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MITOS MUSICALES

Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, ustedes, que son espirituales,


restáurenlo con espíritu de mansedumbre. Piensa en ti mismo, no sea que también tú
seas tentado. Gálatas 6:1 (RVC)

Las iglesias somos cómplices cuando los grupos de alabanza fallan. El tema de los
grupos de alabanza y los vicios, problemas y errores que lo acompañan van más allá del
estilo musical. Este ministerio es un reflejo más de la salud o falta de salud de las
congregaciones y lo explico en los siguientes siete puntos.

Personas no aptas para el ministerio

Entender que los ministerios de alabanza no es la primera opción de los nuevos que
quieren servir, ni el refugio de los que no quieren más responsabilidad, sino que son parte
vital del culto a Dios.

Es sabido que los designados para ministrar en el tabernáculo (iglesia) deben ser
SANTOS (apartados), cuya santidad sólo puede provenir de un llamado hecho por Dios; si
este no está en la vida de la persona, se comete un error al ponerla a servir en el altar, así
se trate de un gran músico e incluso de un cristiano ejemplar.

En 1 Crónicas 25: 1-8, reconocemos los diferentes ministerios musicales, entre los que se
destaca el de Hemán y sus hijos; según los versículos 5 y 6, fueron nombrados para el
ministerio del templo “IGLESIA” bajo la dirección de su padre en la música.

Así que ser cristiano ejemplar y músico excepcional no significa necesariamente que ha
de estar en el altar, pues los ministros de alabanza deben tener un llamado a ser, por
decirlo así, músicos de altar. Sin embargo, cuando se permiten que músicos NO del altar
ministren allí, se presentan problemas, como “siempre las mismas canciones”, “siempre el
mismo ritmo”, “pongamos luces”, “son canciones de viejitos” debido a que no fueron
llamados a entender la música de altar.

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Confusión entre ministrar a Dios y a los hombres

Es importante entender que en los tiempos de culto y las letras de las canciones deben
ser dirigidas en primera persona a Dios y no a los hombres; por consiguiente, no podemos
decir que le damos gloria cuando las letras de las canciones giran en torno de ellos, por
ejemplo, en expresiones como “dame de beber”, “yo quiero más de ti”, “avivame señor”
etc., ya que si bien son pertinentes en un tiempo de ministración después de la prédica,
en un concierto cristiano o en tiempos de oración, no lo son en los momentos de alabanza
y adoración en los que se debe entender a qué fuimos llamados; por ello las palabras de 1
Crónicas 16:4: “Y designó a algunos levitas como ministros delante del arca del SEÑOR,
para que celebraran, dieran gracias y alabaran al SEÑOR, Dios de Israel:”, No para que le
pidiéramos, decretáramos o cosas similares.

Por tanto, revisar las letras de las canciones que se interpretan en las congregaciones a
la luz de la Palabra de Dios, contribuirá a que en los momentos de alabanza y adoración
respondan no a los hombres, sino a dar gloria a Dios.

Entre más, mejor.

Normalmente se sueña con todo un ensamble y que los cantos suenen tal como los
grupos de alabanza favoritos del momento. El reto es que ciertos músicos de la
congregación viven una vida carnal, otros tienen motivaciones incorrectas para participar
en el grupo o los conocimientos y técnica de algunos son demasiado limitados.

El verdadero problema llega cuando esas personas son las únicas que desean participar y
las reclutamos sin un trabajo espiritual previo. ¿Por qué? Entre más, el grupo sonará
mejor. Ya la consagración vendrá después, pensamos.

El compromiso.

La realidad es que en muchas ocasiones el grupo de alabanza es un compromiso


mientras no existan otros compromisos, como una salida de fin de semana o un concierto
muy esperado, por ejemplo.

Por ello siempre se habla de compromiso y se batalla con que los integrantes asistan a
los ensayos, oren, lean su Biblia, se inscriban a los cursos bíblicos o por lo menos se
queden dentro de la reunión dominical luego de su participación.

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Cuando se reduce el compromiso a estar el día de los ensayos y a tener disciplinas
espirituales, no se comprende que se trata de consagración a Dios, no por ser miembros
del grupo de alabanza, sino por ser discípulos de Jesucristo que le han hecho Salvador,
sí, pero también Señor de sus vidas.

No entienden qué es ser un ministro.

Lo anterior nos lleva al siguiente error. No se les enseña lo que implica ser un ministro de
las cosas de Dios. Los miembros del grupo de alabanza están ahí no sólo por saber tocar,
saber cantar o saber dirección musical o coral, sino para servir a Dios y a la iglesia.

Un siervo de Dios disfruta de una vida de sujeción a la voluntad de su Creador y Señor.


La consagración de todo creyente es indispensable para ejercer su fe y no se puede
esperar menos de un ministro. Si son dos o uno los que quieren consagrarse para
ministrar en la alabanza, eso es lo único que Dios necesita.

No deben estar en un lugar del que no son dignos quienes son parte del grupo de
alabanza (o de cualquier ministerio) al no tener como propósito el servicio, sometiendo
sus voluntades a aquel al cual sirven, viviendo irreprensiblemente para, primeramente,
que sus vidas sean motivo de alabanza a Dios, y después sus talentos y dones.

Poco o nulo sentido de la responsabilidad de ser ministros.

A veces los miembros de los grupos de alabanza viven en franca desobediencia a Dios y
se les tolera porque es más importante tener música el domingo que cómo estén sus
vidas o el testimonio que dan.

