.
preciativo, cogió el vaso, y arrojando en la —Sí tal , replicó Sikes. ¿ Quién sois vos
ceniza el líquido que contenia, volvió á lle para negaros á escucharme! Os digo que ha
narlo y !o apuró de un trago. ce quince dias que Toby Crackit anda ron
Entretanto el judío paseaba sus miradas en dando la casa sin haber podido sobornar á
derredor del cuarto, no con curiosidad, pues ningun criado.
conocia demasiada bien la casa, sino con esa — ¿Quereis decir entonces , interrumpid el
expresion inquieta y sospechosa que le era judío dulcificando la voz á medida que se
peculiar. El mueblaje no podia ser mas pobre, animaba su compañero , quereis decir que no
indicando tan solo los objetos contenidos en ha sido posible comprar á ninguno de los dos
la alacena que allí no vivia ningun obrero. lacayos!
Nada por lo demás hubiera despertado sospe — Si, eso es, repuso Sikes; hace veinte
chas, á no ser dos ó tres garrotes puestos en años que se hallan al servicio de la anciana
in rincon, y un rompe -cabezas colgado enci señora , y no quieren escuchar nada.
ma de la chimenea. —Pero , amigo mío , ¿y las mujeres! ¿No
—Vamos, dijo Sikes haciendo castañetear se ha podido hacer nada por ese lado !
su lengua , ahora soy vuestro. —Absolutamente nada.
—i Para hablar de negocios, eh! preguntó —¿Ni aun por medio del seductor Toby
el jud:o. Crackit ! dijo el judío con aire incrédulo ;
i
OLIVERIO TWIST. 109
bien sabeis, Guillermo, lo que son las mu nada sin mí, pero 6iempre es bueno estar
jeres. alerta cuando se trata con vos.
—Pues bien , ni el seductor Toby Crackit —Como querais , amigo mio , como querais,
ha podido hacer nada , y dice que á pesar de repuso Fagin mordiéndose los labios ; ¡y no
lo mucho que se acicalaba todo ha sido inútil. necesitais mas que á Toby!
—Debió haberse puesto bigotes y un pan —No, dijo Sikes, basta con nosotros dos;
talon de uniforme, dijo el judío despues de solo necesitamos un barreno y un muchacho;
reflexionar un momento. lo primero lo tenemos ya, y convendrá que
—Tambien lo ha hecho; pero no ha surti os encargueis de lo segundo.
do efecto , contestó Sikes. — ¡ Un muchacho ! exclamó el judío ; ; oh !
Al oir estas palabras , el judío pareció des entonces habrá que introducirse por un tabi
concertado, y despues de meditar algunos que , i eh !
minutos , alzó la cabeza y dijo , que si el in — Otra vez! repuso Sikes , ¡qué os impor
forme de Toby Crackit era exacto , no podria ta ! Os digo que necesito, un chico que no es
confiarse en el negocio. té grueso. ¡Ahl añadió despues de un mo
—Y sin embargo , añadió el viejo ponien mento, si tuviera yo aquí al muchacho de
do las manos sobre sus rodillas, es doloroso, Ned el deshollinador!... A ese se le impedia
amigo mio , perder todas esas riquezas con crecer á propósito á fin de que sirviese para
que ya contábamos. el objeto, y le alquilaban cuando era necesa
— Es verdad , dijo Sikes, es una lástima. rio ; pero el padre se dejó matar , y enton
Siguióse un largo silencio , durante el cual . ces, la sociedad de jóvenes delincuentes hizo
permaneció Fagin sumido en una muda con aprender un oficio al hijo, enseñáronle á leer
templacion y sus facciones , contraidas , tenian y escribir , y al cabo de algun tiempo llegó á
una expresion verdaderamente diabólica. Ob-. ser aprendiz. Hé aqui lo que hacen esos tu
servábale Sikes de vez en cuando , y Nancy, nos, añadió Sikes, cuya cólera se excitaba
temiendo sin duda irritar al bandido , perma con este recuerdo ; y si tuviesen bastante di
necia inmóvil con la mirada fija en el fondo nero, lo que á Dios gracias no sucede, no
de la chimenea , como si no hubiese oido una nos quedarian seis chicos al año para nues
palabra de la conversacion. tro oficio.
—Fagin , dijo Sikes rompiendo de pronto —Es verdad , observó el judío , que mien
el silencio , i me dariais cincuenta soberanos tras hablaba Sikes , estaba absorto en sus re
de ganancia por extraordinario, es decir, flexiones, y no cogió mas que las últimas pa
además de mi parte , si realizo el negocio! labras ; pero oid, Guillermo!
—Sí , contestó el judío , despertando repen —¿Qué se os ocurre?
tinamente de sus reflexiones; sí, amigo mio, El jud o hizo una señal con la cabeza , mos
añadió cogiendo con efusion las manos de Si trando á Nancy, que permanecia inmóvil de
kes. lante del fuego , y dió á entender á Sikes que
era preciso alejar á la jóven.
Al decir esto , brillábanle los ojos al viejo , El bandido se encogió de hombros con im
y todbs los músculos de su semblante revela paciencia, pero accediendo á los deseos de
ban la emocion que le causaba la pregunta. Fagin , mandó á Nancy que fuese á buscar
— En ese caso, dijo Sikes rechazando des un jarro de cerveza.
deñosamente con la mano al judío , eso podrá -J-No la necesitas ahora , dijo la jóven
hacerse cuando querais. Anteanoche escalé la cruzándose de brazos y permaneciendo inmó
tapia del jardín acompañado de mi amigo To vil.
by, y hemos sondeado las ventanas y los ba —Te digo que sí, repuso Sikes.
tientes de la puerta ; la casa está atrancada —Vamos ! exclamó Nancy con la mayor
de noche como si fuese una prision , pero hay sangre fria ; continuad , Fagin , pues ya sé lo
un sitio por donde podriamos penetrar sin que vais á decir, y siendo asi, no le importa
ruido. a Guillermo que yo lo oiga.
—iDónde, Guillermo! preguntó con ansia El judío vacilaba aun y Sikes miró al uno
Fagin. y á la otra con sorpresa.
—Ya sabeis, dijo en voz baja Sikes, que —¿En qué puede molestaros esta mucha
despues de atravesar el pequeño prado cha , Fagin? dijo despues de una pausa; hace
—Sí, sí, exclamó el judío adelantando la bastante tiempo que la conoceis , y me parece
cabeza y abriendo los ojos desmesuradamente. que debe inspiraros confianza. Esta chica no
—¡Hum! murmuró Sikes, que sorprendió es amiga de chismes, ¿no es verdad, Nancy?
una señal que le hacia la jóven para que ob —Me parece que no, contestó la jóven
servase la expresion del judío ; iqué os im acercando su silla á laTmesa y apoyándose de
porta saber esto 3 Ya sé que no podeis hacer codos sobre ella.
110 OLIVERIO TWIST.
—No , no , hija mia , no lo dudo , pero brazos, y hundiendo la cabeza entre lo3 hom
—Pero qué? preguntó Sikes. bros estremecióse de alegria.
—Ignoro si estará, tan mal dispuesta hácia — Nuestro! dijo Sikes; vuestro, querreis
mi como la otra noche , replicó el jadío. decir.
Nancy soltó la carcajada, y apurando un —Tal vez, mi buen amigo, repuso Fagin
vaso de aguardiente , movió la cabeza con ai lanzando un grito de alegria ; mio , si quereis,
re provocativo, profiriendo exclamaciones in Guillermo.
coherentes entre las que oyósela decir: —¿Y en qué diablos consiste, preguntó Si
— ¡Seguid adelante por vuestro camino!— kes mirando fijamente á su amigo, 'que os in
¡ No hableis nunca de rendiros ! tereseis tanto por ese rapazuelo , sabiendo
Estas palabras parecieron tranquilizar á los que todos los dias se encuentran cincuenta
dos hombres, y el judío semanifestó satisfe como él , que pululan por los alrededores
cho. de Comrnon-Garden, y entre los cuales no
—Ahora, Fagin, dijo Nancy riendo, refe hay mas que escoger?
rid á Guillermo vuestros proyectos acerca de —Porque esos no sirven para nada , amigo
Oliverio Twist. mio, repuso el judío con cierto embarazo , y
— ¡Ah! picara! tú eres la muchacha mas no vale la pena de cogerlos. Su semblante so
ladina que he conocido ! exclamó Fagin dan lo habla en contra de ellos, y jo los perdería
do un golpecito en la espalda á Nancy. Has todos. Por el contrario , si saco buen partido
acertado ; de Oliverio es de quien voy á ha de ese chico, puedo hacer con él, amigos
blar. Ja ! ja ! mios, mas que con veinte de los otros. Ade
—¿Y qué vais á decir? preguntó Sikes. más, si llegara á escaparse otra vez, estaria
—Que es el muchacho que necesitais, ami mos á su disposicion , y es por lo tanto indis
go mio, repuso el judío en voz baja, ponien- • pensable que sea de los nuestros. Que tome
do un dedo sobre su nariz, mientras hacia un parte en un solo robo , y no necesito mas pa
gesto espantoso. ra tenerle por mio ; esto es todo lo que yo
—El? exclamó Sikes. quiero. Esto es preferible á tener que des
—Tómale , Guillermo ! dijo Nancy. En tu hacerse del pobre chico , con lo cual perderia
lugar no vacilaria un momento; no es tan mos, exponiéndonos además á correr algun
ducho como los otros; pero ¿qué importa, peligro.
tratándose tolo de abrir una puerta? Yo te —¿Y cuándo será la expedicion? preguntó
aseguro que se puede contar con él, Gui Nancy en el momento en que Sikes iba á re
llermo. criminar al judío por sus sentimientos huma
— Es verdad, añadió Fagin, hace ya algu nitarios .
nas semanas que está en el buen camino, y — ! Ahí es verdad, repuso Fagin; ¿cuándo
ya es tiempo que empiece á ganarse la vida. se emprende la expedicion, Guillermo?
Además, los otros son muy gruesos. —En la noche de pasado mañana , contes
—No es esa precisamente la dificultad, di tó Sikes con voz sombría ; eso es lo que he
jo Sikes despues de reflexionar ; lo esencial convenido con Toby , á menos que no le dé
es la estatura. contraorden,
— Bueno, replicó el jud'o, ¿no habrá luna?
—El hará todo lo que querais , amigo mio , —No , dijo Sikes.
interrumpió Fagin , y para ello bastará solo —¿Y está todo preparado?
que le atemoriceis un poco. Sikes hizo una señal afirmativa.
— ¡ Atemorizarle ! replicó Sikes; yo os ase —¿Y habeis pensado?
guro que ya tendrá miedo. Si tropieza una —Todo está previsto, dijo Sikes, y basta
sola vez al trabajar ó da un paso en falso, os ya de detalles. Lo que ahora es necesario es
digo, Fagin, que no volvereis & verle vivo. que el chico se halle aquí mañana por la no
Os lo advierto para que penseis en ello antes che, pues marcharemos al romper el dia. Asf
de enviármele. Tenedlo por cierto, añadió pues , silencio , y preparad al rapazuelo ; eso
Sikes blandiendo una barra que acababa de es todo lo que tenei3 que hacer.
coger sobre la cama. Despues de una discusion en que toma
— Ya he pensado en todo esto, dijo el ju ron parte los tres personajes , decidióse que al
dio con energia; no l<t pierdo de vista, ami dia siguiente por la noche , iria Nancy á bus
gos mios, y le observo muy de cerca. Que car á Oliverio á casa del judío. Fagin ob
comprenda de una vez que es de los mios, servó con mucha razon , que si el mucha -
que se convenza que ha robado, y es nues cho mostraba repugnancia por la empresa,
tro para toda la vida ! ¡ Oh ! esto seria mag seguiria mas pronto á Nancy que á ningun
nifico. otro , puesto que ella fué la que se interpuso
Al decir estas palabras el viejo se cruzó de últimamente en su favor. Estipulóse formal
OLIVERIO twist. 11 i
mente que el pobre Oliverio seria abandona en contacto con aquel polvo que animaba y
do ein reserva á los cuidados y á la vigilancia santificaba.
de Guillermo Sikes ; y además , que este obra —Ahora no , dijo el judío alejándose en si
ría con él como le pareciese oportuno, sin ser lencio. Mañana, mañana.
responsable hácia Fagin de cualquiera cosa
que sucediera al muchacho ni de los castigos
que juzgase necesario imponerle; con la con CAPÍTULO XX.
dicion bien entendida que los asertos de Sikes,
& su vuelta, serian confirmados en todos los Oliverio es entregado á Guillermo Sikes
detalles importantes por el testimonio del se
ductor Toby Crackit. Por la mañana, al despertarse, quedóse Oli
Cuando estuvieron convenidos sobre todos verio sorprendido al encontrar al pié de la
los puntos, Sikes comenzó á beber aguar cama un par de zapatos enteramente nuevos
diente á vaso lleno , blandiendo su barra de en vez de los viejos que llevaba. Esta nove
una manera alarmante , cantando á voz en dad le regocijó al pronto , en la esperanza que
cuello , y sin dejar por esto de proferir horri seria el preludio de su libertad ; pero bien
bles imprecaciones. Finalmente, en un acce pronto se desvanecieron sus ilusiones. A la
so de entusiasmo por su oficio , qui3o exami hora de almorzar , como se encontrase solo
nar su caja de utensilios , y apenas la hubo con el judío , este le dijo , con un tono que
abierto, para explicar el uso y aplicacion de no hizo sino aumentar sus temores , que aque
los diversos instrumentos de fractura que con- lla misma noche irían á buscarle para condu
tenia, elogiando el mérito de la fabricacion , cirle á la casa de Guillermo Sikes.
cuando cayó redondo al suelo y se quedó dor — ¿Es para... para permanecer allí , señor!'
mido al momento. preguntó Oliverio con ansiedad.
— Buenas noches, Nancy , dijo el judío —No, no, amiguito mio; no es para per
abrochando su gran leviton. manecer allí, contestó Fagin; nosotros no que
—Buenas noches. remos perderte. No tengas miedo, Oliverio,,
Encontráronse los ojos de ambos y Fagin ya volverás. Ja! jal nosotros no tendríamos
lanzó á la joven una mirada penetrante ; pero la crueldad de despedirte; ¡oh! no!
Nancy la sostuvo sin pestañear. Entonces el Así burlándose de Oliverio, el judío, ocu
judio, pasando junto el embríagado Sikes, pado en tostar una rebanada de pan , comen
dióle una patada , y despues de abrir la puer zó á reírse para demostrar que no ignoraba
ta , desapareció en la escalera. que Oliverio se alegraria mucho de escaparse
—Siempre lo mismo, murmuraba el judio si le fuese posible.
entre dientes tomando el camino de su casa ; — Supongo, añadió mirando al chico fija
lo que hay de peor en estas mujeres , es que mente , supongo que querrás saber á qué vas
un nonada les recuerda un sentimiento olvi á casa de Guillermo , ¿eh!
dado hacia mucho tiempo , pero lo que tiene Ruborizóse Oiiverio involuntaríamente, y
de bueno es que no dura mucho. ¡Jal ¡ja ! viendo que el viejo leia en su pensamiento ,
el hombre contra el niño por un saco de oro 1 contestó sin vacilar :
Asi distraido por tan agradables reflexiones, —Es verdad , quisiera saberlo.
Fagin llegó á su oscura huronera, donde el — ¿Acaso sospecharás ya de lo que se tra
Truhán estaba aun aguardando con impacien ta! preguntó el judio eludiendo la cuestion.
cia la vuelta de su maestro. —No , en verdad , señor , replicó Oliverio.
—¿Se ha acostado ya Oliverio? tengo que — ¡Bah! repuso el judío volviendose con
hablarle , fueron las primeras palabras del ju aire de mal humor despues de examinar aten
dio. tamente el rostro del chico ; en ese caso espe
—Ya hace mucho tiempo , contestó el Tru- ra á que Guillermo te ponga al corriente.
/ián abriendo una puerta; héle aqui. El judío parecia muy disgustado al ver que
El muchacho, profundamente dormido, re Oliverio no manifestaba curiosidad sobre
posaba solre un miserable colchon echado al aquel punto ; pero la verdad es, que aunque
suelo. La inquietud, la tristeza y el cansancio devorado el chico por la inquietud , hallábase
de la cautividad , le habian puesto pálido co tan turbado con las miradas de Fagin y sus
mo la muerte , no como se muestra á nuestros propios pensamientos , que no pudo pregun
ojos bajo el sudario en un fúnebre ataud, si tar mas en aquel instante.
no tal como se ofrece á nuestra vista en el No habiéndose vuelto á presentar ocasion,
momento que la vida acaba de extinguirse, el jud'o permaneció sombrío y silencioso has
cuando un alma jóven y pura acaba de ele ta la tarde , y llegada la noche , preparóse á
varse al cielo, y cuando el aire infecto de este salir.
mundo no ha tenido aun tiempo de ponerse —Ya puedes encender luz, dijo el judío.
112 OLIVERIO TWIST.
poniendo una vela sobre la mesa ; y ahí tie páginas del libro parecieron á Oliverio de co
nes un libro para distraerte hasta que ven lor de sangre , creyendo aun oir los ahogados
gan por tí. Buenas noches. gemidos de las víctimas.
— Buenas noches, señor, contestó con dul El terror de Oliverio fué tal , que cerró el
zura Oliverio. libro y lo arrojó lejos de sí ; cayendo despues
Dirigióse entonces el judío hacia la puerta de rodillas , pidióle á Dios fervorosamente
sin apartar la vista de Oliverio , y detenién que le librara de .cometer semejantes críme
dose luego bruscamente, llamóle por su nom nes, enviándole antes la muerte que permi
bre. tirle ser culpable. Serenóse luego poco á po
Oliverio alzó la cabeza, y el judio, señalán co , y con voz débil y temblorosa , imploró al
dole la vela, le hizo una seña para que la en cielo para que le ayudase en medio de los pe
cendiese. Obedeció el muchacho, pero al poner ligros que le amenazaban , y teniendo compa
la luz sobre la mesa, pudo notar que el viejo sion de un pobre muchacho abandonado , que
Fagin, fruncido el entrecejo, le contemplaba no habia conocido nunca el afecto de un pa
atentamente desde el fondo de la habitacion. riente ó un amigo , le socorriera en aquel mo
—Ten cuidado , Oliverio ! ten cuidado ! di mento en que , desesperado y sin apoyo , ha
jo el judío con un gesto mas elocuente que llábase solo , á la merced de hombres perver
sus palabras ; Sikes es un hombre capaz de sos y criminales.
todo por poco que se le irrite. Suceda lo que Terminada su oracion, aun estaba de rodi
quiera, no digas nada y haz cuanto te man llas , con la cabeza entre las manos , cuando
de. ¡Reflexiona bien sobre lo que te acon un ligero ruido le hizo estremecerse.
sejo ! —¿Quién es? exclamó levantándose, al ver
Y recalcando estas palabras , dibujóse en una persona en el dintel de la puerta.
su3 labios una espantosa sonrisa, hizo una se —Soy yo, yo sola, contestó una voz tem
ñal con la cabeza y salió. blorosa.
Una vez solo, Oliverio, ocultando su ca Oliverio levantó la luz para ver á la perso
beza entre las manos, comenzó á reflexionar na que tenia delante.
con angustia en las palabras del judío y su Era Nancy.
recomendacion, perdiéndose en conjetaras —Baja esa luz, dijo la jóven volviendo la
acerca de su sentido. Si se abrigaban con res cabeza; me hace daño á la vista.
pecto á él proyectos criminales, i no podian Oliverio notó que Nancy estaba muy páli
ponerse en ejecucion lo mismo en la casa de da, y la preguntó afectuosamente si estaba
Fagin que en la de Sikes ! Bien considerado, mala; pero la jóven, dejándose caer sobre
todo, fijóse en la idea de que le habrian ele una silla y volviendo la cabeza , comenzó á
gido para el desempeño de los quehaceres retorcerse las manos sin contestar.
domésticos , hasta encontrar otro chico que — ¡Dios me perdone! exclamó despues de
les conviniese mas , y alegrábase de todos una pausa; nunca lo hubiera creido.
modos de dejar al judío, que tanto le hacia —i Os sucede algo! preguntó Oliverio;
sufrir. Permaneció algunos minutos sumido i puedo seros útil ! Estoy pronto, hablad.
en estos pensamientos, y al fin, despabilando Agitóse Nancy sobre la silla , llevóse una
la vela, cogió el libro que le dejara Fagin mano al cuello , y lanzando un sordo gemido ,
para entretenerse., hizo esfuerzos para respirar.
Al principio no hizo mas que hojearle con — ¡ Nancy! exclamó Oliverio muy inquie
aire distraido , pero no tardó en llegar á un to ; i qué teneis !
párrafo que llamó su atencion , absorbiéndo La jóven golpeó sus rodillas con las manos
le completamente en la lectura. Era la histo y el suelo con los piés, y luego, deteniéndo
ria de la vida y hechos de los grandes crimi se de pronto , abrigóse con su pañuelo y co
nales : en aquellas páginas ennegrecidas por el menzó á tiritar.
uso , pudo leer Oliverio la narracion de hor Entonces Oliverio atizó el fuego ; Nancy
ribles crímenes , capaces de erizar de espanto acercó su silla, y despues de permanecer en
los cabellos; asesinatos secretos cometidos en silencio algunos instantes , alzó la cabeza y
caminos solitarios , cadáveres arrojados en fo dijo , mirando á su alrededor y reparando el
sos , y espantosos suplicios en que los culpa desórden de su ropa:
bles pedian á voces la muerte para librarse —No sé lo que me da de vez en cuando ;
de los remordimientos. Despues venia la his acaso será el efecto que me produce esta ha
toria de hombres que se habian familiarizado bitacion sucia y húmeda. Ahora bien , i estás
poco á poco con la idea del crimen, acaban ya dispuesto , amigo Oliverio !
do por cometer horrores que hacian estreme —Pues qué, ¿me voy con vos! preguntó
cer. Estos horribles cuadros estaban descritos el chico.
con tal verdad y tan vivos colores, que las — Sí , replicí Nancy ; vengo de parte de
TWIST. 113
•Guillermo, y es preciso que vengas con rae hace daño ; dame la mano. ¡ Pronto f
migo. ¡ pronto !
— ¿Para quél preguntó Oliverio retroce Y cogiendo la mano , que Oliverio alarga
diendo dos pasos. ba maquinalmente , apagó la luz y condujo
—¿Para quél repitió la jóven mirando fi al chico hasta la escalera. Una vez allí, abrió
jamente al muchacho. se la puerta con el mayor sigilo por una per
Pero su mirada se encontró con la de Oli- sona oculta en la oscuridad, volviéndose á
Terio , y repuso , bajando los ojos : cerrar inmediatamente. Aguardábales un co
—¡ Oh ! para nada malo , hijo mio. che en la calle ; Nancy hizo subir á O'iverio,
—Lo dudo, dijo Oliverio, que observaba y colocándose á su lado bajó las cortinillas,
atentamente á la jóven. despues de lo cual, el cochero, sin pregun
—Como quieras, replicó la jóven con una tar adonde irian y arreando al caballo, des
sonrisa afectada; entonces te diré que para apareció como una exhalacion.
nada bueno. Nancy oprimia siempre la mano de Olive
Oliverio pudo notar que tenia alguna in rio , reiterándole en voz baja sus consejos y
fluencia sobre la sensibilidad de Nancy, y advertencias. Todo aquello fué obra de un
tuvo por un momento la idea de recurrir á su momento , y apenas empezaba el chico á dar
conmiseracion ; pero ocurrióle de repente que se cuenta de lo que le sucedia, cuando el co
apenas eran las once , que habia aun mucha che se detuvo á la puerta de la casa donde el
gente en las calles, y que acaso hallaria al judío habia ido la víspera.
guno que hiciera caso de sus palabras. Hecha Oliverio dirigió una mirada lápida á la de
esta reflexion, adelantóse hádala puerta y dijo sierta calle, y estuvo á punto de pedir socor
que estaba pronto. ro , pero la jóven le hablaba al oido , supli
Pero ni la reflexion ni el proyecto del chi cándole con tal insistencia que no la compro
co escaparon á la penetracion de Nancy. Mi metiese , que no tuvo valor para gritar. De
ró atentamente á Oliverio , y lanzándole una todos modos, ya no era tiempo, pues hallá
mirada que indicaba que habia comprendido base dentro de la casa, y la puerta se acababa
perfectamente su pensamiento , le dijo en voz de cerrar.
baja, inclinándose hácia él y señalándole la —Por aquí , dijo Nancy dejando la mano
puerta: de Oliverio. \ Guillermo !
—¡Chut! ahora no te puedes escapar. He —Allá voy ! contestó Sikes dejándose ver
hecho por tí cuanto me ha sido posible , pero en lo alto de la escalera con una luz en la
no hay medio, pues estás cercado por todas mano. ¡ Oh ! todo va bien , subid !
partes. Si alguna vez te has de escapar, ten Para un hombre del temple de Sikes, eran
por seguro que no será en este momento. aquellas, palabras de satisfaccion, y una aco
Admirado al oir el acento enérgico de la gida singularmente cordial. Nancy pareció
jóven, Oliverio la miró con asombro. Era agradecerlo y saludóle amistosamente.
«vidente que hablaba con formalidad, pues —He mandado fuera al Turco y á Tom por
estaba pálida y agitada y se la veia temblar que podrian estorbarnos , observó Sikes alum
con todo su cuerpo. brando la escalera.
—Yo te he librado ya de muchos malos tra —Bien hecho, contestó Nancy.
tamientos; continuó la jóven, y aun te libra — ! Vamos! ¿traes ya á ese corderillo! di
ré de mas; para eso estoy aquí. Si otro te jo Sikes cerrando la puerta y cuando hubie
hubiera venido á buscar , puedes estar segu ron entrado en la habitacion.
ro que habria procedido con mas dureza. He —Hele aquí , contestó la jóven.
prometido que serias bueno y dócil, y si no —¿ Y' ha estado quieto !
lo haces así , no conseguirás sino perjudicar — Como una oveja.
nos á los dos , siendo quizás la causa de mi —Bueno es saberlo, dijo Sikes mirando á
muerte. ¡ Mira ! aquí podrás ver lo que he su Oliverio con aire feroz ; tanto mejor para tus
frido por causa tuya, tan cierto como Dios huesos, pues de lo contrario , creo que se hu
está en el cielo. bieran resentido un poco. Ven acá , rapa-
Así diciendo, la jóven enseñó á Oliverio zuelo , y escúchame bien , porque tanto vale
su cuello y brazos cubiertos de cardenales. que nos entendamos de una vez para siem
—No olvides esto , continuó Nancy ha pre.
blando muy de prisa , y no trates de aumen • Hablando así á su nuevo protegido , despo
tar eh este instante mis sufrimientos ; lo que jóle Sikes de la gorra y la arrojó á un rincon ;
yo mas deseo es socorrerte , pero ahora no cogiéndole despues por un brazo, sentóse cer
me es posible. No hay intencion de hacerte ca de la mesa, y obligó á Oliverio á que per
daño , y tú no eres responsable de lo que te maneciese en pié delante de él.
exijan. ¡ Cállate!, cada una de tus palabras —En primer lugar, preguntó Sikes sa
T. TI.
114 OLIVERIO TWI9T.
cando una pistola del bolsillo, \ sabes lo que ordenando á Nancy con mil imprecaciones que
es esto ? le despertase á las cinco en punto. Asimismo
Oliverio contestó afirmativamente. encargó á Oliverio que so echase vestido so
—En ese caso , ¡ atencion ! continuó el ban bre un colchon , y Nancy por su parte se sen
dido; hé aquí pólvora , una bala y un peda tó cerca del fuego para poder despertar á
zo de trapo viejo , que servira de taco. tiempo al bandido.
Oliverio murmuró en voz baja que conocia Oliverio estuvo mucho tiempo sin dormir,,
el uso de aquellos diversos objetos, y enton pensando que acaso Nancy buscaría una oca
ces Sikes se puso á cargar la pistola con mu sion para darle un nuevo consejo ; pero la jó-
cho cuidado. ven permaneció inmóvil. Rendido por el can
—Ahora, ya la tenemos cargada, dijo, ter sancio y lleno de inquietud , el muchacho se-
minada la operacion. durmió al fin profundamente.
—Sí, ya lo veo, señor, repuso Oliverio Al despertar hallábase la tetera sobre la
temblando. mesa , y Sikes estaba ocupado en guardar di
,. —Pues bien! dijo el bandido oprimiendo versos ebjetos en los bolsillos de su gaban,
fuertemente la muñeca de Oliverio , y apli mientras que Nancy preparaba el almuerzo.
cándole el cañon de la pistola tan cerca de la Aun no era de dia ; la luz no se habia apaga
sien, que el chico no pudo reprimir un grito; do , todo estaba sombrío por fuera ; una llu
si cuando salgas conmigo tienes la desgracia via violenta azotaba los vidrios de la ventana
de decir una sola palabra sin que yo te hable, y veiase el cielo negro y cubierto de nubes.
te meto una bala en la cabeza sin mas preám —¡ Vamos ! i vamos ! dijo Sikes mientras se
bulo. Asi pues , si te da el capricho de hablar levantaba Oliverio; ¡las cinco y medial Des
sin mi permiso, ya puedes rezar tus oracio páchate ó no tendrás tiempo para almorzar:
nes. ¡es preciso ponernos en camino !
Y para dar aun mas fuerza á sus palabras, Oliverio no tardó en arreglarse , comió un
el bandido profirió una espantosa blasfemia, poco y dijo que estaba dispuesto.
añadiendo : Nancy, sin mirarle apenas, le dió un pa
—Segun tengo entendido , en caso de des ñuelo para que se abrigase el cuello , y Sikes
pacharte al otro mundo , nadie vendría á re le hizo poner una esclavina de tela ordinaria
clamar tu persona , y por lo tanto , no ten para cubrirse las espaldas. Equipado de este
dria necesidad de romperme la cabeza para modo , el chico dió la mano al bandido , quien
darte estas explicaciones si no fuera por tn se detuvo un instante para hacerle ver con un
bien, i Me entiendes! gesto amenazador que llevaba la pistola en el
—Eso significa sencillamente , dijo Nanry bolsillo. Despues despidióse de Nancy y sa
recalcando las palabras para llamar la aten lió.
cion de Oliverio,, que si te contraria en cual Al franquear la puerta , Oliverio volvió la-
quiera de tus asuntos , le abrasarás la cabeza cabeza, esperando encontrar la mirada de
para impedir que charle , exponiéndote con Nancy ; pero la jóven , sentada delante del fue
esto á que te ahorquen, asi como expones & go, permanecia completamente inmóvil.
cada momento tu vida en los azares de tu ofi
cio,
— ¡Eso esf observó Sikes con aire de apro CAPÍTULO XXI.
bacion ; las mujeres saben siempre decir las
cosas con pocas palabras, menos cuando les
ciega la cólera . puea entonces nunca acaban. La expedicion.
Ahora pues que estamos ya entendidos , va
mos á cenar. - La mañana en que Sikes y Oliverio em
En el momento Nancy extendió el mantel, prendieron la marcha era triste por demás : so
y despues de ausentarse unos instantes , vol plaba el viento con violencia y la lluvia caia
vió con un jarro de cerveza y un plato de ca á torrentes; espesos y negros nubarrones vo
bezas de carnero, lo cual ofreció á Sikes la laban el cielo, y la noch*; anterior debió sinv
ocasion de gastar algunas bromas. Aquel hon duda haber sido muy lluviosa , pues veíanse
rado hombre, estimulado tal vez con la pers las calles llenas de charcos y los arroyos se
pectiva de una expedicion inmediata, se dejó desbordaban.
llevar de un acceso de alegría y buen humor. Conociase la llegada del dia por un pálido-
Asi pues, parecióle gracioso beberse toda la fulgor, pero este aumentaba la tristeza de la
cerveza de un trago , y blasfemó mas de cien escena en vez de disiparla ; aquella débil la»
veces durante la cena. debilitando la de los reverberos , no pedia ilu
Terminada esta , el bandido apuró dos va- minar aun los húmedos tejados y las calles so
*£os de aguardiente , y se arrojó sobre la cama, litarias. Todas las puertas y ventanas estaban
0LITEH10 rwisT. 115
herméticamente cerradas y no se veia una posible hasta salir del mercado y llegar á la
alma por la calle. calle de Holburn.
Al llegar á Bethual Greve , amaneció por — ! Vamos, muchacho! exclamó con dure
completo , y la mayor parte de los faroles es za mirando al reloj de la iglesia de San An
taban apagados. Dirigíanse algunos carros drés; ¡ya son las siete! y es preciso que
lentamente hácia Londres; de vez en cuando aprietes el paso. ¡ No vayas á quedarte atrás,
una diligencia cubierta de lodo pasaba como perezoso !
una exhalacion; las tabernas, alumbradas inte Así diciendo , Sikes sacudió bruscamente el
riormente con gas, estaban ya abiertas y poco brazo de Oliverio, el cual apresurando el pa
& poco fueron abriéndose las demás tiendas. so , trató de regular su marcha con la del ban
Numerosos grupos de obreros se dirigían á sus dido.
fábricas, veianse hombres y mujeres con ces Caminaron con la misma rapidez hasta mas
tos en la cabeza, carros llenos de legumbres allá de Hyde-Purk en la direccion de Ken-
6 de carne, lecheras con sus cántaros, y en sington , y entonces Sikes acortó el paso para
fin una multitud de gente , que cargada con dar lugar á que les alcanzara una carreta que
diversas mercancias , dirigianse á todos los venia detrás de ellos , y en la que se veia en
barrios de la capital. una chapa el nombre de Hounslow. Llegada
A medida que iban aproximándose á la Ci que fué , Sikes preguntó al carretero con toda
té , el ruido y el movimiento aumentaron , y la política de que era capaz , si queria dejarle
al enfilar las calles situadas entre Shoreditch subir hasta Isleworth.
y Smithfield , halláronse en medio de un ver —Subid , dijo el hombre ; i es vuestro este
dadero tumulto. Ya era muy entrado el dia, chico !
y la mitad de la poblacion comenzaba á eva —Si, contestó Sikes mirando á Oliverio de
cuar las primeras diligencias de la mañana. reojo y llevando la mano al bolsillo donde te
Despues de haber dejado las calles del Sol nia la pistola. ,
y de la Corona , atravesando la plaza de Fim- —Tu padre anda muy aprisa , i no es ver
bury, dirigióse Sikes por Chiwellt, Barbican dad, hijo mio! preguntó el carretero viendo
y Lorjg-Lane, y llegó á Smithfield, donde á Oliverio sin aliento.
habia una batahola que causó á Oliverio la —Nada de eso , contestó Sikes ; ya está,
mayor sorpresa. acostumbrado. Varaos , dame la mano, Eduar
Era dia de mercado , y el espeso vapor que do, y sube pronto.
se desprendia del cuerpo de los anímales, Al decir estas palabra* hizo subir al chico
confundiase con la niebla, ocultando por com en la carreta , y el carretero le mostró unos
pleto las chimeneas de las casas. Todos los sacos para que descansara sobre ellos.
parques situados en medio de aquel vasto re Al ver sucederse en el camino los postes
cinto estaban llenos de carneros, bueyes, va colocados de milla en milla , preguntábase
cas y ganado de todas clases, formando entre Oliverio con asombro adónde le conduciría
todos una linea interminable; mientras que su compañero. Ya habian dejado atrás á Ken-
los carniceros , campesinos, mercaderes ambu sington, Hammersmith, Chiswick, New-Brid-
lantes, pilletes, ladrones y vagabundos, mez ge, Brentfort, y aun seguian andando como
clados y confundidos , componian una masa si empezaran en aquel momento. Por fin lle
tan compacta como confusa. El silbido de los garon á una posada que tenia por titulo : La
vaqueros , el ladrido de los perros , el mugi diligencia de cuatro caballos ; un poco mas
do de las vacas, el balido de las ovejas, el lejos hallábase cortada la via por un camino
gruñir de los cerdos , los gritos de los mer trasversal , y allí se detuvo la carreta.
caderes ambulantes , las exclamaciones , los Sikes bajó precipitadamente sin soltar la
juramentos , las disputas , el tañido de las mano de Oliverio y lanzándole una mirada
campanas, el movimiento de tantos hombrea furiosa mientras llevaba la mano al bolsillo
empujándose unos á otros y codeándose sin con un gesto significativo.
cesar; todo en fin contribuia á ensordecer, y — ¡Hasta la vista, hijo mio! dijo el carre
era bastante para aturdir á cualquiera. ' tero.
Sikes , arrastrando siempre á Oliverio con —Es muy vergonzoso este chico, conteste*
sigo , se abria violentamente paso á través de Sikes sacudiendo el brazo de Oliverio ; pero
la multitud, sin importársele el tumulto, que no hagais caso , buen hombre.
era para Oliverio una cosa nueva y que le —Nada de eso , contestó el otro subiendo &
causaba la mayor sorpresa. El bandido salu su carreta. Mirad , ya aclara el tiempo.
dó con una inclinacion de cabeza á dos 6 tres Y arreando á su caballo, alejóse el carre
amigos á quienes encontró, pero no quiso tero con rapidez. Sikes aguardó á que des
detenerse a echar con ellos el trago que le apareciese y entonces emprendió de nuevo la
ofrecían , y continuó avanzando lo mas aprisa marcha.
«
116 OLIVERIO TWIST.
A poca distancia de la posada , volvieron á El hombre pesó maduramente el valor de
la izquierda, despues á la derecha, y conti aquel argumento , y dando despues un apre
nuaron luego en linea recta durante mucho ton de manos á Sikes, declaró que era un
tiempo. Magníficos jardines y elegantes casas honrado mozo. El bandido dijo que aquello
de campo bordeaban el camino, y sin dete era una broma, y en efecto , por tal hubiera
nerse mas que para tomar un poco de cerve podido tomarse á no estar aquel hombre tan
za , llegaron por fio á una villa en uno de cu borracho.
yos muros vió Oliverio escrita en gruesos ca Despues de haber cambiado infinitos cum
racteres la palabra Hampton. Despues de va plidos, despidiéronse de los concurrentes y sa
gar por espacio de algunas horas en los cam lieron , en tanto que la criada , despues de
pos, volvieron á la villa, y entrando en una recoger los jarros y los vasos, iba con las
misera posada cuya muestra apenas podia manos llenas á colocarse delante de la puerta
leerse , hiriéronse servir de comer en la coci para verlos marchar.
na, cerca del fuego. » El caballo, á cuya salud se habia bebido,
Era una especie de sala baja con una grue estaba ya enganchado á la carreta, á la que
sa viga en medio del techo ; delante de la subieron Oliverio y Sikes sin mas ceremonia.
chimenea veianse algunos bancos en los que El labriego sin dejar de multiplicar los elogios
estaban sentados varios hombres de blusa, sobre su caballo, desafiando al posadero á
ocupados en beber y fumar. Ninguno de ellos que encontrase otro de tan buenas condicio
fijó su atencion en Sikes ni Oliverio , y el ban nes, subió á su vez y arreó á su jamelgo,
dido, por su parte, sin hacer tampoco caso el cual , despues de encabritarse varias veces,
de ellos, fuá á situarse en un rincon con su partió al fin como un rayo.
jóven compañero, sin que nadie les molestase. La noche era sombría, y una espesa nie
Sirviéronles para comer carne fiambre : des bla, elevándose del rio y de los pantanos in
pues de la comida, fumóse Sikes tres ó cua mediatos, iba cubriendo la campiña en una
tro pipas, permaneciendo tanto tiempo 6 la gran extension. Hacia un frio penetrante y
mesa , que Oliverio comenzó á creer que no todo presentaba on aspecto lúgubre y sinies
irian mas léjos. Fatigado por tan larga cami tro. Los viajeros no hablaron una palabra,
nata y atontado con el humo del tabaco , se P ues el conductor se habia dormido, y Si-
durmió bien pronto profundamente. k es , por su parte , no quiso interrumpir el
Era ya muy entrada la noche cuando le silencio. Oliverio , devorado par la inquietud
despertó Sikes; al abrir los ojos vió á su com y el temor, creia ver en los árboles, cuyas
pañero en conferencia intima con un labriego ramas se balanceaban tristemente , otros tan
con el cual bebia un jarro de cerveza. tos fantasmas, en medio de aquella desolada
—Así pues, vais á Bas Halliford, ino es naturaleza.
verdad ! preguntó Sikes. Al pasar delante de la iglesia de Sunburry,
—Sí, contestó él hombre, que parecia es el reloj dio las siete. Una sola luz brillaba en
tar un poco bebido; pero no tardaré en lle una ventana, y su débil resplandor, proyec
gar , pues mi caballo no está cargado como tándose en el camino, permitia ver la espesa
esta mañana cuando vine, y recorreremos el copa de una encina que sombreaba varias
camino en muy breve tiempo ; ¡ es un exce tumbas. A poca distancia, oiase el monótono
lente cuadrúpedo ! murmullo de una cascada, confundido con el
— i Podriais conducirnos hasta allí ! pre rumor de las hojas de los árboles, agitadas
guntó Sikes echando de beber á su nuevo dulcemente por el soplo del viento de la no
amigo. che. Hubiérase dicho que aquello era una
—Si marchais en seguida no hay inconve música triste , propia para el eterno reposo de
niente, contestó el hombre. ¿Vais á Halli los muertos.
ford ! Despues de haber atravesado Sunburry, en
—Voy hasta Shepperton , dijo Sikes. contráronse en un camino solitario ; dos ó tres
—Entonces soy vuestro hasta donde os he millas mas léjos se detuvo la carreta, y Sikes
dicho , repuso el otro, i Está todo pagado, bajó con Oliverio , continuando despues su ca
Rebeca ! mino sin detenerse.
—Sí, el señor ha pagado , replicó esta. En Shepperton no se pararon en ninguna
— ¡ Cómo i dijo el labriego con el tono gra parte, como lo hubiera deseado el chico, ren
ve de un hombre que ha echado un trago de dido de cansancio, sino que continuaron su
mas ; esto no puede pasar asi , ¿me entendeis! marcha por malos caminos , en medio de las
—iPor qué razonl preguntó el bandido; tinieblas , hasta percibir las luces de un lugar
me prestais un gran servicio , evitándome la vecino. Al mirar atentamente á pocos pasos
incomodidad de permanecer aquí , y esto bien de distancia, Oliverio vió que por allí corria
vale un cuartillo ó dos. un rio 'y que llegaban cerca de un puente.
OLIVERIO iwist. 117
En el momento de ir á pasar por él , Sike3 traron en una sala baja, ahumada y sombría,
volvió bruscamente á la izquierda , bajando sin mas mueblaje que dos ó tres sillas rotas,
hasta la orilla del agua. una mesa y un sofá, donde se hallaba recos
—¡El rio ! pensó Oliverio, dominado por el tado un individuo, con los piés mas altos que
terror ; ¡ me han traido á este sitio desierto la cabeza , fumando en una gran pipa de tier
para deshacerse de mí I ra. Componíase su traje de una levita cas
Y ya se disponia á tirarse al suelo para tra taña, cortada á la última moda, con. gran
tar de salvar su vida por un supremo esfuer des botones muy brillantes, un chaleco de co
zo , cuando vio que se detenian ante una casa lores chillones y un pantalon gris. Toby
solitaria y casi arruinada. Constaba de un so Crackit , á quien ya habrán reconocido nues
lo piso y tenia una ventana á cada lado ; no tros lectores, tenia muy poco pelo, mas á pe
se veia luz alguna , y al parecer , hubiérase sar de esto , peinado en forma de tirabuzones,
dicho que en aquella lúgubre morada no ha por los cuales pasaba de vez en cuando sus
bitaba nadie. dedos sucios cuajados de sortijas ordinarias.
Dirigióse Sikes lentamente hácia la puerta Su estatura era mediana, y parecía tener las
y alzó el picaporte ; abrióse aquella, y el ban piernas muy débiles , lo cual no le impedia
dido penetró en la casa llevando de la mano admirar sus botas, que contemplaba con evi
á Oliverio. dente satisfaccion.
— Guillermo, amigo mio, exclamó volvien
do la cabeza hácia la puerta, me alegro mu
CAPÍTULO XXII. cho de verte, y ya temia que hubieses renun
ciado á la expedicion, en cuyo caso estaba re
suelto á emprenderla yo solo... Pero... ¿quién
Robo con fractura. es ese ! ,
Y al decir estas palabras lanzó una mirada
— i Q,»ién val preguntó una voz bronca ape á Oliverio.
ñas hubieron entrado en la casa. — Es el muchacho , contestó Sikes acercan
— No meter tanto ruido, dijo Sikes cor do su silla al fuego.
riendo los cerrojos de la puerta. Alumbrad, — Uno de los aprendices del buen Fagin,
Toby. añadió Bainey sonriendo.
— ¡Ahí ¡ah! eres tú, enmarada, replicó la — ¿De Fagin! repitió Toby mirando atenta
misma voz. Pronto, una luz, Barney ; enseña mente á Oliverio; entonces será un chico sin
el camino á ese caballero y trata de abrir los igual para limpiar los bolsillos de las viejas
ojos si es posible. damas que van á la iglesia. | Buena mano pa
El que hablaba arrojó probablemente un ra hacer fortuna I
saca-botas ú otro objeto semejante á la cabe —¡Basta!... basta de eso, interrumpió Si
za de aquel á quien se dirigía, á fin de des kes, con impaciencia.
pertarle, pues oyóse el ruido de un madero al É inclinándose al oido de su compañero, le
caer con fuerza , y luego el ronquido de un dijo algunas palabras que hicieron reir á Crac
hombre entregado al sueño. kit de todo corazon , en tanto que miraba á
— ¿No me. oyes! preguntó la misma voz; Oliverio con aire de asombro.
Guillermo Sikes está en la escalera sin tener —Ahora, dijo Sikes, convendrá que nos dés
á nadie para recibirle, y entretanto tú te estás de comer y beber, pues por lo que á mí toca,
ahí durmiendo como sí hubieses bebido láuda lo necesito mucho. Tú, muchacho, acércate al
no ! ¿Tienes ya los ojos abiertos, ó será pre fuego y descansa, porque aun tendrás que sa
ciso que te tire el candelero de hierro á la ca lir esta noche, aunque no para ir muy lejos.
beza para acabar de despertarte! Oliverio miró tímidamente á Sikes con aire
Al pronunciar estas palabras, oyóse un rui sorprendido, pero no dijo nada, y aproximan
do de zapatillas , dejóse ver una luz en una do la silla al fuego , puso su cabeza ardiente
puerta , y por fin se destacó la sombra de un entre las manos y permaneció inmóvil, sin dar
nombre, á quien ya hemos dado antes á cono se cuenta de lo que pasaba á su alrededor.
cer como mozo de la taberna de Saffron-Hill. —Vamos, dijo Toby mientras que Barney
—Buenas noches, Sikes! exclamó Barney ponia sobre la mesa una botella y algunas
con una alegría verdadera ó ficticia; entrad, provisiones ; ¡ bebamos por el buen éxito de
entrad. nuestra empresa ! .
—Vamos 1 adelante, dijo Sikes haciendo Y levantándose para honrar el brindis, pu
pasar á Oliverio ; date mas prisa si no quieres so cuidadosamente su pipa en un rincon, acer
que te pise los talones. cóse á la mesa, y llenando un vaso de aguar
Maldiciendo la lentitud del chico, el bandi diente, lo apuró de un trago. Sikes hizo lo
do le empujó hácia la puerta, y ambos pene-' mismo.
118 OLIVERIO TWIST. , ;
— Vaya un trago para el chico, dijo Toby Abatido este por la fatiga de la marcha , y
llenando un vaso hasta la mitad. ¡ Bébete es aturdido con el licor que le habian hecho be
to , muñeco ! ber, puso maquinalmente su mano en la de
—Creed, replicó Oliverio Pairando á Toby Sikes.
con aire suplicante, creed que yo no... — Cógele la otra , Toby , dijo el bandido ;
— Bébete esto, te digo, repitió Toby. íTe echa una mirada por fuera, Barney.
parece á ti que no sé lo que necesitas ! Díle Este fué hácia la puerta y volvió á decir
que se lo beba, Guillermo. que todo estaba tranquilo. Los dos ladrones
—Es lo mejor que puede hacer , dijo Sikes salieron con Oliverio, y Barney, despues de
llevando la mano á su bolsillo ; ¡ pardiez ! este haber cerrado cuidadosamente, envolvióse en
galopin es mas difícil de manejar que toda su manta y se echó á dormir.
una banda de truhanes ! ¡Beba pronto! La oscuridad era profunda; la niebla mu
Asustado por los gestos amenazadores de cho mas espesa que al principio de la noche,
los dos hombres, Oliverio apuró de un trago y la atmósfera tan húmeda , que aun cuando
el licor contenido en el vaso, y en el momen no llovia , los cabellos y cejas de Oliverio se
to fué atacado de una tos violenta , lo cual di impregnaron al momento de un agua glacial.
virtió mucho á Toby y á Barney, llegando Despues de franquear el puente, dirigiéronse
hasta hacer reir al feroz Sikes. hácia las luces que habia percibido, anterior
Cuando este hubo aplacado su hambre obli mente ; y como caminaban con paso rápido,
gando á Oliverio á que tragase un pedazo de no tardaron en llegar á Chertsey.
pan, los dos bandidos se recostaron sobre sus —Atravesemos el pueblo, dijo Sikes en voz
sillas para dormitar un instante. Oliverio per baja ; no habrá en las calles ni un perro que
maneció cerca del fuego, y Barney, envuelto nos vea.
en una colcha , se tumbó cerca del hogar. Toby no hizo objecion alguna , y enfilaron
Durante algun tiempo durmieron ó aparen con precipitacion la calle mayor del pueblo,
taron dormir, excepto Barney, que se levantó completamente desierta en aquella hora avan
dos ó tres veces para echar carbon en la chi zada de la noche. En la alcoba de alguna que
menea. Oliverio se habia adormecido : imagi otra casa veiase un débil resplandor, y solo el
nábase que se hallaba recorriendo sombrías ca ladrido de los perros interrumpia el silencio ;
llejuelas, ó que iba vagando por un cemente pero á nadie encontraron. Al salir del pueblo,
rio, cuando le despertó Toby Crackit, quien dieron las dos en el reloj de la iglesia.
levantándose bruscamente, dijo que era ya la Apresuraron el paso , y saliendo del cami
una y media. no , tomaron una senda á la izquierda. Des
En un instante estuvieron de pié los otros pues de haber andado un cuarto de milla, de
dos durmientes , y todos se ocuparon con la tuviéronse delante de una casa aislada, cuyo
mayor actividad en hacer sus preparativos. jardín estaba cercado por una tapia. Sin to
Sikes y su compañero se pusieron unas corba mar siquiera aliento , Toby la escaló en un
tas muy gruesas y sus gabanes , en tanto que abrir y cerrar de ojos.
Barney, abriendo un armario, sacaba diver —Alárgame el chico , dijo á Sikes.
sos objetos , que metía en los bolsillos de sus Antes que Oliverio tuviera lugar de hacer
compañeros. un movimiento, sintióse coger por los brazos,
—Dame las hábladoras, Barney , dijo To y un segundo despues hallábase sobre la yer
by Crackit. ba al otro lado de la tapia. Sikes se reunió
—Hélas aqui, repuso Barney presentándo con ellos bien pronto, y se dirigieron á paso
le un par de pistolas; las habeis cargado vos de lobo hácia la casa.
mismo. Entonces fué cuando Oliverio, lleno de ter
—Bueno , dijo Toby guardándoselas en el ror, comprendió por primera vez que la frac
bolsillo; ty los convincentes1 tura , el robo , y quizás el asesinato , eran el
—Yo los tengo , dijo Sikes. objeto de la expedicion; retorcióse las manos
—Y las llaves falsas , los barrenos, las lin y dejó escapar involuntariamente un grito de
ternas sordas, ¿no se olvida nada! preguntó espanto.. Pasóle una nube por los ojos, un su
Toby atando unas alicates á una correa que dor frio inundó su frente , Maquearon sus
llevaba en el forro de su gaban. piernas y cayó de rodillas.
—Todo está corriente , replicó su compañe — ¡En pié! murmuró Sikes temblando de
ro; danos lo3 garrotes, Barney, que es lo úni cólera y sacando la pistola del bolsillo ; ¡ en
co que nos falta. pié I ó te salto la tapa de los sesos !
Al decir estas palabras , ambos cogieron de —I Oh ! por el amor de Dios, dejadme mar
manos de Barney un grueso baston. char ! exclamó Oliverio ; dejadme huir muy
— ¡Adelante! dijo Sikes dando la mano á léjos para morir en medio de los campos; yo
Oliverio. no me acercaré á Londres, jamás! jamás!
OLIVERIO TWIST. 119
; Oh! tened piedad de mi y no me hagais ser samente que se callase y empezara la tarea»
ladron: por todos los ángeles del paraíso , te Obedeció Toby , y dejando su linterna en el
ned compasion de mi ! suelo , apoyóse contra la pared , con las ma
El hombre á quien se dirigia aquella fer nos en las rodillas , de modo que sirviese de
viente súplica profirió una espantosa blasfe escalon. Entonces Sikes saltó sobre él é hizo
mia, y ya habia amartillado la pistola, cuan- pasar suavemente por la ventana á Oliverio*
-do Toby se la arrancó de la mano, y tapando sin soltarle hasta que puso los piés en el
la boca al chico , lo arrastró hácia la casa. suelo.
—¡ Silencio ! dijo ; eso no conduce á nada. — Coge esta linterna, le dijo, dirigiendo
Di una palabra mas y te íompo la cabeza con una mirada á la habitacion ; i ves esa escalera
mi garrote ; esto no hace ruido, y el efecto es de enfrente !
<! mismo. —Sí, murmuró Oliverio mas muerto que
—Vamos, Sikes, dijo Toby, haz saltar el vivo.
postigo, que el chico ya no necesita mas, yo Entonces Sikes le señaló la puerta de en
to lo aseguro. Otros he visto de mas edad con trada con el cañon de la pistola , advirtiéndo
menos valor. le que siempre estaría al alcance del arma, j
Maldiciendo á Fagin por haber tenido la que si tropezaba caeria muerto al instante.
ocurrencia de enviar á Oliverio para formar —Es asunto de un minuto , añadió Sikes,
parte de la expedicion, Sikes introdujo una siempre en voz baja ; voy á soltarte ; sigue en
palanqueta bajo el postigo , sin hacer el me linca recta; ¡atencion!
nor ruido , pero apoyándose en ella vigorosa — i Qué es eso! murmuró Crackit escuchan
mente ; Toby echó una mano , y bien pronto do atentamente.
el postigo giró sobre sus goznes. —Nada , dijo Sikes soltando á Oliverio ; ¡ ea!
Era una pequeña ventana situada detrás de manos á la obra.
la casa á unos cinco piés del suelo, y que da En el poco tiempo que tuvo para coordinar
ba á una bodega que habia en el extremo de sus ideas, Oliverio habia formado la firme re
un anden. La abertura era tan estrecha , que solucion, aunque le costase la vida, de llegar
los dueños de la casa habian creido inútil gua á la escalera y dar la voz de alarma. Con es
recerla con barras; pero no obstante, un mu te pensamiento , dió dos ó tres pasos con di
chacho como Oliverio podia muy bien pasar reccion á ella.
{Mr ella. Sikes hizo saltar el pestillo y abrió —¡ Aquí ! gritó de pronto Sikes en alta voz¿
tambien los cristales. ! Aquí ! ¡ aquí !
—Ahora , gran tunante , atencion & lo que Esta exclamacion repentina, en medio de
voy á decirte , murmuró en voz baja el ban un silencio de muerte , y seguida de un agu
dido, sacando del bolsillo una linterna sorda do gtito, asustó de tal mudo á Oliverio, que
con cuya luz iluminó el rostro de Oliverio. dejando caer la linterna no supo si avanzar 6
Vas á pasar por esta ventana, tomarás la lin retroceder.
terna, subirás con el mayor silencio los esca Dejóse oír un segundo grito ; brilló una loe
lones que se ven ahí enfrente , y despues de en lo alto de la escalera ; viéronse aparecer en
«travesar el vestíbulo nos abrirás la puerta la meseta dos hombres medio desnudos, con
-de entrada. aspecto aterrado... Oliverio divisó un resplan
—En la parte superior de la puerta hay ua dor súbito... una nube de humo... oyó luego
«errojo al cual acaso no alcances, observó To una detonacion y un crujido extraño... des
by ; súbete encima de una silla de las tres que pues vacilaron sus piernas y cayó á tierra.
se encuentran en el vestíbulo y que tienen el Sikes habia desaparecido un momento, pe
escudo de armas de la señora que es un uni ro viósele aparecer de nuevo , y antes que el
cornio azul y una horquilla de oro. humo se disipara, habia cogido al chico por
—Cállate , si es posible, dijo Sikes con aire el cuello , descargando al mismo tiempo su
amenazador: la puerta del cuarto está abier pistola sobre los dos hombres , que huian en
ta, ¡ no es verdad ! retirada.
—De par en par , contestó Toby despues de —Agárrame con mas fuerza , dijo Sikes á
mirar por la ventana para asegurarse de ello: lo Oliverio haciéndole franquear la ventana. Da
que hay de bueno es que siempre la dejan abier me un pañuelo, Toby, le han herido. Pron
ta , para que el perro , que tiene su cama por to ! ¡ condenacion ! ¡ cómo sangra este chico !
aquí , pueda pasearse á su gusto cuando no El tañido de una campana agitada con vio
duerme. Ah I ah ! el buen Barncy se ha com lencia, fué á mezclarse con el estruendo de
puesto bien para quitarnos semejante estorbo las armas de fuego y con los gritos de las
esta noche. gentes de la casa. Oliverio sintió que le lleva,
Aunque Crackit reia en silencio al pronun ban por un camino escabroso con paso rápi.
ciar estas palabras , Sikes le mandó imperio - do; poco á poco, perdióse el ruido en lonta^»
120 OLIVERIO TW1ST.
nanza, apoderase de él un frio mortal y se ner el codo sobre la mesa, comenzó á refle
desmayó. xionar sobre su solitaria existencia. La pe
queña cafetera, de una taza de cabida, aca
CAPÍTULO XXIII. baba de despertar en su mente el recuerdo
del difunto señor Corney, á quien habia en
Donde se verá que un bedel puede tener senti terrado veinte y cinco años antes, y cayó en.
mientos. — Curiosa conversacion del señor una profunda melancolia.
Bumble con una dama. — ! Jamás tendré otro! murmuró con acen
to lastimero; jamás tendré otro... igual. ¡ Ay
La noche era glacial; una espesa capa de de mi!
nieve endurecida cubria la tierra; y el vien No seria muy fácil decir si la exclamación
to, soplando con violencia, arrastraba los co de la señora Corney se dirigia á su difunto es
pos acumulados en las esquinas de las calles poso ó á la cafetera; pero es probable que
y en las puertts de las casas. Era en fin una fuese á esta última, pues la miró en el mismo
de aquellas noches lóbregas y fiias en que las instante y la puso sobre la mesa. Al acercar
gentes bien acomodadas se agrupan ansiosas la taza á sus labios, llamaron suavemente á la
alrededor del fuego regocijándose por no ha puerta.
llarse á la intemperie ; en tanto que los pobres — ¡Entrad! exclamó con viveza; supongo-
sin abrigo y sin pan, se duermen para no vol que será alguna mujer que se muere ; siem
ver á despertar sino en el otro mundo. pre se les ocurre irse al otro mundo precisa
La señora Corney, matrona del asilo de mente cuando estoy á la mesa ; entrad pronto-
mendicidad, donde ya hemos hecho penetrar á y cerrad la puerta para que no penetre el frío-
nuestros lectores , acababa de instalarse en su en la habitacion. Y bien, i qué hay!
pequeña habitacion , delante de un buen fue —Nada, señora, nada, contestó una voz de
go, y contemplaba con la mayor complacen hombre.
cia una mesita redonda sobre la que habia una — ¡ Bondad divina! exclamó la matrona con
bandeja con todos los objetos necesarios paia dulzura; ¿sois vos, señor Bumble !
hacer la mas suculenta colacion que pudiera —Para serviros, señora, contestó el bedel,
esperar una matrona. En efecto, disponíase que despues de haberse limpiado los piés en
la señora Corney á refocilarse con una taza de el ruedo y sacudido la nieve de que estaba
té , y mirando tan pronto á la mesa como á cubierto su traje , hacia su entrada en el cuar
la cafetera, donde hervia dulcemente el agua, to con el tricornio en una mano y un paque
su semblante iba adquiriendo por momentos te debajo del brazo.
el aire de una indecible satisfaccion. — iQuereis que cierre la puerta! preguntó-
— Verdaderamente, exclamó poniendo un Bumble.
codo sobre la mesa, no hay aquí bajo en la La dama vaciló un momento en contestar,
tierra ninguno que no tenga que bendecir á temiendo sin duda que fuese inconveniente
la Providencia , si se atiende á los dones que estar con el bedel á puerta cerrada ; pero en
n 03 dispensa. ¡ Ay de mil tretanto este aprovechóse de la vacilacion y
La señora Corney inclinó la cabeza con cerró sin mas autorizacion porque tenia frio.
aire pensativo como si deplorase la ceguedad — ¡ Qué tiempo tan infernal , amigo Bum
de los pobres que desconocen dichos dones; ble ! dijo la matrona.