De por sí es grave que no tengan un cuidado espiritual o que deliberadamente estén


practicando pecados. Además, muestran un desprecio por ser excelentes en lo que hacen
y tampoco ensayan la parte musical por su cuenta, olvidando que todo lo que hacen es
parte de su adoración a Dios como sus hijos.

Nos preparamos bien para hacer nuestro trabajo o para salir bien en un examen, ¡cuánto
más deberíamos ofrecer lo mejor de nosotros para el que es digno de toda la gloria! Mas
no le glorificamos cuando no hacemos siquiera lo mínimo necesario. Por lo tanto, se
carece del sentido de responsabilidad de lo que ser ministros implica.

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La selección de las canciones.

Hay que elegir lo que funciona, lo que pone a la congregación eufórica o sensible hasta
las lágrimas. Sobre todo, cuando no hubo tiempo de elegir nuevos cantos o de ensayar
hay que tocar las “efectivas”, las que ya se sabe que las personas aman.

¿Importa si sus letras contradicen abiertamente la Biblia? No. ¿Importa si nunca


mencionan las palabras “¿Dios”, “Jesús” o no se sabe a quién van dirigidas? Tampoco. Si
el responsable de la alabanza no lee su Biblia ni procura conocer al Dios que dice adorar,
como ocurre en muchos casos, ¿con qué criterio seleccionará el repertorio?

Las iglesias no cuidan de sus vidas.

Este es un tema que toca a todos y cada uno de quienes sirven a los creyentes y a la
misma congregación, pero hablemos específicamente de los grupos de alabanza.

Las iglesias somos corresponsables de la salud espiritual de los integrantes de los grupos
de alabanza, simplemente porque son parte del cuerpo del Señor en el ámbito local.
Nadie puede pensar que es problema del músico, cantante o director. Es problema de
todos porque somos un cuerpo.

En ese sentido, debemos procurar la restauración de quienes han ejercido el ministerio


aun sin ser dignos. Si implica disciplina, con disciplina, pero siempre procurando que el
pecador restaure su comunión con Dios.

Cantar demasiadas canciones nuevas

Este es otro error grande y demasiado común. Demasiadas canciones nuevas en un


servicio, o en setlist, pueden tener un impacto perjudicial en la capacidad la congregación
para participar en la adoración. Cada líder debe de construir un sólido repertorio de
canciones, basadas en canciones o himnos clásicos, y disfrutar de las mejores canciones
modernas. Añadir una o dos canciones nuevas al mes a ese repertorio es lo más realista.

Cantar canciones con tonos demasiados altos

La mayoría de la gente no quiere (y no puede) cantar canciones que estén en los tonos de
de Mi, Fa y Sol. Simplemente no pueden hacerlo. Aunque obviamente existen
excepciones, debemos de estar conscientes de esto, y estar dispuestos a tomar el tiempo
extra para cambiar el todo de las canciones para cantarlas en rangos más llamativos, esto
ayudará a tu congregación y resultará en un canto más fuerte.

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Mantenerte en tu zona de confort

¿Qué riesgos está tomando? ¿a dónde estás impulsando a tus músicos? Si tu equipo de
alabanza, coro y congregación sigue cantando las mismas canciones, casi de la misma
manera, con prácticamente la misma instrumentación, entonces puedes estar cometiendo
el error de caer en una zona de confort. Date cuenta de que puedes crear cosas nuevas y
de añadir frescura a lo que haces para Dios recuerda que su “grandeza es inescrutable”
(Salmo 145).

Tratar de ser demasiado creativo… Demasiado.

Por otro lado, un error común es el de ser más creativo, más inventivo, más vanguardista
y diferente que la semana pasada, la pasada Semana Santa o la última Navidad. Algunos
líderes de alabanza se quedan atrapados en un vórtice de búsqueda de
relevancia/creatividad y eventualmente pierden su rumbo. Si este eres tú, da un paso
atrás, regresa a lo básico y descansa en la buena noticia de que, el centro de la adoración
es un llamado a ser consistente, fiel, confiable y pastoralmente persistente en ayudar a la
congregación a cantar, y ver a Jesucristo, de domingo a domingo.

Permitir que nuestras heridas nos endurezcan

Con el tiempo, incluso en las iglesias más saludables con los voluntarios más amables y
una respetable congregación, los líderes de la adoración terminan sintiéndose deprimidos,
tristes u ofendidos. Tal vez se lance una campaña crítica completa contra ti, o tal vez es
sólo una persona que siempre te está criticando. Cualquiera que sea el caso, cada líder
de alabanza y adoración puede ser herido. No podemos cambiar esto. Pero cometemos
un error cuando permitimos que esas heridas nos endurezcan, de modo que nos
enojamos, o nos resentimos, o nos retiramos del ministerio. La buena noticia es que le
pertenecemos a Jesucristo, sabiendo que nos llama, nos equipa, nos protege y nos
acompaña, nos permite operar en el ministerio tanto en los buenos tiempos como en los
tiempos difíciles.

Basar nuestra valoración de la alabanza y adoración en lo que vemos con nuestros ojos

Muchas manos levantadas = adoración exitosa. Ningunas manos levantadas = la


adoración no funcionó. Lamentablemente, esa es una forma demasiado común en la que
muchos líderes de adoración pueden tender a evaluar un servicio. Miramos a una
congregación, y hacemos una evaluación rápida, que puede o no tener ninguna base en

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la realidad, especialmente en una realidad invisible y espiritual que no podemos ver con
nuestros ojos, y nos apegamos a eso. No estoy diciendo que no debemos mirar a nuestra
congregación, o que no podemos decir mucho por lo que vemos. Ciertamente
deberíamos, y ciertamente podemos.

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