é introduciendo despues una cuchara de pla —Teneis razon, señora, es un tiempo anti
ta (propiedad suya) en una caja de té, con parroquial, i Quereis creer, señora Corney,
tinuó sus preparativos. que hemos distribuido en este dia de bendi
i Qué poca cosa es suficiente para turbar la cion veinte y cinco panes de 4 cuatro libras
tranquilidad de nuestra almal La cafetera, y queso y medio, sin que esos mendigos es
que era muy pequeña y estaba llena, se des tén todavia contentos?
bordó en tanto que la señora Corney se en — ! Vaya una maravilla! pues qué, ¿están
tregaba á sus reflexiones morales, y cayeron contentos alguna vez! repuso la matrona sa
en la mano de la matrona algunas gotas de boreando su té.
agua hirviendo. — ¡ Ah ! es cierto , señora. Mirad , hay un
—¡ Maldita sea la cafetera! exclamó, de- individuo , al cual , en consideracion á su nu
ándola apresuradamente sobre la chimenea. merosa familia , se le ha concedido un pan de
! Qué invencion tan estúpida es la de estas cuatro libras y una libra de queso ; ¿os pare
vasijas, que no contienen sino una ó dos ta ce que con esto ha quedado contento! Pues
zas ! ¿ A quién podrian servir sino á una cria no señora; aun ha tenido el atrevimiento de
tura abandonada como yol ¡Ay de mil pedir carbon ; y ¿para qué! Sin duda querria
Al pronunciar estas palabras , dejóse la ma quemar el queso para volver luego á pedir
trona caer sobre su sillcn, y volviendo á po mas ! Esos picaros pobres hacen siempre lo
TWIST. 121
mismo ; dadles hoy carbon y mañana volve mas profundo silencio , no tratándose de fun
rán pidiendo doble cantidad. Tienen un des cionarios parroquiales, como nosotros por
caro inaudito. ejemplo. Hé aquí el oporto que la adminis
La matrona aprobó estas palabras , y el be tracion destina á la enfermería ; es de exce
del continuó de este modo : lente calidad , natural, puro de toda mezcla,
—No es posible figurarse hasta donde llega claro como el agua de roca y sin ningun de
eu insolencia ; sin ir mas allá , anteayer un pósito.
hombre... habeis sido casada , señora, y por Despues de haber aproximado las dos bo
eso puedo entrar en estos detalles ; un hom tellas a la luz , agitándolas para mostrar la
bre, apenas cubierto (la señora Corney bajó buena calidad del vino , el bedel las puso en
los ojos) con unos harapos , se presentó en la su bolsillo y cogió el sombrero como para
puerta de nuestro vigilante , que precisamen marcharse.
te tenia convidados , y dijo que era preciso —Vais á coger mucho frio, amigo Bumble,
le diesen socorro. Como no queria irse, y es dijo la matrona.
taba dando escándalo, nuestro vigilante hizo —Hace un viento que corta la cara, con
que le diesen una libra de patatas y un tazon testó el bedel levantándose el cuello del ga
de puches. ¡ Dios mio ! dijo aquel monstruo ban.
de ingratitud , ¿qué quereis que haga con La señora Corney miróá la tetera, despues
esto! Tanto valdría darme unas antiparras. al bedel, que se dirigía hácia la puerta, y
— Muy bien , contestó nuestro vigilante vol como le oyese toser cuando iba á dar las bue
viendo á tomar las provisiones, entonces no nas noches, preguntóle tímidamente... si que
se os dará nada. — ¿ Y tendré que morirme de ria aceptar una taza de té.
hambre! dijo el pobre. — ¡Oh! no os mori En el momento , el bedel bajó el cuello de
reis, replicó el vigilante. su gaban , puso su sombrero y su baston ea
- — ¡ Ah ! ah ! eso es magnífico, interrumpió una silla, y aproximando otra á la mesa sen
la matrona ; segura estoy que se trata del se tóse lentamente , mirando á la dama , que
ñor Granet. iY despues! bajó los ojos. El bedel tosió de nuevo y son
—Despues, señora, marchóse el pobre, y se rió ligeramente.
murió en la calle. ¡Habráse visto testarudo Levantóse la señora Corney para tomar una
semejante ! ' * taza del armario y al volver á sentarse sus
—Eso traspasa todos los límites, observó ojos 3e encontraron de nuevo con los del ga
la matrona con dignidad ; pero ¿no os parece, lante bedel. Ruborizóse la dama y Bumble
amigo Bumble, que los socorros que se dan volvió á toser otra vez con mas fuerza que
fuera del establecimiento, nunca tienen buen antes.
resultado ! Vos, que sois hombre de experien —¡.Oí gusta con mucho azúcar! preguntó
cia , podreis juzgar. la señora Corney tomando el azucarero.
— Señora Corney, dijo el bedel sonriendo
como un hombre que tiene la conciencia de —Sí señora , me gusta muy dulce , contes
su superioridad; los socorros que se distribu tó Bumble sin apartar la vista de la dama.
yen fuera del asilo , si se dan con discerni Nunca bedel alguno pareció tan amoroso
miento , ¿lo entendeis, señora! con discerni como el buen Bumble en aquel momento. La
miento , son la salvaguardia de las parro señora Corney echó el té.
quias. El fundamento principal de la asisten El bedel extendió entonces un pañuelo so
cia exterior es suministrar á los pobres todo bre sus rodillas para que las migas de pan no
aquello con lo que nada pueden hacer , hasta alterasen el brillo de su calzon verde, y co
que cansados de tanta incomodidad dejan de menzó á comer y beber , lanzando por inter
ser importunos. valos un profundo suspiro, que lejos de ha
— ¡Cierto! exclamóla señora Corney; hé cerle perder bocado, parecía facilitar por el
ahí una idea luminosa. contrario las funciones digestivas. .
—Sí, y dicho sea entre nosotros, es el gran —Teneis una gata , señora , segun veo , di
principio del sistema , repuso Bumble ; en jo el bedel, mirando una muy hermosa, que
Tirtud de este principio , se socorre á las fa rodeada de su cria se calentaba delante del
milias enfermas haciéndoles una distribucion fuego... y gatitos tambien, si no me engaño.
de queso, como dicen los insolentes periodis —¡ Me gustan tanto , señor Bumble ! repu
tas, que se mezclan en todo aquello que no so la matrona ; ¡ oh ! no podeis figuraros cuan
les importa. Dicho principio, señora Corney, to me divierten ! Es una verdadera sociedad
se halla ahora en vigor en todo el reino. Sin para mí.
embargo , añadió abriendo el paquete que lle — Hermosos animales, dijo el bedel; son
vaba en la mano , estos son secretos adminis muy amigos de la casa.
trativos sobre los cuales se debe guardar el — ¡ Oh ! sí, dijo la señora Corney con en
122 OLIVEB l TWIST.
*usiasmo; estos son tan caseros que da gusto silla hácia la derecha , se metia en la chime
verles. nea, y si hacia un movimiento hácia la iz
—Señora Corney, repuso el bedel con len quierda caia en los brazos del bedel. Esta
titud , tocando una marcha con su cuchara ; alternativa no escapó á su perspicacia , y co
me atrevo á decir que si un gato ú otro ani mo mujer prudente , no se movió , conten
mal cualquiera , que pudiese vivir con vos , tándose con ofrecer al señor Bumble una se
no tomase cariño á la casa, seria preciso que gunda taza de té.
fuese un asno. — El corazon duro I repitió el bedel mi
—¡Ohl señor Bumblo ! exclamó* la ma rando á la matrona ; ¿ y vos , señora , teneis
trona. el corazon durol
—Es inútil disfrazar la verdad , repuso el —I Dios mio ! exclamó la matrona , i qué
bedel , balanceando su cuchara con un aire pregunta tan extraña por parte de un célibe !
digno y tierno á la vez, que daba mas peso i Qué puede importaros eso , amigo Bumble !
a sus palabras; yo tendria gusto en ahogar Este, sin contestar, apuró su taza de un
con mis propias manos al animal que se mos sorbo, enjugóse los labios y abrazó vale
trase tan ingrato. rosamente á la matrona.
—Entonces sois muy cruel , replicó la ma —Señor Bumble, dijo en voz baja la dis
trona con viveza y alargando el brazo para creta dama, pues el terrar la quitaba el uso
tomar la taza del bedel; es preciso que ten de la palabra ; señor Bumble , voy á gritar !
gais el corazon muy duro. El bedel, sin hacer aprecio de aquella
— ¡ El corazon duro I señora , exclamó Bum- amenaza , pasó lentamente su brazo alrede
ble ; el corazon duro ! dor del talle de la matrona.
Y aprovechando el momento en que alar Como la dama habia manifestado la inten
gaba su taza á la señora Corney, oprimió el cion de gritar , iba sin duda á poner por obra
dedo pequeño de la dama ; colocando despues su amenaza , al ver tanto atrevimiento , cuan
la mano en la solapa de su chaleco galoneado do llamaron á la puerta con viveza.
exhaló un profundo suspiro, y separó un po- El bedel se lanzó presuroso á coger las bo
<jo su silla del fuego. , tellas, que habia vuelto á dejar sobre la mesa,
La mesa era redonda, y como el señor Butn- y comenzó á envolverlas , en tanto que la
ble y la señora Corney estaban delante de la matrona preguntaba secamente : i Quién lla
chimenea, uno enfrente de otro y bastante ma !
próximos , se comprende fácilmente que el be - Es de notar , y hé aquí un ejemplo curioso
del , al apartarse del fuego , aumentaba la de la eficacia de una sorpresa repentina para
distancia que le separaba de la dama. Este atenuar los efectos de un gran temor, que la
proceder excitará sin duda la admiracion del voz de la señora Corney habia vuelto á su
lector, que de seguro ve en esto un acto de rudeza acostumbrada.
heroísmo por parte del señor Bumble ; la ho —Señora, dijo una pobre anciana dejando
ra, el lugar y la ocasion hubieran podido ha - ver su cabeza por la puerta , la vieja Sally
cerle mas atrevido, poniendo en su boca pa está á punto de morirse.
labras ligeras , muy convenientes en la boca — ¡Y bien'l ¿qué quereis que yo haga?
de un aturdido, pero que cuadran mal con la preguntó la matrona con dureza ; ¿ puedo
dignidad de un magistrado, de un miembro acaso impedir que se muera?
del parlamento , de un ministro ó de un cor —No señora , repuso la anciana , eso nadie
regidor , y que se avienen mucho menos con puede hacerlo ¡ ya no tiene remedio ; yo he
el carácter grave de un bedel, que debe ser visto morir á mucha gente, hombres, niños
de todos los funcionarios el mas severo é in y mujeres , y sé bien cuando llega la muerte;
flexible. pero la vieja Sally está agitada cuando los ac
Cualesquiera que fuesen las intenciones del cesos la dejan un momento de reposo, y en.
señor Bumble (y sin duda alguna eran exce medio de su penosa agonía dice que tiene que
lentes) la desgracia quiso que la mesa fuese deciros una cosa que es preciso sepais. No
redonda, segun ya hemos dicho. Así pues, morirá tranquila si no vais á verla , señora.
el bedel , alejando poco á poco su silla del La digna señora Corney se deshizo en in
fuego, disminuyó insensiblemente la distan vectivas contra las viejas que no pueden mo
cia que le separaba de la matrona , y á fuer rirse sin importunar á sus superioras ; cubrió
za de hacer viajar á su silla alrededor de la se las espaldas con un chaí, con que se abri
mesa, llegó á colocarla junto á la de la seño gó cuidadosamente , y rogando al bedel que
ra Corney. aguardase su vuelta , salió con la vieja de
Las dos sillas llegaron á tocarse y entonces muy mala gana y se dirigió gruñendo á la
el bedel se detuvo. habitacion de la moribunda.
En esta situacion , si la matrona retiraba su Una vez solo el señor Bumble, entregóse
OLIVERIO TWIST. 123
á una operacion muy extraña. Despues de — Glacial en verdad, repuso la dama con
abrir el armario contó Itl cucharillas del té, acento benévolo y haciendo una reverencia.
pesó en sus manos la tenacilla del azúcar, —Debeiiais exigir mejor carbon <le lo»
examinó atentamente un gran cucharon de abastecedores, dijo el aprendiz revolviendo
plata para asegurarse de la bondad del metal; el fuego con unas tenazas enmohecidas ; este
y despues de satisfacer su curiosidad sobre no es bueno para un tiempo semejante.
estos puntos , se puso el tricornio al revés y — Es el que elige la administracion, repli
comenzó á dar vueltas en derredor de la me có la matrona ; pero convengo en que deberia
sa, bailando gravemente sobre la punta de los ser mejor , pues nuestras funciones son de
piés. Despues de haber terminado este extra- por si bastante penosas..
no ejercicio quitóse el tricornio y se sentó Aquf la conversacion fué interrumpida por
junto al fuego, de espaldas & la chimenea, un gemido de la moribunda.
con el aire de un hombre ocupado en formar — ¡Ohl exclamó el jóven mirando hácia
exactamente el inventario de una casa. el lecho , como si aquel gemido le hubiese re
cordado que habia allí una enferma ; es el fin,
señora Corney.
CAPÍTULO
é XXIV. —¿Lo creeis asi?
—Me Eorprenderia que viviese algunas ho
Detalles penosos , pero cortos , cuyo cono ras, replicó el aprendiz aguzando su monda
cimiento es necesario para la mejor inteli dientes ; tiene todo el sistema destruido. De
gencia de esta historia. cidme, anciana, ¿duerme ahora?
Inclinóse la enfermera sobre el lecho para
La vieja que habia ido á turbar la dulce asegurarse de ello , é hizo una señal afirma
tranquilidad de la matrona , era una verdade tiva.
ra mensajera de muerte. Encorvada por la — Puede ser que se quede en ese sueño si
edad, agitados los miembros por un temblor no metemos ruido , dijo el jóven ; poned la
convulsivo, parecia mas bien una caricatura luz en el suelo para que no la vea.
que un ser humano. Obedeció la anciana moviendo la cabeza,
I Ay I que son pocos los semblantes cuya como para dar á entender que la enferma no
hermosura conserva su encanto I Las satis moriría tan tranquilamente, y despues fué á
facciones , las penas , los sufrimientos , alte reunirse con la otra vieja que acababa de en
ran las facciones á la vez que cambian el co trar. La matrona con aire de impaciencia,
razon; y hasta que las pasiones se adormecen, abrigóse con su chai y se sentó al pié de la
perdiendo su fuerza para siempre, no se di cama.
sipa la nube ni adquiere la frente su celeste El aprendiz farmacéutico, despues de haber
serenidad. Tal es con frecuencia el efecto de cortado su mondadientes, se instaló delante
la muerte : frio y helado el semblante vuelve del fuego , mas al cabo de diez minutos co
é recobrar esa expresion tranquila y pacifica menzó á fastidiarse , y dando las buenas no
que tenia en la primavera de la vida. El ches á la matrona salió de puntillas de la ha
hombie torna á quedar en una calma tan pa bitacion.
cifica , que aquellos que le conocieron en su Las dos ancianas, despues de haber per
feliz infancia , se arrodillan junto al ataud He manecido algun tiempo inmóviles, se alejaron
nos de respeto hácia el ángel que creen ver del lecho y fueron á colocarse delante del fue
aun sobre la tierra. go para calentar sus descarnadas manos. La
La anciana subió la escalera tambaleándo llama proyectaba un siniestro resplandor so
se, y encaminóse por los corredores, mur bre sus arrugados semblantes , haciendo re
murando algunas palabras ininteligibles en saltar su espantosa fealdad.
respuesta & las reprensiones que le dirigía su —¿Ha vuelto á decir alguna cosa mientras
compañera. Al fin tuvo que detenerse para yo estaba fuera! preguntó una de las viejas á
tomar aliento, entregando la luz á la matro su compañera.
na, quien se dirigió hácia la habitacion don- —Ni una palabra, contestó la otra; ha em
-de se hallaba la moribunda. pezado á retorcerse los brazos, pero yo la su
Era una especie de granero apenas alum jeté las manos y se calmó bien pronto. Como
brado por una miserable lámpara; otra ancia no tiene fuerzas me ha costado poco trabajo,
na velaba junto al lecho, en tanto que el tanto mas cuanto que aun tengo bastante vi
aprendiz del farmacéutico de la parroquia, gor , á pesar de mis muchos años y del régi
sentado delante del fuego, estaba afilando un men del asilo.
mondadientes. — iHa bebido el vino caliente que recetó el
— ¡Q,ué noche tan glacial, señora Corney! médico !
dijo el jóven viendo entrar á la matrona. —He tratado de hacérselo beber ; pero te
124 OLIVERIO TWIST.
nia los dientes tan apretados , y mordia con y ya iba 6 hablar , cuando observando que las
tal fuerza el vaso, que apenas pude hacérse dos viejas se inclinaban sobre el lecho para no
lo soltar. Asi pues, me lo he bebido yo, y perder una palabra , exclamó con voz desfa
me ha sentado muy bien. llecida :
Despues de haber mirado á su alrededor con —Mandadlas salir ; pronto ! pronto !
precaucion para asegurarse de que no las es Las dos viejas empezaron á lamentarse á cual
cuchaban , las dos viejas se acercaron aun mas, diciendo que la pobre enferma no reco
mas al fuego y continuaron charlando en voz nocia á sus mejores amigas y que no saldrían
baja. del cuarto ; pero la matrona las echó fuera, y
—Recuerdo un tiempo , dijo la primera, en cerrando la puerta volvió junto al lecho.
que ella no hubiera dejado de hacer lo mismo, —Ahora, escuchadme, dijo la moribunda
y aun se habria rcido despues. en alta voz, como si hiciese un gran esfuerzo
—Sin duda , replicó la otra ; era muy jo para hablar... En esta misma habitacion... en
vial. ¡ Y cuántos cadáveres ha recogido, blan esta misma cama... yo asistí en otro tiempo á
cos como la cera ! ¡ Cuántas veces la ayudé una hermosa jóven que' habia sido conducida
en esa tarea ! al asilo, con los piés destrozados por una lar
Hablando asi , la vieja sacó" del bolsillo una ga marcha , y llenos de sangre y de polvo.
mísera caja de rapé, y despues de tomar un Dió á luz un niño y murió. Dejadme refle
polvo ofreció otro á su compañera. xionar... que yo me acuerde en qué año fué.
En aquel momento, la matrona, que había —Poco importa el año , dijo la impaciente
esperado con impaciencia á que la moribunda matrona... ¿Qué es lo que ibais á decir!
saliese de su estupor, se acercó tambien al — ¡Ah, sí! murmuró la enferma cayendo
fuegb y preguntó con voz agria cuánto tiem en su soñolencia ; ¡qué queria yo decir!... Ya
po tendría que aguardar aun. sél continuó, incorporándose convulsivamente.
— No mucho, señora, contestó una de las Su semblante se animó; sus ojos parecian
viejas alzando los ojos ; la muerte no acostum saltarse de las órbitas, y murmuró: '
bra 6 hacernos esperar mucho. ¡ Paciencia ! —Yo la he robado ! sf, la he robado! cuan
paciencia ! harto pronto llegará para todas nos do aun no estaba fria! Os digo que la robé
otras , aun cuando somos muchas. cuando no estaba fria !
— ¡Callaos, charlatana ! dijo la matrona con — ¿ Robado el qué! hablad por amor de
acento severo. Decid, Marta, ¿la habeis visto Dios! exclamó la matrona haciendo un gesto
ya en ese estado! como para pedir socorro.
— Varias veces, respondió la vieja. — ¡La cosa! contestó la moribunda ponien
— Pero esta será la última repuso la otra; do su mano sobre la boca de la matrona, la
es decir, que no se despertará ya mas que única cosa que poseia. Aquella hermosa jóven
una vez , y estad segura , señora , que será no tenia ropa para guarecerse del frío , ni pan
bien pronto. para comer, y sin embargo guardaba aquello
—Pronto 6 tarde , dijo la matrona de mal junto á su corazon. ¡Era oro! os digo que era
humor, no me encontrará aquí cuando se des oro verdadero ! que hubiera bastado para sal
pierte , y os encargo tengais cuidado de no ir var su vida.
á molestarme para nada. No es de mis atri — ¡Oro! repitió la matrona inclinándose vi
buciones el ver morir á todas las viejas de la vamente hácia la moribunda, que caia desfa
casa, y asi, que no vuelva á suceder, viejas llecida sobre el lecho... Continuad... ybicn!...
bachilleras.' Si volveis á incomodarme , ya me despues ! ¿ Quién era esa jóven madre ! ¿ Cuán
lo pagareis ! do sucedió eso!
E iba & salir del cuarto cuando un grito de —Me habia encargado que lo guardase cui
las dos viejas la hizo volver la cabeza. La dadosamente, repuso la anciana exhalando un
moribunda se habia incorporado y alargaba gemido lastimero. Ella me lo confió porque no
los brazos á la matrona. tenia á su lado á nadie mas que á mí. Desde
—¿Qué es eso! exclamó la moribunda con el momento que lo vi en su cuello , ya tuve la
voz sepulcral. intencion de robarlo... y acaso yo tengo la
—! Quieta ! quieta ! dijo una de las viejas culpa de la muerte del niño. Mejor le habrían
inclinándose sobre la cama ; acostaos ! acos tratado si se hubiese sabido todo!
taos ! — i Sabido qué! preguntó la matrona; ha
— No lo haré hasta que caiga muerta ! mur blad!
muró la enferma forcejando. ¡ Es preciso que —Aquel niño se parecia tanto á su madre,
yola hable! Acercaos... aun mas... quiero continuó la moribunda, sin hacer aprecio de
hablaros al oido. la pregunta , que yo no podia mirarle sin pen
Así diciendo , cogió el brazo de la matrona sar en su desdichada madre! ¡Pobre mujer!
y la hizo sentar en una silla junto á la cama; tan jóven! tan dulce! Esperad, no he con
OLIVERIO TWIST. 123
cluido aun ; aun no lo he dicho todo ; i es ver contra Bates y Chitling, y su fisonomia
dad? siempre inteligente, era mas interesante de
—No, no, dijo la matrona prestando aten contemplar en aquel momento á causa de la
to oido para coger las palabras, que la mori escrupulosa atencion que prestaba al juego y
bunda pronunciaba con voz apenas inteligible. el cuidado que ponia en aprovecharse de la
Despachaos ó será demasiado tarde! ocasion de lanzar una rápida mirada & las car
—La madre, continuó la anciana haciendo tas de Chitling, teniendo el tacto de arreglar
un esfuerzo aun mas violento que los anterio su juego segun las observaciones que habia
res, la madre al sentir que se moria, me dijo hecho en el de su compañero. Como el tiem»
al oido que si vivia su hijo , y si era posible po era frío , tenia el sombrero puesto , cos
educarle, acaso algun dia le seria dado oir tumbre que por lo demás le era familiar, y
pronunciar sin ruborizarse el nombre de su fumaba en su pipa , sin dejarla mas que para
madre. ¡ Oh ! Dios mio ! exclamó juntando sus echar de vez en cuando un trago de aguar
manos enflaquecidas , bien sea un niño 6 niña, diente, ,<
buscadle algunos amigos en este mundo mise Tambien Bates estaba atento á su juego ;
rable, y tened compasion de un pobre huér pero como su carácter era mas activo que el
fano abandonado sobre la tierra. de su digno compañero , recurria con mas
—¿El nombre del niñol preguntó la ma frecuencia á la bebida,' permitiéndose infinitas
trona. bromas y observaciones importunas, impro
— Se llamaba Oliverio, repuso la mujer pias en un grave jugador de whist. El Tru
con voz apagada ; el oro que yo robé era. . . hán, prevaliéndose de la estrecha amistad que
— Sí, si, despues...! los unia , dirigió mas de una vez á su com
La matrona se inclinó presurosa hácia la pañero las mas sérias reprensiones sobre 6U
moribunda para escuchar su respuesta; pero ligereza, pero Bates las recibia con la mayor
retrocedió instintivamente viéndola incorpo frescura, limitándose á rogar á su amigo que
rarse ut?U vez mas con lentitud, oprimir la fuese á meter la cabeza en uu saco y otros
colcha entre sus crispadas manos , murmurar chistes parecidos. Estas contestaciones , mas
algunos sonidos inarticulados, y caer sin vida 6 menos graciosas y oportunas, excitaban vi
sobre su lecho. vamente la admiracion de Chitling , siendo de
notar que este y su compañero perdian siem
:— i Muerta ! exclamó una de las viejas, pre pre invariablemente , circunstancia que lejos
cipitándose en la habitacion apenas estuvo la de irritar á Bates , parecia por el contrario di
puerta abierta. vertirle mucho. Al fin de cada jugada reiase
.—Y todo esto para nada, dijo la matrona con mas fuerza, declarando que jamás habia
alejándose con indiferencia. jugado tan á gusto.
Las dos viejas estaban probablemente de —Perdemos la partida doble, dijo Chit
masiado ocupadas con los deberes fúnebres ling, poniendo muy mala cara y sacando del
que tenian que cumplir , para que pensasen bolsillo media corona (1) ; jamás he visto una
en contestar, y permanecieron solas juúto suerte como la vuestra, Jack; ganais todas
al cadáver. Jas puestas, y por buenas cartas que tenga
mos Bates y yo , nada podemos hacer.
Esta observacion , ó tal vez el tono enojoso
CAPÍTULO XXV. con que fué hecha , hizo tanta gracia á Ba
tes, que sus carcajadas sacaron al judío de su
Donde se vuelve á encontrar á Fagin y su contemplacion, y preguntó de qué se trataba.
bánda. —¿ De qué, Fagin ! preguntó Charlot; qui
siera que hubieseis visto la partida ; Chitling
Mientras ocurrian estos sucesos en el asilo no ha hecho un punto, y yo era su compa
de mendicidad, hallábase el buen Fagin en ñero contra el Truhán.
3u huronera sentado delante de la chimenea, - — ¡ Ah ! ah! exclamó el judío con una son
teniendo en las rodillas un fuelle , con el cual risa que demostraba conocer la razon .sin es
acababa sin duda de activar el fuego. Com fuerzo ; métete con ellos , Tom , métete con
pletamente absorto en una profunda medita ellos.
cion , con los brazos cruzados y la cabeza in —Gracias, ya me basta , Fagin ,• contestó
clinada sobre el pecho , contemplaba con aire Chitling; el Truhán tiene una suerte contra
distraido los viejos morrillas del hogar. la que no se puede luchar. ,
Detrás de él , el astuto Truhán , Charlot
Bates y Chitling, estaban sentados delante
de una mesa , jugando muy atentos una par
tida de whist. El Truhán hacia el muerto ' (I) Eqniraie i medio duro de nuejtra moneda, (X, delJC.)
126 OLIVERIO TWIST.
— I Ahí querido! repuso el judio, bayque con tal de estar bien con Betty-; ¿ no es ver
levantarse muy temprano para ganar á ese dad , Tom 1 preguntó el Truhán haciendo una
mezo. seña á Charlot y al judio.
El Truhán recibid aquel cumplido con mu — Pues bien , sí, me seria igual, repuso
cha modestia; y ofreció sacar de las cartas, Tom encolerizado ; yo quisiera saber quien
sin verlas, la figura que se le pidiese, jugan puede decir otro tanto ¿no es cierto, Fagin?
do un chelín cada vez. Pero como ninguno —Ninguno , dijo el judio ; ninguno de ellos,
quisiera aceptar el reto, y se hubiese apura Toni ; estad seguro de ello.
do su pipa, divirtióse en trazar sobre la mesa — Yo hubiera salido bien del negocio, si
un plano de Newgate ron el mismo yeso que hubiese querido acusarla, á ella, continuó
marcara los puntos, silbando al mismo tiem Chitling montado en cólera ; ¿eh, Fagin !
po como una serpiente. —Sin duda , querido , dijo el judio.
—Sois fastidioso como la lluvia , Tom I ex —Pero yo no he sido charlatan , i eh, Fa
clamó despues de un largo silencio dirigiéndo gin ! preguntó Chitling , que acumulaba pre
se á Chitling; i en qué os parece que piensa, gunta sobre pregunta con la mayor volubili
Fagin! dad.
—¿Como quereis que lo sepa yo! contestó —No, no, repuso el judío; teneis el corazon
«1 judio dejando el fuelle ; puede que piense demasiado noble para hacer esas cosas, que
en lo que ha perdido, ó en la casa de campo rido.
de donde acaba de salir. 1Ahl ¡ah! ¿es eso, —Decis bien, repuso Chitling, y puesto
querido ! que tengo corazon no hay de que reirse ; ¡ no
—De ningun modo, replicó el Truhán, sin es cierto, Fagin !
dejar á Bates tiempo de contestar; ¡qué dices Viendo el judio que la cólera de Tom iba
tú, Charlot! en aumento, aseguróle que nadie se burlaba
—Yo digo , repuso Bates riéndose , que es de él , y como prueba de lo que decía , apeló
taba muy tierno con Betty ; mirad I ved como al testimonio de Bates, el principal agresor ;
«e ruboriza ! I Dios mio I será posible I Chit pero desgraciadamente , en el momento que
ling enamorado I Fagin , Fagin , con esa ca Charlot abría la boca pora decir que nunca
beza I fué su intencion burlarse, soltó una estrepito
Y el buen Bates , ahogado por la risa , á sa carcajada.
la idea de que Chitling fuese victima de una Chitling, creyéndose insultado, se lanzó
pasion tierna , se echó tan vivamente sobre sin mas preámbulo sobre Bates, dirigiéndole
su silla , que perdiendo el equilibrio cayó un puñetazo , que aquel tuvo la destreza de
cuan largo era al suelo, sin que este acciden evitar, pero que alcanzó al viejo judío en mi
te disminuyese en nada sus carcajadas, que tad del pecho haciéndole vacilar y caer casi
comenzaron con mas fuerza cuando estuvo en sin aliento en tanto que Chitling se quedó sin
pié. saber que decir.
—No hagais caso de lo que dicen , queri — ¡ Atencion ! dijo de repente el Truhán :
do , dijo el judio lanzando una mirada al Tru álguien viene.
hán y dando á Bates un golpecillo con el fue Y cogiendo una luz dirigióse á la escalera:
lle ; Betty ¡es una jóven bonita : queredla, La campanilla , agitada por una mano im
Tom , queredla. paciente, se hizo oir de nuevo, y bien pron
—Yo no tengo sino una cosa que decir , to vióse entrar al Truhán , que con aire mis -
contestó Chitling poniéndose muy colorado, y terioso dijo algunas palabras en voz baja al
es, que eso á nadie le importa. judío.
—Sin duda , repuso el judio; Charlot es un — [Cómo! exclamó Fagin: i él solo!
hablador y no debeis hacer caso de lo que El Truhán hizo una señal afirmativa, y
diga ; Betty es una hermosa jóven ; haced poniendo su mano delante de la luz, dió á en
cuanto os mande, Tom, y llegareis á ser tender á Bates que era tiempo de poner fin á
rico. sus bromas. Despues de cumplir con este de
—La prneba de que hago lo que quiere , ber amistoso, miró fijamente al judío espe
replicó Chitling, e3 que por seguir sus conse rando sus órdenes.
jos me he dejado pescar ; p2ro ha sido para El viejo estuvo mordiéndose las uñas un
vos un buen negocio , «no es cierto, Fagin ! momento con aire pensativo ; la agitacion de
Y además, i qué importa estar seis sema su semblante revelaba que presentía alguna
nas encerrado, tanto mas cuanto que hay que mala noticia. Por fin levantó la cabeza y pre
pasar por ello un dia ú otro? i No es cierto, guntó :
Fagin i — I Dónde está !
—¡Ah! sin duda, amigo mio. Kl Truhán señaló con el dedo el techo é
—Y do os importará mucho volver allá, hizo ademan de marcharse.
OUTBBIO TWIST. 1 27
—Sí , dijo el judia , como contestando á una pues de elogiar la calidad del ginebra, puso
pregunta sobrentendida ; hazle bajar. Vos sus piés junto á la chimenea, de modo que
otros, Charlot y Tona , salid de aquí sin hacer pudiese ver sus botas, y continuó tranquila
ruido. mente :
Charlot Bates y su reciente antagonista —Para empezar por el principio, (.cómo,
obedecieron al instante , y todo se hallaba en está Guillermo !
el mayor silencio cuando el Truhán bajá la — ¡ Cómo ! exclamó el judío levantándose
escalera con una luz en la mano , seguido de bruscamente.
un hombre vestido de blusa, quien despues — iNo habeis tenido noticias? preguntó To^
<le pasear una mirada alrededor de la habita by palideciendo.
cion , quitóse una gran corbata que le oculta —¡Noticias! replicó el judío dando en el
ba la parte inferior del semblante, y dejó ver suelo una furiosa patada i Dónde están Si-
las facciones del flamánte Toby Crackit , pero kes y el muchacho ! i Dónde están ! ¿ Qué les
pálido , desfigurado , la barba larga y los ca ha sucedido ! ¿ Están ocultos? ¿Por qué no se
bellos en desórden. hallan aquí !
—¿Cómo va, Fagin ! preguntó Toby hacien —El negocio ha fracasado , dijo tímidamen
do al judio una inclinacion de cabeza. Toma, te Toby.
Truhán, añadió , ponme ese tapacaias en don —Ya lo sé , Tepuso el jud o sacando del
de pueda encontrarle luego. bolsillo un periódico, i Y despues !
Así diciendo , levantóse la blusa , metió las — Hicieron fuego y el muchacho fué herido;
manos en los bolsillos , y acercando una silla nosotros tocamos retirada á través de los cam -
al fuego , puso sus piés sobre los morrillos de pos, franqueando fosos y empalizadas y con
la chimenea. duciendo á Oliverio entre los dos Nos da>
—Ved , Fagin , dijo , enseñando tristemen ban caza; ¡misericordia! todo el pueblo iba
te sus botas sucias ; no se han limpiado des detrás de nosotros y los perros á los alcan
de ¿sabeis desde cuándo! Pero no me ces.
mireis así I que todo llegará á su tiempo. Yo —¿El muchacho ! dijo el judio con yoz aho
no puedo hablar de negocios sin comer ni be gada. <
ber ; con que asi , dadme alguna cosa para —Guillermo le habia tomado á cuestas y
que pueda tomar por la primera vez , desde huia mas ligero que el viento ; pero nos de -
bace tres dias , un refrigerio con tranquili tuvimos para llevarle entre los dos. La cabe
dad. za le colgaba , estaba helado , y como los que
Fagin hizo seña al Truhán para que pusie nos seguian iban á alcanzarnos , forzoso fué
se los víveres sobre la mesa, y sentándose soltar al galopin y dejarle á la orilla de un
enfrente del ladron , esperó á que se dignase foso, no sé si muerto ó vivo. Amigo, cada
hablar. uno para si , cuando se trata nada menos que
A juzgar por las apariencias , Toby no te de la horca.
nia prisa por llegar á las explicaciones , y el El judio no quiso escuchar mas , profirió
judio se contentó con observar pacientemente una espantosa blasfemia, y mesándose los ca
su rostro, en la esperanza de adivinar qué bellos se lanzó á la calle.
noticia traia.
El semblante de Toby revelaba la fatiga y
el abatimiento , mas sin carecer de su acos CAPÍTULO XXVI.
tumbrada serenidad , y á pesar del desórden
de su traje, el elegante Crackit parecia satis Aparece en escena un personaje misterioso.
fecho de su persona. Detalles importantes estrechámente^ enla
Fagin, en el colmo de la impaciencia , le tados con la continuacion de esta historia.
espiaba á cada bocado, paseando la habita
cion de un extremo á otro sin poder dominar El viejo jud'o llegó á la esquina de la ca
su inquietud Pero todo fuá inútil: Toby si lle antes de reponerse de la emocion que le
guió comiendo sin hacer caso , hasta que ya causaran las noticias que le díó Crack!t. No
no pudo mas; entonces, haciendo salir al solamente no acortaba el paso , sino que iba
Truhán, cerró la puerta, echóse al coleto un cada vez mas aprisa con el aire de un hom
Vaso de ginebra y se dispuso á comenzar su bre asustado, presa de una violenta agitacion.
narracion. Un coche lanzado al galope estuvo á punto
—Empezando por el principio, Fagin de derribarle , y los gritos de los transeuntes,
dijo Toby. avisándole del peligro que corría, le hicieron
—Sí , si , interrumpió el judío acercando su pasarse á la acera. Despues de haber evitado
■illa. en lo posible las grandes calles, encaminán
Crackit hizo una pausa para beber, y des- dose por callejuelas y oscuros pasadizos, He
128 OLIVERIO TWIST.
gc5 por fin á Snow -Hill , y una vez allí , apre pero no creo que vuestro amigo se halle en
suró el paso, hasta meterse en una callejuela tre ellos.
donde , encontrándose ya en su elemento, vol —Supongo que Sikes no está, dijo Fagin
vió á su paso ordinario. con aire de sentimiento.
En la confluencia de Snow-Hill y Holborn- —Non est ventus , no ha venido , como di
HU! , á mano derecha , al salir de la Cité , se cen los hombres de ley, repuso el hombreci
halla un estrecho y sucio pasaje que conduce llo moviendo la cabeza con una expresion
á Saffron-Hill. Allí se ven en miserables ten maligna. iTraeis alguna cosa con que poda
duchos enormes paquetes de telas de todas mos hacer negocio !
clases que se venden de lance ; es el punto —Hoy nada , contestó el judío alejándose.
donde habitan los prenderos que compran los —i Vais á Los Tres Cojos, Fagina pregun
efectos á los ladrones , y encima de las puer tó el mercader llamando al judío; esperad,
tas y debajo de las ventanas se ven colgados se me antoja ir á dar una vuelta con vosl
todos los géneros expuestos para la venta. El judío volvió la cabeza, é hizo con la
Aquel pasaje, ó mejor dicho, aquella colonia mano una seña, indicando que prefería ir so
comercial , tiene su existencia particular ; hay lo, y como por otra parte no estaba el hom
una barberia , café y taberna , y es para to brecillo dispuesto á marchar en el momento,
dos los rateros de baja estofa un verdadero el dueño de Los Tres Cojos tuvo que privar
mercado, donde por la mañana y por la no se por aquella vez del placer de ver al hon
che se ven silenciosos mercaderes que tratan rado Lively, quien despues de haber cambia
de sus negocios en oscuras trastiendas, y se do una seña de duda y desconfianza con cier
van á hurtadillas como han venido. Allí, lo ta dama de la tienda de enfrente, volvió á
mismo el comerciante en trajes que el de te coger su pipa y se puso á fumar gravemente.
las ó trapos , expone su mercancia como una Los Tres Cojos, ó mejor dicho , Los Cojos,
muestra para el ratero , y montones de hue título bien conocido de todos los habitantes de
sos, pedazos de hierro viejo, ó trapos, se pu aquellos lugares, era aquella misma taberna
dren ó enmohecen en negras y húmedas cue donde ya han figurado Sikes y eu perro. Fa
vas. gin hizo una rápida seña á un hombre que
Tal era el pasaje donde el judío acababa de estaba sentado al mostrador , subió la escale -
entrar: era sin duda bien conocido de los su ra, abrió una puerta, y deslizándose silencio -
cios habitantes de aquel lugar , pues todos los samente en la sala, lanzó una inquieta mira
que estaban en el dintel de la3 puertas, lo da á su alrededor, cubriéndose los ojos con la
mismo vendedores que compradores, saludá mano como si buscase á alguno.
banle familiarmente al pasar con una inclina La sala estaba iluminada por dos mecheros
cion de cabeza. El judío contestaba á todos de gas, cuyo resplandor no podia percibirse
del mismo modo , pero no se detuvo hasta lle desde fuera, merced á las ventanas , herméti
gar al extremo del pasaje, para dirigir la pa camente cerradas , y á las cortinillas rojas
labra á un chalan de pequeña estatura, que que cubrian los cristales. El techo estaba en
sentado delante de su tienda fumaba en una negrecido para que el humo de los quinqués
pipa. no alterase el color. . .
—En verdad , señor Fagin , que solamente Una espesa nube de humo de tabaco envol
con veros hay suficiente para curarse de una via todos los objetos, de tal modo , que al en
oftalmia, contestó el honrado negociante al trar en la sala no era posible distinguir nin
judío, que acababa de preguntarle por su sa guna cosa. De vez en cuando , no obstante,
lud. . y al abrirse la puerta, escapábase un poco de
—La vecindad era demasiado peligrosa, Li- humo
to de
, y entonces veiase un extraño conjun
cabezas , tan confuso como los senidos
vely, dijo Fagin frunciendo las cejas y cru que se oian. Pero á medida que la vista iba
zándose de brazos. acostumbrándose al espectáculo , acabábase
—Es verdad ! ya he oido quejarse á mu por distinguir una numerosa sociedad de hom
chos, repuso el chalan, pero ya se apacigua bres y mujeres agrupados al rededor de una
rán bien pronto ; ¿no os parece así! larga mesa , al extremo de la cual estaba sen
Fagin hizo una señal afirmativa, y exten tado un presidente con un martillo en la ma
diendo la mano en direccion de Saffron-Hill, no , como insignia de sus funciones. En un
preguntó: rincon de la sala veiase un mal piano ante
—iHay alguno allá abajo esta noche ! el cual hallábase una especie de artista de na
—i En Los Tres Cojosl riz colorada y cuyo semblante estaba cuida
El judío hizo una señal afirmativa. dosamente vendado á causa de una fluxion.
' —Esperad, contestó el mercader tratando En el momento de entrar Fagin en la sala,
de recordar; que yo sepa, hay media docena; la artista pasaba sus dedos sobre las teclas, L
OLIVERIO TWIST. 129
guisa de preludio , lo cual ocasionó un rumor blar de él; pero no tengais cuidado, que ya
general. Todo el mundo pedia una cancion , y sabrá salir airoso del negocio.
cuando cesó el alboroto, una jóven entretuvo al — i Vendrá él esta tarde!, preguntó el ju
público cantando una balada en cuatro estrofas, dío recalcando el acento particularmente en
entre cada una de las cuales la acompañante la palabra él.
to;aba con toda su fuerza. 'Terminada esta — Monks, ¡no es verdad! repuso el taber
primera parte, el presidente hizo una señal nero vacilando.
de aprobacion , y entonces otros artistas , co — I Chut! sí, murmuró Fagin.
locados á su izquierda y su derecha , entona —Sin duda, contestó el otro sacando del
ron un duo que fué cantado entre los ruido bolsillo un reloj de oro ; aun creí yo que ven
sos aplausos de los concurrentes. dría antes : si quereis aguardar diez minutos,
Era curioso observar algunas de las fisono acaso... ,
mias que se destacaban del grupo. En primer —No , no , interrumpió el judío con viveza,
lugar veiase el presidente, que no era otro como si á pesar de su deseo de ve> á la per
sino el maestro de ceremonias, hombre de sona en cuestion , experimentase un alivio en
aspecto atrevido y de formas artéticas , que no encontrarla. Decidle que he venido á ver
mientras los demás se divertían, paseaba sus le , y que vaya á mi casa esta noche. No ; me
miradas por todas partes , fingiendo dejarse jor será, mañana , puesto que no se halla aquí;
llevar por el placer de la música, sin que se sí, mañana aun será tiempo.
le escapase nada' de lo que hacian los demás, —Está bien , contestó el hombre ; ¡ no hay
prestando asimismo atento oido á todo lo que mas que decir!
se decia. A su lado estaban los cantantes , re —Nada mas por ahora, contestó el judío
cibiendo con indiferencia los cumplidos, y bajando la escalera.
apurando sendos vasos de grog , que les ofre —A propósito , dijo el tabernero en voz ba
cian sus entusiastas admiradores. Todps los ja inclinándose sobre la barandilla ; ¡qué buen
Concurrentes tenian impreso en el rostro el momento seria este para hacer una venta 1
sello de los vicios mas abyectos , llamando la Felipe Barker está ahí, tan borracho, que un
atencion á fuerza de ser repugnantes. La as chiquillo podria con él.
tucia, la ferocidad y la embriaguez en todos —¡ Ah ! ¡ ah ! dijo el judío levantando la ca
sus grados , se mostraban bajo el aspecto mas beza, no es este el momento de acabar con
hediondo; veianse entre las mujeres algunas Barker ; aun hay que hacer alguna cosa antes
jóvenes, en la flor de su edad, pero ya mar de ajustarle las cuentas , y por lo tanto , vol
chitas por el vicio , y manchadas con la di ved á la reunion , amigo mio , y decid á los
solucion y los crímenes. Estas jóvenes for concurrentes que se diviertan y gocen mien
maban la parte mas triste y sombría del cu» • tras les quede vida; ¡ja! ¡jal
dro. El tabernero se echó tambien á reir , y fué
Fagin , á quien nada de aquello podia con á reunirse con sus huéspedes. Cuando el ju
mover, examioó rápidamente todos, los sem dío se encontró solo , adquirió de nuevo su fi
blantes , mas sin encontrar , al parecer , lo sonomía una expresion agitada é inquieta, y
que buscaba. Al fin llamó la zftencion del in despues de reflexionar un momento , se hizo
dividuo que presidia, y haciéndole una seña conducir hácia Bethnal - Green , deteniéndose
con la mano , salió de la sala á paso de lobo, á un cuarto de milla de la casa de Sikes. El
del mismo modo que habia entrado. resto del camino lo anduvo á pié.
—¿ Qué se os ofrece, señor Fagin ! pregun —Ahora, murmuró llamando á la puerta,
tó el hombre , que habia salido al instante de nos vamos á ver, hija riña, y si se trama
trás del judío. ¿No quereis acompañarnos! aquí alguna tenebrosa traicion, yo sabré des
Todos se alegrarian mucho. cubriros por muy astutos que seais.
El judio movió la cabeza impaciente y pre - Habiéndole dicho á Fagin que Nancy esta-
guntó en voz bija : 'ba en su cuarto , subió la escalera sin hacer
— ¿Está él aquí! ruido, y entró sin llamar. Hallábase la jóven
—Non, contestó el hombre. con la cabeza apoyada sobre la mesa y los
— ¿Y no hay noticias de Barney! pregun cabellos en desórden.
tó Fagin. —Habrá bebido, pensó Fagin, ó acaso es
—Ninguna, contestó el dueño de la taber té triste.
na de Los Tres Cojos , pues era él mismo ; y Haciéndose esta reflexion, volvióse el judío
podeis estar seguro que no se moverá hasta para cerrar la puerta, y al ruido se despertó
tanto que todo se haya apaciguado. Sabed la jóven. ,
que se está siguiendo la pista , y si ahora se Nancy dirigió al viejo una mirada indife
dejase ver, le pescarían de fijo. En cuanto á rente , y escuchó en silencio la narracion de
á3arney, todo va bien, pues no he oido ha- las aventuras de Toby Crackit. Cuando él ju-
T. VI 0
130 OLIVERIO TWIST.
dio hubo terminado , volvió á su primera po que si vacilas en hacerlo , será ya demasiado
sicion sin decir una palabra, y empujando el tarde.
candelero con impaciencia, golpeo el suelo — iQué quereis decir con todo eso! excla
con los pies de una manera nerviosa , sin vol mó involuntariamente la jóven.
verse á mover despues. — Quiero decir, continuó Fagin enfurecido,
Durante este silencio, el judio dirigia á to que cuando ese muchacho puede valerme cen
das partes inquietas miradas, como para ase tenares de libras esterlinas , no es cosa de que
gurarse de que Sikes no se hallaba allí ; satis vaya á perder tan buena ocasion , tan seguro
fecho sin duda de su exámen , y despues de beneficio por la falta de una caterva de bor
toser dos ó tres veces, hizo varias tentativas rachos á quienes podría hacer ahorcar; ni de
para trabar conversacion; pero la jóven no bo tampoco ponerme á la merced de un ban
hizo caso de él. Entonces intentó la última dido á quien no falta la voluntad, pero que
prueba, y frotándose las manos, dijo con voz tiene el poder de... de...
melosa : El judío, sin alentar apenas, balbuceaba
—¿Dónde piensas que pueda estar ahora palabras ininteligibles; pero de repente apa
Guillermo, hija mia! ciguóse su cólera y Cambió enteramente de as
pecto. El, que un momento antes se retorcía
La jóven murmuró con voz lastimera y ape los brazos, respirando apenas, con los ojos
nas inteligible, que nada sabia; dirlase que extraviados y el semblante pálido de furor,
sollozaba. dejóse caer desfallecido sobre una silla, y
—¿Y el muchacho! preguntó el judío fijan tembló al pensar que acaso se habría descu
do su mirada en Nancy para leer en la ex bierto. Despues de una corta pausa , resolvió
presion de su semblante. ¡Pobre chico ! aban se á fijar los ojos sobre su compañera, y pa
donado á la orilla de un foso! Nancy ! ¿qué reció serenarse al verla en la misma actitud
dices tú á esto] indiferente en que la encontrara al entrar.
—El muchacho ! repuso la jóven alzando la —Nancy ! hija mia ! murmuró el judío con
cabeza ; el muchacho está mejor donde se ha su acento acostumbrado; ¿has oido lo que te
lla que entre nosotros , y con tal que no haya he dicho!
sucedido nada á Guillermo , deseo que se ha —No me canseis, Fagin, repuso la jóven
ya muerto en ese foso. alzando la cabeza con lentitud ; si Guillermo-
— ¡Cómo! exclamó Fagin estupefacto. no ha salido bien esta vez , ya saldrá bien
— Os lo repito, dijo Nancy mirando fija otro dia ; ya sabeis que para vos ha dado mas
mente al judío ; seré feliz con tal de no vol de un buen golpe , y aun dará otros cuando
ver á verle, y con saber que han terminado pueda. Nadie puede hacer lo imposible, y asi
sus pruebas en este mundo. No puedo sopor no hablemos mas de. esto.
tarle á mi lado ; su sola vista me hace aborre —lYese muchacho, hija mia! dijo el judío
cerme á mí misma y á todos vosotros. frotándose las manos con vina vivacidad ner
—Bah! exclamó el judío con desden; tú es viosa.
tás embriagada, hija mia. —El muchacho debe correr los mismos ries
—! Yo ! repuso Nancy con amargura ; no gos que los demás, interrumpió Nancy ; ade
teneis vos la culpa de que no lo esté , pues lo más, vuelvo á repetirlo, espero que haya
que quisierais seria verme siempre en ese es muerto, para quedar al abrigo de todos los
tado, excepto acaso en este momento. Pare males... Con tal siempre de que no haya su
ce que no os agrada encontrarme de este hu cedido nada á Guillermo ; pero puesto que To-
mor, i no es cierto ! by se ha escapado, es probable que él tam
—No I replicó el judío con acento de cólera; bien esté en salvo, pues vale dos veces mas
no es muy de mi gusto. que su compañero.
—¡Pues bienl iqué quereis hacer! repuso —i Y en cuanto á lo que os he dicho, hija
la jóven sonriendo. mia! preguntó el judío fijando sobre la jóven
— ¡Qué quiero hacer! gritó el judio exas una escudriñadora mirada.
perado con la inesperada obstinacion de su —Será preciso que me lo repitais , si es al
interlocutora ; vas á saber lo que quiero ; es guna cosa que querais que haga , repuso Nan
cúchame, maldita bruja! Escúchame bien, á cy, y aun en este caso, mejor será aguardar-
mi, que no tengo mas que decir tres palabras 'á máñana, porque en este momento estoy
para ahogar á Sikes con tanta seguridad como atontada.
si tuviese ahora entre mis manos su cuello de Fagin hizo todavia algunas preguntas para
toro. Si vuelve sin el chico , y le ha dejado asegurarse de que la jóven no se habia fijado
escapar, 6 si no me le devuelve muerto ó vi en sus imprudentes reflexiones; pero Nancy
vo , asesínale tú misma apenas ponga aquí los contestó con 'tal naturalidad , y permaneció
pies, ¿i quieres evitarle la horca , y advierte tan impasible ante las penetrantes mirada f>
OLIVERIO TWIST. 131
del judo, que este se convenció completa festando que no tenia fuego ; pero el descono
mente de que la jóven no habia abusado de cido insistió de una manera tan perentoria,
los licores. que el otro abrió la puerta, rogando á su
En efecto , Nancy no carecia de este de compañero la cerrase sin hacer ruido, en tan
fecto, tan comun entre todos los discípulos to que él encendia una luz.
del judío , que los acostumbraba á la bebida — Está esto oscuro como boca de lobo, di
desde su infancia. El olor de ginebra que se jo el hombre dando algunos pasos á tientas;
sentía en la habitacion , y el desórden del despachaos, que no me gustan las tinieblas.
traje de la jdven , hicieron concebir á Fagin —Cerrad la puerta, dijo Fagin en voz
aquella sospecha; pero despues de haber ob baja.
servado á su compañera, convencióse Fagin Al pronunciar estas palabras , la puerta se
como hombre de experiencia, con la mayor cerró sin ruido.
satisfaccion , que Nancy estaba muy léjos de —No soy yo quien ha cerrado, murmuró
haber sorprendido su secreto. el desconocido tratando de orientarse en la os
Asegurado por esta parte, y habiendo al curidad, habrá sido el viento ó la puerta sola.
canzado el doble objeto que se proponia de Alumbrad pronto , pues de lo contrario voy á
informar á Nancy de las noticias que acababa romperme la cabeza en esta maldita caverna.
de recibir , y asegurarse por sus propios ojos Fagin bajó sin hacer ruido la escalera de la
de que Sikes no habia vuelto aun , Fagin se cocina , y volvió á poco con una luz , despues
fué á su casa dejando á Nancy siempre con de asegurarse que Toby Crackit y los demás
la cabeza apoyada en la mesa. rateros dormian profundamente. Hizo una se
Serian las dos de ia mañana: la noche era ña al desconocido para que le siguiese, y am
sombria, el frio excesivo , y el airado cierzo, bos subieron la escalera.
al barrer las calles, habia ahuyentado tambien —Aquí podremos hablar lo poco que tene
á la gente. Las pocas personas que se veian mos que decirnos , dijo Fagin empujando una
marchaban apresuradamente , como si desea puerta que daba á una habitacion ; y como
ran llegar pronto á su casa, y el judío iba ti hay agujeros en las ventanas, y no permiti
ritando de fiio á pesar de su apresurada mar mos que los vecinos vean nunca luz alguna,
cha. dejaremos esta en la escalera. ¡Por aquí!
Llegado á la esquina de la calle donde vi Bajóse el judío , puso la vela sobre el últi
via , disponiase á sacar del bolsillo la llave de mo escalon enfrente de la puerta , y entró el
su casa , cuando un individuo salió de un os primero en el cuarto, donde no habia mas
curo cobertizo , y atravesando la calle , desli muebles que un sofá roto , y detrás de la
zóse con el mayor silencio hasta tocar al ju puerta un sillon viejo. El desconocido se dejó
dío. ,v caer en él con el aire de un hombre agobiado
— ¡Fagin! murmuró una voz. de cansancio, y entonces el judío, acercando
— ¡Ahí exclamó el judio volviéndose viva el sofá , se colocó enfrente. La oscuridad no
mente , es... era completa; pues la puerta estaba entre
—Sí, interrumpió bruscamente el descono abierta, y la luz, puesta en la escalera, pro
cido, ya hace dos horas que estoy aquí helán yectaba una débil claridad sobre la pared del
dome. ¿Dónde diablos estabais? fondo de la habitacion.
— Ocupado en vuestros negocios , amigo Hablaron algun tiempo en voz baja , y no
mio, repuso Fagin mirando á su compañero era posible comprender sino algunas palabras;
con inquietud, en tanto que acortaba el paso. pero un testigo oculto hubiera podido obser
Ocupado en vuestros negocios toda la noche. var fácilmente que Fagin se defendia de cier
— ¡Bah! ¡sew eso cierto ! dijo el descono tas recriminaciones del desconocido, y que es
cido con ironia. ¡Y bienl ¡qué resultado te te era presa de una violenta irritacion. Haria
nemos ! poco mas ó menos un cuarto de hora que es
—Nada bueno, repuso el' judío. taban hablando , cuando Monks (este era el
—Espero que tampoco nada malo , replicó nombre del desconocido) dijo , levantando la
el otro deteniéndose y mirando á su compa voz:
ñero con inquietud. —Os repito que eso se ha hecho contra to
El judío iba á contestar, cuando interrum do lo que aconseja el buen sentido. íPor qué
piéndole el desconocido dirigióse hácia la casa no haberle guardado aquí con los demás!
ante la que acababan de detenerse , y le hizo ¿ por qué no haber hecho de él un audaz ra-
observar que seria mejor hablar á cubierto, terillo ? »
pues estaba helado y el viento le cortaba la —Pero escuchadme! exclamó el jud'o en
cara. cogiéndose de hombros.
Fagin parecía muy dispuesto & excusarse —i Vais á decirme que no habeis podido, &
de recibir una visita á semejante hora, mani- pesar de quererlo asil preguntó Monks con
132 OLIVERIO TWIST.
acento enojado. ¿No lo habeis conseguido verter sangre , porque esta se descubre siem -
veinte veces con otros muchachos ! Si hubie pre , y además nos persigue de continuo un
seis tenido paciencia por espacio de un año, fantasma. Si el chico ha muerto no es culpa
i no hubierais logrado cuando menos hacerle mia, ¿ lo entendeis t Pero, maldita sea esta
condenar & la deportacion, acaso para toda la infernal huronera! ¿qué es eso!
vidal —¿El qué? preguntó el judío cogiendo por
—i Y á quién le hubiera aprovechado eso, mitad del cuerpo á Monks, que se habia arro
amigo mio! preguntó humildemente el judío. jado á sus piés; iqué veis) i dónde !
—A. mí , replicó Monks. —Allá abajo, murmuró Monks indicando
—Pero no á mí, dijo el judio, pues debo con la vista la pared de enfrente. La sombra...
convenir en que hubiera podido serme útil. he visto la sombra de una mujer, con un man
Cuando hay dos partes interesadas en un ne to y un sombrero , pasar como una exhala
gocio, es de toda justicia consultar el interés cion... junto á la pared.
de ambas, i no es verdad, amigo ! El judío soltó á Monks y ambos se lanzaron
—i Y despues 1 preguntó Monks con aire precipitadamente fuera de la habitacion. La
burlon. vela agitada por la corriente del aire se ha
—He visto que no era fácil hacerle entrar llaba en el mismo sitio donde la habian deja
en carrera, repuso el judío , porque no se pa do, y á su luz pudieron ver la escalera soli
recía en nada á los demás chicos que se en taria y contemplar sus semblantes pálidos de
cuentran en la misma posicion. espanto. Escucharon con atencion, pero en to
—Es verdad; ¡maldicion! murmuró Monks; da la casa reinaba un silencio profundo.
de otro modo, hace mucho tiempo que seria —Habeis soñado I dijo el judío cogiendo la
ladron. luz y volviéndose hácia su compañero.
—Yo no he tenido sobre él suficiente domi — Juraría haberla visto, contestó Monks
nio para convertirle , continuó el judío obser temblando de miedo; cuando la apercibí se
vando con inquietud el aspecto de su compa inclinaba hácia adelante , y al hablar desapa
ñero ; y como no habia metido nunca la máno, reció.
no fué posible asustarle como se acostumbra _ El judío contempló con desden el rostro lí
siempre al principio. ¿Qué podia yo hacer? vido de Blonks, y diciendo que le siguiese si
Enviarle con el Truhán y Charlot no era con quería , ambos subieron la escalera. Recorrie
veniente , pues bastante tuvimos con la prime ron las habitaciones y los corredores, y baja
ra vez, que me hizo temblar por todos nos- ron á la cueva ; pero en todas partes reinaba
dtros. el mismo silencio de muerte.
—Eso no es culpa mia , observó Monkí. — [ Estais ahora seguro 1 preguntó el judío ;
—No , no , amigo mio ; tampoco me quejo, excepto nosotros dos, Toby , y los muchachos,
porque si eso no hubiese sucedido , jamás hu que se hallan en sitio seguro , no hay un alma
bierais tenido ocasión de fijaros en ese chico, en esta casa. Mirad.
ni de descubrir que él era el que buscabais. Así diciendo, el judío sacó dos llaves del
Solo por vos le recuperó, valiéndome de Nan- bolsillo, manifestando á Monks, que para evi
cy , y ahora es ella la que comienza á intere tar toda indiscrecion , durante la entrevista,
sarse por él. habia encerrado á todos bajo llave.
—¡Pues bien! ahogad á esa muchacha, di Tantas pruebas reunidas calmaron el terror
jo Monks con impaciencia. y la inquietud de Monks, y á medida que
—No es este el momento, amigo mio, re avanzaban sin encontrar nada, disipábanse sus
puso el judío sonriendo, y además, esta clase temores, concluyendo al fin por reirse de su
efe negocios no nos corresponde. De lo con terror y declarar que aquello habría sido una
trario, ya lo hubiera hecho uno de estos días ilusion de sumente. A pesar de esto, rehusó
con placer; pero yo conozco muy bien á esa reanudar la conversacion, y acordándose que
clase de muchachas, Monks. Cuando el chico eran ya las tres de la mañana, despidióse de
haya empezado á tomar gusto al oficio, la jó- su compañero.
ven no le hará ya caso. Quereis que sea la
dron; si vive, os prometo que yo le arregla CAPÍTULO XXVII.
ré, y si... si... continuó el judío acercándose
á Monks... no es probable, pero en fin, hay En el que se repara la descortesía de háber
que ponerse en lo peor... si hubiese muerto... introducido una dama en nuestra historia
—No seria por mi culpa, interrumpió Monks sin ceremonia alguna.
con aire consternado , estrechando con ma
no temblorosa el brazo del judío. Pensadlo Como no seria de ningun modo convenien
bien , Fagin ; ya os he dicho desde el princi te hacer esperar á un personaje tan elevado
pio , que todo menos la muerte ; no quiero . como lo. es un bedel , y como seria indigno
, OLIVERIO TWIST.- 133
de la galanteria de un escritor , que sabe vi En aquel momento, la señora Corney en
vir, el tratar con indiferencia á una dama á tró precipitadamente en la habitacion ; arro
quien el bedel habia mirado con afecto , pro jóse sin aliento en una silla , cerca del fuego,
nunciando á su oido dulces palabras de amor; y puso una mano sobre sus ojos y la otra so
el autor concienzudo que escribe estas líneas, bre su corazon como una mujer que se ahoga.
fiel á sus sentimientos de respeto y veneracion — i Qué ocurre, señora ! preguntó Bumble-
hácia todos aquellos que ejercen aquí abajo inclinándose hácia la matrona. ¿Os ha suce-,
una grande é importante autoridad , se apre dido algol Contestadme, yo os lo ruego. Es
sura á tratarles con la delicadeza que su po toy sobre, sobre
sicion reclama, guardándoles las debidas con El bedel en su turbacion no se acordaba
sideraciones. Con este objeto, proponiase ha 'de la palabra ascuas, y así dijo:
cer aquí una disertacion sobre el derecho di \ —Estoy sobré botellas rotas.
vino de los bedeles; pero por falta de lugar — ! Oh ! señor Bumble, exclamó la matro
se ve en la dura precision de aplazar este na , estaba tan trastornada ! ' . >
proyecto para mejor ocasion. Tan pronto — ¡Trastornada! señoia, replicó el be
como esta se presente, podrá demostrar que del i Quién habrá tenido la audacia del...
un bedel , en el ejercicio de sus funciones, es Ya comprendo ! añadió con aire majestuoso,
decir , un bedel parroquial dependiente del serán los horrores y miserias de esas pobres !
asilo de mendicidad , está dotado de todas las —Es espantoso el pensarlo, dijo la dama
cualidades, mejor dicho, , de todas las per estremeciéndose.
fecciones de la naturaleza humana ; y que —Entonces no penseis mas en ello, repuso
los bedeles agregados á las administracio Bumble.
nes, á los tribunales de justicia ó á las su —Yo no puedo resistir , murmuró la dama
cursales , se hallan muy lejos de tener estas sollozando. . .
perfecciones. Estos últimos , no obstante , ocu —Entonces tomad alguna cosa , señora, di
pan el segundo rango ; pero hay un abismo jo Bumble con voz melosa; un poco de. vino.'
entre el segundo y el primero. — ¡ Por nada del mundo ! repuso la matro
El señor Bumble habia contado y reconta na ; ¡ imposible ! ¡ Oh ! en la tabla de ar
do las cucharillas del té, vuelto á pesar la riba á la derecha. ¡ Oh ! n
tenacilla del azúcar, y examinado escrupulo Al mismo tiempo, la buena señora señala
samente el jarro de la leche ; despues de lo ba con el dedo la alacena, cayendo de nuevo
cual procedió á la inspeccion minuciosa del en sus congojas.
moviliario , hasta el punto de mirar el relleno El bedel se lanzó hácia la alacena , cogió
de las sillas Habia practicado ya este exá- una botella verde en el sitio indicado, y des
men cinco 6 seis veces sin pensar que la se pues de llenar una taza de té del licor que con
ñora Corney podia venir; y como una idea tenia, aproximóla á los labios de la dama.
trae otra , pensó el bedel que en nada podria —Ya me siento mejor , dijo la señora Cor
ocupar mejor el tiempo, que en satisfacer su ney, recostándose en su sillon , así que hu
curiosidad por completo echando una rápida bo apurado la mitad del contenido de la taza.
mirada en la cómoda de la señora Corney. El bedel alzó los ojos al techo como en ac
Aplicó primero el oido á la -cerradura para cion de gracias, y dirigiendo despues la vista
asegurarse que nadie venia, y despues, eo- á la taza comenzó á probar el licor.
menzando por abajo , procedió al exámen de —Es menta , dijo la matrona con voz débil
tres grandes cajones, llenos de efectos en y sonriendo con dulzura ; probadlo , señor
muy buen estada, cubiertos por una capa de Bumble. Tiene tambien un poco de.:... de
periódicos impregnados de agua de lavanda otra cosa.
seca. El señor Bumble pareció muy satisfe El bedel probó la bebida con aire indedso,
cho al ver esto , y habiendo llegado en el cur-. y despues de repetir esta operacion por se
so de sus pesquisas al cajon mas alto , donde gunda vez , apuró la taza.
estaba la llave , fijáronse sus miradas en una —Es muy agradable , dijo la matrona.
cajita que, al moverla, despidió un sonido —Sí que lo es, señora, contestó el bedel.
metálico muy agradable. Hecho esto, el be Y acercando su silla á la dama , pregun
del volvió lentamente á sentarse junto á la tóla qué le habia sucedido.
chimenea, y tomand» su primera posicion, —Nada, contestóla señora Corney; es que
dijo con aire grave y resuelto : « ¡ Mi partido soy una mujer tan impresionable, tan sensi
está tomado !» ble y tan débil !
Despues de pronunciar estas palabras, co —! Oh ! no ! débil , no señora , replicó Bum
menzó á mover la cabeza como un hombre ble acercando mas su silla á la dama. ¿ Que
contento de sí mismo, y á contemplar sus reis decir que sois débil !
piernas de perfil con aire satisfecho. —Todos somos débiles criaturas , repuso la
134 OL1VEEK TWIST.
Señora Corney, emitiendo un principio gene minad vuestra emocion para contestarme una
ral. sola palabra mas i Cuándo será?
—Es verdad, contestó el bedel. La señora Corney intentó hablar dos veces,
Durante dos ó tres minutos , hubo una pau y otras tantas le faltó la voz. Sacando en fin
sa por una y otra parte, y al cabo de esta fuerzas de flaqueza , enlazó con sus brazos el
tiempo , Bumble habia contestado , llevando cuello del bedel y le dijo :
su brazo izquierdo , desde el respaldo de la —Tan pronto como gusteis, porque es im
silla de la matrona, donde lo puso primero, posible resistiros , palomo mio.
hasta el talle de la dama, que rodeó con dul Arreglado así el asunto , á satisfaccion de
zura. las dos partes contratantes , ratificóse solem
—Todos somos débiles, dijo el bedel. nemente el convenio , apurando otra taza de
La matrona suspiró. menta , que no podia venir mas á propósito
—No suspireis, señora Corney, dijo Bum en el estado de agitada emocion en que se en
ble. . contraba la matrona. Mientras bebían, la se
La dama exhaló otro suspiro. ñora Corney manifestó á Bumble la muerte
—Este cuantito es muy cómodo , señora , de la anciana.
dijo Bumble paseando sus miradas en derre — Muy bien , dijo el bedel saboreando su
dor ; otra pieza mas y seria una* habitacion menta : al marcharme pasaré por casa de So-
completa. werberry para que envie el atand mañana
—Eso seria demasiado para una sola per temprano, i Habeis tenido miedo , amor mio!
sona, murmuró la dama. —Precisamente miedo , no , amigo mio.
—Sí , pero no para dos , repuso Bumble — Sin embargo, debe haber pasado algo ,
con acento de ternura. ¿No es cierto, señora hija mia ; i no se lo direis á vuestro querido
Corney ! Bumble !
Al oir estas palabras la matrona bajó la ca —Ahora no , contestó la matrona ; uno de
beza, y Bumble alzó la suya para examinar estos dias , cuando estemos casados , amigo
á la dama. La señora Corney desprendió su mio.
mano de la del bedel para coger su pañuelo, — ! Cuando' estemos casados ! repitió Bum
y volviendo á ponerla insensiblemente en la ble. Acaso alguno de esos mendigos habrá te
de su adorador , suspiró. nido la insolencia de
—Los administradores os suministran el —No, no, amigo mio , se apresuró á decir
carbon, ¡.no es cierto ! preguntó Bumble opri la matrona.
miendo afectuosamente la mano de la señora —Si lo creyese asi , continuó el bedel , y
Corney. si pudiera suponer que uno de esos misera
—Y luz tambien, repuso la matrona cor bles habia tenido la audacia de mirar con des
respondiendo á la presion. caro ese hermoso semblante
—El carbon , la luz y el cuarto , dijo el be- —No se hubieran atrevido , amor mio, di
bel, i Oh ! señora Corney, sois un angelí jo la matrona.
La dama , no pudiendo resistir á tal Ímpetu - —Y hacen bien , continuó Bumble ense
de ternura, cayó en los brazos del señor ñando el puño ; quisiera ver que un indivi
Bumble , y este , vencido por la emocion , se duo parroquial ó extra-parroquial se per
lló con un beso apasionado la casta nariz de , mitía semejante atrevimiento ! Yo respondo
la matrona. de que no sucederia dos veces.
—¡ Qué perfeccion parroquial ! exclamó el Si á estas palabras no hubiese acompaña
bedel con trasporte. i Sabeis , adorada mia , do gestos enérgicos, acaso no hubieran sido
que Slout se halla peor esta noche ? tan halagüeñas para la dama ; pero como el
—'Sí , contestó tímidamente la matrona. bedel proferia esta amenaza con aire belicoso,
—Segun dice el médico , no concluirá la se quedó la señora Corney tan enternecida , que
mana, continuó Bumble, y como está á la no pudo menos de confesar con admiracion
cabeza de esta casa , su muerte ha de dejar que Bumble era un verdadero tortolillo.
una vacante, que será necesario proveer. El bedel se alzó el cuello de su leviton,
¡Oh! señora Corney ! \ qué perspectiva ! ¡Qué púsose el tricornio , y cambiando con su fu
ocasion para unir dos. corazones y vivir có tura mitad un tierno y prolongado beso , salid
modamente ! para arrostrar segunda vez la helada brisa
La matrona sollozó. de la noche. Detúvose apenas algunos instan
—Decid esa palabrita ! continuó el bedel tes en la sala de los indigentes para martiri
inclinándose hácia la tímida dama; pronun zarles un poco , á fin de asegurarse bien que
ciadla solamente, mi querida señora Corney ! tenia toda la rudeza necesaria para desempe
—Sí suspiró la matrona. ñar las funciones de director del asilo , y per
— Otra palabra mas, añadió Bumble; do- suadido de su aptitud , encaminóse á casa de
OLIVERIO TWIST. 135
Sowerberry con el corazon alegre por la bri exclamó Bumble en el colmo de la indigna
llante perspectiva de un próximo ascenso. cion, ¿cómo se entiende?
Los esposos Sowerberry habian ido á tomar —Yo no tenia intencion de hacerlo , dijo
el té fuera , y como Noé Claypole no se daba Noé con las lágrimas en los ojos ; es ella la
nunca mucha prisa en cumplir con su obliga que siempre me abraza, quiera ó no quiera.
cion , ni queria activar con demasiado movi — ¡ Oh ! Noé ! murmuró Carlota con acento
miento sus funciones digestivas, no estaba de queja.
aun la puerta cerrada , á pesar de ser ya tar —Sí, es verdad, ya sabeis que s!, replicó)
de. El bedel d¡<5 varios bastonazos sobre el Noé ; ella es la que siempre rae pasa la ma
mostrador ; pero nadie acudid , y como perci no por la cara haciéndome mil caricias.
biese un débil resplandor detrás de la puerta — ¡Silencio! dijo severamente el bedel;
de la trastienda, decidióse á mirar lo que allí bajad á la cocina, muchacha ! Y vos, Noé,
habia , y no quedó poco admirado ante el es cerrad la tienda , y ni una palabra mas. Cuan
pectáculo que se ofreció á su vista. do vuelva vuestro amo , decidle que he veni
El mantel estaba extendido para cenar , y do para encargarle que envie mañana un
sobre la mesa habia pan , manteca , platos, ataud para una vieja que ha muerto. ¿Lo en
vasos, un jarro de cerveza y una botella de tendeis, caballerito? — ¡Un abrazo! añadió
vino. Noé Claypole , muellemente recostado levantando las manos ; la perversidad y des
en un sillon , con las piernas estiradas, tenia moralizacion de la clase baja es espantosa en
un cuchillo en una mano , y una rebanada de este distrito parroquial. Si el parlamento no
pan y manteca en la otra. A su lado hallá toma esto en consideracion , el pais está per
base Carlota, ocupada en abrir ostras, que el dido , y las antiguas costumbres de los hon
buen Claypole tenia á bien comerse con nota rados lugareños desaparecerán para siempre l
ble ligereza. Su nariz , mas colorada que de Asi diciendo, el bedel salió de la tienda
costumbre , y cierto movimiento en los ojos, con aire sombrío y majestuoso.
indicaba bien á las claras que habia honrado Y ahora que le hemos seguido hasta su
la bebida, confirmando estos síntomas la avi puerta, y que hemos hecho todos los prepa
dez con que hacia desaparecer las ostras, cu rativos necesarios para los funerales de la po
yas propiedades refrescantes apreciaba sin du bre anciana , vamos á informarnos de la suer
da en los casos de inflamacion interna. te del pobre Oliverio Iwisi y á ver si per
—Tomad, Noé, dijo Carlota , hé aquí una manece aun á la orilla del foso donde le de
bien grande y hermosa, probadla vaya jara Sikes.
otra para concluir.
—! Qué cosa tan buena es una ostra ! ob
servó Claypole despues de habérsela comi CAPÍTULO xxvm.
do; iqué lástima que no se puedan comer
muchas sin que hagan daño! iNo es verdad, Oliverio reaparece en la escena. — Continua
Carlota ! cion de sus aventuras.
—Es una verdad cruel , contestó Carlota.
—¡Y no os gustan las ostras , Carlota ? — ¡ Que el diablo os lleve ! murmuró Sikes
—No , contestó la jóven ; prefiero véroslas rechinando los dientes; yo quisiera teneros
comer que comerlas yo misma, querido Noé. bajo mi mano para que aullarais con mas
—¡Toma! exclamó Noé despues de refle fuerza.
xionar un momento , eso si que es extraño ! Y profiriendo estas imprecaciones con toda
—Vamos , tomad otra , que debe ser muy la rabia de su carácter feroz , colocó sobre
delicada ! dijo Carlota. sus rodillas el muchacho herido y volvió un
—Ya no puedo mas, repuso Noé; es impo instante la cabeza para ver si percibia á sus
sible, lo siento mucho. Venid aquí, Carlota, perseguidores.
que os dé un abrazo. Pero no er£ posible á causa de la niebla y
— ¡Cómo l exclamó Bumble lanzándose en de la oscuridad : por todas partes , no obstan
la habitacion ; repetid eso si os atreveis. te , oianse los gritos de los hombres, los ladri
Carlota lanzó un grito , ocultándose la cara dos de los perros y el lúgubre tañer de las
-con el delantal , en tanto que Claypole , sin campanas dando la señal de alarma.
moverse mas que para sentar los piés en el — ¡Detente, cobarde ! gritó el bandido apun
cuelo , contemplaba al bedel con el aire de tando á Toby, que valiéndose de sus largas
un borracho asustado. piernas habia tomado la delantera; (detente!
— ¡ Repetid esas palabras, miserable tunan Conociendo Toby que no se hallaba fuera
te l gritó Bumble. ¿Cómo os atreveis á se del alcance de la pistola da Sikes, y que este
mejante desacato, señor mio? Y ¿cómo se no estaba para bromas , se detuvo de pronto.
atreve esta picara á consentirlo ? ¡ Abrazarla! —Yen á dar una mano á este muchacho t
136 OLIVERIO TWISL.
gritó Sikes haciendo Tina señal imperiosa á su —No, contestó el interpelado.
cómplice ; ¡ aquí pronto ! — Os digo que sí, replicó Giles.
Toby comenzó á dar algunos pasos , pero —Es falso, señor Giles, repuso Britles.
murmurando' y. sin apresurarse mucho. —Vos sois el que miente , Britles.-
- —Mas aprisa, gritó el bandido poniendo La observacion irónica de Giles fué la que
al chico á la orilla de un foso sin agua y sa motivó las duras contestaciones de Britles,
cando una pistola del bolsillo; no te hagas el y si el primero se habia burlado del segundo
tonto conmigo. era porque le indignaba que se echase sobre
En aquel momento, el ruido llegó á ser él en forma de cumplido la responsabilidad
mas fuerte , y Sikes , mirando á su alrededor, de la retirada. El tercer individuo puso fin &
pudo ver que los que le perseguian acababan la contienda con una observacion muy filosó
de franquear la última valla lanzando dos fica.
perros para no perder la pista. — ¡Bah! señores, si quereis que os lo diga
— ¡Sálvese el que pueda, Guillermo! gri con franqueza, todos tenemos miedo.
tó Toby ; deja el muchacho y aprieta á cor- —Hablad por vos, caballero, dijo Giles,
per. que era el que estaba mas pálido de los tres.
Al decir esto, Crackit, prefiriendo la pro — Eso es lo que hago, contestó el otro;
babilidad de ser muerto por su amigo , á la nada mas natural que tener miedo en seme
certeza de ser cogido por sus enemigos, vol jantes circunstancias. En cuanto á mí, teDgo
vió las espaldas y huyó á carrera tendida. miedo.
Sikes, rechinando los dientes, lanzó otra —Y yo tambien, dijo Britles; pero no se
rápida ojeada á su alrededor, y despues de puede decir eso á un hombre formal.
arrojar sobre el inanimado cuerpo de Oliverio Estas confesiones , llenas de franqueza, cal
la esclavina con que le envolviera anterior maron á Giles , que reconoció que tenia tan
mente , echó á correr á lo largo de una cerca to miedo como los demás. Entonces todos
como para desorientar á sus perseguidores tres volvieron las espaldas y echaron á correr
del sitio en que estaba el muchacho. He con una unanimidad conmovedora , hasta que
cho esto , detúvose un instante junto á otra el señor Giles, cuya respiracion era corta y
que se unia con la primera formando un á quien entorpecia una gran horquilla de que
ángulo recto, y despues de descargar su pis se habia armado pidió cortésmente que se hi
tola , huyó á todo correr. ciese alto , para excusarse de la vivacidad de
— ¡Hola! hola! gritó una voz temblona á su lenguaje.
lo lejos ; Pucher! Neptuno, aquí, aquí! —Es extraño, dijo Giles despues de ha
Los perros, que parecian repugnar aquella ber dado sus explicaciones, es extraño el
clase de caza tanto como sus amos, obede ver hasta qué punto puede excedeise un hom
cieron á la primera órden , y tres hombres , bre cuando le ciega la cólera ; estoy seguro
que babian avanzado solos á cierta distancia, que hubiera cometido un asesinato si cojo á
se detuvieron para deliberar. uno de esos bribones.
—Mi parecer, ó mejor dicho, mi órden, Como los otros dos eran del mismo parecer,
dijo el mas grueso de los tres, es que volva y por otra parte se habian calmado ya tam
mos inmediatamente á casa. bien, trataron de averiguar qué causa podria
—Todo lo que convenga al señor Giles me haber producido semejante cambio en su tem
conviene á mí tambien, replicó un hombre peramento.
pequeño y rechoncho , que estaba muy páli —Ya sé lo que es, dijo el señor Giles; es
do, y se mostraba tan cortés como se mues la valla.
tran siempre todos los que tienen miedo. —No me «xtrañaria , repuso Britles fiján
—Yo no me atreveré á contradeciros, se
ñores , dijo el tercero que acababa de llamar dose en esta idea.
á los perros. El señor Giles sabe muy bien —Estad seguro , contestó Giles , que la va
lo que se hace. lla es la que ha refrenado nuestro ardor ; yo
—Sin duda , replicó el hombrecillo , y no sentí el mio abandonarme tan pronto como ra,
hay razon para que nos opongamos á la opi salté.
nion del señor Gilas. No , no , yo conozco mi Por una coincidencia digna de obs'ervar ,
posicion ; á Dios gracias conozco mi posicion. los otros dos habian experimentado la misma
A decir verdad , el hombrecillo no se en sensacion desagradable precisamente en el
gañaba, y conocia en efecto que su posicion mismo momento. Era pues evidente para to
no era nada envidiable, pues el miedo le ha dos tres , que la valla era la verdadera causa,
cia temblar como un azogado. tanto mas cuanto que no habia duda acerca
—Teneis miedo , Britles , dijo ei señor Gi del momento preciso en que se produjo en
les. ellos el cambio , pues todos recordaban que
OLIVERIO TWIST. 137
al saltar la valla fué cuando divisaron & los tanto tiempo , y sintiendo un horrible males
ladrones. . tar, presagio de una muerte cierta, si per
Este diálogo tenia lugar entre los dos hom manecia en el mismo sitio , Oliverio volvió á
bres que sorprendieron á los ladrones y un ponerse de pié y trató de andar. Hallábase
calderero ambulante que habia pasádo la no - trastornado y vacilaba como un hombre ebrio ;
che en un cobertizo y á quien se despertó asi mas á pesar de esto , pudo sostenerse , é in
como á sus mastines para tomar parte en la clinando la cabeza sobre el pecho, avanzó
persecucion. El señor Giles desempeñaba á con paso incierto sin saber adónde iba.
un tiempo las funciones de despensero é in Cruzábanse en su mente una multitud de ,
tendente de la anciana señora , propietaria de ideas extrañas y confusas , pareciale que ca
la casa , y Britles servia para todo , pues ha minaba aun entre Sikes y Crackit, que sus
biéndosele admitido en aquella siendo muy ni palabras herian sus oidos , y aun creia sentir
ño, tratábasele siempre como á un chico á ¡a diestra del primero oprimir fuertemente su
pesar de sus treinta años. mano. De repente estremecióse al ruido de
Hablaban pues, segun ya hemos visto, para una detonacion ; figurábasele oír agudos gri
inspirarse mutuamente valor , pero camina tos entre un espantoso tumulto ; veia luces
ban á buen paso , oprimidos uno contra otro , brillar ante sus ojos, y al fin, sentiase enca
y lanzando en su rededor una mirada inquie denado por una mano invisible. A estas rápi
ta por poco que el viento agitase las ramas das visiones venia á unirse un sentimiento va
de los árboles. Dirigiéronse presurosos en pri go y penoso de agudo padecer, que le ator
mer lugar á una encina , al pié de la cual ha mentaba sin cesar.
bian dejado su linterna, y despues de haber Avanzó así lentamente , abriéndose camino
la recogido , temerosos de que la luz pudiese á través de las vallas y las cercas que encon
servir de blanco á los ladrones para hacer traba á su paso , y al fin llegó á un camino.
fuego , se encaminaron á la casa , mas bien Allí comenzó á caer la lluvia con tal fuerza,
corriendo que andando. Mucho, tiempo des que Oliverio volvió completamente en sí.
pues apenas .se distinguía su sombra móvil , Mirando á su alrededor, divisó á corta dis
agitándose en lontananza semejante á una vi tancia una casa á la cual podria acaso llegar.
sion fantástica. Al ver su estado, quizás tendrian lástima de
El aire iba siendo mas frio á medida que él , y en el caso contrario , pensaba Oliverio,
avanzaba el dia lentamente, y la niebla cu mas valia morir cerca de una casa habitada
bria la tierra como con una espesa nube de por seres humanos , que en la soledad de los
humo. Hallábanse los senderos llenos de lodo campos. Reunió pues todas sus fuerzas para
y fango ; oiase el triste mugido del viento , y esta última tentativa y avanzó con paso in
Oliverio continuaba siembre inmóvil é inerte cierto.
ea el mismo sitio donde le abandonó Sikes. Al acercarse á la casa, figuresele vaga
Dejóse ver por fin la luz dsl dia ; un páli mente que ya la habia visto; no recordaba
do fulgor iluminó el cielo , marcando mas ningun detalle pero su forma y aspecto lo
bien el fin de la ñocha que el principio de la ' le eran desconocidos.
mañana , y los objetos , que en la oscuridad ¡La tapia de aquel jardinl mas allá el ter
parecieran espantosos y terribles, iban siendo raplen donde cayó de rodillas la noche ante
cada vez mas distintos y tomaban poco á po rior, implorando la compasion de los dos
co su aspecto habitual. Una lluvia menuda y bandidos ; si , aquella era la casa que se ha
compacta azotaba los troncos de los árboles ; bia querido robar.
pero Oliverio , privado de conocimiento , á la Al reconocer donde estaba experimentó Oli
orilla del foso, estaba muy léjos de sentirla. verio tal temor, que olvidando por un mo
Al fin un grito de dolor rompió aquel lar mento el dolor que le causaba su herida , so
go silencio , y al lanzarlo despertóse el mu lo pensó en huir. ¡ Huir ! esto no era posible ,
chacho. Su brazo izquierdo, malamente en porque apenas podia tenerse en pié; y aun
vuelto en un vendaje cubierto de sangre, pen cuando hubiera tenido toda la agilidad de la
dia sin fuerzas , y hallábase tan débil , que juventud, ¿adónde iria? Empujó pues la
apenas pudo ponerse en pié. Cuando lo hubo puerta del jardín que , no estando cerrada ,
conseguido , miró lánguidamtnte á su alrede giró «obre sus goznes , y despues de atrave
dor para buscar socorro , y el dolor le hizo sar penosamente el terraplen y subir los
exhalar un gemido. Temblando de frío y can escalones del primer tramo , llamó con dulzu
sancio , esforzóse para dar un paso , pero apo ra á la puerta. Entonces abandonáronle las
deróse de él un estremecimiento general y fuerzas por completo y se dejó caer al suelo.
volvió á caer en tierra. En aquel momento el suñor Giles , Brit
Habiendo recaido por algunos instantes en les y el calderero se hallaban en la cocina,
el estado de estupor en el que habia estado reponiéndose de las fatigas y temores de la
138 OLIVRBl 0 TWIST.
noche con un buen té y algunas viandas. Y con el mayor silencio , y poniéndome un par
no se crea que entraba en las costumbres del de (1)
señor Giles el dejar que los criados se toma — Cuidado, que hay señoras delante , señor
sen demasiada libertad, nada de eso; antes Giles , murmuró el calderero.
por el contrario , tratábalos con cierla bene —Un par de zapatos , señor mio , replicó
volencia altanera para que no olvidasen la Giles volviéndose hácia el interpelante y re
-superioridad de su posicion social ; pero ante calcando la palabra ; me apodero de la pistola
la muerte , los incendios y los ataques á ma cargada , que está siempre en la meseta de
no armada , todos los hombres son iguales. la escalera, y me dirijo á paso de lobo á la
El señor Giles estaba pues sentado en la co habitacion de Britles, á quien dije: ¡No ten
cina, con las piernas cruzadas delante del gais miedo !
fuego y el brazo izquierdo sobre la mesa, —Es exacto , observó Britles á media voz.
mientras gesticulaba con el derecho , al re —Y luego le dije: somos dos hombres
ferir minuciosamente todos los detalles del muertos , segun yo creo, Britles; pero no ten
ataque nocturno , que escuchaban con avidez gais miedo.
sus oyentes , especialmente la cocinera y la — ¿ Y no lo tuvol preguntó la cocinera.
doncella. —Absolutamente, repuso Giles; se mostró
' —Serian poco mas ó menos las dos y me tan firme mirad , casi tan firme como yo.
dia de la mañana , dijo el señor Giles , aun —Yo me hubiera muerto, observó la doh-
que juraría que eran mas bien las tres, cuan cella.
do me desperté, y al volverme en la cama, —Vos sois una mujer, replicó Britles, que
parecióme oir cierto ruido. , iba serenándose.
Al llegar á este punto, la cocinera palide —Britles tiene razon, dijo Giles, aproban
ció y dijo á la doncella que hiciese el favor do con un movimiento de cabeza lo que aca
de cerrar la puerta ; la doncella trasladó la ór- baba de decir su amigo. Por parte de una mu
den á Britles , y este al calderero , quien hizo jer no debe esperarse otra cosa ; pero nos
como que no oia. otros , que somos hombres , cogimos una lin
—Parecióme que oia cierto ruido, conti terna sorda, que estaba en la chimenea de
nuó Giles ; será una ilusion , pensé para mi , Britles, y bajamos la escalera á tientas en la
y ya iba á dormirme otra vez cuando volví á oscuridad , de este modo.
oir el ruido con mas claridad. El señor Giles acababa de levantarse ; y
—¿ Qué clase de ruido? preguntó la coci habia dado dos ó tres pasos con los ojos cerra
nera. dos para unir la accion á la palabra , cuando
—Una especie de ruido sordo , contestó Gi de repente se estremeció , asi como todos sus
les paseando una mirada sobre sus oyentes. oyentes, y volvió á sentarse apresuradamen
—O mas bien, el roce de una lima sobre te. La cocinera y la doncella lanzaron un
una barra de hierro , observó Britles. grito.
—Eso seria en el momento de oirlo vos, —Han llamado & la puerta, dijo el señor
replicó Giles, pues en el momento que yo Giles ; que vaya á abrir alguno.
digo, era un ruido sordo. Arrojé pues la ro Nadie se movió.
pa , sentéme en la cama y escuché. —Es extraño que vengan á llamar tan tem
La cocinera y la doncella exclamaron á un prano , dijo el señor Giles , contemplando los
tiempo : ¡ Ay Dios mio! y aproximaron mu pálidos semblantes de sus oyentes y palide
tuamente sus sillas. ciendo él mismo ; pero es preciso que alguno
—Entonces oí el ruido sin que me quedase abra la puerta ; ¡me oís !
duda alguna, continuó el señor Giles; y dije Al hablar el señor Giles, miraba á Britles ;
para mí : Están tratando de forzar una puer pero este jóven que era excesivamente modes
ta ó una ventana; iqué haré? Voy á preve to , no se consideró probablemente como al
nir á ese pobre Britles para que no se deje guno, y persuadido de que la insinuacion no
asesinar en su misma cama, pues de otro iba dirigida á él , nada contestó. Entonces el
modo le cortarian la cabeza antes que tuviese señor Giles hizo una seña al calderero ; pero
tiempo de apercibirse de ello. este se habia dormido de repente.
Al llegar aquí , dirigiéronse todas las mira En cuanto á las mujeres , era inútil contar
das á Britles que tenia la suya fija en el nar con ellas.
rador, contemplándole con la boca abierta y
con aire asustado.
—Pues señor, continuó Giles, mirando fi (11 Para que se comprenda me¡ortl sentido de esta reticen
jamente á la cocinera y á la doncella , aparto cia, airemos k nuestros lectores que en Inglaterra no está bien
'a ropa de la cama , me salgo fuera de ella misa ónombrar
visto ciertas prendas de la ropa interior, como la ca
los calzoncillos.
OLIVERIO TWI9T. - 139
—Si Britles prefiere abrir la puerta en pre mal. La resistencia no ha sido desesperada >
sencia de testigos, dijo el señor Giles despues pues bien pronto conoció con quién se las
de una pausa , no teDgo inconveniente en Labia,
acompañaile. — ¡ Chut ! exclamó la dama ; asustais á mi
—Ni yo tampoco , añadió el calderero, que tia tanto ó mas que los ladrones. ¿Está ese
se habia despertado con la misma prontitud pobre hombre mortalmente herido !
que se durmiera. — Sí, señorita, herido mortalmente, con
Britles capituló con estas condiciones, y los testó Giles con aire satisfecho.
concurrentes , mas tranquilos , despues de — Creo que se va á morir, señorita, gritó
haber visto , al abrir las ventanas , que era Britles; i no quereis venir á verle en el caso
muy entrado el dia , subieron la escalera. Los, de que!....
perros formaban R vanguardia y las mujeres — ¡ Silencio ! replicó la'dama, yo os ld rue
la retaguardia, porque tuvieron miedo de que go. Esperad un momento hasta que hable con
darse abajo ; y por consejo del señor Giles, mi tia.
todos comenzaron á hablar en voz alta , para Con tanta dulzura en su voz como gracia
que se conociese que eran varias personas, en el andar , alejóse la joven y volvió en se
dado caso que hubiera en la puerta algun mal guida para mandar que se trasportase el he
intencionado. Al señor Giles, como hombre rido á la habitacion de Giles , ordenando asi
astuto, le ocurrió otra idea luminosa , que fué mismo á Britles que fuese inmediatamente á
pellizcar la cola á los perros en el vestíbulo á Chertsey para llamar á toda prisa á un cons
fin de hacerles ladrar con fuerza. table y á un médico.
Tomadas estas medidas de precaucion , el — ¡No quereis verle, señorita ! preguntó
señor Giles cogió del brazo al calderero , di- Giles con tanto orgullo como si Oliverio fue
ciéndole como de broma , que era con 'el fin se algun ave de plumaje raro, abatida de un
de que no se escapase, y dió la órden de tiro que hiciera honor á su destreza; ¡no que
abrir la puerta. Britles obedeció , y todos, reis, señorita, echarle una ojeada !
oprimidos unos contra otros , no vieron ante —No , por nada del mundo, repuso la jo
sí mas objeto formidable que el pobre Olive ven; ¡pobre muchacho! ¡Oh! tratadle bien,
rio aniquilado y sin voz, que entreabria pe aunque no sea mas que por amor mio.
nosamente los ojos implorando compasion. El viejo criado la miró alejarse con tanto
— ¡Un muchacho ! exclamó el señor Giles, orgullo y admiracion como si fuese su propia
separando de sí bruscamente al calderero ; hija', é inclinándose despues sobre Oliverio,
i qué es esto ! j toma! Britles mi ayudó á trasportarle con el cuidado y la soli
rad; i no le reconoceis? citud de una mujer.
Britles , que al abrir la puerta habia te
nido cuidado de colocarse detrás, lanzó un
gito agudo apenas vió á Oliverio. El señor CAPÍTULO XXIX.
iles , cogiendo al chico por una pierna y
un brazo ( felizmente no era el brazo roto ) le
llevó al vestíbulo y lo puso en el suelo. Detalles preliminares acerca de los hábitán
—Ya le tenemos, gritó Giles desde la tes de la casa donde se hálla Oliverio
escalera ; hé aqui uno de los ladrones, seño Twist.
ra ! tenemds un ladron, señorita herido ,
señorita ! Yo soy quien tiró sobre él , señora, En un bonito comedor amueblado á la an
y Britles tenia la vela. tigua , mas bien con arreglo á la comodidad
—En una linterna , señorita , gritó Britles, de otros tiempos , que conforme á las leyes de
poniéndose una mano junto á la boca para la elegancia moderna , dos damas , sentadas á
alargar la voz. una mesa bien servida , se disponian á empe
Las dos criadas subieron apresuradamente zar su almuerzo, mientras el señor Giles, con
la escalera para llevar la noticia que el señor traje de ceremonia , completamente negro, se
Giles habia capturado un ladron, y el calde ocupaba en servirlas. De pié entre el aparador
rero trató de hacer volver á Oliverio de su y la mesa , con el cuerpo erguido , la cabeza
desmayo , por temor que se muriese antes de un poco inclinada , la pierna izquierda hácia
ser ahorcado. En medio de este ruido, y movi adelante, una mano en el chaleco y la otra
miento, oyóse una dulce voz de mujer, y to pendiente con un plato, el señor Giles tenia
do se apaciguó al instante. todo el aire de un hombre bien penetrado del
—Giles , dijo la voz desde lo alto de la es sentimiento de su mérito é importancia.
calera De las dos señoras, una era de edad avan
—Héme aquí , señorita , contestó este ; no zada , pero tan derecha como el elevado res
tengais miedo , señorita , que no he salido paldo de su silla de encina. Su traje , extre
140 OLIVERIO TWIST,
madamcnte pulcro , ofrecía una mezcla de las lanzóse en el comedor donde á poco derriba
antiguas modas con algunas ligeras concesio la mesa y al mismo señor Giles.
nes al gusto moderno, que lejos de atenuar —¡Habráse visto cosa semejante, exclamó,
el efecto de las primeras, las hacian por el mi querida señora Maylie! ¡ Será posible !
contrario resaltar agradablemente. Con un ¡ Y por la noche ! Jamás he visto cosa pare -
aspecto lleno de dignidad, tenia las manos cida.
juntas y puestas sobre la mesa, fijando aten Así diciendo , él caballero grueso ofreció su
tamente sobre su jóven compañera dos ojos mano á las señoras , y sentándose á su lado
cuyo brillo apenas habían debilitado los años. preguntólas por su salud.
La jóven estaba en la flor de la juventud —Habia para morirse, exclamó el caballera
y de la hermosura , y bien pudiera decirse grueso sí, para morirse de miedo. ¿Por
sin temor de ser impío , que si alguna vez los qué no enviarme á buscar >Mi criado hubie
ángeles, para ejecutar la voluntad de Dios, ra venido al instante, y con mi ayuda ó-
soñaron con una forma mortal, debieron to la de cualquiera ¡ Oh ! hubiéramos tenido
mar unas facciones semejantes á las suyas. un verdadero placer en esta circunstancia
Contaba á lo sumo diez y siete años; era tan imprevista y siendo de noche I
su talle tan esbelto y tan gracioso , sus faccio El doctor pareció conmoverse principal
nes tan hermosas y tan puras, la expresion de mente á la idea de que los ladrones hubiesen
su semblante tan dulce y tan suave, que no venido á la imprevista y de noche , como si
parecia que fuese la tierra su elemento , ni estos señores tuvieran la costumbre de despa
las otras mujeies sus semejantes. La inteli char sus asuntos en pleno dia y anunciar su
gencia que brillaba en sus azules y divinos visita por medio de una esquela dos ó tres
ojos , iluminando su noble frente , no parecia dias antes.
propia de su edad ni de este mundo. La dul — lY vos, señorita Rosa! preguntó el doc
zura, la alegria y la sonrisa de la felicidad, tor dirigiéndose á la jóven, ¿habeis tenido ?
reflejábanse á la vez en su rostro , y á todos — ¡Oh! mucho, en verdad, dijo Rosa in
estos encantos uniase un corazon animado de terrumpiéndole; pero hay allá arriba un in
los sentimientos mas puros y afectuosos que feliz á quien desea mi tia que veais.
puedan encontrarse en nuestra naturaleza. —Ciertamente, repuso el doctor; segun pa
En tanto que la anciana contemplaba á la rece, i sois vos , señor Giles , quien le ha
jóven , esta alzó los ojos por casualidad y echó puesto en ese estado!
graciosamente hácia atrás sus trenzados ca El señor Giles, que en aquel momento ali
bellos; habia en su mirada tal expresion de neaba las tazas, poseido de la mayor agita
afecto é ingenua ternura , que no se la podia cion, se puso muy colorado y dijo que en
mirar sin amarla. efecto era él quien habia tenido aquel honor.
La anciana se sonrió; pero su corazon se — ¡Ese honor ! contestó el médico; vamos,
desbordaba , y al sonreír dejó escapar una lá no lo entiendo : acaso sea tan honroso el ti
grima. rar á boca de jarro sobre un ladron que se
—Ya hace mas de una hora que se fué halla en una cocina, como tocar á su adver
Britles, ino es verdad 1 preguntó despues de sario á quince pasos de distancia. Figuraos ,
una pausa. señor Giles , que él ha tirado al aire y qu«
— Una hora y doce minutos, contestó Gi vos os habeis batido en duelo.
les consultando un reloj de plata suspendido El señor Giles , que veia en este modo tan
de una cinta negra. ligero de tratar las cosas una injusta aprecia-;
—Nunca se da prisa, observó la anciana. cion contra su gloría, contestó respetuosamen
—Britles ha sido siempre un muchacho te que no le tocaba á él juzgar la cuestion ;
muy cachazudo, señora, contestó el criado, pero que de todos modos , su adversario era-
lo cual equivale á decir, que si Britles no se el que habia llevado la peor parte.
ha dado prisa desde hace treinta años , hay — ! Bah ! verdad es ! dijo el doctor, i Dónde
poca esperanza de que sea alguna vez activo. se halla ! mostradme el camino. Tendré el
—Léjos de corregirse, empeora, á lo que gusto de veros al bajar , señora. ¡ Ah ! hé aqui
parece, repuso la anciana. la ventanita por donde entró. Jamás hubiera
—Se le puede dispensar, si es que se en creido que se pudiese pasar por ahí.
tretiene con los otros muchachos , dijo la jó Y continuando en sus reflexiones , el doc
ven sonriéndose. tor subió la escalera detrás del señor Giles.-
El señor Giles reflexionaba sin duda si de-, Conviene advertir que el señor Losborne,
beria permitirse una sonrisa respetuosa , cuan cirujano del vecindario, conocido en todo el
do se detuvo un coche á la puerta del jardín. país con el nombre de doctor , debia su clien-,
Un caballero grueso bajó precipitadamente , tela mas bien á su buen humor que á su cien
v entrando en la casa sin hacerse anunciar, cia; era un buen señor de gran corazon y
OLIVERIO TWIST. 141
originalidad, tal como no se hubiera encon no á la señora Maylie, y las condujo con mu
trado en veinte leguas á la redonda. cha ceremonia á lo alto de la escalera.
Permaneció arriba mucho mas- tiempo del —Ahora, murmuró el doctor en voz baja,
que él y las señoras esperaban , y al fin hubo volviendo suavemente la llave en la cerradu
que ir á su coche á sacar una caja grande. ra , vais á decirme lo que pensais. Aunque
La campanilla de la alcoba se hizo oir con no está afeitado, no por eso tiene el aspecto-
frecuencia ; los criados subieron y bajaron la mas feroz; esperad... dejadme ver si podeis
escalera mas de veinte veces, y pudo cono entrar.
cerse que ocurría alguna cosa grave. Al fin El doctor entró primero , y despues de pa
bajó el doctdr, y á las reiteradas preguntas sear una mirada por la habitacion , hizo seña
•que se le dirigieron acerca del enfermo, tomó á las señoras para que entraran; despues,
un aspecto misterioso y cerró la puerta cui adelantóse á cerrar la puerta, y apartó sua
dadosamente. vemente las cortinas del lecho.
—-Es una cosa muy extraordinaria , señora Sobre aquella cama, en vez del bribon de
Maylie, dijo el doctor, apoyándose contra la aspecto repugnante, que esperaban ver, se
puerta para tenerla cerrada. hallaba echado un pobre chi;o , aniquilado
—Espero que no se halla en peligro, repu por la fatiga y el sufrimiento , y sumido en
so la señora. un profundo sueño. Uno de sus brazos, cu
—Nada tendría de extraño que así fuese; bierto por una venda, descansaba sobre su
pero me parece que no. ¿Habeis visto á ese pecho , apoyando sobre el otro su cabeza , me
ladron ! dio oculta por una larga cabellera, que flota
—No, contestó la señora Maylie; i sabeis ba sobre la almohada.
algo de él! El honrado doctor , sosteniendo la cortina,
' —Nada. permaneció un instante contemplando en si
—Dispensadme , señora , interrumpió Giles; lencio al pobre herido. En tanto que le exa
iba a daros algunas noticias cuando entró el minaba, acercóse lentamente la jóven , se sen
doctor. tó al lado de la cama, apartó los cabellos que
La verdad es , que Giles no pudo decidirse cubrian la frente de Oliverio, é inclinándose
á confesar en el primer momento que habia sobre él dejó caer dos ó tres lágrimas sobre
tirado sobre un muchacho. Su bravura le va su frente.
lió tantos elogios, que nada en el mundo le Estremecióse el niño y sonrió en su sueño
hubiera impedido diferir un poco la explica como si aquellas pruebas de piedad y compa
cion, á fin de disfrutar con delicia, al menos sion le hiciesen soñar con sentimientos de afecr
por algunos instantes , de su reputacion de va to y amor, que nunca habia conocido. Del
lor é intrepidez. mismo modo sucedo que los dulces acordes
—Rosa queria ver á ese hombre, dijo la de una música armoniosa, el murmullo del
señora Maylie; pero yo me he opuesto á ello. agua en el silencio de los bosques, el perfu
—¡Hum ! murmuró el doctor, no hay nada me de una flor, y aun el empleo de una voz
de que asustarse ; i rehusareis verle en mi pre que nos es familiar, traen á veces á nuestra
sencia ! imaginacion el vago recuerdo de escenas sin
—De ningun modo, si hay necesidad de realidad en nuestra vida ; recuerdo fugaz que
ello , replicó la señora Maylie. se disipa como un soplo , y que parece enla
—Me parece en efecto que es necesario, di zarse con una existencia mas feliz que se dis
jo el doctor, y estoy seguro que sentireis no frutó en otro tiempo, porque el espíritu hu
haberle visto antes. Ahora está tranquilo; mano no alcanza á reproducirla ni fijarla.
i quereis subir, señorita Rosal No hay absolu —i Qué es estol exclamó la señora; es im
tamente temor alguno, yo os lo juro. posible que esc pobre muchacho sea cómplice
de los ladrones.
—El vicio , repuso el doctor dejando caer
la cortina, se alberga en muchos corazones;
CAPÍTULO XXX. ! quren sabe si no se ocultará tambien bajo
esta apariencia seductora !
Lo que pensabán de Oliverio sus nuevos — ¡Pero es tan jóven! dijo Rosa.
conocidos. — Mi querida señorita, continuó el cirujano
• moviendo tristemente la cabeza, el crimen es
como la muerte , no se ceba solo en la vejez
Despues de haber reiterado á las damas la y la decrepitud; la juventud y la hermosura
seguridad de que quedarian agradablemente son con harta frecuencia las víctimas que pre
sorprendidas á la vista del criminal , el doctor fiere. <
ofreció el brazo á la señorita Rosa, dió la ma- —Pero, caballero, no es posible, dijo Ra
142 OLIVERIO TWIST.
sa ; vos no podeis creer que este niño tan de ruego qué no trateis á esos fieles criados con
licado se haya unido voluntariamente á esos mas dureza de la necesaria.
bandidos. —Creo, señorita, contestó el doctor, que
El cirujano se encogió de hombros , como se os figura que hoy todo el mundo menos
indicando que no veia en ello nada de impo vos está, inclinado á la dureza. Lo único que
sible, y despues de hacer observar que la deseo es que cuando un jóven digno de vos
conversacion podria turbar el sueño del heri implore vuestra compasion , encuentre como
do, condujo á las dos señoras á una habita ahora disposiciones tiernas y benévolas. Mu
cion contigua. cho siento , en verdad , no ser mas jóven para
—Pero aun cuando sea culpable, continuó aprovechar la ocasion de ponerlas & prueba.
Rosa, ved que aunes muy jóven; pensad que — Sois tan niño como Britles, dijo Rosa ru
quizás no ha conocido nunca el amor de una borizándose.
madre, la tranquilidad del hogar doméstico; — ¡ Bah ! repuso el doctor riéndose , no es
que los malos tratamientos , los golpes y el difícil que así sea; pero volvamos á nuestro
hambre , le han inducido tal vez á unirse con heiido, porque aun debemos estipular una
hombres que le han obligado al crimen. Tia condicion. Segun calculo, se despertará den
mia , mi buena tia , os suplico que reflexio tro de una hora , poco mas ó menos , y aun
neis en todo esto antes de permitir que con cuando he dicho á ese imbécil de constable
duzcan á una prision á, ese pobre muchacho que el muchacho no puede moverse ni hablar
herido ..porque esto seria quitarle desde lue sin peligro de su vida, me parece que podre
go toda esperanza de llegar á ser bueno. A mos Conversar con él sin ningun inconvenien
vos, que me amais tanto; que por vuestra te. Ahora voy á poner una condicion: yo le
bondad y 'afecto , habeis sido para mi una examinaré á vuestra presencia , y si segun
madre, preservándome del abandono en que sus contestaciones juzgamos que está comple
pude caer, como ese pobre muchacho, os tamente pervertido, lo cual es muy probable,
ruego encarecidamente tengais compasion de le abandonaremos á su destino; y yo no me
él , ahora que todavía es tiempo. mezclaré ja en nada , suceda lo que quiera.
— ¡ Querida niña ! repuso la anciana estre — |Oh! no, tia mia, d'jo Rosa con acento
chando contra su corazon á la jóven , que se suplicante.
deshacia en lágrimas; ¿crees tú que yo deseo — ¡Oh! s!, tia mia, repuso el doctor; va
que caiga un solo cabello de tu cabeza! mos, lestá convenido}
—¡Ohl no, replicó Rosa con viveza; vos —No puede estar endurecido en el vicio,
no , querida tia. dijo Rosa; es imposible.
-«-Muy bien, replicó el doctor; entonces,
—No, dijo la señora Maylie con voz con razon de mas para aceptar mi proposicion.
movida ; mis dias tocan á su fin , y Dios ten Por fin , cerróse el pacto , y las partes con
ga piedad de mí como yo de los otros. iQué tratantes se sentaron, aguardando con impa
puedo hacer para salvarle , doctor ! ciencia á que se despertase Oliverio.
—Dejadme reflexionar un poco , señora, La paciencia de las señoras tuvo que so
dejadme reflexionar. meterse á una prueba mas larga de lo que
El señor Losborne comenzó á pasearse por creian, pues á despecho de las previsiones
la habitacion con las manos en los bolsillos, del doctor, trascurrieron varias horas y Oli
deteniéndose de vez en cuando y frunciendo verio seguia profundamente dormido. Era ya
las cejas. Despues de haber exclamado varias muy tarde cuando el buen Losborne fué á de
veces: «¡Ya di con ello! ¡No! no es eso,» cirles que el muchacho estaba bastante des
detúvose al fin, y habló en estos términos: pierto para que se pudiese hablar con él.
—Creo que si me dais completa autoriza — Sufre mucho , dijo el doctor, y está de
cion para entenderme con Giles y ese tunan bilitado por la pérdida de sangre de su heri
te de Britles , conseguiré arreglar el negocio. da ; pero parece preocuparle tanto el deseo
Ya sé que el primero es un antiguo y fiel ser de revelar alguna cosa , que prefiero condes
vidor ; pero ya podreis resarcirle por mil me cender mas bien que insistir, como lo hubie
dios y recompensar de otro modo su destreza ra hecho á no mediar esta circunstancia, para
en la pistola. ¿Os oponeisi que estuviese quieto hasta mañana.
—No, dijo la señora Maylie, no me opon La conversacion fué larga; y Oliverio con-
go , puesto que sea el único medio de salvar al t^ toda su historia, aunque su estado de de
chico. bilidad y sufrimiento le obligó á interrumpir
—No hay otro , repuso el doctor ; creedme con frecuencia su narracion. El escuchar la
bajo mi palabra. débil voz de aquel pobre muchacho herido,
—Mi tia os da plenos poderes, dijo Rosa que referia la prolongada serie de desgracias
sonriendo á pesar de sus lágrimas; pero yo os y sufrimientos que le habian hecho experi»
OLIVERIO TWIST. 143
mentar hombres .crueles, tenia algo de solem —Esa no es la cuestion, dijo el doctor con
ne. ¡ Oh ! si al agobiar á nuestros semejantes aire misterioso. ¿Sois protestante , señor Gi
reflexionáramos en los fatales .errores de la les?
justicia humana, y en las iniquidades que cla — Sin duda, caballero, balbuceó Giles po
man venganza al cielo y atraen pronto ó tar niéndose muy pálido.
de el castigo sobre nuestras cabezas; si pu —¿Y vos? preguntó el doctor dirigiéndose
diéramos oir la voz de tantas víctimas elevar á Britles con aspecto severo.
se desde el fondo de las tumbas , voz lasti —¡ Dios mio ! señor , replicó Britles irguién-
mera que ningun poder humano puede obli- dose con ligereza ; yo soy lo que el señor
far al silencio , ¿ ofreceria el mundo todos los Giles.
ias tantos ejemplos de injusticia y de violen —¡Pues bien! entonces contestadme am
cia , tanta miseria y crueldades ! bos, repuso el doctor con acento de enojo.
Aquella noche fué la mano de una mujer la ¿Podreis asegurar bajo juramento que el mu
que cuidó á Oliverio ; la hermosura y la vir chacho que está arriba es el mismo que pasó
tud velaron su sueño , y sintióse tan feliz, que anoche por la ventanilla? Vamos, responded-
hubiera muerto sin quejarse. me ! ya os escucho.
Cuando hubo terminado aquella tierna con El doctor; cuya dulzura de carácter era
versacion , y se disponía Oliverio á dormir , el umversalmente conocida, hizo aquella pre
doctor se enjugó los ojos , y bajó para enten gunta con un tono tan irritado , que Giles y
derse con Giles. No encontrando á nadie en Britles , aturdidos con la cerveza y el calor
la habitacion , parecióle que era quizás mejor de la conversacion , se miraron uno á otro
comenzar las hostilidades en plena cocina, y mudos y estupefactos.
que esto seria de mas efecto. En consecuen —Constable, escuchad lo que contestan,
cia, dirigióse á la cocina, verdadera cámara dijo el doctor ; dentro de poeo veremos lo que
de sesiones de la clase doméstica , y allí en resulta.
contró reunidos á Giles, Britles, el constable El constable, afectando el aire mas magis
y el calderero, que en recompensa de sus tral que pudo , empuñó el baston , insignia
buenos servicios habia sido invitado á comer. de sus funciones.
El constable, que era un hombre muy grue — Observad que es una simple pregunta
so, tenia en la mano un fuerte baston, calzaba de identidad , dijo el doctor.
unas botas muy recias y parecia haber bebido —Así es, señor, replicó el constable tosien
una gran cantidad de. cerveza. do con fuerza ; pues en su precipitacion por
Los sucesos de la noche eran el objeto de concluir pronto se le habia atragantado la
la conversación ; el señor Giles hablaba con cerveza.
placer de la presencia de ánimo de que ha —Ved aquí una casa que asaltan, continuó
bia dado pruebas, y Britles, con un jarro de el doctor... Sorprendidos por el ataque, dos
cerveza en la mano, apoyaba todas las pala hombres entreven un chico en la oscuridad
bras de su jefe en el momento de entrar el y á través del humo de la pólvora. Al dia
doctor. siguiente se presenta un muchacho en la mis
—No os incomodeis, dijo este, haciendo ma casa , y porque tiene el brazo vendado ,
una señal con la mano. aquellos hombres se apoderan de él con vio
—Gracias , caballero , dijo Giles ; la seño lencia y ponen su vida en grave peligro , ju
ra me ha mandado repartir cerveza, y como rando despues que es el ladron^. Ahora falta
no estaba dispuesto á permanecer solo en mi saber si los hechos están en su favor, ó en
cuarto , he venido á reunirme con los demás. caso contrario , en qué situacion se colocan.
Britles y todos los concurrentes manifesta —Ese es el punto de la cuestion , dijo el
ron con un murmullo de aprobacion cuanto constable haciendo un movimiento de cabeza
agradecian al señor Giles su condescenden respetuoso.
cia, y este paseando á su alrededor una mira — Os lo vuelvo á preguntar, gritó el doc
da protectora , parecia querer decir que mien tor con voz de trueco ; ¿podeis afirgpar solem
tras la sociedad se condujera bien no la aban nemente con juramento la identidad del mu
donaria. chacho?
—¿Cómo está el herido? preguntó Giles. Britles y Giles se miraron con aire indeci -
—No muy bien, contestó el doctor ; temo so; el constable puso la mano detrás de su
que os hayais metido en un.mal negocio , se oreja para oir mejor la respuesta ; las dos
ñor Giles. criadas y el calderero se inclinaron tambien
—Espero quejio se morirá , repuso Giles para escuchar, y el doctor dirigia á todos una
temblando ; si lo creyese así no me consolaria mirada penetrante , cuando se oyó llamar á la
nunca. No quisiera por nada del mundo ser puerta, y al mismo tiempo el ruido de un
causa de la muerte de un niño. coche.
144 OLIVERIO TWIST.
— ¡Hé ahí la policía! gritó Britles viéndose apareció en aquel momento* Hizo una seña
libre por aquel incidente imprevisto. á Britles para que saliese, é invitando á las
—¿Qué policia? preguntó el doctor , turba señoras á que- entrasen cenó la puerta.
do á su vez.. —Hé aquí la dueña de la casa, dijo el doc- •
—Los agentes de Bow-Street, añadió Brit- tor volviéndose hácia la señora Maylie.
les tomando una luz ; el señor Giles y yo di El señor Blathers saludó, y habiéndosele
mes esta mañana órden para que vinieran. invitado á que se sentase , tomó una silla ,
—iCómo! exclamó el doctor. puso su sombrero en el suelo , é hizo una se
—Sí señor, dijo Giles; envié un recado ña á Duff para que le imitara. Este último ,
con la diligencia, y ya me extrañaba que to que no parecia tan acostumbrado á frecuen
davia no hubiesen venido. tar la buena sociedad, ó que no estaba á gusto
—i Ah ! ¿habeis escrito? Al diablo con las delante de ella, dejóse caer de golpe en su si
diligencias ! murmuró el doctor marchándose. lla, y para darse importancia, se metió en la
boca el puño del baston.
—Ahora hablemos del crimen , dijo Bla
' CAPITULO XXXI. thers; ¿cuáles son las circunstancias?
El doctor , que deseaba ganar tiempo ,
- i refirió el hecho, extendiéndose en los mas
La situacion llega á ser cr[lica. minuciosos detalles, en tanto que Blathers
y Duff parecian comprender perfectamente,
—¿Quién es? preguntó Britles, entreabrien cambiando de vez en cuando una mirada de
do la puerta sin quitar la cadena y poniendo inteligencia.
la mano delante de la luz para ver mejor. —No puedo asegurar nada sin inspeccionar
—Abrid , contestó una voz ; son los oficia» la localidad, dijo Blathers; pero me atrevo á
les de polic a de Bow-Street, á quienes han decir, sin temor de equivocarme mucho, que
enviado á buscar esta mañana. no es ningun novicio el que ha intentado el
Asegurado con estas palabras , Britles abrió golpe. ¿ Qué os parece , Duff?
la puerta de par en par y hallóse en frente — Para hacerlo comprender mejora estas se
de un hombre de aspecto majestuoso que lle ñoras, supongo que entendeis por esto un la
vaba un gran leviton , y el cual entrando dron que no es del campo, dijo Losborne son
sin decir una palabra , fué á limpiarse los piés riendo.
en el ruedo con tanta franqueza como si hu —Justamente, compadre, contestó Bla
biera estaco en su casa. thers. ¿ No teneis otros detalles que darnos?
—Enviad inmediatamente á cualquiera pa —Ninguno, contestó el doctor.
ra que ayude á mi compañero, que guarda —¿Quién es ese muchacho de que hablan
el coche; ¿teneis alguna cuadra para ponerle los críados? preguntó Blathers,
allí por algunos minutos? —¡Eso es una sandez l replicó eljdcctor;
Britles contestó afirmativamente , señalando á un criado que se asustó se le metió en la
con el dedo la cochera, y entonces el hombre cabeza que el tal muchacho habia tomado
yolvió para ayudar á su compañero á encer parte en la tentativa de fractura ; pero esto
rar el coche, en tanto que Britles los alum es un absurdo.
braba, contemplándolos con admiracion. He — Eso es muy fácil de derir, observó Duff.
cho esto , dirigiéronse hácia la casa y se les —Lo que dice mi compañero es lógico .
•.introdujo en una sala, donde se despojaron repuso Blathers aprobando con un movimien
de sus levitones y sombreros , mostrándose to de cabeza las palabras de Duff y jugando
tal cual eran. indiferentemente con las esposas como si fue
El que habia llamado á la puerta era un ran unas castañuelas. ¿Quién es ese mucha
hombre robusto, de estatura mediana , y re cho, cuáles sus antecedentes? ¿de dónde vie
presentaba unos cincuenta años ; tenia los ca ne? Supongo que no habrá, caido del cielo,
bellos negjjps y lustrosos, espesas patillas, la ¿eh , compadre?
cara redonda y ios ojos penetrantes. El otro —No , seguramente , contestó el doctor lan
era alto y seco, de exterior poco agradable, zando á las señoras uua mirada expresiva ; yo
nariz remangada y mirada siniestra. conozco toda su historia ; pero ya hablaremos
—Decid á vuestro amo que Blathers y Duff de eso despues. Supongo que deseareis ver
se hallan aquí , dijo el primero pasándose la desde luego el sitio por donde los ladrones
mano por los cabellos y poniendo encima de intentaron penetrar.
la mesa dos esposas ! Ah ! buenas dias , —Ciertamente , contestó Blathers ; necesi
compadre; ¿podré deciros dos palabras en tamos ver primero la localidad, y despues
secreto? interrogar á los criados. Esta es la manera de
Estas palabras se dirigieron al doctor , que proceder generalmente.
OLIVERIO TWÍST. 145
Al momento se trajeron luces : Blathers y el porqué y no admite nada sin pruebas. Por
Duff, acompañados del constable , Britles, la propia confesion del chico , ya veis que dea-
Giles, y en una palabra, de toda la casa, se de hace algun tiempo solo vive con ladrones ,
dirigieron á la bodega situada al extremo del y ha sido ya cogido y llevado ante un comi
jardín. Despues de mirar la ventana por den sario de policia por robar el pañuelo á un ca
tro , dieron la vuelta por el terraplen ; exa - ballero. Despues le sacaron á viva fuerza de
mináronle exteriormente ; tomaron una luz la casa de aquel señor, conduciéndole á un
á fin de ver el postigo , una linterna para se sitio que no puede indicar y cuya situacion
guir las huellas , y una horquilla para regis ignora completamente. Por último, dos hom
trar las malezas. Hecho todo esto , en medio bres que parecen interesarse mucho por él
del mas religioso silencio , volvieron á la ha le llevan á Chertsey, y de grado ó por fuer
bitacion, y Giles y Britles recibieron orden za le hacen pasar por una ventana para des
de manifestar qué parte habian tomado en baldar una casa; y precisamente en el mo
los sucesos de la víspera. Ambos obedecieron, mento en que quiere dar la alarma , lo cual
refiriendo el hecho mas de seis veces, y si hubiera sido la única prueba de su inocencia,
bien al principio solo en un punto importan recibe un pistoletazo , como si todo conspira
te dejaron de estar acordes, concluyeron por se para impedirle hacer una buena accion.
no convenir en mas de doce. Despues de esto, ¿No os extraña esto mucho?
Blathers y Duff hicieron salir á todo el mun — Convengo en que es muy singular, dijo
do, y deliberaron juntos largamente, con Rosa, riéndose de la vivacidad del doctor;
tanto misterio y solemnidad , que una consul pero en fin , yo no veo ahí nada que pruebe
ta de médicos en un caso difícil , hubiera si la culpabilidad del chico.
do un juego de niños, comparada con aque —No, es claro, repuso el doctor. Hé ahí
lla deliberacion. , lo que son las mujeres ; sus hermosos ojos no>
Durante el coloquio, paseábase el doctor ven nunca, ya sea en bien ya en mal, mas
-en la habitacion contigua , sumamente agita que un lado de la cuestion , y siempre aquel
do , mientras que la señora Maylie y Rosa se que antes se presenta á su espíritu.
miraban con inquietud.
—A fe mia , exclamó Losborne , despues Despues de haber formulado esta máxima ,
de haber recorrido, la sala á grandes pasos y el doctor , con las manos en los bolsillos, vol
parándose de repente , que no sé ya qué ha vió á pasear de un extremo á otro de la ha
cer. » bitacion.
—Me parece, dijo Rosa, que si contára —Cuanto mas pienso en ello, murmuró,
mos fielmente á esos hombres la historia del mas me convenzo que poner á esos hombres
pobre muchacho, esto bastaria para alejar de al corriente de la historia del chico, sería
-él toda sospecha. embrollar mas el asunto, agravando la di
—Lo dudo mucho , querida señorita , dijo ficultad. Seguro estoy que no creerán nada ,
el doctor moviendo la cabeza. No creo que y aun admitiendo que el muchacho no fuese
esto baste para hacerle aparecer inocente á condenado, la publicidad dada á las sospe
los ojos de esos hombres , ni aun á los ojos chas que pesarían sobre él, seria un obstácu
de otros funcionarios mas elevados. Despues lo para vuestras generosas intenciones y pa
de todo , dirian ellos , ¿ quién es ese mucha ra vuestro deseo de sacarle de la miseria.
cho? Un vagabundo. Además, juzgando solo —¡Diosmio! querido doctor, ¿qué hare
su historia por las consideraciones y probabi mos pues? dijo Rosa. ¿Por qué habrán llama
lidades ordinarias , preciso es convenir en que do á esa gente?
nada tiene de verosímil. —¡ Es verdad ! «xclamó la señora Maylie.
—Sin embargo, vos la dais crédito, se Daria cualquiera cosa para verlos léjos de
apresuró á decir Rosa. aquí. -
—Yo la acepto por extraña que sea , con —No hay mas que un medio , dijo al fin el
tinuó el doctor , y acaso dé con esto una prue doctor -sentándose ; pero se necesita audacia,
ba de tonto ; pero no creo que tuviese el mis aunque tenemos la excusa de que el fin que
mo valor á los ojos de un agente de policia nos proponemos es laudable. Por lo pronto ,
-ejercitado. el muchacho tiene ahora fiebre y no puede
—¿Por qué? preguntó Rosa. > sostener una conversacion, lo cual siempre
—¿Por qué, hija mia? repuso el doctor; es una ventaja. Hagamos pues todo cuanto
porque esa historia examinada bajo cierto esté de nuestra parte , y si no salimos adelan
punto de vista, tiene mas de un lado invero te, nos quedará al menos el consuelo de que
símil. El muchacho solo puede probar lo que no es por culpa nuestra Entrad !
•está en contra de él y no lo que le favorece. —Y bien, compadre, dijo Blathers en
Ahora bien , esa gente quiere saber siempre trando en la habitacion con su colega y cer-
T. TJ. 10
146 OLIVERIO TWIST.
rando cuidadosamente la puerta ; puedo ase —Vamos, yo sé bien lo que me digo. ¿Os
guraros que no era un golpe combinado. acordais del dia que robaron á Coukey! ¡ Va
—¿A qué diablo llamais un golpe combina ya un alboroto que hubo ! Aquello fué un en
do? preguntó el doctor con impaciencia. redo espantoso.
—Entendemos por eso, señoras, contestó — i Qué sucedió! preguntó Rosa deseando
Blathers , volviéndose hácia la señora Maylie poner de buen humor á sus desagradables vi
y Rosa , como si tuviese compasion de su ig sitadores.
norancia y despreciara la del doctor ; enten —Aquel fué un robo como nunca se habia
demos por eso , que los criados hayan toma visto, señorita, dijo Blathers. El tal Coukey
do parte como cómplices. Chickweed...
—Nadie sospecha de ellos , replicó la seño — Coukey quiere decir nariz larga, seño
ra Maylie. ra, interrumpió Duff.
—Es posible , señora , repuso Blathers ; —Eso ya lo sabe esta señora, ¿no es ver
pero bien hubieran podido ser culpables. dad! preguntó Blathers; y advertid, Duff,
—Tanto mas cuanto que se ti«ne en ellos que siempre me estais interrumpiendo. Ese
completa confianza , añadió Duff. Coukey tenia en el camino de Battlebridge
— Nosotros creemos, continuó Blathers, una taberna donde iban muchos jóvenes lores
que el golpe viene de Londres , pues estaba á ver riñas de galios etc. , y yo que asistía
ideado á la alta escuela. siempre, puedo aseguraros que el tal taber
—Asi es , observó Duff en voz baja. nero entendia perfectamente su negocio. Su
—Eran dos, añadió Blathers, y llevaban cedió pues que una nochs le fueron robadas
consigo un muchacho ; esto es evidente , y trescientas veinte y siete guineas que tenia en
para convencerse basta ver la ventana. No un saco , por un hombre de sais piés de altu
podemos decir mas en este momento ; ahora, ra, con un parche en un ojo, que se escondió
vamos si gustais á visitar el muchacho que debajo de su cama. Cometido el robo , el la
está arriba. dron saltó por la ventana de la alcoba, que
—Estos caballeros tomarán antes alguna estaba en el primer piso , y huyó con la ma
cosa, señora Maylie, dijo el doctor con sem yor ligereza; pero Coukey que estaba despier
blante alegre , como si una inspiracion repen to , tiróse de la cama , hizo fuego sobre el
tina acabase de iluminar su mente. ladron y puso en alarma á toda la vecindad.
— ¡Ohl es verdad! exclamó Rosa con vi Todo el mundo se pone en pié al momento,
veza; al momento si quereis. se busca por todas partes , y hállase que Cou
—Con mucho gusto, señorita, dijo Bla key ha herido al ladron , pues habia manchas
thers pasándose la manga por los labios; este de sangre hasta la pared del cercado , que es
trabajo abre mucho la sed; pero no os inco taba bastante léjos. Despues ya no se vió na
modeis por nosotros. da. La pérdida del dinero arruinó á Chick
— i Qué quereis tomar! preguntó el doctor weed; su nombre apareció en la Gaceta en
siguiendo á la jóven al aparador. tre los de los comerciantes quebrados, y en
—Una gota de licor, compadre, si gustais, vista de esto , abrióse una suscricion para so
repuso Blathers. No hacia mucho calor por el correr á aquel pobre hombre, á quien la des
camino, señora, y me parece que lo mejor gracia trastornaba la cabeza, y que durante
es calentar un poco el estómago. tres ó cuatro dias estuvo corriendo por las ca
La señora Maylie, á quien se hacia esta lles, mesándose los cabellos, y en una deses
confianza llena de interés , la acogió con gracia peracion tal , que muchos temieron por su vi
y el doctor aprovechó el momento para au da. Cierta mañana se presenta muy agitado
sentarse. en las oficinas de policia , y tiene una confe
— ¡Ahí señoras, dijo Blathers cogiendo su rencia particular con el juez ; este , despues de
vaso y llevándoselo á la boca ; yo he visto en escucharle , toca la campanilla para llamar á
mi vida muchos casos como el presente. Jacobo Spyers , que era un agente muy ac
—i Os acordais de aquel robo con fractura tivo, y le manda que vaya á prestar auxilio á
cometido en Edmouton! preguntó Duff, como Coukey para apoderarse del ladron.
si quisiera refrescar la memoria de su compa —¿ Creereis, amigo Spyers, le dijo Cou
ñero. key al salir, que le vi pasar ayer por delante
—Mirad , aquel fué un robo por el estilo de mi puerta!
del de ayer, repuso Blathers; ino era Coukey
Chickweed el que intentó dar el golpe! — ;Y por qué no le cogisteis por el cuello!
—Siempre se lo achacais á él, contestó preguntó Spyers.
Duff; pero yo estoy seguro que fué la familia —Me quedé tan aturdido , que se me hu
Pett. Tanto tuvo que ver en eso Coukey como biera podido matar con un mondadientes , con
yo. testó el pobre hombre ; pero ya le cogeremos>
OLIVETIO TWIST. 147
pues le tí pasar tambien por la noche entre Eoniendo su vaso sobre la mesa y agitando
diez y once. is esposas. »
Acto continuo se provee Spyers de una ca —Es muy raro , en efecto , observó el doc
misa blanca y de un peine , para el caso de tor ; ahora , si quereis , subamos á ver al chico.
estar ausente dos ó tres dias, y va á colocarse —A vuestras órdenes , caballero , contestó
en una de las ventanas de la taberna, oculto Blathers.
por una cortina encarnada, con el sombrero Así diciendo , los dos oficiales de policia,
calado hasta las orejas , y pronto á lanzarse precedidos de Giles , que los alumbraba , su
sobre el ladron. Hallábase por la noche fu bieron detrás de Losborne al cuarto de Olive
mando tranquilamente su pipa , cuando de re rio.
pente oye á Coukey gritar : ¡ Ahí está ! ¡ al la- , El muchacho habia dormido , mas parecia
dron ! ¡ al asesino 1 Spyers se precipita fuera; hallarse peor , y la fiebre era mas intensa.
ve á Coukey corriendo y gritando ; le sigue; Ayudado por el doctor, pudo sentarse en la
la multitud se apiña ; todo el mundo grita : cama , y comenzó á mirar á los recien veni
Jal ladren! y el tabernero sigue siempre cor dos sin comprender lo que hacian á su lado,
riendo y chillando como un loco. Spyers , que y sin parecer recordar lo que le habia pasado
le ha perdido un momento de vista , le divisa ni donde se hallaba.
luego en el centro de un grupo , y penetrando —Hé aquí, dijo el doctor, hablando en voz
en él exclama: ¿Dónde está el ladron?—¡Par- baja, aunque con cierta vehemencia; hé aquí
diez ! contesta Coukey , se me ha vuelto á es el muchacho , que habiendo sido herido de un
capar. tiro , por equivocacion , al pasar junto á la
Lo mas extraño es que no se le encontró en casa del señor..... icómo se llamal allá aba
ninguna parte , y hubo que volver á la taber jo... vino esta mañana á pedir socorro , y fué
na sin haber adelantado nada. Al dia siguien maltratado por ese ingenioso personaje que
te , Spyers volvió á su observatorio para ace nos alumbra, el cual ha puesto en grave pe
char el momento en que pasara el hombre de ligro la vida de este chico , como así puedo
seis piés con un emplasto en el ojo. A fuerza certificarlo en virtud de mi profesion.
de mirar turbósele la vista , y en el momento Blathers y Duff miraron atentamente á Gi
que se frotaba los ojos , cátate que Coukey les , que en su aturdimiento , apartó la vista
comienza á gritar : ¡ al ladron ! y echa á cor de Oliverio fijándola despues en el doctor con
rer. ' aire atemorizado é indeciso.
Spyers se lanza detrás y recorre doble ca
mino que la víspera; pero no se encuentra al —Supongo que no tendreis la intencion de
ladron, y tambien esta vez tiene que volver negarlo, dijo el doctor acostando dulcemente
se sin resultado. La escena volvió á repetirse á Oliverio.
una 6 dos veces mas , y en la vecindad , unos —Yo lo hice todo para... parabien, señor,
decian que era el diablo quien habia robado contestó Giles ; yo creí firmemente que era el
á Coukey burlándose despues de él , y otros mismo muchacho, pues de otro modo me hu
que el pobre hombre estaba loco de pena. biera guardado bien de maltratarle. Yo no
— ¿Y qué dijo Spyers ! preguntó el doctor, soy cruel, señor.'
que habia entrado desde el principio del — iQué muchacho creisteis que eral pre
cuento. - guntó Duff.
—Durante mucho tiempo, continuó Bla- —El de los ladrones , contestó Giles ; no es
thers, Jacobo Spyers no dijo una palabra, si dudoso que llevaban uno consigo.
no que comenzó á practicar averiguaciones — i Y cuál es vuestra opinion ahora! pre
sin darlo á conocer, lo cual prueba que en guntó Blathers.
tendia su oficio; pero cierto dik, aproximóse — i Mi opinion? repitió Giles con aire asus
al mostrador , y abriendo su caja de rapé , di tado al agente de policia.
jo al tabernero: i Sabeis, Chickweed, que he — i Creeis que sea el mismo chico que está
descubierto al ladron ! — ¡Le habeis descu aquf, imbécill replicó Blathers con impacien
bierto ! preguntó el tabernero; ¡ohl mi que cia.
rido Spyers , que pueda yo vengarme y mori —Yo no sé , á decir verdad , yo no sé , re
ré contento. iDónde está ese bandido'/ — Mi puso Giles enteramente desconcertado. Yo no
rad, dijo Spyers ofreciéndole un polvo de ra lo juraria.
pé ; ¡ ya basta de juego ! ¡ Vos sois el ladron ! —Pero en fin, sepamos cuál es vuestra opi
Y era verdad : de aquel modo habia reuni nion , dijo Blathers.
do una gran cantidad, y nunca se hubiera —Yo no sé qué pensar, repuso el pobre
descubierto el enredo , si no hubiese tenido Giles; yo no creo que ese sea el mismo chi
tanto afan en salvar las apariencias. co ; estoy casi seguro que no lo es ; bien sa
-—Eso ya pasa de broma, ¿eb.7 dijo Blathers beis que no puede ser él.
148 OLIVERI J TWIST.
— ¡.Ha bebido este hombre! preguntó Bla Blathers y Duff, á quienes se recompensó con
thers volviéndose hácia el doctor. algunas guineas, volvieron á Londres , sin ser
— i Qué imbécil soisl dijo Duff á Giles con del mismo parecer acerca de su expedicion.
profundo desden. Todo considerado, Duff se inclinó á creer que
Durante este corto diálogo , el doctor habia la tentativa de fractura se habia cometido por
tomado el pulso al enfermo, y levantándose la banda de Pett, y Blathers por el contrario
despues de la silla que ocupaba junto al le atribuía el hecho al célebre Coukey Chick-
cho , observó que si los agentes de policia te weed.
nian alguna duda sobre aquel punto, era lo Poco á poco restablecióse Oliverio : los cui
mas acertado pasasen á la habitacion contigua dados reunidos de la señora Maylie, Rosa y
para interrogar á Btitles. el doctor le devolvieron la salud. Si el cielo
Aceptóse la proposicion, y en consecuen escucha las fervientes súplicas que le dirigen
cia hicieron comparecer á Britles , que con las almas penetradas de reconocimiento , las
sus respuestas no hizo mas que embrollar el bendiciones que el huérfano invocó para sus
negocio. Acumuló contradiccion sobre contra protectores, debieron bajar hasta su Corazon
diccion, declarando que no podria reconocer para colmarle de paz y felicidad.
al chico aun cuando le tuviese delante de los
ojos; que habia creido que era aquel, porque
Giles se lo dijo así, pero que Giles manifestó capitulo xxxn.
en la cocina cinco minutos antes que temia
haber procedido con demasiada ligereza.
Entre otras ingeniosas conjeturas agitóse la Oliverio disfruta una feliz existencia en la
cuestion de saber si Giles habria herido real casa de sus nuevos huéspedes.
mente á alguno : examinóse la segunda pisto
la , y se halló que no estaba cargada sino con Los padecimientos de Oliverio fueron lar
pólvora y tacos. Este descubrimiento hizo una gos y crueles, pues además de lo que le ha
gran impresion en todo el mundo, menos en cia sufrir su brazo roto , rhabíase apoderado
el doctor, que habia sacado la bala diez mi de él á causa del frio y la humedad una fie
nutos antes ; pero á nadie afectó tanto como á bre violenta que no le abandonó en algunas
Giles, que despues de haber estado atormen semanas, minando su débil constitucion. Al
tándose varias veces con el temor de haber fin comenzó á restablecerse lentamente, y
herido á Uno de sus semejantes, se aferró con pudo manifestar, mezclando lágrimas con sus
ardor á la idea de que la pistola no tenia car palabras, lo muy reconocido que estaba á las
ga. Por fin, los agentes de policia, sin in bondades de las dos excelentes señoras, y
quietarse mucho acerca de Oliverio , dejaron cuán grande era su deseo de recobrar la sa
en la casa al constable de Chertsey y se fueron lud y las fuerzas para probarles todo el agra
á dormir á la villa prometiendo volver á la decimiento de su corazon , haciendo cualquier
mañana siguiente. cosa que diese á conocer que no habia sido
Llegada la hora, circuló, el rumor que ha inútil su generosa bondad , y que el pobre
bian sido detenidos en Kingston dos hombres niño arrancado por ellas«de la misería y de
y un muchacho , sobre quienes recaian vehe la muerte , deseaba tan solo servirlas en lo
mentes sospechas. Blathers y Duff acudieron que pudiese.
inmediatamente al sitio; pero despues de una —Pobre chico, decia Rosa, cierto dia que
minuciosa averiguacion, descubrióse que las Oliverio trató de articular palabras de agra
sospechas solo se apoyaban en el hecho de decimiento, que se escapaban de sus pálidos
que se habian encontrado dos hombres y un labios; no os faltarán ocasiones de servirnos
chico dormidos junto á un monton de heno. si quereis, pues vamos al campo y mi tia
Claro es que esto es un crimen, pero no pue tiene intencion de que vengais con nosotras.
de castigarse mas qué con la cárcel , pues la La tranquilidad de aquellos sitios, la pureza
ley inglesa, ley misericordiosa y tutelar, no del aire y la frescura de la primavera , os de
considera suficiente para probar un robo con volverán la salud en pocos dias, y nosotras
fractura , el que uno ó mas hombres hayan os ocupáremos de muchos modos cuando os
pasado la noche al sereno. En consecuencia, halleis en estada de suportar la fatiga.
Blathers y Duff tuvieron que volverse cerno — ! La fatiga ! murmuró Oliverio : ¡ oh ! que
habian venido. rida señorita, 3¡ yo pudiese trabajar para vos
Al fin, despues de nuevas pesquisas y lar y contentaros cuidando vuestros pájaros y
gas conferencias, convínose en que la señora vuestras flores , ] cuánto daria por esto ^
Maylie y el doctor responderian de Oliverio, —No es necesario que deis nada, dijo la
si llegaba á buscarle la justicia, y un magis señora Maylie sonriendo , pues ya se os ha
trado de la vecindad recibió su declaracion. dicho que estareis ocupado de muchos mo
OLIVERIO TWIST. 149
dos, y con hacer la mitad de lo que decís, muerte por ejemplo , si no me dejais, contes
seré completamente feliz. tó fríamente el jorobado. ¿Lo oís!
—¡ Feliz ! señora , dijo Oliverio ; ¡ qué bue — Ya os oigo , dijo el doctor sacudiendo
na sor3 por hablarme así ! con viveza al jorobado; ¿dónde está! mal
—Vos me hareis ma3 feliz de lo que puedo dito sea el bandido; ¿cómo se llama! Si-
deciros, repuso la jóvcn, pues el pensar que kes eso es; ¿dónde está Sikes, vuestro
mi buena tia ha podido arrancar á un pobre jefe!
muchacho de la mas espantosa miseiia , es ya El jorobado pareció quedar mudo de asom
para mi' una gran felicidad, tanto mayor al bro y de indignacion, y desprendiéndose con la
ver que el objeto de sus bondades y compa mayor destreza de la diestra del doctor , pro
sion se muestra sinceramente reconocido. ¿Me firió una infinidad de espantosos juramentos,
comprendeis! preguntó Rosa viendo á Olive retirándose dentro de la casa. Antes que tu
rio meditabundo. viese tiempo de cerrar la puerta , el doctor
— |Oh! sí señora, contestó con viveza Oli habia entrado detrás de él , penetrando en
verio ; pensaba en que soy un ingrato en este una de las habitaciones sin decir palabra. Una
momento. vez allí, miró con inquietud á su alrededor;
—¿Hácia quién! preguntó Rosa. pero no vió mueble ni indicio alguno que pu
—Uácia el buen caballero y la excelente diera referirse á la descripcion hecha por Oli
señora que tuvieron tanto cuidado de mí , re verio.
plicó Oliverio ; si ellos supieran cuan feliz —Ahora, dijo el jorobado , que no le habia
soy, estoy seguro que se alegrarían de ello. perdido un instante de vista, decidme cuál es
—No lo dudo, repuso la señora Maylie, y vuestra intencion al pene'.rar asi á viva fuer
ya el doctor ha tenido la bondad de prome za en mi casa. ¿ Quereis robarme ó asesinar
ternos , que tan pronto como os halleis en es me! ¿ Qué se os ofrece!
tado de soportar el camino , os llevará á ver —t Habeis visto alguna vez que vaya uno
los. á robar en coche de dos caballos, maldito
—¡ Qué" felicidad ! exclamó Oliverio, cuyo vampiro! exclamó el iriitable doctor.
semblante rebosaba de alegría; iquó feliz — ¿Qué quereis entonces ! preguntó el jo
seré al ver á esos buenos señores I robado con voz agria ; ¡ mirad ! hareis bien
Al cabo de algun tiempo , Oliverio se halló en marcharos al instante y no excitarme la
en estado de soportar el viaje , y una mañana, bilis. ¡ El diablo os lleve I
el doctor y él subieron á un coche pertene — Saldré cuando me dé la gana, dijo Los
ciente á la señora Maylie , y se dirigieron á borne , mirando á otra habitacion , que no se
Chertsey-Bridge. Al llegar allí, Oliverio se parecía tampoco á la descrita por Oliverio.
puso muy pálido y lanzó un grito. Ya os encontraré algun dia , amigo mio.
—¿ Qué puede tener este chico ! dijo el —Cuando querais , replicó el jorobado con
doctor con el tono brusco que le era habitual; acento irónico ; si me necesitais alguna vez ,
¿veis alguna cosa! ¿oís algo! ¿qué os pasa! aquí estoy. No he permanecido aquí solo co
— Señor, murmuró Oliverio pasando la mo un lobo por espacio de veinte y cinco
mano por la ventanilla , ¡ esa casa ! años , para que vaya á teneros miedo. Ya me
—Si, y bien, ¿qué hay! Parad, cochero. la pagareis, ya me la pagareis.
¿ Qué casa es esa , hijo mio ! Y así diciendo , el horrible jorobado co
—Los ladrones la casa donde me traje menzó á lanzar gritos salvajes, dando en el
ron, dijo en voz baja Oliverio. suelo furiosas patadas.
—¡ Diablo ! exclamó el doctor ; abrid la por — Estoy haciendo un papel ridículo, pensó
tezuela. para sí el doctor. Es preciso que ese mucha
Pero antes que el cochero tuviese tiempo cho se haya equivocado Vamos, tomad
de bajar del pescante, el doctor se habia pre esto para vos y encerraos en vuestra casa.
cipitado del coche , y dirigiéndose hácia la Así diciendo , el doctor dió una moneda de
casa , comenzó á golpear la puerta como un plata al jorobado y se encaminó á su coche.
furioso. Siguióle el hombre hasta la portezuela,
— ¡ Ohé! gritó un pequeño y horrible joro profiriendo mil imprecaciones ; pero en el
bado , abriendo tan repentinamente , que el momento que Losborne se volvía hácia el co
doctor estuvo á punto de caer , arrastrado por chero para hablarle, el jorobado dirigió su
su ímpetu ; ¿ qué hay ! vista hácia el interior del coche , y lanzó una
—Lo que hay ! gritó Losborne cogiendo al mirada tan feroz y tan furiosa á Oliverio,
jorobado por el cuello sin reflexionir un ins que este no pudo olvidarla en mucho tiempo,
tante ; lo que hay es muchas cosas , y por lo bien estuviese dormido ó despierto. El joro
pronto un robo. bado continuó sus imprecaciones hasta que el
—Cuidado no haya alguna otra cosa , una cochero estuvo en el pescante, y cuando nues
150 OLIVERIO TWIST.
tros viajeros se pusieron en camino, pudieron Pero ¡ ay ! en la casa blanca no habitaba
verle aun detrás de si a cierta distancia , dan nadie , y veiase en la puerta un gran cartelon
do patadas en tierra y mesándose los cabellos, que decia: Para alquilar.
en un trasporte de locura furiosa , fingida ó —Llamad á la puerta inmediata , dijo el
verdadera. doctor cogiendo del brazo á Oliverio.
—Soy un asno, dijo el doctor despues de Y dirigiéndose á una muchacha preguntó :
un prolongado silencio ; i sabiais eso , Olive- —i Sabreis dónde se halla el señor Brun
riol low , que vivia aquí al lado?
—No señor. La criada lo ignoraba ; pero fué á infor
—Entonces no lo olvideis para otra vez marse y volvió á decir que el 3eñor Brunlow,
Un asno , repitió el doctor despues de un despues de venderlo todo , habia marchado
nuevo silencio de «lgunos minutos. Aun cuan hacia seis semanas á las Indias Orientales. Al
do esa casa hubiera sido la que creia y se ha oir esto Oliverio se retorció las manos y es
llasen en ella los bandidos, ¿ qué podia hacer tuvo á punto de caer sin sentido.
yo solo ! Y aun en el caso de recibir socorro, — i Se ha marchado tambien el ama de go
¡qué podria haber resultado para mi sino con bierno ! preguntó Losborne despues de un
fusion y trastorno ! No importa , hubiera re momento de silencio.
cibido una buena leccion para enseñarme á . —Sí señor, contestó la criada , y con ellos
no meterme en enredos por seguir mi primer se ha ido también un amigo del señor Brun
impulso sin reflexionar. low.
El hecho es que el buen doctor no habia —Entonces volved á casa , dijo Losborne
dejado nunca de seguir su primer impulso, y al cochero , y no os entretengais en refrescar
prueba de que esto era lo mejor que podía vuestros caballos antes que hayamos salido de
hacer, es que, lejos de atraerse por ello dis este maldito Londres.
gustos ó compromisos, Losborne se habia —Y el librero , señor I dijo Oliverio ; yo
granjeado el respeto y la estimacion de cuan conozco el camino , miradle. Os ruego que
tos le conocian. A decir verdad , . estuvo de vayais á verle ! .
mal humor un minuto ó dos al verse chas — 1 Pobre muchacho ! repuso el doctor;
queado en su esperanza de tener una prueba basta de contrariedades por hoy. Si vamos á
evidente de la veracidad de la historía de casa del librero , acaso nos digan que se ha
Oliverio ; pero bien pronto volvió á su hu muerto , que se le ha quemado la casa ó que
mor acostumbrado, y hallando que las res ha huido. No, vamos en derechura á casa.
puestas de Oliverio eran tan claras y preci Y siguiendo el primer impulso del doctor,
sas como sincero su aspecto , resolvió fiarse volviéronse á casa.
completamente en adelante del pobre mucha Aquella amarga decepcion causó á Oliverio
cho. una pena profunda aun en medio de su feli
Como Oliverio sabia el nombre de la calle cidad , pues muchas veces , mientras estuvo
donde moraba Brunlow , pudieron indicar el enfermo, se habia complacido en pensar lo que
camino al cochero. Apenas el carruaje hubo le dirian el señor Brunlow y la señora Bed-
doblado la esquina de la calle, el corazon de win, y el placer que experimentaria en re
Oliverio comenzó á latir con una violencia que ferirles cuánto le hizo sufrir su separacion y
le sofocaba. cuántas veces se acordó de ellos en sus
—Ahora, hijo mio , t cuál es esa casa 7 pre eternas noches de continuo padecer. La espe
guntó Losborne. ranza de que llegase la hora de explicarse con
— ] Aquella I aquella ! contestó Oliverio ellos y de contarles de qué modo le arrebata
pasando la mano por la ventanilla. ¡ La casa ron, le fortificó y sostuvo en sus últimas prue
blanca ! ¡ Oh ! despachaos ! yo os lo ruego ; bas ; pero el pensar que se habian marchado
me parece que voy a morir á fuerza de tem tan ' lejos llevando consigo la opinion de que
blar. era un impostor y un pillo , le causaba una
—Vamos , vamos , dijo el doctor dándole aguda pena.
un golpecito en el hombro ; vais á verlos al Sin embargo , aquella circunstancia no al
instante , y ellos se alegrarán tambien mucho teró en nada los buenos sentimientos de sus
de encontraros sano y salvo. bienhechores. Al cabo de ctra quincena, cuan
— ¡ Oh ! así lo espero ! exclamó Oliverio ; do el tiempo estuvo bueno y templado , y
han sido tan buenos y tan generosos para mí ! cuando los árboles comenzaron á cubrirse de
El coche continuó rodando y se detuvo al verde follaje , entreabriendo sus pétalos las
fin ; pero tampoco aquella era la casa sino la flores, preparóse la familia á dejar por al
de mas allá. Entonces Oliverio miró á las gunos meses su residencia de Chertsey ; des
ventanas, y lágrimas de alegria surcaron sus pues de haber enviado á casa de un banquero
mejillas. la plata, que tanto excitara la codicia del ju
OLIVERIO TWIST. 151
dio, y encargado á Giles y á otro criado la piedra, sino con modestas sepulturas cubier
guarda de la casa , marcharon al campo , lle tas de musgo y de césped, bajo las cuales
vándose consigo á Oliverio. dormian en paz los ancianos del pueblo. Oli- '
i Quién podría describir el placer , la dicha, verio iba con frecuencia á pasearse por aquel
la paz del alma y la dulce tranquilidad que sitio , y al pensar en la miserable tumba don
experimentó Oliverio, convaleciente, al aspi de reposaba su madre, llenábansele los ojos
rar aquel ambiente embalsamado, al verse en de lágrimas; pero al elevar sus ojos hácia
medio de las verdes colinas y los espesos bos el tranquilo firmamento consolábase con la
ques de la residencia campestre ! ¿ Quién po idea de que habia dejado la tierra por el
drá expresar cómo aquellas dulces y tranqui cielo.
las escenas se graban profundamente en el Era aquel un tiempo feliz ; deslizábanse los
alma de los que han arrastrado una vida mi dias tranquilos y serenos, y pasábanse las
serable en medio del ruido de las grandes noches sin temor. Ya no tenia Oliverio que
ciudades? Hombres que han vivido durante languidecer en una triste prision ni asociarse
largos años de trabajo en calles estrechas y con miserables rateros ; todos sus pensamien
populosas, de las que nunca desearon salir; tos eran risueños. Diariamente , á primera
hombres para los cuales la costumbre era una hora, iba á casa de un anciano de blancos
segunda naturaleza , y que habian llegado á cabellos , que habitaba cerca de la iglesia , el
encariñarse con cada ladrillo, cada piedra de cual le perfeccionaba en la escritura y la lec
las que componían el estrecho limite de sus tura , habIéndole con tal bondad y tomándose
paseos diarios ; hombres en fin, sobre los que tanto interés por él, que Oliverio no sabia
la muerte habia extendido ya su descarnada qué hacer para pagarle tanta bondad. Des
mano, han enmudecido solo al contemplar el pues paseábase con la señora Maylie y Rosa , -
radiante espectáculo de la naturaleza. Tras y las oia hablar de libros , ó bien se sentaba
portados lejos del teatro de sus antiguos pla cerca de ellas en algun sitio protegido por la
ceres y sufrimientos , han comenzado á expe sombra y escuchaba la lectura de la jóven
rimentar de repente una nueva existencia, y hasta que esta dejaba de leer por acercarse la
arrastrándose todos los dias hasta un sitio ri noche.
sueño, cubierto de verdura, evocaron tantos De vuelta á la casa , preparábase á estu
recuerdos solo al contemplar el cielo, las co diar su leccion del dia siguiente , y trabaja
linas, la llanura y las cristalinas aguas, que ba con ardor hasta el anochecer en un cuar-
al fin pudieron bajar á la tumba tan tranqui tito con vistas al jardín. Entonces las señoras
lamente como veian desaparecer el sol en el se iban á dar otro paseo , y él las acompa
horizonte desde su triste ventana algunas ñaba, prestando atento oído á lo que decian,
horas antes. feliz si podia coger una flor que les gustara ,
Los recuerdos que las sencillas escenas deseoso de ir á buscar cualquiera cosa que
campestres despiertan en la imaginacion, no hubiesen olvidado, y anhelando en fin com
son de este mundo , y nada tienen de comun placerlas en todo. Terminado el paseo y lle
con los pensamientos ó las esperanzas terres gada la noche , sentábase la jóven al piano y
tres. Su dulce influencia puede inducirnos á tocaba un aire sentimental ó cantaba con voz
tejer frescas guirnaldas para ornar la tumba dulce y melodiosa alguna cancion antigua del
de los que hemos amado; puede purificar agrado de la anciana. En aquellos momentos
nuestros sentimientos y extinguir en nosotros no se encendian las luces , y Oliverio , senta
la enemistad ó el odio; pero sobre todo des do cerca de la ventana, escuchaba aquella
pierta en el alma la vaga memoria de haber música armoniosa vertiendo lágrimas de fe
se experimentado ya en tiempos remotos licidad.
aquellas sensaciones, y al mismo tiempo nos ! Y los domingos ! ¡ Qué dias tan felices !
hace concebir la idea solemne de un lejano Por la mañana se iba á la iglesia toda rodea
porvenir, del que están desterradas para da de árboles cuyas ramas cubrian las venta
siempre el orgullo y las pasiones del mundo. nas del edificio. Cantaban los pájaros en la
El punto de residencia era magnifico, y espesura , y el aire embalsamado esparcia por
Oliverio, que habia vivido hasta entonces todas partes sus dulces y suaves perfumes.
entre seres degradados, en medio del tumul Las pobres gentes del pueblo, siempre lim
to y de las disputas , creyó entrar en una pias y aseadas , acudian presurosas á rezar, y
llueva existencia. La rosa y la margarita ro hacíanlo tan piadosamente , que mas parecia
deaban las paredes de la casa , crecia la en para ellos un placer que un deber enojoso.
redadera en los troncos de los árboles , y las Aunque el cántico era asaz rústico, pareciale
flores embalsamaban el aira con sus perfu á Oliverio el mas armonioso de cuantos oyó
mes deliciosos. Cerca de allí veiase un peque nunca. Terminada la misa se iban á paseo
ño cementerio, no con grandes sepulcros de para visitar á los aldeanos en sus casitas , y
152 OUVEBIO TWIST.
por la noche leia Oliverio dos ó tres capítulos dor, y levantábase una ligera brisa mas fresca
de la Biblia , y cumplido este deber , sentíase que los otros dias. La señora Maylie estaba
mas orgulloso y feliz que un ministro. Le muy candada , por haber excedido el paseo
vantábase por la mañana á las seis é iba á pa de los límites habituales, y por lo tanto re
searse por los campos para coger flores silves solvieron volver á casa. Bosa despues de qui
tres con las cuales volvia cargado á casa, y tarse el sombrero se puso al piano , y recor
adornaba la mesa á la hora de almorzar , así riendo las teclas con sus dedos durante algu
como tambien las jaulas de los pájaros de la nos momentos , con aire distraido , entonó
señorita Maylie. Hecho esto , ofrecíase por lo una cancion lenta y solemne ; al mismo tiem
regular ir á cumplir algun encargo caritativo, po se la oia suspirar como si llorase.
y cuando no , ocupábase en el jardin bajo la — ¡Querida Bosal exclamó la anciana.
direccion del maestro del pueblo , que era un La jóven no contestó, y siguió tocando mas-
perfecto jardinero , hasta que bajaba la seño aprisa como si la voz de su tia la hubiese dis
rita Bosa, la cual le dirigia mil cumplimien traido de algun pensamiento penoso.
tos por su aplicacion , recompensándole con — Bosa! querida hija! dijo la señora May
una graciosa sonrisa. lie , levantándose precipitadamente é inclinán
Así trascurrieron tres meses; tres meses, dose hácia la jóven. ¿Qué tienes? tu sem
que en la vida de los hombres mas dichosos y blante está bañado de lágrimas. ¿Qué te hace
favorecidos del cielo; no hubieran pasado de sufrir?
ser tres meses de felicidad completa ; pero que —Nada, querida tia , nada , replicó la jó
para Oliverio, despues de una infancia tan ven ; no sé lo que tengo ; no puedo decirlo -r
agitada y tempestuosa , eran la felicidad su pero me siento mal esta noche y
prema. Con la mas noble generosidad por —¿Estás mala, hija mia? interrumpió la
una parte y el reconocimiento mas vivo y mas anciana.
sincero por la otra, no era extraño que al ca — ¡ Oh ! no , no estoy mala ! contestó Bosa,
bo de poco tiempo se hallase Oliverio en com estremeciéndose como si una convulsion mor
pleta intimidad con la anciana y su sobrina, tal se apoderase de ella. Ahora se me pasará^
y que el afecto sin límites que las habia con hacedme el favor de cerrar la ventana.
sagrado su tierno y sensible corazon , fuera Apresuróse Oliverio á cumplir esta órden,
para ellas un motivo de orgullo y una razon y Bosa , haciendo un esfuerzo para recobrar
para quererle : esta era su mejor recompensa. su alegria , se puso á tocar una cosa mas ale
gre ; pero sus dedos se detuvieron sin fuerza
sobre el piano, ocultó el rostro entre sus ma
CAPÍTULO XXXIII. nos, y arrojándose sobre un canapé, dió li
bre curso á las lágrimas que no podia conte
ner.
La felicidad de Oliverio y sus amigos expe — ¡Hija mia! exclamó la anciana estrechán
rimenta wn golpe imprevisto. dola entre sus brazos, jamás te he visto así.
—Yo no queria inquietaros , dijo Bosa, pe
La primavera pasó pronto , y comenzó el ro no he podido evitarlo. Me parece que es
verano. Si hasta entonces habia estado la toy mala, tia.
campiña hermosa, hallábase ahora «n todo Y asi era en efecto. Cuando trajeron luces,
su brillo y desplegaba todas sus riquezas. Los víóse que en el poco tiempo que trascurriera
árboles , antes desnudos , iban cubriéndose desde su vuelta á casa , el brillo de su sem- «
de espeso follaje, ofreciendo á su sombra blante habia desaparecido, poniéndose pálida
agradables sitios desde donde podia contem como el mármol. Su rostro , sin perder nada
plarse todo un paisaje dorado por el sol. Cu de su belleza, estaba sin embargo alterado,
bierta ya la tierra de su manto de vsrdura y en sus ojos , tan dulces de costumbre , veia-
exhalaba á lo léjos los mas suaves perfumes, ss una expresion de vaga inquietud. Un mo
ira la mejor época del año , y respirábase mento despues, tornóse de color de púrpura
por todas partes la alegria. y se extravió su mirada ; luego desapareció
La familia Maylie seguia disfrutando su aquel color como la sombra proyectada por
tranquila existencia , y Oliverio que habia re una nube pasajera, y adquirió de nuevo una
cobrado la fuerza y la salud, se mostraba palidez mortal.
«iempre tan dulce, tan fiel y tan afectuoso Oliverio, que observaba á la anciana con
como cuando los padecimientos habian mina inquietud , notó que se alarmaba ante aque
do sus fuerzas. llos síntomas , y él se alarmó tambien ; mas
Cierta tarde acababan de dar un paseo mas viendo despues que parecia considerarlos co
largo que de costumbre ; el dia habia sido mo ligeros , trató de hacer lo mismo. La se
caluroso, brillaba la luna en todo su esplen- ñora Maylie persuadió á Bosa á que se fuese
*

OLIVERIO TWIST. 153


á la cama , y la jóven, que habia vuelto á re bargo debe ser para nosotros un consuelo en
cobrar la confianzasy parecia bailarse mejor, vez de vina pena , porque el cielo es justo , y
Ies aseguró que estaba segura de despertarse semejantes pérdidas nos demuestran , sin que
á la mañana siguiente con buena salud. de ello quede la menor duda, que hay un
—Espero, señora, dijo Oliverio cuando se mundo mucho mas hermoso que este, y. que
bailó solo con la anciana, que eso no será el camino que á él nos conduce es breve.
nada grave; la señorita no parece bailarse Cúmplase pues la voluntad de Dios !
bien esta noche, pero Oliverio quedó sorprendido al ver que la
La señora Maylie le mandó que no dijese señora Maylie , al pronunciar estas palabras ,
nada, y sentándose en un extremo de la ha dominó de repente su pena , y cesando de llo
bitacion, guardó silencio. Al fin le dijo con rar, mostró la mayor firmeza y energia, sin
voz temblorosa : que esta la abandonara en los dias siguientes,
—Espero que no, Oliverio; he sido feliz ni dejase de llenar sus deberes con la mayor
con ella por espacio de muchos años ! tan fe serenidad. Pero Oliverio era un niño é igno
liz, que acaso haya llegado el momento en raba de cuánto son capaces las almas fuertes
que deba experimentar una desgracia ; mas en semejantes circunstancias. ¡ Cómo podia él
conño en que nada sucederá. saberlo , cuando lo ignoran á veces los mis
—¿Qué desgracia? preguntó Oliverio. mos que tienen esa fuerza de alma!
— El golpe terrible, murmuró la anciana La noche siguiente no hizo mas que aumen
con voz apenas inteligible , de perder á la tar las inquietudes, y al otro dia por la ma
querida hija que ha sido por tanto tiempo mi ñana, justificáronse los pronósticos de la se
consuelo y mi felicidad. ñora Maylie. Rosa se hallaba en el primer
-— ¡Oh! Dios nos libre! exclamó Oliverio. período de una fiebre lenta y peligrosa.
—Así sea , hijo mio , dijo la anciana jun —Es preciso tener actividad, Oliverio; no
tando las manos. debemos dejarnos llevar por un dolor estéril ,
—Supongo que no se debe esperar una dijo la señora Maylie poniendo un dedo sobre
desgracia tan terrible ! dijo Oliverio. Hace sus labios y mirando fijamente al muchacho.
dos horas se hallaba buena. > Necesito que el doctor reciba esta carta al mo
—Ahora se encuentra muy mala , contestó mento, y habrá que llevarla al pueblo, que
la señora Maylie , y estoy segura que aun no dista unas cuatro millas , y desde allí enviar
ba llegado á lo peor. ¡ 0¿ ! Rosa ! mi querida- un parte á Chertsey. En la posada encontra
Rosa! ¿qué haré yo sin ella? reis algun hombre que se encargará de ir, y
La pobre señora se dejó llevar de pensa cuento con vos para asegurarme la marcha
mientos tan desesperados y fué presa de un del mensajero.
dolor tan violento , que Oliverio , dominando Oliverio no contestó nada , demostrando
su propia emocion, se atrevió á dirigirla al tan solo deseos de haberse ido ya.
gunas observaciones , suplicándola encarecida —Hé aquí otra carta, dijo la señora May
mente por el amor de la querida enferma, lie reflexionando un instante ; pero no sé si
que se mostrase mas serena. debo enviarla ahora, ó esperar á que sepa
—Considerad, señora, dijo Oliverio sin po mos definitivamente el estado de Rosa. Si cre
der contener las lágrimas , que se le saltaban yese en una catástrofe no la enviaria.
de los ojos , considerad que, es muy joven —¿ Es tambien para Chertsey , señora? pre
y muy buena. Yo estoy seguro estoy cier guntó Oliverio , impaciente por desempeñar
to completamente cierto de que no mori su comision y alargando su mano temblorosa
rá. Dios no puede permitir que muera tan para coger las cartas.
jóven. —No, contestó la anciana, dándosela ma-
— ¡ Chut! repuso la señora Maylie , ponien quinalmente.
do su, mano sobre la cabeza , de Oliverio ; ra Oliverio leyó las señas y víó que iba diri
zonais como un niño, hijo mio, y aunque lo gida á Enrique Maylie , en el castillo de un
que dec's sea muy natural en vuestra boca, lord.
os engañais completamente. Pero ahora re —¿Quereis que la lleve, señora? preguntó
cuerdo mis deberes, que habia olvidado un Oliverio mirando á la anciana con impacien
instante, Oliverio, y espero que esto se me cia.
perdonará, porque ya soy vieja. He visto —No , prefiero aguardar á mañana , dijo la
bastantes enfermedades y muertes para saber señora Maylie.
qué dolor experimentan los que sobreviven, Y entregando su bolsa á Oliverio, este sa
y sé lo suficiente para conocer que no son lió corriendo.
siempre los mas jóvenes y mejores los que Corrió á través de los campos , donde tra
quedan en este mundo para consuelo de las bajaban á la sazon los segadores y segadoras,
personas que los aman. Esto mismo sin em- y no se detuvo sino para tomar aliento de
154 OLIVEBIO TW1ST.
vez en cuando , durante algunos segundos , el extranjero, retorciéndose los puños y re
hasta llegar cubierto de sudor y polvo á la chinando los dientes, avanzó hácia Oliverio,
plaza del pueblo. como para asestarle un golpe ; pero cayó al
Alli se detuvo y buscó con la vista la po suelo con pesadez , presa de violentas convul
sada, fijándose al fin en una gran casa con siones y echando espumarajos por la boca.
ventanas pintadas de verde, y una muestra Oliverio, despues de contemplar por un ins
en la puerta que decia Al grán Sán Jorge. tante los espantosos gestos de aquel loco ,
Dirigióse á ella Oliverio inmediatamente , y pues tal lo suponia, volvió á entrar en la ca
preguntó á un postilion que estaba á la puer sa para pedir socorro ; y cuando le hubo visto
ta, el cual, enterado de lo que se trataba, trasportar á la posada, echó á correr con to
envióle á un mozo , que á su vez le indicó das sus fuerzas para recuperar el tiempo per
al posadero. Era este un hombron, que lleva dido , pensando con miedo y temor en la ex
ba corbata azul, un sombrero blanco, pan traña fisonomia del desconocido.
talon de paño burdo y botas altas, y hallá Sin embargo , aquel incidente no ocupó mu
base en aquel momento apoyado contra la cho su imaginacion , y al llegar á casa , halló
puerta de la cuadra, con un mondadientes de con que absorber completamente sus pensa
plata en la boca. mientos , alejando de su recuerdo teda pre
Despues de escuchar á Oliverio , dirigióse , ocupacion personal.
sin darse mucha prisa, al mostrador para escri La enfermedad de Rosa Maylie se habia
bir el recibo , en lo cual empleó un buen rato , agravado mucho , y antes de la media noche
y cuando el recibo estuvo corriente fué preciso entró en el delirio. El médico del pueblo no
ensillar el caballo, dando al mensajero el tiem se separaba de su lecho , y á la primera vi
po necesario para equiparse , en lo que se sita, llamó aparte á la señora Maylie para
pasaron aun otros diez minutos muy cumpli declararla que el mal era muy grave , y que
dos. Oliverio , devorado por la impaciencia y se necesitaba casi un milagro para salvar la
la inquietud , hubiera querido montar al mo vida de Rosa.
mento y partir á escape. Por fin , todo estuvo ¡ Cuántas veces, durante aquella noche, se
listo, y una vez entregada la carta al men levantó Oliverio de su cama para deslizarse
sajero , con muchas recomendaciones para de puntillas hasta la estalera , y escuchar si
que se diese prisa, picó aquel espuelas á su salia algun ruido del cuarto de la enferma !
caballo, y partiendo al galope, hallóse bien ! Cuántas veces temblaron sus miembros , cu
pronto á gran distancia del pueblo. briéndose su frente de un sudor frio , al oír
Siempre era algo el tener la seguridad de un ruido cualquiera, que le hacia temer alguna
que se habia enviado á buscar socorro sin pér espantosa desgracia I El fervor de todas las
dida de tiempo. Oliverio, con el corazon mas oraciones que habia rezado, no valia nada
tranquilo , salió del patio de la posada , é iba en comparacion da los votos suplicantes que
á franquear la puerta , cuando tropezó por ca dirigia al cielo para obtener la vida y la salud
sualidad con un hombre de elevada estatura de la hermosa jóven que iba á ser arrebatada
que entraba en aquel momento. por la muerte.
— ¡Ah! exclamó este fijando sus miradas La cruel incertidumbre en que nos halla
en Oliverio y retrocediendo bruscamente. mos, cuando inmóviles al lado de una cama,
¿Qué diablos es esto? vemos pronta á extinguirse la vida de una
— Dispensad , caballero , dijo Oliverio ; persona á quien se quiere con ternura ; los
tengo mucha prisa y no os habia visto. desconsoladores pensamientos que asaltan en
-^¡ Condenacion ! exclamó aquel hombre tonces nuestra mente , que hacen latir nues
en voz baja , contemplando al muchacho con tro corazon, evocando terribles imágenes; el
una mirada siniestra. ¿ Quién lo hubiera creí deseo de hacer alguna cosa para aliviar un
do? ; Si lo redujeran á cenizas, aun saldria sufrimiento , para apartar un peligro contra
de la tumba para ponerse en mi camino ! el cual todos somos impotentes; el abati
—Lo siento mucho, caballero, balbuceó miento, la postracion que produce en nos
Oliverio , intimidado por la feroz mirada del otros el reconocer '^esa impotencia, son tortu
extranjero ; espero que no os habré hecho ras que con nada pueden compararse !
daño. Llegó el dia , y toda la casa se hallaba tris
— ¡Maldicion! murmuró el recien llegado, te y silenciosa : hablábase en voz baja ; veian
presa del mas violento furor y rechinando lo3 se asomar por la puerta de vez en cuando
dientes ; si hubiera tenido valor para decir tan rostros inquietos, y mujeres y niños alejá
solo una palabra , me habria visto libre en banse llorando. Durante aquel dia mortal , j
una sola noche. \ Muerte y condenacion sobre aun á la caida de la tarde, Oliverio paseó
tí, miserable! ¿Qué haces aquí! lentamente el jardín, levantando los ojos á
Al pronunciar estas palabras incoherentes, cada instante hácia la ventana de la enferma ,
OLIVERIO TWIST. 1S5
y estremeciéndose al pensar que desaparece sus consecuencias , hagamos el bien cuando
ría la luz que la iluminaba apenas la muerte aun es tiempo.
se cerniese sobre aquella casa. A una hora Al volverá casa, la señora MayHe estaba
avanzada de la noche , llegó Losborne. sentada en el saloñeito. Estremecióse Oliverio
—Cruel es decirlo, murmuró el buen doc al verla, y como no se apartaba nunca de la
tor ; tan jóven y tan querida pero no cama de su sobrina, tembló al pensar qué
hay esperanza. cambio podría haberla alejado.. Entonces su
Al dia siguiente amaneció el sol tan radian po que Rosa estaba sumida en un profundo
te como si no fuera á iluminar desgracias y sueño, del que no se despertaria sino para
sufrimientos. En tanto que las flores se os restablecerse y dormir , ó para darles el últi
tentaban con todo el brillo de sus colores , mo adios y espirar.
respirando todo vida, salud y alegria, la po Sentóse pues , con el oido alerta y sin atre
bre Rosa estaba muñéndose por momentos. verse á decir palabra por espacio de muchas
Arrastróse Oliverio hasta el viejo cementerio, horas. Sirvieron la comida ; pero ni Oliverio
y sentándose en una de las tumbas lloró en ni la señora Maylie pudieron tocarla, y con
silencio. la vista fija distraidamente siguieron el sol,
Ostentábase la naturaleza tan bella y tran que desaparecia poco á poco en el horizonte,
y que acabó por proyectar sobre el cielo y la
quila, tenia tanto brillo y encanto el paisaje, tierra esas tintas brillantes que anuncian su
dorado por el sol , era tan dulce y armonioso puesta. Su oido, atento al menor rumor, re
el canto de los pájaros, y respirábase en fin conoció los pasos de una persona que se acer
tanta vida y alegria , que cuando Oliverio al caba, y ambos se lanzaron instintivamente á
zó sus ojos enrojecidos por las lágrimas para la puerta al entrar el doctor.
mirar á su alrededor , ocurrióle la idea de que — ¿Qué noticias traeis ! dijo la anciana.
con semejante tiempo no se podia morir, que ! Hablad pronto ! Yo no puedo vivir en esta
Rosa no moriria estando la naturaleza tan ale incertidumbre. ¡ Decidlo todo con franqueza !
gre y risueña, y que la tumba en fin conve i Oh! hablad en nombre del cielo !
nia mas bien al invierno con sus nieves , que — Calmaos, repuso el doctor sosteniéndola
no al verano con sus perfumes. Casi estuvo en sus brazos ; calmaos , querida señora , yo
tentado á creer que el sudario no envolvia os lo ruego.
nanea mas que á las personas ancianas, sin —¡Dejadme ir en nombre del cielo ! excla
poder ocultar jamás bajo sus fúnebres plie mó la señora Maylie con voz moribunda;
gues la hermosura , la gracia y la juventud. j querida hija mía ! ha muerto ! está perdida !
Una lúgubre campanada le distrajo de sus — ¡No! dijo con viveza el doctor; Dios es
tristes reflexiones, y á los pocos minutos oyó bueno y misericordioso , y vivirá para hace
otra: era el toque de difuntos. Un grupo de ros aun feliz.
humildes aldeanos franqueó la puerta del ce La señora Maylie cayó de rodillas, y trató
menterio ; todos llevaban cintas blancas , pues de juntar las manos; pero la energia que la
la muerta era una jóven , y se descubrieron habia sostenido tanto tiempo , se elevó al cielo
al llegar junto á una fosa. Entre los que llo con su primera acción de gracias , y cayó des
raban habia una madre... una madre que ya vanecida en los brazos amigos que se adelan
habia dejado de serlo ! Y sin embargo, mos taron para recibiría.
trábase el sol siempre radiante y los pájaros
seguian cantando.
Oliverio volvió á, casa pensando en todos CAPITULO XXXIV.
los favores que habia recibido de la jóven en
ferma, y haciendo votos para que se le pre Detalles preliminares sobre un jóven perso^-
sentase una ocasion de mostrar cuán grande naje que aparece en escena. —Aventura de
era su agradecimiento. Nada tenia que echar Oliverio.
se en cara respecto á negligencia ú olvido por
su parte , y sin embargo pareciale aun que en Aquella era demasiada felicidad en un ins
ciertas ocasiones podia haber mostrado mas tante. Oliverio quedó estupefacto al oir tan
celo. Deberiamos siempre arreglar nuestra inesperada noticia , y sin poder hablar ni llo
conducta con la de aquellos que nos rodean, rar , apenas comprendia lo que acababa de
pues cada muerte recuerda á los que sobre pasarle. Paseóse durante largo tiempo por la
viven que han omitido muchas cosas y he tarde, y al fin pudo deshacerse en lágrimas,
cho muy poco , y esto produce uno de los dándose cuenta del feliz cambio que se habia
mas amargos remordimientos que se puedan producido , y que le libertaba de la insopor
experimentar. No hay ninguno mas agudo table agonfa cuyo peso destrozaba su cora
que el que es inútil , y si queremos evitar zon.
156 OLIVES! TWIST.
Era ya muy entrada la ncehe cuando se di tribo del.coche , con los codos apoyados sobre
rigió á casa cargado con las flores que habia las rodillas, y se limpiaba los ojos con un
recogido para adornar el cuarto de la enfer pañuelo de algodon azul y blanco. La emo
ma. Al subir el camino con pa6o ligero , oyó cion de aquel digno servidor no era fingida, á
tras sí el ruido de un coche , y volviéndose de juzgar por lo encarnados que tenia los ojos
pionto vid una silla de posta que iba á esca al mirar al jóven , que se habia vuelto hácia
pe. Como el sendero era estrecho , y los ca él para hablarle.
ballos volaban, colocóse junto á una puerta — Creo, Giles, dijo, que será mejor que
para dejarlos pasar. permanezcais en la silla de posta hasta llegar
Por aprisa que cruzase la silla de posta, a casa de mi madre. Yo prefiero andar un
pudo ver Oliverio que dentro de ella iba un poco para reponerme antes de verla. Decid que
individuo con gorro de algodon cuyas faccio ya llego^
nes no le eran desconocidas , pero á quien no — Dispensadme, señor Enrique, dijo Giles
tuvo tiempo de reconocer. Un momento des limpiándose con su pañuelo ; pero si quisie
pues , el gorro de algodon asomó por la por rais dar al postilion ese encargo , os lo agra
tezuela y una voz estentórea mandó al posti deceria mucho. No es conveniente que los
lion detenerse. críados me vean así, pues entonces ya no»
— 1 Aquí ! gritó Ta misma voz llamando á volveria á tener ninguna autoridad sobre
Oliverio por su nombre; aquí, Oliverio; ¿qué ellos.
noticias tenemos ! La señorita Rosa — Bien, dijo Enrique Maylie sonriendo ; ha
— ¡Sois vos, señor Giles ! gritó Oliverio ced como querais. Si lo preferís venid ron
corriendo hácia la silla de posta. nosotros; pero quitaos ese gorro de lana,
Giles dejó ver otra vez su gorro de algo- porque sino van á tomarnos por una masca
don , é iba á contestar cuando sintió tirarse rada.
del brazo por un jóven que ocupaba el otro Giles, recordando su extraño traje , se qui
lado de la silla, y que preguntó con viveza tó el gorro y se puso un sombrero , que sacó
cuáles eran las noticias. del carruaje. Hecho e6to marchóse el posti
—En una palabra, dijo, ¿esta mejor ó llon, y Giles, Maylie y Oliverio siguieron an
peor ! dancio sin apresurarse.
—Mejor mucho mejor, se apresuró á Oliverio dirigia de vez en cuando una fur
contestar Oliverio. tiva mirada al recien venido. Era un jóven
— ¡Dios sea loado ! exclamó el jóven; ¿es- como de veinte y cinco años , de. estatura re
tais seguro de ello! gular, semblante hermoso y franca expresion.
— Completamente , señor, dijo el mucha Su buen aspecto y elegante traje, prevenian
cho. Solo hace algunas horas que se ha de desde luego en su favor.
clarado la mejoria , y el doctor dice que ha A pesar de la distancia que separa á la ju
pasado todo peligro. ventud de la edad madura , pareciase de una
El jóven, sin añadir una palabra, abrió la manera tan notable á la anciana , que no cos
portezuela, lanzóse de la silla , y cogiendo tó mucho á Oliverio adivinar su parentesco,
del brazo á Oliverio, le atrajo hácia sí. aun cuando el jóven no hubiera ya hablado
— ¿Es cierto lo que me dices, hijo miof de ella como de su madre.
preguntó con voz temblorosa, ¿ No habrá al La señora Maylie estaba impaciente por ver
gun error por tu parte ! No me engañes , ha á su hijo , cuando este llegó á la casa , y la
ciéndome concebir una esperanza que acaso entrevista no tuvo lugar sin gran emocion por
no se realice. una parte y otra.
—Yo no haria eso por nada del mundo, se —! Oh l madre mia! dijo en voz baja el jó
ñor, contestó Oliverio; y os aseguro que po ven; i por qué no haberme escrito antes !
deis creerme. El doctor ha dicho claramente —Ya lo hice, repuso la señora Maylie; mas
que viviria aun muchos años para la felicidad despues de reflexionar, parecióme mas opor
de todos: yo mismo lo he oido. tuno no enviar la carta hasta saber la opinion
Y al decir estas palabras, llenáronse de lá del doctor.
grimas los ojos de Oliveiio, recordando la es - —Pero, dijo el jóven , ¡porqué exponerse
cena que habia causado tanta felicidad ; y el k semejante alternativa! Si Rosa hubiera
jóven volviendo la cabeza , guardó silencio no puedo concluir la frase. Si esa enfermedad
algunos instantes. se hubiese terminado de otro modo, ¡hubie
Mas de una vez Oliverio creyó oírle sollo rais podido consolaros nunca de ese retraso ,
zar , pero no quiso importunarle con nuevas ni encontrado yo jamás un momento de feli
palabras , y se mantuvo callado fingiendo cidad?
ocuparse de su ramo de flores. —Si semejante desgracia hubiese ocurrido >
Entretanto Giles se habia sentado en el es- Enrique , dijo la señora Maylie , creo quü
OLIVERIO TW1ST. 157
quizás se habriá destruido vuestra felicidad, cidad de vuestro hijo, que en tan poco pare
y que vuestra llegada aquí, un dia antes ó ceis tener.
despues, no seria de gran importancia. —Enrique, por lo mismo que sé lo que va
—¿Por qué ese quizás, madre ! repuso el le un corazon apasionado y leal, quisiera evi
jóven ; aporqué no decir francamente que eso tarle un golpe cruel ; pero me parece que he
es verdad ! Bien sabeis que lo es, madre mia, mos hablado bastante , y aun demasiado , so
y no podeis ignorarlo. bre este punto por ahora.
—Yo sé que Rosa merece bien el amor —Que decida Rosa en todo, interrumpió
mas ardiente y puro que pueda ofrecer el co Enrique ; no creo que vuestra opinion os lle
razon de un hombre , dijo la señora Maylie ; vará hasta el punto de ponerme obstáculos
sé que su carácter afectuoso ~y noble necesita cerca de ella?
una afeccion poco comun, una afeccion pro
funda y verdadera. Si no tuviese esta convic —No, dijo la señora Maylie; pero deseo
cion, si no supiera que la inconstancia del que reflexioneis.
hombre á quien ella amase, destrozaria su —Ya lo he reflexionado todo . contestó
corazon , creo que mi mision 'no fuera muy Enrique con viveza , y hace ya años que no
difícil de cumplir , y no habria lucha en mi hago mas que reflexionar desde que tengo
alma para seguir en mi conducta lo que pare uso de razon. Mis ideas son inflexibles y lo
ce la línea rigurosa del deber. serán siempre ; i á qué diferir entonces la de
—Me juzgais mal , madre mia , dijo Enri claracion con nuevos retrasos que me hacen
que; ¿creeis que sea bastante niño para no padecer y no pueden servir de nada? ¡ No !
conocerme á mí mismo , y para engañarme antes de mi marcha es preciso que me en
respecto á los impulsos de mi corazon ! tienda con Rosa. ■
—Yo creo, querido hijo, replicó la anciana —Ella os oirá , dijo la señora Maylie.
poniéndole la mano sobre el hombro , que la —Hay en el tono con que me decís eso,
juventud siente impulsos generosos, que no madre mia, cierta cosa que parece indicar
son duraderos , y no es raro encontrar jóve que me escuchará con frialdad , dijo el jóven
nes cuyo ardor no resiste á la posesion de lo con aire inquieto.
que mas habian deseado. Creo sobre todo , —No , nada de eso , contestó la anciana.
añadió mirando á su hijo , que si un jóven —¡Cómo! exclamó Enrique ; ¿tendrá acaso
entusiasta y ambicioso se enlaza con una mu otra inclinacion!
jer, cuyo nombre lleve una mancha, no por —No, ciertamente , repuso la anciana, pues
falta deesa mujer, sino una de esas manchas ella os profesa, si no me engaño, mucho afec
que el grosero vulgo puede echar en cara lo to. Hé aquí lo que queria decir, continuó la
mismo al padre que á los hijos ; creo que señora Maylie deteniendo á su hijo, que iba
puede suceder que ese hombre , por bueno y 6. contestar. Antes de entregaros por comple
generoso que sea , se arrepienta un dia de los to á esa idea ; antes de dejaros llevar sin re
lazos que contrajo en su juventud, teniendo serva poruña esperanza, reflexionad por ins
sa mujer la pena y el suplicio de arrepentirse tantes, querido hijo, en honor de Rosa, yjuz-
de ello. gad qué influencia puede ejercer en su de
—Madre mia, repuso el jóven con impa cision el conocer su nacimiento misterioso,
ciencia , ese hombre seria un egoísta brutal, sobre todo habiéndose consagrado á nosotros
indigno de llamarse hombre, indigno sobre con todo el ardor de su noble alma, y con
todo de la mujer de quien hablais. ese espíritu de abnegacion completa , que ha
—Ahora pensais así , Enrique , replicó la sido en todas circunstancias el fondo mismo
anciana. de su carácter.
—Y pensaré siempre lo mismo ; los tor — iQué quereis decir con eso!
mentos que he sufrido en estos dos últimos —Os dejo el trabajo de adivinarlo , contes
dias, me hacen confesar con sinceridad una tó la anciana ; ahora voy á ver á Rosa, ¡ Que
pasion, que sabeis muy bien no nació ayer Dios os proteja !
ni ha sido inspirada ligeramente. Rosa, esa — i Os veré esta noche! dijo el jóven.
dulce y hermosa niña , posee mi corazon como —Unos instantes ; cuando pueda dejar á
jamás mujer alguna ha poseido el corazon de Rosa.
un hombre. Yo no tengo un pensamiento, un —Decidle que estoy aquí , dijo Enrique.
proyecto ó una esperanza de que no sea ella — Ciertamente, contestó la anciana.
el objeto ; y si os oponeis á mis deseos, será —Y decidle tambien cuánta es mi angus
lo mismo que arrancarme la felicidad de las tia, cuánto he sufrido , y lo mucho que deseo
manos para hacerla pedazos y arrojarlos al verla ¿ No me rehusareis esto , madre
viento Tened mejor opinion de mí, ma mia!
dre mia, y no mireis con indiferencia la feli- —No, todo lo sabrá.
158 OLIVERIO TWIST.
Y estrechando afectuosamente la mano de resantes como todas las observaciones que se
su hijo , la anciana salió presurosa. hacen en la vida de los grandes hombres.
El doctor y Oliverio habian permanecido El resto de la tarde se pasó alegremente en
al otro extremo del cuarto durante esta rápi casa de la señora Maylie, pues el doctor es
da conversacion. El primero dió entonces la taba de broma, y aunque Enrique se hallase
mano á Enrique Maylie , cambiando los mas inquieto y fatigado -no pudo resistir al buen
corteses saludos, despues de lo cual, para con humor del digno Losborne que dijo mil chis
testar á las multiplicadas preguntas de su jó- tes salpicados con algunas aventuras de su
ven amigo , el doctor entró en detalles preci juventud. Oliverio oyó cosas tan raras, que
sos sobre la situacion de la enferma, confir no pudo contener la risa, con gran satisfac
mando las buenas noticias anunciadas por Oli cion del doctor, que reia él mismo á carca
verio, y que Giles, fingiendo arreglar lo3 jadas , las cuales acabaron por contagiar á
equipajes, escuchó con la mayor atencion. Enrique Maylie , quien se dejó llevar tambien
— ¿Habeis disparado algun buen tiro , Gi de la risa. Pasóse pues el tiempo tan alegre
les ! preguntó el doctor cuando hubo con mente como era posible en aquellas circuns
cluido. tancias , y era ya muy tarde cuando todos se
—No señor, contestó Giles íuborizándose separaron para entregarse al reposo , del que
hasta las orejas. tenian mucha necesidad despues de las an
—¿No habeis cogido ningun ladron, ni pro gustias y cruel incertidumbre que experimen
bado la identidad de algun bandido? replicó taran poco antes.
maliciosamente el doctor. Al dia siguiente por la mañana , levantóse
—No señor, contestó Giles con gravedad. Oliverio muy contento y concluyó sus acos
—Tanto peor, dijo Losborne , porque lo tumbradas ocupaciones con una satisfaccion y
haceis á las mil maravillas, i Cómo está Brit» un placer que no habia sentido en muchos
les! dias. Los pájaros seguian cantando en sus ni
— Muy bien, señor, dijo Giles volviendo á dos, y las mas hermosas flores del campo, re
su tono habitual de proteccion ; y me ha da cogidas por manos de Oliverio, compusieron
do para vos sus mas respetuosas expresiones. un nuevo ramo cuyo brillo y perfume debian
—Bueno , repuso el doctor ; vuestra pre encantar á Rosa. La tristeza de los dias ante
sencia me hace recordar , señor Giles, que la riores desapareció como por encanto. Pareció
víspera del dia en que fui llamado aquí tan le á Oliverio que el rocío brillaba mas que
bruscamente , cumplí , á peticion de vuestra otras veces , que el viento agitaba las hojas con
señora, un encargo que no os desagradará. una armonia mas dulce , y que el color del
Venid y os diré dos palabras. cielo era mas puro. Tal es la influencia que
ejercen los pensamientos que nos ocupan so
• Giles siguió al doctor al extremo de la ha bre el aspecto del mundo |exterior. Los hom
bitacion, con aire de importancia pero un bres que al contemplar la naturaleza y sus
poco admirado , y tuvo el honor de conversar semejantes exclaman que solo hay tinieblas y
con él un rato en voz baja, despues de lo tristeza, no se equivocan del todo; pero ese
cual hizo los mas profundos saludos, retirán sombrío colorido con que revisten los objetos,
dose con aire majestuoso. no es roas que el reflejo de sus ojos y de sus
El asunto de aquella entrevista no se divul corazones , falseados igualmente por la me
gó en el salon, pero se supo en la cocina al lancolia que altera sus colores naturales : las
instante. El buen Giles fué á ella directamen verdaderas tintas son muy delicadas y solo
te, y mandando que le sirviesen cerveza, pueden apreciarse por un espíritu sereno.
anunció con aire enfático, que la señoia, te Debe advertirse que los paseos matinales
niendo en cuenta su valerosa conducta cuan de Oliverio no fueron ya solitarios. Enrique
do la tentativa de fractura , se habia dignado Maylie , desde el primer dia en que vid al
imponer para él 25 libras esterlinas en la ca chico entrar en la casa con un gran ramo , se
ja de ahorros. apasionó de tal modo por las flores y las dis
Los criados elevaron las manos y los ojos al puso con tanto gusto, que dejó muy atrás á
cielo, diciendo que el señor Giles iba á estar su jóven compañero. Pero si en este punto
muy orgulloso; pero este contestó, que no es no merecia Oliverio sino el segundo lugar,
perasen tal cosa , y que por el contrario , esti en cambio, él sabia mejor donde encontrar las
maria que cuando se mostrara altanero con sus flores , y todas las mañanas recorrian ambos
inferiores , se lo advirtiesen así. Despues de es jóvenes los campos, recogiendo las mas her
to, el buen Giles hizo muchas observaciones niosas. En la ventana del cuarto de la enfer
no menos honoríficas para sus sentimientos de ma, constantemente abierta para que se reno
humildad, que fueron recibidas con aplauso y vase el aire, y pudiera aquella aspirar el pu
entusiasmo, pues eran tan originales é inte- ro ambiente, veíase siempre en un vaso lleno
OLITBBIO TWIST. , 159
de agua un ramo particular cuyas flores se rabIe fenómeno de ese momentáneo sopor. Es
mudaban todas las mañanas. Oliverio no pu indudable que si bien los sentidos de la vista
do menos de observar que nunca se arrojaban y del tacto se hallan entonces paralizados,
las flores marchitas, despues de haber sido nuestros sueños y las extrañas escenas que se
reemplazadas por otras frescas, y que cada ofrecen á nuestra imaginacion , experimentan
vez que el doctor iba aljardin, dirigia inva la influencia material de la presencia silencio
riablemente la vista hácia el vaso de flores, sa de cualquier objeto exterior, que no esta
antes de comenzar su paseo matutino, aca ba á nuestro lado en el momento de cerrar
bando por sacudir la cabeza con aire expresi los ojos , y que estábamos muy ajenos de
vo. En medio de estas observaciones , desli creer que estuviese cerca antes de dormir
zábase el tiempo, y Rosa mejoraba con rapi nos. ,
dez. Oliverio sabia perfectamente que se hallaba
Aun cuando no se daban todavia paseos en su cuartito , que sus libros estaban coloca
por la tarde por no hallarse Rosa en estado de dos sobre la mesa , que el aire de la tarde so
salir de su cuarto , no se le hacia á Oliverio plaba dulcemente agitando las flores de su
el tiempo largo , y aprovechábase con el ma ventana, y sin embargo estaba adormecido.
yor celo de las lecciones del anciano que le De repente la escena cambia i cree respirar
instruia. Trabajaba tanto, que él mismo se una atmósfera densa y viciada; siéntese con
sorprendia de sus rápidos progresos ; pero en terror encerrado de nuevo en la casa del ju
medio de sus tareas acontecióle un incidente dío; ve al espantoso viejo sentado en el lu
imprevisto que le aterró. gar de costumbre, señalándole con el dedo y
La pequeña habitacion donde tenia costum hablando en voz baja con otro individuo que
bre de estudiar, daba á un parterre situado se halla á su lado y vuelve la espalda al
detrás de la casa. Era un cuartito con una chico.
ventana con persianas , al rededor de la cual Cree oir al judío decir estas palabras :
crecian el jazmín y la enredadera , exhalando — ¡Chutl ¡chut! amigo mio; él es, no hay
su dulce perfume. Dicha ventana tenia vistas duda alguna : vámonos.
& un jardin que comunicaba por medio de una —\ El ! contesta el otro ; i podria yo acaso
escalera con otro cuartito. equivocarle con otro i Aunque mil diablos to
Mas allá, veiase una magnífica pradera, masen su figura y él se hallase entre ellos,
despues un bcsque, y no habiendo mas casas le reconocerla al instante. Si le enterraran &
por aquel lado perdiase la vista en el hori ' cincuenta piés bajo tierra, sin ninguna señal
zonte. en su tumba , me atreveria á decir : aquí está
En una hermosa tarde , en el momento que enterrado. Estad seguro que no me engaña
las primeras sombras del crepúsculo comen ria.
zaban á cubrir la tierra , hallábase Oliverio Las palabras de aquel hombre respiraban
sentado junto á la ventana de que hemos he tan terrible odio , que el temor, despertando á
cho mencion. Abismado en sus estudios, in Oliverio , le hizo levantarse sobresaltado.
clinase sobre su libro , y como el dia habia si ! Cielos ! ¡ cómo refluyó la sangre á su co
do muy caluroso se quedó poco á poco como razon, dejándole sin voz ni movimiento!
aletargado. Allí , allí , en la ventana , tan cerca de él,
Hay cierto sueño que se apodera á veces que casi hubiera podido tocarle , estaba el ju
de nosotros sin sentirlo , y durante el cual, dío, explorando la habitacion con su mirada
aunque' nuestro cuerpo esté inerte , no pierde de serpiente y fascinando al chico. A su lado,
nuestra alma el santimiento de los objetos que pálido de cólera ó de temor, hallábase el ex
la rodean, conservando la facultad de viajar tranjero de rostro amenazador con quien tro
por donde le place. Si puede darse el nombre pezó en la posada.
de sueño á esta pesadez que agobia, á esta No los vió mas que por espacio de un ins
postracion de fuerzas, á esa incapacidad en tante , rápido como el pensamiento , fugaz co
que nos vemos de dirigir nuestras ideas y mo mo el relámpago ; pero le habian reconocido.
vimientos , diremos que es un sueño en rea Oliverio los conoció tambien , pues sus fisono
lidad. Sin embargo , tenemos entonces la con mías se habian grabado tan profundamente en
ciencia de lo que pasa á nuestro alrededor , y su memoría , como si desde niño se las hubie
aun cuando soñamos, palabras realmente pro sen mostrado esculpidas en mármol. Quedóse
nunciadas, ruidos verdaderos, que se dejan un momento inmóvil, y saltando despues al
oír á nuestro lado , Vienen á mezclarse en jardin, comenzó á gritar con todas sus fuer
nuestras visiones con una oportunidad asom zas : i Socorro ! ¡ socorro !
brosa ; y lo real y lo ficticio se confunden tan
bien, que nos es casi imposible distinguir lo
uno de lo otro. Pero no es este el mas admi-
160 OL1VBBIO TWIST.
—Es preciso que lo hayais soñado, Olive
rio ! dijo Enrique Maylie llamándole aparte.
CAPÍTULO XXXV. —¡ Oh ! no señor , contestó Oliverio , estre
meciéndose al recordar el aspecto del viejo
Desagradable resultado de. la aventura de judio; le he visto demasiado bien para po
Oliverio é interesánte conversacion de En nerlo en duda ; los he visto á los dos tan cla
rique Maylie con Rosa. ramente como os estoy viendo á vos en es
te momento.
Cuando las gentes de la casa , atraidas por — ¿Quién era el otro! preguntaron á la vez
los gritos de Oliverio, acudieron al jardin, Enrique y el doctor.
encontraron al chico pálido y trastornado , se — El mismo hombre que me interpeló tan
ñalando con el dedo las praderas situadas de bruscamente en la posada, replicó Oliverio;
trás de la casa , y pudiendo apenas articular nos miramos fijamente y juraria que era él.
estas palabras: ¡El judío! i el judío! — ¿Y han tomado ese camino! preguntó
Giles no comprendió lo' que aquel grito sig Enrique ; i estais completamente seguro !
nificaba ; pero Enrique Maylie , que era mas — Sí, como lo estoy de que se hallaban en
listo y habia sabido por su madre la historia la ventana, contestó Oliverio, señalando el
de Oliverio, comprendió al momento lo que vallado que separaba el jardin de la pradera;
queria decir. el mas alto saltó por ese mismo sitio, y el ju
— ¿Qué direccion ha tomado ! preguntó ar dio dió algunos pasos corriendo, deslizándose
mándose de un garrote que encontró en un despues por aquella abertura.
rincon. El doctor y Enrique , despues de examinar
—Aquella , contestó Oliverio , señalando la expresion de franqueza que revelaba el
con el dedo el camino que tomaron los dos rostro de Oliverio , cambiaron una mirada y
hombres ; acabo de perderlos de vista en este parecieron satisfechos de la precision de los
momento. detalles. Sin embargo, en ninguna parte se
—Entonces están en el foso, dijo Enrique; encontró la mas leve huella de los fugitivos.
seguidme y no os separeis de mí. La yerba , muy crecida, estaba intacta, en la
Así diciendo dobló el vallado y echó á cor orilla del foso no habia señal alguna, y en
rer con tal rapidez , que apenas pudieron se ninguna parte se halló el menor indicio que
guirle los demás. pudiese revelar que un pié humano hubiera
Giles y Oliverio le iban & los alcances, y al sentado su planta por aquellos sitios en mu
cabo de diez minutos, el buen doctor,.que chas horas.
volvia de dar su paseo , saltando tambien el — ¡ Hé aquí una coáa extraña ! dijo Enrique.
vallado, desplegó una agilidad de que no se —Extraña en verdad, repitió el doctor;
le hubiera creido capaz , y echó á correr en la Blather3 y DuíT en persona hubieran perdido
misma direccion , gritando á voz en cuello la pista.
para preguntar qué ocurria. A pesar del resultado infructuoso de sus
Siguieron pues todos su rápida carrera sin pesquisas, continuáronse estas hasta que la
detenerse un instante para tomar aliento, noche hizo inútil todo esfuerzo , y aun enton
hasta que, habiendo llegado Enrique á un án ces se dejaron con sentimiento. Giles fué en
gulo del campo indicado por Oliverio , comen viado á diversas tabernas del pueblo, provis
zó á registrar cuidadosamente el foso y el to de todos los detalles que pudo dar Olive
cercado vecino , lo cual dió á los demás tiem rio sobre el exterior y traje de los desconoci
po para reunírsele , permitiendo á Oliverio re dos. Al judio sobre todo, era muy fácil que
ferir al doctor las circunstancias que habian se le encontrase bebiendo ó merodeando; pe
motivado aquella encarnizada persecucion. ro Giles volvió sin obtener ningun dato que
Todas las pesquisas fueron inútiles , y ni pudiese disipar ó esclarecer el misterio.
aun se encontraron las huellas de los fugiti Al dia siguiente , nuevas pesquisas , nuevos
vos. Hallábanse entonces en la cumbre de informes; pero sin ningun éxito. Al otro dia,
una colina , desde donde se dominaba la lla Oliverio y Enrique fueron al mercado del
nura en todos sentidos á tres ó cuatro millas pueblo vecino , con la esperanza de averiguar
á la redonda. Veiase á la izquierda gl pueblo, alguna cosa con respecto á los dos individuos,
en un barranco; pero para llegar á él, si mas este paso fué igualmente infructuoso. AI
guiendo la direccion indicada por Oliverio, cabo de algunos dias empezóse á olvidar el
los des hombres tenian que pasar por un lla asunto , como sucede generalmente cuando la
no, al cual no podian haber llegado en tan curiosidad no se alimenta con ningun nuevo
poco tiempo. Por el oteo lado, bordeaba la incidente, y bien pronto nadie volvió á hablar
pradera un espeso bosque ; pero no era posi de ello.
ble se hallasen en él por la misma razon. Entre tanto restableciase Rosa con rapidez;
0LITEE10 TWIST. 161
ya habia dejado su cuarto, podia salir, y.al y la muerte ; ¡ oh ! i quién hubiera creido que
compartir de nuevo la vida de familia, sem iba á permanecer entre nosotros para compar
braba la alegria en todos los corazones. tir las penas y miserías de esta tierra, aque
Pero aunque este feliz cambio ejerciese una lla para quien se abrian ya las puertas de un
influencia visible en el pequeño círculo, y mundo lejano ! Saber , querida Rosa , que
por mas que las conversaciones alegres y las ibais á pasar y desaparecer como una sombra
risas se dejasen de nuevo oir en la casa, no vana , sin ninguna esperanza de conservaros
tábase en algunos , aun en la misma Rosa, para los que sufren aquí abajo; conocer que
cierta reserva particular, que no escapó á la perteneciais á esa brillante esfera hácia la que
penetracion de Oliverio. La señora Maylie y otros seres privilegiados han emprendido ya
su hijo permanecian con frecuencia encerra su temprano vuelo, y sentir en fin vuestra
dos durante horas enteras, y mas de una vez eterna ausencia , son tormentos demasiado
pudo notarse que Rosa habia llorado. Cuando crueles para las fuerzas humanas. Pues bien,
el doctor fijó el dia de su marcha para Chert- , hé ahí lo que yo he sufrido dia y noche, con
sey , aumentaron aquellos síntomas , y fué el indecible temor y el sentimiento egoísta de
evidente que ocurria alguna cosa que turbaba que murieseis sin saber al menos cuánto os
la tranquilidad de Rosa y de alguna otra per adoro y os amo. Era bastante para perder la
sona. razon. Os habeis salvado de la muerte ; de
Por fin , una mañana que se hallaba Rosa dia en dia y aun de hora en hora , recobrais
sola en el comedor, entró Enrique Maylie, y las fuerzas, y se reanima la poca vida que os
no sin alguna vacilacion , pidió permiso para quedaba. Os he visto pasar de la muerte á la
hablarla un momento. vida ; no me digais que hubierais querido que
—Solo necesito hablaros dos palabras , dijo no estuviese aquí, porque esa prueba me ha
el jóven aproximando su silla , y ya sabeis lo hecho mejor. ,
que tengo que deciros. No os son desconoci —No es eso lo que yo queria decir, repli
das las esperanzas de mi corazon , aun cuan có Rosa llorando ; quisiera solo que ahora pu
do no las haya expresado todavia. dieseis continuar una obra cuyo objeto es gran
Rosa se 'habia puesto muy pálida al verle de y noble... un objeto digno de vos.
entrar, pero aquello podia ser efecto de su —No hay objeto mas digno de mí y del
reciente enfermedad. Contentóse con saludar carácter mas elevado , que luchar para mere
le , é inclinándose hácia sus flores , aguardó cer un corazon como él vuestro, dijo Enrique
en silencio á que continuase. tomando la mano de la jóven. Rosa, mi que
—Yo creo... dijo Enrique, que... ya debia rida Rosa , hace años , muchos años que os
haberme marchado. amo , y espero conquistar honores para vol
—Sí, contestó Rosa; dispensadme que os ver orgulloso á vuestro lado á deciros' que no
hable asi; pero quisiera que ya os hubieseis los he buscado sino para compartirlos con vos.
marchado. Preguntábame yo en mis sueños cómo os re
—Me ha traido aquí el mas doloroso, el cordaria en este feliz momento las mil prue
mas cruel de todos los temores, dijo Enrique, bas de fidelidad que os he dado desde la in
el temor de perder la única persona en la fancia, para reclamar en seguida vuestra ma
cual tengo concentrados todos mis deseos, no , en cumplimiento de los mutuos conve
todas mis esperanzas, y que estaba moribun nios concertados entre nosotros hace mucho
da , suspendida entre el cielo y la tierra. To tiempo. El reomento no ha llegado aun ; pero
dos sabemos que cuando la muerte arreba sin conquistar honores , sin haber realizado to
ta á personas jóvenes, hermosas y buenas, davia los sueños ambiciosos de mi juventud,
su alma inmaculada se dirige á la brillante vengo á ofreceros el corazon que os pertene
mansion del eterno reposo ; y no ignoramos ce desde hace tanto tiempo , y á poner mi
que con frecuencia la hermosura y la juven suerte en vuestras manos.
tud son agostadas en flor por la parca fatal. —Vuestra conducta ha sido siempre noble
Abundantes lágrimas surcaron las mejillas y generosa, contestó la jóven dominando su
de la encantadora Rosa al escuchar aquellas emocion , y como sabeis muy bien que no soy
palabras , y al caer una de aquellas en la flor insensible ni ingrata , escuchad mi respuesta.
sobre que se inclinaba, brilló en su cáliz, —Que trate de mereceros ; esa es vuestra
aumentando su belleza. Hubiérase dicho que respuesta, ¿no es verdad, querida Rosal
existia cierto parentesco entre aquellas lágri —12s preciso que trateis de olvidarme , con
mas , rocío de un corazon jóven y puro , y las testó Rosa; no como vuestra fiel amiga, por
mas hermosas creaciones de la naturaleza. que eso me haria sufrir mucho , sino como
—Un ángel , continuó el jóven con acento objeto de vuestro amor. Ved el mundo , con
apasionado, una criatura tan celestial como siderad cuántos corazones encerrará dignos
ios ángeles del cielo, suspensa entre la vida de vos ; cambiad solamente la naturaleza de
TOMO vi. 11
162 OLIVERIO TWIST.
vuestro afecto y seré la mas sincera, la mas vida pública, con grandes talentos y podero-
constante y la mas fiel de vuestras amigas. sos protectores; pero esos protectores son
Hubo un momento de silencio durante el • orgullosos, y yo no me trataré jamás con
cual, Rosa, que tenia medio oculto el sem aquellos que despreciarian la madre que me
blante con una mano , dió libre curso á sus ha dado el ser , así como evitaría atraer des
lágrimas; Enrique estrechaba la otra mano. gracias al hijo de la que ha sido para mí una
—¿Y vuestras razones, Rosal preguntó al segunda madre. En una palabra, continuó
fin el jóven en voz baja; ¿podré preguntar lajóven, volviendo la cabeza para ocultar su
cuáles son vuestras razones para tomar seme pena ; hay en mi nombre una de esas man
jante partido ! chas que el mundo arroja sobre cabezas ino
—Teneis el derecho de conocerlas , contes centes y la cual no quiero compartir con na
tó Rosa , pero nada podeis decir que altere ni die. Yo sola sobrellevaré mi desgracia.
varie mi resolucion. Es un deber que necesi —Una palabra mas , Rosa , mi querida Ro
to cumplir; se lo debo á otros y á mí misma. sa! una sola palabra ! dijo Enrique arrojándo
—i A vos misma! se á sus pies ; si yo no hubiera estado en una
—Sí, Enrique; yo, sin fortuna y sin ami- posicion que el mundo llama feliz ; si con una
fos, con una mancha en mi nombre, no debo existencia pacífica y oscura me encontrase po
ejar al mundo creer que me he aprovechado bre, débil y sin amigos, ¿me hubierais des
bajamente de vuestro primer impulso, para pedido tambien! ¿Es acaso la perspectiva de
destruir con mi enlace las elevadas esperanzas las riquezas y de los honores que me esperan
de vuestro porvenir. Por vos y por vuestra quizás, la que hace nacer en vos esos escrú
familia, á quien tanto debo, me opondré á pulos sobre vuestro nacimiento ?
que en el impulso de vuestra generosidad os —No me obligueis á contestar , replicó Ro
creeis un obstáculo que cortaria vuestra car sa ; esa no es la cuestion , y hariais mal en
rera en el mundo. insistir.
— Si vuestras inclinaciones están de acuer —Si vuestra contestacion es tal como yo la
do con loque llamais vuestro deber... comen espero, repuso Enrique, hará brillar en rni
zó Enrique. vida un rayo de felicidad. ¿ Rehusareis acaso
— No lo están, contestó Rosa ruborizándose. hacer tanto bien, que solo os cuesta algunas
— ¿Entonces participais de mi amor! dijo palabras, al que os ama sobre todas las cosas!
Enrique. Decídmelo así, Rosa; una sola pala ! Oh ! Rosa , en nombre de mi ardiente y du
bra para dulcificar la amargura de este cruel radero afecto , por todo lo que he sufrido por
desengaño. vos, y lo que aun me condenais á sufrir, yo
—Si hubiera podido hacerlo sin enojar al os lo ruego, contestad solamente á esta pre
que amaba , acaso. . . gunta.
—Hubierais recibido esta declaracion de — Pues bien ! exclamó Rosa ; si vuestra
otra manera, dijo Enrique con vi reza ; no posicion hubiese sido otra, si os considerase
me lo oculteis al menos, Rosa. solo un poco superior á mi , pero no tanto, y
—Quizás, repuso Rosa. Pero, veamos! si hubiera podido lisonjearme de ser para vos
añadió desprendiendo su mano de la del jó- un sosten y un apoyo en una vida retirada y
ven ; ¡ é qué prolongar esta penosa conversa tranquila y no en medio de las pompas y va
cion, penosa para mí sobre todo á pesar de nidades del mundo , no me condenaria á esta
la felicidad duradera que me causará su re prueba. Tengo motivos para ser ahora feliz,
cuerdo , puesto que conozco que por ella ocu muy feliz , Enrique ; pero entonces , confieso
paré un lugar honroso en vuestro corazon, que hubiera sido mucho mas feliz aun.
acrecentándose mi valor y firmeza á cada uno Los recuerdos , las esperanzas de otras ve
de vuestros triunfos ! ¡ Adios , Enrique ! ya ces, que habia acariciado por tanto tiempo,
no nos volveremos á encontrar como nos he
mos encontrado hoy; quedemos unidos para llorar, como ásucede
se agolparon la mente de Rosa , y rompió á
siempre que vemos des
mucho tiempo y felizmente por otros lazos vanecerse una esperanza querida.
que los que supone esta conversacion, y ojalá
que las fervientes súplicas de un corazon rec —No puedo triunfar de esta debilidad , que
to y cariñoso , hagan descender sobre vos to me afirma cada vez mas en mi resolucion,
das las bendiciones y favores del cielo ! continuó Rosa ofreciendo á Enrique su mano.
—Una palabra, Rosa, dijo Enrique; de Ahora es preciso separarnos decididamente.
cidme vos misma vuestras razones, y que las — Os pido una promesa , dijo Enrique. Den
oiga yo de vuestra propia boca. tro de un año , ó quizás mucho antes , dejad
—El porvenir que se os ofrece es brillante, me hablaros una sola vez mas sobre este pun
contestó Rosa con firmeza; podeis aspirar á to. Os aseguro que será la última.
todos los honores que pueden alcanzarse en la —No insistais para hacerme cambiar de re-
OLIVERIO TWIST. 163
solución, contestó Rosa con una melancólica mejor condicion para la vida política. Siem
sonrisa. Seria tiempo perdido. pre es bueno estar bien preparado para ob
—No, dijo Enrique; ya me lo repetireis tener el premio de la carrera , ya sea este un
entonces de una manera definitiva. Pondré á destino, una copa ó una gruesa suma.
vuestros piés mi posicion y mi fortuna , y si Enrique Maylie pudo hacer una ó dos ob
persistís en vuestra resolucion , no trataré de servaciones sobre aquel corto diálogo, pero
oponerme á ella ni con acciones ni con pala contentóse con decir :
bras. —Veremos.
—Bien , repuso Rosa , eso será una dolo- A los pocos momentos llevaron la silla de
rosa prueba mas , y aquí trataré de preparar posta hasta la puerta de la casa; Giles co
me para sobrellevarla mejor. menzó á preparar los equipajes, y el buen
Así diciendo, ofrecióle su mano, pero En doctor salió precipitadamente para disponer
rique estrechó á la jóven en sus brazos, é los preparativos de marcha.
imprimiendo un beso sobre su hermosa frente, —Oliverio , dijo Enrique Maylie en voz ba
salió presuroso de la habitacion. ja, tengo que deciros una palabra.
Aproximóse Oliverio á la ventana , obede
ciendo á una seña de Enrique , y quedó muy
CAPÍTULO XXXVI. sorprendido al ver el triste aspecto del jóven.
—Ya os hallais en estado de escribir bien,
Que será muy corto y parecerá de poca im dijo Enrique poniéndole una mano sobre el
portáncia , pero que es preciso leer sin em brazo.
bargo porque completa el ánterior y sirve — Así lo creo, señor, contestó Oliverio.
para la inteligencia de un capítulo que se —Es probable que yo no vuelva aquí en
encontrará en s» lugar. algun tiempo , y deseo que me escribais cada
quince dias , poniendo las señas á la Direc
cion de correos en Londres. ¿Lo hareis asi?
— ¿Con que estais decidido á ser mi compa preguntó Enrique Maylie.
ñero de viaje ! preguntó el doctor al ver en — i Oh ! ciertamente , señor , y estaré muy
trar en la sala á Enrique Maylie. Ya sé que orgulloso de ello , contestó Oliverio , encanta
mudais de parecer á cada momento. do con la comision.
—No me direis eso uno de estos dias, dijo — Deseo tener noticias de mi madre y de
Enrique , que se ruborizó sin razon aparente. Rosa , dijo el jóven , y podreis llenar vuestras
—Confio que no tendré que reprenderos páginas con detalles sobre vuestros paseos y
mas sobre ese particular , contestó Losborne; conversaciones , diciéndome si ella si esas
pero confieso que no esperaba que así sucedie señoras parecen felices y se hallan en buena
se. Anteayer mañana, sin ir mas léjos , ha salud. ¿Me comprendeis?
biais formado el proyecto de permanecer aquí, —Perfectamente, señor, contestó Oliverio.
para acompañar, como buen hijo, á. vuestra —Prefiero que no les digais nada, dijo
madrí á los baños de mar. A medio dia me Enrique recalcando estas palabras , pues en
anunciasteis que ibais á honrarme con vuestra tonces pudiera suceder que mi madre se to
compañia hasta Chertsey , siguiendo despues mase el trabajo de escribirme con mas fre
á Londres, y por la noche me instais miste cuencia, lo cua! seria muy fatigoso para ella.
riosamente para que me marche antes de le Sea esto pues un secreto entre nosotros , y re
vantarse las damas. De aquí resulta que el cordad que deseo saberlo todo. Cuento con
buen Oliverio se halla clavado en su silla en vos.
vez de estar recorriendo las praderas en bus Orgulloso Oliverio con la importancia de
ca de todas las maravillas botánicas á que su comision, prometió ser discreto y explíci
rinde asiduo culto. Eso no está bien hecho; to en sus comunicaciones , y Enrique Maylie
¡no es verdad, Oliverio! se despidió prometiéndole interesarse por él
—Hubiera sentido mucho no hallarme aquí eficazmente y dispensarle su proteccion.
en el momento de vuestra partida y la del El doctor habia subido ya á la silla de pos
señor Maylie , contestó Oliverio. ta ; Giles , que debia quedarse en el campo,
—Hé ahí un buen muchacho, dijo el doc tenia abierta la portezuela ; los criados mira
tor. Vendreis á verme á vuestra vuelta y ha ban desde el jardín, y Enrique dirigiendo
blaremos largamente , Enrique , para que me una rápida ojeada á la ventana que le intere
digais el motivo de vuestra precipitada mar saba , saltó al carruaje.
cha. Supongo que será vuestro deseo de en — ¡En marcha! exclamó; pronto, ¡ á esca
trar en el Parlamento en las elecciones de pe ! necesito eso.
Navidad , y esa vivacidad de humor , esas —¡Hola! replicó el doctor bajando la ven
bruscas transiciones que os distinguen , son la tanilla presuroso y gritando al postilIon ; yo
164 OLIVERIO TWIST.
no tengo empeño en ir á escape, ¿lo oís? Yo Hay cargos sociales, que independientemen"
no necesito eso. te de las ventajas mas sólidas que ofrecen ,
El coche partió ruidosamente , desapare tienen además su valor particular por el traje
ciendo bien pronto entre una nube de polvo. que les corresponde. Un mariscal tiene su uni
Cuando esta se hubo disipado y se perdió de forme , un obispo su sotana de seda , un con
vista la silla , dispersáronse todos los que la sejero su toga , y un bedel su tricornio. Qui
seguian con los ojos. tad al obispo su sotana y al b> del su tricornio
Pero habia una persona que aun miraba, y su traje galoneado ; ¿ qué serán entonces?
fija la vista en el sitio por donde desaparecie Hombres, y nada mas que hombres. La dig
ra el coche. Detrás de la cortinilla blanca, nidad , y á veces la santidad , son cuestiones
que la habia ocultado á la vista de Enrique de traje , y mas de lo que se figuran algunos.
cuando este miró hácia la ventana , hallábase Bumble se habia casado con la señora Cor-
Rosa sentada é inmóvil. ney y era director del asilo de mendicidad ;
—Parece feliz, dijo al fin; yo temia por otro bedel desempeñaba su antiguo cargo , y
algun tiempo que fuese de otro modo , pero habia heredado el tricornio , el traje galonea
me he equivocado. Me alegro mucho, me ale do y el baston.
gro mucho. - — ¡ Decir que mañana se cumplen dos me
La alegria hace llorar como el dolor ; pero ses ! exclamó Bumble lanzando un suspiro.
las lágrimas que bañaban el semblante de Ro Parece que ha pasado un siglo.
sa , mientras se hallaba en la ventana con los Las palabras de Bumble podian significar
ojos fijos en la misma dirección , parecian lá que habia recorrido en el corto espacio de
grimas de dolor mas bien que de alegria. ocho semanas toda una existencia de felici
dad; pero aquel suspiro aquel suspiro
queria decir muchas cosas.
CAPITULO XXXVII. —Me he vendido , continuó Bumble si
guiendo el curso de sus reflexiones , por seis
cucharillas de té, una tenacilla para el azú
Donde el lector , si se refiere al capítulo car, un jarro para la leche, algunos muebles
XXIII, hállará una contraposicion que no de lance y veinte libras esterlinas en moneda
es rara en la historia de los casos huma contante y sonante. Eso es en verdad muy
nos. barato, extraordinariamente barato!
— I Barato ! exclamó una voz agria al oido
de Bumble; pues tened entendido que es mas
Hallábase Bumble sentado en el gabinete de lo que valeis, y que me habeis costado
del asilo de mendicidad , con los ojos fijos en bastante caro. ¡Dios lo sabe!
la chimenea , que atendida la estacion , no Bumble volvió la cabeza y se encontró con
lanzaba mas claridad que la producida por al el rostro de su interesante mitad , la cual, no
gunos pálidos rayos del sol , reflejados en su habiendo oido sino las últimas palabras de su
, fria y brillante superficie. Pendiente del te esposo, se aventuró á soltar aquella, que no
cho veiase una jaula de papel para moscas , á dejaba de ser oportuna.
la cual lanzaba el bedel de vez en cuando — ¡ Señora Bumble! exclamó el ex-bedel
una mirada con aire preocupado, y al ver á con un acento á la vez sentimental y severo.
los insectos revolotear con indiferencia , lanzó —¿Y bien? preguntó la dama.
un profundo suspiro y se entristeció su sem —Tened la bondad de mirarme, dijo Bum
blante. Encontrábase predispuesto á reflexio ble midiéndola con la vista de piés á cabeza.
nar , y acaso el ver las moscas aprisionadas «Si sostiene esta mirada, pensaba Bumble,
le recordaba alguna penosa circunstancia de ya puede sostener otra cualquiera , pues con
su vida. ella nunca dejé de causar efecto en los po
El aire sombrío del bedel no era lo único bres ; si no sucede lo mismo con ella , voy á
que hubiera contribuido á entristecer al es perder mi autoridad por completo.» Pero bien
pectador. Habia otros indicios en aquel perso fuera porque acaso una mirada ordinaria basta
naje , que indicaban un gran cambio en su para intimidar á los pobres, los cuales, aten
posicion. ¿Dónde estaba el traje galoneado y dida la escasez de su alimento , nunca se mues
el famoso tricornio? Vestia aun, es verdad, tran muy valientes , ó ya que la ex señora Cor-
un calzon corto , leviton con grandes faldones ney estuviese á prueba de miradas de águila,
y medias negras; pero aquello no era lo mis es lo cierto que la matrona , léjos de descon
mo aunque se pareciese, y además, iqué di certarse, miró á Bumble con aire desdeñoso
ferencia ! el imponente tricornio habia sido y lanzó una ruidosa carcajada.
reemplazado por un sombrero redondo. El Al oírla, quedóse Bumble estupefacto, sin
buen Bumble no era ya bedel. dar apenas crédito á sus oidos , y volvió á
OLIVERIO TWIST. 165
caer en sus reflexiones , de las que no desper mano , mientras con la otra descargó sobra
tó hasta oir de nuevo la voz de su cara mitad. Bumble una lluvia de golpes con inusitado
—¿ Vais á estaros ahí roncando todo el dia ? vigor y sin igual destreza. Hecho esto , para
preguntó la señora Bumble. variar un poco el ejercicio , arañóle la cara ,
—Estaré aquí el tiempo que me parezca, le arrancó los cabellos , y juzgando con esto
señora , contestó Bumble ; yo no roncaba , pe bastante castigada la ofensa, hízole caer so
ro roncaré , estornudaré , reiré y hablaré tan bre una silla y le desafió á que se atreviese
to como quiera, porque tal es mi prerogativa. aun á hablar de su prerogativa.
—¿Vuestra prerogativa? repitió la señora — ¡ De pié ! dijo despues con tono de auto
Bumble con profundo desden, ridad ; marchad pronto si no quereis que re
—Lo dicho , señora. La prerogativa del curra á los extremos.
hombre es mandar. Bumble se levantó con aire compungido, y
—¿Y cuál es la de la mujer, si os place preguntándose qué entenderia su mujer por
decírmelo? exclamó la viuda Corney. recurrir á los extremos , recogió su sombrero
— ¡ Obedecer ! señora, gritó Bumble con y se dirigió hácia la puerta.
voz de trueno. Si vuestro difunto os lo hubie —¿Dónde vais? preguntó la señora Bum
ra enseñado así , acaso estaría aun en el mun ble.
do; y por mi parte, bien quisiera qae así — Ciertamente, querida mia, ciertamente,
fuese. ¡ Pobre hombre ! contestó Bumble apresurando el paso hácia
Juzgando rápidamente la señora Bumble la puerta ; yo no tenia intencion de- voy ,
que habia llegado el momento crítico, y que querida mia sois tan violenta , que yo
e\ golpe dado en aquel momento para asegu En aquel momento la señora Bumble ade
rar la dominacion del uno 6 del otro seria lantó algunos pasos para extender la alfom
necesariamente decisivo , dejóse caer en una bra , que se habia desarreglado en la lucha ,
silla al oir nombrar á su difunto esposo , ver y entonces lanzóse el ex- bedel fuera de la
tiendo un torrente de lágrimas, y dijo que habitacion sin concluir la frase , dejando á la
Bumble era un hombre brutal y sin corazon. ex-viuda Corney dueña del campo de batalla.
Pero las lágrimas no solian enternecer el Bumble salia asombrado de la zurra que
impermeable corazon del señor Bumble. Así acababa de recibir.
como los sombreros de castor, 4 prueba de Tenia una tendencia natural á echarla de
agua, se embellecen con la lluvia, así su co maton y complaciase en cometer mil peque •
razon , á prueba de lágrimas , adquiria con ñas crueldades , y por consecuencia , ¿ será
estas mas energía y vigor, porque siempre el necesario decirlo? era cobarde. No haoemos
llanto es una señal de debilidad , y le causa esta observacion para echar un borron sobre
ba sumo placer el reconocimiento tácito de su carácter, pues muchas personas que de
su superioridad. sempeñan cargos oficiales , y á quienes se
Miró pues á su cara mitad con aire satisfe respeta y admira , se hallan sujetas á debili
cho , y la rogó llorase todo cuanto pudiera , dades de este género. Si hacemos esta obser
toda vez que aquel ejercicio se consideraba vacion es mas que otra cosa para favorecerle,
por la facultad como muy saludable. y con objeto de dar á conocer al lector cuál
—Eso es cosa que abre los pulmones, lava era su aptitud para las funciones que desem
la cara, ejercita los ojos, y aun dulcifica el peñaba.
carácter, dijo Bumble, y así, ya podeis llorar Pero aun no habian concluido sus humilla
á gusto. ciones • despues de haber dado una vuelta
Así diciendo, Bumble descolgaba su som por el asilo de mendicidad, reflexionando por
brero , se lo ponia de lado con aire maton , la primera vez de su vida , que las leyes de
como hombye orgulloso de haber asegurado los pobres eran demasiado rigurosas , y que
su dominacion de una manera conveniente , los hombres que abandonan á sus mujeres ,
y metiendo las manos en sus bolsillos, diri dejándolas á cargo de la parroquia , no debe
gíase hácia la puerta con aire fanfarron. rían en justicia verse expuestos á ninguna
La ex-viuda Corney habia recurrido á las penalidad, sino recompensados por haber su
lágrimas , porque son de un uso mas có frido mucho tiempo , Bumble se dirigió á una
modo que las vias de hecho ; pero estaba re sala en la que habia por lo regular algunas
suelta á recurrir al último extremo , y Bum pobres ocupadas en lavar la ropa del asilo , y
ble no tardó en experimentarlo. de donde salia el rumor de una conversacion
El primer indicio que tuvo fué un ruido animada.
sordo seguido de la caída de su sombrero , — ¡Hum! murmuró Bumble tomando de
que fué a parar al otro extremo de la habita nuevo su aire de importancia, esas mujeres
cion. La diestra matrona, despues de descu al menos seguirán respetando la prerogativa;
brirle la cabeza , le cogió del cuello con una ¡hola! ¡hola! ¿qué ruido es ese, picaras?
1 66 OLIVERIO TWIST.
Al decir estas palabras , abrió Bumble la delante de varias tabernas, detúvose al fin &
puerta y entró con cierto aire amenazador, la puerta de una , en cuya sala, segun pudo
que se convirtió en humilde al reconocer con asegurarse con una rápida ojeada , no habia
gran sorpresa suya á su esposa en medio del mas que un solitario parroquiano. Como em
grupo. pezara á llover , decidióse á entrar , y mandó
—Querida mia , dijo , no sabia que esta que le sirviesen de beber al pasar por delante
bais aquí. del mostrador.
—¿No lo sabiais? replicó la señora Bum El individuo que habia en la sala era mo
ble. ¿Qué se os ofrece? reno , alto , estaba embozado en una capa , y
—Parecióme que se hablaba aquí demasia parecia extranjero. A juzgar por su aire de
do para trabajar como conviene , querida mia, cansancio y el polvo que cubría su ropa , era
dijo Bumble , dirigiendo una mirada distraida de presumir que acababa de hacer un largo
á las viejas ocupadas en lavar, y que se co viaje. Al ver entrar á Bumble, dignóse apenas
municaban su admiracion al ver el aire hu contestar á su saludo con una ligera inclina
milde del director del asilo. cion de cabeza.
—¿Os parecia que se hablaba mucho? pre Suponiendo que el extranjero se hubiese
guntó la señora Bumble. ¿Acaso os importa mostrado menos cortés, Bumble tenia digni
eso? . dad por dos ; bebióse su cerveza y comenzó
— Pero, querida mia repuso Bumble á leer el periódico con aspecto grave é impo
con aire sumiso. nente.
—¿Os importa algo eso? preguntó de nue Sucedió sin embargo como sucede con
vo la señora Bumble. frecuencia cuando se encuentra un compañe
— Es verdad, querida mia; sois el ama, ro en semejantes circunstancias , que Bumble
pero yo pensé que no estariais aquí. comenzó á mirar de vez en cuando al extran
— Oid, señor Bumble, contestó la matro jero; pero cada vez que lo hacia, apartaba
na, aquí no haceis falta, y veo que sois muy los ojos con cierta confusion , al ver fijos en
aficionado á meteros en lo que no os importa. él los del extranjero. Lo que aumentaba aun
Todo el mundo se burla aqui de vos en cuan mas la torpe timidez de Bumble , era la nota
to volveis la espalda , y á todas horas del dia ble expresion de la mirada de rquel indivi
estais dando lugar á que os llamen imbécil. duo. Sus ojos vivos y penetrantes revelaban
¡ Vamos , salid ! la desconfianza.
Observando Bumble con creciente pena , Despues que sus miradas se hubieron en
que las pobres se burlaban á cual mas, vaci contrado varias veces, el extranjero, con voz
ló un instante ; pero la señora Bumble , cuya breve y dura rompió el silencio.
impaciencia no admitia espera, cogió una va —¿Me buscabais por ventura, cuando os
sija llena de agua de jabon , y señalándole la acercasteis á la ventana? preguntó.
puerta , le intimó que saliese al momento si —Me parece que no ; á menos que no seais
no queria recibir el líquido sobre su majes el señor
tuosa persona. Aquí se detuvo Bumble porque deseaba co
¿Qué podia hacer Bumble? Dirigió á su nocer el nombre de su interlocutor, y creyó
alrededor una mirada abatida y salió ; pero al en su impaciencia que este concluiría la frase.
franquear la puerta, estallaren ruidosamente —Veo que no , dijo el desconocido con cier
las carcajadas contenidas de las pobres. ¡No ta ironia, pues de otro modo sabríais mi nom
le faltaba mas que esto! Veiase deshonrado bre ; y como lo ignorais , os aconsejo quj-no
á sus ojos, y, perdida ya su autoridad, habia trateis de averiguarlo.
caido desde la cúspide de las sublimes funcio — Yo no os deseo ningun mal, joven, ob
nes de bedel hasta el fondo de un abismo de servó Bumble con tono majestuoso.
humillacion. — No me habeis hecho ninguno, replicó el
— ¡Todo eso en des meses ! murmuró Bum extranjero.
ble, dominado por las mas lúgubres ideas ; Hubo una pausa despues de este corto diá
¡ dos meses ! Solo hace dos meses que era logo y el desconocido volvió á tomar la pa
yo dueño , no solo de mi persona , sino de labra.
todo aquel que tuviese algo que ver con el —Creo haberos visto ya otra vez , dijo ; lle
asilo parroquial; y ahora ! vabais otro traje , y aunque no hice mas que
Esto era demasiado. Bumble dió un bofe pasar á vuestro lado , os vuelvo á reconocer.
ton al muchacho que le abrió la puerta de sa ¿No erais bedel?
lida , y siempre pensativo , lanzóse á la calle. — Si, contestó Bumble un poco sorprendi
Recorrió una calle y otra calle hasta que do; bedel parroquial.
el ejercicio hubo calmado la primera explo —Eso es, repuso el extranjero moviendo
sion de su pena, y despues de pasar por la cabeza; y ¿qué haceis ahora?
OLIVERIO TWIST. 167
—Soy director del asilo de mendicidad, —1 Bueno !
contestó Bumble con lentitud , y recalcando —Es de noche.
las palabras para reprimir el tono de familia —Sí.
ridad que parecia tomar el extranjero. Direc —En cuanto al sitio de la escena , era el
tor del asilo de mendicidad, joven. espantoso lugar donde mujeres miserables van
—¿Supongo que cuidareis ahora, tanto co á dar la vida y la salud , de que muchas ve
mo antes, vuestros intereses? replicó el des ces carecen ellas mismas... poniendo en el
conocido fijando en Bumble una mirada pe mundo niños naturales destinados á ser la
netrante. No vacileis en contestarme con fran carga de la parroquia , y muchas veces á ocul
queza , buen hombre , pues ya veis que os tar su vergüenza en la tumba !
conozco bien. —Supongo quereis hablar de la sala de par
—Creo , contestó Bumble poniendo una tos , dijo Bumble.
mano al lado de los ojos y examinando al ex —Sí, repuso el extranjero, allí nació un
tranjero de piés á cabeza con visible inquie chico.
tud; creo que un hombre casado, lo mismo —Muchos, podeis decir, observó Bumble
que un célibe , se alegra de ganar honrada encogiéndose de hombros, como juzgando el
mente un penique cuando puede. Los funcio dato muy vago.
narios 'parroquiales no están tan bien paga —! Vayan al diablo todos esos chicos ! ex
dos, que puedan rehusar un sobresueldo, clamó el desconocido con impaciencia. Yo ha
tratándose de adquirirlo de una manera de blo de uno delicado y pálido , que fué apren
corosa. diz de un fabricante de ataudes que vive
Sonrió el extranjero é hizo un mdvimiento aquí cerca , y segun creo se escapó despues á
con la cabeza como para decir : «Ya veis que Londres. ¡Ojalá estuviera enterrado en lo mas
no me engañaba.» profundo de la tierra !
Y llamando al mozo , le dijo , alargando el — ! Ah! hablais de Oliverio... del pequeño
vaso de Bumble : Twist , repuso Bumble ; ya me acuerdo ; no
—Llenadlo de algo que sea fuerte y valien habia un galopín mas testarudo.
te. ¿No es así como os gusta, caballero? —No es de él de quien quiero que me ha
—No muy fuerte , contestó Bumble tosien bleis , que bastante he oido ya , replicó ei ex
do con delicadeza. • tranjero cortando la palabra á Bumble cuan
—¿Comprendeis lo que quiere decir eso, do empezaba á hablar de los vicios del pobre
muchacho? dijo con sequedad el extranjero. Oliverio. Se trata de una mujer, de la vieja
Sonrióse el mozo y se marchó , volviendo á bruja que cuidó á la madre. i Qué ha sido de
los pocos momentos con un vaso lleno y hu ellal
meante. Al primer trago , la fuerza del licor —Eso es difícil decirlo, amigo, contestó
hizo asomar las lágrimas á los ojos de Bum Bumble , en quien la bebida iba produciendo .
ble. su efecto. Las mujeres buenas nada tienen
—Ahora, escuchadme, dijo el extranjero , que hacer donde ella ha ido. Supongo que es
despues de haber cerrado la puerta y la ven tá fuera de servicio.
tana. He venido hoy aqu! con la esperanza —i Qué quereis decir 1 preguntó el extran
de encontraros , y por una de esas casualida jero con aire sombrío.
des que el diablo depara á veces á los que le —Que ha muerto el invierno pasado, dijo
son predilectos, habeis venido á esta sala, Bumble.
precisamente en el momento que pensaba en El desconocido miró fijamente á Bumble al
vos. Necebito que me suministreis un dato , y oir esta respuesta , y aunque sus ojos no cam
«un cuando es de poca importancia, no quie biasen de direccion, sus miradas parecieron
ro que lo hagais de balde. Tomad esto para extraviarse poco á poco y quedó absorto en
empezar. sus reflexiones. Durante algunos momentos
Así diciendo entregó á su interlocutor dos hubiera sido difícil decir si se alegraba ó no
soberanos por debajo de la mesa, teniendo de la noticia ; pero al fin respiró con mas li
cuidado de que no se oyese el sonido del oro; bertad, y volviendo los ojos, dijo que aque
y cuando Bumble , despues de examinarlos llo no era de gran importancia y se levantó
para asegurarse que eran de buena ley, los como para marcharse.
hubo metido en su bolsillo, continuó : Bumble era bastante malicioso, y conoció
—Evocad vuestros recuerdos... Veamos... al momento que se ofrecia una ocasion para
Hizo unos doce años el invierno pasado sacar un partido lucrativo del secreto que po
— Larga es la fecha, dijo Bumble. Bue seia su mujer. Acordóse del dia en que mu
no!... ya estoy. rió la vieja Sally , y á fe que tenia buenas ra
—El lugar de la accion es el asilo de men zones para recordarlo, puesto que fué el mismo
dicidad. en que ofreció su mano á la señora Corney.
168 OLIVERIO TWIST.
Aunque la viuda no le habia referido la escena un pequeño grupo de casas arruinadas , que se
de que ella únicamente fué testigo , sabia lo hallaban á una milla y media de la poblacion,
bastante para comprender que aquello tenia construidas en -un terreno pantanoso y mal
cierta conexion con alguna circunstancia relati sano, á orillas del rio.
va á la madre de Oliverio. Reunió pues pronta Ambos vestian trajes viejos y usados , sin
mente sus recuerdos, y manifestó al descono duda con el doble objeto de guarecerse de la
cido con cierto misterio , que habia una mu lluvia y de no llamar la atencion. El marido
jer que estuvo encerrada con la vieja Sally llevaba una linterna apagada é iba delante,
antes de morir esta, y que era de creer pu para procurar sin duda á su mujer , en vista
diese arrojar alguna luz en sus investigacio del lodo que cubria el camino , la ventaja de
nes. poner el pié en las grandes huellas de sus pa
—¿ Cómo podré yo encontrarla! preguntó sos.
el extranjero, sorprendido con esta3 palabras Caminaban en el mas profundo silencio ; de
y mostrando claramente que de pronto acaba vez en cuando deteniase Bumble y volvia la
ban de despertarse sus temores. cabeza para ver si le seguia su esposa , y ase
—Solo por mi mediaticn, contestó Bumble. gurado de esto , continuaba su marcha , avan
— i Cuándo! preguntó con viveza el extran- zando rápidamente hácia el término de su ex
j ero. pedicion.
—Mañana. Aquel barrio estaba muy léjos de tener una
—A las nueve de la noche, dijo el desco reputacion dudósa , pues ya hacia mucho
nocido ; á las nueve de la noche podreis con tiempo que era harto conocida; y así, sabiase
ducirla al sitio que os indicaré. No necesito perfectamente que solo habitaban en él ban
recomendaros el secreto, porque va en ello didos peligrosos , que aparentando vivir con
vuestro interés. el trabajo, tenían su principal recurso en el
Al decir estas palabras , el extranjero sacó robo y el crimen. Era un conjunto de mise
de su bolsillo un pedazo de papel y escribió rables barracas , construidas unas de ladrillo
con temblorosa mano las señas de una casa y otras de madera vieja , y situadas á muy
solitaria situada á orillas del rio. poca distancia de la orilla del rio. Veianse
Hecho esto, dirigióse hácia la puerta , des sujetas & un pequeño muro, que separaba el
pues de haber pagado la bebida , y se despi rio de un pantano, varias embarcaciones ave
dió de Bumble, diciéndole en pocas palabras riadas ; aquí y allá , un remo ó un cable pa
que no iban por el mismo camino, y que no recian anunciar i primera vista que los ha
olvidase la hora de la cita para la noche si bitantes de aquellas miserables chozas se ocu
guiente. paban en algun trabajo en el rio ; pero al ver
Al mirar las señas, el funcionario parro que aquellos diversos objetos, así expuestos
quial notó que no habia ningun nombre... El á las miradas , estaban usados y fuera de ser
extranjero no estaba lejos ; Bumble corrió tras vicio , no era difícil conocer que solo se ha
él para preguntárselo. llaban allí para salvar las apariencias y no
—¿Qué es esol preguntó el desconocido para ser empleados en un servicio activo.
volviéndose con viveza al sentir que le toca En el centro de aquel confuso monton de
ban el brazo. ¡ Me seguis por ventura ! chozas , á la misma orilla del rio , elevábase
—Una palabra solamente , dijo' Bumble en un vasto edificio, ocupado en otro tiempo por
señando el pedazo de papel ; i por quién pre una fábrica, donde probablemente encontra
guntaremos ! ban trabajo los habitantes de los alrededores;
— ¡Por Monks! contestó el extranjero ale pero desde hacia mucho tiempo hallábase
jándose precipitadamente. aquel edificio en estado ruinoso. Las ratas,
loa reptiles y la humedad habian carcomido
los cimientos , y una gran parte del edificio
CAPÍTULO XXXVIII. estaba hundida en el agua , mientras la otra,
vacilante é inclinada sobre el rio, solo pa
recia aguardar una ocasion favorable para
Entrevista nocturna de la señora Bumble con hundirse tambien é ir á reunirse con su com
Monks. pañera.
Delante de este edificio fué donde se detu
En una calurosa y sofocante noche de ve vieron los esposos Bumble, en el momento
rano , cuando las nubes , que habian sido ame que el trueno comenzaba á rebramar á lo lé
nazadoras todo el dia, empezaban á dejar jos y la lluvia á caer con fuerza.
caer gruesas gotas, presagiando una violenta —Por aquí debe ser, dijo Bumble consul
tempestad , los esposos Bumble , saliendo de tando un pedazo de papel que llevaba en la
la gran calle de la ciudad, dirigíanse hácia mano.
OLIVBRIO rwiST. 169
— ¡Hola ! gritó una voz. — El de la pérdida de su reputacion, con
Levantó Bumble la cabeza y vi<5 en una testó Monks ; por el mismo motivo , si una
ventana la cabeza de un hombre. mujer posee un secreto que pueda conducir
—Esperad un poco, dijo la voz; bajo al la á la horca 6 á las galeras , no temais que
momento. se lo comunique á nadie. ¿Me entendeis, se
Y desapareció la cabeza , cerrándose de ñora!
pronto la ventana. — No, contestó la matrona ruborizándose
— ¿Es ese el hombre á quien buscais! pre ligeramente.
guntó la señora Bumble. — ¡Oh! es claro ! dijo Monks con ironia;
Bumble hizo una señal afirmativa. i cómo habiais de entenderlo!
—Entonces , dijo la matrona , atencion á lo Y mirando á sus huéspedes con aire entre
que os he dicho ; tened cuidado de hablar lo sardónico y amenazador , hízoles una seña pa
menos posible , pues de lo contrario os vais á ra que le siguieran, y atravesó con paso rápi
descubrir á las primeras palabras. do una sala muy larga y baja. Ya iba á subir
Bumble , que contemplaba las barracas con una escalera que conducia al piso superior,
aire asustado , iba quizás á manifestar alguna cuando brilló de repente el fulgor de un re
duda sobre la seguridad que podria ofrecer el lámpago, y oyóse un espantoso trueno que
aventurarse mas en aquel negocio , cuando conmovió el edificio hasta sus cimientos.
apareció Monks , y abriendo una pequeña — i Oís ! exclamó retrocediendo; ¿oís ese
puerta , les hizo 3eña para que entraran. estruendo, que parece repetido por el eco de
—Vamos , dijo con impaciencia , dando una mil cavernas, donde los demonios se ocultan
patada en el suelo... ¿ Pensais hacerme espe de miedo! ¡ Al diablo esos truenos! me
rar mucho tiempo ! causan horror !
La mujer, que vacilaba al principio, entró Monks guardó silencio algunos instantes,
resueltamente sin decir palabra, y entonces y apartando despues las manos con que habia
Bumble, ya por vergüenza ó por temor de cubierto su rostro, dejóse ver, con gran
quedar solo , la siguió con aire inquieto , y asombro de Bumble , pálido como la muerte y
sin conservar nada de aquella dignidad ma con las facciones trastornadas.
jestuosa que le era peculiar. —Me atacan de vez en cuando estos acce
— i A qué diablos os quedais ahi en el lodo sos , dijo Monks notando el aspecto alarmado
oon la boca abierta ! preguntó Monks diri de Bumble , y algunas veces el trueno es la
giéndose á Bumble y cerrando la puerta con causa de ellos ; pero no hagais caso , ya se
llave. pasó.
—Nosotros... tomábamos el fresco, balbu Hablando así, subió el primero la escalera,
ceó Bumble mirándole con espanto. apresuróse á cerrar la ventana de la habita
—¡El fresco! ¿ehl replicó Monks. Sil sil ción donde acababa de entrar, y bajó una
toda la lluvia que ha caido y que aun tiene linterna, suspendida de una polea cuyas cuer
que caer en este mundo , no es bastante para das pasaban por una de las gruesas vigas del
apagar la llama infernal que puede encerrar techo. El dudoso reflejo de aquella luz ilu
se en el pecho de un hombre. ¡ Tomar el fres minó entonces una mesa vieja y tres sillas,
co ! no es el agua la que os refrescará , perded único mueblaje que se veia.
cuidado. —Ahora, dijo - Monks cuando estuvieron
Despues de este apóstrofe , volvióse Monks sentados, cuanto antes hablemos del negocio
hácia la matrona , y fijó sobre ella una mira será mejor. Esta mujer sabe ya de lo que se
da tan amenazadora , que aunque no era una trata, ¡no es verdad !
mujer fácil de intimidar , bajó los ojos sin po La pregunta se dirigia á Bumble ; pero su
derla resistir. mujer se anticipó, contestando que estaba al
— ¿ Es esta la mujer de quien me hablas corriente del asunto.
teis ! preguntó Monks. —Me ha dicho que estuvisteis con aquella
—Sí, contestó Bumble recordando las re vieja bruja la noche de su muerte , y que os
comendaciones de su esposa. reveló alguna cosa...
—i Creeis acaso que las mujeres no pueden — Sobre la madre del niño de quien hablas
guardar nunca un secreto ! preguntó la seño teis, contestó la matrona interrumpiéndole;
la Bumble interrumpiendo á su marido y di es verdad.
rigiendo á Monks una mirada penetrante. —Hé aquí mi primera pregunta: ¿sobre
—Sé que hay uno que guardan siempre qué os habló aquella viejal dijo Monks.
hasta que se descubre, dijo Monks con des- —Esa debe ser la segunda pregunta ; la
dea. primera es averiguar cuánto vale la revela
— ¿Cuál esl preguntó la matrona en el cion.
mismo tono. —l Quién diablos podrá decir lo que vale
170 OLIVERIO TWIST.
«in saber de qué género es ! preguntó Monks. zador ; pero la expresion de sus trastornadas
—Segura estoy que nadie mejor que vos facciones cuadraba muy mal con su ademan
puede hacerlo, contestó la señora Bumble belicoso, revelando que estaba muy léjos de
con esa vivacidad de que tenia hartas prue montar en cólera como no fuese contra los po
bas su esposo. bres ú otra gente indefensa.
— ¡ Hum ! murmuró Monks con aire signi —Sois un necio , dijo la señora Bumble , y
ficativo ; aquí se trata de ganar dinero, ieh! seria mejor que os callaseis.
—Es posible, contestó la matrona. —Mejor hubiera hecho en cortarse la len
— Se trata de alguna cosa que la quitaron, gua antes de venir aquí , si no sabe hablar
observó Monks con viveza, algo que lleva mas bajo, repuso Monks. ¿ Con que este hom
ba... cierta cosa bre es vuestro marido !
— Basta, interrumpió la matrona; ahora — ! El mi marido ! balbuceó la matrona elu
estoy segura que sois el hombre á quien de diendo la cuestion.
bo dirigirme. —Asi lo creí cuando entrasteis , contestó
Bumble , á quien su cara mitad no habia Monks sorprendiendo la mirada que la matro
dado ningun detalle sobre el secreto, escu na dirigia á su esposo. Mejor; prefiero tratar
chaba aquel diálogo con el cuello tendido, fi con dos personas cuando sé que no tienen sino
jando sus ávidas miradas tan pronto en Monks una voluntad ; y para que veais que no me
como en su mujer, sin disimular su asombro chanceo tsmad.
cue aun se acrecentó al oir al primero pre Y registrando su bolsillo , sacó veinte y
guntar qué suma exigia por revelar el secreto. cinco soberanos de oro que puso sobre la me
— i Cuánto vale para vosl preguntó la ma sa al lado de la mujer.
trona , dueña ya de si misma. —Ahora, guardadlos, dijo Monks , y cuan
—Acaso nada, quizás veinte libras esterli do haya pasado ese maldito trueno que va á
nas, contestó Monks; hablad si quereis que estallar sobre la casa , contadme vuestra his
lo sepa. toria.
—Aumentad cinco libras esterlinas ; dadme Dejóse oir el trueno en efecto casi encima
veinte y cinco guineas, dijo la mujer, y os de sus cabezas, y cuando todo quedó en si
diré todo lo que sé... pero no antes. lencio , Monks levantó la cabeza, acercándose
— ! Veinte y cinco libras esterlinas ! excla á la matrona para escuchar lo que iba á de
mó Monks retrocediendo. cirle. Las cabezas de aquellas tres personas
—Os he hablado con claridad y franqueza; se tocaban : los dos hombres , apoyados sobre
me parece que la cantidad no es tan crecida. la mesa , inclinábanse para oir mejor , y la
— lQue no es crecida! replicó Monks con mujer hacia otro tanto para poder hablar mas
impaciencia; por un miserable secreto, que bajo. La moribunda luz de la linterna suspen
acaso no me servirá de nada cuando le sepa, dida del techo se reflejaba sobre ellos , hacien
y que ha estado envuelto en el olvido por es do resaltar la palidez é inquietud de sus fiso
pacio de mas de doce años! nomias. Hallábase todo á su alrededor sumi
—Esas son cosas que deben guardarse, y do en la mas profunda oscuridad , y hubiéra-
que como el buen vino doblan de precio con se creido que eran tres fantasmas.
el tiempo, contestó la matrona con el mismo —Cuando murió aquella mujer á quien lla
tono indiferente que habia empleado hasta en mábamos la vieja Sally , dijo la matrona , yo
tonces. estaba sola con ella.
— i Y si lo que pago no vale nada! pregun — ¿ No habia nadie con vos ! preguntó
tó Monks vacilando. Monks con voz sorda; ino se encontraba allí,
— Entonces podreis recoger vuestro dinero por casualidad , alguna otra vieja enferma en
fácilmente , dijo la matrona ; soy una mujer, y otra cama, ó algun idiota en un rincon !
estoy aquí sola y sin proteccion. —Ni un alma , contestó la mujer ; estába
— No estais sola ni sin proteccion , observó mos completamente solas en el momento que
Bumble con voz que el miedo hacia temblo murió.
rosa. Aquí estoy yo, amiga mia, y además, —Bueno, repuso Monks mirando atenta
el señor Monks es demasiado caballero para mente á la matrona; continuad.
cometer una violencia con funcionarios parro —La moribunda me habló en primer lugar
quiales. El señor Monks sabe que ya no soy de una jóven que habia dado á luz un niño
ningún niño, que tengo un carácter fuerte y algunos años antes , no solamente en la mis
resuelto, y que mi fuerza es poco comun cuan ma habitacion, sino en la misma cama donde
do se enciende mi cólera. Esto es todo lo que ella iba á morir.
necesito. —! Ah ! exclamó Monks , cuyos labios tem
Al hablar as', el señor Bumble hizo un blaron ; ¡ condenacion I cómo se descubre todo
gesto y blandió su linterna con aire amena - al fin!
OLIVERIO TW13T. 171
—El niño era eNmsmo que le nombrasteis — ¿Es esto todol preguntó Monks despues
ayer, continuó la matrona designando con in de haber examinado el contenido de la bol-
diferencia á su marido. La vieja Sally robó á sita.
la madre. —Todo , contestó la matrona.
— i Estando' viva ! preguntó Monks. Bumble respiró con alegria al ver que la
—Despues de su muerte, contestó la ma historia tocaba á su fin y que ya no era cues
trona estremeciéndose ; cogid del cadáver lo tion de devolver las veinte y cinco libras es
que la madre la habia suplicado que guardase terlinas.
para su hijo. —Esto es todo lo que sé de la historia , di
— ¡ Lo habrá vendido ! gritó Monks con jo la matrona dirigiéndose á Monks despues
aire desesperado; pero ¿ cuándo ! ¿á quién! de un corto silencio; y os aseguro que nada
¿cuánto tiempo hará! mas quiero saber. Pero ¿me permitireis hace
— En el momento de decirme con gran tra ros dos preguntas!
bajo que habia cometido el robo , dijo la ma —Hacedlas, dijo Monks con aire sorpren
trona , cayó sobre su lecho y espiró. dido ; falta saber si yo querré contestar ó no ,
—¿Sin añadir nada! exclamó Monks con lo cual da lugar á otra pregunta.
voz ahogad? por el furor; esa es una menti —Entonces son tres, observó Bumble que
ra de que.no seré víctima; debe haber dicho riendo echarla de gracioso.
otra cosa, y yo lo sabré, aunque tenga que — ¿Es eso lo que esperabais obtener de
mataros á los dos. mí! preguntó la matrona.
— No pronunció una palabra mas, repuso —Sí , dijo Monks; ¿y la otra pregunta!
la matrona, a quien no parecia intimidar la —¿Qué pensais hacer! ¿Podeis serviros de
calera de Monks, mientras que Bumble, por eso contra mi!
el contrario, temblaba de miedo; su mano —Jamás, contestó Monks, ni contra ral
cogió con fuerza mi vestido, y cuando, vien tampoco; mirad, pero no deis un paso, por
do que estaba muerta , pude desprenderme que sino sois muerta.
de aquella mano , noté que tenia un pedazo Al decir estas palabras hizo rodar la mesa
de papel viejo. hasta el otro extremo de la habitacion , y em
— i Qué habia dentro ! interrumpió pujando un anillo de hierro fijo en el suelo ,
Monks. abrió una enorme trampa , precisamente bajo
— Nada; era una papeleta del Monte de los piés de Bumble , quien se hizo atrás con.
Piedad. precipitacion.
— ¿De qué objeto ! preguntó Monks. —Mirad al fondo , dijo Monks haciendo
—Ya os lo diré luego, repuso la matrona. bajar la linterna hasta el abismo ; no tengais
Yo supongo que la vieja Sally habia guarda miedo ; si hubiese querido , os habria preci
do algun tiempo la alhaja con la esperanza pitado ya cuando estabais sentados.
de sacar mejor partido, y que despues la La matrona , mas tranquila , se aproximó
empeñó, renovándola de año en año para al borde de la trampa , y el mismo Bumble ,
evitar la pérdida y retirarla en caso necesario. impelido por la curiosidad , se atrevió á hacer
Pero la ocasion no se presentó , y como aca lo mismo. La rápida corriente , engrosada
bo de deciros , tenia la papeleta en la mano con la lluvia, parecia hervir en el fondo del
en el momento de morir. La renovacion debia abismo, y el estruendo del agua al estrellar
hacerse dos dias despues , y pensando yo que se contra los verdosos cimientos del edificio ,
era posible que aquella alhaja llegase á ser apagaba todos los demás rumores. En otro
algun dia de cierta importancia, la desem tiempo habia habido allí un molino , y las
peñé. aguas , convertidas en blanca espuma en re
— ¿Y dónde está ahora! preguntó Monks. dedor de la vieja rueda, parecian lanzarse
—Hela aquí, contestó la matrona. con nueva fuerza , Besembarazadas ya de los
Y como si se alegrase de deshacerse de obstáculos que en vano trataran de contener
aquella prenda , arrojó presurosa sobre la su impetuosa corriente.
mesa una bolsita de piel donde apenas podria — Si se arrojase al fondo el cuerpo de un
guardarse un reloj. hombre, ¿dónde se le encontraria mañana?
Cogióla Monks , y la abrió con mano tem preguntó Monks paseando su linterna en der
blorosa. Contenia un pequeño medallon de redor del sombrío abismo.
oro con dos mechones de pelo y un anillo de —A doce millas de aquí y hecho pedazos,
casamiento. contestó Bumble retrocediendo de espanto an
—En el interior vereis grabada la palabra te aquella idea.
Agnes , dijo la matrona; pero falta el apellido Monks sacó de su pecho la bolsita, que
de familia. Además hay una fecha que se re presuroso habia ocultado , y despues de atar
fiere á un año antes del nacimiento del chico. la sólidamente á un pedazo de plomo , que
172 OLIVERIO TWIST.
habia pertenecido á una polea que estaba en
el suelo , arrojóla al abismo , donde cayó en
línea recta , dejando oir un ligero ruido. CAPÍTULO XXXIX.
Miráronse entonces los tres actores de aque
lla escena, y parecieron respirar con mas li Donde el lector encontrará algunos honrados
bertad. personajes con los cuales há hecho ya co
— ! Mirad ! dijo Monks cerrando la trampa, nocimiento, dándose cuenta del complot
si alguna vez devuelve el mar loa muertos concertado entre Monhs y el judío.
que tiene en su seno , segun dicen los libros ,
guarda al menos el oro y la plata, y por con
secuencia , hará lo mismo con esta bagatela. Como unas dos horas antes de la entrevista
Nada tenemos que decirnos ya ; así pues , que hemos hallado en el capítulo anterior,
podemos dar por terminada esta agradable despertábase Guillermo Sikes , que acababa
conversacion. de echar un sueño, y preguntaba qué hora
—De buena gana , observó Bumble apre era.
suradamente. La habitacion de Sikes no era ya una de
—Supongo que no sereis hablador , dijo aquellas que ocupara antes de su expedicion
Monks dirigiendo á Bumble una mirada ame á Chertsey, aun cuando estuviese en el mis
nazadora. En cuanto á vuestra mujer, estoy mo barrio y á poca distancia de su antiguo
seguro de ella. alojamiento. Era un cuartito mal amueblado
—Contad conmigo, jtíven, contestó Bumble donde no penetraba la luz del dia sino por
cortésmente haciendo infinitas reverencias há- una ventana practicada en el techo, que da
cia la escalera. En ello va mi interés como ba á una estrecha y sucia callejuela. Conocia
el vuestro y el de todo el mundo , señor se en todo que aquel digno hombre habia ex
Monks. perimentado reveses de fortuna. Pocos 6 nin
—Me alegro mucho de oiros hablar así; gun mueble, falta total de comodidad, des
ahora encended vuestra linterna y despejad aparicion de la ropa y otros objetos menudos ;
cuanto antes. todo en fin anunciaba una existencia extre
Felizmente teiminó con aquello la conver madamente miserable. Además de esto, el
sacion , pues de otro modo , Bumble , que al enflaquecimiento y aspecto de Sikes eran su
•hacer una profunda reverencia , se había in ficientes para confirmar los síntomas de su
clinado hasta tocar la escalera , hubiera caido precaria situacion.
por ella infaliblemente. Encendió su linterna El bandido estaba echado sobre la cama,
en la de Monks, y sin tratar de seguir la envuelto en su gran leviton blanco, que ha
conversacion , bajó , seguido por su mujer. cia las veces de bata, y su palidez cadavéri
Monks bajó el último despues de asegurarse ca , su gorro de dormir manchado y su barba
que no se oia mas ruido que el de la lluvia sin afeitar le daban aun peor aspecto. Hallá
que caia á torrentes y el del agua que se es base el parro al lado de la cama , tan pronto
trellaba contra los cimientos del viejo caseron. mirando á su amo como enderezando las ore
Atravesaron un pasadizo lentamente y con jas y gruñendo al menor ruido que se oia en
precaucion , pues Monks se estremecia solo la calle ó en la casa. Cerca de la ventana
con ver su sombra , y Bumble , con su linter veiase una mujer trabajando activamente en
na en la mano , caminaba no solo con notable arreglar un chaleco viejo del bandido. Estaba
cautela sino con una ligereza poco común en tan pálida y tan extenuada por las vigilias y
un hombre de su corpulencia , creyendo ver las privaciones , que á no ser por la voz era
en todas partes alguna trampa secreta. Monks difícil reconocer en ella aquella Nancy, que
abrid con sigilo la puerta por donde habian ha figurado ya en esta historia.
entrado , hizo una ligera Inclinacion de cabe — Las siete acaban de dar, dijolajóven;
za, y los dignos esposos se pusieron en ca ¿ cómo te encuentras , Guillermo !
mino en medio del lodo y las tinieblas. —Débil como un niño , contestó Sikes lan
Apenas hubieron salido, Monks, á quien zando un juramento ; ven aquí y dame la ma
parecia inspirar la soledad una invencible re no para que pueda salir de esta maldita cama.
pugnancia, llamó á un muchacho que estaba La enfermedad no habia dulcificado el ca
oculto en el piso bajo, y haciéndole pasar de rácter de Sikes , pues cuando la jóven le hu
lante de él con la linterna en la mano, vol bo ayudado á que se levantara para sentarse,
vió al cuarto que acababa de dejar. murmuró algunas imprecaciones acerca de su
torpeza y la pegá.
—Ya estás lloriqueando ; vamos , acaba
pronto , que es lo mejor que puedes hacer ;
i me entiendes !
OLIVERIO TWIST. 173
—Sí, contestó la jóven volviendo la cabeza ma, ocultó el rostro en la almohada, dejan
y esforzándose por sonreír ; ¡ qué cosas te se do & Sikes interpelar á los recien venidos por
meten en la cabeza ! su imprevista llegada , que le causaba la ma
— I Oh ! ya cambias de tono , dijo Sikes, yor sorpresa.
viendo una lágrima detenerse temblorosa en —¡Y bien! (qué mal viento os trae por
los ojos de Nancy ; te aseguro que haces bien. aquíl preguntó á Fagin.
—i Quieres decir con eso que tienes ganas —No es un mal viento , amigo mio , repli
de maltratarme esta tarde, Guillermo! dijo la có Fagin, pues este no trae nunca nada
joven poniéndole una mano sobre el hombro. bueno, y yo os traigo una cosa que os ale
— ¡ Por qué nol repuso Sikes. grará la vista.
—Hace muchas noches, replicó la jóven Y dirigiéndose al Truhán , le dijo :
con dulce acento , hace muchas noches que —Amigo mio , abrid ese paquete y dad á
te velo y te cuido como á un niño, y esta, Sikes las bagatelas que nos han costado esta
que es la primera vez que vuelves en tí, lo mañana todo nuestro dinero.
primero que haces es pegarme. Confiesa que Obedeció el Truhán , y abriendo el paque
no has reflexionado , pues de lo contrario no te , que era bastante grande , comenzó á pa
lo hubieras hecho. Vamos , confiesa esto. sar uno á uno á Charlot Bates los objetos que
—¡ Pues bien ! no , no lo hubiera hecho , contenia, encomiando de paso su excelencia.
contestó Sikes. ¡ Bien ! ya la tenemos llorando —Hé aquí un pastel de conejo , Guillermo,
otra vez ; ¡ el diablo me lleve ! exclamó, descubriendo uno de los objetos;
— No es nada, Guillermo, dijo Nancy de este es un manjar tan delicado, que hasta los
jándose caer sobre una silla; no hagas caso; huesos pueden comerse ; ved media libra de
esto pasará pronto. té verde , tan bueno y fuerte , que solo echar
—¿ Qué es lo que pasará pronto ! preguntó le en el agua hirviendo basta para que esta
Sikes con su acento rudo; ¡qué tonterias son se salga de la tetera ; aquí teneis tambien li
estas! Vamos, en pié, y menéate; no me bra y media de azúcar moreno, de lo mas ex
impacientes mas con tus necedades de mujer. quisito que se saca de las islas; dos panes
En cualquier otra circunstancia, aquellas pequeños , muy apetitosos ; un queso de Glo-
palabras , y el tono con que fueron pronun - cester de primera calidad; y por fin, para co
ciadas, hubieran alcanzado su objeto ; pero la ronarlo todo , la cosa mas suculenta que jamás
jóven , que estaba realmente cansada y sin habeis probado.
fuerzas, inclinó su cabeza sobre el respaldo Asi diciendo, y terminado su panegírico,
de la silla y se desmayó antes que Sikes hu Bates sacó de su profundo bolsillo una gran
biese tenido tiempo de proferir las blasfemias botella de vino, cuidadosamente lacrada, en
con que acostumbraba apoyar sus amenazas. tanto que el Truhán llenó un vaso del licor
No sabiendo qué hacer en semejante circuns que traia, el cual apuró el convaleciente Si
tancia , recurrió primero á sus juramentos , y kes de un solo trago, sin vacilar lo mas mí
viendo que eran inútiles, pidió socorro. nimo.
—¿ Qué sucede , amigo mio ! dijo Fagin — ¡Ahí exclamó el judío restregándose las
abriendo la puerta. manos con satisfaccion ; esto irá bien ahora ,
—Cuidad de esa chica y no charleis tanto, Guillermo ; esto irá bien.
contestó Sikes con impaciencia. —Sí, pero entretanto podia haberme ido
El judio lanzó un grito de serpresa y se veinte veces al otro mundo , sin que pensa
apresuró á socorrer á Nancy , en tanto que rais en auxiliarme , replicó Sikes. ¡ Cómo se
él Truhán , que habia entrado detrás de su entiende, viejo bribon, dejar á un hombre
respetable amigo , depositaba en el suelo un en este estado por espacio de tres semanas ,
paquete, y cogiendo una botella de manos de sin socorrerle !
Charlot Bates, que iba con él , la destapaba — i Lo oís! dijo el judío á sus discípulos
para verter una parte del contenido en la bo encogiéndose de hombros; ¿oís lo que dice,
ca de la pobre desmayada. cuando le traemos tantas cosas buenas?
—Dála aire con el fuelle, Charlot, dijo el —No es de eso de lo que me quejo , repu
Truhán, y vos, Fagin, frotadle las manos, en so Sikes , apaciguado un poco , al dirigir una
tanto que Sikes le afloja el vestido. mirada á la mesa; pero ¿ qué excusa podeis
Aquellos diversos socorros administrados dar por haberme dejado asi enfermo y care
con singular energía, y particularmente el ciendo de todo, como si yo fuera ese perro
ejercicio del fuelle , que parecia divertir mu que está ahí? Alejadle de ahí, Charlot.
cho á Bates , encargado de la operacion , no —En mi vida he visto ;un perro tan mali
tardaron en producir el efecto deseado. La jó cioso como este , dijo Bates ejecutando la ór-
ven volvió en sí poco á poco, y arrastrándo den de Sikes ; huele los víveres como una vie
se hácia una silla colocada al lado de la ca- ja comadre en el mercado, y estoy seguro
174 OLIVERIO TWIST.
que hubiera hecho fortuna en el teatro. lo todo ; pero necesito dinero esta noche , y
—¡Vaya! menos ruido, dijo Sikes , mi ha de ser una suma redonda.
rando al perro , que se metia gruñendo de —Bueno, bueno, contestó el judío suspi
bajo de la cama ; y vos , viejo miserable , rando ; voy á enviar al Truhán en seguida.
veamos qué teneis que decir para excusaros. —Nada de eso , replicó Sikes ; el Truhán
—He estado ausente de Londres por espa es demasiado truhan para este negocio. Se le
cio de una semana , amigo mio, dijo Fagin. olvidaria volver , se perderia en el camino ,
—I Y durante los otros quince dias ! pre 6 se dejaria caer á propósito en alguna tram
guntó Sikes ; ¡ por qué me habeis abandonado pa para no verse precisado á inventar una
como á una rata enferma en su agujerol excusa. Para mayor seguridad , Nancy irá á
—No- he podido remediarlo , Guillermo , buscar el dinero á vuestra guarida, y entre
contestó el judío ; no puedo entrar ahora en tanto , echaré yo un sueño.
mas detalles delante de testigos ; pero os doy Despues de una acalorada discusion, el ju
mi palabra de que no me ha sido posible ha dío redujo la suma de cinco libras esterlinas,
cer otra cosa. que pedia Sikes, á tres libras , cuatro cheli
— ¡ Vuestra palabra ! replicó Sikes con nes y seis peniques, jurando por sus grande»
acento de profundo desden ; ¡ vaya ! mucha dioses que no le quedaban mas que diez y
chos , cortadme un pedazo de ese pastel para ocho peniques. Sikes ebservó que si no se
que se me quite el mal gusto que me ha de . podia obtener mas , preciso era contentarse
jado esa frase en la boca , pues de lo contrario con aquella suma , y Nancy se dispuso á
se me va á indigestar. acompañar al judio á su casa , en tanto que
—No os incomodeis , amigo mio , dijo Fa el Truhán y Bates encerraban los' víveres en
gin con humildad ; yo no os he olvidado nun el armario. Despidióse el judío de su riel ami
ca , ni un instante ; i lo entendeis ! go , y volvió á su casa con Nancy y los mu
, —) Oh ! ya lo creo ; habreis pensado en chachos, mientras Sikes se tendia sobre su
mí, contestó Sikes con una amarga sonrisa, cama , disponiéndose á echar una siesta hasta
mientras yo estaba en este lecho atacado por la vuelta de la jóven.
la fiebre ; pero no habrá sido mas que para Al volver á su casa, el judío encontró á
combinar planes , mientras os diriais : Cuando Toby Crackit y á Chitling jugando su décima-
Guillermo esté bueno hará esto ó hará lo otro, quinta partida de ecarte. El segundo perdia,
y todo sin que me cueste nada. Sin esa chica como ya se comprenderá, con gran chacota
me hubiera muerto. de sus jó'venes amigos , y Crackit, probable
— ¡Y bienl Guillermo, repuso el judío co mente un poco avergonzado de que le sor
giendo la frase al paso ; ¡ sin esa muchacha , prendieran limpiando el bolsillo á un indivi
decís ! Pues i quién es el que os ha suminis duo tan inferior á él por la posicion y las fa
trado los medios de tenerla á mano ! ¿ No he cultades intelectuales, tosió , preguntó cómo
sido yo ! estaba Sikes y se puso el sombrero para mar-
—En cuanto á eso , es verdad , dijo Nan- , charse.
cy acercándose presurosa ; vaya ! ya basta de —¿No ha venido nadie, Tobyl preguntó
esta cuestion, acabemos pronto ! el judio.
La intervencion de Nancy hizo tomar á la —Ni un alma , contestó Crackit , y esto es
conversacion otro giro. A una seña del judío, para aburrirse. Deberiais hacerme un buen
los muchachos invitaron á la jóven á que be regalo , Fagin , para recompensarme por
biese; pero esta lo hizo muy moderadamente, guardar la casa tanto tiempo. A fe que ya me
y Fagin, dejándose llevar de una alegria po hubiera dormido á no tener la complacencia
co comun, puso á Sikes de mejor humor, de distraer á este jóven novicio. Os aseguro
aparentando tomar como chistosas bromas sus bajo mi palabra de honor , que me aburro es
amenazas y celebrando sus bravatas. pantosamente.
—Todo eso es muy 'bueno , dijo Sikes ; pe Al mismo tiempo Toby Crackit, despues
ro es preciso que me deis dinero esta noche. de aquellas jeremiadas , recogió los naipes ,
—No llev» encima un cuarto, contestó el se embolsó las ganancias con aire desdeñoso,
judio. como si aquella moneda menuda fuese indig
—Entonces tendí eis en casa la bolsa, re na de un hombre de su rango , y salió con
plicó Sikes , y es menester que me deis lo un paso tan distinguido y elegante, que Chit
que me corresponde. ling, despues de haber contemplado con ad
— ¡La bolsa ! exclamó el judío alzando las miracion sus piernas y sus botas hasta per
manos; no hay mas que derle de vista, declaró á los concurrentes que
— Yo no sé lo que hay ni lo que teneis, quince piezas de á cinco peniques no era mu
y quizás no lo sepais vos mismo tampoco , cho por tener el gusto de conocer á Toby , y
pues necesitariais mucho tiempo para contar que no le importaba un pito haber perdido.
OLIVERIO TWIST. 175
—¡Vaya un cuerpo raro que teneis , Toml — ¡Bah! dijo en voz baja el judío, como si
dijo Bates , á quien divertia mucho aquella le contrariase el ser interrumpido , es el hom
declaracion. bre que esperaba antes... Ya baja la escalera;
-•-Nada de eso , conteste* Chítling ; ¿ no es no digais una palabra del dinero mientras es
verdad , Fagin ? té ahí , Nancy , pues no permanecerá con nos
—Sois, un guapo chico , querido , repuso el otros mas que diez minutos.
jodio, dándole un golpecito en la espalda y El judío se llevó á los labios su descarna
guiñando el ojo á sus discípulos. do dedo, y se dirigió hácia la puerta con la
—Y Crackit es un buen espada ; i no es luz en la mano, en tanto que se oian en la
verdad, Fagin ? preguntó Chitling. escalera los pasos de un hombre , el cual , pe
—Sin duda , amigo mio , contestó Fagin. netrando rápidamente en la habitacion, se
—Y es un buen negocio haber hecho cono encontró cerca de la jóven antes de haber no
cimiento con él; ¿no es verdad, Fagin? pro tado su presencia.
siguió Chitling. Aquel hombre era Monks.
—Es evidente , repuso el judío ; dejadles —Es una de mis discípulas, dijo el judío,
que hablen. ¿No veisvque tienen envidia de viendo que Monks retrocedia á la 'vista de
que no se familiarice con ellos como con vosl una extraña. No os movais , Nancy.
—! Ah ! exclamó Chitling con aire triun La jóven se acercó á la mesa , miró á Monks
fante, eso es. Es verdad que me ha dejado con aire inquieto y volvió despues los ojos;
sin blanca, pero ya podré reparar mis pérdidas pero al volverse hácia el judío, dirigióle una
cuando quiera ; ¿no es verdad , Fagin ! mirada tan penetrante y tan resuelta , que un
—Sin duda , repuso el judío, y cuanto an observador oculto, al ver aquel cambio de fi
tes mej^r , Tom. Os aconsejo que vayais en sonomia, hubiera dudado si las dos miradas,
seguida. Y vosotros , Truhán y Charlot , ya eran de la misma persona.
deberiais estar en campaña ; son cerca de las — (Teneis noticias! preguntó el judío.
diez y nada habeis hecho aun , nada. —Importantes, contestó Monks.
Los muchachos obedecieron al momento, y —i Y... buenas? preguntó el judio vacilan
haciendo una inclinacion de cabeza á Nancy, do, como si temiese contraríar á su interlo
cogieron sus sombreros y se marcharon , gas cutor,
tando infinitas bromas á costa del buen Chit —No son malas, contestó Monks sonriendo;
ling, por mas que no hubiese nada de extra- esta vez me he manejado bien... Quisiera ha
So en su conducta. ¡ Cuántos jóvenes de buen blaros dos palabras.
tono pagan mas caro que Chitling el ser. admi La jóven , que estaba apoyada contra la
tidos en la buena sociedad-, y cuántos elegan mesa , no parecia dispuesta a salir del cuarto,
tes de los que forman esa buena sociedad, es aun cuando veia que Monks la señalaba con
tablecen su reputacion bajo el mismo pié que el dedo al judío. Temiendo este que Nancy
el remilgado Toby Crackit ! pidiese su dinero si trataba de desembarazar
—Ahora, Nancy, dijo el judío cuando se se de ella, hizo una s"ña á Monks para que
quedaron solos , voy á contarte el dinero Es subiese la escalera y salió con él. Nancy oyó
ta es la llave de un cofrecito donde guardo lo á Monks decir á su compañero :
poco que me traen los chicos ; no necesito en —No me lleveis al menos á ese infernal
cerrar nunca mi dinero porque no le tengo , agujero donde estuvimos la otra vez.
hija mia ; ¡ ah ! ¡ ah ! buena falta me hace Sonrióse el judío y contestó algunas pala
tenerlo. Este es un pobre oficio , Nancy ; pero bras que la jóven no pudo entender. En el
cómo ha de ser ; me gusta ver á mi alrede crujido de la escalera conoció que los dos
dor á todos esos jóvenes , y paso ¡ Chut! hombres se dirigian al segundo piso.
murmuró , ocultando con viveza la llave en su Antes que dejara de oirse el ruido de sus
pecho ; ¿ qué es eso ! ¡ Escuchad ! pasos , la jóven se habia quitado los zapatos,
La jóven , que estaba sentada delante de la y echándose el vestido sobre la cabeza para
mesa con los brazos cruzados, no pareció ha ocultar sus brazos, permanecia detrás de la
cer caso de la llegada de un estraño, ni in puerta escuchando con una curiosidad que no
quietarse en averiguar quién podria ser , has la dejaba respirar. Apenas cesó el ruido , des
ta que una voz de hombre hirió sus oidos. lizóse fuera de la habitacion, subió la escale
En el momento , despojóse de su sombrero ra sin hacer ruido , con una increible ligereza,
y su chai con la rapidez del rayo , y los arro y desapareció en la oscuridad.
jó sobre la mesa. Al volverse el judío , que El aposento quedó solo durante un cuarto
jábase la jóven de que hacia mucho calor, de hora. Al cabo de este, volvió á bajar la jó
con cierto abandono que contrastaba singular ven con la misma ligereza , y casi en el mismo
mente con la extremada ligereza de su accion instante, oyóse bajar á los dos hombres.
que no habia notado Kagin. Monks salió á la calle y el judío volvió á su
176 OLIVERIO TWIST.
bir para buscar el dinero. Al entrar, Nancy confianza de todo el mundo. Además , hallá
se ponia el chai y el sombrero , preparándose base , contra su costumbre , de muy buen hu
á salir. mor aquel dia , y no observó nada , ocupán
— i Dios mio ! Nancy , exclamó el judío re dose tan poco de Nancy , que la turbacion de
trocediendo un paso despues de poner la luz la jóven hubiera podido ser mil veces mas vi
sobre la mesa, ¡qué pálida estais! sible sin que despertara su atencion.
—¿ Pálida ! repitió la jóven poniéndose las A medida que adelantaba el dia aumentá
manos sobre los ojos para mirar fijamente al base la agitacion de Nancy , y al llegar la no
judío. che, sentóse, aguardando á que se durmiera
—Espantosamente pálida , dijoFagin. iQué el bandido. Estaban sus mejillas tan pálidas,
habeis hecho aquí , estando solal era tan ardiente su mirada , que Sikes no pu
—Nada, contestó la jóven con indiferencia; do menos de notarlo.
será acaso por haber permanecido aquí inmó Debilitado por la fiebre , hallábase tendido
vil tanto tiempo. Vamos, despachadme pron en la cama , bebiendo su ginebra para cal
to , que esto no es nada. marse ; era la tercera vez que alargaba su
El judio contó el dinero, exhalando un sus vaso á Nancy, cuando le chocó el aspecto de
piro á cada moneda de plata , y terminada la la jóven.
operacion , separóse sin despedirse de Nancy. — ¡El diablo me lleve, exclamó incorpo
Cuando la jóven estuvo en la calle, sentó rándose sobre un brazo para mirar de frente
se en los escalones de una puerta , y durante & Nancy , si no pareces una fantasma! ¡ Qué
algunos momentos pareció completamente ex tienes I
traviada é incapaz de continuar su camino. —Nada , contestó la jóven ; i por qué me
Levantóse de repente , y lanzándose en una miras así!
direccion enteramente opuesta á la de la casa — fQué tonterias sonesas! dijo Sikes sacu
de Sikes, apresuró el paso, y acabó por cor diéndola rudamente por el brazo. Vamos,
rer como una loca. Agobiada por el cansancio iqué significa estol i En qué piensas ! ¡ Va
detúvose para tomar aliento, y como si vol mos , vamos !
viese de pronto en sí misma, y deplorara la — Pienso en muchas cosas, Guillermo, re
impotencia en que se veia de hacer alguna plicó la jóven estremeciéndose y ocultando el
cosa que la preocupaba, retorcióse las manos rostro entre las manos; pero, bah! iqué im
y rompió á llorar. porta !
Sin duda las lágrimas desahogaron un po Estas palabras fueron pronunciadas con un
co su corazon , ó bien se resignó al conocer tono de fingida alegria que produjo en Sikes
su situacion desesperada, pues volviendo so una impresion mas-profunda que la que sintió
bre sus pasos, comenzó á correr de nuevo en al ver las descompuestas facciones de la jóven.
sentido opuesto, ya para ganar el tiempo per —Escúchame , dijo Sikes ; si no estás ata
dido ó bien para dar tregua á los pensamien cada de la fiebre , te pasa alguna cosa extra
tos que la agitaban. Al poco tiempo llegó á ña, sí, alguna cosa mala. iSupongo que no
casa del bandido , que la esperaba impaciente. irías... ! ¡ Ah! no, no hay miedo de que ha
Si su exterior revelaba alguna agitacion, gas eso.
Sikes no lo notó al menos , y contentóse con —i, Qué haga el qué!
preguntar tan solo si traia el dinero. Al oir la — No , no , replicó Sikes mirándola fijamen
respuesta afirmativa , hizo un gesto de satis te y hablándose á sí mismo. No hay mujer
faccion , y dejando caer la cabeza sobre la al que tenga el corazon mas leal ; si así no fue
mohada, y continuó su interrumpido sueño. ra , ya la hubiera cortado el cuello hace tres
Felizmente para la jóven, Sikes, una vez meses. Eso debe ser la fiebre ; no hay duda.
en posesion dei dinero , empleó todo el dia si Esta idea tranquilizó al bandido , y bebien
guiente en comer y beber , lo que contribuyó dose de un trago el contenido de su vaso, pi
notablemente á dulcificar su carácter, evitan dió blasfemando su medicina. Levantóse la
do que hiciese la menor observacion acerca jóven presurosa , y vertiendo la pocion en una
del estado de su compañera. Nancy sin em taza se la entregó.
bargo tenia el aire inquieto de una persona —Ahora, dijo Sikes, ven á sentarte á mi
que piensa arriesgar uno de esos golpes atre lado, y pon otra caía si no quieres que te la
vidos y peligrosos á los cuales no se resuelve arregle de modo que no te la reconozcas
uno sino despues de una lucha violenta. El al mirarte en el espejo.
judío , con su mirada de lince , no hubiera Nancy obedeció, y Sikes , cogiendo su mano
dejado de reconocer aquellos síntomas y de la estrechó en la suya, á tiempo que dejaba
alarmarse; pero Sikes, que no era tan ducho caer la cabeza sobre la almohada con la vista
c orno él, no manifestó otras sospechas que siempre fija en la jóven. Despues cerró los
¡as que podia inspirarle su ruda y vulgar des- ojos dos ó tres veces volviendo á entreabrir
OLIVERIO TWIST. 177
los otras tintas; el bandido estaba inquieto; reloj , decidióse por fin , y se detuvo en el
adormeciase unos minutos y volvia á desper vestíbulo. No encontrando á nadie en la por
tarse lanzando en torno suyo una mirada de teria, miró á su alrededor con incertidumbre
terror; despues quedóse con los ojos fijos, y y se dirigió hácia la escalera.
al fin cayó en un pesado y profundo sueño. — ¡ Hé I jóven, gritó una doncella de aspec
Su mano soltó la de Nancy , dejfj caer el bra to procaz abriendo una puertecilla y miran
zo con languidez, y pareció hallarse acome do á Nancy ; ¡ por quién preguntais !
tido de una profunda catalepsia. —Por una señora que vive en esta casa.
—El láudano ha producido al fin su efecto, — ¡Una señora! replicó la otra con aire
murmuró la jóven, separándose de la cabece desdeñoso; i qué señora, si gustais?
ra de la cama. Acaso sea ya demasiado tarde. . —La señorita Maylie, dijo Nancy.
Al decir estas palabras , púsose apresura La doncella, que durante este tiempo la ha
damente su sombrero y su chai, no sin diri bia examinado de piés á cabeza , no contestó
gir una mirada de temor en torno suyo. A pe sino con una mirada de supremo desden, y
sar del licor soporífico , pareciale que de un llamó á un lacayo para que diese razon. Nan
momento á otro iba á sentir sobre su hom cy le dirigió la misma pregunta.
bro la pesada mano de Sikes. Por fin, incli* — i A quién debo anunciar ! preguntó el la
nóse ligeramente sobre la cama, abrazó al cayo.
bandido , y abriendo en silencio la puerta del —Es inútil que os diga mi nombre.
cuarto, cerrándola despues con precaucion, —i A qué venís !
salió de la casa corriendo. —Tampoco puedo decíroslo: es preciso que
En el momento de salir cantaba un sereno yo vea á esa señora.
las nueve y media. —Vaya , dijo el lacayo empujándola hácia
—i Hace mucho que ha dado la medial le la puerta ; acabemos pronto; despejad si os
preguntó la jóven. ' place .
—Van á dar los tres cuartos, dijo el hom —En ese caso será preciso que me arrojeis
bre levantando el farol para ver el rostro de fuera , replicó la jóven con acento de cólera,
Nancy. y yo os aseguro que para eso no bastan dos
—Necesito lo menos una hora para llegar, de vosotros, ¿ No hay aquí nadie , añadió mi
murmuró Nancy desapareciendo como un rayo. rando á su alrededor , que quiera hacer esta
Ya empezaban á cerrarse las tiendas en las comision para 'una pobre desgraciada como
callejas que atravesaba para dirigirse desde yo!
Spitalfields á West-End. Al oir que el re
loj daba las diez , aumentóse su impaciencia, Aquel llamamiento produjo su efecto en un
y apresurando el paso comenzó á codear á los cocinero grueso , que en medio'de otros cria
transeuntes á derecha é izquierda , tropezando dos presenciaba la escena , y avanzando algu
con todo el mundo, y atravesando sin inquie nos pasos exclamó:
tarse calles llenas de una multitud compacta, —Vamos , José, haz lo que te pide.
que esperaba con impaciencia el momento de —i Y para qué! i Creeis que la señorita re
pasar de un lado á otro. cibirá á una mujer como esta?
—Es una loca , decian algunos viéndola cor Esta alusion á la moralidad dudosa de Nan
rer desatinada. cy , fué causa de que cuatro criadas , testigo»
Cuando hubo llegado á uno de los barrios de la escena, lanzasen exclamaciones de pu
principales de la ciudad, las calles estaban en dor ofendido.
comparacion mas desiertas., y su rápida car —Una criatura como esa, decian ellas, es
rera pareció excitar mas cuiiosidad entre los la vergüenza de nuestro sexo , y se la debe
paseantes ociosos. Algunos apresuraban el pa arrojar sin piedad á un canal.
so para, ver dónde iba tan aprisa, y otras, —Haced de . mí lo que querais , repuso la
que iban delante , se volvian para mirarla, jóven volviéndose hácia las críados ; pero pres
admirados de verla andar de aquel modo ; pe tadme el servicio que os pido. ¡ Hacedlo por
ro unos y, otros se alejaron al fin, y al llegar amor de Dios!
la jóven al sitio donde se dirigia, hallábase El sensible cocinero unió sus instancias &
enteramente sola. las de Nancy , y el lacayo que apareció pri
Detúvose ante un edificio situado en una mero , consintió en pasar e! recado.
de esas pacíficas y bien habitadas calles in -—¿Qué diré! preguntó al poner el pié en
mediatas á Hyde-Park. En el momento en el primer escalon. <
que , merced a la brillante claridad del gas, —Decid que una jóven pide con instancia
acababa de reconocer la casa , dieron las once, hablar á solas con la señorita Mailye , dijo
y entonces comenzó á vacilar no sabiendo si Nancy, y que si la señorita consiente en oir
retropeder ó seguir adelante. Pero al oir el solo una palabra de lo que tengo que decirla,
T. TI. 12
178 OLIVERIO TWISL.
podrá escachar lo demás , 6 disponer que me Al levantar los ojos vió que tenia delante
arrojen á la calle como embustera. una hermosa jóven; entonces bajó la vista,
- —¡ Diablo ! dijo el lacayo , ¡ qué aprisa movió la cabeza, y afectando la mayor indi
vais ! ferencia dijo :
— Subid, dijo la joven con firmeza, y sepa —Es muy diñcil penetrar hasta vos , seño
yo pronto la contestacion. rita ; si por haberme incomodado me hubiese
El criado subió rápidamente la escalera, y ido , acaso lo habríais sentido algun dia.
Nancy pálida y respirando apenas , esperó con —Siento mucho que os hayan hecho tan
la mayor impaciencia. Con los labios temblo mala recepcion , replicó ; pero no penseis mas
rosos , y (aparentando el mas profundo des en eso. Decidme lo que os trae; ¿es á mí á
precio, escuchó las ultrajantes palabras de las quien queriais hablar!
criadas , que no cesaron de hablar hasta que El tono benévolo que acompañó á esta res
volvió el criado á decir á la jóven que podia puesta , la dulce voz y las maneras afables de
subir. la jóven , que no revelaban orgullo ni des
'—De nada sirve ser mujer honrada en este contento , excitaron la sorpresa de Nancy y
mundo, dijo la primera criada. rompió á llorar.
—Parece que el cobre vale mas que el oro — ¡Oh! señorita, señorita, exclamó ocul
que ha pasado por el fuego , dijo la segunda. tando el rostro entre las manos, si hubiera
La tercera se contentó con decir: «¡lo que mas como vos habría menos como yo. ¡ Oh !
son las grandes señoras !» y la cuarta lanzó es bien seguro !
una exclamacion , que fué repetida por todo —Sentaos, dijo Rosa; me estais dando pe
el coro de aquellas castas Dianas. na. Si sois pobre y desgraciada , será para mi
Sin hacer aprecio de todo aquello, Nancy, una verdadera felicidad el poder ayudaros en
pensando en cosas mas serias, siguió temblo algo ; pero sentaos , yo os lo ruego.
rosa al criado , quien la introdujo en una pe —No , permitidme estar de pié y no me
queña antecámara , iluminada por una lámpa hableis con tanta bondad antes de conocer
ra suspendida del techo. Invitóla el criado á me Ya se hace tarde Esa puerta
que se sentase , y la dejó sola. ¿ está cerrada !
—Sí, contestó Rosa retrocediendo algunos
CAPITULO XL. pasos como para estar mas al alcance de la
voz en caso de tener que pedir socorro. ¿Por
qué me haceis esa pregunta !
Extraña entrevista , queforma la continuacion —Porque voy á poner mi vida y la de mu
del capítulo precedente. chas personas en vuestras manos. Yo soy la
que conduj9 por fuerza al pobre Oliverio á
Nancy habia arrastrado una existencia mi casa de Fagin el judío , la noche que el chico-
serable en las calles, en los tabucos y en los salió de Pentonville.
mas asquerosos lupanares de 'Londres ; pero —i Vos.' dijo Rosa.
aun le quedaba algo de los sentimientos de la —Yo misma ; yo soy la miserable de quien
mujer. Al oir el paso ligero de una persona habeis oido hablar , y la que vive en medie*
que se acercaba , al pensar en el extraño con de los bandidos , sin haber tenido nunca otra
traste que iba á resultar al encontrarse junto existencia! Jamás he oido mas dulces pala
á la señorita de Maylie , sintióse agobiada bajo bras que las que ellos me han dirigido ! ¡ Dio»
el peso de su propia vergüenza y retrocedió : tenga compasion de mí! No trateis de ocultar
parecióle que no podria soportar la presencia el horror que os inspiro , señorita ; soy mas
de aquella á quien tanto habia deseado ver. jóven de lo que parezco, mas no es esta Ja
Pero el orgullo entró en lucha con sus bue primera vez que infundo temor ! Las mismas
nos sentimientos ; el orgullo , vicio inherente pobres retroceden cuando paso á su lado por
á los seres mas bajos y degradados , como á la calle.
las naturalezas mas nobles y elevadas. La in — ! Qué cosas tan horribles me decfs ! repu
fame compañera de los bandidos y ladrones, so Rosa, alejándose involuntariamente de
la guardiana de sus impuras cloacas, la cóm aquella extraña mujer.
plice de tantos criminales , aquella mujer que — ¡Oh! querida señorita, dad de rodillas gra
•vivia á la sombra del cadalso , aquella criatu cias al cielo porque os ha deparado amigos-
ra envilecida, tenia aun demasiado orgullo para vigilaros y cuidar de vuestra infancia !
para dejar conocer un sentimiento de emocion Dadle gracias por no haberos expuesto al frio,
que miraba como una debilidad. Y sin em al hambre , á una vida disipada y á alguna
bargo , aquel sentimiento era el único lazo que otra cosa peor , como me ha sucedido á mi
la unia aun á su sexo. desde la cuna. Sí, bien puedo decirlo; el ar
OLIVERIO TWIST. 179
tojo de una calle fué mi cuna ,, y acaso será riesgo, hacerse dueño del dinero de aquel
también mi lecho de muerte ! diablillo , hubiera preferido conseguir su obje
—Me estais afligiendo, dijo Rosa con voz to de otro modo. «¡Oh! ¡qué buena broma,
conmovida y entrecortada ; mi corazon se opri dijo , si pudiéramos dar un mentís á las orgu-
me solo con oiros. * llosas esperanzas que dictaron el testamento
—Bendita seais por vuestra bondad ; si su del padre , paseando á ose chico por todas las
pierais lo que soy algunas veces, quizás me prisiones de Londres, ó haciéndole ahorcar
compadeceriais mucho mas. Me he escapado por un crimen capital ! Eso no os seria difícil,
de entre las manos de aquellos , que no deja Fagin , y obtendriais una buena recompensa. »
rian de matarme si supieren que estoy aquí; — iQué significa todo esol dijo Rosa,
y me he escapado para revelaros un secreto —La verdad, señorita, por mas que salga
que acabo de sorprender, i Conoceis á un hom de mi boca, replicó la jóven. Despues prefino
bre llamado Monks! algunas blasfemias , que os hubieran sorpren
—No, contestó Rosa. dido mucho , pero á las que ya estén acostum
—Pues él os conoce, sabe que estais aquí, brados mis oidos , para manifestar que si pu
y gracias á que le oí dar vuestras señas, he diera aplacar su odio con la muerte del chico,
podido venir á veros. sin arriesgar el pellejo, no vacilaria en hacer
—Nunca he oido pronunciar ese nombre. lo ; pero que puesto que la cosa era imposible,
—Entonces es que ha cambiado de nombre le vigilaria Se cerca , y que si tenia la des
entre nosotros, lo cual ya sospechaba yo. Hace gracia de intentar aprovecharse de las venta
algun tiempo, pocos dias despues de la famo jas de su nacimiento y de su historia, sabría
sa noche del robo, en que introdujeron á Oli concluir con él. «Y os aseguro , Fagin , aña
verio en vuestra casa, oí una conversacion dió, que por mas judío que seais, no habeis
de aquel hombre y Fagin, cierta noche que tendido en vuestra vida un lazo como aquel
estaban juntos , y descubrí que Monks , como en que voy á coger á mi jóven hermano Oli
nosotros le llamamos .... pero que vos..... verio.
—Sí, sí, dijo Rosa, ya lo sé..... despues.... — ¡Su hermano ! exclamó Rosa.
—Parece que Monks le vi<5 por casualidad —Esas son sus propias palabras , dijo Nan-
el dia que nosotros le perdimos por la prime cy , que dirigia á todas partes inquietas mi
ra vez, y que reconoció en él al momento el radas desde el principio de la conversacion,
muchacho que buscaba. Por qué le buscaba es creyendo siempre ver á Sikes á su lado. Pero
lo que no me explico: pero es lo cierto que no es esto todo ; cuando empezó á hablar de
hizo un convenio con Fagin , por el cual este vos y de la otra señora, añadió que podia de
tendría derecho á cierta suma en el caso de . cirse que el cielo ó mas bien el infierno cons
que se apoderase de Oliverio, debiendo perci piraban contra él, puesto que Oliverio habia
bir doble si hacia del chico un ladron. Claro caido en vuestras manos. Despues prorumpió
está que Monks al pedir esto tenia su objeto. en una carcajada diciendo que para alguna co
—¿Y cuál puede ser su intencion! preguntó sa es buena la desgracia, pues por saber
Rosa. quién era aquel chico , dariais vos muchos
—Eso es lo que esperaba saber, dijo la jó- miles de libras esterlinas si las tuvierais.
ven ; pero quiso la casualidad que viese Monks —Supongo no creereis que haya hablado
mi sombra en la pared , y os juro que en mi formalmente,, dijo Rosa palideciendo.
lugar, pocas se hubieran escapado como yo lo —Yo os aseguro que sí, repuso Nancy
hice. En fin , yo me escapé y no le he vuelto moviendo la cabeza; Monks es persona que
á ver hasta ayer tarde. habla con mucha formalidad cuando aborrece,
—¿Y qué sucedió entonces ! y si bien hay otros que dicen cosas peores,
— Voy á decíroslo: anoche volvió , como el prefiero oir estas antes que escucharle á él.
otro dia , y subió con el judío á la habitacion Pero ya se hace tarde , y es preciso que vuel
supeiior. Entonces yo, despues de arreglar va á casa antes que se aperciban de mi falta.
mi ropa para que no me sucediese lo que la Voy á marcharme al instante.
otra vez , me puse á escuchar á la puerta. Hé —Pero iqué puedo yohacerl preguntó Ro
aquí las primeras palabras que oí decir á sa; sin vos ¿cómo he de utilizar el aviso que
Monks: «Sí, los únicos testimonios que prue acabáis de daime! ¡Os vaisl ¿Quereis pues
ban la identidad del chico , están en el fondo volver entre esos bandidos que me habeis
del tío, y la vieja bruja que los recibió, pu pintado con tan horribles colores ! Esperad;
driéndose en el otro mundo." Al decir estas en la habitacion inmediata hay un caballero a
palabras comenzaron á reírse , vanagloriándo quien puedo hacer venir al momento : repe!idle
se de haber dado un famoso golpe. Al hablar lo que acabais de decirme, y antes de media
del chico , parecia Monks estar furioso , y de hora se os conducirá & un sitio donde estareis
cia, que aun cuando hubiese alcanzado sin con toda seguridad.
180 OLIVERIO TWIST.
—No , dijo la jóven , debo marcharme ; es —i Qué hacer! dijo Rosa; yo no debo de
preciso que vuelva, porque... Pero ¿cómo he jaros marchar así.
de decir semejantes cosas á una señorita tan — Sí, señorita, debeis y me dejareis mar
virtuosa como vos? Me voy porque en medio char, repuso la jóven levantándose; y no
de esos hombres de quienes acabo de habla creo me detengais , pues me he fiado de vues
ros hay uno... el mas terrible de todos, á tra bondad sin exigir un juramento como hu
quien no debo abandonar, á quien no aban biera podido hacerlo.
donaré jamás aun cuando hubiesen de arran —Entonces , ¿ qué uso quereis que haga de
carme la miserable existencia que arrastro. vuestras revelaciones! preguntó Rosa. Es
—Vuestra intervencion en favor de ese po preciso penetrar ese misteiio, pues de otro
bre niño, dijo Rosa, vuestra venida á esta modo, ¿cómo quereis que sea útil á Oliverio
casa, en la que us habeis presentado con ries el secreto que acabais de revelarme!
go vuestro para revelarme un secreto ; vues —Supongo tendreis alguna persona de con
tra actitud, que me hace creer en la sinceri fianza, algun amigo que os aconseje.
dad de vuestras palabras; vuestro arrepenti —Pero i dónde podré veros en caso de
miento , y en fin , la conciencia que teneis de necesidad! preguntó Rosa; yo no quiero sa
vuestra propia vergüenza , todo me induce á ber donde viven esos hombres horribles...
creer que aun queda algo bueno en vos. ¡Ohl —Pues bien , replicó Nancy; i quereis pro
yo os lo suplico , añadió Rosa con energía, meterme guardar fielmente el secreto, y ve
juntando sus manos mienttas las lágrimas nir sola, ó acompañada de vuestro confidente,
inundaban su rostro; no os mostreis sorda á al sitio que os indique, con la condicion de
las súplicas de una persona de vuestro sexo, la que nadie me siga ó vigile!
primera , sí... la primera acaso que os ha di —Os lo juro, contestó Rosa.
rigido palabras de bondad y conmiseracion. ' —Todos los domingos por la noche, dijola
Escuchad mi voz y dejadme salvaros para el jóven sin vacilar, de once á doce, me pasea
porvenir. ré por el puente de Londres si vivo todavía.
—Señorita, exclamó" Nancy cayendo de viendo —Esperad un instante, interrumpió Rosa,
rodillas, sois un ángel de dulzura, y esta es una vezque la jóven iba á salir. Reflexionad
mas sobre vuestra situacion y sobre
la primera vez que oigo palabras tan consola
doras. Mas ¡ ay I por qué no las habré oido la oportunidad que se os presenta de salir de
ella. Teneis derecho á todas mis simpatías,
algunos años antes! ellas me hubieran libra no solo porque habeis venido espontáneamen
do del vicio y de la desgracia , pero ahora ya te á comunicarme un secreto , sino porque
es tarde , ya es demasiado tarde ! sois una mujer casi irrevocablemente perdida.
—Nunca es tarde, repuso Rosa, para el ¿Quereis aun volver á reuniros con esa ban
arrepentimiento y la expiacion. da de ladrones, y sobre todo, con ese hom
— ¡Oh! exclamó la jóven, presa de los tor bre , cuando una sola palabra puede salvaros!
mentos de su conciencia , es demasiado tar ¿ Cuál es el encanto irresistible que os atrae
de ! Ahora no puedo ya abandonarle ! No á esa sociedad en la que arrastrais una vida
quiero ser causa de su muerte ! de oprobio y de miseria! ¡Cómo! ¡será posi
— i Cómo causaríais su muerte ! preguntó ble que no encuentre en vuestro corazon la
Rosa. menor cuerda sensible! ¿No hallaré acaso na
—Nada podría salvarle, dijo Nancy; si yo da que pueda arrancaros de esa terrible fas
dijera á otros lo que acabo da* deciros, su cinacion !
muerte seria segura I Es el mas resuelto; —Cuando señoras tan hermosas y tan bue
y ha cometido tales atrocidades ! nas como vos, dan su corazon, replicó con
— i Es posible, exclamó Rosa, que por se firmeza Nancy , el amor puede arrastrarlas li
mejante hombre renuncieis á la esperanza de jos, aunque tengan casa, numerosos amigos,
una vida mejor y á la certeza de veros inme admiradores y todo cuanto pueda seducirles.
diatamente libre! Eso es una locura I Pero cuando mujeres como yo, que no tie
—Será lo que querais ; pero creed [que no nen mas asilo seguro que la tumba , ni otro
soy yo la única. Hay centenares de mujeres amigo en la enfermedad ó la muerte que las
tan miserables y tan degradadas como yo. criadas de un hospicio; cuando esas mujeres
Ahora es preciso que me vaya ; no sé si Dios han entregado su impuro corazon á un hom
querrá castigarme por el mal que he hecho... bre que hace con ellas las veces de pariente
pero hay alguna cosa que me atrae á ese hom y amigo , y cuando el amor de aquel hombre
bre , á pesar de los malos tratamientos que ilumina con un débil reflejo su miserable exis
me hace sufrir , y aun cuando supiera que iba tencia, (quién puede esperar que se le aban
á matarme, no dejaría de volver á reunirme done! Compadeccdnos, señorita, compade-
con él. cednos por tener esta debilidad propia de una
OLIVERIO TW1ST. 181
mujer ; compadecednos porque un decreto ter guientes; pero la joven conocía demasiado
rible ha convertido en horribles sufrimientos bien el carácter impetuoso y violento de aquel
Jo mismo que debia ser nuestro consuelo y excelente amigo , y no se le ocultaba cuál se
orgullo. ria su cólera al oír los detalles sobre el robo
—Veamos, dijo Rosa despues de un ins de Oliverio. Además, ¿cómo confiarle aquel
tante de silencio , espero aceptareis un poco secreto , no teniendo nadie para auxiliarla en
de dinero que os permita vivir honradamen favor de la pobre mujer! Eran todos estos
te... al menos hasta que nos veamos. motivos para tomar las mas minuciosas pre
—Ni un penique, repuso lajdven despi cauciones antes de confiar nada á la seño
diéndose con la mano ra Maylie, que no hubiera dejado de con
—No rehuseis lo que quiero hacer por ferenciar al momento con el doctor. En cuan
vuestro bien, dijo Rosa con acento de bene to á tomar consejo de un jurisconsulto, no ha
volencia. Quisiera seros útil en algo. bia que pensar en ello por las mismas razo
—El mejor medio para serme útil , repuso nes. Por un momento tuvo la idea de hablar
Nancy torciéndose las manos, seria arrancar á Enrique , pero este pensamiento despertó el
me de un solo golpe la existencia. Esta no recuerdo de su última entrevista, y no creyó
che he sentido mas que nunca mi oprobio, y propio de su dignidad volver á llamarle , pues
ya seria alguna cosa no morir en el mismo to que acaso la habría olvidado , consiguiendo
infierno que he vivido. Que el cielo os ben vivir feliz sin ella. A esta última reflexion 'sus
diga , amable señorita , y os colme de tanta ojos se llenaron de lágrimas.
felicidad como á mi me ha colmado de ver Agitada por todas estas reflexiones, y dese
güenza ! chando cada medio á medida que se ofrecía,
Al pronunciar estas palabras , la desgracia á su espíritu , Rosa pasó la noche sin dormir,
da salid sollozando, y dejó á Rosa Maylie presa de la mayor inquietud. Al dia siguien
agobiada con el peso de aquella extraña en te, despues de haber reflexionado mucho y
trevista ; creíase juguete de un sueño , y de no sabiendo qué hacer, decidiese á consultar
jándose caer en una silla, trató de coordi á Enrique. Si le es penoso volver aquí , pen
nar sus confusas ideas. só Rosa, mas penoso será para mí verle. Pe
ro i querrá venir! puede que no. ¿Quién sa
be si se contentará con escribirme! ó aun su
CAPÍTULO XLI. poniendo que venga él mismo, ¿quién me
asegura que no tratará de evitarme como lo
Donde se demuestra que las sorpresas son co hizo á su marcha! Jamás lo hubiera espera
mo las desgracias, que nunca vienen solas. do; pero acaso haya sido mejor para los dos.
En aquel momento Rosa dejó caer su plu
ma y se volvió como si temiera que viese sus
Rosa , preciso es confesarlo , se hallaba en lágrimas el papel que iba á ser el fiel mensa
una situacion sumamente difícil. Al mismo jero de su secreto.
tiempo que experimentaba el deseo de rasgar Ya habia dejado la pluma varias veces y
el tenebroso velo que envolvía la historia de pensado la primera línea de su carta sin es
Oliverio, érale preciso guardar religiosamen cribir una palabra, cuando Oliverio, que se
te el secreto que aquella miserable mujer , con habia paseado por las calles en compañía de
la que acababa de hablar , habia confiado á Giles, entró de pronto en el cuarto casi sin
su inocente y cándida fe. Las palabras de aliento. Su agitacion parecia precursora de
Nancy y sus maneras , inspiraban compasion una nueva alarma.
Á Rosa, y el deseo de atraer al arrepenti —¡Dios mio! ¿qué ocurre! ¿por qué ese
miento y la esperanza á la desgraciada jóven aire trastornado! preguntó Rosa saliendo á su
confundíase en su corazon con el amor, no encuentro.
menos ardiente y sincero, que habia consagra —Yo no sé, pero parece que me ahogo,
do á Oliverio Twist. replicó Oliverio. ¡ Dios mio ! cuando pienso
Habian resuelto permanecer tres dias en que al fin vais á tener la prueba cierta de
Londres antes de ponerse en camino para ir que es verdad todo cuanto os he dicho !
á pasar algunas semanas en un puerto de mar —Nunca creí lo contrario, dijo Rosa tra
lejano. Era el primer dia é iban á dar las do tando de calmarle; pero ¡qué ocurre! ¿de
ce de la noche, i Qué determinacion tomar en quién quereis hablar !
el espacio de veinte y cuatro horas! Y por — I Ahí de ese caballero! ya sabeis... dijo
otra parte i cómo retardar el viaje sin excitar Oliverio, articulando apenas la3 palabras, del .
sospechas ! señor Brunlow , de quien hemos hablado con
El doctor se hallaba con Rosa y su tía, 6 tanta frecuencia...
iba á permanecer con ellas los dos dias si- —¡Dónde le habeis visto! -,
182 0L1VBBI0 TWIST.
—Bajaba del coche , replicó Oliverio ver autómata, saludó, y volvió á dejarse caer á
tiendo lágrimas de alegria, y entraba en una plomo sobre su silla.
casa. No he podido hablarle... no he podido —Segura estoy que voy á sorprenderos,
hablarle porque no me veia , y yo temblaba dijo Rosa, naturalmente intimidada ; pero ha
de tal modo que me sentí sin fuerzas para beis mostrado ya mucha bondad y benevolen
llegar hasta él. Pero Giles ha preguntado si cia hácia un muchacho á quien aprecio mu
era allí donde vivia, y han contestado afir cho y estoy cierta que os interesará recibir
mativamente. Mirad, añadid Oliverio desdo noticias suyas. ,
blando un pedazo de papel, hé aquí sus se — ¡ Ahí bah! exclamó Brunlow.
ñas... Me iré corriendo, j Oh ! Dios mio ! Dios —Se trata de Oliverio Twist, replicó Ro
mio ! al pensar que voy á verle y escuchar su sa; i habeis sabido cómol
voz , no sé lo que me pasa ! Apenas hubo pronunciado Rosa el nombre
Absorta Rosa con aquellas palabras y ex de Oliverio Twist , cuando el señor Grimwig,
clamaciones incoherentes, leyó las señas es que aparentaba estar absorto en la lectura de
critas en el papel , que eran : Craven Street, un libro in folio , lo cerró con gran ruido , é
Stránd , y prometióse utilizar aquel descubri inclinándose sobre el respaldo de su silla,
miento. mostró su semblante en el que se pintaba el
—Vamos pronto , .dijo Rosa ; que vayan á mayor asombro. Durante algun tiempo per
buscar un coche, y entretanto preparaos pa maneció con los ojos fijos; pero despues, co
ra acompañarme, que yo estaré dispuesta al mo si se avergonzara de revelar una gran
instante. Voy á decir á mi tía que salimos emocion, hizo un esfuerzo, por decirlo así,
por una hora. convulsivo para volver á su primera postura,
Oliverio no se hizo repetir la órden dos ve y mirando de frente dejó oir un silbido sordo,
ces , y en menos de cinco minutos , Rosa y él que en vez de extenderse por el espacio, fué
se hallaban en camino para Craven Street. ásumorir en las mas secretas profundidades de
Cuando hubieron llegado, Rosa dejó á Oli estómago.
verio en el coche bajo el pretexto de prepa El señor Brunlow no quedó menos sor
rar al anciano á recibirle, y enviando su tar prendido , pero su asombro no se dió á cono
jeta con el criado solicitó ver al señor Brun cer de una manera tan excéntrica, y aproxi
low para hablar de negocios urgentes. El cria • mando su silla á la de Rosa le dijo:
do volvió á poco para decir que subiese , y — Os ruego, mi apreciable señorita, que
condujo á Rosa al piso principal donde fué dejeis á un lado esa benevolencia de que me
presentada á un caballero anciano de agrada hablais , y que todos ignoran. Si teneis prue
ble aspecto, que vestía un traje verde bote bas que puedan modificar la desfavorable opi
lla. A poca distancia de este hallábase otro nion que tengo formada de ese pobre mucha
anciano , cuyo exterior no era tan simpático. cho , en nombre del cielo ! dádmelas pronto.
Llevaba polainas y calzon de nankin , y tenia —Es un solemne tunante, apostaria á que
- las manos apoyadas en un grueso baston so es un solemne tunante , murmuró entre dien
bre cuyo puño descansaba la barba. tes Grimwig , impasible como un ventrílocuo.
—¡Ah! Dios mio! os ruego me dispenseis, Rosa —Es un alma noble y generosa , replicó
ruborizándose , y el Señor , que ha juz
señorita , dijo el anciano del traje verde bote gado oportuno someterle á pruebas superio
lla, levantándose apresuradamente y saludan
do con la mayor cortesia... yo creí que era su corazonfuerzas
res á sus y á su edad , ha puesto en
algun importuno que... os ruego que me dis sentimientos que honrarian á per
penseis. Sentaos si os place. sonas que tienen seis veces mas años que él.
—Yo no tengo mas que sesenta y un años,
—Supongo que sois el señor Brunlow, di
jo Rosa mirando alternativamente al anciano señora, repuso Grimwig, siempre impasible;
del pantalon de nankin y al del traje verde ytroá Oliverio
no ser que el diablo ande en ello , vues
no tiene menos de doce años, por
botella. lo cual no veo á quien pueda aplicarse esa
—Kse es en efecto mi nombre, señorita; observacion.
este caballero es mi amigo Grimwig. Grim- —No hagais caso de mi amigo, señorita,
\vig, i quereis dejarnos un momento solosl repuso Brunlow; no sabe lo que se dice.
—Yo creo, interrumpió Rosa, que en las —iDeveras! murmuró Grimwig.
actuales circunstancias, puede asistir este ca —No, no lo sabe, dijo Brunlow levantán
ballero á nuestra entrevista, toda vez que, se- dose con impaciencia.
• gun tengo entendido, conoce ya el asunto de —Apostaria á que sí lo sabe , volvió á re
que vengo á tratar. plicar Grimwig.
Brunlow hizo una inclinacion de cabeza, y —Entonces mereceria que le rompiesen la
Grimwig, levantándose con la rigidez de un cabeza , replicó Brunlow.
OLIVERIO TWIST. 183
— ¡Ahí eso sí que sena curioso de ver, tirando da la campanilla. Que venga la señora
contestó Grimwig dando up ^bastonazo en el Bedwin.
suelo. La anciana ama de gobierno acudió presu
Llegados & este punto , los dos viejos ami rosa , y despues de hacer una reverencia, de
gos tomaron un polvo de rapé, y siguiendo túvose en la puerta, esperando órdenes.
su invariable costumbre , diéronse un apreton —Vamos, cada dia estais mas ciega, seño
de manos. ra Bedwin , dijo Brunlow con tono brusco.
—Atora, señorita, dijo Brunlow, volva —Sí señor , repuso la anciana ; á mi edad
mos al objeto que tanto interesa á vuestro no se mejora la vista.
buen corazon. Dignaos referirme lo que se —No es nada nuevo lo que nos decís , re
pais del pobre chico , y permitidme deciros plicó Brunlow; vamos! poneos los anteojos,
antes, que yo agoté todos los medios de des y veamos si adivinais para qué os he manda
cubrirle , y que desde mi aifséhcia de este do venir.
país, se ha modificado mucho la idea que te La anciana comenzó á registrar su bolsillo
nia formada de él. para buscar los anteojos; pero Oliverio, en
Rosa, que habia tenido tiempo de coordi su impaciencia , no pudo esperar á que se hi
nar sus ideas, refirió sencillamente en pocas ciese aquella prueba, y obedeciendo á su.
palabras todo lo sucedido á Oliverio desde primer impulso, precipitóse en sus brazos.
que abandonara la casa de Brunlow, reser —¡ Dios me perdone ! exclamó la anciana
vándose sin embargo decir nada acerca de las abrazándole ; es mi querido niño.
revelaciones de Nancy, y terminó aseguran — ! Ohl mi buena amiga ! murmuró Olive
do que la única pena del chico despues de rio.
tantos meses, era no poder encontrar á su —Ya sabia yo que volveria, dijo la ancia
antiguo bienhechor y amigo. na estrechando al chico entre sus brazos.
— ¡ Dios sea loado ! exclamó el anciano, es ¡ Qué buen aspecto tiene! Diriase al verle
una gran felicidad para mí , verdaderamente tan bien vesüdo que es un caballerito. i Dón
una felicidad ; pero aun no me habeis dicho de habeis estado todo este tiempo ! Siempre la
donde se halla, señorita. Dispensadme la re misma dulzura de fisonomia, pero menos pá
prension , mas i por qué no haberle traido ! lido ! la misma expresion en los ojos, pero
—Espera á la puerta en un coche , contes menos tristes l ¡ Ah ! nunca he olvidado sus
tó Rosa. facciones ni su amable sonrisa , y siempre se
— 1 A mi puerta ! exclamó el anciano. me figuraba verle al lado de mis pobres hi
Y precipitándose fuera de la habitacion, jos, ya muertos ! Yo era entonces jóven !
bajó apresuradamente la escalera y se halló Asi diciendo , la pobre anciana examinaba
en un momento á la portezuela del coche. á Oliverio y estrechábale en sus brazos, llo
Apenas se hubo cerrado la puerta de la rando silenciosamente con la cabeza apoyada
sala , alzó Grimwig la cabeza, y recostándo sobre el hombro del chico.
se en el respaldo de su silla hizo girar á esta Brunlow , dejando á la señora Bedwin y á
tres veces sobre uno de sus pies , ayudándose Oliverio hablar á sus anchas , pasó á otra ha
con la mesa y el baston. Despues de ejecu bitacion, donde le refirió Rosa todos los de
tar esta maniobra, levantóse, y dando diez ó talles relativos á su entrevista con Nancy , de
doce vueltas por el cuarto , detúvose de pron talles que le causaron tanta sorpresa como
to delante de Rosa , y la abrazó sin mas ce inquietud. Rosa explicó porqué en el primer
remonia. momento no quiso confiar el secreto á Los-
— ¡ Chut ! murmuró al ver á Rosa alarmar borne, y Brunlow, juzgando que habia obra
se por aquel extraño proceder , no tengais do con prudencia , resolvió en el acto tener
miedo ; hija mia ; por mis años podria ser ya una conferencia con el digna doctor sobre
vuestro abuelo , vos sois una hermosa niña y aquel punto. Queriendo poner en ejecucion
yo os amo. Ya están aquí. su proyecto lo mas pronto posible , decidióse
En efecto , en el momento en que por una á ir á la mañana siguiente á casa de la seño
hábil conversion de izquierda á derecha, vol ra Mailye , á quien se informaria con precau
via el anciano á sentarse en su silla, apareció cion de todo cuanto pasase. Arreglados estos
Brunlow acompañado de Oliverio , al cual hi- preliminares, Rosa y Oliverio volvieron á su.
xo Grimwig una amable acogida. Aun cuan casa.
do Rosa Maylie no hubiese recibido otra re Rosa no se habia exagerado en manera al
compensa por sus cuidados por el chico que guna la cólera probable del buen doctor, pues
la felicidad que experimentó en aquel instan apenas se le hubo referido la historia de Nan
te, hubiérase creido suficientemente pagada. cy, cuando empezó á proferir terribles ame
—Pero el caso es, que aun hay una perso nazas é imprecaciones , jurando que iria á
na á quien no debemos¡olvidar , dijo Brunlow buscar á Blathers y Duff. Dsspues púsose el
184 OLIVERIO TWIST.
sombrero para llevar á cabo su propósito , y ha tomado parte , al menos que sepamos, en,
-es probable' que en el primer momento hu ninguno de los crímenes cometidos por esa
biera puesto su plan en ejecucion sin refle- cuadrilla de ladrones, es probable que solo se
-xíonar siquiera en las consecuencias, áno ha le castigue con encerrarle en la cárcel como
berle detenido, por una parte la diestra de vago , y 1ue mas tarde persistirá en su si
Brunlow, tan fuerte y tan irascible como lencio , lo cual es para nosotros lo mismo que-
, y por otra la serie de argumentos y razo - si fuese mudo, ciego ó idiota.
nes encaminados á que desistiese de semejan — i Pues bien ! dijo el doctor con viveza ,
te locura. vuelvo entonces á preguntar si debemos-
—Entonces , i qué diablos hemos de hacer ! creernos ligados por la promesa hecha á la
exclamó el impetuoso doctor cuando estuvie jóven. Conozco que esa promesa se ha hecho
ron presentes las señoras. ¿ Quereis acaso que con l|s mejores y mas leales intenciones, pero
-votemos una accion de gracias para esa cua en realidad.
drilla- de ladrones y ladronas , rogándoles se — Os ruego , señorita, dijo Brunlow vien
dignen aceptar cada uno cien- libras esterlinas do que Rosa iba á contestar , que no discu
-6 todo lo que querais, como una pequeña tamos sobre este punto , pues vuestra prome
prueba de nuestro aprecio, y una débil mues sa será fielmente guardada , sin que , á mi
tra de reconocimiento por su benevolencia modo de ver , estorbe esto en nada nuestra»
hácia Oliverio! * combinaciones. Sin embargo, antes de dispo
—No, no, yo no digo eso, replicó Brun ner nuestro plan , será necesario ver á la jó
low sonriendo ; pero es preciso obrar con dul ven para saber si quiere darnos á conocer á
zura y piudencia. ese Monks , en la inteligencia de que habla
— ¡Con dulzura y prudencia! exclamó el remos directamente con él sin valemos para
doctor ; yo empezaría por enviar á todos esos nada de la policía. En el caso de que no
Abribones á quiera ó no pueda darnos sus señas , la pre
—Enviadles donde querais, interrumpió guntaremos cuáles son los sitios donde con
Brunlow : pero lo primero es saber si envián- curre y cuál es su filiacion , á fin de que po
doles donde decís alcanzaremos nuestro ob- damos reconocerle. Ahora bien , como no po
' jeto. dremos ver á la jóven hasta el domingo y
—iQué objeto ! preguntó el doctor. hoy es martes , soy de opinion que hasta ese
— ¿ Podremos conocer á los parientes de dia nos estemos quietos , guardando el mayor
Oliverio ! i Será posible hacerle recobrar su silencio sobre este punto, aun con el mismo
nerencia, admitido que esa historia sea verí Oliverio.
dica ? ' . Aun cuando aquella dilacion de cinto dias
— ¡ Ah ! es cierto , dijo Losborne pasándose hizo fruncir el ceño al doctor, no pudo menos*
«1 pañuelo por la frente para refrescarse. Ya de reconocer que aquel era el mejor partido
no pensaba en ello. que podia tomarse, y como Rosa y la señora
— ! Ya lo veisl continuó Brunlow ; dejemos Mailye eran del mismo parecer de Brunlow,
-á un lado á esa pobre muchacha si quereis, la proposicion de este fué adoptada por una
y supongamos que nos sea posible , sin com nimidad.
prometerla , hacer que la justicia se apodere —Bien quisiera, dijo Brunlow, pedir con
de todos esos ladrones ; ¿qué habremos conse sejo á mi amigo Grimwig, pues por mas que
guido ! sea un hombre muy singular y redomado, po
—Ahorcar algunos de ellos y deportar á los dría servimos. Debo decir que ha estudiado
demás. leyes , y si abandonó el fero fué por el disgus
— ¡ Muy bien ! replicó Brunlow sonriendo ; to que le causó no haber tenido en veinte-
pero con el tismpo. volverán á verse libres, y años mas que un pleito. Vosotros podreis juz
-entretanto , si les prevenimos , haremos el gar si este es ó no un título á vuestra reco
<tuijote, en oposicion directa con nuestros in mendacion.
tereses , ó lo que es lo mismo con los de Oli- —No me opongo con tal que se me- permi
-verio. ta consultar tambien á mi amigo, dijo el doc
—i Cómo t preguntó el doctor. tor.
—Claro está que ha de costamos un traba —Muy bien , replicó Brunlow , se pedirán
jo ímprobo profundizar ese misterio mientras votos. i Quién es ese amigo !
no quitemos la máscara á ese Monks ; pero no —El hijo de esta señora , y antiguo amigo
podemos hacer esto sino por medio de una es de la señorita , replicó el doctor , señalando á
tratagema , cogiéndole un dia que se halle la señora Mailye y dirigiendo una expresiva
solo y no reunido con esos bribones. De no mirada á Rosa.
«er así , supongamos que se le detenga : co La jóven se ruborizó , pero no hizo obje
mo no tenemos pruebas contra él , y como no cion alguna, acaso por juzgar de poca impor
OUVBRIO TWIST. 185
tanda su voto ; y en consecuencia , Enrique á la espalda. El equipo del hombre se redu
Mailye y Grímwig fueron nombrados miem cía á un paquetito envuelto en un pañuelo
bros del comité. viejo, que suspendido al extremo de un pa
. —Bien entendido , dijo la señora Mailye, lo descansaba atravesado en su hombro. Gra
que no nos moveremos de Londres en tanto cias al poco peso del envoltorio y á la dimen
que haya alguna esperanza de que tengan un sion prodigiosa de sus piernas , el viajero to
buen resultado nuestras investigaciones. No maba con facilidad la delantera á su compañe
ahorrará trabajo ni dinero para conseguir el ra y de vez en cuando volvía la cabeza con.
objeto que nos proponemos , y aunque hu un gesto de impaciencia , como reprendiéndo
biera de permanecer aquí un año, no lo sen la por su lentitud y animándola a apresurar
tiría , mientras no se perdiese del todo la es el paso.
peranza. Así andaban por el camino lleno de polvo,
— ¡ Bueno ! repuso Brunlow ; ahora que sin fijarse en ninguno de los objetos que se
leo en todos los semblantes que me rodean el Ies presentaban á ia vista , y apartándose tan
deseo de preguntarme en primer lugar porqué solo para ceder el paso á los carruajes que
me ha sido imposible aclarar el misterio, y venían de la ciudad. Al llegar á Higbgate, el
despues porqué me marché tan rapentina- viajero se detuvo y gritó con tono brusco á
mente del reino, voy á poner como condicion su compañera :
que no se' me dirija ninguna pregunta hasta — ¿ Qué hacemos ! no puedes andar, Car
llegado el momento oportuno de explicarme, lota; ;qué holgazanería es esal
refiriendo mi propia historia. Cread que tengo —Es que llevo mucho peso , dijo la mujer
poderosas razones para obrar así , pues da adelantándose rendida de cansancio.
otro modo , podría dispertar esperanzas impo —Mucho peso ! ¡Qué estás diciendo! con
sibles de realizarse, ó aumentar las dificulta que decididamente no sirves para nada ! repu
des y los desengaños , ya tan numerosos. so el viajero pasando al otro hombro el pe
¡ Vamos ! acaban de llamarnos para cenar , queño lio. Hola i ya te paras otra vez... Si
y Oliverio , que está solo en la habitacion in te parecerá que aun no tengo motivo para im
mediata, podría creer que nos cansamos de pacientarme I
su compañía , ó que estamos fraguando algu — i Tardaremos mucho en llegar ! preguntó
na trama para abandonarle otra vez. la mujer recostándose en un poyo , con la ca
Al decir estas palabras , el anciano ofreció ra bañada en sudor.
su brazo á la señora Maylie y la condujo al — i Que si tardaremos ! mira, dijo señalán
comedor, seguido por Rosa y Losborne. dole con el dedo una enorme mole que se di
visaba en frente de ellos, ¿ves aquella clari
dad ! pues es el alumbrado de Londres.
CAPÍTULO XLH. —En este caso faltan dos millas largas á lo
menos , repuso la mujer con desaliento.
Un antiguo amigo de Oliverio da pruebas —Que falten dos, ó que falten veinte , lo
sorprendentes de su genio y llega á ser un mismo da, refunfuñó Noé Claypole (porque
personaje público en la capital. era él). ¿Eal marchen, ó si no te prevengo
que vas á recibir un puntapié.
Como la cólera ponía aun mas colorada la
Aquella misma noche en que cediendo nariz de Noé , y como este á la vez que ha
Nancy á los impulsos de su corazon, se diri blaba se iba adelantando con ánimo de poner
gía á casa de Rosa Maylie , despues que Si- en práctica su amenaza , la mujer se levantó
líes se hubo dormido , dos personas avanza sin chistar y empezó á caminar de nuevo pe
ban en direccion á Londres por el grande ca nosamente.
mino del Norte. El relato de nuestra historia —i En dónde pasaremos la noche, Noél
nos obliga á prestarles alguna atencion. preguntó despues de haber andado unos cien
La pareja se componia da un hombre y una pasos.
mujer , ó mas bien del macho y la hembra ; —i Lo sé yo acaso ! replicó Noé cada vez
porque el primero pertenecía á esa raza de mas irritado.
seres largos , chupados, huesosos y flacos, cu — Supongo que será cerca.
ja edad es un problema, pues durante su ni —No, pardiez, no será cerca; quítate esa
ñez parecen ya hombres formados que no han idea de la cabeza.
podido concluir de crecer, y cuando alcanzan — i Por quél
la edad viril nadie cree ver en ellos mas que —Porque debe bastarte que yo te lo man
niños bastante crecidos para sus años. La de , y procura no fastidiarme mas con tanto
mujer era jóven, pero fuerte y robusta, á por qué, gritó Claypole irguiendo su privile
juzgar por el enorme bulto que llevaba atado giada talla.
186 OLIVERIO TWIST.
—No hay motivo .para incomodarse, dijo roso que hasta ahora ha resistido en la ciudad
Carlota. de Londres á los progresos de la civilizacion.
—Vaya una idea chistosa! i Quieres parar Noé Claypole siguió adelante por las calles
te en el primer meson que se nos presente ! descritas, conduciendo á Carlota tras de sí-
¡No comprendes que si el señor Sowerberry tan pronto se detenia en medio del arroyo ,
nos persigue, no tendrá mas trabajo que me examinando con una sola mirada el aspecto
ter su vieja nariz por la puerta para sorpren de algun inmundo garito , como se deslizaba
demos ocultos en cualquier rincon, y hacer á lo largo de la pared , cuando el estableci
nos conducir atados á su casa ! No por nin miento le parecía demasiado concurrido para,
gun estilo ; me internaré por las calles mas su objeto. Finalmente se paró enfrente de ún
oscuras sin pararme hasta encontrar un tabu figon de apariencia aun mas innoble y repug
co que me ofrezca la mas completa seguridad. nante que todos los que habia visto hasta en
( Qué fortuna para tí , amiguita , que yo tenga tonces , y despues de cruzar la calle para exa
suficiente caletre para ambos ! A no haber minarlo bien desde la acera opuesta, anunció
emprendido desde un principio un camino á su compañera , con suma amabilidad , que
distinto para venir á encontrar luego este á debian pasar allí la noche.
través de los campos, ya hace ocho días que —¡ Pronto ! dame el lio , dijo Noé desatan
cstarias enjaulada , imbécil ; no te digo mas. do los tirantes que lo suipf!"ban á las espaldas
—Ya sé que eres mas experimentado que de Carlota y pasándolos á las suyas ; sobre
yo; pero no veo una razon para encajarme todo no hables una palabra sin mi permiso.
toda la responsabilidad , diciéndome que yo A ver qué muestra tiene la casa. A los tres...
estaría bajo llave. Ya sabes que nos hubieran á los tres qué !
enjaulado á los dos ; esto es seguro. —A los tres Cojos, dijo Carlota.
—Dime; ¿no has tomado tú sola el dinero —A los tres Cojos , repitió Noé ; magnífico
del cofrecitol observó Claypole. por vida mia ! Ea , adentro , no te separes de
—Pero lo he tomado para tí , Noé , replicó mí y entremos.
Carlota. Despues de haber dado estas disposiciones
— i Acaso está en mi poder! preguntó Clay empujó la puerta con el hombro y entró si
pole. guiéndole Carlota.
—No : tienes suficiente confianza en mí pa En el mostrador habia un judío de mez
ra permitir que yo lo lleve, y eso prueba que quino aspecto que apoyado en ambos codos
«res un buen muchacho, dijo la mujer acari parecia absorto en la lectura de un periódico
ciando la barba de Noé y cogiéndose de su manchado : al entrar Noé , suspendió su ocu
brazo. pacion para mirarle con insistencia ; este hizo
Efectivamente Claypole habia dejado el di lo mismo.
nero en poder de Cariota; pero es preciso A llevar Noé su traje de mozo de la Ca
añadir que no lo hizo porque tuviese la cos ridad, hubiera comprendido el exámen minu
tumbre de fiarse á ciegas de persona alguna, cioso que sufria por paite del judío, pero
hagámosle justicia ; habia calculado que en toda vez que habia dejado el vestido y la pla
caso de sufrir un arresto, era mejor que ca para endosarse una blusa , no veia motivo
encontraran encima de ella la prueba de su para llamar tanto la atencion en una taberna.
delito , quedando él libre de toda responsabi —¿ Es esta la taberna de los tres Cojost
lidad : como el lector comprenderá , nuestro preguntó.
hombre se abstuvo de decir la menor cosa —Esta es , contestó el judío.
que pudiera descubrir su plan y siguieron su —Un amigo que hemos encontrado en el
camino con mejor armonía que hasta enton camino viniendo del campo , nos ha recomen
ces. dado este establecimiento , dijo Noé guiñando
Consecuente con su sistema de prudencia, el ojo á Carlota , tal vez tanto para que fija
Claypole de un tiron anduvo hasta Islington, se la atencion en el especioso pretexto que
donde está el meson del Angel, y juzgando acababa de inventar , como para avisarla que
con razon , al ver la multitud de transeuntes no debia sorprenderse por lo que oia; y de
y de carruajes , que se encontraban en el ver seamos pasar aquí la noche.
dadero Londres, no se detuvo mas tiempo —No sé si será posible , dijo Barney , que
que el preciso para observar hácia donde es era el criado de la taberna ; no obstante iré &
taban las calles mas concurridas y que natu preguntarlo.
ralmente le convenia evitar; una vez orien —Bueno ; pero antes condúcenos al come
tado atravesó Saiat John's Rcad y se intro dor y nos servirás un trozo de carne fiambre
dujo por entre X3ray's Inn Lane y Smithfield y un jarro de cerveza.
en las tortuosas y sucias callejuelas que cons Barney les introdujo en un cuartito interior,
tituyen en aquel barrio el refugio mas asque- donde les sirvió la carne y la cerveza: un
OLIVERIO TWIST. 187
momento despues entró de nuevo para anun —No' me disgusta tu proyecto , Noé , repli
ciarles que les podria hospedar aquella noche, có Carlota; pero, amigo mio, todos los dias
y salid dejando á la galante pareja comer á no se presentan cofrecillos para vaciar.
sus anchas. 1 — i Acaso te figuras que no hay en el mun
El comedor estaba situado detrás del mos do mas que cofrecillos!
trador y un poco mas abajo. Una cortinilla — i Cómo! preguntó Carlota.
cubria una ventana con cristales abierta en — Pardiez! dijo Claypole, en cuya cabeza
la pared á cinco piés poco mas 6 menos del empezaban á sentirse los efectos de la cerve
suelo, de manera que la gente de la casa, za , pues y los bolsillos I y los ridículos? y las
descorriendo un poco la cortina , podia ob casas ! y las sillas de postal y los bancos!
servar cuanto se hacia en el aposento contiguo —Mucho trabajo es eso para tí solo , queri
3in peligro de ser vista, pues la ventanilla do , dijo Carlota. ,
•correspondia á un ángulo oscuro y estaba cer —Yo procuraré asociarme con algunos afi
ca de una gruesa viga, detrás de la cual era cionados de mi temple, replicó Noé. Ya verás
fácil ocultarse, pudiendo no solo ver sino has como muy pronto nos emplearán en cualquier
ta oir todo lo que se hablaba aplicando el oido trabajo : tú sola vales por cincuenta mujeres.
al tabique. Nunca he visto una criatura mas astuta que
Hacia ya cinco minutos que el dueño de la tú cuando te he dejado arreglarte á tu gusto.
casa estaba en su observatorio y Barney aca —Si supieras lo que me complacen esos elo
baba de dar la contestacion á los viajeros, gios en tu boca! dijo Carlota imprimiendo
cuando entró Fagin en la tienda para propor un beso en el feo rostro de su compañero.
cionarse algunas noticias relativas á sus jóve —Vaya! basta! Procura no enternecerte
nes discípulos. tanto si quieres que no me enfade , gritó Noé
—Silencio , dijo Barney , hay dos foraste separándola con dignidad. Como te decia , me
ros rn el cuarto vecino agradaria encontrar una banda para capita
— iForasteros! repitió el viejo en voz baja. nearla : por supuesto que yo les vigilaria sin
—Ciertamente , añadió Barney. Vienen del que ellos lo sospecharan ; es negocio que pue
campo segun dicen , pero mucho me engaño de producir algunos beneficios , en cuyo caso
6 las tales personas son gentes de vuestra ca me seria muy conveniente. Te aseguro que á
laña. trueque de adquirir alguna buena relacion de
Los anteriores detalles parecieron interesar este género, cederia gustoso el billete de vein
mucho á Fagin, pues se subió en un taburete te libras que has pescado : tanto mas cuanto
y mirando con precaucion por el ventanillo , que considero algo difícil darle curso.
pudo ver á Claypole servirse una buena ta Cuando Claypole concluyó de manifestar sn
jada de vaca fiambre, escanciarse un vaso de opinion tocante á este punto , echó una ojea
cerveza y luego comer y beber con la3 mas da oblicua al jarro de la cerveza meneando su
excelentes disposiciones sin que por eso dejara contenido, hizo una mueca amistosa á Carlo
de alargar de vez en cuando á Carlota , si ta y echó un trago que pareció sentarle muy
guiendo sin duda el sistema homeopático , al bien; ya se preparaba para beber otro trago,
gunas dosis infinitesimales que ella recibia sin cuando abriéndose la puerta de repente en
querellarse. tró en el aposento un nuevo personaje.
-«—Hola ! hola ! dijo en voz baja el judío Este que no era otro que Fagin, saludó al
dirigiéndose á Barney , no me disgusta la tra entrar con suma amabilidad, y despues de
za de ese mozo, podria sernos de algun pro instalarse en una mesa cercana á la de los
vecho ; por de pronto veo que sabe manejar viajeros , ordenó á Barney que le sirviera de
se bien con la muchacha. Chiton ! Sé ahora beber.
mudo como una tapia, que quiero oir lo que —Hace una hermosa noche, caballero, aun
hablan. que bastante fria para la estacion, dijo Fagin
El judío miró de nuevo por el ventanillo y restregándose las manos; ¿llegais del campo
aplicando el oido alternativamente al tabique segun veo!
escuchó con suma atencion : en su fisonomia —i En qué lo conoceis ! preguntó Noé.
se retrataba una curiosidad maligna; se le hu — En Londres no tenemos tanto polvo ,
biera tomado por un viejo hechicero. contestó el judío señalando con el dedo los
—Con que así , desde ho> en adelante quie zapatos de Noé , luego los de su compañera
ro darme tono como un caballero, dijo Clay y finalmente los dos líos.
pole estirando las piernas y continuando la — ! Diantre! Sois muy perspicaz! dijo Noé,
conversacion de cuyo principio no se habia i no has oido , Carlota !
enterado el viejo. Nada, al diablo los ataudes, —Amigo mio , aquí es preciso serlo , con
Carlota, quiero hacerme el señor, y tú si testó el judío en voz bija; no hay otro re
quieres seguirás mi ejemplo. curso , creedme.
188 OLIVERIO TWIST.
Y el judío á tiempo que hacia la anterior que podrá, segun creo, satisfacer los deseos
observacion, se dió con el índice de la mano que habeis manifestado de marchar por el
derecha un golpecito en la nariz ; Noé procu buen camino. Para empezar , mi amigo deja
ró imitar el gesto , pero a causa de la insufi rá á vuestra eleccion el ejercicio que mas os
ciencia de la suya no lo consiguió del todo; cuadre y entre tanto os pondrá al corriente de
no obstante, Fagin supo apreciar en aquella las sutilezas de la. profesion.
tentativa la intencion delicada de su contrin —Parece que lo decís de veras, observó
cante , y al servirle Barney el licor que habia Noé.
pedido , le hizo circular cortésmente por la —No que son chanzas ,. dijo el judío enco
mesa vecina. giendo los hombros. Ea ! salgamos un mo
—Es excelente , dijo Noé haciendo chas mento y hablaremos á solas.
quear la lengua. — ¿Por qué nos hemos de molestar! excla
—Sí, pero es caro, contestó el judío. Quien mó Noé volviendo á estirar sus piernas muy
desee beber con frecuencia de este licor debe despacio. Carlota, mientras hablo dos pala
vaciar sin descanso cofrecillos , ridículos , bol bras con este amigo , vé llevando esos lios ar
sillos, habitaciones, sillas de posta y hasta riba.
bancos. Carlota obedeció sin murmurar la órden
Al oir Claypole repetir las palabras que que se le habia dado con la mayor prosopope
habia pronunciado poco antes, miró con es ya, y se llevó como, mejor pudo los dos bul
panto al jud o y á Carlota alternativamente, tos, mientras Noé la observaba desde la
cubriéndose su rostio de una palidez notable. puerta que mantenia abierta; luego volvió á
—No temais, amigo, dijo Fagin acercando sentarse en su sitio preguntando con el tono
su silla hasta ponérsele al lado. ¡Ahí iquó de un hombre que ha domesticado una fiera:
fortuna que no os haya oido otro que yo ! sí, — ¿Qué me decís, caballerol Me parece
por cierto habéis tenido mucha suerte. que no está mal amaestrada.
—No he sido yo quien lo ha tomado , bal —Admirablemente , sois un genio , queri
buceó Noé , que ahora ya no tendia las pier do! contestó Fagin dándole una palmadita en
nas como un verdadero gentleman , pues muy el hombro.
al contrario , las iba encogiendo cuanto le era — Si no fuera así, no me encontraria en
dable debajo de la silla. Ella lo ha hecho, este sitio; pero no perdamos tiempo, no sea
i No es verdad, Carlota, que tienes tú el bi que vuelva Carlota.
llete! eh! demasiado bien sabes que tú lo tie —Veamos, dijo el judío; si mi profesion os
nes. agrada , os asociareis con mi amigo.
—No viene al caso saber quién ha tomado — t Es buena su partida! preguntó Noé
el dinero ó quién lo guarda, replicó Fagin fi guiñando el ojo. Esto es lo importante.
jando de nuevo sus ojos de lince en Carlota —De las mejores sus afiliados son nu
y examinando los envoltorios. También yo merosos , y entre ellos cuenta algunos muy
me ocupo en el negocio; así pues, no temais distinguidos en el arte.
nada por mi parte. —¿Son todos de la ciudad !
— ¿ En qué decís que os ocupais ! interrogó —Todos , y hasta creo , que á pesar de mi
Claypole algo mas tranquilo. recomendacion, no os admitiría a vos, si en
—En esa clase de especulaciones , y la gen este momento no necesitara algunos colabora
te de la casa tambien, contestó Fagin. Ha dores , contestó el judío.
beis tenido buen ojo al escoger esta posada , —Será preciso hacer algun desembolso , di
aquí estais en eompleta seguridad : debéis sa jo Noé golpeándose el bolsillo.
ber que cuando tomo mis medidas no hay en —Naturalmente , replicó Fagin.
todo Londres un rincon mas' libre de peligro —Me parece que veinte libras esterlinas...
que la taberna de los Tres Cojos... tanto vos es una suma respetable.
como esa niña llegais muy á tiempo ; desechad —Por ningun estilo, si las pagais en un
pues todo temor. billete que no puede circular , observó Fagin.
No sabemos si el ánimo de Claypole se tran Supongo que el banco estará avisado , tendrán
quilizó algun tanto con las reflexiones del ju el número y suspenderán el pago ; ya veis
dío , pero á juzgar por las extrañas contor que no tiene gran valor. Será preciso que mi
siones de su cuerpo casi lo dudamos. A cada amigo lo remita al extranjero ; aquí no le sa
instante se revolvia en su silla con inquietud caria de grande apuro.
contemplando á su nuevo amigo con cierta — ¿ Cuándo podré verle! preguntó Noé con
expresion de temor y desconfianza. cierta irresolucion.
—Debo añadir, continuó Fagin animando —Mañana por la]¡ mañana', contestó el ju
á Claypole con ciertos ademanes amistosos, dío. )
que á no engañarme he de tener un amigo. —¿En qué sitio! . i
OLIVERIO TWIST. 189
—Aquí mismo. quilidad como si no se tratara mas que de un
—Hum ! Sepamos la paga. chico que al caer se ha lastimado.
—Vida de caballero ; mesa , cama , tabaco — ¡An! ¡ah! vociferó Claypole levantando
y aguardiente gratis ; á mas la mitad en las sus piernas en alto en señal de suprema ale
ganancias , ya sean vuestras, ya de la mucha gria. ¡Vive Dios! Este sí que es mi negocio !
cha. — Ciertamente, ese es vuestro negocio : por
Es dudoso que á estar Noé libre hubiese los alrededores de Caudem-town ó de Battle-
aceptado las ventajosas proposiciones del ju Bridge hay facilidad de explotarlo en grande
dio, á causa de su rapacidad, que era inmen escala ; por allí siempre encontrareis mucha
sa ; pero como temia que si las rehusaba le chos que van á hacer mandados y podreis
delatarla al instante (cosas mas extrañas se derribar cuantos querais , ah ! ah ! ah !
habrán visto), sus facciones se fueron sere Por complementó , Fagin aplicó un buen
nando y manifestó á su nuevo amigo que es puñetazo á Claypole , y los dos se echaron á
taba pronto á aceptar el compromiso. reir con la mejor gana.
—Pero quisiera para mí una ocupacion —Quedamos entendidos , dijo Noé un poco
sencilla ; en cuanto d Carlota no os hablo , ya repuesto al ver aparecer á Carlota; qué
la vereis trabajar. hora nos veremos mañana!
—Entiendo , dijo Fagin , optais por los tra —A las diez, si os place.
bajos de capricho. * Claypole hizo con la cabeza una señal afir
—Precisamente, contestó Noé. Veamos, mativa ; y el judío añadió :
tqué os parece que podré hacer para empe — iQué nombre debo anunciar á mi amigo!
zar! Con tal que no sea peligroso ni cansado, —Me llamo Mauricio Bolter , contestó Noé
me comprometo á ejecutar cualquier trabajo. que ya esperaba la pregunta, y esta señora es
—Creo que habeis dicho antes que sabriais mi esposa.
«spiar á los demás , eh ! Casualmente mi ami —Estoy á vuestros pies , señora Bolter , di
go necesita un buen empleado en este ramo. jo Fagin saludando de una manera grotesca.
—Sí, lo he dicho y no tendria inconve Espero que antes de poco tendremos ocasion
niente en hacerlo , objetó Noé como dudando. de estrechar nuestras relaciones.
Pero este cargo no me produciría ningun be '-¡No oyes lo que te dice este caballero,
neficio. Carlota! gritó Noé.
—Es verdad , no produce ninguno , contes — Sí, querido Noé, repuso la señora Bol
tó el judío reflexionando ó fingiendo reflexio ter tendiéndole la mano.
nar. —Ya lo habeis oido , me llama Noé , pero
—Veamos, pensadlo bien, dijo Noé mirán es un nombre de intimidad, dijo Mauricio
dole con inquietud. Alguna de esas especula Bolter encarándose con el judío. ¿ Me com
ciones seguras que se pueden llevar á cabo prendeis!
con tanta tranquilidad como si el interesado — ¡ Oh ! sí , comprendo perfectamente ,
se encontrara en su misma casa. respondió Fagin que ahora no mentia ; buenas
— ¿Quereis dedicaros á las señoras ancia noches, buenas noches.
nas ! Es negocio bastante productivo: el pro El judío se marchó , despues de cambiar
cedimiento consiste en arrancarlas al paso las con la pareja un tiroteo de cumplimientos y
bolsas, los saquillos, ó cualquier paquetito saludos. Noé Claypole reclamó toda la aten
que lleven y al primer callejon se da esqui cion de su esposa para manifestarle el trato
nazo. que acababa de cerrar , tomando al verificar
—Sf, pero las mujeres chillan como con lo un gesto de superioridad muy propio , no
denadas , además arañan , dijo Noé meneando diremos de un individuo del sexo fuerte , sino
la cabeza; se me figura que no hemos encon hasta de un personaje orgulloso de las atribu
trado aun lo que me conviene. i No se os ciones especiales de su nueva dignidad , cuyo
ocurre otra cosa! importante objeto era arrojar por el suelo á
—Aguardad , exclamó el judío poniendo los sapos de la ciudad de Londres y su dis
una mano en la rodilla de Noé , aun quedan trito.
los sapos.
—iQué es eso! preguntó Claypole.
—Llamamos sapos, amigo mio, á los chi- CAPÍTULO XLIII.
ciielos que van á hacer alguna compra por
encargo de sus madres , para lo que les dan En él que se verá al astuto Truhán metido
un chelín ó cualquier otra moneda pequeña ; en un mal paso.
como llevan siempre el dinero en la mano es
fácil tomárselo haciéndoles caer al suelo. Aun — Con que es decir que vuestro amigo erais
que el niño llore os marchais con toda tran- vos mismo, dijo Claypole, por otro nombre
190 OLIVERIO TWIST.
Bolter, al llegar S casa del judío el dia si Bolter se puso maquinalmente la mano en
guiente en cumplimiento de su pacto. Ya me el cuello , como si le apretara el corbatín , y
lo figuré anoche. manifestó por medio de esta pantomima que
—El hombre siempre es amigo de su per habia comprendido á su interlocutor.
sona, querido , contestó Fagin con una mira —La horca , amigo mio , la horca es nn
da insinuante. Y creedme, es el mejor que horrible poste que ha dado fin á las proezas
puede tener. de mas de un valiente camarada que trabaja
—No siempre , replicó Mauricio Bolter dán ba sin recelo por nuestras calles. Ahora bien,
dose importancia de hombre de mundo. Al manteneros en el buen camino á cierta distan
gunos hay que no tienen peor enemigo que cia del instrumento de que hemos hablado es
ellos mismos. de suma importancia para vos.
—No lo creais , dijo el judío ; cuando un —Es verdad, dijo Bolter; pero ¿á qué'
hombre parece enemigo de su persona es por viene esto ahora !
que la aprecia demasiado y esto aunque le —Tan solo para haceros comprender la im
veais ocupándose mas de los otros que de sí... portancia de lo que o8 he dicho , contestó el
si bien no sucede con frecuencia. judío arqueando las cejas. Si vivís sin peligro
—Si esto es, no tiene razon para ser, ob alguno, me lo debereis á mí, pero es preciso
servó Bolter. en cambio que yo pueda fiar en vos si he de
—Naturalmente, contestó el judío. Algu llevar mis intereses á buen puerto. Lo pri
nos hechiceros pretenden que el número tres mero es vuestro número uno, en seguida
es el cabalístico , otros opinan que es el siete. viene el mío: cuanto mas os estimareis vos,
Ni uno ni otro, amigo mio, el verdadero nú mas cuidareis de mi ; hé ahí lo que he dicho
mero cabalístico es el uno. desde el principio , el número uno nos salva á
— Bravo , gritó Bolter. Viva el número todos , sin él perecemos juntos.
uno! — Cuanto acabais de decir es cierto, con
—En una pequeña república como la nues testó Bolter con ademan meditabundo. Ami
tra, querido, dijo el judío, que consideró go , se conoce que sois perro viejo.
oportuno extenderse en previos detalles , tene El señor Fagin supuso, con -cierta compla
mos un número uno que es comun á todos , cencia, que la alabanza de su amigo no era
es decir que no os podeis considerar como un cumplimiento vulgar, antes sí la expresion
número uno sin incluirme á mí y á los demás del efecto que su artificioso talento le habia
asociados. producido , comprendiendo desde luego lo que
—Diantre! exclamó Bolter. le importaba conservarle en aquel estado de
—Os hareis cargo , continuó el judío sin respetuosa admiracion.
pararse en la interrupcion , que estando uni Para conseguir su objeto empezó á expla
dos , como lo estamos , por un interés comun, nar la latitud y extension de sus operaciones
no podemos existir de otra manera. Un ejem mercantiles, mezclando la verdad con la men
plo: vos, número uno, teneis grande empeño tira, cuando así convenia al interés de su re
en cuidar de vuestra seguridad. lato, pero combinado todo con tanto arte que
—Sin duda, dijo Bolter; tocante á este el respeto del señor Bolter aumentaba por
punto teneis razón. grados; algo templado no obstante, si hemos
—Pues bien , vos , número uno , no podeis de ser veraces, por cierto temor, que no po
velar por vos , sin velar al mismo tiempo por dia menos de ser muy conveniente á los inte
mí, tambien número uno. reses del jefe.
—Número dos, querreis decir, repuso Bol —La confianza mutua que nos dispensa
ter que era egoísta refinado. mos , dijo este , me consuela hasta cierto pun
—No por cierto, replicó el judío. Yo soy to de algunos reveses que he sufrido ; acabo
tanto para vos, como vos sois para vos mismo. de perder un valiente chico, mi brazo dere
—No hay duda que me pareceis un hom cho, como quien dice.
bre estimable y muy digno de mi aprecio, no —Supongo que no habrá muerto ! exclamó
digo lo contrario; pero unirnos con lazos tan el señor Bolter.
íntimos!... — i Ah! no, no, replicó Fagin, el mal no
—Dignaos reflexionar un instante, dijo el es tan grave , á Dios gracias !
jndío encogiendo los hombros ; habeis incurri —Temia que... que...
do en ún desliz , no creais por eso que os es —Le han reclamado. Nada mas.
timo menos, al contrario; pero ese desliz, —i Le necesitaban! . . . preguntó el señor Bol
querido , podria ser causa bastante para ceñi ter.
ros al cuello cierta corbata tan fácil de poner —1 Oh!... necesitabán !... no es estala pala
como difícil de desatar , la cuerda , en una bra ; le acusabán de haber metido la mano
palabra. en un bolsillo ajeno , y como al registrarle le
OLIVERIO TWIST. 191
lian encontrado ana caja de plata para rapé, — i Ah , no1 nadie , respondió Bates en un to -
por supuesto su propia caja— el desgraciado no que no permitía dudar de su arrepentimien
absorbe mucho polvo , no tiene otro vicio—>el to. Nadie , esto es cierto.
tribunal le ha citado hoy pretendiendo que ha —Pues si es así, i por qué lloriqueas! dijo
bia parecido el dueño de la caja. ¡ Ah ! el mu el judí» encolerizado. ¡.Se puede saber qué
chacho vale cincuenta cajas de oro que yo deseas !
pagaria gustoso por su rescate. Siento que no —I Sabeis lo que quisiera ! Que los perió
le hayais conocido, amigo mio, sí, lo siento dicos hablaran de nuestro amigo, dijo Bates
en el alma. indignándose por grados, que todo Londres
—Ya !... pero confio que tendré ocasion de supiera lo que vale. Hasta ahora ningun pa
conocerle, i no es cierto! pel público se ha ocupado de él para enalte
—Mucho lo dudo , exclamó el judío suspi cer su mérito. } De qué manera figurará en el
rando ; si no se presentan otras pruebas su registro de Newgate? Tal vez ni siquiera se
frirá tan solo una detencion de seis semanas ; dignarán inscribirle. ¡ Oh Dios mio! ¡ Dios
mas si por desgracia sucede lo contrario lo en mío! ¡Qué terrible golpe!
viarán al prado ; conocen su destreza y esto —Ah! ah ! exclamó el judío dirigiéndose á
basta para que hagan de él un pensionista per Bolter y soltando una carcajada que le hizo
petuo , ni mas ni menos. bambolear. Eh ! ya veis cu&n enorgullecidos
—El prado!... pensionista?... qué diablo3 están con su carrera ! Esto es hermoso !
decís! Hablad de manera que os entienda. El señor Bolter pareció que indicaba con un
Fagin iba á traducir al lenguaje vulgar las ademan que participaba del mismo entusias
palabras misteriosas, que significaban depor mo : el judío contempló unos instantes al ape
tacion perpetua , cuando llegó Bates á inter sarado Bates con visible agrado ; luego se le
rumpir la conversacion. El nuevo interlocutor acercó y dándole una palmadita en el hombro
entró con las manos en los bolsillos y una ca le dijo en tono consolador :
ra tan descompuesta que casi daba risa. —No debes entristecerte , Charlot , todo se
—Esto es hecho, Fagin , dijo Charlot, sabrá , puedes estar seguro . Ya conoces á
despues que tuvo efecto su presentacion recí nuestro amigo , él mismo se encargará de ello
proca con Bolter. para no deshonrar á sus ancianos maestros ;
— i Qué dices! exclamó el judío, cuyos la ya verán, ya verán si es mozo de provecho ;
bios temblaban. y luego á su edad , qué honor ! Charlot , sien
— Se ha presentado el dueño de la caja: do tan jóven mandarlo al prado !
dos 6 tres testigos han declarado en su favor —Es verdad , es muy honroso , dijo Char
y el Truhán está condenado á hacer el viaje. lot algo consolado.
Buscadme un traje de luto y un crespon para —Nada echará de menos, estará como el
el sombrero ; quiero visitarle con este vestido pez en el agua , su cerveza todos los dias ,
antes del embarque. Pensar que Jack Daw- dinero para el bolsillo , para que pueda dis
kins, el astuto Jack, el mas astuto de todos traerse jugando si no se le presenta ocasion
los astutos se encuentra en semejante trance de gastarlo.
por una miserable caja que valdrá dos suel — ¿De veras lo hareis! preguntó Bates.
dos y medio ! ¡ Quién no habia de figurarse — Por supuesto ; quiero que tenga lo nece
que para un castigo tan excesivo era preciso sario , contestó el judio ; por de pronto le bus
trabajar mas en grande ! El tomar un reloj , caremos un abogado , uno de esos que tienen
por ejemplo, coir todos sus apéndices de ca chiste , y mira , hasta nuestro pobre amigo
denas y colgantes, no me parece suficiente podrá, si quiere, presentarse á hablar delan
motivo, i Por qué no ha robado la fortuna de te del tribunal y todos los periódicos publica
algun viejo usurero y habria partido como un rán su discurso , con su nombre : el astuto
hombre de mérito á cumplir su condena, y no Truhán: «Carcajadas en el auditorio;» y
ahora como un ratero vulgar , sin honra y sin luego: «Los magistrados que componen el ju
gloria ! rado se aprietan los costados para no reven
Despues de esta oracion fúnebre , tan dolo- tar de risa. » Eh ! ¿ Qué te parece , Charlot !
rosa como patética , pronunciada en pro de su —Que será muy chusco. Cómo les enreda
desgraciado compañero, Bates se sentó en rá á todos , ¿ qué os parece !
una silla con ademan triste y abatido. —i Que si los enredará ! Ya lo creo , ami
— i Qué entiendes tú por partir sin honra y go mio. v
sin gloria ! exclamó Fagin lanzando á su dis —Sí... sí, es indudable, ya pueden prepa
cípulo una mirada colérica. ¿Acaso el sugeto rarse, dijo Charlot restregándose las manos.
de quien hablas no era el mas esforzado entre —Se me figura que lo estoy viendo , excla
nosotros! i Hay alguno que pretenda compa mó el judío fijando la mirada en su discípulo.
rársele ! —Pues yo tambien... ah! ahí ah ! Tam
192 OLIVER] i TWIST.
bien lo veo desde aquí, como si estuviera en yor motivo, cuanto que la policia no debia te
mi presencia. Por vida mia , que será bueno el ner aun noticia de su faltilla , ni mucho me
lance. Todas aquellas pelucas viejas haciendo nos sus señas. Disfrazado convenientemente ,
esfuerzos para conservar la gravedad y Jack estaría mas seguro en las oficinas de la policía
Dawkins hablando con toda tranquilidad y sin que en cualquier otra parte, puesto que na
inmutarse , ni mas ni menos como podria ha die sospecharia que hubiese ido á ellas por su
cerlo el hijo del presidente si se le antojara propia voluntad y seguramente seria aquel el
enjaretar un discurso despues de haber em último rincon de toda la ciudad en que le bus-
baulado una buena comida. Ah ! ahí carian.
El resultado era que el judío habia calen Estas reflexiones , y mas que todo el miedo
tado de tal manera los cascos de su amigo, cuya que le infundia el judío, persuadieron á Bol
imaginacion era bastante excéntrica, que este, ter , que se encargó de la expedicion , aunque
á pesar de que habia principiado por condo no de muy buen grado. Segun los consejos
lerse del triste fin del astuto Truhán, ahora del judío, se disfrazó de carretero, con blusa,
no veia en su amigo mas que al primer galan calzones de paño y polainas de cuero, pues
de una comedia divertida y aguardaba con de todo habia en la tienda del viejo. Cubrió
impaciencia que llegara el momento en que se la cabeza con un sombrero de fieltro ador
su camarada habia de desplegar todas sus fa nado con varias cédulas de pago de los por
cultades: tazgos , llevando un látigo en la mano para
—Será necesario que hoy mismo tengamos completar su atalaje. Equipado de semejante
noticias suyas por cualquier medio, dijo Fa- manera debia introducirse en ¡las salas de jus
gin. ¿Cómo nos compondremos? ticia, fingiendo ser un campesino que venia
— ¿Quereis que vaya yol preguntó Bates. del mercado de Covent Garden movido por
—No lo consentiré por nada del mundo ! la curiosidad. Como Noé era torpe, flaco y
¿Te has vuelto loco! Iriais á meterte como un desmañado , Fagin creyó desde luego que
estúpido precisamente en aquel lugar que... desempeñaría su papel con toda perfeccion.
No , Charlot , no ; ya basta con uno ; no Cuando hubieron terminado los preparatir
quiero perder dos á la vez. vos le dieron las señas necesarias para reco -
—Supongo que vos tampoco ireis, observó nocer al Truhán y entonces Bates le condujo
Charlot miiandoal viejo con ironia. hasta cerca de Bowstreet por pasadizos oscu
—No se adelantaria mucho ! respondió Fa- ros y tortuosos. Desde allí le indicó, con bas
gin meneando la cabeza. tante profusion de detalles, el sitio donde es
—¿ Por qué no encargais esta comision al taban las oficinas de policia , previniéndole
nuevo afiliado? preguntó Charlot apoyandola que s!guiera por el pasadizo en línea fecta ;
mano en el hombro de Noé. A este nadie le llegado al patio, debia entrar por una puerta
conoce. que encontraría á la derecha á lo alto de una
—Si él quiere... dijo el judío. escalera, sin olvidarse de descubrirse la cabeza:
—¡ Cómo , si quiere ! interrumpió Charlot, recomendóle por último que saliera solo , lo
¿por qué no ha de querer ! mas pronto posible , asegurándole que él le
—No sé, dijoFagin, no sé á punto fijo si... aguardaría en aquel sitio.
—Al contrario , sabeis muy bien , replicó Noé Claypole ó Mauricio Bolter , como mas
Noé retrocediendo hácia la puerta y menean plazca al lector, ejecutó al pié de la letra las
do la cabeza con inquietud , sabeis muy bien instrucciones mencionadas. Gracias al profun
que semejante asunto no pertenece á mi ne do conocimiento que tenia Bates del local, las
gociado. señas resultaron tan exactas que no tuvo ne
•—í Qué negociado es el suyo, Fagin ? pre cesidad de hacer ninguna pregunta ni encon
guntó Bates midiendo al chupado Noé de tró el menor obstáculo para entrar en la sala
piés á cabeza con una mirada desdeñosa. ¿Se del tribunal. Gran multitud de curiosos, mu
reduce tal vez á desfilar cuando los negocios jeres en su mayor parte , ocupaban el salon
toman mal sesgo y disfrutar de una buena sucio y repugnante en cuyo extremo se ele
parte cuando hay ganancias? vaba un tablado resguardado por una baran
—i Y á vos qué os importa ? replicó Bolter. dilla de hierro. El banco destinado á los acu
Procurad otra vez no tomaros semejantes li sados estaba á la izquierda, arrimado á la pa
bertades con vuestros superiores, señor pille- red : en el centro habia una tribuna para los
te . porque podria costaros caro. testigos, y á la derecha la mesa de los ma
Maese Bates soltó una carcajada tan des gistrados. Un biombo ocultaba á estos de las
comunal al oir esa amenaza , que Fagin de miradas del público, dejando al vulgo el cui
bió aguardarse unos instantes antes de mediar dado de adivinar , en cuanto es dable, á la
y hacer presente á Bolter que no habia nin majestad de la justicia oculta en su solio.
gun peligro en lo que le proponian , con ma- Dos mujeres que ocupaban en aquel mo
OLIVERIO TWIST. 193
{liento el banquillo de los acusados , saluda —Ya veremos qué contestará el ministro
ban con la cabeza á sus conocidos, los que ' del interior á mi hermano , si no se respetan
correspondian á su vez con galanteria. El es mis prerogativas. Ea, sepamos de qué se tra
cribano leia una declaracion dirigiéndose á ta y despachemos pronto este asunto , porque
-dos jefes de policia y á un hombre vestido con no puedo detenerme aquí mucho. Cabalmen
sama sencillez que apoyaba ambos codos en te tengo una cita con un caballero en la Cité;
la mesa. El carcelero estaba en pié, cerca de sabe que en materia de negocios soy muy
la barandilla , y maquinalmente se pegaba exacto y si no me ve á la hora convenida es
golpes en la nariz con una enorme llave que capaz de irse : además , no pienso pedir nin
tenia en la mano , suspendiendo tan solo este guna indemnizacion por el perjuicio que me
ejercicio para restablecer el silencio entre habeis ocasionado.
los espectadores , si alguno de ellos levantaba El Truhán concluyó su discurso por pre
demasiado la voz , ó para mandar á una ma guntar el nombre de los dos viejos buhos que
trona que saliera fuera con su chiquillo , tenia en frente sentados , promoviendo estas
cuando la gravedad del tribunal estaba á pi palabras tal hilaridad en el auditorio , que has
que de comprometerse por los gritos de algun ta el mismo Bates no hubiera reido con mas
arrapiezo que se ahogaba envuelto en el chai ganas, á estar presente.
de su madre. —Silencio ! gritó el carcelero.
La sala trascendia á cárcel hasta entriste — iDe qué se le acusa! preguntó uno de
cer el corazon, las paredes estaban sucias y los jueces.
el techo ennegrecido. En el borde de la chi —De robo, señor presidente.
menea habia un busto viejo y ahumado y en —i Ha comparecido otras veces ante el tri
cima del banco de los acusados un reloj cu bunal el acusado !
bierto de polvo. Este era el único objeto que —A juzgarle por sus méritos, hace mucha
parecia marchar con regularidad , pues la de tiempo que deberia haber comparecido , pero
pravacion y la pobreza ó tal vez las dos á un, si no se le ha visto aquí, demasiado ha fre
tiempo , habian como petrificado los seres ani cuentado otros lugares. Creed que le conozco
mados que encerraba aquel recinto , prestan bien , señor presidente.
do á todos el mismo tinte de momia é idén — ! Ahí con que vos me conoceis! gritó el
tica capa grasienta que á los objetos inanima Truhán tomando nota de las palabras del lla
dos que vacian sepultados bajo el polvo des vero; pues está gracioso ! Calumnia ! Pura ca
de tiempo inmemorial. lumnia !
Noé buscó por todos lados al Truhán ; pero Y aquí otra vez se oyeron las risotadas del
á pesar de que habia allí muchas mujeres que auditorio y los gritos del carcelero imponiendo
habrian podido muy bien pasar por madres 6 silencio.
esposas de este jóven adorable y hasta hom —Que se presenten los testigos, dijo el es
bres que debian parecerse á su padre hasta cribano.
confundirse , no vió á na£e que correspon —Justo! Que se presenten , así los cono
diera á las señas que tenia del señor Dawkins. ceré.
Aguardó* bastante inquieto algunos instan La curiosidad del acusado no tardó en sa
tes hasta que las dos mujeres que acababan tisfacerse. Se adelantó un polizonte , que ase
de ser condenadas por el jurado , abandona guró haber visto como el preso metia la ma
ron su sitio con gran desfachatez. Un nue no en el bolsillo de cierto individuo del que
vo acusado entró á reemplazarlas y por las sacó un pañuelo y que pareciéndole sin duda,
señas desde luego reconoció al que venia bus demasiado viejo lo habia vuelto á meter en su
cando. sitio , sirviéndose antes del mismo para su uso
Dawkins pasó á ocupar su sitio tranquila particular. En consecuencia de este hecho ha
mente , con las mangas de la casaca recogidas, bia procedido á su arresto , y al registrarle le
segun su costumbre , andando delante del encontró una caja para rapé, de plata, que
carcelero con aire desenvuelto , la mano iz tenia grabado el nombre de su dueño.
quierda metida en el bolsillo y el sombrero en Este cuya direccion se habia hallado por
la derecha. Luego que tomó posesion del ban medio de la Guia de forasteros, juró ante el
quillo , preguntó en voz alta é inteligible qué tribunal ser la caja de su legítima pertenen
motivo habia para hacerle sufrir semejante hu cia y haberla echado de menos la víspera en
millacion. tre el gentío. Aseguró á mas , haber repara
— I Quereis callaros ! dijo el carcelero. do en un jóven, que al parecer intentaba es
—Soy subdito inglés, contestó el Truhán, y caparse , reconociéndole por el mismo que es
reclamo mis privilegios. taba allí presente.
—No temais , no os harán falta vuestros —Acusado, ¿teneis alguna observacion que
privilegios y bien sazonados. hacer! ¿Qué contestais al testigo!
TOSO VI. 13
194 OLIVERIO TWIST.
—Pues qué! lOs figurais que me rebajaré por completo el efecto que produjo en su ima
hasta el extremo de discutir con él ! ginacion el paso que acababa de dar. Acor
— i Teneis algo que alegar en favor vuestro! dábase que el pérfido judío y el brutal Sikes
—i No oís lo que os pregunta el señor pre- la habian confiado proyectos que ocultaron &
sidentel dijo el llavero empujando con el co todos los demás , persuadidos de que merecia
do al Truhán , que permanecia impasible. toda su confianza y que estaba al abrigo de
— ¡Ahí sf, disimulad, dijo como si disper toda sospecha. Cierto es que aquellos pro
tara; ¡hablais conmigo, muchacho! yectos eran inicuos, que sus autores era»
—Jamás he visto un perdido como este, unos infames y que Nancy aborrecia al judfo,
dijo el llavero refunfuñando. Se os pregunta que la habia arrastrado poco á poco á un abis
si teneis algo que alegar. mo de crímenes y de miserias ; pero aun así,
—N<5, no diré ni una palabra, porque el hubo momentos en que vaciló en su resolu
sitio no es oportuno y á mas mi abogado ha cion , por el temor de que sus revelaciones
ido á almorzar hoy con el vice-presidente de hiciesen caer al judío en el precipicio que
la cámara de los Comunes : otro dia será dis habia evitado por tanto tiempo , siendo ella
tinto ; ni él ni yo permaneceremos callados la causa de su pérdida.
y sabed que no nos faltan amigos numerosos Aquella era la indecision de una mujer in
y respetables. Ya verán esos charlatanes que capaz de abandonar á sus antiguos compañe
mas les valiera no haber nacido. Sus criados ros, pero dispuesta á fijarse atentamente en
debian haberles colgado en la percha antes de un objeto con el firme propósito de no dejar
permitir que vinieran á fastidiarme. Yo.... se detener por ninguna consideracion. Sus-
—Que vuelvan al acusado á su calabozo, temores respecto á Sikes hubieran sido para
' interrumpió el escribano ; eí tribunal le decla ella un motivo mas poderoso para retroceder
ra preso. cuando aun era tiempo ; pero habia estipula
—Ea, en marcha, dijo el carcelero. do que se guardaria el secreto religiosamente,
—Ya voy , ya voy , replicó el Truhán ce sin decir una palabra que pudiese descubrir
pillando el sombrero con la palma de la ma al bandido. Además, por amor á él no quiso
no. ¡ Ah ! exclamó dirigiéndose á los magistra aceptar un refugio donde hubiera estado al
dos. No os valdrá poner esa cara de miedo; abrigo del vicio y de la miseria ; i qué mas po
no he de perdonar un ápice y la fiesta os cos dia hacer ! Su partido estaba tomado.
tará cara. Por nada del mundo quisiera en Aun cuando estas luchas interiores la con
contrarme en vuestra situacion y aunque me dujesen siempre á la misma conclusion , lle
pidáis de rodillas que me marche á la calle lo garon á perturbar el espíritu de la joven de
rehusaré. Ea, tú! condúceme al calabozo, tal modo que al cabo de pocos días quedóse
despacha. flaca y pálida , no sabiendo á veces lo que pa
El astuto Truhán se dejó agarrar por el saba á su alrededor, y no tomando parte en
cuello, repitiendo que su arresto originaria las conversaciones. Reiase á veces sin moti
una cuestion de gabinete , hasta que estuvo en vo y se agitaba otras sin causa aparente ; en
el patio en donde comenzó á reir á carcajadas algunos momentos permanecia silenciosa y
haciendo muecas al carcelero. abatida, y el esfuerzo que hacia para salir de
Noé en cuanto vió retirar al preso, se di aquel estado, indicaba mas que nada su in
rigió á escape al sitio en que le aguardaba quietud y que sus pensamientos estaban muy
maese Bates. Despues de buscarle un mo léjos de las personas que habia cerca de ella.
mento le vió metido en un escondrijo en que Erase un domingo por la noche , y el reloj
se habia agazapado para observar si algun in de la vecina iglesia acababa de dar la hora.
dividuo sospechoso seguia los pasos de su nue Sikes y el judío, que iban sin duda á discu
vo amigo, i tir algun punto importante , se detuvieron pa
Ambos se apresuraron á llevar á Fagin la ra contar las campanadas, y Nancy, que es
consoladora noticia de que el Truhán no des taba sentada en una silla baja , alzó la cabe -
airaba á su maestro, estando en camino de za y se puso á escuchar atentamente. Daban
crearse un glorioso renombre. las once.
—Dentro de una hora será la media noche,
dijo Sikes levantando la cortina para mirar &
CAPÍTULO XLIV. la calle ; está negro todo como boca de lobo;
I qué buena noche seria esta para hacer ne
Llega el momento de que cumpla Náncy su gocio !
promesa y jaita á ella. — ¡Ahí repuso el judío, ¡qué lástima,
Guillermo, que no tengamos nada que hacer
Por muy acostumbrada que estuviese Nan por el momento !
cy á la astucia y al disimulo, no pudo ocultar —Por una vez en vuestra vida teneis ra-
OLIVERIO xwist. 195
zon, replicó Sikcs bruscamente; es lástima, —Ahora , dijo , ya puedes estarte quieta en
porque me encuentro en las mejores disposi tu puesto.
ciones. —No será el sombrero el que me impida
El judío exhaló un suspiro y se encogió de salir , contestó la jóven poniéndose muy páli
hombros con aire displicente. da. ¡Qué es eso, Guillermo! i sabes lo que
—Será preciso recobrar el tiempo perdido haces ]
tan pronto como encontremos una buena ope —¿Si sé lo que hago?... ¡ Oh! exclamó Si
racion , dij o Sikes. kes volviéndose hácia Fagin, esta chica ha
—Héahílo que se llama hablar bien, amigo perdido la cabeza , ya lo veis , pues de lo con
mio, dijo Fagin aventurándose á ponerle la trario no hablaria así.
mano en el hombro ; me gusta oiros hablar asi. — Me obligareis á tomar un partido extre
—¡Os gusta eso? replicó Sikes; pues tanto mo, murmuró Nancy cruzándose las manos
mejor. sobre el pecho como para contener los latidos
—Ja ! ja ! exclamó el judío soltando la car de su corazon; dejadme salir... en seguida.,,
cajada como si se fuera animando ; os reco al momento...
nozco esta noche, Guillermo, y bien puede —¡ No ! gritó Sikes. .
decirse que estais en caja. —Decidle que me deje salir , Fagin ; será
—Nunca Jo estoy cuando siento sobre mi mejor para él; ¿me oís] exclamó Nancy dan
hombro vuestra vieja garra; con que así, fue do una patada en el suelo.
ra esa mano , exclamó Sikes rechazando al ju — ¡ Oirte ! repitió Sikes volviendo su silla
dío. para mirar de frente á la jóven; si hablas una
—Parece que el contacto de otra persona palabra mas te echo el perro para que te aho
os irrita los nervios, i no es cierto! preguntó gue; ¿qué diablo de mania es esa]
el judfo resuelto á no incomodarse. —Déjame salir, dijo la jóven insistiendo
— Cuando me tocais, me parece que me aun.
toca el diablo , replicó Sikes ; pues no he visto Y sentándose en el suelo , volvió á decir :
un hombre con un aspecto como el vuestro, —Guillermo , déjame salir ; mira que no sa
como no fuera vuestro padre. Debo suponer bes lo que haces, te digo que no lo sabes.
que descendeis en línea recta del diablo , sin Vamos , una hora no mas !
pertenecer á generacion alguna , lo cual nada — Que el diablo me lleve si esta chica no
tendria de extraño. está loca, dijo Sikes cogiéndola bruscamente
En vez de contestar al cumplido, Fagin por el brazo. Vamos ! en pié !
tiró de la manga á Sikes, mostrándole áNan- —No me levantaré si no me dejas salir.
cy, que se habia aprovechado de la conver —Jamás... jamás...
sacion para ponerse su sombrero , dirigiéndo —Déjame salir, gritaba la jóven.
se á la puerta. Sikes esperó un momento favorable para
— ¡Holal Nancy, dijo Sikes; ¡adónde dia cogerla de pronto las manos, y la arrastró, lu
blos vas á estas horas 5 chando, á una habitacion contigua, donde se
—No léjos de aquí. sentó sobre un banco, y la hizo sentar á la
—¡Qué quiere decir esa respuesta! replicó fuerza en una silla. Allí continuó imploran
Sikes; i adonde vas] do tí bandido hasta que oyó dar las doce; y
—No léjos de aquí , te digo. entonces , desfallecida y agotadas sus fuerzas,
—Y yo pregunto dónde , insistid Sikes con dejó ya de insistir.
su ronco acento ; ¡me entiendes! Despues de haberla intimado , con gran co
—No sé dónde , repuso la joven. pia de juramentos, que no tratára de salir
—¡Pues bienl yo sí lo sé, exclamó Sikes, por aquella noche, Sikes dejó á la jóven sola
mas irritado por la obstinacion de la jóven y volvió á buscar al judío.
que por su deseo de salir. Yo te digo que no — ¡Pardiez! exclamó el bandido, enjugan
vas á ninguna parte; siéntate. do el sudor que corria por su frente ; hé ahí
—No me encuentro bien , ya te lo he dicho, una mujer extraña !
repuso Nancy ; necesito tomar el aire. —Teneis razon , contestó Fagin con aire
—Pues asómate á la ventana y toma todo pensativo; no os engañais, Guillermo.
el que quieras , replicó Sikes. —¿Porqué diablos se le habrá metido en la
—Eso no basta , es preciso que vaya á res cabeza salir esta noche? preguntó Sikes; ¡qué
pirar á la calle pensais ! Vamos , vos la conoceis mejor que
—Pues yo te digo que no irás, exclamó yo ; i qué significa eso!
Sikes. — Terquedad de mujer, amigo mio, con
Y así diciendo, levantóse, cerró la puerta testó Fagin encogiéndose de hombros; algun
con llave , y quitando el sombrero á Nancy, capricho.
lo arrojó Sobre un viejo armario. —Supongo que será eso , murmuró Sikes ;
196 OLIVERIO TWIST.
yo creí haberla domeñado y es ahora tan ma- judio se callaba, acercando la boca á su odio
*a como antes. y sin dejar de mirarla.
—Es peor, replicó el jadío con aire pensa —Nada mas por ahora, dijo Fagin ; ya ha
tivo ; nanea la he visto en tal estado por tan blaremos. Tienes en mi un amigo, Nancy,
poca cosa. un amigo á prueba; si sientes el deseo de
—Ni yo tampoco , repuso Sikes ; yo creo vengarte del que te trata como á un perro...
que se la ha contagiado esa maldita fiebre y y aun peor, pues con su perro está algunas
que no la quiere abandonar. Podría muy bien veces contento, ven á mí y te proporcionaré
ser eso , ¿ no es verdad ! un medio seguro. Te lo repito , dirígete á mí,
—Es probable , contestó el judío. pues él es un amigo de ayer , y á mí, hace ya
—Si vuelve á atacarla , dijo Sikes , la haré mucho tiempo que me conoces , Nancy.
una pequeña sangria sin incomodar al médico. — Os conozco bien, contestó la jóven, sin
El jud o hizo con la cabeza una señal de manifestar la menor emocion. Buenas noches.
aprobacion.
—Cuando yo estuve enfermo, permaneció Fagin tomó el camino de su casa , absorto
junto á mi cama 'dia y noche , mientras que en los pensamientos que se agitaban en su
vos, viejo lobo que sois, no os presentasteis mente. Al ver lo que acababa de pasar en casa
una sola vez.' Estábamos muy pobres enton de Sikes, concibió la idea de que cansada
ces , y pienso que el haber estado encerrada Nancy de la brutalidad del bandido , se habria
tanto tiempo la ha trastornado la cabeza. Por encaprichado por algun otro. El repentino
eso no es extraño que quiera salir á tomar el cambio en su carácter, sus repetidas ausencias,
aire , i eh ! su indiferencia respecto á los intereses de sus
— Sin duda, amigo mio, repuso Fagin en compañeros, por los cuales miraba tanto en
voz baja. ¡ Chut! otro tiempo , y en fin , su impaciencia por salir
Al acabar de decir estas palabras , volvió á aquella noche á una hora determinada , eran
entrar la jóven y fué á sentarse en el mismo circunstancias que favorecian su suposicion,
sitio de antes; sus ojos estaban hinchados, y cambiándola casi en certidumbre. El objeto
comenzó á mecerse en su silla y á mover la de aquel nuevo capricho no era ninguno de
cabeza. A los pocos momentos, soltó una car sus discípulos ; pero fuera quien fuese , debia
cajada. ser una preciosa adquisicion , sobre todo con.
—Vamos, ahora pasa al otro extremo! ex un auxiliar del temple de Nancy, y conven
clamó Sikes, mirando á su compañero con dria , pensaba Fagin , ganarle á toda costa.
aire de sorpresa. Pero todavia quedaba que resolver otra
El judio le hizo seña para que no hablara cuestion aun mas ardua. Sikes era ya peligro
mas sobre aquello , y al cabo de algunos mi so , y sus groseros sarcasmos habian hecho al
nutos volvió la jóven á su aspecto habitual. judío heridas , que no por estar ocultas eran
Fagin , despues de asegurar á Sikes que ya menos profundas. Nancy debe saber bien,
no habria nada que temer por la jóven , le dió pensaba Fagin, que si le abandona, nunca
las buenas noches, y tomando su sombrero, estará al abrigo de su furor ; es seguro que
dirigióse hácia la puerta. su nuevo amante tomará la defensa , lo cual
Al llegar al dintel , detúvose un momeSto , puede costarle la vida ó quedar estropeado , y
y mirando á su alrededor , preguntó si no ha en este caso, ¿qué mucho que consintiera en
bia quien le alambrase. envenenar á Sikes, por poco que se la incita
. —Alúmbrale, dijo Sikes áNancy, limpian se! Hay mujeres que han hecho otro tanto y
do su pipa ; seria lástima que se rompiera la algunas que han hecho mas en semejante ca
cabeza él mismo , quitando así á los aficiona so. De este modo habré concluido con ese
dos á curiosidades el placer de verle ahorcar. peligroso bribon, á quien aborrezco; otro to
Nancy siguió al viejo hasta lo último de la mará su lugar, y mi influencia con Nancy
escalera con una vela en la mano. Llegados seria irresistible , estando yo en el secreto de
al portal, Fagin llevó un dedo á los labios y su crimen.
acercándose á la jóven le dijo en voz baja : Estas reflexiones surgieron de la mente del
—i Qué tienes, Nancyl ¡qué te pasa, hija judío en el poco tiempo que se habia quedado
mia! solo en el cuarto del bandido, y ocupado con
—¿ Qué quereis decir! contestó la jóven en tales pensamientos , aprovechó la primera oca
el mismo tono. sion para sondear las intenciones de la jóven.
—Quisiera saber la razon de todo esto, re Por eso , al despedirse de ella , le dijo , según
puso Fagin; ya sé que te trata muy mal... hemos visto , algunas palabras al oido. Nan
es un bruto... un animal feroz... ¿por qué cy no pareció sorprendida , y era imposible
no...! que no comprendiese su significacion. Era se
— i Y bien! replic5 Nancy, viendo que el guro que sabia de qué se trataba, la mirada
OL1TBBIO TWIST. 197
que lanzó á Fagin al despedirse era una prue —Muy bien , dijo Noé , continuad ; eso no
ba de ello. me incomoda.
Pero acaso vacilara en entenderse con él En efecto , Noé no parecía temer ninguna
para matar á Sikes , y esto era sin embargo interrupcion , y era evidente que se habia
lo que principalmente debia alcanzarse, i Gi sentado á la mesa con la firme resolucion de
mo podré aumentar mi influencia con ella ! no perder una dentellada.
murmuraba el judío , al dirigirse á su casa con —Habeis dado un buen golpe ayer , amigo
paso furtivo ; i cómo adquirir mas imperio so mio , dijo Fagin ; es magnifico , seis chelines
bre Nancy! diez peniques en el primer dia; hareis fortu
Una imaginacion como la de Fagin, siem na en el comercio.
pre es fecunda en recursos ; si pudiese , sin — No olvideis contar los tres botes de esta
arrancar directamente una declaracion á la jó ño y la jarra de leche , repuso Bolter.
ven, hacer que la espiasen para descubrir la —No , no , amigo mio, replicó el judío : fué
causa de su repentino cambio , y amenazarla un rasgo de ingenio el tomarlos tres botes de
despues con revelarlo todo á Sikes, de quien estaño ; pero es un verdadero golpe maestro
tenia tanto miedo , si no secundaba sus miras ; el haber escamoteado la jarra.
4 no podria entonces contar con la obediencia —Me parece que no está mal para un prin
de Nancy ? cipiante, observó Bolter con satisfaccion; la
—Es seguro , dijo Fagin , casi en voz alta ; jarra es taba colgada á la puerta de un figon ,
entonces no se atrevería á negarme nada, no, y pensé que podria ensuciarse con la lluvia ;
nada en el mundo. El negocio es bueno; he ja! ja! ja!
hallado el medio , y lo pondré por obra, ¿ Oh ! El judío fingió reir tambien de todo corazon,
ya te tengo , picarona ! y Bolter , despues de concluir glotonamente.
Asi diciendo, dirigió á su alrededor una es con su rebanada de pan y manteca, comenzó
pantosa sonrisa é hizo un gesto amenazador á cortarse otra.
en la direccion del sitio donde dejara al ban — Os necesito; Bolter, dijo Fagin, apoyan
dido ; despues continuó su marcha , agitando do los codos en la mesa ; os ntcesito para una
sus manos huesosas en los bolsillos de su vie comision que exige mucho cuidado y sutileza.
jo gaban, donde parecíale aplastar á un ene — ¡Vaya! contestó Bolter, no me hagais
migo á cada movimiento de sus crispados de ahora correr peligros , ni me envieis al tribu
dos. nal otra vez ; eso no me conviene , ya os lo
digo.
—No hay que correr el menor peligro, re
CAPÍTULO XLV. plicó el judio , ni siquiera la sombra de un pe
ligro ; se trata solamente de espiar á una mu
jer.
Fagin confia á Noé Claypole una mision —¿Es alguna vieja?
secreta. —No , una jóven.
—Desempeñaré bien la comision, dijo Bol
El judío se levantó muy temprano á la ma ter; en la escuela ya hacia yo eso. ¿Para qué
ñana siguiente y aguardó con impaciencia la voy á espiarla? Supongo que no será para...
llegada de su nuevo asociado. Al cabo de al —Para nada, interrumpió el judío; solo
gun tiempo, que á Fagin. le pareció intermi para decirme dónde va , con quién habla , y
nable , presentóse aquel y atacó al almuerzo si es posible lo que dice. Será preciso acor
con voracidad. darse de la calle si es una calle , ó de la casa
—Bolter, dijo el judío, acercando su silla si entra en alguna, dándome todos los datos
y sentándose enfrente del jóven. posibles.
—Ea I héme aquí , contestó Noé ; i qué hay! —¿Cuánto me dareis por el trabajo ! pre
No me pidais nada hasta que acabe de almor guntó Claypole, poniendo su vaso sobre la
zar , pues segun veo, aquí no se deja tiempo mesa y mirando ^fijamente al judío.
ni para digerir los bocados. —Si lo haceis bien , se os dará una libra
—Podeis hablar comiendo, ¿no es verdad? esterlina , una hermosa libra esterlina , ami
preguntó Fagin , maldiciendo en el fondo de go mio , replicó Fagin ; y creed que nunca he
su corazon la voracidad de su jóven amigo. dado tanto por ninguna comision , fuera la que
—I Oh ! sf , puedo hablar sin dejar de co fuete.
mer , repuso Noé cortando una enorme reba — ¿Quién es esa mujer? preguntó Noé.
nada de pan. ¿Dónde está Carlota! —Una delas nuestras.
—Ha salido , contestó Fagin ; la he enviado —¡Oh! ¡oh! exclamó Noé frotándose- la
fuera esta mañana con la otra jóven á. fin de punta de la nariz; ¿desconfiais de ella á lo
que nos quedásemos solos. que parece? .
198 OLIVBKIO TWIST.
—Ha hecho nuevos conocimientos , amigo , —Ya la veo, dijo el espía.
mio, y es necesario que yo esté al corriente. — ¡.La veis bien! preguntó el judío.
—Ya comprendo, dijoNoé; ¿quereis sa —La reconoceria entre mil.
ber si esos conocimientos es gente á propósi Noé dejó la ventana , abrióse la puerta y la
to, eh? ¡ Ahí yo soy el que necesitais. jóven se fué. Fagin colocó á Noé detrás de
—Estaba seguro de ello , repuso Fagin' , unas puertas vidrieras con cortinillas, y am
animado con el éxito de su proposicion. bos contuvieron la respiracion en el momen
— Sin duda, sin duda , contestó Noé. iDón- to que Nancy pasó á pocos pasos de su es
de está! ¿dónde hay que esperarla! ¿cuándo condite.
me pongo en campaña! — 1Psitl ahora! murmuró Barney, que te
— En cuanto á eso, amigo mio, ya os ten nia la puerta abierta; hé aquí el momento.
dré al corriente, y la vereis cuando sea tiem Noé cambió una mirada con Fagin y se
po , dijo Fagin. Estad pronto , y dejadme lanzó fuera.
obrar. —A la izquierda, le dijo Barney en voz
Aquella noche , el dia siguiente y el otro , baja ; tomad la acera de enfrente y ¡ aten
el espia estuvo preparado con su traje de car cion !
retero , dispuesto á salir á la primera palabra Obedeció Noé, y á la, luz del gas, pudo
del judío. Seis noches pasaron así , seis largas ver á la jóven andando delante de él ; adelan
y mortales noches; y cada una de ellas, en tóse lo que le pareció prudente , y se paró al
tró Fagin en su casa con muy mal gesto, di otro lado de la calle para observar mejor sus
ciendo secamente que no habia llegado el mo movimientos. Nancy miraba á su alrededor
mento. El séptimo dia entró mas pronto que con inquietud, y aun llegó á detenerse una
de costumbre , y tan comento que no pudo vez para dejar pasar á dos hombres que la
disimular su satisfaccion. Era domingo. seguian de cerca. A medida que iba avanzan
—Esta noche sale , dijo el judío , y estoy do , parecia cobrar ánimo y era su paso mas
seguro que es para el asunto en cuestion , firme y resuelto.
pues ha permanecido sola todo el dia , y el El espia , siempre detrás de ella , á la
hombre de quien tiene miedo no volverá has misma distancia , la seguia sin perderla de
ta el amanecer. Venid conmigo pronto. vista.
Noé estuvo listo en un abrir y cerrar de
ojos sin decir una palabra, pues se le habia
comunicado la actividad del judio ; y saliendo CAPÍTULO XLVI.
sin hacer ruido de la casa franquearon rápi
damente un dédalo de calles , y llegaron por La cita.
fin á la puerta de una taberna que Noé reco
noció ser la misma donde se hospedó la noche Los relojes daban las doce menos cuarto
de su llegada á Londres. cuando se vieron dos personas avanzar por
Eran las once, y la puerta estaba cerrada; el puente de Londres. Era la primera una
él judio silbó ligeramente y se abrió al mo mujer, que caminaba con paso rápido, mi
mento , volviéndose á cerrar tan pronto como rando á su alrededor como si buscara á ál-
hubieron entrado el judío y Noé. guien ; y la otra era un hombre que se des
Fagin y el jóven judío que les habia abier lizaba en la sombra , regulando su paso por
to la puerta, atreviéndose apenas á murmu el de la mujer , deteniéndose cuando se de
rar una palabra, señalaron con el dedo á Noé tenia, y avanzando rápidamente cuando an
una ventanita y le indicaron que se asomase á daba, pero sin adelantarse nunca en el ardor
ella á fin de observar á la persona que estaba de su persecucion. Atravesaron así el puente
en la habitacion contigua. que conduce de Middlesex á Surrey, y en
— ¿Es esa la mujer! preguntó con voz tan tonces la mujer volvió atrás con aire inquieto,
baja que apenas se le oia. como si el rápido exámen que hacia de los
El judio hizo una señal afirmativa. tianseuntes no hubiese obtenido resultado.
—No veo bien su rostro , murmuró Noé Aunque el movimiento fué brusco , no por eso
en voz baja ; tiene los ojos fijos en el suelo , builó la vigilancia del espia, quien ocultán
y la luz está detrás de ella. dose en una de las arcadas del puente , se in
—No os movais , dijo Fagin. clinó sobre el parapeto para ocultar mejor su
Y haciendo una sena á Barney, este des semblante , dejando á la mujer pasar & la ace
apareció , y se le vió al momento en la habita ra opuesta. Cuando estuvo á la misma distan
cion contigua. cia que antes, volvió á su paso acostumbra
Bajo el pretexto de despabilar la vela, co do , sin perder de vista á la que seguia. Lle
locóla delante de la jóven y la dirigió algunas gados á la mitad del puente , detúvose la mu
palabras para hacerle levantar la cabeza. jer, y el hombre se detuvo tambien.
OLIVERIO TWIST. 199
La noche era sombria ; el dia habia sido San Salvador, donde estaba la bajada al rio*
lluvioso , y en aquella hora y sitio no se veian El hombre vestido de campesino se dirigió
ya transeuntes. Los que se dirigian presuro hácia aquel sitio sin que le observaran , y des
sos á sus casas, atravesaban rápidamente sin pués de haber examinado un instante los al
parar la atención en el hombre ni la mujer , rededores, comenzó á bajar los escalones.
O- acaso sin verlos. La escalera de que hemos hablado está pe
El rio estaba cubierto de una espesa nie gada al puente , y se compone de tres tra
bla, á través de la cual percibiase apenas el mos; precisamente en el sitio donde acaba el
rojizo resplandor de los fuegos encendidos en segundo, el muro de la izquierda termina en
los barcos amarrados bajo el puente; era difí una pilastra que da frente al Támesis. En
cil distinguir en la oscuridad los negruzcos aquel punto se ensanchan los escalones, de
edificios que bordeaban el Támesis. De cada modo que una persona que vuelva el ángulo
lado elevábanse viejos almacenes como una del muro , no puede ser vista por las que se
mole informe y confusa, que parecía inclinar hallan debajo, aun cuando no les separase
le sobre el agua, demasiado sombria para masque un solo escalon. Llegado á este sitio,
que pudiese reflejar su forma indecisa. Per el hombre dirigió una rápida mirada á su al»
cibiase en la sombra la antigua torre de la rededor, y viendo que- no habia mejor escon
iglesia de San Salvador y la flecha de San dite , y que era bastante espacioso , gracias á
Magno , aquellos guardianes seculares del vie - la marea baja , arrinconóse lo mejor que pudo
Jo puente ; pero el bosque de mástiles de los con la espalda apoyada en la pilastra , y es
buques anclados y las flechas de las demás peró, seguro de que los tres interlocutores
iglesias, se ocultaban completamente á la no bajarian mas que él , siéndole en todo caso
vista. muy fácil seguirles sin ser visto.
La jóven , siempre vigilada por su espia , Parecióle el tiempo tan largo en aquel lu
habia pasado el puente varias veces, cuando gar solitario , y era tanta su avidez por saber
la gran campana de San Pablo anuncié la lle la causa de aquella entrevista, tan diferen
gada de un nuevo dia. te de lo que él esperaba , que mas de una
Daban las doce de la noche en la populosa vez estuvo á punto de abandonar su puesto ,
ciudad; eran las doce lo mismo para el pala creyendo que las tres personas se habrian de
cio que para la choza, lo mismo para la pri tenido mas arriba ó se hallarían en otro sitio
sion que para el hospital ; para todos en fin , entregadas á su misteriosa conversacion. Ya
era la media noche ; para los que nacen y los iba á dejar su escondite y & subir al puente,
que mueren , para el cadáver helado , como cuando oyó ruido de pasos y casi en el mismo
para el niño tranquilamente dormido en su instante la voz de personas que hablaban cer
-cuna. ca de él.
En el momento de oirse la última campa Pegóse contra el muro, y respirando ape
nada, una jóven y un anciano de cabellos gri nas, escuchó atentamente.
ses bajaron de un carruaje , y despues de des —Bien estamos aquí, dijo una voz, que
pedir al cochero , dirigiéronse al puente direc era evidentemente la del caballero ; no tole
tamente. Apenas hubieron andado algunos raré que esta señora vaya mas lejos. Muchos
pasos, acercóseles, estremeciéndose, la mu hay que no hubieran tenido en vos la sufi
jer que estaba paseándose. ciente confianza para seguiros hasta aquí ; pe
El anciano y la jóven avanzaban mirando ro ya veis que quiero complaceros.
á su alrededor con el aire de personas que no —¡Complacerme ! replicó la jóven que los
esperan encontrar á quien buscan , y al acer conducia; en verdad que sois muy amable,
carse la mujer detuviéronse , lanzando un gri caballero ! ¡ Complacerme ! ¡bah! no hablemos
to de sorpresa, que reprimieron en seguida, de eso !
porque en el mismo instante pasó rozándoles — ! Pues bien ! exclamó el caballero con
un hombre en traje de campesino. acento benévolo; ¡cuál puede ser vuestra
—Aquí no , exclamó Nancy con aire asus intencion al traernos & un sitio tan extra
tado ; tengo miedo de hablaros aquí ; venid al ño ! ¿ Por qué no habernos quedado en el
pié de la escalera. puente , donde se ve mejor y no pasa casi
Al decir estas palabras, señalaba con el nadie, en vez de hacernos venir á este es
dedo la direccion que queria tomar. pantoso agujero !
Entonces el campesino volvió la cabeza , y —Ya os he dicho, repuso Nancy, que te
despues de preguntarles bruscamente con qué nia miedo de hablaros arriba; y no sé por
derecho ocupaban toda la acera , prosiguió su qué, añadió estremeciéndose, me hallo poseí
camino. da esta noche de tal terror, que apenas pue
La escalera que designaba la jóven , era la do tenerme en pié.
dela orilla de Surrey, cerca de la iglesia de — ¡Y de qué teneis miedo ! preguntó et
200 OLIVERIO TWIST.
caballero, que no parecía tampoco muy tran comunicacion con álguien respecto al asunto
quilo. que nos trae aquí esta noche ? preguntó el ca
—No puedo deciros de qué, contestó la ballero con aire inquieto.
jóVen, y quisiera saberlo. He estado todo el — Nó, contestó la jóven encogiéndose de
dia preocupada con horribles pensamientos de hombros ; no me es muy fácil salir sin mani
iLuerte y de sangrientos sudarios ; he abierto festar adonde voy, y para ir á ver á la seño
un libro esta noche para pasar el tiempo, y rita, tuve qué dar á Guillermo una dósis de
siempre tenia las mismas imágenes ante bs láudano antes de marcharme.
ojos. — ¿Se despertó antes de vuestra vuelta?'
—Eso es efecto de la imaginacion, dijo el preguntó el caballero.
caballero tratando de calmarla. — Nó ; y ni él ni nadie sospecha.
—No es la imaginacion, contestó la jóven — Tanto mejor, repuso el caballero : ahora
con voz sorda; juraria haber visto la palabra escuchadme.
ataud escrita en cada página del libro con — Podeis empezar, dijo Nancy.
gruesos caracteres negros , y aun me atrevo — Esta señora, dijo el caballero, me ha co
á decir que traían uno á mi lado cuando iba municado, asi como á ciertos amigos en quie
por la calle. nes se puede tener la mayor confianza, lo que
—Nada hay de extraño en eso , repuso el la dijisteis hace quince dias. Confieso que al
caballero ; yo los he encontrado con frecuen pronto he dudado de que se pudiese daros cré
cia. dito ; pero ahora creo firmemente que sois
—Verdaderos ataudes, replicó la jóven; digna de él.
pero no como el que yo he visto. — Sí, contestó con viveza la jóven.
Habia algo tan extraño en el acento de — Estoy convencido de ello, y os lo repito.
Nancy, que el espfa se estremeció en su es Para probaros que me hallo dispuesto á fiar
condite , sintiendo la sangre helársele en las me de vos , os confesaré sin rodeos que nos
venas ; pero se repuso al oir la dulce voz de proponemos arrancar, por medio del terror,
la señora que rogaba á Nancy se calmase, el secreto de ese hombre á quien llaman
desechando sus lúgubres pensamientos. Monks: pero si no nos fuera posible echarle
—Habladla con bondad, dijo al caballero mano ú obtener de él lo que deseamos, será
que la acompañaba. (Pobre jóven, parece preciso entregarnos al judío.
necesitarlo tanto ! — ! Fagin ! exclamó la jóven retrocediendo.
—Vuestros orgullosos pastores , dijo Nan — Será forzoso entregarnos á ese hombre,
cy, me hubieran mirado con desden, al ver repitió el caballero.
me en el estado en que me hallo esta noche. — Yo no haré eso jamás , replicó Nancy?.
¡Oh! querida señorita, ipor qué los que se es nn demonio , es peor que un demonio ; pe
arrogan el título de hombres de Dios, no son ro no haré eso.
para nosotras desgraciadas , tan buenos y tan — iNo quereis? preguntó el caballero, que
benévolos como vos , que dotada de hermosu parecia esperar aquella contestacion.
ra y de tantas cualidades de que carecen ellos, — ¡ Jamás !
podiiais estar un poco orgullosa en vez de — ¿ Y porquél
excederles en humildad ! — Por una razon , repuso la jóven con fir
— ! Ahí sí, dijo el caballero; el turco, des meza , por una razon que esta señora conoce,
pues de hacer sus abluciones , se vuelve há- y que admitirá porque así me lo ha prometi
cia Oriente para rezar sus oraciones , así co do. Tengo además otro motivo, y es, que si la
mo esas buenas gentes, despues de arreglar vida de ese hombre ha sido criminal , la mia
su aspecto á las circunstancias, elevan sus no lo es mucho menos ; muchos entre nos
ojos al cielo para implorarle. Entre el musul otros han arrastrado la misma existencia , y no
man y el fariseo , mi eleccion no es dudosa. me volveré contra aquellos que hubieran po
Estas palabras parecian dirigirse á la seño dido algunos al menos volverse contra
ra , y acaso tenian por objeto dejar á Nancy mí , y no lo han hecho , por perversos qne
tiempo de reponerse. sean.
Despues de una pausa, preguntó el ancia — ¡ Pues bien ! se apresuró á contestar el
no á la jóven : caballero, como si fuera aquel el punto á que
—iVenisteis aqui el domingo último ! deseaba llegar ; entregadme á Monks y dejad
—No me fué posible, contestó Nancy; me que me arregle con él.
detuvieron por fuerza. — ¡Y si denuncia á los otros!
— i Quién ? — Os^prometo que en ese caso, y si se ob
— Guillermo ese de quien os habrá ha tiene de él la verdad , la cuestion no pasará
blado ya la señorita. adelante. Debe haber en la vida del pobre
—¿Supongo no sospecharán que esteis en Oliverio circunstancias que sería penoso ex
OUVEEIO TWIST. 20t
poner á los ojos del público. Con tal que se he hablado , pues yo no he visto á ese hom
pamos la 'verdad , no queremos mas , y de bre mas que dos veces, y ambas iba cubierto
ningun modo quedará comprometida la liber con una gran capa. Esto es todo lo que puedo
tad de ninguno. deciros para que le reconozcais Aguar
— ¿Y si no quiere decir nada! observó la dad ; en el cuellq, y bastante alta para que
joven. pueda verse , á pesar de la corbata , cuando
— Entonces , no perseguiremos á ese judío vuelve la cabeza , tiene
ante la justicia sin vuestro consentimiento; — Una gran mancha roja, como una que
pero en tal caso podré exponeros razones, que madura , exclamó el caballero.
segun creo, os decidirán á entregarle. — ¡ Cómo ! replicó Nancy ; i le conoceis !
— ¿Me dará esta señora su palabra de que
será asi < preguntó con viveza la jóven. Rosa lanzó un grito de sorpresa , y duran
— Sí, contestó Rosa ; me comprometo for te algunos instantes guardaron tal silencio los
malmente. actores de aquella escena , que el espia pudo
— \ Monks no sabrá nunca cómo ha llegado oírlos respirar.
todo esto á vuestro conocimiento! añadió Nan- — Creo que sí , dijo al fin el caballero, á
cy despues de una pausa. juzgar por las señas que me dais ; pero ya ve
—Jamás , contestó el caballero ; nos com remos se encuentran á veces semejanzas
pondremos de modo que nunca pueda dudar singulares , mas quizás no sea él.
de nadie. » Al decir estas palabras con aire indiferen
— He mentido muchas veces , y he estado te, el caballero dió un paso háciael lado don
desde mi infancia entre embusteros, dijo Nan- de estaba oculto el espia , y este pudo oir que
cy despues de una corta pausa ; pero cuento murmuraba: ".Debe ser él.»
con vuestra palabra. — Ahora , jóven , dijo acercándose á Nan
Habiéndola asegurado una vez mas que po cy, puesto que nos habeis prestado un gran
dia estar completamente tranquila, la jóven servicio, quisiera recompensares de algun mo
comenzó & describir en detalle la taberna donde do. ¿ Qué puedo hacer por vos 1
habia estado aquella misma noche; pero ha — Nada , contestó Nancy.
blaba tan bajo, que á veces le era muy difí — No hableis así , repuso el caballero con
cil al espía seguir el hilo de la narración , por un acento de bondad capaz de conmover á un
mas que la jóven se detuviese de vez en cuan corazon mas endurecido ; reflexionad y decid
do, como si el caballero tomara apresurada me qué puedo hacer por vos.
mente algunas notas sobre los datos que se le — Nada, caballero, repitió la jóven lloran
suministraban. Cuando Nancy hubo descrito do, nada podeis hacer ; para mí ya no hay es
minuciosamente la localidad , indicado el pun peranza.
to desde donde se podia ver mejor sin ser vis — Vais demasiado léjos , dijo el caballero ;
to, y dicho en qué dia y á qué hora tenia vuestra vida pasada ha sido culpable ; habeis
Monks la costumbre de ir, pareció reflexionar empleado mal esa energia de la juventud, esos
un momento como para recordar mejor las fac tesoros inestimables que Dios nos concede so
ciones y el exterior del hombre de quien es lo una vez ; pero podeis esperar en el porva-
taba dando las señas. nir. No quiero decir con esto que esté en nues
— Es alto, dijo, bastante robusto, pero no tro poder deyolveros la paz del alma , que so
muy grueso ; cuando anda , parece acechar á lo adquirireis con vuestros propios esfuerzos;
todos , y siempre mira de reojo. No olvideis es pero podemos ofreceros un asilo pacifico en
to, y advertid que nadie puede tener los ojos Inglaterra, ó silo preferís, en un país ex
tan hundidos como él , por lo cual os será muy tranjero. Repito que podemos hacer esto, y
fácil reconocerle. Es moreno, de ojos negros, que tenemos el mayor deseo de poneros al
y aun cuando no tendrá mas de veinte y seis abrigo de todo peligro. Antes que termine la
6 veinte y ocho años , parece ya un viejo. En noche , antes que iluminen el rio los primeros
sos labios se ven con frecuencia las señales albores de la mañana , podreis hallaros muy
de sus dientes , pues le acometen accesos fu lejos de vuestros antiguos compañeros , sin
riosos , y suele morderse las manos hasta ha que quede de vos la menor huella. Vamos,
cerse sangre no hableis una palabra mas con esos hombres ;
— i Por qué os estremeceis ? preguntó la jó no volvais á entrar en esa vida ; no respireis
ven , deteniéndose de pronto. de nuevo esa atmósfera que os corrompe y
El caballero se apresuró á contestar que que os mata ; abandonadlos á todos mientras
era un movimiento involuntario y la rogó que es tiempo todavía y se os presenta una oca
continúase. sion favorable.
— Casi todos estos detalles, prosiguió la jó — Ya se dejará convencer, dijo Rosa; va
ven , los he recogido en la taberna de que os cila , estoy segura.
202 OLIVERIO TWIST.
— Temo que no, hija mia , contestó el ca solvió á dejarla , como era su deseo. Oyóse el
ballero. ruido de los pasos que se alejaban, y todo
— No señor, no vacilo, replicó Nancy, des volvió á quedar en silencio.
pues de un momento de lucha interior ; estoy Rosa y su acompañante llegaron bien pron
encadenada á mi antigua vida ; la maldigo y to al puente, deteniéndose en lo alto de la es
la odio ahora; pero no puedo abandonarla. calera.
He ido demasiado léjos para volver atrás , y — Escuchad , dijo Rosa prestando atento
sin embargo, no sé lo que me pasa, y me ha oido ; ¿ no ha llamado?
bria reido de vos si me hubierais hablado así — No, hija mia , repuso Brunlow mirando
hace algun tiempo. Pero hé aquí que me asal con tristeza hácia atrás ; no se ha movido, y
tan de nuevo mil temores , añadió la jóven mi espera á que nos alejemos.
rando á su alrededor con inquietud ; es pre Rosa Mailye estaba desconsolada ; pero el
ciso que me vuelva á casa. anciano la cogió del brazo y se la llevó con
— ¡ A. vuestra casa ! exclamó Rosa con tris dulzura.
teza. Cuando hubieron desaparecido, dejóse caer
— Sí, contestó Nancy; me es forzoso se Nancy sobre uno de los escalones de piedra,
guir arrastrando la existencia que me he crea y en su angustia, vertió amargas lágrimas.
do. Separémonos. Acaso me hayan visto y ha Levantóse bien pronto, y con paso débil y
ya sido espiada ; dejadme , y marchaos ; todo vacilante subió los escalones que conducian al
lo que os pido en cambio del servicio que aca puente. El espia, asombrado, permaneció in
bo de prestaros , es que me dejeis ir sola. móvil en su puesto durante algunos minutos,
—Veo que todo es inútil , murmuró el ca y cuando estuvo cierto de hallarse solo, salió
ballero exhalando un suspiro; y acaso com de su escondite y subió al puente rozando la
prometamos su seguridad permaneciendo aquí. muralla.
Ya la hemos detenido mas tiempo del que es - Llegado cerca de la escalera , Noé Clay-
peraba. pole miró á su alrededor varias veces para
— Sí, sí, dijo Nancy con viveza, ya de asegurarse de que no le observaban , y des
beria estar muy léjos. pues echó á correr en direccion á la casa del
— ¿ Cómo acabaiá esta pobre jóven ? excla judío.
mó Rosa.
— i Cómo! replicó Nancy ; mirad delante
de vos , señorita ; mirad esas olas sombrias, CAPÍTULO XLVII.
i No habeis oido decir con frecuencia que des
graciadas como yo, se arrojan al agua sin que Consecuencias jatales.
ningun alma viviente las compadezca! Esto
me podrá suceder dentro de algunos años , Serian las dos de la madrugada, esa hora
quizás dentro de pocos meses; pero estad se que en otoño puede muy bien llamarse la me
gura que tal será mi fin. dia noche , y cuando por las calles, desiertas
— No hable¡3 así , replicó Rosa sollozando. y silenciosas , solo se ve alguno que otro bor
— Nunca sabreis nada , querida señorita, racho, que se dirige á su casa con paso vaci
contestó Nancy, y quiera Dios que nunca lle lante. En aquella hora avanzada , velaba el
guen á vuestros oidos semejantes horrores ! judío en su huronera, con el rostro tan pálido
¡ Adios ! i adios ! y contraido, y los ojos tan inyectados de san
El caballero dió un paso para alejarse. gre , que mas que hombre , parecia un fan
— Tomad este bolsillo, dijo Rosa, tomadle tasma hediondo escapado de la tumba y per
por amor mio, á fin de que tengais algunos seguido por un espíritu maligno.
recursos en un momento de necesidad ó de Hallábase agachado delante de la chime
inquietud. nea , envuelto en una vieja colcha desgarra
— No, no, replicó Nancy; no os he presta da , y de espaldas á la luz que habia encima
do ese servicio por dinero ; dejadme la satis de una mesa á su lado. Con la mano derecha
faccion de pensar que no me ha movido el in junto á la boca y absorto en sus reflexiones,
terés. Agradeceria sin embargo que me die mordiase los labios, dejando ver sus encias
rais alguna cosa, cualquier objeto vuestro... sin mas dientes que dos ó tres colmillos ama
no, no, una sortija no vuestros guantes ó rillentos.
vuestro pañuelo, algo en fin , que pueda guar Noé Claypole dormia profundamente sobre
dar, mi querida señorita Eso es, graciasl un colchon extendido en el suelo. De vez en
Que Dios os bendiga ! Buenas noches ! cuando, dirigiale el viejo una mirada , y des
Nancy se hallaba presa de una agitacion pues sus ojos volvian á fijarse en la luz , cu
tan violenta , y parecia temer de tal modo yo largo pábilo, asi como las gotas de sebo
que la descubriesen, que el caballero ae re- que caian sobre la mesa , atestiguaban que los
OLIVERIO TWIST. 203
pensamientos del judio estaban muy léjos de — Lo que tengo que deciros, Guillermoi
allí. murmuró el judío acercando su silla á la de
Y así era en efecto. Sikes , os pondrá aun mucho mas furioso que
Mortificábale la idea de ver sus planes frus lo estoy yo.
trados , cegábale la rabia contra la jóven que — i De veras! replicó el bandido con aire
habia osado ponerse en relacion con personas incrédulo ; pues hablad y despachaos , pues
extrañas, desconfiaba de su sinceridad, sen de lo contrario, creerá Nancy que me he per
tia perder la ocasion de vengarse de Sikes, dido.
temiendo ser descubierto, ó acaso ahorcado, — ¡ Perdido ! repitió Fagin ; yo os aseguro
y todo esto le causaba un acceso horrible de que ya se ha arreglado ella para que lo esteis.
furiosa cólera. Todas las reflexiones de Fagin
ae cruzaban con rapidez en su mente , y mil Sikes miró al judío con aire inquieto, y no
proyectos criminales , mas negros los unos leyendo en 3us facciones ninguna explicacion
que los otros , agitábanse en su cabeza. satisfactoria , cogióle por el cuello, y sacu
Permaneció completamente inmóvil y sin diéndole rudamente le dijo :
parecer pensar en el tiempo que pasaba , has — ¿Querreis hablar ó será necesario que os
ta que un rumor de pasos , que se oyó en la ahogue? Entreabrid esos dientes y decidme
calle , fué á llamar su atencion. con claridad lo que tengais que decir. Basta
— ¡Al finí murmuró, pasándose una mano ya de gestos , viejo lobo ; acabemos de una
por sus labios secos y agitados por la fiebre ; vez !
al fin! — Supongamos, comenzó Fagin , que ese
Al mismo tiempo dejóse oir una campani muchacho que está ahí echado
lla ; precipitóse el judío por la escalera para Volvióse Sikes hácia donde estaba Noé co
abrir la puerta , y volvió á entrar acompaña mo si no le hubiese visto, y repuso, volvien
do de un hombre completamente embozado, do á su primera posicion :
que llevaba unos papeles debajo del brazo, y —¿Y bien?
que despues de sentarse y descubrirse, dejó — Supongamos, continuó Fagin, que ese
ver las formas atléticas de Sikes el bandido. muchacho nos hubiera delatado á todos, bus
— Tomad, dijo, poniendo el paquete sobre cando desde luego las personas necesarias pa
la mesa ; guardad eso y sacad el mejor parti ra realizar sus miras ; supongamos tambien
do posible , pues harto trabajo me ha costado que haya tenido una entrevista con ellas en
el adquirirlo. Hace tres horas que debia estar la calle , para darles nuestras señas , nuestra
aquí. filiacion é indicarles los puntos donde se nos
Fagin cogió el paquete , encerróle en el puede encontrar ; y suppngamos en fin que
armario, y volvió á sentarse sin decir una pa haya hecho todo eso por su propia voluntad
labra , pero sin apsrtar sus ojos del bandido. y satisfaccion, sin que le hayan cogido, in
Cuando estuvierqn sentados frente á frente, terrogado ú obligado á prestar declaraciones,
miróle de nuevo fijamente ; sus labios tem yendo él mismo á buscar á nuestros enemi
blaban de tal modo, y hallábanse sus faccio gos para contárselo todo ! Decidme , continuó
nes tan alteradas por la emocion, que el ban el judio, cuyos ojos lanzaban llamas; si hu
dido retiró su silla involuntariamente y exa biese hecho todo esto, ¿ qué sucederia !
minó á Fagin con aire asustado. — ¡ Qué sucederia ! exclamó Sikes profirien
— ¿Y bien? ¡qué hayl preguntó Sikes; do una espantosa blasfemia ; que le destroza
i poi qué me mirais de ese modo ? ¡ Vamos, ria el cráneo con los tacones de mis botas,
hablad ! convirtiéndolo en tantos pedazos como pelos
El judio levantó la mano, agitando un dedo tiene en la cabeza.
tembloroso ; pero era tal su furor, que no — i Y si yo hubiese hecho eso , aulló el ju
pudo articular una sola palabra. dío ; yo que sé tanto y que podria hacer ahor
— ! Diablo! exclamó Sikes, que no las te car á muchos sin que me sucediera á mi nadal
nia todas consigo, se ha vuelto loco ; me pon —No sé , replicó Sikes rechinando los dien
dré en guardia. tes y palideciendo á la idea de semejante trai
— No, no, murmuró Fagin , hallando al fin cion; en primer lugar, haria en la cárcel al
la voz, no seis no sois vos, Guillermo ; guna cosa para que me pusieran grillos , y si
no tengo nada por que reprenderos. nos citaban á juicio á los dos al mismo tiem
— 1 Oh ! nada, ehl exclamó Sikes , mirando po, caciia sobre vos en pleno tribunal para
á Fagin con aire sombrío, y mudando osten romperes el cráneo delante de todo el mundo.
siblemente una pistola de un bolsillo á otro, Creo que tendria bastante fuerza para aplas
como para tenerla mas á mano. Es una for taros la cabeza como si os la hubiese cogido
tuna , al menos para uno de los dos , sin que la rueda de un carro.
á mf me importe saber cuál. —¡Vos!
204 OLIVERIO TWIST.
—¡ Yo ! contestó el bandido ; probad si que —¡Al domingo último! preguntó Noé re-
reis. ' flexionando; ya os lo he dicho.
— ¡Y si fuese Charlot, ó el Truhán 6 Bet- — ¡Volved á decirlo ! gritó Fagin echando
ty, o...! espumarajos por la boca y blandiendo una de
—Poco me importa quién, interrumpid Si- sus manos como un furioso mientras oprimía
kes con acento de cólera ; el que sea puede con la otra el brazo de Sikes.
estar seguro del castigo. —La preguntaron, repuso Noé, que ja
Fagin contempló fijamente al bandido, y mas despierto comenzaba £ comprender quién
haciéndole despues una seña para que guar era Sikes ; la preguntaron por qué no habia
dara silencio, inclinóse sobre el colchon don ido el domingo anterior segun prometiera, y
de dormia Noé, y sacudió al muchacho para ella contestó que no le fué posible...
que despertase. Sikes, inclinado tambien so — ¡La causal la causal interrumpió Fagin
bre su silla y con las manos apoyadas en las con aire de triunfo, contad eso.
rodillas , miraba fijamente como preguntándo —Porque habia sido detenida á la fuerza
se sorprendido á qué conducian todas aquellas por Guillermo , el hombre de quien habló an
preguntas. teriormente , contestó Noé.
—Bolter! Bolter! gritó Fagin levantando — ¡Y qué mas! preguntó el judio; ¡qué
la cabeza con una expresion diabólica y re mas les dijo de aquel hombre! ¡ Contad eso !
calcando sus palabras; ¡pobre muchacho ! es ¡contad eso!
tá rendido por haber espiado tanto' tiempo á — Pues bien , replicó Noé , les dijo , que no
esa jóven. .. si, á esa jóven; ¡me entendeis, le era fácil salir sin que aquel hombre supie
Guillermo ! ra dónde iba ; y que la primera vez que salió
— ¡Qué quereis decir! preguntó el bandi para ir á ver á la señora..; ¡ja! ¡ja! ¡ja! es
do irguiéndose en su silla. to sí que me hizo reir cuando lo oí tuvo
El judio , sin contestar , se inclinó de nue que dar á aquel hombre una dósis de láudano.
vo sobre Noé y le hizo sentar en el colchon. — ¡Muerte y condenacion! gritó Sikes des
Despues de haberse hecho repetir varias ve prendiéndose bruscamente de la mano del ju
ces su firjgido nombre , frotóse el muchacho dío ; ¡ dejadme marchar !
los ojos y miró á su alrededor bostezando. Y arrojando lejos de sí al viejo, precipitó
—Volved á decir todo eso otra vez para se por la escalera como un furioso.
que él lo oiga, dijo Fagin señalando con el — ¡Guillermo! ¡Guillermo! gritó el judío
dedo á Sikes. corriendo tras él ; una palabra , una palabra
—¡Decir qué! preguntó Noé medio dor tan solo !
mido. Pero ni una palabra hubiera podido decir á
—Lo relativo á... Nancy, repuso el .judío, Sikes , si este no se hubiese visto en la impo
cogiendo por la muñeca á Sikes, como para sibilidad de abrir la puerta, que encontró
impedirle que se fuese antes de oirlo todo, cerrada. Al llegar Fagin, encontróle blasfe
i La habeis seguido! mando y profiriendo mil juramentos.
—Si. — ¡Dejadme salir! gritó Sikes; no me di
—¡Hasta el puente de Londres? gais nada si teneis en algo vuestra vida; de
—Sí. jadme salir)
—¡Donde ha encontrado á dos personas! —Una palabra tan solo, replicó Fagin po
—En efecto. niendo una mano sobre la cerradura No
—Un caballero y una señora á quienes ya seais...
habia ido á visitar anteriormente; la dijeron —¡ Qué ! preguntó el bandido.
que entregase á todos sus cómplices, empe —No seais... demasiado violento, Guiller
zando por Monks así lo prometió que mo , dijo el judío con voz ahogada.
diese nuestras señas... lasdió... que manifes Comenzaba á amanecer y habia bastante
tara donde nos reuniamos y desde qué sitio se luz para que ambos pudiesen verse ; cruzá
nos podia acechar... asi lo hizo... que citase ronse sus miradas, brillaron sus ojos con un
,la hora en que soliamos estar juntos... tam fulgor siniestro, y no les quedó la menor du
bien la reveló. Todo en fin lo ha dicho sin da de que su pensamiento era el mismo.
omitir nada , sin que mediase ni una amena- —Entiendo por esto, dijo Fagin, juzgando
zi y sin la menor vacilacion. Eso es lo que inútil fingir por mas tiempo , que no debeis
ha hecho; ¡no es verdad! gritó el judio, cie obrar con demasiada violencia... sed pruden
go de cólera. te; astucia, Guillermo, y nada de escándalo.
—Así es, contestó Noé rascándose la ca Sikes no contestó; pero empujando con vi-
beza; todo ha pasado exactamente como decís. - veza la puerta cuando la hubo abierto el ju -
—¡Y qué es lo que han dicho respecto al dio , lanzóse á la calle desierta.
domingo último! preguntó el judío. Sin detenerse , sin reflexionar un instante,
OLIVEB1O twist. 205
sin volver una sola vez la cabeza á derecha ó minar mis dias en paz y tranquilidad; déjame
á izquierda, sin levantar los ojos al cielo ni que los vuelva á ver para suplicarles de ro
bajarlos hácia la tierra , el bandido emprendió dillas que hagan por ti otro tanto. Dejaremos
su carrera con la mirada extraviada y los esta miserable casa para irnos muy lejos, ca
dientes apretados por la cólera; no murmuró da uno por su lado , á vivir mejor y olvidar
una palabra , ni se contrajo ninguno de sus nuestro pasado: despues, ja no nos volvere
músculos hasta llegar á la puerta de su casa. mos á ver jamás. Ellos me han dicho que
Una vez allí, dió vuelta á la liare con sua nunca es demasiado tarde para arrepentirse...
vidad, subió rápidamente la escalera, entró conozco ahora que tienen razon; pero nece
en su cuarto , cerró bien la puerta , y despues sitamos tiempo , un poco de tiempo !
de apoyar contra ella una pesada tabla , cor El bandido consiguió al fin desprender uno
rió la cortina del lecho. de sus brazos , y cogió su pistola ; í pesar de
La jóven estaba echada y á medio vestir; su cólera violenta, asaltóle la idea de que se
al entrar el bandido, despertóse con sobre ria descubierto inmediatamente si hacia fuego,
salto. y entonces, con la culata del arma, descargó
—En pié, dijo Sikes. dos golpes con toda su fuerza en la cabeza de
—i Eres tú, Guillermo! repuso Nancy con Nancy.
una expresion de placer al verle de vuelta. La jóven vaciló y cayó, anegada por el
—Si , contestó el bandido , en pié. torrente de sangre que brotaba/de su frente;
Cerca de la cama ardía una vela ; arrancó despues, haciendo un esfuerzo .para ponerse
la Sikes del candelero y la arrojó en la chime de rodillas, sacó un pañuelo blanco, el que le
nea. Viendo Nancy que comenzaba á rom habia dado Rosa Mailye , y elevando al cielo
per el dia , levantóse para correr la cortina sus manos desfallecidas, murmuró una ora
de la ventana. cion para implorar la misericordia de Dios.
—Déjala, dijo Sikes poniéndose delante; Aquella escena era espantosa: el asesino
hay bastante luz para lo que tengo que hacer. se acercó á la pared con paso vacilante , pues
— Guillermo, exclamó Nancy con voz aho tas las manos sobre los ojos, y apoderándose
gada por el terror; i por qué me miras asít de un herrado garrote remató á su víctima.
Con las- narices dilatadas y el pecho palpi
tante, el bandido contempló á la jóven algu
nos momentos; cogiéndola despues por la ca CAPITULO XLVIH.
beza y el cuello la arrastró hasta el medio
de la habitacion , y tapándole la boca con una Fuga de Sikes.
mano, miró hácia la puerta.
— I Guillermo, Guillermo!... exclamó la
jóven con voz ahogada, luchando con la ener De todas las acciones culpables que se ha -
gía de la desesperacion y del temor de la bian cometido á favor de las tinieblas en el
muerte; yo no gritaré... escúchame... habla... vasto recinto de Londres, aquella era la nías
dime qué he hecho ! culpable , la mas criminal. De todos los deli
—Demasiado lo sabes, miserable I replicó tos que iban á emponzoñar con su olor infec
Sikes; anoche te han espiado... y oido todo to el aire puro de la mañana, aquel era el
lo que has dicho. mas cobarde y odioso.
—Entonces perdóname la vida como yo he El sol , que no trae solo consigo la luz , si
perdonado la tuya, exclamó Nancy arras no que sirve tambien para devolver al hom
trándose. Guillermo, querido Guillermo, tú bre la vida y la esperanza, se alzaba radian
no tendrás corazon para matarme. ¡Oh ! pien te sobre la populosa ciudad, y sus refulgen
sa en todo lo que he rehusado esta noche por tes rayos , así iluminaban los magníficos cris
causa tuya I No cometas este crimen ; yo no tales de colores como los miserables vidrios,
te soltaré, no podrás hacer que te suelte. así las torres de las catedrales como los edifi
Guillermo, por amor de Dios, por tí , por mí, cios ruinosos. El sol iluminó pues la habita
detente antes de verter mi sangre! Por mi cion donde yacía el cadáver de la pobre Nan
alma te juro no haberte hecho traicion I cy, y á despecho de todos los esfuerzos del
El bandido hizo un violento esfuerzo para bandido para impedir que entrase la claridad,
desprender su brazo ; pero la jóven le opri un torrente de luz se reflejó en todos los ob
mía tan convulsivamente, que no pudo con jetos. Si el espectáculo habia sido espantoso
seguirlo. en el crepúsculo de la mañana , ¡ qué seria &
—Guillermo! gritaba Nancy, tratando de la brillante luz del sol I
apoyar la cabeza sobre el pecho de Sikes ; ese Sikes permaneció inmóvil : tuvo miedo de
caballero y esa buena señora me propusie escaparse; su victima habia exhalado un ge
ron anoche ir á vivir al extranjero para ter- mido lastimero, moviendo una de sus manos.
206 OLIVERI TWISX.
Entonces con una rabia que el terror aumen Londres, siguiendo el camino real. Al poco
taba habiala dado repetidos golpes. Hubo un tiempo , volvió sobre sus pasos , y luego di
momento en que arrojó una colcha sobre el rigióse de nuévo á través de los campos, tan
cadáver ; pero representarse los ojos de la vic pronto echándose á la orilla de loa fosos co
tima , imaginarse que se volvian hácia él , era mo vagando á la ventura.
aun mas insoportable que verlos fijos é inmó ; Dónde encontrar un punto bastante próxi
viles para mirar el mar de sangre en que se mo, y no muy frecuentado, para tomar al
reflejaban los rayos del sol. Tiró pues de la gun alimento ! Parecióle Hendon el sitio mas
colcha y dejó descubierto el cadáver ; aquello propicio , por hallarse á poca distancia y con
no era ya mas que una masa de carne y de currir á él poca gente, y en consecuencia di
sangre; pero ¡qué sangre! rigióse á dicho pueblo , tan pronto corriendo
Entonces sacó yesca, encendió lumbre , y como á paso de tortuga , y dando golpes con
arrojó á la chimenea su pesado garrote ; en el el palo en todos los árboles que encontraba al
extremo de este habia algunos cabellos de paso con aire indiferente. Pero al llegar á
mujer que se inflamaron , produciendo algu Hendon, parecióle que todos, haBta los mu
nas ligeras chispas que la corriente de aire ar chachos que estaban á las puertas, le mira
rastró rápidamente á la chimenea. Esto ater ban con ojos sospechosos , y volvió piés atrás
ró á Sikes á pesar de lo bárbaro que era , y sin tener valor de pedir una gota de agua ó
cogiendo el garrote , le tuvo en las manos un pedazo de pan , á pesar de que no se ha
hasta que el fuego le hizo pedazos , los cuales bia desayunado desde la víspera.
redujo despues á cenizas. En seguida, lavóse Volvió pues á tomar el camino de Hamps
las manos y se frotó la ropa; pero como habia tead sin saber adónde dirigirse , y despues de
manchas que no pudo hacer desaparecer, cor errar algun tiempo, volvió al mismo punto
tó los pedazos donde estaban y los arrojó al de partida. El dia comenzaba á declinar, y
fuego. Todo el cuarto se veia alagado en san andando tan pronto á izquierda como á dere
gre ; hasta las patas del perro estaban llenas cha, acabó por alejarse en direccion á Hatfield.
de ella. A las nueve de la noche apenas tenia ya
Durante todo este tiempo , no habia vuelto fuerzas para andar, y su perro, rendido de
vina sola vez la espalda al cadáver. Cuando cansancio , iba detrás sin aliento. Sikes bajó
hubo terminado sus preparativos , dirigióse á la colina que hay cerca de la iglesia del pue
la puerta arrastrando consigo al perro ,' abrió blo , entonces silencioso , y deslizándose á lo
la en silencio, volvióla á cerrar dando dos largo de una estrecha calle , penetró en una
vueltas á la llave , y guardándose esta , salió pequeña taberna donde se veia luz. Algunos
á la calle. aldeanos que se disponian á beber y estaban
Despues de atravesarla , dirigió una mirada sentados al rededor del hogar, se apartaron
hácia la ventana para asegurarse de que no para dejar sitio al recien venido ; pero Sikes
se podia ver nada desde afuera ; la cortina fué á sentarse al extremo de la sala para co
que Nancy quiso apartar para que penetrase mer y beber solo , ó mas bien , con su perro,
la luz, qué no debia ver ya mas , continuaba al cual daba de vez en cuando algunos peda
corrida: el cadáver delajóvense hallaba cer zos de pan.
ca: el asesino lo sabia. ¡Oh Dios ! ¡cómo se Los aldeanos reunidos en la taberna, con
reflejaban en aquel sitio los rayos del sol! versaban acerca de las tierras y de las ha
Sikes no miró mas que una vez á la venta ciendas de los alrededores, y cuando se hubo
na, y sintióse mas tranquilo al pensar que agotado aquel asunto, hablaron sobre la edad
habia podido salir sin que le vieran. Despues avanzada de un compañero á quien habian
de silbar á su perro, alejóse rápidamente. enterrado el domingo anterior. Los jóvenes
Atravesó Islington y subió á la colina de